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Hairy Magic

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Algo se sentía distinto en el aire de la Estación de Hogsmeade una vez que Scott hubo puesto sus pies en el suelo de piedra, bajando del vagón del tren en el que había estado encerrado junto con su mejor amigo por casi ocho horas. Respiró profundo, llenando sus pulmones del aire fresco de septiembre de Escocia y asintió como para sí mismo. Había algo distinto, algo novedoso. Este año no sería igual a los anteriores, supuso, y eso era extraordinario, porque no podía imaginar algo que fuese a ser mejor que las sorpresas de los años anteriores.

Si no fuese por su vitalidad adquirida, habría soltado un jadeo o una queja al violento embiste que le dio su mejor amigo pasando un brazo por sobre su hombro y palmeando su pecho. Solo se habían perdido de vista dos minutos mientras que Stiles, siempre haciendo todo a última hora, corría a ponerse su uniforme al baño.

—Scott, amigo mío ¡no mires hacia atrás! ¡no lo hagas! —pero la advertencia fue inútil, él ya estaba mirando y un gemido trepó por su garganta mientras sentía su rostro poner una expresión desolada. Solo la mano de Stiles en su barbilla consiguió que dejase de mirar, sintiendo el peso del mundo en sus hombros— ¡te dije que no miraras! ¿por qué te haces daño a ti mismo?

Era una buena pregunta en verdad. Scott no necesitaba mirar lo felices que se veían Isaac Lahey y Allison Argent besándose a unos metros de él. Allison Argent que era su ex, por cierto. La única razón por la que no la había distinguido cuando había tomado el aroma de la estación era porque al parecer había cambiado su perfume. Ahora lo notaba. Olía bien. Ella siempre olía bien.

Otro gemido comenzó a subir pero Stiles chasqueó la lengua y le sacudió un poco, alejándose de los otros alumnos, claramente queriendo distraerlo. Un amigo en verdad.

—No, no, no. Este es nuestro sexto año. No hay TIMOs, no hay EXTASIS, tampoco hay novias ¡solo oportunidades! ¡muchas, muchas oportunidades y Quidditch y un montón de whiskey de fuego! ¿Me escuchaste Scotty? —fue obligado a mirar los ojos avellana de su mejor amigo, suspirando y asintiendo un poco.

—Eso suena bien pero… recuerda que ya no puedo emborracharme —le mencionó, como si fuese necesario rememorar el hecho de que Scott ya no era completamente humano. Lo cual Stiles pensaba que podía ser el motivo por el cual Allison había terminado con él, pero Scott no lo creía.

Lo suyo no había durado demasiado, era verdad. Una declaración en navidad, un San Valentín pasado en la tetería de Madame Tudepié y antes de dar los TIMOs todo se había terminado, sin que Scott comprendiese del todo de la razón. Ya había sido suficientemente difícil tener que pasar por los exámenes sin ella, como para que ahora tuviese que verla y, Merlín, escucharla besándose con ese Hufflepuff afortunado. Scott no creía que fuese a causa de su problema “peludo”, como lo llamaba Stiles, no desde que su condición ya no era un pecado en la sociedad mágica actual gracias a la existencia de los Hales.

¿Acaso no había quedado suficientemente claro ya? Scott era un hombre lobo.

—Encontraremos la forma de emborracharte, amigo. No me he rendido, te lo aseguro —porque Stiles llevaba todo el verano intentando eso y no se iba a detener, Scott estaba seguro.

No pudo evitar darle una mirada cariñosamente exasperada a su mejor amigo cuando una voz le llegó, haciéndole medio sonreír. Hablando de los Hales.

—¡Hey, Scott, Stiles!

Aún con el brazo de su amigo por sobre los hombros, Scott se giró para ver venir hacia ellos a la menor de los Hale, Cora, quien traía de la muñeca casi arrastrando a una preciosa chica de rasgos asiáticos con los ojos tan grandes como un Kneazle asustado, mirando mucho más al suelo que a ellos, probablemente cohibida. Sintió un ramalazo de piedad por ella, sin embargo Stiles nunca había sido de los considerados emocionalmente.

—¡Hey Cora! ¿qué tal el verano? ¿Y quién es tu guapa amiga, por qué no la conocía? Tendría seguro que tenía catalogadas a todas las chicas en la “Escala de Belleza de Hogwarts“ donde Lydia Martin es un 10 y Erica Reyes un 1, y tu amiga no está allí —hubo dos gruñidos cuando terminó de decir eso, Stiles parpadeando entre su mejor amigo y Cora y levantando las manos como rindiéndose con una sonrisa—. Tranquilos, solo es una broma… Erica es un 1 solo porque respeto mucho a Boyd… y porque ella me da mucho miedo.

—Muere solo, Stiles —gruñó exasperada la Hale sacudiendo su cabello oscuro, pero Scott podía oler algo de diversión en ella por las tonterías de Stiles, antes de que Cora le mirase a él pasando a ignorar a su amigo—. Scott, te presento a Kira Yukimura. Nuestras madres son amigas y sus padres van a hacer clases en el colegio este año, así que viene llegando de Corea. Le prometí presentarle gente y me pareces decente. Tú no —complementó arrugando la nariz mirando a Stiles, quien simuló dolor llevando una mano a su pecho.

—Mucho gusto, Kira —le sonrió Scott a la chica, quien parecía algo confundida por la discusión de Stiles con Cora (“Oh, deberías aceptar un día que me amas, Cora”, “Te aseguro que encantada te daría de comer al Calamar Gigante, Stiles”), pero sin embargo le miró y le sonrió débilmente—. Seguro que el cambio será un poco brusco, pero si necesitas ayuda no temas en preguntarnos. Bienvenida—como la chica solo sonrió de nuevo pero no dijo nada, Scott miró un momento a Cora antes de mirar a la asiática nuevamente—. ¿No hablas inglés? No sé nada de coreano, yo…

—¡Oh, no! —exclamó la joven con una voz encantadora y apenas un ligero toque de desesperación en ella—. Hablo muy bien inglés, de hecho soy nacida en Inglaterra, aunque mi mamá es japonesa y mi papá coreano. Lo siento, yo solo… no sabía que decir…

Scott estaba a punto de decirle que no había ningún problema cuando un gruñido les interrumpió. Kira saltó un poco en su lugar, sin embargo los otros tres ya estaban suspirando al notar a la persona que se acercaba a ellos con ojos enojados y expresión de malhumor. La túnica oscura ondeaba tras él, dejando ver el jersey rojo oscuro, así como los jeans muggles y las botas de cuero complementando el look de motociclista que la barba de tres días le daba, lo que tenía a la mitad del cuerpo estudiantil suspirando en las clases de Transformaciones. No solo las chicas, de hecho.

—Hey, Derek. ¿Viniste a recoger a tu hermanita pequeña para evitar que algún lobo adolescente hormonado se la lleve a lo oscuro del bosque o solo viniste a recordar viejos tiempos con el tren? —la sonrisa descarada de Stiles hizo bufar a Scott, porque ya no era una novedad eso de comenzar el año de clases castigado por culpa de su mejor amigo. Era cotidianidad.

—Es “profesor Hale” para ti, Stiles —gruñó el mayor cruzando los brazos donde llevaba la túnica arremangada, haciendo lucir aún más sus antebrazos musculosos—. Ahora lárguense, no llamaré un carro desde la escuela solo porque se quedaron cacareando en la estación. Si pierden los dos últimos se irán caminando.

—No es que vaya a ser la primera vez —retó Stiles mientras Scott gemía y se llevaba una mano al rostro. Lo peor era que era cierto.

Mué-ve-te —gruñó más bajo aún el profesor de Transformaciones y había algo animal allí, algo peligroso.

¿Por qué? Ah, porque por supuesto que Derek Hale, así como toda su familia, era un hombre lobo también. Y no solo eso, eran la manada de Scott.

—Ya nos vamos, Derek, solo ignóralo —se disculpó Scott cogiendo del codo a su amigo que había soltado un chillido bastante poco viril queriendo decir algo como “No le tengo miedo a tus gruñidos, Crup” pero Scott había cubierto su boca previniendo los puntos que el profesor iba a tener que restarles.

Y aún ni siquiera llegaban a la Cena de Bienvenida, Merlín.

—Deja de gruñir, Derek. ¿Qué clase de imagen le estamos dando a Kira? —la queja de Cora fue escuchada por todos los presentes, Scott dándole una mirada de disculpa y Derek dejando de fruncir tanto el ceño, mientras Stiles se dejaba llevar hasta uno de los carros por su mejor amigo sin pelear más—. Subámonos a un carro antes de que nos dejen atrás con los idiotas, Kira.

Scott vio la tenue sonrisa de la chica mientras se perdían en uno de los carros que partió apenas cerraron las puertas, mientras él soltaba a Stiles que se adelantaba para sacar una manzana de su bolsillo y reír y hacer monerías al aire frente al carro. Bueno, Scott solo veía el aire. Él sabía que Stiles veía Therstrals. Aprovechó el momento para mirar a Derek y encogerse de hombros.

—Lo siento —murmuró inaudible para un oído humano, pero el profesor solo rodó los ojos, más calmado al parecer. Su hermano de manada tenía un humor explosivo, sin embargo con Stiles siempre había tenido más paciencia que con cualquiera. Scott lo agradecía.

—Solo súbanse al maldito carro antes de que nos salgan raíces aquí. Stiles, deja de jugar —gruñó, mientras el Gryffindor levantaba la mirada y fruncía su propio ceño.

Sourwolf —intentó gruñir el humano, pero solo saliendo un sonido bastante encantador que hizo reír a Scott mientras abrían la puerta del carro, golpéandole una oleada de aroma a excitación bastante desagradable—. Oh, Merlín —gimió Stiles desde atrás suyo al ver a la pareja de oro que se comía a besos en el interior. Lydia Martin, la Ravenclaw con la que había estado encaprichado toda su estancia en Hogwarts, con Jackson Whittemore, la estrella del equipo de Quidditch de Slytherin.

Scott pensó en retroceder, ahorrarle ese mal rato a su mejor amigo. No necesitaban ir en ese carro, podían caminar. Sin embargo sintió como Stiles le empujaba tirándole hacia el interior, llamando la atención de la pareja, y ya iba a quejarse cuando su amigo se quejó antes por el empujón que al parecer había recibido de Derek para entrar.

—Solo lárguense —gruñó Derek golpeando la puerta al cerrarla, pero Scott pudo percibir cierta maléfica complacencia en él, antes de que el carro se pusiese en movimiento.

Parte de él se aliviaba de no haber tenido que elegir la opción de caminar. Su estómago ya gruñía de hambre y con el paso humano de Stiles hubiesen tardado más de una hora en llegar y se habrían perdido del todo la cena.

—¡Hola, Lydia! Que suerte que nos toque ir en el mismo carro, ¿no crees? —dijo Stiles con una sonrisa mientras se sentaba por fin, simulando que no veía a Jackson quien se había separado de su novia con expresión de desagrado por la compañía, mientras la Ravenclaw sacaba un espejito y comenzaba a retocarse el maquillaje, ignorando completamente a Stiles y Scott—. Si, buena charla.

Jackson sonrió con mala intención mientras Lydia pasaba su cabello por sobre su hombro, mirando por la ventana como distraída, el carro sacudiéndose a la medida que avanzaba por el camino hacia el Castillo. Scott podía sentir cierta desolación desde su amigo, apretando su rodilla disimuladamente, mientras miraba serio a Jackson. Ambos se conocían bien, llevaban años enfrentándose en el campo de Quidditch, ambos siendo cazadores con la responsabilidad de marcar tantos para su equipo. La diferencia era que mientras Jackson había sido la estrella indiscutible del equipo de Slytherin desde tercer año, Scott nunca destacó. No al menos hasta el año anterior.

No hasta esa mordida infame.

¿Era un poco hacer trampa? Quizás. Aunque también debería ser considerado trampa el tener un golpeador con sangre troll y uno de los de Slytherin definitivamente la tenía, al menos según la opinión de Stiles y del profesor Harris, de Pociones. Pobre Vernon Boyd.

—Si este era el último carro ¿cómo regresará Derek al castillo? —preguntó de pronto Stiles, sacando a Scott de sus pensamientos sobre Quidditch y de las ansias de que ese año le eligieran capitán nuevamente.

—¿Apareciéndose? —preguntó encogiéndose de hombros. En verdad no le importaba demasiado.

—Es imposible aparecerse en los terrenos de Hogwarts, memo —Lydia solo rodó los ojos con teatralidad, haciendo que los tres magos la mirasen interesados, Stiles sonriendo brillantemente como cada vez que ella dejaba de simular que no existía en su realidad. Al notar el exceso de atención, la pelirroja comenzó a jugar con su cabello, volviendo a mirar hacia afuera—… creo que lo leí por ahí.

—¡Probablemente en “Hogwarts: Una historia”! Ese libro es genial, debería ser lectura obligatoria —determinó emocionado Stiles, viendo la mueca de Scott y dándole con un dedo en el costado— ¡Es cierto! Tiene un montón de datos interesantes. ¿Acaso nunca te has preguntado porque hay cuatro casas? ¿O porque se mueven las escaleras? Seguramente te has preguntado porque el gramófono de la profesora Martin funciona y tu discman no…

—Las respuestas son sencillas —se cruzó de brazos burlón el Slytherin elevando una ceja—: estamos separados en casas porque si no nos mataríamos los unos a los otros; las escaleras se mueven para hacernos llegar tarde a clases; y lo otro, porque las cosas muggles son una mierda —dijo orgulloso de su ignorancia mientras Lydia a su lado apretaba los labios en silenciosa censura. Scott podía oler la desaprobación de la chica, pero se notaba que no iba a corregir a su novio, aunque seguramente ella supiese todas las respuestas correctas.

El carraspeo de Stiles lo distrajo, haciendo que mirase a su mejor amigo el que tenía una sonrisa presuntuosa y los ojos con juguetona maldad. “Aquí vamos” pensó Scott, resignado mirando al techo del carro, esperando que llegasen pronto antes de que tuviese que separar a esos dos de una pelea muggle a puñetazos.

—¿Te das cuenta, querido Jackie-boy, que acabas de reconocer que sabes lo que un discman es? —preguntó con más maldad de la que un Gryffindor debería hacer alarde.

Lydia observó con estudiada indiferencia sus uñas perfectamente esmaltadas, mientras el color subía por las cinceladas mejillas del Slytherin notando que su conocimiento acerca del objeto le podría hacer caer en esa desagradable categoría de fanáticos de cosas muggles. Antes de que pudiese expresar su asco, la brusca sacudida del carro indicó que llegaron a su destino, abriéndose las puertas para que los ocupantes pudiesen descender.

Scott no hizo ni dijo nada para opacar la sonrisa triunfante de su mejor amigo, sin embargo sabía que las burlas de Jackson solían ser más por logros o por dinero que por el estatus de sangre, incluso su mejor amigo siendo un Ravenclaw mestizo, sin embargo no se involucró, sabiendo que esa pequeña victoria iba más por el hecho de que el Slytherin consiguió a la chica por la que Stiles siempre había suspirado que por otra cosa.

Jackson ya había bajado y estaba ayudando a Lydia, cuando miró a los otros dos y chasqueó la lengua, llamando su atención.

—Solo para el registro, lo más seguro es que Hale se transformase a su versión peluda y corriese todo el camino hasta el castillo. Seguro es mucho más rápido como chucho que uno de estos carros—había una sonrisa burlona en su rostro—. Pero si no llega pronto no se preocupen por su profesor favorito, seguramente se topó con alguna perra en celo y se quede atrás para un rapidín.

—¡Jackson! Eso es asqueroso, eww —se quejó Lydia empujando su hombro antes de caminar rápidamente hacia las escaleras del castillo, aún llenas de alumnos que ya habiendo bajado de los carros se saludaban y entraban con lentitud exasperante para los profesores y prefectos que intentaban imponer orden.

Jackson solo les dio una última sonrisa burlona, antes de apresurarse con pasos largos para alcanzar a su novia.

Scott se quedó dónde estaba, aún sentado en el carro, con el pecho rezumando rabia y los colmillos creciéndole en la boca. Probablemente sus ojos estaban cambiando también, pero se pudo contener de no correr hasta Jackson y hacerle tragar cada palabra sobre su hermano de manada solo porque Stiles tenía su mano en su muñeca.

A su lado su humano amigo no estaba mucho mejor. Scott podía ver sus ojos brillando en ira y el aroma a enojo y deseos homicidas no se alejaban demasiado a los propios del lobo. Sin embargo ninguno dijo nada, del secreto dependía que pudiera seguir jugando Quidditch, al final.

Porque era verdad que la sociedad mágica comprendía y apoyaba mucho más que antes a los licántropos, tanto de nacimiento como de mordida, y también que Hogwarts ya no les vetaba la entrada a ninguno; sin embargo, excepto para los Hale (los que todos son hombres lobos reconocidos), en general los estudiantes de Hogwarts guardaban su condición en secreto por discreción. Para evitar las miradas y los dedos apuntando. Los profesores lo sabían, pero solo uno elegía que alumnos se enteraban, porque la responsabilidad del secreto era propia.

Scott solo se lo había confesado a Stiles, prácticamente porque no había nada que pudiese ocultarle a su amigo, y el año anterior a Allison, quien lo había tomado mucho mejor de lo que podría haber esperado… al menos hasta que había roto con él.

—Vamos, hermano. Estoy muriendo de hambre. Olvídate de ese idiota. Otro licanfóbico. ¿Por qué no me sorprende? —se quejó Stiles dándole un empujoncito amistoso, para que ambos se bajasen del carro de una vez, la mayoría de los alumnos ya habiendo entrado al castillo.

Scott se calmó un poco y tomó una bocanada de aire, justamente como lo había hecho cuando había bajado del tren. El aroma familiar a Hogwarts, piedra antigua y magia, le recibió como si esa fuese su casa. Y era porque en parte era así. Las emociones de los alumnos se podían sentir en el aire, añoranza al hogar dejado atrás, pero también expectativa y ansias por lo que ocurriría en ese nuevo año. Sexto ya. Solo uno y sería todo. Scott sentía que dejaría una parte de él allí en Hogwarts una vez se marchase y en parte pensaba en cuan bueno sería si pudiese quedarse, así como su madre era la enfermera del colegio, quizás él pudiese quedarse también. Nunca decir adiós.

Pero no sería lo mismo, y lo sabía. Ese era el sexto año y no tendría otro sexto año. A menos que reprobase, por culpa de perder clases con Stiles. Y, como cada año, esa posibilidad era preocupantemente alta. Pero ya verían eso más adelante, cuando le tocase.

—¿Sabes qué es lo peor? —preguntó Stiles mientras Scott pasaba un brazo por sobre sus hombros esta vez, subiendo las escaleras a saltitos coordinados, igual como desde que tenían 11 años, entrando al Hall—. Que fuera de eso del “rapidín”, probablemente el idiota de Jackass tuviese razón. A cuatro patas los de tu tipo son mucho más rápidos.

El gesto con la cabeza de Stiles hizo que Scott mirase en la dirección que le estaba apuntando para ver la burlona ceja enarcada de Derek Hale apoyado a un costado de las puertas del Gran Comedor, como si llevase toda la noche ahí. Scott solo pudo sonreír de medio lado.

Ser un hombre lobo definitivamente tenía muchos beneficios.

 


 

NOX

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De acuerdo, entonces… quizás pensar que conocer a ese chico guapo de sonrisa bonita había valido el cambio de escuela y país, a lo mejor había sido una reacción apresurada. No era que fuese malo, pero quizás debía esperar un poco más antes de saber si todo eso le gustaba. Su kitsune interior estaba revoloteando angustiado, aumentando la torpeza innata de Kira y eso no servía para dar una primera impresión adecuada.

Había estado alterada desde que pisó la estación 9 ¾ de Kings Cross con sus padres esa mañana y aún no podía calmar a su kitsune. No al menos hasta que Cora le había presentado a Scott (y Stiles), el mismo chico por el que su corazón se había saltado un latido cuando le había visto en uno de los compartimientos del tren en un momento que paseó para estirar las piernas.

No sabía porque no pudo quitarle los ojos de encima ni en ese momento ni luego al estar en la Estación de Hogsmeade. Simplemente no pudo evitar jalar la manga de la túnica de la hija de la amiga de su madre y preguntarle por él. Nunca esperó que Cora le llevase todo el camino hasta el chico para conocerle. Producto de eso se había perdido el paseo por el Lago en bote, pero ella consideraba que así estaba mejor. Sería un poco vergonzoso pasear en un bote rodeada de niños de once años, teniendo ella dieciséis, aun cuando sus padres insistiesen en que tuviese la “experiencia completa”.

La verdad era que, allí de pie afuera del Gran Comedor esperando a que llegasen los niños de primero para poder entrar, Kira aún no comprendía del todo el motivo de ese traslado. Sus dos padres habían sido profesores en su escuela de magia en Corea, a pesar de que ambos se habían conocido en Inglaterra y Kira nació en Londres, por lo cual había tenido derecho a pertenecer a Hogwarts. Su madre había comentado en cierta ocasión que lo mejor para ella era estudiar en Asia, donde los derechos de las criaturas mágicas como ella (una Kitsune) eran más respetados que en Occidente. Sin embargo algo había cambiado en esos años en el mundo mágico de Gran Bretaña, así que allí estaban.

Ese verano había conocido a los Hale, una conocida familia de licántropos sangre pura, por curioso que eso fuese. A pesar de tener por derecho propio un asiento en el Wizengamot, ningún Hale se había sentado allí por doscientos años, al menos hasta que Talia Hale llegó a cambiar todo.

Licántropa de nacimiento, también su esposo, del mismo modo que sus tres hijos llegaron a serlo. Con más dinero que la mayoría de las familias sangre puras actuales, inteligente y poderosa, Talia Hale reveló al mundo mágico que los licántropos ya no tenían por qué ser un peligro para la sociedad. La poción matalobos, creada hacia años, había sido modificada para que el cambio fuese indoloro por completo, pero lo más impresionante fue cuando la mujer explicó al Wizengamot en pleno que el cambio, con práctica y meditación, era capaz de evitarse por completo, así como también conseguir una transformación parcial, sin importar el momento del ciclo lunar en que se estuviese. La poción solo sería necesaria entonces para los recién transformados.

Al comienzo Talia no fue escuchada, o al menos eso leyó Kira en los documentos que su padre le había proporcionado para que se pusiese al día en la actualidad de Gran Bretaña. Sin embargo, con los años y los aliados adecuados tanto en el ministerio mágico como en los medios de prensa, Talia fue finalmente tomada en serio y se redactaron nuevas leyes tanto para los licántropos como para otros seres mágicos aliados y parte de la sociedad mágica. Entre ellos, el poder, responsabilidad y tutela de los Alfas o Jefes de Clan sobre todos los betas de él, y aquellos mordidos por sus betas. Esto, le explicó su madre, era un poco lo que se tenía en Oriente, como los seres mágicos se regían por sus propias normas particulares dentro de su grupo, pero se regían por las normas generales con el resto de la sociedad mágica.

Kira no creía haber comprendido ni la mitad, pero suponía que con el tiempo lo haría, cuando fuese necesario. Por el momento, solo deseaba poder entrar pronto al Gran Comedor, porque a pesar de los bocadillos que había comprado del carrito del tren junto con Cora, moría de hambre. Quizás era el estrés. Ojalá hubiese un poco de pizza.

No quería seguir pensando en hombres lobos, clanes ni en la mirada un poco (bastante) aterradora de Derek Hale al regañarles. Solo quizás podría distraerse un poco con los ojos cálidos de cachorro del tal Scott. Si, en eso podría pensar.

—¡Yukimura! ¿Se puede saber dónde rayos estabas? ¡Casi tengo un infarto cuando creí que el Calamar Gigante te había devorado! Después los chicos me dijeron que no habían visto a nadie mayor desde el comienzo… ¡pero ese no es el punto! —la voz fuerte de ese hombre (¿profesor?) sobresaltó a Kira de sus pensamientos, viendo al grupo de niños de once años que le seguía casi al trote, con miradas entre fascinadas y curiosas en sus rostros, mirando alrededor y a ella.

Cuando el profesor llegó a su lado, Kira solo pudo tragar saliva. Aún no era seleccionada para una casa y ya estaba siendo regañada por segunda vez. Ugh.

—L-lo siento, profesor. Yo me subí a uno de los carros y…

No. Me. Importa. Vete al final de los enanos, para poder entrar de una vez, estoy famélico, por Morgana —la ignoró el profesor dejándola pasmada antes de caminar hasta el final de la fila.

Los niños le daban miradas entre divertidos y curiosos, mientras ella sentía el rostro encenderse con furia. ¿Podía ser eso más humillante acaso? No, olvídenlo. Mejor no retar a los hados.

Cuando por fin las puertas del Gran Comedor se abrieron y el maestro (¿Finclock?) les hizo avanzar, la kitsune no pudo simplemente evitar poner la misma expresión maravillada de los niños de primer año al ver el mágico lugar. ¿Pero qué era eso? ¿Eran velas flotantes? ¿Y el techo encantado? Vaya, si la primera impresión del oscuro y siniestro castillo le había hecho suplicar por su cálida escuela anterior, el primer vistazo del Gran Comedor le había robado el corazón. Hogwarts era impresionante, realmente se podía ver viviendo allí. Su kitsune ronroneó tranquilo en el pecho, al notar que el miedo y el temor a lo desconocido era innecesario.

Cuando su mente se empapó del lugar, sus oídos por fin comenzaron a coger los murmullos que crecían mientras ellos avanzaban. Su mirada oscura dejó de perderse en las maravillas de la infraestructura para toparse con cientos de alumnos que observaban directamente hacia ella. Vale, quizás algunos miraban a otros niños también, pero ella sentía como si todos los ojos estuviesen clavados en ella.

Juntando sus manos, Kira trató de no mirar a los alumnos mientras caminaba, observando a la mesa del fondo donde al parecer se sentaban los profesores. Sus padres al menos estaban allí. Su madre solo le sonrió transmitiéndole calma, pero ¿su padre? su padre comenzó a hacer aspavientos con las manos, como intentando llamar su atención aunque ya estaba mirando fijamente, haciéndola soltar un gemidito ¿en serio sería así para siempre?

Distraída como estaba por su papá, Kira se perdió el gesto del profesor ¿Finslock? de detenerse, haciendo que chocase patosamente contra la niña que caminaba delante suyo, la que se quejó ruidosamente por el empujón, volteando a mirarla con exagerado enojo para una pequeñaja de once años. Aun así Kira se encogió.

—Lo siento —se disculpó atropelladamente, tratando de sonreírle en disculpa angustiada mientras el color golpeaba sus mejillas con fuerza.

Les llegó otra patosa Hufflepuff.

El tono burlón no había sido lo suficientemente alto para que los profesores alcanzasen a escuchar, pero Kira lo oyó. Observó de reojo avergonzada pensando que iba encontrarse con una corbata verde y plata, porque todos decían que los Slytherin nacían con lenguas afiladas, pero se sorprendió al toparse con una corbata roja y dorada, colgando del cuello de un chico guapo que recibió un golpe de un compañero. A pesar de no parecer avergonzado, el chico miró al otro y pronunció algo que Kira creyó distinguir como un “Solo fue una broma”, y cuando miró a aquel que la había defendido su corazón se detuvo al ver que era Scott, el precioso y dulce chico que censuraba a su amigo con un “Eso no estuvo bien, Theo”, antes de mirarla suavizando su gesto y sonreírle con ánimo.

Las mejillas de la kitsune se arrebolaron mientras miraba al frente, escuchando a los niños pasar y sentarse en el taburete con ese enorme sombrero que al cabo de unos segundos o en instantes gritaba el nombre de una de las cuatro casas de la escuela.

De pronto ya no sintió vergüenza por su torpeza habitual, ni sintió presión por las miradas de los alumnos, ni siquiera su habitual timidez por ser la nueva de la escuela. El modo en que Scott la defendió y su forma de sonreírle le dieron nuevas energías. Pudo sentir el fuego calentarla y la electricidad espabilarla. No iba a rendirse sin ni siquiera haber empezado. Sus padres le trajeron por una nueva vida, porque era su “derecho”, eso habían dicho. Era británica, por sobre todo lo demás, y Hogwarts le pertenecía tanto como a todos los alumnos que habían pasado ya cinco años allí. No iba a desaprovechar los dos que podía tener.

—Yukimura, Kira —le llamó la voz aburrida del profesor, notándose el alivio al ser ella la última en ir a ser seleccionada.

No había más niños de primero en frente suyo contra los que tropezar, así que Kira caminó con seguridad hacia adelante, observando de reojo como Scott hacía que su amigo Stiles despegase su frente de la mesa (hambriento, seguramente) para mirar su selección.

Sus miradas se encontraron una vez más cuando se sentó en el taburete, al menos dos segundos antes de que el raído sombrero cubriera sus ojos bloqueándole cualquier vista.

Son los diez segundos más largos de la vida de Kira hasta que la voz del sombrero dejó de escucharse solo en su cabeza y retumbó en todo el Gran Comedor.

¡GRYFFINDOR!

Mientras el profesor F (ya se rindió con su apellido) le quitaba el sombrero y Kira caminaba hacia la mesa de los leones con una enorme sonrisa, solo podía pensar en las palabras del objeto mágico, buscando con la mirada a Scott y no sorprendiéndose de sufrir una ligera arritmia al ver que había un espacio justo frente a él a un costado de Cora Hale, un espacio que parecía como si hubiese estado esperando a que ella se sentase allí. Como si ese espacio hubiese estado cinco años aguardando a que ella se decidiese a venir a Hogwarts (aunque no había sido su decisión de todas maneras).

—Ahora sí, bienvenida a Hogwarts y Gryffindor, Kira —le sonrió Scott mientras ella se sentaba emocionada.

—¡Gracias! Soy Kira Yukimura… pero tú ya sabes eso, no sé porque te los estoy diciendo —sus mejillas se volvieron a encender, pero la risa de Scott era cálida, no burlona. Tragó saliva y volvió a sonreír mientras Cora escondía una sonrisa divertida tras su puño, sin disimulo—. Me alegra haber quedado en Gryffindor.

—A mí también me alegra, a Scott le alegra, a Finstock le alegra ¡al jodido Merlín le alegra! Pero, por favor, que alguien me dé un poco de comida —lloriqueó Stiles a un lado de su amigo, el cual le dio un par de palmaditas consoladoras mientras el director Alan Deaton se ponía de pie para su discurso, que por suerte siempre era breve al parecer.

Kira aplaudió con ganas cuando el director presentó a su padre, Ken, como el nuevo profesor de Historia de la Magia y Jefe de Casa de Hufflepuff, y a su madre, Noshiko, como la nueva maestra de Encantamientos. Su madre lucía especialmente sonriente mientras le miraba, mientras su padre parecía un poco más resignado. Seguramente habían hecho alguna clase de apuesta respecto a la casa en la que acabaría. No le extrañaba nada.

Escuchó el gemido de placer proveniente Stiles antes que el “Que comience el banquete” de boca del director. Fue un gemido tan sexual que tanto Cora como Scott le dieron una mirada de “¿En serio? a su amigo, antes de sonreír a Kira con un encogimiento de hombros. Kira solo se rió un poco, maravillándose ante los platos que aparecieron frente a ella. Su mano se estiró para coger una fuente de patatas, pero ésta fue cogida antes por el chico al otro lado de Scott al que Kira deliberadamente no había mirado desde que se sentó.

—Ups, demasiado lenta —la mirada del chico no mostraba ni un poco del arrepentimiento que había lucido ante Scott antes, pero rió antes de tenderle la fuente que Kira tomó con desconfianza—. Bienvenida a Gryffindor, Kira. Soy Theo.

—Un gusto —murmuró ella sirviéndose patatas asadas, pero sintiendo el humor un poco agrio. Sin embargo cuando dejó la fuente y vio una fuente con pavo asado extendida hacia ella de la mano de Scott sintió un subidón de energía de nuevo—. Gracias —le sonrió con sinceridad, mientras Scott le sonreía de regreso.

—Solo ignora al idiota, Kira, le gusta molestar a los nuevos. Se olvida que él fue un patético niño de once años alguna vez —se burló Stiles desde el otro lado sin dejar de comer, dándole una mirada de superioridad moral a Theo por la espalda de Scott, mientras el chico ponía un puchero nada adorable, pero aún divertido.

Kira no pudo evitar reír un poco, mientras Scott se encogía de hombros, como suplicando paciencia a Merlín. Las palabras del sombrero seguían repicando en su cabeza, pero Kira sabía que no había tomado una decisión equivocada. Porque por mucho que su estancia en Hufflepuff hubiese sido pacífica y productiva, era en Gryffindor donde conseguiría campo para que su fuego y electricidad fluyese ¿y qué era la vida sin un poco de energía?

—Oye, tú ¿acabaste con el pavo?

La pregunta hecha a sus espaldas sorprendió a Kira, quien volteó para toparse con una chica con expresión aburrida que estiraba su mano hacia ella, sentada desde otra mesa. Lo curioso era que su corbata era negra y amarillo, una tejona.

Aún sin saber que contestar, con la fuente en la mano, un quejido se escuchó proveniente de Stiles.

—Malia, se supone que debes comer de lo que hay en tu mesa ¡lo de acá es de nosotros!

—¡Pero acá solo hay ensaladas! ¡Dame pavo! —gruñó audiblemente la chica, Kira sorprendiéndose al ver sus ojos brillar dorados, mientras Scott ahogaba un suspiro y Stiles se sobresaltaba. Cora parecía divertida en cambio, así que suponía que no había peligro.

—¡Vale, vale! ¡No te pongas así! Kira, amiga, dale la fuente antes de que decida darme un mordisco para probar mi tierna carne en cambio —le pidió el amigo de Scott a la asiática.

Ella solo pudo asentir de forma mecánica, mientras le extendía la fuente a la Hufflepuff que la tomó sin brusquedad, con la energía más calma. Sus ojos se encontraron por un momento y luego la chica sonrió de forma resplandeciente.

—Malia Tate. Parece que querías saber mi nombre.

Al ver la espalda de la chica, Kira solo volteó al frente mirando interrogante a los chicos frente a ella, pero ninguno dijo nada por un momento, al menos hasta que Stiles jugueteó con su tenedor, encogiéndose de hombros.

—Todo esto es un trabajo en progreso, créeme. Ha avanzado mucho en sus relaciones sociales. Era una pequeña salvaje cuando llegó. Te acostumbrarás.

Kira esperaba hacerlo. Solo podía pensar en que si hubiese acabado en Hufflepuff habría terminado siendo compañera de cuarto de Malia. Y eso… hubiese sido igualmente interesante.

 


NOX

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Poco le importaba a Stiles lo que los psicomagos o la mamá de Scott le dijeran: Comer era la mejor terapia.

Era catarsis pura eso de llevarse a la boca cosas deliciosas que su cuerpo luego digerirá para darle la energía necesaria para existir. A veces no entendía cómo la gente no daba más importancia al simple hecho de que si no comiesen ¡morirían! Para él, comer siempre sería la respuesta para la mayoría de los males, por eso luego de que su madre falleció había aprendido a hacer todos los platos favoritos de su padre, obligarle a comer en los pocos momentos que estaba en casa y no peleando contra magos tenebrosos o incautando pociones ilegales, olvidando que su cuerpo debía alimentarse.

Al menos ahora tenía un aliado en esa batalla. El ayudante de su padre, el auror Jordan Parrish, se encargaba de mantener a Stiles al día de todo sobre el Jefe Stilinski, le hacía comer y le recordaba que si tomaba más de dos turnos seguidos recibiría una cariñosa vociferadora de parte de su hijo porque ¡maldición! su padre puede ser el puto jefe de aurores, pero en ocasiones se comportaba como si el adolescente fuera él y no Stiles.

Mientras saboreaba la deliciosa comida de la cena de bienvenida, Stiles pensaba en lo que estaría haciendo su padre en esos momentos. Seguramente no descansando en casa, no había que ser un genio para saberlo. Cuando los platos vacíos dieron paso a los postres, Stiles no pudo evitar soltar otro gemido de placer y apoderarse de una fuente de pastel de chocolate, porque realmente lo necesitaba.

—Stiles ¿podrías dejar de acaparar el chocolate? Y deja de hacer esos ruidos raros, ponen incómodo hasta a tío Peter —le regañó Cora, haciendo que Stiles, con los labios cubiertos del dulce, mirase hacia la mesa de profesores.

Pero su mirada no se encontró en primer lugar con el tío de Cora (profesor de Astronomía y Jefe de Slytherin, para mayor inri), sino que fueron los ojos de Derek los que le atraparon a medio camino. El hombre lobo lo estaba mirando a la distancia, su entrecejo pellizcado pero sin mayor expresión en el rostro, mientras a su lado la profesora Blake de Runas Antiguas le hablaba casi sin parar apenas para tomar pequeños bocados de su plato. El profesor a veces hacía asentimientos, para dar la ilusión a la mujer de que le estaba escuchando, pero Stiles apostaba a que no había prestado atención a ni una palabra.

Sentir la presión de su mirada provocó en el Gryffindor la reacción instintiva de lamerse los labios, cogiendo con eso el sabor dulce de los restos de chocolate que allí quedaban. Un suspiro de placer surgió inconscientemente desde su pecho y pudo ver el instante mismo en que Derek le escuchó a la distancia. El color de sus iris por un momento brillando sobrenaturalmente azul, antes de volver a la normalidad. Todos sus sentidos puestos en Stiles, joder.

El muchacho entrecerró los ojos en dirección al profesor de Transformaciones y luego desvió la mirada hacia la izquierda para encontrarse con Peter, pero tal como supuso, este se encontraba enzarzado en una charla coqueta con la madre de Lydia, la Subdirectora, jefa de Ravenclaw y profesora de Herbología, y para nada prestaba atención en su dirección.

Volteando a ver a Cora, la vio sonriendo con placer y maldad pura, haciendo que se estirara bajo la mesa para patearle la espinilla, disfrutando su expresión insultada.

—¡Oye! ¡No puedes pegarle a una chica! —se quejó la Hale, intentando jalar de la fuente que pastel de chocolate que Stiles seguía aferrando.

—¡Eso es sexista! Yo puedo pegarle a quien sea que se lo merezca. Y tú puedes soportarlo, cielo —se burló Stiles, jalando hacia su lado la fuente, no queriendo entregarla.

Scott, Theo y Kira rieron un poco al verlos, mientras unos asientos más allá Allison sonreía también, aunque Stiles pudo notar a la distancia una pequeña nube sobre sus ojos. La verdad era que no tenía idea de porque la chica rompió con su mejor amigo, nunca fue un gran amigo de ella, de ser sincero, pero su detective interior le pedía investigar más eso y era lo que haría. En cuanto alimentase su hambriento estómago que no había quedado satisfecho aún con las delicias de la cena.

—¡STILINSKI! —Finstock le llamó la atención desde la mesa de los profesores, quien por las risas de sus compañeros se percató de la lucha por el chocolate de sus alumnos.

El grito no fue una gran idea, porque Stiles sorprendido por él, acabó soltando la fuente, provocando que el pastel cayera justamente sobre el regazo de Cora ante la mirada pasmada de la chica.

—¡STILES! —el rugido de Cora mientras se ponía de pie asustó más al Gryffindor que el grito de su jefe de Casa, pero eso tenía sentido, porque los ojos de Cora brillaban amarillos y eso significa que estaba a un paso de convertirse en una bestia peluda que podría rasgar su garganta en tres segundos.

—¡Fue un accidente! —se defendió, mientras las risas del resto del Gran Comedor se unía a las de los Gryffindor. Porque ¿qué sería de un inicio de año en Hogwarts sin que Stiles hiciese el ridículo?.

Fue Kira la que alivió la situación, sacando su varita y pronunciando unas palabras que no sonaban a latín, haciendo que todo el chocolate desapareciera de la túnica y la falda de la otra leona. Ya con eso solucionado, Cora regresó a sentarse, mientras Stiles miraba hacia Finstock negando ante los gestos amenazadores que tenía el profesor de Aritmancia en su dirección ¡que no fue su culpa!

—Ahora no podré comer pastel de chocolate por tu culpa, elfo escuálido —le gruñó la mujer lobo, provocando que Stiles le diese una mirada ofendida por el insulto.

—Tranquila, Cora, seguro que para disculparse Stiles irá a pedir alguna fuente a otra mesa ¿verdad? —sonrió Scott tranquilizador, mientras palmeaba la espalda de su amigo.

Stiles miró a su compañero con expresión indignada de “Ni muerto”, pero las cejas alzadas del hombre lobo y un pequeño gruñido de “Hazme caso o te muerdo” fue todo lo que necesitó para dejar la rebeldía y ponerse de pie. Chucho con ínfulas de alfa.

—Aprovecha de traer pastelillos de limón si ves por allí —se subió al carro Theo, con una sonrisa burlona, ganándose dos dedos en su dirección.

Decidiendo que pedirle a Malia era ser demasiado suicida, Stiles rápidamente optó por Ravenclaw. No solo tendría oportunidad de ver a su ninfa pelirroja, sino que con un poco de coqueteo quizás no sería pateado lejos de la mesa de las águilas.

Merlín le sonreía, porque justamente vio una fuente con pastel de chocolate frente a su víctima predilecta, así que avanzando hacia él sin prestar atención a las miradas curiosas de los otros Ravenclaw, Stiles acabó echándose sobre la espalda de Danny, el guardián del equipo azul, abrazando su cuello. En el campo podían estar en la misma posición y ser rivales, pero Stiles siempre había sabido que su amigo tenía una pequeña debilidad por él. Aunque Danny insistiera que él no era su tipo.

—¡Danny, cariño! ¿Qué tal tus vacaciones? —preguntó apoyando la barbilla en su hombro, mientras algunos compañeros del otro comenzaban a reír y cuchichear.

El Ravenclaw, luego de sorprenderse en un primer momento por el peso extra, siguió comiendo como si nada, tal como si no tuviese a un Gryffindor encima, hablándole en un absurdo intento de coquetería. Seis años en el mismo curso que Stiles dejaron a la mayoría inmune a sus “encantos”.

—Lo que sea que quieras, Stiles, pregúntame mañana, ¿quieres? No me hagas gruñirte como Cora —el tono ligeramente burlón de Danny mientras se metía a la boca una cucharada grande de algún postre de leche que Stiles no identificó hizo que pusiese un puchero que no ablandó a Ravanclaw, o al menos no iba a reconocerlo. Pero si se sobresaltó ante un flash intempestivo, que hizo que ambos mirasen hacia la derecha, donde unos asientos más allá un chico con media sonrisa bajaba la cámara con la que acababa de tomarles una fotografía.

—¡Dos galeones la foto, Daehler! —le apuntó Stiles, elevando las cejas, antes de ver que Matt estaba sentado a un lado de Lydia Martin, quien comía sin mirar en su dirección—. Aunque si la foto es para Lydia, te la dejo gratis.

—No seas tacaño, Stiles —se encogió de hombros Matt—. Te la devuelvo si me haces una cita con Allison Argent. Escuché que rompió con tu amiguito ¿no?

Seguramente Danny pudo sentir a Stiles tensarse ante las palabras de ese idiota. El Gryffindor se sintió de pronto muy enojado y tuvo que controlarse para respirar profundo y no lanzarse por encima de la mesa para apretar su pequeño cuello. ¿Quién se creía que es ese idiota para hablar de esa forma de Scott? Consiguió sonreír un poco burlón, aunque por el enojo se veía más como una risa maniaca.

—Claro que lo sabes, si eres el paparazzi de Hogwarts, ¿no? —se burló Stiles, irguiéndose y soltando a Danny—. Pero llegas un poco tarde, Daehler, al parecer un tejoncito ya se te adelantó camino —su mirada es puro desafío. Obviamente no iba a darle ningún nombre. ¿Se creía tan inteligente? Que lo averigüase por sí. Sus pensamientos se vieron interrumpidos sin embargo por una fuente de pastel de chocolate que fue dejada en sus manos por Danny, mientras este le guiñaba un ojo ante su sorpresa.

—Cora es inútil sin su dotación diaria de chocolate, deberías pensar mejor antes de enojar a una mujer lobo, Stiles —le medio regañó el Ravenclaw, mientras el otro sonreía.

—¡Eres el mejor, Danny! —dejándole un ruidoso beso en la mejilla, Stiles enfiló rápidamente hacia la mesa de Gryffindor, no sin antes enviar una mirada venenosa a Matt Daehler porque, en serio, no podía soportarlo.

Mientras llegaba a su asiento ante las expresiones maravilladas y festivas de sus amigos, Stiles pensaba en que a veces sus instintos eran extraños. O sea, se suponía que era Scott el can, él debería ser quien reaccionase mal frente a ciertos individuos. Pero no, siempre era Stiles el primero en desconfiar… ¡y lo peor era que normalmente tenía razón! Scott le movía la cola a todo el mundo. No era que quisiera que fuese un lobo amargado como Derek, pero… un poco más de instinto de supervivencia, por Merlín.

—¿Y mis pasteles de limón? —preguntó un poco más allá Theo, ganándose otra vez los dedos de Stiles, aunque fuera de la vista de Scott. Theo Raeken era un vivo ejemplo de lo que ha estado pensando antes. Stiles sabía que era una bomba de tiempo, pero no tenía idea de cómo lo sabía.

—No creas que esto te disculpa por lo de antes —Cora le apuntó con su tenedor, saboreando el chocolate, pero para esas alturas Stiles solo se encogió de hombros.

Era apenas la primera noche y podía no ser un hombre lobo, pero sentía (al igual que Scott, aunque Stiles no lo supiese) que ese año sería distinto.

Aunque ya se comenzaban a ver rostros cansados y algunos bostezos, Stiles sabía que su insomnio crónico le dejaría despierto hasta altas horas de la madrugada. Lamentando de nuevo el no poder tener su laptop y conexión a internet, suponía que siempre podría hacer una visita no programada a la biblioteca para coger algunos libros. No para avanzar sus cursos, pero si para averiguar cosas nuevas. El año anterior su mejor amigo fue convertido en hombre lobo ¿quién sabía que podría ocurrir este año? Había que estar preparado.

Apenas había pensado en eso, cuando su cuello bruscamente se giró hacia la mesa de los profesores, para toparse con Peter mirando en su dirección. La sonrisa tiraba de los labios del hombre lobo, mientras un escalofrío recorría a Stiles. No por primera vez se cuestionó si no sería que algunos hombres lobo podía leer la mente porque… la verdad, es que a veces parecía que sí.

Él se había negado a la mordida. Scott no tuvo en verdad elección, pero una vez que Stiles se enteró y se encontró frente a frente con Peter Hale y este le ofreció esa nueva vida… él no pudo decirle que sí.

¿Quería? Probablemente, al menos Peter aseguró que todo en él olía a un sí. Pero sus labios pronunciaron “No, gracias”, porque él pudo imaginar la mirada en los ojos de su padre, porque él sabía que su mejor amigo iba a necesitar un apoyo humano una vez que su condición se revelase y si él era un hombre lobo también, ¿entonces quién le daría ese apoyo? “No, gracias” había dicho, y eso mismo transmitió en este momento al profesor de Astronomía, entrecerrando los ojos.

Peter solo hizo un gesto de brindis con la copa en su dirección, sonriendo de forma burlona en el preciso instante en que el Director Deaton se ponía de pie, llamando la atención de los estudiantes sabiendo que se anunciaría el final del banquete. Stiles no prestó realmente atención al hombre, aunque Scott si porque, bueno, era la mascota del director, todos lo sabían. Aunque fuese más porque enseñaba Cuidado de Criaturas Mágicas que por ser el director. Deaton tenía alto aprecio a su mejor amigo también, así que Stiles aprovechaba eso para burlarse de Scott.

—Espero que todos hayan disfrutado el banquete de bienvenida, estoy seguro que este será un gran año y todos están ansiosos por ir ya a la cama y mañana iniciar sus actividades. Pero tengo un último anuncio que hacer —Stiles esta vez sí miró en dirección al director, curioso por lo que fuese a decir—. Este año el torneo de Quidditch entre las Casas no se llevará a cabo —ante la avalancha de quejas inmediatas el director giró las muñecas con una sonrisa y todos los alumnos se sorprendieron al notar que sus palabras no salían. ¡Jodido Deaton! Les silenció a todos con magia. Scott le dio una mirada divertida a Stiles, que hacía gestos con las manos, molesto ¡no podían quitarles el Quidditch!—, la razón de esto será la realización de un torneo de Quidditch InterEscuelas en la que tanto Hogwarts como los colegios Durmstrang y Beauxbatons serán partícipes. Esto significará que se escogerán los mejores jugadores de Hogwarts para formar el equipo que nos represente en el torneo y traer la victoria al colegio —con un movimiento de muñecas los estudiantes recuperan el habla y gracias a Merlín, porque la rabia dio paso a la emoción y los murmullos excitados, y todos necesitando comentar las nuevas, esperando ser seleccionados.

Todos menos de Stiles, que sabía que al menos Danny era mucho mejor guardián que él, pero aun así pensaba que iba a ser emocionante ese torneo. Podrían ver jugadores de las otras escuelas también, eso definitivamente sería una novedad. El carraspeo del director los silenció a todos como si otra vez les hubiesen echado un hechizo, pero esta vez no hubo magia involucrada.

—Los profesores encargados del equipo de Quidditch de Hogwarts serán los profesores de Aritmancia, el señor Bobby Finstock, y el profesor de Transformaciones, el señor Derek Hale. Las pruebas por las distintas posiciones serán anunciadas por los profesores a mediados de septiembre, para poder entrenar adecuadamente al equipo para el primer partido que será el 31 de octubre a medio día contra el colegio Durmstrang aquí mismo en Hogwarts. El torneo constará de dos partidos contra cada colegio participante, uno en Hogwarts y el otro en los terrenos del rival, por lo que los miembros del equipo de Quidditch solo podrán ser alumnos entre segundo a sexto, ya que los viajes internacionales podrían entorpecer los estudios de los alumnos de séptimo para sus EXTASIS. Cualquier otra duda pueden dirigirla hacia los profesores encargados. Ahora, a sus camas.

Las quejas ruidosas de algunos alumnos de séptimo se vieron acalladas por la desaparición de los restos de la cena, mientras los prefectos se ponían de pie para ir a dirigir a los niños de primer año hacia sus salas comunes. Stiles vio a Allison acercarse a Kira para ofrecerle acompañarle junto con los niños para el tour inicial, mientras en la mesa de Ravenclaw Danny lidiaba con los novatos y Lydia apenas caminaba despreocupada a unos metros del guardián. Scott le dio un golpecito para que se pusiera de pie y  Stiles le obedeció, aún algo ido por las noticias sobre el Quidditch. Muchos charlaban sobre el tema mientras salían del Gran Comedor, algunos emocionados y otros ansiosos. Stiles creía que probablemente no le tocaría jugar, pero aún sería un entretenido.

Dándole un golpecito a Scott de vuelta mientras caminaban hacia la salida, le miró a los ojos antes de sonreír divertido.

—¿Sabes que he pensado? Los dos entrenadores del equipo serán Gryffindor. Quizás tienes suerte y acabas siendo nombrado capitán, amigo —rió pasando un brazo por sobre su hombro.

Scott se rió un poco, mientras abría el paso para que una hilera de niños de primero de Hufflepuff pasase. Stiles se percató de cómo Isaac Lahey, el prefecto tejón y nuevo romance de Allison, sonrió a Scott en agradecimiento por el espacio. Lucía algo avergonzado, como arrepentido de algo. Casi daba pena, en serio, porque no era su culpa que la Argent hubiese cortado a su amigo, pero suponía que Lahey no conocía lo suficiente a Scott como para saber que este no le guardaría rencor por salir con su ex. O al menos no mucho rencor.

—¿Yo, capitán? Y cómo, si seguro que Jackson es de los primeros clasificados para el equipo. Él es el capitán de Slytherin desde cuarto año. Yo apenas entré de titular a Gryffindor el año pasado —le recordó Scott mientras salían del Gran Comedor, comenzando a subir las escaleras para ir hacia su torre.

—¡Vamos, que con ese ánimo no vas a ser el capitán! —las palmadas de Stiles a su espalda podrían haberle dolido alguna vez, pero no ahora que era un hombre lobo, así que él consideraba que no había motivo alguno para contenerse con los golpes cariñosos, a pesar de las muecas de su mejor amigo.

—¿Y qué hay de ti? Supongo que te presentarás como guardián —le picó Scott, devolviéndole las palmadas. Stiles sabía que jugaba con desventaja gracias a las habilidades de su amigo, así que mentir nunca era una opción. Simplemente se encogió de hombros.

—Danny es imbatible, pero quizás necesiten gente en la banca. Siempre puedes romperle un brazo a Danny para que yo juegue —bromeó antes de negar con la cabeza—. No, no, él me dio chocolate para calmar a Cora, no le rompas nada.

Scott rió mientras seguían subiendo las escaleras. Con el peso agradable del brazo de su amigo sobre los hombros, Stiles sabía que por muy extraño que ese año pueda ser, al menos no estaría solo. Era el primer día, y aunque ya extrañaba a su padre, sabía que Hogwarts valía la distancia. La biblioteca podía esperar una noche. Quizás ese año le sorprendiese más y su insomnio le diese un poco de descanso, aunque fuera solo por un día.


NOX

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La portada de El Profeta ponía esa mañana una imagen en grande del rostro de Talia Hale y al lado un poco halagador mensaje que insinuaba sin demasiada dificultad el “¿Podemos confiar en una criatura sanguinaria?”. No eran esas propias palabras, pero el sentido se podía deducir hasta por un troll ebrio.

Algo asqueado por la parcialidad del diario mágico de mayor circulación de Gran Bretaña, Derek lo dobló de mala manera y lo dejó caer alejado de su desayuno, atacando sus panques sin piedad, como si ellos fuesen los editores del diario. A su lado derecho el asiento vacío de su tío le recordó los horarios anormales del hombre por su posición de profesor de Astronomía, mientras a su izquierda la profesora de Runas Antiguas le sonreía compadecida. Ella debía haber visto la portada del diario antes de que lo cubriese.

—No deberías prestar atención al Profeta —le recomendó Jennifer, bebiendo de su zumo y mirándole desde bajo las pestañas—. Todo el mundo sabe que son bastante parciales, solo hace falta verlo en época de elecciones de nuevo Ministro.

Derek bufó, clavando su tenedor en los panques, pero aceptando que la bruja tenía razón. No era como si su madre fuese a perder el apoyo en el que había estado trabajando esos últimos veinte años solo por un par de portadas en el Profeta. Pero jodía, porque Talia tenía razón en todo lo que hacía y decía, y los demás solo le juzgaban por su condición de mujer lobo mientras ella trabajaba no solo por su comunidad, sino que por todas las criaturas sobrenaturales desamparadas.

Una mano en su hombro  le sorprendió, haciendo que mirase de reojo como el Director Deaton le sonreía calmadamente, en su paso hacia su asiento en el centro de la mesa de los maestros. El druida siempre había sido un amigo de la familia Hale y de hecho era uno de los principales aliados de su madre al ojo público. Sin él, Derek jamás podría haber soñado en volverse profesor y su simple toque solía calmarle, como si nuevamente tuviese trece años y estuviese llorando con el cuerpo de la chica que amaba en brazos. Tragó saliva, soltando el tenedor doblado que cayó sobre la mesa, deforme por su firme agarre.

—Tranquilo, Derek. Estás preocupando a algunos alumnos —Deaton siguió su camino luego de darle un último apretón a su hombro, y Derek dirigió su mirada hacia las mesas de las cuatro casas, donde los estudiantes tomaban sus desayunos antes de comenzar sus clases. Llevaban ya casi dos semanas con ellas, así que todos habían cogido ya el ritmo, pero aún podían verse algunos rostros adormecidos.

Dentro de los que no estaban adormecidos había algunos mirando directamente en su dirección. Entre ellos su hermana Cora, Scott McCall y la kitsune, hija de una vieja amiga de su madre. Curiosamente, desde la mesa de Ravenclaw también le miraba Lydia Martin junto con su amiga Allison Argent, aunque ella debía estar en la mesa de los leones. La mirada de Argent era, sin embargo, distinta a la de Martin. Parecía concentrada más que curiosa, y no fue hasta que le vió mirar hacia el otro lado de la mesa de los maestros, que Derek notó a Victoria Argent, la profesora de Alquimia, mirándole con mal disimulado rencor. A su lado su esposo Chris, profesor de Defensa, ni siquiera levantaba su vista de plato, concentrado en su tocino, cuyo crujido al ser mordido llegaba hasta el hombre lobo sin problema.

Molesto por ser el centro de atención, con su tenedor destrozado y el humor por los suelos, Derek tiró su servilleta encima de su plato (el que desapareció enseguida) y se puso de pie, dando por concluido su desayuno. Sin despedirse de nadie ni coger el número abandonado de El Profeta, el profesor dejó el Gran Comedor por una de las puertas laterales, tratando de pensar en sus clases del día y en nada más. Pero ya debería estar acostumbrado a que sus planes nunca salieran como debiesen.

Podía olerle, escucharlo y verlo a la distancia. Ni siquiera se distinguía su rostro mientras farfullaba tonterías, caminando descuidada y desequilibradamente por el pasillo con una torre de libros en los brazos. Desde allí Derek podía ver que ninguno era ni para Encantamientos, ni para Aritmancia ni Pociones, por lo que no podían ser lecturas para sus clases del día, y Derek trató de convencerse de que sabía eso porque era un hermano sobreprotector con Cora y no porque tuviese un especial interés en aprenderse el horario de alguien tan ridículo como Stiles Stilinski.

Por alguna razón que no quiso cuestionarse, Derek esperó de pie allí en medio de ese pasillo vacío, sus brazos de jarras y una ceja alzada, mientras siguió viendo al muchacho acercarse. Cuatro pasos, tres pasos. Dos. Solo un paso.

—¡Joder! ¿Qué…? ¿Derek? —soltó con un quejido el Gryffindor tirado en el suelo con todos los libros caídos en el piso y encima de su cuerpo. Su expresión pasó de sorprendida a enfadada, mientras seguía mirando al hombre lobo allí de pie impávido, como si nadie hubiese chocado contra su pecho de acero— ¡podrías haberte movido! ¡Hiciste que tirase todos los libros! —le reclamó Stiles mientras aún en el suelo comenzaba a reunir todos los objetos, dándole miradas iracundas de soslayo al mayor— ¡son libros viejos, podrían haberse dañado! O peor ¡podría haberme hecho daño yo!

¿Derek? Derek estaba pasándoselo en grande. Solo elevó una ceja, mientras movía su túnica negra hacia atrás, para cruzar sus brazos en el pecho sin ninguna intención de ayudarle a recolectar los tomos, más entretenido en observarle en el suelo. Su lobo remoloneando en el placer de ver a Stiles sobre sus rodillas con la cabeza más baja que su cintura.

—La culpa es tuya por no fijarte por donde vas. Te has perdido el desayuno —informó secamente, mientras el Gryffindor solo le daba una mirada impaciente que decía en veinte idiomas distintos “¿Y a ti que te importa?”.

—Estaba haciendo cosas mías, ocupado —fue toda la defensa del menor, satisfecho al haber ordenado todos los libros en una pila de nuevo, cuando la mano de Derek cogió el tomo más alto, uno de tapas oscuras y hojas envejecidas. Y no para menos, ya que el libro debía tener al menos trecientos años— ¡Oye, regrésamelo!

“Criaturas de la Noche y sus monstruosas costumbres”. Le has puesto post-it muggles a todas las secciones donde mencionan a los hombre lobo —no fue un cuestionamiento, pero las cejas del Hale dejaron mostrar su curiosidad. Stiles intentó recuperar su libro, pero el profesor lo mantuvo alejado de sus manos al percatarse de un detalle—. Este libro no parece de la sección regular.

Los latidos del Gryffindor se alteraron un momento y Derek estuvo seguro de que Stiles iba a mentirle, pero entonces el chico suspiró y se acomodó la túnica y el uniforme que se habían desordenado al caer al suelo, respondiendo sin mirar a su cara.

—No parece de la sección regular, porque es de la sección prohibida.

—Y tú lo tienes porque… lo robaste —aventuró el profesor de Transformaciones mientras fruncía el ceño, antes de sorprenderse por la mirada de incredulidad del león.

—¡Claro que no, idiota! Lo pedí prestado con permiso de un maestro —gruñó arrebatándole el tomo y esta vez Derek lo dejó, convenciéndose en que lo hizo porque si Stiles tenía permiso para tenerlo no había razón para quitárselo y no porque su gruñido le hubiese parecido adorablemente ridículo.

—¿Tengo que quitarle puntos a Gryffindor, Stilinski? —la mirada burlona de Stiles era toda la respuesta que necesitaba, porque, joder, Derek no quería que su antigua casa perdiese la Copa por culpa de este chico, otra vez. Además, había podido sentir un ligero cambio en el aroma del chico ante su voz de autoridad y no quería pensar en ello—. ¿Se puede saber que irresponsable profesor te dio permiso para tomar este libro? ¿Y por qué lo querrías tú?

Los ojos en blanco y el sonido exasperado del Gryffindor divertían a su lobo, como siempre lo hacía. Derek no tenía claro por qué le ponía de tan buen humor molestar al Gryffindor, pero después del asqueroso desayuno (por culpa de El Profeta), agradecía la distracción. Los chicos de segundo iban a agradecerlo también, ya que estaba comenzando a pensar en no castigarles con complicados ejercicios para minar su mal humor, como había considerado hacer antes.

—Bueno, sí al Gran Lobo Malo le interesa, desde el año pasado que mi mejor amigo casi hermano se transformó en una de estas “Criaturas de la Noche” , verás, eso como que transforma el tema en una prioridad para mí. Sin información, pues te comen, y si con esa información puedo ayudarlo, pues me quedaré toda la noche despierto consiguiéndola. Y me perderé todos los putos desayunos que sean necesarios —Derek observó cómo Stiles parecía esperar que le dijese algo, pero cuando el hombre lobo no dijo nada, el chico se encogió de hombros y volvió a coger la pila de libros, pasando por el lado del hombre rumbo al Gran Comedor.

Estaba ya doblando el pasillo cuando la mano de Derek le sujetó del codo, casi provocando que los libros volviesen a caer. No lo hicieron, por los veloces reflejos del profesor, pero eso no impidió que Stiles le diese una mirada cuestionadora, su aroma otra vez cambiando.

Derek le soltó, respirando corto y lento.

—¿Quién te dio el permiso?

No se había perdido el cómo el adolescente había esquivado su pregunta y no pensaba olvidarlo. Esta vez no había una gran alteración en los latidos de Stiles, pero si un aroma a nerviosismo que no debería estar allí. No al menos por una respuesta a un cuestionamiento simple como ese. Derek aguardó sin liberarle, pero sin tocarle de más.

—¿Qué te importa? ¿Para qué…? Agh, no sé para qué me molesto. Peter —respondió Stiles finalmente encogiéndose de hombros, y antes de que Derek pudiese preguntarle más, él continuó—. No es como si tuviese algún motivo para negarse. Al final es su culpa, y no serviría nada que le defendieses, así que ni lo intentes. El tipo lo menos que puede hacer es darme autorización para informarnos lo más posible de todo, ya que por mucho que tú quieras entrenar a Scott en el bosque y todo eso, la información siempre…

—Shh —le silenció el hombre lobo, soltándole finalmente, mirándole con el ceño fruncido—. Las clases comenzarán.

La expresión de Stiles fue desde ultrajada por ser callado a enfadada, mirando los libros. Derek suponía que su plan había sido repartirlos entre los bolsos de sus amigos, para no subir con todos ellos a la Torre de Gryffindor y consideró ofrecerle que los dejase en su oficina, pero entonces el menor le miró con molestia.

—¡Esto es tu culpa! Llegaré tarde a Pociones y le diré a Harris que todo es culpa tuya. A ver cómo te lo quitas del culo luego, pulgoso.

Derek se sorprendió al verle irse casi corriendo, con la tambaleante pila de libros, antes de suspirar y mirar al techo de piedra. Al parecer al final, por el enfado, Stiles perdió todos sus filtros de “Estoy frente a un profesor”, no era que tuviese muchos desde el comienzo. Lo que le llevó al pensamiento de que en verdad nunca había escuchado al chico llamarle “Profesor Hale”, ni siquiera en broma.

Su mente le facilitó una inventada situación donde Stiles le llamaba “Profesor” totalmente fuera de contexto y su lobo sintió urgencia de aullar y correr tras el muchacho, por lo que Derek clavó sus uñas en sus palmas concentrándose en el dolor y comenzando a caminar hacia el Salón de Transformaciones, escuchando a la distancia el latido acelerado del Gryffindor desaparecer en la multitud de los estudiantes. Era tiempo de clases.

 


 

Sorprendentemente Derek fue capaz de mantener sus pensamientos alejados de su madre durante toda la mañana y ya para la hora del almuerzo ni siquiera recordaba su encuentro con Stiles, o al menos eso se decía a sí mismo.

Saludó con un gesto a los Yukimura quienes estaban comiendo cuando llegó al Gran Comedor y observó a la distancia a Harris, el profesor de pociones, el que se veía tan amargado como cualquier día y no prestó atención hacia él más que para darle un desinteresado vistazo.

Fue en cuando vió a Peter, coqueteando esta vez con Jennifer, que Derek no pudo seguir negándose que tenía muy presente el encuentro de esa mañana.

Sentándose en medio de los dos, sin preocuparle bloquear la vista de su tío a la mujer, Derek le miró directamente sin decir nada. Peter no parecía molesto por la interrupción y no borró su sonrisa burlona mientras esperaba a que su sobrino hablase. Uno, dos minutos. La comida apareció en el plato de Derek y Peter pareció cuestionarse regresar a su propio almuerzo abandonado, cuando el más joven finalmente habló.

—Le diste autorización a Stilinski para la Sección Prohibida.

Esa era la señal al parecer, porque Peter sonrió más y volvió a comer, mientras Derek comenzaba a dar cuenta de las chuletas en su plato. Estaban un poco demasiado cocidas para su gusto, pero para comer carne cruda siempre podría salir al bosque una noche. Su tío se tomó un par de minutos para hablar, bebiendo de su copa y encogiéndose de hombros.

—Es un chico bastante persuasivo —aceptó el profesor de Astronomía.

El lobo de Derek rugió dentro de su pecho, pero él se contuvo, esta vez no apretando ningún tenedor. No era un lobezno adolescente, era un hombre adulto, maduro. No iba a lanzarse a desgarrar la garganta de su tío con sus dientes simplemente porque estuviese mirando en dirección a la mesa de Gryffindor expidiendo ese asqueroso aroma dulzón de interés sexual. No cuando sabía que Peter Hale tenía interés sexual casi en cualquier cosa que diese sombra.

Luego de calmarse un momento, sorprendiéndose de no haber dejado una linda marca de sus garras en la mesa, Derek observó a Jennifer que le miraba llena de curiosidad. Era una mujer bastante sexy y él siempre había sabido que le gustaba, pero era en ocasiones como esta en que ella le miraba como si él fuese una de esas runas extrañas que estudiaba que Derek se reafirmaba que nada podría pasar jamás entre ellos. Eso y que su lobo arañaba su pecho queriendo obligarle a mirar hacia cierto estudiante y no le permitiría observar a nadie más con la misma intención.

Un carraspeo de más allá en la mesa, hizo que Derek se inclinase para observar hacia el Jefe de Gryffindor, el que le mostraba un pergamino el que no tuvo problemas en leer aunque Finstock lo moviese constantemente. “Convocatoria para Equipo de Quidditch de Hogwarts” decía, el sábado a las 11 y debajo unas cuantas normas (de 2do a 6to solamente, pruebas públicas, escobas propias –ya que las del colegio eran unos vejestorios–) y espacio para firmar para los interesados. Derek asintió conforme, ya que esas normas las habían decidido la semana anterior y volvió a concentrarse en su plato mientras Finstock caminaba hacia el tablero de anuncios fuera del Gran Comedor ante la mirada atenta de todos los estudiantes, aplicando un hechizo en el pergamino que lo colgaría también en los tablones de las Salas Comunes.

Los susurros emocionados comenzaron a subir de volumen mientras el Jefe de Gryffindor regresaba a su asiento. Derek se permitió el capricho de observar hacia el sitio de los leones de sexto año, encontrando a Scott hablando emocionado sobre el Quidditch, ante la atenta mirada de Raeken, Yukimura y, curiosamente, Malia Tate, a quien al parecer no le importaba ser una tejona desencajando entre leones. A la distancia la chica Argent parecía tratar de simular que no escuchaba a Scott, pero fallaba en eso. Fue cuando se encontró con los ojos de Cora que notó que se había quedado mirando más del tiempo adecuado al grupo, viendo la sonrisa burlona de su hermana y su gesto, que inevitablemente le hicieron mirar hacia la mesa de Ravenclaw en donde halló a Stiles sentado entre Danny Mahealani y Lydia Martin, al parecer intentando convencer a la chica de algo.

No le costó demasiado agudizar el oído, llegándole restos de la voz del chico por encima de las charlas insustanciales de los demás adolescentes.

—¡Vamos, Lydiaaa! Sé que sabes muchísimo más de lo que te gusta reconocer. ¿Podrías ayudarme con estos textos, por favor, por favor, por favor? Mira que me estoy perdiendo la oportunidad de avivar la llama de Scotty para volverlo capitán por pasarme todo el almuerzo suplicándote.

—No me importa, aparte de que no hay ni una sola posibilidad de que tu amigo sea capitán del equipo porque mi novio Jackson lo va a ser, tengo cosas más interesantes en las que gastar mis habilidades, como leer esto —respondió la pelirroja y Derek pudo ver sin problema que le acababa de mostrar con descaro la portada de Corazón de Bruja. El hombre lobo soltó un bufido que pudo ser una risa burlona, pero Stiles no había cambiado su expresión.

—El número de esta semana está muy aburrido, pero podemos hacer los quizz juntos mientras me ayudas a traducir, si quieres.

El sonido de la risa de Mahealani por las palabras de Stiles fue todo lo que Derek necesitaba para dar por finalizado el almuerzo, con el plato vacío esta vez.

La sonrisa sabihonda de Cora a la distancia no le ayudó a recordarle a su lobo que ese era un chico de 16 años al que no debería prestar atención, así como tampoco la mirada que Peter le dedicó cuando se puso de pie. Mientras salía del Gran Comedor inevitablemente se preguntó si Stiles se presentaría a las pruebas para el equipo de Quidditch, o si solo iría a animar a Scott como había parecido insinuar. De pronto ya no podía esperar a que fuese sábado y eso le hacía sentir estúpido. Estúpido, pero no malhumorado, y eso era un avance a esa mañana. Su madre se sentiría orgullosa, pensó sarcástico.


NOX

Chapter Text

Era sábado y era demasiado temprano, eso era lo único que Malia sabía. Había sido sacada de la cama casi a la fuerza por una emocionada prefecta con poco instinto de supervivencia ¿pero cuándo lo había tenido Erica? Todo el mundo decía que Deaton la había nombrado prefecta solo porque era la única de su edad capaz de poner en línea a Malia, y quizás tuviesen algo de razón.

—¡Vamos, rápido, rápido! Las pruebas ya van a comenzar, quiero desearle suerte a Vernon antes de que empiecen.

La chica coyote solo pudo rodar los ojos de forma teatral mientras era jalada del brazo a través de los terrenos rumbo al campo de Quidditch, haciendo falsas arcadas para provocar risas a unos tejones de segundo a los que adelantaron. Todos los niños de su casa adoraban a Malia, y la verdad era que ella no sabía porque, pero eso le agradaba. Le hacía extrañar menos a su hermana que no era bruja y que por lo tanto solo podía ver en los veranos.

Una vez llegaron al campo, Malia se soltó de Erica porque de ningún modo se iba a acercar a donde estaban las víboras reunidas, porque en serio, le iba a dar alergia todas esas escamas. Sus oídos sensibles pudieron distinguir cada palabra de burla de los Slytherin al ver acercarse a Reyes a su novio, y si no fuera porque su olfato le permitió notar el aroma tranquilo y feliz de Boyd al ver a su novia, se hubiera tardado cinco segundos en sacar a su compañera de ese nido de serpientes.

Los ojos de Malia se toparon con los burlones de Jackson Whittemore quien besaba en esos momentos a Lydia Martin, solo para percatarse de que no era específicamente a ella a quien miraba, sino que a alguien más allá de su hombro. Al girarse solo pudo ver a Isaac Lahey, así que algo le hizo preguntarse qué encontraba ese Slytherin tan interesante allí.

­—¿Vas a presentarte a la prueba, Lahey?—le preguntó bruscamente, aludiendo innecesariamente a las protecciones de quidditch y a la escoba que el otro prefecto de su generación llevaba en la mano.

El rubio solo sonrió un poco encogiéndose de hombros, medio asintiendo. Malia podía oler su falta de confianza, su natural timidez combatiendo con sus ganas de hacer cosas grandes. Ella no entendía esas cosas, ella solo se lanzaba, así que estaba contenta con que él fuese a hacerlo aunque tuviese miedo.

—Voy a intentarlo. No pierdo nada.

­—No, y seguro el equipo ganaría un gran cazador si quedas, Lahey —una voz divertida hizo que ambos tejones volteasen, encontrándose con un grupo de Gryffindor que venía llegando desde el castillo, dirigidos por Scott McCall quien miraba fijamente al rubio—. No me he olvidado del partido de la temporada pasada. Casi perdimos por todos los tantos que marcaste.

—Si, yo tampoco me he olvidado de eso, Lahey —la voz de Stiles tenía mala intención mientras se adelantaba y picaba el pecho del Hufflepuff, antes de que Malia gruñese, quitándole de un empujón el dedo del pecho de su compañero de casa, provocando que el león sobase su dedo golpease—. Que mal humor, si era una broma.

—No veo que traigas tus protecciones puestas, Stiles. ¿No te presentarás? —preguntó con tranquila curiosidad Isaac, aunque Malia podía oler la incomodidad de su compañero, pero no a causa de la pose chulesca de Stiles –que no le había perdonado los 200 puntos que Hufflepuff le había marcado la temporada pasada–, sino que más hacia la mirada penetrante que McCall le daba.

Oh” fue todo lo que pudo pensar la coyote al ver a la distancia la figura incómoda de Allison Argent mirando en dirección de ambos chicos. Claro, era eso. Quizás Malia fuese un poco lenta en las relaciones sociales, pero luego de tantos años rodeada de adolescentes hormonales, comenzaba a captar algunas cosas.

Decidiendo que no valía la pena meter el morro en asuntos de pareja (o triángulos), Malia observó a las otras dos leonas que venían tras Scott y Stiles, elevando las cejas a Cora Hale a modo de saludo y mirando luego a Kira quien olía a curiosidad mientras le devolvía la mirada. Eso le era agradable por alguna razón, sentirse observada por la chica no le producía esa sensación furiosa que otras miradas le provocaban en ocasiones.

—Hey, Yukimura. ¿Tampoco te presentas a las pruebas? —la asiática pareció sorprendida de la pregunta, como si nadie se la hubiese hecho antes, encogiéndose de hombros.

—Nunca he jugado Quidditch, la verdad. Leí un poco en un libro de Stiles, pero no alcanzo a entender todos los conceptos. En mi anterior escuela se jugaba Quodpot.

—¿Quodpot? —exclamó sorprendido Stiles, haciendo que todos volteasen a observar a Kira— ¡ese es un juego de salvajes! Nunca he visto un partido, pero dicen que son brutales, con la pelota estallándoles en las manos y todo eso —a pesar de sus palabras, el león sonreía emocionado, mientras Isaac pasaba su mirada desde la asiática a Scott, quien parecía haber olvidado su anterior lucha de miradas.

Kira rió haciendo que Malia diese un respingo sobresaltada. Sus orejas habían disfrutado inmensamente de ese sonido por alguna razón y ahora su coyote interior quería oírle otra vez, por favor. Parpadeó curiosa, mirando atenta a la chica, que empezaba a hacer gesticulaciones, como queriendo explicar que el Quodpot no es un juego tan salvaje como Stiles lo había pintado.

—… y si la pelota explota duele un poco, pero no es como si te quemase la piel o si dejase marcas. Solo hay que ser muy veloz para dejarla caer en la cesta, pasando el menor tiempo posible con ella en las manos. Yo jugué durante cuatro años y solo me explotó la Quod dos veces —afirmó con algo de orgullo en la voz, arrancando una sonrisa de parte de Malia quien se encontraba cogiendo el brazo de la asiática con los ojos brillando.

—Deberías presentarte a las pruebas si eres tan rápida. Como buscadora.

La mirada cuestionadora pero halagada de la chica fue todo lo que Malia necesitaba para arrastrarla del brazo rumbo al castillo. Por suerte las pruebas a los buscadores serían las últimas, así que tenían tiempo para prepararse.

++++

Todos quedaron con la palabra en la boca al ver alejarse a Malia Tate con Kira del brazo, pero como la de pelo negro jamás les pidió ayuda, los Gryffindor decidieron dejarla ser, Cora de hecho creía que era una buena idea que se presentase a las pruebas, pero no se le había ocurrido ofrecerlo antes. Merlín bendijese a la entrometida de Malia Tate.

Scott se arreglaba de forma casi compulsiva las protecciones, como buscando una excusa para no mirar en la dirección que Isaac Lahey se había alejado yendo a encontrarse con Allison, mientras Stiles daba todo de sí para parecer desinteresado del ambiente deportivo del lugar. Los dos eran unos leones patéticos pensó Cora mientras rodaba los ojos.

Encontró maligna satisfacción en patear la espinilla de Stiles, quien se quejó ruidosamente, sobresaltando a Scott.

—¡¿Y eso por qué fue?! —la fulminó con la mirada el único humano de los tres Gryffindor, mientras Scott parecía considerar si ponerse del lado de su mejor amigo o mantenerse apartado de la disputa. Por algo era hermano de manada de Cora.

—Porque eres un cobarde y nadie te cree que no quieres presentarte a la prueba. ¿Y qué si Mahealani tiene reflejos casi sobrehumanos? No es un hombre lobo ¡tienes una oportunidad contra él! —gruñó Cora, porque en serio, a veces Stiles era un idiota, pero en ocasiones era aún más obtuso de lo acostumbrado.

—¿Y por qué no te presentas tú, entonces, señorita Lunática? —la retó el humano, elevando la barbilla, haciendo que la mujer lobo se fijase en sus estúpidos lunares, y era realmente difícil mantenerse enojada con Stilinski si comenzabas a fijarte en sus estúpidos lunares—; tú podrías patearle el culo a la mitad de los candidatos, sin haberte subido a una escoba desde tercero.

—Porque no me gusta el Quidditch —expuso la chica—, y no soy yo la que anda poniendo cara de crup abandonado por no poder jugar —notando que la expresión ofendida de Stiles empezaba a dar paso a la de resignación, Cora se quitó la mochila en la que nadie reparado y la vació frente al chico, dejándole ver un montón de protecciones para el Quidditch. La expresión de sorpresa de Stiles valió la pena el esfuerzo de cargarlas desde la torre.

—Pero… esas son mis... ¿tú…? ¿Cómo? —al ver que Scott se encogió de hombros con una sonrisa, Stiles finalmente comprendió, dándole un puñetazo en el hombro a su mejor amigo—. De acuerdo ¿dónde está mi escoba? —preguntó resignado sin mirar a los ojos a Cora, porque él no iba a darle las gracias y la Hale tampoco esperaba que lo hiciese. La cordial enemistad de ambos lo impedía.

Poniendo una sonrisa burlona, Cora apuntó en cierta dirección para disfrutar del “Tenía que ser…” mascullando por Stiles, al ver a su hermano Derek de pie junto con el profesor Finstock, con una escoba al hombro que seguramente le parecía muy familiar al mejor amigo de Scott.

Luego de ponerse rápidamente las protecciones entre susurros insultantes que los finos oídos de Cora y Scott no se perdieron, Stiles les dio una mirada fulminante a ambos antes de caminar con decisión al otro lado del campo, ante la risa de Scott y la sonrisa maligna de Cora.

—Es que, Scott, entiendo su complejo de inferioridad con los licántropos, pero ahora afecta también a humanos normales, es irritante —se quejó la chica, metiendo las manos en los bolsillos de sus pantalones de mezclilla. Era sábado, así que la túnica había quedado sobre su cama, aunque la bufanda de Gryffindor daba vueltas alrededor de su cuello. Septiembre siempre era frío en Escocia.

—Ya. Supongo que es a causa de estar rodeado de seres sobrenaturales. Le hace ser más consciente de su… debilidad —murmuró Scott, apoyando su barbilla en el palo de su escoba, mirando en dirección de Allison Argent, cosa que no pasó desapercibida para Cora, pero a lo que no hizo alusión.

—De ser así, hubiese dicho que si cuando tío Peter le ofreció la mordida.

Las palabras de Cora parecieron ser una bofetada para Scott, cuyo cuerpo se tensó como una cuerda y volteó a ver la mujer lobo con una mirada penetrante. Cora por un momento se sintió intimidada, a pesar de que no había un brillo sobrenatural en los ojos del chico, su aura no era la de un beta normal, no. Era la presencia de un alfa en potencia, era la misma presencia que a veces sentía en su hermano Derek. Cora tuvo que hacerse una nota mental de no hacer enojar a Scott McCall de ser posible, y enviarle una lechuza a su madre esa misma tarde.

El silbato del profesor Finstock llamando a los aspirantes a acercarse rompió el silencio entre ellos, y Cora se fijó en que Stiles ya tenía su escoba y una expresión malhumorada, habiéndose perdido la interacción con Derek. La voz de Scott le sobresaltó, viéndole ir hacia la dirección que los otros estudiantes seguían. Se escuchaba serio, y aunque no había amenaza en su mirada, Cora aun así se sintió cohibida.

—Eso solo dice que para Stiles su humanidad es más importante que el poder ¿no crees?

La mujer lobo le vio alcanzar a su amigo, quedándose pegada en su sitio por unos momentos antes de echarse a andar pensativa hacia las graderías que ya comenzaban a llenarse de observadores.

¿Qué decía aquello sobre la naturaleza de Scott McCall, entonces?

++++

Lo único que podía sentir en ese momento Liam Dunbar era la sangre golpeteando en sus oídos. Contó hasta diez y volvió a iniciar, porque el latido de su corazón no se calmaba mientras apretaba con dureza el palo de su escoba. A su lado su amigo Mason Hewitt le prestaba poca atención a su drama interior, más ocupado endulzando la vista con los buenazos jugadores de Slytherin, quienes acomodaban sus protecciones y reían ruidosamente.

—Es que es injusto, te juro Liam, Hufflepuff apenas tiene un par de chicos sexys y son todos pasivos. Así no se puede. ¿No quieres cambiar tu corbata por la mía?

Un bufido de risa abandonó el pecho del chico de cuarto, mientras negaba con la cabeza. El bueno de Mason duraría exactamente treinta segundos en la Sala de Slytherin antes de ser devorado por las serpientes, pero era gracioso imaginarlo intentarlo. Ellos habían sido amigos desde antes de recibir sus cartas a Hogwarts y ni siquiera el sombrero enviándoles a casas distintas había podido alejarles. Eso y que la mitad de Slytherin odiaba a Liam por ser un mestizo y la otra mitad lo odiaba porque sus problemas de ira hacían que la casa perdiese en promedio treinta puntos semanales. Ni siquiera su buen rendimiento en Quidditch era capaz de hacerle tener más popularidad entre las serpientes.

—Creo que voy a vomitar —reconoció a Mason, quien dejó de mirar a los otros jugadores para mirar hacia el rostro compungido de su amigo.

—Oh, vamos, Liam, relájate. Solo son unas pruebas normales —le consoló cogiendo de sus manos tanto su escoba como su bate de golpeador—. Respira profundo. Vete a dar una vuelta. Pero caminando, que Finstock dijo que no quería ver a nadie en el aire —le recordó.

Solo con tal de alejarse de las miradas burlonas de los otros jugadores de Slytherin, Liam aceptó la propuesta de su amigo y comenzó a caminar por el campo alejándose del resto de la gente. Respirar se le hacía difícil en ocasiones como esa, en que sentía que toda su vida se reducía a algo tan pequeño como destacar en su prueba. Y era que podía ser toda la diferencia que necesitaba para por una vez no ser un lastre para su casa. Toda la motivación que necesitaba era recordar a su jefe de casa, Peter Hale, amenazándole con romper cada uno de sus huesos si es que ese año perdían la Copa de las Casas por su culpa. También era todo lo que necesitaba para tener un ataque de pánico.

Percatándose de que había dado casi una vuelta completa a la cancha, vió de reojo como un estudiante de Gryffindor parecía hablar en susurros con el profesor de Transformaciones, intentando arrebatarle la escoba que el hombre tenía en las manos. Pudo ver el momento preciso en que el maestro permitió que la mano del chico alcanzara el mango, dejándole marcharse con ella en el segundo en que Finstock sonaba el silbato llamando a los aspirantes. Todo sin dejar de sonreír burlón.

Genial, simplemente genial. Porque era justamente eso lo que Liam necesitaba. Todo el mundo había hablado de lo injusto que era que los dos entrenadores del equipo de quidditch fueran Gryffindor, pero ver el favoritismo y la cercanía era precisamente lo que Liam necesitaba antes de que las pruebas comenzasen.

Como si su inseguridad no fuese ya bastante.

Con el enfado a flor de piel, el Slytherin llegó hasta Mason que le buscaba, arrebatándole su escoba y el bate, apenas oyéndole desearle suerte antes de caminar hacia el grupo de los jugadores, parándose sin querer cerca de ese chico al que había visto hablar con Derek Hale.

—… es que, Scott, en serio, ambos me sacan de mis casillas —se quejaba a media voz, mientras aparentemente su amigo le decía “shhht” entre risas. Creía haberles visto en los partidos de Gryffindor, pero no les recordaba especialmente—. Son los dos igual de irritantes ¡los Hale deberían romper el molde luego de crear uno, no repetirlo!

—Shh, cállate, Stiles —intentaba silenciarle el tal Scott, riendo entre dientes. Adelante Finstock daba instrucciones sobre el orden de las pruebas y Liam se percató de la mirada amenazante que Hale enviaba en dirección a ellos, comprendiendo luego de un par de segundos porque Scott parece tan insistente a que ese Stiles se callase.

Brillante el hablar mal de un hombre lobo a menos de diez metros de él, donde obviamente podía escucharte. Ese tal Stiles no era demasiado inteligente, al parecer. Liam bufó apoyándose en su escoba y se ganó una mirada cuestionadora de Scott, antes de que le sonriese, confundiéndolo por un momento. ¿Por qué un Gryffindor estaba sonriéndole a él?

—¿Hay alguien que vaya a participar en las pruebas y no esté anotado en las listas? —preguntó Finstock delante del grupo, sacudiendo en el aire un par de hojas de pergamino mientras los estudiantes se miran entre ellos.

Nadie parecía ir a decir nada, hasta que una voz femenina se escuchó desde atrás, algo agitada, como si hubiese estado corriendo.

—¡Yo, profesor! Kira Yukimura, lamento la tardanza —la figura bonita de la asiática hizo recordar a Liam que era la chica nueva de la ceremonia de bienvenida. Gryffindors, siempre queriendo destacar.

Cuando miró hacia el frente volvió a encontrarse con la sonrisa de ese Scott, sintiéndose confundido y no sabiendo que rostro poner hasta que volvió a ver su nuca. Porque ¿qué rayos? Ni siquiera sus compañeros de casa le sonreían de esa manera, y un león iba y lo hacía, como si no pudiese ver su uniforme de Quidditch verde esmeralda.

Cuando los aspirantes a cazadores fueron llamados para las primeras pruebas Liam se encontró deseando que McCall le quitase la sonrisa fanfarrona a Jackson, el capitán de su equipo, el que le había hecho sufrir cada entrenamiento el año anterior. Al segundo por supuesto se arrepintió, porque antes que todo era un Slytherin y el triunfo de la casa era más importante. Sin embargo en el momento en que les vio volando otra vez esperó ver caer a su ex capitán.

Cuando Scott le arrebató la Quaffle por quinta vez a Jackson, Liam ya no pudo seguir ocultando su sonrisa.

++++

—Tu patético ex novio va a acabar pagando cada golpe que le ha dado a mi Jackson en cuanto lo nombren a él capitán —informó Lydia a Allison mientras se sentaba a su lado, las pruebas de los cazadores recién terminadas—. Lo va a destrozar en los entrenamientos —aseguró, con la confianza de ser la alumna favorita de la profesora Meredith Walker, de Adivinación.

La Ravenclaw consideró si ir o no a sentarse allí, pero el parloteo de Matt Daehler al final superó su paciencia y la pelirroja decidió que sentarse entre Hufflepuffs y Gryffindors era un mal menor en comparación a seguir escuchando al fotógrafo.

Cora Hale le dio una mirada de soslayo sin saludarle, mientras Erica Reyes sacudía a Malia Tate, emocionada porque su novio Vernon iba a presentarse a las siguientes pruebas ahora. Malia tenía expresión de preferir un Cruciatus a tener que estar allí siendo sacudida.

Allison solo tragó saliva, mientras se encogía de hombros, mirando hacia su mejor amiga.

—¿Así que crees que ambos serán seleccionados para el equipo?

—Oh, querida, lo sé. Y es curioso, porque probablemente el tercer seleccionado sea tu tejón. Será divertido verle intentar no parecer un gatito asustado frente al gran lobo del bosque —sonríe sarcástica, antes de recibir un codazo de parte de Allison y su ruidoso chistido.

Al lado de Allison, Cora se quedó mirando fijamente a Lydia, la que solo se frotó el costado lastimado por su amiga, dándole a la otra leona una mirada indiferente. Vale, quizás no debió decir eso, porque era como un secreto lo de la licantropía de Scott McCall, pero Allison estaba sobrerreaccionando. No era para tanto.

—¡Ya se van a presentar a las pruebas los golpeadores! —exclamó Erica, llamando la atención de todo el mundo hacia la cancha.

Ese grupo contaba solo con hombres grandes y musculosos, a excepción de un pequeñajo que parecía de cuarto año, del cual Lydia creía recordar haber escuchado a Jackson quejarse.

—¿No es ese el Slytherin que hizo que las serpientes perdiesen la copa de las casas por hacer explotar un caldero en el despacho de Harris? —preguntó curiosa, mientras Allison observaba a aquel que Lydia apuntaba. El profesor Harris de pociones ya era suficientemente amargado sin que nadie tuviese que presionarle.

—Creo que es el que recibió ese castigo por romperle el brazo a un Gryffindor de séptimo el año pasado —asintió Malia Tate, su mirada con algo de admiración. No todo el tiempo un enano de tercero ponía en su lugar a uno de séptimo. Esa noticia se había extendido como la pólvora y Lydia recordaba a su madre escandalizada por el hecho.

—Entonces es el que tiene el récord actual de visitas a la enfermería, según la enfermera McCall —sonrió divertida Cora, mirando apreciativamente al chico a la distancia.

—Ese es solo un rumor —corrigió desde detrás de ellas un Hufflepuff de piel negra, con las cejas elevadas pero una sonrisa divertida. Lydia no pudo encontrar su nombre en su base de datos, así que pronto perdió el interés en él, mirando hacia el frente donde los profesores Derek y Finstock liberaban ocho bludgers para que los aspirantes dirigiesen con sus bates hacía unos objetivos móviles, intentando evitar ser golpeados en el proceso.

Cora por su parte se enzarzó en una discusión aparentemente divertida en la que ella aseguraba que no era un rumor por las propias palabras de Melissa McCall y el chico, Mason Hewitt, insistía que su mejor amigo Liam no acababa tantas veces en la enfermería como se rumoreaba. Aunque los castigos y los puntos menos si fuesen ciertos.

Cuando las pruebas acabaron, solo dos Slytherin permanecían sobre sus escobas sin ningún hueso roto. Allison no necesitaba la confirmación de Lydia para saber que probablemente Liam Dunbar sería el golpeador titular junto con Boyd, el novio de Erica Reyes, la que abrazaba feliz a una hastiada Malia.

Las siguientes pruebas eran para las plazas de los guardianes y buscadores, la primera la que menos aspirantes tenía (solo cuatro) y la última la que más, unos diecisiete, según calcula Lydia con un vistazo rápido.

Ella no comprendía cual era la fascinación de todo el mundo por el puesto de buscador, si en su consideración era la posición más aburrida del Quidditch. Se pasaban, literalmente, el 90% del partido sentados sobre sus culos esperando ver aparecer la snitch, y luego era más una cuestión de suerte que de habilidad el atrapar la dichosa pelotita antes que tu rival.

Al comienzo Jackson había estado tan obsesionado como cualquier otro por tener ese puesto, pero Lydia consiguió convencerle con tiempo y psicología inversa de que debía tomar una posición en la que pudiese aplicar sus habilidades todo el partido, ya que no contaba con el físico escuálido necesario para el buscador. Ser cazador pareció ser idea suya y no de Lydia, y ella jamás intentó convencerle de lo contrario. Estaba feliz al final con que su novio destacase todo el tiempo y acabase siendo capitán tan solo en su cuarto año. La efímera gloria del buscador no era algo tan importante como ser el capitán de los ganadores de la Copa de Quidditch al final de año. O la novia del capitán, en su caso.

—¿Quién crees que vaya a ser seleccionado guardián? —le preguntó Allison como si ella fuera su pitonisa personal, sacándola de sus divagaciones. La pelirroja cruzó sus piernas y planchó su falda con las manos, solo causando suspenso, ya que no había que pensar demasiado para saber la respuesta.

—Danny —el asentimiento seco de la Gryffindor le informó que no era la respuesta que hubiese querido escuchar, pero que la aceptaba—. Aunque seguramente dejen a Stilinski como suplente. Voy a negarlo si dices que dije esto, pero ese chico es bueno en todas las plazas —agregó en voz baja, quitando una invisible pelusa de su falda, mientras Allison le miraba sonriendo con algo de burla, pero sin decir nada.

Quien también le miraba así era Cora Hale, quien obviamente le había escuchado con sus oídos sobrenaturales y parecía dichosa de saber algo para fastidiarle. Lydia sacudió su cabello en su dirección y decidió simular por el resto de las pruebas que la Hale jamás había nacido.

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No fue a sentarse con el resto de los espectadores, pero eso no significaba que no hubiese ido a mirar las pruebas. Habría podido presentarse él mismo, después de todo era un golpeador bastante decente, pero había visto la mole que era Vernon Boyd y recordaba demasiado bien los gritos de dolor de ese Gryffindor de séptimo que había llamado “serpiente sangre sucia” a Liam Dunbar ganándose un brazo quebrado, así que había decidido que lo mejor para su integridad física era mantenerse lejos del camino de esos dos.

Había aprovechado toda esa semana para minar la autoconfianza de Stiles sin que este se diese cuenta, aparentando estar de su lado, sabiendo que para cuando llegase el sábado no iba a presentarse a las pruebas, aunque Scott le hubiese obligado a firmar su nombre en la lista. Había estado listo para recoger al malhumorado y triste Gryffindor y “consolarlo” a su manera... pero Cora Hale se adelantó a sus jugadas. Ambos Hale lo habían hecho.

Maldiciendo internamente, Theo solo pudo quedarse a un costado del camino hacia las duchas, observando las pruebas a la distancia, considerando en como ajustar sus planes para conseguir el resultado que deseaba. ¿Y cuál es ese? Pues Stiles en sus garras.

Stiles le gustaba desde hace años, antes incluso de volverse un ser sobrenatural. Le gustaba porque era inteligente y precavido a su manera, a pesar de en ocasiones ser tan impulsivo como cualquier Gryffindor. Le gustaba porque podía ver más allá de las personas, y eso le había llevado a darse cuenta de que Malia Tate era más que solo una chica bruta de Gales y también a desconfiar de Theo desde el primer día. Si, a Theo le gustaba Stiles porque podía ver bajo su máscara de inocencia, algo que nadie más en ese estúpido colegio podía hacer, la mayoría tan inocentes como Scott McCall, simplemente confiando en él porque llevaba el emblema de un león en la túnica por sobre el corazón. Stiles no era así, y eso seducía a Theo más allá de lo explicable, queriendo arrastrarle por encima del límite de la moralidad, porque si Scott era un Gryffindor de manual, tonto, noble y valiente, Theo podía oler en Stiles mucho más. Y sus colmillos picaban por morder y descubrir que había más allá de la piel pálida y salpicada de lunares.

El sonido del silbato de Finstock dio por finalizada la prueba para los guardianes y Theo sabía que Mahealani de Ravenclaw había detenido muchos más lanzamientos que sus tres rivales, aunque Stiles no había quedado lejos. Su expresión malhumorada era todo lo que él había estado esperando, y casi podía saborear su victoria, cuando Scott detuvo a su amigo en su camino hacia los vestuarios. La mayoría de los jugadores se habían quedado allí a ver el resto de las pruebas, Scott entre ellos, sin embargo Stiles no parecía de humor para ello. El oído sobrenatural de Theo le permitió escuchar el final de la charla, a pesar de estar a más de treinta metros de ellos y la sonrisa se extendió por sus labios.

—Quédate tú a ver la prueba de Kira, Scott, iré a bañarme. Luego me alcanzas.

Scott acabó dejando caer los hombros resignado, dándole unas palmaditas a su amigo y yendo hacia la nerviosa asiática unos metros más allá, mientras Theo disfrutaba notando como Stiles caminaba en su dirección, sin percatarse de su presencia hasta el momento en que él decidió darse a notar.

—Lo hiciste muy bien, Stiles, no es tu culpa que Danny sea tan bueno —le consoló con su mejor sonrisa, mientras la expresión del otro Gryffindor se amargaba más, de ser posible.

—Déjame en paz, Theo, solo quiero darme una buena ducha y olvidarme de las pruebas.

—¿Y te la darás en los vestidores? Todo el mundo va a estar hablando de ellas —comentó con inocencia el chico, antes de acercarse y pasar el brazo por sobre sus hombros, mientras Stiles suspiraba molesto—. Pero siempre podemos ir a darnos un chapuzón al baño de los prefectos ¿sabes? Conseguí que Greenberg me soltase la clave sin demasiado problema ¿qué dices? —propuso apretando su hombro, ganándose una mirada curiosa y pensativa de parte del otro.

No necesitó escuchar su respuesta para saber que había ganado. Cuando miró hacia atrás vio la mirada fija del profesor de Transformaciones en ellos y por alguna razón eso le hizo sonreír más mientras se llevaba a Stiles de regreso al castillo, lejos del campo de Quidditch y todos los demás. Masilla en sus manos.



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Luego de que terminasen las pruebas Scott no pudo encontrar a Stiles ni en las duchas del Campo de Quidditch ni en la Torre de Gryffindor. Felicitó a Kira que atrapó la Snitch dos de las tres veces que los profesores la dejaron libre, por lo que ya todo el mundo creía que ella sería la nueva buscadora del equipo, y luego de dejarla con Malia (quien le había prestado la escoba y el equipo) enfiló hacia las duchas intentando no buscar con la mirada ni a Allison ni a la rubio prefecto de Hufflepuff. Sin embargo allí no encontró a Stiles. En cambio, se encontró con Liam Dunbar, el Slytherin que resistió tanto como Boyd el embiste de las bludgers, el que se le quedó mirando insistentemente mientras Scott ojeaba por encima de las duchas buscando a su amigo.

—Si buscas a “Stiles”, no está aquí —le informó el Slytherin mientras se ponía la camiseta, sacudiendo el cabello para quitar el exceso de humedad. Su forma de pronunciar el sobrenombre de su amigo hizo que Scott sonriera. Probablemente era la primera vez que lo decía.

—¿En serio? Vaya, se suponía que me esperaría. A lo mejor se duchó en la torre —dijo Scott pensativo, acomodando la escoba sobre su hombro, mientras el chico hacía un gesto de no saber, subiendo el pie al banco para anudar los cordones de sus zapatillas—. Por cierto, buen trabajo en el campo.

—¿Eh? —la expresión confundida de Dunbar era casi tan graciosa como verle resbalar en la condensación del agua en la madera, cayendo su pie al suelo. Scott se rió sin maldad, encogiéndose de hombros.

—Que lo hiciste muy bien. Seguro que serás uno de los golpeadores del equipo. Bueno, tengo que ir a buscar a mi desconsiderado amigo. Nos vemos luego.

Marchándose antes de que el Slytherin pudiese responderle, Scott consideró si no había sido un sonrojo lo que vio en las mejillas del chico de cuarto año. El vaho de las duchas habían impedido que los aromas le llegasen con la suficiente claridad.

Subió las larguísimas escaleras hasta la Torre de Gryffindor de dos en dos, cansado por las pruebas, pero queriendo darse una ducha y achuchar a Stiles. Seguro que se sentía mal por no haberlo hecho tan bien como Danny, pero lo había hecho genial de igual manera. Suponía que algunos achuches podrían calmar su mal humor.

Sin embargo tampoco estaba en las duchas comunes de sexto. Dejando descuidadamente su escoba y aun apestando, Scott bajó a la Sala Común para preguntar por Stiles, pero nadie lo había visto. Agradeció las felicitaciones de los que habían ido a ver las pruebas y al final volvió confundido y algo malhumorado a bañarse.

¿Desde cuándo Stiles era tan bueno para desaparecer? Aún con los sentidos magnificados, Scott sentía que perdía de vista a su mejor amigo más seguido que cualquier otro año. Eso debía ser solucionado. Quizás podría convencer a Derek que le permitiese llevar a Stiles a los entrenamientos nocturnos en el Bosque Prohibido, los que aún no retomaban pero que según Hale sería pronto. Scott solo esperaba que fuese antes de que las nieves comenzasen.

Cuando llegó al Gran Comedor para almorzar, su enojo dejó paso a la preocupación, porque aunque no creía que haber sido derrotado por Danny pudiese afectar exageradamente a Stiles (sobre todo porque Danny era su amigo), su ausencia era alarmante, al menos para un hombre lobo sobreprotector como era Scott.

Cora pareciese captar su sentir, porque elevó sus cejas mirando hacia la mesa de Ravenclaw donde Danny estaba sentando a un lado de Jackson quien era alimentado por Lydia, probablemente como premio por su buen desempeño. Nada de Stiles por ahí tampoco.

—¿No lo has visto desde las pruebas? —preguntó la chica lobo, llamando la atención de Kira y Malia, quienes charlaban animadamente como si se hubiesen conocido toda la vida. Scott negó, partiendo una hogaza de pan, cuchareando con desgana su estofado.

—¿De quién hablan? ¿Stiles? —preguntó Malia, comenzando a olisquear el aire, pero bajando los hombros luego de un momento. Imposible que pudiese sentirle allí, los olores de los distintos platos cubrirían toda esencia del chico, Scott lo había intentado.

—Seguro está bien —comentó Kira, aunque no demasiado confiada de sus palabras, antes de soltar una exclamación de sorpresa— ¡Theo! ¿Qué te ocurrió?

Scott se giró rápidamente para ver a su compañero, notando el porqué de la preocupación de Kira. Tenía un feo corte en la ceja y lo que parecía un golpe en el pómulo, pero más que adolorido venía algo enfadado. Se dejó caer a un lado de Scott y se encogió de hombros.

—Está bien, sanará —indicó para despreocuparlos. Scott sabía que era un hombre lobo, aunque no pertenecía a la manada de los Hale. Theo no hablaba de cómo había sido convertido en tercero, y todos respetaban su silencio. Todos excepto Stiles, naturalmente—. Deberían ver como quedaron los Slytherin.

Tanto Scott como Cora chasquearon sus lenguas con contrariedad, Scott porque desaprobaba toda clase de violencia y Cora, probablemente, porque desaprobaba la violencia hombre lobo vs humano, por las políticas que su madre llevaba años instaurando. Theo se encogió de hombros.

—Stiles fue el que mejor salió parado, lo cual es un poco injusto si pensamos que él fue quien empezó todo —comentó como si fuese un detalle sin relevancia, comenzando a comer. Scott no tardó nada en sujetar su brazo con fuerza.

—¿Qué le pasó a Stiles, Theo? —gruñó sin poder contenerse, sus ojos probablemente brillando amarillos por la expresión del otro hombre lobo quien tragó su comida, su corazón acelerándose un poco.

—Estaba bien. Chris Argent nos cogió a media pelea, nos quitó 20 puntos a todos los involucrados y dijo que llevaría a Stiles y los otros dos a la enfermería. Quise ir con ellos, pero Argent me dijo que si me veía rondando la enfermería me quitaría 50 puntos —Theo levantó las manos, mientras negaba con la cabeza—. Supongo que es su forma de castigarme, negándome la atención médica.

—Eres un hombre lobo, Theo, no necesitas atención médica —le acribilló con la mirada Cora hablando en siseos bajos—; al menos no por esas heridas estúpidas.

—¿Por qué se metieron en esa pelea? —preguntó Scott más tranquilo al pensar en su madre cuidando de Stiles, pensando si ir de inmediato o terminar de comer. Las heridas de Theo no tenían importancia, seguramente ya estaba curándose y al acabar el almuerzo estaría como nuevo—. ¿Por qué la empezó Stiles? —arregló la pregunta luego de un momento.

Theo se encogió de hombros de nueva cuenta, comiendo otro poco, como si no quisiera responder, pero ante la insistente mirada de Scott terminó hablando, bebiendo de su zumo de calabaza.

—Dijeron que no tenías ni una posibilidad de ser el capitán del equipo contra Jackson. También hicieron algunas alusiones a lo buena que está tu madre —aceptó con un tono de aquel que hablaba por obligación, no por gusto.

Scott acabó suspirando y comenzó a comer más rápido. Eso sonaba totalmente a Stiles. Solo le quedó reunir algunos emparedados y llevárselos a la enfermería a su amigo, y de paso saludar a su mamá.

—Puede que Slytherin tenga a Liam Dunbar para perder sus puntos, pero nosotros tenemos a nuestro propio Dunbar, aka Stiles —habló con tono sarcástico Cora, masticando sin modales su trozo de ternera—. Si esto sigue así, capaz y Hufflepuff acaba ganando la Copa de las Casas.

¡Yeah! Victoria por default —exclamó con falsa emoción Malia mientras mostraba la palma a Kira quien se la chocó aparentemente sin saber porque, entre risas.

++++

—Dos semanas, Stiles. Dos semanas antes de caer en la enfermería. Realmente me siento orgullosa de ti, has avanzado mucho, es un récord.

—Lo sé, me estoy haciendo viejo… ¡auch, auch, auch! ¡Eso duele!

Los gimoteos de Stiles por la limpieza que la enfermera estaba haciendo a sus heridas solo provocó que el profesor Argent rodase los ojos. Los estudiantes de Slytherin ya habían sido curados de sus heridas menores y enviados a almorzar, pero Melissa tenía la política de curar de forma muggle a Stilinski por alguna razón que él no alcanzaba a comprender. Eso era una especie de tortura, definitivamente.

Por ese motivo había decidido quedarse hasta el final de la curación, además que escuchó lo suficiente de la pelea como para saber que había sido el Gryffindor quien había perdido los papeles en primer lugar, por lo que sería el único castigado.

—Quizás no es mi posición preguntar, pero… ¿cuál es el motivo de no realizar un simple Episkey en las heridas del joven Stilinski? —luego de cinco minutos de quejidos variados Chris no pudo contener su curiosidad, llamando la atención tanto de la mujer como del estudiante, el cual se apresuró a responder antes de que la enfermera abriese la boca.

—Porque mi padre y ella son amigos y mi padre quiere que aprenda de la forma más dura a no meterme en problemas, por eso —se quejó con un puchero, antes de soltar un siseo por la forma que la gasa de la mujer frotó una herida especialmente profunda sobre su ceja.

Melissa parecía al borde de la sonrisa, pero miró al profesor con ojos tranquilos y la expresión seria, continuando con sus labores.

—La madre de Stiles tenía una rara condición que producía que ciertos hechizos curativos no solo no surtieran efectos, sino que tuviesen algunos resultados alterados. Nadie se dio cuenta hasta que fue demasiado tarde y hasta hoy no se sabe si es una enfermedad congénita o algo que solo le ocurría a ella, por lo que el Jefe Stilinski prefiere que ningún hechizo curativo sea realizado en Stiles, a menos que sea una situación de alta gravedad.

—Esa es la versión larga, la versión corta es que ella disfruta tanto como mi padre el hacerme sufrir ¡auch! ¡Eso fue brutalidad innecesaria! —se quejó cuando un paño cubierto de una pasta fue empujado contra su mejilla donde se veía un golpe pintándose de oscuro.

El profesor de Defensa contra las Artes Oscuras asintió pensativo a las palabras de la mujer, viendo como ponía otro poco de esa mezcla verdosa en un paño, para apoyarlo esta vez en el cuello lleno de lunares del muchacho. Jamás había escuchado sobre una enfermedad como la que la madre de ese chico parecía haber tenido, pero el mundo mágico era muy ancho y peligroso. Ya tenía en mente al menos cinco objetos malditos que podrían tener efectos mortales parecidos, como ese brazalete que provocaba que todos los objetos llamados con un Accio golpeasen al convocador. O esa novela que robaba la energía del lector a cada párrafo que se leía, dejando la intriga por la siguiente frase. Algún objeto reflector podría provocar que los hechizos curativos rebotasen, o se modificasen al ser enviados. Aunque supone que en su momento había habido expertos analizando el tema. Había sido la esposa del Jefe de Aurores después de todo. Recordaba haber leído sobre su fallecimiento en El Profeta hacia años.

—Comprendo. Es curioso que haya tenido efecto solo con los hechizos curativos. Las pociones y mezcolanzas son inofensivas entonces —medio cuestionó medio afirmó, apuntando distraídamente hacia el pote de la enfermera, quien asintió encogiéndose de hombros.

—Trabajo con lo que tengo. Stiles tiene exámenes físicos cada año, pero aún no se sabe si hay algún desencadenante o es una condición permanente.

—Podría tener que ver con la edad también —afirmó Chris, observando al chico que empieza a removerse incómodo.

—Dejen de mirarme como si fuese una animal de la clase de “Cuidado de Criaturas” —se quejó a media voz, mientras Melissa reía, dándole un par de palmaditas.

—Está bien, he terminado contigo. Lamentablemente no creo que alcances al almuerzo.

—No importa, ya le traje algo yo —habló una voz mientras se abría la puerta de la enfermería.

Chris observó como Scott McCall entró con pasos seguros en la habitación, como si fuese el dueño del lugar. Podía ver la diferencia en el muchacho de hace un año, cuando aún no había sido mordido. Había sido tímido y travieso solo por seguir a Stilinski, siempre calentando el banco de Quidditch, sonriendo con una inocencia impropia para un chico de 15 años. Hoy podía ver al hombre tras la sonrisa cálida hacia su madre y su mejor amigo, podía ver el gesto de respeto hacia él y también de cierto temor fundado, porque su apellido por años ha estado unido al término “Cazadores de Monstruos” y no hacía ni diez años que los Hombres lobo habían dejado esa categoría para los Argent. Al menos para algunos de ellos.

—McCall —le saludó con una exhalación tranquila, mientras el Gryffindor asentía levemente en su dirección.

—Profesor Argent, buenas tardes.

Chris podía sentir la mirada de Stilinski en su nuca. Quemaba. Volteó a verle con brusquedad, disfrutando el verlo sobresaltarse para luego elevar una ceja. Suponía que el castigo medieval de ser curado a la forma muggle era suficiente correctivo para el muchacho y con la historia sobre su madre Chris se podría dar como pagado por su tiempo perdido en ese lugar, así que con un lacónico “Enfermera McCall” caminó en dirección a la puerta de salida.

El suspiro de alivio de Stiles fue tan ruidoso que Argent no pudo evitar sonreír ampliamente mientras giraba el pomo, hablando de espaldas.

—Castigo el miércoles después de clases en mi oficina, Stilinski. No llegues tarde.

El gemido de frustración del estudiante le acompañó mientras cerraba la puerta tras él al salir.

++++

Jackson había estado felizmente almorzando en el Gran Comedor en la mesa de Ravenclaw junto a su mejor amigo y su novia, cuando un par de idiotas se le acercaron iracundos a, literalmente, acusar a Stilinski de hacerles perder 40 puntos para Slytherin. La respuesta del chico había sido un desinteresado “¿Y qué se supone que haga yo?” porque la verdad creía que si ese escuálido les había hecho enojar lo suficiente para que un profesor les pillase agarrándose a golpes como sucios muggles, pues las serpientes se lo tenían bien merecido.

No era que no le molestase que su casa perdiese puntos, pero no era su jodido problema. No era como si fuese el príncipe de Slytherin o algo así. Era el Capitán de Quidditch.

Sin embargo las expresiones ultrajadas de sus compañeros y la mirada de Lydia de “Haz algo, por el amor de Merlín, que me arruinan el almuerzo” le hicieron gruñir, dando por terminada su comida y poniéndose de pie. La mano de Danny en su brazo le detuvo un momento, pudiendo leer el cuestionamiento en sus ojos, pero Jackson se soltó de su agarre.

—Solo iré a tener una charla amistosa con nuestro querido Stiles —le aseguró, chorreando sarcasmo. Danny pareciese querer ir a decir algo más, pero al final se encogió de hombros. Y así estaba mejor. Se suponía que al final su mejor amigo era Jackson.

Saliendo del Gran Comedor, se deshizo de sus compañeros, porque la verdad no le placía que luego le preguntasen si le daba miedo enfrentar al Gryffindor por su cuenta. Mejor sería si estaba con McCall, porque desde el año anterior que le venciese en el partido entre sus casas que Jackson se las tenía juradas. Al menos habían acabado ganando la Copa de Quidditch, aunque perdiesen la de las Casas por culpa de Liam. De no ser así, seguramente le hubiese dado un puñetazo a McCall en el mismo momento que le vio subirse a su carro el primer día de ese año. Y era que nadie le iba a sacar de la cabeza a Jackson que McCall hizo algún tipo de trampas en aquel partido, Felix Felicis o algo así, porque nadie se volvía tan bueno como él se había vuelto sin un poco de ayuda. No era como si pudiese probarlo, pero algún día lo sabría.

Iba camino a la enfermería, pensando en esperar en algún pasillo a que Stiles saliese de allí, cuando una conversación llamó su atención, deteniendo su paso y escondiéndose tras una armadura al notar que venía de un pasillo lateral. No era que Jackson fuese especialmente cotilla, pero la información era poder en Hogwarts y eso todos los Slytherin lo sabían.

—No creo poder hacer esto, Isaac —murmuró una voz algo constipada. Sonaba como Allison, la hija de los profesores Argent y mejor amiga de Lydia. Cuando escuchó la voz de Lahey supo que debía ser ella.

—¿Por qué? Recuerda que tú fuiste la que querías que…

—¡Lo sé! Porque mi madre… pero no puedo hacerlo si tú estarás en el mismo equipo que Scott. No puedo hacerte eso.

—Yo estaré bien, no le tengo miedo a McCall y…

—No es eso. Yo no puedo hacerte eso. Lo siento, Isaac.

El ruido de los pasos hicieron que Jackson se pegase más al muro de piedra, pero la Gryffindor se fue en la otra dirección así que nunca se dio cuenta de que estaba allí. El Slytherin consideró sus opciones, pero luego de un momento salió de su escondite y se adentró en el pasillo, donde a los pies de una escalera que daba al segundo piso, Isaac parecía perdido en sus pensamientos.

—Que lamentable estampa, Lahey. Botado por una chica apenas dos semanas luego de empezar el curso —sonrió burlón, mientras el Hufflepuff daba un respingo, mirando al otro.

En sus ojos vió el reconocimiento y luego la vergüenza, el enojo vibró más tarde, al desviar la mirada.

Ambos se conocían desde niños porque vivían en el mismo barrio mágico en Londres. Nunca habían sido amigos, pero siempre se habían conocido. Jackson no creía haber compartido más de un puñado de frases con el de rubios cabellos ensortijados, así que en verdad no sabía qué hacía allí.

—¿Qué quieres, Jackson? —dijo luego de unos momentos el tejón, como si hubiese estado leyendo su mente y supiese que no tenía motivo alguno para estarle mirando desde lo alto.

Jackson se humedeció los labios, pensativo. No entendía del todo la charla que había tenido Allison Argent con él antes, pero sabía que podía sacarle provecho de alguna manera. Se podía sacar provecho de todas las situaciones.

—Si quieres recuperar a tu chica de McCall yo puedo ayudarte —fanfarroneó, llamando la atención del tejón, aunque con la duda marcada en la mirada—, y solo tendrías que hacer una pequeña cosa por mí.

—… ¿qué?

—Votar por mi como capitán —sonrió Jackson con los brazos como jarras, ante la sorpresa de Isaac.

Con el favor de Boyd, Danny e Isaac (Liam obviamente tendría que votar por él) los entrenadores no tendrían más opción que aceptarle a él como capitán del equipo. Eso y ver a Isaac luciendo a la ex novia de McCall en su cara sería una venganza cojonuda por la derrota del año anterior. Solo tendría que esperar un poco más y ya. Hasta Stilinski se arrepentiría de los puntos que hizo perder a Slytherin ese día.

++++

El lunes justo antes de la hora de la cena el profesor Derek Hale clavó en el tablón de anuncio la lista de los estudiantes seleccionados para el equipo de Quidditch de Hogwarts junto con la convocatoria para el entrenamiento el sábado siguiente.

El enorme coro de alumnos que se formó en el Hall llamó a Kira a acercarse, pero no tuvo tiempo de leer cuando tuvo encima el cuerpo cálido de Malia quien le abrazaba con fuerza, con una risa que casi parecía ronroneo.

—¡Eres la nueva Buscadora, Kira! ¡Yo lo sabía!

La asiática rió anonadada, devolviendo el abrazo y perdiéndose un momento en los ojos antinaturalmente brillantes de la chica. Su mirada distraída en el pequeño gesto de la Hufflepuff humedeciendo sus labios con la punta de la lengua, sin borrar su sonrisa.

—Gracias a ti, Malia.

—Desde el principio noté que eras especial —contestó ella.

Ambas siguieron abrazadas cuando una exclamación fuerte rompió el momento, girando a observar como un feliz y risueño Scott abrazaba por encima de los hombros a un aparentemente ofendido Stiles.

—¿Qué rayos se supone que hace un “Asistente - Suplente General”?

—Podrían acusarme de hacer spoilers, pero no sería algo así como ¿sirviente de Derek? —preguntó con una sonrisa burlona Cora, ganándose otra exclamación ofendida de Stiles.

Kira no pudo evitar reír más, mientras Malia le liberó del abrazo y se acercaron juntas para felicitar a Scott por su puesto como cazador, la asiática aprovechando de hacer un hueco y poder leer por fin el letrero.

Luego de un momento se aclaró la garganta y llamó la atención de los otros Gryffindor, apuntando al pie del pergamino, algo que probablemente nadie había leído. Sus cejas elevadas en curiosidad.

—¿Es normal en Quidditch tener Co-Capitanes?


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Pasó todo el martes y el miércoles resistiendo el impulso de ir directamente hacia Derek y exigirle explicaciones por esa posición fantasma en la que apareció en el pergamino del equipo de quidditch de Hogwarts. No lo hizo principalmente porque los ánimos entre los de sexto año no eran los mejores en ese momento y Stiles se concentró en estar todo el día al lado de Scott, dándole un poco de apoyo moral frente a las miradas asesinas de los Slytherin, porque nadie podía explicarse como era que Jackson no era el capitán de Quidditch. El “único” capitán, quería decir, porque eso de los "Co-capitanes" sonaba tan extravagante y nunca visto como lo de “Asistente–Suplente General”. Seguro que Finstock y Derek se fumaron una buena para decidir eso.

Las pocas veces que se encontró con la mirada del profesor de Transformaciones fuera de clases, Stiles le ignoró. Quería pensar que fue cosa de Finstock y no del Hale. Allison le había dicho en el desayuno que no debería molestarse por la posición otorgada ya que, aunque todo el mundo sabía que el Quidditch se jugaba sin suplentes, el que le hayan escogido como Asistente le sonaba más por ser Campeón de Ajedrez por tres años consecutivos que por otra cosa.

Scott tampoco entendía que tenía que ver el Ajedrez con el Quidditch, cuando se lo comentó más tarde, pero por algún motivo las palabras de la chica tranquilizaron a Stiles. Si, quizás eran sus estrategias las que querían, y lo de "Suplente" era solo porque estaban siendo un poco precavidos con lo de los trasladores internacionales y eso. Quizás Lydia vaticinase que Jackson acabaría incidido por uno, Merlín le escuchase.

Cuando la clase de Defensa llegó a su fin el miércoles, Stiles se encontró arreglando sus cosas al lado de Scott, animado al escucharle hablar sobre el entrenamiento del sábado sin la confusión que venía arrastrando desde el lunes a causa de la posición de “Co-Capitán”, cuando un carraspeo desde el frente de la sala llamó su atención justo antes de escuchar su apellido ser pronunciado.

—Stilinski. Espero que no haya olvidado que hoy debe cumplir su castigo —le recordó el profesor Argent y Stiles no necesitó mirarle para saber que sus ojos debían brillar complacidos.

—… claro que no, profesor —Stiles suspiró mientras volvía a dejar su bolso sobre la mesa, Scott dándole una palmadita de ánimo en el hombro, sonriendo de medio lado.

Por su lado pasó Lydia acompañada de Allison, la primera apenas dándole una mirada indiferente antes de salir del salón. Genial, justamente Defensa debían darla ese año con los Ravenclaw, se lamentó el chico. Ahora qué pensaría la pelirroja de él, que era un busca problemas. Aunque siendo Jackson su novio, probablemente ya sabría de la pelea del sábado con los Slytherin. No había sido un secreto de todas formas.

—Te guardaremos de tu comida favorita si llegas tarde a la cena —le animó Kira, mientras Cora solo le sacaba la lengua, riendo socarronamente.

—Gracias, eres un encanto —le respondió con sinceridad Stiles, viendo como todos sus amigos terminaban saliendo, dejándole solo en el salón.

Sin saber si volver a sentarse o esperar parado, con su hiperactividad habitual el Gryffindor comenzó a moverse incómodamente sobre sus pies, rascándose la nuca y suspirando de forma algo ruidosa al ver como el profesor Argent continuaba leyendo unos papeles sin prestarle ni la menor atención.

Habían pasado casi cinco minutos (aunque Stiles sentía que había sido una hora) cuando finalmente el mago abrió la boca, sin levantar su vista de los pergaminos en su mesa.

—Vas a cumplir tu castigo con el profesor Hale, Stilinski, así que dirígete hacia allá de inmediato.

Las palabras escaparon de su boca antes de que pudiese detenerlas.

—¿Qué? ¿Peter Hale? —el nombre fue pronunciado con una mezcla de esperanza y a la vez temor, porque de alguna manera ambos profesores Hale eran malas noticias para él, por motivos distintos. Derek porque se odiaban mutuamente, y Peter porque… rayos, el tipo le daba miedo hasta en sus mejores días.

—Por supuesto que no. Derek Hale —Chris Argent lo miraba como si a Stiles se le hubiese puesto la piel verde y las piernas se hubiesen transformado en una cola de pescado. Como si le pareciese absurda la idea de dejar solo a un estudiante con Peter Hale. Quizás fuese así.

—Pero… ¿el castigo no tenía que cumplirlo con usted? —Stiles no quería pensar en cómo su pregunta sonaba más a una súplica, temiendo que el mayor se había dado cuenta de eso, volviendo a sus pergaminos.

—Pues resulta que yo no tenía ninguna tarea particular que ofrecerte y en cambio Derek tiene varios asuntos que cumplir. Así que te he “cedido” —Argent sonaba divertido, antes de levantar ligeramente las cejas, apuntando con la pluma hacia la puerta en un mudo “Retírate” que Stiles no se perdió.

Derrotado y molesto por como todo le salía mal, el Gryffindor se despidió del profesor y caminó con pasos lentos y pesados en dirección al salón de Transformaciones, aledaño al despacho de Derek. Si no supiese que hacía mal para sus dientes, los chirriaría. Vale, quizás los chirreó un poco de todas formas en su camino a la horca.

¿Por qué todo el mundo parecía obsesionado con empujarle hacia Derek Hale? Era una estupidez. Vale que durante sus cuatro primeros años en Hogwarts había tenido un enamoramiento gigante con el ayudante del profesor de Transformaciones y hermano de Cora, un enamoramiento casi tan grande como el que sentía por Lydia Martin (lo que deja en claro la bisexualidad jamás mencionada de Stiles), sin embargo todo eso se había acabado en el mismo instante en que el Hale se había convertido en Profesor y había dejado latente el desprecio que sentía por él.

Quizás sus primeros años Derek Hale le había ignorado con la misma profesionalidad que lo hacía Lydia, sin embargo el año anterior ya no pudo seguir haciéndolo al tenerle en el salón e inevitablemente ver la pálida mano del chico en alto. Porque Transformaciones era la única clase en la que Stiles hacía y respondía preguntas de forma excesiva, y no tenía nada que ver con el sexy hombre lobo que impartía la clase. Absolutamente nada que ver.

A lo mejor tenía un poquito que ver.

De cualquier forma no sirvió de nada. Desde la segunda semana de su quinto año, Derek ignoraba sus dudas, elegía alumnos aleatoriamente para responder las preguntas sin prestar atención a su mano alzada y jamás le dio un miserable punto, por perfectas que fueran sus Transformaciones. Stiles estaba a un paso de rendirse cuando antes de Navidad ocurrió algo que lo cambió todo. Algo que hizo que Scott y Derek se hicieran “Familia” y que avivó la esperanza en Stiles de poder hacerse cercano a aquel por el que llevaba suspirando desde primer año. La esperanza no le duró demasiado.

—Adelante —invitó la voz profunda de Derek antes que Stiles tuviese tiempo de tocar la puerta, haciéndole maldecir en voz baja.

Había pensado en tomar un respiro antes de llamar, pero el maldito hombre lobo no le dio oportunidad alguna. Stiles odiaba sus oídos super desarrollados y lo silenciosos que a veces eran los licántropos. Un día Scott iba a darle un paro cardíaco, podía jurarlo.

Entrando en el despacho del profesor de Transformaciones, Stiles se quedó a dos pasos de la puerta, con una ceja alzada y los brazos cruzados, sin avanzar más. Solo mirando al hombre al otro lado del escritorio que parecía una absurda réplica de Chris Argent. Merlín, ¿es que todos los profesores hacían lo mismo tras sus clases? Verles revisar pergamino tras pergamino provocaba la convicción aún más firme en Stiles de volverse Auror. Puede no ser un hombre lobo, pero necesita la acción en su vida. No iba a morir de aburrimiento tras un escritorio.

—Ejem —llamó luego de dos minutos sin que Derek le mirase—. El profesor Argent me envió. ¿Qué quieres?

Derek aun así se tomó unos momentos más para revisar la redacción del pergamino en sus manos antes de hacerle una marca y dejarlo a un lado. Stiles por fin pudo ver sus ojos y casi hubiese preferido no hacerlo porque su seguridad y pose chulesca comenzaron a diluirse bajo ese verde bosque.

—¿Por qué estás castigado? Chris no quiso decirme el motivo, por alguna razón —elevó una ceja Derek, mientras algo se removía en el estómago de Stiles. Tragó saliva, no queriendo demostrar debilidad porque sabía que el otro podría olerla. Reunió su enojo y trató de opacar con él cualquier otro aroma.

—¿Y qué te hace pensar que yo te lo diré? —contra preguntó, dejando caer su mochila en el suelo a un costado de la puerta, antes de avanzar y sentarse descuidadamente en una de las sillas frente al escritorio, del otro lado de donde Derek estaba sentado. Tamborileó sus dedos en sus rodillas y alzó las cejas—. ¿Tienes trabajo para mí o me voy? No me apetece perderme la cena solo por ver tus cejas bailarinas.

Como respuesta el ceño del hombre lobo de pronunció aún más, abriendo un cajón y sacando un montón de pergaminos en blanco junto con un modelo y una lista. Solo le bastó leer las primeras líneas para saber que era una autorización para que los padres o tutores diesen permiso a los estudiantes del equipo de Quidditch para salir del país por medio de Trasladores para los partidos del campeonato. Le sorprendió un poco que el pergamino modelo estuviese con su nombre, pero pensó que tenía sentido. Su padre reconocería su letra si él escribía su propio documento de autorización.

—¿Tengo que escribir cada autorización? —preguntó un poco horrorizado, mirando los pergaminos en blanco. Eran tres hojas por cada estudiante, lo que haría la considerable cantidad de veintiún folios completos. Era como cuatro trabajos de pociones de una vez—. ¿No puedo escribir uno, hacerle el hechizo geminio y rellenar con los nombres?

No sabía para qué pregunta en verdad, si sabía la respuesta con anticipación. La sonrisa burlona de Derek borró cualquier esperanza que pudiese tener.

—Es un castigo ¿no?

Maldito lobo sádico.

++++

Después de acabar de leer las redacciones de los alumnos de tercer año, Derek pasó hacia los folios de los de séptimo, pero solo había leído dos cuando tuvo que dejarlos a un lado. Por Cernunnos, ¿con esa redacción pensaban sacar una buena calificación en sus EXTASIS? Probablemente el año siguiente tendría que subir su exigencia a “Extraordinario” en los TIMOs y no como ahora que estaba en “Supera las Expectativas”.

Estirándose en su silla, el hombre se percató de que su despacho estaba silencioso. Muy silencioso. Y eso no sería extraño cualquier día, ya que él no era como la loca de Meredith Walker que tenía un piano encantado sonando todo el día en la sala de Adivinación o Marin Morell que tenía agua corriendo entre rocas en su despacho. Pero bueno, si era extraño esa noche, porque esa noche Stiles estaba allí.

Sentado al otro lado del escritorio casi como una estatua excepto por el movimiento sutil de su muñeca, Derek se fijó por unos segundos en el movimiento de sus labios rosas, enrojecidos en un costado posiblemente por haberlos mordido un momento. Sus agudos oídos lupinos apenas podían distinguir el rasgueo de la pluma sobre el pergamino, porque Stiles la movía con habilidad suficiente para que se deslizase casi sin tocarle, solo dejando la tinta caer en la hoja. Parecía magia.

A Derek no le sorprendía que luego de escribir tres documentos completos el Gryffindor ya no necesitase observar el modelo para continuar los demás. Nadie dudó de la inteligencia del chico, el problema era que a veces parecía demasiado desinteresado en los temas estudiantiles como para aplicar esa inteligencia en sus clases. Prefería escribir en el examen de Aritmancia la historia de cierta práctica de tortura muggle llamada circuncisión, o algo así, a resolver los ejercicios que obviamente sabía. La mitad de los profesores no sabían qué hacer con él y la otra mitad ya se había rendido de intentar cualquier cosa.

Aun así, él sabía que no era el único que veía el potencial de Stilinski. Chris era un ejemplo de ello. Para su molestia, su tío Peter era otro.

No sabía que era lo hizo (¿quizás bufó al pensar en Peter interesado en Stiles?), pero el estudiante parpadeó un poco saliendo de su ensimismamiento para mirarlo a la defensiva, alejando la pluma del folio a medio escribir.

—¿Qué? —preguntó Stiles, con ese tono de inquietud y esa mirada desconfiada que hacían gruñir a su lobo interior. Porque su lobo no aceptaba que el chico reaccionase así frente a él. Esa actitud era un desafío para su lobo, el cual exigía sumisión. Eso es lo que quería del Gryffindor.

Tomó todo el autocontrol de Derek mantener a su bestia a raya cuando Stiles le miraba de esa forma. Y del único modo en que podía responder era cortante.

—Si sigues te vas a perder toda la cena —gruñó el mayor, poniéndose de pie—. Déjalo ahí. Seguirás mañana.

—Mi castigo era solo por hoy —se quejó Stiles, aunque se paró sobre sus pies de igual modo, al parecer incómodo por la diferencia de estaturas según podía olerle, aunque Stiles estaba mucho más alto que el año anterior. Casi de su altura.

—Sí, mañana no vendrás por castigo sino que por tu posición de asistente —respondió en un gruñido más profundo, aunque solo para intentar ocultar lo complacido que se sentía su lobo de saber que tendría al muchacho al alcance de su mano muchas más veces durante ese año. Aunque Derek jamás se permitiese estirar el brazo.

La expresión de Stiles era ofendida, pero luego chasqueó su lengua y terminó por cerrar la tinta que había estado utilizando, yendo por su mochila. Derek no se movió, viendo cada uno de los movimientos del menor a la distancia. Podía saber que hablaría antes incluso de escucharle.

—Así que… ¿voy a estar haciendo el trabajo que deberías hacer tú, como ayudante del entrenador? —preguntó de forma sarcástica Stiles, enviando ondas placenteras por la espina de Derek por su tono. Él solo parpadeó, mirando la nuca del chico que no se giró a mirarle.

—No soy el ayudante de Finstock. Somos Co-Entrenadores.

—Ya —la forma lacónica en que respondió el Gryffindor a su gruñido, hizo que su piel picase. Sus colmillos molestaban en su boca y Derek cerró sus párpados con fuerza. Seguramente brillaban azules en ese momento. El desafío de Stiles no era bueno para su cordura—. ¿Y por qué es eso? ¿Porque querían? ¿O porque desconfiaban de dejar a un hombre lobo a cargo? Así como temían nombrar a Scott único capitán por su licantropía...

El tono molesto de Stiles se arrastró por el cuerpo de Derek y llegó directo a la zona que no debería ir, haciéndole gruñir audiblemente mientras sus manos se apretaron en puños. ¿Por qué demonios tenía que ser un chico tan inteligente?

—Eso no es cierto —intentó mentir entre dientes—. Tanto él como Jackson son…

—¡No me vengas con mierdas, Derek! yo sé bien cómo funciona este colegio, aunque Deaton sea el director —el que Stiles se girase a verle solo hizo todo más difícil. La luz de las antorchas a un costado de la puerta chocó contra su piel pálida creando sombras invitantes en su rostro con el camino de lunares destacando, sus ojos brillaron como la miel fresca, el gesto de enojo y ofensa en él llamándole. Enojo no por sí mismo, sino que por Scott. Por Cora. Por Derek. Por la manada de la que se sentía parte, aunque Derek le hubiese insistido desde el día en que Scott fue mordido, que él, como humano, no pertenecía a ellos. Su lobo quiso cambiar con una mordida eso en ese mismo instante—. Puedes decir lo que quieras, pero la discriminación contra los hombres lobo sigue y yo solo quiero que tu madre pueda triunfar bien en el Wizengamot y solucione las estúpidas políticas de una vez, porque esta mierda de “No preguntes, no digas” no funcionó para los muggles y no funciona con vosotros tampoco. No lo merecen ¡joder!

El puño de Stiles golpeó la pared de piedra y una oleada de aroma a dolor alcanzó a Derek en un segundo. Al siguiente segundo el hombre lobo estaba a un lado del muchacho, sujetando su mano lastimada y tomando su dolor sin siquiera preguntar. Stiles apenas se sobresaltó al sentirle cerca, pero luego solo se dejó hacer mirando al suelo.

Derek sabía que en ese momento podría empujar al chico contra el muro y tomar todo lo que él y su lobo deseaban del Gryffindor. Sabía que no se le negaría a nada, podía oler su necesidad y su deseo, el aroma tan intoxicante que sus sentidos comenzaron a nublarse mientras el dolor pasaba hacia su cuerpo. No era ni lejos suficiente para acallar su propia necesidad, sin embargo era bastante para hacerle recordar que no podía. Aún no.

La expresión decepcionada de Stiles cuando le liberó y retrocedió le dijo todo. El Gryffindor simplemente mordió sus labios y salió del despacho casi corriendo, quizás en dirección al Gran Comedor.

El hombre lobo solo pudo rasguñar con sus garras la piedra, pegando a ella su frente caliente, maldiciendo su necesidad insana por el muchacho. Porque ya ni siquiera podía sentir el rumor de los pasos del estudiante, pero su lobo aún quería salir corriendo tras él y devolverle al lugar a donde pertenecía: sus brazos.

—Estoy jodido —gruñó bajito.


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Ese estaba siendo el entrenamiento más incómodo al que Isaac asistiese jamás. El ambiente tenso entre Jackson y Scott (con Stiles en medio) era algo que él nunca había experimentado. Los entrenamiento de Quidditch de los Hufflepuff eran agradables, todos se esforzaban, pero las risas abundaban, los errores eran indicados sin violencia y, en general, había una sensación de camaradería que Isaac comenzaba a creer jamás tendrían en este equipo.

Siendo el único tejón del lugar, se sentía bastante fuera de sitio. Había probado acercarse a Danny, pero Jackson le rondaba demasiado como para hacerle buena compañía. Desde que su plan para ser votado capitán se había ido al traste, el Slytherin ni siquiera le había mirado. Suponía que no debería confiarse y que eventualmente le sacaría en cara el haber escuchado como Allison había roto con él porque… eso era lo que hacían los Slytherin ¿no? atacar las debilidades de los demás en los momentos menos esperados.

El sonido agudo del silbato del profesor Finstock los llamó a todos al suelo, y su expresión hablaba fuerte y claro. Aunque no fue necesario interpretar nada, porque no perdió tiempo antes de soltárselos en la cara en un idioma que todos entendían.

—¡SON UNA PANDA DE INÚTILES! —gritó el entrenador mientras parecía crecer cincuenta centímetros— ¡Descoordinados, lentos y sin el menor instinto de vuelo! ¡Parecen una manada de trolls de montaña a los que subieron sobre escobas por primera vez! ¡¿Alguien puede explicarme en palabras simples que fue ese desastre?!

Nadie levantó la mano, naturalmente. Todos parecían encontrar el suelo muy interesante. De reojo Isaac pudo ver que el profesor Hale se mantenía un poco aislado, pero tampoco parecía complacido por el desempeño del grupo en el aire. Aunque el profesor de Transformaciones nunca se veía complacido por nada.

—Vergonzoso, increíblemente vergonzoso. Un paciente de la sala Janus Thickey tiene más habilidades psicomotrices que ustedes, gusarajos —gruñó Finstock, caminando hacia donde estaban Scott y Jackson, separados por Stiles y Danny—. ¡Los capitanes deben actuar como tales! Ordenen a sus compañeros, o lo único que conseguiremos en el partido contra Durmstrang será humillación. ¡Ustedes conseguirán humillación!

Isaac cerró un ojo al escuchar el sonido del golpe que les dio a ambos capitanes en las nucas, aunque imaginó que era más sonoro que doloroso.

De todas formas lo entendía. Esa práctica había sido una vergüenza. Le dolía el estómago donde una bludger enviada por el Slytherin de cuarto le había golpeado; había chocado contra Kira mientras ella perseguía la Snitch casi cayéndose ambos de las escobas; y había golpeado a Jackson con la Quaffle en el rostro, en un momento que este estaba discutiendo en siseos con Scott. Había sido una catástrofe.

A su lado Boyd soltó un suspiro e Isaac solo pudo darle un golpecito amistoso en el hombro, el que fue contestado con una diminuta sonrisa del fortachón Slytherin, ambos relacionados por tener a Erica Reyes en común.

El carraspeo del profesor Hale llamó la atención de todo el mundo, al verle adelantar el lugar del profesor Finstock con un montón de pergaminos en las manos. No tenía idea de para qué eran, pero un mal presentimiento se instauró en la boca de su estómago mientras el hombre hacía un gesto hacia Stiles, quien gruñó quitándole los pergaminos y comenzando a repartirlos entre los jugadores.

—Lo que Stilinski les está entregando es un formulario de autorización que sus padres o tutores deben firmar para permitirles realizar los viajes necesarios por motivo del torneo de Quidditch. En la primera hoja encontrarán la autorización jurada que debe ser firmada mágicamente y en los dos pergaminos adjuntos podrán ver el itinerario de los viajes, el cual está sujeto a cambios eventuales. Aseguren a sus padres y tutores que no perderán sus exámenes y que los trasladores utilizadores serán antes autorizados por el Ministerio —el hombre lobo pareció verificar que todos tuviesen sus autorizaciones en las manos, antes de asentir y mirar a Finstock que gruñó.

—Más les vale traer eso firmado antes de que termine septiembre. Si por algún motivo no pueden viajar, tendrán que abandonar el equipo. ¡Ahora, a las duchas!

Todo el mundo comenzó a moverse en dirección a los camerinos, pero Isaac solo pudo mirar hacia el cielo nublado de Escocia y soltar un pequeño gemido antes de apretar los párpados. Estaba en un problema.

++++

Jackson estaba furioso. Jackson hervía en enojo. Jackson estaba, literalmente, a una gota de paciencia de enviarles un Cruciatus por el culo a Scott y su amiguito Stiles. En especial a su amiguito Stiles.

Desde que el pergamino de las posiciones de Quidditch apareció en el tablero, junto con el nombramiento de McCall y él como Co-Capitanes, toda su vida se había ido a la mierda. Sus compañeros en Slytherin le miraban con burla y desconfianza, Lydia le enviaba miraditas de decepción y los jodidos Gryffindor se veían tan felices como si fuese Navidad ya. Jackson haría una parrillada con todos los leones como plato principal, si pudiese.

Su perfecto plan de reunir votos para ser nombrado capitán se había ido al basurero en diez segundos. Lo peor era que fuera de Danny, no tenía gran apoyo en el equipo. Boyd era bastante independiente, Dunbar le tenía cierta saña (parte de él no podía culparle por eso) e Isaac prefería no encontrarse con sus ojos, probablemente avergonzado aún del episodio con Argent. Eso le dejaba con un solo aliado en contra de McCall, quien tenía de su parte tanto a la buscadora, Yukimura, como a su siamés Stiles, que por la orden de Finstock practicaría con ellos a pesar de no ser titular oficialmente.

Nada de eso tenía sentido para Jackson, el cual no se había imaginado para nada el desastre descoordinado que eran cuando soñó el 1ro de septiembre con ser el Capitán del equipo de Quidditch de Hogwarts. Ahora era el Co-Capitán de un grupo que no se podía denominar equipo. Lo peor era que Finstock tenía razón, eran patéticos y si seguían así para cuando tuvieran que enfrentar a los equipos de las otras escuelas iban a ser humillados. ¡Internacionalmente!

Jackson no iba a permitir eso. De ser necesario, iba a conseguir que echasen del equipo a McCall y Stilinski, pero iba a ganar ese estúpido campeonato, así como su apellido era Whittemore.

Estaba caminando hacia las mazmorras después de alejarse de las duchas antes de usar una maldición imperdonable y acabar en Azkaban por culpa de los Gryffindor, cuando escuchó un murmullo bajo en un pasillo que se le hace familiar. Observó la armadura a uno de los costados y recordó que es donde encontró la semana anterior a Lahey con Argent, su curiosidad atacándole una vez más, para toparse al tejón sentado en la misma escalinata que antes, aún con el uniforme de Quidditch puesto, la escoba apoyada en el muro y los papeles de la autorización en la mano. Su rostro pareció compungido antes de darse cuenta que Jackson estaba allí, ocultando los papeles de su vista, de forma absurda. ¿Por qué no querría que los viese? Jackson tenía una copia igual.

—¿Qué rayos te pasa a ti? —preguntó antes de poder meditar si valía la pena involucrarse en eso. Hace un momento estaba pensando en que iba a unir el equipo de Quidditch aunque fuese a la fuerza y, bueno, Lahey era parte del equipo. Un tejón sensiblero, pero un miembro del equipo.

El rubio Hufflepuff le miró desconfiado por la pregunta, pero luego negó con la cabeza, mirando sus rodillas.

Jackson tuvo el impulso de enviarle a la mierda e irse. No estaba de humor para estar perdiendo su tiempo con un tejón súbitamente mudo que miraba con ojos de cachorro su solicitud de permiso. No era como si sus padres fuesen a decirle que no…

—Oh… —el sonido escapó de los labios del Slytherin, cuando su mente se cogió de un recuerdo, cuando las palabras de su madre y la vista que su cuarto le daba de la casa de los Lahey le dieron el conocimiento de lo que probablemente hacía que Isaac mirase con esos ojos el pergamino—. Oh —repitió, rascando su nuca.

Los problemas de familia, eran de familia, Jackson siempre lo había pensado así. A él jamás se le ocurriría ir por allí ventilando sus problemas y suponía que todo el mundo era igual, nadie querría que se revelaran las partes oscuras o débiles de su vida. Por eso era que Jackson jamás le comentó a nadie sobre lo que veía en ocasiones a través de las ventanas de los Lahey en los veranos. No era su problema y si Isaac quisiera ayuda lo diría ¿no? Así que guardó silencio, ni siquiera pensó en ello si podía. Y así, cuando veía a Isaac en los pasillos en Hogwarts o en clases no veía al pobre chico que era golpeado por su padre en la casa del lado de la suya, sino que veía al rubio tejón que jugaba como cazador y ya. Era más sano para todos.

Ahora viendo la mirada del chico la pequeña duda se prendió de su pecho.

—… ¿crees que no va a firmar la autorización? —preguntó luego de unos momentos, sorprendiendo al rubio.

Ambos chicos se miraron fijamente unos instantes, antes de que Isaac apartase los ojos y soltase una risa amarga, cogiendo los pergaminos y agitándolos un poco.

—Ni siquiera ha firmado mi autorización para ir a Hogsmeade los fines de semana, aunque llevo tres años suplicándolo —replicó con la mirada perdida para luego chasquear la lengua y ponerse de pie, pasando por el lado de Jackson sin mirarle—. Está bien. Encontrarán otro cazador. No es como si fuese a romper el equilibrio del equipo por no estar. En primer lugar no hay equilibrio en el equipo —medio bromeó el tejón, marchándose.

Jackson se quedó mirando a su espalda fijamente hasta que desapareció al doblar por el pasillo. Algo le molestaba, le molesta mucho. Se llevó una mano a la boca, frunciendo el ceño mirando hacia la escalinata donde el chico había estado sentado antes. ¿Por qué se sentía tan incómodo ante la idea de que el chico saliese del equipo? Era un potencial aliado yéndose, sí. ¿Y si nombraban a otro Gryffindor como cazador? Su posibilidad de ser capitán único estaría perdida.

… no, no es eso lo que le molestaba.

Estuvo todo el resto del sábado pensando en eso y el domingo también. Ni siquiera prestaba atención a Lydia durante la cena, la que se molestó con él, pero Jackson siguió sintiendo esa sensación incómoda mientras miraba a la distancia a Lahey hablar con la rubia prefecta de Hufflepuff y novia de Boyd.

Apenas vió a Hale ponerse de pie, Jackson abandonó a su novia y le siguió hacia la salida. No le sorprendió verle esperarle con una ceja alzada, los sentidos lupinos supuso.

—Necesito hablar cont… usted —se corrigió en el último momento, sintiendo que su incomodidad se liberaba un poco por la expectativa de al menos hacer algo.

++++

Luego de su charla con Jackson Whittemore Derek no había podido dormir, en parte por la luna llena del día siguiente, en parte por los pensamientos que se conglomeraban en su mente. Con el lobo alborotado había acabado por ir a correr al Bosque Prohibido para a las tres de la madrugada salir de las protecciones de los terrenos en dirección a Hogsmeade y aparecerse directamente en la mansión Hale en Surrey.

La magia familiar le reconoció dándole el paso sin problemas y pronto tenía a su madre yendo a su encuentro preocupada, con una esponjosa bata color crema envolviendo sus curvas generosas. Derek no había querido preocuparla, pero el abrazo maternal fue recibido casi con alivio. No había sabido cuanto lo necesitaba hasta que lo obtuvo.

Talia le dijo que su padre había salido con Laura esa noche. Era lo que siempre hacían en las noches previas a la Luna Llena, buscar por omegas salvajes para ponerles a salvo tanto a ellos mismos como al resto de las personas. Si ellos les encontraban antes que los cazadores, era más de una vida la que podían salvar, porque aunque ahora las políticas exigiesen a los cazadores usar fuerza no letal, todos sabían que eso no era siempre respetado.

Con una taza de humeante café servido por uno de los elfos de la mansión, Derek contó a su madre su dilema. Le contó sobre como Jackson le había hablado de Isaac, de la clase de vida que vivía, del maltrato que había observado y la mirada de temor del tejón al ver los papeles de autorización para el equipo. Jackson había querido que Derek hablase con el Director y los profesores le autorizasen por si mismos al viaje, pero Derek sabía que eso no se podía. Quizás si Isaac fuese huérfano, pero no con uno de sus padres vivos.

—… entonces, pensé —Derek tragó saliva, sintiéndose desnudo ante los ojos sabios de su madre, pero continuando—; pensé en que si lo convertía la tutela del chico ya no sería de su padre solamente, sino que también sería del Clan. Pensé que eso permitiría que tú firmases sus papeles, como Alfa, y así Isaac no estaría obligado a regresar con su padre ni en navidad ni en las vacaciones de verano. Sería una forma de protegerlo —el hombre lobo hablaba rápidamente, como temiendo que la mujer fuese a interrumpirle, y de alguna forma se sentía otra vez como un adolescente justificándose a sí mismo. Ante el silencio de la morena, Derek miró a su taza de café y dejó escapar el aire de sus pulmones—. Supongo que no crees que sea una buena idea. Yo tampoco en sí, pero…

—Habla con el chico primero, Derek. Habla con él y si luego de hablarlo, aún crees que es una buena idea, cuéntale todo. Lo bueno y lo malo de ser un hombre lobo. Tiene 16 años, puede decidir por sí mismo —le sonrió Talia, sorprendiendo al más joven. Derek tragó saliva y de pronto se encontró dejando la taza en la mesa de centro y empujándose contra los brazos de su alfa, sintiendo como su lobo se tranquilizaba ante el aroma y la calidez de la mujer. Ella rió un poco, acariciando los cabellos de su hijo—. No sabes lo feliz que me hace sentir el verte actuar de forma tan protectora con tus estudiantes. Al comienzo dudé si era la mejor opción para ti el ser profesor, por tu timidez…

—No soy tímido, mamá —gruñó Derek ahogadamente, frotando su nariz en el cuello de la mujer, la que rió de nuevo, palmeando su nuca.

—Oh, sí que lo eres, lobito. ¿Qué es lo que me dice tu hermana que aún no eres capaz de robarle un beso a tu compañero? Han pasado casi 6 años desde que le encontraste. Eso es timidez, querido —rió de nuevo la alfa, mientras Derek se soltaba con suavidad del abrazo, gruñendo un poco. El sonrojo apenas luciéndose entre su barba.

—No voy a hablar de ese tema.

Talia parecía encontrar aún más divertida su terquedad, pero se lo permitió, palmeando su rodilla con cariño. Derek le dedicó la mirada más cálida de la que era capaz de disponer, antes de carraspear un poco, volviendo a tomar su café y bebiéndoselo de un trago.

—Entonces… si decido que es una buena idea… ¿lo aceptarás en la manada? —preguntó solo por dejar el tema perfectamente claro. Su madre le sonrió de medio lado, irguiéndose ligeramente y exudando energía alfa por cada poro.

—Eres mi beta directo, Derek. Tus mordidos son mis betas también, así como lo son los de Peter —indicó, refiriéndose claramente a Scott. Derek asintió en aprobación—. Lo único que pido es que seas sabio en el momento de ofrecer la mordida. Sé que tu tío suele decir que es un “regalo” —la alfa le quitó importancia con la mano, como si las palabras de su hermano se las pudiese llevar el viento con ese gesto—; sin embargo además de un regalo también es una responsabilidad, y si esta responsabilidad se descuida, se puede transformar en una maldición. Nunca olvides esto ni dejes que tus mordidos lo olviden —la severidad en el rostro de Talia no dejaba espacio a discusiones y de todas formas Derek tampoco le discutiría. Era la verdad.

Madre e hijo se quedaron juntos todas las horas que faltan hasta que su padre y Laura regresaron sin novedades. No habían encontrado el aroma a ningún omega en kilómetros a la distancia, lo que era una buena noticia para Surrey. Los cuatro juntos disfrutaron de un desayuno de madrugada, servido por los elfos, y juntos recibieron el amanecer.

Derek se despidió de su hermana mayor y sus padres antes de que diesen las siete, para tener tiempo de volver al colegio y prepararse para sus clases. Le dió un abrazo a su padre, recibió un golpe en las costillas de parte de Laura y cuando abrazó a su madre ya estaba extrañándola, incluso antes de soltarle.

—Actúa con sabiduría y sigue protegiendo a tus estudiantes como lo has hecho hasta ahora —le pidió su alfa besando la frente del profesor, antes de sonreír de una forma juguetona, susurrándole inútilmente al oído, ya que su esposo y Laura obviamente pueden oírles—; y por el amor a Cernunnos ¡besa de una vez al hijo de Stilinski!

—¡Mamá!

Cuando Derek se desapareció de regreso a Hogsmeade aún podía sentir las mejillas calientes y escuchar las risas de su familia en sus oídos.


NOX

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Cuando llegó a la Sala de Transformaciones Stiles pudo ver que los chicos de cuarto seguían allí, intentando des–transformar los adefesios que habían conseguido, porque si el objetivo era transfigurar una taza, como imaginaba… urgh. Por ahí había visto un caldero de porcelana y eso había sido lo más cercano a una taza en ese salón.

Decidió esperar apoyado en la pared hasta que los alumnos comenzaron a salir. Había Hufflepuff y Slytherin en esa clase y tenía sentido, pensó. Al menos uno de los Ravenclaw habría conseguido hacerlo.

Cuando ya nadie salió del salón, Stiles volvió a asomarse por la puerta, encontrando a Derek haciendo desaparecer algunas de las “tazas” que quedaron atrás. Su movimiento con la varita era casi violento con las creaciones especialmente horribles. Stiles no pudo evitar soltar una risita.

—¿Qué se supone que haces aquí? —preguntó la voz profunda del hombre lobo, mirándole de reojo, mientras continuaba su trabajo.

La risa de Stiles se cortó de cuajo, bufando mientras se internaba en el salón, intentando adivinar que eran esos objetos al comienzo antes de ser transformados. No, no se podía adivinar. Eran tan deformes que era imposible.

—No es como si quisiera estar aquí —habló chorreando sarcasmo. Dejarle bien claro al arrogante Hale que no estaba por gusto allí era lo primordial—. Estaba saliendo de Aritmancia cuando Finstock me envió hacia acá. Me dijo que tenía que ayudarte con las solicitudes de los trasladores para el Ministerio —se encogió de hombros el Gryffindor, apretando con un dedo una de las esponjosas "tazas", la que soltó un suspiro casi humano. Joder, con los chicos de cuarto.

—Las solicitudes no se pueden enviar hasta tener todos los permisos de los padres —indicó la voz de Derek y cuando Stiles le observaba le encontró con el ceño marcado, pero no de enojo sino que de algo más. Él dudó, abrió la boca e iba a decir algo, pero luego se calló, encogiendo sus hombros.

—Finstock dijo que daba igual, que obvio que todos iban a firmar…

¿Por qué Derek parecía tan contrariado? Ver su expresión preocupada removió algo en el pecho de Stiles. No era justo que solo con esa expresión pudiese borrar todo su enfado de un plumazo. Era demasiado para un lunes por la tarde.

—Derek…

—Profesor Hale ¿me llamó?

Lo que fuese a decir Stiles fue interrumpido por la voz de otro alumno desde la puerta de la sala. Le había reconocido, así que al ver a Isaac no se sorprendió, aunque si se cuestionó por qué Derek le había llamado. Girándose a ver al mayor se percató de que lucía incómodo, como si no hubiese querido que ambos estudiantes se encontrasen allí ¿qué diablos?

Conteniendo las ganas de cruzarse de brazos y pedir explicaciones, Stiles vio como Isaac hacía una seña de saludo en su dirección, antes de dirigirse hacia el maestro, expectante. El Gryffindor también estaba esperando. Derek debía hablar pronto, porque si no…

—Sí, Lahey. Pasa a mi despacho. Stilinski, no te preocupes por las solicitudes de los trasladores. Ya las haré yo —Derek caminó directo hacia su despacho, dejando a Stiles con la palabra en la boca.

Isaac solo se despidió de él antes de cerrar la puerta tras él, y Stiles podría jurar que había cierta burla en su mirada cuando lo hizo.

Molesto por haber perdido su tiempo esperando a que la clase de Derek acabase para ser abandonado (pero no porque el hombre se encerrase con Lahey, a él que le importaba eso para nada), Stiles salió del salón cerrando con un portazo y se dirigió hacia la torre de Gryffindor. Maldito Derek y condenado Finstock que le hacía gastar sus energías inútilmente. Maldito Lahey también por meterse en medio. ¿No le bastaba con robarle la novia a Scott sino que ahora le robaba Derek a él también?

… no, él no ha pensado eso.

—¡Maldición! —pateó la pared de un costado del cuadro de la mujer gorda, cuando una risa se escuchó de tras él, viendo como Theo se acercaba sonriendo ampliamente.

—Pero no te enfades con la pared si te olvidaste de la contraseña, Stiles. Solo debes pedirla con amabilidad y yo puedo dártela. Puedo darte lo que quieras —agregó moviendo las cejas juguetonamente, mientras Stiles bufaba, mirando hacia otro lado.

—No me he olvidado de la contraseña, idiota —Stiles pronunció el “Duende Calabacín” que era la contraseña esa semana y se metió en la Torre antes que el otro chico.

Un día de esos iba a estar realmente enojado con el mundo e iba a caer en las garras de Theo Raeken, teme. Es como vaticinar su propia muerte, pero podía notar como Theo, a pesar de que Stiles seguía desconfiando de él, poco a poco se iba abriendo paso en su dirección.

«A lo mejor entonces el idiota de Derek se arrepienta de echarme para encerrarse con desabridos tejones rubios en su despacho» pensó, pero de inmediato se lamentó de su pensamiento, dejándose caer sobre Scott que leía una historieta muggle en uno de los sillones rojos de la Sala Común, pero que no tenía problemas para mimar a su amigo sin preguntas.

Al menos siempre iba a tener a Scott, se consoló.

++++

En ese momento Allison daría su brazo derecho por poder estar en otro lugar, pero era lunes y eso significaba que debía ir a tomar el té con su madre sí o sí. No es que no amase a Victoria, porque lo hacía y mucho, pero había veces que no podía con todo lo que la mujer le lanzaba encima. No podía con su mirada penetrante y cuestionadora, y si había aprendido Oclumancia con su padre practicando hasta el desfallecimiento había sido solo para mantener su mente protegida de las habilidades de Legeremancia de la mujer.

Simplemente sentía que nada en ella está a la altura de lo que Victoria Argent deseaba de una hija suya y que quizás nunca lo estaría. Podía esforzarse en sacar las mejores notas en sus asignaturas, con la inestimable ayuda de Lydia, pero no eran solo grados inmejorables lo que su madre deseaba. Cada té de los lunes venía con conversaciones sobre tal o cual cazador joven de los Argent o de otro grupo de cazadores, sobre las habilidades o sus rostros libres de cicatrices (no por mucho tiempo, posiblemente). Todos los tés venían acompañados de los insultos solapados hacia los romances adolescentes, venían con charlas sobre la supremacía moral de los magos cazadores y lo terrible que era que Talia Hale estuviese sumando más adeptos que el abuelo Gerard en el Wizengamot.

Estaba equivocada. Allison daría sus dos brazos con tal de poder estar en otro lugar.

—Pero quizás ella tenga razón en algunas cosas —se atrevió a hablar la Gryffindor por encima de su taza de té de violetas. Sus pestañas parpadeando por la humedad del vapor, pero sin mirar a su madre—. Quiero decir, nunca he visto al profesor Derek fuera de sí. No creo que pierda el control jamás.

El sonido de la porcelana chocando al Victoria dejar su taza en el plato sobresaltó a Allison, la que miró tímidamente a la mujer de cabello rojo frente a ella. Podía ver las arrugas de disgusto en su rostro, pero como perfecta Slytherin, Victoria no gritaba sus iras. Dejaría que el veneno se deslizase gota a gota.

—Una bestia siempre es una bestia, Allison. Puede que tenga un collar y una correa, pero la sed de sangre está allí. ¿Por qué crees que tu padre le mantiene un ojo siempre encima a Derek y Peter Hale? Porque sabe que en cualquier momento la correa de Deaton puede soltarse y no queremos lamentar una desgracia —las piernas de la mujer se cruzaron, mientras su tono se volvía casi suspirante, como si realmente lamentase la idea de cualquiera de los Hale descontrolándose—. Del mismo modo que sería lamentable si alguno de los estudiantes licántropos fuese el que perdiese el control.

Allison sabía que no lo lamentaría. Sabía que su madre sería la primera en meter una bala de acónito en la frente de los lobos si algo así llegaba a ocurrir, no importándole si es un adulto o un adolescente. Se lo había dicho el año anterior, cuando le amenazó para que terminase con Scott. La chica tuvo que beberse el té caliente aunque se quemase la garganta, para que su malestar no se demostrase en su rostro.

Parte de ella sabía que su padre no pensaba como Victoria. Había podido notar en más de una ocasión cierto aire de camaradería con Derek Hale. No creía que su madre mintiese tampoco, probablemente Chris siempre mantuviese un ojo sobre los lobos del colegio, pero probablemente el puñal de plata cubierto de acónito en su cintura esté allí por costumbre más que por esperanza de ser utilizado, a diferencia de su madre que no ocultaba el hecho de tener al menos cinco especies de acónito creciendo en macetas en su oficina, aguardando a ser necesarias.

—Así que… ¿has roto con el chico Lahey? Es una pena, tu padre decía que es uno de sus mejores estudiantes —comentó de pronto Victoria, sobresaltando a Allison—. Un Hufflepuff como Chris, podría haber sido un buen esposo.

—Mamá —reclamó en tono bajo la chica, observando como su madre bebía de su taza, encogiéndose de hombros. Ella sabía que Victoria no lamentaba su rompimiento.

—¿Y por qué rompieron? No duraron ni tres semanas, por lo que puedo decir. ¿Acaso es el hecho de que esté en el equipo de Quidditch con McCall lo que…?

—¡Mamá, basta! —le interrumpió Allison, poniéndose de pie con las mejillas arreboladas, sintiendo cosquillas molestas en todo su cuerpo. Podía sentir la Legeremancia de su madre intentando derribar sus barreras mentales. Victoria no hizo ningún gesto de arrepentimiento ante su mirada acusadora—. No estoy volviendo con Scott si eso es lo que temes. Los motivos por los que rompí con Isaac son solo míos. Tengo 17 años y puedo tomar mis propias decisiones, no te necesito hurgando en mi mente para decidir por mí si son buenas o malas.

—Solo quiero ayudarte, hija —le habló la pelirroja poniéndose de pie, pero Allison retrocedió, negando, alejándose de los silloncitos del despacho de Alquimia.

—Lo sé… pero… déjame ¿quieres? Lo siento, nos vemos luego —murmuró la chica saliendo de allí antes de sentir que se ahogaba en los ojos de su madre. Su taza a medio tomar a un costado de una galleta mordisqueada.

Sintió la visión nublada por las lágrimas, el pecho contrito como si sus propias costillas apretasen apropósito sus pulmones impidiéndole respirar correctamente. Podía recordar como su madre había parecido tranquila el año anterior al saber que estaba saliendo con Scott hasta que en uno de sus citas de té descubrió por Legeremancia que era un hombre lobo. Hasta ese momento Allison nunca había sabido que su madre leía su mente en ocasiones y se sintió tan violada que no volvió a mirarla al rostro en semanas. Continuó saliendo con Scott, por supuesto. Su padre siempre había sabido la naturaleza del chico, desde que había sido mordido, así que no les quitaba el ojo de encima aunque nunca se interpuso. Allison fue feliz, realmente quería al moreno y pensó que eso sería así para siempre… hasta que su madre le mostró las fotografías del último omega salvaje que la partida del abuelo Gerard había encontrado.

Las palabras de Victoria seguían en su cabeza, aún cuatro meses después, clavándose como agujas en su vientre. «Si esto se lo hizo a un lobo cualquiera ¡imagínate lo que podría hacerle a uno que se atreve a poner sus garras en su pequeña nieta!». Allison habría vomitado ahí mismo y su madre no hubiese mostrado compasión con ella. Sus uñas se habían clavado en sus hombros a través de la túnica, dejando medias lunas sobre su piel, mientras le miraba a los ojos y le daba su consejo. Su orden.

Allison rompió con Scott antes de los TIMOs sin grandes explicaciones. Aguantando su mirada adolorida y vulnerable, haciendo caso omiso a sus súplicas. Porque Victoria podía estar equivocada en muchas cosas, pero en eso tenía razón. Una vez que las vacaciones llegasen, los muros de Hogwarts no podrían mantener a Scott a salvo de su abuelo Gerard. Nada lo podría mantener a salvo. Solo ella, rompiendo con él.

Unos brazos detuvieron su huida, mientras se alejaba del despacho de su madre. Al comienzo pensó que su suerte es tan terrible que sería algún Slytherin, como Jackson, o peor aún y serán los brazos de Scott, porque en ese momento no tendría fuerza para resistirse a ellos. Pero no, por un momento el mundo le dio un respiro y era el perfume de Lydia el que le recibió cuando tomó una bocanada de oxígeno.

—Ya, ya. Siempre me he preguntado qué clase horrible de té tiene tu madre, para dejarte en tan mal estado luego de las visitas —las manos pequeñas de la pelirroja por debajo de sus brazos son lo único que la sostienen de caer sobre sus rodillas.

Allison soltó una risa lamentable, antes de seguir a la Ravenclaw a donde sea que la estuviese llevando, para acabar ambas en el suelo de piedra, ella llorando y Lydia peinando su cabello con los dedos, permitiéndole descansar su cabeza sobre su regazo.

Un “gracias” escapó de sus labios, mientras la oscuridad inundaba poco a poco el salón vacío al que la otra chica le había llevado, pero Lydia solo le chistó, sin dejar de acariciar consoladoramente su cabello. Iban a perderse la cena, pero Allison no encontró energía para preocuparse por ello, tan cómoda como estaba en los brazos de su mejor amiga.

++++

La moteada lechuza de su padrastro se alejó por el cielo oscuro luego de que Liam la enviase de regreso a casa con una nota de agradecimiento por haber firmado su autorización para los viajes del torneo. El hombre estaba emocionado por ser Liam el seleccionado más joven del equipo y su madre estaba feliz porque había pasado casi un mes de clases y aún no había recibido ninguna carta ni del director ni de su jefe de casa por haberse metido en algún problema. Ella creía que ambas cosas están relacionadas, y Liam debía reconocer que quizás fuese así.

Si bien el Quidditch siempre había sido su pasión, los roces constantes con sus compañeros le quitaban la mayoría de la emoción al deporte. Cada uno de sus errores era recordado por semanas por los Slytherin, así que siempre estaba nervioso sobre su escoba. La expectativa de que eso fuese distinto este año le había mantenido excitado y tranquilo al mismo tiempo, según había mencionado Mason.

El primer entrenamiento del nuevo equipo había sido un majestuoso desastre, pero aun así había sido más entretenido que los brutales entrenamientos de las serpientes. Al menos Isaac Lahey no le había enviado una maldición con su varita por el golpe con la bludger y la guapa Kira solo había reído cuando casi han chocado en un momento. Su coordinación con Boyd era aceptablemente buena, llevando ya años jugando en el mismo equipo, así que lo perdonasen si tenía esperanzas. Él si creía que pueden llegar a ser buenos… al menos si el par de Co-Capitanes dejasen de lanzarse comentarios venenosos cada diez segundos.

Apoyado en la barandilla del puente del castillo, Liam perdió su mirada en el brillo pálido de la Luna Llena. Probablemente ya no eran horas de estar fuera, la cena había terminado hacía ya mucho rato, pero los martes por la mañana el cuarto año tenía dos horas libres, así que podía darse el lujo de desvelarse por un día. La noche era fresca para ser casi octubre.

Estaba a punto de decidir regresar a las mazmorras de Slytherin cuando cuatro figuras capturaron su atención, caminando desde el castillo en dirección al Bosque Prohibido. A causa de la distancia no pudo ver claramente quienes eran, pero la forma de moverse de uno de ellos le trae a la mente de inmediato a Scott McCall, sorprendiéndole. ¿Cómo es que se había fijado tanto en la forma de caminar del Co-Capitán Gryffindor como para pensar que esa figura es él? Molesto consigo mismo, consideró la opción de acusarles, ya que obviamente es una flagrante violación a las normas el salir tan de noche y en esa dirección, pero luego decidió que para empezar no estaba seguro de si era McCall, y aunque lo fuese, no le odiaba lo bastante para hacerse un chivato. Eso y que tendría que reconocer que él también estaba fuera de la cama, siendo casi media noche.

Dándoles una última mirada a las figuras que acabaron por desaparecer de su vista, Liam enfiló hacia el castillo, rápido pero sin correr. Pensó en que ojalá no fuese a encontrarse ni con Peeves ni con algún profesor, cuando a la distancia un inconfundible aullido se escuchó, atravesando su espina dorsal.

Las pestañas del Slytherin aletearon en confusión, girándose hacia el bosque mientras su corazón latía con rapidez. Solo pudo ver la oscura arboleda, bañada en la luz plateada de la Luna. Pero no lo había soñado. Eso había sido un aullido de lobo.

Mirando hacia el cielo a la redondez perfecta del astro nocturno, los recuerdos de lo aprendido el año anterior en Defensa llegaron a su mente con ferocidad. Pensando en los Hale, Liam tragó saliva, porque de pronto sintió la garganta seca por la idea, la expectativa de que hubiese sido Scott McCall quien caminase junto a otras figuras hacia el bosque en una noche de Luna Llena.

Si corrió hacia las puertas del castillo nadie podría culparle, porque mientras lo hacía otro aullido resonó a la distancia.


NOX

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El siguiente sábado de entrenamiento ya era octubre y Finstock exigió que todos dejasen en sus manos los permisos antes de subir a sus escobas para la “penosa demostración” de esa semana. Kira no podía objetarle en realidad, porque la semana anterior si había sido algo torpe tanto ella como sus compañeros. De todas formas el Quidditch le parecía divertido, había leído más sobre él y oído algunos partidos grabados que tenía Stiles en vinillos y al final había acabado por decidir que había sido una buena idea el presentarse a la prueba.

Aún podía sentir el codazo de Malia y su coqueto “Te lo dije”.

Cuando entregó al profesor su permiso firmado por su madre, la chica no se perdió de la sonrisa brillante de Isaac Lahey al dejar el suyo después, como tampoco de la mirada que el rubio le dirigió al profesor Hale, que rayaba la adoración.

«Vaya» no pudo evitar pensar, alzando las cejas con diversión. El Hufflepuff no estaba siendo nada sutil con sus emociones si ella, siendo una kitsune sin sentidos físicos demasiado desarrollados, podía darse cuenta de eso.

El otro que no estaba siendo nada sutil, pero esta vez con su ira, era Stiles. Estaba de pie tercamente a un lado de Scott, quien le abrazaba con un brazo por el cuello susurrando a su oído algo que Kira no alcanzaba a oír. No sabía porque Stiles estaba tan enfadado, pero lo había estado desde el lunes, y según Malia eso era un récord de mal humor para el Gryffindor al que Kira se había acostumbrado a escuchar riendo y bromeando casi todo el tiempo.

Pensando en la chica, Kira miró con interés hacia las graderías, no tardando en encontrarla a un lado de Erica y Mason Hewitt, amigo de Liam Dunbar. No pudo resistir a saludarla con el brazo, siendo correspondida enseguida por la chica coyote. Luego de que Malia le instase a presentarse a las pruebas habían pasado mucho tiempo juntas. La chica se sentaba con ella en las clases que compartían y se colaba en la mesa de Gryffindor a la cena, sin importarle ser mirada feo por los otros leones. A veces parecía que a la Hufflepuff solo le preocupaba lo que Kira pensase, y eso era... adorable.

Un día Kira le confesó sobre su naturaleza, tímida y temerosa por la reacción de la rubia, pero solo consiguió que le dijese un "Lo sabía" mordiendo una manzana y cambiando sus ojos al antinatural brillo azulado. Ninguna había hablado más, pero Malia había cogido su mano minutos más tarde, y eso había bastado.

Con un subidón de energía por el recuerdo, Kira se montó en su escoba al primer silbato de Finstock y le dio veinte segundos de ventaja a la snitch antes de lanzarse tras ella, esforzándose por atraparla mientras esquivaba bludgers y jugadores, intentando no pensar en nada más que no fuese la dorada pelotita alada.

… algo que fue realmente difícil luego de unos minutos.

Por algún motivo la lucha de la semana anterior por la supremacía entre Scott y Jackson había encontrado un tercer contrincante ese sábado y ahora era una batalla sin cuartel entre los tres cazadores. Liam y Boyd se esforzaban por mantener las bludgers fuera del camino de los cazadores, mientras estos se peleaban de un lado de la cancha al otro, para marcar en los aros de Danny y de Stiles, indistintamente.

Fue cuando en un momento Isaac empujó brutalmente a Scott contra Kira casi haciéndola caer que un silbato detuvo el entrenamiento. Todos se sorprendieron al notar que no había sido Finstock quien les había detenido, sino que Derek.

Los tres cazadores bajaron bufando y enviándose miradas venenosas entre ellos, mientras el resto de los miembros del equipo solo parecían aturdidos. Kira miró hacia Stiles, pero este se encogió de hombros, tan desconcertado como ella mientras se quitaba el sudor de la frente con el antebrazo.

El profesor Hale no parecía desconcertado. Parecía furioso. Cuando habló lo hizo en siseos bajos que provocó que a su kitsune se le erizaran todos los pelos del cuerpo.

—No me interesa los problemas que hayan entre ustedes tres. No me interesan sus romances, sus odios, ni sus rivalidades. En el momento en que están en el aire son ALIADOS, no enemigos, y si no lo entienden van a tomar esas hojas y se irán de aquí —indicó apuntando hacia las hojas de los permisos, que se agitaron un poco, como si la magia de Derek estuviese haciéndoles vibrar.

Kira se dio un momento para observar a Finstock, pero este solo apretaba los dientes, al parecer completamente de acuerdo con lo que el otro hombre decía.

Scott fue el primero en asentir, seguido de Isaac y finalmente Jackson dio un movimiento brusco con la cabeza, que con imaginación se podía tomar como una aceptación. Derek asintió de vuelta.

—Si para el final del entrenamiento no me han convencido de que pueden trabajar juntos, nombraré a Liam Dunbar como el capitán hasta nuevo aviso —indicó en el último momento y la asiática pudo ver un brillo en la mirada del hombre lobo antes de darse vuelta, mientras los tres cazadores miraban de golpe al chico de Slytherin de forma acusadora. Woah, eso había sido un poco extremo.

Liam pareció estar en shock por un momento, para luego razonar y erguirse a toda su (escasa) altura, elevando las cejas a los mayores sin permitirse ser intimidado. Kira quería reír porque parecía un pollito en medio de gallos furiosos, pero en cambio se acercó al chico y le dio una palmadita en el hombro, sonriéndole de medio lado. Apoyándole. Del otro lado Boyd también se paró de forma protectora cerca del golpeador de cuarto, demostrando que no estaba solo.

Danny y Stiles dudaron, se miraron a los ojos por un momento, pero luego ya estaban los dos parándose detrás de ellos, mirando directamente a los tres cazadores que no podían creer lo que veían. Daba ganas de reírse en su cara. Kira tuvo que morder el interior de su mejilla para no hacerlo, mirando por sobre el hombro a su compañero Gryffindor que parecía resignado.

—¡Stiles! —reclamó Scott anonadado mirando a su amigo. Kira podía imaginarse que esa debía ser una de las mayores traiciones a presenciar.

—Danny —gruñó a su vez Jackson, pero ambos chicos negaron con la cabeza al mismo tiempo, coordinados en su terquedad.

—Se están comportando como unos estúpidos —respondió el Ravenclaw encogiéndose de hombros, mientras Stiles suspiraba negando con la cabeza.

—Hermano, cualquier cosa antes de perder ante Durmstrang —se disculpó Stiles, aunque Kira podía sentir cierto aire de diversión bajo la superficie.

Isaac parecía mirar hacia el profesor de Transformaciones, pero este se encontraba hablando en voz baja con Finstock y no le prestaba atención. Al final unas palmadas y un carraspeo llamó la atención de todos hacia el jugador más joven. Liam brillaba mientras miraba a los cazadores con una ceja arqueada divertido.

—Bueno ¿qué están esperando? ¡Al aire todos! Tenemos mucho que practicar.

Kira rió ruidosamente mientras le hacía caso al joven Slytherin, subiendo a su escoba de nueva cuenta. Los murmullos resentidos de Jackson de “Aún no eres capitán, idiota” le alcanzaron a llegar antes de que acelerase para ir en búsqueda de la Snitch, esta vez prestando atención al ambiente del campo.

Los tres cazadores parecían resentidos aún pero ya no peleaban ferozmente entre ellos. Realizaban pases sin hablar y marcaban tantos. Liam y Boyd ya no se veían desesperados, protegiéndoles y a la vez enviándoles bludgers con tranquilidad para obstaculizarles el vuelo. Kira nunca había estado en un equipo de Quidditch antes, pero su kitsune podía sentir el ambiente menos pesado y ahora si le recordaba a su viejo equipo de Quodpot.

Cuando el entrenamiento acabó y el profesor Finstock les gritó la mitad que la semana anterior, Kira se sintió satisfecha. A lo mejor ese equipo no estaba condenado a la derrota como habían pensado hasta ese momento.

++++

Había pasado una semana desde la luna llena y Stiles aún no lo entendía. No lo entendía y no lo iba a aceptar, por mucho que Scott le insistiese que debía dejar el tema. No lo dijo con esas palabras, pero sabía que estaba insinuándole “no es tu asunto” y eso le sonaba demasiado a Derek gritándole el año anterior que no era parte de la manada de Scott. Y dolía.

No entendía porque Derek convirtió a Isaac Lahey y le unió a la manada Hale, llevándole a su primera luna llena con Cora y Scott al Bosque Prohibido, mientras él tenía que morderse la rabia y el enojo en su dormitorio en Gryffindor. No entendía que tenía Isaac de especial, porque Derek no le miraba desde la semana anterior ni porque Scott parecía aceptarlo de forma tan simple.

Derek había estado furioso con Peter por haber mordido a Scott el año anterior poco después de Halloween. Había sido culpa de Stiles, que había querido ir al Bosque Prohibido en búsqueda de una hierba inexistente (según Natalie Martin), pero de la cual él había encontrado múltiples referencias. Era una hierba que solo crecía durante la Luna Llena, para desaparecer con la primera luz del alba si no se preservaba rápidamente en agua de cactus. Scott tampoco creía demasiado en la existencia de la planta, pero como no iba a dejar ir solo a Stiles, le había acompañado.

Se habían separado solo unos metros, pero había sido suficiente para que cuando Chris Argent le atrapase no supiese que Scott estaba allí también. Él se había ganado castigo por un mes y 20 puntos menos para su casa, pero Scott había conseguido algo peor. O mejor, desde el punto de vista.

Scott dijo que Peter, había aparecido de la nada minutos después que el profesor Argent se llevase a Stiles, y le había mordido para luego esfumarse. Al comienzo Scott no había sabido que había sido Peter, hasta que Derek le había encontrado en los lindes del bosque. Los ojos de Derek brillando azules por la luna, pero en control.

Peter nunca se había disculpado, tampoco alegó estar fuera de sí, por lo que Stiles supuso que lo había hecho consciente y, estúpidamente, fue a reclamárselo días más tarde… solo consiguiendo que le ofreciese la mordida a él también.

Es un regalo” le había susurrado de forma tentadora el hombre, pero Stiles había dicho que no. “No, gracias”. Porque recordaba el rostro furioso de Derek al ver la marca de los colmillos en el costado de Scott en la enfermería, mientras Melissa McCall lloraba luego de cortar la camisa. Podía recordarse en un rincón de la enfermería mirando la escena, con la culpabilidad en el pecho, pensando que Scott iba a odiarle para siempre, pensando que había perdido a su mejor amigo. Pero eso no había ocurrido, Scott nunca le había culpado de nada, nunca se había alejado de él, y continuaba siguiéndole a cada idea estúpida, para protegerle. Por su culpa se había vuelto un hombre lobo, toda su vida había cambiado, pero no se había apartado ni un centímetro de su lado.

Stiles no odiaba a los hombres lobo, odiarlos sería como odiar una parte de sí mismo, porque Scott era parte de él. Pero si odiaba la expresión que tenía el rostro de Derek al ver la mordida de su amigo, la odiaba y la temía, y eso había mantenido su resolución firme y en alto.

Ahora simplemente no sabía que pensar de nada.

Cuando vio a Isaac al lado de Derek en el salón de Transformaciones, olvidó que Finstock le volvió a enviar hacia el profesor de Transformaciones por no sé qué de invitaciones a Durmstrang para el partido de tres semanas más, y se marchó antes de notar que ambos hombres lobos detuvieron su conversación girando a mirarle. Stiles se alejó rápidamente de allí mordiendo su lengua, furioso con todo el mundo, y si no chocó contra Peter Hale, fue solo porque este le sujetó por los hombros antes de que su cabeza se golpease contra el pecho del hombre lobo.

—Stiles ¿qué ocurre? Hueles extraño —le sonrió el profesor de Astronomía, sin ocultar la forma que olfateaba a su alrededor, provocando incomodidad en el Gryffindor.

—No ocurre nada, y deja de hacer eso, es aún más extraño que a lo que sea que yo pueda oler —reclamó intentando soltar esas manos de sus hombros, pero Peter no le dejó ir tan pronto.

Le miró a los ojos fijamente por un largo momento y Stiles se sintió desnudo. Se recordó que su padre había practicado con él la Oclumancia e intentó levantar sus murallas mentales a toda velocidad, pero no le parecía que el hombre lobo estuviese usando Legeremancia con él. No parecía necesitarla de todas formas, si sus olores eran tan claros al indicar sus emociones.

Peter le liberó en el mismo instante que Stiles creía ya no poder aguantar su escrutinio, pasando su mano por los cortos cabellos del estudiante, sonriendo.

—Sabes dónde está mi despacho, si necesitas hablar de algo.

Escuchó como se marchaba, sin voltearse a mirar su espalda, intentando que su corazón se calmase. Sabía lo que Peter no había dicho con palabras pero si con su mirada. “La oferta sigue en pie”. Y Stiles se odiaba, porque lo estaba considerando.

++++

Cora se dejó caer en la cama grande y disfrutó el rebotar en ella. Definitivamente era mucho mejor que su cama en la Torre de Gryffindor, incluso el cobertor rojo era mucho más suave que el suyo. Eso era una injusticia.

Cogió el libro que estaba en la mesita de noche y lo abrió en la página marcada, no sorprendiéndole de que fuese exactamente la misma en que estaba la semana anterior. Dejándolo de regreso en su lugar, la chica perdió su mirada en el techo de piedra, suspirando. Esa había sido una semana jodida.

Quizás estuviesen un poco más tranquilos por no tener ese año ni los TIMOs ni los EXTASIS, sin embargo eso no evitaba que los profesores los llenasen de trabajos y lecturas, preparándoles para lo que sería su séptimo año. Solo estaban en la primera semana de octubre y Harris ya había conseguido que una Hufflepuff estallase en lágrimas en medio de la clase de Pociones.

Y como si eso no fuese suficiente, confía en Hogwarts para otorgarte un número ilimitado de dramas adolescentes. Si Corazón de Bruja pudiese escribir de eso, puff, tendrían para llenar veinte números. No era como si se cortasen al tocar a Hogwarts, habiendo puesto de portada en el número más reciente las fotos de Scott y Jackson con el elocuente mensaje de “Co-Capitanes y Rivales” aumentando más las tensiones entre Gryffindor y Slytherin. Como si no fuesen bastantes ya.

Kira decía que luego de las palabras de Derek el equipo se había movido bien y ella no lo dudaba pero… ¿cuánto duraría eso? Ella opinaba en ese tema como Stiles (aunque jamás lo aceptaría) y creía que no había sido la idea más inteligente eso de los Co-Capitanes… pero ya que, ni que el Quidditch le interesase tanto.

Si estaba allí era por otro tema.

Cuando la puerta del cuarto se abrió, Cora pudo ver a Derek frunciéndole el ceño, pero sin sorpresa. Debía haberle olido a la distancia y no era como si fuese la primera vez que esperaba a su hermano allí. Cada vez que lo hacía era una mala noticia para Derek, claro, porque los Hale no tenían problemas de gritarse en público a menos que fuesen temas delicados. Como el que le había convocado esa noche.

—¿Qué haces aquí, Cora? Ya va a sonar el toque de queda —murmuró el mago mientras se quitaba la túnica oscura colgándola en la percha, quedando con el chaleco de lana y los jeans muggles. Cora se sentó sobre la cama y no se dejó distraer por la forma en que Derek cruzó sus brazos sobre su pecho, mostrando sus músculos y al mismo tiempo su empoderamiento.

Se creía listo si pensaba que eso sería suficiente para acallarla.

—Tienes que terminar esto pronto, Derek. De preferencia, ahora. Ayer incluso —bufó la Gryffindor, viendo como su hermano rodaba los ojos. Era tema repetido, sí, pero ya no era un juego ni simplemente fastidiar a su hermano. Era seria en sus palabras—. Han pasado años y sabes tan bien como cualquier hombre lobo con nariz y mago con ojos que le gustas. Mucho. Le gustas un montón. ¿Por qué te niegas a ti mismo lo que quieres? ¿Lo que los dos necesitan?

Cora realmente no lo entendía. Lo había hablado con Laura y con su madre, incluso con su padre intentando encontrar una opinión “masculina” sobre el tema, pero todos acababan encogiéndose de hombros. Era comprensible que Derek hubiese guardado silencio y distancia los primeros años. Ella no podía ni imaginarse lo que había sido para un hombre como Derek sentarse por primera vez en la mesa de los profesores como aprendiz del profesor de Transformaciones (pronto a jubilarse) para encontrarse que uno de los alumnos de primero, compañero de su hermana menor, era su pareja.

Debía haber sido un shock, sí, pero habían pasado cinco años y más y Derek seguía sin hacer ni un simple movimiento. Cora había podido darse cuenta que Stiles se moría por su hermano desde el primer momento que le vio, aunque probablemente con 11 años el chico ni siquiera hubiese podido asociar esa sensación a la de las parejas destinadas. Un compañero.

Laura le odiaba por haberle encontrado y no hacer nada, y Cora simplemente no entendía que era lo que detenía a su hermano. No ahora que Stiles era casi mayor de edad y el rechazo de Derek obviamente le dolía tanto. Ambos languidecían por el otro y ella no podía explicarse porque. No podía ser por la mierda de "Profesor-Alumno", porque nadie le decía que lo gritase a los cuatro vientos, solo que... hiciera algo ¡maldición!

Ella hacía todo lo que podía para juntarles, para darles una excusa para estar cerca, pero era cada vez más difícil y necesitaba una explicación para la permanente falta de iniciativa de Derek. Una que no fuese “Mi hermano es un idiota masoquista”, porque esa ya la había pensado ella sola.

—No voy a hablar de eso contigo, Cora —intentó zanjar el tema Derek, pero Cora solo se rió de forma sarcástica. Eso no iba a quedar así.

—¿Crees que soy una niña, Derek? ¿Crees que no puedo tomar mis propias decisiones? Isaac tiene mí misma edad y aceptaste su decisión de ser mordido, así que supongo que no crees que con 16 años alguien siga siendo un niño —habló la Gryffindor con la mirada entrecerrada. Podía notar la incomodidad en la tensión de Derek—. Si es así ¿qué diablos te detiene que decirle a Stiles que te gusta y que son compañeros? Te aseguro que eso le alegrará, seguro que dirá algo estúpido como “Eso explica muchas cosas” y ya, serán felices, comerán perdices y los demás nos moriremos de asco porque serán otra de esas parejitas escupiendo arcoíris por los rincones —gruñó bajándose de la cama, y acercándose a Derek quien miraba al suelo—. Así que, dime. ¿Por qué diablos no haces un movimiento de una vez?

Derek parecía golpeado por las palabras de Cora. Su espalda ligeramente encogida, sus puños apretados y sus labios formando una fina línea. Ver a su hermano en esa actitud casi sumisa rebajó un poco el enfado de su loba, pero aun así se mantuvo firme. No iba a seguir aceptando que el hombre diese mil vueltas al tema para luego quedarse sentado sobre su culo. Ella podía olerle el deseo y la necesidad, y aún sin haber sido una mujer lobo podría haber adivinado los sentimientos de Stiles solo por la forma en que miraba con añoranza a Derek pasar por su lado.

Y ahí estaba su estúpido hermano, sin decir nada. ¿En verdad no iba a responderle?

Decepcionada, Cora dio un paso atrás luego de unos minutos. Podía percibir lo cerrado que se encontraba Derek y supo que no iba a llegar a ninguna parte esa noche. Negó con la cabeza suavemente, y pasó por el lado del mayor para salir del cuarto.

Pensó en decirle a Derek que esa tarde Stiles había llegado a la Torre apestando a Peter; pensó en advertirle que Theo cada vez se abría paso más y más en las barreras del hijo del Jefe de Aurores; pensó en agarrarle de los hombros y gritarle que dejase de actuar como un idiota y reclamase a su pareja antes de que alguien más se le adelantase... pero al final no le dijo nada.

Si Derek quería ser un imbécil y perder aquello que la naturaleza y la magia le habían dado, aquello con lo que todo hombre y mujer lobo soñaban con encontrar, casi siendo un cuento de fantasía... allá él.

De todas formas, no era como si Cora se muriese por ser cuñada de Stiles. Por supuesto que no.


NOX

Chapter Text

Cuando terminó el entrenamiento ese sábado, Jackson sabía que había algo raro en Lahey. La semana anterior todo había sido demasiado violento como para notar nada, pero esta vez practicaron con más calma, con la amenaza de Derek Hale pendiendo de sus cabezas, y Jackson pudo notar como la mejoría de las habilidades de Isaac no eran por un día de suerte, como había creído el sábado pasado: era algo consistente.

Le observó durante todo el entrenamiento y cuando terminaron lo siguió hasta las duchas. Cogió la del lado de tejón y le miró de soslayo, preguntándose cuando era que le crecieron todos esos músculos; pero en el momento en que Isaac captó su mirada, Jackson observó directamente hacia el frente, ignorando tanto su cuestionamiento silencioso como la voz de Boyd cantando dos duchas más allá. Cuando Stiles y Scott se unieron al coro de la canción de moda de las Brujas de Macbeth, Jackson decidió que era momento de salir de allí.

No pudo negar que se alegró de haber hablado con Hale cuando vio como Isaac entregaba su permiso a Finstock la semana anterior. Le había exigido al profesor que no mencionase su nombre y la ausencia de miradas perspicaces de parte del Hufflepuff le indicaron que Hale al menos había cumplido con eso.

Le alegraba, sí. Sin embargo, de ahí a conseguir un tercer rival por la posición de Capitán (podrían ser cuatro, pero Jackson jamás dignificaría a Dunbar como una opción), eso sí que no entraba en sus planes.

El callado y tímido prefecto de pronto parecía seguro de sí mismo y fuerte. Había una arrogancia en su mirada que no había estado hacia dos semanas y eso incomoda a Jackson. ¿Qué había pasado con él? Su cambio no puede evitar recordarle de cierta manera al que había sufrido McCall el año anterior, pero… no podían estar relacionados ¿no?

Luego de vestirse y coger su escoba, Jackson se despidió de Danny, que recién llegaba a bañarse, y salió de las duchas enfilando hacia el castillo. Su mente se perdió un momento en el trabajo de Encantamientos que no había hecho aún, cuando una mano fuerte se aferró a su brazo y le empujó contra un árbol, sacándole el aire de los pulmones.

La escoba cayó al suelo mientras un jadeo escapaba de los labios de Jackson. Una oleada de dolor se expandió desde el hombro golpeado, mientras sus ojos se encontraban con los casi antinaturalmente brillantes de Isaac. No pudo evitar tragar saliva, mientras todo su cuerpo sentía la tensión. Su hombro seguía doliendo y de ese dolor se afianzó Jackson para parecer enojado en vez de asustado. Porque nunca aceptaría que estaba asustado.

—¿Qué diablos te pasa? Parece que me desencajaste el hombro —se quejó, consiguiendo que el Hufflepuff le liberase de su agarre, pero no dejó de mirarle de esa manera. Como si pudiese atravesarle con la vista.

—Fuiste tú ¿no es cierto? —gruñó Isaac, continuando ante el silencio del Slytherin—. Tú fuiste el que habló con Derek sobre mi padre. Lo hizo parecer como si se hubiese dado cuenta él mismo, pero…

—¿Y qué si fui yo? —habló rápidamente Jackson, sintiendo el enojo vibrar bajo su piel— Sigues en el equipo ¿no? Eso es lo que importa.

Isaac pareció confundido de pronto, su enfado dando paso a la incredulidad. Jackson llevó su mano a su hombro, sintiendo que sí, se lo había desencajado, joder. Eso dolía. Tendría que ir a la enfermería. Casi ni escuchó al tejón volver a hablar.

—¿Por eso se lo dijiste? ¿No para que buscase a otro cazador rápido?

Ahora era Jackson el que bufaba con incredulidad, apretando los dientes por el dolor. Le dio la mirada de su repertorio que decía de forma más clara “Eres un retrasado” antes de hablar.

—Obviamente no. Eres bueno, era una estupidez que te perdiésemos solo porque tu padre es un bastardo psicópata… maldición, duele. Apártate de mi camino, tengo que ir a la enfermería —gruñó luego, empujando al rubio con su hombro sano para ir hacia el castillo, deteniéndose al recordar su escoba tirada en el suelo.

Sin embargo Isaac ya la había cogido y estaba apoyando su mano en la baja espalda de Jackson para animarle a caminar. Su expresión mostró disculpa y maravillada felicidad. El Slytherin no entendió para nada su cambio de actitud, pero se dejó acompañar hacia el castillo de igual manera, entre quejas. No era su primera ni su peor lesión, de todas formas pero no dejaría que Isaac olvidase que eso era su culpa.

Eso era lo que se ganaba por hacer algo bueno por una vez. Que alguien preguntasen porque los Slytherin eran unos desgraciados egoístas para darle esto como ejemplo.

++++

Estaban en medio de la clase de Alquimia con la madre de Allison, Victoria Argent, cuando Malia se dio cuenta que había algo extraño en Stiles. Estaba callado y quieto, como no lo había estado nunca desde que le conoció y eso era rarísimo.

En esa clase no estaban ni Cora ni Scott, así que Stiles acabó sentado con Theo Raeken, a pesar que había dicho a viva voz un millón de veces que le detestaba, algo que solo lograba animar más al chico a estar cerca de él por una razón enferma que la Hufflepuff no entendía. Y no quería entender.

Kira estaba sentada a su lado, pareciendo a punto de dormirse por la voz de la mujer en esa clase meramente teórica, pero Malia necesitaba confirmación ajena de que Stiles estaba raro. Le dio un golpecito en el costado y solo consiguió electrocutarse un poco, soltando ambas una exclamación de sorpresa que llamó la atención del maestra.

—Malia, Kira ¿tienen algo que compartir a la clase? —cuestionó severa la profesora Argent y ella se apresuró a negar con la cabeza, totalmente cortada. Kira se disculpó bajito y la clase continuó luego de que la mujer de cabellos rojizos les enviase una mirada amenazante por interrumpirla..

Ambas se miraron con arrepentimiento, Malia por el golpecito y Kira por la pequeña electrocución. No era que la kitsune pudiese controlar esas cosas. La Hufflepuff aprovechó que la profesora se había girado a anotar algo en el pizarrón para acomodar un mechón oscuro de la asiática tras su oreja, rozando con los nudillos su mejilla y disfrutando de ver su sonrojo expandirse.

Para el momento que la Argent volvió a mirar hacia el frente, Malia estaba cubriendo su rostro con su libro de Alquimia para que no se viese la enorme sonrisa en su cara, mientras Kira miraba fijamente a su escritorio. Stiles por completo olvidado de su mente por la siguiente media hora en beneficio de coquetear con la leona, al menos hasta que justo antes de que la clase terminase vio al chico dormido sobre el hombro de Theo, el que rodeaba su cintura con uno de sus brazos y le susurraba algo en el oído, peligrosamente cercano a su cuello.

Sus sentidos de coyote no tuvieron dificultad para coger el “Solo quiero que confíes en mí” pronunciado por el Gryffindor, haciéndola chasqueando la lengua audiblemente.

Sus ojos y los de Raeken se encontraron en el mismo momento en que el profesor les indicó que podían retirarse. Había desafío en los dos, pero Stiles poniéndose de pie súbitamente despierto y la mano de Kira en la suya les distrajeron. No, Malia ya no sentía por Stiles el enamoramiento que tuvo por años. Stiles había sido el primer chico que se acercó a ella sin temor, que no tuvo miedo a sus actitudes salvajes y que había confiado en su control. Le había ayudado con él, incluso, aunque no lo supiese. Había sido su ancla hasta la Luna anterior.

Ahora obtuvo una nueva ancla, sin darse cuenta. Pero eso no significaba que de un día para otro dejase de preocuparse por Stiles. Él siempre iba a ser importante para ella.

Theo no le caía mal. De hecho, luego de que fuese mordido en tercero, Malia se había sentido tirada hacia él; sin embargo la actitud de Stiles hacia el hombre lobo había sido reticente todo el tiempo. El verle permitirse ser tan vulnerable frente a él solo le producía desconfianza a la mujer coyote.

—¿Estás bien? —le preguntó Kira, una vez que salieron del salón de Alquimia.

Malia asintió, aunque de reojo no se perdió el cómo Stiles se iba, siendo seguido por Theo. Era casi tan increíble como verlo pasar a un lado de Lydia Martin y ni siquiera darle un vistazo.

—Un poco preocupada por el idiota de Stiles —confesó luego de un momento, enredando sus dedos con los de la asiática, quien miró hacia atrás donde sus compañeros de casa ya había desaparecido.

—Ya veo. Es comprensible, él te gustaba —aceptó la Gryffindor mirando al frente con una sonrisa ligera, pero Malia pudo sentir el aroma a tristeza y algo de celos que salían de ella.

Poco preocupada de estar a menos de treinta metros del salón de Victoria Argent, Malia jaló a la leona hasta un pasillo aledaño para luego empujarla contra uno de los muros, sintiendo como su respiración se cortaba mientras abría grandemente esos lindos ojos rasgados. La Hufflepuff le miró fijamente, observando cada uno de sus rasgos antes de bajar la mirada hasta su cuello, el que estaba oculto casi del todo por la bufanda roja y amarillo. Algo vibró en su pecho y cuando volvió a mirar sus ojos, sabía que los suyos brillaban en el dorado del coyote.

—Tú eres un millón de veces más guapa que Stiles —le indicó con cruda sinceridad antes de robar un beso corto de esos labios entreabiertos.

Su coyote quería más que un casto beso, por supuesto, y por el fuego furioso alrededor de Kira sabía que ella también lo deseaba. Sin embargo no era el lugar y tenían, inconvenientemente, clases de Encantamientos después con la madre de la kitsune, por lo que no podían escaparse a algún lugar privado sin llamar la atención.

Fue Kira la que se despegó del muro de piedra para darle un segundo y último beso, sonriendo con la mirada. Solo felicidad y confianza se podía oler de ella y las preocupaciones de Malia se calmaron, su coyote tranquila al haber quitado las dudas de su chica.

—Voy a preguntarle a Scott si ha percibido a Stiles raro y le pondré un ojo encima. Es un buen amigo.

Eso es incluso más de lo que la tejona esperaba escuchar y no pudo evitar el besarle de nuevo, antes de jalarla del brazo hacia Encantamientos.

—Eres la mejor.

++++

Isaac se sentía tan culpable de haber desencajado el hombro de Jackson que no solo le acompañó en todo momento en la enfermería ese sábado y se ofreció a acusarse a sí mismo para recibir un castigo, sino que ofreció hacerle la redacción de Encantamientos para que le perdonase. Como Jackson era un Slytherin, acabó aceptando, y fue por eso que en la siguiente clase de Encantamientos Isaac fue el único que recibió puntos extras en la ronda de preguntas de la profesora Noshiko, al haber tenido que investigar mucho más que sus compañeros para hacer dos trabajos en vez de uno. Beneficios adicionales.

Por suerte era una clase en conjunto con Gryffindor y no Slytherin, porque no se había sentido cómodo ganando puntos por algo que aprendió haciendo un auto castigo, y si Jackson hubiese estado allí habría sido peor. Porque Isaac podía ser ahora un hombre lobo, pero seguía siendo un Hufflepuff.

A pesar de que intentó aparentar normalidad, sus cercanos estaban notando el cambio. Erica le llevaba mirando toda la semana con los ojos entrecerrados, y Jackson sabía. Estaba seguro que de que lo sabía. O al menos que algo podía imaginar.

Le costó confiar en Derek en un primer momento cuando le llamó a su despacho. No quería hablar sobre los morados que el hombre lobo había visto en él el 1ro de septiembre, los que Allison había curado esa misma noche con un ungüento regenerador; se calló cuando le mencionó el permiso jamás firmado para ir a Hogsmeade; pero ya no pudo aguantar las lágrimas cuando Derek habló sobre su Boggart, aquel que el profesor Argent había prometido jamás mencionar a menos que fuese estrictamente necesario. Isaac, con 13 años, había dicho con ferocidad que nunca, jamás iba a ser necesario ser mencionado. Chris Argent opinaba distinto, al parecer.

Al final había hablado. No todo, nunca del viejo baúl insonorizado de su abuelo ni la cantidad de noches que pasó allí, gritando, rasguñando la madera, suplicando. De eso no habló, pero el resto al parecer había sido suficiente para convencer a Derek.

Cuando le ofreció la mordida, Isaac creyó que estaba soñando.

Esa noche de luna llena, en compañía de Derek, Cora y Scott en el Bosque Prohibido, seguía pensando que estaba dormido y de pronto se despertaría en su cómoda cama en Hufflepuff. O peor, despertaría en el viejo baúl.

Pero habían pasado más de dos semanas y no había despertado. El lobo aullaba en su interior, sus sentidos estaban despiertos y se había sorprendido con la cantidad de criaturas que había en Hogwarts, sin que él pudiese imaginarlo antes.

No tenía idea de que eran la profesora Noshiko y su hija, pero sus instintos le decían que no eran humanas por completo. Malia no olía a lobo, pero si a algo parecido. Y más allá está Stiles sentado con Scott, y tras ellos Cora con Theo Raeken, que si es un lobo, como los dos anteriores.

De hecho, era un poco extraño ver a Stiles sentado como si nada, rodeado de depredadores. Provocó en Isaac un nuevo respeto por el Gryffindor.

Cuando la clase por fin terminó, Isaac recogió sus cosas, se despidió con un gesto de Erica y salió de los primeros rumbo al Gran Comedor con la expectativa de la cena. Hambriento, como siempre desde que fue convertido. La mordida traía consigo un sin número de habilidades útiles, pero Isaac había descubierto que también le dejaba el estómago hecho un nudo hasta que no lo llenaba hasta la saciedad. Solo esperaba que su nueva naturaleza no le permitiese engordar, porque no quería ser una caricatura del típico Hufflepuff rubio gordinflón.

Solo podía defenderse en su hambre para explicar su falta de atención y reflejos. Derek se enfadaría con él probablemente si supiera que había sido tomado con la guardia tan baja. Cuando su espalda golpeó el muro, con una mano aferrando su brazo, se dijo así mismo que estaba bien. Se la debía a Jackson de todos modos.

El Slytherin estaba frente a él con los ojos entrecerrados y la respiración rápida. Le tomó un segundo a Isaac notar que estaban en el mismo pasillo en el que se habían encontrado ya dos veces antes. Cuando la presión de la mano de Jackson aumentó, Isaac le miró a los ojos, alzando las cejas.

—Vale. Ya sé que es lo que pasa —indicó el Co-Capitán del equipo de Quidditch, sonriendo, aunque Isaac podía oler en él la inseguridad. Sabía que no creía lo que va a decir antes de que abriese la boca—. He hecho mi tarea y he descubierto que lo único que los une a ti y al estúpido de McCall es que de pronto ambos se volvieron muy cercanos a Derek Hale de pronto. Así que… ¿qué clase de pociones ilegales les está dando?

Isaac parpadeó un momento y luego soltó una risa porque… ¿Jackson estaba siendo apropósito obtuso porque no quería aceptar lo que ya sabía o qué? Era casi tierno.

El Hufflepuff le dio una mirada incrédula cuando Jackson no dijo nada sino que le empujó más contra el muro dejando sus rostros a un centímetro de distancia. Sabiendo que no iba a conseguir nada del Slytherin, acabó suspirando.

Si le besó fue solo porque podía, porque la timidez se le escapó junto con la mordida de Derek y porque… si los labios de Jackson eran besables a la distancia, a un centímetro simplemente tenían su propia energía gravitacional. No se arrepintió de hacerlo, porque los ojos abiertos del otro chico eran tan cómicos que casi se rió con sus labios aún pegados.

Al final consiguió lo que quería. Con una exclamación ofendida, Jackson le soltó, alejándose varios pasos con el ceño fruncido. Pero no se limpió la boca, y eso olió a victoria para Isaac.

—Cuando consigas una teoría que te creas, quizás te dé una respuesta distinta. A menos que quieras una repetición de esta —indicó el tejón, pasando el pulgar por su propio labio inferior sin quitar su mirada de los ojos de Jackson, antes de caminar con seguridad de regreso al pasillo principal para ir hacia el Gran Comedor.

En ningún momento notó que sus ojos de depredador habían brillado en la oscuridad del pasillo, ante el enmudecido Slytherin.


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—¡Jackson! —gritó Lydia, llamando la atención de todos los Ravenclaw, y parte de los estudiantes de las otras casas.

La pelirroja había estado intentando conseguir la atención de su novio durante toda la cena, pero este parecía demasiado perdido en sus pensamientos como para mirarle siquiera luego de que se sentase a su lado en la mesa de Ravenclaw. Danny al otro lado de Jackson solo se encogió de hombros cuando Lydia le pidió apoyo, lo que la exasperó lo suficiente para romper sus delicados modales.

Sentía en la nuca la mirada decepcionada de su madre desde la mesa de los profesores, pero en ese momento no le importaba quedar como la novia histérica, solo quería que Jackson dejase de mirar hacia las mesas de Gryffindor y Hufflepuff y le mirase a ella. Como correspondía.

Su grito consiguió que por fin el chico la mirase, pero no encontró disculpa en sus ojos como había esperado (lo mínimo por dejarle hablando sola por quince minutos). No, había enojo allí.

—¿Qué putas quieres, Lydia? —le gruñó, mirando airadamente alrededor, intentando amedrentar a todo el mundo para que dejase de mirarles.

Lydia se sintió fuertemente ofendida por su tono y no pudo más que mirarle de forma desagradable. Sintió el enojo en la garganta. Querría gritarle más, pero el lugar y el momento se lo impedían. Su imagen también. Solo pudo tragarse esa bola de enfado y sonreírle de forma tirante.

—Si vas a tratarme así, ignorarme y sentirte cómodo siendo un estúpido Co-Capitán, quizás debamos romper, querido Jackson, porque pareces más un perdedor día a día y tú sabes que yo no salgo con perdedores —le indicó la pelirroja elevando las cejas.

Jackson se iba a enojar, eso de seguro, pero no importaba. Cuando se enojaba el sexo siempre era mejor, salvaje y rudo. Queriendo marcar en su cuerpo que ella no se le iba a escapar tan fácil. Su madre solo lo había dicho una vez, pero Lydia nunca lo había podido olvidar: “En caso de necesidad, pon en duda su habilidad”.

Estaba esperando la reacción del Slytherin, pero definitivamente la que aguardó no era esa sonrisa sarcástica y el chico poniéndose de pie.

—¿Sabes qué, Lydia? Tienes razón. Hay lastres que tengo que dejar para poder avanzar y creo que acabas de ganarte el honor de ser el primero que deje —indicó el chico alejándose de la mesa de Ravenclaw y yendo a sentarse tan campante con los Slytherin, quienes rápidamente abrieron un espacio entre ellos para el antiguo Capitán.

Lydia se puso pálida bajo su cabello rojo. Porque no podía estar pasando. Jackson no había hablado exageradamente fuerte, pero la mayoría de los Ravenclaw al menos habían podido escucharle con claridad. La había dejado. La había dejado delante de todo el Gran Comedor.

Pudo sentir como su corazón se aceleró de golpe, sus mejillas enrojecieron y sus piernas le pusieron de pie antes de que pudiese razonar.

—¡JACKSON! —gritó con las lágrimas agolpándose en sus ojos, el enojo haciéndola temblar. No podía romper con ella, no podía dejarla. ¡Ellos eran perfectos juntos!

—¡Lydia! Toma asiento —dijo la voz firme de su madre desde la mesa de los profesores. Y no solo era su madre, era la Jefa de Casa así que ella debería hacerle caso, pero Lydia no podía hacer otra cosa que mirar humillada la nuca de Jackson, el que parecía comer despreocupado, hablando con otros Slytherin, aunque la mayoría estaban mirando en dirección a ella.

Los murmullos subían, pronto iban a escucharse risas, lo sabía. ¿Eso había sido un flash? Si tuviese las energías, hubiese enviado un hechizo en dirección a Matt Daehler, pero apenas podía estar de pie.

Unos brazos la sostuvieron, el aroma familiar de Allison llegó hasta ella y sorpresivamente Stiles también estaba allí. Lydia no tuvo voz para preguntar ni para liberarse de los leones, así que simplemente se dejó arrastrar lejos del tumulto. Solo cuando las puertas del Gran Comedor se cerraron tras ellos, la pelirroja permitió que las lágrimas abandonasen sus ojos, aferrándose tanto a la bruja como al joven mago, mientras caminaba más y más lejos de la nuca indiferente de Jackson.

++++

Chris solo pudo suspirar aliviado cuando su hija y el chico Stilinski consiguieron sacar a Lydia del Gran Comedor. Natalie Martin no tardó en ponerse de pie para salir por una de las puertas laterales en búsqueda de la pelirroja probablemente y el profesor de Defensa lo único en que pudo pensar fue «Adolescentes».

Miró a su esposa y le sonrió de medio lado, aunque ella solo hizo un gesto de exasperación. Por supuesto Victoria no encontraría esas situaciones tan divertidas como él lo hacía. No era que los dramas amorosos no fuesen un problema, pero Chris no podía evitar encontrar la gracia en como esos chicos sentían todo al extremo, al nivel de que un corazón roto era suficiente para pensar que su vida estaba destruida.

A propósito de sentimientos extremos, Chris se inclinó un poco hacia el frente para encontrarse, tal como imaginó, a Derek Hale mirando fijamente a las puertas del Gran Comedor donde minutos antes había desaparecido su potencial compañero. Chris no creía en esas cosas como el destino, y aunque no negase que posiblemente los hombres lobo y otras criaturas mágicas encontrasen potenciales parejas por sus instintos, no creía en aquello de para siempre sin letra pequeña.

Había sido Kate la que le había hablado sobre el pequeño Derek encontrando a su pareja. Kate había jugado por años con Derek, tentándolo, seduciéndolo. Derek había caído en las garras de su hermana en su adolescencia, pero luego de que Kate le sacase todos los trapos sucios posibles de la familia Hale, revelados luego por Gerard frente al Wizengamot en pleno, la rubia lo había abandonado a su suerte. Por suerte Talia había resistido los embates, había confirmado los crímenes de antiguos miembros de su familia, pero nadie había podido encontrar nada sobre los actuales Hale, ni siquiera sobre Peter, aquel de quien Chris seguía desconfiando hasta hoy.

Él nunca encontró correcta ni la forma de actuar de Kate ni de los beneficios políticos que su padre había querido sacar de los juegos de ella, y no había perdido la oportunidad de decírselo a Derek Hale el mismo día que se encontraron ambos en Hogwarts, Chris como el nuevo profesor de Defensa contra las Artes Oscuras y el hombre lobo como el posible nuevo profesor de Transformaciones, ayudante del actual de ese tiempo.

No serían amigos, pero la relación de ambos se mantuvo en lo profesional, al menos hasta la primera navidad. Era el primer año de Allison en Hogwarts, motivo por el que tanto él como Victoria habían aceptado puestos como profesores. Allison adoraba a Kate, así que esas vacaciones las pasaron en la mansión Argent con Gerard, aunque Chris hubiese preferido algo mucho más íntimo en su propia casa o en Hogwarts. Fue con unas copas de más, que Kate confesaría que ese mismo día se había encontrado con Derek en el Callejón Diagon y había algo en él que se lo había dicho.

Derek se había mantenido firme frente a ella, nunca había desviado la mirada y le había dicho que ella no sabría jamás lo que sentía amar a alguien de verdad. «Su mirada era distinta, Chris. Seguro que el idiota consiguió a su compañera». Parecía ofendida, a la vez que ebria, como si hubiese esperado que Derek estuviese suspirando y deseándola toda la vida.

Chris no tomó en consideración las palabras de su hermana por mucho tiempo, pero la permanente observación al hombre lobo le hizo notar que quizás Kate no estaba tan equivocada. Las sutiles preguntas a Allison despejaron el resto de sus dudas, junto con la investigación en viejos libros sobre la naturaleza de los licántropos, muchos libros que solo pudo estudiar en el verano en la biblioteca privada de los Argent.

Cuando acorraló a Derek al comienzo del segundo año de Allison, casi tuvo que meterle una bala de acónito al hombre lobo para que confesase, pero acabó por hacerlo. Stilinski. Chris no quería creerlo.

No había nada sexual en Hale cuando miraba al muchacho, pero si un brillo posesivo y protector. Lo perseguía en la mirada cada vez que estaban en el mismo cuarto, solo para mirar hacia otro lugar cuando el chico le miraba a él. Porque Stiles le buscaba incluso más de lo que el hombre lobo hacía, según lo que Chris pudo ver y Allison contarle.

No había sido su idea, él no dijo nada, pero cuando Derek llegó a su despacho una noche de noviembre y le soltó «No pienso ponerle un dedo encima hasta que cumpla 17 años, y si lo intento tienes mi permiso para dispararme» Chris se sintió absurdamente orgulloso del muchacho. Porque era un muchacho, apenas tenía 19 años, y no dudaba de lo difícil que sería para él controlar su instinto y su lobo durante todo ese tiempo hasta que Stiles fuese mayor de edad, pero era un compromiso. Si eso de los compañeros era real, sería una unión para toda la vida. ¿Qué eran cuatro o cinco años en contra eso?

Chris estrechó su mano y desde entonces sintió entre ambos un lazo que jamás había podido existir entre un hombre lobo y un Argent antes. Confianza.

Él no dudaría en dispararle si debía hacerlo y Derek confiaba en eso. Confiaba en que si en algún momento fallaba la tesis que su madre llevaba años presentando, aquella sobre el control de los hombres lobo, allí estaría Chris para impedir que hiciese algo de lo que luego se arrepintiese. Deseaba no que jamás apretase el gatillo, sino que lo hiciese solo de ser necesario.

A tan solo unos meses de la tan esperada fecha, Chris hasta sentía lástima por Derek. A través de la mesa, el hombre lobo sintió su escrutinio y su expresión de añoranza y celos desaparecieron para poner su típica cara de póker. El profesor de defensa sonrió un poco y negó con la cabeza, regresando a su comida. Parte de él deseaba liberar de su compromiso al otro profesor, pero la otra parte le decía ¿qué eran unos cuántos meses más?

Abril no llegaría lo suficientemente pronto, vaticinó.

++++

Quedaban dos estúpidas semanas para el estúpido partido contra el estúpido Durmstrang y Stiles estaba echando estúpido humo por las orejas desde la estúpida última luna llena.

Era que simplemente nada tenía sentido, Derek transformando a Isaac, Scott defendiéndoles, Cora mirándole con lástima, Peter tocándole a cada momento que podía, Jackson rompiendo con Lydia, Lydia besuqueando a Allison frente a él y su madre, Finstock dándole trabajo en vez de Derek y el idiota de Theo siendo perfectamente caballeroso con él, seduciéndole con descaro.

En serio ¿qué mierda le pasaba al mundo mágico?

Ni siquiera los unicornios que Deaton les hizo cuidar en Cuidado de Criaturas fueron capaces de hacerle sentir mejor, y eso que hasta el amargado de Jackson estaba sonriendo como un niño mientras les acariciaba.

Stiles sentía un agujero negro en el pecho el que crecía más y más cada vez que Derek se alejaba de él o le ignoraba en clases de Transformaciones. Ya ni siquiera los mimos de Scott le animaban y las preguntas de Malia solo le hacían gritar un “Estoy bien”, que ni los niños de primero que iban pasando le creían.

Quizás no era el mundo mágico el extraño, quizás era él.

Cuando Parrish le mandó una lechuza diciéndole que el Jefe Stilinski se estaba comportando terco de nuevo respecto a su comida, Stiles ni siquiera tuvo energías para gritar a un vociferador. En cambio, escribió una larga carta con la intención de hacer sentir culpable a su padre por descuidar su alimentación y si el nombre de Claudia estaba más veces de las que debería, Stiles lo achacó a ese agujero que sentía en donde debería estar su corazón.

—Pareces enfermo, Stilinski —cuando fue Boyd quien se lo dijo luego de salvarle de una bludger, casi al final del entrenamiento, Stiles pensó que quizás debiese ir a ver a Melissa pero rápidamente descartó la idea, porque sospechaba que lo suyo era un mal de amores, por estúpido que pudiese sonar, y no había hechizo que pudiese curarle de eso. No era que Melissa pudiese usar algún hechizo sobre él, tampoco.

El entrenamiento concluyó y Stiles fue de los últimos en pisar el suelo. Scott le avisó que se adelantaría a las duchas y se marchó al trote, dándole una palmada en el hombro a Liam al pasar. Stiles dejó el bate en el bolsillo de su túnica (porque tenía entrenamiento de golpeador ese día. Cada semana estaba practicando en una posición distinta), cuando su vista captó como Isaac corría tal cual cachorrito hasta Derek.

Él no tenía el oído super desarrollado de los hombres lobo, así que solo podía imaginar lo que se decían. Y como lo que se imaginaba era para mayores de 18 años, y era casi imposible que se estuviesen diciendo eso en medio del campo, no debería poner de mal humor a Stiles. Pero lo hizo.

Resentido por su propia maldita imaginación, decidió pasar de las duchas comunes y enfilar hacia el castillo, topándose con Theo a un lado de las graderías de Ravenclaw.

—Hey, guapo —le saludó el hombre lobo, y Stiles solo rodó los ojos. Porque había que ver las frases ridículas que Raeken se sacaba de la manga. Aun así, sonrió inevitablemente—. Pensé en venir a mirarte practicar. Debiste decirme que ibas a probar ser golpeador, seguro que puedo darte un par de consejos.

El peso del brazo del otro Gryffindor sobre sus hombros fue agradable. Se sentía distinto al peso del brazo de Scott, porque no había coquetería en su mejor amigo. Nunca iba a saber cómo se sentía el peso del brazo de Derek… y ni siquiera sabía porque su mente le llevaba a eso.

Mientras caminaban intentó quitar el brazo del chico, pero sin poner demasiadas ganas en eso.

—Déjame. Apesto.

—Hum, no te preocupes, me gusta tu olor —confesó Theo mientras se inclinaba para oler tras su oreja, provocando cosquillas en Stiles. Podía sentir sus mejillas arder un poco e iba a responder algo sarcástico sobre esa necesidad lupina de oler todo, cuando su compañero de casa siguió hablando haciendo que el corazón de Stiles diese un vuelco—. Derek Hale nos está asesinando con la mirada.

—… ¿En… en serio? —su voz tembló un poco, pero miró por sobre el hombro disimuladamente, notando como los únicos que quedaban en el campo eran Jackson y Derek por algún motivo. Jackson intentaba llamar la atención del profesor, pero Theo tenía razón: Derek miraba directamente hacia ellos.

No supo que se le metió en el cuerpo, si le habían echado algo en el agua que había bebido a medio entrenamiento o qué, pero sin dejar de caminar subió su mano libre, la que no sujetaba la escoba, y enredando los dedos en la nuca de Theo le jaló para robarle un beso.

Había planeado que fuese un beso corto, apenas un roce, pero el hombre lobo no le permitió alejarse. Mordió sus labios para mantenerle allí, aprovechando el gemido de dolor de Stiles para meter su lengua a su boca mientras le miraba directo a los ojos.

Fue un beso torpe, aparte de la lengua incómoda y el dolor en el labio inferior de Stiles (que explicaba el sabor a sangre en su boca), jamás dejaron de caminar. Él no miró hacia atrás, pero podía sentir su nuca en llamas. No había disfrutado del contacto en sí, pero no había sido un mal beso.

Theo no le soltó, mientras continuaban camino al castillo. Sonreía ampliamente y había un leve brillo de maldad en su mirada el que le recordó a Stiles su desconfianza hacia el otro Gryffindor. Le dio un golpe en las costillas, ganándose un “auch” divertido del otro.

—Deberías afeitarte. Detesto las barbas —se quejó sobando su propio rostro lampiño, mientras subían la escalinata hacia las puertas principales.

La risa de Theo resonó en el Hall, sus ojos mirándole con una emoción más carnívora que el buen humor. Stiles desvió la mirada.

—Algo me dice que estás mintiendo.


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La mirada sabihonda de Chris en la cena en que Whittemore rompió con Lydia Martin le dijeron a Derek que estaba jugando con fuego. Faltaba tan poco tiempo para que su compromiso finalizase ¿por qué se estaba tentando de una forma ridícula? Jamás debió aceptar que Finstock nombrase a Stiles ayudante de los entrenadores. Quedarse a solas con el chico era justamente lo que su lobo no necesita.

El verle correr hacia Martin casi ocasionó que aullase de los celos. Solo el claro rechazo que la pelirroja había dado todos esos años a Stiles la mantuvo fuera de su lista de enemigos, sin embargo en ese momento la chica se refugió tanto en los brazos de Allison Argent como en los de su compañero. Cuando vio como el rostro de Lydia se hundía en el cuello de Stiles su tenedor fue deformado hasta ser un inútil trozo de metal. Peter había reído y Derek no le había mordido solo porque a su otro lado Jennifer Blake le miraba con demasiado interés.

No, necesitaba mantenerse lejos de Stiles. Solo serían unos meses más. Entonces podría decirle lo que eran, Stiles le diría que le amaba y serían asquerosamente felices, tal como Cora había dicho.

No le cabía en la cabeza que nada pudiese ser distinto a como lo había planeado.

Al terminar el entrenamiento ese sábado, el penúltimo antes del partido, Isaac corrió hacia él para preguntarle sobre el entrenamiento lobuno que tendrían esa noche. Isaac había resultado ser incluso más ansioso por el entrenamiento que Scott, así que Derek tuvo que despegárselo con un “Ya verás a la noche” para enviarle a las duchas. Finstock no había estado en ese entrenamiento, pero estaban bien. El equipo comenzaba a funcionar. Comenzaban a responder como un solo ser ante las órdenes, lo que era algo bueno. Ese día habían estado especialmente despiertos respecto a las instrucciones de Scott, pero eso había sido porque Jackson había estado totalmente ausente, perdido en sus pensamientos.

Lo que si conociese mejor a Jackson sabría era una mala noticia.

Justamente se había percatado de que Stiles se estaba yendo al castillo en vez de a las duchas, cuando Jackson se paró frente a él.

Parecía enfadado y decidido, pero la atención de Derek estaba en Stiles y en como permitía que ese lobo de aroma extraño, Raeken, le pasase un brazo por los hombros.

—Hale, tengo que hablar contigo —dijo con seriedad el Slytherin, pero Derek no sentía deseos de escucharle.

—Búscame en hora de atención de alumnos, Jackson —le gruñó queriendo librarse de él, pero la mano del Slytherin en su brazo le distrajo. Su mirada al parecer fue lo suficientemente amenazante como para que comprendiese que debía soltarle, pero no se apartó de su camino.

—¡Lo sé todo! De McCall y Lahey —por su tono parecía estar sonriendo burlón a pesar de oler a cierto miedo, pero Derek tenía su mirada clavada en la forma en que Theo se inclinaba y olía a Stiles, a la vez marcándole con su aroma. No podía escucharles porque hablaban en susurros y había prácticamente 100 metros entre ellos, pero podía verlos. Y odiaba lo cercanos que parecían.

—¿Y qué si lo sabes? —gruñó cada vez más furioso Derek a Jackson. Probablemente su tono no era lo que el chico esperaba, porque tragó saliva— ¿Crees que puedes chantajear a alguien? Típico de un Slytherin —se burló el hombre lobo, apenas dándole un vistazo al chico antes de volver a mirar a los Gryffindor que se alejaban.

Maldito Raeken. ¿Cómo se atrevía a acercarse de esa forma a Stiles? Derek le había visto antes, pero Stiles siempre le apartaba con la mirada o incluso su varita. Derek había estado confiado porque había olido la desconfianza en Stiles hacia Theo. Nunca le había imaginado un peligro.

Jackson al parecer no comprendía cuando una conversación se había terminado porque había vuelto a abrir la boca para argumentar algo más, pero en ese momento los ojos de Derek captaron el beso. Era lejos, pero no podía confundirse.

Stiles se estaba besando con Theo Raeken.

Su lobo aulló de furia en su pecho, cegado de celos y de auto lamentación. ¿Cómo había podido permitir eso?

Sujetó del cuello a Jackson y lo apartó con enojo de su camino, comenzando a caminar lo más calmado que podía hacia el castillo, conteniendo el deseo de echarse a correr para apartar a ese otro lobo de su pareja.

Cora había tenido razón, todos la habían tenido. Nunca debió esperar tanto. Al diablo con su compromiso, si Chris Argent quería dispararle que lo hiciera. Si debía morir, que fuese lo que Merlín quisiera. Él no iba a permitir que Stiles se le escapase de entre las garras. No iba a permitir que otro asqueroso hombre lobo probase lo que era suyo por derecho.

Ni siquiera se fijó en como su mano derecha chorreaba sangre que no le pertenecía.

++++

Scott estaba tarareando una canción muggle mientras se duchaba, la idea del entrenamiento nocturno haciendo feliz a su lobo. Aunque el Quidditch le había dejado el cuerpo con un agradable agarrotamiento que el agua caliente liberó, sentía aún demasiada energía contenida por la semana sentado sobre su culo. Si por él fuese saldría todas las noches a correr por el Bosque Prohibido, pero sabía que era contra las reglas. Además, no podría dejar a Stiles solo todo ese tiempo.

Estaba pensando en que Stiles se estaba tardando en venir a la ducha hoy también cuando alguien más comenzó a tararear la misma canción que él, girando el rostro para ver en la ducha más alejada a Liam ocupado enjabonando su cuerpo. Danny charlaba con Boyd aun quitándose la ropa, así que son los únicos bañándose por ahora. Cuando Liam atrapó su mirada, Scott sintió la vergüenza atacarle, mirando hacia las baldosas mientras el agua caía por su rostro.

Joder, acababa de romper una de las primeras reglas de las duchas: jamás mirarse a los ojos. Era como cuando estabas en los urinarios. Podían estar empelotados, pero manteniendo la distancia visual, maldición.

Carraspeó sin poder evitarlo, enjabonándose el cabello. Quiso justificarse de alguna manera con el Slytherin, pero no sabía cómo.

—¿Te gusta Nirvana? —preguntó de pronto, su voz escuchándose por encima del agua cayendo. No sabía si Liam le oyó, pero no iba a mirar en su dirección para corroborarlo.

Hubo un silencio largo, Danny y Boyd seguían sin meterse a las duchas y Scott se encontró deseando que se apresurasen.

—No. Bueno, sí. No sé. Smell Like Teen Spirit es como conocida por todos —había un mohín en el tono de Liam y Scott sonrió sin poder evitarlo mientras se quitaba la espuma del pelo.

—No por todos los magos —aseguró y luego de dudar, levantó la mirada, encontrándose con que Liam también le estaba observando. Pudo ver el pequeño parpadeo en que los ojos del chico bajaron hasta más allá de su pecho y luego ya nada.

Había un color rosa en la piel del Slytherin que podía ser tanto por el esfuerzo en el deporte como por el agua caliente. No tenía por qué ser vergüenza, se dijo a sí mismo el hombre lobo mientras Boyd y Danny por fin se metían a las duchas interponiéndose en su campo visual. Isaac también había llegado y parecía excitado como cada vez que había entrenamiento nocturno. Scott sentía su lobo contagiarse por la emoción ajena y le dio un golpecito en el brazo al tejón antes de salir, ya limpio.

Desde las pruebas de Quidditch que no había visto a Isaac con Allison y Stiles tenía la teoría que rompieron, aunque obviamente sin todo el drama mediático que tuvo el rompimiento de Lydia y Jackson. Scott no sabía que pensar de ello. No era tan desgraciado como para sentirse feliz de que hubiesen roto, pero al menos no tenía que preocuparse por sentir rencor hacia su compañero de Quidditch por una chica. Aunque fuese la chica más genial que hubiese conocido nunca.

Estaba secándose el cuerpo cuando vio llegar a Jackson. Se sujetaba la nuca y tenía la mirada perdida con un gesto de dolor en el rostro. Nunca en su vida se había preocupado por Jackson pero… Derek tenía razón y ahora ya no eran enemigos ni rivales. Eran aliados. Co-Capitanes incluso. Se terminó de subir la ropa interior antes de aclararse la garganta.

—¿Estás bien, Jackson? —frunció su ceño porque tuvo que repetir la pregunta antes de que el Slytherin reaccionase a su voz. Cuando lo hizo sus ojos estaban grandes y casi podría jurar que olió algo como temor al verle de pronto.

¿Qué? ¿Qué te importa? —le ladró el chico, mirando alrededor y acabando por salir del lugar con un portazo sin ducharse, dejando a Scott con la palabra en la boca y los ojos abiertos por la sorpresa.

—¿Qué le pasa a ese? —preguntó Liam desde la espalda de Scott, haciendo que voltease a verle.

Llevaba la toalla amarrada a la cintura y el cabello dejando caer gotas que se deslizan por su torso. Scott apartó la mirada mientras buscaba sus pantalones, preguntándose si la emoción que sentía su lobo seguía siendo por el entrenamiento nocturno o por alguna razón en la que no quisiera pensar.

—No tengo ni puta idea, para ser honesto.

—No le prestes demasiada atención —dijo luego de un rato el Golpeador y cuando Scott le observó vio que ya se había puesto los pantalones y la camiseta—. Es un idiota la mayor parte del tiempo. Si es que no todo el tiempo.

No pudo evitar reír. El rencor del joven Slytherin era palpable, pero también había humor en su tono, aunque sus ojos fueran cautelosos.

—Créeme, lo sé. Lo he aguantado dos años más que tú —le guiñó un ojo y la charla quedó hasta allí, porque Danny estaba saliendo y nadie podía hablar mal de Jackson frente a Danny si no quería recibir una maldición por el culo.

Solo entonces Scott pensó en que Stiles no apareció en las duchas hoy tampoco. Solo esperaba no encontrarlo en la enfermería de nuevo como la última vez que eso ocurrió.

++++

Stiles se liberó de Theo en el tercer piso casi sin querer. Cuando se cruzaron con Allison y Lydia ninguna dijo nada, pero en el momento que pasaron por su lado la Ravenclaw enganchó su brazo en el de Stiles soltándole del agarre de Theo, para sorpresa de ambos chicos.

—Ehm, ¿Lydia? —preguntó sorprendido y algo confundido Stiles, pero Lydia solo siguió caminando, llevando con ella tanto a Allison como a él por el camino en que antes venía con Theo. Por detrás les siguió este, con el ceño fruncido.

—Justo a ti te andábamos buscando. Tienes que venir a ayudarnos con el trabajo de Adivinación, Stiles. Creí que te lo había dicho ya —rodó los ojos dramáticamente la pelirroja.

El Gryffindor se mordió la lengua para evitar recordarle que él no estaba en esa chorrada de clase de Adivinación, pero sonrió. No sabía porque, pero le encantaba que la chica quisiera ayudarle. Porque no habían pasado ni cinco minutos y Stiles ya se arrepentía muchísimo del beso que le dio a Theo, mientras éste planeaba la cita que tendrían para la fiesta de Halloween. Si, claro que iría con él. Antes con Jackson.

—Stiles necesita ir a ducharse; por si no te das cuenta, apesta —dijo Raeken, provocando que los tres se detuviesen al parar Lydia.

La pelirroja giró el rostro por sobre el hombro y elevó una ceja, para nada afectada con la expresión de Theo antes de elevar la nariz en una típica expresión de niña sangre pura. Stiles podría besarla en ese momento y seguramente no sería el peor error de su vida, como ya estaba llamando mentalmente al impulso que tuvo de besar a Raeken.

—No todos tenemos esas narices caninas super desarrollas de ustedes los lobos como para que nos importe. Chu, chu, chucho. Nosotros tenemos cosas que hacer.

A Stiles solo le dio tiempo de encogerse de hombros hacia Theo, antes de ser jalado de vuelta. El sonido del gruñido del chico le llegó, pero pronto le dejaron atrás y no fue hasta que Allison dijo “Se marchó” en un susurro, que Lydia soltó el brazo de Stiles, mientras él se preguntaba cómo era que ella sabía de la licantropía de Theo. Aunque no debería sorprenderle, él siempre había sabido que Lydia era brillante.

Le quiso dar las gracias a la pelirroja, pero antes de poder hacerlo se vio empujado por una uña esmaltada en el pecho, mientras ella parecía mirarle muy enfadada.

—Ahora mismo quiero que me digas que pasa por esa estúpida cabeza tuya, porque te hemos visto por años suspirar por Derek Hale y hablar mal de Theo Raeken y no puede ser que ahora te dé por besuquearte con el segundo frente a las puertas de Hogwarts en vez de con aquel que obviamente te gusta.

Sus palabras fueron como una ducha helada para Stiles, el que comenzó a boquear como si estuviese al borde de un ataque de asma, de esos que le daban a Scott antes de que fuese mordido. Allison le miró con un gesto entre lástima y reprobación, pero no dijo palabra. Estaba solo en eso.

—¿Me vieron? —fue lo que escapó de su boca al final, pero luego siguió hablando casi en un chillido— ¡¿Cómo que verme por años suspirar por Derek Hale?! ¡Llevo años suspirando por ti! —se quejó ofendido, mirando a la chica que se quitaba el cabello del hombro con un movimiento estudiado y expresión exasperada.

—Ya… pero eso no era real. O sea, a todo el mundo le gusto, obviamente, si soy perfecta —Allison solo rió rodando los ojos—. Pero nunca has sentido por mi lo que sientes por Derek. Y no intentes engañarnos, Stiles, somos chicas, tenemos un sexto sentido para estas cosas —le amenazó Lydia picándole de nuevo con el dedo en el centro del pecho.

—Y si, te vimos —habló Allison encogiéndose de hombros—. Estábamos en los jardines. No fuimos las únicas —advirtió. Porque probablemente la noticia había volado ya. Los chismes siempre volaban en Hogwarts.

Stiles gimió y se cubrió el rostro con las manos, mientras pegaba la espalda al muro. Eso no podía estarle pasando a él.

Probablemente una conversación de miradas se llevó a cabo entre las chicas, porque momentos después se encontró con sus dos brazos enganchados en los de ellas, una a cada lado, Allison cargando su escoba al hombro. Solo se dejó llevar, demasiado cansado para resistirse.

—Tranquilo, Stiles. Todo estará bien —le calmó Allison, apretando su brazo en un gesto de apoyo, mirándole a los ojos. Stiles había extrañado la calidez de Allison desde que ella había roto con Scott, lo que le recordaba que aún no se daba el tiempo de averiguar el motivo de dicho rompimiento—. Envié a mi padre a calmar a Derek, así que tú no te preocupes de nada.

Sus palabras apenas se hacían espacio en su mente, agotado por el entrenamiento y las semanas de enfado crónico, junto con las emociones recién vividas.

—¿Por qué iba tu padre a calmar a Derek? —cuestionó apenas, pero la voz de Lydia le calló, haciendo que le mirase.

—Ese Theo tenía razón, Stiles. Realmente apestas por el entrenamiento. Lo que me recuerda que la próxima semana es salida a Hogsmeade para que todos consigamos nuestros disfraces de Halloween, así que espero que convenzas a Finstock de cambiar el entrenamiento al domingo. A menos, claro que quieras que te escojamos disfraz nosotras con Cora Hale, y eso no te gustará —rió de forma cantarina la Ravenclaw, ganándose toda la atención de Stiles de pronto.

—¿Por qué? ¿De qué me disfrazarías, Lydia? —preguntó intentando sonar seductor, pero solo ganando una risa de parte de Allison y una ceja alzada de la pelirroja.

—¿No es eso obvio? De una muy sexy Caperucita Roja.


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El hechizo que debía ser utilizado en Derek era tan complicado que Chris no se atrevió a hacerlo por su cuenta y prefirió tener el asesoramiento de una experta, como lo era Noshiko Yukimura. La mujer se sorprendió de su petición en un primer momento, rechazando el participar por su conexión con Talia Hale, pero cuando fue el propio Derek quien lo pidió, al final no pudo negarse.

Chris había escuchado de boca de Allison lo mal que Stiles lo estaba pasando en esos días y él no había olvidado la pelea que tuvo que detener hace un mes. La oscuridad crecía en el chico, impulsada por el dolor que le producía el rechazo de su compañero, o al menos eso era lo que Noshiko les indicó cuando le comentaron la situación. No conocía a Stiles de antes, pero incluso ella había podido ver el cambio en el muchacho en sus clases. Ese beso impulsivo con otro lobo era solo una forma de herir tanto a Derek como a sí mismo, y probablemente Stiles ni siquiera lo supiese, según la kitsune.

Podía ver en el perfil de Derek la culpabilidad, porque seguramente él no había esperado que su resolución a esperar a la mayoría de edad de Stiles le afectara también al Gryffindor. Probablemente solo había pensado que era una forma de controlarse a sí mismo, poniéndose una meta para impedir que el lobo le dominase. Chris respetaba eso, pero en el momento en que empezaba a afectar a otra persona… bueno, ya no era sano.

—Rompamos el compromiso —le dijo a Derek cuando le atrapó antes de que pudiese encontrar a Stiles o a Raeken el sábado luego del entrenamiento del equipo de Quidditch. El patronus con forma de nutria de Allison le informó de la situación, y él se había lanzado en la búsqueda del lobo antes de que hiciese algo irremediable—. Olvídate de él, solo quedan unos meses y el chico te quiere. ¿Para qué esperar?

Eso fue suficiente para que Derek dejase de intentar liberarse de su agarre. Estaban en un salón del segundo piso con un viejo piano arrimado a la pared. El hombre lobo pareció empequeñecerse luego de estar libre, frotándose el rostro con una mano. Chris volvió a sentir ese remanso de compasión por él, como cuando le vio observar a Stiles llevarse a Lydia junto con Allison.

—No puedo. No se puede romper —ante la interrogante en el rostro de Chris, el lobo elaboró su respuesta—. Fue un compromiso conmigo. Tú… tú fuiste el testigo de ello —pareció avergonzado de su juventud, de su estupidez. Chris comenzó a comprender, frunciendo el ceño—. Fue un Juramento Inquebrantable, conmigo mismo.

Por eso estaban allí el domingo a mediodía, frente a Noshiko, la que juntaba los labios firmemente. Por supuesto que reprobaba tanto como Chris el hecho de que Derek hubiese puesto su vida en juego al hacer ese Juramento, pero en su defensa, el Derek actual también reprobaba las acciones del Derek de 19 años.

—Literalmente perderás meses de tu vida. ¿Estás de acuerdo con ello? —preguntó la japonesa, enarcando las cejas. El más joven ni siquiera tuvo que asentir, el fuego en su mirada lo decía todo—. Es peligroso ¿no sería mejor simplemente esperar los meses que quedan? —intentó razonar de nuevo, mirando esta vez a Chris, pero él se encogió de hombros. Ella creía que deberían hablar primero con Talia, la madre y alfa del hombre lobo, pero Derek no le dio espacio. Quería el hechizo de inmediato.

Chris ya había hecho lo posible la noche anterior. Había enviado una carta elaborada y respetuosa a la Alfa, esperando que esta no la quemase tan solo al ver su sello en la parte posterior. Al menos se había preocupado de escribir su nombre también, para que Talia no pensase que era una carta de Gerard. O Kate.

—No. No si cada día le provoca dolor a Stiles —gruñó Derek, pero Chris sabía que eso no era todo. Derek no iba a permitir que nadie aparte de él pusiese sus manos sobre su pareja, y Theo Raeken ya lo había hecho, casi enloqueciendo a su lobo en el camino.

Si un beso había ocasionado eso, Chris no quería imaginar qué pasaría si ocurría algo más.

Al final Noshiko asintió, pidiendo unas horas para preparar el ritual del hechizo que se llevaría a cabo en las habitaciones del profesor de Transformaciones. A Chris no le sorprendió nada encontrarse con Deaton y Talia Hale de camino a dichas habitaciones, pero si le sorprendió la inclinación respetuosa que le dedicó la alfa, a la que él correspondió de inmediato. Pensaba que quizás tenían otra solución o se negarían a la de él, pero ambos parecían de acuerdo, Talia incluso agradeció su intervención.

Deaton les dejó para ir a asistir a Noshiko con algunas protecciones adicionales, mientras ellos llegaban a los dormitorios de Derek.

Chris les dio espacio a los dos Hale, pero igualmente llegó a sus oídos la censura de Talia a las acciones de su hijo y por el negarse a compartir sus problemas, para más tarde oír el cómo tranquilizaba a su beta con arrullos suaves que recordaron a Chris cuando él mismo consolaba a Allison tras alguna pesadilla hacía ya muchos años.

Eran casi las tres de la tarde cuando Noshiko y Deaton aparecieron preparados para realizar el hechizo. La idea de Chris era simple: en base a su estudio profundo a los Hombres Lobo, supuso que el Juramento Inquebrantable había podido ser realizado gracias a la dualidad dentro de Derek. No era que fuesen dos seres distintos, el lobo y el humano, pero si poseían partes marcadamente diferentes. Sus magias, específicamente.

Al no ser un compromiso con Stiles, el Juramento corría con base de desaparecer el 8 de abril, el día del cumpleaños 17 del muchacho. Si podían convencer a la magia de alguno de los dos que era 8 de abril, Derek debería quedar liberado del pacto.

Un simple Confundus no serviría, porque era la mente y no la magia la que creería el cambio. Si querían realmente confundir a la magia de Derek, debían envejecerle todos los meses que le faltaban hasta abril.

Pero un hechizo de edad no bastaría, había acotado Noshiko, y Chris lo sabía. El lobo era inteligente y sentiría los efectos momentáneos de un hechizo que se rompería después, manteniendo el Juramento. No, la única opción era hacerlo real.

El Hechizo de Sueño Acelerado era una complicada magia que se movía en el delgado límite de la magia gris. Había sido utilizado tantas veces como una maldición que muchos libros le catalogaban como magia oscura sin un segundo pensamiento. Pero no lo era, no si se poseía una mente abierta. Tenía en una persona un efecto contrario al Filtro de Muertos en Vida, la que reducía las funciones corporales hasta casi desaparecerlas y con ello el envejecimiento de las células. El Hechizo de Sueño Acelerado provocaba que las funciones corporales se aceleraran, envejeciendo mucho más rápido.

Cuando lo comentó a Derek, esperó que lo rechazase de inmediato. Estaba dispuesto a pelear un poco por su idea, sin embargo no fue necesario. El hombre lobo lo aceptó y le pidió realizarlo enseguida. Mientras hablaba con Noshiko se dio cuenta de que Derek nunca había escuchado del hechizo, pero aun así aceptó. Confiando en él.

Mientras le veía recostarse en la cama, el peso de esa confianza se sintió aún más pesada en su pecho. No podía permitir que nada le ocurriese. A su lado Talia Hale observaba como su hijo era ordenado a beber un par de brebajes por el director, a lo que Derek no tardó en obedecer.

—Es un buen chico —dijo de pronto, sin saber por qué. Desde la cama Derek le dio una mirada, elevando las cejas, habiéndole escuchado. Talia rió un poco, aunque se podía sentir su preocupación.

—Lo sé, es mi hijo.

Cuando Noshiko comenzó el hechizo, gruesos hilos de luz fría y plateada escaparon de su varita, cubriendo el cuerpo de Derek hasta hacerle parecer un capullo brillante, antes de que el latín de la japonesa se detuviese, bajando la varita.

El capullo plateado brilló un momento más, antes de hundirse dentro del hombre lobo, quien quedó quieto con los ojos cerrados. Chris pudo ver como Talia se llevaba una mano a la oreja derecha, negando con la cabeza. Al ver su mirada cuestionadora, la alfa habló bajito, como si su voz fuese a molestar el sueño de su beta.

—Su corazón late tan rápido que hace que mi loba quiera despertarlo.

—Es por eso que este es el siguiente paso —indicó el director mientras esparcía alrededor de la cama de Derek una firme línea de cenizas de montaña, creando una barrera para los seres sobrenaturales.

—Eso es sabio de tu parte, Deaton —alabó Talia, aunque algo en su mirada le dijo a Chris que si ella quisiera sacar a su hijo de allí una simple línea de cenizas no iba a impedírselo.

—Le di a Derek un concentrado de matalobos, lo que debería mantener a su lobo tranquilo por los siguientes días a pesar de lo acelerado de su corazón, sin embargo la próxima Luna estará especialmente sensible —dijo el director esta vez a Chris y el profesor de defensa asintió—. También bebió un regenerador que debería impedir que su cuerpo se consuma a si mismo por la falta de alimentos, recordando que va a ser como si estuviese meses en ayunas, pero… sobrevivirá.

Chris asintió de nuevo, esta vez con rudeza, porque simplemente no aceptaría otra opción. Cuando Noshiko le alejó para enseñarle el contra hechizo en caso de cualquier problema, el Argent no dejó de mirar hacia Talia, viendo en su rostro la preocupación de una madre, sus pensamientos volando por un momento hacia Victoria pero rápidamente regresando a la práctica que la otra profesora le instaba.

Todo iba a salir bien, se dijo a si mismo observando al joven hombre lobo sobre la cama. Todo iba a estar bien.

++++

Lydia sabía que Stiles no había vuelto a ver a Derek desde el entrenamiento hasta la clase de Transformaciones el miércoles de la semana siguiente. Diez largos días para todo el mundo. Al momento de entrar al salón, ella del brazo del chico, ambos pudieron ver que el hombre lobo no estaba solo de pie frente a la clase, sino que le acompañaba el padre de Allison.

Por la sorpresa en el rostro de Stiles probablemente este ni siquiera estaba escuchando la elaborada explicación sobre el ejercicio del día que requería la presencia del profesor de Defensa contra las Artes Oscuras, pero estaba bien. Suponía que era comprensible que estuviese preocupado, ya que Derek parecía delgado y mal dormido. Pero en Control, y eso era lo importante.

Lydia se sentó a un lado de Stiles, para contrariedad de Scott quien acabó sentándose con Cora, quien no parecía de buen humor tampoco. Tras ellos se sentaron Allison con Theo, y aunque sabía que eso era parte del plan, de todas formas lamentaba que tuviese que ser ella quien debiese mantener a raya al otro lobo.

Los ojos de Stiles buscaron disimuladamente los de Derek todo el tiempo, pero este empezó la clase sin mirarlo ni una vez. En un rincón, Chris Argent lucía serio, pero el brillo de sus ojos era aprobador.

Ella no sabía todo lo que le gustaría sobre lo que sucedía, su Ravenclaw interior clamando por más información, pero Allison le había resumido que su padre estaba poniendo a prueba al lobo de Derek. Poniendo a prueba su control frente a su compañero potencial.

La ausencia del hombre toda la semana anterior y el comienzo de esta, más su mal estado físico, le indicaron que Derek no lo había pasado muy bien en esa “abstinencia de Stiles”. Y aunque lo que leyó no era ni de lejos suficiente para creerse docta en el tema de los compañeros mágicos, le parecía una crueldad lo que les estaban haciendo a ambos. Parte de ella deseaba coger a Stiles y lanzarlo a los brazos de Derek, para ver si así la ansiedad del chico y del hombre lobo terminaba de una vez.

Tanto ella como Allison se habían quedado pegadas a Stiles todo ese tiempo, a pesar del desconcierto de Scott y el propio Stilinski. Había sido una semana y media larga, pero se las habían apañado. Theo les dio miradas envenenadas a la distancia, pero no intentó meterse en medio, cortado por su mirada amenazante, suponía. Por supuesto que Stiles había hecho preguntas, pero ambas las habían esquivado. No podían darles sus razones. Allison lo hacía porque su padre se lo había pedido, y Lydia porque… porque era una forma de no pensar en Jackson y la forma en que le había dejado. Pero ese no era el único motivo.

Fuera de lo perra que pudiese ser en ocasiones, y como el castillo le veía, Lydia tenía su corazoncito y Stiles llevaba años allí. Desde que se dio cuenta de que ella era más inteligente de lo que quería demostrar; desde que le defendió en tercero de una malintencionada Jennifer Blake en clases de Runas Antiguas; desde que le dio unos chocolates de San Valentín en cuarto año y le juro que no tenían poción de amor, pero que los había visto y no había podido evitar comprarlos, como si ella no supiese que todos esos regalos que le llegaban desde el 1ro hasta el 28 de febrero eran cosa suya. Lydia podía decir «¿Qué diablos es un Stiles?» cuando alguien le hablaba del chico, pero en realidad nunca le mantuvo lejos de su mirada. Allison le había pillado hacía años en eso.

Ahora que Stiles la necesitaba y ella podía ayudarle, no iba a dejarle abandonado. Aunque eso significase prácticamente acampar en la Sala Común de los leones y tener que hacer migas con Cora Hale, la que si uno se daba el tiempo de conocer no era tan mala. Un poco sarcástica, un poco lobuna, pero alguien que podía poner en cintura a Stiles, y Lydia sentía aprecio por cualquiera que pudiese manejar al indomable chico.

La clase continuó con tranquilidad, y cuando fue el momento del ejercicio práctico Lydia tuvo a Allison tomándola del brazo para ser pareja. El contacto le sorprendió y su mente como que quiso volar al recuerdo que prometió olvidar (aunque su madre probablemente no pudiese hacerlo, pobre).

—¿Qué? —exclamó ella perpleja, mientras veía a Theo sonriente tomando el lugar que le correspondía a la pelirroja como compañero de Stiles.

Los ojos de Allison le callaron y Lydia tuvo que tragarse sus preguntas con el ceño fruncido. Ambas comenzaron en silencio a practicar ese complicado hechizo en el que tanto podía salir mal. Porque la transfiguración humana era difícil y la posibilidad de hacer que una extremidad animal le crezca a otra persona no era un chiste.

En el turno de la Gryffindor de practicar con ella, Lydia observó a Stiles quieto con los ojos cerrados y aparentemente rezando a los dioses paganos para que Theo terminase pronto. Fue en ese momento que un brillo azul llamó la atención de la Ravenclaw, encontrándose con la fija mirada antinatural de Derek en los dos chicos Gryffindor, y por fin comprendió el motivo de ese ejercicio.

No debía ser sencillo estar allí, a cinco metros, y ver como tu rival amoroso apuntaba su varita a tu compañero mientras tú no podías hacer nada. Debía ser tan difícil como cerrar los ojos y aceptar una Cruciatus, probablemente, si la expresión del hombre lobo era un indicativo. Casi sintió pena por su profesor...

De pronto Lydia sintió su brazo izquierdo mucho más liviano y cuando miró se sorprendió al encontrarse plumas en vez de su mano surgiendo de su túnica. Boqueó confundida antes de mirar al frente, a la expresión culpable de su mejor amiga.

—¡Allison! —medio chilló, mientras la Gryffindor comenzó a reír a carcajadas, acercándosele y tomando lo que antes era su brazo y ahora era un ala de brillantes plumas blancas.

—¡Lo siento! Pensaba en que serías un hermoso cisne y ¡puf!

—¡Puf! ¡Eso te haré yo! La transformación parcial  es un peligro, seguro que te distrajiste —le regañó la pelirroja, mientras las mejillas de su amiga se encendían.

Era obvio que estaba tan distraída como la propia Lydia se sentía. El profesor Argent sin embargo, atento, se acercó de inmediato y devolvió su brazo a la normalidad con un contra hechizo de complicada floritura, dándole una palmadita de ánimo antes de volver a su lugar al lado de Derek.

Allison había pasado una mano por su cintura mirándole con ojitos de cachorro mientras le prometía que "Nunca más", instándola a practicar con ella, pero Lydia solo bufó. Podría ella también intentar una transformación parcial en la morena, a ver si le gustaba tener morro de puerco, pero no habían pasado ni cinco minutos antes de que el hombre lobo diese por finalizada la clase para suerte de la leona.

Nadie había conseguido la transformación completa y solo unos cuantos consiguieron una transformación parcial, entre ellos Allison, pero eso no era una sorpresa. La transfiguración humana era una de las ramas más difíciles y peligrosas de las Transformaciones y él único motivo por el que lo habían intentado a la primera en vez de realizar un estudio exhaustivo de la teoría, era porque Chris Argent quería probar a Derek, de seguro.

Cuando Lydia le dio un beso en la mejilla a Stiles al salir del salón y este le preguntó porque había sido eso, ella solo pudo sonreír ampliamente.

—Porque hoy fue una victoria —indicó dejándole una expresión tan confundida como la que tenía Scott.

Y si tenía razón, pronto ya no habría motivos para cuidar del muchacho más.


NOX

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Cuando Derek reaccionó, se encontró el rostro de Melissa McCall extremadamente cerca del suyo, diciendo algo que no podía entender, mientras apuntaba con un Lumos focalizado a sus ojos, al parecer para ver la reacción de sus pupilas. Cuando se sintió satisfecha y se alejó, Derek pudo ver a su madre, Cora, Chris y Noshiko Yukimura, mirándole. Cora parecía al borde del llanto o de una pataleta, Derek no podía diferenciarlo.

Cuando Chris rompió la barrera de Cenizas de Montaña comprendió el enojo de su hermana.

—¡Derek! —exclamó la Gryffindor, lanzándose contra él, subiendo en la cama. Talia avanzó también, sentándose a un costado del colchón mientras tomaba su mano de forma consoladora.

Sentía la garganta seca, y cuando trató de hablar se dio cuenta que moría de hambre y su estómago lo demostró gruñendo audiblemente.

—Bueno, eso es comprensible —aceptó Chris respecto al sonido proveniente de su abdomen— ¿Cómo te sientes? Además de hambriento.

—… no lo sé. ¿Encerrado? —murmuró con la mirada un poco perdida, acariciando los cabellos de Cora con la mano que su madre no está apretando—. Siento el impulso de salir a correr al bosque… y cazar algo —reconoció.

Noshiko asintió, mirando a Chris de soslayo. Al parecer eso era algo esperable.

—Es el lobo, siente que ha estado meses sin sentir la hierba entre sus patas —le sonrió tranquilizadoramente el profesor de Defensa, acercándose a la cama y tamborileando sus dedos en la madera del pie de la cama—. ¿Algo más de lo que sientas deseos?

Derek no comprendió por un momento la pregunta, mirando alrededor como buscando algo, pero de pronto la necesidad le golpeó como si un trozo de piedra del techo le hubiese caído en la nuca. Jadeó, soltando a Cora y liberándose del agarre de su madre. Sus ojos brillaron azules. Estuvo a punto de aullar, pero las garras de su alfa en su cuello le detuvieron de salir corriendo del dormitorio.

—… Stiles —sollozó de una forma humillante. Una vez que recordó a su pareja todo su cuerpo se retorció por la añoranza. Su último recuerdo de él había sido con sus labios siendo violados por los de otro lobo, y sentía como si hubiesen pasado meses desde eso. Necesitaba buscarlo. Necesitaba reclamarlo, antes de que alguien más se le adelantase.

El agarre de su madre se volvió un poco más suave, y Derek notó que era porque había lágrimas cayendo por sus mejillas.

—Está bien, Derek —le calmó la voz de la alfa—. Nadie ha tocado a Stiles.

—Tu lobo siente que has pasado mucho tiempo lejos de él, pero tu mente debe recordar que solo han pasado diez días, Derek —Noshiko se acercó a la cama también, buscando su atención. Derek quería asentir, pero la soledad era demasiada.

Sintió el aroma salado de lágrimas que no eran suyas, y al mirar hacia Cora vio sus ojos húmedos pero firmes. Podía leer su mirada sin un segundo vistazo. “Si quieres lo mato sin que nadie lo sepa. Puedo hacerlo parecer un accidente”. Y aunque la idea de Raeken muerto hacía feliz a su lobo, sabía que no era la solución. La única solución sería su marca en el cuello de Stiles y el chico amándole de vuelta. Atrajo a su hermana a un abrazo, y acabó por calmarse del todo. O al menos todo lo que podía calmarse en ese momento.

—¿El Juramento se rompió entonces? —preguntó a media voz y pudo ver como todas las expresiones preocupadas del cuarto se rompían en pequeñas sonrisas.

—Si. Ahora lo único que te separa de tu chico es tu timidez —bromeó Talia y Derek quiso gruñirle, pero no pudo.

De alguna forma, en la bruma de sus pensamientos, el recuerdo de que Melissa McCall era como una madre para Stiles le atacó, haciendo que buscase su mirada. Ella al parecer había estado esperando esto, porque se cruzó de brazos y elevó una ceja.

—Yo no voy a decir nada, pero tendrás que hacer una visita a la Oficina de Aurores un día de estos, Derek.

Él tuvo que tragarse cualquier respuesta inteligente y asentir. Porque era verdad.

Chris palmeó su hombro amistosamente y le animó a ponerse de pie para hacerle una revisión general y concluir juntos con el plan de acción para esos días. Luego de que fuera informado de que su lobo estaría alterado por el tiempo encerrado dentro de su propio cuerpo, especialmente la siguiente Luna Llena, Chris le hizo presente su temor de que la brusquedad del lobo se mostrara especialmente frente a Stiles.

Así, la clase de Transformaciones de ese mismo día fue planeada. Noshiko prefería que Derek descansase antes de darle el estrés, pero Chris se había negado y Derek se mostró tentado a seguir los instintos del hombre por alguna razón.

Ni siquiera se miró al espejo, simplemente se lanzó hacia lo que debía hacer, bajo la atenta mirada del antiguo cazador.

Al comienzo la permanente presencia de Lydia a un lado de Stiles le incomodó, pero consiguió mantener su mirada alejada de ellos. Jamás había sentido a Lydia como un peligro, porque ella nunca había prestado atención al chico… pero tampoco había pensado que Theo Raeken fuese un riesgo real.

Todo iba bien, hasta que Allison Argent rompió el guion e instó a Stiles a formar dupla con Theo para el ejercicio práctico. Derek podía imaginar que eso era parte del plan de Chris, uno que no había compartido por completo con él. Lo comprendía, pero le había sorprendido y su lobo estaba rasguñando dentro suyo, furioso por el hecho no solo de que estuviesen juntos, sino que por el que Theo pudiese ocasionar algún daño a su pareja. Entendía que el objetivo era analizar si podía estar en control, así que lo aceptó. No serviría de nada molestarse con Chris, de cualquier forma.

Resistió el impulso de separarles, aunque sus garras salieron en un momento y sus ojos probablemente cambiaron, si la mirada de Lydia Martin era inequívoca. Sin embargo se mantuvo firme, y cuando la hora del final de la clase llegó y pudo despacharlos, Derek estaba aliviado.

Había sido difícil, pero ya desde antes de ver a Stiles su lobo había estado alterado. Estaba bien, estaba en control, y la mirada orgullosa de Chris cuando le palmeó el brazo le indicó que él opinaba del mismo modo.

Su madre tenía razón. Ya no había nada que le separase de Stiles. Nada, excepto su propia timidez y algunos detalles menores.

++++

Scott se separó reticente de Stiles luego de la clase de Transformaciones, preocupado por el aroma que su amigo había estado liberando, casi del mismo modo como estaba preocupado por la forma en que Derek se había parado frente a ellos luego de su larga ausencia.

Cuando había sido Peter el que les llevó el sábado anterior al bosque a Isaac, Cora y él, Scott gruñó pero no dijo nada. Era comprensible que Derek tuviese cosas que hacer de vez en cuando, así que había aceptado el cambio de líder sin demasiadas objeciones. Sin embargo cuando la ausencia del profesor de Transformaciones se hizo continua, con Marin Morell (la profesora de Estudios Muggles) y la madre de Kira reemplazándole en sus clases, entonces si se había preocupado.

Había intentado ir a su despacho, preguntar a Finstock, incluso rastrearlo, pero no había conseguido nada. Solo cuando vio a Chris Argent salir un día de los dominios de Derek consiguió una pequeña pista, una que se redujo a “Está bien. Tú ocúpate de tus clases, McCall”. El padre de Allison no parecía de mejor humor de lo que él mismo se sentía.

El último entrenamiento antes del partido contra Durmstrang había estado apagado por culpa suya y del evasivo Jackson, consiguiendo todos que Finstock casi quedase afónico de tanto gritarles cuando acabaron. Por supuesto que no habían conseguido que cambiase el día del entrenamiento, así que habían tenido que conformarse con una visita corta a Hogsmeade por la tarde luego de almorzar. Scott apenas había tenido tiempo de conseguir un disfraz, aunque le había ido mejor que a Stiles, el que había sido secuestrado por Lydia y Allison de nueva cuenta.

Y entonces el miércoles, dos días antes de que la delegación de Durmstrang llegase, apareció Derek en el salón de Transformaciones, enjuto y demacrado a un lado del profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, sin ninguna explicación para su ausencia. Y apenas le había dado un gesto de reconocimiento, maldición.

Su lobo quiso gruñir a Chris Argent, temiendo que hubiese sido él quien dejase en ese estado a su hermano de manada, pero la preocupación en el profesor de Defensa era visible (y aromática) y Scott concluyó que el mal ver de Derek no tenía que ver con él. Había querido hablar con el profesor de Transformaciones, pero Derek le echó del salón con una sola mirada.

Si no fuese porque Stiles tenía Runas Antiguas junto con Lydia, la que últimamente no se separaba de su amigo, Scott no habría dejado que se marchase. Ver a Derek en ese estado había afectado a su compañero más de lo que el otro nunca reconocería.

Scott no era estúpido, sabía lo que Stiles sentía por el hombre lobo mayor. Siempre lo había sabido, del mismo modo que sabía que aunque era cierto que Stiles adoraba el piso que Lydia Martin pisaba, en verdad no estaba enamorado de ella. Derek por su parte era mucho más sutil al expresar sus emociones, pero ni siquiera él podía ocultar todo el tiempo el aroma a deseo que liberaba en cuanto sus ojos se encontraban con Stiles.

Él había pensado que simplemente debía darles tiempo, creía que todo encontraría su cauce, pero cuando escuchó de unos Gryffindor de cuarto que alguien vio a Theo Raeken besándose con Stiles luego del entrenamiento de Quidditch, todas sus certezas desaparecieron.

Quiso hablar con Stiles, cuestionarle, pero este de pronto tenía a Lydia y Allison como Brujas Guardianas y ¿por qué rayos Lydia entraba a la Torre de Gryffindor como si fuese una leona más? No podía entenderlo.

Theo había sido otro callejón sin salida, y ahí estaba Scott, sin comprender nada de lo que ocurría a su alrededor. Sentía que desde que Allison le había dejado todo se había vuelto incomprensible. O quizás fuese de antes, de cuando Peter le había mordido.

Iba hacia la enfermería a ver su madre para ocupar sus horas libres cuando un aroma llamó su atención. Antes de poder considerarlo, estaba corriendo en dirección al olor, viendo la figura alta de la persona que no esperaba ver allí.

—¡Alfa! —exclamó sin pensar, casi patinando en la piedra, en sus ansias de llegar hasta la mujer que se había girado al escuchar su llamado.

Scott se sentía como un cachorrito esperando un mimo mientras que veía a Talia Hale, quien pareció complacida al verle. Se removió en su lugar pensando en si arrodillarse o abrazarla, cuando la mujer solucionó sus dudas abriendo los brazos. El adolescente no pudo aguantar un segundo más antes de rodearle con los suyos, hundiendo su nariz en el aroma de su alfa, todos los cuestionamientos y los temores que hasta hacia unos momentos le dolían, cayendo al piso, lejos de él.

Era exactamente como abrazar a su madre.

—Scott, que bueno verte. Tenía la esperanza de encontrarte, aunque debí suponer que tú me encontrarías antes —la risa de la alfa sonaba a música en sus oídos, antes de que un susurro le alcanzase—. Hay un chico a unos metros de aquí. Me temo que te escuchó llamarme alfa.

Scott se sobresaltó ante estas palabras, pero sin soltar a la mujer, olió el aire. Pronto pudo distinguir quien era el dueño de aquella esencia y sonrió un poco, hablando en un murmullo.

—Está bien, lo conozco. No dirá nada.

Atento ahora a la presencia de Liam Dunbar, pudo darse cuenta cuando este se alejó de allí, dejándoles solos. Satisfecho, observó hacia el rostro de su alfa, la que sonreía complacida. Había un brillo de orgullo en sus ojos el cual Scott no entendía, pero recibió con gratitud.

—Bueno, quisiera conocer al nuevo miembro de nuestra manada, Isaac Lahey. ¿Crees que podamos encontrarlo libre? —preguntó Talia mientras liberaba a Scott, que también soltó el abrazo, aunque no demasiado feliz por ello.

—Debería estarlo, él no tiene Runas Antiguas, creo —asintió.

Ahora el problema era encontrar a un Hufflepuff con horas libres. Scott no era bueno en eso, y aunque podía intentar rastrearlo, probablemente le tomaría mucho tiempo en ese castillo lleno de gente.

Sin embargo no fue necesario, porque escucharon unos pasos y con un simple olfateo Scott se relajó. Pronto aparecieron frente a ellos en el pasillo Cora junto a un aparentemente tímido Isaac. Suponía que él había estado igual el verano anterior cuando Derek le dijo que conocería a su alfa, así que no estaría bien burlarse del olor a emoción que salía a oleadas del chico.

Talia no sintió el mismo reparo, riendo con gusto mientras miraba al Hufflepuff acercarse. Cora solo sonreía.

—Hola, Isaac. Creo que soy tu alfa.

Cuando el rubio boqueó antes de caer de rodillas frente a la mujer Scott no pudo resistir más, sonriendo con ganas mientras Cora reía.

++++

—¿Qué ocurre contigo, amigo? Te ves muy pálido —le preguntó Mason esa noche en la cena a Liam cuando el Slytherin se sentó en la mesa de los tejones.

Liam no sabía que responderle que no fuese mentira o que no sonase a una completa locura, así que se encogió de hombros, apretando los labios y le dejó imaginar lo que quisiera.

—Seguro que estás nervioso por el partido del sábado. Venga, si no será la gran cosa. Tú a golpear bludgers como siempre y ya, que eso es lo tuyo —le quiso calmar el chico, palmeando su hombro.

El Slytherin solo le respondió con un gruñido mientras comenzaba a comer. Su mirada se desvió de vez en cuando a la mesa de Gryffindor y otras veces hacia el área de los de sexto de Hufflepuff, porque luego de toparse con Cora Hale en compañía de Isaac Lahey rumbo a donde vio a Scott llamar “Alfa” a Talia Hale… bueno, su mente había hecho conexiones.

Pensar que estaba en el mismo equipo con jodidos hombres lobos era bastante para minar su seguridad en sí mismo y también su confianza en el equipo. O sea ¡eran hombres lobo! Él sabía que los Hale eran hombres lobo de nacimiento, pero nadie había dicho nunca que McCall y Lahey lo fuesen también. ¿Habría otros por allí, sin que nadie supiese su naturaleza?

Su mirada se enfocó en el rostro de Malia Tate, la que reía ruidosamente con un brazo por sobre los hombros de su novia Kira. ¿Sería ella una mujer lobo? Sus aires bruscos eran famosos. ¿Lo sería Kira? Su habilidad sobre la escoba parecía casi sobrenatural algunas veces.

De pronto un pensamiento cruzó su cabeza y Liam se giró observando a través de la mesa de Ravenclaw a Jackson sentado con las otras serpientes. ¿Sería él un hombre lobo? La idea le hizo apretar los dientes. Quizás lo fuese, por eso era tan bueno jugando. Pensar en cómo le había tratado el año anterior en los entrenamientos le hizo enojar aún más. Observó cómo Jackson se frotaba la parte de atrás del cuello con una expresión de incomodidad, y estaba imaginando veinte formas distintas de hacerle sufrir, cuando Mason le dio un golpecito en la mano, apuntando a su comida. Su cena estaba enfriándose.

—En serio, estás raro, Liam —murmuró su amigo, con la preocupación en el tono, y el Slytherin ya iba a restarle importancia cuando por encima del hombro del tejón vio a Scott McCall mirarle fijamente.

Tragó saliva sintiendo que los ojos del Gryffindor podían atravesarle, desviando la mirada y comiendo rápido sin responder a Mason.

Liam sentía que se estaba metiendo en algo de lo que no podría escapar fácilmente y eso le asustaba. Le asustaba tanto como le intrigaba.

++++

Las heridas que las garras de Derek le habían dejado en la base del cuello seguían molestándole casi dos semanas después. Temiendo ir a la enfermería y que la enfermera descubriera que un hombre lobo le había hecho eso, Jackson recurrió a su tercera mejor opción para conseguir ungüentos medicinales, ya que su segunda opción era Lydia y ya no se hablaban desde que habían roto. Desde que él había roto con ella, vale.

Danny le ayudó en todo lo que pudo, pero insistió bastante a que fuese a la enfermería cuando el Slytherin se negó a decirle que animal le había hecho eso. No era que Jackson no fuese por Derek, era más bien por su propio beneficio. Si echaban a Derek del colegio ¿quién le mordería? Había estado averiguando sobre los hombres lobo y sabía que solo los hombres lobo de nacimiento y aquellos mordidos por un alfa podían convertir a otros a través de la mordida. Eso dejaba automáticamente a Isaac y McCall fuera de la carrera, y su sentido de autoconservación le indicó que ni recurrir a Cora ni a Peter Hale sería bueno para su bienestar.

No, solo Derek era una opción, el problema era que no había podido verlo en todo ese tiempo prácticamente, fuera de la clase que tuvo el jueves, ya que en la semana anterior y la del martes había sido reemplazado por la profesora de Estudios Muggles. El mal estado del hombre cuando le vio el jueves le dejó un poco preocupado, porque si ese era un efecto colateral de ser hombre lobo, él no lo quería.

Todo eso jodía sus planes, porque ya era viernes y al día siguiente tenían el primer partido del Torneo de InterEscuelas. ¿Y él? Él seguía siendo un patético humano. El cuello le molestaba y sentía el cuerpo pesado como si tuviese un catarro. Pero estaba seguro de que esa incomodidad ninguna poción pimentónica sería capaz de quitarla.

Caminando hacia el Gran Comedor se frotó con rabia el vendaje del cuello cuando sintió un pequeño jalón de su túnica. Al girarse pudo ver el rostro preocupado de Isaac, sorprendiéndole.

—¿Estás bien, Jackson?

No le respondió enseguida, pero verle mover su nariz como olfateando le causó la misma gracia que molestia. Él no quería ser olfateado por un estúpido hombre lobo. Él quería ser mordido por uno y ya. Si fuese un hombre lobo no estaría sintiéndose enfermo.

—Estoy bien. Concéntrate en ver debilidades de los rivales, Lahey —le gruñó, mientras se alejaba con paso firme, porque la voz del director Deaton les estaba apresurando a tomar sus lugares. Durmstrang ya casi estaba allí.

Cuando terminase el banquete de bienvenida para la otra escuela iría a buscar a Derek y esta vez no le dejaría escapar hasta convencerle de que le convirtiese. Ahora tenía material de chantaje al menos, pensó quitando su mano del vendaje cuando ya todo el mundo estaba sentado, en el mismo momento que las puertas del Gran Comedor se abrieron para dar paso a los extranjeros.


NOX

 

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Había cierta emoción innegable en el ambiente de Hogwarts ese viernes. Las clases pasaron raudas y nadie estuvo demasiado concentrado en ellas, incluso aquellos a quienes el Quidditch no les motivaba demasiado.

¿Kira? Kira no cabía en su piel. Había estado rebotando sobre sus pies todo el día, comiendo demasiado, riendo demasiado, temblando y asustándose demasiado. Porque a pesar de todo estaba aterrada de lo que Hogwarts le pudiese hacer si era que fallaba al día siguiente en su tarea de atrapar la Snitch y perdían el primer partido por su culpa.

—Hey, tranquila, zorrita. Estarás bien —le intentó calmar la voz de Malia, ambas acurrucadas en un sillón en la cálida sala común de los tejones. Allí nadie les miraba raro por sus muestras de cariño, a diferencia de en la torre de Gryffindor, donde había demasiados corazones rotos, según la coyote.

Y quizás fuese cierto. Lo que Jackson le hizo a su novia, Lydia, fue simplemente cruel. Y recordaba que alguien le comentó que Scott y Allison estuvieron juntos el año anterior. ¿Y Stiles? Pobre chico, llevaba dos semanas escapando de Theo con ayuda de Lydia y Allison, y a la vez suspirando por el profesor de Transformaciones. Y desde que este había aparecido casi era peor. Parecía un alma en pena. Los dos lo parecían.

Estuvo realmente agradecida cuando Malia le ofreció ir a su sala común esa tarde a esperar que fuese la hora del Banquete de Bienvenida para los jugadores de Durmstrang.

—Hay algo que no entiendo —murmuró la kitsune luego de un rato en cómodo silencio. No miraba hacia arriba, apoyada en el pecho de su novia, pero podía sentir la atenta mirada de ella— ¿por qué Stiles se besó con Theo, si le gusta Derek?

—Hum… ¿Porque es Stiles? No sé qué decirte, siempre ha sido un idiota —se encogió de hombros la tejona, y era lo mismo que Scott le contestó hace días, y quizás para ellos hiciera sentido, pero no para Kira. Quizás fuese porque era extranjera, o quizás porque no había conocido por demasiado tiempo al chico.

Cuando Erica apareció indicando que ya era hora de ir al Gran Comedor, las chicas casi se habían quedado dormidas. Al final entre ella e Isaac tuvieron que separarlas, entre quejidos y amenazas de Malia contra los prefectos con las risas de tejones de primero y segundo de fondo. Malia simuló despertar furiosa y persiguió a los niños alrededor de los sillones mientras ellos gritaban y reían escapando encantados, disfrutando del juego familiar. Al ver a su novia intentando ocultar la sonrisa mientras se echaba al hombro a una niña de primero a la que atrapó, Kira tuvo que confesarse que estaba enamorada de Malia.

Ni siquiera sabía cuándo ocurrió. Solo sabía que de repente empezaron a pasar más y más tiempo juntas, estudiar las materias que les eran difíciles a solas en la biblioteca y que un día, a los pies de la escalera donde debían separarse, una para ir hacia la torre de Gryffindor y la otra en dirección a las Cocinas, se besaron. Había sido un beso tímido y Kira nunca había visto a Malia ser tímida, por lo que algo en su pecho ardió. Su kitsune le impulsó a ella ser la osada, por una vez demostrando porque había sido enviada a Gryffindor, y el segundo beso lo dio ella, jalando de la corbata amarilla y negra a Malia, para impedirle el alejarse. Solo se separaron cuando Stiles les silbó, en compañía de un avergonzado pero sonriente Scott, y ni siquiera eso fue suficiente para que el primer beso fuese algo menos que perfecto.

Ahora, cuando se tuvieron que separar porque era una cena oficial y debían estar en las mesas de sus casas, Kira sintió una angustia absurda porque había literalmente un metro entre su espalda y la de Malia, y aun así sentía que era demasiado.

—Verlas a veces me hace vomitar un poco en mi boca —murmuró Cora Hale a su lado, consiguiendo que los Gryffindor que la escucharon se rieran con ganas, porque no había maldad en sus palabras.

Kira estaba avergonzada, pero aun así miró por encima del hombro como Malia le guiñaba un ojo con coquetería. Las puertas se abrieron y la asiática tuvo que esforzarse en enfocar su atención en aquellos que entraban con brutal dignidad. Era un grupo de veinte enormes hombres y mujeres, enfundados en abrigos y sombreros de piel, dejando ver túnicas granates por debajo mientras caminaban. Las expresiones de los estudiantes eran adustas en general, pero ninguna más que la de la mujer de cabellos oscuros que les guiaba al frente, la que observaba todo como si la estuviesen obligando a pisar mierda de hipogrifo. Su kitsune se estremeció ante ella y por alguna razón quiso lanzarse a abrazar a Malia. A protegerla.

—Mira la expresión de Deaton —dijo la voz susurrante de Stiles, hablando probablemente con Scott, pero Kira le hizo caso y observó al director, sorprendiéndose al verle con una mirada afilada como jamás había visto.

Solo había visto al director ser amable y comprensivo; en las clases de Cuidado de Criaturas Mágicas era uno de los seres más pacíficos que hubiese conocido, siempre extendiendo un manto de calma tanto a ella como a los animales. ¿El hombre que estaba allí al frente, esperando a la mujer que le producía escalofríos? Ese hombre sería capaz de lanzar un Avada sin pensarlo dos veces.

Cuando la mujer llegó hasta el Director Deaton, todos los estudiantes de Durmstrang se detuvieron al mismo tiempo, sus pasos sincronizados haciendo un eco que Kira no sabía el Gran Comedor tuviese. La conversación entre el director y la morena no duró demasiado, y cuando Deaton se giró hacia el Gran Comedor parecía intentar sonreír con normalidad, pero falló.

—Estudiantes. Démosle un aplauso de bienvenida al Equipo de Quidditch de Durmstrang y su entrenadora, la señorita…

—Pueden llamarme Desert Wolf. De todas formas mi nombre nunca me ha gustado —sonrió llena de asco la mujer, interrumpiendo con descaro al Director mientras paseaba su mirada por todos los estudiantes, de pronto deteniéndose un segundo en Malia, Kira lo supo.

Todo su cuerpo se estremeció por algo que no comprendía y cuando miró un poco más hacia atrás vio la mano de Malia moverse hacia ella, como queriendo alcanzarla, aunque la chica seguía mirando al frente. La distancia entre las mesas de Hufflepuff y Gryffindor no era más de un metro, pero era lo suficiente para que no alcanzasen a tocarse a menos que se estirasen y eso obviamente llamaría la atención…

A Kira no le importó. Ya no miró hacia el Director y esa Desert Wolf, ni escuchó como Deaton llamaba al espíritu deportivo y al intercambio cultural. Estiró el brazo y el cuerpo y sujetó la mano de Malia, y si no se levantó y se sentó en la mesa de Hufflepuff (o en las rodillas de su novia) fue solo porque su madre le estaba mirando a la distancia y algo de compostura debía conservar.

++++

El tiempo pasaba lento para Peter siendo profesor en Hogwarts, pero la verdad no sabría qué hacer si no lo fuese. Llevaba tantos años en esa posición que de solo imaginarse tener que hacer otra cosa se agotaba.

Al comienzo solo iba a ser una posición momentánea, una declaración de voluntades. El que Hogwarts estuviese dispuesto a recibir a un profesor licántropo solo podía favorecer a la posición de Talia en la política. Deaton estaba dispuesto y Peter era el único lo suficientemente docto para ejercer la enseñanza.

Había escogido Astronomía porque era sencilla y le daba cierto misticismo el hecho de que fuese él quien la enseñase. Le parecía correcto de alguna forma y además la Luna y los astros siempre habían tenido su atención, como cualquier nacido hombre lobo.

¿Cómo fue que la declaración de voluntades había pasado a ser algo permanente? Laura había pasado, Laura y Derek. ¿Cómo podía irse cuando sus sobrinos estaban en el colegio? Había creído que en el momento que Derek tomase una posición como profesor, algo que siempre le había gustado, entonces él podría irse. Pero entonces había ocurrido Stiles Stilinski y Talia había vuelto a alzar la voz en su dirección.

Lo odiaba, el tener que seguir directrices ajenas. Detestaba tener que bajar la cabeza ante las órdenes de su hermana, tener que servir en el estúpido colegio mientras ella subía puesto tras puesto en la sociedad mágica. Lo hacía en nombre de todos los Hale, decía, en nombre de todos los licántropos y los seres mágicos que no merecían ser doblegados a la voluntad de los magos. Sin embargo aun así Peter sentía que le estaba arrebatando lo que debió ser suyo. Él debería ser quien estuviese allí, él era mucho mejor político que su hermana, mucho mejor manipulador… pero Talia era más fuerte, era la alfa, y tendría que matarla para quitarle su posición.

Solo que quizás ni siquiera matándola lo consiguiese. La sangre era fuerte y Peter podía presentir en Laura y Derek una fuerza alfa latente, del mismo modo que en Cora. No, si Talia muriese nada le aseguraba que la posición de Alfa de los Hale se moviese horizontalmente. Quizás cayese en alguno de sus sobrinos, y esa humillación no iba a soportarla.

Así que seguía allí, disfrutando de su copa de vino mientras miraba indiferente hacia los estudiantes de Durmstrang guiados por esa hermosa mujer. Hogwarts no tenía demasiado de eso, quizás había algunos botones de rosa por allí pero Peter siempre las había preferido un poco más maduras. Como la enfermera McCall, o quizás Jennifer Blake. La jefa de Ravenclaw, Natalie Martin, tampoco estaba mal, debía reconocer. Sin embargo ninguna tenía el aire de atrayente peligrosidad que tenía esa mujer que se hacía llamar Loba del Desierto.

Peter se encontró olfateando disimuladamente en su dirección mientras Deaton hablaba, disfrutando del aroma especiado y salvaje que bañaba sus fosas nasales. Una cambia formas, definitivamente, pero no una mujer lobo. Algo parecido. Un poco familiar.

Su curiosidad estaba totalmente encendida mientras veía como los estudiantes de Durmstrang se dirigían hacia la mesa de Slytherin que iba a recibirles esos días, atento a cada movimiento de la mujer. Cuando ella se giró hacia la mesa de los profesores y sus ojos se encontraron Peter se preguntó porque diablos sentía algo como un deja vú de pronto. Deaton pareció querer guiar a la entrenadora de Durmstrang hacia una silla al lado de la suya, pero ella se liberó de la mano del director en su brazo y caminó con seguridad por el lugar, yendo a sentarse justo a su lado, al asiento que correspondía a Derek, pero que ahora estaba vacío porque su sobrino no se apareció por alguna razón.

Peter miraba hacia el frente, la comida había aparecido ya y todos los alumnos estaban saboreando el festín. Era un espectáculo pintoresco, como cada banquete. La curiosidad que atraían los alumnos extranjeros era mucha, pero no más que la que atraía la mujer a su lado.

—Disculpa, pero ese asiento…

—¿Me ves cara de importarme de quien es este asiento? —preguntó la extranjera con un marcado acento rumano o húngaro y un tono que chorreaba sarcasmo. Jennifer se quedó muda de pronto y comenzó a atacar con violencia inusitada la carne en su plato. Peter no pudo evitar soltar una risita mientras bebía de su copa de nueva cuenta— ¿Hay algo gracioso en mi cara, que no puedes verla sin reír?

La voz de esa mujer estaba haciendo cosas malas con Peter. No sabía porque, pero de pronto necesitaba mirar a su cara y eso es lo que hizo, viendo su ceja alzada y su sonrisa burlona. Porque se estaba burlando y no con él, no. Se estaba burlando de él.

—Creo, querida Loba, que eres tú la que encuentra algo gracioso en Hogwarts. Supuse que esto del Torneo era para estrechar lazos, para sociabilizar —dijo él con tono zalamero y pudo ver la sonrisa de Jennifer un poco más allá—. Si tanto te desagradan los ingleses ¿por qué ofrecerte a venir a nuestro reino? —preguntó el hombre lobo, con un tono de auténtica intriga. Los ojos de la morena solo se afilaron mientras le miraba y Peter prevé que eso no saldrá como él planeaba.

—Nosotros no vinimos a sociabilizar. Vinimos a ganar. Nada más —gruñó la mujer antes de comenzar a comer, pasando completamente de él.

Peter le observó unos momentos más. Había modales en ella, pero también cierta descarnada ferocidad al alimentarse. Su aroma ahora le llegaba a raudales más claros y su curiosidad aumentó. ¿Dónde había sentido ese aroma antes? ¿Cuándo?

El banquete acabó luego de una hora, el Director les recordó que el partido sería a mediodía y que estaban invitadas las autoridades tanto del gobierno mágico inglés como del nórdico, por lo que habría presencia de aurores para protección adicional. Nadie sabía específicamente en qué país estaba establecido el colegio Durmstrang, pero el gobierno mágico nórdico incluía la mayoría de los países del norte de Europa en un conglomerado, Peter suponía que no tenía una gran importancia.

—Espero que todos hagan sentir bienvenidos a nuestros invitados, no teman conocerles y sociabilizar. Mañana por la noche será la fiesta de Halloween de Hogwarts, como los estudiantes de Durmstrang ya saben, así que tendrán una oportunidad más para relacionarse antes de que el domingo vuelvan a su escuela.

Peter no pudo evitar buscar los ojos de la Loba del Desierto cuando esta se puso de pie, sonriendo divertido por su mueca de abierto disgusto. Seguramente por ella volverían a Durmstrang apenas el encuentro acabase. Peter disfrutaba ver los planes ajenos desmoronarse.

Volviendo a poner la silla en su lugar, la mujer se inclinó y aunque Peter estaba tentado de evitar el contacto se quedó quieto, aguardando mientras sentía su aliento en su oído.

—Me estaba preguntando porque no me habías arrancado la garganta en el mismo momento en que me viste, Peter. Pobrecito, supongo que alguien disfrutó jugando con tu mente. Yo que tú vería que alguien revisase mi cabeza, porque un Obliviate mal hecho puede causar muchos problemas ¿sabes?

Peter se puso de pie con violencia cuando los labios de la morena se alejaron de su oído. Sus ojos brillando con furia y también duda. Nunca había mencionado su nombre, nadie le había llamado Peter durante toda la cena.

La bruja sonreía hacia él, con cierta maldad mientras caminaba hacia la mesa de Slytherin, donde sus alumnos le esperaban. Peter no podía dejar de mirarla, pensando en sus palabras mientras algo amargo se esparcía por su tórax. Intriga, cuestionamiento. Sospecha.

Miró hacia Deaton y le descubrió mirándole fijamente y el recelo comenzó a tomar forma. Talia.

++++

—Puedo hacerlo solo, mamá —dijo por enésima vez Derek, pero Talia seguía allí, terca y firme.

El hombre no sabía cómo hacerle entender que no necesitaba su presencia. Que estaría bien. Solo iba a ir, sin varita, a decirle al Jefe de Aurores que su hijo era su compañero. Su hijo de 16 años. El cual de paso era su alumno. Y de paso que él tenía 23 años y era un hombre lobo. Solo eso. ¿Qué podía salir mal?

—Es la tradición. Explicar a una familia humana sobre los compañeros mágicos no es sencillo y siempre debe hacerse en presencia del alfa del clan —indicó, también por enésima vez, la bruja.

Derek lo entendía, de hecho sabía porque se había vuelto una tradición. Más de una vez la familia del compañero reaccionó mal, atacando al hombre lobo. Recordaba haber leído un pasaje especialmente escabroso en uno de los tomos de la biblioteca de los Hale donde explicaban con todo detalle lo que le habían hecho al pobre condenado y como su compañero humano se había suicidado luego por la pérdida. Porque así de fuerte era el lazo… y él había tenido sufriendo a Stiles su rechazo demasiado tiempo como para seguir aguardando más.

También recordaba otro ejemplo, uno donde la compañera humana se interpuso entre la maldición de su padre y el hombre lobo, y como éste enloquecido había matado a toda la familia de aquella que había estado destinada a ser la madre de sus cachorros.

Pensar en todo eso no calma su ansiedad.

—Todo estará bien —insistió Derek, más para convencerse a sí mismo que a su madre.

Al final no pudo seguir retrasando el momento. Ambos estaban en el Ministerio, en el despacho que tiene Talia como miembro del Wizengamot, así que enfilan hacia la Oficina de Aurores que estaba en el mismo piso que las oficinas administrativas de los magistrados. Aún con sus nervios, Derek se tomó un momento para observar cómo la gente saludaba a su madre con respeto y muchos admiración. Los funcionarios se detenían para darle una palabra, para escuchar su voz aunque sea diciendo “Buenas noches” o correspondiendo su sonrisa. Es tan distinto al ambiente hostil que una vez le recibió hacia años, cuando los hombres lobo no eran tan aceptados como ahora, que Derek sintió un orgullo enorme. El orgullo de ser miembro del Clan Hale, orgullo por ser hijo de Talia Hale. Esperaba que Scott e Isaac un día estuviesen igual de orgullosos, que nunca se arrepintiesen de haber sido mordidos. Esperaba que Stiles también estuviese feliz de unirse al Clan, quisiera continuar como humano o se volviera un lobo. No importaba, Derek le querría igual.

Pensar en Stiles calentó un poco su pecho y de pronto su ansiedad disminuyó. Y justo a tiempo, porque la puerta que se abrió frente a ellos tenía el logo de los Aurores.

—Buenas noches —habló Talia en voz alta, llamando la atención de los cinco aurores que se encontraban entre los cubículos. Derek siempre había admirado esa habilidad de su madre para atraer las miradas con un solo carraspeo—, soy Talia Hale. Tengo una reunión programada con el Jefe Stilinski.

Derek volteó de golpe a mirar a su madre, porque no tenía idea de eso. La idea de ir al Ministerio y hablar con el padre de Stiles había sido suya e intempestiva. Mañana sería el partido contra Durmstrang y sabía que habría aurores en el colegio. La idea de poder toparse al Jefe allí sin antes haber hablado con él le pareció grosera. Por eso se había aparecido en la oficina de su madre, pillándola justo de salida. ¿Cuándo había organizado esa reunión?

Talia solo le sonrió mientras elevaba las cejas en un gesto de superioridad que hizo bufar a su hijo. Juraba que si se atrevía a tirar de su mejilla como si tuviese diez años no iba a responder.

—Señora Hale —dijo una voz joven, y Derek sabía que no era el Jefe Stilinski antes de verlo.

Quien los recibió fue un auror joven de cabello rubio-castaño y una buena musculatura que se insinuaba aún con la túnica del uniforme. Derek se tardó tres segundos en reconocerle.

—¿Jordan Parrish?

—¡Derek Hale!

Era un poco vergonzoso eso de abrazar a un ex compañero de colegio y casa frente a tu madre y a los curiosos compañeros aurores del otro tipo, pero Derek había pasado sin ver a Parrish más de seis años y se merecía un par de palmaditas en la espalda.

—No tenía idea que eras auror —reconoció el hombre lobo, ganándose una risa del otro.

—Yo si sabía que eras profesor en Hogwarts, la verdad. Stiles siempre se queja de ti en sus cartas —bromeó Parrish, pero era como si le hubiese dado un golpe en el estómago. Por suerte el auror estaba ocupado tomando la mano de su madre y besándosela como todo caballero sangre pura, mientras sonreía de esa forma con la que convencía a todas las viejas profesoras de que él no había puesto la bomba de Zonko, aunque tuviese en el bolsillo un comprobante de la compra—. Señora Hale, bienvenida a la Oficina de Aurores. Lamento el desorden, siempre les digo que mantengan ordenado, pero usted comprenderá que con tantos magos oscuros que perseguir…

Los aurores que quedaban a esas horas solo gruñeron por lo bajo ante las palabras burlonas de Parrish porque Gran Bretaña no había tenido un mago tenebroso en décadas, pero el auror les ignoró y  abrió el paso para ellos. Derek siguió pensando en Stiles escribiendo cartas sobre él a Parrish. ¿Por qué haría eso? Quizás Parrish solo exageraba, quizás le había mencionado una o dos veces y ya. Seguro, eso debía ser.

—El Jefe Stilinski está ultimando los detalles para la seguridad adicional por el partido de mañana en Hogwarts —explicó el auror mientras llegaban a una puerta con una placa que indicaba que era la oficina del Jefe de Aurores. Parrish tocó y abrió sin esperar la invitación, con la seguridad de aquel acostumbrado a hacerlo—. Jefe, aquí está Talia Hale, para la reunión.

—Estoy ocupado, Parrish —la voz del padre de Stiles casi consiguió que Derek cambiase de opinión, pero de pronto tenía la mano de su madre en su codo, como si se hubiese dado cuenta. Maldición, ya no había donde escapar.

—Solo será un momento, Jefe Stilinski —repuso Talia mientras ella misma abría la puerta para entrar casi arrastrándole. Derek se sintió como un adolescente de nuevo, y el guiño de ánimo de Parrish antes de cerrar la puerta tras ellos no fue consolador.

El Jefe de Aurores estaba sentado tras un macizo escritorio de madera oscura, el cual se encontraba prácticamente cubierto de papeles y carpetas con informes. Todas las paredes de la oficina se encontraban tapizadas de fotografías, recortes de diarios y un millón de hilos mágicos de colores uniendo cosas que no parecían tener conexión a primera vista. Derek se mareó de solo intentar entender todo eso, no comprendiendo cómo alguien podía estar en un lugar así de apabullante cada día, cuando recordó como Scott comentó una noche de entrenamiento que Stiles hacía exactamente lo mismo ante cada misterio que se cruzaba en su camino.

La oleada de calidez que le trajo el pensar en su pareja se esfumó en el mismo momento que sus ojos se cruzaron con los del Stilinski mayor, pudiéndose ver la sospecha clara en su mirada. Sabía que su rostro estaba totalmente pétreo, pero podía sentir el sudor en la nuca y Derek no recordaba haber sudado jamás. Nunca. Ni siquiera cuando jugaba al Quidditch en el colegio.

Sabía que quería escapar de allí, pero la mano de su madre en su codo no le dejaría. La miró un segundo y pudo ver que si no hablaba él lo haría ella, y no. No. Debía hacerlo él.

Abrió la boca pero vio que el ceño del padre de Stiles se frunció enseguida y perdió la voz. Su lobo aulló lastimoso y Derek nunca se había sentido tan patético. La mano de su madre le liberó y cuando miró a sus ojos vio la comprensión y el amor, y el valor de alguna forma regresó. Era un hombre lobo y era un Gryffindor. Sencillamente no podía acobardarse.

—Señor Stilinski, tengo que hablar con usted —dijo de golpe y se alivió al notar que su voz no temblaba en absoluto. Sus ojos no se apartaron de los del auror—. Es sobre su hijo Stiles.


NOX

Chapter Text

¿Cómo fue que Stiles acabó desayunando en la mesa de Ravenclaw? No tenía idea. Probablemente tuviese que ver con Lydia esperándoles a él y Allison fuera del cuadro de la Señora Gorda y arrastrándoles al Gran Comedor. En ese punto Stiles ya ni se defendía y Scott solo se despidió de él con una mano, resignado. Él creyó el año anterior que echaba de menos a su mejor amigo en el tiempo que estuvo de novio con Allison ¡JA! Ahora lo echaba más de menos y ninguno se había echado novia alguna. A menos que considerase a Allison y Lydia como sus novias, lo que sería bizarro porque solo se habían besado entre ellas y él había mirado. Lo que no había estado mal, pero habría sido más interesante si la madre de Lydia no hubiese estado allí también.

—Por cierto ¿han hablado alguna vez del beso que se dieron? Porque he pasado una cantidad increíble de tiempo con ustedes estas dos semanas y no he podido ver nada de acción. Y no es que diga que me gustaría ver alguna, pero tampoco digo que me molestaría y…

—Stiles. Cállate.

—Sí, señora.

Danny se rió al otro lado de Stiles, mientras Allison sonreía divertida. Un pequeño rubor en sus mejillas que no creía estarse imaginando. Lydia solo rodó los ojos mientras untaba miel en una tostada, sus ojos fijos en la mesa de Slytherin. Pero por no era a Jackson a quien miraba (Stiles no podía verle allí), sino que a los enormes estudiantes de Durmstrang que parecían solo un poco menos enormes sin esos pesados abrigos de piel. Hasta las mujeres eran grandes, aunque la mayoría también era muy guapa. Había un aire seductor en esos rasgos esculpidos.

—Son muchos estudiantes de Durmstrang ¿serán suplentes? —preguntó como distraído.

—Por supuesto que no, idiota. Solo vienen a apoyar a sus compañeros —Stiles levantó la mirada y buscó a Matt, que le estaba sonriendo burlón desde el otro lado de la mesa, para luego dirigirse hacia Allison—. Buen día, Ally.

Stiles juntó con fuerza los labios cuando vio a Allison saludar con timidez a Daehler. Lydia rodó los ojos mordiendo su tostada, pero habló para interrumpir el descarado coqueteo del Ravenclaw.

—Esos gemelos están para comerlos ¿no crees, Danny?

—Si. Si, claro… ¿Ah? No, no sé. ¿Por qué me preguntas? —Stiles rió divertido viendo como la pelirroja había sido capaz de hacer sonrojar al guardián con tan solo una pregunta. Y era que nadie se había perdido el modo en que Danny miraba fijamente a uno de esos gemelos, el que le enviaba miradas de vez en cuando también. El otro parecía mirar a Lydia a veces, aunque también coqueteaba con una Slytherin rubia que parecía querer subir a su regazo.

—Son Ethan y Aiden —habló Matt, volviendo a atraer la atención hacia él—. Van en 5to, tienen 15 años —agregó elevando una ceja. Por supuesto que el paparazzi de Hogwarts iba a tener información sobre los extranjeros.

—¡Cállate! ¡No pueden ser menores que yo! ¡Son del doble de mi tamaño!—se quejó ofendido Stiles lanzando su servilleta a la mesa, ganando risa de varias águilas. Danny y Lydia parecían tan anonadados como él.

—Uh, nunca he estado con alguien menor que yo —la pelirroja pareció recomponerse de su sorpresa, mirando con interés a los gemelos.

—¿Con cuál te quedarías? —preguntó risueña Allison, bebiendo de su taza de café. La risa de Lydia era música para los oídos de Stiles.

—Obvio que con el que tiene interés en las chicas. A menos que a Danny le vayan los cuartetos. Si te animas podemos hacer un quinteto —propuso a Allison y si a Stiles no le salió la leche chocolatada por la nariz fue solo porque captó por el rabillo del ojo algo que atrajo su atención.

El Gryffindor se puso de pie enseguida, caminando rápidamente hacia un costado de las puertas del Gran Comedor donde Scott estaba sujetando por los hombros a un furioso Liam de frente con un alto estudiante de Durmstrang que sonreía burlón. Los ojos de Liam brillaban de rabia y Stiles no tenía ni idea de porque era Scott el que estaba deteniéndole, pero se unió a su amigo enseguida.

—¿Qué pasa aquí, Scott? ¡Liam! —exclamó, porque el chico se removía con furia intentando soltarse y poder lanzarse probablemente a destrozar el rostro del otro sujeto, pero Scott era mucho más fuerte por su condición de hombre lobo.

Su amigo se encogió de hombros, pero había un brillo afilado en su mirada que Stiles reconoció como un intento de mantener el control. Debía parar eso.

—Liam, si no te detienes puedes recibir una sanción y no podras participar en el partido —le siseó Stiles, aunque estaba mirando de mala manera al de Durmstrang, que soltó una risa burlona.

—Eso, Liam, hazle caso a tus amiguitos. No querrás perderte la oportunidad de demostrar lo que vales ¿no? O quizás tienes miedo y es exactamente eso lo que quieres, evitar jugar con nosotros.

Sus palabras fueron suficientes para enfurecer aún más al menor, que volvió a revolverse en los brazos de Scott y Stiles con violencia.

—¡Te voy a matar, Brett!

Había de pronto más estudiantes de Durmstrang acercándose con expresión de amenaza y Stiles tragó saliva justo cuando una voz profunda y que envió escalofríos por todo su cuerpo se escuchó desde su espalda.

—¿Qué es lo que está ocurriendo aquí?

El tono de Derek era tan firme y amenazante, que el cuerpo de Liam se deshizo en los brazos de los Gryffindor, toda su tensión desaparecida. Incluso los de Durmstrang se habían detenido y el tal Brett parecía un poco intimidado. Stiles se atrevió a mirar por sobre el hombro y ver el ceño fruncido del hombre casi hizo que sus rodillas temblasen. ¿Se podía ser más ridículo?

Derek se veía bien, mucho mejor que el miércoles en definitiva. Sus mejillas parecían llenas de nuevo, sus cejas se veían aterradoras y sus incisivos estaban tal cual como antes. Stiles no tenía idea que pasó con él las dos semanas anteriores, pero el verle bien provocó una emoción incomprensible en él. Como si quisiera llorar. Se odiaba por ello. Trató de carraspear, explicar, pero entonces otra voz se unió y ya no le quedó más que soltar a Liam. De todas formas no estaba peleando y Scott podía con él.

—¿Algún problema, profesor Hale?

—¿Papá? —preguntó Stiles sorprendido al ver aparecer a su padre con su túnica de auror y una expresión adusta que terminó por asustar a los de Durmstrang a quienes el tono de Derek no había intimidado lo suficiente.

—Nada, Jefe Stilinski. Un simple intercambio cultural entre nuestros alumnos —indicó con relajada tranquilidad Derek y fue la señal que los extranjeros necesitaban para darse la vuelta y entrar al Gran Comedor nuevamente. Derek se acercó a Scott y algo en el pecho de Stiles se estremeció porque había pasado completamente de él, pero no dijo nada—. Scott ¿algún problema?

—… no, todo está bien. ¿Cierto, Liam? —Stiles no le creyó ni una palabra a su amigo, pero si él quería respetar la privacidad del Slytherin era decisión suya. El chico asintió un poco, mirando al suelo y Derek lo aceptó.

—Vayan a desayunar —les ordenó el profesor y entonces, entonces sí. Sus ojos se encontraron con los de Stiles y el chico sintió que todo su cuerpo se derretía ante esa mirada. Derek le miró fijamente, había un ligero temblor en sus labios, como si fuese a decir algo o quizás fuese a sonreír (¡imposible!), pero entonces una pesada mano cayó en el hombro de Stiles y el momento se rompió.

Derek cogió por los hombros a Liam y Scott, que se habían separado, y los guió él mismo hacia el Gran Comedor luego de darle un ligero gesto de asentimiento al Jefe de Aurores.

Stiles intentó que la decepción no se reflejase en su mirada, pero cuando la mano en su hombro apretó se obligó a sonreír y mirar a su padre. Llevaba dos meses sin verle después de todo.

—¡Hey! Pensé que no vendrías.

—No lo iba a hacer pero… algunas cosas cambiaron.

Quiso preguntar cuáles eran esas cosas, pero de pronto un sonido llamó su atención, frunciendo el Gryffindor el ceño de inmediato. Que su padre pareciese algo avergonzado lo hacía aún peor.

—¡No has desayunado! ¡Sabes que debes desayunar! Voy a tener una charla muy seria con Parrish, no está haciendo correctamente su trabajo de cuidarte.

—Deja en paz a Parrish, hijo, suficiente tiene ya con su trabajo oficial para que le des adicional.

++++

Estaba furioso, estaba tan enojado. ¿Por qué tenía que ir y encontrarse con Brett allí? Sabía que había ido a Durmstrang pero nunca se le ocurrió que podría encontrárselo por culpa del torneo. Debió imaginarlo, todo salía mal en su vida.

Él y Brett Talbot habían sido vecinos por años, pero eso no significaba que se llevasen bien. Vivían en un poblado mágico cercano a Londres y habían muchos niños magos en los alrededores, la mayoría sangres pura. No como él, que era mestizo. De alguna forma alguien había averiguado la verdad cuando tenía siete años y desde entonces ya nunca fue igual. Brett jamás le permitió olvidarlo, burlándose de su condición pero principalmente burlándose de lo pequeño que era.

Su padrastro, un medimago que trabajaba en San Mungo, intentó calmar la furia que crecía en el niño, pero luego de un ataque de violencia a los 10 años en que con su magia descontrolada destrozó las escobas de Brett y sus amigos, casi matando a uno de ellos, se habían acabado mudando.

Liam empezó a ir a terapias con psicomagos y cuando entró a Hogwarts sus problemas de ira parecieron mejorar un poco, aunque nunca pasaba mucho tiempo sin que se metiese en problemas. Volverse Golpeador para el equipo de Quidditch de Slytherin le ayudó a liberar sus tensiones, pero ese beneficio se contrastaba con lo que tenía que pasar al ser un mestizo en medio de la casa de las serpientes.

Este año, con el equipo de Hogwarts, Liam se sentía mucho mejor. Es cierto que estaba Jackson, que era un idiota, pero también estaba Boyd que era quien mejor le trató siempre en el equipo de Slytherin. También estaba Danny Mahealani quien tenía una sonrisa para todo el mundo, Isaac Lahey que era un poco torpe socialmente, igual que él mismo. Estaba Stiles, el que los hace reír a todos (incluso había visto a Jackson ocultando alguna sonrisa), y estaba Kira quien era distraída sobre sus pies pero volaba como un ave sobre la escoba. Y también estaba Scott McCall…

Gracias a su equipo Liam ya no sentía ese enojo vibrándole dentro todo el tiempo. Se sentía liviano, y aunque le preocupaban sus sospechas sobre la licantropía de sus compañeros de equipo, aun así no los cambiaría. Quería ganar con ellos como no había querido ganar nunca. Pensó que todo sería perfecto.

Y entonces aparecieron Brett y sus burlas. Sus insultos hacia su equipo, hacia lo débil que él seguía pareciendo. Su risa sarcástica y la pregunta que rompió todo su control. Porque no estaba preparado para el «¿Si ganamos tenemos que estar atentos a que destroces nuestras escobas en venganza? Aunque seguro que tu papi adoptivo nos las paga de nuevo».

Ni siquiera pensó en la varita que descansaba en el bolsillo de su túnica. Simplemente se lanzó hacia el frente con intenciones de quitar a golpes la sonrisa del rostro del otro chico. Pero no alcanzó su objetivo. Unos fuertes brazos pasaron por debajo de sus axilas y le detuvieron en su lugar. Ni siquiera notó quien era el que le sujetaba hasta que Stiles pronunció el nombre de su amigo.

Lo que ocurrió después fue un borrón para él. Pensó que Derek iba a echarle del equipo, en que Scott como Co-Capitán iba a regañarle. Pero nada de eso ocurrió.

Cuando entraron al Gran Comedor Liam se quedó mirando fijamente la mesa de Slytherin, plagada de uniformes granate de Durmstrang, y sintió dolor de estómago. Podía ver la mirada socarrona de Brett allí. Entonces sintió una mano en el brazo y cuando levantó la vista pudo ver a Scott mirándole con tranquilidad.

—Vamos a comer algo.

Liam se dejó llevar sin poner resistencia y antes de darse cuenta estaba sentado en la mesa de Gryffindor, rodeado de leones que le miraban con curiosidad. Pero no había reprobación allí y tampoco había estudiantes extranjeros. Podía ser extraño, probablemente era la primera vez que un Slytherin se sentaba en la mesa de Gryffindor, pero nadie dijo nada. De hecho, Cora Hale le extendió un platón con roscas y su Capitán le plantó una taza de té enfrente.

¿Era muy extraño que se sintiese cómodo siendo mimado de esa manera?

Captó de pronto la mirada interrogante de Mason desde la mesa de Hufflepuff, pero solo pudo encogerse de hombros como respuesta, bebiendo de su té. El partido era en dos horas y si McCall se sentía más tranquilo manteniéndolo a su vista hasta que fuese el momento de ir a la cancha, Liam iba a dejarse.

++++

Stiles había querido pasar más tiempo con él y el Jefe de Aurores no había sabido cómo decir que no. Él también había extrañado mucho a su hijo, como cada vez que tenía que verle ir a Hogwarts, así que cuando el menor le ofreció ir a buscar comida directamente a las cocinas tuvo que aceptar. De todas formas no podría sentarse en el Gran Comedor con el chico, y quería estar con él al menos hasta que sus obligaciones les separasen.

La visita del día anterior de Talia y Derek Hale aún daba vueltas en su cabeza, haciéndole un nudo en el estómago, pero no impidió que el hambre le atacase. Había dormido apenas unas horas en el sillón de su despacho, con un libro en el pecho sobre hombres lobos y compañeros predestinados que le había dejado la Alfa de los Hale. Aún no podía convencerse de que eso era real. Por eso había quedado para una reunión esa tarde con Chris Argent, el único experto en hombres lobo que conocía que no se había especializado en “formas de asesinarlos” como ocurría con todos los demás.

Viendo a Stiles comiendo con ganas un sándwich de atún hablando sin parar del partido que pronto se llevaría a cabo, no quiso creer que en verdad iba a dejarle ir. ¿Pero qué podía hacer? Él mismo pudo ver el brillo en los ojos de su hijo y de Derek en el momento en que sus miradas se cruzaron, sabía que el nombre del hombre lobo era el que más se había repetido en las cartas de Stiles, si no se contaba a Scott. Y la forma en que el profesor prácticamente se arrodilló el día anterior en su oficina no le dejaba demasiado espacio para dudas. Talia Hale no jugaría con algo así.

Antes de ir en búsqueda de Stiles se detuvo en la enfermería de la escuela, y apenas Melissa le vio allí soltó un suspiro enorme, como si hubiese cargado un enorme peso sobre sus hombros y ahora pudiese dejarlo. «Así que ya lo sabes, ¿no?». Él había querido dejarse caer en una de las camas del lugar y pedir que le despertasen cuando todo eso fuese una broma.

—Stiles —dijo de pronto, llamando la atención del adolescente que había estado mirando con diversión a un grupo de elfos que preparaban un pastel más grande que ellos. El mayor tragó saliva, sintiendo la amargura del café descafeinado que acababa de beber. Stiles seguía mirando fijamente hacia él y de pronto no sabía que decir—. Creo que ya deberíamos ir arriba.

Estaban en el pasillo que les llevaría hasta el Hall cuando una voz resonó en la piedra, haciendo que ambos volteasen.

—¡STILINSKI! —el Jefe de la Casa de su hijo, y entrenador del equipo, caminó con rapidez hacia ellos, dedicándole un gesto de reconocimiento a él pero rápidamente enfocándose en Stiles— Te quiero con tu uniforme en diez minutos en el campo para el reconocimiento ¡sin excusas!

Él parpadeó sorprendido, pero pudo ver que Stiles lo estaba aún más.

—¿Para el reconocimiento? ¿El uniforme? ¿Voy a jugar?

Había una emoción brillante en su hijo y de pronto el auror no pudo evitar sonreír con ganas, llevando una mano a su hombro para apretárselo con orgullo. El profesor Finstock no parecía tan emocionado, pero dio un brusco asentimiento.

—Jackson está enfermo… ¡maldición, justamente el día del partido! —se quejó el hombre, frotándose la frente amplia—. Tiene cuarenta de fiebre, y se cayó de la escoba intentando demostrarme que podía volar… ¡es un desastre! Ahora… ¡ve a por tu uniforme!

Stiles solo alcanzó a decir que si y dedicarle a él una sonrisa feliz antes de irse corriendo, probablemente a la Torre de Gryffindor. El profesor se marchó también y el Jefe de Aurores solo pudo suspirar. Bueno, él también tenía trabajo que hacer.

No le costó encontrar a Parrish en los terrenos, organizando a los aurores para la protección del Campo de Quidditch y también las verificaciones de identidad para los invitados. Habían varios políticos invitados ya que esos torneos internacionales nunca eran solo juegos e intenciones de unir lazos, como algunos podrían creer. La política se movía allí y eso significaba que el peligro siempre podía estar presente.

—¿Todo en orden, Parrish?

—Todo en orden, Jefe —indicó el auror al escucharle, despachando a un novato. Su pelo castaño brillaba casi rubio en el sol tenue de octubre. La semana anterior había estado lloviendo con furia y él temió que el día del partido también tocase con lluvia, pero el cielo se había abierto el día anterior—. ¿Escuché que Stiles va a jugar? Debe estar feliz —sonrió el muchacho y él solo pudo parpadear con sorpresa.

—¿Cómo es que siempre te enteras de todo tan rápido? —preguntó entre confundido y sospechoso. Jordan solo rió un poco, bajando la mirada al suelo, provocando que sus pestañas se vieran aún más largas de lo que eran. Recordó como escuchó a un grupo de Brujas Guardianas del Ministerio bromear sobre las dotes adivinatorias de Parrish en cierta ocasión, y se preguntó si quizás no estaban equivocadas. Rechazó el pensamiento luego de un momento—. Si, tienes razón. Se veía emocionado… yo ahora estoy asustado. ¿Has visto a los jugadores de Durmstrang? Son enormes, van a destrozarlo…

—Tranquilo, Jefe —se rió con soltura Jordan, dándole una palmadita en el brazo—. Seguro todo sale bien. Por cierto, ahora que Stiles jugará he cambiado sus obligaciones —dijo en un tono ligeramente conspiratorio, haciéndole fruncir el ceño—. Ahora tendrá que proteger a los políticos en la gradería de invitados. No me lo agradezca.

Parrish sabía que no se lo iba a agradecer. Hacer de niñero de un montón de políticos estirados no era su idea de diversión, aun cuando le pusiera en una posición privilegiada para ver a Stiles jugar. Así que solo bufó cruzándose de brazos y elevando las cejas hacia el más joven.

—Recuerdas que soy tu jefe y pongo tus evaluaciones al final del año ¿verdad?

Había un cierto brillo risueño en los ojos del auror cuando asintió antes de hacer un gesto hacia las puertas de los terrenos de Hogwarts.

—Están llegando los invitados, Jefe. Como su guardián creo que será su obligación recibirlos.

El Jefe Stilinski solo suspiró resignado.


NOX

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Derek aún sentía que sus oídos piteaban por culpa de los gritos de Finstock. Vale que era un desastre el que Jackson no pudiese jugar por alguna enfermedad que no quería reconocer, pero tampoco era algo irremediable. Para eso habían tenido a Stiles practicando esas semanas ¿no?

Quedaban diez minutos para el partido y casi todos los jugadores del equipo estaban allí, ya habiendo revisado el campo. Vestían unos uniformes de Quidditch distintos a los que habían utilizado para los equipos de sus casas: esa vez la túnica era negra con el interior dorado y el escudo de la escuela destacaba sobre el corazón de los chicos. Llevaban los mismos pantalones blancos y las protecciones de cuero, pero había un aire de unidad entre ellos que no había hace mes y medio. Kira bromeaba con Isaac y Boyd mientras Danny frotaba con brusquedad la cabeza de Stiles, el que le había dicho que le cambiase la posición porque él lo haría mejor. Scott parecía observar con algo de inquietud hacia la puerta del camerino, pero cuando apareció de pronto Liam con su uniforme y su escoba, serio pero tranquilo, la expresión del lobo se calmó.

—¡Llegas tarde, Dumb–ar! —gritó Finstock apenas el chico se paró al lado de Scott, pero este solo se encogió de hombros ignorando el apodo burlón.

—Jackson me cogió en el último momento para darme “consejos” —indicó con tanto asco que Derek tuvo ganas de reír. Le caía bien ese chico.

Luego de que Finstock siguiera regañando al Slytherin un rato, Derek carraspeó con tanta fuerza que el otro profesor se vio obligado a silenciarse. Todos los jugadores le estaban mirando, incluido Stiles. Derek tuvo que forzarse en no enfocar su mirada en él, porque la fuerza con que el adolescente le observaba le atraía como si fuese la mismísima luna.

—No es necesario que les refuerce cual es la estrategia para el juego. Sabemos que los de Durmstrang son fuerte y feroces, así que necesitamos que nuestros golpeadores se muevan bien y golpeen mejor —indicó mirando hacia Boyd y Liam, el primero que asintió y el segundo quien elevó la barbilla con orgullo, como diciendo que no era necesario que se lo recordase—. Danny detendrá todo lo que le envíen, pero es trabajo de los cazadores el darle el menor trabajo a vuestro guardián y más al rival —su voz es profunda y los dos lobos parecen emocionados por la orden. Sus ojos brillaron y Derek se sintió orgulloso de ellos incluso antes de que salieran a jugar. Miró a Stiles un momento, pero este estaba acomodando sus protecciones, sin verle—. El objetivo es sacarles tanta ventaja que no debamos depender de la Snitch para ganar. Pero no porque no confiemos en que Kira la conseguirá —la asiática se sobresaltó al ser mencionada—, sino porque es su primer partido y queremos que atrape la Snitch con confianza, sin presión alguna. ¿Está claro?

—¡Si, entrenador! —dijeron todos de golpe, haciendo que sonría lobunamente.

—Ahora salgan allí y pateen algunos traseros —gruñó Finstock haciendo un gesto con la mano, mientras todos se ponían en movimiento.

Derek se quedó un poco rezagado y sintió un calor agradable recorrerle cuando vio que Stiles también lo había hecho. No dudó ni un momento, simplemente se adelantó y envolvió su mano alrededor del brazo del adolescente. El Gryffindor pareció sorprendido por el toque, levantando la vista y enfocándola en él, antes de fruncir el ceño. Finstock había salido de los primeros, así que solo quedaban los dos en los camerinos designados para el equipo de Hogwarts.

—¿Qué? ¿Algo que agregar a tu discursillo motivacional? ¿De qué libro lo sacaste? Porque fue patético. Puede que todos los demás se lo hayan creído, pero en serio, si querías realmente motivar a alguien al menos deberías…

Ni siquiera lo pensó. La voz del chico estaba irritándole y su discurso estuvo perfecto, muchas gracias. En el momento en que sintió que Stiles se estaba ahogando por el estupor y el beso sorpresivo, le liberó de sus labios, pero no de su agarre. El chico tenía la mirada nublada y los labios sonrojados y ni siquiera había sido un beso de verdad. Derek ni siquiera había empezado a besarle de verdad. Pero ahora no podía seguir, porque podía escuchar la voz de Matt Daehler, el comentarista del partido, llamar a los jugadores de Durmstrang y Stiles tenía que ir hasta la cancha con su equipo. No podían seguir ahora, pero lo harían. Más tarde.

Eso era solo una promesa de lo que vendría luego.

—Tenías… tenías que hacerlo justo antes del partido, ¿verdad? —la voz de Stiles era quebradiza y acusadora. Derek sonrió.

—Ve a ganar, Stiles. Y quizás, si consigues suficientes tantos, te permita vengarte por distraerte antes del juego.

La mirada del chico se aclaró luego de un parpadeo y cuando Derek finalmente lo soltó parecía estable. Había un mohín de disgusto en sus labios pero el brillo en su mirada y su aroma, no podían ocultar su emoción. Felicidad, paz, seguridad. Todo lo que su lobo quería ofrecerle.

—Que no se le olviden sus palabras, profesor Hale, porque voy a cobrármelas —le indicó Stiles casi en un ronroneo antes de correr y justo a tiempo, porque Derek podía oír el nombre del muchacho ser llamado por el Sonorus de Daehler.

Su lobo estaba aullando de necesidad, porque si el beso no había sido bastante para despertar su deseo, ese susurro, ese “profesor Hale” pronunciado de forma más sucia de lo que su imaginación jamás soñó, había dejado sus pantalones demasiado estrechos de repente.

La promesa que hizo al Jefe Stilinski anoche se sentía más pesada que nunca en ese momento.

++++

En algún momento la idea de que los dos gemelos guapos de Durmstrang eran los Golpeadores de su equipo se metió en la cabeza de Danny y para cuando se encontró en la cancha y solo vio a uno con un bate se sintió confundido y engañado.

Las graderías rugían como nunca antes había escuchado, porque había algo de nacionalismo en eso de querer que tu escuela ganase, provocando que los gritos fuesen más altos y estuviesen también los alumnos a los que el Quidditch nunca había atraído. Ya no era una lucha de Casas, eran un equipo, como demostraba el uniforme que ahora llevaban. El Equipo de Hogwarts.

—¿Tú eres el guardián? No sé si alegrarme o no. Quiero decir, todo el tiempo estuve pensando en marcar un tanto contigo —dijo una voz profunda, con un acento que Danny no pudo identificar. Cuando vio al gemelo que le miraba desde la mesa de Slytherin en el desayuno sintió un vuelco en el estómago que nada tenía que ver con estar 15 metros en el aire—. Soy Ethan ¿cómo te llamas?

—¿Eres consciente que estamos a segundos de que empiece el partido? —no pudo evitar preguntar el Ravenclaw, mientras miraba de reojo como Scott estaba en medio de la cancha al lado de una alta mujer rubia, que parecía ser la capitana de Durmstrang. Había un réferi de la Federación Internacional de Quidditch para arbitrar, simplemente porque ningún gobierno confiaba en un árbitro de ellos para ser imparcial.

—Lo sé, por eso te lo estoy preguntando ahora, bobo.

La sonrisa del muchacho era tan brillante que Danny se encontró correspondiéndola sin poder evitarlo. Se acomodó el casco y los guantes y decidió que no podía hacer mal simplemente decirle su nombre. La voz de Matt le llegó entre el rugido de los espectadores, indicando que el partido iba a dar inicio.

—Danny.

—Te pega. Me gusta —dijo Ethan mirando a sus ojos, volando sobre su escoba como sin pensarlo, de forma natural. “Me gustas” decían sus ojos y Danny no necesitaba Legeremancia para saberlo.

El pitido inicial por fin sonó y el chico de Durmstrang le dio un último guiño antes de lanzarse al centro de la cancha donde la lucha por la Quaffle ya había comenzado, la Snitch perdida y las bludgers tan enloquecidas como siempre, dando un momento difícil a los Golpeadores para mantenerlas lejos de sus aliados.

Ahh, el Quidditch. Deporte salvaje. Danny disfrutaba cada minuto de él.

El sonido del marcador sonó alto y claro por primera vez y el Ravenclaw se sorprendió al notar que era Stiles quien marcó el primer tanto. La sonrisa de Scott era tan grande como si hubiese sido él quien lo hiciera. Ese partido seguro que sería emocionante. Lástima que Jackson fuese a perdérselo.

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—¡110 a 30 a favor de Hogwarts! ¡Que alguien me pellizque porque Stiles Stilinski está jugando bien y debo estar soñando!

El tono incrédulo del comentarista hizo reír a Kira, mientras se movía para dejar el paso a un raudo Liam quien volaba con expresión feroz. El partido llevaba casi una hora y la Snitch no había mostrado ni una metálica pluma en todo ese tiempo pero los cazadores habían estado ocupados haciendo caso a las órdenes del entrenador Hale y marcando muchos tantos. La chica sabía que lo hacían por ella, para que no sintiese presión, tal como Derek dijo, pero ella no quería eso. Quería atrapar la Snitch y brillar por sí misma.

La buscadora de Durmstrang era una chica pelirroja menuda en comparación a sus compañeros de equipo, pero que aun así debía pesar diez kilos más que ella. Kira la había probado haciendo amagos de persecución, como si hubiese visto la dorada pelotita, y se había percatado que se movía lento en los giros bruscos como si temiese perder el control de su escoba. Eso era algo a lo que Kira no temía, así que su seguridad comenzó a aumentar. Ahora solo faltaba que la esquiva Snitch apareciese de una vez.

—¡120 a 30! ¡El guardián Mahealani ha hecho una maniobra evasiva excelente para evitar la bludger enviada por Aiden de Durmstrang! ¡Eso es una falta! ¡Su gemelo no parece muy feliz por la acción del golpeador! Mientras, Hogwarts aprovecha la distracción de Durmstrang y el Capitán McCall hace un excelente pase a Lahey pero… ¡Talbot se cruza en su camino! La Quaffle es de Durmstrang, Talbot quiere hacer un pase ¡pero no hay quien lo reciba! ¡Los gemelos han dejado de discutir pero Ethan no llegará… BAM! Eso debió doler. Stiles Stilinski coge la Quaffle luego de que una bludger bien dirigida golpease a Brett Talbot ¡cuidado, Durmstrang, que el bate de Liam Dunbar está aceitado y listo para derribarlos! ¡Stilinski hace un pase a Lahey y…! ¡130 a 30 a favor de Hogwarts! El árbitro cobrará ahora la falta del golpeador de Durmstrang, el juego se detiene.

Es Scott quien tomó el pie para cobrar la falta que realizó Aiden contra de Danny. Kira recordó que se denominaba Bumphing cuando se enviaba la bludger contra un guardián cuando la Quaffle no estaba cerca. El guardián de Durmstrang no estaba feliz por todos los tantos que se habían marcado en su contra y miró de forma amenazante al Gryffindor, pero Kira sabía qué hacía falta más que eso para poner nervioso a su capitán. El tiro fue perfecto y Daehler gritó el 140 a 30 antes incluso que la Quaffle pasase el aro.

El rugido de las graderías ensordeció un momento a Kira mientras aplaudía la última jugada de sus compañeros. La sonrisa brillante y burlona con la que Liam miraba a ese Brett provocó que ella negase con la cabeza. Aun así, había sido un buen movimiento.

Durmstrang parecía desarticulado, furioso, para nada un equipo fuerte. Hogwarts por su parte se movía como un solo espíritu y la kitsune en su interior se regocijaba por ello. Se sentía libre sobre la escoba y quería poder aportar su parte, quería atrapar la Snitch y…

Una corriente eléctrica recorrió su cuerpo y antes de que la multitud gritase anunciando el avistamiento, Kira ya estaba volando a toda velocidad hacia la zona cerca de las porterías de Danny. Porque había un brillo dorado y la Snitch por fin había aparecido.

La Quaffle estaba en movimiento, el partido continuaba y Matt seguía hablando con el Sonorus, pero Kira ya no podía pensar en eso. Toda su atención puesta en esa pelotita dorada que volaba tranquila, aún sin darse cuenta que estaba siendo perseguida. La otra buscadora había estado más cerca, pero Kira le había sobrepasado sin percatarse.

La Snitch había notado por fin la persecución y sus movimientos se volvieron erráticos, volando descontroladamente con las dos buscadoras a sus aras. Kira creyó escuchar el sonido de un tanto, pero no tenía idea de que equipo lo había marcado. Boyd le quitó una bludger de encima y ni siquiera pudo darle las gracias. Stiles se apartó de su camino y Kira pensó que le vio una sonrisa de ánimo, pero también podría haber sido una mueca de disgusto. A la velocidad que iba poco podía ver.

Centímetro a centímetro se acercaba cada vez más a la Snitch. Podía sentir a su cola a la otra buscadora porque la pelota estaba volando en línea recta y la chica de Durmstrang era buena volando así. Casi estaba a la distancia de un brazo, solo un poco más…

—¡Kira, cuidado!

El grito de Danny (¿dieron la vuelta entera al campo?) no logró llegar a tiempo. El cuerpo enorme de uno de los cazadores de Durmstrang le golpeó brutalmente sacándola de su trayectoria y casi tirándola de su escoba, pero sus instintos de kitsune consiguieron que se sujetase con una pierna y un brazo, solo quedando colgada en vez de caer toda la distancia hacia el suelo. Sintió el dolor extenderse por su cuerpo y el sabor metálico a sangre en la boca porque se mordió la lengua con el golpe, pero se subió de nuevo a la escoba. Solo podía pensar en seguir volando, alcanzar la Snitch. Pero entonces hubo un grito de decepción en las graderías que se multiplicó por mil mientras Matt Daehler exclamaba desesperanzado, rompiendo las ilusiones de Kira.

—¡La buscadora de Durmstrang se hace con la Snitch! ¡El partido se ha acabado!..... ¡ESPEREN! El árbitro está tocando el silbato y ¿es lo que creo? —Kira levantó la vista y vio como el árbitro la apuntaba directamente a ella. Sintió humedad sobre su ojo derecho y al frotarse la zona vio el carmín de la sangre— ¡El árbitro ha determinado que el cazador de Durmstrang ha hecho una falta contra la buscadora de Hogwarts! ¡Se cobrará un penal! ¡Es la posibilidad de un empate, señoras y señores! ¡Hogwarts no ha perdido aún!

La chica se sorprendió y miró hacia el marcador, notando que los puntos están 170 a 180 a favor de Durmstrang. Mientras ella perseguía la Snitch con todas sus fuerzas sus compañeros consiguieron marcar tres tantos más. Una mezcla de cariño y humillación se expandió por su cuerpo, porque los chicos eran geniales y ella no pudo dar la talla.

—¡Kira! —Scott llegó volando hasta ella con la preocupación en la mirada, pero también media sonrisa tranquilizadora— ¿Estás bien?

—Jodidos de Durmstrang, haciendo trampa hasta el final —se quejó Stiles acercándose también, sacando un pañuelo de su bolsillo y pasándoselo. La asiática solo lo tomó y frotó su frente limpiando la sangre, sin saber que decir.

—Perdí la Snitch —pronunció con dolor luego de un momento, uno que no tenía que ver con el golpe que había recibido sino que con las expectativas destruidas de ser de utilidad para el equipo.

—No fue tu culpa —dijo Boyd llegando. Bufaba enojado mientras enviaba miradas asesinas hacia el lugar donde los de Durmstrang estaban reunidos a baja distancia, hablando con su entrenadora que estaba de pie en el suelo. El enorme Slytherin parecía dispuesto a ir a golpear con sus propias manos al cazador que la tiró.

—Debí tirarlo de la escoba yo con una bludger —gruñó temblando de rabia Liam, con el rostro enrojecido y sudando. El bate vibraba en su mano, probablemente del deseo de lanzarlo contra los de la otra escuela. Isaac solo le dio una palmadita a la kitsune sonriéndole amistosamente, mientras Danny se cruzaba de brazos.

—Lo importante es que no te pasó nada malo —dijo el guardián, y todos los demás asintieron—. Ahora ¿quién va a cobrar el penal? Un empate no es lo ideal, pero es mejor que perder.

Todos se quedaron en silencio un momento y pronto Scott carraspeó. Cuando Kira le miró le vio observarla a ella con algo como disculpa, sin que entendiese porque.

—Creo que debe ser Kira quien lo cobre, si está lo suficientemente bien —todo el mundo soltó exclamaciones ahogadas, incluso ella, pero Scott continuó—. Esos idiotas te han robado tu momento de gloria, estuviste apunto de atrapar la Snitch por tu propia cuenta. Creo que es justo que te demos la oportunidad de tener ese momento. Si fallas, todos sabrán que es porque eres buscadora, no cazadora. Yo tomaré la responsabilidad en ese caso por la decisión. Realmente creo que debes ser tú quien realice esta última jugada.

Sus compañeros al comienzo se habían mostrado escépticos y hasta horrorizados por la idea, pero mientras más hablaba Scott Kira pudo ver como la decisión se iba posando en sus rostros. Cuando su Capitán terminó de hablar, solo veía rostros seguros en los chicos que volaban a su alrededor.

—Hazlo, Kira —dijo Isaac, mientras Boyd asentía.

—Ninguna venganza es más dulce que la que tomas tu misma —sonrió Danny con un brillo en la mirada que le hizo pensar en que entendía que fuese el mejor amigo de Jackson.

—Además, si fallas no te preocupes. A la noche nos vengaremos de esos idiotas —le aseguró Stiles, pasando un brazo por sobre los hombros de Liam el que tenía una expresión fiera en la cara cuando asintió.

Cuando miró hacia el suelo pudo ver a Finstock sujetándose la cabeza y un serio Derek, el que asintió en su dirección, probablemente habiendo oído a la distancia la conversación de los jugadores con sus sentidos de hombre lobo.

Scott solo le sonrió apoyando una mano en su brazo llamando su atención y cuando el árbitro sonó el silbato para que se adelantase quien iba a cobrar el penal, ella se metió el pañuelo de Stiles al bolsillo y voló en dirección a las porterías de Durmstrang acompañada del espíritu de sus compañeros y el rugido de las graderías. El fuego en las venas y la electricidad en las manos.

El peso de la Quaffle se sentía familiar al de la Quod y una sonrisa quebró su rostro mientras sus dedos se hundían en el cuero suave. El silbato se escuchó y todo el Campo de Quidditch quedó en silencio un momento.

Kira sabía que había marcado incluso antes de que la pelota dejase sus manos y mientras era abrazada por los chicos en el aire aún, sintió que había algo de catarsis en eso que Scott le había hecho hacer. Porque si otro hubiese sido quien diese el empate a Hogwarts ella nunca hubiese sentido esa sensación de gloria y unidad. Quién sabía si hubiese superado esa derrota personal, si hubiese podido seguir en ese equipo pensando que por su culpa habían fallado en ese primer duelo.

Ahora ya no tenía que pensar en eso. Ahora podía recibir los abrazos agradecida y buscar en las graderías a Malia con el corazón liviano. Porque quizás un empate no era ganar, pero, tal como dijo Danny, tampoco era perder.


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Jackson tuvo que literalmente fugarse de la enfermería para poder ver el partido de Hogwarts versus Durmstrang. Aún sentía la cabeza nublada y la frente caliente, pero creía que no estaba tan mal como para que el idiota de Finstock le impidiese jugar. Estaba bien y si él hubiese jugado no hubiesen empatado, hubiesen ganado.

Cuando se coló en las duchas y se encontró solo con Isaac consideró la opción de que hubiese perdido algún lapso de tiempo, porque había demasiado silencio y no recordaba cómo llegó allí desde su escondite a los pies de una de las graderías.

El pelo dorado de Lahey brillaba por la humedad de la ducha que se debía haber dado recién, atándose las deportivas sentado en uno de los bancos. Jackson se sintió paralizado por alguna razón, sabiendo que debía salir de allí pero no pudiendo conseguir que sus piernas le obedecieran. Cuando el tejón finalmente levantó la mirada y le vio parecía sorprendido.

—Jackson, hey —hubo un silencio espeso entre ambos. Isaac seguía atando sus cordones y cuando acabó se puso de pie, cogiendo el bolso de su ropa deportiva y echándoselo al hombro mientras le miraba—. Los demás ya se fueron al castillo. ¿Te sientes mejor?

—Si yo hubiese jugado habríamos ganado —fue todo lo que pudo decir Jackson, llevando la mano a su cuello, rascando por encima del vendaje que no permitió que Melissa McCall notase.

Isaac pareció confundido un momento pero luego se encogió de hombros. Lo hacía como diciendo “Seguro, lo que tú digas”. Era un encogimiento de hombros condescendiente, dado para dejar tranquilo a alguien que sabías estaba equivocado. Enfureció a Jackson enseguida.

—¡Habríamos ganado! —gritó mientras avanzaba rápido, empujando a Isaac por el pecho, hasta que hizo que sus piernas chocasen contra una de las bancas— ¡Nada de empates! ¡Yo no empato, solo gano!

—¡Vale, vale, lo que quieras! —le respondió el tejón, dejando caer su bolso sobre la banca y apoyando sus manos en los brazos de Jackson para mantener la distancia. El Slytherin ni siquiera había notado que respiraba agitadamente, mirando a los ojos ajenos con los suyos nublados—. Jackson, hueles raro. A enfermedad. ¿Estás bien?

—¡¿Por qué todo el mundo sigue preguntándome eso?! —estalló el chico, liberándose de las manos de Isaac que le dejan ir. Jackson no le dio espacio de todas formas para moverse— ¡Claro que no estoy bien! Quiero lo que tú tienes, lo que McCall tiene. Y no voy a detenerme hasta obtenerlo ¿me escuchas? —gruñó empujando su rostro más cerca del ajeno y si miró a los labios del tejón era por apenas medio segundo, sin distraerse—. Así que dile a tu alfa, o a Derek, no me importa. Pero o me convierten o todo el mundo sabrá lo que son. Los de Durmstrang los primeros —Jackson sonrió con superioridad, pero el otro no cambió para nada su expresión preocupada.

—¿Por qué les importaría a los de Durmstrang? Ellos también tienen hombres lobo en su equipo —la afirmación de Isaac dejó en blanco por un momento a Jackson, pero luego tuvo la frente del hombre lobo contra la suya mientras un brazo del rubio rodeaba su cuello para mantenerle en su lugar, y no pudo quitárselo—. Tienes fiebre ¿has dejado que la madre de Scott te revise?

—Quita, coño —le empujó Jackson, pero no pudo librarse de ese brazo fuerte. Su respiración se agitó un poco y no quiso creer que era por la cercanía. Sus cuerpos se estaban rozando demasiado y él ni siquiera lo había notado.

Los ojos del Slytherin volvieron a bajar a los labios de Isaac y quisiera culpar a la enfermedad cuando fue él quien destruyó los centímetros que les separaban usando sus manos ya no para empujar al chico, sino que para meterse debajo de la ropa y poder acariciar su piel. Isaac no se hizo de rogar tampoco y correspondió el beso ardiente con deseo, mientras el brazo con el que no apretaba el cuello de Jackson bajó hasta afirmarse de la cadera del Co-Capitán del equipo.

La humedad de sus lenguas encontrándose despertó todos los bajos instintos de Jackson, pero fue cuando la dureza de sus pantalones se frotó contra otra que su mente reaccionó. Reaccionó a que estaba besando, frotándose y casi jadeando contra un hombre. Un Hufflepuff. Un licántropo.

Empujó a Isaac con fuerza inusitada y el tejón, tomado por sorpresa, acabó cayendo sentado sobre la banca contra la que antes había chocado. Sus ojos estaban cristalinos y sus labios húmedos e inflamados por los besos que se habían estado dando más tiempo del que había sido consciente. Su ropa estaba mal acomodada y el bulto en sus pantalones fue el que dio el pie de salida a Jackson.

Simplemente se fue, sin decir nada. Salió casi corriendo de los camerinos y se dirigió a toda velocidad hacia el castillo, en donde se podía perder para cuestionarse todo lo que quisiera en privado, aunque lo más probable es que pasase del tema achacándolo a su estado febril.

Todavía sentía el sabor de Isaac en la boca cuando llegó a su Sala Común y no tuvo reparo en robar una rana de chocolate a un niño de segundo para conseguir sacarlo de sus papilas gustativas y, con suerte, de su mente.

++++

Si le preguntasen si hubiese preferido ganar, Stiles tendría que decir que sí. Ganar siempre era mejor. Sin embargo, estando las circunstancias como estaban, ese empate era como una victoria.

Sabía por su padre que en la gradería de invitados se formó una pelea casi más increíble que la de la cancha, porque muchos se quejaban que la falta contra Kira había sido una inmoralidad y se habría tenido que dar la victoria a Hogwarts por Default. Los nórdicos naturalmente defendían a su equipo aludiendo a que el choque había sido accidental, pero nadie creía eso. Al final incluso los delegados de Beauxbatons (que venían a espiar, obvio) habían determinado que Hogwarts había jugado mucho mejor que Durmstrang y que ese empate a duras penas le hacía justicia al partido.

Stiles estaba de acuerdo.

A pesar de que Matt iba a pagárselas, porque se burló de él todo el tiempo a través del micrófono, sentía que fue un excelente partido. El final había sido lamentable, pero gracias a que Scott actuó con inteligencia y empatía ahora no tenían una vacante en el equipo. Habría jurado que Kira les habría dejado si no fuese por el penal que les dio el empate. Es que era su primer partido, joder, y venían los de Durmstrang a empañarlo con sus trampas.

Stiles había visto a ese tal Ethan, el gemelo gay según Lydia, esperando a Danny fuera de los camerinos de Hogwarts. No había alcanzado a escuchar sus palabras, pero Scott le dijo que se estaba disculpando por las acciones de su gemelo y del otro cazador. Stiles se burló de su intento de llegar a los pantalones de Danny, pero Scott dijo que se oía sincero. Con sus benditos oídos lobunos, su amigo le había comentado que los gritos de la entrenadora de Durmstrang se oían aterradores en el camerino designado para los extranjeros, pero que hablaba en un idioma que él no entendía.

Como fuese, los de Durmstrang se habían ido a almorzar a Hogsmeade y Hogwarts tuvo una comida tranquila. No tan ruidosa como si hubiesen ganado, pero tampoco depresiva tal hubiesen perdido. Fue Malia, sentada en la mesa de Gryffindor abrazando a Kira posesivamente, la que les recordó que tendrán la oportunidad de vengarse de Durmstrang en marzo y eso les subió el ánimo a todos. Incluso Cora ofreció echarle un par de hechizos al idiota que tiró a la asiática y el resto del almuerzo pasó entre cual hechizo más desagradable se le ocurre a cada uno para el cazador extranjero.

Debía reconocer que la mitad del tiempo estuvo distraído mirando hacia la mesa de los profesores. Allí Derek entablaba una conversación en susurros con un abstraído Peter, algo que Stiles no estaba acostumbrado a ver. Peter Hale siempre había sido un hombre animoso y despierto, capaz de sentir una mirada a cien metros y guiñar en respuesta. Le producía escalofríos a Stiles, pero le apreciaba a su manera porque, a pesar de todo, cuando le había necesitado (para pedir libros de la sección prohibida o pases de ausencia para acompañar a Scott en sus lunas llenas complicadas) siempre había estado allí.

Cuando el almuerzo acabó todo el mundo empezó a ponerse de pie excitados por la noche que les esperaba, pero Derek y Peter seguían hablando, y Stiles no sabía qué hacer. Por una parte sería una buena idea ir hacia la torre a descansar, porque el partido le dejó todo el cuerpo destrozado y por la noche había fiesta. Pero por otro lado…

Es entonces, mirando a Derek, que se percató que no tenía a su alrededor a Lydia y a Allison por primera vez en dos semanas y de pronto se sintió desnudo sin sus “Brujas Guardianas”, como las llamaba Scott. Miró alrededor y las vio en la mesa de Ravenclaw, cuchicheando y mirándole fijamente, y fue la sonrisa de Allison y las cejas enarcadas de Lydia quienes le dijeron que las condenadas lo sabían TODO.

Sus mejillas ardieron de golpe, sintiendo la garganta seca y la sonrisa que se extendió en los labios de Lydia gritó malas, malas noticias. Buscó a Scott con la mirada, pero su amigo estaba charlando con Theo y ver a Theo era peor. No había hablado con él desde el infame Día D y no sabía que decirle. No quisiera decirle nada. Quisiera ir donde Derek, sentarse en su regazo y que Raeken entendiese el mensaje por sí mismo. Joder.

—Merlín —gimoteó llevando sus manos a sus mejillas, sintiendo la piel arder bajo sus palmas frías, ¡porque no podía estar pensando en esas cosas! Solo se habían dado un puto beso, ni siquiera habían charlado. No era como si fuesen... algo.

En ese instante sintió un par de presencias a sus espaldas. No necesitaba mirar hacia arriba para ver los rostros de Lydia y Allison sobre él para saber que eran ellas, pero lo hizo igual. Probablemente tendría pesadillas con sus sonrisas malévolas por semanas.

—Hola Stiles. Creo que tenemos cosas de que hablar.

—¡Scott, sálvame!

++++

Había pasado toda la noche cuestionándose y simplemente no lo entendía. No sabía que era lo que había olvidado, no sabía porque lo había olvidado ¡pero quería recordarlo! No podía culpar a Talia sin pruebas, pero algo le decía que ella tenía las respuestas. Ella y Deaton, al que no había podido encontrar a solas desde la cena del día anterior. Y no debería ser tan sospechoso, había invitados en el castillo y era normal que el Director estuviese ocupado… pero era jodidamente sospechoso de igual forma.

La Luna Llena de esa noche tenía sus sentidos más alterados aún, y cuando Derek le interrogó sobre su estado silencioso, Peter casi se ofendió.

—¿No deberías estar más ocupado en tus propios asuntos? —elevó las cejas el mayor, pero sabía que el efecto no era para nada como lo era normalmente. Estaba demacrado por las dudas y el no saber qué hacer. Se sentía humillado. ¿Quién diablos era esa mujer y qué quería de él?

—Me ocuparé de mis asuntos, por supuesto —Peter pensó que el tema había concluido, pero su sobrino volvió a atacar—. Eso no quita que estés extraño. Es por… esa mujer ¿la loba del desierto? —había un gesto extraño en el rostro de Derek cuando pronunció el nombre y un consciente intento de no mirar hacia su izquierda. Aunque Peter no necesitaba sus gestos para oler el aroma de vergüenza proveniente de Jennifer Blake. Obviamente que iba a contarle a su amor platónico todo lo que había pasado en la cena que se había perdido la noche anterior.

—No es que mis asuntos no sean importantes, pero creo que los tuyos son más urgentes —habló con tono sarcástico el lobo mayor, pero Derek no sería pariente suyo si no insistiese.

—¿La conoces de algo?

—… no lo sé —se resignó a decir Peter, masticando su carne con desgana. Derek parecía confundido a su lado.

—¿Qué quieres decir con…?

—Quiero decir que no lo sé.

Y en su tono había la suficiente amargura para hacerle comprender al hijo de Talia algo, porque se quedó callado. Siguieron comiendo en silencio hasta que el almuerzo concluyó y Jennifer se marchó, pero los dos Hale siguieron allí.

—¿Piensas que alguien te echó un Obliviate? —preguntó con seriedad Derek y Peter solo necesitó mirarle de reojo para comprender que él no sabía nada. Su sobrino nunca había sido bueno mintiendo, era demasiado puro, aunque no le gustase reconocerlo.

—Tampoco lo sé. Puede no ser nada, solo esa puta jugando conmigo —se frotó el rostro y al final se puso de pie, el otro lobo imitándole—. No sé qué pensar. Pero si alguien ha jugado con mi mente, voy a averiguarlo.

Y podría haber un brillo feroz en su mirada, amenaza en su tono, pero Derek sabía que no era en su dirección y asintió. En su mirada Peter pudo leer la determinación a ayudarle, y lo agradeció. Apoyó una mano en el hombro de su sobrino y luego miró hacia la mesa de Gryffindor donde podía ver al joven compañero de Derek ser arrastrado por Lydia Martin en dirección desconocida, en compañía de Allison Argent y, curiosamente, Cora.

—¿Te has dado cuenta de que una cantidad obscena de habitantes de este castillo se han unido a la cruzada de “Unamos a Derek y Stiles”? —preguntó con diversión metiendo las manos en los bolsillos de sus pantalones apartando su túnica, en un tono bajo que solo oídos lupinos podrían distinguir. El color en las mejillas de su sobrino era algo digno de ver—. Yo que creía que era algo solo mío y de Cora.

—Sí, claro. Como si alguna vez hubieses tenido intenciones de ayudarme con Stiles... tocándolo cada vez que podías, ofreciéndole la mordida —le gruñó Derek, pero Peter solo se rió.

—Querido Derek ¿cuál crees que es la razón por la que mordí a Scott McCall hace un año? —había cariño en su mirada, porque a pesar de todo Peter apreciaba a Derek como si fuese su propio hermano. Vio la sorpresa y la confusión en los ojos del chico y no pudo evitar palmear su mejilla antes de marcharse—. Piénsalo.

++++

Por supuesto que había sido idea de Lydia el hacer temáticos los disfraces para Halloween. Si hubiesen tenido el sábado de Hogsmeade libre quizás podrían haber buscado otros, pero para el momento que pudieron llegar al pueblo Lydia ya se los tenía seleccionados.

¿Quién hubiese dicho que Cora y la Ravenclaw podrían llegar a ser tan buenas aliadas del mal? Allison solo le había sonreído en disculpa y Scott se encogió de hombros. Al final su disfraz no era malo ni humillante. No como el del pobre Stiles. Es que era como gritar en voz alta que… bueno, ya.

El tema de Lydia había sido: Cuentos Infantiles. Cuando escuchó eso él pensó de inmediato en disfrazarse de Babbitty Rabbitty, ya sabéis, un disfraz de conejo gigante y ya está, pero Lydia había aclarado de inmediato que serían solo cuentos muggles, para su sorpresa.

Scott no conocía muchos cuentos muggles la verdad. A pesar de que su madre era mestiza, ella había sido criada en el mundo mágico así que… no sabía nada. Lo más que conocía eran las películas que Stiles tenía en su casa, porque su madre Claudia había sido una fanática de las cosas muggles y tenían un cuarto donde la magia no echaba a perder los aparatos. La música muggle también le gustaba, pero todo era influencia de Stiles y Claudia Stilinski.

Lydia había solucionado el problema de todos diciendo que iban a hacer un equipo con sus disfraces, que de hecho ya tenía seleccionado para cada uno. ¿Y qué podían hacer más que aceptar?

El único que rechazó la oferta fue Isaac, que había acompañado a Scott y Stiles y había llegado allí, pero indicó que ya tenía su disfraz.

—¡No! ¡Arruinarás todo! —había chillado horrorizada Lydia, para justo en ese momento entrar en la tienda de “Disfraces y Confecciones Mágicas de Madame Disguiseu” Liam con su amigo Mason, ambos sorprendidos por el grupo dispar que se les quedó mirando— ¡Tú, Slytherin chiquito! ¡Tú serás nuestro Conejo Blanco!

No importaron los tartamudeos y reclamos de Liam, al final todo había salido como la Ravenclaw quería, como siempre, así que ahí estaban todos, reuniéndose en las afueras del Gran Comedor casi listos para entrar a la Fiesta de Halloween. Probablemente Stiles fuese el que tenía peor cara, pero incluso él estaba divertido de la situación.

Cuando vio pasar a una Ricitos de Oro junto con tres Osos, Scott se preguntó cómo era que Lydia podía tener tanta influencia. Al parecer su idea se había esparcido por todo el castillo y, aunque habían algunos disfraces típicos de las fechas por aquí y por allá, como de momia o dementores, abundaban los de cuentos de hadas muggles. Definitivamente Lydia era impresionante.

—Ese traje me da un poco de miedo, Malia —la voz de Kira le alcanzó y Scott tuvo que girarse para ver como la Hufflepuff se reía. Traía un traje entero y justado felpudo a rayas púrpuras y rosas, mientras una cola y orejas del mismo color se movían a su voluntad.

—Oh, vamos, Alicia, sabes que en el fondo te parece sexy —y apenas pronunció la última palabra su cuerpo se comenzó a desvanecer hasta que se veían solo su sonrisa brillante y los ojos grandes. Scott tuvo que tomar un respiro, porque en eso estaba de acuerdo con Kira. Era jodidamente aterrador, a pesar de que el hechizo de invisibilidad no era perfecto y si se movía podía ver los bordes del cuerpo de la chica.

—No, Malia, en serio, deja de hacer eso —le exigió Cora, quien estaba sentada en la barandilla de la escalera, con una pipa de agua en brazos y totalmente en su papel laxo de Oruga azul con su traje. En el fondo todos sabían que ella solo había querido ese papel para poder fumar en público, aunque solo fuese vapor aromatizado.

Stiles le dio un golpe en la nuca y la chistera le cayó a Scott por la frente, debiendo acomodársela. Iba a reclamarle a su amigo por el golpe cuando vio lo que le había pedido que observase, porque el espectáculo de Lydia Martin disfrazada de la Reina de Corazones mientras le ayudaba a bajar Allison disfrazada del Rey… bueno, eso nadie podía perdérselo.

Un poco más allá, Liam se quejó, disfrazado de Conejo Blanco, con orejas encantadas e incluso rabo y un gran reloj dorado bajo el brazo. A su lado estaba su amigo Mason que con una peluda máscara mágica se disfrazó del Gato con Botas, uniéndose a la vorágine de personajes de Cuentos de Hadas. Scott trató de no poner demasiada atención al pompón blanco de los pantalones del Slytherin pero falló. Era tan divertido verle de esa manera, incluso más que a Stiles, cuya cola era marrón como sus orejas.

—¿Por qué yo tuve que hacer de Conejo si podría haber sido el Rey de Corazones?

—Porque Allison es la mejor Rey que podría una Reina desear —le silenció Lydia mientras llegaba a su lado del brazo de su amiga, la que rió con ligereza.

La verdad era que ambas se veían hermosas, Lydia se alejó un poco de la versión cinematográfica de la Reina e hizo su propia versión con un vestido amplio en rojo y negro, su cabello aún más pelirrojo de lo normal, casi al punto del escarlata. Allison por su parte llevaba una gran corona sobre su cabeza y un abrigo rojo real sobre el traje. Sin armadura, así que no parecía realmente un caballero, pero las botas de montar estilizaban su figura. Scott se sorprendió un momento cuando notó que la admiraba sin deseo y pensó en si realmente la había superado sin darse cuenta.

—Todo el mundo se ve genial. Todos excepto yo. ¿Alguien me puede explicar porque debo usar la estúpida caperuza si soy la Liebre? —se quejó Stiles, sus largas orejas marrones agachándose ante sus emociones, ocasionando que Lydia sonriese con diversión jalando su mejilla.

—Porque con la Caperuza es más correcto, cariñito. ¿Estamos todos ya? —preguntó mirando alrededor al fin, porque la verdad Scott ya tenía hambre y quería entrar al Gran Comedor de una vez.

¿Él? Él era el Sombrerero Loco. La verdad encontró bastante adecuado que él fuese el Sombrerero y Stiles la Liebre. En ocasiones sentía que todo el mundo estaba loco y ellos eran los únicos cuerdos, por lo que era comprensible que el mundo les viese como a ellos los desquiciados. Stiles aceptó también esto, abrazándole por sobre los hombros, y probablemente si no fuese por la caperuza roja que Lydia insistía que usase por encima del traje de Liebre, Stiles estaría mucho más feliz con su disfraz.

—¿Ya van a entrar? —preguntó de pronto la voz de Isaac y Scott se giró para verle llegar en compañía de Erica y Boyd. O al menos suponía que ese era Boyd.

—… Peter Pan. ¿En serio, Isaac? —Stiles estaba riendo antes que todos los demás pudiesen incluso ver al rubio, pero este no parecía molesto, incluso dio una vuelta sobre sí mismo para que todos admirasen su figura en mallas.

—¿Qué puedo decir? Me niego a crecer. Y miren lo que tengo —sacó del bolsillo una Snitch que de pronto se echó a volar, brillando todo excepto sus alas mientras se movía sin alejarse demasiado del tejón—. Cuando aprendí el hechizo de luminiscencia supe que debía disfrazarme de Peter Pan y tener a mi hada personal.

—Vale, solo por tu Campanita te perdono el abandonarnos en el grupo de Alicia, Pan —le aceptó Cora mientras trataba de tocar a la Snitch, que se alejó revoloteando sobre la cabeza de Kira para luego sobrevolar a Erica.

Ella y Boyd iban disfrazados de la Bella y la Bestia, creía recordar Scott, la rubia prefecta con un vestido tan dorado como su cabello, lo cual no creía que fuese lo más adecuado si era que los labios fruncidos de Lydia eran un indicativo de moda, y Boyd… Boyd tenía encima tanto pelo que difícilmente debía poder ver algo.

—Eh, Boyd… ¿estás seguro de que vas a poder salir de ahí adentro cuando termine el baile? —preguntó Malia con los ojos muy abiertos, mientras Kira parpadeaba sorprendida.

—… Si, por supuesto —les llegó la voz algo ahogada del Slytherin. Erica a su lado le quitó importancia a la pregunta con la mano.

—¡Es un hechizo muy simple! No habrá problemas. ¿Entremos?

La parejita fueron los primeros en entrar, los demás se miraron entre ellos como preguntándose quien iba primero hasta que naturalmente Lydia se agotó, rodando los ojos.

—Vamos, mi Rey —bromeó, jalando del brazo a Allison que sonrió.

—Por supuesto, mi Reina —cuando los ojos de la leona se encontraron con los suyos, Allison le guiñó un ojo y Scott se sintió feliz al no sentir ni una mariposa en su estómago.

No sabía cómo fue que superó el rompimiento, pero le alegraba haberlo hecho. Allison era una chica increíble y a pesar de ya no ser pareja le encantaría poder seguir siendo su amigo.

—Vamos, Sombrerero, acabemos con esto de una vez —le dijo Stiles en tono dramático, haciendo que Scott riese y le pasara un brazo por sobre los hombros.

—¿Traes suficiente té para que podamos aguantar toda la noche? —preguntó bromista mostrando la taza que traía colgada del cinturón.

—Solo si mantienes tu sed a nivel humano y no lobo —bromeó Stiles mostrándole una enorme y extraña tetera de dos boquillas.

Seguro sería una fiesta divertida.


NOX

Chapter Text

Apenas puso un pie en el Gran Comedor y vio a su madre, Lydia comenzó a dudar de que tan bien pensó ese plan. O sea, pareció divertido y le encantaba su vestido y sabía que incluso Stiles estaba satisfecho con su lugar en la charada, pero cuando vio la mirada penetrante que la Jefa de Ravenclaw le dedicó comenzó a dudar si no debió dejar a Allison ser el Conejo Blanco y tomar a Liam como su Rey.

—¿Todo bien? —preguntó a su lado la Gryffindor hablando por encima de la música, y Lydia parpadeó un momento antes de asentir como si no tuviese importancia.

—No te molesta ser el Rey… ¿verdad? —no pudo evitar preguntarle mientras se deslizaban por entre toda esa gente con disfraces ridículos, aunque había algunos mejores como el de esa chica que iba pintada de Catrina.

La ambientación del Gran Comedor era muy adecuada, los muros de piedra tenían lámparas de calabaza para iluminar y el techo encantado mostraba el cielo nublado, dejando a veces pasar un rayo de luz de la luna llena, lo que tenía a Lydia preguntándose cómo afectará eso a los hombres lobo que había en la sala. De vez en cuando un grupo de murciélagos volaba por el salón y los fantasmas del castillo ponían su grano de arena paseándose entre los estudiantes, saludando en esa noche de fiesta para los muertos.

—¿Qué? Claro que no, me encanta, es tan cómodo a diferencia de tu corsé, y tengo una excusa para rondarte y mantenerme a una distancia segura de Daehler y sus ratas...

Allison apuntó con la cabeza hacia un lado y al mirar hacia allá Lydia pudo ver a Matt disfrazado de algo que no comprendió hasta ver una flauta en su mano y ¡Eww! Allison tenía razón ¿eran ratas tras sus pies? No pudo evitarlo, llevó con ella a su Rey a pesar de sus quejas y se acercó al chico, porque eso sencillamente no podía ser.

—¡Matt! Lo que pasó en Hamelin fue una desgracia ¡no puedes ir y disfrazarte de un mago oscuro que se robó a todos los niños de un pueblo, aunque haya sido en el siglo trece!

—Oh, vamos, Martin. Creí que fue tu idea lo de los cuentos muggles —se rió el chico elevando las cejas, repasando con la vista a Allison que se encogió a su lado. Lydia se sintió aún más molesta por eso—. Los muggles creen que lo del Flautista es fantasía, así que… ¿Qué tal, Allison? ¿Quieres bailar después?

La pelirroja ni siquiera le dio tiempo a su amiga de contestar. Entrelazó los dedos con los de ella llamando su atención, mientras le sonreía con burla a su compañero de casa que no se había perdido el detalle de sus disfraces a juego.

—Lo siento, Daehler. Mi Rey está ocupado y lo estará toda la noche. Vamos, cariño.

Estaban ya a varios metros de distancia cuando Allison carraspeó, Lydia apenas mirándola de soslayo.

—No creo que se lo haya creído, pero gracias. La verdad no sé cómo quitármelo de encima a veces —aceptó la Gryffindor y Lydia tuvo que recordarse que el apellido de esa chica es Argent, de los famosos cazadores, y que le había visto acertar a un blanco a cien metros con su arco como si tal cosa. Odiaba verla tímida solo por un estúpido idiota.

—Entonces hagamos que se lo crea —dijo con seguridad, mientras jalaba a su amiga del cuello del elegante abrigo de Rey de Corazones y le plantaba un beso en los labios, sin importarle quien pudiese estar mirando.

Creyó escuchar jadeos sorprendidos y susurros de otros alumnos, pero no le importó. Allison la estaba mirando con sorpresa, incluso más que la que tuvo cuando le besó frente a su madre y Stiles el día que el desagradecido de Jackson rompió con ella, así que Lydia tuvo que pasar su lengua por los labios de la chica para convencerla de devolverle el beso y hacerlo real. Porque ella siempre iba a ser la novia lesbiana de su amiga si eso significaba devolverle la confianza y quitarle de encima a un paparazzi molesto.

Allison pareció rendirse luego de unos segundos y Lydia hasta se sorprendió cuando sintió los brazos de la leona rodeando su estrecha cintura, la que el apretado corsé del vestido acentuaba aún más. A pesar de que ambas habían separado sus labios comenzado a rozar sus lenguas, el beso se mantenía suave. No eran unos chicos salvajes, después de todo. Lydia sintió el sabor a cereza del brillo labial de Allison y por alguna razón esto le causó gracia, riendo en medio del beso y contagiando a su amiga. Ambas acabaron con las frentes pegadas y riendo como tontas, mirándose a los ojos luego de un beso demasiado bueno para ser de mentiras.

—¿De qué te ríes? —preguntó entre risas Allison y Lydia solo pudo encogerse de hombros. Sintiendo que sus mejillas se estaban sonrojando, pero era un poco tarde para sentir vergüenza después del espectáculo que habían dado.

—De nada. Solo que creo que mi madre nos está mirando de nuevo. Pensé que había sido suficientemente malo que nos viese besarnos antes, pero ahora ni recordé que también estaba aquí. Espero no se haga una costumbre.

—Bueno, tenemos excusa para este beso —aceptó Allison, aunque la Ravenclaw podía decir que no parecía convencida de sus palabras—. Es más de lo que podemos decir del anterior…

—¿Qué hayan roto mi corazón justo momentos antes no es una suficiente excusa? —preguntó ultrajada Lydia, ganándose una risa descarnada de su amiga, que finalmente liberó su cintura, despegando sus rostros.

—Oh, vamos ¿realmente tienes corazón?

—¡Estás ganando que mande a que corten tu cabeza, Allison!

—¡No me jodas, Lydia! —exclamó Allison entre risas, pero no parece mirarla a ella de pronto.

—¿Eh?

—¡No me jodas! ¿Cómo hiciste eso? Oh, Morgana, creo que voy a morir —el ataque de risa de la Gryffindor estaba tan fuera de lugar, que Lydia tuvo que voltearse a ver qué era lo que lo había causado, solo para abrir grandemente los ojos.

Los de Durmstrang habían llegado y había toda clase de disfraces allí, incluidos algunos bastante sensuales que no deberían estar siendo utilizado por alumnas, pero ella sabía que lo que había hecho carcajear a Allison era otra cosa. Es la imagen de los dos gemelos guapos disfrazados de los únicos personajes de Alicia que Lydia decidió no incluir a su grupo.

—¡No me jodas! —exclamó con una enorme sonrisa ella también y Allison rió aún más fuerte.

++++

—Son Tweedledum y Tweedledee —aclaró aburrido Jackson mientras bebía del ponche sin alcohol que era lo único pasable para beber de la fiesta. Y era lo único porque el “sin alcohol” había acabado siendo “con alcohol” cuando la maestra Martin se distrajo y un grupo de Gryffindor vació una botella de algún líquido desconocido en la fuente, o al menos eso es lo que  alguien le comentó al llegar al Gran Comedor. Sabía a orina de elfo, pero al menos no era zumo de calabaza.

—¿Tweedqué? —preguntó confundido Danny a su lado.

—Son unos personajes estúpidos de una película muggle —gruñó el Slytherin, encogiéndose de hombros. Lydia se la había hecho ver un verano, pero no tenía ganas de extender su respuesta para su amigo. Danny había preguntado de qué estaban disfrazados los gemelos de Durmstrang y él le había respondido y ya.

—Bueno, lo que sea. Nunca imaginé que un disfraz tan ridículo podría hacer a alguien ver tan sexy —aceptó Danny y Jackson se controló para no rodar los ojos, porque Danny le había escuchado todas las frases sucias hacia las chicas extranjeras y tenía derecho a decir lo que pensaba de esos mastodontes—. Tío, en serio, recuérdame no volver a hacer pareja de disfraz contigo. Con esta estúpida barba no voy a ligar nada.

Jackson debía reconocer que Danny quizás tenía un punto allí. Pudiese ser que el argumento de “¡Vas a ir del mago más grande de la historia!” colase al comienzo, pero viendo ahora la túnica sosa de druida y esa barba… pues quizás ir de Merlín no fue la mejor opción.

—Bien podrías haber venido de Lancelot u otro caballero, no te quejes.

—Claro, porque así va a parecer que soy tu sirviente, oh Gran Rey Arturo de la Mesa Redonda —el tono sarcástico de Danny no le afectó en nada, porque su armadura era genial y Jackson sabía que era un Rey Arturo cojonudo.

Estaba apunto de soltar una respuesta inteligente, agradecido de que su “enfermedad” hubiese remitido lo suficiente para permitirle pensar con claridad, cuando un Ravenclaw compañero de Danny se acercó. Estaba disfrazado de Soldado de Plomo y el hechizo para volver su pierna invisible es bastante bueno, aunque el efecto se perdía al idiota caminar con normalidad en vez de saltar en un pie. Aunque suponía que eso le haría ver más ridículo.

—¡Danny! ¿Has visto a Lydia Martin y Allison Argent besarse en medio del salón? ¡Te juro que Matt no sabía si enviarles un hechizo o sacar su cámara! ¡Todos flipamos!

Danny de inmediato miró en su dirección, pero Jackson ya había escuchado y puesto mala cara. No habían visto nada porque recién llegaban, pero ¿en serio? Ahora todo el mundo iba a creer que había vuelto lesbiana a la chica más guapa del colegio. Joder, Lydia.

—Voy por otra copa de ponche —gruñó hacia su amigo, haciéndole un gesto de que no le siguiera, caminando con pasos largos y enojados.

No era que realmente le importase. Lydia era… ella había sido… cómo fuera, ya no era su asunto. Tenía cosas más importantes de las que ocuparse, como encontrar a Derek Hale y volver a pedirle, no, exigirle que le convirtiese.

Las largas mesas de las casas se habían esfumado para la ocasión y unas mucho más delgadas habían aparecido aledañas a los muros, conteniendo bocadillos y bebidas que eran vigiladas con ojo avizor por los maestros designados, ninguno de ellos Hale, para su desgracia.

Vio a la profesora Martin cerca de la ponchera que sabía tenía alcohol, pero no se atrevió a pararse frente a ella. Probablemente le mirase igual de acusadora que en sus clases y Jackson no tenía ánimo de soportar eso. Así, se desvió hacia la fuente que estaba vigilada por el profesor de Pociones, Harris, pero algo le decía que él no permitiría que ni una sola gota de alcohol manchase su ponche mientras estuviese de guardia. De hecho, no sabía porque el amargado de Harris estaba allí. Tenía cara de preferir tener una clase intensiva de economía de boca de un duende de Gringotts, y eso era una tortura de tres horas donde deseabas morir al menos diez veces o te devolvían tu dinero. Jackson había tenido esa clase, sabía de lo que hablaba.

—Joder —maldijo el Slytherin manteniéndose alejado de Harris, cuando de pronto sintió un sonido de metal contra metal chocando y al bajar la mirada a su cintura vio como una brillante Snitch golpeaba sin cesar la réplica de Excalibur que colgaba de su cinto. La verdad es que era una espada real que sus padres adoptivos le habían enviado, quizás no tan antigua como lo sería la propia Excalibur, pero sí de al menos unos 500 años de antigüedad. O más—. Eh, muévete, esto es una reliquia —gruñó tratando de coger la pelota, pero esta se alejó con rapidez.

—Ups, lo siento, es mía —dijo una voz dolorosamente familiar, y cuando Jackson levantó la vista casi se sintió insultado por el color del disfraz del tejón.

—Lahey. ¿Qué se supone que eres? ¿Un duende? ¿Un gnomo de jardín super desarrollado con un amor obsesivo por el verde? —se burló con descaro. El rubio sin embargo parecía cómodo en su cuerpo, encogiéndose de hombros.

—Soy Peter Pan. Probablemente no conozcas al personaje…

—Arrogante, egoísta, no quiere crecer jamás, líder de los niños perdidos. No pensé que sería un personaje de tu agrado, Lahey, es muy poco Hufflepuff —habló Jackson antes de poder detenerse y disfrutó la mirada sorprendida del tejón. Observó cómo se ablandaba y sintió que su mismo enojo con el asco de noche se esfumaba un poco, irritándose por ello.

—Siempre lo admiré. Esperaba verlo aparecer una noche para llevarme lejos… —había algo en su mirada y su voz que se quebró un poco y Jackson se encontró desviando la mirada, dándole privacidad sin darse cuenta—. Además, la Snitch luminiscente es una gran idea ¿no crees?

El tono recompuesto del Hufflepuff le llegó junto con la visión de la pelota alada volviendo a revolotear por encima de las cabezas de las personas que hablaban y se reían. No quería aceptarlo, pero era agradable verla brillar en la tenue oscuridad del Gran Comedor.

—Tus piernas siguen viéndose ridículas con las mallas —se burló y se sorprendió cuando escuchó a Isaac reír antes de marcharse dándole una última mirada perspicaz.

Una mirada que decía mucho, que era casi una invitación.

Una invitación que Jackson no tomó. Se tragó sus propios reclamos y caminó hacia Harris, cogiendo una copa de ese ponche virgen y caminando para buscar a Danny o alguna extranjera con la cual distraerse. Cuando bebió un trago se dio cuenta de que ese tenía alcohol también y no pudo evitar sonreír con ganas. La noche quizás no fuese a ser tan mala gracias a esos Gryffindor idiotas a los que no les importaba romper las reglas.

++++

—Es un imbécil. Su compañero casi tira a Kira de la escoba. Es que en serio, joder, quiero ir hacia dónde está y romperle este estúpido reloj en la cara.

—Sí, sí, en esa aterradora cara. O en el pecho. En el pecho también puedes rompérselo. Seguro que en esos músculos puedes romper hasta una tabla sin hacerle nada.

—Mason… ¿estás repasando a Brett Talbot?

Liam se sentía mosqueado. Ofendido hasta lo más adentro. Su mejor amigo tenía sus gatunos ojos pegados al pecho desnudo de su enemigo mortal –que tuvo la idea de disfrazarse de hombre lobo, con una máscara extraña (o quizás un hechizo) y garras como todo atuendo excepto por los pantalones, nada original–, y tenía el descaro de parecer confundido, como si no entendiese de lo que estaba hablando.

—¿Quién, yo? Por supuesto que no —negó de inmediato el tejón, pero Liam le llevaba conociendo demasiado tiempo para creerle eso.

El Slytherin miró hacia el techo encantado y soltó un gemido, como pidiendo paciencia. Porque eso no podía estarle pasando a él. Miró el dorado reloj que venía junto a su disfraz y notó que recién eran las diez y cuarenta. La fiesta duraría hasta media noche. No sabía si iba a poder aguantar todo el tiempo con su amigo babeando por Brett a su lado.

—¿Sabes? Voy a ir a buscarnos un par de copas. Si, justito a esa mesa de la profesora Martin. Eso haré —dijo Mason atropelladamente, y Liam solo negó con la cabeza. Como si no se diese cuenta que esa mesa estaba casi al lado del grupo de los de Durmstrang. Al menos los que no se habían esparcido ya por la sala. Muchas de las chicas habían comenzado a bailar con chicos de Hogwarts, e incluso un par de mastodontes habían conseguido alumnas de ellos. Casi era ofensivo ver como se mezclaban con el enemigo. A ellos también les rompería el reloj en la cara.

—Vete, vete ya —le empujó por la espalda, rozando sin querer esa cola espesa que era parte del disfraz de Gato con Botas de su amigo.

Estaba suspirando cansado cuando de pronto sintió un apretón que no debería sentir. Soltando un jadeo se dio vuelta y vio a Stiles sonriendo divertido con la mano abierta en la zona justa donde antes había estado su cola de conejo. Las mejillas de Liam se encendieron por la vergüenza, porque Lydia no había dicho nada de que fuese a sentir eso, aunque ya se había percatado de que sus orejas blancas se movían respecto a sus emociones.

Su compañero de equipo solo estaba riendo de forma algo ida, lo que le hacía entrecerrar los ojos con sospecha.

—¿Estás…?

—¡Shhh! —le silenció una voz familiar.

El Co-Capitán McCall llegó a su lado, sonriendo risueño pero mirando algo reprobador a su mejor amigo. Traía en las manos una tetera extraña y el sombrero de copa se veía gracioso ladeado sobre su cabeza, aunque la pajarita calipso no le hacía ver ridículo como uno pensaría.

—Se ha pasado un poco con el “” —aceptó el Gryffindor a media voz, gracias a la música solo podía escucharle Liam quien elevó una ceja. Algo le indicaba que no, no hablaba realmente de té. Scott rió y acabó sacando de su cintura una tacita de porcelana en la que sirvió un poco del brebaje de la tetera que, efectivamente, tenía el color del té, antes de extendérselo a Liam.

El golpeador lo olió suavemente y se sorprendió al notar que no solo se veía como té ¡olía a té! Así que, confiado, le dio un trago, antes de que le llegase la advertencia de Scott de hacerlo lento.

—¡JODER! —su grito consiguió atraer la atención de un Conde Drácula, una Morgana y dos Osos de Ricitos, pero pronto Scott le estaba silenciando de nuevo. Stiles rió mientras se sujetaba de su mejor amigo— ¿Qué rayos es esto? —y si estaba llorando era porque su garganta quemaba como el infierno y tenía derecho a que los ojos le lagrimearan un poco.

—¡Lo siento! Debí advertirte que está un poco fuerte —se disculpó Scott, arrepentido—. Diluido no está tan mal —aceptó y fue entonces que Liam se dio cuenta, mirando a los dos Gryffindor con los ojos muy abiertos.

Tenía delante de él no solo a las estrellas de Quidditch del partido contra Durmstrang, sino que a las mentes maestras tras los ponches especiados de la fiesta de Halloween. Al ver la sonrisa inocente de Scott y la expresión despreocupada de Stiles quién podría imaginarlo. Si alguien se enteraba y le iba con el cuento a un profesor… ¡podrían ganarse hasta una expulsión quizás! Una oleada de orgullo le llegó al notar que estaban confiando en él, que realmente lo estaban haciendo.

—Joder —volvió a decir, pero esta vez estaba sonriendo.

—¿Te das cuenta que el chico solo tiene 14 años, cierto Scotty? —rió entre dientes Stiles—. Acabas de darle alcohol a un menor de 15, amigo.

El Capitán pareció de pronto un poco preocupado, pero Liam se apresuró a coger el brazo de Scott, mirando a sus ojos.

—Los cumpliré pronto. Y no es la primera vez que bebo —mintió sin dudar, y hubo un destello en la mirada del chico y por un momento Liam temió que pudiese oler su mentira o identificar que su pulso cambió o algo así de absurdo, pero entonces Scott sonrió.

—Vale, pero nada más de “” concentrado para ti. Tampoco para ti, Stiles.

—Eres taaaan aburrido, Scotty —se quejó el chico y Liam estaba sonriendo inevitablemente. La garganta le ardía todavía, pero se sentía cómodo con los Gryffindor como nunca se sintió cómodo con las serpientes de su propia casa, y eso era inesperado—. Quiero ir a buscar a Derek. Quiero cobrarle lo que me prometió. ¿Te dije lo bien que besa Derek, Scotty? ¡Pero tenía que hacerlo justo antes del partido! ¡Si me hubiese distraído, qué hubiésemos hecho! ¡Seguro que apostó por los de Durmstrang! ¡Voy a ir a golpearlo, eso es lo que vo-gmgd!

—Stiles, cállate —la mano cubriendo la boca del león llegó demasiado tarde. El chico había pasado de ebrio cariñoso a violento en dos segundos, dejando a Liam pasmado. ¿Había escuchado lo que creía que había escuchado? La mirada de Scott le decía que si—. Solo está desvariando, no le hagas caso —indicó al Slytherin, pero él no le creía nada.

Fue justo en ese momento cuando una Cora Hale de amplia sonrisa apareció con la pipa de agua en brazos, soltando vapor por la nariz y la boca como si fuese una locomotora, o un dragón. La chica parecía a punto de estallar en carcajadas y Liam no entendía porque, pero de todas formas le recibió la pipa cuando se la extendió.

—Scott, déjame Stiles a —instó la leona disfrazada de oruga azul con un brillo en la mirada que preocupó a Liam, y estaba apunto de decir a Scott que no lo hiciera, porque él jamás dejaría a un Mason ebrio en manos de ella, cuando Scott se lo estaba entregando sin más. Hale pareció susurrarle algo al oído a Stiles, quien de inmediato se recompuso de su mal humor, elevando sus orejas marrones de liebre, las que estaban caídas antes.

—¡Si, vamos al Gran Lago! —exclamó, pero Cora ya estaba silenciándolo, guiñándole un ojo a Scott y Liam y marchándose con el sobre excitado Stiles.

—¿Qué rayos fue eso? —no pudo evitar preguntar a Scott, el que miró con algo de nostalgia a su amigo irse con la mujer lobo, ocasionando que le mirase a él—. Quiero decir… ¿hablaba de Derek Hale?

Las ideas se amontonaron en la mente de Liam. Derek Hale, Cora, Scott, Isaac Lahey. Stiles en medio de todo. No entendía como unir los puntos. O quizás sí, pero no quería hacerlo.

Scott le sonrió de medio lado y acabó pasando un brazo por sobre sus hombros. Liam no sabía porque le permitió hacerlo, pero se quedó quieto, sus orejas blancas y esponjosas expectantes sobre su cabeza, aunque él no se diera cuenta.

—¿Sabes que a los hombres lobo no les afecta el alcohol? Es por la curación acelerada —comentó el león mientras caminaba llevando a Liam, el que no le cuestionó solo porque podía ver que iban hacia donde Lydia y Allison Argent habían atrapado a Mason para que les buscase bebidas (y no acercarse a la madre de la pelirroja, al parecer).

—… ¿en serio? Qué curioso…

Ninguno mencionó como Scott parecía perfectamente sobrio, a pesar de que Stiles ya comenzaba a creerse Merlín reencarnado con tantas copas encima. No lo hablaron, pero Liam sentía que si lo preguntase Scott le respondería. Y eso era suficiente por ahora.

++++

—¿Para ir al lago no deberíamos haber salido por el Hall principal? —preguntó por tercera vez Stiles, mientras era jalado del brazo por Cora. Todo le daba vueltas un poco, aunque no había bebido demasiado, pero las dos tazas de  concentrado habían destruido todas sus barreras de un golpe.

Sabía que no debió beber tanto, pero la ausencia de Derek en el lugar le puso de tan mal humor que no pudo evitarlo. Siguió el plan y “endulzó” los ponches oficiales con la mezcla, pero no lo hizo con el mismo ánimo que hubiese tenido en otro momento. Eran los héroes anónimos, a los que castigarían por tres meses si pillaban. Pero por ver a sus compañeros disfrutar la noche valía la pena. Por suerte las fiestas nocturnas de Hogwarts siempre eran para los de cuarto año en adelante, así no tenían que sentirse culpables por emborrachar a un pre adolescente por accidente.

—Solo estamos tomando un desvío, Stiles, no te pongas pesado —Cora solo rodó los ojos. No podía verla, pero ese tono exasperado era el que ponía cuando rodaba los ojos.

—Sabes que eres mi mejor enemiga ¿cierto Cora? Puedo aparentar que te odio, porque lo hago, pero también te quiero mucho, no cambies, loba —Stiles no pudo evitar intentar abrazar a la chica, pero esta solo le empujó y había una sonrisa petulante en su rostro mientras lo hacía.

—Por Cernunnos ¡eres tan irritante! No tengo idea como mi hermano te aguanta, te juro —aun así le siguió jalando del brazo y mientras Stiles reía, su risa iba haciendo eco en el pasillo vacío.

No sabía bien en qué momento se detuvieron, pero vio a Cora sacar su varita y pronunciar dos hechizos, uno que sonaba bastante parecido a “Alohomora” y le hacía sospechar que se iban a meter en problemas.

—¿Me estás metiendo en problemas, Cora? —preguntó innecesariamente, pero la chica no le contestó, simplemente empujó la puerta con una sonrisa  y luego le hizo un gesto para que entrase.

Stiles dudó. No confiaba en Cora, pero confiaba en ella. ¿Qué no tenía sentido? Pues tenía perfecto sentido para él. Cora era completamente capaz de meterle en mil problemas, pero sabía que nunca dejaría que le pasara algo malo. Lo entendía, porque esa relación iba en ambos sentidos y él tampoco dejaría que nada le pasase a la hermana de Derek.

Así que entró. Cruzó el portal de la puerta y cuando se dio cuenta Cora le estaba diciendo adiós con la mano y cerrando nuevamente tras él, dejándole encerrado.

Él se quedó como un idiota mirando la puerta por un rato más largo del que era consciente, probablemente. ¿Por qué Cora le había encerrado allí? ¿No iban al Lago a darse un baño nocturno y despejar la mente de todo el alcohol que habían tomado para luego volver a la fiesta? ¿Qué coño había pasado en el intertanto?

Seguía perdido en sus preguntas cuando el sonido de una puerta distinta a la que él estaba mirando se escuchó abrir, seguida de una voz profunda y ligeramente aterradora que envió miles de ondas por todo su cuerpo, como si hubiese sido una piedra rompiendo el espejo perfecto de la superficie del Lago Oscuro.

Se giró y tragó saliva, porque por fin entendió dónde estaba.

—¿Stiles? ¿Qué demonios estás haciendo aquí?

Era la oficina de Derek. Y hoy era Luna Llena.


NOX

Chapter Text

Chris no hubiese pensado que ese día acabaría siendo tan pesado como fue. Recién había terminado de hablar con el Jefe Stilinski, una conversación larga y agotadora, cuando Derek apareció en su oficina, sus ojos azules y sin poder ocultar sus garras.

La Luna, supo Chris.

—Creo que lo mejor será encerrarte en tu habitación. Con la fiesta y siendo Halloween hay muchas posibilidades de que un grupo de muchachos quieran hacer algún tipo de reto de valor y se adentren en el Bosque —por mucho que pudiesen vigilar, Chris sabía que siempre alguien se escapaba de esa vigilancia.

Derek estuvo de acuerdo con su decisión y así Chris le acompañó hasta su despacho, el que estaba unido por una puerta con el cuarto del hombre lobo. Llevaba en la mano un saco de cenizas de montaña y el más joven lo sabía, pero ninguno habló de ello.

—Hablaste con el padre de Stilinski —afirmó el profesor de Defensa más que preguntar.

—Me ordenó que no le dijese a Stiles de los compañeros —y había algo de súplica en las palabras de Derek, como si estuviera buscando corroboración de que esa era una mala idea. Queriendo que Chris rectificara lo que el Jefe de Aurores pidió. Él lamentaba no poder hacerlo.

—Lo sé. No puedo decir que lo culpe —se encogió de hombros mientras llegaban al despacho de Transformaciones, que no estaba lejos del suyo. Sabía que el Jefe Stilinski lo hizo para que esa información no golpease a su hijo como probablemente le había afectado a él. Dejaría que la relación entre el lobo y el muchacho surgiese sin presiones—. Al menos no te pidió que mantuvieses tus garras lejos de su hijo, porque creo que es lo que hubiese preferido ordenarte. Seguramente la presencia de Talia hizo que sus amenazas no fuesen verbalizadas.

—Sí, no hubo amenazas anoche —la risa del hombre lobo rompió el silencio del despacho mientras encendía las velas mágicamente con un movimiento de varita—. En cambio, hoy por la mañana no había nadie que le detuviese de realizarlas. Creo que tendré pesadillas por un par de semanas. Debo decir que la gran imaginación de Stiles parece ser algo hereditario.

—Oh, Merlín.

Ambos rieron un poco y Chris se encontró palmeando el hombro del muchacho consoladoramente. El brillo azul de los ojos de Derek le buscó un momento, y estaba seguro de que venía algo sensible, puede sentir el “Gracias” en el aire, pero el otro profesor no dijo nada de eso al final.

—Procura poner un hechizo anti alumnos en el pomo. No quisiera que alguien entrase aquí mientras estoy… así —aludió mirando sus garras, las que probablemente no podía retraer.

Chris le dio un par de palmadas más en la espalda y finalmente puso la barrera en las ventanas y en un semi círculo amplio para que la puerta no lo borrase al abrirse. Derek se fue a su habitación, probablemente a aullarle a la Luna y el profesor de Defensa agradeció que los cuartos de los profesores estuviesen insonorizados o quizás el ruido llamaría la atención de más de un alumno.

Cuando había salido del despacho de Derek decidió ir a dar una vuelta a la Fiesta de Halloween que debía llevar al menos una hora desde que había empezado, pero antes de llegar al Hall se topó con la figura estática de su esposa Victoria mirando por una de las ventanas de piedra hacia el Bosque Prohibido. Su cabello rojo brillaba a la tenue luz de la luna que se filtraba por las nubes y Chris se encontró recordando cómo había sido veinte años atrás, más joven pero igual de hermosa y peligrosa.

—Hey —le quiso abrazar acercándosele desde atrás, pero se encontró con el vacío al su mujer esquivar su toque. Sus ojos le desgarraron y el hombre recibió su mirada como si fuese un golpe.

—No creas que no sé de dónde vienes. Sigues ayudando a ese asqueroso licántropo, Christopher —siseó Victoria con la mirada llena de ira, una ira que llevaba demasiado tiempo consumiéndola—. Como si no hubiese sido bastante pasar casi diez días cuidándolo…

—Me necesitaba, es mi trabajo —se encontró refunfuñando, porque odiaba que su esposa no lo comprendiese.

—No, tú trabajo es dar clases y proteger a los estudiantes de bestias como él. No protegerle de sí mismo —se quejó ella, en una repetición a lo que llevaban años peleando—. Si tuviese algo de decencia él mismo se cortaría el cuello…

—Basta, Victoria. Basta. Sabes que no puedes hablar así —ahora era Chris el que se encontraba siseando, apretando las manos en puños, porque detestaba que su mujer hablase de esa forma, odiaba que sonase exactamente como Gerard o Kate. Viviendo en un pasado equivocado donde los hombres lobo y otras criaturas mágicas solo eran seres de segunda clase en comparación con los magos—. Ya no puedes hablar así. Hay alumnos que son hombres lobo y debes respetarlos, igual que a tus colegas…

—¡No tengo porque respetar a ninguno de esos monstruos! ¡A ninguno! ¡No a los Hale, no Tate, a Raeken, ciertamente no a McCall ni a ningún otro asqueroso licántropo!

Cuando la pelirroja comenzó a gritar Chris movió su varita para hacer un Muffliato no verbal e impedir que alguien más escuchase las palabras de su esposa. El mago pudo sentir cansancio mental y emocional mientras veía a la mujer, preguntándose qué había sido lo que ocurrió y porque ya no podía sentir el deseo de justificarla más. Porque Victoria siempre había sido así, no era que hubiese cambiado de un día para otro. Quizás el que cambió fue él.

—¡Debimos enviar a Allison a Beauxbatons! Al menos allí no permiten sucios hombres lobo.

—No, pero permiten otra clase de criaturas, como semi veelas —Chris solo pudo suspirar agotado mientras llevaba una mano a su frente—. Victoria, sabes que si no quieres seguir en Hogwarts puedes…

—¿Qué? ¿Irme? ¿Irme y dejar a nuestra hija bajo tu cuidado? —la risa de Victoria era un insulto que iba por debajo de la piel del hechicero directamente a sus huesos. No pudo evitar mirarla con ira—. Si de ti hubiese dependido Allison habría acabado casada y teniendo asquerosos cachorros de lobo de ese McCall ¡solo yo le evité a los Argent esa vergüenza! No pienso dejar la seguridad de mi hija en tus manos cuando es tan obvio que te has olvidado de lo que significaba nuestro apellido y la historia de la familia.

Fue como un Bombarda directo a su pecho y luego un Aguamenti congelado bañándole de pies a cabeza. Chris parpadeó y se sorprendió por la sensación de ahogo que tenía, porque no podía ser, no quería aceptar que la mujer que un día amó le haya dicho lo que acababa de escuchar.

La propia Victoria pareció arrepentirse un momento de sus palabras, mirando al suelo de piedra como reorganizando sus pensamientos, pero para cuando volvió a mirar al profesor de Defensa este ya estaba repuesto del golpe y solo había amenaza en su mirada.

—¿Hiciste que Allison terminase con Scott, Victoria?

++++

No tenía ni puta idea de donde fue que Lydia había sacado ese disfraz, pero no le importaba. Malia lo amaba y punto.

Adoraba la idea de poder ser invisible (o semi invisible), y el tener cola y orejas sensibles lo hacían solo mejor. Se había pasado la mitad de la noche robando besos y asustando a Kira y no veía que fuese a aburrirse de ello pronto. Hasta ella era consciente de que ambas parecían tan acarameladas como Boyd y Erica, pero no podía evitarlo.

Como para comprobar su teoría, la tejona miró hacia la pista de baile donde la prefecta estaba besándose con ese montón de pelo que era su novio y no pudo evitar la expresión de asco. Ok, nadie era como Boyd y Erica, pero ellas se acercaban.

—¿Qué miras? —preguntó en su oído la voz de su hermosa Alicia, y la sonrisa de Cheshire se extendió en sus labios.

—Miro a las asquerosas y enamoradas parejas de la pista ¿no te parece repulsivo? —acabó riendo cuando Kira le dio un golpe en el costado, girando hacia ella y cogiendo sus manos. Había interrogación en el rostro de la asiática y Malia solo le guiñó un ojo mientras le jalaba a la pista y acababa sujetando la cintura de su novia en vez de sus manos—. Estamos todos locos aquí. Yo estoy loca, tú estás loca. Baila conmigo, loca.

La música no era la típica de los clubs muggles a los que Malia está acostumbrada, pero tampoco es una soporífera. La música de moda de los magos nunca había acabado de convencerla, pero en el momento en que convence a Kira que mueva esas caderas que le dio su madre, decidió que ha encontrado su nueva canción favorita.

Se reían juntas mientras daban vueltas, chocando y rozándose en lo que siempre era una previa. No se besaron porque eso solo lo hacen las parejas aburridas como Erica y Boyd o… ¿esos eran Danny Mahealani y uno de los gemelos de Durmstrang metiéndose las lenguas hasta las gargantas? Eww. Al menos Danny había hecho desaparecer esa barba que le había visto hace un rato, por su papel de Merlín.

—Te juro que no estoy en contra del intercambio cultural —le gritó a Kira para hacerse escuchar— ¡Pero eso debería ser ilegal!

Su hermosa kitsune, que aparentemente no guardaba rencor contra Durmstrang (o al menos no lo demostraba) solo rió mientras se le acercaba un poco más. Malia hundió su nariz en el cabello hechizado de rubio de Kira y agradeció que el encantamiento no cambiara su aroma, porque era algo que adoraba.

No fue hasta que sintió las manos de su Alicia apretarle con fuerza que se despegó con curiosidad, solo para voltear a mirar lo que Kira parecía no desear que viese, topándose con la imagen de la Loba del Desierto entrando en el Gran Comedor, sin disfraz alguno. Había habido una incomodidad en Malia desde el momento en que vio a esa mujer, pero no entendía la urgencia de su novia a arrastrarle hasta una de las puertas laterales para salir del Gran Comedor. Aún quedaba al menos media hora de fiesta antes de que fuese medianoche pero decidió seguir los instintos de su chica. De todas formas no era como si pudiese emborracharse, por mucho ponche especiado marca Sciles que hubiese.

—¿Pasa algo? —acabó preguntando cuando estaban ya fuera del Gran Comedor y lejos de la música. Kira lucía algo apagada en su vestido celeste. Se encogió de hombros, y Malia ya iba a abrazarla cuando escucharon la puerta abrirse tras ellas. La coyote se giró bruscamente para ver quien las había seguido casi con las garras escapando, y se sorprendió y tranquilizó a la vez al distinguir a Theo Raeken—. Theo, casi me das un paro cardíaco.

—Lo siento, chicas —se rió el Gryffindor despreocupado—. Por cierto ¿habéis visto a Stiles?

Y Malia no sabía que era, si el mohín de los labios de Kira y las veces que ella le había preguntado por el extraño beso de Stiles de Theo, o quizás haber pasado años viendo a su amigo suspirando por el profesor de Transformaciones. Como fuese, por una vez decidió plantar cara al problema, involucrarse aunque no fuese su asunto en verdad.

—Mira Theo, no sé realmente que tienes tú con Stiles, pero ¿no puedes dejarlo en paz? En serio, tío, supéralo. Sabes que está estúpidamente enamorado de Hale y que no va a dejar de estarlo por mil besos que te des con él y todo lo caballeresco que te comportes —negó poniendo una mueca—. No estás enamorado de él así que ¿puedes dejarlo ya?

—¿Cómo sabes que no lo estoy? No necesito andarlo gritando o escribiendo por las paredes nuestros nombres encerrados en un corazón para estarlo —se defendió el Gryffindor, y aunque su tono es ofendido el brillo en su mirada no se apaga.

—Lo sé porque acabo de decirte que Stiles está enamorado de Hale y no hueles para nada a corazón roto. De hecho, hueles a desafío —gruñó la tejona y solo la detuvo la mano de Kira en su brazo de lanzarse hacia el frente.

—Bueno, no todos podemos ser nobles Hufflepuff que dejamos ir a los que queremos solo para que sean felices —le respondió mordaz Theo y eso es un insulto directo, porque Malia amó mucho tiempo a Stiles antes de aceptar por fin que nunca superaría la barrera infranqueable que era Derek Hale—. Que no me haya rendido solo significa que soy un Gryffindor ¿no crees, Kira? —la sonrisa del chico tenía dobles intenciones y Malia no lo entiende. A su espalda Kira huele a confusión también, así que probablemente no era la única—. Bueno, las dejo. Es Luna Llena y creo que daré un paseo por el Bosque. Quizás asuste a algunos chicos, creo que en Halloween siempre hay gente paseando por el Bosque Prohibido.

Malia apretó los dientes pero no dijo nada. Theo ya casi se había marchado por el pasillo cuando la voz de Kira se elevó, llamando su atención.

—Por cierto, Theo ¿de qué vas disfrazado? Me encanta el efecto de madera que le pusiste a tu piel.

Cuando el Gryffindor se volteó había una enorme sonrisa en su cara, la burla brillante en sus ojos. Malia tenía ganas de morderlo y entendía porque Stiles nunca había confiado en él.

—¿Te gusta? Por supuesto que soy Pinocchio.

—Ah, claro, por supuesto —asintió su novia y Malia solo puede rodar los ojos. Un disfraz ridículamente adecuado.

++++

Argent le había advertido que su lobo estaría alterado luego de los diez días inconsciente y que incluso iba a ser peor cuando fuese Luna Llena. Derek, preparándose para eso, había pasado las últimas noches convertido corriendo y aullando por el bosque, intentando apaciguar la sensación de encierro que presionaba a su parte salvaje. Creía que había funcionado, al menos había podido estar estable durante el día, en completo control. Si no lo hubiese estado jamás hubiese podido dejar escapar a Stiles luego del beso ligero que se habían dado antes del partido.

Todo estaría bien. Ese día, fuera de la pequeña pérdida de control que le dejó su compañero, estuvo estable. Esa noche era Luna Llena, así que una vez que el momento más peligroso pasase podría dedicarse con tranquilidad a seducir y conquistar a Stiles. A resarcir el tiempo que tuvo que mantenerse alejado. Iba a ser difícil de explicar sin mencionar que eran compañeros, pero iba a hacerlo. Todo estaría bien. Solo debía pasar la Luna en soledad y ya todo empezaría mañana.

Al menos ese había sido el plan.

Cuando escuchó la puerta de su despacho ser abierta, Derek se puso sobre sus pies enseguida. Había pasado casi una hora intentando escapar por la ventana para ir al bosque, pero por suerte Chris era lo suficientemente precavido como para poner la barrera allí también. Cuando escuchó la puerta pensó que era Chris, quizás le traería algo que comer, o quizás una liebre viva para que su lobo se divirtiera persiguiéndola por el cuarto.

Al abrir la puerta se encontró con una liebre, sí, pero no del tipo que esperaba. Por un momento estuvo demasiado sorprendido para decir algo, pero entonces su lobo rugió gritando “¡MÍO!” y Derek se ahogó. No, no. ¿Por qué?

—¿Stiles? ¿Qué demonios estás haciendo aquí?

Su tono era bajo y violento, intentando con todas sus fuerzas demostrar enfado y no la lujuria ansiosa que ardía en su pecho. Sabía que sus garras estaban afuera y su rostro mostraba el semi cambio lupino junto con el color antinaturalmente azul de sus ojos. Sabía que probablemente esa imagen asustaría a cualquiera, pero también sabía que no era la primera vez que Stiles le veía así. Dos veces le atrapó espiándolos cuando entrenaban en el bosque el año anterior, teniendo que castigarle porque él no tenía permiso para perderse en la espesura porque no era un hombre lobo. Y se lo había recalcado varias veces.

Las palabras “Tú no eres parte de la manada” habían quemado en su lengua, porque su lobo decía que sí, esa era la manada de Stiles. Iba a serlo en el momento mismo que Derek le reclamase. Hace un año no podía decírselo, no podía reclamarle y por eso las palabras dolían. Pero esta vez no había nada que se lo impidiese. No había nada que le impidiese a Stiles volverse parte de la manada finalmente.

—Eh… ¿no sé? Se supone que iba al Lago —la voz algo temblorosa del chico golpeó a Derek el que casi había olvidado que estaba allí, perdido en sus pensamientos. O quizás no, simplemente se había perdido demasiado en la imagen de su Stiles ahí enfrente, su compañero, con largas orejas marrones surgiendo de su cabeza y… ¿una caperuza roja?

—¿De qué se supone que estás disfrazado? —preguntó, y ese no debería ser su primer cuestionamiento, porque la pregunta de cómo entró y porqué debería ser más importante. ¿Y por qué diablos iba a querer ir al Lago? Y ese olor…— ¿Estás ebrio?

Stiles tenía la mirada un tanto perdida, pero por debajo del obvio aroma a alcohol había otros olores luchando por hacerse su espacio en la nariz de Derek. Sorpresa, anticipación, deseo… lujuria. Su lobo, demasiado a flor de piel por culpa de la luna, le obligó a avanzar hacia su presa, sus ojos azules bañándose en la imagen de su compañero a la media luz de las velas del despacho.

El chico retrocedió y eso solo hizo a su lobo querer perseguirle más. Avanzó más, paso tras paso a través de la habitación, y Stiles retrocedió, retrocedió hasta pegar su espalda a la puerta cerrada, y cuando Derek ya casi estaba saboreando el premio de la piel del adolescente… entonces chocó con la barrera.

Derek aulló cuando no pudo seguir avanzando, cuando Stiles quedó lejos de su alcance por tan solo unos estúpidos centímetros. Podía olerle, casi podía tocarle, pero ese casi era la distancia de aquí a la luna, en lo que a él concernía. Golpeó la barrera con los puños, y el sonido del golpe pareciera hacer estremecer al Gryffindor y el aroma a temor le alcanzó, calmando a su lobo enseguida, como si fuera magia.

—No, no. No, Stiles, no me temas —los rasgos lobunos de Derek dieron paso a su rostro humano mientras le suplicaba al chico, y cuando Stiles se dejó caer por la puerta hasta quedar con las rodillas pegadas al pecho, el hombre lobo también se arrodilló para estar a su altura—. Lo siento, solo… lo siento, es la Luna. Llevo tanto tiempo… yo… no quería…

—Está bien —dijo de pronto Stiles, calmado según lo que Derek podía oler. Sus orejas de conejo estaban gachas y Derek quería morderlas y como no podía, se mordió los labios, mirando a su compañero fijamente—. Es mi culpa, no debí entrar aquí.

—¡No! No es tu culpa —negó de inmediato el hombre lobo y quería tanto poder pasar la barrera, poder abrazar a Stiles, besarle y quitarle todo temor que pudiese sentir. Deseaba decirle que eran compañeros, decirle que jamás podría hacerle daño, incluso si lo quisiera. Decirle que ambos nacieron exclusivamente para el otro. Quería tantas cosas y en cambio no podía hacer nada.

Se quedaron mirando largo rato en silencio, Derek sentía como el lobo dentro de él se hacía un ovillo, arrepentido y solitario, porque a pesar de que tenía a su compañero casi al alcance de la mano, no podía sujetarle.

Stiles por su parte respiraba tranquilo, le observaba a la distancia protegido por el arco de la barrera de ceniza de montaña, abrazado a sus piernas sin decir nada y Derek creía que ese debe ser el mayor tiempo que Stiles había estado sin decir palabra. Normalmente no podía aguantar el sonido del silencio, debiendo rellenarlo con cualquier estupidez que hubiese leído en la biblioteca o en una de esas computadoras muggles. Scott estaría sorprendido si supiese que su amigo no era realmente incapaz crónico de mantenerse callado.

—Soy la Liebre de “Alicia en el País de las Maravillas” —la voz del Gryffindor interrumpió los pensamientos del hombre lobo de pronto, el que se acomodó sobre sus tobillos, aún arrodillado para poder ver a Stiles a los ojos. Nunca había escuchado de esa tal Alicia y Stiles pareció darse cuenta así que comenzó a contarle la historia con voz calmada, como si tuvieran toda la noche.

Y quizás la tuviesen.

Derek no sabía cuánto tiempo había estado escuchando la historia. La voz de Stiles le arrulló y parte de él sentía deseos de recostar la cabeza en el regazo del chico y la otra quería que fuese Stiles quien se subiese a su regazo, para besarle en cada pausa de la historia que hiciera. Porque quería seguir escuchando el cuento que era interesante, hilarante y sin sentido, pero interesante. De alguna forma no le sorprendió saber que era un libro que Cora amaba y que por eso su hermana aceptó participar en la idea de Lydia Martin de hacer disfraces en conjunto. Lo de los gemelos de Durmstrang había sido una casualidad, al parecer.

—Así que tú acabaste siendo la Liebre y Scott el Sombrerero —comentó Derek cuando la historia terminó y la Luna había avanzado un buen tramo en el cielo.

—¡Si! Lahey quería ser Peter Pan, así que Lydia secuestró a Liam Dunbar para que fuese el Conejo Blanco. Cuando lo vi agradecí mis orejas marrones, aunque antes las odiaba. Las blancas son demasiado ridículas. La cola de pompón de Dunbar es irresistible, es necesario apretarla —la risa de Stiles calentó el pecho de Derek quien hacía rato había cambiado su postura a una más cómoda. La barrera aun separándoles, pero el temor de Stiles olvidado.

—Lástima habérmelo perdido. Seguro que Tate de ese gato se veía divertida.

—Ni que lo digas. Pero quizás puedas verlo. Había alguien de Hufflepuff tomando fotos y Lydia exigió que nos tomásemos una grupal. No se lo iba a pedir a Daehler, porque después del beso… ¡Oh, Circe! —exclamó de pronto Stiles, sobresaltando a Derek. La sonrisa que atravesó el rostro de su compañero era tan brillante que su preocupación se desvaneció de inmediato— ¿Te dije que Lydia besó a Allison en medio de la fiesta?

¿Qué? No.

—¡Fue tan increíble! ¡Imagínalas vestidas de la Reina y el Rey de Corazones! Acababan de darle un palmo de narices a Matt, y la madre de Lydia miraba de un rincón y entonces…

Derek se quedó escuchando el relato del Gryffindor con atención y una semi sonrisa en los labios. La risa de su compañero y su aroma casi calmaban la necesidad que tenía de sujetarle entre sus brazos, y aunque no era suficiente, era bastante más de lo que pensó iba a poder tener antes del cumpleaños de Stiles en abril, así que lo agradecía.

Parpadeó lentamente observando las figuras de sombras que las llamas de las velas creaban en esa piel pálida y manchada de lunares, y no fue hasta que vio su mirada sorprendida y sus labios apretados que notó que está callado.

—¿Dijiste algo? —preguntó, casi en disculpa.

Stiles negó lentamente, pero siguió mirándole. Derek tragó saliva, porque aunque no tenía sus garras extendidas quizás sus ojos estaban azules y eso sea lo que confundía a su compañero. Quería preguntarle qué pasaba, pero entonces el chico habló.

—Estás sonriendo.

Oh, bueno. Si, probablemente estaba sonriendo. ¿Era acaso tan extraño? Estaba feliz. Cuando se encogió de hombros una sonrisa se extendió también por los labios del menor y de pronto pudo oler que ya no estaba tan ebrio como al comienzo.

Le vio empezar a ponerse de pie y él se paró enseguida también. Su lobo estaba de pronto atento, con todos sus sentidos despiertos, temiendo que Stiles fuera a irse. No podría hacer nada para evitarlo de todas formas y quizás eso fuese correcto. Stiles debería ir a dormir para quitarse el alcohol de la sangre y Derek necesitaba que la Luna se ocultase para dejar de temer a alguna reacción descontrolada de su lobo. Debería dejarle ir, debería decirle que se fuese.

Pero no podía.

—No me has preguntado por la caperuza —comentó de pronto Stiles y Derek podía olerle. Podía sentirle. Casi podía saborearle.

—No. No te preguntado —su voz había bajado tres tonos y si sus ojos no estaban brillando antes, están brillando ahora. Tuvo que apretar los puños para forzar a las garras a mantenerse donde debían, la barrera pareciéndole aún más ofensiva ahora—. ¿Por qué llevas una caperuza roja, Stiles?

Quería gritarle que no. Que se fuera. Quería decirle que era peligroso. Pero no hizo nada de eso.

En cambio observó y disfrutó cada milímetro que el muchacho eliminó entre ellos, poniendo su energía en controlar sus propias ansias. Le vio avanzar y cuando hubo cruzado la barrera y pudo sentir su calor casi a quemarropa, su garganta vibró en algo que podía ser un gruñido o un ronroneo y no le importaba identificarlo.

—Para tentarte mejor, Profesor.

El beso fue violento y necesitado. Derek trató de recordarse que era tan solo el segundo beso que se daban, pero cuando Stiles tuvo sus piernas rodeando su cintura y él tenía sus manos en esas redondas y blandas nalgas sobre las que había, jodido Merlín, una cola de liebre… ya no pudo pensar en nada.

El lobo tomó total control de su cuerpo mientras cargaba a Stiles hacia uno de los libreros, empujándole contra los libros mientras le besaba ansiosamente, sus colmillos siendo frotados por la lengua húmeda del adolescente quien enredaba sus manos en el cabello oscuro del hombre lobo. Parte de su consciencia le dio el pensamiento de que si seguía besándole así su barba dejaría marcas sobre la piel del menor, pero en verdad no le importaba. «Mejor. Que todos sepan quien le dejó esas marcas» pensó mientras mordisqueaba los labios llenos del Gryffindor, quien se deshacía en sus brazos entre gimoteos.

Pudo sentir su miembro endurecido empujarse contra las nalgas cubiertas de Stiles, mientras la propia dureza del chico se frotaba contra su abdomen. Las emociones eran demasiadas y el contacto era demasiado brusco para que cualquiera durase, pero no importaba. Tenían toda la noche y Derek lo único que podía pensar era en marcar cada trocito de piel que encontraba disponible.

Chupó y besó el cuello de su compañero, deteniéndose en cada lunar, adorándolo con su lengua y teniendo que controlarse para no pegar un mordisco allí mismo en esa piel nívea y cremosa. Mientras se empujaban el uno contra el otro, sus manos masajeaban esos montes suaves y uno de sus dedos se enfocó en acariciar justo entre ellos, sobre la entrada que lo único que deseaba era vulnerar de una vez. Los gemidos de Stiles aumentaron ante esto, y cuando Derek miró a su rostro se empapó con su expresión necesitada, las mejillas encendidas y, joder, esas orejas sensuales de liebre moviéndose al ritmo de sus embistes.

Quería morderlas, quería estrujarlas. Quería tirar de ellas mientras Stiles le tomaba con su boca. La imagen de Stiles de rodillas de pronto fue demasiado para él y, como si estuviesen sincronizados por su mismísima magia, Derek sintió como el chico se arqueaba en el mismo momento que él lo hacía, corriéndose ambos sin siquiera haberse quitado los pantalones.

—Derek, Derek —gimió Stiles mientras tiraba de su cabello para atraerle a un beso, estremeciéndose por el orgasmo, y el hombre lobo no pudo más que corresponderle mientras ahogaba el rugido que le trajo su propia liberación.

Se siguieron besando lento y húmedo contra el librero. A Derek no le importaba, pero una vez saciado el lobo a medias, su consciencia regresó y pudo notar que había un buen montón de libros tirados en el suelo, probablemente a causa de los bruscos movimientos de ambos contra la estructura.

Stiles siguió besándole, pero sus piernas cayeron por el agotamiento y Derek le permitió bajar, inclinándose apenas para poder continuar el beso mientras se preguntaba ¿en qué momento su compañero se volvió tan alto? Aún podía recordar el primer momento en que le vio, caminando felizmente a ser seleccionado; aún podía escuchar su “¡SI, GENIAL!” cuando el Sombrero le envió a Gryffindor, a la casa que había sido de su padre y a la que su amigo Scott había sido enviado momentos antes. En ese momento Derek aún no sabía que tan importante sería ese chiquillo para él, pero aun así no había podido olvidar su expresión al correr a la mesa que una vez fue suya.

Depositó un último beso en los labios de Stiles antes de apoyar su frente contra la suya, la calidez de tener a su compañero entre sus brazos embargándole, casi haciendo que tuviese deseos de llorar. Por fin. Había pasado tanto tiempo.

—Eso… —Stiles lamió sus propios labios y ese gesto inocente casi forzó que volviese a besarle, pero se quedó quieto, esperando—. Eso fue… genial —dijo al fin el chico y el brillo de sus ojos le dirían todo si es que no pudiese olerlo por sí mismo.

Marcado. Suyo. Quizás no de la forma que le gustaría aún, pero… había tiempo. Eran compañeros, al final. Tenían toda la vida.

El pensamiento casi le hizo gemir patéticamente por la felicidad.

—Si. Genial.

Se quedaron otro instante así, pegados y juntos, antes de que Stiles se aclarara la garganta. Derek lo entendió sin palabras y le soltó, notando que sus manos seguían en las nalgas del chico, joder. Qué manera de mantener el control, Derek.

—Creo que esto no nos gustará a ninguno pero…

Por un momento Derek no comprendió sus palabras, pero cuando vio a Stiles correr su lobo reaccionó por instinto y le persiguió aún más rápido. Atravesaron el despacho en dos segundos, pero Stiles consiguió pasar la barrera justo antes que la mano del hombre lobo lograse atraparlo, ganándose un aullido de frustración. Cuando el adolescente se giró, con la respiración agitada por la corta pero brusca carrera, había una sonrisa en sus labios y una expresión de superioridad en su rostro.

—No creas que me perdí del hecho de que estás tras una barrera de cenizas de montaña por algo, Derek. Quizás estés casi en control, pero ese casi es bastante importante para mí, verás… no quisiera que te diese un ataque de posesividad justo antes del amanecer y despertar con un bonito tatuaje de mordida de lobo —pudo escuchar el sarcasmo y la rebeldía habitual en el tono de Stiles y la lujuria le golpeó aún más fuerte. Ese era su compañero. Su equilibrio. Ese desafío al que no podía resistir—. Así que… si quieres puedes tomar esto como mi venganza por lo intempestivo del beso de la mañana, Profesor —le ronroneó sacando la varita y haciendo un Alohomora para abrir la puerta. Derek solo pudo gruñir de frustración.

—¡Stiles!

—Que pases buena noche, Derek —le guiñó un ojo el chico antes de salir del Despacho, dejándole solo.

Si, bueno. Bonita venganza había tenido, el condenado león.

Acercándose a la ventana Derek permitió todos sus rasgos de lobo aparecer y aulló con fuerza mirando hacia la Luna, pero la añoranza y la tristeza que le acompañaban ya no existían y en cambio solo quedaba algo cálido que brillaba en su pecho: esperanza. No mucho después el hombre lobo se quedó dormido a pesar de la luna llena y por una vez en mucho tiempo había una sonrisa en sus labios cuando sus ojos se cerraron.


NOX

 

Chapter Text

Era tan difícil de creer, tan ridículamente perfecto, que Stiles no había hecho ni un intento de parar a considerar lo que había ocurrido en el despacho de Transformaciones. Para el momento en que llegó a la Torre de Gryffindor aún los más fiesteros habían caído, ya sea en los sillones de la Sala Común o de plano en el suelo. Porque que la fiesta oficial acabase a medianoche no significaba que no siguiesen festejando en las Salas Comunes, y allí no era necesario ocultar las botellas de Whiskey de Fuego… a menos que llegase Finstock a inspeccionarlos, pero las noches de fiesta el Jefe de Gryffindor era el que más bebía, así que no había peligro.

Luego de hacer un Finite Incantatem a las orejas y la cola y desnudarse, Stiles simplemente se metió a la cama, no sorprendiéndose de ver la de Scott vacía, ya que era Luna Llena y probablemente tenía una de sus fiestas de “Licántropos Only”… aunque esa noche Derek no iba a estar allí acompañándoles.

Normalmente pensar en Derek no era una buena idea una vez que se había metido en la cama, pero esa noche el cansancio del partido, la fiesta, el alcohol y… lo que sea que hubiese pasado en ese despacho le cobraron la cuenta y apenas apoyó la cabeza en la almohada estaba dormido.

El primero de noviembre cayó domingo, así que cuando Scott trató de despertarle para el desayuno simplemente se lo quitó de encima con un par de “quita, chucho sobrexcitado” y siguió durmiendo hasta que era casi hora de almorzar, algo que con su eterna hiperactividad era casi legendario, porque no solía dormir más de 5 o 6 horas un día cualquiera.

No quería realmente despertar y enfrentarse a la realidad, pero sintió como si hubiera alguien picándole por encima de la colcha y era realmente molesto. No podían culparle si al abrir los ojos pensó que seguía soñando, porque Cora Hale sentada a los pies de su cama no era lo que uno esperaba ver apenas abría los ojos.

—¡¿Qué diablos…?! ¡Cora! —exclamó al reaccionar a que la visión era real, tapándose todo lo que podía porque se había acostado en ropa interior y, casi más grave, aún no había pasado por un espejo para ver si había rastros en su cuerpo de lo ocurrido la noche anterior. Porque, sí, no había olvidado nada, y su primer instinto era protegerse de los ojos escrutadores de… su cuñada.

Merlín, hasta pensarlo le revolvió el estómago y su cabeza martilleó. Eso, o tenía una resaca para el recuerdo.

—Oh, por favor, Stiles. Ni que tuvieses algo extraordinario que ocultar —dijo la chica y el brillo malvado de sus ojos hizo a Stiles aferrarse aún más a su cobertor— ¡Vamos, déjame ver!

—¡Vete, Cora!

—¡Solo quiero dar un vistazo! —insistió la mujer lobo mientras reía y Stiles se metió aún más adentro de la cama, gritando que le dejase en paz mientras se envolvía en la ropa de cama como un taco, sintiendo como esa loca intentaba desenvolverle del capullo protector que había formado a su alrededor.

—Cora, por Merlín. Cualquiera va a pensar que quieres aprovecharte de la inocencia del pobre Stiles —dijo una voz reprobadora y Stiles gimió, porque cuando imaginaba a Lydia Martin en su habitación no era en esas circunstancias—. Además, eres una bruja. Usa tu varita. Evanesco.

—¡Lydia! —gritó avergonzado Stiles, cogiendo la almohada y tratando de cubrir sus vergüenzas con ella al haber desaparecido todo lo que cubría el colchón.

Frente a él estaban Cora, Allison y Lydia mirándole interesadas mientras la puerta era bloqueada por una sonriente Malia, probablemente para impedir que Scott o alguien más entrasen. Al ver las sonrisas salvajes de Cora y Lydia extenderse en sus rostros, Stiles supo que habían encontrado lo que habían querido ver y que Derek no había sido sutil al dejar sus marcas. Jodido hombre lobo.

—¿Saben que es terriblemente injusto que las chicas puedan entrar al ala de los chicos pero no se pueda al revés? —preguntó irritado y avergonzado, tirándole por la cabeza la almohada a Cora, ya rendido. Su cabeza dolía por el alcohol bebido anoche y no estaba de ánimo para aguantar a las tres hermanas feas de la Cenicienta interrogándole.

—Eso es porque los fundadores de este gran Colegio eran muy inteligentes, querido —le sonrió Lydia mientras elevaba las cejas, chocando la palma que Cora le mostró, Allison simplemente rodó los ojos pero sonrió de igual forma.

—Es sexismo, eso es lo es —insistió Stiles, dejándose caer en el colchón mirando al techo.

Odiaba tener amigas. Las odiaba a todas.

A todas menos a Kira, que entró en ese momento y, si Stiles no se equivocaba, eso que traía en la mano era una poción anti resaca. Ella era la buena, a ella la amaba, sí.

++++

Luego de la Fiesta del día anterior había recaído en Peter la responsabilidad de sacar a “dar una vuelta” a los cachorros de la manada, ya que Derek se estaba ocupando de su problema de descontrol en su habitación. Ya que no tenía las limitaciones de los chicos y podía salir cuando le daba la gana, esos paseos no tenían el mismo valor para él que para los jóvenes lobos, pero aun así Peter había acabado disfrutando el correr bajo la luz de la luna llena en compañía de Isaac Lahey, Scott y Cora.

Había ocasiones en que otro de los lobos del colegio, aunque no fuesen del clan, se unían en esos paseos, Theo Raeken o Malia Tate, sin embargo ninguno apareció esa noche. No, quien apareció fue otra persona, otra cambiaformas, cuyo aroma Peter sintió de lejos, obligando a los adolescentes de cambiar su rumbo mientras él se quedaba quieto, aguardando.

Mentiría si dijese que no se sorprendió al ver aparecer a ese majestuoso can, no un lobo realmente pero bastante semejante, largo y de pelaje marón grisáceo. Los ojos brillantes del depredador eran amenazantes, pero Peter manifestó todo su potencial de alfa para demostrarle que ese era su territorio y fue aceptado, de mala gana, pero aceptado.

Ver alejarse a la Loba del Desierto no calmó a Peter, no hasta que regresó sobre sus pasos para encontrar a los cachorros, atento a cualquier persecución. Al final nada había ocurrido, pero el hombre no olvidó esa mirada amenazante ni el hecho de que era un cambio total. Una cambiaformas evolucionada, como Talia.

Cuando ya de madrugada de vuelta en el castillo los chicos iban de regreso a sus habitaciones, Peter se dirigió sin dudar hacia la biblioteca, comenzando a investigar qué clase de animal era esa mujer que no conseguía sacar de su mente, y no en el buen sentido.

Solo le tomó dos libros de naturaleza encontrar un dibujo y una descripción, sintiéndose estúpido porque no era como que la bruja estuviese ocultándolo. Coyote, lobo del desierto. Cánido americano, pariente de los lobos. Peter les conocía de nombre, pero nunca había visto uno en persona. La existencia de la mujer le molesta, le irritaba el recordar sus palabras y… ¿Malia Tate no era una mujer coyote?

Abriendo los ojos con sorpresa ante el pensamiento que le había atacado, Peter se puso de pie, saliendo de la biblioteca y dirigiéndose hacia el despacho de Herbología, sin importarle que difícilmente fuesen más de las siete de la mañana. Estaba a punto de tocar para exigir a Natalie Martin que le permitiera acceder al expediente de Tate, en su posición de sub directora, pero se detuvo en el último momento.

No. La mujer se iría hoy. ¿De qué le servía apresurarse y ponerse en evidencia por una información que ni siquiera sabía será útil o tenía que ver con él? No, Peter no era estúpido. No era un Gryffindor impulsivo como Derek, era un Slytherin, y los Slytherin pensaban muy bien sus pasos antes de moverse.

Cuando al almuerzo vio a la mujer estrechar la mano de Deaton con una expresión que a duras penas ocultaba el asco, Peter debió insistirse que tomó la decisión correcta. Con la Loba lejos de Hogwarts tendría todo el tiempo del mundo para averiguar lo que quisiera, y lo primero sería hablar largo y tendido con Deaton, porque el druida no podía escapársele para siempre.

—Fue un placer tener con nosotros a la delegación de Durmstrang. Esperamos que todos hayan tenido una experiencia satisfactoria en estos días y que en el próximo enfrentamiento entre nuestros equipos de Quidditch en Marzo reine el mismo espíritu deportivo del día de ayer.

Todos los alumnos aplaudieron a las palabras de su director, pero Peter pudo ver tantas sonrisas sarcásticas que le dieron ganas de carcajearse. Si, por supuesto, porque el partido del día anterior estuvo lleno de espíritu deportivo.

Su mirada buscó a Kira Yukimura, la buscadora que casi fue derribada de la escoba, para disfrutar de su expresión probablemente ofendida, pero la encontró sonriendo tranquila en la mesa de Hufflepuff, a un lado de Malia Tate. Peter observó a la tejona con interés un momento, antes de mirar hacia Gryffindor para notar con diversión algo que nunca había ocurrido. Insólito. Sospechoso.

—¿Has visto? Stilinski está usando bufanda. Creo que el día más frío del invierno pasado estuvo teniendo una batalla de bolas de nieve en camiseta y pantalones cortos ¿no crees que es extraño que sienta frío ahora? —preguntó descuidadamente hacia su sobrino, solo ganándose un gruñido como respuesta—… quizás esté enfermo. Puede que me ofrezca como su enfermero personal…

La mano de Derek en su brazo apretó con tanta fuerza que Peter no pudo evitar la risa, antes de palmear esos dedos fuera de su cuerpo. Y es que la expresión posesiva del rostro de su sobrino era un placer de observar. Se divertiría tanto de ahora en adelante poniéndole celoso, ya lo estaba anticipando. Sin embargo, necesitaba calmar a este lobo. Porque quizás Derek no fuese ya un adolescente, pero aún era dolorosamente joven en muchas cosas.

—Me alegro por ti, sobrino —le dijo guiñando un ojo, mientras Deaton concluía el discurso que había seguido mientras Peter se distraía.

Derek pareció avergonzado de su exabrupto y en disculpa le ofreció una pequeña sonrisa que Peter atesoró, porque Derek casi no le había sonreído desde que Paige había muerto hace ya diez años y él había extrañado ver esa sonrisa de conejo.

—No nos queda más que desearles un buen viaje a todos los alumnos del Instituto Durmstrang y a su entrenadora. Que sepan que las puertas de Hogwarts siempre estarán abiertas para aquel que lo necesite.

Y había algo en el tono del druida que le decía a Peter que ese último mensaje no incluía a la Loba, y eso le alegraba.

++++

Nadie se había hecho realmente amigo de los de Durmstrang, pero al momento de finalizar el almuerzo de despedida la mayoría de los enormes chicos y chicas tenían a alguien de Hogwarts a quien decir adiós. Quizás se debía principalmente al alcohol con el que Scott y Stiles llenaron las poncheras la noche anterior, pensó Liam, lo que llevó a una cadena de efectos que concluyó con casi todos los de Durmstrang morreándose con alguien del otro colegio. Incluso ese cazador que casi tiró a Kira, y Liam no tenía idea quien era esa Ravenclaw rubia de séptimo que le estaba haciendo ojitos, pero pensaba odiarla toda la vida (o hasta que ella se graduara) porque ¡hay que poner un límite, por favor!

—¿No vas a despedirte de tu amigo? —le preguntó al oído una voz, sorprendiéndole. Al girarse a mirar pudo ver a un sonriente Scott quien le hacía un gesto con la cabeza hacia Brett, uno de los únicos que no estaba despidiéndose de nadie del colegio.

—No es mi amigo, si me preguntas, es lo más lejano a un amigo que puedo tener —gruñó el Slytherin, y se lamentaba de haber quedado mirando demasiado tiempo a los de Durmstrang ganándose esa mirada sospechosa de su Co-Capitán. Debió marcharse enseguida.

—Bueno, siempre podemos hacerle una declaración de guerra para que no se olvide que la de ayer no fue la última batalla —el comentario inocente de Scott sorprendió a Liam, quien le miró fijamente un momento como considerándolo.

Al final ambos se empezaron a acercar al grupo de Durmstrang, y antes de darse cuenta estaban siguiéndoles Kira, Stiles, Isaac y Boyd, Scott siempre a su derecha. No sabía de donde apareció, pero cuando miró a su izquierda pudo ver a un ceñudo Jackson, y cuando Danny se unió con un suspiro a la comitiva, alejándose del gemelo del que no se había separado desde la noche anterior, era todo el equipo de Quidditch el que estaba parándose enfrente de los de Durmstrang y el silencio se expandió como una ola por el Gran Comedor.

La gente dejó de despedirse para observar lo que sucedía y Liam se hubiese podido sentir algo intimidado por las miradas de esos enormes extranjeros, pero estaba siendo franqueado por sus dos capitanes y todo su equipo estaba cuidando sus espaldas, así que no tenía miedo. No tenía miedo, y eso era lo que esperaba que su mirada trasmitiera a Brett en el momento que sus ojos se cruzaron. No tenía miedo y por una vez tampoco había furia quemando en su pecho, solo serenidad. Seguridad en sí mismo. No estaba solo, y no tenía por qué estar asustado.

—Venimos a decirles que tengan un buen viaje —indicó con soltura Scott, rompiendo el pesado silencio que se había adueñado de ese sector del Gran Comedor—. Que disfruten su próximo partido con Beauxbatons y se preparen, porque en febrero ya no seremos los mismos.

—Traducción de Inglés a Idiota, para que nos entiendan: Vamos a patear sus traseros tan fuerte en vuestro propio terreno, que antes de que el partido termine van a estar haciendo los papeles para cambiarse de escuela por la vergüenza —sonrió burlón Jackson, mientras se escuchaban risas de los estudiantes de Hogwarts de alrededor.

—¡Auch! —oyó Liam a Stiles y no pudo evitar sonreír ampliamente.

Los estudiantes de Durmstrang parecían enfadados, pero Liam pudo ver algunas sonrisas veladas por allí. El deporte no era solo jugar en la cancha, se dio cuenta en ese momento, esto también era parte de eso. La rivalidad.

La rubia capitana de los extranjeros dio un paso al frente entonces, cruzando sus brazos haciendo destacar sus prominentes senos y hablando con un acento tan marcado que el Slytherin apenas era capaz de comprenderle, sin embargo la pulla ardió igual.

—A ver si para el próximo partido traen un buscador que resista más que un pequeño empujón.

—Y recuerden meter piedras en sus bolsillos —habló de pronto Brett, mirándole directamente a él—. Hay vientos fuertes en casa, no queremos que se vuelen vuestros pequeños jugadores por las corrientes y nos acusen de hacer trampas por ello.

Las risas de los de Durmstrang abundaban, pero Liam no se enfadó. Sonrió y elevó las cejas, haciendo que Brett frunciera el ceño. Seguramente no esperando esa reacción a sus palabras, no cuando solía saltar a la menor insinuación de su pequeño tamaño.

—Oh, no te preocupes por eso, Brett, iremos preparados. Además, ¿cómo es que dice el entrenador Finstock? —preguntó en voz alta, mirando hacia atrás y viendo las sonrisas burlonas surgir de todo su equipo, antes de mirar al frente y hablar los ocho como una sola voz:

—“Mientras más grande el rival…

La llegada de la entrenadora de los de Durmstrang, que había salido del Gran Comedor con el Director, acabó ese pequeño enfrentamiento. La mujer ladró órdenes en el otro idioma, las que los extranjeros se apresuraron a obedecer, mirando de mala manera a los del Equipo de Hogwarts mientras abandonaban el lugar.

—Escríbeme —dijo a medio camino entre un grito y un susurro Danny, mientras el tal Ethan le lanzaba un beso siendo jalado por su gemelo.

—¡Te enviaré una lechuza apenas llegue!

Liam estaba negando con la cabeza ante el intercambio de la extraña pareja, cuando recibió dos manos en sus hombros. Se sorprendió al ver la sonrisa de aprobación en Jackson antes de que se marchase, pero la sonrisa en los labios de Scott era aún más bienvenida que la de su compañero de casa.

El equipo se empezó a deshacer al haber desaparecido el enemigo, pero Scott se quedó allí mirándole a los ojos. Liam casi se sentía nervioso bajo su mirada y el toque caliente de su mano, pero no se movió. No hasta que Scott separó los labios para hablar.

—Supongo que debes estar cansado por el partido de ayer y la fiesta, pero…

—Sí, sí quiero —dijo de inmediato el Slytherin, parpadeando al ver la expresión de sorpresa de Scott—… estás hablando de ir a entrenar, ¿verdad? —preguntó de pronto receloso y avergonzado, temiendo haberse confundido. Pero Scott sonrió ampliamente y asintió.

—Stiles está cansado, así que me preguntaba…

—¡Si, vamos! Encontrémonos en quince minutos en el Campo, para tener tiempo de ir a buscar el equipamiento —asintió rápidamente Liam, porque él siempre tenía energías extras, y Scott estaba riendo, lo que le confundió un poco, pero no le molestaba.

—Vale —asintió Scott también, apretando su hombro y dejándole ir finalmente.

Liam se quedó mirando su espalda mientras le veía acercarse a Stiles y Cora Hale, pero pronto reaccionó, moviéndose para dejar el Gran Comedor. Equipamiento y escoba, sí.

Casi no podía esperar a marzo para tener la revancha contra Durmstrang, pero antes de eso les tocaría enfrentar y derrotar a Beauxbatons en su propio terreno en Francia. El peso ligero en su pecho le decía que ese año lucía realmente prometedor.


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A las semanas después de Halloween Stiles las llamó “La Gran Resaca”, y no es solo porque la mayor parte de la población del castillo mayor a 15 años despertó el 1 de noviembre con una resaca de leyenda (como él), sino porque luego del partido contra Durmstrang y la fiesta posterior, Hogwarts se vio atrapado en un ambiente de letargo y calma que reprimió cualquier intento de algarabía del cuerpo estudiantil.

Los estudiantes se sumergieron en sus estudios y los profesores regresaron a sus violentos ataques verbales, recordándoles que los TIMOs y los EXTASIS no tomarían descansos por el Quidditch. De todas formas el siguiente partido del equipo del colegio sería antes de navidad y en terrenos de Beauxbatons, así que todo el mundo pareció olvidar el deporte por un rato y focalizarse en sus propios asuntos. Incluso Finstock había cancelado los entrenamientos las dos primeras semanas de noviembre por las lluvias torrenciales y porque algunos jefes de casa se habían quejado de la disminución del rendimiento de sus estudiantes. Y debía estar hablando de Natalie Martin, la Subdirectora y jefa de Ravenclaw, porque Stiles no creía que Peter Hale o el mismo Finstock hubiesen levantado la voz en contra del Quidditch. Tampoco podía imaginarse al padre de Kira porque en el último partido había estado más emocionado incluso que los estudiantes, según comentó la buscadora.

Ahora tenían tiempo libre, tiempo que normalmente Stiles gastaría yendo a la biblioteca, planeando alguna trastada para Finstock, molestando a Peeves o intentando ligar a Scott a la morena de turno, sin embargo ahora no hacía nada de eso. ¿Por qué? Bueno, porque ahora se había hecho un profesional en el arte de espiar y rastrear hombres lobo por todo el castillo. Pero no, no a cualquier hombre lobo. Uno en particular, uno que se escapaba apenas le olía, suponía, porque le costaba más encontrarlo solo que conseguir que su padre comiese una fuente de ensalada. Y eso solía ser una tarea imposible.

¿Qué cómo estaba su relación con Derek? Bueno, estaba bien. Estaba mejor que cuando era ‘Inexistente’, suponía. Cuando conseguían privacidad se besaban y rozaban, incluso charlaban en ocasiones especiales, pero… ¿ese fuego de la noche de Halloween? ¿Esa necesidad salvaje? ¿El correrse el uno contra el otro? De eso no había nada y Stiles estaba cada día más frustrado porque no conseguía ni lo que deseaba del mayor ni tampoco explicaciones.

Así que buscó venganza. No dejó de buscarlo ni besarlo, porque eso sería un castigo contra sí mismo, pero se vengó de la forma más efectiva que se le ocurrió que no era coquetear con Theo (porque no era homicida, no quiere que Derek mate a Raeken; y además Theo parecía estar saliendo con una Slytherin): intentó seducirlo.

—Aquí está mi trabajo y el de Scott, Profesor Hale —murmuró Stiles mientras dejaba sobre la mesa del profesor los pergaminos del último ensayo que les envió el maestro de Transformaciones.

Estaban en medio de la clase y todos los alumnos de Ravenclaw y Gryffindor de sexto estaban mirándoles. Ellos por supuesto solo podían ver la espalda de Stiles y, aunque quizás los lobos pudiesen oír la forma en que había ronroneando el título de Derek, él sabía que no podían ver la forma en que se humedeció los labios con la lengua en un intento de lucir tentador.

Stiles no necesitaba sentidos sobrenaturales para distinguir el cambio en la respiración del mayor ni como sus ojos se enfocaban en sus labios, a pesar que los de él estaban apretados en una fina línea, un tic en la mandíbula manchada por la barba oscura. El Gryffindor sonrió levemente mientras se mantenía en el lugar, sabiendo que ya había pasado demasiado tiempo al frente como para ser normal. Y fue que por algo esperó para ser el último en entregar su trabajo, para evitar que cualquiera pudiese interrumpirlo.

Derek tragó saliva, pudo ver su nuez moverse por el movimiento y entonces habló, enfadado. Stiles lo anotó como una victoria.

—Bien. Vuelva a su asiento, Stilinski.

Cuando Stiles se giró y caminó hacia su amigo pudo ver las sonrisas de aprobación de Lydia y Cora mientras Scott tenía los ojos cerrados con resignación. Trató de no mirar hacia Theo mientras se sentaba con su mejor amigo y aguantaba toda la clase en silencio, aunque no se perdió de ningún movimiento del profesor que jamás dirigió sus ojos hacia los suyos.

Cuando abandonaron el salón Scott ni siquiera esperó que se alejasen veinte metros para golpearle el brazo con el puño. Fuerte.

—Auuuch, Scott. ¡La fuerza! ¡Controla la fuerza! Humano frágil, ¿recuerdas? —se quejó sobándose la zona golpeada, pero el lobo adolescente le miró entrecerrando los ojos con algo de enfado.

—¡Vamos, Stiles! Trata de controlarte ¿quieres? —le siseó cogiéndole del mismo brazo que golpeó para hacer que se apresurase en sus pasos y alejarse de los compañeros que se dirigían al Gran Comedor a almorzar. No fue hasta que se encontraron en un pasillo vacío franqueado por una vieja armadura que Scott volvió a hablar—. Podía sentir claramente el aroma a seducción que estabas emitiendo para Derek. Tus feromonas estaban vueltas locas ¿Quieres que te ataque en medio de la clase o qué?

Stiles se sintió ofendido por el tono de reclamo de Scott, liberándose de un jalón de su agarre. No entendía porque su amigo estaba hablando de eso. No era para tanto ¿qué importaba si intentaba seducirle un poco? Derek estaba en control. Scott no tenía idea de lo que hablaba.

—No es mi culpa que ustedes tengan esos sentidos súper desarrollados —atacó con mordacidad, entrecerrando los ojos—, no es como que pueda controlar tampoco a lo que huelo. ¿Qué diablos quieres que haga? No es tu problema.

—¡Es mi problema cuando mi mejor amigo anda poniendo de nervios a mi hermano de manada! —exclamó Scott y había un brillo en su mirada que Stiles solo vio aquella lejana ocasión luego de su mejor amigo ser mordido, cuando intentó asesinarle en los camerinos, obligándole a defenderse a punta de varita. Stiles tragó saliva, pero se forzó a no amilanarse por el recuerdo—. ¿Crees que para él es fácil? —su tono había bajado de nuevo, probablemente consciente de que alguien podía oírles—. Es un profesor y tú su alumno, eres menor de edad… ¡y él es un hombre lobo!

—¡No pensé que lo último fuese a ser un problema! Creí que ya estábamos en el punto en que sabemos que no es un maldito problema —no pudo evitar quejarse acusadoramente, y el brillo de amenaza en Scott se redujo hasta desaparecer.

Hubo una caída en sus hombros, un suspiro adolorido que desvaneció el enfado de Stiles también, porque Scott se veía deprimido, débil, y él siempre había odiado ver a su amigo así, incluso cuando no era un hombre lobo y una carrera desde los dormitorios a la Sala Común le provocaban un ataque de asma. Quería decirle algo, pero el lobo se adelantó, apoyando una mano en su hombro.

—No para nosotros, no para ti. Pero para los demás sigue siéndolo, Stiles. Puede que Talia haya cambiado muchas opiniones, pero hay otras que… —Scott negó con la cabeza y Stiles mordió sus labios, porque odiaba no poder contradecirle—. Por eso, entre otras cosas, deben ser cuidadosos. Debes ser cuidadoso. Derek no se controla porque sí. Créeme, si pudieses olerle cuando está cerca de ti… —la mueca de su amigo de pronto hizo reír a Stiles, el que apretó la mano que el otro aún tenía en su hombro.

—¿A qué huele Derek cuando está cerca de mí?

—Oh, no, no te lo voy a decir —negó de inmediato Scott, pero Stiles podía verle la sonrisa. Le dejó ir y, coordinados por la amistad que les unía hace tanto, ambos se dirigieron hacia el Gran Comedor sin tener que ponerse de acuerdo. Como si no hubiesen estado gritándose hasta hace un minuto.

—¡Oh, vamos! Es injusto que ustedes puedan olerme a mí y yo no pueda saber a lo que huelen ustedes. Anda, dímelo —le pidió juguetón mientras Scott seguía negando con la cabeza, terco como un hipogrifo.

Se sentaron en sus lugares habituales en la mesa de Gryffindor, saludando a Malia que estaba al lado de Kira, como siempre, y Stiles ya casi había olvidado la conversación rellenando su plato de patatas asadas cuando Scott le pateó por debajo de la mesa, llamando su atención. Sus ojos brillaban mientras miraba su plato.

—¿Recuerdas el verano de tercero cuando nos escapamos al Londres muggle y nos perdimos y teníamos hambre y encontramos ese local mugriento en una calle cercana al Puente de la Torre?

—¡Claro que sí! Por suerte tenía el viejo dinero muggle de mi madre, o nos hubiésemos muerto de inanición.

—Si —asintió Scott sin corregir su exageración, quitando la carne a una pierna de pollo, demasiado concentrado en su tarea para ser normal—. ¿Recuerdas lo que comimos?

—Oh, Merlín —Stiles gimió de placer ante el recuerdo y no le importó que desde el otro lado de la mesa Cora le suplicase/amenazara para que dejara de hacer ese sonido—. Eran unas hamburguesas enormes, grasientas y tan, tan sabrosas… tenían tantos ingredientes que se caían por los bordes cuando las mordíamos y…

—Sí, esas. ¿Recuerdas lo que sentiste cuando las viste frente a ti?

Stiles se confundió un poco por la pregunta, pero asintió. Lo recordaba. Esa sensación de anhelo y necesidad desesperada, porque llevaban siete horas sin comer, estaban perdidos y asustados, porque ese olor delicioso le reconfortaba y le decía que todo estaría bien, y de pronto se le hacía demasiado horrible tener que esperar un segundo más para poder saborear ese manjar. Lo recordaba y ante su asentimiento Scott por fin le miró, dejando en paz al pobre pollo desmenuzado en su plato. Sonrió ampliamente y Stiles sintió que su corazón se detenía antes incluso de que su amigo abriese la boca.

—A eso huele él cuando te mira.

++++

El rumor de su beso con Lydia se había extendido rápido por Hogwarts, pero gracias a que la pelirroja se había visto más tarde esa misma noche enredada entre los brazos del gemelo de Durmstrang al que Danny no estaba robándole el aliento, pronto todo había sido olvidado. Allison lo prefería así porque ciertamente odiaba ser el centro de los rumores y chismes. Suficiente tenía con sus propios problemas como para tener que estar enfocándose en esas tonterías también.

Lydia era… un caso, en definitiva. La quería muchísimo y ese beso que compartieron… wow, seguro que no iba a olvidarlo en mucho tiempo. Pero fuera de eso, era su mejor amiga y prefería que eso siguiera de esa manera, así que cuando no volvieron a mencionar ese asunto, así como tampoco mencionaron el primer beso que se dieron, Allison estuvo conforme.

Las semanas siguientes a Halloween fueron tranquilas, se preocupó solo de sus trabajos, materias y funciones como prefecta, dejando que todo lo demás fluyese. El tema de Derek y Stiles también se había agotado un poco ahora que estaban juntos, aunque fuese un secreto por las razones obvias. Lydia había conseguido una seguidilla de chicos atractivos tras sus huesos, que mantenían su vanidad en alto y le permitieron distraerse de la presencia de Jackson, el que luego de Halloween parecía recompuesto y tan arrogante como siempre.

Lo único que le preocupaba a Allison era la distancia obvia que podía ver entre sus padres.

Hacía tiempo ya que no se engañaba con su madre. Si hubiese tenido alguna duda, la amenaza  de Victoria de asesinar con sus propias manos a los lobos de Hogwarts el año anterior las despejó todas. Su padre, por otra parte, en definitiva tenía una conexión cercana a Derek Hale, por la forma en que se preocupaba de él que Allison había podido ver de primera mano en los días en que este estuvo vigilando al inconsciente hombre lobo, siendo ella la encargada de llevarle comida a Chris al saltarse la mayoría en post de vigilar a quien llamaba “muchacho”.

Su padre sentía un impulso protector hacia Derek que ella solo había visto dirigida a otra persona en el mundo: ella misma. No sabía porque, pero le alegraba. O más bien si, si sabía por qué. El que su padre pudiese sentir ese instinto paternal con un hombre lobo le decía que las palabras de su madre eran mentira y que si se podía “luchar contra la sangre”. Que el apellido Argent no estaría necesariamente ligado para siempre con asesinos de hombres lobos, cazadores despiadados. Podían ser algo más. Y eso le aliviaba.

Cuando su madre canceló por tercera vez la cita del té de los viernes, Allison ya no pudo controlar su curiosidad y se dirigió al despacho de Defensa contra las Artes Oscuras, aguardando a que Chris le diese su beneplácito para entrar al lugar, cerrando tras ella.

—Allison —le saludó el hombre con sorpresa pero alegría, sonriendo mientras apartaba su pluma y los pergaminos que leía—. Qué bueno verte, hija. Pensé que estarías con tu madre.

—Está ocupada, al parecer. Así que vine a hablar contigo. A ti no tengo que pedirte cita ¿verdad? —bromeó con una sonrisa ligera en los labios y Chris se levantó, negando con la cabeza mientras le guiaba a los sillones cercanos a la chimenea de la habitación.

—No, por supuesto que no. Me alegra que vinieses —y sonaba sincero, así que Allison no temió haberle interrumpido demasiado. Le vio colocar una teterilla sobre la lumbre que estaba encendida y mantenía la oficina cálida, antes de ir a sentarse a su lado en el sillón grande, en vez de ocupar uno de los pequeños, como solía hacer Victoria—. Realmente me alegro de que estés aquí, princesa.

—No me llames princesa, no tengo siete años, papá —le regañó, pero había una sonrisa en sus labios. Chris sonrió también.

—¿Leona?

—Mucho mejor.

Bebieron té en calma, Allison le habló acerca de los chicos de tercero de Hufflepuff que pilló magreándose en el armario de escobas y a los que no quitó puntos porque se veían adorables suplicando, y Chris comentó sobre el último encuentro que tuvo con los Centauros del Bosque en compañía del Director Deaton y lo mucho que le irritaba que hablasen en acertijo.

—Deaton cree que cuando dijeron “Los gritos avisarán el peligro” se están refiriendo a eso literalmente y que hay que estar atentos a alguien gritando, pero… ¿desde cuándo los centauros hablan literalmente?

La lluvia comenzó a golpear las ventanas del despacho y Allison miró hacia allá, como si pudiese ver el Bosque Prohibido entre la gruesa capa de agua que caía. Octubre había sido demasiado seco al parecer, y en compensación Noviembre no había mostrado ni un día despejado hasta ahora.

—¿Qué crees tú que signifique? —preguntó a su padre, mirando a sus ojos, percibiéndole algo retraído. Chris pareció sorprenderse, parpadeando varias veces antes de negar.

—No lo sé. Gritos y peligro. Es normal que ante el peligro hayan gritos, pero…

—¿Pero?

—Quien sabe, quizás solo es una tontería, pero con tantos hombres lobo por aquí —rió un poco el maestro, recargando la espalda en el respaldo del sillón, mirando al techo de forma pensativa—… ¿una Banshee, quizás?

Allison dudó un momento, su mente recordando lo que sabía de las Banshees de cuando las estudiaron en cuarto año. Recuerda la apariencia que supuestamente tenían, su amor por las líneas de sangre y sus lamentos y gritos por aquellos que iban a morir. ¿Sería posible?

—¿No crees que si hubiese una Banshee en Hogwarts ya lo sabríamos? —preguntó apoyando una mano en la rodilla de su padre, quien giró la cabeza para mirarla, aún apoyado en el sillón— No es como si puedan ser muy silenciosas.

—… no es como que haya muerto nadie en el castillo en los últimos años tampoco, para que haya sentido el deseo de gritar —aludió el hombre y Allison debió aceptar que tenía razón.

Ya casi era la hora de la cena cuando ambos se pusieron de pie dispuestos a ir al Gran Comedor juntos. Allison estaba abriendo la puerta cuando sintió la mano de su padre apoyarse en su hombro, haciendo que se girase a mirarle cuestionadora. Había cierto aire de incertidumbre y dolor en el rostro de Chris y Allison sintió que su corazón se estrujaba ante la imagen.

—… nunca te pregunté por qué querías aprender Oclumancia, Allison. Respeté tus secretos y te enseñé todo lo que pude. He respetado tus decisiones porque sé que eres una joven inteligente, a pesar de tener la impulsividad propia de una Gryffindor —pronunció el mayor, y la leona sintió que el aliento se le atrapaba en la garganta. Porque seguro ahora iba a preguntarle algo, iba a preguntarle algo a lo que ella no quería responder—. Solo quiero que sepas que sigo sintiendo que eres mi niña, a pesar de tener delante las pruebas más que suficientes para comprender que ya eres una mujer. Ten presente que siempre seré tu padre y que te apoyaré de cualquiera que quiera hacerte daño. Quien sea. Siempre.

Y esa ferocidad en las palabras y la mirada no era algo que uno esperaría de un antiguo Hufflepuff, pero reconfortaron a la chica más de lo que era capaz de expresar. Antes de poder detenerse estaba abrazando con fuerza a su padre quien le correspondió el abrazo con la misma intensidad, y fue en el calor de esos brazos que Allison dejó de odiar su apellido como había estado haciendo desde el año anterior. Era una Argent, sí, pero no tenía por qué ser una cazadora. Sería una Argent como su padre. Una protectora.

—Vamos a comer, papá —dijo con tranquilidad mientras se liberaban del abrazo, ambos sonriendo en la tenue luz del despacho antes de dirigirse hacia el Gran Comedor, los dos con el corazón más liviano y no gracias al té.

++++

—Recuerdas que te dije que nunca he jugado ajedrez ¿verdad?

—Si. Tú turno, Dunbar.

—Pero en serio, es mi primera vez. ¿No deberías ser suave conmigo, darme algo de ventaja o algo? Me estás destrozando.

—¡Deja de abusar del pobre chico, Stiles! Vas a dejarlo traumatizado.

—¡Calla, Lahey! Tu opinión no ayuda en nada. ¡Mueve alguna pieza, Liam!

Las risas de la Sala Común de Gryffindor les rodeaban y Liam sonrió de medio lado, porque Stiles estaba sonrojado y algo enfadado y eso era una victoria, porque normalmente era el Gryffindor el que conseguía dejarle así a él.

Era un grupo dispar el que se encontraba reunido allí luego de que el entrenamiento del equipo de Quidditch se viese obligatoriamente cancelado por tercera vez consecutiva. Y era que el hecho de que ni las bludgers pudiesen volar con los vientos huracanados y la lluvia torrencial había sido un mensaje lo bastante claro para que Finstock les enviase de regreso al castillo entre gruñidos.

No supo realmente como había ocurrido, pero encontrarse con Lydia Martin y Allison Argent en el Hall –porque ni locas iban a meterse voluntariamente al infierno mojado que era salir del castillo– se había transformado en planes para una reunión intempestiva en la Torre de Gryffindor. Liam había querido alejarse, como había hecho Jackson apenas entrar, o Boyd que cubría con su cuerpo el menudo de una empapada Erica –porque ella no iba a dejar de ir a verle entrenar por nada–, pero de alguna forma había acabado con Stiles jalándole del brazo e Isaac empujándole por la espalda y siguiendo a la marea de leones hasta la Torre.

En realidad no eran tantos. Mientras él intentaba resistir los embates de Stiles en el tablero de ajedrez mágico, Scott e Isaac pulían sus escobas, las que no habían dejado que Lydia secase con un golpe de varita como había hecho con las ropas de todos ellos. En uno de los sillones la Ravenclaw estaba ocupada decorando mágicamente las uñas de Kira con Allison ayudándole, mientras en otro Cora y Malia leían revistas, tratando de no parecer interesadas en lo que las otras chicas hacían. Había otros grupos de Gryffindor por el lugar, pero luego de la primera mirada cuestionadora, los leones se olvidaron de las visitas. Probablemente demasiados acostumbrados a ver a Lydia y Malia por allí como para preocuparse de dos alumnos extras, aunque uno sea una serpiente. Alguien comentó también que Theo no estaría porque andaba con su nueva novia, y el alivio de Stiles era tan palpable que él quería reír.

Al final Liam movió su caballo, escuchando el chasquido de la lengua de Stiles que le advirtió que no había hecho un movimiento inteligente. La verdad es que no le interesaba el ajedrez pero al parecer no había nadie que quisiera jugar con Stiles, así que tenía que tragarse los reclamos y resignarse.

Estaba mirando a Stiles observar el tablero con concentración cuando el cuadro de la mujer gorda que ocultaba la entrada se movió a la espalda del león y apareció de la nada el Entrenador Finstock. Liam boqueó sorprendido por un momento antes de que recordar que el profesor de Aritmancia también era el Jefe de Gryffindor. Eso no se veía bien.

Finstock pareció mirar alrededor de la Sala Común un momento antes de encontrarse con ellos y lucía tan sorprendido como Liam creía se veía el mismo.

—¡¿Pero qué…?! ¡¿Por qué hay alumnos de otras casas en la Sala Común?!—el grito del entrenador fue capaz de sacar a Stiles de su ensimismamiento y a todos de lo que hacían. El extraño grupo se le quedó mirando con los ojos muy abiertos y Finstock parecía a punto de seguir gritando, antes de tragarse todo y suspirar frustrado— ¿Saben qué? No me interesa. No, no me importa. Dos tejones, una Ravenclaw, un… ¿un Slytherin, en serio? —frunció el ceño mirando a Liam y él se sintió empequeñecer ante eso, para luego el hombre sacudir la cabeza—. No importa. ¡Stilinski! Haz que tu padre envíe esto firmado antes del jueves —indicó dejando en las manos del Gryffindor un pergamino—. Te vas de viaje a Francia por tres días con el Entrenador Hale.

¿Qué? —jadeó Stiles, y Liam tuvo que perdonar su tono chillón, porque hasta él estaba confundido— ¿Con Derek? ¿Por qué yo? —preguntó cuando recobró su voz habitual y había cierta vergüenza en sus palabras que no se le pasó al Slytherin.

Profesor Hale, Stilinski, no le llames Derek en Francia, tenemos una imagen de respeto que mantener, por Merlín. Y vas porque yo tengo asuntos que hacer, eres el asistente de los entrenadores, tenemos que recopilar información de Beauxbatons y, en resumen… ¡Porque yo lo digo! —le gritó en la cara— ¿Algún problema?

—No, señor.

Bien. Ahora —Finstock se enderezó e hizo un gesto vago hacia todos ellos, pero al final se encogió de hombros—… solo no causen ningún escándalo ¿quieren? Maldición… un Slytherin —masculló mientras se iba, y no fue hasta que desapareció tras el Cuadro que Liam volvió a respirar. El ajedrez completamente olvidado.

—Stiles… ¿estás bien? —preguntó Scott acercándose a su amigo, y solo entonces Liam observó que el otro chico estaba mirando el pergamino con los ojos extremadamente abiertos, como si no se lo pudiese creer.

—Voy a viajar… con Derek… a Francia.

—A ver un partido, Stiles, no a pasear en góndola y ver la Torre Eiffel. No te emociones —bromeó Malia con descaro y Liam tuvo que tragar saliva, porque había demasiadas sonrisas burlonas y miradas resignadas como para comprender que se estaba perdiendo algo. La cuestión era que no sabía si quería saber en realidad, si tenía que ver con Stiles y el profesor Hale. Pero…

—¿Las góndolas no son de Venecia?

—Seguro que puedes encontrar una góndola en París si te esfuerzas, Liam. Es cuestión de fe —bromeó Cora.


NOX

Chapter Text

Derek malditamente odiaba a Finstock. En serio. Lo. Odiaba. Y era que él no recordaba que fuese tan vago cuando era su Jefe de Casa, pero hoy en día… no había noche en que no le sintiera el aliento alcohólico en la cena y ¡Merlín! que iba a enviarle a Francia con Stiles simplemente porque le daba pereza viajar a él. No, sencillamente no.

El problema era que Deaton no le daba opción tampoco. Incluso creía que el maldito druida parecía complacido cuando le dijo “No hay de otra, Derek. Disfruta de Francia con tu compañero”, como si fuesen unas malditas vacaciones. ¡Era que todos estaban en la maldita conspiración! Empezando por Stiles, con sus malditas seducciones.

Y no era que él no quisiera hacer suyo al adolescente, porque por supuesto que quería. Hacía mucho que los besos y caricias sobre la ropa se habían vuelto insuficientes, pero… las palabras del Jefe Stilinski le seguían pesando. No tenía miedo a recibir un crucio o alguna de las maldiciones menos oscuras pero igual de dolorosas del repertorio de los aurores, sin embargo el hecho de que Stiles era un adolescente, uno que no sabía aún que era su compañero, le detenía. Podía sentir las ansias en los besos del Gryffindor y sus malditos coqueteos en medio de las clases casi le habían hecho perder el control a lo largo de esas semanas, pero cuando estaban a solas no conseguía liberarse suficiente de sus dudas para ir más allá. Podía oler la frustración de Stiles, la misma que se le había vuelto una rutina a él, pero no había perdido todavía el control.

Algo que le decía que ese viaje a Francia, en Luna Llena para empeorarlo, acabaría por destruir ese control.

—Sé que no me tomarás en serio pero… deberías relajarte un poco, sobrino. Disfrutar de la oportunidad —dijo Peter cuando se aburrió de escucharle gruñir en medio de la cena del jueves previo al partido de Beauxbatons y Durmstrang. Mañana viajaría vía Fluu junto a Stiles hacia la Terminal Internacional para coger el Traslador que les llevaría a Francia. No quería pensar en ello.

—Y mientras me relajo quizás reciba un Avada de su padre ¿no te parece? No me sorprendería que se apareciese por Francia —gruñó bebiendo su copa de un trago.

—Oh, vamos. No seas tan pesimista —negó el Jefe de los Slytherin—. Firmó el permiso ¿no? Sabe que con eso está dando autorización para el viaje.

Derek tuvo que asentir porque esa mañana Finstock le había confirmado que el padre de Stiles había enviado el permiso firmado y todo estaba en orden para el viaje. No sabía por qué ni cómo, pero en esos días ni él ni el muchacho habían hablado de Francia en sus encuentros privados. Charlaban de cosas superfluas, de la última mención a Talia en El Profeta, o la fotografía de Kira en Corazón de Bruja por dar el empate para Hogwarts a pesar de la falta que le habían realizado, esas cosas. Nada realmente personal.

Su lobo se sentía un poco desplazado por eso, porque aunque tenía la cercanía física de su compañero, la cercanía emocional y espiritual no se había completado. La cuerda seguía floja entre ellos, sin formar aun verdaderamente el Lazo y Derek podía sentirlo. Y sabía que era su culpa. Si solo pudiese solucionarlo…

—¿Es verdad que se quedarán en un hostal en el pueblo cercano a Beauxbatons? —preguntó de pronto el lobo mayor, interesado—. Quién sabe si quizás cometen el error cliché y les dan un cuarto con una cama doble en vez de uno con dos camas —bromeó, y eso solo consiguió otro gruñido de parte de Derek.

Cuando la cena finalizó, él se puso de pie sin esperar más y se fue hacia su despacho. Tenía que hacer una maleta para tres días y la verdad no le apetecía para nada. La anticipación y la cercanía de la Luna tenían a su lobo alterado y eso no ayudaba. No ayudaba nada. Sin pensarlo demasiado, abrió uno de los cajones de su escritorio y sacó una botella de Whiskey de Fuego a medio tomar, porque quizás el alcohol no pudiese emborrachar a un licántropo, pero al menos podía disfrutar del sabor y la quemazón para intentar limpiar su mente.

Iba por el segundo y último vaso que iba a permitirse cuando la puerta se abrió y Derek no se sorprendió de ver a Stiles allí.

Observando la imagen del Gryffindor contra el marco, el hombre se recargó más en su silla, bebiendo del vaso con lentitud sin quitarle los ojos de encima. Stiles cerró la puerta tras él y el brillo en la punta de su varita le indicó que había realizado algún hechizo para mantener a cualquier curioso alejado, antes de caminar hacia el escritorio detrás el cual estaba el mayor.

Derek no pudo evitar que sus ojos cambiasen al azul brillante del lobo, porque no había encendido ninguna lámpara ni vela y la única luminosidad que tenía el despacho era la que se filtraba por las ventanas, donde la luna creciente quebraba de vez en cuando entre el cielo nublado. Tuvo que cambiar sus ojos porque necesitaba ver a Stiles en esa tentadora penumbra.

—Creí que el alcohol no les afectaba —comentó el chico mientras seguía caminando hasta llegar al escritorio que les separaba, quedándose quieto allí y mirándole desde arriba, debido a que él estaba sentado—. Que desperdicio de un buen Whiskey.

—Que no afecte no significa que no pueda disfrutarlo. Y ni lo intentes, no voy a darte —le advirtió, pudiendo ver la mueca en esos labios delgados.

Stiles no repuso nada de todas formas, simplemente apartando algunos pergaminos y sentándose con descaro sobre el mueble de costado para seguir mirándole, haciendo que los ojos de Derek se entrecerraran. El chico llevaba su túnica del colegio, así que poco podía ver de su cuerpo… pero podía intuirlo debajo de la tela y eso era suficiente para hacerle respirar con más fuerza por la nariz.

—¿Tienes tu equipaje listo? —no pudo evitar preguntar, porque quería saber si eso era tan difícil para él como para Stiles o si solo estaba haciendo una tormenta en un vaso de agua.

Probablemente ni siquiera hubiera debido abrir la boca ya que el coqueteo de Stiles dejaba en claro que él no compartía sus preocupaciones. Aunque debía ser honesto al aceptar que esa semana se había comportado mucho más comedido. Ni siquiera le había llamado “Profesor Hale” y lo agradecía tanto como lo lamentaba, porque el retintín con el que lo pronunciaba siempre le dejaba con una erección vergonzosa en los pantalones.

—No. Pero ya voy a hacerlo —el ambiente pareció un poco destruido y Derek se preguntó si era su culpa. Si mencionó algo que no debería haber mencionado, trayendo la realidad del viaje a Francia hasta ellos. Stiles pareció fruncir el ceño antes de mirarle fijamente, aún sin bajarse del escritorio—. ¿Por qué no va con nosotros ninguno de los ‘Co-Capitanes’? —preguntó, antes de seguir enseguida—. Ethan le dijo a Danny que se hiciera pasar por el Capitán para poder verle en Francia, lo que me llevó a revisar el documento de invitación y verificar que sí, los capitanes tienen autorización para ver los juegos ajenos al igual que los entrenadores y asistentes. Si yo voy para ocupar el lugar de Finstock ¿por qué no viene nadie más con nosotros? —insistió en su pregunta y Derek lamentó haber bebido su vaso de Whiskey tan pronto, pensando si acabarse la botella de un trago y ya.

—… porque tenemos dos Co-Capitanes, y solo hay autorización para que tres personas viajen. Un entrenador, un asistente y el Capitán —aceptó Derek cerrando sus ojos—. Inicialmente íbamos a ir solo los entrenadores, ocupando la plaza del asistente. Pero sin Finstock…

—¡¿Por qué no va Scott para ocupar el puesto de Capitán?! —exclamó Stiles, haciendo que el hombre lobo abriese los ojos, viendo que se había bajado de la mesa y le miraba enojado— ¿Por qué tenemos esta mierda de los Co-Capitanes? ¡Tanto tú y Finstock sabéis que es mejor que Jackson! ¡Saben que tiene más liderazgo, que las personas confían en él y que…!

—¡Porque es un hombre lobo! —rugió Derek, silenciando de golpe a Stiles.

Se puso de pie y caminó hacia la ventana, sacando la varita para encender con magia las velas y lámparas del despacho, porque la oscuridad del lugar ya no le era cómoda. Miró con enfado hacia el exterior, observando como la luna se cubría de nubes negras de lluvia en ese mismo instante, antes de girar para ver a su compañero.

Stiles parecía enfadado y a la vez deprimido. Su lobo aulló por la fuerte necesidad de rodearle entre sus brazos y consolarle, pero se mantuvo quieto. Necesitaba que su compañero entendiese eso, que entendiese el mundo en el que vivían. Porque era un adolescente y había aceptado a los hombres lobo como algo normal y seguro, todo porque su mejor amigo había sido mordido, pero eso no significaba que todos los demás…

Y entonces sintió como si un rayo le hubiese golpeado. Un rayo de la realización, porque por fin, luego de un mes, entendió las palabras de Peter.

Con los ojos abiertos y una mano sobre la boca, Derek volvió a girarse para mirar el exterior. Era por eso. Por eso era que su tío mordió a Scott McCall hace un año ¡ese era el motivo! Él lo era. Stiles lo era. Ellos como compañeros.

A su manera Peter quiso asegurarse que Derek no sería rechazado, que no sería temido. Le dio la mordida a Scott y permitió que Stiles pasase todo el proceso –el temor, el aprendizaje, la comprensión y la aceptación– con su mejor amigo. Antes de que pasase un mes desde la mordida de Scott, Stiles ya sabía todo lo que había en la biblioteca sobre los licántropos y ya no tenía miedo. Maldición, había parecido ansioso de ser uno de la Manada Hale, aunque hubiese rechazado la mordida de Peter. Una mordida que probablemente Peter ni siquiera le hubiese dado. Si Stiles hubiese dicho que si… entonces Peter le hubiese enviado con él, directo a los brazos de Derek. ¿Y cómo se hubiese podido negar Derek a morder a su compañero? Ni siquiera el recuerdo de Paige hubiera podido detenerle.

Maldito Peter, manipulándoles a todos. Usando a Scott como un peón más en su juego. Pero gracias a ello Derek no había tenido que pasar la incertidumbre del temor de Stiles hacia su condición. Cora tenía razón, seguramente, y en cuanto le dijese que eran compañeros Stiles quizás dijese “¡Eso lo explica!” o, peor, “Ya lo sabía, estúpido”. De hecho ¿quién le decía que Stiles no sabía ya todo sobre los compañeros? Gracias a los permisos de Peter había cogido libros incluso de la Sección Prohibida, y aunque no debían ser tan buenos como los de la Mansión Hale, seguro que debían haberlo mencionado en algún momento.

Lleno de duda se giró a mirar a Stiles de nuevo, pero este estaba mirando el suelo. Llevaba mucho rato en silencio y Derek sabía que eso no era una buena señal en su compañero.

—¿Stiles? —aventuró a media voz, solo para ver los ojos enfadados del muchacho.

—¿Sabes? Lo entiendo. Entiendo que el mundo es cruel con los hombres lobo, que tu madre ha luchado mucho por cambiar eso pero que aún hay gente estúpida que los ve como un peligro. Lo entiendo ¿sabes? La primera semana luego de la transformación Scott trató de matarme —confesó y Derek se sobresaltó, porque no tenía idea de esta información—. Entiendo el miedo, pero también sé que todos ustedes trabajan duro por el control y que el maldito mundo debería aceptar de una vez que no son monstruos de pesadilla. Y me molesta mucho que tú simplemente te quedes allí encogiéndote de hombros mientras te dejas pisotear y dejas que pisoteen a mi mejor amigo solo por vuestra condición, porque sé que Finstock no tenía ningún deseo de ser el entrenador del equipo de Hogwarts ¿vale? Y sé que si hay dos Capitanes es solo porque no confían lo suficiente en uno que sea un licántropo, pero no podían nombrar solo a Jackson porque nadie lo iba a respaldar y al final todo iba a ser un desastre. ¡Lo sé! ¡¿De acuerdo?! Pero… —el tono de Stiles que se había elevado hasta casi un grito disminuyó de pronto y Derek vio que tenía los ojos húmedos, olía a impotencia y rabia, y él sentía vergüenza—… lo entiendo… pero no me pidas que te diga que está bien, porque ¡joder! No lo está. No está bien.

Derek no supo que decirle una vez que el adolescente se quedó callado. Stiles estaba intentando con ganas no llorar de frustración y él podía notarlo, así que cuando se dio la vuelta no pudo evitar alcanzarle y abrazarle por la cintura, pegando su pecho a la espalda del más bajo, hundiendo su rostro en el hombro ajeno.

Stiles se desmoronó en sus brazos y su lobo aulló adolorido y feliz por poder consolarle. Simplemente se quedaron así, abrazados. Derek no era bueno con las palabras y a Stiles los sentimientos se le atropellan, así que se quedaron así. No se movieron hasta largo rato después, cuando Stiles giró el rostro para buscar el del hombre lobo y besarle lentamente.

—Vale, debo irme. No mentía cuando dije que no he hecho la maleta y casi es el toque de queda.

—¿Desde cuándo te importa el toque de queda? —preguntó Derek rozando su mejilla áspera con la suave del menor, depositando un beso en un lunar cercano a su oreja. La risa del chico iluminó el despacho más que todas esas velas juntas.

—Un buen punto, pero realmente debo irme.

Derek podía oler que Stiles se sentía demasiado a carne viva en esos momentos para estar con él, y aunque dolía tener la prueba fehaciente de que no había conseguido la confianza del Gryffindor para hacer algo tan simple como llorar en su hombro, tenía que aceptarlo. Era su culpa, se repitió, porque mientras el lazo no se uniese por completo ambos seguirían sintiendo esa barrera entre sus almas.

Se dieron un último beso y entonces Derek le dejó ir. Stiles le dedicó una sonrisa ligera y comentó que llevase una camiseta de menos porque pensaba comprarle una que dijera “I <3 France” y finalmente se marchó.

El profesor de Transformaciones sintió una extraña mezcla de tranquilidad y frustración cuando el menor desapareció tras la puerta cerrada, debido de las emociones encontradas que Stiles siempre le había producido. Caminó hacia su escritorio de nueva cuenta para guardar la botella que descansaba encima, cuando la puerta tras él volvió a abrirse.

Por suerte no dijo nada como “¿Se te olvidó algo, Stiles?” porque al girarse notó que no era Stiles el que le observaba, no. Era Jackson. Otra vez.

—¿No te enseñaron a tocar las puertas, Whittemore? —preguntó irritado, porque no estaba de humor para las insistencias del chico.

Gracias a Stiles no estaba lo suficientemente molesto como para tirarlo fuera de la oficina, pero estaba cerca, así que o el muchacho empezaba a hablar o…

—No voy a volver a pedirlo —dijo de pronto el muchacho, y había algo definitivo en su tono, que hizo que Derek le observase. Parecía rendido, cansado. Una parte de él se preguntó si la Luna tendría algo que ver, pero rechazó la idea—. Deseo ser convertido, pero si tú no lo haces buscaré a otro que lo haga. He investigado y sé que tú podrías hacerlo sin que haya peligro para mí. No sé qué tan “compasivo” sea aquel que me diga que sí, pero…

«Caerá sobre tu consciencia». Eso es lo que Jackson no le estaba diciendo y Derek le odió por intentar la treta más baja de chantaje. Podía ver que estaba desesperado y eso le molestaba, porque ser un hombre lobo no era simplemente tener fuerza humana y sentidos agudizados, era mucho más, y ese muchacho estaba banalizándolo como…

Como si no fuese algo malo. Como si no fuese un problema en verdad.

La imagen de Stiles temblando mientras le gritaba vino hasta él y de pronto Derek tenía claro lo que iba a hacer. Podría culpar a su impulsividad Gryffindor, pero no le importó justificarse en verdad. Jackson era mayor de edad y si estaba pidiéndole la mordida voluntariamente no había ningún delito en dársela. No tenía miedo por él, ya que era un chico tenaz que había pasado más de un mes persiguiéndole queriendo eso. Iba a sobrevivir, lo sabía.

Y si eso le doblaba la mano al Consejo de Padres, esos que exigieron que hubiesen dos Capitanes del Equipo de Quidditch porque no podían tener solo uno que fuese Licántropo, bueno, era un premio extra bienvenido. Porque iban a seguir teniendo los dos malditos Co-Capitanes, pero a ver si seguía gustándoles la idea cuando supieran que los dos eran hombres lobo.

—De acuerdo, Jackson. Tú ganas.

++++

—¿Qué es eso? —le preguntó la varonil voz de Derek y Stiles se maldijo por sobresaltarse, porque iba a pasar tres sangrientos días con ese hombre y no podía estar rebotando ante el menor susurro.

—Un paquete para Ethan, el cazador de Durmstrang. Danny me pidió que se lo diera —se encogió de hombros, mientras continuaba agachado tratando de empujar dentro de su mochila el paquete envuelto en papel café y una cuerda azul Ravenclaw.

Se encontraban en la Terminal Internacional de Trasladores esperando su turno para ser enviados directo a Francia. Llegaron con media hora de adelanto porque Derek era de la teoría que mejor antes que después, y Stiles no dudaría de sus palabras si no supiese que el hombre era un fanático de las retrasadas entradas espectaculares, tanto como profesor como “maestro lobo”. Scott tenía muchas anécdotas sobre ello.

Como fuese, Stiles se sentía un poco nervioso porque sería su primer viaje en Traslador. Normalmente cuando había necesitado moverse mágicamente había utilizado siempre la Red Flu o directamente su padre les había Aparecido conjuntamente. Su madre era más fanática de los transportes muggles e incluso una vez junto con Scott ocuparon el Autobús Noctámbulo, lo que les valió un regaño monumental del Ministerio por hacer un Lumos en vacaciones, pero al considerarse que estaban en peligro (perdidos en Londres a media noche), nada quedó en sus registros.

Pensar en esa aventura le llevó por un mal camino al recordar como Scott comparó la emoción que tuvo al ver la hamburguesa que comieron poco antes de ocurrírseles llamar al Autobús con el aroma que Derek expelía cuando estaba cerca de él. ¿Sería verdad? ¿Derek sentía un hambre voraz y desesperada por él? Mirándole allí, con expresión aburrida y esas aterradoras cejas fruncidas, nadie podría adivinarlo.

—¿Tu padre no vendrá a despedirte? —preguntó de pronto el mayor y Stiles volvió a sobresaltarse.

Ya había podido meter el paquete, pero para tener algo que hacer con las manos volvió a sacarlo y empezó a reacomodar todo, con tal de no tener que mirar a Derek.

—¿Eh? No, no. Claro que no. Debe tener trabajo. No pasa nada.

—… Stiles.

Y era ese tono, ese gruñido que viajó directamente a su entrepierna. Stiles gimoteó bien adentro y levantó la mirada para ver que Derek no parecía feliz.

—Stiles ¿por qué no está tu padre aquí despidiéndote? —y el Gryffindor se quejó, obvio. ¿Por qué Derek conocía tan bien a su padre? No era justo. Tragó saliva y volvió a mirar su maleta.

—… puede ser que no le haya dicho que viajamos hoy —el gruñido de Derek era un “continúa”, porque el maldito hombre lobo obvio que sabía que no le había dicho todo—, y puede que piense que el viaje es solo por el día de mañana para ver el partido y volver ¡pero no pasa nada! —insistió, cerrando de una vez su maleta y poniéndose de pie mirando hacia el gran reloj de la Estación Internacional a ver si era la hora de su Traslador ya.

—Nadie viaja a Francia por un día —dijo el mayor con incredulidad—. Y se supone que el documento que firmó… Stiles ¿qué fue lo que hiciste al documento?

Oh, maldición ¿acaso su corazón se había acelerado o algo así cuando escuchó sobre el documento? ¡Malditos oídos licántropos!

—No pasa nada, Derek, ya casi es la hora de nuestro Traslador…

—¡Stiles!

Justo en ese momento la voz amplificada de una mujer indicó que el Traslador de las 12:30 al pueblo de Beauxbatons estaba listo para ser tomado en el Puerto 7. Quedaban solo tres minutos para que se activase así que no había tiempo de reclamos, agradeció Stiles, y Derek solo le cogió del brazo y le jaló en dirección al Puerto indicado, enviándole miradas acusadoras. Stiles sabía que quizás se las mereciera pero… si su padre hubiese sabido que pasaría tres días con Derek a solas probablemente no hubiese firmado el documento y, además, un simple Finite hubiese concluido el hechizo Confundus del pergamino que modificaba el texto de la fecha del Traslador. ¡Solo había modificado la fecha, no es como si hubiese falsificado su firma mágica! Se suponía que su padre era el Jefe de Aurores, debería haber revisado posibles hechizos en el pergamino, no podía permitirse ser tan despreocupado. Ya en vacaciones de Navidad le confesará la verdad y la regañará por su descuido.

Stiles le sonrió a la bruja que les extendió el reloj de pulsera que era el Traslador, mientras Derek no sonreía y, en cambio, miraba sospechosamente al Gryffindor, haciéndole temer que hubiese descubierto que no había querido hablar de Francia en toda esa semana en un intento de evitar que descubriese lo de su padre. Ahora ya era bastante tarde, así que no importaba. Derek no podía hacer nada y eso era una victoria para Stiles, aunque la mirada del mayor no le decía exactamente eso.

—Apenas lleguemos a Francia vas a mandarle una lechuza a tu padre o lo haré yo —determinó con voz de trueno y Stiles solo pudo gemir por la idea, antes de sentir el gancho en el ombligo que significaba que el Traslador estaba funcionado.


NOX

Chapter Text

 —Hey, Allison. ¿Hiciste el informe para Harris? Te juro que no entiendo nada de los efectos de las últimas pociones que estudiamos.

La leona no pudo más que sonreír mientras se servía ensalada, mirando a Scott que trataba de ponerle su mejor expresión de cachorro desde el otro lado de la mesa, a ver si conseguía apiadarla. Era bastante convincente, debía aceptar.

—¿Por qué no preguntaste antes? Tenemos que entregar el informe en dos horas —le medio regañó, negando con la cabeza.

—Vamos, Allison, si tienes que preguntar es que no conoces a este idiota.

Y quizás Cora tenía razón. Sabía que aunque Scott se esforzaba en sus materias y era bastante inteligente, en ocasiones podía ser muy descuidado. Sobre todo cuando Stiles estaba involucrado, y teniendo en consideración que este se había ido no hace mucho rato hacia Francia, seguro que se habían pasado toda la noche conversando y recargando energías para la separación. Si a veces parecían siameses, incluso en el tiempo que ella y Scott habían salido.

—Vale, puedes mirar mi informe. Pero no copies nada literalmente —le advirtió y la mirada de Scott era tan brillante que sintió que podría intentar besarla, y algo apenada bajó su mirada a su plato. No, ya no estaba enamorada de Scott, se recordó, y no quería que intentase besarla. Le apreciaba como amigo y en ese mes habían recuperado un poco el trato que habían perdido luego del rompimiento, pero no significaba nada más.

—¿Por qué no le pides los apuntes a Lydia? —preguntó de pronto Kira dos asientos más allá, llamando la atención de todos. La asiática parecía realmente curiosa— Sus apuntes son perfectos, todo se entiende enseguida.

—Porque Lydia, pequeña zorrita mía, no le presta sus apuntes a los chicos. Es parte de su política —rió Malia y Allison se encontró sonriendo y mirando con cariño hacia la mesa de Ravenclaw, donde su amiga estaba comiendo rodeada de admiradores, cual abeja reina que era.

Probablemente ella nunca entendiese esa obsesión de su amiga por no demostrar lo brillante que era, porque entendía el concepto de hacer sentir a tu pareja bien, seguro de sí mismo, pero… ¿realmente era necesario mentir para eso? Allison era prefecta, tenía notas bastante buenas, era excepcional con el arco y venía de una jodida familia de cazadores. ¿Era necesario que tratase de aparentar ser débil y tonta para que un chico se interesase en salir con ella? La verdad era que no lo creía. Scott no lo necesitó al menos.

Cuando acabaron de almorzar, Allison buscó en su bolso su informe de pociones, viendo como Scott cruzaba hacia su lado, expectante.

—Ya, ya. Pero no seas demasiado obvio. Harris huele cuando alguien intenta copiarse —le recordó al chico, quien se rió, sentándose a su lado y acercándose para hablarle en tono conspirador.

—¿Crees que sea un hombre lobo también? —preguntó bajito y risueño, haciendo que Allison riese por fin encontrando el informe, haciendo un gesto a Scott para que abriese su propia bolsa y poder meterlo disimuladamente allí.

—No creo, pero por su cara quizás es un Hombre Grindylow —bromeó ella deslizando el pergamino, ganándose una risa estruendosa de Scott.

No sabía porque le hacía tan feliz eso, poder intercambiar risas y recuperar la cercanía que tenían. Parte de ella quería confesarle a Scott porqué fue que le rompió el corazón antes de los TIMOs, suplicarle que le creyese que no era porque no lo quisiera sino que… por todo lo contrario. Pero otra parte le decía que eso solo traería confusión a ambos, porque ella no sabía si quería ser otra vez novia del licántropo… no si el peligro seguía presente, si su madre seguía mirándoles de forma asesina.

Sus pensamientos le hicieron tratar de mirar de forma disimulada hacia la mesa de profesores, pero de pronto se cruzó en su campo visual Liam Dunbar, el cual no se veía feliz. De hecho, parecía algo amargado, intentando no enfocar los ojos en ella, causándole curiosidad.

—¡Liam! —saludó sonriente Scott, cerrando su bolso con el informe resguardado ya— ¿Quieres ir a entrenar luego de clases? Hoy no parece que vaya a llover ¡por fin!

El Slytherin pareció dudar un momento y separó los labios, pero entonces un brazo pasó por sus hombros y Allison vio como Theo atraía hacia él al chico. La sonrisa de su compañero de casa era amplia y divertida.

—Ups, lo siento Scott, pero hoy me robaré a tu conejito. Quedamos de practicar juntos ¿no es así, Liam? —preguntó el león, apretando cariñosamente al Slytherin, quien puso una mueca en sus labios.

—No me llames conejo, Raeken —se quejó y Allison se sintió un poco culpable por ello, porque la mitad de Hogwarts no había permitido que Liam olvidase su disfraz de Halloween por culpa de unos Slytherin que pegaron cada fin de semana fotografías de él con las blancas y esponjosas orejas en todos los tableros del castillo. Creían que eran Slytherin, pero nadie les había pillado aún.

La verdad era que ella no entendía porque sería eso humillante, porque la verdad era que Liam se veía adorable. Cora había comentado que ese era exactamente el problema. Ningún chico quería parecer adorable.

Scott no parecía demasiado feliz en este momento, poniéndose de pie con expresión de duda, pero Liam al final asintió, sin mirar a su Capitán.

—Theo prometió enseñarme unos trucos de Golpeador así que… ya entrenaremos mañana con el equipo, McCall —dijo con firmeza, dándole una mirada algo dura a Scott y luego a Allison, antes de quitarse el brazo de Theo de los hombros, quedando a las cinco en el Campo con él y después marchándose por donde vino.

Allison se sintió un poco confundida porque creía que nunca había escuchado a Liam llamar a Scott por su apellido, siempre era “capitán esto”, “capitán lo otro”, algo de lo que Stiles no perdía oportunidad de burlarse. Además la mirada que le dedicó a ella… ¿por qué motivo? Scott parecía igual de descolocado que ella, pero como siempre Theo se veía confiado y tranquilo. En control de la situación.

—Bueno, nos vemos en Pociones, chicos —se despidió de ellos elevando las cejas antes de marcharse, llegando hasta la Slytherin con la que llevaba tonteando un tiempo, y Scott solo negó con la cabeza cuando Allison le interrogaba con la mirada, despidiéndose para ir a la biblioteca a terminar su informe.

Ella decidió ir a la Sala Común a esperar que fuese la hora de ir a la clase del Profesor Harris cuando al salir del Gran Comedor se encontró con su madre esperándola. Verla le quitó todo el aire de los pulmones de golpe, haciendo que tragase saliva. Por supuesto que le había visto bromear con Scott ¿por qué otro motivo tendría ese fuego en la mirada?

Victoria sonrió mientras se acercaba a su hija, y no había calidez en esa sonrisa ni tampoco en el beso que depositó en su mejilla.

—Ven a verme luego de tus clases, querida. Hace mucho que no tomamos el té.

Cuando los pasos de su madre se hubieron perdido por el pasillo, Allison se permitió apoyar la espalda contra uno de los muros de piedra cubriendo sus ojos con una mano. Su entereza agotada.

++++

Ya que no les esperaban en el Instituto Beauxbatons hasta el anochecer, Derek aceptó la idea de Stiles de recorrer el pueblo mágico francés en vez de quedarse encerrados en las habitaciones del hostal donde iban a pasar esos días. Con una habitación para cada uno, gracias a Merlín, porque esa era noche de luna llena y... a pesar de todo su esfuerzo personal, Derek jamás había confiado por completo en su control en las noches de luna llena. Menos aun cuando eso involucraba a Stiles.

Luego de hacer el check in en el lugar –que tenía un aire pintoresco, algo tirado a español– y haber dejado sus reducidos equipajes en las habitaciones, ambos magos salieron al pueblo el cual estaba bastante cálido para ser casi diciembre. No demasiado lejos del lugar se elevaba una cadena montañosa que Derek suponía eran los Pirineos. Probablemente no a demasiados kilómetros se encontraba el Mediterráneo, lo que explicaría lo templado de la temperatura.

—¡Vamos a buscar donde comer! —dijo excitado Stiles, mirando todo con los ojos enormes, pero Derek tenía otras prioridades. La comida tendría que esperar.

—No. La oficina de lechuzas es la primera parada.

Solo porque no confiaba del todo en Stiles en eso, Derek le obligó a entregar su varita antes de escribir la carta para su padre, haciendo que la leyera en voz alta al terminarla, él dándole un vistazo para corroborar y luego ya asentir. Stiles parecía frustrado por la supervigilancia, así que Derek le envió con el encargado a que escogiese la lechuza que usarían y él aprovechó para adjuntar al sobre un pergamino de su propia mano, disculpándose con el Jefe de Aurores. Stiles iba a acabar metiéndole en muchos problemas, pero desde el mismo momento que supo que eran compañeros había predicho eso.

Una vez la lechuza fue enviada a volar rumbo a Inglaterra, Derek claudicó y buscó un sitio para comer, intentando devolver el buen humor al Gryffindor. En el fondo él sabía que era muy probable que por la distancia y con el mal clima de Gran Bretaña la lechuza no llegase a Londres antes del sábado por la noche y eso, aunque no quisiera aceptarlo, le aliviaba. Le aliviaba y encendía cierto fuego en su interior, porque eso significaba que tenía dos días a su compañero solo para él y… la luna. Podía culpar a la luna por los pensamientos que le atacaron inoportunamente en medio del almuerzo en el restaurante francés.

—Puedo visitar las tiendas luego ¿cierto? Antes de tener que ir al colegio. No es necesario que me acompañes si no quieres —aseguró Stiles, mientras comía de ese plato que ni siquiera había podido pronunciar. Derek no había querido decirle que era un simple estofado de ternera, porque le había causado gracia verle intentar decir “Bœuf Braisé” correctamente y fallar.

—No voy a dejarte recorrer un pueblo que no conoces donde todos hablan un idioma que no dominas —el hombre lobo rechazó de inmediato la idea, comiendo de su pollo al vino—. Si quieres comprar alguna tontería, te acompañaré.

—De acuerdo —aceptó con demasiada rapidez el chico, apuntándole con su tenedor mientras sonreía de medio lado—. Pero vas a arrepentirte.

Y Derek se arrepintió.

Para el momento que regresaron al hostal a cambiarse de ropa –porque Deaton había ordenado que Stiles se presentase en su uniforme siempre que fuese a Beauxbatons–, el profesor estaba seguro de que eso de acompañar a Stiles de compras era una clase especial de tortura. Porque no era como Laura que miraba todo y compra la mitad, ni como Cora que iba directamente a lo que quería: Stiles recorría tres, cuatro y hasta cinco veces cada tienda, porque había muchas cosas que le gustaban pero no sabía si quería comprar, y a veces luego de salir se arrepentía y regresaba porque creía que había un sector que no revisó y… Merlín, Derek no sabía si aguantaría otro día así.

Agradecía que los franceses hubiesen enviado un cochero con un carro abierto tirado por un par de caballos alados para llevarles hasta el colegio, porque se sentía agotado. No un agotamiento físico, sino que uno mental.

Stiles, por su parte, lucía satisfecho. Compró un montón de regalos y cosas inútiles, incluida la camiseta con la que le había amenazado antes y que tenía en la espalda un enorme dibujo que cambiaba mágicamente cada cierto rato, mostrando monumentos de Francia como la Torre Eiffel o la Catedral de Notredame. Derek creía que nunca iba a utilizarla, pero su lobo se sentía tan feliz ante la idea de un regalo de Stiles, que se vio forzado a meterla en su maleta.

—Tienes la misma cara que puso Scott cuando me acompañó de compras al Callejón Diagon por primera vez —sonrió satisfecho Stiles una vez se subían al carro. Palmeó la rodilla de Derek y dejó la mano un momento allí, haciendo que el hombre lobo pudiese sentir el calor de su palma incluso a través de la ropa, cortando su aliento—. Tranquilo, te acostumbrarás —y sonaba a promesa. A promesa de que habrían muchos días de esos en su futuro. Y aunque una parte de él quisiera gruñir frustrado, la otra deseaba frotarse contra esa mano, amando el pensamiento de él y Stiles haciendo cosas juntos. Aunque sean cosas aburridas como pasar horas mirando tiendas.

El muchacho pronto olvidó el tema una vez que el carro se elevó por la calle, siendo jalado por los enormes caballos alados. Derek, quien no se esperaba que el viaje fuese aéreo, se encontró clavando sus garras en el asiento, porque aunque nunca había tenido problemas con las escobas, descubrió que no era fanático de ese medio de transporte en particular.

¿Stiles? Estaba riendo y festejando la sorpresa. El cochero pareció disfrutar la felicidad del muchacho y comenzó a hablar de los Abraxan de la Academia, de su alimentación y como los estudiantes tenían permiso para montarles los fines de semana, porque los animales se aburrían. Stiles comentó al hombre sobre los Thestrals de Hogwarts y como casi se desmayó cuando los pudo ver por primera vez, y entonces Derek se dio cuenta de que su compañero había debido ver morir a alguien. Le había visto en septiembre alimentando a uno con una manzana, pero no había razonado el cómo podía verlos.

Estaba mirando el perfil de Stiles fijamente cuando el pensamiento le llegó. Por supuesto, Claudia Stilinski. Había muerto en el verano entre segundo y tercero de Stiles. A ella era a quien debía haber visto pasar al más allá.

El cochero estaba dándoles la espalda, así que Derek permitió a su mano deslizarse y apretar la rodilla del chico cuya mirada se había perdido un momento, probablemente al recordar el detalle de la razón del avistamiento. Stiles pareció sorprendido por el contacto y le miró de vuelta, y había cierta melancolía en su mirada que Derek quería borrar a besos. Porque él también recordaba la terrible sensación de cuando el último día de quinto, al momento de ir a tomar los carros hacia Hogsmeade, pudo ver a esas criaturas de pesadilla observarle con sus ojos vacíos. Recordaba rememorar enseguida el motivo de que pudiese verlos, y como hasta el día de hoy, a pesar de que ahora les encontraba criaturas majestuosas, cada vez que les veía casi podía sentir el pequeño cuerpo de Paige soltar su último suspiro entre sus brazos.

—Hey, británicos, no vayan a perderse el espectáculo —les llamó de pronto el cochero con su fuerte acento francés, rompiendo el momento mientras les apuntaba hacia el frente y a la derecha, haciendo que Derek quitase su mano de Stiles y siguiese la dirección del gesto del hombre.

Y allí podía ver el sol volviendo anaranjadas las nubes y las cumbres de las montañas, sus últimos rayos enviando luz directo al Palacio de Beauxbatons que brillaba como un castillo de cristal en medio del valle. Un río destellaba cruzando los terrenos para perderse en la lejanía y probablemente desembocar en el Mediterráneo, mientras los pastos más verdes que Derek hubiese visto jamás les recibían rodeando la impresionante construcción iluminada por el atardecer.

—Es hermoso —el suspiro de Stiles a su lado hizo que el cochero emanase un aroma a orgullo que Derek no pudo evitar oler, teniendo que aceptar a regañadientes la afirmación, pero haciendo la acotación mental de que Hogwarts también tenía su propio encanto.

—¿Cierto que lo es? El Palacio ha sido el hogar de los estudiantes del Instituto Mágico de Beauxbatons por más de 700 años. El único modo de llegar a él es siendo guiado por uno de los Abraxas del colegio, así que no hay sitio más seguro en toda Francia.

—¿Ningún otro modo? —preguntó sorprendido Stiles, y entonces Derek pudo ver su sonrisa traviesa surgir, viendo como le guiñaba un ojo—. A Hogwarts se llega en pequeñas barcazas a través de un lago tenebroso —dijo y había tanta falsa tristeza en su tono, que el hombre lobo debió morderse el interior de la mejilla y mirar hacia el castillo para no reír—; en él hay Grindylows, Selkies e incluso un Calamar Gigante salvaje. Ya hemos perdido la cuenta del número de alumnos heridos por tener que entrar o salir de los terrenos del castillo. Incluso a veces se cuelan Kelpies, en serio…

—¡Son unos salvajes! ¿Cómo pueden exponer a los niños en esos peligros? —preguntó horrorizado el cochero y por suerte ya estaba bajando, porque en serio Derek no aguantaba los deseos de reír.

Una vez que tuvieron sus pies en el suelo y Stiles se despidió del desconcertado cochero, Derek le dio un pequeño golpe en las costillas, aunque sabía que probablemente sus ojos mostrasen su diversión.

—Auch ¿qué? No he dicho ninguna mentira —se defendió Stiles, antes de sonreír ampliamente—. Quizás exageré un poco los datos. Pero lo de los Kelpies es verdad. Ha habido más de tres avistamientos en el Lago Negro, aunque el último fue hace siglos.

Derek no tuvo tiempo de decirle nada, porque una elegante bruja rubia estaba bajando la escalinata principal del palacio en su dirección. El coche les había dejado junto al frente de la puerta, pudiendo ver enormes jardines con árboles podados con distintas figuras de criaturas mágicas y otros animales comunes. En la creciente oscuridad del anochecer parecían un poco perturbadores.

—Derek, creo que ese Árbol-Occamy acaba de girarse hacia nosotros —le susurró Stiles, y Derek tuvo que silenciarle porque la bruja ya había llegado hasta ellos con una amplia sonrisa.

—¡Bienvenidos al Palacio de Beauxbatons! ¿Profesor Hale, no es verdad? Supongo que este es su estudiante asistente —la dama miró a Stiles, él que solo tendió a asentir. Había algo perdido en su mirada cuando miró a la rubia que molestó a Derek—. Soy Madame Babette Bellerose, la profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras. Por favor, síganme, seré su guía el día de hoy. Luego podremos dirigirnos al Comedor Principal para cenar en compañía de la delegación de Durmstrang y el resto de nuestro alumnado.

—No se preocupe. Solo venimos a presentarnos —indicó de inmediato Derek, borrando un poco la sonrisa de la mujer—. Cenaremos en el pueblo, no queremos molestar.

Los franceses después de todo no se habían quedado más del tiempo necesario en Hogwarts cuando fue el partido entre ellos y los de Durmstrang. ¿Por qué tendrían que ellos cenar allí? Ya lo harían en diciembre, cuando fuesen a enfrentarse. Además, seguía molestándole la forma en que Stiles observaba a esa mujer.

—Pero no es molestia alguna —quiso insistir la rubia, sin embargo al ver que la mirada de Derek no se ablandaba, pareció resignarse—. Muy bien, acompáñenme a ver al Director entonces.

Antes de por fin cruzar las puertas de ese palacio, Derek miró hacia las montañas de su derecha y pudo ver como el delicado círculo plateado comenzaba a elevarse. La Luna ya estaba allí.

++++

Fue poco antes de la cena que Isaac se vio interceptado por Liam. Había estado pensando en su ronda de prefecto y como luego de ella saldrían en compañía de Peter Hale a correr al Bosque Prohibido a disfrutar la luna llena, cuando el joven Slytherin le encontró cerca de las cocinas.

Tenía sus protecciones de Quidditch puestas, el bate colgando del cinturón y la escoba en la mano, así que ni siquiera tuvo que olerlo para adivinar que venía de entrenar. Sin embargo la mirada atormentada de sus ojos le desconcertó.

—Hey, Liam ¿necesitas algo? —preguntó solícito luego de que el chico había pasado casi un minuto parado frente a él sin decir nada. Y eso ya comenzaba a ser extraño, en serio. Estaba a punto de pasar por su lado y seguir su camino cuando el golpeador habló en un siseo que de alguna forma le recordó inevitablemente a Jackson. ¿Sería que a todos los Slytherin les enseñaban a hablar así cuando entraban a esa casa?

—¿Por qué terminaste con Allison Argent? —preguntó el muchacho e Isaac creía haber escuchado mal, así que le pidió que repitiese la pregunta— ¿Por qué terminaste con ella? De hecho ¿por qué empezaste a salir con ella? ¡Dímelo!

Una vez que corroboró que, no, no se equivocó al escuchar la pregunta, Isaac se sintió un poco mosqueado. Porque ¿qué diablos le importaba a ese enano lo que él hiciese? Su ceño se frunció y se encontró cruzando sus brazos en su pecho, intentando erguirse en toda su altura, imponer el respeto que creía merecer. No gruñó, pero lo iba a hacer si el chico no se disculpaba y retrocedía.

—¿Por qué tendría que responderte? No tiene absolutamente nada que ver contigo…

—¡Si lo tiene! —exclamó de pronto Liam, interrumpiéndole, y había una furia en él que Isaac no había visto antes, pero de la cual había escuchado. Esa furia que no había tenido ese año pero que en los anteriores le había ocasionado castigos y puntos menos, incluidos huesos rotos de sus rivales—. No conmigo directamente, pero… pero tiene que ver… —y aunque el aroma a su furia era intenso, había también algo de dolor y frustración también. Soledad y… celos.

Y entonces Isaac comprendió, parpadeando lento mientras descruzaba sus brazos. Su lobo ya no se sentía desafiado por el muchacho que casi temblaba en su enojo frente a él, porque comprendió que ese enojo no era dirigido hacia él. Era casi adorable ver a un chico de 14 años de esa manera y se encontró sonriendo sin querer. Algo que no disminuyó el enfado del Slytherin.

—¡¿Por qué te ríes?! ¡Solo respóndeme! Tú…

—Salí con Allison porque es increíblemente guapa y me lo pidió, porque ella necesitaba que la viesen acaramelada con alguien al empezar el curso y porque se dio cuenta de que los morados que yo tenía no me los había hecho practicando el Quidditch en el verano, como le dije a todo el mundo en el Expreso de Hogwarts, sino porque mi padre practicaba hechizos punzantes en mí, como diversión. Terminamos porque iba a estar en el mismo equipo que Scott y ella no quería que él me odiase por algo que ni siquiera era real en verdad, aunque ahora que conozco a Scott sé que él no me habría odiado. Aunque quizás hubiese chocado un par de veces conmigo apropósito por si de casualidad me caía de la escoba... de todas formas, sigue sin ser asunto tuyo, Liam —jamás había hablado con nadie de lo que había habido entre él y Allison, no con Scott, no con Derek, no con nadie. Había sido algo solo suyo y de la chica, y ahora que lo había dicho en voz alta… se sentía liviano de alguna manera.

Liam se veía sorprendido por su confesión e incluso un poco avergonzado. Ver como miraba al suelo mordiéndose el labio inferior dio una oleada de compasión al Hufflepuff, haciendo que se acercase y le pasara un brazo por sobre los hombros, consolador.

—¿Quieres que te diga un secreto? —dijo de pronto, atrayendo la atención del cabizbajo Slytherin, quien le miró con esos grandes ojos de cachorro que había hecho un éxito a esas fotografías de conejo—. Scott ya no parece interesado románticamente en Allison. De hecho… yo diría que tiene su atención enfocada en el Quidditch en este momento, porque siempre se le ve feliz luego de practicar. Pero principalmente se ve feliz no cuando lo hacemos todos juntos, sino que tras esos entrenamientos extras que tiene los días entre semana. Parece casi ansioso por ellos, en serio. Me pregunto si será realmente por la práctica… o quizás sea por la compañía.

Ver el rostro sonrojado del chico y escuchar el ritmo enloquecido de su corazón casi provocó que Isaac se carcajeara. No dijo nada en cambio mientras Liam tragaba saliva y se balanceaba sobre sus pies, antes de hacer un gesto de liberarse del agarre de su compañero de equipo.

—Yo… yo creo que… debería ir a cambiarme antes de la cena.

—Esa puede ser una buena idea —aceptó el tejón conteniendo la risa atrapada en su garganta hasta que el Slytherin corriendo se había alejado lo suficiente en dirección a las mazmorras.

Sintiéndose un cupido ridículo, Isaac metió las manos en sus bolsillos y enfiló hacia el Gran Comedor, casi saboreando la salida de esa noche al bosque. Solo esperaba que Scott no captase ningún aroma extraño en él cuando lo viese, porque no sabía si podría evitar reírse en su cara al recordar al conejito que estaba tras el lobo-león. Algunos pequeños mamíferos simplemente no tenían instintos de supervivencia, al parecer.


NOX

Chapter Text

Todo ese día viernes fue como un sueño vívido para Jackson, yendo a clases e intentando atender a los maestros cuando tenía su atención en cualquier otra parte. O más bien, concentrada en la sensación punzante que tenía su piel en la zona donde la mordida de Derek dejó su marca.

Le parecía casi ridículo tener que aparentar normalidad cuando sabía que ya no era normal ¡era un puto hombre lobo!. Sus compañeros de casa le estaban mirando extraño porque no podía dejar de sonreír y soltar risas en momentos inconexos pero… maldición, estaba emocionado. Esa noche era luna llena y no podía esperar al cambio.

Por eso se enfureció cuando Peter Hale le llevó con él a la Casa de los Gritos a través de ese extraño túnel a los pies del Sauce Boxeador solo para decirle que se bebiese esa poción y se recostase, porque no habría paseo para él.

—¡¿Qué?! ¿Por qué? —gritó a su Jefe de Casa, el que solo le miró aburrido.

—Porque tu lobo recién nacido necesita guía y atención y yo no pienso perder mi tiempo en eso. Derek me pidió que te diese la poción matalobos concentrada esta noche para que no sufras cambio alguno. No te preocupes, chico, no necesitarás la luna llena para ser entrenado. Ya podrás disfrutar el Bosque la siguiente.

Jackson miró esa poción con tanto asco como si le hubiese hecho una ofensa imperdonable pero la expresión de Peter tenía advertencia y no le quedó más que bebérsela con una mueca por el sabor desagradable. Le tendió el frasco al lobo mayor pero este solo lo hizo desaparecer con un golpe de varita, encogiéndose de hombros.

—No estés tan ansioso, Jackson. Ahora tienes toda una vida para disfrutar tu nueva condición —le sonrió de medio lado y el Slytherin debía aceptar que su Jefe de Casa tenía razón. ¿Para qué apresurarse?

—¿Y es necesario que me quede en este lugar? —preguntó mirando con la nariz fruncida el polvoriento sitio derruido por el tiempo. Había tablas cubriendo las ventanas destrozadas y seguro había ratas por allí, según demostraban los muebles mordisqueados. Repulsivo.

—Es una vieja tradición, Jackson —sonrió más Peter—. Además, así si la poción no es efectiva y el cambio es doloroso podrás gritar todo lo que quieras sin temer ser escuchado. ¿De dónde crees que sacó esta casa su nombre?

Oh. Jackson parpadeó con un poco de sorpresa ante la información comprendiendo que debía haber verdad en las palabras del profesor de Astronomía. El folclore hablaba sobre la Casa de los Gritos de Hogsmeade como el edificio más embrujado de Gran Bretaña, gritos rasguños y aullidos se habían escuchado en él, manteniendo a la población alejada del sitio. Ahora tenía explicación todo: hombres lobo. Antes de la poción matalobos y de la ejercitación de los Hale sobre el control no había nada para impedir el brutal cambio de los licántropos ante la luna llena. Huesos destrozándose y recomponiéndose, pelo saliendo en todas partes, la consciencia perdida. Hoy eso ya era casi una leyenda, el cambio parcial de los lobos era lo más común junto con la semi unión del lobo con el humano que permitía que los sentidos madurasen y la consciencia de mantuviese. El cambio total ya no era algo que ocurriese. Eran otros tiempos.

—La poción debería darte somnolencia —la voz de su Jefe de Casa le llegó como lejana y Jackson se encontró aceptando ser guiado hasta una cama que no parecía sucia gracias al movimiento de varita del hombre—. Descansa aquí, chico. Volveré por ti al amanecer.

No supo si dijo que si o solo gruñó, pero al final le dio la bienvenida al descanso. Ya no debía pelear, ya tenía aquello por lo que luchó.

++++

Cuando volvieron al pueblo desde el Palacio de Beauxbatons, Stiles le dijo tan violentamente que no tenía hambre que Derek no encontró energías para insistirle que debía comer. Así que llegaron al hostal y cuando estuvieron en el pasillo de las habitaciones y Stiles dejó la puerta de su cuarto abierto el hombre lobo no pudo detenerse y entró también, cerrando tras él.

El interior de la habitación era cálido a pesar de que los muros eran de piedra desnuda excepto por algunos cuadros. La espesa alfombra a sus pies y las pesadas cortinas multicolores que cubrían la ventana daban la sensación de un hogar, de alguna forma. Los muebles eran de madera oscura y las lámparas de aceite se iluminaron por magia apenas ambos entraron al lugar.

Stiles se estaba quitando la túnica de Hogwarts y la corbata de Gryffindor sentado en el borde de la gran cama que dominaba el cuarto, algo en lo que Derek trató de no enfocarse. ¿Stiles en una cama matrimonial justo frente a él? Mala idea.

—¿Estás bien? —preguntó luego de un momento, pero el chico solo gruñó. Su ceño llevaba fruncido desde que pusieron un pie fuera del palacio y ni siquiera el paseo en coche (aunque con un cochero distinto) había sido capaz de devolverle la humor relajado que había tenido antes de llegar al Instituto.

Un impulso hizo que Derek caminase hacia la ventana de la habitación y la descubriera abriendo las cortinas. Frente a él se extendía el paisaje del pueblo iluminado por farolas y los Pirineos a la distancia. En el cielo empapado de estrellas la luna destacaba y su lobo se regocijó ante la vista. Por simple costumbre se encontró revisando con la varita los hechizos de seguridad del lugar y poniendo un par de encantamientos adicionales, incluyendo uno sobre el vidrio para que no permitiese que nadie espiase al interior. Su lobo no quería que nadie excepto él pudiese mirar a su compañero y haría todo lo que estuviese en su mano para asegurarlo.

Lo que le recordaba…

—La profesora de Defensa de Beauxbatons… —empezó, pero fue cortado por Stiles.

—Era parte veela ¿cierto? Lo sé —gruñó el chico, y cuando Derek se giró vio que se ha quitado los zapatos y los calcetines, llevando la camisa abierta fuera de los pantalones, y el espacio de piel que podía ver entre la blanca tela era demasiado tentador para ser real, incluyendo el suave camino de vellos que desaparecía en el centro. Sin embargo Stiles estaba quieto, aún enfadado y sin parecer consciente de lo atractivo que se veía para el mayor—. Podía sentir su encanto, me sentía estúpido y… quiero decir, tú estabas a mi lado, pero… no podía dejar de mirarla —murmuró bajando la mirada.

“¡MÍO!” rugió el lobo en el pecho de Derek, pero este apretó las manos en puños y se calmó. Él había podido sentir el despliegue de la mujer, pero al ser un ser sobrenatural no fue afectado por su atractivo mágico. Stiles sin embargo no tenía esa defensa. No la tenía por su culpa, porque él aún no había atado el lazo entre ambos y hasta que no lo hiciese… hasta que no lo hiciese Stiles no sería realmente suyo.

—Está bien, no es como si hubieses podido evitarlo —trató de calmarle y a la vez calmarse a sí mismo—. No es razón para que estés tan enfadado, es solo…

—¿Qué? No estoy enojado por eso —Stiles le estaba mirando como si Derek fuese idiota y el mayor elevó sus cejas antes de fruncir el ceño, ofendido. ¿Si no era por eso, por qué?—. No me vas a decir que no te percataste de que enviaron a la profesora de Defensa contra las Artes Oscuras para buscarnos ¿verdad? Ni del modo en que el Director apretaba tu mano con aprensión, o como comentó sobre la luna y su preocupación por la posible pérdida de control los alumnos hombre lobo de Durmstrang. Este Instituto… agh, lo odio —se quejó frustrado el muchacho, dejándose caer de espaldas en la cama con las manos cubriendo su rostro mientras Derek sentía una profunda oleada de amor por su compañero. Una sensación demasiado poderosa para poder mantenerse quieto.

Acabó sentándose en el lado contrario de la cama y sus manos se ocuparon con cuidado de quitar las de Stiles de su rostro mientras le miraba desde arriba. Stiles seguía viéndose enfadado pero su olor cambió en el mismo momento en que sintió el peso de Derek en el colchón. Sin soltar sus manos, acariciando sus dedos con lentitud, el hombre lobo se inclinó y besó los labios del chico sin importarle que estuviesen en lados distintos de la cama. Era un beso un poco extraño, pero el mayor sintió a su lobo –excitado por la luna– calmarse ante el contacto, ante la corroboración de pertenencia que no pudo llevar a cabo en frente de esa maldita semi veela. Solo sus feromonas deberían afectar a su compañero, no las de ninguna otra criatura.

Cuando Stiles rió bajo sus labios, tuvo que alejarse para mirar sus ojos, notando el cariño y la diversión en el muchacho, su enfado esfumado.

—Nunca pensé que serías de los que besa a lo Spider-Man —reconoció el chico y Derek no le entendió, porque no sabía quién era Spider-Man, pero algo le dijo que si se quedaba lo suficiente con Stiles iba a aprenderlo. Y como no pensaba alejarse de él en lo que le quedaba de vida, creía que había una gran posibilidad de que acabase entendiendo esa referencia.

Por supuesto que él había notado todo lo que había irritado a Stiles. No solo había podido ver lo mismo que su compañero sino que también podía oler el desagrado y el temor del director del Instituto. Madame Bellerose sentía más que nada curiosidad hacia él, pero aun así no había alejado demasiado su mano del bolsillo donde tenía la varita. Si eso no fuese bastante, la abundancia de flores de acónito en la oficina del director le había dejado muy claro que los hombres lobo no eran bienvenidos en Beauxbatons.

El recuerdo de su hermoso compañero enfureciéndose en su nombre y en el de aquellos de su clase llenó su estómago de un calor tan ardiente como el Fuego Infernal. Una posesividad y un deseo espoleado por la luna que brillaba pálida a través de la ventana.

—Me debería ir a mi cuarto —pronunció y su voz sonó más como un bajo gruñido que otra cosa, sorprendiéndose cuando una de las manos de Stiles se elevó para acariciar su mejilla áspera, aún recostado en la cama de espaldas. Su expresión era calma pero su mirada brillaba.

—No sé ni para que lo dices. Sabes que no vas a salir de aquí si no es follándome antes.

Y ese descaro, esa segura arrogancia y la lujuria mal oculta en el tono burlón de Stiles son lo que rompieron el dique que había contenido su deseo no por un mes, no, sino que por seis largos años.

Derek jaló del brazo a Stiles haciendo que se deslizase por las colchas con un jadeo de sorpresa, dejándole en medio de la cama con los ojos muy abiertos y un hombre lobo encima de él. Sus manos sujetaron las muñecas del menor con fuerza pero sin violencia, sus garras ocultas aunque sus ojos probablemente brillasen de azul, como cada vez que Stiles rompía su autocontrol. El muchacho tragó saliva y se relamió apenas los labios resecos, sonriendo un poco pero Derek no encontraba la situación graciosa. La camisa blanca se había abierto por completo y podía distinguir los pezones del menor en su pecho delgado y sus colmillos estaban ansiosos por hundirse en esa suave carne, su lengua por elevar esos blandos montes.

—Pareces hambriento, Derek. Quizás si debimos quedarnos a cenar en el Palacio —quiso ser una broma, pero el delicioso olor de Stiles estaba volviendo loco a su lobo y esa afirmación pareció la infravaloración del siglo. No estaba hambriento: estaba famélico, y lo peor es que sabía que ningún sofisticado plato francés podría saciar ese apetito.

—No será necesario. Tengo una pequeña caperucita a la que puedo tomar como aperitivo —gruñó intentando devolver la broma, pero solo consiguió que Stiles gimiese bajo él, removiéndose juntando sus piernas en un gesto que Derek entendía porque, si estaba la mitad de duro de lo que él estaba, seguramente debía incomodarle en los pantalones.

No pudo seguir deteniéndose. Era simplemente agacharse y chupar esos pezones o morir, y Derek creía que era demasiado joven para fallecer por frustración sexual.

—¡Derek, ah! ¡No ahí!

Pero no había nada que Stiles pudiese hacer para evitar que Derek saborease la piel que tenía a su alcance. Podía sentir como el cuerpo de su compañero tenía el conflicto de rendirse ante su superioridad física y a la vez negarse a ser simple masa en sus manos. La rodilla del chico se frotaba contra su entrepierna y Derek no pudo evitar soltar un jadeo de sorpresa y doloroso placer, mirando hacia arriba al dejar de chupar el endurecido pezón de Stiles para ver su expresión. La sumisión mezclada con la provocación era tan absurdamente imposible, que hicieron al lobo rugir. Porque exigía sometimiento de su compañero, pero no podía vivir sin el desafío que le imponía.

—Vas a matarme —gruñó mientras sus garras destrozaban los pantalones del sorprendido Stiles— ¡vas a matarme! —rugió y antes de que el adolescente pudiese detenerle, estaba saboreando la hombría erecta del menor que gritaba sin control enredando sus manos en los cabellos de Derek mientras este chupaba y lamía esa dureza, bebiendo del líquido que no dejaba de fluir de forma tortuosamente lenta hasta que las caderas se arquearon, derramándose de forma explosiva en su garganta y su lengua la semiente del león que no había dejado de gemir ni suplicar, ni tampoco de tirar del cabello del hombre lobo, aunque este no lo hubiese ni sentido en su furia.

Cuando dejó salir el miembro de Stiles de su boca, aún endurecido y tembloroso, Derek dudó si mirar hacia el rostro de su pareja. Podía sentir la garganta en carne viva y el sabor fuerte del semen de su compañero aún en su boca y labios. Algo como la vergüenza se revolvió en su abdomen, temiendo ver rechazo en los ojos del otro ante su acción impulsiva. El recuerdo de su familia burlándose de su timidez le golpeó, porque quizás tenían razón. De hecho la tenían. Derek era muy tímido, y no podía creer que acababa de hacerle una mamada a Stiles sin siquiera permitirle decir una palabra. De hecho, literalmente le destrozó los pantalones. Eran harapos los que colgaban de las piernas del muchacho. Maldición.

—Derek —dijo la jadeante voz de Stiles y cuando el mayor buscó la mirada del chico, se encontró con que este se sentó y estaba empujándole para que cayese de espalda contra los cojines y almohadones de la cabecera de la cama.

La sorpresa dejó al lobo paralizado un momento tomando ese empujón como rechazo, pero de pronto sintió las manos de Stiles ocupadas en sus pantalones y un aullido vibró en su pecho, su hombría palpitante ansiosa por ser liberada. Su compañero se había quitado lo que restaba de los pantalones quedando solo con la camisa abierta aún puesta, pero no parecía preocupado por acabar de desnudarse él mismo, demasiado ocupado en desnudar al propio Derek.

Su parte animal, esa que la luna estaba haciendo más y más fuerte, exigía que tomase el control de nueva cuenta, porque su compañero estaba de rodillas casi desnudo en la cama, entre sus piernas, y si se estiraba un poco podía ver la redondez pálida de sus nalgas por debajo de la camisa y… por Romulus, si seguía mirando iba a acabar corriéndose antes de poder hundirse donde quería.

—Tenías que tenerla enorme ¿cierto? —le llegó de pronto la voz de Stiles, y solo entonces sus ojos se despegaron de las nalgas desnudas de su compañero para notar que su hombría estaba libre a pesar de que seguía con los pantalones puestos. Libre y erguida, brillante de humedad en la punta y latiendo justo a centímetros del rostro de su compañero. Derek gruñó, ya creyendo que solo iba a poder comunicarse por medio de gruñidos esa noche, y sintió el impulso de frotar su pene contra el rostro manchado de lunares de Stiles, pero este tenía una mano apoyada sobre su abdomen y no le dejaba moverse.

La verdad es que podría quitárselo de encima con facilidad pero… la parte humana de Derek disfrutaba la visión, un Stiles mirándole con hambre a él. Hambre y ansias, pero queriendo bromear, queriendo seguir siendo él. Derek lo amaba por eso.

—Siendo tan guapo pero inseguro, podrías haberla tenido más pequeña. Un hombre puede conservar la esperanza, ¿cierto? —preguntó el Gryffindor y su aliento caliente rozó su polla y Derek quería echar la cabeza hacia atrás en los almohadones y correrse y ya. Porque eso era demasiado tortuoso—. Aunque debo reconocer que te sentías grande mientras te frotabas contra mi culo en Halloween, así que no debí… ¡EH!

Eso fue todo. No pudo aguantar más. Stiles no podía simplemente ir y decirle eso, recordarle el momento caliente que habían vivido en Halloween, cuando le dejó lleno de ansias a pesar de ser el momento más satisfactorio de toda su vida sexual. Stiles no podía decirle eso y esperar que se quedase quieto.

Usando su fuerza no le costó dar vuelta los papeles, empujando el cuerpo de Stiles contra las almohadas mientras sacaba de su bolsillo su varita. Los ojos del chico se abrieron con sorpresa y un jadeo escapó de su garganta probablemente al sentir el efecto de los hechizos que había utilizado apuntando a su culo, aquellos que le dejaban limpio y húmedo. Casi listo para recibirle, porque gracias a Merlín son magos y no tenían que perder el tiempo en cosas como lubricantes y otras cosas peores.

—¡Derek, yo quería…!

—Lo sé —gruñó el hombre lobo mientras besaba con ganas los labios del chico, cuyos ojos parecían nublados de pronto y debía tener todo que ver con los dos dedos que él acababa de hundir en su entrada, abriéndole para él—. Pero no puedo esperar más.

Stiles pareció aceptar sus palabras porque volvió a enredar sus manos en el pelo de Derek, el que ya comenzaba a pensar tenía un fetiche, correspondiéndole los húmedos y ansiosos besos mientras sus caderas se movían solas para sentir más de esos dedos. Cuando eran tres y Stiles parecía igual de ansioso, su hombría nuevamente despierta y lista para la acción, Derek creyó que estaba bien. Su lobo no aguantaba más de todas formas y si Stiles seguía estando estrecho… ya se abriría para él en el camino.

—Tus pantalones —gruñó Stiles, mientras sus manos, que habían bajado a acariciar el pecho del lobo se deslizaban para intentar acariciar sus nalgas—. Quítalos. Si tuviese garras yo también te los destrozaría —Derek no pudo evitar soltar una risa como ladrido mientras Stiles mordía su barbilla, lamiendo su barba. Sí, definitivamente fetiche con el pelo.

El hombre lobo ni siquiera perdió tiempo en quitarse la ropa. Cogió la varita que se había deslizado lejos e hizo desaparecer la camisa y todo lo inferior, dudando si quitar o no la camisa de Stiles pero… al final decidió que la conservase.

Buscó sus labios una vez más cuando las manos de su compañero se aferraron a sus nalgas musculosas, poniendo uno de los almohadones bajo la cintura de Stiles y acomodándose entre sus piernas. No dijeron nada, solo se besaron y lamieron como animales mientras se miraban a los ojos, su hombría hundiéndose centímetro a centímetro en el menor. Derek podía notar los espasmos del cuerpo de Stiles recibiéndole y cuando este rodeó su cintura con sus piernas sin soltar sus nalgas, agradeció la elasticidad de su pareja. Mordisqueó superficialmente sus labios cuando Stiles cerró sus ojos y soltó un gemido que sus besos ya no pudieron ocultar, respirando agitado. Porque parecía ahogarse, ahogarse mientras Derek entraba cada vez más en él, intentando no embestir, intentando controlar sus deseos de clavar los colmillos en su pálido cuello.

Fue en ese momento, cuando aún quedaban algunos centímetros para estar por completo dentro del hombre al que ama, que las manos de Stiles le atrajeron hasta él con violencia, haciendo que avanzara todo el camino hasta el final, arrancándoles a ambos un jadeo de sorpresa y placer. Derek miró a los ojos de Stiles y pudo ver en ellos la felicidad y el desafío por encima de su respiración agitada y sus mejillas encendidas. No era necesario que le dijera nada. Derek rugió y dejó que el lobo tomase control porque sabía que la magia no le hubiese dado un compañero que no pudiese soportar todo lo que tenía para dar.

Cuando las embestidas se volvieron violentas y precisas Stiles ya no podía dejar de gemir, sus manos subiendo hasta la espalda de Derek para clavar allí sus uñas romas, rasguñando la piel y dejando sus propias marcas en su compañero. El lobo quería hacerlo también y mientras sus caderas presionaban buscando los lugares que complacían más al humano, su boca chupó y mordisqueó sin dañar la zona donde quería marcarle. Aulló porque ese placer es más del que creía merecer y también porque quería que ambos fuesen uno por fin, pero no se atrevía. No sin que Stiles comprendiese por completo lo que esa mordida significaría. No licantropía para el adolescente, sino que unión. El lazo formado finalmente. No podía hacerlo sin que su compañero lo entendiese, así que sufrió y disfrutó por igual el momento, sintiendo como el cuerpo de Stiles se convulsionaba bajo él derramando su semen entre sus abdómenes entre gemidos de súplica. Porque ahora era él quien decía “Vas a matarme” haciendo sonreír lobunamente a su pareja.

La luna hacía brillar el sudor en la piel de Derek y Stiles se estiró para lamerlo directamente de su cuello haciéndole aullar y embestir con más fuerza, al borde. Fue cuando sintió los dientes del humano morder fuertemente su hombro apretándole contra él con las piernas y clavando sus uñas en su espalda que Derek se corrió profundamente hundido en su amante, arqueando la espalda y aullando hacia el techo. Nunca tan aliviado de haber realizado hechizos aislantes adicionales al lugar, porque el sonido de su aullido hizo vibrar las ventanas.

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Alphonse Thomas, Gryffindor de séptimo, no podía creer la suerte que tenía al poder enrollarse con la prefecta de Ravenclaw de sexto, Lydia Martin. Había estado encaprichado con ella por años, ya ni siquiera sabía cuántas veces se había masturbado se hizo en su honor, solo resignándose a mirarle a la distancia, porque aunque no era mal parecido, sus notas no eran nada extraordinario, era un mestizo y no era una estrella de Quidditch, así que quedaba bastante lejos de la media de los chicos que tenían oportunidad con la pelirroja.

Sin embargo, ahí estaba, en su último año enredándose con la chica en un cuarto de la Torre de Astronomía. Ella misma le había citado allí por alguna razón y él no iba a decirle que no a la chica más guapa del castillo ¿no?

Lydia parecía un poco distraída desde que habían llegado allí, pero una vez que Al le besó pareció reaccionar, ambos entretenidos en meterse mano lo más callados posibles para evitar ser descubiertos cuando de pronto, algo ahogado por la puerta de madera, un grito de chica les llegó.

—¿Escuchaste eso? —preguntó él, dejando de besarla, pero Lydia solo negó, intentando seguir besándole—. No, no. Espera. Creo que alguien gritó.

—¿Qué? Quizás fue Peeves —la prefecta le quitó importancia, sin embargo el Gryffindor dentro de Al puede más que sus hormonas, alejándose del cuerpo perfecto de la chica.

—Voy a ir a ver, puedes esperar aquí para que no te pillen si quieres —le dijo, lamentando su estupidez. Iba a perder la oportunidad de ligarse con la pelirroja por investigar ese grito. Realmente era un tonto.

Sin embargo Lydia pareció incómoda por la idea de ser dejada atrás. Al final ambos salieron del cuarto y siguieron subiendo las escaleras, porque Al creía que el sonido había venido desde arriba. Lydia se quejó todo el camino en voz baja, pero cuando estaban a punto de abrir la puerta del salón de Astronomía ella se pegó a su espalda y Al agradeció a Merlín la oportunidad de sentir los senos de la prefecta tras él. Podría que no fuese a volver a tener una oportunidad de salir con ella, pero ya había valido la pena.

Finalmente el Gryffindor abrió la puerta. El salón se veía vacío, pero una vez que se adentraron entre los asientos vieron que cerca de los enormes ventanales donde había fijados grandes telescopios también había una chica tirada en el suelo boca abajo. Al corre hacia ella, levantando su cabello para ver que se trataba de Josephine Summers, una compañera suya. Tenía los ojos cerrados y un charco de sangre se esparcía bajo su abdomen y Al no se atrevió a girarla, por lo que levantó la mirada para enfocarla en la lívida de Lydia y solo pudo tragar saliva.

—Creo que está muerta.

El grito de Lydia fue tan fuerte que Al creyó que la gente de Hogsmeade había podido escucharle.


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Melissa revisó con cuidado a la paralizada estudiante de Gryffindor bajo la aprensiva mirada de Bobby Finstock y el director Deaton. Tenía los labios apretados mientras verificaba el daño de la chica, la herida del estómago ya cerrada, considerando las pociones restaurativas de sangre que tendría que darle y que hechizos no chocarían con dichas pociones. Una vez que se sintió satisfecha, movió la varita para atraer los frascos desde su oficina y procedió a hacerle beber a la joven.

La joven pronto se pudo mover, aunque de forma lenta y adolorida. Melissa finalmente asintió hacia los hombres, y se apartó un poco, aunque siempre manteniendo a la vista a su paciente. Ocupó el momento para ver más allá a Lydia quien estaba en compañía de su madre bebiendo una poción calmante. El joven Thomas ya había sido despachado a su sala común, porque a pesar de estar sorprendido por la situación, no estaba en shock como Lydia y no necesitaba más atención que una poción para dormir sin sueños que ya le había administrado.

¿Por qué era que todas las cosas extrañas ocurrían siempre los días de luna llena? Melissa podía recordar cómo se sintió cuando vio llegar hace un año a su hijo demacrado siendo llevado por un enfadado Derek Hale. Podía sentir aún el miedo que tuvo al ver esa mordida en su costado, como pensó que la vida de Scott estaba arruinada para siempre. Al final no había ocurrido así, sin embargo el recelo seguía en ella.

Cuando vio al Director traer a esa joven por un momento pensó que había ocurrido lo mismo, un lobo fuera de control. Había estado preparada para ello, creyó, pero se había equivocado. No había dicho palabra por la mirada de Deaton, esperando a que Josephine diese su testimonio.

—Entonces, pequeña. ¿Crees poder decirnos que es lo que viste? ¿Qué fue lo que te atacó? —le preguntó con calma el druida y la joven parecía asustada, pero era una Gryffindor al final y luego de tragar saliva negó un poco.

—Estaba oscuro y no pude ver casi nada —explicó con voz débil—. Tengo autorización del profesor Peter Hale para utilizar algunas noches los telescopios de la sala de Astronomía, porque quiero especializarme en eso y… —respiró profundo y negó.

—¿Pero no recuerdas nada, Summers? —insistió Finstock, y Melissa quería detenerle— ¿Algo que hayas visto? ¿Cómo entró tu atacante o cómo escapó? ¿Algún sonido? ¿Gruñido?

Y ahí estaba. La enfermera no era estúpida y sabía que eso iba a surgir. Los sospechosos habituales. Melissa apretó aún más sus brazos cruzados, asesinando con la mirada al Jefe de Gryffindor, pero la chica negó con la cabeza antes de dudar.

—Recuerdo… recuerdo un sonido —aceptó y cuando el Director le asintió, ella continúa—. Una especie de siseo. Y cuando caí estoy segura de que vi… una cola.

—¿Una cola? —preguntó Finstock frunciendo la nariz, como desconfiado de la veracidad del testimonio de su alumna, como si no hubiese sido él quien le hubiese forzado a intentar recordar.

Josephine solo asintió y finalmente le permitieron descansar. Melissa cerró las cortinas alrededor de su cama para darle privacidad y que pudiese dormir, antes de acercarse al director y al maestro de Aritmancia.

—Aunque de la herida del estómago nada puedo decir, la marca de mordida de su brazo no es de un hombre lobo —aseguró la enfermera, mientras el Director asentía. Finstock parecía a punto de poner en tela de juicio su afirmación, pero ella continuó—. Te digo, Bobby: no lo es. Tengo experiencia con mordidas de hombres lobo.

El hombre pareció dudar un momento, pero luego aceptó resignado. Melissa agradeció que no le discutiese, mirando después al Director.

—Me preocupa la parálisis. No sé a qué se debe.

—¿Algo en las garras antes de herirla? —aventuró el druida y ella solo pudo encogerse de hombros. Era una opción—. Está bien. Voy a enviar a alguien a buscar a los lobos del bosque. Tendremos un toque de queda más temprano hasta descubrir que era esta criatura e intentaremos impedir que ataque de nuevo.

—Parece bastante seguro que es una criatura y no un alumno. ¿Cómo sabe que atacará de nuevo? —preguntó ella, sintiendo algo de temor ante la expresión seria del normalmente afable mago.

—Me temo que esta clase de cosas no ocurren solo una vez —se lamentó el hombre mientras dirigía una mirada hacia donde la subdirectora acompañaba a su hija que ya dormía.

—Y justo debía ocurrir cuando Argent no está en el colegio —Bobby solo negó con la cabeza y Melissa debía compartir su lamentación.

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El clima de Francia era tan agradable en comparación al de Escocia que Stiles había considerado la opción de dormir sin cubrirse, solo siendo tapado por el brazo de Derek en su cintura y su rostro en el cuello del hombre lobo, pero al final decidió que no, eso no pasaría, porque había una brisa que de algún modo le enfriaba el culo y era jodidamente molesto. O quizás era algo de decencia, vergüenza de mostrarse tan desnudo mientras Derek le miraba, ahora que había perdido en algún momento la camisa que era como una capa de protección contra esos ojos. Porque seguía habiendo hambre en esa mirada, a pesar de que se habían corrido juntos dos veces más después de la primera y Stiles ya no creía que mañana pudiese sentarse sin incomodidad en las graderías a ver el estúpido partido entre Durmstrang y Beauxbatons. No era como si pudiese utilizar algún hechizo curativo.

Al final se estiró un poco y jaló por encima de él y de Derek un cobertor que había caído con todo el movimiento que tuvo la cama. Era una pena cubrir el cuerpo perfecto de su lobo, pero no había de otra. Además, así no seguía dándole hambre a él.

Podía sentir la nariz del mayor rozar lo alto de su cabeza, pero ninguno dijo nada. Compartiendo un silencio cómodo, algo que Stiles nunca pensó poder disfrutar tanto.

No pudo evitar dejar un beso sobre la piel del cuello del hombre, sintiendo bajo sus labios el ritmo acelerado del corazón del otro y sonrió. No sabía si eso es por él o por que los licántropos tenían naturalmente el ritmo acelerado, pero le gustaba. Casi le adormecía.

Estaba en ese estado adormecido cuando finalmente rompió el silencio, porque era Stiles, y no podía quedarse callado tanto rato sin parecer estar fuera de personaje.

—¿Sabes? En uno de los libros de la Sección Prohibida leí algo extraño —comentó, dejando suaves besos en esa piel, tomando con la lengua una gota de sudor. Podía sentir el brazo de Derek apretarle más hacia él y continuó—. Es algo que pasa muy, muy rara vez. Y para que ocurra tienen que juntarse una multitud de requisitos que de por sí solos son difíciles de cumplir pero ¿todos juntos? ¡Imposible!

—¿Qué requisitos? —preguntó de pronto la voz ronca de Derek y Stiles se estremeció ante su tono, queriendo frotarse contra él, envolverse en su voz. Si pudiese grabar un vinillo de Derek y sus gruñidos, oh, Merlín, sería el regalo de Navidad perfecto.

—El primer requisito es que el hombre lobo lo sea por nacimiento… así como tú —comentó frotando la nariz en el cuello del profesor, absorbiendo su aroma masculino y algo salvaje. Animal—. El segundo requisito es que su pareja sea humano. Uno como yo —sonrió un poco contra esa piel, antes de seguir—. Luego decía que ambos debían estar “enlazados”. Imagino que es una vieja forma de decir matrimonio, ya que era un libro muy viejo, pero… bueno, el cuarto requisito era, tú sabes… hacer lo que hemos hecho a la luz de la luna llena.

Stiles giró un poco en el abrazo de Derek, subiendo una de sus piernas a la del mayor, levantando apenas el cuello para ver como la luz de la luna creaba sombras en el suelo a través de la ventana. Hacía mucho que las velas se habían extinguido, pero eso no les había importado. Tenían al astro de plata para guiarles.

—El último requisito era tan raro que ni siquiera vale la pena mencionarlo —dijo luego de un momento de silencio, apretándose contra Derek.

De alguna forma el sueño que le estaba rondando antes de empezar a hablar se había esfumado. Se sentía despierto y atento a cada movimiento del pecho de Derek, cada respiración tomada, cada pequeña caricia que sus dedos dejaban en su piel por debajo del cobertor. No miró a su rostro, pero sabía que Derek le estaba mirando a él.

Él solo aguardó.

—¿Cuál es el último requisito? —ahí estaba, la voz del hombre lobo. Stiles tragó saliva y continuó, lento, pausado, una simple charla de almohada. No había nada importante pasando allí. Una simple charla sobre algo que leyó en un libro.

—Es un término que he leído un par de veces en los libros sobre licántropos que he tomado. No consigo entenderlo a cabalidad, y cuando le pregunté a Scott él tampoco entendía nada —se encogió de hombros sutilmente, pero continuó. Ya no podía detenerse—. El último requisito es que ambos, hombre lobo y humano sean Compañeros. No solo pareja, sino que Compañeros. Por lo que he podido deducir tiene que ver con el destino. Casi como…

—Como si fuesen parejas predestinadas por la magia —le interrumpió Derek en un murmullo.

Stiles sintió todo su cuerpo tensarse como una cuerda al escucharle. Estuvo quieto por un momento, pero luego subió su rostro y enfocó su mirada en los ojos de Derek. Y podía leerlo. Era tan transparente si le conocías, si no te dejabas avasallar por su expresión de mal humor. Derek era tan puro que Stiles se maravillaba de que pudiese existir. Cuando el lobo separó los labios le dejó hablar, la última oportunidad para que sea él quien lo dijese, porque Stiles ya no aguantaba.

—Si quieres, por seguridad, podemos hacer hechizos de protección adicionales… —murmuró de una forma tímida el hombre y Stiles sintió como si le hubiese dado un golpe en el estómago, empujando a Derek y alejándose de su toque mientras se sentaba en la cama aún muy desnudo. Enfadado y a la vez, bien en el fondo, exultante, porque ya no debía ocultar que siempre lo había sospechado.

—¡Es verdad entonces! ¡Yo tenía razón! —exclamó el Gryffindor y la expresión culpable de Derek quien se había sentado también en la cama no le amilanó— ¡Soy tu maldito compañero!

Quería que Derek le dijera algo, que le abrazase, que se disculpara por no decírselo antes, que le explicase por qué guardó silencio, lo que sea, pero el hombre no hizo nada. Simplemente se quedó mirándole en silencio, y Stiles no podía leer su expresión en este momento.

Molesto de que utilizara su cara de póker contra él, Stiles le golpeó en el pecho, enfadado. Sintiéndose rechazado.

—¡¿Por qué no me lo dijiste?! —le exigió, pero Derek seguía sin decirle nada. Algo se quebró dentro de Stiles y de pronto sintió que sus ojos estaban húmedos y por fin consiguió una reacción del lobo—. ¿Acaso no soy lo que querías? ¿Acaso hubieses preferido tener a otra persona? Quizás yo…

Pero sus palabras fueron silenciadas de golpe por el beso profundo que Derek le dio, empujándole de regreso a la cama, otra vez con el lobo encima suyo. Stiles no quería llorar porque no era un maldito niño, pero cuando vio la fiera mirada azul relámpago de mayor una lágrima cayó por su mejilla.

—No. Jamás —le dijo Derek sujetando su rostro con ambas manos, mirándole con ferocidad, inclinándose para lamer la salada lágrima—. Eres lo mejor que le ha pasado a mi vida, Stiles. Quería decírtelo, pero…

Y de pronto a Stiles no le importaba saber porque Derek no se lo dijo antes. Él también tomó las mejillas del mayor y le atrajo hasta él besándole lento y lleno de sentimientos. Porque la verdad era que no importa el porqué, lo que importaba era que eso ya no era un secreto y ambos estaban juntos ahora. Y Stiles no pensaba dejar que su hombre lobo se le escapase. Nunca.

A pesar de eso, por culpa de toda la acción y las emociones, Stiles estaba cansado, así que agradeció que Derek le siguiese besando igual de suave, consolándole con sus caricias, pero no pidiendo nada más. Comprendiendo sus límites humanos. Le quería más por eso, de ser posible.

Derek estaba besando su cuello con Stiles abrazándole por la cintura cuando de pronto no pudo evitar preguntar, sintiendo las mejillas arder, pero aun así sin poder evitarlo. Porque necesitaba saber.

—Entonces… ¿es cierto? —su voz sonando tímida y mansa a sus propios oídos y Stiles se odió por ello mientras acariciaba los abdominales de su compañero, pero no tenía energías para ser sarcástico o bromista—. ¿Algún día… voy a llevar a tus cachorros?

Y pudo sentir bajo los dedos la tensión en los músculos de Derek. Se quedaron quietos pero entonces Derek se hundió más en su cuello, besándole y lamiendo su piel. Rozando sus colmillos a veces enviando estremecimientos por la espina de Stiles.

—¿Tú querrías hacerlo? —le preguntó en cambio, como si eso fuese lo realmente importante y Stiles sintió el amor inflamarle el corazón.

Se quedó callado un rato, pero tenía la respuesta clara desde el primer momento. Cuando finalmente lo dijo, su voz surgió débil como un suspiro, uno que sabía Derek no se perdió.

—Si. Me gustaría.

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Eran apenas las tres de la mañana cuando la garza que era el Patronus de Deaton llegó hasta el grupo de lobos. Isaac fue el primer en verla y la persiguió bajo la lluvia y entre los árboles hasta que llegó hasta Peter, donde la garza abrió el pico aleteando y dando el mensaje con la voz del Director. «Ha habido un ataque en el Castillo. Que todos los licántropos regresen por su propia seguridad». El mensaje era corto, pero era suficiente para asustar al Hufflepuff.

—Cálmate, Isaac —Peter tuvo que ordenar al empapado muchacho que parecía ansioso de volver corriendo a Hogwarts para saber si sus amigos están bien—. Busca a Scott y Cora y diles que regresen. Yo debo ir a buscar a Jackson.

—¿Buscar a Jackson? —le preguntó el rubio sorprendido y Peter pudo sentir un ligero cambio en el aroma del chico que hizo que cambiase sus planes. Derek no le había dicho que lo de Jackson era un secreto, así que no vio el mal de ayudarse con la presencia de Isaac.

De todas formas Scott y Cora ya habían llegado hasta ellos, al escuchar que se habían detenido a pesar de la lluvia, algo que hizo sentir absurdamente orgulloso a Peter de las habilidades de los jóvenes de su manada. Les envió a ambos al Castillo y en cambio se llevó con él al tejón. Todo el camino que corrieron hacia la Casa de los Gritos por el túnel podía percibir la sorpresa de Isaac y eso le causó algo de gracia. Realmente era como un cachorro.

Una vez que llegaron a la vieja casona y emergieron por el sótano, Peter buscó a Jackson, encontrándole exactamente en la posición que le dejó, aunque con la piel y la ropa empapada en sudor.

—¿Qué le pasa?

—Su cuerpo resiente el no poder cambiar por la matalobos —aceptó Peter apoyando el dorso de su mano en la frente afiebrada de Jackson.

Quizás no había sido la mejor idea detener el primer cambio del muchacho en plena Luna Llena. Quien sabía que podía ocasionar eso en el lobo del Slytherin. Al menos estaba inconsciente y allí, eso significaba que no había sido él el culpable del ataque del castillo. No quería aceptarlo, pero parte de Peter había pensado que encontrarían la casa vacía. Había sido un alivio verle allí. Derek le pagaría todas esas preocupaciones innecesarias.

—Bueno, hay que llevarle al castillo —Peter se inclinó para tomar uno de los brazos de Jackson para pasárselo por encima de los hombros, pero la mano de Isaac le entorpeció el camino. Iba a preguntarle qué le pasaba cuando el joven lobo cogió el cuerpo del otro muchacho como si no pesara nada, gracias a su fuerza lobuna.

—Así será más rápido —indicó el tejón y Peter debió reconocer que era cierto.

—¿Puedo tomaros una foto? Sería una pena que Jackson no recuerde cuando fue cargado como novia por un Hufflepuff solo por estar inconsciente —bromeó el Jefe de Slytherin disfrutando ver el color inundar las mejillas del cachorro.

Una vez que se pusieron en camino de regreso al castillo Peter recordó haber escuchado que Christopher Argent no estaría en el castillo ese fin de semana. ¿Podría tener peor tiempo el ex cazador? Era cierto que nunca se habían llevado bien pero… era el maldito profesor de Defensa. Que no estuviese en el momento preciso que eran atacados era una putada.

Peter decidió que enviaría un mensaje a Derek para que regresase lo antes posible, porque si el castillo estaba en un peligro real un solo Hale no sería bastante para mantener protegidos a todos los cachorros de la manada, más ahora que estaban aumentando porque Derek no podía dejar de morder almas perdidas.


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Luego de tres semanas sin práctica de Quidditch la noticia sobre el ataque de la torre de Astronomía fue recibida con pesadumbre por Kira, sobre todo cuando el Director explicó que se adelantaría el toque de queda a las 8 en vez de a las 10 y las Actividades Extra Programáticas se encontraban canceladas hasta nuevo aviso. Había llevado su escoba al desayuno para ir directo a la práctica, al igual que sus compañeros de equipo, y ya estaba pensando que iba a tener que regresarla a la Torre cuando Finstock dijo, parándose luego del anuncio del Director, que nada ni nadie iba a impedir que llevaran a cabo ese entrenamiento, poniendo especial énfasis en el “nada”.

La mesa de profesores se veía extrañamente vacía por la ausencia del profesor Argent, la profesora Martin y Derek, pero en cambio Peter Hale parecía enorme por alguna razón. Quizás son sus instintos kitsune. El tío del entrenador siempre le había parecido algo aterrador… y curiosamente un poco parecido a Malia.

—Apuesto a que estás pensando en mí —dijo de pronto la voz de su novia desde su espalda, haciendo que Kira se girase sorprendida, mirándola en la mesa de Hufflepuff donde estaba sonriendo con superioridad.

—¿Qué? ¡¿Cómo supiste?! —preguntó sorprendida para luego ver la mirada incrédula de la coyote por medio segundo (que probablemente no podía creer que su frase para ligar de 5 knuts funcionase), antes de que regresase su altivez.

—Porque soy adivina, por supuesto. Estoy tomando clases de Lydia —bromeó y Kira no pudo más que rodar los ojos divertida—. Lo que me hace pensar… ¿dónde está Lydia? —comentó y la kitsune pudo notar que la pelirroja no estaba en la mesa de Ravenclaw.

Allison también parecía un poco preocupada por la ausencia de su amiga y Scott la calmó diciéndole que seguro se quedó durmiendo hasta tarde, pero fue Theo el que les recordó que Lydia nunca rompía sus ciclos de sueño porque, según ella, eran la base de su belleza.

—Pues se habrá quedado enrollando con algún tipo —se encogió de hombros Cora, mordiendo un panecillo—. Ayer por la tarde Thomas no dejaba de fanfarronear que había quedado con ella en la noche. Es un idiota.

Kira no pudo evitar fruncir un poco el ceño. Su mirada buscó hacia el tal Thomas, ese Gryffindor rubio de séptimo y le encontró comiendo silencioso, mirando directo a su plato.

—La chica que salió lastimada era Summers de séptimo, ¿no? —preguntó al aire, Scott corroborándoselo.

¿No era eso un poco sospechoso? La ausencia de Lydia y su madre, la chica lastimada y el chico con el que la pelirroja supuestamente había estado enrollándose el día anterior. Un vistazo a Allison le hicieron notar que ella también parecía ver la conexión, mirando al espacio vacío de Natalie Martin en la mesa de los profesores. Cuando sus ojos se encontraron, Kira le elevó las cejas y la chica le sonrió un poco.

—Voy a buscar a Lydia luego del desayuno. Ustedes entrenen tranquilos, aprovechen que por un día no está lloviendo torrencialmente.

—Quizás lo más rápido sería buscar a su madre —le sonrió Kira y Allison asintió.

Ambas se habían empezado a llevar muy bien una vez que la Argent había dejado de esquivar a los leones, en la misma época que empezó a seguir a Stiles con Lydia y luego de Halloween. Allison le parecía una chica genial, era muy amable y considerada. Sabía por comentarios sueltos que había roto el corazón de Scott el año anterior pero algo le decía que debía haber tenido un motivo para ello.

Cuando miró hacia el frente y se encontró con la mirada sabihonda de Theo y sus cejas elevadas la asiática sintió que perdió el aliento un momento. Frunció el ceño hacia él, pero pronto Theo estaba otra vez enzarzado en una charla sobre Quidditch profesional con Scott y la ignoraba.

El sonido del silbato muggle del entrenador Finstock hizo que siete personas de inmediato se pusieran de pie en sus asientos, trayendo risas de los demás alumnos del Gran Comedor y miradas reprobadoras del resto de los profesores. A Kira le causó gracia lo bien entrenados que estaban en tan poco tiempo, despidiéndose con un beso en los labios de Malia que prometió alcanzarle apenas terminase de desayunar, siguiendo luego a Scott y a Isaac el que parecía mirar con aprensiva atención al otro Co-Capitán.

—¿Le pasa algo a Jackson? —preguntó con curiosidad al prefecto de Hufflepuff, el que se sobresaltó ante la pregunta y le miró fijamente.

Kira pudo ver la duda en su rostro y estaba apunto de decirle que no se preocupase, que no debía decirle nada si no quería, cuando Isaac se encogió de hombros como cansado.

—No sé en verdad. No sé qué pasa con él —Scott elevó una ceja, demostrando que estaba atento a la conversación. Isaac esperó a que fuesen los últimos del grupo caminando por los húmedos terrenos hacia el Campo de Quidditch para hablar en siseos—. Derek lo mordió, pero como no iba a estar para la Luna Llena le dijo a Peter que le diese poción matalobos para mantener su transformación inexistente hasta que él volviese… Peter dice que a causa de esto puede estar teniendo una mala reacción, la herida de la mordida de Derek no se le curó y anoche mientras le ayudaba a llegar a las mazmorras... —por un momento el tejón apretó los labios, pero al final habló—… tosió y tenía un líquido negro en la mano. No sé qué le pasa, Scott, pero estoy preocupado.

Kira se había quedado callada mientras le escuchaba. Ella en verdad no sabía sobre transformaciones a hombre lobo, pero si sabía que es lo que ocurría cuando alguien resentía de la criatura que estaba en su interior. Había escuchado historias de kitsunes convirtiéndose en nogitsunes y matando a sus portadores solo por ser rechazados. ¿Qué haría un lobo recién convertido al que le impedían disfrutar de la Luna a la fuerza? No sonaba bien.

—¿Crees que él haya podido ser quien atacó a Summers anoche? —preguntó de pronto Scott, su expresión seria. Kira se sorprendió porque ni siquiera se le había ocurrido eso, pero Isaac negó con la cabeza, aunque hasta ella podía sentir que dudaba.

—No, imposible. Estaba desmayado en fiebre en la Casa de los Gritos. Tuve que cargarle… no, no hubiese podido. No —negó repetidas veces el rubio cuando llegaron por fin al Campo donde el entrenador les envió a ponerse sus protecciones antes de empezar.

Con una sola mirada decidieron dejar el tema, pero Kira se descubrió tanto a sí misma como a Isaac y Scott observando fijamente a Jackson durante toda la práctica.

++++

Cuando llegaron al Palacio de Beauxbatons, poco antes del mediodía, la profesora Bellerose estaba nuevamente esperándoles. A la luz del día los jardines del palacio eran aún más impresionantes y Derek podía notar que ayer Stiles había tenido razón, porque los árboles podados con formas de criaturas se movían lentamente, para nada producto del viento. Era algo bello de ver con luminosidad, pero de noche debía ser bastante tétrico.

A pesar de que el día anterior no había mordido a Stiles, se sorprendió cuando el chico no pareció verse afectado por la bruja, mirando con sospecha al león que parecía tan sorprendido como él, aunque también mucho más tranquilo al notar que podía razonar correctamente. Había sentido cierta tensión en él desde que subieron al carro de caballos alados y ahora sabía que la semi veela había sido el motivo de dicha tensión.

Aun así era algo curioso. Casi sin pensarlo el hombre lobo se rascó la zona donde Stiles le había mordido ayer por la noche, la primera vez que hicieron el amor, cayendo sobre él la idea de que quizás el adolescente mismo había unido el lazo por su cuenta. Mientras eran guiados hacia el Campo de Quidditch, ya que el partido comenzaría en breve, Derek se preguntó cuáles serían las consecuencias de eso. La idea de la última charla que tuvieron antes de que Stiles cayese dormido provocó que su estómago diese un vuelco, rechazándolo enseguida. No, eso no iba a ocurrir. No con un lazo incompleto. La magia no aceptaría eso como una unión perfecta y... no bendeciría una unión que fuese menos que perfecta.

Derek sabía que Stiles y él tenían el potencial para ser perfectos juntos, sin embargo no se engañaba al hecho que aún no lo eran. A Stiles le faltaba crecer un poco y a él madurar. Pero lo serían, serían perfectos algún día.

—Por aquí pueden subir a las graderías para ver el partido —les indicó Madame Bellerose con su sutil acento francés, sonriéndoles—. Recuerden que por las reglas del torneo no pueden usar esferas grabadoras al no participar su equipo en el encuentro, pero pueden tomar las notas que estimen convenientes.

—Gracias, no se preocupe, hemos leído las normas —le indicó sarcásticamente Stiles con un poco de rudeza, algo de lo que hubiese sido incapaz del día anterior bajo los encantos de la semi veela, sorprendiendo a la mujer.

Derek sabía que debería regañar a su alumno y disculparse con la otra profesora, sin embargo sabía que el tono de rudeza extra de Stiles era una forma de asegurarle a él, su lobo, que no había nada de la bruja que le llamase la atención. Y eso le hacía querer aullar.

—Bueno, si… por favor, disfruten el partido —la desconcertada Bellerose se marchó a paso raudo hacia el Palacio por el camino que antes habían tomado juntos.

Derek aguardó que se alejase lo suficiente antes de mirar a Stiles arqueando una ceja. Stiles parecía indiferente a su gesto, sacando del bolsillo de su túnica el paquete que había estado guardando en la Terminal de Trasladores de Londres.

—¿Alcanzaré a ir a dejarle al novio de Danny el paquete que le mandó? —preguntó más como para sí mismo que para Derek, no pidiendo permiso sino que preocupado del tiempo. Además ¿novio? Si esos dos solo se habían conocido por un par de días. Cernunnos, los adolescentes.

—¿Por qué no se lo entregas luego del partido? —preguntó mientras sacaba la varita para usar el hechizo tempus. Aún quedaban un par de minutos antes del encuentro.

—Porque Danny me pidió que se lo diese antes —se quejó el menor poniendo un puchero, antes de sonreír de medio lado—. Para darle ánimo. Tú sabes de eso…

Y Derek no pudo evitar corresponderle la sonrisa, aunque eso rompiese su imagen de hombre lobo rudo. Porque el recuerdo del beso que le dio a Stiles en los camerinos, su primer beso, sería por mucho tiempo el recuerdo que usaría para convocar a su Patronus. Aunque la noche anterior habían acumulado juntos bastantes recuerdos de la misma calidad e incluso mejores, debía aceptar.

Al final solo pudo hacerle un gesto de que se fuese rápido, advirtiéndole que si no regresaba al comenzar el partido él iba a ir a buscarlo y entonces Finstock les gritaría a los dos porque no habría nadie para informar sobre las técnicas de Beauxbatons.

La mirada de Stiles le dijo que, llegada esa situación, él podría hacer que los gritos de Finstock valiesen la pena. Después de anoche, Derek estaba seguro de que sí.

Estaba subiendo las escaleras a las graderías cuando se preguntó qué expresión pondrían los hombres lobos de Durmstrang cuando pudiesen oler en Stiles y en esa camisa todo lo que hicieron ayer. La sonrisa lobuna de Derek no desapareció ni siquiera cuando tuvo que presentarse a los políticos e invitados con los que compartiría el palco.

++++

Luego del almuerzo, aún agotado por el entrenamiento, Isaac se tomó un momento para reflexionar sobre lo que sentía por Jackson. No lo había querido pensar nunca, aceptando el par de besos bruscos que se habían dado como lo que eran: algo del calor del momento. Pero ahora que el Slytherin había sido mordido, ahora que eran compañeros de manada… ahora creía que quizás debería reconsiderar sus opciones.

No se engañaba con el chico: era un hijo de puta. Era un Slytherin modelo, arrogante, creído, petulante y todos los sinónimos que se le pudiesen ocurrir. Jackson era egoísta, podía rayar en lo cruel –como cuando rompió con Lydia– y en general nadie debería detenerse a considerar estar encaprichado con él. Menos algo más.

«Me parece atractivo. Eso es todo». El Hufflepuff trató de tranquilizar sus propias dudas mientras caminaba hacia la sala común de su casa. «Quiero decir, uno puede encontrar guapo a un hijo de puta ¿verdad? Todos podemos notar que Peter no es un pan de dios pero, el tipo es caliente…»

Este argumento no le calmó demasiado, pero de pronto su oído lupino captó la voz de gente conocida que se acercaba y disminuyó su velocidad hasta que por el pasillo a su espalda apareció el Slytherin que le mantenía preocupado seguido de un Liam harto.

—¡No necesito que me acompañes a todas partes, Dumb–ar! —le gruñó Jackson, asesinándole con la mirada e Isaac elevó las cejas, porque Liam parecía más molesto que el propio Jackson.

—No lo hago porque quiera ¿vale? El entrenador me dijo que te vigilara, no quería que te volvieras a enfermar antes de un partido y hoy estuviste raro. Así que te aguantas —y su ira era real y su tono sonaba convincente, pero Isaac tenía oído de lobo y pudo escuchar su corazón cambiar de velocidad por la mentira.

Cuando por fin le vieron, ambos Slytherin enmudecieron. Jackson le dio una mirada iracunda a Isaac, como esperando que le sacase en cara haber tenido que llevarle casi arrastrando hacia la entrada de la Sala Común de Slytherin esa madrugada, pero como el tejón no dijo nada, el Co-Capitán siguió su camino. Liam en cambio percibió que Isaac quería hablarle y se detuvo a su lado, esperando ambos que Jackson desapareciera para el menor hablar rápidamente en tono bajo.

—Scott me pidió que vigilara al idiota, no sé porque. Quizás piensa que pueden atacarlo como a esa Gryffindor o algo —se encogió de hombros, e Isaac podría besar a Scott por no llenar la cabeza de Liam con la sospecha de que Jackson podría ser el culpable de los ataques y no una posible víctima—. Sin embargo por la tarde voy a ir a entrenar con el Capitán y no voy a poder estar atento a él…

—Procuraré que mis rondas de prefecto cubran las áreas cercanas a las mazmorras para mantenerle un ojo encima —le prometió a la serpiente, el que le sonrió agradecido antes de ir corriendo tras Jackson para alcanzarlo.

Isaac se quedó mirando al lugar donde los dos Slytherin se perdieron, preguntándose en cuáles eran las posibilidades de que fuese Jackson el culpable y no por primera vez desde anoche se preguntó porque fue que Derek mordió a su dolor de cabeza personal.

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Stiles había pensado que una vez volviesen al hostal tras el partido ambos se iban a sentir tan ansiosos por el contacto que no habrían podido tener en la tarde que se lanzarían el uno contra el otro de forma hambrienta. Había fantaseado un poco con eso, debía reconocerlo. Sin embargo la realidad era otra ahora que entraban en la habitación que no habían usado el día anterior, porque Derek quería “hablar” y ver la cama desarmada les traería otros recuerdos. Y si estaba hecha sería peor, porque significaba que alguien había visto las sábanas desordenadas y podría imaginarse lo ocurrido, aunque Derek se había asegurado de borrar toda evidencia de las acciones y desarmar su propia cama para parecer que habían ocupado ambos cuartos.

Derek paseándose por la habitación no era tranquilizador ni por lo bajo. De hecho, estaba poniendo nervioso a Stiles. Al menos tenía claro que esa charla no era sobre ellos y su relación.

—¡Dos jugadores gravemente lesionados! ¡Y los dos son hombres lobo! —gruñó furioso Derek— ¿Cuáles son las probabilidades?

Stiles podría decirle el número exacto, porque ya lo había calculado en el viaje en el carro tirado por Abraxas, pero sabía que la pregunta de su compañero era retórica.

—Si hubiesen sido humanos estarían muertos —insistió el mayor y Stiles apretó sus labios. No quería decirle que él creía que aun siendo hombres lobo Ethan hubiese muerto si es que su hermano Aiden no hubiese ocupado su propio cuerpo para desviar la trayectoria de la segunda bludger que iba hacia su gemelo mientras este caía de su escoba.

—… fueron accidentes —y había sarcasmo en el falso acento francés de Stiles, porque estaba imitando a la profesora de Defensa que tuvo que responder a sus “dudas” tras el partido—. Por supuesto. Accidentes extremadamente bien diseñados para parecer accidentes. ¿Y dónde diablos estaba el entrenador del equipo francés, ah? Ese ayudante, por Merlín… que inútil más grande.

Él también se encontraba furioso, porque la idea de que en un mes esos heridos podían ser Isaac o Scott hacía que quisiera vomitar. Derek se paró a su lado y le atrajo a un abrazo apretado, probablemente sintiendo en su aroma o sus latidos lo que le había dolido imaginar que fuese a Scott al que sacaran del campo inconsciente o gritando de dolor, como había ocurrido con Aiden y Brett.

Stiles correspondió el abrazo y se hundió en el aroma de su lobo cuando unos golpecitos en la ventana llamaron su atención, mirando por encima del hombro de Derek y viendo un halcón mirándole con sus rapaces ojos.

—Derek, hay un…

—Ya lo vi —le interrumpió el hombre lobo soltándole y caminando hacia la ventana para abrir el paso al animal—. Es el halcón de Peter —dijo y Stiles elevó las cejas, porque jamás hubiese imaginado que Peter fuera capaz de mantener una mascota con vida.

Quiso bromear sobre eso, pero Derek estaba revisando el mensaje que traía el halcón enrollado en la pata y su ceño se estaba frunciendo imposiblemente. Cuando los ojos del licántropo le buscaron Stiles ya sabía lo que iba a decirle.

—Tenemos que volver a Hogwarts.


NOX

Chapter Text

Tener que pasar todo un día pendiente de Jackson era el peor castigo que alguien le hubiese podido dar. Si Merlín, la providencia o quien fuese quería castigarle por todos los pecados de su vida, por favor que se cobrasen con lo que había tenido que sufrir ese sábado. El único motivo por el que Liam no mandó todo a la mierda y se fue a la biblioteca a terminar su trabajo de Historia de la Magia era porque había sido Scott quien se lo había pedido y había lucido realmente preocupado por el tema.

Así que al llegar las cinco y cincuenta, casi siendo la hora del entrenamiento extra con su Único Capitán (porque no reconocería a Jackson como eso), preguntó a un compañero de Jackson si este seguía en su cuarto, donde se había recluido luego de unas horas de tener a Liam tras sus pasos. Recibió una corroboración de mala manera del estudiante mayor, pero no le importó mientras salía satisfecho de la sala común. Al menos había cumplido su trabajo.

Se sorprendió al encontrarse con Isaac un par de pasillos alejado, tocándole el hombro aunque sospechaba que por su condición de hombre lobo él ya le había sentido.

—Hey, Liam ¿todo bien? ¿Vas a jugar? —preguntó innecesariamente, ya que era obvio al Liam llevar su escoba en el hombro y su bate colgando del cinturón.

—Sip. El idiota ha estado extrañamente inquieto hoy, pero cuando se dio cuenta de que no podía deshacerse de mí se encerró en su cuarto —le explicó al tejón cambiándose de hombro la escoba—. Estaba allí ahora que me fui, así que no creo que moleste, pero…

—Voy a quedarme por aquí de todas maneras —se le adelantó el prefecto y Liam le sonrió—. Recuerda que el toque de queda es a las ocho.

—Sí, no te preocupes. Gracias, amigo —le dijo dándole una palmadita antes de correr, porque no quería hacer esperar a Scott en el frío campo siendo casi diciembre.

Le parecía algo extraño como ya había dado por segura la condición de Lahey y Scott en el último mes, luego de toda la observación. No era que ninguno le hubiese confirmado nada, pero creía que lo sabían. Sabían que él lo sabía y de algún modo confiaban en que guardaría sus secretos.

Aún se sentía culpable por haber acorralado el día anterior a Isaac, obligándole a contar esas cosas que nadie debería forzarle a decir. No sabía cómo reparar lo que había hecho, así que iba al menos a poner todo de su parte para serles de la mayor utilidad posible a los lobos. Era lo mínimo que podía hacer.

Si sus mejillas se sonrojaron fue porque el aire helado de Escocia las golpeaba mientras corría hacia el Campo de Quidditch y no tenía que ver con las cosas que el otro chico le había dicho sobre su Capitán. Nada en absoluto.

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Fue poco antes de la hora de almuerzo que Allison encontró a Lydia. La chica venía bajando de la Torre de Ravenclaw y tenía el rostro de alguien que no había podido dormir bien. Cuando vio a la leona tuvo el impulso de escapar por algún motivo, algo que le confesó rato después, ambas sentadas en una banca del Patio Interior del castillo.

La pelirroja le contó todo lo que recordaba el día anterior, el miedo a ser dejada atrás y luego cuando ella y Thomas pensaron que Summers estaba muerta. Había sido una pesadilla para la Ravenclaw, sin lugar a dudas, y Allison le dejó apoyarse en su hombro, acariciando su cabello consoladoramente.

—Lo peor es que no sé si fue para mejor o para peor haber escogido la Torre de Astronomía para darme el lote con Al. Quiero decir, normalmente odio ir a ese lugar porque siempre hay parejitas —se quejó Lydia en su hombro y Allison sonrió rodando los ojos, porque era típico de su amiga hablar con desagrado de otras parejas cuando ella había sido la pareja más famosa de la historia de Hogwarts con Jackson—. Si hubiese elegido otro lugar no habría tenido que ver esa escena… pero por otro lado, si no hubiésemos estado allí probablemente Summers hubiese muerto, o al menos eso nos dijo la mamá de Scott —los labios apretados de Lydia removieron algo en Allison, que le abrazó un poco, consoladora.

—Ya pasó, Lyds. Y Summers se pondrá bien, ella es fuerte. No tienes que preocuparte más por eso.

Luego de almorzar en el Gran Comedor ambas se dirigieron a la biblioteca para hacer los deberes que tendrían para la semana siguiente. El ánimo de la Ravenclaw fue subiendo con el paso de las horas y a las siete, cuando quedaba menos de una hora para la cena y el nuevo toque de queda, ya parecía la Lydia de siempre.

Cargando libros y sus bolsos con los deberes hechos, ambas decidieron ir a dejar todo a sus Salas Comunes antes de bajar a comer. Estaban charlando sobre el último artículo de moda de Corazón de Bruja cuando Lydia giró en un pasillo con una seguridad impropia para alguien que está equivocándose de camino.

—Hey, Lyds, ese no es el camino a la Torre de Ravenclaw.

—¿Qué? Claro que si —rodó los ojos la pelirroja mientras se detenía frente a una puerta, pasando los libros a su mano izquierda para tomar el pomo con la que ahora estaba libre—. Solo debo abrir esta puerta y…

—Lydia, ese es el armario de las escobas —le dijo risueña Allison, recordando a los niños que hace unas semanas pilló allí, sin embargo cuando el rostro de su amiga palideció mirando a las escobas viejas ella se preocupó—. Lydia ¿estás bien?

El sonido de los libros de Lydia cayendo al suelo es todo lo que escuchó antes de que el grito más desolador que había escuchado en la vida le retumbase en los tímpanos.

++++

Cuando Stiles apareció quince segundos después de él en el fuego de la chimenea de Deaton, Derek por fin sintió que podía respirar. Nadie le informó que tener un compañero sería esa sensación angustiante de tener que protegerle de todo, en que un simple viaje Vía Fluu desde la Terminal Internacional de Trasladores se volvería una tortura por no saber si enviar a su chico abriendo el camino, quedando indefenso a lo que hubiese al otro lado, o dejarle atrás y enfrentarse al miedo de que nunca apareciese.

Deaton pareció mirarle con condescendencia y Derek no la quería: Quería a Stiles entre sus brazos, pero estaban de regreso en el colegio y eso ya no era una opción. Dándole un último vistazo de pies a cabeza al león, acabó por mirar al director asintiendo.

—Gracias por volver tan pronto, Derek, pero no era necesario. Supongo que tu tío te avisó.

—El ataque a una alumna por una criatura no identificada hace que la presencia de cualquier protector sea necesaria —le contradijo Derek, y el druida asintió mansamente.

—¿Summers está bien? —preguntó de repente Stiles y Deaton elevó las cejas antes de asentir otra vez.

—Su compañera de casa está bien, señor Stilinski. Pasó el día bajo la vigilancia de la señora McCall pero ya está de regreso a la Torre de Gryffindor perfectamente.

Una vez que eso estuvo aclarado Derek supo que el director esperaba que su compañero se retirase para charlar del tema en privado, pero él no podía encontrar la voz para decirle a Stiles que se marchase. Su lobo consideraba un peligro que Stiles caminase solo por el castillo en esas circunstancias y Derek tenía que coincidir con sus instintos. Dejaría al muchacho en el Gran Comedor y luego ya podría regresar con Deaton, pero no iba a dejarle marchar solo aunque sean unos pocos pasillos, no con una posible criatura peligrosa suelta.

Iba a decirle esto al Director cuando de pronto un esbelto zorro de bruma plateada irrumpió en el Despacho, sorprendiendo a los tres. Había urgencia en el Patronus cuando abrió la hocico entregando el mensaje con la voz de la profesora Noshiko «Señor Director, ha habido un nuevo ataque. Mi esposo vio chispas rojas en el Campo de Quidditch y hemos encontrado a los jóvenes McCall y Dunbar lastimados. Nos dirigimos a la enfermería». El gemido y el poderoso aroma a dolor de Stiles golpearon a Derek como un mazo. Antes de poder detenerse estaba envolviendo sus brazos alrededor del cuerpo tembloroso de su compañero, el que estaba cubriendo su boca con una mano.

Maldita sea, tenía que ser Scott. ¡Debían detener a quien estuviese haciendo eso ya!

++++

Cuando Scott reaccionó a medias no pudo evitar soltar un poderoso aullido que pudo sentir rebotar en el espacio donde estaba. Su pecho se contrajo por el dolor que cada respiración le costó, sin embargo seguía respirando, porque… no era una opción dejar de hacerlo.

—Estás bien, Scott, estás bien —le dijo una voz familiar y cálida y Scott frotó su cabeza contra la mano que le estaba acariciando y que no había notado—. Tranquilo, Scott. Solo déjame seguir cosiéndote, por favor.

—Ma… má…

Fue cuando lo dijo que se dio cuenta. Sí, era su madre. Esa sensación cálida y el querer recostarse a sus pies y dejarse acariciar. Su madre.

El dolor se hizo menos profundo y la bruma de su inconsciencia se liberó también. No, mentía. El dolor se hizo punzante pero más concentrado ahora que no era una simple masa doliente. Ahora podía enfocar el dolor en las zonas lastimadas y notar que no era que estuviese muriendo, sino que las heridas eran tan profundas que le tomaría un poco más de tiempo curarse del acostumbrado. Podía abrir los ojos y notar por fin que estaba en la enfermería del Colegio y que estaban ocultos tras pesadas cortinas. Su madre cosía afanosa las heridas de su pecho y Scott podía ver que había rastro de lágrimas en su rostro, preguntándose cuantas veces iba a tener que darle la vida esa bruja antes de sentirse satisfecha.

Podía ver una gota húmeda que no sabía si era de sudor o una lágrima perdida, pero levantó apenas su brazo para tratar de quitársela del rostro. La enfermera pareció sorprendida, pero detuvo su labor un segundo para besarle la palma de la mano y mirarle con ese infinito amor que solo una madre podía sentir.

—Preocúpate por ti mismo antes de preocuparte por mí —le regañó en tono duro ella conociéndole demasiado bien, volviendo a su trabajo.

Scott se lo permitió, mirando hacia el techo absurdamente blanco cuando parte de sus recuerdos le golpearon. Esa blancura, tan parecida a la palidez de Liam mientras colgaba de la gradería, la criatura atacándole sin permitirle acercarse. Los dedos que se soltaban del borde.

—Mamá… mamá —llamó a media voz, porque el dolor físico y el miedo no le permitían elevar la voz—… mamá… ¿qué pasó con… Liam? —preguntó casi sin querer saber la respuesta.

Melissa dejó de moverse en ese mismo instante. Scott podía ver la aguja curva temblar en su mano y recordó que ella prefería usar ese método que la sutura mágica, porque era mucho más precisa con la aguja que con la varita en esas cosas. No quería pensar en la idea de Liam cayendo quince metros directo al suelo justo frente a él. No quería.

—Está bien, hijo. Un poco malherido, pero bien —dijo de pronto ella y Scott la miró sorprendido porque no puede creerlo. Su madre sonrió y continuó la sutura, él demasiado confundido como para preguntar nada hasta que ella acabó con eso.

Sabía que su carne curaría por sí misma en un tiempo moderadamente corto, así que comprendía que su madre no quisiera que nadie viese el nivel de sus heridas. Sería incomprensible que apareciese luego sin cicatriz alguna ante eso, dejando su condición a la vista.

—¿Cómo te sientes, cariño? —preguntó ella y sonrió ante el asentimiento de Scott—. Hay gente que necesita hablar contigo y otros que solo mueren por verte. ¿Quieres que les deje pasar de a uno o…?

—Estoy bien, puedes quitar las cortinas —ahora que tenía el cuerpo cubierto por las sábanas impolutas ya no había peligro—. Mientras antes hable, antes podré dormir.

Quería saber cómo estaba Liam específicamente, pero sospechaba que su madre no le iba a decir nada. Quizás alguna de sus visitas podría darle una imagen más clara. Deaton seguro que se rendiría ante él, el Director siempre había sido débil a su tozudez.

Cuando sus cortinas fueron abiertas pudo ver que justo al lado izquierdo había otra cama con sus cortinas echadas. La mirada de su madre le dijo que esa era la cama de Liam y Scott debió concentrarse en el dolor para no cometer una tontería como levantarse e ir a mirar para corroborar con sus propios ojos que el Slytherin estaba vivo. Malherido pero bien, había dicho su mamá. Esperaba que fuese verdad.

Pudo escuchar a su madre ir hacia la puerta, y aprovechó para mirar el resto de la enfermería como podía en su posición semi erguida, sorprendiéndose de ver a Lydia dormida en la camilla más alejada, con su pálida madre sentada a su lado, dándole de vez en cuando miradas a él. Scott trató de sonreírle, pero la profesora Martin ya estaba mirando a su hija una vez más, tomando su mano. Scott se preguntó desde que hora estaba la Ravenclaw, ya que había parecido bien a la hora del almuerzo sentada junto a Allison en la mesa de Gryffindor.

Sus pensamientos fueron interrumpidos en el momento en que vio como un angustiado Stiles llegaba corriendo a su lado, a pesar de los reproches de la enfermera. Scott se sorprendió al ver a su amigo allí ya que lo hacía en Francia hasta el día siguiente, aunque… ahora que lo pensaba no sabía cuánto tiempo había estado inconsciente.

—¿Ya es domingo? —preguntó algo adolorido a su mejor amigo, el cual soltó una risa que ocultó mal su angustia, en el mismo momento que Derek y el Director Deaton aparecieron en su campo visual también.

—No, idiota, apenas son las diez del sábado. ¿Cuánto tiempo crees que estuviste en el más allá? ¿Me trajiste algún regalo? —bromeó Stiles, cogiendo su mano con una necesidad que Scott no necesitaba oler. Los ojos enrojecidos se lo dijeron todo.

—Pues, no sé en verdad. Todo estaba muy oscuro… eres tú el que se supone que tiene que haber traído regalos, y si no lo has hecho vamos a patear tu culo de regreso a Francia a por ellos —bromeó de vuelta Scott apretando como podía la mano de su mejor amigo, quien se rió.

—Si puedes bromear así significa que estás bien —dijo con seriedad Derek, pero había alivio en sus ojos.

—Me alegro mucho de que estés bien, Scott. Pero vuestro atacante sigue libre y… —había disculpa en el tono de Deaton, pero Scott negó con la cabeza.

—No se preocupe, Director. Les diré lo que vi pero… no es demasiado —confesó.

Con Stiles sentado a un borde de su cama y cogiendo su mano, aunque Scott pudo notar su preocupación en el momento que vio a Lydia en la otra cama, él les contó todo lo que había visto.

Habían quedado con Liam de entrenar en el Campo de Quidditch de seis a siete y media, para tener tiempo suficiente de ducharse y llegar a cenar sin romper el nuevo toque de queda. Habían estado practicando con la Quaffle y una bludger sin importarles que el anochecer les alcanzase. Era uno de los primeros días sin lluvia en un montón de tiempo así que ambos creían que debían aprovechar el tiempo. Debía haber sido cerca de las siete que Liam había golpeado la bludger con demasiada fuerza y esta había ido directo hacia una de las graderías altas. Habían esperado que regresase, pero cuando pasó el tiempo y la bludger no volvió, Liam había ido a por ella.

Para ese momento ya estaba oscuro, así que cuando Liam se bajó de su escoba en la Gradería Scott no podía verlo entre las sombras.

—… no al comienzo, al menos —Scott hizo la acotación en tono más bajo, provocando que los tres hombres asintiesen. Ahí fue cuando había usado sus ojos de lobo—. Entonces me di cuenta que había alguien más cerca de donde Liam buscaba la bludger. Algo más —rectificó—, porque tenía una cola larga.

—¿Una cola? Summers tenía razón —murmuró Deaton como solo para él, pero Scott pudo escucharle. Una vez que el Director le hizo un gesto de que continuase, él siguió.

En ese instante se había echado a volar hacia Liam y en el último instante le gritó que tuviese cuidado, porque no quería alertar antes a la criatura. Sin embargo mientras él saltaba de su escoba para caer en las graderías con su varita en la mano, el ser empujó al Slytherin que, confundido por el grito de Scott y la aparición de la criatura, cayó por el borde de la gradería quedando colgando de las manos.

Scott se había aterrado y enfurecido entonces, corriendo a ayudar a su amigo, alcanzando a verle desde arriba, con el rostro pálido y la oscuridad de la caída por detrás, pero antes de poder ayudarle a subir la criatura le había atacado, tirando su varita.

—Solo recuerdo haber peleado con el ser. Era extraño y su piel parecía como la de un reptil —negó con la cabeza Scott encogiéndose de hombros—. Lo único que quería era liberarme de él y poder ayudar a Liam el que me gritaba que le ayudase. Recuerdo el dolor de sus garras en el pecho y caer al suelo de la gradería —confesó con la mirada perdida, recordando todo como si fuese un sueño, o una película muggle. Algo que le había pasado a alguien más—. Cuando caí sentí una varita rozar los dedos. La tomé y con la sola idea de traer ayuda lancé chispas rojas, pero entonces creo mi cuerpo se paralizó porque cuando la varita se me escapó de los dedos no pude volver a cogerla.

El Gryffindor miró alrededor como esperando que alguien corroborase que sus recuerdos son correctos. Como ninguno dijo nada, Stiles solo apretando su mano, Scott decidió continuar.

—Eso es todo. Podía sentir la sangre y los huesos de mi pecho como deshaciéndose en el suelo. Podía oír a Liam, sus dedos soltándose del borde. La criatura se marchó dejándonos allí por alguna razón. Recuerdo aullar de frustración y entonces… entonces ya no recuerdo más —había otra cosa. Recordaba el dolor de todos sus músculos, sus huesos arder pero no detenerse por eso. Recordaba la carne blanda y el sabor a la sangre dulce en la boca... sin embargo eso debía ser parte de las alucinaciones de su casi muerte, así que no dijo nada de eso.

Derek le miró fijamente y Scott temió que supiese que se había quedado esa información inútil, pero el profesor no dijo nada. Deaton asintió, masajeándose la frente.

—Tu declaración coincide con la de Liam, Scott, así que creo que tu memoria está bien. El pedazo que no recuerdas es… bueno, era el lobo asegurando su supervivencia —dijo el hombre y Scott pudo sentir que no está del todo de acuerdo con sus propias palabras.

—¿Qué es lo que quiere decir? ¿Qué fue lo que el lobo hizo?... ¿qué fue lo hice? —corrigió sus palabras porque sabía que en realidad el lobo y el mismo eran uno solo, no identidades diferentes esencialmente; y de pronto fue consciente que su madre había estado todo el tiempo a unos metros mirándole con aprensión.

Fue en ese momento que el sonido fuerte de unas cortinas corriéndose le hicieron reaccionar, girando el rostro y viendo como Liam con el ceño fruncido y un brazo completamente vendado le observaba receloso. El alivio de Scott por verle bien disminuyó un poco por la mezcla de olores que el muchacho emitía, la mayoría de resentimiento. Hacia él.

—Me mordiste, McCall. Eso fue lo que hiciste.


NOX

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Isaac se enteró por boca de Erica que alguien vio a los profesores Yukimura llevar a Scott y a Liam a la enfermería y todos sus malos presentimientos se hicieron realidad. No se dirigió a la enfermería como su compañera prefecta le incitó, sino que corrió por los pasillos que había estado vigilando directo hasta el muro que sabía ocultaba la entrada a las mazmorras de Slytherin. Sus dientes chirriaron mientras esperaba, y menos de tres minutos después una serpiente poco precavida salió sin verle, dándole el paso sin saberlo.

Pudo ver las miradas sorprendidas y horrorizadas de los Slytherin que se iba cruzando en el camino porque probablemente ninguno había visto jamás a un Hufflepuff en ese lugar, y menos aún a uno que llevaba la placa de prefecto en la túnica. Pero a Isaac no le importaba. Su lobo estaba furioso por la idea de su compañero de manada y el pequeño Liam siendo heridos, así que cuando vio a un compañero de Jackson le cogió por la corbata y le miró amenazante, pudiendo ver los ojos muy abiertos del tipo.

—¿Dónde está el dormitorio de sexto? —fue lo que le gruñó al chico, consiguiendo de inmediato que le apuntase la dirección a la que debía ir.

Los murmullos escandalizados se estaban multiplicando e Isaac creía que podía ver a la prefecta de séptimo tratando de abrirse paso para alcanzarle, pero el tejón ya estaba bajando las escaleras para buscar el cuarto adecuado.

Cuando por fin vio la placa con el número seis en ella, ni siquiera tocó. Solo abrió la puerta de golpe y se apersonó en la habitación, buscando con la mirada en las distintas camas, viendo a dos chicos espantados antes de toparse con la visión de Jackson acostado sobre la cama más alejada, con un libro sobre el pecho y los ojos cerrados.

Isaac tragó saliva, pero luego enfocó la mirada en las otras dos serpientes, los que parecieron escandalizarse más al ser observados así por aquel que estaba irrumpiendo en su cuarto.

—¿Desde cuándo que están aquí? —les preguntó con rudeza y cuando comenzaron a tratar de pasarse de listos hizo que su mirada brillase amenazadora. Ya no le importaba que su secreto estuviese oculto. Tenía cosas más importantes en la mente.

—Solo quince minutos —respondió el que estaba más acojonado, casi temblando. Cuando vio que Isaac apuntaba hacia Jackson con la cabeza, negó—. No sé. Cuando llegamos ya estaba dormido.

—¿Qué diablos haces aquí, Lahey? —la voz de la prefecta de séptimo, que por fin le alcanzó, era tan chillona que Jackson despertó y se sentó sobresaltado en la cama, pareciendo perdido. Afiebrado.

Isaac ni siquiera le respondió a la chica, caminando hacia la cama donde Jackson aún trataba de enfocarse. No pudo evitar notar el fuerte aroma de emanaba. No, no podría haber pasado su vigilancia. Le habría notado. Ver la gran cantidad de papel manchado de negro a un lado de la cama le hizo replantearse sus temores. No podía ser Jackson ¿cierto?

—¿Isaac? —preguntó el Slytherin, parpadeando ya más despierto y pronto frunciendo el ceño. El prefecto no quería pensar en lo adorable que se veía recién despertando, confundido— ¿Qué coño haces en mi habitación?

—Eso es lo que yo quiero saber —se quejó la prefecta—. Entró como un huracán en la Sala Común, intimidó a MacGiver y…

—Cállate de una puta vez, Olivia —le silenció Jackson, que estaba mirándole a él fijamente.

Había algo blando en la expresión del Slytherin e Isaac no entendió por qué hasta que sintió como las lágrimas caían por su rostro. La prefecta seguía quejándose, pero Jackson la expulsó del cuarto con una sola mirada. El Hufflepuff no sabía qué le pasaba, trató de limpiarse las lágrimas, pero estas siguieron cayendo. Estaba mirando la camisa húmeda de Jackson por el sudor y su frente enrojecida. No, no podía ser él.

—¿Qué pasa, Isaac? —preguntó Jackson en un tono tan suave que él tenía que preguntarse si era realmente Jackson, porque no imaginaba que pudiese hablar así.

—… la cosa… la cosa que atacó a Summers ayer… —trató de decir y odiaba que su voz sonase temblorosa y débil, las lágrimas aun cayendo—… atacó a Scott y a Liam… están en la enfermería… y yo… yo…

«Yo pensaba que habías sido tú. Una parte de mí sigue creyendo que fuiste tú» eso no se lo dijo, porque de pronto Jackson estaba de pie a su lado con urgencia en su mirada. Isaac quería apoyar su frente en su hombro y ser consolado, pero sabía lo ridículo que era querer hacer eso cuando seguía sospechando de él.

—Vamos a la enfermería, Isaac. Ahora somos manada —le dijo Jackson con seguridad cuando le vio dudar, mientras apretaba el brazo del tejón quien solo pudo asentir, limpiando su rostro y dejándose llevar, intentando no ver las miradas acusadoras de los Slytherin que les observaban mientras pasaban, que se fijaban en sus ojos enrojecidos y su mirada dolida, pero también que notaban que el agarre de Jackson en su brazo no era iracundo, sino que protector.

La esperanza brilló en su pecho e Isaac no se sintió capaz de ahogarla con sus dudas.

++++

—Entonces… ¿hay una gran probabilidad de que Jackson sea esta cosa? —preguntó Derek en un tono casi dolido y Peter sentía un poco de pena por él.

—Kanima —asintió apuntando al libro de criaturas oscuras que encontró en la Sección Prohibida—. Existe la leyenda que a veces la mordida no transforma a la persona necesariamente en lobo, sino que en la criatura que es internamente… y el señor Whittemore es un Slytherin bastante modelo, debo aceptar.

—¿Por qué yo no había visto este libro? Se suponía que tuve acceso a todos los libros de bestiario de la Sección Prohibida —se quejó Stiles, mirando con algo de rencor el tomo. Peter se aguantó las ganas de reírse de él, solo elevando las cejas.

—No lo habías visto porque este es de la Sección Más Prohibida. Para eso necesitas otro permiso especial —le dijo con algo de burla, siendo asesinado por la mirada del chico.

—Bueno, sí sabemos que es él, matémoslo. Hagámoslo. Nadie va a extrañarlo, ¿verdad? No podemos permitir que mate a nadie.

—Malia.

El tono acusador de Kira fue suficiente para hacer que la joven coyote mirase como con disculpa a su novia, y Peter debía controlar su sonrisa. Intentaba no mirar hacia la muchacha, porque aún no había llegado a un acuerdo con lo que había descubierto y no confiaba lo suficiente en su control para aparentar indiferencia cuando empezaba a notar los rasgos semejantes entre los dos.

—Nadie va a matar a Jackson —dijo Isaac y había algo roto en su voz. Su aroma hablaba de dolor casi físico al pensar en el Slytherin y él ya había sentido eso hace unos días, pero ahora era peor—. No al menos hasta que sepamos si realmente es este…

—Kanima —contribuyó Kira, apoyándose en el hombro de Malia. A su lado Cora parecía enfadada pero en silencio, mirando el libro desde lejos como con asco.

—Incluso entonces no habría que matarlo —escucharon que dijo la voz de Allison desde el otro lado de la habitación, donde estaba sentada a un lado de una pálida Lydia que les miraba con los ojos horrorizados. Oh, cierto. El chico Kanima era su ex novio.

—Por mí pueden matarlo, no me importa —aportó la voz de Liam Dunbar desde la cama del lado de la Scott, la que estaba oculta por las cortinas—. A alguien se le olvidó echar los hechizos aislantes así que he escuchado todo lo que han dicho, y además ya estoy mordido así que deberían unirme a su club de planes homicidas.

—Mi culpa —se lamentó Peter acercándose y asomando la cabeza por entre las cortinas, elevando las cejas hacia su alumno—. Te hemos dicho ya, Liam, que fuiste mordido por Scott así que no vas a transformarte. Solo un lobo nacido o uno mordido por un alfa pueden convertir. Él no es ni uno ni lo otro, así que no te preocupes. Ahora duerme.

—¡No me dejen fuera de…! —pero los hechizos aislantes del Jefe de Slytherin finalmente bloquearon la voz del adolescente.

Esa reunión sorpresa se había organizado casi por accidente en la enfermería en el momento que la enfermera había tenido que dejar el lugar por un rato. Peter había encontrado una criatura que encajaba con los datos que Scott había dado, aunque era extremadamente rara. Poseía veneno paralizante en las garras, una apariencia reptiliana con escamas en todo el cuerpo y una larga cola. Es un cambia formas como los hombres lobos, pero era distinto. No era por naturaleza un ser social, sino que era…

—Un esclavo. Este libro dice que el Kanima no tiene realmente voluntad —indicó de pronto Stiles, aún enfrascado en el texto desde que Peter lo dejó sobre la cama de Scott para que todos pudiesen verlo—. Dice que es un arma de venganza para otra persona.

—Eso significa que tenemos dos enemigos —indicó con seriedad Cora, y Peter debía estar de acuerdo.

Todos guardaron silencio por un momento y el lobo mayor no se sorprendió de que fuese Isaac quien lo rompiese.

—Eso quiere decir que no es Jackson el que quiere atacar a estas personas, sino que lo hace porque otro se lo ordena ¿cierto? —y había esperanza en su tono, antes de agregar—. Si es que acaba siendo que él es el Kanima, claro.

—No hay demasiada diferencia. De igual manera hay que mantener un ojo sobre él —indicó Scott, el que estaba en perfecto estado, mucho mejor que ayer, por supuesto. Peter estaba orgulloso del beta y sabía que no cometió un error al morderle.

Cuando escuchó que, aún paralizado, se arrastró hasta el borde de las graderías y sujetó con los colmillos a Liam hasta que los Yukimura llegaron, se horrorizó lo mismo que se emocionó. El brazo de Dunbar se había desencajado de su hombro y casi había perdido la conexión de los nervios de la mano porque los colmillos del lobo se hundieron segundo a segundo que pasaban enterrados en su carne. Pero al final los dos habían sobrevivido. Noshiko le contó esa mañana que en el momento que intentó que Scott soltase al Slytherin ambos estaban inconscientes, pero aun así el lobo se negó a dejar ir al muchacho hasta que ella con ayuda de su Kitsune le calmó lo suficiente para que comprendiera que ahora los dos estaban a salvo.

¿Cuánta fuerza de voluntad tenía el lobo de Scott? Peter sentía la insana necesidad de ponerle al límite y ver más, pero ese no era el momento. Había cosas más urgentes que saciar su curiosidad.

—Si todos están aquí ¿quién está vigilando a Jackson ahora, idiotas? —la voz de Liam les alcanzó y todos miraron a Peter que elevó las cejas sorprendido antes de entender. Condenado niño. Había tenido su varita todo el tiempo, no era que hubiese olvidado sus enrevesados hechizos de privacidad en primer lugar, era que el chico de cuarto año los había podido quitar. No pudo evitar sentir algo de orgullo de maestro por esto, ya que ese era una de sus serpientes.

—Danny lo está haciendo —aceptó Stiles luego de un momento. Estaba sentado en la cama junto con Scott, el que le hizo espacio apenas le vio entrar a la enfermería—. Le dije que Jackson puede estar sufriendo un SMVE, un síndrome mágico de violencia espontánea, así que si veía algo raro le echase un Petrificus Totalus —se encogió de hombros y Peter sonrió por su ingenio. Debía insistir a uno de sus pensamientos habituales: le encantaba el compañero que la magia había escogido para Derek—. Me cobré el favor de llevarle el regalo a Ethan demasiado rápido.

Scott de inmediato se acomodó en la cama, mirando a su mejor amigo mientras sonreía un poco y el profesor de Astronomía sabía que iba a intentar aligerar el ambiente, cambiar el tema, hacer que sonrieran. Era muy de McCall eso, Stiles era el del sarcasmo depresivo.

—Por cierto ¿cómo estuvo el partido? Cuéntanos, Stiles.

—Sí, Stiles, cuéntanos como les fue en Francia —dijo Cora y había un retintín en voz y en su sonrisa burlona que hicieron que Peter se mordiese una carcajada. ¡Esa era su sobrina!

Las mejillas de Stiles se encendieron, pero fuera de enviarle una mirada fulminante a la loba, pasó de ella y se enfocó en Scott que le observaba expectante.

—Amigo, creo que tenemos cosas más graves de las que ocuparnos —se quejó, pero Scott insistió—. Beauxbatons ganó ¿vale? Ahora por favor hablemos de quien podría ser este “maestro”. ¿Han visto a Jackson con alguien seguido últimamente?

—¿Beauxbatons ganó en serio? —preguntó con sorpresa Kira, haciendo que Stiles bufase y frunciese el ceño por no poder cambiar el tema a algo menos peligroso para él. Peter estaba pensando en irse si comenzaban a hablar de Quidditch, porque ese deporte no le interesaba nada, pero había algo grave en la expresión de Derek que no tenía que ver con el tema de la Kanima (ni tampoco con las insinuaciones de Cora) y eso hizo que se quedase en su lugar— ¿Aún con las trampas de Durmstrang?

—Pues créeme que no tuvieron mucha oportunidad de hacer trampas —masculló Stiles, cerrando el libro de la Sección Prohibida, como queriendo terminar el tema con ese gesto. Pero sus palabras trajeron más dudas, incluidas las de Liam que había abierto sus cortinas por sí mismo con su brazo sano, y al final fue Derek quien habló.

—Hubo dos jugadores de Durmstrang gravemente heridos —indicó su sobrino con seriedad. Todos guardaron silencio y él continuó—. Al comienzo el partido fue normal, no había nada que llamase demasiado la atención, las bludgers volaban de forma corriente, la Quaffle pasaba de mano en mano. Pero…

Derek pareció mirar a Stiles que estaba apretando los labios con fuerza. Hubo una conversación silenciosa entre ambos y al final fue el chico el que asintió, cerrando sus ojos para rememorar. Casi era extraño lo fácil que se entendían, aunque por supuesto, Peter sabía el motivo de ello.

—Fue la primera vez que apareció la Snitch, a la media hora de juego. La buscadora, una chica de piel morena y menuda, se lanzó en su dirección como cualquiera esperaría. La pelirroja buscadora de Durmstrang también empezó a volar, pero… la buscadora francesa empezó a hacer algo extraño.

—En vez de recorrer el campo por el lado para no entorpecer a los cazadores como es lo normal, empezó a volar entre los jugadores con maniobras casi desquiciadas —explicó Derek cruzando sus brazos—. Se lanzaba directamente a los jugadores pero en el último momento no les tocaba. Los de Durmstrang de pronto estaban distraídos y algo acojonados, diría yo…

—Ahí es cuando uno de los cazadores franceses se aprovechó, y coordinado con la buscadora, pasó de los cazadores de Durmstrang y anotó. No una, ni dos… un montón de veces. El ataque de los Huérfanos, decía el comentarista, aunque sonaba de mal gusto llamarles así. ¿Y la Snitch? Siempre al frente de la buscadora, casi haciendo lo que ella quería. Al comienzo pensé que tenía la pelota hechizada —murmuró Stiles, llevándose una mano a la boca—, pero luego me di cuenta de que solo era la buscadora manteniendo la distancia. No quería atrapar la Snitch. Solo quería distraer a los rivales y de paso cansar a la otra buscadora. No quería terminar el partido, aunque hubiese podido hacerlo con facilidad.

—Fue cuando los de Durmstrang empezaron a notar eso que una bludger tiró de la escoba a Brett Talbot —dijo Derek y de pronto todo el mundo estaba mirando a Liam que parecía sorprendido. Peter había escuchado de la pelea de su alumno con el de Durmstrang, así que sabía que se conocían al menos—. La bludger iba con demasiada fuerza y con un ángulo extraño…

—La había golpeado un tipo que el comentarista llamaba “El Mudo” —Stiles puso una mueca mientras miraba al público que tenían capturado, haciendo un gesto hacia sus labios—. Y no tenía boca. ¡No tenía! No sé qué clase de criatura era, pero era rarísimo.

—¿Y cómo comía? —preguntó de pronto Malia, haciendo que Stiles riese.

—No sé, Malia. Prometo que en el próximo partido le pregunto —le prometió con algo de sarcasmo Stiles, pero siguió hablando—. Como sea, la bludger golpeó en la cabeza a Talbot y lo hizo volar de su escoba. Y en ese momento los guardias vigilantes hacen lo más estúpido del mundo…

—En vez de uno enviar un Aresto Momentum o crear una red, ambos hicieron sus hechizos al mismo tiempo —masculló Derek furioso, notó Peter por las oleadas del aroma que podía sentir emanar de su sobrino, probablemente recordando la impotencia de la situación. Derek definitivamente era un buen profesor, tenía la madera para ello. Aunque aprovechase los viajes escolares para meter mano a uno de sus estudiantes, ja—. Los dos rayos chocaron en el aire y explotaron, causando daño a Brett que finalmente cayó al suelo.

Una exclamación de horror escapó de la boca de Kira mientras se la cubría con la mano, a la vez que Liam en su cama apretaba las sábanas en su puño bueno, cerrando los ojos. Stiles parecía demasiado enfadado para hablar, así que Derek continuó, aun exudando furia.

—Además de las quemaduras, se quebró las dos piernas y el brazo derecho y eso solo porque cayó de pie, porque si llegase a caer de cabeza luego del golpe de la bludger —negó con la cabeza. Todo el mundo guardó silencio y entonces el lobo siguió—. No habían pasado ni diez minutos desde que el partido había sido reanudado cuando hubo un momento de confusión en el aire. La Quaffle fue lanzada por un cazador de Beauxbatons en dirección a otro, pero Aiden estaba en la trayectoria sin querer, y para evitar una falta por golpear la pelota levantó el brazo en que llevaba el bate. Es justo en ese preciso momento que unos metros detrás de él, a mayor altura, la otra golpeadora francesa golpea con una de las bludgers la escoba de Ethan, haciendo que pierda el control de ella y caiga como Brett lo había hecho antes…

—No sé si fue por el instinto o si lo vio de reojo —habló de pronto Stiles mirando sus manos—, pero en ese momento Aiden giró y voló rápido como para ir a sostener a su gemelo, solo para meterse en el camino de la segunda bludger que ahora había enviado el Mudo, la que le golpeó la mandíbula haciendo que perdiese el conocimiento de inmediato.

—Ethan alcanzó a sujetarse de la escoba de su hermano, pero Aiden cayó. Alcanzó a ser sujetado por los guardias vigilantes, pero no reaccionó al ennervate por el dolor, así que se lo tuvieron que llevar —Derek tenía los dientes apretados mientras hablaba y Peter entiende cual era el problema—. La segunda bludger no era para Aiden, era para Ethan que iba cayendo. Era un golpe para rematarlo. Estaba calculado.

—Los tres eran hombres lobo… no puede ser una coincidencia —masculló Stiles apretando los puños—. Si hubieseis visto como trataron a Derek cuando llegamos… ¡Beauxbatons es…!

Stiles no dijo nada más, pero no era necesario. Todos podían imaginarse lo que quería decir, probablemente. Peter sabía que el instituto francés tiene una política anti licántropos pero jamás se imaginó que podrían intentar un claro atentado contra alumnos hombres lobo de otras escuelas en medio de un torneo amistoso InterEscuelas. El partido en contra del Instituto francés en diciembre se veía más desesperanzador que nunca.

—Durmstrang perdió 360 a 80. Fue un asunto tan lamentable que con Stiles nos fuimos apenas el partido acabó.

—No podía aguantar sentarme con todos esos… solo lamenté tener que dejar a los de Durmstrang atrás —reconoció el Gryffindor y Peter vio la ironía de como hace un mes parecía odiarlos. Eso era lo que hacía un enemigo en común.

En otro momento él o Cora podrían haber bromeado sobre que la razón de marcharse era que no podían esperar a poner las manos sobre el otro por más tiempo, pero la expresión grave del rostro de su sobrino y su compañero detuvieron la lengua viperina de Peter. No era el momento de poner celoso a Derek y lo entendía. No quería ser mordido, después de todo.

—Vais a tener que tener cuidado el próximo partido —escucharon la voz de Allison y Peter se giró para ver el brillo furioso en la mirada de la hija de Chris Argent. Ella también tenía el valor del cazador por lo que podía ver—. Quizás necesitéis un par de varitas extras cuidando vuestras espaldas.

—Deberían de plano cancelar el torneo en esas circunstancias —dijo Lydia a media voz apretando la mano de Allison, pero negó luego—. Pero como sé que no vais a hacer caso, cuenten con mi varita también. Además, creo haber escuchado que habrá un baile en Beauxbatons después del partido. No voy a perderme eso —y el intento de bromear de la pelirroja contrastó con su piel pálida. Enfermiza, pero valiente, a Peter le sorprendería que fuese una Ravenclaw sino fuese porque sabía muy bien lo brillante que era.

—No es que tenga intención alguna de ir al estúpido baile, pero ninguno de ustedes va a ir a ningún lado sin mí. Y no creo que Malia deje ir a Kira sola a ese lugar desquiciado, así que… —Cora se encogió de hombros.

Derek miró con algo de orgullo a las chicas y él se tomó un momento para retroceder y admirar el extraño grupo que ellos forman allí, la extraña manada que se había reunido alrededor de su sobrino y Scott McCall. Había aprobación sin embargo en los ojos de Peter, porque todo el mundo sabía que en la unión estaba la fortaleza. Todos, excepto el Kanima al parecer.

—Bueno, regresando al tema del joven Jackson…

—Nosotros nos encargaremos —dijo con ferocidad Stiles y tras su espalda Peter escuchó a Isaac tragar saliva después de mantenerse callado todo ese tiempo.

Quizás como un simple detalle hacia el tejón debiese investigar mejor todo eso de su Slytherin antes de permitir que Stiles tratase de cortarle la cabeza o quemarle con un Fuego Maldito. Probablemente la biblioteca de la Mansión Hale pudiese darle alguna orientación que no había conseguido en los libros de Hogwarts.

++++

—Sé que soy irresistible, Danny, pero… ¿qué le está dando a todo el mundo con esto de pegarse a mí? Ayer Dunbar y ahora tú ¿hay algo que quieras decirme? —preguntó irritado Jackson en la biblioteca donde su mejor amigo le arrastró a hacer deberes. Como si ahora tuviese ganas de eso.

Ser un hombre lobo por el momento no le había dado nada más que una asquerosa gripe que le tenía emanando ese líquido negro por la nariz y la boca, junto con una somnolencia permanente. Ayer pensó que todo era por culpa de la poción matalobos que Peter Hale le había hecho beber, pero cuando hoy descubrió que seguía con los síntomas consideró que quizás no era por eso.

Aún meditaba sus opciones. ¿Ir con la enfermera serviría de algo? O sea, McCall era un hombre lobo así que era bastante seguro que su madre lo supiese a estas alturas pero… ¿y si no? Jackson no llevaba ni tres días siendo hombre lobo aún, no quería tener que revelar su secreto tan rápido.

Se aguantaría. Y si no podía, iría hacia Derek. Pero esperaría que pasase primero todo esto de los ataques, porque entendía que eso era más grave que su gripe. No era un imbécil.

—Quiero decirte que te calles y hagas tu trabajo. La profesora Noshiko no te perdonará no llevar su informe solo porque tu Co-Capitán fue atacado anoche —le indicó Danny y Jackson frunció los labios.

El día anterior se había perdido la cena por estar esperando fuera de la enfermería noticias junto con Isaac, Allison, Cora y un Stiles recién llegado de Francia. Malia y Kira habían llegado al rato, no habiéndose enterado del asunto hasta ese momento porque estaban en la Sala de los tejones y solo cuando un prefecto regresó de la cena les pudo contar. Incluso se había pasado Theo Raeken justo cuando Stiles, el director Deaton y Derek entraron en la enfermería, pero se había marchado cuando llegó a buscarle Stewart, una compañera de Jackson con la que el Gryffindor estaba saliendo al parecer. Jackson no sabía porque estaba allí, cuando vio marcharse a Raeken volvió a considerar la opción de simplemente marcharse, pero recordar el rostro lloroso de Isaac le mantenía en el lugar. Lo que había dicho al tejón era verdad. Ahora eran manada, eso era lo que significaba ser mordido.

 —Solo espero que atrapen pronto al que atacó a McCall y Dunbar —gruñó Jackson limpiándose la nariz con su pañuelo, el que ya tenía feas manchas negras por el uso de la última hora. Mientras se sonaba, sus ojos se chocaron con los de Matt Daehler que le observaba a la distancia. Jackson entornó la mirada viéndole fijamente también hasta que el compañero de Danny volvió a mirar el trabajo que estaba redactando.

—¿De verdad? —Danny se veía algo sorprendido y Jackson se olvidó de Daehler e intentó no ofenderse por la poca fe de su amigo en él.

—Por supuesto. Si acaba muriendo una persona, McCall se va a volver un héroe superviviente y definitivamente perderé mis oportunidades de volverme el Capitán único del equipo. No puedo permitir que eso pase.

La risa de Danny mientras mascullaba “Idiota” a duras penas, ocasionó que el bibliotecario les mandase a callar. Jackson prefería que Danny riese y creyera que era un hijo de puta –que puede que fuese– antes de reconocer que, incluso antes de ser mordido, ya sentía cierto calor posesivo y sobreprotector con los miembros de su equipo, y que pensaba que si tuviese la oportunidad de encontrar a aquel que se había atrevido a herir a sus compañeros, le retorcería el cuello con sus propias manos, al método muggle. Y no le importaría ensuciar en ello sus perfectas manos de sangre pura.


NOX

Chapter Text

La idea de Stiles para atrapar al Kanima era tan absurda que a Derek no le sorprendió que nadie le tomase en serio al comienzo. No fue hasta que Scott sujetó los hombros de su mejor amigo mirándole directo a los ojos y le preguntó “¿Qué tan seguro estás de esto?” y Stiles le respondió sin dudar “Bastante seguro. Un 50%. Es más de lo que cualquier otro tenga” que al final todos aceptaron que el Gryffindor tenía razón. Hasta Peter indicó que creía que deberían hacerlo, lo que obviamente causó el efecto contrario e hizo a todo el mundo dudar, incluido Stiles, porque cuando Peter estaba de acuerdo con algo generalmente era una mala idea, pero… bueno, la intención era lo que contaba.

Cuando la madre de Scott llegó a la enfermería casi la hora del almuerzo, ya todos habían comido bocadillos que los profesores pidieron a los elfos del colegio, incluida Lydia que parecía haber superado el shock de “mi ex novio puede ser un Kanima, lo que sea que eso sea”. Derek aún no entendía porque estaba allí la pelirroja, pero entre tantas cosas no había tenido tiempo de preguntar.

Melissa comenzó a echar a todo el mundo de su enfermería y eso resultó en darle el alta tanto a Lydia como a Scott, cuyo pecho se veía igual que nuevo gracias a la regeneración lupina. Por supuesto que Liam intentó meterse en el ajo, pero sus heridas habían sido lo suficientemente graves para ganarse una estadía hasta el lunes y Derek creía que era lo mejor. Ni él ni Deaton le habían comentado a nadie lo que Noshiko les dijo en privado mientras aguardaban a que Scott mejorara lo suficiente para despertar. Era algo extraordinario y de lo que Derek debía conversar con su madre. Le había pedido a la Kitsune que le diese una versión resumida a Peter, sin mencionar los detalles, porque no quería que su tío se involucrase. Si tenía razón en sus sospechas, iba a hacer todo lo necesario para mantener oculta todo el tiempo posible la condición de Scott. Y vigilar las consecuencias de dicha condición.

Por ahora debían ocuparse de atrapar a esa Kanima, fuese o no fuese Jackson. Parte de él esperaba que no lo fuese, porque si lo era… significaba que era indirectamente responsable de todo eso. Stiles parecía entender su inquietud porque tomó su mano con cariño antes de verse forzados a separarse al salir de la enfermería.

El día anterior Stiles ni siquiera necesitó que le dijesen que él había mordido a Jackson. Cuando escuchó sobre la mordida le había dirigido a él una mirada cuestionadora y eso había sido todo. Derek, sabiendo por Scott de su actitud cuando convirtió a Isaac, temió lo peor, pero nada había ocurrido. En cambio, a media noche el muchacho se había adueñado de su despacho, quitando un cuadro para dejar una de las paredes desnuda y, luego de pegar un enorme pergamino con un Epoximise, se pasó toda la noche haciendo teorías. Él se había entretenido un rato mirándolo, tratando de ayudarle, pero luego de un par de horas ya no podía seguir el ritmo de la mente de su compañero. Sabiendo que Peter estaba haciendo lo propio en la Biblioteca, Derek comenzó a rebuscar en sus propios libros, intentando razonar si algún tipo de transformación podría ocasionar una criatura semi humana como la que Scott había visto. ¿Un animago incompleto? ¿Una serpensortia mezclada con un hechizo de modificación humana? Había muchas opciones.

Al final el sol les había pillado así, Derek en el suelo rodeado de un buen montón de libros y Stiles de pie frente a lo que parecía una versión miniatura de lo que hace tiempo había visto en la oficina del Jefe de Aurores: un montón de nombres, dibujos e hilos mágicos conectando todo. Stiles observaba ese rompecabezas tratando de encontrar la pieza faltante sin fijarse en como la luz del amanecer iluminaba su perfil.

—Eres hermoso —no había podido resistir decir Derek, sobresaltando a su pareja que le quedó mirando con los ojos muy grandes antes de volver a mirar su caos y a toda prisa conectar un par de nombres, sonriendo brillantemente cuando fue a subirse a su regazo para besarle con ganas, como agradecido. El lobo no sabía que había hecho, pero decidió que si decirle "hermoso" al amanecer le ganaba un beso como el de recién, iba a hacerlo cada día de su vida.

Ahora estaban en el Gran Comedor, cada uno intentando aparentar su papel. Isaac había dejado muy claro que creía que esa era una pésima idea, pero Stiles se había mostrado terco. A pesar de él haber visto el rompecabezas del Gryffindor en su pared, la verdad es que no entendía del todo porque quería que Isaac fuese la carnada en esa ocasión, excepto que… hubiese captado el interés mutuo entre él y Jackson. Y si era así, Derek sentiría un nuevo respeto por su amante, porque a él le había costado mucho tiempo notarlo y lo había hecho solo gracias a su olfato.

Desde la mesa de los maestros, ignorando el parloteo de Jennifer que le contaba todo sobre sus propios viajes a Francia, Derek miró disimuladamente como el rubio hombre lobo se acercaba a su último mordido en la mesa de Slytherin. Podía notar que había una gran cantidad de miradas hostiles hacia el prefecto tejón entre las serpientes y eso le causó curiosidad, sin embargo no era momento para preguntar sobre ello. Afinando el oído para bloquear el ruido del ambiente, se enfocó en el intercambio de sus dos betas, ansioso. Stiles necesitaba que eso saliera bien. Todos ellos lo necesitaban.

—Jackson, ¿puedo hablar contigo? —preguntó Isaac y Derek sabía que su sonrojo era real, nadie podía ser tan buen actor. Casi le daba lástima el utilizar a un chico enamorado de esa manera, pero no había otra opción. Él confiaba en Stiles, tal como Scott lo hacía.

—Estoy comiendo, Lahey. No seas pesado.

Pudo oír las risas de las serpientes a los lados de Jackson haciéndole entrecerrar los ojos pero se sorprendió al no oír en su voz real hostilidad hacia Isaac.

—De acuerdo. Entonces veme en la orilla del lago a las siete. Allí podremos hablar tranquilos —y había molestia en el tono del tejón por ser rechazado, comprendió Derek, empezando a creer que quizás no calcularon eso. Isaac estaba irritado.

—¿Por qué querría ir a hablar contigo al lago? Y de noche —prácticamente escupió Jackson, girándose de una vez a ver al prefecto—. ¿Acaso me tienes una trampa o algo así?

—¿Tienes miedo? —el tono burlón de Isaac era tan obvio que Derek miró a su plato, dando ese plan por perdido—. Puedes traer a tus amiguitos contigo si quieres, para que no vayas a asustarte. Aunque no creo que quieras que vean lo que va a pasar —y cuando la voz del muchacho se volvió seductora e insinuante, el maestro dio un respingo, mirando en dirección a la mesa de Slytherin.

Allí ya solo quedaba Jackson, con las orejas encendidas y expresión de humillación mientras las otras serpientes murmuraban, porque la charla había sido suficientemente alta para que un montón de gente se enterase. Isaac estaba de regreso al lado de Erica y Malia, la primera que le miraba con curiosidad por la visita a la mesa verde y la segunda tratando de aguantar la sonrisa, porque ella a diferencia a de la prefecta obviamente había podido escuchar todo.

Derek miró hacia la mesa de Gryffindor y vio que Scott le estaba comentando algo al oído a Stiles antes de que este sonriera salvajemente. Por supuesto que le había contado que la primera parte de su plan fue un éxito. Cuando sus miradas se encontraron a la distancia el joven león le guiñó el ojo, haciendo que él se sorprendiera mirando disimuladamente alrededor, pero ningún profesor había notado el gesto. Frunciendo el ceño y apretando los labios, intentó transmitir reprobación, pero no pudo evitar que sus ojos brillasen y Stiles sonrió sabiendo que el gesto le había gustado.

Olviden la regeneración lupina, su compañero aún con ella iba a acabar dándole una úlcera.

++++

Jackson no tenía ni puta idea de que estaba ocurriendo con el mundo, pero él quería bajarse ahora mismo. Todo ese año había sido una puta pesadilla tras otra. Se suponía que iba a ser su año de gloria, Capitán del equipo de Quidditch de Hogwarts y toda la mierda. Ahora no sabía ni siquiera que era, porque aún no veía ningún beneficio de haber sido mordido. Vale que quizás las heridas de su cuello por fin habían desaparecido esa mañana, igual que la de la mordida de Derek, pero ese estúpido líquido negro seguía emanando y ahora Lahey… y Derek Hale que no estaba por ningún lado.

Todo era un puto desastre.

Luego de ese irritante almuerzo donde todos los Slytherin se sintieron con derecho a decirle que pensaban de Isaac y la cita de ambos de esa noche, Jackson se acercó a Danny, solo para ver como Stilinski le decía algo para luego marcharse tan campante hasta un mágicamente recuperado Scott. O el ataque no había sido tan grave como se rumoreaba o es que la curación acelerada lupina no era un cuento de viejas. ¿Por qué a él no le curaba esa gripe negra entonces, ah?

—¿Vamos de regreso a la biblioteca? Tengo un informe para Herbología que terminar. No sé porque sigo en esa clase, solo me anoté para caer bien a la madre de Lydia —gruñó, pero se sorprendió cuando su amigo negó con la cabeza.

—Nah, estoy cansado de hacer informes. Creo que iré a descansar a la Torre. ¿Nos vemos a la cena?

El Slytherin no pudo evitar fruncir el ceño cuando escuchó a su amigo decir eso porque ¡Danny Mahealani nunca se cansaba de hacer informes! Sin embargo como su propia cabeza estaba latiendo de forma molesta, Jackson le hizo un rudo asentimiento al Ravenclaw y se giró para salir del Gran Comedor y enfilar hacia las mazmorras, pero en el camino a la salida se encontró otra vez con la mirada de Matt Daehler y eso ya era molesto.

—¿Pasa algo con mi cara, Daehler? —gruñó al Ravenclaw, llamando la atención de alguna gente, incluido Stiles cuya mirada pareció fijarse en él de pronto—. No puedes dejar de mirarla últimamente.

—No, Whittemore ¿por qué lo crees? Solo me preguntaba cuanto tiempo pasará antes de que salgas del clóset, ya sabes… se te ve bastante cercano a Isaac Lahey últimamente.

—Come mierda, Daehler —le insultó en un siseo bajo para que nadie más le escuchase antes de marcharse.

¿Quién se creía ese paparazzi de cuarta? Él no era homosexual. Siempre le habían gustado las mujeres, Lydia era por votación popular la mujer más guapa del castillo y fue suya por tres años completos hasta que él, no ella, él rompió la relación. Estúpido Daehler.

Refunfuñando se dirigió a las mazmorras, cambiando de opinión cada diez pasos sobre si ir al lago esa noche simplemente para rechazar de plano al hombre lobo o si dejarle plantado y que tomase su ausencia como una respuesta.

Cuando se recostó en su cama a dormir una siesta aún no había tomado una decisión.

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Stiles debía agradecer el posible éxito de ese plan a la confianza casi ciega de Scott en él, porque parte de él le había dicho que necesitaba guardar pedazos de sus sospechas solo para sí y no les había contado todo lo que pensaba. No era que no confiase en la manada, sino que… necesita el control. Él no era un hombre lobo o una kitsune, o un aprendiz de cazador como Allison. Él era un simple humano y necesita sus secretos protegidos para sentir que todo iba bien. Porque cualquiera fuera el resultado de esa noche, todo saldría bien. Tenía fe en eso.

Su primera opción había sido atrapar al Kanima en ceniza de montañas, pero creaba el peligro de poder dejar a alguno de los lobos de la manada allí adentro con la bestia, así que tuvo que rechazar esa idea. Entonces, leyendo el libro que Peter una pequeña frase había quedado pegada a su mente. “Los temores del amo serán los del sirviente”. Casi parecía poético, pero los instintos de Stiles le dijeron que no era simple retórica. Eso sumado a su propia teoría, a la que había llegado en la madrugada gracias a la inspiración de Derek, y perfeccionada con el descubrimiento del tipo de Criatura que era, le dejaba con una certeza ligera de que eso iba a salir bien.

El plan no fallaría. Él no fallaría.

Utilizando una poción que bloqueaba olores, Derek, Scott, Malia y él mismo se encontraban ocultos entre los árboles cercanos al lugar donde Isaac esperaba a Jackson. Todos tenían instrucciones de intentar inmovilizar a la criatura en caso de aparecer, pero de ser imposible habría que incapacitarla, pero sin matarle. En situación de peligro la vía de escape era el lago. Nadie sabía por qué, pero aceptaron cuando Stiles les dijo que estaba bastante seguro de que la criatura no nadaba. Derek le había mirado fijamente, pero lo había dejado pasar.

Así que ahí estaban los cinco. Kira estaba con Lydia y Allison por petición expresa de Stiles. La Kitsune no se había opuesto, aunque se había morreado bien con Malia, suplicándole que se cuidara. Eran adorables.

—¿Estás listo, Isaac? —preguntó bajito, viendo como el chico a la distancia asentía. La luz de la luna menguante iluminaba el lago y la figura del rubio hombre lobo y Stiles agradecía que no estuviese lloviendo. Al menos podía ver algo, ya que él no tenía esos ojos infrarrojos de los lobos. Hacía un frío terrible, pero era comprensible al en unos días ser diciembre.

—Isaac pregunta si estás seguro de que vendrá la Kanima —murmuró Derek a su lado, ya que estaban hablando en susurros y solo los lobos podían oírse. Maldición, solo desventajas de ser humano. Aunque uno de los beneficios de no ser mordido era que no había opción de convertirte en una Kanima asesina, claro.

—No. Pero es bastante probable, si —y pudo escuchar el suspiro de su compañero a su lado.

¿Había opción de que llegase Jackson como si nada y toda la operación sea basura? Si. Claro que sí. Pero también existía la opción de que llegase y no como si nada, sino que como Kanima. Y también estaba la opción de que no sea ninguna Kanima la que llegase, sino que de plano el maestro, y eso sería lo ideal. Había muchas opciones, y Stiles las había pensado todas, o eso esperaba. La opción donde no llegaba nadie era de las peores de todas.

Habían pasado casi quince minutos cuando pudo sentir la mano de Derek apretando su brazo, junto con el susurro de que Scott acababa de advertir que algo o alguien se acercaba. Stiles no podía creer lo impreciso que era su mejor amigo, pero en cuanto Derek le confirmó que Malia había dicho que era un “eso”, todos se pusieron en guardia. Sabía que los lobos (y la coyote) preferirán sus garras para ese asunto, pero él empuñó firmemente su varita. Esa era su arma. Si fuese un muggle estaba seguro de que escogería un bate de béisbol, pero como era un mago, una varita mágica era todo lo que necesitaba.

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Allison ya no aguantaba ni un minuto más allí encerrada. Sabía que prometió a Scott y los demás que aguardaría a que todo pasara con Lydia y Kira en la Sala de Ravenclaw, pero necesitaba hacer algo. No podía simplemente quedarse allí sentada sin hacer nada. Además, la mirada de Matt Daehler le estaba poniendo de nervios.

Al final sin soportar más se puso de pie, sorprendiendo a las otras dos chicas que jugaban con unos naipes mágicos intentando no pensar en lo que podría estar ocurriendo en el lago en esos momentos.

—Necesito ir a hablar con mamá. Sé que el director dijo que envió una lechuza a papá, pero quizás ella puede hacer que vuelva antes. Lo necesitamos. De hecho, los chicos no deberían estar haciendo esto solos —se quejó frunciendo los labios y Kira le miró fijamente por un momento para luego sonreírle.

—Están con un profesor, Derek, y sabes que sienten que es su responsabilidad. Jackson se volvió parte de su manada una vez que fue mordido.

—¡No se sabe si realmente es él! —dijo ofendida Lydia, aunque manteniendo el tono solo para ellas. No era la idea que todas las águilas se enterasen—. Además, Peter dijo que el Director determinó que mañana se notificará a los aurores, tengan o no avances hoy, Allison.

—Lo sé, pero… solo iré donde mi madre y vuelvo —prometió y aunque la mirada de las chicas demostraba dudas al final no tuvieron como decirle que no—. Para que se queden más tranquilas, luego iré a ver a Liam a la enfermería. Está más cerca del Despacho de Alquimia y así nadie está solo ¿vale?

Cuando por fin pudo salir de la Sala Común de Ravenclaw respiró aliviada por dejar de sentir la mirada de Matt en su nuca. Sin preocuparle su falda ni la piedra irregular del piso, Allison corrió para bajar lo más posible al cuarto piso que era donde el despacho de su madre se ubicaba.

A pesar de estar ya tan lejos de la Torre de las Águilas todavía podía sentir la quemante sensación de la mirada de Daehler y tenía que reconocer que todo ese asunto de la Kanima le estaba haciendo un poco paranoica.

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Cuando esa repulsiva criatura acabó siendo más fuerte y ágil de lo que cualquiera de ellos se pudiese imaginar, al final la única opción para sobrevivir fue tirarse al lago, como Stiles había dicho. Derek se sintió humillado por ser el único a quien las garras paralizantes del Kanima golpearon, teniendo que ser mantenido al flote por su pareja, que miraba con aprensión como esa especie de lagarto se paseaba en la orilla, Malia, Scott e Isaac en el agua también, sin saber realmente como escapar de esa trampa en la que se metieron ellos mismos. Él no quería que Stiles cogiese la responsabilidad, porque la opción del escape era solo un plan B y no era culpa de él que el plan A no hubiese funcionado. Al menos habían tenido éxito atrayendo a Jackson como Kanima.

—Aún no es seguro que eso sea Jackson —negó Stiles a sus palabras y Derek pudo notar como la mirada apagada de Isaac se iluminaba por la esperanza—. No he dicho que no lo sea, pero no es necesariamente seguro.

—Lo que es seguro es que estamos atrapados —gruñó Malia, flotando con la cabeza hacia el cielo— ¡y odio nadar!

—¿Cómo sabías que el Kanima odiaba el agua? —preguntó Scott interesado, observando como el ser intentaba meter un brazo en el lago y se alejaba de inmediato, entre siseos—. El libro no decía nada. Lo leí.

Derek podía sentir como Stiles parecía receloso de compartir esa información y como solo podía mover la cabeza, la inclinó para rozar su nariz con la mejilla de su león, logrando transmitir lo que quería. Confía en nosotros. Stiles se resignó.

Porque los miedos del maestro son los miedos del sirviente —dijo Stiles y Derek creía haber leído eso en el libro, aunque no le prestó atención—, y el maestro de esa cosa odia el agua porque cuando iba en primero casi se ahogó al caer del bote el primer día de Hogwarts.

—… ¡tú sabes quién es el maestro del Kanima! —exclamó Isaac sonando ofendido a la vez que sorprendido— ¿Por qué no nos dijiste?

—Porque no estuve seguro hasta que vi que tú eras un objetivo también —reconoció Stiles con una sonrisa de disculpa que Derek quería besar.

—… Matt Daehler. Él es el único que conozco que se haya caído del bote el primer día de Hogwarts ¿él es…? ¿Pero cómo tú…? —Scott parecía desconcertado y Derek encontró ridículo que estuvieran teniendo esa charla de noche en medio del Lago helado casi siendo diciembre, pero no dijo nada.

El Kanima seguía mirándoles malvadamente desde la orilla y no parecía ir a cansarse pronto.

—Uno es un incidente. Dos es una coincidencia. ¿Tres? Tres es un patrón —suspiró Stiles y Derek podía sentir como le abrazaba más hacia él, sosteniéndole con esfuerzo, pero sin pedir a nadie que le ayudase. Él había intentado todo este tiempo recuperar la movilidad de su cuerpo, pero el veneno era poderoso—. Me di cuenta porque soy hermoso —bromeó el chico en una broma que era solo para él y Derek le amó por ello—. ¿Qué pasa cuando algo que encuentras bello es mancillado por las manos de otras personas? Lo único que unía a Scott y a Josephine Summers, además de ambos ser Gryffindor y fanáticos de los Falmouth Falcons, es que ambos han tenido sus manos en Allison Argent. ¿Y quién está tan loco por Allison como para enviar a una criatura de pesadilla tras sus ex?

—Definitivamente Matt —gruñó Malia y Stiles asintió.

—Por eso me usaste de carnada —comprendió Isaac—, no porque Jackson y yo…

—Bueno, eso tenía que ver también —reconoció Stiles mientras le hacía un gesto a Scott que nadó acercándose a ellos dos—. Quiero decir, una opción es que al ser tú a quien debía hacer daño Jackson como Kanima se detuviese y no te hiciera daño, lo que me habría asegurado de que es él. Pero como intentó matarte con tantas ganas como a cualquiera o no es Jackson o en realidad el idiota no está tan enamorado de ti como yo pensaba.

—¡Jackson no está…!

—Sí, si… Scott, por favor ayúdame a sujetar a Derek... ya que esa cosa no parece querer irse, veré si puedo espantarle…

—¿Allison y Summers? —Scott se acercó nadando pero parecía algo en shock— Pero… ¡¿Con cuantas chicas se ha besado Allison?!

—Solo Lydia y Josephine, que yo sepa —sonrió Stiles consolador—. Cora me contó lo de Summers anoche como una anécdota, al parecer fue un tonteo hace unos años.

Derek pudo sentir el cambio de mano, sintiéndose como un maldito bolso. Scott ya parecía un poco más cómodo con la idea de su ex novia besándose con otras chicas, cuando Derek vio a su pareja sacar su varita y comenzar una floritura que él podía reconocer. Abrió sus ojos muy grandes y luchando contra la parálisis trató de llegar hasta el menor.

—¡No! ¡No hagas eso! ¡Stiles!

Malia e Isaac no parecieron comprender su preocupación, pero el aroma de Scott era calmado, tranquilizador mientras le decía que no se preocupara.

El fuego infernal que surgió de la varita de Stiles tenía la forma de tres lobos y ¿eso era una coyote? mientras embestía contra la criatura. Había unos siseos terribles y el olor a carne quemada le llegó con claridad a Derek aún a la distancia. Podía escuchar a la Kanima huir, pero ahora la preocupación del hombre lobo era el fuego que parecía a punto de ir a encender los árboles en los que antes se ocultaban ellos. Pero sus preocupaciones fueron vanas porque con una floritura diez veces más complicada que la anterior y un “Fiendlocked” pronunciado, los animales de fuego se deshicieron en el aire.

—Wow, Stiles, eso fue impresionante —le aplaudió Malia, salpicándoles agua fría a todos. Isaac se unió a la moderada ovación y Derek miró con admiración a su compañero, que simplemente se encogió de hombros, volviendo a sujetarle, esta vez para llevarle hacia la orilla.

—Era uno de los hechizos favoritos de mi madre —explicó a media voz, sabiendo que todos los licántropos y la chica coyote podrían escucharlo—. Ella solía decir que había belleza incluso en las cosas peligrosas y que esquivarlas haría que nos perdiésemos esas cosas bellas. No es una sorpresa que haya muerto joven.

No, debió reconocer Derek, no era una sorpresa que hubiese muerto joven. La madre de Stiles debía haber sido un alma demasiado extraordinaria para sobrevivir en ese mundo común.


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—No debimos dejar que se fuese sola. ¡No debimos, Kira! —decía por enésima vez Lydia, y la asiática ya no sabía cómo tranquilizarla. Se había puesto tan histérica que las águilas de la sala estaban mirándolas extrañados, muchos que estaban estudiando decidieron de pronto irse a la biblioteca, probablemente, o al Gran Comedor para la cena que sería en poco tiempo.

—Estará bien, Lydia —trató de calmarle, tomando sus manos—. Si quieres podemos ir a la enfermería para ver si…

—¡Si, vamos! ¡Vamos enseguida!

Cuando la pelirroja se puso de pie de forma brusca, Kira recordó lo que Allison les había dicho acerca del incidente del Armario de las Escobas a Malia, Cora y ella. Había un brillo en los ojos de Allison cuando lo dijo, como si tuviese su teoría, pero no supiese si sería creída de comentarla. Al final solo había recomendado dejar que Lydia se moviese como sus instintos ordenasen, pero siguiéndola. Así que eso hizo Kira, se acomodó la bufanda de Gryffindor en el cuello y siguió a Lydia que caminaba con seguridad fuera de la Torre.

Esperaba que el profesor Peter y Cora consiguieran información adicional de donde sea que hubiesen ido a buscarla fuera del Castillo, porque sus instintos de Kitsune le decían que iban a necesitar toda la ayuda posible con el asunto de Jackson y la Kanima.

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Ya con el conocimiento de que era Matt el maestro de la Kanima, Scott sintió su lobo rugirle dentro, ansioso por correr hacia el castillo y encontrar al Ravenclaw para detener todo eso. No podía perdonarle el usar de esa manera a Jackson, ni tampoco como por su culpa Liam casi moría. Y él y Summers también, claro, pero… especialmente Liam.

Morderlo nunca fue su intención y sabía que el Slytherin lo entendía. A pesar de no haberse quedado solos en ningún momento desde el ataque y que el chico esquivase su mirada en cada ocasión, Scott tenía fe de que pudiese entender que si lo hizo, guiado por sus instintos primarios, fue solo porque quería que sobreviviese. Porque a su lobo le era inconcebible la idea de dejarle morir cuando podía hacer algo para evitarlo, aunque se estuviese desangrando con la caja torácica abierta y el cuerpo paralizado.

Ahora sabía que la sensación de la carne bajo los colmillos y esa dulce sangre había sido real, había sido la carne y la sangre de Liam, y también sabía que el chico había estado a punto de desangrarse y perder la movilidad de la mano por su culpa. Su madre había podido arreglarle, pero le costaría un tiempo recomponer todos los tendones y nervios de la muñeca que sus colmillos habían destrozado. Tendría unas semanas su brazo sin uso y aún no sabía si podría seguir jugando Quidditch…

… pero estaba vivo, y Scott no conseguía que su lobo se preocupase más que de ese detalle.

—Scott, yo estoy bien. Vayan con Malia a buscar y proteger a las chicas. Isaac, si quieres puedes ir a buscar a Jackson —la voz de Derek sonaba firme, a pesar de estar sentado en el pasto que el fuego demoniaco no había quemado, porque no podía sostenerse sobre sus pies aún. Scott miró inevitablemente al lobo de Hufflepuff, pudiendo ver el brillo de su mirada y sus labios apretados, lamentando que tuviese que pasar por eso.

—Me quedaré contigo y Stiles. Necesitan protección por si esa cosa vuelve.

—¿Perdón? —preguntó con voz irónica Stiles y Scott tuvo que sonreír un poco, porque era muy de Stiles eso de defender su capacidad de autoprotección mientras estaba rodeado de hombres lobo y se enfrentaban a un lagarto humanoide gigante con garras paralizantes. Sí, muy Stiles.

—Malia, vamos —le dijo a la chica, la que asintió enseguida porque hacía rato se le podían oler las ansias de correr hacia Kira.

Luego de dar una última mirada a sus hermanos de manada y a su hermano por elección, Scott echó a correr en compañía de la coyote. Cuando llegaron al castillo de inmediato se dirigieron hacia las escaleras para correr a la Torre de Ravenclaw, pero de pronto Scott sintió las garras de Malia en su brazo, quieta mientras olía el aire. La miró interrogante, frunciendo el ceño, pero entonces la Hufflepuff corrió por uno de los pasillos del segundo piso y Scott no pudo más que seguirle.

Ni siquiera se detuvo a oler, solo le siguió a paso veloz cuando de pronto una gritito de sorpresa por delante le hizo patinar en la piedra para detenerse. Frente a ellos estaban unas sorprendidas Kira y Lydia, quienes se quedaron pasmadas un momento antes de que Kira se lanzase a abrazar a Malia. Y Scott se tomó un segundo para considerar que entendía su preocupación, porque a pesar de que ya habían secado sus ropas, ambos se veían desaliñados y golpeados por la pelea con el Kanima.

Solo entonces se percató de la ausencia.

—¿Dónde está Allison? —dijo y su voz era como un rugido. Lydia le miró sorprendida y boqueó sin decir nada, pero Kira es la que respondió.

—Dijo que iba a ir a ver a su madre y…

—¡Malia! ¡Busquen a Derek y los demás! Yo buscaré a Allison —indicó y sintió sus ojos cambiar de color, porque ¡maldición! Allison andaba sola por allí, y Matt y Jackson estaban quien sabe dónde— ¡Vayan!

—¡Pero Scott! —medio chilló Lydia, pero Scott la silenció con una mirada.

—¡Malia!

—S-sí. Vamos chicas —la coyote le dio una mirada algo perturbada, pero asintió sumisa y Scott entonces se giró y corrió de nueva cuenta a las escaleras, directo al cuarto piso donde estaba el despacho de Victoria Argent, suplicando porque Allison estuviese allí y que la sensación de incomodidad que sentía a cada paso que daba hacia ese lugar no fuese por un mal presentimiento.

++++

Malia consiguió sacar del castillo a Lydia con ayuda de Kira, a pesar de que la pelirroja quería dirigirse con insistencia a la enfermería, creyendo que allí estaba Allison. La coyote pensó por un momento en desviar el camino e ir allí, sin embargo sentía un apremio por obedecer lo que Scott le indicó. Su mirada enrojecida le había sorprendido, casi sintiendo deseos de arrodillarse ante él, algo que jamás le había ocurrido con nadie. ¿Qué ocurría con el lobo? Suponía que cuando acabase todo el asunto de Jackson tendría que averiguarlo.

Así, siguieron caminando hasta encontrar a Stiles con Derek y un vigilante Isaac. Derek aún parecía descompuesto, pero era cuidado con primor por su novio, que parecía aliviado al ver a Lydia, pero de inmediato frunció el ceño.

—¿Dónde están Scott y Allison?

La coyote dudó un momento antes de responder, mirando a Kira. Luego de su novia contar lo ocurrido, Derek de inmediato trató de erguir su cuerpo, inútilmente.

—Tenemos que salir de aquí. Estamos desprotegidos. No podemos ir al castillo, pero quizás el Bosque nos de ventaja. O la Casa de los Gritos. Si la teoría de Stiles es correcta, tenemos a dos posibles objetivos aquí mismo y eso puede atraer a la bestia —indicó Hale, haciendo un gesto hacia Lydia e Isaac.

Oh, cierto. El beso de Halloween, recordó Malia, mirando con renovado interés a Lydia que parecía desconcertada al ser apuntada.

—¿Posible objetivo? ¿Yo? —preguntó casi en un chillido y fue Stiles el que le miró en disculpa.

—Las víctimas son personas que han puesto sus manos sobre Allison, Lydia. Cumples el perfil —no hubo ni siquiera cinco segundos entre la mirada suspicaz de la pelirroja antes de que Stiles le contestase la pregunta real—. El maestro de la Kanima es Matt Daehler.

Malia vio como Kira tomó la mano Lydia, la que parecía de pronto más pálida que nunca, apoyando su frente en el hombro de su Kitsune, que le miró a ella con expresión triste. Derek parecía ansioso porque salieran de allí, aunque seguía sosteniéndose de Stiles para estar de pie y ella dudaba que pudiera dar un paso por sí mismo.

—Pero eso… eso significa que Allison también podría estar en peligro —gimió Lydia levantando la cabeza y buscando los ojos de Stiles y Derek.

—Oh, no tienes que preocuparte por eso, Lydia —dijo una voz familiar y Malia se volteó con todos sus sentidos encendidos y un gruñido en su garganta. No le sintió llegar, probablemente habiendo usado algún hechizo o poción para ocultar su aroma, tal como ellos habían hecho antes—. No soy del tipo que dice “Si no eres para mí no serás de nadie más”. Soy del tipo que manda a un lagarto gigante a deshacerse de sus rivales.

La luz de la luna creciente iluminó el rostro de Matt quien tenía a su lado a la Kanima mirándoles con maldad a todos ellos y Malia consideró la ironía de que todos los alumnos de Hogwarts estuvieran en ese mismo momento cenando en el Gran Comedor como si nada mientras ellos se jugaban la vida ahí afuera.

Entonces, un chillido horrible rompió el silencio de la noche.

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Cuando Victoria vio aparecer a Allison abriendo su puerta sin ni siquiera tocar, todas sus alarmas se encendieron. Por un momento pensó que Christopher había regresado y se lo había contado todo a su hija, rompiendo el acuerdo de estar juntos cuando se lo fuesen a decir. La furia ardió en su estómago por esos instantes, hasta que vio su expresión preocupada. No, Allison no pondría ese rostro por ese motivo. Algo más pasaba.

—¿Ocurre algo, Allison? Con tus modales, por ejemplo —su tono meloso pero lleno de reproche hizo que su hija se sobresaltase, como si ni siquiera hubiera notado que tan intempestiva había sido su entrada.

—Lo siento, mamá. Yo… ¿sabes cuándo regresa papá?

Y la urgencia en su voz y en su mirada puso otra vez en guardia a la profesora de Alquimia. Sus ojos se entrecerraron un momento, vigilante, hasta finalmente ponerse de pie para rodear su escritorio.

—Si los ataques son lo que te preocupan, te aseguro que…

—¡Necesito saber si va a regresar pronto!

El grito de Allison solo logró escandalizarle y provocó que sus sospechas aumentaran. Allison sabía algo. Por supuesto que lo sabía. El enfado comenzó a hervirle dentro, porque si ella lo sabía significa que ese asqueroso McCall y todos los canes que tenía por amigos debían estar involucrados también. Ver a Allison allí significaba que estaba lo suficientemente preocupada y ansiosa como para recurrir a ella con tal de tener a su padre cerca.

Deaton no le había dicho nada a ella y eso le ofendía, porque ella también era una Argent… aunque Christopher estuviese intentado quitarle eso.

—Volverá mañana temprano —le soltó la mentira a su hija sin asco—. Y estoy ocupada, así que si me haces el favor…

Chris volvía esa misma noche, por supuesto. Victoria sintió un placer insano de negarle esa información a su hija tal como ella le negaba la información concerniente a esa manga de licántropos. La cita de hacía dos días al té había sido una lucha fútil por intentar sacarle a la Gryffindor información sobre su nueva relación amistosa con McCall y Victoria odió una vez más a su esposo por pasar el verano anterior enseñándole Oclumancia a Allison a sus espaldas.

Ver a su hija salir tal huracán había entrado dejó en la mujer una sensación de vacío incomprensible. Vio su largo cabello volar con su giro y su figura grácil, tratando de recordar cómo era cuando sobresalía apenas un metro del suelo y se le abrazaba a las piernas interrumpiendo sus experimentos alquímicos. Christopher solía decir que era muy fría con ella, aún de niña, pero Victoria deseaba que se hiciese una mujer fuerte. Y lo había acabado siendo. A su manera, pero era fuerte.

Cuando quince minutos más tarde su puerta volvió a ser abierta de forma violenta para ver allí de pie a un aparentemente preocupado Scott McCall, Victoria ni siquiera lo pensó.

¡Desmaius! —exclamó apuntando al muchacho y la sorpresa fue tal en el licántropo que no tendió a esquivarle, cayendo al suelo con un golpe seco.

Victoria se apresuró a rodear su escritorio y meter el cuerpo desmayado del ex novio de su hija en el interior de su despacho, mirando por el pasillo y sintiéndose aliviada al no ver a nadie. Cuando cerró la puerta ya estaba saboreando la información que iba a conseguir con ayuda del chico. Cuales fueran los medios que tuviese que emplear para ello.

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En el momento en que Derek le ofreció ir a buscar a Jackson, dándole el pie para corroborar de alguna manera si era o no el Kanima, Isaac se sintió tan agradecido como frustrado. Porque parte de él deseaba aceptar su propuesta y correr a la Sala de Slytherin de nuevo y repetir el patético espectáculo de ayer si con eso conseguía la visión de Jackson durmiendo con tranquilidad en su cama, si con eso al menos confirmase que no era esa criatura con cola y escamas.

Sin embargo, se quedó. Porque era su deber, lo sabía. Porque Cora le dio una mirada amenazante antes de marcharse con Peter a quien sabe dónde, diciéndole que cuidase a su manada, prediciendo que iba a llegar ese momento donde sus sentimientos por el idiota Slytherin se iban a interponer con lo que tenía que hacer.

Ver llegar a las chicas alivió un poco su preocupación, y Derek ya podía mover un poco los dedos y endurecer los músculos de las piernas lo suficiente para estar de pie apoyándose de alguien, así que todo parecía mejorar.

Al menos hasta que Daehler apareció con el Kanima a su lado.

No quería, realmente no quería creer que eso era Jackson pero… ¿qué otra opción tenía?

De reojo pudo notar que todos tienen su varita en la mano, aunque Malia había sacado sus garras también y a Derek le brillaban los ojos, aún apoyado en Stiles. Lydia parecía paralizada, pero fue el ruido metálico de algo que tenía Kira en las manos lo que distrajo a todo el mundo. ¿Era eso una espada?

Fue entonces cuando un hechizo surgió de ninguna parte y la cola del Kanima fue cortada de la base de un golpe, con un Sectum casi quirúrgico. El grito de la criatura fue lo suficientemente potente para dejarles a casi todos sordos por un momento, mientras Lydia exclamaba horrorizada al ver al Kanima caído.

—¡NO, JACKSON!

Matt pareció sorprenderse, cubriéndose rápidamente con Protegos y escondiéndose tras uno de los árboles del lugar mientras los hechizos de todos volaban en su dirección. Isaac debió reconocer el valor y la estupidez en el Ravenclaw para ir a pararse frente a ellos sin miedo. Confiando demasiado en la sangrante criatura que les miraba con odio, lista para atacar a pesar del daño.

Ya habiendo comprobado en el enfrentamiento anterior que los hechizos rebotaban contra su piel, Isaac guardó su varita y cambió sus rasgos para sacar toda la energía de su lobo. Sufrió ante la idea de que ese era Jackson, pero no podía hacer nada contra ello. No podía permitir que matase a nadie.

Fue en la vorágine de ataques suyos, de Malia y los golpes de la espada de Kira, cuando gracias a su mirada lupina vio de reojo una figura acercándose a Lydia bajo una capa de invisibilidad. No era Matt, porque lo podía ver lanzar hechizos de vez en cuando desde su escondite, pero ya no tuvo oportunidad de seguir cuestionarse la identidad de la figura cuando esas garras envenenadas le rasgaron por la clavícula, destrozando su túnica y su camisa.

—¡Isaac! —escuchó a una voz llamarle mientras caía al suelo, apenas habiendo podido alejarse unos pasos de la lucha de Malia y Kira contra la criatura antes de caer paralizado y sangrando boca abajo sobre el pasto quemado, y tenía que ser su mente jugando con él, porque esa voz era de…— ¡Isaac! ¡Ni se te ocurra morir, ¿me escuchas, bastardo?!

Unos brazos le giraron y sintió que sus ojos ardían por las lágrimas, porque podía escuchar la lucha contra la Kanima seguir a unos metros, pero allí, con una capa de invisibilidad a medio sacar, estaba mirándole un enfadado Jackson.


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Scott ya no podía resistir más. Su garganta se sentía seca de tanto gritar, respirar hacía que los pulmones le ardiesen por el ácido humo del acónito y su mente se sentía al borde de la locura por culpa de los Cruciatus que Victoria Argent no dejaba de enviarle cada vez que le respondía algo que no era lo que ella quería escuchar.

Su lobo, al comienzo fiero y amenazador, se encogía por el dolor. No quedaba nada en Scott para entregar, pero la mujer no se sentía satisfecha, lo sabía por la expresión en sus labios. Era tan parecido al mohín que ponía Allison cuando estaba disconforme que dolía casi más que las maldiciones.

—Sé que mientes, McCall. ¿Por qué no me dejas entrar a tu mente y ya? ¿No sería mucho mejor que seguir sufriendo? —preguntó en su oído la bruja y Scott intentó jalar las cuerdas mágicas una vez más, inútil como cada ocasión.

—No lo sé, no lo sé. Juro que no sé quién es el Kanima —gimió Scott dejando caer su barbilla a su pecho, porque temía que su mirada dijera la verdad. Temía que el nombre de Jackson se le escapase, porque sabía que Victoria Argent no tendría la consideración de investigar como ellos habían tenido. Ella simplemente mataría al Slytherin.

Se sentía ahogado y su cuerpo le exigió tomar una bocanada de oxígeno, pero lo que inundó sus pulmones fue el acónito y todo su cuerpo se retorció y ardió. La madre de Allison no se apiadó de su dolor ni de sus gritos, y Scott recordó a Deaton comentándole sobre los despachos insonorizados de los maestros, para evitar que algún alumno pudiese espiarles, algo que había ocurrido a lo largo de los siglos en más de una ocasión.

Pensar en el Director le calmó un poco. Recordó como en su primer año Deaton descubrió su amor por los animales, y Scott había comenzado a ayudarle en su tiempo libre a cuidar a los seres que traía, ya que como Director y Profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas no tenía demasiado tiempo. Así ya no tuvo que esconderse para espiar los nuevos animales para la clase que tardaría dos años más en poder cursar, sino que tuvo la autorización de estar allí, a menos que fuesen criaturas muy peligrosas. A eso quería dedicarse de adulto, sabía, y pensar en un futuro luminoso, lleno de criaturas a las que cuidar hacía que el dolor del presente no pareciese tan importante. Las murallas de su mente firmes en contra de los violentos golpes que daba el ariete de la Legeremancia de Victoria, intentando descubrir sus secretos.

—Lobo estúpido —escupió la bruja, expulsada una vez más de su mente. Y Scott ya sabía lo que se venía, pero no había preparación alguna para el dolor que le sacudió.

Ya ni siquiera escuchaba sus propios gritos, superándole la sensación de sus huesos rompiéndose y recomponiéndose, sus nervios siendo presionados todos a la vez, su cabeza palpitando con brutalidad. Cada vez pensaba “Ahora voy a volverme loco. Ahora es cuando voy a morir”, pero su lobo no se lo permitía.

Cuando la varita de la profesora bajó, Scott sintió su cuerpo desarmado sobre esa silla. Su cabeza cayó inerte, sin fuerzas para levantarla y enfocar su mirada en la mujer. Solo quería desmayarse para que todo eso acabase.

—Si tú no me das las respuestas, otro lo hará. Quizás coja a la joven Tate, o quizás al joven Lahey. Los Hufflepuff suelen ser blandos ante las torturas —y había maldad en su voz, intentando causarle daño al decirle que iba a dar el mismo trato a sus amigos—. O quizás sea simplemente más fácil coger a Stilinski. Un lobo sería lo ideal porque ustedes pueden reparar su propia mente después de cada Crucio y ningún daño permanente les quedará… ¿pero un humano? —la bruja se rió y Scott sintió todo su cuerpo temblar de ira, de furia. No, a Stiles no—. Un humano no tiene esos beneficios. Se volvería loco a la tercera maldición. Luego solo te quedaría ir a verlo a la Sala Janus Thickey cada sábado por el resto de su vida, porque ni siquiera podría sujetar su propio miembro para orinar…

Cuando Scott reaccionó, se encontró de pie en el pasillo fuera del despacho de alquimia. Guiado por un impulso animal, se giró con violencia para ver el interior de la habitación de la cual el humo de acónito emanaba espeso hacia el exterior, pudiendo ver una silla destrozada en el centro del lugar y apoyada contra una pared una enfurecida Victoria. Su mano sujetaba su antebrazo, el mismo lugar donde sus colmillos habían sujetado el cuerpo de Liam de caer desde las graderías ayer, y supo que le había mordido a ella también. Los ojos de la mujer estaban clavados en la mano derecha de Scott y cuando él miró notó como sus dedos con afiladas garras estaban sujetando la varita de la bruja.

Saber que de esa herramienta era que surgieron esos Cruciatus provocó que le diese asco seguir tocándola y la dejó caer al suelo. Sintió el impulso de romperla con el pie, pero de pronto la necesidad de salir de allí se hizo irresistible y él simplemente se marchó.

Estaba siendo guiado por sus instintos, no sabía cómo fue que se liberó de la bruja, pero se aliviaba porque él no quería morir. No quería morir en manos de esa mujer. Aún tenía gente a la que salvar.

En su carrera fue esquivando las escaleras y pasillos donde escuchaba alumnos, porque no sabía cuánto tiempo había pasado siendo torturado, pero creía que la cena ya debía haber acabado. Sabía que debía buscar a Allison, que debía ir a ayudar a Isaac a proteger a Derek y Stiles, que debía atrapar a Jackson o a quien sea que se hubiese convertido en la Kanima, y que debía parar los pies a Matt. Lo sabía todo, sin embargo seguía corriendo hacia la enfermería, porque su lobo sentía la urgencia de ir hacia allí, sentía la urgencia de oler a su madre y suplicarle a Liam que le perdonase, porque no quería herirle. Quería todo eso y más, y era la enfermería el único lugar en el que debía estar en ese momento y su lobo lo sabía.

Cuando abrió la puerta del lugar con violencia y sintió sobre él la mirada sorprendida de su madre, Liam y Allison, Scott se permitió derramar una lágrima y caer de rodillas con un rugido de alivio.

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Jackson casi no pudo descansar toda esa tarde. Además de que tenía su mente llena de cosas, sus compañeros de habitación se paseaban por allí riendo o hablando de tal y cual asunto, sin ningún respeto por él intentando dormir.

Al final casi le había llegado la hora de la “cita” con Lahey sin que hubiese tomado ninguna decisión. En el baño del dormitorio de sexto, limpiando su nariz de ese líquido negro luego de darse una ducha para quitarse el sudor febril que cubría su piel tras el intento de siesta, Jackson ni siquiera se dio cuenta que había alguien allí hasta que escuchó el “Desmaius”, volviéndose todo oscuro de pronto.

Fue reanimado por uno de sus compañeros cuarenta minutos después, cuando ya estaba muy pasado de la hora que había quedado de verse con el tejón.

Sin saber porque, ignorando a su preocupado compañero y con la furia corriendo por sus venas, Jackson acabó vistiéndose con rapidez y en un impulso cogió la capa de Invisibilidad que su padre le regaló hacía dos años. Ya estaba perdiendo un poco la magia por los bordes, pero seguía sirviendo.

No tenía ni idea de quien fue el que le desmayó, pero algo le decía que tenía todo que ver con el ataque de McCall y con esa impulsiva cita de Isaac, y él no era un Gryffindor temerario: él tomaba sus medidas de precaución.

Desde que se había enterado que los hombres lobo tenían el olfato y el oído muy finos, había pasado una grosera cantidad de tiempo investigando hechizos para silenciar tanto sus latidos como el aroma de su cuerpo. Cuando le había preguntado a la profesora Yukimura sobre esa clase de encantamientos había recibido una mirada cuestionadora, pero no le había negado la ayuda, y ahora Jackson, luego de mucho practicar, se consideraba un experto.

Así que, cubierto por la capa y con los hechizos encima, el Slytherin acabó aventurándose hacia el Lago Oscuro, vigilando a su alrededor, aunque sabiendo que sus sentidos aún no habían evolucionado como el del resto de los lobos. Solo quería que eso de los ataques acabase, maldición, para poder ocuparse de sus propios jodidos problemas.

Fue entonces cuando vio al grupo de figuras en el borde del Lago, cercanos a algunos árboles que podrían haberse ocupado para sorprender a alguien. ¿Isaac quería acorralarle a él? ¿Para eso había sido todo eso?

Las sospechas comenzaron a amargar la saliva de Jackson, recordando las miradas sospechosas de Peter Hale y Stiles, la estrecha vigilancia de Liam y Danny, la expresión casi aliviada de Isaac cuando le encontró en su cama ayer. Incluso recordaba a Matt Daehler por alguna razón, y la conclusión era horrible.

¿De verdad creían que él era el que estaba atacando a la gente?

Se sintió tan asqueado por la desconfianza de aquellos que por un pequeño momento pensó eran su manada, que no supo qué hacer… no hasta que apareció de entre las sombras Matt con ese monstruo, perdiendo el aliento.

¡Joder! ¿Qué rayos era eso?

Luchando contra sus impulsos de escapar, Jackson se adelantó alcanzando a escuchar a Lydia y la amenaza del idiota de Matt. No tenía idea que estaba haciendo allí su ex novia, pero la idea de que esa cosa pudiese hacerle daño hizo que su temor se volviese determinación, y asomando la varita por entre la capa envió el Sectum más poderoso que podía, justo a la zona donde creyó ver por la luz de la luna un espacio con escamas finas en vez de las gruesas que cubrían todo ese cuerpo.

El grito de la bestia le sobresaltó tanto como a los demás, pero fue cuando Lydia gritó su nombre que Jackson comenzó a moverse. «No, idiota, no soy esa cosa» quería decirle, pero mientras la batalla comenzaba, él solo pensaba en acercarse a su ex y sacarla de allí. Los demás podían arreglárselas solos, con lo que a él le importaban...

Su mirada, sin embargo, se quedó más rato del necesario fijándose en como Isaac, Tate y Yukimura enfrentaban a esa cosa. Matt estaba usando los árboles como defensa mientras enviaba hechizos, pero Lydia y Stiles también estaban usando sus varitas. La criatura, sin embargo, era demasiado fuerte, y en el preciso momento en que Jackson creyó ver el destello de los ojos dorados de Isaac mirando en su dirección, las garras afiladas atravesaron la garganta del lobo, haciendo que su propia boca actuase por sí misma, gritando el nombre del Hufflepuff.

No entendía porque, pero ya no estaba pensando en Lydia, tampoco en que estaba metiéndose en el fuego cruzado de Daehler y Stiles, simplemente se lanzó hacia donde Isaac cayó, Malia y Kira demasiado ocupadas como para detenerse a socorrerlo. Su mente repetía una retahíla de “No, no, no” mientras se sacaba la capa de la cabeza, girando al tejón.

—¡No puedes morirte, imbécil! ¡No cuando por tu culpa medio colegio piensa que soy un maricón! ¿En qué putas pensabas invitándome a salir en medio de todo el Gran Comedor? ¡Seguro que fue la jodida idea de Stilinski! —y no sabía que estaba diciendo, pero había mucha sangre y el rubio estaba llorando mientras sonreía y su garganta… oh, no, no su garganta. La herida había sido en su clavícula. De hecho, no había ni tanta sangre ni era una herida tan grave. Jackson se sintió desconcertado por un momento, mientras el alivio le inundaba.

—Fue… fue idea de Stiles —corroboró Isaac y había risa entre su llanto.

—¡Jackson! —rugió la voz de Derek, haciendo que algo en el Slytherin le mirase de inmediato, a las órdenes del lobo. El hombre estaba apoyado en un árbol y parecía debilitado—. El Kanima tiene veneno paralizante en sus garras.

Y eso es lo que necesitaba saber para entenderlo: Isaac estaba bien.

Cogiendo su varita de nuevo y quitándose del todo la capa, Jackson comenzó a arrastrar de una pierna a Isaac lejos de la batalla y más cerca de Lydia y Stiles, mientras enviaba hechizos hacia Matt y usaba Protegos para cubrirse a sí mismo y al tejón. Probablemente tirarle así no era la solución más elegante, pero él no tenía fuerza de lobo. No aún.

Parte de él se preguntaba si la tendrá alguna vez.

Sus pensamientos sin embargo se vieron interrumpidos cuando un fuerte gemido animal le llegó desde el lugar donde las chicas luchaban contra la criatura, para ver como Kira le había atravesado justo en el medio del pecho con su espada, con los ojos llenos de llamas.

Observando al ser tambalearse sin cola y herido de gravedad, los hechizos entre todos se detuvieron, entre fascinados y asqueados al ver como las escamas desaparecían de a poco y un cabello largo empezaba a surgir desde su cabeza, junto con unos rasgos tristemente familiares.

—¿Tracy Stewart? —jadeó Jackson al reconocer a su compañera de casa. La expresión del paralizado Isaac le indicó que él no tenía idea de quién era.

—Es compañera mía en Runas Antiguas —murmuró Lydia, pálida apretando su varita—. Es la novia de Theo.

Cuando la chica, desnuda y sin escamas ya en su cuerpo, cayó al suelo con la espada aun atravesándole –desmayada o muerta, a Jackson no le interesaba–, todas las miradas se enfocaron en Matt, que seguía escondido.

—Daehler, ya no hay razón para que sigas con esto —dijo con voz de autoridad Derek, irguiéndose un poco, pero aún afirmado del árbol—. Entrégate en calma.

—No hay donde escapar, Matt —la voz burlona de Stiles hizo que Jackson rodase los ojos, mirando como Isaac le observaba desde el suelo, silencioso. En ese momento se dio cuenta que seguía cogiendo su pie, así que lo soltó con violencia. Isaac sonrió—. Si te entregas pronto me aseguraré de que mi padre te ponga en una celda bonita en Azkaban.

Y Jackson estaba apunto de decirle al idiota Gryffindor que no era una buena idea burlarse del villano de turno si este aún tenía una varita en las manos, cuando Matt apareció y lanzó un hechizo con velocidad y furia, directo hacia el fanfarrón.

Casi no se escuchó lo que dijo por sus dientes apretados, pero el brillo verde era inconfundible. El Slytherin pudo ver el comienzo del inútil “Protego” en los labios de Stiles, así que reaccionó por instinto lanzando un “Everte Statum” no verbal en su dirección, rezando por ser más veloz, y en el momento que Stiles cayó al suelo empujado por su hechizo y el Avada Kedavra de Daehler golpeó el árbol a sus espaldas, Jackson por fin pudo respirar.

Los aullidos de furia que llenaron el lugar dejaron a Jackson pasmado por un momento, temiendo que fuesen hacia él, pero no pasaron ni diez segundos cuando Derek tuvo a Matt sangrando contra un árbol con sus garras peligrosamente cerca de su bajo abdomen, el adolescente al borde de la inconsciencia luego de ser golpeado repetidas veces. Mientras, Malia enfurecida rompió en dos la varita del Ravenclaw y Jackson pudo ver un fuego aún más salvaje que antes en los ojos de Kira Yukimura. Cuando vio el rostro cambiado de Isaac, quien aullaba impotente por no poder unirse a Hale, Jackson tuvo muy claro que Daehler no iba a sobrevivir para ver otro amanecer después de lo que intentó hacer a Stilinski.


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Stiles sintió que todo había pasado demasiado rápido. Le costó comprender que Jackson de hecho no era el Kanima y que estaba allí con una jodida capa de invisibilidad para ayudarlos. Al menos les había ayudado bastante, sacando a Isaac de en medio y… evitando que a él le matasen. Porque Matt le había enviado un jodido Avada Kedavra y él no se dio cuenta hasta que fue lanzado hacia atrás por el hechizo de Jackson.

Seguía tirado en el suelo, su mente aun tratando de comprender que había estado a punto de morir, cuando los ojos del Slytherin le dieron una mirada apremiante. Al enfocar a Derek y notar que estaba apunto de matar a Matt fue que reaccionó.

—¡Derek, no! —exclamó mientras se ponía de pie a tropezones, corriendo hacia donde su lobo estaba.

Malia y Kira parecían seguir llenas de la adrenalina de la batalla, dividiendo su atención entre la desmadejada ex Kanima y el destino de Daehler. Ambas cubiertas de heridas y golpes, pero al parecer bien, y Stiles solo pudo enfocarse en el problema más urgente en ese momento.

—¡Derek, no lo mates! —le suplicó llegando a su lado. Había podido sentir la lucha de su compañero incluso a la distancia de algún modo. Si Derek realmente hubiese querido hacerlo, hacía tiempo que los intestinos del Ravenclaw estarían tirados a sus pies. El que estuviese allí quieto, respirando como un búfalo con los ojos azules clavados en el rostro entre inconsciente y aterrado de Matt, era porque sabía que no debía hacerlo. Su consciencia enfrentándose a su lado animal—. Derek, el tipo es un desquiciado, sí, pero ya está condenado. Aun ignorando lo que hizo que esa tipa hiciese en su nombre, acaba de usar una maldición imperdonable ¡le darán la perpetua! Porque es mayor de edad, recuerdo que su cumpleaños fue en octubre —agregó, no muy seguro, pero pronto olvidando el tema. Sus manos tocando la baja espalda de Derek, sintiendo la piel vibrar ante su toque, aún bajo la ropa—. Déjalo, papá se encargará.

—Intentó matarte —gruñó en una voz increíblemente profunda el hombre lobo y Stiles se sintió estremecer, acercándose más y abrazándole por la espalda, apoyando todo su cuerpo contra el del mayor. El lobo quería vengarse, porque habían intentado separarle de su pareja, alguien se había atrevido a poner su vida en peligro. Stiles lo entendía, y aunque la vida de Matt podía no valer nada, las consecuencias de su muerte no serían tan irrelevantes.

—Eres un profesor, Derek. No puedes matar a un alumno, aunque sea una basura como este. No dejes que tus instintos te ganen. No dejes que el esfuerzo de tu madre por limpiar la imagen de los hombres lobo se vaya al tacho solo porque un idiota no supo ver a tiempo que nadie podrá separarnos. Porque la magia nos eligió como compañeros por algo, Derek.

Y sus palabras consiguieron ablandar la furia de su pareja, pudo notarlo. Los músculos de su espalda perdieron un poco de tensión y Stiles, sin soltarle nunca, giró el cuello para hacerle un gesto a Lydia que les miraba igual de quieta que los demás. Ella fue lo suficientemente brillante para comprender lo que quería que hiciera, así que con algo de inseguridad, ignorando la advertencia de Jackson, llegó al lado de ellos y echó un Desmaius a Matt, que finalmente perdió la consciencia.

Solo entonces Derek retrajo sus garras, dejando caer al suelo el cuerpo del adolescente de cualquier manera, antes de girarse y abrazar con fuerza y necesidad a Stiles. Él se dejó hacer, sonriendo con algo de vergüenza a Jackson, el que les miraba con algo como reprobación, mientras arrastraba al paralizado Isaac hasta un árbol para sentarle contra el tronco. Tenía que agradecerle. En algún momento tenía que agradecerle que le hubiese salvado la vida a él y la cordura a Derek.

Todo había terminado por fin. Y como para corroborar esto, al mirar hacia el castillo pudo ver un montón de figuras acercándose, entre las que creyó reconocer, mierda, a su padre.

—Derek. Derek, viene gente —trató de decirle para ser soltado, pero Derek seguía apretándole hacia él, hundiendo su nariz en su cuello. Con demasiada fuerza para ser alguien que hasta hace poco estaba medio paralizado.

—Lo sé.

—Derek, tienes que soltarme —dijo con más urgencia cuando notó que no solo era su padre, sino que también Parrish y otros aurores, en compañía del Director, la profesora Yukimura y… ¡oh, cielos! ¿Esa que venía al lado de Cora era Talia Hale?— ¡Derek, suéltame! —le dijo en un tono más chillón del que hubiese querido.

—… si te suelto no creo que pueda sostenerme. Sigo un poco paralizado.

Stiles gimió intentando que eso pareciera más un abrazo de auxilio que uno de pareja, pero sabía que falló cuando vio la mirada cuestionadora en los ojos de su padre y la madre de Derek, aunque también hubiese una sonrisa en los labios de ella.

Joder, esa no era la forma en la que esperaba encontrarse a su suegra por primera vez.

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—Mamá, estoy bien. Necesito ir a ver a Stiles y los demás.

—No, escuchaste el Patronus del Director, están todos bien. Pronto estará aquí Isaac y Derek hasta que se les pase el efecto de la parálisis, y seguramente todo el resto también vendrán, porque nadie entiende que esto es una enfermería y los enfermos necesitan descansar —gruñó la mujer—. Ahora abre la boca, quiero ver cómo está tu garganta.

Liam había pasado quince minutos viendo a Scott ser examinado por su madre concienzudamente. Al comienzo Allison había quitado la mirada del cuerpo semi desnudo del hombre lobo, pero cuando él cogió una de las manos de la leona, ella se tranquilizó.

La verdad era que no sabía qué fue lo que impulsó a Allison a venir a la enfermería con él. Le comentó que debía quedarse en la Torre de Ravenclaw con Lydia y Kira, pero que había pensado que él no debía estar solo. Liam agradeció el gesto, aunque en realidad creyese que podía cuidarse bastante bien por sí mismo, aún con un brazo inutilizado. Fue cuando habían pasado un tiempo ambos callados que Liam comprendió que no era solo por eso que estaba allí y le dio pie para hablar, mencionando a Scott cuando la madre de su Capitán fue a su despacho a revisar algunas fichas –y darles tiempo a solas–.

Entonces fue que Allison se lo contó, sin tener motivo alguno, pero sin poder detenerse. Le contó sobre su familia, sobre la historia de los cazadores Argent, y le contó de cómo se enamoró de Scott y que no le importó al saber que era un lobo, porque ella se creía distinta a los otros Argent. Le contó sobre su madre, sobre la Legeremancia y sus amenazas, y no tuvo que decírselo para que Liam comprendiese que era por eso que terminó con Scott.

Algo dolía dentro de Liam, como dolió hace unos días cuando fue Isaac quien se sinceró con él, porque sentía que Allison tuvo la necesidad de contarle todo eso porque quería pedirle algo. Porque quería pedirle que se alejara de Scott, porque ella lo quería. Por supuesto que lo quería, si fue capaz de renunciar a él solo por su seguridad. Algo dolía dentro de Liam y él no podía repararlo, porque él era un Slytherin y sabía que él no podría renunciar a lo que deseaba. Jamás. Aun cuando una parte de él sintiese tanta piedad por Allison que desease poder cambiar su naturaleza y cederle a su Capitán.

—Yo no quiero ser como mi madre —suspiró Allison, limpiándose con el dorso de la mano el par de lágrimas que habían escapado de sus ojos mientras contaba su relato—. Simplemente sé que ser un hombre lobo no significa nada, que es solo otro rasgo de la persona. Así como yo soy buena con el arco… u otros tienen conflictos de ira —dijo suavemente la chica, cogiendo la mano buena de Liam, quien se sobresaltó y se apartó de su toque.

—¿Por qué me dices todo esto? —preguntó con algo de violencia y se arrepintió enseguida al ver encogerse a la leona—. Lo siento…

—No, está bien. Te lo digo porque creo que necesitaba contárselo a alguien… y porque quería que comprendieses que aprecio a Scott, porque es más que solo un hombre lobo, es un chico dulce, gracioso, honesto y leal. Siempre es considerado con los demás, casi raya en lo inocente en ocasiones y… jamás le haría daño a nadie apropósito —dijo con firmeza y Liam dio un respingo, comprendiendo de pronto—. Scott es tan puro que a veces le cuesta creer que otros puedan hacer daño a posta. Trata de buscarle justificación a todos y… a veces algunos la tenemos, pero otras veces no… pero él siempre tendrá un motivo, él nunca...

—Lo sé. Sé que no me mordió apropósito, sé que lo hizo por protegerme —le interrumpió Liam, diciendo eso por primera vez en voz alta, mirando hacia otro lado, sorprendiéndose de la facilidad con que las palabras salieron de su boca. Era cierto, Scott nunca le haría daño. Sus ojos enrojecidos al morderle mostraban determinación, pero también dolor. Solo quería que viviese—. Aun así… no entiendo porque me dices todo, quiero decir, yo…

—Te lo digo porque tienes en la misma mirada que yo tenía cuando conocí a Scott —sonrió Allison y Liam estuvo a punto de pedirle que especificase más eso, algo avergonzado, cuando regresó la señora McCall.

Viendo ahora como Scott rodaba los ojos a su madre, teniendo muchísima mejor cara que la que había tenido al llegar a la enfermería, Liam se preguntó si su enamoramiento era tan malditamente obvio. ¿Podría verlo también la madre de Scott? Porque eso sería vergonzoso.

¿podía verlo su capitán también? En sus entrenamientos solitarios, en la forma que se quedaba inmóvil apenas sentía una de sus manos en sus hombros, o como se sentía hinchar al ser merecedor de su sonrisa.

Cuando Scott miró en dirección a ellos y pudo ver sus ojos entrecerrarse ligeramente al observar su mano sobre la de Allison, Liam decidió que si el lobo adolescente no se había dado cuenta era porque estaba realmente ciego. Él, para ser un Slytherin, nunca había sido bueno guardando secretos.

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—Entonces, no solo viajaste a Francia dos días falsificando un documento para que lo firmase sin saber que era un viaje de tres días, sino que vuelves a Hogwarts y lo primero que haces en enfrascarte en una aventura detectivesca sin llamar a los aurores para descubrir a una criatura mortal que está atacando alumnos, planeando como atraerla y enfrentarla para descubrir a su “maestro” también y ¡Bam! ¿Aquí estamos?

—… es un resumen bastante decente, sí. Solo que no falsifiqué nada, simplemente le eché un Confundus al documento para cambiar las fechas del viaje, y la criatura se llama Kanima y como no mató a nadie, no sé si se pueda llamar “mortal”

—¡STILES!

Mientras Talia revisaba a un retraído Jackson en el Hall del castillo, no pudo evitar sonreír al escuchar en un rincón al Jefe Stilinski hablar con su hijo. Derek, casi recuperado del todo de su parálisis, exigió no ser enviado por el momento a la enfermería junto a Isaac, por lo que Cora estaba ayudándole a sostenerse en pie mientras ella revisaba al muchacho que, si había escuchado entre líneas bien, todos habían culpado injustamente de ser esa criatura.

—¿Y bien? —preguntó algo exaltado el chico, pero Talia solo necesitó elevarle una ceja para que volviese a quedarse callado.

En el Hall también se encontraban Natalie Martin con su hija, algo temblorosa pero estable, y Noshiko con su esposo a un lado de su hija Kira quien se encontraba abrazada a, sorprendentemente, Malia Tate.

Talia intentó no mirar demasiado a la chica coyote, mientras concluía la revisión que había hecho con su varita y sus instintos alfa al muchacho. Podía escuchar en uno de los pasillos al Auror Parrish dando órdenes para trasladar al chico Daehler al Ministerio para interrogarle, igual que a la chica Kanima, la que había sido puesta en Estasis Mágico por la espada hechizada de los Yukimura, según explicó Noshiko al Jefe de Aurores.

—De acuerdo, ya sé cuál es el problema. Fuiste herido por un hombre lobo ¿cierto, Jackson? —preguntó la bruja con tranquilidad al Slytherin, mientras estiraba su mano y ponía dos dedos en la parte trasera de su cuello, causándole un estremecimiento a presionar—. Justo aquí.

—Sí, fue él quien lo hizo —gruñó Jackson, apuntando a Derek, el que parecía sorprendido—. No me mires con esa cara, Hale, lo hiciste un día después de un entrenamiento, te fuiste corriendo y…

—El día que Stiles… ya sabes —susurró de pronto Cora a su hermano y eso fue suficiente para que Talia comprendiese. Vaya ¿el chico había aguantado con eso todo ese tiempo? La bruja le dio una mirada evaluadora de nuevo al Slytherin, sintiendo su fuerza. Sería un excelente aditivo para la manada, si conseguían sosegar su lengua viperina.

—Lo siento, yo…

—Está bien, Derek, eran otras circunstancias —le silenció su madre y luego miró a Jackson que no parecía conforme—. Supongo que tú no quisiste acusar a Derek por la lesión así que te guardaste para ti tus dolencias y los síntomas. Supongo que al comienzo debían ser débiles, pero cada vez más fuertes justo antes de la Luna Llena, y cuando ella llegaba…

—Entonces ya no dolía más, al menos por un tiempo —la rápida aceptación de Jackson le indicó que ella tiene razón en su diagnóstico y Peter había tenido una corazonada correcta.

—Lo que ocurrió es que, aunque el daño fue menor, tu cuerpo comenzó a modificarse lentamente, el lobo queriendo surgir pero deteniéndose… probablemente por el desapego con la manada —lamentó ella antes de sonreírle—. Pero con la mordida todo se aceleró, la última Luna Llena deberías haber sido un lobo más fuerte de lo común al despertar, porque tu cuerpo llevaba un mes preparándose, pero entonces la Poción Matalobos te fue administrada, según me dijo Peter, y eso ocasionó que tu lobo se sintiese rechazado. Tu cuerpo está luchando contra tu condición y la única forma de que deje de hacerlo es que tú dejes de luchar también.

Sabía que su voz se volvió autoritaria de pronto y podía sentir las miradas del Hall clavadas en ella, incluyendo al joven compañero de su hijo y a su padre. No había más aurores en las cercanías que Noah Stilinski y Jordan Parrish, y Talia se sintió confiada de permitir surgir su aura alfa. Quizás los Yukimura y Natalie Martin no fuesen parte de la extraña manada que Derek estaba formando, pero todos los demás sí. Jackson por su parte parecía empequeñecerse ante su voz, mirando alrededor en busca de asistencia, antes de tragar saliva.

—¿Que deje de hacer qué?

—Que dejes de luchar, Jackson. Tienes que aceptar que yo soy tu alfa —le indicó la mujer lobo, permitiendo sus ojos brillar carmín y el sonido de las rodillas del menor cayendo al suelo fue música para sus oídos—. Debes aceptar tu nueva naturaleza y tu lugar en nuestra manada. El lugar que ha estado esperando para que tú lo ocupes.

El rugido de Jackson, mientras sus rasgos de beta aparecían por primera vez, rompió finalmente lo tenso de la situación. Cora estaba sonriendo, mientras Derek se relajaba aún afirmado de su hermana. Jackson continuaba arrodillado, pero su lobo se retrajo una vez se expresó, y entonces el Slytherin la miró a ella, desprovisto de toda arrogancia, un simple cachorro. Talia sonrió y se arrodilló con cuidado también, atrayéndole a un abrazo al cual el muchacho se entregó, tembloroso. Oliendo a agradecimiento y devoción. Ella sintió como si hubiese ganado un nuevo hijo, porque en cierta manera así era.

—Eso fue bastante intenso —reconoció Deaton llegando hacia ellos, luego de haber acompañado a los aurores hasta su oficina para que ocupasen la Red Flu para llevarse a los dos estudiantes responsables de esos ataques. Talia soltó con lentitud a Jackson y aceptó la mano del druida para ponerse de pie, ayudando ella luego al chico, quien parecía un poco perdido en ese momento.

—Lydia —dijo Natalie en un tono de urgencia de pronto, porque la pelirroja estaba caminando directamente hacia ellos y no obedeció a su madre de quedarse quieta.

Talia pensó que iba a ir hacia el joven Jackson, así que miró a Deaton esperando que le dijera algo, alguna información adicional de lo que estaba pasando allí, pero entonces sintió una mano suave sujetando la suya, y al voltearse notó a la hermosa niña tomando su mano derecha. Talia se mostró curiosa por la forma en que Lydia acariciaba sus dedos, todo el Hall de pronto en tensión y ella no sabía porque. Y le molestaba no saber las cosas.

—¿Querida?

—Su anillo familiar es muy bonito —dijo la voz vacilante de la muchacha y la licántropa se fijó en el blasón de los Hale que mostraba el anillo en su dedo corazón— ¿Es de plata?

—Sí, muchos creen que la plata hace daño a los hombres lobo, pero… ¿Lydia? —no pudo evitar preguntar, notando lo pálida que estaba la joven.

Natalie se acercó con urgencia, intentando quitar los dedos de su hija del anillo de Talia y ella ya estaba pensando en quitárselo cuando Lydia separó los labios y un grito aterrador inundó todo el lugar, repercutiendo en cada rincón del colegio. Un grito sobrenatural que reverberó por la piedra vieja y se coló en los rincones más alejados; un grito que debía haber sido escuchado hasta en las salas comunes y los despachos de los maestros, sin importar que hechizos de privacidad tuviesen los muros. Un grito que se arrastró y envolvió a todo Hogwarts como un lamento.

Talia sintió sus oídos doler, pero la sorpresa la mantuvo alerta, con los ojos muy abiertos y la garganta apretada, observando el rostro lloroso de la hermosa chica pelirroja y sus ojos muy abiertos. Sus gemidos y lamentos aún frescos en los labios, mientras seguía sujetando su anillo.

—Una Banshee... —murmuró, asustada como hace mucho tiempo no se había sentido, mirando el anillo que Lydia aún no soltaba—... Argent.


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—¡Mamá! Tengo que ir.

—Scott, no me hagas repetirme. Te quedarás aquí hasta que yo lo decida.

El hombre lobo sintió deseos de gruñir al ver el cuerpo de la mujer que le dio la vida interponiéndose en su camino hacia el exterior. Podía sentir en él las miradas de Isaac, Liam y Allison –los dos últimos no tenía idea de cuando se hicieron tan amigos–, pero ninguno le ayudaba a convencer a su madre de que necesitaba ir a corroborar que los demás estuviesen bien. Él no tenía nada, estaba perfectamente. Su cuerpo al menos no tenía ninguna marca… a su mente probablemente le costará un poco recuperarse luego de todos esos Crucios. Pero por eso mismo ¡Debía hacer algo! No podía quedarse encerrado allí, dejando a su mente rememorar todo lo vivido.

—No irás a ningún parte, y si sigues insistiendo me obligarás a hechizarte, Scott. No me mires así, porque lo voy hacer.

Scott no pudo resistir el gruñido esta vez y su madre abrió grandemente los ojos, él estaba seguro de que Melissa iba a hacer algo absurdo como castigarle, cuando un grito espantoso les llegó. La enfermería estaba hechizada para no percibir sonidos del exterior, así que escuchar eso volteó de cabeza el estómago de Scott, mientras los ojos de su mamá mostraban el mismo temor.

—Ese es el grito de Lydia —dijo de pronto Allison poniéndose de pie, pálida y preocupada— ¡Así gritó Lydia ayer antes de que los encontraran a ti y a Liam, Scott! No tan fuerte ni tan desgarrador, pero… ¡es Lydia! —y la urgencia de la voz de la chica fue lo que hizo a su madre al final apartarse, dejándole abrir la puerta.

Estaba apunto de voltearse y decirle a Allison que se quedase allí, pero la leona corrió pasando por su lado y se le adelantó antes de que pudiese abrir la boca. Preocupado le dio una última mirada a su madre que le asintió aprensiva deteniendo a Liam que intentaba ponerse de pie, antes de echarse a correr tras Allison.

Estaba a punto de alcanzarla cuando unos pasos acercándose le avisaron de otras personas. Solo cuando vio a Lydia con su madre redujo la guardia.

—¡Allison! —sollozó Lydia mientras se soltaba del agarre de la profesora Martin para correr a los brazos de su mejor amiga.

Scott las observó fundirse en el abrazo y caer juntas al suelo de piedra sin soltarse. Lydia estaba hablando cosas incoherentes mientras lloraba y no se le entendía casi nada, pero lo único que captó fueron las palabras “Banshee”, “Muerte” y “Argent”.

—Solo tocabas su anillo de plata, Lydia, puede no significar nada —le dijo la profesora de Herbología, tratando de calmar a su hija—. Podría haber sido un anuncio de una muerte en su propia familia, pero Talia se decidió por un ejemplo más complicado. No le hagas caso.

Su lobo gruñó con fuerza al escuchar esas palabras, haciendo que todas las mujeres le mirasen. La jefa de Ravenclaw de pronto comprendió que estaba enfrente de un miembro de la manada de Talia Hale y bajó la mirada avergonzada. Lydia estaba aterrada por sus propias razones, pero cuando Allison le miró casi suplicante, él entendió lo que le estaba pidiendo.

Su pecho dolía y su lobo gimió ante la idea, pero se dio la vuelta y se echó a correr. Tenía que ir al despacho de Alquimia una vez más aunque fuese el último lugar del mundo al que quisiera acercarse esa noche.

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Al escuchar el grito desgarrador de Lydia algo reaccionó en el cuerpo de Derek, pudiéndose poner de pie por sí mismo mientras asustado buscaba con la mirada a su compañero. Había estado atento a todo lo que habló con el Jefe, manteniendo en PG los temas gracias a Merlín, aunque había sentido igualmente la mirada del Auror atravesarle cuando Stiles le dijo que ya sabía que eran compañeros. Derek no le había dicho que su padre le había pedido que guardase silencio sobre eso, así que Stiles se lo comentó como con disculpa, pero también decisión. Era muy un “es mi vida” más que solicitar permiso, y Derek se quería ir a lanzar al lago, aunque ya había pasado suficiente tiempo allí esa noche como para cumplir la cuota de toda la vida.

Pero entonces el grito de Lydia cambió todo. Derek se encontró caminando con prisa hacia Stiles, y se lo topó a medio camino, porque él también se apresuró a llegar a su lado. No se tocaron en verdad, pero se quedaron muy cerca, observando y temiendo.

Su madre había pronunciado el nombre de esa criatura y luego hizo alusión al apellido Argent debido a la plata de su anillo, y aunque era algo rebuscado, Derek confiaba en los instintos de su Alfa. Lo que no quitaba que pudiese ser otra cosa y eso significaba que tenían que buscar en todas partes.

—Debo ir a revisar por el castillo que nada haya pasado —dijo Derek, y había un brillo feroz en la mirada de su Stiles, pero fue Parrish el que habló luego de carraspear.

—Todos iremos, profesores, el Jefe y yo. Si los alumnos quieren ayudar… —el auror pareció mirar a su Jefe para corroborar, el que le hizo un gesto de que continuase—… tendrán que ir con un adulto.

—Yo iré a revisar las protecciones del castillo. Por favor, profesora Martin, lleve a su hija a la enfermería —le pidió Deaton a la madre de Lydia, quien se apresuró a asentir. Lydia seguía en shock, llorando en brazos de su madre.

Kira sujetó el brazo de su padre para acompañarle y Malia estaba apunto de decir algo cuando Noshiko puso una mano sobre el hombro de la coyote. Derek se estaba apiadando de la tejona por ese ataque de su suegra cuando sintió a Stiles ser alejado de su lado, notando que era su madre quien le sujetaba con cuidado del brazo, ante el horror de su compañero.

—Si al Jefe Stilinski no le molesta, llevaré conmigo a Stiles. Creo que podrá cuidarme adecuadamente las espaldas —dijo con un tono calmo la Alfa con el cual desafiaba a cualquiera que quisiera contradecirle—. Jackson, tú ve con Derek y, Cora, por favor, acompaña al Jefe de Aurores.

—Jackson puede acompañar a Parrish —dijo de inmediato Derek, frunciendo el ceño. Ir solo sería más rápido y no creía que dejar a Parrish por su cuenta fuese una buena idea.

—Créeme, querido, el joven Jordan puede cuidarse solo.

Hubo un brillo de advertencia tras la sonrisa del auror y Derek dudó un momento sobre que tan bien conocía a Parrish, pero entonces todos estaban saliendo y ya no pudo pensar en eso. Debían ser rápidos.

—¿Crees que tu madre tenga razón? ¿Los Argent? —preguntó algo confundido Jackson, mientras corrían por las escaleras. Derek quería ir a los pisos superiores cercano a las torres, porque creía que allí habían más posibilidades de que algo hubiese pasado. Iba a ir directo al despacho de Defensa contra las Artes Oscuras.

—No lo sé —gruñó, lamentando no poder correr más rápido por no dejar atrás al Slytherin. Había recién sido convertido y aún no despertaba todos sus sentidos. Aunque su parálisis de no hace mucho no ayudaban tampoco a sus propios músculos entumecidos—. Me parece algo forzado solo porque la Banshee haya tocado el anillo.

—No le digas así —le devolvió el gruñido Jackson—, nadie ha dicho que realmente lo sea. Puede solo haber gritado, siempre ha estado un poco loca… oye ¿hueles eso? Es… tan desagradable.

Derek se detuvo al Jackson haber dejado de correr y solo para contradecirle olió, sin embargo el chico tenía razón. Se sentía lejano pero… era acónito.

Devolviéndose sobre sus pasos, Derek entró en el cuarto piso. Su despacho y el de Chris estaban en el sexto, pero creía recordar que por allí estaba el Despacho de Alquimia, el de Victoria. Siendo seguido por Jackson, Derek se apresuró cada vez más, el olor a acónito era sutil pero más fuerte con cada metro. El Slytherin estaba quejándose por el aroma, quemando sus pulmones un poco, pero Derek presionó a continuar. Y cuando por fin encontraron una puerta con la placa que la identificaba como el Despacho de Victoria Argent, la vieron entreabierta, una nube espesa de humo ocre al nivel del techo fluyendo hacia el exterior. Derek levantó una mano hacia Jackson, ordenándole quedarse allí, y avanzó los últimos metros solo. Sintiendo el ácido olor golpearle cada vez que tomaba una bocanada de oxígeno, finalmente se asomó por la puerta, encontrándose con la dolorosa escena de Chris llorando en silencio con el cuerpo inerte de su mujer abatido entre sus brazos, unos largos cortes verticales en sus muñecas, de las que un hilo de oscura sangre roja ya había dejado de brotar, formando un charco en el suelo de piedra. Sobre su antebrazo derecho la marca de una mordida de lobo destacaba burlona en la palidez de su piel y Derek sintió deseos de vomitar.

—¿Derek? ¿Qué ocurre? —le llamó entre unas toses Jackson desde el pasillo, provocando que Chris levantase la mirada húmeda y enfurecida directo hacia él.

Derek tragó saliva pero no se alejó. Aguantó la ira y el dolor de aquel que le había ayudado tanto en esos meses, incluso años, desde que ambos se convirtieron en profesores en Hogwarts. Le permitió odiarle solo por lo que era, aunque no hubiese hecho nada, y observó el espectáculo del despacho, lleno de sahumerios de acónito en cada rincón y una silla hecha pedazos en el centro.

—Chris —dijo luego de un momento, dando un par de pasos hacia el interior pero el hombre rugió.

—¡VETE, HALE!

—Vienen los aurores, Chris —insistió, y cuando escuchó el sonido de alguien más llegar se volteó solo para ver la expresión de horror de Scott que veía la escena lleno de dolor. Derek le empujó para que saliera, cubriendo con su cuerpo la visión del adolescente, gruñendo—. Vete de aquí, Scott. Jackson, llévatelo a la enfermería.

—¿La… la mamá de Allison está….? —Scott se veía tan pequeño allí que Derek sintió el impulso de abrazarlo. Podía ver las lágrimas agolparse en los ojos del Gryffindor y se volteó a mirar a Jackson, el que parecía haber comprendido sin necesidad de mirar.

Al Slytherin no le costó demasiado arrastrar al otro muchacho que parecía en shock, así que Derek volvió a entrar, aunque respirar allí adentro dolía diez veces más que afuera. Vio como Chris seguía sujetando el cuerpo de su esposa y tragó saliva, mirando alrededor.

—¿Quieres que… limpie un poco? —porque era demasiado obvio lo que había pasado allí, Victoria Argent siempre fue una bomba de tiempo y tanto él como Peter lo habían sabido desde el comienzo.

—No —escuchó decir a la voz acongojada de Chris—. Solo dime que tú…

—Yo no fui —le respondió enseguida, no queriendo pensar en quien había sido. La ausencia de su tío Peter era demasiado sospechosa—. Estaba demasiado ocupado dejándome paralizar por una Kanima.

—… ¿una Kanima en Hogwarts? —preguntó Chris con la garganta apretada y algo de incredulidad para luego el entendimiento llenar su mirada—… los ataques… debí volver antes…

—No te preocupes por eso —le dijo Derek, buscando sus ojos y encontrándolos llenos de sufrimiento, pero sin esa ira que antes le había dedicado—. Ahora hay otras cosas de las que ocuparse.

Derek ya podía oír como Parrish se acercaba por el pasillo.

++++

Peter se encontraba en su despacho en la Torre de Astronomía revisando unos viejos libros de mitología cuando el toc-toc de la puerta sonó, lo cual era curioso porque él estaba seguro de que la dejó abierta.

Al girarse se percató de que no estaba equivocado, sin embargo en el portal había un joven atractivo de sobrenaturales ojos anaranjados que le apuntaba con la varita. Lo reconocía, por supuesto, y se sorprendió al enterarse recién de su sobrenaturalidad.

—Jordan Parrish. He escuchado que eres el ayudante del Jefe de Aurores ahora ¿puedo ayudarte en algo? ¿Hay algún motivo por el que me apuntes con tu varita? —le preguntó con tranquilidad, dejando el libro sobre la mesa, y viendo como el auror ladeaba la cabeza ante el gesto, sin apartar su arma de la dirección de su pecho.

—Tengo motivo, sí. Necesito que me pase su varita —le ordenó y Peter tragó saliva.

Su mano buscó su varita en su bolsillo, y se percató de como el otro hombre subió aún más su guardia. La sacó con lentitud y cuando la tuvo fuera… la cambió de mano y se la tendió al auror por el mango.

Parrish pareció un poco confundido por su docilidad, pero se acercó y aceptó la varita, solo entonces bajando la suya. Peter casi tenía deseos de reír, porque eso demostraba la inocencia del muchacho. Debería saber que un hombre lobo no necesitaba una varita mágica para defenderse.

Sin embargo no hizo nada mientras el auror realizaba el Prior Incantato en su varita, comprobando todos los últimos hechizos que había realizado, incluyendo el Accio que ocupó para tomar el libro que antes leía y el hechizo que usó para abrir las Puertas de Hogwarts cuando salió con Cora para aparecerse en la Mansión Hale desde Hogsmeade cuando fueron a buscar a Talia e investigar en los libros de la biblioteca familiar por si había una explicación distinta para el estado de Jackson, una que no fuese haber sido transformado en ese lagarto súper desarrollado.

Cora fue quien encontró una mención a una doble transformación fallida que provocaba líquido negro saliendo de los pulmones por la boca y nariz, aunque había acabado en un fallecimiento. Peter entonces había considerado la opción de que hubiese tenido una primera mala transformación vía rasguño, Talia aceptando que eso explicaría su enfermedad aumentada con la luna creciente y desvanecida con la luna llena.

Su sobrina y su hermana habían usado igual que él la Red Flu de Deaton para aparecer en el colegio, solo para encontrarse con una partida de aurores guiados por el mismísimo Jefe Stilinski, a los que el Director había llamado. Mientras todos iban hacia los terrenos donde al parecer se enfrentaban a la Kanima, él decidió ir a su despacho para corroborar algunos datos de cambia formas forzados por magia, porque no quería pensar en que esa criatura había sido convertida por la mordida de un lobo, fuera Jackson o no.

—Su varita está limpia, profesor Hale —murmuró Parrish mientras le extendía el objeto mágico, sus ojos de regreso a su color normal.

—Por supuesto, no sé qué esperaba encontrar. ¿Acaso ha ocurrido algo?

—Ha ocurrido un fallecimiento en el colegio —y puede que Jordan no hubiese encontrado nada en su varita, pero su mirada seguía ligeramente acusadora—. La profesora Victoria Argent se ha quitado la vida. Es necesario el hacer un control de todas las varitas.

«De todas las varitas de los sospechosos» fue lo que Parrish no dijo y Peter lo encontró divertido, pero puso su mejor expresión de sorpresa.

—¿La profesora Argent? ¿Y por qué revisarán las varitas si fue un suicidio? ¿Acaso hay algún motivo por el que la Oficina de Aurores considere que puede haber alguien más involucrado?

Parrish no le dijo nada. Solo indicó que era el procedimiento y que la investigación estaba en curso. Cuando el auror le dijo que bajase a la Sala de Profesores porque llevarían a todos los docentes del colegio para informarles de lo ocurrido esa noche en Hogwarts, Peter simplemente asintió, cerrando la puerta al desaparecer por el pasillo el ex compañero de Derek.

No, pues, si lo querían era encontrar los hechizos que habían matado a Victoria Argent lo que tenían que hacer era revisar la varita de ella, no la de suya.

Porque había sido cada Cruciatus que le había enviado a Scott un poco responsable en su muerte, cada respiro de acónito que le hizo llegar a los pulmones, cada vez que intentó violar la mente de su mordido. Porque ella misma se había matado, pero no había estado sola mientras lo hacía.

Cuando Peter salió de la oficina del director y vio pasar al frenético Scott, demacrado, apestando a acónito, miedo y dolor, mucho dolor, él supo quién era la responsable. Se lo había dicho muchas veces a Talia, advirtiéndole del modo en que esa mujer les miraba a ellos y a todos los alumnos de su clase. No se le había pasado el cómo Allison Argent había terminado con Scott, aunque le mirase con anhelo desde la distancia. Tampoco se había perdido el abierto resentimiento con el que Christopher la miraba a veces desde Halloween. Pero ella seguía igual, con la mirada afilada y la lengua peor. Una Slytherin como él, sí, pero no por ello su aliada.

Cuando llegó al pasillo del despacho de Alquimia, pudo sentir el fuerte aroma a acónito y los gases que volaban desde la puerta abierta. El hechizo burbuja que realizó sin varita le permitió respirar tranquilo mientras avanzaba, encontrando en el suelo de piedra una varita que reconoció como de la bruja que estaba sentada contra una de las paredes de ese despacho con un puñal de plata en sus manos. Un puñal sin utilizar aún.

Peter cogió la varita con cuidado, entrando al infierno de acónito que era ese lugar, observando la silla rota y las cuerdas mágicas destrozadas. Caminó con lentitud estudiada, observando el mordisco en su brazo.

—¿Vienes a matarme, monstruo? Porque eso haría mi decisión más fácil —había reído la mujer y Peter no sintió satisfacción en sus dudas. Quería verle clavarse el cuchillo sí, pero no comprendía porque lo iba a hacer ahora. ¿Solo porque Scott se le había escapado? Absurdo.

—Bruja estúpida. Fue un cachorro el que te mordió ¿y por eso te vas a rendir? Definitivamente no eres una Argent —rió el hombre lobo y si algo lamentaba del casco burbuja era que no podía oler el odio de Victoria.

—Ese no era un cachorro, no era un beta… era un asqueroso alfa, peligroso… —siseó ella, atravesando con su mirada a Peter, quien dudó—. Sus ojos eran rojos como la sangre. McCall nunca ha sido un beta normal… al menos hice algo bueno en mi vida, alejando a mi hija de ese monstruo… —Peter le escuchó susurrar, mientras acariciaba el puñal.

No pudo resistir la necesidad de saber y se encontró blandiendo esa varita ajena en contra de la cabeza de Victoria, pronunciando el hechizo Legeremens, la mujer dándole el paso de forma dócil a los recuerdos que él quería. Pudo verlo todo, todo lo que le había hecho a Scott y el odio rasgó su interior junto con la comprensión al ver al cachorro perder el control, terminando el hechizo porque no soportaba estar un minuto más en esa mente.

La fuerza de un alfa. La realización golpeó a Peter con fuerza, esa sensación al mirar a Scott de que había más en él de lo que los sentidos podían percibir por fin explicada. No un alfa potencial, como él o Derek, que tendrían que esperar que la Alfa de su propia manada muriese para tomar el control, no. Un alfa verdadero. Un alfa con el derecho a formar su propia manada. El comienzo de un nuevo clan.

—Entonces, querida Victoria —sonrió lleno de asco, mientras se acuclillaba justo a su lado, inclinándose para susurrar a su oído con burla—: estás condenada.

Victoria lo sabía, sabía que estaba condenada. Sus ojos le observaron vacíos mientras Peter le arrebataba el puñal, guardándolo en los pliegues de su túnica antes de poner en la mano de la mujer la varita que le pertenecía. La mano de Peter sujetó la de Victoria, obligándola a cerrar los dedos alrededor de la madera, pero sin soltarle.

—Tú sabes lo que tienes que hacer, Victoria. No vas a vivir para ser la primera mujer lobo de apellido Argent ¿verdad? Quién sabe, quizás acabasen quitándotelo. Quizás en verdad nunca lo mereciste —le susurró con maldad mientras le hacía mover la varita hasta que estuvo apoyada en el interior de la muñeca izquierda. Podía sentir el latido irregular de la bruja, pero escuchó el Sectum que pronunció en un susurro, ayudándola a deslizar en una línea la punta de la varita por la piel, abriéndola a su paso, dejando manar la sangre—. Bien hecho —le felicitó con sorna mientras le hacía cambiar la varita de mano, obligándole a cerrar otra vez los dedos casi inertes—. Ahora el otro.

—Eres un demonio —había sollozado Victoria, sintiendo como la vida se le escapaba y Peter permitió sus ojos brillar, mientras rozaba sus colmillos contra el oído de la mujer, sin rasgarle la piel.

—Sí, lo soy. Se necesita uno para reconocer a otro, Victoria. Soy un emisario de la muerte. Vengo directo del infierno a buscarte, porque tenemos tu espacio reservado esperándote desde hace décadas.

El segundo Sectum se escuchó y Peter le obligó a abrir la brecha incluso más que la primera.

Pensó en ralentizar la pérdida de sangre, pensó en causarle más dolor físico, incluso pensó en esperar que tuviese un paro respiratorio para aliviárselo y ver el sufrimiento de no poder morir en los ojos de la bruja… pero no hizo nada de eso.

Ella quiso quitarse la vida porque no deseaba convertirse en una mujer lobo, porque creía que sería una abominación. Peter siempre pensó que la mordida era un regalo, así que si la había ayudado a morir era porque creía firmemente que ella no merecía ese regalo, por nada más.

Cuando la vio extenuada contra la pared, con los ojos difícilmente abiertos, Peter quitó su encantamiento burbuja, sintiendo como el acónito le golpeaba con fuerza. No tendría mucho tiempo, lo sabía, pero al menos podía darle un último golpe. Causarle un poco del dolor que ella le había causado a Scott y que ahora iba a causarle a Christopher y Allison Argent, por su egoísmo de querer morir.

Se agachó para estar a su altura y le sonrió con sarcasmo, tomando una bocanada de oxígeno sin importarle que sus pulmones ardiesen por el acónito, solo porque también podía saborear el aroma a miedo de Victoria, sabiendo que iba a morir. Eso valía el dolor.

—Vas a dejar atrás a una hermosa hija ¿sabes? Y a un esposo atractivo. Es una pena —comentó, percibiendo el ligero temblor en los párpados de la bruja—. Pero no debes preocuparte, porque puedo prometerte que no dejaremos a ninguno de ellos solos. Ahora son parte de la manada. Y si Scott será quien se asegure de que Allison no se aleje, seré yo quien se asegure de traer a Christopher directo al nido. Voy a darlo todo de mí en esta misión, querida. Puedes morir tranquila.

Y el dolor y el odio de Victoria eran tan dulces que Peter tuvo que reír, ardiendo sus pulmones pero riendo mientras respiraba esos aromas. Los susurros moribundos de la mujer que le llamaba monstruo y demonio haciéndose cada vez más débiles, tanto por su muerte inminente como porque él se estaba alejando ya, sin mirar atrás. Para el momento que puso un pie fuera del despacho, el corazón de Victoria Argent había dejado de latir.

El grito de la Banshee repercutiendo en cada rincón del castillo le alcanzó apenas pisó las escaleras hacia el quinto piso, haciéndole sonreír. Él siempre había creído que había algo especial en esa chica Martin.


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El lunes después del partido entre Durmstrang y Beauxbatons todas las clases en Hogwarts fueron canceladas hasta el mediodía. Los estandartes del Gran Comedor amanecieron de negro y el Director dio un discurso durante el almuerzo que verificaba todos los extraños rumores que corrían en el castillo, aquellos que la mitad del alumnado había creído simple palabrería.

No lo era. Todo era verdad.

En dos hechos inconexos, la profesora Victoria Argent había fallecido la noche anterior, y los alumnos Matt Daehler y Tracy Stewart habían sido puestos en prisión preventiva por los Aurores bajo el cargo de intento de homicidio, revelándose que Stewart era la criatura que había asolado al colegio y era responsable de los incidentes de Josephine Summers, Liam Dunbar y Scott McCall, todo bajo las órdenes de Daehler.

—El sensible fallecimiento de la profesora Argent no tiene nada que ver con este asunto —la voz del Director Deaton sonó dura, mientras atravesaba a todos los estudiantes con su mirada, intentando dejar claro ese asunto—. Así, los responsables de la captura del señor Daehler y la señorita Stewart han brindado un gran servicio a Hogwarts, y en virtud de su acto imprudente pero intrínsecamente generoso con la comunidad estudiantil, se les brindarán puntos para sus respectivas casas.

Scott, que había mantenido su cabeza gacha durante todo el discurso del Director, no pudo evitar levantar la frente con pánico al escuchar eso. No quería que su nombre fuese nombrado allí, no deseaba que los alzasen como héroes, no cuando por su culpa… no cuando la noche anterior…

Sin embargo Deaton no dijo ningún nombre. Solo aplaudió y una cantidad razonable de piedras preciosas cayeron en cada uno de los relojes de las casas. Aquellos mejores en Aritmancia estaban sacando las cuentas, pero Scott ya sabía cuánto había repartido: 50 para Slytherin por la valentía desinteresada de Jackson, 50 para Ravenclaw por la entereza de Lydia, 100 para Hufflepuff por la lealtad de Isaac y Malia, y  150 para Gryffindor, por la lucha de Stiles, Kira y él mismo.

Hubo una ola de emoción en Gryffindor, aunque las demás casas también estaban algo sorprendidas por los aportes a sus relojes, pero los susurros fueron rápidamente acallados por la expresión aún seria del Director. Scott no pudo evitar sentir agradecimiento al hombre por su silencio, y a su lado Stiles le apretó la rodilla con su mano, inclinándose hacia él para chocar suavemente sus hombros. Él agradeció el contacto con una pequeña sonrisa.

—Hogwarts ha vivido unos días oscuros, pero no podemos permitir que esto empañe nuestra visión del futuro. Por ahora sean precavidos, pero no desconfíen de cada sombra que se encuentren. Rodéense de sus amigos y asegúrense de no dejar ningún alma abandonada por el camino. Hoy nuestras oraciones y buenas voluntades se encuentran con los Argent. Siguiendo la tradición, la profesora Victoria será enterrada en el cementerio de Hogwarts, en compañía de tantos otros buenos profesores que han pasado al más allá cumpliendo con la vocación más pura: enseñar. Mañana temprano se realizará el funeral en la Mansión Argent y aquellos amigos de la familia tendrán permiso para acompañar al Profesor Christopher Argent y a la señorita Allison en él. A las cuatro de la tarde las clases se cancelarán para que le demos la última despedida a la profesora en los terrenos.

La gravedad de las palabras del Director hizo que Scott mirase hacia el techo encantado, el que mostraba un adecuado cielo cubierto de pesadas nubes negras, apunto de soltar toda el agua que cargaban pero resistiendo. Probablemente aguantando hasta que fuese el día siguiente, para llorar así como Allison había estado llorando ayer cuando el Director le contó en el pasillo fuera de la enfermería lo que había ocurrido.

Si cerraba los ojos aún podía escuchar su llanto amargo, aún podía oler su desconsuelo y su añoranza, su dolor crudo, a flor de piel, apunto de resquebrajarse.

Deaton no lo dijo en su discurso, pero no había sido un simple fallecimiento. Había sido un suicidio. Y si Victoria Argent se había suicidado era porque él la había mordido, porque había gente que prefería morir a la simple idea de volverse un monstruo. Un monstruo como lo era él.

—Hey, Scott. Hay que ir a clases —Stiles trató de sonar tranquilo mientras se lo decía, pero Scott podía oler en él la preocupación.

Sabía que no se veía bien, probablemente estaba demacrado, y no creía haber estado demacrado desde que se convirtió en un hombre lobo. Scott no quería preocupar a Stiles, pero no sabía cómo sacarse eso de adentro, esa culpabilidad, esa angustia de saber que…

Por culpa suya Victoria Argent estaba muerta.

++++

No era de extrañar que el castillo estuviese silencioso después de las noticias que había soltado el Director a la hora de almuerzo. Con la ausencia de Allison, el grupo de sexto de Gryffindor se sentía cojo y Kira acabó emparejada con Theo en la clase de Pociones sin saber cómo. El muchacho parecía serio, incluso alicaído, y Kira recordó que era su novia a la que se llevaron a los aurores, a su novia a la que ella le clavó una espada mágica justo en el centro del pecho. No sentía vergüenza por el hecho, pero si algo de curiosidad y sospecha que creía Malia y Stiles le habían contagiado.

Aprovechando que debían hacer el Filtro de Paz en parejas y que el profesor Harris estaba ocupado regañando a unos Slytherin más interesados en el último número de una Revista de Quidditch que en la clase, Kira decidió intentar sacar información a Theo.

—Así que… ¿no tenías idea que Tracy era una Kanima? —preguntó y se arrepintió enseguida cuando vio al león por la sorpresa dejar caer sin querer una gota de jarabe de eléboro en el momento que no debía. Genial, que sutil Kira.

—¿Una qué? —y había cierto gesto de desagrado en Theo que confundió a Kira. Era la expresión que podría poner alguien que recordaba a la Kanima. O sea, era una criatura bastante repulsiva, sino eras un fanático de los reptiles. Y si lo eras también.

—No, nada. Olvídalo —le dijo mientras agregaba un poco más de polvo de ópalo, a ver si podía solucionar el descuido de la gota de antes.

Pasaron un rato en silencio, ya habían recitado dos veces el encantamiento que el Filtro necesitaba y estaban esperando a que fuese el momento del tercero, cuando el Gryffindor habló bajo.

—No me imaginé que ella era la que estaba haciendo eso. Simplemente creí que… Maldición.

Kira no podía saber si el muchacho era sincero porque no podía oír sus latidos como un hombre lobo lo haría, pero cuando levantó la mirada desde el caldero y vio a Theo limpiarse los ojos húmedos algo se ablandó en ella. Se encontró apretando la mano del chico con la suya, mirándole de forma consoladora y Theo le sonrió levemente antes de hacerle un gesto hacia el caldero.

—Ya es tiempo del tercer conjuro.

—¿No quieres hacer uno tú? —preguntó ella aunque de todas formas cogió su varita. Theo negó, mientras le volvía a sonreír.

—Tú tienes una voz más bonita.

La kitsune no pudo evitar la vergüenza escalar por sus mejillas, pero sonrió con diversión mientras negaba y realizaba por tercera vez el encantamiento pronunciando “Deus Maximus ratees”.

Cuando Harris revisó su Filtro parecía extrañado, pero había un ligero tono de complacencia en él cuando les dijo «Ligeramente Aceptable» y les dio 10 puntos para Gryffindor. El maestro ya se había alejado a revisar otras mesas cuando Theo le mostró la palma y ella no pudo evitar chocársela, riendo un poco.

—Gracias, Kira, pensé que hoy sería el día que acabaría haciendo explotar un caldero por primera vez. En vez de eso, gracias a ti acabó siendo el día que Adrian Harris me dio puntos por primera vez. ¡Y además tengo Filtro de Paz para calmar mi mente!

—Creo que ese era el objeto de hacer esta poción hoy —asintió la muchacha, feliz de haber podido ayudar a su compañero.

Cuando la clase acabó y ya todos estaban saliendo de la mazmorra luego de guardar las pociones realizadas, Kira sintió la mano de Cora en su brazo, haciendo que se retrasase. Intrigada se dejó hacer, y cuando ya solo quedaban ellas dos en el pasillo, la hermana de Derek suspiró con fuerza.

—Lo que Theo te estaba diciendo antes, de que él no sabía…

—¿Era mentira? —preguntó con rapidez, sintiendo su propio corazón acelerado ante la posibilidad.

Cora le miró fijamente y luego negó.

—Era verdad. O al menos eso decía su corazón. Estuvo calmado todo el tiempo.

Había algo extraño en la mujer lobo cuando le dijo eso, pero Kira asintió. Juntas caminaron de regreso para alcanzar el grupo de leones, mientras la asiática seguía pensando en el tema.

¿No era extraño que alguien que lo estaba pasando tan mal, con su novia en manos de los aurores y posibilidades de ir a Azkaban estuviese tranquilo todo el tiempo? Creía que entendía la expresión seria de Cora.

++++

La portada de El Profeta el día martes rezaba “Suicidio de Profesora de Hogwarts” junto con una nota detallada en la que se indicaba que el motivo de Victoria Argent para tamaño acto era que había sido mordida por un hombre lobo fuera de control en el mismo castillo. Una fuente cercana a la familia explicaba como la tradición de los cazadores Argent impedía siquiera la posibilidad de uno de los suyos volviéndose una abominación, encontrando la única paz en la muerte, considerándose la misma mordida como el motivo de esa muerte. El arma del homicidio. El propio Gerard Argent, honorable miembro del Tribunal Supremo del Wizengamot y cabeza de la familia Argent, indicaba al diario que su familia no descansaría hasta que no solo el hombre lobo que había asesinado a su nuera fuese enviado a Azkaban, sino que hasta el último licántropo fuese sacado de Hogwarts, siendo el último ataque la prueba más clara del peligro de permitir a esos monstruos continuar en el colegio en donde se educaban los niños magos de Gran Bretaña, el futuro de la sociedad mágica.

Derek le echó un Incendio al diario en el mismo momento que terminó de leer la noticia, dejando que el pergamino ardiese encima de su plato de avena con miel, no quedándose satisfecho hasta que no quedaron más que cenizas esparcidas sobre su desayuno ennegrecido. La furia se esparció caliente por sus venas y cuando Peter carraspeó y le cogió el codo, se giró a verle con los ojos azul metálico. Su tío le sonrió de medio lado, compasivo, antes de apuntarle hacia el frente con la cabeza. En cuanto miró hacia allí, Derek se paralizó.

Todo el Gran Comedor tenía su mirada fija en él, algunos preocupados y otros abiertamente divertidos. Solo aquellos que también tenían El Profeta en sus manos parecían comprender su reacción, entre ellos Stiles, quien le miraba lleno de ansiedad. Seguramente lo único que deseaba era correr hacia él y envolverle entre sus brazos. A Derek también le gustaría eso, poder abrazarle y respirar del aroma reconfortante del cuello de su compañero. Calmar la furia que las palabras del diario y de Gerard Argent habían provocado en él.

—Tranquilo, Derek. Nadie creerá lo que dice Argent —al girar la cabeza vio la mirada compadecida de Jennifer Blake, y sintió su mano acariciando su pierna por debajo de la mesa—. Todos lo tomarán como lo que es: las palabras de un hombre dolido por la pérdida. No te preocupes.

—Gracias —fue todo lo que gruñó el profesor de Transformaciones mientras se ponía de pie alejándose de las manos de la bruja. Si no soportaba sus atenciones antes, ahora, después de Francia, simplemente sentía repugnancia por su toque.

Sin mirar a nadie salió del Gran Comedor y caminó con una lentitud impropia para alguien tan enfurecido. Y era que quería darle tiempo de alcanzarle. Sabía que iba a seguirle imprudentemente. Por algo era un Gryffindor como él.

—Te tengo —dijo en el momento que se giró y abrazó por la cintura a Stiles que le envolvió entre sus brazos también. Se besaron sin importarles que estuviesen en un pasillo extremadamente público, Derek concentrado en cualquier paso o respiración que pudiese oír a la distancia, pero el desayuno recién estaba empezando así que era poco probable que alguien abandonase el Gran Comedor. A menos que fuese Stiles.

—Lo siento tanto, Derek. Lo siento tanto —decía entre besos su hermoso compañero, mientras Derek le bajaba, porque lo había tenido en el aire para su comodidad.

Stiles tenía la mirada preocupada y exudaba aroma a angustia. Derek le amaba tanto por eso, por cómo podía sentir todo eso por algo que no le afectaba directamente. Le amaba por su compasión, por su valor, por su inteligencia. Le amaba porque no podía creer que la naturaleza le hubiese dado un compañero más perfecto. Amaba su sarcasmo, su pesimismo en ocasiones, amaba sus bromas a Finstock y lo buen amigo que era de Scott. Amaba todo de Stiles. Simplemente…

—Te amo —le dijo, porque ya no se podía guardar eso. Su furia había explotado en el Gran Comedor por culpa de ese diario, pero allí estaba, con su lobo tranquilo entre los brazos de ese chiquillo lleno de lunares que le miraba con los ojos enormes y el corazón en las manos—. Te amo, Stiles —repitió y le apretó más contra él, sacándole un gemido de dolor al otro, haciendo que disminuyese la presión.

—¡La fuerza, Derek! —se quejó, pero algo le decía que esa mirada húmeda no era por el dolor en las costillas. Tenía una disculpa en los labios, pero Stiles se la borró con un beso profundo y húmedo. Demasiado erótico para una hora tan temprana—. Tienes que aprender sobre tiempo y lugar, Derek. Tienes un don para elegir lugares extraños y tiempos inoportunos para nuestros momentos importantes —el sonrojo de las mejillas de Stiles hicieron que Derek sonriera lobunamente, besando su puchero—. Tengo un sucio camerino como lugar de nuestro primer beso, justo antes de un partido importante, que podría haber ocasionado que me distrajese y me golpease una bludger; y ahora tengo… un pasillo cualquiera… para el primer “te amo” y eso no es… Derek, basta —le pidió cuando los mordisqueos superficiales a su cuello parecieron ser demasiado. Él no pudo evitar pasar su lengua por allí, queriendo tan malamente marcarle.

Aunque después de escucharle, probablemente Stiles le asesinaría si le marcase en un simple pasillo. ¿Quién pensaría que su compañero sería tan atento a los detalles? Gruñó un poco, mientras se apartaba de ese cuello pálido, mirándole a los ojos nublados.

—¿Francia tuvo conflicto con el tiempo y lugar? —preguntó y disfrutó viendo como esa mirada se nublaba más, las pupilas dilatadas ante el recuerdo. Maldición, iba a costarle tanto dejarle ir luego de esto, pero no tenían tiempo para nada más… ¿o sí?

—No. Francia estuvo muy bien —ronroneó Stiles y Derek ya no aguantó, cogiendo por las piernas a su compañero y haciendo que rodease su cintura con sus piernas, mientras caminaba rápido hacia uno de los pasillos aledaños que estaba cerca de allí, empujando la espalda de Stiles justo a la sombra de una vieja armadura, arrancándole un jadeo complacido al sentir sus entrepiernas frotarse juntas.

Los hechizos repelentes le salieron naturales cuando agitó la varita para evitar que cualquier alma se acercase a ese rincón y pudiese escucharles o verles, comenzando a besar con pasión al adolescente.

¿Cuánto había durado su resolución de no tener sexo con Stiles en Hogwarts?: Exactamente dos malditos días.


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Del grupo de amigos de Allison solo Lydia fue al funeral de Victoria. Este se llevó a cabo en Londres, aunque el entierro iba a ser en Hogwarts esa tarde. Lydia intentó que él la acompañase, y Stiles quería ir a apoyar a Allison, pero se sentía demasiado furioso por El Profeta como para poder prometer que no iba a escupir en la cara de Gerard Argent en el momento que le tocase darle el pésame. Así que optó por lo sensato y dijo que no. La pelirroja pareció dolida por su rechazo, pero Danny se ofreció a acompañarla y al final ambos Ravenclaw fueron los que se marcharon al Despacho del Director para usar la Red Flu y llegar a la Mansión Argent.

Stiles hubiese querido estar con Allison en esos momentos, después de todo, él sabía lo que era perder una madre, y no olvidaba las semanas que Lydia y ella habían estado cuidándolo cuando Derek estuvo ausente, sin embargo no sabía si podría controlarse en una casa llena de cazadores, y quizás hubiese hecho más mal que bien. Estaba seguro que si Lydia se lo hubiese pedido a Jackson él hubiese dicho que sí, sin embargo ahora que era un hombre lobo suponía que quizás era mejor que no se lo hubiese pedido. Meter a un hombre lobo en una mansión de cazadores de hombres lobos era como… bueno, meterse a la boca de un lobo. Irónico.

Ver a Scott tan deprimido como lucía le hacía sentir mal físicamente. Sentía dolor de estómago y no era por el desayuno, porque no había desayunado. A menos que se contase lo que él y Derek… no, no iba a ir por ese lado. El asunto era que no aguantaba ver a Scott así, y no sabía cómo hacerle sentir mejor. Melissa le había dicho que Scott llegó alterado y delirante a la enfermería cuando estaba buscando a Allison, y Derek le contó de su expresión de horror y shock al ver a Chris Argent con su esposa muerta, teniendo que Jackson arrastrarle de regreso hasta su madre. Stiles tenía sus teorías y Derek las compartía, pero… ¿cómo le podía preguntar eso a su mejor amigo?

«Oye, Scott ¿por casualidad fuiste torturado por la madre de tu ex novia y la mordiste cuando escapaste, provocando que se suicidara?». HAHA. No. Eso no iba a ocurrir.

—Stilinski, ¿tiene algo que aportar o solo se dedicará a gruñir toda mi clase?

Cuando vio la mirada irritante y altiva de Jennifer Blake tuvo todas las intenciones de soltarle un improperio o… o algo peor que ahora no le ocurría. Sin embargo Kira puso una mano sobre su brazo, mirando hacia el frente, y él se calmó un poco. Después de todo, quería aprobar Runas Antiguas.

—No, señorita Blake. Lo siento.

Satisfecha, la bruja continuó su clase y Stiles suspiró dejándose deslizar un poco por la silla luego de sonreírle agradecido a su compañera, pensando luego en su mejor amigo y lamentando no haberse saltado la clase para estar con él, ya que Scott no tomaba Runas.

Quería tanto poder aliviar sus penas que todo lo demás parecía gris a su alrededor, toda su hiperactividad esfumada por su preocupación. Pero cuando vio a Scott después de clases el humor amargo de su mejor amigo no se había suavizado. Y no lo hizo hasta el almuerzo.

Lo que ocurrió a la hora de almuerzo fue que un revoltoso conejo había sido dejado en libertad de la enfermería y no encontró nada mejor que ir a sentarse justo al lado de Scott en la mesa de Gryffindor, quitándole el puesto a Stiles. Él se sentiría ofendido, sino fuese porque Cora le tiró de su bolso, y le hizo sentar a su lado, tratando de parecer indiferente aunque Stiles le conocía mejor que eso y sabía que estaba algo expectante. Él solo pudo elevar las cejas, pero al ver que la expresión de su mejor amigo variaba por primera vez desde ayer por la mañana, todo cobró un poco de sentido.

—Liam ¿te sientes mejor? Me alegro que mi madre te dejase ir —y eso era una pequeñísima sonrisa en los labios de Scott ¡él no podía estarlo imaginando!

—Sí, pero voy a tener esto así por al menos dos semanas —se quejó mostrándoles a todos su brazo derecho inmovilizado, recordándole a Stiles un poco a los yesos muggles—. Y como tengo un montón de trabajos atrasados y no puedo escribir, tu mamá dijo que tú me ayudarías con ellos, Capitán.

Y había un intento de inocencia en su voz, pero se podía percibir la burla en su tono. Después de todo, el conejito era un Slytherin, no había que olvidar eso ¿y qué Slytherin decía que no a la posibilidad del beneficio personal? Scott parecía considerar sus opciones antes de suspirar de forma dramática.

—Bueno… si mi madre lo dijo…

—Que no te engañe ese Slytherin tramposo, McCall ¡es ambidiestro! Le he visto escribir y lanzar hechizos con la izquierda igual que con la derecha —dijo con diversión desde más allá un alumno de cuarto, ocasionando que las mejillas de Liam se encendieran.

—Yo lo he visto golpear bludgers con la izquierda también —asintió Theo con falsa seriedad—. Creo que te están timando, Scott.

—¡Eh, gatos entrometidos! Si no van a hacer ustedes mis trabajos ¡cállense! —les silenció Liam con falsa arrogancia Slytherin, provocando que toda la antes silenciosa mesa de Gryffindor riese.

Cuando Stiles vio a Scott reír el que más y abrazar por el cuello al sonrojado Slytherin, no pudo más que compartir una sonrisa con Cora que parecía orgullosa de sí misma por alguna razón. A su cuñada definitivamente le encanta hacer de casamentera.

++++

No se sorprendió cuando no vio llegar a ningún Gryffindor al funeral, de hecho, lo agradeció. Sabía que en otras circunstancias Allison desearía el contacto de ese grupo extraño de amigos que había formado el último tiempo, pero la gran mayoría de ellos no serían bien recibidos en esa casa.

Eso sin considerar el otro tema…

Besó la mano de Lydia Martin que llegó con Danny Mahealani, y cuando ella le dio su pésame él le dijo “Lo siento mucho”. Ella no le entendió y a Chris le gustaría poder explicarse mejor, pero no puede hacerlo allí. No puede decirle que lamenta que su primer grito auténtico de Banshee haya sido para anunciar la muerte de su esposa, no puede decirle que lamenta no haber sido un mejor maestro y haber descubierto antes la criatura que se escondía detrás de su belleza y sus dotes adivinatorias, que lamentaba no haberla podido preparar para que ahora no tuviese la mirada nublada por el temor a su propia naturaleza. Más adelante le intentaría enseñar a comprenderse a sí misma. Ahora había cosas más urgentes.

Chris observó como Lydia abrazaba a Allison y el modo en que su hija se aferraba a su amiga, ocultando su rostro en el cuello de la Ravenclaw cubierta por la cascada de pelo anaranjado, mientras Danny apoyaba una mano en la espalda de su leona. Sabiendo que su pequeña estaba a buen resguardo, caminó por el gran salón de la mansión de su familia en donde se estaba velando el cuerpo de quien en vida fuese su esposa.

La habitación era rica y ostentosa, los muros estaban cubiertos de cuadros mágicos y obras de arte de gran valor histórico que los Argent habían conseguido a través de la historia de sus viajes alrededor del mundo. Era sabido que todo Argent debía hacer al menos un gran viaje una vez en la vida. Pero no un viaje de placer, por supuesto: un viaje de cacería. Este viaje no era realizado solo, sino que en compañía de su pareja, una vez que sus hijos estuviesen mayores. Y el razonamiento de la tradición era claro, por supuesto. No eran muchos los Argent que volvían vivos de ese viaje.

Él no había sabido si quería realizarlo, cómodo como estaba en Hogwarts. Aunque al comienzo solo iba a ser una posición temporal mientras su hija se acostumbraba al lugar, Victoria había exigido que se quedasen hasta la graduación de Allison, incapaz de dejar a la heredera de la familia en un sitio infestado de hombres lobo, había dicho. Iban a realizar el viaje luego de eso, por supuesto que ella ya tenía listo el itinerario, sin importar las dudas de Chris. Siempre había sido así entre ellos.

El sonido de unos afilados tacones en su dirección hizo que sus instintos se dispararen y estuvo a punto de sacar la varita al girarse, pero al ver a su hermana Kate se detuvo a medio camino. Su error.

—¿Ibas a divorciarte de ella? —chilló Kate, no lo suficientemente alto para que todo el mundo escuche, pero lo suficiente para llamar la atención de algunas de las personas cercanas.

O quizás no fue la voz de Kate la que había llamado la atención de los demás, sino que el crudo sonido de su palma contra la mejilla de Chris. El calor que se esparció por su piel le tomó por sorpresa, apenas habiéndose percatado del golpe.

—¿Cómo te atreves? ¡Ella solo…!

—Kate. Cállate —dijo la voz profunda de Gerard, mientras llegaba al lado de sus hijos, sujetando la muñeca de la mano de la rubia peligrosamente cerca una vez más del rostro del profesor de Defensa.

Él la verdad es que no sabía que ocurría, la conversación entre su padre y su hermana fue silenciosa y rápida. Él solo se giró para buscar con la mirada a Allison, esperando en vano que no hubiese visto la escena. Cuando la encontró, aún abrazada a Lydia, pudo ver la sospecha en sus ojos y no fue capaz de sostenerle la mirada, caminando hacia la salida del salón. Necesitaba tomar aire.

El divorcio en el mundo mágico ya no era algo tan extraño. Quizás lo fuese hace tiempo, una cosa de muggles, sin embargo hoy en día no era raro que los lazos mágicos se disolvieran. Para los sangre pura sin embargo seguía siendo una aberración, tan aferrados a las viejas normas como solo unos viejos decrépitos podían estar. Chris hacía mucho que había decidido que no permitiría que esas rancias reglas rigiesen su vida. No se arrepentía de haber comenzado los trámites del divorcio de Victoria… pero quizás hubiese podido escoger otro fin de semana para hacerlo.

Saliendo por la puerta principal de la mansión, Chris bajó la escalinata hacia los jardines. Por hoy las puertas de los terrenos estaban abiertas y vigiladas por dos elfos para que no cualquiera pudiese entrar hasta allí. No era como si hubiese muchos magos oscuros sueltos de los cuales preocuparse, de todas formas, pero la precaución nunca era innecesaria. El cielo de Londres estaba nublado, oscuro pero sin dejar caer ni una gota. Así Chris no podía culpar a la lluvia por las lágrimas que rodaron por sus mejillas.

Estaba tragando saliva profusamente, limpiando sus ojos, cuando escuchó un gruñido suave desde uno de los costados de la mansión. Su varita estaba en su mano en un segundo, pero mientras caminaba hasta donde escuchó el gruñido, pudo ver surgir tras un seto la figura esbelta de una joven desnuda. Estaba sorprendido y a punto de ofrecerle su túnica, pero la mujer hizo aparecer la suya propia con un golpe de varita, la cual tenía sujeta en una muñequera, y se la deslizó por la cabeza, antes de acercarse a él. Allí fue cuando la reconoció.

—¿Laura Hale?

La joven morena le miró fijamente pero asintió, antes de hincar una rodilla en el suelo y agachar la cabeza, sorprendiéndole.

—Mi alfa te envía saludos, Christopher Argent, traigo conmigo sus sinceras condolencias por tu pérdida y la de tu hija. Ella quiere que sepas que nuestra manada siempre estará dispuesta a socorrerlos a ustedes dos, ya que sabemos que eres un hechicero justo y sabio. También es mi deber informarte que Gerard Argent ha comenzado una campaña desde el domingo mismo para exigir una investigación en Hogwarts sobre la identidad de aquel que mordió a Victoria Argent, mientras paralelamente ha exigido silencio a la Oficina de Aurores sobre lo descubierto en su varita y su oficina, como medidas por el duelo. Mi alfa también tiene conocimiento sobre al menos cuatro miembros del Consejo Escolar de Hogwarts los que han recibido lechuzas de Gerard Argent aludiendo a que no se puede permitir más que Alan Deaton sostente el cargo de Director, a causa de su manga ancha con los licántropos bajo su tutela. Los cuatro miembros han dicho que Gerard aludía a que él mismo podría cumplir perfectamente el trabajo.

Chris podía sentir la rabia vibrar bajo su piel, pero en honor a la mujer arrodillada frente a él se contuvo. No, ahora no era el momento para dejar esa furia surgir. Tendría que pensar el momento. Al menos ahora sabía que la portada de El Profeta no había sido un lamentable accidente, como su padre había indicado, diciendo que había solicitado que no se informase nada al menos hasta el miércoles, pero había sido desoído. No. Todo estaba planificado. Utilizando la muerte de Victoria para sus propios fines egoístas. Podría entrar ahora mismo y asesinarle frente a todos esos invitados pomposos que tenía y no sentiría remordimientos, pero no podía hacerle eso a Allison.

—¿Eso es todo? —preguntó con la garganta seca, viendo el asentimiento de Laura Hale— ¿y para eso debías venir desnuda?

La joven levantó la cabeza y al ver su mirada más calma pareció comprender que no había peligro de que le enviase una maldición. Se puso sobre sus pies desnudos, sacudiéndose el verde del pasto de la rodilla que tenía hincada, y se encogió de hombros. Los licántropos de nacimientos no tenían mucho problema con la desnudez pública, se recordó Chris.

—Si tus elfos veían a una Hale entrar probablemente hubiesen avisado a tu padre.

—¿Y por qué no le han avisado cuando vieron a una loba entrar? —preguntó, sinceramente curioso.

La sonrisa de la joven le recordó tanto a Derek, que Chris se descubrió correspondiéndosela, aunque también percibía algo de Peter en ella. Y mucho de Talia Hale.

—Porque soy realmente escurridiza.

Y como simple ejemplo volvió a transformarse, quedando en su lugar una loba de oscuro pelaje y ojos inteligentes, dejando la túnica tirada allí, y marchándose corriendo a cuatro patas. Pero no pasó por las puertas abiertas, sino que saltó la valla de los carruajes a unos metros de la otra entrada, la que se encontraba cerrada y por lo tanto sin la vigilancia de elfos.

Chris se quedó mirando por un momento el lugar en el que desapareció la figura lobuna de Laura y se maravilló de que la hija de Talia Hale tuviese esa rara habilidad. Una transformación completa sin Luna Llena y en total control. Esa bruja iba a llegar más lejos de lo que cualquiera pudiese esperar, estaba seguro.

Desvaneciendo la túnica que había quedado atrás, Chris se devolvió hacia la entrada de la mansión, recordándose que debía aparentar tranquilidad, que no podía ir y gritarle a Gerard por sus acciones. Hoy su prioridad sería Allison, como siempre. Ya mañana podría preocuparse de lo demás. Kate incluida.

++++

A pesar de que la excusa inicial había sido hacer el trabajo de Herbología antes de que fuese la hora de ir al funeral de la madre de Allison, aprovechando que no tenían clases por la ausencia del profesor de Defensa, al final ella y Kira acabaron besándose en la cama de Malia, con las cortinas cerradas y hechizos de silencio a su alrededor.

Kira no se quejaba en verdad, pero Malia sabía que parte de ella se cuestionaba de si eso era correcto. Estar así, juntas, cuando había una familia sufriendo una pérdida. La familia de una de sus amigas. A Malia le parecía una chorrada.

—Es la vida, zorrita. La gente muere, el mundo sigue girando —dijo con soltura la Hufflepuff, escandalizando un poco a su novia—. ¡Y no soy la única que lo cree! Hubieses olido a Stiles en la mañana luego de correr tras Hale…

—¡¿Qué?! ¿Ellos…?

—Todo el camino, si me preguntas a mí —la sonrisa de la chica aumentó, mientras una de sus manos se deslizaba bajo la falda de la asiática—. Si quieres puedo mostrarte lo que creo que ocurrió.

Malia podía sentir como la piel de su novia se erizaba bajo sus dedos mientras mordisqueaba su oreja y sus yemas por fin alcanzaban las bragas de Kira. No perdió demasiado el tiempo y se enfocó justo al medio, frotando por encima de la tela, ocasionando que su chica juntase las piernas y gimotease, sacudiendo la cabeza llevando sus manos hasta la de Malia, como queriendo detenerla. Ja, como si ella no supiera que adoraba eso. Su pequeña zorrita.

—Por cierto. Nunca me habías contado que eras tan buena con la espada —comentó la coyote, caracoleando su lengua en la oreja de la morena, acomodándose para usar su mano libre para desarmar la corbata roja y dorada y poder abrir esa camisa.

—¡Ah, Malia! —gimoteó Kira, y cada gemido era música para sus oídos—… es que… ah… yo no sabía.

Esto sorprendió un poco a la tejona, y dejando de tocar a su chica, se sentó sobre sus piernas, usando ahora sus dos manos para desnudarla, viendo esos hermosos ojos rasgados mirarle llenos de deseo.

—¿Qué quieres decir? —preguntó despreocupada, como si no estuviese desabotonando su camisa ni moviendo sus caderas para que su propia ropa interior queden justo sobre la entrepierna de Kira, rodando su falda hacia su cintura para ver.

Por un momento creyó que su novia no le iba a responder. Parecía demasiado seria. Sin embargo dos segundos después la kitsune había cambiado los papeles, empujándola a ella contra el colchón y sentándose sobre sus caderas. Malia no pudo evitar reír, su coyote emocionada por el juego de poder, sujetando la cintura de Kira para atraerla más hacia ella, como embistiéndola. El roce era suave, casi inexistente, pero excitante. Kira se inclinó, con su camisa abierta, y le besó húmedamente, rozando sus bellos senos cubiertos por el sujetador contra los suyos, aún tapados por su camisa.

—Quiero decir —ronroneó Kira, frotando sus entrepiernas juntas, con la mirada brillante y la lengua jugando en sus labios— que mi madre me pasó la espada unas horas antes… y resulté ser una experta.

—Tú, Kitsune traviesa —rió Malia mientras acariciaba las nalgas redondas de su novia, haciendo que se arrodillase para ella deslizarse por la cama hasta quedar con su rostro justo bajo su entrepierna, lamiéndole por encima de las bragas.

El gemido largo de la chica excitó a Malia más de lo que le gustaría reconocer, bajando la ropa interior de Kira de una vez, quedando atrapada por sus piernas separadas apoyadas sus rodillas en la cama, y empezando a chuparle y lamerle con ganas, incitándole con sus manos a empujar su vulva como quisiera contra su rostro. Una de sus manos baja hasta sus propias bragas mientras los gemidos de Kira inundaban el espacio protegido por los doseles amarillos y los hechizos de silencio, frotándose el clítoris con ganas, disfrutando de cada embestida de su kitsune contra su boca, bebiendo de sus fluidos con gula.

Pudo notar el momento exacto que Kira se corrió, por la forma en que se presionaba contra su boca, ella lamiéndole lo más profundo que puede, y por ese grito casi animal que abandonaba sus sexys labios. A Malia no le importó que las rodillas de la Gryffindor cedieran y quedase con su nariz hundida en el monte de venus de su chica, aprovechando para chupar su clítoris sensible aún por el orgasmo, sacándole más gemidos.

—Ya-ya basta… ¡Malia! —gimoteó Kira, mientras se quitaba de encima, y Malia estaba riendo mientras se saboreaba, irguiéndose sobre sus codos. Kira tenía su rostro sonrojado y su respiración exaltada y olía a placer, lujuria, agradecimiento y amor. Malia no podía resistirse a eso y se encontró arrastrándose hacia la cabecera para besarla con ganas, y rió cuando Kira puso una mueca por el sabor pero de igual forma le devolvió el beso—. Creo que ahora es tu turno… —dijo contra sus labios su zorrita, mientras tiraba de la camisa de Malia de una vez, haciendo que los botones saltasen.

—¡Kira! —se quejó ella, porque no era como que las camisas le abundasen, pero aprovechando que no usaba sujetador, su novia ya tenía su boca en uno de sus senos, haciéndola jadear y dejarse caer en las almohadas de su cama— Joder, zorrita, esa boca…

La Gryffindor rió mientras chupaba de sus pezones como si fuese un recién nacido, su mano deslizándose hasta su falda, acariciándole por encima, antes de meterse por debajo de ella. Malia separó sus piernas para darle espacio, jadeando por cómo bebía de ella, pero también concentrada en sus dedos curiosos. Kira también le frotó, como ella hubiese hecho antes con la Kitsune, pero entonces se volvió más atrevida y metiendo los dedos por el lado de las bragas, comenzó a empujar con fuerza en su interior, sorprendiéndola.

Malia gimió echando la cabeza hacia atrás, Kira acariciando el seno que no estaba chupando y que ya había cambiado, sus dedos índice y corazón hundiéndose dentro de ella, mientras el pulgar frota el hinchado clítoris. Ella sabía que no iba a aguantar mucho más, y Kira subió para hundir su lengua en su boca abierta mientras sentía como su interior apretaba los dedos de la asiática con cada estertor de su orgasmo, su grito ahogado por los labios ajenos.

Su cuerpo quedó completamente laxo en la cama, mientras Kira quitaba con cuidado sus dedos de abajo, sonriéndole. Malia le miró con los ojos ligeramente cerrados por el cansancio, pero cuando vio como su chica lamía con timidez sus propios dedos, se sintió despierta de inmediato. Kira nunca había realizado eso. De hecho, Kira nunca había mirado de cerca su sexo. Malia lo entendía, Kira también era su primera novia y al comienzo tenía miedo de todo, pero Malia era así, despreocupada, aprendiendo todo por el camino. Kira solo necesitaba un poco más de tiempo para sacar a la Gryffindor osada de su interior, había pensado.

Y ahora tenía a esa Gryffindor osada frente a ella, chupando con ganas sus dedos luego de la dudosa probada inicial.

—¿Sabes? No tiene mal sabor. Creo que la próxima vez puedo chuparte yo —dijo con cierta timidez la morena y la sonrisa de Malia era más brillante que el sol antes de abrazarla con ganas y besarla.

—Creo que te amo ¿sabes? Y podrías chuparme ahora mismo —insinuó, pero Kira la miró entre sorprendida y divertida, besándole de vuelta.

—Yo te amo también. Pero deben ser casi las cuatro y hay un funeral al que tenemos que ir.

Malia se hubiese quejado pero Allison le caía bien y creía que debían estar allí si es que no pudieron ir al funeral. Así que de mala gana asintió y comenzó a ver arreglarse, solo para ver su camisa con los botones volados. La expresión de Kira era de disculpa, pero no era suficiente.

—¡Me debes una camisa, Yukimura! —le regañó apuntándole con un dedo.

Kira solo rió mientras abrochaba su propia camisa, dándole una mirada coqueta de soslayo, parpadeando con inocencia.

—Genial, ya tengo tu regalo de navidad.

Joder. Realmente estaba enamorada de esa zorrita.


NOX

Chapter Text

El funeral de Victoria Argent fue sencillamente depresivo. Peter había considerado la opción de no ir, pero creía que eso quitaría el cliché de que el asesino siempre estaba en el funeral de su víctima y pues ¿quién era él para romper los clichés? Así que fue, seguido de las filas de sus alumnos de Slytherin, porque era el colegio completo el que iba a despedir a esa perra. Como si lo mereciera.

No le había extrañado que la investigación de los aurores no se hiciera pública. La culpable de lo que fuera que había ocurrido en el Despacho de Alquimia estaba muerta así que ¿qué podrían hacer? Probablemente el derecho a la honra de Allison e incluso de Chris impidiese que los aurores hicieran pública la investigación a menos que apareciese la víctima a denunciar el hecho. Y Peter sabía que Scott jamás haría eso, no necesita ver la cara de depresión que había tenido estos días para saberlo.

Preocupado un poco por como esa situación podría afectar al joven lobo, Peter había insinuado a Melissa McCall y a Derek el mantener vigilado al muchacho. Peter sabía de licántropos que aguantaron torturas parecidas y salieron indemnes, pero… también recordaba a Deucalion y a los suyos.

De cualquier manera, ese rostro oscurecido por el dolor sufrido y posiblemente por una absurda culpabilidad por la muerte de Victoria, no era un buen indicio. Sabía que debía hablar con Talia del tema, pero con la campaña de desprestigio de Gerard Argent en pleno auge, sabía que su hermana tenía las manos llenas. Habría que esperar.

Cuando fue su turno de acercarse a los Argent por el pésame (algo que solo harían los profesores, porque ninguno pudo asistir al funeral por las clases), Peter no había pensado aún en que decir. Allison se veía pequeña y triste al lado de su padre, y le recordaba un poco a Malia. No se había permitido pensar en ella luego de hacer un poco de investigación luego de Halloween, porque simplemente no sabía que pensar. Pero viendo allí a Allison sintió algo removerse, algo que había estado creciendo desde que sus sospechas empezaron con la aparición de la Loba del Desierto.

—Lo siento mucho, Allison —pronunció con completa sinceridad, y hasta él estaba sorprendido—. Siento que tengas que pasar por este dolor siendo tan joven. Yo también perdí a mis padres… fue un accidente lamentable —y había algo de sarcasmo, solo porque no hubo nada accidental en la forma en que sus padres murieron, encerrados en un círculo de ceniza de montaña y ardiendo hasta soltar su último aliento. Peter tragó saliva y Allison le está mirando fijamente antes de coger su mano. Confortándole a él, la ironía—. Espero que encuentres consuelo en que aún tienes a tu padre contigo y tienes amigos que lamentan tu dolor.

Cuando Allison le soltó, Peter miró hacia a Christopher, solo para ver cómo tenía un brazo en alto para detener el avance de Gerard y Kate Argent, ambos que al parecer habían querido apartarle de Allison. Solo entonces miró a los ojos del profesor de Defensa, viendo sospecha en ellos pero también algo más. El olor de la pérdida y algo de ira demasiado fuerte para sentir que era esa otra cosa, aunque al menos sabía que esa ira no era en su contra. Le hizo un asentimiento y Christopher se lo devolvió, solo entonces Peter regresó a su lugar en frente de los estudiantes de Slytherin, pasando por completo de los otros dos Argent.

No sabía realmente porque le dijo eso a Allison, pero sabía que fue honesto en sus palabras. Lamentaba que tuviese que pasar por ese dolor. Siempre supo que Victoria iba a morir temprano, pero hubiese esperado que Allison al menos se hubiese graduado. Y como había dicho, debería encontrar consuelo en la presencia de su padre. Si hubiese sido Chris el fallecido en vez de su madre, el destino de Allison se vería muy distinto.

La manada también estaría para ellos, si es que Allison no se dejaba envenenar por las palabras de su abuelo y su tía. Si el gesto de tomarle la mano significaba algo, creía que Allison iba por el buen camino.

Cuando vio que era el turno de Derek de acercarse a la familia, Peter endureció el gesto. Kate Argent le había causado suficiente daño a su sobrino como para crearle una especie de trauma, aunque luego de encontrar a su compañero su seguridad aumentó. Por un tiempo Derek había creído que no merecía ser amado, que tenía alguna clase de maldición encima, llevado a esta conclusión por su amor a Paige, quien había acabado muerta, y luego por el amor que había brindado a Kate, quien solo jugó con sus sentimientos. La cazadora se había aprovechado del conocimiento de este miedo, minando su autoestima en cada ocasión que podía. Pero entonces Stiles Stilinski hizo su aparición y Derek ya no volvió a cuestionarse nada. La magia le había dado el mejor regalo, después de todo.

Vio a Derek dar su pésame a Allison, la que le sonrió con tristeza, y cuando pasó a Chris, fue el mismo Argent el que le abrazó. Las expresiones de horror y furia de Gerard y Kate fueron tan obvias que Peter no pudo evitar la sonrisa burlona. Chris susurró en el oído de Derek algo que no alcanzó a escuchar, pero por el movimiento de sus labios parecía como “No te preocupes, yo me encargaré” y Peter estaba ansioso por saber de qué se iba a encargar el profesor de Defensa. Derek siguió su ejemplo y pasó de los dos últimos Argent, y cuando el último profesor había dado su pésame (la chiflada de Meredith Walker), la ceremonia de entierro comenzó.

El coro de Hogwarts entonó un antiguo cántico celta mientras el cuerpo vacío de quien fue en vida Victoria Argent era devuelto a la tierra envuelto en un ataúd de madera oscura, y solo entonces la lluvia que amenazaba desde ayer comenzó a caer a raudales.

Los profesores entonaron juntos un hechizo repelente de agua sobre todos los alumnos, pero no mucho después la lluvia era tan torrencial que aunque nadie se mojaba, ya nadie podía ver tampoco, y el entierro acabó sin discurso y sin cántico, porque el coro estaba corriendo a ponerse al resguardo del castillo. Había poco que pudiese hacer para organizar a sus alumnos de Slytherin, la mayoría disfrutando el correr en la lluvia sin mojarse por el poderoso hechizo de los maestros, así que Peter les dejó ser, observando como Chris llevaba abrazada contra su pecho a Allison, protegiéndola con su túnica. Gerard y Kate también se habían alejado del cementerio y extrañamente los únicos que quedaban allí eran Scott, Stiles, su sobrino Derek y él mismo. Derek atento a su compañero, Stiles con una mano en el hombro de Scott, y el joven lobo mirando fijamente la lápida donde rezaba que allí yacía Argent, Victoria. Amada profesora de Alquimia. Respetable miembro de la casa de Slytherin. Esposa, madre y maestra.

Peter suponía que no quedaba espacio para agregar “torturadora”, pero con un poquito de esfuerzo podría meterlo en la piedra.

—Vamos, chicos. Vais a resfriarse —les dijo con algo de ironía, antes de girarse y caminar hacia el castillo.

++++

—Ver a Jackson tan feliz me irrita un montón, te juro.

—Stiles, déjalo en paz.

—¡Pero Isaac! Acabo de tirarlo de la escoba y ¡míralo allí, sacudiéndose como si tuviese pulgas! ¡Y sonríe! ¡Yo no sabía que Jackson podía sonreír!

—¡¿Sabes que te puedo escuchar, cierto idiota?! —le gritó Jackson desde el suelo y Stiles se carcajeó, haciendo que el resto del equipo lo hiciera también sobre sus escobas.

Isaac no quería confesarlo, pero le encantaba el nuevo Jackson. No era que realmente hubiese cambiado, pero… había algo distinto en él. Y no hablaba solo de su aroma, aunque eso también. Y olía jodidamente fantástico.

Sabía que Jackson siempre había tenido una pose de arrogancia y altanería, las chicas lo adoraban porque siempre parecía seguro de sí mismo y los chicos le respetaban por la misma razón. Cuando Isaac se convirtió en lobo se dio cuenta de que todo eso era solo una careta, porque Jackson sentía miedo y tenía inseguridades como cualquiera. Fue peor el tiempo que estuvo enfermo por culpa de la herida de las garras de Derek (lo que explicaba un montón de cosas, muchas gracias), pero ahora… ahora, Merlín bendito.

Ahora Jackson era pura seguridad. Ahora no sentía la presión de siempre parecer fuerte, o ser más rápido o… o nada. Ahora no sentía ninguna presión y estaba relajado, divertido y de alguna forma absurda, su arrogancia había disminuido. No era que ya no fuese un Slytherin de manual, o que ya no fuese Jackson, era solo que… era mejor.

—Deja de comerme con los ojos, Lahey, o voy a tomarlo como una invitación —escuchó Isaac como Jackson le susurraba al pasar volando por su lado, y había un coqueteo en su mirada que subió los colores al Hufflepuff— ¡Stiles, no escapes! ¡Voy a atraparte y patear tu flaco culo por esa bludger!

También estaba eso, la forma que le coqueteaba sin vergüenza. Isaac no creía poder soportar lo mucho que le gustaba el nuevo Jackson, porque sabía que su aroma y el latido de su corazón debían ser muy obvios, y eso era terriblemente malo en orden de esconder su secreto de un montón de licántropos con sentidos aumentados.

—Espero que no estés intentando ocultar que quieres lamer el suelo que pisa Jackson, porque si lo estás intentando, eres pésimo en ello.

—¡Argh! ¡Calla Kira!

El entrenamiento de ese día se estaba llevando a baja altura, apenas tres metros, con la vigilancia constante de Derek y Finstock, ya que aunque no llovía, había violentas ráfagas de viento de vez en cuando. Como Liam estaba lesionado, Stiles estaba ocupando el lugar del golpeador, y prediciendo que no iba a hacer un trabajo tan bueno como el conejito (debía dejar de llamarle así mentalmente o un día Liam se enteraría y le cruciaría), Derek había ordenado ese entrenamiento bajo. Lo que había acabado siendo una buena idea, porque no había pasado ni media hora y Jackson ya había caído de la escoba por culpa de un golpe mal dirigido de una bludger desde el bate de Stiles en el momento mismo que una ráfaga de viento oeste azotaba el campo.

Jackson había estado tranquilo toda la semana a pesar de que en el mundo mágico estaba quedando un desastre por todo el asunto de los Argent y los hombres lobo, especialmente contra el Clan Hale. Su manada. Según había dicho El Profeta, la opinión pública se dividía entre aquellos que encontraban que el suicidio por el mordisco era una exageración y aquellos que creían que el mordisco equivalía al asesinato de la profesora, los menos, gracias a Merlín. Su alfa, Talia, había tenido unos momentos difíciles con la prensa, aludiendo a que no era comparable el dar la mordida con un homicidio, y que sabía que el Tribunal del Wizengamot calificaría esta diferencia como obvia, sin embargo Gerard Argent no se había detenido en su campaña de desprestigio, comenzando a nombrar al Director Deaton claramente como uno de los motivos de los peligros a los que los alumnos de Hogwarts estaban expuestos.

Allison había vuelto al colegio, aunque había estado recluida casi todo el tiempo en la Torre de Ravenclaw pegada a Lydia, otra vez alejándose de los Gryffindor según pudo escuchar de Cora y Stiles. Lydia parecía tener un ataque de nervios cada vez que escuchaba algo parecido a “gritos”, “muerte” o “Banshee”, así que se había saltado la clase de Adivinación que compartían (en la cual la profesora Meredith hablaba de muertes cada día), pero fuera de eso parecía bien, siempre con Allison a su lado. Scott por su parte seguía algo perdido después de los hechos de la semana anterior, por motivos que Isaac no comprendía y Stiles no comentaba, y los únicos momentos en que parecía un poco más animado era cuando Liam le buscaba para obligarle a ayudarlo con sus trabajos, algo que le parecía genial, pero no por ello le preocupaba menos la actitud de su hermano de manada.

Y en medio de todo ese caos… Jackson era perfectamente feliz. Reía con sus compañeros de Slytherin, ganaba puntos en las clases, coqueteaba con todo el mundo –lo cual lo incluía, para mejor o peor– y parecía absurdamente cómodo en su nuevo estatus de lobo, ansioso por su primera salida al bosque, tanto que Derek ya le había gritado más que a él, el propio Hale reconociendo que era el lobo más ansioso que hubiese conocido nunca, y eso que primero pensaba que ese era Scott y luego que Isaac lo era.

Si ellos eran tan excitables con tan poca cosa, no querría imaginarse como sería Stiles de lobo. Una pesadilla, seguro.

++++

—Se abre la sesión ordinaria del día lunes 7 de diciembre del Tribunal Supremo del Wizengamot. El primer tema a discutir: “Petición de permiso para realizar pesquisas en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería con el objeto de descubrir la identidad del licántropo responsable de la muerte de Victoria Argent, firmada por los magistrados Gerard Argent y otros”.

—¡Objeción, Jefe Supremo!

—A lugar. Tiene permiso para hablar, Madame Ito.

—Deseo que se corrija el nombre de la petición, porque insinúa una responsabilidad criminal que la investigación de la Oficina de Aurores ha declarado inexistente. La muerte de la señora Victoria Argent ha sido catalogada y aceptada como un suicidio, por lo que por definición, no existe nadie responsable de su muerte más que ella misma.

La afirmación de la anciana bruja creó un desorden tal entre las filas del Wizengamot que el Jefe Stilinski solo pudo llevar una mano a sus ojos, masajeándoselos por encima de los párpados. Odiaba a los malditos políticos. A su lado Parrish le daba una palmadita amistosa en el hombro, consolador. Su presencia era necesaria allí, después de todo. Que semana.

Luego de que el Jefe Supremo –un viejo mago bastante ecuánime, debía reconocer– llamase al orden, se organizó una rápida votación para decidir si se aceptaría o no el nombre de la petición. Al auror le parecía una puta estupidez, pero que iba a hacer. Solo cuando son asuntos criminales él tenía voto por su cargo. Ahora era solo una voz sin demasiado peso. El choque del martillo le hizo reaccionar, comprendiendo que habían llegado a una resolución, veinte minutos después.

—Se resuelve entonces la modificación de la Petición al siguiente título: “Permiso para realizar Pesquisas en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería con el objeto de Descubrir la Identidad del Licántropo responsable de la mordida a Victoria Argent, previa a su muerte”. Con esto claro, se da pie al magistrado Argent para hablar.

El Jefe de Aurores solo pudo mirar al techo de la fría habitación suplicando entereza a los dioses antiguos, porque no podía creer todo el escándalo simplemente para esa estúpida modificación. Definitivamente él no serviría para esas cosas.

Gerard Argent ya estaba en el espacio cerca del banquillo de acusados en el centro de la sala, para poder hablar al Wizengamot en pleno, dándole la espalda a él y a los otros invitados que observaban. Había algunos de la prensa, que escribían con rapidez en sus libretas casi sin mirar los trazos de sus plumas. Aunque no había vuelaplumas allí, prohibidas en el área.

—Señoras y Señores, honorables miembros del Wizengamot, me acerco hoy a ustedes con la petición más noble que un hombre puede hacer: la petición de justicia —era todo, cinco segundos y Stilinski ya no quería escucharle más—. Mi nuera era una mujer llena de vida, con una hija adolescente y un esposo que le amaba: mi hijo. Ahora este hijo mío y mi bella nieta van a tener que seguir sus vidas sin la presencia de la mujer que les sostenía, solo porque un licántropo fuera de control decidió morderla sin razón alguna. El honorable Director de Hogwarts cree estar haciendo su trabajo protegiendo a esta criatura descontrolada, manteniendo en la ignorancia a los padres de todos los alumnos de la verdad. ¿Y cuál es la verdad? Que los hombres lobo son criaturas peligrosas. Son monstruos, y puede que algunos de ellos, algunos entre nosotros incluso, quieran hacernos creer que están en control, que no son un peligro ¡pero eso no es más que una mentira!

Sus puños estaban apretados y la ira hacía que las venas se marcasen en su frente, lo sabía. Lo único que deseaba era poder lanzarse hacia el frente y romperle los dientes a Argent, porque el hijo de puta estaba convenciendo a esos viejos incrédulos con su imagen de abuelo lastimado, solo para hacer lo que había hecho por años: crear terror. Provocar odio hacia los licántropos y desconfianza en el mundo mágico. Simplemente porque no quería dejar ir su estilo de vida, cazando por diversión y costumbre. Él era el monstruo, no Derek ni Scott. No Talia Hale, por supuesto, como Argent está insinuando sin vergüenza.

Se estaba poniendo de pie cuando la mano de Parrish le apretó con fuerza la suya. Había un brillo algo aterrador en su mirada y Stilinski se dejó hacer, manso, otra vez sentado. Conocía a su ayudante y sabía cuándo estaba seguro de algo. Y ahora Jordan estaba seguro de que debían dejar hablar a ese bastardo.

—Señoras y Señores —repitió Gerard, y en un momento que se giró hacia ellos, quizás para mirar a la prensa, incluso creyó ver unas lágrimas en sus ojos. Joder—, lo único que les pido es justicia para aquella a quien quise como una hija, alguien que amaba enseñar y no le hizo daño a nadie nunca en su vida, víctima de…

—Víctima de una tradición tan ridícula como todo lo que has dicho hasta ahora —una voz resonó en la sala y el Jefe de Aurores se sentó mejor, sorprendido. Esa voz—. La única verdad que has dicho es que el hombre lobo que mordió a Victoria estaba fuera de control, Gerard, pero lo que no has dicho es que tenía toda razón para haber perdido ese control. Tu querida nuera, mi esposa, le había sacado de sus propios cabales...

Cuando Christopher Argent se paró frente a su padre, a la vista del Wizengamot, el silencio que inundó el lugar era tan hermético que ni siquiera el Jefe Supremo se atrevió a abrir la boca. Era más que irregular que alguien entrase a una audiencia de esa manera, pero en estas circunstancias… todo el mundo se calló y observó. Incluso los periodistas habían dejado de escribir, con los ojos enormes.

Gerard Argent parecía descolocado por la presencia de su hijo, pero de inmediato recuperó su control, acercándose a Christopher. Noah no sabía que le trataba de decir, pero el profesor de Defensa de Hogwarts se alejó de su toque, mirando hacia el Jefe Supremo.

—Honorable Jefe Supremo, honorables miembros del Wizengamot. Pido la oportunidad de hablar para aclarar todo este asunto, y pido a la prensa que ha convocado mi padre que tome especial nota —indicó girándose hacia donde estaban ellos. Cuando sus ojos se encontraron, Chris Argent le hizo un asentimiento de reconocimiento, y el Jefe de Aurores se lo devolvió. No se habían visto desde la fatídica noche.

Entonces fue que sintió el apretón de la mano de Parrish y notó que ambos seguían cogidos. Sintiendo el rostro algo caliente, soltó lentamente sus dedos y el joven auror le dejó ir, sin ni siquiera mirarle. Stilinski agradeció cuando Chris habló, porque así tenía algo en que distraerse de la sensación de frío y soledad que le dejó la ausencia de la mano cálida de Jordan en la suya.


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RESOLUCIÓN DEL CASO DE VICTORIA ARGENT: LA MORDIDA FUE LEGÍTIMA DEFENSA

 

Londres, 8 de diciembre. La tarde de ayer lunes se llevó a cabo en la Primera Sala del Tribunal Supremo del Wizengamot una sesión para determinar si se aprobaría o no la petición del honorable Gerard Argent y Otros para realizar nuevas pesquisas en las inmediaciones del Colegio Hogwarts con relación a la identidad del licántropo involucrado en la mordida que desencadenó la lamentable decisión de Victoria Argent, nuera del honorable y profesora de Alquimia del Colegio ya mencionado, de quitarse la vida dejando atrás a una hija (Allison, 17 años) y a su esposo Christopher Argent, también profesor del Colegio Hogwarts, encargado de dictar la clase de Defensa contra las Artes Oscuras.

 

La sesión tendría un vuelco inesperado cuando en medio del emotivo argumento del magistrado Gerard Argent, apareció su hijo Christopher con información nueva que indicaría que la difunta profesora habría estado torturando a un hombre lobo (de identidad aún desconocida) a base de inhalación de humo de acónito y repetidos Cruciatus, los que fueron corroborados en su varita por los aurores, mientras intentaba violar su mente con el hechizo Legeremens de forma no consentida y por lo tanto ilegal, buscando encontrar alguna información desconocida con fines aún no determinados. Es en esta situación, según la investigación de los aurores, que el licántropo pierde el control, deshaciéndose de las cuerdas mágicas que le ataban a una silla, la cual fue encontrada hecha pedazos en el despacho de la maestra, y mordiendo a la mujer para encontrar su camino a la libertad.

 

Esta información fue entregada al Wizengamot en pleno de la boca misma del esposo de Victoria Argent, quien indicó que la mejor manera de dejar descansar en paz a la bruja era no tomar medida alguna en contra de dicho hombre lobo, y en cambio brindarle la comprensión de la sociedad y la seguridad de que él no fue el culpable de la decisión que Victoria Argent tomó, pues fue arrastrada a ello por una arcaica tradición que ya no tiene cabida en la realidad de la sociedad mágica de hoy en día.

 

En el Atrio del Ministerio de Magia, el Jefe de Aurores ha corroborado toda la información entregada por el señor Christopher Argent y ha indicado que por la ausencia de una denuncia y el respeto al duelo de los Argent, la Oficina de Aurores se había visto impedida de hacer públicos los datos del delito de la profesora Argent, pero que en su cargo no permitirá tolerar que ningún mago, sea o no hombre lobo, tenga el trato que tuvo que sufrir aquel que se vio obligado a morder a Victoria Argent para sobrevivir.

 

Tras el cierre de la sesión, Talia Hale, la que había sido en estos días fuertemente atacada por el clan Argent y sus aliados, ha dicho a la prensa que la ventura es de aquellos que perdonan, habiendo ella comprendido desde el comienzo el dolor que los Argent han estado sufriendo con la pérdida de uno de los suyos, por lo que no se tomará ninguna medida por sus difamaciones. «Espero que este triste capítulo sirva para que la sociedad comprenda que los hombres lobo son como cualquier otro mago, y que solo cuando nos veamos a todos como iguales, tal cual la Fuente de la Hermandad Mágica inspira, conseguiremos la paz que deseamos».

 

Con esta reflexión de la precursora de los Derechos Igualitarios para Licántropos y otros Seres Mágicos Conscientes, se cierra este lamentable caso a más de una semana desde el fallecimiento de quien creímos era una víctima y resultó ser agresora.

++++

Scott estaba junto a Liam en la biblioteca haciendo trabajos juntos porque llovía demasiado para practicar y de todas formas Liam no lo podía hacer por su lesión. Habían pasado más tiempo juntos en esa semana que nunca antes y Scott había podido descubrir cosas del joven Slytherin que no hubiese imaginado. Por ejemplo, que le encantan las verduras, sintiendo una fascinación especial por todas las verdes, lo que ocasionó que el mote de “conejito” aumentase aún más en la mesa de Gryffindor cuando Stiles hizo la acotación. También notó que amaba las naranjas, mandarinas y tangerinas, siendo capaz de vaciarse una bandeja entera de ellas en el bolso como “snack” para una tarde. No solo había aprendido de la comida que le gustaba, por supuesto, también sabía que encuentra Adivinación una chorrada pero que en tercero decidió tomar las materias que creía más simples como optativas y así se había quedado con Cuidado de Criaturas, Estudios Muggles y la clase de la profesora Meredith; también había ampliado el conocimiento de que efectivamente el Slytherin era fanático de la música muggle, aunque no anduviese diciéndolo por allí porque las serpientes de su Casa ya le tenían suficiente manía por ser mestizo como para alardear de sus gustos muggles.

Eran muchos detalles lo que había ido descubriendo del menor, pero lo que más le gustaba de todo era lo bien que se sentía a su lado. Cuando hacía sus propios informes en compañía del golpeador –el que efectivamente siempre había sido ambidiestro– no necesitaba pensar en nada. No era como estar con Stiles, sintiendo su constante preocupación; Liam se mantenía tranquilo y trabajaba, preguntándole algunas cosas que no entendía o simplemente charlándole de tonterías, distrayéndole del caos que era su mente. A veces se descubría mirando al perfil del chico, queriendo saber si lo hacía apropósito. Como fuese, ya nadie preguntaba cuando Liam aparecía buscándole o ambos se encontraban en la biblioteca luego de ponerse de acuerdo. En una semana se había convertido en rutina.

Cuando escuchó unos pasos apresurados entrar en la biblioteca de pronto sus instintos se pusieron de punta, la tranquila paz que le había otorgado Liam destruida en el mismo instante en que el olor de Allison le golpeó como una Bombarda, poco antes de verla aparecer por entre unos libreros. Buscándolo.

Cuando Stiles le mostró esa mañana El Profeta, Scott se sintió enfermo. Aún ahora se sentía enfermo, aunque la compañía del Slytherin le había alejado de los recuerdos. Porque hubiese preferido que todo eso, todo lo que había pasado en el despacho de la madre de Allison quedase oculto para siempre. No era que le preocupase tanto la imagen que tuviese el mundo mágico de él, para Scott él siempre sería el culpable de la muerte de Victoria Argent, sino que temía lo que pensaría Allison cuando se enterara. No podía imaginarse en su situación, no solo perder a su madre sino que todo el mundo la apuntase como… no, no podría. Y gracias a Merlín jamás iba a pasar por eso, porque su mamá nunca le haría a nadie lo que Victoria Argent le hizo a él. No importaba que Stiles insistiese que la curación muggle calificaba de tortura.

—Scott —la voz de su compañera de casa y ex novia hizo que el estómago se le revolviera. Podía sentir la mirada aprensiva de Liam, no sabía si hacia él o hacia la chica—. Scott, necesito hablar contigo.

—¿Puede ser en otro momento, Allison? —le pidió en voz baja, mirando el pergamino donde escribía la redacción de Cuidado de Criaturas Mágicas. Ya ni siquiera podía recordar cual era la cabeza de la Runespoor que tenía los colmillos venenosos y si se encontrase con una esa confusión podría matarlo. Hablar con Allison provocaba en él un temor parecido.

—Scott, por favor —y fue la mano de Liam en su brazo lo que hizo que finalmente se rindiese y buscase los ojos de la chica, notando como le observaba casi temblando, con la mirada empapada y cristalina. Tuvo que tragar saliva para no soltar un aullido lastimero—. Necesito saber. Necesito saber si tú…

¿Por qué Allison le estaba haciendo eso? ¿Quería odiarle por morder a su madre? Adelante, que lo hiciera. Él ya se odiaba suficiente, pero un poco más de odio no le mataría. ¿Acaso quería cobrar venganza? A su mamá y a Stiles no les gustaría, pero está bien. Lo merecía. ¿Por qué necesitaba que lo dijera? ¿Por qué no le dejaba…?

—Necesito saber si mi madre te hizo eso. Necesito saber si se atrevió a cruciarte, a envenenarte con acónito… ¡Oh, Merlín, Scott! ¿Por qué no nos dijiste? —y Allison estaba llorando con fuerza, y creía que no era bueno hacer eso en la biblioteca, pero nadie la calló, nadie la silenció. No fue hasta que vio la varita de Liam en el aire que reaccionó que debía haber puesto una barrera—. Por eso llegaste tan destrozado a la enfermería, pálido… y caíste al suelo y aullaste… Oh, Merlín, por favor dímelo...

Al final Scott no necesitó decir nada porque tenía a Allison abrazándole con fuerza por el cuello mientras sollozaba en su hombro. Se sentía confundido y adolorido, pero le correspondió el abrazo a la chica por inercia, porque estaba sufriendo, perdió a su madre y ahora le abrazaba a él, sabiendo que él fue quien la mordió y le hizo suicidarse. Pero estaba ahí, y Scott no lo entendía. Podía ver que Liam les miraba, pero desvió la mirada al momento, y su olor… oh, su olor. Scott ya no podía ocultar que sabía lo que Liam intentaba ocultarle, pero con Allison encima no había mucho que pudiese hacer para tranquilizar al Slytherin.

—Allison, yo no quería que tú… pensases mal de tu madre… por eso…

Los labios de Allison sabían salados contra los suyos cuando la chica le besó. El aroma a celos y enfado de Liam le golpeó como un yunque, pero la leona ya se había separado de él, sonriendo con tristeza.

—Era mi madre, Scott. Siempre he sabido de lo que era capaz. Solo hubiese esperado que tú no lo descubrieras.

Y le acarició la mejilla con suavidad y se fue. Le dejó ahí, lleno de preguntas y con un mosqueado Liam a su lado. Quería un momento para razonar, para procesar que Allison no le odiaba, que Allison creía a su madre capaz de todo lo que el diario había dicho… ¿era posible que Allison no le culpase de la muerte de Victoria?

Sintió su lobo aullar dentro, y no era por Allison y no era por la profesora de Alquimia, no era por la tortura ni por la confusión de la paz que sentía ahora que no cargaba el secreto. Era porque podía ver a Liam coger un libro, quizás dispuesto a guardarlo e irse y no podía permitirlo. Su mano cogió la corbata verde y plata y tiró de ella con fuerza para conseguir que el sorprendido muchacho llegase hasta él, besándole con lentitud, mucho más prolongado y real de lo que fue el beso que Allison le robó.

Porque llevaba meses enamorándose de Liam Dunbar y su lobo no iba a dejar que un beso de Allison lo arruinase.

El Slytherin parecía sorprendido y avergonzado, Scott pudo verle mirar alrededor, notando él mismo que había un montón de alumnos mirándoles con expresiones que iban desde la reprobación a la adoración. Y él lo entendía, el rostro sonrojado del chico era para quedarse mirándole embobado.

—Eres un idiota —se quejó Liam y le dio un golpe en el costado con fuerza. Con demasiada fuerza. Scott casi sintió que le salió un pulmón por la boca.

A él realmente no le importó el golpe, con una extraña acumulación de emociones en el pecho, el sutil dolor del recuerdo de aquella noche diluyéndose por la tranquilidad y la esperanza de que no todo era oscuro en su futuro, que Allison no le odiaba y si ella no lo hacía ¿debía seguir odiándose a si mismo?. No quería pensarlo en ese momento y solo pudo respirar profundo inclinándose hacia el golpeador, disfrutando absorber su aroma a vergüenza y felicidad, los celos que ya casi esfumados y esa esencia… esa esencia que no estaba allí antes.

Con el ceño fruncido por la sospecha, Scott se inclinó sobre Liam sin importarle las miradas divertidas de los demás alumnos cercanos, hundiendo su nariz en su cuello, sintiendo el ritmo acelerado de la respiración del menor, y por un instinto, por debajo de la mesa con un movimiento rápido de sus garras rompió la inmovilización del brazo derecho del muchacho, encontrándose, tal como pensaba, con una extremidad perfectamente sana en vez del brazo herido que debiese tener por una semana más.

Pudo escuchar el ritmo del corazón de Liam acelerado y no era por la sorpresa, la sospecha del engaño finalmente confirmada. Le miró con los ojos entrecerrados y pudo notar la gota de sudor cayendo por su frente, pero el sudor no olía a aquel que había pasado tanto tiempo oliendo luego de cada entrenamiento de Quidditch. Era un sudor distinto, porque Liam era distinto y acababa de darse cuenta de eso.

—Liam… ¿por qué rayos hueles como un hombre lobo?

++++

La última clase del día no fue más sencilla que la primera o el resto. El costo de lo que hizo el día anterior estaba siendo alto, con las miradas de los estudiantes y de los profesores del colegio. No sabía cómo sería cuando pusiese un pie en el Callejón Diagon luego de esto, seguramente tendrá que estar recluido por un tiempo. El pensamiento de que esto estaba pasando a Allison también le perturbaba tanto que probablemente ella lo notó, y luego que la clase de sexto acabó su inteligente hija hizo lo que nunca y se acercó a su mesón para besar su mejilla con los ojos llenos de comprensión y un agradecimiento que no merecía. No entendía como Allison no le culpaba, cuando se había parado enfrente del tribunal más importante de la Gran Bretaña mágica y había ensuciado el nombre de su madre.

—Voy a hablar con Scott más tarde —le dijo la chica y él solo pudo dar gracias a la magia y a los antiguos dioses por darle una hija tan valiente como la que tenía.

Luego de esa clase aún tuvo que pasar por la tortura de la clase de tercer año de Hufflepuff y Slytherin. Las pequeñas serpientes no se perdieron el detalle de que Chris pasó por completo del capítulo de los Hombres Lobo para enfocarse en el de los Inferis, preguntando en voz alta del motivo del cambio, aunque sus pequeños ojos de víboras le decían que lo sabían perfectamente.

Cuando por fin la clase acabó, Chris se sentó tras su escritorio, quedándose con la satisfacción de los rostros insultados de los Slytherin de tercero cuando les mandó a pedir para la siguiente semana una redacción de medio metro sobre la diferencia entre los Inferis mágicos y los zombies del folclore muggle, recomendándoles solicitar información a nacidos de muggle o a la profesora Marin Morell para poder utilizar las computadoras de la sala de Estudio Muggle, porque en la biblioteca no encontrarían información del tema. Los Hufflepuff, en general mucho más abiertos a la cultura muggle, no parecían molestos por la tarea, pero… oh, la cara de las serpientes.

—Buenas tardes, profesor Peter —dijo la voz de una niña de Slytherin mientras todos los alumnos se retiraban, sacando con violencia a Chris del recuerdo de la expresión de los chicos. Cuando levantó la mirada pudo ver como Peter Hale saludaba con una sonrisa casi coqueta a la pequeña rubia de 13 años que le miraba embelesada antes de salir corriendo del salón. Por Morgana…

Cuando el hombre lobo llegó hasta el frente de su escritorio, ya no quedaba nadie en el salón y Chris no se molestó en ocultar su hastío, moviendo la varita para cerrar la puerta. No sabía a qué venía Peter, pero nunca era buena idea que un alumno escuchase una conversación entre maestros. Quien sabía que cosas podría oír.

  

Estaba apunto de decirle que se apresurase en decirle lo que quería, porque deseaba ir a recostarse a su habitación antes de tener que pasar el mal trago de las miradas en la cena, cuando el otro hombre habló.

—Eso fue muy amable de tu parte, quitándole al hombre lobo que mordió a tu esposa toda la responsabilidad. Es un escándalo, y no creo que ni tu padre ni tu dulce hermana te lo perdonen, pero fue muy amable —la sonrisa de Peter ponía los nervios de Chris de punta y el día había sido lo suficientemente asqueroso como para no tener ánimo de soportarle, apoyando la mano encima de su varita sobre la mesa mientras le atravesaba con la mirada—. Seguro que te has ganado el favor de Talia con eso, y el de Derek por sabido. Algunos se preguntan tus motivos, según sé Gerard tenía a casi a los honorables que le faltaban para aceptar la propuesta antes de que llegases. Yo solo me siento agradecido, verás, porque en lo personal…

—¿Quieres detener la pantomima, Hale? —gruñó Chris poniéndose de pie de golpe, para poder mirarle directo a los ojos. Exudaba enojo, y no le importaba si el licántropo podía olerle. Estaba a una palabra de Peter de lanzarle un hechizo— No sé porque estás aquí, casi insinuando que te hice un favor, cuando sé perfectamente que no fuiste tú el hombre lobo que mordió a Victoria —el ver el miedo en los ojos de Melissa mientras le explicaba los síntomas de tortura en Scott fue más que suficiente para comprenderlo. No quedaron rastros físicos en su cerebro de las Cruciatus, pero su estado mental no era el mejor aún ahora. Chris jamás podría haber permitido a su padre obligar a Scott a revivir lo vivido ni frente al Wizengamot ni para permitir a alguien usar Legeremancia con él. No después de Victoria intentar violar sus muros mentales, como quedó claro por el hechizo Legeremens presente en su varita, tantas veces como el Crucio.

No, Chris no lo hizo por Peter, y no comprendía que ganaba el tipo yendo hasta él. Seguramente jugar, sacarle información por medio de la manipulación. Después de todo era un Slytherin, y era del único modo en que se sabían comunicar. Él lo sabía, no por nada pasó 19 años casado con una serpiente.

Aunque no pudo negar que aceptar que había sido Scott McCall quien fue torturado por Victoria y que le mordió planteaba preguntas a las que Chris no estaba preparado para responder.

Peter solo le miró y fue esa mirada tan enrevesada e imposible de descifrar, la que rompió el dique de las emociones de Christopher.

—¡No fuiste tú! Porque si hubieses sido tú, si Victoria te hubiese torturado a ti atrapándote de alguna manera, tú no la hubieses mordido y te hubieses marchado tranquilamente. La hubieses destrozado, no habrías dejado ni una pieza entera de la cual Allison hubiese podido despedirse, y luego habrías acusado Defensa Propia. Los derechos igualitarios por los que lucha tu hermana nunca han sido tu prioridad, ¿no, Peter? —su sarcasmo, manchado de dolor, ocasionó una caída en la mirada del lobo al suelo. Lo vio parpadear, mientras a él el corazón le latía acelerado por la furia, y entonces observó cómo asentía.

—Sí, puedes tener razón.

Y había algo más allí, una aceptación demasiado blanda para que Chris pudiera creerla sincera, pero que lo parecía. Recordaba a Peter en Hogwarts hacia años, cuando ambos eran estudiantes aún y Talia aún no era la matriarca del clan porque sus padres seguían vivos. Recordaba al Slytherin tres años menor que él, travieso y lleno de vida, y como luego de unas vacaciones de Navidad volvió siendo algo completamente diferente, su inocencia quemada junto con aquellos que le habían dado la vida en lo que se dijo había sido un accidente en la Fiesta de Yule de unos amigos, pero que todos los cazadores de Gran Bretaña sabían había sido una purga. Gerard, como muchos otros, también había salido esa noche a una fiesta y volvió oliendo a fuego y aceite.

Christopher jamás lo mencionó, nunca lo había hecho. Pero ver a Peter frente a él en ese momento le recordó que su familia le había quitado a los Hale mucho más de lo que ellos les pudiesen quitar. Victoria había muerto por su propia mano, al fin y al cabo, fuese lo que Gerard o Kate pensaran. Ella fue la que persiguió y alcanzó su propio destino.

La puerta del salón se abrió de pronto, sorprendiendo a ambos profesores, a Chris casi asombrándole más el sobresalto de Peter, quien debía haberse quedado perdido en sus pensamientos por un momento también para que la llegada Scott y Liam Dunbar le tomasen por sorpresa.

Había enojo y urgencia en la expresión de Scott mientras Dunbar parecía más resignado siendo arrastrado por el brazo que se suponía tenía herido. Chris entrecerró los ojos ante el hecho, notando que Peter parecía fastidiado, mirando hacia la puerta con anhelo, como queriendo escapar de allí antes de que Scott abriese la boca. Demasiado tarde.

—¡Peter! Venía a hablar con el profesor Argent, pero tu presencia es más que bienvenida —el tono del adolescente era tan sarcástico que por un momento Chris pensó que tenía adelante a Stiles y no a su mejor amigo—. Profesor Argent ¿es verdad que solo un nacido lobo o un mordido por un alfa pueden convertir a otras personas en hombres lobo?

Christopher sabía a dónde iba la pregunta, ya que eso era materia de tercer año y Scott solo estaba allanando el camino a su verdadera pregunta, pero aún asintió hacia el muchacho, sin perderse de como Peter estaba deseando claramente estar en cualquier otro lugar. Le gustaba eso, la expresión de fastidio del lobo. Decidió que iba a ayudar a Scott en todas sus dudas.

—Vale. ¿Hay alguna posibilidad que alguien que no cumpla una de esas características convierta a otra?.... ¡no, espere! ¿Puede ser que Derek sea un alfa? —preguntó de pronto el chico, frunciendo el ceño. Liam parecía aburrido, pero no intentaba soltarse de la muñeca del estudiante mayor. Chris consideró la pregunta un momento, la idea de lo que sucedía ya clara, pensando si debería ser él quien se lo dijese. No era que le interesase la opinión de Peter, pero Derek era quien se había hecho cargo de Scott desde que fue mordido el año anterior…

—Scott, por favor ¿puedes esperar hasta las vacaciones de Navidad? —preguntó Peter, intentando disuadir al otro lobo de su ansias de conocimiento—. En la biblioteca de la Mansión…

—No, Peter. No voy a esperar —y Chris disfrutó al ver al muchacho imponerse, finalmente decidiendo que quería responderle. Quería que Scott comprendiese su naturaleza, así como Lydia iba a tener que lidiar con la suya, o como Stiles había tenido que abrazar el hecho que era el compañero de un licántropo. La magia había jugado con el destino de tantos niños junto enfrente de él, haciendo que sintiera la responsabilidad de guiarles como pudiese. Así que habló, serio y calmo.

—A la segunda pregunta, no, Derek no es un alfa. Primero porque es un Hale de nacimiento, y aunque muchos miembros sanguíneos de una familia pueden ser potenciales alfas, esta característica solo puede ser heredada una vez el Alfa actual fallece, pasando al siguiente con mayor potencial; y en segundo lugar, porque Derek tiene sus ojos azules, como sabes. El alfa tiene los ojos color rojo brillante, es inconfundible.

Se escuchó un carraspeo y tanto él como Scott dirigieron sus miradas hacia Liam. Este parpadeó y luego negó con la cabeza, como diciendo que él no iba a decir nada, pero Chris vio más allá donde Peter estaba fulminando con la mirada al estudiante de su casa. Por supuesto que el muchacho lo sabía. Tenía que haberlo visto en el momento que Scott le salvó de la caída, cuando él estaba en París rastreando al mago que les había unido a él y a Victoria y que era necesario para romper el lazo mágico matrimonial que les había unido.

—Pero respecto a la primera pregunta —y entonces vio que los ojos de Peter se volvieron a dirigir a él, teniendo la expresión de aquel quien ve sus planes deshacerse frente a sus ojos. A Chris eso le encantó, arruinar los planes de Peter, así que continuó—, hay un caso donde alguien que no cumpla las características puede convertir a otro en hombre lobo. Es muy raro, casi tanto como lo es para un hombre lobo nacido el encontrar a su compañero —dijo con gravedad y Scott asintió, su mirada atenta y su mano apretándose un poco más alrededor de la muñeca del Slytherin. Peter cerró los ojos con resignación y Chris dudó un segundo una vez más pero al final ya no pudo controlar su lengua. Tenía que decirlo. Scott debía comprenderlo—. A esos hombres lobo que toman por su propia fuerza de voluntad la calidad de alfas, que sin importar por quien fueron mordidos pueden convertir a otros en sus semejantes. Aquellos cuyos ojos se vuelven rojos sin tener que heredarlos de nadie y que tienen el derecho de formar sus propias manadas, de comenzar sus propios clanes… a esos la tradición les denomina Alfas Verdaderos, Scott.

—Tus ojos eran rojos cuando me mordiste, Scott —habló por primera vez Liam Dunbar, sacando de su estupor al Gryffindor que le miraba totalmente perdido—. El profesor Argent tiene razón. Eso es lo que eres, un verdadero alfa.

—No hay nada de alfa en mí…—le contradijo Scott mientras soltaba al chico y miraba hacia Peter, quien estaba con los brazos cruzados y mirando hacia el techo— ¿Es verdad? ¿La profesora Victoria lo sabía y… y por eso se suicidó? —preguntó y esta vez lo miró a él. Chris tragó saliva, porque no estaba preparado para ver el dolor en los ojos de Scott, saber cuánto se culpaba. Quería aliviarle, pero no sabía que decir—. Soy un monstruo… eso es lo que soy —masculló y Chris podía sentir la mirada de Peter culparle por ello.

—Scott, tú…

—¡No eres un monstruo, Scott! —dijo de pronto el Slytherin menor, cogiendo por las mejillas el rostro de su Capitán de Quidditch, mirando directamente a sus ojos. Se veía furioso y a Chris no le sorprendió sentir esa energía emanar de él. El año pasado tuvo que quitarle veinte puntos por en una pelea romperle la nariz a un Hufflepuff que le sobrepasaba 30 centímetros. Sabía que tenía la fuerza— ¡No lo eres! Eres un hombre lobo, Scott. Así como lo soy yo.

Ver a ambos chicos con sus frentes unidas mientras Scott se aferraba a la túnica del Slytherin hizo que Chris se cuestionase una vez más sobre el valor de la conexión entre las personas. Como de poderoso podía ser un lazo para que con una simple frase, con un pequeño contacto, todo el dolor de Scott pudiese remitir lo suficiente para derramar una lágrima que debía haber estado conteniendo por días.

No necesitó del gesto de Peter para caminar silencioso fuera del aula, dejando detrás a ambos muchachos, demasiado perdidos el uno en el otro para poder pensar en cualquier otra cosa. La unión de un alfa y su primer mordido, su primer beta. ¿El surgimiento de una nueva manada? Eso solo Scott podría decidirlo.

—¿Sabías que Scott se convertiría en un verdadero alfa cuando lo mordiste? —no pudo evitar preguntar a Peter mientras caminaban uno al lado del otro por el vacío pasillo.

Por las ventanas se podía apreciar entre la oscuridad elevarse desde el Bosque Prohibido la delgada luna menguante a punto de volverse luna nueva. Las lluvias de noviembre habían dado paso a un helado diciembre de cielos extrañamente despejados y un sol frío. La primera nieve no tardaría en caer y Chris estaba deseándola solo para poder distraer la vista con el mar blanco en que los terrenos se convertían en invierno.

—Si lo hubiese sabido jamás lo hubiera mordido —contestó con simpleza Peter y Chris de algún modo sabía que estaba diciendo la verdad.


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—Vale, fue mi culpa. Ya debía hacer el hechizo para disfrazar mi aroma, pero entonces llegó Allison y…

—¡Joder, claro que fue tu culpa! Todo el esfuerzo para nada —no pudo evitar quejarse Cora interrumpiendo, sin importarle que Liam la mirase con abierto rencor. Más de una semana manteniendo el asunto en secreto, Jackson enseñándole sus hechizos de encubrimiento de olor a Liam y ¿para qué? una jodida pérdida de tiempo. Scott parecía retraído apoyado contra uno de los libreros, completamente indiferente al hecho de tener a Stiles de rodillas abrazándose a sus piernas en disculpa. Literalmente—. Deja de parecer tan enojado ¿vale, McCall? No estabas en condiciones de recibir más emociones, menos de tomar la responsabilidad de entrenar al conejo. ¿Cuál es el problema que lo hiciera Derek?

—¡No me llames conejo!

—¡No teníais derecho a decidir por mí! —rugió Scott, descruzando sus brazos y Cora sintió como su loba se retraía al ver la mirada carmesí en los ojos del otro. Tenía que recordarse que ese era Scott, su idiota compañero desde hace seis años en Gryffindor, para empujar lejos la fuerza que le instaba a hincar la rodilla al suelo—. No tú, no Derek y por supuesto que no Stiles.

Y fue cuando la mirada de Scott se dirigió con furia hacia su mejor amigo a sus pies que Derek ya no aguantó y rugió también, con los ojos azules y las garras en las manos. Por supuesto que su dulce hermano no iba a permitir ninguna amenaza hacia su pareja ¿y qué hacía Stiles en cambio? Simplemente mirar con expresión de cachorro a Scott, sin ningún temor a sus ojos rojos ni a sus colmillos, porque era el idiota de Stiles y era incapaz de percibir el peligro aunque este le lanzase un Avada Kedavra directamente a la cara.

Con tantas cosas que habían ocurrido en esas semanas ni siquiera había tenido tiempo de averiguar de primera mano todo lo que pasó en Francia entre su hermano y él. Sabía que se acostaron, no era estúpida, además de que era obvio que lo habían seguido haciendo en Hogwarts, por muchos fregotego y otros hechizos que ocupasen para ocultarlo. Pero ya tendría la oportunidad, había trabajado demasiado en unir esa pareja para que se fuesen de rositas sin contarle detalles.

La situación actual realmente se salió de control cuando Liam también rugió luego de hacerlo Derek, cambiando sus rasgos y apostándose entre el hermano de Cora y el alfa, interfiriendo sin querer entre ambos compañeros. Ahí Cora sabía que o los detenía o iba a correr sangre y ella ni siquiera quería empezar a pensar en lo que haría el nuevo Alfa Verdadero si veía a Derek lastimar a su conejito.

—¡BASTA! ¡STILES! —rugió ella también, consiguiendo que el chico la mirase y por fin comprendiese que era él quien estaba ocasionando eso.

—Por favor, dejen este concurso de meadas ¿quieren? ¡No es el momento! —exclamó Stiles poniéndose de pie y pasando despreocupado por el lado de Liam, para poner una mano sobre el pecho de Derek, el que se calmó un poco al tenerle con él, pero que siguió mirando amenazante al enano Slytherin.

Cuando la mano de Scott se apoyó en el hombro de su beta y este le dirigió una mirada preocupada, recobrando sus rasgos humanos, Cora por fin pudo respirar. Una vez más agradeciendo que los despachos de los maestros estuviesen insonorizados y felicitando el buen tino de hacer la reunión de emergencia allí. En el Bosque Prohibido esa demostración de poder probablemente hubiese causado problemas territoriales hasta con los Centauros.

—Scott, nosotros no queríamos tomar ninguna decisión por ti —Stiles sonaba tan sincero como Stiles podía sonar, algo de disculpa en la voz pero también su normal tono caradura—, o sea, Cora tiene razón. Tenías las manos llenas con lo de la mamá de Allison, luego lo de Gerard Argent contra Talia y… sé sincero ¿qué tan buen maestro Yoda habrías sido de Liam? ¿Alguna frase consoladora para su nueva condición?

—… ¿la mordida es un regalo? —aventuró Scott y había una pequeña sonrisa oculta tras su bufido de irritación, haciendo reír a Stiles de una forma que solo los mejores amigos podían hacerse reír. Ella no entendía ni cuál era la gracia ni que era un maestro Yoda, pero le alivió que Scott ya no pareciera tan enfadado como antes.

—Vale, no creo que sea la mejor frase que se nos pueda ocurrir. No funcionó mucho contigo cuando Derek te la dijo ¿no?

—Yo solo estaba repitiendo lo que Peter me dijo una vez —el gruñido ofendido de su hermano hizo que Cora también sonriera. Vale, el mal momento había pasado por fin.

—Claro, porque las frases de tío Peter siempre están llenas de sabiduría —bromeó ella, rodando los ojos divertida.

—Auch. Por eso acabas de dejar de ser mi sobrina favorita ¿sabes? —se quejó el lobo mayor, que había estado todo el tiempo sentado en uno de los sillones del despacho sin ni siquiera moverse ante todo el escándalo que habían armado los demás.

—Seguramente Scott hubiese acabado secuestrándome a la torre de Gryffindor para vigilarme, diciéndome frases tontas como esa —se encogió de hombros Liam también más tranquilo, ganándose un dedo acusador de parte de Stiles.

—No proyectes tus precoces deseos sexuales en la conversación, Dumb–ar.

¡¿Qué?! ¡Tú…!

Cora se retrajo un poco de la plática mientras Liam y Stiles discutían a destajo. Scott parecía abiertamente más calmado ahora, pero aun así ella sabía que le debían una disculpa. Acercándose al librero donde él estaba apoyado, simuló leer los lomos de los libros y carraspeó suavemente.

—No queríamos pasar por encima de ti, Scott. Derek y Peter creyeron que lo mejor sería explicártelo todo en compañía de mamá en la Mansión Hale. Por tu nueva posición como Alfa habrán cambios que hacer, ahora tienes una autoridad distinta, aparte de poder convertir a otras personas y…

—No estoy interesado ni en tener una nueva posición, ni en convertir a otros, ni en hacer mi propia manada, Cora —se quejó en un suspiro Scott y ella sabía que es sincero—. Solo quiero mi vida de antes…

—… ¿de antes de ser un hombre lobo? —aventuró la más joven de los Hale, con algo de temor, aliviada al ver la rápida negación de su compañero.

—No. No eso. No lamento haber sido mordido. Pero… antes, cuando solo eran salidas nocturnas al Bosque, compañerismo de manada, y habilidades físicas extra para el Quidditch —rió entre dientes antes de encogerse de hombros—; todo eso de cuando no debía preocuparme de Kanimas, de Verdaderos Alfas ni… ni de ser Cruciado y envenenado con Acónito —reconoció a media voz, dejando emanar un aroma tal a dolor y nostalgia que Cora no pudo evitar acercarse a él y tomar su mano, queriendo decirle con eso que solo han sido unas semanas duras, que nada más iba a pasar, que tendrán su aburrida vida estudiantil de regreso pronto. Pero sus instintos le impidieron mentir. Ella no creía en la adivinación como Lydia, pero hasta ella comprendía que los malos presentimientos podían llegar a ser reales… y ella llevaba sufriendo uno desde septiembre y no había desaparecido.

—Mira el lado positivo, ahora tienes un sexy conejito como beta ¿no es eso algo bueno? Más excusas para pasar tiempo juntos —rió viendo el color subir por el rostro de Scott mientras un gruñido se escuchaba más allá.

—Soy un hombre lobo ahora ¿recuerdas, Hale? Puedo escucharte.

++++

Para sufrimiento del profesor Finstock, la primera nieve del año cayó la madrugada del sábado previo al partido con Beauxbatons en una tormenta de proporciones tales que el Director prohibió el entrenamiento de esa semana. No fue hasta que la tormenta arreció hacia las tres de la tarde que los alumnos de Hogwarts se envolvieron en toda la ropa que pudieron y se lanzaron hacia el exterior, porque la primera nieve siempre había tenido un especial significado para el cuerpo estudiantil. Y ese significado era simple: Guerra Masiva de Bolas de Nieve.

Los grupos solían ser aleatorios por afinidad. Había años que todos los prefectos se habían puesto de acuerdo para bañar con una bola de nieve a los estudiantes más traviesos y enseñarles una lección, o esa ocasión en que los cursos entre primero y sexto de Gryffindor se aliaron para enterrar vivos bajo una montaña de nieve a los prontos a ser graduados leones de séptimo. Las pequeñas luchas entre las casas rivales eran algo común, como también aquellos grupos formados por gente con amigos en todas las casas.

Al final de la guerra siempre les esperaba una merienda de chocolate caliente con malvaviscos y otras cosas deliciosas y tibias que los elfos preparaban para calentar los cuerpos de los estudiantes, así que pocos eran los alumnos que elegían quedarse en la biblioteca o en sus salas comunes.

Lydia era una de ellas. A ella jamás le habían gustado esas cosas, chicos golpeándose con esferas formadas con cristales de hielo, utilizando hechizos para lanzarse los unos a los otros contra montículos de nieve, riendo y peleándose, para luego ir tan tranquilos de regreso al Castillo, dejando que la guerra de nieve y sus rencores quedaran atrás como si nunca hubiesen existido. Le parecía una bobada.

Sin embargo ese año era distinto. Ese año había pasado casi tres semanas desde la muerte de la madre de su mejor amiga, madre que torturó a otro de sus amigos, ex novio de su amiga y que… Circe, todo era un caos ¿verdad? No, no. Ese año iban a divertirse.

—¿En serio, Lydia? ¿Quieres unirte a nosotros? Quiero decir ¿vienen las dos? —Stiles parecía un poco incrédulo al verla totalmente preparada con abrigos extras, bufanda y dos gorros cubriendo su hermoso cabello, porque no iba a dejar que la nieve se lo quemase. Allison no parecía tener deseos de estar allí, pero como ella la tenía sujeta del brazo, ni que hacerle—. Pues… me parece genial, pero…

—Sin ningún pero: es genial —sonrió Cora y Lydia le apreció aún más por eso. No sabía porque no se había hecho amiga de ella desde antes ¡tantos años de planes malvados desperdiciados! Era una lástima.

—Sí, son más que bienvenidas —asintió Scott con una pequeñísima sonrisa mirando hacia Allison y Lydia sintió un cariño increíble por el hombre lobo porque acababa de conseguir que su amiga sonriese también—. Se nos va a unir el resto de la manada también… espero que eso no te incomode, Lydia.

Y entonces ella comprendió la mirada de urgencia en Stiles, fuera de su incredulidad. Jackson, le estaba avisando de Jackson. No pudo resistir estirar el brazo y enredarlo en el de Gryffindor, alzando la barbilla al quedar en medio de Allison y Stiles, casi como un deja vù de lo que habían sido los días antes de Halloween. Protegiéndose mutuamente los tres.

—Eso será genial, pero no se te vaya a perder el conejito blanco entre tanta nieve, McCall —bromeó hacia el pelinegro tirando de sus dos amigos hacia la salida de la Torre de Gryffindor siendo seguidos por Cora y Scott, ganándose una carcajada sorprendida de Stiles, quien se dejó jalar sin problema, Allison sonriendo tímidamente del otro lado—. Por cierto, cariño —habló hacia el chico, quien le miraba algo expectante. Ella acabó sonriendo por eso, porque Stiles siempre sería Stiles y eso era algo reconfortante—, Jackson y yo estamos bien. Se disculpó conmigo semanas después de romper.

—¿Qué? ¿En serio? Pero…

—Es un idiota, pero no es tan idiota —suspiró con falso sufrimiento Lydia, sacándole una risa a Allison.

—Ya, pero desde que es un hombre lobo es mucho menos idiota que antes ¿verdad? —preguntó casi en un ronroneo su mejor amiga y Lydia se vio pellizcándole suavemente el brazo, solo ganando otra risa en respuesta.

—¡No estarás pensando volver con él! —exclamó escandalizado Stiles haciendo que ella rodase los ojos. En serio, es que había gente imposible.

—Ya, como si hubiese alguien capaz de hacer que deje de mirar hacia Hufflepuff.

Había algo de satisfacción en Stiles y ella sabía que no debía tomarlo por el mal lado. No era que Stiles no quisiera que ella fuese feliz, sino que él también había notado el interés entre el prefecto idiota y mister Co-Capitán. Y es que ¿quién con ojos podría no haberlo visto? No era necesario ser un hombre lobo con sentidos afilados para notarlo. Ni tampoco ser una Banshee con poderes extra sensoriales, ya que estamos. Aun así, Stiles también recibió uno de sus pellizcos.

Cuando los cinco llegaron al frío Hall que tenía las puertas abiertas para los estudiantes que salían a disfrutar la nieve, se encontraron con el grupito de tejones que incluía a Isaac, Erica y Malia, junto a Kira y los tres Slytherin, Boyd, Liam y Jackson, el cual tenía uno de sus brazos rodeando el cuello de Dunbar, el que sorprendentemente reía. Danny también estaba allí, mirando divertido al par de Slytherin, siendo el primero en verles bajar las escaleras.

—¡Ya están aquí! Pensaba que estos iban a matarse antes de que llegasen. ¿También te uniste, Lydia?

—Que milagro que tú estés aquí, Danny —dijo ella arqueando una ceja—, no creí que estas cosas te gustasen.

—Qué dices, es una tradición. Los sangre pura amamos las tradiciones —le contestó Jackson en un tono ausente de maldad, pasando su otro brazo por el cuello de su mejor amigo, sin soltar a Liam que trataba de liberarse en vano. Lydia había escuchado a Talia Hale hablar sobre la fuerza de Jackson, y al ver como Liam no podía liberarse a pesar de ser un hombre lobo, le quedó claro que la Alfa no mentía—. ¿Raeken también está aquí?

Lydia vio a Stiles girarse y al mirar ella notó que efectivamente Theo caminaba hacia ellos hablando con Scott mientras Cora se mantenía un paso por detrás de los chicos, mirando al primero con una expresión que gritaba sospecha. Ella sintió el impulso de preguntarle a la mujer lobo sobre esto, pero cuando Malia instó a que se apresurasen porque la guerra estaba empezando, ya no hubo tiempo de nada.

Fue una hora después, con la ropa empapada, la nariz roja y la mandíbula adolorida de tanto reír que Lydia recordó que había algo de lo que no habían hablado y que cada vez ella olvidaba. Se escondió detrás del muro de nieve del fuerte que había elevado con ayuda de Erica Reyes y habló en voz alta para que todos sus aliados la escuchen.

— ¡Por cierto, chicos, no hemos hablado de las túnicas a juego que usaremos para el Baile de Navidad en Beauxbatons luego del partido de la próxima semana!

—¡¿En serio quieres hablar de eso ahora?! —le gruñó con fuerza Jackson mientras lanzaba una tanda de bolas de nieve en contra de unos enanos de tercero de Gryffindor— ¡Estamos un poco ocupados, Lydia!

—¡NADIE VA A USAR TÚNICAS A JUEGO, MUJER! —le gritó Malia, mientras golpeaba con su bola de nieve al prefecto de séptimo de Slytherin, quien le envió una ronda de esferas congeladas que la chica coyote no tuvo problemas en esquivar. Una en cambio golpeó a Boyd, que arremetió con una bola gigante.

—¡VALE! ¡Estaba preparada para que rechazasen las túnicas a juego! ¡Pero hay que decidir cómo se formarán las parejas! ¡Los jugadores pueden llevar un solo invitado! ¡Las otras tres parejas serán de ex jugadores de séptimo! —les gritó ella mientras utilizaba su varita para formar un montón de nuevas bolas de nieve, que son rápidamente hurtadas por sus aliados, haciéndola rodar los ojos y volver a empezar.

—¡¿Cómo rayos sabes todo eso tú?! —se quejó Stiles luego de ser golpeado por una bola con chispas, que hizo que su túnica se volviese rosa— ¡Hey, Beth, eso no se vale! ¡Bruja!

—¡Ese color te queda divino, Stilinski! —le gritó la compañera de Malia a Stiles, desde otro fuerte. Por supuesto que ella era la culpable de esa bola encantada. Beth siempre había sentido una fascinación insana por el color rosa, recordó la pelirroja.

—¡Como sea, creo que Jackson debe ir con Allison! ¡Es la única capaz de aguantarlo toda una fiesta sin enviarle una maldición!

Una ronda de carcajadas se escuchó a su alrededor y Lydia vio a Danny guiñándole un ojo divertido. Jackson no parecía tanto, cuando golpeó a su mejor amigo con una bola de nieve a traición.

—¡Que te estoy escuchando, estúpido! —aunque no había real enfado en su voz, ni siquiera cuando Danny le devolvió el golpe.

—¡¿Podemos golpearnos entre nosotros?! ¡Haberlo sabido antes! —rió Stiles, pero Scott le apuntó hacia unos tejones de quinto que parecían estar transformando un montón de palos en una catapulta de mediano tamaño y juntos se dedicaron a entorpecerles el asunto con sus bolas de nieve.

Lydia se tomó un momento para considerar las opciones en voz alta para que todos escuchen. No le parecía mala idea que Allison fuese con Jackson, y si Boyd iba con Erica, Cora con Scott, Malia con Kira…

—¡¿Supongo que no vais a dejarme solo en Hogwarts, verdad?! —preguntó de pronto Theo, hechizando un montón de nieve para formar más bolas de nieve. Lydia le mira fijamente un momento y luego ve a Kira, quien obviamente tendría que ser su acompañante al ser la única mujer del equipo. Ella se encogió de hombros.

—¡Vale! ¡Entonces sería Boyd y Erica, Jackson y Allison, Kira y Theo, ¿Scott con…?!

—¡Me pido a Scott! —exclamó Malia con ganas, subiéndose a la espalda del chico quien casi se cayó pero siguió lanzando bolas de nieve, riendo por el peso extra.

—¡Hey, pensé que yo iría con Scott! —se quejó Cora, lanzando una bola de nieve encantada a un grupo de Slytherin de cuarto la cual se transformó en una pequeña avalancha en el momento que comenzó el descenso. De inmediato Liam le pidió el hechizo para copiarlo en sus propias bolas de nieve.

—¡No sé porque se pelean a Scott, un gusarajo moribundo baila mejor que él! —se rió a carcajadas Stiles, ganándose una bola de nieve de su mejor amigo.

—¡Puedes ir conmigo, Cora! —le propuso Isaac y Lydia se mordió la risa al ver la forma en que la leona pareció mirar al Hufflepuff de arriba abajo antes de encogerse de hombros.

—¡Vale, me sirves!

—¡No me hagas arrepentirme de proponerlo, Hale! —le gruñó el prefecto, pero todos estaban riendo.

—¡Yo voy con el conejito entonces! —sonrió Lydia, pero entonces vio que Liam ponía una mueca que nada tenía que ver con el mote. El Slytherin se movió de donde estaba, para dejarse caer a su lado de rodillas protegido por el fuerte, pareciendo algo incómodo.

—Lydia, yo pensaba llevar a Hayden Romero a Beauxbatons, de hecho ya se lo pedí y…

 

—¡¿Qué tú qué a quién?!

El estómago de Lydia dio un vuelco cuando sintió el gruñido bajo en el tono de voz molesto de Scott. Malia se había bajado de él de un salto y se acercó a Kira, mientras la guerra de nieve de pronto se paralizó para ellos, todos los lobos habiendo podido percibir la reclamación del Gryffindor. Liam parecía avergonzado y apenado mientras miraba desde sus rodillas al otro chico, y aunque Stiles le había comentado a Lydia sobre eso del Verdadero Alfa, ella aún no había asociado a que Scott lo era. Scott era el alfa y ahora podía notarlo claramente al percibir la tensión en cuerpo del pequeño hombre lobo a su lado, casi a punto de mostrar el cuello en sumisión.

—Hayden Romero, Scott —habló ella sin gritar, sabiendo que Scott podía escucharle aún con todo el escándalo que había alrededor, aunque su grupo había dejado de lanzar bolas de nieve. Boyd, Erica y Danny parecían no darse cuenta de la situación en general, pero también se detuvieron al ver que los demás lo hacían—. Es una chica de cuarto de Ravenclaw que odia a Liam. Lo odia mucho.

—A mí tampoco me cae bien, de verdad que no. No es mala, pero no me cae bien. Menos me gusta o algo así, para nada. Nada de nada —se defendió atropelladamente el chico, tragando saliva—. Es solo que me odia por un incidente…

—Liam le lanzó un Tragacaracoles a Hayden antes del baile del año pasado —explicó Lydia, viendo las mejillas del menor encenderse, mientras le fulminaba con la mirada.

—Fue un accidente ¡ella me dio un puñetazo después! —se quejó, pero luego miró a Scott de nuevo quien parece más tranquilo pero aún interrogante—. No me ha querido disculpar, y escuché sin querer que decía que siempre ha querido conocer Beauxbatons porque su papá, que está muerto, estudió allí y… pues simplemente le dije que viniera conmigo. ¡Como amigos! O… bueno, no como amigos… pero como algo menos que enemigos, espero, si es que deja de odiarme…

Y había un aire a cachorro perdido alrededor de Liam que provocaba en Lydia deseos de tirarle de las mejillas. Casi contenía la respiración mientras esperaba la resolución del alfa.

—Vale —pronunció Scott, aunque ella no pudo escucharle, y entonces cogió una bola de nieve y la lanzó a alguien que se quejó adolorido a muchos metros, y todo volvió a la normalidad.

Fue la primera muestra que tenía Lydia del poder de Scott y casi estaba asustada. Del mismo modo pensó que no había nadie mejor para llevar esa autoridad que el Gryffindor, conociendo de primera mano su nobleza y su buen corazón, no tenía ni la menor duda de que jamás haría abuso de ese control que tenía sobre los demás. Cuando vio la sonrisa vacilante de Liam al mirar el perfil de su alfa, rió, queriendo olvidar el momento tenso.

—¡Vale, pues ya sin opciones, tendré que ir con Stiles! —exclamó ella mientras cogía un montón de bolas de nieve y se puso de pie, para lanzarlas con saña contra una tejona de quinto que se creía muy guapa, disfrutando al verla caer de culo ante las risas de sus compañeras.

—¡¿Soy tu plan de respaldo?! —preguntó el chico con su mejor expresión ofendida, haciéndola reír más— ¡¿Qué hay de Danny?!

—¡Danny está ocupado! —exclamó el propio Danny, elevando sus cejas, haciendo que Stiles le mirase con los ojos entrecerrados. Lydia se mordió los labios y al final no pudo evitar decirlo. Total, de todas formas eventualmente iban a enterarse.

—¡Ethan va a ver vuestro partido como representante de Durmstrang, así que ya sabéis porque está ocupado Danny! —se rió a carcajadas mientras los silbidos y los gritos se elevaban en el grupo superando el ruido de los alumnos más lejanos para vergüenza del chico.

—¡LYDIA! ¡Que era un secreto, coño!

++++

Mirando a los alumnos de Hogwarts jugando con nieve en el exterior a través de una de las ventanas del despacho de Deaton, Derek no pudo evitar sentirse algo viejo. No era que fuese viejo tipo Peter, pero… maldición, estaba mayor. Recordaba sus propias guerras de nieve con las primeras nevadas, la diversión y la sensación de camaradería, sin importar ni los cursos ni las casas realmente, porque ese era solo un juego inocente. Hoy eso estaba atrás, era un adulto y era un maestro. De nada servía añorar la sensación de poder estar entre los chicos.

Quizás algún día, cuando tuviese cachorros.

El pensamiento hizo que sintiera de golpe la oficina demasiado caliente, y se alejó del fuego de la chimenea y caminó hacia donde el Director estaba sentado, con un sobre frente a él. No le había dicho porque le llamó, pero como estaban esperando a Finstock, suponía que tenía que ver con Quidditch.

Se distrajo un momento observando hacia los cuadros de los viejos directores que adornaban las paredes de la habitación. La última la Directora que estaba cuando él entró a Hogwarts, aunque en 5to había sido reemplazada por Alan. Verla sonreírle desde su marco hizo que el estómago de Derek se sintiera inestable, y agradeció cuando el toc–toc de la puerta llamó su atención, girándose para ver al Jefe de Gryffindor por fin llegar.

—Lo siento, Director, una niña de mi casa llegó a quejarse por algo de la Guerra de Nieve y… uf, recién me libré de ella —se medio quejó el hombre, haciendo tronar su cuello. Derek solo le miró impasible, para nada sorprendido de su lamento sobre los alumnos.

—No te preocupes, Bobby. Si les llamé es porque algo ocurrió —les indicó Deaton, mostrándole las dos sillas frente a su escritorio. Derek casi preferiría estar de pie, pero aceptó el ofrecimiento, sentándose a un lado del otro entrenador. El mutismo de Deaton poniéndole de nervios—. Esta tarde ha llegado esta carta por medio de una lechuza. Proviene de Beauxbatons. Al comienzo pensé que era algo exclusivo del equipo de Quidditch y podría razonar con el Director de la Academia, pero… también viene con su firma mágica.

La gravedad en su tono también acabó poniendo nervioso a Finstock, y cuando fue él quien explotó y le exigió que les dijese que ocurría, Deaton le tendió al otro entrenador la carta, mirando fijamente a Derek en cambio. Le molestaba ser observado de esa manera cuando no entendía las razones, así que cuando Finstock le extendió el pergamino con expresión igual de grave que el Director, se apresuró a leer el documento a toda velocidad. Cuando terminó solo pudo mirar a los dos magos que le observaban de forma aprensiva, sintiendo su enfado comenzar a arder con violencia, volviendo a observar la carta.

Porque no podía creer que se atreviesen, no podía creer que una jodida semana antes del partido les enviasen eso. Porque no había en absoluto nada contra las reglas del torneo en el hecho de que estudiantes licántropos participasen, y Beauxbatons sencillamente no podía prohibir el ingreso a hombres lobo a los terrenos de su Academia.

Pero para Derek eso no era lo peor. Era grave, pero no era lo peor.

Lo peor era que la Carta no solo está firmada por el Director de Beauxbatons, sino que también por el Entrenador del equipo francés. Y al pie del pergamino, donde debía ir la firma de dicho Entrenador, Derek podía ver en esa estilizada caligrafía tan familiar el nombre de la perra que arruinó su vida hace años y que ahora seguía metiéndose en medio. Argent. Kate Argent. Ella era la entrenadora de los franceses. Siempre había sido ella.


NOX

Chapter Text

El lunes por la mañana ya todo el equipo sabía sobre el ultimátum de Beauxbatons. Si hubiese sido terrible recibirlo siendo Isaac y Scott hombres lobo, ahora que Jackson y Liam también lo eran, era un desastre.

La verdad era que a Allison el Quidditch no le iba demasiado, solía apoyar los partidos de Gryffindor por solidaridad y al equipo actual de Hogwarts porque allí estaban sus amigos, pero más que eso, no. Sin embargo la discriminación no tenía nada que ver y cuando escuchó de Isaac por qué los chicos se veían tan cabizbajos el domingo, casi había explotado.

Su padre había tenido que escucharla muy enojada en su oficina, prácticamente habiéndole acusado de saber que tía Kate era la entrenadora de Beauxbatons y que se iba a vengar de los licántropos por el desplante de la semana anterior, sin embargo cuando por fin notó la expresión amargada del profesor de Defensa se dio cuenta de que estaba haciendo una estupidez. Por supuesto que su padre no sabía nada.

Se había disculpado y su padre le había perdonado enseguida, ambos Argent pasando el resto de la tarde solos, acompañándose. Allison solo en ese momento se dio cuenta de que no había pasado tiempo con Chris desde el funeral y se sintió peor, porque a su padre se le notaba a lo lejos que había extrañado su compañía. Se prometió no volver a mantenerse alejada del hombre, sin embargo el enojo con Kate y su abuelo se mantuvo.

Tía Kate siempre había sido como una hermana mayor para ella. De niña la adoraba, y solo cuando la venda que cubría los ojos de Allison fue quitada por las acciones de su madre fue que notó que su tía no era tan diferente. Aún ahora no podía evitar quererla, pero ¿lo que estaba haciendo al equipo de Hogwarts? Eso era una bajeza.

—De nuevo ¿puedes explicarme porque es Stiles el que va y no tú o Jackson? —escuchando el retintín de la voz Lydia fue que Allison emergió de sus pensamientos, mordiendo su tostada y pasando su mirada desde su mejor amiga a Scott, que parecía dar vuelta su avena sin ganas de comer ni tampoco de responder.

—Es bastante simple, Ly–Ly —sonrió Theo estirándose para coger un panecillo—, porque no es un hombre lobo, así que no podrán acusarle de tener intereses invertidos.

—Primero… no vuelvas a llamarme así —le apuntó acusadora la pelirroja—. Y segundo ¿por qué no fue Danny, entonces? Él tiene mucha mejor labia que Stiles. Él puede arruinarlo todo.

—Stiles no lo arruinará, Lyds —calmó Allison a su amiga, apoyando su mano en la libre de la Ravenclaw—. Además, se necesita autorización de los padres para un menor exponer frente al Wizengamot y justamente hoy estará el Jefe Stilinski en el Tribunal, creo.

—Mucho más rápido que llamar a los padres de Boyd o Danny. Y Kira siendo una Kitsune no sería muy diferente a tener un licántropo allí —comentó Cora, aunque Allison podía ver cierta incomodidad en ella. Posiblemente debido al otro asunto.

—¿A qué hora es la reunión del Consejo Escolar? —preguntó un poco más bajo hacia la mujer lobo, quien le miró de soslayo y convocó un Tempus.

—A las 11, poco más de en dos horas. Probablemente sea paralela a la solicitud frente al Wizengamot. Hubieses visto la cara de Derek cuando tuvo que dejar que tu padre fuese con Stiles y Deaton. Casi era como si estuviese dejando en un orfanato a su recién nacido —se medio rió Cora, negando con la cabeza.

—Son completamente adorables —determinó Lydia revolviendo su té mientras Allison sonreía— ¿Alguien ha podido sacarles ya detalles de Francia? Los regalos estuvieron muy bien, pero…

—¡Es suficiente! No voy a seguir participando en esta conversación/conspiración contra la privacidad de mi mejor amigo —gruñó frustrado Scott poniéndose de pie, aunque Allison podía ver la diversión en su mirada cuando Cora y Theo al mismo tiempo le cogieron de los brazos y le jalaron de regreso a su asiento—. Déjenlos en paz ¿quieren? Siguen en su luna de miel —les pidió mientras comía una cucharada de su avena, resignado.

—¿Así como tú y el conejito? —preguntó con maldad Lydia.

—¡PUEDO ESCUCHARTE, LYDIA! —escucharon desde la mesa de Slytherin, sorprendiéndose al ver a Liam apuntando hacia ellos con un dedo sin importarle llamar la atención del Gran Comedor en pleno.

Las risas abundaron y Allison tuvo que agradecer eso. Había un poco de esperanza en todos de que algo cambiase esa mañana y ella esperaba de corazón que así fuese. No creía poder aguantar la frustración de Lydia si es que alguien –su tía– arruinaba los planes de pasar navidad en Beauxbatons, no después de todas las historias sobre las ninfas cantoras y las esculturas de hielo inderretibles de la Academia francesa. Incluso ella se había ilusionado con la idea del baile, Jackson pareciéndole una buena opción ahora que ya no se comportaba tan idiota.

Solo esperaba que a Stiles y Derek todo les saliera bien, no tanto por el vestido de gala que va a quedar en su armario sin usar, sino porque obviamente se merecían que saliera todo bien. Ser hombres lobo no tenía por qué quitarles a sus amigos algo que les gustaba tanto como era el Quidditch. Ni tampoco quitarle a la escuela la posibilidad del triunfo.

++++

—¿Estás nervioso?

Por el salto que dio al escuchar la voz del profesor Chris, Stiles creyó que era ridículo intentar negarlo, pero como no sería él si no hiciese una broma acerca de aquello, elevó las cejas y sonrió como si fuese Jackson Whittemore. Ya sabéis, sobrado de confianza en sí mismo.

—¿Debería estarlo? —contestó con otra pregunta, observando como el padre de Allison, apoyado contra una pared con los brazos cruzados, miraba hacia la puerta de la sala segunda del Wizengamot la que estaba cerrada a cal y canto por estar en medio del primer asunto, el juicio de un crimen pasional al que su padre estaba obligado a asistir por su condición de Jefe de Aurores.

—Probablemente sí. Yo estaba bastante acojonado la semana pasada.

—… ya, pero era distinto —tragó saliva Stiles, desviando la mirada.

Aun ahora Stiles no comprendía del todo lo que llevó a Chris Argent a hacer lo que hizo, limpiar el nombre de Scott –aunque nadie supiese que era él el hombre lobo torturado– y ensuciar el de su propia esposa fallecida. Él no creía conocer a nadie capaz de hacer algo así, y aunque algunos de sus amigos habían mencionado que el profesor era un antiguo Hufflepuff, Stiles creía que había más que nobleza en al acto. Había un valor inconmensurable y un ansia de justicia mucho más propia de un Gryffindor. De alguna forma no le sorprendía que su hija fuese una leona, porque sin duda tuvo que aprender de él.

—Supongo que tienes razón —aceptó el hombre, frotando su barba, la que Stiles notó llevaba más larga que hasta algunas semanas.

Ya le había agradecido por acompañarle ese día, debido a que el Director tenía que poner algunos asuntos en línea antes de la exposición al Tribunal. Derek había querido ser su guardián, por supuesto, pero el repentino llamado del Consejo Escolar a él y a Finstock arruinó los planes. Stiles solo podía imaginar un tema por el que el Consejo podría convocar a los entrenadores en esas circunstancias: alumnos hombres lobo.

Se besaron en el despacho de Deaton antes de que Argent llegase, Deaton simulando estar muy ocupado con sus documentos para darles un poco de privacidad. Derek incluso intentó darle un curso express de la política del Wizengamot, pero Stiles le calló con otro beso porque él ya sabía suficiente sobre el tribunal supremo. Y es que las noches de insomnio servían para mucho más que para pensar en trastadas con las cuales hacer que su Jefe de Casa perdiese la cabeza.

No era desconocido para Stiles el funcionamiento del Wizengamot, ni como sus miembros eran elegidos. La gran mayoría representantes de las más antiguas familias del mundo mágico, las cuales llevaban ocupando el mismo asiento por generaciones, aunque también habían familias extranjeras llegadas más recientemente a Gran Bretaña las cuales eran honradas por la Magia con su propia silla en el Tribunal. ¿Cómo era que la Magia escogía? Así como Hogwarts tenía un libro mágico donde los nombres de todos los nacidos con magia se escribía apenas daban el primer respiro de aire fuera del vientre materno, el Ministerio también poseía un libro, en manos de los Inefables supuestamente, que dictaba o eliminaba los nombres de las brujas y magos que tenían derecho a gobernar el mundo mágico. Si la posición del Ministro era un hecho meramente político, el Wizengamot se erigía sobre pilares mucho más sólidos, y era rara vez que un honorable perdía su derecho sobre su asiento.

Pero no todos los miembros del Wizengamot eran designados por magia, por supuesto. También tenían sus asientos designados el propio Ministro de Magia, el Jefe de Aurores y el Director de Hogwarts, y en casos específicos se solía pedir la participación de los expertos Jefes de Departamento del Ministerio, cuando sus habilidades eran requeridas para resolver los asuntos que convocaban.

Por otro lado, excepto por la primera sala, que tenía la capacidad para recibir a todos los miembros y era utilizada para votar sobre los casos más vistosos, enrevesados o cuando al menos seis miembros hacían una petición, todas las demás salas eran más pequeñas y ocupadas muchas veces por comisiones especiales para resolver asuntos como el Uso Indebido de la Magia por menores de edad, crímenes familiares (que requerían confidencialidad, como el caso que ahora veían) o asuntos académicos, como era a lo que venían ellos, entre otros. Stiles opinaba que el de ellos era más que un simple caso académico del tipo de discutir la expulsión o no de un alumno; era casi un crimen de odio de parte de Beauxbatons. Sin embargo Deaton insistió en tratar el tema con moderación, ya que podría ocasionar un conflicto internacional.

En lo que respectaba a Stiles, eso ya era un conflicto internacional.

Cuando la puerta por fin se abrió Stiles se puso de pie rápidamente, sin embargo comenzaron a salir los miembros del Wizengamot, charlando o haciendo sonar sus viejos huesos. Agotados como si hubiesen pasado un día completo ahí adentro en vez de la hora y media que estuvieron. Al ver aparecer a su padre, el Gryffindor se apresuró hacia él, notando tarde que estaba hablando con Talia Hale, casi chocando con ella al resbalar en el piso de piedra pulida.

—¡Lo siento! —exclamó algo avergonzado al sentir las manos de la bruja sujetando sus hombros para estabilizarle. La risa de la madre de Derek le hizo sentir muy pequeño.

—No te preocupes, Stiles. Estos pisos han hecho que más de una bruja en tacones se vaya de bruces. También algunos magos apresurados —aceptó la mujer, sonriéndole—. Buenos días.

—Buenos días, señora Hale —le respondió, aún azorado, mirando de reojo a su padre lucir enormemente divertido. Traidor.

—Tu padre me contaba ahora mismo que serás tú el portavoz del equipo de Hogwarts y no alguno de los capitanes. No puedo decir que no lo comprenda —había un gesto entre desaprobación y resignación en el rostro atractivo de la bruja mayor, antes de que le sonriese—. Sé que lo harás muy bien, solo debes estar tranquilo.

¿Qué tenía Talia Hale que con unas simples palabras conseguía no solo que todos la amasen sino que confiasen en sus palabras? Stiles de pronto ya no sentía ninguna carga sobre sus hombros y su cuerpo estaba relajado tal como estuvo el día de la Kanima y de la muerte de la madre de Allison cuando salió a explorar el castillo en compañía de la Alfa. Ese día había estado preocupado no solo por el grito de Lydia sino porque aún no habían visto a Scott, y el grito que aún le hacía eco en la cabeza, y su padre enterándose de que era pareja de Derek –porque no pudo evitar soltárselo de sopetón– y, ya estaba casi al borde del ataque de pánico, cuando la mano de la Alfa en su nuca se llevó toda su angustia. Sus palabras no fueron más que un «Por la mañana verás todo más claro», pero fue suficiente para calmarle. Porque tenía razón. Había sido una noche muy dura y solo después de un descanso podría recuperar su temple y analizar todo. Porque Stiles necesitaba siempre analizar todo.

Ahora era parecido. Ya no estaba ansioso por entrar y terminar pronto, fuese como resultase todo. Se sentía calmado y con la seguridad de que tenía que hacer algo, porque el mundo seguía siendo demasiado injusto con los hombres lobo y si estaba en su mano cambiar eso aunque fuese un poco, definitivamente iba a hacerlo.

 

“Gracias” dijo su mirada cuando le sonrió a la madre de Derek, antes de observar a su padre y poner una mueca ante su sonrisa sabihonda.

—¿El caso de antes fue muy complicado? Creí que habías dicho que solo sería dictar sentencia, y todos se ven agotados.

El gruñido del Jefe de Aurores fue tan elocuente que Talia rió y Stiles se encontró sonriendo con ganas.

—Se pasaron una hora discutiendo si echar la puerta debajo de la casa había sido un uso desmedido de la fuerza por parte de los Aurores, a pesar de haber escuchado gritos desde el interior del lugar —se quejó su padre cruzando sus brazos—. No es culpa de mis muchachos que el tipo estuviese justo del otro lado de la puerta, y de todas formas solo tuvo una contusión menor. Como sea, la media hora siguiente fue para dictar la sentencia.

—Debe haber sido una discusión muy divertida —bromeó, viendo el rodar de ojos de Talia de una forma idéntica a como Derek hacía el mismo gesto.

—Los hubieses visto, casi pedían que recreáramos la situación en la sala.

—Eso hubiese sido divertido —comentó hacia la mujer elevando las cejas y hablando en tono conspiratorio—; podrían haber pedido a Gerard Argent que hiciese del acusado y tener una excusa para golpearle con una puerta.

Los tres se rieron y Stiles se giró para buscar con la vista al profesor Chris como por instinto, notando que estaba apoyado en la misma pared de antes, alejado del grupo de honorables, observando fijamente al lugar donde su padre se encontraba rodeado de sus aliados sin darle ni una mirada a su hijo. Otra vez Stiles sintió una oleada de agradecimiento hacia el hombre, uno que no creía poder pagarle nunca. Cuando los ojos del profesor se encontraron con los suyos le elevó las cejas y Stiles le pidió que se acercase con un gesto, y aunque Chris pareció dudar, al final se despegó del muro y caminó hacia ellos.

—Argent. Me alegro de verte —le saludó su padre, estrechando la mano del profesor de Defensa con ánimo.

—Jefe Stilinski, me alegro de verle también. Alfa Hale, espero que la sesión no haya sido muy ardua.

—Como siempre, nada más —habló Talia, y Stiles sintió el impulso de alejarse para observarles a la distancia y no perderse los gestos de ninguno. No podía hacerlo, pero notó la mirada evaluadora de ambos antes de que Chris estrechase la mano de la bruja también con firmeza—. Sé que mi mensaje te llegó hace unas semanas, pero aún no te he agradecido personalmente por todo lo que has hecho por mi manada.

—No lo hice por tu manada, Hale, lo hice porque era lo correcto —indicó con seguridad el hombre, pero su gesto se ablandó un poco—. Tienes una hija muy osada. Agradezco mucho el gesto.

—Ella es así —asintió Talia, y Stiles sentía que estaba perdido. ¿Hablan de la hermana mayor de Derek?—. Lamento no haber ido en persona, pero…

—No, fue lo mejor.

—Lo que Laura te dijo es la verdad, Christopher. Tú y Allison…

—Lo sé. Gracias. No soy tan orgulloso como para rechazar cualquier apoyo que me ayude a mantener a mi hija a salvo.

—No, eres un Hufflepuff después de todo, no un temerario Gryffindor —rió Talia y el antiguo tejón rió con ella.

Stiles miró algo mosqueado a su padre, el que solo se encogió de hombros, haciendo reír con más ganas a la mamá de Derek y al padre de Allison. Le parecía un poco ridículo que ambos se burlasen de los leones cuando sus hijos lo eran, pero no tuvo oportunidad de decir nada porque se escuchó una campanilla que convocaba a los miembros del tribunal de regreso a la Segunda Sala.

—Ánimo, Stiles. Todo saldrá bien —se despidió de él Talia apretando su hombro cariñosamente, dejándole sentir sus uñas perfectamente cuidadas. Sus garras debían ser terribles, no pudo evitar pensar el chico.

—Si te entra pánico recuerda que todo tu equipo confía en ti —le animó su padre y Stiles gimió.

—¡Eso no me tranquiliza, papá!

++++

Cuando la exposición del Director Deaton comenzó, Talia sabía que al menos la mitad de los miembros presentes ni siquiera prestaban atención. Era algo para la mayoría demasiado pequeño, con muy poca importancia. Un asunto casi doméstico porque ¿a quién le importaba que los estudiantes hombres lobo no pudiesen entrar a Beauxbatons? Pues que no fuesen, decían sus caras, no era que a Hogwarts le faltase jugadores de Quidditch.

El nombre de Kate Argent llamó un poco más la atención, mirando todos por un momento al impávido Gerard Argent, antes de volver a mirar al director. Talia ya lo sabía todo, por supuesto. Derek se lo contó el día sábado luego de la salida al bosque con los cachorros de la manada, simplemente porque necesitaba un hombro donde apoyarse mientras se quejaba sobre esa mujer que le había roto el corazón hacia tantos años.

Ella estaba segura de que su pequeño –porque Derek siempre sería su pequeño– no había contado a Stiles nada sobre el asunto de Kate Argent y no podía culparle, pero sabía que debía hacerlo y se lo había dicho. Derek no podía mantener secretos con su compañero, no si quería que su relación fuese lo que la magia deseaba que fuese. Sabía también que no se habían enlazado, pero no por los informes permanentes de Cora, Deaton y Peter (quien lo hacía más por avergonzar a Derek que por saciar la curiosidad de su hermana mayor), sabía que no se habían enlazado porque el tapiz de los Hale seguía mostrando el pálido rosa en la línea que unía a Stilinski con Derek, en vez del rojo escarlata que tendría cuando por fin su hijo dejase de estancarse a sí mismo.

Cuando Deaton terminó y dio el paso a Stiles, Talia sintió el toque de una mano arrugada en la suya y al girarse a su izquierda pudo ver la mirada de superioridad pero también sabia de la Alfa del Clan Ito, Satomi, quien apenas le hizo un gesto hacia el muchacho que se estaba presentando al frente con los nervios aflorando al parecer.

—¿Es él?

Talia sabía que esas cosas pocas veces podían ocultarse, pero una parte de ella hubiese esperado poder mantener la existencia de Stiles oculta al menos hasta que Derek diese por fin el mordisco de reclamo. Pero Madame Ito no le dio oportunidad, elevando las cejas. Exigiendo una respuesta. Talia la conocía lo suficiente como saber que no había nada positivo en comportarse con terquedad con la vieja bruja.

—Sí, lo es —aceptó, antes de mirar al frente.

Sus ojos se toparon con los de Stiles por un momento y trató de transmitirle toda la calma y confianza que podía al compañero de su hijo. Él pareció recibirlo, porque asintió como para sí mismo mirando al suelo y luego ya era otra vez ese Stiles del que Derek no podía dejar de hablar, bromista, seguro y sarcástico.

—Honorables miembros del Wizengamot, sé que probablemente este tema les parezca una ridiculez, el Director de Hogwarts haciéndoles perder el tiempo con asuntos de niños, un simple infortunio que dejará en Gran Bretaña a un puñado de estudiantes por ser licántropos y ya, pero no es tan simple como puedan creer. ¿Por qué creen ustedes que nosotros estamos aquí? Ustedes no eran la primera opción —indicó con tanta rebeldía que hubo algunas exclamaciones ahogadas de disgusto entre los viejos magos. Talia estaba un poco impresionada—. No, puede afectarles el orgullo, pero por los mecanismos de nuestro gobierno la primera opción fue el Ministro de Magia. Es a él a quien el Director Deaton recurrió en primer lugar, y cuando este se negó a escucharle, es que se solicitó esta sesión. Y no es para perder vuestro tiempo, ni el nuestro… sino que es porque lo que la Academia Beauxbatons está exigiendo es. una. injusticia —el énfasis del muchacho en sus palabras y el silencio luego de ellas consiguió atraer la atención del público, antes de que este soltase en un suspiro lo que acabaría por convencer a los magos y brujas de escucharlo de verdad—. Y yo sé que la justicia es el primer valor que cada miembro del Wizengamot prometió proteger en cuanto aceptaron sus asientos, así que suplico que al menos se tomen un momento para considerar la situación por lo que es: un asunto más complicado de lo que parece.

Había miradas entre los honorables, pequeños susurros, y muchas expresiones antes aburridas ahora lucían interesadas. Cuando Talia giró a mirar a Madame Ito vio un brillo feroz en la mirada de la vieja licántropa y una sonrisa pequeña en sus finos labios.

—La magia nunca se equivoca, Hale —dijo en un tono tan bajo que ella apenas pudo escucharle con su oído lupino, pero que era lo suficiente para hacer que casi hinchase su pecho de orgullo, mientras volvía a mirar al muchacho de pie con seguridad al frente del tribunal. Con más seguridad de la que muchos abogados mágicos habían tenido nunca ahí adelante.

—Lo sé.

La magia no podía haberle dado un mejor compañero a su hijo.


NOX

Chapter Text

De pie a un lado de Derek Hale, Finstock se quejó mentalmente de absolutamente todo. Desde la bludger que le hizo lesionarse a los 23 años en medio de la Copa Inglesa de Quidditch jugando para el Puddlemere United, a su impulso repentino de querer ser maestro, hasta todo lo que le había traído exactamente a ese punto, principalmente haber aceptado la solicitud de Alan Deaton de ser Co-Entrenador del equipo de Hogwarts, ya que el Consejo Escolar no deseaba permitir a un hombre lobo hacerse cargo por su cuenta. Una chorrada, si le preguntaban a Bobby.

No era que no le gustase entrenar a los chicos –y chica–, eran buenos jugadores y tenían grandes habilidades, a pesar de que al comienzo los entrenamientos habían sido una catástrofe. El asunto era que estaba cansado. No tenía idea de cuando su vida se convirtió en andar corriendo detrás de leones de primero y segundo haciendo trastadas. Y ni siquiera trastadas inteligentes como las de Stilinski y McCall, de las cuales pudiera estar seguro que eran ellos pero no tener ninguna prueba. No, trastadas estúpidas, porque… ¿Quién rayos escribía su propio nombre al rayar una pared con tinta indeleble mágica? Las nuevas generaciones cada vez estaban peor.

Necesitaba tiempo libre para ir a tomar un trago a Las Tres Escobas, poder coquetear con alguien atractivo, distraerse de esos Gryffindor fastidiosos que tenía por alumnos ¡y sacarse de encima a Greenberg, por el amor de Merlín! No tenía idea en que estaba pensando Alan cuando lo nombró prefecto, pero era un puto desastre con piernas. ¡Seguramente había querido jugársela a él!

Pero bueno, ¿y qué hacía en vez de estar disfrutando un delicioso vaso de Whiskey de Fuego Irlandés a las 11 de la mañana un lunes? Estaba allí, esperando a que los doce padres y/o tutores miembros del Consejo revisasen sus propios papeles para poder comenzar eso. E iba a ser más desastroso que Greenberg tratando de separar a unas adolescentes peleando como gatas, estaba seguro.

—Profesor Bobby Finstock y profesor Derek Hale. Ustedes son los entrenadores del equipo de Quidditch del colegio, nombrados a comienzos del año escolar por el Director con el beneplácito del Consejo ¿es eso correcto? —preguntó con voz nasal uno de los brujos, que Bobby estaba seguro era abuelo de alguien de Ravenclaw. A saber quién, nunca había sido bueno con los nombres. Pasó cuatro años pensando que Stilinski se llamaba Bilinski, sin ir más lejos.

—Sí, así es.

El hombre de voz nasal le cedió la palabra a una mujer atractiva de cabellos rubios que creía fue con él a Hogwarts pero en Slytherin. Ni idea de su nombre, pero le hizo un gesto de reconocimiento que ella devolvió antes de hablar.

—Entrenadores, han sido convocados por el Consejo respecto al comunicado que envió la Academia de Magia Beauxbatons. Se solicitó la presencia también del Director Deaton, pero él indicó que estaría hablando de este mismo tema con el Wizengamot —la mueca en sus labios pintados de fucsia demostraban que no estaba feliz porque Alan se hubiese saltado el procedimiento de consultarles a ellos primero—. Se nos avisó sobre el contenido de dicho comunicado, pero nos gustaría que ustedes se explayasen sobre él y el motivo para crear bullicio por dicha solicitud.

El mensaje era diametralmente claro en ese punto: El consejo creía que estaban perdiendo el tiempo discutiendo el tema. A Bobby le gustaría asentir, pero sabía que no era tan simple. No era ni por lo bajo jodidamente simple.

No podía mentir y decir que no se dio cuenta en los entrenamientos, porque el cambio de Isaac Lahey no fue nada sutil. Sin embargo ¿Jackson y Dunbar también? Finstock no pudo evitar gritarle un poco a Derek cuando lo supo el sábado. Eso estaba fuera de control y al Consejo no iba a gustarle.

—El comunicado informa que ningún hombre lobo será permitido en Beauxbatons, quedando claro que se refieren tanto al Palacio como al campo de juego —explicó Derek a su lado, calmado en apariencia—. Esta exigencia es completamente injusta e ilógica ya que en ningún lugar de la normativa del Torneo hay alguna regla en contra de la participación de Criaturas Mágicas. El Director Deaton tiene la teoría, que yo comparto, que esta es algún tipo de venganza política por lo ocurrido hace un par de semanas en el castillo y de todo el caos mediático que trajo las palabras del miembro del Wizengamot, Gerard Argent, ya que seguramente fueron informados de que la entrenadora de Beauxbatons es su hija, Kate Argent. Esto se une al hecho de que Beauxbatons ya ha recibido a la delegación de Durmstrang que tiene miembros hombres lobo en su equipo, así que no tiene sentido que la exigencia hacia Hogwarts vaya a…

—Pero hubo incidentes con esos jugadores licántropos en el juego entre Beauxbatons y Durmstrang ¿no es así? —le interrumpió de pronto una anciana bruja que llevaba unos pequeños lentes sobre su respingada nariz. Bobby elevó las cejas, porque no tenía idea de cómo ella se enteró si nadie excepto Stilinski y Hale fueron desde Inglaterra a ver ese partido—. Otro de mis nietos estudia en la Academia francesa y me escribió sobre el asunto.

—Si con incidentes se refiere a dos jugadores de Durmstrang casi ser asesinados por bludgers a traición de Beauxbatons y por la ineptitud de los Magos Vigilantes que pusieron a cuidar el partido, si, hubo incidentes —respondió con brusquedad Derek, haciendo que la bruja diese un respingo—. Nadie excepto ellos fue lastimado, uno de los chicos quebrándose las dos piernas, un brazo y ganando una contusión por culpa de la bludger, además de obtener quemaduras de segundo grado por causa de los hechizos de los Magos Vigilantes…

—Pero era un hombre lobo —dijo un hombre algo panzón, masajeándose su poblado bigote—, pudo curarse ¿no?

—Eso no significa que no haya sido un niño de 14 años a punto de morir —Bobby no pudo evitar interferir, porque no podía creer que el padre de uno de sus Gryffindor hubiese puesto eso como excusa. El hombre pareció aceptar sus palabras, con un medio asentimiento—. El asunto es que, la Academia está impidiendo a los alumnos de Hogwarts su legítimo derecho a participar en el Torneo por una arbitrariedad, y si la teoría del Director es correcta, es peor aún, dejando los rencores personales y políticos afectar un asunto deportivo…

—Pero esa teoría está basada en un montón de conjeturas —la mujer del comienzo le restó importancia, cruzándose de piernas—, el verdadero meollo de la cuestión es ¿por qué no simplemente aceptar de buena voluntad la petición de Beauxbatons? ¿No fue algo como eso el motivo por el que se solicitó tener dos entrenadores y un alumno como reserva? Teniendo solo un alumno hombre lobo ¿para qué hacer tan tremendo problema de…?

—Porque no es solo el Co-Capitán McCall un hombre lobo en el equipo, madame —habló rápido Finstock, adelantándose a Derek que tenía los puños apretados y ganas de lanzarse al cuello de la rubia, por lo que podía ver—. Hay tres alumnos más.

Esa fue la declaración del caos. Los ojos de todos los miembros del Consejo se abrieron enormes, comenzando las discusiones, los gritos y las negaciones horrorizadas. Bobby se frotó el puente de la nariz cerrando los ojos, creyendo que pronto le iba a dar una jaqueca impresionante. Iba a tener que pasar por la enfermería luego de salir de esa sala, por suerte está en el primer piso también, en el salón que el Consejo siempre utilizaba para las reuniones, así que no se tardaría en llegar hasta Melissa.

—¡Exijo saber quién fue el que mordió a esos estudiantes! ¡Si fue uno de los profesores Hale…!

—Uno de los mordidos es un mayor de edad y solicitó la mordida por su propia voluntad —indicó Finstock, aun masajeando su nariz, mirando luego a la bruja que tenía el nieto en Beauxbatons, que era la que había gritado—. No hay nada de ilegal en ello. Otro de los mordidos fue convertido accidentalmente en un momento de extremo peligro y sus padres fueron notificados y aceptaron la situación, por la que no se presentará cargo alguno al haber estado en peligro la vida del muchacho —o al menos eso le había dicho Deaton el sábado.

—Y el tercer mordido es mi absoluta responsabilidad —la voz de Derek surgió baja de pronto y todo el Consejo se irguió en sus sillas, mirando con atención al hombre lobo. Incluso Finstock se sintió un poco incómodo, de pie a su lado, pero se quedó allí—. Lo convertí bajo mi responsabilidad a pesar de que es un menor de edad hasta febrero, y aceptaré las consecuencias que ello contraiga… una vez que sea su padre el que me denuncie. Aunque ciertamente dudo que lo haga, porque eso significaría exponerse a sí mismo.

Eso hizo a Bobby girarse hacia su colega, mirándole fijamente. La forma en que lo dijo no dejaba duda alguna. Derek no tenía miedo y si había convertido a ese chico, Lahey, era porque…

—Profesor Hale —de pronto habla una voz que el profesor de Aritmancia no había escuchado, girándose y viendo a una bruja mayor pero no anciana que se había quedado en silencio desde el comienzo del Consejo—. ¿Tomó al muchacho bajo su responsabilidad para ponerlo a salvo de algún peligro?

Todo el consejo se mantuvo en silencio todo el tiempo que tomó que Derek finalmente asintiese.

—Entonces no hay nada que discutir. Evelyn, el tema de los tres nuevos hombres lobo del Equipo de Quidditch es crucial para nuestra decisión de este asunto, sin embargo fuera de estas paredes no podemos hablarlo por las leyes actuales de protección de identidad de los menores. Así que… ¿hay alguna objeción a que Hogwarts se oponga a las medidas anti licántropos exigidas por la Academia Beauxbatons en medio del Torneo Interescuelas actual?

El escuchar el nombre de la mujer hizo que la memoria de Finstock se reiniciase. Por supuesto, Evelyn Martell. Slytherin, era un año mayor que él. Definitivamente se conservaba de manera genial. Evelyn pareció apretar los labios ante lo dicho por la otra bruja, pero al final asintió, mirando hacia el extremo más alejado del consejo, donde uno por uno todos empezaron a votar.

Con nueve votos a favor de oponerse a lo pedido por Beauxbatons, contra tres en contra de hacerlo (entre ellos el voto de Evelyn), el Consejo dio su resolución.

—Estaremos atentos a lo resuelto por el Wizengamot sobre este tema, pero que los Entrenadores sepan que tienen el apoyo del Consejo Escolar de Hogwarts para la decisión de oponerse a la exigencia de Beauxbatons. En caso de no llegarse a un acuerdo con la Academia francesa y que el partido sea cancelado, se llamará a una nueva fecha para discutir las circunstancias. Muchas gracias por su asistencia.

Solo cuando los miembros del Consejo comenzaron a ponerse de pie y Derek apoyó una mano en su hombro, Bobby respiró tranquilo.

Necesitaba su vaso de Whiskey de Fuego AHORA.

++++

—En resumen, honorables miembros del Wizengamot, los estudiantes hombres lobo, mis compañeros de equipo, son solo estudiantes como cualquier otro. Se enamoran, luchan para pasar con un Aceptable sus materias, son algo más ágiles que la media pero les aseguro que los jugadores que no son licántropos son mucho mejores que ellos… quiero decirles que si estoy aquí de pie frente a ustedes es porque considero sinceramente que esto es una discriminación injusta y arbitraria, y si la exigencia de la Academia de Beauxbatons hubiese dicho que no se permitían jugadores sangre sucia, con piel oscura o asiáticos, de igual manera estaría aquí. Porque ni mis compañeros ni yo pensamos dejar a ninguno de nuestros jugadores atrás.

Parrish sabía que Stiles ha querido ser un auror toda la vida. Pero no un simple auror, ya que por influencia de su madre desde pequeño se aprovisionó de un montón de literatura policiaca muggle, lo que impulsó su amor por la investigación. Sabía que quería volverse el primer experto en Criminología Mágica, que tenía todo un plan para estudiar en el mundo muggle y luego unir las ciencias con las artes mágicas, porque creía que era una estupidez que el ministerio no tuviese las huellas dactilares de todos los magos archivadas y solo se debían regir con inspecciones de varitas y Veritaserum. Sin embargo, escuchándole ahí de pie, los nervios olvidados en los primeros 30 segundos, que Morgana lo maldijese pero creía que Stiles sería un gran político.

Seguro que el Jefe lo colgaría de los pulgares si se lo dijera, con lo mucho que odiaba la política.

—Muchas gracias, señor Stilinski, por su testimonio —indicó el anciano Jefe Supremo, haciendo que Stiles hiciera una media reverencia y saliese de la sala. Solo quedaban en el interior los magistrados y los aurores a cargo de la seguridad. Él había solicitado esa posición solo para poder curiosear y el Jefe había aceptado porque él también quería saber, ya que no podía estar presente al no ser un caso criminal—. En vista de las exposiciones del Director de Hogwarts y el representante del Equipo de Quidditch del Colegio, tocará deliberar si el Wizengamot como autoridad inglesa solicitará al Gobierno Francés una reconsideración de la exigencia de la Academia Beauxbatons que está bajo su jurisdicción. Se permite la palabra al honorable Deaucalion.

El brujo ciego, alfa de uno de los clanes de hombres lobo más fuertes, según sabía, se puso de pie con ayuda de su bastón. Sus ojos ocultos tras unas gruesas gafas oscuras, aclarando su garganta.

—A pesar de que ni el Director Deaton ni el joven Stilinski hicieron especial acotación, creo necesario reforzar la idea del Wizengamot sobre que la entrenadora del equipo de Quidditch de Beauxbatons, instigadora de la exigencia que nos ocupa, es la cazadora Kate Argent, la hija del honorable Gerard Argent. Solo es algo curioso que apenas una semana después del desastre de su solicitud, y dos semanas del lamentable suicidio de su nuera, tengamos frente a nosotros otro caso de discriminación contra los licántropos instigado por un Argent, no sé cuántos opinarán del mismo modo.

Los rumores comenzaron a subir de volumen entre los viejos hechiceros, muchos mirando con reprobación a Argent que lucía perfectamente cómodo rodeado de sus aliados. No fue hasta que el hombre lobo volvió a sentarse y el Jefe Supremo le cedió la palabra que Gerard se puso de pie.

—Es cierto que mi hija es la entrenadora del equipo de Beauxbatons, pero eso nada tiene que ver con la exigencia de la Academia —Jordan no le creía en absoluto, pero el hombre parecía completamente tranquilo—. Todos sabemos la política de la escuela francesa hacia los hombres lobo y luego de los incidentes del partido pasado contra Durmstrang…

—Por favor, Argent —gruñó una anciana mujer que se encontraba tejiendo despreocupadamente, aunque Parrish no se engañaba. No por algo era la vieja Araya, la cabeza del clan de los Calaveras, unos de los cazadores de criaturas más famosos de Gran Bretaña, pero que no se especializaban solo en licántropos, como ocurría con los Argent—. Ya escuchaste al chiquillo antes, los franceses pueden cuidarse perfectamente el culo. Casi diría que los chicos lobos de Hogwarts deberían estar aliviados de no tener que ir allá. Pero ese no es el asunto.

—El asunto es que los franceses nos están faltando el respeto —dijo de pronto con un golpe en la mesa un mago poco mayor que el propio Parrish, probablemente un miembro nuevo del tribunal, por el fuego en su mirada. La mayoría de los demás parecían cansados de la discusión—. Ahora es crear normas adicionales a un torneo de Quidditch estudiantil ¡el próximo año será cambiar la normativa del Quidditch europeo profesional! ¿Y qué harán después? ¿Crear exigencias para los ingleses que quieren entrar a su territorio? ¡No lo podemos permitir!

Las voces se elevaron entre los pocos miembros por debajo de los 50 años, los mayores observando con desgana como el enfado contra los franceses aumentaba, surgiendo más ejemplos de cuándo y cómo podían pasarles a llevar. El nacionalismo surgiendo y cuando los ojos del rubio se toparon con los de Talia Hale, sabía que ella ya había predicho eso. Que estaba todo calculado.

Cuando el grupo de honorables fue calmado por el mazo del Jefe Supremo y este convocó a una votación rápida acerca de pedir o no la reconsideración a Francia sobre el tema de los estudiantes licántropos, bajo pena de cancelar el encuentro de negarse Beauxbatons, hubo una votación casi unánime a favor.

Ahora solo quedaba esperar, suponía Parrish, casi ansioso por salir a contarles a Stiles y a su padre.

++++

La noticia de que Francia respondió a la demanda de Gran Bretaña con un “Lo siento por no cumplir sus expectativas, pero nada de hombres lobos de Beauxbatons” se extendió no solo por Hogwarts, sino que por toda la prensa. Al comienzo todo se había mantenido en secreto, pero cuando llegó el viernes y los jugadores de Hogwarts no se fueron y comenzaron a haber preguntas, Deaton tuvo que explicar.

De ahí a que los mismos miembros del Wizengamot hablasen, no tomó nada de tiempo. Cuando Stiles se dio cuenta ya había salido en la portada de El Profeta y un número especial del Quisquilloso fue extendido, solo para hacer propaganda negativa a Francia, porque Deaton había tenido razón, y aunque eso comenzó como un conflicto estudiantil de discriminación contra los hombres lobo, ya era un conflicto internacional.

Casi, casiii, se sentía un poco culpable. Solo casi.

Los días que debieron disfrutar en Beauxbatons pasaron entre caras amargas, y la siguiente semana, que era la última antes de las vacaciones de navidad, pasó volando, y antes de que cualquiera lo notase ya era la mañana del miércoles, cuando tenían que tomar el Expreso de regreso a Londres.

La única razón por la que Stiles no se quejó como siempre de la pérdida de tiempo que significaba coger el tren en vez de usar la Red Flu o aparecerse –aunque no tenía la edad aún–, fue porque Derek había decidido viajar con ellos para acompañar a Cora. O esa era la excusa.

—Eh, ¿chicos? Creo que somos demasiados. No cabemos todos aquí adentro —se quejó Stiles, observando todas las caras del compartimiento.

Normalmente lo más que permitían los sillones de los compartimientos era tres personas por lado, seis en total. Quizás ¡quizás! podrían meter ocho. Pero no eran ocho personas en ese compartimiento. Eran once jodidos magos. Y uno de ellos era un adulto y ocupaba mucho más espacio del que debería con esos brazos musculosos.

—¿Me estás diciendo ancho? —le frunció el ceño Derek y Stiles quiso devolverle el gesto, pero acabó dándole risa.

—No sé de qué te quejas, Stiles, soy yo el que está sentado en el suelo —se encogió de hombros Isaac, que iba sentado contra la pared de la ventana en un cómodo cojín que Derek le transmutó de una bufanda.

—Ya, pero aun así estás más cómodo que los demás. Joder, Lydia, saca tus piernas de encima de mí —se quejó Jackson porque Lydia, sentada en las piernas de Allison mientras leía el último número de Corazón de Bruja, insistía en acomodar sus piernas sobre el regazo del Slytherin, y eran tan largas que alcanzaba a tocar a Liam y Scott más allá.

—No seas quejica —le regañó Allison, y de alguna manera eso consiguió callar al Co-Capitán, que solo gruñó, metiendo a su boca una rana de chocolate que compró cuando el carrito pasó un rato antes.

Scott se rió en el asiento pegado a la ventana al frente de Stiles, teniendo a Liam poniendo muecas mientras probaba de las Grajeas de Todos los Sabores que el alfa le ofrecía.

—¡Eww, esta tiene sabor a sangre! Qué asco.

—Se supone que eres un licántropo sanguinario ahora, conejito, no debería molestarle —se metió con él Malia risueña, con Kira en sus piernas y Cora a su izquierda. La hermana de Derek simplemente se enfocaba en su libro de Aritmancia, aunque Stiles podía notar que poco a poco los ojos se le cerraban, cayendo hacia el hombro de su hermano.

—¿Cuánto rato falta para que lleguemos? —preguntó por enésima vez Isaac, haciendo que todos soltasen un gemido frustrado.

—¡Sabemos que estás ansioso por llegar a la mansión Hale, Lahey! ¿Puedes callarte un rato? Joder —se quejó Stiles, incómodo por lo apretado del asiento, y decidiendo espontáneamente imitar a Lydia y estirar sus piernas por encima de las rodillas de Derek.

Sus ojos se encontraron por un momento y parecieron decirse cientos de cosas, como lo mucho que se extrañarían estas semanas, pero entonces Stiles sintió un golpe en los pies y casi se cayó, rompiéndose el momento.

—¡Maldición, Stiles! No me toques con tus pies sucios —se quejó Cora, mirándole con enfado esquivando el perfil de Derek.

—¡Sucios tus pies! —le devolvió la pulla Stiles, también mirándole esquivando a Derek, ganándose ambos una mano del hombre lobo en la cara y un gruñido.

—O se quedan quietos o los envío fuera del compartimiento a los dos.

—Yo que ustedes le haría caso —les comentó risueña Kira, elevándoles las cejas.

Stiles sabía que su compañero hablaba en serio, así que se resignó volviendo a acomodarse en su estrecho espacio.

—¡Hasta en Corazón de Bruja! —se quejó de pronto Lydia, llamando su atención, para ver como la Banshee apuntaba un artículo como queriendo mostrarlo a todos—. Es campaña anti francesa, y mencionan también que los Alemanes son igual de intransigentes con los licántropos, a diferencia del Gobierno Mágico de los Países Nórdicos. Esto se ve cada vez más mal… ¿pero sabéis que es lo peor?

—¿Que no podrás lucir en Beauxbatons tu hermoso vestido nuevo? —aventuró Allison y se ganó un gimoteo de su mejor amiga. Había sido un tema repetido esos días, Stiles al menos lo había escuchado unas seis veces.

—¡Si! Perdona, Ally, pero tu tía es una perra. Todo es su culpa, lo sé.

—¿Por tus habilidades en Adivinación o por tu cosa Banshee? —preguntó despreocupado Isaac, ganando una patada tanto de Scott como de Stiles al mismo tiempo— ¡Hey! Solo era una broma.

—No muy graciosa, Lahey —le dijo lacónico Jackson, cogiendo un puñado de Grajeas del paquete que tenía Liam para lanzárselas al prefecto de Hufflepuff, que rió mientras se cubría la cabeza del ataque.

—¡Con mis grajeas no te metas, Jackson! —le gruñó Scott, pero de una forma amistosa. Liam parecía casi aliviado de que la cantidad de Grajeas a comer hubiese disminuido.

Cuando llegaron finalmente a Londres, el primero en ponerse de pie fue Derek, y había tal alivio en su rostro que Stiles no pudo evitar reír y considerar la opción de buscarse un compartimiento privado para ellos dos la próxima vez. O quizás decirle que los apareciera a ambos en Hogwarts y aprovechar todo el tiempo ganado en cosas más… interesantes.

—Yo que tú controlaría mis hormonas, amigo. Creo que siento a la mamá de Derek allí afuera —le aconsejó Scott apoyando su mano en el hombro de Stiles, el que solo soltó un gemido mirando al techo. ¿Por qué había ido a caer a un lugar lleno de licántropos con buen olfato? Era injusto.

Al bajarse tirando de su baúl y del de Scott, su amigo ya estaba allí con un carro para que los echasen juntos. Después de todo, Scott iba a pasar la navidad en su casa como llevaba haciendo desde hace años, ya que Melissa solía quedarse en Hogwarts en caso de cualquier accidente de los niños que pasaban la navidad en el Colegio, y solo se ausentaba para pasar la nochebuena con su hijo, Stiles y su padre. Y Parrish, últimamente también.

Había un enorme caos en el Andén 9 3/4 de King Cross, como siempre, sin embargo toda la “manada” estaba allí junta aún. Danny se había ido vía Aparición en vez de tomar el tren, porque, créanlo o no, iba a pasar las navidades en casa de Ethan y Aiden… donde fuese que esa casa estuviese. Theo, en cambio, se quedó en Hogwarts. Scott incluso le miró a él con cara de pena, con toda la intención de llevarse a Raeken a casa de Stiles, pero él por supuesto que se había negado. La excusa de que Derek aceptaba a duras penas que Stiles compartiese el mismo cuarto que Theo en la Torre de Gryffindor, pero no dejaría que pasasen la navidad juntos al final convenció a su mejor amigo.

A Stiles no le molestaban ni los celos de Derek ni su sobreprotección, pero… temía que eventualmente pudiese volverse agotador. Esperaba que cuando eso ocurriese, Derek ya confiase lo suficiente en él para no tener que aguantar un horroroso viaje en tren de siete horas solo para vigilar que nada le pasase.

—Stiles —le saludó la voz familiar y el Gryffindor se encontró sonriendo, girándose para ver a la mamá de Derek en compañía de Laura Hale. La había visto en alguna ocasión en la estación de trenes al ir a dejar a Cora, pero nunca se habían presentado—. Lamento que tu exposición no haya servido de mucho y hayan cancelado el partido de todas formas —le dijo con toda sinceridad la alfa. Stiles podía ver como los ojos de Isaac y Jackson parecían brillar al mirarla y notó que curiosamente Scott estaba muy tranquilo, mientras Liam casi estaba a la defensiva.

—Oh, no se preocupe. Yo creo que si fue útil. Al menos ahora sabemos que el enemigo está en Francia y no en nuestro Wizengamot.

—Si crees eso es porque no eres tan inteligente como Derek nos ha hecho creer —dijo con una voz cargada de ironía Laura, sorprendiendo a Stiles por su tono parecido al de Peter, sin embargo la mujer tenía una sonrisa tan parecida a la de Talia que su cuerpo se relajó—. Pero supongo que la inocencia es un rasgo agradable en un cachorro.

—No le llames cachorro —se quejó Derek parándose a un lado de Stiles, de forma protectora. Él solo pudo rodar un poco los ojos, pero sin dejar de sonreír.

—Lydia, querida —llamó a la pelirroja Talia Hale, sorprendiendo a la Ravenclaw. Ella estaba saludando a su padre, con el que iba a pasar las vacaciones—. He escuchado que tienes un hermoso vestido de gala nuevo sin estrenar. ¿Qué piensas de lucirlo en la fiesta de Yule de la Mansión Hale? Por supuesto que todos vosotros estáis invitados —indicó la bruja, mirando con elegancia a cada uno de los miembros del grupo.

Lydia pareció sorprendida pero había un brillo feliz en su mirada antes de que hablase con su típica voz de señorita sangre pura.

—Perdón ¿pero la Fiesta de Yule no debería haber sido hace dos días? —preguntó arqueando una ceja, y Stiles sabía que tenía razón, al ser hoy 23 de diciembre.

Talia solo rió, una risa cálida que prácticamente acunó a Stiles. Una risa que le recordaba a su madre.

—La fiesta del Solsticio fue hace dos días, sin embargo como el Yule se celebra durante 12 días, esta es la fiesta de medio Yule, el sexto día de festividad, mi niña. Será el domingo 27, muchachos. Espero verles a todos allí con sus mejores galas.

Stiles pudo ver a su padre acercarse por entre el tumulto de gente, atrasado como siempre, y se giró para mirar a Derek. Ya todos se estaban separando, animados por la idea de la Fiesta de los Hale, pero Stiles no pudo evitar pensar que no vería hasta el domingo al hombre lobo. Y su padre ya casi estaba allí.

—Te enviaré una lechuza —le prometió a media voz Derek. No podían tocarse ni besarse, como ambos quisieran.

—Usaré la de mi padre y te escribiré también —le prometió de regreso. Podía ver la mirada acusadora del Jefe de Aurores, pero Scott, su amigo del alma, se interpuso con el carro en el camino del mago, saludándole como excusa— ¡y quiero verte! ¿El sábado? Mi padre tiene trabajar y Scott saldrá.

—De acuerdo, pero en el Londres muggle —determinó Derek a toda prisa, y Stiles quería besarle tanto ¡tanto! Pero su padre ya estaba allí—. Jefe Stilinski.

—Hale. ¿Viajaste con los muchachos? —le elevó las cejas, Stiles apretó los labios para no sonreír.

—Alguien tiene que mantenerles un ojo encima, pueden ocasionar una catástrofe solo con estar juntos —dijo con seriedad Derek, pero acabó por sonreír un poco mientras estrechaba la mano de su padre. A la distancia las tres mujeres Hale junto a Isaac esperaban a Derek para marcharse, despidiéndose con un gesto—. Hasta luego, señor, Scott. Stiles —sus miradas se encontraron y Stiles solo le sonrió, antes de verle marchar, observando sus hombros anchos, aquellos que le presionaban contra la ventana en el vagón del Expreso hace tan solo unos minutos.

—Por dios, Stiles, deja de poner esa cara de desolación. Que solo dejarán de verse por unos días. Talia ya me dijo que vais a ir a la fiesta de los Hale —negó su padre mientras lo cogía del hombro para sacarle del Andén, con Scott riendo mientras empujaba del carro con los baúles de ambos— ¿Es siempre tan dramático al despedirse?

—A veces es peor —reconoció entre risas su mejor amigo, el muy traidor.

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Los Stilinski no tenían elfos domésticos, así que gran parte del día 24 se va para Scott de compras con sus anfitriones, recorriendo tanto el Callejón Diagon como el Mercado Mágico y también, para felicidad de Stiles, algunas tiendas muggles cercanas a la casa, sin importarles la nieve que caía suave en la ciudad. Los Stilinski vivían en una casa en los suburbios de Londres, muy lejos de donde vivía Scott, pero gracias a los polvos Fluu eso no era un problema. Luego de las compras, Scott fue a su casa a ventilarla, ya que aunque su mamá la visitaba algunos fines de semana, en general había estado deshabitada desde septiembre. Con tan poco tiempo que pasaban en casa, a veces se preguntaba si tuvo algún sentido que su mamá echase a su padre. Podría haberla seguido ocupando mientras ellos no estaban ¿no? Aunque suponía que fue más para marcar la distancia. Demostrar que eso se había terminado.

Su padre trabajaba en el Ministerio, de hecho, era algo así como el superior del padre de Stiles, al ser el Jefe del Departamento de Seguridad Mágica, pero como el Jefe de Aurores solo le rendía cuentas al Ministro, no se topaban demasiado. Lo cual era algo bueno, porque nunca se habían llevado muy bien.

Sus padres se separaron cuando él iba en segundo, su madre dejó su empleo en San Mungo y ocupó el cargo de la vieja enfermera de Hogwarts, que agradeció poder jubilarse luego de más de sesenta años de servicio. Desde entonces solo habían sido los dos, y las navidades solían pasarlas con Stiles y su padre.

Cuando volvió a la casa de los Stilinski en el exterior la tormenta arreciaba y había un aroma muy agradable proveniente de la cocina. Al acercarse pudo escuchar que allí estaban tanto Stiles como Parrish, conversando al parecer de Derek. O más bien, el auror estaba avergonzando a Stiles con sus preguntas.

—¡Scott, volviste! —exclamó con fuerza Stiles, prácticamente queriendo echársele encima, faltando más llamarle “Mi héroe”. Él solo rió un poco, saludando a Jordan.

—¿Y tu padre?

—Está viendo fútbol en la televisión del cuarto de mi madre. Sabes que lo ama —se encogió de hombros Stiles, picando algunas verduras, aún terco en sus intenciones de mejorar la dieta de su padre.

Había cierto aroma a amargura emanando de pronto de Parrish y Scott no pudo evitar mirarle. El auror estaba troceando una pierna de jamón y pareció sentir su mirada, de inmediato eliminándose el aroma, como… si lo hubiese detenido a consciencia. El hombre le sonrió y Scott le devolvió la sonrisa, pero sintió una curiosidad que antes no había sentido. ¿Serían sus nuevos instintos de alfa? No tenía idea.

—Por cierto, Scotty. Te llegó un paquete. Lo dejé en nuestro cuarto —le indicó Stiles, ocupado en lo suyo.

Sabiendo que no debería acercarse ni a cien metros de una cocina, Scott no preguntó si necesitaban ayuda y subió por las escaleras al segundo piso. El cuarto de Claudia Stilinski tenía la puerta cerrada, ya que lo requerían los hechizos de aislamiento de magia, para impedir que los objetos muggles fuesen dañados.

En el cuarto de Stiles su padre había metido una segunda cama por medio de magia, y aunque se sentía algo estrecho, sabía que era mejor que dormir en una casa solitaria, por muchos hechizos de protección que tuviese. Sobre su cama, la que tenía su baúl a los pies, había un paquete, tal como Stiles le indicó. Lo abrió con algo de curiosidad, y en su interior encontró un saquito de oro y una carta de su padre deseándole feliz navidad e informándole que iba a estar ocupado en el Ministerio, así que no creía poder verlo esas vacaciones. No había ni una mención sobre Francia, los hombres lobo o nada importante en la carta. Solo un vacío saludo y un “Espero que el oro te sirva”. Podría haberle preguntado cómo estaba, o quizás decirle que gastase el oro en algún regalo para su mamá… aunque sabía que Melissa no querría nada comprado con oro de su padre.

Cuando bajó de nuevo a la cocina, Stiles le miró enseguida, la curiosidad en la mirada, hasta que algo vio en él que hizo que su espíritu disminuyera, dejando el cuchillo y acercándose a Scott abrazándole por sobre los hombros. Scott sonrió un poco, devolviéndole el abrazo, aunque ahora estaban demasiados grandes y uno al lado del otro hacían parecer la cocina aún más estrecha.

—Mañana las tiendas estarán cerradas… ¿tendremos tiempo ahora para un viaje rápido antes de la cena al Callejón Diagon? —preguntó de pronto, sorprendiendo a Stiles.

—¿Para qué? —preguntó entrecerrando los ojos con sospecha.

Al escuchar como Melissa saludaba desde el salón donde estaba la chimenea Scott sonrió. Con ella ayudando a Parrish a cocinar, no habría problemas.

—Nos vamos a comprar túnicas nuevas para el baile de los Hale.

++++

De poco les sirvió a los chicos reclamar después de la cena que ya no eran unos niños y que podían abrir los obsequios a media noche. Pasadas las once Parrish se despidió porque tenía turno, y Melissa y el padre de Stiles los enviaron a ellos a la cama, quedándose los mayores por una copa más antes de que la enfermera regresase a Hogwarts.

Luego de ponerse el pijama, metiéndose rápido en la cama ya que el ambiente está menos cálido que en el salón con la chimenea al lado, Stiles se puso de lado para mirar a su amigo en la otra cama y elevar las cejas.

—Tú y tu madre no sois nada sutiles, ¿sabes?

—¿Qué? —preguntó Scott haciéndose el idiota, ganando así que Stiles le lanzase su almohada—. Oh, vamos, solo le dije que le comentase un poquito. Que tantease el terreno —se disculpó con una sonrisa el alfa.

—Deja a mi padre en paz. No es imbécil. Sé que lo ha notado…

Todo el mundo lo había notado, o al menos eso le parecía a Stiles. Parrish se desvivía por su padre, tomó ese segundo turno únicamente para que él no se sintiese forzado a volver a la Oficina de Aurores, pasaba las navidades con ellos y… maldición, ponía una cara de perro apaleado siempre que su padre se metía al viejo cuarto de su madre. Stiles no tenía como explicarle que no era realmente por Claudia sino que por todas las cosas que habían quedado atrás, los tesoros muggles. Pero suponía que eso no era un gran consuelo. Seguía siendo su padre envolviéndose en los recuerdos de su madre, reforzando el muro alrededor de su corazón.

—Para haber sido tan ayudado en tu relación con Derek, eres bastante respetuoso con la privacidad de tu padre —Scott lucía sorprendido, el estúpido—. Yo que pensaba que estarías ansioso por venganza.

—De Cora. De Cora voy a vengarme. Solo estoy esperando que mire a alguien por segunda vez para hacerle la vida imposible con insinuaciones —se saboreó Stiles ante el pensamiento, antes de mirar a su mejor amigo de nuevo, con la mirada brillante—. De cualquier forma, creo que Parrish pronto va a… ¿qué es eso? —preguntó de pronto, levantándose.

Scott también se había sentado, no sabía si lo notó antes porque miraba de reojo hacia la ventana, o si fue un instinto. Aun así él se apresuró a la ventana, abriéndola y sufriendo el viento helado que empujó al búho al interior, antes de que pudiese cerrar y volver a dejar la tormenta afuera.

—¡Cielos! ¿Pero quién envía una carta con este tiempo? —se quejó Stiles, mientras sentía a Scott ir rápido a revisar al ave, como siempre, más preocupado de los animales que de su buen amigo.

—Oh… Stiles. Tienes que ver esto —dijo su amigo, y había algo congestionado en su voz.

Cuando se dio vuelta perdió el aliento, porque el búho que había entrado cubierto de nieve se había sacudido y ahora podía ver el tipo que era. Un Bubo bubo, un búho real parado con la elegancia de un soberano mientras miraba al par de jóvenes magos con indiferencia con sus brillantes ojos anaranjados bajo esas pobladas “cejas” negras. Scott ya no aguantó la risa y estalló en carcajadas, contagiando a Stiles.

—Oh, Merlín, Morgana, Circe y todos los dioses antiguos… —gimió cubriendo su boca con ambas manos.

—¡Es jodidamente igual a Derek! —exclamó Scott rodando en su cama mientras reía. Y es que Stiles no podía culparle.

Su plumaje gris y negro contrastaba con el cubrecama rojo sobre el que estaba de pie, y el león trató de borrar de su mente a Derek para acercarse al ave e intentar coger el mensaje en su pata. Sorprendentemente, a pesar de su mirada algo aterradora, el búho permitió que tomase la carta con tranquilidad, quedándose allí mismo picoteándose las plumas, quizás sintiendo copos de nieve bajo la primera capa.

—Parece bastante dócil contigo —opinó Scott que estaba limpiándose las lágrimas, y Stiles tuvo que morderse los labios con fuerza mientras leía, pero aun así no pudo evitar sonreír con ganas— ¿Qué pasa? ¿De quién es el búho?

—… es mío. Derek me acaba de regalar un búho que es igual que él —dijo cubriéndose la boca de nuevo con una mano, porque eso era demasiado y se iba a poner a reír en cualquier momento—. Pero me prohíbe llamarle Derek. Cora piensa que va a ser un poco confuso.

Ambos amigos se echaron a reír con ganas, mientras el ave seguía acicalándose indiferente al ruido de ambos humanos. Stiles no pudo evitar pensar en que Derek era un idiota. Por Merlín, si el que estaba de cumpleaños mañana era él. Sin embargo no pudo evitar acariciar la cabeza del búho, el que se dejó tocar sin demasiado inconveniente, mirándole con sus ojos anaranjados.

—¿Llamarle Wolfy sería algo confuso? —preguntó a Scott, quien se había vuelto a meter a la cama, pero miraba con admiración a la esbelta criatura.

—Nah, creo que le queda.

++++

La nochebuena se pasaba en familia en el Clan Hale, eso era algo que Derek siempre había sabido. No importaba si había una reunión de emergencia en el Wizengamot, o si era Luna Llena y había trabajo adicional en la Unidad de Captura de Hombres Lobo de su padre. A las ocho de la noche todos estaban en el comedor, disfrutando del ponche de huevo y hablando de lo que había sido el año. Los niños normalmente se iban a la cama a las diez, pero ya no quedaban niños en la Mansión. Cora hacía años se reusaba a ser tratada como una.

Era por eso que, ya no importando la tradición habitual, todos esperaban hasta medianoche picando pastel de frutas y otros dulces que Talia había hecho a los elfos de la mansión preparar para la ocasión, y cuando el gran reloj del salón daba la medianoche, todos se acercaban a Derek a desearle un feliz cumpleaños. Como cualquier niño de Navidad, Derek siempre había sufrido el hecho de solo recibir regalos una vez al año, sin embargo ahora que era adulto eso ya no le importaba. El tener a todos los miembros de su familia a su alrededor era regalo suficiente.

De alguna forma no le sorprendió al ir a la cama cerca de las tres de la mañana que el nuevo búho de Stiles estuviese esperándole en una percha, probablemente un elfo dejándole entrar. Un paquete descansaba a su lado junto con una carta, y luego de echarle un “Engorgio” –Stiles decía en la carta que le había pedido a Parrish que lo empequeñeciese, al no poder usar su varita aún fuera de Hogwarts– pudo encontrar en su interior una cazadora de cuero muggle. Derek tenía una parecida, estaba hecha de piel de dragón y era de un marrón oxidado por el tiempo, ya que perteneció a su padre en su juventud, y ahora que veía la chaqueta nueva consideró si era un mensaje sutil de Stiles de que la anterior ya estaba demasiado hecha pedazos, como Laura solía decirle.

Se la probó y sonrió al notar que le quedaba perfecta. Quitándosela junto con el resto de la ropa, llamó a un elfo para que enviase a la lechucería de la mansión a Wolfy –había que confiar en Stiles para que crease un plan extraordinario para atrapar una Kanima y, en cambio, le diese el nombre más absurdo a su nuevo búho–. Pensó escribirle a su compañero por la mañana, ya que el Búho debía estar agotado por ambos viajes seguidos. Se quedó en cambio media hora releyendo la carta de Stiles en esa caligrafía tan suya. No demasiado elegante, un poco afilada, pero comprensible. Masculina. Se la llevó al rostro y bajo el aroma a la tinta pudo oler a Stiles, sutilmente, pero allí estaba. El aroma a su compañero. En la mañana despertó con el pergamino aún apretado en la mano, cerca de su nariz.

Todo el viernes 25 Derek lo pasó con Isaac, mostrándole los terrenos de la mansión, donde no tenían que tener miedo de mostrar sus apariencia ni temer de los curiosos gracias a los antiquísimos hechizos de protección que cada Alfa Hale fue reforzando con el paso de los años alrededor del lugar. Le mostró el par de lagunas que tenían –congeladas ahora por el invierno– y la enorme jaula de Clabberts que Laura criaba como diversión y a los cuales Isaac ya conocía porque Deaton los llevaba a Hogwarts para las clases de Cuidado de Criaturas. Luego del almuerzo Derek ayudó a los elfos con una pequeña infección de Chizpurfle resistente a la poción que su padre compró en el Callejón Diagon, y ya cuando llegó la noche no pudo sentir más alivio. Solo quedaba dormir y podría ver a Stiles de nuevo.

—Pareces realmente ansioso. ¿Tienes una cita? —aventuró su hermana mayor la mañana del sábado, Derek recién notando que su pierna temblaba por el nerviosismo mientras miraba el reloj del salón, sentado en uno de los sillones.

—¿No tienes algo más interesante que hacer? —le gruñó el profesor, ganándose una risa de Laura.

—De hecho, sí. Voy al Ministerio. Quedé de reunirme con los asistentes de otros honorables del Wizengamot para discutir una moción.

—… estás tomándote muy en serio esto de ser asistente de mamá.

Laura sencillamente le sonrió antes de inclinarse para besar su sien, como hacía cuando él solo era un niño, y caminar hacia la chimenea donde desapareció en una llamarada verde luego de lanzar los polvos Fluu y nombrar el Ministerio de Magia.

Cuando por fin llegó la hora acordada, Derek salió de las protecciones de la mansión para usar la aparición y llegar a un callejón cercano al Puente de la Torre. Revisando que nadie le hubiese notado, el hombre metió sus manos en los bolsillos de la cálida chaqueta de cuero que Stiles le regaló y se unió a los muggles, caminando en la dirección que su compañero le había escrito en la carta.

Lo sintió antes de olerlo. Lo olió antes de verlo. Y cuando por fin lo tuvo a la vista se contuvo para no correr hacia él y besarle y/o morderle. Porque Stiles estaba usando una jodida sudadera roja con la capucha echada y le recordaba malditamente a Halloween y esa era demasiada añoranza para solo un día y medio alejados.

Llegó a su lado y de pronto tenía a Stiles abrazándole por el cuello y besándole, sin importarle los muggles que se les quedaban mirando con curiosidad y algunos con una mueca por la demostración de cariño. A Derek tampoco le importaba en verdad, por él le quitase allí mismo los pantalones a Stiles y le follase contra la farola en que el chico le había estado esperando, pero se contuvo. Porque no era una bestia salvaje.

—Te he extrañado —le susurró Stiles contra los labios, antes de sonreír y sus ojos brillar—. Sabía que la chaqueta muggle te haría ver delicioso.

—¿Soy una jodida hamburguesa ahora? —preguntó Derek en un gruñido, no queriendo confesar que la sudadera con capucha de Stiles era la que le estaba dando hambre a él. Mucha hambre.

—No, pero de hecho podríamos conseguir una ahora —ronroneó su compañero, soltándole y haciendo que Derek también le dejase ir.

Lo hizo no demasiado convencido, lamentando los centímetros que le separaban, pero Stiles le escribió que quería llevarle a comer por su cumpleaños así que iba a dejarse hacer por un rato. Le siguió por calles no demasiado transitadas, aun manteniéndose cerca del puente, hasta que en una esquina se toparon con un establecimiento pequeño y no demasiado atractivo, aunque no olía a suciedad. Derek solo elevó las cejas a Stiles cuando este le forzó a entrar, tomando una mesa juntos para ser atendidos rápido por una señora mayor. Era poco más de mediodía, así que probablemente aún no habían recibido el grueso de la clientela.

—Denos dos de sus hamburguesas especiales —pidió Stiles por ambos con una sonrisa que la camarera no le devolvió—. Y dos gaseosas, muchas gracias.

Derek aún no estaba impresionado, sin embargo Stiles preguntó por la nochebuena e Isaac y se quedaron hablando de eso hasta que las hamburguesas llegaron. El mayor pudo ver que las expectativas de Stiles se rompían un poco al verlas y luego probarlas, pero en su consideración no estaban malas, y se lo hizo saber.

—Sí, pero no son maravillosas tampoco —comentó Stiles luego de bajar un mordisco con gaseosa, encogiéndose de hombros y finalmente rindiéndose ante su mirada expectante—. Ya había venido aquí, con Scott hace años… fue después de que mi mamá murió —le explicó, comiendo más de la hamburguesa, con la mirada perdida.

—Stiles… no tienes que…

—Pero quiero contarte —el Gryffindor le miró directo a los ojos y bebió un poco de su soda de limón—. Yo estaba… dolido. Mi mamá tuvo algunos episodios de… locura, se podría decir, y al final, justo antes de morir me miró y dijo… dijo “es su culpa” —la hamburguesa de Stiles quedó abandonada un momento en su plato, mientras él tragaba saliva, mirando el montón de pan, carne y verduras ahí enfrente suyo—. Papá dijo que no hablaba de mí, pero es a mí a quién miraba. Solo quería alejarme de todo eso y hablé con Scott. Tomamos el dinero muggle de mi mamá y salimos a recorrer Londres desde el Caldero Chorreante. Salimos a las cinco de la tarde y para las siete ya estaba oscuro y estábamos perdidos. Estuvimos caminando, pero la verdad es que no conocíamos nada, y tampoco podíamos pedir referencias a los muggles. No podíamos ni siquiera hacer magia por temor a que nos descubriesen y nos expulsasen de Hogwarts.

Derek podía imaginárselos. Dos niños de 13 años, perdidos en Londres. Él nunca había escuchado de eso, si lo hubiese sabido… si hubiese sabido que su pequeño compañero había estado perdido en Londres un verano, sin saber cómo volver a casa, expuesto a todos los peligros posibles…

—Scott tuvo un ataque de asma —comentó de pronto Stiles, frotándose la frente con una mano—. Por suerte Melissa siempre le hacía andar con un inhalador muggle por si le daba un ataque y no había nadie que pudiese usar magia a su alrededor. Fue cerca de medianoche que encontramos este lugar. Estábamos hambrientos, perdidos y asustados. No hacía frío, al menos —aceptó sonriendo un poco, mirando a Derek—. Compramos unas hamburguesas, a esa misma mujer —le dijo más bajito, apuntando a la camarera—. Nos trató bien, para ser unos niños perdidos. Incluso nos ofreció llamar a la policía, pero yo le dije que mi padre era uno y que nos lo íbamos a encontrar unas calles más abajo. ¿Qué hubiese pasado si la policía muggle nos encontraban? Scott casi tiene otro ataque de asma por pensarlo.

—¿Qué hicieron? ¿Cómo volvieron a casa? —le preguntó Derek, empujando su rodilla contra la de Stiles por debajo de la mesa. El chico sintió el contacto y se lo devolvió, sonriéndole.

—Mandamos al demonio la prohibición de hacer magia fuera de Hogwarts y usamos un Lumos.

—… llamaron el Autobús Noctámbulo —murmuró Derek y Stiles asintió, mientras se comía lo último que le quedaba de la hamburguesa—. ¿Tuvieron problemas con el Ministerio?

—No después de que se dieron cuenta de que estábamos en una situación de peligro. Que mi padre fuese el Jefe de Aurores sirvió también —rió un poco, mientras sacaba unos billetes del bolsillo y los dejaba encima de la mesa—. Voy a ir al baño —dijo de pronto, mirándole a los ojos—. Tú puedes esperarme aquí… si quieres.

Derek solo aguantó un minuto antes de ponerse de pie. Le preguntó a la camarera que está recogiendo la paga que donde estaba el baño, aunque podía sentir perfectamente el aroma de Stiles, y entonces caminó hacia allí. Disimuladamente echó un par de hechizos antimuggles y de silencio en el pasillo donde estaba la puerta que decía “Varones” y finalmente giró el pomo para entrar.

—¡Al fin! —exclamó Stiles lanzándose contra él.

Se besaron con necesidad y desesperación, con el hambre que la comida no podía saciar. Derek empujó a Stiles con su cuerpo y le oyó quejarse al clavarse en la espalda el lavamanos. Solo entonces se dio un segundo para analizar que el lugar era muy pequeño, apenas un inodoro tras una puerta, un urinario, el lavamanos y nada más. A duras penas cabían los dos y el olor del lugar casi hacía daño al delicado olfato de Derek. Recordando lo “preocupado en los detalles” que Stiles era, consideró que quizás ese lugar no era aceptable para él, preguntándoselo mientras besaba y lamía su cuello.

—No seas idiota —se quejó Stiles por su lado, enredando una mano en sus cabellos oscuros y con la otra sujetando su cazadora—. Por algo te insinué que vinieses tras de mí… solo… no me muerdas aquí ¿quieres?

—Seguro —rió un poco Derek, porque Stiles quería estar con él pero aun así deseaba que la vez que se unieran de verdad, cuando el lazo por fin se completase, fuera algo especial. Lo amaba por ello.

Volvieron a besarse con ganas, acariciándose por encima de la ropa, y Derek casi sintió que iba a explotar dentro de sus pantalones, cuando Stiles se detuvo, medio alejándose. Se preocupó antes de ver su sonrisa y la risa que comenzaba a surgirle del pecho. “¿Qué pasa?” preguntaban sus cejas arqueadas y Stiles solo rió más.

—Soy un idiota. Pasé vergüenza ayer comprando esto —dijo sacando un paquetito cuadrado y plateado que Derek reconoció como un condón muggle— ¿y para qué? Todo porque olvidé que aunque yo no puedo hacer magia fuera de Hogwarts aún ¡mi novio si puede!

Derek se rió con él, acariciando su trasero y atrayéndole más hacia él, frotando sus entrepiernas. Ambos se rieron y jadearon un poco, besándose entre risas, perfectos el uno contra el otro.

—Lo caliente te quita inteligencia —se burló.

—¿Y a ti te quita algo? —le preguntó el menor, mordiendo su cuello, y Derek no alcanzó a decirle “El Control”, porque el muchacho cayó de rodillas ante él.

Derek se quedó un momento quieto al verle allí, con las rodillas de los jeans ensuciándose en esas baldosas viejas, mirándole hacia arriba con los ojos brillantes y el aroma al deseo flotando delicioso hacia él. Su barbilla justo a la altura precisa. El hombre lobo tragó saliva cuando sintió las manos de Stiles en sus pantorrillas, acariciándole hacia arriba por encima del pantalón hasta llegar a su culo y pasar al frente.

No quería dejar de mirar, pero el sonido de la cremallera fue demasiado y tuvo que cerrar los ojos.

—Quiero chupártela —le dijo Stiles en un ronroneo, y él solo pudo gemir echando la cabeza hacia atrás, dejándose hacer, porque su miembro fue rodeado por esa mano cálida y no había nada que quisiera más que ser tocado por su amado.

El calor que sintió en la boca del chico le superó, su lengua probándole. Tuvo que mirarle, y cuando lo hizo casi hubiese deseado mantener los ojos cerrados. La visión de su compañero de rodillas, adorándole con su lengua, era demasiado para que su lobo lo resistiese. Gruñó y sus manos sujetaron la cabeza de Stiles, que dirigió su mirada hacia él, sin dejar de chuparle, apenas un tercio de su polla en su boca. Quería más. Necesitaba más.

—¿Por qué tienes que tenerla tan grande, Derek? —se quejó Stiles, sujetándole el miembro con una mano, mientras pasaba su lengua de la base hacia la cabeza—. Te juro que no sé cómo pude sentarme en las graderías en Beauxbatons durante el partido —gimió volviendo a chuparle, lamiéndole y succionando, arrancándole casi rugidos de placer al mayor.

—No tengo… nada que no puedas soportar. Somos compañeros —jadeó Derek, acariciando la mejilla de Stiles quien se frotó contra su mano, sin dejar de chuparle, mirándole a los ojos. Estaban hechos el uno para el otro.

Necesitaba ver más y uno de sus dedos se metió dentro de la boca de Stiles, aun teniendo su miembro allí. Se embadurnó con la saliva de su compañero y su propio presemen, únicamente para poder frotar la humedad con los labios enrojecidos de Stiles. Dolía a veces, los dientes contra la piel delicada, pero Derek recibía el dolor con placer, porque era la demostración más clara de que su compañero nunca había hecho eso antes. Y lo estaba haciendo ahora. Por él.

“¡MÍO!” rugió su lobo y los ojos de Derek cambiaron mientras, afirmando la cabeza de Stiles con su mano, empujó sus caderas para hundirse más en su boca. La mirada del muchacho se oscureció un poco, hubo apenas un instante en que parecía que se iba a resistir, pero entonces se relajó. No cerró sus ojos, pero bajó sus manos para afirmarse de las piernas de Derek cubiertas por el pantalón oscuro y se dejó hacer. “Hazlo” decían sus ojos, y él no era lo bastante fuerte para resistirse a la invitación.

Así que empujó sus caderas hacia él, frotándose contra su lengua, su garganta, el interior de sus mejillas. Aceptó el dolor de los dientes romos y no se detuvo, hundiéndose con cada embestida un poco más lejos. No podía ver, pero podía imaginar el movimiento en la garganta de Stiles y eso le llevó casi al borde, rugiendo. Las manos de su compañero apretaban sus piernas, sus ojos lagrimeaban, pero aún estaba allí, mirándole con desafío y deseo y Derek no pudo aguantar más.

Se hundió por completo, topando la nariz de Stiles contra su entrepierna, hundiéndose en su oscura mata de vellos púbicos, derramando lágrimas pero gimiendo al tener toda su hombría dentro de su garganta y provocando una placentera vibración en toda su extensión. Fueron sus gemidos y gimoteos, la saliva brotando por los bordes de sus labios, todo eso lo que provocó que Derek se dejase ir y acabase directamente hacia el estómago de Stiles. Rugió con tanta intensidad como lo hizo en Francia, nuevamente agradeciendo por los hechizos de silencio, enviando chorro tras chorro de su semilla dentro de la garganta de su compañero. Salió de él con lentitud, aun corriéndose, solo porque quería que le saborease, que tuviese su boca tan marcada como el resto de su cuerpo. Porque todo Stiles era suyo. Cada pequeño trozo de su piel le pertenecía. Así como todo Derek era de Stiles.

Cuando dejó salir su miembro finalmente de la boca de Stiles, este tosió ligeramente ahogado. Derek no tenía idea de cómo lo hizo para respirar por la nariz todo ese tiempo, pero lo agradecía. Su semen chorreaba de la boca del chico mientras este se recuperaba y era lo más erótico que Derek había visto nunca… al menos hasta que notó que los jeans de Stiles estaban mojados.

Porque Stiles se corrió sin tocarse. Solo chupándole.

—Te amo —tuvo que confesarle, cogiéndole por debajo de las axilas para elevarle y hacer que le besara, sujetando su trasero para que rodease su cintura con sus piernas—. Te amo tanto —le repitió, empujándole contra la puerta cerrada que ocultaba el inodoro. Stiles rió contra sus labios, y cuando habló tenía la voz carrasposa por su garganta abusada. Sus mejillas rojas a juego con su sudadera con capucha.

—Feliz Cumpleaños, Lobo Feroz.


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Luego de abrir los regalos de navidad por la mañana, el resto del 25 Scott y Stiles lo pasaron encerrados en la habitación de Claudia Stilinski. Stiles seguía insistiendo que Scott tenía que ver Star Wars porque de otra forma no entendería nada cuando le acompañase al cine muggle a ver la última en unos días, pero Scott creía que tenía mejores formas de gastar 15 horas de su vida. Así que escucharon música, jugaron algunos videojuegos en los que Stiles solía patearle el culo antes de que se convirtiese en un hombre lobo con reflejos sobrehumanos, y en general se dedicaron a perder el tiempo, como riéndose de lo parecido que era Derek a un gato enfadado popular en Internet. Stiles se metió a buscar en la red global algo sobre las kanimas, porque aún no podía dejar el tema y Scott lo entendía. No era como si hubiesen descubierto como era que Tracy Stewart se transformó en una. Al final Stiles decidió que iría a la Oficina de Aurores luego de que tuviera su cita con Derek, a ver si podía conseguir más información.

—Si tu cita con el conejito termina pronto, podrías acompañarme —le propuso su mejor amigo y Scott sintió que el calor inundaba sus mejillas.

—No tengo una cita con Liam. Solo iré a hablar con sus padres sobre la mordida, a disculparme. Sé que Talia ya habló con ellos, pero como yo lo mordí creo que…

—¡Uuuh, vas a ir a pedirle su mano a sus padres!

—No, Stiles, no.

—¡Si, Scott, si! Eso es lo que te va a decir el conejito mañana —rió el idiota, ganándose que ambos rodasen por el piso de la habitación, golpeándose cariñosamente. Lo cual era un poco injusto, como declaró más tarde Stiles, porque Scott tenía curación acelerada y su amigo ni siquiera podía recibir un Epikey en condiciones por su posible condición.

El sábado por la mañana fueron juntos a la tienda de Madame Malkin a buscar sus túnicas nuevas y revisar si necesitaban algún arreglo de último momento, pero ambas resultaron ser perfectas. Stiles le agradeció el genial segundo regalo de navidad, pero Scott le recordó que era un regalo de Rafael, que hiciera una nota de agradecérselo si lo veía ese día en el Ministerio.

Se despidieron a las once en el Caldero Chorreante, Scott le insistió a Stiles que cogiese un taxi hacia el Puente de la Torre, pero su amigo había impreso un mapa con una ruta en él y dijo que solo se tardaría una hora en llegar caminando desde Charing Cross. Ninguno se explicaba cómo fue que ellos hacía tres años recorrieron esa misma distancia en siete largas horas.

—Caminamos en círculos. Es la única explicación —rió Stiles y él le acompañó en la risa, despidiéndose.

Mientras esperaba que fuese la hora de irse decidió comprar algunos Eclairs con dulce de leche desde el mesón del Caldero, para llevarlos como ofrenda a casa de Liam. Quedó de llegar a las 12, pero veinte minutos antes de la hora Scott ya no pudo esperar más. Un grupo de arpías habían estado mirándole fijamente desde hace media hora y él estaba seguro de que era porque habían sentido su aroma a licántropo. Nunca había leído de las Arpías llevándose mal con los Hombre Lobo pero… no se iba a quedar para averiguarlo.

Supo que estaba en el lugar correcto al salir de la chimenea porque allí en uno de los sillones de la sala estaban mirándole sorprendidos tanto Liam como Mason Hewitt. La sonrisa que se extendió por los labios del tejón hizo que Scott entrecerrase sus ojos, aunque no borró su sonrisa.

—¡Scott, hey! Llegaste pronto —le recibió súbitamente nervioso el Slytherin, parándose a toda prisa y acercándole el cepillo para que se quitase las cenizas de encima.

—Gracias, si, perdón por eso. Me sentía incómodo esperando en el Caldero solo —se disculpó aceptando el cepillo de madera para limpiar su ropa, mirando al mejor amigo de su beta—. Hola, Hewitt.

—Puedes llamarme Mason, si quieres. Ahora que somos prácticamente familia —sonrió algo burlón el chico, y cuando Scott giró a mirar a Liam le notó un poco avergonzado.

—Lo siento, tuve que contarle lo que soy ahora… es mi mejor amigo y…

—No, está bien. Quiero decir, yo no tardé ni tres horas en contarle a Stiles. Tú se lo ocultaste bastante tiempo —le quitó importancia Scott, dejando el cepillo en el estante sobre la chimenea, yendo a sentarse cuando Mason se puso de pie.

—Tú estás sangrientamente en lo correcto. De hecho, yo sigo enojado por eso, así que ahora me voy.

—Hey, Mason —le regañó Liam, pero el chico le guiñó un ojo a Scott, quien parpadeó confundido—. Déjame al menos acompañarte a la puerta.

—Nop, tienes invitados. Ya vendré a molestarte el lunes. Ven a darme un abrazo. Tendrás que contarme todo sobre esa fiesta, ¡¿eh?!

—Podrías acompañarme, no creo que a la señora Hale le molestase.

—No, amigo, tu primera fiesta como miembro de la manada. No serás mi niñera. Además, me voy al Soho con Lucas y su novio Corey. ¡Nos vemos luego, McCall!

—Sí, luego…

Scott se encontró tragando saliva y mirando directamente al fuego hasta que escuchó a Mason irse del todo, Liam habiéndose quedado de pie allí también. Pudo ver claramente como el tejón le tocó el culo y el Slytherin no hizo absolutamente nada para evitarlo. Quizás solo fuese una costumbre entre amigos, no era como que Stiles nunca le hubiese tocado el culo a él pero… ¿por qué rayos su lobo estaba tan jodidamente molesto? Quería rugir y morder la man