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Todo Lo Que Siempre Deseé

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El cuerpo de Voldemort por fin cayó sin vida sobre el dañado piso del Gran Comedor. Levantó la mirada para asegurarse que sus amigos estuvieran bien y se sorprendió cuando vio a todos apuntando sus varitas hacía él; cada miembro de la Orden y sus amigos tenían sus varitas en alto listas para atacarlo.

— ¿Qué creen que están haciendo? —preguntó desconcertado.

—No hagas esto más complicado, compañero, no te atacaremos si de entregas sin pelear —dijo Ron, sin responder la pregunta de Harry. El pelirrojo se acercó lentamente, rodeando junto al resto de la Orden a Harry, como si tratarán de atrapar a un animal salvaje.

¿Entregarse?
¿Por qué motivo tendría, él, qué entregarse?

— Vamos, Harry, nos harías un favor a todos si simplemente te rindes — proclamó Hermione.

¿Rendirse?

¿Cuando, en su vida, había puesto resistencia hacia ellos?

¿De que demonios hablaban?

En ese momento numerosos hechizos y maldiciones fueron lanzados, todos con un único objetivo; él.

No lo pensó, actuó por instinto, y se desapareció de los terrenos de Hogwarts aunque no fue lo suficientemente rápido como para evitar todas las maldiciones.

Apareció una y otra y otra vez, de bosque en bosque. Sus anteojos debieron caerse en algún momento porque después de su 5 aparición, Harry ya no pudo ver nada con claridad, o tal vez se debe a la perdida de sangre.

No lo sabe.

Ignoró las numerosas heridas que la Orden le infligió. Sin embargo, no pudo llegar muy lejos; el agotamiento lo venció, un agotamiento que va más allá de lo físico o mágico...

Harry se tambaleó unos cuantos pasos, avanzó tratando de llegar al árbol más cercano para poder utilizarlo de soporte.

No llego muy lejos, pues, ésta vez, el agotamiento de Harry fue emocional y mental. Ya no tenía nada ni nadie por quién luchar o seguir viviendo.
Hedwig estaba muerta, igual que sus padres, Sirius y Remus. Ginny... La chica de la que ha estado enamorado y con la que creyó que podría llegar a formar una familia, intento matarlo. Los que creía que eran sus mejores amigos le dieron la espalda al igual que los pocos adultos en los que había llegado a confiar.

Por un instante, Harry se sintió como si estuviera de regreso a su armario, era como regresar en el tiempo y ver a aquel niño pequeño y anémico de 5 años que llora en la oscuridad de un armario, después de haber sido golpeado y castigado por el tío Vernon, y le ruega a Dios que lo salvé o que algún extraño y desconocido familiar aparezca de la nada para llevarlo a vivir con el o ella.

Pero eso ahora ya no importaba, no más, no cuando casi 13 años después, Harry entendió que nadie vendría a rescatarlo. No ahora cuando Harry por fin se dio por vencido.

Ya nada valía la pena por lo que Harry se dejó caer sin remordimiento o preocupación alguna, la inconciencia se apoderó de él y lo envolvió en sus brazos, arrullandolo con cariño y suavidad, prometiéndole poner fin a su tormento.

Lamentablemente Harry no gozó de ese estado pacífico por mucho tiempo, pues, aún en su inconsciencia el dolor logro traerlo de regreso.

Durante lo que parecieron horas o días, Harry tuvo varios periodos de lúcida agonía, momentos en los que la traición de sus seres queridos le atormento, le dolía tanto que en varias ocasiones el dolor emocional opacaba con creces el dolor físico.

Harry lamento y lloro lágrimas de sangre durante aquellos lapsos de tiempo en los que estuvo despierto.
Se arrepintió con todo su corazón por haber regresado de la muerte, de haberse negado a sí mismo la oportunidad de por fin reunirse con sus padres, abuelos y con Sirius y Remus. De rechazar aquella oportunidad de una muerte indolora...

¿Y todo para que?

¿Para ser traicionado?

¿por qué?

¿Qué había sucedido para que todos le dieran la espalda?

¡Hasta McGonagall le había apuntado!

Harry le suplico al mundo o a quien sea que lo estuviera viendo, que lo mataran rápidamente. Ya no quería sufrir, ya no resistía más lo doloroso que es seguir vivo. Ya no más.

Sin más, se entregó a los brazos de la muerte. Solo quería regresar a aquel tranquilo y cálido lugar que se parecía tanto a la estación de King Cross. En dónde no sentía hambre, frío o dolor.

Lastimosamente para Harry, algo tan natural como lo es la muerte no le estaba permitido. Ese barco ya ha zarpado y no regresará por él.

El sonido de pasos rápidos y pesados perturbó la tranquilidad del bosque. Una extraña y fría presencia lo observó con detenimiento durante un corto tiempo.
Harry sintió su piel erizarce, su instituto le dijo que el ser es peligroso y letal, la crema y nata de los depredadores.

Harry sonrió de felicidad al creer que por fin sería libre.
Sintió su piel ser perforada, sus tobillos, muñecas y cuello para ser exactos. La pequeña sonrisa se borró de su rostro cuando, un instante después, todo comenzó a doler aún más.

Era como si le lanzarán numerosos Cruciatus al mismo tiempo, cosa que tal vez era cierta, a lo mejor de alguna manera habían logrado encontrarlo y ahora lo estaban torturado por haber intentado escapar.

El dolor lo sumergió en un estado semi-conciente en el que le costaba distinguir la realidad de la ficción que su propia mente creaba para protegerse. Escucho numerosas voces discutiendo a su alrededor, ninguna le parecía conocida y tampoco era capaz de entender lo que decían... no importaba, ya nada le importaba.

De cualquier manera pronto moriría, sin importar si detenían la tortura o no. Apretó los labios con fuerza, sellando los, asegurándose de que de ellos no saliera ni un solo quejido, no les daría el gusto de escucharlo gemir de dolor.

No obstante, la tortura pareció no tener principio ni fin, nunca se detuvo. Al contrario, evolucionó, pronto sus verdugos parecieron aburrirse de la maldición torturadora porque ahora le estaban rompiendo y reparando los huesos, desgarrando y curando cada músculo.

Perdió la noción del tiempo, tanto que estaba acostumbrándose a el inmenso dolor que le recorría cada una de sus terminaciones nerviosas. El dolor le era tan familiar que por momentos creyó que siempre había estado ahí presente, haciéndole compañía.

Y entonces, de un momento a otro la agonía también lo abandono, todo se detuvo, ya no había dolor, frío o hambre... era como si de repente se hubiera vuelto insensible.

—Creo que ya ha terminado —dijo una voz que nunca antes había escuchado. Era una voz aterciopelada, suave y atrayente.

—Detrás de nosotros —dijo otra voz, igual de encantadora que la primera pero más amenazante y dominante.

Quizá su deseo se cumplió y por fin está muerto.
Por simple curiosidad trato de abrir los ojos, solo para averiguar qué es lo que vería está vez. Solo esperaba que quien lo recibiera no fuese Dumbledore, porque Merlín sabe que sí ve al viejo otra vez puede ser capaz de ahorcar al espíritu de Dumbledore sin remordimiento alguno.

Abrió lentamente los párpados y se asombro de lo buena que era su vista ahora. Podía ver hasta las partículas de polvo que flotaban en el aire.

El sonido de pequeñas pisadas y ramitas rompiéndose a lo lejos lo distrageron de su maravillosa vista y lo hicieron conciente de los sonidos a su alrededor. De inmediato noto las siete respiraciones que lo rodeaban, todas suaves y en sincronía, casi en armonía.

Se levantó despacio, probando la fuerza y resistencia de sus brazos, preparándose para los doloroso espasmos de dolor pos-cruciatus que de seguro sufriría. Pero no sintió dolor y tampoco tuvo que esforzarse para lograr su cometido.

Levantó la mirada y se asombro al ver a siete Muggles, todos ellos hermosos y perfectos. Su mirada fue atraída de inmediato por el que estaba más cerca de él, tan hermoso como ningún otro humano que haya visto nunca, no debería de ser posible.

Aun así, el atractivo del ser no tuvo comparación alguna con la belleza y gracia natural de las Veelas, sin embargo no fue su belleza lo que llamo su atención sino las múltiples heridas que recorrían sus brazos.

Sintió una enorme tristeza por el jóven, ¿Qué horrores habrá tenido que sufrir para terminar tan herido?, se preguntó Harry para su fuero interno.
Estudio con cuidado a todas las personas frente a él y se dió cuenta de que eran muy parecidos entre ellos y al mismo tiempo muy diferentes.

Ladeó la cabeza confundido al notar la posición en que se encontraban esos Muggles. Había tres jóvenes al frente, muy quietos, tensos como si se prepararán para atacar a la menor provocación. No parecían ser mayores que él mismo y aún así parecían estar defendiendo a dos chicas adolescentes, a una mujer de 25 o 27 años y a otro hombre adulto que era más o menos de la misma edad que la mujer.

Un molesto cosquilleo en su cabeza lo distrajo de la detallada observación que estaba haciendo, frunció el ceño y la irritación y el enfado se apoderaron de él; ¡alguien estaba tratando de entrar en su mente!

Su cuerpo se movió solo, en un instante se encontró de cuclillas sobre lo que parecía ser un escritorio, con la boca abierta enseñando los dientes y dejando escapar un extraño gruñido.

Comprendió que estos no eran simples Muggles, uno de ellos o talvez todos eran magos y al parecer querían algo de él.

Sus ojos viajaron de inmediato por el lugar en donde se encontraba, en busca de una salida que le permitiera escapar. La única puerta del lugar estaba tapada por los extraños pero había una gran ventana muy cerca de él que le permitiría escapar si alguno de ellos decidía atacarlo.

—No queremos hacerte daño —dijo la primera voz, que al parecer pertenece al varón más jóven. De desordenados cabellos color cobre, ojos amarillos casi llegando a la
tonalidad del oro, y piel tan blanca y pulcra como el mármol blanco—. Perdóname por intentar indagar en tu mente, solo quería asegurarme de que no intentarás atacar a mi familia.

Al instante dejo de gruñir, mas no relajo su postura—. ¿Quienes son ustedes y por qué me trajeron aquí? —cuestionó Harry. Se sorprendió al escuchar el sonido de su propia voz; suave, aterciopelada y... etérea. También se percató de lo seca que se sentía su garganta, hizo a un lado su confusión, dejándola para después, sin querer que nada de esto lo distragece de la extraña situación en la que está. Observando a todos los integrantes de la familia, procurando mantener todos sus movimientos vigilados pero sin dejar de prestarle atención al menor.

—Te lo explicaremos todo, te lo prometo —habló el mayor de los hombres, quien al parecer era el líder o cabeza de la familia—. Pero antes, tienes que saciar tu sed.

Harry le dirigió una mirada suspicaz, ¿Cómo sabe él que tiene sed?

Harry entrecerró los ojos, algo estaba mal, muy mal.
—Quiero respuesta —exigió Harry.

 

 

 

 

 

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Editado; 09 de Diciembre de 2021