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Detrás de escena

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Minnie cerró sus ojos y se acercó a Mickey. Ella sentía como su corazón se aceleraba y cada vez se hacía más grande la certeza de que se desmayaría. Sus labios no llegaron a tocar los de Mickey, pero su nariz logró impactar contra la barbilla de Mickey.
Para Minnie esa situación no era divertida, pero eso no evitó que comenzará a reírse a carcajadas. Estaba tan avergonzada que no sabía que más hacer y su risa la delataba.
Mickey la rodeó con sus brazos. Eso la hizo calmarse un poco. Mickey siempre sabía qué hacer en momentos como ese.
—¡Corte! —gritó Alistair —, terminamos por hoy. La filmación continuará mañana al mediodía y filmaremos la primer pelea de los tres mosqueteros —el director se dirigió a Minnie —, el beso será la última escena, tendrás tiempo para prepararte para ello.
—Lo haré, lo prometo.
—Eso espero, no quisiera tener que cortar la escena del beso.
Minnie bajó la cabeza avergonzada. Alistair estaba molesto y no lo culpaba. La escena del beso era la única que les faltaba y también la que más les estaba costando. La habían repetido treinta veces, fracasando estrepitosamente en cada intento y el tiempo se agotaba. Scrooge había dejado en claro que no permitiría ni un retraso en el estreno, incluso si era de un día, alegando que eso lo haría perder dinero.
Minnie no lo entendía. Mickey era su novio y se habían besado muchas veces, pero cuando estaba frente a la cámara, se sentía nerviosa, incluso más de lo que lo había estado durante la primera cita o los segundos previos al primer beso.
Mickey sostuvo sus manos y la vio como solo un enamorado puede ver a esa persona especial.
—Descuida, Minnie, sé que podremos hacerlo. Todo saldrá bien, incluso puede que ganes un premio a mejor actriz.
—Eso espero, todos han trabajado tan duro.
—Tú también.
Mickey besó a Minnie. Fue un beso casto, lleno de ternura, amor y comprensión. Ambos permanecieron muy juntos el uno del otro por varios minutos, con sus frentes conectadas y con los ojos cerrados.
—Te amo —murmuraron al unísono.
Daisy fue la primera opción de Minnie. Su amiga tenía experiencia con escenas románticas. Ella y Donald habían participado en una versión del Arca de Noé, sido un matrimonio en un corto de seguridad y filmado la escena del beso en esa película.
—¿Has besado a alguien?
Minnie se sonrojó al escuchar esa pregunta.
—Mickey y yo somos novios...
—Me refería a besar a alguien en escena.
—No.
Daisy se mostró un tanto pensativa.
—¿Besarías a alguien más?
Minnie se sintió un tanto confundida al escuchar esas palabras. No era la primera vez que se las decían, como actriz sabía que en algún momento debería besar a otro actor y no estaba en contra de ello, era simplemente que no podía hacerlo.
—Eso explica todo. Eres una romántica empedernida.
—¿Eso es malo?
—Lo es cuando afecta nuestro trabajo. No me extrañaría que Scrooge dedplumara a Donald si tuviera que mandar a cambiar la publicidad.
—¿Cómo fue tu primer beso?
—¿Actuado o real?
—Real.
Daisy suspiró.
—No es tan romántico como podrías pensar ¿recuerdas la primera vez que Donald nos invitó a la granja de su abuela? Estaba celosa de Betty Lou y discutimos. Debí creerle cuando me dijo que solo era una amiga, pero estaba enojada y terminé besándome con el primer pato que encontré.
—¿Gladstone?
Minnie recordaba que Daisy había salido ocasionalmente con el primo de Donald y también que nunca formalizaron una relación. Minnie no recordaba que Daisy hubiera tenido otro novio aparte de Donald del mismo modo en que Goofy solo había salido con Penelope Pooch.
—Sí, él me invitó a salir y yo acepté para darle celos a Donald. Al final todo salió bien, supongo, Donald y yo hemos estado saliendo desde entonces —la expresión de Daisy se volvió triste —, esperaba poder verlo en la première, pero tío Scrooge le ha dado un trabajo. Amo lo que ser doble de acción ha hecho por él, pero me gustaría que tuviera más tiempo libre.
Minnie suspiró. Muchos decían que ella y Mickey eran la pareja más adorable, pero ella creía que lo eran Donald y Daisy. Discutían, quizás con demasiada frecuencia, Daisy solía tener citas con Gladstone, pero Minnie creía que solo lo hacía para enseñarle algo a Donald quien en ocasiones podía ser insensible e incluso algo coqueto, diría que mujeriego si no supiera que era bisexual. Pero se amaban y podía verlo por la forma en que Daisy comprendía lo ocupada que era la vida de Donald o que aceptaba tanto su mala suerte como su terrible caracter.
—¿Y tu primer beso actuado?
—En una obra de Romeo y Julieta. Donald y Gladstone compitieron por el papel, pero gracias a mí se lo dieron a Donald ¿recuerdas? Deberías besar a alguien más, ya sabes, para deshacerte de los nervios.
—No debería, Mickey es mi novio...
—Un beso no significa nada en la actuación, yo no me molesté con Donald cuando me dijo que tenía que besar a otra chica para la película en la que está por trabajar, pero terminé por aceptarlo. Yo también tengo una escena de beso que no lo involucra y sé que tendré más. Puede que tenga que hacer softporn. Escuché que harían la película de "50 shades of blue" y quiero el papel de Bella. Mi agente trabaja en ello y dijo que el papel casi es mío.
Minnie no le creía. En especial porque recordaba la discusión que tuvo con Donald la semana pasada y lo cerca que ambos estuvieron de ser vetados de ese estudio de filmación. Donald seguía interpretando a Maui Mallard, pero le dijeron que ni siquiera sus habilidades en las artes marciales podrían ayudarlo a conservar el papel si se veía involucrado en otro escándalo como ese.
—Muchos éxitos, sé que lo lograras. Pero no creo que sea tan sencillo —comentó Minnie apenada.
Daisy la besó. Fue solo un roce, pero eso bastó para dejarla sin palabras.
—¿Ves? No significa nada.
Minnie no podía decir lo mismo. Daisy no le gustaba, no de forma romántica y eso beso no lo había cambiado, pero no podía decir que le había sido indiferente sin sentir que estaba mintiendo.
Daisy volvió a besarla y en esa ocasión fue un beso más largo. También fue más intenso. Minnie casi se desmaya cuando sintió la lengua de Daisy rozando sus labios. No obstante le devolvió el beso, con un poco de menos intensidad.
—Debes relajarte, somos actrices y nuestro deber está con el personaje y la historia —le dijo Daisy ¿recuerdas nuestra promesa?
Minnie lo hacía. Años atrás, cuando ambas se habían graduado en Artes escénicas, habían hecho una promesa, convertirse en estrellas y no rendirse incluso cuando las cosas se tornaban difíciles o cuando todo parecía perdido.
—Lo hago —respondió apenada —, y no planeo rendirme, yo lo haré, Mickey y yo filmaremos la escena del beso.
—Ese es el espíritu. Confío en ti, Minnie.
Al día siguiente Minnie estaba trabajando en la filmación de la película y, en cuanto terminó, se dedicó a ensayar con Mickey. Las cosas no resultaron y la vergüenza nuevamente les haría pasar una mala pasada.
—No es la primera vez que tengo casos como este —les dijo Alistair —, normalmente les diría que tengan una cita o sexo, si es necesario, pero ustedes son novios así que creo que deberíamos probar algo diferente. Salgan con otras personas y pierdan el miedo a besar frente a las cámaras, hagan cosas atrevidas.
La filmación de Los Tres Mosqueteros fue pospuesta por una semana, algo que había molestado bastante a Scrooge y que únicamente aceptó porque era la medida que le daba menores pérdidas y Minnie decidió tomarse unas vacaciones para poner en claro sus pensamientos.
Su primer parada fue en Macaw. No era la clase de lugares que acostumbraba a visitar, pero quería hacer algo diferente y, según palabras de Daisy, Macaw parecía ser un buen lugar. Lo que no esperó fue encontrarse con Donald filmando la película de Cold Shadow.
—¿Minnie en un casino? Ahora sí que lo he visto todo.
—Lo mismo podría decirte ¿Qué haces en Macaw?
—Filmar la película de Cold Shadow. Tío Scrooge dijo que no podía pasar mucho tiempo sin hacer nada ¿puedes creerlo? ¡solo han pasado dos días desde que hice mi última escena para "Los Tres Mosqueteros".
—Busco algo que me ayude a hacer la escena del beso.
—Creí que no tendrías problemas con eso, Mickey es tu novio.
—Yo también lo pensaba, pero no puedo dejar de pensar que está mal y que un beso debería ser solo algo de los dos. Daisy dice que debería probar besar a alguien más.
—¿Qué te parece si te invito a tomar un trago?
Minnie, en un principio, creyó que había escuchado mal e incluso le pidió a Donald que repitiera su pregunta, para su desconcierto, había entendido desde el principio.
—Yo no bebo.
—No te estoy diciendo que te embriagues, solo que deberías hacer cosas que normalmente no harías, ya sabes, ser un poco más atrevida y salvaje. A Mickey le funcionó.
—¿Qué pasaría si alguien me ve? ¡La prensa me destrozaría!
Donald tomó a Minnie de la mano y la llevó a una tienda de ropa. Ambos compraron unos trajes que les ayudarían a pasar desapercibidos. Luego de ello se dirigieron a una de las mesas de apuesta. Minnie no puso resistencia, pero sí se sintió alarmada cuando su amigo le entregó unas fichas y le explicó las reglas del juego.
—No pienso apostar.
Media hora después había duplicado el dinero con el que empezó y habría ganado más de no ser porque ella y Donald fueron expulsados después de que el pato destruyera la mesa de juegos.
—¿Cómo ganaste tantos juegos?
—Me gustan las matemáticas —respondió Minnie con simpleza.
—Si sigues así podrías hacerle competencia a Gladstone.
—Mejor vamos por algo de comida, creo que ya jugué demasiado por está noche.
Ambos se dirigieron a la zona bar. Comieron grandes cantidades de snacks y, después de mucho pensarlo e insistencia de Donald, aceptó beber un trago. El sabor le desagradaba y su garganta le dolía, pero aún así quiso seguir bebiendo y los efectos no se hicieron esperar.
—Creo que ya es suficiente —le dijo Donald.
—Estoy bien y debo hacerlo por el bien de mi carrera.
—Insisto, Minnie, es peligroso, en especial para una linda señorita como tú.
Minnie estaba sonrojada. No sabía si era por el alcohol o por las palabras de Donald. No obstante tomó otra copa y la bebió de golpe.
Donald estaba por llevarse a Minnie cuando fue detenido por uno de los empleados del local. Al principio temió ser confundido con alguien de dudosas intensiones, pero luego comprobó que solo quería el dinero de las bebidas. El efecto del alcohol fue sustituido por rabia al ver todo el dinero que debía pagar.
Cuando Donald llevó a Minnie al baño del hotel lo hizo con la intensión de que se despejaral un poco, nunca esperó que las cosas terminaran de ese modo. Ella le había insistido en que lo necesitaba para terminar la película y Donald era consciente de lo que pasaría si esta no se estrenaba en la fecha que Scrooge había fijado.
—Esperaremos a mañana, hoy bebiste demasiado.
—¡No! —se quejó —. ¡Necesito ensayar los besos!
—Descuida, tenemos tiempo. Además, apuesto a que Scrooge solo me culpará a mí por el retraso.
Minnie abrazó a Donald por la espalda.
—Eso es lo que más me preocupa. Él es muy duro contigo y siempre te culpa de todo.
Donald había arropado a Minnie en la cama al lado de la suya. No creía que estuviera ebria, pero sentía que era su obligación cuidarla. Recordó cuando había ayudado a Mickey con el mismo problema, eran tan parecidos. Su amigo también bebió de más y estuvo cerca de ser secuestrado. No le preocupaba que llegara su compañero de cuarto, este había dicho que aprovecharía para visitar a su pareja.
En esa ocasión tuvieron que dormir juntos. Donald no quiso arriesgarse después de ver cómo era llevado fuera del hotel.
Al día siguiente le agradeció con un beso, asegurando que estaba listo para besar a su compañera de reparto. Mickey y Samantha pudieron hacer la escena en el primer intento y tampoco tuvieron mayores complicaciones cuando tuvieron la escena en la cama, nada explícito, pero sí muy sugerente.
Minnie se acostó en su cama en medio de la noche y lo abrazó del mismo modo en que lo había hecho Mickey en el pasado. Donald sabía que era inútil moverla, el agarre era demasiado fuerte.
Minnie no sabía si estaba ebria, nunca lo había estado así que no reconocía la sensación. Su cabeza le dolía y sentía como si tuviera una piedra en su interior. Estaba mareada y sentía un fuerte rechazo a razonar.
Donald la había arropado y ella no podía dormir. Una parte de ella le reclamaba por los fallos en la escena del beso, otra se preguntaba cómo se sentiría besar a Donald y ese pensamiento era el que más remordimiento le provocaba. No estaba enamorada de Donald, eso lo sabía, pero le era inevitable pensar en...cosas.
Al final terminó cediendo a sus impulsos y se cambió a la cama de Donald. Lo abrazó y se dijo que era una buena idea. Donald era más suave y cálido que las sábanas y las almohadas del hotel.
Donald se volteó y la apoyó sobre su regazo del mismo modo en que solía hacerlo con Della cuando tenía pesadillas o con Scrooge cuando estaban en medio de una aventura. Su tío solía hacerlos acampar en medio de la nada y dormir de ese modo hacía que los tres pudieran mantenerse cálidos.
Minnie se quedó dormida poco después y cuando se levantó, era más de mediodía.
Donald no estaba. En su lugar había una nota y una bandeja con el desayuno.
Minnie se tomó su tiempo para desayunar. Sabía que debía volver al estudio, pero también estaba segura de que no podría irse sin besar a Donald. Esa sería la prueba definitiva de que podría hacer la escena que faltaba.
Las cosas no resultaron como esperaba. Minnie logró besar a Donald. Fue ella quien tomó la iniciativa y también la que dio el último paso. El problema fue que ella no se conformó solo con un beso. Los besos eran intensos, acompañados de caricias furtivas. Minnie sentía mucho calor y sabía que no podía culpar al alcohol o a su trabajo por lo que iba a pasar. Tampoco es que le importara demasiado. Donald estaba mordisqueando su mandíbula y ella quería llevar las cosas hasta el final.
Minnie deshizo los primeros botones con calma, pero la perdió cuando vio las plumas de Donald. Las acarició, comprobando lo suaves que eran.
—Minnie —le dijo Donald —, ¿estás segura? Porque después de esto no habrá marcha atrás.
Minnie lo calló con un beso. Estaba actuando de manera impulsiva, lo sabía y lo gustaba. Tiempo después se sentiría como una mala persona, pero no en ese momento. En ese momento todo lo que podía pensar era en lo mucho que lo deseaba.
Ella se tomó un tiempo para observar el cuerpo desnudo de Donald. Tenía varios músculos, necesarios para interpretar a Cold Shadow, producto de su trabajo como doble de acción y las aventuras que tenía con Scrooge y Della. Pasó sus dedos por su abdomen, disfrutando del tacto.
Pronto ambos se encontraban en igualdad de condiciones, fundidos en un nuevo beso, más intenso que el anterior. Minnie podía sentir una humedad extenderse en su centro y la urgente necesidad por tenerlo dentro.
—¿Estás segura?
Minnie asintió. Deseaba hacerlo y la película, hacía mucho había dejado de ser su motivación. Todo su cuerpo ardía en deseo, anhelo por llegar hasta el final.
—Me voy a enojar si sigues preguntando. Quiero que me folleto ¿es muy difícil de entender?
—He creado un monstruo —Donald pretendió estar horrorizado y ella río divertida.
—Quiero comer del fruto prohibido —Minnie unió sus caderas a la de Donald, sintiendo como sus sexos se rozaban. Comenzó a moverse, disfrutando del contacto y deseando más.
Donald lamió su pico y descendió hasta la entrepierna de Minnie.
—Mis dedos o mi boca ¿qué prefieres?
—¿Eh? —Minnie no supo qué decir, no entendía a que se refería Donald con esa pregunta.
Todo cobró sentido cuando besó su botón. Gimió con fuerza, sorprendida y un tanto avergonzada. Ella sabía lo que era el sexo oral, pero siempre le había parecido sucio y algo que no quería probar. En ese momento se arrepentía por haberse negado esa experiencia. Ella tuvo su primer orgasmo y a ese le siguieron varios.
—Se... se siente tan bien.
Los dedos de Minnie se enterraron en los hombros de Donald. Su cuerpo estaba embargado por tantas emociones. Minnie no era virgen, pero se sentía como una. El cálido aliento de Donald y su lengua acariciando los labios de su sexo la estaban volviendo loca.
No hubo penetración, pero no le molestó realmente. No lo había necesitado para tocar el cielo, pero sí remordimientos. La culpa llegó poco después. Donald estaba firmando y ella decidió quedarse, incapaz de volver y pretender que nada había pasado.
—Soy una persona horrible —le dijo Minnie —.Mickey es mi novio y Daisy mi amiga.
Donald acarició su frente de forma paternal y su mirada denotaba ternura.
—No lo eres y dudo que ellos lo piensen, incluso si se enteran. Mickey y yo lo hicimos cuando debía actuar en "Hechizada" y Daisy lo hizo con Dapper cuando filmaron "Problema doble". Son gajes del oficio.
—¿No te molesta?
—Pero no tengo derecho a decir nada.
Minnie se apoyó sobre el hombro de Donald. Se sentía un poco más tranquila, pero parte de ella seguía pensando que no estaba bien.
Poder hacer la escena del beso hizo que se sintiera un poco menos culpable.