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La Vida Secreta del Autor

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o 16 años atrás o


"...solo será por el verano, ¿no puedes visitar a tu hermana acaso?", la voz al otro lado de la línea debería sonar triste al decir esas palabras, pero su hermana aún con sus habilidades actorales creciendo día a día, no podía esconder la risita que salía de sus labios. Shang Qinghua se detuvo en la estación del subterráneo por un momento, antes de sentir los empujones de los estudiantes y trabajadores que se apresuraban a entrar a los vagones y trastabillar un poco para salir de su camino.

 

"A-jie, claro que iré, ¿pero desde cuándo te interesa visitar pueblos pequeños? Siempre te quejas que no tienen las mismas comodidades de la ciudad y que son muy aburridos…", se hizo a un lado hasta quedar de pie contra la pared, acomodándose los lentes y apretando la mochila contra su cuerpo para evitar perderla en medio del tumulto. 

 

"Necesitaba un cambio de aires, a-Hua, cuando eres famoso te cansas de los paparazzis y otros idols, ¿sabes? Ah, lo sabrás mejor cuando seas un escritor reconocido, a ver si no sigues los pasos de tu hermana mayor y te escondes de todos. ¡Ya verás que harás exactamente lo mismo!", su risa resonó incluso al momento que su celular salía volando de sus manos, cayendo estrepitosamente al suelo al tiempo que Shang Qinghua se lanzaba por él.

 

"Maldición, ¡y ni siquiera se disculpó!", gruñó en voz baja mientras un estudiante de preparatoria caminaba sin prestar atención, escuchando música sin inmutarse por haberlo empujado. Claro, eres un gigantón aún a tu edad, qué importa el enano al que empujaste, ¿eh?, bufó, recogiendo su celular y la batería que había volado un poco más lejos. La colocó de regreso en su lugar y cerró la tapa antes de encenderlo de nuevo. Tan solo tenía unos rayones más en la pintura pero su celular había sobrevivido caídas peores. La llamada resonó de nuevo por un momento antes de contestar, "A-jie, se me cayó el celular. Ya tengo que irme, ¡te hablo más tarde!", miró cómo el siguiente tren se detenía en la estación, visiblemente menos lleno que el anterior.

 

"Bien, pero no dejaré de molestarte, a-Hua. Ven a la provincia Luohe este verano, ¿sí? Además, tengo noticias ¡y no te las daré por teléfono!", su hermana colgó en medio de risas, dejándolo más curioso de lo que estaba ya.

 

"Agh, ¿voy a tener que pasar el verano en un pueblo olvidado por todos? A-jie, no es divertido…", murmuró, cerrando el celular y guardándolo en su bolsillo corriendo y empujando para entrar al vagón antes de que las puertas se cerraran en su cara. Apenas alcanzó a entrar a tiempo, casi chocando contra el mismo estudiante que lo había empujado, quien solo le dio una dura mirada desde los casi dos metros de altura que medía. ¡¿Qué les dan de comer ahora?! Se disculpó rápidamente y se agarró con fuerza al tubo a su lado, ignorando al estudiante que no dejaba de mirarlo ahora con penetrantes ojos azules. Encima tiene que ser atractivo… seguro podría ser un idol también si quisiera. Negó, sacando una libreta pequeña y escribiendo más ideas para la novela que sería su debut… en cuanto comenzara a escribirla en serio, claro. Entre las miles de tareas que tenía en la Universidad An Ding y su trabajo de medio tiempo en la librería, lo que menos quería era seguir escribiendo o leyendo cuando regresaba al departamento. Sería más sencillo si aceptaba el dinero que su hermana insistía en darle, pero fuera de pagar sus estudios, prefería trabajar para sus gastos. Ya era suficiente que ella trabajara sin parar como para tomar su dinero así nada más. ¡No era como sus padres! Suspiró, bajando la libreta y mirando a su alrededor, buscando algo de inspiración pero solo se encontró de nuevo con la mirada del estudiante sobre él. ¿Qué, acaso no parezco universitario? ¿Esperas que me hinque y me disculpe contigo de nuevo? ¡Deja de mirarme! Sus ojos eran tan inusualmente azules que podrían congelar a cualquiera en un instante. Eso y su atractivo sin duda harían un personaje interesante… ¡No! ¡Shang Qinghua, es un adolescente! ¡No puedes pensar que es atractivo, tienes veinte años! Se regañó, mirando a otro lado y esperando por su estación. Le ponía nervioso cuando lo miraban así, su paranoia de que fueran a descubrir que él, Shang Qinghua, torpe y siempre soñando con otros mundos, atareado y siempre corriendo de un lado a otro, era el hermano de la famosa y bella Su Xiyan. Su hermana utilizaba un apellido falso para que no lo fueran a molestar, mucho menos descubrir la clase de familia de la que venían. No podía complicarle las cosas al romper con la ilusión de que era hija única y sus padres habían fallecido al poco de ingresar en la industria, aún si no sería su culpa. Podría estar presumiendo que era el hermano menor de una idol famosa pero en su lugar se mantenía al margen sabiendo las consecuencias que podría haber para ambos. Incluso dudaba que Huan Hua Entertainment supiera sobre él, pero cada vez que alguien lo miraba con tanta atención sin conocerlo, sentía que el secreto estaba a nada de ser descubierto. Sudor caía por su espalda mientras por el reflejo de las puertas notaba que lo seguía mirando con atención. Vamos, ¿por qué hoy tardamos tanto en llegar?

 

Estaba a nada de huir hacia el otro lado del vagón cuando el subterráneo se detuvo en su estación. Guardó la libreta en el bolsillo trasero de sus pantalones antes de echarse a correr al instante en que su vía estuvo libre, lejos de la mirada de aquél estudiante y los posibles rumores que esperaba jamás llegasen a los oídos de los fans de su hermana.



 

Mo Beijun se quitó los audífonos, mirando por dónde aquél chico había salido corriendo, agachándose para recoger la pequeña libreta que había dejado tirada atrás al momento que el nombre de la estación era repetido por la voz mecánica del subterráneo.

 

¿Universidad An Ding? Rió levemente, asustando a la señora que tenía al lado, No parece universitario. Abrió la libreta, tan solo encontrando por toda información el dibujo de un avión de papel volando por el cielo.

 




Shang Qinghua no tomaba vacaciones. A lo sumo se tomaba libre un fin de semana para 'desperdiciarlo', en palabras de su roomate, durmiendo en cualquier superficie semi plana del dormitorio que compartían o atiborrándose de bebidas energéticas, ramen instantáneo y supuestamente escribiendo la novela que en realidad seguía postergando una y otra vez. No era el momento indicado, no se sentía tan motivado, le faltaba algo a la trama para poder comenzar… Excusas que lo detenían de realmente escribirla y en su lugar solo terminaba trabajando una vez más en el outline de dicha novela. Tenía ya poco más de cien capítulos planeados y quizás agregaría algunos extra con contenido que no hallaba dónde colocar en la novela, y aún así… no sentía que fuera el momento oportuno para escribirla. En su lugar, terminaba descargando películas y viéndolas en la cama ante la mirada juzgante de Shen Jiu. Claro que todas sus miradas lo eran, y aún así Shang Qinghua no podía acostumbrarse a ellas.

 

Pero era cierto, no tomaba vacaciones. 

 

Su hermana estaba usualmente muy ocupada para tomarse más de un par de días y salir de incógnito con él, y aún así era ya muy peligroso para ellos. Cuanta más fama tuviera, había más posibilidades de ser reconocida, y su hermana era sin duda una de las favoritas del país desde hacía un año. Aún si no podían verse seguido, Shang Qinghua estaba orgulloso de ella y prefería guardarse cualquier decepción cuando se frustraban sus planes. Por eso no esperaba que ese viaje a Luohe fuera más que una cosa del momento. Aún faltaban un par de semanas para las vacaciones de verano cuando su hermana llamó, por lo que no esperó que continuara insistiendo a lo largo de los días sobre visitarla. Se le antojaba extraño todo el asunto, al menos antes de leer los rumores que circulaban en la web sobre su hermana.

 

Aún no había nada sobre eso en la televisión o revistas, pero estaba casi seguro de que la súbita decisión de su hermana de irse a una provincia pequeña tenía todo que ver con ellos. Mejor desaparecer un tiempo del ojo público en lo que su agencia se encargaba de eso, ¿no?

 

Fue así que, ante la mirada extrañada de Shen Jiu comenzó a empacar.

 

"¿De verdad tomarás vacaciones? ¿No decías que buscarías un par de trabajos de medio tiempo para ahorrar?", preguntó, cruzado de brazos, negando ante la forma en que empacaba su ropa mientras lo veía desde su hombro. Bro, ¿por qué siempre vigilas lo que hago? ¡Da miedo! ¡Deja de juzgarme!

 

"Visitaré a mi hermana. Quiere pasar más tiempo conmigo, ¿cómo iba a decirle que no?", musitó, doblando con mayor esmero la playera que tenía en manos solo para volverse a ganar una mirada de desaprobación de su parte. ¿Qué más quieres de mi? ¡Es mi maleta, no tuya! Ah, ya quería llorar del estrés y aún no comenzaba su viaje.

 

"¿La hermana que nunca viene a visitarte? ¿La que te paga las clases pero no tus cuentas?", bufó, dándose la vuelta y tomando en manos la mochila de edición especial que había comprado hacía varios meses. Cualquiera que viera a Shen Jiu, con su andar elegante y porte de heredero de un gran conglomerado, no creería que este estaba a punto de ir a su trabajo de medio tiempo en la librería a unas cuadras del minúsculo departamento donde vivían, ni que había ahorrado durante largos meses para comprarse ese artículo de 'lujo'.

 

"¡Lo haría si se lo permitiera!" la defendió, rindiéndose con la ropa y empujándola dentro de su maleta. "Suficiente es que me pague la matrícula, ¿sabes? No quiero ser una carga más para ella…", musitó, recordando cómo sus padres no paraban de llamarlos por dinero. Como si su hermana tuviera que mantener a su padre y su nueva familia cuando este no les había tenido ninguna consideración en su vida. Y ni qué hablar de su madre, siempre distante e ignorándolos hasta que los necesitaba para algo. Su hermana tenía gran fuerza de voluntad y toda la actitud que a él le faltaba, completamente poniéndo un muro entre ella y su pasado, mientras que él caía una y otra vez en las redes de sus padres. Si permitía que su hermana pagara sus cuentas, no quería imaginar cuánto la molestarían sus padres al saberlo, o peor, cómo intentarían usarlo para obtener dinero. Otra vez.



Antes de que Shang Xia cambiase su nombre y se convirtiera en la artista favorita de Huan Hua Entertainment, estaban prácticamente por su cuenta. Su padre se marchó después de años de discusiones con su madre, dejándolos súbitamente y desapareciendo de sus vidas, al menos hasta que la fama de Su Xiyan llegó a él. Su madre… alguna vez fue una exitosa ejecutiva, pero tras el divorcio simplemente decidió hacer su vida por su cuenta. Había visto a su hermana trabajar a medio tiempo o dando tutorías con tal de ganar lo suficiente para que no les faltara nada mientras las cuentas comenzaban a apilarse. Después de verla caer agotada cada noche al regresar a casa, lo que menos quería era seguir siendo una carga para ella. 

 

"Además, podría conseguir un trabajo a medio tiempo mientras la visito", argumentó, cerrando la maleta con esfuerzo. ¿Cuánta ropa necesitaría? Ni siquiera sabía si se quedarían todo el verano o no, ni qué clase de trabajo conseguiría como para ir preparado.

 

"Haz lo que te dé la gana, Shang Qinghua, pero no olvides enviarme la renta estos meses o yo mismo te iré a buscar, ¿entendiste?", la mirada de Shen Jiu era tan aterradora que solo atinó a asentir mientras lo veía salir del dormitorio.

 

Un ding lo sacó de su estupor, regresando su mirada a su celular tirado en la cama.

 

》A que hora sale tu tren, Qingiqing?

 

"A-jie… ¿por qué tenías que sacar ese mote otra vez?", suspiró, dejándose caer en la cama para responderle. 

 

A pesar de todo, estaba emocionado por verla más que solo unas horas como sucedía usualmente. Extrañaba pasar tiempo con su hermana, definitivamente aún era su persona favorita en el mundo y dudaba que eso fuera a cambiar. ¿Y por qué habría de hacerlo? Nadie lo conocía mejor que ella, ni siquiera hacían el intento, así que él tampoco lo hacía. Si se convertía en un afamado escritor ermitaño, al menos sabía que siempre podría contar con su única familia verdadera.

 

Suspiró, dejando caer el celular a su lado. Tenía aún demasiadas cosas por hacer.






A primera vista, Luohe era una provincia común, rodeada de campos y las montañas Tian Gong, atravesada por el gran río Luo, donde el sol caía con mayor intensidad que en la ciudad. Había visto postales parecidas en cualquier café que había visitado en su vida, realmente no notaba el supuesto encanto que su hermana había mencionado. Estaba claro que debía mantener un perfil bajo ¿y qué mejor que irse a perder a una provincia así? Al menos hubiera sido en la playa, sería más divertido.

 

"¡Qingqing!", la voz de su hermana lo sacó de sus pensamientos, tomando toda su atención en la mujer que caminaba hacia él, vistiendo más capas de las que debería en verano. Él mismo se había tenido que despojar de su chamarra de mezclilla a medio viaje y no había parado de lamentarse por llevar jeans y no algo más corto cuando el calor había comenzado a ser más insoportable dentro del antiguo tren que había transbordado para llegar a Luohe. ¿De verdad su hermana había estado contenta con ese trayecto? Siempre había odiado tener que transportarse así, más desde que comenzara su carrera y viajara a todos lados en autos cada vez más lujosos de la empresa.

 

"A-jie, no me llames así," regañó, enrojeciendo aún más por la vergüenza, sobre todo al notar las risitas de un par de ancianas que pasaban a su lado. ¡Ese pueblo era pequeño! Seguro no tardarían en llamarlo así a donde quiera que fuera. 

 

"Puedo llamarte como quiera, Qingqing." Le sonrió burlonamente, "Parece que aborreciste el trayecto, pensé que te gustaría y quizás tomarías inspiración," comenzaron a caminar hacia la entrada de la estación. Su hermana se notaba ligeramente más relajada, pero podía sentir algo de incertidumbre en su actitud. No tenía idea cómo, quizás solo era que la conocía demasiado para darse cuenta que algo la tenía estresada. Probablemente los estúpidos rumores, que al menos seguían sin llegar a los medios principales.

 

"Hacía calor en el tren, ¿cómo iba a disfrutarlo?", se quejó, al tiempo que su hermana paraba un taxi para subirse los dos. No llevaba más de unas semanas allí, pero se notaba acostumbrada al lugar, sobre todo al dar la dirección a la que iban y corregir al conductor.

 

"Mi Qingqing se ha vuelto demasiado quisquilloso, ¿eh?", le apretó las mejillas, riendo al ver su cara de vergüenza. ¡Estaban en público! "Vivir con ese 'Jiu-ge' no te está haciendo bien. Solías poner tus manitas en la ventana mientras viajábamos… ¿qué pasó con ese niño?", musitó, negando, mientras Shang Qinghua sobaba sus mejillas. Al menos la tensión en los hombros de su hermana parecía irse desvaneciendo conforme el taxi se movía por calles cada vez más pequeñas, cerca de las orillas del río. Bien, debía aceptar que con los colores del atardecer bañándolo todo, se veía más impresionante el pueblo.

 

"Que no te escuche decir que lo llamo así  a-jie… siento que me vigila donde vaya para poder quejarse de todo lo que hago," se quejó.

 

"Sigo sin entender por qué aceptaste mudarte con él y no al lindo apartamento que quería comprarte, Qingqing. No tendrías que viajar tanto en metro ni desvelarte…"

 

Suspiró, tomando la mano de su hermana y dejándose caer sobre su hombro. Allá iban de nuevo con ese tema, y lo que menos quería era comenzar una pelea.

 

"Bien, no insistiré en eso… por ahora. Porque fuiste un buen hermano y viniste a visitarme," sonrió, besando su frente y dejándolo boquiabierto. Su hermana… era cariñosa, claro, ¡pero no así! Definitivamente había algo en ella. "Ya, deja de mirarme con esa cara de pez, tonto. Hace meses que no nos vemos, ¿no puede extrañarte tu hermana?"

 

“No es… ¿a quién llamas tonto?”, se frotó la frente, aturdido. Su hermana lo abrazaba, claro, tomaba su mano desde que tenía memoria, pero no besaba su frente así. Ni siquiera en privado. Rara vez lo había hecho cuando era pequeño y regresaba a casa feliz por haber obtenido una calificación sobresaliente en alguna materia o por aquella vez que no tenía dinero para comprarle un detalle por su cumpleaños y en su lugar le escribió una historia corta, pero no lo hacía de esa forma. Sin un motivo y en público. Sus mejillas habían enrojecido furiosamente mientras ella solo sonreía.

 

“Al tonto hermano que tengo, claro. Anda, ya llegamos. Te va a encantar el lugar”, lo empujó para que se apresurara a salir al tiempo que pagaba por el servicio. Tan solo salir y ver el lugar, Shang Qinghua dio por sentado que su hermana no mentía sobre ello. Realmente le encantaría ese lugar.

 

“De verdad te fuiste por toda la experiencia, a-jie…”, musitó, siguiéndola al interior. Una barda de piedra cubierta por flores un poco marchitas los separaba de la casita tradicional. El jardín delantero no mediría más que un par de metros, pero comparado con la ciudad y, francamente, con todo lugar donde había vivido hasta ese momento, le parecía inmenso. Había trabajo por hacer, estaba más que claro con la maleza que crecía en las esquinas, pero no conseguía disminuir el encanto de la casa.

 

“Siempre quise visitar una casa así, Qingqing. Claro, he ido a sets inmensos y restaurantes elegantes que dan esa apariencia, pero no es lo mismo.” Pasó a su lado, abriendo las puertas dobles de la entrada principal mientras la seguía con la maleta al hombro. “Tiene dos habitaciones, la cocina y la sala principal donde también está el comedor. No es enorme, pero es perfecta, ¿no crees?”, su sonrisa seguía escondiendo algo, pero Shang Qinghua estaba tan distraído por todo que no atinó a adivinar qué podría ser. 

 

“Es linda, a-jie, inmensa comparada con donde vivo, claro.”

 

“Cualquier cosa es inmensa comparada a esa ratonera donde insistes en vivir, a-Hua,” bufó, tomando su mano para llevarlo hacia una de las habitaciones, donde encontró un escritorio que parecía estarlo esperando. “Será tu habitación. Necesitas algo de privacidad, no me gusta que compartas con ese Jiu-ge todo el tiempo. Suena desagradable, realmente.”

 

“Porque sólo me quejo de él, a-jie. No es tan malo,” sonrió, nerviosamente. Era malo, terriblemente malo, horripilantemente mucho más malévolo de lo que su hermana sabía. Por eso intentaba mantenerse en su gracia, hacer lo que este exigía para evitarse problemas. No quería ser odiado por él como Yue Qingyuan. Todos en la universidad conocían esa… no podía ser llamada rivalidad si era unilateral, pero el odio que Shen Jiu le profesaba no pasaba desapercibido por nadie. Tan solo recordar las miradas que Shen Jiu le daba al otro, le hacía temblar. ¿Para qué antagonizarlo? Vivían perfectamente bien juntos. Limpiaba lo que ensuciaba antes de que Shen Jiu pudiera hacer una mueca por eso, pagaba su parte de la renta a tiempo ¡e incluso le cocinaba! Habían recorrido un largo camino desde la primera vez que se conocieron y el Shen prácticamente escupió su comida en su cara quejándose de lo incomible que era. Ahora no solo parecía de mejor humor, incluso repetía plato cuando era realmente bueno. Y a cambio… bueno, nadie lo había molestado en la universidad o en su trabajo desde que Shen Jiu comenzó a aparecerse por sus clases o la librería, así que… era perfecto a sus ojos. ¿Shen Jiu era malvado? Por supuesto, pero seguiría viviendo a su lado mientras no lo fuera con él.

 

“Intenta decirlo mirándome a los ojos, a ver si te creo,” negó, cruzándose de brazos y luciendo como la hermana mayor que era.

 

Aún en ropas que no eran de diseñador, con su cabello rebelde recogido en una coleta al contrario del liso perfecto con el que la veía actuar, sin el maquillaje de marcas famosas y de pie contra una pared que necesitaba ser pintada con urgencia, su hermana seguía siendo brillante. Como una diosa guerrera más que una princesa, y quizás fue eso lo que le hizo notar que había algo mal en toda esa situación. Podía ser muy distraído, pero no con su hermana, nunca con ella.

 

“A-jie,” se sentó en la cama, sin dejar de mirarla, “¿Por qué estamos aquí?”, las palabras eran diferentes a las que quería decir, pero preguntar ¿qué está pasando? o ¿qué está mal? le resultaba imposible, más aún tras ese recibimiento efusivo. Sabía que era horrible comunicándose, pero no podía ignorar ese sentimiento de que había algo que ella ocultaba, una razón detrás de las excusas, una que ella había mantenido guardada esas semanas. Le había prometido contarle, ¿no?

 

“A-Hua…”

 

Se quedó unos momentos sin decir nada, abriendo y cerrando la boca hasta suspirar y salir de la habitación sin decir nada, silenciosamente invitándolo a seguirla, o al menos esperaba no estar malentendiendo sus señales. Quería creer que a pesar del poco tiempo que podían verse, seguía conociendo a su hermana mejor que nadie.

 

Se detuvo en la entrada de la habitación principal, apenas más espaciosa que la suya, con puertas corredizas abiertas hacia el jardín trasero y, más allá de la barda de piedra, el río Luo brillando bajo la luz del atardecer, luz que entraba a caudales cayendo sobre la figura de su hermana, de Shang Xia y no Su Xiyan, con el cabello alborotado y una sonrisa tentativa, sosteniendo una cajita en sus manos. 

 

“Me voy a retirar. En realidad, ya lo hice.”

 

Frunció el ceño, inquieto, inseguro. El sueño de la vida de su hermana… Había soñado con aparecer en televisión, con actuar sus obras cuando ambos fueran famosos, cuando ella fuera reconocida y amada por todos como no lo había sido por sus padres, cuando tuviera todo lo que deseaba a la mano sin necesidad de pasar hambre para conseguirlo. La había visto suspirar por dramas, llorar con las actuaciones de otras actrices, tomar notas y ensayar día y noche cuando al fin consiguió entrar a Huan Hua como aprendiz. Horas, días, de esfuerzo por conseguir una oportunidad entre las miles de jóvenes que llegaban a las puertas de la compañía… sacrificando lo que restaba de sus años previos a la adultez para llegar a las estrellas y convertirse en una… Aún recordaba vívidamente cuando lo tomó por los hombros y llorando se despidió de él brevemente para comenzar su camino, recordaba la promesa de volver por él y cómo al tiempo lo hizo, alejándolo de las garras de sus padres y la telaraña en la que lo habían atrapado al enterarse de la creciente fama de su hija. Tanto sacrificio y esfuerzo… 

 

“¿Por qué?”, algo debía estar mal, lo sabía, lo sentía en el fondo del estómago, en ese nudo que se formaba cada vez que su ansiedad amenazaba con ahogarlo. ¿Fue por mi? No pudo evitar que esa pregunta llegara a él, que su mente lo llevara a pensar en cómo su existencia no beneficiaba a su hermana, en cómo Shang Qinghua y su familia eran lo que podía provocar la caída de Su Xiyan. “A-jie, ¿por qué?”, no podía acercarse a ella, no podía dar un paso más. Sus piernas estaban congeladas mientras su corazón se aceleraba de forma preocupante. ¿Alguien se había enterado? ¿Sus padres habían hecho algo? No podía pensar en por qué su hermana, tan amada como era, tan popular, pudiera decidir algo así de forma tan repentina. No cuando adoraba lo que hacía. Solo podía ser por algún factor fuera de su control. Él, sus padres… o aquél rumor que casi había olvidado en su ansiedad. El rumor de una famosa actriz inmiscuyéndose con un empresario desconocido. Pero solo era un rumor, ¿no? Ni siquiera había consistido en más que unos cuantos posts antes de ser eliminado por completo. Ni siquiera habían escrito su nombre, aunque incluso él podía adivinar que hablaban de ella.

 

“Porque cometí un error, según Huan Hua,” su voz sonaba desprovista de calidez, un eco del tono que su madre solía usar y no pudo evitar odiar la similitud, odiar lo que sea que Huan Hua había hecho para que su hermana hablara de esa forma, “Un ‘error’ que quisieron obligarme a desaparecer,” se rió por lo bajo, negando, “Si hubiera querido hacerlo, no les habría hablado de la situación. Habría buscado la manera y ya. No pueden decidir por mí lo que quiero o no en mi vida, Qingqing,” suspiró, soltando la rabia apenas contenida, antes de mirarlo y sonreírle de nuevo. Shang Xia otra vez, no aquella morbosa réplica de su madre. “Fue un accidente, pero no lo veo como un error. Simplemente algo que no tenía planeado tan pronto… no me sentía preparada para pensar en eso, pero él… “, negó de nuevo.

 

“A-jie, ¿de qué hablas?”, su ansiedad parecía haberse disipado bajo la curiosidad y preocupación por su hermana, sus piernas trabajando de nuevo hasta sentarse a su lado, sin comprender nada. “¿Es por los rumores?”

 

“Veo que incluso mi Qingqing los leyó,” asintió, “algo así. No saben nada, realmente. Solo que salí con él, ¿no?”

 

Asintió, mirándola, esperando.

 

“No necesitas saber su nombre, no lo veré de nuevo. Pero fue muy dulce, ¿sabes? Muy tonto, claro, incluso más que mi pequeño hermano,” se rió, el peso en sus hombros desapareciendo poco a poco mientras rememoraba, “un tonto romántico, y jamás dejé de llamarlo así. Creía en historias de amor, en el destino y estupideces así, no paraba de recitarme poesía o regalarme flores… No planeaba hacerle caso, Lao Gongzhu aborrecía que se me acercara, pero ¿sabes? Terminó encantándome esa atención, esas salidas clandestinas, sus palabras de amor comenzaron a parecer ciertas, incluso sus planes a futuros dejaron de ser disparates. Una vida juntos, tal vez una familia más adelante, sin dejar mi carrera, sin dejar de escuchar su poesía… Y entonces nos descubrieron.”

 

Frunció el ceño, indeciso. Si parecían quererse… 

 

“¿Qué…qué pasó?”, preguntó, indeciso, sintiendo que se avecinaba algo que no querría escuchar.

 

“Lao Gongzhu me prohibió verlo de nuevo. Me negué, claro, sabes que odio que me digan qué hacer, a-Hua. Respetaba a ese hombre y había seguido siempre sus reglas, pero esto era mi vida privada. Ya había sacrificado mucho como para hacerlo de nuevo…”, lo miró, una mueca de disculpa en su rostro mientras lo tomaba de la mano. Dejar a su familia atrás había sido difícil, lo sabía, y no la recriminaba por ello. Si pudiera, lo haría también. Desaparecer de la vista de sus padres, negarlos por completo, lo haría en un instante. “Pero desapareció. Ni siquiera pude encontrar a su sobrino que siempre lo seguía donde fuéramos.”

 

“¿Sólo…desapareció?”, ese hombre le había agradado hacía un instante. Sonaba… bueno, demasiado perfecto. Quizás ese era el problema. No existía alguien así.

 

“Quiero suponer que Lao Gongzhu tuvo algo que ver… Después de lo que me dijo, sé que no es un disparate pensar así…”, miró hacia abajo, su tono tan resoluto como siempre, impregnado con desdén, “Quiso obligarme a abortar cuando le dije que estaba en cinta.”

 

El silencio que siguió esas palabras amenazó con ahogarlo, junto a la visión de aquél hombre al que solo conocía por entrevistas diciéndole algo así a su hermana. ¿Quién era él para decirlo? ¿Para decidir lo que ella debía hacer? Si ella quería o no continuar ese embarazo, si quería un hijo o no, era asunto de ella. Solo ella podría saber si estaba preparada para eso, para todo lo que se le vendría si decidía tenerlo siendo una figura pública.

 

“¿Te obligó a retirarte?”, preguntó, mordiendo su labio inferior para detenerse. No podía hacer nada para proteger a su hermana, no cuando ya había sucedido y, francamente, dudaba que hubiera podido hacerlo de todas formas. 

 

“Lao Gongzhu antes se corta un brazo que dejarme ir. Yo… tuve que tomar una decisión. Así que desaparecí en cuanto tuve la oportunidad,” sonrió. Su mirada no era triste ni arrepentida, sino desafiante y feliz. Era su decisión, era su vida. Por años la había escuchado desear por tener el control con lo que hacía, fuera de la vida en la que habían estado atrapados. Irse de casa para comenzar su carrera, dejar atrás una carrera para convertirse en madre… 

 

“¿Cuándo nace…mi sobrino?”, apenas podía pensar con claridad en todo lo que había soltado su hermana, en lo que implicaba irse así. Había desaparecido, había dejado atrás a Su Xiyan y se había escondido lejos de la capital, de Huan Hua y las miradas de sus ávidos fans. Shang Xia no tendría un camino sencillo, lo sabía, pero estaría acompañada. Por él, por su sobrino, o sobrina.

 

“En invierno, no tengo idea aún cuándo, así que tendrás que venir a visitarme, ¿entiendes?”, se rió de nuevo, pellizcando su mejilla en un intento por acallar todas las preocupaciones que veía en sus ojos.

 

“Como si fuera a dejar a mi hermana sola en este pueblo,” bufó, negando. Su hermana se había sacrificado por él, había pagado su matrícula una y otra vez, lo había sacado de aquella casa que aborrecía. Podría fácilmente tomarse un semestre, incluso un año, para cuidarla. “Además, no sabes cocinar, a-jie. Siempre me hacías ramen instantáneo, ¿cómo puedo dejarte comer eso ahora?”

 

“Solo debes volver en invierno, y hay demasiados restaurantes por aquí, Qingqing. No me salgas con que tu hermana es una inútil solo por su embarazo,” lo pellizcó de nuevo, con saña esta vez hasta que lo hizo casi llorar.

 

“¿Quién dice que es por eso? ¿No debería ser un buen hermano?”, se sobó la mejilla, “Me quedaré aquí un año, y ya verás que después seré quien pague las cuentas aquí, a-jie. Me haré famoso, ya verás. Y podrás escupirle en la cara a ese Lao Gongzhu.”

 

La risa de su hermana llenó la habitación, falta de aire y estridente contraria a la que Su Xiyan daba en entrevistas o shows. Esperaba que el futuro pequeño Shang heredara eso de ella. Todo, desde su cabello alborotado hasta sus ojos castaños, incluso la altura que la caracterizaba.

 

“Supongo que tendré que enviarle un regalo a ese Jiu-ge por convertirte en el amo de casa perfecto, a-Hua,” se burló, y con ello quedó por terminado el tema de su estadía. No quería ni pensar en cómo lo tomaría Shen Jiu cuando se lo dijera… ¿sería mejor decirle que solo sería un semestre? Seguramente lanzaría sus cosas a la calle si mencionaba que sería por un año.

 

El resto de la tarde se les fue entre risas y Shang Xia compartiendo los ultrasonidos antes de mostrarle su vientre apenas abultado. Quedaban poco menos de seis meses, pero ya comenzaban a pensar en todo lo que necesitarían para el futuro Shang.

 


 

Su calma terminó en el instante en que cerró la puerta de su nueva habitación tras él, dándole paso a toda la ansiedad que había mantenido contenida durante toda la noche mientras entretenía a su hermana con anécdotas y su trabajo final del semestre anterior, quejándose por haber perdido su preciada libreta hacía semanas sin poder recordar dónde exactamente. Había cocinado y disfrutado de un respiro de las miradas de Shen Jiu y las preocupaciones por su nueva situación, pero una vez a solas…

 

Todo llegó como un bólido derribandolo y sacando el aire de su pecho.

 

¿Qué iban a hacer ahora? ¡Era un bebé! No un perrito, no un simple cambio laboral, no un despido del que debían reponerse, ¡era un bebé! Una criatura que llegaría a sus vidas y, sí, no era su hijo ni su responsabilidad, pero después de todo y teniendo en cuenta que su hermana no tenía a nadie más que a él en el mundo… ¡claro que era su responsabilidad también! 

 

"Voy a ser el peor tío del mundo", se lamentó, dejándose caer contra la puerta. ¿Cómo sería un buen ejemplo para ese bebé? ¡Apenas podía hablar con la gente, no se sentía cómodo con casi nadie a su lado! ¡No sabía lidiar con niños! ¿Cómo iba a hacerlo cuando sus padres no habían sabido hacerlo? "No, basta. Ese es problema para Qinghua del futuro. Ahora… necesito un trabajo. ¡O mil!", se tapó los ojos, negando. El dinero de su hermana no sería suficiente a la larga y aunque trabajara, no podría hacerlo durante los últimos meses de embarazo y mucho menos después del parto. Tendrían que ahorrar, y al menos en eso eran buenos los hermanos Shang. "Mierda… creo que tendré que comenzar a escribir esa novela," se lamentó, pero sentía cierta emoción en sus venas por al fin darle vida a ese mundo, a su protagonista maravilloso… al que aún necesitaba nombrar. "Será un éxito, y no tendremos que preocuparnos más por el dinero."

 

Estaba decidido, era hora de hacer uso de su cuenta como Avión disparando al cielo. Aún si su hermana se burlaría de ese seudónimo.






Mo Beijun volvió a tipear las palabras que había anotadas en el cuaderno, esperando encontrar algo similar en Zhongdian Literature, pero cada búsqueda había sido igual de imposible. No había nada. 

 

Bufó, frustrado, pateando el cpu de su computador y cruzándose de brazos, mirando la pantalla como si con eso pudiera doblegarla a su voluntad como solía suceder con quien fuera que se pusiera en su camino. Había leído ese cuaderno durante semanas, enganchado como jamás lo había estado en una historia solo para darse cuenta… que no había sido publicada aún. Peor, bien podría no haber sido escrita digitalmente y ahora él poseía la única copia llena de anotaciones en los márgenes y pequeños dibujos de cómo algunos lugares deberían lucir. Era...ingeniosa, claro que caía en clichés, pero la narración y los personajes le habían llamado la atención aquél día en el metro tanto que terminó pasándose varias estaciones de su destino. Ningún profesor se atrevió a regañarlo cuando finalmente llegó a clases. Nadie se atrevía a llevarle la contraria, quizás solo su tío.

 

"Maldita sea, ¿por qué no escribes rápido?", cerró el cuaderno, de nuevo mirando el pequeño avión de papel dibujado en marcador sobre la portada azul de la libreta, tal vez prestándole mayor atención por primera vez. No era común que dibujaran solo un garabato así sin llenar el resto de la hoja, además lo había visto en otras páginas. Frunció el ceño, mirando de nuevo el sitio web que no mostraba ningún resultado para lo que había estado buscando, antes de regresar al inicio donde aparecían los enlaces a nuevas novelas… con seudónimos en lugar de nombres. ¿Avión? ¿Podría ser ese el seudónimo de esta persona? Si no había encontrado la novela, ¿qué le hacía pensar que…?

 

Sus dedos se alejaron de nuevo del teclado, mirando el nombre que aparecía en aquella lista, un nombre acompañado por una fotografía de la cubierta de aquella libreta que tenía en su escritorio. Mismo marcador dorado sobre papel azul claro, mismos trazos. 

 

《 Avión apuntando hacia el cielo 》

 

Una sorpresiva risa salió de su boca, asustando al ama de llaves que limpiaba en la habitación contigua. Era un pésimo chiste pero tenía su encanto que ese joven menudo y nervioso se hubiera puesto un seudónimo tan obvio.

 

Abrió el enlace, encontrándose con un perfil que apenas le daba algo de información, sin trabajos listados pero su sola existencia hablaba de la posibilidad de que pronto eso cambiara.

 

Tras crear su propia cuenta en un sitio que hasta entonces no había visitado por falta de interés, comenzó a seguir a Avión.






《 Ice King ha comenzado a seguirte 》

 

Tras un rato de confusión, Shang Qinghua llegó a la conclusión de que este era el universo hablándole, dándole la patada necesaria para comenzar a escribir. ¡Tenía un seguidor! No tenía nada escrito, ni siquiera un perfil llamativo, pero ¡ya tenía un seguidor! Se dispuso a seguirlo también, por si acaso ese era el objetivo de aquella misteriosa persona, pero estaba claro lo que debía hacer ahora. Escribir.

 

"Esperemos que le guste a Ice King. Necesitamos que sea popular, más que ninguna otra, si vamos a ganar dinero suficiente para vivir bien los tres," asintió, recogiéndose el cabello rebelde en una coleta y colocándose los anteojos que solo utilizaba para escribir. Era ya de madrugada, pero no habría podido dormir aunque quisiera, su mirada viajando fuera de su ventana hacia el río Luo, su mente aún plagada con lo que el invierno les traería. "Ahora… me falta un nombre para mi protagonista…"