Chapter Text
Decir que la base de Ariake había estallado en caos, era poca cosa. Aunque Kurusu y Hoshina hubieran deseado llevar a Narumi a su cuarto a escondidas, realmente no podían evitar que los cadetes y líderes de pelotón se enteraran, cuando el programa en cuestión ya era popular y ahora era tendencia en redes sociales.
No era extraño que un oficial de la JAKDF fuera el blanco de los reporteros, a veces hasta volverse una situación asfixiante, donde no era dejado en paz ni siquiera en el campo de batalla. Los soldados de alto rango eran los preferidos, pero aunque Narumi era francamente un desastre antes con los problemas de su papeleo, fuera de los problemas administrativos era un capitán francamente brillante y un líder reconocido por todos. Aunque a veces se ganaba algunos comentarios despectivos de la prensa, por su deseo de brillar frente a las cámaras, nunca era molestado.
Para Soushiro, tenía sentido: ir en contra de la corriente había ayudado a Gen, justo como él deseaba. Al buscar la atención de la prensa, era menos probable que fuera el foco activo de una noticia sensacionalista si él lo necesitaba.
Al principio Hoshina lo había cuestionado, pero luego que Narumi en el pasado había recaído y había intentado actuar más como un soldado perfecto que como el chico al que todos querían y admiraban, se había dado cuenta que realmente muchas de sus decisiones tenían por debajo otro objetivo. Como ahora, tanto para controlar la imagen del país sobre él y para evitarle problemas a su División por su comportamiento.
“Yo…Soushiro, Akira…yo…” murmuró Narumi, prácticamente temblando en sus brazos. Ambos habían actuado por instinto, abrazándolo, intentando contenerlo. Además, todos escuchaban el revuelo en el pasillo, a sus compañeros, esperando por su capitán.
“Gen, se que no puedo pedir que te calmes, pero recuerda que con tu gente no tienes nada que temer” fue la respuesta de Hoshina, tierna y comprensiva. Ya se había dado cuenta de lo unida que era la Primera División, y lo sobreprotectores que eran con su Capitán.
Todos los reclutas, incluídos los líderes de pelotón, en un inicio no habían dicho demasiado para no incomodarlo, cuando sufrió aquella recaída. Pero desde que vieron a su capitán tan frágil, al borde de un colapso por el cansancio, siempre se encargaban que Gen los notara. Eran mucho más alegres, prácticamente felicitándolo o diciéndole lo genial que era. Narumi ni siquiera tenía que parecer enfadado como antes, diciendo que era el mejor de todos y pidiendo su aprobación.
La primera división siempre se encargaba de recordarle qué pensaban de él, solo las cosas buenas, y lo hacían de todo corazón. Sus sonrisas sinceras y sus palabras de ánimo también habían ayudado a Gen durante las peores semanas, cuando sufría recaídas y volvía a su patrón autodestructivo, cerrándose en sí mismo y trabajando hasta el agotamiento. Cuestionando si era alguien imprescindible o no, si debía mejorar, si debía dejar de lado su personalidad solo por el trabajo y las personas que estimaba.
Los miembros de la Primera antes habían intentado ser sutiles, pero a juzgar por la algarabía a las afueras del lugar, ya no pensaban ocultar sus intenciones en lo más mínimo.
“Disculpe, capitán” una enfermera se había acercado a ellos, sonriendo con suavidad no solo porque se trataba de uno de los oficiales de mayor rango en la base, sino porque también se había dado cuenta del estado en el que se encontraba Gen: tembloroso, francamente nervioso y tan pálido que temía que se desmayara en cualquier momento “lamento molestarlo, pero creo que debe regañar a sus subordinados por ser tan escandalosos fuera del hospital”
Por el modo en que la mujer habló, acabó arrancándole una risita divertida a Gen a pesar de todo. Ella no preguntó qué pasaba, y le daba la oportunidad de llamarles la atención a sus chicos o lo haría ella. Y por su experiencia, Gen había aprendido a temerle al personal del área médica, y sabía que si fueran otras las circunstancias, ya habría tomado el asunto por sus propias manos.
“Bien, iré…iré por ellos…” le dijo, carraspeando un poco para intentar controlar su voz, y que no sonara tan aguda como sentía “lamento las molestias” añadió, recibiendo una brillante sonrisa a cambio de la enfermera.
“Si tenemos alguna novedad se lo haremos saber” le dijo, antes de girar y dejarlos solos otra vez.
No era un misterio para nadie en el ala médica que Narumi, cada vez que alguien de su unidad acababa internado, estaba al pendiente por completo. Por eso todos allí tenían su número celular, para avisarle del estado de los pacientes y que Gen pudiera volver a sus labores diarias.
Aunque le habían instado a visitar al Director y aún no lo hacía, sabían también que con su Vice-Capitán era bastante sobreprotector, por lo que estaría rondando las instalaciones hasta que este despertara.
Era solo cuestión de tiempo, pues gracias al informe del capitán, sabían que gracias a su actuar Eiji estaba malherido pero fuera de riesgo vital. Pero también era probable que la culpa, ese ser tan vil y rastrero, no lo dejara siquiera dormir tranquilo hasta tener noticias de su segundo al mando.
“No está solo, Gen-san” susurró Kurusu, colocándose a un lado de él, casi como si fuera un guardia. Un protector.
Hoshina estaba del otro lado, apoyando una mano firmemente en su espalda baja, para que Narumi recordara que no estaba solo: que pasara lo que pasara, tenía aliados allí mismo. Que su novio no lo dejaría solo porque la situación se complicaba.
Soushiro notó como su pareja respiraba varias veces, intentando calmarse un poco y recuperar la compostura, aunque no les pidió a ninguno de los dos que se apartara de su lado. Aquello era sin duda significativo, un avance de todo lo que había recorrido Gen con mucho esfuerzo y dedicación: aprender a confiar, a no tener miedo solo por ser un humano, una persona con sentimientos y que sufría tanto como todos, o incluso más.
Eso era lo que más temía Hoshina sin duda: que Gen volviera a perderse en ese abismo, del que apenas lo había recuperado. No era un idiota, sabía que la primera vez había sido su culpa, y que aún estaba pagando sus pecados: aún se preocupaba por Narumi, e intentaba cuidarlo con cariño y afectom siempre al pendiente de él. Pero tampoco perdía de vista que el chico había estado tan mal, perdido en el dolor, que pudo haber sido cualquier otro el que rompiera de ese modo su corazón. Que quizás solo era cuestión de tiempo.
Solo podía continuar con él a cada paso del camino, mientras averiguaba una manera en detener el circo mediático que había iniciado ese programa en contra de su novio.
“Ustedes, ¿Qué creen que están haciendo, grupo de idiotas?” fue la pregunta seca que hizo Narumi al abrir la puerta del ala médica que conectaba con la base “Hay heridos que necesitan recuperarse. Muestren un poco de respeto”
Reclutas y soldados de todos los rangos se habían reunido allí, al menos treinta de ellos. Todos discutían en voz alta, se quejaban o señalaban sus teléfonos. Su actitud cambió de golpe al oír a su superior, poniéndose firmes y saludando. Pero en cuanto la puerta se cerró a las espaldas de Narumi, no se contuvieron ni un poco, lanzándose sobre su superior en una maraña de abrazos desordenados pero reconfortantes.
La única advertencia que recibió fue la de Tachibana, quién se disculpó antes de sumarse al caos de sus compañeros “¡Lo sentimos mucho, capitán, sabemos que esto está fuera de protocolo! ¡Pero no nos arrepentimos ni un poco!”
Hoshina y Kurusu terminaron separados del capitán, pero realmente a ninguno podía importarle. No con la manera en que los miembros de la Primera intentaban cuidar a su superior y reconfortarlo, gritándole lo mucho que lo querían, que se encargarían de Honda o que irían a protestar a las afueras del centro donde transmitían ese programa, si era necesario.
“Nadie se mete con Narumi-san sin hacerlo con todos” fue un efusivo Tachibana quiéń exclamó aquello, abrazado al brazo derecho de Gen, sin querer soltarlo.
“Si es necesario contrarrestar, solo tenemos que llevar a ese programa los cientos de videos donde el capitán ha salvado a muchas personas. O dónde ha destruído a Kaijus más grandes que un edificio, solo con su bayoneta. Nadie más puede hacer eso” dijo Shinonome, aunque luego se sonrojó de vergüenza al notar que el vice-capitán de la Tercera estaba allí “Ho-Hoshina-san…yo…no quise decir…”
“No se preocupe, Shinonome-san” dijo, con una sonrisa tranquila. Sabía que ella no estaba insultando a su capitana ni mucho menos, pues solo intentaba subir el ánimo de Narumi, y tampoco es que mintiera: solo Gen era capaz de esas proezas, siendo un combatiente eficaz tanto a largo como a corto alcance, usando hojas y balas. Su capitana disparaba a larga distancia, y aunque era sumamente poderosa, tener que acercarse tanto para acabar con un kaiju era un nivel completamente nuevo de peligro al que cualquiera podría someterse.
Hoshina y Ashiro se complementaban, y solo juntos podrían presionar a Narumi, quizás arrebatándole sus records. ¿Pero ser tan poderosos por su cuenta? En sus áreas sí, pero ganarle en su propio juego era imposible.
“¡Vamos, capitán, arriba ese ánimo! ¡Nadie en la JAKDF dejará que hagan esto con usted!”
“¡Eso es ilegal! ¡No pueden filtrar las cámaras de seguridad o grabar en las salas de entrenamiento, salvo que sea para mantener un registro de nuestros avances!”
“¡Es un idiota que le hizo daño a Narumi-san! ¡Burlémonos de él en redes sociales!”
“¡Que el tag #NarumiGenEsElJefe no deje de ser tendencia por toda la semana, muchachos!”
Hoshina vio con ternura como los labios de Gen temblaban, apenas soportando sonreír amplio y feliz, cuando se suponía que debía regañarlos por el nivel de ruido que estaban haciendo a las afueras del ala médica. Incluso una solitaria lágrima recorrió su mejilla, en la que ninguno de sus subordinados se fijó, más entusiasmados en repartir abrazos y cálidas palabras de apoyo.
“Está bien, está bien, basta con esto” la voz calmada de la enfermera de antes, Mori-san, por lo que veía Hoshina en su placa, hizo que todos los de la división se silenciaran de golpe. Eso le arrancó un risita a Soushiro, pues parecía que los soldados más fuertes de Japón sencillamente sentían terror ante una de las personas que los cuidaban cuando estaban heridos “¿es que su capitán no les dijo nada?”
“Lo sentimos, Mori-san” replicaron los soldados en voz baja, algunos incluso agacharon la cabeza por la culpa.
“Bien, si lo entienden, supongo que por esta vez puedo perdonarlos” dijo la mujer de buen humor, y a juzgar por los rostros sorprendidos de varios soldados, no era una situación que ocurriera a menudo “pero yo necesito ahora a Narumi-san” la mirada de Mori se suavizó, al igual que su voz “el Vice-Capitán Hasegawa despertó, y está preguntado por usted, Capitán”
Solo porque la enfermera los seguía vigilando, los de la Primera no estallaron en risitas y gritos felices. En cambio, solo compartieron sonrisas cómplices y felices, dándose palmadas o abrazos los unos a los otros.
Varios se giraron hacia Gen, queriendo compartir una nueva pero rápida ronda de abrazos. Pero cuando vieron su rostro serio, tragaron saliva, esperando un claro regaño de su parte.
“Primera División” los llamó Gen, con cuidado pero con firmeza “Vayan a descansar. Los necesito más preparados que nunca por si alguna amenaza aparece. Sin su Segundo, Hasegawa, tienen que estar en perfectas condiciones. Que él se sienta orgulloso de todos nosotros”
“¡Sí, capitán!”
“De todos modos la Tercera se ofreció a ayudar” añadió Kurusu en voz baja, algo tímido. Miró de reojo a Hoshina, quien asintió “Okonogi-san me informó esto, pero…había olvidado mencionarlo. Es un mensaje directo de la capitana Ashiro”
“Te dije que no estabas solo, Gen” la mano de Soushiro encontró la de su novio, dándole un suave apretón. Frente a otros no eran muy efusivos ni cariñosos, pero no dejaban de lado esas pequeñas muestras de afecto, sobre todo cuando uno de ellos lo necesitaba. Jamás se avergonzarían de lo que sentían, de entregarles el uno al otro su corazón “ni de parte de tu división, ni de parte de la nuestra. O de la JAKDF, si quieres verlo de ese modo” le dijo, sonriendo ladino “nunca lo hicimos por ninguno de los nuestros cuando lo necesitó, y tu no serás la excepción a esa regla. Quizás incluso, peleen con maś fuerza y dedicación”
Gen se quedó callado por un instante, tanto que los miembros de la Primera se miraron nerviosos, preocupados en demasía. Pero pronto los sorprendió ver la sonrisa que les dedicaba Narumi, amplia y sincera. Era brillante por sí sola, como una estrella. Y tan bonita que no solo le hacía parecer más joven, acorde a su edad, sino que les permitía vislumbrar ese lado de él que usualmente ocultaba por miedo.
Les daba esperanza de que quizás Gen no había sido corrompido por mostrar su privacidad al mundo entero. Pero no por ello incumplirían sus promesas de cuidarlo.
“Gracias a todos… que siga de pie… se los debo” les dijo Narumi, antes de darles la espalda y volver al ala médica, sin darle tiempo a que ninguno respondiera sus palabras.
Gen se dirigió con paso decidido a la habitación de Hasegawa, fácil de encontrar, pues se encontraba en el área reservada para los altos mandos, sin importar de qué división provinieran.
Y con la culpa apretando su pecho, vio de reojo el cuarto donde se quedaba Isao. Tan silenciosa, que le hizo pensar que el hombre seguro se encontraba en terapia a esas horas, o realizándose exámenes de rutina.
Era irónico, pues justo cuando reunía el valor necesario para ir de visita, era el hombre a quien consideraba como un hermano mayor, quién resultaba herido. Y para peor, por uno de los suyos.
Esperaba que el director fuera capaz de perdonarlo, pues ahora debía encargarse de los suyos primero y no tenía espacio en su mente para nada más. No si no quería desbordarse y otra vez acabar sumido en la negrura que provocaban sus inseguridades.
“Volveré, lo prometo” susurró al pasar, llevando una mano a su pecho, cerca de su corazón.
Al llegar al cuarto de Eiji se detuvo un momento, llevando a cabo los ejercicios que le había enseñado su terapeuta: inhalar y exhalar, guiarse por el tacto para sentirse más conectado con el presente. Por eso solía llevar guantes durante el trabajo, y no se los quitaba por nada del mundo. Además, aquello ayudaba a reducir las heridas que a veces se causaba por apretar sus uñas contra la palma de sus manos.
Golpeó un par de veces la puerta, escuchando un quedo ‘pase’ desde dentro de la habitación. Sabía que tanto como a él, a Hasegawa no le gustaba que lo vieran débil o vulnerable, aunque los motivos de su segundo al mando eran distintos: lo hacía para mantener la tranquilidad en sus tropas y en su propia familia, no por orgullo o miedo, como era su caso.
“A-Aniki…lo siento…lo siento tanto…”
Gen había esperado ser capaz de mantenerse firme un poco más, de preguntarle cómo estaba, de saber qué podía hacer por él. No importaba que hubiese lavado sus manos compulsivamente para quitarse la sangre de ellas, pues había sido el propio Narumi quién había presionado la herida en el hombro de Hasegawa, luchando por detener el sangrado.
Fue él quién llamó a su esposa, quién en esos momentos se encontraba de viaje en Osaka en casa de su hermana, y le había prometido que pondría a su disposición el mejor transporte para que regresara lo antes posible a Tokyo. Si lo había pagado con su propio dinero, nadie tenía porqué enterarse. Aunque a juzgar por la mirada cómplice que le regaló Hoshina cuando estaba llamándola, supo que él se había dado cuenta de sus intenciones pero no había dicho nada.
“Ven aquí” lo llamó Hasegawa con la voz ronca, cansada, pero se veía increíblemente lúcido a pesar de los calmantes que le estaban administrando. Movió uno de sus brazos, el sano, dejando un espacio lo suficientemente grande como para que Gen pudiera acurrucarse contra él.
Y Narumi por supuesto que no dudó. Si no hubiese sido por sus heridas, se habría lanzado contra su hermano mayor. En cambio, con cuidado se abrazó a él, ya sin poder contener por un instante más las lágrimas.
“Lo siento tanto…” repitió, enterrando su rostro contra el pecho de Eiiji. Fue reconfortante verlo despierto, sintiendo como se movía, escuchando su corazón latir contra su oído. Pero también intentaba tener cuidado, pues gracias a su retina, la que había activado solo un momento al entrar al cuarto, podía saber dónde estaban las heridas recién cocidas o curadas.
“Si ya es raro que te disculpes…” murmuró Eiji, claramente divertido “no tiene sentido que lo hagas… si por ti es que sigo vivo, hermanito”
A Narumi siempre le gustó esa complicidad entre ambos, como Eiji le permitía que lo llamara ‘hermano mayor’ y él hacía lo propio cuando se encontraban a solas o con gente de confianza. Pero ahora, con Hasegawa así en mal estado, ni siquiera se permitía disfrutarlo.
“Debí ser más precavido, prestar más atención, cuidarte. Sabía que había algo con Honda, pero yo…”
“¿tú qué?” aunque por su posición Gen no podía verlo, era obvio para él que Hasegawa estaba poniendo los ojos en blanco “sabes que no puedes centrarte sólo en un soldado durante las peleas, y que aunque las retinas implantadas en tus ojos ayudan mucho, el objetivo es derrotar a los kaiju Ellos son nuestros enemigos, aunque ahora…había alguien ‘infiltrado’ entre los nuestros. Pero eso tampoco es tu culpa, porque sé que siempre intentas darle a todos una oportunidad, del modo en que Shinomiya-san siempre lo hizo para ti. Y…no siempre todos saben tomarlas”
“Esto es más que solo no tomar una oportunidad, Eiji…se trata de poner la vida de alguien en riesgo, tu vida” se quejó con la voz rota “fue un claro intento de asesinato, seguro intentando llamar mi atención para que él se ganara tu puesto. Obviamente aplicaré las reglas, estará fuera de la Primera y de la JAKDF para siempre, en un abrir y cerrar de ojos, en cuanto pueda ir con Itami y entregarle mi informe”
“Pero sea como sea, me recuperaré” obviamente el tema de Honda era delicado y preocupante, peligroso, pero Eiji conocía demasiado bien a su proclamado hermano menor: estaba preocupado por sus heridas, por su estado de salud “las heridas de metralla son molestas, pero curarán rápido. La herida de mi hombro es la peor, y sin duda tardaré un poco más en volver al campo. Casi tanto en lo que tardarán en arreglar mi armadura. Pero animate, Gen, podré ayudarte mientras con tu papeleo”
“Haría todo el papeleo de las divisiones al completo, si eso significara que esto no te hubiese pasado”
“Lo sé” claro que Eiji lo sabía, podía leer la sinceridad en su tono de voz, en la manera que se afeerraba a las mantas de la cama “y agradezco tus intenciones, pero debes cuidarte a ti mismo. Eres el líder de esta División, te necesitamos en pie. No que te desgastes con un tonto papeleo que luego puedo hacer. Sabes que eso no me detendrá”
“No pensé escuchar a Hasegawa Eiji decir que el papeleo es ‘tonto’. Es el fin del mundo” se rió Gen, y Eiji respiró aliviado. Si aún podía hacer reír a su capitán era una buena señal “tu esposa e hija llegarán a primera hora por la mañana. No te preocupes por nada, porque tú también debes descansar. Lo sabes, ¿no? Te necesito, no solo como mi segundo, sino como mi familia. Así que por favor, sin importar cuánto tardes, solo quiero que te recuperes totalmente”
“No lo dudes. Gracias a tu advertencia, logré cubrirme a tiempo. La terapia será agotadora, pero mi doctor pronostica que no tendré secuelas permanentes” y con cuidado, para no asustar a Narumi, depositó un pequeño beso fraternal en su cabello “gracias por salvarme la vida, en verdad. Aunque debería ser yo quién cubriera tu espalda durante las peleas, eres tú quien está siempre al pendiente de cuidarme”
“Te quiero mucho, Aniki. Eso es…algo que siempre haré por ti, pase lo que pase. Aún cuando llegue el día en que te retires…ojalá sigas en los altos mandos, par poder visitarte y molestarte como siempre”
“Eso no lo dudes ni por un instante. No te dejaría, Gen, también eres parte de mi familia”
“Te quiero mucho, Eiji” susurró, recibiendo a cambio la respuesta del mayor, quién no dejó de abrazarlo en ningún momento.
Gen solo se separó de él para tenderle sus medicinas, para ayudarle a beber un vaso de agua o a acomodarse mejor contra las almohadas. Eiji le pedía que no fuera tan cuidadoso, que estaba bien, pero eso no lo detuvo: en el pasado no tuvo a nadie que lo quisiera, y ahora que sí, no iba a detenerse. No cuando no le costaba nada ayudar.
Fue así hasta que los calmantes finalmente noquearon a Hasegawa, sumiéndolo en un sueño profundo y sin dolor. Gen lo cubrió con una manta extra, dispuesto a dejarlo descansar y llamar a una de las enfermeras, cuando escuchó a alguien más en la habitación.
A pesar de que los pasos eran algo torpes, pudo reconocerlos sin duda alguna. Y no tuvo duda alguna cuando esa persona le habló.
“Narumi, acompáñame” le dijo, con la firmeza habitual que tenía Isao de los tiempos en que era capitán.
Con cuidado Narumi se giró, justo a tiempo para ver como Shinomiya se marchaba, sin esperar a que lo siguiera. Era obvio que la torpeza de sus pasos, imperceptible para nadie que no lo conociera, se debía a la dificultad que tenía aún para mantener el equilibrio con un brazo menos.
Aún se le revolvía el estómago a Gen al pensar en lo que había tenido que hacer para salvar a ese hombre, lo más parecido en su vida a una figura paterna.
“¡Director!” Había exclamado Kafka, girando la cabeza solo un momento antes de centrar toda su atención en la pelea en sus manos. En el kaiju nº9, al cual una vez ya en el pasado había dejado escapar, y de lo que se arrepentía profundamente.
Gen había corrido más rápido, llegando al lugar solo segundos antes que Kafka: solo segundos antes que Nueve asesinara a Isao. Su brazo izquierdo ya estaba cubierto por esa masa negra parecida a la brea, una pérdida completa a juzgar por los gruñidos de dolor que salían de la boca del hombre. Además, Shinomiya ya estaba muy debilitado, con los dientes cubiertos de sangre y su peinado perfecto desecho, con el cabello cubriendo su rostro.
Más tarde, Narumi se admitiría a sí mismo que no actuó por instinto como dijo en los primeros informes, porque fue una decisión consciente y fríamente calculada. Porque con las retinas activas, vio solo un futuro: la manera en que Isao era tomado por completo por Nueve ycomo se apoderaba de su cuerpo, como ese asqueroso kaiju usaba su apariencia y se quedaba con su poder. Eso último no era algo que pudiera solucionar, pero si salvarlo, aun a costa de causarle más dolor.
Pero tenía que intentarlo.
Por eso hizo una finta, engañando a Nueve lo suficiente como para creer que iría tras él, Pero no, el filo de su bayoneta conectó contra el brazo de Isao, cortándolo sobre el codo, aunque por ello tuviera que dejar que se llevara uno de los guanteletes.
No prestó atención alguna a lo que decía Nueve, confiando en Kafka y dándoles la espalda a ambos mientras atendía al Director, quién milagrosamente seguía despierto.
“Na…ru…”
“No hable, director, por favor” dijo Narumi, siendo inexplicablemente amable y respetuoso. No sabía de qué otra manera evitar que su antiguo capitán gastara energía de manera innecesaria “sólo míreme a mí…quédese conmigo…”
“¿Papá?”
La voz de Kikoru lo hizo girar por un instante, viendo como la niña temblaba por completo, apenas manteniendo los sollozos a raya. Gen se culparía más tarde al darse cuenta de lo brusco que fue, pero en el campo de batalla cada instante contaba.
“Shinomiya, dame el lazo de tus coletas, ¡Ahora!”
A pesar de lo sorprendida que pareció la chica, de lo joven que se veía en ese instante, viendo a su padre desangrarse a sus pies, no dudó en soltar una de sus coletas para tenderle a Gen su lazo, lo más rápido que pudo. Narumi no dudó, usándolo como un torniquete improvisado, junto con un trozo de metal torcido que encontró en el lugar.
A pesar de que en su interior le dolía escuchar a Shinomiya gritar, agónico, no dudó un solo instante en apretar con fuerza para detener el sangrado. Si no se quitó su propio traje fue porque debía estar atento para cuidar a Isao y a Kioku, quién aunque intentaba estar al pendiente de la pelea, no podía seguir los movimientos de Nueve y de Kafka por su falta de experiencia y crecimiento en el campo de batalla. Y aún menos, lanzarse al combate solo con una pistola.
Por suerte, Kurusu estaba allí y sabía qué hacer. El chico se había quitado la bata, y con ella cubrió el brazo de Isao, evitando que perdiera más sangre. Quizás no era la mejor solución, pero con lo que tenían a su alcance, no podían hacer nada más.
“-rumi…” solo entonces se dio cuenta que Isao, a pesar de todo, intentaba hablar y llamar su atención, pero su voz era cada vez más débil.
Gen optó por arrodillarse, acercando su oreja a los labios de Isao, a la espera de saber qué diría. Y luego de escucharlo, lo miró con sorpresa, pero no pudo corresponder sus palabras, pues Shinomiya acabó desmayado contra sus brazos y los de Kikoru.
“Isao-san…yo…”
“No digas nada” le pidió el hombre, aún de espaldas a él. Lo había seguido hasta su cuarto en el ala médica, y había cerrado la puerta tras de sí para mayor privacidad.
Narumi no había pisado esa habitación desde la última noche en la que Isa estuvo en coma inducido, y estaba tan llena de regalos, flores y tarjetas de ‘mejórate pronto’ como antes. Pero ahora se veía el lugar mucho más vivo, con claras muestras que Isao seguía adelante: sus gafas de lectura en la mesita de noche al lado de varios libros, ropa de entrenamiento para su terapia, una pila de informes que seguro Itami había traído en contra de su voluntad…
“Gen” al igual que Hasegawa, Isao también lo llamaba por su nombre cuando estaba a solas. Era una costumbre que había adquirido tras largas horas de entrenamiento privado, en los que nunca Narumi pudo ganarle, incluso cuando el hombre se había jubilado.
“¿Isao-san?”
“El Vice-Capitán Hoshiana me explicó por qué no habías venido de visita, y si te lo preguntas, realmente no estoy molesto contigo. Puedo entenderlo, y si estás manteniendo la terapia…si necesitabas tu tiempo, no iba a reprochártelo” le dijo, finalmente girando para verlo a los ojos. Su rostro seguía igual, y los últimos rastros de moretones estaban finalmente desapareciendo de su tez “La razón por la que estoy aquí es porque no iba a dejarte solo. Porque no solo supe lo de Eiji, sino que también…lo de ese programa televisivo” añadió, y Gen sintió como el mundo desaparecía bajo sus pies, dejándolo completamente expuesto ante el hombre que consideraba como su padre.
La cuestión es que Narumi había luchado con sus inseguridades, y le habían arrebatado la oportunidad de contarle a la gente en la que confiaba sobre sus entrenamientos nocturnos. Sabía que algunos lo habían descubierto, pero el resto…el resto del mundo no tenían por qué. Lo que pasaba dentro de la Primera debía quedarse allí, no exponerlo ante todos.
A fin de cuentas su fachada era buena en algo, servía para darle seguridad a los pobladores de Japón. Para ayudar a su División y a los que lo necesitaran.
Nada de eso importaba si un tipo resentido, además de ser un homicida en potencia, causaba tanto daño. Y lo había conseguido, algo que ningún kaiju siquiera pudo, salvo Nueve quizá cuando casi se lleva a Isao-san de su lado.
“Escuché a tus reclutas haciendo un escándalo aquí afuera…así que apostaría que ellos ya lo dijeron por mi, pero no estás solo, Gen”
“Si…lo hicieron” la misma sonrisa que había mostrado ante su División volvió a aparecer en su rostro, algo que hizo que Shinomiya alzara las cejas, pero decidiera permanecer callado. Había sido testigo de primera mano de como Narumi avanzaba, poco a poco, en lo relativo a su autoestima. Y aquella sonrisa era el fruto de sus esfuerzos.
“Bien, pues entonces puedo decir que la JAKDF está tomando acciones legales. Cuando llamé a Keiji, él ya se había comunicado con nuestros abogados” señaló, notando como la sonrisa de Gen se ensanchaba un poco más “incluso creo que Izumo Tech. lo hará por su cuenta. Aparecen allí los prototipos con los cuales peleas todos los meses para ayudarlos a refinarlos y perfeccionarlos. Y tú siempre trabajas con ellos de manera gratuita” añadió, pues Narumi siempre encontraba tiempo para ayudar a quien lo necesitaba, sobre todo a los técnicos armamentísticos. Era una manera tan buena como cualquier otra para mantener a salvo a su gente “te lo deben”
“Todos ustedes… no tendrían por qué hacer tanto por mi” dijo, porque al ser un capitán, entendía claramente cuáles eran los procedimientos en esos casos. Más de alguna vez había tenido que hablar con los representantes legales de su División, pero a veces era un proceso engorroso y lento. Se notaba que los altos mandos estaban poniendo todo de sí para apresurarse y detener a Honda.
Porque si Isao estaba al tanto de lo que pasó en ese programa, sabía que Honda aún no terminaba con él. Y no tenía idea de qué otro tipo de evidencia podría tener en su contra.
Aún así, había algo que seguía molestándolo.
“¿Cómo obtuvo los videos?” preguntó Narumi, pues sabía leer perfectamente al hombre frente a él. Era alguien de pocas palabras, cuyos gestos podía interpretar si sabía dónde buscar. Y era obvio para él lo que Isao estaba cuestionando: qué era lo que rondaba por su cabeza “el imbécil de Honda, quiero decir. Era bueno en combate, no excepcional, pero nunca demostró habilidad alguna con la tecnología. Y sé…” tragó saliva, pues sabía que poner las manos al fuego por alguien era peligroso, pero aún así no dudaba “que Akira no está relacionado con esto. No creo que lo hayan engañado, ni al equipo que trabaja directamente con él”
“Significa que bien pudo ser alguien del equipo de Operaciones. Son los únicos que tienen acceso a esas cámaras” a las que se encontraban dentro de los gimnasios, sobre todo de las de los oficiales de alto rango “además, puede ser que no seas el único del que tienen grabaciones. Hay que detenerlos-”
“No, no te incluyas en esto, Isao-San” pocas veces Narumi se ponía así de firme, levantando el mentón y mirando a su superior con dureza en sus ojos. Claro, en otras ocasiones se quejaba de él y lo desafiaba, pero esto era distinto. Estaba hablando como el líder que era, esa faceta suya que muchas veces no dejaba entrever, salvo en situaciones críticas “escucha, agradezco tu preocupación. Que dieras el primer paso porque soy tan cobarde que no vine a hablarte antes. Pero sigues recuperándote, porque por mi culpa…”
“Por tu culpa, nada” con un suspiro, Isao se acercó a él, poniendo su mano en uno de sus hombros “me salvaste, Gen. Era una situación desesperada, y al cortarme el brazo, evitaste que esa cosa me absorbiera. Eso…pudo acabar con la JAKDF por completo. O al menos con todos los que estaban cerca, si no lo conseguían contener” su rostro se suavizó, solo un poco, pues esas posibilidades ya no se cumplirían.
Prefería mil veces vivir con un brazo menos que con la culpa de ser insuficiente, seguro atrapado dentro del Kaiju n°9, si es que este no lo asesinaba primero.
“Eso también me dijiste ese día…me diste…las gracias por salvarte…”
“No sabía qué pasaría, y no iba a desmayarme sin decirlo antes”
La expresión tan tranquila de Isao, la manera en que alzaba sus hombros, le daban ganas de gritarle por ser tan irresponsable. Pero también era consciente que era lo mismo que le reclamaba Hasegawa a menudo, lo parecidos que ambos eran. Algunos aspectos de su propia personalidad eran un fiel reflejo del hombre frente a él.
“Se que seguramente te ibas a sentir culpable” añadió Isao, y con lentitud atrajo a Narumi contra sí, hasta que pudo abrazarlo firmemente contra su pecho “Te conozco, Gen”
“Eres de los pocos que lo hace” susurró, correspondiendo finalmente el abrazo. Porque a pesar de lo terrible que había resultado ese día para él, estaba recibiendo más cariño y apoyo que en mucho tiempo.
Sabía que aunque no le gustara, no podría detener la opinión pública: que muchos seguro lo insultarían o peor, perderían su confianza en él. Pero tenía que ver la otra cara de la moneda: no estaba solo, quizás desde que conoció a Hasegawa y Shinomiya ya no lo estaba. Y tenía cada día más gente que daría todo de sí para verlo feliz.
Se quedó un tiempo más con Isao, y del mismo modo que con Eiji, se sentía muy reconfortado. Protegido, seguro.
Considerando lo caóticas que habían sido las últimas horas, no se sorprendió de acabar dormido allí, en el sofá de visitas de la habitación de Isao. Cuando despertó, los rayos de sol daban directamente a su rostro, pero se sentía cálido, cubierto por varias mantas y arropado con cuidado.
“¿Ya despertaste, Gen-Chan?” susurró una voz a su lado, familiar e increíblemente amorosa. Por eso Narumi se permitió sentarse con cuidado, estirándose como un gatito. Los recuerdos del día anterior seguían presentes en su mente, pero si nadie lo había despertado, significaba que no lo necesitaban o no había ocurrido ninguna emergencia digna de mención.
“Soushiro, ¿qué haces aquí?”
“Shinomiya-San nos dijo que te dormiste. Decidimos dejarte descansar, y vine a acompañarte después del desayuno” le dijo, y solo entonces Narumi se dio cuenta que estaban solos en el cuarto.
“¿Isao-San…?”
“En terapia” le sonrió, sentándose al lado de Narumi, rodeando su cadera con su brazo y atrayéndolo hacia él. Su sonrisa se ensanchó al sentir como su novio se derretía en su abrazo, claramente feliz “Gen…tengo buenas y malas noticias”
“¿Mmm?” preguntó, pues al abrazarse a Hoshina, sintió su teléfono en uno de sus bolsillos. Un lado de sí quería revisar sus redes sociales, mientras que el otro temblaba de miedo y angustia en su interior.
“Tu División cumplió su palabra y ha estado peleando por ti en internet. Esa es la buena” le dijo, solo un poco divertido. Pero entonces, su tono se volvió serio “el problema…es que uno de esos usuarios era el de ese hombre, Honda…y él dijo…dijo…”
“¿Qué fue lo que dijo, Sou?” preguntó, ya temiendo que otro de sus secretos saliera a la luz.
“Dijo que mentiste en tus papeles de ingreso a la JAKDF. Que no…tenías dieciocho años, sino que eras menor de edad” Y nuevamente el mundo desapareció debajo de sus pies.
