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Chikas, Pistolas, Malteadas!

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Querido Diario:,
SorryLo siento por dejarte tirado, ¡los últimos días han sido super ajetreados! No te preocupes, te voy a contar tooodo.

Todo comenzó cuando me llegó esta misteriosa carta perfumada:

Mi Solecito,
No hay actividad del campamento de verano que me haga dejar de pensar en ti.
Ven a Borneo Roasters a las 5 de la tarde este viernes...
-B
P.d: Porfi no me odies si es que no aparezco =(

¡Una cita! ¿Puedes imaginarlo? No la he visto en tantísimo tiempo...

***

Ese día, caminé una corta distancia desde la parada de bus ha la cafetería de la esquina. Una vez allí, me di cuenta que Bunny no estaba en ninguna parte... «Oh amor, no me hagas esto, no podría soportarlo», pensé.

Pero entonces, vi una moto patinando frente a mí: ¡Era ella!

¡Bunny!

Antes que ella pudiera decir algo, la abracé con todas mis fuerzas. Bunny me correspondió el abrazo, y pude sentir el mismo olor a perfume en la carta. Me tranquilizó saber que de verdad era ella, que nadie la había reemplazado: a menos que fuera un clon superdotado. Entonces, me tocó con suavidad el hombro.

—Guau bebé, yo sé que me extrañas pero... Bueno, no es como que no pueda tratarte...

—¿Dónde has estado? ¿Cómo saliste? ¿Esa moto es tuya? ¡Cuéntame todo dentro! —BalbuciéBalbuceé, guiando a Bunny amablemente desde su muñeca.

El interior de la tienda estaba casi vacío, como si hubiera esperado por nuestra llegada. Sus paredes estaban cubiertas con postersafiches... y vinilos. Nos sentamos en una mesa para dos.

—Bueno, para responder tus preguntas —comenzó Bunny—, si me dejas hablar esta vez. Estaba en un campamento de verano para chikas como yo, ellos... me dieron permiso, y me dejaron tomar prestada la moto. Eso, jaja...

Ella esbozó una sonrisa un tanto, bueh, torpe. No importa, yo estaba convencida de cualquier forma.

—¿Incluye chikas como yo? —pregunté.

—No, como yo... O sea, tú eres demasiado buena...

—¿Qué tratas de decir...?

Dejé de hablar al ver al mozo caminando hacia nosotras.

—¡Bienvenidas a la cafetería Borneo Roasters...! OhDios —Él abrió los ojos de par en par—. ¿¡Bunny, eres tú?! ¿No deberi estar en...? Quiero decir, ¡tanto tiempo sin verte!

Bunny quedó boquiabierta.

—Oh, eres tú... Supongo que estea es tu pega nueva.

—¡Así es! Te dije que me iba a conseguir una nueva —explicó el garzón al mismo tiempo que nos entregó los menús—. ¿Quién es tu amigui? Además —agregó—, ¿Cómo llegaste aquí...?

—Hola... —Me pregunté quién demonios era este tipo, arruinando nuestro momento... Encima por qué le interesaba cómo es que Bunny llegó aquí. Qué onda...

Bunny puso una cara.

—Ella... ¿Y si nos das un rato para elegir lo que vamoos a pedir?

Después de que nos dió los menús, me planté el mío justo en mi cara. No quería dejar que Bunny me viera molesta, sabía que era infantil...

—Bebé... —dijo Bunny—, Yo... No te voy a mentir. Él es mi ex, pero no es nada de lo que debas preocuparte, ¿ya?

—Oki... —Leí el menú para distraerme—. Oh, ¡mira! Malteada para * chikas (solo)* Scout©. ¿La has probado antes? ¡Es la mejor malteada de todas! La perfecta mezcla secreta de leche natural de vacas de Nuevo México con refresco Bonk©.

—Mmm. Nunca he podido terminar una porción por mi misma. Qué tal si pedimos dos bombillas, si entiendes lo que digo...

—¡Sí!

Cuando el mozo tomó nuestra orden, necesitó un minuto para entender (“¿...Uno?”). Él se alejó incómodamente, y volvió con nuestra orden tal cual de embarazosamente (“¡Que lo disfruten...! 'Ta wena la moto que tienen afuera...”)

Bebimos la exquisita malteada para dos al mismo tiempo que nos pusimos al día con nuestras vidas. Seguimos hablando hasta que sentimos la necesidad de hacer algo distinto, como montar en motocicleta lejos de ex-parejas metiches que también eran garzones. Bunny dijo que pagaría la cuenta por ambas.

—No te preocupís, yo pago.

Bunny sacó la billetera de su chaqueta. Un vistazo a su cédula mostró una mujer madura y huraña, con flequillo cubriendo sus ojos; alguien que por definitiva no era ella, información decidí ignorar al menos por el momento.

Bunny me pasó el único casco que llevaba consigo, diciéndome con un guiño que no me preocupara, que era una gran conductora. Envolví mis brazos alrededor de su cintura, y pronto estábamos recorriendo las calles. En cuanto que cerré mis ojos sientosentí como si estuviéramos volando fuera de este mundo, hasta que una voz de una extraña me trajo de vuelta a la realidad:

—Pequeña, ser¡es! suficiente. ¡Deténte!

Una dama fortachona con un acento fuerte iba en una segunda moto, manejada por una mujer que parecia una enfermera. La verdad era que ambas llevaban un tipo de uniforme.

—¡Oye, qué tal si dan media vuelta, uh, niña! —agregó la otra mujer, con acento también, solo que distinto—. ¡Podemos hablar!//
Y rió eufóricamente. Que señora tan rara.

—¡Ni siquiera se acuerdan de mi nombre! —se quejó de vuelta Bunny, acelerando la motocicleta.

Nuestras perseguidoras aceleraron a su vez. Yo no iba a permitir nada de eso: desde mi cartera, saqué una pequeña pistola que no se suponía que debía heredar aún.

—¡Déjennos en paz! —Grité apuntándoles.

Ambas gritaron; la enfermera apretó los frenos. Pronto estubieronestuvieron patinando en círculos, lejos de nosotras.

¡¿Qué hiciste?! —chilló Bunny. Ella debe habérselas arreglado para ver el arma antes de ponerla de vuelta en su lugar según la manera que maldijo después.

Paramos en el medio de la nada por un breakdescanso. Bunny dijo que ella no conocía eso sobre mi. En vez de responder, le dije que podíamos ser fácilmente encontradas, ya que seguiamos en la mismoa carretera de antes.

—¿Qué piensas entonces, niña lista?

—¡Perdámonos en la ciudad!

Bunny asintió.

—Si... Y así te puedo llevar a tú casa. Se está poniendo peligroospeligroso...

De vuelta en la moto, ¡traté de convencerla que eso hacía las cosas más divertidas! Por alguna razón, ella permaneció callada hasta que alcanzamos la ciudad, donde volvimos a chismosear y reir.

Por tristeza, el tiempo no se detuvo por nosotras. Cuando el sol empezó a ponerse, Bunny me llevó a casa (no sin antes prestarme su chaqueta). eEl viaje fue largo—pues de verdad nos perdimos—, y casi nos quedamos sin gasolina. Nos encontramos con una sorpresa al llegar a nuestro destino.

Un auto deportivo rojo estaba estacionado en frente de mi casa. Cuidadosamente, nos detuvimos unas casas más allá... Pensándolo bien, deberíamos habernos ido tan pronto como vimos esa escena.

Sin decir una palabra, ambas nos escondimos detrás de unos arbustos en la calle frente a la ventana de nuestro livingsala de estar. Una mujer con ropas elegantes hablaba con mis papás. También usaba un pañuelo en la cabeza, y fumaba un cigarrillo con filtro.

Asombrada, casi le pregunté si todas las guías eran tan atractivas, según en la que ya había visto antes.

—Me agradaría más si|no fuera tan sobrada... En todo caso, de que es guapa, es guapa.

—Suena entretenido —contesté.

Ella dio una risita, lo más probable que entendiendo mi idea. Pero debíamos hacer algo.

Nos escabullimos a nuestro vehículo. El motor estaba prendido cuando unas figuras altas (exceptuando por una) nos rodearon desde todas las direcciones: nuevos consejeras.

—¿Adónde creen que van, señoritas? —exclamó una nueva mujer musculosa, sin tener esta vez acento extranjero... Empecé a ver un patrón. Por alguna razón, ella se veía un tanto familiar.

Desde más atrás, la mujer más alta del grupo aclaro su garganta.
—Terminemos con esto de una vez —dijo, casi aemnazante.

La más baja se acercó. //—Niñas, podemos hablar de eso, tan solo alejénse de la moto, ¿yapi? —sugirió con un tono suave. Caaasi convincente.

—Muchachitas, no intenten hacer ninguna cosa más —apeló una dama con una solo ojo—. No es una sugerencia.

Bunny se dio vuelta hacia mí, para mirarme a los ojos.//
—Ellas tienen razón, porfa no trates de hacer nada esta vez...

—Pero, están tratando de separarnos otra vez... —Tartamudeé, escuchando mi propia voz quebrarse...

—No te preocupes, nos volveremos a ver! —Me sonrió—. Sorry por todo los problemas que te causé... Tú eres una una chikCa buena, yo no debería...

Al escuchar eso, apreté mi quijada. Yo no me iba a dar por vencida todavía. Mientras pensaba en nuestras posibilidades, la mujer elegante se materializó desde una súbita nube de humo. Ella dijo:

—Ya has malgastado suficiente nuestro tiempo.

—¡¿Qué le hiciste a mís papás?! —le grité de vuelta

—Ellos están bien, exceptuando el hecho que están molestos contigo.

Yo no necesitaba escuchar eso, ya lo sabía. Como si me importara.

—SUFICIENTE de esto —interrumpió la mujer chillona—. Bájalas de la moto o yo lo haré.

Oe, oe... No es como pa' tanto... —Una voz familiar se unió a la discusión.

Para nuestra sorpresa, el mozo se paró desde detrás unos arbustos.

¿NOS SAPEASTE? —chilló Bunny.

¡TUVE que! Es mi segundo trabajo! —Y así, el mozo se escondió tal cual como antes. Las cosas finalmente tenían más sentido.

—Bueno, tu moto se ve en buenas condiciones —continuó la dama estilosa. La otra mujer con voz suave asintió con energía, sonriendo.

—¡Ella la robó! ¡Y la otra tiene un arma!

—Querrás decir, que Bunny nos engañó.

De fondo, la mujer alta y poco amigable gruñió, al mismo tiempo la tuerta se carcajeó.

—¡Si tú lo dices! —se burló.

La mujer corpulenta caminó más cerca de su complega.¿compañera? ¿colega?

MI motocicleta.

—Tu deberías estar orgullosa, Bunny demostró sus habilidades —argumentó la consejera una vez más, vestida demasiado elegante para ese tipo de trabajo—. Es parte de lo que hacemos.

—Lo que haces, querrás decir. ¡Esto es una traición!

Esta vez la mujer refinada rió en respuesta. Demasiado segura de sí misma, me encantaría verla molesta... Como sea, yo ya estaba enferma de verlas discutir. Yo simplemente hice avanzar la motocicleta, obligándolas a saltar fuera de nuestro camino.

Poco después, Bunny tomó el control del vehículo. Se detuvo en un parque, y me llevó de la mano con ella.

—Ya casi amanece —ella señaló—. Bebé...

Me agarró por los hombros, y añadió:

—...Si estabas tratando de entender algo, creo que lo entiendo ahora... Dime algo.

En lugar de palabras, acaricié su carita suave, y la besé en los labios. Espero que ella sepa que no me arrepentía de nada, que tan solo hice lo que sentí en mi corazón que era lo correcto. Creo que era así, recordando la forma en que me besó de vuelta ese día, una y otra vez. Solo los detuvimos para ver el amanecer en el horizonte, abrazadas.

***

La prueba definitiva que hice todo bien llegó una semana más tarde, en la forma de una carta de invitación a cierto campamento de verano. ¡No puedo esperar!

FIN ♥