Work Text:
Inspirado en: Lament of Fallen [Honkai Impact 3rd]
El cuerpo de Jonathan era cada vez más débil, sin embargo, siempre era capaz de esbozar una sonrisa aun cuando estaba lleno de hematomas y heridas a causa de los enfrentamientos con los monstruos del Honkai.
Dio estaba preocupado, la medicina capaz de calmar los malestares producto de tener ADN de Honkai en el interior de Jonathan se volvieron inútiles, en las noches tras volver de correr veía a su compañero temblar en su sitio abrazándose a sí mismo.
El basurero lleno de residuos de los calmantes.
Todo comenzó desde que ocurrió el impacto, el cual casi destruye la humanidad completa de no haber sido por el joven Joestar que arriesgo todo —incluso a si mismo— con tal de salvar a todos, especialmente al rubio que estaba gravemente herido al tratar de detener a la bestia.
Las consecuencias habían sido cada vez más terribles, sin que Dio lo supiera Jonathan luchaba contra el deseo de ceder al Honkai y volverse finalmente un herrscher.
Se convencía de que lo hacía por su misión. Porque su misión era proteger a sus seres amados.
Y Dio también tenía el mismo pensamiento.
Se había presentado nuevamente al entrenamiento, extrañado por ver que la cama de Dio ya estaba ordenada y del rubio no había rastro alguno.
Cuando pudo divisar al mayor Zepelli le pregunto por el rubio de ojos ámbar y su respuesta fue contundente:
—Desertó.
Jonathan estaba abatido, no podía creer que el rubio que solía acompañarlo en todas sus batallas finalmente decidiera marcharse, aunque se sintió triste por ello se vio feliz al pensar que seguramente las células Honkai fueron retiradas de su interior y tendría una vida larga y feliz.
Con eso en mente continúo luchando.
***
Estaba agotado, mental y físicamente tras luchar contra tantas bestias por su cuenta era normal pero su resistencia antes era mayor, supuso que se debía a causa de las células Honkai en su interior.
Cuando derroto al ultimo monstruo vio una brillante luz roja a lo lejos que se acerco a la velocidad del rayo hacia su persona a lo que atino a retroceder un paso antes de que una patada lo derribara contra las rejas protectoras de aquel edificio.
Y cuando se dio cuenta estaba intercambiando puñetazos con el que fue su mejor aliado y compañero.
Los golpes de Dio eran certeros, lo suficientemente fuertes para hacer daño, pero no de manera letal.
—Ríndete ya—le decía con cierto tono lastimero y rostro inexpresivo mientras le sujetaba del cuello para luego lanzarle un par de metros contra la reja.
—No quiero, no me rendiré, te voy a detener. —replico Jonathan de vuelta.
Dio le observo de forma despectiva.
—¿Cómo? Si apenas puedes ponerte de pie.
—¡Con mis manos! —grito Jonathan mientras se acercaba a toda velocidad, apretando los dientes para lanzar un golpe.
El rubio fue capaz de esquivar cada uno de los puñetazos como si Jonathan estuviera a una velocidad totalmente diferente, sabía lo agotado que debía de estar, pero a causa de lo tenaz que era intento acertarle un golpe con su habilidad Honkai con tal de detenerle.
Dio lo lanzo por los aires. Y cuando se dio cuenta estaba encerrado y amenazado por lanzas de fuego color sol en aquel nublado y lluvioso día.
A la distancia se acercaba el joven de ojos azules —ahora dorados— en su apariencia ya mutada, apariencia que Dio siempre creyó era similar a la de un ángel.
—Tú siempre eres así. Siempre. —murmuro apretando los puños, incapaz de moverse a causa de las lanzas contra su piel. —Aún cuando estás todo destrozado fuerzas una sonrisa, nos salvaste a todos, me salvaste a mí. Aún cuando el coste era tu propia vida. —continuo, empezando a elevar el tono de voz.
—¡Dio! —interrumpió Jonathan—Esta- es mi misión.
El joven de cabello azul hizo una mirada entristecida, sintiendo que esas palabras eran más para el mismo que para el rubio frente a él.
Dio frunció el ceño.
—Quizá esto sea por el bien común—hablo Dio apretando los puños sintiendo una energía recorrer su cuerpo, energía que le permitió romper una de las lanzas como si de palillos se tratara sorprendiendo a Jonathan. —¿Pero como puedo fingir que esto está bien?
—Dio, no—interrumpió Jonathan viendo como el rubio sostiene la lanza que estaba apuntando a su garganta.
—Solo se que en el fondo—murmuro Dio. —¡El mundo no significa nada para mi si tu no estás en el!
La batalla se reanudo cuando Dio se libero por completo, aun cuando Jonathan lanzaba ataque tras ataque de las mismas lanzas que lo inmovilizaron antes estas eran fácilmente esquivadas por el joven de cabellos claros.
Temiendo que aquella nueva fuerza fuera a causa de las células Honkai que también tenía el rubio, Jojo se empeño en detenerlo, dejarlo inconsciente y atraparlo para evitar que la persona más importante para el se transformara en un emisario del caos.
Pero no lo logró.
Frente a sus ojos veía horrorizado como envuelto por rayos Dio se transformaba en una criatura similar a un demonio, de color rojo, su piel blanquecina y cuernos en su frente, con sus ojos adquiriendo un ligero tono azul oscuro invocando unas manos gigantes en el aire que lanzaron una ráfaga de relámpagos que golpeo a Jonathan sin hacerle daño más que dejarle inconsciente y fuera de su forma Honkai.
Mientras caía al vacío, Dio tomo la mano de Jonathan recordando la primera vez que se conocieron.
—Tú, eres la persona más importante de mi vida. —confeso mientras le recostaba gentilmente en la terraza del edificio donde habían estado luchando. —Si salvarte es un pecado, con gusto me volveré un pecador.
Y dándole la espalda dijo:
—Adiós, Jojo. —para desvanecerse en un rayo.
