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En busca del rey consorte

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Marco estaba furioso. Más que furioso. Él era conocido por ser el vampiro más tranquilo de la realeza e incluso lo describían como aburrido y así había sido.
Desde la pérdida de Dídime, nada había tenido importancia. Por él como si masacraban a toda la especie y mejor si se lo llevaban por delante. Quería morir. Nada le ataba a los Vulturis excepto los lazos de lealtad que Chelsia mantenía y bueno. Aro era su cuñado... Ex cuñado...
Pero el motivo de su furia no tenía nada que ver con aquello.

Tras haber pasado varios siglos solo, manteniendo relaciones sexuales solo por necesidad, había encontrado a alguien que le devolvió las ganas de vivir.
Sabía, desde el momento en el que su amada Dídime había muerto, que nunca podría querer a una mujer de nuevo. Así que no le sorprendió que su interés fuese un hombre.
Sabía que se le había concedido una segunda oportunidad al mirar aquellos ojos y no iba a desaprovecharla.
Ni siquiera le importaba que no fuese un vampiro y que tuviese magia. Era suyo para amar.
Pero se había marchado sin dejar rastro y nadie sabía donde estaba. Ni siquiera Demetri, con su don, podía encontrarlo.
Tal vez sería apropiado relatar como comenzó todo.

Irina y Victoria, dos vampiresas que en opinión de Marco estaban despechadas, solicitaron audiencia con la realeza.
Al parecer, los Cullen ocultaban dos humanos entre ellos y no daban la impresión de querer convertirlos.
La pelirroja aseguraba que uno de ellos era la pareja de uno de los Cullen y que el otro era como uno más de la familia.
Aro sentía curiosidad y Cayo estaba furioso. Bueno. No difería mucho de su estado normal.
Así que tras deliberar, mandaron a cuatro miembros de la guardia para informar al clan Cullen de que los Vulturis solicitaban su presencia cuanto antes debido a ciertas acusaciones.
Alice vería llegar a los guardias y Edward podría leer lo acontecido en el salón de audiencias pero no les importaba realmente.
Si las acusaciones eran ciertas y Aro había comprobado que así eran, los Cullen tendrían que responder ante sus crímenes.
Si no por el de matar a las parejas de dos vampiresas, por el de mantener humanos con ellos sin convertirlos o matarlos.
Marco sabía que James y Lauren no eran los compañeros reales de las mujeres, pero cualquier relación si era duradera aunque no fuese con su Coeur, era importante. La pérdida no sería tan dolorosa como si perdieran a su Coeur, pero la tristeza y la sensación de pérdida sería igualmente fuerte.
El Coeur era la otra mitad de cualquier ser vivo. Lo que actualmente llamaban Alma gemela. Para un vampiro era algo precioso y de valor incalculable y se decía que encontrarlo era sinónimo de felicidad.
Los Vulturis habían creado leyes para proteger a quienes encontraban a su otra mitad ya que por ellos se haría cualquier cosa.
Nunca se había tenido constancia de que un vampiro tuviera dos Coeur, porque normalmente, si el coeur moría, el otro integrante de la pareja se iba con su compañero o compañera.
Así que la sorpresa de Marco fue mayúscula cuando uno de esos humanos que los Cullen ocultaban resultó ser su Coeur.

Harry tenía dieciocho años.
Hacía menos de un año que había derrotado a lord Voldemort y había vuelto con su familia adoptiva.
Ellos lo habían encontrado en un callejón lleno de basura cuando tenía tres años y desde entonces se hicieron cargo de él.
Los Cullen lo cuidaron, lo adoptaron y le dieron todo su amor incondicional.
Rosalie, que más que una hermana mayor parecía su madre, había destrozado media casa al enterarse de la profecía por la que su niño era perseguido.
Harry fue a Hogwarts e hizo varios amigos de distintas casas incluida Slytherin. Le daba lo mismo si por ello le llamaban traidor y futuro Señor Oscuro. Para él las personas eran inocentes hasta que se demostrase lo contrario. Eso le había enseñado su familia. Por eso, no dudó en creer a Sirius cuando le contó su historia en el tercer año.
Fue una bendición casi divina que los Cullen tuvieran una casa en Escocia en la que pudo ocultarse su padrino porque el hombre detestaba Grymmauld Place. Ese lugar no le traía más que horribles recuerdos que en nada ayudaban a su mejora tras tanto tiempo en Azkaban.
Dos años más tarde, Harry estuvo a punto de perder a su padrino por causa del velo de la muerte y la maldita Belatrix Lestrange que le había lanzado una maldición.
Black no la esquivó, pero Remus pudo empujarlo hacia un lado antes de que atravesara el arco que contenía el velo.
Cuando cuatro personas con capa llegaron a la casa Cullen, todas sus alarmas se encendieron. En ese momento tenían a varios humanos allí y...
Así que todos tuvieron que coger un avión en dirección a Volterra.
Bonita manera de pasar unas vacaciones.

Marco veía aburrido como Aro hacía su pantomima de siempre. Le gustaba el espectáculo y un juicio no era menos.
Pero entonces entraron los humanos y la sonrisa falsa del líder se quedó congelada en su cara.
No podían matar a esos humanos porque eran magos y el mundo mágico tenía una tregua con ellos.
Así que no tenían nada.
Y fue en ese momento cuando Marco se dio cuenta. Allí estaba su Coeur. Pero no podía ser. Dídime estaba muerta. Sin embargo la evidencia estaba allí.
Se había mantenido tan desconectado de todo, que le chocó que su otra mitad se diera la vuelta y se alejara con los demás.
No podían retenerlos y se iban.
No hizo nada. Se quedó allí mirando como los guardias escoltaban a los Cullen y a sus invitados fuera del salón.
Él era su Coeur pero...
Cuando salió de su aturdimiento ya era demasiado tarde. Se habían ido.
Y cuando mandaron a los guardias a buscarlo, la casa estaba vacía y no se conocía otro lugar donde los Cullen pudieran vivir.
Demetri trató de rastrear a cada miembro, pero algo los ocultaba.
Seguramente el poder de esos magos.