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Llegar al cielo (trepando por tus caderas)

Chapter 5

Notes:

hola.

anteayer me encontré un montón de libros al lado de un contenedor para quien quisiera llevárselos, supongo. Uno de ellos era una biblia, así que lo tomé como una señal, la tomé para mi casa, y aquí va un capítulo nuevo.

8)

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Hubo un tiempo, hace ya milenios, en que el desangre se hacía con uñas y dientes. No con finalidad divina, sino alimentaria.

Pero qué hay más divino que dar vida, y por tanto, qué hay más divino que comer.

Este es el motivo por el que es tan natural ligar lo sagrado a la sangre, y especialmente a la que se vierte en pos de la vida: lo desangrante. Los mismos contemporáneos de Jesús lo tenían claro: el sacrificio se denominaba, muy ilustrativamente, con "sacra" y "face".

Hacer sagrado.

Los primeros sacrificios líticos fueron precisamente los desangramientos animales, con cuchillas de piedra. El propio Dios parecía tener cierto hábito de asignar este tipo de tareas a sus discípulos. 

La idea del sacrificio humano tardó en ser llevada a cabo, pero seguramente fuera plantada en la mente de Dios muy, muy temprano, de las manos del propio Caín, que probablemente sin quererlo estableció un precedente para el futuro.

A partir de ahí las cosas se pusieron más difíciles. 

 

***

 

Era cuestión de tiempo.

La noche era calurosa. El cansancio le hacía sencillo ignorar sus aflicciones físicas: sus labios rojizos e irritados y su garganta, rasposa tras haber clamado por piedad a su amante durante lo que le parecieron años. Su piel húmeda, pegada a un torso desnudo.

Los segundos goteaban lentos y viscosos como miel recién derramada. El mundo entero estaba contenido entre los confines formados por los brazos de Jesús, cálidos tras sus previas actividades, y sus mejillas estaban rojas como manzanas. Judas pensó que podría morder una de ellas y no volver a pasar hambre.

El sueño estaba a punto de vencerlo.

“Soy el sacrificio final de Dios. He vivido con el fin único de  morir, Judas.”

Casi, casi sonó despreocupado.

 

***

 

Judas creció entre soledades. Su pecho, vacío del confort de manos o palabras ajenas, requirió desde entonces de una vida estructurada, unas convicciones sólidas, un mundo interno rico y lleno de palabras.

A veces, si el ambiente era propicio, si se sentía seguro, era sencillo soltarle la lengua. Después de haber sufrido el silencio de los cielos, lo que más anhelaba él era ser escuchado.

“No me importa si Dios vive o no. A efectos prácticos, existe. Creo en él porque existe y él existe por ello.”

La ceja levantada de Jesús expresaba más confusión que sorpresa. Era un momento cualquiera, una madrugada cualquiera, y el aire frío de la noche les envolvía con su clandestinidad ya más que habitual. Por una vez, era él quien hacía las preguntas.

“Normalmente se diría que la existencia va ligada a la vida.”

“Dios existe independientemente de que él mismo sea alguien o algo,” rebatió Judas. “Ha trascendido la vida, no la necesita, porque su existencia es un plomo inamovible en la mente de la humanidad. Y eso hace que tenga un peso real en sus decisiones, personalidades, gustos, costumbres. En cómo interactúan con su entorno y con otras personas, que a su vez interactúan con otras. En tu forma de tocarme,” asintió señalando con la barbilla la mano de Jesús que acariciaba su pierna, “y en cómo te puedo responder yo.” Acarició la barbilla de Jesús. “Da igual que ciertas personas no crean en él de forma aislada: se verán afectados igualmente por su presencia en la consciencia colectiva. En realidad, no hay escapatoria del poder de Dios. Es omnipresente, tal como dicen las escrituras y tal como aseguras tú.”

“Pero ¿qué valor tiene pensar eso si tú me crees y yo te he asegurado que conozco a mi padre? Sabes que me ha hablado. Es real.”

“Y no intento negarlo. Lo que quiero decir es que eso carece de efectos en nuestra realidad terrestre. Mientras Dios no se presente en persona a nosotros, o extienda su mano para que la veamos, solo puede ser lo que hagamos de él. Sólo existe porque creemos que lo hace. Eso es suficiente.”

Y por supuesto que Judas creía en Dios. ¿Cómo podría no hacerlo, si sentía que había amado a Jesús desde el principio de todo? ¿Si sentía que su amor había sido creado incluso antes que ellos mismos? ¿Si sabía que los conectaba una misma fuerza creadora?

 Pero jamás confió en él.

 

***

 

El sacrificio de Isaac por parte de su padre no fue tal. Lo que Dios estaba pidiendo en realidad era el sacrificio del propio Abraham, en una prueba por la fidelidad de su acólito. 

Tanto si mataba o no a su hijo, Abraham tendría algo que perder, pero también algo que ganar. Sin embargo, en ese cara o cruz la moneda cayó imposiblemente de canto. Y ese resultado intermedio en el que Abraham habría ofrendado a su primogénito pero no pudo hacerlo fue el verdadero sacrificio para él. 

Y es que cuando llegaron a casa, Isaac titubeó antes de atravesar el umbral de la puerta. A la hora de la cena, dudó antes de coger el cuchillo.

Con el tiempo el que fuera un niño receloso se convirtió en un hombre desconfiado. Cuestionaba con miradas ladeadas las decisiones de su padre. Se cubría con biombos al entrar en cualquier sala, cuando en su casa nunca se había utilizado ningún tipo de puerta. Los días de siembra se rehusaba a recostarse en la tierra árida con su hermano, y se alejaba a buscar el calor de las ovejas en los establos.

Hubo un peso en los hombros de Isaac que no se aligeró hasta la muerte de su padre, siglos después.

 

***

 

En el presente, el ánimo de Judas se había tornado mucho menos apacible.

"No. Me niego. Ningún padre esperaría eso de su hijo. Tiene que ser un truco, lo has entendido mal..."

"Es por el bien de todos, Judas. Lo hace porque los quiere."

Tercera persona. Ni él ni Judas estaban incluidos en la afirmación.

La búsqueda humana del sentido siempre estará en conflicto con el silencio del universo.

Jesús se va a matar.

Por mí, por nosotros. Por el bien de todos.

Se va a dejar morir. Se va a matar.

Una mano invisible se apoderó de los pulmones de Judas y los estrujó, como las manos de su madre escurriendo el exceso de agua de un trapo antes de ponérselo en alguna herida abierta.

“Debes ser tú, Judas.”

El corazón de Jesús era una cápsula latente de sangre y buenas intenciones, que pavimentaban un infernal camino cuyo destino aciago esperaba lleno de pretensiones sobre el deber y el honor.

Magnífico, cruel, asombroso, grandioso y bello, como todas las cosas destructivas y terribles.

 

***

 

Abraham murió sabiéndose temido. Confeso, pero nunca perdonado.

En cuanto a Isaac, si uno crece con una agudeza metálica en el cuello, el punzamiento nunca desaparece del todo, aunque el cuchillo se haya separado de la piel.

 

***

 

"No puedes exigirle nada a Dios, Judas. Siempre has querido demasiado. La codicia es pecado."

"¿La codicia? No me hagas reír. ¡La mentira también lo es, y de los más despreciables!"

"¿Cuándo te he mentido?"

Una especie de graznido que quería parecerse a una risa se escapó de la boca de Judas. No engañaba a nadie: en sus ojos colosalmente abiertos se percibía claramente un tembloroso frenesí.

"¿Por qué dejaste que me enamorara de ti, Jesús?"

"El Gran Plan…"

"No,” interrumpió Judas hablando atropelladamente, “has actuado como tú mismo creías conveniente porque sé a ciencia cierta que llevas meses angustiado, sin recibir órdenes explícitas de Dios. ¡Tú y todos! ¡Estás experimentado el silencio de los cielos en el que siempre estuvimos el resto!"

Jesús endureció las facciones. Con los brazos cruzados contra su pecho y los puños apretados, igual que los dientes, parecía querer erigir un escudo entre ambos.

"No deberías hablar con tanta soberbia acerca de algo que no entiendes."

"Te veo, Jesús,” replicó Judas haciendo caso omiso de la postura defensiva del otro. “Te miro constantemente y te veo. Tus rezos no son tan discretos para alguien como yo, que también te ha hecho suplicar."

"¡Judas, ya está bien! Sabes perfectamente que no soy como cualquier otro amante al que hubieras tomado.” Su tono se empezaba a intuir implorante. “Tengo un destino que completar y lo haré. Y tú serás parte de ello quieras o no: es inevitable. El Plan de Dios está siempre en marcha. Cumplirás tu cometido."

Los temblores nerviosos de Judas empezaban a manifestarse en una delatadora humedad aferrada a sus pestañas, la cual, de momento, se negaba a soltarse, como temerosa de precipitarse al vacío. Lo siguiente que dijo fue pronunciado con una voz ahogada, como si algo obstruyera toda la circunferencia de su garganta.

“¿Te das cuenta de lo que me estás pidiendo? No solo pretendes que te lleve a tu muerte y que después viva con ello. Quieres dejarme abandonado como un chucho mientras todos me repudian por asesino. Y luego, que me pase toda la eternidad siendo castigo ejemplar en el Infierno.” 

Una pausa. Judas, cabizbajo, evitaba el rostro de Jesús. Este, en cambio, le miraba fijamente, como buscando algo en sus facciones que no parecía querer mostrarse.

“Lo siento mucho, Judas. Pero no es una petición. Bastante hago yendo a espaldas de mi padre al avisarte, ¡ni siquiera tendría que haberte dicho esto! Llevo todo este tiempo perdido, sin saber qué decirte ni qué hacer.”

“Ya, no te creo. Porque como tú mismo predicas, si hubieras hecho todo lo que hubieras podido, habrías pedido ayuda. Y dudo mucho que en los cielos se haya oído una sola súplica tuya para que cambiasen las cosas.”

Por un momento, lo único que se escuchó en la noche fue el sonido de sus respiraciones. Una agitada, la otra entrecortada. Era notorio el gran silencio presente donde debería haber una tercera respiración: la del mundo, que no emitía un solo susurro, como contenido, esperando. 

Tras unos segundos, lo único que contestó Jesús, con todo el fervor desangrándose de su voz, fue un bajo:

“No puedo hacer eso, Judas, entiéndeme. He dedicado mi existencia a esta causa. No puedo.”

Ese es el momento en que Judas, normalmente, se habría retirado a lamerse las heridas, intentando siempre evitar más conflicto del necesario. Pero la laceración de la negación de su mismísima naturaleza no se podía sellar con una lengua suave. Y Judas, por primera vez, abrió las fauces ante Jesús.

"Si sólo le pides fuerza para llevar a cabo sus órdenes, y no un cambio, está bien. ¿Dices que te mataré? Muy bien, Jesús. Pero si no puedo escaparme de la condena que es el destino, sabe que así como mueras iré allá contigo, y desde encima de la bóveda celeste serás el único que oiga mis alaridos cuando me torturen en el Infierno. Y cuando vuelvas al barro te perseguiré siempre en forma de resentimientos tan pesados como la primera piedra. Volverás a estar solo entre las multitudes que te siguen, y todas las cosas que me confesabas a mí, a falta de tu padre tendrás que volver a decírselas al silencio. Escúchame bien esto, porque es la promesa que hago: si he de ser el monstruo que quieres hacer de mí, voy a ser tanto la serpiente como el ave carroñera. Te volveré loco, y ni siquiera podrás quejarte, porque al fin y al cabo, son los designios de Dios."

Jesús no hizo en respuesta nada más que apretar los labios y mirarse las manos, dolido. Sus palmas se sentían, de repente, muy desnudas. ¿Qué hacían sus dedos antes de acariciar los de Judas?

Este se dio la vuelta y empezó a caminar sin rumbo, simplemente alejándose.

Los únicos testigos de sus lágrimas fueron la delicada naturaleza, que le envolvía con sus dedos intangibles haciéndose eco de la calidez humana, y el obvio y pesado vacío de los cielos.

 

***

 

Al amanecer, la comitiva se puso en marcha como siempre, hacia donde Jesús les condujese sin sentir la necesidad de preguntar dónde ni por qué. 

Pero los rumores son el tipo de discurso de más sencillo nacimiento, y de todavía más sencilla proliferación.

Notes:

Como dice Sta. Mitski de Todos Los Milagros, Mártir: "The wrath of the devil was also given him by God"

Sabían que al parecer en la sagrada familia hay una escultura de un perro al lado de otra del beso de judas??? porque al parecer el perro está asociado con temas de fidelidad y tal. Yo acabo de enterarme y vamos que le jodan a Gaudi que me ha plagiado uno de los temas recurrentes de mi gran obra.

Un besooo (tranquilos no tengo detrás ningún soldado que os vaya a apresar y llevar a los sumos sacerdotes para condenaros por herejía!!!)