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Todo lo que Takemichi percibe se siente irreal de alguna manera, un sueño en el que fue puesto y por eso está fuera de escena, siente el suelo inestable, los rostros de las personas se deforman en chistosas figuras y el ruido de fondo se ve ahogado por un molesto pitido que suena demasiado fuerte para su gusto.

Las sensaciones que pertenecen al mundo exterior se ven distorsionadas por sus propios pensamientos, sobrecargado y queriendo que todo deje de ser tan abrumador un instante para poder recomponerse, poder hacer que su cuerpo vuelva a reaccionar, ser útil.

La muerte de Draken demasiado fresca, un loop en su cabeza con los disparos y la sangre extendiéndose en su uniforme, el calor del cuerpo que se va perdiendo entre la lluvia y sus débiles latidos, sus últimas palabras que fueron una condena y la sonrisa resignada.

Ha salvado a Senju, no se arrepiente de ello, pero perdió a Draken y el futuro en el que lo había visto sano y a salvo, el taller de motocicletas que formó junto con Inui, la boda de Pa-Chin con una versión adulta del chico que ha muerto demasiado joven, el futuro se ha lavado junto al agua que cae del cielo.

Son las lágrimas del cielo derramadas, ya que ni los viajes en el tiempo pueden devolver la vida a los muertos cuando la situación ha ocurrido, por muchas buenas intenciones que tenga o sin importar lo fuerte que desee salvar a todos. El tiempo corre de manera cruel y con prisa.

Evitar las cosas de la mejor manera que puede a pesar de que no salgan como quiere, la guerra que va a ocurrir y ahora tiene una excusa, Mikey que ni siquiera pudo estar presente para despedirse de alguien que le importaba. Draken alguna vez había sido el corazón de Mikey y eso no se podía cambiar.

Cuando ve un cabello rubio que le resulta demasiado familiar, no puede evitar preguntarse si es su mente jugándole una broma, con la sangre rugiendo en sus oídos y su vista emborronada era bastante fácil confundirse, intentar evocar algo que no estaba.

Pero no era una alucinación, la figura que durante una época significo esperanza y seguridad, que todo iba a estar bien porque él está aquí, la persona que conoció en una época que no le pertenecía desde un principio; Manjiro Sano o mejor conocido como Mikey.

Sólo que no lucía como el MIkey que conocía, era el mismo cuerpo y rostro que se había encontrado tantas veces y pensaba sería posible reconocer en la oscuridad, pero la persona que estaba ahí parada era un completo desconocido para Takemichi.

No tuvo mucho tiempo para seguir intentando descubrir que era el causante de esa sensación, demasiado ocupado preocupándose por Senju quién peleaba, el esfuerzo y la fuerza de ella se vieron aplastados contra el áspero concreto, la sangre en sus heridas y la manera en la que South parecía estar encendido en la pelea.

Viéndose interrumpidos por la intervención de Mikey quien portaba una expresión en blanco, su figura más delgada que la última vez que el de ojos azules lo vio no parecía tener nada que ver con su fuerza cuando sus golpes fueron capaces de lanzar al líder más grande.

La manera en la que South fue tratado con dureza sería algo habitual en las peleas de pandillas, pero la crueldad que parecía tener Manjiro era algo que Takemichi sólo había visto cuando Kazutora había estado a punto de morir.

Un claro deja vú, era esa la extraña sensación que el rubio había experimentado al ver la actitud del que alguna vez fue su jefe de pandilla, que por más que South luchará no importaría, porque era como si su vida fuera una vela que quiere hacerle frente a un viento que la va a apagar irremediablemente.

Un escalofrío inundo sus extremidades al ver el mallugado cuerpo de South, incluso si su pandilla había causado la muerte de Draken eso no significaba que mereciera ser asesinado a golpes. El de ojos azules intentaría detener esa muerte, incluso si no tenía idea de cómo hacerlo.

Se coloca como una barrera entre ambos líderes y espera que su presencia sea capaz de evitar el derramamiento de sangre, Mikey no era un asesino aún, debajo de esa máscara permanecía la persona que le había pedido lo salvará.

Los ojos negros lo atravesaban, una molestia que sube por su espina dorsal, ha recibido de manera constante miradas condescendientes en sus 26 años de vida, la gente acostumbrada a usarlo para desquitarse cuando no encontraban a alguien más.

-Destruyes todo lo que me importa.

Su voz es fría, cortante, una bofetada directa que le deja un hormigueo en el rostro y siente el calor subir a su rostro, pero no en forma vergüenza, sino en ira. Porque es bastante obvio que el más bajo estaba diciendo eso sin pensar detenidamente, su tristeza hablando en su lugar. Pero parece decidido a buscar pelea con cualquier persona.

El golpe que recibe en la unión del codo hace que su cuerpo sufra un espasmo de dolor, grita mientras cae al suelo y la manera en la que su brazo se tuerce sin fuerza es un claro indicador de que algo se ha roto. Una extraña metáfora de su vida si le permiten decir.

Si bien el teñido nunca había esperado un agradecimiento por lo que hacía, sabe que se metió en eso sin importar nada más; e incluso soporto eso con sólo 2 personas sabiendo la verdad y apoyándolo en momentos difíciles cuando la presión lo asfixiaba.

No podía exigir algo de personas que nunca se habían enterado, de que manera buscas comprensión si lo que ellos conocen es menos de lo que tú sabes, sin haber visto morir a sus amigos ni cargar con la idea de que nada volverá, ellos no sabían de los futuros alternos y por eso era comprensible su comportamiento.

Pero Mikey lo sabía y había fingido entenderlo, haciendo promesas para mantener el futuro a salvo, había fingido perdonarlo por no haber podido salvar a Emma, por no haber podido hacer más para salvar a todos.

Esa persona, la de dos años antes, nunca le hubiera dicho eso. Era eso lo que más le molestaba, lo que lo hería aún más, pero estaba tan desesperado que su tristeza muto en frustración. Su cabeza daba vueltas y le dolía el cuerpo.

Takemichi estaba harto, eso era una jodida broma del destino que insistía en tocarle los cojones de la peor manera. No había una explicación coherente para que Mickey llegará y le dijera eso, incluso si su pérdida es reciente, Draken había sido el pilar de mucha gente y su ausencia dejaría un hueco.

Una risa histérica ascendiendo por su garganta y dejándola picando al no salir, porque Takemichi no recuerda haber sido el que disparo contra uno de sus amigos en más de una ocasión o ser quien haya matado a gente que se supone le importaba.

La vida es una ironía.

Porque Mikey clama que Draken le importaba tanto y no hizo nada e incluso en uno de esos futuros llego a matarlo con sus propias manos.

Pero el rubio actuaba como si fuera la única persona que ha sufrido y perdido a alguien, monopolizando el dolor y haciéndolo sentir culpable de sentirlo, una culpa por intentar remediar las cosas sin importar que dejo ir una oportunidad dorada del futuro.

El de ojos azules sabía que no se arrepintió de ello e incluso Hina lo disculpo ante ello, pero ahora se encuentra en una pésima situación con una extremidad inservible para pelear. Ah, lo peor era que no es la primera vez que le sucede.

Así que Takemichi agarra de manera desesperada la pierna de Mikey que iba en dirección a South, en busca de crear un peso muerto de alguna manera, pero el rubio lo alza con un brazo mientras susurra algo, un golpe en su rostro y el mundo se pinta de un tono rojizo.

Mickey está roto, pero eso no le da el derecho de seguir rompiendo a los demás, un complejo de víctima que después se arrepiente de sus acciones pero parece no aprender de ellas.

Parece esperar a ver si el golpe lo ha dejado noqueado pero sólo un mareo se asienta en su cabeza, como si alguien hubiera sustituido su cerebro por algodón. Lo ve pronunciar algo, pero las palabras no se registran en absoluto.

Quizá si se concentra puede leer sus labios, o lo que cree está diciendo tomé un poco de sentido. Pero con las vueltas que da el mundo sólo entiende unos nombres.

Kenchin, Emma, Baji y Shinichiro.

La culpa y el peso se asientan en el adulto rejuvenecido, porque ha estado involucrado en la muerte de esas personas, hasta que su lento cerebro puede captar lo último y la ira que pensó se había aplacado vuelve a surgir con una fuerza abrumadora, similar a una presa de agua que se rompe e inunda al pueblo que la usaba.

Se ríe en la cara de Mikey, sin importarle las miradas desconcertadas que recibe de algunas personas, se ríe como no pensó que lo haría en esa situación, el sonido suena hueco, falso y es horrible, como pasar las uñas por una pizarra. Pero no puede detenerlo, incluso si los ojos oscuros se afilan pensando es una burla directa.

Shinichiro, Shinichiro

Aquella historia de terror que le conto Hina en una ocasión vuelve a su cabeza como un pensamiento al azar; era de un fantasma del que si decía su nombre frente al espejo 3 veces, su espíritu se aparecerá y te maldecirá. Pensó que era una historia extraña, le ponía los pelos de punta.

Al parecer Takemichi lo había dicho en demasiadas ocasiones, no encontraba otra forma en la que hubiera pasado eso. Sólo que había pronunciado el nombre incorrecto, el fantasma de un líder en su espalda. Un puesto vacío que era demasiado grande para llenarlo.

"Takemichi me recuerda a Shinichiro, eres como el líder de los Black Dragons, me recuerdas a mi hermano"

Las palabras que le pudieron haber llenado de orgullo en alguna ocasión porque ser parecido a alguien que fue tan querido y respetado era algo que nunca se imaginó, un don nadie que no logró nada durante años a la altura de una leyenda. Hasta que en lugar de orgullo había inseguridad, un fraude.

Las personas que lo vieron más allá de una similitud a Shinichiro parecían buscar a otra persona, siempre el reemplazo para lo que han perdido, un medio para conseguir algo o simplemente alguien que les ayudará. Opción y no prioridad.

-Yo no soy tu jodido hermano, ni lo seré nunca.

La cara del rubio demostraba que estaba desconcertado, como si no esperará esa respuesta, sus ojos un poco más despejados se desviaron hacia dónde colgaba el brazo herido, la imagen demasiado chocante, Mikey parecía realmente perdido.

Su cuerpo reacciona de manera instintiva e intenta golpear al otro en el rostro para que lo suelte, de esa manera se siente desprotegido. Sabe que es un esfuerzo inútil, no tiene una gran fuerza y en cambio el otro sí tiene una gran resistencia, así que es un intento desesperado de pensar que no se ha rendido.

El agarre que estaba en la camisa de Takemichi se apretó, no tenía idea de que debía interpretar ante eso, una muestra de agresividad o la conciencia recuperada. Probablemente debería haber parado, pero el soltar lo que había estado en su cerebro durante tanto tiempo dejo su lengua suelta y no la pudo parar.

-Deja de intentar buscarlo en mí, él está muerto y eso no fue mi culpa. Ninguna muerte debería ser mi culpa, sin embargo yo las tomé como si me correspondieran.

Puede que no quisiera hacerlo, el vómito verbal que quería soltar pero su mente estaba bloqueada para producir palabras coherentes, sólo quería dejar de sentirse asfixiado en la culpa que empezó a desarrollar, un pozo con personas muertas que sujetaban sus tobillos y lo intentaban arrastrar.

Los muertos eran traicioneros, lo tiraban y obligaban a seguir, como si no pudieran decidir qué hacer. Hasta que lo jalaron con demasiada fuerza y termino demasiado roto, a veces se preguntaba si las piezas serían capaz de seguir formando una figura real o solamente sería la mitad de lo que necesitaba.

Las dulces mentiras que le daban fuerza se iban debilitando, debía de estar a la altura de lo que se esperaba aunque se desmoronará. Siguiendo incluso si estaba harto, gruesas cadenas que se formaron en sus tobillos y lo hacían sentir en una prisión sin salida. Deseaba huir de su propio cuerpo y mente.

Tenía ganas de gritar hasta dejar su garganta desgarrada, queriendo llorar hasta quedar seco por completo, borrar sus recuerdos que se iban tiñendo de blanco, negro y rojo, la muerte helada que se asentaba en sus huesos conforme más tiempo transcurría.

Se aferra desesperadamente a lo que puede incluso si quería que su vida acabará, rasguña el rostro de Mikey y nota la sangre brotar, rojo floreciendo, el mismo color de las desgracias y es como un alcohólico que había dejado de beber pero al probarlo nuevamente su cuerpo se lo pide. Quiere dejar sus marcas, no quiere ser un saco de boxeo otra vez.

Dejan caer a Takemichi al suelo y el impacto recorre todo su cuerpo, sus nervios fueron sustituidos con lava y queman de manera infernal, escucha un grito que suena familiar pero la voz no puede encontrar un rostro entre su memoria difusa, su momento está inundado con la presencia de Mikey.

Lo ve arrodillarse junto a él, su pantalón empieza a colorearse de un tono más oscuro por el agua y la suciedad del suelo. Su rostro muta a una forma borrosa, solamente colores en lugar de rasgos, cabello rubio y un cuerpo desgastado, le recuerda terriblemente a sí mismo.

-No culpes a otros de toda tu vida.

No sabe exactamente a quién va dirigido eso último, si a el ex-comandante de la Tokyo Manji o su propia y patética persona, porque pese a todo lo que le hayan dicho al final la decisión de volver al pasado y dejar el brillante futuro que le habían construido fue una decisión que tomo egoístamente.

Ya nadie le iba a pedir cuentas de las cosas que alguna vez le habían dicho con su último aliento. Nadie iba a recriminar que siguiera con su vida.

Siente los duros golpes en su rostro y costillas, el aire empieza a arder y su furia se ve aplacada, de la misma manera en la que vino repentinamente se ha esfumado, sabe que se merece eso, los golpes expían su propia culpa que sigue presente, con suerte puede que se transfiera junto a la sangre que empieza a bañar los nudillos del más bajo.

"Te encargo a Mikey"

No está cuidando muy bien de él, busca herirlo con sus palabras y quisiera ser más fuerte para poder pelear de una forma más igualitaria. Ser herido y herir a los demás, un horrible y vicioso ciclo que es adictivo, dejar cicatrices por las que le han hecho.

Aunque las lágrimas le pican los ojos no llora, porque es un héroe llorón, pero su comportamiento dista por completo de algo heroico. Un héroe no hubiera dicho esas cosas, sin embargo la persona que alguna vez fue la asesinaron.

La saliva con sangre le estorba y da la sensación de ahogamiento, así que se la escupe en la cara incluso si falla en su intento, termina en su camisa blanca y mezquinamente piensa en que va a ser difícil de limpiar, quizá debería de tirarla y junto con ella los recuerdos de esa noche.

Si es que sobrevive.

-¿Me quieres matar?

Takemichi está demasiado cansado, sus palabras son débiles pero todavía entendibles, el aire escasea y sabe que se va a desmayar en poco tiempo y ya no tiene fuerza suficiente para intentar detener los golpes. No es que tuviera una gran posibilidad de hacerlo y no correr el peligro de recibir otro miembro roto.

Ya acepto su probable destino a la muerte y puede que eso sea la razón por la cual la fuerza de Mickey no lo aterra, o que todo está tan sobrecargado que ya no siente un nuevo dolor entre todas las capas que hay debajo. Probablemente debería preocuparle pero está ocupado en expresar lo poco que pasa por su cabeza.

-Mi muerte va a ser tu culpa, probablemente eso te rompa Manjiro.

Quisiera haber podido despedirse de las personas que aprecia, una lástima que no pudiera hacerlo en cada ocasión que ha estado a punto de morir, tiene tantas palabras pero no quiere dejar una responsabilidad en las demás personas.

-Ya lo hizo una vez.

Incluso si Mikey se ha quedado de piedra ante lo que ha dicho no tiene la posibilidad de saberlo al momento en que todo se vuelve negro y el mundo se mutea por completo. ¿Era ruin haber dicho eso? Probablemente, no es que le importará a esas alturas. Takemichi queda laxo y su respiración es demasiado superficial.

Un cuerpo más pequeño empuja a Mikey en ese momento, el líder de Brahman con su cabello blanco pegado en su rostro, los ojos inundados de lágrimas y parece dispuesto a pelear incluso si se fue intimidado anteriormente, un escudo entre el ex-miembro de la Tokyo Manji y el ex-comandante.

Una batalla perdida, Manjiro demostró una falta de piedad ante alguien que alguna vez fue su amigo así que era obvio el resto de personas recibirían un peor trato, sin embargo el albino estaba dispuesto a sacrificarse por alguien que no conoce de hace tanto tiempo y eso es un terrible golpe de realidad.

La clara pose que tiene Senju buscando esconder al chico herido, la sangre que sigue fluyendo mientras el rubio está en el suelo, Mikey se aleja del cuerpo de Takemichi como si tenerlo cerca quemara. Puede que eso esté sucediendo, sus entrañas arden y quiere arrepentirse de lo que ha hecho.

Las manos del comandante se sienten sucias, necesita que sea una sangre distinta la que cubra sus manos, Kenchin y Takemitchy, perder a ambos en una misma noche y saber que ocasionó de manera directa a uno hace que le punce la cabeza.

Recuerdos que no ha vivido se sobreponen en su mente, sonidos de disparos y flores oscuras que florecen en los lugares donde las balas han golpeado, la respiración que se detiene. Quiere gritar para que se vayan, las palabras que le dijo el teñido grabadas con filo en su piel.

Su culpa, todas esas cosas son su culpa.

La figura de South en el extremo de su visión hace que las cosas se detengan, nada de eso hubiera pasado si no fuera por el hombre que quería a Draken en su pandilla o a Takemitchy.

Sí, todavía puede culpar a otra persona.