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El Dios demonio y la doncella mortal

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—Esto no es tan malo —una divertida Ako terminó de agregar la última parte del maquillaje de Sayo antes de darle el visto bueno—. He hecho un trabajo estupendo para convertirte en un demonio poderoso. 

 

Ako se alejó un poco para admirar su trabajo mientras Sayo giraba su cuerpo para verse finalmente en el traje completo del personaje que tenía que representar. 

 

Un par de cuernos de antílope Addax hacían el juego de ser sus cuernos de demonio, las orejas largas y puntiagudas recostadas casi en horizontal le daban un cierto toque de orco, y las escamas rojas y sangrantes en su cuello y nuca, además de los colmillos falsos, le daban un aspecto siniestro. 

 

La ropa hacía lo suyo, un yukata blanco con bordes azules y con bordados dorados a lo largo, le hacían parecer todavía más excéntrica. 

 

—¡Esto es perfecto Sayo-san! —exclamó con felicidad—. Quedas perfecta en el papel del novio demonio. 

 

—Es un buen trabajo —dijo admitiendo la verdad, mientras inspeccionaba más a fondo todo el traje—. Aún así, creo que esto será algo de lo que me voy a arrepentir. 

 

—¡Vamos Sayo-san! No puedes arrepentirte justo ahora. 

 

—No, no lo voy a hacer, pero no me entusiasma mucho la idea de mi participación en esto. 

 

—Hi… Hikawa-san, creo que… que te ves genial. 

 

A las espaldas de Sayo, entrando en la habitación, Rinko admiraba la figura que se reflejaba en el espejo y el rostro de Sayo se pintó de carmesí al darse cuenta, pero enseguida su atención se desvió al traje de Rinko. 

 

—¡Rinrin! —Ako corrió hacia la chica tratando de sacarla de la habitación—. No puedes estar aquí, ¡es de mala suerte ver al novio antes de la boda! 

 

El comentario tan inocente de la más joven, provocó una oleada de vergüenza en las otras dos chicas, e hizo reaccionar a Sayo. 

 

—¡Esto no es una boda de verdad, Udagawa-san! ¡Sólo estamos actuando!

 

—Aún así, es mejor no tentar al destino —Ako empujó a Rinko fuera de la habitación quitándole la oportunidad a Sayo de ver bien el traje occidental de novia que estaba usando su compañera. 

 

—Ako-chan, Hikawa-san tiene razón… —Rinko todavía luchó un poco, pero finalmente Ako logró cerrar la puerta y se recargo para no dejar que Rinko abriera nuevamente. 

 

—¡No, no! Esto tiene que ser perfecto —echó el seguro a la puerta y volvió a acercarse a Sayo que estaba un tanto incómoda con el traje y sentía que si caminaba terminaría cometiendo un error y arruinaría todo el esfuerzo—. Mi historial académico en Haneoka depende de esto. 

 

—¿Cómo es que caíste en las garras de Hina? —Sayo se cruzó de brazos poniendo mala cara y haciendo que el cosplay cobrará vida. 

 

—¡No es mi culpa que álgebra sea tan difícil! —se quejó con amargura—. Hina-san prometió intervenir por mí si le ayudaba con este photoshoot. ¡Por favor Sayo-san! —prácticamente se tiró a sus pies suplicando. 

 

—No puedo creer que me convencieras de hacer esto —Sayo se vio de nuevo en el espejo—. Todo se ve tan genial, pero aún así es demasiado vergonzoso. 

 

—Sayo, sé que te emociona aunque sea un poco. 

 

—Jamás voy a admitirlo. 

 

—Yo lo sé… 

 

Ako se rió y dando un último vistazo a su trabajo, levantó los pulgares y se dispusieron a salir del cuarto. 



El área afuera, parecía estar llena de bullicioso ruido a pesar de que no eran tantas personas. Quizás fuera porque Hina estaba allí dando órdenes y haciendo que todas las chicas del club de teatro y fotografía corrieran de un lado al otro siguiendo sin rechistar las indicaciones. 

 

Resultaba extraordinario ver esa faceta en la menor de las hermanas Hikawa. Hina no era una chica fácil y pocas cosas podían hacer que realmente se empleara a fondo para salirse con la suya. Lastimosamente, Sayo tenía que lidiar con esto cuando la hacia el blanco de sus delirios. 

 

Como todos los años, Haneoka organizaría un gran evento de artes, donde los clubes de esta rama se emplearían para mostrar todo su talento y dar una exhibición de sus proyectos. Dado que, en años anteriores las producciones habían ido a más, tomaron la costumbre de invitar chicas de otras escuelas para unirse a su evento. 

 

Como representantes de Hanasakigawa, Rinko y Sayo fueron quienes resultaron elegidas. Hay que decir que la elección fue algo sesgada en favor de ellas dos, después de que Hina hiciera algunos comentarios en el festival escolar acerca de lo bien que quedarían su hermana y Rinko como las protagonistas del mito del Dios que renunció a su estatus divino por una doncella mortal convirtiéndose en demonio cuando la perdió. 

 

Era una historia de amor oscuro, que rápidamente ganó adeptas y antes de que pudiera darse cuenta, Ako y todo Hanasakigawa le habían orillado a este momento. Sayo se sentía mal por Rinko y como había sido arrastrada a esto también. Pero a esas alturas, a un paso de colocarse en el centro de la atención, no podía echarse atrás. 

 

—Nerviosa~⭐ —detrás de Sayo la voz cantarina de Lisa la sacó de sus pensamientos y le regaló una tímida sonrisa. 

 

—Tanto como previo a un live —le contesto y saludo a Yukina que estaba junto a Lisa—. Minato-san. 

 

Yukina inclinó la cabeza como contestación mientras bebía de una pajita el contenido de un vaso. Lisa seguramente la estaba alimentando, como era su costumbre, aunque se le hacía extraño que lo hiciera con un líquido cuando Lisa prefería dar galletas o pequeños postres. 

 

—No te preocupes, por cierto te ves increíble —Lisa admiró a Sayo y aprobó el traje.

 

—Udagawa-san hizo un buen trabajo. 

 

—Se emociona bastante con estas cosas —Yukina comentó dejando de lado su bebida—. Asi deberia poner el empeño en aprender a leer partituras. 

 

—Yukina —la reprendió Lisa—, sólo hay que darle tiempo. 

 

Mientras estaban en su pequeña discusión alguien del staff del club de teatro le pidió a Sayo acercarse al escenario. Ante esto, Yukina aprovechó para ir a inspeccionar la escenografía dejando a Lisa y Sayo solas. 

 

—Lo harás bien~ —sonrió tomando la mano de Sayo que correspondió tímida. 

 

—Lamento que tengas que pasar por esto Imai-san —dijo como una disculpa—. Traté de que las cosas no fueran así. 

 

—¡Hey! Tranquila —apretó la mano—, yo entiendo, pero aun así, no seas demasiado cariñosa con Rinko o me pondré celosa. 

 

—¡Imai-san!

 

El rostro de Sayo se puso rojo y Lisa rompió a reír con más ganas. 

 

—¡Anda ve, mi Dios demonio! 

 

Lisa la empujó prácticamente para que se fuera y Sayo comenzó a caminar rumbo a donde estaban las chicas del staff. Seguía pensando que todo era una mala idea, tanto para ella como para Rinko y por supuesto Lisa. Los malentendidos podían darse fácilmente. 

 

Dentro de la idea de hacer este fotomontaje, Hina convenció a todos que era mucho más creíble si iban al templo donde había surgido la leyenda del Dios demonio y la doncella mortal. Era así que estaban montando todo su escenario en un viejo templo a las afueras de la ciudad, cerca de un pequeño pueblo de vieja historia. 

 

El sitio, aquel templo, había estado abandonado por mucho tiempo y no había sido sino recientemente que había vuelto a abrir las puertas al público en general. Aún así, requería mucho mantenimiento porque todavía existían zonas que estaban en malas condiciones. Como en la que se encontraban justo ahora, que seguía en trabajos de restauración. Algo había dicho Hina sobre tratar de hacerlo lo más natural posible, como si andar por allí con un traje tradicional de novio japonés siendo un demonio de mentiras fuera lo más natural del mundo. 

 

—Sayo-san —la joven vicepresidenta de Haneoka se acercó a ella a toda prisa y con algo de agitación mientras malabareaba una charola con vasos de papel que por el olor, deducía era café. 

 

—Hazawa-san, debes tener cuidado —la asistió ayudando a sostener la charola antes de que tropezara por su premura. 

 

—Lo lamento Sayo-san —dijo disculpándose por su torpeza—, ¿quieres beber algo? —Sayo vio los vasos y supo de dónde había salido la bebida de Yukina—. O tal vez no, podría arruinar el maquillaje. 

 

—Siento que estás más nerviosa que yo, Hazawa-san —dijo Sayo con una leve sonrisa de comprensión. 

 

—Yo… no… —la chica se sonrojó—. Es sólo que esto parece haberse salido de control. Hina-senpai tiende a hacer todo tan grande, a veces no dimensiono el alcance que pueden llegar a tener sus ideas. 

 

—Lo sé, ella no conoce un no por respuesta —mencionó con un pequeño suspiro—. Lamento que te arrastre a todo esto. 

 

—Oh, no, me alegro de que así sea. Hina-senpai hace que las cosas sean locas y divertidas y el trabajo así vale la pena. 

 

—Aunque digas eso, no dejes que Hina te explote demasiado, y si se pasa, siempre puedo llamarle la atención. 

 

Una pequeña risa la sacó de su regaño y Sayo vio con sorpresa a Tsugumi. 

 

—Sayo-san, si lo dices así con ese cosplay, realmente luces amenazante. Lindo, pero amenazante. 

 

De nueva cuenta los colores rojos aparecieron en el rostro de Sayo al darse cuenta de que en efecto, debía ser una visión particular y curiosa estando vestida como lo estaba. 

 

A lo lejos de aquella escena, Rinko miraba no queriendo hacerlo. Aunque sus ojos iban de Sayo a Tsugu y al suelo porque se sentía incómoda, no podía alejarse y tampoco acercarse a interrumpir. 

 

Como siempre, su densa y tonta compañera de banda y vicepresidenta del consejo estudiantil de Hanasakigawa, parecía pasar de ella para poner su atención en otras cosas. 

 

Rinko había estado nerviosa y asustada con todo este tema. Aunque en un principio la idea no fue de su agrado cuando Hina se lo propuso, poco a poco se entusiasmó al pensar que podría hacer esa puesta en escena si Sayo la acompañaba y la apoyaba. Secretamente quería ver a la guapa guitarrista de Roselia en un cosplay. 

 

Fue tanto su entusiasmo que ella misma había diseñado y confeccionado el traje que Sayo estaba usando en ese momento. La historia del Dios demonio y la doncella mortal, resultaba lo suficientemente romántica que no dudó en dejar salir sus sentimientos para plasmar el cariño que tenía por su compañera. Sólo que, como era usual, Sayo estaba mirando a alguien más. No la culpaba de ello, siendo honesta, pensaba que no tenía mucho que ofrecer siendo tan temerosa. Sabía que Sayo no la vería nunca como algo más que una compañera de escuela o de banda. 

 

—¡Rin-ko-chan~! —Hina llegó de sorpresa brincando sobre Rinko haciendo que la chica gritara del susto y todos a su alrededor se dieran cuenta de su presencia.

 

—Hina… chan… no… hagas… eso… 

 

—Es boppin ver tu expresión —dijo riéndose—. Además parecía que necesitas despejar toda esa energía no boppin. 

 

—¡Hina, no molestes a Shirokane-san! —una Sayo con el ceño fruncido se acercó a ellas al oír el grito de Rinko. 

 

—¡Wow! —Hina abrió la boca asombrada—. ¡Te ves genial! ¡Esto es super dupitiboppin! 

 

—¡Hina! —el rostro de Sayo se ensombreció con el rubor y olvidó su regaño inicial. 

 

—¿A que si Rinko? —Hina codeó a la chica que asintió tímida. 

 

Sayo entonces, miró con detenimiento a Rinko, ya que antes no había tenido la oportunidad de hacerlo adecuadamente puesto que Ako la sacó de la habitación donde estaba antes. 

 

Ahora sí, Sayo pudo admirar el traje de la chica. Era un vestido de novia, de aspecto occidental, aunque el tono era blanco, tenía algunos destellos azulados que se acentuaban más en los bordes y en el tocado de rosas azul pálido en su cabello. Un velo cubria su cabello que estaba recogido y sólo unos mechones negros enmarcaban su rostro y cuello, junto al flequillo sobre sus ojos. 

 

El aliento dejó el cuerpo de Sayo que se quedó sin aire al admirar lo hermosa que se veía Rinko. Su corazón se aceleró. Eso sólo reforzó la sensación de que estaba yendo por el camino equivocado. 

 

—Justo esa expresión es la que necesito para las fotografías —sacándola de su ensoñación, Hina interrumpió el momento—. ¡Mayaaaaa! —gritó para llamar la atención de la baterista de Pasupare–. ¡Vamos! 

 

Hina tomó la mano de Sayo y Rinko y las jaló para llevarlas hasta la explanada del templo antiguo y colocarlas en sus respectivas posiciones. La pequeña Hikawa hiperactiva, se alejó y comenzó a revisar que todo alrededor estuviera en su sitio. 

 

Maya saludó y antes de que pudiera platicar, Hina la interceptó y comenzaron a hablar sobre la sesión. 

 

Después de algunos minutos, las otras chicas que estaban ayudando con la iluminación, la escenografía montada y la que ya existía por la misma naturaleza del lugar, empezaron a correr. Detrás de ellas un par de personas, sacerdotisas del templo miraban toda la puesta en escena. 

 

—Colócate ahí. 

 

—Mira hacia allá. 

 

—Rinko-san puedes moverte hacia ese lado. 

 

Las indicaciones de Maya y los disparos de la cámara iniciaron la sesión. Las chicas del club de teatro, de fotografía y las invitadas del consejo estudiantil y las coladas, se arremolinaron para ver todo el proceso. 

 

Sayo y Rinko se veían algo incómodas siguiendo las órdenes y el movimiento no parecía fluir como se hubiera querido. Se sentía rígido y falto de emoción. 

 

—¡Alto, alto! —Hina cortó la acción—. Esto no está siendo boppin, hermana. 

 

—Sayo-san, Rinko-san, es necesario que entren en el papel —Maya coincidió con Hina—. De lo contrario las fotos se van a sentir antinaturales. 

 

Sayo se inclinó pidiendo disculpas mientras Rinko entraba en pánico, le resultaba extremadamente difícil hacer el papel de la doncella mortal teniendo a Sayo cerca. Era difícil tratar de contener su corazón latiendo desbocado cada vez que la otra chica la miraba o se acercaba demasiado a su espacio personal. Sentía que moriría en cualquier momento y no de forma figurativa. 

 

—¿Conocen ustedes la leyenda del Dios demonio y la princesa mortal? —Maya les preguntó, quería probar a meterlas en el papel. 

 

—No realmente, no había escuchado de esto antes —Sayo confesó apenada. 

 

—Yo… lo leí en un libro sobre mitología japonesa…. Pero no fue mucho... lo que explicaban…

 

—Bueno, no es muy común. De hecho no era muy popular antes, muchas personas comenzaron a interesarse cuando reabrieron este lugar el año pasado —Maya comenzó una explicación.

 

—¡Pero es boppin! —gritó Hina, pero la ignoraron, aunque detrás de ella las sacerdotisas del templo no lo hicieron. 

 

—Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo, existía un Dios marcial muy fuerte, tanto, que otros dioses envidiaban su fuerza —una de las sacerdotisas intervino de pronto—. Él solía hacer sus tareas de protección a los fieles que rezaban en este templo y, en recompensa, le dejaban ofrendas de agradecimiento. 

 

La chica, de cabello corto y oscuro, con una mirada avellanada más pronunciada que el resto y de una altura un poco mayor al promedio era quien estaba contando la historia. 

 

—El Dios pasaba mucho tiempo entre los humanos mortales e hizo su hogar un pueblo cercano que ahora está abandonado —Sayo y Rinko prestaron atención a la sacerdotisa—. En dicho pueblo habitaba una hermosa doncella que tocaba música que al Dios le cautivó. Comenzó a pasar más y más tiempo cerca de ella y eso trajo consigo las miradas de los otros dioses y los humanos. 

 

—¡Se enamoró de la doncella! —Hina interrumpió el relato para llegar más rápido al punto. 

 

—Bueno sí, pero fue algo complejo —Maya se rascó la mejilla y la sacerdotisa le dio la razón—. La doncella era una fiel devota del Dios marcial a quien llevaba ofrendas al templo cuando él no estaba cerca, ella también estaba enamorada y aquello llamó la atención, pero no del Dios, sino de los enemigos de éste. 

 

—Entre los dioses —continuó la sacerdotisa—, estaba prohibido mantener relaciones con humanos. Las vidas humanas son efímeras y finitas, por lo que si un Dios quisiera amar a un humano por encima del resto y lo favorece por encima de los demás dándole algún don o extendiendo su vida, se consideraría un pecado. 

 

—Puedo entender eso —dijo Sayo—, pero algo me dice que de haber hecho caso, no tendríamos historia. 

 

—Para ser un Dios —siguió la sacerdotisa—, habiendo nacido humano, tienes que tener una vida ejemplar o realizar un acto que el Dios supremo considere para poder trascender, sin embargo si caes en desgracia, tu destino es caer en el inframundo.

 

—La gente puede ser mala, la envidia corrompe —dijo Hina haciendo un puchero. 

 

La sacerdotisa comenzó a caminar y les pidió seguirla. Sayo dio el paso a Rinko y junto con su hermana y Maya, acompañaron a la chica del templo hasta otro punto. Se adentraron en el bosque alrededor de la entrada del templo, atravesaron un camino de piedra musgosa con señales de ser bastante antiguo y poco transitado. Rinko batalló caminando por el suelo resbaloso y Sayo la sostuvo por la cintura cuando su sandalia se deslizó a causa del limoso verde. 

 

—¿Estás bien? 

 

Los ojos preocupados de Sayo la miraron y contemplarla así, con el traje del Dios demonio, con sus grandes cuernos, las escamas en su cuello y sus orejas puntiagudas, le quitó el aliento. Sayo parecía realmente un ser divino. 

 

Extendió su mano para palpar la rugosidad de los cuernos, y aunque parecían tan reales, al tacto podía saberse que eran falsos. Ako había hecho un gran trabajo. Se quedaron así por unos segundos hasta que llamaron la atención del resto por haberse detenido. 

 

Con la cara roja, ambas, reanudaron la caminata, esta vez con Sayo ayudando a Rinko a caminar por la piedra resbalosa, pero sin que su sonrojo bajara. La proximidad las tenía nerviosas. 

 

Llegaron hasta un santuario, varios metros adelante, el cual estaba techado y cubría unas estatuas de piedra además del altar de ofrendas. El cielo comenzó a nublarse durante su corta caminata y las nubes habían ocultado la luz del sol oscureciendo el ambiente. 

 

Al acercarse y mirar con más detenimiento, después de poner a salvo a Rinko, Sayo se dio cuenta que el monumento de piedra representaba una figura que había perdido buena parte de su forma y que, delante de ella, estaba otra estatua de piedra que había sido quebrada por la mitad y cuyos pedazos estaban esparcidos por el suelo. El techo y la estructura que cubría las estatuas no se veía tan viejo, aunque había sido hecho de la forma tradicional. No había luz eléctrica, sólo la tenue luz de unas velas en el altar. 

 

—La gente de los pueblos cercanos viendo la prosperidad del pueblo de la doncella denunciaron a los dioses el evidente favoritismo por encima del resto. Sin embargo los dioses no intervinieron y eso enojó más a la gente de los pueblos alrededor. 

 

—Eso fue muy malo y perverso —Hina volvió a interrumpir—, lo que hicieron. 

 

La sacerdotisa señaló la estatua destruida indicando el porqué de su estado. 

 

—Invadieron el pueblo de la doncella, la apresaron y la lapidaron después de maltratarla —suspiró con evidente tristeza—. Incluso en los años posteriores, el templo y las imágenes de ellos dos han sido vandalizadas y tratadas del mismo modo. 

 

—¡Eso es horrible! —Rinko se tapó la boca con asombro mirando los restos de piedra—. Sólo había leído… que había muerto… y fue llevada al inframundo…

 

—Cuando el dios marcial volvió buscándola, sólo encontró los restos del pueblo y su templo destruido. Estaba furioso y en su dolor, fue tras los perpetradores y los asesinó. Es por eso que cuando pidió al dios supremo y a sus hermanos dioses le permitieran llevar a la doncella al cielo. Ellos se negaron porque la doncella había descendido al inframundo para pagar los pecados del Dios. 

 

—Y esta es mi parte favorita —con entusiasmo Hina volvió a interrumpir—. El Dios bajó al inframundo a rescatarla aún en contra de los otros dioses, pero ella había sido maldecida y cuando volvieron a la tierra, ella se convirtió en piedra en este lugar. 

 

—Destrozado como estaba, el Dios renegó de su divinidad y asumió su poder como demonio cuando algunos dioses enviados por el Dios supremo bajaron al mundo para castigarlo. Él luchó contra ellos, pero no pudo evitar que destruyeran la piedra en la que la doncella se había convertido. Cegado en su furia, subió al cielo para acabar con los demás dioses que lo habían castigado así. 

 

—Creo que el Dios hizo mal —reflexionó Sayo, aun con la pena de que algo así haya sucedido realmente. 

 

—Tal vez, pero eso lo hace atractivo. Ir al inframundo y enfrentarte a los Dioses por tu amor. Eso lo ha vuelto popular —Hina dijo como si aquello fuera una hazaña. 

 

—Si —Maya mostró un amuleto del templo—, ahora es el Dios del amor prohibido, no correspondido o imposible. 

 

Sayo alzó las cejas. 

 

—Vaya —se llevó una mano a la barbilla—, sin embargo hay un problema con esa afirmación. Él no es un Dios, se convirtió en un demonio. 

 

Un estruendo en el cielo resonó con fuerza y todas las chicas gritaron. La tormenta que había nublado el cielo estaba arreciando su fuerza. 

 

Rinko se agarró con miedo de lo que tenía más cerca, que era Sayo, y bajó la cabeza cerrando los ojos con fuerza, tanto por el miedo como por la vergüenza al darse cuenta de que a quien estaba agarrando era Sayo. 

 

—¿Estás bien, Shirokane-san? —Sayo preguntó preocupada, ella también se había asustado y su corazón estaba latiendo con fuerza por ello, no por la cercanía de Rinko, o eso es lo que trataba de convencerse. 

 

—Si… creo… fue inesperado… 

 

La chica finalmente alzó la cara y Sayo se mordió la mejilla por la parte interna para no desfallecer con lo hermosa y vulnerable que se veía su compañera. Para distraerse y dejar de mirar esos ojos violetas, volteó a buscar al resto. 

 

Maya había brincado sobre Hina con el fuerte sonido y se aferraba a su hermana, mientras la sacerdotisa había ido al borde del templo para mirar el cielo. La tormenta parecía la antesala de una lucha en los cielos. 

 

—Si regresamos ahora, podremos llegar —comentó la sacerdotisa extendiendo su mano hacia afuera y algunas gotas de lluvia cayeron en su palma—, o quizás nos mojemos. 

 

—¡El equipo! —Maya gritó y salió corriendo para volver al escenario inicial sin detenerse por las demás. 

 

—¡Espera! 

 

Hina fue tras ella y sólo quedaron Rinko, Sayo y la sacerdotisa. Otro relámpago encendió el cielo y el viento apagó las velas de la ofrenda del santuario. Un escalofrío recorrió a Sayo. 

 

La sacerdotisa estaba frente a ellas, pero su rostro se había oscurecido al igual que el ambiente. Sayo alcanzó a reaccionar cuando un brilló reflejó un relámpago del cielo y se interpuso recibiendo un corte en su brazo. 

 

—¡¿Qué le sucede?! —gritó asustada protegiendo a Rinko contra su cuerpo con el otro brazo. 

 

—¡Hikawa-san! ¡Estás sangrando! —un copioso rastro de sangre había manchado el suelo y la estatua detrás de ella. 

 

—¡Está predicho el regreso del Dios demonio! —levantó la voz con fuerza y unas sombras aparecieron alrededor de ellas dos—. Debemos traerlo de vuelta. 

 

—¡¿Qué?! 

 

Antes de poder hacer otra cosa, Sayo recibió un golpe en la cabeza y perdió el conocimiento. 

 

—¡Hi… Hikawa-san, Hikawa-san! —Rinko frenética intentó despertar a Sayo, pero sólo se manchó las manos de sangre—. ¡¿Por qué hiciste esto?! ¡¿Por qué?! —le gritó a la sacerdotisa que todavía mantenía el cuchillo en su mano. 

 

Las lágrimas de desesperación y el miedo por la chica acercándose a ella la dejaron inmóvil. La sacerdotisa agarró el brazo de Rinko y la jaló para acercarla a las estatuas. Aunque se resistió, otra de las sombras que habían aparecido la sujeto y la arrastró hasta donde la sacerdotisa indicó. 

 

Colocando sus brazos y sus manos encima de la estatua de piedra rota, la sacerdotisa comenzó a hablar en una lengua antigua. Quizás un japonés muy viejo del que no distinguía las palabras. 

 

Al mismo tiempo que sucedía eso, otras sombras habían tomado a Sayo y la estaban encadenando a la estatua del Dios demonio. Los brazos abiertos de Sayo rodeaban la parte superior de la imagen de piedra. 

 

Los ojos de la sacerdotisa habían cambiado, eran como dos brazas ardientes que llameaban presas de un poder demoníaco que asustó todavía más a Rinko. Sus manos estaban amoratadas por la presión ejercida por las sombras que la mantenían sometida. 

 

El cuchillo cubierto de la sangre de Sayo, trazó un surco sobre sus antebrazos dibujando unas escarificaciones que comenzaron a sangrar copiosamente cuando se acercaron a sus muñecas y el líquido rojo baño la piedra. 

 

Rinko lloró, no solo por el dolor, sino por el miedo y el terror cuando la sacerdotisa se llenó las manos con su sangre y fue hacía Sayo para hacer las mismas heridas que le había hecho a ella. 

 

Los brazos de Sayo se llenaron de sangre y líneas corrían hacía la piedra que parecía absorber la sustancia. Las oraciones de la sacerdotisa no habían cesado, pero los sentidos de Rinko se sentían desorientados. Estaba débil, mareada. 

 

Apenas pudo ver como la sacerdotisa metia sus dedos manchados con la sangre de Rinko en la boca de Sayo y tomando la sangre de ésta, fue con Rinko para que ella también la probara. 

 

—¡Está hecho! 

 

Dijo finalmente con la tormenta y los rayos cayendo cerca. Rinko estaba rebasada por todas las emociones y se desmayó. 



-o-

 

El sonido del agua corriendo aunque relajante, lo sintió inusual. ¿Por qué estaba escuchando la caída del agua? ¿Acaso había una cascada cerca? Sintió su cuerpo adormecido y sus párpados se negaban a abrirse, pero se obligó a hacerlo. 

 

La luz del sol encandiló sus ojos violeta y tardó en acostumbrarse a los rayos cálidos del sol. Su piel sintió cosquillas y al incorporarse ligeramente se dio cuenta de que estaba sobre una espesa alfombra de pasto. A su alrededor había grandes árboles y cerca un río pasaba después de descender de algunas rocas altas en un desnivel. Ese era el sonido del agua, la pequeña cascada que caía en una poza y seguía su curso más allá. 

 

Un dolor punzante en su cabeza la golpeó y al levantar sus brazos para tallarse la sien, vio sangre seca sobre sus manos, siguiendo la línea hasta sus brazos, se dio cuenta de que su cuerpo también tenía esas manchas de sangre y se asustó. 

 

Como un aluvión, cayeron sobre ella los sucesos que habían provocado esas heridas. El dolor de cabeza se hizo más intenso, tanto que no logró recordar mucho después de que la sacerdotisa la lastimara. Volteó a mirar a todos lados, desesperada, buscando el rastro de Sayo, pero estaba sola. 

 

Unas aves se escucharon a lo lejos y algunos otros ruidos selváticos que no comprendía. Estaba desorientada, asustada y su cuerpo apenas respondía. Con dificultad se levantó y se acercó a la orilla del riachuelo hacia la poza de la cascada y mojando sus manos empezó a quitar los restos de sangre con frenesí. Quería deshacerse de esa sensación sobre su piel y de esas manchas horribles. Sólo que, al ver su reflejo en el agua, también notó que su boca estaba manchada con sangre. Fue entonces consciente del sabor terroso y ferroso en su lengua. Sus ojos se llenaron de lágrimas sin entender qué estaba pasando. 

 

—Esperaba volver antes de que despertaras. 

 

Escuchó una voz conocida y se giró esperando encontrar a Sayo, y aunque lo hizo, algo no estaba bien en esa imagen. Se quedó inmóvil, sorprendida y confundida. 

 

—Déjame ayudarte. 

 

Ella se hizo hacia atrás cuando Sayo intentó acercarse y perdiendo el suelo, cayó dentro de la poza de agua sumergiéndose por completo. 

 

Escuchó un golpe amortiguado por el agua y una figura ir hacia ella y jalarla a la superficie a pesar de que luchó por separarse. Se estaba quedando sin aire en sus pulmones y el agua estaba entrando por su boca. La figura usó su fuerza para dominarla y la llevó a la superficie donde pudo volver a respirar aire. 

 

—¿Hi… Hikawa-san? 

 

Dijo todavía luchando, pero no se sintió amenazada y poco a poco dejó de resistirse. Se retiró el agua de los ojos y miró a la persona delante de ella. Si fuera Sayo, las prótesis de los cuernos y las orejas no habrían resistido el agua. Ako era muy buena, pero esto estaba fuera de su habilidad. 

 

Asombrada se acercó llevando una de sus manos hacia los cuernos sobre la cabeza de Sayo o lo que fuera que tenía la imagen de Sayo. 

 

Eran los mismos ojos verde esmeralda enmarcados con esas pestañas y cejas características de su compañera de banda, su cabello azulado estaba ligeramente oscuro por el agua que lo había humedecido. Sus rasgos faciales eran idénticos, no es que ella los conociera a fondo, pero se había tomado su tiempo para contemplarlos mientras trabajaban juntas en el consejo estudiantil. 

 

Aún así, había algo que no encajaba. Los cuernos estaban fijos, sus dedos los habían delineado y ahora recorrían la base buscando la unión falsa, pero era como si nacieran desde su piel. Cuando Sayo sonrió, los colmillos quedaron al descubierto y no, no eran falsos. Aún así algo no estaba bien. 

 

—No eres Hikawa-san… 

 

—Ciertamente no —habló con la voz de Sayo y Rinko contuvo un grito con una de sus manos—, en este momento estoy en la transición entre el mundo espiritual donde he sido encerrada y el mundo mortal, en el cuerpo de esta persona. 

 

Jaló a Rinko a la orilla y salieron del agua. Sus ropas estaban empapadas. 

 

—¿Quién eres? —preguntó dejándose llevar de la mano hasta que sus piernas no pudieron más y se derrumbó sobre el abundante pasto. 

 

—Soy la persona que amas —dijo cuando se inclinó sobre Rinko para ayudarla y volvió a sonreír como si fuera la cosa más dulce y hermosa que Rinko jamás hubiera visto y el brillo de sus dientes perfectos reflejando la luz del sol la cegó. 

 

Rinko cerró los ojos. 




Al abrirlos de nuevo no había más bosque o río, sólo el color blanco y el verde pálido. El olor penetrante del desinfectante le hizo arrugar la nariz, pero al querer llevar su mano a ella se percató de que algo la retenía. Fue entonces que notó a su amiga, Ako estaba durmiendo a su lado sosteniendo su mano. 

 

También se dio cuenta de los vendajes que cubrían sus brazos casi por completo y de la aguja y el tubo de látex que salía hasta una bolsa con un líquido transparente sobre su cabeza. La habían canalizado con algún suero o medicamento. 

 

—Ako-chan… —movió a su amiga para que despertara—. Ako-chan… 

 

—¿Rinrin? —la chica abrió los ojos, eran evidentes las ojeras bajo estos y el cansancio en su rostro, pero aún así, al ver a su más entrañable amiga gritó de alegría—. ¡Rinrin! ¡Estás bien! ¿Estás bien?

 

—Si… creo que sí… —la consternación de la niña era evidente así que mintió un poco, todavía no estaba consciente del todo sobre su cuerpo. 

 

—¡Oh Rinrin! Estaba tan preocupada. Cuando las encontramos… todo fue tan terrible… parecía la escena de una película de terror. Ako-chan temió lo peor. 

 

La puerta se abrió y por ella entró otra de sus compañeras de banda, Yukina. Que estaba en el pasillo, pero al oír el grito de Ako fue a ver que sucedía. 

 

—¿Hi… Hikawa-san? —preguntó con cierto temor y con desesperación en sus ojos. 

 

—Sayo está… bien —dijo no muy convencida—, Lisa está con ella, igual que Hina. 

 

El dolor de cabeza le martilleó la sien y aunque quería preguntar más, no se sintió apta para continuar. Yukina se dio cuenta.

 

—Será mejor dejarla descansar —hizo la sugerencia—. Vamos Ako, busquemos a la enfermera para que puedan evaluar a Rinko. 

 

La niña no quería, pero no tuvo más remedio al ver que Rinko estaba muy cansada. El rostro demacrado y las heridas en su cuerpo le daban una imagen muy débil y delicada, pero al menos agradeció que ya hubiera despertado. 

 

Yukina habló con alguien y un par de enfermeras entraron en la habitación.