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Los suspiros de hermano Avión

Work Text:

"Y así la bella hija de uno de los clanes más temidos en el reino demoníaco se acurrucó en los brazos de Luo Binghe, ahora la joven se había unido al harem del gran protagonista"

 

Con un suspiro el joven veinteañero cerró su computadora, frunció el seño y frotó sus párpados con las yemas de sus dedos. Habían pasado aproximadamente unas 4 horas desde que había despegado sus retinas de la pantalla, sus ojos estaban calientes, hirviendo y adoloridos.

Después de que sintió sus ojos ya no ardían como si fueran lava separó sus dedos de estos y parpadeó unas cuantas veces para recobrar la vista.

—Las 3am...— soltó con otro suspiro.

Miró a su alrededor y volvió a cerrar momentáneamente sus ojos, dio otro suspiro y volvió a abrirlos.

Sacó su celular para entrar a la página donde solía subir su tan famosa novela; sí, acababa de salir de esta misma página hace unos momentos pero como si no tuviera nada mejor que hacer —Y la verdad no lo tenía— volvió a entrar, fue directo a los comentarios y comenzó a leer las opiniones en su más reciente capitulo.

No habían pasado ni 10 minutos y ya habían como mínimo unos 20 mensajes alabando, diciendo que amaban tanto la historia y que no podían esperar por el siguiente capítulo. Siguió bajando hasta que se encontró con el tan esperado comentario.

Oh ese comentario, ese que siempre esperaba cada que publicaba, las opiniones de su más grande fan —o más bien hater— Pepino sin Igual no se hicieron esperar.

El comentario decía algo como que la historia de la nueva integrante del harem no tenía sentido, que era igual que las otras miles de esposas, no contaba con una personalidad creíble y que apenas y se describía su apariencia, haciendo aún más evidente que había salido del mismo molde que las otras. Sin contar que las escenas subidas de tono eran aburridas e igualmente repetitivas.

¿Pero que esperaba aquel Pepino? No podían pedirle mucho a un virgen que jamás había tenido ningún tipo de acercamiento intimo con nadie.—Pensó para si mismo— Además, ¿que no tenía nada mejor que hacer? ¡Eran las 3am por dios!

Volvió a suspirar y junto a este suspiro puso en suspención su celular, lo dejó sobre la mesa, se levantó perezosamente de su silla y se dirigió a su cama.

Arrastró sus pies hasta que se encontró lo suficientemente cerca como para dejarse caer y recostarse sobre las suaves sábanas de ésta. Inhaló profundamente, retuvo su respiración unos segundos y exhaló.

Ah... Cómo odiaba sentirse así.

Terminó de subir a su cama y se acomodó de la forma más cómoda posible. Cerró sus ojos, no tenía sueño, simplemente quería tratar de descansar unos segundos, de apagar por unos momentos su mente y relajarse en la comodidad de las almohadas y sábanas.

Después de haberse relajado un poco, levemente levantó sus pestañas, dio una rápida mirada a su cuarto y volvió a suspirar mientras volvía a bajarlas.

Cómo deseaba a alguien que desapareciera el silencio de su habitación, que le diera vida y luz a la misma, que la hiciera sentir menos fría y solitaria.

Entonces recordó.

Recordó a cierto personaje que él mismo había creado, cierto personaje que no sé sentiría incómodo en una habitación tan fría, oscura y silenciosa como la suya.

—Ahhh Mobei Jun, ¿por qué no puedo ser tan genial como tú?—Se quejó mientras se revolcaba en su cama— Siempre estás solo, tan genial, sin necesidad de nadie.—Siguió su queja como si alguien lo oyera.

Y una vez más recordó a alguien, esta vez no era uno de sus personajes, si no la única persona que lo aguantaba ya fuera en estos momentos o en cualquier otras situaciones.

Volvió a levantarse para agarrar su celular, lo tomó y desbloqueó, se dirigió al chat de cierta persona y escribió:

A-Yuan~~

No hubo respuesta por mucho tiempo, hasta que de repente su mensaje fue respondido.

Maldita sea, ¡ya te he dicho que no me llames así! Además déjame dormir, ¡son las 3 de la mañana maldición!

Avión ya conocía a su amigo así que está respuesta no lo molestó, más bien lo alegró un poco y formó una leve sonrisa en sus labios, así que contestó:

Mmm... Si es tan tarde entonces por qué sigues despierto A-Yuan?? Anda, no ignores a tu gran amigo y plática conmigo~~

Esta vez ya no hubo respuesta, tal vez Shen Yuan por fin se había dormido o tal vez había decidido ignorarlo, lo que fuera mañana se lo remarcaría durante las clases.

Volvió a a dejar su celular y se recostó nuevamente.

Vacío.

¿Desde cuándo su cuarto había sido tan solitario?

Volvió a sentir el intenso frío.

¿Desde cuándo su cuarto había sido tan helado? 

Todavía no era invierno y no tenía la refrigeración en una temperatura tan baja.

Suspiró nuevamente.

¿Por qué el aire se sentía tan pesado y sofocante?

No entendía porqué debía de suspirar e inhalar tan profundamente tan seguido.

Y como si fuera costumbre, volvió a suspirar.

Cerró sus ojos nuevamente.

Se sentía cansado pero no podía dormir, seguía sin sueño, pero tampoco tenía ganas de hacer nada más.

Se sentía inútil.

¿Por qué este sentimiento siempre lo inundaba cada que no estaba concentrado en algo?

Lo odiaba.

Pero no podía hacer nada al respecto, solo evitaba pensar en la laguna de incomodidad en la que se hundía gracias a esta sensación.

Pareciese como si no estuviera en su cama, como si las suaves y acogedoras sábanas en vez de seda fueran hechas de alquitrán, dónde se hundía lentamente y dolorosamente, esperando ser tragado completamente por este.

Una corriente helada lo sacó de este pensamiento.

Y una vez más recordó a su rey de hielo.

Siempre que se sentía de esta forma recurría a pensar en sus personajes, más en específico en Mobei Jun.

No sabía el porqué de esto pero apreciaba el sentimiento de comodidad que le brindaba pensar en él.

La sensación de intimidad, de calor que él le brindaba.

Esta ves suspiró como en despecho.

¡Cómo quisiera poder conocer a su rey!

Así podría aprender una o dos cosas sobre cómo ser tan genial. Además de que estaba seguro de que el sentimiento de calor en su pecho sería mil veces más acogedor y fuerte, y eso era algo que deseaba con todo su ser.

¡Y podría ver qué tan guapo era su tan preciado rey!

Podría saber que tipo de voz tendría, podría saber con que tipo de ojos, labios y nariz tan seguramente hermosos contaba, pondría saber que tan bien formado cuerpo tendría, ¡podría saber mil cosas de él!

Esta vez su suspiro fue más un puchero. Y mientras pensaba todo esto volvió a revolcarse en su cama.

Pensar todo esto lo hizo sentir un poco más contento, ya no se sentía tan mal. Así que volvió a relajarse y pensando en su rey lentamente se quedó dormido.