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La Niña que Vivió

Chapter 10: Deudas de Vida

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Noviembre, 1991


Tan pronto como Octubre terminó, Noviembre arribó con un frío implacable, que cubrió las Tierras Altas de Escocia con una capa de nieve que anunciaba a los entusiastas que “La navidad estaba a la vuelta de la esquina”. 

Durante los primeros días del mes, todo el mundo estaba entusiasmado por el primer partido de la temporada de Quidditch, pues se trataba del duelo entre las eternas casas Rivales; Gryffindor contra Slytherin. La expectativa era enorme, pues el equipo de Slytherin llevaba una extraordinaria racha de, por lo menos, 5 victorias anuales consecutivas, con todos sus partidos habiendo sido catalogados como “Victorias Aplastantes y Humillantes”. Y estas expectativas no dejaban de crecer debido a los rumores, extraordinariamente difundidos por la casa del León, que venían del capitán del equipo de Quidditch de Gryffindor; Oliver Wood. 

Gryffindor mantenía sus entrenamientos bajo el más estricto secreto, entrenando de tarde-noche y bajo la supervisión de los Aurores invitados, James y Sirius, para proteger a los estudiantes y asegurarse de que no se quedaran “ni un minuto más de lo reglamentado”. Pobres ilusos. Lo único que hacían los dos adultos era apoyar al pequeño Harry en cada momento, motivándolo para que hiciera las mejores jugadas (y por mejores, quiero decir arriesgadas. Para que agarrara práctica, decía Sirius.) con las cuales pudiera lucirse en el partido de apertura de la temporada. 

Wood, un joven Gryffindor de 5to año con una entusiasta pasión por el Quidditch, que algunos podrían catalogar como “Obsesión”, había hecho circular rumores sobre el nuevo fichaje estrella del equipo escarlata, diciendo que “no había buscador más veloz” y “no existía nadie que se le comparara” para tratar de intimidar a sus oponentes… algo que no era precisamente bien recibido por McGonagall, quien llevaba ya varios días escuchando dichos rumores, exagerados hasta el punto de pensar que hablaba sobre el próximo “Merlín del Quidditch”. 

Por supuesto, la mención de Harry era un secreto a voces que no había tardado mucho en estallar. Quizás culpa de Neville, que se le escapó sin querer queriendo en una conversación en el patio de Transformaciones, quizás por Lavender Brown, quien chismeaba de todo con las hermanas Patil y había llegado a oídos de medio Hogwarts para la hora del Té, o tal vez por culpa de Sirius y James, que no dejaban de hablar de los entrenamientos de Harry entre clases mientras Remus ordenaba el salón de Duelos, lo que hizo que el rumor se expandiera sin control para la mitad de la primera semana de Noviembre. 

Harry, por su parte, agradecía a los cielos, a la tierra y los mares que Hermione fuera su mejor amiga: Sin ella, y la ayuda de Ron, Luna y Delphini, no habría podido mantener el ritmo de los estudios por la mañana/tarde y los entrenamientos en la tarde/noche que Oliver Wood le había preparado. Agradecía también que su madre le hubiera prestado la copia de su padre de “Quidditch, a través de los tiempos”, donde James, Sirius y otros de sus amigos habían hecho anotaciones sobre todas y cada una de las cosas que habían aprendido de Quidditch en sus años de escuela. Había algunas notas que Lily encantó para borrarlas por… temas de edad, supongo. 

Y con respecto a Ronald… las cosas iban bien. Lento, pero bien. 

Los comentarios de Ron sobre Slytherin habían reducido su nivel al mínimo aceptable y esperado dentro de la casa Gryffindor. Seguía desconfiando de la mayoría, como cabría esperar, pero con Hermione, Luna y Delphini hacía una excepción, puesto que, por supuesto, eran sus amigas. Seamus, Dean y Neville agradecieron el alto al fuego en la disputa que habían librado las chicas contra Ron desde hacía semanas, y se disculparon por no haber sido más empáticos con el tema de Delphini durante la noche de Halloween. 

Luna… hacía lo que podía. 

Los comentarios pasivo-agresivos contra Ron no habían parado, pero no eran ni de lejos tan agresivos como antes, y los insultos se habían reducido al “mínimo aceptable” de un Slytherin hacia un Gryffindor, pero sin el tema de la supremacía de una casa sobre la otra y el meterse con “el estatus” de la familia del otro. Sin embargo, seguía habiendo pequeñas riñas entre la rubia de ojos plateados y el pelirrojo, cosa que mantenía al grupo de amigos animado, lo suficiente para decir “la línea divisoria se ha quitado pero la marca sigue estando dibujada en la tierra.”

Lo cierto era que ya se les podía catalogar a los cinco como un grupo de amigos. Sin comillas de por medio. 



8 de Noviembre, 1991


El día de mañana sería el tan ansiado inicio de la temporada de Quidditch, y Harry parecía más nervioso que nunca. No importaba que tanto presumiera James (abiertamente o entre susurros) lo bueno que fuera el pequeño Potter para el Quidditch, no dejaba de ser su primer partido oficial. Hermione, con la intención de mantener su mente ocupada, “obligó” a todo su grupo de amigos y conocidos a estudiar cerca de la chimenea del gran comedor después de clases, aprovechando que los Hufflepuff eran amables y compartidos con quienes quisieran sentarse en su mesa… eso, y que Hannah Abbott le dio un buen golpe en el hombro a un chico de tercer año que estaba a punto de negarles el sentarse cerca del fuego. 

Sin embargo, Harry no dejaba de sacudir la pierna, golpear los dedos contra la mesa y ajustarse los lentes con la otra mano.

H-Harry… te vas a lastimar si sigues así. – dijo Delphini, viendo como Harry, cada vez que se ajustaba los lentes, lo hacía con la pluma en la mano, cuya punta afilada se acercaba peligrosamente a su frente, a su vieja cicatriz en específico. 

Lo siento, Delphini… simplemente no me puedo concentrar. – Harry dejó la pluma sobre la mesa y se quitó los anteojos, llevándose la mano a la cara y presionando el puente de la nariz, justo entre sus ojos. 

Y yo que me esforcé por organizar este pequeño y humilde club de estudio para todos pudiéramos pasarla bien. – suspiró Hermione, con aparente decepción en su voz, negando suavemente con la cabeza. 

¿Pasarla bien? – preguntó Lavender Brown que, con una ceja arqueada, alzó la mirada al otro lado del grupo en la mesa. Parecía irritada. – Granger, nos arrastraste a todos del pasillo como si estuvieras arreando ganado. 

Pero lo hice con palabras bonitas, de aliento y apoyo. – la chica de brillantes ojos esmeraldas se llevó la mano al pecho, con aire indignado. 

Literalmente dijiste “Si no quieren reprobar y ser troles el resto de su vida escolar, síganme los buenos.” – Ron murmuró por lo bajo a un costado, entre Neville y la propia Lavender. 

¡¿Lo ven?! Palabras motivadoras. – casi como si entendiera de que Ron le había dado la razón, Hermione asintió, divertida. 

Casi como si fuera ensayado, Ron, Neville, Seamus, Dean, Lavender, las Hermanas Patil, e incluso Luna y Delphini suspiraron al unísono. Querían a Hermione y Harry, a su modo cada uno, pero necesitaban que esta racha de preocupación y estudio desenfrenado terminara ya. 

¿Por qué no vas a ver a tu mamá y le pides el libro de Quidditch de vuelta? – preguntó Ron, en un arranque de genialidad. Lily, sabiendo que Harry tenía que enfocarse en sus estudios y despejar la mente antes del partido (y también, porque estaba un poco harta de que se la pasaba con ese libro 24/7), guardó el libro la noche anterior. – Ya sabes, para relajarte. 

Si, creo que es una buena idea, Ron. – Harry suspiró, dejando la pluma sobre la mesa y levantándose de su asiento. – Debe estar en la sala de Profesores. 

¿Qué…? – Hermione miró de lado a lado como nadie parecía intentar detener a Harry de irse. La chica de ojos esmeraldas lo imitó, aunque con un poco más de torpeza por lo abrupto de su salida. – ¡No, espera, tienes que seguir estudiando, es más relajante así! 

Hermione sí que le encanta estudiar. – mencionó Dean, observando como la chica de explosivo cabello castaño, caminando apresuradamente, alcanzó a Harry en la entrada del comedor, perdiéndose al doblar la esquina. 

Nah, no es eso. – comentó Luna, quien estaba escribiendo en su cuaderno, nada relacionado a la sesión de estudio, sino que estaba dibujando lo que solo podría describirse como un hipopótamo con estomago delgado y la joroba de un camello, un caparazón de tortuga en forma de champiñón y un cuerno largo y arrugado encima de su nariz. – Simplemente detesta volar. 

¿En serio? – preguntó Seamus, confundido… tanto por el extraño dibujo de Luna como por su afirmación. – Si lo hizo bien en la clase de Madame Hooch. 

B-Bueno… lo cierto es que no ha podido hacer mucho de lo que la profesora le ha pedido, como maniobras y eso. – Delphini bajó ligeramente la mirada, incomoda de hablar de Hermione y sus “problemas” sin que ella estuviera presente. 

Ni que Madame Hooch le hubiera dicho que hiciera la Pinza Parkin en su primer día. – Dean negó con la cabeza, mofándose un poco de sus propias palabras, algo que Seamus y Ron imitaron. 

Al ser tan fanáticos del Quidditch, la idea de que Hermione hiciera una maniobra tan complicada en su primer intento de volar resultaba algo graciosa.  

Tienes que admitir, que desde que supo que Harry jugaría… se ha puesto un poco exigente con sus clases. – mencionó de repente Padma Patil, asomando su cabeza detrás de la melena de Lavender Bronw. Ambas hermanas, en el extremo opuesto a donde estaban los chicos, tenían que asomar la cabeza para que se supieran cuál de las dos hermanas estaba hablando. – Además, Hermione no está acostumbrada a estas cosas.

Si, ella es nacida de muggles. – tuvo que conceder Seamus, rascándose detrás de la oreja. – Como Papá es Muggle, nosotros no estamos como que muy acostumbrados a volar si no es en un avión. 

¿Qué demonios es un avión? – preguntó Ron, ligeramente confundido, más por los estudios que por el término que usó Seamus, que le resultaba vagamente familiar. 

En serio, lee el libro que te dimos. – comentó Luna, dejando su dibujo de lado solo para fastidiar a Ron.

¡Pero si nunca me han dado ningún libro! – y otra vez, allí empezaba la riña. Afortunadamente, las risas de las gemelas Patil y los chicos aminoró la situación. 

Alejados del bullicio que había en el Gran Comedor, Harry había seguido su camino a través del patio empedrado y atravesado el viaducto hacia el edificio que llevaba al Patio de Transformaciones, seguido muy de cerca por Hermione, quien a mitad de camino dejó de insistir (no sin antes soltar varios resoplidos y quejas entre dientes) y acompañar al pelinegro en busca de su libro. Cuando llegaron a la sala de Profesores, el pasillo estaba inusualmente callado. Ni siquiera el par de gárgolas que había en una esquina, que siempre se la pasaban soltando versos para fastidiar a los alumnos que pasaban, estaban hablando. 

Antes de tan siquiera tocar la puerta, la cual estaba un poco entreabierta, escucharon un quejido de dolor y una bandeja de metal siendo azotada, golpeada bruscamente por lo que supusieron que era un puñetazo. 

¡Eso duele! – la voz de Snape emergió con un grito de dolor contenido, como si hubiera metido la mano en el fuego por un instante. 

¡Entonces quédate quieto! – la voz de Lily surgió con mayor fuerza, amortiguada por su propio intento de no alzar demasiado la voz. – ¡Si lo hicieras, no te dolería!

Sin que Harry ni Hermione pudieran verlo, la escena dentro de la sala de Profesores era de lo más curiosa. En uno de los sofás individuales que se encontraban delante de la portentosa chimenea de piedra, Snape estaba sentado con una pierna levantada sobre un taburete, con el pantalón levantado hasta la rodilla. Desde esta, hasta la parte más baja de la pantorrilla, había delgados hilos de sangre que habían corrido por su pálida piel, había cicatrices, viejas y nuevas, por toda su pierna, y un líquido violeta que corría hasta su talón desde un trapo empapado con dicho líquido. 

Delante del Profesor de Pociones, limpiando las heridas, estaba arrodillada Lily, con las mangas de su suéter rojizo subidas hasta los codos y su cabello atado en una voluminosa coleta de caballo. Al lado de la chimenea, James y Sirius estaban justo detrás de Lily, conteniendo las ganas de reírse por los gritos de dolor de Snape, el cual trataba de mantenerlos en meros quejidos para no darle la satisfacción a ambos Aurores.

Si no tuvieras la manía de pasar ese trapo por toda la herida, no me estaría doliendo tanto. – Snape sonaba mucho más enfadado que de costumbre, y no había esa pausa metódica con la que hablaba normalmente. Al parecer, el dolor le hacía perder la frialdad en su habla. 

¡Tengo que usar esto porque tú te niegas a usar las pociones de la Enfermería! – Lily, por su lado, se escuchaba mucho más enérgica que de costumbre, como si fuera un viejo hábito discutir del “lado de la razón”. 

Al mismo tiempo, Lily empapaba el trapo en una pequeña poción violeta colocada en un recipiente de cerámica que tenía a un lado de sus muslos, fuera del alcance de Snape, quien ya había golpeado la mesa a su lado y tirado la bandeja de agua y vendas por culpa del fuerte dolor. 

¡Esto es lo que te ganas por no ir con Madame Pomfrey! – Lily parecía harta hasta cierto punto, pues escurría el trapo como si le estuviera rompiendo el cuello a un pollo. 

Ya te dije que no voy a molestarla por esta estupidez. – la mirada de desagrado de Snape pasó por encima de la cabeza de Lily, con quien hablaba, para centrarse en el par de viejos chismosos detrás de ella, quienes se mofaban del pelinegro de piel pálida. 

¡¿Y prefieres molestarme a mí que a Poppy?! – Lily se levantó de un brinco, agitando los brazos hacia abajo como una adolescente a punto de hacer un berrinche. 

Hasta yo sé que eso es una pésima idea, Quejicus... – Sirius, quien estaba apoyado sobre la esquina de piedra de la chimenea, con los brazos cruzados en una pose de chulería absoluta, se metió a la conversación. 

Lastimosamente, entró al radar de una Lily enfadada.

¡Y ustedes, cierren la boca, que por su culpa él está así! – la pelirroja cobriza se giró hacia su esposo y su amigo, señalando a ambos con el dedo como si hubiera descubierto el arma homicida en las manos de ambos durante un juicio.

Los gritos de Lily sobresaltaron tanto a Hermione y Harry que pegaron un brinco para atrás, topándose con algo que no debía de estar allí antes.

¿Y nosotros que hicimos? – James, a un costado de Sirius y con una bandeja de botanas llena de dulces y frituras, se encogió de hombros como si lo estuvieran acusando falsamente de algo. 

Fuera de la habitación, Hermione y Harry se dieron la vuelta, encontrándose que Lupin había llegado por detrás de ellos, siguiendo los gritos a través del pasillo. Ambos niños se quedaron congelados, tanto por el susto del grito de Lily como por la sorpresa de encontrarse al Profesor de Duelo, pensando que él se encontraba también dentro de la Sala de Profesores. 

¡No cuidar a los niños! – Lily se acercó peligrosamente rápido a ambos, lo que hizo que los dos intentaran retroceder, viéndose acorralados por la misma esquina en la que se habían puesto. – ¡Si no los hubieran perdido de vista, Severus no habría tenido que ir él solo a hacer guardia! 

Si no hubiera metido su narizota en la habitación, no estaría lastimado. – mientras Sirius intentaba defenderse (espantosamente) de Lily, los chicos a fuera estaban intentando explicarle a Remus por qué estaban allí. 

Las mímicas de Harry y Hermione eran bastante pobres, pero Lupin, por su parte, entendió al instante.

De haber tenido compañía, no habría tenido que revisar la entrada para asegurarse de que nadie había burlado la seguridad. – Lupin, haciendo como que no había visto a los chicos husmeando cerca de la puerta, pasó por en medio de ellos y entró en la sala de Profesores. 

Los chicos pudieron escuchar una capa hondear por el aire, sin saber que Snape se había cubierto la pierna por instinto. 

¿Tú también, Lunático? – Sirius se escuchaba como si lo hubieran traicionado, clavándole un puñal por la espalda. 

Hola, Remus… ¿Se escuchó desde afuera? – saludó Lily, un poco avergonzada por el escándalo. 

Te escuché desde el pasillo de Historia de la Magia. – bromeó el hombre de extensas cicatrices en el rostro. – Me encontré con Harry y Hermione cerca del viaducto por que escucharon un grito espantoso. – Severus rápidamente se acomodó en el sofá, recibiendo un manotazo en el hombro por parte de Lily para que no bajara la pierna aún del taburete. – Se asustaron pensando que era Peeves tendiéndoles una trampa. Dijeron algo sobre un libro de Quidditch que venían a buscar. 

¿Harry lo está buscando? – Lily se cruzó de brazos, haciendo un puchero mientras golpeaba la yema de su dedo contra su antebrazo. – Bueno… si viene con Hermione es posible que ya hayan terminado de estudiar. – dijo con cierta resignación. – Se lo devolveré cuando vaya a verlo a la Sala común. 

¿Cómo te encuentras, Severus…? – preguntó Remus, tapando parcialmente la entrada, como si quisiera dejar que Harry y Hermione asomaran la cabeza para ver la rara escena que ocurría dentro. 

Cierra la puerta antes de seguir hablando, Lupin. – masculló Snape, con la mirada fija en la entrada de la Sala de Profesores. Era como si hubiera visto a través de la mentira de Remus.

Claro, claro… ¿Entonces, Lily, como está su herida? – dijo Remus, girándose para cerrar la puerta, pero haciéndolo de la forma más lenta posible. 

Sanaría más rápido si Severus no fuera tan testarudo y dejara que Poppy lo examinara. – resopló Lily, arrodillándose nuevamente para seguir curando a Snape, habiendo descargado parte de su frustración contra James y Sirius. – Esta clase de mordidas son peligrosas si no se tratan rápido. 

No es mi culpa que no me reconociera. Además, ¿Cómo puede él estar pendiente de las tres…? – Snape se dio cuenta de que Lupin no había cerrado del todo la puerta. – ¡CIERRALA YA!

Remus terminó de cerrar la puerta, dejando a Harry y Hermione sin saber que pensar y con la orden (implícita) de que debían regresar a sus salas comunes con las manos vacías. 



9 de Noviembre, 1991


Al día siguiente, el desayuno se sentía frío. O al menos, a Harry se le había enfriado por no tocarlo desde que habían llegado. Ron, por su lado, ya se había ofrecido más de una vez a “liberarlo de la carga de comer un desayuno frío”, pero Luna le había dado un manotazo más de una vez cuando estiraba la mano. Para este punto, el chico estaba tan perdido en sus pensamientos como Hermione el día de su cumpleaños. 

Harry, deberías comer algo. – dijo Ron, con medio bocado de salchicha aún sin masticar en la boca. Parecía estar disfrutando más del desayuno que nunca. – No has probado ni un bocado.

Ron tiene razón. – mencionó Hermione, sentada a un costado de Luna, sosteniendo contra su pecho el libro de Quidditch a Través de los Tiempos que Harry trajo de su habitación. Lily cumplió su palabra. – Hoy necesitarás energía. 

Lo sé… simplemente no tengo hambre. – Harry estaba “jugando” con el huevo revuelto con su tenedor, retorciéndolo junto a las tiras de jamón y tocino. 

Los chicos estaban tan centrados en Harry, que la única que notó que alguien se acercó fue Delphini, y eso fue porque una sombra alta y siniestra apareció detrás de ella, ensombreciendo su comida. 

Que tengas surte, Potter. – la gélida voz de Snape hizo sobresaltar a Ron y Delphini, y tomando por sorpresa a Hermione, Harry y Luna, quienes no se habían dado cuenta de su presencia.  

Las palabras de “aliento” de Snape no fueron escuchados por casi nadie. Fue casi como un susurro lo suficientemente alto como para que el pequeño grupo de niños lo escucharan, pero nadie más, incluso los que estaban cerca del grupo a un costado en la mesa. 

Aunque después de derrotar a un trol, un tonto juego de Quidditch será pan comido. – Por la forma en como los ojos de Snape rodaban de un lado a otro, parecía estar meditando sus palabras con cuidado. – Inclusive en contra de Slytherin… visto y considerando que las Hermanas te consentirán en tu primer juego. 

La mirada de Snape viajó de la mesa de Gryffindor a la de Slytherin, donde un grupo de cuatro chicas se levantaron de sus asientos, charlando animosamente en dirección a la puerta del Gran Comedor. El Profesor rápidamente bajó la mirada hacia Harry, después a Hermione, y luego a Delphini. Incluso él había notado la inusual sensación del silencio incomodo tras sus palabras, por lo que decidió alejarse sin ninguna palabra, en dirección a la mesa de Profesores. En su andar, Hermione, Harry y Luna se le quedaron viendo con extrañeza. 

Su paso era mucho más lento… como si intentara disimular su cojera.  

Curioso, ¿no…? – dijo Luna, ladeando ligeramente su rostro, con curiosidad. 

Raro… muy raro. – afirmó Ron, quien se había quedado pálido ante las palabras de Snape. – ¿Quién iba a decir que Snape pudiera dar palabras de ánimo?

No, Ron. – negó la rubia de ojos plateados. – ¿No notaste como cojeaba? 

Ah… Si, lo noté, pero ¿Qué tiene de curioso? – afirmó el pelirrojo, distraídamente. 

Ron definitivamente no había notado la cojera de Snape. Simplemente intentaba seguir la conversación mientras, disimuladamente, quería ver si era cierto, aunque no tuvo mucho tiempo antes de que Snape se sentara a desayunar. 

Pues eso explica la sangre. – Luna se llevó un pequeño bocado de sus wafles con miel y fresas a la boca, satisfecha con su “descubrimiento”. 

¿Sangre…? ¿De qué hablas…? – preguntó Hermione, quien solo había notado el extraño andar del Profesor. 

¿No recuerdas que Snape tenía la pierna ensangrentada cuando llegó junto a los demás profesores durante el ataque del Trol al baño de las niñas? – Luna cubrió ligeramente su boca mientras hablaba, saboreando su anterior bocado. 

¿En serio? – Hermione arqueó ligeramente una ceja. ¿No había notado algo así? – Yo no me di cuenta…

Creo que seguías en Shock por lo de Delphini y Ron echándose la culpa. – aseguró Luna, mirando de reojo a Ron, quien frunció el ceño ante el comentario de Lovegood. 

Seguramente… yo todavía lo estoy. – afirmó Delphini, sintiendo un escalofrío. – ¿Pero… que tiene que ver…?

Probablemente ese Perro de tres cabezas que vieron seguro le mordió. – Luna estaba tan confiada en su respuesta que se permitió tomar otro bocado. 

Espera, ¿Qué? – preguntó Ron, regresando su mirada a Luna. – ¿Por qué estás tan segura? 

Es tan obvio, Ronald… ¿Qué, como es que no lo notaron? – preguntó Luna, indignada. Más ofendida porque no le permitían disfrutar de sus wafles con fresa a gusto. 

Tal vez si lo explicaras con más detalle… a todos nosotros, si es posible. – a pesar de que Hermione estaba también interesada en saber qué demonios era lo que tenía Luna en mente, no iba a perder la oportunidad de hacerle una burla a Ron, quien volvió a cambiar su mueca del disgusto.

Obviamente, el hábito de insultarse mutuamente iba a ser difícil de quitar.

Luna, sin embargo, estaba bastante feliz. No solo por el (nada) sutil insulto a Ron, sino por el explicar algo que nadie más entendía. Había un pequeño brillo en sus ojos, una pequeña sensación de superioridad. De orgullo y arrogancia. Fue momentáneo, casi instantáneo, lo suficientemente fugaz como para desaparecer en un par de parpadeos, al tiempo que la chica se acomodaba en el asiento de la banca de la mesa de Gryffindor, cruzándose de piernas y acomodándose su frondoso cabello. 

Bueno… Lily dijo que vino a buscarnos porque el Profesor Snape vio como nos separamos del grupo. – Luna se inclinó sobre la palma de su mano, apoyada con el codo sobre la mesa. – Eso significa que no estaba con los demás profesores que bajaron a las Mazmorras. O nos estaba siguiendo, o estaba en un sitio muy alto para vernos a nosotras, o a Harry y Ron dirigirse al Primer Piso. 

Pero nosotros usamos un pasadizo a través de retratos. – dijo Ron, interrumpiendo la explicación de Luna. – ¿Cómo pudo…?

Ron, ¿recuerdas que nosotros estábamos casi en el Quinto piso cuando nos dimos cuenta de lo de Delphini? – mencionó Harry, señalando disimuladamente con su dedo hacia la esquina superior del comedor, señalando a través de la pared la Torre de la Gran Escalera. – Como no pudimos bajar todos los pisos de vuelta, porque todos estaban regresando a la sala común de Gryffindor y Ravenclaw, usamos el retrato de Basil Fronsac que está en el Cuarto piso. 

Y está a plena vista… desde el balcón del tercer piso. – Ron siguió el tren de pensamiento de Harry, desanimándose con cada palabra. 

Y si estaba allí, significa que estaba allí por el perro de tres cabezas. – afirmó luna, agitando su cabello de lado a lado con alegría. – Y de ser así, seguramente estaba custodiando algo. ¿Dijiste que Snape mencionó que “no lo reconoció”? Pues seguramente esa fue la razón por la que cojea: el perro lo mordió porque no lo reconoció. 

Por supuesto, sabían que era lista. No por nada el Sombrero Seleccionador tardó tanto en decidirse si enviarla a Slytherin o Ravenclaw. Y está demás decir que fue la propia Luna quien dijo que había escogido Slytherin por encima de Ravenclaw. Sin embargo, tener tal lógica, tal poder de deducción, para alguien que comúnmente hablaba entre comidas o de manera esporádica del equivalente ficticio de Hadas y Duendes en los cuentos muggles, era algo difícil de asimilar. 

… B-bueno, pero… ¿Qué estaría haciendo el profesor Snape allí? – el recuerdo del perro de tres cabezas seguía espantando a Delphini, tanto que se abrazó a si misma para protegerse. – Todos los demás estaban abajo en las mazmorras, buscando al trol. – Otra vez, un escalofrío la sacudió. 

Además… ¿Cómo puedes asegurar que ese Perro estaba protegiendo algo? – preguntó Ron, algo confundido. Desde luego, sus recuerdos sobre el incidente estaban un poco más enfocados en el peligro mortal de un enorme animal a punto de comérselos. 

¿Estás ciego o no sabes usar tus ojos? – preguntó Hermione, mirando de vuelta a Ron. – ¿No recuerdas lo que tenía debajo de sus patas? ¿O el sonido que hicieron? 

¿Te preocupa más el sonido que hicieron sus patas en lugar de sus cabezas? ¿Te tengo que recordar que eran tres…? ¿¡TRES!? – Señaló Ron, bajando lo suficiente la voz, pero, aun así, levantando sus dedos para señalar la obviedad de las tres cabezas. 

Tú si la viste, ¿verdad, Harry? – Hermione, exasperada, tomó la mano de Ron y la devolvió a su plato, para que se entretuviera con su comida. 

Creo que si… Era una trampilla, ¿no? – a pesar de que el susto persistía en la mente de Harry, recordaba el característico sonido de la madera crujiendo bajo el peso de la enorme pata del animal. – Supongo que, si estaba cuidando algo, sería eso.

N-No… ¿No será esto? – dijo la voz de Delphini, con cierta duda. 

Delphini sacó el pequeño trozo de servilleta donde Hermione había copiado la noticia del asalto en Gringotts. 

¿Cómo…? – antes de que Hermione completara la pregunta, sorprendida, su cara pasó a la fase de realización y entendimiento. – ¿Te volviste a equivocar de lado y tomaste mi túnica? 

Si… lo siento, estaba muy cansada. – dijo la chica de cabello plateado, un poco avergonzada. 

Descuida, no me molesta. – Hermione pasó su mano por delante de la frente de Delphini, acariciando su cabeza y peinando suavemente su flequillo. Al tomar el “recorte del periódico”, Hermione leyó por encima, intentando conectar las piezas. – Entonces… Lo que sea que robaron en Gringotts… ¿Puede ser que esté escondido bajo esa trampilla en el tercer piso?

Eso explicaría por que hay Aurores en el colegio. – Harry bajó la voz cada vez más, haciendo que el circulo se cerrara para escucharlo. – ¿Recuerdas que mamá dijo que “el ministro estaba inquieto” en una carta? Y eso fue antes del ataque del Trol o del Lethifold. 

Y-Y… el día del robo, ¿dijeron que el Profesor Snape y el Profesor Lupin estaban en el Callejón Diagon cuando fueron por sus útiles? – preguntó Delphini. Ella, por su parte, tenía que alzar su voz para que se le escuchara, pues si hablaba bajo, apenas parecería un suspiro. 

También los padres de Harry y Sirius. – confirmó Hermione, asintiendo con la cabeza. – Es lo que dijo Hagrid, si alguien sospechoso hubiera pasado por allí antes de intentar robar Gringotts, Lily, James y Sirius lo habrían atrapado al instante. 

Pero aquí dice… que la Bóveda 713 fue vaciada ese mismo día. – señaló Luna, apuntando suavemente a la servilleta encantada con tinta. – Sí, lo que sea que estuviera en esa cámara, está aquí en Hogwarts, protegida por ese perro… tuvo que ser alguien de aquí, ¿no… Harry?

Cuando Luna giró su mirada a Harry, el muchacho estaba concentrado en el pequeño pedazo de papel, leyendo repetidamente una parte en específico: el número de la bóveda. 

713. – el murmullo de Harry era tan bajo que apenas se le podía distinguir moviendo los labios. 

¿Harry…?

De repente, Harry se sobresaltó, y sin hacer ruido, se apretujó más a sus amigos, golpeando por encima el papel que Hermione había usado como una copia del periódico, señalando el número de la bóveda como la pista clave.

La Cámara de Sirius. – Señaló Harry, en un murmuro.

¿Qué…? – tanto Ron, como Luna, Hermione y Delphini se quedaron confundidos. 

La Cámara de Sirius es la Bóveda 711. – explicó el chico de cabello oscuro. Había un intenso brillo de claridad en sus ojos. – Lo sé porque él sacó unas cuantas monedas de oro cuando fuimos al Callejón Diagon. Me compró dulces…

Harry, no creo que… – Ron estaba a punto de interrumpir a Harry. 

No, Ron, escucha… después de que Hermione llegara al Caldero Chorreante, Sirius y el Profesor Snape fueron a Gringotts a abrirle una cuenta en el banco a Hermione para sus gastos. – en eso, Harry volvió a golpear en el aire el papel, señalando la palabra “Gringotts”, para enfatizar aún más su punto. – Ellos volvieron al banco. 

Significa que… ¿ellos pudieron llevarse lo que había en la cámara? – Luna se llevó una mano a los labios, pensativa. 

No ellos. Snape. – Ron enfatizó especialmente el nombre del Profesor de Pociones.  

Ron, por favor. – Luna parecía estar algo harta de la opinión negativa de Ron sobre Snape. – Sé que desconfías del Profesor Snape, pero…

No, no, escucha. – Ron parecía estar organizando sus ideas en su mente, en parte para ser claro, pero también para evitar recibir un sermón de Luna. – Harry dijo que Snape se fue solo, después de que compraste tu varita, ¿no? ¿Y si se llevó lo que había allí?

¿Y luego Snape lo trajo al Castillo para que el Perro gigante lo custodiara? – por el tono de voz de voz de Luna, parece que estaba desestimando un poco la idea de Ron. 

Tendría sentido, ¿no? – Ron, por el contrario, estaba muy confiado en su teoría. – Si no, ¿por qué se quejaría de que el Perro no lo reconoció y lo mordió? 

Porque lo mordió y le duele la pierna. – para Luna, era mucho más creíble que Snape solo estaba resentido con el Perro de tres cabezas porque le mordió a pensar que el Profesor Snape tuviera algo que ver en un plan tan rebuscado. – ¡Ron, concentrate, por favor!

Me cuesta admitirlo, pero Ron… tiene un punto. – Hermione realmente tenía dificultad para completar la oración.

¡Madre santa! Eso es nuevo. – Ron no pudo aguantar soltar esa expresión.

Oh, cierra la boca antes de que me arrepienta, Ronald. – Hermione hizo el amago de querer darle un golpe a Ron en la nuca, quedándose a mitad de camino. – El punto… es que quien sea que intentó robar la bóveda, intentó hacer lo mismo en Halloween con el trol. Escuché a Parkinson decir que no tienen mucho cerebro…

Lo dijo con palabras más hirientes, claro, pero lo dijo. – Señaló Luna. 

Lo que significa… que no pudo entrar solo. – por un momento, Delphini superó su tartamudeo, ante la realización de que las cosas eran mucho más graves de lo que imaginaba. – Alguien lo metió al castillo. 

Y lo usaron como distracción. – secundó Ron a Delphini, arrugando la nariz ante la idea. 

Exacto… y lo mismo pudo ocurrir con el Lethifold. – afirmó Harry, negando con la cabeza antes de pararse de golpe. – Tengo que preguntarle a Sirius si…

Pero antes de que Harry pudiera salir del banquillo de la mesa, fue jalado rápidamente abajo por la mano de Hermione que lo sujetó de la muñeca, sentándolo de golpe nuevamente. 

Ni se te ocurra. Se supone que no deberíamos saber todo esto, ¿recuerdas? – señaló Hermione, mirando de reojo a la mesa de Profesores, donde el Profesor Snape sostenía una amistosa conversación con la Profesora McGonagall, quien esta mañana parecía rebozar de confianza. – Si le preguntamos a Sirius, a Lily, o al Profesor Snape, no nos dirán nada. 

Y si vamos diciendo esto por allí, no tardarán en saberlo todo el castillo. – señaló Ron, revolviéndose el cabello tras la nuca de frustración. – Los rumores no son precisamente el secreto mejor guardado de Hogwarts.

Además… tienes un partido que ganar. – había una pequeña sonrisa maliciosa en los labios de Hermione. 

Oye, es tu casa de la que hablamos. ¡Se supone que la apoyes en los partidos! – había una vena venenosa en el comentario de Ron, como antes de ser su amigo. 

Sin embargo, Luna no saltó para señalar su desconfianza, pues tenía una razón muy diferente: Ron era un fan acérrimo del Quidditch, y la idea de “traicionar” al equipo local o favorito era casi un pecado. 

Soy fiel a mi casa, Weasley. – Hermione rodó los ojos. Aunque sabía la razón de Ron para señalarle su “falta de lealtad”, eso no hacía que fuera más fácil lidiar con sus comentarios. – La adoro, de verdad. Pero si me dieran a escoger entre apoyar a los idiotas, egocéntricos, vanidosos, insensibles, detestables, irritantes y malolientes compañeros de casa que juegan para mi “equipo local”. – el rostro de Hermione, quien se arrugaba y enfurecía con cada insulto que lanzaba hacia sus compañeros de casa, cambió radicalmente cuando de pronto señaló a Harry. – O apoyar a mi mejor amigo, no hay mucho que pensar. 

… Sabes que tú también puede ser vanidosa y egocéntrica, ¿verdad? – señaló Ron a Hermione, arqueando una ceja. 

Pero yo soy mucho mejor que esos brutos, Weasley. – Hermione pasó su mano por delante de su frente, y con aire noble y grácil, agitó su cabello para hacerlo “volar con el viento” cual diva, dejando emerger un delgado pero distintivo mechón dorado que se ocultó tras la maraña de cabello castaño cuando su explosiva melena se asentó. 

Harry, por su lado, estaba conteniendo una risa desde que Ron soltó el comentario de “Vanidosa y egocéntrica”. 

¿De qué te ríes, Harry? – preguntó Hermione, frunciendo el ceño, a nada de un puchero de reproche al muchacho tras elegirlo a él que a su propia casa. 

Nada… solo me da gracia que usaras justo esos adjetivos: Vanidosa y Egocéntrica. – el chico pudo calmarse un poco, soltando un par de risas al hablar antes de recuperarse. – Bueno, ellas si encajan con esos únicos dos adjetivos. Afortunadamente, son mucho mejores que lo que resta del equipo de Slytherin. 

¿Qué…? – preguntó Hermione, confundida. – ¿De qué hablas…?

¿No se lo has dicho…? – preguntó Ron, viendo como Harry le negaba con la cabeza.

¿Decirme qué…? – Hermione seguía sin entender. 

Ya verás. – Harry no quitaba aquella pequeña sonrisa engreída.

Había algo de Slytherin en la personalidad del chico cuando se mostraba confiado. 



Tras el desayuno, a las 11 de la mañana casi todos los estudiantes abandonaron el colegio en dirección al campo de Quidditch. Los estudiantes iban y venían de todas partes del castillo, pero siempre seguían la misma ruta: Desde el patio de la torre del reloj, atravesaban el puente de madera hasta los terrenos del castillo, y en lugar atravesar el circulo de piedra, y descender por las colinas hasta la cabaña de Hagrid, tomaban un desvío hacia la derecha, siguiendo un camino de tierra rodeado de hierba, producto de incontables siglos de gente yendo y viniendo.

El sendero pasaba por una colina rocosa y escarpada que apuntaba hacia el colegio, al borde del barranco que rodeaba en forma de medialuna buena parte del área externa del castillo; desde los invernaderos de Herbología, los campos de entrenamiento de vuelo, y formando una depresión profunda repleta de árboles que pasaba por debajo del puente de madera, hasta desembocar en pequeño arroyo que conectaba con el lago negro. Subiendo el camino, más allá de la Lechucería en la cima de la colina rocosa, los chicos veían alzarse por encima de los árboles unas torres de madera, adornadas con mantas y banderas de colores muy vivos. 

El estadio de Quidditch era enorme. Hermione escuchó decir a Seamus que era mucho más grande que un estadio de Futbol, con una forma ovalada con una longitud de lado a lado de cerca de 160 metros; las gradas estaban elevadas a varios metros del suelo para que los estudiantes de todo el colegio tuvieran una vista “relativamente perfecta” del juego, con varias gradas divididas entre las doce torres que se alzaban como pilares, adornadas con los colores de cada casa del colegio (Escarlata/Dorado, Amarillo/Negro, Azul/Bronce y Verde/Plata) en la forma de largos estandartes de tela sedosa y que se movían con el viento. 

Los grupos de estudiantes, fanáticos del deporte, mostraban claramente sus colores y apoyo a una de las dos casas. Hufflepuff estaba 100% del lado de los leones, especialmente porque Slytherin había sido el responsable directo de haber perdido la Copa en la temporada pasada. Ravenclaw era la casa que siempre se dividía; por un lado, estaban aquellos que le seguían guardando rencor a Gryffindor por haber sido quienes arruinaron sus posibilidades de avanzar en la temporada, relegándolos al 4to lugar a pesar de su desastrosa derrota contra Slytherin el año pasado, pero también había otros que no estaban dispuestos a apoyar a Slytherin por lo desagradable que había sido la derrota que sufrieron dos temporadas atrás, donde Slytherin les pateó el trasero por un margen absurdamente alto.   

Gryffindor y Slytherin, por otro lado, no tenían ni una sola duda de a donde pertenecían: a lados o puestos, con las torres como barricadas para evitar que se pelearan entre sí, pero estando una grada al lado de la otra para poder restregarles en la cara al rival por cada punto ganado. Claro, había una clara diferencia en una de las gradas del estadio, y no era solo porque en la fila trasera, casi destacando como una torre más, Hagrid estaba de pie con su pesado abrigo de piel, sobresaliendo como una bola de pelos oscura en el mar de bufandas, carteles y pintura facial escarlatas y doradas. 

Sino por las tres bufandas esmeraldas que resaltaban en primera fila de las gradas delante de Hagrid: Hermione, Luna y Delphini, con las caras pintadas casualmente con los colores de Gryffindor, con Delphini ayudando a Dean para sostener una pancarta de “Arriba, Gryffindor” escrita de manera un poco torpe, cortesía de Hagrid. Seamus era el que más emocionado parecía, por que parecía un fanático de Futbol esperando con ansias el inicio del partido, con la cara pintarrajeada con excesiva pintura (que hasta le había ocultado las cejas y manchado el flequillo), contrastando con Neville y Lavender que apenas tenían pintura en las mejillas con los colores de Gryffindor. Las Gemelas Patil estaban al lado de su amiga, con Padma (de Ravenclaw) apoyando a la casa de su hermana. 

En las torres centrales del estadio, las únicas dos que tenían estandartes blanco y negro, marcando su imparcialidad, se encontraban algunos docentes como el Profesor Flitwick, quien hablaba animadamente con la Profesora Sinistra y Madame Pomfrey, hablando sobre qué equipo tenía la mejor composición en este año. La enfermera alegaba que Hufflepuff tendría una buena temporada, pero lamentaba que el capitán del equipo se hubiera enfermado esta mañana por haber comido su desayuno con una poción en mal estado por un “reto de amigos”, mientras que Sinistra aseguraba que Ravenclaw iba a sorprender este año con el fichaje de una nueva Buscadora muy prometedora, algo que entusiasmaba mucho al Profesor Flitwick, ya que él había sido testigo de su último entrenamiento. 

Sin embargo, como Hagrid, había adultos que no eran para nada discretos sobre a que equipo estaban apoyando en este partido: Lily, Sirius, James y Lupin estaban descaradamente a favor de Gryffindor, aunque el único que era discreto al respecto era el propio Lupin, pues no llevaba los colores de su casa o alguna pintura en la cara, como por ejemplo Lily, quien había pintado la cara de James y Sirius en apoyo a su retoño. Otros, como Snape, estaban en una torre distinta para mirar el juego, pero desde luego que la torre que había elegido era de Slytherin. Lo mismo se podría decir del Señor Filch, quien estaba en las gradas junto al grupito de Draco, esperando con ansias la victoria de Slytherin. 

La tensión crecía con cada minuto que pasaba, en espera del inicio del juego. 

Y Harry estaba aterrado. 

Los vestuarios de cada equipo estaban separados por un par de enormes carpas blancas, en el lado opuesto a la entrada de los aficionados del estadio. Dentro, Harry estaba ya vestido con la túnica escarlata con el fondo interior dorado que correspondía al equipo de Gryffindor, con un suéter de lana con los mismos colores debajo y unos pantalones blancos, llevaba las rodilleras, coderas, guantes y botas reglamentarios de cuero que todo jugador de Quidditch debía llevar. Estas últimas no dejaban de golpear el suelo de madera, del nerviosismo. El chico no estaba prestando atención a nada más que sus propios pies, ni a los casilleros de donde sus compañeros sacaban su equipo, o el sonido de cada vez más estudiantes llenando el estadio.  

De repente, un par de manos golpearon la espalda alta y baja del muchacho, sacándole un poco el aire del susto, pero también los nervios.

Tranquilidad, Harry, Tranquilidad. – Fred apareció a su izquierda, dándole palmadas más suaves a Harry en el hombro, como si su presencia fuera algo tranquilizadora. 

Sereno, mi moreno. – George apareció del lado contrario, agitándole el cabello negro y desordenándoselo un poco. 

Si, no te preocupes, lo harás bien. – reafirmó Fred, con confianza, sentándose al lado de Harry en la banca. – además, nos tienes a nosotros. 

¿Eso debe tranquilizarlo o es una advertencia de que se cuide de otras dos bolas perdidas? – preguntó una chica de tercer año, de ojos azules y un cabello rubio muy pálido, de esbelta figura y sonrisa encantadora. Parecía causarle gracia mofarse de los hermanos Weasley. 

Ja-Já, muy graciosa, Alicia. – George se rio falsamente, poniendo una cara bastante graciosa que hizo que Harry tuviera que contener su propia risa. 

Siempre, George. – Alicia agitó su cabello cual diva mientras agarraba la escoba que usaría. 

¡Soy Fred! – acusó George, con falsa indignación.

Nah-ah-ah. – de repente, una hermosa joven morena apareció delante de los tres chicos. 

De piel casi tan oscura como Nashira, de cabello negro y voluminoso pero un poco más esponjado que el de la joven Black, y de resplandecientes ojos marrones oscuros, Angelina Johnson alzó su mano por delante de su rostro, negando divertidamente con su dedo índice, como si hubiera agarrado a los chicos en una obvia mentirita blanca.

Ahora tienes la túnica con tu nombre, es el único momento en el que no nos puedes engañar con ese truco, Georgie. – Angelina tenía una sonrisa socarrona en su rostro. 

Oh, pero lo que no sabes, Chérie, es que bien podríamos haber cambiado de túnica y tú nunca te darías cuenta. – afirmó Fred con un falso tono francés. cerrando los ojos, con una mano en la cadera y la otra imitando el gesto negador de Angelina. Tenía una sonrisa arrogante en sus labios.

Ah… Fred, si sabes que tú eres el único que le dice “Chérie” a Angelina, ¿cierto? – y tan rápido como su compañera Alicia Spinnet dijo aquello, a Fred se le borró la sonrisa, y su dedo índice, que se detuvo al instante, perdió fuerza y se “desinfló”, dejando su mano colgando en el aire.

… Carajo. – afirmaron ambos hermanos, habiendo sido derrotados por un fallo técnico. 

¡No delante de Harry, tarado! – gritó una tercera chica, emergiendo detrás del muro de casilleros de donde se estaba terminando de poner la túnica. Su cabello castaño era largo y liso, de facciones suaves y ojos marrones rasgados, con una energía casi tan explosiva como los hermanos Weasley… salvo la obvia tendencia al caos.   

Oh, por favor, Katie, él ha escuchado cosas peores de Nashira y de…

¡Está bien, muchachos, es tiempo! – dijo Oliver Wood, interrumpiendo la charla entre George y su compañera Katie Bell.

Oh, dios, aquí viene. – George se sentó junto a Harry, casi al mismo tiempo que Fred, mientras exhalaba con pesadez. 

Oliver Wood, casi tan alto como los hermanos Weasley, quizás un poco más, tenía un cuerpo delgado pero fornido, muy en forma y que hablaba bien de su disciplina con el deporte favorito del mundo mágico. De cabello castaño corto bien peinado, de piel clara y con un par de rasguños en el mentón y en la nariz que no se le habían quitado desde la última práctica. Al igual que sus compañeros, llevaba el equipo reglamentario, pero, además, llevaba un peto de cuero con hombreras y un casco, el cual llevaba bajo su brazo derecho como una pelota.

¡Muy bien chicos…! – dijo Oliver, con pasión. 

Y chicas. – puntualizó Angelina, chasqueando los dedos y apuntando al emocionado capitán. 

¡Y chicas…! – corrigió rápidamente Oliver, sin perder el entusiasmo. – Lo conseguimos. 

El grupo se reunió en los bancos de madera delante de la pizarra personal del equipo, repleto de las estrategias y jugadas que habían repasado el equipo durante la última semana de entrenamiento. Alicia, Katie y Angelina estaban de pie detrás de la banca donde estaban sentados los gemelos Weasley y el pequeño Harry. Fred estaba al lado de Harry, imitando su tono de voz, pero varios decibeles por debajo, para que solo Harry y George lo escucharan.

Este es…

El Grande… – secundó Fred, interrumpiendo a Oliver. 

El que estábamos esperando... – George terció a su hermano, imitando casi el mismo tono de Wood, incluso su pose para su discurso. 

Nos sabemos el discurso de Wood desde que se unió al equipo. – Fred murmuró, dándole un divertido codazo a Harry.

¡Chicos, silencio! – los Gemelos se quedaron quietos, no tanto por el grito de Oliver, sino porque Angelina, Katie y Alicia le dieron un golpe a cada uno, Angelina a ambos al mismo tiempo. 



De vuelta en las gradas, Hermione, Delphini y Luna estaban acomodándose las túnicas, ajustando sus guantes y haciendo un nudo extra a sus bufandas para protegerse del frío.

¿Todavía no te acostumbras al frío? – preguntó Padma Patil, notando como Hermione se frotaba las manos, ya que le había prestado sus guantes a Delphini por que a ella se le habían olvidado en el dormitorio. 

Las noches frías del orfanato y lo frío de las Mazmorras no se compara con el aire frío a esta altura. – comentó Hermione, exhalando contra las palmas de sus manos para mantenerlas calientes tras una ráfaga de aire frío. – ¿Cómo toleran ustedes el aire frío desde su torre? 

Deberías ver la terraza. – dijo en tono bromista, pensando que Hermione se moriría del susto. – La Torre de Ravenclaw tiene una entrada para salir a volar o ver las estrellas… creo que somos la única casa por la que pueden entrar así. 

Si, en Gryffindor no tenemos algo similar. – afirmó la hermana de Padma, Parvati, agitando la matraca que le había prestado Seamus para animar al equipo, sin saber exactamente cómo funcionaba. – Los problemas de que nuestra torre es la Torre de la Gran escalera.

¡Miren, ya van a salir al campo! – anunció Luna, apuntando a un lugar a ras del piso en el campo. 

Lentamente, un par de compuertas de madera se abrieron, y desde una de ellas, una larga fila de túnicas verdes emergió, como una serpiente abalanzándose para atacar a su presa. La larga hilera de jugadores de Slytherin, serpenteando en el aire de lado a lado por todo el estadio, se separó para formar un vistoso espectáculo, y al llegar a los aros que correspondían a la potería de Gryffindor, todos y cada uno de los jugadores de Slytherin entraron a través de los aros, algo que hizo estallar a la barra fanática de las serpientes, como si fuera una promesa segura de su victoria. 

¡Y salen los Jugadores del magnífico equipo de Slytherin, los campeones de la temporada anterior, para inaugurar el comienzo de la nueva temporada! – la voz de Nashira Black, la comentarista del partido, se escuchó en todo el estadio, con una gran alegría. – ¡El Juego de Hoy es un viejo clásico: Slytherin contra Gryffindor!

¡Sí, estupendo! – la voz de Hagrid se escuchó incluso a través del vitoreo y los aplausos de los fanáticos, quienes estaban ansiosos por comenzar.

Rápidamente, la otra compuerta se abrió, y los integrantes del equipo de Gryffindor emergieron como llamas escarlatas que se desperdigaron por el campo. Los gemelos Weasley volaron a ras del suelo hasta elevarse de frente a las dos torres del profesorado, Katie Bell y Angelina Johnson se fueron a lados opuestos del campo y volaron en espiral alrededor de los aros de portería de ambos equipos, mientras Oliver Wood y Alicia volaron juntos en una maniobra arriesgada, en donde saltaron de sus escobas y pasaron por encima del otro antes de separarse para seguir rodeando el campo.

¡Y ahora, el momento que todo Gryffindor estaba esperando! – gritó la voz de Lee Jordan, el compañero comentarista de Nashira. – ¡El nuevo orgullo de la casa de Godric! ¡El Buscador más joven en un siglo! ¡Ustedes lo conocen, los profesores lo quieren, la Niña que vivió lo adora! ¡Denle un aplauso a…! ¡Harry Potter!

Del interior de los vestuarios, estallaron chispas carmesíes que precedieron a la llegada de un cometa rojizo. El silbido que le siguió fue similar a un cuchillo cortando el aire con gran velocidad, y la ovación de aplausos, chiflidos y gritos de emoción opacó por completo el silencio de los Slytherin, especial de la fría y agonizante ira de Draco Malfoy, quien estaba muriéndose de la rabia. 

Cuando el cometa escarlata bajó la velocidad, pudieron ver la túnica rojiza de Harry ondear en el aire mientras el chico hacía piruetas, volando por todo el estadio, incluso acercándose a las torres para saludar a sus padres, a sus tíos, a Nashira e incluso a la Profesora McGonagall y el Profesor Dumbledore, y cuando bajó a las gradas, sujetándose con una sola mano, extendió la otra para chocar los cinco con sus amigos que lo esperaban en primera fila. 

Cuando las piruetas de Potter se acabaron, el muchacho de cabello negro se reunió con el resto del equipo. Todos los catorce jugadores se colocaron a varios metros del suelo, casi exactamente en el centro del campo, en un círculo alrededor de una caja de madera en el centro del campo. Harry se colocó por encima de su equipo, unos 3 metros en el aire por encima de ellos, al igual que lo estaba haciendo el buscador del equipo de Slytherin, un muchacho rubio de ojos azules muy parecido a Draco, pero sin la cara de imbécil, solo de arrogante. 

Hermione notó como Harry, ignorando las muecas del buscador contrario, bajó la vista para saludar a unas chicas que estaban en el equipo de Slytherin, quienes le devolvían el saludo alegremente.

¿Harry se lleva con otras Slytherin además de nosotras? – preguntó la chica de ojos esmeraldas, sorprendida, casi indignada. 

¿Qué, celosita? – comentó Lavender con cizaña, a un costado de Parvati.

Ya quisieras… solo me dio curiosidad. – Hermione no pudo disimular la mueca de desagrado y celos, cruzándose de brazos y recargándose sobre la barra de las gradas. Aunque eso le sirvió de excusa para calentarse las manos. 

Espera… ¡¿Esa no es…?! – gritó Ron de repente, señalando a Harry y sobresaltando a Luna y Hermione. 

¿Qué cosa…? – preguntó Delphini, confundida y también espantada. 

¡Mira su escoba! – dijo otro chico de Ravenclaw, apuntando hacia Harry.

Fue entonces que se dieron cuenta y se fijaron en la escoba de Harry, completamente distinta a las demás. Mientras los otros tenían escobas de maderas algo torcidas, quizás no precisamente lustrosas y con las ramitas más similares a las setas peladas de un arbusto; secas y hasta quebradizas a la vista, la escoba de Harry era reluciente. El mango de la escoba estaba hecho de caoba, brillante y pulcro, las ramitas casi parecían la brocha de un pincel de lo gruesas y bien cuidadas que estaban, y tenía una pequeña barra para pies estilizada de color dorado donde Harry posaba sus botas. En la parte superior de la escoba, estaba la inscripción del modelo “Nimbus 2000” grabada en oro. Mientras, del otro lado, también en letras doradas, estaba escrita la leyenda en cursiva “Tengo la mejor mamá del mundo”.

Obviamente, Lily había sido quien compró la escoba, por petición de la Profesora McGonagall, y no le había dicho a nadie, ni siquiera a James y Sirius, quienes estaban asombrados y babeando por la reluciente escoba nueva. 

¡Los jugadores toman sus posiciones, y Madame Hooch entra al campo para comenzar el juego! – anunció Nashira, quien escuchó la presión caer sobre los hombros de todos cuando escucharon el nombre de la Profesora de vuelo, pues guardaron silencio en cuestión de segundos. 

La figura imponente de Madame Hooch, con sus gafas protectoras sobre su frente, sus guanteletes y botas protectoras de cuero de Quidditch, hacían juego con su túnica azul oscura y bordes blancos. Su papel como árbitro imparcial en cada juego de Quidditch que se jugaba en Hogwarts era casi irremplazable, y sus decisiones, incuestionables. 

Quiero que sea un juego decente. – dijo la mujer de ojos amarillos cual búho, y las manos colocadas sobre su cintura. – ¡Va para todos, ¿entendido?! ¡Especialmente usted, Señor Flint!

Los miembros de cada equipo se miraron entre sí, salvo una chica de Slytherin que se veía relajada y confiada, jugando con un mechón de su cabello delante de sus ojos. Con una suave patada, Madame Hooch abrió el cofre de madera que se sacudía desde hace un buen rato en el césped del campo, y como si dos balas de cañón fueran disparadas al aire, dos pelotas oscuras como el carbón que salieron volando hasta perderse de la vista. El sonido de esas cosas le pinchó en los oídos a Hermione; sonaban como criaturas horribles y desagradables. 

Tras esas, un pequeño destello dorado emergió del cofre hasta perderse de vista. Por el contrario, tras ver como Harry y el otro buscador observaron por un momento algo moverse alrededor de sus cabezas, el aleteo surcó el aire cerca de las gradas de Hermione, donde desapareció un instante después. Hermione pensó haber visto por el rabillo del ojo un par de alas metálicas chocar entre sí por el aire, pero cuando giró la cabeza, ese destello dorado ya se había ido. 

Madame Hooch se agachó para tomar lo único que había permanecido quieto en el cofre; una pelota rojiza, con caras hundidas en su superficie lo suficientemente grandes como para el puño de una persona cupiera allí. La hizo girar suavemente entre sus dedos un momento antes de volver a ponerse en el centro de ambos equipos. 

Y entonces, con fuerza, la lanzó hacia arriba. 

La Quaffle está en el aire… ¡Y COMIENZA EL JUEGO! – gritaron ambos comentaristas a la vez.

Hermione y Delphini, jadeando de la impresión, vieron como los equipos se abalanzaron unos a los otros como animales hacia la Quaffle. Las túnicas esmeraldas y escarlatas se difuminaron en el aire rápidamente, y Hermione apenas tuvo tiempo de entender donde había quedado la pelota cuando, como una bandada de pájaros, uno de los jugadores se puso por delante de los demás, y los otros comenzaron a seguirlo lo más cerca posible. A la cabeza, Angelina Johnson de Gryffindor había tomado la Quaffle, y era perseguida por dos de los cazadores de Slytherin, 

¡Y Angelina, la Hermosa, logra arrebatarle la Quaffle al Cazador Adrian Pucey! ¡Se dirige a la portería para marcar el primer Gol a favor de Gryffindor! – Lee Jordan había tomado la batuta en la narración del partido, bastante entusiasmado por Angelina. – ¡Miren nada más ese porte, esa belleza, que elegancia la de…! 

Pero tan rápido como Lee Jordan estaba a punto de ser reprendido por la Profesora McGonagall por sus comentarios, los espectadores aullaron de sorpresa cuando un fugaz relámpago esmeralda atravesó el campo de visión de Angelina, obligando a frenar agresivamente para evitar chocar. Aquel relámpago no era más que la túnica verde de una cazadora de Slytherin que se había puesto por delante de la morena, y antes de que se diera cuenta, otras dos túnicas esmeraldas la rodearon en forma de espiral, girando a su alrededor como planetas alrededor del sol hasta transformarse en un remolino que le bloqueó la visión. 

De repente, sintió un empujón que le vino desde adelante, sin entender cuando alguien se le puso de frente, y un fuerte jalón la empujó hacia atrás cuando las túnicas verdes se dispersaron, dejándola atontada en el aire. Pero lo más importante; le habían arrebatado la Quaffle de las manos. 

¡Woohoo! ¡Allí lo tienes, en tu cara, querida! – gritó de repente Nashira, levantándose de su asiento y, aun sosteniendo el megáfono por el que comentaba el partido, se inclinó sobre el borde de la torre para mirar al campo. – ¡El famoso Ataque Imperdonable de mis hermanitas queridas! ¡La Cazadora Hydri y las Golpeadoras Pictoris y Lynxi Black!

La barra de Slytherin estaba eufórica, tanto que el estadio parecía sacudirse. 

¡¿Ellas son las hermanas de Nashira?! – preguntó Hermione, mirando fijamente la estela esmeralda que dejaron Hydri, Pictoris y Lynxi.  

¿Qué, no lo sabías? – preguntó Ron, sintiéndose bien de, por lo menos, saber más que Hermione en un aspecto. – Todas las Black son famosas en el Quidditch. 

Nashira mencionó que tenía hermanas, pero jamás dijo nada de que fueran jugadoras de Quidditch. – Delphini estaba tan sorprendida que hasta el tartamudeo y la timidez la abandonaron. No en valde, si Nashira era su Prima lejana, entonces eso significaba que ellas también. – Se ve que son buenas. 

¿Solo buenas? – Ron casi se ahoga de la risa. – ¡Ellas fueron la razón por la que mi hermano Charlie no pudo ganar la copa de Quidditch el año pasado! – casi parecía que se estaba flagelando con esa oración. – Y eso que ahora están las 5 hermanas.

¿Las cinco…? – preguntaron Luna, Hermione y Delphini a la vez.

De repente la barra de Gryffindor estalló. La atención de todos regresó al juego cuando Alicia Spinnet le arrebató la Quaffle al otro cazador de Slytherin y Capitán del Equipo, Marcus Flint (un chico de quinto con una cara cuadrada, dientes chuecos y cuerpo corpulento, digno de ser la versión humana del trol que los atacó en Halloween), y esquivando a las hermanas Black y al otro cazador, Adrian Pucey, Alicia se lanzó hacia la portería de Slytherin. Con un movimiento de falso lanzamiento, en el cual logró engañar a Flint, quien se le había abalanzado para tomar la Quaffle, Spinnet lanzó una bola baja pero poderosa hacia el aro más corto.

Sin embargo, antes de que la pelota pudiera llegar más allá de la línea que separaba la zona de la portería, las ramas de una escoba golpearon con precisión quirúrgica la Quaffle que se lanzaba hacia el aro, y formando una trayectoria curva rápida y fugaz, Hydri atrapó la Quaffle para alejarla de su lado del campo. 

¡Y Pyxis Black bloquea el primer intento de gol de Gryffindor! – los comentarios en forma de gritos de Nashira hicieron enardecer a la barra de Slytherin que celebraba a la guardiana del equipo. – ¡Pyxis, la Magnífica, lo hace de nuevo! ¡No hay bola que pase sin que ella se entere! 

Y como si intentara hacer honor a las palabras de su hermana mayor, Pyxis hizo un par de piruetas en su escoba, dejando que su cabello, atado en una cola de caballo, se agitara con gracia mientras se sostenía de una mano y una pierna de la escoba, “bailando en el aire alrededor de los aros” hasta quedar de frente a uno de estos. 

Literalmente, de frente, y dándole la espalda a todo el resto del campo.  

¡Hija mía, es al otro lado! – dijo Nashira para avisarle a su hermana, quien se giró rápidamente, ante las risas de los espectadores, más divertidos por el comentario de Nashira que por la torpeza de la Guardiana de Slytherin.

¿Es ciega o qué? – preguntó Seamus, arqueando una ceja por la actitud burlona de Pyxis Black. 

Sí, lo es. – respondió Ron, con total seriedad. 

¿Qué…? – ambas hermanas Patil se quedaron de piedra. – Estás bromeando, ¿cierto, Ron?

No, para nada. – aseguró nuevamente el pelirrojo. – Pyxis es ciega. Según Sirius, nació con ojos muy bonitos, pero no podía ver nada con ellos o casi nada. – el chico arrugó el rostro en un intento por recordar lo que alguna vez le platicó el padrino de Harry y el propio Harry sobre las hermanas Black. – Antes de cumplir el mes, sus ojos se volvieron blancos y quedó ciega permanente. Eso fue lo que me dijo Harry.

¿Y cómo diablos puede ver el partido si no puede ver nada? – preguntó Dean, completamente asombrado de que, tras el comentario de Nashira, Pyxis volteara directamente a donde estaba ella y le sacó la lengua de forma juguetona. 

… No sé, nunca he entendido esa parte. – Ron se rascó la nariz, tratando de desviar la mirada tras que la mitad de sus amigos se le quedaron viendo. 

¡Ron! – exclamaron las tres Slytherin en la barra de Gryffindor. Estaban teniendo esperanzas en Ron por primera vez en semanas. 

La atención de todos regresó al partido cuando los Gemelos Weasley desviaron una Bludger que se acercaba peligrosamente a las gradas, y golpeando sus bates al unísono en el momento justo, mandaron la pelota negra, parecida al hierro fundido, en dirección a Hydri, quien apenas logró esquivarla, soltando la Quaffle para que Marcus Flint la tomara en el aire. Con un fuerte golpe de su puñetazo, la pelota rojiza salió volando en dirección a la portería de Gryffindor, detenida a tiempo por las manos del Guardian de Gryffindor, Oliver Wood.

¡Una parada magistral de Oliver Wood! – la voz de Jordan se elevó por encima de los gritos de alegría de Gryffindor y los abucheos de Slytherin. – El Eterno aficionado del Quidditch busca detener todas las anotaciones tras la aplastante derrota del año pasado. 

Para quienes no lo recuerden, el Trío de Damas Black fue responsable de la humillante, desastrosa y anticlimática derrota de Gryffindor el año pasado… – Nashira se le escuchaba especialmente orgullosa por su descripción. 

¡Señorita Black! – a pesar de no estar cerca, se pudo escuchar un poco la voz de la Profesora McGonagall por el altavoz. 

L-Lo siento, profesora. – dijo Nashira, disculpándose con una sonrisa en el rostro que no mostraba tanto remordimiento. – A pesar de los esfuerzos de Charlie Weasley, anterior Buscador de Gryffindor, por detener el partido antes de una derrota más aplastante, el partido culminó con una puntuación 170 a 250 a favor de Slytherin. 

Gracias, Nashira, por recordarnos ese problemita que tuvimos con los antiguos cazadores de Gryffindor… dios los tenga en su gloria. – Lee Jordan se persignó a modo de broma. 

¡Si no se murieron, Jordan! – se pudo escuchar a la Profesora McGonagall, escandalizada por el altavoz. 

No, aún peor, Profesora… están trabajando en el Ministerio como asistentes en la Oficina del Club de Gobstone. ¡A eso le llamo tirar tu carrera por un agujero…! – ahora Lee Jordan era el que parecía escandalizado. 

¡Señor Jordan, por favor, céntrese en narrar…! – sin embargo, a media reprimenda, la Profesora fue interrumpida. 

¡Mira allí, Jordan, Angelina Johnson tiene la Quaffle de nuevo! – exclamó la chica, con emoción. 

El zumbido de las Bludgers resonó tras el violento golpe de los bates de los Gemelos Weasley, y con el puñetazo de Angelina contra la Bludger, de repente las tres pelotas salieron volando en dirección a la portería superior del equipo Esmeralda, la cual defendía Pyxis Black. Contra toda expectativa, la joven de segundo año golpeó la Quaffle con el brazo, tirándola por encima de la portería y cayendo en dirección al pasto. La primera Bludger, cortesía de George Weasley, fue evadida magistralmente cuando Pyxis se agarró del mango de su escoba, y apoyándose con el soporte para sus pies, la chica se inclinó hacia atrás en dirección al aro de portería, evadiendo la Bludger que pasó silbando cerca de su oído. 

La otra Bludger, cortesía de Fred, se acercó casi hasta su cara cuando la chica dejó que su mano se deslizara, y como si bajara por un tubo, la pelota de hierro pasó por encima de su cabeza mientras el cuerpo de Pyxis giraba por el mango de la escoba hasta agarrarse firmemente de la base para los pies de esta, sacando un grito ahogado de susto a todos. Pero, con una agilidad digna de una atleta olímpica, giró sus muñecas y se impulsó hacia arriba, subiéndose nuevamente a la escoba como si nada hubiera pasado. 

¡Es increíble, damas y caballeros! – gritó Nashira, emocionada y levantándose de su asiento, casi pateando a Lee Jordan para tener toda la autoridad del altavoz mágico. – ¡Una magnífica demostración de habilidad de la más joven de la familia Black! ¡La más grande, invencible, la más fuerte! 

Sin embargo, las cosas se torcieron a favor de los Leones cuando Katie Bell, rodeando la portería de su equipo, alcanzó a tomar la Quaffle y, elevándose en el aire, la lanzó de vuelta a su compañera Alicia Spinnet. La joven rubia, cuya melena había sido atada en una cola de caballo para evitar que su cabello se interpusiera en el juego, agarró la gran pelota de color rojo y la lanzó nuevamente en dirección a Angelina, quien la golpeó con el puño para lanzarla al segundo aro más alto. Pyxis, escuchando el silbido de la pelota surcando el aire, inclinó su escoba en dirección para interceptar la Quaffle.

Sin embargo, un silbido distinto apareció de repente, aleteando contra su oído. La Snitch dorada pasó a cm de su oído derecho, y el tintineo de sus alas metálicas la distrajo, lo suficiente como para que su agarre dudara, y la Quaffle rosara el aire cercano a sus dedos, perdiéndose de su alcance, y atravesando la portería, provocando así un grito victorioso de la afición de Gryffindor. La alegría, los aplausos y los chiflidos de los estudiantes (y algunos maestros) estallaron por todo el estadio, escuchándose incluso hasta el castillo.  

¡Angelina Johnson, la Hermosa, anota! – Lee Jordan prácticamente emergió de las cenizas, haciendo que Nashira cayera de espaldas sobre las gradas privadas de la torre, cayendo encima de un par de invitados locales. – ¡10 puntos para Gryffindor! 

A pesar de las reprimendas de McGonagall, Lee Jordan agregó al contador los puntos que Angelina ganó para Gryffindor. Así, el marcador iba 10 a 0 a favor de la casa escarlata. Nashira se acomodó nuevamente, con una cara de pocos amigos, imitando las palabras de Lee Jordan, pero balbuceando en tono de burla. 

Cuando la Quaffle estuvo de nuevo en el juego, Marcus Flint la lanzó con un puñetazo hacia Hydri, quien, tomándola bajo su brazo, se lanzó en dirección a la portería de Gryffindor, flanqueada por el propio Capitán Flint y Adrian Pucey. Rápidamente, las tres cazadoras del equipo de los leones; Angelina, Katie y Alicia, se lanzaron detrás de los cazadores de las serpientes, abalanzándose sobre ellos en busca de arrebatarles la pelota. Sin embargo, su formación era sumamente cerrada, impidiéndole a Katie Bell acercarse demasiado, incluso Alicia recibió una patada en la punta de su escoba de parte de Marcus Flint que la hizo perder el control y girar en el aire hasta que se detuvo, gracias a la intervención de la propia Katie. 

Al llegar lo suficientemente cerca de la portería de Gryffindor, los tres cazadores se dispersaron, y evadiendo los ataques de las Bludgers mandadas por los gemelos Weasley, dejaron el paso libre para que Hydri lanzara la Quaffle en dirección al aro más bajo de la portería de Gryffindor. Oliver Wood, lanzándose en picada para detener la pelota, no vio cuando Marcus Flit le arrebató el bate a Lynxi Black, golpeando la Bludger que se acercaba peligrosamente a las gradas de Gryffindor para lanzarla en dirección a Wood. 

La Bludger voló rápidamente hasta romper la punta de la escoba de Wood, casi machucándole los dedos y haciéndole perder el control, por lo que fue incapaz de detener el primer gol de Slytherin. En esta ocasión, la barra de las serpientes, y algunos Ravenclaw rezagados, aplaudieron y gritaron con emoción por los primeros 10 puntos para Slytherin. 

Y nuevamente, el bruto del Capitán Marcus Flint logra contrarrestar al Capitán Oliver Wood. – esta vez, el comentario de Nashira no se mostraba especialmente entusiasta por el punto de Slytherin. – ¡10 puntos para Slytherin!

Espera… ¿Esa es la Snitch? – la voz de Jordan se alzó por encima de los abucheos de la afición de los leones, y los gritos de ánimo de las serpientes.

De repente, hubo silencio y expectación. Todos intentaron mirar hacia donde estaba apuntando Lee Jordan, pero en cuanto se dieron cuenta de que Harry Potter se había abalanzado en la dirección opuesta, lo siguieron a él, y pronto, descubrieron un destello dorado iluminado por el sol que se alejaba de este, perseguido incansablemente por el muchacho de túnica escarlata. Terence Higgs, el buscador de Slytherin, también se unió a la persecución de la Snitch, volando lo más cerca posible de Harry. 

Todos los jugadores habían detenido sus movimientos para presenciar la caza de ambos buscadores por atrapar primero la metálica pelota alada y dorada. Incluso los comentaristas se habían puesto de pie y casi colgado del borde de la torre para ver con mejor detenimiento la persecución. Terrence, con su cuerpo más musculoso y alto que el de Harry, al ser mayor que él, intentaba empujar al chico fuera de su línea de vuelo, pero el chico era muy bueno para evadir los embistes del Slytherin. 

Sin embargo, antes de que pudiera quitárselo de encima, una Bludger se les abalanzó de repente, cortándoles el paso y obligándolos a desviarse, perdiendo de vista la Snitch. 

¡Maldita sea! – maldijo Jordan, pateando el suelo de la tribuna en la torre. – Odio cuando las Bludgers hacen eso… ¿Dónde están los golpeadores?

Oye… ¿A dónde va esa…? – Nashira señaló, preocupada, la otra Bludger que volaba erráticamente por el aire. 

La atención sobre esa Bludger en concreto se exacerbó cuando se dieron cuenta de que se dirigía a las tribunas, demasiado lejos de la línea de colisión con los jugadores. Luna, Delphini, Ron y Hermione, especialmente esta última, se dieron cuenta de que la pelota se dirigía hacia ellos porque había cambiado bruscamente de dirección para golpearla directamente en la cara. De no ser por Hagrid, que estiró los brazos para tumbar a los niños al suelo de las gradas (además de sí mismo para evitar ser impactado de lleno por la bola de hierro voladora), la Bludger habría atravesado la cara de Hermione como una bala de cañón a una sandía. 

Sin embargo, los agradecimientos por parte de los chicos se quedaron atorados en sus gargantas cuando la Bludger, casi sacada de una escena de caricatura de los años 50, giró sobre si misma como una abeja buscando el panal de donde salió, y se abalanzó nuevamente a las gradas de Gryffindor, para horror de los espectadores que huían de ella. Hermione, apenas levantándose, fue agarrada por la túnica de Delphini para jalarla hacia ella, cayéndole encima a la peliplateada para evitar la trayectoria de la pelota de hierro.  

¡Eso es no es normal! – afirmó Hagrid con voz grave y áspera. Estaba realmente enojado por que la pelota había atacado a los niños. – ¡Esa Bludger loca está encantada, esa es una artimaña muy sucia! 

Antes de que Madame Hooch pudiera acercarse para ver qué es lo que estaba pasando, la segunda Bludger había rodeado la torre al lado de las gradas de Gryffindor donde estaban los chicos, y como si hubiera localizado a su objetivo de repente, como una bala de cañón voló por el aire en dirección a Hermione, quien apenas se estaba levantando. Luna tuvo que patearla para empujarla hacia atrás, cayéndole encima de la espalda a Ron quien aún no se había logrado incorporar. La Bludger atravesó la madera de las gradas, a solo centímetros del espacio que separaba la pierna de Luna y la mano de Hermione que se movía en su caída hacia atrás. 

El sonido característico de las Bludgers, como criaturas pequeñas, molestas y carroñeras que buscaban a su presa hasta devorarle los huesos, se hizo presente cuando la Bludger que atravesó las gradas salió de vuelta al campo y dio un giro en U para volver a las gradas donde estaba Hermione. La primera Bludger, por su parte, había salido volando fuera del estadio y ahora regresaba en la misma dirección, tal como si tuviera ojos que estaban enfocados solo en la chica de ojos esmeraldas.

La cara de Hermione viajó de lado a lado para ver ambas pelotas de hierro, y antes de pensarlo demasiado, se levantó y se impulsó con el asiento a medio despedazar en el que hace unos momentos se encontraba. Cuando las Bludgers impactaron contra la madera y surcaron en aire, casi cortándole el cabello por la fuerza de su aceleración, Hermione había abandonado la “seguridad” de las gradas y se había lanzado al campo.

Había olvidado por completo la lejanía entre el suelo de las gradas y el suelo del campo. 

Un grito muy poco femenino hubiera salido de su garganta por el miedo al golpe de la caída de no ser por que algo la sujetó de la túnica. Ahora, en lugar de sentir el terrible dolor que debería haber experimentado de su cara estampándose contra el suelo, ahora sentía el viento golpearle la cara, y la sensación de que algo la jalaba hacia arriba. Cuando Hermione se dio cuenta, abrió los ojos, percatándose de que el suelo se movía extremadamente rápido bajo sus pies, los cuales flotaban en el aire. Al alzar la mirada, y darse cuenta de que estaba volando por los aires, vio hacia donde la estaban jalando. 

Era Harry, agarrándola del brazo con una mano, y dirigiendo la escoba con la otra. 

¡No te sueltes! – gritó el chico, con algo de dificultad de sostener a la chica con una sola mano.

¡No me sueltes! – gritó Hermione inmediatamente después. 

La realización de en donde estaba y a la velocidad que iba le hizo agudizar 10 tonos más su voz en un grito poco controlado, y haciendo esfuerzo para agarrarse del brazo de Harry, esta hizo todo lo posible para subirse detrás del chico sobre la escoba. El chico estaba teniendo dificultades para manejar la famosa Nimbus 2000, no por que fuera difícil de conducir, sino que debía hacerlo con el peso de Hermione detrás de él, evitando chocar con las gradas, los postes, las torres, con otros jugadores que volaban alrededor del campo y, por supuesto, tratando de evadir las dos bludgers que los venían siguiendo desde que atrapó a Hermione. 

¡Ni se te ocurra dejarme caer, Potter! – Hermione, ya acomodada en la escoba, abrazó la cintura de Harry como si fuera una prensa hidráulica. – ¡Ni lo pienses, ni lo sueñes, ni siquiera lo menciones! ¡Solo vuela! ¡Vuela, pero no tan alto! 

¡Lo haría… si pudiera respirar! – por la forma en como Hermione le estaba abrazando, parecía que al chico se le iban a salir el aire y las entrañas por la boca. 

¡Solo sigue! – gritó Hermione, asustada y desesperada, abrazando a Harry con un poco menos de agresividad, pero no por ello menos fuerte.

Hermione no podía prestar atención a otra cosa que no fuera la sensación del viento en sus oídos, su cabello agitándose violentamente al igual que su túnica, y la incesante sensación de las bludgers a punto de aplastarle la cabeza. A su alrededor, todos estaban atónitos por la situación. Lily se había levantado del asiento y estaba gritando a Harry para que se alejara, James y Sirius habían bajado rápidamente, en busca de escobas para tratar de ayudar a los niños. Los invitados y estudiantes estaban espantados por igual, del mismo modo que confundidos por no entender que era lo que estaba pasando. 

Sin embargo, para algunos, el partido continuaba. 

Marcus Flint, aprovechando la confusión, voló por el campo con la Quaffle en mano para lanzarla a la portería, consiguiendo 10 puntos para Slytherin, los cuales celebraron con orgullo, como si no tuvieran a una de los suyos siendo perseguida por un par de bolas de hierro de casi 70 kilos cada una. Las chicas de Gryffindor se quedaron horrorizadas al ver como sus contrincantes seguían el juego, con Marcus Flint y Adrian Pucey se pasaban entre si la Quaffle para sacar puntaje, mientras Harry y Hermione estaban siendo perseguidos sin descanso, atravesando el campo de lado a lado. 

Sin embargo, la única de las cazadoras de Slytherin que no estaba con su capitán y compañero rascando puntos, se puso a la par de Harry, igualando por poco la velocidad de la Nimbus 2000.

¡Harry! – gritó Hydri, estirando la mano derecha para intentar alcanzar al chico. – ¡Dame a Hermione! ¡Yo me la llevaré y la sacaré del estadio! ¡Tu encuentra la Snitch para terminar el juego! 

¡¿No se enojarán contigo si haces eso…?! – Harry tenía que gritar para dejarse escuchar por la velocidad que estaban alcanzando, obligándose a darle la vuelta al campo ovalado una y otra vez. 

¡No dejaré que mi niño favorito se lastime! ¡Nashira, Lily y Sirius me matarían! – a pesar de lo apremiante de la situación, había una sonrisa en el pálido rostro de Hydri. – ¡Hermione, ¿puedes saltar?!

¡De ninguna forma, no, no lo haré! – Harry podía sentir la cabeza de Hermione agitarse de lado a lado en señal de negación, porque la chica había hundido su cabeza contra la espalda alta del muchacho. – ¡No me voy a soltar de Harry! 

¡Cariño, te prometo que te atraparé! – Hydri se estaba acercando cada vez más, forzando su escoba para ponerse a la par que la de Harry. – ¡No voy a dejar que…! 

¡Hydri, Cuidado! – gritó Harry, de repente. 

Una de las bludgers, como si hubiera entendido que perseguirlos iba a ser una lucha de desgaste sin fin, se había desviado para interceptarlos a mitad del campo. Harry y Hydri se vieron obligados a separarse cuando la Bludger, abalanzándose contra ellos, por poco y le rompe la muñeca a Hydri al pasar por en medio del espacio que los separaba. El chico, viendo que ambas pelotas de hierro negro no paraban de seguirlo como avispones iracundos, empezó a volar en zigzag entre las torres, a alzar el vuelo y bajar en picada para intentar despistarlas, incluso girando como un remolino para intentar que las bludgers se estamparan entre sí. 

Hermione estaba a punto de vomitar, o de desmayarse.

Las cosas no parecían mejorar en el partido. Fred y George, así como Lynxi y Pictoris, habían intentado interponerse en más de una ocasión entre las bludgers y los niños, y aunque cada vez que alguno de los dos grupos de hermanos lograba golpear alguna de las pelotas de hierro negro, la otra alcanzaba a pasar por un lado de ellos para seguir con su persecución. Y en cuanto a los cazadores, Angelina, Katie y Alicia hacían todo lo posible para evitar que Marcus y Adrian siguieran aumentando el marcador, habiendo una diferencia de 10 a 50 a favor de Slytherin.

De pronto… Harry y Hermione detectaron, por el rabillo del ojo, un destello dorado. Hubo un sentimiento que surgió desde lo más profundo, pero solo Hermione se le ocurrió exteriorizarlo.

Por favor, no… – rogó la chica, negando con la cabeza. 

Demasiado tarde.

Harry se abalanzó con un rápido impulso hacia el centro del campo, donde vio el destello dorado. Podía escuchar perfectamente el grito de Hermione, quien se aferró a él tan fuerte como le era permitido. El silbido de las bludgers, ese sonido incesante que hacían como colmenas embravecidas, se iba acercando cada vez más, volviéndose mucho más erráticas. Hermione sintió algo chocando con ella y Potter, y al abrir sus ojos, vio la túnica esmeralda del buscado de Slytherin, Terrence, intentando apartar a Harry del camino.

Los dos ascendieron rápidamente, y amortiguando el chillido de susto de Hermione contra la espalda de Harry, podía sentir como el estómago se le hundía cada vez más mientras se elevaban muy por encima de las torres. De repente, esa sensación se detuvo, y al abrir los ojos, Hermione se encontraba por encima del estadio, alzando la cabeza al cielo… y se encontró con el estadio mismo. Harry se había puesto de cabeza al detenerse, y pronto, el estómago fue jalado hacia arriba mientras los dos descendían en picada de vuelta. 

Las bludgers pasaron zumbando velozmente, casi pegándole en el hombro al chico de Slytherin. El tintineo de las alas metálicas de la Snitch todavía se alcanzaba a escuchar, a pesar de que el golpe del viento en sus orejas le sacudía los oídos a Hermione. El suelo se estaba acercando cada vez más y más. 

Apareciendo desde abajo, los gemelos Weasley ascendieron en la misma dirección en la que Harry y Terrence apuntaban con sus escobas, con este último desviándose rápidamente, habiendo perdido el valor al pensar que podría estrellarse con los gemelos. Hermione pudo verlos pasar, pero no alcanzó a ver como estos golpeaban las bludgers que los perseguían de cerca y las lanzaban fuera del estadio, con una de ellas regresando en forma de U para intentar golpear a Harry de vuelta directo en la cara, justo en paralelo a la trayectoria de la Snitch.

Una tercera escoba apareció, y subido en ella, Sirius golpeó la Bludger con un repuesto de bate que los gemelos tenían en los vestidores. El golpe desvió la pelota de hierro lo suficiente como para alejarse de la trayectoria de Harry, quien pasó por su lado a gran velocidad.  

¡Snape! – gritó Sirius, al ver hacia donde se dirigía la pelota.

La Bludger loca volaba rauda y feroz contra la torre llena de espectadores. En la fila delantera, tanto Snape como una hermosa mujer de largo cabello negro y ojos azules alzaron sus varitas, y en una sincronización perfecta, apuntaron a la Bludger embravecida.

¡Finite Incantatem! – la voz de ambos resonó con fuerza, y de sus varitas emergieron chispas blancas y doradas.

Las chispas volaron por los aires, impactando contra la pelota, y esta estalló en pedazos en una nube de denso humo negro, polvo y trozos de hierro que salieron volando fuera del campo de Quidditch, pero con una intensa explosión que hizo sacudir a los invitados. Algunos, como Quirrel en la última fila, salieron disparados hacia atrás, cayéndose de espaldas tras los asientos, soltando un grito de espanto como una caricatura.

Sirius, aliviado de que la Bludger hubiera dejado de ser un problema, regresó su atención a Harry, quien antes se estaba dirigiendo directo al suelo en picada. Pudo ver, con orgullo, como el chico alzaba su escoba, y con una habilidad digna de su padre, ambos niños apenas rosaban el suelo, volando detrás de la Snitch dorada que había aminorado su velocidad.

Y como si fuera lo más común del mundo, Harry se levantó. 

Los espectadores se quedaron sin aliento mientras veían a Harry levantándose sobre el palo de la escoba, y manteniéndose en equilibrio, avanzaba lentamente hacia adelante para estirar el brazo con la intención de agarrar la Snitch. Hermione, aterrada, agarró la escoba para estabilizarla como mejor le era posible, pero podía escuchar perfectamente el silbido de la Bludger restante, acercándose peligrosamente a ellos. 

Hasta que la punta de la escoba se acercó demasiado al suelo. 

La escoba se levantó desde las ramas hacia arriba, y Hermione salió volando hacia adelante, de la misma forma que Harry cayó varios metros por delante. Los dos chicos estiraron los brazos para amortiguar el golpe, y casi al mismo tiempo, ambos cayeron de cara contra el suelo, esquivando por segundos la Bludger que siguió de frente, ignorándolos por completo. 

El silbido de las escobas de Pictoris y Lynxi se acercó a los niños tirados en el suelo, y con un movimiento fuerte, abanicaron sus brazos para golpear la Bludger desquiciada para evitar que regresara por Hermione y Harry. Cuando la pelota de hierro estuvo lo suficientemente cerca del suelo, James se abalanzó desde su escoba prestada para agarrar la Bludger, y ya en el suelo, retorciéndose contra el pasto, Hydri descendió para sujetarla junto a su tío, permitiéndole inmovilizar la pelota con un encantamiento. 

Hermione y Harry, casi al unísono, podían sentir como sus pulmones se llenaban de oxigeno nuevamente, la sensación de que sus pechos, hombros y rodillas ardían, de la misma forma que sus brazos y piernas; el horrible reconocimiento de que todo su cuerpo les dolía por el impacto contra el suelo estaba pasando, ante la realización de que por fin estaban de vuelta en el suelo. Harry alzó más la cabeza para ver como Pictoris y Lynxi venían corriendo en dirección a ellos, y Hermione sintió una pequeña mano posarse encima de su hombro derecho. 

¿Están bien…? – preguntó la pequeña Pyxis, agarrando a Hermione para que pudiera sostenerse y levantarse. 

Sí… eso creo. – dijeron ambos chicos, apoyándose hombro con hombro.

Sin embargo, ambos se dieron cuenta de que sus manos estaban una encima de la otra, pero además de eso, sostenían algo entre sus dedos. Al apoyarse en sus rodillas y levantar la mano (derecha de Harry, izquierda de Hermione), se dieron cuenta de que entre sus dedos había una pequeña esfera dorada, que agitaba las alas suavemente, no de forma rápida y casi vertiginosa como antes, sino acariciando las yemas de ambas manos con suavidad con un cepillo. 

Estaban sosteniendo la Snitch dorada. 

A su alrededor, escucharon el estallido de la multitud, la sorpresa y la emoción a partes iguales.

¡Tiene la Snitch! – gritó Nashira, con la voz claramente aliviada, pero también emocionada por este momento. – ¡Harry Potter y Hermione Granger han atrapado la Snitch al mismo tiempo! 

Un largo silbato resonó por todo el estadio, incluso por encima del estallido de emoción de la multitud alrededor del estadio. 

¡Gryffindor recibe 150 puntos por atrapar la Snitch! – proclamó Madame Hooch, alzando su varita contra su mejilla, lo que hizo que su voz se escuchara por todo el estadio. – Hermione Granger no pertenece al equipo de Slytherin, por lo que no obtiene ningún puntaje. ¡Gryffindor gana el partido con 160 puntos! 

La sentencia de Madame Hooch fue todo lo que necesitaban los espectadores para estallar en felicidad. El reinado casi ininterrumpido de Slytherin en el Quidditch por fin había terminado. El estadio se llenó de gritos de alegría y estruendosos aplausos. Harry y Hermione sintieron como sus cuerpos se elevaban del suelo, pero no era por la magia de una escoba, sino por los brazos de los Gemelos Weasley; George levantando a Hermione sobre sus hombros, y Fred a Harry. Angelina y Katie habían llegado en sus escobas, Katie aún con la Quaffle en la mano, celebrando con entusiasmo. Alicia se espantó cuando Olliver Wood saltó de alegría, aullando de éxtasis.

Por otro lado, Slytherin estaba a rabiar. 

Draco lanzó algo de la tribuna que se rompió en pedazos al estrellarse contra el campo. Crabbe y Goyle estaban pataleando contra la barrada de madera de las gradas; docenas de estudiantes estaban enfurecidos, no solo por la victoria de Gryffindor, no solo por haber perdido una racha que llevaba años. Estaban iracundos porque Hermione, una Slytherin, había ayudado a la derrota de su propia casa. 

¡Es una traidora! – gritó Marcus Flint, bajando de su escoba y caminando apresuradamente, casi amenazante, apuntando hacia Hermione. – ¡Esa chica muggles es una deshonra para Slytherin! 

¡Si ella no se hubiera metido, Potter jamás hubiera atrapado la Snitch! – el buscador Terrence Higgs estaba apoyando a su capitán, al igual que el cazador Adrian Pucey. Después de todo, la mano de Hermione estaba agarrando un poco más firmemente la Snitch cuando la tomaron. 

Los miembros del equipo de Gryffindor ya estaban poniéndose por delante de Harry y Hermione para separarlos lo más posible del bruto de Flint, hasta que se detuvieron en seco cuando cuatro túnicas esmeraldas se interpusieron entre ellos y el resto del equipo de Slytherin. 

Las cuatro hermanas Black; Hydri, Pictoris, Lynxi y Pyxis, se pusieron por delante, con varitas en mano, apuntando directamente a Marcus Flint, quien se detuvo en seco. 

¿Algún problema, Flint? – preguntó Hydri, como la mayor de las cuatro, un poco más adelante que sus hermanas. Había una suave sonrisa socarrona en su rostro, confiada en sí misma. – Si quieres podemos arreglarlo como hombres. 

Bueno… arreglarlo como mujer y una imitación de hombre. – Lynxi soltó una pequeña carcajeada por lo bajo, mirando de reojo al capitán de su equipo.

Más bien diría un intento de aborto fallido de Ogro, enano y deforme. – Pictoris balanceó su varita de lado a lado, asegurándose que tango Terrence como Adrien no intentaran acercarse de más. 

Black. Son unas… – Marcus parecía que iba a expulsar espuma por la boca. – un grupo de malditas traidoras de... 

¡Señor Flint! – Madame Hooch se estaba acercando en su escoba, y la mirada penetrante a través de sus gafas era menos que “tranquila”. – Si intenta agredir a las señoritas Black, o a la Señorita Granger, me aseguraré de que en el próximo juego se le anulen tantos puntos a su casa que rogará al señor Potter que atrape la Snitch en los primeros 20 segundos del partido. ¿He sido clara, Señor Flint?

Marcus devolvió la mirada de la Señora Hooch al grupo que lo separaba de Granger. Las Black no habían bajado las varitas, Oliver, Fred y George habían formado un muro que protegía a los niños mientras Angelina, Katie y Alice respaldaban a las hermanas Black, y de reojo, podía ver como los Aurores Black y Potter, habiendo controlado a la Bludger loca restante, no parecían quitarle la mirada de encima. 

Transparente, Profesora. – masculló Marcus, mirando con enfado a Hydri, como si su mirada la atravesara y viera directamente a Hermione.  

Bien… ahora largo. – Madame Hooch bajó de su escoba y se dirigió a James y Sirius, para devolver la Bludger al cofre.

Con la mirada de la Profesora en otro lado, Marcus escupió al piso delante de las hermanas Black, antes de tomar su escoba y largarse a los vestidores, junto con Terrence y Adrian. Cuando vieron que no volvería para dar más batalla, las hermanas guardaron sus varitas, con Pictoris chasqueando la lengua. A su alrededor, las personas que se habían quedado para ver lo que pasaba se empezaron a retirar, siguiendo a sus compañeros que regresaban al castillo, acompañado por el resto de los profesores. 

Encantador. – mencionó Pictoris, desabrochándose parcialmente las cuerdas que ajustaban sus guantes de cuero. – Nashira no se equivocó al decir que tiene el comportamiento de un trol.

Y el olor. – Pyxis, mirando en dirección ligeramente opuesta a donde se había ido Flint, se iba quitando su casco de guardiana, dejando que su largo cabello castaño se liberara.

¡Harry, Hermione! – gritó una voz, sobresaltando a las hermanas, en especial a Pyxis. 

Los chicos se giraron hacia donde los llamaron, y casi dieron un brinco para atrás cuando vieron correr hacia ellos Lily, ganándole la carrera a Delphini y Luna, seguidos de cerca por Ron, Hagrid y, muy de fondo, Snape, que se quedó a las puertas del estadio. Harry retrocedió un paso más que Hermione, porque Lily tenía esa mirada en los ojos que gritaba “¿En que estabas pensando?” escrita con letras de fuego. Pero, cuando llegó hasta los niños, se tiró de rodillas a abrazarlos, con fuerza. 

¡Esa ha sido la maniobra más arriesgada y estúpidamente loca que has hecho! – la voz de Lily era claramente de enojo, de un enfado contenido por sus propios sentimientos de preocupación. Pero sus acciones; el abrazarlos con fuerza, besarles la frente y mejillas a ambos chicos, y no querer separarse de su lado, decían claramente lo aliviada que estaba. – ¡Podrían haber muerto!

¡Eso fue absolutamente increíble, Harry! – dijo una voz, acercándose despreocupadamente a los niños, quienes giraron para verlo. – Estoy tan orgulloso de ti, chico, has superado a tu padre en el Quidditch y…

En ese momento, oculta parcialmente tras el cabello despeinado de Harry, Sirius, quien venía acercándose con James tras haber contenido exitosamente la Bludger, se detuvo en seco al ver la mirada homicida de Lily. 

Y podría estar… más feliz, si tu madre no me estuviera queriendo matar con la mirada. – por la cara de Sirius, que se desviaba de lado a lado y evitando los ojos de Lily, estaba bastante espantado. 

P-Por supuesto que estamos felices de que estén bien, chicos. – afirmó James, quien también estaba en la mira de su esposa, pues parecía que venía exactamente a lo mismo. – De ninguna manera pensaríamos que el halagar las habilidades de Harry con la escoba es motivo para olvidar terrible susto que sufrieron.

No, de ninguna forma. – negaron doblemente Sirius y James, sacando varias carcajadas de las hermanas Black y el equipo de Quidditch de Gryffindor. 

Suertudos. – murmuró Lily, con la barbilla pegada al hombro de Harry, aún sin soltarlo a él y a Hermione. 

Hermione, ¿Por qué mejor no nos acompañas al vestidor? – preguntó Angelina Johnson, posando su mano sobre el hombro de Hermione con suavidad. – Madame Pomfrey ya debe estar allí para revisar que tú y Harry están bien. 

Lily tuvo dificultades para dejarlos ir, pero tras un par de segundos, permitió que estos acompañaran al equipo de Gryffindor devuelta a los vestidores. Luna y Delphini abrazaron momentáneamente a Hermione, agradecidas que estuvieran bien, y disculpándose por lo bruscas que habían sido al apartarla en las gradas para apartarla de aquella Bludger loca. Mientras escuchaban como el estadio se iba quedando cada vez más vacío, y Hermione se acercaba a los vestidores junto a Harry, vio de reojo a Lily, James y Sirius hablar con seriedad con la Señora Hooch, quien estaba con varita en mano al apuntar a la Bludger dentro del cofre de las pelotas de Quidditch. Al parecer, estaban asegurándose de que estuviera bien sujeta, y luego verían que fue lo que ocurrió. 

Justo antes de entrar a la carpa, Hermione vio de lejos como Snape, quien se había quedado en la puerta contraria del estadio por la que ella y los Gryffindor entraban, se había quedado de pie allí, con los brazos cruzados mientras veía hacia un punto indeterminado. A su lado, las Black se habían reunido para hablar con una alta mujer de impecable vestido negro, una pequeña capa gris de satín y un voluminoso cabello negro. No alcanzó a reconocerla, pero se mostraba estoica y elegante, cruzada de brazos mientras Hydri hacía pantomimas con las manos, como si intentara explicarle todo el partido desde su perspectiva. 

En los vestuarios, Madame Pomfrey ya estaba allí, preparada para atender a los heridos. Era una mujer de cabello canoso, ojos azules pálidos y una mirada severa en su rostro, ligeramente más arrugado que el de McGonagall, con un vestido guinda y un uniforme de enfermera blanco inmaculado. Al ser solo Hermione y Harry quienes estaban más adoloridos, no tuvo ningún problema en hacer unos cuantos movimientos con su varita, golpeando el aire sobre sus cabezas y dejando caer partículas luminosas de un verde brillante y, “como por arte de magia”, los hombros dejaron de doler, las rodillas ya no ardían y su pecho se sentía libre y ligero. 

Tras ser agradecida por ambos, la enfermera salió del vestidor con dirección al castillo. Oliver, Angelica, Katie y Alicia se retiraron para celebrar con el resto de sus compañeros la victoria de Gryffindor, dejando que entraran Luna, Ron y Delphini para acompañar a Harry y Hermione, con la peliplateada aferrándose a Hermione como si ella misma hubiese sido quien montó en la escoba e hiciera todas esas locas maniobras. Hermione, quien sí lo había hecho, estaba tan aferrada a Delphini y Luna que la rubia de ojos plateados tenía que subirse encima del regazo de Hermione para abrazarla y dejar espacio a Harry en la banca. 

Entre las conversaciones, resonó un pequeño golpe en el suelo de madera, como un zapateado. Al mirar hacia la entrada de la carpa, se asomó una larga pierna, de medias negras y piel oscura, y una mano que se asomó para remover la cortina blanca de la entrada, dejando ver a Nashira, con su varita apuntada contra su mejilla izquierda. La joven Slytherin de piel morena estaba en una pose llamativa y alegre, como esos anuncios de algunos carteles muggles con chicas en bikini posando para un producto del nuevo verano. 

¡Damas y Caballeros! ¡Niños de todos los colores de cabello! – la voz de Nashira se escuchaba un poco más alzada, con eco, como una presentadora de televisión muggle. 

Oh, dios santo. – murmuró Lily, entre una mezcla de exasperación, pero al mismo tiempo ternura y risueño, divertida por cómo estaba actuando Nashira. 

Aquí vamos de nuevo. – James y Sirius, en cambio, se llevaron las manos a la cara, cubriéndose la boca y los ojos de la vergüenza.

¡Las conocen, las adoran, sueñan con ellas y solo pueden pensar: “Que diosas”! – afirmó Nashira, meneando las caderas mientras movía sus piernas de un lado a otro, como si danzara de alegría. – ¡En este bello día, me complace presentar a las únicas, las hermosas, las divas victoriosas de Slytherin! ¡Las Hermanas Black!

De pronto, Nashira agitó su varita, y de esta salieron chispazos de todos los colores, como fuegos artificiales que estallaban en el techo de los vestidores como luces de carnaval. Y así, de la misma forma en como Nashira entró a la carpa, unos largos brazos separaron las puertas, y del exterior emergió una preciosa joven de 14 años, de largo cabello blanco con pequeños rizos, de intensos ojos azules brillantes y una actitud radiante, repleta de confianza. Sus caderas se mecían de lado a lado, agitando la tela de la túnica esmeralda de equipo de Slytherin como si serpientes cayeran de su cintura, y movía sus muñecas como si hiciera ensayara una danza. 

¡La segunda mayor de las hermanas! De familia noble, de alta alcurnia, elegante, vivaz, una estrella en ascenso en el quidditch. – casi como si se deslizara por el aire, se puso al lado de los chicos para susurrarles algo, tapándose la boca con una mano, pero como el hechizo que amplificaba su voz seguía activo, se escuchó con total claridad. – Y con un pésimo gusto en chicos.

¡Oye! – la chica abrió los ojos, y perdiendo la gracia de su baile, sacudió las piernas como si quisiera patear a Nashira. 

¡La Cazadora de Slytherin! – la morena alzó nuevamente la voz, tomando por sorpresa a todos, como si le hubiera gritado al oído a todos. – ¡Es bella, es genial, es consentida y mimada! ¡Hydri Black!

Al escuchar su nombre, Hydri se sacudió el cabello con recuperada dignidad, y como si pasara de una bailarina exótica a una modelo de pasarela, caminó hacia la banca en donde estaban los chicos y se desvió rápidamente a la derecha, intentando darle un golpe en la cabellera a Nashira con su propio cabello blanco, fallando por poco cuando la hermana mayor lo esquivó. Mientras Nashira escapaba de su hermana menor, Hydri llegó para abrazar a James y Lily, esta última agradeciendo en voz baja el intentar ayudar a Hermione y Harry en el partido. 

¡Después, tenemos a las gemelas que tienen más diferencias que un tablero de ajedrez y Shougi! – Nashira chasqueó los dedos, apuntando nuevamente a la entrada de los vestidores. 

¡Habló el chocolate suizo de la familia! – asomaron la cabeza dos chicas por la puerta de la carpa, escuchándose fuera una tercera voz, riéndose a carcajadas con una voz risueña. 

¡¿Se pueden callar?! ¡Las estoy presentando, mocosas! – Nashira no estaba realmente enfadada por el comentario, sino porque la interrumpieron a medio discurso. – ¡Son artistas, son creativas, ellas dejan a los Ravenclaw como cerebritos sin gracia! ¡Mellizas opuestas, gemelas casi idénticas en nada! ¡Pictoris y Lynxi Black! 

A pesar de las burlas y los comentarios, las dos hermanas gemelas Black de 13 años entraron casi a la par. Nashira tenía razón en una cosa; a pesar de que sus caras eran prácticamente idénticas, sin la más mínima marca o imperfección que pudiera decir lo contrario, el resto de ellas era completamente distinto, tanto que parecía un insulto a la palabra “Gemelo” que los hermanos Weasley tanto tiempo habían usado para salirse con la suya.

Pictoris era de cabello castaño, de ojos azules mucho más oscuros que los de su hermana Hydri y de una piel ligeramente más inclinada al durazno, delgada y esbelta como Luna, pero con piernas más largas y rostro más afilado; su caminar era tranquilo y pausado, con una mano en la cadera mientras bajaba la otra, elevada para abrir la puerta de la carpa. Su cabello, largo hasta los muslos, era recto y lacio, dejando su frente casi por completo al descubierto, sin ningún mechón de cabello por delante de sus hombros. 

Lynxi, por el contrario, tenía el cabello más parecido a su hermana, pero este era puramente gris. No era blanco, como las canas de los adultos mayores, ni plateado brillante como el precioso cabello de Delphini, sino más bien, era como si hubieran tomado el color de una densa neblina, que le confería un tono de plata apagado y opaco muy elegante. Sus ojos tampoco eran iguales a los de sus hermanas, pues estos eran de un purpura brillante, similares a la amatista. El rostro afilado que compartía con su hermana estaba enmarcado por dos largos mechones grises que caían hasta sus caderas por delante de sus hombros, y el resto de su cabello mostraba un suave patrón ondulado, cayendo sobre la túnica de Quidditch de Slytherin como la seda. 

¿Cómo que no nos parecemos en nada? – refunfuñó Lynxi, quien a comparación de Pictoris, caminaba como una modelo de pasarela hecha y derecha, con la mano en la cadera, la espalda arqueada y una pierna por delante de la otra con pomposa elegancia. – Claramente sacamos toda la vena creativa de la familia. 

Si… tampoco es como que hubiera mucho de donde sacar, cariño. – mencionó Sirius desde atrás, cruzado de brazos y negando divertidamente con la cabeza. 

¡Hombre, gracias, Tío Sirius, por tus motivadoras palabras! – Nashira no pudo evitar carcajearse, viendo como Sirius simplemente se hundía de hombros, para diversión de Hydri y James.

Ambas hermanas, habiéndose acercado lo suficiente a Hermione para que pudiera verlas bien, saludaron a los chicos con cariño y luego se apartaron al lado opuesto donde Nashira y Hydri estaban, dejando el espacio libre para la última de las hermanas. 

¡Y, por último, la bebecita de la familia! – Nashira estaba haciendo mucho mayor espectáculo que con sus otras hermanas. – ¡La nena consentida de todas! ¡La mejor Guardiana de la historia del Quidditch! 

¡Olvidaste valiente y guapa! – gritó la vocecita afuera de la carpa. 

¡Si, si! – la risita de Nashira se extendió a todos por igual ante el comentario de la menor de las Black. – La Guardiana más valiente, guapa y divina de todos los tiempos. ¡Ella es la grande, invencible, la más fuerte! ¡Pyxis Black!

Las puertas de tela de los vestidores se abrieron como el telón de una obra de teatro, encantadas por la magia de Lily quien, contagiada por los ánimos de Nashira, movió las cortinas para permitir que la pequeña Pyxis entrara en escena. 

Una escena completamente vacía. 

Hasta que de repente, como si hubiera un piso encerado en el suelo de grava fuera de los vestidores, Pyxis se deslizó de un lado hasta el centro del encuadre que formaban las puertas de la carpa, con los brazos extendidos hacia los lados y su larga cabellera lisa de caoba ondeando con el viento, la túnica esmeralda agitada por el movimiento improvisado, resaltando el número 05 en su espalda…

¿En su espalda?

Fue allí donde todos tuvieron que contener la risa cuando se dieron cuenta de que, a pesar de que Pyxis había hecho la entrada más “ingeniosa” de todas, la había arruinado por completo al entrar de espaldas a la carpa, mirando hacia el lado opuesto.

¡Al otro lado, preciosa! – dijo la voz de Hydri, entre risas contenidas, para indicarle a su hermana que se girara. 

¡Ah, sí, sí, claro! – dijo Pyxis, dando un par de giros sobre si misma antes de por fin, estar de frente a la entrada de los vestidores.

Entonces, fue allí cuando Hermione pudo ver con más detenimiento lo que Ron comentó en las gradas durante el partido: Pyxis era completamente ciega, sin ningún ápice de dudas. Sus ojos eran blancos como una gran perla, aunque lo más apropiado sería decir que sus iris estaban manchados por una textura lechosa que ocultaba el verdadero color de su iris. También, tenía cierto aire a su hermana Pictoris, por el cabello castaño, pero el de Pyxis era más pesado, más denso y oscuro; era como el de Hermione, pero sin la situación de ser incontrolable, enmarañado y explosivo… además de tener ese pequeño mechón rubio que le había brotado de repente cual cana. 

Pero los pensamientos de Hermione sobre el parecido entre las hermanas se detuvieron de inmediato, cuando Pyxis tropezó con el desnivel del suelo del vestidor con el del suelo común, cubierto por una capa de grava. La plataforma de madera sobre la cual estaba montado todo el vestidor de Gryffindor se interpuso en el camino del pie de Pyxis y eso la hizo perder el equilibrio, cayendo hacia adelante.

Delphini, Luna y Hermione, rápidamente se abalanzaron para atraparla, rogando llegar a tiempo para evitar que se golpeara de cara contra el suelo de madera, extendiendo los brazos para atraparla. 

Pero nunca llegó. 

¡No se asusten, no me caí! – dijo Pyxis, con un rostro burlón y alzando las manos al aire en una pose exagerada y dramática, donde su pie que se había tropezado se había apoyado de puntas, su espalda se había arqueado para dar la ilusión de que se iba de cara contra el suelo, y su pierna opuesta la había alzado tanto que parecía casi doloroso, pero ella lo hacía ver de lo más natural. – No crean que no he visto el desnivel… aunque bueno, tampoco es que vea nada, ¿verdad? ¡Jajaja! 

Las tres chicas fueron quienes cayeron de cara contra el suelo, con las manos extendidas cual caricatura, por la broma cruel pero inocente de Pyxis. Harry y Ron tuvieron que aguantarse la risa, pues ellos entendían a la perfección lo que era ser engañados por Pyxis de que estaba a punto de caerse y golpearse por no ver algo, pues ellos ya habían sufrido esa clase de bromas en el pasado. Harry en especial, por ser tan cercano a las hermanas, pero Ron todavía no podía olvidar una ocasión en la que pensó que Pyxis se había caído de un segundo piso porque él la empujó por accidente, y casi le dio un infarto… Honestamente, si a mí me hicieran ese tipo de bromas, también me caerían mal los de mi propia casa. 

¡Pyxis, ¿Qué te he dichoso sobre bromear con eso?! – Sirius parecía en una encrucijada. O se enfadaba con Pyxis por haberle gastado una broma a las niñas, o se carcajeaba de risa por la situación como había hecho incontables veces. 

¿Qué… no lo haga? – preguntó la chica ciega, poniendo de vuelta los dos pies en el suelo, mirando… entre muchas comillas, en la dirección de Sirius. 

Pero no lo digas como si no lo entendieras… – James podía sentir como una gota le caía de la sien, al igual que Lily, ambos con una media sonrisa por lo caricaturesco de la situación. 

A quien deberías reclamarle es a Nashira, Sirius. – Hydri se cruzó de brazos, mirando de reojo a su hermana mayor. – En serio no puedo creer que sigas queriendo presentarnos de esa forma, como si fuéramos parte de un espectáculo de circo. 

¿Eso es lo que te molesta? – preguntó Lynxi, soltando un pesado suspiro. – Yo no puedo creer que seguimos prestándonos para ello.

Dale algo de crédito, Lynxi… la pobre está agotada por sus deberes de prefecta. – mencionó Pyxis, arrodillándose frente a las jóvenes de primer año para ayudarles a levantarse. –  Su cerebro ya se le quemó tanto que el cabello ya no se le esponja. 

Las estoy escuchando, hijas de satán... – Nashira, quien había desactivado ya el encantamiento que amplificaba su voz se escuchaba claramente molesta, a pesar del tono monótono de su voz con el que trataba de disimular. Esta no era la primera vez que se pasaban de listas con ella. – Con esta clase de hermanas, ¿para qué tener enemigos?

Te entiendo, Nashira… Fred y George son así a veces. – los recuerdos de Ron sobre como sus hermanos mayores le han hecho más de una travesura o comentario burlón eran demasiadas como para elegir una en especial.

Bueno, al menos tus hermanos dan gracia. – soltó Nashira, guardando su varita dentro de su túnica, cruzándose de brazos en señal de protesta silenciosa contra sus hermanas… conteniendo el impulso de hacer un puchero. – Estas mocosas no sabrían lo que es un buen chiste, aún si tuvieran una taza muerde narices en la cara. 

… ¿Debería preguntar? – mencionó por lo bajo Hermione, mirando a sus amigas sobre a que se refería con “una taza muerde narices”. 

Ambas, incluso Pyxis, negaron. 

Dejando de lado las tonterías de Nashira… – mencionó de pronto Hydri, desviando (solo un poco) la conversación, su atención se posó en Hermione, Delphini y Luna. – Nos alegra que estén bien, chicos. – Hydri se acercó hasta la banca, abrazando por la espalda Harry, y con su mano alborotando su cabello. – Nos dieron un gran susto allá afuera. 

Sí, fue horrible... – Pictoris y Lynxi se acercaron de vuelta, acompañadas de Nashira, quien ya se le estaba pasando el berrinche. – Madame Hooch revisará extenuantemente el reemplazo de las Bludgers para el próximo partido.

De ninguna forma estaré cerca del próximo partido, para estar segura. – mencionó Hermione, con una gota de sudor en la frente y un tic nervioso en el labio.

De ninguna manera. – mencionó Lynxi, secundada por su hermana que negaba con la cabeza. – No vamos a dejar que te pierdas la temporada por una mala experiencia. 

Es más, te enseñaremos cómo funciona el Quidditch. Fue tu primer partido, ¿no? – preguntó Pyxis, tomándola suavemente de los hombros, “viéndola” con ternura. – Apuesto a que estabas confundida sobre lo que estaba pasando.

Pues… tuve una noción cuando leía junto a Harry el libro de “Quidditch más allá del tiempo.” – mencionó Hermione, tratando de zafarse de la posibilidad de que otra pelota loca le fuera a tratar de arrancar la cabeza.

Bah, el Quidditch no es algo que estudias. – mencionó de pronto Sirius, quien se había sentado en el banco donde antes estaban los niños. – Es algo que vives.

Sí, de nada sirve estudiarlo y leerlo mil veces si no lo vives lo más cercano posible. – James se recargó contra un muro de casilleros, con un aura de típico “atleta de instituto arrogante”, demasiado exagerado para su edad.

De ninguna manera dejaré que entrenen a Hermione en el Quidditch. – interrumpió Lily, cruzándose de brazos. 

Hermione volteó a ver a su heroína y salvadora con alegría, mientras Sirius y James caían en la depresión abrupta y caricaturescamente. 

En cualquier cosa, ya sea en Quidditch o lo que sea, no dudes en preguntarnos, Hermione. – afirmó Hydri, divertida por la cara de Sirius y James. 

Todos ustedes, de hecho. – dijo Lynxi, estirando el brazo para acomodar el cabello de Harry después del desastre que hizo su hermana mayor. – Nosotras no tenemos favoritismos. 

Un poco si, hermana. – mencionó Pictoris, haciendo una pequeña seña con sus dedos. – Slytherin antes que leones, ¿recuerdas? La única excepción es Harry. 

Y Beatrice Haywood, pero ella es Tejón con alma de Slytherin. – mencionó Hydri, de paso, soltando al pequeño Harry. – Nuestro punto es… Si eres amigo de Harry, eres amigo nuestro. Y bueno, Delphini también es familia. Lejana, pero familia. 

Cuenten con nosotras, ¿Okey? – la perfecta y risueña sonrisa de Pyxis era contagiosa. 

Por un momento, Hermione observó a las cinco hermanas. Nashira había sido una bendición desde el mismo momento en que llegó a Hogwarts; una luz guía que la cuidaba cuanto podía, un faro en el mar turbulento que era la Sala común de Slytherin, rodeada de compañeros que no las querían ni a ella ni a sus amigas. Luna y Delphini también estaban pensando lo mismo que Hermione: por fin, aunque fueran de distintos grados, tenían amigas dentro de su propia casa más allá de ellas mismas. 

… Les agradezco a todas. – agradeció finalmente la joven de ojos esmeraldas, asintiendo con entusiasmo y una gran sonrisa. – Cuento con ustedes, chicas.

Las cinco hermanas Black sonrieron con alegría. El pequeño circulo de amistad de Hermione dentro de su propia casa en Hogwarts se estaba haciendo cada vez más grande, y eso le quitaba un enorme peso de encima. 

¡Esas son mis sobrinas queridas y consentidas! – soltó Sirius con algo de esfuerzo, como si le pesaran las piernas al levantarse. – Gracias a dios no las educó mi hermano. O peor aún, mi madre.

Oh, por favor, él… No pudo haber sido tan malo. – mencionó Hydri, cruzándose de brazos, pero conforme lo fue diciendo, iba perdiendo la confianza. – ¿Verdad?

Olvidas que era el consentido de mi madre. – mencionó Sirius con cierto asco en la voz al pronunciar la palabra “Madre”. 

Ugh. Retiro lo dicho. – espetó Hydri, negando con la cabeza. 

¿Su hermano…? – preguntó Luna, con curiosidad. 

Sí. Regulus. – la respuesta de Sirius sobre el nombre de su hermano fue arbitrariamente seca, tajante, y bastante grosera, comparado con el resto de la conversación. – Muy apegado a las tradiciones de la familia. Muchos compromisos con distintas mujeres. No hubiera sido adecuado para criarlas. 

Tú tampoco fuiste el mejor padre adoptivo que digamos, Sirius. – hubo un poco de cizaña en el comentario de Lily, quien sonreía disimuladamente. – ¿Olvidas quién te ayudó…?

Sí, sí, lo sé, y les estaré eternamente agradecido a todos. – Sirius parecía querer dejar cualquier mención de su familia, que no se tratara de las hermanas, fuera de la conversación. – ¿Por qué no vamos al Gran comedor? Me muero de hambre.

¡Ya era hora de que alguien lo sugiriera! – mencionó Ron, el primero quien salió de la tienta. 

Al salir de los vestuarios, el grupo se separó rápidamente. Hermione nunca había notado como los vestidores se sentían tan amplios, tan grandes para que cupieran tantas cosas y personas al mismo tiempo, pero por fuera, ambas carpas no eran ni la mitad de grandes de lo que aparentaban desde adentro. 

Antes de que los grupos pudieran dirigirse de vuelta al castillo, Lily se detuvo para ver a Snape hablando con aquella hermosa mujer de cabello negro. Le dio un pequeño golpecito a James para que dirigiera su vista hacia ellos, y tras un murmullo que Hermione no alcanzó a escuchar, Lily alzó un poco la voz. 

Lo siento, tenemos que hablar con Severus. – anunció Lily, señalando a donde se encontraban ambos, mago y bruja, de ropajes negros. – Sirius, ¿te importaría llevar de vuelta a los niños al castillo?

Seguro, no hay problema. – dijo Sirius, a la cabeza de la caravana. – Saluda a Erika de mi parte. 

¿Seguro…? – preguntó Lily, en un exagerado resoplido de burla y una ceja arqueada. 

Si… mejor no. – negó Sirius, como si se hubiera dado cuenta de algo al mirar a las hermanas Black, puesto que la cara se le puso pálida. – ¡Vámonos, chicos! ¡En marcha al Gran comedor! 

Hermione no pudo evitar ver de reojo mientras se alejaban, como Lily, James, el Profesor Snape y aquella mujer parecían hablar de algo sumamente serio, puesto que Lily, la única a la que alcanzaba a ver el rostro mientras se iban alejando, no tenía ni el más mínimo rastro de tranquilidad en su cara.

Al descender la colina, pasando por la lechucería, y a punto de cruzar el puente de madera, Hagrid se acercó para ver cómo se encontraban Harry y Hermione. Al percatarse que se encontraban bien, gracias a la apropiada intervención de Madame Pomfrey, el Guardabosques invitó a los niños a tomar el té en su cabaña por un momento. Los chicos aceptaron, pero Ron, con las tripas rugiendo como un animal, “tuvo que reusarse amablemente” a la invitación de Hagrid, buscando una comida un poco más sólida que simple té, pero no tanto como los famosos pasteles del guardabosques. 

Al separarse, con la familia Black y Ron dirigiéndose de vuelta al castillo, y Harry acompañando a las chicas y Hagrid, de vuelta a la cabaña de este último, la mente del chico tuvo una pequeña idea que le iluminó el pensamiento. Rápidamente, se acercó a Hermione para susurrarle al oído, y los ojos de la chica parecieron resplandecer con ello.

Oye… ¿Hagrid? – preguntó Hermione, tomando la iniciativa en la idea de Harry.

¿Sí, Hermione? ¿Qué ocurre? – preguntó el gran hombre de denso y enmarañado pelaje. Su pesado abrigo era tan grueso como su propia barba. 

¿Por qué está prohibido subir al tercer piso? – preguntó la chica, de pronto y sin rodeos. 

Casi como si fuera un acto cómico, Hagrid se tropezó y case cae en la última colina antes de llegar a su cabaña, recuperando el equilibrio a tiempo para evitar rodar cuesta abajo. 

¡Ah, pues…! ¡Veras, es que… Erm! – La voz del hombre estaba mucho más elevada de lo normal, como si estuviera pensando en voz alta, o tratando de pensar, porque no se le ocurría nada con que salir del tema de la pregunta. – ¡E-Es peligroso! ¡Sí, peligroso! ¡Igual que el Bosque Prohibido! 

¿Pero no se supone que el colegio es el lugar más seguro para nosotros? – preguntó Luna, dándose cuenta de a donde iba la pregunta de Hermione. – ¿Qué podría ser tan peligroso como para que prohíban la entrada a un piso? 

Bueno… es algo que requiere mucha seguridad. – Hagrid ya estaba comenzando a sudar, y eso que una ráfaga de viento frío azotó sus caras. – Por eso vinieron Aurores para asegurarse de que… ah… de que no pase nada malo. Si, para que se hagan cargo de la situación.

¿La situación es ese Perro de tres cabezas? – preguntó Luna ladeando ligeramente la cabeza. 

En ese momento, Hagrid, con los ojos abiertos del nerviosismo, los entrecerró, arqueando una ceja, como si le hubieran preguntado su peso de pronto.

¿Quién les habló de Fluffy? – preguntó el hombre, un poco desconfiado. 

¿Fluffy? – preguntó de repente Hermione, confundida. – ¿Esa cosa tiene nombre?

¡Claro que tiene nombre, es mío! – afirmó Hagrid, en un resoplido con especial indignación. – Me lo vendió un Irlandés que conocí en la Taberna “Cabeza de Puerco” hace un año. Se lo presté a Dumbledore para cuidar la…

¿Sí…? – Harry y Hermione tenían un brillo en los ojos que no podían ocultar, casi saboreando las mieles de la verdad. 

Fue en ese momento en el que Hagrid se llevó la mano a la boca, negando rápidamente con la cabeza. 

No debí decir nada. – dijo Hagrid, más para si mismo en realización de lo que se le había escapado, antes de girarse a los chicos. – No pregunten ya, ¡No hagan otra pregunta! No puedo decir nada.  

Pero Hagrid… No importa lo que sea, Alguien quiere robarlo y ya lo ha intentado tres veces. – afirmó el chico, intentando hacer entrar en razón a su amigo para que soltara más la lengua. – ¿Quién dice que lo que pasó hoy en el juego no fue otro intento por distraernos?

Hagrid, antes de llegar a su cabaña, vio a los cuatro chicos con detenimiento. Estos estaban completamente enfocados en lo que estaba diciendo, cada mínimo detalle, como si una misera palabra fuera suficiente para desbaratar toda la red de mentiras y misterio que rondaba alrededor de los secretos del tercer piso.

Ahora escúchenme… Esto es serio. – afirmó el hombre, apuntando a cada uno de los niños frente a él. – Están metiéndose con algo con lo que no deben de meterse. Es muy peligroso. ¡Lo que cuida ese perro es propiedad del Profesor Dumbledore y de Nicolas Flamel! 

Sin embargo, el rostro de Harry, Luna, Delphini y, sobre todo, Hermione, se iluminó ante las palabras de Hagrid. Hermione, especialmente, estaba particularmente intrigada.

¿Nicolas Flamel? – preguntó Hermione, curiosa. 

… No debí decirlo. – soltó finalmente Hagrid, dándose cuenta de lo que acaba de hacer sin querer. Lentamente, con resignación, seguía murmurando para sí mismo mientras abría la puerta de su casa para preparar el té. – No debí decir eso. No debí decirlo.

Nicolas Flamel… – Hermione se había quedado con ese nombre, intentando guardarlo a fuego en su memoria. 

Yo y mi bocota. – se le podía seguir escuchando a Hagrid murmurar para si, como un regaño, dentro de la cabaña.

¿Quién es Nicolas Flamel…? – preguntó Hermione en voz alta, esperando que la respuesta apareciera en su memoria, buscando la pieza que encajara en el rompecabezas. 

No lo sé…

La “respuesta” de Harry a la pregunta que Hermione había lanzado al aire dejó en claro una cosa para el grupo: Las cosas no habían hecho más que comenzar… y con cada paso que hacían para acercarse a la verdad, se daban cuenta del inmenso camino que tendrían que recorrer para alcanzarla. Ahora, aunado al misterio de lo que había más allá del perro de tres cabezas (llamado Fluffy) en el tercer piso, se sumaba un nuevo enigma que debían resolver… 

¿Quién era Nicolas Flamel?

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