Chapter Text
Pequeñas aclaraciones : cuando los ojos de un Alfa/Omega cambian ligeramente de color de forma temporal, normalmente lo hacen por tres diferentes razones :
La primera porque existe una marca que los une a ambos (con la mordida).
La segunda por el hecho de haber creado un lazo afectivo , que según la sociedad es más fuerte que una marca porque es imposible que uno viva sin el otro.
Existen dos tipos:
El lazo eventual : que se forma con el tiempo y la convivencia con la otra persona.
El lazo inmediato: sucede cuando ocurre un flechazo sincero, y al que le sucede primero es quien más apego emocional sentirá. Suele activar las hormonas de Omegas u Alfas.
No es necesario que ambos formen el mismo lazo, si es efectivo al final será igual de fuerte.
La tercera razón es porque sean destinados ; aunque los destinados sí pueden vivir uno sin el otro aunque se hayan conocido.
Las posibilidades de obtener un lazo afectivo son las de menor probabilidad, y se les da preferencia por encima de los destinados.
Izuku al fin era libre. Después de cuatro largos y eternos años era libre. Pero tenía veintiún años, era joven y podría iniciar de nuevo. La libertad era suya.
No habría más golpes, más malas palabras o más miedo en cada momento de su día a día. La peor pesadilla había acabado, había logrado que el abogado que el mismo gobierno le proporcionó trabajase de forma eficaz y le ayudara a ganar el caso a pesar de ser un Omega sin nada que ofrecer enfrentándose a un Alfa con mucho poder y dinero. Había sido inusual, pero había logrado ganar el caso.
Además, el hecho de que no fuesen destinados le había ayudado en demasía a por fin dejarlo atrás, para rehacer su vida, para luchar y para intentar buscar su felicidad.
Después de todo, Izuku ahora tenía algo más por lo cual luchar: estaba embarazado.
Apenas se notaba, pero tenía cuatro meses de embarazo, habiendo sido abusado por Kai una última vez justo cuando acababan de validar su demanda de divorcio y por desgracia, sus supresores y anticonceptivos no habían sido suficientes para impedir que aquello sucediera. Él no tenía corazón para deshacerse del bebé, y al no haber tenido síntomas al principio no le ayudó a saberlo sino hasta después de las doce semanas. Tomó entonces la decisión de quedarse con la criatura, de todas maneras alguna vez llegó a amar a Chisaki, así que decidió que se quedaría con el cachorro y le criaría con todo el amor que podía otorgarle.
Ser un Omega sin Alfa y embarazado sería difícil, pero no una tarea imposible, si había algo que Izuku poseía era fuerza de voluntad, esa misma fuerza que le había ayudado a buscar ayuda y alzar la voz para poder escapar de las garras de Kai Chisaki y dejar de pertenecerle; estaba marcado pero como había ganado el caso, le habían apoyado para proporcionarle medicamentos que eran parte del tratamiento que los Omegas tienen cuando por alguna razón rompen su lazo por marca, así que la cicatriz —aunque más débil— seguía allí.
La única forma de hacer que desapareciera sería siendo mordido de nuevo, pero en un mundo tan cruel como en el que Izuku vivía, sería complicado poder encontrar alguien que le quisiese con el hijo y la marca de alguien más, los Alfas eran territoriales y no les gustaba tomar lo que ya había sido de alguien más. Si acaso, solo querrían un buen polvo y se irían. Midoriya no se hacía ilusiones con ello, sabía que no pasaría, y ese en parte era su castigo por haberse enamorado del hombre equivocado y no haberse atrevido a hacer algo cuando lo notó.
Su madre se lo había advertido muchas veces, le había dicho, suplicado que le dejara de una vez por todas, pero él siempre tenía la esperanza de que cambiaría, de que sus bellos ojos dorados volverían a mirarle con afecto y que por fin continuarían con esa relación tan bonita que solo resultó ser un espejismo. Ellos habían estado juntos desde que Izuku tenía diecisiete años, había estado muy pequeño pero poco le había importado al creer que estaba enamorado de un buen hombre, y de forma ilusa e infantil quiso creer que todo sería como al principio de su relación.
Solo que nada de eso había sucedido.
El pecoso siguió siendo golpeado cada noche, tratado de la peor forma: no tenía permitido salir, ni hacer cosas que le gustaran, solo podía limpiar la casa y cocinar. Además, cada vez que tenía el celo él se marchaba de casa para no ser afectado en ningún momento por su aroma dejándolo retorcerse de dolor y necesidad, y cuando Kai tenía el suyo, también se iba de allí a pasarlo con alguna Omega. Él siempre prefirió a las hembras, pero Izuku había querido convencerse de que si se había casado con él, era porque en verdad le quería.
No eran más que mentiras que él mismo se contaba para poder seguir viviendo a diario; Kai solía engañarle con cada Beta y Omega que se encontrara por ahí, no hacía falta oler la esencia de todas ellas en él, porque incluso las había llevado a su casa y él les había visto sobre su cama, sobre la cama que compartían, mientras él las penetraba y ellas gritaban de gusto, porque no había sido una vez, habían sido varias. Había visto a Chisaki practicar toda clase de sexo con ellas, mientras que él tenía que callar y quedarse quieto. Llorando y preguntándose qué había hecho mal, o maldiciéndose por no haber sido mujer.
Las pocas veces que Kai lo tocaba no eran agradables, eran prácticamente abusos, mientras Izuku lloraba porque le dolía o porque no lo disfrutaba. Justamente así se había embarazado; no había aceptado su derrota, ya que no quería dejarlo ir y ser libre pese a el hombre no lo amaba, solo le interesaba someterlo y hacerle sufrir. Y era por ello que le había violado de tal forma.
Sin embargo Izuku lo había logrado, había abandonado esa relación abusiva y en su presente solo buscaría ser feliz con las personas que realmente le amaban. Sin importarle si estaba en la calle prácticamente; únicamente con una valija que contenía su ropa, algunos medicamentos que necesitaba para los celos y un cachorro en su vientre.
Su madre Inko y su padrastro Toshinori —a quien Izuku veía como su verdadero padre— le habían ayudado con algunos gastos para que pudiera tener un pequeño departamento y no se viera privado de tener su espacio ahora que lo necesitaba, así que vivía en un modesto complejo donde todos los inquilinos eran Omegas.
Y apenas unos días atrás, había logrado conseguir un empleo como estilista en un pequeño salón que atendía a todas las castas. No era mucho, pero debido a que no había completado sus estudios no tenía muchas opciones, y la verdad era que necesitaba ese dinero para los futuros gastos con el bebé, así que no había dudado en pedir el empleo.
Entonces las cosas parecían no pintar tan mal para él, podría trabajar y conseguir el dinero necesario para subsistir y tener una vida digna, y esperaba no toparse nunca más con Kai, porque no pensaba compartir la custodia de su cachorro con él, ni mucho menos quería un solo centavo de su bolsillo —aunque estaba casi seguro que no lo obtendría—. Él solo podía ser el héroe que su bebito necesitaba, él solito.
Izuku sonrió en el espejo para sí tratando de darse en ánimo, hacía mucho tiempo que no podía sonreír de forma genuina, y aunque aún no estaba cerca de lograrlo, trataba de mantenerse positivo a la situación. Iba a cumplir un mes trabajando en ese lugar, lo que significaba que pronto estaría cumpliendo su quinto mes de embarazo, así que cada vez sería menos para poder tener a su pequeñito en brazos.
—Me pregunto qué serás... —dijo Izuku mientras abrazaba y acariciaba su vientre apenas abultado, ya que no estaba haciendo mucha panza.— Seas lo que seas, ten seguro que voy amarte tanto como pueda.
Midoriya se negaba a saber el sexo de su bebé, quería que fuese una sorpresa, así que por el momento, estaba pensando en nombres tanto de niño como de niña.
El pecoso terminó de peinar su cabello con unas horquillas y salió de su pequeño departamento en dirección a su empleo, los días comenzaban a ser más soleados y calurosos y eso le agradaba al pecoso, podría comer un poco de helado y así hacerle saber a su bebé lo delicioso que era ese postre congelado.
Había una heladería cerca del complejo de Omegas, y aunque se le hacía agua la boca por probar uno de chocolate, entendía que debía esperar un poco y administrar bien su dinero para poder darse ese pequeño gusto, así que continuó caminando hasta su lugar de trabajo y al entrar fue saludado con mucha efusividad por su compañera.
—¡Buenos días, Deku! ¿Cómo estás? —dijo ella acercándose para abrazarle con cuidado.— ¿Y tú pequeño, cómo estás? —hizo un ademán y dio una sonrisa hacia su vientre.
Midoriya se ruborizó con fuerza debido al saludo tan cálido hacia ambos.
Ochako Uraraka era Omega al igual que él, una persona bastante alegre y cariñosa y que estaba saliendo con un chico Alfa bastante decente. El único problema era que ella no tenía dinero, y la familia de Tenya no terminaba de consentir su relación.
Sin embargo, Izuku sabía que Ochako podía tener al hombre que quisiera porque era genial y poderosa, además era comprensiva y empática, le había ayudado desde que entró a la estética, y poco a poco se estaba convirtiendo en alguien cercano a ella. Uraraka no tenía filtros y era muy honesta, por ello fue que Izuku había tenido la facilidad de abrirse con ella y contarle todo lo sucedido en su vida y porqué a pesar de su marca y embarazo, no estaba en compañía de un Alfa. Era por ello que ella le apodada "Deku", ya que contrario a lo que otros pudieran pensar del sobrenombre ella comentó que eso significaba "sí puedo" y la voluntad de Deku era inquebrantable y que debido a eso ella le admiraba bastante.
Así que Ochako era en sí, la primer amiga que Izuku tenía en años, puesto que había perdido contacto con todos sus compañeros del instituto después de casarse con Kai.
—Buenos días, Uraraka, estoy bien ¿cómo estás tú? —preguntó Izuku dando una sonrisa tímida.
—Te he dicho que solo me llames Ochako, y estoy bien, contenta de que estés aquí, dime algo, ¿desayunaste?
—Uh, yo... sí... ¿por qué no iba a hacerlo?
—Dime la verdad, Izu, beber un poco de café y una tostada no es un desayuno, necesitas alimentarte bien para que tu cachorro nazca sano. Tsuyu dice que no le molestaría darte un poco de dinero extra para que comas bien, ella es una buena jefa, ¿sabes?
—Oh, yo, lo sé, sé que es buena jefa, pero no quiero abusar de su amabilidad, no hace falta que me dé más dinero.
Ochako hizo una mueca de descontento mientras terminaba de esterilizar algunos objetos, normalmente llegaban un poco antes y le enseñaba a Izuku a hacer algún peinado o corte, ya que a veces algunas personas dejaban propina y eso le sería muy útil para obtener alguna.
—En serio no debes dejar de alimentarte bien, no es bueno, y eres muy joven como para comer como abuelito.
Ochako era cuatro años mayor que Izuku, contando ella con veinticinco, y a veces se comportaba como su hermana mayor dándole un sermón.
—Estoy bien —él se colocó el delantal color azul que utilizaban para cortar el cabello y evitar así que le pegaran los restos de pelo.— Estaremos bien.
—¿Ya te has decidido por un nombre?
—Supongo que tendré que decirlo al final, cuando al fin sepa qué es.
—Oh, cierto, que no quieres saberlo.
Midoriya meneó la cabeza negando, solo le interesaba que estuviera sano, el sexo del bebé era lo de menos.
—¿Ya vamos a empezar? Solo tenemos veinte minutos más antes de abrir —dijo Midoriya.
—Claro, Claro, es hora de hacer magia con la manos, pequeño Izu.
Midoriya asintió sonriendo porque aunque pesados, los días eran agradables.
Cuando dieron las cinco, Midoriya ya iba de regreso a casa, ya habían pasado sus ocho horas laborales y la dueña, Tsuyu, nunca permitía que un Omega en cinta se sobrecargara con los deberes. Además ella también llegaba allí por la tarde y se quedaba atendiendo clientes ya fuese con manicuras o mascarillas. Era un lugar popular a pesar de ser pequeño.
El pecoso había recibido unas cuantas propinas durante el día, así que decidió que no podía aguantar más para obtener su helado y se encaminó hacia la heladería. Una vez que entró allí, hizo fila, pagó el postre y pidió un cono de helado de chocolate como había estado fantaseando desde hacía días.
No le duró mucho el gusto, puesto que al girarse con el cono en mano, chocó el helado contra el traje de un hombre, provocando que una risa estruendosa se escuchara enseguida.
—¡Pff! Lo lamento hermanito, pero es que... ¡esto es muy gracioso! —se carcajeaba el otro joven a su lado sosteniendo su barriga de tanto reír, el muchacho era de cabello albino y ojos grises, corpulento y bonachón en actitud. Por el aroma y la complexión, estaba seguro que era un Alfa.
Por otro lado, el desconocido al que le había tirado el helado encima era casi tan alto como el otro sujeto, un poco menos corpulento y más músculoso, cabello partido a la mitad en dos colores: albino y pelirrojo en una combinación curiosa y extraña, su fuerte aroma delatando que también era Alfa, mucho menos expresivo que el que reía y al parecer molesto por el pequeño incidente, ya que su traje pulcro estaba arruinado por una mancha enorme de chocolate.
Midoriya estaba más que apenado por el accidente, las mejillas —y la cara entera en sí— le ardían y quería que se lo tragara la tierra para dejar de sentir tanta vergüenza. Y también tenia miedo. Siempre que Kai se enojaba solía pegarle, y este debía ser un Alfa molesto.
—Yo... —dijo Izuku con lágrimas en los ojos y tragando saliva con dificultad— ¡L-Lo siento mucho! ¡No ha sido mi intención!
En ese instante el chico albino dejó de reír y puso una mueca seria.
—Oye, tranquilo, no pasa nada, Shou es malhumorado, pero...
—¡Lo siento!
Gritó Izuku despavorido al notar que el Alfa había intentado acercarse, y salió corriendo de allí lo más rápido que pudo, ya no teniendo ánimos de comer helado, sino que solo quería volver a su casa y meterse en cama, era lo más cercano que tenía a un refugio o un nido. Kai no podía hacerle daño ya, nadie tenía porqué hacerle daño.
Se repitió una y otra vez aquello mientras se abrazaba a su vientre. No les harían daño, no lo harían.
Un chiflido de asombro se escuchó, ambos chicos se habían quedado mirando en dirección hacia donde el peliverde había desaparecido.
—Eso fue raro —comentó Natsuo.— Jamás había visto a un Omega tan asustado, solo es chocolate, puede lavarse, ¿cierto Shou?
Shouto no contestó, se sentía aturdido por las feromonas de miedo que había lanzado el Omega pecoso, hundido en una necesidad de tomarlo en brazos y acunarlo hasta que se calmara con su aroma y frotarse en él hasta dejarlo marcado de su olor para que todos supieran que él le defendería. Shouto jamás había deseado algo así en toda su vida, pero ahora lo deseaba más que nada. Además su aroma era agradable y muy dulce, como a vainilla con chispas de chocolate, un olor que era como un bálsamo para su alma que mucho necesitaba de calma.
—¿Estás bien? —preguntó su hermano Natsuo, el mismo que había insistido en que quería un helado y que él debía acompañarle a ello. Había estado molesto por acceder a ir con él en una zona tan baja y perder la hora del almuerzo tonteando por allí, no es que le importara mucho, pero sabía lo que su padre haría si se enteraba que andaban por esa clase de rumbos, y ahora tenía un traje arruinado y el instinto sacudido en todas las direcciones por la imagen y el aroma de ese pequeño pecoso.
—Sí, estoy bien —contestó omitiendo información sobre su verdadero estado—, solo necesito limpiarme.
—Claro, tengo un saco extra en el auto, tal vez te pueda servir. ¿Por qué no te limpias en el baño mientras pido mi helado?
Shouto solo asintió de forma seca y se dirigió allí a limpiarse un poco, se lavó la cara esperando que eso le ayudara a despejar su mente y se miró en el espejo por unos segundos: la cicatriz sobre su ojo izquierdo saludando hacia él como el recordatorio de lo maldito que estaba. Su madre le había negado por su aspecto tan parecido al de su padre, y ahora llevaba esa marca, mostrándole al mundo lo repugnante que era. Él no la culpaba, Enji no era un buen padre, mucho menos había sido un buen esposo, así que esperaba que la mujer descansara en paz.
El joven mitad albino suspiró intentado olvidar la necesidad que sentía en el estómago y el cómo los caninos le picaban queriendo salir. Era un evento verdaderamente extraño, como si tuviera la urgencia de tener a ese chiquillo descuidado.
Shouto siempre tuvo relaciones vacías; todas las personas con las que salía andaban tras su dinero o lo atractivo que decían que según era. Pero al final, nunca funcionaba porque no lograban hacerle sentir bien y en paz, solo había palabras sin sentido, sin razón, caricias vacías y sin algún propósito, y eso era terriblemente triste. Quizá es lo que le había tocado en el mundo.
A sus veintiséis años creía que nunca encontraría algo que le sacudiera e indicara que algo iniciaría bien, que ese algo estaba bien o que era correcto, pero al haber visto a ese Omega tan asustado, supo que tal vez estaba equivocado. No le importaba el hecho de estar sucio, lo que le había alterado era haberlo visto tan vulnerable y temeroso de dos tipos que jamás pondrían la mano encima a un Omega. Esas eran ideas prehistóricas, sencillamente conservadoras y tontas, por supuesto ni él, Natsuou o Touya eran así. Para nada. Después de todo, tenían una hermana Omega que cuidar y a la que siempre procuraban ver feliz. Y una madre la cual habían perdido. Quizá habían sido criados por Enji, pero definitivamente no eran iguales a él.
Rasgó un poco de papel de la máquina y se secó el rostro, notando que los colores de sus ojos lucían diferente, como si en ambos —el gris en su derecho y el azul en su izquierdo— hubiese un poco de verde en ellos, era la cosa más rara de la vida.
O quizá... quizá no lo fuera, ¿qué era eso que decía su hermana sobre el color de tus ojos...? ¿Cuál era esa situación en la que tus ojos cambiaban ligeramente de color por solo unos momentos? Seguramente tenía que ver con alguna de sus bobadas relacionadas al amor.
Algo ridículo. Algo que jamás le pasaría. Eso se llama instinto. De todas formas, ninguno de sus hermanos había logrado encontrar al supuesto amor destinado, y le gustaba más así, prefería elegir de quién enamorarse. Tal y como Fuyumi había hecho con un Alfa de nombre Tensei y Touya con un Omega de nombre Keigo. Y ellos eran felices con sus parejas y era lo que contaba al final.
Shouto salió del baño y reunió con su hermano que estaba alegremente comiendo un helado en una copa de plástico, listo para irse con él de regreso a la empresa en la que laboraban. Volvió a sentir el aroma del aquel Omega nervioso, como si continuara allí, pero al pasear su vista por el lugar pudo confirmar que no estaba.
—¿Estás seguro que estás bien? —inquirió Natsuo al mismo tiempo que tomaba una cucharada de helado.— No pareces estarlo, ¿qué le pasó a tus ojos?
Shouto alejó la mirada de su curioso e insistente hermano. Si él descubría lo que pensó había ocurrido no tendría descanso alguno, sabía que sus hermanos insistirían hasta que dieran con aquel joven frágil.
—Lo estoy. Por favor, vámonos, necesito quitarme este saco pegajoso.
—Oh, claro, vámonos hermanito.
Ellos salieron de allí y Shouto pudo conseguir la muda de ropa que tanto necesitaba, lo que no pudo lograr fue deshacerse de la visión y el recuerdo del aroma de aquel Omega, había quedado tan impregnado de él, que una vez que llegó a casa se sentía ya mareado de traerlo en mente todo el tiempo.
Entonces ocurrió, Shouto supo exactamente qué era lo que le estaba ocurriendo momentos después cuando un calor abrasador le recorrió el cuerpo como miles de llamaradas juntas que explotaban en su interior: ese prometía ser un celo arrasador.
Y pese a querer negarlo, el joven de ojos heterocromos sabía perfectamente que el causante de ese celo tan intenso no era nadie menos que aquel Omega de la heladería. Verlo y olerlo había sido muy impactante por mucho que no le gustara aceptarlo.
Fue en lo único que pensó mientras el celo lo engullía.
El terror de aquella tarde cuando había estrellado el helado contra el joven desconocido había ocurrido tres días atrás; había estado tan terriblemente asustado que solo pudo volver a casa y llorar. No tenía forma de obtener otro consuelo, así que llorar era lo más lógico para él. A la mañana siguiente había tenido que compensar a su bebé con un desayuno completo y algo de fruta también, finalmente Ochako tenía razón y él debía alimentarse de forma correcta por el bien de ambos.
La única cosa que Izuku no había logrado hacer era poder olvidar la penetrante mirada del muchacho con el que había chocado; eran un par de ojos preciosos sin duda alguna, pero Midoriya sentía que le habían visto hasta el alma y en cierta forma eso le inquietaba.
Aunque si era honesto, su olor también le había inquietado; como a madera y petricor.
Izuku mejoraba cada vez más en el trabajo, y eso significaba que pronto comenzaría a aprender sobre la manicura también, estaba bastante emocionado, pero también bastante nervioso porque quería hacerlo bien.
El pequeño Omega se vistió con ropita sencilla para poder irse a trabajar; una camisa blanca grande y holgada para mayor comodidad, unos pantalones cortos de mezclilla y sus zapatillas de correr en color rojo.
Debía pasar necesariamente por la heladería para llegar al trabajo, y aunque seguía queriendo su helado, sabía que no debía acercarse, ya muchos problemas había atraído por haber seguido su instinto glotón. Continuó caminando por la acera, pasando junto al mar de personas que se dirigían al trabajo o a la escuela.
Pasó junto a un auto de lujo en color negro que estaba estacionado justo del lado donde él iba caminando, y una voz le llamó.
—¡Oye! Al fin te encuentro...
Midoriya se quedó mudo cuando reconoció al Alfa al que le había tirado el dulce encima bajándose del auto, de nuevo vestía traje y de retiró las gafas oscuras que había estado portando; esta vez pudo notar que su cabello estaba ligeramente largo.
El pecoso no sabía qué hacer, ¿por qué lo estaba buscando? ¿Qué quería? ¿Iba a denunciarlo o algo? ¿Era conocido de Kai? Había mucho en su cabeza y al mismo tiempo no había nada, su respiración comenzaba a fallar y a acelerarse por la misma razón.
—Tranquilo, ¿sí? Yo...
—¡No tengo dinero para pagarle el traje o siquiera para enviárselo a la tintorería! —gritó Izuku asustado e interrumpiendo al joven.— Pero si quiere puedo lavarlo a mano en casa. Lo siento mucho, en serio...
—No vine a reclamarte nada —intervino Shouto de forma serena, acercándose de a poco hacia él.
—¿Ah, no? —dijo moviendo la cabeza hacia un lado, estaba muy confundido, cualquiera debería estar enojado, ¿no?
—No. Yo... vine...
¿A qué había ido? Se preguntó Shouto en su interior. Acababa de librarse de un celo poderoso, mientras lo único que podía pensar era en volver a ver al hermoso Omega de pecas. Había algo extremadamente grande que lo había impulsado a hacerlo, aunque él aún no entendía por completo las razones.
—Yo quería... —balbuceó Shouto— quería saber tu nombre.
—¿Mi nombre? —Izuku tembló— ¿Es usted alguna amistad de Kai?
Shouto notó el miedo que se reflejó en las pupilas del joven y el cómo su cuerpo se alejó por instinto al mencionar ese nombre y de nuevo se sintió furioso por no poder calmarle con sus feromonas. Sería extraño hacerlo, ellos no se conocían de nada.
—¿Qué? —preguntó confundido— No. Mira, si no quieres decirme tu nombre está bien, yo me llamo Shouto Todoroki.
—¿Todoroki? ¿Es usted de la familia Todoroki? ¿Los Alfas más importantes de la ciudad?
Shouto asintió, pensando que con ello el Omega querría acercarse como lo hacían todos después de conocer su nombre, sin embargo el ojiesmeralda comenzó a correr una vez más, huyendo de él.
—¡Pequitas, vuelve! —exclamó Shouto mientras miraba como el contrario iba dándose tumbos con la multitud, pero siempre cuidando su estómago.
Rayos, lo había espantado, pero, ¿por qué huía? ¿A qué le tenía miedo si todos reaccionaban totalmente diferente cuando se hablaba de la clase de poder que tenía su familia?
Era inusual, completamente extraño que alguien se comportara así cuando Omegas y Betas por igual terminaban prácticamente restregándose sobre su cuerpo cuando se enteraban quién era él. No es que a él le hubiese precisamente agradado que el rizado reaccionara de igual forma, pero definitivamente tenía ganas de acercarse a él, y la excusa más tonta fue el de conocer su nombre. ¿Y luego qué? ¿Qué haría?
Shouto supuso que si andaba de nuevo por allí, eso significaba que no debía vivir muy lejos o que muy probablemente debía trabajar cerca. Así que ya volvería a venir, esta vez sin ponerlo sobre aviso. Tenía que conocerlo mejor. Tenía qué.
—¡Oh por Dios, bebe mi malteada! —exclamó Ochako mientras le pasaba la cajita con leche chocolatada a Izuku y lo llevaba a sentarse.
El chico había llegado pálido y tembloroso al salón, parecía muy asustado y sabía que eso no era nada bueno para su desarrollo y el del cachorro, así que solo se le había ocurrido darle un poco de dulce para que se recuperara.
—¿Qué sucedió, Deku?
El chico bebió unos sorbitos antes de poder hablar de nuevo.
—¿Recuerdas que te conté sobre mi torpeza con el helado del otro día? —ella asintió.— Bueno, me encontré con el mismo Alfa de camina para acá y dijo que quería saber mi nombre y cuando me dijo el suyo salí corriendo lleno de miedo...
—Pero, ¿por qué huiste? ¿Tan malo era? ¿Era alguien que te iba a delatar con Chisaki?
—No... no lo sé. Pero es parte de la familia Todoroki y me dio miedo. Kai alguna vez tuvo tratos con ellos, bueno, con su padre —el labio de Midoriya tembló—, ya no quiero tener nada que ver con él.
—Vaya, un hombre que se codeaba con los ricos, ¿eh?
Izuku asintió y continuó bebiendo de la leche que le habían obsequiado, se sentó en la parte de atrás del local y se quedó allí hasta que se tranquilizó. Luego de salió de allí y se dispuso a trabajar el resto del día. Tenía que ser fuerte, estaba por cumplir el quinto mes, poco más de la mitad del embarazo y debía ser fuerte por su cachorro.
Cuando el turno de Izuku terminó, él salió con cuidado, mirando paranoico hacia todas direcciones, sabía que ahora debía buscar una nueva ruta para ir y volver al trabajo, de verdad estaba esperando no encontrarse con él de nuevo.
Pero no tuvo éxito.
El Alfa estaba allí una vez más, en esta ocasión recargado sobre el auto, esperando. Y el cuerpo de Izuku se quedó pegado al pavimento de la acera, las alarmas en su cabeza encendidas.
—No huyas, por favor —habló calmado el joven de ojos heterocromos.— La verdad es que te he querido buscar desde el día en que nos conocimos, saber tu nombre era una forma de iniciar.
—¿Por qué? —preguntó temeroso Izuku. Shouto admiró la manera en que intentaba hacerle frente aún cuando se notaba el miedo en sus feromonas.
—No quiero que me pagues o que laves nada, solo... algo me dijo que debía conocerte.
—Usted es un hombre de dinero, si está buscando diversión, yo no...
—No se trata de eso —dijo él sintiéndose un poco frustrado.— No creo poder explicarlo, pero me gustaría que salieras conmigo. Una vez nada más. No es que deba como había dicho, sino que quiero conocerte.
—¿Usted no es amigo de Kai, verdad? ¿No está haciendo esto por venganza? Yo ya no le pertenezco, dígale, por favor —sollozó Izuku.
Todoroki estaba verdaderamente confundido, no tenía idea de lo que estaba hablando, él estaba siendo sincero, únicamente deseaba conocer al Omega que lo había sacudido profundamente.
—Te prometo que no te quiero hacer daño, tengo una hermana Omega a la que amo profundamente, no se trata de engañarte o de lastimarte, en verdad deseo conocerte.
El pecoso no pudo más y se quebró llorando, estaba muy abrumado por todas su emociones y al mismo tiempo estaba asustado porque el hombre frente a él le estuviera mintiendo de alguna forma, eran pocos los Alfas que no trataban de buscar un Omega por mero deseo carnal y estando embarazado su estado se volvía complicado. No iba dejar que nadie le tocara, nadie le iba a quitar a su bebé.
Todoroki se acercó hasta él, a lo que Izuku retrocedió la misma cantidad de pasos.
—¡No, por favor! —chilló Izuku lleno de miedo, normalmente no de dejaba vencer tan fácil ante la presencia de un Alfa, pero este en específico le causaba tantos sentimientos que le nublaba el juicio, impidiéndole utilizar la inteligencia emocional que necesitaba.— No se acerque, se lo ruego...
El llanto con el que sonó lo último provocó que el Alfa de Shouto sintiera la imperiosa necesidad de protegerlo, sin embargo, ya no sabía qué hacer para evitar que se sintiera más asustado, solo quería halarlo contra sí y dejarlo sollozar en su pecho mientras le calmaba.
Era completamente fuera de lugar, pero tenía aquel sentimiento latente dentro suyo.
—¿No podemos simplemente ser amigos?
—Yo... no lo sé... ¿por qué un Alfa como usted querría ser amigo de un Omega como yo? Yo sé lo que ustedes piensan de los Omega, y yo no soy así —afirmó mientras se limpiaba las lágrimas.— ¿Por qué?
—¿Y por qué no? —contradijo con una mueca minúscula que Izuku interpretó como una sonrisa— No todos los Alfas son malos, así como no todos los Omegas son ingenuos y buenos, creo que podría tener el beneficio de la duda, ¿no lo crees tú?
—Y-Yo... bueno... creo que no deberíamos juzgarnos a la ligera, pero...
—¿Ves? Solo quiero tu nombre y que me permitas tu amistad.
—Deku.
Dijo el pecoso casi sin pensar debido a que no quería que el extraño —un muy hermoso y dominante extraño— supiera realmente como se llamaba. Tenía que se completamente cauteloso ya que no sabía sus verdaderas intenciones y podría conocer de algo a su ex marido.
—Mucho gusto entonces, Deku. Como dije, soy Shouto Todoroki —se presentó una vez más y le tendió la mano, gesto que Izuku devolvió de forma algo temerosa y dubitativa.
—En verdad lamento mucho lo de su traje el otro día, estaba muy avergonzado —las mejillas pecosas se colorearon de rojo, Shouto nunca había visto algo más lindo en toda su vida.
—Descuida, es ropa, se ensucia, creo que de eso se trata, ¿no?
El Omega asintió, sus rizos rebotando y enmarcando su redonda e infantil cara. De verdad era hermoso, Shouto nunca había estado particularmente interesado en ningún Omega, pero este sin duda era la excepción a todo ello.
—D-Debo irme, fue un gusto joven Todoroki —el rizado hizo un reverencia.
—¡E-Espera! —exclamó hacia él y le detuvo con un agarre ligero en su brazo.— ¿Voy a verte de nuevo? ¿Vas a dejar que me acerque?
—No lo sé... no acostumbro tener amigos Alfa.
—Siempre hay una primera vez, ¿cierto?
—Tal vez. Ahora, uh... debo ir a casa... adiós.
Shouto le soltó lentamente y en cuanto lo hizo Deku no perdió ni un solo segundo y comenzó a caminar rápidamente en dirección a su hogar.
No importaba cuánto le costara, Shouto obtendría su confianza como su amigo, porque si era honesto consigo mismo, quería que Deku estuviera en su vida. Tenía una necesidad de él, y sabía que su celo también la había tenido. Sus intenciones era buenas, independientemente de si lo aceptaba o no, él jamás le haría daño, nunca sería la clase de Alfa que detestaba. La clase que era como su padre. Si Shouto tenía un Omega sería leal a él, y no levantaría la mano en toda su vida, le cuidaría y amaría porque es lo que merecen.
Ver al pecoso solo le había reafirmado que eran seres que debían ser amados, no utilizados.
Ya hallaría la manera de encontrarlo de nuevo y convencerle.
—¿Podrías traer las cremas nuevas de la habitación trasera? Me hacen falta para poder afeitar al cliente.
Izuku confirmó la petición con un movimiento de cabeza y corrió por ellas, buscó las cajas en las que tenían los nuevos productos y al cabo de unos momentos pudo localizarlas, las metió en una canasta y tomó algunas cosas más que hacían falta y que acomodaría aprovechando que él estaba libre de clientes en ese momento.
—¡Estoy aquí, Uraraka! Lamento la demo... ra.
El aliento de Izuku se cortó, no podía respirar de la impresión.
Era imposible.
—¡Deku! Este joven acaba de entrar preguntando por ti —dijo Ochako sonriendo con nerviosismo mientras sostenía la cabeza de cliente para acomodarlo en el asiento de forma adecuada.
Era el mismo Alfa de cabello bicolores, el que provenía de aquella familia adinerada y poderosa. El mismo al que había mentido sobre su nombre, el mismo que habría de encontrarse en el camino de vuelta a casa o del trabajo, así que era un alivio que la chica le llamara de esa forma, porque tendría problemas si Todoroki averiguaba que le había dicho aquella mentira sobre su verdadero nombre.
Habían pasado tres semanas ya. Tres semanas en las que Izuku había cumplido cinco meses de su embarazo, su vientre estaba más hinchado y su cansancio era más notorio, y es que se esforzaba todos los días por ser mejor en su empleo.
Pensaba que después de esos días el Alfa al fin se había olvidado de esa idea absurda de ser amigos, que simplemente había visto otro Omega por la calle tal y como lo había visto a él y entonces había tomado interés en él o ella. Así es como debía ser. Así era siempre.
Sin embargo, este muchacho alto y de ojos heterocromos estaba allí parado en su lugar de trabajo, mirándole fijamente y con una expresión suavizada en el rostro, casi no había rastros de la dureza que había reflejado aquella primera vez.
—Hola... —saludó el recién llegado a Midoriya.— ¿Cómo estás?
—Yo... estoy trabajando —respondió de forma esquiva el rizado, solo quería que se fuera, ya no quería estar involucrado con nadie, no quería sufrir, no quería que le quitaran a su bebé.
—Puedo verlo —dijo sin inmutarse el Alfa.— Bien, entonces creo que me vendría bien un corte.
—¿Podrías hacerlo Uraraka? Yo puedo afeitar al cliente y...
—No quiero que ella lo haga, quiero que tú lo hagas —intervino Shouto.
—Pero ella es mejor que yo en eso y además...
—El cliente siempre tiene la última palabra, Deku y estoy segura que lo harás genial, ¡has aprendido muy bien! —le animó la chica castaña.
—¿Lo ves? No hay nada que temer, y en dado caso es solo cabello, volverá a crecer —comentó Shouto de forma serena, la seriedad había vuelto a su rostro.
—A-Adelante, por favor, tome asiento —dijo Izuku indicándole la silla. No es que él quisiese menospreciar el lugar que le daba de comer, pero un hombre con tanto dinero seguro tenía un lugar específico en el tratarse el cabello, no en un barrio como ese y mucho menos en manos de alguien tan inexperto como Izuku.
El Alfa se sentó y Midoriya le cubrió con la tela que evitaría sus cabellos quedaran en las finas ropas de su cliente o en su piel que parecía brillante e impecable, porque pesar de su cicatriz, el muchacho no dejaba de ser tremendamente atractivo.
Izuku supo por la sonrisa de Uraraka que tenía mucho que decirle sobre él una vez que estuviesen solos. Seguramente para decir lo ardiente que pensaba que era. La conocía muy bien a pesar de tener poco tiempo en contacto.
Midoriya se concentró en el joven que de acababa de sentar frente a él, su cabello estaba un poco largo, llegando un poco a los hombros, no se le veía mal.
Izuku tomó la máquina y las tijeras y tragó saliva.
—¿Qué corte desea?
—Considero que es hora de un cambio, ¿qué tal si lo afeitas en la parte de atrás, con un copete del lado izquierdo y un poco más corto del lado derecho?
—Uh... creo que puedo hacer eso...
El pecoso comenzó a cortar cabello por cabello, utilizando tijeras al principio y luego la máquina para dejar al ras el cabello en la parte de la nuca tal y como se lo había pedido, se había concentrado en que era un cliente más y no en el hecho de que ya le había conocido antes, de la persona que era y en qué quizás había algo más oculto en sus intenciones.
Se demoró al menos cuarenta minutos, tiempo suficiente para que Uraraka ya estuviera libre y solo quedara Shouto en la estética, ya que a esa hora del día siempre estaba muy tranquilo.
Cuando terminó, el rizado sonrió satisfecho con su esfuerzo, aunque cuando puso atención en el heterocromático casi tuvo un ataque al corazón, puesto que su nuevo aspecto le hacía lucir aún más magnífico de lo que era. Estaba más atractivo, más sensual si es que Izuku podía atreverse a utilizar la palabra en su mente.
—L-Listo.
—Se ve bien, gracias.
Eso era demasiado escueto, se veía espectacular, el hombre parecía un modelo de revista, pero no se lo iba a decir en voz alta, por supuesto.
—De nada... supongo.
—En realidad...
¿Iba a decir que no le gustaba? ¿Lo había dejado mal? ¿Lo detestaba? ¿Tendría que afeitarlo todo ahora? ¡Pero había dicho que era cabello y que eso no importaba! ¿Qué haría?
—Te estuve buscando las últimas semanas, y entré porque la mañana anterior pasé por aquí y te vi atendiendo a unas personas, no pude evitar entrar a verte.
—¿C-Cómo dice?
—No te refieras a mí con esa formalidad, por favor. Yo solo... quería saber si aceptabas salir conmigo.
—Yo no quisiera decepcionarlo, decepcionarte —se corrigió mordiendo su lengua—, pero creo que hay un una complicación para ello.
—¿Complicación? —repitió Shouto sonando confundido.
El ojiesmeralda asintió y se levantó el mandil de color azul para descubrir su vientre que ya estaba algo hinchado por el bebé que estaba albergando.
—Yo no creo que ese sea problema alguno. ¿Eres soltero no es así? Tus feromonas no están mezcladas con las de otro Alfa, solo están muy dulces por tu embarazo.
¿Qué dijo? ¿Él lo sabía? Pero si esa ocasión su panza era un poco más pequeña y su ropa demasiado holgada, ¿por qué quería salir con un Omega abandonado y embarazado? ¿Qué estaba mal con este hombre?
—Esto, eso es...
—Te invito por ese helado que no pudiste comer aquel día, estoy seguro que te quedaste con el antojo y eso no puede ser sano para tu cachorro.
—Y-Yo...
—Tu amiga está aquí y es testigo de ello, ella sabrá si algo te sucede. No tienes nada que temer, lo prometo—dijo poniéndose de pie para luego inclinarse ante él.
—¡N-No tienes que hacer...! —exclamó Izuku moviendo los brazos de forma frenética, era inimaginable que un Alfa de su alcurnia de estuviese reclinando ante un Omega de clase baja como él. Luego el pequeño miró en dirección hacia su compañera y amiga quien estaba algo divertida con la situación y gesticuló algo como: "hazlo".— Yo uh... de acuerdo, solo, levántate, por favor, yo no...
Todoroki se incorporó, sacó su billetera y puso seis billetes de mil yenes en la mesita.
—Esto es por el corte, quédate con el cambio —se acercó al pecoso, que se sentía afectado e hipnotizado por la belleza del Alfa, el cual solo sonrió una vez que estaba lo suficientemente cerca, para acto seguido mover uno de los rizos verdosos detrás de su oreja.
—¡Él descansa el viernes! —intervino Uraraka sonriendo!
—Perfecto, pasaré por ti entonces, ¿tu dirección es...?
—¿Y si mejor solo nos encontramos allí?
—De ninguna manera, es adecuado que vaya a buscarte si yo te estoy pidiendo salir.
Izuku no respondió, únicamente rasgó un trozo de papel de su libreta donde anotaba sus citas del trabajo y anotó su dirección para luego doblar el papel y entregárselo a Todoroki, quien guardó el objeto con mucho cuidado dentro del bolsillo de su camisa.
—Hasta entonces, Deku —se despidió él con un asentimiento de cabeza y salió tranquilamente del salón con paso elegante.
—Adiós, Todoroki...
Izuku no quería tener un mal presentimiento, sabía que juzgar a las personas sin conocerlas estaba mal, y aunque desconfiaba por costumbre, algo dentro suyo le dijo que Todoroki no estaba mintiendo como Kai lo hizo desde el principio.
Ya lo sabría ese viernes.
