Actions

Work Header

Pedacitos de Ti

Chapter Text

Clint no había conocido en toda su vida a nadie que le sacara tanto de quicio como lo hacía Pietro Maximoff. Ni siquiera Tony Stark, lo cual era mucho decir.

(Estaba Loki, por supuesto, pero lo de Loki estaba en otro plano totalmente distinto y por eso no contaba)

Desde su primer encuentro, cuando después de derribarle Pietro le soltó su estúpida frasecita: «¿No lo has visto venir?» que Clint se prometió a sí mismo que un buen día le daría su merecido. Nadie subestimaba a Ojo de Halcón; puede que no fuera un dios como Thor, ni tuviera superfuerza como el Capi ni se convirtiera en un monstruo invencible como el doctor Banner. Y puede que fuera mucho más lento que el chaval, pero Clint formaba parte de los Vengadores por algo más que su cara bonita.

Antes de la batalla final contra Ultrón en Sokovia, Clint hubiera dado lo que fuera para perder a Pietro Maximoff de vista y no volver a ver esa sonrisa burlona nunca más.

Ten cuidado con lo que deseas, ¿no?

 

En realidad para entonces Clint ya se sentía responsable de los gemelos, y por eso pensaba a menudo en aquel momento fatídico cuando cogió a aquel niño en brazos y cerró los ojos aceptando que había llegado el final. En lo que pensó que eran sus últimos segundos de vida se lamentó por tener que abandonar a Laura, por no poder ver crecer a sus pequeños, y especialmente sintió el no tener oportunidad de conocer a su Nathaniel. Pero la muerte no le había alcanzado. Abrió los ojos, confuso, y vio al chico con el pecho lleno de agujeros, soltándole su frase del demonio antes de desplomarse. El muy idiota le había salvado la vida y encima se había asegurado de tener la última palabra.

Clint, exhausto y herido, se tumbó a su lado en el bote. No quería dejar de mirarle, necesitaba asegurarse que Pietro todavía respiraba; aunque cada vez lo hacía más lentamente al tiempo que el color iba desapareciendo de su cara. Pese a sus esfuerzos Clint había terminado desmayándose, y para cuando despertó ya se habían llevado a Pietro.

Ya solo cabía esperar.

 

Porque no está muerto, pensó cuando volvió a casa y pudo abrazar a la familia a la que no hubiera vuelto a ver si no hubiera sido por él. Está en manos de la doctora Cho y seguro que se recuperará por completo porque su hermana le necesita y él haría lo que fuera por ella, incluso vencer a la muerte.

No, no está muerto, pensó cuando cogió al diminuto Nathaniel en brazos por primera vez y decidió que Pietro sería un segundo nombre perfecto para su hijo.

No está muerto, solo está… dormido, eso es, fue lo que pensó cuando al fin reunió el valor suficiente para ir a verle. Gracias a la doctora Cho sus heridas físicas habían sanado por completo pero su mente se resistía a recuperar la conciencia. Fue duro verle, de todas formas. No quedaba más que el cascarón de aquel chaval cargante al que no había tenido tiempo de conocer, e incluso eso también chocaba con el recuerdo que tenía de él. Pálido, mucho más delgado y flácido, casi parecía otra persona.

Clint había oído eso de que era positivo hablar a los pacientes en coma, así que, siempre que podía, se sentaba a su lado y lo hacía. A veces le contaba cosas de su familia, otras veces le explicaba anécdotas divertidas sobre S.H.I.E.L.D. que se le ocurrían, otras simplemente hablaba de la última película que había visto, el último libro que había leído o la reforma más reciente que había hecho en casa. No es que pensara que Pietro despertaría si escuchaba su voz ni nada por el estilo, en cualquier caso reaccionaría antes con la voz de su hermana que con la suya, pero le hacía sentir mejor estar a su lado y ver a su pecho subiendo y bajando. Le ayudaba a no olvidarse de que no estaba muerto.

Clint seguía esperando.

Natasha también le recordó que no estaba muerto cuando ella y sus amigos vinieron a celebrar el primer cumpleaños de Nathaniel. Y es verdad, no lo está, pero, ¿realmente hay alguna diferencia? Ya ha pasado más de un año y el chico sigue en coma. No le culpo. Todo lo que ha sentido estos últimos diez años ha sido dolor y rencor. Quizá esté mejor donde sea que esté.

—¡Pietro ha despertado!— les dijo Wanda, cuando Clint ya casi había perdido las esperanzas de que lo hiciera.

Pietro estaba vivo.

 

Pietro se tuvo que someter a un montón de pruebas médicas antes de que le dejaran recibir visitas, a excepción de Wanda que no se separó de su lado. Wanda había asegurado a los médicos de Pietro que la mente de su hermano estaba perfectamente y no había sufrido ninguna secuela irreversible, pero estos, siguiendo órdenes del Capitán,  insistieron en seguir el protocolo. 

Cuando por fin pudo ir a verle, Clint tuvo la absurda idea de que a lo mejor, después de tanto tiempo, Pietro ni siquiera le recordaba.  Esa idea se esfumó en cuanto Pietro le vio y le sonrió.

Wanda le dio las gracias por estar allí y les dejó solos.

—Hey, viejales. ¿Has venido para regodearte de que ahora yo soy más lento que tú? —le dijo en forma de saludo Pietro, algo trabajosamente y con su marcado acento de Europa del Este.

Clint rio, aliviado de que, pese a todo, Pietro siguiera siendo el mismo chaval impertinente de siempre. Tenía que admitir que se sentía muy bien volver a oír su voz.

—Te recuerdo que un viejales sin poderes como yo te pateó el culo cuando estabas en plena forma. —Clint se sentó en la silla al lado de la cama—. Así que menos humos, chaval.

—Ya me imaginaba que ni estando yo medio muerto me ibas a tener compasión. No tienes corazón, Barton.

—Nop. Nada de compasión. En realidad solo he venido a decirte que cómo se te pudo ocurrir hacer una tontería como aquella. ¿En qué estabas pensando?

Pietro vaciló, probablemente tratando de decidir si contestar en serio o seguir con la broma.

—No sabría decirte. Ni siquiera te tenía especial aprecio entonces —dijo el chico, escogiendo la respuesta seria. Clint no pudo evitar preguntarse si ahora sería distinto—. ¿Sabes? Después de morir mis padres, Wanda y yo nos prometimos cuidar el uno del otro pasara lo que pasara. Mi hermana es lo único que tengo y mi vida durante mucho tiempo se ha resumido en protegerla a ella y en buscar cómo vengarme de Stark. Yo sé que Wanda no entendió por qué me sacrifiqué por otra persona que no fuera ella, dejándola sola, pero… Supongo que después de ver en acción al verdadero S.H.I.E.L.D. no hubiera podido vivir conmigo mismo si os hubiera dejado morir a ti y aquel crío.

Clint le dio una palmadita tierna en la cabeza.

—Eres un caso. Pero, si te sirve de algo… Quiero que sepas que ahora mismo hay tres niños que siguen teniendo a su padre gracias a ti. Así que… gracias.

A Pietro se le iluminó la cara completamente. A Clint le encantó verle así.

—Pero ni se te ocurra volver a hacer una tontería semejante si no quieres vértelas conmigo —le advirtió Clint, y Pietro rio suavemente.

—Si no fueras un debilucho no tendría que estar salvándote la vida —le replicó burlonamente.

—Muy subidito te veo después de haberte pasado tanto tiempo en coma, ¿eh? ¿No te han enseñado nunca a tener respeto a los mayores?

—Creo que me salté esa clase en el cole —respondió Pietro con cierto pesar y a Clint le entraron unas ganas terribles de rodearle con sus brazos y protegerle de todas las cosas malas del mundo.

—Ya te enseñaré yo unas cuantas cosas cuando salgas de aquí —le prometió, y Pietro enarcó las cejas—. Educación básica, no te imagines cosas raras. ¿Qué te han dicho los médicos?

—Que me recuperaré por completo, pero que no fuerce demasiado. De momento me han aplicado unos supresores para que no pueda utilizar mi velocidad hasta que haya recuperado la forma física, ya que mi cuerpo ahora mismo no está preparado para ese esfuerzo y podría hacerme daño.

—Tiene sentido. ¿Caminar puedes?

—Un poco, pero me canso muy rápido.

—Es normal, si llevas más de un año sin moverte de la cama. Pero seguro que en cuestión de días ya estarás correteando por la base como si nada, ya verás.

—Espero que más pronto que tarde —suspiró Pietro—. Oye, Clint, ya que estás aquí, quería preguntarte una cosa. Eras… Um. ¿Eras tú?

Clint frunció el ceño.

—¿Era yo el qué?

Pietro dudó un instante, como si no se atreviera del todo a formular la pregunta.

—Cuando estaba en coma… No puedo decir que me enterara mucho de lo que pasaba a mi alrededor, pero en todo momento sabía que mi hermana estaba conmigo. Sabía cuándo estaba aquí a mi lado y el resto del tiempo nuestras mentes estaban conectadas. Pero además de ella… y, las enfermeras, imagino… Había alguien más que venía a menudo a hablarme. No recuerdo nada de lo que me decía pero sí que sé que su voz era… re-reconfortante, diría. Y d-de alguna manera era como si s-siempre estuviera aguardando a que esa persona regresara. ¿E-eras tú? ¿Esa persona?

Pietro había empezado a temblar.

—Sí que era yo. No quería que te sintieras solo donde fuera que estuvieras —le aseguró Clint con dulzura. Pietro asintió, cruzando los brazos sobre su pecho.

—Qué bien. D-deseaba que fueras tú. M-me alegro de caerte bien pese a todo.

—Hey, Pietro, ¿estás bien? —Clint le puso una mano en el hombro, preocupado. Pietro sacudió la cabeza. Tenía los ojos llenos de lágrimas.

—W-Wanda. Lo ha pasado t-tan mal y yo quería s-ser fu-fuerte para ella. P-pero… No puedo… Es d-demasiado…

Clint se sentó a su lado en la cama y llevó la cabeza de Pietro hacia su pecho, hundiendo sus dedos en el pelo plateado.

—Shhh —le susurró—. Saca todo lo que tengas dentro, no te lo guardes. Estoy aquí para ti, ¿vale?

Pietro se agarró a la camiseta de Clint y rompió a llorar como probablemente no había hecho en años. 


Unos días después a Pietro le dieron el ok para salir de las instalaciones médicas que habían sido su hogar durante los últimos meses. Se sentía un poco raro. Aunque estaba deseando largarse de allí y retomar su vida, tampoco podía negar que su futuro próximo le llenaba de incertidumbre.

—¿Estás listo? —le preguntó Wanda, mucho más ilusionada de lo que estaba él mismo.

—Supongo que sí, pero…

—¿Qué ocurre?

Pietro suspiró y se sentó en la cama un momento.

—La verdad es que me parece un poco increíble que estés viviendo bajo el mismo techo que Tony Stark —le admitió. Se le revolvía el estómago solo de pensar en tener que verle la cara todos los días y no entendía cómo su hermana podía haberle perdonado tan fácilmente después de todo lo que les había hecho.

Wanda se sentó a su lado y entrelazó sus dedos con los de él.

—A mí tampoco me hacía gracia al principio, pero… Stark no es el monstruo que pensábamos que era. No es un santo tampoco, pero no es mala persona una vez empiezas a conocerle.

—Temo que te haya engañado con su carácter manipulador, hermanita —le dijo, nada convencido.

—¿A mí? Te recuerdo que veo el interior de la mente de las personas, hermanito —le rebatió su hermana, y Pietro tuvo que admitir que era un buen argumento—. Pero si no quieres vivir con él lo entiendo perfectamente, y ya sabes que no estás obligado a venirte a la base conmigo. El Director Coulson se ofreció a que te fueras con él una temporada, ¿te acuerdas? Estarías bien con Daisy y Lincoln.

—¿Y no me echarías de menos? —preguntó Pietro, agradecido por la comprensión de Wanda.

—Claro que te echaría de menos, pero nos veríamos siempre que quisiéramos. Lo único que me importa es que tú estés bien.

Pietro le dio un beso en la sien.

—¿Y tú? ¿Estás bien allí?

—Sí —respondió ella con firmeza—. Natasha ha sido un apoyo increíble, y tanto ella como el Capitán se han asegurado de hacerme sentir que hay un lugar allí para mí. Por primera vez desde que murieron mamá y papá que ya no me siento perdida, Pietro.

—Me alegra mucho oír eso. La verdad es que no me veo viviendo en un avión, así que quiero estar contigo, Wanda. Yo también quiero intentar encontrar mi lugar.

Wanda soltó una exclamación de alegría y le abrazó por el cuello con tanta fuerza que a punto estuvo de ahogarle.

 

Ya en la base de los Vengadores, Pietro no pudo sino mirar maravillado su habitación. Era mucho más grande que lo que había imaginado, con televisión y hasta su propio baño. Sintió de inmediato que iba a estar a gusto en aquel lugar.

—Sabía que te gustaría —aplaudió Wanda—. Y espérate a ver el gimnasio, estoy segura de que no vas a querer salir de allí. Pero antes que nada quiero que veas la sala de estar donde nos reunimos todos a ver películas o a pasar el rato en general. Es mi estancia favorita.

Pietro sonrió al ver a su hermana tan entusiasmada. Estaba cansado y lo que le apetecía realmente era echarse en su cama, que parecía comodísima, pero no se vio con corazón de decepcionarla, así que accedió a ir con ella.

Wanda le cogió de la mano y le guio hasta la sala – y Pietro se encontró de golpe con la encerrona. Nada más poner un pie en la estancia le recibió una explosión de saludos, abrazos, y expresiones de bienvenida y de alegría por parte de sus nuevos compañeros. ¡Había hasta globos y pancartas en las que se leía «Bienvenido a casa»!

Wanda le presentó a los compañeros que no conocía: James («Llámame Bucky»), Sam, y el otro James («Llámame Rhodey»). Agradeció el interés del Capitán, de Natasha (a la que dio las gracias por haber cuidado a su hermana), de Visión (con el que tenía que hablar muy seriamente sobre sus intenciones hacia Wanda) y aguardó en silencio mientras Stark se disculpaba profusamente por todo el daño que hubiera podido hacerle y le aseguraba que estaba a su total disposición para cualquier cosa que pudiera necesitar.

—Ya veremos —murmuró Pietro sin querer comprometerse a nada. Afortunadamente, Stark no insistió y le dejó en paz después de eso.

Pietro buscó a Clint con la mirada, expectante, pero, para su decepción, no le vio.

Unos minutos después Pietro aprovechó que todos estaban ocupados hablando entre ellos para escabullirse momentáneamente hacia la esquina donde estaba la mesa con la comida. No se sentía particularmente hambriento, pero cogió de todas formas un par de patatas fritas para hacer tiempo.

—¿Qué, agobiado ya? —oyó que le preguntaba una voz familiar a su espalda, y cuando se giró comprobó con alivio que se trataba de Clint.

—Pensaba que no habías venido —le dijo Pietro algo acusatoriamente.

—Claro que he venido, no podía perderme tu fiesta de bienvenida. Solo había salido fuera un momento.

—Me alegro de que estés aquí. Y respondiendo a tu pregunta, después de tanto tiempo encerrado en mi propia mente, este jaleo nada más llegar resulta un poco… Um. —Cuando Pietro se ponía nervioso le costaba más hablar en inglés.

—¿Abrumador? —procuró Clint.

—Eso, sí. Me sabe mal, porque es un gesto muy bonito por vuestra parte.

—No digas tonterías. Es normal que te agobies, nadie te va a tener en cuenta que necesites tu tiempo para habituarte a todo esto.

—Ya… —Pietro miró al suelo, sintiéndose un poco culpable por no poder corresponder la amabilidad de los demás.

—Hagamos una cosa. Espérate cinco minutos más y pasado ese tiempo si te sigues queriendo ir, lo haces tranquilamente —le ofreció Clint—. Pero antes de que te vayas tienes que probar la tarta que ha hecho mi mujer especialmente para ti. Ya verás que cuando la pruebes te sentirás mejor.

Sin esperar respuesta Clint cortó una porción de la tarta de cerezas que estaba en una esquina de la mesa, la puso en un platito y junto a un tenedor se lo dio a Pietro. Tenía tan buena pinta y olía tan bien que se le hizo la boca agua. Probó un cachito tentativamente y casi se le derritió en la boca.

Era lo más rico que había probado en años.

Cerró los ojos instintivamente, como para saborear la tarta todavía más, y sin querer dejó escapar un pequeño gemido de placer. Clint soltó una risita.

—Te lo dije. Pero no irás a echarte a llorar otra vez, ¿no?

Pietro  sintió que se le encendían las mejillas.

—No. Y me prometiste que no se lo ibas a contar a nadie. —Ya se sentía suficientemente avergonzado por el ataque de llorera del otro día. Pese a que Clint le hubiera animado a desahogarse y que fuera exactamente lo que necesitaba, era algo que prefería que quedara entre ellos dos. Clint simuló que se cerraba la boca con una cremallera—. Es solo que ni me acuerdo de la última vez que comí tarta.

Clint le sonrió afectuosamente.

—Pues disfruta, chaval, que a partir de ahora te esperan un montón de cosas buenas, ¿me oyes?

Pietro asintió, sin saber qué decir, y continuó comiendo la deliciosa tarta.

—Ven un momentito conmigo, que me gustaría presentarte a alguien —le pidió Clint antes de que Pietro pudiera servirse otra porción. Dejó el plato en la mesa y Clint le puso una mano en la parte baja de la espalda para guiarle hasta donde se encontraba una guapa mujer con un bebé en brazos.

—Pietro, esta es Laura, mi mujer —les presentó.

—Encantado —dijo Pietro, y se sorprendió cuando la mujer le rodeó el cuello con un brazo y le dio un cálido beso en la mejilla.

—Gracias. Muchísimas gracias —le dijo Laura.

—N-no hay de qué —contestó como pudo Pietro.

—Y este pequeñín… —prosiguió Clint, cogiendo al bebé y acercándoselo a Pietro—. Ha podido conocer a su padre gracias a ti.

—Oh. Hola —le saludó Pietro, sin saber muy bien cómo tratar a un niño tan pequeño. Para su horror, Clint se lo pasó y no tuvo más remedio que cogerle en brazos—. ¿Cómo se llama? —preguntó, colocándose bien al chiquitín de manera que no se le cayera.

—Nathaniel. Nathaniel Pietro Barton —le respondió Clint, y Pietro abrió mucho los ojos. El bebé empezó a dar palmadas en su cara con sus diminutas manos y a Pietro se le hinchó el pecho.

Pietro Barton.

—Tengo que admitírtelo, Barton —dijo Pietro, sin dejar de mirar al bebé que le sonreía enseñándole sus adorables dientecitos—. Esto sí que no lo he visto venir.