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Doble cita, doble pimba pimba extremo.

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Doble cita, doble pimba pimba extremo.

-¡Aquí, aquí, señorita Reilly Parker Jameson, aquí! – exclamaba Alfred agitando la mano al ver a su cita- La estaba esperando.
-Llámame May, por favor, y ya sé que me estas esperando. Tú me has citado aquí.
-No la iba a dejar sola en San Valentín.
-No te preocupes por eso, Alfie, ya me encargaría yo de no quedarme sola. Pero te reconozco que no habría venido al mejor restaurante de la ciudad.
Alfred con un gesto amable le coge el bolso y el abrigo mientras con la otra mano empuja la silla suavemente para que se siente. El maître que se encontraba al lado puso mal gesto por hacerle el trabajo mejor y se fue con un desaire.
-Bueno, señora May…
-May, a secas.
-Me va a costar horrores pero lo intentaré. Como iba diciendo, señjglf… May, no es problema para alguien con tanta influencia como el amo Bruce reservar en este sitio.
-Ah, sí, no te preocupes, sigo teniendo buena relación con mi hijastro, el también suele reservar aquí.
-Sí, tengo el placer de conocer al señor Jameson. Dele mis felicitaciones por su reciente matrimonio.
-Gracias, se las daré. Está muy feliz con Robbie. Creo que se le nota en el carácter.
-Es fascinante. La verdad es que no lo esperábamos cuando anunció su compromiso teniendo en cuenta su anterior vida familiar con dos mujeres y un hijo.
-Oh, sí. Puede que para los que solo lo conocéis de actos sociales os llamara la atención, pero no para los que le tratamos en la intimidad. Noté que era bisexual cuando me rechazó.
-¿Có-Cómo?
-Cuando era su madrastra me insinué, porque claro, la fantasía de la madrastra le pone a todo el mundo, a mí la primera. Le hice un graduado y me rechazó. Estaba absorto viendo Fast & Furious 8. Ahí fue cuando me di cuenta.
-Me alegro mucho porque haya salido del armario y sea feliz.
-Gracias, yo también. ¿Y cómo le va a tu chiquillo?
-Oh, bien, mejor que nunca. Ha sido duro pero por fin empieza a ser feliz.
-¿De verdad? Siempre me había parecido feliz cuando sale en las noticias del corazón.
-Sí, pero esa felicidad no le llenaba. No podría explicarlo bien con mucho detalle… Sufrió mucho cuando quedó huérfano. Ha tardado décadas en recuperarse de ese vacío. Ha intentado llenar ese vacío de muchas maneras, algunas un tanto absurdas. Ha sido ahora cuando ha encontrado, por fin, a una mujer que comparte mucho con él y especialmente gracias a todos los adorables chiquillos que ha adoptado cual Angelina Jolie gótica. Lo que necesitaba era recuperar a la familia que perdió formando la suya propia. Y en eso, ha acertado.
-Ay, qué bonito. Mi sobrino casi me da una sobrina-nieta hace unos años, pero desde entonces sufre el síndrome de Peter Pan. A sus espaldas sus amigos le llaman Peter Panker.
-Vaya, lo siento mucho. El tal Peter me parece un buen chaval.
-Lo es. A veces es un poco cretino pero bueno, nadie es perfecto.
-Algún día, cuando lo consideres apropiado, me gustaría conocerle.
-Antes quiero presentarte a mis amigos Nadja y Lazlo. Hacen las mejores orgias de Staten island desde hace décadas. Un día podrías venirte aunque fuera solo a un trío.
-Es una oferta que realmente debo considerar.
-La verdad es que me recuerdan a aquel verano en el que conocí a mi primer marido y su hermano… en fin. No seas mojigato, ya he reservado una habitación de hotel para luego. Completamente equipada para todo lo que queramos hacer. Solo nos falta decidir si queremos compañía.
-Creo que con ambos dos será suficiente por el momento.
-Te veo hoy más nervioso de lo normal, Alfie. – May se descalza y le pone el pie descalzo sobre el plumero para la plata y se relame gustosamente - ¿Es que no te alegras de verme?
-Sí, pero verás… ejem… como buen mayordomo estoy trabajando en multitarea.
-Pero esta noche yo te quiero única y exclusivamente para mí…
-Sí, y lo soy. O mejor dicho, seré. Pero hay una cosa más acuciante… - Alfred hace una pausa, incomodo, cuando se acerca el camarero a servirles el primero y no prosigue hasta que se ha alejado un par de metros, cuando continua en voz baja- tengo una responsabilidad.
-No hables como mi sobrino, por favor. Es de lo poco que me corta el rollo. Y no me gusta que pienses así o acabaras majara como él.
-No me parece una cuestión baladí. Es una cuestión filosófica que lleva planteándose miles de años con todo tipo de respuestas.
-Alfred, solo quiero que me hables de lo que me vas a hacer en cuanto terminemos con el postre. –vuelve a insistir con el pie por debajo de la mesa, ahora con más fuerza, a través de una serie de movimientos rítmicos y regulares. Alfred esta visiblemente incómodo y algo avergonzado. Necesita comprobar continuamente que en las mesas de al lado no se están dando cuenta.
-Señora May, por favor, para mi es importante. Si tuviéramos la posibilidad, por mínima que sea, de dejar un futuro mejor a las generaciones venideras, ¿No deberíamos, al menos, intentarlo?
-Lo que deberías intentar es agarrarme y sostenerme en el aire mientras me subo a tu cabeza y me…
-¿Pero y si no es solo el futuro de las generaciones venideras? ¿Y si es el futuro de todos en un corto plazo? ¿No tenemos el imperativo categórico del deber moral de hacer todo lo posible?
-He comprado muchos lacasitos para que recuperes fuerzas entre corrida y corrida, maestro.
-Y te lo agradezco, mucho, pero primero tengo que cumplir un plan que he trazado cuidadosamente en este mes y medio.
-También he traído mayonesa para que la batamos juntos y por separado.
-Si, de acuerdo, señora May. No me distraiga, estoy esperando a alguien. Primero el deber y luego la devoción.
-Ah, bien, cuanta más compañía mejor. Hice bien en instalar las poleas.

En todo el restaurante se oye un estruendo enorme de cazuelas, ollas y platos rotos. Alfred se levanta de un respingo, y sin dar ninguna explicación sale disparado y se mueve raudo al fondo del restaurante esquivando todo tipo de utensilios hosteleros. May va detrás con más ganas de cotillear que otra cosa.

-Y resulta que no se llama Tiburona – explicaba Sacarino indignado- que ese nombre le molesta y que se llama Lara Dos Santos.
-Ya decía yo que nadie podía llamarse “Tiburona”. ¿Y qué pasó luego?
-No te lo vas a creer, Julieta.
-¡Julia!
-Eso, Julieta, disculpa. Pues no va y me dice el otro día que en las misiones la llame “Chica-Tiburón”
-¿Misiones? ¿Pero tú a que te dedicas?
-Soy director de una escuela.
-Ah, deben ser excursiones. Creo que empiezo a pillar tu dislexia.
-Si, esos son los que tienen un programa en la tele y un alien verde que habla raro pero no forman parte de la escuela. Creo.
-¿Qué?
-Pues entonces le digo “aclárate, mujer, no me digas que ahora te llamas Tiburona si el otro día te enfadaste por lo mismo” y va y se enfada y desde entonces no me ha vuelto a dirigir la palabra.
-Que sorpresa… cuando te he preguntado a qué te dedicabas no esperaba que me hablaras de tu ex.
- ª
-Es raro, en las primeras citas del Pimber lo que se suele hacer es conocerse un poco, follar, o las dos cosas. Lo digo por mantener el consenso social. Que a mí en verdad me da un poco igual pero llevas media hora seguida hablando de tu ex.
-Si, los Ex-Men. No sé por qué todavía se llaman así si la mayoría ya son mujeres.
-Pues eso, que no te sigo. Y me aburre que sea el mismo tema aunque sea de manera inconexa.
- ª – A Sacarino se le escurre el vaso de la mano cayendo sobre la sopa. El vaso está intacto pero el plato sopero se ha roto y hace aguas por el fondo - ¿Entonces… de qué quieres hablar?
-No lo sé. Tengo miedo de preguntar. Te he preguntado a qué te dedicas y me has hablado de tu ex.
-¿Te he contado que antes era botones?
-Si, cuando te he confundido con el aparcacoches. ¿Por qué sigues llevando el uniforme?
-No tengo otro.
-Tendrás más ropa, digo yo. Ropa normal.
-Tengo otro uniforme igual que este y el uniforme de los domingos.
-Vaaaale. ¿Y no has pensado en ir de compras?
-¿Con qué dinero? Últimamente no me dan propinas.
-¿No eres director de una escuela?
-Eso pone en mi tarjeta.
-¿Y no te pagan un sueldo por ello?
-¿Sueldo? ¿Qué es eso?
-Un salario.
-Ah, sí, eso es lo de la sal y la pimienta.
-No…
- …
-¿Y entonces por qué dijiste que me ibas a invitar al sitio más caro de la ciudad?
-No, yo no dije eso, yo dije de ir al kebab. – Sacarino da un golpe con la mano en la mesa. El tenedor sale disparado atravesando el restaurante hasta clavarse en los pies de un camarero. El camarero tira la bandeja que lleva para agarrarse el pie, lo que provoca que la bandeja llena de comida salga disparada directa a la cara de la princesa de Noruega de la mesa 37 que cenaba con su guardaespaldas, el cual se levanta a limpiarla resbalándose con la salsa trufada, el cual cae de culo sobre la mesa 39 rompiéndola, manchando al Barón Zemo y su cita, y causando un gran estruendo.- Fuiste tú la que lo dijo.
-Para nada, ¿Cómo voy yo a querer venir aquí si no lo conozco ni puedo pagarlo con mis contratos temporales?
-Discúlpenme, yo puedo explicarlo. – Aparece Alfred detrás de Julia, impoluto. Unos metros detrás aparece la Tía May, algo peor de forma que su cita de esta noche.
-No, gracias, todavía no sabemos si queremos postres.
-Alfreeeeed… – Sacarino se levanta y se funde en un abrazo con él.- Te he echado de menos. Tengo muchas cosas que contarte. Mi vida es mejor gracias a tu consejo.
-No te preocupes, chaval.- dijo Alfred intentando ocultar los ojos llorosos antes de que se le escapara una lágrima de orgullo – Lo sé.
-Alfie, ¿Quién es esta gente?
-Mis disculpas, Señora May, estos son Sacarino y Julia. Estimados jóvenes, esta es la señora Maybelle Reilly Parker Jameson.
-Bualaaaah tiene más apellidos que un notario.
-¿Cómo sabes mi nombre? No nos conocemos de nada. Es la primera vez que te veo.
-Cierto, tan incisiva como siempre, querida Julia. Conozco a tus amigas, Jeni y Vane de este verano en Benidorm, y a Sacarino, por supuesto, aquí presente y tu cita esta noche.
-¿Y con eso ya sabes quién soy? No me lo creo.
-Bueno, con los años he aprendido del mejor en cuanto a dotes deductivas y… (Sacarino, por favor, despégate de mí) quería aprovechar la oportunidad para presentarme, pues tengo que pedirte tu ayuda en un asunto de vital importancia y, como he dicho al principio, puedo explicar porque su cita tiene lugar en este restaurante.
-Si, será mejor que empiece a explicarse…
-Conocía que usted estaba teniendo conversaciones con Sacarino en Pimber y sabía que iban a quedar en el día de hoy. Solo les di un empujón a través de Sacarino y la aplicación, propiedad de Waynetech, invitándoles a celebrarlo aquí.
-Pero… pero… eso es… ¡Monstruoso! ¿Dónde queda la privacidad?
-Lo entiendo y lo lamento pero es de vital importancia contactar con usted. Necesito verla para explicarle…
-¿Para explicarme el qué?
-Necesito contactar con usted y sus amigas para un asunto de vital importancia que nos concierne a todos.
-… Vale, todo esto ha sido una mala idea. Me voy, hasta luego. (desinstalando Pimber en 3,2,1…)
-Espere, señorita Julia, déjeme explicarme por favor – Alfred sale corriendo intentando alcanzar a Julia, pero cuando ha dado dos paso vuelve atrás, le levanta la camisa a Sacarino – Ombligo, bien, tenemos tiempo... – masculló entre dientes y se fue corriendo.- ¡Julia! ¡Por lo que más quieras! ¡Dile a Vane que no abra el Arca de Utrom, es la cajita con ranitas!

Sacarino y la tía May se miraron.

-A ver, Sacarino, dime, ¿Follamos?
-Bueno, si insiste. Ya que he venido hasta aquí…

Llegan a la habitación de hotel que había reservado la tía May bajo el nombre de “Madame Xanadú”. Era una habitación oscura tenuemente iluminada por unos halógenos parpadeantes que se reflejaban en una gran cantidad de espejos repartidos en todas las paredes, suelo y techo. La habitación esta mayormente despejada salvo por una enorme cama en el centro, a cuyo alrededor había unos pocos muebles llenos de todo tipo de objetos los cuales no se pueden definir hasta que no ves cómo se usan. Lo primero que hizo la tía May fue poner a Sacarino contra la pared y desvestirle, suavemente, ya que el pobre estaba algo nervioso.
-Vaya, Sacarino, veo que la cabeza no es lo único que tienes gorda…
-Ay, Tiburona…
Sacarino sacó fuerzas de donde pudo y se centró. Porque cuando tiene un trabajo que hacer lo hace. Tras un calentamiento y estiramiento empezó el choque. Sacarino poco a poco empezó a pulsar las teclas y botones que sabe que nunca fallan, seguidamente se incorporó para ejecutar la faena en un in crescendo para terminar con su mejor movimiento, su especialidad, el gran final: el DDT mientras hace el tío vivo. Gol en el Municipal de Montilivi que se celebra con un residuo ectoplásmico sobre la afortunada y la cara sur de la habitación.
-¿Eso es todo? Vale, ahora es mi turno. – Dijo la mujer mientras cogía una polea, una pelota de pingpong y un neumático- Comete unos lacasitos del cajón de la mesilla. Necesitas recuperar el aliento.
-oye, ¿no te vas a quitar el jersey?
- No, es mejor así.
Comienza el segundo asalto. Esta vez Sacarino no puede llevar el ritmo así que en seguida adopta una estrategia más pasiva. May se prepara para lanzar un kaioken. Lo lanza, y acierta. Sacarino sale volando y cae en la lona. Se levanta. Quiere recibir más. May ejecuta un triple desayuno de tortitas combinado con balanceo en red. Ambos se suben por las paredes. Sacarino realiza, desesperado, un aullido vespertino. May se saca un schtroumpf de la manga y agita el escenario. Sacarino lanza fluido arácnido y cae, completamente agotado, en un profundo sueño rayando la inconsciencia.
La tía May da unos golpes en la pared y por una puerta secreta entran varios hombres de gran tamaño, que se llevan a Sacarino para dentro.

Continuará…