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Disciplina

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-¿Quién es la persona más importante en tu vida?- Como siempre le hizo la misma pregunta, cuando estaba molesta con él.

“Tú y Tammy” – Eres tú, solamente tú mi amor- Respondió con su tono de voz más dócil y afectuoso.

-¿De verdad?- Parecía que sus palabras lograron calmarla-Entonces explíqueme, maestro Gregoire ¿Por qué no pudo tener tiempo para la persona más importante en su vida pero si para la princesa Tamaura?-

Gregoire suspiro, anoche ella le había pedido que asistirá a la fiesta de hoy para verlo y quizás bailar un vals con él, pero lamentablemente le era absolutamente imposible. Tenía una montaña de trabajo pendiente: hechizos sin hacer, baratijas a medio terminar, documentos importantes sin revisar y planes que requerían de más planificación, además lo había postergado anteriormente para tomar él te con ella en la tarde de aquel día -Ya te lo dije mi amor, Aliana volvió a molestar a Tamaura, la hizo llorar esta vez. No podía simplemente ignorarla, y continuar mi trabajo como si nada, ella es nuestra hija, necesita al menos la atención de uno de sus padres-

-¡Ella no es tu hija!- Grito- Solo me entregaste tu semilla para poder crearla-

Si era cierto, ese fue el único papel que jugó en la vida de su hija, nunca estuvo ahí para escuchar sus primeras palabras o ver cuando dio sus primeros pasos, jamás actuó como un padre para Tammy, pero no fue por elección propia, fue la decisión de ella. Ella decidió por el que nunca tendría contacto con su bebe, que debía esconderla y luego al crecer ser dada a esos monstruos “Los Espíritus”. Él se negó e intento huir con su niña, más un chico sin riqueza ni influencia con una bebe recién nacida, no eran difíciles de hallar, en especial si su persecutor era la toda poderosa emperatriz de Aberwelle. Cuando los encontró, le quito a su bebe diciéndole que nunca más la vería, después lo encarcelo durante un año completo en una mazmorra secreta, hecha especialmente con el fin de “Disciplinar mascotas reales rebeldes”, allí lo torturo y violo a su antojo, insistiéndole que era por su propio bien, que era inútil oponerse a los espíritus y era necesario para mantener la prosperidad de esta tierra. El solo recuerdo de ese tiempo aun lo hacía enojar con ella, incluso si ya la había perdonado por todo.

-Tienes la razón, pero sabes eso tiene arreglo puedo decirle toda a la verdad a Tammy, estoy seguro que ella se alegrara al saber que soy su padre-

-Ohh…Claro será muy feliz al saber que eres su padre, después de estar ausente por más de once años- Su voz estaba llena de sarcasmo al igual que su burlona sonrisa, era increíble como intentaba moldear los hechos para hacer parecer que Gregoire abandono voluntariamente a su hija, solo para hacerlo sentir culpable pero en su lugar solo logro enfurecerlo, hasta el punto de querer lastimarla donde más le dolía.

-Después nos marcharíamos de este lugar, y te dejaremos ¡SOLA! Con tus importantes espíritus y tu querida tropa de aduladores, se cuánto te gusta - Ese fue el turno de Gregoire de ser sarcástico, de atacarla, de cambiar la realidad para ajustarla sus deseos. Era perfectamente consciente de como ella sufría de una terrible soledad fruto de sus deberes y responsabilidades como gobernante, dejándola hambrienta de amor y cariño sincero pero también celosa y posesiva por miedo a ser abandonada.
La sonrisa satisfecha murió al instante, la suave tez tan blanca como la nieve de su amada se puso roja, sus bellos ojos pardos le lanzaron una mirada fulminante y los labios rojos como una rosa se apretaron. Ella estaba furiosa y se encontraban solos en los aposentos privados de la emperatriz, eso no auguraba nada bueno para él.

-Desnúdate, te lo ordeno, necesitas ser disciplinado en este instante-

-Como ordene, su majestad- Gregoire resignado, empezó a desprenderse de su ropa, era inútil intentar razonar con ella sobre que Tamaura era su hija, no una herramienta o como últimamente parecía imaginarse en su cabeza “una rival amorosa”, simplemente odiaba que él se acercara a su hija e intentara que ella también lo hiciera. Sin tan solo practicara con Tammy, alguna vez con otra cosa diferente al deber y responsabilidad forzados a su pajarito con esos monstruos, su amor se daría cuenta de la chica tan dulce que era y la protegería con todas sus fuerzas en lugar de ignorarla la mayor parte del tiempo, hasta el punto de ni siquiera saludarla cuando estaba al frente suyo.
Cuando quedo tal cual vino al mundo, se dio vuelta, encontrándose cara a cara con ella, sus ojos pardos le dedicaron una larga mirada lujuriosa sobre su cuerpo expuesto, sonrojándolo un poco aunque era consiente que eso no lo salvaría de ser “disciplinado”.

-Ponte de rodillas, Gregoire- Le ordeno con su frio y dominante tono de emperatriz.
Se arrodillo ante ella, mientras la veía sacar de una caja hecha de nácar y decorada con grabados dorados, un familiar collar de esclavo hecho de oro puro especialmente para él, se lo coloco al alrededor del cuello y con su magia hizo crecer tallos cubiertos de espinas, que ataron sus pies y manos como cadenas, acto seguido convoco un latico también hecho de tallos con espinas.

-Veamos, fuiste insolente y te atreviste a engañarme para estar con otra, debería darte 100 latigazos pero solo porque te amo, serán solo 50 ¿Entendido?- Lo miro como si mereciera algún tipo de gratitud por simplemente golpearlo un poco menos.

-No soy digno de su amor ni compasión, mi reina- Le sonrió tiernamente sin rastro alguno de resentimiento, sabía que palabras y expresiones, usar para evitar atraer más de su furia. Complacida empezó a “disciplinarlo”, latigazo tras latigazo, ella le reprocho sus faltas percibidas en su contra y el cómo de costumbre imploro su perdón e intento aguantar sus gritos de dolor tanto como pudo no con el fin de no ser escuchados por gente del palacio, pues sabía que los muros de las habitaciones personales de la emperatriz habían sido construidas para aislar el sonido y mantener todo oculto, por eso siempre lo citaba aquí, nadie los descubriría, sino para negarle disfrutar de su dolor, cada grito de él era acompañada por la risa cantarina de ella, no era capaz de escucharla reír producto de su dolor en su lugar de su felicidad. Después del sufrimiento, vino la parte más desagradable la excitación, los latidos de su corazón se aceleraron, sus músculos se tensionaron y su pene empezó a endurecerse, ya los gritos que escapaban de su boca no eran únicamente de dolor. Odiaba a su cuerpo por disfrutar como su carne se desprendía, como las espinas se clavaban en su piel y su dignidad era pisoteada, si al menos fuera voluntario podría haber cedido al placer de entregarte completamente a su amada, recibir algunas nalgadas y suaves latigazos en lugar de brutales, si fuese un juego entre los dos no un medio para quebrar su voluntad y convertirlo en un obediente esclavo que satisficiera todos sus caprichos sin nunca desafiarla ni pensar siquiera en dejar su lado.

-Veo que lo estas disfrutando-

-No…no me gusta- Gregoire intento negarlo torpemente, si ella llegara a creer que le gustaba ser abusado nunca podría comprender cuanto lo lastimaba. Si se diera cuenta, estaba seguro de que nunca más lo haría, lo amaba tanto como el a ella, solo era cruel como producto de su entorno, de no ser así ella sería su esposa y criarían juntos a Tammy.

-Me estas mintiendo otra vez- Ella toco su pene erecto, con sus suaves manos empezó a masajearlo lentamente, enviando ondas de placer a todo su ser.

-¿Ahora te gusta?- Le susurro coquetamente.

-Sí, me encanta-

Ella lo premio con besos sobre su piel, acaricio sus músculos tensionados y lamio la sangre de sus heridas, sumergiéndolo en el más absoluto goce. Gregoire sintió como su respiración se aceleraba y el calor en su entre pierna aumentaba, necesitaba estar dentro de ella su cuerpo lo exigía.

-Por favor mi reina, estoy por venirme- Le suplico

-No, aun no. No tienes mi permiso- A ella le gustaba jugar con él, llevarlo al borde de locura con sus besos y después negándole el placer, solo para hacerlo suplicar por más.
Dirigió su atención hacia su pecho, mordiendo su pezón derecho mientras con sus finos dedos piñizcaba el otro hasta ponerse erecto, luego cambio los lugares y ahora el pezón izquierdo disfrutaba de sus labios, y el derecho sus dedos. Después continúo besando tiernamente su cuerpo hasta llegar a su cuello, él no pudo evitar sonreír, no era capaz de negar lo feliz que era de recibir toda esa dulzura de ella en lugar de esa cruel e innecesaria “disciplina” a la que estaba tan acostumbra después de recibirla a manos de su propio padre hasta el día en que ella lo mato por su maltrato.

-Puedo por favor…estar…-

-Sí Gregoire, ven te necesito- Ella acaricio su rostro, levanto su falda blanca, donde lo recibió esa deleitosa humedad y se unieron como los engranajes de sus inventos, juntos se movían en una perfecta sincronía. Ella lo beso intensamente, dejándolo casi sin aire. Se vinieron los dos al mismo tiempo para su satisfacción.
Al terminar, ella curo sus heridas, lo libro de sus ataduras y lo abrazo.

-Es hora de irte- Ella se apartó de el de repente.

-¿No puedo quedarme más tiempo contigo mi reina?- No quería separarse ella aun, necesitaba seguir abrazándola, oír el bello sonido de su voz y perderse en el brillo de sus ojos.

-No, es muy tarde y cuidarte ha agotado mis energía-Se acostó en su cama, estirando su grácil cuerpo en las sabanas de seda - Además mañana será un día largo ¡Casar a esa niña se está transformando en un dolor de cabeza!-

-Tal vez sería mejor respetar su decisión y no obligarla a casarse, en especial si es tan joven ¿No crees amor?- Se acercó hacia la tentadora imagen de su reina, tirada en su lecho con un escotado y muy ajustado vestido de satén blanco, su cabello negro como el ébano suelto y su piel cubierta de gotas de sudor que brillaban como gemas preciosas.

-Buenas noches maestro Gregoire. Le recomiendo…No le exigió que no se meta en los asuntos de estado ¿Entendido?- Ella lo asfixiaba con magia.

-Para…por… favor- Sentía que su garganta se rompería en cualquier momento.

-No me está respondiendo Gregoire, creo que aún es necesario recordarte tu lugar- Ella aumento la fuerza de su hechizo.

-Si…lo entiendo…no me meteré en tus asunto- El aire se iba cada vez más rápido de sus pulmones.

-¿Eso es todo?- Por su mirada él supo que debía humillarse ante ella sino deseaba pasar la noche en una jaula, con su piel cubierta con nada más que moretones y latigazos.

-Lo siento…lo siento…fui malo contigo…no mereces ese trato…te amo…realmente te amo y no puedo vivir sin ti-

-En serio- Ella dejo de ahorcarlo y corrió hacia él como una niña feliz, rodeándolo con sus delicados brazos, podría haber estado molesto pero al ver el brillo de sus ojos, supo que nunca podría estarlo. Su reina le pidió quedarse y el cómo obediente súbdito obedeció, después de todo muy pronto solo sería su reina, no de algún sitio o de alguien más que nunca se molestó en saber su color favorito o la forma en que le gustaba su te, sin esperar nada a cambio. No ella sería solo suya y jamás la abandonaría, igual ella.