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The Remote Control

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The Remote Control

Oh, Dios Mío

Solté un suspiro mientras mi mirada seguía clavada en la pequeña caja blanca en mi cama. Sabia que estaba metida en un gran lio, pero no podía echarme para atrás, había reunido todo el coraje de diez años para comprarlo y ahora necesitaba usarlo.

Suspire mirando la hora y solo tenia unos pocos minutos antes de que mi clase comenzara.

- Solo hazlo, tu relación depende de esto – murmure acercándome a la pequeña caja y sentándome en mi cama.

Sentia como si todos me miraran, como si supieran lo que estaba haciendo, pero sabia que eso era imposible.

- Hola Bella – la voz de mis dos mejores amigas hizo que casi saltara de mi piel.

- H-hola c-chicas – respondí tratando de aclarar mi garganta.

- ¿Lo tienes? – pregunto Rose con una sonrisa en su rostro.

- S-si –

- ¿Lo estas usando? – ahora fue turno de Alice para mostrarme sus dientes perfectos en su sonrisa Colgate.

- …. –

- Vamos Bella – dijo tomándome del brazo y con fuerza aun desconocida para mí, me arrastro hasta el árbol donde solíamos sentarnos a comer - ¿Lo estas usando, si o no? – volvió a preguntar, pero esta vez de manera seria.

- S-sí, pero ¿Por qué tengo que hacerlo? – dije cubriendo mi rostro con mis manos mientras sentia mi rostro calentarse a más no poder.

- ¡Basta Bella! Tu dijiste que tenias que hacer lo necesario para salvar tu relación con Edward, ¿o no? – contesto Rose quitando mis manos de mi rostro.

- Si – fue lo único que pude decir.

Edward y yo habíamos comenzado a salir poco después de que iniciáramos la universidad, ya casi un año y medio atrás. Todo había estado bien, él era un caballero en todo sentido de la palabra, Esme, su madre se encargo de ello personalmente. Él se había convertido en mi primer todo; mi primer novio formal y mi primer amante. No recordaba exactamente como nos conocimos, pero de pronto nos encontrábamos por casualidad en la biblioteca, me invitaba un café o me acompañaba a mi departamento cuando salía muy tarde de estudiar, hasta que al final nos hicimos novios oficialmente. Un par de meses después conocí a Esme y Carlisle Cullen, sus padres. Ellos eran muy amables conmigo y estaban orgullosos de Edward.

Para cuando cumplimos cuatro meses decidimos dar el siguiente paso en nuestra relación, me había sentido un poco nerviosa, pero Edward se había encargado de que todo fuera muy especial y fue paciente conmigo. No puedo decir que fue la mejor experiencia que tuve en mi vida, anteriormente Edward había tenido una novia con quien había mantenido relaciones por lo que sabia lo que hacia y quería, en cambio yo no había logrado llegar al orgasmo.

Las cosas habían sido un poco raras después de eso, pero él fue muy paciente conmigo y lo entendió, continuamos teniendo sexo y había aprendido a disfrutarlo de cierta manera, hasta el momento no había logrado tener un orgasmo.

Pense que todo estaba bien, pero no era así.

*** Flash Back ***

- ¿Q-que sucede Edward? – pregunte mientras tomaba las sabanas de su cama para cubrirme. Habíamos tenido una cita después de una larga semana, él había pasado por mí en la cafetería en donde trabajaba, habíamos comprado comida para llevar, vimos un par de peliculas y las cosas comenzaron a escalar en cierto punto, lo que nos había conducido a su habitación y a su cama.

- Lo siento, no puedo – contesto sentándose en la orilla de la cama y colocándose su bóxer.

- ¿Q-que? – pregunte sorprendida antes sus palabras - ¿Cómo que no puedes?

- No sé, no puedo concentrarme en ello – dijo pasándose las manos por su cabello y dando vueltas alrededor de la habitación.

- Esta bien, ambos tuvimos una semana muy pesada y larga – conteste mientras buscaba mi ropa interior.

- No es eso – volvió a tomar asiento y soltó un suspiro.

- ¿Entonces? – una fría presión se instaló en mi corazón.

- Es… es como si hubiéramos caído en una rutina… - sus palabras me atravesaron.

- ¿Te refieres a hacer el amor? –

- No… no es eso… - suspiro con frustración y volvió a pasar sus manos por su cabello - Bueno, si.

- ¿Puedes ser más especifico Edward? – comenzaba a sentirme algo molesta ante su falta de claridad.

- Dios, es que siento que algo nos falta –

- ¿Algo nos falta? Pues no sé qué podría ser eso, sabias desde el inicio que no yo no tenia experiencia alguna, pero aun así he estado dispuesta a intentarlo – sin importarme más mi desnudez comencé a colocarme mi ropa de manera brusca.

- No Bella, espera – dijo colocándose rápidamente sus pantalones y siguiéndome cuando salí de la habitación – No quise decir eso.

- ¿No? Pues que curioso porque eso es lo que yo entendí Edward – para este momento sus palabras me dolían más de lo pensado - ¿Crees que caímos en la rutina? ¿Qué quieres? ¿Qué me vista como una zorra? ¿Qué salga a la calle vestida únicamente en una gabardina?

- ¡YO NO HE DICHO ESO! – exploto mirándome molesto.

- ¡¿ENTONCES QUE EDWARD?! ¡¿QUÉ ES LO QUE QUIERES?! – sentia mis ojos arder, pero me negaba a dejar que las lágrimas cayeran – ¡SI LO QUE REALMENTE QUIERES ES ACOSTARTE CON OTRAS SIMPLEMENTE DIMELO! 

- … -

- ¡Ja! ¿O sea que es eso? No es que nosotros cayéramos en una rutina, si no que te has aburrido de lo nuestro y quieres que terminemos para que puedas acosarte con quien quieras sin sentir culpa –

- ¡MALDITA SEA! ¡YO NO HE DICHO ESO! –

- Tienes razón, no lo has dicho, pero tu silencio fue más que suficiente – tomé mi bolso de donde lo había colocado cuando llegamos y me dirigí a la puerta.

- Espera Bella – dijo acercándose a mi – Todo es un malentendido.

- Mira Edward, lo mejor será que me vaya y pensemos bien las cosas – su voz se oía algo desesperada.

- Es que no hay nada que pensar –

- Yo creo que si Edward, debemos de pensar si queremos continuar con esta relación cuando uno de nosotros se siente de esa manera – fue lo último que dije.

*** Flash Back End ***

Creo que esa había sido la primera vez en que una de nuestras peleas duro más que un par de días. Por una semana no conteste ni sus llamadas ni mensajes, me sentia herida.

Yo sabia que no todo había sido su culpa, admitía que yo también reaccioné mal ante sus palabras y después de hablarlo con mis amigas decidí hacer algo para reparar nuestra relación.

¿Cuál había sido la solución?

Juguetes Sexuales

Rosalie y Alice me hablaron de lo bueno que eran para salir de la rutina, de como era divertido jugar de vez en cuando, e incluso Alice me hablo de los vibradores inalámbricos y de como era divertido usarlos en publico y jugar con tu chico sin que nadie se enterara, al final los dos estarían más que listos a la “hora de la acción”.

Sabía que eso iba más allá de lo que yo manejaba, pero era la opción más viable ya que Edward no era muy fan de los disfraces.

Así que después de darle vueltas al asunto, me arme de valor, fui a una sex shop y me compre unos de los famosos vibradores.

La cuestión había sido cuando debía usarlo, por lo general Edward y yo nos veíamos más durante la universidad, después cada uno tenia un trabajo y en ocasiones pasábamos el tiempo en su departamento o en mi habitación. Así que, por cuestión de lógica, era mejor en la escuela, ambos compartíamos algunas clases juntos, lo cual seria “fantásticos” y al final, podíamos escaparnos para desfogarnos, según las palabras de Alice.

Así que aquí estaba, con un vibrador en mi coño y un control remoto en mi bolso. Ahora solo me faltaba encontrar a Edward.

Pero para medio día continuaba sin encontrarlo y la humedad en mi entrepierna era tal que me incomodaba caminar.

- ¿Y? ¿Cómo te va? ¿ya se están por reconciliar? – pregunto Alice cuando se sentó a mi lado durante el almuerzo.

- No, aún no lo encuentro, no se presentó en biología ni en Algebra – respondí soltando un suspiro y dejaba caer mi cabeza en la mesa – Creo que no vino hoy.

- ¿Y que vas a hacer? – Rose me miro con pena por un momento, sabia que esta era mi última carta y el idiota de mi novio no se presentaba, ahora estaba medio cachonda y sin valor necesario para hacer esto otra vez.

- Creo que al final será mejor que Edward y yo nos demos un tiempo – murmure.

- ¿Estás segura? – de las tres, Rose siempre había sido la más sensata y nos trasmitía eso para tomar decisiones de manera segura.

- Si, lo he estado pensando y Edward en cierto sentido tiene razón, desde hace un tiempo siento que falta algo importante en nuestra relación – dije.

- Si, orgasmos de tu parte – murmuro Alice haciendo que la miráramos mal, se suponía que era un secreto de noche de chicas y esos secretos se olvidaban al día siguiente – Bueno lo siento, pero es verdad, mira se que lo amas y todo eso, pero eso no es lo único que cuenta en una relación, siempre les ha faltado esa chispa.

- ¿Nos falta esa chispa? – pregunte confundida y mi mirada se dirigió a Rose, quien suspiro y coloco su mano sobre la mía.

- Lo siento, pero Pixie tiene razón – Alice hizo un sonido de ofensa ante el nombre, pero lo dejo pasar – Ustedes son demasiado dulce, demasiado… demasiado pero no tienen esa chispa.

- ¿Pero de que maldita chispa hablan? –

- De la chispa de la pasión, de esa que se ve en los ojos de Alice cuando ve a Jasper – comento señalando a nuestra amiga, ahora entendía.

Con que esa chispa.

Y pensándolo bien, creo que ellas tenían razón. Desde que iniciamos nuestra relación podía decir que nos faltaba algo importante, y supongo que eran esas enormes ganas de saltarnos encima y arrancarnos la ropa. Cada vez que habíamos hecho el amor se había dado casi porque lo planeábamos, cuando Edward me invitaba a pasar la noche en su departamento era seguro que tendríamos sexo, casi lo contrario a cuando lo invitaba a mi habitación, ya que las tres compartíamos departamento me sentia incomoda haciéndolo con ellas cerca.

- ¿No crees que ambos se están haciendo daño así? Tal vez lo que les falta no consigan estando juntos, tal vez lo puedan encontrar en otra persona – comento seriamente Alice, ella había pasado por eso, se había enamorado una y otra vez, así como había llorado las mismas veces hasta que se encontró con Jasper Whitlock, consiguiendo lo que le faltaba: la chispa.

Ahora entendía lo que nos faltaba, nos faltaban esas ganas de arrancarnos la ropa y de que Edward me follara en donde sea, sin que me importara quien estaba a los alrededores.

- Hablare con Edward y pondré un fin definitivo a lo nuestro – dije más segura.

Nuestra conversación se vio interrumpida por la alarma de nuestros móviles, anunciando que pronto iniciarían nuestras clases.

- Iré al baño rápido – dije tomando mi bolso – Nos vemos en el salón – ambas asintieron tomando sus cosas.

Jamás imagine que haría tal cosa en un baño escolar, pero no pensaba estar con el vibrador lo que restaba del día… pero claro, a la vida le gustaba reírse de mi porque el baño más cercano a mi clase estaba clausurado y no podía darme el lujo de ir a otro porque llegaría tarde y hoy tenía un examen, así que no me quedo de otra más que irme.

Y si había comentado que la vida le gustaba reírse de mí, ahora podía decir que reía a carcajada limpia porque al meter mi mano en el bolsillo de mi suéter encontré que no tenía el control remoto.

- Eso fue rápido – Alice cuando me acerque a ellas.

 - Chicas tienen que ayudarme – susurre mientras las jalaba a una esquina.

- ¿Qué paso? Te vez algo pálida – comento Rose.

- Perdí el control – respondí.

- ¿Perdiste el control? ¿Quieres decir que te corriste? – pregunto Alice sorprendida.

- ¡NO! – exclamé en voz baja – No Alice, literalmente perdí el control remoto de… eso.

- ¡¿Qué?! – exclamaron ambas en voz alta, pero una mirada alrededor les hizo ver su error.

- ¡Vuelvan a lo suyo bola de chismosos! – exclamó Rose.

- Necesito encontrarlo –

- No te preocupes, nosotros te ayudaremos – comento Alice.

- Pero ¿y si alguien lo encuentra? – pregunte desesperada.

- No tendrían porque saber que es tuyo – dijo Rose poniendo sus manos en mis hombros - ¿Dónde lo tenías?

- Lo tenia en mi bolso, pero lo saque antes del almuerzo, para dárselo a Edward en caso de que lo viera – sentia como mis manos comenzaban a sudar por los nervios.

- Bueno, no te preocupes, pero dime ¿te lo quitaste? – pregunto Rose.

- No pude, los baños están clausurados y no tenia tiempo para ir hasta los que están en la otra ala – dios, sabía que esto era mala idea.

 - ¿Bella? – una voz gruesa hizo que mi corazón se paralizara por un momento.

- Oh, hola, Emmett – saludé escuchando como Rose resoplaba y Alice murmuraba de que regresarían a sus lugares - ¿C-como estas? – comencé a sentirme nerviosa.

- Bien, ¿crees que podamos hablar cuando termine la clase? En privado – pregunto haciéndome una seña con sus ojos hacia mis amigas, Rose no lo soportaba porque Emmett amaba hacer bromas y le había hecho una, su cabello permaneció verde por un mes hasta que recupero su brillo dorado y Alice lo dejaba pasar, en ocasiones reía de sus ocurrencias.

- Claro – asentí.

- Te espero en el salón 269 en el tercer piso – dijo antes de dirigirse hasta su lugar, las chicas no pudieron preguntarme nada porque justo en ese momento el profesor entro.

No entendía lo que Emmett quería decirme, pero siempre había sido una persona misteriosa, nunca hacia lo que esperabas de él.

Conocí a Emmett McCarthy en el penúltimo año de preparatoria, al principio no entendía su sentido del humor ni las cosas que hacía, o porque lo hacía, pero tras un proyecto escolar juntos comenzamos a hacernos amigos y eso me salvo de sus bromas.

Debo decir que desde el momento en que Emmett y yo iniciamos nuestra amistad hubo algo muy especial, éramos inseparables, de tal manera en que para todos (incluidos los maestros) el no vernos juntos, muchos daban por hecho de que ambos éramos una pareja, pero la verdad no podría ser otra. Lo admito, siempre he sentido algo por él, era alto, musculoso, tenia un cabello rizado negó y unos ojos azules que cautivaban por el brillo especial que poseían.

Nadie lo sabía, pero Emmett había sido mi primer beso y habíamos llegado a segunda base una noche después de la fiesta de invierno de la escuela, seguimos así un par de ocasiones más hasta que él se tuvo que mover fuera de la ciudad pocas semanas antes de graduarnos.

Había sido una sorpresa encontrármelo en la universidad para el segundo semestre del primer año, no podía decir que nuestra “relación” volvió a reanudarse, principalmente porque parecía no llevarse bien con Edward y este último no lo soportaba, pero de vez en cuando hablábamos.

Fue un milagro que pudiera enfocarme en el examen frente a mí, una vez que termine repase una y otra vez los posibles lugares en donde pude perder el maldito control remoto, pero no había tenido suerte.

- Ustedes busquen el control desde mi clase de Algebra hasta donde comimos, yo necesito hablar con Emmett, las veo en un rato – dije tomando mis cosas y correr hasta el lugar destinado.

- Pasa – se hizo a un lado cuando toqué la puerta y no pude evitar dar un brinco cuando esta se cerró detrás de mí – Lo siento.

- ¿Y? ¿De qué querías hablarme? – pregunte dejando mi bolso en una de las mesas, por lo general los salones del tercer piso muy rara vez se usaban, por eso se me hacia un poco extraño que me citara aquí. Emmett no dijo nada, solo me miro largamente hasta que sonrió perversamente - ¡AH! – exclamé cuando algo en mi coño comenzó a vibrar haciendo que lo mirara son sorpresa.

- Jamás pense que te atreverías a hacer algo como esto – dijo levantando su mano, mostrándome el pequeño control remoto color morado.

- E-Emmett de-dejame explicarte – no pude contener un gemido cuando aumento la velocidad.

- Vi que algo se cayó de tu suéter cuando saliste de Algebra, cuando lo recogí dije: “qué diablos”, así que te seguí para entregártelo, pero cual crees que fue mi sorpresa – narro subiendo aún más la velocidad - ¿Quieres pensar cual fue?

- N-no, por favor, Emmett, a-apágalo – pedí mientras apoyaba mis manos en mis rodillas, podía sentir como mis bragas se comenzaban a mojar aún más.

- Bueno, mi sorpresa fue escuchar que el idiota de tu novio no ha sido capaz de darte un orgasmo – lentamente se acerco a mí y comenzó a caminar a mi alrededor – Porque yo claramente recuerdo cuando te corrías con mis dedos, con mi boca – esto último lo susurro en mi oído, cosa que me hizo estremecer.

- Emmett por favor – susurré cerrando los ojos fuertemente cuando sentí un cosquilleo en mi clítoris.

- Por favor ¿Qué? – sus manos se colocaron mi cadera y pegaron mi espalda a su pecho, sus manos serpentearon por debajo de mi blusa hasta llegar a mis senos, donde comenzó a masajearlos, jugando con mis pezones atreves de la delgada tela de mi sostén.

- A-apágalo – roge, sentia como dejaba delicados besos en mi cuello sin dejar de mover sus manos.

- ¿Por qué? Se que te gusta, amabas como jugaba con tu cuerpo – sí, debía admitirlo de nuevo. Emmett nunca me jugo una broma después de que comenzamos a ser amigos, pero una vez que comenzamos a descubrir nuestros cuerpos, tomo fascinación por jugar con el mío. Nunca llegamos a la penetración, pero podíamos pasar horas desnudos jugando con nuestros cuerpos, resistiendo las ganas de llegar al orgasmo – Al parecer, lo recuerdas, muy bien… o al menos, tu cuerpo lo hace.

Sus palabras hacían que mi cuerpo elevara la temperatura, sentia mi respiración entrecortada mientras apoyaba mi cabeza en su pecho.

- Esto es lo que haremos, durante la próxima clase jugaremos con este pequeño juguete tuyo – susurro contra mi oído – Si logras resistir correrte, te regresare el control después de clases.

- ¿Pero…? –

- ¿No me digas que no puedes? – se burlo subiendo la velocidad otra vez, haciendo que abriera mi boca en busca de aire, comenzaba a sentir algo que no sentia en mucho tiempo – Es raro, recuerdo como te encantaba torturarme, hacerme suplicarte…

- Emmett… - gemí, llevé una de mis manos a su nuca y la cerré en un puño.

- Por lo que veo tu “querido novio” no ha podido lograr que te corras mientras te folla – se burlo tirando de mis duros pezones - ¿te toma delicada y lentamente?

- S-si… Ah, Emmett -

- Pero eso no es lo que te gusta… Necesitas a alguien que te folle con fuerza y duramente – sus palabras junto a la vibración en mi centro me estaban acercando a ese paraíso que había olvidado - ¿Te quieres correr?

- Si – Dios, estaba tan cerca y pronto todo se detuvo.

- Es hora de volver – dijo sonriendo perversamente, solo en ese momento fue consciente del que se había alejado de mí – Te veo en clases – agrego saliendo del salón y cerrando la puerta detrás de él. Teníamos suerte que casi nadie viniera a estos salones y que las ventanas estuvieran cerradas con cortinas oscuras.

Solté un suspiro de frustración, había estado tan cerca. Como pude me arregle la ropa y les mande un mensaje a las chicas para pedirles disculpas por no alcanzarlas, les invente que un profesor me había detenido para hablar de una clase y prometí hablar con ellas después.

Cuando llegue al salón Emmett ya se encontraba sentada hasta la parte trasera y me señalo hacia el lugar a su lado. No pude evitar estremecerme cuando se siente y me dio una sonrisa inocente.

No habían pasado más de diez minutos cuando pegue un pequeño brinco al sentir que había encendido el vibrador, haciendo que cerrara mi puño sobre mi corta falda y mordiendo mi labio.

Una hora.

Tuve que soportar el torturoso placer durante una hora entera, Emmett poco a poco subía la velocidad, haciendo que mi placer estuviera a punto de explotar para después simplemente apagarlo, dejándome siempre al borde.

- Te espero en el mismo lugar – dijo antes de salir del aula.

Me tomo un minuto tomar fuerza para levantarme y caminar, sentia mis bragas más que mojadas y solo esperaba que nadie se sentara en donde había estado porque estaba más que segura que estaba mojado también.

- Vaya, no pense que soportarías una hora completa – escuche su voz cuando entre al salón por segunda vez en el día – Eso sin contar nuestro juego previo – lo encontré sentado en un sillón de dos plazas en una esquina, no lo había notado primero, pero al parecer usaban el lugar como un almacén, ya que había varios muebles colocados de manera descuidada.

Me acerque hasta donde estaba, pero cuando estuve a un paso de él caí de manera inmediata de rodillas cuando encendió el vibrador en su máxima potencia, haciéndome jadear y cerrando mis ojos con fuerza, estaba tan sensible y tan al borde que no tomo más que un par de minutos para hacer que mi orgasmo explotara.

- Dudo que él hubiera sido capaz de logar eso – susurro contra mi oído, me tomo de la cintura y me levanto sin mayor esfuerzo, haciéndome quedar a horcajadas encima de él.

Nuestros labios se encontraron de manera inmediata y algo dentro de mi exploto.

Pasión

Deseo

Amor

Esto era lo que había estado buscando siempre. No es que no tuviera algo de eso con Edward, pero él siempre parecía contenido, siempre dudando, nunca entregado por completo y sin dudar.

Mis manos se enredaron en su cuello y su cabello de manera inmediata mientras le devolvía el beso con la misma fiereza con la que lo hacia él. Su lengua paso por mis labios, exigiendo entrar, reclamando lo que quería, y así lo hizo cuando le di acceso. Sus grandes manos vagaron por mi cuerpo, reavivando demasiados recuerdos de nuestra adolescencia.

- Ah… - gemí cuando su boca capturo uno de mis pezones y comenzó a chuparlo con maestría y urgencia. ¿En qué momento me había despojado de mi blusa y sostén? No lo sabía, no me importaba.

- Eso es nena, sabes muy bien lo que me gusta – murmuro contra mi seno cuando mis uñas se clavaron en su pecho, de manera rápida tomo los bordes de su camisa y se la quito, su rostro tan solo estuvo separado por unos segundos antes de atacar mi otro seno.

- Cada noche recuerdo tu cuerpo, esas horas que pasábamos juntos, completamente desnudos – dijo subiendo sus besos por mi pecho, mi garganta hasta volver a mi boca.

- Emmett – susurré su nombre cuando lo sentí introducir su mano por mis bragas.

- Un interesante diseño – murmuro tocando una de las puntas del vibrador, este era un forma de “U” por lo que una punta estaba en mi interior y la otra descansaba sobre mi clítoris – Pero esto se tiene que ir – no pude evitar sisear cuando lo saco y se lo llevo a la boca – Mmmmm, deliciosa, como siempre – eso me excito mucho más.

Emmett tomo mi cintura en sus manos e hizo que me levantara para mover mis bragas a un lado, se alineo en mi centro y poco a poco comenzó a adentrarse.

- E-Emmett – gemí sintiendo como mi interior se expandirse, él era mucho más grueso que Edward.

- Tranquila nena, en un momento lo amaras – dijo dándome unos momento para adaptarme, Dios, lo sentia llegar profundamente en mi interior mientras me estiraba a un nuevo nivel – Eso es, ahora empezara lo bueno – sus manos me incitaron a comenzar a moverme de manera lenta, acostumbrándome – Diablos, eres tan estrecha – murmuro escondiendo su rostro en mi cuello. Lentamente nuestros movimientos empezaron a incrementar – Eso es nena, móntame duro – sentia como sus penetraciones se volvían más rápidas.

- Oh si, así Emmett – dije arqueando mi espalda, cosa que aprovecho para besar mis senos.

Maldición, este hombre hacia que todo a mi alrededor desapareciera, porque en un momento me encontraba frente a frente con él y al siguiente momento mi espalda descansaba en su pecho mientras mis piernas estaban separadas por las suyas, dejándome completamente expuesta y a merced de sus embistes poderosos.

- ¿Te gusta esto nena? Apuesto a que ese noviecito tuyo nunca te ha tomado así – una de sus manos comenzó a jugar con uno de mis senos mientras que la otra bajo hasta mi clítoris, sus dedos se movieron de manera rápida haciéndome arquearme contra él – Eso es preciosa, te siento cada vez más estrecha.

- ¡Emmett! – grité su nombre cuando me sentí explotar, él continúo embistiéndome con fuerza sin dejar de mover sus dedos - ¡Oh, Dios!

- Eso es nena, estoy cerca – un par de embestidas más y se corrió llevándome de nuevo al cielo.

- B-basta – gemí sintiendo mi cuerpo convulsionar mientras continuaba jugando mi clítoris y embistiéndome - ¡E-EMMETT! – grité cerrando los ojos con fuerza, en ese preciso momento un líquido transparente salió de mi mojando el piso frente a nosotros.

Deje caer mi flácido cuerpo sobre el de él sintiendo todavía los temblores. Dios, no podía creerlo, siempre había escuchado que las mujeres eran capas de tener “squirtings” o eyaculaciones femeninas, pero nunca me creí ser una de ellas.

- Ahora ya sabes lo que se siente correrte mientras te follan – susurro contra mi oído mientras sus manos vagaban lentamente por mi cuerpo sensible, haciéndome gimotear.

- ¿Por qué lo hiciste? – pregunte, habían tenido que pasar cinco minutos para que tuviera la fuerza suficiente como para moverme un poco y bajarme de Emmett, aunque todavía me costo arreglarme de nuevo, sentia mi cuerpo demasiado cansado.

- Era justo que conocieras que existen otras opciones – respondió mientras limpiaba… lo que ocasiono en el suelo, por suerte había encontrado un par de servilletas de papel.

- Pero sabes que estoy con Edward –

- ¿De verdad quieres ir a esa conversación, Bella? – contesto enfadado, era muy raro verlo así – Ese tipo no te quiere.

- No sabes de lo que estás hablando – respondí cruzándome de brazos, soltó un bufido mientras buscaba algo en su bolsillo y después de buscar algo en su móvil, me lo tendió.

Era un video, al parecer una fiesta que habían hecho una de las hermandades la semana pasada. En el aparecía Edward, pero eso no era lo que me sorprendió, fue el verlo besándose apasionadamente con otro hombre, uno que conocía muy bien, Jared Laho su compañero de cuarto hasta hacia unos meses atrás, que era cuando se había cambiado al departamento que le regalaron Esme y Carlisle para su cumpleaños.

- Ve el siguiente – dijo recargándose en la mesa frente al sillón.

El siguiente tenia a los mismos protagonistas, Edward y Jared, en este estaban discutiendo y cuando este último trato de irse, Edward lo detuvo y lo beso.

- No creas que lo estaba siguiendo ni nada, el primero me lo hicieron llegar unos amigos, pense que estaban borrachos, sabes que todo puede pasar en ese estado, pero el segundo iba de camino a mi departamento cuando los vi besarse y después empezar a discutir – me explico.

- ¿Por qué no me lo dijiste antes? – pregunte devolviéndole su móvil.

- Nunca me entrometí en tu relación y no pensaba hacerlo – me miro intensamente – Pero cuando te escuche hablar con las chicas, acerca de que estabas tratando de salvar tu relación con él, pense en decírtelo.

- ¿Y después? –

- Después, pense en jugar mis cartas, enseñarte lo que era tener un orgasmo mientras hacías el amor y hacerte ver que somos perfectos el uno para el otro – dijo acercándose a mi y capturando mis labios.

Esta vez el beso no fue para encender el fuego en nuestros cuerpos, esta vez fue algo lento, haciéndome conocer sus sentimientos hacia mí.

- Me llevare esto – dijo mostrándome el control remoto en su mano – Cuando quieras darnos una oportunidad o al menos quieras volver a jugar, ven a mi departamento – dejo un rápido beso antes de salir del salón.

*** Dos semanas después ***

Dios, creo que nunca había estado tan nerviosa, pero tomé una bocanada de aire y lo solté antes de tocar la puerta 4B.

- ¿Quién? – mi cuerpo vibro de anticipación al escuchar su voz, pero me negué a contestar y volví a tocar – Maldita sea James, como te hayas equivocado de nuevo… - se cortó cuando abrió la puerta de golpe y me vi.

No pude evitar morder mi labio cuando lo vi, al parecer acababa de salir de bañarse y únicamente estaba usando un par de short deportivos mientras dejaba a la vista su abdomen y brazos musculosos.

- Vaya, vaya, ¿buscabas algo? – pregunto juguetonamente mientras se recargaba contra el marco de la puerta.

- Tal vez puedas ayudarme – dije abriendo la gabardina que llevaba puesta, mostrándole el sexy y pequeño conjunto de lenceria roja que llevaba – Busco un control remoto que perdí hace un par de semanas.

- Mmmmm – fingió pensarlo mientras me devoraba con la vista – Pasa, tal vez pueda ayudarte a buscarlo – en un rápido movimiento paso uno de sus brazos por mi cintura para atraerme hasta él y juntar nuestros labios en un apasionado beso.