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Mi Lado Humano

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Mi Lado Humano

"(...) El verano más feliz que he tenido jamás,

el más feliz que nadie nunca haya podido tener

y el más lluvioso de la historia de la península Olympic."

'Luna Nueva' - Stephenie Meyer

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1: Es Solo un Poco de Agua

[Contexto: Entre Crepúsculo y Luna Nueva]

Mitad de verano en Forks. Las noches tardaban un poco más en llegar y los rayos de sol atravesaban las nubes grises a tempranas horas de la mañana, nubes que predecían las continuas tormentas en esta temporada de calor. Eran útiles cuando tenía que pretender llevar una vida como un humano común y corriente. Antes de conocer a Bella, solía evitar a cualquier mortal, pero por esta chica de ojos curiosos he tenido que socializar con los de su especie como ella con los míos.

A veces Charlie me miraba con desaprobación cuando llegaba a su hogar más tarde de lo que le hubiera gustado, pero era verano y no había escuela al día siguiente.

Era de noche y me encontraba despidiéndome del Jefe Swan saliendo por la puerta principal, fingiendo ser el enamorado responsable que no se queda hasta después de las nueve. En esos minutos Bella aprovechaba en ponerse la pijama, cepillarse los dientes, y hacer ese ritual previo a dormir que suelen hacer los humanos cuando el día termina para ellos. Bella era la única humana que lo hacía antes de pasar la velada junto con su enamorado vampiro. Ambos sabíamos que yo era más que un eso, pero era una etiqueta que los humanos suelen poner a quienes inician una relación sentimental.

Charlie cerró la puerta y escuché sus pasos alejarse de la entrada medio segundo antes de que yo esté en la ventana de Bella, observando cómo su rostro se iluminaba cuando sus grandes ojos se posaban en mí. ¿Algún día podré acostumbrarme de su emoción al verme? No, jamás. La felicidad de Bella siempre me hará sentir regocijo. Hasta me hacía creer que mi existencia tenía este único propósito: hacerla feliz.

Su cabello estaba recogido sin cuidado en una cola, con algunos cabellos que caían sobre su hombro pero ese detalle parecía no importarle. Traía puesta una camiseta vieja delgada que hacía resaltar su fina cintura; los shorts que llevaba eran más cortos de lo que me hubiese gustado: sentir sus piernas desnudas no me ayudaban a concentrarme completamente; aún así ella nunca notaba ese tipo de reacciones que provocaba en mí.

No había transcurrido ni una fracción de segundo desde que me fijé en esos detalles. La sonrisa en su rostro solo crecía conforme me acercaba a ella.

Magnífica sensación ser la razón de sus mejillas rosadas, de su corazón latiendo con fuerza, de su sonrisa honesta. No podía leer su mente, pero quería que Bella lea mis pensamientos para que entienda lo que siento por ella al verla.

—No cierres la ventana. El calor y la humedad están insoportables. Forks no es tan frío como pensé —un clásico de Bella: decir algo totalmente diferente a lo que creo que va a decir.

—Felizmente tienes un enamorado cuya temperatura no sube de los 0 grados —ayudé a que se acomode en su cama. Planeé comprarle una más grande, solo por comodidad; de todas maneras íbamos a estar abrazados hasta que ella despierte.

Bella acarició mi brazo como para confirmar lo que dije.

—Ahora vuelvo —hizo ademán de levantarse—, voy a traer un vaso con agua.

—Yo lo traigo —me puse de pie antes que ella y me acerqué a la puerta.

—Charlie puede verte... —dijo sin poder escuchar la televisión prendida en la sala.

La miré con una sonrisa. Ni siquiera ella estaba convencida de esa posibilidad. No iba a tomarme ni dos segundos en servirle un vaso con agua de la cocina. Una vez de regreso, Bella seguía en el mismo lugar donde la dejé, aturdida de la velocidad inhumana que poseía. Al menos eso imaginé, hubiera sido excelente leer sus pensamientos cuando realizaba ese tipo de acciones vampirezcas dentro de su pequeña morada.

—Gracias —tomó el vaso lleno y bebió todo el contenido sin hacer pausa. Realmente estaba sedienta y esa pequeña cantidad de agua parecía ser suficiente para saciar su sed. Un vaso de sangre no ayudaría nada en mis momentos de hambre/sed, reí internamente por mi ridículo pensamiento y ella pareció notar que algo me divertía.

—No es lo mismo que un puma de 80 kilos, pero ayuda bastante cuando tu cuerpo está compuesto un 70% de esa materia —dejó el vaso en su mesa de noche y se recostó en su cama, esperándome.

—¿Estás segura de que no lees mentes como yo? —pregunté acostándome a su lado.

—Nunca lo sabrás —bromeó antes de rodar sus brazos a mi alrededor. Se veía relajada al sentir la frialdad de mi piel. Afuera hacían no más de 24 grados, temperatura considerablemente alta para un lugar como Forks. Era Julio y este verano amenazaba con ser más caluroso que el año anterior, pero también muy húmedo. Había notado que no había aire acondicionado en la residencia de los Swan porque honestamente no era necesario cuando vivías en esta parte del país.

Bella no parecía cansada, pero sus músculos se relajaron minutos después de acostarnos. Habían noches donde ella podía pasarse en vela escuchando historias o haciéndome mil preguntas, yo encantado de responderlas y escuchar su cálida voz, pero mis deseos no eran más importantes que ella descansando lo suficiente para recargar energías. Yo era consciente de que dormir era una necesidad básica humana, no recordaba la sensación luego de pasar décadas sin dormir, pero había dedicado varios años a estudiar medicina humana como para entender los beneficios de descansar.

Luego de contarme sobre esas vacaciones de verano en Phoenix donde aprendió a preparar pan casero, le comenté sobre una anécdota familiar: la vez en que Carlisle recibió una canasta de panes recién horneados para él, su esposa e hijo vampiros, allá por los años 40. Fueron enviados por un panadero local en agradecimiento al cuidado que Carlisle le brindó durante el par de días que estuvo internado debido a una fractura de pierna producto de un accidente. El contenido de la canasta se veía apetecible, sin embargo el olor no nos atraía en lo mínimo. El pobre panadero desconocía de nuestra especial dieta...

Esme no iba a permitir que algo tan vital para los humanos se desperdicie, por lo que me pidió que busque a alguna familia que lo necesite. Pude haberlo dejado en cualquier casa, pero entendí que me lo pidió porque yo tenía la capacidad de saber quién se encontraba en la necesidad de comida. Fui a las afueras de la ciudad y encontré a una pareja de esposos con tres hijos. No vivían en las mejores condiciones, y escuché a la mujer preocupada por lo que comerían sus hijos al día siguiente. Habían pasado apenas minutos y el calor que emanaban los panes se sentía aún. Toqué la puerta y me fui tan rápido que ni tuve tiempo de asegurarme si abrieron al instante. En ese entonces yo evitaba cualquier tipo de contacto humano más que nunca.

Todo lo contrario a ahora.

Para cuando terminé de contar esta pequeña historia, la respiración de Bella era más profunda y sus latidos más lentos. Podía sentir que estaba entre el sueño y la consciencia pese a tener los párpados cerrados, solo bastó que acaricie su mejilla para que se quede completamente dormida. Estuve seguro que a la mañana siguiente iba a hacerme preguntas al respecto, y yo iba a estar dispuesto a responderlas.

La noche pasó tranquila. Bella tuvo un sueño tan profundo que apenas se movió de mi abrazo. Ni siquiera habló como lo suele hacer, por lo que el sonido de su corazón era lo único que pude escuchar por horas... si ignoraba los ronquidos de Charlie en la habitación de al lado.

Los rayos de sol interrumpieron por la ventana. Faltaban pocos minutos para que sean las cinco de la mañana pero el día ya había empezado. Iba a estar despejado por un par de horas, luego de eso se aproximaba una corta tormenta hasta la tarde. Debía irme antes de que el sol me impida salir de la pequeña casa. Primero tenía que esperar que Bella despierte para despedirme e ir a cambiarme de ropas antes de regresar. Previo a las vacaciones, lo hacía antes de que ella despierte e irnos juntos al instituto, pero ahora que no teníamos responsabilidades académicas, incluso me daba el gusto de quedarme hasta el día siguiente con la misma ropa. Charlie no lo notaba, por su puesto; me quedaba en la habitación de Bella hasta que el Jefe Swan vaya a trabajar.

Bella rodó entre mis brazos hasta terminar boca abajo en su almohada. Pude escuchar un ronroneo mientras estiraba sus piernas. Ya estaba despierta. Soltó un "buenos días" ahogado sobre la tela y sonreí.

Posé mis labios en su cabello. El infierno en mi garganta era casi imperceptible.

—Buenos días.

—Tengo sed —susurró más como un pensamiento en voz alta que como una queja. Suave e inmediatamente la solte de mi agarre y me dirigí a la cocina con el vaso que Bella había dejado vacío anoche. Fui más rápido que ayer, Charlie ya estaba despertando, pude sentir su emoción porque iría a pescar.

Para ser padre de Bella, algo así como su creador, Charlie era una persona totalmente predecible.

Cuando regresé noté que la única diferencia era que Bella me estaba esperando con el ceño fruncido.

—Aquí tienes —le ofrecí el vaso mientras me sentaba a su lado.

—No era necesario, Edward... —dijo en voz baja y somnolienta. Aún no estaba despierta del todo.

Se apoyó en un brazo y con la mano libre tomó a penas un sorbo. No me fue difícil darme cuenta de que respiró en un mal momento cuando escuché cómo su cuerpo se tensaba.

Bella abrió los ojos como platos y empezó a toser casi convulsionando mientras me extendía el vaso a medio tomar. Entendí que se estaba ahogando pero por un segundo que me pareció eterno, no supe qué hacer. Me daba miedo tocarla con más fuerza de la necesaria, aparte tocarla no era lo que ayudaría en esta situación. Necesitaba oxígeno y que el fluido se mueva de su faringe a su laringe. Ese sorbo había ido por el camino erróneo y fue suficiente para que el cuerpo de Bella reaccionara de esa manera.

En un instante se puso roja y se paró de la cama tambaleándose. La sujeté con cuidado pero firme de que no se caiga. Ella no dejaba de toser.

—Dime qué hago, Bella —susurré ansioso en un vano intento de ayudarla. Realmente no estaba bajo peligro mortal, pero los humanos padecen ante lo más insignificante que no quería correr el riesgo de que esto pase a mayores.

Habían pasado dos segundos desde que Bella había empezado a toser. Su rostro estaba de un rojo carmesí, su corazón latía como el de una pequeña ave, y sus pulmones luchaban por conseguir aire puro.

También escuché que Charlie se despertó por completo al escuchar a su hija toser tan fuerte.

—Bella, intenta inhalar por la nariz —la llevé frente a la ventana para que pudiera respirar aire pero todo lo que se sentía era la humedad fría luego de la madrugada. Era como respirar agua más que oxígeno.

Ella asintió aún tosiendo y agarrándose fuerte de mi camiseta. Intentó inhalar como le indiqué pero volvió a toser.

Escuché a Charlie levantándose de la cama. Sus pensamientos eran aún de confusión.

—Charlie vendrá a verte pero no puedo dejarte sola hasta que vuelvas a respirar con normalidad —dije entre dientes mientras retrocedía un paso de su lado. Tal vez si le daba más espacio, podía respirar mejor. ¡Qué impotencia no poder controlar este tipo de situaciones!

Bella seguía sin soltarse de mi camiseta pero no avanzó para eliminar el espacio entre ambos. Comenzó a toser menos que hace unos segundos y se llevó una mano al pecho. Pude ver una ligera mueca de diversión en lo que le tomaba controlar su respiración.

¿Le parece divertido?

Antes que pudiera hacer la pregunta, oí los pasos de Charlie caminando por el pasillo en dirección a la habitación de Bella, que poco a poco iba recuperando su color natural.

—Charlie —susurré para avisarle y salí por su ventana para esconderme en el árbol frente a su habitación.

—¿Bella? —Charlie tocó la puerta con los nudillos una vez y esperó impaciente.

—Pa...sa... —respondió ella ya más tranquila pero aún tosiendo.

—¿Estás bien? Te escuché toser muy fuerte —dijo Charlie una vez que abrió la puerta y observó a su hija. Pude notar que su preocupación iba disminuyendo conforme notaba su hija sana y salva dentro de su habitación y no siendo asfixiada por alguna cosa... o persona.

—Solo me... ahogué tomando un poco... de agua —Bella tomó una bocanada de aire y tosió esta vez con los labios sellados—. Ya pasó.

—Claro. Solo me asustó escucharte así —suspiró—¿Necesitas algo?

—Nop —tosió un par de veces—. Estoy bien.

Charlie se fue en silencio no antes de darle otra mirada a su hija que extrañamente estaba frente a la ventana y no en su cama cerca al vaso.

Medio segundo después yo ya estaba al lado de Bella, tomando su mano.

—Estoy bien. Fue solo un poco de agua —sonrió al ver la preocupación en el rostro. Desde donde estaba podía escuchar su corazón latiendo cada vez a un ritmo más normal-. ¡Los humanos y nuestra necesidad de oxígeno! —intentó ser graciosa pero no pude siquiera fingir una sonrisa.

Sacudió la cabeza mientras sonreía y llevaba mi mano a su mejilla un poco más rosada de lo normal.

—No eres el único que me quita el aliento, Cullen —bromeó y esta vez sí sonreí antes de besarla.