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Pull the Stars from the Sky

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Nominado al Grammy en rehabilitación

El músico Sherlock Holmes ha entrado a un centro de rehabilitación residencial para el abuso de drogas.

Holmes, de 23, voluntariamente ingresó a una instalación no revelada el miércoles después de una informada sobredosis en un hotel en Londres.


El músico, mejor conocido por combinar sensibilidades clásicas con metal industrial, fue nominado en 1999 para el premio Grammy al Mejor Nuevo Artista. Holmes ha completado recientemente varias fechas de su gira europea y estaba programado para comenzar una gira por Estados Unidos en Octubre. No hubo ni una palabra sobre aplazamientos o cancelaciones.


“Sherlock es un hombre listo que ha decidido que le espera una vida más plena sin las drogas. Él ha decidido buscar asistencia profesional y se ha comprometido a viajar por un camino más saludable con el apoyo de su familia, amigos y fans,” dijo Emma Hudson, la manager de Holmes. Holmes, quién perdió el Grammy por su colega recién llegado Lauryn Hill, llegó a los titulares por sus comentarios mordaces sobre sus compañeros nominados al Grammy, particularmente los Backstreet Boys.


- Noticias de entretenimiento ABC, Agosto 3, 2000

 


Sherlock Holmes estaba en el infierno. Por lo que podía decir, el infierno era aburrido, abrumador, y lleno con una cadena sin fin de irritantes. Las enfermeras lo seguían cada vez que él dejaba una habitación. Otros reclusos lo miraban, hablando consigo mismos. Hablando de él, pensó algunas veces. Sabía en algún nivel que no era nada más que paranoia común, solo otro síntoma de los químicos dejando su cuerpo, del equilibrio tratando de reajustarse a sí mismo. No le hacía para nada menos inclinado a querer estrangular a todos en la sala.

Escondido, en Nebraska . Mycroft había querido enviarlo a un lugar más elegante, pero Ema dijo que no. Ella quiso a Sherlock fuera el ojo público, y por lo que, en gran parte al menos, él estuvo agradecido. Esta era posiblemente la experiencia más humillante de su vida.

La psicoterapia era lo peor. No. Eso no era verdad. La terapia de grupo era lo peor.

“Sherlock, ¿por qué no nos dices por qué estás aquí?” El líder del grupo ─ ¿Steve? ¿Scott? irrelevante─ preguntó. Pálido, rubio cenizo con un complejo de mesías. Perdió a un hermano  ─más probablemente una hermana─ por la heroína, ahora quería salvar al mundo.

Sherlock se sentó de nuevo en la incómoda silla de plástico cruzando sus brazos frente a su pecho. Estaba muy consciente de que era una postura de protección. “¿En lugar de algún sitio en California?” Humor, también un gesto protector.

Steve/Scott sonrió como si Sherlock hubiera sido original. “Si, pero específicamente, ¿por qué escogiste la rehabilitación?”

Esto era parte del proceso. Había leído bastante acerca de eso. Se suponía que tenía que admitir que tenía un problema. Apretó los dientes. “Cocaína. Inyectada. Tuve una sobredosis.”

Steve/Scott asintió. “¿Y eso hizo que quisieras parar?”

Sherlock miró alrededor de la sala antes de responder. Era un grupo pequeño, cuatro personas. Incluso después de dos días él podía recitar sus historias: dos alcohólicos (uno de ellos catatónico, honestamente ¿qué pensaron que él iba a sacar de la terapia?), una adicta a la heroína (quién iba a recaer el día que fuera dada de alta), y un adicto a las prescripciones (pensó que quizá Oxicodona, pero no podía decir con seguridad). Y él. “No. He tenido sobredosis antes”

“¿Entonces qué?”

Era tan… ordinario y tedioso. “Estaba aburrido. Necesitaba estímulo o mi cerebro se pudría. La cocaína… lo arregló.”

“¿Y?”

“Dejó de funcionar.” Eso era una parte de ello, pero no todo. Para esa última noche en Londres, él ya no estaba consumiendo cocaína. Ella lo estaba consumiendo a él. En lugar de concentrarle, la falta de ella hacía de la concentración algo imposible. Su mente ya no le pertenecía más. Y eso era inaceptable.

Después de eso, permaneció en silencio en el grupo.

No como si importara demasiado. Todavía quedaba la psicoterapia individual. Al principio trató de quedarse en silencio por los cincuenta minutos enteros, pero la presión de hablar era demasiada como para que él la manejara. Él se burló de la terapista. La analizó. Picó y empujó y trató de encontrar toda manera imaginable de hacerla reaccionar a él.

Ella era buena. Le concedía eso. No importaba que tan mordaz fuera, ella nunca picó el anzuelo. Ella regresaba todas sus preguntas hacía él y después esperaba mientras se rehusaba a contestar. En poco, los encuentros de peleas verbales fueron lo más destacado de sus días.

Pero el aburrimiento, dios mío, el aburrimiento. Dado que él había estado tomando substancias para escapar del hastío, esto era, Sherlock sintió, no el mejor escenario para él. Todos a su alrededor parecían esperar. Esperar por el siguiente grupo, esperar para ir a casa, esperar para anotar de nuevo. Algunos de ellos, esperando a morir. Podía leer eso en sus caras, en su lenguaje corporal. Supuso que él también estaba esperando. Por lo que sea que viniera después.

Fue más fácil cuando dejaron que Mycroft le enviara su violín. Había sido su primer instrumento (de muchos), y seguía siendo el único con el que más se sentía en casa. No solo le dio a su mente algo que hacer, si no que proporcionaba una excelente molestia para los demás. El alcohólico esquizofrénico de terapia grupal, un hombre de cabello negro, complexión delgada y ojos inquietos, lo miraba atentamente cada vez que él tocaba. No era poco atractivo, y Sherlock estaba tan jodidamente aburrido.

Un día, se detuvo en medio de la Partita No. 2 de Bach y sonrió hacia él. Era la sonrisa que reservaba para cualquiera que él quisiera especialmente encantar. “¿Te gusta Bach entonces?”

Ninguna respuesta. El hombre de cabello negro parpadeó.

“¿O es solo el violín en general?”

Una mirada fija silenciosa.

Sherlock sonrió maliciosamente, “¿O soy yo?”

“Sherlock.” Uno de los porteros se acercó. “Por favor, no molestes a Rich. Vamos. ¿Por qué no vienes a la estancia a tocar? Estoy seguro de que los demás amarían escucharlo.” Rich, ese era su nombre. Se permitió ser llevado hacia la sala, pero se volvió hacía el hombre silencioso sentado en el banco.

Era un desafío, un rompecabezas que resolver. Sherlock trató de entablar una conversación con él. Nada. Por su parte, Rich usualmente solo respondía con miradas. Lo que habría sido aburrido, excepto que Sherlock se encontró intentando pensar en maneras de hacerle hablar.


John Watson estaba en la cama equivocada. Era muy suave, la posición estaba mal. El techo estaba mal. Estaba recostando en un ángulo hacía arriba. Barandillas a cada lado. Confundido, sus pensamientos no estaban del todo al alcance. No fue hasta que luchó para sentarse que todo regresó. El dolor estalló en su hombro izquierdo haciéndole jadear. Todo dolía, el dolor se concentraba con una luz quebradiza y aguda en su hombro y en su rodilla derecha. Fast-rope* fuera del Chinook, botas golpeando la tierra del alba. Techos de estaño volando de las barricadas del campamento de los ‘West Side Boys’ en el helicóptero descendente.  Gritos. Confusión. El enemigo estaba medio dormido y todavía ebrio por la noche anterior. Debería ser fácil.

“Shh, solo relájese, Capitán. Está en un hospital.”

John permitió ser empujado de nuevo a la cama de su hombro no herido. Trató de concentrarse en la voz. Había un hombre ahí con bata de enfermero usando una etiqueta con su nombre que decía “Bill M.” Abrió su boca para hablar pero salió un gruñido. Bill M. le pasó un vaso con agua con una pajilla doblada. Tomó un sorbo –tibio, ligeramente amargo- e intentó de nuevo. “¿Qué sucedió? ¿Los rehenes?” Su voz era rasposa y casi irreconocible para sus propios oídos.

Bill sonrió. “Misión cumplida, señor. Los siete pudieron salir sanos y salvos. Usted es un maldito héroe, Capitán Watson.”

John se relajó contra la cama. La operación ‘Muerte Segura’ (como apodo dejó mucho que desear) no había ido tan mal después de todo. Excepto. “¿Qué tan mal?”

“Logrará una recuperación completa, señor”

John movió su mano vagamente. “No yo. El escuadrón D. ¿Qué tan mal?”

La sonrisa del enfermero se suavizó cerca de los bordes y luego se desvaneció. “Un muerto en combate.*”

“¿Quién?” Pero él ya sabía, podía ver la sangre derramándose debajo de sus manos. Era la última cosa que recordaba.

“Cullen, señor.”

Los labios de John se apretaron dibujándose hacía abajo en las esquinas. “¿Heridos?”

“Tres heridos, incluyéndolo a usted. Se llevó la peor parte, Capitán. Metralla a su rodilla derecha, una ronda a través de su hombro izquierdo. Apenas rozó el pulmón pero tuvo suerte. Debería de ir a casa en unas semanas.”

Casa. Eso debió de sonar como buenas noticias pero no lo eran. “¿Me están enviando de regreso a Inglaterra para recuperarme?”

El rostro del enfermero le dijo todo lo que necesitaba saber. Le estaban enviando de vuelta a Inglaterra para pudrirse.

John cerró sus ojos.


“Johnny, ¿Por qué estás siquiera discutiendo sobre esto? Eres mi hermano, por supuesto que vienes a casa conmigo.”

John suspiró y se movió en una de las espantosas sillas de visitantes. Estaba contento de estar fuera de su habitación, pero a este punto, estaría mucho mejor solo en el atrio de los visitantes. La lluvia caía por las paredes de cristales, el mundo de tornaba marrón conforme llegaba el otoño. Su rodilla dolía, signos de qué podría esperar más adelante. Ya estaba cansando de caminar con un bastón. Planeó deshacerse de él tan pronto como fuera posible. “Harry, es realmente amable de tu parte ofrecerte pero tu y yo sabemos que nos volveríamos locos el uno al otro”

“No quise decir para siempre, idiota.” Ella lucía inteligente como siempre: traje a la medida y cabello rubio fresa con un corte que John apostaba que vendría costando cerca de una semana de su paga. “Solo ven a quedarte conmigo hasta que averigües que es lo que sigue.” Ella levantó la vista hacía él a través de un marco de mechones estilizados como alambres. “¿Qué más estás planeando hacer?”

Él frotó sus manos sobre su cabello haciendo una mueca. “Tendré mi pensión para empezar. Tengo un poco reservado. Puedo encontrar algo.”

“John.” Su voz fue suave y él no quiso mirar hacía ella. Supo que vería lástima en sus ojos y ya había visto más de lo necesario de aquello en las últimas semanas. “Esta bien, ¿sabes? Sé que esto no es lo que planeaste, no es lo que tu querías.”

“No, cállate, cállate.” John cubrió su rostro con sus manos por un momento. “No morí ahí afuera, joder. Pude haberlo hecho. No lo hice.”

“No tienes ni la más mínima idea, ¿verdad? ¿Qué-“

John se sentó muy quieto, solo respirando. “Harry. Cállate, joder, y escucha.” John bajó sus manos y se volvió para mirar hacia ella. “Solo voy a decir esto una vez. Un hombre murió porque no pude mantener mi mierda en orden lo suficiente como para mantenerlo con vida. Yo regresé. Él no. Y no sientas lástima por mi tampoco, joder. Estoy aqu. Completo.” Se detuvo. “Necesito hacer algo con eso. Algo que valga la pena. Solo… Solo no sé qué.”

Ella tomó su mano y él luchó exitosamente contra la urgencia de retirarla. “Entonces ven a casa conmigo hasta que puedas averiguarlo. Sé que le dijiste al Ministerio de Defensa que querías algo de tiempo. Tómalo. Tengo la habitación de invitados. Por favor.”

John suspiró. “Soy un horrible invitado.”

“¿Y?”

“Dejaré vello en tu lavabo.”

Harry sonrió. “Clara ya lo ha hecho.”

“Espera, ella. ¿Qué?”

“Rasurándose las piernas. En el lavabo.”

John tragó repentinamente golpeado por la imagen mental de largas piernas arqueadas sobre baldosa de cerámica y esta no era realmente la forma en la que debería de estar pensando acerca de la expareja de su hermana. Solo empeoró cuando Harry se río. “Lo sabía. Sabía que te gustaba.”

“Cállate. He estado encerrado aquí por cuatro semanas. Ten un poco de jodida compasión, ¿quieres?” John sacudió su cabeza una vez bruscamente para desalojar la imagen.

“Así que esta decidido entonces. Vienes a quedarte conmigo.”

“Si, de acuerdo,” cedió. “Pero solo por un tiempo. No demasiado largo como para hacer querer matarte.” Harry apretó su mano, lo cual era lo más demostrativa que se podía poner.

“¿Con tu entrenamiento? No creas que no me voy a tomar esa amenaza en serio.”

Se sonrieron el uno al otro, y por unos minutos, John pensó que podría ver un atisbo de un futuro de nuevo.



Su terapista lo llamaba ‘reunión familiar’. Sherlock lo llamaba pesadilla. Mycroft se sentó en el consultorio de la terapista frente a él con toda su gloria de traje de tres piezas y completamente abotonado. Apenas treinta y se vestía como el abuelo de alguien. Las comisuras de su boca estaban aladas hacia abajo claramente, y Sherlock podía leer resentimiento en cada ángulo de su cara y sus hombros.

“De verdad no veo porque esto es necesario,” dijo Sherlock tan pronto como la doctora se sentó.

La Dra. Schultz dejó su expediente (el expediente de Sherlock) en la mesa junto a ella y sonrió. “Ya pasamos por esto, Sherlock. Uno de los factores más importantes en tu éxito después de dejarnos es el nivel de apoyo que recibas de tu familia y amigos.” Ella miró hacia Mycroft incluyéndolo en sus comentarios. “Tu hermano quiere ser parte de tu recuperación. Es importante que intentes dejarlo.”

“Oh, por favor. Él no quiere ser parte de mi ‘recuperación’. Solo quiere que el problema desaparezca. El problema, claro, siendo yo.”

“Sherlock.” Dios, esa empalagosa y suave voz. Sherlock la odiaba. Tan razonable. Tan calmada. “Estamos preocupados por ti. Mami ha estado solo enferma desde que has estado aquí.”

Sherlock estaba al borde de decir algo grosero cuando la Dra. Schultz dijo, “Sherlock, ¿por qué no le dices a Mycroft lo que me mencionaste acerca de porque estabas consumiendo?”

Sherlock cruzó sus brazos. “Demasiado para la confidencialidad médico-paciente.”

“Sherlock, te estás comportando como un niño.” Aha, ahí estaba el Mycroft que había estado esperando. “Por el amor de dios. Solo queremos que te mejores.”

Sherlock rodó sus ojos. “Solo quieres mantenerte al margen de los periódicos. ¿Cuál es el problema, Mycroft? ¿Preocupado de que tu pequeño hermano con mala fama te cueste tu control de seguridad?”

Mycroft miró hacia la Dra. Schultz con una expresión que claramente decía ‘Ves con lo que estamos tratando aquí.’ En lugar de unirse a él, la Dra. Schutlz murmuró, “Sherlock, ¿por qué no le dices a tu hermano que es lo que necesitas de él?”

“Nada. Él puede gobernar el mundo sin mi ayuda.” Sherlock le mostró a Mycroft un destello de dientes más que una sonrisa. “Y yo puedo joder a mi manera a través de él sin su ayuda.”

“Honestamente, Sherlock. Esto, ¿de nuevo? A ninguno de nosotros nos interesa a quién te llevas a tu cama. Nosotros solo queremos que seas un poco más discreto al respecto-“

“De closet, querrás decir.”

Mycroft tenía su rostro remilgado de regreso. “Esa es una palabra un poco fea pero-“

La Dra. Schultz interrumpió. “Mycroft. Deja a Sherlock terminar. Sherlock, ¿sientes que tu familia desaprueba tu orientación sexual?”

Sherlock rodó los ojos. “Claro que lo hacen. Y mi elección de profesión.”

“¿Y eso fue por lo que empezaste a usar drogas?”

Él le fulminó con la mirada. “Sabe que no lo fue. La cocaína me ayudaba a pensar, me ayudaba a crear.” Mycroft chasqueó la lengua y Sherlock dirigió la mirada fulminante hacia él. Ellos cavaron hoyos el uno al otro por un momento silencioso, después Sherlock continuó, “Y entonces ya no lo hizo. Así que decidí detenerme.”

“¿Y no crees que tu familia pueda hacer algo para ayudarte una vez que salgas de aquí?” Preguntó la Dra. Schultz.

Manteniendo sus ojos sobre Mycroft, Sherlock dijo, “Ellos pueden quedarse fuera de mi jodido camino.”

“Bueno,” Mycroft dijo levantándose sobre sus pies. “Dra. Schutlz, muchas gracias por invitarme. Siento mucho si esta reunión no fue tan útil como usted tenía esperado.” La Dra. Schutlz se paró también. Sherlock se quedó en donde estaba.

“Estoy segura de que Sherlock seguirá en contacto, Sr. Holmes.”

“Si.” La mirada que él le dio a Sherlock claramente decía ‘Lo dudo’. “Sherlock, por favor, cuídate. Mami si se preocupa.” Sherlock le dio una pequeña sonrisa mientras veía a Mycroft irse.

 


Olor a cordita y clorofila y a metal de la sangre. Amanecer carmesí/selva oliva. Radio-tiroteo-crepitación. Hombre caído, hombre caído. Dios, es Cullen. Agacharse. Quédate conmigo, quédate conmigo. Rostro pálido y quieto ya. Maldita sea. Quitar blindaje. Encontrar punto de presión. Detener sangrado.

Árboles alrededor quejándose, pedazos de corteza cortando su cara. Tener que moverse. Tambalearse-cargar. Fuera de la línea de fuego. Tropezar. Pierna adormecida. ¿Qué?


Sangre en todas partes. Sangrando demasiado, desangrándose. John lucha por lograr una posición en cuclillas recompensado con  un grito en su rodilla derecha. Descansa sobre su rodilla izquierda, pone todo su peso sobre la herida en el pecho frente a él.


Nada más. Una explosión de dolor. Negro.


Salir de la oscuridad. “¿Capitán? Quédese conmigo. Vamos, bastardo. Míreme.”


Más distante, urgente. “¿Dónde está el jodido
helicóptero?”

Dolor en todas partes.




John despertó sobresaltado de un sueño interrumpido, el movimiento haciéndole apretar los dientes contrarrestando el dolor de su rodilla. Estaba mucho mejor de lo que había estado, y con otra semana o dos de fisioterapia esperaba que el dolor se fuera completamente. No importaba, por supuesto. Un simple pedazo de metralla ya le había costado todo por lo que había trabajado, diez años de su vida ahora inútiles. Sacó sus piernas cerca del borde de su estrecha cama, mirando la hora. No como si importara. No como si tuviera algún sitio donde tuviera de estar.

Se frotó su cara sintiendo el rastro de una barba de tres días. 4:30 a.m. Demasiado temprano para levantarse. Si se duchaba ahora despertaría a Harry. Se recostó de nuevo sobre la cama del cuarto de invitados de su hermana con un brazo cruzando su frente.

Por el rabillo del ojo podía ver el tatuaje sobre lo alto de su brazo, Excalibur envuelta en llamas con las palabras “Quién arriesga gana” entintadas debajo. Volvió su rostro.

No podía quedarse con Harry por mucho tiempo. Necesitaba sostenerse en sus propios pies, encontrar un trabajo, ir al colegio, algo. Veintiocho años y la carrera que él había querido más que nada estaba terminada.

Pero estaba vivo. Si hubiera sido un poco más rápido, si el francotirador hubiera sido un poco más lento para jalar del gatillo, Cullen quizá seguiría vivo. Cullen, quién tenía una esposa y dos niños ahí afuera en algún lado, una razón para dejar el servicio, una razón para volver a casa.

Joder. John se empujó fuera de la cama con mucho más fuerza de la estrictamente necesaria. Se puso el par más cercano de pantalones y una camiseta. Todavía estaba oscuro afuera pero no podía soportar estar recostado ahí más. Le haría bien a su rodilla ir por una caminata de todas formas.

Y si era realmente afortunado, quizá alguien trataría de robarle. Golpear algo sonaba justo como lo que recetaba el doctor.



Tan pronto como tuvo oportunidad, Sherlock logró hacerse con una llamada hacia la única persona que pensó podría ayudar. “Greg. No tienes idea de cuan aburrido es aquí.”

“Hola para ti también, sunshine. ¿Cómo te sientes?”

“Aburrido. Estoy tan cansado de hablar sobre drogas que no quiero mirar ni un gramo de nada de nuevo.”

Greg río. “Bueno, supongo que esa es una forma de dejarlo.”

“En serio, Greg. Por favor dime que las cosas se ven bien para la gira.” Sherlock se sentó en una de las horribles sillas de plástico y se recargó contra la pared.

“Sobre eso…” Greg se pausó por un poco de mucho tiempo. “Sherlock, la gerencia me quiere fuera.”

“¿Qué? ¿Por qué?” Se puso de pie. Su voz llegó un poco demasiado lejos ganándose una mirada de la estación de enfermeras. “Completamente inaceptable. Estás tu de manager o no voy.”

“Bueno, míralo desde su perspectiva, ¿si? Te dio una sobredosis bajo mi vigilancia, Sherlock.”

“Pero eso no fue tu culpa, tú no eres mi maldita niñera.”

Greg río, de la manera en que la gente ríe hacia las cosas que no creen que son graciosas. “Eso era exactamente lo que era y lo sabes.”

Sherlock se levantó y avanzó unos pasos pasando su mano por su cabello. “Te necesito. Eres el mejor ingeniero que he tenido.”

“Y el peor manager de gira,” dijo Greg.

“Llama a la gerencia. Estoy cancelando la gira si tú no estás en ella.”

“Oh, por el amor de Dios, Sherlock. ¿Crees que de verdad tienes mucha influencia ahora? Ellos están amenazando con desconectarla de todas formas. ¿Olvidaste en donde estás?”

“Si, si, estoy en rehabilitación. Pero no por mucho tiempo más.” Sherlock dejó de caminar intentando pensar. Pensar era mucho más difícil en ese lugar, como empujar a través de lodo. Sus ojos se abrieron cuando pensó en una solución. “Diles que retengan mi pago. Todo. Como garantía de quedarme limpio mientras estamos en los Estados Unidos. No lucharé contra ellos si tu estás en la gira.”

Greg suspiró. Sherlock casi podía escucharle sacudiendo la cabeza. “Estás loco. Maldita y absolutamente loco.”

Sherlock respiró profundamente. “Lo harán, sabes que lo harán. Probablemente ya están hablando sobre eso.”

“Veré que puedo hacer. No hay manera en el infierno en la que me dejen dirigir la gira, sin embargo.”

“Me importa un carajo eso,” dijo Sherlock. “Deja que ellos envíen a cualquier lacayo con el que puedan salir. Puedo trabajar con eso.”

“Sherlock, si esto funciona, tienes que mantener tu parte del trato. La tuya no es la única carrera en la línea...”

Medio escuchó percatándose que tenía audiencia con Rich. Sonrió, tanto para la audiencia como para el hombre del otro lado del teléfono. “Puedo hacer esto, Greg. Sin nada más, lo haré solo para molestar a Mycroft.” Su sonrisa se amplió, y para su sorpresa, Rich le sonrió de vuelta.



Dos días después, Harry regresó a casa con una sonrisa sobre su rostro y una bolsa de comida China para llevar. John miró hacía arriba desde las listas de empleos. “¿Qué te pasó?”

Harry dejó la comida en la barra de la cocina y comenzó a sacar tazones de cartón y plástico. “Ven a poner la mesa,” dijo. “Primero comeremos. Después hablaremos.”

Con sospechas aumentadas, John fue a la cocina a hacer lo que ella pidió. Bajó platos del gabinete y los llevó a la mesa. “Eso suena… Como a problemas.”

“No lo es,” dijo Harry tomando un plato y sirviendo una pila de fideos y vegetales. “Es brillante. No puedo creer que no haya pensado en eso antes.”

“Oh, Dios,” dijo John tomando una botella de agua mineral del refrigerador —Nada de alcohol en la casa, ya no más. “No estarás tratando de tenderme una trampa de nuevo, ¿verdad?”

Por alguna razón, eso hizo que la sonrisa de Harry se retorciera. “No. No de la forma en que estás pensando de todas formas.” Ella no dijo nada al principio prestando atención a los dumplings y al arroz por unos minutos. Finalmente tomó una respiración profunda y dijo, “Quizá tenga un trabajo para ti. Y tú eres perfecto para él.”

John enarcó sus cejas con la boca llena de fideos. “Trabajas en una compañía productora de música. No se ni una maldita cosa acerca de música. ¿Qué es lo que me tendrás haciendo? ¿Cargando cajas por ahí? ¿Archivando documentos?”

“Mejor. Come primero.” Después se rehusó a decir otra palabra sobre eso hasta que hubieron terminado con la cena y hecho el aseo. Ella le condujo de nuevo a la sala de estar y lo sentó en el sofá.

La vio con recelo. La mirada en sus ojos era extrañamente parecida a aquella vez cuando él tenía doce y ella diez, y ella sugirió que llenaran sus pistolas de agua con agua bendita de la iglesia para así poder ir a cazar vampiros. “Harry… ¿Qué estás tramando?”

Harry se sentó con las piernas cruzadas en sofá grande y eso no hizo nada para disipar la imagen de ella como una traviesa niña de diez años. “¿Cuánto sabes sobre Sherlock Holmes?”

John frunció el ceño. El nombre era familiar, vagamente. Con un nombre como ese, seguro que debía de recordarlo. “Músico, ¿no? ¿Uno de los tuyos?” Harry asintió. Lo pensó de nuevo por un momento. “¿En algún tipo de problema? Eso es todo lo que tengo realmente.”

“Nada mal para quién a estado fuera del país durante el último año,” dijo Harry. “Él es todas esas cosas. Estrella en ascenso, podría ser grande si pudiera mantener su mierda junta. Está a punto de ir de gira por América y le falta un manager de gira.”

“¿Estás bromeando, verdad?”

“John, eres perfecto para eso. Todo lo que tienes que hacer es mantener las cosas funcionando. Mantener a la gente a tiempo y en línea, hacer arreglos. Es mucho de logística, pero podrías hacerlo.”

“Harry…” Sacudió su cabeza.

Ella respiró hondo. “John. Necesito que hagas esto por mí. No solo porque necesitamos a alguien en quién podamos confiar-porque dios sabe que lo hacemos-si no porque necesito que lo hagas. Necesitas salir del país por un rato. Irte de aquí.” Él comenzó a protestar, y ella lo cortó con un movimiento de mano. “Lo digo en serio. Necesitas salir de aquí. Es solo por unos meses, y cuando regreses, tendrás una canasta de huevos aún más grande y algunas historias interesantes para contar.”

“Diez años en el ejército, tengo lleno mi cupo de historias interesantes,” murmuró.

“Oh, pero no como estás.” Ella sonrió, y la chica demoniaca estaba de vuelta. “Esto es rock and roll, John. Vamos. Sabes que quieres una oportunidad de mandar a la gente alrededor de nuevo.”

Bufó. “No estoy diciendo si. Pero háblame sobre eso.”

“Bien.” Ella balanceó sus piernas abajo y se inclinó hacía adelante, todo excepto frotando sus manos juntas. “Viajar a través de los Estados Unidos. Salir con un grupo muy unido de individuos pero disfuncionales y llegar a conocerlos demasiado bien. Lidiar con el dinero, mantener a todos a tiempo. Solo mantener las cosas funcionando.”

John hizo una mueca. “Suena como nuestras ultimas vacaciones familiares siendo niños.”

“Pero mejor ,” ella dijo.

“Muy bien, ¿Cuál es el truco?”

“Tienes razón acerca de Sherlock estando en problemas. Justo acaba de salir de rehabilitación. Nosotros- bueno, nosotros esperamos que funcione, por falta de una palabra mejor, pero no estamos seguros.”

John se frotó su frente. “Quieres que haga de niñera a un drogadicto.”

“Quizá un poco.”

“Harry-“

“No es como si no lo hubieras hecho antes.” Su voz fue suficientemente suave que él miró hacia ella.

“Eso era diferente.”

“Si, lo sé,” dijo con una sonrisa tenue. “Entonces tenías que desperdiciar tu licencia para dejarme sobria. Esta vez será tu trabajo. John… él no puede ser difícil. No te mentiría.” Él hizo un gesto para que continuara. “La familia Holmes, son bastante elegantes. Sherlock puede ser muy de escuela pública algunas veces, aunque pretenda no serlo. Y está un poco consentido.”

“Esto solo suena mejor y mejor.” John se apoyó de vuelta contra los cojines del sofá. “¿Algo más que tengas que lanzar sobre mí?”

“Bueno… Es gay.”

La frente de John se arrugó. “¿Y? Igual la mitad de tu oficina.”

Harry encontró los bordes de los cojines del sofá muy interesantes de repente. “Y… Es bastante agresivo al respecto. Hemos perdido alguna buena gente de esta gira porque no podían hacerle frente.”

“Bien, entonces me estás diciendo que llegará a mí.”

“Probablemente. Y John, estoy segura de que no necesito decirte…”

“Harry.” Le llamó la atención con el pie. “¿De verdad estás a punto de decirme que dormir con un consentido drogadicto en mi cargo es una mala idea? Porque ya me había dado más que cuenta.”

“Él puede ser muy… carismático.”

“Y estoy adivinando que petulante y arrogante y grosero,” dijo John. “No están en mi lista top ten de rasgos que busco en un polvo.”

“No,” dijo Harry con torciendo su boca, “pero demasiado guapos y necesitados están. Solo ten cuidado, ¿de acuerdo?”

“Soy un chico grande, Harry. Puedo mantener mis hormonas bajo control.”



Se encontraron en la oficina de Mike Stamford. John hubiera preferido que se encontraran en la de Harry pero aparentemente se requería más tierra neutral. Así que se encontraron en la del jefe de Harry. Sherlock estaba sentado en la oficina cuando John llegó. Se puso de pie, y parecía ir hacía arriba, arriba, arriba, Dios era alto. Entonces se dio la vuelta. John había visto fotografías de Sherlock Holmes antes, y había leído algunas entrevistas con la esperanza de poder conocer a su nueva responsabilidad. Eso no le preparó para esto. Sintió como si alguien le hubiera dado un buen golpe en el plexo solar. Las fotos mostraron los pómulos de niño bonito, el lustroso cabello oscuro y la piel blanca. No mostraron el cambiante gris-verde-azul de sus ojos, o la expresividad de su boca-actualmente dibujada en lo que solo podía ser llamado un puchero.

Oh, joder, Harry. Estoy en problemas.

“Sherlock,” dijo Mike, “este es el Capitán John Watson, tu nuevo manager de gira. John, Sherlock. El Capitán Watson recién regresó a casa del servicio.” Extendieron las manos, las estrecharon y John sintió un cosquilleo por su columna. Mierda.

John esperaba que su nuevo cargo viniera con una comitiva completa. Pero no fue así, solo su anterior manager de gira, Greg Lestrade. John le tomó gusto a él de inmediato, lo que le sorprendió ya que estaba efectivamente tomando el trabajo del hombre.

“Greg va a quedarse como ingeniero de sala,” explicó Mike. “Hizo doble función por un rato, pero eso es realmente mucho para esperar de cualquiera, creo.”

Greg sonrió levantando una pregunta en la mente de John. Algo de historia ahí entonces. Claramente no fue tan malo si él todavía estaba con la gira.

“Un capitán,” dijo Sherlock. “¿Es la participación militar realmente necesaria? ¿Está esperando dirigir un cargo, Capitán Watson?”

“Ahhh,no,” dijo John. Probó una sonrisa y encontró que casi le quedaba.

“¿Tiene mucha experiencia con el negocio musical entonces?” Los ojos de Sherlock le hicieron sentir como si el hombre estuviera arrastrándose dentro de su cráneo.

“El Capitán Watson viene altamente recomendado.” Mike dio un paso suavemente. “Creo que encontrarás que es un hombre de muchos talentos.”

“Lo es.” John reconoció evaluación en los ojos de Sherlock, y mentalmente se pateó a si mismo por preguntarse como estaba midiéndole. “Si, estoy seguro de que lo es.”

Mike se aclaró la garganta. “Caballeros, tenemos algunos detalles en los que trabajar. ¿Comenzamos?” Hizo un gesto hacía las sillas alrededor del escritorio. Los cuatro hombres se sentaron en ellas y empezaron a trabajar.