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Él es el Amo de su Destino, Ella es la Capitana de su Alma

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ÉL ES EL AMO DE SU DESTINO, ELLA ES LA CAPITANA DE SU ALMA

Por: ScullyLikesScience
Traducción: Akadiane

 


El título de esta historia es un juego de palabras del poema “Invictus” de William Ernest Henley:


Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el horror de la sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.


Capitulo 1: Existen muchos más mundos afuera que el único que puedes sostener en tu mano

 

“Gracias por decírmelo”, dijo la agente especial del FBI Dana Scully antes de colgar el teléfono y dejar salir un profundo suspiro. Cómo haría ella para contarle a Mulder esta noticia? Él aún se estaba recuperando de aquella horrible experiencia. Ella podría pensar en múltiples razones para esperar y no decirle aún, pero ella sabía que no podía esconderle la muerte de Diana, era mejor que él escuchara las noticias por medio de ella de todas maneras. Tal vez. Todas las veces que los dos habían tocado el tema de Diana Fowley un argumento siempre salía a la luz. Ella tomó las llaves del carro, echó llave a la oficina del sótano e hizo su camino hacia el estacionamiento.


Mientras iba conduciendo hacia el apartamento del agente especial Fox Mulder, su mente vagaba en los acontecimientos de la semana pasada…
A Scully le parecía que aquellos quienes habían tomado a Mulder y lo habían operado, no había decidido quedarse, y tal vez lo habían dejado allí pensando en que moriría. Al llegar y verlo con su cabeza vendada se preocupó muchísimo e incluso pensó que era demasiado tarde. Finalmente, ella escuchó algo que fue como música para sus oídos “Ayu… ayudame”. La voz de Mulder mando ondas de alivio por todo su cuerpo mientras lograba que él se sentará en aquella mesa. Como pudo lo ayudó a poner de pie y caminar hacia la puerta pero de forma muy lenta ya que ella era la que cargaba con casi todo su peso.
Increíblemente, aquella sección del Departamento de Defensa parecía desierta. Esto hacía mucho más fácil la tarea de Scully para sacar a Mulder de allí lo mas pronto posible. Nadie los detendria.De hecho, no fue detenida por nadie en todo el edificio. Ella asumió que había sido por la tarjeta que le habían dejado debajo de la puerta facilitandole el acceso a todos los niveles del lugar, y aunque eso se le hacía sumamente sospechoso, en ese momento lo más importante era sacar a Mulder allí sano y salvo.


Una vez Scully logró acomodarlo en el asiento trasero de su auto, ella condujo hasta el hospital de Georgetown. Durante los siguientes cinco días, el departamento de Neurocirugía realice toda clase de pruebas hasta concluir que la actividad cerebral inusual de Mulder había cesado.
“ No necesito estas pruebas para saber que mi cerebro ha vuelto a la normalidad, Scully” dijo él mientras yacía en la cama del hospital. “Yo sé lo que es. Lo supe desde el momento en que desperté en ese habitación y te vi allí.”
Scully, quien había permanecido en el hospital noche y dia a su lado, estaba confundida. “No veo cómo eso podría ser posible Mulder. No tenia ninguno de los calcos que había hecho de aquel artefacto, no había forma de saber si tendrian el mismo efecto en ti o no. Además, tenias un corte en la cabeza, del cual no se sabe nada, ni que te hicieron y solo Dios sabe quien lo hizo.”


Él suspiro “Yo supe que todo estaba bien porque no pude leer tu mente de Nuevo”
Ella contesto a la declaración de Mulder con una Mirada inquisidora y una ceja levantada “Perdón? Estas diciendo que tu podias leer mentes? Creo que tal vez necesitas mas tiempo en el hospital, Mulder”


“Scully, tienes que creerme” él respondió. “ Todo empezo cuando me mostraron aquellos calcos de la nave. De repente podia oir todas esas voces. No pude entender que me estaba pasando en ese momento, pero cuando estaba dopado en el hospital psiquiatico, todo se volvio claro. Podia leer las mentes de las personas, de los doctors, Skinner, Kritschgau, mi madre.Cada vez que venian a verme, podia oir sus pensamientos, pero no les podia responder. La mayoria del tiempo eran sonidos confuses o pensamientos de varias personas que estaban afuera de mi habitación. Y casi todo el que entraba a verme y a hablarme, me mentia. Las cosas que decian no eran lo que estaba en sus mentes.”


“Si eso es verdad, entonces supongo que ahora puedes simpatizar mas aun con Gibson Praise.” Dijo ella.
Mulder continuo, mirandola continuamente a los ojos “ Cuando todos los pensamientos de todo el mundo eran solo ruido, habia una sola voz que siempre se destacó por encima de todo aquel estruendo. Solo hubo una persona la cual no me engañaba, que no me ocultaba nada, solo una persona que me hablaba completamente con la verdad.”


“Entonces, cuando regresé de Africa y fui a verte, tambien podias leer lo que estaba pensando?” preguntó Scully.
“Si,” respondió Mulder.


El podia ver como la cara de Scully empezaba a enrojecerse, pero ella no aparto la Mirada. Los dos compañeros se miraron uno al otro por algunos segundos antes de que una enfermera entrara a la habitación con los papeles de salida.


… Una vez Mulder regresó a casa, Scully continuaba preocupada por él. Cada tanto ella lo llamaba para asegurarse de que todo estaba bien. Su mayor miedo era que el fumador pudiera regresará por él otra vez. Esa mañana, una semana despues de rescatar a Mulder, ella recibio una llamada telefonica donde le informaban sobre el asesinato de la agente Diana Fowley


... La policia distrital no tenia ninguna pista y Scully sabia que ellos nunca iban a enontrar el asesino. En ese momento ella supo quien le habia dado aquella tarjeta del departamento de defensa. Tambien supo que Diana Fowley habia pagado con su vida aquella acción. Scully no estaba segura como aquella noticia podria afectar a Mulder. Meses antes los dos habian llegado al acuerdo de no tocar el tema de Diana, todo para que no se viera afectada su relación de trabajo. Ella tenia sospechas de Diana desde el mismo momento en que ella habia regresado al FBI en Washington hace un año. Muchas cosas habian pasado desde que tenia aquella duda en su cabeza sobre para quien estaba trabajando realmente Diana. Aquellas fueron sospechas que Mulder no quiso oir y esto empezó a crear problemas entre ellos y su compañerismo.


Scully podia entender porque Mulder no queria confrontar aquellas posibles verdades sobre Diana, porque eso significaria confrontar la validez de su relación con ella en el pasado hace ya unos años atrás.


Justo despues de que volvieron de la antartica, estos temas se volvieron intratables haciendo un esfuerzo por no ahondar mas aun en las diferencias que estaban teniendo ambos gracias a eso.


A veces parecia que estaban siempre en desacuerdo con todo. Raramente se ponian de acuerdo en algo y si lo lograban era casi a regañadientes. Todo era una batalla campal, lo que alguna vez habría sido una discusión parcial y apasionada, estaba ahora siempre en tela de juicio. Habia demasiada frustración, se notaba solo en el tono en que ambos se dirigian uno al otro.


Afortunadamente, aquellas disputas habían disminuido ultimamente, pero ahora habia una marcada tensión entre ellos que a veces parecia que casi se podia cortar con un cuchillo. Por un tiempo, ella pensó que la tensión siempre se presentaba cuando tocaban el tema de Diana, pero la verdad es que la tensión estaba siempre alli todo el tiempo.


Scully tenia miedo de preguntarle a Mulder sobre Diana, miedo de que podría decirle, miedo de como él se sentiría, miedo de saber si él la estaba viendo fuera del trabajo, miedo al saber que tenia que competir con ella y de saber que si presionaba demasiado, elegiría a Diana. Scully habia decidido que preferia no enterarse. Habia intentado convencerse que de que era simplemente miedo de ser expulsados de los X-Files, ser separada de Mulder como compañera de trabajo, y que él, a la larga, preferiría tener una compañera que estaba de acuerdo con sus teorías en lugar de una que cuestionó siempre cada uno de sus idea.
En realidad, Scully estaba asustada de su propio miedo y lo que ello significaba, estaba asustada de sus propios sentimientos, que con la aparicion de Diana Fowley no tuvo mas remedio que aceptar de una buena vez. Sin embargo conocer y aceptar sus sentimientos era una cosa, hablar de ellos en voz alta era otra muy distinta. Mientras ella manejaba desde la oficina hasta el apartamento de Mulder, se preguntaba si la muerte de Diana podria tener un efecto adverso en su relacion, en su compañerismo.Tal vez ella tenia miedo de descubrir que los sentimientos de él por ella no eran tan profundos después de todo, pero ella sabia que no podia aguantar mas esa tensión entre ellos.

 

*****

Cuando Mulder colgó el teléfono, se sentó y se quedo ensimismado y en silencio. Albert Hosteen habia muerto, y había estado en coma por dos semanas. Ademas el no habia dejado Nuevo México en casi un año, asi que como habria podido viajar a Washington para ver a Scully la semana pasada? Pudo ella haberlo soñado? O tal vez estaba tan exahusta que alucinó todo? No era muy propio de ella tampoco confundir la realidad. Necesitaba hablar con ella de inmediato. Rápidamente tomó el teléfono y marcó a la oficina.


“Correo de voz, Maldición!” dijo en voz alta antes de colgar. Ya habia pasado dos dias desde que el la habia visto la ultima vez, pero se sentía como si fuera mas tiempo. El solo hecho de pensar en volver al trabajo y estar junto a ella de nuevo era algo muy atractivo para él. El sabia que se suponia que tenia que estar descansando, pero no podia esperar mas, asi que se adentro en su habitación para vestirse.


Mientras tanto, Scully parqueo afuera del edificio del apartamento de Mulder. Le tomo uno o dos minutos para tomar impulso y salir del auto e ir decididamente a tocara la puerta de Mulder.

CONTINUARÁ.....

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El mes de Junio llegó a su fin y Mulder estaba ya en su sexta semana de incapacidad laboral. La mayoría de la gente se extasiaría de solo pensar que va a tener todo el verano libre de trabajo, pero él no estaba muy emocionado con la idea .Tendría casi dos meses de libertad para descansar su mente, recobrar fuerzas y tomar las cosas con calma. Las seis semanas de libertad se le presentaban ante él como una eternidad. Él preferiría estar en la oficina haciendo alguna investigación o ir a donde los pistoleros solitarios o inclusive donde su amigo Chuck Burks para ver si han encontrado algo nuevo o raro. El definitivamente preferiría ir tras alguna pista de algún hecho paranormal por todo el país. El preferiría estar con Scully.

Mulder no podia evitar la sonrisa que se le dibujaba en el rostro cuando pensaba en Scully. Desde el dia en que ella vino a su apartamento para contarle lo de la trágica muerte de Diana, hace unas dos semanas, el sintió un cambio notable en la dinámica de ambos. Las palabras que se habían dicho uno al otro en el pasillo se sentían más como unos votos o una confirmación. Una vez más Mulder repasó la escena es su mente….

Scully estaba parada frente a él, con lágrimas en los ojos, teniendo una crisis de fé, y él era el tonto que estaba parado allí tratando de esconder los vendajes de su cabeza con una gorra de los yankees y algunos chistes flojos. “Ya no se cuál es la verdad, no sé a quién escuchar, no sé en quien confiar.” Ella dijo mientras empezaba a llorar “Diana Fowley la encontraron asesinada esta mañana. Nunca confié en ella, pero ayudo a salvarte tanto como yo. Ella me dio ese libro, su ayuda me condujo hasta donde estabas, Lo siento, lo siento, sé que era tu amiga”.

Scully tenía que tener una verdadera crisis si le de repente le estaba dando crédito a Diana por algo. Fue Diana realmente su amiga? Tal vez ella si fue la que ayudo a Scully a tener acceso al edificio de departamento de defensa, pero el daño estaba hecho. Ella había ido a visitarlo mientras estaba tirado en aquella cama de hospital y le había dicho que lo amaba, mientras que al mismo tiempo lo estaba vendiendo al hombre que él más despreciaba. Diana fue débil y egoísta. Casi toda la interacción que ellos habían tenido desde el principio había sido una completa manipulación. Ella había estado trabajando con él todo el tiempo. Scully había tratado de alertar a Mulder, de hacerle ver la verdad sobre Diana, pero él se había rehusado a escucharla. Por primera vez en seis años, él se cerró con ella y ni siquiera había intentado oír un poco de lo que ella tenía que decirle. Él fue un maldito estúpido. Diana no era su amiga, nunca lo fue.

El rodeo a Scully con sus brazos mientras ella lloraba. ¿Cuándo fue la última vez que la pudo sostener así? Ni siquiera podía recordarlo. ¿Qué había pasado con ellos? ¿Por qué habían gastado casi un año de sus vidas llevándose la contraria uno al otro? Oh Dios, apenas estaba cayendo en cuenta que casi la pierde, y no a causa de su enfermedad. El no supo cuánto más hubiera podido Scully quedarse junto a él si hubiera permitido que Diana siguiera metiéndose entre ellos .Él tenía que hacer esto bien. ¿Cómo podría decirle que Diana nunca había sido una verdadera amenaza? ¿Cómo podría él hacerle ver que nadie más podría significar lo que ella significaba para él? Él tenía que hacerle ver…

“Scully, yo fui como tu alguna vez —No sabía en quien confiar. Pero elegí otro camino, otra vida, donde encontré a mi hermana. Y aunque mi mundo era irreconocible y todo estaba al revés, había una cosa que mantenía igual.” Él sostuvo su cara en sus manos y la miró a los ojos. Ella mientras se aferró a sus muñecas. Él tenía que hacerla ver.

... eras mi amiga, y me dijiste la verdad. Inclusive cuando el mundo se caia a pedazos, tu eras mi constante…mi piedra de toque”

“Y tu la mía” dijo ella.

Por un segundo, Mulder pensó que Scully iba a besarlo, pero ella en cambio besó su frente. La forma en que ella lo miraba, acariciándole la cara y pasando sus pulgares por sus labios. Miles de palabras no pronunciadas pasaron en medio de ellos dos. Algo iba a pasar. Pero entonces, ella se alejó y camino hacia el ascensor sin decir una palabra. ¿Qué estaba pasando?

 

…Mulder ahora sentía una gran sensación de alivio, era como si hubiera estado llevando a sus espaldas un gran peso por mucho tiempo y de repente ya no lo tuviera más. Las últimas conversaciones con Scully se habían sentido mucho más livianas de lo que habían sido en mucho tiempo. Se había ido ese sentimiento sobrecogedor que había tenido durante tanto tiempo: La sensación de que ninguno de los dos era feliz, pero ninguno decía nada sobre eso tampoco, ni siquiera de la tensión tan palpable que se sentía entre ellos. Volver a lo de antes era un sentimiento edificante, positivo y casi podía pensar que… esperanzador. Con el gran descubrimiento de Scully en África y el trabajo que ella había hecho allí, Mulder sintió que sus puntos de vista por fin empezaban a tener algo en común. Se sentía emocionado por lo que eso significaba en el futuro y por lo que todavía tendrían que enfrentar. Además, había algo mas, mucho más profundo, algo más allá del trabajo. Pero aquello que le hacía sentir más esperanza, aun no lo podía descifrar.

Mulder había notado que ese sentimiento se hacía más fuerte cada vez que hablaba con Scully por teléfono, y más poderoso aun cuando había tenido la oportunidad de verla en las últimas semanas. Ella había tomado el hábito de ir a su apartamento cada mañana antes de irse para la oficina y él se había descubierto sonriendo como idiota cada vez que pensaba que ella no estaba mirándolo. Allí era cuando de repente se sentía nervioso, con esa sensación de mariposas en el estómago y esas ganas de correr por toda la habitación. Mulder estaba confundido con todo esto, este nuevo sentimiento de esperanza, esos nervios extraños y realmente él no sabía que hacer sobre eso. Así fue como se encontró desviando conversaciones serias con chistes más flojos que de costumbre. Afortunadamente, Scully no parecía notarlo.

*****

Algo había pasado. Scully no lo sabía y no podía explicar porque se sentía de esa manera. Que era ese sentimiento? Ella paso la mayor parte del año pasado con un nudo de miedo en la boca del estómago, y había empezado a desaparecer desde la noche en que ella había jugado Beisbol con Mulder hace ya unos meses. Pero eso parecía tan lejano ahora y tantas cosas habían pasado desde ese entonces. La reciente pesadilla por la que tuvo que pasar él y la reaparición de Diana Fowley había causado que ese nudo se apretara de nuevo. Pero definitivamente algo había pasado en el corredor del apartamento de Mulder. Podría ella sentirse posiblemente… feliz? Scully se sorprendía ella misma sonriendo sin razón aparente, como por ejemplo cuando doblaba la ropa o lavaba los platos. Esto no pasaba tan seguido en el trabajo, pensó.

Ella aún estaba repleta con trabajo de oficina y papeleo. El FBI quería un reporte detallado de todo lo que había ocurrido en África y de como ella había podido encontrar a Mulder en el Departamento de Defensa, pero Scully no estaba muy segura que esa fuera una buena idea. Permanecer en la oficina del sótano sin Mulder era increíblemente aburrido. Ella no tenía idea de que había hecho Mulder allí abajo los dos años antes de que ella se hiciera su compañera de trabajo. No había mucho que hacer en todo caso. Se encontró a si misma saliendo muy a menudo para evitar la monotonía y aliviar la banalidad de los días.

Mulder había tratado de hacer un receso de su licencia, pero Scully fue firme en su decisión de que no volviera a trabajar antes de tiempo. Todavía existían muchas cosas desconocidas acerca de su estado anterior: Que lo había causado, que tanto daño había hecho esa operación, y que consecuencias podría tener. Scully prefería tener a Mulder en la oficina por supuesto, pero ella sabía que un par de meses fuera del trabajo eran buenos para él. Solo una cosa no había podido evitar y ella tampoco quería hacer mucho esfuerzo en evitarlo, y era la frecuencia con que la llamaba a la oficina para hablar con ella. Aparentemente él sentía que estar en casa era tan trivial como ella se sentía al trabajar en una oficina vacía.

Sus conversaciones telefónicas podrían comenzar con cosas relacionadas con el trabajo para luego rápidamente cambiar a temas relacionados con recuerdos de infancia o cualquier cosa que Mulder hubiese visto en el History Channel. Pero, aquellas llamadas no solo se habían limitado al horario de trabajo. La semana pasada, una llamada de Mulder despertó a Scully de su sueño profundo a las 2:30 a.m. Ella entró en pánico pensando en algo horriblemente malo y de inmediato salto de la cama para tomar el teléfono. Pero no había de que alarmarse, solamente que él no había podido dormir y le había decidido llamarla para comentarle sobre su ultima teoría relacionada con los “Antiguos Extraterrestres” y los Navajo.

Al principio, Scully se ponía furiosa. Que cosa en el mundo le hacía pensar a Mulder que era una buena idea despertarla en medio de la noche solo para charlar? Esa conversación fácilmente podía haber esperado a una hora más decente, pero ella luego ella cayó en cuenta de que era algo que el necesitaba hacer todo el tiempo. Ella de repente recordó que llevarse el teléfono a la cama cada noche antes de acostarse se había convertido en un hábito tan común como ir a cepillarse los dientes.

La silenciosa tensión que había existido entre ellos, había empezado a crear un abismo igualmente. Ella se dio cuenta de que él había no había vuelto a hacerle esas usuales llamadas nocturnas desde todo ese calvario con Cassandra Spender, y a eso se sumó el asunto de Diana Fowley. Aunque eso no era del todo cierto. Había existido solo una llamada nocturna desde aquello…

La primavera pasada, cuando ellos regresaban a casa de su estadia en el hospital de Carolina del Norte, Mulder llamó a Scully bastante tarde en la noche porque no podía dormir.

“Solo quería escuchar tu voz” dijo él “Y asegurarme de que no estuviéramos aun atrapados en ese campo con aquel hongo gigantesco”

“Definitivamente, estamos sanos y salvos Mulder” ella respondió. “No hay de que preocuparse”.

“Mi intención no era despertarte, lo hice Scully? Él preguntó

“No, no podía dormir tampoco”

Después de un incómodo silencio, el finalmente habló “No te pregunte como fue que descubriste que ambos teníamos la misma alucinación?”

“No tengo idea, Mulder. No tiene mucho sentido realmente, pero supongo que eso es algo normal con nosotros,” ella respondió “No tengo la más mínima idea de cómo podré explicarlo en el reporte.”

“Tu encontraras la manera” le dijo él. “Buenas noches, Scully. Te veo en la mañana.” Luego él colgó sin esperar una respuesta.

 Claro, Ella lo hará. ¿Cómo demonios podía explicar cómo un hongo gigante sabía que ella y Mulder eran tan intrínsecamente co-dependientes que tendrían que estar en la misma alucinación? Pensó Scully.

… Y esa fue la última vez que los dos compañeros habían compartido una charla telefónica de media noche, hasta la semana pasada, donde eso ya se había convertido en un hecho casi todas las noches. Nuevos rituales habían sido adheridos a sus respetivas rutinas. Cada mañana antes del trabajo, Scully hacia una parada en su apartamento con desayuno en mano. Al principio, Scully se decía a ella misma que como la doctora de cabecera de Mulder, tenía que asegurarse de que él estuviera cuidándose. Pero luego después de unos días, ella dejó las excusas y admitió para ella misma que simplemente quería la compañía de él.

Sorprendentemente, durante el desayuno no se hablaba de trabajo, de los X files, naves espaciales o conspiraciones gubernamentales. En cambio, ellos hablaban de sus vidas, preguntaban acerca de sus familiares, y se contaban historias que no se habían contado aún. Mulder siempre estaba sonriéndole. Él parecía feliz, más feliz de lo que nunca ella le había visto. Si, algo definitivamente estaba pasando.

CONTINUARÁ….

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El cuatro de julio había llegado, y sorpresivamente la Sra. Scully había invitado a Mulder un asado familiar en su casa el domingo. Una larga tarde en compañía de Billy Jr no era la forma ideal que tenía pensada para pasar su fin de semana festivo. Así que él decidió declinar la oferta de la Sra. Scully y en cambio ir a visitar a su madre. Scully odiaba la idea de que él tuviera que manejar solo, sin nadie que lo acompañara, 250 millas de camino, eso la inquietaba de sobremanera. Él apenas había salido del hospital hace unas pocas semanas. Qué tal si algo le pasaba? Ella trató de comprarle a Mulder un tiquete de avión, pero el insistió en que estaba perfectamente bien y que ella necesitaba dejar de preocuparse tanto por él.

Mientras Mulder empacaba su maleta de lona el viernes 2 de julio en la mañana, su estómago empezó a gruñir y dejó escapar un suspiro. Estaba un poco preocupado porque Scully no había llegado aún con el usual desayuno. ¿Acaso ella estaba molesta porque él se iría el fin de semana? Ella había estado normal la noche anterior. Cada tarde de esa semana él había ido al apartamento de ella para ayudarla con el reporte para Skinner. Habían puesto todos los calcos de la nave espacial en el piso y habían pasado horas armándolos como un rompecabezas, además de leer un libro sobre “Creencias y prácticas de los nativos americanos”. Por lo general terminaban dándole vueltas y vueltas tratando de darle algún sentido.

Mulder podría decir que todo esto asustaba a Scully: La solo noción de Dios escribiendo su palabra en la superficie de una nave espacial o la aún más aterradora idea de que no fuera Dios sino otra cosa. Una de las cosas que Mulder más admiraba en ella era que, a pesar de todo lo que sabía sobre ciencia, ella aún mantenía la esperanza de que había un poder mayor afuera en el universo. Uno que por supuesto, esperaba no fuera alíen.

Él realmente quería ver a Scully antes de irse a Connecticut, así que tiró su maleta en la parte trasera del auto y condujó hasta las oficinas del FBI. A lo que Mulder llego a la puerta de la oficina, la encontró cerrada. ¿Dónde estaba ella? Seguro debía estar en su reunión de reporte. Justo cuando él le estaba quitando el seguro a la puerta, una voz familiar lo llamó.

“Mulder, me alegro de haberlo encontrado” Le dijo Skinner

“ Como sabía que estaba aquí?” preguntó Mulder.

“Las palabras viajan rápido” respondió Skinner. “Mire, necesito hablar con usted de algo. Es importante. Scully ya está en camino para acá, así que podemos hablar después. Pásese por mi oficina antes de dejar el edificio.”

“Ok…” dijo él, preguntándose sobre que podría ser. ¿El reporte había causado algún problema?

Skinner entró en el ascensor mientras Scully bajaba de él. Skinner no dijo nada mientras las puertas se cerraban y ella miró a Mulder con una ceja levantada. “¿Que fue eso? Que quería Skinner?” ella preguntó.

“Él quería que habláramos antes de que me fuera”, respondió Mulder apresuradamente. La presencia de Scully hizo Mulder dejara sus reflexiones sobre Skinner. “Scully! ¿Por qué no fuiste esta mañana para desayunar?”

“Lo siento Mulder, No tuve mucho tiempo. Mi reunión esta mañana estaba programada para las 8:00 a.m” dijo Scully mientras Mulder le sostenía la puerta para que ella entrara a la oficina.

Ella entró y volteó a verlo. La vista que tenia de Scully, apoyada en el escritorio sonriéndole, con ambas manos agarradas del borde de la mesa y los tobillos cruzados en frente a ella, de repente hizo que la mente de Mulder se pusiera en blanco. Sentía la impetuosa necesidad de precipitarse sobre ella, tomarla entre sus brazos, y salirse con la suya con ella allí mismo en ese escritorio, pero él solo se quedó allí, aturdido mientras ella lo miraba y le seguía sonriendo.

“Mulder? ¿Realmente viniste hasta aquí solo para preguntarme porque no fui para el desayuno?” Preguntó Scully. “Podrías solamente haberme llamado”.

Él pestañeó “Oh, sí, lo sé. Solo quería verte antes de irme este fin de semana”

“Ahh. Bueno, me alegra que hayas venido. Yo también quería verte.” Ella respondió. “Lástima que no vengas al asado familiar. Mi madre realmente quería que estuvieras allí.”

“Oh si, y seguramente ella es el único miembro de la familia que lo desea.” Él replico, pensando en las gélidas miradas de Bill Jr.
“Eso no es cierto,” dijo simplemente mirando a Mulder.

Él empezó a notar un rubor subiendo por el cuello de Scully hasta sus mejillas. Entonces ella rompió el contacto visual y se quedó mirando sus zapatos. La urgencia de abalanzarse sobre ella volvió, pero él rápidamente apartó la idea, y más bien se encontró mirándole las rodillas que se asomaban debajo de su ajustada falda color azul marino. “¿No lo es?”

“No. Charlie va a venir desde Baltimore con su familia,” ella respondió “Él esperaba que finalmente pudiera conocerte.”

“Apuesto a que si” dijo él secamente mirándola a los ojos. “Estoy seguro que Bill Jr le dijo todo lo que necesitaba saber.”

“De hecho, Charlie usualmente tiende a ver las cosas desde mi punto de vista”, Ella sonrió “A mi madre y a mí nos encantaría tenerte allí también, por supuesto.” Dijo Scully mientras casualmente se encogía de hombros.

“Lo sé. Bueno, tal vez pueda pasar un rato si llego temprano el domingo.” Contestó él, cambiando sus pies de lugar.

Ella le regalo una gran sonrisa. Un silencio muy distinto lleno el sótano por completo. Mulder tuvo la leve intención de acercarse a Scully y darle un beso de despedida. Él realmente quería hacerlo, tenía muchas ganas en realidad. El sentimiento era sobrecogedor, pero de repente una sensación de adrenalina entre huir y luchar lo invadió y lo pateó justamente en la iniciativa.

“Bueno, supongo que te veré después entonces”, dijo Mulder antes de voltearse y salir caminando por la puerta de la oficina.

 

*****

Scully se quedó parada allí pensando que había sido eso. Ella sintió como que Mulder estuvo a punto de decirle algo importante, como si él hubiese ido a la oficina por una verdadera razón. Ciertamente él se notaba algo nervioso. Ella sentía como si él hubiera estado a punto de decir algo importante toda la semana…

Las largas noches que pasaron encerrados en su apartamento fueron en medio de sus calcos, algunos archivos X relacionados con el caso y unos libros que habían consultado. Había algunos momentos, cuando se sentaban en el piso, donde sus cuerpos estaban a solo pocos centímetros uno del otro, leyendo y discutiendo el caso, y entonces sus manos también se tocaban o Mulder le ponía un mechón de su cabello detrás de la oreja o ponía una mano en su espalda con un suave pero firme toque cuando ella enterraba su cara entre sus manos de pura frustración.

Esta clase de contacto no era algo nuevo ni fuera de lo ordinario, pero ahora el sentimiento era absolutamente eléctrico. Había momentos donde Scully tenía que levantarse e irse a la cocina con la excusa de tomar un vaso con agua o alguna fruta solo para aliviar la tensión.

Pero el trabajo también la asustaba, y el peso de las últimas semanas de repente llegaba sobre ella aplastándola: Habia estado a punto de perder a Mulder porque él había sido “demasiado vivo”, se sentía inútil porque no había nada que realmente ella pudiera hacer para arreglarlo. ¿Qué tal si esta misteriosa enfermedad regresaba? ¿Qué podría hacer en ese caso? Ella no tenía la más remota idea. ¿Escritos religiosos y ADN alienígena grabados en una nave espacial? Todo en lo que ella había creído ahora estaba siendo seriamente cuestionado. Estaba en un estado de agotamiento mental y emocional el cual ella nunca antes había experimentado. Scully tenía la sensación de que Mulder se daba cuenta de ello al ver como cuidaba tanto de ella y de ver tanta preocupación de parte de él, por la forma como la trataba mientras trabajaban en el piso de su apartamento.

… Afortunadamente, Mulder estaba vivo y a salvo y haciéndole chistes solo para hacerla sonreír en medio de la confusión. Ella sentía que su relación estaba teniendo grandes avances donde antes solo había existido pequeños y vacilantes pasos. Existía una nueva cercanía de una clase muy diferente. Solía sentirse triste al final de la noche, cuando el reloj marcaba las 10:00 p.m y Mulder tomaba las llaves de su auto para volver a casa. Scully deseaba a menudo que él pudiese quedarse con ella, de todas maneras él tenía que regresar la noche siguiente. ¿Por qué molestarse en irse? Allí era cuando ella se cuestionaba esta forma de pensar. De todas formas, que quería ella de Mulder? ¿Real y verdaderamente, que quería? ¿era siquiera posible? No pasaba mucho tiempo antes de que Scully despertara de su ensoñación y se obligara a volver a la realidad. Pero enterrar estas preguntas solo hacía que sus sentimientos se volvieran cada vez más fuertes. Ella se preguntaba cuanto tiempo podría mantenerlos enterrados.


*****

Mulder se encamino por el corredor del FBI hacia la oficina de Skinner. “Hey Spooky”, dijo un hombre en tono de burla acompañado por otro colega mientras pasaban por el otro lado del pasillo. “¿Como está la agente Scully?” los dos agentes se miraron entre si sonriéndose. Él rodo los ojos y abrió la puerta marcada con el nombre de Director Walter Skinner.

Él saludo a Kimberly, la secretaria de Skinner, y ella lo encamino hacia la oficina de Skinner. “Gracias por venir, Agente Mulder” dijo el hombre mayor mientras le indicaba que se sentara en una de las sillas frente a él. “Me temo que no tengo buenas noticias”.


“¿Qué pasa señor?” dijo Mulder

“El FBI ha decidido suspender la investigación relacionada la muerte de la agente Diana Fowley” Skinner explicó “No existe ni una prueba en absoluto. No se encontró arma homicida tampoco huellas de ningún tipo. La investigación se encuentra en un punto muerto. No hay nada que podamos hacer hasta que no obtengamos nueva información.”

Mulder pasó saliva y miró sus manos “¿Quién dió la orden de suspender la investigación?”

“Vino directamente de la oficina del Director Adjunto” Skinner respondió.

“Ok, eso es todo señor?”

Skinner lo miró fijamente. Él parecía haber tomado una decisión. “No. Usted sabe que, su amigo Danny estaba a cargo de la investigación. Él pasó por mi oficina ayer en la tarde para darme algo y que yo se lo entregara a usted.”

Skinner se levantó y se acercó a uno de los gabinetes que estaban contra la pared. Sacó una caja metálica cuadrada parecida a una caja de seguridad, y regresó a su escritorio.

“Esto fue encontrado en el closet de la habitación de la agente Fowley” dijo mientras le ponía la caja enfrente de Mulder. “Tenía adjuntas unas instrucciones precisas para que la caja le fuera entregada a usted.”

Mulder la miró un momento. “¿Que hay en ella?”

“No lo sé”, Skinner respondió. “No la abrí y Danny tampoco lo hizo.”

“¿Por qué tardaron tanto en entregármela? Diana fue asesinada hace tres semanas.” Él inquirió con un indicio de sospecha en su voz.

“Danny mantuvo esto fuera la de investigación, a propósito. Lo dejó fuera de la evidencia. Él sacó la caja el mismo y la guardo consigo en el baúl de su auto hasta ayer en la tarde.”

“¿Por qué haría él algo como eso? Mulder preguntó.

“Porque no estaba seguro que había adentro, y no se sentía cómodo revelando su contenido en público” Skinner explicó. “Por tu bien, probablemente.”

Mulder asintió. Tomó la caja y salió de la oficina. Mientras él agarraba la caja y se dirigía en el elevador hacia el estacionamiento para luego ponerla en el asiento trasero de su auto, un millón de pensamientos corrieron por su mente. ¿Qué habría en esa caja? ¿Quería él saberlo? ¿Podría contener algunas respuestas? ¿O causaría un dolor innecesario? ¿Ambas cosas? Mucho había sucedido en los últimos dos meses. Las cuatro horas de viaje hacia Greenwich, Connecticut le permitirían tener algún tiempo para pensar sobre esto. Necesitaba tiempo, y mucho.

CONTINUARÁ...

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Mulder había estado conduciendo durante un poco más de dos horas cuando salió de la autopista de peaje y se detuvo para almorzar en Bellmawr, NJ. Encontró en el camino una pizzería con patio al aire libre y satisfizo su hambre con dos pedazos de pizza y una coca-cola. Hacia un hermoso día, Perfecto y soleado. Él hubiera deseado que Scully estuviera sentada allí en esa mesa con él. El solo pensamiento de Scully vistiendo ropa casual, llevando unas gafas de sol y haciendo nada más que disfrutar del sol, hacia a Mulder desear haber pasado más tiempo con ella fuera del trabajo en todos estos años. Tal vez podría conseguir que Scully tomara algunas vacaciones, tal vez podría hacer que ella las tomara antes de que su incapacidad médica terminara. Tal vez podrían tomarse un fin de semana e ir a algún lugar juntos. De repente, pensamientos ensoñadores de Scully tumbada en alguna playa, hicieron que su mente volará a lugares que lo hicieron sonrojar. Estos pensamientos estaban siendo más difíciles de controlar últimamente.

La mesera interrumpió a Mulder en su ensoñación al traerle la cuenta. Después de que pagara la cuenta, su mente otra vez regresó a la caja metálica que reposaba en el asiento trasero de su auto. Él decidió que debía abrirla, no podría esperar a llegar a casa de su madre. La caja tenía un candado con una clave de 4 dígitos. Mulder trató diferentes combinaciones, pero el candado no se abría. Entonces, Mulder intento con su fecha de nacimiento: 1013. Y funcionó. Todo lo que Mulder encontró fue un pedazo de papel escrito doblado por la mitad.

 “Fox,

Si esta caja llegó a tus manos, lo más probable es que yo ya esté muerta. Tal vez ya conozcas la información que hay adentro o por lo menos sospechas de su existencia. Yo sé que la agente Scully tiene ciertas sospechas sobre mí, pero yo no sé si compartió estas sospechas contigo. Todo lo que se dé la agente Scully me dice que es alguien excepcional. Por qué  razón ellos estarían tan asustados de ella sino fuera por lo que ella es capaz?. Por qué más ellos me darían la misión de interponerme en medio de ustedes y causar cierta división entre los dos?. Ellos saben que tú eres más peligroso con ella trabajando contigo. Pero tú les demostraste que ni siquiera enviando a la agente Scully al fin del mundo, podrían detenerte, así que ellos se decidieron por una táctica mucho más sutil.

Espero que sepas que yo creía que siempre estaba actuando por ti y tus intereses. O por lo menos por los que creía que eran tus intereses. Por supuesto, todo esto significa que mi lealtad no fue solo para ti. Y ahora tal vez sospeches que tan lejos llego mi duplicidad. Pero por favor ten en cuenta que no todo lo que hubo entre nosotros fue falso. Mis sentimientos fueron muy reales, inclusive si mis acciones están basadas en la decepción. Espero que obtengas algún  beneficio de la información que te estoy dando y pueda dar luz sobre muchas cosas. Lo siento mucho, de verdad.

Con amor,

Diana.”

 

Mulder no sabía que pensar. Suponía que esta carta no le decía algo más de lo que él no estuviese enterado ya. Ciertamente el había cuestionado las intenciones de Diana desde aquella noche donde el consorcio y sus familias habían sido quemadas vivas en la base aérea de El Rico. Finalmente él podía entender algunas de sus preguntas cuando Diana estuvo visitándolo en el hospital y él podía leer sus pensamientos. Él sabía la verdad, y había estado todo este tiempo tratando de olvidarla. Scully tenía razón. Diana había jugado con él.

Pero, que era todo está “información” que Mulder se supone había recibido? La caja estaba vacía, a excepción de la nota. Típico. Me estas jodiendo? Pensó Mulder con frustración mientras cerró la caja de un solo golpe y esta caía en el suelo del asiento trasero del auto. Un botón escondido inmediatamente se salió. Mulder se agacho y recogió un CD plateado guardado en una caja de plástico. No estaba marcado. Mulder volvió al asiento del conductor y guardo el disco en su maleta la cual estaba en el asiento del co-piloto.

Mientras estaba sumido en sus pensamientos Mulder tomó de nuevo la ruta hacia Connecticut. “Y ahora tal vez sospeches que tal lejos llego mi duplicidad” Desde hace cuánto tiempo? Esta era la pregunta que Mulder estaba evadiendo hace meses, pero sabía que no podía eludirla más…

 En septiembre de 1986, él estaba en el meollo de entrenar como nuevo agente en Quántico. Él estaba entrenando como analista de inteligencia con el fin de unirse a la Unidad de Ciencias del Comportamiento, estaba hasta al cuello con la investigación y las tareas. A veces la biblioteca de Quántico podía ser sofocante, y ahora más con su nuevo apodo “Spooky” flotando en el aire. La biblioteca de Melvin Gelman estaba cerca al centro de la ciudad en D.C, y allí se apoderó de la misma mesa en un rincón tranquilo, casi todas las noches, permaneciendo hasta la hora de cierre a la medianoche.

 Una tarde, en la biblioteca, mientras se acercaba a la usual mesa, la encontró ocupada. Una mujer estaba sentada allí con libros y notas esparcidas por toda la mesa. Él se paró y la miro. Esa era su mesa. Cada noche. Y él nunca había visto a esa mujer antes. Ella era linda, con un largo cabello castaño oscuro y además de que podría adivinar que era alta. Su tipo perfecto de mujer. Definitivamente él no recordaba haberla visto antes. Pensó en saludarla pero luego recordó todo el trabajo que tenía por hacer, así que empezó en la búsqueda de otra mesa, hasta que algo llamo su atención. Aquellos libros que esa mujer tenía esparcidos por toda su mesa, todos eran referentes a temas sobre parapsicología, incluyendo libros sobre ESP, telepatía, psicoquinesis y  el experimento ganzfeld. Así que él decidió acercársele.

 “Estas sentada en mi mesa”  dijo él.

 “No sabía que las mesas estaban asignadas” ella replicó. “Mi nombre es Diana. Estoy aquí trabajando en mi maestría en psicología, y esta mesa es muy apetecida aquí. Quien eres tú y que haces aquí?” dijo mientras ella le sonreía.

 “Fox Mulder. Pero puedes llamarme solo Mulder. Estoy entrenando para ser un analista de inteligencia en el FBI.”

 “Ok, Fox” Ella sonrió. “No veo porque no podemos compartir esta mesa. Hay suficiente espacio para los dos.”

 Por las siguientes semanas, hubo suficiente espacio en aquella mesa para Mulder y Diana, casi todas las noches. La mayoría de las veces ellos discutían sobre fenómenos paranormales, y muy pronto él ya le estaba contando las teorías sobre la abducción de su hermana. Ella fue la primera persona a la que Mulder le hablo abiertamente sobre Samantha y no se burló de él o le dijo que estaba loco. En octubre, él se graduó de la academia y se unió a la unidad de ciencias del comportamiento. No mucho después de eso, también había suficiente espacio en su apartamento para ellos dos.

Durante los siguientes meses, el perfil de Mulder fue ascendiendo en el FBI. Pero aun cuando encontró el éxito en la unidad de ciencias del comportamiento y después fue mucho más destacado cuando se le transfirió a la Unidad de Crimenes Violentos en 1988, sus intentos por encontrar respuestas a la abducción de su hermana no habían dado frutos. Diana lo convenció de ir a una sesión de regresión por hipnosis para aclarar su memoria sobre lo ocurrido esa noche en 1978. El resultado le dio aún más determinación para encontrar la verdad,  pero él realmente se sentía perdido y no sabía cómo continuar.

En la primavera de 1991, Diana ingreso a la academia del FBI y se convirtió en agente especial. Una semana después de que empezara a trabajar para el Buro, ella fue donde Mulder a decirle que había encontrado algo sumamente interesante guardado en una de las oficinas del FBI. Diana entonces lo condujo hasta el sótano y le mostro los archiveros llenos con los expedientes X. Él había escuchado de su existencia, pero lo que no sabía era que estuvieran guardados en algún lugar.

Muy pronto Mulder se obsesionó con los Expedientes X, leyendo y releyendo cada caso quedándose muchas veces hasta las primeras horas de la mañana. Él quería su transferencia oficial de la Unidad de Crímenes Violentos a la de los Expedientes X para así poder trabajar exclusivamente en ellos. Diana, y todo el mundo en el FBI, pensaron que eso era un suicido profesional. Diana trato de persuadirlo para que no se metiera de lleno con los expedientes X y más bien lo mantuviera como un proyecto personal. Ella había estado muy emocionada al mostrarle donde estaban guardados los expedientes X y ahora estaba echándose de para atrás y tratando de frenarlo a él también. Pero Mulder estaba seguro que todas las respuestas a todas las preguntas que él se había hecho, estaban allí en esos archivos. Sorpresivamente, el FBI le permitió la transferencia de la Unidad de Crímenes Violentos al sótano sin muchas objeciones.

A finales del otoño de 1991, Diana regreso al apartamento del cuarto piso que compartían ambos en Alexandria, Virginia para decirle a Mulder que le habían ofrecido una misión de lucha contra el terrorismo internacional y que ella la iba a tomar. Él se sorprendió. Primero que todo, él no podía creer por que Diana tuviera algún interés en terrorismo internacional. No era precisamente su campo de acción ni de experticia. Segundo, desde que lo habían trasladado al sótano, ella había estado con esa idea de casarse, mudarse a alguna zona linda como Fairfax, y tener bebes. Justo en el momento en el que él encontró el trabajo de su vida, Diana de repente quería establecerse y tener una vida e irse a vivir a los suburbios. Él se había visto obligado a desviar aquella conversación varias veces.

Al día siguiente, después de que Diana le dijera sobre su decisión de aceptar el trabajo en Europa, Mulder llego a casa del trabajo para encontrar que ella había empacado sus cosas y se había ido. Cinco años juntos, y así fue como ella lo dejo. Diana nunca llamó ni nunca escribió, y él nunca pregunto por ella tampoco. Él dejó de dormir en la habitación; había demasiados recuerdos. Eventualmente, también acabo vendiendo la cama. El sofá estaba bien para él.

…Cuanto tiempo había estado trabajado Diana para ellos? Desde que ella se unió al FBI? Desde antes de que se conocieran? Su relación había existido con el único propósito de mantener control sobre él? Estos pensamientos le dieron vuelta en la cabeza durante todo resto del viaje a Greenwich. Llegó a la casa de su madre alrededor de las 3:00 pm, y ella estaba felizmente sorprendida de verlo.

…Él se sintió algo feliz de verla, pero ese disco le pesaba en sus pensamientos y en lo único en lo que él pensaba era como podía averiguar que había en él. Pasó la tarde ayudando a su madre y haciendo algunos quehaceres alrededor de la casa. En tan solo unas pocas horas, el césped fue cortado, el jardín desmalezado, los arbustos recortados, y los canalones limpiados. Después, en la noche mientras estaban cenando juntos, Mulder una vez más recordó lo poco que él y su madre hablaban. Era difícil hablar acerca del pasado y era aún más difícil hablar sobre su trabajo actual. Todas las cosas que él quería decirle a ella solo causarían angustia e incomodidad. Había sido desconsolador encontrar que después de todos estos años haciéndose preguntas y buscando incansablemente la verdad, sus padres hayan tenido las respuestas y se hubieran negado a decírselas. Después de cenar, y mientras estaban en la mesa de la cocina tomando un café, Teena Mulder le pregunto a su hijo si estaba disfrutando su verano fuera del trabajo y si había hecho algunos planes de cómo lo pasaría. Él había estado pensando en tomar unas vacaciones, pero no se había decidido aún. Ella también le pregunto cuanto pensaba quedarse, pero él no estaba muy seguro. Luego ella le pregunto por Scully.

“Sabes, Fox” dijo su madre “Ella siempre me ha gustado.”

“Ella siempre me ha gustado también, Mamá” Él respondió sonriendo.

Tenna Mulder le dedico a su hijo una mirada interrogante. El sintió su cara arder, y de inmediato se excusó diciendo que había algunas cosas de la oficina que tenía que hacer y se retiró. Fue camino a su antigua habitación, tomo el disco de su maleta y bajo por las escaleras hacia el pequeño estudio que servía de oficina. Después de prender su computador portátil, insertó el disco en la unidad de CD-ROM. Una ventana se abrió pero el archivo estaba encriptado. No había forma de entrar a ese archivo desde ese computador. “Mierda” dijo Mulder para sí mismo dejando escapar un profundo suspiro. Él necesitaba saber que había en ese disco, así que decidió conducir de vuelta a Washington D.C a la mañana siguiente.

*****

 Había pasado solo unos minutos de la media noche y un sonoro timbre perturbo el apacible silencio de la habitación principal de un agradable apartamento en Georgetown. Una Scully medio despierta, lentamente metió la mano debajo de la almohada y tomo su teléfono celular.

“Hola Mulder” respondió ella vagamente.

“Te desperté Scully?” pregunto él.

“Claro que me despertaste, es la media noche.”

Él sonrió el teléfono y se tumbó en su vieja cama “Qué tal el trabajo hoy?”

“aburrido. Cómo estuvo tu viaje a Connecticut?”

Mulder paso saliva. Él no le había contado a Scully sobre la caja que Diana le había dejado a él. “Estuvo bien. Lindo clima. El tráfico fue una locura pasando por Nueva York, pero eso es normal. Qué hiciste después del trabajo?”

“No mucho en realidad. Cene en frente del televisor y vi una película. Un tipo de noche muy aburrida en comparación con lo que había estado haciendo en mis noches últimamente.” Ella hizo una pausa “Es horriblemente tranquilo aquí sin ti.”  

Y allí estaba esa sensación de nerviosismo inundando su estómago otra vez. Se sentía increíblemente cálido de repente. “Yo también te extrañé Scully.”

“Cuando vuelves?”

“Bueno, ahora no lo sé. Tal vez más pronto de lo que piensas” bromeo él.

“Hmm, Charlie y su familia estarán aquí en sábado en la tarde” ella dijo “Tal vez podríamos ir a tomar algo todos mañana en la noche”

“Bill Jr vendrá también? Pregunto él.

 Ella se burló. Él podía imaginársela rodando los ojos. “Bueno, si tú vas a ir con nosotros, entonces no invitaremos a Bill.”

“Ok, iré entonces”

Ella sonrió “Bien”

 “Scully?”

“Si, Mulder?”

“A mi mamá realmente le gustas.”

“Aww,” ella rió.

“Buenas noches, Scully.”

“Buenas noches, Mulder.”

 

CONTINUARÁ…

 

Chapter Text

Él sábado en la mañana, después de desayunar con su madre, Mulder empaco sus maletas y empezó su viaje de vuelta a D.C. Él tenía un poco de prisa por llegar, así que no hizo ni una sola parada en todo el camino y ya para las 1:30 pm él estaba caminando por la puerta de su apartamento.

Después de lazar la maleta en su habitación, se sentó frente a su computador y puso el disco en el CD-ROM. Una vez más, la ventana con el archivo protegido salió en la pantalla. Mulder se rindió después de haber trabajado casi una hora sin mucha suerte y soltó un suspiro de frustración. Entonces fue cuando decidió que necesitaba ayuda profesional en este asunto.

*****

Muy temprano en la mañana, Scully condujo hasta Alexandria, Virginia para ayudar a su madre a tener la casa lista para la llegada de Bill y Charlie con sus respectivas familias. Bill y Tara se quedarían en la habitación de huéspedes con Matthew, mientras Charlie y Jennifer se quedarían en la antigua habitación de Scully y sus hijos dormirían en la antigua habitación de Charlie que no había cambiado en todos estos años, así que sería perfecta para sus dos chicos.

Scully siempre le había encantado su casa. Después de 30 años, su padre se había retirado, y esta había sido la primera casa en la que ellos habían vivido que no hubiera estado en una base naval. Scully, junto con sus padres y Charlie se habían mudado a Alexandria en el verano de 1982, después de que ella se graduó de la escuela secundaria en San Diego. Scully decidió aplicar a la universidad de Maryland ese otoño y siempre sospecho que una de las principales razones por las cuales su padre había decidido que se mudaran, era porque quería que su niña estuviera en casa el mayor tiempo posible. Melissa se había quedado en California mientras asistía a la escuela de artes Scripps en Claremont. Bill Jr había estado prestando servicio en la Marina durante unos años y por ese entonces ya estaba radicado en Pensacola, donde eventualmente conoció a Tara.

Scully estaba sentada en su antigua cama perdida en sus pensamientos cuando el reloj marcó la 1 pm y una bocina se escuchó desde afuera. “Llegó Bill!” grito la Sra. Scully mientras se dirigía a la puerta. Scully fue bajando por las escaleras y ya en la puerta pudo ver una visiblemente y muy embarazada Tara bajando del auto. “Sorpresa!” Tara grito riendo y frotando su vientre. Mientras Bill se encargaba de bajar el equipaje del baúl y la Sra. Scully abrazaba a Tara, Scully abrió la puerta trasera y sacó de su asiento a un Matthew de unos18 meses. Solo habían pasado unos días desde la última vez que lo vio. Definitivamente él era muy lindo. La Sra. Scully se le Acerco y tomo a Matthew de los brazos de Scully diciendo “Quiero ver a mi nieto!” y luego lo llevo hacia la casa.

Tara se acercó rápidamente hacia Scully y le dio un fuerte abrazo. “Oh Dana, te extrañé mucho” dijo Tara dulcemente “Mi fecha de parto está prevista para el 31 de octubre y adivina qué? Vamos a tener gemelos!”

“No estás hablando en serio” dijo Scully tocando la barriguita de Tara.

 

“Por supuesto que hablo en serio. Queríamos intentar tener otro bebe, tu sabes todo lo que nos tomó tener a Matthew, y no queríamos que fuera hijo único. Mi doctor sugirió que probáramos la inseminación InVitro y BAM! Gemelos! Puedes creerlo? Bill piensa que la fecha del parto es perfecta porque cuando supimos que eran gemelos él se pegó un susto de muerte” dijo Tara riendo.

“Si, lo puedo apostar” dijo Scully sonriendo “Felicitaciones”

“Gracias cariño” respondió Tara “y tu como estas? Como esta ese trabajo tuyo tan emocionante?” Tara se acercó más a Scully y bajando la voz y en tono conspiratorio preguntó “Qué tal de ese lindo compañero que tienes?”

Scully sintió que su cara se volvía roja y fue salvada de responder esa pregunta gracias a que Bill hizo presencia a su lado. “Hola Dana”

Ella abrazo a su hermano mayor “Hola Bill, Como estuvieron tus vacaciones?”

“Estupendas” respondió Bill “Fuimos a ver a la familia de Tara y a algunos amigos en Pensacola. Estuvo bien”

“Cuando vuelven a San Diego?” Pregunto Scully

 El lunes en la mañana. Tomamos el primer vuelo de Dulles. Has sabido algo de Charlie?”

“Si, él llamo hace más o menos una hora para decir que ya estaban saliendo de casa” respondió Scully “Solo le toma cerca de una hora conducir hasta acá”

 Entonces la Sra Scully los llamo a todos para que entraran a la casa.

*****

Era ya tarde y Mulder estaba en el centro de D.C, sentado en la guarida de los Pistoleros Solitarios. Él pensó que si alguien podía acceder a esos archivos, sin duda eran ellos.

“Ok, Mulder. Terminamos” dijo Frohike “Pero parece que necesitamos una contraseña”

“Una contraseña?” pregunto Mulder

“El disco tiene dos capas de seguridad” respondió Byers.

Langly explico “Una vez el archivo esta desbloqueado, tienes que entrar una contraseña para poder abrirlo”

Mulder pasó los siguientes 30 Minutos pensando en todas las variaciones posibles para una contraseña, pero fue en vano. “Cuanto tardaría tratar de abrir el archivo sin la contraseña?”

“Es difícil saberlo” dijo Frohike.

 “Podría ser solo una hora o podrían ser cinco” agrego Langly “depende del programa de seguridad que Diana uso y que tan compleja sea la contraseña.”

“Bueno, eso es genial chicos” dijo Mulder un poco tenso. De repente su celular empezó a sonar.

“Mulder”

“Hola Mulder, soy yo”

Mulder sonrió y relajo la postura “Hey Scully, que haces?

“Estoy en casa de mi madre. Sigues planeando volver hoy más tarde?” preguntó Scully.

“De hecho, estoy de vuelta en D.C desde hace unas horas”

“Estas en casa?”

Mulder miro a los Pistoleros “Uh…no, no estoy en casa ahora. Tuve que salir a hacer un par de diligencias”

Los Pistoleros arquearon una ceja en dirección a Mulder mientras él trataba de evadirlos.

“Oh, ok. Aún quieres venir con nosotros a tomar algo en la noche? Charlie te agradará. Y Bill no vendrá, lo prometo.”

Mulder sonrió. Él realmente quería ver a Scully. “Si, un par de tragos suenan bien, donde nos encontramos? A qué hora?”

Los pistoleros intercambiaron miradas.

“A Charlie le gusta The Old Toad” respondió Scully “Que tal a las 8:00?”

 “Suena bien. Te veré allí entonces.” Mulder colgó su celular y vio a los pistoleros mirándolo divertidamente. “Que?”

“Tu cara está completamente roja” respondió Frohike. Mulder lo miró.

“Así que vas a una cita con la Agente Scully?” Pregunto Langly.

“Su hermano está en la ciudad por el fin de semana y quiere que vayamos todos a tomar algo”

“Pensé que él te odiaba” dijo Byers

“Ese es Bill Jr, el hermano mayor. Charlie es el menor y no lo he conocido aun y no, no es una cita”

“Entonces por qué tu cara aún esta roja?” preguntó Frohike. Mulder pestañeo.

“Bueno chicos, gracias por su ayuda. Llámenme cuando logren descifrar la contraseña” dijo Mulder mientras se ponía de pie y caminaba hacia la puerta.

Los pistoleros solitarios intercambiaron miradas y luego sonrieron.

*****

The Old Toad era un bar-Pub al estilo británico ubicado en la Calle 19 en un vecindario del centro de D.C. Era un popular local nocturno conocido por su menú siempre cambiante de cerveza especializada, pista de baile, noches de trivias, karaoke y una luz atenuada. El lugar estaba aún más atestado el fin se semana. Mulder estaba contento por haber tomado un taxi ya que habría sido imposible encontrar un lugar para estacionar. En cuanto Mulder entró por la puerta, diviso que el sitio estaba repleto mientras una banda al fondo estaba preparando su equipo para tocar. No podía recordar la última vez que él había escuchado música en vivo.

 

La visión de ver a Mulder entrando al bar con jeans oscuros, una camiseta gris y una chaqueta negra llenó a Scully de emoción “Mulder! Aquí!”

 

Él Vio a Scully de pie cerca de la barra saludando y comenzó a caminar hacia ella. “El bar está demasiado lleno. Estamos esperando por una mesa” grito Scully “Solo serán un par de minutos”

Mulder pasaba a través de los grupos de personas, teniendo que decir continuamente “disculpe” mientras llegaba a donde ella estaba. Ella lo recibió con una sonrisa. Un cálido resplandor llenó su pecho. Era tan bueno verla.

“Hey” Mulder dijo mientras comenzaba a inclinarse hacia su rostro, y entonces él se sacudió a sí mismo. ¿Realmente iba a agacharse para besarla? Controlate.

 

Scully lo miro extrañada y luego rio entre dientes “Mulder, él es mi hermano Charlie y su esposa Jennifer.”

Detrás de Scully estaba un hombre alto, delgado quien tenía su brazo alrededor de los hombros de una linda mujer con cabello castaño claro. Luego ellos se dieron la mano. “Gusto de conocerte, finalmente” dijo Charlie con una sonrisa “Hemos oído mucho sobre ti” Mulder volteo y miro a Scully, ella le sonrió y aparto la mirada.

Una pareja, intentando hacer su camino en el bar, se topó son Mulder y siguió su camino sin decir nada. Mulder sacudió su cabeza. “Es una locura aquí adentro, Crees que toda esta gente aprecie la ironía de estar en un bar británico justo en el fin de semana del 4 de julio?”

Charlie rio. Mulder sonrió y se volteo hacia Scully “ Como te deshiciste de Bill Jr.?”

 

Ella rodo los ojos. “Bill, Tara y mi madre están llevando a los niños a un mini golf y a comer helado.”

“La mesa esta lista” dijo un mesero con acento inglés. “Me gusta este tipo” le dijo Charlie a Scully, asintiendo en dirección a Mulder. Él tomo la mano de Jennifer y siguieron al mesero con Scully cerca de ellos, mientras este los conducía  a una mesa en la esquina más alejada del bar. Mientras caminaba unos metros atrás de Scully, Mulder notaba como tres hombres, quienes estaban sentados en la barra, voltearon a verla mientras ella pasaba y uno de ellos dijo “ Oh..Dios... Mio.” Mulder tuvo una momentánea urgencia de estrangular al tipo, pero él siguió caminando. Los hombres estaban descaradamente mirándole el culo. Bueno, ella llevaba puestos unos jeans estupendos. Ahora mismo él tenía que obligarse a no mirar. Una vez estuvieron sentados en la mesa, Jennifer ordeno un agua tónica, mientras Charlie, Mulder y Scully cada uno pedía una cerveza especialidad del menú.

“En vista de que han oído hablar mucho de mí”, empezó a decir Mulder mirando a Scully quien le sonreía “Creo que es justo que yo oiga también todo sobre ustedes dos”.

Charlie rio. “Tienes un buen punto”. Él empezó a contarle a Mulder sobre su carrera como entrenador de Baloncesto en una escuela católica en Baltimore, mientras Jennifer le regalaba a Mulder las mejores historias cómicas de todas sus experiencias como profesora de preescolar. Charlie y Scully también intercambiaban historias graciosas de su niñez, y aún más divertidas de sus años adolescentes. Mulder tuvo la impresión, leyendo entre líneas, que Charlie y Scully habían sido cómplices en casi todo y frecuentemente para nada bueno.

La banda había terminado de instalarse y había empezado a tocar alguna canción de rock clásico, algo de un grupo llamado REO Speedwagon, que provoco un “awww, adoro esta canción!” de parte de Jennifer e inmediatamente, Charlie la llevo a la pista de baile. Mulder estaba a punto de preguntarle a Scully si bailaban, pero luego lo embargaron las dudas. No sabía si podía soportar tenerla tan cerca de él. Tal vez él hacia algo estúpido.

“En que estás pensando?” pregunto Scully

 “En ti”

Scully paso saliva nerviosamente. Su estómago se llenó de mariposas y ella podía sentir su cara poniéndose toda roja. Gracias a Dios por la tenue iluminación del lugar “Que hay de mí?”

Mulder y Scully se miraron uno al otro por algunos segundos. Cientos de pensamientos corrieron por la mente de Mulder. Él solo quería halarla contra él y besarla allí mismo en esa mesa. Él quería preguntarle si quería ir a casa con él. Él quería poner sus manos sobre ella.

 “Mulder?”

“Um, pienso en que si iré al asado mañana. Yo sé que me quieres allá. Y no quisiera ser grosero con tu madre solo porque Bill Jr me odia. Fue muy considerado de su parte al invitarme.”

Scully se sintió decepcionada. Mulder siempre parecía a punto de decirle algo. Acaso Mulder nunca iba a hacer algo acerca de…. Cualquier cosa? “Oh, sí claro, yo quiero que estés allí. Va a ser un buen día para un asado.”

 

Cuando Charlie y Jennifer regresaron a la mesa, ellos empezaron a compartir la historia de su décimo grado y como se casaron después de que se graduaron en 1986. “Yo soy el más joven de la familia, pero el primero en casarme y el primero en tener hijos” dijo Charlie “ Siempre supe que era la oveja negra.”

 

“Cuantos años tienen tus chicos?” preguntó Mulder.

 

“Ben acabo de cumplir 12 años y Jack cumplirá 10 en unos meses.” Respondió Jennifer. Charlie y ella se miraron, Jennifer luego miro a Scully “No quisimos decir nada en la casa para no robarnos la atención de los gemelos de Bill y Tara, pero… Vamos a tener otro bebe.” Charlie se le dibujo una enorme sonrisa mientras asentía entusiasmado.

Scully estaba muy sorprendida. Jennifer se rio “Lo sé! Nos sorprendimos también. Pensábamos que ya no tendríamos más hijos, pero creo que Dios tenía otros planes. Solo tengo unos cuantos meses, así que es fácil de esconder por ahora. Él bebe no nacerá sino hasta enero.”

“Bueno, Eso es maravilloso!” respondió Scully “Estoy muy feliz por ustedes. Por una vez, espero que sea una niña. Sé que a mamá le encantara tener una nieta por fin.”

En cuanto Mulder miraba como Scully tomaba esta noticia, el de repente se sintió muy triste. Debería ser Scully la que tuviera todos esos bebes. De seguro ella sería una madre increíble. Ella había perdido tanto en tan poco, y eso había sido por culpa de él. En ese momento el mesero regreso con más bebidas. La banda en vivo tocó otra de las canciones favoritas de Jennifer y Charlie la llevó de nuevo a la pista de baile.

“Mulder? En que estas pensado? Por qué estás tan callado?” Pregunto Scully

Un celular empezó a sonar fuertemente. Mulder quito su chaqueta del respaldo de la silla en la que estaba sentado y sacó su teléfono.

“Mulder, es Byers. Tienes que venir enseguida.”

 

CONTINUARÁ….

Chapter Text

Charlie y Jennifer terminaron de bailar y regresaron a su mesa en “The Old Toad” y encontraron a Scully sentada allí sola. “Donde esta Mulder?” pregunto Charlie.

“Se fue”

“A donde fue?”

“No lo sé” suspiro Scully “No lo dijo”

“Él hace esto muy seguido, cuñadita?” Pregunto Jennifer tentativamente.

“No tienes idea” dijo ella en tono de burla.

Jennifer miro a Charlie de forma triste. “Quieres ir a casa?” Pregunto Charlie mientras miraba su reloj. “De todas formas son solo las 10:00 pasadas. Probablemente deberíamos regresar a casa de mi madre y asegurarnos que nuestros chicos no hayan desgastado su paciencia.”

Scully se fue en el asiento trasero del auto mientras ellos manejaban hacia su apartamento en Georgetown. Ocasionalmente, Charlie la miraba con ojos preocupados por el espejo retrovisor pero ella solo cerraba sus ojos y sacudia su cabeza en respuesta.

*****

Cuando Mulder entró al bunker de los Pistoleros Solitarios fue recibido por tres caras sombrías. Tomó una silla y Byers dio un paso adelante para entregarle el CD. Langly suspiró y se cruzó de brazos. Frohike negó con la cabeza. Byers dirigió hacia Mulder una mirada simpática pero preocupada. Cuando se sentó, Mulder pensó que la escena se parecía a la de una película cuando al protagonista le estaban por decir que tenía cáncer terminal.

“Perdón por interrumpir tu noche con la ilustre Agente Scully” Byers comenzó. “Hemos podido eliminar la seguridad en el disco, fuimos capaces de pasarla y ahora, tu mismo, podrás leer su contenido en su propia computadora.” ¿Cuál sería la palabra que definiría el tono con que le hablaba Byers? Sonaba casi... triste. Mulder comenzó a sentirse un poco preocupado. ¿Y si se había esperanzado para nada?

“¿Que está mal? El disco no estaba en blanco, ¿o lo estaba?” Preguntó Mulder.

 “Lejos de eso” Langly respondió, con la voz un tanto afectada. Frohike y Byers lo miraron.

“Denme las malas nuevas, muchachos. ¿Quién murió?” Mulder dijo medio en broma, un poco molesto.

 “¡Sólo un montón de mujeres inocentes!”- Frohike exclamó furioso, golpeando su mano con fuerza sobre la mesa.

Mulder clavó su mirada en ellos con sorpresa. “¿Qué demonios hay en el disco?” - Interrogó lentamente.

“Si recuerdas, en febrero...” comenzó Byers. “Scully vino a nosotros para tratar de encontrar alguna información sobre lo que Diana Fowley había estado haciendo en los años que pasó trabajando en el extranjero”

“¡Oh, claro que lo recuerdo!” Murmuró Mulder oscuramente, recordando esa estúpida pelea con Scully cuando tontamente se negó a creer que las intenciones de Diana eran cualquier cosa menos admirables, y luego hizo lo peor que podría hacer, tuvo el gran error de decirle a Scully que no se tomara las cosas personalmente. Deseó nunca haber dicho algo tan hiriente como aquello. Quería borrar esa noche de su memoria.

“Entonces recordarás también que nos enteramos que Diana había estado monitoreando los grupos MUFON en toda Europa” dijo Langly.

“Y haciendo viajes semanales a Túnez “ agregó Frohike.

Mulder asintió.

“El disco contiene los datos que había estado recogiendo en los grupos MUFON” Byers continuó. “El disco es esencialmente un registro personal de Diana con notas sobre todas las mujeres MUFON, específicamente sobre su salud. A cada mujer se le asignó un número de identificación junto con la fecha en que el chip fue retirado de la parte posterior de su cuello. El número es muy similar a los números de serie incrustados en microprocesadores Pentium, por lo que podemos suponer que el número de identificación de cada mujer se corresponde con su chip.”

“Entonces Diana podía controlar la cantidad de tiempo necesario para que cada mujer desarrollara el cáncer.” Añadió Frohike. “Y los tipos de cáncer cerebral con que fueron diagnosticadas, así como el tiempo de vida que le quedó a cada mujer después de recibir un diagnóstico.”

“Está bien” Mulder suspiró, frotando una mano sobre los ojos y luego cruzando los brazos. Se había imaginado que iba a encontrar este tipo de información.

“Ella hizo informes semanales de cada mujer” dijo Langly. “Firmó y fechó la parte inferior de cada informe... y no solo ella lo hizo... debajo de su firma aparece el nombre de un tal  Strughold con una fecha de aproximadamente dos días después.”

Mulder conocía ese nombre. “Conrad Strughold era un industrial alemán y un nazi. Después de que terminó la Segunda Guerra Mundial, huyó de Alemania para escapar del juicio y se supone que vive fuera, exiliado en Túnez.”

Los Pistoleros asintieron con la cabeza. Mulder recordó el “Strughold Mining Facility” (Fondo para Minería Strughold) abandonado en Virginia Occidental, donde junto a Scully había encontrado esos archivos médicos que contenían los registros de vacunación contra la viruela y las muestras de tejidos.

“Bueno... gracias por toda esta búsqueda para mí, chicos.”

Los Pistoleros Solitarios intercambiaron miradas oscuras. “No, todavía hay más”. Respondió Frohike.

Mulder buscó a Byers con la mirada. “¿Qué más había ahí?”

“Diana también escribió informes sobre la infertilidad de cada miembro femenino perteneciente a las diferentes secciones europeas del MUFON.” Byers respondió. “Parece como si ella hubiese iniciado un proyecto paralelo al que tenía junto a Strughold. El no firmó nada, a lo mejor no había aprobado esto, o al menos oficialmente su nombre no aparece en ninguno de los informes. Están firmados y fechados por Diana, y a continuación, firmado y fechado una semana más tarde por un tal C.G.B.S”

 “C.G.B. Spender “ Señaló Mulder. “El “Hombre Cáncer”. Por supuesto ¿Acaso esperaba algo diferente?

“Ellos también estaban experimentando con las mujeres.” Le informó Langly.

“¿Qué clase de experimentos?” Preguntó Mulder con resignación. No le gustaba hacia dónde se dirigía la charla.

“Diana llevó a cabo un ensayo clínico con 30 mujeres MUFON” Comenzó a recitar Frohike. “Las mujeres elegidas estaban casadas, y durante los ensayos, todas quedaron embarazadas.”

“¿Qué? No entiendo. Todos eran estériles. ¿Cómo es eso posible?” - Consultó Mulder. “¿Cuáles fueron esas pruebas?”

“Las pruebas parecen ser similares a los demás experimentos realizados con el ADN alienígena y el virus alienígena, en particular los experimentos que produjeron a Emily Sim.” Byers respondió.

Mulder lo miró. Ahora realmente no le gustaba a donde se dirigía esto. “¿Cómo quedaron embarazadas estas mujeres?”

“Por sus maridos, por lo que parece.” Langly alegó.

“Por lo que reunimos de los registros de Diana, esas 30 mujeres MUFON accedieron a que los chips fueran colocados de nuevo en sus cuellos.” Byers continuó. “Entonces Diana registró que C.G.B. Spender recibió una lista con los 30 números de identificación. Después de cuatro semanas, las 30 mujeres estaban embarazadas. Eso es todo lo que manifestó con respecto al método de la concepción. Así que estamos suponiendo que los embarazos se produjeron de forma natural”

“¿Qué pasó con los bebés?” Preguntó Mulder.

“Ellos nunca nacieron.” Murmuró Frohike.

“Las mujeres los abortaron a todos en la semana séptima u octava del embarazo.” Langly aclaró. “Pasados dos meses, iban por una nueva oportunidad, luego Diana comenzaba otra vez con las pruebas con las mismas 30 mujeres. Le enviaba la lista con los números de identificación al Fumador, y luego de tres o cuatro semanas quedaban embarazadas nuevamente. Y como un reloj, todas ellas abortaban en la séptima u octava semana.”

 “Las notas de Diana afirman que el chip proporcionaba un perfecto estado de salud para la mujer.” Argumentó Byers. “Al fin de que no haya ningún defecto que podría ser transmitido al embrión por la madre. El chip aparentemente activa la ovulación. Diana menciona que los nuevos óvulos son diferentes a los óvulos cosechados de una mujer durante su secuestro inicial, porque este ahora tendría un ADN ramificado.”

“Parece que Diana estaba luchando por encontrar la causa de los abortos involuntarios.” Añadió Langly al relato.

“Las células madre de los fetos mostraron signos de que el virus alienígena, es el mismo tipo de ADN que se presentó en ese chico Gibson Praise hace no mucho tiempo.” Le dijo Frohike.

El cerebro de Mulder había acabado brumoso con todo esto. Podía ver los puntos y se apresuró a tratar de conectarlos.

“Diana creía que si estas mujeres no podían jamás traer un niño a término...”  Comenzó a decir Byers.

“Ellos podían crear un niño perfecto.” Mulder terminó. “Un híbrido extraterrestre- humano en el sentido más estricto de la palabra. Uno que fuera humano y naturalmente inmune al virus.”

“Yeah... - Langly sentenció. “Y con la posibilidad de poseer capacidades increíbles.”

“Pero había un problema.” Lo interrumpió Frohike.

“Los abortos involuntarios.” Mulder concluyó.

“En los asientos de las notas finales de Diana en el ensayo clínico, con fecha de marzo del año pasado...” continuó Byers. “Ella llegó a la conclusión de que los abortos involuntarios eran probablemente causados por el ADN imperfecto transmitido por el padre, ya que es incompatible con el ADN ramificado de la madre. El ADN del padre no contiene inmunidades contra el virus alienígena. El hecho de que los abortos involuntarios siempre ocurrieran alrededor de la octava semana la llevó a hacer esta hipótesis, ya que es durante este período del embarazo que un gen disparará el sexo del niño.”

“¿Qué pasó con estas mujeres?” Quiso saber Mulder.

“Pues bien... parece que la fertilidad activada por el chip era sólo temporal.” Respondió Langly.

 “Con base a las notas de Diana...” Añadió Byers con tristeza. “El Fumador ordenó que todas las pruebas de los experimentos realizados fueran destruidas.”

“Incluyendo a las mujeres” Protestó Frohike airadamente.

“¡¿Fueron asesinadas?!” Mulder se sintió asqueado. ¿Cómo podía Diana haberse involucrado personalmente en algo como eso? No podía creer que alguna vez, por un momento, decidió ponerse del lado de ella y del Fumador. Se sentía enfermo al pensar que había acusado a Scully de ‘tomarse esto de manera personal’ cuando ella sólo trataba de hacerle ver la realidad.

“Con el tiempo...” dijo Byers. “Diana debía quitar los chips de sus cuellos. Esas 30 mujeres están, o bien todas muertas por el cáncer ahora, o al borde de la muerte.”

*****

Una vez que Scully estuvo en su casa, tomó el teléfono y llamó al celular de Mulder. Estaba apagado. Luego llamó a su apartamento y sólo consiguió comunicarse con el contestador automático. ¿Le habría sucedido algo? Esperaba que Mulder la llamara si estaba metido en algún problema y también esperaba que la llamara incluso si no lo estaba, sólo para decirle que estaba bien. Pero también sabía que lo más probable era que él la mantuviera en la oscuridad, al menos por un tiempo.

La capacidad de Mulder para establecer una barrera alrededor de sí mismo no era algo nuevo para Scully. El podía ser tan abierto con ella a veces, como también podía cerrarse hasta estar más apretado que un tambor. Mira quién habla, Dana, ella Sabía que se había cerrado manteniéndose alejada de Mulder más veces de las que podía contar. Pero hubo un tiempo, durante su enfermedad y muy poco después de su recuperación, donde había estado abierta a la posibilidad de que su compañerismo se convirtiese en algo más. Pensó que podría haberse siquiera insinuado una o dos veces, pero no pasó nada. Mulder se había cerrado a sí mismo manteniéndose lejos de ella. Y cuando Mulder comenzó a abrirse y expresarle lo mucho que la necesitaba en su vida, Diana Fowley emergió del pasado sembrando dudas entre ellos y Scully erigió rápidamente tantas paredes como pudo a su alrededor para que eso no pudiera herirla.

Y de pronto Mulder se encontraba enfermo y moribundo. Y ella estaba viajando al otro lado del mundo para encontrar una cura para salvarlo. Casi perdió a Mulder. Casi pierde a su compañero. Y si Diana Fowley no hubiera intervenido, sin duda lo habría perdido. Scully odiaba sentirse en deuda con esa mujer. Pero Mulder se había salvado, y mientras estaban hablando con la puerta abierta hacía unas semanas, sintió, por primera vez en seis años que ambos estaban finalmente abiertos a algo más. Que estaban listos para dar ese pasó. Hubo momentos en las últimas dos semanas cuando estuvo segura que Mulder había estado a punto de besarla o abrazarla o decirle algo que desesperadamente necesitaba escuchar. A veces ella quería acariciar a Mulder, tocarlo, con tanto afán que dolía. Hubo momentos en los que necesitó todas las fibras de fuerza de voluntad que poseía para no cruzar esa línea que habían dibujado en la arena imaginaria hacía tantos años.

Así que seguía esperando a que Mulder dijera o hiciera algo. Pero ahora, podía sentir el nudo del miedo retornando. Ella sabía, en el fondo, que Mulder la amaba. Podía tratar de negarlo o ignorarlo, pero lo sabía. Lo que no sabía era si Mulder volvería a actuar en consecuencia antes de que uno de ellos se cerraran a sí mismos de nuevo, y si alguna vez podrían salirse del camino y finalmente seguir adelante con eso que sucedía entre ellos.

*****

El domingo 4 de julio había hecho un hermoso y soleado dia en Alexandria. Mulder llegó donde Margaret Scully alrededor de las tres de la tarde. La vereda estaba llena de coches, pero fue capaz de estacionar frente a la casa. Cuando estaba sacando las bolsas con bebidas del auto, un SUV se detuvo detrás de él. Una pareja de mediana edad se bajó, junto con un par más joven y una niña de no más de seis o siete años. Los hombres descargaban unas cuantas bolsas de la parte posterior. Todos sonrieron mientras se acercaban a Mulder.

“¡Hola! ¿Viniste a la barbacoa de Maggie?” Preguntó el hombre de más edad. “Jim Delaney, soy el padre de Jennifer. Esta es mi esposa, Meghan. Nuestro hijo Jamie, y su esposa Ryan. Y esta es nuestra nieta Charlotte.”

Mulder los saludó estrechándoles la mano. El sonido de las risas dentro de la casa se oía en el frente, así que Charlotte se liberó de sus padres y corrió hacia la puerta principal para buscar a sus primos.

“Mi nombre es Mulder. Soy amigo de Scully.”

 “Uh... ¿de cuál de todos ellos?” Jim se rió divertido.

Mulder le dedicó una pequeña sonrisa y asintió. “Dana.”

Todos se miraron sorprendidos. “¿Eres el chico que trabaja con ella? ¿El que cree en extraterrestres?” Preguntó con incredulidad Meghan.

Mulder parpadeó. Jamie y Ryan rieron incómodamente.

 “Vamos, cariño....” Murmuró Jim. “No queremos asustar al chico antes de que siquiera ponga un pie en la casa.”

“Bien... lo siento…” se disculpó Meghan torpemente con Mulder.

“Está bien...” respondió Mulder con buen humor. “Creer en extraterrestres ni siquiera es la cosa más rara sobre mí.”

La familia se echó a reír, sin duda agradecido por el alivio de la tensión. A continuación, se dirigieron hacia la casa juntos.

Scully pasaba por el living cuando vio a su compañero parado en el frente con los Delaneys. Carajo Por mucho que quería que Mulder pasara el día con ella y su familia, estaba nerviosa por cómo habría de actúar el resto a su alrededor. No quería que se sintiera incómodo. Ciertamente no quería que varios miembros de la familia se confabularan contra él. No sabía lo que podía hacerlo sentir peor: Si la frialdad flagrante de Bill, o que otros miembros de la familia fueran más entusiastas y acamparan a su alrededor exigiéndole que explicase ‘esas locas ideas de la suyas’.

Los Delaneys golpearon la puerta, que se encontraba abierta, mientras entraban a la casa. Scully los saludó a todos con abrazos y les indicó que se unieran al resto en el patio trasero. Mulder apoyó las bolsas en el piso y se quedó junto a la puerta mirando la espalda de Scully. Llevaba un vestido de verano color crema con pequeñas flores en rojo, e iba descalza. La mente se le quedó en blanco y, a continuación vívidas imagenes de él deslizando su mano por los muslos de Scully dirigiéndose debajo de ese vestido llenaron su mente. Suspiró profundamente para controlar la respiración y el tirón en la entrepierna anunciando su excitación, tratando de alejar las imágenes antes de que fuera imposible esconder la reacción de su cuerpo. Sus ojos se centraron en la pequeña cicatriz en la base de su cuello, y sus pensamientos inmediatamente se volvieron sombríos.

Scully se volvió dedicándole una cálida sonrisa después de que los Delaneys salieran de la sala. “Me alegro que hayas podido venir a pasar el día con nosotros, Mulder.”

 “¡¿Qué...?! ¡¿Yo no voy a recibir un abrazo de bienvenida?!” Bromeó fingiendo sentirse herido.

“¿Quieres uno? “ Scully preguntó con sarcasmo.

Antes de que Mulder pudiera pensar una respuesta digna de esa pregunta, Scully había cruzado los pocos pies de distancia entre ellos, deslizando sus brazos alrededor de su cintura y espalda envolviéndolo y pegándolo a su cuerpo. “¿Así está mejor?” Ella sonrió.

Mulder respiró fuerte contra su frente y la envolvió con sus brazos. Movió arriba y abajo sus manos sobre la espalda de Scully acercándola aún más a su cuerpo. Era tan pequeña entre sus brazos. Podría quedarse a vivir en ese lugar eternamente. Se separó unos milímetros para mirarla a los ojos... las ganas de besarla eran insoportables... Acomodó un mechón detrás de su oreja acariciándole la mejilla con dos dedos. Pudo sentir como su respiración se volvía más rápida y notó que la de ella también se había acelerado. Pasó saliva e iba a hablar cuando notó que Charlie estaba al pie de las escaleras observando la escena. Mulder le dio a Scully un último apretón y luego la alejó de su cuerpo rápidamente. “Gracias. Ahora me siento como un huésped real. ¿Todos están en el patio trasero, dijiste?”

 “Um.. sí, todo el mundo está ahí…” Respondió Scully un poco abochornada. ¿Qué había sido eso? ¿Realmente iba a besarla? ¿En la casa de su madre? No podía explicarlo, pero sintió que había algo fuera de Mulder. ¿Qué estaba pasando con él? ¿Otra vez se estaba cerrando a ella?

Charlie saludó a Mulder amistosamente, sin hacer mención de lo que había visto, y lo condujo hacia el patio trasero cargando sus bolsas. Scully caminaba detrás de ellos, pero fue atacado por su madre, Tara, Jennifer, Meghan, y Ryan al cruzar la cocina. Estaban sorprendidos de que Mulder haya ido. Como cuestión de hecho, así estaba Scully.

Scully observó desde la ventana de la cocina el momento en que Mulder le daba la mano a Bill, este parecía un poco rígido. Pero, finalmente, esa era la forma en que se comportaba en casi todo momento. Charlie condujo a Mulder hasta la nevera y cada uno tomó una lata de cerveza, antes de ir a sentarse con Jamie en una de las mesas de jardín. Jim Delaney estaba charlando con Bill, mientras preparaban la carne para la parrilla. Los niños estaban en trajes de baño corriendo a través de los aspersores. Todo parecía tan... normal. Ella no sabía cómo sentirse con toda esa normalidad rodeándola.

Una vez que las mujeres terminaron de recolectar las cosas para llevar a las mesas, se unieron a sus parejas en el patio trasero. Jamie y Charlie se levantaron rápidamente para ayudar con los manteles y juntos comenzaron a poner platos, cubiertos y vasos sobre la mesa. Scully se acercó con dos paquetes de servilletas de papel y se sentó frente a Mulder.

“Scully... ¿puedo hacerte una pregunta personal?” Dijo acercándose de forma sigilosa.

 “Uh... seguro, Mulder.”

“¿Qué carajo llevas puesto?” Susurró exagerando el tono.

Scully se echó a reír a carcajadas. Trató de responderle, pero comenzó a reír de nuevo. Después de respirar profundamente, le dijo: “Sólo soy una chica tratando de hacer a su madre feliz. Me lo dio como regalo. Ella siempre hizo que Melissa y yo usaramos vestidos de verano los 4 de julio. Es como... una tradición.”

Mulder sonrió y asintió con la cabeza dándole un trago a su bebida. “Te queda muy bien.” Dijo recorriéndola con la mirada.

Ella dudó unos segundos. “... Dime... ¿qué fue lo que te pasó anoche?”

Mulder sabía que esa pregunta iba a aparecer. “Los Pistoleros Solitarios llamaron. Dijeron que era muy importante.”

“Oh, está bien...” - Scully notó que Mulder no estaba dispuesto a explayarse más, por lo que abandonó el tema.

Después de aproximadamente una hora de estar todos sentados alrededor de las mesas bebiendo y charlando, Bill consiguió finalmente encender un fuego decente en la parrilla logrando aplausos, gritos y silbidos del resto. Las madres estaban luchando con sus hijos en el interior de la casa para secarlos y cambiarlos de ropa mientras hacían malabares con las ensaladas. Unas horas después, se habían extendido a lo largo de tres mesas de picnic haciéndose un festín con las hamburguesas, hot dogs y pollo a la barbacoa, junto con las tartas, ensaladas varias, papas fritas y los otros alimentos con que habían llenado las mesas.

Para alivio de Scully, a pesar de que las mujeres insistían en llamarlo “Fox”, nadie acosó a Mulder. Se preguntó si Charlie tenía algo que ver con eso. Si era así, le estaba agradecida. Sin embargo, observó que Bill se sentó tan lejos de Mulder como podía sin tener que sentarse en el suelo. Oh, bien. Algunas cosas nunca cambiarían. Pero a pesar de que nadie estaba siendo invasivo con él y, aún más, todos lo trataban muy amablemente, observó que él se volvía más tranquilo y silencioso conforme el día iba transcurriendo.

*****

Eran casi las 20:30 cuando terminaron de acomodarse todos, en el menor número de autos posible, para ir hasta Oronoco Bay Park para ver los fuegos artificiales. Una vez que llegaron al parque, se acomodaron sobre las sillas de jardín y mantas que habían llevado. Encontraron una zona de césped suave, lo suficientemente alejados de la multitud para hablar y poder ser oído por los otros sin necesidad de gritar.

Mulder iba detrás de Scully para sentarse en la zona elegida. El hijo menor de Charlie, Jack (quien era el sobrino obsesionado con Babe unos años antes, y que según Scully la obligaba a verla cerca de 10 veces al día con él), le tomó la mano todo el camino desde el estacionamiento con naturalidad. Mulder suspiró.

Pasar el día en casa de Margaret Scully había sido un recordatorio constante de que en muchos aspectos la vida de Scully era muy diferente a la suya. Se había distanciado de sus padres durante gran parte de su vida adulta. La mayoría de sus recuerdos de infancia se vieron empañadas por el secuestro de su hermana y el divorcio de sus padres. Scully había crecido siendo una niña feliz, junto a unos padres que se amaban y la amaban, rodeada de hermanos cercanos y compañeros.

Y mientras Mulder observaba esas familias felices, notó lo mucho que le había quitado a Scully. Ella estaba rodeada de matrimonios felices y niños sanos. Y ella, sola y estéril. Por su culpa. Su hermana había sido asesinada. Por su culpa. Le habían inoculado cáncer, y con el fin de sobrevivir debía andar con esa cosa en el cuello haciendo Dios sabe qué carajo con ella. Todo por su culpa. Scully no merecía esas preocupaciones. Merecía una vida libre, feliz como la que su familia disfrutaba. Debería estar ahora junto a un adorado esposo y rodeada de niños pelirrojos que la llamaran “mamá”. ¿Qué podía él darle? Se merecía mucho más de lo que estaba viviendo.

A las 21:30, los fuegos artificiales comenzaron. Scully se había sentado en una silla, y Mulder estaba sentado en el suelo a sus pies. Estaba cansando, llevaba varios días durmiendo muy poco. Apoyó el hombro contra la pierna izquierda de su compañera y pasó el brazo alrededor de su pantorrilla recargándose contra ella. Scully distraídamente comenzó a pasar sus dedos por el cabello de Mulder. “Mmmm, Scully...” Mulder gimoteó. “Voy a caer dormido si sigues haciendo eso.”

Scully sonrió. “Entonces...vamos, duerme.” Seguía acariciándole la frente y pasando sus uñas contra su cuero cabelludo.

Mulder estaba gimiendo, haciendo sonidos que sonaban casi como un ronroneo de gato. Scully trató de no reírse. Mulder estaba realmente disfrutando esas caricias, cuando sintió que alguien lo miraba, abrió los ojos para captar la mirada helada de Bill Jr. Clavada sobre ellos. Una punzada de culpa inundó su estómago.

“Gracias, Scully.” Le dijo mientras le corría el brazo hacia atrás y se apartaba de ella. “Realmente no quiero caer dormido en el parque. ¿Quién sabe lo que podría pasar?” Débil intento de hacer una broma. Se levantó y caminó hasta el otro lado del grupo, dejando a Scully avergonzada, mirándose las manos sobre su regazo. Se sentó en una silla vacía detrás de Bill Jr. y Jennifer.

Charlie que había observado toda la escena también. Se acercó a su hermano, susurrando: “¿Qué diablos sucede contigo, Bill? ¿Por qué no dejas a Dana en paz?”

 “No me gusta ese tipo. Eso es lo que me sucede.” Profirió cortante.

Charlie se puso en cuclillas junto a él sin notar que Mulder estaba sentado detrás. “Vamos, Billy. Él no es un mal tipo. Confía más en Dana y en sus elecciones...”

“¿Tienes alguna idea por todo lo que la hizo pasar a Dana? ¿Y lo que le ha hecho a esta familia?”

 “Dana toma sus propias decisiones, Bill. Mulder no la obligó a hacer nada que no estuviese dispuesta a hacer. Aunque no quieras aceptarlo, ella ya no es una niña a la que puedes sacar del asiento trasero del auto porque estaba con un tipo.”

 “Nunca entenderé por qué no podía ser sólo una médica. Podría ser Administradora o Jefa de un hospital ahora”.

“No puedo creer que estemos teniendo esta conversación de nuevo. Ella “ES” una doctora. Ella es una médica en el FBI. Bill, ¿Te detuviste a pensar que Dana quiere algo más de emoción en su vida que llenar pilas de papeleo e interminables reuniones de junta?”

“Ridículo.” Inspiró molesto.

“Dana cree que lo que está haciendo vale la pena. Ella cree en defender la ley, hacer justicia, y salvar vidas. No hay nada de malo en eso. Tú debes ser más comprensivo con ella y con su trabajo.”

“¿Sí? ¿Cuántas vidas salvó persiguiendo ovnis?” Replicó. “Mira, si Dana quiere trabajar para el FBI, bien por mí. Eso no significa que tengo que aceptar a Mulder y recibirlo con los brazos abiertos.”

 “Sí, Bill, eso es exactamente lo que significa. Porque Dana está enamorada de él.”

 “Charles, no seas ridículo. Sólo trabajan juntos.”

 “Eres tan putamente estúpido, Bill.” Escupió molesto.

Mientras Charlie se alejaba para sentarse junto a su hermana, Jennifer volvió la cabeza y se sorprendió al ver a Mulder detrás de ellos. Lo interrogó con la mirada, él negó lentamente con la cabeza y luego se quedó mirando sus zapatos desconcertado.

CONTINUARÁ…

 

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Algo había sucedido. Scully no sabía lo que era, y Mulder no parecía dispuesto a aclarárselo. Pero había un marcado cambio en su conducta desde que había regresado de Connecticut, que era imposible de negar. Estaba segura que no tenía que ver con su madre, ya que no habría tenido problemas en hablar sobre eso. ¿Tendría que ver con esa llamada de los Pistoleros Solitarios lo que lo tenía tan preocupado? Mulder se había ido casi corriendo de “The Old Toad” debido a esa llamada “importante”. Pero por lo que los conocía, unos círculos en las cosechas de Canadá, podría ser lo que “Los Tres Chiflados” considerarían una importante noticia.

Scully no sabía lo que había causado que Mulder se alejara tan bruscamente de ella durante los fuegos artificiales. Tenía sus sospechas, pero eso sólo le causaba dolor y vergüenza. La sensación de pasar sus dedos por el cabello de Mulder mientras se apoyaba contra ella fue reconfortante más allá de lo que podía creer. Un acto simple que, seis meses atrás, no habría ocurrido de forma tan natural y sin pensárselo dos o tres veces.

Su dinámica finalmente estaba cambiando, y pensó que para bien. Pero Mulder parecía estar dando marcha atrás, tratando de evitar que progrese más. Sabía que la amaba, sí, pero ¿qué quería de ella? Tenía miedo de conocer la respuesta, y sólo la hacía sentir impotente. ¿No estaba harto de estancarse en el mismo sitio? Sin duda ella sí que lo estaba. Pero estaba perdiendo rápidamente la esperanza, creyendo que Mulder podría convencerse fácilmente que estaba contento en su soledad, y que eso estaría bien por el resto de su vida. ¿Podría ella seguir así para siempre? Scully no lo sabía. Así que se mantuvo firme mirando por la ventana del coche los 15 minutos que duró el viaje desde “Orinoco Bay Park” a la casa de su madre. No quería mirar a Mulder y captar su mirada. No quería encontrar rechazo y decepción allí.

*****

Los fuegos artificiales habían llegado a su fin y los Scully, los Delaneys y Mulder volvían lentamente al estacionamiento a buscar sus coches. Después de que se subieron a los vehículos, Mulder se encontró sentado en el asiento trasero del coche de Charlie y Jennifer con Scully en silencio, y a Jack durmiendo entre ellos. ¿Estaba Charlie en lo cierto cuando le dijo eso a Bill? ¿Scully estaba enamorada de él? Reconoció que podría ser verdad. Mulder recordó que alguien había tratado de llamar su atención con eso no hacía demasiado tiempo, pero acordarse de su antiguo vecino Phillip Padgett le revolvió el estómago y empujó con fuerza el recuerdo lejos de su memoria. Charlie encendió la radio, pero mantuvo bajo el volumen mientras él y Jennifer hablaban tranquilamente. Scully parecía resuelta a mirar sólo por la ventana. ¿En qué estaba pensando?

Nunca se había sentido más confuso en toda su vida. Parecía como si su cuerpo y su mente estuvieran en guerra. Había mantenido su relación con Scully solo como una sociedad, hasta ese punto solo para no lastimarla. Y, ahora, su cuerpo estaba luchando contra esa sociedad colectiva. Ahora quería, necesitaba, pedía algo más. Cuando Mulder encontró la satisfacción en su amistad con ella, su cuerpo sabía que podría ser aún mucho mejor. Y solía recordárselo en situaciones bastante incómodas para él. Cuando le resultaba difícil encontrar las palabras para expresar lo que sentía o lo que quería de ella, su cuerpo sabía cómo hacerlo claro.

Pero entonces su mente lograba hacer un infernal esfuerzo defensivo. Había instalado magistralmente contraataques ocultos como las minas terrestres, por lo que cada vez que su cuerpo lo obligaba a pasar a la acción, una explosión mental lo mantenía contenido.

Ese vestido lo había estado volviendo loco todo el maldito día, por no hablar de sus pies descalzos con sus uñas pintadas. Hubo momentos en los que Scully se separaba del grupo del jardín y entraba a la cocina vacía. El impulso por seguirla era demasiado poderoso, casi imposible de contener. Lograba quedarse sentado, en medio del ruidoso grupo, imaginándose a sí mismo siguiéndola, abrazándola al cerrar la puerta con llave torpemente mientras no dejaban de besarse, y frenéticamente tirar su vestido hacia arriba y enterrar su miembro duro en su calor húmedo. Y amortiguaba sus gritos con su boca mientras embestía velozmente contra su cuerpo, debía ser rápido porque podían verlos... y la sentía cerca de llegar a la cima, y seguía arremetiendo contra ella hasta que explotaban juntos.

Pero entonces su mente cruelmente le recordaba todas las cosas terribles que le habían sucedido a Scully que habían sido directa o indirectamente su culpa. ¿Por qué obligarla a encadenarse a algo más de lo que eran ahora? su mente se lo reprochaba. ¿Por qué seguir haciéndole un perjuicio a su carrera, a su profesión y su reputación por haberla convertido en su juguete sexual? Sabes por qué todos en el Bureau piensan que ella se ha quedado en el sótano contigo todos estos años. ¿Por qué hacer de esos susurros y sonrisitas burlonas en los pasillos del FBI algo de hecho en lugar de rumores sin fundamento? Ya le has hecho suficiente daño, imbécil.

Mulder suspiró. Miró a Scully. Ella seguía mirando por la ventana. Vio cómo su perfil quedaba momentáneamente encendido con el paso de las lámparas de calle o los faros, y luego volvía a ser envuelto en la oscuridad. Había tanto que deseaba decirle, pero no sabía cómo. Tenía una sensación inexplicable que una puerta se estaba cerrando en alguna parte, una oportunidad se estaba desperdiciando. Pero no podía hacer nada más que cavilar en silencio sobre el enigma de su compañerismo; la naturaleza simultánea de su cercanía y la distancia, su solidaridad y la discordia, que estaba perfectamente encarnada en el hecho de que a pesar de que Mulder estaba sentado tan cerca de Scully en el asiento de este coche, la oscuridad intermitente le impedía ver su rostro con claridad.

*****

Todo el mundo llegó sano y salvo a casa de Maggie y comenzó el momento de decir adiós. El clan Delaney, después de decirle a Maggie que la vería en la iglesia de San Juan el domingo siguiente y recordándole la recaudación de fondos que estaba organizando el Padre McCue para recaudar dinero para el “Carpenter’s Shelter” (Refugio de Carpenter. Organización Benéfica), se metió en la camioneta para regresar a casa.

Charlie y Jennifer estaban diciéndole adiós a Mulder mientras Scully abrazaba a Tara y a Bill, deseándoles un buen regreso a San Diego por la mañana. Después de que Bill y Tara ingresaron a la casa con Matt profundamente dormido en brazos, Scully se acercó a ellos. Mulder vio como Charlie y Jennifer le daban un fuerte abrazo, y luego ésta le susurraba un: “¡Llámame!” al oído mientras le lanzaba una rápida mirada a él, y luego entró casi corriendo a la casa junto a su marido.

“Bueno... buenas noches Mulder.” Scully dijo simplemente. “Diría ‘nos vemos en la oficina por la mañana’ pero... ya sabes...”

“Estoy de vacaciones de verano.” Bromeó. Scully le dio una pequeña sonrisa. “Buenas noches, Scully.”

Mulder la observó caminar con su madre hacia su automóvil estacionado en la calzada frente a la casa. “¡Ey, Scully! No estás pensando seriamente conducir de vuelta a Georgetown esta noche, ¿verdad?”

 “¿Sí, por qué no? Vivo allá.” Ironizó.

 “Es un poco tarde para conducir hasta allí, ¿no crees? ¿No sería mejor que te quedes aquí esta noche?”

 “Mulder, son menos de 20 minutos de distancia. Ni siquiera son las 23:00 horas aún... Estaré bien.”

Él no respondió, sólo suspiro profundamente. Esos eran uno de esos momentos en los que la independencia obstinada de Scully podía ser francamente exasperante.

Maggie Scully le dio a su hija un fuerte abrazo y un gran beso de despedida, la vio retirarse de la calzada sonriendo cuando Dana comenzó a tocar la bocina en forma de despedida mientras la saludaba con la mano sacándola por la ventanilla. Esperó unos segundos viéndola partir y giró caminando hacia la casa. Se volvió al ver a Mulder acercándose a la puerta del conductor, sacando las llaves del coche. Maggie se alegró de finalmente tener la oportunidad de hablar con él sin los demás a su alrededor.

“¿Fox?”

Mulder la miró con sorpresa. “¿Sí, señora Scully?”

Maggie se acercó hasta pararse al lado del coche de Mulder. “Quería hablar contigo acerca de Bill...”

 “Oh...” Se sorprendió aún más.

“Sé que Bill fue grosero contigo hoy.” Comenzó apenada. “Y quería disculparme. Él tiene opiniones fuertes y formas chocantes, lo sé, pero debes saber que no tolero que se trate a un huésped de forma hostil en mi casa.”

 “Está bien, señora Scully. No debe preocuparse.”

 “Espero que sepas, Fox...” respondió Maggie. “Que serás siempre bienvenido en mi casa. Dana confía en ti, te respeta y te quiere, así que ¿cómo puede otra persona que no te conoce tan bien como ella decir lo contrario sobre ti?”

 “Entiendo perfectamente por qué Bill me odia, así que trato de no sentirme demasiado mal por ello... Hasta puedo comprenderlo para ser sincero...”

 “Odio es una palabra muy fuerte.” Susurró Maggie contemplativamente palmeándole el brazo. “ Bill tiene un solo punto de vista sobre el asunto: el suya. Desde el momento en que te conocí supe lo mucho que te preocupabas por mi hija. Nunca dejaste de buscarla cuando Dana desapareció esos meses, y pude ver, sentir que tu dolor y desesperación eran genuinas. Sé que hiciste lo imposible por encontrarla. Siempre te negaste a renunciar a ella, aun cuando estábamos dispuestos a dejarla ir cuando estuvo enferma. Lo que sea que Bill pueda pensar sobre lo que causó las cosas que le han sucedido a Dana, no deberían estar separadas de que tú eres la verdadera razón por la que ella está viva hoy. Espero que, con el tiempo, Bill llegará a darse cuenta de eso... y espero que tú también lo sepas...”

Mulder tragó ruidosamente; sintió un inmenso nudo en la garganta. Sólo pudo asentir en respuesta. Después de decir buenas noches y darle un caluroso abrazo, se metió en su coche y se dirigió a su apartamento cerca del río.

*****

Mulder se encontró caminando por una playa. La conocía. Ese era el lugar al que había llegado tantas veces en los últimos meses. Cuan do se acercó más, vio al muchacho de pelo castaño claro junto a un gran ovni hecho de arena. El niño corrió hacia él y lo tomó de la mano. Estaba molesto y llorando, diciendo: “¡Ayuda a mi mamá!” una y otra vez. Trató de decirle que no sabía quién era su mamá. El muchacho agarró su mano de nuevo, y lo llevó lejos de la playa, hacia los bosques cercanos.

No reconoció esa parte del sueño. Mientras caminaba por el bosque, sintió una suave brisa y el calor de vez en cuando al pasar por los parches de sol que iban encontrando en su camino a través de los árboles. Se sentía completamente en paz. El chico seguía aferrándose a su mano, guiándolo hasta que Mulder vio un destello de color claro detrás de unos árboles y escuchó risas familiares. Era Scully. Sabía que era ella. Nunca había estado ella ahí anteriormente. ¿Cómo llegó hasta ahí? Podía sentir que estaba cerca, pero no podía verla. El niño había desaparecido. ¿A dónde había ido? Oyó la risa de nuevo, más fuerte. Rápidamente se dio vuelta, y se encontró con Scully.

Ella se veía diferente, de alguna manera. Llevaba el pelo un poco más largo y sus ojos eran de un tono diferente de azul. Eran penetrantemente brillantes, y pestañaban de felicidad. Estaba usando el vestido crema con las pequeñas flores rojas que le llegaba justo por encima de las rodillas. Mulder trató de hablar, pero no podía emitir un sólo sonido. Había tantas cosas que necesitaba decirle. Siguió intentando, pero sus palabras se perdían en el aire. Scully le sonrió. Una repentina sensación de urgencia lo abrumó. Si no podía decirle, tendría que mostrarle.

En un instante, Mulder la había abrazado levantándola, sosteniéndola con fuerza contra su pecho. Ella tenía los brazos alrededor de su cuello, y sus ojos brillaban. No manifestó nada, pero le “decía” que lo amaba. Oyó las palabras de alguna parte: ¿En su interior? ¿En su mente? No lo sabía. Y él todavía no podía hablar. Al siguiente instante su boca estaba sobre la de su compañera. Y ella no se resistió al beso, parecía coincidir con su desesperado sentido de urgencia. Scully era lo que él quería y necesitaba. Era tan suave y su sabor era tan dulce.

La recostó sobre la hierba, presionando su cuerpo firmemente contra el suyo. Ella arqueó la espalda, pero no fue suficiente. No estaban lo suficientemente cerca. De repente, sus ropas se habían ido, pero él no se acordaba cómo la habían eliminado. Se presionó contra su cuerpo una vez más, con ganas de estar más cerca, hasta lograr fundirse y ser como ese centavo y la “dime” (moneda de 10cc) en su escritorio

Sorprendentemente, Scully quería más, lo quería a él. Mulder le levantó apresuradamente el borde del vestido hasta las caderas. Sabía que quería sentirlo dentro de su cuerpo. Scully separó las piernas y él se instaló entre ellas. En cuestión de segundos, Mulder le había llenado por completo. Fue la más increíble sensación que nunca había conocido: cálido y húmedo y apretado. Comenzó a moverse rápidamente con un sentido de urgencia que nunca había experimentado antes. Tenía miedo de que se acabara. Y deseó con toda su fuerza que eso nunca se terminase. Estaba pulsando y se sentía vivo dentro de su cuerpo. Scully... Scully... Scully. Estaba empujando más y más fuerte, deseaba ponerse a llorar, pero el sonido seguía sin escucharse. Su liberación era inminente. Podía sentir las llamas, como ardían los dos. Mulder podía sentir las olas del éxtasis justo sobre el precipicio. Estaban tan cerca...

Humo de cigarro. El bosque se oscureció. No no no no no no. No, no de nuevo. Los radiantes ojos azules de Scully ahora estaban llenos de miedo. De repente estaban vestidos. Se puso de pie, sosteniendo la mano de Scully. El “Hombre Cáncer” estaba allí. Mulder no podía verlo, pero estaba ahí. Iba a llevársela lejos de él de nuevo. No podía dejar que la encontrara. La mano de Scully se le escapaba de la suya. No podía aferrarse a ella. El Fumador se la llevaba. Su peor pesadilla se estaba haciendo realidad. El niño había regresado, gritando y tirando del brazo de Mulder: “¡Ayuda a mi mamá! ¡Ayuda a mi mamá!” Pudo oír como también Scully estaba gritando.

 "¡NOOOOOOOOOOOOOO! ¡SCULLYYYYYYYYYYY!"

Mulder se lanzó fuera del sofá, golpeándose la cabeza fuertemente contra la mesa de café, y acabó doblado sobre el suelo.

 "¡Ahhh, carajo!" Gimió.

Mulder se susurró a sí mismo un “cálmate” mientras se frotaba la frente, sentándose en el sofá. En televisión pasaban una vieja película en blanco y negro. Mulder se frotó de vuelta la frente mientras se recostaba. Todavía estaba muy asustado. Tomó su teléfono para llamar a Scully. Debía asegurarse de que estaba bien. Miró el reloj; 04:37 am. Notó que aún llevaba la misma ropa que uso en la barbacoa. Los eventos del día pasado volvieron a él. Colgó el teléfono. Scully estaba bien. Solo había sido un maldito sueño.

CONTINUARÁ…

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Después de los acontecimientos del fin de semana del 4 de julio, el resto del mes se arrastraba lentamente. El trabajo era insípido. Scully estaba, básicamente, logrando de poco a nada sola, ahí abajo, en el sótano. En la última semana de julio, la habían llamado de “Little Rock Field Office” (Oficina de Campo de Little Rock) para consultarle sobre un caso de asesinato que involucraba las muertes y mutilaciones de varios niños pequeños, el asunto parecía ser de naturaleza satánica. Ellos obviamente querían hablar con Mulder, por supuesto. Pero él no estaba disponible, por lo que contactaron con Scully porque habían oído que ella era “la segunda mejor opción”. Carajo.

Scully tuvo que esforzarse a aceptar cuando se le preguntó para participar en las autopsias de las cuatro víctimas. Fue una de las cosas más horribles que había tenido que realizar en su vida. Una vez que terminó con las autopsias, se escondió en el baño de mujeres que milagrosamente se encontraba vacío, bloqueó la puerta, entró a uno de los cubículos rompiendo a llorar. Llamó a Mulder envuelta en lágrimas. No podía ponerse a llorar delante de los otros agentes, oficiales de policía, y patólogos en la oficina del médico forense. Durante mucho tiempo, había sentido que nunca podría llorar delante de Mulder tampoco. Sabía que él la veía como a un igual, alguien que imponía autoridad y respeto. Pero también sabía que Mulder nunca había sentido que sus lágrimas la hacían inferior, o que la volvía alguien débil.

Naturalmente, no encontró ninguna evidencia real de un culto satánico. Cuando estaba en su vuelo de Arkansas regreso a Washington sólo dos días después, el FBI y la policía estatal estaban deteniendo a todos los delincuentes sexuales en varios condados. En realidad, la única razón por la que fue a ese lugar no era sólo por escapar de la atmósfera monótona la oficina del sótano, lo hizo asumiendo la ausencia de su pareja.

Scully no tenía idea dónde se encontraba Mulder la mitad del tiempo por esos días, o lo que él estaba haciendo. Llamaba a su celular, y la mayoría de las veces no contestaba. Llamaba a su casa, y saltaba el contestador. Le dejaba un escueto: “Llámame” grabado. Scully empezó a notar que él le regresaba siempre las llamadas cuando no se encontraba en torno a contestar. Mulder sabía que, en el verano, le gustaba salir de la oficina y pasar su hora de almuerzo en el ‘John Marshall Park’. Y casi todos los días cuando regresaba de almorzar, encontraba un mensaje de voz de Mulder, diciendo: ‘Lo siento, te extrañé’. Entonces lo llamaba de vuelta, pero no obtenía ninguna respuesta. A veces era exasperante.

Entonces, después de pasar toda la semana completamente incomunicados, Mulder se presentaba en su apartamento los viernes por la noche con una pizza caliente, un pack de seis botellines de cerveza, y una película tremenda como ‘The Jerk’. Ella le preguntaba por lo que estaba haciendo cuando se ausentaba, y él siempre respondía con un vago: ‘Oh, manteniéndome ocupado’. Entonces cambiaba de tema. La siguiente semana, seguramente, volverían a jugar esa especie de “mancha telefónica” de nuevo, y luego Mulder se presentaría en su apartamento de la nada un domingo por la mañana, diciéndole que se vistiera rápido porque tenía boletos para los Yankees. Manejaban hasta New York, pasaban una larga tarde en el estadio de baseball, y luego volvían en coche de vuelta a casa, donde Scully no oiría nada sobre Mulder de nuevo por varios días.

Trabajar en el sótano sola, y sólo ver a Mulder esporádicamente, obligó a Scully a darse cuenta de que lo echaba de menos terriblemente cuando él no estaba cerca. Eso no fue algo fácil de admitir para sí misma. Había trabajado duro los últimos años para mostrarse como una mujer fuerte, independiente, que era más que capaz de trabajar junto a Mulder, y que podía alejarse de los X- Files en cualquier momento y seguir adelante con su vida. Sin embargo, los acontecimientos de los últimos años y vivir ese verano en el sótano y en soledad, habían hecho que esa fachada fuera mucho más difícil de mantener. ¿Podría realmente sólo levantarse y alejarse de los X- Files en cualquier momento? Probablemente debería, pero se sentía atrapada. Honestamente se había sentido de esa manera, muchas veces en los últimos dos años, pero ahora estaba empezando a ser una constante en su vida.

Volver a un trabajo regular dentro del FBI después de todo lo que había visto y hecho junto a Mulder era imposible. La idea misma de la labor policial monótona la hizo gemir en voz alta. Tal vez podría volver a enseñar, a ser instructora en Quántico, o encontrar una posición en un hospital como investigadora. Pero quedarse con Mulder, la investigación de nuevos y extraños fenómenos que aún tenían que ser descubiertos, se perfilaba para ser un escenario imposible si su relación con él no iba a cambiar. Quería a Mulder de una manera que no tenía absolutamente nada que ver con el trabajo. Había otros aspectos de su vida que ella simplemente no podía seguir ignorando más. Había estado tratando de hacer todo lo posible para convencerse a sí misma, y todos a su alrededor, que podía vivir fácilmente sin Mulder si tenía que hacerlo pero todo el tiempo, en secreto dentro de su corazón, rogaba en silencio por que nunca pasara.

Hubo momentos, durante las raras ocasiones que pasaban sin la compañía del otro por varios días, donde Mulder regresaba de la casa de su madre en Connecticut, y siempre parecía a punto de tomarla entre sus brazos, o abrirse a ella derramando su corazón. Pero entonces se apartaba tenso inventando estúpidos temas para desviar la atención. Scully tenía la sensación de que él estaba tan ocupado respetándola tanto como su colega, que ni siquiera podía ver que ella lo necesitaba a él como una mujer. Había querido desesperadamente forzar la mano de Mulder para que la tocara. Pero... ¿y si hacía que Mulder corriera en la dirección opuesta? Mulder era tan solitario por naturaleza, que ese sería un resultado probable si ella lo obligaba o intimidaba a revelar sus verdaderos sentimientos.

Pero Scully sabía que no podía esperar a Mulder para siempre. Esa sensación de estar atrapada brotaba de nuevo. ¿Qué pasaba con su futuro? Si algo, Dios no lo quisiera, le sucedía a Mulder, ella estaría sola. No tenía a nadie más, no realmente. De repente pensó en sus hermanos y sus esposas, rodeados de hermosos hijos, que serían su alegría y consuelo en su vejez. Scully ya no estaba tan contenta con la soledad. Nunca podría ser madre, pero todavía podía tener un amor incondicional. Y sólo había una persona con la que podía imaginar estar. La vida sin Mulder era inconcebible, pero vivir una vida con él sin avanzar un nivel, sería intolerable también.

 

*****

A las ocho de la mañana del viernes 6 de agosto, Scully había entrado en la oficina del sótano preparándose para otro día de calma y estancamiento. La mayor parte de la mañana pasó lentamente. Respondió mails y revisó el Informe Oficial con sus resultados en el caso de los asesinatos de Arkansas antes de enviárselo a Skinner. Poco más allá de las 11:30 horas, golpearon la puerta de la oficina.

Scully miró, sorprendida. Casi nunca bajaba nadie. “Adelante” ¿Quién podría ser? Skinner generalmente llamaba antes de bajar.

La puerta se abrió y Detective Kresge, quien trabajaba para el Departamento de Policía de San Diego, apareció. Scully lo miró desconcertada. Él era una de las últimas personas que esperaba ver ahí.

“¡Detective Kresge!” Saludó con entusiasmo, levantándose de la mesa y caminando hacia él. “¿Cómo estás? ¿Qué te trae hasta aquí? Hiciste un largo camino...”

Kresge sonrió y estrechó la mano de Scully. “Estoy bien, gracias. Pero ya no soy el ‘Detective Kresge’. Es Teniente Kresge ahora.”

“Felicitaciones por el ascenso.”- Scully respondió sonriendo.

“Gracias. De nuevo. En realidad estoy en la ciudad para asistir a la Academia Nacional de Quantico.”

“¡Wow!” Scully respondió impresionada. “Eso es genial. Me alegro de que lo estés haciendo bien. Entonces, ¿qué te trae por aquí, al sótano?”

Kresge sonrió. “Sí, me preguntaba acerca de eso. Cuando firmé y pregunté para verte, me dijeron que estabas en el sótano. Pensé que estabas aquí abajo buscando algo o repasando archivos viejos, así que les dije que me indicaran como dirigirme a tu oficina para esperarte. Estoy seguro que sacaron una gran tajada de esto.”

“Apuesto a que lo hicieron.” Scully le dedicó una sardónica mirada. “Así que... ¿viniste a verme?”

“Sí.” Le dijo simplemente. - Sabía que estabas aquí, y no conozco a nadie en la zona aparte de mis compañeros de clase. Me preguntaba cómo estabas, así que decidí simplemente mirar hacia arriba.

“Bueno, eso fue muy considerado de tu parte.” Scully sonrió.

“Te ves muy bien.” Dijo con total naturalidad Kresge, sin asomo de vergüenza o incomodidad.

“Um, gracias.” Respondió Scully, sin mirarlo a los ojos.

“Así que... ¿tienes planes para cenar esta noche?”

Scully lo miró sorprendida. “No. ¿Quieres decir, cómo una especie de cita?”

“Sí, como una especie de cita.” Kresge le sonrió.

 

*****

Scully suspiró cuando atravesó la puerta de su apartamento y la cerró tras ella. Tiró las llaves sobre la mesa y se quitó los zapatos nuevos de tacón. Se sentía tan bien sacárselos de una maldita vez. Eran hermosos y le habían costado una pequeña fortuna pero no eran tan cómodos como le hubiese gustado. El vino de la cena la había dejado relajada, con una sensación extraña, tarareaba para sí misma mientras caminaba hacia la cocina para buscar un poco de helado. La visión de Mulder sentado en su mesa de la cocina la detuvo en seco.

“¡Carajo, Mulder! ¿Qué estás haciendo sentado en la oscuridad?! ¿Tratas de matarme de un susto?” Accionó el interruptor de una de las luces de la pared. La cocina se bañó de repente con una luz suave, no la casi fosforescente del tubo a la que Mulder estaba acostumbrado ver en esa cocina cuando trabajaban.

“¿Dónde estabas?” Preguntó Mulder, ignorando las preguntas y mirando su vestido azul oscuro.

“Salí a cenar. Y podría preguntarte lo mismo.” Replicó ella. “¿Dónde estuviste toda la semana?”

“Trabajando en algunas cosas. Manteniéndome ocupado.” respondió. “¿Con quién estabas?”

 “Eso no es asunto tuyo, Mulder.” Se erizó Scully.

 “¿Por qué? ¿Tuviste una cita, o algo así?” Se burló Mulder.

 “Sí, salí con alguien. “Afirmó seriamente. Abrió el congelador y sacó un cartón de vainilla francesa. “¿Quieres un poco de helado?”

Mulder la miró estudiando su reacción. “ Seguro. Entonces... ¿quién fue tu compañero de cena?”

“El detective Kresge.” Respondió Scully abriendo el cartón. “Oh, bueno, él es teniente ahora. Teniente Kresge.”

Mulder la observó mientras se ponía de puntillas para llegar a dos tazones, y luego caminaba rápidamente hasta el otro lado del fregadero para abrir un cajón y sacar dos cucharas.

“¿Por qué ese nombre me suena familiar?” Cuestionó tratando de recordar.

“Él me ayudó con el caso de Emily Sim en San Diego.”

Scully se reprendió a sí misma en su uso de las palabras. Lo había hecho sonar tan frío. Pero la verdad, referirse a esa experiencia como “el caso de Emily Sim” fue una forma útil para desprenderse emocionalmente. Entonces pensó en su situación con Mulder y supo que gran problema podría ser el desapego emocional.

“No debería haberlo dicho así...” Suspiró, mientras repartía el helado. “La verdad es que la mayor parte del tiempo soy capaz de olvidarme de Emily. Pero entonces la recuerdo, y mi corazón se rompe de nuevo. Como si hubiera sucedido ayer, en lugar de hace casi dos años.”

Se sentó en la mesa frente a Mulder, fijando su copa delante de él. Por algunos segundos, tomaron su helado en silencio.

“Entonces... ¿Cómo fue que terminaste en esta cita para cenar con Kresge?” Mulder preguntó finalmente.

“Está en Quantico para el curso de formación FBINA (FBI National Academy). Se detuvo junto a la sede para ver cómo estaba. Y entre una cosa y otra... me invitó a cenar.”

El rostro de Scully enrojeció. Ella no sabía si admitir la verdad o no. Decidió que mientras menos secretos entre ellos, mejor.

“Pero... resulta que, Bill se había encontrado con él en San Diego antes de venir para el curso y él le dijo que me busque. Incluso le dijo que me invite a salir. Al parecer, le dijo a Kresge que yo estaba necesitando un poco de ‘compañía masculina diferente’ ”. Scully estaba citando al aire las palabras de Bill, burlándose, mientras movía su cuchara, causando que Mulder empezara a reír.

“Bill Jr está claramente desesperado sobre este punto.” Respondió Mulder.

“Eh... sí, supongo que sí... Oh, bien... igual debo agradecerle... Pasé un muy buen momento. No puedo recordar la última vez que alguien me invitó a salir.”

“¡Scully! ¡Fuimos a un partido de baseball la semana pasada!” Mulder saltó, mirándola ofendido.

“Sí, bueno... ya sabes lo que quiero decir. Creo que no he tenido una cita desde la noche que salí con Ed Jerse. Y ambos sabemos lo bien que resultó esa cita.”  Sonrió, girando los ojos.

Scully entonces notó un cambio brusco en la postura de Mulder. Se había puesto tenso. El silencio llenó la cocina.

“¿Por qué saliste con él en primer lugar?” Preguntó su compañero bajando un tono.

“¿Con quién? ¿Con Kresge? ¿O con Jerse?” Preguntó, mirando a Mulder con cautela. No quería que esto escalara hacia una segura discusión. Tampoco deseaba realmente hablar sobre el hecho de que la última vez que tuvo relaciones sexuales, fue con un tipo cuyo tatuaje le estaba diciendo que matara a la gente.

Mulder la miró como si estuviera debatiendo la respuesta. “Kresge” dijo finalmente.

Scully pensó que Mulder probablemente no quería ir por el camino de Jerse tampoco. “No lo sé.”  Dijo simplemente. “Me preguntó si tenía planes para cenar, y contesté con honestidad. Realmente no podía pensar en una razón legítima para rechazar su oferta... Me gustó que me invitara... Simplemente.”

“Oh.” Murmuró bajando la mirada.

Parecía... ¿dolido? Scully comenzó a sentirse culpable, pero la culpa se convirtió rápidamente en enojo. “Así que, ¿vas a decirme qué es lo que estuviste haciendo las últimas semanas? ¿O me vas a mantener en la oscuridad?”  Preguntó fríamente.

“No tengo ni idea de lo que estás hablando, Scully.” Mulder respondió en tono muerto.

Y así fue como el viernes 6 de agosto llegó a su fin, Mulder y Scully se sentaron en la mesa de la cocina en silencio, sintiéndose enojados, frustrados y completamente miserables.

 

CONTINUARÁ…

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Mulder no podía volver a dormir después de ese sueño. Se acostó despierto en el sofá durante una hora, pensando en Scully, y tratando de no pensar en el Fumador. De pronto salió disparado, sentándose frente a su computador. Sacó un cd del cajón superior derecho y lo insertó en la unidad de CD- ROM. Mulder había estado tratando de evitar ese momento, pero sabía que tenía que hacerlo tarde o temprano. Era posible que los hombres Pistoleros se hubiesen perdido algo, o pasado por alto la importancia de una observación hecha por Diana. Tenía que leer lo que había en ese cd por sí mismo.

Se pasó las siguientes tres horas leyendo cada archivo, cada informe que Diana había guardado en el disco. Algo llamó su atención: Las 30 mujeres MUFON en las que habían hecho las pruebas de embarazo habían sido inoculadas con la vacuna antes de que se activaran sus chips para comenzar la ovulación; la misma vacuna que él había utilizado para salvar la vida de Scully en la Antártida. ¿Por qué? ¿Estaba el ADN alien ramificado en la naturaleza? No, eso no tenía sentido. ¿La ovulación causada por el chip tenía un efecto sobre el ADN ramificado, tal vez haciéndolo mutar? ¿Habría problemas con el embarazo si la madre no tenía ninguna inmunidad contra el virus extraterrestre?

Estaba empezando a dolerle la cabeza. ¿Cómo podía siquiera empezar a encontrar las respuestas? Diana estaba muerta y enterrada. Todo el Sindicato se había quemado. Quizás Marita Covarrubias podría proporcionarle algo de claridad, si estaba aún con vida. Ella no se veía demasiado bien la última vez que la vio. Supuso que Krycek estaba todavía en alguna parte, sobreviviendo como una cucaracha. El Hombre cáncer estaba en algún lugar ahí fuera, también. Mulder mentalmente se reprendió a sí mismo; NO PIENSES EN EL.

Dejó escapar un profundo suspiro. Necesitaba a Scully para ayudarlo a hacerse una idea sobre lo que leía. Entonces ese familiar sentimiento horrible de culpa se alzó en su cabeza. Creyó que contarle esto a Scully no era una buena idea, pero no estaba muy seguro de por qué. ¿Por qué la participación de Diana lo hacía sentir tan culpable? Se sentía sucio de alguna manera, como si los pecados de Diana se hubieran convertido en suyos también. Tal vez se sentía de esa manera porque la había defendido firmemente siempre que Scully comenzaba a lanzar acusaciones sobre su naturaleza.

O tal vez fue por el sueño. El sueño en el que Mulder, conociendo la verdad sobre la duplicidad de Diana, había abandonado voluntariamente a Scully, y elegido una vida donde fue encarcelado inconscientemente en un Suburbio de Mentiras. Mulder sabía que era tonto vapulearse a sí mismo por las decisiones tomadas en un sueño, donde no se tenía ningún control. Pero pensó que era humillante que, para alguien tan obsesionado con la búsqueda de la verdad, el haber tenido cero problemas en aceptar la mentira donde Diana Fowley lo había involucrado.

Mulder estaba decidido a encontrar algunas respuestas. Pudo haber sentido que no debía mezclar a Scully en esto, pero eso no significaba que tendría que trabajar solo. Se puso un par de zapatos y tomó las llaves.

*****

“¡Mulder!” Exclamó Frohike mientras abría la puerta de la guarida de los Pistoleros Solitarios. “Tienes una sincronización perfecta. Estamos haciendo huevos rancheros.”

Mulder miró la frase en el delantal de Frohike: ‘Kiss the Cook’ (‘Besa al cocinero’) “No vine por la comida. Así que me perdona si no pongo mis labios sobre ti.”

Frohike le dedicó a Mulder su mirada ‘stink- eye’ mientras este pasaba por la puerta sentándose enfrente de Langly y Byers.

“Entonces, ¿qué te trae por aquí?” Preguntó Byers, cuando Frohike se unió a ellos en la mesa.

“Oh, sólo quería ver si mis muchachos estaban interesados en algún trabajo de investigación no oficial.” Respondió Mulder.

Los Pistoleros levantaron sus cejas. “Estamos escuchando.” dijo Langly interesado.

“El ensayo clínico que Diana llevó a cabo con las mujeres MUFON...” comenzó Mulder. “¿Creen que se limitó sólo a Europa, o que algo similar podría haber estado pasando aquí en este país?” Los tres lo miraron fijamente. “Creo que tenemos que mirar más allá en las secciones de MUFON aquí.” continuó. “Tiene que haber por lo menos un miembro femenino que fuera sometida a esta prueba de embarazo. Debe haber un registro de ello en alguna parte. Tenemos que encontrarlo.”

“¿Nosotros?” Byers cuestionó.

“Yo estoy bajo cierta emoción.” dijo Langly. “Ha sido un verano lento hasta el momento.”

“Así que...” Frohike hizo una pausa. “¿Será que tu dulce compañera se unirá a nosotros?”

 “Cálmate, Melvin.” dijo Mulder rotundamente. “Y no, Scully no estará trabajando en esto.”

Byers lo miró inquisitivamente. “¿Por qué no?”

Mulder vaciló. “Debido a que técnicamente estoy de baja médica para el trabajo. Esta investigación será estrictamente no- oficial. Si tuviera que traer a Scully aquí, quien actualmente además está trabajando como agente activo, corro el riesgo de meterla en problemas con el Bureau. Ella está enterada, pero no participará activamente... o físicamente, mejor dicho... Tú sabes cómo Scully es con eso de cumplir todas las reglas.”

 “Estoy seguro de que Scully querría estar aquí.”Advirtió Langly seriamente.

“Ella ya tiene suficientes manchas en su archivo personal por mi culpa, ¿no te parece?” Respondió Mulder secamente.

“La agente Scully no se ve muy preocupada por eso.” Le lanzó Frohike con cierto desdén.

“Yo sí lo hago.” Expresó cortante.

Los Pistoleros Solitarios intercambiaron miradas, y luego cambiaron rápidamente de tema.

“Así que... ¿por dónde empezamos?” Preguntó Byers.

“Empezamos poniéndonos en contacto con la Mutual UFO Network.” Mulder respondió. “A ver si hay algún registro de informes sobre alguna de sus miembros que haya sido estéril y que de repente pudo quedar embarazada.”

*****

A última hora de la tarde del viernes 16 de julio, Mulder entró por la puerta de su apartamento, arrojó las llaves sobre la mesa, y se sentó en su escritorio. Había pasado toda una semana con los Pistoleros Solitarios conduciendo su furgoneta de arriba a abajo por el noreste, para hablar con los miembros de MUFON o al menos tratar de hacerlo. La mayoría de los miembros femeninos estaban todos muertos de cáncer cerebral. Los hombres pertenecientes a los, ahora disminuidos, grupos no tenían conocimiento sobre algún embarazo. Mulder miró su contestador automático, tenía cinco mensajes no escuchados, pulsó el botón de reproducción.

“Hola, soy yo. Recibí el mensaje que dejaste en la oficina. Estaba almorzando en el John Marshall Park. ¿Olvidaste que me gusta almorzar allí cuando el clima es agradable? Te estoy llamando porque Charlie y Jennifer se preguntaban si te gustaría ir a cenar alguna vez. Házmelo saber.” No sabía cómo sentirse acerca de eso.

“Hola Fox, soy tu madre. Sólo me preguntaba cómo estabas. Llámame cuando tengas oportunidad.” Suspiró. La llamaría más tarde.

“Hola Marty, soy Vanessa. Ha pasado tanto tiempo desde que oí tu sexy voz. He estado tan sola y me haces falta terriblemente. Marty, sólo para ti estamos ofreciendo una baja tasa especial de 45 centavos por minuto adicional y $2,99 para el primer minuto. Llámame pronto, amante.” Rodó los ojos y apretó el botón de eliminar.

“Mulder, soy yo. Recibí tu mensaje. Estaba en mi hora de almuerzo. En el parque. Como de costumbre. Al parecer lo has olvidado. De nuevo. De todas formas, para responder tu pregunta, no he estado haciendo realmente nada emocionante últimamente. Sólo he estado trabajando en una monografía sobre el genotipo PCR para el “Forensic Sciences Journal”. ¿Qué estuviste haciendo tú, Mulder?”

Sintió una fuerte punzada de culpabilidad.

“¿Sabes, Mulder? Tal vez deberías intentar llamarme en cualquier otro momento que no sea a la hora del almuerzo. O bien, aquí está una idea novedosa, si necesitas hablar conmigo cuando estoy almorzando solo llama a mi maldito celular, ¿Ok?”

Mierda, ella estaba enojada. Mulder no la había visto desde el sábado pasado por la mañana, cuando había pasado por su casa con el desayuno después de hacer una corrida al Dunkin 'Donuts. La echaba muchísimo de menos. Trabajar con los Pistoleros Solitarios era mejor que trabajar solo, pero no ellos no eran Scully. Nadie lo era.

*****

A las 18:25 horas, Mulder estaba llamando a la puerta de Scully llevando una pizza grande con doble queso, una película de Steve Martin encima, y un paquete de seis Rolling Rock. Scully, vestida con camiseta blanca y jeans negros, abrió la puerta y frunció los labios al verlo. Podía decir que estaba debatiendo cómo reaccionar ante su presencia no anunciada en su apartamento después de evitar sus llamadas telefónicas durante toda la semana. Scully luego suspiró y se apartó de la puerta, permitiéndole entrar.

Dejó la pizza y las cervezas sobre la mesa de la sala.

“¿`The Jerk’? Mulder, Estás jodiendo?”

“Es un clásico de la comedia americana, Scully.”

Ella rodó los ojos. Mulder pensó que ella todavía parecía irritada con él.

“Y también es una disculpa.” dijo, soportando la caja del VHS contra su cara y haciendo pucheros.

Scully se rió y negó con la cabeza. Fue a la cocina para buscar un par de platos y un abridor, regresó a la sala de estar, se sentó en el sofá abriendo dos de las botellas de Rolling Rock en total silencio.

Mientras comían la pizza, Scully le preguntó qué había estado haciendo todo el tiempo que permaneció ausente. Mulder desvió el tema y le preguntó por su familia. Luego disfrutaron sentarse muy juntos en el sofá, riendo con la película. Scully le dedicó un montón de rodaduras de ojos y miradas punzantes lanzadas durante las partes más ridículas de la película. Él se reía divertido, levantaba los hombros o le guiñaba un ojo, a cambio, cada vez que eso sucedía.

Scully estaba sentada lo suficientemente cerca de él para que Mulder simplemente se estirase y así poder alcanzar y sostener su mano. O, quizá, tirar de ella hacia su cuerpo y poner sus brazos alrededor de Scully. Él quería hacerlo con urgencia. De vez en cuando durante la película, su mente vagaba en un universo alternativo en el que se dirigían con urgencia hacia el dormitorio, mientras frenéticamente se buscaban a tienta en la oscuridad y rasgaban la ropa del otro, hasta que sus dedos encontraban su sexo húmedo y su pequeña mano caliente acariciaba su sexo duro.

“Mulder, ¿estás bien?” Preguntó Scully preocupada. “Tus ojos están vidriosos y estás agitado.”

Mentalmente se contuvo y se maldijo por permitir que sus pensamientos lo llevaran a esa situación incómoda. “Sí, estoy bien, Scully. Sólo estoy un poco cansado.”

Mientras Mulder conducía a su casa esa noche, se preguntó cuánto tiempo más podría estar solo con su compañera en alguno de los apartamentos antes de perder el control. No podía soportar estar tan cerca de Scully sin rozarla, y sin embargo, no podía hacer eso tampoco. Pero ¿por qué iba a querer ella algo así? Podría arruinarlo todo. Y la situación se estaba convirtiendo en un tormento constante.

Cuando llegó a casa, se encontró con un nuevo mensaje en su máquina y en cuestión de segundos pudo escuchar la voz de Byers.

“Mulder, contactamos con una sección de MUFON ahora extinta en Raleigh, Carolina del Norte. También se encuentra en Raleigh el único ‘Lombard Center for Reproductive Medicine’ (Centro Lombard de Medicina Reproductiva), ahora cerrado, ya no está en funcionamiento. ¿El nombre Lombard te enciende alguna campana? Elimina este mensaje y llama al volver.”

*****

Mulder y los Pistoleros Solitarios pasaron la siguiente semana en Carolina del Norte, realizando entrevistas con ex miembros de MUFON. Incluso se las arreglaron para entrar en el ‘Lombard Center for Reproductive Medicine’, pero encontraron el edificio completamente vacío. Varios de los hombres con los que hablaron sabían de nueve mujeres de la sección Raleigh, todas casadas, cuyo cáncer había entrado repentinamente en remisión hasta desaparecer y después de un mes o dos estaban embarazadas luego de recibir tratamiento en el ‘Lombard Center’. Esto causó muchas especulaciones e incluso la discordia dentro del grupo, fue creciendo el enojo y las sospechosas sobre estas mujeres que habían estado de acuerdo en llevar los chips nuevamente colocados en sus cuellos.

Todas las mujeres sufrieron abortos involuntarios, pero regresaban al ‘Lombard Center’ y poco después estaban embarazadas de nuevo. Sólo para sufrir una vez más otro aborto involuntario. El viernes se reunieron con Paul Solometo, uno de los ex miembros de MUFON y abducido extraterrestre profeso. Les dijo que el ciclo de embarazo/aborto involuntario ocurrió tres veces antes de que el ‘Lombard Center’cerrara. También les habló de los computadores robados reportados en todas las casas de los miembros de MUFON poco antes que el Centro cerrara el pasado verano. La sección MUFON también se había disuelto el año pasado debido a la división en el grupo, y las mujeres habían muerto finalmente.

La mañana del sábado 24 de julio, Mulder y los Pistoleros Solitarios subieron a la furgoneta y se dirigieron a D.C Durante el trayecto de vuelta a casa Mulder no dijo mucho, se sentó en silencio escuchando la charla de sus amigos y sólo ocasionalmente añadió algo a la conversación.

“Así que, Mulder...” Langly habló después de un prolongado silencio. “¿Qué es lo que opina la Agente Scully de todo esto?”

“¿Qué?” Respondió, saliendo de su ensimismamiento. No sabía muy bien cómo responder a eso sin levantar sospechas. “Oh, está tan confundida como el resto de nosotros.”

“Bueno, si alguien puede entender algo de esto, esa es ella.” dijo Frohike con confianza.

Byers no dijo nada, pero en silencio miró a Mulder por el espejo retrovisor. Captó su mirada, y luego rápidamente desvió la suya.

*****

Cuando Mulder llegó a su casa esa tarde, se alegró de no haber encontrado más mensajes molestos. Eso fue principalmente gracias al hecho de que, a pesar de que le dejaba mensajes de voz en el trabajo, tomaba su celular y la llamaba todas las noches desde su habitación de hotel en Raleigh al acostarse. La mayoría de las noches terminaban discutiendo sobre la nave extraterrestre que Scully había encontrado en África, y sobre el conocimiento destinado a la evolución de sus sistemas de creencias. Ahora que ya estaba en su casa, Mulder, desesperadamente deseaba verla. Pero no creía que aparecer en su casa esa noche fuera una buena idea. Sus pensamientos se estaban volviendo mucho más difíciles de dominar, y mientras más explícitos eran sus pensamientos, tanto más cruel se convertía su voz interior.

Mulder ahora estaba totalmente convencido de que el amor que Scully sentía por él no superaba el de una estrecha amistad, porque... ¿cómo podría posiblemente suceder algo así? Con todo lo que ella había sufrido por su causa. Lo mejor para Scully sería irse lo más lejos posible de él. Podría tener la oportunidad de una vida normal, tal vez incluso una familia, pero al menos una vida en la que no estuviera en peligro cada minuto del maldito día, solo por trabajar en los X- Files. El Gobierno Oscuro, el Fumador y sus Socios, constantemente la habían usado como un peón en sus juegos para enviarlo por el camino equivocado, para engañarlo y manipularlo. Hicieron que Scully sufriera lo peor solo para castigarlo, y si alguna vez se enteraran de que su relación de camaradería se había convertido en algo más, podrían fácilmente volver a lastimarla.

Pero esta vez sería mucho peor que antes, porque en el pasado Mulder había estado dispuesto a hacer casi cualquier cosa para salvar la vida de Scully, casi cualquier cosa. Pero si permitía que Scully tuviera acceso sin restricciones a su corazón, y a su cuerpo, no estaba seguro de si su brújula moral permanecería intacta si amenazaban su vida de nuevo. Él fácilmente podría ir más allá del punto de no retorno, donde nadie quedaría en pie si sus enemigos se encontraran en la mira del cañón de su pistola. Él podría incluso estar dispuesto a hacer lo impensable: vender su alma al diablo y ponerse bajo el poder del Fumador.

A pesar de que estos pensamientos agresivos eran útiles en el control de sus deseos momentáneos, sin protección hacia Scully, todavía sentía que podía cruzar fácilmente la línea y perder el control. Así que a la mañana siguiente, se presentó en el apartamento de su compañera a las 9:00 am. Había conseguido reservar dos entradas para ver el partido del domingo: Yankees contra Cleveland Indians. Un estadio de baseball parecía el lugar perfecto, y también una caja fuerte, para pasar horas en compañía de Scully sin el temor de saltar sobre ella como un adolescente con las hormonas alborotadas.

*****

Su viaje en coche a New York fue una agradable experiencia. No hablaron en ningún momento de trabajo o de Bill Jr. Mulder mantuvo la radio en la estación de rock clásico, y Scully se encontró divirtiéndose cuando él comenzó a cantar casi a los gritos ‘Comfortably Numb’ de Pink Floyd o ‘Panamá’ de Van Halen. La visión de Mulder golpeando rítmicamente el volante y meneando la cabeza, pronunciando en silencio los sólos, lograron que a Scully le diera un ataque de risa.

“Realmente estás viéndote muy suelto, Mulder. Mira lo que las vacaciones han hecho contigo.”

Le lanzó una mirada sarcástica en dirección a Scully. “Sólo estoy disfrutando del paseo, Scully. Tal vez si la radio pasara algún tema de Fleetwood Mac, podrías ‘verte suelta’ también.” Contraatacó inexpresivo.

Ella rodó los ojos. “¿Qué hay de malo con Fleetwood Mac? Son geniales.”

Scully nunca había estado en el ‘Yankee Stadium’ antes, y a Mulder le encantó jugar a ser su guía turístico. Pasaron la tarde viendo el partido, con los comentarios de Mulder ante cada mala o buena jugada, comiendo hot dogs, compartiendo palomitas de maíz, y bebiendo cerveza helada. Mulder disfrutaba muchísimo ver una enorme sonrisa casi constante en el rostro de Scully.

En la parte final de la octava entrada, Scully comenzó a bostezar.

“¿Estás cansada?” Preguntó Mulder.

“Mm- hmm” Scully respondió, y luego ahogó otro bostezo.

Ella deslizó su brazo derecho bajo el izquierdo de Mulder, doblando el codo contra el suyo, y poniendo su mano en el antebrazo de su compañero, a continuación, apoyó la cabeza en su hombro. Mulder sonrió. Casi dormitando, ella distraídamente comenzó a pasar suavemente la punta de sus dedos arriba y abajo por su brazo. Mulder cerró los ojos. Su corazón se hinchó, y el casi olvidado sentimiento esperanzador regresó. En ese momento, Mulder deseó poder pasar el resto de su vida haciéndola feliz.

A última hora del miércoles 28 de julio, Scully lo llamó para informarle que debía asistir al ‘Little Rock Bureau’ en Arkansas para ayudar con un caso de asesinato con posibles connotaciones de cultistas satánicos, viajaba esa noche. A Mulder no le gustaba la idea de que ella volara al otro lado del país sin él, pero no le dijo nada sobre eso. Sabía que estaba desesperada por salir del sótano.

Al día siguiente, lo había llamado llorando desesperada. Realizar autopsias en niños le había costado un alto precio a sus emociones, y lo habría hecho en cualquiera. Mulder se alegró de que ella lo llamara, y que él fuera capaz de proporcionarle una cierta comodidad y un oído atento. Scully siempre fue tan independiente; no permitía que él ni nadie la viese llorar, no compartía sus miedos, no queriendo que Mulder se sintiera con la necesidad de protegerla; sus vulnerabilidades siempre ocultas bajo la superficie. Y había sido así siempre. O hasta hacía muy poco lo era. Se sintió aliviado cuando su compañera llamó el viernes para decirle que estaba volando a D.C

*****

Scully pasó el fin de semana en Baltimore siendo la niñera de Charlie y Jennifer, por lo que Mulder no supo nada de ella hasta la mañana del lunes después de que llegara al trabajo. Había un mensaje de voz para él que se había grabado en la tarde del sábado. Era alguien llamado Paul Solometo de la Mutual UFO Network pidiendo que Mulder lo llame cuando tenga la oportunidad. Dejó un número de teléfono con un código de área 919: Raleigh- Durham. Scully había asumido que era una de sus fuentes habituales, y Mulder no la corrigió. Ella le preguntó qué pensaba que el tipo querría, pero él le dijo que no tenía idea. Scully le informó que estaría entrando y saliendo de la oficina en la semana, porque uno de los patólogos de Quántico le había pedido hacerse cargo de algunas tareas mientras él salía con su familia de vacaciones.

Más tarde, Mulder manejó hasta la oficina de los Pistoleros Solitarios, desde allí llamaron a Solometo. Este le dijo que recordó algo que había olvidado completamente y pensó en llamarlo para contarle al respecto, quizás la información podría serle útil. Después de que los embarazos fracasaran por tercera vez, una agente del FBI “una mujer, alta y morena” llegó a la ciudad para investigar sobre eso y habló con las mujeres acerca de su tratamiento de infertilidad. El Lombard Center inesperadamente cerró unos días más tarde y todos los médicos dejaros sus hogares en Raleigh. No los habían visto ni sabido nada sobre ellos desde entonces. Todas las mujeres MUFON poco después sufrieron la reincidencia de los tumores cerebrales.

Mulder y los Pistoleros se sentaron en silencio. No había habido otros informes de los grupos MUFON en otras zonas del país, sobre embarazos sorprendentes experimentados por miembros estériles. El episodio Raleigh había sido el único. Tampoco hubo informes sobre algún otro Lombard Center apareciendo en otro sitio. Mulder no tenía idea de a dónde ir desde aquí.

“Tal vez deberíamos llamar a la agente Scully.” Sugirió Frohike. “Ella podría saber qué demonios hacer...”

“Ella está en Quántico.” Mulder respondió bruscamente. “No quiero molestarla.”

“Pero Scully realmente podría ayudarnos.” Añadió Langly. - Podría investigar el uso de los canales oficiales, tal vez averiguar qué más hacia Diana cuando trabajaba para el FBI.

“Por última vez, Scully ya tiene suficiente en su plato de trabajo dentro de los X- Files.” Mulder habló con firmeza. De ninguna manera iba a hablar sobre Diana con ella de nuevo.  “Ella no tiene tiempo para estar corriendo por ahí con nosotros.”

“¿No tiene una teoría? - Langly continuó. “¿Una idea que pueda sernos útil? Ella tiene que tener algún tipo de opinión sobre este tema.”

Mulder suspiró. “Si Scully tuviese una teoría o una sugerencia, no crees que ya lo habría dicho? Ella no sabe qué hacer más de lo que hacemos. Con toda probabilidad, esos experimentos ya se detuvieron y cubrieron sus huellas bastante bien.”

Se puso de pie y caminó hacia la puerta, pidiéndoles que lo llamaran si algo más aparecía. Frohike y Langly negaron con la cabeza desorientados, mientras que Byers observaba la espalda de Mulder hasta que la puerta se cerró. Cuando Mulder estaba por subirse al auto, una voz lo llamó.

“¡Ey, Mulder!”

Se dio la vuelta y vio a Byers caminando hacia él. “¿Sí?”

Byers titubeó nervioso, pero luego pareció bañarse en acero al decirle: “¿Por qué no le dijiste nada a la agente Scully acerca de esto?”

Él parpadeó. “¿Qué quieres decir?”

“No le dijiste a Scully ni una sola cosa acerca de lo que estavimos haciendo últimamente. Ella no tiene una maldita idea acerca de estos experimentos en las mujeres MUFON. Ni siquiera le hablaste sobre el disco que te dejó Diana, ¿verdad? ¿Por qué?”

Mulder paso saliva. “Decidí que era mejor dejarla fuera de todo esto.”

“Eso realmente no responde a mi pregunta.” Él suspiró y movió los pies. “¡Ella va a matarnos cuando se entere, Mulder!”

Pensó que era un poco cómico pero Byers en realidad parecía asustado. “Byers, cálmate. Todo estará bien. Mira, me tengo que ir.”

Byers sólo podían ver con impotencia como Mulder comenzó a alejarse. De repente, Mulder se volvió y le lanzó una mirada siniestra.

“Ah, Byers... Ni se te ocurra decirle algo. Es mejor para Scully no enterarse de esto.”

*****

A las 20:30 del viernes 6 de agosto, Mulder se presentó en el apartamento de Scully. Se imaginó que iba en contra de su mejor juicio, pero decidió lanzar la precaución al viento. Ella no estaba en casa. ¿Dónde podría estar a esa hora de la noche? Oh, bueno, él la esperaría. Sólo necesitaba verla. El pasar de estar con Scully todo el día, casi todos los días, a sólo una vez a la semana minimamente lo estaba haciendo sentir miserable, por encima de todo lo demás de lo que lo estaba haciendo infeliz por esos días. Su propia maldita culpa.

Sabía que tenía que tomar una decisión sobre Scully. Se sentía atrapado entre la espada y la pared, y no podía seguir mucho más tiempo así. Tenía que ser todo o nada. ¿Pero porque? ¿Por qué debía hacer una elección entre la búsqueda de la verdad y estar con Scully? Mulder se había sentido atormentado por sus sueños últimamente. Cada noche soñaba con Scully en esa playa, la tomaba entre sus brazos y cumplía todos sus deseos. O al menos lo intentaba. Cada noche, el Hombre Cáncer invadía su momento de pasión, lo alejaba de Scully y colocaba el chip en la base de su cuello. Scully gritaba, y Mulder se despertaba sudando y lleno de ansiedad. Pensó que era una señal, una advertencia de algún tipo.

Mulder pensaba que nunca podría tener a Scully en la forma en que él realmente quería tenerla, no a menos que renunciara a su búsqueda. Por el contrario, ellos nunca dejarían de buscarla sino. Debía olvidarse lo que esas personas de mente cerrada dentro el FBI pensarían sobre ellos. Él no sólo estaría poniendo en peligro su reputación, pero sí su vida. Mulder seguía buscando respuestas, para su hermana. Había elegido a Scully en su búsqueda, y la había puesto por encima de su hermana, antes. ¿Estaba dispuesto a alejarse de esa vida de búsqueda por completo? ¿Podría tener una vida con Scully? Y quién podía decir que Scully lo quería de esa manera. A veces se sentía seguro de que ella lo hacía, y otras veces se convencía de que su vínculo no era nada más que una simple amistad. Pero esto ya no podía continuar más así. Tenía que hablar con ella sobre eso, sobre su futuro. Scully no vería con buenos ojos el ser expulsados de los X- Files, pero él tenía que trazar una línea en alguna parte. Sería por su propio bien, de todos modos.

Estos eran los pensamientos que corrían por su mente mientras estaba sentado en la mesa de la cocina de Scully, a la espera de que ella vuelva a casa. Con el tiempo la puesta de sol y el apartamento se oscurecieron, pero Mulder no estaba lo suficientemente motivado para levantarse y encender las luces.

Entonces, justo después de las 22:30 horas, pudo oír las llaves de Scully en la puerta. La vio entrar y caminar a oscuras dentro del apartamento, tiró las llaves sobre la mesita junto a la puerta, y se quitó los zapatos. Llevaba un vestido que le llegaba por sobre las rodillas. Y para su sorpresa estaba tarareando una melodía.

¿Dónde carajo había estado toda la noche?

Scully se sorprendió/ asustó cuando lo vio sentado allí, y él pudo sentir por un segundo que reaccionaba con un cierto grado de furia cuando le preguntó dónde había estado. Aunque se alivió al instante cuando Scully le preguntó si quería tomar un poco de helado. Pensó que solo había imaginado su molestia, ella no parecía tan enojada ahora. ¿Había estado bebiendo? Espera... ¿acababa de decir que había estado en una cita?

La observó fijamente mientras cerraba la puerta del congelador y ponía el pote de helado en su extremo opuesto de la mesa. La observó fijamente mientras caminaba hacia uno de los armarios y lo abría. Mulder pensó en ofrecerle ayuda pero parecía que había echado raíces en su asiento, sólo quería quedarse así: mirándola fijamente.

Ella estaba hablando de Kresge, pero le resultaba difícil concentrarse en lo que le estaba diciendo. Llevaba un vestido azul sin espalda, y él había visto el tramo superior de su espalda mientras tomaba los dos cuencos del armario. Sintió como se le aceleraba el corazón. Su mirada siguió su movimiento a través del fregadero y al abrir un cajón para sacar las cucharas. Se le secó la garganta. Scully regresó a la mesa y comenzó a repartir el helado, y Mulder observó los músculos de su brazo derecho al contraerse y extenderse. La respiración se le espesó. En medio de su nebulosa mental pudo escuchar que estaba hablando de Emily. ¿Había algo horrible que no le hubiese sucedido a Scully?

Scully se dirigió hacia su extremo de la mesa llevando las copas de helado, y se sentó viéndose como una: gatita- acorralada fente a él. Mientras tomaba su helado, todas las cosas que había planeado decirle a Scully se le escaparon de la mente, y por eso dejó que ella llevara la conversación. Tal vez ese no era el momento adecuado.

Mulder no podía creer que Bill Jr le pidiese a un desconocido al azar, alguien a quien Scully no había vuelto a ver desde la Navidad del ‘97 y bajo circunstancias extremas, que la invitase a salir sólo para tratar de apartarla de él. Pero pensándolo bien, él sí podía creerlo. Bill Jr era un tonto del culo. ¿Y Scully estaba diciendo que había pasado un buen momento de todos modos? ¡CARAJO!

Para disgusto de Mulder, al parecer compartir una pizza y una noche de cine, o ir al estadio de los Yankees no contaba como una cita para Scully. Claro, tal vez para Scully pasar el día viendo un partido de baseball no podría compararse a cenar en un restaurante de lujo, pero para él ese había sido sin duda uno de los mejores días que había tenido durante todo el puto año. Lo que sea. ¿Qué carajo le acaba de decir? ¿Acababa de mencionar a Jerse? ¡Maldita sea!

A Mulder no le gustaba la forma en que esta conversación se iba desarrollando. ¿Qué le hacía pensar que pasar la noche con un desconocido que conoció en un salón de tatuajes en un barrio de mierda era una buena puta idea? ¿Estaba enojado con él por algo? Tenía que ser algo más que no tener un escritorio maldito. ‘No todo se trata de ti, Mulder. Es mi vida’. Yeah, bueno ¿adivinen qué? Su vida era ahora su vida también. Lo que pasaba con ella era su maldito asunto también.

Se alegró de que Scully nunca hiciese algo tan estúpido de nuevo, pero que no quería hablar del maldito Jerse del demonio ahora.

 “Kresge.” Mulder respondió a su pregunta.

“Me preguntó si tenía planes para cenar, y contesté con honestidad. Realmente no podía pensar en una razón legítima para rechazar su oferta... Me gustó que me invitara... Simplemente.” respondió Scully levantando los hombros.

“Oh.” Mulder miró su cuchara. No había una razón para rechazar salir a una cita con algún otro tipo, ¿eh? Bueno, eso lo resolvía todo, entonces.

Todavía tenía una semana más de licencia médica, pero, a la luz de los recientes acontecimientos, sintió que ya era hora de volver al trabajo. Cuando Mulder entró por la puerta de su apartamento, no mucho después de la medianoche, decidió llamar a Skinner por la mañana. Sin falta.

 

CONTINUARÁ...

 

Chapter Text

El fin de semana, después de la desgraciada noche del viernes pasado en su cocina con un melancólico Mulder, Scully no había oído nada sobre él. Hubo una marcada frialdad en la forma en que Mulder se despidió de ella cuando se fue, que la dejó con una sensación de temor inexplicable. Scully podía contar con una mano el número de veces que Mulder había estado legítimamente enfadado con ella en los últimos seis años, y esa incómoda sensación volvió su estómago. Cada vez que iba a tomar el teléfono para llamarlo, cambiaba de opinión. No tenía idea que decirle. Scully pensó en pedirle disculpas, pero no creía haber hecho algo que ameritara hacerlo.

La mañana del lunes 9 de agosto, Scully se abrió paso a través de la entrada de los empleados en las oficinas centrales del FBI y se metió en el ascensor. Dentro se encontraba otra agente que la saludó calurosamente.

“¡Hola, Dana! ¿Cómo estás?”

“Oh, hola Natalie... bien, bien... lo siento, no te vi. ¿Cómo te va?”

“Bien. ¿Irás al Seminario de Trabajo en Equipo (Team Building Seminar) este fin de semana?”

“¡¿Este fin de semana?!” Scully no recordaba si había oído algo acerca de esto o no.

“Sí. La conferencia será en Philadelphia este año.” respondió Natalie. “Es este sábado. Será divertido. ¿Tú y el agente Mulder irán?”

“Um... no, no este año. Mulder sigue de baja médica, así que vamos a terminar perdiéndonos el Seminario.” Desde luego, el muy hijo de puta estaría encantado de haberse escapado del Seminario de Trabajo en Equipo una vez más.

Natalie parecía un poco decepcionada. “Esa es una mala noticia.” El ascensor se detuvo en el tercer piso, y comenzó a hacer su camino de salida. “Bueno, espero que nos vemos pronto, Dana. Debemos almorzar juntas para charlar en estos días. Ah, y dile al agente Mulder que le envio un saludo.” Le sonrió y las puertas se cerraron.

Scully salió del ascensor en el cuarto piso y se dirigió a la oficina de Skinner. Fue recibida por su secretaria, diciéndole: “Debe estar feliz por tener al agente Mulder de vuelta, ¿eh?” Mientras abría la puerta de Skinner para ella. Scully le dirigió una mirada de perplejidad antes de girar y ver Mulder, vestido con su traje oscuro, sentado en una silla frente al escritorio de Skinner.

Ella se detuvo y lo miró fijamente.

“Gracias por venir, Agente Scully.” Skinner saludó mientras se levantaba de su escritorio. “Toma asiento.”

Mulder no dijo una palabra, y ni siquiera la había mirado desde el momento en que llegó. Scully se sentó en la silla de al lado.

“Para empezar.” Skinner comenzó. “Buen trabajo en Arkansas, Agente Scully. Los análisis forenses que hizo de los cuerpos de las víctimas los llevó a hacer el arresto. La Oficina de Campo de Little Rock (The Little Rock Field Office) está muy agradecida con usted y su trabajo. Felicitaciones.”

“Estoy feliz de haber podido ayudar en el caso, señor. - Respondió Scully, todavía confundido acerca de la presencia de Mulder en la oficina.”

“En segundo lugar, el agente Mulder...” Skinner continuó. “Bueno... Sinceramente, hubiera estado sorprendido si hubiese completado toda su licencia médica. En realidad estaba esperando su solicitud para volver al trabajo hace semanas.”

“Encontré la manera de mantenerme ocupado.” respondió Mulder.

“Ahora, la verdadera razón por la que estamos aquí...” dijo Skinner, mientras sostenía un pedazo de papel. “Es sobre su solicitud para ir a África, al sitio donde la agente Scully hizo ese... descubrimiento.”

Scully volvió rápidamente la cabeza y miró a Mulder. Esto era nuevo para ella. Mulder tragó saliva, pero siguió mirando resueltamente a Skinner.

“¿Qué tiene que decir acerca de esto? - Skinner le preguntó a ella.

“Uh... No sé, señor.” Scully vaciló. “Las posibilidades son... creo que lo más probable es que la nave no esté ni siquiera allí.”

“Bueno, independientemente de eso, la solicitud del Agente Mulder ha sido denegada.”

“¿Por qué? - Preguntó Mulder acaloradamente.”

“Odio tener que decírtelo, Mulder.” Respondió Skinner, con una mirada exasperada. “Pero Costa de Marfil está en África Occidental y África Occidental no está bajo la jurisdicción del FBI.”

“Pero la agente Scully fue allí.” Mulder insistió, todavía sin mirarla. Scully se sentía como que estaba hablando de ella como si no estuviese en la habitación.

“Sí, ella lo hizo.” Murmuró Skinner, mirando a Scully. “Extraoficialmente, y sin permiso.”

“Para salvar la vida del Agente Mulder, señor.” Ella no estaba dispuesta a pedir disculpas por eso. Scully miró la boca de Mulder justo cuando hacía una ligera contracción, pero no dijo nada.

“No estoy tratando de invalidar sus acciones, Scully. “Skinner respondió en un tono más suave. “Usted hizo lo que sentía que tenía que hacer. Sabe que la apoyo y hasta voy a omitir algunas cosas en el informe. Pero el agente Mulder pide ir a África como una investigación oficial de los X- Files, y eso es algo que la Oficina no puede permitirse.”

Scully suspiró. Deseó que Mulder hubiese hablado con ella sobre esto. Deseaba que le hubiera dicho que iba a volver a trabajar. Deseó que Mulder al menos la mirara.

“¿Es la decisión final?” Preguntó Mulder lacónicamente.

“En lo que a usted respecta, sí.” Respondió Skinner secamente. “Pueden retirarse ahora, agentes.”

Mulder y Scully se dirigieron a la oficina del sótano en silencio. Mulder abrió la puerta, y fue a sentarse en su escritorio. Scully lo siguió dentro, acercó una silla y se sentó frente a él con los brazos cruzados. No tenía ni idea de qué podía decirle. Quería oponerse a él, a lo que dijera o hiciese por seguir manteniéndola apartada de las cosas, por dejarla fuera de todo. Pero Scully ya había tenido un fin de semana miserable y sólo quería las cosas volvieran a la normalidad.

“Así que... ¿Cuándo ibas a decirme lo de África, Mulder?” Le preguntó, asegurándose de que su tono no era argumentativo o acusatorio. “¿Por qué no me dijiste que ibas a volver a trabajar? ¿O que pensabas volver sobre ese asunto?”

“Quería darte una sorpresa” Mulder respondió con evasivas.

“Bueno, funcionó.” Ella arqueó la ceja.

“Scully, todavía hay respuestas que deben hacerse.” dijo. “Esa nave espacial no puede ser la única. Debe haber más por ahí para encontrar. A veces siento que no estamos llegando a ningún lado.”

“Mulder, esa pieza que encontramos...” comenzó.

“Encontraste, Scully. Tú la encontraste” La corrigió, mirando hacia el escritorio. Podía sentir que se sentía decepcionado.

Ella frunció los labios y suspiró. “No hay un ‘yo’ en los X- Files, Mulder. Es ‘nosotros’. Algo que haya logrado de forma individual cuenta como tu éxito también.”

Ante eso, Mulder levantó la vista y la miró a los ojos como si la viera por primera vez. Pensó que no había nadie en el planeta menos egoísta y mejor persona que ella.

“¿Scully? ¿Vas a ver a Kresge de nuevo?”

“No, Mulder. No voy a verlo nuevamente.”

*****

En el transcurso de la semana, Scully y Mulder se las arreglaron para mantenerse ocupados en el trabajo. Una de las fuentes de Mulder le había enviado un correo electrónico con un artículo de periódico sobre una adolescente que, según los informes, había sido ‘secuestrada/abducida’ en su casa bajo extrañas circunstancias que implicaban: ‘luces brillantes’; ‘puertas temblorosas’ y ‘una figura misteriosa’ entrando en la casa. Mulder y Scully se condujeron a Lewistown, Pennsylvania para investigar, sólo para descubrir que las ‘circunstancias extrañas’ del secuestro que había sido relatado por su hermano fueron provocadas por alucinaciones causadas por el consumo de drogas. La joven fue encontrada en una ciudad cercana, a unas 70 millas de distancia en una habitación de motel con su novio.

Mulder también había encontrado la manera de presentar una solicitud de permiso por: ‘Razones de Salud Mental’ como una manera de salir del seminario en Philadelphia ese fin de semana.

“Mulder, en los seis años que hemos sido compañeros, no hemos ido a un solo Seminario de Trabajo en Equipo.” Señaló.

“¿Por qué tendríamos que ir, Scully? Otros agentes podrían pasar 75 años en el Bureau y ni siquiera acercarse a ver o hacer las cosas que hemos hecho juntos. No veo cómo pasar todo un sábado en una sala de conferencias de hotel escuchando charlas sobre ‘Superación de límites’ (Going the extra mile), y tener que dirigirme para encontrar un artículo en la sala con los ojos vendados va a ser algo útil. Pero si realmente quieres probar algunas de las actividades de trabajo en equipo conmigo, Scully, puedes vendarme los ojos, a lo mejor le encontramos un uso divertido.” Mulder movió las cejas.

Ella rodó los ojos y sacudió la cabeza. Scully pensó que la construcción de algunas habilidades de trabajo en equipo podría no ser una mala idea.

Viernes 13 de agosto

16:00 horas

Mulder y Scully se dirigieron a la oficina de Skinner para repasar su informe sobre el caso Lewistown, PA. (Pennsylvania) Mientras estaban sentados frente al escritorio de su jefe viéndolo reeler sus notas, este parecía molesto por algo.

“Buen trabajo en Lewistown.”Skinner comenzó. “Su informe es muy minucioso.”

Mulder asintió. Scully frunció los labios. Les parecía que Skinner estaba incómodo. Un momento después, su secretaria Kimberly anunció por el intercomunicador que la Subdirectora (Deputy Director) Jana Cassidy estaba en la línea. Skinner suspiró y pareció prepararse a sí mismo para lo que iba a escuchar. Luego puso a Cassidy en el speaker del teléfono.

“Buenas tardes, Subdirectora. Tengo a los agentes Mulder y Scully en mi oficina.”

“Gracias, Walter. Agente Mulder... recibí un formulario de solicitud suyo ayer por la mañana con respecto a su deseo de investigar el lugar del accidente UFO extraterrestre en África, que negué con prontitud y con asiduidad. Creo que el AD Skinner le había informado que ese tipo de investigación no estaría respaldada por el Bureau. Y ahora me entero de que no sólo hizo una vez más oídos sordos a la orden de su superior directo, sino que también lo hizo sobre la mía, pasó por sobre nuestras cabezas y envió su solicitud ridícula esta mañana al propio Director.”

Scully volvió su cara sorprendida e incrédula hacia Mulder. Él la miró a los ojos, lo que confirmaba lo que acaba de decir la Subdirectora Cassidy.

“¿Sabía algo sobre esto, Agente Scully?” Exigió Cassidy.

Miró nuevamente hacia Mulder, quien le dio un ligero movimiento de cabeza negativo para que ella contestara con total sinceridad. “No señora, no lo sabía.”

 “Agente Scully, ¿el propósito de enviarla a esa oficina de mala muerte en el sótano no era para que este tipo de tonterías fueran controladas? ¿Cómo es que no tiene ni idea de lo que su compañero está haciendo?”

“El agente Mulder decidió no compartir esto conmigo, señora.” Scully lo miró fijamente. Estaba furiosa.

“Ah, ya veo... Bueno, entonces, ¿qué hacemos al respecto? Veo aquí que ustedes dos han estado juntos como compañeros desde 1993 y ni una sola vez han asistido al Seminario de Trabajo en Equipo. De hecho, el agente Mulder, a principios de esta semana presentó una solicitud de permiso por: ‘Razones de salud mental’ derivadas de su estancia en el hospital a principios de este año a la División de Formación (Training Division) de modo que usted, agente Mulder, no tiene que asistir a las conferencias del Seminario en Philadelphia. Porque usted, agente Mulder, debe tener serios problemas de salud mental ya que creyó que enviarle dicha solicitud absurda al Director era una buena idea.

Él suspiró conteniendo la ira.

“Viendo que como es casi la última hora del viernes por la tarde, las localidades para las conferencias del Seminario de mañana están todas llenas. Sin embargo, por suerte para usted, hay vacantes en otros lugares.”

Mulder le lanzó una mirada inquieta a Scully.

“Algunas de las oficinas ubicadas sobre el medio oeste estarán tres días en un: Retiro de Equipo (Team Building Retreat), que se celebrará en Colorado el próximo fin de semana. Usted y la Agente Scully deberán presentarse allí. Ambos parecen tener la necesidad de trabajar en equipo para lograr que la comunicación sea más eficaz entre ustedes. El AD Skinner les informará sobre sus planes de viaje. Eso es todo.”

La Subdirectora Jana Cassidy colgó el teléfono. Skinner suspiró. Mulder miró al techo. Scully se sentía nerviosa e impaciente.

*****

La noche del jueves 19 de agosto, Mulder y Scully llegaron a Colorado Springs. Después de registrarse en un motel, Mulder puso el bolso en el suelo y se sentó en el extremo de su cama. Scully estaba justo al otro lado de la puerta de sus habitaciones contiguas. Reflexionó acerca de ir a ver lo que estaba haciendo su colega, pero se frenó, y decidió no hacerlo. Los impulsos que estaba sintiendo en ese momento podrían hacer que su viaje a la habitación de Scully resultase desastroso.

Mulder se sentía más conflictuado que nunca. Por momentos, deseaba decirle a Scully que lo mejor para ella era que se fuera de los X- Files y ejerciera su carrera como médica. Unos instantes después, el sólo pensamiento de ella alejándose de él lo dejaba tambaleándose, revolcándose en profundos sentimientos de miseria. ¿Cómo iba a trabajar con ella todo el tiempo y aún así mantener una distancia segura? ¿Cómo podía tomar lo que quería de ella sin poner en peligro su asociación, o su vida? Lo que sentía por Scully era demasiado intenso como para solo ignorarlo. Ya no podía hacerlo. Es más, había estado a punto de saltar sobre ella los últimos malditos días, solo dios sabía cómo había logrado controlarse. Se tomó la cabeza con las manos mientras se dejaba caer en la cama suspirando. Encendió la televisión y pasó todos los canales. Nada le interesaba, pero los impulsos, los deseos que sentía eran ahora abrumadoramente poderosos y necesitaban una urgente liberación.

Entró en el cuarto de baño y abrió la ducha, asegurándose de que el agua estuviese tan caliente como fuera posible sin quemarlo. La habitación se llenó de vapor mientras él se quitaba la camiseta y los pantalones. Después de eliminar calcetines y boxer, se metió en la ducha, dejando escapar un suspiro de alivio cuando el agua caliente cayó sobre su miembro duro.

Puso su antebrazo izquierdo contra la pared debajo de la ducha y se inclinó hacia adelante, luego colocó la mano derecha alrededor de su pene, dándole un golpe lento. “Dios, Scullyyyy...” Jadeó, y creció con más fuerza. Cerró los ojos. Su imaginación lo llevó desde la ducha a estar de vuelta en su habitación, sentado en el extremo de la cama del motel, pero esta vez Scully había entrado por la puerta que los separaba.

Ella estaba de rodillas delante de él, y se deshacía de sus jeans, deslizandolos hacia abajo, por sus piernas junto con sus boxer. Se movió, extendiendo sus piernas para separarlas. Scully bajó la cabeza, pasando su lengua de arriba a abajo con fuerza sobre el eje de Mulder.

Sus propios dedos acariciaban suavemente hacia arriba y hacia abajo, y de golpe, giraban sobre la cabeza de su sexo como el agua caliente sobre sus hombros y al segundo apretaban con fuerza la base. Un ronco gemido salió de su garganta.

Scully envolvió su mano izquierda alrededor de sus bolas apretando suavecito, con la mano derecha tirando más y más de él mientras se metía la punta dentro de su boca.

“Carajo, siiií...” Siseó dentro de la ducha, y se acarició más rápido. Sus fuertes gemidos resonaban en las paredes de la ducha.

 

Scully estaba moviendo la mano hacia arriba y abajo a un ritmo más rápido, mientras que su lengua se arremolinaba sobre la cabeza de su sexo. Ella estaba gimiendo y mientras lo lamía tenía los ojos clavados en los suyos.

Un sonido bajo y desesperado escapó de la garganta de Mulder. Cerró los ojos cuando comenzó a ver estrellas. Estaba bombeando rápido, más rápido, forzándose a alargar la sensación sintiendo que la liberación era inminente. Sus piernas temblaban, y clamaron: “¡Ahhh, carajo Scully! ¡Ahhhhh!” Cuando su clímax se derramó contra la pared de la ducha. Se quedó allí jadeando, acariciando suavemente su miembro suavizando su respiración mientras bajaba de su orgasmo, murmurando el nombre de Scully repetidamente, inclinando todo su peso contra la pared apoyando su frente en su brazo. Dejando que el agua caliente lo limpiara.

Despues de unos minutos, cuando se recuperó finalmente, se dio una dura rápida. Después de secarse, se puso un par de pantalones cortos de los Knicks y una camiseta blanca. Hubo un golpe suave en la puerta que separaba su habitación de la de Scully.

“¿Mulder? ¿Estás cambiado?” Scully preguntó abriendo la puerta unos centímetros. “Iba a pedir algo para cenar. ¿Quieres que comamos algo juntos?”

Él suspiró. Gracias a Dios por esa ducha, o tendría que rechazar el plan. “Claro, Scully. Me parece bien.”

*****

A las 8:00 de la mañana del viernes, Mulder y Scully fueron hacia River Dance Wilderness Lodge justo fuera de los límites de la ciudad de Colorado Springs. La sala de conferencias estaba llena con otras 10 parejas del FBI, de varios estados diferentes, todos sentados en mesas circulares. Cuando el reloj dio las 09 a.m. exactamente, dos hombres de mediana edad vestidos con uniforme de camuflaje se pusieron de pie en la parte delantera, presentándose a la habitación.

“Mi nombre es Bob Miller y él es Randy Avery. Nosotros somos los co- fundadores del “Team Builders Ex”. Como ex graduados TOP GUN, nuestra amplia experiencia de liderazgo como militares profesionales haremos de este equipo y este taller de creación algo que nunca olvidarán.”

Mulder se inclinó hacia Scully, susurrando: “Mátame ahora.” Ella sonrió.

Randy comenzó a dirigirse al grupo. “Como se puede ver, les pedimos que todos ustedes viniesen con ropa casual, y no con su ropa de trabajo habitual. O sea, sin sus trajes. Si ustedes pensaron que esto iba a ser sólo asistir a algunos seminarios donde nos sentamos en una rancia sala de conferencias de un hotel, y pasamos todo el día construyendo torres de muebles y haciendo que su confianza caiga día tras día, se equivocan, piensen otra vez. Estamos aquí para hacer que dos individuos se conviertan en una unidad insular de confianza, fuerza y comunicación.”

 “Y lo hacemos... - añadió Bob.” Por que empujarlos a un escenario de la vida real los obligará a trabajar juntos para sobrevivir.

Mulder y Scully se miraron aprensivos. Luego asistieron a un discurso de apertura que duró una larga hora que cubría desde las habilidades necesarias para el trabajo de un equipo eficaz, una mejor comunicación, la resolución de problemas y la toma de decisiones, y, por último, hacer frente a los conflictos de equipo.

“Ahora vamos a poner la cabeza fuera. (‘head out’ Salir. Modismo del Medio Oeste)” Concluyó Randy entusiasmo. Scully echó una mirada incómoda a Mulder, que estaba mirando al techo y sacudiendo la cabeza.

Todo el grupo se amontonó en varios jeeps que esperaban fuera, y partió al albergue. A medida que el rastro de los vehículos se alejaba de la carretera, Scully notó un cartel que decía: ‘Golden Gate Pointe State Park’ de ‘70.000 acres’ en letra más pequeña debajo. Se preguntó qué habría en la tienda.

Los jeeps llegaron a una zona de aparcamiento, donde ya había una gran tienda de campaña establecida y llena de varias mesas de picnic con mochilas puestas sobre ellas. También había dos mujeres con portapapeles, vestidas con uniforme militar. El grupo hizo su camino a la tienda, y luego fue abordado por Bob y Randy.

“Ahora, ya que este es un refugio natural, todos ustedes serán repartidos por pareja por los distintos espacion verdes dentro del parque estatal.” dijo Bob. “Cada pareja recibirá una unidad de GPS y un mapa, y cada persona recibirá una mochila llena con todo lo que puedan necesitar. Si ustedes terminan llegando a algún lugar por accidente, necesitando algo más de lo que les dimos, entonces es que no están trabajando juntos correctamente.”

“Es absolutamente vital aquí que cada persona se “pegué” con su propia pareja.” añadió Randy. “No hay separación. No pueden unirse a otros grupos. Sólo hay tres rutas de senderismo, dentro de las muchas otras, que los llevará directamente al reservorio en el lado opuesto del parque. Los tres senderos llevan más de 36 horas para ir de excursión cuando se va a un ritmo de 20 millas por día, y la parada de la noche. No esperamos que todos vayan a ese ritmo, pero esperamos que todos ustedes puedan alcanzar el reservorio antes de la medianoche del sábado.”

“Esta zona puede ser un parque estatal, pero es salvaje.” añadió Bob. “El terreno puede ser duro. Van a tener días de calor, como hoy, pero por la noche la temperatura suele caer varios grados y sentirán un frío real. Ustedes pueden caminar más rápido o comprender el mapa mejor que su pareja. Es posible que se sienten frustrados con el otro. El punto es el trabajo a través de las frustraciones y conflictos; para trabajar en la resolución de problemas mediante la paciencia, la confianza y la comunicación.”

Randy continuó. “A cada pareja se le asignará un camino diferente, y ese es el camino que debe seguir. No aconsejamos dejar el recorrido asignado. Los tres primeros equipos que lleguen al embalse obtendrán un trofeo y los derechos plenos de fanfarronear frente al resto. Y espero que todos ustedes puedan adquirir de este trabajo las herramientas para lograr un equipo más eficaz y un nuevo sentido de aprecio por su pareja.”

 

Los equipos se alinearon en la carpa frente a las mujeres que sostenían los portapapeles. Las mujeres gritaban nombres, y luego entregaban la respectiva mochila y la pista de asignación. Bob y Randy de pie a la derecha de la tienda, supervisaban el proceso y respondían a cualquier pregunta que podía surgir en el grupo.

“¡Fox Mulder y Dana Scully!” Gritó una de las mujeres, con su pelo negro brillante fijado firmemente en una cola.

Cuando Mulder y Scully se acercaron y fueron entregadas sus mochilas y la unidad de GPS, Bob y Randy se acercaron.

“¿Agentes Scully y Mulder? Del FBI headquarters en D.C?” Preguntó Randy.

“Sí, esos somos nosotros.” respondió Mulder.

Bob y Randy se miraron el uno al otro. “Recibimos una llamada de teléfono especial sobre ustedes dos. No solemos tener agentes de la costa este.” dijo Bob.

“De hecho, tenemos una directiva especial para ustedes dos.” Continuó Randy. “Parece ser que su Subdirectora quería asegurarse de que haremos esta experiencia extra- especial para ustedes.”

Scully parpadeó. Mulder gimió internamente.

“No es tan malo.” Bob rió. “Como algo especial, no vamos a asignarles un recorrido. Vamos a dejar que recojan cualquier pista que deseen. En todo el parque. Sólo pedimos que permanezcan aquí una hora, de modo que los demás pueden llegar a sus rutas asignadas inadvertidos.”

Bob y Randy se alejaron para liderar el grupo a sus rutas de senderismo designadas. Mulder y Scully miraban en pos de ellos, y luego con resignación se sentaron en una mesa de picnic en el interior de la tienda.

“Solo piénsalo, Scully...” dijo Mulder. “Podríamos haber pasado un aburrido sábado sentados en un hotel de Philadelphia. En cambio ahora estamos por pasar un fin de semana perdidos en un bosque.”

“No tengo ninguna intención de perderme, Mulder.”

“¿Crees que, si lo hiciéramos, alguien incluso vendría en busca de nosotros?”

“Creo que la Subdirectora Cassidy tiene la esperanza de que no lo hagan.” Scully bromeó.

Después de esperar una larga hora, Bob regresó a la tienda y les dijo que ahora eran libres de hacer su camino al embalse. Luego se volvió y se metió en un jeep con Randy y las dos mujeres. Mulder y Scully los observaron marcharse rápidamente. Scully miró su reloj, era un poco más del mediodía. Luego volvió su atención al mapa del parque estatal.

“Ey Mulder... ¿has montado alguna vez una canoa? ¿Hecho piragüismo?” Preguntó Scully sonriendo. Había encontrado algo que la alegraba en el mapa.

“Un par de veces cuando era más joven.”  respondió Mulder. “Mi padre y yo éramos Guias Indios, ¿recuerdas? ¿Y tú has montado en canoa alguna vez?”

Ella le dirigió una mirada irónica y murmuró un soberbio: “¡Pssst!” Que hizo que Mulder comenzara a reír. “ Mira... Hay tres senderos de canoas en el mapa.” Scully continuó, señalando el lugar en el papel. “El camino azul nos moverá muy por delante de las rutas de senderismo por el final del día, por muchas millas. Entonces podemos navegar en canoa el sendero azul hasta que nos encontremos con una bifurcación de tres vías con las rutas de canoa rojo y naranja. Parece que hay un camping allí donde podemos parar por la noche, y dormir un poco. La ruta de senderismo C pasa justo por ese lugar, y desde allí son sólo 10 millas a pie hasta el embalse. Podríamos llegar muy por delante de los demás.”

“Bueno, entonces... ¡Vamos por ellos, G- Woman!” Alentó.

Mulder y Scully caminaron en la dirección opuesta por donde Bob y Randy se habían llevado al resto del grupo. Llegaron a un muelle, con canoas boca abajo, tumbadas en la hierba junto a un atracadero de botes. El encargado del muelle del Parque estatal, un tal: “Pat Paige” que no parecía ser mayor de 25, verificó que estaban con el grupo Team Building Ex, y dejó que ellos eligiesen una canoa.

“Buena suerte.” Les dijo el joven. “Nunca vi a nadie de su grupo comenzar el recorrido en canoa antes. ¿Están seguros de que saben lo que están haciendo?”

Mulder miró a Scully y ella repitió sonriendo: “¡Pssst!”

“Creo que podemos manejarlo, Pat.” Le respondió Mulder divertido, mientras él y su compañera se ponían cada uno, un chaleco salvavidas naranja.

Scully sacó una gorra con viscera verde militar y gafas de sol de su mochila. “Supongo que realmente hicieron bien los deberes y empacaron todo lo que necesitamos.”

Mulder y Scully giraron una gran canoa verde, situaron las paletas en su sitio, colocaron sus mochilas en el interior, y la llevaron a la orilla del agua. Una vez que la parte delantera de la canoa golpeó las aguas poco profundas, Mulder la sostuvo firmemente mientras Scully se subia y se sentaba en el asiento delantero. Mulder empujó la canoa unos cuantos pasos, y luego saltó en la parte trasera de esta. Luego la empujó sacándola del agua poco profunda para adentrarse con sus remos.

Después de practicar piragüismo durante dos horas, llegaron a un lago. El sendero de canoa azul recuperó impulso de nuevo al otro lado, por lo que Mulder y Scully comenzaron a hacer su camino a través de este. Scully se sentía completamente en paz. El sol brillaba, el agua estaba en calma y no era demasiado exuberante la vegetación que se veía por todas partes a su alrededor.

“¿No es esto hermoso, Mulder?” Preguntó. Scully estaba agradecida de poder ser capaz de experimentar eso con él, cuando no hacía mucho tiempo que la había atacado el temor de nunca volver a verlo.

“Mm- hmm.” Mulder estuvo de acuerdo, y luego se detuvo. “¿Scully? ¿Alguna vez pensaste en abandonar el FBI?”

No sabía exactamente cómo responder a eso. “Por supuesto, Mulder. Creo que todo el mundo imagina dejar su puesto de trabajo, o imagina cualquier número de escenarios que harían su vida diferente de lo que es. ¿Tú lo pensaste?”

Silencio. “Estuve pensándolo bastante últimamente. Scully, ellos nunca van a permitir que vaya a África, si la nave espacial está aún allí. Pero tal vez deberíamos ir de todos modos. O tiene que haber otra nave en alguna parte. El FBI está solo sofocando mis esfuerzos en la búsqueda y hallazgo de alguna. El Hombre Cáncer y quienes trabajan para él, tal vez están detrás de esto. Es inútil pensar que alguna vez seamos capaces de llevar adelante lo que buscamos sin que nos detengan y pongan traba tras traba. ¿Cómo es justo? No quiero sentarme y esperar para susurrar informes sin fundamento. Tal vez podríamos salirnos del FBI. Ir por nuestra cuenta. Encontrar un barco, seguir la pista de estos hijos de puta y abatirlos.

Escucharlo decir todo esto hizo que Scully se sintiera nerviosa. Él no podía estar hablando en serio. “¿Salirnos del FBI, Mulder? ¿Hablas seriamente? ¿Ir por fuera de la ley? ¿Dejar de seguir órdenes? ¿Para perseguir nuestros propios intereses? Al igual que Alex Krycek... ¿Quieres hacer eso, Mulder?”

“¡Vamos, Scully! Nosotros somos los chicos buenos.”

“Mulder, perderíamos nuestro acceso, nuestra protección. ¿Qué justicia posible podríamos lograr que no ser moralmente repugnante? En el momento en que empecemos a actuar fuera de la ley, nuestra condición de “chicos buenos” se convertirán en nula y sin efecto.”

Mulder no protestó, y siguió remando en silencio.

“Sabes que tengo razón. Mulder, sé que estás frustrado. Parece como si estuviéramos en un ‘stand- still’ continuo. No hemos sido capaces de avanzar realmente hacia adelante desde tu enfermedad. En muchos sentidos...” Scully suspiró. ¿Podrían hacerlo alguna vez?

Mulder miró fijamente la parte posterior de la cabeza de Scully pensando si le había dado algún otro sentido a esa frase.

Luego de unos 40 minutos, habían hecho su camino hacia el extremo opuesto del lago y encontraron la gran pegatina azul colgando en un árbol cerca de la boca de un rastro de agua. Continuaron durante varias horas, parando un par de veces tirándose boca arriba sobre el césped para luego arrastrarse para continuar, comiendo las mezclas de frutos secas que encontraron en sus mochilas echados junto a la orilla, “Estos tipos deben pensar que son realmente ingeniosos”, dijo Mulder inexpresivo, o simplemente encontrando un espacio privado para hacer sus necesidades.

Llegaron a la bifurcación de tres vías, donde los senderos de canoa azules, rojos y naranjas convergían, justo cuando el sol empezó a ponerse. A unas 15 yardas de la orilla del rastro de agua, divisaron un camping despejado con una mesa de picnic y un fogón. Mulder y Scully sacaron la canoa hasta la orilla, y se dirigieron al campamento.

Después de sacarse la mochila apoyándola en el suelo, Scully se quitó la gorra y los lentes de sol, poniéndolos en la mesa de picnic, y observó como Mulder desempaquetaba la suya. Sacó de ella: una tienda de campaña, un par de sacos de dormir, bomba de aire con baterías, silla plegable, hacha, cuerda, kit de reparación, 2 cepillos de dientes, crema solar, cantimplora, y hot dogs. Mulder le dirigió una mirada confusa. Scully tomó su mochila y comenzó a quitar los elementos rápidamente. Desempaquetó: estacas, postes, bolsa, colchón de aire, martillo, silla plegable, botiquín de primeros auxilios, fósforos, pasta de dientes, otra gorra y lentes de sol, cantimplora, y malvaviscos.

 “Wow, no estaban jodiendo cuando dijeron que los compañeros tenían que permanecer juntos.” Expresó Scully, sonriendo a Mulder. El se rió en respuesta.

Mulder y Scully trabajaron juntos y en silencio para configurar rápidamente su tienda antes de que se pusiera demasiado oscuro para ver lo que estaban haciendo. A continuación, reunieron un poco de leña, y dentro de unos 30 minutos obtuvieron un alentador chisporroteo, el fuego estaba en marcha. Se sentaron en sus sillas plegables a una distancia segura del calor, y asaron las salchichas sobre las llamas para cenar perros calientes, dejando los malvaviscos como postre.

“Esto no es tan malo, ¿verdad, Mulder?” Preguntó Scully. Se sentía perfectamente feliz de estar allí junto al fuego con él. Pero ella quería estirarse para alcanzarlo y sostener su mano, y deseó que las cosas pudieran finalmente ser diferentes entre ellos.

Él sonrió. “No está nada mal, en lo absoluto.”

*****

Una vez que el fuego se extinguió, se dirigieron a la tienda y se metieron en sus sacos de dormir que yacían sobre los colchones de aire. La temperatura había descendido de manera constante a un frío de menos de 5 grados, algo que no habían notado demasiado mientras estaban sentados junto al fuego. Pero ahora estaban en su tienda de campaña, y pronto Scully estaba temblando a causa de los escalofríos.

“¿Scully?” Susurró Mulder, se volvió acostándose sobre su lado derecho para poder verla.

“¿Hmmm?”

“Tus dientes están castañeteando.”

“Lo siento, Mulder... Estoy helada.” Respondió, todavía temblando.

Él suspiró. Abrió la cremallera de su saco de dormir, y luego se inclinó hacia ella y abrió la cremallera de su bolsa. “Ven aquí, Scully.”

La envolvió con su brazo derecho alrededor de su torso y la atrajo hacia él, ella se arrastró (scooched) hasta conseguir entrar en el saco de dormir de su compañero. Scully se encontró acurrucándose contra él, respirando su aroma, con los brazos cruzados contra el pecho, cuando él subió la cremallera de su bolsa. Ella dio un gran suspiro de alivio por el calor en el interior. A continuación, se deslizó a sí misma un poco, acostándose sobre su lado izquierdo, para poder estar cara a cara con Mulder.

“Gracias” susurró.

“Ey, eso es algo que el Seminario de Trabajo en Equipo te enseña.” Sonrió, mirándola a los ojos.

Scully se rió entre dientes pegándose un poco más a su cuerpo. “¿Mulder?” Murmuró. “¿De verdad quieres dejar el FBI?”

“No sé lo que quiero, Scully.”

No sabía qué contestar a eso, inclinó la cabeza hacia abajo y se quedó unos segundos mirando el pecho de su compañero. Se preguntó si debía abordar el tema de su relación, si ahora era el momento adecuado, pero se encontró con que había algo más urgente y preocupante que necesitaba hablar. La sensación de que Mulder estaba creando una incómoda distancia entre ellos había estado royendo en ella. Él estaba tan reservado últimamente. ¿Y si realmente iba a dejar el FBI? ¿Era eso acerca de lo que había estado pensando y no le decía desde el 4 de julio? ¿La dejaría atrás? La idea misma de que eso sucediera la aterrorizaba.

Ella levantó la cara para mirarlo a los ojos. Mulder pudo ver que su compañera había adquirido una mirada suplicante.

“¡Ey! ¿Qué sucede, Scully?”

Vaciló. “Mulder, ¿qué estuviste haciendo todo el verano? ¿Qué estás escondiéndome?”

Suspiró y cerró los ojos. “Scully...”

“Mulder, dime. Por favor. No me dejes afuera. No vayas a donde no puedo seguirte... Por favor, estoy asustada.”

La miró a la cara, y sus ojos se encontraron. En ese momento, el recuerdo de Scully llorando al lado de su cama de hospital apareció delante de sus ojos. Mulder podía oír su voz que le hablaba, diciéndole que debía aferrarse a la vida por lo que había encontrado; la llave a todas las preguntas que alguna vez había pedido; un rompecabezas que debían armar en conjunto. Pero esa memoria contenía otra voz, también de Scully, más débil, en el fondo, pero clara como el día. Esa voz le decía que se aferrase a la vida porque no podía vivir sin él. ‘No me dejes sola. No vayas a algún lugar donde no pueda seguirte’. ¿Cómo podía haber olvidado que había oído los pensamientos de Scully esa noche?

Y Mulder supo, en ese momento, que Scully estaba irrevocablemente unida a él por el resto de sus días. También supo que lo amaba, un amor que era tan profundo que ni siquiera podía empezar a comprender sus profundidades. Pero mientras la miraba a los ojos, notó instantáneamente que se llenaron de un sentimiento de desesperación y nunca jamás sabría sobre los pensamientos detrás de ellos.

“Estuve trabajando con los Pistoleros Solitarios.” Mulder dijo finalmente. “Cuando volvamos a D.C, vamos a ir a verlos. Se explicará todo. Te lo prometo.”

Scully sonrió, y luego cerró los ojos. Se acurrucó aún más cerca de él suspirando, hasta que apoyó la cabeza en el hueco de su cuello, apoyándose en su hombro. Mulder le colocó un mechón de pelo detrás de la oreja. Pronto la lenta respiración constante de Scully le avisó que estaba dormida. Y él se dejó llevar por el sueño, lo consoló saber que, a pesar de la perspectiva de nunca más poder leer y conocer la mente de Scully, ella siempre lo sorprendería con una inesperada idea, opinión, o emoción. Ella siempre lo mantendría adivinando, y tal vez eso era mejor.

CONTINUARÁ…

Chapter Text

Scully estaba corriendo por un pasillo y tratando de abrir puertas, pero todas estaban bloqueadas. Podía oír la voz de Mulder. Estaba detrás de una de esas puertas; sólo tenía que encontrar la correcta. Finalmente se abrió una de las puertas y ahí estaba Mulder. De repente estaban en la cama y él estaba acostado encima de ella, pero ella no podía recordar cómo había sucedido eso. Podía sentir su clítoris latiendo, adolorido. Oyó un sonido, como un golpeteo, y de golpe, todo estaba empezando a desvanecerse. No no no. Sólo un poco más. La cara de Mulder estaba por encima de la de ella. Él estaba acariciando su clítoris palpitante. No se había sentido tan bien en mucho tiempo. Ella iba a acabar, estaba tan cerca. Pero se estaba desvaneciendo...

Scully abrió los ojos. ¡Maldita sea! Todavía estaba un poco oscuro, y el sol iba a aparecer pronto. Podía oír un pájaro carpintero en un árbol cercano. Ese había sido un buen sueño, pero ahora no podía recordar bien los detalles. Fue desapareciendo de su memoria tan rápidamente como la arena se escurría a través de los dedos. Pero la sensación de hormigueo se mantenía intacta haciendo que se retorciese en el lugar. Había un cuerpo caliente detrás de ella, y el brazo izquierdo de Mulder la sostenía con fuerza contra él. De pronto recordó dónde estaba y qué estaba haciendo allí; en esa tienda de campaña, en la profundidad del bosque de un Parque Estatal de Colorado, en un “Seminario de Trabajo en Equipo” del FBI.

Miró su reloj; eran las 5:28 am. Y Mulder seguía durmiendo. En silencio y tratando de hacer el menor movimiento perturbador posible, se aflojó del abrazo, giró su cuerpo arrastrándose para el otro lado, y lo miró. Se veía tan tranquilo. Se preguntó si estaba soñando, y si esos sueños eran felices. Esperaba que lo fueran. Scully comenzó a acariciarle la frente con la punta de su dedo índice derecho, trazando las cejas y la nariz, suavemente rozando su mejilla con la parte posterior de los dedos, antes de trazar sus labios.

Sus dedos suavemente viajaron por el cuello y la clavícula que sobresalían de la camiseta de mangas largas azul navy. Una idea fugaz de ir más lejos por su cuerpo entró en su mente. ¡PARA, Dana! Scully apartó la mano y empujó esos sentimientos fuera. A pesar de que había hecho todo lo posible por ignorar y suprimir su amor por Mulder, ahora ya no podía dejar de hacerlo, los sentimientos sexuales hacia su compañero habían sido enterrados aún más profundo pero la fuerza de todo lo que sentía por él era mucho más fuerte que la pared que los contenía. Él era todo para ella, y pensar en Mulder en un contexto sexual siempre le había parecido demasiado riesgoso. Scully se había obligado a no pensar en él de esa manera, por miedo; miedo a la pérdida, miedo al rechazo, miedo al cambio; miedo por que su asociación quedara arruinada si las cosas no salían bien, miedo de las posibilidades si eso que deseaba sucediera.

Mulder abrió los ojos. Miró a Scully, parpadeando despierto.

“Buenos días.” Scully le habló en voz baja. “¿Dormiste bien?”

Él suspiró. “ Fue el mejor descanso que he tenido desde que me acuerdo... hasta que apareció ese maldito pájaro carpintero. ¿Dónde está mi arma, Scully?”

Ella sonrió. “En el suelo de la carpa al lado del colchón, donde la dejaste.”

“Voy a dispararle a ese puto pájaro.”

 “Vamos, Mulder. Tenemos que levantar el campamento.”

 “Scully, no. Quedémonos aquí todo el día.”Cerró los ojos y la apretó con más fuerza a él.

 “No, no vamos a volver a dormirnos. No podemos quedarnos aquí todo el día, porque entonces no vamos a ser los primeros en el reservorio.”

 “Ugh, Scullyyyy... ¿A quién carajo le importa? Todo esto es ridículo.”

Scully se sintió un poco decepcionada, y no respondió. El silencio prolongado causó que Mulder abriera los ojos y la mirara.

“No quise decir que era ridículo estar aquí contigo, Scully...” dijo amablemente. “Me refiero a todo el propósito de esta cosa. ¿Cómo podrá el senderismo y el camping supuestamente hacer que nosotros trabajaramos mejor juntos? Es imposible.”

 “Técnicamente, este tipo de retiros no es para parejas que han estado juntas durante todo el tiempo que nosotros llevamos como compañeros.” respondió Scully. “Todos los del grupo sólo llevan un año, como máximo, de colegas. Esto no está diseñado para personas que se conocen entre sí, así como nosotros lo hacemos... con este grado de intimidad. Pero eso no quiere decir que este viaje no ha sido beneficioso. Finalmente tú te comunicaste conmigo, ¿no?”

Él frunció los labios y soltó un bufido.

Scully sonrió e inclinó su rostro más cerca del suyo. Las facciones de Mulder se suavizaron. A continuación, ella rozó la punta de su nariz contra la de su compañero. “Vamos, tenemos que comenzar el día.”

 “Pero, ¿quién se preocupa por un estúpido trofeo, Scully?” Gimió resistiéndose. “Yo digo que deberíamos ser los últimos en llegar allí. Quedémonos aquí a disfrutar de nosotros mismos.

 “Mulder, tenemos que llegar al reservorio antes que todos los demás.” dijo con firmeza, arrastrándose para poder liberarse del abrazo, y se dio vuelta para abrir el saco de dormir.

 “Scully, ¿de dónde salió esa vena competitiva y tan repentina? Nunca había visto ese lado tuyo.”

 - La derrota de todos los demás no es realmente lo que me interesa. “Susurró mientras bajaba del colchón y abría la cremallera de la tienda. “Sólo quiero que le des el maldito trofeo de “Primer Lugar” a la Subdirectora Cassidy.”

Se volvió para darle una mirada de complicidad a Mulder. Él sonrió, y luego comenzó a moverse fuera del colchón siguiéndola fuera de la tienda.

*****

A las 06:16 am el sol se había levantado, y a las 6:30 Mulder y Scully habían empacado su campamento y se trasladaban a la “Ruta de Senderismo C” a sólo unas 20 yardas al norte del camping. Eran 10 millas hasta el embalse, y normalmente sólo les tomaría un poco más de tres horas hacer la excursión, pero el tiempo era muy caluroso y la pista contenía numerosas pendientes pronunciadas y descensos. La caminata no era fácil, pero en un par de ocasiones llegaron a un prado inundado de flores silvestres o a una cascada, lo que les permitió tomar descansos cortos y volver a llenar sus cantimploras con agua fresca.

Caminaron juntos a un ritmo constante, Mulder iba firmemente de tres a cinco pasos detrás de Scully disfrutando de ser guiado por su compañera. Ella iba contando historias de viajes de campamento con su familia alrededor de Maryland cuando era una niña, Mulder también compartió algunas experiencias de su infancia dentro del Programa de Guías Indios YMCA. Le gustaba estar así con Scully; pasar tiempo a solas con ella, mientras que no estaban trabajando en un caso, ni en busca de respuestas y sospechosos, sin estar temiendo por sus vidas. Simplemente disfrutar de su mutua compañía. Tal vez en realidad podría salir del FBI de una vez y tener una vida real.

Pero ¿qué pasaba con esa nave espacial? ¿Qué iba a pasar con su hermana? ¿Qué pasaba con ese chip en el cuello de Scully? ¿Podría realmente sólo irse, caminar fuera sin conocer las respuestas? ¿Y si se pasaba buscando por siempre y nunca encontraba esa verdad? ¿Podría hacer eso para siempre? ¿Realmente sería lo que Scully quisiera hacer? Se había estado engañando a sí mismo pensando que sería capaz de hacer esto sin ella. Apenas terminaría de empujarla fuera de los X- Files y ya sentiría que le cortaban su brazo izquierdo. Pero... ¿qué hacer con ella? La quería, pero no sabía hasta que punto era capaz de hacer caso omiso a eso y mantener el status quo entre ellos. Aunque se esforzaría por hacerlo por el bien de ella. Incluso si eso lo atormentaba.

Pero... ¿Qué quería Scully? Mulder no podía imaginarla dejándolo, o tal vez casándose y siguiendo adelante con su vida lejos de él, a pesar de que en realidad, eso podría ser bueno, lo mejor para su compañera. Ella ya se había sacrificado lo suficiente por él, y sabía que la estaba, invariablemente, obligando a vivir una vida solitaria al mantenerla a su lado. Sabía, por supuesto, que era la vida de Scully y que ella tomaba sus propias decisiones. Pero Scully era leal y tal vez incluso se sentía obligada a permanecer a su lado sin importar qué sucediera. Nunca lo había abandonado, aunque el sentido común le decía que debería hacerlo.

Mulder suponía que no había nada de malo en mantener su amistad como estaba. A lo mejor no tendría todo lo que deseaba de ella, pero aún así podía mantenerla en su vida. Cuando ella rozó la nariz contra la suya, deseó tanto, con tantas fuerzas, tomar su rostro entre sus manos y besarla. Rodar sobre ella y hacerle el amor en esa tienda. Habían dormido al lado del otro durante toda la noche, compartiendo un saco de dormir, pero no habían cruzado ninguna línea. No hubo espacio personal entre ellos, invadieron todo y sin embargo las fronteras estaban implícitas. Los límites entre ellos estaban claramente definidos. Sin embargo, aún estaba esa intimidad entre ellos, Mulder podía sentirla en el aire.

Ellos estaban juntos, punto y aparte; sí. Pero mantenimiento una distancia constante. Si fueran a saltar esa distancia, si su dinámica cambiara de manera que estuviesen juntos en todos los sentidos, eso podría... ¿hacer las cosas mejor entre ellos? ¿O peor? ¿Obtendrían mucho más de lo que ya tenían? ¿O sería algo que finalmente se interpondría entre ellos? ¿La perdería? No... Eso sería insoportable. La sóla idea lo llenó de angustia y cierto temor.

*****

A las 12:48 horas Mulder y Scully, acalorados y pegajosos por la caminata de 10 millas, llegaron a la: “Golden Creek Reservoir”. No había nadie más allí. El lago azul era brillante y podían ver las Cheyenne Mountain a la distancia. La brisa fresca llenó el aire con un olor fresco y limpio. Había varias mesas de picnic esparcidas, junto a las fogatas.

Sobre una mesa, a unas 10 yardas al oeste, había una gran caja de madera. Junto a ella había un portapapeles con una hoja de registro. Pusieron sus mochilas sobre la mesa. Mulder escribió su nombre junto al de Scully en la primera línea, mientras que ella abría la caja. Sacó unas hojas engrapadas, en la página superior contrastaba el logo de: “Team Builders Ex”. Se veía como una carta, y notó que Bob y Randy habían firmado la parte inferior. Scully entregó el papel a Mulder, y siguió examinando el contenido de la caja.

Él comenzó a leer en voz alta: “Felicitaciones por llegar a la: Golden Creek Reservoir. Esperamos que su experiencia de vivir la excursión por este lugar haya sido positiva. Estamos seguros de que usted descubrió la necesidad de quedarse junto a su pareja a medida que trabajaban juntos para sobrevivir en la reserva natural. Ustedes, sin duda, ahora ven el valor de las muchas habilidades destacadas en el discurso de apertura, las formas de comunicación y prácticas especialmente eficaces para hacer frente a los conflictos. Ustedes, sin duda, tienen un nuevo aprecio por todo lo que su pareja tiene para ofrecer, y esperamos que su asociación sea más armoniosa ahora de lo que era antes de empezar este viaje juntos...”.

Scully volvió la cabeza para mirar de frente a Mulder y sus ojos se encontraron. Él le hizo una mueca y ella sonrió.

 

Volvió a la carta: “También esperamos que su experiencia en el embalse acumule aún más sobre este fundamento a medida que aprendan a trabajar juntos como socios, como compañeros mientras trabajan dentro de un grupo aún más grande. Este paquete contiene más indicaciones”. Miró a Scully desconcertado. “¿Qué hay en la caja?”

 “Varias cañas de pescar, carnada y, cuchillos de caza, líquido para encendedores, sartenes, teteras, y carbón. ¿Qué dicen las instrucciones?”

Mulder volteó la página. “Una vez que hayan llegado al embalse, comenzará la: “Rescue Mission” del retiro de espacios naturales. Ustedes deberán trabajar en conjunto para que todo el grupo pueda sobrevivir hasta que se los rescate. No vamos a indicarles cuándo será. Podría ser en cualquier momento del sábado por la noche o incluso la mañana del domingo. Esperamos que se unan como un grupo, al tiempo que se esfuerzan por cultivar la comunicación y el trabajo en equipo con sus demás compañeros”.

Scully se resistió a la noticia. “¿Vamos a estar atrapados aquí hasta mañana? Quería estar de regreso esta noche en el motel.”

Mulder suspiró. Ella sacudió la cabeza con incredulidad. Luego regresó a las indicaciones.

 “Regla #1: Deben permanecer todos juntos en el embalse. No pueden separarse e irse a otra parte. Regla #2: Debe haber un agente masculino “Y” una agente femenina despierta en todo momento por seguridad”.

Scully se sentó delante de la caja en el asiento de la mesa. “Realmente esperaba poder bañarme, Mulder. Siento asco de mí misma.”

“Bueno, no hay nadie alrededor, Scully…” respondió. “Y probablemente no lo habrá durante mucho tiempo. Toma un baño en el lago.”

Ella le dedicó una mirada aprensiva. Bañarse en el lago y ser sorprendida desnuda y desprevenida por los demás agentes no era precisamente lo que tenía en mente.

 “Scully, nadie va a llegar aquí por el momento, por lo menos no pronto. Hemos llegado horas por delante de todo el mundo gracias a tu descubrimiento en el mapa de la ruta en canoa.”

Todavía se sentía insegura al respecto.

“Esto es lo que vamos a hacer...” Mulder suspiró, poniendo los papeles sobre la mesa. “Voy a meterme al agua también. Estoy seguro de que apesto. Y así ambos tomaríamos un baño, y podremos usar ropa limpia.”

Scully se sintió mejor, en un primer momento. Pero mientras caminaban hacia el lago, el estómago se le lleno de mariposas. Cuando llegaron a la orilla del agua, se quedaron en silencio, dudando. Ella volvió la cabeza para mirarlo y lo sorprendió mirándola fijamente. Se sintió muy tímida de repente.

“Está bien…” dijo Scully. “Si te quedas aquí, voy a ir alrededor de la curva justo a la derecha para bañarme y lavar mi ropa. No vamos a vernos, pero aún así seremos capaces de escucharnos por si necesitamos algo.”

Mulder asintió con la cabeza. “Estoy de acuerdo.”

Ella hizo su camino a lo largo del borde del agua, que se curvaba hacia la derecha y luego abruptamente volvía hacia el interior, creando algo parecido a una pared. No podía ver a Mulder, pero podía oírlo quitándose las botas Timberland. Oyó cuando se desprendía el cinturón. Esto le dio una sensación reconfortante, saber que no estaba completamente sola ahí, sobre todo porque ella se estaba desnudando. Mulder estaba a un grito de distancia si lo necesitaba. Scully se quitó la chaqueta que había atado alrededor de su cintura, se quitó las botas, los jeans y la camisa y los apiló sobre la hierba. Luego dirigió una mirada nerviosa a su alrededor. Nadie podía verla ahí, y lo único que se escuchaba era a Mulder aullando cuando entró al agua.

 “¿Está realmente tan fría, Mulder?” Le gritó preocupada.

“Es shockeante al principio, pero ahora no está tan mal.” Respondió. “Gracias al cielo que es un día caluroso.”

Scully se quitó el sujetador y la ropa interior, y los lavó en el lago frotando suavemente con una piedra lisa. Los puso en la hierba, a secar, junto a la pila de ropa. Luego entró al lago, jadeando cuando el agua fría la envolvió. Pero pronto se aclimató a la temperatura y se sintió muy a gusto. Era un placer librarse del sudor y la suciedad de su cuerpo. Se frotó los brazos y piernas, nadó un poco y paró para frotarse la cara con el agua fresca.

 “¡Oye, Scully!” Gritó Mulder. “¿Sabías que hay amebas que residen en los lagos que pueden comerse tu cerebro?”

“¿Estás hablando de la Naegleria fowleri?” Le contestó.

“¿Así se llama? Como sea... ¡No te aconsejo poner la cabeza bajo el agua! Yo no voy a hacerlo por lo menos. Ya tuve bastantes problemas cerebrales este año.”

“Mulder, este no es un lago de agua cálida. ¡No te preocupes por eso!”

Scully se metió bajo el agua, usó sus dedos para frotarse el cuero cabelludo y peinarse. Empezó a nadar sin preocuparse. El agua se sentía tan bien contra su piel. Se preguntó qué estaría haciendo Mulder. Se había quedado en silencio. Nadó hacia la curva pronunciada de la orilla tan silenciosamente como le fue posible para alcanzar su punto máximo alrededor del borde.

Estaba de pie, de espaldas a ella, y el agua le llegaba a la cintura. Se refregaba los brazos, el pecho y la cara, y luego se vertía agua sobre la parte posterior de los hombros. Su espalda brillaba bajo el sol. Es realmente hermoso, pensó. Quería ir hasta él y abrazarlo, pasarle los brazos alrededor de su cintura y besarlo. Realmente deseaba besarlo, perderse entre sus labios, saborear su boca, enredarse con su lengua, sentirlo reaccionar contra su cuerpo y finalmente decirle que lo amaba. Pero de repente, todos sus pensamientos fueron superados por un profundo sentimiento de tristeza, y no estaba muy segura de por qué. De repente se sintió desesperada, las cosas entre ellos iban a quedarse para siempre en un stand- still. Las cosas nunca cambiarían. Quiso llorar.

*****

Scully salió del agua y se acercó a la pila de ropa en la hierba. Su sujetador y bragas estaban suficientemente secas. Su cabello se había rizado, pero no había nada que pudiera hacer al respecto. Se vistió rápido gritándole a Mulder para decirle que ya había salido del agua. Esperó a que la llamara y se dirigió hacia él. Buscaron sus mochilas, y decidieron armar la tienda en el camping más alejado de las mesas y fogatas centrales. Una vez que la carpa estuvo armada, Scully infló el colchón y lo puso en el interior, mientras que él tomaba el hacha y se dirigía al bosque para recoger leña.

Mulder regresó con bastante leña y algunas ramas más grandes entre los brazos, mientras colocaba todo en el pozo de la fogata, notó que Scully estaba bostezando.

“Ha sido un día muy largo...” Le dijo, mientras comprobaba su reloj; eran las 14:31 horas. “¿Tienes hambre?”

“¡Siií!” Gimió “Me muero de hambre.”

Tomó el líquido inflamable de la caja y los fósforos de su mochila, y comenzó a encender el fuego. Puso los hot dogs restantes en los pinchos, los puso al otro lado del fuego, girándolos constantemente para que se cocinen de manera uniforme. Scully tomó los sacos de dormir y los puso uno sobre el otro en la hierba a pocos pies de distancia del campamento designado. Se quitó las botas y se sentó de espaldas al fuego. Él la miró detenidamente, observó como su cabello ondulado de color rojo brillaba al sol mientras ella cerraba los ojos disfrutando del momento. Mulder se sentó en el saco de dormir junto a ella para comer, cuando terminaron se quedaron en silencio recostados uno al lado del otro, al cabo de unos minutos, Scully se acomodó de costado y se durmió. Cuando Mulder notó que estaba dormida se quedó muy quieto observándola descansar, se sintió contento de haber sido enviado a ese retiro. Tal vez no era tan ridículo después de todo.

CONTINUARÁ…

Chapter Text

En el transcurso de la tarde- noche los agentes del FBI restantes fueron llegando al reservorio, saludaron efusivamente a Mulder y Scully a medida que iban llegando. La mayoría de ellos tampoco parecía muy contento con la idea de quedarse allí por otra noche. Uno por uno, los compañeros iban eligiendo un camping para instalar sus tiendas de campaña. Todo el mundo estuvo de acuerdo en hacer una gran hoguera, y varios agentes tomaron las cañas y fueron hacia el lago para pescar la cena para el grupo.

Una vez que la hoguera se puso en marcha, y los agentes regresaban del lago con una amplia oferta de truchas arco iris y lobinas negra, la escena adquirió una atmósfera social real. Apenas pasaban de las 19:00 horas, y todos fueron tomando sus sillas plegables dejándolas alrededor de la hoguera. Además de Scully, sólo había otras cuatro agentes femeninas en el grupo. Una de ellas se acercó a Scully mientras estaba sentada junto a Mulder. Scully notó inmediatamente que era muy joven, probablemente principio de los veinte, y muy bonita, con la piel lisa de color marrón claro, brillante cabello oscuro, y ojos almendrados.

“Hola, soy Layla.” Dijo mientras estrechaba la mano de Scully, sonriendo.

 “Dana. Hola.” Le respondió Scully mientras devolvía la sonrisa.

“Estamos tratando de reunir los suministros para comer s'more (original de los campings. Sándwich de galletas asadas relleno con chocolate y malvaviscos) junto a la hoguera. - dijo Layla.” Hasta ahora tenemos galletas Graham y tabletas de chocolate. Ahora estamos a la caza de malvaviscos.

“Oh, tengo algunos.” Informó Scully, levantándose. Se acercó a la carpa a unos pies detrás de ellos y tomó los malvaviscos de su mochila.

“¡Ohhh, gracias!” Gimió cuando Scully regresó. “¿Te gustaría venir con nosotras? Vamos a hacer los “s’more” para el grupo.” Layla asintió con la cabeza en dirección de las otras mujeres sentadas en una mesa a unas 30 yardas detrás de ellos.

“¡Yee Haw!” Mulder bromeó mientras se sentaba más derecho en la silla.

Layla dirigió a Scully una mirada de perplejidad.

“Ignora eso.” Le dijo Scully deliberadamente. “Claro, estaría encantada de unirme a ustedes.” Giró para caminar con Layla.

 “Scully, ¿a dónde vas?” Mulder se quejó.

 “Voy a pasar el rato con las chicas, Mulder.” Le informó Scully, le sonrió y caminó hacia el grupo de mujeres.

“Genial.” Mulder se quejó en voz baja.

Mientras se dirigían a unirse con las otras mujeres, Layla la miró. “¿Por qué te llamó: ‘Scully’?”

“¿Qué quieres decir? Ese es mi nombre.”

Layla vaciló. “Sí,tú apellido... pero tu nombre es ‘Dana’.”

 “Oh, bueno, sí... No sé. Nunca me llama así... en contadas ocasiones lo hizo... Sólo soy ‘Scully’ para él.”

Scully se dio cuenta de que nunca se hizo esa pregunta realmente. Claro, Mulder odiaba su nombre de pila, pero ella no sentía nada similar hacia el suyo. Y él la había llamado Dana en algunas ocasiones en el pasado, por lo general si él estaba de un humor extraño, emocional o si se estaba burlando de ella y ‘Dana’ adquirió un tono más sarcástico. Mientras Scully se sentaba a la mesa con las demás agentes, todas en sus mediados o finales de los 20 años, comenzaron a presentarse, y así pudo conocer algo más sobre ellas, incluido el hecho de que todas llamaban a sus compañeros por sus nombres de pila.

La agente especial Layla Abbas, cuya familia emigró a los Estados Unidos desde Irán en la década del ‘70, tenía una Maestría en Justicia Criminal de la Universidad de Temple. Ella y su compañero, el agente especial James McGill, trabajaban en la Unidad de Contraterrorismo en la Oficina de Campo de Oklahoma City. La agente especial Erin Ames, una burbujeante  californiana rubia con un completo bronceado perfecto, tenía una Licenciatura en Sociología de la Universidad de San Diego y una Maestría en Psicología de la Universidad de Boston, y trabajaba en la Unidad de Negociación de Rehenes fuera de la Oficina de Campo de Omaha junto con su compañero, el agente especial Frank Wallace.

La agente Especial Terra Vassello, una italiana de ojos y pelo castaño oscuro, tenía una Maestría en Ciencias Forenses de la Universidad Pace, y había trabajado con la policía de New York (NYPD) un par de años antes de graduarse de la Academia del FBI el año anterior. Ella y su compañero, el agente especial Henry Steele, trabajaban en la Unidad de Delitos Violentos de la Oficina Local de St. Louis. La agente especial Shenelle Block, una mujer que parecía pertenecer más a la portada de una revista de modas en lugar de hacer cumplir la ley, tenía un Doctorado en Criminología del estado de la Florida. Trabajaba en la Unidad de Crimen Organizado en la oficina de campo de Chicago con su compañero, el agente especial Guy Conley.

Pronto la conversación giró en torno a las vidas personales, y para sorpresa de Scully, ellas tenían una. Sus vidas no giraban completamente alrededor del trabajo o sus compañeros, salvo quizá Layla, de quién sospechaba que su vida personal y su compañero giraban en el mismo nivel. Scully descubrió que tenía poco que aportar a esta conversación. Mientras las escuchaba hablar de sus esperanzas para sus carreras y vidas, la sensación de tristeza que había sentido al ver a Mulder en el lago volvió con mucha más fuerza y se clavó dentro suyo aún más profundo.

Había sido como ellas alguna vez. Recién salida de la academia, había conseguido un puesto como Instructora de Patología Forense en Quantico. Tenía una vida social, tenía amigos. Incluso tenía citas. Tenía una vida sexual intensa. ¿Quién era esa persona que solía ser? Scully apenas podía recordarlo. Estaba la vida antes de Mulder y la vida después de Mulder, y todo lo anterior estaba empezando a convertirse en un borrón.

Scully, tenía sólo 35, todavía podía tener una vida si quería una. Pero ella quería una vida con Mulder, y no parecía que eso llegaría alguna vez a ser una realidad. Se sentía desesperada. Se sentía atrapada. Y las dudas se estaban introduciendo en ella de manera progresiva. ¿Mulder realmente la amaba? Pensaba que lo hacía, pero tal vez ella estaba equivocada. Se lo había dicho una vez, pero él acababa de ser encontrado inconsciente en el océano y despotricaba incoherencias sobre la Segunda Guerra Mundial. Si él la amaba, quizá no la amaba lo suficiente o en la forma en que ella lo deseaba. ¿Era realmente tan buena en ocultar sus sentimientos que Mulder no tenía ni idea de lo que sentía por él? Mulder nunca dio un indicio de que pensara en ella en cualquier otra forma que no sea como su compañera o amiga. Sus flirteos casuales e insinuaciones eran en realidad mecanismos de defensa, a no ser tomadas en serio. ¿Realmente no sentía nada más por ella que amistad? ¿Y cuánto tiempo podría ella esperar con la esperanza de que algún día lo hiciese?

A las 19:49 horas se puso el sol, y las mujeres tenían ya todo organizado para preparar los pastelitos. Comenzaron a caminar hacia la hoguera. Los peces ya limpios se extendían sobre la mesa más cercana a la hoguera, a la espera de ser asados. Los agentes estaban esparcidos, algunos sentados en pequeños grupos y otros junto al lago, hablando.

Scully estaba empezando a sentir un poco de frío, así que caminó hacia la tienda que compartía con Mulder para buscar su chaqueta. Layla decidió caminar con ella para que no tuviera que hacer el camino de regreso sola.

“Se está poniendo oscuro, después de todo... y tu tienda está bastante alejada del resto... casí no se ve desde aquí.” Susurró Layla en forma admonitoria.

“Layla, aquí todos somos agentes del FBI.”Le sonrió.

 “Nunca se es demasiado cuidadoso.”

Scully se rió entre dientes. “Sí, bueno... estoy armada.”

“Todos lo estamos.”

Scully miró a la joven y se preguntó de qué horrores su familia y ella habrían escapado. Cuando llegaron a la tienda, se encontraron con que Mulder seguía en el mismo lugar donde lo habían dejado, pero ahora lo acompañaban otros cuatro agentes. Parecía que estaban en medio de una interesante conversación. Layla la tomó del brazo suavemente, tirando de ella para llevarla detrás de la tienda, y luego puso su dedo delante de su boca, haciendo un gesto para que no hablase y le guiñó un ojo con picardía.

*****

“Ustedes dos son afortunados.”Bufó el agente Robert Babcock, quien aparentaba tener bastante más de los 30 años que realmente tenía. “Tienen compañeras candentes. Y yo estoy aqui atascado con este ‘bagre’”.

Su compañero, el agente Lewis Jackson, se echó a reír con ganas.

“La pelirroja está realmente candente, es cierto. “Acotó el agente Lawrence Stewart mientras ataba una de sus botas.

“Su nombre es la Agente Scully.”Murmuró Mulder tratando de frenar su irritación.

“Ok... La “Agente Scully” es un pedazo de mujer muy candente” Replicó Stewart. “Me encantan las pelirrojas. Son realmente calientes…” Mulder hervía. “Pero realmente lo siento por ti, hombre.” Asintió con la cabeza en dirección al Agente James McGill, que estaba sentado a la derecha de Mulder, en la silla que Scully había ocupado antes. Tenía el cabello rubio y ojos azules, y estaba mediando los 20 años. Mulder pensó que parecía el típico boy scout américano, y probablemente había sido el mariscal de campo (quarterback) de la secundaria y Rey del baile de graduación.

“¿Y por qué lo sientes?” Preguntó McGill, mirando a Stewart. Mulder pensó que parecía estar preparándose.

 “Debido a que tienes una “Towelhead” (forma despectiva de llamar a alguien del Medio Oriente “cabeza de toalla”) como compañera. Quiero decir... ¿A quién jodiste tanto para que te atasque con una árabe?”

Mulder estaba sorprendido por lo que acababa de oír. No le gustó el giro repentino que había tomado la conversación. Miró alrededor y notó que el resto estaba igual de shockeado, prestó atención al agente McGill quien miraba fijamente a Stewart.

“En primer lugar, ella es persa. No es árabe.” Dijo McGill con calma. “En segundo lugar, habla así de ella otra vez y te rompo la cara.”

Mulder pudo ver el enrojecimiento arrastrándose desde el cuello hasta la cara de McGill. Supuso que la asociación entre McGill y Abbas podría estar siendo algo más que estrictamente profesional. El grupo consiguió tranquilizar a James y el agente Stewart se excusó. Como el clima aún se podía cortar con cuchillo, Stewart se levantó diciendo que iba a averiguar si su compañero necesitaba ayuda para cocinar el pescado. Los agentes Jackson y Babcock también encontraron una razón para salir del lugar.

“No es fácil tener una mujer hermosa como compañera, ¿verdad?” Dijo el agente McGill a Mulder.

El suspiró. “No, no siempre.”

“Quiero decir....” McGill vaciló. “Quieres protegerla de esa basura de charla de vestuario; defender su dignidad, su respetabilidad. Ella es una excelente agente, una persona increíble. Y al mismo tiempo, quieres darle la impresión de que eres un campeón, al igual que no crees que ella pueda cuidar de sí misma y debes estar preocupándote siempre... aunque ella lo deteste. Pero no puedo soportar la mierda que la gente dice acerca de ella. O acerca de nosotros. Es muy frustrante a veces.”

Mulder se rió entre dientes. “Sé lo que quieres decir. Lo entiendo. Pero, ¿crees que ella es la compañera adecuada para ti? ¿O crees que sería mejor trabajar con alguien más?”

James lo miró fijamente. “Ella es mi pareja perfecta. Es ‘mi’compañera ideal. No puedo imaginar estar con nadie más.”

Mulder sonrió. “Bueno, entonces a la mierda todos los demás. A la mierda con lo que dicen y al carajo con lo que piensan.”

“¿Cuánto tiempo llevas trabajando junto a la agente Scully?”

“Seis años.”

“¿Estás casado? ¿Tienes algún niño?” Le preguntó curioso.

“No. ¿Por qué?”

“Me preguntaba cómo este trabajo va a afectar mi vida.” respondió. “Me gustaría casarme, tener algunos niños. Pero el trabajo puede ser peligroso, y es una cosa seria a considerar cuando se piensa acerca de tus seres queridos. Además, la carga de trabajo es indignante. No es de extrañar que los agentes solo terminen involucrándose con gente del trabajo. Debe ser difícil sostener una relación, ¿no?”

“Hmm... bueno, realmente sólo tuve una relación seria desde que me uní al FBI” respondió Mulder. “Ella terminó por convertirse en un agente del FBI también. Pero se fue hace casi ocho años.”

“¿No ha tenido una novia en ocho años?” Preguntó McGill, mirándolo horrorizado. “Wow... Creo que me volvería loco. Entonces, ¿dónde está ella ahora?”

Mulder suspiró. “Muerta.”

McGill pasó saliva ruidosamente. “¡Oh, hombre! Lo siento. ¿Cuál era su nombre?”

“Diana” Respondió.

“Entonces... ¿por ocho años…?” Preguntó McGill tentativamente.

Mulder negó lentamente con la cabeza y se encogió de hombros. “No lo sé... Supongo que en principio sólo me lancé a trabajar para olvidarme de ella. Yo estaba solo antes de ella, y resultó no ser demasiado difícil reanudar el estar solo después de ella.”

James McGill pensó sobre eso por un minuto. “Sí, pero... ocho años sin pareja. ¿Alguna vez piensas en casarte? ¿Tener hijos?”

“Honestamente, el matrimonio nunca me interesó.” Le respondió. “Estoy seguro que eso proviene de mis padres. Y la única mujer con la que me imaginé teniendo hijos ahora...” Mulder suspiró. “Bueno, eso es imposible...”

“Ok...” McGill le respondió.

Mulder creía que la conversación se estaba convirtiendo en algo deprimente. No quería pensar en Scully siendo estéril. O a Scully con cáncer, y literalmente no quería pensar nada sobre Diana, o cualquiera de las cosas terribles que habían ocurrido en los últimos años. Se preguntó dónde estaba Scully y por qué había estado fuera tanto tiempo. Pero entonces supuso que probablemente sería agradable para ella tener un poco de compañía femenina. Se preguntó qué estaría hablando Scully con esas otras mujeres. Ella probablemente no había tenido mucho de ese tipo de cosas desde que su hermana fue asesinada. Genial, vamos a añadir el asesinato de Melissa a la lista de toda esta mierda de paseo por el carril de la memoria.

“¿Qué hay acerca de la agente Scully?”

 “¿Qué?” Preguntó Mulder, saliendo de su ensimismamiento.

“¿Está casada?”

“¡Oh, no!” Respondió Mulder sonriendo.

“¿Tienen... o han tenido... ustedes dos... una...?...Algo... ya sabes...” Preguntó tentativamente.

“No, nunca.”

“¿Wow en serio? ¡¿En seis años?!” McGill lo miró sorprendido.

“Es probablemente por eso que hemos estado juntos durante seis años.” Mulder respondió inexpresivo.

“Nunca digas nunca.” contestó McGill. “Han pasado ocho años, hermano.Vive un poco.”

Mulder suspiró. Deseó que Scully se diera prisa y volviese allí con él.

El agente McGill realmente no sabía qué más decir. “Bueno, fue un placer hablar contigo, Mulder. Creo que voy a ir a buscar a Layla.” Luego se puso de pie, y después de estrechar la mano de Mulder, se marchó al otro lado de la hoguera en busca de su pareja.

Mulder rodó los ojos.

*****

Scully y Layla todavía estaban de pie al lado de la tienda de campaña, a pocos pies detrás de donde Mulder estaba sentado. Scully miró al agente McGill caminando en la dirección opuesta. Layla la estaba viendo fijamente a la cara.

“¿Estás bien, Dana?” Le susurró. Scully no dijo nada. Estaba luchando por contener las lágrimas. “¿Lo que el agente Mulder dijo es verdad? Nunca han tenido... o él solo está prot... ¿es verdad?” Parecía estar muy confundida sobre lo que hizo que Scully se pusiera de esa manera.

“Sí, él dijo la verdad. Nunca hemos tenido nada en ese sentido.” Scully respondió recomponiéndose.

Layla observó como Scully miraba hacía la parte posterior de la cabeza de Mulder. “No hay nada más angustioso que estar enamorada en silencio, ¿no? Y seis años es mucho tiempo para estar en agonía.”

Scully giró para darle una mirada sorprendida a Layla. Ella le sostuvo la mirada, luego le dio en el hombro un suave apretón y fue en busca de su pareja.

Las emociones de Scully le estaban ganando la partida y ella debía revisarlas. Pero le estaba resultando difícil. ¿Mulder no había concluido su relación con Diana? ¿Esa era la razón por la que no podía seguir adelante? ¿Estaba muy enganchado con ella cuando se fue, y ahora con su muerte, él todavía seguía estándolo? Por supuesto, él no podía ser padre porque Diana estaba muerta. ¿Todos estos años él sólo había estado pensando en ella? Gibson Praise incluso le avisó sobre el hecho de que Mulder estaba pensando en Diana. Parecía tan obvio ahora; esa era la verdadera razón por la que las cosas entre ellos siguieran en ese eterno stand- still. ¿Cómo podía haber ignorado esa explicación si era la más probable? Ella era una científica, por el amor de Dios... ¿Cómo podía ser tan estúpida y pensar que podía pasar algo entre ellos? ¡Ilusa!

Esta era la brecha entre ellos, pensó Scully. Mulder realmente había causado esa distancia. Más allá de Diana. Incluso con su muerte, la rotura no podía ser eliminada porque Mulder la mantenía allí. ¿Podría él realmente aferrarse más a su relación con Diana cuando lo que ellos tenían era aún mucho más? Su relación se basaba principalmente en la verdad, por una cosa. Scully no podía obtener ninguna prueba real, pero estaba segura que Diana estaba trabajando con el Fumador. Su relación, su amistad, su compañerismo se basaba en la confianza y el respeto. ¿Lo que tenía con Diana siquiera era real? Mulder era un perfecto tonto.

*****

Cuando se puso más oscuro, el grupo se sentó en un círculo alrededor de la hoguera. Comieron pescado a la parrilla y los s'more recién hechos. Todos parecían estar disfrutando la comida y gozando las charlas. Mulder se sorprendió, y se sintió un poco decepcionado, cuando Scully regresó y tomó asiento frente a él, al otro lado de la hoguera. ¿Había pasado algo? Tal vez las conversaciones de Scully con las otras mujeres habían sido tan invasivas e incómodas como las que había tenido él. Mulder notó que claramente estaba evitando su mirada. ¿Qué mierda sucedía?

Mientras observaba a Scully a través de los destellos y chispas de la hoguera, pensó que ese día había sido uno de los mejores que había tenido en su maldita vida. Despertarse junto a Scully, caer en la idea que ella estaba ahí, que yacía junto a él, ir de excursión con ella, escucharla contar historias sobre su infancia, bañarse juntos (bueno... más o menos), observarla tomar una siesta sobre el césped, ver su sonrisa y escuchar su risa franca; bastaba sólo con la forma en que ella lo miraba. Todo había sido como en su sueño. Excepto que no había peligro. El Hombre Cáncer estaba lejos de él... y de ella. Volvió a mirarla entre las llamas, pensó que Scully nunca le había parecido más hermosa que ahora; sin maquillaje, su pelo rojo era un lío ondulado, las pecas saltando por toda su cara. Suspiró. Ella era preciosa.

*****

Ya eran las 23:21 horas del sábado, y no había ni rastro de Bob, Randy o cualquier rescatista. Scully apenas podía mantener los ojos abiertos, y se estaba quedando dormida sobre la silla plegable. De pronto sintió que alguien agarraba su mano y abrió los ojos sobresaltada encontrándose con Mulder, de rodillas, frente a ella.

“Hey, vamos a dormir, Scully.” Susurró Mulder mientras le acariciaba la mano con el pulgar.

Scully bostezó. “Ok, va a ser lo mejor.”

Cuando estuvieron en el interior de la tienda de campaña, Scully se metió en su propio saco de dormir, subió la cremallera hasta arriba, y se colocó de manera tal para darle la espalda a Mulder. Y Mulder parecía tener un indicio de su estado de ánimo porque no trató de entablar conversación en ningún momento mientras caminaban hacia la tienda o dentro de ella. Pero Scully pudo notar una extraña expresión en su rostro cuando ella se dirigió a su saco de dormir. ¿Pensaba que iban a compartir el saco de nuevo? Tenía en claro que era ella quien debía poner fin a ese tipo de cosas. Esos gestos sólo alimentaban ridículamente sus esperanzas y no significaban nada para Mulder. A él no le importaba de esa manera, y ella debía dejar de esperar que lo hiciera. Mulder nunca sentiría algo como lo que ella necesitaba. Así que superalo, Dana. Olvídalo.

*****

A las 8:30 am del domingo, todo el grupo estaba con las mochilas preparadas a la espera del rescate. A las 9:00 en punto, Bob y Randy aterrizaron con un gran helicóptero negro en un claro a unas 100 yardas de la zona del camping. El grupo abordó y a las 11:00 estaban de vuelta en el River Dance Wilderness Lodge. Bob y Randy dieron una breve conferencia de clausura y entregaron los trofeos a las tres primeros parejas en llegar al embalse. Scully se alegró enormemente cuando fueron autorizados a utilizar las habitaciones para ducharse y asearse antes de salir.

Mulder y Scully se metieron en su coche de alquiler y se dirigieron al aeropuerto para tomar su vuelo de regreso a las 15:10 destino D.C. Ellos no habían hablado demasiado en todo ese día. Mulder parecía estar confundido por el silencio de Scully, pero ella no se sentía motivada para mantener la apariencia de que todo estaba bien, aunque eso fue lo que le dijo cada vez que él se lo preguntaba. ‘Estoy bien, Mulder’, repetía cada vez. Y él, por supuesto, no le creía.

Scully se sentó en silencio en el avión junto a Mulder, seguía pensando en algo que Layla le había dicho un rato antes de salir de Wilderness Lodge.

“No sé si alguna vez has oído hablar de la Gran Inundación de Irán.” Le comentó cuando se estaban despidiendo en el estacionamiento mientras Mulder cargaba los bolsos en el coche. “ Fue en 1954, antes de que yo naciera. Mi padre tenía 12 años en ese momento y me ha contado la historia muchas veces. Durante la inundación, había una joven a la que le quedó su pie atrapado en la calle. Tal vez en el barro, o una reja. No lo sé. El agua seguía subiendo, pero no podía liberarse. La gente trató de ayudarla, pero no pudieron conseguir que su pie se safara. El agua seguía subiendo y subiendo. Ella finalmente se ahogó.”

“Eso es terrible...” Murmuró Scully aún sin entender a dónde se dirigía con esa historia.

 “Sí lo fue. Pero eso nunca me hubiera pasado a mí... ¿Sabes por qué?”

Scully negó con la cabeza y encogió levemente los hombros.

“Porque yo hubiese dicho: ‘¡Córtala! ¡Ahora!’...A veces tenemos que amputar algo de raíz, no importa lo mucho que pueda doler, si el fin es sobrevivir y seguir adelante con tu vida.”

Layla le dirigió una mirada mordaz, luego se despidió y cruzó el estacionamiento para unirse al agente McGill.

Cuando Scully se sentó en su asiento en ese vuelo de regreso a casa, se preguntó si, eventualmente, iba a tener que amputar algo, o a alguien de su vida.

CONTINUARÁ…

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Septiembre de 1998.

Se sentó en el escritorio de su oficina con poca luz y sacó un cigarrillo de su paquete de Morley. Alguien llamó a la puerta y la vio entrar, tomando asiento frente a su escritorio.

“Gracias por venir a esta hora tardía.” Le dijo.

“No fue un problema.” Respondió ella.

Encendió su cigarrillo, dio una calada, y se recostó en su silla, relajando su postura. “Entonces, ¿cómo están marchando las pruebas en el chico?” Preguntó.

“Gibson lleva a cabo las pruebas regularmente. Su función cerebral es notable. Es toda una anomalía genética. Si tan sólo pudiéramos recrear de alguna manera algo igual. Si tan sólo los embarazos MUFON hubiesen tenido éxito.”

“Sí, sí sólo…” dijo, arrastrando otra calada de su cigarrillo. “¿Y los padres del niño?”

“Ellos no han dicho ni una palabra desde que recibieron el dinero.” Respondió ella. “No creo que vayan a ser un problema. La cirugía de Gibson está programada para esta semana. Esperamos entonces aprender aún más.”

Él asintió con la cabeza. “Bien. En realidad no te llamé para hablar sobre el niño. Acabo de regresar de Túnez. Strughold parece estar perdido sobre qué hacer respecto a Mulder.”

Ella no dijo nada, y esperó a que continuara.

“De hecho, todos nosotros lo estamos.” Murmuró. “Hemos recibido noticias de que los X- Files se han vuelto a abrir. Algo inoportuno después de todo lo que Mulder acaba de ver. Ahora no tiene más dudas. Está más decidido que nunca a exponernos.”

La mujer suspiró y se cruzó de brazos. “¿Qué estás pensando hacer?”

La miró por un momento. “Scully es la clave. La obsesión de Mulder son los X- Files, cierto. Eso era en todo lo que él pensaba y la única razón detrás de todo lo que hizo, en un primer momento. Pero eso ha cambiado ahora. El mundo de Mulder estaría completamente desmoronado sin Scully, incluso si él está ciego a la realidad.”

Ella frunció los labios. “Bueno, entonces usted debe separarlos para neutralizar a Mulder.”

Sacudió la cabeza. “No, no lo entiendes. Separarlos no funciona. Hemos intentado hacerlo, más de una vez. Nosotros incluso la mandamos a la Antártida, por el amor de Dios, y él fue hasta allí, encontró la manera de ir, hallarla y traerla de vuelta. Tal vez no está tan ciego como yo pensaba... Mulder es peligroso con ella, y aún más peligroso sin ella. Se convierte en un hombre que no tiene nada por lo que vivir. No tiene nada que perder sin Scully. Y se vuelve imprudente, no se detendrá ante nada. En un momento pensé que era un escenario perfecto para que pueda venir a trabajar con nosotros, pero estaba equivocado.”

“Entonces, ¿qué se puede hacer?” Preguntó confundida.

Él apagó el cigarrillo y dejó la colilla en el cenicero. “Ninguna fuerza externa puede interponerse entre ellos. Lo he intentado todo por debajo del asesinato. Y no tengo ninguna intención de matar a Mulder o a Scully. Pueden sernos útiles cuando sea necesario. Lo único que puede volverse contra ellos son ellos mismos. Si se separaran por su propia voluntad, bueno, eso sería algo completamente diferente. ¿No lo crees así?”

Lo miró fijamente mientras él sacaba otro cigarrillo de su paquete de Morley.

Él lo encendió y dio una larga calada. “Mulder nunca dejará a Scully. Es demasiado dependiente de su compañera. No tiene a nadie más, ni lo tendrá alguna vez. Y lo sabe. Pero como ya dije, Scully es la clave. En muchos sentidos, ella es una persona mucho más fuerte que él. Ella puede no querer vivir sin Mulder, pero es ciertamente capaz de hacerlo. Pero si ella fuera a dejar a Mulder por propia voluntad, necesitaría hacerlo por una buena razón. Una razón personal es lo único que se me ocurre que funcionaría.” La miró a través de su escritorio. “Sé que puedo contar contigo, Diana.”

Ella asintió. “¿Cómo le gustaría que proceda?” Preguntó Diana.

El hombre dio una nueva calada a su cigarrillo. “No puedo evitar que los X- Files sean reabiertos, pero arreglé las cosas para que Jeffrey esté en condiciones de tomar el control. Él va a necesitar una compañera, un socio.”

*****

Febrero de 1999

Los rebeldes eran un problema grave. Él sabía lo que tenía que hacer, pero no se atrevía a hacerlo. No podía ponerle fin a la madre de su hijo. El grupo también podría aceptar lo inevitable y permitir que comience de una vez. Todos iban a ser reunidos en El Rico Air Force Base más tarde esa noche. El futuro estaba aquí.

El teléfono de la oficina sonó. “¿Sí?” Respondió, mientras sacaba el paquete de Morley del bolsillo interior.

“Mulder y Scully estaban en la oficina de los Lone Gunman. Creo que la conversación le interesará.”

“Adelante.” Contestó.

El sonido del botón de la grabadora se oyó y de pronto la oficina se llenó con la voz de Scully.

“Te pido que me escuches antes de emitir cualquier objeción. Mulder, les pedí a los Pistoleros que buscaran todo lo que pudieran acerca de Diana Fowley.”

 “No tengo tiempo para esto.”

“Mulder, ella te está tomando por un tonto.”

“La conozco, Scully. Tú no.”

“La conocías. Ya no. Creo que te lo podemos probar.”

“Comenzó en el FBI con la Unidad Contra el Terrorismo Extranjero en 1991” Comenzó Byers.“Siete años en Europa.”

“Sin embargo, no hay ni un dato en los archivos del FBI acerca de sus actividades.” Agregó Scully.

“¡OHH!” Se sorprendió irónicamente Mulder. “Espero que tengas algo más que eso para condenarla”

“Registros de viajes sacados de las aerolíneas que fueron borrados de los registros del FBI. Viajó con frecuencia por toda Europa Occidental. Viajes casi semanales a Túnez.”

“¿Con qué propósito?” Preguntó Mulder.

“Eso es lo que no podíamos averiguar. Hasta que encontramos esto.” Respondió Langly.

“Registro de la Red Mutual de Ovnis. (Mutual UFO Network).” Añadió Frohike.

“MUFON” dijo Mulder.

“La Agente Especial Diana Fowley del FBI visitó cada una de las sedes europeas, recabando datos sobre mujeres abducidas.” continuó Scully.

“Recababa datos. Gran cosa.” Suspiró Mulder con cansancio.

“O los ocultaba.”

“Scully, estás exagerando.”

“Mulder, cuando fui secuestrada, me colocaron un chip en el cuello. Me encontré con un grupo MUFON lleno de mujeres que habían tenido la misma experiencia.”

“Así que... ¿estás sugiriendo que Diana está supervisando a las mujeres abducidas? ¿Supervisando las pruebas?”

Scully se pasó la lengua por el labio tratando de controlar su enojo. “Me dices que Cassandra Spender es el sujeto crítico de un experimento, que podría ser la prueba de todo. Y, sin embargo, ¿quién la supervisa a ella? Mulder, puedo probar lo que dices o puedo refutarlo. Pero no cuando Diana Fowley nos impide siquiera verla. Mulder, pregúntate por qué no existe información alguna sobre la Agente Especial Diana Fowley. Y, ¿Por qué de pronto entra a tu vida cuando estás más cerca que nunca de la verdad? Tú... tú me pides que no confíe en nadie, y sin embargo confías en ella por simple fe.”

“Porque no me has dado ninguna razón para no hacerlo”

Los Pistoleros se removieron incómodos. Scully negó con la cabeza y comenzó a irse.

“Bueno... entonces no puedo ayudarte más.”

“Scully, estás transformando esto en algo personal.”

Ella giró para enfrentarlo. “Porque es personal, Mulder. Porque sin el FBI, mi interés es estrictamente personal. Es todo lo que tengo. Y si me quitas eso, entonces no tengo ningún motivo para continuar.”

La grabación se detuvo. “Eso es todo, señor.” Dijo el hombre en la línea.

“Gracias.” Respondió, dando una larga calada a su cigarrillo, y colgó el teléfono. Bueno, esto era sin duda algo muy interesante, pensó. Diana lo había hecho mejor de lo que esperaba.

Decidió ir a verla, y salió de la oficina para dirigirse a los Watergate Apartments.

 

*****

 

Tres días después.

 

Todo se había ido al infierno. Estaba una vez más, ahí, sentado en el escritorio de su oficina, preguntándose dónde ir, cómo seguir desde aquí. No era la primera vez que se había sentido poco seguro, que pensaba que el futuro iba a ser incierto y probablemente no iba a ser la última. Diana entró y se sentó frente a él.

“Siento lo de Jeffrey.” dijo.

“También yo. “Respondió, sacando un cigarrillo. “Supongo que ya has sido informada de tu nueva reasignación ahora que Mulder y Scully han recuperado los X- Files.”

 “Sí, Contrainteligencia.”

“Bien.” Respondió.

Diana suspiró.

“Buen trabajo con la ‘situación Scully’, por cierto. “Le dijo.

Ella le dirigió una mirada de perplejidad. “¿Qué quieres decir? No creo que todo fuera un éxito. Todavía están juntos.”

“Pero ahora hay astillas, grietas en los cimientos. Y las grietas pueden crecer aún más si se dejan sin tratar, sobre todo en la forma en que Mulder y Scully no logran comunicarse.”

Diana frunció el ceño. “Pero, ¿quién sabe cuánto tiempo podría tomar que se quiebre su alianza?”

Dio una larga calada a su cigarrillo. “Bueno, todo depende de cuán tonto Mulder puede ser cuando se trata de asuntos del corazón.”

Diana parecía incómoda. Él sabía que ella le era leal, pero también sabía que albergaba una debilidad por Mulder. Eso podría serle útil también. Sacó una grabadora del fondo de su escritorio, y apretó ‘play’.

“Están todos muertos, Mulder. Cassandra está muerta. No pudimos salvarla.”

“Ella no estaba en la estación de trenes. Spender probablemente fue engañado, Scully. A no ser que llegaramos demasiado tarde. Se la llevaron con ellos a la base aérea de El Rico.”

“¿Mulder? Cuando me llamaste antes, dijiste que estabas con Diana. Me dijiste que ibas a pasar a buscarme para llevarme contigo. ¿Dónde ibas a llevarme?”

Hubo una larga pausa en la grabación. Miró al otro lado de su escritorio hacia Diana, y sus ojos se encontraron.

“¿Mulder”

“Íbamos a la base aérea.”

“¿Con qué propósito?”

“Scully... el Fumador. CGB. Spender... él dijo que era una manera de que pudiéramos salvarnos a nosotros mismos. No había nada que hacer. No pude hacer nada para detenerlo.”

“Y le creíste.” No era una pregunta.

“Scully...”

“No puedo creer esto, Mulder. Te uniste a ‘él’, expusiste a todas las personas. Tú sólo renunciaste. Abandonaste todo en lo que has estado trabajando. Para lo que ‘nosotros’ hemos estado trabajando. ¿Y pensaste que yo estaría dispuesta a irme contigo? ¿Y con Diana Fowley? ¿Para llegar a ser un co- conspirador con esa gente y salvarme a mí misma a expensas de la humanidad? ¿Pensaste eso?”

“Scully...”

“No sé lo que me enferma más, Mulder. Si el hecho de que tomaras tal decisión por mí misma, o el hecho de que pensaras que estaría dispuesta a irme junto contigo.”

Otra larga pausa.

 “Me traicionaste. Te has traicionado a ti mismo.”

“No voy a poner excusas sobre eso, Scully. Pero esa fue sólo una decisión momentánea. Y luego me diste una razón para no darme por vencido. Para seguir luchando.”

“Y ¿cómo sé que no vas a renunciar de nuevo? Especialmente si tú continúas permitiendo que tu juicio se nuble, se vea afectado por lo que Diana Fowley diga.”

“Scully, todavía no me mostraste una prueba que me permita creer que ella es en realidad culpable de algo.”

“Tienes que estar jodiendo conmigo.”

Otra larga pausa. Un teléfono celular que suena se escuchó en la cinta.

Scully... Está bien, señor. Estaremos allí.” Un chasquido se puede escuchar al fondo. “Kersh quiere reunirse con nosotros por la mañana.”

 “Excelente.”

Pulsó el botón de Stop en la grabadora, y dió una larga calada a su cigarrillo. - Grietas, Diana. Las grietas en los cimientos.

 

CONTINUARÁ…

 

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La noche del domingo, 22 de agosto, Mulder entró por la puerta de su apartamento, arrojando el bolso en la sala, y dejándose caer sobre el sofá. El fin de semana en Colorado había resultado una montaña rusa emocional. Ahora se sentía más cerca de Scully de lo que estaba antes del viaje, pero al mismo tiempo sentía como que estaban más separados que nunca. Típico. No habían hablado realmente de nada en todo el vuelo de regreso, y su adiós en el aeropuerto había sido bastante breve.

Algo tenía que haber pasado la última noche en el retiro, pero no podía comprender qué era eso que había logrado que Scully actuara de esa manera distante. ¿Alguien había hecho un comentario estúpido? ¿Alguien la había maltratado de alguna manera? Pero, si era así, ¿por qué no le había dicho nada? Scully... parecía herida. No había otra forma de describir su comportamiento.

Sólo había estado lejos de Scully por poco más de una hora, y ya la echaba de menos. Comenzó a ver una vieja película en blanco y negro en la televisión, pero pronto perdió el interés. Tomó el teléfono del escritorio y lo puso sobre la mesa de café. Pensó en llamarla, pero cambió de opinión. A continuación se levantó, sopesó la idea de irse a la cama por un momento, pero odiaba la idea de estar allí solo. Así que apagó todas las luces y se quedó en el sofá. Mientras yacía allí, se dio cuenta que la echaba de menos aún más que antes. La extrañaba de una manera que nunca hubiera creído posible hacía apenas tres días. Echaba de menos quedarse dormido a su lado, y él lo sabía, por la mañana, amanecería con la decepción de no estar despertando a su lado.

Tal vez ese retiro fue un gran error, y nunca deberían haber ido. Sólo se le hizo más consciente lo vacía que era su vida cuando no estaba junto a Scully. Si sólo ella estuviera allí con él. Las cosas que podría hacerle. Las cosas que podría decirle. En la seguridad de su imaginación, él tenía todo el valor del mundo y no había consecuencias negativas por sus actos. Podía abrazarla y besarla y tocarla. Ella en realidad quería que él hiciera esas cosas. Y no había nada mal hecho, no había precios a pagar.

Sin embargo, Mulder sabía que la realidad era muy diferente. Había allí una gran cantidad de daño, y un precio muy alto a pagar. Pero incluso si no lo hubiese... ¿Ella querría tener una relación física con él? Sus coqueteos siempre fueron recibidos con rodadura de ojos o miradas en blanco. Tal vez ella no se sentía atraída por él. Tal vez estaba pidiendo demasiado para alguien como Scully (inteligente, hermosa, la mejor persona que había conocido), quizás sólo lo respetaba y lo consideraba digno de su amistad, pero no lo veía como a una perspectiva sexual. Quizás no pensaba en él como un hombre capaz de complacerla sexualmente. Tal vez en su mente, él era sólo este adorable amigo geek, freeky cuya única alegría en la vida era perseguir aliens y conspiraciones del gobierno. Él interiormente se resistió a la idea. No, eso no podía ser cierto.

Mulder cerró los ojos, se aferrá al recuerdo de Scully a su lado en la cama del hospital hacía un poco más de dos meses. Podía oír sus pensamientos, sentir sus emociones abrumadoras. Sabía que allí había un amor profundo. Ella no trivializaría su existencia. Sabía la profunda importancia, el lugar que ocupaba en su vida. Pero de ninguna manera pudo sentir alguna connotacion sexual en sus pensamientos acerca de él. Por supuesto, en ese momento, ella temía por su vida. Lo que daría sólo por poder leer su mente una vez más.

Pero nada de esto estaba ayudando a conciliar su comportamiento hacia él desde la noche anterior. Sentía como que las paredes habían comenzado a bajar y otro tipo de intimidad estaba emergiendo. Entonces, de repente, sin previo aviso o cualquier causa que pudiera determinar, ella parecía estar cerrándose de nuevo a él. Pero quizás esto era algo bueno. Tal vez ella estaría mejor sin él. Sabía que estaría más segura, tal vez incluso más feliz. Pero si se quedaban juntos... ¿podría hacerla feliz? Su relación podría ser mejor; no estar tan separados, no seguir tan solos. Ellos podrían estar más cerca de lo que estaban. Pero con las experiencias que habían tenido, ¿podrían hacer que una relación romántica entre ellos funcionara? Cada relación en la que había estado él, y no es que hubiese tenido muchas, habían terminado en un completo desastre. Seguramente las mujeres con las que había estado, podría decir, que no eran tan buenas para él a un nivel humano básico, pero tampoco había hecho casi ningún esfuerzo para que las cosas funcionen de otra manera. ¿Quién había dicho que él sabía acerca de ser un buen compañero en ese sentido? ¿Qué pasaría si Scully lo dejaba como lo habían hecho las demás?

Empezó a sentir el mismo tipo de pánico que sintió cuando la había oído gritar llamándolo en su contestador automático. Cuando estaba en coma y su familia quería tirar del enchufe apagando su vida. Cuando Donnie Pfaster la había secuestrado. Cuando la vio gritando en la foto de Gerry Schnauz. Cuando había desaparecido de su habitación en el hospital y había encontrado el escrito en su diario dedicado a él como un adiós. Cuando esa maldita abeja la picó. Cuando la encontró enterrada en el hielo dentro de esa nave. Cuando la encontró tendida en el suelo de su apartamento inconsciente y cubierta de sangre en el caso Padgett.

Mulder de repente no sabía qué era peor: Si la idea de perderla, o la idea de no tenerla en la forma en que él quería hacerlo. Algo tenía que suceder. Necesitaba tomar una decisión para poder lograrlo. No podía guardar silencio para siempre, no podía mantenerse posponiendo lo inevitable. Pero, de nuevo, ¿qué había de malo en mantener las cosas de igual manera? Habían conseguido sobrevivir tanto tiempo sin mezclar las cosas, sin desordenarlas y complicarlas. Scully era su compañera, su amiga más querida; su única amiga. ¿Valía la pena el riesgo? Pero... ¿Había alguien más ahí fuera más perfecta para él que ella? Definitivamente no. Pensó que su subconsciente, el de varios meses atrás, el que aparentemente prefería una vida en los suburbios con Diana antes de tener cualquier cosa con Scully, era un maldito idiota. Si el podía encontrar el coraje para declararse, para decirle lo que quería y lo que sentía, ¿ella lo aceptaría? ¿O iba a rechazar sus intentos de llevar su asociación, su compañerismo, a un nuevo territorio? O peor aún, ¿podría no tomarlo en serio y reírse de él? Una vez más se sintió atrapado entre esa espada y la pared.

Permaneció despierto en la oscuridad. Su cerebro no se apagaría. Deseaba desesperadamente que Scully estuviera allí. Cuando finalmente comenzó a quedarse dormido, su teléfono empezó a sonar. Consultó su reloj; eran las 00:47.

*****

Scully llegó a su casa el domingo por la noche absolutamente agotada. Las lágrimas que había estado conteniendo durante todo el vuelo de regreso a D.C desde Colorado, no podían ser retenidas por más tiempo. Había luchado duramente para no derramarlas frente a su compañero, pero por fin estaba en casa. Sóla. Pero aún así se reprimió. Después de desarmar su bolso en el dormitorio, tomó una ducha de agua caliente, cuando el baño se llenó de vapor se permitió explotar. Dejó de contenerse y se rindió al dolor. Y lloró hasta que no pudo llorar más. Nunca se había sentido tan perdida en su vida. No sabía qué hacer con ella misma, con su carrera, con Mulder.

¿Debía cortar, amputar y correr? ¿Debería quedarse y esperar que Mulder finalmente necesitara algo más para obtener lo que deseaba, superara por fin los obstaculos y poder seguir adelante? Pensó que quería una vida con él, pero... ¿y si finalmente lo conseguía y las cosas no funcionaban? Esa era la razón por las que elevaba las paredes a su alrededor. Esa era la razón por la que mantenía siempre a la gente a cierta distancia. La razón por la que nunca había tenido una relación que durara más de un año. La razón por la que tan pronto como sentía que se estaban acercando demasiado, que se volvían muy unidos, o si el tipo empezaba a dejar en claro que quería un compromiso de por vida, ella corría. Huía. Se escapaba.

¿Había algo más aterrador que el amor? ¿Que darle a otro ser humano el completo poder de destruirte? ¿Había algo más doloroso que amar a alguien? ¿Y luego perder a ese alguien? Había tenido miedo de la muerte, del dolor que produce cuando alguien que amas más que nada en la vida es arrancado de ella. Si ella nunca amaba, entonces no tendría que experimentarlo. Durante años, luchó para evitar ese dolor, lo hizo cada vez que fue posible. Ella siempre tuvo una estrategia de salida cuando las relaciones se volvían demasiado profundas. Había encontrado la manera de entregar su cuerpo y comprometer su mente, pero aún así mantener su corazón encerrado, apretado. Nadie había logrado penetrarlo. Antes de Mulder sólo un hombre había estado realmente cerca de hacerlo, incluso ella había considerado la posibilidad de dejarlo entrar. Y finalmente, ella se escapó; corrió en la dirección opuesta, corrió hacia el FBI.

Pero en algún lugar a lo largo de la línea, dónde o cuándo no tenía ni idea, ella se había enamorado de Mulder. Ahora era el momento en que había asimilado completamente esto, y ya no podía ignorarlo o pretender lo contrario, ya era demasiado tarde. Y ahora sentía ese dolor, ese dolor que había estado funcionando desde hacía un tiempo. Ahora sólo debía mirarlo para que se rompiera su corazón. Deseaba tocarlo, sentir sus brazos alrededor de ella, sentir sus labios sobre los de ella; quería el éxtasis de su piel en su piel, el peso de su cuerpo sobre el de ella. Pero eso traía dolor... y estaba doliendo. Le dolía.

Scully se sentó en su sofá deseando nunca haber ido a ese maldito retiro. Deseó nunca haber compartido un saco de dormir, deseaba nunca haber pasado una noche con él sosteniéndola tan cerca de su cuerpo, deseaba nunca haber despertado a su lado. Dios, ese saco de dormir. Ese saco de dormir iba a perseguirla por siempre. La sensación de Mulder agarrándola y tirando de ella sobre el colchón hacia él; la sensación de estar acurrucada, apretada contra su cuerpo firme, sintiendo su calor; ver la expresión de su rostro cuando sus ojos se encontraron. ¿Alguna vez habría una oportunidad más perfecta para que su relación evolucionara?

Pero oírlo hablar con el agente McGill la ayudó a entender finalmente porque Mulder nunca actuó, avanzó cuando ella pensó que lo haría. No había tenido una relación desde que Diana lo había dejado, y él no parecía querer tener otra. Había imaginado realmente tener hijos, pero Diana ahora estaba muerta. Era imposible para él ser padre. El dolor se había vuelto más insoportable que nunca. Y si no encontraba la manera de construir una fortaleza alrededor de su corazón de nuevo, no sabría cuánto tiempo más podría hacerle frente al dolor.

Mientras se preparaba para ir a la cama, Dana Scully iba a entrar en el modo de auto- preservación. Por lo general, esto significaba hacer planes para huir y empezar de nuevo en otro lugar. Pero sabía que no podría dejar a Mulder. Ella no podría cortar y correr esta vez. No sería justo para él. La idea de hacerle daño no era ni siquiera una consideración. Tenía que encontrar otra manera de lidiar con esto. Tuvo que aceptar el hecho de que a pesar de que era su mejor amigo, y él la amaba con locura, él no la quería de la forma que ella deseaba y necesitaba. Eso tendría que ser suficientemente bueno para ella. Tendría que alcanzarle. Debía admitir que prefería tener Mulder sólo de esa forma, con las cosas sólo como estaban, antes de no tenerlo en absoluto.

Scully caminaba a través de su sala cuando notó que dos mensajes parpadeaban en su máquina. Presionó play.

‘Hola Dana, soy Tara. Escucha, Jennifer me dijo lo que Bill hizo. No puedo creer que le dijera a ese policía de invitarte a salir. Lo siento mucho, cariño. Bill consiguió un buen sermón de mi parte, déjame decirte. Él no debería estar metiendo la nariz donde no lo llaman. ¡Otro asunto, linda, los gemelos están pateando como locos! Maggie me dijo que te fuiste a Colorado por trabajo. Espero que podamos hablar cuando vuelvas. Te amo’.

Scully pensó en regresarle la llamada. Eran recién las 20:00 horas en San Diego. Pero no tenía ganas de hablar ahora. La llamaría mañana o en un par de días.

‘Dana, soy mamá. Espero que hayan tenido un fin de semana maravilloso en Colorado. Es un hermoso lugar. El Padre McCue vino para el almuerzo después de la Misa de hoy. Él preguntó por ti, preguntó por qué no te había visto en todo el verano. ¿Te gustaría venir este domingo? Estaba pensando en decirles a Charlie y Jennifer también. Podríamos ir juntos a la iglesia. Sé que al Padre McCue le encantaría verte. Llámame cuando llegues a casa. Te amo’.

Ella suspiró. ¿Cómo podía explicarle a su madre? ¿Cómo iba a explicarle al Padre McCue, dado el caso? Scully empezó a sentir las lágrimas brotando de nuevo. ¿En qué debía creer más? Ella ni siquiera lo sabía. No había sido capaz de llegar a alguna justificación para lo que vio en África. No encontraba una explicación real. ¿Cómo podía reconciliar lo que vio con su fe? ¿Tenía aún alguna fe? ¿Fe en qué, exactamente? ¿Dios? Tenía que hablar de ello. Pero no podía decirle a su madre. Y no podía verse a sí misma diciéndoselo al Padre McCue. Esa sí sería una conversación realmente incómoda.

Después de un tiempo se fue a la cama, pero no podía dormir. Daba vueltas, un millón de hilos distintos de pensamientos corrían a través de la cabeza. Necesitaba hablar con alguien. Y cayó en la cuenta, no por primera vez, ni sería la última, que sólo un ser humano en todo el planeta la entendería. Sólo una persona de verdad la conocía, la conocía mejor que nadie nunca lo había hecho. Debido a que en realidad ella le había permitido a esta persona que la conociera; le permitió conocerla en un nivel tal como ella nunca le había permitido a nadie más.

Scully se acercó a su mesa de noche y tomó el teléfono.

 

*****

Mulder tomó el teléfono. “¿Hola?”

“Mulder, ¿y si Dios es sólo otra palabra para decir: alienígena? ¿Qué se supone que voy a decirle a mi madre sobre eso?”

Él se sentó en posición vertical en el sofá. No esperaba que Scully lo llamara esa noche, sobre todo porque ella apenas si había hablado unas diez palabras con él ese mismo día. “¿Tienes que decirle algo así?”

 “No lo sé. ¿No debo decirle la verdad?”

“¿Cuál es la verdad, Scully?”

 “Mulder, no he ido a la iglesia ni una vez desde que volví de África. Sé que mi madre está preocupada, y ahora el Padre McCue le está preguntando por mí, pidiendo para que vaya a verlo. ¿Qué les digo? No sé si alguna vez podré volver a poner un pie en la iglesia de nuevo.”

“Yo... yo no sé, Scully...” Nunca he estado en la iglesia, así que no tengo ni idea de cómo lidiar con eso, pensó.

Ella suspiró. “¿Mulder? ¿Y si todo en lo que he creído es una mentira? Todo ello.”

Él ya había estado allí. “No sabes eso, Scully... ¿Quién puede decir que todo es una mentira? Las respuestas están ahí afuera. Tenemos la esperanza de que vamos a encontrarla algún día.”

“Estoy enojada, Mulder. ¿Qué pasa si pongo mi fe en algo que no existe; en algo que no es más que un engaño creado por el ser humano para explicar la mortalidad, para incitar a las guerras, a fingir que esta vida no es todo lo que hay, para ocultar la verdad?”

“¿Pero quién puede decir que Dios no existe?”

“Pero esa nave espacial, Mulder... ¿Por qué estaría ahí un pasaje de la Biblia y grabado el código de ADN humano en ella?”

“Bueno, ¿y si los aliens creen en Dios?” Él se sorprendió ante lo que acababa de decir, y ciertamente no había planeado decirlo. Pero ahora que lo había dicho, tenía cierto tipo de sentido para él. De alguna manera extraña.

Scully suspiró. ¡¿Qué estaba pasando en el mundo?!  “¡Mulder, vamos! Siempre has sido escéptico acerca de Dios. ¿Ahora estás suponiendo que los alienígenas son creyentes?”

“Scully, ¿qué fue lo que sucedió con Albert Hosteen?”

Hubo una larga pausa. Aún no había encontrado la manera de cómo explicar eso. “No puedo decir con seguridad que sucedió realmente, Mulder.”

“Scully, no te cuestiones a ti misma. Piensa en el vacío que sentías estando en África, y la desesperanza que sentiste cuando regresaste.”

Ella vaciló. No recordaba haber hablado de eso con él nunca. Recordó que esa conversación la había mantenido con sí misma.

“Ahora piensa en cómo te sentiste cuando Albert Hosteen alzó sus manos y oró contigo.”

Tragó saliva. Ella podía recordar cómo la esperanza floreció en su corazón cuando Albert se arrodilló en el suelo con ella. Tenía la garganta hecha un nudo y podía sentir las lágrimas en los ojos.

“Scully, ¿si Albert Hosteen estuvo en coma en Nuevo México todo este tiempo, cómo puede ser posible que él se encontrara en tu apartamento? ¿Quién oró contigo?”

Las lágrimas ahora estaban fluyendo constantemente por su rostro.

"Tienes que organizar, ordenar todo lo que viste en África, Scully. Pero no descartes a Dios."

Ella sollozó, tomó un pañuelo de la caja de la mesita de noche y se secó los ojos.

“¿Quieres que vaya para estar contigo, Scully?”  Por favor, dime que “sí”. Espera. No no no. Mala idea. ¿Qué estaba pensando?

Scully hizo una pausa. Sí. Sí, por favor ven. Ven y haz que me olvide de Dios, los alienígenas, las naves espaciales y la iglesia. Ven y hazme sentir mejor. “No, está bien, Mulder. Ya estoy más tranquila. Te veré en la mañana.”

“Está bien, Scully. Nos vemos en la oficina.” Colgó el teléfono.

Mulder y Scully finalmente se quedaron dormidos, ambos deseando no estar durmiendo solos.

 

CONTINUARÁ…

Chapter Text

El viernes 27 de agosto, Mulder y Scully tuvieron un día lleno de reuniones departamentales trimestrales en la oficina de Skinner. Recogieron sus informes de los casos de los últimos tres meses, no es que hubiera habido muchísimo trabajo debido a la licencia médica de Mulder, y se sentaron en la oficina del DA con los otros agentes bajo su supervisión. Mulder odiaba las reuniones trimestrales.

El último viernes de cada trimestre, tenían que sentarse en la oficina de Skinner y discutir la validez de su carga de trabajo a partir de los tres meses anteriores. Si la reunión era sólo con Skinner, no habría sido un gran problema. Pero también tenían que cumplir con un ejecutivo de la División de Gestión de Registros y la División de Finanzas (Records Management Division and the Finance Division). Este era el status quo para todos los agentes de campo en todas las ramas de las reuniones trimestrales.

Sin embargo, para Mulder y Scully, la reunión trimestral también significaba que un ejecutivo de la Oficina de Integridad y Cumplimiento (Office of Integrity and Compliance) se sentara en el encuentro. Tal era la reputación de los X- Files y la reputación de Mulder, específicamente. Mulder tenía esa molesta costumbre de no hacer las cosas respetando las reglas, y después de aterrizar en agua caliente demasiadas veces, ahora un representante de la OCI asistía a todas sus presentaciones trimestrales. Esto había comenzado hacía un año cuando habían sido asignados al DA Alvin Kersh, y a pesar de que estaban de vuelta en los X- Files bajo la supervisión de Skinner, la OCI pensó que este era un hábito demasiado bueno para darse por vencido dejándolo estar.

El día de hoy, el Subdirector Gregory Roberts de la OCI estaba sentado en la reunión trimestral. Tan pronto como Mulder entró por la puerta de Skinner y vio a Roberts sentado en un rincón, libreta en mano, quiso girar y caminar de vuelta hacia fuera. Roberts era un verdadero hijo de puta, y no era un secreto que detestaba a Mulder. Scully se detuvo en seco al verlo e internamente gimió.

Gregory Roberts originalmente procedía de la División de Laboratorio y no había trabajado fuera de Quantico antes. Había sido el supervisor de Scully cuando ella enseñaba allí desde 1990 a 1993. Él sabía de su relación con el agente Jack Willis, y fuertemente la había desaprobado. Al principio, Scully pensó que la desaprobación surgía de sus ideas acerca de que los estudiantes se involucren con sus instructores. Sin embargo, pronto se hizo evidente que su desaprobación era de carácter personal y había hecho sentir a Scully muy incómoda cada vez que tenía la oportunidad. En 1997, Roberts había aceptado un cargo en la OCI.

El viernes 27 de noviembre del año pasado había asistido a la primera reunión trimestral de Mulder y Scully bajo la supervisión del DA Kersh, que por primera vez, había requerido un representante de la OCI (a petición del DA), y la experiencia había sido miserable. Roberts había hecho ese 27 de noviembre una fecha muy especial para Mulder. Roberts lo pinchaba constantemente sobre su trabajo, y tuvo otros cien comentarios desfavorables sobre los X- Files, pero la mayor parte de su hostilidad estaba dirigida a Scully. Hizo comentarios solapados, que Kersh fingió no escuchar, sobre las opciones de carrera de Scully y sobre su supuesta afición por las figuras de autoridad; impugnó sus razones por estar con Mulder durante tanto tiempo, lo que reducía la validez de todo lo que había logrado en los X- Files, subrepticiamente comentando sobre su abandono de una carrera de bien a cambio de una: ‘charla de almohada paranormal”. Mulder había salido de la oficina de Kersh ese día al borde de la ruptura de un vaso sanguíneo.

No hace falta decir que, tanto Mulder como Scully, sintieron una sensación parecida al horror al verlo, una vez más asistiendo a su reunión trimestral. Pero, por suerte, la reunión estaba dirigida por Skinner y no por Kersh, Roberts no pudo obtener el permiso, la vía libre para atacar a Scully, a Mulder o a los X- Files como deseaba. Eso no quería decir que no lo intentara. Se empeñó en atacar cada frase expuesta por los agentes, aún sin llegar a profundizar en lo que criticaba. Pero cada intento fue recibido inmediatamente con un: “¿Tiene algo sólido que quiera compartir con la habitación, AD Roberts?” de Skinner o: “Roberts, a menos que tenga algo que añadir que sea relevante para el caso que estamos revisando, por favor guarde sus comentarios para más adelante y estaré encantado de discutirlo con usted” Roberts pronto abandonó el ataque.

Por primera vez en la historia, el número de casos a revisar no les tomó demasiado tiempo a Mulder y Scully. Esta era, por lo general, la parte favorita de la reunión para los demás agentes, la discusión de los casos de los X- Files, y cómo Mulder y Scully habían trabajado en ellos. Mulder tenía una reputación bastante extensa: Que era una bala perdida, un bicho raro, y muchos agentes se preguntaban por qué alguien como Scully se quedaría en ese sótano, en ese callejón sin salida por tanto tiempo. Pero nadie dudaba de que hacían de su trabajo algo emocionante. Por lo general, a finales del viernes trimestral, las historias de todas las “mierdas raras” en las que Mulder y Scully se habían metido se extendían por todo el Bureau.

Hoy no había sido diferente. Scully había terminado su visión general de su roce con lo que había causado la enfermedad de Mulder y la descripción de su función anormal del cerebro; la nave en África cubierta de secuencias de ADN humano y las escrituras de las religiones más importantes; los extraños sucesos en África alrededor del sitio donde se encontraba la nave: las langostas, el agua que se convirtió en sangre, y la erupción de forúnculos en la piel de los hombres que estaban dentro del agua con la nave; la desaparición de Mulder del hospital para encontrarlo luego en un centro médico del Departamento de Defensa casi muerto después de una cirugía cerebral invasiva... La oficina de Skinner había quedado en silencio. Mulder pensó que podría escuchar caer un alfiler. Nadie sabía qué hacer con eso. Mulder podría decir que algunos no podían dar crédito a lo que oían, mientras que otros parecían asustados. Incluso Roberts no había hecho ninguna observación en voz baja mientras Scully hablaba.

Al ver el silencio, ahora incómodo, impregnando su oficina, Skinner pidió una pausa de 20 minutos, para alivio de todos. Mulder y Scully abandonaron rápidamente la habitación antes de que Roberts siquiera se hubiese levantado de la silla, y se encontraban en el sótano menos de tres minutos más tarde. Para su sorpresa, mientras caminaban hacia su oficina, se encontraron al teniente Kresge llamando a la puerta de esta.

“¡Dana, hola!” Dijo Kresge, volviéndose hacia ellos.

“¡Hola Jonathan!” Saludó Scully, sonriendo.

Kresge le tendió la mano, diciendo: “Agente Mulder, ¿verdad?”

Mulder le dio la mano a Kresge. “Buena memoria.”

“Probablemente te estás preguntando por qué estoy aquí.” dijo Kresge, volviéndose hacia Scully. “Dana, lo siento no pude llamarte ni nada. La Academia Nacional me estaba pateando el culo. Acabo de terminar el ‘Yellow Brick Road’.”

“Wow, has sobrevivido.” Scully respondió, riendo.

“Apenas.” Le sonrió. “De todas formas, me preguntaba... ¿tienes planes para esta noche? Me gustaría salir de nuevo contigo a algún lugar.”

Ante esto, Mulder se alejó y abrió la puerta de la oficina, entró dejándolos solos en el pasillo. Scully lo miró fijamente hasta que se perdió de vista. De repente se sintió enojada, pero no estaba muy segura de por qué.

“Mmmm... no, no tengo ningún plan.” Le dijo Scully vacilante.

Kresge la miró. “Mira, Dana... sé que tu hermano me pidió que me contactara contigo, que te invitara a salir, pero yo la pasé muy bien contigo. No quiero que pienses que sólo salí contigo como un favor. Voy a volver a San Diego mañana. Sólo tengo una noche antes de dejar la costa este, y realmente me gustaría pasarla contigo.”

Un fuerte sonido golpeando ruidosamente algo se oyó desde el interior de la oficina. Scully pensó que sonaba como que a Mulder se le había caído algo, y lo oyó insultar para sí mismo. Ella rodó los ojos.

“¿Qué tienes en mente?” Preguntó.

Él le sonrió con sinceridad. “¿Qué te parece cenar en Marcel? Puedo recogerte a las 19:30 horas.”

“Espera... ese es el nuevo restaurante de moda por aquí.” Le respondió. “No vamos a conseguir mesa para esta noche.”

Kresge le dirigió una mirada tímida. “Bueno... yo sabía que esta sería mi última noche en D.C... Así que... hice reservas hace una semana para cenar a las 20:00 horas. Llamé la tarde después de que vine aquí para verte.”

Scully tenía una expresión de desconcierto. “¿Esa tarde? Espera... ¿Quieres decir que hiciste las reservas para cenar esta noche, con la esperanza de que quisiera salir contigo, antes de haber salido, incluso, la primera vez?”

Kresge la miró fijamente a los ojos. “Sí.”

Scully se sintió enrojecer, y apartó la mirada.

“Así que... ¿quieres ir a cenar conmigo, Dana?” Preguntó él expectante.

Ella vaciló. “Claro.” Scully de repente pensó que Kresge sería una distracción útil de Mulder.

 

*****

A las 15:30 horas, los agentes volvieron a reunirse en la oficina de Skinner después de la pausa de 20 minutos. Nadie tenía mucho más que decir sobre el informe de Scully, y si lo tenían, se lo guardaron para sí mismos. Aunque uno de los agentes de campo bromeó sobre que Scully posiblemente debería cancelar sus gastos de viaje a África. Algunas palabras finales fueron pronunciadas al grupo por Skinner, Roberts, la DA Brenda Stercho de la División de Gestión de Registros, y el DA Fern Mathews de la División de Finanzas. A las 16:15 horas Mulder y Scully se dirigían de regreso a su oficina.

“Así que... ¿vas a salir de nuevo con Kresge esta noche?” Preguntó Mulder, viendo como Scully tomaba las llaves de su bolso.

Scully evitó mirarlo. “Sí, vamos a ir a cenar.”

Silencio. “Pensé que... bueno, tú dijiste que no ibas a verlo de nuevo.”

“Bueno, yo no tenía idea siquiera de que me iba a invitar a salir de nuevo, Mulder. Ciertamente, no lo pensaba.”

Mulder se sentó a la mesa. “Pero iba a llevarte a ver a los Pistoleros esta noche.”

Scully lo miró. “¿Para qué?”

Él le lanzó una mirada de incredulidad. “Scully... Querías saber lo que estuve haciendo durante todo el verano. Te dije que te iba a llevar a ver a los Pistoleros y que eso lo explicaría todo.”

 “Oh, está bien. Mulder, en realidad no importa. Ya me lo explicaste. Me dijiste que habías estado trabajando con los Pistoleros Solitarios. Esa es una explicación suficiente. Además, no es realmente asunto mío lo que haces fuera del trabajo. De todas formas, voy a salir un poco más temprano. Nos vemos el lunes.”

Él la miró mientras caminaba fuera de la oficina. ¿De dónde demonios había salido eso?

 

***** 

Mulder se sentó en su apartamento, mirando el reloj y pensando en el comportamiento de Scully desde que habían regresado de Colorado. Rara vez había hecho contacto visual con él y se resistió cuando él hizo planes para los dos, o para ella. Se había producido un caso de asesinato en Vermont que quería chequear, ya que la víctima tenía quemaduras de radiación de una fuente desconocida, el cuerpo había sido enviado a Quántico. Cuando le dijo a Scully que el cuerpo estaba listo para que lleve a cabo la autopsia, ella retrocedió e hizo un comentario frívolo sobre Mulder actuando como el jefe.

Ese era sólo un ejemplo de muchos desde la semana en la que Scully manifestó sentir que Mulder dictaba su vida. Mulder no tenía idea de cómo contestar a esto. En su lugar, se limitó a sacudir la cabeza, y salir de la oficina. Pero mientras Mulder se sentaba en el sofá de su apartamento, todo comenzó a aclararse. Podía ver los patrones de comportamiento presentarse. Scully había actuado de esta manera sólo dos veces anteriormente, o claramente podía recordar solo dos, la primera vez ella terminó en la cama con Ed Jerse y la segunda vez él la había encontrado sentada en la cama con Phillip Padgett. ¡Maldita sea!

De repente, Mulder, se dio cuenta por qué había sucedido lo de Ed Jerse: Él había estado ignorándola. Había estado demasiado obsesionado con el trabajo para notar que algo grave estaba pasando con Scully, y por eso ahora ella tenía un maldito tatuaje y había pasado la noche en la cama con un desconocido... y casi había perdido la vida en el proceso. Por desgracia, eso no lo había despertado realmente de su comportamiento narcisista porque no entendía sus acciones en el momento, pero el diagnóstico de cáncer poco después sí lo hizo. Scully se convirtió en su prioridad; asegurándose de que estuviese bien, asegurando la búsqueda de respuestas a lo que le causó su cáncer, a la búsqueda de una cura. Había estado tan cerca de perderla, y eso era algo que no quería volver a experimentar de nuevo en su puta vida. Así que incluso después de que ella se recuperara, se aseguró de no envolverse en X- Files, prefirió ignorarlos. Pero ¿cuánto tiempo duró esto?

También se dio cuenta de por qué había encontrado a Scully sentada en la oscuridad en la cama de Phillip Padgett: Había dado todo por sentado y estaba ignorándola de nuevo. Tal vez sólo quería su atención. Mulder sabía que durante el último año, desde que regresaron de la Antártida y les habían quitado los X- Files, había actuado como un verdadero imbécil a veces. Incluso con Scully, a veces, especialmente con Scully. Tal vez fue la frustración. Tal vez fue la ira. Tal vez fue Diana. O, más bien, tal vez fue por la forma en que sabía que ella se sentía respecto a Diana. Los comentarios de Diana, hechos de manera automática acerca de Scully sobre no ser una verdadera aliada para el trabajo porque no estaba de acuerdo con él en todo, y que ella habría contribuido a una sociedad más igualitaria en los X- Files; y él había dejado que esto calara profundamente. Eso había causado una gran cantidad de conflictos internos, y lo había llevado a pagarla con Scully. Tal vez no directamente, pero sabía que sus acciones hacia ella habían sido pasivo- agresiva a veces. Y ahora se odiaba a sí mismo. Se odiaba por no defender resueltamente a Scully de una manera que hiciera callar a Diana. Se odiaba por su comportamiento desde que habían regresado de la Antártida, sobre todo porque en realidad había sido realmente consciente de lo importante que era para él y para su trabajo. Lo había dicho a su manera. Y luego esa maldita abeja...

Pero tuvo que leer el libro de Padgett y encontrar a Scully cubierta de sangre en el suelo de su apartamento para empezar a despertar su comportamiento. Aun así, no estaba completamente despierto hasta que ella fue por él a las instalaciones del Departamento de Defensa, y se había recuperado de su enfermedad. Ella lo había salvado. Se había dado cuenta de la verdad acerca de Diana, y sus sentimientos reales hacia Scully. Pero era demasiado tarde. Debería haber despertado hace años.

¿Kresge era el próximo Jerse? ¿El siguiente Padgett? O, peor aún, ¿Kresge era el hombre decente que se llevaría a Scully lejos de él? ¿Ese alguien que iba a darle una vida normal? Mulder estableció que era evidente que ella necesitaba su atención. Pensó en ir a su apartamento y esperarla hasta que regresara. Pero entonces recordó ese otro viernes por la noche, no hacía mucho tiempo, cuando había regresado de su primera cita con Kresge, y cambió de opinión. Esa había sido una noche miserable. Y hacerlo de nuevo sería muy egoísta. Quizás Scully fuera con ese tipo al apartamento, y entonces ¿qué le diría? ¿Qué la estaba esperando? ¿Para qué? No... No tenía derecho a interferir en su vida.

Tal vez debería dejar que las cosas sigan su curso. Scully se merecía una vida real, una vida feliz. ¿Cómo podría darle él eso? ¿Por qué debería estar encadenado a él y a su búsqueda por siempre? Quería mucho más para ella. Esta podría ser su mejor oportunidad para la felicidad. Kresge no parecía un mal tipo. Probablemente podría cuidar bien de ella. Sabía que si su compañera se quisiera ir, él no trataría de detenerla esta vez. No iría tras ella por su pasillo. La dejaría ir. Cuando Mulder se sentó en la oscuridad de su apartamento, su corazón se rompió y hundió la cara llena de lágrimas en sus manos.

 

CONTINUARÁ…

 

 

 

Chapter Text

Eran un poco más de las 22:00 horas del viernes 27 de agosto, cuando Kresge caminó junto a Scully dentro de su edificio de apartamentos. Scully había pasado una noche agradable en Marcel, un restaurante francés romántico que estaba de moda. Kresge había querido saber todo sobre ella, su vida y su trabajo. Incluso se preguntó cómo había sido capaz de mantenerse en pie después de lo ocurrido con Emily. Y Scully supo que, de verdad, él no estaba haciendo esto como un favor a Bill. Podía decir, asegurar por su tono de voz y el lenguaje corporal que en realidad le gustaba a Kresge. Y eso era algo tentador con toda seguridad.

Cuando llegaron a la puerta de su apartamento, ella se volvió hacia Kresge. “Buenas noches. Gracias por la cena. Pasé una gran noche. Fue una cena realmente agradable.”

“La noche no tiene porque terminar precisamente ahora.” Susurró Kresge, inclinándose hacia ella.

Scully dio un paso ligeramente hacia atrás, de modo que su espalda estaba tocando la puerta de su apartamento. Se sonrojó y miró hacia otro lado. Cuando miró a Kresge de nuevo, él estaba lamiéndose los labios. Ella sintió que los músculos de la boca del estómago se le contraían. Kresge dio un paso hacia adelante, deslizando un brazo detrás de su cintura y atrayéndola hacia él. Ella instintivamente levantó ambas manos para agarrar sus hombros. Las pupilas de Kresge estaban dilatadas y su respiración se había acelerado. Tenía una mirada hambrienta en su rostro.

Scully tragó saliva. Aquí estaba un hombre, un hombre muy atractivo, que no se contuvo de comunicar lo que quería. Kresge fue contundente y al grano. Aquí estaba un hombre que quería tocarla, que quería coger con ella, y que no estaba tratando de ocultar el hecho de que quería hacerlo. ¿Cuándo fue la última vez que un hombre la había mirado de esa manera? Ella no había tenido sexo en mucho tiempo. Demasiado para su gusto. No había sentido los brazos de un hombre a su alrededor hacía un excesivo tiempo, ¿cuánto hacía que no sentía el apasionado beso de un hombre? ¿Cuánto hacía que no se permitía perderse en una boca masculina como lo estaba haciendo en ese momento? Ella le pasó una mano por el cuello, la otra tomándolo del pelo para profundizar el beso. Kresge se pegó a su cuerpo mientras penetraba sus labios con su lengua, una mano le acariciaba la cintura empujándola contra él. Sintió el golpe de su sexo duro contra su cuerpo y entró en éxtasis. Su libido reprimida estaba despertando. Sintió el deseo caliente agrupandóse en su centro cuando la pegó a la pared y comenzó a embestir contra ella suavemente sin dejar de besarla. Scully gimió... Dios, deseaba tanto abandonarse a lo que estaba sintiendo...

Pero bajó las manos, rompió el beso y se retiró de su abrazo. Kresgue parecía decepcionado. “Sí, sí... pero ¿de qué sirve?” Scully finalmente respondió. “Te vas, vuelves a San Diego por la mañana. No voy a verte de nuevo.”

Kresge la miró pensativamente. “¿Alguna vez pensaste en regresar a San Diego? Un cambio en tu vida podría ser algo bueno. Y de todos modos, realmente me gustas mucho, Dana. Me alegraría seguir viéndote si no fuera, ya sabes, por la logística.”

Ella le dedicó una pequeña sonrisa. Kresgue suspiró apoyando la cabeza en el hombro de Scully abrazándola. Se quedó allí unos segundos, lo suficiente para digerir lo que estaba pasando, finalmente se separó de ella, la besó en la mejilla y se despidió. Scully lo vio caminar por el pasillo hacia el ascensor sin voltearse a mirarla. Apresuradamente abrió la puerta cuando él cerró la puerta del ascensor y entró en su apartamento oscuro, sacudiendo los pies para arrojar lejos sus zapatos. No podía soportar más el dolor. Era insoportable.

Se apoyó contra la puerta y levantó su falda, pasando con fuerza la mano derecha por su vientre y por la parte delantera de sus bragas. Sus dedos se deslizaron más allá de sus rizos cortos y suaves y se hundieron en los pliegues húmedos. Scully gimió y cerró los ojos. No podía recordar la última vez que se había permitido sentir ese tipo de placer. Sus dedos arrastraron sus jugos hacia delante, por toda su vagina, rodeando su clítoris adolorido. Gimió con fuerza, luego hundió dos dedos en su sexo empapado moviéndolos rápidamente, metió un tercer dedo buscando calmar su hambre. Pero no era lo suficientemente bueno aún. Abandonó eso y se concentró en dedicar todos los cuidados sobre su clítoris palpitante. Lo necesitaba. Lo necesitaba ahí. Con ella. Ahogó un gemido de frustración y se concentró. De repente Mulder estaba allí, junto a ella y no era su mano la que se acariciaba, no eran sus propios dedos los que se hundían con furia en su cuerpo, el sexo de Mulder estaba entre sus piernas, sus dedos largos acariciaban su clítoris de forma dura y rápida. En cuestión de segundos estaba acabando, jadeando y gimiendo su nombre con la respiración ahogada.

Pero aún así no era lo suficientemente bueno. Quería a Mulder. Deseaba que él estuviera allí. Deseaba sentirlo dentro suyo con tanta fuerza que le dolía. Pero él no estaba allí. Y no la quería. No de la forma que necesitaba que lo hiciera. Probablemente nunca lo haría. Él había querido solo a Diana Fowley realmente. Y era por esta mierda qué había luchado tanto por no pensar en él de una manera sexual. Porque no quería sufrír. Porque ahora el dolor había vuelto, hundiendo sus garras en su corazón y debilitándola. Ella se dejó caer al suelo, apoyó la espalda contra la puerta y se hundió en la miseria.

 

Costa de Marfil, África Occidental; desde el 19 de Mayo al 16 junio de 1999

El primer pensamiento que pasó por la mente de Scully mientras puso sus ojos en la nave varada en la orilla, al acecho bajo las olas del mar, era que deseaba que Mulder estuviese allí. Aquí era el lugar donde sus caminos estaban destinados a converger; donde la ciencia y lo paranormal se combinaban para formar, para poder construir una base en común en su asociación. Esto era algo para que él viese. Pero estaba allí sola, sin él para ayudarla a dirigir esta nueva senda recta. ¿Cómo iba a empezar a entender? ¿Cómo iba a hacer las conexiones que la mente brillante de Mulder determinaba con tanta rapidez?

Y así en África, hizo lo que hizo una vez cuando estaba acostada en ese hospital en Allentown, Pennsylvania: Escribió un diario para Mulder. Necesitaba ese cable a tierra que era Mulder siempre; sus convicciones inquebrantables y creencias que siempre podría poner sobre su espalda y enfrentar sus momentos más débiles.

Cada día Scully se levantó al amanecer para continuar con la excavación de la nave. Recogía las reproducciones de la superficie, y luchaba para poner las piezas juntas, para darle un sentido a lo que estaba viendo. Necesitaba a Mulder más que nunca. Podía poner las piezas juntas pero sus especulaciones, sus corazonadas, generalmente resultaban estar lejos de ser correctas, muy a su pesar gran parte del tiempo.

Mientras yacía despierta en la noche, después de un largo día de descifrar las reproducciones de la superficie de la nave, su mente estaba de vuelta en Washington DC, con Mulder; pensando en él en el hospital, viéndolo gritar su nombre a los monitores, o pronunciando su nombre en silencio buscando la cámara con sus ojos mirando directamente hacia ella. Él sabía que estaba allí. Sabía exactamente donde se encontraba. La necesitaba. Siempre le hablaba con sus ojos, y dijo mucho más de lo que sus palabras nunca lo hicieron.

Scully había dejado atrás a Mulder, para encontrar respuestas y la esperanza de una cura para salvarlo; lo había dejado con Diana Fowley, y esto le preocupaba. Estaba vulnerable y al alcance de Diana. Esto hizo que su estómago se anudara. ¿Y si algo le había pasado? Diana era una mentirosa. Tal vez él la había llamado para pedir ayuda, pero sólo porque Scully estaba en Nuevo México. Él había estado preguntando por ella, al menos Diana lo había admitido. Pero era posible que nunca llamara a Diana, pero alguien más sí. Alguien lo estaba espiando, lo sabía. ¿Skinner? ¿Pero por qué? ¿Estaba Diana involucrada en eso? Era lo más probable. Scully no pudo evitar sentirse traicionada por la continua lealtad de Mulder hacia ella, por ignorar sus legítimas sospechas sobre las verdaderas intenciones de Diana. Lo había dejado atrás, y fervientemente esperaba no vivir para lamentar esa decisión.

Pero cada noche en sus sueños, Mulder estaba allí. Y en sus sueños, ella no tenía miedo.

 

Él estaba tirando de ella para sacarla del catre, diciéndole que debía volver al trabajo. Ella le decía que estaba cansada de los aliens y monstruos que perseguían, y que la dejara dormir. Mulder se reía de ella y la levantaba del catre, poniéndola de pie.

“¿Qué estás haciendo, Mulder? Estás enfermo. Tienes que hacer reposo.”

“Scully, necesitas mi ayuda. Tengo el libro que traduce el Navajo que has buscado todo el día. Podemos descifrar esas reproducciones que tomaste.”

“Pero Mulder, se supone que debes estar en el hospital.”

“Se supone que debo estar aquí contigo, Scully.”

La tomó de la mano, enhebró sus dedos con los de ella, sonriéndole con dulzura. Y de repente se encontraba tirando los libros de los estantes de la “Universite Cote D'Ivoire library” (biblioteca de la Universidad Costa de Marfil).

“Tenemos que darnos prisa, Scully. Tenemos que encontrar las respuestas.”

Se sentaron en el suelo, derramándose sobre los libros, y poniendo las reproducciones como un rompecabezas. De repente, lo que el día anterior estaba confuso ahora tenía sentido. Estaba agradecida de que estuviera allí para ayudarla, pero todavía le preocupaba su salud.

“Mulder, ¿estás adolorido? ¿Te duele la cabeza? Deberías descansar.”

“Estoy bien, Scully. Descansa. Has estado trabajando duramente todo el día. Vete a dormir, Scully. Me quedaré hasta que te duermas.”

Ella quería quedarse junto a él, lo necesitaba para trabajar. Pero estaba tan cansada que se acostó en un sofá de la biblioteca, a dormir tranquilamente mientras él trabajaba en una mesa a su lado.

 

Y entonces una vez más amanecía, y Scully se despertaba sobre el catre, en esa tienda junto a Amina Ngebe. Y Mulder no estaba allí junto a ella.

El 16 de junio, en su última noche en Costa de Marfil, Scully se acostó a dormir a pesar de sí misma y de que su instinto le advertían permanecer despierta ahora que el Dr. Barnes se había entrometido en su trabajo. Pero estaba demasiado agotada, y el cansancio la dejó inconsciente enseguida.

Mulder estaba sacudiéndola para despertarla. “Scully, tienes que regresar a casa ahora.”

 “Pero hay mucho trabajo por hacer, Mulder. No he encontrado una cura todavía. No sé cómo salvarte.”

“Encontrarás una manera, Scully. Confío en ti. Vuelve a casa. Tienes que hacerlo.”

Ella tuvo la sensación de caer en un espasmo mioclónico (“Hypnic Jerk” desplazamiento involuntario de las extremidades, principalmente las piernas, mientras se duerme) y despertó en su catre sobresaltada. Amina estaba tendida a su lado despierta, y señalaba con la cabeza hacia el Dr. Barnes, que estaba de guardia en la entrada de la tienda. Scully no estaba segura de cómo iba a ser capaz de salir. Pero tenía que llegar a su casa. Pensó en Mulder en las garras de Diana Fowley, de la posibilidad de que Skinner estuviera espiando la oficina del sótano, y en cualquier otro que pudiese poner en peligro su vida. Él estaba en problemas; lo sabía. Tenía que llegar a Mulder tan pronto como fuera posible.

 

***** 

Después de unos pocos minutos, Scully se levantó del suelo y se dirigió al dormitorio. Se desnudó y fue a tomar una ducha. Después de salir y ponerse la bata, se dio cuenta de que no había chequeado su contestador al llegar del trabajo. Tenía dos mensajes.

‘Dana, soy mamá. Charlie y Jennifer vendrán el domingo por la mañana con los niños. Vamos a ir a la iglesia juntos y luego saldremos para el brunch. A ellos realmente les gustaría verte. Ah, y Charlie dice que invites a Mulder. No sé cuánto éxito tendrás con eso, pero eso es lo que tu hermano quería que te diga. Quiero saber si podemos contar contigo. Te amo, cariño’.

Suspiró. Supuso que debería ir, por lo menos para aliviar la mente de su madre. Pero la idea de que Mulder asistiese a misa en la iglesia de su familia era risible. ¿Cómo demonios iba a pedirle algo así? ¿En qué estaba pensando Charlie?

‘Hola, Dana. Soy Connie, llamo desde “Capital Women’s Care” para recordarte la cita para tu examen anual este martes 31 de agosto a las 08 am. ¡Esperamos verte!’

Gimió con cansancio. Tiempo de su recordatorio anual de que nunca podría tener hijos.

Alguien llamó a la puerta. Ella levantó la vista, sorprendida. Eran más de las 23:30. Luego suspiró y se quedó mirando la puerta. Sólo podía ser una persona. Abrió la puerta para ver a Mulder parado allí en camiseta carbón, jeans oscuros y zapatillas. Él la miró de arriba abajo. Su mano voló a la bata para asegurarse de que estuviese abrochada. Fue muy consciente de que no llevaba nada debajo.

“No te desperté, ¿verdad?” Preguntó, mirándola preocupado.

“No, Mulder.”

Dudó. “¿Estás sola?”

Ella se burló. “Claro que lo estoy. ¿Quién más estaría aquí?”

Mulder arrastró los pies de lado a lado. “Pensé que tenías una cita con Kresge.” dijo, sin mirarla a los ojos.

Scully lo miró fijamente. “Fuimos a cenar temprano, sí. Pero él no está en mi apartamento. Tampoco lo estuvo nunca, Mulder.”

Él la miró

Ella parpadeó. “Oh, sí... sí, adelante.” Se hizo a un lado de la puerta y Mulder entró, giró a la izquierda en la cocina y se sentó a la mesa. Scully lo siguió. “¿Quieres un café? ¿Té? ¿Cerveza?”

Mulder debatió unos segundos. “Una cerveza sería genial, gracias.”

Tomó dos cervezas de la nevera, un abridor, y se sentó frente a Mulder. “¿Entonces qué hay de nuevo?”

Le dió un trago a su cerveza despacio.... “Me quedé dormido en el sofá y tuve un mal sueño.”

Scully bebió de su botella y luego asintió comprendiendo. “¿Cuál fue el sueño?”

Él suspiró. “Hay un chico en una playa, construye un OVNI en la arena. Solía estar feliz. Pero últimamente está muy molesto y no importa lo que haga, no lo puedo ayudar. No puedo llegar a él. No puedo arreglar lo que está mal.”

“Así que... ¿ya tuviste este sueño antes?” Se preguntó.

Mulder asintió.  “Sí, he soñado muchas veces con este niño.”

Ella reflexionó sobre eso. “Saca lo del OVNI de arena y reemplaza al niño por una niña, tengo sueños similares.”

“¿Qué crees que significa?” Preguntó Mulder.

Scully se encogió de hombros. “No lo sé, Mulder. Tú eres el psicólogo aquí, compañero. ¿Esos sueños tienen un significado importante? ¿O es que la hiper- activa actividad cerebral simplemente conjuga una amalgama de varias imágenes, sensaciones y emociones que hemos experimentado en algún momento de nuestras vidas? Sé que estaba profundamente afectada por la muerte de Emily, así que soñar con una niña no es tan extraño. O tal vez soñando con niños estamos cumpliendo, satisfaciendo alguna necesidad dentro de nuestro subconsciente.”

“Hmm. ¿No crees que nos estamos perdiendo de algo, Scully? Quiero decir... nuestro trabajo está consumiéndonos. Hay muchas otras cosas que podríamos estar perdiéndonos.”

Ella se sorprendió por esto. Nunca lo había visto considerar seriamente la vida fuera de los X- Files.

“Supongo que todo el mundo está perdiéndose de algo.” Realmente no quería hablar con él acerca de los niños que deseaba tener, u otras cosas que sentía que se estaba perdiendo.

“Sí, tal vez...” dijo. Él se pausó. “Scully, estoy un poco sorprendido de que hayas cambiado de opinión sobre el deseo de saber lo que estaba haciendo con los Pistoleros Solitarios durante el verano.”

Se encogió de hombros.

Mulder iba a decirle de todos modos, incluso si ella fingía que no le importaba. “Scully, un par de semanas después de que empecé mi licencia médica, recibí una caja con una carta y un cd de Diana.”

Ella frunció los labios. Y Mulder notó lo que pasó, allí mismo, delante de él; vio una nube de repente en el rostro de Scully; vio sus ojos, los que antes habían estado llenos de emoción, ahora parecían muertos; vio las paredes elevarse frente a ellos.

“No quiero hablar de Diana Fowley, Mulder.” Dijo lacónicamente. No quería oír nunca más ese nombre.

Él suspiró. “Bueno, yo quiero hablar sobre ella. ¿Y con quién más puedo hacerlo? Eres la única persona que tengo.”

Se sentía pérdida. No quería hablar de esto. Oírlo hablar acerca de Diana y lo mucho que sentía su perdida sería una verdadera tortura. Pero ¿cómo podía rechazarlo? Mulder era su amigo, y necesitaba que lo escuche.

Mulder vio una progresiva emoción arrastrándose, reptando de nuevo por sus ojos, parecía estar preparándose para algo que no deseaba oír. Pero él tenía que conseguir sacar eso de su pecho. Lo estaba carcomiendo.

“Scully, tenías razón acerca de ella. Sobre todo lo que dijiste. Cada cosa. Ella recogió datos y supervisó los experimentos en las mujeres MUFON. Y quién sabe qué más mierda hizo. Estuvo trabajando para el Hombre Cáncer todo el tiempo. Estabas en lo cierto.”

Sus ojos se agrandaron y lo miraron fijamente. “¿Cómo lo sabes? ¿Cuándo encontraste eso?”

Mulder suspiró. “Empecé a darme cuenta después de mayo, el día que Diana se acercó a mí en ese hueco de la escalera de la “American University” y me llevó a casa. Podía oírlo. Y luego, cuando estuve en el hospital, lo supe a ciencia cierta.”

Ella parecía dudosa. “No es eso de ‘la lectura de mentes’ nuevamente, ¿verdad?”

“Scully, te estoy diciendo la verdad. Debería haberme dado cuenta mucho antes, como lo hiciste tú. Pero dejé que la ira me guiara.”

 “¿Ira? ¿Eso entonces era enojo?” Preguntó.

Mulder vaciló. “Estaba enojado por un montón de cosas, Scully... Estaba enojado con el FBI por poner los X- Files lejos de mí... Vertí mi corazón y alma en ese trabajo, en cada cosa que realicé dentro de la oficina, y de golpe los alejan de mí y me encontré atrapado a investigar montones literales de mierda. Pero principalmente...”

Ella lo miró inquisitivamente, pero él estaba mirando sus manos sobre la mesa. “¿Sí?”

Levantó la cabeza y la miró a los ojos.... “Estaba enojado contigo, Scully... Estaba enojado porque no me respaldaste frente al panel OPR... Estaba enojado contigo por negar lo que había ocurrido en la Antártida... Estaba enojado porque estábamos repentinamente de puntillas alrededor del otro y discutiendo todo el tiempo. Estaba enojado porque no me creíste cuando te dije que Diana estaba haciendo lo mejor para los X- Files. Estaba enojado contigo porque me tiraste la confianza a la cara y trataste de obligarme a elegir entre las dos. Estaba enojado porque fuiste a mis espaldas para recabar información sobre ella y me enfrentaste, no en privado, sino delante de los Pistoleros Solitarios... Yo no sabía que esperabas de mí, Scully.”

“Mulder...”

“No, déjame terminar. Pero cuando nos sentamos en la oficina de Kersh y me apoyaste, me respaldaste, te quedaste conmigo, a pesar de estar molesta por mis acciones, diciéndole a Kersh que no apostara contra mí... Ahí supe lo que habías estado esperando de mí todo este tiempo: que esté de pie junto a tí, no importaba el por qué. No deberías haberme hecho elegir porque, en realidad, no debería haber habido ninguna decisión que tomar. Debería haber reconocido tu derecho a expresar las sospechas sobre Diana, aunque no estuviese de acuerdo contigo, en lugar de tratar de silenciarte o no haber tenido en cuenta tu opinión. Al hacer caso omiso de tus preocupaciones, terminé forzándote a cuestionar mi lealtad hacia ti. Al final de esa reunión con Kersh estaba tan aliviado por tener finalmente los X- Files de vuelta... pero cuando giré buscándote y vi lo triste de tu mirada, la sensación de alivio se fue al carajo, y reconocí el abismo que había entre nosotros. Scully, lo siento... Siento lo de Diana. Siento lo de mi conducta. Yo debería haberte escuchado. Tenías razón. Ella me tomó por imbécil.”

Ella se sentó allí, aturdida. Mulder estaba nuevamente mirándose las manos cruzadas. Cuán diferente era este viernes por la noche en comparación con el viernes por la noche de hacía tres semanas, cuando se habían sentado a tomar helado en esa misma mesa. Atrás quedó el incómodo silencio, y aquí estaba Mulder expresándose en realidad. Scully se inclinó sobre la mesa y se aferró a sus manos. Él levantó la vista y la miró fijamente.

“Sabes... mi familia va a juntarse este domingo.... ¿Te gustaría venir a tomar onces con nosotros?”

Mulder sonrió. “¿Está Bill Jr en la ciudad?”

Scully sonrió. “Nop.”

 

CONTINUARÁ…

Chapter Text

Unos minutos después de las 8:00 am del sábado 28 de agosto, Mulder apareció de vuelta en la casa de Scully. Ella abrió la puerta del apartamento, todavía en pijama, preguntándose por qué estaba allí tan temprano, sobre todo porque no se había ido hasta bien pasada la medianoche la noche anterior.

Cuando Mulder se retiró de su casa, ella había sentido una gran sensación de alivio. No se obsesionó con lo de Diana, excepto tal vez que todavía seguía un poco enojado consigo mismo por haber sido tan ciego. Pero no la había amado. No la había querido de esa manera. Y mientras Mulder estaba de pie en su puerta, mirándola con su pijama y el cabello hecho un lío, ella le sonrió al pensar en la noche anterior...

“Sé que debe haber sido difícil para ti, tener esos profundos sentimientos por ella y luego enterarte de su traición. Y con el Fumador, de todas las personas, te traicionó con él...” Le dijo Scully en voz baja, sin soltarle las manos sobre la mesa.

Mulder comenzó a jugar con los dedos de su compañera con los suyos. “Scully... obviamente, tuve sentimientos por Diana años atrás y tenerla al alrededor una vez más fue ciertamente incómodo. Pero en ningún momento pensé retomar donde lo habíamos dejado, eso se terminó. No tuve ninguna esperanza de volver con ella ni nada por el estilo.”

Ella observó cómo sus dedos se entrelazaban. “¿Por qué no?”

Mulder la miró pensativo. “Porque eso fue hace demasiado tiempo. Afortunadamente, no soy la misma persona que era cuando Diana se fue. Ojalá hubiera sabido donde estaban sus verdaderas lealtades y mentiras. Me hubiera gustado haber sido capaz de confrontarla sobre esto. Ahora me siento tan estúpido...”

Scully asintió con simpatía. “Pero a pesar de todo eso me ayudó a salvarte. Y lo pagó con su vida. A pesar de que sus motivos eran... cuestionables, supongo que ella seguía siendo una amiga para tí, de alguna manera.”

Sacudió la cabeza. “No, Scully. Diana tenía sus razones para hacer lo que hizo, pero cada paso que daba trabajaba contra mí y contra la verdad. eres mi amiga, Scully. Tú eres la única amiga de verdad que he tenido. Tú eres lo mejor en mi vida.”

Ella lo miró fijamente y le dedicó una pequeña sonrisa. Sintió el dolor disiparse. Ya no le importaba Diana Fowley ni su creencia de que todavía tenía algún tipo de control sobre él. Quería decirle a Mulder lo que realmente sentía, quería decirle que lo amaba. Pero podía sentir el miedo y la duda elevándose entre ellos. Él sólo la veía como una amiga. No había hecho ninguna inclinación clara de que pensara en ella de otra manera. Ella esperaba que Mulder hiciera ese primer movimiento, diera ese paso que los llevara a cruzar la línea entre ellos. Él tenía que ser el único que lo hiciera.

El corazón de Mulder le golpeó con fuerza en el pecho y el estómago se le llenó de mariposas. Quería tomarla en sus brazos. Quería huir de la habitación. Quería tomarla y arrojarla sobre la mesa, empujar su bata a un lado y hundir su miembro duro como una roca en su caliente centro mojado. Quería besarla con desesperación. Quería perderse en sus labios y enredarse en su lengua. Quería hacerla gemir. Deseaba tanto tenerla que dolía. Quería salir de su apartamento inmediatamente.

Sacó sus manos de las de Scully. “Gracias por la cerveza. Y gracias por escucharme. Debería irme ya, se está haciendo tarde.”

Caminó junto a él hasta la puerta de su apartamento. Se dijeron: “buenas noches”, e hicieron planes para las onces del domingo en Alexandria.

... Mulder pasó junto a ella dirigiéndose a su sala. “Vístete, Scully, y empaca tu bolso. Tenemos que ir a Arizona.”

“¿Arizona?” Lo miró, perpleja. “¿Por qué?”

“El Agente Especial Pysnack de la oficina de campo de Phoenix llamó hace una hora. Anoche alguien inició un tiroteo en la pequeña localidad de Ajo, Arizona y mató a seis personas. Un sospechoso, un tal Harold Kennedy, fue detenido alrededor de una hora más tarde por la policía local, quienes llamaron a la oficina de campo del FBI. El FBI envió un equipo a dar una mirada, y al parecer el señor Kennedy anda diciendo que no tiene recuerdos de haber matado a esas personas porque los aliens lo secuestraron y tomaron el control de su mente.”

Scully miró. “Bueno, el hombre está... obviamente loco.”

“Tal vez lo está. Pero... ¿él está loco- loco? ¿O las abducciones alienígenas lo volvieron loco?” Respondió Mulder.

Ella arqueó una ceja.

“Él ofreció una información muy específica acerca de sus experiencias de abducción, incluyendo pruebas, implantes metálicos, pérdida de tiempo. La oficina local de Phoenix quiere que demos una mano en el caso.

“¡Oh, estoy segura que ellos lo hacen!” Bromeó secamente.

“Vamos, Scully. Tenemos que ir ahí afuera.” dijo Mulder apresuradamente.

Ella frunció el ceño. “Pero... es el fin de semana, Mulder.”

Se la quedó mirando. “¿Y cuál es tu punto?”

Scully le lanzó una mirada incrédula.

“Scully, ¿cuándo fue la última vez que trabajamos en un caso de verdad? ¡Vamos! Tenemos que seguir adelante. Nuestro vuelo sale a las 09:20 horas, compañera.”

Ella suspiró. ¿Era esto realmente en lo que había convertido su vida? ¿Nunca pararía por un momento, y disfrutaría de una vida simple? ¿Iba a estar siempre corriendo, persiguiendo, buscando? ¿Para luego volver a la casa a una vida vacía, una vida sin una familia propia? ¿De vuelta a una casa, a un apartamento vacío, sin nadie con quien compartir su vida? ¿Querría Mulder parar y simplemente pasar algún tiempo real con ella, un tiempo que no implicara monstruos, alienígenas ni organizaciones gubernamentales nefastas? Pensó que él se negaría, debería ser ella la que por fin pusiese sus pies sobre el suelo y exigiese algún tipo de normalidad por sí misma.

“Scully, la oficina local de Phoenix solicitó nuestra ayuda. No quiero ir por ahí solo.”

Miró su expresión de cachorro, y su resolución se debilitó. ¡Maldita sea! Deseaba negarse, pero sabía que no podía hacerlo. Sabía que lo seguiría a cualquier lugar.

*****

Después de una hora varados en Houston, llegaron a Arizona alrededor de las 00:50 hora local. Luego de recoger un coche de alquiler, se reunieron con el Agente Pysnack en la oficina de campo del FBI, él les dio toda la información que tenía sobre Harold Kennedy, y les informó sobre los antecedentes de las seis víctimas. Kennedy se encontraba detenido en la cárcel del Condado de Pima del Departamento de Ajo.

Dos horas en coche hacia el sur de Phoenix los llevó a Ajo, Arizona, una ciudad con una población menor a 3500 habitantes. Antes de ir a la cárcel del condado, se fueron directamente a la casa de Kennedy en West 9th Street. El Agente Pysnack les había dicho que la policía local había confiscado varios fusiles de asalto de su cobertizo del patio trasero. Mulder quería reunir toda la información sobre Kennedy antes de entrevistarlo. Era una casa pequeña, de un solo nivel, casa unifamiliar con un jardín escaso y tres dormitorios que él había comprado hacía varios años por sólo 16 mil dólares. Kennedy no estaba casado y no tenía hijos. Parecía que la casa estaba vacía, que nadie vivía en ese lugar. No se veían fotos, u otros detalles personales por ningún lugar.

Cuando Mulder y Scully entraron en la oficina de la casa, fueron recibidos por paredes cubiertas de recortes de periódicos y artículos de revistas sobre ocultismo, aliens, abducciones, informes de actividades sobre cultos satánicos. Los estantes de libros contenían novelas post- apocalípticas, libros sobre el Área 51 no de ficción e historias de accidentes ovnis en la tierra,

los mejores proyectos militares secretos de Estados Unidos, encuentros extraterrestres, y reportes de asesinatos de cultos satánicos.

Scully levantó el libro ‘Demonic Conspiracies throughout History’ para mostrárselo a Mulder, y le dedicó una mirada en blanco. Su compañero sacudió la cabeza.

“Definitivamente el tipo está loco, Scully.” Murmuró mientras miraba los estantes de libros. Ella suspiró, sacudiendo la cabeza y cerrando los ojos. No podía creer que estaba gastando su precioso sábado en esta habitación.

Encontraron una caja llena de VHS y la llevaron a la sala. Procedieron a ver varias cintas con Kennedy relatando sus abducciones. Un video mostraba algo grabado por sí mismo una noche al aire libre porque sentía que los implantes extraterrestres lo estaban dirigiendo a un ritual satánico secreto en algún lugar del desierto.

“Esto sólo se ve como una imitación de ‘The Blair Witch Project’, Mulder.”

Él suspiró. “Es hora de ir a ver al señor Kennedy.”

Eran casi las 17:30 cuando se metieron en su coche de alquiler y se dirigieron a la cárcel del condado. La entrevista de Harold Kennedy no salió muy bien. En un momento, él estaba afirmando que los alienígenas controlaban su mente, que se hicieron cargo de él y dijeron que comenzará a disparar a ciudadanos desprevenidos en una calle abierta. Al minuto siguiente, afirmaba haber sido víctima de abuso en un culto satánico y que había sido poseído por el diablo. Por supuesto, no había ninguna prueba real de esto. Mulder incluso utilizó una vara detectora de metales, pero ningún implante fue detectado. En el momento en que Kennedy cambió su historia pasando a que los aliens actuaban junto a los cultistas satánicos en connivencia, Mulder pensó que había oído ya suficiente mierda. Informó a la oficina de campo de Phoenix que no había nada que pudieran hacer y que la policía local podría manejar la situación.

Mulder y Scully se sentaron dentro del coche en el estacionamiento. Ella se acomodó, sacudiendo la cabeza. ¡Qué manera de desperdiciar un perfecto fin de semana. Mulder se aclaró la garganta. “Ok, en realidad el tipo está loco. De verdad loco. ¿Crees que el Bureau de Phoenix me llamó como una broma?”

Scully suspiró, hizo clic en una de las luces del techo, y abrió el archivo en su regazo. “Se le diagnosticó esquizofrenia paranoide en julio de 1990. Él dejó de tomar su medicación hace ocho meses.”

Mulder suspiró también y miró el reloj en el salpicadero; eran las 21:17. Sacó su celular y llamó al Bureau para conseguir un vuelo de regreso a D.C. Después de unos minutos, colgó y se volvió hacia su compañera.

“El próximo vuelo con dos asientos disponibles no sale hasta la 1:25 am y no entrá a D.C hasta poco después de las 13:00 del domingo. Hay una escala de tres horas en Charlotte.”

Scully lo miró horrorizada. Odiaba hacer paradas largas. Odiaba los vuelos a medianoche. Siempre quedaba exhausta y su reloj biológico confundido. “ ¿Y el siguiente vuelo después de ese?”

 “Sale a las 5:00 am y entra a D.C a las 15:15 pm con una parada de una hora en Denver. Pero hay un vuelo a las 7:00 am directo, entraría a D.C a las 14:05”

Scully no lo pensó demasiado. Al diablo la iglesia y el almuerzo con la familia, pero tal vez podría reunirse con ellos para cenar o merendar. “Está bien, tomemos el vuelo de las 7:00. Pero ahora me muero de hambre. Vamos a encontrar un lugar para comer.”

Mulder y Scully encontraron un auténtico café mexicano que aún estaba abierto y se sentaron en una mesa al aire libre. Dentro, las mesas que disfrutaban del aire acondicionado, estaban todas llenas. La zona al aire libre estaba iluminada con pequeñas luces de Navidad rojas y verdes colgadas a lo largo del toldo del patio. Música tradicional mexicana se oía desde los altavoces colgados en las esquinas.

Ordenaron dos tamales de chile verde y agua helada con limón. Mulder se quitó la corbata, se desabrochó varios botones de su camisa y se la arremangó hasta los codos. “Hace más calor aquí que en el infierno, Scully. Y eso que está oscuro ahora. Ya cayó la noche... ¿Miraste el termómetro de allí?” Dijo mirando la pared.

“Lo sé.” Lloriqueó ella. “Estoy sudando a muerte por aquí.”

Cuando la comida llegó, comieron en un cómodo silencio. Después que Scully terminó el último bocado de su segundo tamal, gimió de agradecimiento. “Mulder...”

“Lo sé. Esto está jodidamente delicioso.”

“Por esto valió la pena venir hasta aquí.” Dijo, limpiándose la boca con la servilleta.

Mulder la miró. “Entonces... ¿no desearías haberte quedado en casa?”

Ella le sonrió irónicamente. “No.”

Él le devolvió la sonrisa.

Mulder encontró un motel cerca, decidieron pasar la noche allí y regalarse un par de horas de sueño. Ya pasaban las 22:30 y estaban rendidos. Decidieron levantarse temprano y conducir hasta Phoenix la mañana siguiente. Se registraron en dos habitaciones. Mulder se quedó fuera mientras Scully abría la puerta de la habitación y entraba.

Ella echó un vistazo, y giró dirigiéndole una mirada molesta. La habitación tenía el suelo manchado, la descolorida alfombra naranja desentonaba con el edredón Paisley de un patrón de colores notoriamente brillantes, con el que estaba tendida la cama. La habitación además estaba caliente y el aire en el interior se sentía sofocante.

“¿Por una maldita vez, Mulder, podríamos no quedarnos en un lugar que tiene tarifas por hora?”

Él le sonrió. “Tenemos que permanecer dentro del presupuesto asignado para alojamientos del FBI.”

Scully gimió cerrando la puerta detrás de ella con fuerza, mientras Mulder entraba al lado, a su habitación. Encendió la unidad A/C y empezó a soplar un aire caliente. Esperaba que sólo se requirieran unos segundos para comenzar la refrigeración. Tomó una ducha de agua fría, y luego se puso un par de pantalones cortos. Cuando regresó a la habitación, el aire estaba caliente como un horno. Se acercó a la unidad A/C y lo toqueteó sin saber bien que hacía, pero del aire fresco ni noticias. Llamó a la recepción y se quejó. La recepcionista sabía sobre del problema, se habían quedado sin líquido refrigerante y no lo conseguirían hasta que la ferretería abriera la mañana siguiente. Mulder pidió otra habitación, pero estaban todas reservadas. Con suerte una habitación podría estar disponible en una hora o dos ‘dependiendo de cuando los ocupantes terminaran de... hacer lo que estaban haciendo’. Le informó la recepcionista. Mulder suspiró y colgó el teléfono con fuerza. El calor junto al aire viciado de la habitación era insoportable. Trató de abrir las ventanas, pero estaban atornilladas. Mierda

Salió y llamó a la puerta de Scully.

“¿Quién es?”

“Um, Scully... ¿tu aire funciona?”

“Sí. ¿No funciona el tuyo?” Preguntó ella a través de la puerta.

“No, sólo sale un puto aire caliente.” Mulder respondió, exasperado.

“¿Quieres quedarte aquí conmigo?” Preguntó Scully.

“¿De verdad?” Se sorprendió de que no tuviese que preguntarle y que ella no dudase en ofrecérselo.

Scully se rió entre dientes. “Sí por supuesto. No podrías dormir en una habitación caliente. Ve a buscar tus cosas.”

Mulder sonrió. - ¡Vamos equipo! - dijo a través de la puerta.

Ella rió.

Cuando Mulder regresó con sus cosas, Scully le había abierto la puerta. Mientras la cerraba detrás de él, dejó caer su bolso en el suelo, cerró los ojos y se apoyó contra la puerta, sintiendo el alivio inmediato del aire fresco.

“¡Ahhh! Esto es hermoso.” Suspiró teatralmente.

Abrió los ojos y vio a Scully de pie, mirándolo divertida. Notó que se había duchado también, llevaba unos calcetines, unos pantalones negros cortos de algodón y una blusa esqueleto blanca que apenas le llegaba al ombligo. Se dio cuenta también de que no llevaba sujetador. Hermosa. Demasiado hermosa para su salud mental. Mmmm... tal vez esto era una mala idea.

Cuando Mulder se quitó las zapatillas, Scully lo miró y parpadeó. Cayó en la cuenta que solo llevaba unos pantalones cortos. Ella miró sus largas piernas, su firme y vientre plano, su pecho esculpido con la cantidad perfecta de rizos suaves, sus clavículas y siguió el recorrido hasta el cuello. Se imaginó recorrer cada parte de ese cuerpo con sus dedos, con su boca... por un segundo se vió sacando la lengua para recorrer el camino desde el pecho hasta el borde del boxer, se imaginó lamiendo cerca de su ombligo, mordiendo su estómago suavecito hasta hacerlo gemir... Tuvo que detenerse y tomar aire. Podía sentir su cara incendiarse.

Se dio la vuelta para buscar el control remoto de la TV, cualquier cosa para distraerse. Mulder se dirigió delante de la unidad de A/C. Observó a Scully moverse por la habitación, miró sus piernas suaves y observó sus pechos moviéndose libremente debajo de su camiseta. Quería tocarla. Las ganas eran demasiado fuertes. Sintió la contracción de su sexo bajo los pantalones cortos. Cálmate, estúpido inútil, ahora no te despiertes. Mala idea. Quedarse en su habitación fue una mala idea.

Scully encendió el televisor y acomodó el control en la mesa de noche izquierda. Aflojó las sábanas desde las esquinas y ahuecó las almohadas. Había quitado el feo edredón poniéndolo en el suelo a los pies de la cama. Caminó hacia el lado derecho, frente al aire y a Mulder, y se acostó, tirando de la sábana sobre sí misma y giró dándole la espalda. Su estómago estaba lleno de mariposas. Deseaba tener una verdadera conversación con Mulder, decirle lo que sentía, decirle lo que quería. Pero tenía miedo; miedo al rechazo, miedo a la aceptación de sus sentimientos. Deseó poder encontrar el valor para hablar de una vez.

“Mmmm, Scully.” Creo que mejor duermo en el suelo.

“El suelo es un asco, Mulder. Pero te lo merecerías por meternos en este agujero de mierda y hacer que nos quedemos en él.”

Él se rió y asintió con la cabeza. Apagó las luces, y se dirigió hacia el lado izquierdo de la cama. Se acostó en la parte superior de las sábanas, estiró bien las piernas, y apagó el televisor.

“¿No quieres ver la televisión?” Scully preguntó adormilada.

“Nah.”

“Pero... ¿normalmente no te quedas dormido con el televisor encendido? No me importa que lo dejes, de verdad.”

“Sí, pero no necesito la televisión en este momento.” dijo. “Debido a que estás aquí, conmigo.”

 

Scully sonrió en la oscuridad. “¿Vas a hablarme hasta que me duerma?” Bostezó.

Mulder volvió a rodar sobre su lado derecho y se enfrentó a ella. “Por supuesto. ¿De qué quieres que hable?”

“Cuéntame tu historia sobre el Queen Anne, los Nazis, el martillo de Thor y cómo salvé al mundo. Voy a ser como un tronco al instante.” Ella comenzó a reírse divertida.

Él la miró fijamente, tratando de no sonreír. “Muy divertido, Scully.”

Su compañera siguió riéndose cada vez más tentada. Su risa era contagiosa y pronto se estaba riendo él también a carcajadas. Su risa era lo último que podía recordar antes de caer dormido. Despertaron gracias a la alarma que sonó a eso de las 3:30 de la madrugada. Cuando abrieron los ojos estaban en la misma posición en la que se habían dormido, frente a frente, excepto que en algún momento durante la noche la mano de Mulder encontró la de Scully y se durmió sosteniéndola con fuerza.

*****

Afortunadamente, su vuelo no tuvo retrasos y llegaron a tiempo a D.C a las 14:05 del domingo. Mulder había acordado alcanzarla a la casa de su madre en Alexandria. Charlie, Jennifer y sus hijos estarían allí. Cuando llegaron a la casa, Margaret lo invitó a quedarse. Para sorpresa feliz de Scully, aceptó la invitación y la siguió hasta la casa.

“Lo siento por hacer que Dana no llegase a tiempo a la iglesia y a las onces de hoy, señora Scully.” Mulder dijo apenas entró a la casa.

 “Oh, está bien, Fox. Estoy segura de que el caso era importante.”

Scully hizo contacto visual con Mulder y sonrió, sus ojos riendo. Él la miró y luchó duro para contener la sonrisa.

 “Si, tuvimos que marchamos a un caso en Arizona.” Mulder respondió a la señora Scully.

Mientras él decía eso, Charlie entró en la habitación y le tendió la mano a Mulder. “¿Alguna cosa emocionante por allá?”

Estrechó la mano de Charlie. “Sólo un lunático que inició un tiroteo.”

“Ah, sí, creo que vi algo de eso en la CNN” dijo Charlie acercándose a su hermana para darle un fuerte abrazo. “Jennifer y los chicos están en el patio trasero.”

Mulder las observó hacer el camino hacia la cocina. “¿Puedo ofrecerte una cerveza, Mulder?” Preguntó Charlie.

“Seguro. Gracias.” respondió.

Se sentaron en la cocina y comenzaron a hablar de deportes, mientras Mulder de vez en cuando miraba por la ventana hacia el patio trasero para observar a Scully sentada en la mesa de picnic con su madre y su cuñada. Los chicos, Ben y Jack, corrían carreras con coches a control remoto por el patio. Mulder también notó que el embarazo de Jennifer ya podía notarse.

Un par de horas más tarde, todos se sentaron alrededor de la mesa de la sala de Margaret Scully. Ella había preparado su famosa lasagna con albóndigas. Scully escuchó a Charlie y Jennifer hablar de las cosas para el próximo año escolar; las compras de los chicos para volver a la escuela, la reunión con los padres de sus nuevos estudiantes de jardín de infantes, y con los jugadores del equipo de baloncesto y sus padres. Hablaron de las reuniones de la PTA, el embarazo, la planificación de un nuevo cuarto para los niños, la planificación de la licencia de maternidad para Jennifer. Hablaron de sus vecinos y del árbol que había caído en su patio. Ella los escuchó hablar sobre todas las pequeñas cosas que se combinan para formar su vida juntos.

Scully también escuchó a Mulder hablar sobre los casos en los X- Files en los que habían trabajado juntos, y lo hacía con tanto entusiasmo como su hermano y su cuñada hablaban de su vida simple. Los chicos jadeaban o se reían de las historias de Mulder, sin poder creer lo que estaban oyendo, a veces rompiendo el comentario de Mulder con sus propias exclamaciones o preguntas sobre alguna palabra que desconocían. Mulder sólo sonreía y les explicaba. Charlie y Jennifer lo escuchaban atentamente, hicieron algunas preguntas también, se echaron a reír, pusieron caras de disgusto, asco o asombro, y parecían genuinamente interesados en su trabajo en el FBI.

Scully pensó en lo escuchado de ambas partes, se dio cuenta que una vida planificada a largo plazo no le interesaba tanto. Salir de los X- Files para vivir una vida mundana en los suburbios donde lo único emocionante que le sucedería era que el árbol de un vecino cayera en su patio, sería aburrido como el infierno. ¿Cómo volver a una vida normal después de todo lo que había hecho? Las direcciones en su vida con Mulder nunca serían realmente aburridas, incluso si sus investigaciones no se dirigían a nada, como la de Arizona. Le gustaba estar con Mulder, y realmente no importaba lo que estaban haciendo (aunque las habitaciones podrían ser mejores). Pero la idea de vivir siempre sola, sin familia y sin amor, sin absolutamente nada que hacer con su vida que no sea algo raro que Mulder quisiese investigar no era la vida que deseaba tampoco.

Sin embargo, una combinación de los dos no podría ser tan malo. Tener una vida emocionante llena de propósitos, llena de extraños y nuevos descubrimientos, salvar vidas y administrar justicia; que era al mismo tiempo, lo contrario a la soledad, era una vida llena de amor y satisfacción personal. Esa era la vida que quería. ¿Pero era la vida que Mulder quería? ¿Ella siempre estaría sola? ¿Podría alguna vez tomar coraje y decirle lo que sentía? ¿O debería esperar que Mulder demostrara algo y luego hacer algo al respecto? ¿Eso realmente sería así? ¿Esta sería toda su vida? Basta, Dana. Scully se reprendió a sí misma, diciéndose que estaría feliz de aceptar lo que Mulder estaba dispuesto a darle. Si eso no incluía amor y sexo, entonces que así sea. Tenía que llegar a un acuerdo con el hecho de que la amistad era lo mejor que podía esperar.

Pero... ¿iba a ser para siempre volver a un apartamento vacío, sin nadie allí que la amase? ¿Ningún niño propio? ¿La maternidad realmente era algo útopico para ella? A veces, todavía le resultaba algo difícil de creer.

 

CONTINUARÁ…

Chapter Text

La tarde del lunes 30 de agosto Mulder y Scully entraron a la oficina de Skinner.

“¿Usted quería vernos, señor?” Preguntó Scully, mientras cruzaban la puerta.

 “Sí, tomen asiento.” Skinner respondió.

Se sentaron en las dos sillas frente al escritorio de Skinner.

“Hay un par de cosas que quería hablar con ustedes.” Skinner comentó mientras tomaba un sobre manila de la parte derecha de su escritorio y lo colocaba frente a él. “En primer lugar, la oficina de campo de Phoenix envía su agradecimiento por obtener la confesión de Harold Kennedy.”

Mulder le dedicó a Skinner una mirada escéptica. “Tenía la impresión de que no hice absolutamente nada meritorio ahí.” Miró de reojo a Scully, y vio que estaba masticando su labio inferior y mirando sus manos entrelazadas sobre el regazo. Él frunció el ceño. ¿Había dicho algo malo?

“Todo lo contrario...” dijo Skinner. “Cuando arrestaron a Kennedy él les dijo que no recordaba nada previo a las 12 horas anteriores, debido a... eh... el control mental extraterrestre.”

Ella rodó los ojos. Él resopló.

“Los chicos te llamaron y Kennedy empezó a cantar como presidiario.” Skinner continuó. “ El domingo temprano, encontraron el arma homicida, un rifle de asalto, bajo una alcantarilla a sólo cinco cuadras de la escena del crimen. Sus huellas estaban por todas partes. Kennedy debe presentarse para la lectura de cargos en Corte Superior de Arizona en el Condado de Pima.”

Él asintió con la cabeza.

Skinner suspiró. “Y hablando de la corte... el Juicio del ‘Distrito de Columbia contra Bernard Oates’ está configurado para iniciarse el próximo lunes, a menos que haya otro aplazamiento. La fiscalía quiere reunirse con los dos de nuevo esta semana. Les sugiero que revisen su informe sobre el intento de robo al banco y la muerte de Pamela Hamilton. Y la fiscalía pide que no hagas más referencias al “Groundhog day” (película donde el día se repite una y otra vez), Mulder.

Él frunció los labios.

“¿Hay algún problema, Agente Mulder?”  Preguntó, lacónicamente. “La fiscalía quiere ganar este caso. Bernard Oates es culpable. Necesitan que él sea encarcelado, y no quieren que arruines su credibilidad al subir al estrado como testigo y digas que Pamela Hamilton estaba atrapada a vivir ese día una y otra vez. Eso ni siquiera es relevante a la culpa de Oates.”

Él suspiró. Scully lo miró con simpatía.

“De todas formas, no están seguros de cuánto tiempo va a durar el juicio.” Se quejó Skinner. “Oates se declaró inocente y hasta ahora ha resistido cualquier intento de acuerdo. Él quiere un juicio en toda regla con un jurado y sus pares. Así que sugiero que no tomen más casos por un tiempo, hasta que su parte en los testimonios directos y cruzados concluyan.”

Mulder se resistió. Sentía como si no hubiera logrado nada desde que había vuelto a trabajar desde su licencia médica. Se sentía atrapado, como si estuviera dando vueltas en círculos y nunca llegara a ninguna parte.

Skinner lo miró pensativo. “Tuve una reunión con los Jefes de Departamento esta mañana. La Directora Adjunta no estaba muy divertida con el regalo que usted le envió a su oficina.”

Mulder sonrió. “¿Por qué? Sentí que la Directora Adjunta debía saber que su decisión de enviarnos a ese Seminario de Trabajo en Equipo o “Team Building Seminar”, o como se llame eso a lo que nos mandó... dio buenos resultados.”

Scully bajó la mirada a su regazo y sonrió para sus adentros.

Skinner miró fijamente a Mulder. “¿Pero tenía que enviarle el trofeo envuelto en papel de seda rosa y atado con una cinta?”

La boca de Scully se abrió en estado de shock, y se echó a reír con incredulidad sin poder contenerse. “Oh, mi Dios...”  Gimió. Y luego se tapó la cara con la mano mientras negaba con la cabeza sin parar de reírse. Mulder le lanzó una mirada de reojo y sonrió, antes de volver a mirar resueltamente a Skinner.

Skinner suspiró. “ Mulder, ¿está deliberadamente tratando de molestar a la gente equivocada? No haga otro truquito de estos de nuevo. Esta vez salió todo bien, pero no creo que tenga tanta suerte si sigue en este plan. Sabe que arriba no le tienen demasiada admiración y cada vez le tienen menos paciencia... no siga tirando de la soga. Cuidese, y principalmente cuide a Scully. Ella va a pagar también por sus chistes y falta de táctica.”

Él fulminó a Skinner con la mirada, este no le bajó la vista y Scully trataba nerviosamente de apaciguar el clima tomando a Mulder del brazo para que la mirara.

“Pueden irse ahora, agentes” dijo Skinner con brusquedad.

Mulder y Scully salieron en silencio. Cuando estuvieron en el pasillo, él se quedó mirándola fijamente. “Estabas demasiado tranquila ahí dentro.”

“¿Qué se supone que debía decir?” Preguntó, mientras caminaban por el pasillo hacia el ascensor.

Mulder negó con la cabeza y se encogió de hombros, derrotado. Scully se rió entre dientes. “¿De verdad envolviste el trofeo en papel de seda color rosa?”

 “Síp, y pedí que lo ataran con cintas blancas. Ya sabes... el tipo de envoltura con los rizos.”

Scully sacudió la cabeza con incredulidad. “La Directora Adjunta va a hacerte pagar por eso, espero que lo sepas. Pero nadie podrá decir que no tienes bolas, Mulder.”

Él le sonrió y su compañera le devolvió la sonrisa.

Entraron en un ascensor vacío, y Mulder presionó el botón ‘B’. El ascensor se detuvo en el tercer piso, algunos agentes y personal administrativo ingresó. Scully se hizo a un lado quedando delante de él para hacer sitio a los otros en el compartimiento ahora lleno. Cuando el ascensor reanudó su descenso, él miró a su alrededor y notó que un par de agentes de sexo masculino, en sus mediados a finales de los 30, miraban a Scully. Uno de ellos se inclinó y le susurró algo al otro. Ambos se rieron en voz baja, y luego volvieron la mirada hacia ella recorriéndola despacio. Mulder frunció el ceño molesto.

El elevador se detuvo en el primer piso, y todos, salvo Mulder y Scully, comenzaron a salir. Los dos agentes que Mulder había notado antes estaban por cruzar la puerta cuando uno se volvió y le preguntó “¿Cómo te trata la vida en el sótano, Spooky?”

Mulder observó que Scully se ponía tensa y su postura era rígida. Ella se quedó firmemente frente al panel del ascensor sin demostrar haber oído algo. Él se volvió para mirar fijamente al agente sin decir nada.

Su compañero, el otro agente, miró a Scully de nuevo. “Yo diría que la cosa va bastante bien, ¿no? Estoy seguro que no me importaría estar ahí abajo, en determinadas circunstancias. Debe tener sus privilegios.”

Ellos sonrieron a Scully mientras salían del ascensor, pero ella se negó a mirarlos. Cuando las puertas se cerraron, se volvió para mirar a Mulder y rodó los ojos. Pero él no estaba tomando todo con la calma con que lo tomaba ella. Se sintió inundado por demasiadas emociones a la vez; ira, enojo, culpa, vergüenza. ¿Qué había hecho por ella, por su carrera y su reputación? De repente se sintió mal consigo mismo, y esperaba fervientemente que ella no sintiera lo mismo que estaba sintiendo él.

 

***** 

Justo antes de las 8:00 am del martes, Scully se aproximó a la cita en ‘Capital Women´s Care’ para su examen pélvico anual. Comenzó a llenar el familiar cuestionario sobre su historia clínica, su actividad sexual, y ciclo menstrual. Esto le servía cada año como un recordatorio de la vida de mierda que llevaba; la única razón por la que estaba libre del cáncer era a causa de ese chip en su cuello, que era estéril y no podía recordar cuando había sido su último periodo. ¿Dos meses atrás? ¿Tal vez tres? Y no tenía nada de sexo desde hacía demasiado tiempo. Tres hurras para el Team Scully.

Tras el examen pélvico, vino el Papanicolaou y cuando el examen clínico de sus senos concluyó, su ginecóloga, la Doctora Patricia Rausch se sentó en el escritorio mientras Scully se terminaba de vestir.

 “Ok, Dana. Sólo quería repasar los resultados de tu análisis de sangre que hicimos la mañana de ayer en el laboratorio.”

Scully asintió.

“Tus niveles de hormonas claves son normales; la progesterona, FSH, LH, los niveles de E2, y AMH todo se ve bien. Así que eso es una gran noticia. Increíble noticia, de verdad.”

Scully le dio una mirada de perplejidad. “¿Por qué es una noticia increíble?”

“Bueno, fuiste diagnosticada con insuficiencia ovárica prematura, hace dos años, pero en realidad aquí dice en tu gráfica que crees que esto sucedió en noviembre de 1994.”

“Sí.”

La doctora Rausch le dirigió una mirada mordaz. “Has tenido POF desde hace casi cinco años y parece como si todavía tienes que experimentar la aparición de menopausia prematura. ¿Estás experimentando cambios de humor, sofocos o sudores nocturnos? ¿Sequedad vaginal? ¿Disminución de interés por el sexo?”

Scully suspiró. “No.”

La doctora la miró detenidamente. “Mmmm. Como sabes, debido a tu POF también tenemos que comprobar si hay signos de osteoporosis, hipotiroidismo, enfermedad de Addison y otros trastornos autoinmunes, y enfermedades del corazón. Pero todos tus análisis de sangre salieron bien. Parece que estás en perfecto estado de salud, a pesar de que tus ovarios ya no producen óvulos.”

Scully frunció las cejas. “¿Eso es extraño?”

 “Bueno...” Rausch hizo una pausa. “No exactamente, no. Pero no puedo comenzar a explicar por qué tus ovarios han fracasado sin ningún signo de las causas habituales o de cinco años sin tener ninguno de los síntomas adversos que acompañan al diagnóstico de POF.”

Scully negó con la cabeza ligeramente y suspiró. “No puedo explicarlo bien.”

Rausch le dedicó una pequeña sonrisa. “Ok, bueno, eso es todo lo que tengo para ti. Antes de salir, programa tu cita para dentro de seis meses.”

La doctora salió de la habitación saludándola con la mano. Scully tomó su bolso y salió por la otra puerta. Siempre se sentía irritada por tener que volver seis meses más tarde sólo para tomarse la presión y hacerse un examen de orina. Caminó hasta la sala de espera y se situó frente al escritorio de la recepcionista. Una mujer de unos 40 años con el pelo rizado rubio y ojos marrones tipeaba rápidamente en la computadora al otro lado de la mampara de cristal. Notó que llevaba una etiqueta con el nombre: ‘Connie’ escrito en rojo.

“¿Hay que programar una cita dentro de seis meses?” Preguntó, saludando a Scully con una gran sonrisa.

 “Sí” Contestó Scully.

Connie hizo un par de clics en su computadora. “Febrero está todo reservado. ¿Hay algún problema si es en marzo?”

 “No. Marzo está bien.”

“¿Hay un día de la semana que prefiera?” Preguntó Connie.

 “En realidad no.”

 “¿Un horario?”

 “Por la mañana bien temprano, si es posible.” Respondió Scully.

 “¿Qué tal Lunes, 6 de marzo a las 8:00 am?” Dijo Connie sin dejar de sonreír.

 “Ok. No hay problema.”

“¡Está bien, nos vemos el 6 de marzo entonces!” Saludó alegremente.

Scully parpadeó, y luego le dio una sonrisa a medias a Connie antes de salir. Había planeado llamar a un taxi, pero era un hermoso día y comenzó a caminar. Sólo tardaría unos 30 minutos a pie hasta el FBI desde Capital Women´s Care en la K Street.

Mientras caminaba por la avenida Pennsylvania rodeando el President’s Park hacia el edificio Hoover, su depresión creció más y más. Pensó en su llamada a Tara, la noche anterior, estaba emocionada por las gemelas. Se habían enterado que eran dos niñas y le salía a borbotones hablar sobre ropa de bebé, diseños infantiles, nombres, y todas las pequeñas cosas que esperan, piensan y planifican las madres. Tara y Bill habían intentado durante años quedar embarazados, y finalmente Matt había llegado. Pero el camino había sido difícil y emocional. Tara no quería más años de lucha, y por eso se trató in vitro en esta ocasión. Fueron bendecidos inmediatamente con dos hijas que llegarían en apenas dos cortos meses.

Pensó también en Charlie y Jennifer, que habían intentado tener hace tiempo un tercer hijo, pero nunca había pasado y después de dos años de intentos, desistieron. Decidieron que un tercer hijo simplemente no estaba destinado a ser, y estaban contentos con sus dos hermosos niños. Entonces, de repente, sin tratar o siquiera pensar en ello en absoluto, otro bebé estaba en camino. En los años posteriores a que Melissa fuese asesinada, Scully tenía pensamientos fugaces de nombrar a una hija como su hermana algún día. Lo mismo había pensado después de la muerte de su padre, la esperanza de un hijo en un futuro desconocido.

Pero todo eso había cambiado desde hacía dos años cuando se enteró que nunca podría concebir un hijo. Ahora, cuando Scully pensaba en el futuro, no había mucha esperanza o seguridad allí. Hacía varios meses, le había dicho a Phillip Padgett que la soledad era una opción. Pero ¿qué elección estaba viviendo? ¿Eligió estar sola? ¿O Mulder lo eligió por ella? En el fondo, ansiaba un amor incondicional y estaba cansada de estar sola. Ella no quería estar sola, pero lo estaba.

Luego pensó en Kresge, y supo que no tenía por qué estar sola. Podía encontrar fácilmente sexo y compañía cada vez que lo quisiera. Pero ella no quería sexo ocasional o simplemente alguien para llenar su tiempo. Quería a Mulder. No había nadie en la tierra más perfecto para ella que él. Nunca sería feliz con nadie más que con él. Así que prefería estar sola que tener a alguien que no fuera Mulder. Y así, sí, supuso que su soledad era realmente una opción que ella misma había hecho.

 

***** 

A las 8:15 am del martes, él abrió la puerta de la oficina del sótano y se acercó a su escritorio. Comprobó sus emails y mensajes de voz. Había un mensaje de la oficina del Fiscal de Estados Unidos para informarles que la Fiscal Federal Adjunta, Stephanie Speno, del caso Bernard Oates estaría en el Bureau a las 10:00 am para reunirse con ellos. Mulder suspiró.

Justo después de las 8:30 am unas pisadas se oían acercándose a la oficina y Mulder sonrió. Pero después de un par de segundos supo que esos pasos no podían ser de Scully. Era una mensajera con el correo interdepartamental. La joven dio a Mulder el familiar sobre amarillo y salió de la oficina. Mulder abrió y leyó un aviso de la División de Finanzas informándoles de que la forma de reembolso de su viaje a Arizona había sido enviada a la oficina de Phoenix para su verificación. Bla, bla, bla. ¿Dónde estaba Scully?

Se levantó y sacó el archivo de Bernard Oates y Pamela Hamilton de los archivadores, y volvió a sentarse en el escritorio. Cada dos minutos que leía el informe del caso, ojeaba una vez su reloj y luego el reloj de pared. Tamborileó con los dedos sobre el escritorio. Se recostó en la silla y suspiró. El reloj marcaba ya las 9:12 am. ¿En qué lugar del mundo estaba Scully? Tomó el teléfono y marcó su celular. Directo al correo de voz. La llamó a la casa. No hubo respuesta y saltó el contestador. Colgó y volvió a suspirar. Esperaba que se presentara a las 10:00, no era tan tarde. Mulder comenzó a sentir el pánico lentamente en ascenso por sus entrañas, y salió de la oficina para ir a buscarla.

Cabalgó el ascensor hasta el cuarto piso y se dirigió a la oficina de Skinner. Le preguntó a Kimberly, la secretaria de Skinner, si había visto a Scully, pero no lo había hecho. Regresó al pasillo y miró su reloj; las 9:26 am. Llamó al celular y a su casa de nuevo. No hubo respuesta. Mulder se quedó pensando con las manos en las caderas. Recordó que el pasado otoño, cuando quedaron atrapados bajo el mando de Kersh, Scully había comenzado una amistad con la Agente Natalie Black del Bullpen (Operación Bullpen - Falsificación) del FBI en el tercer piso. De vez en cuando se reunían para un café. Incluso habían salido a comer un par de veces. Mulder se dirigió hacia el ascensor y pulsó el botón de abajo.

Entró en el tercer piso, a la oficina del Bullpen y examinó la habitación buscando a la Agente Black. Estaba tratando de recordar qué aspecto tenía. Se reprendió a sí mismo por no prestar suficiente atención a su aspecto las veces que pasó a buscar a Scully.

“¿Agente Mulder?”

Se volvió para ver a una mujer muy bonita sonriéndole. Mulder pensó que no podía tener más de 25 o 26 años. Con sus tacones altos, era sólo un par de pulgadas más baja que él. Sujetaba su largo cabello castaño oscuro con una banda elástica y aún así este le pasaba los hombros. Sus ojos color chocolate, se veían muy felices de verlo. Mulder la recordó finalmente.

 “Agente Black.”

“Esa soy yo.” Dijo, sin dejar de sonreír, acercándose hasta quedar sólo pulgadas delante de él. Mulder tuvo que dar un paso hacia atrás. “Pero te dije que me llamaras Natalie. ¿Qué te hizo aterrizar en el bullpen? ¿O debería decir que te elevó? No he visto tu cara por aquí en mucho tiempo.” Ella todavía le sonreía.

Él le dio una mirada en blanco. “Mmmm, sí... ¿has visto a Scully? No puedo encontrarla.”

La agente Black frunció el ceño. “No, no he visto a la agente Scully desde hace unas semanas. Le dije que te saludara de mi parte. Espero que recordara hacerlo.” Estaba sonriendo de nuevo.

Mulder parpadeó. “Ok, bueno... gracias de todos modos. Si la ves, dile que estoy buscándola.” Se dio la vuelta y rápidamente se alejó hacia los ascensores. Pulsó el botón para regresar al sótano.

 

***** 

Scully caminó a través de la entrada de empleados a la sede del FBI, y luego bajó al sótano. La puerta de la oficina estaba cerrada. Entró y dejó la cartera en el suelo. Mulder no estaba. Notó el archivo de Bernard Oates abierto sobre el escritorio. Tomó el teléfono y comprobó su correo de voz. Después de escuchar el mensaje de la oficina del Fiscal de Estados Unidos, colgó. Miró el reloj, pasaban las 9:30 am. Tal vez Mulder había ido a ver a Skinner antes de su reunión con la fiscal. Cerró la oficina y se dirigió al ascensor.

Cuando entró a la oficina de Skinner, fue recibida por Kim, la secretaria quien le dijo que Mulder estaba buscándola.

“¿Está el agente Mulder con el DA Skinner?”  Preguntó Scully.

 “No, el Agente Mulder se fue apenas supo que usted no estaba aquí.” respondió Kimberly.

 “Está bien. Gracias.” Dijo, y se volvió para marcharse.

“Oh, Agente Scully...” La llamó Kimberly, alzando la voz ligeramente. Scully se volvió para mirarla. “La reunión con la Fiscal Federal Adjunta ha sido movida a las 10:15 am. El Director Adjunto dijo que será en la Sala de Conferencias 4- C, por el pasillo, estará disponible para su uso a partir de las 10 horas.”

 “Ok. Gracias.” Respondió, y salió de la oficina.

Scully se dirigió hacia el ascensor y pulsó el botón de abajo.

En su camino de regreso al sótano, las puertas del ascensor se abrieron en el tercer piso. Mulder dio la vuelta al oír el ascensor y la saludó con una mirada de sorpresa, aliviado.

“¡Ahí estás! Te estuve buscando por todos lados.” dijo, entrando al ascensor.

“Hola. Mmm... Lo siento. - Respondió ella, desviando la mirada de la suya.” Tenía una cita con mi médica y... mmm... No sé, supongo que perdí la noción del tiempo.”

Mulder la miró, un poco preocupado. “¿Sucede algo malo?”

“Nada.” dijo Scully, todavía sin mirarlo. “No, yo sólo... uh... fui a dar un paseo.”

Mulder se dio cuenta que algo estaba sucediéndole, y no quería presionarla demasiado para que hablara de lo que sea, pero tenía esa sensación de pánico regresando a él. “Hmm... entonces, ¿qué está mal?”

Ella suspiró y lo miró a los ojos. Siempre había tratado de evitar ese tema con él, y con todo el mundo, de verdad. ¿Pero por qué? Él era su mejor amigo, una de las personas que más quería. Tal vez debería tomar medidas para compartir más de sí misma con él. Deseaba que estuvieran más cerca. Quería que las cosas cambien entre ellos. Pero eso nunca sucedería si estaba siempre frenando sus sentimientos.

“Mmm... Perdona, que no te lo haya dicho...” Comenzó después de una pausa. “No sé por qué no lo he hecho. Quiero decir, siempre estuviste a mi lado cuando enfermé, pero... um...”

Mulder estaba tratando de no entrar en pánico. Ella no estaba haciendo contacto visual con él. Su cerebro empezó a llenarse de ideas horribles. ¿Qué le había dicho el doctor? ¿Estaba enferma? No podría ser cáncer de nuevo, ¿verdad? Ella se curó. ¿Qué podría ser? Algo estaba definitivamente mal. Se inclinó más cerca de ella, y le habló en voz baja, porque no quería alarmarla con la tormenta de ansiedad que estaba haciendo estragos en su mente. “No me obligues a adivinar.”  Murmuró mordiéndose el labio inferior. Estaba literalmente aterrorizado.

“Me dejaron incapaz de concebir con alguna de las pruebas que hicieron conmigo.” Respondió tranquilamente. “Y no estoy... realmente dispuesta a aceptar que nunca voy a tener hijos.” Ni siquiera podía mirarlo mientras decía las palabras. Deseó que no fuera tan difícil abrirse y compartir sus sentimientos reales. Esto la hizo sentirse avergonzada. Siempre había sentido que tenía que ser la fuerte. No quería que Mulder tuviese piedad por ella.

Mulder se quedó mirando el suelo. La sensación de pánico se había ido, pero había sido reemplazada por la culpa inundando su estómago. Pensó en el Complejo Lombard, donde los Kurt Crawford le habían mostrado los óvulos almacenados. Pensó también en él sentado frente a un juez, hacía casi dos años, para hablar sobre Scully para poder ganar la custodia de Emily. Recordó algo que nunca le había dicho. Ella merecía saberlo.

Las puertas del ascensor se abrieron al llegar al sótano. Salió y se volvió para mirarla. “Scully, hay, um... hay algo que no te he dicho y espero que... eh... me perdones y entiendas por qué lo he mantenido alejado de tí.”

“¿Qué?” No podía adivinar sobre lo que estaba hablando. Su estómago estaba en nudos. Había sabido durante años que Mulder era propenso a ser reservado a veces, para mantener las cosas alejadas de ella y sólo contando partes del todo para protegerla. Por más frustrante que eso le resultase, por más molesta que la pusiese siempre supo que el final era protegerla.

 “Durante mi investigación sobre tu enfermedad me enteré de la razón por la que has quedado estéril. Tus óvulos fueron extraídos. Están almacenados en un laboratorio del gobierno.”

“¡¿Qué?!” Scully respondió sorprendida. “¿Tú los has encontrado?” Sabía que sus óvulos habían sido extraídos de ella durante su abducción. Él había dicho lo mismo en el caso sobre Emily. Pero nunca le había dicho que había encontrado en realidad sus óvulos robados.

“Los llevé directamente a un especialista para que me dijera si estaban bien.” Explicó Mulder. Podía ver que estaba molesta. Él nunca había querido decirle algo así. Había querido protegerla.

“No creo esto.” Dijo aturdida. ¿Cómo podía haberle escondido algo así?

 “Scully, estabas enferma, estabas muriéndote y yo... yo no podía soportar la idea de darte otra mala noticia.” La culpa lo estaba aplastando. Ella no se merecía sufrir más de lo que ya lo hacía. Debería haberle dicho antes. O tal vez él nunca debería haber abierto la boca. Ahora sólo estaba reabriendo heridas. Era un inútil pedazo de mierda.

Scully podía sentir las lágrimas brotando. Debía aguantar. No quería llorar delante de él, no quería que le tuviese más lástima de lo que ya le tenía. “¿Eso era? ¿Una mala noticia?”

“El doctor dijo que los óvulos no eran viables.” Mulder quería que la tierra se abriera y se lo tragara.

Scully hervía. Quería gritarle por guardarse esos secretos, por no decirle algo tan importante. ¿Y dónde había estado guardando sus óvulos todos estos años? ¿En su congelador junto a los guisantes? Por el amor de Dios.

Ella lo miró, se pasó la lengua por los labios y tomó la decisión. Tocó el botón del ascensor necesitaba alejarse. “Quiero una segunda opinión.” ¿Quién sabe quién era el charlatán que había examinado sus óvulos? Las puertas empezaron a cerrarse.

Mulder se acercó, levantó las manos para frenar las puertas y evitar que se cierre. No sabía qué decir. Estaba enfadada. Él la miró suplicante. Necesitaba que lo perdonara. Pero ella apenas podía siquiera mirarlo. Soltó las puertas y la dejó irse.

La reunión con la Fiscal Federal Adjunta había sido extremadamente incómoda. Scully se negó a mirar o hablar con Mulder, y él quería estar en cualquier lugar menos en esa sala de conferencias. Sabía que había estado enfadada con él antes, muchísimas veces incluso. Pero esto era diferente, podía sentirlo. Podía sentir su indignación como si se filtraba por sus poros. Después de la reunión, comenzó a hacer el camino hacia el ascensor para regresar al sótano. Intuía que Scully no estaba con él, y se volvió para buscarla, la vió entrando a la oficina de Skinner, sin decirle ni una palabra. Pensó que era el momento perfecto para tomar su hora de almuerzo. Se acercó a su deli favorito y compró un sándwich de pollo y una Pepsi, pero no podía comer nada. Tenía en el estómago un máldito nudo.

¿Cómo podría hacer lo correcto? Debería pedirle disculpas de nuevo. Decirle una y otra vez por qué no pudo decirle la verdad antes. No podía soportar ver su dolor. Deseó que nada ni nadie fuera capaz de hacerle daño. Quería mantener todo lo malo y doloroso de este mundo tan lejos de ella como fuera posible. La amaba, y le rompía el corazón verla sufrir. Quería decirle todo esto, pero tal vez la haría enojar aún más. Ella siempre se resistió a su protección, acusándolo de no creer en ella, de o confiar, de no creerla capaz. Él sabía que podía cuidar de sí misma. Sabía que no lo necesitaba, y probablemente nunca lo quisiera ahora. Él lamentaba ser un máldito hijo de puta.

Cuando Mulder volvió a la oficina del sótano después de estar sentado en el deli cerca de una hora, sin comer, la encontró vacía. Tal vez Scully había decidido tomar su almuerzo también. Tal vez esperó saber que él estaba de vuelta en el edificio, para poder evitarlo al salir. El teléfono de la oficina sonó, y lo tomó rápidamente.

“Hola.”

“¿Agente Mulder?” Dijo una voz femenina familiar.

“¿Sí?”

 “Al Director Adjunto Skinner le gustaría verlo tan pronto como sea posible.”

Ahora reconoció la voz como perteneciente a la secretaria del Skin. “Eso es seguro. Dile que voy para arriba.”

Hizo su camino de regreso a la cuarta planta. Cuando entró, estaba medio esperando que Scully estuviese allí, pero no había nadie más aparte de Skinner y él mismo. Su jefe le indicó que tomara asiento en una de las sillas frente al escritorio.

Skinner lo miró e hizo una pausa. “ ... La agente Scully se detuvo a verme después de su reunión con la señora Speno. Pidió el resto del día para ella, y decidió tomarse un tiempo. Tiene vacaciones acumuladas así que no puse objección en eso. Ella estará fuera el resto de la semana. Pero dijo que no tenía problemas en estar en el Tribunal de Distrito el lunes para el inicio del juicio a Bernard Oates.”

Se quedó mirándolo aturdido. Sintió el pánico creciente en el estómago de nuevo.

 “¿Estás bien, Mulder? Estoy seguro de que serás capaz de manejar las cosas por tí mismo el resto de la semana. ¿Correcto?”

Él parpadeó. “Sí. Seguro.”

Se levantó y caminó rápidamente fuera de la oficina, haciendo caso omiso de las llamadas de Skinner para que vuelva. Cuando llegó al sótano, se dio cuenta que había un mensaje de voz. Levantó el auricular y pulsó el botón que titilaba con una pequeña luz roja.

“Soy yo. Voy a tomar el resto de la semana libre. Sólo necesito un poco de tiempo para mí. Es probablemente lo mejor que pasemos un tiempo separados, de todos modos. Voy a estar en la corte el lunes por la mañana. Ah, ¿podrías darme el nombre de ese especialista que ha estado en posesión de mi óvulos extraídos durante los últimos dos años y medio? No voy a contestar el teléfono, solo deja un mensaje con el nombre.”

Mulder colgó el teléfono y se sentó en su escritorio con la cabeza entre las manos. “¿Pasemos un tiempo separados?” La sensación de pánico fue dando paso a la náusea. No podía perderla por esta mierda, ¿verdad?

CONTINUARÁ…

Chapter Text

La mañana del miércoles 1ro de septiembre, Scully se dirigió hacia el centro de D.C al edificio de ‘Columbia Fertility Specialists’ en M Street. Después de esperar en la recepción unos 20 minutos, fue recibida por el Doctor Rafat Khan. Ella lo siguió a su despacho y se sentó en una silla de color crema frente a su escritorio.

“Ok...” Dijo Khan, después de sentarse, y comenzar la lectura de un portapapeles que estaba delante de él. “Tengo aquí sus datos. Recibimos el vial ya congelado de sus óvulos, el 8 de febrero de 1997. Comprobé que los óvulos congelados no eran viables para la inseminación y la fecundación in vitro (IVF). Fox Mulder, su pareja, pidió que los guardemos en nuestro banco de óvulos. Le dije que no era necesario almacenarlos, como los óvulos no se podían utilizar... Pero insistió.”

Ella suspiró. “¿Y todavía los tiene?”

“Por supuesto que sí.” Khan inhaló. “De todas formas, usted dijo que quería una segunda opinión.”

Se dio cuenta de que parecía ofendido por su pregunta. Ella no quiso dar a entender que eran incompetentes. “ Sí, me gustaría tener otra opinión médica. A ver si hay alguna posibilidad de que los óvulos se puedan seguir utilizando.”

El doctor Khan la miró detenidamente. “Señora Scully... Columbia Fertility Specialists está constantemente clasificado y rankeado como uno de los centros de fertilidad más importantes del país. Nuestros médicos y especialistas están certificados en todo el espectro de la medicina reproductiva, y hemos pasado años al dominio de las últimas tecnologías y técnicas disponibles para que todos nuestros pacientes puedan lograr la paternidad. No veo cómo otro médico pueda revisar sus óvulos y darle una respuesta diferente a la que le hemos dado a usted y a su pareja.

Ella asintió. “Es sólo que no quiero dejar pasar la oportunidad de averiguar si todavía hay otras opciones.”

Rafat Khan suspiró y la miró con simpatía. “Bueno, está bien entonces. Necesitamos que nos informe del nombre del médico que usted y el señor Mulder van a utilizar y después de esto podremos hacer los arreglos necesarios para transferir sus óvulos congelados a sus instalaciones.”

Scully parpadeó. Khan, obviamente, pensaba que ella y Mulder eran pareja en la vida. “Está bien, se lo haré saber tan pronto como sea posible.”

No había encontrado otro médico todavía. Estaba contenta de haber tomado la semana libre en el trabajo para poder dedicar su tiempo a esto. Quería estar segura de encontrar el médico adecuado.

El doctor Khan la acompañó a la recepción. Estaba a punto de decir: ‘adiós’, cuando Khan la interrumpió. “Señora Scully... Dana, espero que sepas que te deseo toda la suerte del mundo. Espero que, si llega el momento, consideres volver a nosotros. Tenemos un programa de donación de óvulos maravilloso. Sé que nunca es lo ideal, para una persona, utilizar el óvulo de una donante anónima, pero todo el mundo merece que el sueño de ser padres se haga realidad.”

Scully tragó saliva. Sintió que su garganta se comprimía.

Khan suspiró. “Me gustaría que hubieras visto la cara de tu pareja cuando le dije que los óvulos no eran viables. Se notaba que tenía el corazón roto. Sólo quiero que ambos sepan que hay otras opciones disponibles para que cumplan ese sueño.”

Scully parpadeó para contener las lágrimas. “Gracias, doctor Khan.” Se volvió para irse, pero de repente pensó en algo y giró hacia él. “Doctor Khan, ¿Qué pasa con la cuota? ¿Cuánto debo por el almacenamiento de los óvulos?”

Él le dirigió una mirada de perplejidad. “Creo que tu pareja ya pagó la factura de agosto.” Dijo antes de mirar hacia abajo en el portapapeles levantando la hoja superior. “Sí, la cuota fue abonada mediante un cheque el 14 de agosto. No deberán abonar septiembre si transferimos tus óvulos antes del 6.”

No sabía qué decir sobre esto, así que solo asintió y se despidió antes de salir del edificio. ¿Mulder había estado pagando todo ese tiempo? Él escribió un cheque todos estos meses que sus óvulos estuvieron almacenados, dirigido a: Columbia Fertility Specialists ¿y ni una sola vez creyó que era el momento correcto de contarle sobre la existencia de sus óvulos? No sabía si sentirse conmovida o más enojada que antes.

Cuando llegó a casa, Scully llamó a ‘Capital Women’s Care’ y pidió hablar con su ginecóloga, la doctora Rausch, pero ella no estaba disponible. Dejó un mensaje y, a continuación, decidió dedicar el resto del día a limpiar su apartamento. Frotó, pulió, fregó, acomodó y aspiró hasta que no pudo frotar, pulir, fregar, acomodar, o aspirar más. A eso de las 13:38 horas, la doctora Rausch regresaba su llamada telefónica. Scully le pidió una lista de los especialistas en fertilidad que le recomendaba a sus pacientes, y Rausch acordó enviarle las recomendaciones para el final del día.

Al ponerse el sol y el crepúsculo, Scully se estableció, se duchó y se sentó en su sofá. Mulder no había hecho ningún intento de contactarse con ella aparte del breve mensaje en su contestador del martes por la tarde diciéndole sólo que había usado a Columbia Fertility Specialists para almacenar los óvulos. Pensó en todo lo que el doctor Khan le había dicho más temprano ese día. Tal vez debería llamar a Mulder. Todavía estaba enfadada, pero prefería estar enojada y decírselo, en lugar de no hablar con él en absoluto. Scully se desatornilló del sofá, se puso un par de zapatos, y tomó las llaves del coche.

 

*****

Mulder estaba sentado en la oscuridad en su sofá, sin molestarse en encender las luces. La televisión en silencio disparaba imágenes en la pantalla, pero él no trató de comprender lo que miraba. Se había pasado todo el día en el trabajo sin Scully y lo odiaba. Ella no lo había llamado, no es que él realmente esperaba que lo hiciera. Cada vez que tomó el teléfono para llamarla, se recordó que ella lo quería lejos. ¿Qué pasaba si por casualidad en el transcurso de la semana ella comenzaba a pensar realmente las cosas? Acerca de su vida y lo que había hecho con ella. Acerca de cómo se había ido su carrera por el inodoro. Sobre el asesinato de su hermana, su cáncer, su infertilidad. Los diversos psicópatas y las fuerzas gubernamentales oscuras que habían amenazado su vida más veces de las que podía contar. ¿Y si finalmente descubría que él no valía la pena y que él nunca la había valido?

Alguien llamó a la puerta. Miró el reloj; eran las 20:16 horas. No esperaba a nadie. Instintivamente, tomó su pistola del cajón del escritorio y caminó hacia la puerta.

Otro golpe. “Mulder, soy yo.”

Vaciló, pero luego abrió la puerta para ver a Scully de pie allí con el pelo ondulado aún húmedo, y vistiendo pantalones negros con una camisa púrpura. Él la miró fijamente.

“¿Puedo pasar, o qué?” Preguntó con irritación.

Mulder suspiró. “No soy una compañía adecuada.”

Scully frunció los labios. “No he venido aquí por la compañía.”

Caminó hacia él, lo que lo obligó a hacerse a un lado, y entró al apartamento. Él volvió a suspirar mientras cerraba la puerta.

Scully escaneó a su alrededor y notó que no había luces encendidas y la televisión estaba en silencio. Ella lo miró y vio la pistola en su mano. Sus ojos volaron a su cara asustada.

Mulder frunció el ceño. “Scully, cálmate. Sólo tomé el arma cuando golpeaste.” Volvió a su escritorio y dejó la pistola en su funda, cerrando el cajón.

Ella activó el interruptor de luz. No había nada sobre la mesa de café. Miró hacia el escritorio y sólo vio el computador, el teléfono, algunos libros y archivos apilados. Echó un vistazo a la cocina y no encontró nada en los estantes, mesa, mesada o sobre la estufa.

“Mulder, ¿cuándo fue la última vez que comiste algo?”

Pensó en ello. “Comí una rebanada de pizza de Jerry en el almuerzo.”

Ella frunció el ceño. “Eso fue hace como ocho horas.”

Su compañero suspiró y se sentó en el sofá. “¿Y?”

Scully negó con la cabeza y entró en su cocina. Abrió la heladera, rodó los ojos, y la cerró molesta. Se acercó al escritorio, se sentó tomando el teléfono.

“Hola, me gustaría hacer un pedido para domicilio” Habló después de marcar.

“No quiero comer, Scully” Susurró Mulder en su tono muerto.

No le hizo caso. “Sí. Una porción de ‘Drunken Noodles’, una de ‘Arroz frito Bangkok con pollo’, una ensalada de papaya, y dos ‘Spring Rolls’... Mulder... 2630 Hegal Place, # 42... 555- 9355... Muy bien, gracias.”

Scully colgó el teléfono. Se dio la vuelta en la silla para enfrentarlo. Estaba inclinado sobre el sofá, con los codos sobre las rodillas y mirando sus manos entrelazadas. Ella suspiró y miró al suelo. Se sentaron así, en completo silencio, durante unos 10 minutos. Estaba esperando que él hablara, pero luego quedó claro que no sería Mulder el que iniciaría la conversación.

“¿Por qué no me hablaste de los óvulos, Mulder?”

Él la miró. “Te lo dije. Tú estabas enferma. Estabas en ese hospital en Allentown. Penny Northern acababa de morir. No podía soportar la idea de decirte algo así.” Ella todavía estaba enojada. Dios lo ayude.

Scully asintió. Estaba tratando de controlar sus emociones. No quería pelear ni discutir más. “Pero luego me puse mejor, Mulder. Yo me mejoré. Cuando me enteré hace dos años acerca de mi insuficiencia ovárica, fuiste la primera persona a la que se lo dije. Ni siquiera se lo dije a mi madre hasta meses después. ¿Por qué no me lo dijiste entonces?”

Tragó saliva y miró a sus manos. “No lo sé. Me sentía culpable, supongo.”Por favor, sólo matame ahora. No quería hablar de esto.

Ella lo miró fijamente, la ira comenzaba a arder. Necesitaba una razón mejor que esa. Luego continuó, su voz elevándose de a poco. “Cuando nosotros nos enteramos sobre Emily, viniste a San Diego y te sentaste allí y le dijiste al juez que durante mi secuestro fui sometida a experimentos, que ellos extrajeron mis óvulos. ¡Algo sobre lo que no tenía ni idea hasta entonces, ya que lo habías mantenido alejado de mí también! ¡Y aun así, no me dijiste que en realidad los habías encontrado, los habías hecho examinar probando que no eran viables y habías estado pagando una puta factura cada puto mes para mantenerlos almacenados en un maldito banco de óvulos por alguna puta razón desconocida!”

Ni siquiera podía mirarla. Él era un maldito pedazo de mierda. Dios, ¿qué podía decirle? ¿Cómo podría incluso ponerlo en palabras?

“¡¿Y BIEN?!” Ella había levantado la voz ahora de verdad. “¿Vas a explicarme algo? ¿Cómo pudiste mantener algo así alejado de mí? Quiero decir, ¡es increíble! ¡¿Y durante más de dos años?! ¡¿Cómo pudiste hacerlo, Mulder?!”

Saltó del sofá. “¡Scully!” Dijo, entrando en pánico. Entonces todo comenzó a manar antes de que pudiera evitarlo, y él estaba gritando también. “¡Scully, yo no podía decírtelo! ¡Yo no quería hacerlo! ¡Debido a que si lo hacía se convertiría en algo real! ¡Y la idea de que te quitaran, te robaran la posibilidad de la maternidad en ese secuestro sólo porque querían castigarme... Sólo hace que me den unas putas ganas de apuñalarme a mí mismo! ¡La idea de que nunca podrás ser madre ya era demasiado doloroso! ¡No quería pensar en ello! ¡Yo no quería hablar de eso! ¡Me odio a mí mismo por hacerte esto! ¡Me odié cada puto día desde que me enteré lo que te hicieron! ¡Y al mismo tiempo tampoco podía decírtelo por miedo a que tu también me odies de la misma manera que lo hacía yo! ¡Porque a pesar de saber que soy una mierda que solo trae desgracias a tu vida no puedo alejarme de tí! ¡No puedo ni quiero perderte! ¡No soporto la culpa, pero no puedo alejarme de tí! ¡¿Es eso lo que quieres oír?! ¡¿Es esa explicación lo suficientemente buena para ti?!”

Mulder volvió a caer en el sofá, con los codos, una vez más en las rodillas, enterrando la cabeza en sus manos. Los ojos de Scully se llenaron de lágrimas, y ella se sentó en silencio aturdida por lo que su compañero había dicho.

Rápidamente se enjugó las lágrimas que caían sin control. Ella no quería que él se culpara por lo que había pasado. ¿Qué podía decirle para hacer que no se sintiera de esa manera? “ Mulder...” Lo llamó en voz baja, casi en un susurro. “No es tu culpa.”

Era igual el infierno si no lo era.

Scully esperó una respuesta, pero ninguna llegó. “Mulder, si el médico te dijo que los óvulos no eran viables, ¿por qué seguiste pagando para mantenerlos?”

Él suspiró, se inclinó todavía más con los codos sobre las rodillas, sin mirarla. “No quería decirte que había encontrado los óvulos y que eran inútiles. Pensé que si trabajaba lo suficientemente duro, iba a encontrar las respuestas a lo que te hicieron para que nosotros pudiesemos arreglarlo de alguna manera. El chip curó tú cáncer. Tal vez hay algo por ahí afuera que pueda curar tu infertilidad. Quería ser capaz de decirte que podías ser madre.”

Las lágrimas de Scully estaban comenzando a fluir libremente. Se levantó del escritorio, y se trasladó al sofá para sentarse junto a Mulder. Deslizó su brazo izquierdo alrededor de su derecho, corriendo la palma de su mano izquierda lentamente por su brazo hasta encontrar su mano derecha, y entrelazó sus dedos con los suyos, apoyando la cabeza en su hombro, y comenzó a llorar en silencio.

“Yo no te merezco, Scully.” Susurró con la voz quebrada.

“Mulder, no hables así.”

 “Scully, es cierto. Los X Files son mi vida. Tú te mereces mucho más que eso.”

Ella se secó las lágrimas con la mano derecha. “Te mereces las mismas cosas que yo, Mulder. ¿No hay nada que quieras de la vida que no esté en los Expedientes Secretos X?”

Su estómago se hizo nudos. ¿Debería decirle lo mucho que la quería? ¿Lo mucho que la necesitaba? ¿Que no podía vivir sin ella? ¿Cuánto quería hacerla feliz? ¿Cuánto quería quedarse dormido junto a ella cada noche y despertar a su lado cada mañana? ¿Cuánto quería tenerla en sus brazos y sentir su piel presionada contra la suya? ¿Cuánto quería complacerla? ¿Debería decirle lo mucho que su corazón sufría ante la idea de perderla? ¿Cómo su corazón se rompería y se desangraría si alguna vez ella se fuera? ¿Cómo haría cualquier cosa para evitar que eso suceda, incluso si eso significara nunca tomar todo lo que deseaba de ella?

Mulder suspiró. Era un maldito cobarde.

Un golpe en la puerta anunció que su cena había llegado. Desprendió su mano de la de Scully y caminó hacia la puerta, pagándole al tipo del domicilio.

“¡Será mejor que le des una propina decente al chico, Mulder!” Gritó ella desde el sofá.

Le sonrió al chico que le guiñó un ojo de manera divertida, haciéndole un gesto para que se quedara con el cambio. Acomodó la cena en la mesa de café. Entró a la cocina y sacó dos cervezas de la nevera, tomó platos y cubiertos, y regresó a la sala.

Se estiró para alcanzar el control de la tele y subió el volumen. “¿Qué quieres ver?”

“Algo divertido” Respondió ella sin dudarlo. Pensó que lo mejor para ambos era que pudieran reírse de algo esa noche.

El reloj estaba por dar las 21:30 horas, y Mulder puso: The Drew Carey Show.  “No estoy seguro de si esto califica, pero supuestamente debería.” Le sonrió.

Mientras cenaban mirando la TV, Scully pensó en su pregunta a Mulder y su no-respuesta: ¿Realmente no quería nada más de la vida que lo que estaba en los Expedientes Secretos X? ¿Podría vivir así? ¿Para siempre? Quería salir, ir a casa y llorar a moco tendido. Pero se quedó junto a él, porque tal vez había venido aquí por la compañía después de todo. Porque tal vez prefería sentirse miserable y estar con Mulder, que sentirse miserable y estar en casa sola.

 

CONTINUARÁ…

Chapter Text

En la mañana del jueves 02 de septiembre, Scully recibió la lista de especialistas en fertilidad recomendados por la doctora Rausch. Columbia Fertility Specialists estaba en la parte superior de la lista. Estadísticas, pensó Scully. El siguiente en la lista era el Parenti Medical Group (Grupo Médico Parenti) en College Park, Maryland. Con una lista enorme de OB/GYN (obstetras y ginecólogos) especializados, con dos directores médicos, uno con un Doctorado certificado por la Junta especializada en andrología y embriología, seis médicos con credenciales FACOG (Fellow-miembro- of the American College of Obstetricians and Gynecologists), y dos trabajadores sociales clínicos con licencia, uno especializado en fertilidad y el otro en la planificación familiar / finalización / adopción. Scully tomó el teléfono y marcó el número de la oficina.

Después de ser informada por la recepcionista que no existía la posibilidad para una consulta a cita abierta con ninguno de los médicos, y no había cupo hasta el día 23, Scully le informó de su situación con los óvulos congelados almacenados en Columbia Fertility Specialists y la necesidad de transferirlos antes del día 6 para evitar que facturen un mes más.

La recepcionista la puso en espera, y al cabo de unos minutos, le informó que iban a enviar por fax una solicitud de transferencia a Columbia Fertility Specialists ese mismo día. El doctor James Parenti se había comprometido a evaluar sus óvulos una vez recibida la transferencia. La recepcionista también le informó que el doctor Parenti le había abierto una breve ventana, y dejaba disponible el día 10 a las 12:30 en punto para reunirse con ella.

Scully se mordió el labio inferior. Era muy probable que el siguiente viernes a esa hora estuviese en medio del juicio a Bernard Oates. Pero no podía dejar pasar esa oportunidad. No podía esperar hasta el final de mes para averiguarlo. Al carajo con el juicio. Su estómago se llenó de mariposas, le dijo a la recepcionista que allí estaría sin falta.

A la mañana siguiente, el timbre del teléfono la despertó. El reloj marcaba las 07:17 am. Después de cancelar la alarma para que no sonase, tomó su teléfono.

-¿Hola? Dijo media atontada.

-¿Agente Scully?

Era Skinner. Ella se incorporó en la cama de inmediato. - Sí, señor. Soy yo. ¿Sucedió algo?

Él suspiró. - Sé que habías pedido toda la semana, Scully pero... ¿te importaría venir a trabajar hoy? Stephanie Speno quiere conocer todo lo concerniente al juicio contra Bernard Oates.Quiere revisar todas las pruebas...

Scully rodó los ojos. -¿De nuevo?

-Bueno, ella no quiere reunirse contigo, exactamente. Está nerviosa sobre poner a Mulder en el estrado, y quiere repasar todo de nuevo antes de que comience el juicio. Tiene miedo de las preguntas que van a hacer en el interrogatorio sobre cómo Mulder sabía que Oates tenía una bomba; por qué te pidió que trajeras a Pamela Hamilton al interior del banco. Le preocupa que la defensa de Oates radique el hecho de que Pamela Hamilton no hubiera muerto si él no le hubiese dicho que la llevase al banco. Speno quiere estar segura de que su testimonio no se... desordene... con sus teorías. Ella quiere que estés allí para asegurarse que Mulder... uh... sea cooperativo.

Scully suspiró y sacudió la cabeza. - Voy a estar allí, señor.

 - Gracias, Scully - dijo Skinner antes de colgar.

*****

Ella entró en la oficina del sótano justo a las 8:30 am para encontrarse a Mulder sentado en el escritorio, revisando los emails. Él la miró con sorpresa.

 - ¡Scully! ¿Qué estás haciendo aquí? - Mulder le dedicó una pequeña sonrisa, pero luego su rostro se congeló. No la había visto ni hablado con ella desde ese emocional miércoles por la noche. Sintió que la tristeza apretaba su corazón.

Ella captó que él todavía se sentía mal por lo sucedido, y de pronto se sintió un poco incómoda. - Skinner me llamó. Stephanie Speno quiere reunirse de nuevo con nosotros.

Mulder negó con la cabeza y rodó los ojos. - Lo sé. Parece que el juicio no va a ser aplazado nuevamente. Todo está configurado para iniciarse el lunes por la mañana. 09:00 en punto.

Scully asintió, y se sentó en la silla frente al escritorio. Quería decirle a Mulder sobre el Grupo Médico Parenti, pero a lo mejor traer ese tema nuevamente a colación no fuera una buena idea en ese tenso momento.

 - ¿A qué hora va a estar por aquí Speno? - Preguntó Scully.

 - No antes de las 10:00. - Dijo Mulder, echando un vistazo a su reloj. - ¿Desayunaste algo?

Scully negó con la cabeza. - No, no tuve tiempo.

Mulder sonrió, y apagó la computadora. Deseaba que las cosas volviesen a la normalidad después de los últimos días tan difíciles que habían pasado. Se sentía como si algo se hubiese roto entre ellos, y tenía que arreglarlo. Con urgencia. - Vámonos.

Se levantó del escritorio, y Scully lo siguió. Caminaron hasta una cafetería a sólo un par de cuadras del FBI. El Downtown Coffee and Tea era el sitio favorito para muchos de los federales del Hoover, ya que tenía un patio al aire libre y una tenue iluminación interior, y por lo general Mulder evitaba el lugar como la peste. Pero sabía que Scully era parcial a sus muffins.

Cuando entraron en la tienda, fueron recibidos por la tenue iluminación, las paredes verde cazador con una obra escasa, los suelos de roble oscuro, un sofá de cuero negro y sillas de respaldo alto frente a la ventana del frente, y varias cabinas sobre la derecha con altos paneles de la misma madera oscura que eran perfectos para una cierta privacidad entre los clientes.

Mulder pidió café, una salchicha con huevo y un bagel relleno de queso para el, y un té verde con miel y un muffin bajo en grasa de arándanos, banana y nuez para Scully. Después de recoger su orden, caminaron hasta el último stand, Mulder se sentó contra la pared trasera. Se deslizó hasta el final del lado derecho y miró hacia la cabina delante de él, recordándose a sí mismo que la parte superior estaba por encima de su cabeza. Scully sonrió. Obviamente, él no quería ser visto por las personas, en particular por los agentes. Scully se metió en la cabina y se deslizó hacia la pared enfrentándolo.

Un silencio incómodo se impregnó en el cubículo. Scully no sabía de qué hablar. Deseaba contarle sobre la transferencia de sus óvulos al Grupo Médico Parenti, quería poder discutirlo con él. Pero se sentía avergonzada. Realmente preferiría no tener que hablar de eso nunca más en su vida. Se regañó a sí misma por sus pensamientos, cuando en realidad debería estar trabajando en abrirse a él. Hazlo, Dana. Sólo cuentáselo. La intimidad es una calle de dos vías.

Mordió su muffin y empezó a masticarlo despacio. Mulder bebía café, y daba incómodos bocados a su bagel. Scully tragó saliva.

 - Yo estuve... - Scully hizo una pausa. - Encontré un médico que examinará los óvulos.

Los ojos de Mulder se reunieron rápidamente con los de ella. No sabía por qué se sentía sorprendido; le había dicho que quería una segunda opinión. No sabía qué decirle. No quería que Scully se hiciera demasiadas esperanzas, temía que esas esperanzas fueran aplastadas. Pero sabía que tenía que ser su apoyo. Tenía que hacer las cosas bien por ella y por ellos.

 - ¿Cuál es el nombre del médico? - Preguntó Mulder.

 - James Parenti. Es uno de los directores del Parenti Medical Group en College Park. Fue sumamente recomendado por mi OB/ GYN.

Él asintió con la cabeza. - Bueno, espero que te dan una buena noticia.

Scully no sabía por qué, pero sentía que Mulder no estaba siendo completamente sincero en ese deseo. O tal vez él no creía que iba a escuchar algo diferente de ese médico, y pensaba que una segunda opinión era una tontería. Suspiró profundamente.

Varias voces femeninas, hablando al mismo tiempo en tono alto y entre risas se escucharon en la cabina detrás de Scully.

 - Natalie, ¿cómo puedes rechazar una cita con el Agente Morehouse? - Dijo una voz alta, locuaz.

La voz suave y musical de la agente Natalie Black respondió. - No estoy interesada.

 - Kelly, debes saber que Natalie va por tipos más fuertes, silenciosos... - dijo otra mujer. - Y si son “Spookys”, mejor.

Al oír eso, Mulder y Scully se miraron a los ojos sorprendidos. Él frunció los labios. Ella resopló y se mordió el labio inferior, tratando de contenerse la risa.

 - Vamos, Michelle... - Gimió Natalie, un poco molesta. - Él no es “Spooky”.

 - ¿De quién están hablando? - Kelly preguntó, perpleja. - Nat, tu cara está toda roja.

 - El Agente Mulder. - Respondió Michelle. - Natalie ha estado como loca por él desde hace un año.

 - No sé qué hacer. - Natalie suspiró. - He intentado casi todo, sumando el tirarme descaradamente hacia él. Sólo que él no me quiere.

 - ¿Quién es el agente Mulder? - Preguntó Kelly, sonando confundida.

 - ¡Vamos! ¡¿Kelly?! - Michelle respondió, exasperada. - Todo el mundo sabe quién es “Spooky”.

 - ¿Por qué lo llaman “Spooky”? - Preguntó Kelly. Luego bajó ligeramente su voz. - ¿él es raro? ¿Es un pervertido (kinky)?

 - ¡Ooooh, apuesto a que lo es, amiga! - bromeó Michelle. - Todos los que son extraños lo son. Estoy segura de que a Natalie no le importaría estar atada a los postes de la cama del agente Mulder, ¿no es así, Nat?

 - ¡Michelleeee! - Exclamó Natalie, acompañada de risas nerviosas.

Mulder se sentó con los ojos abiertos, mirando fijamente su taza de café sobre la mesa. Scully podía sentir el enrojecimiento de su cara, se cubrió la boca con la mano derecha.

 - ¡Oooooh, siiií, agente Muldeeeer! - Jadeó Michelle, imitando un gemido sexual entre las risas y grititos de diversión de las demás agentes.

 - ¡Ya sé quién es él! - Dijo Kelly en un tono de reconocimiento. - Trabajó en el bullpen durante un tiempo. Su pareja es la pelirroja, ella es realmente atractiva. - Se escuchó a las demás confirmar con un: “Sí”;“Sí” - Oh, sí, él es el agente del que Stacey se queja constantemente.

Mulder y Scully se miraron perplejos.

 - ¿Stacey? ¿Qué Stacey? - Preguntó Natalie.

 - La secretaria del DA Kersh - Respondió Kelly. - La rubia alta.

 - La única gran perra. “The bitchy one” - Agregó Michelle.

Mulder y Scully asintieron el uno al otro, no se sorprendieron. Mulder sabía que el odio de Kersh hacia él se había extendido desde hacía mucho tiempo a su personal administrativo.

 - ¿No le cae bien el Agente Mulder? - Preguntó Natalie.

 - No desde que él se la cogió y luego, nunca más le dirigió la palabra. - Kelly contestó sin rodeos. Michelle se quedó sin aliento, y se echó a reír con incredulidad.

Scully lo miró en estado de shock. Mulder negó enérgicamente con la cabeza y en silencio murmuró: - ¡No me la co...! ¡No estuve con ella! - Mientras seguía negando con la cabeza una y otra vez.

 - ¡¿Qué?! - Natalie exclamó en tono molesto. - ¿Que dijo ella?

 - Creo que ella usó las palabras: “Tiger in the sack”... Un tigre en la cama. - dijo Kelly.

 - ¿Ves? ¿Que te dije? ¡Kinky! - Michelle continuaba riéndose.

 - Basta, Michelle - dijo Natalie nerviosamente. Ella suspiró. - Esto es una mierda... ¿ustedes qué creen?

 - Obviamente, el tipo las prefiere tipo “bitchys” - Murmuró Michelle. - Quiero decir... se quedó con la “Ice Queen” todos estos años.

Scully quería huir de la mesa; deseaba estar en cualquier lugar y no estar en esa cabina, escuchando esa conversación.

 - ¡Michelle, terminala con eso! (knock it off) - dijo Natalie con firmeza. - Dana es realmente agradable. No vayas por ahí llamándola así. Ese es un estúpido “sobrenombre” que utilizan los pendejos imbéciles (asshole) de aquí para hablar sobre ella, y sólo la llaman así porque saben que no pueden ni podrán meterse dentro de sus pantalones.

 - Bueno, ella probablemente tiene las manos llenas con Mulder. - bromeó Michelle. Natalie suspiró.

Mulder cerró los ojos y bajó la cabeza.

 - Mmmmm... - dijo Kelly. - No me da la impresión de que tuviesen, ya saben, algo.

 - No lo sé... - Contestó Michelle, en forma burlona. - ¿Qué piensas tú, Nat?

 - Bueno, la mayoría de las veces no parecería que hubiese algo entre ellos... - Natalie hizo una pausa. - Pero entonces, a veces veo al Agente Mulder mirándola, y... ¿vieron alguna vez la manera en que la mira? ... y he entendido por qué nunca me prestó atención a mí... Yo no soy ella...

 - Bueno, tal vez es tú imaginación, Nat... Son muy amigos, eso dicen... Quizás a el no le gustan las agentes. - dijo Michelle tratando de consolar a su compañera. - Tal vez prefiera sólo salir con las secretarias.

Natalie suspiró.

 - Uh... ya tenemos que volver, chicas - dijo Kelly.

Las tres mujeres salieron rápidamente de su cabina y se dirigieron hacia la puerta.

*****

Mulder frunció los labios. Scully lo miró fijamente, sin hablar.

 - Scully, yo no dormí con la secretaria de Kersh. - Dijo con insistencia. - Te lo juro.

Ella suspiró. Por supuesto que él no lo había hecho. - Lo sé, Mulder. - No cambiaba el hecho de que ella había estado dando vueltas diciéndole a la gente que lo había hecho, sin embargo.

Scully no quería entrar en sus juegos mentales, y ciertamente no quería jugarlos con Mulder. Pero tenía curiosidad acerca de los sentimientos de su compañero, si las cosas no cambiaban entre ellos porque no sentía lo mismo por ella o si simplemente no tenía ningún interés en tener una vida personal en absoluto, con nadie.

 - Tal vez deberías invitarla a salir. - Susurró ella, mirándolo pensativa. - A ella le gustas.

Él le dedicó una mirada confusa. - ¿Qué quieres decir, Scully? Ella, obviamente, me odia.

 - No, Mulder. No la secretaria de Kersh. Natalie.

Él la miró fijamente. No podía estar hablándole en serio. ¿Por qué deseaba que él se vaya con otra mujer? - Ella no es mi tipo, Scully.

Ella le dirigió una mirada dudosa y, a continuación, salió de la cabina. - ¿De qué estás hablando, Mulder? Ella es exactamente tu tipo.

Mulder suspiró, y salió de la cabina detrás de ella. Al salir del café, Mulder supuso que técnicamente ella estaba en lo correcto. Su cita la noche de su graduación de la secundaria, Christine; Lisa, su novia de la NYU (New York University); Phoebe; Diana; todas ellas eran morenas y altas. Incluso sus pocas relaciones esporádicas, pocas y distantes entre sí, habían sido todas morenas y altas. Pero, por otro lado, Scully estaba equivocada. Las morena y altas ya no eran su tipo. Su tipo era Dana Scully, y sólo había una de ese tipo. Y no importaba si ella era alta, baja, gorda, delgada, rubia, morena o pelirroja, con tal de que fuera Dana Scully. Las otras mujeres no estaban ni siquiera en su consideración.

Mientras caminaban de vuelta al trabajo, Mulder se preguntó si realmente Scully creía lo que le había dicho sobre la secretaria de Kersh. Esperaba que ella lo hiciera. Mirando hacia atrás, él siempre había sentido que debía explicarle, darle una explicación del por qué cada vez que Scully lo encontró en una posición comprometedora con otra mujer, como si fuera un marido a la defensiva. Nunca había entendido, en su momento, por qué sentía que tenía que defenderse o explicarle la situación, a pesar de que Scully nunca le exigió explicaciones y trató de actuar como si no le importara lo que veía. ¿Y qué pasaba si realmente se había acostado con la secretaria de Kersh? Ellos no estaban involucrados románticamente, y él tenía todo el derecho a una vida sexual plena, lo que, técnicamente, ni siquiera sería un asunto de ella. Pero, sin embargo, tenía ese agudo sentimiento de que involucrarse con otra mujer sería una especie de traición hacia Scully. Durante años, fue algo que no pudo explicarse, y generalmente evitaba pensarlo.

La mente de Mulder iba a toda marcha mientras caminaba. En honor a la verdad, nunca había entendido, hasta ahora, por qué se había sentido tan traicionado por aquella noche con Ed Jerse; por qué no solo había detestado a Phillip Padgett por todo lo que hizo y de una manera que no tenía nada que ver con su manera de detestar normalmente a los criminales violentos: Mulder estaba, sin saberlo, inconscientemente, dentro de una relación, comprometido con Scully.

Cuando estaban llegando a la entrada del FBI, se preguntó si Scully había notado eso también, y no sabía si quería que ella lo hiciese o no. Quería amarla, para mostrarle cómo se sentía, pero ¿cómo podría hacerlo sin hacerle daño? ¿Sin dañar su asociación? ¿Sin dañar su reputación, incluso más de lo que ya lo había hecho? ¿Qué pasaría si su relación se convirtía en algo físico? Al FBI le daría mucho gusto aferrarse a una razón válida para separarlos finalmente, y les estarían entregando un excedente en bandeja de plata. Por no hablar de las fuerzas oscuras dentro del gobierno que podrían hacerle algo mucho peor si así lo deseaban.

Con Scully tenían una relación que, desde el exterior, parecía ser nada más que una asociación del FBI entre dos amigos y colegas, pero en realidad, era la relación más intensamente devota en la que había estado nunca. Lo que sentía era que sus pasadas relaciones ni siquiera se acercaban a lo que tenía actualmente con Scully. Pero... ¿qué tenía con Scully, exactamente? Eran socios, compañeros, eran amigos. Pero no era tan simple todo, era más complejo que eso. ¿Cómo podría incluso, empezar a definir lo que eran? Lo que tenían estaba más allá de la definición. Era una relación sin ninguno de los beneficios físicos, y sin embargo, se sentía más profundamente conectado a Scully que con cualquiera de las mujeres con las que alguna vez había compartido una cama. Sus anhelos de compartir la cama con ella estaban empezando a crear un dolor sordo, un dolor que se estaba convirtiendo en una constante en su vida, y él, sin éxito, trataba de mantener esos sentimientos a raya.

*****

En el transcurso de la siguiente semana, Mulder y Scully se sentaron en el tribunal para presenciar el juicio: “Distrito de Columbia contra Bernard Oates”, observaron el proceso en la selección del jurado, así como las declaraciones de apertura por parte de la fiscalía. A medida que la sesión de la mañana del viernes 10 de septiembre llegaba a su fin, Scully se sentía cada vez más ansiosa. Debía conducir a College Park, Maryland, para reunirse con el Dr. Parenti a las 12:30. Esa reunión podría afectar todo su futuro. Trataba duramente de no pensar cómo ni cuánto exactamente su futuro podría cambiar. No quería esperanzarse. En realidad, era más que probable que obtuviese la misma respuesta del Dr. Parenti que la obtenida del Dr. Khan y los médicos de Columbia Fertility Specialists.

El juez pidió un receso para el almuerzo a las 11:55 y anunció que la corte volvería a convocar a las 13:30 horas con las declaraciones de apertura por parte de la defensa.

 - ¿Dónde quieres ir a comer? - Mulder le preguntó mientras encendía el celular.

Scully vaciló. - Mmm... no puedo ir a almorzar hoy contigo. Tengo que conducir a College Park para reunirme con el Dr. Parenti.

Mulder la miró fijamente. Sintió una sensación de hundimiento indescriptible. - ¿Quieres que vaya contigo?

Hizo una pausa. ¿Quería a Mulder allí? ¿Y si le daban una buena noticia? ¿Y si se enteraba que sus óvulos eran inútiles? No creía que lo quisiera a su alrededor en cualquiera de esos escenarios. - No, Mulder. Está bien. Te veré después del almuerzo cuando regrese.

Scully llegó al edificio de Parenti Medical Group sobre la avenida Oakhurst en College Park. Cuando se sentó en la sala de espera, su estómago estaba hecho nudos. Trató de prepararse para lo peor, y para recordarse a sí misma que lo peor era esa realidad en la que había estado viviendo los últimos dos años. La hicieron entrar a una oficina y se sentó allí tratando de no esperanzarse, pero la idea de que su futuro podría no ser tan solitario como pensaba que iba a ser estaba resultando demasiado difícil de resistir.

Una puerta se abrió, y un médico con el pelo gris y una barba oscura caminó hacia ella, sonriendo.

 - ¿Señora Scully? - Dijo mientras se acercaba. - Tenemos buenas noticias para usted. Estudié los óvulos que me enviaron, y consulté con algunos de mis colegas. Todos sentimos que con el enfoque y tratamiento adecuado podríamos tener éxito. Hay buenas probabilidades de que usted quede embarazada.

Oh, Dios mío. Ella se sorprendió. No lo podía creer. ¿Acaso el doctor Parenti realmente acababa de decir lo que pensaba que acababa de decir?

Podía sentir las lágrimas brotar. - Oh... es demasiado bueno para ser verdad.

Parenti sonrió. - No quiero arriesgar un prónostico, pero no estaríamos fuera del reino de la posibilidad si empezamos pronto.

Scully lo miró con asombro. - ¿Podemos empezar ahora mismo?

 - Bueno, usted necesita un padre, por supuesto. - Replicó Parenti. - Puedo conseguirle un consejero genético para orientarla en la búsqueda de un donante anónimo, si eso es lo que quiere, a menos que usted ya tenga a alguien en mente.

 - Sí... eh...Uhnn... - ella vaciló. - Sólo tengo que encontrar la manera de preguntarle.

Scully había estado pensando sobre eso durante los 30 minutos en coche desde el Palacio de Justicia hasta allí. Pero, en el fondo, había realmente estado pensando en ello desde que Mulder le había hablado de sus óvulos. Sabía que esto sería necesario, si había alguna esperanza de que sus óvulos fueran viables. Sabía que iba a necesitar la otra mitad de la ecuación, el cromosoma XY. Y sabía que la única persona a la se podía imaginar pidiéndole algo así era la otra mitad de sí misma.

 

CONTINUARÁ…

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Scully lloró todo el camino de regreso a D.C desde College Park. Estaba abrumada eran demasiadas las emociones; la ansiedad, la duda, el miedo, la emoción, la esperanza. Lo que había parecido un futuro oscuro y solitario, ahora de repente se avecinaba más brillante. Pero, tal vez... ¿era demasiado bueno para ser verdad? Quizá no debería emocionarse demasiado porque podría ser para nada. Scully trató de controlar sus pensamientos, no se dejó arrastrar por las posibilidades.

Pero ahora había una chispa de esperanza al imaginar lo que su vida podría ser en un año, diez, veinte. La oportunidad de tener un hogar con alguien que la amaba y la necesitaba, la posibilidad de tener una vida real y significativa, la perspectiva de tener consuelo y alegría en su vejez, la oportunidad de poseer un amor incondicional; esta esperanza en flor la llevó todo el camino de vuelta a D.C. Dejó su coche en el garaje del FBI, asegurándose de tomar su paraguas, la ligera llovizna de la mañana se había convertido en una lluvia pesada. Tomó un taxi para viajar rápidamente al juzgado. Deseó haberse puesto una chaqueta; la temperatura había caído cerca de los 10 grados, desde que había dejado su apartamento por la mañana.

A las 13:28 horas, Scully atravesaba con velocidad las puertas de la sala del 4to piso. Al ver a Mulder, de pie en su lugar habitual en el extremo de la tercera fila y hablando con la Fiscal Stephanie Speno, esa floreciente esperanza dio paso al miedo. ¿Cómo iba a preguntarle? ¿Qué debería decirle? ¿Y qué era lo que quería de él, exactamente? ¿Sólo su esperma? Si un niño iba a ser el resultado final de esto, ¿Qué rol, qué papel quería que Mulder cumpliera? ¿Quería que tomara algún tipo de responsabilidad? No. Nunca podría pedírselo. ¿Cómo podría? No tenía derecho a hacerlo. Pero... ¿Qué iba a decirle a su posible hijo acerca de su padre? ¿Querría el apellido: “Mulder” en el certificado de nacimiento? ¿O “Mulder” sería el nombre, que conocería su hijo, del tipo que trabaja con ella?

En el fondo, Scully sabía lo que quería. Sabía cómo quería que su vida fuera. Sabía a quién quería allí. Sabía que aunque fuera bendecida con un niño, si esta nueva parte de su vida no implicaba a Mulder, no estaría completa. Un profundo sentimiento de tristeza la envolvió de repente, parpadeó para contener las lágrimas. A medida que el Honorable Juez Warren Bender entraba en la sala y todo el mundo comenzaba a sentarse, observó como Mulder cambiaba su expresión a una de preocupación al verla junto a las puertas de la sala del tribunal. Los ojos de Scully se clavaron en los suyos, y le sostuvo la mirada durante unos segundos. Vio como la expresión de Mulder se volvía afligida cuando, a toda prisa, se acercaba a su fila al momento que el juez Bender llamaba al tribunal para la sesión.

*****

Durante las siguientes tres horas, Mulder se sintió cada vez más y más angustiado. Scully apenas lo había mirado. Se esforzó por prestar atención a las declaraciones formuladas por el abogado defensor de Bernard Oates, Alexander Catalano. Pensó que nunca debería haberle hablado de los óvulos. Había alimentado sus esperanzas, sólo para que la derrotaran después. Parecía que no hacía nada más que causarle dolor. Cada cosa terrible que le había sucedido era siempre por su culpa.

No sabía qué hacer. Quería decirle a Scully que corriera, que se fuera lo más lejos que pudiese de él. Podría mudarse a alguna parte, tal vez a Baltimore o a San Diego para estar más cerca de sus hermanos y sobrinos. Pero, ¿a quién quería engañar? Él era demasiado egoísta para eso. Nunca le diría en serio que lo dejara. La necesitaba demasiado. ¿Cómo iba a estar sin ella? A veces apenas podía recordar la persona que era antes de que ella entrara en su vida.

Esa persona era una cáscara vacía de un hombre, no iba a ninguna parte y lograba poco o nada. Scully había llenado su vida con un propósito. Mulder agradeció a sus estrellas de la suerte por que ellos enviaran a su “espía” a trabajar con él. En su lugar, le dieron el mejor aliado que jamás podría haber pedido, el mejor amigo que jamás podría haber esperado. No tenían ni idea de la amenaza que estaban creando enviando Scully a él. Y cuando se enteraron, la dañaron. La lastimaron con el fin de hacerle daño a él. Porque lo sabían. Ellos sabían lo mucho que la necesita. Ellos sabían que muy probablemente renunciaría sin ella. Ella ponía en peligro su vida cada día por quedarse junto a él, y sin embargo, se quedaba ahí, y nunca sugería ningún plan para abandonar.

A las 16:15 horas, la defensa terminó sus declaraciones de apertura. Después de una charla lateral rápida con la Fiscal Speno y el abogado defensor Catalano, el juez Bender se dirigió brevemente al jurado, y luego la corte fue aplazada por ese día. Mulder y Scully se retiraron de la sala del tribunal y esperaron en el pasillo a Stephanie Speno.

 - ¿Agente Mulder? - La Fiscal Federal lo llamó mientras se acercaba a ellos.

Mulder y Scully giraron para verla caminar hacia ellos con un maletín, su gabardina roja sobre su brazo izquierdo, pasando la mano por su pelo castaño-dorado hasta llegar a sus hombros.

 - He decidido hacer un pequeño cambio. - Speno continuó deteniéndose a un pie. - Quiero presentar su testimonio en primer lugar, en vez del de la Agente Scully. Independientemente de lo que suceda en el interrogatorio con Catalano, podemos esperar que culpará a todas tus acciones, el testimonio de la agente Scully irá a continuación, añadirá más peso y credibilidad al respaldar lo que has dicho.

Mulder asintió. - Bueno.

La Fiscal Speno lo miró. - Significa que tienes un día menos para prepararte, voy a estar poniéndote en primer lugar la mañana del lunes. Sólo necesito que seas claro en lo que vas a decir y cómo vas a decirlo. ¿Tendrás tiempo esta noche para pasar por el interrogatorio directo de nuevo? El equipo va a estar “tirando” toda la noche en la sede del FBI con el abogado designado de la OGC. Creo que Dave Shapiro está muy interesado en cómo vas a retratar al FBI en el banquillo de los testigos.

Mulder la miró fijamente. Scully se inclinó hacia la derecha, y ligeramente lo golpeó con el codo en su brazo izquierdo.

 - Sí, por supuesto. - Respondió, suspirando.

Speno lanzó una mirada molesta al notar el ida y vuelta entre Mulder y Scully. Negó con la cabeza mientras comenzaba a alejarse. - Oh, Agente Mulder... - dijo, volviendo atrás. - Nos reuniremos a las 17:30 horas.

Mulder echó un vistazo rápido a Scully. - Um, no creo que pueda hacerlo a las 17:30. Tengo planes. Pero puedo estar allí más tarde.

Stephanie Speno frunció los labios. - ¿Cuánto más tarde?

Mulder miró a Scully de nuevo. - Um... no estoy realmente muy seguro. Depende de cuánto tiempo sea necesario.

La Fiscal una vez más miró a Mulder y Scully, su expresión facial pasó de receloso a comprender. - Hmm... Ya veo. - dijo secamente. Speno rodó los ojos y se alejó, murmurando: “Tienes que estar jodiendo...” - en voz baja.

 - ¿Qué fue eso? - Scully le preguntó.

Mulder negó con la cabeza y suspiró. - ¿Quién sabe?

Permanecieron allí durante unos segundos, sin hablar y esquivando los ojos del otro.

 - Supongo que deberíamos volver a la oficina. - Scully dijo finalmente.

*****

A las 16:52 horas, Mulder y Scully cruzaban la puerta de la oficina del sótano. Ella se sentó en su silla habitual mientras él se sentaba en el escritorio, para comprobar sus mails.

 - Recibí un correo electrónico de Danny. - Le dijo. - Sucedió algo raro en Ellens.

 - ¿Ellens Air Force Base? - Respondió Scully. Uff, no ese lugar de nuevo. - ¿Por qué Danny estaba ahí?

 - Él no estaba allí. - contestó Mulder. - Tiene un colega estacionado allí. De todas formas, la NSA informó a los peces gordos de Ellens que Zarya y Unity recogieron algunas señales extrañas dirigiéndose al “Arecibo Ionospheric Observatory” en Puerto Rico. La NSA ha fracasado hasta el momento en romper los códigos de esas señales y no pueden determinar dónde se originaron.

Ella parpadeó. - Zarya y Unity... que quieres decir... ¿la Estación Espacial Internacional?

Mulder le dirigió una mirada de complicidad. - Yep.

Scully lo miró fijamente. - Si crees que voy a ir a Puerto Rico, te equivocas.

Mulder resopló.

 - Y si crees que vas a ir a Puerto Rico de nuevo, Mulder, o de nuevo a la “Ellens Air Force Base”, puedes ir cambiando de opinión en este mismo momento.

Se recostó en la silla, claramente frustrado. - ¡Scully, esto podría ser algo!

Ella sacudió la cabeza con incredulidad. - ¡Apenas salimos de allí con vida la última vez, Mulder!

Ante esto, se oyó un golpe en la puerta de la oficina, giraron para ver a Skinner de pie en la puerta. Mulder clickeó rápidamente el mouse y cerró el mail.

 - Hola, señor... - Saludó Scully. - ¿Qué lo trae por aquí?

Skinner recorrió con la mirada la oficina por unos segundos. - Oh, sólo me preguntaba cómo estuvo el juicio hoy.

Mulder suspiró. - Estuvo bien, supongo. Quiero decir, es la corte. Por lo tanto, esa cosa no es exactamente un estimulador mental.

Skinner frunció el ceño y miró hacia Scully. Ella se encogió de hombros. Sabía que Mulder odiaba el proceso de prueba del trabajo, y que sentía que estar en una sala del tribunal durante todo el día era una gran pérdida de tiempo.

 - De todas formas... - continuó Skinner. - La verdadera razón por la que vine fue para hacerte saber que te darán un Premio al Servicio Público (Public Service Award) por evitar que Bernard Oates volara ese banco. Sé que esto parece de último minuto, pero el Bureau siente que es una buena idea con el juicio sucediendo al mismo tiempo.

Scully miró con una sonrisa de sorpresa hacia Mulder. Él asintió con la cabeza, dándole una media sonrisa a cambio.

 - Así que... espero que puedas asistir al banquete del “FBI Community Service Awards” el mes que viene.

Skinner observó a Mulder rodar sus ojos, y le lanzó una mirada severa. - Es obligatorio. Así que busca un esmoquin.

Scully sonrió ante la mueca en el rostro de Mulder mientras observaba a Skinner dejar la oficina. - No es doloroso ser sociable de vez en cuando, Mulder.

Se burló de ella. - Soy sociable, Scully. Soy sociable contigo. Esa es toda la interacción humana que necesito.

Ella rodó los ojos. De repente, su estómago se llenó de mariposas ya que esto la hizo pensar en lo que había dicho el doctor Parenti antes. Mulder era tan solitario, y tal vez un niño era algo en lo que él no querría tener absolutamente ningún papel.

Scully tragó saliva. Tenía que decirle. Sólo dile. ¿De qué serviría? - Por lo tanto... le dijiste a la Fiscal Speno que tenías planes y no podías reunirte a las 17:30 horas... ¿Qué planes son esos, Mulder?

Mulder le sonrió. - Te voy a llevar a cenar. Tu estómago estuvo gruñendo toda la tarde, Scully. No almorzaste, ¿verdad?

Ella lo pensó. - Oh, sí... no, no he tenido la oportunidad... Ya sabes, no tuve tiempo entre una cosa y otra... - Apenas había conseguido llegar a horario al tribunal desde College Park.

Mulder apagó la computadora, y luego salieron de la oficina, Scully tomando su paraguas y Mulder poniéndose la gabardina, cerrando la puerta detrás de ellos.

*****

A las 17:56 horas, llegaron a su restaurante favorito de viernes por la noche en Georgetown: “Doug’s Fish Fry”. Estaba a sólo dos cuadras de su apartamento. A veces los viernes por la noche, cuando salía a correr por su vecindario, terminaba inevitablemente cenando en Doug. Mulder y Scully ordenaron el especial de “pescado y papas fritas”. Años atrás, ella siempre pedía el pescado con papas fritas con salsa tártara. Pero luego él le convidó de su plato, en el que solo utilizaba sal, pimienta vinagre y un toque de limón, algo que descubrió durante los tres años que había pasado en Oxford para su maestría en psicología.

Scully observó como Mulder espolvoreaba sal y pimienta, y tiraba un chorro de vinagre de malta en su cesta de pescado y patatas fritas inmediatamente después de recibirlo en el mostrador, y luego apretaba un trozo grande de limón sobre la comida. Se preguntó lo que había vivido en Oxford. Rara vez hablaba de ello, y tenía la sospecha de que era por las asociaciones negativas provocadas por Phoebe Green. Se preguntó cómo hubiera sido la vida de Mulder si hubiera sido amiga suya en Oxford, se preguntó, también, si lo de Phoebe habría sucedió. Tal vez, pero tal vez no.

Llevaron sus canastas hasta una de las mesas. Mientras hacía crujír un pepinillo al morderlo, estaba teniendo una batalla interna consigo misma sobre la posibilidad de contarle las noticias que recibió del doctor Parenti. Todavía no tenía idea de cómo iba a preguntarle, estaba nerviosa, y la ponía más nerviosa pensar en que él le preguntase lo que le había dicho el doctor. Estaba agradecida de que Danny le hubiera enviado ese mail, ya que parecía todo sobre lo que Mulder deseaba hablar en ese momento.

 - Scully, esto podría ponernos en marcha en la dirección correcta.

Ella suspiró. - Mulder, es demasiado peligroso. En el momento en que lleguemos allí, al observatorio, probablemente no encontraríamos nada excepto armas apuntando hacia nuestras cabezas. Y estoy segura de que la “Ellens Air Force Base” ha desarrollado la manera de ser alertada de tu presencia en el mismo momento en que pongas un pie en Idaho. Además, no podemos saltarnos la ciudad. Piensa en el juicio contra Bernard Oates. Piensa en cómo Speno cuenta contigo, Mulder. Piensa que el Premio al Servicio Público se iría por el inodoro. - El tono de Scully había adquirido un sentido falso de la gravedad. A continuación, le sonrió y le guiñó un ojo.

Mulder trató de mantener una cara seria, pero se encontró con los ojos de su compañera, guiñándolos con picardía, era demasiado irresistible. Le sonrió, y ella le devolvió la sonrisa. Mulder abandonó el tema de esas extrañas transmisiones de la Estación Espacial Internacional y Ellens Air Force Base. A pesar de que estaban cenando en un cómodo silencio, mirándose el uno al otro y sonriendo, por debajo de la superficie Scully era una furiosa tormenta de ansiedad y duda, mientras que otra tormenta de culpa y deseo rugía dentro de Mulder.

*****

Mulder condujo a Scully casa, aparcando en la calle frente a su apartamento.

 - Bueno, supongo que debería regresar al Bureau para pasar toda la noche junto a Speno y amigos. - bromeó Mulder. - Ya llevo bastante retraso.

Scully asintió, pero no hizo ningún movimiento para dejar el coche. La sensación de mariposas había inundado de tal manera su estómago que pensó que podría estar enferma. Tenía que decirle a Mulder. Ella debía afrontar la situación y preguntarle. Tú no puedes salir de este coche, Dana, sin preguntarle. Hazlo. Hazlo AHORA.

 - ¿Scully? - Preguntó Mulder, un poco confundido. - No estarás planeando pasar el resto de tu noche de viernes atascada en el trabajo, ¿verdad? Tú no tienes que estar ahí.

 - Sí... lo sé, Mulder. - Dios, ¿por qué era tan difícil? ¿Por qué no podía simplemente decirle lo que pensaba? No debería tener miedo, era sólo Mulder. Pero... eso era precisamente el por qué era tan temible.

Mulder la estaba mirando, pero ella no podía mirarlo y se quedó observando sus manos. - Um...

 - Scully... - habló en voz baja. - ¿Qué pasó cuando fuiste a College Park?

Ella suspiró, pero aún se mantuvo en silencio. Frunció el ceño, y miró fijamente sus manos en su regazo. HAZLO AHORA, DANA. DILE. Pero... ¡¿cómo podría pedirle algo así?!

La mano derecha de Mulder se metió entre su regazo, tomando su mano y entrelazando los dedos con la suya. - Dime, Scully.

Ella respiró hondo. - El doctor Parenti dijo que... no estaba fuera del reino de las posibilidades... de que... los óvulos podrían ser viables... y un embarazo exitoso podría ser posible.

 - Estás bromeando.

 - No, no lo estoy. - Susurró Scully con una risa nerviosa, y, finalmente, la vista hacia Mulder.

 - Eso es... eso es increíble, Scully. - Ella vio que la miraba con ternura y asombro con los ojos muy abiertos.

Tragó saliva. - La cosa es que el doctor Parenti dijo que debería comenzar tan pronto como sea posible.

 - Así que supongo que Puerto Rico está realmente fuera de la cuestión ahora. - Mulder sonrió.

Ella resopló y miró de nuevo a su regazo. - Pero, um... - ¡Oh, Dios! - Parenti ofreció darme una asesoría genética para elegir un donante pero... Santo cielo, aunemos esfuerzos. - Estaba pensando... realmente no quiero usar un donante anónimo si yo no tengo que. Y así que me preguntaba... si consideras... donar tu, uh... material genético.

El silencio invadió el coche. - ¿Scully, me estás pidiendo mi esperma?

Ella suspiró y se cubrió la cara con la mano.

Mulder dio una risa breve y entrecortada, y apartó la mano de su rostro. - Scully, yo...

Ella lo miró. - No, Mulder, por favor, no respondas en este momento. Sólo... toma algún tiempo para pensarlo. ¿Bueno?

Él asintió con la cabeza. Scully abrió la puerta del coche. - Yo voy a hacer, eh... hablar contigo más tarde... Ah, y gracias por la cena.

Mulder le dio una media sonrisa, y ella se bajó del coche.

*****

Estaban todos reunidos en el 5to piso, en la sala de conferencias, de la sede del FBI para asegurarse de que en el testimonio de Mulder no figurara ninguna de sus locas ideas y que se retrataba como un representante ejemplar del FBI. La habitación era un hervidero con charlas sobre aspectos legales y la planificación estratégica. Pero mientras estaba sentado en esa sala junto a Stephanie Speno y su equipo legal, escuchando a Dave Shapiro, abogado de la Oficina de Asesoría Jurídica del FBI (FBI’s Office of General Counsel), su mente estaba a un millón de millas de distancia. En realidad, estaba alrededor de unas 2,8 millas de distancia, en Georgetown, al 1419 de la 31st Street NW, apartamento #5.

Mulder tuvo que pasar por “el filtro” su testimonio por centésima vez, responder a todas las preguntas del interrogatorio hasta hacerlo como Speno exactamente esperaba. El equipo legal arrojó sobre él diferentes preguntas Curveball, esforzandóse en adivinar la estrategia del abogado de Bernard Oates y cómo realizaría el interrogatorio. Él cooperó y respondió de una manera que pareció satisfacer a todos en la habitación. Pero a Mulder no le importaba nada de eso. Había cosas más importantes en su mente.

A las 21:55 horas, el equipo de la fiscalía accedió a tomar un descanso, y enviaron a alguien por comida china. Mulder se excusó y se dirigió escaleras abajo hasta su oficina. Se sentó en su escritorio para revisar sus mails, buscó el de Danny. Planeaba enviarle una breve respuesta, y pedirle más información por si finalmente había caído algo más en sus manos. Pero se quedó allí sentado mirando la pantalla, con la mente en otra cosa. Mulder se inclinó, apoyando los brazos sobre el escritorio.

¿Y si realmente sucedía? ¿Qué pasaría si Scully tenía un bebé? Eso significaría el fin de los X- Files, lo sabía. Un bebé cambiaría todo. Scully ya no estaría tan dispuesta a ponerse en situaciones peligrosas. Ella ya no dejaría todo a último minuto para volar con él a través del país hasta Nevada y chequear una fuente anónima. Ella sería una madre. Tendría otra vida para cuidar. Y él no podría hacerlo sin ella. Ni siquiera quería. ¿Hasta dónde iba a llegar? No muy lejos. ¿Qué iba a lograr? No mucho.

Pero... ¿estaba listo para irse? Todavía había respuestas que encontrar. Verdades por ahí que aún había que descubrir. ¿Qué pasaba con la nave? ¿Y el chip en el cuello de Scully? Aún había que exponer completamente el lado oscuro del gobierno, sus secretos y mentiras, llevarlos ante la justicia por sus crímenes contra el pueblo estadounidense. El Fumador todavía estaba por ahí en alguna parte, deslizándose en la hierba alta, como una serpiente, a la espera de un nuevo ataque. ¿Y el virus extraterrestre? ¿Y la vacuna, esa cura para lo que podría venir en el futuro?

¿Qué pasaría con Samantha? Todavía no tenía una idea clara de las circunstancias que rodearon su secuestro, dónde había sido trasladada, o dónde estaba ahora. El hombre cáncer le había mostrado destellos, pero ¿lo que había dicho era verdad? ¿Alguna de esas mujeres era su hermana? ¿O sólo clones? ¿Híbridos? Sustitutos pobres de su verdadera hermana.

Si Scully iba a tener un bebé, y su trabajo en los X- Files cesaba, él nunca iba a encontrar a Samantha. Lo sabía con certeza. ¿Estaba dispuesto a renunciar a la búsqueda? ¿Se arrepentirá si lo hacía? Viviría el resto de su vida sin encontrar las respuestas. Y lo más probable era que se iría a la tumba sin saber lo que realmente había sucedido. ¿Estaría de acuerdo con eso? No estaba seguro.

De repente, Mulder recordó el sueño. El sueño en el que abandonaba su búsqueda por comodidades; una vida en los suburbios, con una mujer e hijos; un lugar donde todo el mundo le decía mentiras. Pero tenía a Samantha. La había encontrado finalmente, viva, y feliz. Lo único que había querido diariamente desde el momento en que se la habían quitado hacía casi 26 años, la única cosa que había estado buscando, y que finalmente encontró. Pero él había traicionado y abandonado a Scully, y el resultado final fue desastroso.

Tenía que tomar una decisión. En el fondo, sabía que Scully se había convertido en su prioridad por encima y más allá de su búsqueda de la verdad, y la búsqueda de su hermana. No sabía exactamente cuando había sucedido, pero debería haberle hecho frente a esa verdad cuando negoció a su hermana (o lo que creía que era su hermana) por Scully en ese puente en Bethesda, Maryland hacía más de cuatro años. Dos años más tarde, cambió el encontrarla por la cura del cáncer de Scully. Y todavía no podía admitirlo: Scully se había vuelto más importante.

Ella había sacrificado tanto por él, y sin culparlo por las penurias que había sufrido. Mulder no podía continuar obligándola a vivir una vida solitaria, una vida en la que estaba en peligro constante, en aras de la búsqueda de Samantha. Scully era infeliz, y él lo sabía. Lo había sabido desde hacía mucho tiempo, pero prefirió ignorarlo por sus propias razones egoístas; por el bien de la obra, de la búsqueda. Y ¿qué conseguiría? podría encontrar respuestas para cada pregunta, aún para las que no había pedido nunca, pero sabía que nunca sería feliz si Scully era miserable.

Si Scully no sufría, si no padecía más dolores, si nunca más estaba en peligro, él podría tener un poco de tranquilidad en su mente. Estaba cansado de sentirse miserable; de la culpa, de la angustia. Estaba cansado del FBI y toda su mierda. De repente, Mulder, pudo ver un futuro diferente al de antes. La mayoría del tiempo, trataba de no pensar en el futuro de una manera personal. Pero ahora podía ver una apertura a desarrollarse. La imagen era nublada y oscura, pero sentía que la felicidad podía estar a su alcance. Si Scully era feliz, si adquiría eso que tanto deseaba de la vida, era posible que él pudiera ser razonablemente feliz.

Scully quería ser madre. Se dio cuenta de que tenía el poder en sus manos para hacerla feliz. Y así Mulder tomó la decisión. Apagó la pc, se levantó, se puso la gabardina, y se dirigió a su coche.

CONTINUARÁ…

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Durante los casi 15 minutos que le tomó ir en coche desde el Bureau hasta el apartamento de Scully en Georgetown, Mulder comenzó a sentir una punzada de duda y miedo. Un bebé iba a cambiar la dinámica entre ellos, ya que la mayoría de las atenciones de Scully se dirigirían a otra parte. Se dio cuenta de que ni siquiera sabía lo que Scully quería de él, en el largo plazo.

¿Scully quería que su hijo creciera sin un padre? ¿Y si, Dios no lo quisiera, alguien como Kresge aparecía y se la llevaba? Otro hombre podría potencialmente criar al niño. Mulder odió la idea, se le revolvió el estómago. Pero ella no le había dado ningún indicio de que quería algo más que un donante. ¿Quería ser parte de la vida de ese niño? ¿Ella quería que lo fuera? ¿El niño sabría quién era realmente? ¿O sólo lo conocería como: “el tío Mulder”? ¿Sólo sería el amigo del trabajo de mamá? El pensamiento lo llenó de consternación. Nunca pensó tener su propia familia, demasiados malos recuerdos de su juventud. Pero... si una familia incluía a Scully, podía no ser tan malo. Mulder empujó rápidamente los pensamientos a distancia, antes de que sus inseguridades y dudas lo aplastaran.

¿Y si sucedía lo contrario? ¿Qué pasaba si los óvulos no eran viables después de todo? ¿O si sus muchachos no pasaban el examen genético y Scully se veía obligada a utilizar un donante anónimo? ¿Cuán decepcionada estaría? ¿Qué tan incómodas podrían convertirse las cosas? ¿Ella lo usaría en su contra? Incluso si estos factores se resolvían favorablemente, ¿y si el proceso fallaba? La posible angustia provocó una expresión de dolor en su rostro justo cuando entraba en la calle de Scully. Mulder se encontró de repente atenazado por el miedo. ¿Y si esto terminaba causando fricciones entre ellos? Cualquiera de los escenarios tenía el potencial suficiente para dividirlos.

Suspiró profundo mientras apagaba el motor delante del edificio de Scully. Se acomodó en el asiento pensando en todo lo que les había sucedido los últimos años. ¿Cuántas veces numerosas fuerzas externas habían hecho lo imposible por separarlos? y ahí estaban, demostrando que no habían tenido éxito. Ahora que pensaba en ello, la idea de un embarazo o el intento fallido, convertían a las fuerzas más oscuras imaginables y lo que aún no habían sido capaces de hacer en algo absurdo.

Se bajó del auto. A medida que se acercaba al edificio de Scully, el nerviosismo llenó su estómago.

*****

Scully acababa de terminar de limpiar la cocina, y estaba caminando hacia la sala, cuando llamaron a su puerta.

Abrió para encontrar a Mulder parado allí. Descubrió que no estaba en absoluto sorprendida de verlo, a pesar de saber que él debería estar en la oficina. - Hola.

 - Hey. - Murmuró Mulder, sonriendo.

 - Uh... adelante. - Dijo Scully, retrocediendo y abriendo más la puerta para que él entrara, antes de cerrarla. - ¿Puedo tomar su abrigo?

 - No, no puedo quedarme. - Respondió. - Tengo que volver a la oficina.

Mulder la miró torpemente, parecía no saber qué decir, cómo empezar la conversación. Decidió que probablemente debería tomar la iniciativa. - Obviamente, tuviste tiempo para pensar y considerara mi pedido.

 - Um, es... - respondió, mirándola a los ojos. - No es algo que me pidan hacer todos los días. Um...

Scully cerró los ojos. Oh no.

 - Pero estoy absolutamente halagado.

Ella asintió con tristeza imaginando lo que diría.

 - No, lo digo en serio.

Él estaba tratando de darle algo de luz a la situación, su mecanismo de defensa clásico. Dios, esto era tan vergonzoso. - Mira, si... si estás tratando de decir cortésmente que “no”, está bien. - dijo Scully, desviando la mirada de su rostro. - Yo... yo lo comprendo...

 - Por más raro que parezca... - Mulder se detuvo. - Y sé que esto suena muy raro, lo sé, pero yo... yo no quisiera que esto afecte nuestra relación, que esto se interponga entre nosotros.

 - ... Sí. - dijo Scully en voz baja, su voz llegando a ser casi un susurro, y se miró las manos. - Lo sé... Yo, entiendo. Lo comprendo... de verdad...

Sabía que era demasiado bueno para ser verdad. ¿En qué estaba pensando al pedirle algo tan personal? Oh, Dios, iba a llorar delante de Mulder. No no no. No lo mires fijamente. Sabía que Mulder podría, obviamente, ver su decepción. Estaba escrita en ella. Pero estaba tratando desesperadamente de ocultar lo herida que se encontraba. Scully vio su mano acercarse a su cara, y levantó la vista y notó que él no había dejado de mirarla fijamente.

 - Pero... la respuesta es “sí”. - Mulder tenía una mirada indescriptible en su rostro. Ella pensó que se veía feliz. No podría decirlo exactamente. Pero pudo ver que sus ojos estaban llenos de ternura.

Espera... ¿lo iba a hacer? Oh Dios mío. ¿De verdad había dicho que sí? No lo podía creer. ¿Realmente iba a hacer esto por ella? Oh, Dios mío.

Las lágrimas ahora asomaban a los ojos de Scully. Se adelantó y le echó los brazos al cuello, y sintió sus brazos envolviéndola alrededor de su espalda para abrazarla con fuerza. No creía haberlo amado más alguna vez que lo que lo amaba en ese momento.

Se soltó de él, pero no sabía qué decir para expresar lo feliz que se sentía. Tuvo la fugaz idea de dejarlo salir y decirle a Mulder que lo amaba, pero rápidamente la sofocó. Ya se sentía lo suficientemente incómoda con eso como estaba, y además le faltaba el valor para hacerlo.

 - Um... bueno, voy a llamar al doctor Parenti y... - Lo miró, él estaba asintiendo y sonriéndole. - Supongo que querrá conocerte para someterte... uh... al proceso de donantes

 - Oh, en esa parte, soy todo un profesional. - Bromeó, mientras se volvía hacia la puerta.

Bien. Scully sonrió, un poco tímidamente. Mulder le dedicó una pequeña sonrisa antes de salir.

Scully se sentó en su sofá, y lloró lágrimas de alegría. Pero después de un minuto o dos, comenzó a reinar en sus sentimientos; se recordó que todo podría ser en vano. Existía una gran posibilidad de no llegar a nada. Tuvo que recordarse a sí misma que su oportunidad para un embarazo exitoso era, probablemente, de un porcentaje muy bajo.

Entonces pensó en lo que Mulder dijo antes de abandonar el apartamento. ¿Qué quiso decir exactamente con eso de que en esa parte él era todo un profesional? ¿En qué no lo era? Se dio cuenta de que nunca había tenido una conversación con él acerca de qué era exactamente lo que le pedía, de sus planes si eso funcionaba, y cómo se involucraría él o si no quería hacerlo en absoluto. Sin embargo, había accedido, sin saber los detalles reales. Se preguntó lo qué Mulder esperaba.

*****

El fin de semana, Scully se debatió entre si debía informarle o no a su madre sobre sus planes de IVF. Al final, decidió no hacerlo. Solo se lo diría si el procedimiento demostraba ser un éxito. Odiaría ver los rostros de su familia si les contara lo que estaba haciendo, y luego fracasara. También sabía que decirles sobre el intento de IVF induciría a preguntas sobre el donante de esperma y su participación, y no estaba segura de cómo manejar eso. ¿Cómo iba a responderles cuando ni siquiera podía hacerlo ella misma? Si, en la rara posibilidad, que fuera un éxito, todavía no tenía idea qué tipo de arreglo haría con Mulder. Era algo que definitivamente necesitan hablar.

Temprano en la mañana del sábado, Mulder llamó a Scully para decirle que iría hasta Connecticut para visitar a su madre por el fin de semana. Scully supuso que probablemente sólo quería alejarse de Stephanie Speno y su equipo de la fiscalía. Esta suposición resultó ser la correcta, Speno la llamó alrededor de las 11:30 horas, preguntándole dónde estaba Mulder. Le había dicho que iban a tener que reunirse en las oficinas de la Fiscalía Federal el fin de semana preparando todo. Scully le dijo que algo había ocurrido y Mulder tuvo que conducir hacia el norte para ver a su madre. Speno estaba obviamente irritada. Scully colgó el teléfono ligeramente divertida.

Mientras se cepillaba los dientes antes de acostarse, la semilla de una idea se deslizó en la mente de Scully, se arraigó, y brotó. Bajó su cepillo al fregadero, y se quedó mirando su reflejo en el espejo con una extraña sensación de comprensión. No podía ser. ¡Él no lo haría! Oh, sí, él podía hacerlo. Se acercó rápidamente a su habitación, y marcó el celular de Mulder.

 - ¿Hola?

 - ¿Mulder?

 - Hola, Scully. ¿Qué pasó?

 - Mulder, ¿dónde estás?

 - Estoy en la casa de mi madre, Scully. ¿Dónde más podría estar?

 - Oh, no lo sé... Puerto Rico, tal vez. O Idaho.

Mulder dio una risa entrecortada. - Scully, estoy en Greenwich. ¿Alguna vez me escapé a algún lugar sin decírtelo primero?

- ¿Estás jodiendo conmigo, ¿verdad?

 - Ok, quizás lo he hecho en el pasado... una o dos veces. Pero en realidad estoy en Connecticut. ¿Quieres colgar y llamar a la casa de mi madre?

Una o dos veces, ¿eh? Por Dios. - Son más de las once, Mulder. No quisiera despertarla.

 - Eso está bien... pero no te preocupes. Voy a atender a la primer llamada.

Scully suspiró. - No, Mulder, es... No importa, te creo.

Él se rió entre dientes.

 - Entonces, ¿cómo está tu madre? - Scully rechazó meterse en la cama, y se sentó contra las almohadas.

 - Um... está bien ahora, supongo.

Scully empezó a preocuparse. - ¿Qué pasó? No está enferma, ¿verdad?

 - Oh, no, nada de eso. Ella está bien, de verdad. Pero, um... tuvimos una conversación desagradable antes.

 - ¿Qué sucedió? - La cara de Scully cayó. La situación de Mulder con sus padres siempre la hacía sentirse infeliz. A veces deseaba que él hubiese tenido la infancia feliz que ella tuvo. Pero, finalmente, Mulder era quien era debido exactamente a todo lo que padeció en su infancia. Y con todos sus defectos, ella no lo cambiaría por nadie.

 - Samantha. Mi padre.

Scully cerró los ojos. - Lo siento, Mulder.

Él suspiró. - Scully, ¿puedo hacerte una confesión?

 - Um... por supuesto - ¿Dónde se estaba dirigiendo la conversación?

Dudó. - Odio este lugar.

 - Oh, Mulder. - Scully puso mala cara.

 - Quería salir de la ciudad, y no había visto a mi madre desde el 4 de julio. Este es el único lugar que tengo para irme, sólo con mi madre. No tengo a nadie más. - Mulder suspiró pesadamente. - Desearía que estuvieras aquí, Scully. En realidad no, no te gustaría estar aquí tampoco. Me gustaría estar ahí con ustedes. - Él se rió entre dientes.

Ella deseaba que él estaba allí con ella, también. Ella dio una pequeña sonrisa en el teléfono, pero no dijo nada.

 - Bueno, debo dejarte ir - dijo. - Te veré mañana del lunes.

 - Buenas noches, Mulder - dijo Scully antes de colgar el teléfono.

*****

Mulder estaba caminando por la playa. Se encontró con el familiar gran OVNI de arena. El chico estaba allí, y por primera vez en meses, no estaba llorando. Parecía no tener miedo. Estaba feliz. Se arrodilló en la arena y ayudó al chico a esculpir el OVNI. De repente una brisa agitó el aire, y pudo oler algo dulce, como la vainilla o tal vez el trébol. Scully. Ella estaba allí en alguna parte. Él necesitaba tenerla, tenía que tocarla. Mulder se puso de pie y miró a su alrededor, pero no pudo verla por ningún lado. El niño le sonrió y señaló hacia el bosque.

Caminó por el sendero que se había convertido en algo familiar desde el primer día que había encontrado a Scully en esos bosques, llevando ese vestido color crema. Había recorrido ese camino en innumerables ocasiones desde ese día. De repente, la noche había caído y se encontró con una cabaña, la cabaña a la que había estado viniendo casi todas las noches para estar con Scully. El aroma a trébol era aún más fuerte. Mulder sabía que estaba junto a la puerta.

Abrió la puerta, y fue recibido por un cálido resplandor. Scully estaba allí, vestida con un pijama de seda azul pastel, de pie junto a un fuego ardiente en la chimenea. Había velas en las mesas de noche. Ella se volvió a mirarlo, y el brillo radiante de sus ojos azul eléctrico lo llenó de júbilo. Le sonrió ampliamente, y se precipitó hacia él. Tenía los brazos alrededor de ella, tocando, a tientas, apretando todo lo que caía en sus manos. Ella estaba tirando frenéticamente de su camisa para quitarsela por la cabeza, mientras él le arrancaba la ropa a ella, los botones volaban al suelo.

De repente estaban en la cama, y ella estaba abriendo las piernas para él. Se instaló entre ellas y Scully lo envolvió con sus brazos, sosteniéndolo firmemente contra ella. Le susurró al oído: “Te amo, Mulder”. Él gimió, frenéticamente enterró su miembro duro en el calor húmedo de su centro. Cada noche era igual, como si nunca hubiera experimentado tal sensación en toda su vida: la resbaladiza suavidad caliente combinada con una presión fuerte que le hizo sentir como si quisiera llorar o estallar en llamas. Ella gemía su nombre, y jadeando le decía: “dame un bebé, Mulder... tú eres el único que puede hacerlo” en su oído. “Pero yo no sé cómo hacerlo”, le dijo. Sus ojos se iluminaron, y le sonrió, diciendo: “Sí, lo haces... eres el único que puede hacerlo”. Mulder empujó más duro; el más puro éxtasis estaba a su alcance, él estaba casi allí.

 

El fuego se apagó en el corazón, y un viento que aparentemente salió de la nada sopló las velas. Todo se oscureció. No. No, no, no, no, no, no otra vez. ¡Él no podía llevársela! El Fumador estaba en la cabaña, tirando de ella lejos de él. Mulder trató de moverse, de lanzarse desde la cama y atacarlo, pero estaba como congelado. El hombre Cáncer se burlaban de él, diciendo: “ella quiere un bebé, Mulder” Scully estaba luchando frenéticamente contra él, pero Mulder no podía moverse. Cerró los ojos cuando El Fumador tocó la cicatriz en la parte posterior del cuello de Scully con el dedo índice, diciendo: “Me encantaría ser abuelo”. Los fuertes gritos de Scully llenaron la cabaña.

Mulder se despertó con un sudor frío, jadeando con fuerza. Se sentó de golpe en la cama, lágrimas calientes llenaban sus ojos. Tomó su teléfono celular de la mesita de noche.

*****

Un fuerte Ring Ring sacudió el aire de la noche, Scully se despertó con un sobresalto, buscando su celular debajo de la almohada. El reloj de la mesita mostraba las 04:22 am.

 - ¿Mulder?

Podía oír una respiración pesada, y luego un sollozo ahogado. - Scully...

Se sentó en la cama y encendió la luz. - Mulder, ¿qué pasa? ¿Es tu madre?

La única respuesta que recibió fueron más sollozos. El miedo hundió sus dientes en su corazón. - Mulder, ¿necesitas que vaya allí contigo?

 - Scu... Scully.. - Gimoteo, tratando de hablar. - ¿Estás... segura... que... me quieres a mí? - Él continuó llorando en el teléfono.

Ella no sabía cómo responder a eso. - Mulder, ¿de qué... de qué estás hablando?

 - Pero ¿no sabes...? - exclamó. - ¿No lo sabes...?

 - ¿Qué es lo que no sé, Mulder? - Se levantó de la cama, y comenzó mentalmente a hacer los preparativos en caso de que fuera necesario viajar a Connecticut.

 - Mi ADN... es malo, Scully. - Lloró miserablemente. - No sé por qué lo... quieres. Es mierda... veneno...

¿Qué demonios...? Se acercó a su armario y tomó su bolso preparado para viajar de urgencia. - Mulder, dime lo que sucedió.

Él comenzó a responder, pero su voz quedó ahogada por los continuos sollozos.

 - Mulder, necesito que te calmes y respires profundamente... Vamos, respira por la nariz y exhala por la boca.

Scully escuchó como su respiración se hacía más lenta y controlada. Sus sollozos pronto se detuvieron.

Volvió a sentarse en la cama. - Está bien, Mulder. Háblame, tranquilo.

 - Scully... el Fumador, él es mi padre.

No sabía cómo responder a eso. - Mulder, ¿por qué creés que él es tú padre?

 - Yo no “creo”, Scully. Lo sé. Él lo es. Recuerdo, hace unos años, empecé a recuperar esos recuerdos reprimidos de mi infancia. Él estaba allí, cuando yo era un niño. Él estaba cerca. Lo vi con mi madre, y sé que es verdad.

Ella suspiró. - Sí recuerdo. Pero, si lo recuerdas, Mulder, también estaban taladrando agujeros en tú cabeza, por lo que realmente no deberías confiar en esos recuerdos.

 - Scully, tú misma me lo dijiste al llevarme al hospital. Él es mi padre. Si tienes un bebé, Scully, estará contaminado. Tengo su ADN. Tú no quieres eso... Tú no deberías quererme como padre de tú bebé...

Scully cerró los ojos y suspiró con fuerza, frotándose los dedos por la frente. ¿Esto realmente cambiaba algo? Mulder parecía pensar que lo haría. Pero, ¿realmente a ella le importaba quién era su padre biológico?

 - Ok... bien, tienes su ADN... ¿Creés que estás contaminado por eso, Mulder? Porque yo no lo creo.

Él suspiró en el teléfono.

 - Mulder, tú no tienes nada que ver con él, al menos no en la forma en que realmente importa en la vida. Ese tipo es un cobarde, un mentiroso hijo de puta. Un egoísta que solo piensa en salvar su propio pellejo a costa del resto del mundo. Él es cruel y engañoso, y no hay una onza de amor o de decencia en su corazón.

No hizo ningún intento de darle una respuesta, y sólo suspiró de nuevo.

 - Y Mulder, tú... tú eres el mejor hombre que conocí en mi vida. Sin dudarlo... No te compares con él.

Silencio. - Scully... voy a estar volviendo a casa en coche, saldré por la mañana, después de tratar de dormir unas horas. Debería estar de vuelta en D.C a media tarde. ¿Tienes planes para hoy?

 - Bueno, tengo que ir a la iglesia en la mañana. - Hizo una pausa. - Pero voy a estar de vuelta en casa después del almuerzo. ¿Por qué?

 - ¿Vas a la iglesia, Scully?

 - Sí. - respondió. - Tú me dijiste que no descartara a Dios, ¿recuerdas?

Él resopló. - Es verdad. Ok, bien... cuando vuelva, um... ¿puedo pasar un rato por tú casa?

Scully sonrió en el teléfono. - Por supuesto, Mulder.

 - Excelente. Speno posiblemente estará espiando mi apartamento para ver cuando llegue a casa. Te veré, eh... te veré más tarde, entonces... Voy a volver a la cama.

 - Te veo después. - Susurró Scully, antes de colgar el teléfono. Cuando apagó la luz, y giró en la cama, se preguntó qué podría haberlo llevado a tal estado. Luego recordó que él había mencionado una conversación desagradable que había tenido antes con su madre. A menudo se preguntaba cómo Mulder había resultado tan brillante después de ser criado por unos padres tan ineficaces. Tal vez su ADN desempeñó un pequeño rol en su constitución, pero no creía poder explicar cómo alguien tan excepcional como Mulder se desarrolló a partir de raíces tan innobles.

CONTINUARÁ…

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A las 16:05 del domingo 12 de septiembre, Mulder llegó al apartamento de Scully después de su viaje desde Connecticut. Luego de unas horas de charla en la sala, él se sentó en la cocina mientras ella preparaba la cena para dos; penne (pasta) rigate con salsa de vodka. Mulder la observó moverse por la cocina, cortando, picando, revolviendo y su mente voló, se imaginó esa escena como algo normal, como si fueran una pareja más que charlaba en la cocina mientras preparaban la cena. Deseó que eso fuera real, deseó poder acercarse a ella abrazarla por la cintura, girarla y perderse en sus labios, chocar en un beso profundo mientras la pegaba a su cuerpo, en una promesa silenciosa de lo que harían después en la cama. Trató de concentrarse en lo que Scully le decía, olvidándose de sus sueños. Cuando ella se lo indicó, ayudó poniéndo la mesa, tomó una botella de vino blanco de su refrigerador y dos copas del aparador.

 - Oh, Mulder... - Le dijo Scully. - No puedo beber. Solo pon tú copa.

Él le dirigió una mirada de asombro, y luego comprendió. - ¿En absoluto?

 - No durante el In Vitro ... nada. - Respondió haciendo una mueca.

Mulder puso las copas y el vino donde estaban antes.

 - Tú puedes tomar vino, si quieres, Mulder.

 - Nah. No importa. - Se encogió de hombros. Se dirigió a otro armario y sacó dos vasos.

Se sentaron a cenar, cada uno con ganas de abordar el tema del intento de fecundación in vitro, pero sin saber muy bien cómo. Así se habló de todo menos de eso. El miedo los detuvo; Scully tenía temor de que Mulder no quisiera tener ninguna participación personal si quedaba embarazada, Mulder temía que Scully no deseaba que él se involucrase en el embarazo. Tenían miedo de averiguarlo, y ese miedo era tan abrumador que les impedía siquiera hacer la pregunta.

En realidad, el temor derivaba de otra cosa, de lo que estaba enterrado bajo la superficie: los verdaderos sentimientos de uno hacía el otro. En el fondo, el subconsciente de Scully directamente conectaba la decisión de Mulder sobre cómo involucrarse en el posible embarazo con sus sentimientos hacia ella. Si no quería ninguna participación personal, entonces estaba claro lo que realmente sentía por ella. Era su amiga, y cualquier pensamiento de ser algo más que eso era algo ajeno a Mulder. A su vez, Mulder sentía que si Scully no quería que él tuviese algún papel en la vida de su hijo, no sentía lo mismo que él sentía por ella. La idea los aterrorizaba, por lo que prefirieron no saber, aún a sabiendas de que esta conversación se alzaría frente a ellos si el procedimiento de IVF tuviera éxito.

El lunes, Mulder y Scully fueron una vez más al cuarto piso del juzgado de tribunales del distrito de DC. El interrogatorio de Stephanie Speno a Mulder en la mañana pasó sin contratiempos. Cuando el juez Bender aplazó la corte para el almuerzo, Scully condujo una vez más hacia College Park, Maryland, para reunirse con el Dr. Parenti.

 - Ok, señora. Scully... - Parenti le dijo mientras se sentaba en la sala de examen. - Ahora, según los procedimientos normales de la fertilización in vitro, comenzaríamos dándole hormonas para la estimulación ovárica, para poder recoger los óvulos viables. Sin embargo, ya tenemos sus óvulos. Pero, como claramente no ha ovulado en mucho tiempo y han pasado más de dos meses desde su último ciclo menstrual... y a pesar de que sus niveles hormonales son buenos, voy a empezar con un tratamiento de 10 días de estrógeno y progesterona para fortalecer su revestimiento uterino antes de comenzar el trasplante de embriones.

Scully asintió. - Está bien.

 - También hablé con su pareja esta mañana, él vendrá el día 15 por la tarde... este miércoles... para darnos una muestra de esperma.

Sintió que se le enrojecía la cara un poco, asintió.

 - El día 17, vamos a realizar la inseminación. Esperamos que en cuatro días vamos a tener por lo menos tres embriones sanos para elegir y el día 20 se podrá realizar el trasplante de embriones.

Scully le dio una pequeña sonrisa, sintiéndose emocionarse. Pero luego se reprendió. Todo esto podría ser para nada. No te hagas ilusiones.

 - Entonces, 12 días después, tendrás que volver aquí y te haremos una prueba de embarazo.

Ella respiró hondo. - Ok... Muchas gracias, doctor Parenti.

El médico le sonrió cálidamente. - No puedo decir que las chances sean muy altas de que su óvulos produzcan suficientes embriones sanos, pero estamos lejos de que sea imposible y definitivamente vale la pena intentarlo.

Scully asintió, sintiendo como comenzaba a ponerse nerviosa.

 

*****

El miércoles, se produjo otro largo día en la corte. Esta vez Scully subió al estrado y dio su testimonio sobre los hechos ocurridos en febrero en el Cradock Marine Bank. A las 16:45 horas, el tribunal aplazó los alegatos de la defensa para el día siguiente. Más tarde, Mulder llamó a Scully cuando regresó a casa desde College Park.

 - Bueno, Scully... yo, eh... ya deposité mi muestra.

Ella se rió nerviosamente. - Me gustaría preguntarte cómo te ha ido, pero no lo haré.

Mulder se rió entre dientes. - Fue sin dolor.

 - Uh- huh... - dijo Scully. Dios, esto era tan vergonzoso.

Realmente no quería pensar en Mulder masturbándose. Por lo general, ese pensamiento la hacía entristecer. Hubo momentos en los últimos años, cuando al llegar al apartamento de su compañero en la noche, inesperadamente o antes de lo previsto, oía a través de la puerta lo que era, sin lugar a dudas, una película para adultos. Llamaba a la puerta, y entonces lo oía correr por la sala, posiblemente tropezando con los muebles o zapatos, el sonido de la TV se silenciaba, y él gritaba: “¡Ya voy!”. Afortunadamente, esto no había vuelto a suceder en los últimos tiempos. Pero la idea de Mulder, solo, sentado en su sala tocándose, cuando fácilmente podría tener algo real en el momento que quisiera, siempre la hacía sentir triste. No estaba muy segura de por qué se sentía así, generalmente alejaba rápidamente ese sentimiento a un lado antes de poder pensarlo demasiado.

Ahora, la idea de Mulder tocándose hasta llegar al orgasmo solo hacían de sus sentimientos un revoltijo. Claro, todavía pensaba que era triste, pero también la superaba el deseo de verlo masturbándose, y esa la hacía sentir muy incómoda. Trató desesperadamente de expulsar las imágenes que su mente creaban mientras Mulder hablaba acerca de todo lo que Parenti le había explicado sobre el proceso de fecundación in vitro.

El jueves 16 por la mañana, el doctor Parenti llamó a Scully para decirle que habían decidido inseminar a siete de sus óvulos con la esperanza de tener de uno a tres embriones sanos para la implantación. Podía sentir la emoción cada vez mayor en la boca del estómago, a pesar de la batalla interna por no esperar demasiado.

También ese jueves, la defensa Bernard Oates comenzó su presentación de pruebas. Para disgusto de todos, la defensa acusó a Mulder de ser un hombre enloquecido con ideas raras que arrastraron a Pamela Hamilton al banco, obligándola a recibir un disparo de Oates. Para extremo desagrado de Mulder, fue llamado de nuevo al estrado. Afortunadamente, el abogado de Oates, Catalano, no tenía mucha tierra donde pararse. El Juez Bender con frecuencia tuvo que amonestarlo y llamarle la atención por, con cierto desprecio, continuar llamando a Mulder: “chiflado” y su trabajo en los X Files como algo “descabellado y sin sentido” para demostrar que sus acciones en el banco eran cuestionables y que la muerte de Pamela era algo evitable. Cada vez que el juez lo reprendía, Oates más se angustiaba. Al final del día, Speno les mencionó que Oates solicitaba llegar a un acuerdo. Mulder agradeció a las estrellas ya que el juicio terminaría pronto.

 

***** 

Ya se acercaba la noche del lunes 20 de septiembre, Mulder condujo con Scully hacia College Park. Ella no le había pedido que la acompañara, y él no le había mencionado que quería ir con ella. Pero después de salir de la oficina del sótano y caminar hasta el garage, Mulder la siguió a su coche en vez de ir por el suyo y conducir a casa. No dijo una palabra y ella no lo cuestionó.

Al llegar al Parenti Medical Group poco después de las 18:00 horas, el doctor Parenti saludó a Scully y a Mulder en la sala de espera y los hizo entrar a su oficina.

Cuando se sentaron, Parenti lanzó una cálida sonrisa en su dirección. - Tengo muy buenas noticias para ustedes.

Scully lo miró con los ojos muy abiertos, la boca abierta, y sus manos comenzaron a temblar en su regazo. Mulder se acercó más y tomó una de sus manos entre las suyas entrelazando los dedos. Ella no podía ni mirarlo. Scully pensó que si lo miraba, se echaría a llorar sin poder evitarlo.

Parenti les sonrió nuevamente. - Dos de los óvulos inseminadas se han convertido en embriones sanos. Así que si estás lista, podemos hacer la transferencia de embriones ahora mismo. Entonces tendrás que volver aquí el viernes 1 de octubre, después de salir del trabajo, y te haremos una prueba de embarazo.

 - Oh, Dios mío. - Scully respiró profundamente, parpadeando para contener las lágrimas. Mulder volvió a tomarle la mano con más fuerza. Esta vez si se volvió para mirarlo, y él le sonreía con dulzura, sus ojos llenos de emoción. Ella le devolvió la sonrisa, y luego se giró hacia el doctor.

 - Espero que hayas estado bebiendo mucha agua hoy en día. - el doctor Parenti sonrió, levantándose de su silla. - Uh, es muy importante tener la vejiga llena para permitir que la transferencia del ultrasónido sea más clara. Si la vejiga está llena se ve mucho mejor el útero. El aparato simula un sonar el cual manda ondas o ecos que rebotan en los objetos contra los que se aplican y devuelven otro eco diferente según la densidad y características del objeto o sustancia contra el que chocan de esta manera el equipo traduce la información y genera la imagen obtenida. - dijo al ver la cara confusa de Mulder. Él asintió comprendiendo.

Scully se rió entre dientes. - Sí, estuve bebiendo bastante agua. Y hace casi dos horas que oriné por última vez.

 - Bien. Muy bien. - Respondió el médico tomando su historia clínica. - Siganme, por favor.

Siguieron al doctor Parenti fuera de su oficina. Mulder se dirigió a la sala de espera, mientras que Scully se dirigió a una sala de examen médico.

 

***** 

Los siguientes 12 días fueron insoportables. La ansiedad, la duda y el miedo eran constantes en las mentes de ambos. Todavía no habían tenido una conversación sobre lo que querían, o cuáles serían sus planes, si ella quedaba embarazada. Mulder supuso que eso era algo bueno, en caso de que la IVF fallara. ¿Por qué planificar un futuro que podía no llegar nunca?

Afortunadamente, podían utilizar el trabajo como una forma de dejar su mente en “off” mientras duraba la espera. Mulder fue llamado por la Unidad de Ciencias del Comportamiento (Behavioral Science Unit) para actuar como perfilista en un caso de alta relevancia. Un asesino en serie había surgido en las calles de Pittsburgh, Pennsylvania y asesinado a varios hombres jóvenes, sus cuerpos fueron encontrados con signos de tortura y mutilación. Tras el descubrimiento de la séptima víctima, en sólo dos semanas, prácticamente no había sospechosos ni nada firme para investigar, el FBI había sido llamado para hacerse cargo de la investigación de la policía estatal. La investigación del FBI le había terminado dando al caso una atmósfera de cacería humana, pero sin ningún hombre para cazar. Una octava víctima fue encontrada en un contenedor de basura detrás de un edificio de apartamentos abandonados y el FBI aún no tenía ningún sospechoso.

Mulder asumió que era por la desesperación de la Unidad de Ciencias del Comportamiento habían solicitado su ayuda, casi le habían rogado que vaya a Pittsburgh. Scully le dijo que mas allá de la burla que podía recibir de los demás agentes, en el fondo ellos sabían que era brillante, él y su trabajo, y que nada lo detenía si buscaba una verdad. Y por esa misma razón muchos lo despreciaban, porque creían que desgastaba su talento, que podía hacer cosas asombrosas dentro de la Unidad, si se concentraba en su ambición profesional. Mulder se había burlado de ella, fue a Pittsburgh, y fue su trabajo como perfilista el que ayudó al SAC (Special Agent in Charge) Gary King y su equipo de investigación a encontrar al asesino y hacer el arresto antes de que hubiese una novena víctima de sus crímenes.

Scully también se mantuvo ocupada. Otra investigación criminal la llevó hasta una zona rural en Virginia, habían descubierto una fosa común. 27 cuerpos, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, fueron encontrados en el condado de Culpeper en una propiedad de 145 acres perteneciente a Jerome Baker, el líder de una pequeña iglesia independiente llamada: “The Adoration of the Inevitable Promise”. Jerome Baker fue encontrado unas dos horas después en las afueras del Aeropuerto Internacional de Dulles intentando tomar un vuelo hacia México. Los 27 cuerpos fueron enviados a Quántico donde se realizarían las autopsias, y el patólogo en jefe solicitó que Scully los ayudase con el trabajo.

La tarde del viernes 1ro de octubre, ella todavía se encontraba en Quántico deliberando con los demás patólogos sobre los informes finales de las autopsias de las 27 víctimas. A las 16:13 horas, su celular sonó. Mulder estaba en la línea.

 - ¿Scully?

 - Hola, Mulder.

 - Estoy en el aeropuerto de Pittsburgh, a punto de abordar para regresar a D.C, debería llegar a Dulles justo después de las 17:30. Podemos encontrarnos en College Park.

Ella vaciló. - Mulder... voy a hacerme una prueba de embarazo. Sólo va a tomar unos minutos. No tiene sentido que corras desde el aeropuerto para encontrarte conmigo allí. Cuando llegues a College Park ya habré terminado.

 - Bueno, entonces voy a esperarte en tu apartamento. - dijo.

Scully se mordió el labio. No sabía si lo quería a su alrededor cuando se enterase de la noticia. Si se trataba de una mala noticia, querría estar a solas con su dolor. No quería quebrarse en frente suyo.

 - Mulder, estuviste trabajando sin parar durante los últimos 10 días. Te conozco. Apostaría que apenas dormiste algo estos días, y ni quiero pensar en tu comida... Sólo ve a casa, te llamaré cuando vuelva de College Park. ¿Ok?

Él suspiró. - Claro, Scully.

Cortó el teléfono. Ella esperaba fervientemente conseguir resultados positivos en la prueba de embarazo, pero también temía lo contrario. Tenía la sensación de que su vida iba a cambiar, con cualquiera de los resultados.

 

CONTINUARÁ…

 

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Scully era un manojo de nervios mientras conducía de Quántico, Virginia hacia College Park, Maryland a última hora del viernes por la tarde. Los últimos 12 días no había sentido una gran diferencia en su cuerpo, y esa era la cuestión. Había estado esperando algún signo, algo que confirmara que la IVF funcionó. Pero no experimentó ningún calambre, ni dolor en los senos, ni aumento en la orina, o ardor de estómago. Mediante pasaban los días, no sentía nada. Pero sabía que 12 días era un período muy corto de tiempo y que muchas mujeres podían no experimentar síntomas de un embarazo durante varias semanas.

También sabía que había hecho todo lo que el Dr. Parenti le había indicado hacer después del trasplante de embriones: tomó las tres dosis de progesterona diarias, bebía Gatorade todo el día (a pesar de no encontrar un sabor que realmente le gustase), comía más proteínas, y tomaba todo con calma y sin esforzarse. Dejó de ir a correr o hacer cualquier otro ejercicio fuerte, solicitó un cádete para que la asistiera en Quántico y así no realizar nada extenuante durante las autopsias. Pasaba mucho más tiempo sentada cada vez que podía en el trabajo y se relajaba cuando estaba en la casa.

A pesar de todo esto, Scully pasó todo el viaje (que se le hizo eterno) levantando muros alrededor de su corazón, en un esfuerzo por protegerse de la angustia si escuchaba malas noticias. Si esperaba lo peor, tal vez lo peor no sería tan devastador. Cuando ingresó al estacionamiento del Parenti Medical Group a las 18:13 horas, todavía estaba tratando de convencerse a sí misma que había estado esperando en vano y que no podría quedar embarazada.

*****

Mulder fue un manojo de nervios todo el viaje desde Pittsburgh a D.C cruzó la puerta de llegada unos pocos minutos antes de las 17:30 horas, paró un taxi, y llegó a su apartamento una media hora más tarde. A esta altura ya estaba enfermo por la ansiedad. Entró a su habitación, lanzando la chaqueta del traje azul marino sobre la cama. Se quitó la ropa acomodándola sobre la cama. Del tercer cajón de la cómoda sacó un par de jeans oscuros. Se los puso rápidamente junto a una camiseta blanca, colocó su billetera en el bolsillo trasero derecho y las llaves en la parte delantera, del armario sacó una camisa de manga larga y se la puso por encima de su camiseta.

 

Pasó unos minutos picando el balón alrededor de su sala hasta que su vecino comenzó a golpear debajo de su piso. Mulder arrojó el balón a un costado y pasó más de 10 minutos caminando por su apartamento, caminaba del salón a la cocina y de vuelta otra vez al salón, su mente no dejaba de correr y no paraba de mirar el teléfono esperando que sonase de una maldita vez.

¿Y si había funcionado? ¿Qué pasaría si Scully estaba embarazada? ¿Abandonaría los X-Files? Tendría que hacerlo. Quizás. Sí, tendría que hacerlo. Sería demasiado peligroso. Tal vez él debería volver a la Unidad de Ciencias del Comportamiento. Todavía podrían ser compañeros. O tal vez de nuevo a la Unidad de Crimenes Violentos (Violent Crimes Unit). Uf... supuso que no sería tan terrible si tenía a Scully con él. Pero... ¿ella querría trabajar en la VCU? Hmm... tal vez ella volvería a dar clases en Quantico; eso no estaría mal. O tal vez renunciaría al FBI por completo y conseguiría un trabajo en uno de los hospitales de la ciudad. Oh, Dios... ¿quería trabajar en el FBI sin ella? ¿Había hecho el dinero suficiente para pagar la manutención? Maldita sea. Nunca le preguntó si quería que se la pagase. Conociendo a Scully, no lo aceptaría. ¿El chico siquiera sabría quién era él? ¿Iba a ser su padre? ¿El chico lo llamaría “papá”? ¿Serían una familia? Si ella se iba del FBI, supuso que podrían vivir juntos bajo un mismo techo. No, no pienses en eso. ¿Scully le permitiría que sea el padre? No sabía lo que quería de él. Oh, no, ¿y si no lo permitía? No pienses en eso. Dios... ¿y si Scully estaba embarazada? Oh, hombre... ¿y si no lo estaba?

Mulder alejó ese pensamiento doloroso y miró el reloj: 18:40. Pensó que debería ir a esperarla en su casa, y luego recordó que claramente no lo quería allí, probablemente querría estar sola. Pero no podía soportar estar solo, paseándose por el apartamento, un minuto más. A la mierda todo. Se puso un par de zapatillas y tomó su chaqueta antes de salir.

*****

Scully fue recibida por una enfermera en la oficina de la sala de espera del sexto piso, se le dio un frasco esterilizado para proporcionar una muestra de orina, e instrucciones de dejarlo en el baño. Después de dejar la muestra, fue conducida a la oficina del Dr. Parenti. Cuando finalmente se sentó en una de las sillas beige frente al escritorio, mientras lo esperaba, pensó que podría vomitar en cualquier momento.

 - Dana... - Parenti dijo mientras entraba en la oficina. - Hola.

 - Doctor Parenti. - Saludó Scully comenzando a levantarse, pero él le indicó que se sentara. Se ubicó frente a ella, mirando su portapapeles.

 - Ok... ayer por la mañana hiciste una prueba de sangre en Lifecare Medical Associates en Washington D.C y nos enviaron los resultados esta tarde. También acabamos de hacer la prueba de orina.

Su estómago estaba dando volteretas y comenzó a prepararse para lo peor.

 - Me temo que ambas pruebas mostraron que no estás embarazada. - Parenti suspiró. - Lo siento, Dana.

Ella no sabía qué decir. Respiró profundamente para mantener la calma varias veces. No quería quebrarse. Ella era fuerte. Podía manejar esto. Había sido estéril durante dos años, pensó. No era que la noticia la shockeara. Miró sus manos sobre su regazo, parpadeando para contener las lágrimas.

 - Dana, este fue sólo el primer intento. Muchas mujeres pasan por varios ciclos de fecundación in vitro antes de tener éxito.

Scully lo miró. - ¿Qué? ¿Qué quiere decir?

 - ¿Pensaste que sólo iba a intentarlo una vez y luego perdería la confianza en tí? - Preguntó el Dr. Parenti, su voz empática y amable.

Ella se mordió el labio inferior, las lágrimas bailaban en sus ojos.

 - Quieres intentarlo de nuevo, ¿no? Tenemos tus óvulos congelados. También congelamos la muestra de esperma restante. Por supuesto, preferimos trabajar con esperma fresco mientras sea posible. Estoy seguro que a tu pareja no le importaría proporcionar otra muestra en una próxima fecha. Hay otras técnicas y métodos que ni siquiera hemos explorado todavía. Estamos lejos de agotar todas las opciones.

Scully suspiró.

 - Dana. No voy a renunciar a ti y no voy a dejar que renuncies a ti misma.

Ella asintió. Pero ¿tenía el corazón para pasar por esto otra vez? No lo sabía con exactitud.

 - Con el intento de IVF sin éxito, tendrás tu periodo en cualquier momento. Pero después del siguiente ciclo menstrual, es decir, un mes a partir de ahora, podremos empezar el proceso de nuevo. ¿Ok? No te rindas, Dana.

 - Está bien. - Suspiró. Scully trató de seguir siendo positiva, pero sentía el dolor y el miedo apoderándose de ella cuando el médico comenzó a explicarle cómo sería el próximo proceso a seguir, y los diferentes métodos que podían probar.

*****

Mulder llegó al apartamento de Scully a las 19:09, entró y encendió un par de luces. Había estado solo en su apartamento antes, esperándola, pero esto tenía una sensación completamente diferente. Esperaba que regresara pronto. Se paseó por el lugar, fue a la cocina y regresó a la sala, encendió el televisor y lo apagó; luego fue al baño a vaciar su vejiga, y vio la puerta abierta de su dormitorio.

Podía contar con una mano el número de veces que había estado en esa habitación. Recordó una noche, esperándola, sentado allí en la oscuridad. Se detuvo y la miró. Se preguntó por qué ella la dejaba abierta. La suya siempre estaba cerrada, a pesar de que una cama había aparecido misteriosamente allí hacía un año y que en realidad había empezado a utilizar su dormitorio por primera vez desde que Diana lo dejó hacía tantos años. Sin embargo, la puerta siempre estaba cerrada, así el estuviese dentro o no. Y aquí estaba la puerta del dormitorio de Scully, abierta, y ella ni siquiera estaba en casa. La Licenciatura en Psicología de Mulder se activó, pero lo apartó antes de comenzar a analizarse a sí mismo demasiado.

Mulder se sentía ansioso y su garganta estaba reseca. Sacó una cerveza de la nevera y la bebió completa en menos de un minuto. Miró el reloj: 19:36. ¿Dónde estaba Scully? No sabía si el retraso significaban buenas noticias o malas noticias.

Se cansó de la estimulación, y se sentó. Su mente ya no corría y su ansiedad comenzaba a disiparse un poco. De repente se sintió agotado y se tendió en el sofá, poniendo dos almohadas debajo de su cabeza. Cerró los ojos, y se quedó dormido.

*****

Scully sacó sus llaves para entrar a su apartamento. Solo deseaba poder llamar a Mulder por la mañana, pero sabía que él estaba tan ansioso como ella lo había estado en averiguar si la IVF había resultado, y no podía hacerlo esperar hasta el día siguiente. Además, sabía que acabaría llamándola si pasaba demasiado tiempo sin saber de ella.

Entró y cerró la puerta sin levantar la cabeza, Mulder se despertó con el sonido y volvió la cabeza hacia atrás para verla de pie junto a la puerta.

 - ¿Scully? - Dijo, levantándose del sofá.

Por supuesto que estaba allí. Scully no se sorprendió en lo más mínimo al verlo. Pero no sabía cómo decírselo. No quería tener que decirlo en voz alta.

 - Debí quedarme dormido. - Dijo, parpadeando a sí mismo más despierto. - Estaba esperando a que regresaras. - Cuando Scully se acercó a él, Mulder la miró con el corazón encogido. Tenía los ojos brillosos y una mirada de dolor que le resultó insoportable. Oh no. - No funcionó, ¿verdad?

 - Supongo que era esperar demasiado. - Respondió ella, su barbilla temblaba a causa de contener el llanto. Por mucho que estaba tratando de luchar contra ellas, podía sentir las lágrimas, y la constricción en la garganta. Pero decir las palabras en voz alta era demasiado doloroso.

Mulder negó con la cabeza y se acercó a ella, y ella se movió hacia él, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello, refugiándose en su cuerpo, abandonándose al que la abrazara.

 - Era mi última oportunidad. - Scully lloró por encima de su hombro, y se aferró con más fuerza a él.

Mulder cerró los ojos y sintió que su corazón se rompía. No podía evitar sentir que esta había sido su última oportunidad, también, pero no quería detenerse en ese pensamiento. Ella necesitaba que sea el fuerte ahora. Siempre había sido el creyente frente a su escépticismo, y pensó que si alguna vez hubo un momento en el que Scully más necesitara la fuerza de sus creencias y convicciones, ahora era precisamente ese momento.

Se apartó de ella ligeramente, con las manos acariciando su espalda hasta llegar a tomar sus brazos, la besó en la frente mientras Scully daba un sollozo estremecido. Luego presionó su frente contra la de ella y movió su mano derecha para sostenerla por la cintura.

 - Nunca dejes de esperar un milagro.

Mulder era la segunda persona esa noche en decirle que no se dé por vencida. ¿Qué haría sin él? Ella levantó su brazo derecho para tomarlo de la cara, y rodeó con su otro brazo su cintura, mientras se acercaba a él y lo besaba cerca de la boca, y luego ponía sus labios en su cuello. Mulder la envolvió con sus brazos acercándola más, abrazándola fuertemente contra su cuerpo.

 - Por favor, quédate. - dijo, con la voz quebrada. - No te vayas.

Él sonrió contra su cabello. - No me voy a ninguna parte, Scully. Me quedaré el tiempo que quieras contigo.

Estaba contenta de que Mulder hubiese ignorado por completo lo que le había dicho, y se presentara en su apartamento de todos modos. Se alegró de no estar sola. Pero... ella estaba sola, la verdad. Siempre estaría sola. Scully sintió las lágrimas frescas brotando de sus ojos y una vez más comenzó a llorar en su hombro.

 - Odio estar sola, Mulder. - Scully sollozaba contra su cuerpo abrazándolo con más fuerza.

Él sintió que su corazón se le hundía en el estómago.

Iba a envejecer y morir sola. Sin nadie que realmente la amara, sin nadie que la necesitara; vieja y descuidada con su seca, matriz estéril. Scully siguió llorando con más fuerza. No podía dejar de hacerlo. Era como si una vez que se había abierto a él, a mostrarle su dolor, no podía detenerse.

Mulder sintió que nunca se había sentido más triste en toda su maldita vida. Pero... Scully no estaba sola. ¿Por qué pensaba eso?

 - Scully, nunca estarás sola. Me tienes a mí. Yo estaré siempre contigo. - Pero para su consternación, en lugar de que esas palabras fuesen un consuelo, sólo la hizo llorar más fuerte. Él suspiró. - Scully, vamos... ven a sentarte al sofá.

Mulder movió las manos sobre la chaqueta de su compañera, desabrochándola, se la quitó con cuidado, ayudando a que sus brazos no se atascaran en las mangas. Le pasó un brazo alrededor de su cintura y la guió hasta el sofá, poniendo su chaqueta en el respaldo. Rápidamente trotó hasta la cocina, tomando la tetera y cargando agua hasta la mitad, antes de colocarlo de nuevo sobre la estufa mientras la encendía. Se dirigió al armario sacando una taza, antes de tomar a la pasada una bolsa de té de manzanilla de la caja de madera pintada a mano en la parte superior de la barra. Mulder dirigió una mirada preocupada a la sala para ver a Scully todavía sentada en el sofá, mirando la chimenea vacía, antes de regresarla al agua.

La tristeza la abrumaba mientras continuaba sentada en el sofá, pero con el tiempo su respiración se calmó y las lágrimas se detuvieron. Podía oír a Mulder en la cocina, pero no estaba prestándole la suficiente atención para comprender lo que hacía allí. Pensó que lo había oído abriendo los armarios y encendiendo un fósforo. Le había dicho que no estaba sola porque lo tenía a él. Pero ¿de verdad? ¿De verdad lo tenía? No de la manera que ella quería tenerlo. El dolor estaba de vuelta; no el dolor de su esterilidad y el de las esperanzas aplastadas, era el dolor por amar a Mulder de la manera profunda en que lo hacía.

¿Por qué su miedo la hacía sentir tan débil? Ella quería un amor, necesitaba un amor. Pero ¿por qué estaba tan asustada como para pedirlo? ¿Para demostrarlo? Pensó en los psicópatas retorcidos a los que había mirado a los ojos, plantándose frente a ellos, valientemente luchando cuerpo a cuerpo para salvar su vida; recordó el respeto impuesto, incluso el miedo, que infundía sobre sus superiores y colegas. Sabían que era alguien difícil, que era una persona que no pondría en peligro sus normas; ella era alguien que nunca se disculparía por su inteligencia y capacidad sólo porque era una mujer. Una auténtica “Ice Queen” frente al resto, como si realmente lo fuera... Ella estaba hecha por dentro de una puta papilla, y lo sabía, así que se puso en constante movimiento para cambiar eso, construyó y elevó paredes laberínticas de ladrillo para proteger esa “papilla suave” porque lo supo, desde muy joven, que no podía hacerle frente al dolor y a la pérdida.

Pero Mulder, sin saberlo, y sin querer, había hecho furtivamente el camino a través de ese laberinto alrededor de su corazón, y se embebió de esa papilla suave. Y Scully sabía que eso significaba que nunca iba a poder sacarlo, y que eso sólo le causaría dolor y angustia por que nunca sería suyo. A veces le causaba una frustración interminable que Mulder no pudiese ver lo que ella necesitaba de él. A veces sentía que sus sentimientos estaban escritos sobre ella, literalmente, y que él la iba a descifrar en cualquier momento. Maldijo el respeto impuesto, y el miedo, porque había recibido esas mismas cosas de Mulder también. Y se preguntó si alguna vez su compañero sería capaz de disociar entre la agente del FBI y la mujer, si él sería capaz de ver más allá de su placa y trajes serios y formales para ver el fuego enjaulado, bajo toda esa máscara, que pedía desesperadamente liberarse, salir. Cuando Scully se sentó en su sofá, se sintió atrapada, atascada y sin esperanza.

Mulder se puso de pie en la cocina, mientras esperaba que el agua hierva, la culpa y la vergüenza inundaron su estómago. Esto era todo culpa suya. Toda esa mierda por la que pasaba Scully. Pensó en todo lo que le había sido quitado, aunque su compañera era lo suficientemente joven como para alcanzar algunas de esas cosas todavía. Claro, ella lo tenía, pero no podía seguir manteniéndola encadenada a él nunca más. Ella se merecía algo mejor. Se merecía más. Todo. No podía hacerla seguir de esa manera. No era justo. Scully era infeliz, y él era la causa de su infelicidad. Esto tenía ya tiempo suficiente. Debía trazar la línea en algún momento, e iba a hacerlo ahora, incluso si eso significaba arrancar su propio corazón y desterrarlo el resto de su maldita vida a una miserable oscuridad.

La tetera empezó a silbar, rápidamente preparó el té de manzanilla. A continuación, revolvió los armarios hasta encontrar lo que buscaba. Tomó una cuchara del cajón y le agregó dos cucharadas de miel a la infusión. Se quedó allí, observando el saquito dentro de la taza. Se congeló en ese lugar, queriendo tener la fuerza para caminar hacia la sala y hacer lo que había decidido hacer. Mulder sabía que al salir de esa cocina, su vida cambiaría.

CONTINUARÁ…

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Mulder caminó hasta el sofá, entregándole la taza a Scully. Ella sonrió y le dio las gracias. Se sintió aliviado al ver que había dejado de llorar. Se sentó en el sofá, y Scully se sintió decepcionada al ver que se había sentado casi fuera del alcance de su brazo. La observó beber el té caliente, ella suspiró con satisfacción, la infusión había entibiado su interior y calmado su mente. Cuando terminó de beber toda la taza, dejando sólo el sedimento, sus ojos ya no estaban inyectados en sangre y las manchas rojizas por la emoción habían desaparecido de su rostro.

 - ¿Qué dijo el Dr. Parenti, Scully?

 - No quiero hablar de eso ahora, Mulder. - Giró para mirarlo y se encontró con su ceño fruncido y la expresión preocupada. - ... Lo siento, Mulder... Te prometo que voy a decirteló, pero... mañana o dentro de un par de días... Es sólo que no quiero pensar en eso ahora... No quiero pensar en nada hoy...

Él asintió con la cabeza.

 - ¿Cómo estuvo lo de Pittsburgh? - Preguntó Scully.

Oh Dios. ¿Por qué se lo recordaba? - Uh... fue horrible, pero atrapamos al tipo... Scully... - Le sonrió. - No quiero hablar sobre eso... Me gustaría olvidarlo, en realidad.

 - Lo siento por sacar el tema. - Suspiró, dándole una mirada comprensiva. A ella también le gustaría olvidar esos 27 muertos. Los hombres, mujeres y niños que habían sido encontrados en Virginia, víctimas de un líder de culto megalómano.

 - Está bien, Scully. - Vamos, pedazo de mierda sin valor. Di tu parte y acaba de una vez.

Ella le sonrió y dijo: - Gracias por el té, Mulder. - Dejó la taza vacía sobre la mesa de café.

Mulder asintió, se inclinó, poniendo los codos en las rodillas, y se miró las manos entrelazadas. Los ojos de Scully volaron a su postura, sabiendo muy bien que significaba: La conversación estaba a punto de volverse incómoda. Se movió en el sofá, acercándose a él, se acomodó contra el apoya brazos para enfrentarlo, con la pierna derecha doblada bajo su cuerpo y la otra cubriéndola, su pie izquierdo apenas tocaba el suelo.

Él cerró los ojos y tragó saliva. No podía hacerlo, no podía. No podría vivir sin ella. Maldito pedazo de mierda. Egoísta hijo de puta. Le debía todo, y podía comenzar a devolverle algo dejándola ir.

 

Mulder suspiró. - Scully... Estuve pensando mucho sobre algo, no sólo esta noche o las últimas dos semanas, llevo dándole vueltas al asunto desde hace varios meses, la verdad...

Lo miró fijamente. Los azules ojos se volvieron de repente enormes, la boca entreabierta, y su estómago se retorció formándole un nudo de miedo. No le gustaba el tono de voz de Mulder. No le gustaba su postura, y el hecho de que estaba hablando con sus manos y no la miraba a la cara. No le gustaba a dónde se dirigía esto. En su experiencia, cada conversación que había comenzado con: “Estuve pensando mucho sobre algo” nunca, nunca terminaba bien. De repente tuvo la abrumadora sensación de que estaba a punto de ser objeto de descarte. ¿La estaba desechando? Esa sensación no la experimentaba desde la secundaria.

 - Scully... te mereces una vida real. Te mereces ser feliz. Mereces la exitosa carrera que siempre quisiste, la que tu familia siempre quiso para ti. Mereces una gran casa en Fairfax o en Falls Church, con el resto de las familias acomodadas. Mereces tener un matrimonio amoroso con un marido éxitoso y respetable, y con la cantidad de hijos que desees. Esas cosas... te fueron sustraídas: tu oportunidad de ser madre, tu hermana, tu salud, tu seguridad. Todos fueron sacrificados por mí culpa, por mi trabajo, mi búsqueda, o cómo quieras llamarlo. No puedo dejar que lo hagas más. Llegó el momento de parar.

 - Mulder...

 - No, ya me hice a la idea. Se terminó tu estadía en los X- Files, Scully. Lo primero que voy a hacer el lunes por la mañana es hablar con Skinner. Y entonces podrás hacer lo que quieras. Volver a Quántico, o empezar a practicar la medicina. Estoy seguro de que cualquier hospital del país caería de rodillas por contratarte.

 - Mulder...

 - Todavía no terminé, Scully... No logré nada, pero te arrastre hacia abajo. Mira las vidas de tus hermanos con sus esposas, mira a sus hijos. Esa podría haber sido tu vida también. Recuerda tu vida y las expectativas que tenías cuando entraste a mi oficina el primer día. Dios, Scully, sólo tenías 29 años. Mira toda la mierda que te pasó desde entonces. Me da asco. Me enferma. No tenía derecho a involucrar a otra persona, para ponerla en peligro durante estos años y que acabara sin nada. ¿Encontré a mi hermana? ¿Qué logré, exactamente? Nada que valga lo que sacrificaste. Te hice pasar un infierno, Scully. Hice a tu familia vivir un infierno. Tu vida hubiese sido mucho mejor si ni siquiera me hubieses conocido. Así que... estoy trazando la línea aquí, Scully. Se acabó. Ve a ser un médico. Ve a vivir tu vida. Encuentra un poco de felicidad. Eso sólo sucederá si te mantienes tan lejos de mí como sea posible. Quiero morir.

Ella parpadeó para contener las lágrimas. - ¿Si ni siquiera nos hubiésemos conocido? - ¿Qué habría sucedido si nunca la hubiesen asignado para trabajar con él? ¿Dónde estaría ahora? Aún podría estar en el FBI, o quizá no. Podría estar trabajando en un hospital, o tener su propio consultorio. Podría haber encontrado un hombre, en algún lugar, con el que finalmente se permitió permanecer por más de un año, y tal vez habría superado su miedo al compromiso, estableciéndose en los suburbios y con algunos niños. El solo pensamiento la horrorizó.

Mientras lo miraba sentado allí, inclinado y con los codos apoyados en las rodillas, cayó en la cuenta de que ni una sola vez, durante todo ese discurso, sus ojos dejaron sus manos. Scully conocía a Mulder lo suficientemente bien como para saber que si todo lo que decía hubiese sido real y verdadero, se lo habría dicho directamente a la cara, como aquella noche en su apartamento cuando le gritó sus razones para mantener sus óvulos alejados de ella. Él la había mirado a los ojos y dicho la verdad. ¿Qué era lo que no le estaba diciendo? ¿Qué estaba escondiendo? ¿Cuál era la razón por la que le hablaba a sus manos y no podía mirarla a los ojos? Pero... ¿qué era? Estaba decidida a averiguarlo.

 - Mulder... tienes razón.

Él cerró los ojos con fuerza. La había perdido. Se estaba terminando, ahora. El hecho estaba consumado.

Scully miró las manos de Mulder apretar los puños. Sabía que iba en la dirección correcta.

 - Podría haber tenido un marido. Tal vez él sería un médico, o algún funcionario o agente de la policía o del FBI, tal vez un corredor de bolsa o un político. Podría haber tenido la gran casa del millón de dólares con una valla de estacas blanca, un montón de niños, y un perro. Podría haber tenido la vida que mi familia quería que tuviera, la vida que siempre había esperado tener. Podría haber sido feliz, aunque eso no suceda siempre con los matrimonios y las familias, ¿verdad? Pero, eso sí, podría haber sido madre, pasando los años amando y cuidando a mis hijos. Y todo eso me fue sustraído en el momento en que quedé bajo tu cargo hace más de seis años. Es verdad, perdí un montón de cosas.

Mulder sintió como su corazón se trituraba en un millón de pedazos. Quería morirse... quería morirse.

Scully lo observó mientras le decía todo eso. Todavía estaba inclinado, seguía sin mirarla; ni una vez había separado la mirada de sus manos. Sus cejas se fruncieron, los ojos cerrados, oprimiendo los puños, con la mandíbula apretada. ¿Cómo podría hacerle entender, sin avergonzarse a fondo o sin decir algo que no debía? Algo como: “Te amo” Uf, no podía. Esas palabras ni siquiera lo cubrirían... de todos modos...

 - Mulder...

Mulder empezó a sentir pánico. Tenía que salir de allí.

 - Mulder, mírame. - Los ojos de Scully se llenaron de lágrimas, su voz quebrada.

Suspiró, y luego se enderezó, abrió los ojos, y se volvió para mirarla. Scully pudo ver que sus ojos brillaban con lágrimas contenidas. Mulder pudo ver que lo estaba mirando ferozmente, como si deseara mantener el contacto visual; deseando entender, creer en lo que iba a decirle.

 - No cambiaría los últimos seis años contigo por nada. Ni por otros seis años en algún lugar mejor. Mulder... no te cambiaría por la casa más grande, por el barrio más exclusivo, por el trabajo con mejor paga, o por el mejor esposo.

Él la miró parpadeando. ¿Qué estaba diciendo?

 - Mulder... yo no te cambiaría ni por una docena de niños.

La miró fijamente. ¿Qué... qué acababa de decir? Mulder vio algo en los ojos de Scully, en su cara. ¿Deseo? ¿Afecto? ¿Ambas cosas? Sus ojos suplicaban por él. No podía creer lo que estaba viendo. Pero esto era exactamente lo contrario de lo que estaba tratando de hacer. Él estaba tratando de hacer que lo dejara. No que deseara quedarse. Pero... ¡oh Dios! ella seguía mirándolo de esa manera...

Scully vio la misma mirada en su rostro que había tenido cuando le dijo: “Sí” a su petición sobre ayudarla a quedar embarazada. Sus ojos se llenaron de ternura, y su rostro se suavizó. Vio algo en sus ojos, pero no pudo definirlo. Su rostro... él la miraba como... de una manera que no sabía cómo detallar. Nunca la había mirado así antes, esto era algo nuevo para ella. Se dio cuenta de que su respiración se había acelerado gradualmente y sus pupilas se habían dilatado ligeramente.

En ese momento Dana Scully descubrió tres cosas:

1) Tenía que dejar claro que de ninguna manera, forma o proceder Mulder nunca jamás podría deshacerse de ella.

2) Mulder nunca iba a ser el primero en actuar sobre los sentimientos e impulsos y estaba perdiendo el tiempo esperando a que lo haga; definitivamente tenía que ser ella la que diera el paso.

3) Finalmente podría tomar coraje (grow a spine) y enfrentarse a lo que deseaba e ignorar esa voz en su cabeza que siempre le decía que Mulder no tenía sentimientos por ella más allá del amor platónico o la amistad. O podría terminar siendo una vieja amargada mirando hacia atrás, hacia esta noche, deseando haber sido más valiente.

Y en ese momento, Dana Scully tomó una decisión fácil. Pateó el suelo con su pie izquierdo, levantándose por encima del cojín del sofá con su rodilla derecha, y se lanzó hacia delante, hacia Mulder, aterrizando en su regazo a horcajadas.

Los brazos de Mulder habían llegado instintivamente al cuerpo de Scully, como si estuviera tratando de llegar a atrapar una pelota de baseball volando hacia su rostro. Y antes de que realmente pudiera comprender lo que estaba pasando, Scully estaba pegada a él y su boca estaba en la suya, moviendo suavemente sus labios contra los suyos. La abrazó contra su cuerpo, y luego poco a poco comenzó a devolver el beso.

Scully suspiró en su boca, moviendo las manos hacia el pelo de Mulder, esto lo llevó a envolverla con sus brazos, de manera más apretada, subía y bajaba sus manos alrededor de su espalda, presionándola contra su pecho. Él estaba tratando de convencerse a sí mismo mientras mordía sus labios que esto era una mala idea, que podría ser un gran error, pero su cerebro se había transformado en algo borroso y cada reprimenda mental, era rechazada por el movimiento de sus labios suaves contra su boca. Y cuando Scully usó la lengua, rozando lentamente el labio inferior de Mulder, su sexo se endureció apretándose contra la ropa interior y él gimió, abriendo su boca ligeramente, permitiendo que su lengua entrara.

Sus besos se intensificaron cuando la lengua de Scully encontró la de Mulder, y sus manos pasaron de la espalda a sus caderas, su miembro chocando contra ella, colisionando en el interior de sus jeans contra la entrepierna de su compañera. Pronto tuvieron que separarse para poder respirar. Ella apoyó la frente contra la suya, jadeando, mientras seguía moviéndo sus caderas contra él, buscando un poco más de fricción al sentir su clítoris despertar.

Él comenzó a entrar en pánico. No deberían estar haciendo esto. ¿Qué significaba esto? ¿Que estaba pasando?

 - ¿Mulder? - Susurró Scully. Iba a hacerlo. Tenía que ser la que actuara dando el 1er paso. Mulder nunca lo haría.

 - ¿Hmm? - Dijo en voz baja, todavía jadeando.

 - Quédate conmigo esta noche.

Oh Dios mío. Esto no puede estar pasando.

 - Mulder, dijiste que te quedarías el tiempo que quisiera... - Ronroneó, continuando el balanceo de sus caderas contra las suyas. Ambos estaban empezando a arder, su clítoris volviendo a la vida y su sexo ahora completamente duro, abultando sus jeans. - Y quiero que te quedes conmigo esta noche... toda la noche.

Él se la quedó mirando, respirando pesadamente. No sabía qué decir. No podía creer que ella realmente quisiera esto. Bueno, acababa de decir “esta noche”. Puede que sólo fuera cosa de una sola noche. Oh Dios. No sabía cómo sentirse respecto a eso. Esto podría arruinarlo todo. Pero... ¿no estaba tratando de terminar su sociedad? Debería haber sabido que eso era algo imposible. Y había estado preocupado por si la IVF se interpondría entre ellos. Esto sin duda lo haría. ¿Pero no era lo que quería? ¿Lo que había soñado? ¡Podría terminar tan mal! Pero... oh Dios, quería tanto coger con ella.

Scully miró sus pupilas dilatadas, vio que el verde de sus ojos se había oscurecido a un tono verde bosque o tal vez musgo oscuro, y manchas doradas en sus iris. Podía sentir su corazón latiendo contra su pecho. Se retiró de su regazo, colocándose de pie delante del sofá. Se alisó la camisa negra sobre su abdomen, y lo miró, sentado en el sofá, respirando pesadamente con su sexo erecto sobresaliendo de su regazo. Continuaba mirándola, con los ojos muy abiertos. Ella pudo adivinar que su mente estaba en marcha.

 

Scully le tendió la mano.

Mulder suspiró y extendió la suya para tomarla de la mano. Cuando se puso de pie, ella giró y, sosteniendo su mano todo el camino, lo llevó a través del pasillo, más allá de la puerta cerrada de la habitación de invitados y el baño, hasta cruzar la puerta abierta de su dormitorio. La habitación estaba a oscuras, pero sus ojos se acostumbraron a ella, la habitación parecía lo suficientemente bien iluminada por la luna y las luces de la ciudad.

Scully cerró la puerta de su dormitorio, y se volvió hacia Mulder. Caminó hasta él mirándolo a la cara, deslizó sus brazos alrededor de su cintura, hasta la espalda, presionando sus pechos y abdomen contra su cuerpo. Levantó la mirada hacia su rostro, y él se inclinó para besarla, sus brazos serpenteando alrededor de su espalda. Cuando sus labios tocaron los suyos nuevamente, Scully sintió nuevas oleadas de deseo acumulándose en su centro. Comenzó a retorcerse contra él, necesitando algo de alivio.

Pero entonces, Mulder, se llenó de dudas e inseguridades. Casi todas las noches en sus sueños, sostenía a Scully en sus brazos y la complacía. Sabía exactamente qué hacer y cómo hacerlo. La hacía gemir hasta acabar. Pero esos eran sólo sueños. Sabía que la realidad era muy diferente; podría ser dolorosamente, vergonzosamente diferente.

 - Scully... - Murmuró, separándose del beso y jadeando contra sus labios.

 - ¿Qué, Mulder? - Respondió, también respirando con dificultad, lo miró a los ojos, pero él desvió la mirada.

Mulder sintió que la inseguridad comenzaba a aplastarlo. - Um... No hice esto en un tiempo muy largo y, uh...

Ella le dedicó una pequeña sonrisa y se encogió de hombros. - Yo tampoco.

Él resopló. - Sí.

Los ojos de Mulder volaron hasta Scully, y se dio cuenta que ella realmente lo deseaba. Esto era algo que quería. Algo que ella necesitaba. Y podía dárselo. Su compañera lo había querido antes, pero había terminado cogiendo con el jodido Ed Jerse sólo porque él no podía mantener la cabeza fuera de su culo. Probablemente hubiera cogido con el jodido Padgett también, si no hubiera intervenido. Y esos hijos de puta habían tratado de asesinarla después. Mulder de repente quería hacer esto, realmente quería hacer esto. Empujó todos sus miedos persistentes, las dudas y las inseguridades lejos de él. Empujó todas las razones por las que no deberían estar haciéndolo. Él iba a coger con Scully. Ella lo necesitaba. Iba a hacerla sentir bien. Podía hacer eso.

Y llevó su boca sobre la de ella, besándola lentamente, pero con pasión, registrando mentalmente la suavidad de los labios de Scully y la firmeza de su lengua contra la suya. Para sorpresa de Mulder, se encontró con que no tenía prisa. En todas sus fantasías y sueños con Scully, la besaba de manera desaforada y un agudo sentido de la urgencia, donde frenéticamente arrancaban sus ropas y se tocaban a tientas en la oscuridad, empujando y colisionando como si sus vidas dependieran de acabar tan pronto como fuese posible. Pero ahora, esa noche, de pie en ese dormitorio a oscuras, no había urgencia. No tenía ganas de correr. Mulder quería que esto durase el mayor tiempo posible. No quería que terminara tan pronto como había comenzado.

Mulder giró sin soltarla, y la hizo caminó hacia atrás hasta que la parte posterior de los muslos femeninos golpearon la cama.

 - Sube a la cama, Scully. - Susurró, mirándola fijamente, con los párpados pesados.

Scully sintió que su clítoris latía al escuchar sus palabras, una nueva ola de la humedad se derramaba en su centro. Se sentó en la parte superior de la colcha, Mulder la sostenía por las caderas mientras se arrastraba hacia la cabecera. Se acostó sobre su espalda, y él subió, acostándose de lado junto a ella, sosteniéndose a sí mismo con el antebrazo. Envolvió su cintura con el otro brazo, y la giró levemente para mirarla, mientras empujaba su pierna entre las de ella, acomodándose contra su centro. Scully se revolvió contra su pierna. Mulder sonrió, antes de inclinarse una vez más devorando sus labios.

La mano de Scully fue hacia el cabello de Mulder, mientras su otra mano se deslizaba dentro de su camiseta, lo acariciaba lánguidamente con sus dedos arriba y abajo por la espalda. Podía sentir su erección empujando su cadera. Luego puso su otra mano en el dobladillo de la camisa y se la quitó, junto con su camiseta blanca, en un solo movimiento. Sus labios se encontraron de nuevo, y ella envolvió sus brazos alrededor de su espalda desnuda, pasando los dedos arriba y abajo por su piel. La cabeza de Mulder estaba volando y su sangre hervía. No quería darse prisa, pero Scully estaba balanceándose contra su muslo.

 - Mulder... - Gimió. Su clítoris palpitaba de forma insoportable, necesitaba desesperadamente un poco de alivio.

Él nunca pensó escuchar un sonido así viniendo de Scully. Su ingle se apretó aún más contra su ropa interior, su sexo hinchado esforzándose dolorosamente. Se incorporó un poco. Le sonrió, tomando el dobladillo de su camisa negra, tiró de ella sacándosela por la cabeza. Mulder miró su sujetador de encaje negro, y gimió con fuerza. ¿Cuántos años habían pasado desde que había visto pechos? Pechos reales en vivo.

Se inclinó, capturando su boca, y presionando su pecho contra el de ella. A pesar de su dolorosa necesidad, Scully comenzó a preocuparse. No se parecía en nada a las mujeres de la colección de vídeos de Mulder. Sus pechos eran nada comparados a las grandes orbes plantadas en los pechos de esas mujeres. Era pequeña, y con vello en el cuerpo. No se parecía en nada a esas mujeres, con senos falsos, pelo falso, uñas postizas y vaginas sin pelo. ¿Era eso lo que le gustaba a Mulder? Oh Dios. Esta era una mala idea. ¿Y si, después de esta noche, él no quería volver a hacerlo? ¿Y si prefería el porno y masturbarse en lugar de lo real? Eso era mortificante. ¿Y si ella no era lo que realmente quería o esperaba?

 - Scully... - Mulder respiró ahogado, rompiendo el beso. - ¿Estás bien?

 

 - Sí... estoy bien.

No sabía si se trataba de la verdad, o la típica respuesta Scullyliana que significaba todo lo contrario. Tal vez esto era una mala idea. Tal vez ya se estaba lamentando y arrepintiendo. Tal vez quería parar, pero se sentía demasiado avergonzada para decirlo.

 - ¿Estás segura de que quieres hacer esto, Scully? - Susurró Mulder mirándola a los ojos. - Podemos parar, si lo deseas.

Ella suspiró. No quería sentirse insegura. No quería que él tuviese dudas. Deseaba que sus cerebros simplemente se apagaran.

 - Estoy segura. - Susurró Scully, levantando sus dedos para posarlos en sus labios, rozándolo suavemente. - No más palabras, Mulder. Y no pensemos más.. Solo hagamos esto.

Mulder buscó su rostro, mirándola a los ojos. Vio que decía la verdad. Su boca estaba sobre la de ella otra vez, sondeó con la lengua durante un segundo hasta que ella la abrió para permitirle la entrada. Sus manos fueron a su pequeña espalda, desabrochando su sujetador. Cuando cayó por sus brazos, Scully lo arrojó al suelo.

Él presionó su pecho contra sus pechos desnudos, gimieron juntos en la boca del otro. Era tan hermoso lo que sentían. Mulder quitó la pierna de entre las de ella, haciendo que Scully hiciera ese sonido, ella estaba gimiendo de nuevo, por lo que su cerebro volvió a convertirse en papilla al oírla. Scully abrió las piernas, y Mulder se instaló entre ellas, sin dejar nunca de besarla, ella movió sus caderas contra el sexo endurecido de su compañero. Mulder no podía permitir que continuara a pesar de lo mucho que lo disfrutaba, o todo habría terminado antes de que realmente hubiesen comenzado.

Se liberó de sus labios hinchados, y se movió hacia atrás, arrastrándose mientras dejaba besos por su cuello, pechos, estómago bajando hasta sus caderas, besando todo menos su centro, haciendo que Scully se retorciese.

 - Mulder... tócame... - Dijo Scully, gimiendo de nuevo. No podía creer lo que acababa de decir. Los músculos de la boca del estómago se anudaron, su voz interior luchando entre su necesidad por Mulder y sus inseguridades.

Él le sonrió. - Creí que habías dicho: “No más palabras”, Scully.

Ella rodó los ojos. Mulder sonrió de nuevo, volviendo sus labios, dientes y lengua a su cuello, y luego posó sus manos en sus pechos suaves, los apretó intensamente por la excitación, reteniéndolos en las manos, rodando su pezón tenso entre el pulgar y el índice. Esto provocó un gemido gutural de Scully. Había pasado tanto tiempo desde que un hombre la había tocado así. Mulder gimió en su cuello. ¿Cuándo fue la última vez que había tomado unos pechos con sus manos? Su sexo hinchado ahora era insoportablemente doloroso. No podía seguir más a ese ritmo lento. Necesitaba hacer que Scully acabase.

En un rápido movimiento, bajó la cabeza al pecho de Scully, chupando su pezón endurecido con la boca, chasqueando la lengua hacia atrás y hacia delante, rodando su lengua sobre él hasta hacer que ella jadeara y se sacudiese. Cada movimiento de la lengua de Mulder se registraba en su clítoris, haciendo a sus caderas corcovear y retorcerse. Ella gemía mientras su boca se movía al otro pecho, continuando con sus succiones en torno a sus tensos pezones.

Mulder comenzó a besarla por su abdomen y cintura, alcanzando sus pantalones. Se sentó sobre sus rodillas entre sus piernas. Le desabrochó los pantalones, tirando de la cremallera hacia abajo con lentitud haciendo que ella jadeara por la espera, y después se desplazó de modo que ya no estaba entre sus piernas, tomó la cintura con las dos manos y tiró de sus pantalones. Miró las bragas negras, cerrando los ojos con fuerza mientras respiraba profundamente. Tuvo que reunir una enorme cantidad de fuerza de voluntad para contener las ganas, que lo desgarraban, de enterrar su sexo en su centro caliente de una maldita vez. Él enganchó los pulgares en la cintura de las bragas, y las bajó por sus piernas también.

Una vez más se movió, poniéndose de rodillas entre sus piernas. Le inclinó las piernas, sus pies se plantaron en el edredón a ambos lados de las caderas y la observó. Sus manos fueron hasta sus caderas y su cintura, acariciándola arriba y abajo por los costados. Mulder se detuvo momentáneamente en la cicatriz que había dejado la bala del Agente Ritter, y decidió que no dejaría a Scully nunca más fuera de su vista. Empujó esos pensamientos oscuros fuera de él. Desvió la mirada hacia sus pechos suaves, completos y perfectamente redondos, se estiró sobre ella hasta apretarlos suavemente y acariciarlos. Frotó las manos arriba y abajo de los muslos de su compañera. Era una mujer de verdad. Con la piel suave y lechosa. Mulder miró su centro, unos rizos castaño-rojizos cortos apenas cubrían su sexo. Podía ver su humedad brillando en la luz que entraba desde la ventana. Él gimió.

Scully se preguntó en qué estaba pensando Mulder. No se parecía a las mujeres con las que fantaseaba mientras se masturbaba mirando sus vídeos. Pero cuando ella lo miró, sus ojos le dijeron que le gustaba lo que estaba viendo. Parecía hipnotizado, acariciando la piel de su vientre, sus caderas, sus lados, los senos, las piernas. Scully estaba respirando en forma pesada de nuevo y sintió el deseo inundando de humedad su sexo.

 - Mulder...

Rompió la concentración separando la mirada de su cuerpo, y la miró a la cara. - ¿Qué?

 - Vamos a sacar el edredón de la cama.

Él parpadeó. - Correcto.

Mulder se inclinó hacia delante sobre Scully, y agarró la parte delantera del edredón, junto con la sábana superior, tiró hacia abajo. La ayudó, levantándola de la cintura mientras corría las mantas y ella se arrastraba hacia atrás para apoyar la cabeza sobre una almohada contra la cabecera. Se inclinó sobre ella, besándola apasionadamente, acariciando sus pechos. Scully colocó sus piernas alrededor de sus caderas, todavía cubiertas por sus jeans oscuros.

 

No podía esperar más. Tenía que hacer que Scully acabase. Ahora.

Cuando Mulder comenzó a dejar un rastro de besos por su cuello, pechos y abdomen, bajando por su pelvis, Scully se dio cuenta adónde se dirigía su boca. Su mente se llenó de lujuria desenfrenada, pero también lo hizo de una dolorosa inseguridad. Muy pocos de los hombres con los que había estado habían hecho esto, en parte porque generalmente, los detenía cuando lo intentaban. Era algo tan... privado. Daniel era el único al que había dejado hacerlo con algún tipo de regularidad, y eso había sido hacía mucho tiempo. Jack lo había hecho una que otra vez y no había permitido que nadie más lo hiciera desde entonces. Su cerebro le dijo que lo detuviese antes de llegar a destino, pero su clítoris palpitante anuló esa idea.

Cuando el rostro de Mulder llegó al centro de Scully, y él sopló sobre su sexo, su mente se fue nadando y se quedó sin aliento, con la cabeza gacha. Sus caderas involuntariamente se impulsaron sobre el colchón. Dios, ese olor. ¿Qué había estado pensando él para perder tantos años sin oler algo como eso? Tanto tiempo perdido.

Mulder la miró a la cara notando que había girado la cabeza hacia un lado y los dedos de su mano derecha cubrían sus ojos. No quería mirar. Él quería lograr que ella lo mirara. Quería sacarla, hacer que se retorciese y obligarla a que le ruegue chuparle su clítoris. Dios, ¿de dónde venían esos pensamientos? Calmate y enfocate .

Mulder estaba agradecido que Scully no podía leer su mente. Gibson Praise tenía razón, su mente estaba sucia. De repente, se preocupó por esa mente sucia. ¿Y si esto tenía un efecto negativo? Scully era su pareja, su compañera, no una estrella porno. No debería estar pensando esas cosas sobre ella. Era su amiga, debía respetarla y... ¿Qué sucedería si esas cosas dentro de su mente sucia, incrustadas allí por tantos años de porno en lugar de una relación sexual real, incomodaban a Scully? No pienses en eso ahora mismo. Puedes pensar en eso más tarde.

Los labios y la lengua de Mulder fueron a la cara interna del muslo de Scully, besando su pelvis. Encontró su entrepierna empapada con sus jugos, y la lamió hasta dejarla limpia mientras empujaba su sexo duro como una roca contra el colchón, sentía la presión dentro de sus jeans, haciendo un esfuerzo se lo desabrochó, bajando la cremallera, desesperado por un poco de alivio. Las caderas de Scully empezaron a oscilar, Mulder plantó sus hombros contra la parte posterior de sus muslos, manteniendo la pelvis hacia abajo con las manos. Ella puso los pies en el colchón detrás de sus brazos, pero descubrió que así no podía mover sus caderas, y comenzó a gemir de nuevo. El dolor palpitante de su clítoris era insufrible.

Él la miró, pero se encontró con que su cabeza todavía miraba la pared, con la mano sobre sus ojos cerrados. Oh, bien. Mulder acercó su rostro al calor de su centro, sus bonitos pliegues empapados en sus jugos. Su lengua se movió sobre ella, comenzando en la parte inferior de su sexo, trabajando su camino a través de sus pliegues, pero deteniéndose antes de llegar a la yema hinchada. Scully comenzó a gemir más fuerte, y luego gimió de nuevo cuando su lengua llegó a donde la quería más. Mulder miró su clítoris hinchado, y empezó a empujarla contra el colchón de nuevo.

Scully no podía dejar de retorcerse. Su cabeza le daba vueltas y su sangre estaba ardiendo, su piel se prendía fuego. Se sentía como si pudiera llorar por la insaciable necesidad, pero aún sintiendo todo eso, mantenía los ojos fuertemente cerrados y no podía mirarlo.

La boca de Mulder ya estaba en su hinchado manojo de nervios, chupando, chasqueando y rodando su lengua alrededor de su clítoris sin parar. Haciendo que ella gimiera y se sacudiera como una enajenada contra sus labios.

 - Oohhh, carajoooo... - Scully gritó.

Mulder la miró en estado de shock. No sabía cómo conciliar todo lo que sabía acerca de Scully a lo que estaba sucediendo en este momento. Su pene se llenó de sangre dolorosamente por su propia necesidad. Pensó en el hecho de que ella no lo había hecho en mucho tiempo también. No quería hacerle daño. Debía mantenerla tan excitada como le fuese posible. Ese sentido de la urgencia lo golpeó.

Su boca volvió a trabajar en su clítoris mientras ella se mecía contra él, con los ojos cerrados fuertemente, y gimiendo incoherentemente. Mulder movió la mano derecha desde la pelvis, tomando su cadera más firmemente con la izquierda, y la bajó cerca de su boca. Con la palma de la mano hacia arriba insertó el índice en su sexo mojado. Scully gimió con fuerza y se retorció contra su mano. Él la miró, pero su rostro estaba todavía de lado, con los ojos fuertemente cerrados. Maldita sea.

Mulder acarició sus paredes internas, apretadas alrededor de su dedo, mientras su lengua establecía un ritmo lento contra su clítoris. Podía sentir el cuerpo de Scully tensarse y ponerse rígido. Estaba cerca. Gracias a Dios. Quitó el dedo, antes de volver a empujar dentro de ella junto con su dedo medio, curvándose ligeramente hacia arriba. Encontró el, ligeramente áspero, cojín esponjoso en su pared frontal. Comenzó a acariciar con sus dedos contra la almohadilla al mismo ritmo lento mientras le chupaba el clítoris. Cambió el ritmo y la manera de mover los dedos mientras su boca, lengua y dientes hacían maravillas sobre su sexo a cada vez mayor velocidad.

Scully sintió una increíble tensión edificándose dentro de su cuerpo, sus músculos se apretaron, y entonces estaba acabando con fuerza, moviendo sus caderas contra él, gimiendo en voz alta un discurso incoherente, sus manos volaron para sujetar la sábana ajustable, pero no pudo encontrarla dignamente. Mulder sacó los dedos de su sexo palpitante, levantando ambas manos hacia ella sin dejar de comerla con la boca, Scully se apoderó de sus manos apretándolas con las suyas, cabalgando las olas de placer que corrían por su cerebro y su cuerpo.

Cuando empezó a bajar de la cima, empujó suavemente la cara de Mulder lejos de sus super sensibilizados nervios. Él se levantó para observarla. Estaba tumbada sobre su espalda, con la cara hacia delante mirando al techo, los ojos abiertos, y con las manos en la cara, riéndose nerviosamente.

 - Oh, Dios mío... Oh, Dios mío... Oh, Dios mío...

En ese momento, por primera vez desde que Phoebe Green, había salido de su vida hacía tantos años en Oxford, Mulder tuvo una “mindfuck” extraordinaria (idea o concepto que sacude las creencias o suposiciones realizadas previamente sobre la naturaleza de la realidad): Estaba realmente agradecido de que ella hubiese entrado en su vida y lo convirtiese del ingenuo chico de 22 años que había llegado a Inglaterra en ese hombre que sabía hacer muy bien ciertas cosas.

Scully, sintiéndose salvaje por la excitación y las ansias de sentirse penetrada por su compañero, se sentó y comenzó a acercarse a la erección de Mulder, que sobresalía desde el interior de sus boxer grises, sus jeans habían cedido, por todo el movimiento constante.

 - ¡Scully, espera! - Casí grito estirando su mano para evitar que lo toque.

Ella frunció el ceño. - ¿Por qué?

 - Porque estoy a punto de explotar, y si me tocas, lo haré, y todo esto habrá terminado demasiado rápido... Yo solo... - Mulder respiró hondo. - Sólo tengo que calmarme un poco, pensar en otra cosa durante un minuto antes de volver a ti sin hacer un papelón... estoy muy caliente, Scully... sólo dame un minuto...

Scully sonrió, mordiéndose el labio inferior, y se arrojó de vuelta a la cama sobre su espalda. Lo escuchó mientras tomaba unas cuantas respiraciones para calmarse, y luego lo vio tirar de sus jeans sacándoselos junto con sus calcetines. Mulder le llamó la atención. Ella estaba lamiendo sus labios.

 - Me estás volviendo loco, Scully. - Susurró. Ella sonrió, llevando con nerviosismo el dorso de su mano derecha a la boca.

Observó el rostro de Scully mientras él se bajaba los boxer, sus ojos como platos y su boca abierta. Ella se reía nerviosamente de nuevo. Mulder deseó no haber desperdiciado tantos años sin oír ese sonido, pero rápidamente alejó ese triste pensamiento.

Se movió hacia la cama, colocándose sobre ella. Scully extendió las piernas, ubicándolas alrededor de sus caderas, y él se instaló entre ellas. Su erección congestionada pinchó su centro húmedo. Tomó otra hazaña de fuerza de voluntad no acabar con el solo pensamiento de estar allí, en su interior, donde él quería estar. Mulder se dio cuenta que no tenía condón. Normalmente, esto lo hubiese hecho entrar en pánico. En los pocos encuentros sexuales después de Diana, inclusive en su relación de cinco años con ella, nunca cogía sin condón. Nunca. Nunca había querido tener hijos, y estaba malditamente seguro que no los tenía ya que NUNCA lo había hecho sin condón. Y notó la ironía del momento, ahora, cuando más deseaba darle la bienvenida a un niño, los preservativos eran innecesarios ya que Scully no podía darle un hijo. Mulder no estaba seguro que si el dolor que sentía era por ella o por él mismo, y cuando su sexo hinchado pinchó los pliegues resbaladizos y calientes de la entrada de su compañera, oró por ese milagro.

Mulder se inclinó aún más, presionando su abdomen contra el de ella, sintiendo su piel desnuda debajo de él. Esperaba fervientemente que esta primera vez no fuera la última, pero sabía muy bien que Scully podría despertarse mañana y freak out, asustarse y hacia fuera, diciendo que todo fue un error, que nunca debería haber actuado bajo esos impulsos hormonales, y que las cosas estarían mucho mejor si fingieran que esa noche nunca había sucedido. ¿Pero eran impulsos hormonales? ¿Fue simplemente, nada más que un impulso sexual el que envió a Scully a volar sobre su regazo? De alguna manera no lo creía.

Mulder la miró a la cara, llevando su mano hacia arriba, rozando su mejilla y su mandíbula. Scully sentía que estaba buscando su mirada por algo, como una respuesta o permiso, tal vez. Sus ojos brillaban, y ella vio no sólo la excitación, sino el amor, el afecto, la devoción. Y su corazón se hinchó, se llenó a reventar.

En ese preciso momento, la otra mano de Mulder guió su sexo hinchado, palpitante de necesidad, dentro de su vagina, sus paredes húmedas saludándolo con su calor y presión.

 - ¡Aahh, carajo, Scully! ... Esto no va a durar mucho tiempo.

Ella le sonrió, no le importaba. La sensación de Mulder sobre su cuerpo, su piel apretada contra la suya, su duro miembro dentro de sus paredes internas, Mulder mirándola a los ojos con cariño, todo esto estaba resultando abrumador.

Después de varias embestidas, él comenzó a gemir. Gracias a Dios, pensó Scully. Siempre le había desagradado fuertemente tener relaciones sexuales con hombres que hicieran poco más que gruñir un par de veces al eyacular. Le gustaban los hombres vocales, los sonidos de su placer siempre se registraban en su clítoris.

Los empujones frenéticos de Mulder dentro del calor húmedo de Scully buscaban el éxtasis que nunca pudo lograr en sus sueños. Mientras la miraba a los ojos, sabía que no había Fumador aquí, nadie que la llevara lejos de él, y de hecho, no había ni rastro del tipo en ningún lugar desde que llegó a casa del hospital. No había amenazas, ni susurros de actividades ilícitas, nada más que silencio. Mulder pensó que había sido una locura permitir que el miedo por ese hijo de puta le impidiera estar con Scully. Deberían haber hecho esto hacía mucho tiempo.

Podía sentir su liberación inminente; su ingle se apretó, la tensión edificando en sus bolas hasta que no pudo aguantar la presión, y Mulder comenzó murmurando un lenguaje tremendamente explícito mientras su rostro se cernía sobre el de Scully para besarla. Scully abrió sus ojos con sorpresa al escucharlo, pero le gustaba oírlo, como sus palabras estaban llenas de referencias a su cuerpo, a lo que deseaba de ella y a su nombre.

Scully sintió como Mulder empujaba los brazos debajo de ella, para apretarla más contra su pecho, enterrando una mano en el pelo, presionando su cara en su cuello mientras se movía más rápidamente embistiendo con más fuerza; ella sentía que iba a suceder otra vez, que estaba cerca también. Mulder salió completamente de ella para enterrarse con más fuerza, una, dos veces. A la tercera colvulsionó contra su cuerpo.

 - ¡Ahhh! ¡Scullyyy! ¡Scullyyyyyy!

 

Estaba acabando con fuerza, gimiendo en voz alta, y ella podía sentir su semilla caliente inundando su vientre. Y acabó también. Su cuerpo explotó gritando su nombre, sus manos se clavaron en sus hombros mientras se sacudía y temblaba buscando su cuello para enterrar su cara. Lo abrazó con fuerza, manteniéndolo contra su pecho mientras sus cuerpos seguían aún temblando.

Y en ese momento, todo fue demasiado: el acto en sí, después de haber pasado tanto tiempo desde que lo había experimentado por última vez, el hecho de que era la primera vez que tenía relaciones desde el descubriento de su estérilidad, y que la persona con la que se estaba acostando fuese Mulder. Todo esto envió demasiadas olas emotivas a su cerebro haciendo que lo abrazara con más fuerza y llorara sin poder ni querer controlarse contra su hombro. Lloró por ella misma, lloró por Mulder, y lloró por los hijos que ellos nunca podrían tener.

Él estaba confundido y preocupado. - Scully... ¿no te lastimé verdad... o qué...?

 - No. - Exclamó contra su cuello sin dejar de llorar. - Tú nunca podrías lastimarme, Mulder.

 - ¿Qué puedo hacer? ¿Dime cómo puedo ayudarte? - Preguntó, sintiéndose impotente.

Scully lo empujó despacio, de modo que ahora yacían sobre sus lados, ella envolvió su pierna alrededor de su cadera, con un brazo alrededor de su cuello y el otro alrededor de su espalda.

 - Sólo sostenme, Mulder. - Lloró en su hombro.

Mulder la abrazó con fuerza, sus brazos y piernas entrelazadas, mientras ella lloraba cada vez con más fuerza. Después de unos largos minutos, sus gritos disminuyeron, y él se inclinó hacia atrás para mirarla a la cara. Ella todavía estaba emitiendo sollozos, su cuerpo estremeciéndose, mientras trataba de recuperar el aliento. Mulder llevó la mano a su cara, acariciando suavemente su mejilla, secándole las lágrimas con ternura mientras le daba pequeños besos en la cara.

Scully quería decir las palabras, quería decirle: “Te amo”. Pero no podía. El miedo seguía allí. Las paredes estaban todavía levantadas, y ella continuaba levantando el muro, siempre en un estado de auto- preservación. No tenía ni idea de lo que era esto que había sucedido entre ellos, o lo que significaría a largo plazo. Tal vez él no deseaba hacerlo por segunda vez. Tal vez esta era sólo una cogida por lástima. Tal vez él empezaría a tratar de empujarla nuevamente de los X- Files. No parecía que ese fuera el camino correcto ahora, con Mulder mirándola de una manera afectuosa y con sueño, con una mano en el pelo y la otra sobre su trasero. Pero Scully sabía que los hombres a menudo se iban a dormir con la felicidad post- coital, sólo para despertar a la mañana siguiente sintiéndose muy diferentes.

A pesar de las lágrimas de Scully, y lo desconocido que tenían por delante, Mulder estaba feliz, y, posiblemente, más contenido y contento de lo que se había sentido alguna vez en su vida. No tenía ni idea de lo que pasó o por qué ocurrió o si volvería a ocurrir. Sólo podía esperar y rezar para que sucediera otra vez. Y al ver a Scully sucumbiendo al sueño, Mulder sonrió, siguiéndola un segundo de inconsciencia después.

CONTINUARÁ…

Chapter Text

A medida que la luz del amanecer comenzó a hacer su camino a través de la ventana de la habitación principal en el apartamento #35, al 1419 del NW 31 en Georgetown, Fox Mulder se agitó despertándose, los ojos parpadeando lentamente. Y lo que vio trajo una sonrisa a su cara. Scully estaba acostada a su lado, durmiendo a pierna suelta. Mientras observaba su rostro, se dio cuenta que no había sido un sueño. Era real. Realmente había sucedido. Todo ello.

Mulder extendió la mano para poner suavemente el mechón de pelo que estaba sobre la cara detrás de su oreja. Se sentía muy contento simplemente con tumbarse allí y verla dormir mientras la luz de la mañana se extendía lentamente por el dormitorio. Los recuerdos de la noche anterior nadaban delante de sus ojos, algunos increíblemente dolorosos, otros increíblemente placenteros: la suavidad de la piel de Scully, su calor embriagante, su delicioso sabor, sus sonidos gratificantes, el cariño en sus ojos.

Luchó contra el impulso de despertarla, rodar sobre su cuerpo y coger con ella de nuevo. Su mente inundada con fantasías de todas las diferentes maneras en las que deseaba tenerla, mientras que intensamente mantenía la esperanza que cuando Scully despertara no se arrepintiese de lo que había pasado entre ellos, así él sería libre para hacer esas fantasías realidad. Pero entonces comenzó a recordar todas esas razones, algunas tontas y otras válidas, porque añadir el sexo a su asociación podría ser una muy mala idea.

Las razones más tontas que podría más fácilmente reprimir: cómo, honestamente, no pensó que lo de anoche no tendría ningún efecto adverso en su relación de trabajo y la forma en que proseguirían o manejarían los casos. Había sido un tonto al pensar que sólo podría obligarla a marcharse. Debido a que era Mulder y ella seguía siendo Scully, y eso era lo que hacía el trabajo en los X- Files bueno. A menos que las cosas se volviesen insoportablemente incómodas y no pudiesen siquiera mirarse o hablarse. Maldita sea. Eso sería un problema. No pienses en eso.

Además, a juzgar por las miradas, susurros y sonrisas de sus compañeros, suponía que casi todo el mundo dentro del Bureau probablemente pensaba que llevaban cogiendo hacía un largo tiempo ya. Pensó que incluso Skinner lo sospecharía. Y, sin embargo, nadie se molestó en hacer cualquier tipo de acusación directa y tratar de separarlos por razones de la política anti confraternización Pero ellos nunca habían... fraternizado. Hasta ayer por la noche. Por lo que era obvio que podría convertirse en un problema, cuando dejaba de ser un rumor y se convertía en un hecho constatado. Mulder entró en pánico al darse cuenta que había estacionado su coche toda la noche fuera del edificio de Scully. Sabía que si esta... cosa... continuaba, no podría dejar su coche fuera durante la noche. Alguien lo notaría, ya sea alguien del FBI o personajes más peligrosos en los que prefería no pensar.

Y la razón más válida se adelantó en su mente, si retomaban desde lo de anoche sería una muy mala idea, una idea peligrosa. Era muy probable que no les tomaría demasiado tiempo para que cualquier cambio significativo en su asociación fuese visto, notado por ciertos grupos nefastos dentro del gobierno que los consideraban personas de interés. Habían sido puestos bajo vigilancia demasiadas veces para asumir que volvería a ocurrir en el futuro. ¿Y si utilizaban esto? ¿Y si utilizaban nuevamente a Scully, amenazando su vida, para manipularlo? El Hombre cáncer podría volver fácilmente desde cualquier agujero donde se estuviese escondiendo y alejarla de él.

A medida que esos paranoicos pensamientos corrían por la cabeza de Mulder, Scully lentamente abría los ojos, parpadeando despierta. Ella le sonrió. Él giró para mirarla, y todos esos pensamientos negativos desaparecieron de su mente tan rápidamente como la llama al soplar una vela. Mulder la estaba mirando, cuando sucedió. Una vez más, podía ver qué pasaba justo frente a sus ojos. Una mirada de comprensión, y luego una nube oscura se apoderó de su rostro, toda emoción huyó de sus ojos y ya no podía leerlos. Una pared se levantó delante de ella. Scully estaba cerrada para él.

- Voy a tomar una ducha. - Dijo ella, sin mirarlo, antes de envolverse con la sábana superior color crema y caminar a través de la habitación hasta la puerta que comunicaba al baño, desapareciendo de su vista.

Mulder se volvió quedando acostado de espaldas contra el colchón, y echó su mano en la frente. Mierda.

 

***** 

Scully entró al cuarto de baño, se apoyó en la puerta y cerró con llave. Luego se acercó a la otra pared, y cerró la puerta que daba al pasillo. Fue presa del pánico, al recordar los acontecimientos de la noche anterior se sintió avergonzada. Había hecho y dicho cosas que la estaban haciendo enrojecer por la humillación. Y había visto la expresión de su cara al despertar, como un ciervo encandilado por los faros. ¿Y si realmente quería deshacerse de ella ahora? ¿Por su propio bien? Arruinó todo. Él nunca la miraría de la misma manera. Su amistad no iba a ser lo mismo, y probablemente él ni siquiera deseaba una relación personal fuera del trabajo. ¿Qué estaba esperando que sucediera? ¿Esperaba que las cosas cambiasen para mejor? Él anoche solo quería hacerla sentir mejor; se compadecía de ella. Y ahora estaría probablemente lamentándose que hubiera pasado. Oh, Dios. ¡¿Cómo podía haber sido tan estúpida?!

Cualquier idea de hablar sobre lo que pasó fue aplastada rápidamente por los nudos retorcidos de miedo en su estómago. No quería mirarlo y ver el pesar, el rechazo en sus ojos. O peor aún, escuchar las palabras de pesar y rechazo. Caminó hacía el inodoro y casi se cae, las piernas le fallaban. Vio que el asiento estaba levantado, rodó los ojos, y la cerró de golpe, molesta. Después de orinar, se metió a la ducha con la esperanza de que cuando saliera Mulder se hubiese ido a la casa; él sería un verdadero amigo y le evitaría la devastadora vergüenza.

Se tomó su tiempo en la ducha, prolongando su salida del baño. Después de unos 25 minutos, estaba en bata frente al espejo del baño, peinándose. Caminó ligeramente abriendo la puerta que daba al dormitorio. Mulder no estaba allí. Gracias a Dios. Regresó al baño y mientras comenzaba a lavarse los dientes, oyó el televisor encendiéndose en la sala. Se quedó paralizada. ¡¿Todavía estaba aquí?! ¿No podía ir a su casa a ver la televisión? Debes estar jodiéndome.

 

*****

Mulder quería hablar sobre lo que había sucedido, o tal vez no quería. No sabía qué hacer, ¿cuál sería el mejor curso de acción? Podía hablar con ella, y posiblemente escuchar cosas que realmente no deseaba oír. O podrían fingir que nunca sucedió, y permitir que las cosas vuelvan a la normalidad. Sintió su corazón hundirse. ¿Cómo podrían volver? No había vuelta atrás.

Sintonizó ESPN para ver la cobertura de baseball. Una manera perfecta de desconectar su cerebro. La escuchó salir de la ducha. Podía oír sus movimientos en la habitación. Pensó en ir allí, pero el miedo lo mantenía clavado al sofá. Pero mientras miraba hacia abajo, recordó que en el sofá era donde todo había empezado. Quería volver, y revivirlo. Probablemente era la primera y última vez que algo así sucedería. Tal vez debería haber hecho o dicho algo diferente anoche, para asegurarse de que la mañana no fuese por el camino que iba. Pero hacía dónde iba, no tenía ni idea.

Pasó la siguiente hora sentado en el sofá, dándose cuenta que Scully estaba perdiendo tiempo en habitaciones distintas a la que él estaba sentado. Tenía destellos de sus movimientos entre el dormitorio y el pasillo, entrando y saliendo del baño. Estaba lavando ropa. Oyó la aspiradora y ella se atrincheró en la habitación de invitados. Al rato pudo oírla en la cocina limpiando. Pensó que todo se veía impecable la noche anterior.

Al parecer, había decidido ignorarlo. Bueno, eso era simplemente genial. Mulder decidió que iba a obligarla a notarlo.

 - ¡Hey, Scully! - Le gritó desde el sofá.

Scully se detuvo limpiando la mesada. Sus entrañas se agitaban por la humillación. - ¿Sí?

 - ¿Tienes hambre? - Preguntó Mulder. - ¿Quieres ir por algo para desayunar?

Seguro que deseaba ir a un algún lugar público para poder romper con ella con suavidad. - Um... no, no tengo hambre. ¿Por qué no vas y compras algo para ti?

Él se mostró escéptico. - ¿Qué quieres decir con que no tienes hambre? Debes estar muriéndote de hambre. Ni siquiera cenaste anoche.

 - Voy a comer más tarde, Mulder. - Le respondió con brusquedad. Quería estar sola. ¿Por qué no entendía eso?

Él suspiró. - ¿Quieres hablar de lo que el doctor Parenti te dijo?

Scully se congeló. Sintió un nudo de tristeza en su corazón. ¿Cómo podía pedirle a Mulder que la apoyara con otro intento de IVF después de lo que había sucedido entre ellos? De repente, la idea de crear un niño venía con muchas más implicaciones que no estaba dispuesta a pensar, y mucho menos a hablar. - En realidad no, no en este momento. - Dijo después de una larga pausa.

Santo cielo. Si alguien podía ganar un PhD (Doctorado en Filosofia “Doctor of Philosophy”) en: Represión y Evitación, era ella. Uh... mira quién habla, amigo. Mulder suspiró. Scully claramente sólo quería que se fuera. Recogió sus zapatillas que había dejado junto al sofá la noche anterior, y se las puso. Apagó el televisor y caminó hacia el perchero para agarrar su chaqueta.

 - Está bien, así que... supongo que te veré esta noche, Scully. Te recojo a las 18:30, ¿no? - Dijo Mulder en la puerta del apartamento, mirando a la cocina.

¿Por qué iba a volver más tarde? No tenía ni idea de lo que estaba hablando. - ¿Qué quieres decir?

 - “The FBI Community Service Awards Banquet” - Respondió. - Recibimos un Premio al Servicio Público, ¿recuerdas?

Scully parpadeó, mirando hacia la mesada. - ¿Eso es esta noche?

 - Yeah. En el Capital Hilton, 19:30. ¿Lo olvidaste? Me preguntaste la semana pasada si podía recogerte para ir juntos, ¿recuerdas?

Scully suspiró. Se había olvidado por completo. Ni siquiera había comprado un vestido. Ni había hecho una cita para el salón de belleza. Y se supone que subir al escenario y aceptar un premio, y hacer frente a la habitación con algún tipo de expresión. ¿Qué iba a decir? ¿Qué iba a llevar? Supuso que podría pasar la tarde preparándose.

 - No tienes que venir por mí, Mulder. Puedo conducir.

 - Scully, ¿por qué iríamos en dos coches? No me importa venir por ti. Ya te dije que lo haría.

 - Porque no es justo para ti. Manejar hasta tu casa, prepararte, volver manejando hasta aquí por mí... Te puedo encontrar allí, Mulder. No hay problema.

Ni siquiera lo miraba mientras hablaba. Él empezó a sentir una rabia burbujeando en la boca del estómago.

 - Scully, voy a recogerte. Voy a venir por ti. - Dijo con firmeza. - Voy a estar aquí a las 18:30, ¿ok?

Él la miraba fijamente. Ella todavía se negaba a mirarlo. No sabía qué más decirle. Había muchas otras cosas que quería decirle, pero no sabía cómo. Odiaba su silencio. Él preferiría que se volviera loca, y emocional, y le dijera todas las razones por las que la noche anterior había sido el error más grande que ella jamás había cometido. Él, al menos, podría discutir con ella, plantear sus objeciones, y podrían arruinar o no esta cosa como cualquier otra diferencia de opinión que alguna vez habían tenido. Pero ante su silencio, su distancia, él no tenía armas para defenderse. Esta era su ley de frío hielo, logrando que se le congelara el corazón.

 - Está bien, Mulder. - Respondió secamente, sin levantar la vista de la mesa de la cocina que estaba limpiando.

Él suspiró abriendo la puerta, y después de una última mirada dolorosa al sofá, donde Scully había volado a su regazo invitándolo a su cama, se fue.

Cuando los codos de Scully cayeron sobre la mesa, ella bajó la cabeza, con los ojos llenos de lágrimas.

 

CONTINUARÁ…

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A las 18:15 horas del sábado 2 de octubre, Scully estaba lista para ir al: “FBI Community Service Awards Banquet”, su gabardina de lana gris carbón sobre su nuevo vestido, los zapatos impecables, y ella caminaba por su apartamento esperando a Mulder. Se sentía nerviosa, incómoda, asustada, ansiosa, emocionada, llena de esperanza. Se preguntó si esta noche saldría todo bien u horrible. Se preguntó si las cosas volverían a la normalidad entre ellos o si las cosas cambiarían para siempre. Al principio, la había espantado el pensamiento del banquete. Había caído en un momento horrible, no tenía nada que celebrar el día después de enterarse los resultados de su intento de IVF. Pero ahora que sabía que la IVF había fracasado, el estar en una gran sala llena de gente, la mayoría de las cuales no conocía particularmente bien y por lo tanto su conversación podría limitarse a una pequeña charla no personal, le pareció una buena distracción a los pensamientos asfixiantes que estaban haciendo estragos en su mente.

A las 18:25 en punto, Mulder llamó a su puerta. Scully se quedó allí, congelada, mirando la puerta. Una sensación de mariposas llenó su estómago, pero después de tomar una respiración profunda, la abrió.

Él estaba allí de pie, usaba una gabardina negra, pudo ver el corbatín de su smoking sobresaliendo por el cuello. Ella le dio una sonrisa a medias. - Hola.

Mulder se quedó mirándola fijo. Sus ojos vagaron por debajo de su brillante pelo, llevaba un peinado alto; sus ojos, con maquillaje ahumado; sus labios rojos y húmedos; los pendientes que colgaban de sus lóbulos, brillaban en la luz; el abrigo oscuro abrazando su figura; sus piernas cubiertas por medias de nylon negras, sus zapatos stiletto negros con detalles en azul, la recorrió entera volviendo a sus ojos. Su cerebro se volvió difuso.

 - ¿Mulder?

Él parpadeó, tratando de concentrarse. - Hey... Sí, ¿estás lista?

Scully lo miró fijamente, y Mulder pensó que podría haber visto un destello momentáneo de picardía en sus ojos. - Sí, estoy lista.

Ella salió y cerró detrás de ella. Mientras caminaba por el pasillo hacia el ascensor, Mulder caminaba detrás, mirando la suave piel de su cuello, expuesta ahora con ese peinado, y la costura negra recta de las medias de nylon en la parte posterior de sus piernas desaparecían en sus talones, Dios, usaba liguero. Él gimió internamente. Iba a ser una noche larga.

Unos rápidos siete minutos en coche les tomó llegar del edificio de Scully al Capital Hilton en el centro de DC. Cuando llegaron al lobby del hotel, Scully se excusó para ir el baño. Mulder se acercó a la mesa de registro, sacando su tarjeta de identificación.

 - Fox Mulder y Dana Scully. - Le dijó al encargado, un hombre de mediana edad también vestido con un esmoquin.

El encargado miró la insignia de Mulder, y luego escaneó su lista de nombres. - Sí, te tengo aquí. Mesa 13. Oh, veo que eres uno de los ganadores del premio. Felicitaciones.

 - Gracias. - Dijo Mulder. Luego se dirigió al guardarropa a la derecha de la mesa para dejar su abrigo.

 - ¿Cómo te va, Spooky? - Dijo una voz familiar detrás de él.

Mulder giró para encontrarse con la presencia no deseada del agente Tom Colton allí de pie mirándolo. Se quedó mirándolo sin decir nada, y antes de poder pensar algo para decirle al chico, vio que la mirada de Colton se dirigía más allá de él. Mulder se volvió y se quedó boquiabierto.

Scully estaba caminando hacia ellos con sus stilettos negros abrazando su pequeño bolso con brillantes detalles en azul, y un negro vestido de correas spaguetti que le llegaba unas tres pulgadas por encima de las rodillas y mostraba lo suficiente como para hacer que el corazón de Mulder comenzara a golpear con fuerza. Sintió la contracción de su sexo dentro de sus pantalones mientras la veía acercarse a ellos. Oh Dios. Esta iba a ser una noche muy larga.

 - ¡Y aquí está la señora Spooky! - Dijo Colton a Scully, aunque de una forma divertida.

 - Hola, Tom. - Ella rodó los ojos. Volvió su atención a Mulder, y el corazón le dio un vuelco cuando lo vió con su smoking negro.

 - Hola, Dana - dijo Colton, sonriendo y meneando las cejas.

Mulder no sabía que era más irritante. El “señora Spooky” o su “Dana”. Sólo sabía que quería alejarse de Tom Colton tan pronto como fuera posible.

 - Estamos en la Mesa 13, Scully. - Susurró con impaciencia. Ella podía decir que por su tono quería que se alejaran del lobby y de Colton, más específicamente.

 - Voy. Supongo que te veré en el interior, Tom. - Le dijo Scully, cuando se volvió hacia las puertas dobles abiertas que llevaban a la sala de banquetes.

Tom le hizo un guiño. - Será mejor que lo creas, Dana. Nos vemos, Spooky. - Colton se fue a saludar a otros colegas.

Dana, mi culo. Mulder se quedó allí, lanzando una mirada gélida a la espalda de Colton mientras este se alejaba. Scully extendió la mano y lo tomó del brazo. - ¿Estás listo?

Él se quedó mirando la mano de su compañera, sosteniendo suavemente su antebrazo, y luego la miró a la cara. Era la primera vez que lo tocaba desde la noche anterior. Scully se sonrojó, sacando rápidamente su mano y apartando la mirada de él. Ella se volvió y entró en la sala de banquetes. La habitación estaba decorada en azul y plata, con un escenario en la parte delantera, una alfombra en medio que llevaba hasta el podio con la insignia del FBI y mesas a los costados de esta para unas mil personas.

Mientras caminaban hacia su mesa cerca del escenario, Scully escuchaba continuamente: “Hey, Spooky” Y tantas veces su sangre comenzaba a hervir de rabia. Deseaba que los otros agentes abrieran los ojos y dieran a Mulder el respeto y admiración que se merecía. Él simplemente rodaba los ojos o devolvía una mirada en blanco en dirección a donde estaba siendo llamado. Había oído ese nombre durante 13 largos años, desde la academia. No había nada que pudiera hacer al respecto, y nunca le había parecido digno de preocupación, ni que valiese la pena pelear por el sobrenombre. Sin embargo, demasiados agentes masculinos habían dicho un: “Hola, Dana” para su gusto, y a la mayoría de ellos ni él ni Scully sabían el nombre o le reconocían la cara siquiera.

Cuando se abrieron camino a través del cuarto y estaban llegando a su mesa, fueron detenidos por Skinner.

 - Hey, me alegro de haberlos encontrado antes de que comience esta cosa. - Dijo mientras se acercaba a ellos, llevaba un pin con la bandera en la solapa de su esmoquin.

 - Hola, señor. - Scully lo saludó. Mulder se limitó a asentir con la cabeza.

 - Escucha, acerca de este Premio al Servicio Público, este “Public Service Award”... - Skinner vaciló. - El Director Adjunto decidió que como el premio se les está dando a los dos, como una unidad, no necesitan subir los dos al escenario. Y la pregunta es cuál de ustedes va a recibir el premio y decir algunas palabras.

 - Y con eso te refieres a la Agente Scully. - dijo Mulder.

Scully se volvió dándole una mirada sorprendida, y luego se giró hacia Skinner. - Pero señor, en realidad yo no hice nada en el banco. Fue Mulder quien detuvo a Bernard Oates. Fue Mulder quien prestó el servicio público. Yo realmente no hice mucho... verdaderamente no hice nada allí.

 - Bueno, el Director Adjunto dijo que no quiere a Mulder allí arriba hablando de Pamela Hamilton y relatando la trama de un episodio de Twilight Zone (La dimensión desconocida). - Explicó Skinner con cierta molestia.

Mulder suspiró y negó con la cabeza. Scully lanzó una mirada de enojo en dirección a Skinner, y comenzó a caminar hacia la Mesa 13, con su compañero tras su espalda.

Ella llegó a la mesa primero, Mulder fue detenido por su amigo, el agente Danny Valladeo. Estaba agradecida que por lo menos hubiese una cara amable en la sala por su bien. Caminó alrededor de la mesa para encontrar su lugar y el de Mulder, al ubicar la tarjeta con el: <Dana Scully> - impreso en ella, se sentó y puso su clutch en la mesa. Echó un vistazo a la tarjeta del lugar a su izquierda, para ver <Peyton Ritter> Anudó su estómago. ¡Oh no, carajo! No podía ser. Miró a su derecha, esperando ver la tarjeta del lugar con el nombre: <Fox Mulder> pero en cambio la tarjeta impresa decía: <Spooky> Scully sentía las lágrimas de rabia calientes llenando sus ojos. Pendejos. De alguna manera, esa noche parecía un evento planeado por el Director Adjunto simplemente como una manera de pegarle a Mulder. Tomó su clutch, sacó su pluma de fieltro negro, agarró su tarjeta de ubicación, la giró y escribió: <Sra. Spooky>.

Mulder finalmente dejó a Danny y fue a sentarse junto a Scully. Echó un vistazo a su tarjeta de ubicación y luego a la de ella, lo que claramente estaba escrito había sido con su puño y letra.

 - ¿Por qué hiciste eso?

 - Solidaridad. - Respondió ella de forma cortante.

Mulder sonrió. - ¡Vamos Equipo!

Scully se rió entre dientes.

*****

Apenas habían pasado unos pocos minutos de las 19:00 horas cuando el agente especial Peyton Ritter de la Oficina de New York se acercó a la Mesa 13 y se sentó en el asiento asignado. Se quedó mirando la silla vacía a su lado y luego levantó la vista para ver a Mulder sentado en la silla siguiente. Palideció. Mulder lo miraba fijamente

Ritter se aclaró la garganta. - Agente Mulder. Así que... eh, ¿dónde está Dana?

¿Es en serio? Tienes que estar jodiéndome de verdad. - La agente Scully está por las mesas de Quántico hablando con sus amigos.

Ritter asintió. - ¿Y que hay de ti? ¿No tienes amigos por aquí?

 - No. - Respondió de manera cortante. - Bueno, no, eso no es cierto, tengo un amigo. Y ella está dando un recorrido social.

Ritter lo miró. - Bueno... está bien, entonces.

Mulder se preguntó si el imbécil del Director Adjunto puso Ritter junto a Scully a propósito. Cuanto más pensaba en ello, más plausible le parecía la idea.

 - ¿Le gustaría tener más de un amigo aquí? - Una voz femenina familiar hizo la pregunta detrás de él.

Mulder y Ritter giraron para ver a la agente Natalie Black, con un vestido de cóctel sin tirantes color rojo, su larga cascada de pelo castaño oscuro sobre un hombro. Él parpadeó mientras ella se sentaba en la silla de Scully, poniéndose de lado para mirarlo de frente, cruzando las piernas, y dándole la espalda a Ritter.

 - Hola, agente Black. - La saludó Mulder cortésmente.

 - Pensé que ya te había dicho que me llamaras Natalie. - Susurró sonriéndole. - Te ves muy bien con ese esmoquin. Y, uh... Realmente extraño verte en el bullpen.

Ante esto, Ritter se inclinó para mirar a su alrededor, y arqueó las cejas a Mulder. Mulder se negó a hacer contacto visual con él.

Scully disfrutaba pasar el tiempo con los patólogos de Quantico y el personal de laboratorio, riendo y hablando de su vida, las familias, el trabajo. Los había conocido desde que había ingresado a la Academia, hacía mucho tiempo, casi nueve años, y era muy aficionada a pasar tiempo con ellos. Todos la felicitaron por el premio, a ella y a Mulder, y le dijeron que les gustaría animar la cuestión cuando los llamaran por sus nombres y subieran al escenario serían los más ruidosos del salón, prometieron. Se sentía agradecida, ya que nunca se habían burlado de su trabajo en los X Files ni de Mulder. Se volvió para mirar hacia su mesa, y se encontró con que Natalie estaba sentada en su silla, con las piernas cruzadas de manera sensual hacia Mulder. Scully se excusó con sus amigos, y se dirigió a su mesa de manera posesiva.

 - ¿Vas a hacer algo después de esto? - Natalie le preguntó sin dejar de mirarlo a los ojos.

Mulder le dirigió una mirada de perplejidad. - ¿Qué quieres decir?

 - ¿Vas a ir a alguna de las fiestas que organizaron los Departamentos del Bureau?

Sacudió la cabeza negativamente. - No soy una persona de fiestas. No he estado en una desde la Universidad.

 - Yeah... Estaba pensando en saltarme las fiestas también. - Respondió Natalie. - Um... aún... me gustaría hacer algo divertido después de esto, sin embargo.

Mulder asintió.

 - ¿Quieres que... tal vez... un poco de compañía esta noche? Podríamos pasar el rato después juntos. Tal vez... ¿en tu casa?

Mulder parpadeó. Ritter se inclinó de vuelta en su silla y le lanzó una mirada salvaje que Mulder volvió a ignorar.

 - Hola, Natalie. - Scully había regresado a la mesa.

 - ¡Oh, hola Dana! - Dijo Natalie, sonriente parándose dándole un sincero abrazo. - Te ves hermosa esta noche.

Scully sonrió. - Gracias. Tú también.

 - ¡Gracias! - Se sonrojó mirando hacia Mulder. - Bueno, supongo que debo ir a mi mesa... Está allí por alguna parte. - Movió la mano hacia la izquierda del escenario. Luego apretó el bíceps de Mulder, diciendo: - Avísame sobre esta noche. - Antes de abandonar la mesa.

Scully se volvió dedicándole una mirada incrédula a Mulder, pero antes de que él pudiera decir nada, Ritter se había puesto de pie detrás de ella.

 - ¿Dana? - Murmuró.

Ella se volvió hacia él. - Agente Ritter. - Lo saludó.

 - Realmente me gustaría que me llamaras Peyton. Solo Peyton.

Mulder hervía.

 - Realmente me gustaría que no me hubieses disparado

Él la miró asombrado. Abrió y cerró la boca sin saber que responder. Mulder se echó a reír.

Scully le sonrió a Ritter. - Estoy bromeando.

Ritter dejó escapar una risa nerviosa. - Gracioso... Escucha... Lo siento mucho, de verdad. Siento lo que pasó. Pensé en llamarte o enviarte un mail, pero simplemente eso me parecía demasiado impersonal. Quería ser capaz de pedirte disculpas de nuevo en persona, ya sabes, cuando no estuvieses sentanda en una cama de hospital... Realmente lo siento. Si tu hubieses... - Suspiró ruidosamente. - Nunca podría haber vivido conmigo mismo.

 - Disculpa aceptada. - Le dijo Scully, sonriendo.

 - Bueno, no he terminado aún... También quiero pedirte disculpas por la forma en la que actué, la forma en que te traté cuando estábamos trabajando en el caso. Fui muy irrespetuoso contigo, y me siento mal por eso. Puede que no lo haya puesto en el informe, porque realmente no necesitaba que todos en el trabajo me miraran como si fuera un lunático, pero... Tenías razón sobre Fellig... Quiero disculparme por mi actitud con eso también.

Ella asintió. - Disculpa aceptada de nuevo. Entonces, ¿qué te trae al banquete?

 - Oh, soy uno de los Premios al Servicio Público. Atrapamos a Matthew Eric Stern.

Scully lo miró, impresionada. - Él estaba en la lista de los más buscados por el FBI. Integraba el Top Ten. ¿Fuiste tú?

 - Síp. - Ritter le preguntó, sonriéndo. - Uh... ¿puedo conseguirte una copa en el bar?

Ella vaciló. - Claro... me gustaría tomar una copa de Chianti.

 - Está en camino. - Contestó Ritter entusiasmo. - Te ves muy hermosa, por cierto.

Scully le dio una media sonrisa. - Uh... gracias.

Mulder los miró irritado. ¿Qué carajo estaba pasando aquí?

Ritter se alejó caminando hacia la barra. Scully se sentó en su silla y se volvió hacia su compañero, él la miraba fijamente.

 - ¿Por qué eres amable con él, Scully? Él te disparó. Casi te mató. - De pronto recordó el cuerpo desnudo de Scully frente a él, y se vio a si mismo pasando la mano sobre ella, para acariciar la cicatriz que la bala de Ritter le había dejado.

Ella lo miró fijamente. - Sí, Mulder. Él me disparó. Y fue un accidente. Los accidentes ocurren. Yo TE disparé, Mulder. ¡Y eso fue a propósito!

 - Dos situaciones completamente diferentes, Scully.

Ella rodó los ojos. Él gruñó para sus adentros.

Ritter regresó. - Aquí está tu copa de vino, Dana.

Mulder le lanzó una mirada gélida. Un “Dana” más saliendo de él y le iba a perforar, a este payaso, la garganta.

Cuando Ritter se sentó, los demás ocupantes de la mesa y los demás compañeros galardonados, se sentaron también. El programa estaba a punto de comenzar.

 

*****

Dos horas habían pasado ya, los premios se estaban repartiendo y los discursos estaban yendo por el camino correcto, la proyección de vídeos especiales mostraban lo que el FBI había hecho el pasado año a través de las donaciones de caridad, proyectos comunitarios y programas de asistencia a las víctimas. Mulder hubiera estado mortalmente aburrido si Scully no estuviese sentada a su lado. Aunque ella no hablaba mucho con él, y seguía levantándose continuamente para hablar con algún conocido en otra mesa o iba al tocador. Parecía inquieta. Tal vez no quería estar cerca de él. Trató de empujar ese pensamiento lejos de su mente.

Pero Mulder podía mirarla cuando estaba sentada a su lado en la mesa. Notó cómo sus pequeñas manos se movían sobre la mesa delante de ella, de su bolso a su copa de vino, o a la copa de agua, sus pequeñas muñecas unidas a sus brazos firmes y fuertes, los brazos redondos, su reloj de oro brillando en su mano izquierda, la piel lechosa de los hombros y el cuello. Fantaseaba con besar ese cuello nuevamente mientras iba empujando esas correas spaguettis por sus hombros. Había notado su escote, las cimas de sus pechos temblando con el movimiento. El pensamiento de que él nunca volvería a poder tocar sus pechos suaves, perfectamente redondos, o chupar un tenso pezón rosa con su boca y lengua lo llenó de angustia. Deseó poder leer su mente. Si alguna vez hubo un maldito momento en que le gustaría poder tener esa habilidad nuevamente, este era sin duda el exacto.

Los Subdirectores Alvin Kersh y Gregory Roberts subieron al podio para presentar a los siguientes galardonados con el Premio al Servicio Público. ¡Oh, no! Scully se volvió para mirar a Mulder. Sus ojos se encontraron con los suyos. Ambos se dieron entre sí miradas de consternación. Claro. Por supuesto que este iba a ser su premio. Kersh y Roberts hablaron sobre el Cradock Marine Bank, sobre la vida de más de 35 personas en el interior del banco ese día, empleados y clientes, y ni hablar de los millones de dólares en daños a la propiedad impedido, debido a dos agentes que imposibilitaron que Bernard Oates utilizara la bomba que llevaba atada a su pecho. Y ahora Bernard Oates iba a permanecer en la cárcel por un tiempo muy largo.

 - Este Premio al Servicio Público es para la Agente Especial Dana Scully y el Agente Especial Fox Mulder. - Finalizó Kersh.

Gregory Roberts interrumpió agregando. - ¿A quién estoy seguro que la mayoría de ustedes conoce, o están más familiarizados con su nombre real: “Spooky”.

Algunas risas se escucharon esparcidas por todo el lugar. Mulder negó con la cabeza y suspiró. Scully sintió una inundación de ira caliente llenando su estómago, como lava fundida.

 - De todas formas... - Kersh continuó, dedicándole una mirada de reojo pedernal a Roberts, que parecía bastante satisfecho de sí mismo. - Nos gustaría llamar a la Agente Especial Dana Scully al estrado para recoger su merecido premio.

Los aplausos estallaron, sobre todo del grupo de mesas donde se encontraban las diferentes Secciónes de Quántico. Allí todos estaban dando a Scully una ovación de pie, gritando, silbando y aplaudiendo. Mulder le sonrió dulcemente. Ella se levantó. Durante la mayor parte del día, había estado aterrorizada de subir al escenario y tenía la esperanza de que Mulder iba a ser el que hablaría de los dos. No tenía ni idea de lo que diría sobre lo que pasó en el banco. En parte porque realmente no entendía plenamente cómo Mulder sabía que Oates tenía una bomba y que Pamela Hamilton era la que podía detenerlo. Y desde que habían llegado a la sede, todos habían conspirado para que se sintiese cada vez más y más furiosa durante el transcurso de la noche. Pero al acercarse al escenario, ya no se sentía nerviosa en absoluto. La indignación justificada la guió todo el camino.

Chocó intencionalmente contra el lado derecho de Roberts al pasar junto a él, sin siquiera detenerse a mirarlo o saludarlo. Kersh le entregó a Scully la placa con su nombre y el de Mulder grabado. Gracias a Dios, que habían dejado el “Spooky” fuera, pensó con amargura. Luego se acercó al podio y bajó la placa. Para su incomodidad notó que el auditorio completo estaba observándola.

 - Gracias. Um... Yo realmente no hice nada en el Cradock Marine Bank. Quiero decir, estaba allí, pero sólo hice lo que el Agente Mulder me dijo que hiciera. No tenía ni idea de por qué me pidió que sacara a Pamela Hamilton de su coche aparcado fuera del banco, pero lo hice de todos modos, sin cuestionamientos. Porque sé que, por mucho que me irrita eso a veces, el Agente Mulder tiende a estar en lo cierto acerca de cosas la mayoría de las veces... Casi todas las veces, en realidad. Es increíblemente molesto vivir con eso.

Las risas se oyeron en casi toda la audiencia. Mulder se rió entre dientes.

 - No tengo ni idea de cómo funciona su cerebro, cómo es capaz de hacer conexiones y averiguar la verdad sobre la base de sus instintos, y cómo logra esa habilidad para leer a la gente como si fuesen libros y las situaciones... Por algo él es el increible perfilista que es, por algo sus teorías y perfiles sobre Asesinos en Serie siguen siendo ejemplo y método de estudio en Quántico.

Scully suspiró. Miró a su mesa, y sus ojos se encontraron con lo de Mulder. Él la miraba fijamente.

 - Um... trabajar con el Agente Mulder es un reto difícil, frustrante, exasperante... aterrador y... emocionante. Él me ha llevado más lejos de lo que nadie lo ha logrado. Él me empujó mentalmente, emocionalmente, espiritualmente. Abrió mis ojos y me despertó; me permitió alcanzar un conocimiento del mundo que me rodea del que no tenía ni idea antes.

Mulder se sentó más derecho, los ojos muy abiertos, mirando fijamente a Scully. No esperaba esto.

 - Por eso creo que el Servicio Público real es que alguien como el Agente Mulder sea parte del FBI. Alguien con su brillantez, su pasión, su agudo sentido de la justicia, su empatía, su bondad inherente. Es a causa de estas cosas que Bernard Oates fue incapaz de detonar esa bomba. Creo que todos en esta sala deberían estar agradecidos de que el Agente Mulder esté aquí, y deberían estar orgullosos de todo lo que ha logrado... Yo sé que lo estoy... Gracias.

La habitación estaba en silencio mientras Scully se alejaba del podio, hasta que las diferentes Secciones de Quántico comenzaron con los vítores, chiflidos y aplausos, y casi todos los demás, finalmente, comenzaron a aplaudir también.

Mulder se revolvió en su silla, aturdido, mientras ella caminaba fuera del escenario y fue conducida por una puerta lateral para que le tomen una fotografía. Ahora que Scully había abandonado el escenario, su ira se había disipado y sentía su estómago retorciéndose por el nerviosismo. Ahora todos ellos lo sabían. Todo el mundo en esa habitación sabía lo que ella sentía por él. Oh Dios. Posó incómoda al momento que le tomaban la foto para el boletín del FBI y los periódicos locales, cuando se liberó esquivando a los agentes que se acercaban a saludarla se apresuró a volver a su mesa con la placa.

El agente Ritter la observó cuando ella se sentó, sin saber muy bien qué decirle. - Bueno...Ese fue... un discurso... - dijo.

Scully no se molestó en darle una respuesta. Miró a Mulder a los ojos.

 - Pensé que ibas a hablar sobre Bernard y Pam, y la bomba en el banco. - Le dijo, con una mirada de perplejidad.

Scully suspiró. Bueno, casi todos.

Más tarde, mientras Mulder estaba haciendo su camino de regreso a la mesa desde el cuarto de baño, miró el reloj: 22:23 horas.

 - ¿Mulder?

Se dio la vuelta para ver a la agente Natalie Black. Deseaba que esta chica lo dejara solo.

 - Así que... ¿te gustaría salir un rato esta noche? - Preguntó, sonriendo. Sus ojos color chocolate lo miraban sugestivos.

Mulder suspiró. - Agente Black...

 - Natalie... Lo corrigió, deliberadamente, sin dejar de sonreír con la mirada.

Algo creció en él cada vez más haciéndolo sentir muy molesto. - Está bien, Natalie. Mira, tengo casi 38 años. Yo no salgo. Que tengas una buena noche.

Como Natalie se lo quedó mirando, Mulder caminó a propósito lejos de ella hacia su mesa. Cuando llegó se encontró con que Scully ya no estaba allí. Echó un vistazo a la sección de Quántico para ubicarla, pero no podía verla allí tampoco. Suspiró, y se sentó. No podía creer que todavía debía soportar otros largos 30 minutos más o menos hasta que esa basura se acabara. Miró la placa que Scully había dejado sobre la mesa. Ella la había puesto frente a su silla. Supuso que ella pensó que realmente le pertenecía a él. Luego se dio cuenta de que había un trozo de papel doblado debajo, a continuación, lo sacó rápidamente. La letra era de Scully con la misma tinta negra que había usado para escribir su tarjeta de ubicación.

<<Mulder: quería irme a casa, pero no quería obligarte a salir temprano por mi culpa. En caso de que hayas hecho planes para después con Natalie. Voy a tomar un taxi para ir a casa, así que no te preocupes por mí. Nos vemos el lunes por la mañana en la oficina.>>

¿Por qué demonios iba a querer quedarse allí un minuto más sin ella? No quería estar ahí si ella no lo estaba. ¿Natalie? Por el amor de Dios. Y... ¿qué demonios? ¿Lunes? ¿Por qué habría que esperar hasta el lunes para verla? Eso eran dos días a partir de ahora. Él no esperaría dos putos días para ver a Scully.

Con la ira comenzando a levantarse en la boca del estómago, tomó la placa y colocó la nota de Scully en su bolsillo. Al bajar la mirada, vio la tarjeta de ubicación, con su escrito a mano. <Sra. Spooky>. La miró fijamente, antes de tomarla y rápidamente se la metió al bolsillo junto a la nota. Mulder se dirigió hacia el lobby para recuperar su abrigo, salió del hotel y se dirigió a Georgetown con todos sus pensamientos en Scully y en ese vestido con correas de spaguetti negro llenando su mente.

 

CONTINUARÁ….

 

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Scully colgó su abrigo y se quitó los zapatos apenas ingresó al departamento, dejó su bolso y las llaves sobre la mesita cercana a la puerta. Entró a la cocina y pensó en tomar un té. Se preguntó cómo reaccionaría Mulder a su nota. Estaría enojado, sabía que lo estaría. ¿Pero entonces, qué? ¿Sería él el que llamaría? ¿La ignoraría? Esperaba que él reaccionara de la manera que deseaba. De cualquier manera, lo único que sabía era que no podía soportar estar sentada en esa mesa con él por más tiempo. Podía sentir la forma en que la miraba; un hormigueo la recorría, la sensación de deseo se había despertado en su centro desde que había ido por ella esa tarde, y acompañado durante toda la velada haciendo que se retorciera en su asiento. Por eso había inventado mil excusas para levantarse y alejarse de esa mesa.

Entró al cuarto de baño, vació su vejiga, se quitó los pendientes, y estaba a punto de tomar todas las horquillas del pelo cuando oyó un fuerte golpe en la puerta. Se quedó inmóvil, mirando su reflejo en el espejo. Varias emociones la golpeaban a la vez cuando una pequeña sonrisa estalló en su cara: el miedo, la ansiedad, la emoción, la excitación.

Fue a abrir la puerta, se encontró a un Mulder visiblemente enojado mirándola. Ella descubrió que estaba reprimiendo el deseo de reír.

 - Me abandonaste maldita sea! – le reclamó, mientras pasaba junto a ella e ingresaba al apartamento.

 - Bueno, ya sabes lo que se siente. - Scully bromeó, antes de cerrar y bloquear la puerta.

Él frunció los labios. - Quiero hablar.

 - ¿Sí? ¿Sobre qué? - Respondió ella, de la forma más mordaz destilando el mayor sarcasmo que pudo.

Mulder sintió la ira caliente subiendo por su cuerpo. De pronto tuvo la imperiosa necesidad de decirle algo hiriente, algo chocante, algo que llevara a una pelea. Estaba harto del silencio, la distancia. Si él lograba cansarla y hacerla enojar, tal vez lo gritara. Por lo menos estarían hablando, incluso si ese era el argumento.

La miró arrojando dagas sobre ella. - No es de extrañar que Jerse intentara arrojarte dentro de su incinerador.

Scully lo miró fijamente, sin habla. Y entonces hizo algo que él no se esperaba. Se echó a reír. - ¡Oh, Dios mío, Mulder! - dijo a través de su risa. Y luego al ver la mirada atónita en el rostro de su compañero comenzó a reír más fuerte, aferrándose a su lado y enjugándose las lágrimas que se escapaban de sus ojos. Con los minutos, su risa cesó y ella comenzó a tratar de recuperar el aliento, la punzada en su lado comenzaba a disiparse.

 - ¿Quieres arrojarme dentro de tu incinerador, Mulder? - Scully se rió entre dientes, cuando finalmente su respiración se calmó. Y entonces lo vio de nuevo, la travesura en un abrir y cerrar de ojos.

Ella cerró los ojos junto con él, al abrirlos notó que las pupilas de Mulder se habían dilatado y su respiración se había acelerado. Se miraron el uno al otro.

 - No. - Respondió él, sin romper la intensa mirada. – Lo que quiero es cogerte en el sofá.

La boca de Scully se abrió, a medida que el deseo caliente se agrupaba en su centro despertándolo una vez más.

Y luego volaron el uno contra el otro, los brazos de Scully alrededor del cuello de Mulder, este con sus dos manos la tomó por debajo del trasero, apretándolo a través del vestido, levantándola, mientras ella cerraba las piernas alrededor de sus caderas. Scully tenía los labios en los suyos, besándolo apasionadamente. Él los acercó al sofá a oscuras, se sentó debajo, y ella se acomodó en su regazo, a horcajadas sobre él mientras Mulder le acomodaba su vestido, deslizándolo por sus muslos hasta las caderas. Al mismo tiempo que veía las correas de del liguero unidas a sus medias, y posaba sus manos alrededor de sus caderas apretando su trasero descubría que llevaba una tanga de seda, gimió con fuerza y el creciente bulto en sus pantalones se hizo más duro y más grueso.

 

Ella apretó su cuerpo contra su pecho, y él la abrazó con fuerza pegándola aún más a él. La lengua de Scully empezó a acariciar lentamente el labio inferior de Mulder, este gimió cuando ella finalmente entró en su boca, ya que empezó a mover sus caderas contra su erección. Puro deseo goteaba desde su centro, mientras él la sostenía por sus caderas y empujaba contra ella, su sexo ahora palpitante por el ida y vuelta sobre la dura erección que sobresalía de los pantalones del esmoquin.

Las manos de Scully fueron al corbatín de Mulder, desatándolo y tirándolo al suelo. A continuación, comenzó a desabrocharle la camisa blanca hasta abajo, cuando terminó de desprenderla tironeó de esta hasta que la liberó de los pantalones y se la quitó acariciando con suavidad sus hombros. La arrojó también al suelo. Sus manos fueron hasta su pecho firme, pasando sus dedos a través de la pequeña parcela de rizos suaves, antes de arrastrar sus manicuradas uñas a través de cada pezón. Él gimió abriendo la boca, y se alejó de sus labios para mirarla fijamente. Ella le sonrió.

 - Scully, ese vestido ha estado volviéndome loco toda la noche. - Mulder respiraba agitado, mientras sus manos se movían por sus caderas y comenzaba a desabrocharlo por la espalda, luego deslizó las correas hacia abajo fuera de sus brazos, dejando al descubierto sus pechos desnudos.

Ella todavía le sonreía. Recordó sus compras ese mismo día, cuando vio el vestido supo que a él le gustaría. Había estado razonando toda la tarde: si Mulder se hubiese sentido avergonzado, humillado o arrepentido, como ella, habría dejado su apartamento inmediatamente. Así que tal vez él no se arrepentía después de todo. Ella no quería que las cosas volviesen a la normalidad. Quería un cambio. El miedo seguía allí, y había una batalla constante dentro de su mente entre sus necesidades, deseos y sus miedos. Pero este era un cambio, y era mejor que nada. No sabía lo que significaba, o adónde podía conducir, pero era mejor que la alternativa. Estaba tratando desesperadamente de alejar sus inseguridades y esa voz molesta dentro de su cabeza, porque después de saber lo que era tener sexo con Mulder, no quería renunciar a el. Y en este momento, no quería tener conversaciones incómodas sobre sentimientos o algún tipo de complicada discusión acerca de lo que estaba pasando entre ellos. En este momento ella sólo quería que él la hiciese acabar, acabar y acabar.

 - Es por eso que lo compré esta tarde. - Susurró, inclinándose más cerca hasta que sus labios estaban tocando ligeramente los suyos. - Pagué 450 dólares por él, así que no quiero arruinarlo. - Levantó el vestido desde sus caderas, y lo arrojó al otro extremo del sofá.

Mulder la miró con sorpresa. ¿Scully había planeado esto esta mañana? - Y la, eh... - Jadeó. - ¿La tanga de seda con el liguero? ¿Las compraste hoy también?

Scully se mordió el labio inferior y asintió tímidamente. - Pensé que si las cosas iban bien esta noche, te gustaría verlas. - Le susurró al oído mordiendo su lóbulo para después lamerlo.

Él tenía una mirada de asombro, al recordar el banquete. - ¿Acaso... las cosas fueron bien esta noche?

 

Scully le sonrió al oído. - Yo diría que esto va bastante bien, ¿verdad? - Susurró besando su cuello.

Mulder se rió entre dientes.

Ella comenzó a moverse con más fuerza contra su sexo, su miembro lleno de sangre iba a explotar si seguía moviéndose de esa manera. Su compañera se pegó más a su pecho y le clavó la lengua en la oreja y comenzó a moverla haciendo que su cabeza comenzara a nadar y allí él perdió todo pensamiento racional. Si no se detenían pronto, iba a acabar en sus pantalones. Su boca volvió a sus labios rojos, con pasión comenzó a devorarlos. Aún podía sentir el sabor frutado del chianti en ella. Cuando sus cálidas manos comenzaron a acariciar sus pechos, apretando su peso en sus palmas y rodando sus pezones endurecidos entre sus dedos, él clavó su lengua aún más profundo en la boca de Scully.

El dolor palpitante de su clítoris, después de haber estado en modo Off, y con la excitación zumbando cerca casi toda la noche en su cuerpo, ahora era intolerable. Sus manos fueron a sus pantalones, desabrochándoselos, y después de levantar ligeramente las caderas fuera de su regazo, tiró de la cremallera con urgencia gimiendo. Él se liberó de su beso, para mirarla con asombro.

 - Mulder, ayúdameee. - Susurró en tono casi desesperado.

Su sexo duro palpitaba dolorosamente con sus palabras, levantó sus caderas para que ella le bajara los pantalones hasta las rodillas, colocándose un segundo después a horcajadas de nuevo. Mulder puso su mano izquierda en la cara de Scully, el pulgar en la mejilla y sus dedos sosteniéndole cabeza para poder mirarla a los ojos. Su otra mano se ubicó entre las piernas, empujando a un lado la tanga de seda negra, y la acarició intimamente, pasó sus dedos por su centro empapado, pasando sus jugos alrededor de su clítoris hinchado.

Scully comenzó a gemir balanceándose contra su mano, las suyas aferradas a sus hombros, Mulder no le permitía mover su cara lejos de la suya. Él quitó la mano de su centro, lo que la hizo jadear de nuevo, y sacó de su erección hinchada de sus boxer. Arrastró sus caderas para ubicarse más cerca, anhelando su sexo duro dentro de sus paredes interiores. Cuando miró a su compañero, una vez más, Scully, tuvo la sensación de que Mulder estaba buscando en su rostro algo mientras la miraba fijamente a los ojos.

 - ¿Scully? - Susurró, mientras lentamente comenzó a arrastrar la cabeza de su sexo arriba y abajo por su vagina.

Ella empezó a jadear retorciéndose en su regazo.

 - ¿Qué? - Ella gimió buscando más fricción contra su sexo.

Los ojos de Mulder se quedaron mirando fijamente su cara. - ¿De verdad quisiste decir todas esas cosas que dijiste sobre el escenario esta noche? ¿O sólo estabas tratando de ser mi gran defensora contra esas personas?

Las manos de Scully dejaron sus hombros, para acariciarle los lados de la cara con dulzura. - Quise decir cada palabra, Mulder. - Susurró. Entonces vio sus ojos, ardiendo de deseo llenándose, de pronto, de amor y afecto. Su corazón se hinchó.

Después de una última mirada penetrante a sus ojos azules, Mulder sonrió porque ella estaba abriéndose a él, a comparación de la pared que había puesto entre ellos esta mañana, le permitió entrar, y vio que decía la verdad. Le quitó la mano del rostro, para guiar las caderas de Scully a su erección. Ella se levantó ligeramente de su regazo, y luego se dejó caer enterrando su rigidez hasta el fondo dentro de su sexo.

Los ojos de Scully se abrieron con sorpresa mientras sus caderas convulsionaron contra él y ella gimió con fuerza abriendo la boca y tirando la cabeza hacia atrás. - Ooohhh, Muldeeeer, voy a acabar.

Él estaba sorprendido. - ¿Ya? - No podía creer lo que estaba sucediendo. Había estado tan distante esta mañana y no había hecho ninguna indicación en el banquete de que quería que esto sucediera. Y entonces cayó en la cuenta. Esa nota. ¿Scully sabía que iría a buscarla? ¿O sólo esperó que lo hiciera?

Ella cerró los ojos con fuerza, y después de sólo unos movimientos ascendentes de su sexo duro empujando contra su hinchado y palpitante clítoris, sus músculos se apretaron, y comenzó a gemir en voz alta hasta explotar; los brazos volaron alrededor del cuello de Mulder y se aferró a él mientras subía y cabalgaba las olas de placer en su regazo.

Una vez que ella había bajado de su orgasmo, él comenzó a moverse para tumbarla en el sofá.

 - No, espera, Mulder. No quiero ensuciar el sofá... Vamos a la habitación.

Se puso de pie, sacándose los pantalones del smoking que habían caído hasta sus tobillos pateando con ella en brazos, y la llevó, con los brazos y piernas de Scully en torno a él, hasta el dormitorio. Después de quitar el edredón y la sábana superior, Scully se tumbó en el colchón y observó como Mulder se quitaba los boxer y calcetines, antes de acostarse a su lado.

Lo obligó a que se acostara sobre su espalda y se sentó a horcajadas sobre sus caderas, se reclinó contra su pecho, para besarlo apasionadamente. Las manos de Mulder subieron entre ellos hasta acariciar sus pechos, luego sus manos fueron hasta su cintura, deslizando su cuerpo hacia arriba para que sus pechos llegaran a su boca. Comenzó a lamer en círculos alrededor de su pezón, dio vueltas hasta que comenzó a morderlos suavemente logrando que Scully gritara de placer, chupaba el pezón tenso hasta que se cansaba y su atención se dirigía al otro.

Ella gimió y se retorció contra él. Giró y miró hacia atrás para ver el sexo hinchado de Mulder, en posición de firme, mientras sus caderas embestían involuntariamente, tensándose por ella. Y Scully sabía lo que quería, pero de pronto sintió la inseguridad  abrumándola, la vergüenza y la humillación que había sentido esa mañana comenzó a brotar nuevamente. Pero no quería que la inseguridad o el miedo la hiciese retroceder en este momento. Así que luchó contra su propia inseguridad, y fue por ello.

Scully comenzó a deslizarse hacia abajo, quitando sus pechos de la cara de Mulder, para besarlo apasionadamente en la boca. Unos segundos después comenzó a hacer su camino descendente, besando y lamiendo su cuello, moviendo su boca sobre su pecho y arrastrando la lengua por su pezones sensibles. Él gimió y su mente se volvió papilla.

Siguió besando su cuerpo mientras bajaba hacia la pelvis, besó y arrastró su lengua a través de su firme estómago, mordió cerca de su ombligo y hundió su lengua en él haciendo que su compañero embista contra ella involuntariamente mientras la llamaba con un fuerte gemido. De repente él se dio cuenta lo que estaba a punto de hacer. Oh, Dios mío. Su sexo palpitaba dolorosamente. Pero entonces, imágenes de diversas escenas de películas para adultos aparecieron en su mente, imágenes donde los hombres le ofrecían a las mujeres sus penes, empujándolos contra sus caras y acabando en sus rostros. La idea de la inserción de Scully en una escena así le revolvió el estómago.

 - ¡Scully, espera! ¡Para! - Susurró deteniéndola con ambas manos.

Scully levantó sus labios del rastro de pelo oscuro que bajaba desde su ombligo. - ¿Quá está mal?

Mulder estaba respirando pesadamente, y vaciló. Pensó en decirle la verdadera razón, pero luego rápidamente cambió de opinión.

 - Nada. Eso no es justo lo que quiero, quiero que estés aquí arriba, conmigo. - Dijo, después de sentarse tirando de ella hacia él.

Scully le dio una mirada escéptica. No había conocido a ningún hombre que rechazara la estimulación oral. Pero luego él puso su boca sobre la de ella y dejó de pensar. Mulder pensó en cómo había fantaseado esa mañana sobre las diferentes maneras en las que deseaba tenerla, y giró su cuerpo para que ella quedara debajo de él. Se recreó en besarla mientras se ubicaba entre sus piernas haciendo fricción contra su sexo al embestirla. Cuando sintió que iba a explotar la tomó de la cintura y la dio vuelta para que ella quedara sobre su estómago.

Los ojos de Scully se abrieron por la sorpresa y el latido doloroso de su clítoris se volvió insoportable. Necesitaba tenelo ya dentro de ella. Mulder se quedó mirando la piel de su espalda, y sus ojos se concentraron en la cicatriz en su espalda donde había estado el tatuaje. No estaba seguro de cómo esto lo hacía sentir, y empujó sus pensamientos confusos de su mente mientras pasaba sus manos sobre ella, acariciándola, siguió bajando llegando a su suave trasero, redondo, pasando sus manos sobre su tanga de seda negra hasta la parte posterior de sus muslos a donde comenzaban sus medias.

 - Eres tan hermosa, Scully. - Susurró Mulder. Ella gimió, hundiendo su rostro en sus brazos.

Él no podía esperar más, se acomodó sobre ella, colocó una mano debajo de la pelvis para levantarle las caderas del colchón y la otra mano empujando su espalda hacia abajo. Las piernas de Scully se abrieron ligeramente, hizo a un lado su tanga y guió su sexo hinchado a su entrada, enterrándose en el calor de su apretado sexo húmedo goteando sobre él.

 - ¡Oh, Dios mío, Scully...! - Mulder gimió con fuerza, dejándose caer sobre la espalda de su compañera, poniendo sus manos sobre el colchón. Ella gritó en respuesta, cuando su sexo acariciaba el punto sensible en la pared frontal de su vagina con cada embestida, sentía la acumulación de tensión exquisita, parecía que todos los músculos de su cuerpo se esforzaban para lograr el alivio, los nudillos de sus manos estaban blancos de tanto apretar las sábanas delante de ella.

Mulder observó, con los ojos muy abiertos, como Scully deslizaba su mano derecha debajo de ella para frotar su clítoris, él sintió la tensión en la ingle y en sus testículos elevándose, y luego su lenguaje tremendamente explícito se llenó con el nombre de su compañera y la descripción de su sexo húmedo y caliente junto a todo lo que quería hacer con ella salió una vez más de su boca sin poder contenerse. Las palabras de Mulder causaron una enorme tensión en Scully que finalmente estalló luego de un par más de profundas embestidas. Ella estaba acabando con fuerza, gimiendo y gritando mientras corcoveaba sobre la cama. Sus músculos internos se apretaron y sus gritos y gemidos llevaron a Mulder al orgasmo también, él comenzó a bombear con ferocidad mientras sus fuertes gemidos llenaban el dormitorio, y su simiente caliente llenó el vientre de su compañera.

Se desplomó sobre ella, respirando con dificultad y sonriendo al escuchar la risita nerviosa de Scully, cuyo rostro estaba enterrado entre sus brazos. Deseó poder embotellar ese sonido y llevarlo consigo a todas partes. Y mientras Mulder estaba encima de ella, su erección se desinflaba dentro de su cuerpo, él cerró los ojos y una vez más oró por ese milagro, antes de deslizarse y caer sobre el colchón junto a una Scully que seguía riendo.

CONTINUARÁ…

Chapter Text

Scully lentamente abrió los ojos para ver a Mulder durmiendo a su lado, la luz de la mañana del domingo 3 de octubre brillaba a través de la ventana de su dormitorio. Sonrió mientras lo miraba, pero de pronto su mente se inundó de miedo. En algún momento durante los últimos seis años, Scully se había permitido enamorarse de Mulder, dejándola vulnerable al dolor y a la pérdida. Esto era lo que había estado tratando de evitar toda su vida. Sabía que algún día iba a perderlo, y el temor de que eso ocurra pronto se apoderó de ella.

Un caso podría salir realmente mal. Había temido recibir tantas veces esa llamada. Tantos momentos en los que casi lo había perdido. ¿Cuándo iba a agotarse la suerte? Podía llegar el día en que no lo pudiese salvar, la idea la llenaba de pavor. Incluso si eso no sucedía, Mulder iba a envejecer y morir. Se habría ido. Scully no comprendía del todo por qué el concepto de su muerte la asustaba tanto. Las personas nacían, vivían sus vidas, envejecían y morían desde el principio de los tiempos. Era el círculo de la vida, era lo que ocurría cada día en todo el mundo, pero su muerte la aterrorizaba.

Pero ahora ella sabía lo que era estar en manos de Mulder, ser besada y acariciada por él, y lo que se sentía al llegar al éxtasis en sus brazos. Sabía que no había vuelta atrás. Si algo llegara a sucederle, si ella fuera a perderlo, su vida habría terminado. ¿Cómo iba a estar sin él? A veces no sabía dónde terminaba ella y comenzaba él. La mitad de su corazón, su mente y alma habría sido arrancado de ella. ¿Cómo podría soportar tal dolor? Scully se quedó allí mirando a Mulder dormir, había estado haciendo inconscientemente lo que siempre había hecho en sus relaciones pasadas: dar por encima de su cuerpo y mente tratando de desenganchar su corazón. Estaba tratando de mantener a Mulder alejado de ella tanto como fuera posible.

Un minuto o dos después, Scully notó una sensación diferente: una humedad incómoda entre sus piernas y una sensación nauseabunda creció en el fondo de su estómago. Oh no. No, no, no, no, no, no, no, no. ¡No ahora! Comenzó a entrar en pánico, y rodó rápidamente de la cama lo más silenciosamente posible. Bajó la mirada hacia la zona donde había estado durmiendo, pero no vio ningúna mancha. Gracias a Dios. Caminó por encima de su tanga y medias de nylon y, con rapidez, pero en silencio, hizo su camino hasta el baño, cerrando la puerta tras ella.

Después de sentarse en el inodoro, vació su vejiga y sus ojos confirmaron lo que su cuerpo ya le había dicho. Recordó que el Dr. Parenti le había dicho el viernes que su período llegaría en cualquier momento, pero lo había alejado por completo de su mente. Mulder había servido como una distracción útil de su pena, que ahora empezaba a dominarla. Los embriones se habían ido. Su vientre sin vida había destruido y expulsado a los hijos de Mulder. Los ojos se le llenaron de lágrimas, y ahogó un sollozo contra sus manos, como su interior comenzó a sacudirse en agonía.

 

***** 

Mulder se despertó lentamente con el sonido de la ducha. Se quedó allí escuchando el ruido del agua, a la deriva entre el sueño y la conciencia hasta que un sonido completamente diferente viniendo del baño lo hizo sentarse y mirar hacia la puerta. Podía oír su llanto, y para su consternación, se dio cuenta que sus gritos sonaban más como sollozos desgarradores. Mulder saltó de la cama, se puso los boxers negros, y se acercó a la puerta del baño.

No había trabado la puerta, Mulder abrió y aceleró al oírla sollozar más fuerte. La habitación estaba llena de vapor caliente. Avanzó hacia ella pisando algo que se le clavó en el pie. Una horquilla oscura, al mirar hacia abajo, vio que había horquillas esparcidos por todo el suelo del baño, como si hubieran sido arrojadas con descuido. Mulder se acercó a la mampara deslizándola despacio, para encontrarse con Scully llorando sentada en el suelo de ducha, con los brazos envueltos alrededor de sus piernas y la cabeza inclinada sobre sus rodillas, con el agua caliente cayéndo sobre la espalda.

 - ¿Scully? - Dijo, con la voz llena de preocupación, mientras se agachaba para mirarla.

 - Vete, Mulder. - Sollozó.

Él sintió su corazón hundirse en su estómago. - Scully, ¿qué te pasa? ¿Qué sucedió para que estés así?

 - ¡Mulder, solo déjame en paz! ¡Por favor!

No sabía qué hacer. ¿Qué pudo haber pasado para que estuviese así, angustiada y tan molesta? Ella estaba bien cuando se fueron a dormir la noche anterior.

 - Scully, dime... ¿Qué está mal? ¿Sucedió algo?

Ella levantó la cabeza para mirarlo, su maquillaje oscuro de la noche anterior corriendo por su rostro. - ¡TE DIJE QUE TE VAYAS, MULDER! ¡LARGATE!

Mulder suspiró agotado, se levantó cerrando la mampara mientras el rostro de Scully regresaba a sus rodillas. Salió del baño, cerrando la puerta detrás de él, se dejó caer, se hundió en el suelo de la habitación, manteniendo la espalda contra la puerta del baño, sentado con los codos apoyados en las rodillas. Se sentó a escuchar los sollozos de Scully, sintiéndose completamente impotente.

Después de unos minutos de revolcarse en su miseria, se levantó, se puso las medias, fue hasta la sala por su camisa y los pantalones del smoking. Tomó la pajarita guardándosela en el bolsillo y se puso los zapatos despacio. Abrió la puerta del departamento, y después de vacilar al escuchar su continuo llanto, salió y cerró tras de sí.

Mediante se acercaba al auto, comenzó a reprenderse a sí mismo por dejarlo fuera del edificio de Scully por segunda noche consecutiva. Al acomodarse en el asiento del conductor, notó que su abrigo y la chaqueta del smoking estaban tirados en el asiento trasero. Recordó quitárselos antes de ingresar al edificio de Scully. Se preguntó por qué lo hizo. ¿Sabía lo que pasaría cuando subió allí anoche? ¿O sólo esperaba que algo así sucediera? Mulder se revolvió en el coche y decidió marcharse, antes de comenzar a analizar su subconsciente demasiado.

Camino a su casa en Georgetown, Mulder paró en el Dunkin 'Donuts más cercano por un poco de café y un bagel. Al girar con su pedido, notó que la agente Natalie Black estaba en la fila del local con algunos amigos y lo miraba fijamente. Llevaba un par de pantalones de yoga negros y una chaqueta rosa, y lo recorría con la mirada nuevamente, sin duda notando que aún llevaba la ropa de la noche anterior. Abrió grandes los ojos color chocolate, una expresión pétrea se le dibujó en la cara como si acabara de comprender algo desagradable, y se giró para darle la espalda. Mulder suspiró y rodó los ojos mientras caminaba hacia la puerta.

15 minutos después Mulder entraba por la puerta de su apartamento, se dio una larga ducha, se puso unos jeans y una camisa gris. Se sentó en su escritorio y le dio play al contestador automático. Titilaban dos mensajes.

“Hola, Fox. Soy tu madre. No he sabido nada de ti desde que te fuiste de casa. Llámame cuando tengas oportunidad, si no estás demasiado ocupado”.

Mulder suspiró con fuerza, cuando la voz de Langly llenó la habitación.

“Mulder, no hemos sabido nada de ti en un largo tiempo. ¿Dónde has estado? No hemos encontrado nada más sobre los grupos MUFON; parece que esto es un callejón sin salida, hermano. Te llamamos porque tendremos un maratón de Star Wars el domingo, si estás interesado ven. Vamos a hacer enchiladas de pollo. Ah, y trae a la agente Scully contigo. No la hemos visto en mucho tiempo. Creo que Frohike está sintiendo la abstinencia. Asegúrate de eliminar este mensaje después de escucharlo”.

Mulder se dio cuenta que nunca  le había explicado a Scully lo que había estado haciendo durante el verano. Pensaba que le había dicho sobre Diana y la realización de experimentos en los miembros de MUFON, pero nunca había explicado a Scully lo que esos experimentos realmente eran. De repente, la idea de decirle sobre esas mujeres a las que continuamente embarazaban solo para sufrir abortos involuntarios tras abortos involuntarios le revolvía el estómago, y sentía que ese conocimiento se volvería mucho más grave al ir avanzando.

No podía dejar de pensar en Scully, y en la imagen de ella sentada en el piso de la ducha llorando a los gritos. Aún no tenía ni idea sobre lo que le había causado tal angustia a su compañera. Sólo sabía que lo estaba alejando, y él era ajeno a los mecanismos de defensa de Scully. La voz dentro de su cabeza le dijo que tal vez esa era la forma en que debía ser, que lo que estaba sucediendo entre ellos no podía conducir a algo bueno, que ponían en peligro la vida de ambos al estar cada vez más involucrados siendo algo más de lo que ya eran, y que lo que había pasado las últimas dos noches solo había sucedido simplemente por culpa de las hormonas y la tensión, y que Scully nunca podría de verdad querer a un trozo inútil de mierda como él.

Pero entonces Mulder le dijo a la voz: ¡Cierra esa puta boca! Le gustaba demasiado lo que estaba pasando entre ellos y quería que continuara, no importaba lo mucho que sus dudas y temores trataran de convencerlo de que era una idea terrible. Ella le había dicho que se fuera, pero él no había querido hacerlo. Quería estar allí con ella, y en el fondo creía que Scully lo quería allí también, aunque no quería admitirlo. Así que si él debía esforzarse para que Scully finalmente aceptara su presencia en su vida personal, entonces que así fuera.

Mulder miró su reloj, 11:21 horas. Se dirigió a su habitación rápidamente, tomó las llaves y la billetera de los bolsillos del pantalón del smoking que yacía en la cama. Mientras lo hacía, la nota y la tarjeta de ubicación del banquete escritas por Scully cayeron del bolsillo delantero derecho. Se agachó para recogerlas, y sonrió a la nota antes de tirarla sobre la cama. Luego miró de nuevo la tarjeta de ubicación con el “Sra. Spooky” escrito de su puño y letra. Sonrió para sí mismo con ternura antes de ponerla dentro de su billetera.

Arrancó su coche, salió acelerando y en menos de 15 minutos estaba de vuelta en el apartamento de Scully.

Llamó a la puerta, pero no hubo respuesta. Volvió a llamar; nada. Suspiró y sacó las llaves, abrió la puerta. Todo estaba tranquilo dentro y no había señales de Scully en la sala o la cocina. Se acercó al dormitorio, Scully estaba acurrucada sobre la cama en posición fetal vestida con su bata de baño. Estaba profundamente dormida.

Mulder cerró la puerta suavemente, a último momento decidió dejarla parcialmente abierta para poder escucharla. Luego caminó al salón, encendió el televisor, y silenció el volumen. Acomodó los pies en la mesita de café, anticipando una larga tarde de domingo de fútbol de la NFL.

*****

Después de varias horas, Scully finalmente parpadeó despertándose. Se quedó echada allí en su habitación tranquila pensando, deseó no haberle gritado a Mulder. Deseó no haberlo obligado a abandonarla. ¿Por qué demonios había hecho eso? Quería a alguien que la amara y cuidara de ella, pero no podía permitirse aceptar ese cuidado amoroso, y especialmente si venía de Mulder. Así que lo rechazó, porque eso era mucho más fácil que hablar de lo que sentía o sobre lo que estaba pensando. Eso hizo por dos mañanas seguidas, ella completamente se había cerrado a él bloqueando sus sentimientos. Lo había alejado por miedo a que él leyera en ella con esa facilidad con la que solía hacerlo.

¿Qué estaría pensando? ¿Y si lo había arruinado todo? ¿Qué sucedería ahora? ¿Y si él prefería alejarse para no que aguantar esas escenas? ¿Qué pasaría si las cosas volvían a la normalidad y él no deseaba volver a tocarla? Los ojos de Scully se llenaron de lágrimas. Pero entonces lo oyó, ese sonido, y de repente las lágrimas que corrían por su rostro no se producían por la angustia. Reconocería ese sonido en cualquier lugar: el crujido de las semillas de girasol. Mulder había vuelto.

Scully se levantó caminando rápidamente hacia la sala, él estaba despatarrado en su sofá viendo la televisión mientras hacía estallar semillas de girasol dentro de su boca.

 - ¡Estás aquí!

Mulder giró para mirarla sorprendido. No la había escuchado levantarse. Ella estaba de pie junto a la puerta, en bata, con los ojos rojos y el rostro hinchado por las lágrimas. ¡Carajo! Había estado llorando otra vez.

 - Estoy aquí. - Suspiró.

 - Pero... te fuiste...

 - Síp, lo hice. - Respondió Mulder. - No esperabas que me sentara todo el día aquí llevando un smoking, ¿verdad?

Ella se echó a reír, y luego desvió la mirada, mirando sus manos. Se sentía avergonzada por lo que había sucedido en el baño esa mañana. Quería pedirle disculpas.

 - Mulder, yo...

 - Scully, ¿vas a quedarte parada allí toda la tarde o vas a venir a sentarte conmigo en el sofá? - Preguntó, interrumpiéndola.

Ella le dedicó una pequeña sonrisa, acercándose para sentarse junto a Mulder, mientras él desactivaba el mute del televisor y subía el volumen. Luego puso su brazo en el sofá detrás de la cabeza de Scully.

 - ¿Qué equipos están jugando? - Preguntó.

Mulder la miró, levantando las cejas. - ¿Honestamente importa?

 - Nah. - Susurró ella, sonriendo. Mulder se rió.

Scully miró la bolsa casi vacía de Spitz. - Espero que no estés haciendo un lío enorme con esas cosas.

Mulder sonrió. - Si hay un desastre, voy a limpiarlo.

Scully le dedicó una mirada escéptica. Luego suspiró; se sentía enferma, y a pesar de eso podría comerse un caballo. Se deslizó despacio, alejándose de Mulder, pero antes de que él pudiera pensar demasiado, preocupándose por esa acción, Scully se  había echado de costado, poniendo la cabeza sobre su regazo. Mulder sonrió, y su mano fue directamente al pelo de su compañera, lo acariciaba por todo su largo desde la frente, la peinaba con sus dedos para volver a rozarla con delicadeza.

 - ¿Quieres hablar, Scully? - Le preguntó suavemente.

Scully suspiró. - No, en realidad no.

Mulder dudó; no estaba muy seguro de cómo hacer esto. Todo era tan extraño y nuevo, y sin embargo, de alguna manera se sentía completamente natural, como si no hubiese cambiado mucho entre ellos en absoluto. - ¿Quieres...... que hagamos... algo más?

Ella se sonrojó y se mordió el labio inferior. - Mmm no…

 - Bueno, tal vez más tarde... si quieres... - Mulder respondió.

Scully suspiró. Sólo debía decirle. - Bueno... yo... tuve mi período esta mañana.

Mulder parpadeó. - ¡Oh! - Después de haber vivido con una mujer durante casi cinco años, sabía lo que eso significaba. El cuerpo de Scully estaba fuera de los límites. Suspiró.

 - Es sólo por unos días, Mulder. - Se rió. - Podremos tener sexo otra vez cuando esto acabe.

Él giró dedicándole una mirada sorprendida, su cabeza estaba en su regazo de frente a la televisión, no lo estaba mirando. Una sonrisa poco a poco comenzó a dibujarse en el rostro de Mulder. ¿Realmente acababa de decir...? Sí, sí lo hizo. Por lo tanto, esta... cosa... llegó a la conclusión que era algo real ahora. Sólo iban a continuar haciendo eso que habían comenzado. Bueno... está bien, entonces.

Recordó la escena en el baño. - Scully... ¿es por eso que estabas llorando esta mañana?

Ella suspiró. - Digamos que... algo así...

 - ¿Por qué no me lo dijiste?

 - No quería hablar sobre ello, Mulder.

Mulder suspiró. ¿Alguna vez iba a querer hablar sobre alguna cosa?

Scully quería preguntarle algo, pero no quería parecer débil y necesitada. - Um... ¿estás planeando pasar la noche otra vez aquí?

Él sonrió, pero luego se acordó de su coche aparcado en la calle. - No creo que pueda. Conduje hasta aquí.

Scully estaba confundido. - ¿Y?

 - Bueno, esta sería la tercer noche consecutiva que mi coche queda estacionado afuera de tu apartamento.

 - ¿Cuál es tu punto? - No pensaba que esa era una explicación.

 - El punto es que alguien puede verlo ahí, Scully.

Ella se rió entre dientes. - ¿Como quién?

 - Alguien del FBI. O del Departamento de Defensa (DoD). O, no sé... ellos.

Scully suspiró. - Pero, Mulder, todos están muertos.

Él la miró. Su mano volvió una vez más a sus cabellos, pasando sus dedos a través de las ondas rojas desordenadas, y pensó en el diablo que rondaba sus sueños convirtiéndolos en pesadillas.

 - No todos ellos, Scully. - Dijo en voz baja.

 - Mulder, dudo mucho que el Departamento de Justicia se preocupe aún por nosotros. A menos que terminemos siendo la causa de algún tipo de vergüenza pública para el Bureau. Y creo que al Departamento de Defensa dejamos de importarle una mierda en el momento que te abrieron la cabeza dejándote morir. - Scully podía sentir la ira elevándose dentro de su cuerpo mientras recordaba como casi lo perdía hacía sólo unos pocos meses atrás.

No sabía qué decir a esto. Pensó que debería cambiar de tema. - Scully... Quiero hablar sobre el Dr. Parenti.

Ella frunció el ceño.

- Dime lo que te dijo, Scully.

Ella suspiró. - Parenti dijo que la mayoría de las mujeres pasan por varios ciclos de fecundación in vitro antes de que uno realmente funcione, y piensa que yo debería intentarlo de nuevo.

Mulder vaciló. - ¿Quieres intentarlo de nuevo?

No dijo nada. no sabía qué decir. Scully quería probar otra vez, claro, pero no se atrevía a preguntarle a Mulder para que pasara por ese proceso por segunda vez. Las cosas habían cambiado ahora, y esto podría dar lugar a conversaciones incómodas sobre el futuro, sobre lo que eran y lo que querían, y no quería pensar en todo eso.

 - Scully, ¿Cómo vamos a conseguir un milagro si ni siquiera tratamos?

Ella suspiró. Milagros. Si la ciencia no podía arreglarlo, entonces no entendía cómo un milagro podría.

Mulder no quería que Scully abandonara. - No vas a renunciar, ¿verdad?

Ella no contestó.

 - Scully, si existe la posibilidad de que esto pudiese funcionar, debemos tomarla. No me importa ir allí y depositar otra muestra.

Ella se mordió el labio y frunció el ceño de nuevo.

 - Scully, mírame...

Giró su cabeza sobre su regazo para que ella lo mirara a la cara.

 - ¿Quieres intentarlo de nuevo?

Scully pasó saliva y después de mirar a Mulder a los ojos, dijo: - Sí.

 - Bien. ¿Cuándo podemos empezar? - Preguntó.

Ella suspiró. - Después de mi próximo ciclo menstrual, siempre que lo tenga. - Maldijo sus períodos irregulares.

Mulder asintió. - Bueno... está bien, entonces.

Scully quería cambiar de tema desesperadamente. - Mulder, me muero de hambre. Vamos a pedir una pizza.

 

***** 

Más tarde esa noche, Scully aún seguía acostada despierta mucho después de que Mulder se hubiese dormido a su lado. Las cosas estaban cambiando, y ahora que estaba empezando a conseguir lo que quería, el miedo iba brotando. Todavía no se atrevía a abrirse a él, compartir sus sentimientos reales, y decir lo que pensaba. Se encontraba siempre a punto de decir lo que deseaba decir, pero luego se paralizaba elevando la guardia.

Había tantas cosas que deseaba decirle a Mulder. Ella nunca se había sentido así antes. Claro, que había sido golpeada por hombres diferentes antes, y había estado encaprichada por otros varias veces. Pero estar completamente enamorada, eso era totalmente diferente. El amor era diferente. A veces podía sentirlo latiendo dolorosamente debajo de sus costillas. Finalmente se dio cuenta la razón por la cual la lujuria, el sexo y el amor podían llevar a la locura. Por qué los imperios se habían construido y destruido, y las guerras libradas. No había nada más aterrador, o más maravilloso, que estar enamorado.

Hubo muchos momentos durante la noche, mientras estaban en el sofá o ya habían ido a la cama juntos, por primera vez desde que tenían sexo, con el único propósito de dormir y nada más, que tuvo el abrumador deseo de dejar escapar las palabras. Momentos en que sintió las palabras justo en la punta de la lengua, pero entonces su viejo amigo el instinto de conservación le daba una patada haciéndola reaccionar.

Ella se sentiría como una tonta si lo decía antes de que Mulder lo hiciera. Bueno... si él llegaba a sentirse de esa manera alguna vez. Podía imaginar la mirada de asombro en su rostro, y la torpeza para seguir. No había manera en el infierno de que alguna vez se pusiera en esa situación. Cuando su mente comenzó a rendirse y estaba a punto de caer dormida, recordó algunas de las cosas que Mulder había dicho antes: “¿Cómo vamos a conseguir un milagro si ni siquiera tratamos?”; “Si existe la posibilidad de que esto podría funcionar, debemos tomarla”; “¿Cuándo podemos empezar?”. ¿Qué quiso decir exactamente con nosotros? Pero mientras observaba el rostro dormido de Mulder, supo que nunca tendría el coraje de preguntarle.

CONTINUARÁ…

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Mulder estaba caminando por esa playa que ya le era familiar, hacia el niño de ocho años y el OVNI de arena.Para su sorpresa, Scully no se estaba escondiendo. No tenía que adentrarse en el bosque para encontrarla. Ni había cabaña escondida para que él la tomase en sus brazos y así cumplir sus deseos insatisfechos. Scully estaba en la playa con el chico, y lo ayudaba con el OVNI. El pelo caía sobre sus hombros en ondas suaves, de un rojo más oscuro, y mucho más largo de lo que recordaba, tenía la cara libre de maquillaje y se notaban las pecas por todas partes. Ella estaba sonriendo. Era feliz. Y así lo estaba el niño también. No podía ver al Fumador por ningún lugar, nadie estaba invadiendo esa dicha convirtiéndola en desesperación. La forma en que Scully y el muchacho se miraban hacía que el corazón de Mulder se llenase de felicidad y orgullo. Ambos lo saludaron con sonrisas, y él se arrodilló en la arena con ellos, ayudándolos a esculpir el OVNI.

Mulder se despertó con la alarma del celular. Se acercó a la mesa de noche de Scully para tomar el teléfono y apagar la alarma; eran las 6:00 am. Y la pantalla le dijo que era Lunes, 04 de octubre. Mulder se quejó estirándose en la cama. Miró a Scully durmiendo a su lado.

 - Scully. - La llamó suavemente.

 - ¿Hmm? - Respondió ella, sin abrir los ojos, acurrucándose más cerca de él.

Mulder sonrió al notarlo. - Voy a ir a casa ahora a prepararme para ir al trabajo. Te veré en la oficina.

 - Ok. - Respondió adormilada.

Al escuchar cerrarse la puerta de su apartamento, los ojos de Scully se abrieron de golpe. Trabajo. La oficina. Su mente se aceleró. ¿Los eventos del fin de semana tendrían algún efecto sobre la atmosfera de trabajo? A veces sentía que lo que había sucedido entre ellos estaba dibujado en su rostro. ¿La gente en el FBI se daría cuenta? ¿Lo notarían? ¿Se traicionarían a sí mismos con la apariencia o el lenguaje corporal? Tendrían que mantener una conducta muy profesional en todo momento, mientras estuviesen en el trabajo. ¿Qué tan difícil sería eso cuando quedaran encerrados en el sótano solos?

Scully se levantó de la cama y se dirigió al baño, reflexionando sobre lo que podría enfrentar al ir a trabajar. Notó que el asiento del baño estaba levantado, rodó los ojos, y lo bajó de golpe. Después de vaciar su vejiga, se metió en la ducha rápidamente, sus pensamientos no dejaban de atormentarla.

¿Cómo la vería Mulder ahora? ¿La trataría de una manera diferente? ¿Seguiría tratándola como a un igual? ¿Sentiría que tenía que protegerla aún más? ¿Serían capaces de tener diferencias de opinión, e incluso distintos argumentos, en los casos y dejar todo eso en la puerta de su oficina? ¿O esos desacuerdos se trasladarían y reflejarían después de horas? O, al contrario, ¿Si tenían desacuerdos personales terminarían llevándolos a su relación dentro del trabajo?

Los límites entre ellos ahora se habían vuelto borrosos, y Scully encontró la necesidad de crear otros nuevos. Pero, ¿cómo hacerlo sin que Mulder pensara que ella estaba estableciendo reglas? ¿Se estaba preocupando por nada? ¿Debería sólo ir con la corriente y ver lo que se desarrollaba de forma natural? Suspiró profundamente. Supuso que sólo tendrían que encontrar una manera de hacerle frente a cualquier circunstancia que pudiese surgir en el futuro.

 

*****

A las 8:17 horas Scully entró en la oficina del sótano para encontrarse con Mulder sentado en su escritorio, en impecable traje negro, mirando la pantalla del computador. Sintió que mariposas llenaban su estómago, al no saber qué esperar de ese encuentro. Mulder la observó entrar y colgar su chaqueta. Scully luego hizo lo que mejor sabía hacer: Levantó la guardia mientras giraba caminando hacia el escritorio.

Mulder la miró fijamente. - Buenos días. - Sentía que su expresión era ilegible esa mañana. Ella volvía a cerrarse a él de nuevo.

 - Buenos días. - Dijo Scully, sentándose en su silla de siempre, enfrentándose a Mulder.

 - Um... Skinner quiere vernos en su oficina a las 8:30

 - Ok. - Respondió ella. - ¿Hay algo interesante en los mails, o en el correo de voz?

Mulder suspiró. - No. Siento que nada interesante llegó a mi escritorio en mucho tiempo. Aparte de esa info que Danny envió.

Scully arqueó una ceja.

 - Lo sé... lo sé... No voy a ir a Puerto Rico ni a la “Ellens Air Force Base”, Scully. Danny ni siquiera pudo conseguir más información, de todos modos

Scully reprimió una sonrisa. - ¿Qué pasa con nuestros contactos?

Mulder negó con la cabeza. - Nop. No he recibido nada de nuestras fuentes habituales.

Ella pensó acerca de eso por un segundo. - ¡Oh! ¿Recuerdas el mensaje de hace un tiempo? Alguien de MUFON. Creo que su nombre era... ¿Solometo? ¿Qué hay acerca de eso?

Mulder se removió en su silla, sintiéndose incómodo. - Nada más que un callejón sin salida.

Scully suspiró. - Supongo que podríamos enviar algunos datos a las Oficinas de Campo. A ver si alguien tiene algo que nos pueda interesar.

Mulder asintió. - Yeah, puede ser...

Scully miró su reloj. - Deberíamos ir a ver a Skinner ahora.

Mulder asintió y apagó el computador, salieron de la oficina haciendo el camino hasta el ascensor. En el primer piso varias personas entraron para unírseles, incluyendo Stacey Palmer, secretaria de Kersh. Ella le dedicó a Mulder una fría mirada antes de darle la espalda. Scully se colocó al fondo y levantó la cabeza llamando la atención de su compañero. Mulder le lanzó una mirada desconcertada, sacudiendo la cabeza con incredulidad y encogiéndose de hombros. Scully le sonrió, pero él no lo encontraba tan entretenido.

En el tercer piso, varias personas salieron y entraron velozmente al ascensor. Un agente de pelo rubio ceniza que rondaba los 30 al ver a Mulder, se dirigió a la parte posterior del compartimiento junto a él.

 - ¡Spooky, eres un perro! - Dijo de forma divertida, manteniendo la voz baja.

Mulder lo miró fijamente.

El agente frunció los labios. - Agente Mulder, quiero decir. Lo siento. - Murmuró, lanzando sus manos en una posición de rendición.

 - ¿Y usted es...? - Preguntó Mulder con cierta frialdad.

 - Agente Henry Morehouse. - Se presentó, extendiendo su mano para estrechar la de Mulder.

Mulder le estrechó la mano lentamente, sin saber hacia dónde se dirigía la conversación.

 - Felicitaciones por el premio, lo del banco fue algo impresionante, pero tengo que decirte que estoy aún más impresionado con la forma en que lo celebraron algunos después. - Continuó Morehouse, bajando la voz.

Mulder sintió el cuerpo de Scully ponerse rígido mientras permanecía de pie frente a él. Se quedó mirando al agente Morehouse, frunciendo el ceño ligeramente.

Morehouse le lanzó una mirada de complicidad. - Natalie es la mejor “pollita” que puedes encontrar en el tercer piso. Estoy celoso, Spooky. Estoy terriblemente celoso. Tu consigues las chicas más “hot” de aquí. - Concluyó, asintiendo con la cabeza hacia la secretaria de Kersh que seguía junto a la puerta.

Mulder no sabía cómo responder a eso, de repente se abrieron las puertas en el 4to piso, y casi todos comenzaron a salir. Mientras caminaban hacia la oficina de Skinner, Mulder pudo ver como la mirada de Scully continuaba ligeramente confundida.

 - No me preguntes, Scully. - Suspiró con fuerza. - No tengo ni idea tampoco.

Una vez que llegaron a la oficina de Skinner, su secretaria los acompañó al interior y Skinner les dio la bienvenida, pidiéndoles que se sentaran frente a su escritorio.

 - Entonces, ¿cómo la pasaron el fin de semana? - Preguntó Skinner, reclinándose en su silla.

Scully se removió en su asiento, cruzó, descruzó y re-cruzó las piernas. Mulder tosió.

 - Es... estuvo bien, señor. - Finalmente dijo Mulder.

Skinner los miró fijamente. - Bueno, ¿Ustedes disfrutaron, la pasaron bien en el banquete?

 - No, en el banquete, no. - Mulder respondió. Scully se encontró mirando su regazo, su mano quitando algo inexistente de su falda azul marino.

Skinner dió un vistazo entre ellos, y luego suspiró. - Mira, lo siento por el... tono del banquete. El Director Adjunto... - Suspiró de nuevo.

 - Está bien, señor. - Dijo Scully, levantando la mirada. - No es como que no sabíamos que él iba a saltar sobre Mulder.

Skinner les lanzó una mirada severa. - Algo qué Mulder mismo se buscó, de muchas maneras, no necesito recordarles.

Scully suspiró. Mulder se encogió de hombros.

Skinner le lanzó una mirada mordaz antes de continuar. - De todas formas, la razón por las que le pedí que vinieran es porque noté que no tuvieron nuevos casos últimamente. Sé que el juicio a Oates interrumpió su trabajo por un tiempo, pero me siento en la obligación de decirles, que si desean mantener los X- Files abiertos un largo tiempo, sugiero que comiencen a generar algunos casos con éxito, tan pronto como sea posible.

Scully lo miró fijamente. - Eso suena casi como una amenaza, señor.

Mulder giró la cabeza bruscamente para mirarla, y luego giró de vuelta hacia Skinner.

Skinner suspiró. - El Director Adjunto ahora les está prestando mucha más atención que antes, es todo lo que voy a  decir. A él no le gustas, Mulder. Y con mucho gusto, va a prenderse de cualquier razón válida para clausurar los X Files.

Mulder cerró los ojos y negó con la cabeza, y un nudo de miedo empezó a apretar lentamente el estómago de Scully.

Por la tarde, justo después de las 17:00 horas, cerraron la oficina del sótano y se dirigieron al garage. El día había sido tranquilo. Habían llamado y dejado mensajes a los agentes conocidos, algunos eran los que habían conocido en Colorado, en las diferentes Oficinas de Campo alrededor del país, para hacerles saber que si algún caso que podía relacionarse con los X Files caía bajo su radar les avisaran. Se pusieron en contacto con las diferentes fuentes de MUFON, la NASA, y los diferentes departamentos de ciencias de varias universidades. Lo más destacado del día había sido una larga y divertida llamada telefónica con Chuck Burks, que seguía al frente del avanzado “Digital Imaging Lab” de la Universidad de Maryland. Pero incluso Chuck no tenía ningún“through the grapevine” (rumor de pasillo) que Mulder pudiese considerar.

Mulder y Scully no hablaban mucho entre ellos, ya que sus mentes estaban ocupadas con los mismos pensamientos inquietantes. Cada uno estaba preocupado por la amenaza velada del Director Adjunto y que quizás esto causaría que el otro vacilara, comenzara a tener dudas sobre la nueva transición de su asociación. A Mulder le preocupaba que Scully le dijera que era una mala idea continuar con eso y que por el bien de los X- Files, tendrían que cortar de raíz lo que estaba comenzando. Y a Scully le preocupaba que Mulder dijera exactamente lo mismo. Y así se sentaron en silencio, compartiendo el mismo miedo.

Cuando llegaron al garaje, y Scully giró en dirección a su coche, Mulder finalmente rompió su silencio.

 - Uhmm.. ¿Scully?

Ella se volvió a mirarlo. - ¿Sí?

Mulder pasó saliva. - ¿Puedo... ir... a verte esta noche? - Por favor, di que“sí”.

Scully dio un suspiro de alivio y le sonrió, mordiéndose el labio. Caminó hacia él, cerrando la distancia entre ellos. Mulder podía sentir su corazón latiendo y pensó que si Scully se acercaba un poco más, sería capaz de escucharlo.

 - Pienso que mejor no, Mulder... No esta noche.

Él le dirigió una mirada decepcionada, y luego empezó a preocuparse de nuevo.

Scully lo miró con simpatía. - Tengo demasiadas cosas que hacer, Mulder. Cosas que estuve descuidando. Tengo que llevar ropa a la tintorería. Realmente tengo que ver a mi madre... e ir a hacer las compras...

Mulder asintió. Momentáneamente sintió la necesidad de preguntarle si podía acompañarla al supermercado y a visitar a su madre, pero no estaba seguro de por qué. Entonces dio cuenta de lo “intimo”, lo “vinculante” que sonaba eso, y empujó rápidamente esos pensamientos confusos a distancia.

Scully le sonrió. - ¿Por qué no vienes dentro de unos días? Cuando... ya sabes...

Mulder sonrió y alzó las cejas. - ¿Estés... abierta para los negocios?

Ella se sonrojó furiosamente y puso su mano sobre su cara, riendo. - ¡Wow, Mulder! Gracias por ponerlo en esos términos, pero... sí.

Él le sonrió.

 - ¿Qué tal el jueves? - Preguntó Scully, todavía ruborizada y luchando contra una sonrisa.

 - Suena bien - Respondió, devolviéndole la sonrisa.

Ella comenzó a alejarse hacia su coche, pero cuando giró hacia atrás un instante para mirarlo, vio que la sonrisa de su compañero había desaparecido y tenía el ceño fruncido.

 - Mulder, no te preocupes... - Dijo en voz alta mientras se alejaba. - Será sólo por unos pocos días.

 

***** 

Comenzando la noche del viernes 15 de octubre, Mulder llamó a un taxi y se dirigió hacia el apartamento de Scully en Georgetown, anticipando la noche que tenía por delante, y sus pensamientos se dirigieron al desarrollo reciente en sus vidas. Todavía no habían hablado de lo que había entre ellos, esta nueva transición que su asociación había emprendido. Eran compañeros, amigos, y ahora estaban teniendo sexo. A veces sentía que debía pellizcarse, todavía no podía creer lo que estaba sucediendo entre ellos.

Pero ellos estaban más allá de la definición. ¿Qué eran ahora? Mulder todavía no tenía ni idea. Era una relación, pero sin todas las cosas de una relación que Mulder siempre había asociado con parejas románticas. Scully no pedía flores o regalos o tarjetas de felicitación floridas o cualquiera de las cosas que las “ex” de su vida habían esperado de él. No había sobrenombres ridículos de mascotas o términos suaves y cariñosos. No existían entre ellos los: “Honey Bunch” o “Poopy Head”. Mulder ni siquiera pensaba en ellos como una “pareja” de una manera tradicional. Él era “Mulder” y ella “Scully”, y ahora podía observarla desnuda. Y cuanto más tiempo pasaban sin hablar sobre ello, más fácil se convirtió el no hablar sobre ello.

Eran totalmente profesionales en el trabajo; su comportamiento, conversación, y la relación de trabajo no habían pasado por un cambio real significativo. Aunque, Mulder dio cuenta de que sus discusiones eran menos tensas, Scully no rodaba sus ojos ante sus teorías e ideas tanto como antes y parecía tomar las cosas con mucha más con calma, y... ella sonreía un poco más a menudo, especialmente cuando pensaba que no él no estaba mirándola.

Después del trabajo, ellos se dirigían al garage por sus coches, por separado, o, a veces Mulder tomaba un taxi cuando se sentía muy paranoico, y ambos terminaban en el apartamento de Scully, con él siempre llegando 20 minutos después que su compañera y ella siempre le daba la bienvenida en la puerta con el pelo mojado, recién duchada. Siempre su apartamento. Ellos nunca fueron al suyo. Mulder no estaba muy seguro de por qué, pero la casa de Scully estaba más cerca del trabajo, mucho más limpia, y allí siempre había comida fresca en el refrigerador.

Mulder solía sentarse en su cocina y observarla preparar la cena, al parecer a Scully le llevó algún tiempo acostumbrarse a eso, siempre se quejaba de que no podía concentrarse con él ahí mirándola y siempre, lo instaba a que la esperara en la sala mientras ella cocinaba. Pero él siempre se resistía: quería verla. Luego se sentaban a la mesa y cenaban juntos. A veces discutían sobre el trabajo, o sobre algo que Mulder había leído en un periódico o en el boletín de MUFON, o algo interesante que Scully había visto en una de las revistas científicas donde escribía sus artículos o algo raro que había oído de uno de sus amigos en Quantico; y a veces, también, comían en un cómodo silencio.

Luego pasaban al sofá, en el salón de su casa, para ver algo en la televisión, pero al poco tiempo abandonaban cualquier interés en la tv para, inevitablemente, terminar conduciendo sus cuerpos desnudos a tientas, empujando, y gimiendo a su dormitorio. Horas después, al amanecer, Mulder dejaba a Scully durmiendo, e iba hasta su casa, se duchaba, y luego ellos regresaban al trabajo, donde procedían a actuar como si la noche anterior no hubiese sucedido. “Cycle, rinse, repeat”. Ciclo, enjuague, repita.

En la oscuridad de la habitación, Scully estaba abierta para él. Se entregaba ciegamente a recibir placer y afecto. Pero... a la luz del día, se cerraba. Hubo momentos en los que Mulder, automáticamente y sin siquiera pensar en ello, intentaba algún tipo de exhibición pública de afecto, como dos días atrás, cuando fueron a un restaurante para almorzar e inconscientemente estiró el brazo sobre la mesa para tomar la mano de Scully. Scully retiró la suya con cierta brusquedad y lo miró como si tuviera tres cabezas. Aunque, más tarde esa noche, ella se mostró entusiasmada con la celebración de su cumpleaños y Mulder recordaría “ese” cumpleaños por la noche de sexo particularmente buena.

Mulder se preguntó si alguna vez hablarían de lo que estaba sucediendo entre ellos, o lo que significa, o hacia dónde se dirigía lo que estaba pasando, o ¿qué pasaría si el próximo intento de IVF en realidad funcionaba? Pero entonces, pensó que tal vez era mejor que no lo hicieran. Esta cosa entre ellos, esta cosa que no tenía definición, de repente parecía muy asustado para definir lo que eran. ¿Necesitaba ser definido? ¿Necesitaba explicarlo? Tal vez él no quería hacerlo.

CONTINUARÁ….

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La noche del viernes 15 de octubre, Mulder y Scully se sentaron en la sala de estar frente a la televisión, Mulder en el sofá y Scully en el suelo delante de él trabajando sobre la mesa de café. Habían ordenado, temprano, el domicilio de un restaurante italiano del barrio porque ella tenía cosas que hacer y no deseaba cocinar. Mulder trataba de prestar atención a lo que pasaban en Dateline por la NBC pero su concentración iba de la tv a la mesa de café, con la media botella de vino tinto, dos copas, unos libros abiertos, y una Scully encorvada sobre ella con un cuaderno y un bolígrafo.

Mulder suspiró. - ¿Vas a trabajar toda la noche, Scully?

Ella sonrió sobre el libro que estaba leyendo. - No, no será toda la noche.

 - ¿Eso no puede esperar?

 - Bueno, realmente necesito hacer algunos avances sobre esto, Mulder. Tengo que presentar el proyecto final al Forensic Sciences Journal en tres semanas.

Él gimió de frustración.

Scully se rió entre dientes. - Te prometo que después tendrás toda, toda mi atención.

 - Hmmmm. - Mulder respondió, su tono de voz denotaba un toque de escepticismo.

Scully rodó los ojos y sonrió por encima de su cuaderno.

Pasados unos 25 minutos, Lester Holt se despedía hasta el siguiente programa y Dateline terminaba, Mulder perdió todo interés en el televisor y se encontró mirando hacia abajo a la parte posterior de la cabeza de Scully. Su pelo estaba recogido con una banda elástica y la lechosa, y suave piel de su cuello quedaba expuesta. Mulder se deslizó hacia el suelo, sentándose detrás de ella, acomodando la espalda contra el sofá y deslizando sus piernas alrededor de Scully.

 - Mulder... ¿qué estás haciendo? - Preguntó mientras manejaba rápidamente el bolígrafo sobre del cuaderno, tomando notas del ADN mitocondrial.

 - Estoy cansado de estar sentado sólo en el sofá. Si la montaña no va a Mahoma...

Scully resopló.

Él se quedó mirando fijamente la parte de atrás del cuello de su compañera unos segundos. Llevó la mano hasta ese lugar y comenzó a acariciar suavemente su piel con la punta de los dedos.

 - Por favor, no me distraigas, Mulder. Realmente necesito concentrarme en esto.

 - Mmm-hmmm. - Respondió, sin quitar la mano, y continuó acariciándola lentamente, los dedos hacia arriba y abajo por la suave piel de su cuello 

Scully suspiró después de leer el mismo párrafo tres veces.

Mulder sonrió. Acercó la cabeza para besar la parte de atrás de su cuello, sacando la lengua para pasarla contra su piel.

Ella dejó escapar un pequeño suspiro y cerró los ojos, dejando caer la pluma en su cuaderno y acomodando la mano sobre su regazo.

 - Quiero encontrar todos tus puntos, Scully. - Susurró Mulder contra su cuello.

Ella suspiró de nuevo cuando él comenzó a avanzar con sus labios por la parte posterior de su cuello, acariciando su piel suavemente con la lengua.

Pronto Scully empezó a retorcerse, sintiendo como el deseo caliente comenzaba a reunirse en su centro, Mulder colocó los brazos alrededor de su cintura para sostenerla contra él. Cuando su boca hizo el camino alrededor de su cuello, ella inclinó la cabeza hacia un lado, manteniendo los ojos cerrados, movió su mano derecha hacia la parte posterior de la cabeza de Mulder, pasando los dedos por su pelo, en una lenta y torpe caricia. La lengua de su compañero encontró la zona justa detrás del lóbulo de la oreja y Scully se quedó sin aliento. Mulder sonrió al haber descubierto otro de sus puntos sensibles. Su lengua continuó sus ministraciones allí hasta que Scully comenzó a respirar con dificultad, las manos de Mulder dejaron de sostenerla contra su abdomen para caer sobre sus pantalones negros, deshaciendo el botón y tirando hacia abajo la cremallera, podía sentir como su miembro se endurecía más dentro de sus jeans.

 - Tócate, Scully. - Mulder le susurró al oído.

Sus ojos se abrieron. - ¿Q... qué?

 - Quiero que te toques... Quiero verte.

Scully pensó en el hábito porno de Mulder. Por supuesto que le gustaba mirar. Sintió la inseguridad y la vergüenza servil elevándose por su estómago.

 - Preferiría que tú lo hicieras, Mulder... Que tú me tocaras... - Susurró, después de una pausa.

Mulder volvió a poner la boca sobre el cuello de Scully, mientras mentalmente se reprendía. Pudo sentir como se había puesto tensa al terminar de decirlo. Maldita sea, ¿por qué hizo eso? Obviamente, la había hecho sentirse incómoda. Esa fue, claramente, una de las cosas dentro de su mente sucia que era mejor mantener para sí mismo. ¿Cuánto de esa mente podría abrirle a Scully sin hacerla retroceder? Había pasado tanto tiempo desde que había tenido una relación sexual, se había olvidado lo difícil que podía ser abrirle su mundo a otra persona.

No quería que ella pensara que algo estaba mal, así que deslizó la mano por la parte delantera de sus pantalones hasta llegar dentro de su ropa interior de algodón lavanda, sus dedos encontraron su clítoris y la humedad que crecía allí. Mulder sintió que su erección se volvía aún más dura. Scully cerró los ojos y, para deleite de Mulder, comenzó a gemir.

Sus ministraciones sobre su clítoris y la sensación de su culo retorciéndose contra su sexo hinchado comenzaron a hacer que su cabeza diera vueltas y su ingle se tensó. Scully sintió las primeras señales hacia el pronto orgasmo, cuando, de golpe, Mulder apartó la mano de su sexo. Ella gimió. Su compañero le sonrió al oído.

 - Vamos a ir a la habitación, Scully. - Le susurró.

Se levantaron como pudieron dirigiéndose a la habitación, las manos de Mulder sin dejar nunca la cintura de Scully y su boca sin abandonar jamás su cuello. Una vez que cerraron la puerta detrás de ellos, Scully giró la cara hacia Mulder y él puso su boca sobre la de ella, besándola apasionadamente. Mulder amaba besarla, a veces sentía que era su parte favorita. Hubo momentos en la pasada semana que estuvo a punto de intentar besarla como un: “Hola” o un: “Adiós”, pero ella siempre evitó sus ojos mientras giraba la cabeza. Pero aquí, en su dormitorio a oscuras iluminado sólo por las luces de la luna y la luz de la calle que entraba por la ventana, estaba receptiva a su afecto por lo que él tomó el mayor provecho de eso como pudo.

Scully levantó su camisa gris oscura, y Mulder se la pasó por la cabeza. Mulder le sacó la camisa blanca por cabeza, y la arrojó junto a la suya al suelo. A continuación, ella comenzó a besarle el pecho, pasándole la lengua por los pezones sensibles. Él gimió, mientras sus manos fueron a su pelo, liberándolo del elástico que lo sujetaba y hundiendo sus manos en el. Scully pasó la punta de sus dedos por los rizos suaves de su pecho, acarició su estómago firme hasta la cintura, desabrochó sus jeans y comenzó a bajarle la cremallera. Deslizó su mano derecha por la parte delantera, hasta llegar dentro de sus boxers azul marino, su mano se cerró alrededor de su sexo duro, acariciándolo.

 - Scullyyy... - Mulder respiró agitado, cerrando los ojos.

Y una vez más, Scully sabía lo que quería. Ella había deseado hacer esto muchas veces durante la semana pasada, pero Mulder siempre tenía alguna forma de evitarlo. Al principio no pensaba demasiado en ello, pero cuanto más se lo impidió, más comenzó a pensarlo, y más le molestaba que no se lo permitiera. Se encontró contemplándolo en el trabajo fijamente, encorvado sobre su escritorio, usando sus adorables “dorky glasses” (gafas de nerd), preguntándose por qué no se lo permitía. Pero estaba decidida a no dejar que la detuviese nuevamente.

La mano de Scully abandonó su erección, para tirar de sus pantalones hasta el suelo, se los quitó junto con sus medias. Se había puesto de rodillas frente a él, y estaba decidida. A continuación, le bajó los boxers por las piernas, y Mulder pateó para quitárselos. Pero cuando él se agachó para levantarla del suelo, Scully elevó sus manos para bloquearle los brazos.

Mulder se rió entre dientes. - Tenemos que conseguir desnudarte también, ya sabes...

Ella lo miró profundamente. - Aún no.

Mulder se dio cuenta que ella estaba mirando su sexo, y se lamía los labios. Sintió como su pene palpitaba, y suspiró con fuerza.

 - Scully, eso no es lo que quiero.

Levantó la mirada hacia su rostro. - Mulder, estoy cansada de que me digas eso. ¿Qué hay de lo que yo quiero?

Él la miró fijamente. No recordaba a sus “ex” particularmente entusiasmadas con ese acto, sólo Phoebe que tendía a convertirlo en un juego de control mental, bueno, ella hacía de todo un juego de control mental. Pero su novia de la universidad se negaba rotundamente a hacerlo y Diana lo hacía de mala gana, y sólo lo llevaba a cabo en ocasiones especiales, como su cumpleaños o aniversario. Mulder pensó en las escenas de películas para adultos, en las mujeres con los miembros sobre su rostro pidiendo que le acaben encima. Las mujeres que había conocido no eran así, y ciertamente no pensaba que Scully quisiera eso. No podía permitir que lo hiciera solo por complacerlo.

Mulder suspiró. - Scully, no... ¿No podrías dejarlo pasar? Sólo vamos a la cama.

Scully alzó las manos para tomar la erección de Mulder, y comenzó a acariciarlo. Él cerró los ojos con fuerza y empezó a respirar con dificultad.

 - Pero tú me lo haces a mí. - Dijo Scully.      

Él la miró. - Eso es muy diferente, Scully.

Ella le dirigió una mirada de incredulidad. - ¿Qué es lo que tiene de diferente?

 - Simplemente lo es... - Bajó la mirada hacia las pequeñas y cálidas manos de su compañera que se deslizaban hacia arriba y abajo por toda la longitud de su sexo duro, y comenzó a jadear con más fuerza.

Scully se dio cuenta que no tenía alguna razón válida para impedir que lo hiciera. Soltó su erección, y lo desafió.

 - Pensé que éramos iguales, Mulder.

Él abrió la boca para responder, pero luego rápidamente la cerró. La miró fijamente, y vio que ella arqueaba una ceja. Lo tenía. Lo había jodido. Y ella sabía que lo había hecho. ¿Qué iba a decirle? ¿Qué no eran iguales? Sabía que esa contestación no sería bien recibida por Scully. Mulder preferiría ser golpeado por un autobús envuelto en llamas que decirle una cosa así. Eran iguales, y él nunca podría negarlo.

 - Mulder... ¿te gusta que te den sexo oral? - Preguntó en un tono que revelaba que ya sabía la respuesta.

Él asintió con la cabeza. - Sí. - susurró.

 - Bien. Porque a mí me gusta darlo.

Mulder la miró fijamente. Su corazón comenzó a golpear con furia.

Scully lo miró a los ojos para decirle: - Quiero chupártela. Y quiero que acabes en mi boca.

Mulder abrió mucho los ojos. Nunca se imaginó que ese lenguaje hacia parte del vocabulario de Scully.

Scully volvió su atención a la erección de Mulder. Era tan hermoso. Era grande y duro y grueso y... masculino. Olía a sal, y a algo más, algo únicamente Mulder. Su boca comenzó a salivar. Tomó su erección firmemente con ambas manos, y chasqueó la lengua sobre su cabeza llena de sangre.

Mulder puso los ojos en blanco y dejó escapar un gemido. - ¡Carajooo...! - ¿Cuándo fue la última vez que una mujer había puesto su boca sobre él? Ni siquiera podía recordarlo.

Scully repitió el movimiento un par de veces más, antes de aplanar la lengua y comenzar a hacer remolinos alrededor de su cabeza sensibilizada. Se entretuvo unos segundos ahí, hasta que lo tomó totalmente en su boca, y el gemido gutural que esto provocó en Mulder causó una oleada de poder elevándose dentro de Scully. En su mente, Mulder era un hombre poderoso. Alguien que podía estar controlando todo a veces, una parte de ella lo necesitaba, pero otra parte odiaba eso. Pero él la había tomado de la mano y con valentía la había llevado con él por las situaciones más peligrosas imaginables, poniéndola en la línea de fuego una y otra y otra vez, y sin embargo, a pesar de eso él era su protector más feroz. Sin lugar a dudas, ella pondría su vida en sus manos cada día, confiando en que no habría un daño real, que nada podría acontecer si él estaba allí con ella. Para Scully, Mulder tenía un verdadero poder, un poder que venía de algún lugar profundo dentro de él. Y ella celebró tener el placer de Mulder en la palma de su mano. Estaba a su merced. Scully se sentía poderosa.

Desde el primer movimiento de la lengua de Scully, Mulder se había ido. Era casi como si ésta fuera la primera vez que lo había experimentado. Cada movimiento de su boca a su alrededor era fascinante. Pero entonces, Scully empezó a acariciarlo con una mano arriba y abajo, girando alrededor de su eje, su boca trabajaba sobre su cabeza, y su otra mano comenzó a exprimir sus bolas. Mulder gimió con fuerza sintiendo como sus rodillas comenzaban a ceder.

Bajó la mirada para encontrar los ojos de Scully sonrientes hacia él y pensó que era la cosa más erótica que había visto en su puta vida. Su suave y rosa boca era caliente y húmeda. Sus labios hinchados se veían increíbles alrededor de su pene. Y mientras observaba como su lengua lo lamía arriba y abajo por su eje, tuvo que luchar contra el impulso de tomarla por la cabeza y embestir sus caderas contra ella. Comenzó a apretar las manos contra sus muslos.

Scully pensó que sus sonidos habían adquirido una nota de frustración. - Mulder, dime cómo te gusta. - Susurró.

Él le sonrió, pasándole las manos por el pelo en una torpe caricia. Era tan hermosa. - Lo estás haciendo bien, Scully.

Ella le lanzó una mirada mordaz. - Maldita sea, Mulder, sólo dime cómo lo quieres...

 - Más profundo... más fuerte... - Susurró, cerrando los ojos. Todavía no podía creer que Scully estuviese haciendo esto.

Scully no dudó en envolver con las dos manos el sexo hinchado de Mulder y apretar con más fuerza, antes de retornar con su boca a la cabeza llena de sangre e incrementar la succión más duramente. Mulder dejó escapar otro gemido gutural y sus manos se aferraron al pelo de su compañera. Ella tomó el ritmo perfecto; acariciando rápido, apretando con más fuerza, y chupando duro.

Mulder sintió como su ingle se tensaba y la presión dentro de sus bolas se acumulaba. - ¡Oh, Dios mío, sí...! - Respiró con fuerza mordiéndose los labios.

Scully tuvo otra fuerte sensación, como si el poder se elevara a través de su cuerpo. Comenzó a gemir mientras devoraba el sexo de su compañero.

Mulder bajó la mirada para poder observarla y sintió que su ingle se tensaba aún más. Había mirado la boca de Scully demasiadas veces en los últimos seis años, había fantaseado miles de veces con esa boca, pero nada de lo que había imaginado en sus más ardientes fantasías podrían haberlo preparado para lo carnal que se veía en ese momento. Hacía apenas una hora esa boca estaba hablando con él sobre el ADN mitocondrial humano y la mutación puntual relacionada con la edad, y ahora esa misma boca devoraba sin piedad su sexo. Oh Dios.

Observó como Scully movía una de sus pequeñas y cálidas manos hasta exprimir sus bolas, y sintió unas fuertes sacudidas de placer conectándose a través de la ingle, por sus muslos hasta llegar a su estómago. Sus caderas corcovearon contra ella.

 - Scullyyyy... - Jadeó ahogado poniendo los ojos en blanco.

Podía oír la desesperación en él. Scully lo tomó más profundamente con su boca, chupó un poco más duro, y lo apretó un poco más fuerte.

Mulder sintió las sacudidas de placer convirtiéndose en olas. Un lenguaje totalmente explícito comenzó a caer de su boca, y Scully supo que ya estaba cerca del final.

 - ¡CARAJOOOO, SCULYYYY...! - Las rodillas de Mulder se cerraron, sus manos agarraron el pelo de su compañera con más fuerza, sus caderas comenzaron a embestir descontroladamente contra ella cuando las olas de placer se convirtieron en una gran inundación, y su orgasmo se derramó en su boca. Scully continuó la succión sin separarse de él, lo mantuvo dentro de su boca, una mano tomándolo por la cadera para controlar sus furiosas embestidas mientras lamía y se tragaba su liberación.

Se quedó allí con los ojos fuertemente cerrados, temblando, respirando con dificultad con la boca abierta, la cabeza hacia atrás y con las manos todavía sujetando su pelo, por algún tiempo antes de confiar en que sus piernas serían capaces de sostenerlo si se movía.

Scully nunca se había sentido más encendida en su vida: su sabor salado y el poder que le había tener el control. Nunca se había sentido más segura en toda su vida.

 - Mulder... ¿todavía quieres verme?

Sus ojos se abrieron de golpe y bajó la mirada hasta ella. Asintió con la cabeza vigorosamente, con los ojos muy abiertos. Su boca devoró la de su compañera mientras ella se levantaba. Scully le echó los brazos alrededor del cuello, besándolo apasionadamente, y él la abrazó con fuerza contra su pecho. La acompañó hacia atrás hasta que la parte posterior de sus muslos golpeó la cama. Mulder rechazó acostarse empujando a Scully, para que se siente sobre el colchón.

Sus manos fueron a la cintura de sus pantalones, tirando de ellos hacia abajo, quitándoselos mientras ella se acostaba. Scully se quitó el sujetador y lo arrojó al suelo. Mulder miró sus pechos perfectamente redondos antes de enganchar los pulgares en la cintura de sus bragas, notando que estaban empapadas, y tirando de ellas por sus piernas.

Se subió a la cama para sentarse al lado de Scully. Ella estaba tumbada sobre su espalda, y le dedicó una pequeña sonrisa al verlo mirar hacia abajo, hacia su sexo. Dobló las rodillas, y abrió las piernas. Él la miró. Observó atentamente como su pequeña mano derecha se deslizaba por su abdomen hacia la pelvis, hacia abajo, más allá de la corona de los cuidados rizos rojizos. Pasó los dedos por su sexo mojado, dibujando círculos sobre su clítoris. Mulder observó como cerraba los ojos, arqueaba la espalda, y presionaba la cabeza en el colchón. Luego la vio empezar a frotarse, a tocarse con velocidad, su memoria fotográfica capturando sus movimientos para un uso futuro.

Scully comenzó a respirar con dificultad, haciendo pequeños gemidos guturales. Mulder la miraba fijamente, con los ojos bien abiertos, mientras sus dedos dejaban su clítoris hinchado para deslizarse a través de sus pliegues húmedos y empujaban dentro de su sexo, antes de regresar de nuevo a frotar su clítoris. Scully realizó este patrón varias veces, cada vez más rápido que el anterior hasta que se convirtió en una sucesión rápida. Ella cerró los ojos con fuerza, y su respiración se aceleró.

Mulder se acostó a su lado, acomodándose de costado y llevó su mano hasta la mandíbula de Scully. - Mírame, Scully - susurró.

Ella giró la cabeza abriendo los ojos, y él se perdió en ellos. Su mano fue a un lado de su cuello, rozándola, sus dedos recorriendo esa porción de piel, arriba y abajo por su piel suave. Ella sintió que su corazón se hinchaba mientras lo miraba a los ojos. La exquisita tensión aumentó, y, finalmente, el latido de su clítoris estalló y las olas de placer inundaron su cerebro. Scully comenzó a girar su cabeza, alejándose de Mulder, pero inmediatamente él se inclinó para capturar sus gemidos fuertes con su boca, besándola profundamente, no dejando que su mirada se alejara de él.

CONTINUARÁ…

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Ella subió las escaleras de su casa en Stevensville, Maryland y caminó hasta el final del pasillo alfombrado. Dio la vuelta a la izquierda y se quedó mirando la puerta blanca. Esta habitación siempre solía estar abierta, pero la puerta había sido cerrada desde el sábado, cuando amigos y parientes la habían acompañado de regreso a la casa desde la iglesia, ese día había experimentado algo que nunca debería haber experimentado. No había sido capaz de decidirse a entrar a esa habitación y hacer lo que tenía que hacer, pero no podía seguir ignorándolo por más tiempo. Debía hacerlo.

Abrió la puerta y fue recibida por las familiares paredes blancas, la moqueta verde apio, la colcha de lilas púrpuras y hojas verdes, y el tocador antiguo de madera a juego con la silla y escritorio. Recordó con cariño cuando la ex ocupante de ese dormitorio con entusiasmo había escogido los muebles y la ropa de cama cuando tenía sólo 15 años. ¿Realmente había pasado tanto tiempo? Parecía como si fuera ayer. La habitación en realidad no se había vuelto a ocupar desde 1977, y sólo se utilizaba cuando su anterior ocupante volvía a casa para las vacaciones o en sus visitas ocasionales de fin de semana. Pero ya no habría más visitas, ni habría más vacaciones que pasarían juntas.

Dejó las cajas de cartón en el suelo y se dirigió al armario. Quitó los vestidos, faldas y otras prendas bonitas. Tomó el vestido de graduación  lila con volados alrededor del escote redondo y en las mangas, la cintura ajustada con una cinta, y la capa de tul con discretos lunares. Las lágrimas llenaron sus ojos. Ella había sido tan feliz esa noche, y estaba tan orgullosa de la mujer en que su hija se estaba convirtiendo: era hermosa, e inteligente, muy inteligente, y tan resuelta.

Dobló el vestido con cuidado, y lo colocó dentro de una caja de cartón. Una vez que el armario estuvo vació, pasó a la cómoda y llenó otra caja con pantalones, camisas, pijamas y ropa interior. Una vez vacío, se trasladó al tocador y descartó las pocas botellas de perfume y la caja de joyería con los tesoros de adolescencia de su hija. Tomó la fotografía enmarcada, la única foto ahí, tomada en la Graduación Universitaria de su hija hacía poco más de 10 años. En realidad había obtenido un Doctorado en Filosofía (PhD). Había estado tan orgullosa de su niña. Ese había sido un día feliz.

Miró al hombre de la foto. Él tenía su brazo sobre el hombro de su hija, y estaban sonriendo. Su hija había estado perdida por ese hombre. Él era todo sobre lo que hablaba. Qué cosas malas habrían obrado para que no funcionara la cosa entre ellos. A ella le gustaba bastante ese chico. Colocó la fotografía dentro de una de las cajas junto a las otras cosas.

 

Cuando terminó de vaciar el tocador, trasladó las cajas al pasillo. Regresó a la habitación y echó otro vistazo alrededor, se quedó mirando la cama. Supuso que no estaría de más comprobar. Se puso de rodillas, levantó el faldón, y miró debajo de la cama. Bueno, esto era una sorpresa. Nunca había visto eso antes. Lo sacó de debajo de la cama. Había un sobre blanco tamaño carta pegado a ella, dirigido a: ‘Mamá’. Un nudo se le formó en la garganta y las lágrimas comenzaron a caer mientras pasaba el dedo índice izquierdo por el sobre y lo abría.

 

*****

Scully se quedó acostada, cuando la luz de la mañana la despertó al iluminar su habitación, viendo a Mulder dormir. Se sentía en conflicto, como siempre. Lo quería allí con ella todo el tiempo, pero sabía que acostumbrarse demasiado a tenerlo a su alrededor, sobre todo en forma personal cuando el trabajo no estaba involucrado, la haría más dependientes de él. Y esto, a su vez, haría la angustia y el dolor que le esperaba a futuro aún más insoportable. Quería a Mulder allí, pero el instinto de conservación estaba ganando la pelea, como de costumbre.

Salió de la cama, fue al baño y se puso el albornoz marfil. Cuando regresó a la habitación Mulder seguía dormido, acostado de espaldas y con la mitad inferior de su cuerpo cubierto por la sábana color crema.

 - Mulder, despierta. - Dijo, agitándole suavemente el brazo.

 - ¿Hmmmm? - Respondió él, con los ojos todavía cerrados.

 - Necesito que te despiertes. Es hora de que te vayas a casa.

Mulder comenzó a parpadear despierto. - Pero es sábado, Scully. - dijo, bostezando.

 - ¿Cuál es tu punto? Mulder, has pasado las últimas nueve noches aquí. De corrido.

Él le sonrió. - ¿Las estás contando, Scully?

Ella lo miró fijamente.

Mulder seguía sonriéndole. - ¿Por qué no vuelves a la cama, Scully?

Comenzó a estirarse hasta ella, pero Scully dio un paso hacia atrás. La reacción fue de lucha y huida para evitarlo. Por la noche, en la oscuridad era una cosa. Sexo con Mulder a plena luz del día era otra cosa totalmente distinta, y ese no era el camino que ella estaba preparada para descender.

 - ¿Tengo que recordarte que en realidad no vives aquí, Mulder? Es hora de que te vayas a casa.

 

Él suspiró, sentándose en la cama. - ¿Por qué? Quería quedarme contigo aquí a pasar el día.

Scully le dedicó una mirada exasperada. - Mulder... tengo cosas que hacer. Tengo que escribir ese artículo para la Forensic Sciences Journal  y nunca voy a terminarlo si estás aquí. Ya estoy asumiendo que piensas pasar las noches aquí toda la semana que viene también.

 - Sí. - Dijo Mulder sin vacilar.

 - Bueno, entonces, tengo que hacer esto. - Respondió Scully. - Mulder, ¿no tienes cosas que necesitas hacer? Debes tener una montaña de ropa sucia, y no estaría de más limpiar ese desastre que llamas “apartamento”.

Mulder rodó los ojos y se levantó de la cama cuando Scully salió de la habitación y se dirigió a la cocina. Mientras ella ponía la tetera al fuego, Mulder entró, completamente vestido.

- ¿Quieres que desayunemos juntos antes de irme? - Preguntó.

 - No. - Le respondió secamente. Si se lo permitía ahora, se convertiría en un hábito, y luego se convertiría en otro aspecto de su co-dependencia. Scully pensó que poner un poco más de distancia entre ellos no podría hacerle daño.

Mulder la miró fijo. Y suspiró. - Bien... entonces...

Se acercó a donde estaba, de pie frente al fregadero, colocando ambos brazos alrededor de ella y apoyándose contra el borde de la encimera. Scully se sentía atrapada. Parecía que estaba a punto de besarla. Ellos nunca se habían besado por el simple hecho de compartir un beso, a pesar de que ella podría decir que Mulder había querido hacerlo muchas veces en la última semana. Pero el beso había sido mantenido para un propósito: para dar lugar a las relaciones sexuales, junto con todas las demás muestras de afecto entre ellos. Scully necesitaba mantener algún tipo de control sobre la situación, si no quería dejarse llevar y empezar a actuar como una adolescente enamorada. Estaba luchando por no sentirse aún más unida a Mulder de lo que ya estaba.

La tetera comenzó a silbar y Scully giró el rostro, alejándose de Mulder, que había comenzado a inclinarse hacia ella, empujó su brazo por un segundo, hasta que él se soltó de la encimera. Mulder suspiró mientras la observaba verter el agua caliente en la taza, se volvió y caminó hacia la puerta principal. Scully lo siguió, y abrió la puerta para él.

Una vez que él cruzó el umbral, se volvió a mirarla con una expresión decepcionada. - Scully... ¿no puedo quedarme?

Ella lo miró fijamente. - No. ¡Santo cielo, Mulder! ¡Es sábado! Ve a hacer algo, cualquier cosa. Limpia tu apartamento. Alimenta a los peces. Has algunos recados. Ve a correr. Juega al baloncesto. Visita a los Pistoleros Solitarios. Has lo que sea, sea lo que sea que hagas normalmente los fines de semana. Estoy segura que tienes una vida a la que necesitas regresar... ¿Ok? Nos vemos el lunes por la mañana.

Mulder la miró. Sentía que estaba a punto de decirle: “Tú eres mi vida” pero se contuvo en el momento justo, y luego comprendió lo que ella había dicho.

 - ¡¿El lunes?! - Se sentía aturdido.

Scully suspiró. - Sí, Mulder. Nos vemos el lunes por la mañana. En la oficina. - Y le cerró la puerta en las narices.

*****

Mulder refunfuñó para sí mismo todo el camino desde el pasillo hasta el ascensor. Fue un esclarecimiento: Scully estaba creando reglas. Hasta el momento no había permitido tomarse de las manos, besarse (salvo que fuera por la noche en su apartamento), y otras muestras de cariño, especialmente en público. No iba a dejar que la llevara a cenar o cualquier otra cosa que pudiese significar “una cita”. Mulder suponía que no había nada malo en ello. No era como si quisiera que su amistad con Scully se convirtiese en algo parecido a sus relaciones anteriores. Realmente no tenía idea de cómo hacer que una relación romántica funcionase, de todos modos. Toda mujer que había estado seriamente involucrada con él lo había dejado, por lo que algo debía estar haciendo mal.

Pero al mismo tiempo, sintió que algo faltaba. Siempre sentía una punzada de decepción cuando no podía besar a Scully después de un “hola” o un “adiós”, cuando sus manos se rozaban mientras caminaban por la acera y Scully ponía la suya en el bolsillo de su chaqueta justo en el momento preciso en el que Mulder automáticamente iba a tomarla, cuando descuidadamente y con cierta indiferencia le frotaba la espalda o los hombros en la oficina y ella se alejaba de él. Mulder por lo general no dejaba que esto le molestase demasiado, recordándose que no tenía ni idea de cómo ser romántico de todos modos, Scully claramente quería mantener una cierta sensación de límites entre ellos, y que “eso” que había entre ellos era lo bastante bueno en la forma en que estaba sucediendo.

Pero en el fondo, en lo más recóndito de su corazón, Mulder quería algo más que sexo. Quería que Scully lo amara, y no sólo como un amigo. Tal vez si conseguía que ella se abriese más a él, no tan sólo en la oscuridad de la habitación, Scully llegaría a amarlo. Cuando se acostaban juntos por la noche, podía ver el cariño en sus ojos pero, fuera de su dormitorio, ella le cerraba la puerta expulsándolo, dejándolo fuera, escondiéndose de él. Deseaba saber por qué. Él había estado reprimiendo esos sentimientos desde la mañana siguiente en que ella había volado a su regazo sobre su sofá y su alianza había cruzado a territorio desconocido. Y en lugar de sentarse y hablar sobre estas cosas, el tema acababa de unirse a todos los demás temas sobre los que habían evitado hablar en los últimos años. Él y Scully eran profesionales en eso del no hablar.

A decir verdad, había sido fácil enterrar esos sentimientos en el pasado porque nunca había sabido realmente lo que era crecer en un hogar lleno de amor y afecto. Pensó que había amado a Phoebe, pero al crecer se dio cuenta de que sus sentimientos estaban más cerca a la obsesión y que Phoebe en realidad nunca lo había amado en absoluto. Pensó que había amado a Diana, pero muchas cosas sobre esa relación no lo hacían feliz y ahora que sabía la verdad sobre ella, prefería simplemente olvidarse de todo. Nunca había conocido o entendido realmente al amor, el amor verdadero. Nunca había experimentado, ni lo había visto ejemplificado en los adultos de su vida cuando era más joven.

Pero oculto en el fondo, Mulder anhelaba la seguridad de una relación amorosa con alguien que realmente se preocupara por él, alguien que nunca jodiera con su cabeza, alguien que nunca le mintiera. Los anhelos profundamente arraigados de Mulder sobre la familia y la paternidad, que había reprimido durante la mayor parte de su vida, también se estaban volviendo cada vez más presentes en el fondo de su mente. Ahora que había conseguido degustar algo de ese “todo” que Scully le podía ofrecer, esos deseos largamente enterrados empezaron poco a poco a burbujear sobre la superficie y se estaba volviendo algo difícil de ignorar. Esto sólo añadía algo más a la confusión. No tenía idea de lo que él y Scully eran o a dónde iban, ni cuánto tiempo duraría eso que estaba pasando. ¿Sólo era por un corto tiempo hasta que lograran sacarlo de su sistema? Mulder esperaba que no sea así. ¿Sería para siempre? Mulder suprimió rápidamente ese pensamiento.

Y mientras Mulder se dirigía hacia la puerta principal del edificio de Scully, era muy consciente de que realmente hubiese querido quedarse con ella todo el fin de semana. Deseaba pasar más tiempo con ella y hacer cosas que no necesariamente implicaban sacarse mutuamente la ropa. Estaría perfectamente contento solo con sentarse en el sofá todo el día y ver televisión junto a ella. O sentarse y escuchar su charla, acerca de cualquier cosa. No le importaba. O llevarla a algún lugar agradable, a pesar de que por lo general sentía que ella le habría disparado al sugerírselo los días previos. Pero... la temporada de baloncesto estaba por comenzar. Tal vez podría conseguir entradas para ver algunos juegos de los Maryland Terrapins. Si estaban involucrados los deportes, Scully no podría pensar que estaban cruzando los límites personales que estaba creando.

Cuando piso la acera, se dio cuenta que no tenía auto. Dio un suspiro de exasperación y, a continuación, comenzó a caminar hasta llegar a la P Street NW y paró un taxi. El taxi lo dejó en su restaurante favorito: “Abigail” a sólo tres cuadras de su apartamento en Hegal Place. Después de un desayuno de huevos, picadillo de carne en conserva, y tostadas, se dirigió a casa.

Mulder no sabía qué hacer con él mismo. Su apartamento era una pocilga. Su ropa había sido lanzada en todas direcciones por todo el dormitorio. Sus platos del desayuno estaban apilados en el fregadero. Pensó en limpiar, como Scully le sugirió, pero luego abandonó rápidamente la idea. Se puso su desgarrada, sudadera sin mangas de los Knicks y unos pantalones cortos, tomó el balón de baloncesto, y se dirigió a la cancha local.

*****

Ella condujo su 1995 Buick LeSabre plateado por una hora, y se encontró girando en una calle familiar. Habían pasado casi nueve años desde la última vez que había estado por ahí. Lo recordó vívidamente. Acción de Gracias de 1990. En lugar de que su hija fuera a su casa, al igual que solía hacer para las fiestas, ella había querido preparar la cena de Acción de Gracias en su apartamento. Los padres de su novio también habían ido, algo que su hija no había previsto. Habían sido invitados, pero la idea de que acudieran había ido disminuyendo inicialmente porque ellos no dieron una respuesta definitiva. Su novio estaba casi seguro de que no aparecerían. Pero se presentaron después de todo, y ella recordó la atmósfera del lugar: muy tensa y torpe. Se había sentido muy mal por el joven. Pareció sentirse completamente miserable durante todo el día.

Encontró el edificio donde su hija vivía, pero tuvo que conducir un poco más para encontrar un lugar donde estacionar. Se sentó en el coche durante bastante tiempo, sin poder salir. No estaba segura de que iba a decir. Bajó la mirada hacia el asiento del acompañante. Recordó la carta que su hija había unido a eso con las instrucciones. No había entendido algunas de las cosas que la carta decía, y las razones de su hija al guardar eso debajo de su vieja cama, y por qué le había pedido que lo trajera aquí. Obviamente había cosas en la vida de su hija que había mantenido completamente lejos de ella.

Después de quedarse sentada en el coche unos 10 minutos, salió. Abrió la puerta del asiento del acompañante, y lo tomó del asiento. Cerró y comenzó a caminar hacia el edificio. Entró por la puerta principal, y se dirigió a los ascensores.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron en el piso correcto, caminó por el piso de madera hacia el extremo opuesto del pasillo. Se paró frente a la puerta del apartamento, y levantó la mano para llamar, pero se quedó inmóvil. ¿Qué iba a decir? ¿Debería dejarlo, e irse? ¿Debería quedarse y ver si lo abría delante de ella? ¿Tenía el derecho de pedirle saber qué había ahí? La carta de su hija le había hecho sentir que preferiría no saberlo. Pero ¿y si golpeaba la puerta y nadie abría? No podría dejarlo en el pasillo. ¿Reuniría el valor para conducir ahí por segunda vez?

Pero después de tomar una respiración profunda, golpeó.

 - ¡Espere! ¡Ya abro! - Gritó una voz familiar desde el interior del apartamento.

Su estómago se llenó de mariposas cuando la puerta se abrió, y lo vió allí de pie con el pelo mojado, con solo un par de jeans, sosteniendo una toalla en la mano, y con una mirada de asombro absoluto en su cara.

 - ¿...Señora. Fowley?

Ella sonrió. - Hola, Fox.

CONTINUARÁ…

Chapter Text

La madre de Diana era la última persona en la tierra a la que Mulder esperaba ver en la puerta de su apartamento. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que la había visto, desde que habían ido todos a algún restaurante de lujo por el cumpleaños de Diana un par de meses antes de que ella se fuera a Europa. Y de eso hacía más de ocho años. Había envejecido, su pelo se había vuelto completamente gris, y tenía muchas más arrugas. Debía estar en sus finales de los 60.

 - Siento molestarte un sábado por la tarde. Estoy segura que tus fines de semana libres son algo precioso.

Mulder se encogió de hombros. - No estaba ocupado. No hay problema.

 - ¿Puedo entrar? - Preguntó.

Mulder parpadeó. - Uh, sí... sí, lo siento... adelante.

Le indicó la sala antes de lanzarse hacia el dormitorio desordenado para encontrar una camisa limpia. Cuando regresó ella estaba sentada en su sofá con la caja de cartón blanco que había estado cargando sobre su mesa de café.

 - ¿Puedo traerle algo? ¿Un poco de café? ¿Té?

 - No, gracias, Fox.

Se acercó al escritorio para tomar la silla, y se sentó de frente a la señora Fowley. No tenía ni la menor idea sobre qué podría hablarle. - Entonces... ¿Que la trae por aquí?

 - Esta caja. - Respondió ella, asintiendo con la cabeza en su dirección. - La encontré bajo la cama de Diana en casa, en su antiguo dormitorio.

Había estado en esa habitación antes, muchas veces. - ¿Qué hay en la caja?

La señora Fowley suspiró. - No lo sé.

 - ¿Usted no la abrió? - Mulder estaba un poco sorprendido por eso.

 - No. - Dijo. - No estaba segura de querer saber lo que hay aquí. Todavía no estoy segura. Adjunta a la tapa había una carta de Diana. Había venido a casa una semana antes de ser... asesinada. Al parecer, puso la caja ese día, ya que no estaba allí cuando hice la limpieza general en primavera, dos meses antes.

Mulder asintió. No tenía ni idea de a dónde se dirigía. - ¿Qué decía la carta?

La señora Fowley vaciló... -..Que si algo le sucedía debía traerte la caja, pero si algo también te hubiese sucedido a ti, entonces debía buscar a alguien llamada Dana Scully en el FBI. En la carta dice que entenderías lo que hay en la caja. Al principio pensé que podría contener cosas personales, pero luego en la carta decía que había muchas cosas sobre su vida y su trabajo que ella nunca me había dicho. Que nunca había querido hacerme sentir avergonzada, que ella siempre quiso hacerme sentir orgullosa. No quiero que mis recuerdos sobre mi hija se empañen, Fox. Si la obra que Diana hacía comprometía... su moral, entonces creo que prefiero no saberlo.

 - Entiendo. - Mulder respondió, cuando la señora Fowley se levantó del sofá.

Se puso de pie para unirse a ella y caminaron hacia la puerta principal, Mulder siguiéndola atrás.

Cuando llegaron a la puerta, la señora miró hacia la cocina desordenada. - El lugar estaba mucho más limpio la última vez que estuve aquí. - Dijo ella, mirándolo.

Mulder se rió entre dientes. - Sí, bueno, tenía a Diana limpiando detrás de mí.

La señora Fowley lo miró. - ¿Nunca te casaste?

Sacudió la cabeza negativamente.

 - ¿Tienes una novia? ¿O... alguien especial?

Mulder vaciló. La sóla idea de etiquetar a Scully y la relación que tenían con un título tan trillado como “novia” lo hizo temblar. Él realmente no sabía que tenía. - Uh... bueno... tengo, eeeh... tengo mi pareja del FBI.

La señora Fowley le dedicó una pequeña sonrisa, y luego suspiró. - Nunca encontramos tiempo para el romance, ¿eh? Diana era igual.

Mulder no sabía qué contestar a eso. La señora Fowley abrió la puerta, le dedicó otra pequeña sonrisa, y luego se fue sin decir nada más. Mulder se acercó al sofá y se sentó, tirando de la caja para acercarla. Levantó la tapa para encontrar una cantidad de cuadernos tipo diarios personales de tapa negra. Recogió el primero, en la parte superior, lo abrió y comenzó a escanear las páginas. ¡Oh Dios!

Lanzó el cuaderno dentro de la caja. Rápidamente entró al dormitorio para calzarse, tomó su teléfono celular y las llaves de la cómoda. De vuelta en la sala, tomó la caja y se dirigió a su coche.

*****

El domingo por la mañana, Scully se vistió con su falda verde y la chaqueta a juego, y se dirigió a Alexandria para encontrarse con su madre en la iglesia de San Juan. Para su feliz sorpresa, Charlie, Jennifer, y los chicos también habían ido a pasar el día.

Al terminar la misa, se dirigieron a lo de Maggie para almorzar en familia. Se sentaron alrededor de la mesa del comedor, hablando y riendo. Jennifer tenía ya seis meses de embarazo, y estaba emocionada ya que se había enterado que tendría una niña. Estaba en su pequeño mundo de nombres de bebé, diseños infantiles, y la planificación del baby shower.

Después del almuerzo, hablaron por altavoz con Bill y Tara. Ellos tendrían a sus gemelos en cualquier momento, por lo que Margaret había estado llamándolos diariamente para mantenerse informada. Todos se reunieron alrededor del teléfono y tuvieron una conversación grupal que duró más de una hora. Scully se sentó y escuchó a Jennifer y a Tara entrar en “modo mamá” con su emocionado lenguaje infantil. Se preguntó si alguna vez tendría esas buenas noticias para compartir con ellos, pero empujó rápidamente ese pensamiento a distancia.

Más tarde, Scully y Jennifer limpiaban la cocina mientras Maggie y Charlie miraban “The Rugrats: la película” con los chicos en la sala.

Jennifer miró a Scully, que estaba lavando los platos en el fregadero. - Así que... ¿qué es lo que pasa contigo?

Scully se volvió a mirarla. - ¿Qué quieres decir?

Jennifer entrecerró los ojos observándola, y torció la boca ligeramente. - Hay algo que te está pasando. ¿Qué es?

Sintió que su rostro se ponía rojo y volvió su atención al lavaplatos. - Nada. - Le ardía la cara.

La otra mujer rodó los ojos. - ¡Dana, vamos! Has estado sonriendo sola todo el día. Así que, obviamente, eso significa que hay un tipo. ¿Estás saliendo con alguien? Espera... ¿es ese policía? ¿Cuál era su nombre?... ¿Kresge?

 - No, Jennifer. Kresge regresó a San Diego hace un tiempo.

Le dedicó una sonrisa burlona a Scully de nuevo. - Entonces, ¿por qué te estás sonrojando? ¿Y sonriendo?

Suspiró. - No sé de qué estás hablando. Estoy teniendo sólo un buen día, eso es todo. ¿Eso significa que algo está pasando?

Intentó desesperadamente no sonrojarse, y evitar sonreír. Incluso comenzó a morderse el labio mientras lavaba los platos. Jennifer no le contestó, y siguió secando los platos que le entregaba. De golpe giró bruscamente la cabeza para mirar hacia Scully, abriendo mucho los ojos.

Scully se volvió a mirarla. - ¿Qué?

Jennifer comenzó a reírse. - ¡Oh, Dios mío, Dana! - Tiró de ella alejándola del lavaplatos, y la empujó dentro de la despensa de Margaret, cerrando la puerta detrás de ellas, todavía riendo.

 - ¡Es Mulder! ¿No es así?

Scully la miró fijamente en estado de shock. - ¡¿Qué?! ¡No! ¡Jennifer, vamos, no seas ridícula!

 - Siempre has sido una pésima mentirosa, Dana. - Respondió ella, risueña. - ¡¿Por qué no me lo dijiste?!

El rostro de Scully estaba de color rojo brillante. - ¡Jennifer, no puedes decirle a nadie! ¡Ni siquiera a Charlie!

 - ¡Lo sabía! - Jennifer estaba riendo de nuevo. - ¿Estás teniendo sexo con él?

Scully hundió la cara entre las manos.

 - Oh. Miiii. Dioooos.

 - Jennifer, lo digo en serio. - A pesar de sus mejores esfuerzos, había comenzado a reír también. - ¡No puedes decirle una palabra a nadie!

 - No lo haré. Lo prometo. “Cross my heart and hope to die” (“Cruzo mi corazón y espero morir”. Frase que acompaña una promesa). ¿Y cómo sucedió esto?

Scully suspiró. - No lo sé. Acaba de suceder.

 - Bueno, ya era hora. - Jennifer respondió. - Entonces... ¿cómo es eso?

Scully la miró perpleja. - ¿Cómo es qué?

Su cuñada le dedicó una mirada exasperada. - El sexo, Dana. - Susurró. - El. Sexo. ¿Es bueno, verdad? Podría decirlo con sólo mirarlo.

 - ¡Jennifer! - El rostro de Scully estaba ardiendo de nuevo.

 - ¿Qué? Sólo digo.

Ante esto, la puerta de la despensa se abrió de golpe y Charlie apareció, de pie allí. - ¿Qué hacen ustedes dos aquí encerradas?

 - ¡Nada! - Scully y Jennifer dijeron al unísono.

Él se quedó observándolas.

 - ¡Vete, Charlie! - Le dijo Jennifer.

Charlie les dedicó una última ojeada antes de alejarse diciendo entre dientes algo que sonaba muy parecido a “mujeres” por lo bajo.

Jennifer rodó los ojos antes de cerrar la puerta y girar de nuevo hacia Scully y bajando la voz dijo: - Por lo tanto, Mulder... ¿es como... tu novio ahora?

Scully le lanzó una mirada en blanco. - ¿Novio? ¿Estoy en la escuela secundaria?

 - Bueno, entonces... ¿qué es?

Scully pensó en eso. Realmente no tenía ni idea. ¿Qué eran ahora? Eran socios, eran compañeros, eran amigos, pero también eran más que eso. Pero... el “cuánto más”, en realidad, todavía no estaba definido claramente.

 - No lo sé. Él es... él es Mulder. - Scully respondió, encogiéndose de hombros.

 - Hmmm. - Jennifer murmuró, un poco escéptica.

Scully arqueó una ceja. - ¿Podemos dejar de hablar de esto? Y ¿podemos salir de la despensa ahora?

*****

Un poco después de las 17:00 horas del sábado, Mulder estaba golpeando la puerta de la oficina de los Lone Gunmen. Después de escuchar varias cerraduras destrabándose, la puerta se abrió.

 - ¡Mulder! - Frohike lo saludó con sorpresa. - Es bueno ver que finalmente nos honras con tu presencia. Nos hemos estado preguntando qué estarías haciendo. ¿Está, uh... la agente Scully contigo?

Mulder suspiró. - No, ella no viene conmigo.

Frohike le dirigió una mirada de desilusión antes de hacerse a un lado para dejarlo pasar.

 - ¿Qué hay en la caja? - Preguntó Langly, mientras Mulder se acercaba a la oficina y la ponía sobre la mesa.

 - Más datos sobre MUFON de Diana. Esos ensayos de embarazo con las 30 mujeres en Europa, lo que estaba en el disco, esos que Diana llevó a cabo a finales de 1997 - principios de 1998 no fueron los primeros. Hicieron otros mucho antes de esos.

Byers se acercó. - ¡Wow! ¿En serio?

 - Síp. - Asintió. - Así que pongan una olla de café, muchachos, porque vamos a viajar a través de todo esto. - Mulder abrió la caja y comenzó a sacar los cuadernos.

Seis horas más tarde, Mulder, Frohike, Langly y Byers todavía seguían inclinados sobre la mesa, leyendo los registros de Diana. No mucho tiempo después de comenzar el proceso, se dieron cuenta que los cuadernos contenían datos de pruebas independientes realizadas en los últimos años. Pasaron bastante tiempo organizando los cuadernos en orden cronológico.

Los registros que contenían las notas del primer grupo de prueba eran de principios de 1996. Ese grupo incluyó a 20 mujeres abducidas, miembros de MUFON de grupos europeos, todas ellas, ya sean casadas o solteras sexualmente activas. Todas estuvieron de acuerdo en colocarse el chip de nuevo en el cuello, pronto el cáncer entró en remisión, y luego todas estuvieron de acuerdo en tratar de quedar embarazadas. A las mujeres les administraron la vacuna contra el virus alienígena, sus chips se activaron luego de que un formulario de solicitud con sus números de identificación fuera enviado a un tal C.G.B.S, el Fumador.

Cada una de las mujeres llevaba un diario, también incluídos en la caja, con la descripción de cada experiencia sexual. De tres a cuatro semanas desde la remisión del cáncer, las mujeres casadas quedaban embarazadas. Ninguna de las mujeres solteras quedó, salvo una. Pero durante la semana séptima u octava del embarazo, las embarazadas abortaron. El estudio se realizó en dos ocasiones más, con el mismo resultado: las casadas embarazadas, las solteras no (excepto una en particular), y luego todas abortaban.

Mulder le dio a Byers el trabajo de leer todos los diarios de las mujeres describiéndo cada encuentro sexual con su esposo o novio. Hubo momentos en que los otros notaban la cara de Byers “incendiada”, o de pronto él se levantaba de la mesa para conseguir un vaso de agua, y todos intercambiaban miradas, muecas y sonrisas.

 - ¿Estás bien, Byers? - Mulder preguntó después de verlo de un color remolacha, dejar la mesa.

 - ¡Cállate, Mulder! - Gritó desde otra habitación.

Frohike, Langly y Mulder sofocaron las risas.

 - ¿Qué pasó con las mujeres después de que las pruebas fallaron? - Preguntó Mulder, mirando hacia Frohike y Langly sentados frente a él.

 - El hombre Cáncer ordenó a Diana quitar los chips de sus cuellos. - Frohike respondió con un tono de disgusto en la voz.

Mulder suspiró, frotándose la cara con una mano.

- Mulder... necesitamos dormir un poco. - Dijo Langly, bostezando. - Hemos estado en esto durante demasiadas horas. Nunca vamos a entender lo que está en estos registros si los leemos mientras estamos agotados.

Mulder asintió. Se sentía agotado, también. Los Pistoleros se dirigieron a sus habitaciones, y él colapsó sobre el sofá.

*****

Jennifer suspiro. - Ok, vamos a ver si lo entiendo. Mulder y tú son... compañeros.

 - Sí.

 - Y amigos.

 - Por supuesto.

 - Y él estuvo prácticamente viviendo en tu apartamento por más de una semana y han estado atornillados cogiendo como conejos.

Scully suspiró, cerrando los ojos y tapándose la cara con las manos.

 - Ustedes dos van a... ¿mudarse juntos? ¿Casarse? No es que eso haría mucha diferencia, la verdad. Él ya es tu esposo en el trabajo.

Los ojos de Scully se abrieron de golpe y miraron a Jennifer, antes de dejar escapar una risa nerviosa. - Jennifer, el matrimonio y la familia no es exactamente parte del plan de vida de Mulder. Su vida son los X- Files.

 - Dana, ¿estás teniendo sexo con él por el simple hecho de tener sexo? Suena como si sólo estuvieses permitiéndole a Mulder ser inmaduro y además justificando su poca motivación para esas cosas, él podría darte algo más que esto. Con el plus de que es “arriesgado”. ¿Qué hay acerca del trabajo?

Scully suspiró profundamente. ¿Se lo estaba facilitando a Mulder? Por supuesto que lo hacía. Estaba segura que su co-dependencia lo requería. - No sé, Jennifer. No sé lo que está pasando. Acaba de suceder, y sigue sucediendo. Y... me gusta.

Jennifer le dirigió una mirada compasiva. - Pero, ¿estás feliz? No quiero que sufras. Sé lo que realmente sientes por él, no importa cuánto trates de negarlo.

Scully apartó los ojos y se miró las manos. Pero después de pensar en lo que había dicho, tenía fe y lo sabía sin lugar a dudas. Miró a su cuñada a la cara.

 - Mulder nunca me haría daño, Jennifer.

La joven le dio a Scully una mirada mordaz. - Sé que él no lo haría, Dana. No me refería a Mulder. Estaba hablando de ti. Eres propensa a lastimarte a tí misma.

Scully suspiró. Sabía que estaba en lo cierto. Con cada hombre con el que había estado seriamente involucrada, ella terminaba lastimada y lastimándolo. Con cada hombre del que se había enamorado, y que se había enamorado de ella, ella había escapado, incluso aquellos hombres que realmente la querían y se preocupaban por ella, como Daniel. Saber que había roto el corazón de varios hombres buenos era muy doloroso. Scully lo sabía por experiencia. ¿Qué pasaría si Mulder de repente se declaraba? ¿Le decía que estaba enamorado? ¿Era algo que quería oír? ¿O solo la aterrorizaría? ¿Huiría de él como había hecho con los demás? Ella no quería hacerle daño a Mulder. Y sabía que nunca podría dejarlo, no importaba cuán mal o incómodas se podrían volver las cosas. Una vida sin Mulder era inconcebible. ¿Cuánto podría parecerse a una vida?

Scully se sentía bastante contenta con la forma en que iban las cosas, al menos por el momento.

 - Jennifer, todo esto es tan nuevo. Es demasiado pronto para empezar a pensar a dónde va o qué va a pasar en unos meses o en años desde ahora.

Ella suspiró. - Ok, Dana. Tienes razón. Y me alegro de que estés por fin teniendo un poco de diversión. Y Mulder es un buen tipo. Sólo espero que no muerdas más de lo que puedes masticar.

 - ¿Jennifer?

 - ¿Sí?

 - Por el amor de Dios, ¿podemos por favor dejar la despensa ahora?

*****

A las 8:00 de la mañana del domingo 17 de octubre los Pistoleros y Mulder habían vuelto a la mesa cubierta de revistas y cuadernos. Luego, pasaron al siguiente ensayo realizado con 20 mujeres europeas diferentes, miembros de MUFON, que comenzó en diciembre de 1996. El resultado fue similar al anterior. Las mujeres, ya sean casadas o solteras y sexualmente activas, acordaron tener chips colocados en sus cuellos y tratar de quedar embarazada. Para alivio de Byers, no hubo diarios describiendo sus experiencias sexuales.

 - Me pregunto por qué pasaba esto. - Dijo Mulder.

 - Debido a que Diana decidió probar in vitro con este grupo - Langly respondió, señalando algo escrito en el cuaderno que estaba leyendo.

La cabeza de Mulder viró con violencia del diario y lo miró fijamente. - ¿IVF?

 - Sí. - Respondió Langly, y luego intercambiaron miradas rápidas con Byers y Frohike.

Mulder pasó saliva. - ¿Qué pasó? ¿Funcionó la IVF?

Langly negó con la cabeza. - Diana no pudo cosechar óvulos de las mujeres. A todas se les dio... hormonas de algún tipo.

 - Estrógeno y progesterona. - Añadió Mulder.

Langly asintió, después de mirar hacia el cuaderno. - Sí. Pero Diana no pudo recuperar óvulos. Sus ovarios no emitieron ninguno que sirva. Parece como si la fertilidad provocada por el chip simplemente no funcionara de esa manera.

 - Pero esa es la manera normal. - Murmuró Frohike. - Así es como funciona naturalmente.

Langly se encogió de hombros.

Mulder sentía como que la respuesta estaba ahí. Pero no podía hacer las conexiones.

Luego pasaron al tercer, y último, ensayo con las notas de las pruebas contenidas en la caja. Se había llevado a cabo en la primavera de 1997 con una muestra mayor, 40 mujeres (20 casadas y 20 solteras). El in vitro fue abandonado por la concepción natural por parte de sus parejas sexuales. Todas ellas fueron instruidas para mantener un diario personal detallando sus intentos de quedar embarazada. Las 20 casadas quedaron embarazadas dentro de unas pocas semanas. Ninguna de las solteras pudo quedar. Y entonces, como un reloj, todas abortaron ocho semanas más tarde.

Mulder y los Pistoleros estaban debatiendo en círculos, sin llegar a ninguna parte. Nada tenía sentido. Finalmente tomaron un descanso para pedir un par de pizzas. Pero aproximadamente una hora después, estaban de vuelta debatiendo en círculos.

 - Ok, vamos a olvidarnos de los chips, los ovarios y los ciclos de fertilidad por un segundo. - Dijo Mulder. - ¿Por qué las mujeres casadas quedaron embarazadas pero no así las solteras?

Los Pistoleros se lo quedaron mirando, perplejos.

 - ¿Estaban teniendo la misma cantidad de sexo? - Preguntó Mulder a Byers.

Byers comenzó a ponerse rojo. - Um... Creo que sí, sí. Pero creo que las mujeres casadas tenían una ligera ventaja.

Mulder dejó a un lado el cuaderno que había estado leyendo. - Tenemos que leer estos diarios personales. La respuesta tiene que estar ahí. Si la concepción se produjo de forma natural, entonces tenemos que averiguar por qué algunas de las mujeres quedaron embarazadas y otras no.

Después de leer y releer los diarios, Byers parecía tener una mirada de comprensión naciente en la cara, dejó la mesa para sentarse en el escritorio al otro lado de la habitación e iniciar sesión en el computador.

Durante la siguiente hora, Frohike, Langly, y Mulder tomaron cada sujeto de ensayo en forma individual y compararon la fecha de concepción calculada por Diana con la entrada del diario correspondiente. Y a continuación, compararon lo asentado en los diarios entre las casadas y las solteras.

Mulder suspiró, frotándose los ojos. - Ok, una vez más, ¿a qué conclusiones llegamos sobre las similitudes entre las mujeres en el momento de la concepción?

 - 1) Las mujeres estaban teniendo relaciones sexuales con sus maridos. - Comenzó Langly.

Mulder asintió, lo escribió.

 - 2) Las mujeres estaban muy excitadas sexualmente, y tuvieron más de un orgasmo. - Añadió Frohike.

Mulder volvió a asentir. - Ok.

 - Y... 3) Las mujeres estaban completamente exhaustas, o terminaban agotadas después, tanto que apenas podían caminar hasta el baño. - Concluyó Langly.

Mulder suspiró, mirando las notas que había escrito. - Sigue sin tener sentido para mí. Muchas de las mujeres solteras tenían relaciones sexuales así como así, y no quedaron embarazadas.

En este punto, Byers volvió a unírseles. - El punto es que las mujeres que quedaron embarazadas estaban teniendo relaciones sexuales con sus maridos.

Mulder y los otros Pistoleros lo miraron. Byers les entregó los papeles que había impreso recién.

 - Creo que los neuroquímicos liberados en el cerebro durante el sexo atribuyen en gran medida a la concepción... - Byers comenzó.

 - ¿Al igual que la oxitocina? - Preguntó Mulder.

Byers asintió. - Pero esta es sólo una de muchas. Hay una gran cantidad de sustancias químicas liberadas en el cerebro durante el acto sexual, y luego están los demás liberados expresamente durante el orgasmo. Sin embargo, cuando se agrega en el amor y si hay un vínculo, se añaden toda una serie de productos químicos complejos a esa mezcla.

Mulder podía comenzar a ver las conexiones en su cabeza. Pero entonces recordó algo.

 - ¿Qué hay de esa mujer soltera de la primera prueba que quedó embarazada? Ella no estaba casada, así que esa mezcla de sustancias no estaba.

Byers le dio una sonrisa de complicidad. - No, no estaba casada. Técnicamente, era una mujer soltera. Pero tenía un novio, con quien estaba desde hacia 11 años. Por lo tanto, no podemos decir que el matrimonio era un requisito para la concepción. Lo que podemos decir es que todas las mujeres que quedaron embarazadas estaban en una relación de gran confianza en la que no se preocupaba en absoluto sobre qué aspecto tenía, como sonaba, u olía. Si vuelven a leer las entradas de los diarios personales de las mujeres solteras, sus experiencias sexuales estaban un tanto empañadas por sus propias inseguridades, ya fuera sobre el hombre con quien estaban o sobre sí mismas. Estos sentimientos podrían suprimir los neuroquímicos sanos y positivas que se liberan en el cerebro durante la actividad sexual. Por no hablar de que las mujeres casadas, y ésta mujer soltera, estaban teniendo una experiencia sexual intensa con un hombre del que estaban profundamente enamoradas. Eso es un montón de sustancias químicas juntas para el chip. Estos neurotransmisores podrían ser los que desencadenaban el chip para iniciar la ovulación. Esto también explicaría por qué la IVF no funcionó.

A continuación, todos se sentaron en silencio, pensando.

 - ¿Murieron todas estas mujeres, también? ¿A partir de esta última prueba? - Preguntó Mulder.

Frohike asintió. - Todas las mujeres a partir de la tercer prueba, incluso las del intento de IVF que nunca funcionó, todas ellas habían retirado sus chips después de que el tratamiento hubo terminado... Y todos sabemos lo que pasó después de eso.

Mulder suspiró. Una vez más se sintió enfermo por las acciones de Diana, y deprimido por el hecho de que esas mujeres y sus familias nunca verían ninguna justicia. Y se sintió enfermo por Scully, porque ella tuvo que confiar en ese chip para poder sobrevivir. Mulder volvió a suspirar. No la había visto en 36 horas, y no iba a verla por casi otras 12.

 - Entonces, ¿hacia dónde vamos desde aquí? - Preguntó Langly.

 - ¿Quién sabe? - Respondió Mulder. - Realmente no hay nada que podamos hacer al respecto. Estas pruebas solo se añaden a la larga lista de experimentos inmorales que hicieron, utilizando a mujeres inocentes como ratas de laboratorio.

Los Pistoleros suspiraron.

 - ¿Chicos, no les importa si todo esto se queda bajo llave aquí? - Preguntó Mulder. - No estoy seguro de si mi apartamento será el mejor lugar, el más seguro para esto.

Byers asintió. - Está bien, Mulder.

Mulder se puso de pie y miró su reloj; eran las 21:07 horas. Dio las gracias a los Lone Gunmen por su ayuda, y se dirigió a su coche. Se dirigía a su casa en un principio antes de hacer un giro brusco para dirigirse hacia Georgetown.

*****

Más tarde ya por la noche, después de regresar de lo de su madre, Scully estaba en el cuarto de baño, cepillándose los dientes, llevaba una blusa en corte esqueleto azul pastel y unos pantalones cortos a cuadros haciendo juego. Había terminado su borrador para la Forensic Sciences Journal el sábado por la noche, y ahora se sentía aburrida. Estaba empezando a lamentar lo de decirle a Mulder que se mantenga alejado todo el fin de semana. Pensó en llamarlo y pedirle que viniese, pero rápidamente cambió de opinión. Podía oír a Mulder: “¿Esta es una llamada por los beneficios verdad, Scully?” Ella se encogió por la vergüenza.

Fue a sentarse en su sala, dejándo solo un velador encendido, con el teléfono inalámbrico cerca. Bill podría llamar en cualquier momento para avisar que Tara estaba en trabajo de parto. Cuando se sentó en el sofá, no pudo evitar sentirse sola. ¿No estaba desesperada por salir de esto? ¿De su existencia solitaria? ¿Esta cosa con Mulder solamente había aumentado su co-dependencia? ¿Y si se acostumbraba a tenerlo a su alrededor, cada día, todo el día, durmiendo junto a él cada noche y despertando a su lado cada mañana, sólo para que un buen día se lo quitaran? No sería capaz de soportar algo así. Scully comenzó a reprenderse a sí misma por sus temores y dudas que constantemente la mantenían cautiva.

Alguien llamó a la puerta.

Sintió mariposas volando en el estómago, y una sonrisa se extendió en su cara. Pero... le había dicho claramente a Mulder que se mantuviese lejos de ella. Y él, descaradamente hizo caso omiso de lo que le había dicho. Ella había deseado algo de espacio, y un poco de sana distancia... Scully no sabía qué hacer. Quería a Mulder, pero al mismo tiempo, no quería abrir la puerta. Suspiró y rodó los ojos. Finalmente, él probablemente utilizaría su llave para entrar.

Otro golpe en la puerta.

Cuando Scully abrió la puerta, vio a Mulder parado allí con una expresión muy triste en el rostro. Se preguntó qué demonios había pasado desde que lo había visto por última vez.

Mulder la vio con su blusa escotada y pantalones cortos, sus pechos perfectos libres del sujetador. Supo que había tomado la decisión correcta. No quería ir a su apartamento vacío y pensar en toda esa mierda horrible que Diana había hecho. Quería sentir los brazos de Scully a su alrededor y sus labios sobre él.

 - Scully... sé que dijiste que me fuera, pero no puedo esperar hasta mañana por la mañana para verte. Necesitaba verte ahora.

Ella suspiró y se encogió de hombros, derrotada, dedicándole una media sonrisa. ¡Oh, bien!

En un instante, Mulder estaba al otro lado del umbral y, después de cerrar la puerta detrás de él, sus brazos estaban alrededor de Scully, levantándola. Los brazos de Scully fueron alrededor de su cuello y sus piernas se cerraron alrededor de su cintura. Mulder la abrazaba con fuerza, presionando la cara contra su cuello.

 - ¿Qué quieres, Mulder? - Susurró Scully.

 - Quiero un “make out” contigo. (Sólo besarse) - Dijo, antes de acariciar su cuello con sus labios y la lengua.

Scully resopló. - ¿Un “make out” conmigo? ¡¿Qué?! ¿Estamos en la escuela secundaria?

Mulder se rió entre dientes. - Bueno, yo no te conozco desde la secundaria, Scully. Tengo que recuperar el tiempo perdido... Así que vine por mis “swapping spit”... (Beso francés)

 - Hmmmm. - Scully murmuró, sonriéndole.

Fueron hasta el sofá y él la acostó, poniendo su cabeza sobre las almohadas, contra el apoyabrazo. Se quitó los zapatos y se acostó a su lado. Llevó la mano a la cara de su compañera, rozando con los dedos su mejilla y trazándole la línea de la mandíbula. Scully le puso una mano en la cara y con la otra fue avanzando, acariciándole el cuello hasta la parte posterior de la cabeza, pasándole los dedos por el pelo.

Scully sonrió. Mulder, en silencio, la contempló hasta que encontró lo que estaba buscando. Allí estaba, Scully estaba abierta para él. No estaba “esa” pared, bloqueando algo. Y sus labios estaban sobre los de ella, besándola lentamente, suavemente, con pasión. Ocasionalmente rompían sus besos para respirar, y Mulder sólo la miraba, acariciando su mejilla, su mandíbula, su barbilla. Hablaban en silencio, no necesitaban una conversación.

Sus labios volvieron a los de ella, rozando su labio inferior con la lengua, y ella abrió un poco la boca para permitirle la entrada. Scully suspiró en su boca mientras su lengua la acariciaba suavemente. Mulder nunca la había besado así antes. Era un proceso lento, y él no tenía ninguna prisa por pasar a otras cosas. Scully se sentía como si pudiera permanecer acostada simplemente junto a él de esa manera toda la noche y estar perfectamente contenta. Pronto perdió la noción del tiempo y del espacio besándolo.

Después de un rato, Mulder separó su boca de la de ella y se inclinó a su oído, susurrando - Quiero hacerte acabar, Scully.

 - Eso sí que nunca sucedió en la secundaria. - Fue su respuesta.

Mulder se rió entre dientes, antes de deslizarse hacia abajo en el sofá alejándose de ella. Scully levantó las piernas, doblando las rodillas, y plantó los pies sobre el sofá. Mulder se arrodilló frente a ella. Sacándole los pantalones del pijama a Scully acariciándo sus caderas y piernas mientras lo hacían. Notó que Scully no llevaba nada debajo de los pantalones.

 - Scullyyyy... - Mulder suspiró.

Ella lo miró, con la mano en la boca, y se rió en voz baja.

Mulder se desplazó sobre ella hasta que su cara estuvo en su pecho, y se deslizó acomodándose sobre su cuerpo, empujando la blusa hacia arriba, liberando sus pechos. Él puso la boca sobre un pezón endurecido, lo lamía, chupaba, y chasqueaba la lengua hacia atrás y adelante, antes de volver su atención al otro y comenzaba a chupar el tenso pezón con su boca repitiendo lo que hacía con el anterior.

Scully suspiró y empezó a retorcerse. Mulder miró hacia arriba y le dedicó una amplia sonrisa. Ella le sonrió también.

Mulder comenzó a bajar, besando y lamiendo su abdomen y su vientre de manera suave, deslizándose por el sofá mientras Scully lo hacía hacia arriba para apoyar su espalda contra las almohadas. Cuando ella abrió las piernas, Mulder levantó la mirada hacia ella. Pensó en las veces que le había hecho esto a Scully desde aquella primera noche, ese acto que estaba a punto de hacer, y pensó que antes, cada vez que lo hacía ella mantenía su cara apartada de él y cerraba los ojos. Ahora, ya no apartaba su rostro, pero todavía cerraba los ojos. Y él deseaba que Scully lo mirara mientras se lo hacía, que permaneciera con los ojos abiertos.

Mulder comenzó a besar la parte interna de su muslo, acariciándola suavemente con la lengua, usándola como rápidos latigazos contra su cuerpo, hacia abajo, hacia su centro caliente, húmedo. Scully gimió cuando él lo pasó por alto yendo a su otro muslo, besando y lamiendo hasta su centro. Sus pliegues hinchados y empapados con sus jugos, su clítoris estaba rojo e hinchado pidiendo ser tocado con urgencia. Scully se retorcía aún más.

 - ¿Scully? - Susurró Mulder.

 - ¿Hmm? - Respondió ella, todavía sin abrir los ojos.

 - Mírame.

Scully abrió los ojos, bajó la vista y lo miró fijamente. Cuando vio su rostro entre sus piernas, la mente se le llenó de una lujuria desenfrenada, dominando y opacando toda la inseguridad persistente sobre este acto que aún podía quedarle.

Mulder podía ver sus ojos oscuros con sus pupilas dilatadas. - Mantén tus ojos abiertos. Obsérvame.

Scully empezó a respirar con más fuerza, sin apartar la mirada.

Cuando Mulder acarició su sexo húmedo con la lengua, abriéndose paso entre sus pliegues, hacia su clítoris, vio como la boca de Scully se abría al igual que sus ojos mientras arqueaba la espalda. Y ella gimió con fuerza. Mulder sonrió. Bajó la mano hasta sus jeans, desabrochándolos y tirando de la cremallera, antes de alcanzar el interior de sus boxers, y comenzó a acariciar su erección.

Luego plantó su hombro izquierdo contra la parte posterior de su pierna y puso su brazo alrededor de ella, bajó su mano para desplegar sus labios y llevó su boca hasta ahí. Empujó lentamente su lengua en su sexo. Los ojos de Scully se abrieron y se quedó sin aliento.

 - ¡Oh, Dios mío...!

La boca de Mulder luego fue hasta el clítoris hinchado de Scully, mientras las manos de ella fueron directo a enredarse con su pelo, su lengua chasqueando su clítoris, sus dientes rozando sobre ella. Scully sentía como su piel ardía mientras observaba la boca de Mulder sobre su sexo. Comenzó a empujar la cabeza de Mulder contra ella, mientras su lengua se movía entre sus labios y su clítoris en rápida sucesión, rotaba sus caderas contra él buscando el alivio de la liberación, Mulder comenzó a acariciar su sexo hinchado de forma cada vez más dura y más rápido, hasta que los dos estaban acabando casi al mismo momento, sus caderas sacudiéndose, embistiendo y gimiendo en voz alta.

Mientras permanecían acostados sobre el sofá, y su respiración volvía gradualmente a la normalidad, el teléfono comenzó a sonar.

 - No respondas. - Dijo Mulder, con la cabeza apoyada sobre su abdomen.

 - Tengo que hacerlo, Mulder. Podría ser mi familia.

El teléfono no dejaba de sonar, y Mulder extendió la mano hacia la mesa de café alcanzando el teléfono y pulsó el altavoz sin levantarse.

 - ¿Hola? - Dijo Scully.

 - Hola. ¿Es usted la doctora Scully? ¿La Agente Especial Scully del FBI?

Mulder y Scully se miraron a los ojos. - Sí. ¿Quién es usted?

 - Uh, hola... Soy el sargento Ferrera del Departamento de Policía de Costa Mesa. Tenemos una situación aquí un poco... Tenemos una víctima, un tal Donald Edward Pankow. Uh... la oficina del médico forense no sabe qué hacer con el cuerpo. Llamamos a la oficina del FBI en Los Ángeles y su patólogo no sabe que hacer tampoco, no le ve ni pies ni cabezas al asunto... ¿Qué hacer? ¿“heads or tails”? (cara o sello) Él dijo que deberíamos contactarnos con Quántico, y así, cuando los llamé hace un rato y expliqué la situación de la víctima... bueno, me dijeron que debería llamarla a usted.

Mulder y Scully se miraron perplejos.

 - Um, ¿Cuál es la condición de la víctima, sargento? - Preguntó Scully.

Hubo una pausa. - Mmmm, bueno... él tiene un agujero de una pulgada y media en la cabeza, y su cerebro se ha ido.

Mulder y Scully se miraron. - Su cerebro... ¿se ha ido?

 - Sí, ma’am. (Forma políticamente correcta de dirigirse a una mujer de mayor rango) Falta la parte derecha de su cráneo. ¿Le gustaría a usted y a su pareja venir y sacar este caso de nuestras manos? Nadie aquí en el departamento quiere tocarlo ni con un palo a diez pies de distancia.

Mulder comenzó a menear las cejas hacia Scully. Ella sonrió.

 - Seguro. Vamos a estar allí mañana.

Mulder le sonrió y asintió con entusiasmo.

El sargento Ferrera dio un suspiro de alivio. - Gracias, ma’am. Lo apreciamos.

Mulder se estiró hasta apretar el botón, finalizando la llamada.

 - Por fin conseguimos un caso. ¿Cuándo fue la última vez que fuimos a California, Scully? - Preguntó Mulder, meneando las cejas de nuevo.

Scully se lo quedó mirando fijamente. - Fuimos en marzo.

Mulder pensó en eso por un segundo. - Correcto. Bellflower. Karin Berquist.

Scully asintió, su boca se crispó ligeramente. - Así que... Supongo que nosotros sólo tendremos que encontramos en el aeropuerto en las primeras horas de la mañana...

Él le sonrió. - Sí. Pero sólo después de que nosotros durmamos algo primero.

Scully le sonrió. Mulder se levantó, y la alzó del sofá. Ella cerró brazos y piernas alrededor de él, y él la llevó al dormitorio.

 

CONTINUARÁ…

Chapter Text

A las 08:00 am del lunes 18 de octubre, Mulder y Scully partieron del Dulles International Airport en un vuelo sin escalas a Los Ángeles, arribando a las 10:40 am hora local. Durante el vuelo, los pensamientos de tener finalmente a Scully en la cama de un motel llenaron la mente de Mulder, mientras que Scully pensaba que trabajar lejos de Washington resultaría una forma útil para insertar esa distancia tan necesaria entre ellos.

Scully había estado a punto de decirle: “Te amo” la noche anterior. La bendita frase había estado bailando en la punta de su lengua cada vez que Mulder la miraba a los ojos. Tenía dudas sobre si esto era algo que Mulder siquiera querría oír. ¿Dónde los conduciría una declaración así? Ella sabía que él no era exactamente el tipo que “sentaba cabeza”. Scully sólo podía imaginar la tensión incómoda después de hacer tal declaración. Cuando se despertó temprano en la mañana, se encontró con que tenía los brazos y piernas entrelazados con los de Mulder, en un cierto punto en medio de la noche lo habían hecho y no se habían separado, y además tuvo que tragarse las ganas de decirle esas palabras una vez más, cuando Mulder despertó, abrió los ojos y la miró. De repente sintió que esa cosa que había ahora entre ellos, probablemente, debía frenar un poco.

Después de alquilar un coche en LAX, Mulder y Scully se reunieron con el sargento Lucas Ferrera y su compañero el sargento Gustavo Morales, ambos en sus mediados o finales de los 30, del Departamento de Policía de Costa Mesa en la oficina del médico forense el doctor Joseph Abernathy, en Newport Boulevard. Tras las presentaciones, el doctor Abernathy los llevó a la sala donde estaba el cuerpo de Donald Pankow.

 - Cuando realicé la autopsia... - comenzó Abernathy. - La única causa de muerte que pude determinar fue la eliminación del cerebro del hombre. Pero... ¿cómo exactamente esto sucedió? No tengo ni la menor idea.

El doctor Abernathy desenvolvió el cuerpo de un hombre joven, de unos 20 años o un poco más, mientras Scully se ponía un par de guantes de látex. Ella caminó alrededor de la mesa y se quedó mirando la herida circular en la frente de pulgada y media de ancho en el hombre. Luego se enderezó y miró fijamente a los ojos de Mulder, arqueando una ceja.

Mulder se acercó hasta estar al lado de Scully y miró la herida, antes de poner en marcha a los agentes de policía.

 - ¿Dónde se encontró el cuerpo? - Preguntó Mulder.

 - En el maletero de su coche, que fue encontrado en un depósito a unas 10 millas de distancia. Alguien llamó la tarde del sábado.

Mulder asintió, Abernathy había abierto el cráneo así que Scully podía mirar dentro.

 - Todavía hay materia cerebral aquí. - Le dijo a Mulder.

Se volvió para mirar el interior del cráneo. - Hmmm.

 - ¿Cuál fue el momento de la muerte? - Scully preguntó el médico forense.

 - Lo puse alrededor de la medianoche del viernes. - Respondió el doctor Abernathy.

Mulder caminó alrededor de la mesa, pensando. - ¿Hubo alguna evidencia recuperada dentro el coche?

El sargento Gustavo Morales se acercó a él, sosteniendo una pequeña bolsa de pruebas de plástico transparente con un “Pin” en su interior. - Solo esto.

Mulder tomó la bolsa de la mano del oficial. - ¿“Free Fer Fridays”?

 - Sí, es de Lucky Boy, una cadena de comida rápida de aquí. Los empleados llevan pines como ese. - Dijo Morales.

Mulder asintió. - ¿Sólo los empleados? ¿O también se entregan a los clientes por la promoción?

 - Nop, sólo a los empleados. - Morales respondió seguro.

Scully se quitó los guantes y los arrojó al bote de basura. - ¿Cuántas Lucky Boys hay en la ciudad?

Mulder se volvió para mirarla, y luego giró de nuevo para mirar a los agentes de policía.

Lucas Ferrera frunció los labios. - Hay 32 en el condado.

Scully le dio una mirada de incredulidad.

Mulder hizo una mueca. - Sondeo, Scully. Mi favorito. - Le dijo en tono amargo, sarcástico.

Ella suspiró.

Los oficiales se rieron. - No te preocupes, nosotros estaremos ayudándote con esto. - Dijo Ferrera.

 

 *****

Mulder y Scully, junto con Ferrera y Morales, acompañados por los oficiales Simon Franco y Jim Connelly comenzaron a sondear los Lucky Boys del condado. Pasaron la tarde en Costa Mesa, chequeando los Lucky Boys de Harbor Boulevard y los de Baker Street. Todos los empleados presentes tenían sus pins de “Free Fer Fridays”. Los gerentes llamaron a todos los empleados restantes, y estos también se presentaron con sus pines.

Un poco después de las 14:00 horas, llegaron al Lucky Boy de la East 17th Street. Y descubrieron que uno de los empleados, un tal Derwood Spinks, no tenía su pin. Mulder y Scully sintieron que este era motivo suficiente para limpiar el lugar. Los oficiales ayudaron a desalojar a empleados y clientes fuera del restaurante.

Una vez que todo el mundo estuvo fuera del lugar, Mulder y Scully empezaron a mirar a su alrededor.

 - Ey, Scully, mira esto. Ya sabes lo que dicen, ¿eso de que nunca querrás ver la cocina de tu restaurante favorito?

 - De cualquier manera, no creo que Lucky Boy este en la lista de mis favoritos. - Scully replicó.

Mulder le dio una breve mirada. - Mi punto es que este está endemoniadamente mucho más limpio que los demás. ¿No te parece?

Scully miró a su alrededor. - Supongo. Entonces, ¿qué dices, Mulder? ¿Este lugar fue fregado de arriba a abajo para eliminar toda la evidencia?

 - Tal vez. Tal vez estoy pensando que esta es la escena del crimen.

 - ¿Estás diciendo que el cerebro del señor Pankow fue removido muy cuidadosamente de su cráneo aquí en esta cocina? - Preguntó Scully.

 - Tuvo que suceder en algún lugar. - Dijo Mulder, mirando debajo de las encimeras.

 - Pero... ¿al lado de la máquina de batidos, Mulder? - Scully respondió con tono de incredulidad. - Creo que deberíamos estar chequeando los casilleros de los empleados y no entretenernos con la idea de que la cirugía ad hoc se realizó aquí.

Mulder se enderezó y se giró para mirarla. - Yo no lo llamaría exactamente cirugía. ¿Y si el cerebro de este hombre fue comido?

Scully lo miró en estado de shock.

 - Es... no es sociológicamente inaudito. Hay ciertas tribus de Nueva Guinea que consideran el cerebro humano un manjar.

 - Yeah, pero... Mulder, estamos en el Condado de Orange.

Mulder le dedicó una mirada en blanco. - Yeah, ¿cuál es tu punto?

Scully le dio una mirada y luchó duro para no poner los ojos en blanco.

 - Es sólo que nada sobre la forma en que el cuerpo fue arrojado sugiere una matanza fetichista. - Explicó Mulder. - El cerebro no fue eliminado intacto. ¿Y si el cerebro de este hombre fue comido nada más al sacarlo de su cráneo?

 - ¿A través de una-abertura-de-pulgada-y-media que parece hecha con un taladro? - Preguntó Scully con escepticismo.

 - Bueno, tal vez fue un corte. Quizás algo punzante. Lo que para ti fueron marcas de herramientas para mí se ve como algo mucho más orgánico. Tal vez lo hizo con una... “lengua” o con una... probóscide.

Scully le dedicó una mirada de incredulidad divertida. - ¿Una probóscide de qué?

Mulder comenzó a sonreír y luego se arrodilló para mirar debajo de otra encimera. - No lo sé.

Cuando volvió a mirar debajo del mostrador, vio una mancha de color rojo. - Oh. Hola. Mira esto. ¿No te parece que se ve como si fuera sangre?

Scully se agachó a su lado y miró hacia el lugar donde Mulder apuntaba la linterna. - Sí, parece que sí.

Mulder luego vio una sustancia pegajosa cerca a la mancha roja. - ¿Que es eso? Junto a la mancha. ¿Es eso...? uh... oh, mi dios... ugh. ¿Eso es cerebro? ¿Eso es materia gris?

Scully miró. - No, yo diría que es carne molida.

Mulder se volvió para mirarla. - ¿Carne molida?

Scully frunció los labios. - Yeah. - Ella respiró profundamente, y se puso de pie. - Vamos a hacerle preguntas al gerente que estaba trabajando la noche del viernes.

Mulder la siguió afuera, y luego el señor Rice, el gerente de Lucky Boy, se acercó a ellos. - ¿Tenemos el visto bueno?

 - Uh, no, probablemente debería enviar a sus empleados a casa por el resto del día. - Respondió Scully. - Pero, um... ¿por casualidad sabe quienes trabajaron aquí el viernes por la noche?

 - Seguro, puedo conseguirle la ficha de entrada. - Respondió Rice, acercándose a la puerta principal de Lucky Boy.

 - Uh... ¿Agente Mulder? - El sargento Ferrera lo llamó mientras se acercaba a ellos.

Mulder y Scully se dieron la vuelta.

 - Este Derwood Spinks... él tiene un récord. - Dijo Ferrera. - Cumplió cinco años en Chino por intento de asesinato. Fue puesto en libertad hace dos años. Vamos a llevarlo a la comisaría para interrogarlo.

Mulder y Scully intercambiaron miradas, y asintieron con la cabeza al sargento Ferrera antes de que él se fuera. Luego siguieron al señor Rice dentro del Lucky Boy y fueron a su oficina. Rice prendió el computador e imprimió la ficha de entrada del viernes, entregándoselo a Scully. Ella escaneó los nombres intercambiando miradas en las columnas de entrada / salida y sus marcas varias veces.

 - ¿Señor Rice? - Preguntó Scully.

 - ¿Sí?

 - Todos sus empleados marcaron hasta las 23:00 horas, a excepción de uno. - Scully comenzó. - Un... tal Robert Roberts, que marcó la salida alrededor de las 00:04 am.

Mulder giró hacia ella para mirarla, y ella le entregó la ficha de entrada.

El señor Rice asintió. - Sí, Rob. Él fue el primero con el que hablaron cuando llegaron hoy. Se quedó hasta la última hora del viernes. Nuestro congelador había muerto, y tenía 35 libras de carne molida abombada. Así que Rob cerró tarde para deshacerse de ella y limpiar el congelador.

Scully asintió.

Mulder levantó la vista de la ficha de entrada. - ¿Dónde se pone la carne en mal estado?

 - En el basurero de atrás. - Rice respondió asintiendo con la cabeza en esa dirección.

 - ¿La carne todavía está allí? ¿O ya habrá ido al vertedero?

Rice negó con la cabeza. - No, la basura no se recoge hasta el jueves. Por lo tanto, todavía está allí.

 - ¿Podemos echar un vistazo? - Preguntó Mulder.

 - Claro, voy a conseguir la llave. - Respondió el señor Rice.

Scully se volvió para mirar a Mulder, y arqueó una ceja. Esperaba que cavar dentro de un contenedor de basura lleno de carne podrida no terminara en su agenda como actividad para la tarde. Mulder le sonrió. Pero las preocupaciones de Scully fueron injustificadas, ya que el contenedor de basura estaba desprovisto de las 35 libras de carne en mal estado.

 - Eso es raro, Scully. - Mulder murmuró después de mirar dentro del contenedor de basura detrás del restaurante.

 - Hmm.

 - ¿Qué crees que le pasó a la carne? - Preguntó Mulder.

Ella se encogió de hombros. - No tengo ni idea, Mulder. Tal vez fue arrojado a un contenedor de basura diferente.

Disparó sus cejas hacia ella. - O tal vez el monstruo se la comió.

Scully le dedicó a Mulder una mirada incrédula. - ¿Monstruo? ¿Así que ahora es un monstruo lo que estamos buscando? Un monstruo... con una probóscide.

Él se rió entre dientes. Scully le sonrió, rodando los ojos y negando con la cabeza.

Mulder volvió a caminar de nuevo hacia el Lucky Boy para devolverle la llave al señor Rice. - Voy a ir a hablar con ese chico Rob Roberts. Había algo extraño en él.

Scully suspiró. - Y ¿qué te gustaría que haga yo, Mulder?

 - Tú, probablemente, deberías ir a hablar con Derwood Spinks. Y luego quiero que le eches un vistazo más de cerca a la víctima, a ver si encuentras algo. - Mulder respondió cuando comenzó a alejarse.

Ella se lo quedó mirando. - Pero, Mulder... ¡el forence, Joseph Abernathy, ya hizo la autopsia!

Mulder siguió caminando. - No la hiciste tú, él no eres tú.

Scully suspiró de nuevo, pero entonces el tono confidente en la voz de Mulder provocó que una sonrisa comenzara a extenderse por su rostro mientras lo miraba alejarse.

 

*****

A las 18:50 pm, Mulder estaba de pie detrás del espejo unidireccional de una de las salas de interrogatorio del Departamento de Policía de Costa Mesa en Fair Drive. Los sargentos Ferrera y Morales estaban con él.

 - ¿Seguro que no quieres hablar con Spinks? - Ferrera le preguntó a Mulder.

 - Es nuestro principal sospechoso a partir de ahora. - Añadió Morales, mientras observaban como Scully se levantaba de la mesa donde había estado interrogando a Derwood Spinks. - Me gustaría pensar que tenías algunas preguntas para él.

Sacudió la cabeza. - Nah, la agente Scully lo está manejando muy bien.

 - Eso sí, no podrá salir de la ciudad, señor Spinks. - Observaron como Scully se lo decía.

Luego salió de la sala de interrogatorios, y se unió a Mulder y a los demás oficiales. - Estaba trabajando en Lucky Boy la noche del viernes, y la ficha de entrada dice que marcó alrededor de las 22:53 horas. Afirma haber ido a ver la televisión a medianoche a su casa, pero vive solo y nadie puede confirmar que estaba realmente allí.

 - No es exactamente una coartada hermética. - Respondió Ferrera.

Scully negó con la cabeza. - Pero no hay ninguna prueba de que lo hizo. Tampoco hay evidencia de que él estuviese cerca de Pankow. No podemos mantenerlo retenido.

 - No hay evidencia, aún. - Morales le respondió. - Vamos a ir por él.

Ferrera y Morales entraron en la sala de interrogatorios para comenzar el proceso de liberación de Derwood Spinks.

 - No es él, Scully.

 - Mulder, por supuesto que es él. Sólo tenemos que demostrarlo.

Otro par de oficiales y algunos miembros del personal administrativo aparecieron en el pasillo, caminando más allá de Mulder y Scully. Él la miró. Se veía tan hermosa hoy. Al instante pasó su mano alrededor del brazo de Scully y suavemente tiró de ella hacia una esquina, en una zona más tranquila.

 - ¿Tienes hambre? - Le preguntó, inclinándose hacia ella y bajando la voz.

Ella le sonrió. - Siiií, me muero de hambre.

Mulder le dedicó una gran sonrisa. - Vamos a buscar algo de comer.

Se dirigieron a la Newport Rib Company en Harbor Boulevard en su coche de alquiler, por una barbacoa. Una vez que la anfitriona los ubicó en una mesa y el camarero se acercó, ordenaron el plato de cerdo desmenuzado con ensalada de col y pan de maíz. Mulder y Scully se quitaron las chaquetas y las colgaron en la parte posterior de sus sillas. Un minuto más tarde, el camarero volvió con sus bebidas.

 - Es Rob Roberts, Scully. - Mulder dijo, después de tomar un sorbo de Coca-Cola.

Ella le dedicó a Mulder una mirada escéptica. - ¿Rob Roberts? ¿Ese chico torpe, flaco que parece que pesa 120 libras?

Mulder asintió. - Él lo hizo.

Scully suspiró y negó con la cabeza hacia él ligeramente. - Y ¿sobre qué te basas, exactamente?

 - Sólo llamalo una corazonada, Scully.

Ella arqueó una ceja. - ¿Y en qué está basada tu corazonada, Mulder?

Él le sonrió. - Su apartamento estaba inmaculadamente limpio, por ejemplo.

Scully lo miró fijamente. - ¿Así que eso lo hace un sospechoso? ¿Porque no es descuidado como tú?

Mulder le sonrió burlonamente. - ¿Qué chico de 21 años de edad que vive solo mantiene su apartamento impecable?

Ella se encogió de hombros. - Estoy segura de que debe haber algo más por ahí... en alguna parte. Mulder, un apartamento limpio no te va a conseguir una orden de arresto.

Él se rió entre dientes, pero luego se puso serio. - Roberts está ocultando algo, Scully. Es él, sé que es él.

Ella suspiró.

Pronto su comida llegó, y por un tiempo, cenaron en un cómodo silencio.

 - Así que... ¿cuándo vas a ir a darle otra mirada al cuerpo? - Preguntó Mulder, rompiendo un trozo de pan de maíz.

 - ¿Pankow? Hice arreglos con el doctor Abernathy para hacer un examen mañana por la tarde. - Le respondió. - Oh, ummm, creo que me voy a bajar hasta San Diego mientras estamos aquí. Los gemelos deben llegar en cualquier momento, y realmente debería aprovechar para ver a Bill y a Tara ya que estoy aquí.

Mulder asintió. Mientras observaba como Scully acababa de comer su comida, sus ojos pasaban por encima de su boca, sus manos y sus pechos que sobresalían de su camisa ceñida azul claro, su mente vagaba a esa noche, más tarde, cuando se registraran en un motel. Sintió su miembro contraerse dentro de sus pantalones en anticipación.

Scully notó la manera en la que Mulder la estaba mirando, con las pupilas dilatadas, lamiéndose los labios. Ella apartó la mirada, con la ferviente esperanza de poder mantener su resolución, y trató de ignorarlo. Sabía que quería a Mulder; lo quería mal, quería sus labios y sus manos sobre ella, quería su sexo duro dentro de ella, pero estaba convencida que esa frontera que había decidido establecer era algo que debía ser firmemente mantenido.

 

***** 

Poco después de las 21:00 horas, Mulder y Scully se encontraban en la recepción de un Travelodge.

 - Dos habitaciones, contiguas. - Pidió Mulder a la recepcionista. Él asintió con la cabeza.

 - No. - Lo cortó Scully rápidamente. - No contiguas.

La recepcionista dejó de escribir en su teclado de la computadora y los miró.

Mulder la miró, perplejo. - Scully, siempre nos quedamos en habitaciones contiguas cuando están disponibles.

Scully le dedicó una mirada mordaz y significativa y habló con firmeza: - Ya no es así, no lo haremos.

Mulder tuvo una sensación de hundimiento indescriptible, y luego se volvió hacia la recepcionista. - Dos habitaciones. Uh, que no sean contiguas.

No mucho después de eso, Mulder miró a Scully desaparecer detrás de la puerta de la habitación del motel que estaba al otro lado del pasillo, antes de él entrar a su habitación y cerrar la puerta. Mulder y Scully tomaron duchas simultáneamente en sus habitaciones, y se prepararon para ir a la cama.

Después de algunas deliberaciones, Mulder guardó la llave de la habitación en el bolsillo de su pijama azul marino, se dirigió a la habitación de Scully, y llamó. Scully, que había estado sentada en la cama cambiando de canal compulsivamente, tratando de fingir que el cuerpo firme de Mulder no estaba al otro lado del pasillo, giró para mirar la puerta.

Mulder volvió a llamar. - Scully, soy yo.

Ella continuó mirándola durante unos segundos antes de salir de la cama y caminar hacia la puerta.

 - ¿Qué quieres, Mulder? - Le habló a través de la madera.

Él se quedó en la puerta de Scully, y se rió entre dientes. - ¿Vas a dejarme entrar?

Ella suspiró. - Mulder, ambos sabemos lo que sucederá si entras aquí.

Le dio a la puerta una mirada de perplejidad. - Exactamente.

Scully arqueó las cejas, y presintió que debía reforzar su determinación. - Estamos en una misión, Mulder.

Él se resistió a lo que escuchaba. - ¿Estás lanzándome en serio esas estupideces burocráticas?

 - Mulder, estamos en tiempo de Bureau.

 - ¡Scully, vamos! - Mulder se quejó contra la puerta.

Scully se encontró suprimiendo el deseo de reír, y tuvo que morderse el labio para no hacerlo. La idea de volver loco a Mulder, de repente, se volvió muy atractiva.

Se acercó a la puerta, y luego le habló con decisión. - Mulder, tal vez sólo debes concentrarte en solucionar este caso para que podamos volver a D.C y poder coger tranquilamente.

Mulder se quedó mirando la puerta en estado de shock. Luego frunció los labios y golpeó la mano contra la puerta. - ¡Voy a conseguir a ese niño Roberts, Scully!

 - Sigue soñando, Mulder. No es él. - Scully puso la mano sobre su boca, temblando de risa silenciosa, después de que escuchó a Mulder emitir algún tipo de gruñido y regresar a su habitación.

 

***** 

El martes, Mulder y Scully iban a pasar la mayor parte del día separados, por lo que Scully decidió alquilar su propio coche. Mulder estaba siguiendo su investigación sobre Rob Roberts y Scully se encerró en la oficina del doctor Abernathy toda la tarde para re-examinar el cuerpo de la víctima en la sala de autopsias. Había descubierto un objeto afilado y orgánico alojado en el cráneo de Pankow, y tuvo que usar una sierra para quitarlo del hueso.

Esa noche, después de cenar ambos con los sargentos Ferrera y Morales en el local de comida mexicana favorito, Mulder fue una vez más a golpear la puerta de la habitación de Scully.

 - Vete, Mulder. - Le dijo Scully a través de la puerta, reprimiendo una sonrisa.

 - Scully, sólo quiero hablar del caso contigo.

Ella sonrió. - Nosotros ya discutimos el caso durante la cena, Mulder.

Mulder inclinó la cabeza contra la puerta. - Scullyyyy...

 - No vengas más, Mulder. - Comenzó a reírse mientras Mulder se quejaba para sí mismo alejándose de la puerta. Pero, ella, también empezó a sentir una punzada de pesar, recordando lo bien que Mulder se veía con su camisa azul a rayas, y su resolución comenzó a debilitarse. La idea de ir y llamar a su puerta, sorprendiéndolo, trajo una sonrisa a su cara. Pero entonces pensó que estaría sentando un precedente peligroso, y fue una vez más decididamente en contra de sus deseos.

El miércoles por la mañana, Scully regresó a la oficina del médico forense y luego manejó hasta el laboratorio del FBI en Los Ángeles para tratar de descifrar el objeto que había encontrado en el cráneo de Pankow.

Justo después del almuerzo, el celular de Mulder sonó. - Mulder.

 - Mulder, soy yo.

 - ¿Qué encontraste, Scully?

Ella suspiró. - ¿Esa punta afilada de algo incrustada profundamente en el hueso del cráneo de Pankow? Bien…

Mulder estaba intrigado. - Bueno... ¿qué es?

Scully se detuvo. - Sólo puedo describirlo como un pequeño diente de tiburón.

Mulder abrió exageradamente los ojos. - Te dije que era un monstruo, Scully.

Ella se burló. - Mulder, vamos... Esto no es una prueba concluyente de algo.

Sacudió la cabeza con incredulidad. - Scully, ¿puedes darme una explicación plausible de cómo un pequeño diente de tiburón se clavó en el cráneo de Pankow?

Scully no tenía una respuesta a eso, y sólo suspiró.

El sargento Ferrera se acercó a Mulder. - Espera, Scully. - Mulder puso su mano sobre el teléfono cuando Ferrera se detuvo frente a él.

 - Spinks está desaparecido. - Le dijo Ferrera. - Estamos comenzando una búsqueda.

Mulder asintió, y después de que Ferrera se alejase, volvió al teléfono. - Derwood Spinks está desaparecido, Scully.

 - ¿Te gustaría una explicación plausible para eso, Mulder? Porque yo tengo una.

Mulder trató de no sonreír en el teléfono. - Sí yo también. Nos vemos en el apartamento de Rob Roberts. Está en Álamo Lane.

Scully sacudió la cabeza y suspiró. - Mulder, ¿no deberíamos seguir la investigación sobre la desaparición de Spinks?

 - Eso es lo que estamos haciendo, Scully. Sólo debes encontrarte conmigo allá.

 

***** 

Temprano en la noche del miércoles, Scully manejó una hora por la costa hasta San Diego para visitar a Bill y Tara. Había invitado a Mulder para que fuera con ella, pero la idea había sido recibida con una mirada sarcástica de su parte. Scully luego pensó que ir sola era, de hecho, mucho mejor. Tara estaba enorme, tanto que necesitaba ayuda para subir y bajar el sofá. - Ni siquiera me molesté en subir al dormitorio estos días. - Le dijo a Scully cuando se sentaron a hablar por un par de horas.

Matt se subió al sofá y se sentó en el regazo de Scully mientras ella hablaba con Tara, y Scully no pudo evitar preguntarse si alguna vez tendría su propio niño.

Un poco después de las 22:00, Scully regresó al motel, se duchó, y se preparó para ir a la cama. A las 22:50, hubo un golpe en su puerta. Scully la miró y sacudió la cabeza, sonriendo mientras caminaba hacia allí.

 - ¿Sí? - Preguntó a través de la puerta.

 - Oye, Scully, tengo, eh, tengo una probóscide para ti.

Ella se echó a reír. - Buen intento, Mulder.

Mulder se apoyó en la puerta. - Entonces, ¿cómo te fue en la cena con tu hermano?

Scully suspiró. - Bien. Estan muy emocionados, y muy nerviosos. Bill es una bola de ansiedad.

Mulder asintió. - Sí. - Resopló, preguntándose qué pasaría si Scully quedaba embarazada. Estaba seguro de que sería un manojo de nervios, también.

Scully fue repentinamente abrumada por un fuerte deseo de abrir la puerta y hacer el amor con él.

 - Nos vemos en la mañana, Scully. - Dijo Mulder antes de entrar a su habitación.

El jueves en Costa Mesa fue un día de locos. Mulder y Sully llegaron al apartamento de Rob Roberts por la mañana para ver que había sido destrozado con un bate de baseball perteneciente a Derwood Spinks, quien aún no había sido encontrado. Un investigador privado que había sido contratado para espiar a una de las vecinas de Roberts, Sylvia Jassy, había desaparecido después de haber sido visto por última vez estacionado fuera del edificio de Roberts. Después que hablaron con él, Mulder estaba convencido que el chico estaba a punto de quebrarse.

Media hora después de salir del apartamento de Roberts, el Departamento de Policía de Costa Mesa recibió una llamada sobre el cadáver de una mujer que se encontraba en un camión de basura. Cuando Mulder y Scully llegaron a la escena, Mulder identificó a la mujer como Sylvia Jassy y vieron en su frente la misma herida circular que Pankow. El Departamento de Policía de Costa Mesa emitió una orden de arresto contra Rob Roberts.

Mulder y Scully llegaron al apartamento de Rob, junto con los sargentos Ferrera y Morales, para encontrar a Roberts en una postura agresiva contra su consejera de salud mental, la doctora Mindy Rinehart. Scully no podía creer lo que veía. Ese no era el chico torpe de Lucky Boy. Mulder estaba en lo cierto, Roberts era una especie de mutante genético. Roberts ignoró las ordenes de Mulder de retroceder y se abalanzó sobre él para atacarlo, efectivamente se estaba suicidando.

Más policías llegaron, acordonando el apartamento, y entrevistando a todos en el edificio mientras Mulder y Scully llevaron al exterior a la doctora Rinehart para interrogarla. Una ambulancia finalmente llegó, llevando a Roberts a la morgue.

 - Tienes que hacer la autopsia, Scully.

Ella negó con la cabeza. - Nunca lo permitirán.

 - ¿Por que no?

Le lanzó una mirada mordaz. - Porque tú eres el que disparó y lo mató, Mulder. Conflicto de intereses. Ya hablé con el sargento Ferrera, y accedieron enviar el cuerpo a Quantico.

Mulder suspiró.

Pasaron el resto de la tarde del jueves encerrados en el Departamento de Policía de Costa Mesa llenando papeleo. Luego tomaron el vuelo de LAX de las 22:55 sin escalas, de 4 horas y 45 minutos, aterrizaron en el Aeropuerto Internacional de Dulles a las 6:40 am del viernes. Scully se metió en su coche y manejó unos 35 minutos hasta su apartamento en Georgetown, Mulder iba detrás de ella.

 

CONTINUARÁ…

Chapter Text

A las 7:38 am del viernes 22 de octubre, Scully y Mulder ingresaron al apartamento después de conducir desde el Aeropuerto Internacional de Dulles. Una vez que colocaron los bolsos en el suelo, Mulder llevó sus brazos alrededor de la cintura de Scully, tirando de ella hacia atrás contra él. Su boca fue a su cuello, besándola suavemente.

 - Scullyyyy... - Resopló. - Tenía toda la intención de deslumbrarte al momento en que entrásemos por la puerta...

 - Hmm. ¿Pero...?

 - Pero estoy agotado. - Mulder suspiró.

Scully se rió entre dientes. - Estoy muy cansada también, demasiado. Estuvimos despiertos más de 24 horas.

Mulder le sonrió al oído. - ¿Qué tal si simplemente dormimos?

Ella lo envolvió con sus brazos, apretándolo contra su abdomen, y cerró los ojos. - Eso suena perfecto.

Mulder tomó Scully de la mano y la llevó al dormitorio, se desnudaron y durmieron cinco horas corridas. A las 12:55 un teléfono celular comenzó a sonar.

 - ¿Hola? - Scully respondió adormilada.

 - ¿Agente Scully? - Respondió Skinner. - Uh... ¿está el Agente Mulder allí?

Scully parpadeó despertando y comenzó a tocar a Mulder en el brazo, pero él sólo se quejó.

 - Um, ¿por qué Mulder estaría aquí, señor?

Los ojos de este se abrieron de golpe mirándola fijamente.

 - Porque usted contestó su teléfono. - Respondió Skinner.

Scully rodó los ojos y puso una mano sobre su cara, antes de cerrar los ojos negando con la cabeza, luego metió el teléfono en la mano de Mulder.

 - Sí, señor. - Dijo Mulder al teléfono, mirando a Scully. - Estoy aquí... Mmm, tomamos el vuelo “red eye” de LA anoche y, uh... colapsamos en el sofá de la Agente Scully al volver del aeropuerto... el teléfono nos despertó.

Mulder negó con la cabeza, encogiéndose de hombros. Scully le sonrió.

 - Estoy llamando por ese caso en California. - Dijo Skinner. - Se me informó que disparó y mató al sospechoso, un tal Robert Roberts.

Mulder suspiró. - Sí, señor, lo hice.

 - Vas a tener que ir a una reunión con uno de los licenciados en psicología de la Behavioral Science Unit (Unidad de Ciencias del Comportamiento). - Le dijo Skinner.

Mulder gimió en el teléfono. Scully murmuró. - ¿Qué? - Él negó con la cabeza hacia ella, cerrando los ojos.

 - Lo sé, Mulder... - Skinner respondió a su gemido de desagrado. - A nadie le gusta tener que hacer eso. Pero sabes que es parte del trabajo, y es necesario. Mataste a alguien. Tienes que hablar con un consejero.

Mulder suspiró. - Ok.

 - Dispuse que te reúnas con la doctora Susan Clifford esta tarde en Quántico. - Le informó. - ¿Puedes estar allí a las 15:00?

Mulder miró su reloj; le tomaría casi una hora conducir hasta Quántico. - Sí, puedo estar allí a esa hora.

 - Bien. - Respondió Skinner. - Además, el cuerpo de Roberts llegará a Quántico hoy, sólo para informarle. Dile a la agente Scully que me gustaría verla esta tarde, así me puede dar una visión general de lo que pasó allí. Voy a esperar el informe completo de ustedes para el miércoles.

 - Está bien, señor. - Dijo Mulder, antes de que Skinner colgara, y lanzó el celular al colchón. - Tengo que ir a ver a uno de los psicólogos de Quántico esta tarde.

Scully asintió comprendiendo. - Oh...

 - Y Skinner quiere que vayas y le informes sobre lo que ocurrió en California.

 - Será mejor que vaya a tomar una ducha. - Scully suspiró, levantándose de la cama.

Mulder la observó caminar alrededor de la cama yendo hacia el baño, notó sus pechos moviéndose ligeramente debajo del sujetador de encaje blanco, y las bragas blancas que cubrían su sexo. No la había tocado desde el domingo. Parecía que hacía una eternidad.

 - ¿Quieres un poco de compañía? - Mulder le sonrió.

Scully lo miró al llegar a la puerta del baño, y le sonrió. - Mmm... no. No quiero tardar mucho tiempo. Debería ver a Skinner tan pronto como sea posible. Sumado a que, todavía estoy demasiado cansada para hacer cualquier tipo de esfuerzo real.

Mulder se rió entre dientes. - Ok.

Cuando Scully cerró la puerta, se apoyó en ella y suspiró. Quería tener sexo. Quería a Mulder. Y la idea de Mulder, no sólo desnudo, sino desnudo y mojado, le provocaron unas sensaciones de deseo tan fuertes, que comenzó a sentir un hormigueo en su centro. La distancia forzada de los últimos días en California había sido frustrante. Pero la idea de tomar esta cosa que había entre ellos a plena luz del día la hizo sentir incómoda, y no estaba muy segura de por qué. Era fácil en la oscuridad. No se sentía tan consciente de sí misma. Era más fácil bajar la guardia. Sin la oscuridad, no habría absolutamente forma de ocultar lo que estaba sucediendo. Se sentiría expuesta, de alguna manera.

Cuando terminó de ducharse, se puso el albornoz y se situó en el fregadero, lavándose los dientes. Mulder entró al baño, sólo llevaba sus boxer negros aún, subió el asiento del inodoro y vació su vejiga.

Scully lo miró fijamente a través del espejo. - ¿No podrías haber esperado a que saliera del baño?

Mulder se volvió hacia ella, sorprendido. - ¿Qué? ¿Esto te molesta?

Ella arqueó una ceja. - Sabes, Mulder... estaría bien si todavía hay algún misterio entre nosotros.

Resopló, tirando la cadena. - Creo que tengo más que suficientes misterios en mi vida, Scully, sin añadir nuestra asociación a la mezcla.

Cuando salió del baño, Scully miró el asiento del inodoro en posición vertical. - Por lo menos baja el asiento. - Dijo, bajándolo.

 - Oh, sí, lo siento. - Mulder gritó desde el dormitorio.

Ella rodó los ojos y suspiró, pensando en el enigma que era su asociación.

*****

Mulder se duchó, se cambió, tomó su bolso para dirigirse a su coche, y abrió la puerta principal. - Entonces... ¿nos vemos esta noche?

Scully sonrió, de pie en la cocina terminando su té antes de irse a la oficina. - Sí, definitivamente.

Él sonrió ante el brillo en sus ojos. - Bien. Yo voy a... eh... te veo después.

Cerró la puerta detrás de él, y luego manejó unos 45 minutos hasta Quántico con el único pensamiento de tener finalmente a Scully de nuevo esa noche. Después de llegar al edificio, tomó el familiar camino hacia la Behavioral Science Unit deteniéndose frente a la oficina de la doctora Susan Clifford.

 - Gracias por conducir hasta aquí, Agente Mulder. - Le dijo mientras le estrechaba la mano.

Mulder asintió, y después de sentarse en la silla color beige frente a su escritorio, le relató a Clifford los acontecimientos que condujeron a que le disparase a Robert Roberts.

 - A mí me suena como si hubiera sido un suicidio. - Le comentó la doctora Clifford.

 - Síp. - Dijo Mulder.

 - ¿Por qué crees que hizo eso? - Preguntó.

Mulder suspiró. - Dijo que estaba cansado de ser algo que no era.

 - Hmm. - Clifford respondió. - Supongo que todos tenemos una lucha similar a veces; a conformarnos con lo que la sociedad o nuestras familias y amigos creen que deberíamos ser, incluso si va en contra de nuestra naturaleza.

 - Supongo. - Respondió Mulder.

La doctora Clifford miró el archivo frente a ella. - ¿Cómo van las cosas entre tú y tu compañera?

Mulder la contempló fijamente. - Uh... son buenos tiempos.

 - Usted ha sido compañero de la Agente Scully durante más de seis años, así que supongo que cree que esta es una relación mucho más exitosa que la última.

Él asintió con la cabeza y se miró las manos. Inmediatamente pensó en Diana. No creía que algo así surgiría en la sesión.

Clifford lo miró. - No es ningún secreto que con su última pareja tenía problemas.

Mulder la miró con sorpresa. ¿Cómo podía el FBI saber sobre eso? A menos que Diana hubiese estado hablando sobre sus asuntos personales a alguien más, al “hombre Cáncer”, eso era altamente probable... Nop, no quería pensar en eso.

 - Creo que con el Agente Lamana tuvieron sus encontronazos cuando estaban asociados en Crímenes Violentos. - Explicó la doctora Clifford.

Mulder suspiró. Claro. Jerry. Mulder se preguntó por qué su mente inmediatamente fue a Diana cuando se le preguntó acerca de su asociación con Scully en lugar de a Jerry.

 - Nosotros... tuvimos nuestros altibajos. - Respondió Mulder.

Clifford asintió. - Estoy segura que usted y la Agente Scully han tenido su cuota de altibajos, también.

Él asintió con la cabeza, esperando fervientemente que ella no fuera a curiosear en el porque de esos altibajos habían sucedido.

 - ¿Tu compañera estaba en la habitación cuando Rob Roberts recibió el disparo?

 - Sí, ella estaba ahí. - Replicó Mulder.

 - ¿Pensaste que estaba en peligro? - Preguntó Clifford.

Mulder pensó sobre eso. - Supongo que los dos estamos siempre en algún tipo de peligro, simplemente poniéndonos en estas situaciones.

Clifford asintió, dándole una pequeña sonrisa. - Pero, ¿crees que ella estaba en peligro inmediato por estar en esa habitación con Roberts?

 - No.

 - ¿Y por qué no? - Preguntó la doctora.

Mulder la miró fijamente. - Porque sabe cómo defenderse a sí misma; estaba armada. Porque estuvo en situaciones mucho más peligrosas antes. Porque... porque... ella estaba conmigo.

 - Hmm. ¿Así que no estaba preocupado por ella cuando Roberts atacó?

Mulder negó con la cabeza. - No.

 - Entonces, ¿es seguro decir que usted se preocupa por la Agente Scully cuando no está con usted? - Preguntó Clifford, mirándolo ligeramente.

Mulder pasó saliva. - No tanto ahora.

 - Pero... ¿Usualmente lo hacía?

Él suspiró. - Hubo un tiempo... que nuestras vidas estaban constantemente amenazadas por fuerzas exteriores, debido a la naturaleza de nuestro trabajo. No es el caso en estos días.

Susan Clifford asintió, mirando hacia abajo, al archivo, sobre su escritorio de nuevo. - Aquí dice que la Agente Scully fue secuestrada en dos ocasiones; una vez en 1994, cuando fue desaparecida durante varias semanas, y luego otra vez en 1998. Y que usted cree que esto se debió a su participación en los X- Files, ¿correcto?

Mulder se miró las manos entrelazadas. - Sí.

 - Sin embargo, ella sigue involucrada en la sección. Así que puedo asumir que usted no cree que esto va a pasar con ella de nuevo. ¿O es sólo algo en lo que ambos están dispuestos a arriesgarse?

Mulder alzó la vista hacia ella, pero no sabía cómo responder. - Uh... bueno... los hombres responsables de secuestrarla están todos muertos, junto con su trabajo. Bueno... la mayoría de ellos... en fin. - Realmente no quería hablar de eso. - ¿Qué tiene esto que ver con Roberts?

La doctora Clifford le dedicó una sonrisa. - Sólo estoy tratando de determinar su proceso de pensamiento en el momento de los disparos, y esto incluye cualquier temor subconsciente o consciente que tenga en relación a su pareja mientras ella estaba presente cuando fue atacado y tuvo que defenderse con la fuerza letal. Estoy tratando de averiguar si su presencia en la situación afectó sus acciones de alguna manera.

Mulder asintió. - Tal vez si Roberts hubiese corrido hacia Scully, pero no lo hizo. Venía hacia mí.

 - ¿Crees que habría perjudicado a la agente Scully? - Preguntó Clifford.

Mulder se encogió de hombros. - No lo sé. Tal vez si ella se hubiese encontrado a solas con él, y él estuviese lo suficientemente hambriento como para atacarla.

La doctora Clifford encogió el rostro disgustada.

 - Pero no le habría hecho daño, o intentado, mientras estuviese yo allí. La idea en realidad ni siquiera cruzó por mi mente - Mulder concluyó.

 - Está bien. - Le respondió ella. - Así que, ¿cómo están las cosas en casa?

Mulder frunció el ceño. - ¿En casa?

 - Sí, en su vida fuera del trabajo. - Clifford asintió, mirando hacia el archivo. - La última vez que tuvo una de estas sesiones, hace varios años ya, vivía solo, no estaba saliendo con alguien y declaró que no tenía tiempo para la vida social. ¿Las cosas siguen igual?

Una vez más, Mulder no sabía muy bien cómo responder. Supuso que socializaba con Scully mucho más a menudo ahora, pero no sabía si pasar el tiempo con ella fuera del trabajo constituía como “salir con alguien” independientemente de que la viera todo el tiempo. No podía decirle al FBI algo diferente, de todos modos.

 - Síp, siguen iguales. - Mulder respondió.

Clifford asintió. - ¿Y cómo te sientes al respecto?

 - ¿Acerca de...?

 - Estar solo. - Replicó la doctora Clifford. - ¿Estás contento con que tu vida siga igual? ¿Quieres que tu vida cambie? ¿Piensas en el matrimonio y la familia? ¿En no estar solo?

Mulder no estaba seguro que tenía esto que ver con el disparo a Roberts. Nunca se había imaginado casado, y rápidamente apartó los pensamientos sobre ser padre. - Yo, uh... no lo sé.

 - ¿Experimentó recientemente algo angustiante en su vida personal, o algún cambio significativo que afecte su estado mental o emocional?

Mulder suspiró. - No, nada.

La doctora Clifford asintió. - Ok. Bueno, creo que eso es todo. Gracias de nuevo por venir aquí enseguida. El Director Adjunto Skinner insistió en que aprovechara al máximo su visita y lo exprimiera.

Mulder se levantó y le estrechó la mano, a continuación, salió de su despacho y se dirigió al estacionamiento.

*****

Durante el viaje de regreso a D.C, Mulder todavía trataba de averiguar por qué había pensado en su relación con Diana cuando la doctora Clifford había preguntado si su asociación con Scully era más exitosa que con su última pareja. Mulder nunca había trabajado con Diana oficialmente, ella nunca había sido su compañera de trabajo. Su única pareja antes de Scully había sido Jerry Lamana. Scully no tenía nada que ver con Diana, y su relación con Scully no era ni parecida a lo que había sido con Diana.

Él y Diana rara vez discrepaban en algo y rara vez habían discutido. Cuando peleaban, era porque él había elegido hacerlo, pero eso era también raro. Su relación era: flores, chocolates y joyas; restaurantes de lujo y escapadas románticas de fin de semana; tarjetas de felicitación llenas de un pastoso, sentimental y florido; “bebé”; “nena”; “honey”; “cariño” y “amor”; y decirse: “Te amo” 10 veces al día. Mulder no tenía un verdadero deseo de estar atado, y a menudo se sentía sofocado o atrapado, a pesar de que en ese momento sintió que estaba realmente enamorado de Diana. Había pensado que eso era lo que hacías cuando estabas enamorado; o eso se suponía que hacías para sentirlo o parecerlo.

Mulder se dio cuenta que no tenía ninguna inclinación real en hacer la mayoría de cosas que componen una típica relación romántica con Scully. Tal vez, realmente, eran sólo socios, y amigos por supuesto, y el sexo era sólo... bueno, aún no sabía lo que era eso, realmente. Pero él y Scully no parecían encajar en el marco de la pareja romántica promedio. Sólo sabía que le gustaba lo que estaba pasando y que quería que siguiera ocurriendo.

Entonces pensó en la doctora Clifford preguntando si estaba contento de estar solo, si él quería que su vida cambie. Él no tenía una relación típica, como la que había tenido con Diana. Pero tenía a Scully. Ella rara vez estuvo de acuerdo con él sobre alguna cosa, pero lo escuchaba y lo entendía. No habían discutido últimamente, pero eso había sucedido lo suficientemente en los últimos años como para saber que las discusiones y polémicas ocasionales siempre serían un factor de su compañerismo. Pensó en lo que Scully había dicho sobre él en el banquete, y supo que ella había hecho lo mismo por él. Su compañera lo desafió y lo empujó, y él había crecido como persona a pasos agigantados desde que los habían asociado.

¿Quería un cambio en su vida? Todavía no tenía un verdadero deseo de estar atado, y la idea de casarse, ser un esposo, usar un anillo de oro simplemente no le resultaba atractivo en lo absoluto. Pero, por otro lado, estaba ligado a Scully, y creía que su vínculo con ella era un anillo de oro gratuito. Pensó que su vida realmente había cambiado drásticamente las últimas semanas, y que estaba en realidad bastante bien.

¿Estaba realmente solo? Él siempre había tenido a Scully, al menos durante los últimos seis años, pero sólo en una capacidad mínima. Incluso con su trabajo consumiéndolo todo y su asociación, todavía llevaba una vida solitaria. Y ahora que la vida no era tan solitaria. Ya no dormiría solo, bueno, aparte de cuando trabajaran en un caso que los llevara lejos de D.C... Mulder seguía refunfuñando para sí sobre eso. Pero, por lo general, trabajaría con Scully todo el día, y ahora pasaría las noches con sus brazos y piernas envueltas alrededor de él, sus labios suaves acariciando los suyos, su apretado calor húmedo acariciándolo al éxtasis. Pero su amistad con Scully no contenía toda esa pelusa romántica que había tenido con sus relaciones anteriores, con las pocas mujeres de las que creía haberse enamorado. Él y Scully seguían siendo tan indefinibles como siempre.

CONTINUARÁ…

Chapter Text

Cuando Scully estaba haciendo el camino de regreso al sótano desde la oficina de Skinner, su celular comenzó a sonar. Abrió la puerta de la oficina, miró el reloj de pared, las 15:52, y respondió el teléfono.

 - Scully.

 - ¡Hola Dana! ¿Cómo estás?

Scully sonrió. - Hola, Jennifer. ¿Como estás tú?

 - Estoy bien. - Jennifer respondió. - Escucha, voy a ir hasta Alexandria para comenzar a organizar el baby shower con Mom (Mamá, pero habla de su suegra, o sea, Maggie). Está volviéndome loca para ponerlo en marcha de una vez.

Scully se rió. - Lo apuesto.

 - ¿Tienes planes para esta noche? Sé que la invitación es super ajustada, pero me gustaría mucho que estés ahí para ayudarme. Si no es planeando el baby shower, al menos podrás ayudarme en controlar a mom. Quiero decir, es mi tercer hijo. Y ella quiere hacer esta gran cosa, sin escuchar realmente mis súplicas para mantenerlo pequeño y simple…Ya sabes cómo es.

 - Yeah. - Dijo Scully con una risa entrecortada.

 - Así que, ¿puedes ir a la casa de mi madre después del trabajo? ¿Por favor? ¡Te necesito! Tú eres la única hermana que tengo que no se encuentra en San Diego y a punto de entrar en trabajo de parto en cualquier momento.

Scully se rió entre dientes. - Espera, ¿qué pasa con Ryan? ¿Y tu madre? ¿Van a venir a ayudarnos?

 - Todos ellos fueron a los Outer Banks por el fin de semana.

 - ¿Por qué no fueron con Charlie y los chicos también?

Jennifer suspiro. - Nosotros no fuimos invitados. Al parecer, asumen que no queremos ir por el embarazo y cómo Charlie tiene puesta en marcha la temporada de baloncesto en un par de semanas... Lo que sea... Ya sabes cómo son a veces...

 - Hmm, sí. - Respondió Scully. Sabía que su cuñada tenía una extraña relación con su familia, desde que eran adolescentes, cuando Jennifer había empezado a salir con Charlie a los 15 años, notó que hacían ese tipo de cosas con ella. Los padres de Jennifer siempre habían jugado favoritos y su favorito era decididamente, y, obviamente, su hermano Jamie. Desde el momento en que conoció a Charlie, Jennifer se había enganchado a la familia Scully y prácticamente vivido en su casa durante la secundaria. Después de un tiempo Scully notó de que Charlie era sólo parte de la razón, y mantenerse alejada de su propia casa tanto como fuese posible una gran parte de ella.

 - Así que... ¿puedes venir? ¿Por favor? - Preguntó Jennifer.

 - Por supuesto. - Le dijo Scully. - Iré cuando salga del trabajo.

 - ¡Gracias, hermanita! Nos vemos entonces.

Después de colgar el teléfono, Scully se dio cuenta de que conducir hasta la casa de su madre, sin duda iba a interferir con sus planes para ver a Mulder. Suspiró. Él no estaría feliz con eso. Ella no estaba tan feliz, tampoco. Scully se sintió levemente divertida sobre el hecho de que, en el pasado, había pasado años sin sexo y ahora después de sólo cinco días sin sexo con Mulder, estaba volviéndose loca.

*****

Mulder estaba atravesando la puerta de su apartamento, cuando sonó su celular.

 - Mulder.

 - Hola, Mulder, soy yo.

Él sonrió, dejando caer su mochila junto a la puerta y cerrándola detrás de él. - Hey, Scully. ¿Cómo fue tu encuentro con Skinner?

 - Todo estuvo bien. ¿Cómo te fue en tu reunión?

Mulder vaciló. - Uh, fue... ya sabes, típico de cómo esas cosas suelen salir... Pero fue sin dolor, de verdad.

 - Ok, bien. - Dijo Scully, y luego se detuvo. - Um, escucha, tengo que ir a casa de mi madre cuando salga de aquí para ayudar a Jennifer a planificar su baby shower.

Mulder sintió esa sensación de hundimiento indescriptible. - ¿Cuánto tiempo te llevará?

 - No tengo ni idea. Espero que no demasiado tiempo, pero nunca se sabe con esas cosas.

Él gimió de frustración. A veces sentía que se estaba volviendo loco de deseo. En los últimos días había pensado aliviarse por sí mismo, pero su propia mano palidecía en comparación con Scully. Ella era todo lo que él quería y estaba dispuesto a esperarla, sabiendo que realmente no pasaría demasiado tiempo antes de que la tuviese de nuevo. Pero también sabía que no podría soportar la espera durante mucho más tiempo. Tenía que besarla, necesitaba sentir sus pechos en las palmas de sus manos, necesitaba su clítoris en su boca, necesitaba su sexo estrecho exprimiendo su miembro duro.

Scully suspiró en el teléfono. - Lo sé, Mulder... Quiero verte también. Esperemos que no tome mucho tiempo.

 - Está bien, Scully. Llámame cuando te encuentres en camino a tú casa.

Mulder pasó la tarde en casa. Luego salió a correr, volviendo al departamento se detuvo en un local deli para comprar un sándwich para la cena antes de regresar para ducharse. Luego, finalmente, tuvo que clasificar y llevar a lavar algo de ropa ya que se había quedado sin ropa limpia. Al volver de la lavandería, estaba decepcionado, no había ningún mensaje de Scully en la contestadora, y ya pasaban las 21:00 horas. Mulder deseó tener algo que lo distraiga de pensar en ella.

A las 22:40, el teléfono finalmente sonó.

 - ¿Scully? - Dijo después de agarrar el receptor.

Ella suspiró. - Hola, Mulder. Lo siento, no pude llamarte antes.

 - Está bien. ¿Estás yendo a tú casa ahora? - Se sintió emocionado, y se levantó del sofá para buscar sus zapatos.

 - Um, no... - Contestó, sonando un poco de mal humor. - Estoy en Dulles. Tara simplemente entró en trabajo de parto hace dos horas, y tuve que conducir a mi madre hasta aquí para que pudiera tomar el siguiente vuelo. Por desgracia, no había más vuelos disponibles a California hasta las 8:30 de la mañana, pero... finalmente pude conseguir un vuelo para mi madre de JFK. Luego, ella puede tomar el siguiente vuelo desde allí y estar en San Diego a las 10:00 de la mañana. Fue lo mejor que pude hacer.

 - Wow, suena como que tuviste una larga noche. - Murmuró Mulder.

 - Dímelo a mí. Serán cerca de las 23:30 cuando finalmente llegue a casa. Mulder, sé que tenías tu corazón puesto en venir esta noche a casa, pero estoy agotada. Esas cinco horas de sueño de esta mañana son todo lo que he dormido desde el miércoles. Yo sólo voy a desplomarme tan pronto como mi cabeza esté en la almohada.

Mulder suspiró. - Entiendo, Scully.

 - Pero yo te veré mañana, ¿verdad? - Preguntó.

Sonrió a esto. - Sí. Voy para allá mañana y pasaré todo el fin de semana contigo. No podrás “darme una patada en el culo” en esta ocasión.

Scully resopló. - Supongo que eso es algo justo.

Mulder sonrió en el teléfono, y bajó la voz. - Ah, y... ¿Scully? Quiero que sepas... nos vamos a quedar en la cama tooodo el fin de semana. No vamos a salir de tú habitación, ni de esa cama hasta que te haya hecho acabar tantas veces que no puedas ver claramente.

Silencio. Y entonces oyó como Scully despejaba la garganta en el teléfono. - Um... Ok.

Mulder se rió entre dientes. - ¿Te ruborizaste, Scully?

 - Mi cara está tan roja como un tomate, Mulder. Gracias.

 

Él sonrió. - Apuesto a que puedo hacer que otra cosa te quede tan roja como un tomate.

 - Estoy colgando ahora, Mulder. - Y así lo hizo.

Mulder se rió. Sabía que el hablar sucio era algo a lo que Scully aún tenía que acostumbrarse. Mulder estaba determinado a que ella se acostumbrara a eso, y que algún día, incluso escucharía ese mismo lenguaje viniendo de ella. Por supuesto, eso era algo más que probable allá a lo lejos, en el futuro. Oh, bueno, él disfrutaría el doble llegar hasta allí.

A las 4:00 de la madrugada del sábado 23 de octubre el teléfono despertó a Mulder de un sueño profundo sobre su sofá.

 - ¿Hola? - Respondió aturdido.

 - ¿Agente Mulder? - Preguntó una voz de hombre.

Mulder se sentó. - Sí. ¿Quién habla?

 - Hola, soy el agente especial Guy Conley de la oficina de campo de Chicago. Eh... nos conocimos en Colorado durante el verano. Lo siento por llamar tan temprano.

Mulder seguía parpadeando para despertar. - Oh sí... Ok. Uh, está bien... ¿Qué puedo hacer por usted?

 - Su compañera habló con mi compañero, el Agente Block, por teléfono no hace tanto tiempo, nos pidió que les informaramos si algo remotamente relacionado con los X- Files llegaba a nuestro escritorio.

Mulder ahora estaba completamente despierto. - Sí, lo recuerdo. ¿Qué tiene para nosotros?

 - Bueno, normalmente no sabríamos lo que les interesaría, ya que trabajamos en la sección de Crimen Organizado (Organized Crime Section). Pero, eh... ¿está familiarizado con la investigación del Bureau sobre Jimmy Cutrona?

Mulder asintió. - Yeah, he oído algunas cosas sobre él.

 - Anoche dos agentes de la operación-vigilancia fuera del edificio de Cutrona, vieron a un hombre caer de un piso 30 hasta el suelo, mejor dicho, siguió de largo por la abertura de un sótano. Inmediatamente, vieron a ese mismo hombre salir del sótano y huir. El tipo debería ser una mancha en la acera, pero ni siquiera parecía estar herido de gravedad, sólo se tomaba la cara.

 - Wow. - Dijo simplemente Mulder. Su mente empezó a correr a través de cualquier posible explicación de cómo una caída de 300 pies desde el techo de un edificio no mataba a alguien.

 - Yeah. Estamos pensando que él no “simplemente cayó”. Cutrona arrienda los dos pisos superiores del edificio. Pensamos que este hombre fue arrojado desde la terraza. Si podemos conseguir que testifique contra Cutrona por intento de asesinato, bueno... eso nos ayudaría mucho. ¿Considerarían con su pareja venir a Chicago y ver si ustedes pueden encontrar a este tipo?

 - Vamos a estar ahí. - Mulder respondió, antes de colgar. Supuso que su fin de semana encerrado en el apartamento con Scully podría esperar.

*****

Pasadas las 5:00 am Mulder llamó a una adormilada Scully desde el aeropuerto internacional de Dulles para decirle que estaba a punto de subir al vuelo de las 6:00 a.m. con destino a Chicago y que  había conseguido un tiquete para ella en el vuelo de las 7:20 a.m. Después ella se pondria en contacto con la oficina de campo del FBI en W Roosevelt Road y se encontraría con él en la esquina noreste de la calle 7 y Hunter Avenue.

Tras aterrizar en el aeropuerto de Chicago a las 8:24 am hora local, ella llamó a un taxi para ir a la oficina de campo del FBI, dejando su bolso junto con la maleta de Mulder, y así conseguir otro taxi para ir a encontrarse con él. Era un hermoso día en Chicago, soleado, con unos agradables 68 grados. Scully siempre le había gustado Chicago, pero no pudo evitar desear estar de vuelta en su apartamento junto a Mulder en lugar de estar ahí. Caminó por la acera pasando sobre una rejilla de metal, y no había ni rastro de su compañero en ningún lugar. Sacó su celular.

 - Hola - respondió Mulder, golpeando el botón de subir en la plataforma donde estaba parado y se dirigió hacia la acera.

 - Oye, Mulder, soy yo. ¿Ahora qué?

Detrás de Scully, la rejilla de la acera empezó a abrir y una plataforma comenzó a salir de ella.

 - ¿Estás en Chicago? - Preguntó Mulder.

 - Sí, estoy en Chicago. Estoy en la esquina noreste de la séptima y Hunter justo como me pediste. Y no estás aquí. ¿dónde estás?

Conforme la plataforma subió a la acera y las puertas de caja se abrieron, Mulder diviso  a Scully hablando por su teléfono, de espaldas a él, vestida toda de negro. Se sentía tan bien al verla.

 - Oh, Cerca

 - ¿Sí?

Mulder luego colgó el teléfono y la llamó. - Hey, lindo traje.

Scully volteo hacia él y colgó su teléfono. Ella vio que él estaba allí de pie sonriendole, y ella sonrió. Él se cree tan lindo.

 - Hey - dijo Scully. - ¿Qué hay ahí abajo?

 - Antes de eches un vistazo abajo, mira arriba - dijo Mulder, apuntando a la parte superior del edificio alto en frente de ellos. - Jimmy Cutrona alquiló los últimos dos pisos. Seguro lo has oído nombrar.

 - El crimen organizado - respondió Scully. - La Oficina ha estado tratando de construir un caso de extorsión en su contra en los últimos años. Juegos de azar, la extorsión, el asesinato.

 - Es por eso que anoche había dos agentes aquí estacionados vigilando. Ellos vieron como lanzaban a un hombre desde el techo de Cutrona a las 10:40 hs. Este hombre cayó 30 pisos, directo a este hoyo. Las puertas estaban abiertas, solo una red le detuvo la caída.

- Ouch - dijo Scully.

 - Supongo que eso es lo que dijo. Después, se levantó, salió de aquí y se escabulló en la oscuridad.

Scully luego se unió a Mulder en la plataforma mientras él pulsaba el botón para bajar al nivel del sótano.

 - Mulder, sigues diciendo ‘este hombre’. - ¿Quién es este hombre? - Scully preguntó mientras sacaba su linterna y empezaba a mirar a su alrededor.

 - Ni idea. Se escapó. Los agentes lo persiguieron, pero no hay una descripción clara.

 - ¿Peinaron bien el lugar en la búsqueda? - Preguntó Scully.

 - No. Técnicamente sobrevivir a una caída de 300 pies no es un delito.

 - Y tu teoría es…?

 - ¿Qué pasaría si este hombre tenía algún tipo de capacidad especial? – Mulder empezó a relatar su hipótesis. - Una especie de predisposición genética hacia la curación rápida, o la regeneración de tejidos?

 - Así que, insinúas que estábamos buscando al Coyote del correcaminos? - Preguntó Scully. - ¿Estás diciendo que él es invulnerable, ¿verdad?

Mulder empezó a decir - Sí - pero se detuvo, dándose cuenta de como sonaba.

 - Sabes, en 1998, un soldado británico que cayó 4.500 pies porque no se le abrió su paracaídas, solo se fracturo una costilla.

Mulder la miro seriamente - ¿Cuál es tu punto?

 - Mi punto es que pudo haber una ráfaga de viento o una corriente ascendente repentina, o pudo haber caído bien, es decir... no sé. Tal vez sólo tuvo suerte.

- ¿Dices que fue muy, muy afortunado? ¿Esa es tu explicación científica, Scully? - Mulder preguntó con un sarcasmo cariñoso, y luego se echó a reír mientras Scully le alumbraba la cara con la linterna. - Quiero decir, ¿cuántas miles de variables tendrían que converger para avalar tu teoría? - Preguntó Mulder.

 - No lo sé - respondió Scully.

 - Bueno, miles - dijo Mulder.

Scully miró detenidamente el carro del servicio de lavandería Grayson. Las ruedas se habían roto y doblado como si un gran peso hubiera aterrizado en el carro. - Mulder?

 - ¿Sí?

 - Mira esto. Si este carro estaba en la plataforma cuando caýo, eso explicaría la condición de estas ruedas. ¿Y si todo esto había sido suficiente para salvar su vida?

 - Tendríamos que encontrarlo para preguntarle - respondió Mulder.

 - Sí, tenemos que encontrarlo.

Mientras Mulder revisaba a través de las toallas que se encontraban en el carro, un pequeño objeto redondo salto hacia el suelo. Al verlo se  inclinó  para recogerlo y se dio cuenta de que era una prótesis ocular.

 - Pues parece que ya dimos con parte de él. - Mulder bromeó.

Una hora más tarde, después de que Mulder llamara al departamento de prótesis del Hospital del Condado de Cook para averiguar si alguien había solicitado una nueva prótesis ocular, se encontraron frente a un edificio de alquiler de apartamentos de bajo costo en Melrose Park. Mulder tocó el timbre para el apartamento 313.

 - Es como buscar una aguja en un pajar, Mulder. En el área metropolitana de Chicago habrá por lo menos unas 600 personas con prótesis oculares.

 - Sí, pero sólo un Henry Weems hizo una cita esta mañana para ponerse una nueva.

Mulder pulsó el timbre de nuevo.

 - Tal vez él no pueda ver el camino hacia la puerta. – dijo Scully

Mulder la miro sorprendido y con una gran sonrisa por la broma que ella había hecho. ¿Cuándo había sido la última vez que ella había dicho algo en  broma? Definitivamente no la Scully de hace unos meses. En ese momento, una señora mayor que llevaba un carrito para las compras salió del edificio, y Mulder sostuvo la puerta antes de que se cerrara tras de ella.

 - Vamos, Scully. Estamos con suerte.

Se sonrieron el uno al otro  y luego entraron dirigiéndose por el pasillo hacia el ascensor.

*******

Una señora los interceptó en el pasillo pidiendo ayuda. Unos minutos después Mulder, sin éxito, intentaba ayudarla con su grifo que perdía agua, y terminaba empapado mientras Scully luchaba duramente para no reírse en su cara, en ese segundo el piso cedió y él cayo a través del hueco hasta el piso de abajo, encontrando a Henry Weems escondido allí. Weems no tenía explicación alguna para su supervivencia de la caída del techo que no fuera la de aterrizar en el carrito de la lavandería sobre un montón de toallas y fueron incapaces de convencerlo de declarar contra Cutrona.

Mulder y Scully subieron al ascensor, y ella apretó el botón para bajar.

Se volvió hacia Mulder y lo miró a los ojos. - Por lo tanto, este es el plan, tal como yo lo veo: Informamos a la Oficina de Campo de Chicago sobre Weems, dejando que ellos obtengan su testimonio, tú... te cambiarás de ropa... - Mulder alzó las cejas, y Scully sonrió. - Y nosotros volaremos de vuelta a D.C para la puesta del sol y todo estará bien en el mundo. - Concluyó Scully, añadiendo un poco de un ronroneo en su voz. Ella sólo quería que regresaran a su apartamento de una maldita vez. La espera la estaba matando.

 - ¡Vamos, Scully! ¿Vas a descartar este caso cuando comienza a ponerse interesante?

 - “Interesante”... Mulder, fue cuando estábamos buscando a Wile E. Coyote. - Scully siguió hablando mientras pulsaba el botón de nuevo. - ¡Vamos, Mulder! Este tipo sólo tuvo suerte. No hay X- File aquí.

 - Tal vez su suerte es el X- File aquí. - Mulder replicó.

Scully decidió que habían esperado un tiempo suficiente para que el ascensor arrancara. - Escaleras.

Al salir del edificio de apartamentos, Mulder se dio cuenta de que había perdido las llaves del coche y volvió al edificio para pulsar el timbre de Weems y poder entrar. Casi simultáneamente al momento que tocó el timbre se oyó un disparo y tuvieron que entrar por la puerta principal del edificio forzándola. Al llegar al apartamento de Weems, no lo vieron por ninguna parte pero se encontraron a un hombre muerto colgando del ventilador de techo. Mulder llamó a la policía local.

Después de un recuento bastante divertido de parte de Mulder, sobre lo que suponía que había ocurrido en el apartamento, y que había terminado con uno de los sicarios de Cutrona colgando por el cordón del zapato del ventilador, Scully tuvo una agradable charla con uno de los vecinos de Henry Weems, un niño con problemas de salud llamado Richie.

 - Así que... supongo que eres un fanático de los deportes. - Dijo Scully mientras se sentaba en su cama y miraba a su alrededor recorriendo la habitación. - ¿Cuál es tu deporte favorito?

 - Bueno, solía ser el basketball... - Contestó Richie. - Pero ahora los Bulls apestan, así que creo que quizás es el baseball.

 - Me gusta el baseball, también. - Murmuró Scully, cariñosamente recordando a Mulder enseñándole cómo golpear una pelota de baseball y la tarde que pasaron en el estadio de los Yankees. Notó un artilugio intrincado en la habitación. - ¿Acaso Henry hizo eso para tí?

Scully hizo que el juguete arrancara, y después de una complicada serie de eventos en todo el tablero, un pequeño balón de basket fue arrojado encestándose en un aro. Ella se rió entre dientes. - Eso fue bastante impresionante.

Richie no sabía dónde podría estar Weems, y Scully salió para reunirse con Mulder. Más tarde, Weems compró un billete de lotería que llevó a que un camión atropellara a un hombre, Mulder y Scully tardaron en encontrarlo, cuando lo hicieron, otro de los sicarios de Cutrona terminó mal herido, y Mulder y Weems acabaron en un hospital recibiendo tratamiento por las heridas causadas por una bala que los rozó. Sin embargo, Scully todavía no podía convencerlo de entrar en el Programa de Protección de Testigos y testificar contra Cutrona, sintiéndose un poco frustrada con Mulder por alimentar las ilusiones de Weems confiando en su supuesta buena suerte para mantenerlo a salvo de los sicarios.

A Weems lo atropelló un camión, y Mulder comenzó a creer en lo que había comentado Scully sobre las rachas de suerte que llegaban a su fin. Weems finalmente accedió a testificar contra Cutrona. Richie terminó siendo llevado al hospital, y ellos acompañaron a Henry al hospital para que vea al chico. Pronto se hizo evidente que la madre de Richie, Maggie, había desaparecido. Mulder y Scully volvieron a Melrose Park para buscarla, pero no había rastro de ella. Weems determinó que Cutrona fue quien la había secuestrado, y abandonó el hospital para ir a buscarla.

Scully se quedó junto a Richie en el hospital, mientras Mulder buscaba a la madre de Richie. En una cadena increíble de acontecimientos, Weems encontró a Maggie y Cutrona fue asesinado, Mulder lo encontró dentro del carro de “Greyson Linen Service”, y Cutrona terminó siendo un complemento perfecto para el trasplante de hígado que Richie necesitaba con urgencia

*****

Después de ir a la oficina de campo, y librarse así de cualquier implicación con Weems o la investigación Cutrona, Mulder se comunicó por teléfono con la sede principal con la intención de conseguir un vuelo de regreso a D.C. Suspiró después de colgar, echando un vistazo a su reloj; eran las 10:24 p.m.

 - No hay más vuelos a D.C esta noche - dijo Mulder, suspirando de nuevo. - Así que supongo que nos tendremos que quedar.

 - Hmm. - Scully respondió.

Después de que Mulder le dijo los tiempos de vuelo para el día siguiente, Scully eligió el vuelo de la 1:10 p.m el cual aterrizaría en  D.C justo después de las 4:00 de la tarde. Mulder se sintió decepcionado de que ella no hubiera elegido el primer vuelo a la mañana siguiente. Él quería volver a D.C tan pronto como sea posible. Quería estar con Scully de tal forma, con tanta fuerza que sentía un hormigueo bajo la piel.

 A lo que tomaron un taxi, Scully habló con el conductor. – Al Majestic Hotel W en Brompton Ave, por favor.

Mulder se volvió para mirarla. - Eso no suena como si estuviera dentro del presupuesto de alojamiento del FBI, Scully. Además, ya nos registré en un motel antes.

 - Mulder, estoy cansada de tú elección de moteles... “piojosos” para alojarnos. Quiero elegir yo, y el Majestic es uno de mis lugares favoritos.

Él suspiró. - Vamos a conseguir un gran “Raked over the coals”. (Que los Reprendan severamente). Sólo van a negar el cargo del hotel y hacernos pagar por ello. Entonces nos van a preguntar por qué tenemos dos reservas en hoteles diferentes en nuestra cuenta del Bureau.

Scully reprimió una sonrisa. - Bueno, si eso sucede sólo tendremos que lidiar con eso.

Mulder no dijo nada y se limitó a suspirar. No quería discutir.

Llegaron al hotel boutique unos 20 minutos más tarde, Mulder pagó al taxista y entró. Mientras esperaban frente al mostrador de la recepción, él sacó su billetera para tomar la tarjeta de crédito del Bureau, pero Scully puso su tarjeta gold sobre el mostrador. Él la miró fijamente.

 - ¿Cómo puedo ayudarla? - Preguntó la recepcionista, una rubia de altura media que estaba en medio de sus veintes.

 - ¿Hay una Suite King disponible? - Le preguntó.

Mulder giró la cabeza bruscamente para mirarla. Pensó que iban a pedir habitaciones separadas. - Scully... ¿no estamos trabajando en un caso?

 - No, Mulder, el caso está cerrado. Estamos lejos de ser partes involucradas. - Respondió ella, mirándolo fijamente. - Ya no estamos en tiempo de Oficina.

Lentamente él se puso la billetera en el bolsillo, comprendiendo lo que estaba por suceder. Sonrió mientras ella hablaba con la recepcionista. Scully recibió la llave de la habitación, y se dirigieron al ascensor en silencio. Una vez dentro del compartimiento vacío, Scully presionó el botón “4” para que los lleve a la planta superior.

Se volvieron y se miraron el uno al otro. Scully se lamió los labios, y luego dejaron caer los bolsos al suelo, se lanzaron uno sobre el otro. Mulder dejó caer la cabeza para capturar la boca de Scully, y tomó su labio inferior entre los dientes antes de soltarlo para sondear el interior de su boca con la lengua. Scully había lanzado sus brazos alrededor del cuello de su compañero, presionando su cuerpo aún más fuerte contra él y gimió cuando él la empujó contra la pared del ascensor. El deseo caliente la empapó, sentía la humedad en su centro y el latido enloquecedor de su clítoris la hacía retorcerse contra él. Podía sentir su erección empujando contra su estómago mientras el ascensor frenaba y tras un “Ding” se abrían las puertas del cuarto piso.

Respirando pesadamente, giraron y caminaron por el pasillo hacia su habitación. Mientras Scully trataba de abrir la puerta, él estaba de pie detrás de ella, con la boca en su cuello y su erección empujándola con insistencia. Mulder pensó que si su miembro se endurecía más sería capaz de atravesar el cemento. Scully se las arregló para abrir la puerta, y la cerró de golpe una vez adentro, la bloqueó, y una vez más dejaron caer sus bolsos al suelo mientras Mulder activaba uno de los interruptores de luz, encendiendo la luz del espejo de la pared detrás de ellos.

Mulder la empujó contra la pared y devoró su boca apasionadamente mientras sus manos comenzaron a retirar de sus cuerpos frenéticamente la ropa. La chaqueta del traje marrón de Mulder y su camisa azul fueron arrojados al suelo junto con su camiseta blanca, y la chaqueta negra y la camisa de Scully. La mano de ella acarició suavemente el vendaje alrededor del bíceps izquierdo donde la bala lo había rozado.

 - ¿Te duele? - Scully respiró contra su cuello.

 - No en este momento. - él gimió, antes de volver a capturar su boca con la suya.

Mulder bajó la cremallera de los pantalones negros de Scully, y ambos patearon hasta quitarse los zapatos, mientras él iba deslizando su mano dentro de sus bragas hasta su centro.

 - Carajo. - Mulder se quedó sin aliento contra la boca de Scully mientras pasaba sus dedos por sus pliegues empapados, llevando sus jugos hacia delante para rodear su clítoris hinchado.

Scully gimió, y sus manos volaron a los pantalones de Mulder, los desabrochó y llevó su mano a la parte delantera de sus boxer, cerrando su mano caliente alrededor de su sexo duro, apretando fuerte mientras iba acariciándolo.

Permanecieron allí durante algunos segundos, acariciándose entre sí y jadeando en la boca del otro, hasta que Mulder retiró la mano, haciendo que Scully gimiera de nuevo, y tiró de sus pantalones, junto con la ropa interior hasta el suelo para que Scully saliese de ellos. Sus manos fueron a su espalda, al sujetador, soltándolo y arrojándolo al suelo. Palmeó sus pechos mientras su boca volvía hacia ella besándola apasionadamente, su lengua penetró sus labios en busca de la suya.

Mulder la levantó, sus manos bajo su culo mientras los brazos y piernas de Scully se cerraban en torno a él, y él la recostó contra la pared. La sujetó con un brazo mientras con la otra mano empujaba el pantalón de su traje hacia abajo hasta que la gravedad los dejó caer al suelo. Luego sacó su hinchado y palpitante sexo de sus boxer.

Dejó caer la cabeza para tomar el nudo rosa endurecido de uno de los pechos con los labios. La sensación de la boca de Mulder en su pecho golpeó a Scully como una explosión, y sintió que estaba muy cerca de llegar. Mulder succionó con avidez sus pechos, turnándose para lamer rodeándo sus aureolas con la lengua y los labios, a continuación tiró de sus pezones profundamente dentro de su boca. Con la boca todavía en su pecho, miró a Scully y luego mordió con fuerza. Vio como la boca de su compañera caía, quedando abierta mientras apretaba los ojos cerrándolos con fuerza, corcoveando contra él al momento en el que, suavemente lamía donde la había mordido.

 - Muldeeeer. - Gimió. Podía sentir su humedad goteando de ella, empapando su ingle y los muslos internos, el latido de dolor de su clítoris la estaba volviendo loca. Ella continuó meciéndose contra él, frenética, buscando un poco de alivio.

Él le sonrió, manteniendo las embestidas constantes de su erección en el ángulo perfecto, aflojó un poco el agarre sobre ella. Scully movió las caderas para probar el equilibrio contra la pared, y sus pantorrillas se cerraron más fuerte, apretando las piernas alrededor de Mulder, presionándolo contra su cuerpo haciéndolos gemir.

Scully arqueó la espalda y se dejó caer ligeramente hasta que sintió la cabeza hinchada de su erección presionando contra sus pliegues húmedos y empujando su entrada. - Cógeme, Mulder. - Jadeó.

En un rápido movimiento, la mano de Mulder dejó la base de su erección, y ambas manos fueron a agarrar firmemente sus caderas mientras empujaba hacia arriba, empalando el sexo húmedo de Scully con su miembro duro haciéndolos gritar. Mulder empujó frenéticamente, golpeando sus caderas contra él mientras Scully dejaba escapar quejidos y gemidos continuos.

Mulder observó con los ojos muy abiertos cuando Scully llevó su brazo derecho, hacia abajo, entre ellos, instalando una mano contra su centro, colocando sus dedos a cada lado de su pene mientras él se deslizaba dentro y fuera de ella, apretándolo ligeramente. Un gemido gutural escapó de su garganta al sentir la leve presión. Aflojó su agarre sobre ella y Scully se aflojó deslizándose por la pared un poco, cambiando su ángulo. Los ojos de su compañera se abrieron y comenzó a apretar alrededor de él, lanzando ambos codos alrededor de su cuello para trabarse con más fuerza, golpeando sus caderas contra él y gimiendo en voz alta hasta acabar. A Mulder le encantaba hacer acabar a Scully con su boca, pero la sensación de que acabara así, en su pene siempre lo llenaba de una profunda autosatisfacción.

 

Deseaba que Scully continuara acabando, se movió apartándolos de la pared, tirando de ella. Mulder se quitó los pantalones del traje trabados en sus tobillos, y la transportó en brazos. Tenía por objetivo el dormitorio, pero apenas estaban cruzando la sala a oscuras cuando las rodillas de Mulder se doblaron y tuvo que bajar a Scully al suelo. Ella se rió mientras lo derribaba para que cayeran los dos al suelo y luego lo obligó a acostarse sobre su espalda, tirando de sus boxer y sentándose sobre él a horcajadas.

Scully cerró los ojos y comenzó a deslizarse contra el pene hinchado de su compañero, su sexo húmedo yendo ida y vuelta sobre la erección de Mulder. La miró intensamente, con las manos colocadas suavemente sobre sus caderas, mientras ella se mecía, se balanceaba contra su cuerpo, frotándose a lo largo de él en movimientos lentos y calientes. Él comenzó a jadear al sentir la dura protuberancia de su clítoris friccionar arriba y abajo contra su pene. Mulder pensó que iba a perder la cabeza.

Cuando Scully se inclinó para guiar su pene dentro de ella, Mulder la tomó de la cintura y la atrajo hacia adelante, deslizándola sobre su abdomen, su pecho. Él capturó la expresión confusa de su compañera y luego la mirada de comprensión mientras continuaba tirando de ella hacia delante levantándola ligeramente sobre su rostro.

 - Mulder, espera... no tomo una ducha desde esta mañana. - Dijo rápidamente, respirando con dificultad. Scully era víctima de una sensación momentánea de pánico y vergüenza.

Él no respondió mientras sus manos la llevaban hacia abajo, hacia su boca. Mulder estaba desesperado por saborearla, lamiendo sus jugos, empujándola de sus caderas contra sus labios.

 - Ooohhh, caraaajooo... - Scully gimió, mientras sus manos se extendían para aferrarse al brazo del sofá para mantener el equilibrio. El pánico había desaparecido, al igual que todo pensamiento racional.

El gemido de Scully fue directo al sexo hinchado de su compañero, palpitando dolorosamente por la necesidad. Nunca se cansaba del sabor de Scully, y la sensación resbaladiza de ella contra su boca. Mulder dibujó círculos sobre su entrada con la lengua y luego se hundió tan profundo dentro de su sexo como pudo. Sus manos abandonaron sus caderas y fueron hasta sus pechos, apretándolos y rodando los pezones tensos entre sus dedos. Mulder empezó a gemir al cogerla con la lengua, sus sonidos inundaban el cerebro de Scully con placer, y automáticamente estaba acabando de nuevo, presionando sus caderas con fuerza contra su rostro y jadeando.

Mulder se sentía como si estuviera a punto de explotar, y sin darle a Scully un momento para bajar de su orgasmo o a sus nervios para recuperarse, la empujó hasta su pelvis y se estrelló contra ella, penetrándola con fuerza. Scully gritó, sus manos cayeron a su pecho, en un esfuerzo para mantenerse a sí misma mientras su cuerpo se estremecía y sacudía sobre él. Mulder plantó los pies en el piso, y agarrándose a sus caderas firmemente, la penetró cada vez más rápido y más duro.

 - Quiero que acabes otra vez, Scully. - Mulder jadeó.

 - No creo que pueda, Mulder. - Scully sentía que sus terminaciones nerviosas estaban sobrecargadas con olas de dolor y placer mezcladas. No sabía cuánto más podía abarcar.

Cuando Mulder sintió las oleadas de placer en forma consecutiva en sus testículos atravesándole la ingle subiendo hacia su estómago y muslos, el lenguaje explícito se derramó de su boca mientras llevaba la mano derecha entre sus cuerpos unidos, encontrándo el clítoris de Scully, pellizcándolo con fuerza.

 - ¡Dioooos! - Scully gritó, moviendo sus caderas con más fuerza contra él y frunciendo el ceño cuando otro orgasmo se apoderó de ella. Los músculos de su estrecha vagina apretando a Mulder haciéndolo finalmente explotar, sus fuertes gemidos llenando sus oídos y su semilla caliente llenando su vientre.

Scully colapsó sobre su pecho, completamente agotada. No tenía ni idea de cómo iba a levantarse del suelo. Se quedaron ahí, echados, con la respiración pesada, sin poder mover ni un músculo. Después de un tiempo, Mulder se sentó, sosteniendo a Scully en su regazo. Él le sonrió, sus ojos buscando en su rostro. Comenzó a besar sus mejillas, párpados, la frente, la nariz, antes de acariciar sus labios, en lentos y suaves besos apasionados. Scully se abrazó en forma más ajustada a su cuello y él la envolvió entre sus brazos con fuerza.

 - ¿Scully? - Susurró Mulder  su oído.

 - ¿Hmmm?

Él sonrió. - Creo que el Majestic se conviertió en uno de mis lugares favoritos, también.

CONTINUARÁ…

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17 de abril de 1999

Scully estaba tumbada en su sofá, con su cara mirando el respaldo. Llevaba puesta una de las viejas camisetas de los Knicks de su compañero y un par de sus pantalones de basketball que le llegaban más allá de sus rodillas y eran tan grandes que tuvo que doblar y meter la cintura hacia dentro para evitar que se le caigan, estaba parcialmente cubierta con una cobija. No estaba durmiendo, pero estaba tranquila. Hacía tres horas que él la había encontrado en el piso de su apartamento, inconsciente y cubierta de sangre; su sangre.

Habían llamado a la policía, el cuerpo de Padgett retirado del sótano, y después de hacerle a Scully unas 500 preguntas, notó como los ojos de su compañera se volvían vidriosos, intervino acompañando a la policía fuera del apartamento. Mulder le había dicho que quería que se quedase esa noche. La sola idea de alejarla de su vista estaba fuera de discusión y ella parecía demasiado cansada como para hacer el camino a su casa.

Para sorpresa de Mulder, ella no protestó. Simplemente se limitó a encoger las piernas sobre el sofá y se acostó, dándole la espalda sin decir una palabra. En realidad no le había dicho ni una palabra desde que la había encontrado, y abrazado, sonteniéndola contra su cuerpo mientras ella sollozaba. Había escuchado pasivamente como le contaba a la policía lo que había pasado, como Naciamento desgarraba su pecho con su mano desnuda, cómo había sacado su pistola disparándole varias veces, sin algún efecto, desmayándose, y despertar viendo la cara de Mulder junto a ella. La policía retiró varias balas de la pared y el techo del apartamento de Mulder, y también se llevó la ropa que Scully usaba como evidencia.

Mulder desesperadamente quería saber lo que estaba pensando. Lo que estaba pasando dentro de su cabeza, ese algo que no estaba compartiendo con él. Esto parecía ser parte de algo más grande, algo más grande que también estaba pasando entre ellos: un abismo de silencio que había crecido. Que había ido haciéndose más y más grande desde que habían regresado de la Antártida. Entonces Mulder, momentáneamente, se había traicionado a sí mismo y a su causa, traicionado a Scully, al aliarse con el Fumador y ponerse de acuerdo para ir con Diana a la base de la Fuerza Aérea. La mirada en el rostro de su compañera cuando él le había confesado eso, nunca la olvidaría mientras viviese. Su vínculo parecía estar debilitándose de alguna manera y el abismo de silencio se hizo aún más grande, más distancia ponían entre ellos cada vez que discutían. Y él no sabía cómo solucionarlo.

Se quedó mirando su espalda en silencio, sus entrañas todavía se agitaban con terror. La visión de Scully sobre su piso lo había paralizado. Luego pensó en Padgett. Si él no se hubiese arrancado su propio corazón, si Scully estuviese muerta realmente, Mulder se lo hubiera arrancado en su nombre de todas formas. La imagen de Scully, en la oscuridad, sentada en la cama junto a Padgett irrumpió en sus pensamientos. Esa visión también lo había paralizado, pero de una manera completamente diferente.

Había sentido una oleada caliente de ira en la boca del estómago y por un momento tuvo el deseo de tomar a Scully por la fuerza y arrastrarla de esa vivienda, y gritarle. En ese momento, su ira parecía provenir del hecho de que Padgett era el psicópata asesino que habían estado buscando. Pero ahora Mulder estaba empezando a darse cuenta de que su ira provenía del hecho de sentirse traicionado de alguna manera, pero él no entendía realmente ese sentimiento.

¿Por qué esto sucedía de nuevo? Se sintió como cuando sucedió lo de Jerse otra vez, a pesar de que Scully realmente no había invitado a Padgett a entrar en su vida. Scully ciertamente no había pasado la noche con Padgett. Pero cuando le preguntó si lo escrito por el tipo era verdad, Scully apartó los ojos y no lo había mirado a la cara por un rato. Se quedó allí, observando la espalda de su compañera, a ella acostada sobre su sofá, y se dio cuenta que se había quedado dormida. Finalmente.

Sus pensamientos volvían al libro de Padgett, en particular al capítulo siguiente al que el tipo y Scully estaban en el dormitorio, donde Mulder nunca los había interrumpido. La memoria fotográfica de Mulder recordó cada palabra en la página, las imágenes de la escena que Padgett describía flotaban delante de sus ojos.

“Se sentía salvaje, indómita, culpable como una criminal. ¿Qué pensaría su compañero de ella?”

Mulder sabía lo que pensaba. Se sentía avergonzado por Scully, y detestaba profundamente a Padgett por tomar algo tan íntimo de ella, algo que el mismo ni siquiera podía esperar saber, y convertirla en esa basura pornográfica. Pero al mismo tiempo, no podía evitar insertarse a sí mismo en la escena, en sustitución de Padgett, y de repente todo no parecía de tan mala calidad. Se imaginó a sí mismo acostado en esa cama con Scully, su pelo en extendido sobre la almohada, los suaves labios contra los suyos, sus manos desabrocharon su sujetador negro antes de tomar un endurecido pezón rosado en la boca. Pero entonces Mulder suprimía asiduamente esos pensamientos, enterrándolos en algún lugar profundo junto con todos los otros pensamientos similares que había mantenido enterrados durante los últimos años.

Supuso que Padgett había amado a Scully, al menos, de alguna extraña manera, él había estado dispuesto a cambiar su propia vida por la de ella. Por supuesto, no olvidaba la gran cantidad de jóvenes vidas inocentes que habían sido atrozmente, cobardemente interrumpidas sólo para poder estar más cerca de Scully. El tipo era un demente delirante que manipuló a Scully para que esté de su lado, creyendo que era inocente.

Y luego Mulder sintió una punzada de culpabilidad, porque sabía que de alguna manera él también la manipulaba. Él le sonreía, la tocaba, coqueteaba; apelaba a su inteligencia, a su orgullo y a su sentido del deber en los X Files. Y lo hacía todo por mantenerla con él, a su lado. Incluso se había visto obligado a hacer esa declaración en su pasillo y llegó a estar tan, tan cerca de besarla, todo para que ella se quedara con él. Si Scully no hubiese estado saliendo por esa puerta, tal vez para siempre, sabía que nunca hubiera tenido el coraje de admitir esas cosas frente a ella, y en especial el tratar de besarla. Sin los X Files, no había una razón para que Scully se quedara con él. Sin los X Files, ella movía ficha, avanzaba y continuaba con su vida. Y así Mulder vertió su corazón, su mente y su alma en los X Files, haciéndolos su prioridad, con la esperanza de que la lealtad y el sentido de la obligación de Scully se trasladarían a hacerlos su prioridad también. Y así siempre se quedaría junto a él, y no lo abandonaría.

Pero Mulder sabía que era un bastardo egoísta, sus necesidades estaban siempre antes que las de Scully. Los deseos de su compañera eran secundarios. Al parecer, ella, había querido seguir adelante con su vida, pero no podía dejarla ir. Él estaba dispuesto a decir cualquier cosa, a hacer cualquier cosa, incluyendo abrir su corazón y decirle lo importante que era para en su vida, sólo para evitar que se alejara. Porque si Scully no estuviese a punto de alejarse de él, sabía que nunca habría admitido esas cosas. Nunca se hubiese abierto de esa manera diciéndole lo que sentía realmente por ella, incluso si eso era algo que su compañera necesitaba oír, aunque eso era algo que Mulder altamente dudaba. De todas formas... ¿Qué podría ver Scully en mí?

Por eso su miedo era tan fuerte, incluso había algo más aterrador que perderla por la fuerza: que ella lo dejará por elección; que finalmente se diese cuenta de que por él no valía la pena perder su tiempo, su talento, su vida. Padgett tenía ese mismo miedo, y sintió que la solución era matarla. Y entonces se dio cuenta, de que el ataque asesino a Scully, su propia muerte melodramática, había ocurrido una vez que Padgett llegó a la conclusión de que ella nunca podría ser suya. Scully nunca lo amaría. Así que prefirió asesinarla que perderla.

Padgett lo había mirado fijamente a la cara para decirle que Scully ya estaba enamorada de otra persona. Mulder sabía lo que había querido decir, sabía que Padgett creía que Scully estaba enamorada de él. Pero, ¿qué en el mundo lo había llevado a creer tal cosa? Eso estaba más allá de la comprensión de Mulder. No encontraba algo en su interacción con Scully que le hubiera causado a Padgett tal conclusión. Para peor, después, Scully no confirmó ni negó la declaración de Padgett. Ella simplemente se alejó en silencio. Lo que molestó aún más a Mulder, ese silencio entre ellos. Odiaba eso, y sin embargo, sabía que nunca iba a encontrar el coraje para romperlo.

Mulder notó como Scully se sacudía levemente, despertando, moviéndose hasta acostarse sobre su espalda, los ojos muy abiertos, llenos de confusión, observando todo a su alrededor. Mulder rápidamente se levantó de la silla y ella se quedó sin aliento, girándose mientras miraba asustada en su dirección.

 - Scully, sólo soy yo... - Mulder le susurró tranquilizador.

 - ¡¿Mulder?! - Lo llamó sin aliento. Fue lo primero que le dijo en horas.

Y luego Scully le tendió la mano.

Mulder suspiró ruidosamente, algo profundo se aferró a él dolorosamente en su pecho. Sintió las lágrimas picando en sus ojos y el nudo en la garganta haciéndose cada vez mayor. ¿Y si ella hubiese muerto? ¿Cómo podría seguir viviendo si ya no estaba? Scully lo miró, sus ojos también brillando con lágrimas contenidas. Mulder se acercó al sofá y le tomó la mano. Ella se acomodó de lado, alejándose del respaldo, poniéndose casi al borde del sofá, mientras tomaba la mano de Mulder y tiraba de ella para acercarlo. Mulder se acostó detrás de su compañera, doblando las piernas contra las suyas, envolviéndola con sus brazos, estableciendo su boca cerca de su oído.

Ella no hablaba; guardó sus pensamientos para sí misma. De repente un recuerdo surgió en la mente de Mulder, uno de Scully sentada frente a él en su escritorio: “No todo se trata de ti, Mulder. Esta es mi vida”. Ella le había dicho una verdad, entonces, ¿por qué odiaba tanto escucharla? ¿Aún seguía siendo esa la verdad? ¿Scully estaba silenciosa por ella misma, o por su culpa? ¿Había estado sentada en la cama de Padgett, debido a lo que sucedía en su propia vida, o lo hizo por su causa? Mulder se preguntó si alguna vez sabría lo que pasaba dentro de su mente. ¿Todo lo escrito por Padgett sobre ella había sido fabricado? ¿Sólo una ficción? Mulder estaba empezando a dudar. Había todo un mundo dentro de su compañera, un mundo de emociones, pensamientos, esperanzas, sueños, una vida secreta que mantenía encerrada a cal y canto, oculta de él.

De alguna manera Padgett había parecido entenderla, entenderla a un nivel tan profundo, que Mulder nunca había llegado  siquiera a girar alrededor de esa parte de su cerebro, y esto lo enfermaba. Pero... ¿era porque Mulder no podía, o porque él así lo había decidido? Si Scully estaba cerrada a cal y canto, era por como era él. Sabía que forzosamente se había mantenido distante, pero también sabía que siempre se había negado a enfrentar el por qué de esas razones. Y entonces... ¿por qué admitió tan fácilmente lo mucho que significaba para él sólo cuando algo o alguien trató de alejarlos? Los pensamientos lo atormentaban furiosamente en su mente cuando Scully volvió a dormirse en sus brazos.

*****

El domingo 24 de octubre Scully despertó cuando la luz de la mañana se asomó detrás de las cortinas cerradas del dormitorio de una suite king en el Hotel Majestic en Chicago. Mulder estaba detrás de ella, de espaldas a las ventanas con su brazo sosteniéndola en forma apretada contra él, todavía dormido. El reloj digital en la mesita de noche le dijo que eran las 8:53 am.

Scully giró completamente hasta ponerse de frente a Mulder. Él murmuró algo y la acercó más a su cuerpo. Ella sonrió, y comenzó a acariciar su rostro con las manos, antes de pasar a su cuello, la clavícula y el hombro. Mulder comenzó a moverse, una leve sonrisa estalló en su rostro.

 - Buenos días. - Le susurró Scully.

 - Mmmmm - Fue la respuesta de Mulder, manteniendo los ojos cerrados.

Scully estaba ahora completamente despierta, y deseaba que Mulder se despertase también. Debían hacer el check out pronto y dejar la habitación. Y dirigirse al motel donde Mulder los había registrado el día anterior y hacer el check out ahí a las 11:00, y estar en el aeropuerto alrededor del mediodía para tomar el vuelo a casa. Una idea surgió en su mente, y sonrió, mordiéndose el labio inferior. Scully empezó a besarlo en el rostro, comenzando por su línea de la mandíbula, moviéndose hasta la barbilla, antes de dirigirse al sur inmediatamente posterior a besarle el cuello. Mulder emitía continuos: “Mmmmm” haciendo que Scully sonriese.

Scully repartía más besos sobre el cuerpo de Mulder, cuando su lengua se arrastró por su pezón izquierdo y sus dedos recorrían el suave parche de vello en su pecho, los ojos de Mulder se abrieron de golpe, parpadeando despierto.

 - ¿Qué estás haciendo, Scully? - Preguntó Mulder, todavía un poco aturdido.

 - Despertarte. - Respondió ella, empujándolo más para que se recueste sobre su espalda.

Mulder se rió entre dientes. - Estoy despierto, estoy despierto.

Pero Scully siguió moviéndose al sur, arrastrando los labios y la lengua bajando por el torso de Mulder, mientras su cabeza desaparecía bajo la sábana. Su boca llegó al estómago firme y Mulder gimió, sintiendo su ingle apretarse y una erección creciente comenzaba a elevar las mantas, formando una especie de carpa, frente a él.

Scully besó el sendero de vello que bajaba desde el ombligo de Mulder, y sintió que las piernas de su compañero se ponían rígidas mientras sus caderas involuntariamente corcoveaban ligeramente sobre el colchón. Ella sonrió contra su piel.

Movió su cuerpo menudo más abajo, alejándose, hasta yacer entre las piernas de él, con Mulder dando otro corcoveo de caderas cuando su cuerpo se deslizó sobre su sexo ya completamente lleno de sangre. A continuación, con la mano derecha, rodeó su sexo y comenzó a acariciarlo lentamente hacia arriba y abajo. Mulder gimió.

Scully inclinó con fuerza su eje hacia adelante, sin dejar de acariciarlo con su mano cálida, llevó los labios a sus testiculos, chupándolos suavemente con su boca.

 - ¡Aahh, carajo! - Mulder se quedó sin aliento, apretando los ojos cerrados.

Ella continuó lamiendo y succionando sus bolas, jugueteando sobre el área sensible entre ellas con su lengua, mientras su mano acariciaba su pene arriba y abajo, girando la mano alrededor de la cabeza llena de sangre. A Scully le encantaba la forma en la que la respiración de Mulder se aceleraba, cómo él gemía diciendo su nombre.

Se trasladó hacia arriba para que su boca lamiera y succionara la cabeza llena de sangre del sexo de Mulder, sus caderas corcoveaban contra ella. A continuación, lo tomó por completo en su boca, apretando la base del pene con una mano y estrujando suavemente sus testículos con la otra.

 - ¡Scully! ¡Caaa...ra...joo! - Mulder comenzó a jadear.

Ella aplastó su lengua y la hizo girar alrededor de su cabeza sensible antes de cubrir con sus labios su sexo chupando lentamente, pulgada a pulgada, aumentando la succión apretándolo con más fuerza.

Mulder comenzó a gemir. - Aaahhh... eso va a hacer que acabe, Scullyyy.

Mientras murmuraba un: “Mmm-hmm” alrededor de su sexo hinchado, Mulder puso los ojos en blanco y sus caderas se sacudieron contra ella. Pero, de repente él sintió que deseaba algo más, algo mejor, no quería ser el único en experimentar un “getting off” (llegar al orgasmo). Mulder se sentó de golpe, tirando las sábanas, tomando a Scully por sorpresa.

 - ¿Qué pasó? - Preguntó. La habitación estaba ahora mucho más brillante, la luz de la mañana continuaba haciendo su camino a través de las grietas de las cortinas. De repente ella se sintió expuesta a la luz.

 - Quiero estar dentro de ti- Mulder gimió, agarrando a Scully y tirando de ella hacia él con cierta brusquedad, antes de voltearla sobre su espalda. Ella gimió, haciendo que su erección palpitara dolorosamente de necesidad.

Se colocó sobre ella mientras le abria las piernas, su erección se deslizó a través de sus inflamados pliegues, se quedó un instante quieto ahí, dejando que sus jugos lo empapen antes de pinchar su entrada.

 - Oooh, Scullyyyy - Susurró, mirándola a través de los párpados pesados, su cerebro se volvió difuso con el conocimiento de Scully excitandose de esa manera sólo con la succión de su pene.

Ella gimió y empezó a retorcerse. Su clítoris palpitaba y su caliente centro húmedo se sentía como si estuviera en llamas. Mulder acomodó sus caderas entre sus piernas, bajando su abdomen contra ella. Se mantenía con los codos, mientras sus manos fueron a su cara, sus dedos acariciando sus mejillas, la mandíbula, la miró a los ojos.

Scully, una vez más sintió como si Mulder estuviese buscando algo en su cara. La habitación estaba volviéndose más brillante, y ella estaba fallando en eso de ocultarse detrás del “muro” que estaba tan desesperadamente tratando de mantener levantado. Su corazón se hinchó cuando Mulder la miró con adoración. Mulder bajó su frente, colocándola contra la de ella, mientras sus brazos iban alrededor de su espalda y ella levantaba las piernas colocándolas alrededor de sus caderas, bloqueándolo con los tobillos.

Mulder jadeó mientras se deslizaba dentro. Scully gimió y se aferró a él con más fuerza con los brazos y piernas. Él salió casi completamente de ella, dejando sólo la cabeza dentro, antes de entrar lentamente de nuevo. Mulder comenzó a empujar con un ritmo lento pero constante, y pronto comenzó a gemir.

 - Más fuerte - Scully gimió. El cerebro de Mulder se volvió papilla. Scully nunca había ordenado antes en el sexo, o le dijo de plano lo que exactamente quería o cómo lo quería. Sabía que no iba a durar mucho tiempo ahora, y necesitaba hacer que Scully acabara.

Al escucharla ser más asertiva, Mulder se vio obligado a hacer todo lo que ella le pidiese. Se levantó, descendió con sus manos por las piernas de su compañera, colocándolas sobre sus hombros, y se posicionó sobre ella.

 - ¡Oh, Dioooos míooo...! - Los ojos de Scully se agrandaron. Mulder se enterró hasta la empuñadura y tan profundamente que la cabeza de su sexo rozaba suavemente contra su cuello uterino. Se sentía tan bien como se veía, su grueso eje llenándola de una manera que sólo había imaginado anteriormente.

Mulder se estrelló contra ella, más duro y más rápido, frotando su clítoris con la mano. Los sonidos que hacía Scully pronto se convirtieron en una mezcla de gritos y gemidos guturales mientras él acariciaba a un ritmo implacable cada punto de contacto, con su sexo duro y su mano. Diminutas chispas de placer orgásmico se estaban disparando a través del cerebro de Scully con cada pulgada que él ingresaba y con cada movimiento de sus dedos. No pasó mucho tiempo antes de que echase la cabeza hacia atrás sobre el colchón y gritara cuando su orgasmo alcanzó un clímax abrumador. Mulder sintió a Scully pulsar y apretar alrededor de él, y comenzó a hablar. Un lenguaje tremendamente explícito lleno de su nombre, con una especie de adoración, de culto a su vagina se derramó violentamente de su boca, sintió su sexo palpitar y contraerse desesperadamente dentro de ella. Dio una estocada profunda final, enterrándose hasta la empuñadura, y gimió en voz alta mientras su semilla caliente se derramaba sobre el cuello del útero a copiosos borbotones.

Mientras bajaba de su orgasmo, Scully trataba de alzar algún tipo de muro entre ellos, temía de que a la luz, ahora mucho más brillante, del dormitorio del hotel Mulder lo viese. Leería sus verdaderos sentimientos, no habría manera de ocultar el hecho de que estaba enamorada de él. Lo vería en sus ojos, en su rostro. Scully estaba tratando desesperadamente de desenganchar su corazón y levantar otra pared, pero entonces Mulder la miró, y todos esos esfuerzos fallaron, sin poder hacer nada lo miró cariñosamente. Pero al momento se armó de valor y desvió la mirada, volviendo la cabeza lejos de él y suspirando mientras el placer que recorría aún su cerebro disminuía lentamente.

No existían palabras que pudiesen describir las abrumadoras emociones que atravezaron a Mulder mientras la miraba. El deseo que sentía por Scully no se podía comparar jamás con nada de lo que había experimentado con ninguna otra persona, y eso lo llenó de una alegría desconocida. En ese momento, hizo un juramento interno: Nunca sacrificaría su vínculo por nada. Y mientras la miraba a los ojos, se dio cuenta de que ella nunca lo dejaría, si tenían o no los X Files, no lo dejaría. No importaba dónde fueran o lo que hicieran, Mulder juró acatar todo lo que su amistad con Scully exigía y requería. Sus deseos y necesidades eran ahora secundarios a los de ella.

CONTINUARÁ….

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La mañana del viernes 12 de noviembre, Mulder dejó a Scully durmiendo, eran las 5:00 de la madrugada y todavía estaba oscuro cuando se fue a su apartamento para alistarse para el trabajo. Después de ducharse y vestirse, encendió la televisión y se sentó en su sofá a ver las noticias locales. Los primeros informes eran sobre unos asesinatos en el área de D.C, lo más probable era que se relacionaran con pandillas o drogas. La mente de Mulder comenzó a navegar a la deriva, pensando en otras cosas. Hasta que escuchó un informe sobre el Sheriff Adjunto de Pittsfield, Virginia que fue asesinado a golpes la noche anterior y el sospechoso, un muchacho de dieciséis años, alegaba que el Sheriff había sido golpeado por un “atacante invisible”, su interés alcanzó en ese momento su punto máximo.

No habían tenido un caso decente desde que regresaron de California, y esto parecía intrigante. Se puso la gabardina y se dirigió a su coche para manejar unos 90 minutos al suroeste de Pittsfield. En camino, llamó a Scully al celular para hacerle saber que estaba saliendo a “olfatear” un posible caso, y si resultaba ser digno de su tiempo, esperaba que se uniera a él.

Llegó a la oficina del sheriff en Pittsfield a las 7:30 de la mañana, leyó el informe policial sobre el incidente, y fue al hospital local para comprobar el cuerpo del sheriff adjunto asesinado. Mulder no podía creer lo que veía. Tomó el teléfono.

 - Scully.

 - Scully, soy yo. Tienes que venir.

 - Ok, Mulder. Y... ¿estás en Pittsfield, Virginia, dijiste?

 - Yeah, Pittsfield. ¿Estás en la oficina?

 - Síp.

 - Ok. Te voy a enviar por fax el informe de la policía, Scully. Nos vemos en el St. Jude Memorial Hospital, en la morgue.

 - Estaré allí.

Dos horas más tarde, Scully todavía no había llegado al hospital. Mulder miró su reloj; eran casi las 10:15. Sacó su celular para llamarla de nuevo, cuando sintió un golpe en su espalda. Se dio vuelta para ver a Scully, en traje de pantalón negro y camisa blanca con dos botones desabrochados, le dedicó una risa entrecortada y una gran sonrisa. Estaba feliz de verla.

 - Uh... Ahí estás. ¿Tráfico pesado? - Le dijo mientras comenzaban a caminar por el pasillo.

 - Marcha lenta. - Respondió Scully. - Digamos que tuve tiempo de sobra para leer el informe de la policía que me enviaste por fax. - Scully levantó la carpeta de manila que estaba sosteniendo.

 - Cuidadosamente proporcionado por las autoridades locales a pesar de que no comienza a contar toda la historia.

 - Asesinaron al ayudante del sheriff durante un patrullaje de rutina. Es un hecho trágico, pero no veo el misterio aquí, Mulder.

 - Excepto que el ayudante del sheriff fue asesinado a golpes por un asaltante invisible. - Dijo Mulder.

 - Sí, pero eso es según lo que dice el joven que está acusado de su asesinato.

 - Tony Reed, y supongo que injustamente acusado. Es un estudiante 'A' se trasladó aquí hace unos meses desde Philadelphia. Nunca ha estado en problemas en su vida.

Mulder sostuvo la puerta abierta de la morgue para que Scully ingresara.

 - Mulder, dime que tienes indicios sólidos, más resultados del SAT para demostrar que Tony Reed no cometió este crimen - Scully lo provocó mientras se ponía un par de guantes de látex de una caja del carrito junto al cuerpo.

 - Tal vez. - Respondió en voz baja. - Echa un vistazo al cuerpo.

Scully encendió la luz del techo, retiró la sábana del cuerpo, y miró la cara destrozada del ayudante del sheriff. Ella abrió la boca, y luego giró para mirar a Mulder en estado de shock.

 - El ex ayudante del sheriff Ronald Foster. - Dijo Mulder. - Como puedes ver, el informe no le hace bastante justicia.

Scully miró el cuerpo. - Oh, Dios mío, parece que fue golpeado con un mazo.

 - Linterna de Policía. Un solo golpe.

Scully lo miró con incredulidad, antes de pasar a examinar el cuerpo. - El daño a los huesos maxilofaciales y el cráneo es consistente con un fuerte traumatismo, pero... yo diría que, eh, Tony se come su Wheaties... (“Wheaties” marca de cereales para el desayuno. En sus empaques aparecen deportistas destacados, son un icono cultural de EU)

 - Echa un vistazo a la parte posterior de la cabeza. - Mulder respondió en voz baja.

Scully se inclinó para mirar y vio el vidrio y el metal retorcido en medio del pelo ensangrentado. - ¡Ugh! Sus anteojos.

 - Traspasaron totalmente el cráneo. Babe Ruth no podría golpear tan duro, y mucho menos un estudiante de segundo año de la escuela secundaria.

 - Bueno, tal vez si estaba bajo la influencia de PCP (Fenciclidina, droga disociativa con efectos alucinógenos y neurotóxicos) o algún tipo de estimulante. - Scully razonó.

 - No, su análisis toxicológico fue negativo. - Respondió Mulder.

 - Bueno, aún así... quiero decir, el stress y el miedo pueden haber originado una descarga de adrenalina, que suele provocar reacciones de fuerzas casi sobrehumana.

Mulder dio una pequeña sonrisa y movió la cabeza a la explicación de Scully, antes de girar hacia el sheriff que entraba a la morgue. Mulder podría decir que no se lo veía feliz.

 - ¿Agente Mulder? ¿Por cuánto tiempo planea estar aquí?

 - Uh, sheriff Harden, ella es mi compañera, la agente Scully.

El sheriff ignoró completamente a Scully y miró fijamente a Mulder. - ¿Cuánto tiempo planea estar aquí abajo? Me gustaría que dejaran a Ron en paz. No sé qué más hay que ver, de todos modos. Nosotros ya tenemos al chico que lo hizo.

 - Sheriff, no pretendemos cuestionarlos ni buscarle la vuelta. - Respondió Scully, un tanto tranquilizadora. - Sólo tenemos la esperanza de ser de alguna ayuda.

El sheriff la miró fijamente. - Bueno, no lo necesito. Tengo el arma asesina con huellas dactilares ensangrentadas y una vez que el Laboratorio Criminal Estatal (S.C.L State Crime Lab) las compare con las de Tony Reed, el caso estará “Open and Shut” abierto y cerrado. (Termino que se utiliza para hablar de un caso prontamente aclarado o resuelto)

Mulder se volvió para mirar por encima a Scully, y dijo casualmente - Bueno, eh... nosotros terminamos aquí. ¿Verdad? - Scully asintió. Luego se volvió hacia el sheriff. - Pero, sheriff Harden, no le molesta si hablo con Tony Reed, ¿verdad? Es decir, no le hará daño a su caso y si él lo hizo, usted querrá saber por qué.

El sheriff Harden los miró, considerando la idea. - De acuerdo, entonces.... Envié a varios de mis hombres para hablar con el chico, y hasta ahora estuvimos lejos de hacer que se agriete. Así que golpeen ustedes mismo ahí afuera.

Mulder y Scully se dirigieron desde el St. Jude Memorial Hospital a la Estación de Policia de Pittsfield. Mulder registró sus nombres en el registro de visitas para Tony Reed, echó un vistazo a su reloj, y escribió 10:55 am en la columna correspondiente. A continuación fueron autorizados para visitar a Reed.

Cuando caminaban hacia la sala de interrogatorios, una rubia joven, bonita, de ajustada camiseta de mangas largas rosa y jeans azules chocó a Mulder mientras pasaba. Mulder giró, y vio a la joven mirándolo y sonriéndole. Scully lo tomó del codo tirando de él, Mulder se volvió y se encontró a su compañera mirándolo de forma manifiesta, arqueando una ceja, luego lo soltó y caminó hacia la sala de interrogatorios.

 - ¡¿Qué?! - Preguntó Mulder, riendo a la defensiva.

Scully no reconoció esto, y entró en la habitación para ver a Tony Reed sentado a la mesa.

 - Bueno, Tony, este debe ser tu día de suerte con las visitas. - Mulder le dijo en broma, pensando en esa chica rubia y ahora Scully. - Esta es la Agente Scully del FBI...

 - No voy a hablar más, ¿de acuerdo? - Dijo Tony, interrumpiéndolo.

 - Bueno, eso podría empeorar las cosas y ya parecen estar bastante mal. - Le respondió Scully.

- En tu declaración dices que el Sheriff Adjunto Foster te detuvo... pero no dices por qué. - Habló empujando la carpeta del caso hacia él. El chico suspiró sin decir nada.

 - Vamos... estabas paseando, ¿no? - Dijo Mulder irónicamente. - Quiero decir, en una pequeña ciudad como esta... exactamente no es un “Living la vida loca”. Lo sé. Crecí en Dullsville, también, sabes. Nada que hacer, sólo manejar y estacionar.

 - ¿Y cuánto tiempo hace de eso? - Tony preguntó sarcásticamente.

Mulder captó el golpe verbal, e interiormente gimió. Adolescentes.

 - Mira... - Tony continuó. - ¿Crees que no sé lo que estás haciendo? Eres como el décimo policía que vino aquí tratando de relacionarse conmigo para hacer que confiese.

 - Si no lo hiciste, si no lo asesinaste, es una razón más para aclararlo - Scully razonó.

Pero Tony seguía firme. - Todo lo que sé está en mi declaración.

 - Está bien, pero tendrás que tener paciencia con nosotros porque somos viejos y estúpidos. - Mulder bromeó amargamente. Scully bajó la mirada hacia el escritorio para ocultar su sonrisa. - ¿Cuánto tiempo pasó entre el momento en que escuchaste el grito hasta que encontraste al sheriff adjunto Foster? - Preguntó dándole otra oportunidad.

Tony no respondió, parecía que se estaba conteniendo. Mulder giró para mirar a Scully de pie junto a él.

Como si fuera una señal, Scully tomó la palabra. - Tony, no conseguirás una audiencia donde te interroguen con más consideración e imparcialidad.

Tony suspiró asintiendo con la cabeza. - Tal vez unos 10... 15 segundos - Respondió.

Mulder pensó acerca de eso. - Ok, pero... ¿no viste a nadie cerca de la patrulla? ¿No oíste nada? Aún te adhieres a la versión que sólo tú estabas ahí. ¿Está bien?

Una larga y silenciosa pausa llenó la habitación. Mulder pensó que Tony estaba visiblemente incómodo.

 - Quiero volver a mi celda. - Tony respondió finalmente.

Mulder y Scully salieron de la sala de interrogatorios, hablaron en voz baja deteniéndose en el pasillo. Desde donde estaban podían ver como Tony era esposado.

 - Dieciséis años y su vida terminó a menos que comience a decirnos la verdad.

 - Si realmente piensas que él es culpable, Scully, por qué no te preguntas: ¿por qué no inventar un “maquillaje”, una coartada  más plausible para encubrirse? ¿Por qué no dijo que, eh.. una camioneta llena de “hillbillies” (termino peyorativo para referirse a los habitantes de zonas rurales o remotas) pasaba por ahí, le dieron una paliza al sheriff adjunto y escaparon?

 - No estoy diciendo que sea culpable, Mulder. Me inclino a asegurar que Tony Reed no cometió el asesinato, pero creo que él vio a la persona que lo hizo, y que la está encubriendo.

 - No estoy seguro de que hubiese una persona para ver. Creo que intervino una fuerza aquí.

 - ¿Qué clase de fuerza? - Preguntó Scully, como si estuviese preparándose para una de las teorías bizarras de Mulder.

 - No sé... una especie de entidad territorial o espiritual, tal vez.

Scully suspiró, mirando a la habitación donde segundos antes un oficial trasladaba a Tony Reed.

 - El fenómeno “Poltergeists” se ha asociado con actos violentos como éste y tienden a manifestarse cerca de personas jóvenes... adolescentes... - Continuó. - Parece que están atraídos por la confusión de la adolescencia.

 - Mulder... - Scully respondió un tanto inocente, casi tímidamente, mirando hacia abajo, hacia la corbata y luego tomándola con una mano. - En lugar de los espíritus... ¿podemos al menos empezar con interrogar a los amigos de Tony? - Scully continuó jugando con su corbata, y luego levantó la mirada para fijarla en los ojos de Mulder. - ¿Por favor? Sólo hazlo... ¿por mí? Hay una persona en particular con la que me gustaría hablar.

Mulder movió la cabeza por donde la rubia de antes había salido y le devolvió una mirada significativa, recordando la reacción de Scully. Después de comprobar el registro de visitantes para obtener el nombre de la chica rubia, dejaron la estación de policia y se dirigieron a la escuela secundaria de la zona. Mientras conducía, la mente de Mulder se desviaba constantemente al momento en la comisaria, donde Scully había jugado con su corbata, el dorso de sus dedos rozándolo ligeramente sobre su camisa, por la zona donde cubría su estómago. ¿Esa era Scully intentando utilizar sus armas femeninas sobre él con el fin de salirse con la suya? Supuso que “eso” estaba funcionando. Miró hacia el asiento de pasajeros para mirarla y sonrió, deseando que llegue la noche.

 

***** 

A las 11:50 horas, llegaron a la oficina principal de la escuela secundaria y obtuvieron el horario de clases de la joven con la que querían hablar. Esperaron en el pasillo fuera del salón de clases. La campana sonó, y los estudiantes comenzaron a salir. Mulder y Scully reconocieron a la chica rubia de la estación del Sheriff.

 - ¿Chastity Raines? - Preguntó Scully, sosteniendo en alto su placa. - Soy la agente Scully. Este es el agente Mulder. Somos del FBI.

 - Yeah, me acuerdo de ti. - Afirmó Chastity, sonriendo, antes de caminar hacia su casillero mientras Mulder y Scully la seguían.

 - Chastity, ¿de qué hablaron con Tony esta mañana? - Preguntó Mulder, caminando detrás de ella.

 - Él no mató a ese policía. - Le contestó.

 - ¿Cómo puedes estar tan segura? - Preguntó Mulder.

 - Simplemente eso no está en Tony. - Chastity respondió casualmente.

Scully no estaba dispuesta a aceptar cualquier mierda de esa chica. - ¿Y en ti?

Chastity abrió su casillero, dirigiendo a Mulder y a Scully una mirada aprensiva.

 - ¿Estabas allí cuando sucedió? - Preguntó Mulder.

 - Mira, tengo que irme... - Respondió con evasivas, poniéndose su chaqueta universitaria.

Scully la miró fijamente. - ¿Te das cuenta que Tony podría ir a prisión por el resto de su vida por esto?

Chastity se detuvo, hasta de colocarse su chaqueta, mirando a Scully y pensando en lo que acababa de decir.

Mulder podía sentir que estaba ocultando algo. - Chastity, si sabes algo ahora es el momento de decirlo.

Un joven se acercó a ellos, y pasó su brazo alrededor de los hombros de Chastity posesivamente.

 - Sin una orden judicial, no tienes que decirles nada. - Afirmó.

 - Wow, debes ser su abogado. - Mulder bromeó.

Miró a Mulder de manera soberbia. - Vamonos. - Le dijo a Chastity.

A Mulder no le gustaba este tipo. - ¡Gee! (“Caramba” Se utiliza en forma irónica para hablarle a un niño que se cree adulto) Inmiscuyéndote, impidiendo nuestra investigación... Me pregunto lo que tu padre, el sheriff, pensaría de eso.

 - ¿Cómo sabes quién es mi padre?

Mulder señaló el nombre en la carpeta del chico. - Tienes el mismo apellido.

 - Oh, eres bueno. - Respondió con sarcasmo. - Nosotros terminamos aquí. Vamos, nena. - Mientras se alejaba con su brazo alrededor de Chastity, miró a Scully. - Debes haber sido toda una Betty “Back in the day”. (“Betty” Termino para describir a una mujer sexualmente atractiva, elegante y segura de sí misma. “Back in the day” Frase utilizada para hablar de un pasado mejor).

Mulder y Scully miraban en pos de ellos. - ¿Una “Betty”? - preguntó Scully.

 - “Back in the day” - Mulder bromeó con sequedad, notando el  logotipo de “Adams High Panthers” en la parte trasera de la chaqueta de Chastity con la palabra “SUCKS” añadida en la parte inferior. Adolescentes de mierda.

El celular de Scully sonó. - Scully.

Mulder dejó de prestarles atención a Chastity y a su novio para mirar a Scully.

 - ¿Agente Scully? Soy el sheriff Harden. Parece que tenemos un problema aquí. El arma del crimen está desaparecida.

 - ¿Qué pasó con el arma del crimen?

 - Desapareció de las evidencias. No está. ¿Podrían usted y el agente Mulder venir?

 - Vamos para allá. - Dijo Scully, antes de colgar.

15 minutos más tarde regresaban a la estación de policía, Harden les mostró la Sala de Evidencias, donde faltaba la linterna del sheriff adjunto Foster. Scully preguntó sobre la cinta de seguridad, vieron las imágenes de la sala de evidencias, donde la linterna estaba guardada, no hubo movimientos significativos durante horas en la pantalla hasta que la policía estatal se presentó para llevarla al laboratorio de criminalística, y la linterna ya no estaba. Cuando el sheriff salió de la sala, Mulder le mostró a Scully una anomalía en la cinta. Por una fracción de segundo, una figura difusa podía verse si se detenía la cinta, pero al siguiente cuadro ya no estaba. Scully no sabía qué decir ni hacer con eso, y se preguntó si esta situación, de alguna manera, alimentaría la teoría de “poltergeists” de Mulder.

 

***** 

Esa tarde, Mulder decidió llevar la cinta de seguridad a la Universidad de Maryland en College Park y ver si Chuck Burks y su “Advanced Imaging Lab Digital” podían ser capaces de arrojar algo de luz sobre la anomalía en la cinta. Chuck le aseguró que le echaría un vistazo a la cinta el fin de semana para ver si era capaz de entender que pasaba. Después de parar en su apartamento, ducharse y cambiarse de ropa, condujo hasta el apartamento de Scully en Georgetown.

Scully oyó que llamaban a la puerta, miró el reloj, las 17:38, abrió para encontrarse a Mulder parado allí usando unos jeans azules, un suéter gris jaspeado y la chaqueta de cuero negro.

 - No esperaba verte. - Le dijo con un tono de sorpresa en la voz.

Mulder le dirigió una mirada de perplejidad. - ¿Por qué razón no iba a venir?

 - Um... porque estamos trabajando en un caso.

Mulder la miró fijamente, y luego sonrió. - Yeah, cerca de casa. No es como que teníamos que registrarnos en un motel, Scully. ¿Estás diciendo que cuando estamos en casa, mientras trabajamos en un caso, estamos en tiempo de Bureau?

La boca de Scully se crispó. ¿Cómo iba a responder a eso? Había estado esperando tener una noche libre para sí misma. Se preguntó cuándo él regresaría a su naturaleza solitaria aunque, al mismo tiempo, lo temía. Suspiró, y abrió la puerta de par en par para que Mulder entrara.

Lo siguió a la cocina y comenzó a extraer ingredientes de la nevera mientras Mulder tomaba platos, cubiertos y servilletas antes de sentarse a la mesa. Luego se sentó y observó a Scully preparar la cena. Una vez que estuvo lista, él tomó dos copas y llevó una botella de vino tinto. Cenaron los spaguetti en un cómodo silencio, la mayoría del tiempo, y de vez en cuando discutían aspectos del caso de Pittsfield.

Mulder continuó sentado a la mesa de la cocina, mirando la espalda de Scully mientras ella lavaba los platos. Llevaba unos jeans oscuros y un suéter ceñido de un tono púrpura oscuro, como la berenjena casi. Se levantó de la mesa y se acercó a ella por detrás, envolviendo sus brazos alrededor de su cintura y acercando la boca a su cuello.

 - Mulder, ¿qué estás haciendo? - Preguntó Scully, un tanto molesta. Tenía las manos dentro del fregadero lleno de agua y detergente, frotando una olla.

 - ¿Qué crees que estoy haciendo? - Le susurró al oído, antes de llevar sus labios de vuelta a su cuello.

Scully suspiró. - Pero... realmente deberíamos centrarnos en trabajar en el caso sin distracciones.

Mulder sonrió en su oído. - ¿Soy una distracción, Scully?

 - Sí, una grande.

Presionó sus caderas con fuerza contra ella. - Hmm... ¿qué tan grande?

Ella resopló y sacudió la cabeza.

Mulder luego pensó en algo. - Así que... eh... ¿qué fue eso que sucedió antes? ¿En la estación de policía?

Scully no sabía a lo que se refería. - ¿Qué fue qué?

 - Esa mirada que me diste después que Chastity Raines tropezó conmigo.

Ahora sabía sobre que estaba hablando. - La estabas mirando descaradamente, Mulder.

Él resopló. - Scully, ella me estaba mirando... Sólo giré para mirarla.

 - Mmm- hmm. - Respondió con escepticismo.

Mulder estaba consiguiendo retroceder con esto. - Scully, no estarás celosa de una adolescente, ¿verdad?

Pensó en su colección de vídeos. - Bueno, ¿quién sabe qué es lo que te gusta, Mulder?

La sujetó con más fuerza contra él. - Tú me gustas. - Le susurró al oído. - ¿Qué te gusta a tí?

Scully sonrió. - Tú me gustas también, Mulder.

 - Hmm... ¿qué más te gusta? - Susurró mientras presionaba su cuerpo contra ella de nuevo. - Dime.

 - Mulder...

 - Quiero escucharte decir las palabras, Scully. Quiero que describas lo que te gusta, lo que quieres que te haga. Sé que me gusta cuando te pones celosa... Ahora tú dime algo que te guste...

Sintió que su cara comenzaba a enrojecer, y deseaba cambiar de tema. - Los celos están por debajo de mí.

Él se rió entre dientes. - ¿Oh, en serio? Porque no están por debajo de mí.

Scully rodó los ojos. - ¿Es qué tienes algo para estar celoso, Mulder?

Hizo una pausa. - Kresge.

 - Por favor. - Se burló.

Mulder aflojó el abrazo de la cintura de Scully cuando ella se movió para dejar la olla limpia en el rack para que escurra. - Jerse.

Ella suspiró. - Pero... eso fue hace mucho tiempo, Mulder. ¿Nunca vas a olvidarte de eso?

Recordó la noche después del banquete, cuando la volteó sobre su estómago tomándola por detrás. El sexo había sido increíble, y su sexo había estado tan increíblemente apretado en esa posición, pero... Mulder de repente se dio cuenta de que nunca lo habían hecho de esa manera desde entonces. No quería ver la cicatriz.

 - No, nunca. - Te aseguraste de eso con ese maldito tatuaje.

Scully negó con la cabeza. No podía creer que eso estuviese siendo un problema. - Bueno, ¿alguna vez vas a superarlo?

Los pensamientos de Mulder se centraron en lo bueno que había sido el sexo después del banquete, lo duro que la había hecho acabar. - Creo que puedo, yeah.

Scully se rió entre dientes.

 - ¿Por qué te acostaste con Jerse? - Mulder espetó antes de poder detenerse, esa pregunta le había estado ardiendo durante casi tres años, esa pregunta había estado enterrada junto a todas las demás que nunca había sido capaz de hacerle. Él pensó que sabía la razón, lo tenía descifrado, pero quería oír las palabras de Scully.

Ella hizo una pausa. - Por diversas razones, Mulder.

 - Dime. Quiero escucharlas. - Soltó su cintura y caminó hasta ubicarse al lado del fregadero, se apoyó en la encimera, mirándola.

 - Bueno, en primer lugar, él era un hombre atractivo que estaba prestándome atención. Yo diría que ese es motivo suficiente para algunas personas.

Mulder se burló.

Scully se lo quedó mirando fijamente. - ¿Quieres escuchar mis razones, o no?

Puso sus manos en alto, rindiéndose.

Ella suspiró. - Además, sabía que tú no aprobarías eso, que no te gustaría. Y yo estaba... rebelándome contra ti de alguna manera. Como siempre tiendo a hacer cuando un hombre autoritario, controlador entra en mi vida.

Síp, Mulder lo sabía. Había sido un asno. Un asno que había estado ignorando a Scully en un momento en el que su compañera estaba, obviamente, teniendo una crisis personal, notando que una semana más tarde ella le informaba que tenía cáncer.

Se cruzó de brazos. - Lo siento, Scully.

Ella suspiró de nuevo. Se había preguntado lo de Jerse muchas veces, y por lo general la respuesta se presentaba por diferentes motivos. Había una razón, en el centro, que siempre estuvo presente, pero que no tenía ganas de compartir, por lo que se guardaba la respuesta para sí misma.

 - Lo sé... Y de todos modos, Mulder, eso fue hace mucho tiempo. Años. Ni siquiera pienso en ello, y tú tampoco deberías hacerlo.

Él asintió con la cabeza, se alejó de la encimera y fue a la nevera para tomar una cerveza. Pero luego pensó en otra cosa, en alguien más. Mulder se volvió para mirar la espalda de Scully, mientras secaba los platos limpios. No quería decirlo. No sabía si él incluso realmente quería hablar de lo que había sucedido. Pero se permite soltarlo, antes de poder detenerlo.

 - Padgett.

Scully se congeló. Nunca habían hablado de él. Nunca habían hablado de lo sucedido. Claro, Scully había firmado el reporte final del caso que Mulder había escrito, pero ella ni siquiera se atrevió a leerlo, ni siquiera podía obligarse a hacerlo. Se sentía culpable, y temía de que una conversación sobre Padgett llevara a otras conversaciones incómodas que no estaba dispuesta a tener. Tragó saliva.

 - Eso fue ficción, Mulder.

Él la miró. Se sentía enojado de repente. - ¿Si? ¿Qué partes?

Scully se volvió a mirarlo. - ¿Qué se supone que significa eso?

 - Correspondiste sus sentimientos por ti, ¿verdad?

Ella sintió que su cuerpo se tensaba, y apartó la mirada. - Mulder, por supuesto que no.

Vio que no podía mirarlo a la cara y decirlo. - Hmm. Pero pensaste sobre eso, ¿no?

Sintió que su estómago se inundaba por la ansiedad. - Tú no quieres oír hablar de esto, Mulder.

Scully intentó salir de la cocina, pero Mulder fue rápidamente alrededor de la mesa y se puso delante de ella, bloqueando el camino. - Sí. Quiero oírlo todo. ¿Por qué estabas sentada en su cama, en la oscuridad?

Se sentía atrapada. - Porque... tenía curiosidad acerca de él. Quería saber cómo un completo extraño me conocía tan bien.

Él se resistió a lo que decía. - Me dijiste que lo que escribió acerca de ti no era cierto. Que él no consiguió entrar en tu cabeza.

Scully se miró las manos, entrelazando sus dedos con nerviosismo. - Mentí. - Susurró.

Él frunció el ceño. - ¿Sobre qué otra cosa más mentiste?

Lo miró y suspiró. - Mulder...

Sintió la rabia caliente subir desde el fondo de su estómago. - Si no los hubiera sorprendido allí sentados sobre su cama, ¿qué hubiera sucedido? - Preguntó lentamente, pronunciando cuidadosamente cada sílaba.

Scully pasó saliva y apartó los ojos de nuevo. Había fantaseado sobre Padgett, no podía negarlo. Pero no había manera, ni en el infierno iba a decirle algo así a Mulder. En ese momento, erigió muros de acero alrededor de sí misma. Cuando volvió a mirar a la cara de Mulder, lo único que él pudo ver fue una fría furia.

 - ¿Cuántas veces leíste ese capítulo, Mulder? ¿Cuántas veces te imaginaste que me lo estaba cogiendo justo en el apartamento de al lado? ¿Te imaginaste a ti mismo escuchando a través de la pared? ¿O viéndonos a través de la cámara?

Él la miró en estado de shock. - ¿Crees realmente que me gustaba leer eso? ¡Y ahora sabiendo que todas las otras cosas que Padgett escribió sobre ti eran verdad! Pensé que te conocía mejor que eso, pero creo que no.

Scully lo miró. - Eres como Padgett.

Mulder la miró en estado de shock con los ojos muy abiertos. - ¡¿Qué?!

 - Ambos pensaban que me conocían mejor de lo que yo me conozco, entrometiéndose en mi vida, sólo para actuar tan jodidamente condescendientes.

Mulder sabía que tenía razón. Le había reclamado, y establecido normas para sacarla de su propia idea de quién era ella o lo que él esperaba que fuera. ¿Cuánto sabía de ella, en realidad? ¿Cuánto sabía de la vida interior de Scully? ¿Las verdades sobre sus hábitos, creencias y sentimientos? ¿Sus luchas personales con su carrera, sus colegas? ¿Sus relaciones pasadas? Padgett descifró estas verdades, las escribió elocuentemente sobre el papel, la aceptó y la quería por ellas. Pero si había una razón por las qué no sabía sobre esas cosas acerca de Scully, era porque ella no se lo permitía. ¿O era porque él nunca trató de saberlas?

 - Bueno... tal vez no debería inmiscuirme en tú vida nunca más. - Finalmente respondió.

 Scully se notó afligida, frunció el ceño mientras Mulder se apartaba de ella, tomó su chaqueta de cuero del perchero, y se fue.

CONTINUARÁ…

Chapter Text

Scully casi esperaba que Mulder diese la vuelta y regresara, para continuar la discusión o hacer las paces. Pero eso no sucedió. Trató de no pensar en Mulder cuando surfeó por los canales de TV, trató de no pensar en él cuando se dio una ducha, trató de no pensar en él cuando se cepilló los dientes, trató de no pensar en él cuando se pusó su pijama de franela, y trató, aún fue más difícil, no pensar en él cuando se acostó. Trató de dormir, pero después de ojear el reloj de cabecera hasta que le dijo que eran las 00:21horas, después de haber pasado casi una hora y media despierta en su cama, se dio por vencida. Salió disparada de la cama, metió sus pies en sus botas de cuero negro, tomó su placa del FBI, la billetera y las llaves del auto, arrojó sobre ella la chaqueta negra, y se dirigió hacia la puerta.

Después de 15 minutos en coche bajo la lluvia, estaba entrando al edificio de Mulder. No podía recordar la última vez que había estado ahí, pero entonces el recuerdo de esa noche que habían confrontado sobre sus óvulos volvió a ella. Y allí estaba de nuevo, para enfrentarse a él.

Scully suspiró mientras se paraba frente a la puerta de su apartamento. No quería discutir más. Quería hacer las cosas bien, explicarse plenamente, así este tema podría ser abandonado para siempre. Tenía que encontrar la manera de poner las cosas claras, para que Mulder conociese la verdad, para que él supiera que no había absolutamente nada por lo que sentirse celoso o enojado. Scully se preparó, su estómago se llenó de mariposas, y luego llamó a la puerta.

Mulder abrió la puerta 30 segundos más tarde, todavía con la misma ropa de antes, para ver a Scully allí de pie usando botas de cuero, pantalones de pijama de franela a cuadros negros y una chaqueta negra con manchas de lluvia por todas partes.

 - No te desperté, ¿verdad? - Preguntó Scully.

Él la miró fijamente. - ¿Honestamente piensas que podría dormir?

Scully suspiró y miró hacia abajo. Pero entonces levantó la cabeza, decidida a no apartar los ojos. - ¿Puedo entrar? Hay cosas que quiero decir.

Mulder asintió y se alejó de la puerta, permitiéndole entrar al apartamento. Caminó hasta la sala, se quitó las botas, puso su chaqueta en el respaldo de la silla del escritorio y se sentó en el sofá con las piernas dobladas debajo de ella. Mulder la siguió y se sentó en el otro extremo del sofá, más cerca de la puerta principal. Scully suspiró pensando el por qué se había sentado tan lejos de ella como fuera posible.

Mulder tomó una respiración profunda, acomodó sus codos en las rodillas, mirando sus manos. - Sé que viniste acá porque querías hablar, pero hay cosas que tengo que decirte en primer lugar.

Ella sintió que su estómago giraba constantemente haciéndose nudos aún más apretados mientras notaba su postura corporal.

Pero Mulder se incorporó y volvió a mirarla a la cara. - Lo siento por comportarme tan groseramente antes. Realmente no era de mi incumbencia lo qué pasó con Jerse. No debería haber hecho una pregunta tan personal. Y sí, detestaba a Padgett. Sí, él era un asesino. Y había estado furioso porque te habías negado a creer que él estaba involucrado en los asesinatos que estabamos investigando.

Scully suspiró. - Mulder, me sentía tan culpable. Aún lo hago. Todas aquellas personas que fueron asesinadas, brutalmente destrozadas... Soy la razón por la que están muertas.

Él negó con la cabeza, y se acercó a ella en el sofá. - Scully, Padgett es la razón por la que esas personas están muertas. No es tu culpa que él estuviese obsesionado contigo, te acechaba. Estaba enganchado contigo, y quería impresionarte. Puedo entenderlo. Y desde luego, no puedo culparlo por eso.

Ella lo miró, y sus ojos verdes se encontraron con su mirada.

 - Sólo deseaba que te dieras cuenta de su culpabilidad, Scully. Y no sólo hacer que creas su inocencia, pero... - Mulder suspiró. Se sentía incómodo, pero sabía que tenía que decirlo. Más que eso, sabía que ella necesitaba oírlo. - Le permitiste que te besara, que... que te tocara. Allí había lugares donde deseabas ser tocada, que necesitabas que toquen. Querías cosas, necesitabas cosas. Padgett se dio cuenta de eso, y demostró que sabía esas cosas sobre ti, ofreció darte esas cosas. Y yo estaba con la cabeza dentro del culo de un caballo para no darme cuenta. O, bueno... no sé... probablemente me había dado cuenta, pero yo sólo... lo ignoré.

Scully lo miró, tratando de adivinar lo difícil que era para él admitir todo eso. - Él tenía razón sobre algunas cosas, Mulder. Y me sentí halagada por su atención, el tipo de atención que rara vez recibí. Me sentí halagada por las palabras en su libro, me hicieron sentir cosas que pensé que había olvidado, que pensé que había enterrado. Algunas partes fueron terriblemente, alarmantemente precisas, pero algunas otras cosas que dijo estaban muy alejadas de la base.

Mulder luchó contra el impulso de dejar escapar una vez más: “¿Qué partes?”. Pero se contuvo. - Scully, sabía cosas tuyas que yo no conocía, y todavía no conozco. Tal vez te conocía mejor que yo. Eso me enferma.

Una vez más él volvió a mirar sus manos, Scully sabía que tenía que decirle la verdad. Pero tenía que encontrar alguna manera de decirlo sin revelar demasiado, sin quedar demasiado vulnerable, expuesta y abierta a una reacción de incómodo silencio o, peor aún, al rechazo de plano.

 - Mulder, pasé la noche con Jerse porque estaba enojada de que un completo desconocido, alguien que no me conocía en absoluto, quería darme ese tipo de atención, pero tú... tú quién eres la persona que mejor me conoce, mejor que nadie... no querías hacerlo.

Se incorporó de nuevo, mirándola fijamente, escuchando la lluvia golpeando contra el edificio, contra la ventana sobre su escritorio.

 - Me sentí atraída por Padgett... porque pensé que vio cosas en mí que tú no habías visto. Reconoció sentimientos que tenía, deseos, descaradamente ignorados por ti. Pero eso no quiere decir que me conocía. Las atractivas descripciones de Padgett sobre mí eran algo gratificante pero también eran algo completamente vacío. Él sabía algunas cosas sobre mí, pero ese conocimiento estaba sólo basado en las observaciones que había hecho desde la distancia. Se pueden conocer los hechos, pero lejos está la comprensión sobre lo que una persona realmente es. Mulder, tú me conoces. Tú me entiendes. Y no a base de hipótesis y conjeturas. Me conoces sobre la base de una interacción real, interacción que tiene lugar desde hace muchos años. Y cuando Padgett finalmente comenzó a interactuar conmigo en el mundo real, se dio cuenta que se había equivocado acerca de mí. Porque él no me conocía, no realmente.

Mulder luego recordó algo que Padgett había dicho: “La agente Scully ya está enamorada”. Quería preguntarle si esa fue una de las partes alarmantemente precisas o si Padgett había estado lejos de la base, pero era demasiado cobarde para hacerlo. No estaba seguro de estar preparado, ya sea para una respuesta afirmativa o negativa.

 - Pero Jerse y Padgett... Supongo que sólo deseaba que hubiesen sido tú. Ellos no se preocupaban por mí como tú lo haces, Mulder. ¿Cómo podrían? No podrían saber o entender, lo que pasamos juntos. Padgett luego, no podía comprender su lugar en mi vida, no había nada en su libro acerca de nuestra sociedad, nuestra amistad, debido a que él no me conocía en absoluto.

Mulder suspiró. ¿Por qué no había sido él? Debería haber sido él, pero ella buscó consuelo en brazos de extraños. Bueno, él era en quien se refugiaba ahora, y eso se iba a quedar así.

Scully se levantó del sofá y fue a sentarse en la mesa de café frente a Mulder. Él extendió la mano para agarrar las suyas, y para su deleite, ella no se apartó. Permitió que él las sostuviera, colocando sus pequeñas manos, suaves, en el interior de las ligeramente ásperas y más grandes manos de su compañero. Ambos se sentaron allí, en silencio, escuchando la lluvia.

 - ¿Quieres que me entrometa en tu vida, Scully? - Preguntó Mulder en voz baja.

Ella lo miró. - Sí. - Respondió.

 - ¿Qué más quieres?

Podría pensar en un centenar de respuestas para esa pregunta, pero sólo había una que deseaba darle por el momento. - Quiero que me hagas el amor. - Le susurró Scully.

Los ojos de Mulder se encontraron con su mirada firme. Era la primera vez que alguno de ellos utilizaba esas palabras, hasta ahora siempre habían utilizado palabras y frases que denotaban “coger”.

Él tiró de ella levantándola de la mesa, envolviéndola con sus brazos, apretándola con fuerza contra él, mientras ella pasaba sus piernas alrededor de sus caderas, poniéndose a horcajadas. A continuación, colocó ambas manos debajo de su cuerpo y se puso de pie mientras ella cerraba los brazos y piernas a su alrededor, llevando su pequeña figura al dormitorio.

Cuando abrió la puerta de la habitación, accionó el interruptor de luz en la pared y sintió como su cuerpo se tensaba. - ¿Quieres las luces apagadas, Scully?

Ella lo miró y asintió en silencio. Scully no quería sentirse cohibida, no quería poner la guardia, especialmente esta noche. Quería hacer las cosas claras a él sin sentir que ella estaba exponiéndose demasiado a sí misma.

Mulder apagó la luz, pero se dio cuenta de que había dejado la luz del baño prendida desde antes, justo cuando Scully llamó a su puerta. A ella no parecía importarle que la mantuviera encendida, así que la dejo. No quería que la habitación estuviese completamente en penumbras, quería poder verla. La dejó en la cama y luego sacó el edredón, mientras ella se levantaba y se arrastraba hacia la cabecera, deslizando el cobertor por debajo de ella.

Scully sintió la adrenalina corriendo por sus venas y mariposas revoloteando en su estómago, mientras sentia como el deseo caliente se juntaba en su centro, empapándola y eso que Mulder ni siquiera la había besado todavía. Nunca habían tenido relaciones sexuales en su apartamento, en su cama. ¿Cuántas veces ella había imaginado ir detrás de la puerta de esta habitación y acostarse en esa cama? Demasiadas veces para contarlas, y siempre habían sido rápidamente reprimidas. Pero ahora estaba aquí, y esto realmente estaba sucediendo.

Mulder se subió a la cama y se acostó junto a Scully, sosteniéndose sobre ella con el antebrazo y envolviendo su otro brazo alrededor de su cintura para acercarla hacia él. Atrapó sus labios con los suyos, deslizando su lengua dentro de su boca para enredarse con la de ella. Se dedicó a besarla suave y despacio hasta que ella gimió, y luego él la empujó hasta que ella estuvo de espaldas y él arriba de ella presionándola contra el colchón, ella con sus piernas abiertas, subiéndolas alrededor de las caderas de él y moviéndose hacia arriba frotándose contra sus jeans.

Mulder empezó a besar la mandíbula y el cuello de Scully mientras que sus dedos desabrochaban la parte superior de su pijama de cuadros negros. Una vez que había aflojado todos los botones, tiró de la prenda hacia arriba mientras ella levantaba los brazos, dejando al descubierto sus pechos desnudos. Una vez que ella estaba libre de la parte superior, sus manos llegaron hasta el borde de su suéter gris y lo empujó hacia arriba hasta los hombros, junto con la camiseta blanca, mientras Mulder se ayudó sacándose todo por encima de la cabeza y tiró todo en el suelo junto con el pijama de Scully.

Luego regresó para presionar su cuerpo contra el de ella, su firme pecho contra sus pechos suaves y perfectamente redondedos. Mulder gimió mientras sus labios capturaron de nuevo su boca, los brazos de Scully moviéndose alrededor de su espalda, el miembro dentro de sus jeans comenzando a endurecerse. Después de un par de minutos, se levantó un poco, y con sus dedos comenzó a cepillar con ternura la piel suave y lechosa del estómago de ella. Scully arqueó la espalda, necesitando más. Mulder gruñó en respuesta, sus manos moviéndose por su cuerpo y sus pulgares recorriendo la parte inferior de sus pechos.

Ella se retorcía, y podía sentir su humedad empapandola mientras su clítoris palpitaba locamente. Se estaba moviendo dolorosamente lento. - Mulder... - ella gimió, rompiendo el beso.

 - ¿Qué quieres, Scully? - Susurró.

Ella presiono sus brazos alrededor de su espalda apretándolo más aún. - Te deseo.

Una idea flotaba en la mente de Mulder, apareciendo desde que habían tenido aquella charla en el apartamento de ella, y luego edificándose aún más después de que estuvieron charlando en el sofá. - Dime lo que quieres.

Ella sintió que la cara se le enrojecia ligeramente de vergüenza. - Tú ya sabes lo que quiero. - susurró.

Mulder la miró, recordando el libro de Padgett. Había un abismo oscuro dentro de Scully, que mantuvo encerrado a cal y canto, y quizás incluso, Padgett no había sido capaz de penetrar con sus observaciones iluminadoras, aquel espacio oscuro del deseo, del querer, y la necesidad. No quería que ese espacio se hiciera más oscuro, quería abrirla, y quería que Scully fuera la que lo abriera. Quería ser él, el único, al que ella se le abriera.

 - Sé algunas cosas, Scully. Pero quiero realmente saber quién eres, lo que quieres. Quiero que me digas lo que quieres de mí, lo que quieres que te haga.

Ella resopló. - ¿Desde cuándo te ha gustado que te diga que hacer?

Él sonrió. - Esto es diferente. Scully, ahora no hago nada a menos que me digas que hacer.

Ella podía ver el brillo perverso en sus ojos, y podía sentir como la vergüenza se le crispaba desde adentro creciendo en la boca del estómago y como le recorría por todos lados hasta su enrojecido rostro.

Mulder pensó que tal vez debía ayudarla. - ¿Qué te gustaría que haga primero?

Scully se sintió conflictuada. Ella sabía lo que quería, pero la idea de decirlo en voz alta le parecía humillante. No estaba segura de por qué, era sólo Mulder. Pero entonces se dio cuenta de que tal vez tenía que ver con el hecho de que aún no había sido capaz de descifrar entre quién era ella como compañera de Mulder y quién era ella como mujer. Ella se había encerrado detrás de sus trajes, su placa y su respeto a la autoridad. Padgett tenía razón, para ella pensar en sí misma como sólo una mujer era algo que la hacía reprimirse y hablar de sus deseos en voz alta, en cuanto a sí misma y a su propio cuerpo, era algo impensable.

Mulder pudo ver la confusión interna, estaba escrito en su cara. - Déjame entrar, Scully. Quiero conocerte mejor que nadie que lo haya hecho ahora o antes. Um... aparte de ti misma, por supuesto.

Ella se rió de la expresión compungida que acompañó su última idea. - Bésame, Mulder.

Él sonrió. - Hey, ya estamos llegando a algo.

Ella rodó los ojos y se rió entre dientes. Mulder devoró su boca con la suya, besándola apasionadamente. Scully gimió. Ella amaba sus labios, suaves y firmes, y la combinación envió más olas de humedad corriendo desde el interior de su centro caliente.

Después de romper el beso para respirar, Scully inclinó la cabeza y puso su dedo índice derecho en la barbilla para luego dibujar un rastro a lo largo de la mandíbula derecha hacia la parte posterior de la oreja, pasando después por su cuello, y luego sonriendo a Mulder. Él le dirigió una sonrisa con los ojos abiertos, antes de trazar esta misma línea con sus labios, deteniéndose brevemente en esa parte detrás del lóbulo de la oreja y probándola con la lengua.

Ella jadeo, y presionó sus dedos con fuerza en la espalda de él, mientras comenzaba a retorcerse. Mulder siguió el rastro con sus labios y deslizo la lengua por su cuello, antes de llegar a la clavícula. Scully empezó a contorsionarse debajo de él, y bajo sus manos para tocar sus propios pechos.

Rápidamente él agarró sus manos y las levantó por encima de su cabeza, sosteniéndola de las muñecas con una sola mano. Él le sonrió. - Nuh- uh, yo voy a hacer eso. Pero sólo después de que me lo digas.

 - Mulder, vamos. - dijo Scully, medio riendo, retorciendo las manos y tratando de liberarlas de su agarre, pero rápidamente se dio por vencida.

 - Dime. - respiró, mirándola a la cara.

Ella suspiró. - Tócame - susurró.

 - Tocarte dónde?

Ella frunció los labios. - Mis pechos, Mulder. Tócalos.

Él se rió, liberándole las muñecas de su agarre. - Pensé que nunca lo preguntarías.

Scully lo miró. - Voy a matarte, Mulder.

Él se rió entre dientes, preguntándose cómo iba a reaccionar ella mientras esto fuera a continuar. Luego Mulder llevó sus grandes y cálidas manos a los pechos suaves, pesados y llenos de excitación de Scully, saboreando su peso con las palmas.

 - Mulder. - ella respiró contra sus labios, arqueó la espalda, presionando sus pechos en sus manos. Él sintió que sus pezones se tensaban y endurecían convirtiéndose en pequeñas protuberancias rosadas.

 - Me gusta cuando dices mi nombre, Scully. Deberías decirlo mas seguido.

Ella le dirigió una mirada de perplejidad. - Digo tu nombre todo el tiempo, Mulder.

Él la miró un tanto tímido. - No durante el sexo.

Scully se sorprendió por esto. - ¿no?

Mulder negó con la cabeza.

No tenía ni idea de si lo había hecho o no. Scully sabía que su nombre estaba en su mente continuamente, pero también sabía que por su mente corrian igualmente un montón de cosas que nunca se atrevía a decir en voz alta. - Lo tendré en cuenta - susurró.

Él resopló. – Ok.

Ella sonrió, y luego se mordió el labio.

Mulder continuó acariciando sus pechos, mientras sus labios una vez atrapaba los de ella, alternando entre una leve presión en ellos y rodar sus pezones con los dedos. Scully estaba gimiendo y retorciéndose. Él se movía tan lento que ella sentía como si fuera a quemarse. Scully tiro de su labio inferior y lo lamió con la lengua. Él gimió, pero no acelero el ritmo. Tan pronto como ella se empezaba a preguntar por qué Mulder no se movía a otra cosa, se dio cuenta de que era porque ella no se lo había dicho. Maldito sea.

Él se dio cuenta de la expresión de frustración en su rostro. - Dime lo que quieres, Scully.

Ella se encogía por dentro. ¿Por qué estaba haciéndola decirlo en voz alta?! Quería estrangularlo. Suspiró. - Tu boca, Mulder. En mi cuerpo.

Él la miró inquisitivamente. - ¿En tu cuerpo… ¿Donde?

Scully lo miró. – Carajo... en todas partes! ¡Jesús!

Él se rió. - Realmente estás irritada, ¿no es así? Y ¿dónde te gustaría que comenzara primero? - Preguntó Mulder, mirándola a los ojos mientras pellizcaba sus pezones.

Scully gimió, y sus caderas comenzaron a frotarse contra él. – Tu sabes dónde - ella gimió.

 - Dilo. - Él estaba disfrutando muchísimo de esto.

 - Quiero tu boca en mis pechos, Mulder. - ella suspiró.

Se deslizó hacia abajo, moviendo sus caderas lejos de las de ella, y luego se inclinó, aplanando su lengua, recorriendo la parte inferior de un pecho. Ella sabía salado y dulce, suave y cálido contra sus labios. Mulder lamió y chupó a lo largo de las curvas de sus pechos, evitando cuidadosamente los pezones. Él la miró, amando como su pecho exhalaba con anticipación mientras jadeaba.

 - Mulder - Scully gimió, hundiendo los dedos en sus bíceps y retorciendo sus caderas. Se sentía como si su sangre estuviera en un voraz incendio.

Luego pasó la lengua hacia arriba sobre un pezón. Ella comenzó a hacer pequeños gruñidos, y eso fue justo después de un golpe con su lengua. Mulder le dirigió una mirada ardiente, llena de determinación salvaje. Iba a hacerla rogar por él, y luego gritar. Él sonrió ante sus labios envueltos alrededor de su aureola, la lengua haciendo movimientos largos sobre el pezón endurecido.

Scully gimió, arqueando su espalda y apretándose contra su boca. Mulder hizo caso de su señal y tomó el pezón en la boca, chupándolo duro. Ella comenzó a gemir y sus manos fueron a su cabello, animándole.

Paso al otro pecho para prestarle la misma atención, rozando sus dientes contra su pezón tenso antes de chuparlo. Scully siseo, y comenzó a retorcerse aún más.

 - Mulder...

 - ¿Qué, Scully? Dime. - susurró, levantando la cabeza de su pecho.

Ella estaba luchando consigo misma, pero luego desistió. - Haz eso de morder de nuevo.

Mulder le sonrió. – ¿Así como lo de esa noche en Chicago?

Scully asintió, respirando con dificultad.

Él le sonrió antes de tomar su pezón de nuevo con la boca, chupándolo y agitándolo de un lado a otro con su lengua. Luego mirándola fijamente a la cara, lo mordió y observó como ella rodaba los ojos mientras abría la boca, sus caderas golpeando contra él.

Scully había estado tratando de mantener los ojos abiertos, pero estaba fallando miserablemente. Tenía los ojos cerrados con fuerza, y lo único que podía ver era diminutos destellos de luz y como Mulder estaba haciendole cosas increíbles a sus pechos. Sus manos calientes acariciándolos y pellizcándolos, sustituyéndolas por su boca, haciéndolo suave, duro y caliente, y lamiéndolos encima de ella. El dolor palpitante de su clítoris era insoportable, y sabía que su ropa interior tenía que estar más que empapada.

Luego Mulder se levantó en sus rodillas y agarro las piernas de Scully haciéndolas a un lado mientras tiraba de sus pantalones de pijama y las bragas tambien, de una vez por sus caderas y sus piernas, todo junto con sus calcetines, para después tirarlos en el suelo. Luego regresó a posicionarse sobre ella, acomodándose entre sus piernas mientras besaba y lamía su camino por su abdomen, y la cremosa, suave piel de su vientre.

A lo que Mulder arrastró su boca sobre el hueso de la cadera de Scully, lo mordisqueó un poco, y ella se arqueó hacia él, gimiendo su nombre. Sintió su duro miembro palpitando de dolor, pero sabía que la espera valía la pena.

Mulder luego paso de largo por el centro de Scully mientras sus piernas se extendían delante de él, y él volvió su atención a la parte posterior de la rodilla derecha, besando su delicada piel. A continuación, comenzó a bajar hacia su muslo, besando lentamente y pasando su lengua por aquel sensible punto.

 - Muerdeme, Mulder. - Scully gimió.

Él sonrió. - ¿Qué tan fuerte?

Ella resopló. - Bueno, no tanto como para que sangre, pero... lo suficiente para dejar una marca.

Mulder ardía con el deseo y la excitación por la idea de marcar a Scully, y más por el hecho de que ella fuera la que se lo estuviera pidiendo. Empezó a morder y dejó un rastro de marcas por su muslo para luego calmar suavemente con su lengua cada rastro de mordida antes de continuar.

El dolor del clítoris de Scully, era a este punto, más que intolerable. Se sentía como si pudiera llorar ahí mismo por la insaciable necesidad, mientras su centro se ondulaba con olas pre- orgásmicas, sintiéndose casi a punto de llegar, con sólo sentir las manos de Mulder y la sensación de su barba rasposa en sus muslos.

Mulder tomo sus piernas y las abrió delante de él. Respiró el fuerte olor de su excitación, lo que hizo que su cabeza diera vueltas. Dios, amaba ese olor. La miró fijamente a la cara, y sonrió.

Scully abrió los ojos y lo miró, los ojos llenando su cerebro con necesidad desenfrenada. - ¿Que estas esperando?

 - No me has dicho qué hacer - Mulder respondió simplemente.

Ella empezó a sentir como la vergüenza la inundaba de nuevo mientras lo miraba. No podía hacerlo. No podía decirlo. No había manera. Scully nerviosamente negó con la cabeza hacia él.

Mulder decidió que iba a tener que volverla lo suficientemente loca para que ella se quebrara, lo cual era perfecto para él, porque quería que ella entrara en tal estado de excitación y lujuria que no le quedara otra más que rogarle por más y más.

 - Estas tan mojada, Scully - dijo, estudiando su suave y brillante centro rosado.

Ella empezó a respirar pesadamente, sus ojos abiertos y sus parpados pesados por el deseo.

Se inclinó hacia ella y Scully embistió levemente sus caderas hacia él, pero él la sujetó con sus fuertes manos. Mulder frotó dos dedos contra las curvas inferiores de su culo, y luego los movió hasta la ingle, empapándolos con sus jugos.

- Muy mojada. - susurró, mientras intercambiaban miradas y él se chupaba los dedos hasta dejarlos limpios. - Sabes tan bien.

Scully lo miró fijamente, boquiabierta y con los ojos muy abiertos, jadeando. Sintió su clítoris ponerse más tenso, su centro aún más caliente, y nuevas oleadas de humedad derramarse desde adentro. Ella lo quería a él. Lo quería. Quería que él chupara su clítoris. Pero ella aún no podía decírselo. Algo en su cerebro, o en lo profundo de la boca de su estómago anudado, le impedía decir esas palabras en voz alta.

Pero Mulder estaba determinado a que esta era una batalla que él iba a ganar. Entonces, tomó esos mismos dos dedos y suavemente separó sus pliegues empapados, teniendo cuidado de no tocar los lugares que ella más quería que tocara. - No puedo creer lo jodidamente precioso que es tu coño, Scully - susurró. - Me encanta tu coño. Me encanta como sabe. Me encanta la forma como se siente alrededor de mi pene. Me encanta cómo se aprieta cuando estoy dentro de ti, como si tú no quisieras dejarme ir.

 - Oh, Dios mío... – ella gimió involuntariamente, poniendo sus ojos en blanco. Sus palabras la estaban llevando al límite.

 - ¿Qué fue eso, Scully? - Mulder estaba tratando de no reírse al verla casi desmoronándose.

 - Mulder... - ella gimió con desesperación.

Él sonrió. - ¿Qué quieres?

Scully estaba jadeando, pero no podía decir esas palabras tan explícitas. Sin embargo, pensó en otra cosa que pudiera tener el mismo resultado. - Te quiero a ti…. dentro de mí.

 - ¿Qué quieres dentro de ti? - Preguntó, levantando las cejas divertidamente.

¡Maldita sea! Ella iba a matarlo. - Tu lengua, Mulder. - Scully gimió.

Luego él se inclinó hacia adelante, llevando sus manos hacia arriba a la parte posterior de los muslos de ella, doblando las rodillas, y levantándolas por encima de ella.

 - Apóyate en los codos, Scully. – le ordeno Mulder, y así lo hizo. Él la miró, al verla se lamió los labios, y él sonrió. - ¿Puedes ver tu coño? - Ella asintió con la cabeza, con los ojos abiertos - ¿Vas a mantener los ojos abiertos? - Ella lo miró fijamente, respirando con dificultad, y volvió a asentir. - Ok, bien.

Mulder se inclinó hacia abajo, su rostro en dirección a su ardiente centro, y después de tomar una respiración profunda, poso lentamente su lengua en su coño, usando un movimiento de vaivén, y giró su lengua dentro de ella antes de parar para respirar. Luego regresó a formar un círculo cerrado alrededor de su entrada con su boca y lo chupó, succionando la dulce y mojada manifestación de deseo con su lengua.

 - Carajo, Mulder... - Scully estaba gimiendo por el placer que la lengua de Mulder le estaba proporcionando y luego comenzó a quejarse al sentir que aún no tocaba su necesitado clítoris.

 - Dime. - dijo él, mirándola a los ojos.

Ella gimió de nuevo. Scully estaba teniendo una intensa batalla interna consigo misma. - ¡Tu sabes lo que quiero! Ahora. Ahora, ahora, ahora, ahora, ahora.

Él sonrió. - Di por favor.

 - Muldeeeer... - Scully gimió.

 - Dilo.

 - Por favor. - ella gimió.

Él le sonrió con picardía. - ¿Por favor qué?

Scully le lanzo dagas con la mirada. - Me hubiera gustado haber traído mi arma conmigo, para dispararte de nuevo!

Mulder la miró shockeado. – Saliste de tu apartamento desarmada?! ¿Estás loca? ¿Porque hiciste eso?

 - Podemos hablar de eso despues!

Mulder volvió a poner su lengua en su abertura, acariciando y deteniéndose justo antes del rosado e hinchado manojo de nervios. - Me encanta cuando tu coño está hinchado y húmedo para mí - susurró.

Las caderas de Scully se sacudieron hacia el rostro de Mulder involuntariamente, sus nervios buscando desesperadamente la fricción.

 - Dime.

 - Mulder, yo... - ella gimió. Estaba perdiendo la batalla, podía sentirlo. O tal vez ella estaba ganando, no podía saberlo en ese momento.

 - No sé lo que quieres a menos que me lo digas, Scully.

Ella se retorcía desesperadamente contra el firme agarre que él tenía sobre ella, casi podía sentir que lloraría de la necesidad. - Carajo... oh, Dios….lámelo… mi clítoris, Mulder, hazme acabar! ¡Por favor!

Él le sonrió. – sostén tus piernas para mí. - Scully se inclinó y sostuvo sus muslos. - ¿Aún puedes ver tu coño? - Ella asintió con la cabeza. - ¿Puedes ver tu clítoris? - Ella asintió con la cabeza, empezando a jadear en la anticipación.

frotó un dedo sobre su hinchado y necesitado clítoris haciendo que sus caderas se estremecieran. – Esta tan duro.

 - Basta de hablar, Mulder. Hazlo.

Él se echó a reír. Realmente la había vuelto loca. Mulder entrelazo su mirada con la suya y no le quito los ojos de encima mientras pasaba la punta de su lengua por la base de su clítoris, frotándolo suavemente.

 - Oh, mi... - Ella no pudo terminar la frase. Scully casi se rompió en lágrimas de alivio, y al ver los labios de Mulder alrededor de su duro botón rosa, era la cosa más sexy, más excitante que jamás había visto en su vida. Las sensaciones de su boca en ella eran exquisitas, pero nada comparado con la imagen de ver su clítoris siendo absorbido entre sus perfectos labios. Sentía que podía acabar solo con verlo.

Scully se sintió al borde del orgasmo después de sólo unos cuantos movimientos de la lengua de Mulder mientras la chupaba, ella estaba tan cerca. Y cuando él deslizó dos dedos dentro de ella, acariciando ese dulce punto en su pared frontal, dando dos o tres vueltas con la lengua, se sintió acabar como una bomba.

Sus manos se soltaron, mientras sus muslos se tensaron alrededor de Mulder, arañando y agarrando fuertemente las sabanas de la cama, con la espalda arqueada al colchón. Pero Mulder no se detuvo, él sostuvo sus caderas fuertemente con las manos y siguió enterrado en el sexo de Scully, acariciando su clítoris con su lengua. Scully trató de alejarse de él ya que sentía sus nervios sobrecargados y muy sensibles. Ella trato de inclinarse agarrándolo frenéticamente del cabello, para alejarlo de ella, pero otro orgasmo la golpeó y la hizo sacudir sus piernas mientras gemía y gritaba, tratando desesperadamente de empujarse a sí misma fuera de su boca.

 - Mulder, para, para, para, para, para, no puedo soportarlo!

Él soltó una risita, y se deslizó por el colchón para tumbarse a su lado, mientras ella yacía sobre su espalda, reluciente de sudor y respirando con dificultad. Después de un par de minutos, volteo a mirarlo y vio sus ojos brillantes mirando con codicia y hambre, mucho más oscurecidos de lo que los había visto antes. Scully se abalanzó sobre Mulder, obligándolo a tumbarse sobre su espalda, mientras ella se ponía encima de él besándolo apasionadamente. Él envolvió sus brazos alrededor de ella, abrazándola con fuerza. Luego ella se agacho y comenzó a desabrocharle los jeans, bajando la cremallera, y comenzó a deslizarse hacia abajo escurriéndose por sus caderas mientras Mulder la ayudaba levándolas del colchón. Una vez que ella se había deshecho de sus pantalones, de sus boxer y calcetines convirtiéndolos en una pila de ropa en el suelo, se sentó a horcajadas sobre él.

Mulder se sentó, sosteniendo a Scully en su regazo. Ella le sonrió. - Yo no te dije que hicieras eso.

Él sonrió, envolviendo sus brazos alrededor de su espalda tan fuertemente como ella tenía las piernas envueltas alrededor de él. - No, no más instrucciones. - susurró. - Voy a hacerte el amor ahora Scully.

El corazón de Scully se hinchó de emoción ante sus palabras y el cariño que brotaba de sus ojos. Mulder la miró a los ojos, buscando su rostro. Vio la honestidad, la lealtad, el amor y la devoción. Levantó sus caderas un poco, y luego, lentamente, la bajó hacia su sexo hinchado. Ambos suspiraron por el contacto, y se abrazaron con más fuerza.

Mulder capturó la boca de Scully con la suya, besándola apasionadamente, mientras sus manos sacudían sus caderas en un ritmo constante hacia arriba y abajo, arriba y abajo, acariciando su duro miembro con el apretado sexo de ella.

Scully rompió el beso y le echó los brazos al cuello, sosteniéndolo cerca y presionando su cuerpo contra el suyo, una mano agarrándolo del hombro y la otra en su pelo. Un lado de su cara presionada contra la de él, pero aun no era lo suficientemente cerca. Ella quería fundirse con él hasta que fueran la misma persona.

No pasó mucho tiempo antes de que las embestidas del pene de Mulder contra el coño de  Scully pronto causaran esa deliciosa tensión creciendo una vez más en su centro. Su clítoris comenzó a responder de nuevo a sus atenciones.

- Oohh, Mulder... - gimió en su oído.

Él a su vez gimió su nombre en los labios de Scully en un tono de placer, sus manos dejando la pelvis y moviéndolas hasta envolverlas firmemente alrededor de su espalda, apretándola contra él. Scully aumento el ritmo de sus caderas sobre Mulder, en busca de la fricción y el ritmo perfecto que la llevarían a su liberación. Pronto su tensión comenzaba a estallar, y ella estaba acabando.

 - Oohh... Mulder... te sientes tan bien. - ella gimió a través de su orgasmo.

Él Sintió su ingle apretarse cuando Scully finalmente vocalizo su placer en palabras coherentes, utilizando su nombre. Sus manos volvieron a sus caderas y comenzó rápidamente a mecerlas hacia arriba y abajo de su pene con un propósito, Scully ayudándolo a la vez moviendo sus caderas en forma circular y acelerando el ritmo.

 - Vamos, Mulder - susurró en su oído.

Sus sonidos, palabras y músculos apretando contra él causaron sacudidas casi orgásmicas que venían en ondulación desde sus testículos para convertirse en olas y olas de placer. Quería verla. Los brazos de Scully estaban aferrados a su cuello, entonces Mulder movió su cabeza para mirarla a la cara. Vio en el azul profundo de sus ojos, sus bocas reunidas con sus pesadas respiraciones y sus labios entrelazados en besos desesperados. Mulder luego comenzó a gemir el nombre de Scully y su amor por su sexo, y después de unas cuantas embestidas él acabo. Ella sintió su pulso a través de su miembro una y otra vez dentro de ella, mientras la llenaba su semilla caliente.

Se sentaron en la cama, Scully en su regazo y todavía unidos por su centro, respirando con dificultad. Mulder levantó las manos para sostener suavemente su rostro y mirarla intensamente a los ojos. Ella había visto esa mirada antes, hace más de un año tal vez en su pasillo antes de que la abeja la picara en el cuello. Mulder luego presionó su frente contra la de Scully y cerró los ojos. Cuando los abrió unos segundos más tarde, él sonrió mientras ella lo miraba.

 - ¿Qué fue eso? - Preguntó Scully.

 - Estaba orando por un milagro.

Ella le dio una pequeña sonrisa. - Pero pensé que no creías en Dios, Mulder.

 - Bueno... por mucho tiempo, no lo hice. Es verdad. Pero no... no creo. Te dije que no dejáramos a Dios fuera, ¿recuerdas? Así que creo que aún no he decidido.

Scully se rió entre dientes. - ¿Qué te hizo cambiar de opinión?

Mulder dio un leve encogimiento de hombros. - Tú.

Ella sonrió.

Mientras observaba a Scully conciliar el sueño, el sonido de la constante caída de la lluvia lo hacía pensar. Se preguntó si realmente era necesario preguntarle a ella si lo que Padgett le había dicho era cierto o fuera de lugar. Tal vez Mulder ya sabía la respuesta, tal vez él había sabido esa respuesta desde hacía mucho tiempo.

CONTINUARÁ…

Chapter Text

Scully despertó gracias a los sonidos procedentes de la sala. Giró hacia el reloj de la mesita de noche, las luces rojas brillaban hacia ella en la oscuridad indicando las: 04:18 am. Mulder no estaba en el dormitorio. Saltó de la cama, tomó sus pantalones de pijama, la parte superior, y de forma rápida los arrojó sobre ella, saliendo de la habitación.
Encontró la sala en completo desorden: la mesa de café y las sillas estaban volcadas o patas para arriba, el sofá había sido empujado lejos de la pared, las lámparas removidas y desmontadas, todos los paneles de los enchufes eléctricos desatornillados y colgando de las paredes. Mulder estaba junto a su escritorio, vestido con pantalones de chándal gris y camiseta blanca, desarmando el teléfono y la contestadora.

- Mulder, ¿qué estás haciendo? - Preguntó, dirigiendo hacia él una expresión de desconcierto.

- Lo siento, ¿te desperté? - Dijo, levantando la vista para mirarla, antes de volver al teléfono.

Lo miró fijamente. - Um, creo que sí, sí. ¿Qué estás haciendo?

- Estoy buscando cámaras o micrófonos.

Scully estaba confundida con la respuesta. - ¿Por qué?

- En caso de que estén viéndonos o escuchándonos, Scully. - Respondió en tono claro marcando la obviedad.

Scully seguía confundida, y se preguntó si esto era algo que Mulder hacía regularmente. - ¿Con qué frecuencia compruebas si hay micrófonos (bugs) en el apartamento?
Mulder vaciló. - Uh... en realidad no lo compruebo desde el invierno pasado.

- Eh... ¿Y repentinamente tuviste el deseo de levantarte en medio de la noche para chequear si había alguno?

El silencio llenó la sala. - Mmm, bueno, ya sabes... me desperté y no podía volver a dormirme, así que... No perdía nada con fijarme, ¿verdad? De todas formas, ahora que estás levantada, puedo ir a revisar el dormitorio.

Mulder pasó a su lado sin mirarla a los ojos y entró en la habitación, dejando a Scully en la sala, mirando fijamente el desastre armado. No estaba segura de por qué, pero su compañero parecía preso de un ataque paranoico, algo que no le había visto en mucho tiempo. Comenzó a preguntarse si ésta era la verdadera razón por la que nunca se habían acostado allí. Le había ofrecido muchas veces quedarse en su apartamento, sintiéndose mal porque siempre terminaban en su casa y era él el que debía madrugar e irse, pero Mulder siempre insistía en ir al de ella.

Su apartamento había estado bajo vigilancia antes, lo sabía. Pero eso había sido hacía años. Scully recordó repentinamente sus sospechas, en la primavera cuando Mulder había enfermado, de que estaban siendo espiados, al menos en su oficina del sótano. Scully volvió la cabeza bruscamente a la puerta del dormitorio, su estómago comenzó a anudarse con la idea de que alguien realmente estuviese escuchando o viendo su intimidad.

Mulder salió pronto de la habitación.

- ¿Encontraste algo? - Preguntó Scully nerviosamente.

Mulder negó con la cabeza. - No.

Scully dio un suspiro de alivio. Pero al mirarlo sintió que algo había cambiado después de la última noche, como si algunos de sus muros involuntariamente se hubiesen derribado, sin que ella se diese cuenta, abriéndose a Mulder de una manera que no había planeado. Tuvo un fuerte deseo de irse inmediatamente de ahí.

- Bueno, debería irme. - Dijo, caminando más allá de Mulder entrando al dormitorio. Estaba buscando el resto de la ropa, pero sólo pudo encontrar las medias. Su ropa interior de algodón lavanda había sido arrojada hacia algún lugar de la habitación, esta se veía como si un tornado hubiese pasado por ahí. Tendría que buscarla más tarde.
Scully regresó a la sala, se sentó en el sofá y comenzó a ponerse las botas.

- ¿Por qué te vas? - Preguntó Mulder, acercándose hasta estar frente al sillón.

Ella suspiró. - Bueno, no tengo nada de ropa aquí, por ejemplo. El baby shower de Jennifer es esta tarde, y necesito hacer algunas cosas para estar lista para eso.
Mulder asintió. - Entonces, ¿te veo esta noche?

Scully vaciló. - Um, no sé cuánto tiempo durará esta cosa del baby shower o, cuánto tiempo voy a estar en casa de mamá ayudando a Jennifer con todo una vez que haya terminado. De todas formas, creo que podríamos tener una noche libre. No quiero que te aburras de mí.

Scully lo miraba con expresión divertida al verlo asentir con la cabeza un poco, pero luego él parecía confundido. Scully se puso de pie, tomando su chaqueta del respaldo y poniéndosela. Caminó hacia la puerta, y después de escucharlo abrir un cajón de su escritorio, él la siguió.

- Creo que puedo encontrar la puerta de entrada por mí misma, Mulder. - Bromeó.

Él se rió entre dientes. - Sólo quiero acompañarte mientras sales.

Scully pensó que eso significaba hasta el pasillo, pero terminó poniéndose un par de zapatillas y caminando hasta su coche. Cuando llegaron a la puerta del conductor, ella giró para despedirse y Mulder puso ambas manos sobre el coche a ambos lados de ella. Se sentía atrapada. Mulder se inclinó para besarla, pero ella le puso una mano sobre el pecho.

- Mulder, estamos en público.

Se rió entre dientes. - Estamos en una calle oscura, no hay nadie alrededor. - De manera divertida se echó hacia atrás para mirar de un lado al otro de su calle, como si estuviera buscando a alguien, y sonrió hacia Scully. Pero ella aprovechó ese movimiento para abrir el coche. Mulder suspiró mientras ella abría la puerta y se metía al auto.

Mulder cerró la puerta tras ella mientras arrancaba el motor. Scully comenzó a ponerse el cinturón de seguridad cuando él golpeó la ventanilla e hizo señas para que la bajara. Scully vaciló, temiendo que Mulder tratara de inclinar la cabeza para besarla, pero igual apretó el botón y bajó la ventanilla completamente. Cuando se inclinó para mirarla, notó que su compañero tenía una expresión muy seria en el rostro. Luego metió la mano en su bolsillo y le dio una pequeña pistola, el arma que normalmente llevaba en el tobillo cuando estaba haciendo trabajo de campo.

- Scully, no vuelvas a dejar tú apartamento de nuevo sin llevar un arma encima.

Ella suspiró, tomando el arma. - Lo sé, Mulder. Sólo tenía... otras cosas en la cabeza.

Mulder asintió, dándole una pequeña sonrisa. Pero entonces su expresión volvió a tornarse más seria. - Sólo... no lo hagas de nuevo.
Scully pasó saliva y asintió, sintiéndose castigada, antes de subir la ventanilla y salir ahuyentada hacia Georgetown, notando, por su espejo retrovisor, como Mulder se quedaba con el ceño fruncido.

*****

14 de junio de 1986

La ceremonia de graduación de Oxford había terminado y Mulder había vuelto a su apartamento, a empacar su ropa y otras pertenencias, después de pasar la noche celebrando con algunos compañeros de clase. Su vuelo de regreso a New York salía por la mañana, y ya lo había aplazado por bastante tiempo. Necesitaba tener todo embalado y listo para salir antes de las 8:00 am.

Pasados unos minutos de las 23:00 horas, alguien llamó a su puerta. La abrió para ver la cara de la mujer que tanto anhelaba y al mismo tiempo temía con cada fibra de su ser, una cara que no había visto en un año. Para su gran consternación, y deleite, Phoebe Green estaba allí sonriéndole. Dios, él la amaba con la misma puta fuerza con que la odiaba. Sentía que el estómago se le retorcía haciendo nudos más y más apretados.

- Hola, Mulder.

Ante el sonido de su voz, sintió la rabia quemándolo a través de su intestino. - ¿Qué mierda estás haciendo aquí?

Le dirigió una mirada de desaprobación. - Semejante lenguaje, Mulder. ¿Es esa la manera de saludar a una vieja amiga?

Él le dio una mirada inexpresiva. - ¿Eso es lo que eres?

Phoebe se rió, sus ojos marrones le parpadearon, y sacudió su pelo castaño oscuro sobre los hombros. - Por supuesto, cariño.

A continuación, pasó junto a él entrando a su piso. Mulder notó que olía a vodka y cigarrillos, una combinación letal que siempre la enviaba a su puerta a altas horas de la noche, bueno, al menos solía hacerlo. Pero eso fue hace un tiempo. Y un recuerdo doloroso se precipitó a su mente, la última vez que había llegado a él en tal estado. Ese había sido el principio del fin...

 

11 de mayo de 1985

No había hablado con Phoebe en cuatro días. Había aparecido en su graduación más temprano ese día, pero ella sólo le había guiñado un ojo a través del cuarto en el Sheldonian Theatre. Cada vez que había intentado buscarla, para hablar, no podía encontrarla; ella se desaparecía. Mulder pensó que lo estaba evitando, pero no podía entender por qué. Esto no era una sorpresa, nunca pudo averiguar las razones de la mayoría de cosas que ella hacía.

Había llamado a su puerta bastante tarde, después de una noche de copas con amigos post ceremonia de graduación de Oxford. Ahora estaba de rodillas sobre el suelo, con la boca alrededor de su pene duro, llevándolo más y más cerca del orgasmo. Pero entonces se detuvo, abriendo la boca dejándolo ir, con un sonoro: “pop”, ella alzó la mirada hasta la suya.

- Te amo, Mulder. ¿Me amas?

Mulder bajó al mirada hacia sus manos acariciándolo rítmicamente, y luego la miró a la cara, sus ojos marrones brillando hacia él, su pelo castaño oscuro en cascada sobre los hombros. - Por supuesto que sí, cariño.

- ¿Entonces por qué te vas por un mes entero?

Mulder le dio una sonrisa simpática. - No me voy hasta dentro de tres semanas. Mi madre me pidió que fuera a casa por el verano. No la veo desde hace casi un año. No fui a casa para las fiestas.

- Pensé que no querías ir a casa para las fiestas. Que preferías estar conmigo.

Él asintió con la cabeza. - Es verdad. Pero nunca puedo ver a mi mamá. Ella quiere verme.

Phoebe asió su pene con rudeza, lo acarició con más fuerza. - Pero... quiero que pases el verano conmigo.

Mulder se quedó sin aliento, y empezó a jadear de nuevo. - Voy a estar de vuelta para fines de junio. Tendremos todo julio y agosto juntos antes de que empiecen las clases. Pero... supongo que podría ir más tarde en el año, tal vez para Acción de Gracias. ¿Quieres que cancele mi ticket?

- Sí.

Mulder asintió. - Bueno... lo haré.

Phoebe devoró su sexo con la boca nuevamente. Mulder pronto sintió su inminente liberación, ella se detuvo y lo soltó. Mulder gimió de frustración.
- ¿Cuánto me amas, Mulder?

Mulder estaba respirando con dificultad. - Te amo más de lo que nunca amé a nadie.

Phoebe le sonrió. - ¿Me amas lo suficiente como para casarte conmigo?

Mulder pasó saliva. Ella sabía exactamente lo que pensaba del matrimonio y los niños. No sabía qué decir. No podía pensar con claridad. Una respuesta incorrecta enviaría a Phoebe justo a la puerta, y Mulder necesitaba desesperadamente acabar. Pero él le dijo la verdad, de todos modos. - No quiero casarme. Nunca, Phoebe. Ya lo sabes.

- Pero las personas cambian de opinión todo el tiempo, Mulder. ¿No te gustaría estar casado conmigo? ¿No te gustaría vivir conmigo? - La mano de Phoebe, una vez más comenzó a acariciarlo.

Mulder gimió. - Yo... me gustaría vivir contigo, sí. Tal vez debería conseguir todo de ti para mí mismo por una vez.

Le sonrió. - Le prometí a mi padre que nunca viviría con un hombre a menos que nos casáramos.

Él no sabía qué responderle. Suspiró. - Nunca me voy a casar, Phoebe.

Ella lo miró fijamente con fuerza, y luego se puso de pie. - Estoy segura de que puedes terminar esto tú mismo. - Le espetó, antes de salir de la sala y caminar hacia la puerta principal.

Dos días más tarde, después de mucha deliberación y examen de conciencia, Mulder encontró a Phoebe sentada en su café favorito y le dijo que se casaría con ella. Ella le echó los brazos al cuello y lo besó apasionadamente. Lo llevó a la tienda de ropa para hombres y le compró un traje nuevo. Mulder se sorprendió de que quisiera casarse de inmediato. Él entró en pánico, pero luego aceptó lo inevitable. ¿Qué importaba si sucedía la semana entrante o en seis meses? Quería demasiado a Phoebe, quería reclamarla como suya y encadenarla a él, así iba a dejar de desaparecerse, y siempre estaría allí cuando él necesitara que estuviese, de modo que nadie más podría jamás tenerla, jamás podría alejarla de él.

El viernes 24 de mayo Mulder estaba sentado en la Oficina de Registro de Oxford, vestido con su flamante traje gris oscuro, esperando a Phoebe para que se convierta en su esposa. Esperó, esperó, y esperó. Ella nunca llegó. La buscó en todas partes, la llamó por teléfono, pero no estaba por ningún lado. Cinco días más tarde, mientras Mulder estaba acostado en su cama, ahogándose en la miseria, su teléfono sonó.

- Hola.

- ¡Mulder, mi amor! ¿Cómo estás?

Se incorporó, limpiándose las lágrimas de su rostro. - ¿Dónde mierda estás?

- Estoy en Grecia, cariño.

- ¡¿Grecia?! ¿Por qué demonios estás en Grecia?!

- Oh, algunos viejos amigos se presentaron en la ciudad y tenían un ticket extra para que vaya de vacaciones con ellos. No podía dejar pasar la oportunidad. Amo Grecia.
Mulder quedó en estado de shock, estupefacto. - Pero... ¡Se supone que íbamos a casarnos! Esperé y esperé por ti.

Phoebe se echó a reír. - ¡Oh, Dios mío! ¿Realmente pensaste que hablaba en serio? Mulder... ¡Vamos! ¿Cómo pudiste tomarme en serio? No tengo intenciones de casarme antes de los 30. Pensé que te lo había dicho antes.

Mulder no podía hacer encajar en su cerebro lo que le estaba diciendo. - Pero... ¡el traje! ¡Y el vestido! ¡Y la licencia!

- Oh yeaaah, bueno... tenía que estar absolutamente segura de que realmente me amabas lo suficiente como para casarte conmigo. Y ahora sé que lo haces, querido. De todas formas, pensé que iba a permanecer en Grecia sólo un par de semanas, pero estamos pensando en alquilar una casa para el verano. De cualquier manera, te veré de nuevo en Oxford antes de que comiences tú próximo curso. ¿Cuándo te vas a los Estados? Asegúrate de darle mi amor a tu mamá.

Mulder sintió que una rabia ciega se levantaba en la boca del estómago. - No voy a los Estados Unidos, Phoebe. Querías que cancelara mi boleto, ¿Lo recuerdas? ¿Para que pudiese pasar el verano contigo?

Phoebe soltó una risita. - Oh, es cierto. Lo hiciste, ¿no? Bueno, supongo que puedes comprar otro. Te veré cuando regrese de Grecia, probablemente será en agosto.

Mulder lanzó el teléfono contra la pared, rompiéndolo en pedazos. Y esa fue la última vez que habló con Phoebe. Ella no había mostrado su rostro por Oxford después de eso, nunca regresó. Mulder supo finalmente, a través de amigos mutuos, que ella había conseguido un puesto en Scotland Yard y se había trasladado a Londres.

... 14 de junio de 1986

- Aún no me dices que estás haciendo aquí, Phoebe.

Ella le sonrió. - Estaba en la ciudad, vine a ver a algunos amigos. ¿Cómo no pasar a verte? ¡Imposible!

- Bueno, ya me viste. Ahora ya puedes irte.

- Tú realmente no quieres que me vaya, ¿verdad, Mulder? - Phoebe preguntó sugestivamente.
Mulder la fulminó con la mirada.
Phoebe miró a su alrededor para ver las valijas llenas de Mulder. - ¿Te vas? ¿Adónde vas?

- Me voy a casa.

- ¿A América? ¿Por qué?

- Porque ahí es donde vivo.

Phoebe se mordió el labio inferior. - ¿Te aceptaron en el FBI?

- Por supuesto. - Mulder respondió con sequedad.

Ella se lo quedó mirando fijamente. - Puedo ver que tu arrogancia es tan profunda como siempre.

- Asombrosamente. Supongo que fue una de las pocas cosas que no destrozaste ni doblegaste.

Phoebe se echó a reír. - No seas tan melodramático, cariño.

Mulder la miró con frialdad. - Entonces, ¿cómo te fue en Grecia?

Phoebe inhaló con fuerza y apartó la mirada. - Grecia fue maravilloso. - Luego se volvió para dedicarle una mirada desafiante a Mulder. - Los hombres son divinos. Los hombres griegos son tan apasionados.

Mulder sintió la rabia burbujeando en la superficie. - Felicitaciones por ser la puta más grande de Europa.

Phoebe dio dos pasos decididos hacia adelante y le dio una fuerte bofetada, a continuación, le echó los brazos al cuello y lo besó ferozmente en la boca. Mulder le devolvió el beso y apresuradamente la llevó a la habitación, la ropa fue frenéticamente descartada y arrojada al suelo, antes de que ellos cayeran sobre la cama.
La mañana siguiente, cuando la alarma del reloj despertó a Mulder a las 06:00 a.m, había una nota de Phoebe en su mesita de noche.

“Buena suerte en el FBI. Estoy segura de que vas a resolver todos los problemas de tres pipas. –Phoebe-.”

Mulder arrugó la nota en la mano, la miseria superándolo una vez más.

*****

A las 18:30 horas del sábado 13 de noviembre, la última de las invitadas al baby shower se marchó de la casa de Maggie Scully. Unas 20 personas se habían reunido en el salón de su casa para comer snacks, pasteles, participar de juegos tontos y abrir regalos. Cuando ya no quedaba ningún invitado, Scully ayudó a Jennifer a llevar los regalos al maletero y al asiento de atrás de su coche. Una vez que guardaron todo, Scully hizo una gran ensalada para la cena, y se sentaron alrededor de la mesa de la cocina para hablar y comer.

- Um, mamá, ¿te importa si paso la noche aquí? - Preguntó Scully.

Jennifer la miró fijamente sobre la mesa. Maggie le dedicó a su hija una mirada de sorpresa. - Por supuesto que no me importa. Pero, eh... ¿sucede algo malo, cariño?

Scully levantó la vista de su ensalada. - Por supuesto que no. ¿Por qué sucedería algo malo?

Maggie la miró pensativamente. - Dana, las únicas veces que te quedaste a pasar la noche aquí desde la escuela de medicina, que no implicara Acción de Gracias o Navidad, algo andaba muy mal... ¿Pasó algo malo?

- No mamá. Nada. Simplemente no me siento como para conducir a casa esta noche. Estoy cansada. No pude dormir mucho anoche.

Su cuñada le lanzó una mirada maliciosa, pero Scully se negó a mirarla.
Más tarde, después de que Maggie se había ido a la cama a las 21:00, Scully y Jennifer se sentaron en el sofá.
- No tienes que quedarte sólo porque yo lo hago, Jenn.

Jennifer negó con la cabeza. - A Charlie no le gusta que conduzca de noche. Lo pone nervioso. Me dijo que fuera a casa en la mañana.
Scully asintió, y luego miró sus manos en su regazo.

Ella la miró. - Así que, eh... ¿qué está pasando con Mulder?

Miró a su cuñada. - Nada.

- Entonces, ¿por qué estás aquí y no en casa teniendo sexo ardiente con él? - Le sonrió.

Scully suspiró. - No lo sé. Me asusté esta mañana y escapé. Pero no es como si eso fuera una sorpresa.

- ¿Qué fue eso que te asustó?

- No estoy realmente muy segura. - Respondió. - Sólo... Estaba asustada... supongo.

- ¿De qué tienes miedo? - Preguntó su cuñada con calma.

Scully suspiró. - ¿Todo? Conseguir lo que quiero, no conseguir lo que quiero.

Jennifer sonrió. - ¿Y qué es lo que quieres?

- Ni siquiera lo sé. - Scully respondió con una risa entrecortada. - Creo que no puedo ver el bosque por los árboles.

Jennifer se arrastró sobre el sofá para estar más cerca de Scully, y se apoyó en ella. - Este es un trabajo para Melissa.

Scully se rió con tristeza. - Yeah.

Jennifer lanzó una risita. - ¿Recuerdas cuando estabas saliendo con un chico en la universidad, Brendan? ¿Pero que también te gustaba su amigo?
- Kyle. - Respondió.

Jennifer seguía riendo. - Sí, ese era su nombre. ¿Recuerdas cuando Melissa sacó sus cálculos planetarios y cristales para ayudarte a elegir qué tipo debía gustarte más? ¿Y saliste de la habitación?

Scully se echó a reír.

- Tal vez podrías utilizar algunos cristales en Mulder. - Le dijo divertida. - Recuerdo que la amatista atrae al macho.

Scully soltó una risita. - No creo que atraerlo sea un problema. ¿Hay un cristal que haga lo contrario?

Jennifer se rió con fuerza. - Probablemente. Así que lo que quieres es que él te de un poco de espacio, ¿eh?
Suspiró. - No en realidad no... No es él. Soy yo. No me gusta sentir que estoy perdiendo el control sobre mí misma. Sólo pienso que pasar algún tiempo alejados sería algo bueno en este momento.

- Hmm... A veces es bueno perder cierto control, Dana. De lo contrario, ¿cómo vas a saber realmente lo que es sentirte libre?

- ¿Libre? - Preguntó con escepticismo.

Jennifer asintió. - Yeah. Libre para tener experiencias que nunca tuviste antes, para sentir cosas que nunca te permitiste sentir.

Scully suspiró. - ¿Qué crees que Missy diría sobre lo que hay entre tú y Mulder? - Preguntó su cuñada.

Scully sonrió. - A ella siempre le gustó. Llegó a decirme que estábamos, mmmh... “conectados cósmicamente”.

- ¡Wow! ¿En serio? ... ¿Qué es eso? ¿Algo como el... destino? ¿O algo similar?

- No lo sé, tal vez... - Scully sonrió con nostalgia. - Si ella estuviera aquí... Podría revelarnos y explicar lo que dicen sus cristales.

- Apuesto a que Missy se preguntaría por qué demonios estás sentada en este sofá en lugar de estar “conectando cósmicamente” ahora mismo con Mulder. - Dijo entre risas. Luego suspiró. - ... La echo de menos.

Scully apoyó la cabeza en el hombro de su cuñada. - Yo también.

*****

Mulder se acostó en su cama, con la televisión de fondo, mirando el techo y pensando. No le gustaba la forma en la que Scully se había ido esa mañana. A veces sentía como si dieran dos pasos hacia adelante y luego tres hacia atrás. Scully se abría a él, y luego se cerraba. Y él no sabía cómo enfrentarse a eso.
Phoebe le había jodido la cabeza durante mucho tiempo. Todo era tan entrelazado y confuso, que vivía confundido y sin comprender lo que sucedía. Tras ella, la simplicidad de su relación con Diana fue un alivio. Nada era complicado, era como cualquier otra relación romántica que había visto en las películas o leído en libros. Un cliché, casi. Diana le decía varias veces por día, todos los días, que lo amaba. Pero mirando hacia atrás, hubo pequeñas cosas que ella dijo o hizo que levantó pequeñas banderas rojas de alerta en su mente, a las que él no hizo caso. Y ella terminó dejándolo, también. Y ahora entendía que su relación probablemente había sido una farsa completa.
Así que... ¿qué era realmente lo que esperaba de Scully? No lo sabía. No tenía idea de si las relaciones pasadas de su compañera eran similares a las suyas. No sabía si Scully había sido cerrada con todos los que había estado, o simplemente se comportaba de esa manera con él. Tal vez solamente era así. Pero sus acciones lo dejaban confundido. Podía sentir el amor y el afecto hacia él cuando estaban solos, cuando sus cuerpos se unían, pero en otras ocasiones lo alejaba, lo excluía, dejándolo fuera de ella.
Padgett parecía inclinado a pensar que su compañera estaba enamorada de él, pero fuera de la habitación ella realmente no actuaba como si lo estuviese. ¿Así era ella? Por otra parte, él ni siquiera sabía lo que realmente se sentía al ser amado. A veces se sentía abrumado por emociones fuertes al tener relaciones sexuales con Scully, pero sabía que el sexo y el amor eran dos cosas muy diferentes. No tenía ganas de comprarle joyas a Scully, o vestidos, o enviarle una docena de rosas. Podía imaginar su cara si él hiciese algo así, no creía que esas cosas fueran fácilmente aceptadas.

Mulder comenzó a entrar en pánico, y podía sentir la ansiedad inundando su estómago. ¿Y si ella deseaba esas cosas, pero no lo dice? ¿Y si realmente está enamorada de mí? ¿Quiere que me case con ella? No estoy hecho para ser un marido. ¿Qué pasaría si el próximo intento de IVF se hace realidad? ¿Y si tiene un bebé? ¿Querrá que nos casemos? ¿Vivir juntos y formar una familia? ¿Qué pasaría si soy un padre horrible? ¿Un marido horrible? ¿Qué pasa si llego a casa y encuentro que se fue con mi hijo? ¿Y si terminamos divorciados, como mis padres miserables? ¿O si acepto casarme, pero ella cambia de opinión? ¿Y si decide que no quiere casarse conmigo? ¿Y si me quedo allí esperando y esperando, pero nunca llega? ¿Deberíamos permitirnos incluso eso? ¿Cómo podríamos incluso casarnos? ¿Y si empiezan a espiarnos? Sería demasiado peligroso. El Hombre cáncer podría venir por ella, y llevarla. Oh Dios. ¿Y si venía por el chico? Podría perder a Scully, o al niño. Sería igual que con Samantha, todo comenzaría de nuevo. ¿Cómo podría vivir conmigo mismo?

Pero entonces los pensamientos paranoicos, ansiosos que habían ido atormentando su mente se calmaron. ¿Cuál era el punto de preocuparse por todo eso? Nada de eso probablemente iba a suceder. Se estaba poniendo nervioso por nada. ¿Necesitaba pensar en lo que podría sucederles en años a partir de ahora? Él no solía hacerlo. Siempre vivió en el presente. Tenía que dejar de pensar en cosas que probablemente nunca transpiraría. Esta cosa que tenía con Scully, en la actualidad, era muy muy buena. ¿Por qué estropearlo todo con preocupaciones por algo tan esotérico como el amor y algo tan temporal como el matrimonio?

Mulder se levantó del sofá y fue a buscar sus zapatos. Scully le había dicho que estaría ocupada esa noche, pero supuso que ya estaría en su casa. Necesitaba verla. De repente, alguien llamó a su puerta, miró su reloj; las 23:21. Abrió para encontrarse con Scully vestida de pantalón y chaqueta negra.

- ¡Scully! Pensé que no iba a verte esta noche.

Scully miró nerviosamente a sus pies, y luego sacó el arma de Mulder del bolsillo de su chaqueta. - Uh... yeah, lo sé. Pero me dirigía a casa desde lo de mi madre, y noté que todavía tenía tú arma. Así que pensé pasar por aquí y devolvértela.

Mulder sonrió, tomando el arma y la pistolera de ella. - Me la hubieses dado en otro momento más conveniente. No tendrías que desviarte del camino a estas horas.
- Oh, lo sé... Pero estaba camino a casa, así que no fue un gran problema.

Él se mantuvo sonriendo. - ¿Qu... quieres entrar?

Scully se mordió el labio inferior, luchando contra una sonrisa. - Uh... seguro.

Mulder se hizo a un lado y ella entró al apartamento. Una vez que cerró la puerta, dejó el arma sobre la mesa, se acercó por detrás de Scully, envolviendo sus brazos alrededor de su cintura, y comenzó a abrirle la cremallera de la chaqueta.

- Sabes, Scully... - Le susurró Mulder. - No es necesario que busques excusas para venir aquí.

Scully se sonrojó mientras Mulder bajaba la chaqueta por los hombros y se la quitaba por los brazos, arrojándola sobre la mesa.

A continuación él comenzó a caminar hacia el dormitorio, desabrochando y bajando el cierre de los pantalones de Scully mientras le besaba el cuello. Scully levantó un brazo para pasar sus dedos por el cabello de Mulder. Cuando llegaron a la puerta, Scully la abrió y cruzó el umbral, Mulder deslizó la mano por la parte delantera de los pantalones de su compañera rozando con los dedos sus rizos.

- ¿Qué quieres, Scully? - Le susurró al oído.

- Quiero que me hagas acabar, Mulder.

Luego de su respuesta él cerró la puerta del dormitorio detrás de ellos.

CONTINUARÁ….

Chapter Text

A última hora del martes 16 de noviembre por la tarde, Mulder y Scully se dirigieron de vuelta de Pittsfield, Virginia para cerrar el caso. El lunes por la mañana, se encontraron con Chuck Burks en su oficina del sótano y con su ayuda pudieron darle color a la cinta de vídeo de la sala de pruebas de la policía. Para alivio de Scully, la falta de definición no era un poltergeist real, pero si era una figura sólida que proyectaba una sombra y con la ayuda de Chuck Burks se asoció con el púrpura y el amarillo, los colores tan familiares de la secundaria Adams High School, justo como la chaqueta del equipo universitario Raines que Chastity llevaba. El Novio de Chastity Raines, y el amigo de Tony Reed, Max Harden, hijo del Sheriff Harden fue finalmente encontrado como el verdadero asesino del diputado Ron Foster.

El lunes, también había asesinado a su maestro, el Sr. Babbitt, en medio de la cafetería de la escuela llena de gente sin que nadie realmente hubiera podido verlo. Luego terminó en el hospital con agotamiento y signos de daño extremo a sus tejidos, incluyendo conmociones cerebrales, fracturas de estrés, e incluso artritis. Más tarde ese día también había atacado a su padre después de desaparecer del hospital. Una vez más, la teoría de Mulder demostró ser cierta, explicando cómo Max aparentemente, había sido capaz de aprovechar una capacidad paranormal de super velocidad supuestamente causada por algún tipo de anomalía atmosférica en el interior de una cueva en el bosque fuera de la ciudad. En un giro trágico de los acontecimientos, tanto Max y Chastity fueron encontrados en la cueva de la noche del lunes, víctimas de un aparente asesinato- suicidio. Y, como de costumbre, no hubo pruebas de esta anomalía en realidad fuera encontrada y el equipo Geológico de Estados Unidos no encontró nada fuera de lo normal dentro de la cueva, pero lo llenó con hormigón de todos modos - por precaución.

Una vez que llegaron a Alexandria, ya pasadas las 6:00 pm, se  detuvieron a cenar en Ripley’s en Diamond Street, cerca del río. El bar, situado entre un supermercado y una tienda de ropa, no tenía ventanas o señalización visible desde la calle, así que era perfecto para Mulder. También pensó que era un lugar perfecto para llevar a Scully y ella a su vez pensó que tenían un menú bastante decente para tratarse de un bar.

Una vez que se sentaron en una pequeña cabina de media luna en un rincón oscuro en el fondo, sentados uno junto al otro, Mulder pidió una hamburguesa y papas fritas, mientras que Scully consiguió su cesta de verduras como de costumbre: brócoli frito, coliflor, setas y calabacín con salsa de rábano picante para mojar. Mulder no había estado de buen humor los últimos dos días, y Scully estaba agradecida de que el caso había terminado y Mulder ya no tuviera que recorrer los pasillos de una escuela secundaria junto a adolescentes odiosos.

Después de que habían terminado su comida en un cómodo silencio, ellos se quedaron en la mesa, no tenían prisa por irsen. Pronto un ruido confuso llenó el bar, y otros clientes empezaron a llegar llenando las sillas y mesas del lugar. Mulder se deslizó más cerca de Scully y puso su brazo izquierdo en el asiento detrás de ella. Scully se volvió hacia él y sus ojos se encontraron, mirándola atentamente. Mulder flexiono su brazo y hundió la mano izquierda en su cabello guiándola suavemente hacia él mientras su cabeza se inclinaba hacia su rostro.

- Mulder, ¿qué estás haciendo? - Scully lr pregunto, echándose hacia atrás lejos de él.

Él suspiró. - Scully, vamos...

Ella lo miró fijamente. - Estamos en público, Mulder.

Él todavía estaba mirándola fijamente. - Estamos en un bar poco iluminado. Quiero besarte. ¿Qué es lo peor que podría pasar?

Scully le dio una mirada de incredulidad. - ¿No ves que la barra y las mesas están llenas? ¿Qué hay decenas de personas rodeándonos? ¿No eras tú el que remarcaba lo importante que era para nosotros mantener esto en secreto? ¿Tanto como para no poder siquiera dejar nuestros coches aparcados fuera del apartamento del otro durante las noches con demasiada frecuencia? ¿Lo peligroso que sería si la gente se enterara? Mulder suspiró y movió el brazo hacia abajo desde el puesto detrás de ella. - Está bien.

Un duro y frustrante silencio impregnaba la mesa. Entonces sonó el celular de Scully.

 - Scully.

 - Hola Dana. Es Latoya.

 - Oh, hola Latoya. ¿Cómo estás?

Ella suspiró. - Um, no muy bien. El padre de mi marido murió esta mañana de forma inesperada.

 - ¡Oh, no, lo siento mucho - dijo Scully tristemente.

 - Gracias. Vamos a salir esta noche para Mississippi y no volveremos hasta después de Acción de Gracias.

 - Bueno. ¿Me necesitas para ayudarte en Quántico -? Preguntó Scully. Mulder se volteo para mirarla.

 - Sí, por eso estaba llamando. - respondió Latoya. - Tuve la oportunidad de obtener la mayor parte de mis días cubiertos por el resto de esta semana, pero voy a necesitar algo de cobertura para la próxima semana. La mayoría de los otros patólogos van fuera del estado para las vacaciones, y yo sé que tu familia vive en la zona. O, bueno, a menos que estés planeando ir a San Diego para Acción de Gracias?

 - No no. Me quedaré por aquí. ¿Qué días me necesitas para que te cubra?

 - ¿Podrias cubrir mis clases el lunes y el martes y el miércoles en la oficina?

 - Claro - respondió Scully. - No hay problema.

 - Gracias, Dana. Eres asombrosa. Pero mira, si el agente Mulder te necesita para un caso, no dudes en llamar a George y le dices que no puedes cubrir mis obligaciones. Él lo solucionará.

- Bueno.

 - Gracias de nuevo, Dana - dijo Latoya. - Te debo una.

 - Cuando quieras. Dile a Derek que siento mucho lo de su papá.

 - Él va a apreciar eso. Está costándole un poco. Está bien, bueno, debo ir y terminar de empacar. Te veré cuando regrese. Tal vez podamos salir a comer o algo así.

 - Suena bien - respondió Scully.

 - Está bien, adiós - Latoya concluyó, antes de que Scully colgara el teléfono.

Ella volteo a mirar a Mulder. - Voy a estar trabajando en Quántico por unos días la próxima semana, de lunes a miércoles.

Él asintió con la cabeza.

 - Bueno, a menos que tengamos un caso - añadió Scully.

Mulder volvió a asentir. - Bueno. ¿Estás lista para irnos?

 - Sí - respondió Scully. - Oye, no tienes que conducir todo el camino de regreso a D.C voy a tomar un taxi.

Él la miró ligeramente sorprendido. - No me importa, Scully.

 - Lo sé, Mulder. Pero ya estamos en Alexandria. Yo no voy a hacer conduzcas hasta D.C, y luego te devuelvas hasta tu apartamento. Voy a tomar un taxi, ¿de acuerdo?

Él la miró fijamente. – Bien, vale.

Scully paró un taxi fuera del bar y después de un breve y tenso adiós a Mulder, subió al auto y se dirigió hacia el Bureau para recoger su auto del aparcamiento del FBI. Mientras iba camino a casa, hacia Georgetown, se sintió confundida acerca de lo que había sucedido en el bar, ¿por qué la frustración y la tensión se había deslizado de nuevo en su interacción logrando qué ella y Mulder pasaran una noche separados? Un poco más tarde, después de ducharse y ponerse ropa casual, se dio cuenta de que no quería estar en su apartamento sola. Tomó su chaqueta y su cartera del perchero, se subió al coche, y regresó a Alexandria.

*****

Mulder se sentó en el sofá, preguntándose qué diablos había sucedido en Ripley’s. ¿En qué carajo estaba pensando al tratar de besar a Scully en una habitación llena de gente? Especialmente en un bar que solía frecuentar bastante a menudo, un bar en el que al menos una persona lo reconocería. Al menos Trudy no trabajaba más ahí y habían dejado de poner esa espeluznante música alienígena de fondo cada vez que él pasaba por la puerta. Sin embargo, era probable que aún alguien lo reconociese.

Scully había tenido razón. Acababan de tener esa conversación de nuevo el fin de semana, cuando ella había dejado el coche estacionado frente a su edificio, de lo importante que era tener cuidado de no llamar la atención, y sin embargo, ahí estaba él poniendo su mano en el cabello de Scully, inclinándose para besarla, con ganas de enredar la mano con la suya, con ganas de decirle lo hermosa que era, justo en el medio de un bar lleno de gente. ¿En.qué.carajos.estaba.pensando?

Él no había estado pensando. O, bueno, todo en lo que había estado pensando era: Scully. Por momentos sentía que todavía faltaba algo entre ellos. Esa cosa que había entre los dos era muy buena, y sin embargo, Mulder no podía dejar de pensar que podría ser aún mucho mejor. Pero, ¿cómo exactamente podría llegar a ser? De eso no estaba del todo seguro. Pero sí sabía que su desilusión era palpable, y que se incrementaba su frustración, cada vez que intentaba demostrarle a Scully algo de afecto fuera del dormitorio y era firmemente rechazado.

De repente, alguien llamó a su puerta y Mulder miró el reloj; 20:48 horas. Se levantó y miró por la mirilla, luego suspiró y sonrió para sí mismo antes de abrir la puerta.

 - Hey. - Dijo.

 - Hola. - Scully respondió con un suspiro.

Mulder notó que ella estaba cargaba con un aire de disculpa por su actitud anterior, y en sus ojos se veía el arrepentimiento. - Entonces... ¿qué te trae por aquí?

Scully se encogió de hombros. - Tú.

Él asintió con la cabeza, dedicándole una media sonrisa. A continuación, la vio caminar hacia él levantando los brazos ligeramente para envolverlos alrededor de su cintura, abrazando su cuerpo contra el de ella.

Lo miró a la cara. - ¿Todavía quieres besarme?

Mulder sonrió. - Siempre.

Inclinó la cabeza hacia abajo, envolviendo sus brazos alrededor de los hombros de Scully mientras ella se elevaba poniéndose en puntas de pie, apretando sus labios contra los de su compañera, besándola suavemente. No mucho tiempo después, estaban en la cama besándose apasionadamente, la ropa formando una pila en el suelo del dormitorio. Mulder se puso de rodillas, separando sus piernas, y arrastró a Scully hacia abajo, hacia su cuerpo, hasta lograr que ella envolviera con sus piernas sus caderas mientras estaba acostada sobre su espalda. Luego tomó la base de su miembro duro y frotó la cabeza llena de sangre arriba y abajo sobre su sexo húmedo, rodeando su clítoris hinchado. Ella se retorció contra él, jadeando.

 - Deja de joder conmigo, Mulder.

Él le sonrió. - No estoy jodiéndote. Sólo estoy haciendo un precalentamiento.

 -Ya estoy bastante caliente. Es más, estoy sobrecalentada.

Mulder se rió. Mientras deslizaba su erección entre sus húmedos pliegues brillantes, pinchando su entrada, el teléfono sonó.

 - No te atrevas a contestar. - Scully le advirtió.

Dudó. - Podría ser importante. Puede ser un caso.

Scully lo fulminó con la mirada, pero Mulder se acercó a la mesa de noche y pulsó el altavoz en la base del inalámbrico.

 - Hola. - Dijo, sonriendo hacia su fría mirada.

 - Hola, Fox. Es Maggie.

Mulder y Scully se miraron fijamente, con los ojos muy abiertos. La vio cubrirse la cara con las manos, sacudiendo la cabeza en negación. Él le sonrió bajando la cara hacia ella.

 - Uh... hola señora Scully. ¿A qué debo este placer? - Mientras decía estas palabras, empujó su sexo duro dentro de Scully, quedándose quieto dentro de ella.

Los ojos de Scully se abrieron en estado de shock y se quedó sin aliento, antes de cubrirse la boca con una mano. Mulder se llevó el dedo índice a la boca, dándole una mirada de advertencia falsa, indicándole que guardara silencio. Scully negó con la cabeza hacia él, empujando su mano con fuerza lejos de ella, y articulando en silencio con la boca: “Voy a matarte”. Sus ojos destellando hacia ella.

 - Me preguntaba si te gustaría venir para la cena de Acción de Gracias. - Dijo la señora Scully. - Me imaginé pasarías las vacaciones con tú familia, pero Jennifer sugirió que te invitase por las dudas.

Mulder observó divertido como Scully se cubría la cara con la mano, rodando los ojos y negando con la cabeza.

 - Uh, bueno... señora Scully, había estado pensando en ir a Connecticut para Acción de Gracias, pero esos planes no eran algo seguro. - Mulder respondió deslizando lentamente su sexo fuera de Scully hasta que sólo la cabeza llena de sangre quedó en su interior, y a continuación, la empujó con fuerza, entrando completamente en su cuerpo. Scully lo miró una vez más en estado de shock, golpeándolo con sus manos, pero él la tomó por los brazos llevándolos sobre su cabeza, sosteniéndola firmemente por sus muñecas con la mano izquierda mientras se cernía sobre ella. Scully luchó para liberarse, pero fue inútil.

 - ¿Está todo bien, Fox? - Preguntó Maggie.

Mulder sonrió con superioridad hacia Scully. - Si, estoy bien, señora Scully. Tengo, eh... sólo es que tengo puesto el altavoz del teléfono, ya que estoy con las manos ocupadas en este momento.

Scully le arrojó dagas con la mirada. Mulder, todavía con las muñecas de su compañera fuertemente agarradas con su mano izquierda, llevó su mano derecha hacia abajo para frotar su clítoris, provocando que Scully jadeara frunciendo los labios, sus rasgos faciales se contorsionaran y sus ojos se cerraran bruscamente.

 - Ok, realmente nos gustaría tenerte aquí para la cena de Acción de Gracias. - Respondió Maggie. - Especialmente a Charlie. Dijo que necesitaba otro hombre urgentemente en la casa.

Mulder se rió entre dientes, sin dejar de empujar lentamente dentro y fuera del sexo húmedo de Scully, rodeando su clítoris con los dedos. - Si, estoy seguro. Bueno, si no termino yendo a Connecticut, señora Scully, definitivamente voy a tomar su oferta.

 - Ok, genial. - Dijo Maggie. - Dile a Dana si decides venir o no, y ella me lo hará saber.

Mulder miró los ojos de Scully abriéndose para mirarlo, y él le sonrió. - Bueno, definitivamente voy a decirle a Dana si “me voy”, señora Scully. (En Ingles hay un juego de palabras con “I’m coming” que significa llegar al orgasmo)

Ella lo miró, entrecerrando los ojos y negando con la cabeza. Mulder presionó más duro sobre su clítoris, causando que ella jadeara nuevamente y se mordiera el labio inferior.

 - Bien - Respondió Maggie. - Espero que tengas una buena noche.

 - Oh, lo haré. Lo mismo para usted. - Mulder se acercó a la base del teléfono inalámbrico y cortó.

 - ¡Tú eres un hombre enfermo! - Scully exclamó, medio riendo, mientras él le soltaba las muñecas, y ella comenzaba a abofetearlo.

Mulder estaba riendo. Volvió a tomarla por las muñecas manteniéndolas apretadas con su mano izquierda, por encima de su cabeza, se cirnió sobre ella, sus labios a pulgadas de los suyos, y mirándola intensamente a los ojos. - Tu sabes que amas eso.

Scully estaba respirando con dificultad, su pecho agitado limitado por el de Mulder. Él deslizó su mano derecha entre ellos y reanudó las caricias en su clítoris hinchado mientras empujaba su miembro duro de nuevo entre las húmedas y estrechas paredes de su sexo hasta que ella comenzó a gemir debajo de él, sus músculos apretándolo mientras el sonido de su nombre en sus labios lo llevaban al orgasmo, y sintió el éxtasis de llenarla su semilla caliente.

*****

El domingo 21 de noviembre Mulder estaba sentado en el sofá de Scully viendo el juego de fútbol, los New York Giants se enfrentaban a los Washington Redskins. Ella estaba ocupada con las tareas de la casa. Su madre la había llamado temprano para pedirle prestada su gran olla eléctrica para la cena de Acción de Gracias, así que Scully tomó una silla de la cocina y la llevó al pasillo. Abrió la puerta del armario, y movió la silla al interior del armario. Se puso de puntillas para llegar a la olla que estaba en el estante superior.

Mulder caminó por el pasillo parándose junto a ella. - Scully, ¿por qué no me pediste ayuda?

 - Porque puedo hacerlo yo misma. - Respondió ella, mientras tomaba una de las asas de la olla.

 - Si claro, pero hubiera sido mucho más fácil si solo me pedías ayuda. Déjame bajarla por ti.

Scully suspiró. - Mulder, ya la tengo. No necesito que cuides de mí.

Él la miró fijamente, sacudiendo la cabeza. - ¡Wow! Muy bien, entonces.

Cuando comenzó a tirar de la olla eléctrica fuera del estante, algunas bolsas cayeron al suelo. Fuera de una pequeña bolsa de regalo blanca y plateada cayó un vibrador de color fucsia. Mulder y Scully se quedaron estáticos, mirándolo. Ella frunció sus labios, su cara se enrojeció. Él se agachó y lo recogió. De unas seis pulgadas de largo y alrededor de una pulgada y media de ancho. Estaba aún en su embalaje original y nunca se había abierto.

Él la miró, todavía estaba de pie en la silla, mirando hacia él con los ojos muy abiertos.

 - Scully, ¿por qué...

 - Mulder, yo no lo compré. - Lo interrumpió, hablando rápido. - Fue un regalo en broma. Una amiga de Quántico se casó hace un par de años, y fui a su despedida de soltera. Y, eh, me dieron... eso... que... en la bolsa de regalo como souvenir. No lo compré yo, Mulder.

Él asintió con la cabeza, sonriéndole. - Eso no es lo que iba a preguntar. ¿Por qué no lo usaste?

Abrió la boca para responder, pero luego la cerró, con el rostro poniéndosele aún más rojo. Mulder la miraba expectante. - Yo, uh, supongo que simplemente no me atrae. Esas cosas...... sólo parecen como pobres sustitutos de la cosa real. No tengo ganas ni inclinación de usarlo.

 

Mulder asintió con la cabeza, crispando la boca ligeramente. Se agachó para recoger la bolsa de regalo, poniendo el vibrador dentro, junto con las otras bolsas que habían caído, y se las entregó a Scully. Ella se giró para poner las bolsas en el estante. Él se preguntó por qué molestarse siquiera en guardarlo, si estaba tan en contra de usarlo. Una idea flotó brevemente en su mente. Se acercó más a ella, sintiendo como se tensaba al notarlo tan cerca, y extendió la mano para bajar la olla por ella. Luego la llevó a la cocina, poniéndola sobre la mesa antes de regresar a la sala a ver el partido, dejando una avergonzada Scully de pie en la silla mirándolo detrás.

La tarde del miércoles 24 de noviembre, Scully estaba sentada en la oficina del Departamento de Patología de Quántico (Quantico Pathology Department), trabajando en su laptop cuando el icono de AOL Instant Messenger emitió una señal sonora y titiló desde la esquina inferior derecha de la pantalla. Suspiró. Mulder debía estar aburrido de nuevo. Entusiasmado, había instalado el sistema de mensajería instantánea en su laptop la noche del sábado, y durante los últimos dos días volvía de dar clases solo para leer los diversos mensajes que había enviado sobre algo que había leído en un X- File o alguna idea al azar o teoría de la que deseaba hablar.

Abrió el mensaje.

[Hey, Scully, ¿qué llevas puesto?]

Ella rodó los ojos, y comenzó a escribir.

[Una bata blanca de laboratorio, Mulder. Estoy ocupada, y estoy segura de que hay otras cosas que deberías estar haciendo.]

Él sonrió ante su respuesta.

[Vamos, Scully. Todo el trabajo y nada de juego hace del sótano algo aburrido. Tu sabes eso. De todas formas, estoy siempre dispuesto para abusar de los recursos del FBI.]

Ella se rió entre dientes.

[¿Entonces, qué más hay de nuevo? Al igual que la semana pasada cuando estabas revisando en ese sitio en la computadora de la oficina. Esperé hasta que el departamento de IT lo agarrara. Tú estabas ahí.

Mulder, si hay algo de lo que realmente quieres hablar conmigo, llámame por teléfono. No veo la necesidad de jugar. Realmente, estoy ocupada.]

Mulder rodó los ojos.

[Scully, yo no estaba mirando ese sitio. Llegó a mi correo electrónico y accidentalmente lo abrí en lugar de eliminarlo. ¿Sabes quién me envía esos mensajes de correo? Los chicos del departamento de IT.

Pero ya sabes cómo los hombres aman sus juguetes, Scully. ¿Eso no es divertido?]

Ella suspiró.

[Pero, ¿por qué tenemos que jugar con juguetes, Mulder? ¿Qué hay de bueno en el chat a través de u