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Desastres de Clases

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Desastres de Clases

Su padre, Azucarín, lo decía siempre “No puedes vivir siempre de botones. Tienes que buscarte un futuro mejor”, y hoy, tras cuatro horas en la puerta sorbiéndose los mocos, Sacarino lo entendió.

Sacarino sólo había trabajado de botones en un periódico y distintos hoteles. No conoce otro trabajo. Ha pasado décadas abriendo y cerrando puertas, subiendo y bajando maletas. Ahora mismo el primer botones del único Hotel de 6 estrellas en Benidorm. Estaba en la cima de la carrera de botones. Todos los botones del mundo quieren llegar a donde ha llegado él. Y aun así, de repente, algo en su cabeza dio un vuelco.

Estaba en la cima y el trabajo no le llenaba. Así que habría que cambiar de trabajo. ¿Pero cuál? ¿Cómo? ¿De verdad iba a cambiar un trabajo precario pero fijo por la incertidumbre? Esta pregunta se le clavó en la amígdala y no pensó en nada durante dos días.
Cuando el ruido blanco se despejó de la mente de Sacarino, pensó. Y cómo piensa luego existe. Y si existe… pues no sabe dónde está. Una vez más, recordando las palabras de su padre, pensó que lo mejor sería empezar por el principio. Antes de encontrar un trabajo hay que formarse, y seria eso lo que haría. La verdad es que Sacarino no recuerda si fue a la escuela ni lo que era, así que presto como el caracol se puso a buscar una que le quisiera como alumno, para una vez allí descubrir su vocación que le llevaría al trabajo de sus sueños.

Buscando por el hotel no encontró nada que le dijera a donde ir, pero se encontró con el Señor Pennyworth, mayordomo de Bruce Wayne, que estaba disfrutando de la vida aprovechando que su amo y señor se había ido de excursión. Este escuchó los pensamientos verbalizados a desgana de Sacarino con pura atención y amabilidad. Se acordó de un lugar de alto standing con el que había tenido tratos el Señor Wayne y le regaló un folleto antiguo de una escuela junto a unas recomendaciones de parte del Presidente de Wayne Industries cuya firma había falseado. Por el nombre de la escuela debía ser catalana así que al salir del trabajo Sacarino cogió el metro y se plantó en Barcelona. “Es impresionante que cada día el metro llegue más lejos.” fue lo primero que dijo en la nueva ciudad.

No sabía dónde estaba la escuela así que preguntó a un gato que pasaba por la calle persiguiendo un ratón. El gato se sintió ofendido y sacó la navaja dejando a nuestro protagonista sin un duro en los bolsillos. Sacarino nunca se acuerda de lo peligrosos y traicioneros que son los gatos.

Algo desanimado, entró a preguntar en un bar del barrio chino dónde el simpático tabernero, que respondía al nombre de “El pirata”, le indicó que un parroquiano suyo, “El patillas”, uno bajito con parche que siempre discute con otro parroquiano denominado “El Popeye”, alias “El Popi”, era profesor de escuela, así que le indicó con pelos, señales y advertencias como llegar hasta allí. “Po fale, po grasia” contestó Sacarino en el dialecto del local agradeciéndole las instrucciones tan precisas.

Continuó caminando y llegó a las afueras. Tras una imponente puerta metálica con altos muros de ladrillo con un letreto que ponía “Escuela Xavier Para Jóvenes Talentos” se hallaba un edificio gargantúesco del mismo ladrillo. Nada más entrar se veían unos inmensos jardines llenos de alumnos procrastinando entre los setos. Al fondo se divisaba un enorme edificio lleno de ventanas con una puerta inmensa en el centro hechos del mismo ladrillo desgastado. La decoración exterior era aburrida porque todo giraba en torno a la misma decoración: una cruz a medio girar. Tras fumarse una chustilla imitando a los alumnos, Sacarino decidió entrar por la puerta principal. Iba caminando por el caminito aspirando el aire del conocimiento, o lo que él piensa que es conocimiento porque no sabe a qué huele. Sí, Sacarino se piensa que el conocimiento huele pero en realidad el olor era a pelo quemado y animales mojados. Una vez llegó frente la puerta se plantó, firme y decidido, e intentó llamar con toda la fuerza y convicción que su cuerpo de esparrago le permitiese. Sin embargo, no encontró un timbre al que llamar.

Sacarino tiene un don: Su fortaleza mental. Nada le perturba la mente. Controla los nervios siempre. Frio como el acero. Así que se quedó. Quieto. Muy quietecito. En la puerta. Esperando a abrirla. Sin pestañear. Al rato la puerta se abrió desde dentro sorprendiendo al propio Sacarino.

-¡Mutante! ¡Bienvenido a la escuela del mañana!
-¡AAAAAAAAAAAAh!
-¿ah?
-¡AAAAAAAAAAAhh!
-¿Qué ocurre, joven mutante?
-¡Se ha abierto la puerta!
-Sí, he abierto yo.
-¡Y eres más azul que Billie Eilish!
-También. Creo que no nos conocemos. Soy el Doctor Henry Philip McCoy Junior, profesor y jefe de estudios de la Escuela.

-Puedes llamarme Hank, si lo prefieres.
-¿Cómo te gusta que te llamen?
-En mi casa que me llamen pa´comer.
-Ah…
-Debes ser el nuevo alumno que estamos esperando. Ven, te enseñare la escuela y tu dormitorio. Y bienvenido, esperamos que sobrevivas a la experiencia.
-Gracias.
-Oye, ¿Te han dicho que te parecer mucho al Profesor Xavier de joven?
Sacarino vio muchas cosas que para cualquier humano resultarían extraordinarias pero ni se inmuto. No dejaba de darle vueltas a como alguien además de teñirse el pelo de azul podía teñirse todo el bello corporal del mismo color hasta el punto de ir en calzoncillos también azules y la típica bata de profesor.
-Bueno y esto es todo. Has sido asignado a la clase de la escuela Jean Grey, con Lobezno de tutor, aunque por tu aspecto quizá podríamos adelantarte hasta la clase de Generación-X. Y buena iniciativa venir de casa con tu uniforme pero hasta que no os graduéis no podéis llevar un uniforme personalizado pero hoy por ser tu primer día te permitiremos vestir de rojo. Pero aplaudo tu iniciativa. Nos gusta la gente proactiva.
-¿Propaqué?
-Está es tu clase. Tengo que dar “Introducción a la conspiración mutante y organizaciones secretas que la conforman” a los Bebés-X. Hasta Lueguito.

Sacarino estaba delante de una puerta entreabierta. Cómo no se había enterado de nada de la chapa que le habían dado hace escasos segundos “pues valor y al toro” se dijo antes de cruzarla. Al abrir la puerta se quedó con el pomo en la mano y la puerta al caerse hizo un ruido sordo. Toda la clase se quedó mirándole enmudecida. Sacarino ni se inmutó. Se guardó el pomo en el bolsillo y saludó como si nada hubiera pasado.

Al entrar se quedó parado delante de toda la clase. La clase empezó a murmullar. Sacarino estaba dubitativo. No sabía cuál era su sitio y pensando donde sentarse le dio otro flis que le dejó la mente en blanco. Un alumno de pequeña estatura, perfectamente vestido con un uniforme escolar que se ajustaba a su perfecto cuerpo xenomorfo, con unas gafas encima de sus largos y afilados dientes que tapaban la mayoría de sus ojos escarlatas, se levantó de su pupitre y se acercó a Sacarino. Como narrador empiezo a estar un poco hasta las mismísimas narices de llamarle así, puede que en algún momento le acortemos por Saca.

-Buen día, señor. Soy Nydo. Encantado de saludarle. Por favor, siéntese en su mesa y empecemos cuanto antes. Le he traído una manzana. La he dejado en su mesa.
-¿eh? – Dijo Sacarino al salir de su ensoñación.- Vale pues…
Sacarino se sentó. Se quedó mirando a los demás alumnos. Como persona lista que era decidió que lo mejor para conocerles era ponerles motes. Así identificó a Nydo, pelo rosa, el ojitos, destemplada, paliducho, punki, piedrecitas, cara verde, tiburona, vendas y rechonchito rosita.
-¿Y de qué es la clase de hoy? Ejque acabo de llegar y tengo jetlag. Jetlag no de avión; del otro, ya tu sabeh…
-Teoría de la evolución, señor.
-Gracias, Nydo bonito… - Sacarino alargó la mano y acaricio la cabeza de Nydo haciendo "pat pat pat"- Pues yo de evolución sé alguna cosa…
-Díganos, señor…
-Nydo, no seas pelota.
-Pelota lo serás tú, Glob.
-Haya paz, hermanos…
-No, Evan, por favor, no empieces con la chapa…
-Lo siento, Quentin, no soporto la violencia.
-Pues como iba diciendo… -Interrumpió Sacarino sacándose un kiko de la nariz- yo sé alguna cosa.
-Ilumínenos, profesor…
-Pues sé que el hombre viene del mono, del mono del anís concretamente.
-¿Y los mutantes?
-Pues vendrán del mono mutante, pero nunca lo he probado. Su bebida. No el mono. No quería que sonara tan sexual.
-¿Mono mutante? ¿Eso existe?
-Claro, ¿Qué es King Kong si no?
-¡Venga ya! ¡Se lo está inventando!
-Calla, Idie, esto puede ser divertido…
-No, Quentin, no pienso callarme porque tú le haces ojitos. ¿Y cómo se ha producido esta evolución, señor?
-Por la adaptación al hábitat y la supervivencia de la especie, Idie, lo vimos la semana pasada. –Apostilló Nydo.
-Exacto. Para proteger el terreno de especies invasoras – Dijo Sacarino tranquilamente rascándose el ombligo.
-¿Cómo que especies invasoras?
-Sí, he dedicado mi vida a observar el medio ambiente en el que estoy. ¿Sabéis cuando las viejas del barrio de Salamanca se defienden de los venezolanos ricos? Pues están defendiendo su territorio de una nueva especie invasora extranjera.
-¿Y eso que tiene que ver con la evolución, señor “profesor”?
-Pues que las viejas del barrio de Salamanca deben adaptarse a la especie invasora introducida en su hábitat o esta las sustituirá. Al final solo quedará uno. Es como meter a un mapache en Australia.
-Es… brillante. Es una aplicación práctica del Darwinismo que nadie esperaría en alguien así.
-Y entonces, poh claro, para ser superiores a sus depredadores deben adaptarse, convertirse en depredadores de sus depredadores, y eso lo hacen controlando el capital. Porque con el capital controlas el territorio. Y por eso las presas por debajo en la pirámide, los trabajadores, tienen más difícil luchar contra sus depredadores. Tienen que unirse en sindicatos.
-Me está poniendo el taco como a un macaco – deslizaba Quentin Quire entre sus labios, pensando que no le oye nadie.

Un fuerte viento entró por donde antes estaba la puerta, abriendo las ventanas de un golpe y creando una fuerte corriente.

-¡Ya está bien! ¡Detengan este disparate! ¿Qué está pasando aquí?
-Sita Munroe, el profesor Xavier nos está dando su clase de Teoría de la evolución. Pero no se preocupe, sita, también tengo una manzana para usted.
-Muchas gracias, Nydo, bonito. – le hace “pat pat pat” en la cabecita- Pero decidme quién es este señor y porqué le llamáis profesor Xavier.
-Sita Munroe, como usted, siempre tan puntual, no venía, nos preocupamos por su ausencia. Pero inmediatamente hemos visto al doctor McCoy que lo traía y le decía algo en la puerta. Al verle que lleva uniforme de adulto, Al ser calvo y con un aire muy familiar con el profesor Xavier (esto último no se puede negar), y en esta escuela es común el enchufismo trifásico por lo que correctamente decidimos que, además de ser un adulto, debía de tratarse de un pariente directo del profesor Xavier, como un hijo, un hermano o un sobrino. Cosas más raras se han visto en esta escuela como bien ya sabe usted. Por todo esto, cuando entro con esa autoridad y se sentó en la mesa pensamos acertadamente que era un nuevo profesor.
- Bien. Os puedo decir que no es ningún profesor porque no me han informado de ello. También os digo que no es ningún pariente del Profesor Xavier aunque no me extrañaría que también le apareciera un tercer hermano como a los Summers. Dime, ¿Eres pariente del profesor Xavier?
- No que yo sepa, mi abuelo era un coleccionista de miniaturas de barcos llamado Ivan Ivanovitch Sakharine, quien en realidad era un nazi en secreto y huyó a este país con Otto Skorzeny, su mano derecha. Él era el padre de Azucarín, escritor de “Félix Vargas”, “Superrealismo” y “Pueblo” a la vez que político pero no era nazi, sino franquista, y también mi padre.
-Muy bien, Entonces dime ¿Quién eres y que haces aquí?
-Soy Sacarino, aunque mis amigos me llaman “Saca”, y he venido a dar clase. El señor ese fan que imita a Billie Eillish hasta en el vello púbico y que habla tan redicho me dijo que esta era mi clase. Y pos nah, solo estaba de cháchara aquí con los colegas.
-Muy bien, Sacarino, Bienvenido. Mañana trae el uniforme reglamentario. Por favor, toma asiento. Tienes uno al lado de Kubark.
-¿Quién?
-Kid Gladiator
-¿Eh?
-Soy yo, maldito especie de simio terrano.
-Ah, Punki, mi colega. Entendido señoría.

Sacarino se sentó en el pupitre de manera desgarbada. Se sentó. Se acomodó hasta hacer un mansplaining. Se relajó. Entonces unos golpecitos en el hombro le hicieron mirar hacia atrás mientras la profesora Ororo Munroe empezaba la introducción de su clase. Era Glob quien le pasaba una nota. En ella ponía “tienes bonitas nalgas, como para hacerte una huerta, un tomate en cada nalga y mi guindilla en la puerta- Firmado: QQ”. Sacarino la leyó atentamente durante varios minutos. Como seguía sin entender lo que ponía alzo la mirada y sus ojos recorrieron a cada uno de los presentes en esa clase. Como estaba en las últimas filas a la mayoría solo les vio el cogote. A su izquierda, al fondo, estaba el chico al que llamaba Pelo Rosa, Quentin Quire, quien no le quitaba los ojos y le hizo un saludo con los dedos. Sacarino siguió buscando por toda la clase pero no encontró lo que buscaba. Así que se quedó tronchado como un tronco en el pupitre.

Cuando la clase estaba en sus minutos finales una mosca pasó zumbando por su oído y lo despertó del susto, oyendo la despedida de Tormenta a tiempo.

-Muy bien, alumnos, mañana corregiremos estos deberes. Acordaros que tenéis que ir a la clase de gimnasia del profesor Summers
-¡Bieeeen! ¡El profesor Summers es muy majo!
-¡Y muy buen profesor! Es comprensivo y respetuoso con los alumnos.
-No, no es Scott. Es otro Summers,
-¿Alex?
-No
-¿Rachel?
-Tampoco
-¿Hope?
-Nanay
-¿Christopher?
-No disponible.
-¿Gabriel?
-Diosa, no. No mentes a la bicha.
-¿El otro tercer hermano Summers?
-Por supuesto que no. Ni nosotros nos acordamos de eso.
-¡Oh, no!
-Sí, es con Cable. El viejo.
- ª
-Por ello no os entretengo más. Es muy exigente con la puntualidad.

La clase se vació de alumnos que salían corriendo como alma que lleva el diablo. Cada uno se dirigió a las taquillas a dejar los libros. Menos Saca, que iba andando tranquilamente haciendo eses pues aún no se había espabilado de la siesta lectiva. En las taquillas del pasillo vio a Tiburona y se acercó a ella. Quentin Quiere le interceptó.

-Hola, Guapo.
-Hola, Pelo Rosa.
-Me llamo Quentin, pero tú puedes llamarme lo que quieras.
-Vale, gracias.
-También puedes hacerme lo que quieras.
-Si, gracias. Ahora si me disculpas…

Sacarino se acercó a la que había bautizado como Tiburona. Puso su mejor sonrisa. Se acicaló la calva. Se puso erguido y estiró su uniforme de botones limpiándole el polvo a manotazos. Con una suavidad nunca antes vista en él posó su espalda en la taquilla adyacente.

-Hola, Tiburona. ¿Estudias o trabajas?
-Primero: Me llamo Iara dos Santos o Chica Tiburón. Segundo: Estamos en una escuela con internado.
-Vale, Tiburona, hay que ver cómo han crecido los niños de Spy kids. Te has desarrollado muy bien, moza.
-La película es “Las aventuras de Sharkboy y Lavagirl” y no tiene nada que ver conmigo.
-Como prefieras, Tiburona pirámide titana ectoplasma
-¿Sabes que puedo arrancarte la cabeza de un mordisco?
-¿Y tú sabes que sé hacerte el DDT mientras hacemos el tío vivo?
-¡aaargh! – cerró la taquilla de un portazo y se fue rápidamente visiblemente enojada.
-Luego te llamo, guapa tiburona moza cantábrica… - replico sacarino señalándola con los índices de ambas manos.

En la Sala de Peligro, los alumnos estaban en formación mientras Cable pasaba revista de un lado a otro.

-¡Escuchadme bien, hijos de la gran put-patria mutante! ¡Yo convertí a esos blandengues de los nuevos mutantes en los put-malditos X-Force! ¡Vosotros no les llegáis ni a los tobillos de Mancha Solar! ¡Y aun así estoy convencido que si cojo a unos niñatos de mamá como vosotros os puedo convertir en los buenos niños soldados que esta jod-bienaventurada institución crea y necesita! ¡Ninguna nueva generación de mutantes se gradua sin que yo los haya convertido en una generación de buenos soldados! ¡Si vosotros sois los primeros me cago en mi put-hermosa calavera! ¡Hoy vamos a derrotar una patrulla de tres centinelas en entorno post-apocalíptico! ¡tenéis que actuar como el put-puñetero equipo que debéis ser! ¡vais a ejercitar la clásica táctica de dividiros en equipos más pequeños para repartiros los enemigos! ¡Para derrotar a los centinelas únicamente vale desactivarlos de forma permanente! ¡nada de usar la fuerza bruta! ¡Te miro a ti, recluta patoso! ¡El último equipo en derrotar a su centinela será castigado a trepar por la cuerda y dar ciento un vueltas alrededor de los terrenos de la puta escuela! ¡se me ha escapado este último y al que se chive le pongo a limpiar las letrinas de los Infernales! ¡¿Me habéis oído?! ¡El ejercicio empieza en cinco segundos! ¡Espero que sobreviváis a la experiencia de la sala de peligro!

Los alumnos de forma natural se dividieron en tres equipos. Para ellos es un reflejo natural. Iban con todo contra esos centinelas. Era una dulce armonía de violencia mutante. Son unos buenos niños soldados. Sacarino se quedó perplejo ante la brutalidad que estaba viendo. Como botones había visto muchas cosas. Muchas de ellas desagradables. Pero nunca vio a unos chicos tan jóvenes y majos, que ya empezaba a considerarlos parte de su familia, cometer actos tan violentos. Esto le dejó perplejo. Le volvió a dar un flis y se quedó como Nacho Cano cuando le hacen una foto en una discoteca, con la mente en blanco y la mirada perdida en el horizonte como si la vida hubiera abandonado ese cuerpo. Sacarino volvió en si cuando el instructor/profesor de gimnasia cable le dio una bofetada con el brazo tecno-orgánico.

-¡Recluta calvorota! ¡Vamos, muévete! ¡Esto no es un picnic del opus dei! ¡Haz algo, por tus muertos!

Sacarino, abrumado, se sacó una chustilla y el mechero de rascar. En ese momento la cabeza de un centinela cayó a sus pies. Encendió el mechero al frotarlo con la cabeza del centinela. Dio una honda calada y echo el humo lentamente. Con el índice de su mano derecha tocó la cabeza de centinela, poco a poco. Al hacerlo la cabeza se fue cuesta abajo. Acabó en los pies de otro centinela que la golpeó a lo panenka. La cabeza rebotó en lo que parecía el cielo sobre sus cabezas y se oyó el ruido de cristales rotos. Después la cabeza cayó sobre el otro centinela que remató de cabeza y la estampó contra la pared. Entonces se escuchó un estruendo de cañerías rotas y la simulación se apagó. Volvían a la impoluta sala de peligro sin activar mientras un chorro de agua caía del techo. Arriba en la sala de control alguien juraba en arameo por los cristales rotos y el cortocircuito. Cable se acercó otra vez a gritar a Sacarino.

-¡Recluta calvorota! ¡Por la puta Roma y el puto Otromundo! ¡¿Qué demonios has hecho?! ¡¿Qué ha pasado aquí?!
-Y yo que sé… solo he tocado la cabeza del robot de juguete, luego ha ido pim pum y no sé qué ha pasado que luego todo se ha apagado. Vamos, que la he liao parda, ¿sabes?
-¡¿Ese es tu poder mutante?! ¡¿Causar la mayor destrucción?!
-¿Mi qué?
-¡¿Me estás diciendo que has destruido la mayor tecnología de hologramas 3D en simulación de realidad virtual más avanzada del planeta, con tecnología Shi´ar y mejorada por Forja, y no sabes lo que has hecho?!
-…
-¡Que me digas tus jodidas habilidades!
-Ah, pues… pasar el plumero, llevar maletas, repartir periódicos, dar los buenos días, abrir puertas…
-¡Me cago en Xavier, sus enchufes y la cuna que nos arrolló! ¡Quiero soldados, por cristo bendito! ¡No vas a volver a pisar esta sala de peligro en la vida! ¡A partir de ahora quedas ascendido a Botones! ¡Tú superior jerárquico pasa a ser el conserje bedel Mortimer Toynbee, el Sapo! ¡Ve a hablar con él y dile que yo te mando!
Y Sacarino, sin entender nada de lo que había pasado, se fue a hablar con el tal Sapo. A la media hora Sacarino salía corriendo a la velocidad el rayo por los jardines traseros de la escuela. Detrás iba Sapo dando brincos y exclamando:

-¡No corra, merluzo, no corra! ¡Le dije que regara a Krakoa con alegría! ¡No que regara Krakoa con lejía! ¡No corra! ¡Le voy a dar yo lejía! ¡@#$%&·@$%€!

Fin, supongo. Esto de ser narrador es muy cansado. No está pagado.