Actions

Work Header

You don't have to blame yourself anymore

Work Text:

Kageyama salió corriendo del gimnasio con las lágrimas apunto de caer de sus ojos. La había vuelto a cagar. Había vuelto a equivocarse, había fallado a su equipo. Había roto la promesa de no volver a ser un "rey dictador", y tenía miedo de que el Karasuno hiciera lo mismo que el Kitagawa Daichi. Sabía que eran buenas personas, sabía que nunca dejarían a un miembro de su equipo atrás... O eso pensaba él, pero estaba aterrorizado de que no fuera así. Por eso salió corriendo como si no hubiera un mañana. No sabía a donde estaba corriendo, solo sabía que debía alejarse. Una vez que estuvo lo suficientemente lejos se detuvo, pero sin querer se chocó con otra persona. Mordió su labio inferior e inclinó la cabeza en señal de disculpa. No estaba seguro de que su voz iba a sonar normal si hablaba.

—¿Kageyama?

Una mano agarró su brazo, deteniendo sus pasos. Levantó la vista ligeramente, percatándose de que delante de él estaba Kindaichi. No podía ser posible que de entre todas las personas fuera justamente él. El universo realmente le odiaba, ¿Verdad?

—L-lo siento —murmuró Kageyama—. No quería... Tengo prisa, ¿puedes soltarme? —bajó la cabeza.

—¿Estás bien? —preguntó agarrando con más firmeza el brazo de Kageyama—. Estás temblando, ¿tienes frío o algo así?

—N-no...

—¿Y por qué tu voz suena tan rara? —intentó mirar la cara de Kageyama y al ver un par de gotas cayendo, contuvo la respiración—. Oye, ¿seguro que estás bien?

—¿Cómo iba a estarlo? —soltó sin más, levantando la cabeza, sin importarle que Kindaichi lo viera llorar—. Me prometí que nunca volvería a ser así... Que nunca volvería a comportarme como un idiota con mi equipo y ahora... —un sollozo salió de sus labios—. Mierda... —se cubrió la cara después de sentir que Kindaichi había soltado su brazo.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Kindaichi.

—Lo que quiero decir es que después de lo que pasó en el Kitagawa Daichi me prometí a mí mismo que nunca volvería a ser egoísta con mi equipo, que jamás volvería a comportarme así porque solo me llevaría al abandono de mi equipo, incluso de mis amigos de ese equipo, y a tener pesadillas todas las noches... Pero he fallado —soltó una risa quebrada—. He cometido el mismo error que hice entonces... y como pase lo mismo que con el Kitagawa Daichi no sé qué voy a hacer —se cubrió la cara.

—¿Pesadillas? —preguntó Kindaichi, alzando una ceja—. ¿Tú tenías pesadillas?

—Sí —envolvió los brazos alrededor de sí mismo.

Kindaichi no podía creerlo. ¿Cómo era posible que Kageyama hubiera tenido pesadillas? ¿Y cómo era posible que se viera así? Todo su cuerpo estaba temblando, estaba llorando delante de él y se estaba abrazando a sí mismo como si intentara darse algo de consuelo. ¿Cómo era posible que un chico como él, que aparentaba ser superior, luciera tan pequeño en ese momento?

—Kageyama —levantó una mano para apoyarla sobre su hombro, pero las palabras que dijo hicieron que se quedara con la mano quieta en el aire.

—No hace falta que te quedes aquí para intentar consolarme, Kindaichi. Sé que cometí demasiados errores contigo, sé que arruiné al equipo y os hice daño, a ti especialmente. Y... lo siento mucho, de verdad que lo siento —un par de lágrimas cayeron de sus ojos—, pero me merezco estar así... porque soy un completo idiota. Así que puedes irte si quieres, y si me odias, adelante, está bien.

Pero aunque dijo esas palabras, Kindaichi sabía que no estaba bien. ¿Cómo podía estar bien si después de haber dicho esas palabras había comenzado a llorar aún más?

—Kageyama —apoyó la mano en su hombro—. Yo no te odio. Nunca lo he hecho. Y estoy seguro de que el Karasuno tampoco lo hará. ¿De verdad crees que tu equipo, con Hinata en él, y el resto, te odiaría y te dejaría de lado?

Kageyama bajó la cabeza.

—Sí, fuiste un idiota con nosotros en el Kitagawa Daichi, pero... Nosotros tampoco fuimos los mejores al dejarte de lado. Kunimi y yo pudimos haberte preguntado qué te pasaba, preguntarte qué estaba mal y por qué habías cambiado de repente, pero no lo hicimos y luego… Sucedió eso —no quiso decir a qué se refería, ni siquiera hacía falta decirlo porque ambos ya lo sabían—. Pero cambiamos. Y tú y ese equipo tenéis una relación muy profunda. Pudisteis vencer al Shiratorizawa, Kageyama. Y lo hicisteis juntos, confiando los unos en los otros, incluido tú. Ellos no te van a odiar por haberles dicho lo mismo que nos dijiste a nosotros —dijo intentando que Kageyama le mirara—. Estáis a punto de participar en una competición que podría tirar por la borda todo el trabajo duro de este año. Es normal estar más tenso y estresado de lo normal, y finalmente haber estallado.

—Pero eso no justifica lo que hice… Lo que dije… Lo que os dije… Nada justifica que os dijera eso a vosotros, ni a ellos —se cubrió los ojos—. Por muy estresado o dolido que estuviera, no debería haberos tratado así —sus manos temblaron cuando se restregó los ojos intentando que las lágrimas dejaran de caer.

—Mira, lo siento —dijo Kindaichi agarrando una de las manos de Kageyama.

—¿Por qué..? —preguntó confundido, levantando al fin la mirada.

—Por ser tan idiota contigo —apretó con fuerza la mano del otro chico—. Nunca deberíamos haberte juzgado y tratado mal cuando nos encontramos de nuevo. Y está bien, puede que nada justificara que nos trataras de esa forma durante los partidos, pero nosotros tampoco fuimos unos santos. Así que perdónate por lo que pasó en el Kitagawa, ¿vale? Al igual que nosotros te hemos perdonado —Kindaichi cerró los ojos y tiró de la mano de Kageyama para poder rodearlo con sus brazos—. Deja de odiarte a ti mismo, Kageyama…

Kageyama sintió como las lágrimas cayeron incluso con más fuerza después de sentir los brazos de Kindaichi alrededor de él y oír sus palabras. No sabía si era porque había necesitado escuchar esas palabras durante mucho tiempo, o porque sabía que realmente se odiaba a sí mismo por haberles hecho daño, en especial a él, pero no pudo evitar llorar aún más. Y tampoco ayudó el haber sentido el abrazo de Kindaichi por primera vez en mucho tiempo.

—Lo siento tanto… —Kageyama apretó la camiseta de Kindaichi.

—Está bien. Sé que lo sientes.

Kindaichi no alejó ni un solo centímetro a Kageyama, solo lo acercó más hacia él. No solo para hacerle ver que estaba ahí para él y para intentar consolarlo, sino también porque hacía mucho tiempo que no se habían abrazado. Y, la verdad, lo extrañaba.

Desde que se dio cuenta de que Kageyama había vuelto a cambiar a mejor, sintió deseos se restaurar la relación con él, pero nunca se había atrevido a acercarse a Kageyama hasta ese momento. Y probablemente no habría podido recuperar su amistad si hubiera pasado de largo. Así que estaba feliz de haber podido hablar con él, de haberle dicho que no le odiaba, que le perdonaba, y que no se culpara más a sí mismo. Seguramente volverían a ser amigos después de eso.

—No tienes que disculparte más. Ya todo está perdonado.

Unos minutos después, cuando oyeron el grito de una persona muy conocida para ellos, Kindaichi se separó de Kageyama. Le miró por un par de segundos, y el chico pelirrojo de su equipo se lanzó a abrazar a su compañero. Kindaichi sonrió, en cambio, Kageyama contuvo la respiración por la sorpresa y se quedó paralizado, si hacer ningún movimiento. No sabía como reaccionar. Era la primera vez que Hinata le abrazaba. Sus manos temblaron y lentamente sus brazos comenzaron a envolverse alrededor del cuerpo de su compañero, que lo apretó con más fuerza repentinamente.

—Kageyama, idiota, ¿por qué has salido corriendo? —preguntó Hinata sin alejarse.

Kageyama le habría insultado si hubiera sido una situación normal, pero como no lo era, solo apretó el abrazo, con los ojos cerrados.

—Lo siento… —dijo Kageyama en voz baja—. Solo entré en pánico al decir eso y…

—Estúpido rey —dijo otra voz conocida para el azabache.

Al abrir los ojos y encontrarse con Tsukishima detrás de Hinata, Kageyama se apartó del pelirrojo, apretando los puños, para decirle unas cuantas cosas a ese rubio, pero antes de poder decir nada, la mirada de su compañero le hizo detenerse. No le miraba con la misma rabia de siempre, ni siquiera con un poco de odio. Le miraba con otro sentimiento.

—¿Sabes, rey? Puedes decirnos lo que quieras sobre tus pases, sobre que tenemos que esforzarnos más, pero la verdad es que cuando nos digas esas palabras, nos van a entrar por un oído y nos van a salir por el otro. No nos van a afectar, porque nosotros sabemos perfectamente lo que podemos hacer, y sabemos que tenemos que mejorar cada vez más. Si no podemos hacer algo, no lo vamos a hacer por mucho que lo digas. Tus palabras no van a hacer que nos derrumbemos y te odiemos o algo así, rey. No te creas la gran cosa.

—¿Por qué me dices esto? —preguntó Kageyama bajando la cabeza, dejando de apretar los puños.

—Por muy irritante que seas a veces y por muchas ganas que tenga ahora mismo de burlarme de ti como de costumbre, eres mi compañero de equipo. Y da igual lo que nos digas, vas a seguir siéndolo —dijo con los brazos cruzados—. Así que deja de estar de esa forma, rey. Te ves horriblemente mal estando triste.

—Dicho de otra forma, quiere que dejes de estar triste porque sino se va a sentir mal y prefiere verte burlándote de él antes que verte tan triste —dijo Yamaguchi con una sonrisa, guiñándole un ojo a Kageyama.

—Pero que no se te suba a la cabeza, Kageyama —dijo Tsukishima con los brazos cruzados y la sonrisa burlona que solía tener siempre.

—Kageyama, no vamos a dejarte de lado porque hayas dicho eso —afirmó Hinata, haciendo que el nombrado le mirara—. Eres nuestro compañero, y yo siempre voy a rematar tus pases, al igual que él —señaló a Tsukishima— y Tanaka y Asahi. No se te ocurra pensar ni por un solo momento que vamos a hacer lo mismo que el Kitagawa Daichi. Somos un equipo, y vamos a seguir siéndolo.

—Gracias, chicos —dijo Kageyama mirándoles con los ojos cristalizados—. Incluso a ti, Tsukishima.

—No tienes que darnos las gracias.

Hinata volvió a abrazar a Kageyama, que esta vez le devolvió el abrazo al instante. Y un par de segundos después, Yamaguchi también se unió al abrazo. Kageyama sonrió inconscientemente, pero sentía que faltaba algo. Así que levantó su mirada, y le hizo un gesto a Tsukishima para que se acercara.

El rubio lo miró con los brazos cruzados y una mueca en su cara, como si estuviera diciendo silenciosamente que no le gustaba el contacto físico, pero Kageyama siguió insistiendo, y finalmente su otro compañero se acercó unos pasos hacia ellos. Aunque Tsukishima hizo eso, pareció reacio a unirse al abrazo. Entonces, el azabache le agarró con fuerza de uno de sus brazos y tiró hacia delante, haciendo que Tsukishima quedara con uno de sus brazos alrededor de los hombros de Kageyama y el otro alrededor de la cintura de Yamaguchi.

Mientras los cuatro se abrazaban, Kindaichi les miraba con una sonrisa. Definitivamente ese equipo era uno de los mejores que había visto. Era impresionante lo bien que trabajaban juntos en la pista, y viendo escenas como esas, la verdad era que se alegraba de que Kageyama hubiera sido aceptado en el Karasuno.