Actions

Work Header

Ladies... Start your engines.

Chapter Text

BRACKLEY, INGLATERRA.

 

Villanelle repiqueteaba su pie contra el piso lustrado. No porque estuviese nerviosa, sino por el malestar. Malestar físico y malestar psíquico por hacerla esperar.

Había llegado con su jean algo suelto, su camisa rojo oscuro casi vinotinto, su saco de abrigo negro y sus borcegos marrones Timberland.

Las oficinas de Brackley, al norte de Londres, lucían tristes. Vacías. Monocromáticas. Sus brazos estaban estirados en las sillas contiguas en la sala de espera. Cerró sus ojos y movió su cabeza hacia un lado y otro, esperando que la migraña desaparezca como por arte de magia.

Su estómago estaba prendido fuego. La acidez escalaba por su garganta trayéndole varios y cortos eructos que desprendía en silencio. Suspiró al aire una vez más, buscando una bocanada de alivio a su resaca.

Frente a ella, a dos metros detrás de un escritorio, una mujer de pelo carré ceniza tipeaba sin concentración. Sus ojos se deslizaban esporádicamente sobre el cuerpo casi derretido de Villanelle en la silla, fracasando en disimular.

La piloto lo notó y le clavó la mirada con los ojos centrecerrados.

"Oye, tú." Con cara de espanto respondió al llamado enfrentándola casi temblando. Se señaló el rostro con dudas. "Sí, tú. ¿Hay alguien más en este maldito velorio?" Los ojos rastrillaron rápidamente el ambiente en silencio y vacío. "¿Tienes algo para la resaca?"

La pregunta dejó en blanco la oficinista que solo abrió su boca sin emitir sonido. Villanelle revoleó sus ojos en disconformidad acompañado de otro suspiro. Para ella los ingleses eran todos iguales. Pálidos, secos e insípidos.

En medio de su aburrimiento siguió su propio juego.

"Oye." Buscó nuevamente la atención de la joven. Levantó su barbilla antes de preguntar. "¿Sabes quién soy?"

"No..." Vociferó por primera vez con nervios. Villanelle levantó una ceja, sin dar crédito que no la reconociera. "No bebo durante la semana. Lo lamento."

La piloto arrugó su rostro, casi incrédula.

"¿Sufres delay o un derrame cerebral?" En cuanto terminó la pregunta un eructo de mayores decibeles resonó en la sala. Tapó su rostro con sus manos y apuntó al techo gruñendo. "Puta madre, que resaca de mierda. ¡Me siento fatal!" Extendió la pronunciación de la última letra al aire con un grito.

"¿Necesitas un antiácido estomacal?"

Una tercera voz profunda, seria y armoniosa acaparó la sala. Villanelle escurrió sus manos hacia su regazo para encontrar a su derecha la mujer igual de alta que ella pero con varias décadas de más. Llevaba pelo corto, perfectamente acomodado, alhajas y lentes. Su mirada era de total atención. Torció su rostro ante la falta de respuesta.

"No. Necesito un maldito anti-vida o reiniciarme como una Playstation dos." La mujer abrió la puerta de madera, dándole paso a la oficina. Con voz ronca, Villanelle volvió a quejarse a medida que se ponía de pie. "¿No tienen aquí sillas de ruedas? Maldita sea."

Caminó arrastrando sus pies hacia ella. Cuando llegó a su lado tomó su puño derecho y lo puso frente a sus labios, intentando ahogar sin éxito un nuevo eructo. La mujer cerró la puerta tras ella.

Villanelle encontró una oficina sencilla de casi cuatro metros cuadrados. A su izquierda dos ventanas en la parte superior con unos muebles que auspiciaban de archivero por debajo. Sobre el mismo lado estaba el amplio escritorio con algunos retratos todos apuntando al dueño. En la pared opuesta otros archiveros y un celular cargándose.

La piloto notó que el ambiente carecía de oxígeno, casi pesado. Sobre uno de los muebles había un sahumerio color marrón.

La resaca de Villanelle mezclada con la falta de aire puro la molestó aún más. Sin anunciar sus movimientos tomó el incienso y lo acercó a la ventana para tirarlo. La abrió y se percató que afuera estaba lloviendo.

"¿En qué momento-?" Se preguntó a sí misma. "Oh, cierto que estamos en este país de mierda en donde el sol se va de un segundo para otro." Dijo mirando al exterior. La lluvia aumentaba su mal humor, como si fuese posible. Extendió su mano hacia afuera y el sahumerio se apagó inmediatamente.

"¿Te importaría cerrar la ventana? Está entrando agua y mojando los archivos."

"¿Tienes plantas? Puedo regártelas gratis si quieres." Villanelle abrió sus ojos mirando a la mujer parada en medio de la oficina y levantó aún más la ventana, casi de manera provocativa para que ingresara más agua.

La mujer se acercó a la silla de la visita frente al escritorio y la corrió hacia afuera.

"Siéntate."

"¿Qué necesitas Carolyn?"

Villanelle cerró la ventana y caminó por el costado de los archivos hasta llegar al celular que estaba cargándose. Lo desenchufó y conectó el suyo. 

"Ponerle un moño a nuestro acuerdo. Deja mi celular en su lugar."

"Oye, ¿Qué no te han enseñado ser solidario con la corriente eléctrica?" Villanelle vio el fondo de pantalla que tenía la imagen de Carolyn con la mujer que estaba afuera de la oficina y un hombre de pelo corto. Marcó su rostro de confusión. "Veo que te gustan jóvenes. ¿Te revuelcas con tu asistente y tu marido lo permite? Eres toda una sugar mommy."

"Es mi hija. Geraldine."

"¿Estás segura?" Abrió sus ojos y su boca en sorpresa. La morocha se sentó en su gran sillón detrás del escritorio.

"Sí. ¿Por qué lo dices?"

"No se parece en nada a ti." Se ahogó un segundo en sus pensamientos y alzó sus cejas en sorpresa, casi dándose cuenta de la verdad. "Oh, ya veo. Has rentado un útero, ¿Verdad?" Marcó una falsa lástima con su rostro. "Lamento mucho que no puedas tener hijos propios. Pero te evitarás que la piel se caiga y te cuelgue, además-"

"Siéntate." La voz salió lo suficientemente filosa como para que Villanelle haga una mueca de susto fingido.

La piloto se acercó a su silla y dejó caer su cuerpo pesadamente, suspirando con carga una vez más. Masajeó su frente con sus ojos cerrados mientras esperaba que Carolyn rompa el hielo sobre temas que, para ella, no eran en absoluto importantes. Y a la vez sí.

"¿Noche difícil?"

"Te quedas corta." Respondió sin mirarla.

"¿Sabes con qué se va la resaca?" La rubia murmuró esperando que continúe. "Con más alcohol."

"¿Tienes aquí?"

"No." Una risa con mezcla de resoplido salió de Villanelle y la miró a los ojos.

"Cierto, ¿Qué sabes tú? Probablemente lo más fuerte que has tomado es jugo de pomelo con agua finamente gasificada."

"Una noche Paul compró champagne Chablis Extra Brut para toda la comitiva. Estuve tres días con dolor de cabeza. Imperdonable."

"¿Quién carajo es Paul?" Los ojos avellana bailaron en la habitación con sofoco.

"Un hijo de puta."

"Un hijo de puta mezquino."

"Tan mezquino que es el dueño de todo esto." El comentario llamó la atención de Villanelle una vez más.

"Ya veo. Tú no eres la verdadera jefa, ¿Cierto?"

"Soy tu jefa y con eso alcanza." Dijo con ojos amenazantes. "Ahora bien. ¿Has leído el contrato?"

"Mi abogado lo ha hecho." La rubia rascó su cabeza con indiferencia. Carolyn sacó las dos carpetas, una para Villanelle y otra para la escudería Mercedes.

"Genial. No habrá mayores problemas. Firma aquí." Dijo abriendo y dejando un bolígrafo sobre la hoja.

La rubia lo tomó con indiferencia, leyó la parte final donde tenía que firmar y escribió encima de donde figuraba su nombre. Sus dedos trazaron un círculo, alrededor marcó unos rayos dibujando un sol de manera infantil. En el centro le hizo dos ojos y la boca tenía forma de 'V'.

"Ahí tienes. Soy tu esclava ahora." Repitió el proceso sobre la copia de al lado.

Carolyn miró con desaprobación el dibujo infantil, cerró una de las carpetas y se la extendió. Tocó un botón que estaba en la consola del teléfono, hablándole a su secretaria.

"Hazlo pasar, Geraldine."

Cinco segundos después la puerta se abrió con un hombre y una cámara de fotos en su pecho.

"¿Qué carajo-?" Villanelle arrugó su cara en desaprobación mirando al hombre.

"Tomaremos una foto para la prensa por tu nuevo contrato. Ven, dame la mano." Carolyn asintió al asistente que rápidamente alzó la cámara hacia ellas. Al mismo tiempo estiró su mano por encima del escritorio.

La rubia se paró algo mareada y puso su palma en la lente justo cuando se produjo el primer flash. Tocó el botón lateral y giró el objetivo, desarmando la cámara.

"Quita esta mierda de aquí."

"Es parte del protocolo de Mercedes."

"¿Qué no ves que tengo la peor resaca del milenio? ¿Te gustaría que te tome una fotografía a primera hora de la mañana con las tetas caídas?" Se acercó a la puerta, la abrió con la lente en mano y miró al fotógrafo. "¿La quieres? Pues ve a buscarla."

La lanzó brevemente al aire y eso puso en alerta al hombre. La tiró hacia afuera haciendo una parábola pronunciada, dándole tiempo para que se arroje de cabeza para tomarla. Cuando el cuerpo salió volando de la oficina cerró la puerta. Carolyn le quitó importancia a la fotografía y la observó con detalle.

"No puedo creer que tenga que venir aquí solo para hacer esto." Volvió a frotarse la frente.

"¿Tienes muchas cosas para hacer? Es principios de Enero."

"De hecho sí. Tengo que irme a Los Alpes, se me irá el avión."

"¿Puedo saber para qué?" Villanelle iba a retrucar con un comentario grosero pero Carolyn la cortó. "Recuerda que eres mi esclava. Cuida el vocabulario."

"Iré a esquiar. Tengo reservado allí." La jefa negó con su cabeza.

"No puedes." La rubia alzó una ceja. "¿Sabes lo que le ocurrió a Schumacher?" En respuesta frunció otra vez su cara, casi con miedo.

"Y creía que yo era la de las bromas pesadas. No puedes desearme eso, eres una sádica."

"No lo deseo. Sin embargo acabas de autorizarme a que te lo niegue." El dedo índice golpeó encima de la carpeta con el contrato dentro.

Antes de que Villanelle vuelva a la carga para pelear por esa cláusula Carolyn la abrió, puso sus lentes y la leyó en voz alta.

"La pilota tiene terminantemente prohibido las actividades o deportes que presenten un riesgo para su integridad física y que pongan en riesgo su participación en los entrenamientos y/o competencias oficiales así como compromisos a nivel protocolar y públicos ante diferentes medios según se requiera."

"¿Es broma? ¿Pones esa cláusula cuando me metes dentro de un habitáculo que con suerte me entra el trasero y anda a casi cuatrocientos kilómetros por hora?"

"Si no te entra el trasero ve contratando un entrenador que te haga achicarlo." Cerró la carpeta y volvió a tirarla encima de su escritorio.

"Discúlpame un momento." Villanelle se dirigió hacia su celular, tocó varias veces y se lo acercó a su oreja. A los pocos segundos contestaron la llamada. La rubia contestó cortante. "Estás despedido." Alejó el móvil y apretó la pantalla finalizando la llamada.

"¿Quién era?"

"Mi abogado." Pensó al aire un segundo. "Ahora ex."

Fue hacia ella y revisó la hoja en donde estaban las diferentes cláusulas. Rápidamente encontró en la parte baja de la tercer hoja lo que le había leído Carolyn. La acercó sobre el borde del escritorio y desde una de las puntas tiró hacia abajo. El filo de la madera actuó como regla y cortó el pedazo del papel que contenía dicha cláusula. Hizo lo mismo con la copia que tenía ella.

"Ahora sí. Mucho mejor."

Carolyn analizó bien sus palabras antes de responder.

"¿Qué lograrás con esa actitud, Villanelle?"

"Irme."

"¿A dónde?" Preguntó intrigada.

"A donde cagó el conde." Dijo riéndose. Ante la seriedad de su jefa su sonrisa se apagó de a poco. "Tú relájate, yo te haré ganar. Sólo dame un auto de la media para arriba y haré mi magia."

"Lo pones muy sencillo."

"Lo es. Este es mi pie para retirarme."

Tomó su carpeta con el contrato y desconectó su celular de la corriente. Antes de voltear desbloqueó el celular de Carolyn y lo apretó repetitivamente concentrada.

"Te quiero aquí el primero de Febrero."

"¿Para?" Sacaba su lengua con saña mientras seguía concentrada en el celular de su jefa.

"Para la pretemporada. Trajes, auto, equipo. Lo usual-"

"Sí, sí. Primero de Marzo estaré aquí."

"Febrero."

"¿Febrero? ¿Está en el contrato también?" Seguía sin levantar su mirada y de pronto, frente al móvil, se puso bizca y sacó su lengua.

"No. Son fechas estipuladas de la escudería. No lo repito. Primero de febrero, aquí, en Brackley. Fin."

"Ya. Aquí estaré. Llámame si no aparezco, a lo mejor lo olvide." Tomó el móvil y se lo tiró a Carolyn. Cuando observó el fondo de pantalla era de la cara en primer plano de Villanelle gesticulando de manera deforme.

"El primero, en el Heathrow, te esperará el transporte para que te traiga aquí, a fábrica y empecemos con el periodo de adaptación y moldeado."

La rubia tomó su carpeta marrón y alzó su mano hacia su sien, formando una venia militar. Gritó de manera estruendosa y exagerada.

"¡Sí sargento!"

Antes de que pudiera decir algo más Villanelle abrió la puerta con fuerza y salió a las zancadas. Se paró frente a Geraldine.

"¿Tienes papel higiénico?" La secretaria se quedó en su lugar temblando sin responder. La rubia golpeó su frente, recordando minutos atrás. "Cierto que tienes delay. De acuerdo. Si el avaro del jefe de tu jefa que es tu progenitora no te compra papel soft para limpiarte el culo aquí tienes." Le arrojó la carpeta marrón en el escritorio con el contrato dentro.

Buscó en su bolsillo lateral y encontró su billetera. Palpó los sobres internos del saco y encontró sus auriculares inalámbricos. Los puso y buscó en su listado general de Spotify la canción número 57.

Cuando siguió camino por el pasillo Geraldine vociferó.

"Pero... Uso bidet."

Ya en el ascensor pasó su lengua por su cicatriz a la izquierda de su arco de Cupido y marcó su característica sonrisa lateral depredadora, tirando de su otro lado del labio superior.

Al minuto de estar en la puerta de la fábrica de Mercedes-AMG Petronas Formula One Team, bajo la lluvia, el Ford Focus con la patente terminada en CWW apareció. Mientras aguardaba el vehículo se dejaba llevar por el sonido de sus auriculares y sonriendo.

Contrato de nueve millones de Euros durante un año con cláusula de prórroga a convenir con la última escudería campeona del mundo en la Fórmula Uno.

El Uber había sido pedido desde el celular de Carolyn cuando lo tomó y cambió su fondo de pantalla. Lo pagó con su tarjeta ya registrada.

Villanelle subió al Focus y, sin decir una sola palabra, se dirigió hacia el Heathrow. En pocas horas salía su vuelo a Côte d'Azur.

 

 

 

MALDIVAS.

 

"Jamás te he visto beber de esa manera." La voz de Niko irrumpió el silencio y la paz de Eve.

Estaba acostada con su bikini y sus lentes de sol en la arena fina que abrazaba una de las múltiples islas que componían la República de Maldivas. Algunos kilómetros a su derecha se encontraba el camino de madera mar adentro que daba paso a las cabañas del hotel. En su mano sostenía un coco con jugo mezclado con ron. El hombre salía del agua cristalina y caminaba hacia ella. A unos metros adentro había un pequeño carro con comida, bebida y hielo.

Le dio un nuevo sorbo a su bebida.

"Será porque este año fue duro y necesito relajarme."

"Has pagado este lugar. Solo hay dos villas ocupadas aparte de la nuestra. Casi toda la isla para nosotros en medio de las Maldivas. Si con esto no te relajas..." Niko se sentó a su lado esperando que el sol seque el agua fresca de su cuerpo.

Eve murmuró en negación.

"Yo no he pagado por esto. Mercedes ha pagado por esto." En un nuevo sorbo, la bebida crepitó dando señal de su fin.

"Mercedes, Mercedes." El hombre roló para situarse arriba de su esposa, tapándola con su cuerpo. "Hablas mucho de esa Mercedes. ¿Quién es?" El tono de burla se mezcló con besos que depositaba en el cuello de Eve.

"Es una mujer, de curvas finas y sensuales." Largó un suave gemido con risa por el mordisco debajo de su oreja. Eve giró y se sentó encima de su regazo. "De mucha potencia y llega a diecinueve mil revoluciones por minuto." Sus labios encontraron rápidamente los de Niko, profundizándolo y moviendo sus caderas. "De pelo negro brilloso. Pero se escapa rápido."

El bulto en el pantalón corto se sintió sobre la entrepierna. Eve apoyó su cabeza sobre el hombro de Niko a medida que él volvía a besar su cuello. Detrás de sus Ray Ban notó movimiento a algunos metros dentro de una casa precaria local.

"Espera. Ven."

Eve tomó a Niko de la mano y se metieron en la parte frondosa de la pequeña isla. Debajo de una palmera con algo de césped se acostó y su mirado volvió a posicionarse arriba de ella. Los besos de él bajaron por el torso. Eve cerró sus ojos, dejádose llevar. Sintió la lengua escurridiza de su marido en su oreja. El movimiento le sacó una suave risa producto de la cosquilla. El alcohol en sangre ayudaba a alimentar las terminaciones nerviosas, con su tacto en llamas.

La lengua de Niko volvió a generar cosquillas en su oreja. Una risa más prominente surgió de ella. Su marido paró su acción y miró hacia arriba, buscando el motivo por el cual su mujer se reía en la previa sexual.

"Eve." Susurró con nervios.

La mujer abrió sus ojos. Se sorprendió no ver a su marido cerca de ella. Lo encontró a la altura de su vientre. Se apoyó en sus codos y levantó su cabeza para mirarlo.

"¿Qué sucede? ¿Cómo has llegado allí si-?" Eve giró hacia la derecha, donde sentía la cosquilla en la oreja.

Los ojos de un lagarto de gran tamaño la miraban con aire curioso. Su lengua bífida volvió a salir casi saludándola.

Eve desprendió un grito aterrador en la cara del animal. Los dos se integraron sobre sus pies y corrieron de regreso al agua.

Esa misma tarde, dentro de su villa, Eve practicaba la postura del guerrero frente al sol. Repasaba una de sus clases de yoga en soledad. Para sorpresa de Niko, que la observaba a su espalda, el cuerpo de su mujer se movía para un lado y otro. Claramente sin concentración. La piloto lo notó y se paró sobre ambos pies. Largó un suspiro de frustración.

"¿Qué te ha dicho Bill?" Comenzó el hombre.

"¿Cómo sabes que hablé con él?"

"Lo he escuchado. Y te has comportado raro todo el día desde que te llamó esta mañana. Has bebido alcohol en demasía, miras con ansias tu computadora con ganas de entrar en internet y te noto más nerviosa de lo normal." Eve se dejó caer en el sillón más cercano.

Niko leyó su postura corporal. Se acercó al refrigerador y sacó una lata de cerveza. Volvió a ella y se sentó a su lado.

"Me ha dicho de que han cerrado contrato con la nueva piloto."

"¿Quién es?" Dijo dándole la bebida.

"De la Fórmula dos. No la conozco. Solo he escuchado al pasar."

En un banco de silencio, el aire se cargó de tensión.

"¿Continuarás luego de éste año?"

"No lo sé."

"¿Aún quieres que formemos una familia?" Presionó.

"Sí. Ya lo hemos hablado. Déjame ver cómo me siento a mitad de la temporada."

"Hace dos años me dices lo mismo."

"Y he sido campeona los dos años. No renuevo mi contrato por amor al arte. Sé perfectamente que puedo morir en la primer curva." Sentenció.

Niko se levantó de su lado y se dirigió al deck que daba a la piscina y al mar de Laquedivas, mirando el horizonte. Eve lo miró desde su posición, a dos metros.

"Discúlpame. No quise ser grosera."

"Tú no sabes el miedo que tengo todos los días, Eve." La voz salió baja y quebradiza. "¿Acaso no te gusta esta vida?" Volteó con sus brazos abiertos, mostrando su alrededor. "Allí, criando nuestros hijos. Tenemos dinero, tenemos tiempo y sé perfectamente que seremos hermosos padres. No quiero mirar una pantalla en nuestro hogar implorando una y otra vez que vuelvas sana y salva."

Las palabras de Niko hicieron que Eve entierre su rostro en las rodillas dobladas frente a ella. Con algo más de aire contemplativo volvió a sentarse a su lado.

"Tienes treinta y siete años. Eres la mujer más rápida que existe en este mundo detrás de un volante. Lo has demostrado ya cuatro veces. Año tras año. Ganando y perdiendo. Dejando a un lado familia y amigos y priorizando la gloria. Ya sé que tendré otro nuevo año con mi mujer viajando de aquí para allá, subiendo y bajando de aviones. Y tú no sabes lo mucho que ansío esto para nosotros. No podemos dejar pasar mucho más tiempo si queremos ser padres, cariño."

"Lo sé. Tienes razón." Niko besó la cabeza de su mujer y la abrazó. "No quiero arruinar nuestras vacaciones. Sé lo mucho que esperamos esto durante todo el año."

"Debes ser feliz. ¿Qué te gustaría hacer?"

Los ojos de Eve chocaron con los de Niko y luego se escurrieron a su computadora en la mesa. Su marido le sonrió con complicidad.

"Oye, yo también quiero conocerla."

Los dos se sentaron frente a la laptop y buscaron el nombre. Una mujer rubia casi miel de ojos claros los recibió. Niko marcó su sorpresa con una risa por detrás.

"¿Qué dices?" Preguntó su esposa.

"Luce ruda." Su rostro se tiñó de confusión. "¿No es ella la que debía estar en Ginebra y no se presentó?"

"Exacto. Una mal educada."

"No te anticipes Eve." Regañó Niko. "No sabes que le pudo haber ocurrido." El hombre volvió corriendo la pantalla y abrió una foto en primer plano de ella.

"¿Qué observas? ¿Te gusta?" Insinuó Eve.

"Es bella, no voy a negártelo. Me pregunto qué le habrá ocurrido en su boca." Señaló con su dedo sobre el perfil izquierdo del rostro de Villanelle la cicatriz que nacía desde sus labios hasta la mitad de su boso.

"Le preguntaré en unas semanas, casanova." Los dedos de la morocha cerraron la computadora de un golpe. Le robó un beso rápido. "Vamos a cenar."

 

 

 

"¿Estaba soleado en las Maldivas, huh?"

Bill observaba con atención el bronceado en la piel de Eve. Ambos caminaban a la par por los pasillos de la fábrica de Mercedes. El hombre sacó su celular y revisó su galería. De allí le mostró a Eve la foto tomada por un paparazzi en donde ella estaba sentada sobre las caderas de Niko y devorando sus labios.

La piloto paró su paso frente a él con la fotografía en su celular y frunció su cara en bronca.

"Déjame leerte el título." Aclaró su garganta antes de proseguir. "Polastri sobrecalienta su motor en las playas de las Maldivas."

"¿Sabes cuántos abogados tengo en este preciso momento denunciando a The sun?" Eve mostró el dorso su mano derecha con los cinco dedos extendidos. "¿Y sabes cuántos te pondré a ti si sigues consumiendo de mi intimidad?" En consecuencia cerró todos menos el dedo medio exponiéndolo, también, como insulto. Bill rió.

"Me divierten. Es imposible no consumirlos."

"¡Eres mi ingeniero de pista! Confío más en ti que en..." Ante el silencio el hombre alzó sus cejas tupidas.

"Ahora veo porque Niko me desprecia."

"No te desprecia, sólo..." Eve empezó a caminar nuevamente por el pasillo. "Le resulta algo incómodo tu voz relajada y sensual durante nuestras comunicaciones de radio."

"Veo que he sido tema de conversación en sus vacaciones calientes en las Maldivas." La piloto revoleó sus ojos ante el comentario y decidió cambiar la dirección de la conversación.

"Debes llevar a Keiko allí. Es perfecto."

"Claro. Te dejaré con mi hija durante dos semanas así tengo más sexo con ella y tengo otro hijo más a mis cincuenta y seis años. ¿Qué dices?"

"¡Vamos! Lara se porta genial. Niko estaría más que encantado. Ama los niños."

"Te encuentras muy romántica. ¿Estás embarazada? ¿Han tenido mucha acción en las vacaciones?"

"Ya te he dicho que no hablaré sobre ello contigo. No lo repito más." Bill soltó una carcajada en medio de su paseo.

"¿Nerviosa de conocer tu nueva compañera de equipo?"

"¿Qué tal ella?" Retrucó.

"No la he visto. Hoy la conoceremos ambos."

Se miraron un por instante y luego hablaron al mismo tiempo.

"Si Carolyn lo permite."

Eve pasó todo el día probando su overall nuevo y más liviano, ahorrando peso en el monoplaza. Por la tarde pasó tiempo con Bill ultimando detalles sobre el nuevo y aún secreto Mercedes W12, el diseño de vehículo asignado para la nueva temporada de Fórmula uno. A lo largo del año anterior Eve se había consagrado campeona con el W11. El nuevo tenía mejoras aerodinámicas y avances en el motor.

Por la tarde casi noche Carolyn se aproximó a los dos grupos de mecánicos. Bill y Eve se analizaban el alerón delantero del automóvil. En la otra punta del salón Kenny estaba parado al lado del monoplaza, nervioso.

"¿Dónde está?" Preguntó su madre.

"No ha llegado."

"Kenny le he dicho específicamente que estuviese aquí el primero de Febrero. ¿La has llamado?" El hombre negó. "Pues ponte manos a la obra y ten en cuenta lo siguiente: Ella no es Elena. Eres su ingeniero. ¡Llámala ahora!"

Carolyn se quedó frente a él. Kenny sacó su móvil para marcar el número de su piloto. Se quedó con el dispositivo en la oreja, con sus ojos revoloteando por el taller impoluto, esperando que contesten. Luego de varios tonos la llamada se cortó sola.

"No responde." Dijo por lo bajo, nervioso.

"Pues inténtalo nuevamente." La voz de Carolyn salió lo suficientemente cortante como para que su hijo remarcara.

 

 

 

MAR MEDITARRÁNEO.

 

El sonido polifónico era irritante. Los últimos rastros de sol se mezclaban con la temperatura baja del invierno Europeo.

Villanelle abría pesadamente sus párpados a raíz del sonido de su celular. Era la única molestia más allá del suave golpeteo del mar contra la base del pequeño bote. Su vista se encontraba en negro hasta que sus manos palparon en su cara la gorra de Capitán Marinero de su embarcación. Ante el grueso caudal de luz cerró con fuerza sus ojos.

"¡Oh! ¡Mierda!" El sonido aún resonaba en el silencio del mar.

Aturdida por el dolor de cabeza, cayó desde los pequeños asientos hacia el piso de madera. Gruñó por el golpe. Gateando se dirigió a la popa donde, sin barrera de contención, tenía acceso directo al agua. Estiró su mano hacia abajo juntando algo de líquido y lo llevó a la cara, intentando torpemente de despabilarse. El sonido del celular cesó y le sacó un gemido de alivio.

"Gracias a Dios y la Virgen." Su voz se notaba cansada. Frente a ella, algunos kilómetros adelante en pequeña escala, estaba la costa de Mónaco.

Volteó su cuerpo para mirar el cielo celeste con alguna nube estancada. Revisó su cuerpo que llevaba una camiseta manga larga y un jean con los pies descubiertos y fríos. Cerró sus ojos buscando recordar que había ocurrido el día anterior como para acabar allí, arriba de su pequeño bote, lejos de su residencia.

En medio de su esfuerzo mental el sonido polifónico volvió a sonar.

"Carajo." Se levantó entre mareos y el vaivén de la embarcación producto de las olas. Algo aturdida buscó entre los recovecos del bote su celular. Los sillones, el piso, algunas y pequeñas compuertas. Nada. "¿¡Dónde mierda te encuentras!?"

Cuando se paró, su cabeza golpeó contra la lona que cubría lo poco e indispensable. En el contacto sintió su teléfono móvil. Se retiró unos pasos, lo sacó de arriba de la lona y atendió.

"Espero que esto sea algo bueno."

"¿Villanelle?"

"Lo pronuncias como la mierda. Es Villanelle." La entonación fue más delicada, con algunas notas de francés. Su cuerpo se desplomó en los pequeños asientos.

"Villanelle." Repitió forzado. "Soy Kenneth, de Mercedes."

"¡Oh! Creí que eras algún actor de doblaje de dibujos animados."

"¿Por qué lo dices?"

"Por la voz de pendejo que tienes. ¿Eres el de seguridad?"

"No."

"¿El que atiende el bufé?"

"No. Soy tu nuevo ingeniero de pista." Villanelle marcó sorpresa con su rostro sin alzar su voz.

"¡Claro! Hola capitán. Dime, ¿En qué te puedo ayudar? Estoy con un asunto aquí." Miró a su alrededor, en medio del mar.

"¿Has tenido alguna demora con el transporte? Te estamos esperando aquí en Brackley para los ensayos."

Villanelle se quedó en blanco. Alejó su celular y vio en la pantalla la hora y la fecha: 18:30 horas, primero de Febrero. Movió sus labios sin vociferar, desesperada.

"¡Mierda!"

"¿Villanelle? ¿Puedes oírme?"

"¡Sí! ¡Sí!" Revolvió a su alrededor buscando llegar al timonel. Sobraban las botellas de vodka y latas de cerveza vacías. "¡Lo lamento! No creerás lo que me ocurrió."

"¿Te encuentras bien?"

"No tanto. Ha habido una fuerte nevada y no están saliendo los vuelos. No sé si llegaré hoy. Estoy haciendo lo imposible."

Giró la llave del barco poniéndolo en contacto. Lo torció otro poco y el motor carraspeó amagando a arrancar pero sin éxito. Volvió a intentarlo con el mismo resultado. Cuando lo puso en contacto el medidor de gasolina estaba posado en la "E".

"¡No!" Gritó desesperada.

"¿Villanelle? ¿Segura te encuentras bien?"

"¡Sí! Sólo acaban de confirmar que el vuelo no saldrá." Apretó dos dedos sobre el puente de su nariz, buscando calmarse y solucionar un problema a la vez. "Oye, pendejo, te llamaré luego. Necesito averiguar que horario de salida de vuelo me dan para mañana. Adiós."

"¿Puedo ayud-?"

La rubia miró el celular y apretó el cerrar llamada antes de que las cosas se compliquen aún más. Rastrilló su cabello en busca de una solución a su pequeño bote. Revisó todas sus compuertas en busca de algún vestigio de gasolina.

Cuando sus esperanzas se estaban eclipsando encontró medio bidón debajo del timonel. Gritó de júbilo ante la sorpresa. Lo vertió todo y esa vez el motor arrancó.

Calzó el gorro marinero con el bordado dorado de "Captain" en la frente y buscó en sus bolsillos sus auriculares. Los conectó y, cuando quería dirigirse al reproductor de música, encontró varios mensajes del día. Todos provenían del mismo número sin registrar.

"¿Dónde te has ido? "

"¿Te encuentras bien? Me desperté a las 4 y ya no estabas."

"Conociéndote seguro tuviste alguna urgencia. Te extraño. La pasé bien."

"¿Podrás volver esta noche, piloto? Necesito repetir lo de ayer."

Villanelle abrió el último mensaje con la imagen enviada hacía pocos minutos atrás. La mujer estaba inclinada a la cámara del celular, mostrando su escote con su camiseta manga larga blanca sin corpiño. Pronunciando sus labios carnosos y su pelo morocho suelto. La rubia sonrió con picardía ante la fotografía.

Negó con su cabeza, abrió opciones y bloqueó su número para no recibir mensajes o llamadas. Volvió al reproductor y activó la canción número 122 a máximo volumen para que supere el rugido del motor Yamaha. Agradecía que, pese a estar algunos kilómetros sobre la costa, su celular aún recibiera señal para llamadas o mensajes.

Antes de apagar la pantalla miró su imagen principal detrás del menú con amor.

"Te amo. Falta poco." Le dio un beso y lo guardó.

Aparcó en su lugar rentado, quitó la llave y antes de andar por el deck del muelle quitó el gorro y lo revoleó dentro de la pequeña cabina abierta.

Esa noche tomó su maleta más grande y la llenó de ropa que sentía que era imprescindible. No sabía cuánto podría durar su estadía en Inglaterra. Buscó rápidamente en internet el vuelo más reciente a Londres y sacó un pasaje. Vertió una máxima cantidad de comida y agua en el comedero antes de tomar una ducha e irse a dormir.

El avión decendió en el Heathrow antes de las ocho de la mañana. Los ojos avellana buscaron su nombre en algun cartel en la zona de 'arribos' pero no encontró ninguna señal de la escudería. Gruñó en disconformidad.

Por su apuro evitó pedir un UBER y subió su maleta al primer taxi negro que vio.

"A Brackley. Aprieta el acelerador hasta que se te acalambre el pie, anciano."

"Excuse me, miss?" El acento hizo que Villanelle se tomara la frente con fuerza y susurró para ella misma.

"Qué manera de romperme las pelotas estos ingleses y su formalismo." Levantó su vista detrás de sus clásicos lentes Randolph Engineering Aviator gold. "To Brackley, Mercedes AMG Formula One headquearters. Come on! Quick!" Respondió con acento pastoso.

El hombre se quedó quieto y luego de unos segundos volteó para mirarla a los ojos. Villanelle hizo gestos para que arrancara de una vez.

"Where is that?"

El hombre era mayor de sesenta años y tenía un audífono en su oreja.

 

Eve ingresó al estacionamiento a bordo de su Mercedes EQC nuevo. Estacionó en reversa para facilitar su salida al finalizar el día. Para sorpresa de ella una leve cortina de agua nieve llegaba a Brackley. Se tomaba esos segundos para hacer un análisis. Su edad, su trayectoria, su vida. Su cuerpo pesaba y tal vez era el primer indicio de ponerle un freno vida como deportista y tomarse ciertos lujos.

Eso no la desanimaba, por el contrario, le gustaba la débil nieve que podía acumularse en la fábrica de Mercedes. Con éste ya era su séptimo año en la escudería alemana.

Se abrigó con su saco, su gorro, su bufanda y tomó su bolso antes de salir caminando por la acera, bordeando algunos vehículos hacia la entrada principal de la fábrica. El sonido de una puerta de automóvil abriéndose a su izquierda le llamó la atención.

"¡Hey! Espera."

Eve reconoció rápidamente el cabello rubio liso y brillante. La mujer salió trastabillando del asiento posterior y la morocha le regaló una expresión incrédula ante su caminar destartalado. Se acomodó y buscó sus ojos de frente detrás del cristal de sus lentes. Villanelle se sorprendió de encontrarse con rasgos asiáticos.

"¡Oh!" Eve no respondió ante su sorpresa y esperó a que se explicara. La rubia balbuceó pensando a toda máquina. "¿Cómo era?" Susurró para sí. "¡Ya me acordé!"

Puso sus brazos al costado de su cuerpo y se inclinó hacia el frente, marcando un clásico saludo oriental.

"Konichiwa." Eve se quedó aún más aturdida ante el acento torpe. "Oye, ¿Hablas mi idioma? Falté el resto de las clases de japonés." La única respuesta que obtuvo fue un parpadeo rápido y confuso. "¿Acaso todos aquí tienen delay?"

"Sí." Tartamudeó. Sacudió su cabeza intentando concentrarse. "Quiero decir, no. Pero sí, hablo tu mismo idioma."

"¡Genial! Mira, este imbécil no tiene para que le pague con tarjeta de crédito. Es un maldito dinosaurio atrás de un volante." Eve se movió apenas para encontrar un hombre mayor manejando el típico taxi negro londinense.

"No debe saber usar el dispositivo. Todos los taxis tienen para pagar con tarjeta."

"¡Exacto!" Con el dorso de la mano Villanelle golpeó fuerte el hombro de la mujer que abrió sus ojos ante el dolor ocasionado. "Me obliga a pagarle en efectivo y solo tengo algunos euros. ¿Tienes tú libras esterlinas?"

Las cejas de Eve se levantaron sin dar crédito a lo escuchado.

"Seguro. ¿Cuánto es?"

"No sé si tu sueldo de traductora alcanza pero son mil libras." La morocha se quedó en estado catatónico sin dar crédito a ninguna parte de la frase.

"¿Qué?"

"¿Mil libras? ¿En efectivo? ¿Ahora?" Villanelle esperó alguna clase de respuesta pero no la hubo. Pasó su mano delante de los ojos orientales. "¿Te encuentras bien?"

"Sí." Dijo con nerviosismo. Se activó y buscó en su bolso su billetera. Sacó casi todo el dinero en efectivo con el que contaba y se lo tendió.

"Eres mi salvación."

Desapareció para tirarle las libras por la ventanilla al hombre. Tomó su mochila y su maleta del baúl. Empezó a caminar hacia el edificio y se acordó de la mujer con rasgos orientales.

"¡Arigato traductora! ¡Dile a mi jefa Carolyn que te lo devuelva por mí!" Le gritó sin cortar su paso hacia el edificio nuevo.

Eve suspiró. No daba crédito a lo ocurrido y probablemente Bill no le creería.

Así de extraño había sido su primer contacto con su nueva compañera de escudería.

Chapter Text

Aquella entrada no era la misma que había transitado Villanelle en su primera visita a Brackley. Las oficinas estaban en el edificio contiguo. Pero allí, justo allí, era el corazón de la victoria. La auténtica fábrica de Mercedes AMG Petronas Fórmula Uno.

Los ojos avellana escanearon el hall principal con detalle. El color brillaba con un dejo de fascinación.

Frente a ella, bajo un combinado de blanco, negro y calypso, la estrella de Mercedes brillaba impoluta dando la bienvenida a quién entrase.

Rió en silencio y con saña, pasando la lengua por la cicatriz de su labio y luego rastrillándola con sus dientes.

"Hogar, dulce hogar." Inspiró fuerte por la nariz con sus ojos cerrados, dejándose llevar por el aroma suave del lugar. "Hay olor a poder."

"Willkommen Fräulein. Womit kann ich Ihnen behilflich sein?" Villanelle giró hacia la voz a su derecha. Allí, detrás del escritorio, estaba una secretaria de casi cinco décadas.

"Y también hay olor a que estos alemanes de mierda van a restructurar mi himen con sus reglas." Quitó sus lentes antes de hablarle pero la cara de sorpresa de la secretaria al ver su rostro la hizo callar.

"Oh mein Gott!"

"Bueno, no estás muy lejos." Alzó su voz para que la escuchara y la secretaria sonrió ampliamente. "Podría ser tu Dios..." Titubeó acercándose para leer la chapa dorada en su pecho. "Rosie."

Fingió una sonrisa con algo de asco ante el patético nombre.

"Schön, Sie hier zu sehen!"

"Oye, para ya." La secretaria no se sintió intimidada por el mal humor o el tono de voz.

"Es ist okay, Rosie. Erschrecke sie nicht. Unser neuer Fahrer ist da."

Villanelle volteó otro poco hacia el acento alemán perfecto solo para encontrar a Eve entrando por la puerta principal.

"¡Traductora! ¡Justo a tiempo! Dígale que ya pare. Es molesto."

"¿No hablas alemán?"

"Sí, pero prefiero que tú hagas tu trabajo." El comentario molestó a Eve mientras Rosie a su lado empezaba a vibrar de la emoción.

"Oh mein Gott. Oh mein Gott! Ich wünsche dir viel Glück!"

"Danke Rosie. Echt nett von dir." La voz calma de Eve llamaba la atención de la rubia.

El rostro de Villanelle se tiño de confusión ante la morocha frente a ella, intentando percatarse quién era. De un segundo a otro abrió sus ojos en sorpresa, reconociéndola.

"¡Ya sé quien eres!" La rubia la apuntó con el dedo y Eve sonrió con algo de gracia y cálida. "¡Eres mi nueva asistente!"

La sonrisa se borró llevando a un rostro de cansancio. Se quitó el gorro dejando mostrar su melena.

"No, Villanelle. No soy tu asistente." En un nuevo cruce de miradas la joven piloto se quedó anonadada observando la melena desordenada de Eve. "Mi nombre es Eve Polastri, piloto de Mercedes. Seremos compañeras de equipo."

Estiró su mano al frente a modo de saludo pero Villanelle quedó estancada en su pelo. Parpadeó varias veces saliendo del trance y estiró la suya apretándola.

"Un placer." El tono había bajado rozando la decepción.

El contacto para Eve fue algo atípico y lo revisó brevemente con sus ojos. La mano derecha de Villanelle era casi sedosa al contacto. Cuando volvió hacia ella seguía con la vista fija en su melena.

"¿Ocurre algo? ¿Hay algo mal con mi cabello?" Las manos de Eve rastrillaron los prominentes rulos en busca de algo inusual.

"No, yo solo-" Eve volvió a mirarla con gracia. Le agradaba cuando la gente se llevaba sorpresa de no conocerla y toparse con una buena piloto mujer.

"¿Qué?"

"Nada importante. Me estaba preguntando como haces para ponerte casco con tanto cabello y tan tupido. ¿Usas tamaño especial? ¿Extra extra large? ¿Cómo lo haces?" Eve bajó su mirada al suelo, pensando si realmente esto era una broma o se había perdido alguna parte de la historia.

Un resoplido cortó el silencio tenso.

"Veo que no necesitan introducción. Perfecto."

A paso seguro Carolyn se aproximó a ellas con su traje beige y su camisa de seda blanca debajo. Detrás había un hombre de pelo corto y joven. La mujer examinó a Villanelle de forma filosa.

"¿Problemas con los vuelos?"

"Sí, las nevadas-"

"No hay tiempo que perder. Cada día vale oro. Te presento a Kenny. Kenny, ella es Villanelle." Se extendieron las manos.

"Oh, tú eres su hijo." Recordó el fondo de pantalla del celular de Carolyn.

"Un placer conocerte. Bienvenida a Mer-" La rubia marcó su disgusto con la cara.

"¿Cuánto años tienes? ¿Diez?" El hombre empezó a ponerse nervioso por su brusquedad.

"No, veintiocho."

"¿Él es mi asistente?"

"Define asistente." Respondió Carolyn.

"El que me lleve el agua. Abra puertas. Sostenga el micrófono. Tenga sexo conmigo." El hombre empalideció aún más por el tono serio de la piloto. Eve rió en voz alta, entrando en la broma.

"No tenemos esa clase de personal en nuestra escudería. El será tu ingeniero de pista y está comprometido, lamentablemente. Así que nada de sexo." Villanelle frunció su cara con un dejo de aburrimiento. Le dio otro rápido reconocimiento de pies a cabeza.

"¿Con que... eres mi ingeniero de pista?" Le preguntó y Kenny se puso bien firme.

"Sí."

"¿Tienes pelos en los huevos siquiera?"

"Sí." Carolyn lo miró con desaprobación por haber respondido.

"¿Te los depilas?" El hombre dudó pero no respondió. "El que calla, otorga. ¿Harás todo lo que te pida en la carrera?"

"Lo que sea para tener el primer puesto."

"¿Me harás ganar?"

"Lo intentaré."

"Intentar lleva al fracaso. ¿¡Me harás ganar!?" El grito asustó a todos alrededor.

"¡Sí!"

"¡Muy bien!" Exclamó en su cara. "¡Ahora toma mi maldita valija y vamos a ver esa mierda con motor, asistente!"

"¡Sí!"

Colocó de nuevo sus lentes y caminó hacia dentro de la fábrica, obviando a las otras dos mujeres que se quedaron paradas una al lado de la otra. Miraban a los dos yéndose, gritando con fuerza y dándose ánimos. Eve rascaba su barbilla, pensando.

"¿Interesante?" Preguntó Carolyn.

"No típica."

"¿Te debe dinero ya?" La piloto la buscó con los ojos, alarmada.

"¿Cómo lo sabes?"

"Típico."

Eve resopló volviendo a buscar a varios metros a Villanelle que entraba por un pasillo y desaparecía de su vista.

"¿Tienes los planos?" Insistió la jefa.

"Sí, pero no estoy muy satisfecha. Hoy lo revisaré nuevamente con Bill y los otros ingenieros."

"Debemos apurarnos. El catorce de Febrero haremos la presentación oficial. Ya lo comunicamos a la FIA."

"¿El catorce? Es San Valentín." La mujer alta meneó sus hombros, algo descolocada.

"¿Y? También es el aniversario de la muerte de la oveja Dolly, Eve." Sin esperar respuesta, Carolyn se alejó dirigiéndose hacia el taller.

Eve se afligió rápidamente. Suspiró y siguió la estela de su directora ejecutiva.

 

 

 

"¿Dónde están las cajas de zapatos moldeadas?"

"¿Disculpa? ¿A qué te refieres?" Villanelle se quitó un chaqueta y sus lentes.

Los dos estaban dentro de una habitación con algunas comodidades como una especie de camilla, guardarropas, frigobar, escritorio y baño.

"A los ataúdes híbridos." Con las manos en su cadera con sus jeans contorneados a sus piernas, sus borcegos Timberland y su camiseta verde la rubia miraba a su ingeniero. "Los autos, imbécil. Los autos. ¿Dónde están?"

"Ahora iremos. Primero tenemos otras prioridades."

"¿Qué es más prioritario que manejar?"

"Tienes que vestirte." El ingeniero se apuntó al pecho con la camisa blanca de Mercedes con los sponsors. Villanelle marcó una 'O' con sus labios alzando las cejas.

"Soy talle Medium. Noventa, sesenta, noventa y toda esa mierda. Nunca me medí, dame una camisa y ya. Algo cómodo."

"No puedes ser talle Medium." Villanelle lo miró con atención esperando que se explique con un dejo de bronca. Kenny carraspeó. "¿Cuánto mides?"

"Un metro setenta y tres."

"Debes pesar alrededor de cincuenta y ocho kilos. ¿Cuánto pesas?" La rubia miró al techo, pensando.

"Sesenta y cinco. Creo. No recuerdo."

"¿¡Qué!?" Los ojos del hombre recorrieron de arriba a abajo el cuerpo de la piloto. "Debes bajar inmediatamente de peso. ¿No has leído el contrato? Si Carolyn se-"

En un movimiento brusco Villanelle se acercó a Kenny, enroscó sus manos a la altura de su pecho en su camisa y lo arrinconó contra la pared, justo al lado del marco de la puerta aún abierta.

"Escúchame con mucha atención, maldito muñeco de torta. ¿Cómo te atreves a decirle a una mujer que debe bajar de peso? ¿Acaso no eres consciente de los miles de traumas que sufren millones y millones de chicas allí afuera? Por culpa de imbéciles como tú la vida de algunas de ellas es un verdadero infierno."

"Si fuese por mí no lo haría. Te ves sensacional, lo digo en serio. Pero está escrito en las reglas, es por el bien del auto y para tener más liviandad y más velocidad." La voz salió casi quebradiza mientras su cabeza era atrapada con la presión del cuerpo de Villanelle. Ajustó aún más su cuerpo hacia él.

"Yo no comeré apio para poder entrar en un maldito overol. Harán uno para mi cuerpo y entraré en ese cockpit. Si llego a escuchar que le dices a tu pareja o alguna otra chica que debe bajar de peso para poder hacer su trabajo te juro que serás ingeniero de pista desde la unidad de terapia intensiva. Así que ve de contratar un buen servicio de internet para poder comunicarte conmigo o buscaré a alguien más. ¿Has entendido?"

"Guten Morgen, Fräulein."

Una chica de más de treinta años se aproximó a la puerta con una cinta costurera sobre su hombro. Antes de que pudiese decir algo más, Villanelle se inclinó y le cerró la puerta de golpe brusco evitando interrupciones.

"¡Paren con el inglés! Maldita sea." Se puso apenas de puntas de pie para superar por poco la estatura de Kenny y lo apuntó con un dedo. "¿Has entendido?"

Asintió repetitivamente antes de vociferar.

"Sí."

De un sacudón lo soltó sin dejar de asesinarlo con la mirada.

"Yo te haré ganar con treinta kilos o con ciento veinte. Preocúpate por estudiar hasta cuantas toallas femeninas usan por mes el resto de las corredoras y todo lo demás déjamelo a mí." Se alejó unos centímetros para la puerta.

"Doce."

"¿Qué?" Villanelle cambió su expresión a incredulidad total volviéndose hacia él.

"Elena usa doce por mes y me ha dicho que es lo normal en una mujer por cada período. Siempre se compra un paquete de dieciséis y le sobran cuatro. Hace un tiempo le pregunté."

"¿Quién carajo-?"

"Es piloto de Ferrari. Le incorporaron este año. Tú estás ocupando su puesto aquí en Mercedes."

La rubia quedó en blanco, intentando razonar algo de toda la información y luego le sonrió con picardía.

"¿Te estás revolcando con las pilotos para conseguir información?" Hizo un sonido de sorpresa.

"No. Ella es mi prometida. Nos casaremos en pocos meses."

"Qué asco el casamiento. ¿Estás seguro que quieres hacerlo?"

"La amo."

"Y yo amo el olor a adhesivo de neopreno pero sé que esa mierda te hace mal. El amor es algo bueno pero mantén una cierta distancia antes de que te haga mierda. ¿Entiendes?" Apoyó una mano sobre su hombro, casi como si la discusión anterior no hubiese existido. "Cambiando de tema, tal vez no eres tan imbécil como creía. Increíble tu capacidad para retener información." Pensó otro poco y volvió a mirarlo con frialdad y apretó con saña su hombro. "Le llegas a contar algo de mí a tu maldita prometida y te juro que usaré tu cuerpo como barrera de contención en algún circuito."

"Estoy bajo contrato. No puedo decirle nada y ella tampoco a mí. Somos muy profesionales y nos respetamos mucho."

"Bien por ti. Ahora vamos a hacer mi ropa tamaño extra extra large como el casco de la traductora."

"¿Cuál traductora?" La rubia volteó abriendo la puerta y yéndose por el pasillo.

"La que tiene un montón de pelo. La japonesa. ¿Y tú quién eres?" La mujer con la cinta sobre su hombro la aguardaba con ojos impactados a dos metros. Se acomodó mejor sus lentes antes de hablar.

"Mi nombre es Amy. Modista de Mercedes. Necesito tomarte las medidas para el overol."

"Bien, hazlo." Levantó un brazo a noventa grados.

"Necesito que venga a mi sala, señorita Astankova." Villanelle la miró de pies a cabeza y alzó una ceja sugestivamente.

"No todas tienen el placer de tomar mis medidas y en privado. ¿Eres soltera? No me gusta arruinar matrimonios felices."

"Tengo novio." Arrugó su cara en disconformidad por la respuesta y su sexualidad.

"Villanelle, debemos ir al taller cuanto antes. Es mejor si te toma las medidas rápido, por favor." Cortó Kenny. La rubia revoleó sus ojos.

"Lo que digas, Capitán."

 

 

 

Eve pasó por el bufé, tomó algo de fruta y jugo de naranja antes de ir al taller.

"He traído las modificaciones."

"Ayer te has ido de aquí a las siete de la noche. Explícame cómo haces para conducir hasta Londres, atender a Niko, hacer nuevamente los planos, bañarte, comer, dormir, tener sexo, y llegar a las nueve aquí." Respondió Bill abriendo una de las múltiples computadoras frente al Mercedes W12, el nuevo auto de la temporada.

"No por nada soy la mujer más rápida del planeta. Llegué antes de las nueve y no sacaré a relucir mis secretos de cómo logro hacer todo eso en algo más de doce horas."

Removió la ropa gruesa quedando vestida con la camiseta manga larga entallada de Mercedes y sus calzas negras. Sus manos escarbaron la cartera de gran tamaño y se allí sacó un pendrive. La alzó ante la vista de Bill.

"Eres mi persona favorita."

"Deja el tono seductor para las comunicaciones de radio." El ingeniero ingresó el dispositivo y, a medida que se hacía silencio entre ellos, Eve mordisqueó su uña. "La he conocido."

"¡No me jodas!" 

"¿Cómo haces para insultar de manera tan sensual?" Eve volvió marcar el tono seductor de su ingeniero.

"Pregúntale a Keiko en la cama." Entre risas negó al suelo esperando que la computadora abra los planos. "¿Y qué te ha parecido?"

"Francamente no sé si tendré una temporada difícil o fácil. Me debe mil libras esterlinas."

"¿¡Qué!?" Una risa explosiva con algunas lágrimas salieron escaparon de Bill. "Debe saber que has cerrado un muy buen contrato con Carolyn el año pasado y seguramente debe ser tu fan." Eve abrió su boca y alzó su dedo, preparada para discutir.

"Allí está la verdadera cuestión del asunto. No me ha reconocido." El ingeniero mutó su rostro a confusión total. "Sí, así mismo me sentí yo. Es como que vive en un universo alternativo."

"¿Y qué te ha dicho?" La morocha torció su rostro.

"Bueno... Creyó que soy de Japón y que soy una traductora. Le he dicho que soy piloto de todas maneras pero no sé si servirá de mucho."

"Oh, me cae demasiado bien. No sé por qué. Es increíblemente imaginativa." 

Un golpe sobre las dos puertas vaivén en la esquina de la inmensa sala le llamó la atención a ambos.

"Hablando de Roma." Deslizó Eve.

Villanelle entraba con sus brazos extendidos hacia adelante luego de golpear ambas puertas. Llevaba sus jeans y su camisa de Mercedes apenas holgada sobre su cuerpo. Detrás de ella venía Kenny con una amplia sonrisa en sus labios.

"¡Veamos, veamos! ¿Dónde está la fiera indomab-?"

Los impactantes ojos avellana se posicionaron rápidamente en el auto negro con líneas calypso brillantes a su costado, detalles en rojo y aleta de tiburón plateada. Su mandíbula se desprendió, navegando por los detalles del automóvil puesto sobre una plataforma y sin ruedas.

Eve se asustó cuando la rubia caminó en silencio hasta situarse frente al automóvil y sin aviso previo cayó lentamente sobre sus rodillas. La piloto la miraba apoyada en su banqueta con sus brazos cruzados en el pecho y rostro incrédulo.

A pocos metros un velo se formaba en los ojos de Villanelle. Descansó ambas manos sobre la nariz del W12, y se inclinó hasta que su frente se apoyó sobre el automóvil.

"Hola mi amor. Eres precioso." Le depositó un beso al borde del llanto. "¿Qué dices? ¿Que me quieres? Yo también a ti campeón. Mírate. Tan sensual. Oh, ven aquí." Estiró sus brazos aún más hasta abrazar su punta.

Todos a su alrededor, mecánicos e ingenieros, la miraban entre la consternación y la risa contenida.

"Me cae demasiado bien, parte dos." Susurró Bill para Eve en pleno silencio del taller.

Kenny se acercó hasta quedar al lado de la rubia.

"¿Estás teniendo un momento con el automóvil?" Villanelle volvió hacia el auto y susurró.

"No le hagas caso. Es un estúpido muñeco de torta. Lograremos muchas cosas, ¿Me oyes? Te trataré fantástico, sólo no me falles cuando estemos a punto de ganar el campeonato."

Se incorporó alejándose dos pasos y mirándolo de punta a punta desde el frente. Villanelle sacó su celular del bolsillo, apretó la pantalla y lo apuntó hacia el W12.

"¡No!"

Eve despegó a toda potencia de su banqueta y de dos zancadas se acercó a la rubia. Cuando el flash se disparó puso su mano frente a la cámara.

"Traductora. ¿Qué demonios haces?"

"No le tomes fotografías."

"¿Qué? Es mi automóvil."

"No es tú automóvil, es el automóvil de Mercedes." Villanelle giró hacia Kenny, estirando sus cejas hacia arriba y los bordes de sus labios para abajo, en señal de asombro por el comentario. Volvió hacia ella.

"¿Y quién crees que lo conducirá?"

"Tú lo harás. Pero por favor no tomes fotografías. No queremos que se filtren a la prensa y el resto de las escuderías vean nuestro diseño."

"¿Eres broma? ¿Qué mierda es esto? ¿Una película de James Bond?"

"Por Favor, Villanelle." La mano de Eve se cerró alrededor de la rubia con suavidad. "Ya ha ocurrido. Es por el bien de nuestro equipo."

Sus ojos se encontraron una vez más ante el contacto. Se quedaron allí, suspendidas por algunos segundos.

"No tengo redes sociales."

El comentario sorprendió a Eve. Incluso ella tenía redes sociales y le pareció raro que alguien como Villanelle no tuviese.

"De todas formas, evitamos filtraciones. Podemos perder el campeonato por esto. Especialmente con Ferrari o Red Bull."

"¿Red Bull? ¿Es un chiste? Oh, no me digas. Sus autos son de latas y en el motor tienen alas, ¿Verdad?" La rubia volteó buscando a alguien de su equipo. "¿Entienden el chiste? 'Red Bull te da alas', esa frase de mierda en sus comerciales." Nadie esbozó ninguna sonrisa y se la quedaron mirando. "¿Qué carajo les pido? Si todos aquí tienen delay. Seguro se reirán en dos horas." Suspiró y buscó nuevamente a Eve. "De acuerdo."

El comentario salió con total sinceridad de Villanelle, sin correr sus ojos de Eve. Bajó su celular. Cuando pasaron los eternos segundos volvió a hablar.

"¿Ayudas a los ingenieros con las instrucciones del motor en japonés?" Eve suspiró, derrotada.

"El motor es alemán. Soy piloto, no traductora. Ya te lo he dicho."

"¿Eres prima de Takuma Satō?"

"¿Qué? ¡No!"

"Menos mal. Ese hijo de puta era horrible conduciendo."

Eve sonrió de manera austera y giró para ir hacia Bill. En ese momento, con su mano al costado de su cuerpo, Villanelle disparó su celular hacia el vehículo. El suave sonido del obturador de la cámara llamó la atención de Eve, que cerró sus ojos evitando seguir enojándose.

Bill se paró de su banqueta y se aproximó cerca de ambas.

"Bienvenida, soy Bill, ingeniero de pista de Eve. Un gusto conocerte."

Villanelle abrió su boca a medida que producía un sonido desde el fondo de su garganta, impactada. Estiró su mano estrechándola.

"Qué voz sensual." Una sonrisa sutil y lateral salió de él.

"Suelen decirlo." Villanelle buscó detrás de él a Eve.

"Oye, te lo cambio por este muñeco de torta." Soltó a Bill y señaló detrás de ella que estaba Kenny parado cual soldado.

"Kenny es muy bueno en su trabajo. Irá mejor contigo. Además, ambos se asemejan en ed-"

"Espera un segundo." Dijo Villanelle.

Se acercó a una mesada con un trapo no de algodón, sino uno parecido a una seda. Volvió hacia Bill y lo frotó despacio por su frente. Siguió camino hacia su cabeza donde la calvicie generaba una línea dejando pelo sin caer solo a su alrededor. Se puso de puntas de pie delante de él y le tiró aliento sobre donde pulía con el trapo. Se alejó apenas y se miró.

"Increíble. Casi puedo verme. ¿Qué shampoo usas?"

"Esa es la mejor parte. ¡No uso!"

Los dos estallaron en carcajadas mientras el resto estaba en absoluto silencio.

"Me caes bien. Eres como el George Clooney pero solo de la voz porque de aspecto luces para la mierda. Dale algo de clases al mío que con suerte tiene pelos en las bolas."

"A ti te buscaba." Otra voz cortó el distendido ambiente.

Carolyn entró directamente hacia las cuatro personas. En su mano llevaba un libro grueso de tapas blancas sin ninguna escritura.

"¿En que te ayudo, Cruella?" Respondió Villanelle. Los otros tres abrieron sus ojos como platos ante el trato con confianza.

"No me gustan los dálmatas. Ponte a estudiar, urgente."

Empujó con algo de fuerza el enorme manual sobre su pecho, haciéndola retroceder un paso. Villanelle miró el exterior con atención y arrastró su dedo por los bordes, hojeando sin mirar el interior o su información.

"¿Qué es esto? ¿Las instrucciones para hacerte reír?" Eve generó una visera en su frente, tapándose ante la vista del resto. No sabía si era risa, vergüenza o bronca.

"Sí." La rubia alzó sus cejas volviendo a prestar atención al manual.

"Creí que el hecho de tener que montarme a Nadia hasta que le duela la entrada de su casita iba a ser lo suficientemente difícil, pero tú... Eres complicada."

"Tienes pocos días para aprendértelo de pies a cabeza. Kenny, llévala al moldeado, necesitamos tener listo el asiento de su cockpit. Eve, ponte con lo tuyo."

"Sí Carolyn." Ambos respondieron al unísono.

Todos menos Villanelle se esparcieron para volver a sus obligaciones. La rubia carraspeó y alzó un dedo.

"Disculpe, ¿Cruella?... Digo, ¿Jefa?" Carolyn se dio vuelta con rostro inexpresivo. "¿Podrías poner un pote de crema humectante aquí? Ya sabes, me gusta que mis mecánicos tengan sus manos en condiciones y yo también." En respuesta arrugó su rostro, pensando.

"Me debes doscientas libras por el Uber que te pediste a principios de Enero. Sin lugar a dudas puedes pagártelo tú." Le dio la espalda y siguió su paso hacia las oficinas.

"Se queja del hijo de puta de su jefe pero ella es igual." Dijo para sí.

"Villanelle, ven. Haremos el moldeado."

Esa noche Eve no solo volvió a su casa con dolor de cabeza y agotada, sino que también tuvo la confrontación con Niko y las fechas estipuladas por Mercedes en la presentación del W12.

 

 

 

Tan pronto Eve apagó el motor eléctrico de su Mercedes en el estacionamiento de Brackley, su ingeniero apareció a pocos metros.

"Hoy sí que luces para la mierda. Ya ni la nieve de mierda que tenemos aquí te pone feliz." Le dijo acercándose a su ventanilla.

"Ayer tuve una noche para el olvido. Discutí con Niko. Te necesito a mi lado todo el día."

"¿Has discutido con Niko? Nada raro en ti. ¡Oh! No me digas. Discutieron por Mercedes."

"Trátame bien hoy. ¿Puedes hacer esa excepción?"

"A sus órdenes, my queen." El hombre le abrió la puerta, ayudándola a descender.

Caminaban hacia su habitación privada. Eve llevaba su abrigo y su típica cartera grande.

"¿Te ha gustado?"

"Tiene lo suyo. No puedes decirme que no es gracioso el apodo que le puso a Carolyn." Bill reía entre dientes.

"¿Habrá sido broma que tuvo sexo con la otra competidora hasta que le duela?"

"Sonaba convencida."

"No entiendo como Carolyn lo permite. Lo digo en serio."

"Cuando pierda sus carreras o no rinda como Mercedes lo solicita ahí se le van a acabar las bromas." El ingeniero se paró frente a la puerta que tenía la hoja con el nombre 'Eve'. La tomó de los hombros. "Déjala ser. Tú tienes tu equipo, tus ingenieros, y lo más importante: Me tienes a mí. ¿De acuerdo?"

Eve asintió con algo insegura.

"Gracias Bill."

"La buena noticia es que ya tienen listos los prototipos que trajiste. Hoy los montaremos en los autos."

El hombre giró con una sonrisa en su rostro y abrió la puerta para que Eve dejara sus pertenencias allí. Frente a él lo recibió la espalda desnuda de Villanelle, acostada de perfil en la camilla que tenían esos cuartos. Solo llevaba ropa interior celeste cubriendo a medias su trasero. La habitación estaba algo desprolija, ropa en diferentes lados, algo de sobras de una cena, crema humectante y el manual blanco.

"¡Jesucristo, Dios y la Virgen Santa!" Gritó dando un paso hacia atrás, dándose vuelta en el pasillo.

"¡Bill! ¿Qué-?"

Cuando Eve se acercó Villanelle estaba volteándose aún dormida. Rápidamente tomó su abrigo y lo extendió hacia delante, buscando tapar su torso.

"Yo me pregunto, ¿Alguno de ustedes duerme?" Villanelle se asomó entre la puerta y el marco mientras era tapada con el abrigo en alto. "Hola George Clooney. Buen día para ti también. No me gusta que me griten pero con esa voz dime todas las groserías que quieras."

Eve carraspeó, buscando su atención por encima del abrigo.

"Villanelle, buen día para tí también. Lamentablemente te has equivocado de habitación."

Los ojos de Eve fueron hacia un costado y la rubia lo miró con ojos entrecerrados, aún dormida. Dentro de un casillero estaba encastrado con el 'Eve' escrito. Villanelle lo tomó, partió el papel generando una grieta entre la 'E' y la 'V'. Repitió el proceso entre la 'V' y la 'E' final. Deslizó nuevamente el trozo que llevaba la 'V' en el hueco.

"Listo. Solucionado." Los otros dos pedazos de papel los hizo un bollo y lo tiró a hacia atrás. "Konichiwa para ti."

Eve mordió con saña su labio.

"Villanelle, esta es mi habitación privada."

"Sí, bueno. Esta era un poco mejor a la que tenía yo. Y como tengo que dormir aquí..."

"Cierto que te has demorado por las nevadas. ¿Vienes de muy lejos?" Villanelle pensó a toda velocidad la excusa que le había dicho a Carolyn y su hijo.

"Así es. Noruega. En el norte."

"¿Noruega? ¿Hablas noruego?" Preguntó con rostro incrédulo.

"Sí." La rubia odiaba pensar a toda máquina a primera hora del día. "Faen meg hardere?" Eve juntó sus cejas. "Significa, '¿Cómo estás?'."

"¡Oh! Bien, bien. ¿Por qué vives tan lejos?"

"Soy una especie de llanero solitario." Bill giró y miró a su piloto con expectativa. Eve suspiró, juntando algo de amabilidad.

"Ya que vienes de tan lejos no hay problema que te quedes con la habitación. Tenía algunas cosas aquí, mías. ¿Podrías dármelas?"

"Ya la he dejado en la otra habitación." Dudó un poco en como proseguir.

"Gracias. Muy amable de tu parte. ¿Te veo luego?"

"Seguro." Entonó cerrando sus ojos con hartazgo.

Cerró la puerta y se fueron a la otra habitación más precaria. Villanelle se calzó sus pantuflas infantiles del Rayo McQueen, una camiseta gris y un short. Puso sus auriculares y buscó la canción 137. Cargó el cepillo de dientes con una generosa cantidad de dentífrico y empezó su limpieza bucal. Cuando terminó puso crema en sus manos, tomó su manual y salió al pasillo dirigiéndose al bufé.

A medida que avanzaba movía sus brazos como Mick Jagger. Los dos empleados de Mercedes que se cruzó la miraron impactados con poca ropa e informal. Cuando ingresó al comedor una enorme mesa con toda clase de desayuno descansaba ahí: carnes, frutas, yogurt, cereales, entre otros.

Tiró de manera estruendosa el manual en una mesa. Tomó panceta, fruta y la jarra entera de jugo de naranja recién exprimido antes de sentarse. Algunos empleados miraban el centro de atención bailando y tomando las comidas.

Se sentó a una esquina, hundida en sus alimentos y su música.

"No entiendo como este hijo de puta de Mick Jagger puede cantar y bailar así a los setenta y siete años." Dijo con la boca llena para sí.

A los pocos minutos Bill y Eve ingresaron a tomar su desayuno. La piloto miró hacia un lado y otro sobre la mesa.

"¿Dónde está el jugo de naranja?" Su ingeniero la ayudó hasta que vio la jarra en la mesa de Villanelle.

"No sé que me descoloca más. Si la jarra de jugo entera para ella, sus pantuflas del Rayo McQueen o el manual en su mesa." Eve miró con atención a sus espaldas.

Con los ojos en su celular tomó la jarra entera, la posó sobre sus labios y bebió de ella. La morocha suspiró derrotada.

"¿Cómo puede ser que gane millones y haga cosas así?"

"Al menos es dedicada. Está con su manual."

"Sí, eso le será duro. ¿Recuerdas cuando Carolyn me entregó el mío? Me llevo una semana intensiva entenderlo y más aún llevarlo a práctica."

Villanelle sacó la jarra de sus labios y se le escurrió un poco por la barbilla. Antes de que caiga al suelo la sobra de jugo tomó el manual, lo abrió, cortó dos hojas y se limpió. Lo dobló sin interés y volvió a secarse. Dejó el bulto de papel a un costado para después tirarlo.

"Me tienes que estar jodiendo." Susurró Eve con sus ojos plantados en la rubia y su mandíbula desprendida.

"El manual." Dijo la voz seductora.

"El jodido manual."

Villanelle comió algo de fruta y notó que la pareja la miraba con ambas bocas abiertas. Ella le dedicó una sonrisa algo amarga mientras masticaba. Levantó su mano y la meneó en saludo. Eve se lo devolvió de manera austera.

"Esta temporada será divertida."

"Mercedes está acabado este año."

Por la tarde los nuevos alerones con los flaps modificados llegaron al taller con ambos W12 parados. Eve lo analizaba de frente junto a Bill. Hablaban entre ellos cuando Villanelle apareció en el taller y se acercó a Kenny.

"¿Qué hacen?" La rubia lanzó al aire un cheeto y lo capturó con la boca.

"Villanelle, deberías cambiar tus hábitos alimenticios." Una mirada asesina salió de ella hacia su ingeniero.

"Ya lo hemos hablado."

"Lo sé. ¿Haces ejercicio?"

"¿Qué? ¡No!"

"Villanelle, estos autos son muy rápidos. La fuerza G es muy alta y necesitas entrenar."

"Vete a la mierda. ¿Qué hacen esos dos?"

Villanelle apuntó con su barbilla a Eve acuclillada. Tenía un marcador ajustado en su pulgar y los cuatro dedos al frente. Hablaba con su ingeniero en voz baja en el bullicio del taller. La morocha apuntó al flap y hacía señas pasando el macador por entre ellos. La rubia se dio cuenta que la conversación iba por la aerodinámica.

"Hace algunos días que están ajustando los alerones delanteros para que drenen mejor el flujo del aire."

"¿Y qué tiene que ver ella en eso? Que se dedique a conducir mejor."

"Villanelle, ¿Acaso no sabes nada de Eve?"

"Nop." Extendió la 'P' tirando otro cheeto al aire y capturarlo.

"Ella es una de las ingenieras que está a cargo del diseño de los monoplazas. De hecho, es ingeniera y diseñadora automotriz." Los ojos de la rubia pasaron de Kenny a Eve, observándola con atención, perdida. "Impresionante, ¿Verdad?"

"Ni me lo digas. Impresionante es poderte meter diez cheetos en la boca a la vez. ¿Quieres verme?"

Kenny no respondió. Eve se percató de la mirada perdida de Villanelle y se la devolvió. La francesa giró, mirando seriamente el auto. Se acercó al alerón delantero y lo señaló.

"¿Quién hizo esto?" Kenny se alarmó por el tono serio.

"Un ingeniero, no sé. ¿Por qué?" La piloto simuló interés.

"Esto está mal. Mira este alerón. El trasero de Cruella filtra mejor el viento que esto." Los dedos tomaron un flap y lo movió sin delicadeza. Un pedazo de las finas alas se partió. Villanelle empalideció discretamente a la vez que Eve juntaba sus cejas a distancia, sin entender la actitud espontánea de la competidora.

"¿Lo has roto?" Preguntó Kenny.

"¡Claro que no! Lo estaba poniendo a prueba, imbécil. ¿A ti te parece que una escudería como Mercedes puede tener este tipo de alerones hechos de madera balsa?" El hombre se puso nervioso ante su pregunta.

"No-"

"Entonces explícame. Si se ha partido por una caricia mía, ¿Puedes imaginar esta mierda a más de trescientos kilómetros por hora? ¿Qué quieres? ¿¡Qué se desintegre mientras conduzco y me entre en los ojos y me quede ciega!?"

"Pero usas casc-"

"¡No busques excusas cuando aquí, maldito adolescente, no hay excusas! ¡Cambia esta mierda inmediatamente si no me quieres ver más enojada! ¡Hay un maldito campeonato que ganar y eso no se hace solo!"

El sonido polifónico de su celular rellenó el silencio en medio de la absurda discusión. Villanelle miró la pantalla de su celular con la videollamada entrante.

"Has sido salvado por la campana. Pero seguiré contigo luego." Se alivió de tener una excusa para salir del taller.

Tan pronto como pudo salir al parque interno, contestó.

"¡Hola!" Dijo con tono amable.

 

 

 

Cuando Eve entró al taller al día siguiente se sorprendió de ver a Villanelle allí, casi sola. Le daba la espalda y bailaba moviendo su cabeza hacia diferentes lados. Su reproductor marcaba la canción 120. Prestó atención al cambio de acento a un francés perfectamente entonado.

"Peut-être qu'avec du temps, ça partira. Et pourtant, et pourtant, et pourtant, je ne m'y vois pas. I'vе got a fever, so can you check? Hand on my forehead, kiss my neck. And when you touch me, baby, I turn red."

En medio de su baile giró y la vio. Sacó uno de sus auriculares.

"Creí que no hablabas otros idiomas."

"No me gusta hablarlo sólo lo canto, como el ruso. Además, ¿Quién no cantaría Dua Lipa?"

"No escucho mucha música de ella. De todas maneras lo hablas muy bien."

"Y tú tienes acento 'no-Europeo'."

"Así es. Nací en Estados Unidos, Connecticut. Me vine de muy pequeña a vivir a Inglaterra y de adolescente me nacionalicé. Ellos me dieron todo y me abrieron todas las puertas para que pudiese ser competidora."

"¿Y en qué momento te volviste traductora?" Una sonrisa socarrona escapó de Eve.

"¿Y tú? ¿Por qué no compites para Rusia?"

"Me fui hace unos años de allí y no quise saber más nada con ellos. Bla bla. Conseguí mi nacionalidad francesa. Bla bla. Conduzco rápido y ellos me acobijaron como a ti. Bla bla. Aquí estoy. Créeme, si pudiese competir nacionalizada en San Marino lo haría. Me importa una mierda los países."

"Puedes competir por Noruega."

"¿Noruega?" Eve alzó sus cejas, casi enviándole una avalancha de recuerdos a Villanelle. "¡Cierto! Es que viví en tantos países que me olvido." La risa salió cuando alzó su labio, en aquella esquina donde no tenía su cicatriz, mostrando algunos de sus dientes. El movimiento le pareció algo aterrador a la morocha que la miró con ojos abiertos. "Podría correr para ellos, pero mucho papelerío. Mejor dejarlo en Francia. El presidente está contento, todos lo están."

Eve dejó todo suspendido en el aire. Habían pasado pocos días como para preguntarle respecto a su cicatriz y se sintió demasiado cohibida con su mirada. Villanelle se quedó frente a ella, con su sonrisa caída a un costado, en una mezcla rara entre comedia y bronca esperando que diga algo.

"¡Buenos días, Villanelle! Te tengo un regalo." Kenny entró de buen humor.

"¿Tu hermana?" Dijo volteando hacia él.

"No."

"¿Echaron a Cruella?"

"¡No! Ten." El ingeniero sacó de una pequeña caja el volante de su monoplaza, repleto de perillas y botones. Se lo extendió. "Necesito que me digas que clase de cambios quieres así lo modificamos."

Villanelle se lo devolvió sin siquiera prestarle atención.

"Déjalo así. Por mí está bien."

"Se pueden cambiar los botones de lugar para tu comodidad al momento de competir." Aclaró Eve.

"Quiero subirme. Ven, pendejo."

Villanelle se acercó a su monoplaza y se quitó sus borcegos. Sin cuidado se trepó por un costado y entró en el cockpit con su asiento personalizado ya instalado. Sus caderas entraron con lo justo.

"Pásamelo."

En el estrecho lugar levantó la mano e hizo señas para tomar el volante. Eve se acercó a ella desde el otro costado. Con algo de dificultad por el habitáculo pero con habilidad practicada, Villanelle accionó las dos palancas traseras e insertó el volante, trabándolo en el resto del Mercedes.

"¿La unidad de potencia está conectada?" Le preguntó con seriedad a Kenny.

"Sí. Puedes-"

Los dedos se movieron lo suficientemente rápido como para que la pantalla display se encendiera y, buscando la combinación perfecta de botones, probó las diferentes opciones. Eve a su lado la miraba con asombro contenido. Bill ingresó mirando la escena con sus brazos en jarra.

"Vamos a prenderlo." Dijo con dureza.

"No podemos. Necesito ayuda." Respondió Kenny.

Villanelle lo miró afilada. Un poco más lejos, un hombre con algunos rulos y otro morocho con pelo parado hablaban animosamente. Ambos mecánicos.

"¡Hey! ¡Ustedes! Sí, tú. El que se parece al cantante de INXS y el de la India. Ayuden a prender esta mierda. ¡Vamos, rápido!" Se acercaron a paso rápido para dirigirse al motor. "Tú controla todo desde la computadora." Le dijo a Kenny que salió hacia los controles a tres metros frente al auto.

"Se llaman Hugo y Mo, por cierto. Hugo es tu mecánico principal y Mo el mío." Eve le aclaraba mientras sacaba sus tapones del bolsillo de su camisa.

"Serán Michael Hutchence e India a partir de ahora." Villanelle no quitaba los ojos de la pantalla del volante, asimilando toda la información posible.

"Ponte los tapones." La rubia sacó de su bolsillo su otro airpod y lo colocó. Eve revoleó sus ojos.

Los dos se posicionaron detrás ajustando el motor y la manguera que drenaba los gases de la combustión. Kenny envió presión y temperatura al W12 desde las computadoras. Hugo ajustó el tubo que envía el pequeño vestigio de electricidad para su encendido. Los dos alzaron sus pulgares ante el ingeniero de pista que hizo lo propio con Villanelle.

Configuró el volante y, incluso sabiendo que ocurriría, Eve dio un pequeño salto a su lado. El rugido del V6 partió el silencio inglés.

En plena concentración los dedos de Villanelle siguieron bailando en los controles. Finalmente apretó intermitentemente el acelerador con el auto en neutro y sin neumáticos. El rugido sacudió a varios presentes.

La tetracampeona presenció en primera fila como la rubia cerraba con fuerza sus manos en el volante. Como un tic nervioso, pasó su lengua por la cicatriz y luego la rastrilló con los dientes. Su pecho comenzó a trabajar más, subiendo y bajando con necesidad. Eve, poco o mucho, iba conociendo las mañas de su compañera de equipo.

El motor, de un segundo a otro, se apagó. Villanelle abrió sus ojos alarmada y buscando explicaciones. Al lado de Kenny se encontraba Carolyn que sacaba su mano de los controles y se acercaba al monoplaza.

"Jamás he autorizado su encendido."

"Buen día para ti también, Cruella. Es que te estabas demorando en venir y quise ser tu propia alarma despertador. Veo que ha funcionado." Carolyn se limitó a alzar una ceja y torcer su rostro en respuesta. "Ya que están las dos aquí. ¿Cómo me veo?"

La piloto cruzó sus brazos en forma de 'X' en el pecho, inclinó su cabeza a un lado, cerró sus ojos y sacó la lengua simulando ser un cadáver. Eve empalideció por la broma de mal gusto.

"¿Pueden pasarles las medidas a la casa velatoria en caso de que eso ocurra? Ya saben..."

"Tu contrato no contempla seguro de vida." Aclaró su jefa. La rubia entrecerró sus ojos.

"Qué manera de no gastar dinero tú y tu maldito jefe de mierda."

La piloto salió del auto y tomó otro pedazo de fruta a un costado. Vio que Hugo tenía sus manos manchadas con algo de grasa, producto del encendido.

"Michael, ten. Límpiate." El rostro confuso llevó a la aclaración. "¿Te pareces al cantante de INXS? ¿Michael Hutchence? Googlealo y sino descuida, el delay te permitirá entenderlo en un rato."

Delante de todos partió otras dos hojas de su manual y lo extendió. Carolyn perdió su mirada analizando las varias hojas que faltaban allí dentro.

"¿Cómo piensas conducir si has destruido el manual de tu volante?"

"Déjalo fluir, Cruella."

El resto de los mecánicos fueron entrando al taller de a poco. Eve perdió gran parte del día terminando de ver detalles de aerodinámica junto con Carolyn. Al final del día, a medida que todos guardaban sus cosas a los alrededores, encontró a uno de sus mecánicos de confianza Johannes. Ella sabía perfecto que él provenía de Noruega.

"Oye Johannes." Lo llamó. El hombre volteó sonriéndole. "Faen meg hardere?"

El gesto amable del hombre se desvaneció en degradé, contagiando a Eve. El hombre juntó sus manos al frente y acarició su alianza de matrimonio. La piloto comprendió todo de un segundo a otro y sonrió con bronca.

"Lo que te acabo de decir no significa '¿Cómo estás?' en noruego, ¿Verdad?" Negó lentamente, casi asustado. Eve asintió conteniendo su ira y chasqueando su lengua. "¿Qué significa?"

Dudó antes de responder, intentando ser lo más pulcro posible con sus palabras y revoleando sus ojos.

"Fornícame más fuerte."

Sin darle más atención, Eve tomó sus cosas y se dirigió a su vehículo. Antes de sacar la llave de su bolso sonó su celular. Atolondrada, vio que era Carolyn.

"¿Ocurre algo? Estoy a punto de irme a casa."

"Tendremos dos tandas de cinco días. Unos a finales de Febrero y otros a principios de Marzo."

"¿Las pruebas del W12 en pretemporada?"

"Exacto. Contra los pronósticos no iremos a Silverstone."

"Me lo he imaginado. Será-"

Las dos entonaron al mismo tiempo.

"Montmeló."

Chapter Text

A Niko le sorprendió el hecho de que Eve llegara relativamente temprano a su cómoda casa a las afueras de Londres. Eran las seis y media cuando escuchó el chasquido de la abertura. La última camioneta era totalmente silenciosa y no le permitía escuchar el motor.

"¿No quieres una copa de vino?" Le preguntó antes de la cena. Eve se encontraba acostada en el sillón con sus ojos cerrados.

"No puedo. Tengo que seguir preparándome físicamente para la nueva temporada. Iré a Cataluña durante algunos días entre finales de Febrero y principios de Marzo."

Niko se acomodó a su lado, levantó la cabeza de su esposa y la dejó reposar en sus piernas.

"No hemos hablado de tu nueva compañera. De hecho, hemos hablado poco y nada los últimos días."

"Lo sé. Perdón yo-"

"No es necesario. Sé que estas semanas son claves previas al lanzamiento del auto y los ojos posados sobre ti. ¿Quieres que hablemos de otra cosa?"

"Me has preguntado sobre ella. Villanelle."

"¿Pregunta mucho? ¿Te pidió un autógrafo? ¿Una fotografía? ¿Te ha mirado con ojos cristalinos? ¿Te ha abierto la puerta?" Niko ya estaba acostumbrado a cualquier situación atípica que viviese su esposa.

"Nada de eso. De hecho cree que soy una traductora en vez de piloto."

"Es una buena broma."

"Tú y Bill piensan igual. ¡No lo ha dicho en broma! Realmente no me conoce. No sabe quién soy. Seguramente no debe haber visto ningún video mío de cómo conduzco. Es..." Eve buscó en su cabeza el mejor adjetivo. "Inusual."

"¿Y tú le has creído?"

"Puedo darme cuenta cuando alguien quiere romperme las pelotas y cuando no, Niko. Gracias." El hombre río por la voz filosa.

"Lo sé, mi amor. ¿Y qué más?" El living se llenó de silencio mientras Eve buscaba palabras en su cabeza y a la vez negaba. Niko silbó marcando su sorpresa. "Villanelle Astankriova ha dejado sin palabras a mi mujer. Me siento celoso."

"Astankova."

"Astankova."

"Es que francamente no sabría como describirla más que irrespetuosa, infantil, insufrible, impresentable, inmadura-"

"Ya. La mujer 'I'. La llamaré así. Entiendo a qué apuntas. No suena como una piloto de carreras profesional." Ante la frase de Niko, Eve levantó el torso y se sentó apoyando su brazo sobre el respaldo, aún pensativa.

"Pienso lo mismo."

"¿Pero?"

"Hay muchas cosas de ella que se contradicen constantemente. Por ejemplo, en el día de ayer Carolyn le dio su manual." La piloto gesticuló enfrentando sus manos y dejando un espacio de tres centímetros entre ellas. "Ya sabes. El manual."

"Oh, sí. El manual." Niko le dio un gran sorbo a su copa de vino bajo el manto de sus recuerdos.

"Lo usaba de servilletero. Simplemente arrancaba las hojas y limpiaba su cara, las manos." El hombre gesticuló en sorpresa. "Y lo peor de todo es que hoy se subió a su auto. Lo encendió con una rapidez increíble y vi en primera línea como accionaba todas las opciones con sobrada práctica."

"¿Pudo estudiarlo de antemano? ¿Internet?"

"De ser así cualquier idiota sería piloto." Los ojos de Eve bailaron sobre su amplio living estilo Bauhaus a medida que rastrillaba su cabello. "Y luego está su rostro."

"¿Las imágenes de internet la hacen más bonita de lo que realmente es?" Antes de responder Eve perdió sus ojos en la pequeña chimenea a su izquierda.

"No. Es esta contradicción de la que te hablo. Su cara es como la hemos visto en internet pero es su cicatriz. Es como el acento de fealdad entre su belleza. Además tiene el tic de tocársela con su lengua o sus dientes."

Niko observó cómo su mujer estaba ahogada en sus recuerdos del día.

"Creí que debía preocuparme por esta mujer Mercedes, pero veo que en realidad debo preocuparme por Villanelle."

"No seas idiota." Eve salió de su trance para mirarlo. "Piensa esto. Alguien como ella podría operarse estéticamente tranquilamente ese, pongámoslo de esta manera, defecto."

"Eve, tú también tienes una cicatriz luego de tu intervención del apéndice y no te la has operado estéticamente."

"Porque nadie la vería excepto tú. No ando mostrando mi estómago por todos lados ni hago portadas de Playboy, además que casi no se nota. Sólo pienso que es muy estúpido de su parte conservarla solo para aparentar ser la niña mala de la Fórmula Uno." Su marido alzó un dedo al aire.

"La portada de Sports Illustrated de hace algunos años-"

"No traigas eso a colación, hice borrar digitalmente esa marca para ahorrarme una catarata de preguntas estúpidas y, de todas formas, no lo volvería a hacer." Su marido sonrió ante el enojo cómico y volvió al tema principal.

"No creo que esté en Mercedes por alguna divinidad o por su rostro."

"No lo sé aún. Nosotras, las pilotos, tenemos que ser muy cuidadosas, muy profesionales con lo que hacemos. No bebo cuando tengo que manejar para dar el ejemplo al resto. Sin embargo ella... Rompe con todo tipo de estructura. Hoy ha hecho una broma de muy mal gusto cuando se sentó por primera vez en su cockpit."

"¿Sobre?"

"Piensa que es su ataúd y le pidió a los mecánicos que tomaran las medidas para la casa velatoria en caso de que muera. Estuvo todo el día insistiendo con eso. Dice que quiere dormir para siempre en un lugar 'cómodo y personalizado'. Sí, esas fueron sus palabras." Niko entrecerró sus ojos, pensando.

"A lo mejor es un modo de defensa para protegerse de sus miedos. ¿No crees? Se oculta detrás de sus bromas y comentarios inapropiados."

"No lo sé. Y francamente no sé que tiene Carolyn y Paul en la cabeza como para poner a alguien así en el equipo. Somos múltiples campeones. Nos esforzamos demasiado cada año para conseguir cada gran premio." Suspiró y jugó con sus dedos sobre sus calzas negras. "Tengo miedo que ella lo estropee todo."

"¿Todo?"

"Sí, todo. Todo el trabajo, el sacrificio, la dedicación. Mercedes no soy yo. Mercedes es un ensamble perfecto de ingenieros, mecánicos, diseñadores, hasta visionarios del automovilismo que nos hace estar un paso delante del resto. Excelencia. No quiero perder eso. La excelencia." Niko la miró con cariño y habló pausado y con ternura.

"Eve. Mantén tu foco. Tú sabes quién eres y qué puedes hacer. Tienes tus rutinas, tu gente de confianza, tu talento, tu capacidad para amoldarte a cualquier cambio así de rápido." Alzó sus dedos y los chasqueó frente a ella. "Eres la mujer más completa y hermosa sobre este planeta. Tú lo has dicho siempre, 'conducir a máxima velocidad no te garantiza la victoria pero tus convicciones sí'. Si ella quiere chocar en todas las carreras será su problema, no tuyo."

"Podemos no retener el título de constructores si hace eso."

"Pues alguien más se encargará de ponerla en su línea. Tú no eres su madre, su madrina, su tía ni su novia. Eres una competidora y no te olvides que compites también contra ella. Piensa en ti y nada más. ¿De acuerdo?"

Eve se arrastró y lo besó escuetamente sobre los labios cubiertos apenas por su bigote.

"Te amo. Gracias, no sé que haría sin ti. Te debo una."

"Aún me debes esa vuelta en un auto de Fórmula Uno con dos cockpit a máxima velocidad." Le respondió con una sonrisa juguetona.

"No quisiera que vomites. Da feo olor."

 

 

 

Eve condujo nerviosa desde Londres a Brackley. Ese día fue determinada a hablar con Carolyn.

Llegó a las ocho y media de la mañana y se dirigió al despacho de la CEO. En el pasillo, detrás de su escritorio, estaba Geraldine.

"¿Puedo?" Le preguntó. La hija solo asintió nerviosamente.

Dentro Carolyn completaba algunas planillas. Miró a Eve por encima del marco de sus anteojos cuando abrió la puerta.

"Buen día. ¿Tienes un minuto?" La mujer mayor volvió a concentrarse en los papeles.

"Mira por la ventana Eve. ¿Crees que es un buen día?"

"Está soleado Carolyn."

"Exacto. Estamos en Inglaterra. Si sale el sol significa que no es un buen día." La morocha suspiró en silencio mientras se sentaba y esperaba que la directora ejecutiva terminara sus tareas. "Puedo hacer dos cosas al mismo tiempo. Te escucho."

"¿Por qué ella?" La pregunta hizo que dejara de escribir por unos segundos y luego retomara su trazo.

"¿Por qué no?"

"¿Por qué no renovaste un año más con Elena? Ella traía buenos resultados."

"Y tú estabas cómoda con eso. Ella salía segunda y tú primera. Y todos felices por siempre."

"No es eso lo que quiero. No estoy en este equipo para tener un conductor que me esté besando el trasero y me haga reverencia cada vez que lo paso." Carolyn cortó su escritura, cerró la carpeta y alzó su vista al frente.

"Perfecto, porque eso mismo fue lo que hicimos. En cuanto a Elena yo no tuve nada que ver con su contrato, Paul lo hizo. Yo acato órdenes de él."

Eve exhaló con una sonrisa amarga de fondo, casi sin dar crédito al juego enroscado de palabras de su jefa. Sabía perfectamente lo habilidosa que era Carolyn con su léxico. Antes de que pudiera poner su cabeza en orden volvió a hablar.

"¿A qué le temes Eve?"

"No le temo a ella, Carolyn. Temo por Mercedes."

"¿A qué le temes tú?" El rostro se tiñó de confusión con otra sonrisa filosa. "No me digas que no le temes a nada porque no te creo. Te conozco lo suficiente."

"¿Cuales piensas que son mis miedos?"

"Últimamente siento que la gloria es tu enemigo más poderoso. Tetracampeona y estás escalando demasiado alto. Sabes que significa eso, ¿Verdad? Que la caída, si existe alguna, dolerá más. Todo esto sin contar Canadá, tu inseguridad constante y tu falta de privacidad."

El semblante de Eve se transformó a medida que procesaba palabra por palabra.

"Veo que no estuve muy errada en mis hipótesis. Has estado en tu zona de confort durante varias temporadas. Premios, victorias, ambiente agradable, casi Disney para ti. Pero nada es para siempre y lo sabes."

"¿Por qué ella?"

"¿Has visto la última carrera en Abu Dhabi de la Fórmula Dos?" Eve negó. "Mírala. Tiene talento y Mercedes quiere apostar a los jóvenes. Paul está de acuerdo. La imagen es todo y se que ella nos traerá focos de sobra."

"¿Crees que Mercedes necesita eso? No es el perfil de la escudería."

"¿Cuál es el perfil de la escudería? ¿Ingleses de currículum intachable, profesionales y que tomen el té de las cinco? Francamente prefiero una criminal de primera línea pero que gane las carreras y traiga mis títulos."

"¿Tus títulos?"

"Yo estoy a cargo. Yo cuido a mis pilotos y eso es algo más a lo que tienes miedo."

"Me gustaría que choques en un automóvil estrecho a más de doscientos cincuenta kilómetros por hora contra un murallón para que sepas lo que es el miedo."

"¿Ves a lo que me refiero? No has superado Canadá." Eve cerró su boca y apretó los dientes de manera disimulada. "Deja de tener dudas. Eres la campeona con experiencia de sobra. Creo que pueden complementarse bien y tú puedes enseñarle cosas nuevas a la novata así como ella puede enseñarte cosas a ti."

"¿Qué soy? ¿La madre?" Carolyn torció su rostro pensando.

"No estaría mal. La de ella está muerta."

Silencio. Eve levantó sus cejas ante el dato de color.

"No sabía."

"Pero podrías ser la madrina, ¿No crees?"

"Creo que se extravió mi invitación a su bautismo, como mi carta a Hogwarts."

"Te queda la comunión y la confirmación si aún quieres programarlo y asistir. Ve esto como un aprendizaje más allá de esa superficie de comedia y acidez. Tienes mi apoyo."

Con dudas de sobra Eve asintió y se retiró lentamente del despacho de Carolyn. La jefa calzó sus lentes y pasó a la siguiente carpeta antes de susurrar para sí.

"Sin lugar a dudas sería de Hufflepuff. Terrible."

 

 

 

Villanelle desayunaba con su remera blanca con un estampado de Meteoro manejando su Mach 5 y saludando. Arriba tenía escrito 'Speed Racer' en rojo.

"Al fin te encuentro." La voz de adolescente llamó su atención mientras desayunaba casi en soledad.

Kenny ingresó y revisó sorprendido su vestuario. Un pantalón corto que actuaba de pijama y las pantuflas del Rayo McQueen terminaban de vestirla. En su mano tenía un sandwich de jamón y queso y la jarra entera de jugo a un costado.

"Recuérdame llamarte cuando le estés comiendo la casita a tu futura esposa." Le dijo con comida en la boca y mirada fulminante.

"Perdón. Buen provecho. Sólo que son las diez de la mañana."

"Tuve una noche difícil mirando las cuatro paredes blancas de mi habitación. Te recuerdo que hace varios días que estoy día y noche aquí dentro y cada minuto que pasa me estoy volviendo más loca. Así que no me vengan a romper las tetas con el horario de desayuno."

"Villanelle, Paul está aquí." Su tono era desesperado.

"Y el clon de Michael Hutchence preadolescente y subdesarrollado está lustrando mi alerón trasero ahora. ¿Qué mierda me importa quién es Paul?"

Dio un nuevo mordisco al sandwich y las puertas del comedor a su espalda se abrieron nuevamente con una avalancha de personas. Al frente un hombre con gafas de sol, traje y pelo canoso peinado prolijamente ingresó con una amplia sonrisa en sus labios. Detrás todo un séquito de personas, entre ellas Eve, Carolyn y algunos fotógrafos y periodistas.

"Und hier ist sie! Villanelle Astankova! Unser glänzendes neues Spielzeug!"

Villanelle miró por encima de su hombro con sus cejas unidas y un pedazo de sandwich sin masticar en su boca. Involuntariamente se paró y giró hacia ellos mostrando su vestuario. Paul rió bien alto cuando le dio un reconocimiento de pies a cabeza. Eve hizo una visera con su mano en la frente, ocultando su vergüenza ajena.

"Sieh dich an! Ich wusste nicht, dass du ein Speed Racer-Fan bist. Ich habe diese Sendung als Kind gesehen. Oh! Und auch Lightning McQueen." Dijo mientras observaba sus pantuflas. El hombre río frente a las cámaras con fuerza. "Sie hat definitiv einen ziemlichen Stil, oder?"

El pedazo de jamón del sandwich que colgaba de los labios de Villanelle cayó al suelo. La rubia lo vio frente a sus pantuflas, se inclinó, lo tomó y lo metió en su boca. A un metro de distancia Eve quería enterrarse de la vergüenza. Paul, por el contrario, explotó en una carcajada.

"Es ist mir eine Ehre, Sie kennenzulernen, Villanelle." Le extendió su mano derecha. La piloto cambió de mano su sandwich y se la estrechó con dejo de comida.

"Deja de hablar en alemán." Marcó su cara de asco a medida que rastrillaba sus dientes con su lengua. Paul volvió a reír.

"Lo que la Zarina quiera. Me encanta tu vestuario. Es original, fresco. Una verdadera fanática de la velocidad. Habla muy bien de ti."

El hombre la abrazó con fuerza de costado mirando a las cámaras. Los fotógrafos dispararon inmediatamente. Villanelle esbosó una sonrisa asquerosa con algo de comida.

"Mercedes te tiene un regalo. ¡Ven conmigo!"

Enroscó su brazo en el de ella y la arrastró por los pasillos. En medio de su caminata apurada rodeada de gente Villanelle no perdía momento para darle un nuevo bocado a su sandwich. Salieron por el pasillo hasta el estacionamiento al aire libre frente a la fábrica de Mercedes. La corriente de aire frío impacto hacia la piloto que arrugó su cara en desencanto. Allí se acercaron a una nueva camioneta color blanco.

"Como presente de bienvenida te obsequiamos la nueva Mercedes EQC. Lo último en tecnología."

El hombre la soltó y se acercó al vehículo. Villanelle se abrazó a sí misma casi temblando.

"¿Qué dices? ¿Te gusta?" Giró para enfrentar a los periodistas. "Esta camioneta saldrá al mercado en dos meses y se espera un gran impacto en toda la Gran Bretaña. Hemos puesto el foco en el medioambiente mejorando-" La rubia levantó su mano a un costado. "¿Sí, Zarina?"

"Villanelle." Acompañó el nombre con otra sonrisa falsa. "Si tiene cuatro ruedas y un volante me encanta. Pero en este momento se me están congelando las tetas. ¿Podemos hacerlo más tarde?"

Paul volvió a estallar en una carcajada. Levantó su vista y chasqueó sus dedos.

"Campera."

"Campera Villanelle." Un asistente atrás le puso sobre los hombros un abrigo largo color negro, parte del vestuario oficial de Mercedes. La punta del cierre llegaba a sus rodillas.

"Es el maldito Copperfield del vestuario." Algunos rieron ante el comentario bajo. Chasqueó sus dedos y susurró para sí. "Dolce y Gabbanna." Intentó nuevamente. "Balenciaga."

"Solucionado." Otra sonrisa brotó de Paul que seguía en su tarea. "¿Qué te parece?" Se corrió para que Villanelle pudiese ver el vehículo de punta a punta.

"¿Cuánto consume de gasolina?"

"¿¡Acaso no se los anticipé!?" Rió de forma estruendosa hacia la gente a un costado y se acercó a la rubia. "Esa es la mejor parte. Es el primer vehículo de Mercedes Benz cien por ciento eléctrico y por ende libre de emiciones de dióxido de carbono. ¡La puerta al futuro!"

En medio del bullicio entre periodistas y Paul, Villanelle habló en voz baja.

"No lo quiero. No me gusta."

"Tómalo y luego haces lo que quieras." La rubia giró a su derecha para encontrar a Eve. "Por favor, compórtate. Sé amable. Los medios están aquí."

"¿Para qué?"

"Es solo un simple gesto de Mercedes hacia ti. Simplifícalo."

"Sí, pero es eléctrico. A mí me gusta el olor a nafta."

"Sólo... agradece y ya."

"¡Vamos! Súbete." Insistió Paul con la puerta abierta. Dio dos pasos y vio el interior del vehículo.

"¿Sabes? Lo dejaremos para otro día, pero gracias por la atención." Golpeó dos veces de manera grotesca la espalda de Paul a medida que cerraba la puerta con una sonrisa actuada hacia los medios que sacaban fotografía tras fotografía.

La reunión con Paul no duró mucho más y Villanelle se dirigió a su habitación buscando algo de calma. Ya se había cambiado de ropa y rascaba su cabeza cuando alguien la llamó desde la puerta.

"¿No te llevas bien con la prensa?" Eve estaba apoyada en el marco con sus brazos cruzados en el pecho.

"No me llevo bien con los hipócritas. Estoy cansada, quiero irme a casa. Necesito una cerveza."

"No puedes tomar alcohol aquí."

"Tú no me dirás que puedo tomar y qué no, Suzuki." Le dio la espalda estirando su cuerpo.

"Es para que mejores tu rendimiento, Villanelle. Los grandes pilotos-" Villanelle giró con rostro casi serio.

"Mi rendimiento viene de mis manos y mis pies. El resto puede irse a la mierda. Los periodistas, Paul, Cruella, y cualquiera que venga aquí para gastar mi tiempo." Eve levantó sus brazos en rendición buscando que se calme.

"Lo que digas. Admiro mucho que te hayas quedado aquí dentro tantos días. Yo no sé si podría."

"¿Vives aquí?"

"En Londres."

"¿En el barrio chino?" Eve revoleó sus ojos en respuesta.

"No. ¿En algún momento hablas de manera seria? Esto sería un poco más fácil si no te comportaras como una imbécil."

"Iré por una cerveza, ¿Quieres venir?" Tomó su abrigo y algunos objetos personales.

"Son las once y media del mediodía."

"¿Y? Deberías dar las gracias que no bebo por la mañana."

"¿Eres adicta al alcohol?"

"Ay, por Dios. Las idioteces que tengo que escuchar temprano ya me pone de mal humor. Adiós." Por último tomó la llave de la camioneta eléctrica.

"Finalmente te ha gustado el vehículo, ¿Eh?"

Villanelle pasó a un costado de Eve alzándole una ceja y se cruzó con Amy, la modista.

"Su overol se encuentra casi listo señorita Astankova. Mañana haremos las pruebas finales."

"¿En qué vienes aquí?" La mujer arqueó sus cejas ante la pregunta. "Oh, no. ¿Tú también con el delay?"

"En automóvil, un Saab, algo viejo pero con espíritu."

"¿Trabajas para Mercedes y te pagan así de mal? Ten, te has ganado uno nuevo. Felicitaciones." Lanzó al aire el dispositivo electrónico y Amy lo capturó de inmediato. "¡Diviértete!"

Eve solo pudo mirar como estatua a Villanelle irse a medida que ajustaba su gorra azul de Mercedes.

A las tres de la tarde ingresó al taller tal como la había visto irse. Su estado era totalmente normal.

Como los carceleros Villanelle aguardaba con ansias el quinto y último día. A primera hora de la mañana probó su overol y terminó el diseño de su casco de cara a la temporada.

A la tarde, junto a Eve, hicieron las imágenes promocionales para el lanzamiento del W12 y para la Fórmula Uno. Cuando terminó se acercó al cambiador a los gritos.

"¡Al fin! ¡Soy libre! ¡Al aeropuerto!"

Eve repasó las palabras que había cruzado con Carolyn.

"¿Quieres que te lleve?"

"Sería genial Suzuki."

"De nada." Villanelle le sonrió en lugar de responder 'gracias'.

Luego de vestirse y de que la rubia acomodara su valija, subieron a la camioneta de Eve.

"¿Tienes la misma que me ha regalado ese miserable?"

"Los vehículos eléctricos son el futuro."

"El futuro apesta."

La rubia se abrochó el cinturón de seguridad y sacó sus airpods del bolsillo de su campera. Los colocó en sus oídos y cuando tomó su celular Eve habló.

"Si quieres puedes poner música en la camioneta."

Villanelle alzó sus hombros en conformidad y activó el bluetooth. Lo sincronizó con la EQC y puso una canción de rock mientras Eve salía del estacionamiento.

"¿Quieres poner algo más suave?" Pronunció de la manera más afable.

"Lo que digas, Suzuki." Villanelle buscó en su eterna playlist y puso la canción 115. "¿Está bien para ti?"

"Perfecta. Me gusta mucho esta chica." Eve movía su cabeza hacia adelante y hacia atrás.

"Es una banda, no una cantante."

"Bueno pero ella-"

"Gwen Stefani."

"Ella. Es muy buena."

"Ajá."

Villanelle siguió atenta a su celular sin darle atención a su alrededor. Luego de algunos minutos en silencio habló.

"¿Por qué conduces tan lento?" Eve rió en voz alta.

"Esto no es Silverstone, Villanelle. Son las calles de Inglaterra. Hay civiles aquí en las calles." La conductora dobló con total simpleza y armonía hacia su derecha.

"Tengo un vuelo que tomar."

"¿A que hora?"

"Siete y cuarto." Los ojos de la inglesa se posaron en el tablero. 18:45.

"¿Por qué mientes? Necesitas una hora de abordaje previo."

Villanelle volvió a levantar sus hombros en respuesta y miró por su ventana, aburrida y aguardando que el viaje sea lo más corto posible.

"¿Qué piensas de mí?" Atacó nuevamente Eve mientras por el rabillo del ojo miraba el lenguaje corporal de su acompañante.

"Qué se yo. No te conozco."

"¿No has visto nada de la Fórmula Uno?"

"No me interesa." Eve mordió el interior de su mejilla discretamente.

"¿Sabes que yo soy la última campeona?"

"¿Y?" La respuesta de Villanelle fue rápida y filosa. La inglesa prefirió poner paños fríos.

"¡Deberás tener cuidado!" Pronunció con una carcajada de fondo.

"¿Eso quieres? ¿Que tenga cuidado y respeto por ti?" Soltó una risa mezclado con un resoplido. "Buena suerte encontrándolo."

"Mira, entiendo perfectamente que eres un llanero solitario. Pero más allá de eso esto es un equipo. De una manera u otra tendremos que cooperar para que Mercedes venza una vez más."

"Claro. Equipo, Mercedes, vencer. Lo tengo."

"¿Por qué no has ido a la ceremonia de la FIA en Ginebra el año pasado?"

"Estaba ocupada. Cosas importantes." La rubia empezó a jugar con la abertura de la guantera frente a ella. "Así que eres casada."

"Sí. Hace bastantes años. ¿Y tú?"

"Viuda." Eve la observó alarmada. La camioneta se descarriló. "¡Oye! ¿Quieres que maneje yo?" 

"No, lo lamento. Sólo no esperaba esa respuesta. Mis condolencias."

El trayecto continuó con la canción sonando de fondo y el repiqueteó de la abertura.

"No te sientas mal. Es algo común."

"¿Crees que la muerte es algo común?"

"Sí. Mientras estamos teniendo esta conversación hay miles de personas allí afuera que se están muriendo. La vida y la muerte son cosas comunes."

"Siento como que no le das importancia a la muerte."

"No. En verdad que no. Sucederá cuando deba suceder. ¿Así que corres para Inglaterra?" Eve balbuceó en respuesta. "La Reina debe estar orgullosa." El tono salió sarcástico.

"Me ha llamado cuando gané mi tercer título. Sí, está orgullosa. ¿Sólo corres o te dedicas a otra cosa? ¿Hobbys?"

"Solo compito. No soy ingeniera automotriz. Voy a fiestas y de tanto en tanto a carreras ilegales."

"Tú lo has dicho, es ilegal. Ahora debes dar el ejemplo con el puesto que tienes."

"Es ilegal, sí. Pero divertido y una muy buena puerta al sexo espontáneo. Yo sé hacer mi trabajo, no te preocupes."

"¿Quieres que tengamos esta relación áspera?" Ajustó Eve.

"Tienes razón, lo siento. Realmente estoy agotada y no estoy de humor. Intentaré comportarme de la mejor manera posible mientras esté en la escudería."

A los pocos minutos la camioneta ingresó al Heathrow.

"¿Te veré el catorce?"

"¿Para?"

"Es la presentación oficial del automóvil aquí en Brackley."

"No creo que sea necesario."

"Villanelle, está en el contrato. Léelo."

"Sí, el contrato. La última vez que lo vi se lo dejé a la hija de Cruella para que se limpie el culo. Soy un alma escatológicamente bondadosa."

"No puedes hacer eso. ¿Qué tienes con los papeles? Tu manual lo has destruido también."

"No me interesan los papeles." Eve suspiró.

"Tienes que ir. Luego iremos a Catalunya para la práctica." La EQC se detuvo al costado del cordón para que pudiese descender.

"Hagamos algo, ¿Quieres? Te daré mi número y me escribes cuando tengo que estar aquí."

"No soy tu madre ni tu asistente."

"Vamos, Okinawa. Esto es muy nuevo para mí. Ayúdame."

La voz de Carolyn resonó en la cabeza de Eve con su reunión a solas.

"Claro. Te ayudaré pero no hagas nada estúpido."

Villanelle buscó en su celular y le dictó su número mirando la pantalla.

"¿No sabes tu número?"

"Lo lamento, es que de tanto en tanto lo cambio. Ya sabes... Fans." Eve comprendió ya que en varias oportunidades le había ocurrido algo semejante. "Pero no te preocupes, lo mantendré pase lo que pase. Por cierto, sólo llamadas, no tengo ningún tipo de mensajería. Ya sabes..."

"Fans. Sí. De acuerdo. Nos vemos." Villanelle retiró de la cajuela su maleta y caminó hacia la entrada. "¡Y basta de seudónimos japoneses!"

"¡Por supuesto!" La saludó a la distancia. "Sayonara!"

"Imbécil."

 

 

 

La lucha interna era básica.

Llamarla a primera hora el día trece para que tenga tiempo suficiente para llegar a Brackley y parecer una lame culos de la novata.

O llamarla el catorce por la mañana para hacerle sentir el rigor, poner presión y marcar el territorio.

Pero a lo largo del día doce surgió una tercera variante y era no llamarla en absoluto.

Lo que Eve lamentaba era el hecho de que no era ni un uno por ciento de idiota que Villanelle. No podía faltar a su palabra y terminó optando por el término medio.

El catorce se despertó a las cinco de la mañana. Hizo ejercicio en el gimnasio cerrado y alrededor de las ocho horas marcó el número.

Le pareció asombroso que al segundo tono contestaran. 

"Residencia geriátrica La vida es bella, buenos días. ¿En qué le puedo ayudar?" Dijo una voz de mujer adulta y algo grotesca.

Eve alejó el celular y cortó rápidamente. Se quedó pensando al aire sentada en su banco de ejercicios. Volvió a marcar.

"Residencia geriátrica La vida es bella, buenos días. ¿En qué le puedo ayudar?"

"¿Villanelle?"

"No señora, esto es una residencia geriátrica. ¿La puedo ayudar en algo?"

"¿Villanelle eres tú o esto es una broma?"

"Señora, aquí no hay ninguna Villanelle. ¿La puedo ayudar en algo más?"

Hundida en nervios volvió a alejar su celular y cortó la llamada.

Ya entendía el motivo por el cual Villanelle le había dado su número mirando la pantalla y no de memoria.

El enojo escaló en Eve. Esto ya no era su problema, sino más bien de Mercedes.

Esa misma tarde, desde uno de los salones que componían los cuarteles de la escudería en Brackley, el W12 se mantenía en secreto bajo un cobertor. Carolyn se aproximó a Kenny, Bill y Eve con aire enfurecido tras bastidores aguardando la ceremonia.

"¿Dónde está?" La piloto se desentendió del asunto vistiendo sus pantalones finos y rectos en conjunto con su camisa de Mercedes.

"No lo sé. Ella fue notificada, le di un sobre con las fechas-"

"¿Acaso no sabes lo que hace ella con los papeles? Los usa para prender fuego o limpiarse la grasa de sus manos. ¿¡Dónde está!?" Susurró con bronca y sus labios apretados.

"La llamaré. Dame un momento." Kenny se alejó nervioso y apretando a toda velocidad su pantalla. Atendieron varios llamados después.

"Commendatore."

"Villanelle. ¿¡Dónde estás!?"

"¿Cómo dónde estoy? Es San Valentín." Una sonrisa traviesa se escuchó de fondo. "Oye, mantén silencio."

"Te estamos esperando en Brackley para la presentación del auto."

"Oh, eso. Dile a Cruella que se me ha muerto..." Titubeó murmurando. "Mi abuela. Una muerte horrible. Desastrosa. Toda mi familia está quebrada."

"No puedo mentirle a mi madre."

"Sí puedes muñeco de torta. Has de cuenta que es una mentira como cuando le decías que ibas a dormir y en realidad te ibas a cepillar a tu noviecita." Otra voz surgió a lo lejos. "Vamos. Córtale. Mira lo que te estás perdiendo."

Un gemido ahogado con un suave estruendo de labios juntándose se escuchó en el parlante.

"Villanelle, esto no está b-" La llamada se cortó.

Carolyn llegó justo detrás de él.

"¿Y?"

"No creo que venga. Tuvo un problema personal." Los ojos marrones filosos de su madre casi que lo agarraron de la garganta en búsqueda de la verdad. El muchacho continuó. "Íntimo. Su abuela. Muerta."

"¿¡Por qué demonios no la has llamado antes!?"

La directora ejecutiva giró para ver a Eve con sus brazos cruzados mirando con cautela. Se escuchaban las palabras a todo volumen de un 'Te lo advertí'.

Ese día Carolyn solo justificó la ausencia de Villanelle en su discurso con un simple "problemas personales de último momento".

A las pocas horas, ya siendo 15 de Febrero, Villanelle recibió la llamada de Carolyn por la mañana. Liberó su mano de las sábanas de su cama donde estaba enroscada en una mezcla de seda, piel propia y ajena.

"¿Hola?"

"Te quiero en Brackley el veintitrés de Febrero a primera hora como una persona decente. De lo contrario estás afuera del equipo."

"No puedes echarme." Respondió aún somnolienta.

"Puedo hacer contigo lo que se me ocurre, esclava." Repitió con saña la descripción de la piloto al momento de firmar el contrato. "Y ten en cuenta que afuera de nuestros cuarteles tengo una fila de pilotos más larga que los Campos Elíseos que mueren por tu butaca."

"No me gustan las flores, Cruella, pero gracias por tan reconfortantes palabras hacia mí."

"A mi tampoco. Me dan alergia." Hizo un breve descanso. "El veintitrés."

La llamada se cortó abruptamente y la rubia dejó a un costado su celular. Giró sobre sí misma para quedar encima de su acompañante dormida. Coló su rodilla por entre sus piernas buscando estimularla bajo presión. Con una mano tomó su rostro y comenzó a besarla con fervor. La mujer, descolocada por la marea de calor que subía en ella, respondió rápidamente y movió su lengua descontrolada dentro de Villanelle. La piloto cortó el beso para susurrar brevemente.

"De cero a cien en cuatro segundos. Nada mal, preciosa."

 

Villanelle arribó el veintitrés en el primer vuelo al Heathrow. No porque se lo había dicho Carolyn sino porque había otro propósito por detrás: su primera prueba arriba de su monoplaza de la temporada. Salió del taxi y esta vez pagó con su tarjeta. En el hall aguardaba la CEO, Eve con sus gafas y Kenny.

Con una sonrisa y con su goma de mascar saludó a todos y subieron a la van que aguardaba en el estacionamiento principal, cada uno con su maleta. Eve no le dirigió la palabra.

El jet privado aguardaba en el aeropuerto de Turweston Flight Centre a tan solo trece minutos de la fábrica de Mercedes en Brackley. La rubia pensaba a sus adentros a medida que ingresaban a la aeronave. Tomó asiento de frente a su ingeniero. En diagonal a un metro, también mirando hacia ella, se encontraba Eve con Bill. Cerca de la puerta de salida y sola se encontraba Carolyn.

Levantó su mano para que todos, menos Bill, pudiesen verla.

"¿Puedo hacer una sencilla pregunta?" Nadie respondió en conformidad. "¿Puedo saber por qué mierda nos tenemos que ir a España para probar los autos y no lo hacemos en el circuito de aquí atrás?" Su cabeza asintió al aire aludiendo a Silverstone. "¿Les gusta gastar dinero en logística?"

Eve exhaló escuetamente con fuerza, negó con su cabeza y miró hacia la ventana mientras esperaban el despegue.

"Hey, tú, ¿Qué te causa gracia?" Hizo un globo y lo explotó.

"Probablemente si hubieses asistido a la presentación del W12 lo sabrías."

"Esperé tu llamado y no llegó." Eve la miró de manera filosa detrás de sus Ray-Ban con una ceja arqueada.

Bill se dio cuenta y, sin hacer sonido alguno, la llamó a silencio negando con la cabeza y ayudándola a mantener sus cabales. La morocha no volvió responder.

El avión alcanzó vuelo y cada uno abrió sus dispositivos móviles. Eve estaba concentrada en su laptop cuando Villanelle volvió a hablar.

"¡Hey, Okinawa! Te tengo una canción para ti." Se esforzó en ignorarla mientras seguía tipeando. "Bueno, no me hables pero después no quiero quejas si te pones a bailar."

Buscó en la lista y puso la canción 166.

"Es una buena canción." Dijo Kenny meneando su cabeza.

"¿Ves? Lo que pasa es que ha perdido mi número y no se hace cargo." Reventó con saña su chicle. "Puedes cantársela a tu ingeniero si quieres. Billy, Billy don't you lose my number."

"Baja el volumen, Villanelle." Anunció Carolyn leyendo sus archivos.

"¿Por qué? A Kenny le gusta, y a George Clooney también." Carolyn se preguntó a quién se refería pero Bill giró hacia ella sorprendido. "Oye, he visto que estabas moviendo tu pie al ritmo de la canción."

Eve desde el frente lo fusiló con la mirada mientras él bajaba la suya, derrotado. Había sido descubierto.

"Ahora que lo pienso te pareces a Phil Collins, George. Con tu pelada inmaculada y todo. Te llamaré así." El único que rió fue Kenny, que seguía murmurando la canción.

 

 

 

BARCELONA.

 

En algo más de dos horas aterrizaron en el aeropuerto Josep Tarradellas - El Prat, en el corazón de Barcelona. Otros treinta minutos hacia el noreste bastaron para alcanzar por van a los cinco tripulantes hasta el Circuito de Montmeló. La entrada fue silenciosa, sin periodistas o gente de seguridad.

"¿Por qué está todo tan calmado?" Susurró Villanelle hacia su ingeniero, intentando no herir susceptibilidades. Desde su ventana empezaba a ver los trailers en donde se quedaría el equipo entero.

"Por hoy el día está muerto. Te aconsejaría que ahora descanses y te prepares para mañana porque será el gran día. Puedes recorrer el circuito hoy si lo deseas."

"¿Mi auto está listo?" Los ojos le brillaron con necesidad.

"No. A pie." Arrugó su cara en disconformidad. "O en bicicleta si quieres."

"Peor." Volvió a revisar las instalaciones desde el vehículo a medida que llegaban al estacionamiento principal. "¿Me dirás por qué estamos aquí y no en Silverstone?"

"¿Alguna vez has conducido en Montmeló?" Con su mano izquierda, la más lejana a Kenny, la acercó y le pegó una pequeña cachetada.

"Vengo de la Fórmula Dos, imbécil. Claro que he conducido aquí."

"Tienes razón." Respondió nervioso y alerta. "Bueno, Montmeló es considerado uno o el más completo de los circuitos. Las curvas, las rectas, las chicanas."

Villanelle asintió en conformidad.

"¿Y tú has estado en la iglesia esa grande, con ventanitas y que parece que está agarrada con escarbadientes?"

"¿Te refieres a la iglesia Sagrada Familia?"

"Esa mierda. Sí."

"Sí, claro que he estado. Vengo a Barcelona desde-"

"No me interesa. ¿Sabes qué pienso a veces? Que no son tan creyentes aquí."

"¿Por qué?"

"Porque si lo fuesen hasta Dios y María santísima los ayudaría a terminar los arreglos de una vez por todas." Explotó en una carcajada frente a Kenny que la miraba con rostro confuso.

"Es algo muy delicado, Villanelle. De hecho, he sacado turno para casarme allí."

"¿En serio?" La cara de su ingeniero cambió a una sonrisa y la apuntó con los dedos.

"Te la has creído." La rubia bajo su rostro para mirarlo con aire cansado.

"Cállate. No es gracioso."

Luego de desempacar, ya vestida con su remera y campera de la escudería, se acercó a los boxes donde Hugo y el resto terminaban de armar el W12. Saludó a todos de manera general y salió a la calle, aquella que cruza todos los pits y es encerrada por los talleres y los centros de comando de los ingenieros. En medio del cruce, mientras observaba distraídamente hacia su derecha en la zona de salida, una ráfaga de viento centrifugada la sacudió entera poniéndola alerta. Demoró dos segundos en ver como la bicicleta pasaba a su lado a tan solo centímetros a gran velocidad y se perdía rumbo a la salida al circuito.

Tuvo que afinar un poco más su vista para ver la melena tupida controlada con una coleta debajo del casco.

Villanelle puso su lengua delante de sus dientes delanteros y chasqueó, casi con asco.

Volteó y se fue a su trailer. Solo salió de allí para una escueta cena.

 

 

 

"¿Lista?" Le preguntó Kenny con expectativa.

Villanelle yacía en su pequeña habitación privada detrás del taller donde contaba con varias mudas de su ropa para correr, así como cascos. Mantenía el diseño en color amarillo con dos líneas en la mitad con un poco de separación entre una y otra. Una de color verde y otra de color azul. En la parte posterior, con una letra muy pequeña, estaba el nombre 'Ayrton'. Tenía su camiseta ignífuga puesta y su overol atado en la cintura.

"Lista."

"¿Con miedo?"

"No. Excitada."

"¿Has hecho ejercicio?"

"Vete a la mierda."

En la salida del box estaban los periodistas y fotógrafos amuchados disparando repetitivamente. Villanelle les alzó una mano y una sonrisa lateral. Se ajustó su equipo y se puso crema antes de calzar sus guantes.

Antes de arrancar hicieron la prueba de los siete segundos para salir del cockpit al tratarse de un lugar estrecho y casi enjaulado por el halo frente a ella.

Lo resolvió sin dificultad.

Frente a Villanelle estaba Hugo levantando el vehículo con su gato mecánico. Por detrás de él a unos cuantos metros, del otro lado de la calle, estaba Kenny que le levantaba el pulgar.

Tras dar la señal, los ingenieros empezaron el ritual de arranque del motor. La rubia ayudaba con el procedimiento desde su volante hasta que el W12 rugió en el silencio de Cataluña. Los mecánicos bajaron el monoplaza y sacaron los cobertores de los neumáticos para darle calor.

Hugo retrocedió a la calle e hizo señales para que salga.

Villanelle bajó su visera y con delicadeza salió a la calle. Regulando el motor en no más de ochenta kilómetros por hora pasó el último control de velocidad dándole paso libre a Montmeló. Automáticamente su radio se activó.

"Radio check Villanelle." No hubo respuesta. A lo lejos el Mercedes aceleró a máxima potencia dirigiéndose a la primer curva. "¿Villanelle?"

Luego de algunas curvas, y de bajar la intensidad de velocidad, el celular de Kenny sonó. Con sus ojos en las pantallas lo revisó escuetamente para ver un mensaje de la piloto. Se tiñó de confusión y abrió la imagen adjunta.

Era un primer plano de la visera abierta de la rubia con sus ojos abiertos de par en par. Sin dudarlo apretó el botón de la radio.

"¿¡Villanelle!? ¿Estás con tu celular en tu cockpit?" Preguntó alarmado.

"Yeehaw! Pendejo, ¡Esto se siente increíble!"

"¡No puedes tener tu celular ahí! Por favor, regresa y recuerda que esta práctica no es para que exprimas el motor al máximo sino para que te vayas acostumbrando de a poco."

"¡Hey! Se supone que debes hablarme con calma como Phil Collins y no enojado o a los gritos. Ahora, ¡Cierra el trasero y déjame poner una canción!"

Lo que Kenny nunca supo era que la radio solo iba a un solo oído, en el otro estaba el airpod. Villanelle alzó el celular a la altura de sus ojos y apretó en la canción 144. Subió el volumen a máximo y guardó su celular a un costado.

Aceleró a máximo su W12 por las rectas del circuito probando frenos en las curvas más cerradas.

"Si te sientes cómoda ve probando los diferentes mapas por favor pero no los extremos. De a poco. Gracias."

Villanelle dio un total de veinte vueltas al circuito haciendo caso por esa vez, acostumbrándose al embrague, calentando neumáticos y ajustando las opciones de su monoplaza. 

"Muy bien Villanelle. Box box, box box. Suficiente por ahora. Volverás a la tarde. Buen trabajo."

Esa tarde el trabajo fue casi idéntico, con precaución de no morder pianos que desgasten el suelo del Mercedes y controlando la velocidad. Eve veía el auto correr por la recta principal desde la entrada de su garage con sus brazos cruzados. Frente a ella Bill estaba con los auriculares puestos, controlando la comunicación entre Kenny y su piloto. Ambos se dieron una mirada discreta ensayada.

Eve no quería perder el control de la situación en Mercedes y eso abarcaba no solo su box, sino también el contiguo con el otro vehículo idéntico.

Con algunas risas de por medio Villanelle se retiró a su trailer privado. Cuando entró su sonrisa se desvaneció.

Se quedó allí, en silencio. Tomó una ducha breve, cenó a solas más temprano de lo habitual, y volvió a su espacio. Su cuerpo cayó derrotado en la cómoda cama. Torció su cuello para ambos lados y se quedó enfrentando el techo, con su rostro teñido de preocupación.

Su cuerpo retumbaba por todos lados. Para ella parecía como si la hubiesen metido en un saco cerrado y miles de matones lo hubiesen golpeado repetidamente con cachiporras.

Kenny no estaba tan errado. Debía ejercitarse urgentemente o el W12 seguiría castigando su físico con su fuerza G.

Esa noche tuvo un solo veredicto: Esto no era un chiste. No eran sus vehículos personales. No era la Fórmula Dos.

Esto era la Fórmula Uno.

Chapter Text

"Hey, pendejo, ven aquí." Villanelle encontraba a Kenny en el desayuno. Lo tomó desde el cuello de su camisa y lo quitó de la fila para llenar su bandeja hacia una esquina a solas.

"Buen día." Respondió con algo de enojo.

"No tengo un buen día. Escúchame, ¿Tienes algún relajante muscular o algo así?"

"¿Eres drogadicta?"

"¿Qué? ¡No! Eso es lo que quiero hablar contigo. Fíjate o filma a tu novia qué clase de ejercicios hace para que el auto no me destruya el cuerpo."

"¡Villanelle! ¡Te lo he dich-!"

"¡Cállate maldito imbécil!" Le dio un suave golpe en la boca del estómago con su codo. "Habla bajo, no quiero que nos escuchen." El susurro era ya casi en voz alta.

"Necesitas cambiar los hábitos alimenticios y ejercitar tu cuerpo para tolerar la fuerza G."

"Nadie me privará de comerme una hamburguesa con doble queso."

"Entonces, estás sola en esto."

"¡De acuerdo, de acuerdo! Pero, ¿Tendré mis permitidos?"

"¡No soy tu padre! ¡Soy tu ingeniero de pista!" Un nuevo golpe impactó en el mismo lugar.

"¡Háblame bien porque el siguiente irá en tu escroto y no creo que tu noviecita quiera casarse con alguien que no pueda tener hijos! ¿Me ayudarás?"

"Sí." Respondió gimiendo.

"Bien. Habla con ella, ¡Y si le dices que es para mí ve de anular el turno en la iglesia porque te ahogaré en aceite hirviendo!"

"Lo que digas." Silbó mientras se recomponía de los dos golpes.

"¿Dónde consigo algo que me ayude con este dolor de mierda?"

"Audrey puede. Es la asistente de prensa. Está comiendo allí." Señaló con su dedo.

"¿La que tiene el pelo de Bob Marley?" Abrió sus ojos en su dirección. Kenny balbuceó en conformidad aún dolorido. "Gracias. Y ten en cuenta que eso no se lo digo a nadie." Lo tomó del rostro y le dio un beso en la comisura.

Se acercó a paso relajado, casi bailando y cantando cerca de ella y tarareando los teclados de fondo.

"Don't worry, tararara, about nothing, tararara, cos' every little thing is gonna be alright, tararara." Terminó cantando sentada delante de ella.

"Es una buena canción. Hola, soy Audr-"

"Ya se quién eres. Eres la Bob Marley de Mercedes. Escucha, no sé por qué te pido esto pero necesito un calmante muscular."

"¿Tuviste algún accidente?" Se alarmó.

"Algo así. ¿Tienes?"

"Si, en mi trailer. De todas maneras deberías consultar con el médico del equipo-"

"Al carajo el médico. Ven, te llevo la bandeja así comes en el camino Bob. Vamos, cuanto antes."

En el camino Villanelle tomó algo de la comida de Audrey. Mientras ingería un desinflamante en privado la chica volvió a hablar.

"Tienes conferencia de prensa en una hora. Será mejor que te prepares."

"Y... ¿Qué tengo que decir?"

"Seguramente te harán preguntas básicas de la escudería y cómo te sientes en el auto."

"Estoy tomando un maldito desinflamante porque ese auto me reventó a golpes. ¿Eso debería responder?" La chica dudó al aire.

"Si fuese tú buscaría ser más neutral. Cuenta lo bien y cómoda te encuentras en Mercedes y tu experiencia con el vehículo. Los periodistas siempre buscan lo controversial, siempre es bueno que te mantengas en línea."

"¿Y si no me encuentro bien y cómoda y el auto es una mierda?" La miró con ojos abiertos.

"¿Te sientes así?"

"Es que solo miento para las bromas, sino no me sale mentir."

"Entonces déjalo fluir. No luzcas maleducada y cuida tu vocabulario como en la Fórmula Dos."

"Jamás lo cuidé." Audrey suspiró, algo cansada.

"Bien, entonces has de cuenta que te encuentras en el mundo de las fantasías y las preguntas que no entiendas o sientas que serían ofensivas déjalas en eternas dudas. ¿No te sientes cómoda con el vehículo? Entonces la respuesta será 'es un mundo nuevo para ti y estás haciendo todo a tu alcance para lograr ponerte a tono con el monoplaza'. ¿Lo entiendes?"

Villanelle asintió pensando a sus adentros, buscando comprender el punto de Audrey.

"Entiendo perfectamente. Oye, eres demasiado buena en esto. ¿Quieres ser mi asistente?" La pregunta descolocó a la joven chica.

"Pero ya tengo un trabajo."

"Sí, pero este será mejor. Si quieres podemos acordar sacar la cláusula de sexo y dejaré que uses el cabello así." La rubia sacó una risa lateral, la misma que mostraba con aire depredador y casi intimidante.

"Gracias pero me gustan los hombres." Respondió con timidez. "Y me gusta mucho el trabajo que tengo aquí." Villanelle marcó un rostro aburrido y casi enojado.

"¿¡Acaso no hay gays en Inglaterra aparte de Elton John y el cantante de los Pet Shop Boys!? Pobre Freddie Mercury, se debe estar revolcando en su tumba." Villanelle se derrumbó en el sofá de la chica.

"Hay muchos, descuida." Tomó algo de su tostada y se quedaron en silencio por un momento. "¿Cómo te sientes aquí en Mercedes?"

"Aburrido. ¿Tendré que hacer mucho ejercicio y cambiar mucho la comida para conducir?"

"Creo que es solo al principio. Puedo darte referencias si quieres."

"Oye, es buena idea. Tú conocías a la que estaba antes que yo, ¿Verdad?"

"¿Elena? Sí. La extraño mucho."

"¿Recuerdas qué comía ella o que clase de ejercicios hacía?"

"No mucho. Si le gustaba mucho comer panqueques con fruta y crema. Tienes que comer mucho por la mañana."

"Ok, entendido. Gracias Bob."

"En breve iré a buscarte para la conferencia de prensa."

Una hora después las dos pilotos se sentaron frente algunos periodistas. Eve saludó y sonrió a alguno de ellos.

"Pregunta para Villanelle. ¿Qué se siente ser la nueva corredora de Mercedes luego de la temporada pasada en Fórmula Dos?"

'Como la mierda. Acá todos son aburridos. El auto me ha cagado a golpes.'

Los ojos avellana recorrieron con asombro la sala y cerrándolos ante algún flash. Giró a la derecha para encontrar a Audrey tras bastidores. Puso sus palmas enfrentando el piso y las bajó lentamente, recordando los consejos. La piloto los enfrentó nuevamente y movió sus manos, nerviosa. Murmuró en duda antes de hablar.

"Acostumbrándome de a poco. Son muchas cosas nuevas y tengo poco tiempo para asimilarlas, pero el auto es muy rápido."

"¿Piensas que la escudería no te dio tiempo suficiente para que te prepares para el nuevo auto?" Se anticipó un periodista de camisa blanca.

"Oye, no he dicho esa mierda." Se adelantó mirándolo con mala cara. Los flashes se dispararon a toda velocidad. "Son las primeras pruebas."

Eve giró lentamente hacia Audrey que se tapaba la cara, completamente arruinada.

"Se ha puesto en tela de juicio que estos autos son muy rápidos para que las mujeres resistan tanta fuerza G, incluso la FIA está en proceso de análisis de cambio de formato de motores, autos y duración de las carreras. ¿Das tu visto bueno por tu primera experiencia a esto? ¿Crees que el auto de Fórmula Uno debería asemejarse al de Fórmula Dos?"

"¿¡Qué clase de preguntas de mierd-!?" Los flashes se volvieron a disparar con furia.

Una mano sobre su codo la hizo frenar. Villanelle vio los ojos de Eve eran fríos casi siniestros. La morocha quemaba con la vista al periodista de campera azul que esbosaba una leve sonrisa.

"Espera. No entres." Sin enfrentarla, la rubia supo que le hablaba a ella. Moduló su voz para responder por Villanelle. "No creo que sea la pregunta correcta para alguien que aún no ha corrido una carrera de Fórmula Uno."

"Pero la pregunta fue para ella, Eve. No para ti."

"No has dicho su nombre por ende ambas estamos en posición de responder y allí tienes tu respuesta. Ahora, ¿Quieres hacerme esa pregunta a mí ya que el resto de las pilotos no se encuentran aquí?" La pregunta salió con una sonrisa mentirosa y superadora.

"No." Cortó y tomó nota.

"Muy bien. ¿Siguiente?" Un hombre de adelante levantó su mano. "¿Si Jamie?"

"Hola Eve. ¿Cómo sientes el W12 para la nueva temporada?"

"Recién hoy probaré mi monoplaza. En el día de ayer le dimos espacio y tiempo a Villanelle para que se aclimate a su nuevo vehículo. Además hemos estudiado la telemetría con dos alerones delanteros diferentes en sus prácticas para ver el comportamiento del W12 con los flujos de aire y la aerodinámica. Hoy tomaremos una determinación en base a cuál de los dos usaremos luego de mi práctica y podamos llevar a Australia."

Villanelle la miró desde su posición con asombro. Jamás fue informada de los cambios en su vehículo ni de las mediciones del comportamiento por la telemetría. Pero lo que más le impresionaba era la calma y calidez con la que Eve trataba a los periodistas.

"Pregunta para Eve." Anunció otro hombre detrás. "Luego de tres años junto a Elena, ¿Cómo visualizas tu temporada al lado de una corredora novata como Villanelle? ¿Crees que Mercedes ha acertado por haber contratado una piloto tan diferente a la anterior y tan joven?"

La rubia abrió la boca para responder enfurecida pero fue sorprendida por una carcajada a su lado. Eve demoró en recomponerse para responder.

"Bueno, a ver. Esas son dos preguntas, pero iré de a poco. ¿Cómo lo visualizo? Sólo el futuro dirá. No tengo la bola de cristal, todo puede pasar allí afuera a alta velocidad. Trae sangre y energía fresca y eso es bueno para el equipo. Y seré completamente honesta contigo y con ella." Le dedicó una suave mirada con una sonrisa en sus labios. "La he visto ayer arriba del W12 y es absolutamente sorprendente para ser su primer experiencia en un auto de Fórmula Uno. Me ha dejado la cabeza en blanco lo rápido que asimila cuestiones de avanzada que a mi me ha llevado un tiempo prudencial en su momento."

Villanelle miró al frente con su característica sonrisa desde el lateral derecho, algo ruborizada. Una mezcla perfecta entre nerviosa y amenazante.

"Creo que Mercedes ha hecho un acierto y para desarrollar la pregunta un poco más en profundidad te haré mi segunda confesión del día. No había visto ninguna carrera de ella y me lo lamenté profundamente. Carolyn me ha convencido por ello y te diría que casi obligado a ver la última carrera en Abu Dhabi." Suspiró con una sonrisa en sus labios frente a ellos. "Créanme cuando digo que es realmente sorprendente. Poder ganar el campeonato con un motor de menor calibre y gestionando la durabilidad de sus neumáticos hasta el final es digno de un talento formidable. Sin lugar a dudas Mercedes ha hecho una muy buena jugada al momento de visualizar diamantes en bruto."

"¿En serio piensas eso de mí?" La voz grotesca y espesa llenó la sala con los ojos avellana sobre Eve. "Carajo."

Una avalancha de carcajadas cayó en el salón.

"¿Qué puedo decir? Soy una mujer de pocas palabras en Brackley pero ellos me hacen dar confianza para expresarme, así que... Agradeceles."

"¡Villanelle! ¡Villanelle!" Llamó otro periodista detrás con la mano en alto. "¿Y qué piensas tú de Eve? ¿Cómo ha sido el primer encuentro?"

"Pensé que era traductora. De hecho solo la reconozco por el pelo y porque usa mi misma camiseta." Nuevamente rieron en voz alta, incluso Eve. Los últimos dos movimientos trajeron distensión a la conferencia de prensa y por ende Villanelle se relajó.

"Imagino que has visto carreras de ella. ¿La ves como una fuerte amenaza?"

"No he visto nada." Las risas se apagaron como un interruptor de luz. La rubia se desesperó en su lugar y buscó a Audrey a la derecha. "¿He contestado para la mierda?"

"¿No has visto ninguna carrera?" Preguntó por lo bajo otro periodista.

"No. O sí. Sí he visto." Otro silencio más en donde nadie creyó en la respuesta.

"Me gusta que no haya visto nada. De hecho, me ha agradado que no me haya reconocido cuando me vio por primera vez." Cortó Eve devolviendo algo de serenidad. "Me hace saber que estamos en igualdad de condiciones y a veces, al tener a mi lado a alguien que no le importas o no te trata con respeto exhuberante por los campeonatos que tengas, te hace trabajar la humildad. Así que no lo veo como una ofensa o como algo malo. Será una experiencia que nos dará frutos a ambas."

"¡Hey! No te dejaré ganar por la actitud amable que estás teniendo."

Una nueva ola de carcajadas rompió en la sala. Otro hombre levantó su mano.

"Creo que esta pregunta te encaja mejor a ti, Eve. ¿Crees que la decisión de la FIA sobre la duración y reglas también proviene de la falta de fondos por la poca concurrencia en los grandes premios?" Suspiró antes de responder.

"Ojalá que no sea ese el motivo. Habrá carreras emocionantes, otras ya más establecidas y sin muchos movimientos en los puestos. Si consideran emocionantes los accidentes y por eso lo hacen, entonces no lo sé. Soy conciente que no tenemos muchos accidentes. No es nuestra culpa que manejemos mejor que los hombres." La respuesta despertó otras risas.

"Eve, a ti." Villanelle se reclinó en su asiento, cansada de no responder. "¿Crees que la predominancia de Mercedes en motor y diseño por encima de las otras escuderías hace que sea un aditivo en estos resultados obvios como fueron el año pasado? Digo, ya que la única que tuvo oportunidad de quitarte el título fue tu ex-compañera Elena."

"No estoy aquí para hablar de los diseños de los otros monoplazas. Red Bull tuvo carreras muy buenas, Ferrari también. Creo que Mercedes, más allá de ganar, siempre pone los ojos en lo que vendrá. Nos preocupamos por el futuro para ver frutos en el presente y eso es algo que me ha enamorado de este equipo. Dudo que lo tengamos fácil, somos pilotos y cometemos errores como cualquier humano. Si bajamos la guardia los otros equipos están al acecho para hacerse con nuestros puntos."

"¡Eve, aquí!" La piloto señaló al mismo periodista de campera azul. Demoró en notar quién era y se arrepintió inmediatamente. "Teniendo en cuenta que la FIA vuelve a poner bajo la lupa las regulaciones de las competencias y como eso afecta considerablemente de manera física a ustedes, las mujeres. ¿Crees realmente que está bien que tengan las mismas normas que los hombres o similares?"

El silencio gobernó en la sala.

Eve se adelantó cuando sintió como el cuerpo de Villanelle se tensaba a su lado. Expuso su rostro más duro al momento de responder.

"Francamente me parece una pregunta sin razón. La FIA es el ente regulador aquí y lo que ellos digan, se hará. Habrá que tener en cuenta también que tengo treinta y siete años y sigo aquí por una temporada más sin saber de mi futuro. Jamás me he descompensando en un gran premio. He tenido accidentes y creo que todas sabemos perfectamente a que riesgo nos enfrentamos cuando apretamos el acelerador. Las normas están claras, para mí y para todas las competidoras. Queda en una misma si no se prepara para el calor, la fuerza G, la presión, la cantidad de vueltas, etcétera. Como quieras llamarlo. Ahora yo te haré una pregunta a ti: Si yo con treinta y siete años puedo prepararme física y psicológicamente para competir luego de tantas temporadas. ¿Por qué no podría alguien más joven que yo?"

Levantó sus cejas mientras torcía su rostro. Villanelle a su lado la miró impactada.

Sorprendiendo a todos, la última campeona continuó.

"Cuando gustes te invito a ti, o a cualquier hombre que quiera poner en tela de juicio mi profesión, a que se suba a mi auto. Pero lamentablemente dudo mucho que siquiera puedan salir de los boxes. Desde que estoy en esta categoría año tras año se cansaron de hacerme este tipo de preguntas. Comparándonos constantemente con los hombres para ver si somos capaces de soportar las mismas condiciones que ellos. Si los autos cruzan la línea de meta, ¿Eso no significa nada? Buscan el error ajeno con tanta precisión que me sorprende, y miren que yo soy demasiado obsesiva con el detalle." Algunas sonrisas tímidas surgieron entre los presentes. "La respuesta es sí. Está bien que tengamos las mismas normas y podemos contra ello. Yo, ella y cualquiera que se digne a acelerar su auto cuando las luces se apaguen." Hizo un pequeño descanso levantando sus hombros antes de dar un cierre. "Cuando gustes la invitación sigue en pie."

"Yo también tengo una invitación." Anunció Villanelle. Las palabras trajeron la atención de Eve a su compañera. "¿Por qué no pasas por mi garage con tu pasaporte y retiras los dos pasajes de avión flexibles que compré el otro día? Para que tú y tu machismo se vayan de vacaciones a la mierda. Sin escalas y todo incluido de mi parte. O mejor aún, te los llevaré a tu casa con tu hija arriba de mi descapotable, maldito imbécil. ¿Quién mierda te crees para decir algo semejante? Es fácil hablar cuando lo único que has conducido es un triciclo de madera desde tu casa a la casa de tu madre. Ubícate. Somos profesionales y sabemos perfectamente lo que estamos haciendo. ¿Me estás buscando? Pues me encontrarás."

Los ojos marrones de Eve vieron como la lengua de Villanelle se deslizaba fugazmente hacia su cicatriz con su mirada concentrada. Todo el mundo enmudeció.

"Bueno. Al parecer ella no va a ser tan cordial como yo, muchachos. Tengan mucho cuidado." Entonó.

Algunas risas nerviosas se escaparon por lo bajo. Se dispararon unos cuantos flashes más antes de que Eve mirara a su derecha hacia Audrey y le haga un imperceptible guiño con su ojo.

"Los diez minutos de conferencia de prensa han terminado. Muchas gracias." Anunció saliendo detrás de los bastidores.

"Gracias a todos por venir." Respondió Eve con nulidad antes de levantarse e irse.

"Esperen, esperen. Siempre amé hacer esto." Dijo Villanelle. Todos los ojos se posaron sobre ella.

Sacó el micrófono del mini-pie que lo sostenía. Lo tomó en sus manos, lo inclinó y lo dejó caer sobre la mesa. 

"Drop mic." Dijo antes de seguir a Eve.

La mayor se puso al lado de Audrey y miró entre las telas a los periodistas que poco a poco se levantaban de sus lugares. Sus ojos cortaron al hombre de campera azul. Villanelle a su lado admiraba ver el rostro concentrado de su compañera de equipo.

"¿Quién es?"

"Raymond Wells. Periodista de Motorsport UK."

"¿Raymond?" Entrecerró los ojos, afilando su vista en él. Audrey rió.

"Sí, probablemente lo hayas escuchado. Según me enteré lo transfirieron al ámbito femenino luego de que el año pasado Kimi Raikkonen lo haya golpeado tras una pregunta ofensiva."

"Oh, sí. Ahora entiendo de donde lo reconozco."

"Oye, no te preocupes." La rubia habló y tocó el hombro de Eve, intentando sacarla del trance de bronca. "Yo también puedo hacer cosas horribles con su cuerpo. Puedo golpearlo." Giró para mirarla a los ojos.

"Mantente en línea y las preguntas que te haga responde 'sí' o 'no'. ¿De acuerdo? No te dejes influenciar ni perjudiques la escudería."

A paso ofuscado se alejó de ellas.

"Lo que digas, jefa."

Villanelle estaba casi preparada para una nueva práctica, con su overol atado en la cintura. Se distendía en su garage con sus auriculares puestos y su lista de reproducción en la canción número 38. Sus mecánicos aún no preparaban el auto.

Algo de movimiento sobre la calle de pits llamó su atención. Un segundo después el rugido del motor W12 superó ampliamente su canción. Cuando se aproximó a la salida de su garage, a su derecha, la nariz del auto gemelo salió de los boxes. A los pocos metros, justo antes de la línea blanca que marcaba el final de la velocidad reglametaria dentro de los pits, el auto se detuvo. Mo miraba justo delante de Villanelle.

"Oye India, se le ha roto el auto. Ve a apretarle el acelerador." El hombre solo volteó para darle una mirada seca. La rubia se burló por su seriedad.

El ronroneo grosero del W12 se cortó de golpe. El rugido ensordeció a todos los presentes. Las gomas traseras chirriaron y el auto salió despedido al circuito.

Villanelle vio a Bill sentado sobre los controles frente al garage con sus auriculares puestos.

"Radio check Eve."

"Radio check copy."

"Bien, calienta neumáticos y luego ve por las vueltas rápidas."

"Copy."

Cuando tomó la última curva hacia la derecha, antes de salir a la recta principal, el W12 giró de más. Eve frenó abruptamente dejando la nariz casi apuntando al lado inverso del circuito.

"¿Sobreviraje?"

"Sí. Y neumáticos fríos. Tendré que dar algunas más antes de entrar en ritmo. La temperatura ambiente no ayuda."

"Copy. ¿Quieres que avise que revisen la suspensión?"

"Te diré luego."

La aceleración volvió a golpear en Montmeló como un trueno. La cola del monoplaza giró con sensualidad, casi pavoneándose a las gradas vacías del circuito, hasta dejar el frente del vehículo mirando la recta principal.

A varios metros de distancia, aún sobre la línea de entrada de su garage, los ojos avellana seguían el auto negro pasar frente a ella a alta velocidad. Villanelle sumaba otra preocupación más a su nuevo trabajo.

Antes de volverse a su trailer esa tarde Kenny corrió hacia ella. La rubia absorbía con fuerza su botella, buscando el agua perdida en sus prácticas.

"Ten Villanelle. Él te ayudará con ejercicios." Volteó para ver un número de teléfono escrito.

"¿Me estás dando un personal trainer?" Con algo de desconfianza le quitó el papel de un latigazo. "Lo llamaré luego. Le has dicho a tu maldita prometida que lo necesito, ¿Verdad?"

"No, le dije que era para uno de los mecánicos."

"Vete a la mierda, mentiroso." El sonido polifónico interfirió entre ambos. Villanelle sacó su celular con la videollamada entrante esperando a ser respondida. "Nuevamente salvado por la campana."

Le dio la espalda volviendo a su trailer para atender.




Villanelle fue de menor a mayor. Pusieron varios dispositivos en los autos midiendo el flujo del aire y las diferentes configuraciones de motor. Los últimos dos días, aún con su cuerpo mandando diferentes ecos de dolor, hizo alrededor de cuarenta vueltas, buscando ver la durabilidad de los diferentes neumáticos. Había hablado con su entrenador para empezar con algunos ejercicios, sobretodo de su cuello.

El quinto y último día de la primer sesión de entrenamiento se despertó con humor asqueroso. Ya quería volver a su casa, estar en sus sonidos y silencios. A la vez eso la animó a abrir su celular y sacar pasaje para esa misma tarde desde Barcelona a Côte d'Azur. En menos de lo que creía, esa noche, ya no dormiría en Cataluña.

Aprovechó estar con su celular para poner música y el reproductor automático cayó en la canción 100.

En el baño cargó su cepillo con pasta dental y, en un desliz de sus ojos al frente, se observó en el espejo de su botiquín. Su reflejo la imitaba con ojos cansados. Torció su cuello con algo de dolor por los entrenamientos de los últimos días. El enfrentamiento de los iris avellana se vio cortado cuando Villanelle prestó atención al cuero cabelludo. Se acercó aún más, levantó un mechón del frente estirándolo hacia arriba y miró el detalle de la raíz.

Negro. Por algunos milímetros, cortando abruptamente el tono miel suave. Apenas perceptible.

"Mierda."

Soltó el pelo y se alejó, volviendo al primer plano de su rostro. La concentración pasó de su pelo a su cicatriz, sin escalas. La trazó lentamente con su lengua. Juntó sus cejas en concentración y tiró lentamente de ambas comisuras. La línea de sus labios comenzó a crear una suave parábola.

En pleno trabajo el lado izquierdo, justo debajo de su marca, se derrumbó. Por consiguiente quedó colgando una sonrisa lateral derecha maliciosa que terminó de sellarse cuando levantó aún más su labio superior, mostrando su colmillo.

Un dejo de tristeza llenó a Villanelle y rápidamente sufrió una transformación a la rabia. Apretó su mandíbula con fuerza, compungiendo su cara en ira y alzó su puño cerrado hacia el reflejo.

No se había percatado que no estaba respirando hasta que exhaló con fuerza. La agitación vibró en ella en búsqueda de aire.

Un movimiento relámpago le permitió deshacer su puño y abrir el espejo que auspiciaba de puerta del botiquín. El reflejo de su rostro desapareció. Frente a ella había hilo dental, una botella de enjuague bucal y un cepillo de pelo.

Volvió a torcer a ambos lados su cabeza, estirando los músculos de su cuello. Puso algo de agua sobre su cepillo de dientes. Lo golpeó dos veces contra el borde sacando el excedente y lo metió en la boca. A medida que lo pasaba por sus dientes meneaba su mandíbula revoleando los ojos por los azulejos. 

Desayunó lo básico y se fue directo al automóvil sin hablar ni hacer bromas.

Cuando salió a la pista, Bill acomodaba sus cosas en la estación de control. Se quedó allí, mirando las pantallas a medida que Villanelle hacía las vueltas cada vez más rápido.

Casi como un presentimiento giró para encontrar a Eve en la entrada de sus boxes mirándolo de manera filosa. En respuesta levantó sus cejas y giró su rostro. Eve lo tradujo con facilidad.

'Empieza a preocuparte.'

Kenny le hablaba por radio desde su estación.

"Excelentes tiempos, Villanelle. Box box. Box box."

En unos segundos el W12 con el número 1 pegado en la nariz apareció y paró con precisión milimétrica al lado de la entrada de su garage. Cuando descendió del auto con rostro serio se encontró a Eve.

"¿Fanática de Senna?"

"Algo así." Quitó su casco, su HANS y su pasamontañas antiflamas de la cabeza para verla a los ojos.

"¿Algo así? Incluso tienes su nombre en la parte de atrás."

"Algo así. Discúlpame, no tengo un buen día. Con permiso."

Dejó su casco y se retiró hacia la parte de atrás. Eve se quedó pensando a medida que la veía salir.

"Si no tienes un buen día y conduces así, Dios me libre entonces." Susurró.

Ese día, apenas terminó la última sesión, Villanelle ya tenía todo listo para salir al aeropuerto.




Las segundas prácticas en Cataluña, del 7 al 11 de Marzo, eran la antesala a la temporada oficial de la Fórmula Uno.

Villanelle ya se sentía mejor. Eve se sentía mejor. Y el W12 se sentía mejor. Si bien Australia era la prueba oficial del comportamiento del vehículo y las demás escuderías, el ambiente en Mercedes era relajado. Incluso Villanelle había vuelto con su mismo humor de siempre que todos recordaban.

El día 11 la francesa se levantó temprano. Desayunó e instó a sus mecánicos que dejaran de comer para que preparen el auto. En tan solo un par de vueltas, Villanelle había logrado destruir el récord de pista que había logrado Eve oficialmente en la pole del año anterior.

Giró una hora en el circuito y cuando volvió al box salió despedida haciendo la clásica bocina del Correcaminos. En un trailer contiguo encontró a Carolyn.

"Cruella. ¿Tienes un minuto?" En respuesta solo le ofreció su mirada ácida por encima de sus lentes. "Oye, debo irme. No haré las prácticas de la tarde."

"Es tu trabajo. Debes hacerlas."

"Tengo que tomar un avión de último momento."

"¿Y qué te hace creer que te daré permiso?"

"Acabo de romper el récord de la japonesa. El que hizo el año pasado, me lo dijo tu Clark Kent."

"¿Kenny?" Villanelle parpadeó lentamente, casi harta de tener que dar esa clase de explicaciones. "¿Emergencia familiar? ¿Se murió tu otra abuela? ¿Hay una tormenta de nieve sin precedentes en tu humilde hogar?"

"Todo eso pero al mismo tiempo. ¿Puedes creerlo?" La sonrisa lateral salió como un bufido.

Carolyn la observó con rostro impaciente. Al ver que la broma no funcionaba Villanelle enterró su cara entre sus hombros y esbozó su labio inferior, mostrando su mejor puchero.

"Entre el veintisiete y el veintiocho a primera hora debes estar Albert Park. ¿Lo entiendes?"

"Llegaré el veintisiete con las flores más lindas para ti."

"Te he dicho que me dan alergia."

"Por eso mismo. Así dejas de romperme las tetas." Otra mirada podrida por parte de Carolyn la hizo callar. "Mentira. Te llevaré un dálmata caníbal. Puedes usarlo con los otros CEOs que quieran molestarte. Nos vemos, Cruella."

"Una cosa más." La voz paralizó en su salida a Villanelle. "Si no apareces el veintisiete en Australia informaré a la prensa que tú pasas a ser piloto de reserva en el equipo Mercedes." Una risotada sarcástica y respondió.

"¿Y a quién pondrás en mi lugar?"

"Te sorprenderías la facilidad que tengo para hacer trueques con otras escuderías con sus pilotos. ¿Tal vez Nadia?"

En medio de su seriedad la rubia sacó una sonrisa amarga. Se acercó a Carolyn a pocos centímetros.

"Nuestra relación no arranca con el pie derecho, Cruella."

"¿Sabes lo que es un blackberry? No, no es un celular. Es esa bola negra que le ponían a los esclavos para que no huyan. Considérame eso. Que tengas un buen vuelo."

Villanelle pasó su lengua por los dientes delanteros y chasqueó con saña. Giró y se retiró al aeropuerto El Prat.

Todo se disipaba lentamente para Carolyn. Habían pasado casi 72 horas para ella y todo había cambiado. País, ciudad, olor, sonido.

En su escritorio en Brackley, con una suave lluvia de fondo, revisaba los contratos de la nueva temporada. Aprovechaba los últimos días de tranquilidad antes de que su vida ingresara de lleno a un tornado categoría F5 y todo empezara a dar vueltas. 

Los pasos fuertes en el pasillo fueron su primera alarma. La apertura brusca de su puerta la confirmación. Eve entraba con su rostro completamente rojo y Carolyn no sabía si atribuírselo al ejercicio o a la furia que emanaba. La imitó, no le gustaba que no golpearan antes de entrar a su despacho.

"No te pediré un minuto porque debes ver esto inmediatamente."

En su mano llevaba su pequeña laptop. La abrió en el escritorio y, con dos dedos por encima de la tapa, la volteó hacia Carolyn.

Allí vio solo un fotograma con el triángulo gris estorbando. Eve levantó una ceja al ver que no se inmutaba. Se acercó y apretó la barra espaciadora para reproducir el video.

Era de noche en un escenario. La música estaba alta, casi ensordecía el audio del video. Eve hizo un esfuerzo en recordar qué número de su playlist era y, si su mente no fallaba, era la 128. Solo algunos gritos se notaban por encima. En primer plano estaba Villanelle sentada en una silla. Sus manos estaban amarradas a la parte posterior con un pañuelo. Vestía una remera holgada algo sucia y combinaba con unos jeans cortos hasta la rodilla. En su boca tenía un embudo color verde y dentro de él se descargaba una botella de ron local. Claramente era alguna zona del caribe. Las personas delante y detrás de la cámara la alentaban a tomar todo lo que se vertía en el embudo. La bebida empezó a escurrirse por sus comisuras hasta que la terminó.

Le liberaron las manos y la rubia cayó a un lado. Uno de los presentes gritó bien alto en un latino neutro perfecto.

"¡Feliz cumpleaños Villanelle!"

Todos vitorearon y la enfocaron de más cerca. Le costaba abrir los ojos, totalmente ebria, y sonrió con su mueca derecha reconocida.

"Hola mamá y papá. Los quiero." Levantó su mano en modo de saludo y una arcada subió en ella. Volteó a un costado a punto de devolver y el video terminó.

El silencio inundó la sala. Los ojos de Carolyn se escurrieron al título de la noticia. 'Piloto de Mercedes descarrila en una fiesta en el Caribe.'

La CEO volvió a buscar a Eve que esperaba con aire impaciente y sus brazos enroscados en su pecho.

"Feliz cumpleaños para ella." De un manotazo la morocha escurrió su mano hacia la tapa y la cerró de un golpe, apoyándose sobre el escritorio.

"¿Carolyn estás siento realmente seria? ¿Estás cerca de jubilarte y no me lo quieres decir?"

"Es su vida privada Eve. ¿Qué haces tú? ¿Sadomasoquismo? ¿Intentas tener sexo en una playa de maldivas? ¿Tomas gasolina? ¿Estás desnuda en tu residencia los días martes?" Una risa falsa salió a medida que se incorporaba.

"No lo puedo creer. ¡Se ha ido temprano de los entrenamientos para irse de fiesta al Caribe! ¿¡En qué cabeza cabe!?"

"Yo se lo he permitido." Eve mordió con fuerza su labio inferior.

"A mí ni siquiera se me permite tener a mi marido a mi lado en los fines de semana de competencia."

"¿Estás cuestionándome, Eve? Ella tiene las mismas reglas que tú."

"¿Ciertamente? Sí, Carolyn. Te estoy cuestionando. Lo único que hace desde que llegó es comportarse como una mocosa insolente. Y yo, Eve Polastri-"

"Kowalski."

"Ese es mi apellido de casada, no el de mi padre."

"¿Qué ocurre con Eve Polastri?"

"Llevo años protegiendo la imagen de Mercedes, comportándome como una dama, evitando que la maldita prensa me sople la nuca sin mencionar a los malditos paparazzis. Todo para que venga esta pendeja imbécil y arruine todo." Dijo marcando con sus dedos la computadora. Carolyn solo se limitó a torcer su rostro antes de volver a sus papeles.

"Al menos se ha acordado de sus padres, es un bonito detalle."

"Bien avergonzados deben estar de ver a su hija así."

"Dudo que la vean, Eve. Ambos están muertos."

"¿El padre también?"

"Sí. Los dos murieron en un accidente automovilístico cuando ella era pequeña y fue la única sobreviviente." Volvió a buscar los ojos de la piloto. "Demasiada desgracia en su vida, ¿No crees? Le daré un pequeño respiro antes de que empiece su trabajo."

"¿Sus padres mueren en un accidente y ella se dedica a correr carreras?" El tono de voz de Eve rozaba lo incrédulo.

"¿Notas lo fuerte que es ella ahora? No hay mejor manera de enfrentar sus miedos que verle la cara cada tanto."

"Me estoy dando cuenta que es más loca de lo que creí." Hizo un silencio mientras negaba mirando el suelo de la oficina. "Esto no está bien, Carolyn."

"Te recuerdo que tú, Eve Kowalski, te dedicas a lo mismo que ella y por ende te expones al mismo riesgo. ¿Cuál es la diferencia?"

Volvió a sonreír de forma amarga antes de mirarla nuevamente.

"Solo quiero ver tu cara cuando ocurra una tragedia en Australia."

Carolyn se relajó en su asiento, buscando distenderse ante la provocación. Apoyó sus codos en su silla y entrelazó sus dedos a la altura de su pecho.

"No vamos a ir a hacer teatro en Australia, Eve." Su respuesta se dirigió directamente al adjetivo de la piloto. "Iremos, haremos pole position, y ganaremos. Lo mismo que hacemos siempre. El resto no me interesa. Quiero mi maldito trofeo de constructores brillando en mi oficina en Diciembre como en los últimos años."

Se inclinó nuevamente provocando a Eve.

"Es tú problema ver cómo la sobrepasas o ganas los grandes premios. ¿Y adivina qué? Mientras tú estás aquí haciendo berrinche por Villanelle, ¿Sabes qué está haciendo ella ahora allí afuera? Su trabajo. Pensando en como estropear tu camino al quinto campeonato de Fórmula Uno."

"¿Lo quieres así? ¿Priorizarás que una maniática compita para la escudería hasta que destruya el auto en mil partes y probablemente se mate?"

"Que ella compita como quiera. Que destruya los autos que quiera. Pero lo que a mí me interesa es el maldito objetivo que tiene en su frente brillando." Eve supo la respuesta pero su jefa la aclaró. "Vengo aquí a ser campeona de Fórmula Uno y el resto se puede ir a la mierda."

"¿Quieres show, Carolyn?" Levantó su ceja. "¿Quieres ver las dos flechas de plata sacándose chispas en Australia? ¿Quieres ver a Eve Polastri con la cadena rota?"

La campeona se apoyó nuevamente en el escritorio con los ojos en Carolyn.

"Pues lo tendrás."

El concurso de miradas siguió en silencio. Vociferó una vez más antes de voltear y salir despedida de la oficina.

"Nos vemos en Australia."

Chapter Text

                                                       Albert park

 

 

Los nudillos se volvieron blancos. 

"Hijos de puta. Malditos hijos de puta. Pendeja de mierda, ¡Carajo!" Gritó hacia el parabrisas hasta que una leve aspereza de sus cuerdas vocales la hizo parar.

La radio estaba baja, casi creando un sonido ambiente sobre el silencioso motor del Mercedes EQC. Eve aceleraba con fuerza en la ruta M40 de Brackley a Londres.

Unos minutos más tarde de esquivar autos a toda velocidad un patrullero de la policía encendió su alarma justo por detrás.

"¡Carajo! ¡Carajo!"

Golpeó con furia dos veces más por cada insulto y frenó su camioneta a un costado.

El incremento de su rabia tuvo un costo de 200 libras.

Con aire indignado aparcó en el estacionamiento cerrado de su mansión y se dirigió directo al living. En una pequeña mesa tenía diferentes bebidas fuertes. Tomó el whisky y sirvió dos dedos.

Niko yacía en la cocina, a pocos metros detrás de la mesada, con el repasador colgando de su hombro y mirándola sorprendido.

"¿Mal día en la oficina?" Eve terminó su whisky de un solo trago antes de responder. Su marido ya la miraba con ojos desorbitados. Jamás bebía esa cantidad de alcohol a pocas semanas de comenzar la temporada.

"Ella es una hija de puta. La maldita pendeja insolente es una maldita hija de puta. Todos lo son." Dejó el cuchillo y la cebolla para acercarse a su esposa a medida que limpiaba sus manos.

"Eve, mi amor. ¿Qué ocurrió?" Golpeó con fuerza el vaso corto contra la bandeja de plata.

Eve calló. ¿Cómo debía poner en palabras frente a su esposo que Mercedes abrazaba cada conducta inapropiada de Villanelle? Le había dolido el comentario de Carolyn que resonaba en forma de eco en su cabeza.

'...Mientras tú estás aquí haciendo berrinche por Villanelle, ¿Sabes qué está haciendo ella ahora allí afuera? Su trabajo...'

"¡Maldita imbécil de mierda!" Los brazos de Niko la rodearon con fuerza.

"¡Eve! Tranquila. Shh." Acarició con delicadeza su melena a medida que veía que la bronca de su mujer descendía. "Ven."

La llevó de los hombros al sillón hasta que se derrumbó allí. Algunas lágrimas ya escapaban de su rostro.

"Creí que sería un día común en la oficina." Empezó él mientras acariciaba sus brazos.

"Todo se ha arruinado. Esta maldita hija de perra que es apañada por Carolyn, Paul y todo este séquito de lame bolas." Niko rió por lo bajo.

"Hace mucho tiempo que no te escucho decir tantas malas palabras."

"Lo sé." Dejó colgar su cabeza entre sus manos a medida que se recomponía. Luego de unos largos segundos levantó su rostro y apoyó el mentón sobre sus palmas. "Me harán correr."

"¿Te harán correr? ¿Acaso no es eso lo que haces?"

"Sí. Pero esta hija de puta de Carolyn no para de meter presión entre nosotras para que en Australia-"

"Oye, oye. Para ya. Aplica tus frenos de una vez por todas. ¿Hay algo que quiera Mercedes?"

"¡No! ¡Maldición, no!" Alejó las manos de Niko y se paró en su living, caminando con fuerza y tomándose la frente. "Mientras estoy aquí revisando los vehículos una y otra y otra vez, yendo y viniendo de Cataluña, esa imbécil se la pasa bebiendo en el caribe y de fiesta." 

"¿Ese es tu problema Eve? ¿Villanelle?" Se quedó de frente a su chimenea, presionando con fuerza el puente de su nariz.

"He discutido con Carolyn durante los últimos tres años en búsqueda de que te dejen asistir a los grandes premios y que estes a mi lado. La respuesta siempre fue la misma. 'No queremos que te desconcentres. Solo aceptaremos su presencia en el Gran Premio local.' Y viene ella, con su hipocresía y su inmadurez. Revuelve toda la escudería, no asiste a sus obligaciones e incluso así la aplauden. Me siento una idiota."

"Creo que la palabra no es idiota, sino descolocada."

"Solo digo que ella es... Una maldita oruga glotona. Se mete debajo tuyo y escarba. No tiene fin."

"Ya sabes lo que ocurre cuando vuelves de la oficina así, cariño." Niko se acercó apoyándole una mano en la espalda. "Lo mejor que puedes hacer es comer algo e irte a dormir."

"No. Iré a hacer un poco de ejercicio. Necesito drenar algo de todo este remolino de mierda. Avísame cuando se encuentre lista la comida."

Le dio la espalda y caminó derecho al gimnasio donde la esperaba la cinta para correr. Niko la vio desaparecer.

"Yo me encuentro bien. Gracias."

 

 

 

MELBOURNE

 

A las nueve de la noche del 26 de Marzo Villanelle había llegado oficialmente a Australia. Llevaba su campera de media estación abierta con la remera oficial de Mercedes debajo con unos borcegos grises, un jean, su cabello suelto en un rubio inmaculado. Tomó un taxi de treinta minutos desde el aeropuerto hasta el Albert Park. Con poca seguridad ingresó por la parte de atrás donde se encontraba el estacionamiento de los trailers. Dejó su valija, su mochila, cenó algo de su alacena y se fue a dormir. Casi veinticuatro horas de vuelos con escala en Dubai habían absorbido toda su energía.

Un chasquido la puso alerta. El sol entraba colándose por su persiana americana.

La abertura de la puerta volvió a sonar. Alguien intentaba abrir su trailer. Se despertó con su remera holgada puesta de 'Cadillac y dinosaurios' y la entreabrió.

"¿Qué mierda te ocurre, imbécil?"

"¿¡Villanelle!? ¿Eres tú?" Kenny la miraba con ojos abiertos como platos.

"No. Tu hermana sin delay. ¿Qué te parece, idiota?" Entrecerró sus ojos para amortiguar la cantidad de luz externa.

"¿Qué haces tan temprano? Perdón, he visto la persiana abierta y creí que alguien se había colado a tu trailer."

"Cuando escuches sonidos de armas disparándose es porque alguien ingresó a mi motorhome y lo saqué a los tiros. Ahí sí puedes preocuparte."

El hombre abrió la puerta con brusquedad y la abrazó con fuerza.

"Qué bueno que has llegado a tiempo, incluso temprano. Mamá creía que no lo harías."

"Tu madre es despiadada. Consíguete otra." Levantó su labio en son de asco y alejó al hombre desde los hombros. "Aléjate inmediatamente. Tengo aliento de búfalo a esta hora de la mañana y no voy a dudar en usarlo si vuelves a mostrarme cariño."

"Oh sí, lo lamento. Ya que te encuentras aquí, ¿Qué te parece si vamos a recorrer el circuito tú y yo? Hoy es miércoles y es día libre. Mañana tendrás conferencia de prensa y el viernes las primeras prácticas libres."

"Maldita sea, eres un maldito calendario Google. Seguro a ti no se te moría nunca esa mierda del Tamagotchi."

"No, jamás." Se armó un silencio extraño entre ambos.

"Cada vez que me pregunto por qué eres así recuerdo a tu madre y entiendo todo."

"¿Qué tiene?" Arrugó su rostro levantando un hombro.

"Ustedes son unos raros de mierda."

"¿Qué dices? ¿Recorremos el Albert Park?"

"¿Me comprarás helado?"

"Podemos correr el circuito así hacemos ejercicio."

"¿Te estás dando cuenta que tenemos sintonías diferentes?" Villanelle levantó su mano y le dejó un suave golpe en su mejilla. "Corrige eso. Yo estaré arrancando mi auto y tú subiendo a tu avión hacia Baréin." Apretó con fuerza su hombro y bajó un poco su cabeza para hablar de forma filosa. "Así no ganaremos, ¿Lo entiendes? Sigue mi ritmo, quédate a mi lado."

"Sí, sí. De acuerdo." Tartamudeó mientras asentía nerviosamente. Dio dos pasos hacia atrás hasta caer en el sillón del pequeño living.

"¿Qué mierda haces?"

"Me has dicho que me quede a tu lado." Villanelle escurrió con fuerza su palma sobre su frente y su ojo.

"Cruella, qué hija de puta que eres como para ponerme a este imbécil a mi lado."

Volvió unos minutos después con la remera de Mercedes, unos pantalones cortos y unas zapatillas de running.

Salieron ambos del trailer y la piloto inspiró con fuerza al aire australiano.

"Good morning, aussies." Afiló su acento australiano sorprendiendo a su ingeniero. "¿Hueles eso, mate?"

"¿Comida?"

"No. Hay olor a canguros, a koalas, a arañas gigantes, a acento raro, perezoso y sensual. Prepárate, nos encontramos en la tierra de abajo del todo."

Una hora después de haber desayunado ambos salieron al circuito. Villanelle ajustó su celular a un brazalete y puso la canción 130 en alta voz antes de empezar a trotar de forma suave junto a Kenny.

"No sabía que te gustaba la música australiana."

"Siempre tienes que poner música local cuando visitas un país, imbécil. No seas mal educado. Sinceramente no entiendo cómo el gobierno australiano no pone esta canción como el himno nacional." Tomó algo de aire mientras empezaba a agitarse. "No me iré de aquí hasta no comer un sandwich de vegemite."

"Es feo."

"Tu cara también y no te digo nada."

Una nueva ola de aire filoso y centrifugado rozó a Villanelle que corría por la cara externa del circuito de la tercera curva. La bicicleta Mercedes Benz AMG V11 pasó a toda velocidad a su lado asustándola. Se detuvo y agitó su brazo al aire.

"¡Maldita seas! ¡Vete a la mierda! ¡Ojalá te rompas la cabeza en la próxima chicana!"

"Es inútil, Villanelle. No te escucha."

"¿Es otra vez la maldita japonesa?"

"Sí, siempre gira alrededor del circuito antes de las pruebas o de la carrera. Es su manera de reconocer la pista por la línea de carrera."

"¿¡Por qué no vienes a reconocer lo que tengo aquí abajo entre mis piernas!?" Gritó agitada.

"¡Villanelle! Por Dios." Dijo con rostro escandaloso. Apuntó con un dedo a su oreja. "De todas maneras tiene su radio puesta, no sirve que la insultes. Ven, corramos por la línea externa a la de carrera, así evitaremos accidentes. Podemos conseguir una bicicleta para ti en la próxima carrera."

"Vete a la mierda, Ken." La rubia volvió a trotar alrededor del circuito. 

Como si fuese una sombra, no volvió a ver a Eve en el resto del día.

 

 

 

"¿Lista?" Audrey miraba a Villanelle expectante en la antesala del pequeño escenario habilitado para la prensa.

"Me gustaría no cagarla como la última vez."

"Eres impulsiva. Sólo, recorta los insultos y cuando veas que te enojas responde 'sí' o 'no' como dijo Eve."

"Hablando de Capitán Tsubasa, no la veo por aquí."

"Harás conferencia de prensa con Hèléne y Elena. Durante la temporada intercalan pilotos de equipos así que será raro que estés con Eve."

"¡Hola! ¡Buen día!" Una mujer morocha más pequeña que la rubia cortó la conversación de ambas. Abrazó con fuerza a Audrey.

"¿Disculpa? ¿No ves que estamos teniendo una conversación aquí?" Preguntó malhumorada Villanelle.

"Bésame el trasero, Barbie." La mujer giró y se quedó mirando sorprendida a la corredora francesa.

"Dilo nuevamente, Nina Simone." Levantó su voz.

"No me jodas." La chica notablemente más pequeña se quedó mirando con saña la cicatriz de Villanelle. "Mira esa mierda. Increíble."

Estiró su dedo y la tocó. La rubia estiraba hacia atrás su cara a medida que levantaba su comisura derecha, alejándose con asco.

"Oye, para ya."

"Eres como Scarface pero versión socialista y mediocre." Villanelle rió.

"Ese fue bueno. ¿Quién mierda eres?"

"Soy la prometida del hombre que besaste el otro día en Cataluña."

"Yo no beso hombres."

"No me jodas, Sharapova de ping pong. Además te ha compartido mi entrenador físico." La rubia entendió de quién se trataba.

"¡Qué pendejo de mierda que es tu prometido! Pero tú eres genial y no pareces en absoluto inglesa."

"¿Puedes creer que mi documento dice que soy inglesa pero de refinada no tengo una mierda? ¡Hasta la Reina se lo ha creído!" Las dos rompieron en una carcajada que llamó la atención incluso de los últimos periodistas que se acomodaban.

"Oye, ¿Estás segura que quieres casarte con ese imbécil?" Villanelle se limpió una lágrima que se le escurría y recuperaba el aire.

"Es un buen chico. Trátalo bien que para tratarlo mal ya estoy yo y mi período, que bastante fuerte es."

"Usas doce toallas femeninas. Él me lo dijo."

"Qué imbécil. Espero que no seas tan seria y aburrida como tu coterránea."

"Si te parece seria y aburrida hablándole, imagina cuando me la tuve que montar." Elena volvió a reír.

Una mujer de cabello cobrizo apenas por debajo de sus hombros entró al rango visual de Villanelle. Llevaba una camisa azul oscura con varios logos de patrocinadores. En su rostro resaltaba su nariz aguileña y sus ojos verdes penetrantes. Sin embargo sus facciones inescrutables daban claras señales de su edad avanzada como Eve.

"Sagrada madre de todas las milfs de este planeta." Villanelle habló en voz baja pero audible para las personas a su lado. Le dedicó una sonrisa lateral seductora pero putrefacta.

La mujer la miró con seriedad, casi odio, y volteó a su asistente de prensa.

"¿Quién deja pasar a los fans?" La piloto de Mercedes notó su acento francés ahogando algunas letras.

"Mon amour, si vienes a mi trailer sería mucho más que tu fan." Le tomó la mano entre las suyas y rápidamente la quitó.

"¿Quién eres tú? Eres sólo una niña." Ajustó sus ojos a la cicatriz. "Y para colmo, deforme."

"Oh, mon coeur." Se tomó el pecho con falsa lástima.

"Señoritas, la conferencia de prensa comienza ahora mismo." Anunció la voz por el parlante. Villanelle abrió paso hacia adelante.

"Las milf primero."

"Connasse."

Las tres tomaron asiento y la rubia vio cómo Raymond fue el primer en levantar la mano.

"Pregunta para Villanelle. ¿Cómo estuvieron tus vacaciones en el caribe?" Surgieron algunas risas por lo bajo.

"Bien. Algo alborotadas porque me echaron del hotel luego de que tu hija no parara de gritar mi nombre de las veces que me la he cepillado. Molestó a los huéspedes, un vergüenza total."

"¡Villanelle!" Susurró Audrey a un costado llamando su atención. "¡No!" Solo revoleó sus ojos en respuesta.

Las obligaciones de Villanelle por el día jueves murieron allí, en otra conferencia de prensa bochornosa. Con la única diferencia que Elena, sentada a su lado, no paró de reír e incluso hicieron bromas entre ellas.

El viernes por la mañana el ambiente en el Albert Park era completamente diferente. Los fanáticos poco a poco copaban los alrededores. Las dos pilotos de Mercedes se hicieron a un lado para firmar autógrafos. En un corral en forma de 'U' recta se quedaron algunos minutos firmando revistas, gorras, incluso alguna prenda. Eve se encontraba en un costado y Villanelle en el opuesto.

Un hombre de altura le regaló un globo transparente de helio con un cordel a Villanelle. Con algo de experiencia en bromas lo observó con atención y rió.

"No puedo creer que tenga helio." Dijo entre risas.

En la parte baja tomó su marcador y escribió 'Eve' seguido de un corazón. El coordinador marcó el tiempo para que ambas se retiraran a los boxes para dar comienzo a las primeras prácticas libres.

Eve no vio que Villanelle volteó con el globo en su mano hacia el público y apoyó su índice sobre sus labios mientras algunos reían.

Cuando se retiraron por el pasillo la rubia habló con el globo en alto.

"Mira Eve, un niño te regaló este para ti." Los ojos se posaron sobre el escrito con su nombre y un corazón. Miró con desconfianza a su compañera. "Llamaron justo para que nos retiremos y me rogó que te lo diera. Si no lo quieres, tíralo. Son tus fans, no míos." Se lo dejó y se retiró riéndose apretando sus labios en silencio a la parte detrás de su box para empezar a vestirse.

Eve investigó la forma redonda lateral y el escrito en la parte baja. Nada fuera de sí. Saludó escuetamente a los fans nuevamente y se fue a su box. Unos pasos antes de llegar se encontró a Bill, notablemente más alto que ella, con una ceja arqueada.

"¿Qué haces, Eve?" La morocha ajustó sus labios. Los ojos de Bill se posaron sobre la parte de arriba del globo en donde sobresalía un pequeño pico. Eve lo bajó grotescamente para verlo y darse cuenta del preservativo inflado.

"Voy a matar a esa maldita idiota."

Las prácticas libres fueron todo un éxito para ambas pilotos de Mercedes. No solo midieron el desgaste de los neumáticos y los diferentes mapas de motor, sino que lograron dos de los tres mejores tiempos interceptado solamente por Hèléne en segundo puesto con su Red Bull.

 

 

 

El sábado los nervios de Villanelle tomaban un rol más predominante.

A lo largo de la tercer práctica libre en las primeras horas ajustó el acelerador al circuito. La primera advertencia llegaría segundos después cuando, luego de las curvas rápidas 11 y 12, llegando al giro 13 el W12 no frenó a tiempo y dobló más abierto pisando algo de césped.

"¿Estás bien?" Habló Kenny mientras maniobraba nuevamente hacia la pista.

"Esta mierda frena mal."

"Ten cuidado con la velocidad y aplica el botón mágico, te ayudará a calentar mejor los frenos. Están fríos. De todas maneras la curva Ascari corta el ritmo."

"Ya sé, idiota."

"Ten cuidado Villanelle. La curva trece tiene trampa de grava. Caes allí y acabas."

"¿Por qué no vienes y tomas el maldito volante? Yo me quedaré en tu lugar haciendo karaoke con tu maldito micrófono y rascándome el testículo izquierdo. Estúpido Ascari."

"No te desanimes. Ve por otra vuelta rápida."

Villanelle volvió a intentarlo. Con algunas sutilezas en las curvas rápidas logró el mejor tiempo en la tercer y última práctica libre.

Horas después comenzó la primer ronda de clasificación de veinte minutos, tiempo que tienen para lograr las vueltas más rápidas.

Escuderías como Mercedes, Ferrari o Red Bull, con unidades de potencia superiores a los otros equipos, pasaron sin esfuerzo a la segunda clasificación eliminando los siete peores tiempos de los veinticuatro en total.

En la siguiente etapa, con un tiempo de duración de quince minutos, solo fue sorpresa la eliminación de Rhian que golpeó las barreras luego en la curva dos por haber entrado mal al piano de la chicana. El Red Bull perdió pisada y por la alta velocidad impactó de manera sutil contra las vallas en los últimos minutos de la prueba. La calificación se canceló y congelaron los mejores tiempos hechos hasta ese momento. Villanelle, Eve, Hèléne y Elena estaban entre los diez mejores para la última prueba.

"Haremos dos cambios de neumáticos en la tercera clasificación. Ambos serán nuevos. El momento de la verdad." Le guiaba Kenny a Villanelle dentro de su cockpit refrigerándose, esperando que el reloj marcase para salir.

"Dame crema." Le dijo cortante. Humectó sus manos como siempre antes de colar sus guantes.

Hugo le dio la señal para salir y hacer la cola sobre la calle de pits. Delante de ella estaba Eve con su W12 y su número 2 en la nariz aguardando la luz verde para dar comienzo a sus vueltas más rápidas en el circuito de Albert Park.

Eve marcó una vuelta rápida de 1:21:488. Villanelle una de 1:21:360. Ambas entraron rápido a pits para un nuevo de juego de cubiertas antes de que se terminaran los diez minutos reglamentarios.

Tres minutos antes de que el reloj se acabara salieron las dos flechas de plata. Villanelle fue algo más lento que Eve, generando algo de espacio para su última vuelta rápida. A falta de un minuto para el cierre de la clasificación aceleró a fondo en la recta principal dando comienzo a su reloj.

Cuando transitaba la curva 11 el reloj llegó a cero. Ya no había vuelta atrás para una segunda oportunidad.

El miedo escaló en su cuerpo cuando frenó de manera más prolongada de lo usual en la curva Alberto Ascari, la temida número 13. Aceleró intentando recuperar terreno perdido en los últimos tres giros. El alerón delantero cruzó línea de meta y la radio se activó. De fondo se escuchaban aplausos del equipo.

"¡Sí! Excelente trabajo Villanelle. P dos." El tiempo marcaba una vuelta de 1:21:318 quedando por encima de su anterior marca.

"¿Cómo que p dos? ¿¡Eres una maldita broma, Ken!?"

"Haz hecho veintiuno punto tres dieciocho. ¡Muy buen trabajo por ser tu primera clasificación!"

"¿¡Y quién carajo tiene el p uno!?" Detrás el motor del W12 bajaba las vueltas con el paso de los cambios.

"Esa sería Polastri con veintiuno punto tres cero cinco." Villanelle cerró la radio.

"Juzgadora hija de puta." Liberó para sí misma.

Bill en la otra estación con los aplausos de fondo de sus mecánicos, abría su radio.

"¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! Nada mejor que empezar la temporada con el pie derecho, o en el acelerador. P uno compañera. Muy buen trabajo ahí afuera bajo presión. Muy merecido, felicitaciones."

"¡Aussie, aussie, aussie! ¡Oi, oi, oi!" Soltó una carcajada distendida frenando y saludando a los pocos fans en las gradas con su mano semi cerrada y flameando apenas por encima de su cockpit. "Asombroso trabajo chicos. El auto se siente increíble. Bien hecho. ¡Mañana por todo!"

Durante la conferencia de prensa las respuestas de Villanelle no fueron muy extensas. Caminaba por el corral con sus lentes de sol puestos pasando por diferentes medios a medida que tomaba agua con Audrey cerca de ella.

"Felicitaciones, Villanelle. Mañana serás escolta de la Pole. Algo increíble para alguien que hace su primera clasificación en Fórmula Uno. ¿Cómo se sintió?" Preguntó Jamie. La rubia ya entendió que él no iba a ser provocativo con sus preguntas.

"Para la mierda. Si hubiese tomado mejor la curva 13 ahora estarías hablando con la pole."

"Aún así tienes grandes chances de ganar mañana y sabemos que todo puede pasar. ¿Te tienes fe?"

"No me tengo fe porque ganaré incluso si me cortaran las manos."

"La última, ¿Sigues sin ver carreras de Eve?"

"No. Gracias." Cortó y continuó.

Siguió camino y se encontró con Raymond.

"Villanelle, buen resultado para tu primer qualy. ¿Crees que puedes mantener este ritmo para el resto del calendario?" Sorbió agua furiosamente antes de responder.

"Mantuve el ritmo cuando me cogí salvajemente a tu hija en el caribe. Esto es un juego de niños en comparación. Púdrete."

Esa noche los dos trailers de Mercedes contiguos en el estacionamiento detrás del circuito destellaban luz desde adentro. Villanelle se encerró viendo una y otra vez la vuelta rápida de su compañera.

Eve hizo lo propio.

Sabía que si no hubiese fallado milimétricamente en esa curva la pole no sería suya. Cuando se fue a dormir en su cabeza había más preocupación que alivio.

 

 

 

Domingo, 31 de Marzo. El termómetro marcaba 32º Celsius en Melbourne. Día caluroso sin dudas y las pilotos daban gracia por eso. No habría problemas de neumáticos.

Villanelle desayunó abundante ahogándose en el sonido de sus auriculares evitando pensar en la carrera, de lo contrario vomitaría todo en el momento. Uno de sus sueños estaba casi cumplido: competir en la mayor categoría del automovilismo. Para drenar más la impaciencia caminó el circuito a solas antes de arrancar los preparativos para la carrera.

Llevaba aún overol atado en la cintura antes de salir a los boxes. Faltaba una hora para que arranque la carrera. En la puerta de enfrente de su salón privado detrás de los boxes Villanelle encontró a Eve en su sala con Bill. Se quedó apoyada en el marco.

El ingeniero sostenía una banda en su cabeza con la que tiraba a un costado, entrando en calor su cuello ante la fuerza G.

"Bien. Vamos con los reflejos." Anunció.

Eve tomó tres pelotas de diferente color y empezó a hacer malabares intercalándolos al derecho y al revés. Bill levantó un dedo y en consecuencia tomó una sola pelota con la mano izquierda. La derecha hizo rotar dos pelotas en forma de círculo. Volvió a meter la tercer pelota y su ingeniero movió su dedo en diferentes direcciones, la mujer lo seguía con la vista manteniendo las malabares con un ritmo perfecto. Luego de unos segundos cortó el ritmo y gritó para sí misma.

"¡Muy bien! Vamos."

"El Cirque du Soleil estaría encantado contigo, Tokio."

Las dos calzaron sus lentes antes de salir a la pista. A medida que Kenny conversaba con Villanelle sobre su vehículo la rubia escurrió sus ojos hacia la promotora frente a su monoplaza con su cartel.

"¿Dónde están los fanáticos? Esto está vacío. En el funeral de mis padres había más gente."

"No suelen haber tantos fans. No es como la categoría de hombres."

Mientras los mecánicos ubicaban los coches con los gatos hidráulicos y los ponían a punto, las pilotos formaron dos filas para la foto correspondiente. Luego, como acto protocolar, se entonó el himno nacional Australiano.

Eve se asustó cuando, a su lado, Villanelle colocó su mano sobre el pecho con su rostro hacia la bandera izada y empezó a gritar escandalosamente.

"Australians all let us rejoice, for we are one and free. We've golden soil and wealth for toil, our home is girt by sea."

La morocha la observó con rostro incrédulo entonando las líneas del himno australiano. Cuando terminó se dirigió a ella.

"Amo los himnos nacionales. Deberías aprenderlos."

"Solo puedo entonar el de mi país."

"¿Cuál? ¿Estados Unidos, Japón o Gran Bretaña?" Eve no se molestó en responder, sin embargo vio como sus manos y su expresiones eran inquietas, nerviosas.

Se dirigió a su auto con el número '2' en su nariz y ultimaba detalles antes de arrancar. A pocos metros, veinte minutos antes de arrancar, veía a su compañera de escudería hablar con la modelo que sostenía su cartel. Resopló y siguió concentrada en el vehículo, repasando estrategias, mapas y curvas.

"Diez minutos, Eve." Anunció Bill.

"Oigan." Kenny trotó hacia ellos. "¿Han visto a Villanelle? Me ha dicho que iba al baño y desapareció."

"Es tu piloto, no nuestro." El tono de Eve fue desinteresado.

"¿Puedes ir tú, Eve? Eres mujer." Levantó una ceja por encima de sus lentes negros.

"Déjamelo a mí." Le susurró Bill a Kenny, alejándolo. Volvió hacia su piloto. "Eve, es una buena oportunidad para que la dirijas. Debe estar nerviosa, ve y ayúdala."

"¿Qué piensas que soy, Bill? ¿La cruz roja? ¿Live Aid? ¿La Madre Teresa de Calcuta?"

"La Fórmula Uno no es fácil para nadie, Eve. Lo sabes. Llámala, vamos. Quedan pocos minutos, Carolyn se pondrá de malas."

"Que Carolyn se vaya a la mierda."

Volteó y se fue para los boxes de Villanelle. Todo estaba desértico. La llamó una vez en voz alta y no hubo respuesta. Apoyó su oreja sobre la puerta cerrada de su espacio privado y escuchó un suave gemido, como si alguien tuviese arcadas.

La ecuación en la mente de Eve fue sencilla: aquella imbécil que no paraba de marcar su superación ante la velocidad y el riesgo de la Fórmula Uno estaba nerviosa, y junto a ello venían los vómitos. Eve sabía de qué se trataba, ella lo había sufrido.

Los cuartos privados tenían la particularidad de ser paredes de durlock instauradas detrás de los boxes pero sin techo. Eve no se perdería el espectáculo de ver a su compañera vomitar en un tacho y efectuar sus creencias. Tomó un tacho, lo invirtió y lo apoyó con delicadeza en el suelo. Se subió sobre la base y, en puntillas, asomó su cabeza por encima de la pared de dos metros.

Eve abrió sus ojos como platos. La modelo que sostenía el cartel, rubia con su cuerpo cubierto de un vestido entallado, estaba sentada sobre las piernas de Villanelle en el pequeño sofá de dos cuerpos. Saltaba de manera intermitente sobre su mano mientras la besaba fervientemente. La mano izquierda de la piloto estaba enroscada en su cabello controlando sus movimientos. La modelo intentaba tocarla por encima de la remera ignífuga. El sonido eran los gemidos ahogados de ambas. A un costado, el espejo de cuerpo entero estaba desmontado y puesto en un rincón.

Aumentaron su ritmo cuando Eve entró en pánico y se cayó de la pequeña base donde estaba apoyada. Tardó en acomodarse por el golpe, se integró cuando estaba a la altura de los pits y la puerta se abrió. La modelo salió apurada bajándose el vestido, detrás Villanelle se colocaba sus gafas y tomaba de su bebida. Se quedó parada al lado de Eve a medida que la australiana se iba.

"¿Qué tendrán las australianas que me vuelven loca?"

"Ya vamos a correr." Respondió espaciado y casi en shock.

"¿Te encuentras bien? ¿Estás nerviosa, Eve? ¿Quieres que te ayude con eso?"

"¡No!" Gritó y salió corriendo hacia la pista.

"Sin modales."

La rubia volvió hacia su vehículo. Cinco minutos para el arranque. Kenny la encontró.

"¿Estás bien?" Sin responderle tomó sus auriculares. "¿Te pondrás a escuchar música?"

"¿Qué te he dicho, Ken? Escucha música local, te ayudará con el ambiente. Además es mi debut." Buscó en la playlist y puso la canción 74. A los pocos segundos le gritó a su ingeniero. "Don't you know what you're doing? You've got a death wish!"

Para Villanelle la suerte estaba echada. Debut oficial en Fórmula Uno. Un deporte automovilístico donde, más allá de los avances tecnológicos en nivel de seguridad, el riesgo estaba siempre latente. Ella no era más que una rubia suicida.

Cantó a los gritos a las gradas que, los pocos fanáticos que se encontraban, se contentaron por escucharla entonando la banda local. Incluso se sumaron a la canción. Eve le dio una mirada de inseguridad por la letra de la canción a medida que preparaba su radio, su pasa montañas y su casco blanco.

Cuando terminó se alistó y entró en el cockpit. Kenny le dio crema para las manos y puso sus guantes azules.

"Buena suerte Villanelle. Activa el botón mágico en esta vuelta de precalentamiento. Seguiremos por radio."

"Yippee ki yay, mother fucker." Levantó su puño y Kenny lo chocó. "Oye, ¿Recuerdas esa canción de la que hablamos? Tenla a mano."

"No puedes oír música-"

"¡Tenla a mano maldito Clark!"

"Por favor, despejen la pista." Anunció la voz del altoparlante.

Todos los mecánicos se alejaron de los vehículos hacia los laterales. El safety car arrancó y dio la vuelta reglamentaria a medida que los vehículos calentaban neumáticos y embragues. Villanelle y Eve mantuvieron apretado el botón mágico que ayudaba a calentar rápido los frenos para la carrera.

"Radio check Eve." Vociferó Bill.

"Radio check, copy."

"Radio check Villanelle." Silencio. "Villanelle, ¿Me oyes?"

"You want to make her, suicide blonde. Love devastation, suicide blonde!"

De vuelta en la recta principal, antes de posicionarse en sus lugares, probaron una vez más el arranque de los monoplazas. Poco a poco se ubicaron en sus puestos.

Los ojos de Villanelle se clavaron en los semáforos. Se empezaron a encender de a uno hasta que finalmente se apagaron. Su pie derecho pateó con fuerza el acelerador. Los dos W12 rugieron primero. Aceleraron por la recta principal hasta aproximarse a la primera curva. Fue ahí cuando la rubia notó que algo no estaba bien en su auto.

Rápidamente perdía potencia no solo contra Eve, sino que en dos curvas fue superada por la Ferrari de Elena y el Red Bull de Hèléne. Activó la radio.

"¡Carajo! ¿¡Qué mierda pasa!?"

"Villanelle debés tener el mapa del motor en C-63."

Sobre la leve recta cerró sus ojos por un segundo. En su mente pasaron a toda velocidad las imágenes del manual.

Página 128, mapa de motor. C-61, 62, 63. Los abrió nuevamente y cambió las perillas delanteras antes de llegar a la curva 3. Fue pasada por un Renault del pelotón del medio hasta mantener posición a lo largo de una vuelta.

Bill revisó las pantallas de la salida. Ningún accidente en la primera vuelta. Moduló a Eve.

"Muy bien Eve. Mantén este ritmo hasta la vuelta número tres, será suficiente para alejarte de tu perseguidora y no habilitarle su DRS."

"Copy. ¿Quién tengo detrás?"

"Esa sería Elena. Ten cuidado con ella en las rectas, sabemos que Ferrari es bueno en eso."

El auto de Villanelle intentaba rabiosamente pasar el Renault de Kasia. Entrando en la tercer vuelta, sobre la recta principal, pudo hacerlo con facilidad.

"Villanelle, tienes habilitado el DRS a partir de esta vuelta. Te ayudará a pasar. Ten cuidado con los neumáticos."

No hubo respuesta. El auto número 1 se acercaba furiosamente a Hèléne, recortando décimas. La principal molestia para Villanelle era que no podía sobrepasarla con facilidad y el auto de Red Bull tenía muy buen torque para sus salidas luego de alguna curva cerrada. 

En la quinta vuelta Villanelle extendió su frenada sobre la curva trece pero el auto falló. Siguió de largo y giró justo a tiempo para pisar el césped que bordeaba la trampa de grava. Aceleró al máximo para volver a estar detrás de la estela de Hèléne.

"Novata."

"Mantén el ritmo." Le anunció Frank, su ingeniero de pista. "Te estás acercando a Elena."

"¡Esta hija de puta con su triciclo me está sacando de mis casillas!"

"Mantente concentrada y positiva Villanelle. Vuelve a recortar distancia. Puedes hacerlo."

"¿¡Qué mierda crees que es esto, Ken!? ¿¡Una puta clase de yoga!?" Su voz sonaba agitada a medida que subía las marchas sobre la recta principal.

Intentó nuevamente en la chicana de la curva número 9. Ganó la línea de carrera en el primer giro pero el Red Bull volvió a adelantarse en la curva 10. Sin embargo el Mercedes aceleró mejor sobre la rápida curva en dirección a la número 11. En velocidad pasó la suave chicana que seguía, que no fue suficiente para darle ventaja al Red Bull. Los mecánicos en el taller vitoreaban el sobrepaso.

"Mantente alerta. Estás a dos punto tres segundos de Elena pero Hèléne no se rendirá. Defiende tu posición hasta acercarte a la Ferrari."

"¡Ya sé que esta milf me está oliendo el trasero! ¡Cállate!"

"Reserva un poco tus neumáticos. Estaremos atentos a cambios."

Villanelle se la pasó las siguientes vueltas luchando con algunos planos de frenadas bruscas de su neumático delantero derecho, con Hèléne detrás de ella a menos de dos segundos e intentando recortar al máximo su diferencia con Elena.

"¿A cuánto está Eve?" Preguntó cuando pasaba la línea de meta y empezaba su vuelta 18.

"Quince punto ocho." Respondió Kenny.

"¡Carajo!"

"¿Cómo están los neumáticos?"

"¡Para la mierda!"

"Sigue luchando. Te comunicaré cuando haremos box." 

"¿Cuánto más proyectas tus ruedas, Eve?" Preguntó tranquilo Bill.

"¿Tres? Ya estoy haciendo malabares. La delantera derecha está molestando."

"Copy. La veo. Amortigua el ritmo, le tendremos un ojo encima."

Vuelta 21. Muchos vehículos empezaron a ingresar a boxes para cambiar las cubiertas blandas a duras para estirar el resto de la carrera. Eve activó su radio.

"No hay más vida útil."

"Ok, copy. Lo vemos. Mantente alerta por el llamado." Cuando tomó la curva 13 la llamó. "Eve, box box. Box box."

Elena hizo una vuelta más antes de entrar a sus pits. Primera provisional sin haber parado, Villanelle. A diez segundos detrás y descontando estaba Eve. Kenny moduló.

"Villanelle, prepárate."

"Espera Ken. Aún no. Llámame cuando todos hayan pasado."

"Tus neumáticos están críticos. Puedes pinchar."

Un choque a toda velocidad cuando un Aston Martin salía de pits en la pequeña recta entre la curva 2 y 3 contra el Renault de Jess hizo que los dos desestabilizaran y terminaran en la trampa de grava antes del giro hacia la derecha. El Aston golpeó con fuerza las barreras de contención.

"Villanelle, hay bandera amarilla."

"¡Box box ahora! ¡Muevan el trasero!" El monoplaza bajó la velocidad y por ende Eve, su principal perseguidora, también. El auto número 2 no pudo recortar de manera rabiosa la diferencia.

Entró en la calle de pits y cambió los neumáticos aprovechando la baja velocidad de todos los vehículos en pista. Para cuando salió nuevamente al circuito había ganado la segunda posición por detrás de Elena. Aún flameaban las banderas amarillas para sacar los dos autos de la grava.

Eve vio por el espejo retrovisor al tomar la primer curva como aparecía la nariz negra cerca de ella, justo detrás del rojo Ferrari. Abrió su radio.

"¿Están bien las corredoras?"

"Sí Eve. Todo bien. Amortigua el desgaste de neumáticos, tus dos perseguidoras los tienen más frescos."

"Pésima estratégia."

"Descuida compañera. Tenemos un ojo encima." Cerró Bill.

"Mira eso. Allí está Okinawa. Perfecto."

"Tómalo con calma, Villanelle. Quedan más de treinta vueltas. Ve primero por Elena."

Durante la vuelta 26 las pantallas y los comisarios de pista agitaron las banderas verdes, reanudando la competición. A la rubia le tomó dos vueltas para acercarse a menos de un segundo de la Ferrari y poder activar el DRS. Entre la curva 10 y 11 pudo sobrepasarla. Cuidó la chicana a alta velocidad y se terminó de desprender antes de llegar a la temida curva 13.

Cuando afianzó su posición y sacó más de un segundo sobre Elena llamó a Kenny.

"¿Cuánto para Japón?"

"Cinco punto tres. Buen ritmo. ¿Cómo están los neumáticos?"

"Prepara un café triple y te cuento."

Villanelle apuró el ritmo de carrera recortando en quince vueltas tres segundos. Por momentos Eve levantaba su ritmo alejándose pero cubriendo sus neumáticos.

"¿A cuánto está?" Preguntó a Bill.

"Dos punto seis. Acabas de ingresar en la vuelta cuarenta y tres. Restan menos de quince vueltas."

"¿Sus neumáticos? ¡No para de respirarme cerca! ¡He tenido que aumentar sobre la marcha porque sino me come!"

"Estimo que igual de degradadas que las tuyas. Sigue empujando compañera."

Kenny abrió su radio.

"Villanelle, estás a dos punto seis. Si presionas un poco más entras en DRS."

"¿¡Me estás contando la puta normativa de la Fórmula Uno ahora!? ¡Ayúdame a sobrepasar a esta juzgadora de mierda!"

"Ve de a poco. Ella tiene sus neumáticos desgastados tanto como tú. No te excedas, puedes tener problemas para el final de la carrera."

Frente a los dos monoplazas de Mercedes empezaban a aparecer rezagados, sacándoles una vuelta de diferencia. Las pequeñas pantallas led al costado del circuito se prendían con tonalidad azul, informándoles que dejen pasar a los dos primeros autos. Eve sobrepaso a ambos en la recta principal y la rubia sólo uno. Un Alfa Romeo se interpuso sobre la curva.

"¡Recuérdame de regalarle un bastón para ciegos a esta hija de puta del Alfa Romeo! ¡Bandera azul, imbécil de mierda!" La rubia sonaba agitada mientras subía las marchas luego de la chicana.

"Copy Villanelle. Ya le avisaron. Mantente enfocada."

Algo menos de una vuelta después se habían sacado de encima el pelotón de autos lentos. Le tomó otras tres vueltas a Villanelle para recortar a dos segundos la distancia entre ella y Eve.

"Pon la canción."

"Copy. Quedan once vueltas." Kenny buscó en su pantalla y apretó la primer canción de la lista de la piloto.

"¿¡Eres una puta broma!? Quita de mis oídos a este séquito de mierdas devenidas en Westlife. ¡La de Blondie!" Kenny bajó nervioso la playlist y apretó la canción 27. "Le voy a pagar a Debbie Harry para que te pise con mi auto. Sinvergüenza."

"Sí, perdón. No va a volver a pasar."

"Fíjate si puedes pasarle la canción a Eve." El monoplaza bajaba sus marchas para la curva 13.

"No puedo Villanelle. La comunicación es cerrada."

"¡Modifícalo para la próxima carrera, carajo!"

Villanelle salió de la curva 16 cerca de la cola de Eve. Se abrió por el lado derecho para sobrepasarla pero la líder tapó el intento con su vehículo. La rubia probó hacia el lado izquierdo también obstruído por Eve.

 Moduló hacia Bill ante la cercanía de su compañera.

"Cambio mapa de motor a C-60. Reservo y presiono."

"Copy."

"Villanelle, buen ritmo. Tienes DRS para las rectas." Agregó Kenny.

"De una manera u otra voy a encontrarte, atraparte y ganarte, hija de puta."

El alerón delantero buscaba con rabia la cola del auto número 2, refugiándose en su estela. Pasaron las chicanas y antes de llegar a la curva 9 Villanelle buscó la línea interior el sobrepaso. Cuando cruzaron el inminente giro número 10 el monoplaza de la rubia traccionó mejor en la salida por su configuración más agresiva. En la larga línea hasta la próxima curva, Villanelle ganó la posición sobre su compañera.

Kenny apretó su puño dando un pequeño golpe a sus controles. Los mecánicos en el box festejaban. La piloto arrastró su lengua por la cicatriz.

"Buen trabajo compañera. Restan nueve vueltas. No apures el ritmo, cuida los neumáticos. Mantén una distancia prudencial con Eve."

"Vete a la mierda, Ken. ¿Qué quieres que haga? ¿Que me vaya de vacaciones? Si no acelero, gana."

"Sólo mantén un ojo sobre la rueda delantera derecha, es la más conflictiva. Necesitamos que seas prolija."

"¡Estorbas mi maldita canción, hijo de puta! ¡Cállate!"

"Copy."

Vuelta número 55 sobre 58 en total. Cuatro giros finales. La diferencia entre una y otra era de un segundo y medio. Bill miró a Carolyn a sus espaldas. Se encontraba en medio de ambos boxes de Mercedes. Frente a ella tenía un centro de control con pantalla y auriculares. La mujer le devolvió la mirada con gesto serio levantando su brazo. El ingeniero volvió y activó su radio.

"¿Tienes reserva para presionar en estas últimas?"

"Sí, voy a ello. ¿Está en C-63?"

"Sí."

"Copy."

El auto número 2 aceleró en demasía sobre la recta opuesta. Kenny vio el recorte de tiempos.

"Villanelle, ¿Cómo están los neumáticos? Eve se acerca."

"¡Siento que estoy dentro de un vibrador como el que usa tu maldita prometida! ¿Cuánto queda?"

"Luego de la meta quedarán tres vueltas."

"Que se acerque esa hija de puta. Pero no me pasará."

Detrás de ella, cruzando la línea de meta, Eve se abrió paso por afuera. Villanelle tapó el lugar con el auto. Intentó por el otro e hizo lo mismo. En las gradas el público alzaba su cabeza mirando con atención las maniobras.

Eve volvió a atacar incansablemente por más de una vuelta y media. Moduló a Bill.

"Está difícil. Bloquea bien."

"Puedes hacerlo, queda una vuelta luego de que llegues a línea de meta."

"Copy."

Ambos Mercedes pasaron la línea de meta y el contador de vueltas al circuito cambió. 58/58. Última vuelta.

"Última vuelta, Villanelle."

"¡Cállate" ¡Sólo cállate! ¡Maldita seas, pendejo!" La voz de la francesa salió al borde de la desesperación total con el motor rugiendo de fondo.

El auto de Eve se abrió bruscamente hacia la derecha en busca de la línea interior sobre la curva 1. Villanelle volvió a moverse para taparla con su monoplaza. Antes de llegar a la curva Eve volvió a maniobrar hacia la izquierda. Sus neumáticos delanteros llegaron a ponerse en la misma línea que los traseros del auto de adelante.

En la curva número 2, saliendo de la chicana, Villanelle giró en demasía obligando a su compañera a girar también evitando la coalición. El auto de Eve mordió por unos metros el césped y volvió a integrarse al circuito detrás del monoplaza número 1.

"¡Bill!"

"Lo vi. Estamos en eso. Mantente enfocada." Cortó la radio y se inclinó para mirar a su izquierda a Kenny que se la devolvió con ojos desesperados. Bill negó.

El ingeniero joven accionó la radio.

"Villanelle, necesitamos que le des la posición a Eve."

"¿¡Qué!? ¡No! ¡Púdrete!"

"La FIA lo sancionará en tu contra porque ella tenía línea de carrera y tú la obligaste a salirse para evitar el choque."

"¡Que venga el maldito jefe de la FIA a revisar el diámetro de mi clítoris con su lengua! ¡Ella se salió de la pista! ¡Hijos de puta!"

Kenny abrió sus ojos y vio como el auto número 1 aceleraba a toda velocidad hacia la curva 11. Volvió a revisar a Bill.

"¿Por qué no me da la posición? ¡Que deje de ser tan engreída! Me sacó de la línea de carrera. ¡Ya tenía mi posición!"

"Lo sabemos, Eve. Estamos en esto. No pierdas el foco."

Con una diferencia de un poco más de un segundo, los dos Mercedes cruzaron la línea de meta bajo la bandera a cuadros. Villanelle delante de Eve.

Ambos ingenieros miraron hacia atrás. Entre los boxes y el paddock estaba el centro de monitoreo de la FIA.

"¿Qué ocurre?" Empujó Eve. "¡No me digas que harán vista gorda a lo que ocurrió! ¿¡Para qué hay un reglamento!?"

"Lo estamos chequeando, Eve. Tranquila."

Villanelle abrió la radio.

"¡Sí, Ken! ¡Ganamos! ¡Ganamos!" Gritó levantando su puño al aire y saludando a las débiles gradas con espectadores que vitoreaban con fuerza ante la acción acontecida.

"Villanelle, baja el ritmo. Estamos a la espera de la decisión de la FIA."

"¿Qué decisión? ¡Gané!"

"Verán de penalizarte si fue un movimiento de carrera lo ocurrido. De todas maneras, muy buen trabajo compañera. No se pudo haber pedido un mejor debut. Felicitaciones."

"Gracias Ken. ¿Cuánto demoran los imbéciles de la FIA en deliberar?"

"No estamos al tanto. Te diré en cuando nos comuniquen. Regresa al paddock, gracias."

Chapter Text

El alerón delantero del monoplaza de Villanelle golpeó con gracia el cartel con el número 1 frente a ella. Segundos después Eve hizo lo propio con el cartel número 2. Elena con el 3.

La rubia apagó el motor, abrió sus tirantes como cinturón de seguridad y destrabó el volante. Cuando se puso de pie en sus cockpit levantó con esfuerzo sus brazos cansados, dándose ganadora. Un grupo de mecánicos puso los enfriadores de frenos en las ruedas delanteras. Sin sacarse su casco o su HANS, Villanelle corrió hacia sus mecánicos detrás de la valla abrazándolos.

Eve por su parte quitó todo de manera menos efusiva. Cuando bajó de su vehículo se acercó al auto que se encontraba a un lado, el W12 de Villanelle. Observó con atención sus neumáticos con un desgaste superlativo. Mucho mayor al de ella misma. Se acercó a su grupo de mecánicos y simplemente golpeó el puño con algunos. Se dirigió debajo del paddock para el pesaje con todo su equipo puesto.

En la sala de las tres ganadoras Eve removió su casco y todo por debajo. Lo dejó en la mesa y se secó con paciencia y rostro serio. Bebió algo de agua mientras se acercaba Elena y Villanelle bromeando entre ellas. La rubia le extendió su puño en saludo y se lo devolvió escuetamente.

Mientras las tres se hidrataban ya liberadas de sus equipos superiores un agente de la FIA con radio en mano ingresó al salón. Eve sonrió. Llamó lejos de la cámara a ambas pilotos de Mercedes.

"La FIA ha visto como antideportivo tu movimiento Villanelle. Tienes una penalización de cinco segundos por ende la ganadora de la carrera es Eve. Ella terminó alrededor de un segundo detrás tuyo." Ante el dictamen Eve asintió y volvió al salón.

"¿Cómo puedes decir eso? Mi movimiento fue completamente legal."

"Las cámaras ya nos han mostrado la situación de ambos autos. Eve ganó la línea interna de la curva porque tenía ambos neumáticos al lado de los tuyos, por ende tiene una línea de carrera y tu la obligaste a salirse. Eso va contra el reglamento." Villanelle levantó su comisura derecha con sarcasmo. "Las reglas son las reglas. La decisión ya fue tomada. Quedas en segunda posición."

"¿Y así será? ¿Eso es todo?"

"Tener en cuenta que no aplicaremos sanción sobre la falta de respeto de su parte ante la FIA por la comunicación de radio."

"¿¡Qué he dicho en contra de la FIA!?"

"Tú sabes perfectamente lo que has dicho. Felicitaciones por el segundo puesto." El hombre moduló por radio y volteó, yéndose.

"Miserable hijo de perra."

Sobre la mesa, al lado de las aguas, decoraban el escenario local tres sombreros típicos australianos. Cada uno tenía un número en el frente: 1,2 y 3. Elena tomó uno con sus manos.

"Esto es un slouch hat. ¿No?"

"Así es. Es típico de la zona." Respondió Eve con una sonrisa.

Posó sobre ella el que tenía el número 1. Villanelle se llamó a silencio mirando su sombrero con el número 2 al frente, con bronca. Enseguida las llamaron para proceder al podio. Abrieron las gradas para que el escueto público invadiera el circuito. Luego del himno inglés, Eve abrió su champagne y bañó a todos a su alrededor. Su compañera de equipo destapó la suya y bebió un largo sorbo.

El entrevistador australiano Mark Webber se acercó a la vencedora.

"Eve, felicitaciones por el triunfo. Esta vez fue bastante ajustado. ¿Cómo sientes esta nueva temporada de Fórmula Uno?"

"Dura." Rió cansada. "Creo que este año va a ser igual de divertido que los anteriores. Felicitaciones a mis colegas por sus podios también. Me hacen sudar más de lo que tengo estipulado." El hombre con el micrófono rió. "De todas maneras gracias a los aussies que se acercaron a ver la carrera, espero que los haya divertido por un rato." Eve tomó la punta de su sombrero y meneó la cabeza hacia abajo en forma de saludo.

"Felicitaciones por el segundo puesto Villanelle. Algo increíble para alguien que proviene de la Fórmula Dos. ¿Cómo se sintió allí abajo?"

"Es una maldita estafa." Le arrebató el micrófono de las manos al hombre y se acercó al balcón, más cerca de los fans. "¡Ustedes saben quién vio primera la bandera a cuadros! ¡Pero no se preocupen! ¡Esto es sólo el principio! ¡Nos vemos pronto Australia! ¡Los quiero!" Volteó y le lanzó el micrófono al hombre.

El público en el circuito gritó por encima de lo normal, vitoreando por la rubia.

"¿Qué dices tú, Elena? ¿Cómo visualizas la extensa temporada que tienen por delante?"

"Lo único que puedo decir Mark es que me alegro de haberme ido de Mercedes si ellas dos van a luchar así. No quiero salir herida." Los dos rompieron en carcajadas.

Villanelle caminaba de regreso a su trailer para una ducha y descanso. Ya eran casi las seis de la tarde. Una voz detrás de ella la hizo frenar su marcha.

"Sabes perfectamente que el campeonato de Fórmula Dos era mío." Nadia con su overol rojo abierto se acercaba con una sonrisa. La rubia volteó. "Muy linda maniobra te hizo tu experimentada compañera."

"Disfruta la decepción de haber perdido, cariño."

"Que tengas un auto más potente que el mío no te hace mejor. Lo sabes."

"Puedo ganarte con mis dos piernas amputadas, Nadia." Volvió para ir hacia su trailer.

"No quiero que me ganes. Quiero que aceleres." Villanelle giró para mirarla con una ceja alzada.

Esa noche, luego de sus compromisos con la prensa, Eve volvió a su trailer. Hizo una escueta videollamada con su esposo y, ducha mediante, fue a acostarse. Intentaba conciliar el sueño cuando un sonido metálico afuera llamó su atención. Se incorporó y abrió sutilmente la cortina de la pequeña ventana.

Villanelle y Nadia salían del motorhome gris de la francesa. Llevaba puesta una remera holgada y larga que tapaba hasta la mitad de su muslo. Cruzaron algunas palabras y la piloto de Ferrari se acercó a ella. La besó lento y profundo, casi torturándola para volver a comenzar. Villanelle se alejó, cruzó un par de palabras y cerró la puerta en la cara de la otra competidora.

"Qué desagradable." Cantó Eve somnolienta antes de reclinarse en la cama y caer dormida.

 

 

 

LONDRES

 

La oficina privada de Eve no desbordaba de lujos pero era espaciosa. Vestía una polera liviana negra. Aún por ser Abril el frío se sostenía en Londres. Frente a ella, en su escritorio, la laptop reproducía el video en espiral. La vuelta rápida de Villanelle en el Albert Park. Apoyada sobre el escritorio, envolviendo con una mano su puño delante de su boca se perdía en la velocidad y el sonido ahogado del W12.

"¿Escuchando música?" Niko se apoyaba sobre el marco del umbral. Eve apretó la barra espaciadora pausando el video.

"Prefiero Vivaldi." Devolvió con una sonrisa.

"Te preparé café. ¿Puedo?"

"Adelante." Señaló con risa de por medio la silla frente a ella, casi como un invitado. Su marido le dio su taza de café.

"¿Escudriñando a tu nueva amiga?" Dijo viendo por el rabillo de su ojo la pantalla.

"¿La has visto?" Balbuceó en conformidad. "¿Qué opinas?"

"Es... interesante. Intensa. Imprevisible. Toda una mujer 'I'." Respondió alzando sus cejas. "¿Te preocupa?"

"Pudo haberse quedado con la pole. Gané por un simple error de ella." El hombre esperó que continuara ocultándose detrás de su bebida. "No es idiota. No volverá a cometer el mismo error. Puedo sentirlo."

"¿Y?"

"Sus neumáticos. Los he controlado cuando finalizamos la carrera." Tomó dos sorbos grandes de café. "Estaban mucho más desgastados que los míos. Incluso así se las arregló para pelear hasta la última vuelta."

"¿Sorprendida?"

Eve se acomodó mejor en su silla, reclinándose y pensando a sus adentros con facciones filosas.

"Estupefacta."

"¿Sabes? Por más que tengas rostro serio siento que por alguna rara razón, muy dentro tuyo, estás emocionada." Eve volvió a concentrar sus ojos penetrantes en su marido.

"Tener a alguien inconsciente a mi lado que no le importa vivir o morir a más de trescientos kilómetros por hora no me emociona. Me preocupa."

"Te conozco más de lo que crees, cariño. Te emociona. Tienes una verdadera amenaza que presiona tus límites." Los ojos de Eve brillaron. Apoyó nuevamente sus codos sobre el escritorio con sus labios entreabiertos.

"¿Y te gusta verme así de emocionada?" El tono osciló entre lo sombrío y lo seductor.

"Me encanta." Susurró.

"¿Sabes lo que hizo luego de la carrera?" La pregunta descolocó a Niko pero siguió el juego.

"¿Qué?"

"Le midió el aceite a la segunda piloto de Ferrari." Quería reír pero no le salió. En cambio contraatacó.

"¿Y quién te lo mide a ti?" En respuesta dilató sus fosas nasales y apretó sus dientes. Niko alzó una ceja y se levantó de su silla acercándose a un lado de Eve.

"Tengo mecánicos para eso." La voz salió dubitativa, buscando esconderse de la fractura.

"No hagas que me ponga celoso, Polastri." La mano se escurrió en la entrepierna abriendo el botón y bajando el cierre del pantalón de vestir.

"Kowalski." Gimió.

"Polastri." Deslizó cerca de su oído a medida que empezaba a besarlo.

Eve se mantuvo quieta en su silla apoyando sus brazos en los lados y cerrando sus ojos bajo los dedos escurridizos de su esposo por encima de su ropa interior. Presionando con calma.

"¿Acelero?"

"Sí." Sus caderas dieron un espasmo hacia el contacto. La mano derecha de Eve se escurrió por la entrepierna de su esposo llegando a sus genitales. Niko respiró pesado.

"Desearía hacer esto a máxima velocidad." Una Eve totalmente desesperada giró su rostro hacia la derecha, buscando los labios de su marido con profundidad. 

"Me incomoda mi oficina. Vamos."

Presionó con saña la entrepierna de su marido con su erección latente, se incorporó y arrastró desde el escote de la camisa hacia la habitación.

Desvistiéndose camino a la habitación. Montó a Niko con rabia a medida que comandaba tomándole las caderas, arrastrándola hacia él.

Al día siguiente, luego de un abundante desayuno con su marido, tomó su camioneta Mercedes y se dirigió a la casa de Bill. Lo levantó y se dirigieron a un parque cercano con un café en mano. Luego de charla sin sentido, Eve tomó asiento perdiendo su mirada en unos niños que corrían entre sí.

"He estado-" Comenzó.

"Mirando su vuelta rápida. Lo sé." Completó Bill. "Y estás preocupada. Lo sé también. Años de amistad tenían que valer para algo."

"Es su auto." El hombre levantó una ceja algo cómica. "Es ella, lo sé. Pero luego de esa curva trece parecía que le había agarrado un brote de rabia al auto, como si quisiera a como dé lugar arreglar su error. No tengo otra forma de describirlo."

"Tiene talento. Mucho. Lo vi en Cataluña y Albert Park lo confirmó. ¿Hay algo más que te moleste?"

"Sí. Cuando la he ido a buscar antes de la carrera."

"Estaba con la modelo, sí. Me lo has dicho. Debe ser su forma de drenar los nervios."

"Había algo más." Bill giró para mirarla. "El espejo de cuerpo entero que tenemos ambas en esas habitaciones privadas. Lo quitó y lo puso en una esquina invertido."

"¿Estás intentando decirme que estamos frente a Doriana Gray?" Eve golpeó su brazo con fuerza.

"¿Estás pasando mucho tiempo con ella? Porque cada vez haces bromas más imbéciles." Fregó un ojo y volvió a concentrarse. "Es tan rara. ¿Te parece linda?" El hombre pensó antes de responder.

"Sí. La encuentro atractiva."

"Y si es atractiva, y ella sabe que lo es porque se montó a la piloto y a la modelo, ¿Por qué quitaría el espejo?"

"Tal vez se encuentre tan vanidosa que no necesite mirarse. O tal vez es alérgica a los espejos. O tal vez su cicatriz se la hizo con uno y les tenga miedo. ¡Eve! Por el amor de Dios. ¡Mira lo que estás pensando!"

"Bill, sólo digo que es r-"

"Y estoy seguro que desde que volvimos de Australia lo único que reprodujiste en tu computadora fue su vuelta rápida o algunas partes de la carrera."

Eve abrió su boca pero no contestó. Mordió su labio y bebió su café, buscando excusas para hacer algo.

"Jamás te he visto así."

"No me jodas, Bill. Sabes lo obsesiva que soy y la intensidad que le doy a mi trabajo."

"Con Elena no lo hacías."

"¡Pero Elena es mi amiga!"

"Y también tu contrincante."

"Y la conozco. Mucho."

"Y también quiere el título de campeonato." Eve suspiró cansada.

"No llegaremos a ningún puerto de esta manera."

Los dos sonrieron en silencio observando el paisaje que, bajo una primavera asomando cabeza, crecían las hojas verdes en las copas de los árboles en los parques londinenses. 

"Iremos a pasar el fin de semana a la cabaña de Suiza. Sería una buena ocasión para que tú y Keiko-"

"¿Qué crees que esté haciendo ahora mismo?" Pensó en voz alta Bill cortando la invitación.

"Es jueves por la mañana. No lo sé. ¿Tomando un café? ¿Haciendo muñecos de nieve en su Noruega? ¿Levantándose entre las piernas de alguna modelo?"

"¿Y no crees que puede estar entrenando?" El ingeniero tenía la mirada perdida en el horizonte y buscó a su compañera con aire curioso. "Creo Eve que tanto tú como yo nunca podemos adivinar qué está haciendo alguien como ella a esta hora y eso es alucinante."

"Me tranquiliza saber que yo voy por buen camino y con eso me alcanza. Estoy aquí, en la ciudad que amo, trabajando de lo que me gusta y tomando un café con mi amigo e ingeniero."

"¿En la ciudad que amas? ¿Segura?"

"Deja eso. No es necesario traerlo a colación."

"Me encanta que estés cerca mío y tengamos estos momentos pero sabes bien que ésta no es tu ciudad."

"A veces debemos sacrificar cosas por el bien del matrimonio. Es la cruz que debo cargar y quiero que Niko esté bien."

"No lo veo así, pero ya lo hemos discutido. No entiendo cómo no se mudaron directamente a Suiza."

"Londres es hermosa. Además estoy cerca de mi trabajo. ¿Qué más puedo pedir?"

"¿Sabes Eve? A veces creo que estás tranquila con tu vida."

"¿Y eso es algo malo, Bill?" Respondió con tono amenazador.

"Sí y no. Depende quién lo vea. Para mí es algo peligroso."

"No veo el peligro en la calma."

"Recuerda esto Eve: la calma de una manera u otra siempre antecede a la tormenta."

"¿Y cuál es la clave en todo esto, entonces?"

"Lo que quiero que veas es que no estás dirigiéndote al lugar correcto. Estás corriendo a toda velocidad pero no donde corresponde."

"¿Cómo que no? Te he dicho que amo este lugar, amo mi trabajo, amo a mi esposo-"

"Pero en ningún momento me has dicho que eres feliz."

Eve giró en silencio mirando el firmamento. 

"Lo soy." La falta de respuesta de Bill hizo que se sintiera el ambiente pesado. Volvió a hablar para convencerse a sí misma. "Lo soy."

El hombre le dio otro sorbo a su café.

"Le diré a Keiko de la invitación. ¿Niko estará a gusto si vamos?"

"Ya te he dicho que ama los niños. Seguro le encantará." Bill torció su cabeza con una débil sonrisa en sus labios.

"Seguro."

Con confirmaciones mediante acordaron ir tres días a Suiza sin la bebé Lara, dándole algo de respiro a Keiko.

Eve pasó a buscar a la pareja el viernes a primera hora para un rápido avión privado a Ginebra y de allí ir en su Audi A8 a casi doscientos kilómetros. La cabaña estaba cerca del pueblo de Sion, a corta distancia de la frontera Francesa e Italiana. Encallada en medio del bosque con metros de sobra y habitación extra para acompañantes, ideal para que la pareja se alejara de las cámaras y disfrutaran de la naturaleza europea.

Suiza aún resguardaba algo de nieve de un invierno que desaparecía lentamente. El viernes por la tarde Eve hizo algo de senderismo con su esposo.

Ya anochecido Bill se acercó a ella al living mientras tiraba más leña al hogar.

"Para no perder la costumbre, te los traje aquí para que los leas tranquila." Eve giró y en su mano tenía un conjunto de papel de diario con las noticias del día lunes.

"A ver... Déjame adivinar." La piloto impostó su voz. "Eve Polastri lo hace otra vez. Mercedes comienza con el pie derecho en Australia. Uno y dos para la escudería alemana en el Albert Park."

"No. No. Y no." Respondió su ingeniero. "¿Comienzo?"

"Sé mi invitado. Me intriga."

"Por eso los he tomado." Abrió el primer titular y leyó. "Acción en Australia entre los Mercedes. Polastri gana en el escritorio frente a su compañera de equipo. La FIA arruina la primera fiesta de Astankova.-"

"¿Disculpa? ¿Qué?" El hombre mostró las páginas cortadas de los diarios con inocencia.

"El último y más poético de todos: En un mar de confusión la FIA beneficia a la tetracampeona."

"¿¡Qué!?"

"Espera, aquí viene el copete: El nuevo personaje principal y extravagante de la Fórmula Uno, Villanelle Astankova, inyecta diversión a la categoría pero es arruinada por la FIA en la última vuelta."

Los ojos de Eve se desorbitaron.

"¿Es una broma?" Bill negó con una sonrisa en sus labios levantando la noticia. La piloto dio dos zancadas hacia él tomando de un latigazo el papel y releyéndolo para sí. "¡Está en el maldito reglamento!"

"No creo que haya reglamento válido aquí, Eve. Creo que gana más el carisma."

"¿¡Carisma!? ¿Eres una maldita broma? ¿La prensa apañando a esta novata?"

"Tendrás una rueda de prensa algo agitada la próxima semana." Declaró con neutralidad en su tono de voz.

"Hablaré con Carolyn."

"Deja eso, Eve. Concéntrate en tu trabajo. ¿Qué mierda le importa a Carolyn? Ella lo único que quiere es que sus autos hagan uno y dos en cada carrera, como a Paul. Lo que diga un papel es su menor preocupación."

Eve suspiró con fuerza mirando el techo de su cabaña y buscando algún tipo de ataque. Bill se acercó a ella y sacó la hoja de sus manos. Dio algunos pasos a la chimenea y tiró allí todos los titulares, avivando el fuego.

"No pierdas el enfoque. Es solo una estúpida carrera."

"Gané, Bill." Respondió mirando perdida el suelo. El hombre se acercó para tomarle sus hombros.

"Lo sé. Ganaste justamente y nadie puede quitarte los veinticinco puntos. Sólo... Ella es el nuevo juguete. Deja que ella lidie con ello, no tú. Solo te anticipo lo que vendrá dentro de poco."

"Hijos de puta."

"Creo que quieren jubilarte antes de tiempo. Ya se les irá la vorágine de la nueva niña rebelde."

"¿Sabes en qué pienso ahora mismo?"

"¿Qué?"

"En lo que me has dicho ayer. Que tanto tú como yo nunca podemos adivinar qué está haciendo alguien como ella a esta hora."

"Eve, sólo fue una acotación-"

"Novata de mierda."

La piloto se alejó del toque de Bill y se dirigió al exterior de la cabaña con la temperatura alrededor de siete grados celsius. Niko la vio pasar a su lado y buscó a Bill parado con rostro preocupado frente al hogar.

"¿Algo de lo que deba preocuparme?"

"No, sólo hablabámos-"

"Aleja a la Fórmula Uno de aquí, Bill. Está terminantemente prohibido hablar de eso aquí."

"¿Qué es esa clase de norma? Ella vive de esto, es lo que sabe hacer. Deja de retorcerla."

"La estoy cuidando. No quiero que todo sea Fórmula Uno en su vida. Quiero que disfrute de otras cosas."

"¿Alguna vez le has preguntado si es eso lo que ella quiere?" Silencio. Bill levantó una ceja presionando la herida generada. "Deja de dar cosas por sentadas. Si su manera de lidiar esta nueva presión es conducir más rápido, tener más sexo o jugar al Mahjong en el Trafalgar Square deberías apoyarla. No aislarla."

"Sólo quiero que no se obsesione con esa locura."

"Pues estás generando todo lo contrario. Estás intentando apagar fuego con gasolina. ¿Lo sabes?" Niko se acercó lentamente a él con un metro de distancia.

"Tú no sabes el miedo que cargo yo de que le ocurra algo." Bill levantó su rostro, casi apuntándolo con la barbilla.

"Es lo que hacemos. También hay bomberos, policías, e infinidad de personas que arriesgan su vida. Es su don, es rápida, es inteligente. Es una gran mujer. Te ama. Pero ten cuidado que tanto estás dispuesto a tirar de la soga en tu afán de protegerla." Niko se tomó unos segundos para responder.

"Yo también la amo. Más de lo que puedes imaginar. No me entiendes y probablemente nunca lo hagas si Keiko no se sienta en un diminuto agujero y maneja como desquiciada en busca de... Algo." Torció su cabeza y sonrió levemente.

"Lo que tú digas. Nunca llegaremos a un acuerdo." Pasó a su lado y se fue en busca de Keiko para ayudar a hacer la cena. Comerían sushi.

 

 

 

El fin de semana libre había sido ajetreado entre hobbys y, lo que ella consideraba, obligaciones imprescindibles silenciosas. Hoy, por ya ser martes, había comenzado su semana con intensidad.

Frente a los ojos avellana de Villanelle las tres pantallas casi la abrazaban. Una frontal y las otras dos dándole algo de periferia.

La rubia estaba casi acostada, enmarcada con su casco plateado y el volante en sus manos. Los pies descalzos empujaban los pedales en el simulador puesto en el pequeño living de su casa. Eran las dos de la madrugada y su cuerpo ya sentía el cansancio de más de ocho horas sentadas allí, sin contar las acumuladas el día lunes. Dando vuelta tras vuelta en el circuito digital de Baréin.

Había pasado casi una semana y media desde el gran premio de Australia y su cabeza seguía revuelta en el último giro al Albert Park. Para Villanelle ella era la ganadora y ese era el fin de la discusión. Aislarse en su casa y en algunos hobbys eran su manera de escaparse a esa pequeña y esencial injusticia de la FIA hacia ella.

Ya algo somnolienta apagó el simulador. Con esfuerzo se incorporó en medio de su living y se quitó el casco. Quedó pendiendo en su mano derecha hasta que lo soltó y cayó provocando un golpe seco en el ambiente debido a su peso.

Caminó hasta la heladera y sacó de allí una botella de agua. La bebió en paz mientras miraba ida las pantallas de su entrenamiento.

Sintió una cosquilla sobre su cadera y notó su jean que estaba más bajo de lo normal, deslizándose hacia el suelo. Tiró hacia afuera desde el borde y vio algunos centímetros de espacio. Había bajado de peso en las últimas semanas y recordó que no había comido nada en todo el día.

Abrió su alacena y sacó de allí una lata de atún. La comió parcialmente sin acompañamientos en un pequeño plato. Lo sobrante lo dejó a un costado.

Finalmente masajeó sus lagañas, bebió otro poco de agua y se dirigió a su habitación en el piso superior. Hizo su ritual higiénico antes de acostarse y se quedó dormida a los pocos minutos. Tendría algo de tiempo para hacer su escueta maleta antes de su viaje.

 

REINO DE BARÉIN

 

El avión tocó suelo desértico entrada la noche. Nueve horas de vuelo con una pequeña escala de Dubai bastarían para que el restante del martes estuviese consumido entre entradas y salidas en aeronaves. Se dirigió directo al circuito para dormir en el trailer de Mercedes.

El miércoles despertó temprano. Con cuidado frente al espejo delineó sus ojos de forma árabe, dejando dos pequeñas colas: por fuera y por dentro cerca del lagrimal. Vistió un jean con sus borcegos y una camisa larga blanca de lino, típica en el vestuario local. Calzó sus auriculares y enroscó en su cabeza la kufiyya blanca para dejar solo sus ojos destapados. Cargó sus lentes Randolph y se dirigió a un costado del circuito. Un conjunto de buggies todo terreno estaban a disposición de algunas escuderías. Subió a uno y reprodujo la canción 148.

Aceleró saliendo del recinto hacia el centro sur de la isla, adentrándose en el pequeño descampado de Baréin de varios kilómetros cuadrados. Bordeando los pozos petroleros con suelo rocoso y varios montículos que auspiciaban como sierras, recorrió a toda velocidad, sacando el máximo provecho de la tracción de las cuatro ruedas del pequeño vehículo.

Se detuvo cerca del árbol de la vida, uno de los pocos atractivos turísticos naturales que poseía la isla aparte de sus playas sobre el golfo de Baréin. Se quedó allí de pie, bajo el punzante sol árabe mientras la temperatura ascendía a más de treinta grados. Quitó sus lentes dejándose llevar y su rostro se llenó de tierra y sudor.

Sentía algún tipo de conexión especial con el desierto. Aquello que era algo completamente opuesto a su Rusia natal. Para Villanelle había sido nacida y criada en el peor de los infiernos pero la velocidad había sido la puerta para que se alimente de todo este nuevo universo. Algo de morbo se asomaba en ella ya que al haber pasado gran parte de su vida rodeada de lujos y letras cirílicas, cuanto más austero y con condiciones adversas era el lugar en donde se encontraba más lo disfrutaba.

Le gustaba Baréin. Y si bien Abu Dhabi era similar por su cercanía, su circuito no. Sakhir tenía menos curvas y eso significaba una sola cosa: más veloz. Llegar con anterioridad la ayudaba a entrar en clima con el calor agobiante que sabía que iba a sufrir en pocos días. Aún cuando la carrera sería por la noche, las prácticas se realizaban bajo el sol.

Cerró sus manos y las notó secas. Cuando bajó su rostro para mirarlas abiertas frente a su estómago, una gota de sudor se desprendió desde la punta de su nariz cayendo en la palma. Y luego otra. El agua corporal se mezclaba con la suave tierra volátil que se había impregnado en su piel.

"Carajo."

La arrastró con asco contra la camisa. Subió nuevamente al buggie y aceleró de regreso al Circuito Internacional de Baréin. En cuanto entró a su trailer se lavó las manos y las humectó.

El día jueves repitió su maquillaje pero con el vestuario reglamentario de Mercedes. Luego de su desayuno fue hacia sus boxes para ver el armado de su auto antes de su cita con la prensa. Caminó por el pasillo que tenían en común con Eve y dividía sus habitaciones personales antes de salir al garage. Allí cuatro mecánicos ultimaban detalles de su motor. Uno de ellos en cuclillas dejaba entrever su ropa interior. Villanelle tomó el elástico y lo tiró hacia arriba haciendo que la tela se inserte con fuerza entre los genitales.

"¡Calzón chino!" Gritó riéndose. Los hombres se adhirieron a la broma. "Oye, quiero mecánicos que estén presentables. No sean como los estadounidenses. Usen cinturón si lo necesitan." Arrugó su rostro imaginándose la fotografía de lo desagradable.

Con sus brazos cruzados en su pecho y una sonrisa, los miraba en el ensamble de los detalles finales de su auto. Debido a que aún no era día de práctica el taller estaba relativamente en silencio.

En medio de la calma una voz apareció sobre la calle de pits.

"Lindo lugar."

Konstantin salió de entre la pared divisoria entre su garage y el de Eve. Vestía una suave campera negra, pantalón a juego y zapatillas deportivas. Villanelle giró para observarlo con sus ojos abiertos como platos.

"No." Respondió en voz baja.

"Oh, sí." La voz era casi burlona por el impacto de la piloto.

"No." Villanelle volteó hacia el estante detrás de ella donde aguardaban tres cascos idénticos. Tomó uno de ellos y una toalla debajo.

"¡No!" Gritó el hombre.

"¿¡No!? ¿En serio?" Lanzó con fuerza los objetos hacia él. Tomó otro casco y un par de zapatos ignífugos de Puma y también se los arrojó. Konstantin solo pudo taparse para no ser golpeado. "¡Tú ya no puedes venir aquí sin ser invitado!"

"¡De acuerdo!" Se alistó un poco para enfrentarla." ¿Puedo por favor venir a verte?"

Los ojos avellana de Villanelle sacaron chispas de furia. Se acercó y con la rodilla golpeó sus genitales. El hombre se los tomó inclinado y gimiendo.

"Lo pensaré." Se susurró en el oído.

"Veo que el reencuentro fue muy emotivo. Con lágrimas y todo."

Carolyn apareció desde el costado de Konstantin que se incorporaba nuevamente, limpiando las lágrimas de dolor de sus ojos.

"¿Qué mierda pasa aquí, Cruella?"

"¿Adivina quién viene esta noche? O bueno, ayer por la noche."

La piloto transformó su cara en asco revisando de pies a cabeza a Konstantin. El hombre bajó el cierre de su campera para descubrir debajo la clásica camisa de Mercedes.

Carolyn volvió a hablar.

"No creo que haga falta decirte que hubo una pequeña adhesión en tu equipo."

"¿Será mi asistente que me sople cuando tenga calor? ¿¡Son una maldita broma!?"

"Te soplará, pero la nuca. Villanelle, tu nuevo ingeniero de pista está aquí."

Chapter Text

                                               SAKHIR

 

 

Eve salía de la casa central de Mercedes montada al lado de los trailers luego de haber desayunado. Unos gritos llamaron su atención y se aproximaban hacia ella. 

Con Carolyn a la cabeza del pelotón, Villanelle gritaba toda una catarata de groserías hacia ella. Detrás estaba Konstantin con aire neutral, intentando mantener la compostura de la situación vergonzosa. Pasaron por el costado de Eve y se dirigieron a la oficina privada de Carolyn en el piso superior del cuadrado negro y calypso.

La piloto los siguió de manera sigilosa y cuando entraron a la oficina se acercó y apoyó su oreja en la puerta.

"¿¡Quién mierda te crees para cambiar todo así porque sí!?"

"¿Recuerdas cuando hablamos del blackberry, esclava?"

"Estás llena de mierda. ¡Tenemos un contrato! ¡El pendejo lampiño sería mi ingeniero el resto de la temporada! No este, urso jubilado y soviético de mierda."

"Tú también eres rusa." Acotó Konstantin.

"Mi madre no pudo hacer muchas cosas bien, ¿Sabes?" Estiró el meñique y el pulgar a su mejilla. "¿Quieres que la llame a su línea privada del ataúd y le pregunte por qué mierda abrió sus piernas dentro de Rusia? ¡Oh, espera! No me atiende. Debe estar ocupada. Vete a la mierda, gordo." Giró hacia Carolyn. "Tenemos un contrato."

"Exacto. Con permiso." Aclaró con voz pausada. Sacó la carpeta beige del primer cajón y buscó la tercer hoja. "La pilota es ajena a la toma de decisiones sobre cualquier adhesión, sustracción o alteraciones de cualquier índole de su equipo de mecánicos e ingenieros dentro de los lapsos impuestos en este contrato. Según la justificación que corresponda, solo la cúpula directiva de Mercedes AMG Petronas Fórmula Uno tendrá el poder de futuros e inminentes cambios."

"Espera un momento." Casi cortó.

Villanelle sacó su celular y llamó uno de sus contactos. Carolyn la observaba por encima del marco de sus lentes. Alguien contestó del otro lado.

"¿Qué quieres?"

"¿Ya te he despedido? Porque vuelvo a hacerlo, hijo de puta."

"Vete a la-" La rubia cortó la llamada. Volvió hacia la CEO.

"¿¡Y cuál es la puta justificación!?" Cerró la carpeta y dejó sus lentes sobre el escritorio.

"Los aires australianos me dieron nuevas ideas." Villanelle mordió con saña su labio inferior.

"Creí que el hecho de que le quieras quitar la piel a perritos inocentes era repudiable, pero ¿¡Esto!?" Hizo silencio pensando a toda máquina. "Mercedes pierde dinero. Tendrás que pagarle."

"¿Acaso crees que no podemos afrontar un salario más?"

"Va contra el reglamento. No puedo tener dos ingenieros de pista. Es injusto para el resto de las competidoras."

"¿Por qué no?" Revoleó sus ojos con miedo.

"Me pueden confundir. No se ponen de acuerdo. Imagínalo." Su voz cambió oscilando entre una gruesa y otra infantil. Movió sus manos como si estuviese moviendo un volante imaginario. "Entra a box. No, no entres a box. Entra a box. No, no entres a box. Puede ser un papelón para Mercedes." Giró hacia Konstantin y apretó su hombro. "Lo lamento anciano. Ya no hay lugar."

"Kenny ya no es tu ingeniero."

"¿¡Qué!? ¿¡Lo despediste!? ¿¡A tu propio hijo!?" Eve rió imperceptiblemente. Villanelle miró por el rabillo hacia la puerta.

"Ahora es tu asistente. ¿Acaso no es eso lo que querías?"

"¡Sí! Digo, ¡No!" Se quedó pensando al aire. "¡Maldita seas Cruella! ¡Deja de jugar con mi mente!" Retrocedió unos pasos tomando su cabeza hasta situarse cerca de la entrada cerrada.

"Te queda bonito el maquillaje árabe." Rápidamente cambió sus facciones y respondió con una sonrisa.

"Gracias."

Estiró su mano hacia la perilla y encontró el perfil de Eve inclinándose hacia adentro por estar apoyada. Volvió a acomodarse en su lugar.

"Hola Miyagi. No sabía que te gustaba desayunar ratas." Pronunció con fuerza la última palabra.

"Perdón, no sabía-" Miró con desesperación a su alrededor. "Quería hablar con Carolyn."

"Está ocupada. Regresa luego. Mae alsalama." Empujó con fuerza la puerta hasta que se cerró. Volvió a enfocarse en ambos en la oficina. "¿Así será?"

"Así será." Asintió lentamente con asco.

"Ambos serán mis ingenieros. Eso lo decido yo y punto. No es negociable."

"Bien por mí."

"Quisiera aclarar algo." Anunció Konstantin hacia Villanelle. "Nada de que me llames por radio 'KKK'." Todos los pares de ojos se posaron sobre él con incredulidad. "El año pasado tuve que dar muchas explicaciones por discriminación y esas cosas. No quiero pasar por lo mismo."

"Descuida porque no te llamaré así en absoluto. No hablaré contigo porque, ¿Adivina qué? ¡No existes para mí, gordo imbécil!"

Con aire ofuscado abrió la puerta para encontrar aún a Eve parada.

"Quítate. Ve a pulir y encerar." Pasó golpeando su hombro.

"Ten cuidado con tu tono, novata." Se detuvo y volteó. Le regaló una sonrisa lateral derecha podrida y se acercó, mirándola desde su altura. Los ojos de Eve se fijaron en el delineado perfecto y delicado resaltando los iris avellana.

"¿Sabes? Tenemos una linda relación tú y yo, traductora. No la arruines mintiéndome. Sé cuando una persona lo hace y no sabes lo mucho que me rompe las pelotas que lo hagan."

"Un poco de humildad no te vendría mal."

"¿Cómo la que tienes tú, tetracampeona?"

Soltó un resoplido mezclado con una sonrisa engreída antes de salir a las zancadas con Konstantin por detrás. Volvió a los boxes para encontrar a Kenny mirando las pantallas algo decaído.

"¿Por qué mierda tienes esa cara, imbécil? ¡Quiero que este sea el box de la alegría!" Habló con mala cara la piloto al resto de sus mecánicos. Golpeó la mesada varias veces con un destronillador cerca. "¡Quiero ver esas sonrisas!" Todos los hombres lo hicieron de manera tímida.

"Lo lamento. Me desplazarán de puesto, Villanelle." Kenny no se animaba a mirarla a los ojos.

"Claro que no, idiota. Ya he hablado con tu madre, serás mi ingeniero."

"¿Es una broma?" Dijo con rostro esperanzador.

"No. Ahora quiero verte trabajar cepillándote a las otras pilotos para que consigas los secretos, pinchando neumáticos de noche y sirviéndome cerveza en mi trailer. Ingeniero y asistente."

"¡Claro que lo haré!" La abrazó con fuerza y Villanelle marcó su cara de asco levantando su labio.

"No me toques. No me toques, carajo. ¡No me toques! ¿Qué no ves que estamos en el maldito desierto y a ti se te ocurre el contacto físico?" Lo alejó de un empujón. "Si no me vas a dar un orgasmo no me toques."

"Soy muy fiel a mi prometida. Pero, ¿Recuerdas lo que me has dicho de la música en Australia? Tengo una canción para ti que va con Baréin."

"Tienes una oportunidad. Aprovéchala sino dejas de ser mi asistente."

"Escucha, escucha."

Buscó en su celular la canción 160 de su reproductor y se sonó por los altoparlantes del box. Tanto Villanelle como Konstantin que estaba detrás de ella trabaron su mejor cara de incredulidad ante la canción.

"Combina con tu maquillaje, ¿Eh? Te queda bien por cierto."

Los mecánicos en el auto empezaron a mover sus brazos como egipcios. Torció su boca en forma de asco y se giró lentamente hacia atrás, buscando a Konstantin. El hombre suspiró y meneó sus hombros, casi como pidiéndole perdón.

"Esto no es árabe, maldito imbécil. Es turco." Kenny la pausó.

"¿En serio?" Masajeó con fuerza su nariz con un suspiro.

"Ya, déjala. Tiene buen ritmo. Iré para la prensa."

Kenny le tiró un beso al aire, siguiendo la parte de la canción. Villanelle cerró su puño, como si atrapara el beso enviado, y lo tiró a un lado con cara de asco.

 

 

 

El W12 con el número 1 en la nariz arrancó el viernes al mediodía en el calor de la península arábiga. Hugo marcó la salida de Villanelle con su visera abierta. Salió a la calle de pits e hizo la línea para poder salir a la primer práctica libre, aguardando que el reloj marque la 13:30 horas.

A su izquierda en la estación de radio del equipo Alpha Tauri con sus dos ingenieros, uno de cada sexo, observaban con detalle el auto negro y calypso. Los ojos delineados se posaron en la mujer que miraba con tentación el monoplaza y luego a su piloto. El resto del casco ocultó la sonrisa maliciosa de la conductora.

Tiempos más rápidos en la práctica libre uno y dos: Villanelle Astankova con alrededor de 1:30:300. Inmediata perseguidora: su compañera de equipo.

El sábado Eve no pudo torcer esa diferencia con la francesa sobre la última práctica libre. Nuevamente marcó el tiempo más rápido y su cabeza se llenaba de preocupación.

Las dos primeras etapas de clasificación fueron pan comido para ambos autos que dieron dos vueltas rápidas en cada uno.

Antes del comienzo de la tercera etapa Bill habló por radio desde su centro hacia Eve que aún aguardaba en boxes para salir.

"¿Cómo te encuentras?"

"Sin confianza. No sé si es el calor o qué carajo pero bastante incómoda."

"¿El auto se siente mal?"

"¿Es comunicacion cerrada?"

"Sí."

"No, soy yo. El calor, el ambiente y el exceso de confianza desde el otro lado."

"Ya has lidiado con la presión. Mente fría, ya sabes como es esto. Hay circuitos mejores y otros peores."

"Me siento en Canadá. Con eso te dije todo."

"Te apoyo desde aquí compañera. Tus tiempos están muy bien. Fuerza."

Segundos antes de que se habilite la salida a la calificación número tres los dos monoplazas hicieron fila para dar marcha a Sakhir. Luz verde y arrancaron.

Eve fue la primera en tomar la curva 1 preparando y calentando sus neumáticos para su vuelta rápida en una Baréin anochecida.

Luego de la primer vuelta ajustó la velocidad sobre la recta principal arrancando sus tiempos. Hizo una primera vuelta con un total de 1:29:120. Ella y su compañera volvieron a boxes para cambiar neumáticos. Una vuelta más de prueba y la final para marcar el mejor tiempo. Eve, como siempre, iba por delante.

Primer sector: 28.350.

Segundo sector: 38.310.

Tercer sector: 22.430.

Total de: 1:29:090

Por detrás cumplió Villanelle cruzando línea de meta con los diez minutos de clasificación cumplidos.

Konstantin largó un suspiro de alivio abriendo la radio.

"Eso fué increíble, Villanelle. P uno. ¡Excelente trabajo durante estos días! Muy buen ritmo. Felicitaciones."

"Disculpa. ¿Quién eres tú? ¿Dónde se encuentra mi ingeniero de pista Kenneth?" El ruso revoleó los ojos. Kenny habló.

"¡Sí! ¡Tu primera pole position, Villanelle! ¡Felicitaciones compañera!"

"¡Allí estás tú pequeño imbécil! ¡No dejes que los fans tomen la radio!" Soltó una carcajada saludando las gradas a medio llenar con su mano. "La primera pole de muchas, pendejo. Yeehaw! Gracias a todos allí, el auto se siente increíble como yo. ¡Mañana comienza la danza árabe!"

"Claro que sí compañera. Déjalo en el número uno y pásalo a neutro."

Bill habló a su piloto.

"Estuvo muy cerca, Eve. P dos. Muy buen resultado dominando el auto. Orgulloso de ti."

"¿Por cuánto?"

"Eso sería por punto cero noventa y tres." Eve largó un suspiro desahuciado.

"Hice lo mejor que pude. Gracias. Habrá que mejorar para mañana."

"Sin lugar a dudas. Felicitaciones nuevamente."

Eve salió de su baño en el trailer secándose el pelo con la toalla siendo ya la noche tarde. Abrió su computadora y llamó a su esposo. La cámara mostró a Niko en medio del living.

"Hola mi amor."

"¡Hola! ¿Cómo estás? Excelente vuelta, la he visto en vivo."

"Gracias. Cansada, a veces no sé si son peores los sábados o los domingos. El clima no ayuda."

"Nunca te has llevado bien con Baréin. Mañana será un nuevo día. De nada sirve ganar la pole si luego no sacas provecho."

La puerta del trailer se sacudió. El chasquido y el golpe le dieron la pauta a Eve que alguien intentaba ingresar. Ella lo había cerrado desde dentro.

"Aguarda. Alguien viene. Espérame un momento."

Se levantó del sofá y miró por la ventana. Las voces llegaron a ella ahogadas por el casi hermético motorhome.

"Ups, este no es el mío."

Villanelle se dirigía al trailer de enfrente de la mano de una mujer. Eve afiló sus ojos para reconocer a la ingeniera de pista de Alpha Tauri. Antes de entrar la mujer morocha volteó a la piloto y la besó con fuerza contra la puerta. Las manos de Villanelle estrujaron su trasero y la acercaron con lujuria.

Alejaron sus labios y la ingeniera lamió la marca del boso.

"Me gusta tu cicatriz." Una sonrisa lateral entre engreída y triste escapó de Villanelle.

"A mí me gustas tú."

Filtró la mano a su espalda para abrir la puerta y ambas entraron necesitadas.

"¿Cariño? ¿Te encuentras bien? ¿Ocurre algo?" Llamó Niko. Eve volvió a su silla suspirando y rastrillando su cabello.

"Es esta idiota."

"Si empieza con 'i' es Villanelle. ¿Te molestó?"

"Sí. O no. No, no en verdad." La piloto acomodó sus pensamientos unos segundos. "Hablaré con Carolyn para que estés conmigo durante las carreras. La presionaré con los resultados o-"

"Eve, no retuerzas más esta situación. Me encantaría estar allí contigo pero también sé que debes concentrarte y focalizarte. Para ello necesitas el silencio. Tú sabes que siempre estaré aquí cuando lo necesites."

"Si ella puede tener compañías en los grandes premios, ¿Por qué yo no? Hace años y años que estoy en la Fórmula Uno. Merezco algo de respeto y algún lujo."

"El hecho de que yo no esté allí contigo te hace ser más profesional. No creo que sea correcto que te pongas a ti a la misma altura que ella."

"No creo que el profesionalismo tenga algo que ver con el sexo o la compañía. Dormimos juntos en Silverstone y así me ha ido." Niko sonrió con melancolía.

"Lo sé. Ya lo hemos hablado, Eve. No queda mucho tampoco, solo unos pocos meses más y luego estaremos juntos todo el tiempo que necesites. ¿Qué le hace una mancha más al tigre?"

El comentario aturdió a Eve que miró ausente hacia la pantalla. Meses para su retiro con dudas extras sobre sí.

"Sí. Tienes razón." La voz salió seca.

"Luces cansada. Ve a descansar, mañana es el gran día. Puedes llamarme luego de la carrera."

"Sí. Gracias. Hablamos mañana. Te amo."

"Te amo, cariño. Mucha suerte mañana."

Eve cerró la llamada y bajó la pantalla de su laptop. Solo una pequeña luz quedó encendida en su motohome. Mordisqueó su uña a medida que pensaba con los ojos perdidos en la ventana.

Meses. Ya no volvería a correr en Australia. Mañana sería la última vez que competiría en Baréin. Las vueltas y los segundos se consumían poco a poco en su último año como piloto profesional de Fórmula Uno. Una agonía de meses cuando lo único que podía hacer su corazón era llorar.

Sobre el torrente sanguíneo de Eve no había nada más que dudas. Aún no estaba lista para decir 'adiós' a su pasión.

Esa noche se durmió con un suave chirrido perteneciente al trailer de Villanelle. No le molestó. La tristeza opacaba el enojo.

 

 

 

Los ojos marrones seguían con exactitud las tres pelotas en el aire. Eve no quería desconcentrarse de su rutina antes de la carrera. Los ejercicios físicos sobre sus reflejos los entendía como esenciales. Antes de salir a la pista vio la puerta entreabierta del camarín de Villanelle. Se fijó que no hubiese nadie a su alrededor y entró dando un rápido vistazo.

No había espejos.

Tomó la mayor cantidad de agua posible mientras se dirigía a la recta principal donde todos los autos aguardaban. Los mecánicos enfundaban los neumáticos dándoles algo de calor para la inminente carrera.

Le llamó la atención encontrar a Villanelle frente a su auto. Kenny estaba a su lado.

"¿Lista? ¿Cómo te sientes?" La rubia alzó su cabeza e inspiró con fuerza.

"¿Hueles eso, pendejo?" Kenny pensó a toda máquina.

"¿Desierto?"

"Exacto. Hay olor a desierto. ¿Y sabes que ocurre cuando hay olor a desierto?" No respondió. "Me siento poderosa. ¿Sabes por qué? Porque en el país de mierda que tuve el desagrado de nacer no hay arena. No hay calor. ¿Sabes que hay en cambio?"

"¿Hielo? ¿Nieve?"

"No." Lo miró con odio casi como si estuviese viendo un mapa físico político de Rusia. "Hay mierda. Porque son mierda. ¿Y sabes por qué estoy aquí? Porque lo vi, lo viví y no voy a ser una mierda. Voy a ser poderosa. ¿Lo entiendes?"

"Existe el desierto de Ryn en Rusia, por si no lo sabías." Konstantin se aproximaba con una sonrisa en sus labios.

"Abn aleahira." El canoso levantó su dedo casi como amenaza.

"No me hables árabe."

"Disculpa, estoy conversando temas de vital importancia con mi ingeniero de pista aquí. La parte de los asistentes y fans está por allí." Señaló con su dedo la torre de Sakhir. "Hay buen vodka y acompañamientos femeninos de gracia mientras me observas pasar por encima a este séquito de imbéciles."

"Escúchame." Se acercó algo amenazante y Villanelle pudrió su rostro. "Sé muy bien lo mucho que odias que esté aquí pero a la vez sabes lo profesional que soy. Gana esta carrera y estemos en paz. ¿De acuerdo? No es tan difícil."

"Aprovecha la fama, gordo. El año que viene ya no estarás aquí, lo pediré en mi contrato."

"Cuando seas campeona quiero que recuerdes tus palabras." La rubia roncó fuertemente juntando moco de su garganta y pasándolo a su boca, lista para escupirle la cara.

"Pedimos a las pilotos que se acerquen al frente para entonar el Himno Nacional de Baréin."

"¿Qué tendrán los ingenieros que siempre son salvados por la campana?" Siseó. Para no tragar la acumulación de saliva y moco escupió al suelo, cerca de su zapatilla. Le sonrió una vez más antes de ir al frente.

Eve volvió a ponerse al lado de Villanelle. Cuando la música comenzó, volvió a gritar cantando con pasión en un árabe perfecto. Finalizado el himno la última campeona se inclinó imperceptiblemente a ella.

"¿Cómo conoces el himno de Baréin?"

"Los himnos nacionales son hermosos, Eve. Me sé la mayoría de ellos." Todas las pilotos aplaudieron dando por finalizado bajo ya la noche del reino. "Debo irme a hacer mi ritual, Takuma Sato. ¿Te veo en el podio debajo mío?" Eve solo chistó en respuesta ante su arrogancia.

Se dirigió hacia Kenny y se puso los auriculares. Buscó el celular y reprodujo la canción 84. Frente al auto levantó su cara al cielo junto a sus brazos y gritó con todas sus fuerzas.

"Ya leel! Ya leel!"

Las personas a su alrededor la miraron consternados. Algunos jeques en el paddock y fanáticos árabes en las gradas vitorearon ante su acento, casi dándoles una bienvenida al Gran Premio de Baréin con una caricia local.

"¿Has subido de escalones en relación a tus compañeras de equipo?" Elena se acercó a Eve y las dos miraban atentamente a Villanelle escuchando música con ojos intensos a su W12. "Digo, habla árabe y toda esa mierda."

"Lo único que se parece a ti es en el lenguaje basura. Pero es una imbécil."

"Al menos es divertida, no como mi compañera de equipo. Callada y desabrida." Ambas rieron en silencio y volvieron a ver a la rubia. "Me pregunto que estará escuchando. Debe ser buena por cómo se mueve." Eve golpeó con el dorso su brazo.

"Ve, hay una carrera que ganar."

Los ojos avellana ya sin maquillaje rastrillaban las curvas del W12 a medida que los auriculares estaban a máximo volumen. Giró para enfrentar el circuito con las suaves dunas a su alrededor y lo entendió.

El delineado. El desierto. Sakhir. Todo era suave, delicado y sensual. Era eso lo que la potenciaba a gobernar Baréin en un combo que ni siquiera cuatro títulos de Fórmula Uno a pocos metros de ella podía detener.

Volteó hacia el auto bajo la atenta mirada de Eve habló en voz baja.

"No sweet perfume ever tortured me more than this."

Gritó una vez más a la noche árabe antes de sacarse los auriculares hacia Kenny y acomodarse su equipo.

"Recuerdas lo que te he dicho en Australia, ¿Verdad? Sobre mi radio y la de Miyagi."

"Villanelle, no puedo hacer eso. Podrían denunciarme-"

"¡Oye! Te he hecho un favor allí atrás con Cruella. ¿Quieres pasarte el resto de la temporada encerrado en mi trailer preparándome la comida para después de competir o quieres ayudarme a patear traseros aquí?"

"Ayudarte."

"Entonces hazme caso a mí y no a este gordo con el pene caído."

"De acuerdo. Suerte." Subió al monoplaza y acomodó sus manos antes de meterla en los guantes.

"Yippiee ki yay, mother fucker." Golpeó su puño hacia arriba.

"Por favor, despejen la pista." Anunció el altoparlante.

La francesa y sus seguidoras dieron la vuelta previa calentando neumáticos, embrague y frenos. Konstantin la llamó.

"Radio check Villanelle." Silencio con el motor rugiendo de fondo. "¿Villanelle?" Nada. Giró hacia Kenny. "¿Es idiota o qué?"

"Villanelle, Kenny aquí. Radio check, por favor."

"¡Oh, hola! Por un momento creí que había interferencia y estaba escuchando algún espía ruso hijo de puta. A lo mejor intentan descifrar nuestro secreto del éxito. Radio check, pendejo. Ya, leel! Ya, leel!"

"Radio check Eve." Habló con calma Bill.

"Radio check copy."

"Perfecto. Recuerda nuestra estrategia."

"Copy."

Todas las competidoras se acomodaron despacio en su lugar para la salida con sus neumáticos suaves rojos para mayor velocidad.

Villanelle recordó el mapa del motor y lo cambió segundos antes del arranque. Se encendieron los semáforos y de golpe el rojo se apagó. Aceleró al máximo con un Baréin desierto de autos. Aquí la reina era ella.

Antes de llegar a la primera curva una nariz negra idéntica a la de ella se asomó por la línea interna. La rubia contuvo con todas sus ganas el querer girar hacia ella y estrellar su auto. Pasaron las tres primeras curvas y el auto de Eve se asomaba por encima del de Villanelle en la recta.

La tetracampeona consolidó su posición al momento de pasar el cuarto giro a la derecha mirando constantemente por el retrovisor. Bill, Konstantin o Kenny se animaron a hablar por radio y solo miraron hacia atrás a Carolyn en su centro viendo la batalla con atención.

Cuando tomaron la recta principal, y con una mala tracción de Villanelle en la curva 15, Eve tomó algo de distancia de su perseguidora y su ingeniero habló.

"Funcionó lo que pensamos como estrategia. Ahora deberás defender tu posición compañera."

"¡Lo pones muy sencillo para estar en tu estación!" Bill se sorprendió de la agitación en su voz con el motor rugiendo de fondo.

"Mantén la cabeza fría. Es importante que estés sólida en estas primeras vueltas."

"¡Contacto mínimo!"

"Copy."

Villanelle vio como detrás el Red Bull de Hèléne poco a poco se alejaba. Las primeras vueltas en Sakhir se consumían y la cola del monoplaza de enfrente no se distanciaba. La rubia rió en consecuencia.

"De la escala del uno al un millón, ¿Qué tan asustada está Nishikori?"

"Tienes un muy buen ritmo, Villanelle. Tus neumáticos lucen muy bien. Continúa así."

"No me ignores, pendejo. ¿A cuánto tengo a la milf?"

"Dos punto tres. Creo que es hora de que saques provecho del DRS."

Sobre la recta principal entre la vuelta 10 y 11 el alerón trasero de Villanelle se abrió, permitiendo el paso del flujo de aire y dándole mayor velocidad. Antes de llegar a la primera curva todo su monoplaza estaba por delante del de Eve. Konstantin sonreía.

"Delicado, fino y excelente. Muy buen sobrepaso Villanelle."

"Creí que esta mierda tenía circuito cerrado. ¿Cómo llegan los cocineros a colarse aquí? Púdrete gordo."

Los ojos de Bill estaban atentos en las pantallas frente a él y el ritmo de su piloto.

"Es importante que no te alejes mucho. Estamos atentos a posibles errores."

"¿¡Me puedes decir que clase de ritmo debería tener!?"

"El que llevas es muy bueno. Iremos por el intento de estrategia número dos. Mantente enfocada compañera."

Vuelta 20. La diferencia entre Villanelle y Eve se había extendido a más de diez segundos. Los neumáticos suaves de ambas empezaban a tener irregularidades.

"¿Estrategia, imbéciles?" La voz de la francesa ya sonaba preocupada.

"¿Cómo sientes esos neumáticos?"

"Cariño sin pelos, si te estoy hablando no es para que me invites a tu boda, sino que es porque están para la mierda. ¿¡No ves que estamos en el maldito desierto corriendo encima de petróleo!?"

"Copiado. Mantente atenta a nuestro llamado."

Bill moduló dentro de la vuelta 21.

"¿Por arriba o por abajo?"

"¿Cómo está ella?"

"Crítica. ¿Tú?"

"Mal. Muy mal. Esto me consume. ¡Mierda!"

"Ok. Intentaremos por arriba." Cuando Eve tomó la recta a la curva 14 se activó la radio. "Box, box Eve."

El monoplaza con el '2' en la nariz entró y cambió a neumático duro nuevo. Kenny abrió su radio.

"Están cambiando todos. Box box Villanelle."

Sin perder más tiempo entró con todos sus mecánicos esperándola. Hugo al frente con su gato hidráulico. Pusieron las cubiertas duras blancas.

Al salir los cronómetros marcaron la diferencia con su perseguidora que se había extendido por algo más de un segundo. Konstantin y Kenny apretaron su puño.

"Excelente. Tienes pista libre y con distancia Villanelle. Has lo tuyo."

"¿A cuánto se encuentra?"

"Más de once segundos."

"Dile que la veo en la línea de meta."

Eve habló hacia Bill.

"¿Todo salió para la mierda o me parece?"

"Tienes neumáticos nuevos Eve. Puedes apretar. Hèléne se encuentra a cinco punto seis detrás."

"¿¡Qué carajo me importa quién tengo detrás!? ¡Dime a cuánto está!"

"Eso sería once punto ocho."

"¡Todo para la mierda hoy! ¡Todo!"

"No pierdas el enfoque Eve. Estaremos atentos a cualquier cambio que pueda ocurrir."

Eve no pudo hacer mucho. Con la precaución de llegar con sus neumáticos a final de carrera, ajustó su mapa de motor a término medio.

Vuelta 51 de 57.

"¿Dónde está la Sazuke?"

"Treinta y dos segundos detrás. ¿Cómo están los neumáticos?" Respondió Konstantin.

"¿Por qué no vienes y los tocas con tu trasero? Cállate gordo. Oye, quiero hablar con mi ingeniero de pista. ¿Dónde está?"

"¿Si, Villanelle?"

"Pon mi canción número cuatro. Vamos a hacer bailar a los jeques y que Madonna les agradezca un poco por este precioso fin de semana."

Sin discutir activó la canción en su radio y en el box con los mecánicos.

"Para todos los presentes aquí, ¡Gracias por venir! Aún quedan algunas vueltas. Disfrutenló."

"¿Qué haces Villanelle?" Habló Konstantin.

"El auto me lo pidió." Durante el estribillo e ingresando al conjunto de curvas 5,6 y 7 mordió los pianos y el vehículo se levantó en el aire, como un salto. "Me dijo que quería saltar."

El ruso cortó la radio y miró a Kenny.

"Apaga eso. Puede perder la carrera. ¡Apágalo ahora!" El hombre obedeció rápidamente.

"¡Hey! ¿¡Qué haces!?"

"Te necesitamos enfocada en el último tramo. Concentrada, por favor."

A Konstantin le pareció raro que su piloto no soltara una catarata de insultos en su contra. En cuanto el W12 pasó por la recta principal los monitores mostraron la falta de aceleración a la que venía registrando vuelta tras vuelta. El monoplaza de Villanelle perdía potencia.

Kenny abrió rápido la radio a medida que miraba desorbitado las pantallas.

"¿Qué ocurre?" Hizo todo lo posible por ocultar la desesperación en su voz.

"Pon la canción o Polastri y sus perseguidoras ganan." Konstantin apretó sus dientes.

"Villanelle, pones en riesgo el trabajo en equipo."

"¿¡Quién mierda crees que pone el cuerpo detrás de este maldito volante, gordo!? ¡No aguantarías ni media vuelta con el calor y el esfuerzo físico! ¡Se la pasan cambiando mis planes tú, Cruella y la puta FIA! ¡Ahora pon mi maldita canción, déjame ganar a mis anchas, y vete a la mierda!"

Bill habló hacia Eve.

"Recortando diferencia con Villanelle. Veinte punto dos y bajando."

"¿¡Qué ha pasado!? ¿¡Chocó!?"

"Problemas internos con sus ingenieros. Ajústala, puedes hacerlo."

Kenny vio como las milésimas con el auto de Mercedes bajaba a toda velocidad.

"Konstantin, déjalo ya."

"No cumplirá, sólo es una mocosa histérica."

"¿De qué sirve? Ponemos en riesgo todo el trabajo de un fin de semana, lo hablaremos luego. Sólo... Suficiente."

El ruso vio las pantallas con la diferencia entre el uno y el dos. Once punto cinco segundos.

"¡La estoy viendo!" La voz de Eve volvía a sonar agitada a medida que aceleraba por la recta principal.

"De todas maneras cuida los neumáticos."

"Ponlo." Susurró Konstantin. Kenny actuó en consecuencia.

"¡Oh, miren! Volvió a funcionar mi radio cuando apareció la sushi." Los ojos avellana visualizaban el alerón negro cerca de ella por el espejo retrovisor. "Aumentemos la apuesta. Gordo, hacele caso a Madonna y empezá a saltar. ¡A todos en el box los quiero bailando!"

Konstantin empalideció.

"Estoy saltando.Últimas tres vueltas."

"Gordo, ¿Crees que soy estúpida? Te estoy viendo por las pantallas gigantes. Soborné al camarógrafo. ¡Ponte a saltar bien alto!"

"Eve está atrás, Konstantin." Salió la voz quebrada de Kenny.

Detrás de él un camarógrafo de gran tamaño lo apuntaba directamente. Carolyn miraba desde el box la escena con fascinación.

"Que mantenga su posición." Indicó la CEO hacia los dos ingenieros. "Quiero el uno y el dos aquí."

"La tengo. Cometiste un grave error, novata." Bill escuchaba a su piloto con tono amenazante.

Apretado por varios lados, el ruso saltó débilmente sobre su silla.

"Acelera Villanelle, por favor." En respuesta Villanelle rió alto.

"Te ves hermoso, gordo. Lampiño, comunícame con origami." Acató y cruzó su radio con la de Eve. "Hey, traductora. ¿Te gusta Madonna?"

"¿¡Qué hace!? ¡Quítala de mi radio!" La rubia volvió a reír en voz alta.

"Una lástima, salsa de soja. ¡Nos vemos!"

Eve abrió sus ojos cuando, justo en frente de sus narices, el W12 sufrió un ataque de rabia y salió despedido alejándose de ella.

"¡No! ¡Bill! ¡Dame su mapa de motor!"

"El mapa está bien, Eve."

"¡No puede ser! ¿¡Qué tiene!?" Bill suspiró resignado.

"Tiene a Madonna."

Ofuscada, intentó volver acercarse a su compañera sin éxito.

"¡Los quiero a todos bailando! ¡Salta más alto, gordo!"

En el box los mecánicos se pararon bailando entre sí. Kenny hacía lo propio desde la estación de control.

"Última vuelta, Villanelle."

"¡Cállate! Mira las gradas, gordo. ¡Todos felices!"

Al cruzar las últimas dos curvas redirigió su vehículo cerca de las estaciones de los ingenieros, por fuera de la línea de carrera donde estaban restantes del caucho. Los mecánicos de Villanelle se asomaron agitando sus puños recibiéndola. Levantó su dedo índice al cielo apuntándolos a ellos riendo en voz alta. Rastrilló con fuerza la cicatriz y se la refregó con la lengua.

"¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Por fin! ¡Que venga la FIA ahora a decirme que no gané!"

"¡Excelente Villanelle! P uno. Oficialmente la reina de Baréin. Felicitaciones compañera." Habló Konstantin.

"Púdrete, gordo. ¡Miren el cielo! Ya leel!"

El show de fuegos artificiales característico de Baréin bañó el paisaje de Villanelle frente a sus ojos a medida que bajaba la velocidad y daba la última vuelta.

"Muy buen trabajo Eve. P dos. Felicitaciones."

"Gracias." Respondió con tono seco.

Al estacionar el auto en el puesto número uno, Villanelle se paró en su cockpit saludando a todos alrededor. En la habitación previa al podio los sombreros de Pirelli eran los clásicos Shemagh con el Iqal. En las puntas estaba el número de los podios.

Luego de que sonara la marsellesa, tomó la botella de champagne y le dio un golpe seco contra la base del podio. La espuma salió con fuerza sobre la boca. Bañó a Kenny que se encontraba a su lado en representación al equipo mecánico de Mercedes y luego a sí misma. Eve estuvo escueta con el festejo. Hèléne no podía quejarse con la tercera posición.

Finalmente, fiel a su ritual, se sacó un zapato Puma, sirvió un poco y bebió de allí. El característico shoey como corona a la victoria de su primer Gran Premio.

 

 

 

Los tres golpes crisparon el rostro de una somnolienta Villanelle. Durmió en su trailer el domingo por la noche esperando que al día siguiente, alrededor del mediodía, saliera el avión a Dubai llevándola de nuevo a su residencia.

Otra vez golpearon su puerta.

"Malditos hijos de puta." Se levantó a duras penas. Abrió para encontrar a Kenny impoluto y con su cara oscilando entre la felicidad y los nervios. "Es la segunda vez que me despiertas de esta manera y estás cada vez más cerca de que te rompa la cara."

"Perdón. Lo lamento, en serio. Sólo que son las diez de la mañana."

"¿Y?" Entrecerro sus ojos apretando sus piernas de forma mañanera. Kenny dudó.

"Debemos irnos. Pronto."

"¿Sabes que me molesta de esta escudería de mierda? Que nunca avisan nada con anterioridad. En tres horas sale mi vuelo, ahora, déjame seguir durmiendo."

"¡Villanelle! ¿Cuál vuelo?"

"¿El que me lleva a mi palacio?"

"¿No te han dicho? En una hora salimos en un vuelo chárter. Por eso vengo aquí."

"¿A dónde?"

"A donde cagó el conde." Explotó en risa y las señaló con sus dedos, casi mostrándole lo que había aprendido en todos esos días a su lado.

"¿Acaso crees que me da gracia, imbécil? ¿¡Adónde!?"

"¡Es competencia el fin de semana que viene! Debemos irnos al próximo gran premio." Rascó su cabellera rubia procesando la información.

"¿No hay dos semanas de diferencia? ¿Competimos nuevamente tan pronto?" El hombre asintió nervioso. "Maldita sea, debo aprenderme el calendario. ¿A dónde iremos?"

Juntó sus dos manos al centro como si estuviese rezando y esbosó una sonrisa.

"Shanghái."

Chapter Text

                                            Shanghái

 

 

 

Eve aguardaba con sus lentes puestos y su maleta a un lado en una hangar lateral privado del aeropuerto de Manama. A pocos metros estaba estacionado el avión chárter para pocas personas.

No tenía buen humor.

La maniobra de Villanelle en el circuito de Sakhir había sido nada más que una gran burla y, por qué no, escupitajo a sus cuatro títulos mundiales.

Sus cuatro títulos. Mundiales. De Fórmula Uno.

"¿Cómo la que tienes tú, tetracampeona?" "Hey, traductora. ¿Te gusta Madonna?" "Una lástima, salsa de soja. ¡Nos vemos!"

La voz resonaba con sobrada petulencia y en eco. No había humildad que pudiese ayudar a digerir la humillación a la que había sido expuesta en Sakhir.

Removió con furia sus lentes y se rascó la nuca con saña, casi como una comezón, seguido de su frente.

"Wow. Jamás te vi así."

"Púdrete, Bill."

"Jamás te vi así, segunda parte." Colocó de nuevo sus lentes y suspiró, harta.

"¿Qué mierda esperamos?"

"A tu fiel compañera, claro. No sabía que había que competir el siguiente fin de semana y que teníamos vuelo chárter." Balbuceó al aire en disconformidad.

"Yo no lo entiendo. Realmente no lo entiendo."

"Cálmate. Eve, recién van dos carreras en el año y mírate. No dejes que te descarrile. Concéntrate."

"Me indigna que gane desde su ignorancia. No hay estado mental para lidiar con eso."

"Lo entiendo." Se acercó y apoyó una mano sobre su hombro. "Has tu trabajo y pase lo que pase no leas los periódicos en el día de hoy. ¿De acuerdo?"

Eve lo fusiló con los ojos de tal manera que ni sus Ray-Ban pudieron ocultar su enojo, provocando una sensación incómoda a su ingeniero.

"¿Sabes lo que hice ayer luego de la carrera?" Levantó sus cejas por encima de los cristales. "Hice la técnica de Toto Wolff. ¿Recuerdas? ¿Lo del incentivo negativo? Ahora lo tengo en mi maldito fondo de pantalla." Bill tardó en responderle.

"¿Crees que será algo motivador para ti?"

"No lo sé. Pero puedes asegurar que la próxima vez saldré a la pista con el maldito cuchillo entre los dientes."

"¿¡Quién de ustedes me devolverá el dinero de mi pasaje desperdiciado!?"

Villanelle gritó haciendo eco en el hangar privado con su mochila a cuestas y el trofeo de Baréin debajo de su brazo. A su lado estaba Kenny y, varios pasos detrás, Konstantin y Carolyn. Todos con sus respectivas maletas.

Eve habló con voz podrida aún afectada por la ola de su enojo.

"Ganas millones de euros, ¿Y protestas por gastar unos cientos en un boleto de avión?" La rubia se inclinó hacia ella oculta detrás de sus lentes Randolph.

"Creo que alguien se despertó de mal humor, ¿Huh? Buen día para ti, tierra del sol naciente." Se re acomodó y inspiró con fuerza al aire. "¿Huelen eso? Hay olor a derrota."

La mano de Eve se cerró con fuerza sobre la manija de su maleta.

"¿Qué haces con el trofeo? Eso pertenece a Mercedes."

"No es el original, Eve." Cruzó Carolyn. "Baréin hizo una réplica para ella."

"¿Te gusta? ¿Quieres tenerlo? Este huele a victoria." Se lo estiró hacia la cara y lo movía de un lado a otro.

"Suficiente." La voz fue baja, calma pero punzante de la directora. "¿Podemos comenzar? Tenemos doce maravillosas horas juntos aquí dentro." Guió hacia la entrada del avión.

Camino a la entrada de la aeronave Villanelle frenó frente a Carolyn y miró a su alrededor.

"¿Dónde están?"

"¿Te refieres a tu nuevo e inamovible ingeniero de pista? Detrás de ti." Respondió con falsa alegría. Villanelle sonrió de manera lateral con bronca.

"En realidad preguntaba por los dálmatas, pero ya que insistes." Giró hacia Konstantin. "Oye, gordo. No puedes subir al avión. Contigo habrá sobrepeso." Chasqueó los dedos y apuntó hacia afuera del aeropuerto. "Ve y consíguete un camello. Si te apuras llegarás a Shanghái el domingo justo para la carrera. Son económicos, resisten buena cantidad de peso y no necesitan mucha agua."

"¿Algún día dejarás de ser una imbécil?"

"Siéntate lejos mío. Tienes olor a mierda."

Luego de tres horas de viaje Kenny giró su computadora hacia Villanelle con una sonrisa en sus labios. Los ojos recorrieron el titular.

'Astankova saca a pasear a Polastri en Baréin.' Siguió leyendo el pequeño copete. 'Con algunos malos entendidos en su equipo la pilota francesa logra burlar a su principal perseguidora. ¿Logrará China desempatar su equivalencia?'

El rostro de Villanelle se tiñó de confusión.

"¿Consumes esta mierda?"

"Son los titulares, creí que a lo mejor te daría un incentivo para el fin de semana." En diagonal a su espalda, Eve vio a duras penas la noticia cuando Kenny volvió a poner la computadora frente a él.

"No los leas, yo no lo hago, son mierda. Solo necesito de incentivo mis manos y mi pie derecho para acelerar."

Frente a la británica, Bill le dio un rostro de amable sorpresa con una sonrisa.

Villanelle pasó gran parte del vuelo lanzándole maní a la boca semi-abierta de Konstantin. En medio de la noche, cuando la mayoría dormía se levantó para ir al baño. Frente al espejo notó nuevamente sus raíces negras.

El hecho de que Mercedes no le avisara de esta clase de urgencias la desesperaban. Debía buscar un plan 'B'. Buscó su gorra blanca con la estrella planteada en medio y se la dejó puesta hasta aterrizar.

 

 

 

SHANGHAI, CHINA

 

La humedad de la primavera entrante recibía a los integrantes de la escudería. Siendo primeras horas del día martes en China, una van los recibió sobre la pista para llevarlos directamente al circuito en la parte noroeste de la ciudad. Para ello cruzaron toda la parte céntrica aún anochecida.

En cuanto los ojos avellana visualizaron una tienda de usos múltiples abierta todo el día gritó escandalosamente para que se detuviera. Cuando bajó con su mochila los demás se miraron entre sí, sin saber cual era el motivo de su accionar. Nadie vio qué compró. Por el cansancio general tampoco preguntaron al respecto.

Pasó el restante de su día martes encerrada en su trailer. Las raíces negras habían desaparecido.

Un poco por el jetlag, y otro tanto por ser el último día libre antes de comenzar un nuevo programa de actividades, se despertó tarde el día miércoles. Desayunó algo parada y volvió al conjunto de trailers. A diferencia de Baréin esta vez estaban más cerca uno de otros. Lo único que ayudaba a Villanelle a distinguir el suyo eran los colores negro, blanco, gris y calypso externos.

Aún sin acostumbrarse a la disposición abrió la primera puerta. Cuando ingresó notó una sutil anormalidad. Si bien el trailer era el mismo, algunos objetos no. Era el trailer de Eve.

Los ojos avellana bailaron de un lado a otro en pleno silencio, concentrándose por medio de sus oídos por novedades de su compañera. Estaba deshabitado.

Comenzó a recorrer poco a poco y lo primero que vio fue su laptop encima de la mesa color rosa perla. Con un dedo abrió la tapa y la pantalla se iluminó dejándola sin aire. Por inercia levantó su barbilla y su labio del lado derecho. Frente a ella una perfecta Villanelle de horas atrás con la copa de Baréin en sus manos y una sonrisa depredadora observaba a los fans. En medio estaba el casillero para poner la contraseña.

Su cerebro empezó a trabajar a toda máquina por más de que hacía pocos minutos que había despertado. Eve tenía una foto suya victoriosa como fondo de pantalla.

La comisura derecha empezó a curvarse de forma maliciosa ante el descubrimiento. Cerró la tapa y siguió un poco más. Ropa, bebidas. Higiene. Tomó el cepillo de dientes y se lo metió en la boca siguiendo su tour.

Joyas. El anillo de casada estaba sobre una repisa con objetos personales. Lo tomó y leyó dentro con letra cursiva fina 'Niko Kowalski (19-9-2012)'. Un chasquido metálico a unos metros la paralizó. Fijó sus ojos al suelo del trailer y se concentró en el sonido. Le siguió un gruñido mezclado con bostezo y un portazo fuerte. Konstantin se había despertado. Chasqueó en asco y dejó el anillo en su lugar. El resto era todo lo esperable. Mat de yoga, documentos y algunas fotografías de los otros monoplazas acumuladas dentro de su mochila.

Al terminar gimió imperceptiblemente al aire.

"Oh, Eve."

Dejó el cepillo en el baño y, sin ser vista, salió de allí e ingresó a su trailer cambiando su vestuario a uno más deportivo para correr. Cuando salió al box donde se encontraban sus mecánicos y Kenny, juntó sus manos con fuerzas en el pecho, llamando la atención. Giró sus brazos y se inclinó hasta tener la postura Gong bú, de kung fu.

"Nǐ hǎo Shànghǎi!" Su ingeniero la miró alucinado quitándose sus auriculares.

"¿Sabes kung fu?"

"No, pero puedo patearte el trasero igual. Vamos a correr."

"No estoy vestido, estaba en la radio con Eve y Elena." La rubia ocultó una sonrisa maliciosa.

"¿Qué hacen? ¿Ya empezaron la carrera tomando distancia de mí? Está bien, les doy ventaja. Me dan lástima." Rió en respuesta.

"No. Les pongo música mientras reconocen el circuito en bicicleta." Dijo señalando las pantallas. Villanelle marcó una 'O' sarcástica.

"Ve a prepararte, rápido."

Sin responder desapareció hacia su trailer. Villanelle revisó las pantallas encontrando la lista de reproducción marcando la canción número 60. Arrugó su rostro en disconformidad y calzó los auriculares para escucharlas.

"Sólo digo que es una imbécil." La voz de Eve salió apenas agitada.

"No sé si tengo su mismo humor o qué pero no ha estado tan mal. Kenny piensa lo mismo. De hecho he estado pensando en-"

"¡No! Por favor Elena, no."

"Aún no está confirmado. Tengo que hablarlo con él. Será divertido, Eve. Un momento perfecto para alejarnos de todo esto. Hace mucho que no vamos de copas."

"Que te cases no es lo mismo que irnos de copas y me encantaría que esa idiota no esté. Todo sería más armónico, ¿No crees?"

"¿Quién dijo que quiero que mi casamiento sea armónico?" Las dos rieron y se callaron.

A medida que escuchaba buscó otra playlist en Spotify y clickeó en la canción número 101. Aguardó que alguna de ellas accionara la radio.

"¡Kenny! ¿Qué mierda es esto?" Habló Eve.

"Él no suele escuchar esto. Es bueno igual." Villanelle tapó con fuerza sus labios ahogando una carcajada.

"Es la maldita imbécil. ¡Carajo!" De fondo Elena empezó a reírse con fuerza. La rubia soltó los auriculares y se fue con su ingeniero de pista, escapando de la escena del crimen.

El jueves fue día de prensa. Por la mañana todos las pilotos mezcladas entre sí en diferentes grupos enfrentaron a los periodistas aprovechando la lluvia intermitente en suelo chino.

A Eve le tocó junto a Jess de Renault. Un hombre levantó la mano y el asistente lo señaló.

"Eve, Raymond Wells para Motorsport UK. ¿Has perdido fiabilidad en tu auto luego de la burla de tu compañera en Baréin?" Gesticuló brevemente ante la incomodidad de la pregunta.

"No. Confío en mi equipo y en mi monoplaza. Hay días que voy a tener mejor ritmo y otros no tanto. Son cosas de éste deporte. Creo que tengo la experiencia suficiente para evitar nublarme ante las dificultades que me puede traer un circuito u otro. De todas maneras salir segunda no es mal resultado y ayuda para Mercedes en su trabajo de obtener los mejores resultados en cada Gran Premio."

"¡Eve! Dicen que ser segunda es ser el primero de los perdedores. ¿Lo ves así?" Apretó sus labios y repiqueteó su pie con fuerza pensando qué responder.

"No. Siguiente." Jamie levantó su mano y el cuerpo de Eve se llenó de alivio.

"Eve, indudablemente Mercedes ha comenzado el año con el pie derecho haciendo uno y dos en Australia y Baréin. ¿Esto te incentiva a ver con buenos ojos una futura renovación de cara a la próxima temporada?" Mordió su labio.

Maldita seas, Jamie.

"Creo que aún falta mucho para eso. Es una temporada larga y queda mucha agua o autos que corran debajo del puente." Rió. "Sin lugar a dudas me siento muy satisfecha por los resultados que ha demostrado la escudería hasta el momento. Llegada la mitad de la temporada haré un análisis sobre si acepto o no mi renovación a menos que Mercedes no me quiera." Contagió a algunos periodistas a reír. "Estoy concentrada en el ahora. Shanghái es un circuito muy completo como Montmeló y si sacamos un buen resultado de aquí es porque nuestro auto puede conseguir una buena posición a final de temporada. Estoy enfocada en irme de aquí en el primer puesto. Luego habrá tiempo para debatir si me quedo o no."

"¡Eve! En Baréin tu compañera de equipo te dio pelea y se llevó la victoria. ¿Puede Villanelle ser un aditivo para que te quedes un año más?" Murmuró en duda cepillándo sus cabellos con la mano.

"Definitivamente ustedes quieren pleito sobre cuatro ruedas en alguna pista. ¿Eh?" Rió y se quedó en silencio, pensando como proseguir. "Villanelle no sólo me tiene a mí como competidora, tiene otras dieciocho pilotas que buscan ganar. Creo que el ojo tiene que estar puesto en toda la grilla y no sólo en Mercedes. Nadie está exento del error. Me equivoco, me despisto y pierdo la carrera. Así de sencillo. Ella igual. Y el resto también. Sus comunicaciones de radio son intensas por donde lo quieran ver, pero no estamos aquí para hacer divertido esto. Es peligroso, y la meta es otra." Hizo silencio levantando sus cejas. "Ver la bandera a cuadros en primera posición. De todas maneras si decido quedarme no será por una competidora, sino por placer y disfrute de mi profesión. Eso es seguro."

"Eve, la última." Se estiró Raymond.

"No, tú no." Respondió de mal humor.

"Será sin ánimos de ofender. Lo prometo." Marcó con su mano que continúe. "¿Cuál crees que podría ser la clave en éste Gran Premio y los que restan para superar a Villanelle? Ya que ella es tu inmediata amenaza."

"Sonará horrible pero para mí la principal amenaza es el motor. Por la velocidad o por miedo a que se rompa o sufra desperfectos. En cuanto a ella o al resto será cuestión de confiar en mis instintos y en mi experiencia. Creo que podría usar eso como base principal para poder llegar a la meta primero o en la mejor posición posible. Baréin me ha demostrado que ella es muy buena cuando se siente cómoda en determinado lugar o circuito. Será cuestión mental mía como prepararme para eso y qué estrategias utilizar para desbaratar sus planes sin perjudicar a Mercedes. En la escala de prioridades eso está primero: Mercedes."

Minutos más tarde, en una nueva camada, Villanelle ingresó frente a los periodistas junto a Hèléne. Raymond levantó su mano.

"Oh, no. Dile a tu hija que deje de llamarme." Trajo risas para todos menos Jamie.

"Villanelle, felicitaciones por título obtenido en Baréin." La piloto abrió sus ojos sorprendida trayendo una nueva ola de risas entre los hombres. "Recientemente le hemos preguntado a tu compañera cuál es la clave para vencerte luego de tu último desempeño y ha dicho que puede apelar a su experiencia. ¿Qué opinas?" Balbuceó al aire, buscando responder.

"Te responderé con una pregunta. ¿Cuánto hace que compite en Baréin?"

"Muchos años. El circuito se inauguró en-"

"¿Y en qué apeló a su experiencia en ese caso? ¿En usar bastón para ciegos? Si abriese un poco más esos ojos japonesitos que tiene a lo mejor vería mejor el circuito y aceleraría. Claramente la experiencia no le sirvió de nada. Gané y debería haber ganado en Australia pero no hablaré. No vaya a ser cosa que la FIA venga a joderme."

"¿Cómo te sientes en Shanghái? Es un circuito que jamás has conducido." Jamie ganó la apuesta entre otros.

"Será mi primera vez, sí, como en Australia. Los fans son increíbles, el circuito parece bueno." Miró a Hèléne a su lado con rostro inexpresivo. "¿Quieres dar una vuelta en mi auto, milf?"

"¡Villanelle! ¿Quién crees que es tu principal amenaza?"

"El apio. Prohibí que sirvieran esa mierda para comer. Necesito una hamburguesa doble con queso." Otras risas brotaron entre sí.

"Villanelle, te hemos visto con dos ingenieros de pista en Baréin. ¿Crees que eso fue el factor para vencer a Eve?"

"Vete a la mierda. Tú no sabes lo difícil que es tener dos y yo no lo elegí. El día que se pongan de acuerdo entre ellos y no arruinen mi carrera voy a invitar a tu esposa a que infle mis neumáticos. Si gané es por mí, no por ellos."

"¿Piensas que Eve puede presentar alguna queja en Mercedes por eso?" Explotó en una carcajada.

"Si hace eso definitivamente no sabe perder. ¿Así se gana un campeonato de Fórmula Uno? ¿Llorando? No, si fuese por mí no usaría ingeniero. El gordo ruso homofóbico que pusieron es... Imposible. Ella ya lloró en Australia y la arrodillada de la FIA le hizo caso. Quisiera ver que clase de excusa pondría en lo sucedido en Baréin. Ya tienes una pauta de que clase de competidora es una y otra."

"Villanelle, ¿Shanghái es tan cómodo como Baréin?" Refregó ya sin paciencia su cara.

"Te diré cuando cruce la línea de meta. No lo sé. ¿Acaso tú sabes cuando alguien te la va a chupar bien sin haber hablado con esa persona? Es estúpido. Gracias."

Por la tarde algunos fans se acercaron para tomarse fotos y firma de autógrafos en un pequeño descanso que otorgó la lluvia. Desfilaron varias pilotos pero la mayoría de ellos esperaban a las dos de Mercedes. Eve y Villanelle aparecieron con sus gorros de de la escudería. Varios padres con niños se acercaron y uno de ellos tenía puesto una gorra roja de Ferrari.

"¿Fanático de Ferrari, huh?" Preguntó la francesa. Eve a su lado la observaba disimuladamente.

"Sí." Devolvió con timidez.

"Ya veo." Firmó su remera y cuando volvió a mirarlo le mostró un rostro espantado. "¡Oh, por Dios! ¡Un bicho enorme! ¡Quédate quieto!"

Villanelle le tomó la visera de su gorra y la flameó por el aire, como si estuviese espantando un gran insecto. La lanzó a un costado y la gorra cayó sobre un pequeño charco de agua. El nene la miró con tristeza.

"Oh, lo lamento. Oye, ¿Te gusta la mía?" Asintió. "¿La quieres? Te la regalo. ¿Cuál es tu nombre?"

"Liu."

"¡Ah! Como Liu Kang, de Mortal Kombat, mi personaje favorito. Mira." Se sacó la suya de Mercedes de color blanco y escribió en la frente a medida que hablaba. "Para Liu, mi nuevo y mejor fanático de Shanghái, con cariño de V." La letra de su nombre fue acompañada de un '3' que auspiciaba de humo y pista. Se la apoyó y le quedó holgada. "¿Entre nosotros? Te queda más linda esta gorra. ¡Cuídate y maneja rápido!" Le sonrió y Liu respondió igual, mirando emocionado a su padre por el gesto.

A medida que se alejaba Eve volteó para verla algo sorprendida. Definitivamente Villanelle tenía momentos en donde era más humana de lo que aparentaba.

 

 

 

Viernes. Primeras dos prácticas libres. Y la lluvia se negaba a irse.

Luego de una hora de reconocimiento de la pista, Villanelle aceleró con uno de los juegos de sus neumáticos de lluvia azules marcando el mejor récord de vuelta y quedando en primera posición. Elena fue segunda y Eve tercera.

Por la tarde, a lo largo de la segunda práctica ya sin lluvia pero con calzada húmeda, las pilotos apostaron por el compuesto intermedio verde. Un escalón por debajo del neumático rugoso de agua.

Villanelle habló por radio.

"Me parece estúpido esto si no hay lluvia pronosticada para la carrera. Es dar vueltas con algo que no usaremos."

"Aprovéchalo, Villanelle. Reconoce bien el circuito."

"Tú cierra el trasero, gordo asqueroso. Hace dos horas y media que estoy reconociendo la pista."

"El pavimento aún no está en condiciones para usar los neumáticos lisos, podría ser peligroso. Probablemente tendrás tiempo en la práctica libre de mañana."

El récord de vuelta durante esa hora y media alrededor del circuito fue de Eve. Un pequeño mensaje hacia Villanelle aclarando que aún no apretaba el acelerador a fondo en Shanghái.

Con resabio de humedad por la lluvia, el sábado el sol se hizo presente con más fuerza de lo que se esperaba. 28 grados Celcius y en aumento para aclimatar los autos.

Antes de comenzar la última sesión de entrenamiento revisaba en el box las pantallas una vez más el trazado y la línea de carrera. Corrigiendo pequeños errores del día anterior.

No hubo caso. Si bien aceleró con neumáticos de compuesto suave, Eve había hecho el tiempo más veloz por algunas décimas logrando el nuevo récord de la práctica. Detrás tuvo a Elena con su Ferrari.

Momento de clasificación. Tanto Villanelle como Eve estaban en sus cockpits y con sus viseras abiertas. Una manguera cerca de ellas lanzaba aire fresco dentro del calor que ahogaba el ambiente. Antes de salir a hacer la cola para empezar la primera etapa de clasificación, Villanelle volvió a cuidar de sus manos.

Bastó una vuelta rápida de cada una de ellas en las primeras dos etapas para marcar buenos tiempos sin necesidad de gastar neumáticos blandos nuevos. La prueba final vendría dentro de los últimos diez minutos de la tercer etapa de clasificación.

Primera vuelta rápida de Eve: 1:31:385. Por encima de ella Villanelle con 1:31:352.

Volvieron a boxes y pusieron sus anteúltimos neumáticos suaves nuevos. Última vuelta rápida antes de que se consuma el tiempo. Eve arrancó con el pie derecho sobre el primer conjunto de curvas, marcando los mejores tiempos en el primer y segundo sector. La tracción de su monoplaza no fue la mejor luego de la horquilla 11. Aceleró al máximo por la recta de más de un kilómetro, buscando compensar su error. Acortó la frenada en la curva 14 pero no fue suficiente. El neumático delantero derecho se bloqueó al pavimento provocando un llano y en consecuencia vibración e inestabilidad. Empujó sobre los últimos dos giros y cruzó línea de meta.

Abrió su radio y gimió grotescamente en disconformidad.

"¡Carajo! Lo lamento muchachos. En las últimas no pude acomodarme."

"Lo hemos visto, buen trabajo igual compañera. P tres. Muy buen ritmo hoy."

"¿Diferencia con la pole?"

"Eso sería la Ferrari de Elena con punto dos noventa de diferencia. Villanelle es p dos."

"Copy." Respondió con tono desahuciado.

El W12 con el '1' en su nariz aceleró sobre la recta principal congelando su cronómetro.

"¡Wow! Eso estuvo muy bien. Dame buenas noticias Clark."

"¡Excelente trabajo! Te has quedado en puerta. P dos. P dos. Orgulloso de ti."

"¿¡Cómo que p dos!? ¿¡Quién mierda te crees!? ¡Hice todo bien! ¡Mierda! ¡Carajo! ¿La japonesa tiene la pole?"

"No. Ferrari lo ha conseguido. Elena por punto uno noventa y nueve."

"¿¡Punto uno noventa y nueve!? Carajo. Un cohete. Deja de estar contento. Que sea tu novia no significa que debes ponerte feliz. Eres de Mercedes, idiota." Kenny sonrió algo avergonzado.

"Copy. Perdón."

Tiempo de vuelta de la pole: 1:31:095. Nuevo récord de tiempo en el Circuito Internacional de Shanghái.

Aguardando a un costado para el pequeño podio de los tres mejores tiempos, Villanelle se secaba el rostro y revisaba en las pantallas la cámara sobre el monoplaza rojo acelerando a máxima potencia. Elena se acercó a ella.

"Carajo. ¿Cómo hiciste eso con un auto de cartón italiano?"

"Es sencillo." Se alejó un paso y flexionó su tobillo derecho hacia delante y atrás. "Prueba con hacer este movimiento en el acelerador cuando estés en ese auto de mierda, Sharapova de barrios bajos. Pero sin gemir."

"Eres una hija de puta desagradable y te rompería la cara." Dijo con el rostro crispado hasta que rompió en risa con su acompañante. "Pero eres demasiado increíble. Felicitaciones." Estrecharon sus manos con fuerza dándose un abrazo.

 

 

 

Domingo. Villanelle se había despertado de buen humor con un sol pleno sobre la ciudad de Shanghái. Previamente lavó sus dientes para salir de su trailer hacia el cuadrado negro y calypso en donde estaban las oficinas y el comedor para desayunar.

Una música por detrás la interrumpió apenas cerró la puerta. El trailer de Eve estaba abierto. Se acercó y asomó la cabeza. Sobre la repisa al lado de la entrada estaba su celular con la canción 140 reproduciéndose. En medio, dándole la espalda, estaba Eve en medio de su clase de yoga improvisada. Se apoyó sobre el umbral con sus brazos cruzados mirándola con rostro apacible. Cuando cambió la postura, Eve la vio parada y cortó su secuencia suspirando con sus brazos en jarra.

"¿Te podría pedir que no dijeras ninguna estupidez?" Se adelantó.

"No iba a hacerlo." Respondió inmediatamente con seriedad. "Luce armonioso lo que haces y me gusta la música. Muy China. Mándame el enlace luego. ¿Puedes?"

"Te lo enviaría pero creo que le llegaría a..." Pensó al aire. "Geriátrico 'La vida es bella'." Villanelle disimuló muy mal su sonrisa burlona.

"Hazte cargo que lo has anotado mal. Vamos, dime el tuyo." Eve se lo dictó a medida que ella lo marcaba en su pantalla. "Te escribiré yo porque al parecer tú no puedes hacer nada bien. Sayonara, Miyagi."

"Púdrete."

Segundos después su celular sonó. Mensaje de un número sin identificar.

'Gracias por contactarnos. Horarios de atención al cliente: de 1 AM a 3 AM. Quedamos a la espera de su dinero. Atentamente: 👵🏻👴🏾♿️🌈☀️'

Eve rió y le mandó el enlace.

Ya no fue sorpresa para ella que cuando se entonara el himno nacional Chino Villanelle lo gritara con pasión una vez más. El reloj marcaba las 14:45 hs. Quince minutos para el comienzo.

La rubia inspiró con fuerza frente a su monoplaza.

"¿Hueles eso, Clark?" Aguardó que respondiera, intentando hacerlo de la mejor manera.

"¿Humedad?"

"Exacto. Humedad. Y calor emanado desde la Sagrada Concepción de la mierda. Muy chino todo."

"¿Soy yo o siento que cada vez hay mayor cantidad de gente en las gradas?"

"¡Y claro, pendejo! ¿A quién crees que vienen a ver? ¿A la alga Nori con su cuatriciclo y su seriedad aburrida? ¡No! Vienen por mí. Su nueva princesa."

Sacó sus airpods y puso la canción número 83. Le dio un guiño a su ingeniero y, segundos después del comienzo de la música, se acercó al alambrado que dividía la pista con los fans. Abrió sus brazos hacia ellos casi como una recibida cálida.

Bailó cerca de ellos pero alguien tocó su oreja izquierda.

"Oh, no. Esta vez no pienso perderme lo que escuchas, imbécil." Elena le sacó un airpod y escuchó el inicio. "Eres una hija de perra formidable." Villanelle afiló sus ojos y le gritó.

"Once upon a time, we fell apart. You are holding in your hands the two halves of my heart. Oh, oh. Oh, oh!" Giró al público nuevamente y gritó hacia ellos. "¡Vamos, Rihanna! ¡Hazme sentir orgullosa!"

La voz entonada de Elena sorprendió a la francesa.

"Once upon a time we burned bright. Now all we ever seem to do is fight. On and on..." Villanelle cantó encima de ella. "And on, and on, and on..."

Siguieron la canción a medida que giraban entre ellas, casi como una pelea concensuada esperando para atacar. Elena fijó sus ojos con fuerza.

"I could have been a princess, you'd be a king. Could have had a castle, and worn a ring. But no, oh, you let me go."

Las dos enfrentaron a los fans que las observaban con felicidad plena y gritaron al unísono. Volvieron a enfrentarse y se gritaron mutuamente acunándose las mejillas.

"Because you really hurt me. Oh no, you really hurt me!"

Eve a metros no daba crédito alguno. Hasta se había filtrado una suave sonrisa por la buena conexión entre ambas.

"Maldición. ¡Maldición! ¡Eres increíble!"

"¡Mírate a ti pasando del folclore de mierda ruso a Coldplay! ¡Bienvenida a la era moderna!"

"Y ahora eres una hija de puta." Se abrazaron con una sonrisa hasta que la voz sonó por el altoparlante.

"Por favor, despejen la pista."

"Bueno, es hora de que te parta el trasero allí. Disfruta la vista de mi cola allí atrás." Anunció Elena antes de tirarle de regreso el auricular y balancear su trasero.

"Si escuchas un rugido no es tu prometido con ganas de tener sexo. Es mi motor."

"Créeme, hace mucho más que rugir." Disparó con un guiño de ojo y se fue a su posición. Villanelle sonrió, cómplice.

En la vuelta de reconocimiento ambas pilotos de Mercedes calentaron el monoplaza. Sobre la recta principal menearon la cola probando la salida. Semáforos en rojo de a uno.

Apagados. Arranque del Gran Premio de Shanghái para las veinte pilotos. Las tres mujeres mantuvieron sus posiciones. Sobre la primer curva Villanelle tiró su auto hacia el de Eve forzándola a maniobrar en corrección para no salirse. En consecuencia perdió la tercer posición hacia la quinta. La segunda Ferrari y el Red Bull de Rhian se colaban por la línea interior de carrera.

Bill no habló hasta que su monoplaza se encontrara en la larga recta.

"¿Cómo te encuentras?"

"¡Me saca de las casillas! ¡No puede jugar así de sucio!"

"No ha tocado el auto. Tienes neumáticos y ritmo para pasar tus dos perseguidoras. Te avisaré para el DRS."

"Copy."

La nariz negra de Villanelle aparecía intermitentemente sobre los espejos retrovisores de Elena.

"Veamos cuánto tiempo puede soportar este ritmo il cavallino morto." Forzó el acento italiano.

"Villanelle, los Ferraris se hacen fuertes en este circuito por las constante frenadas." Habló Konstantin.

"¿¡Por qué carajo no tenemos esa tracción!?" Su voz salió agitada mientras luchaba contra la curva y contracurva de la primer espiral.

"Ten paciencia y fuerza su error."

"Sí, sí, sí. Sé lo que estoy haciendo. ¡Cállate!"

No hubo mucho que forzar. Las vueltas pasaban y cuando Villanelle ajustaba su ritmo para tener alguna chance de sobrepaso el auto rojo se mantenía en su posición, como si hubiese aceite en el piso. No importaba cuanto presionaba los neumáticos al desgaste, era imposible acercarse.

A Eve le tomó diez vueltas poder pasar a Rhian y acercarse a Nadia parecía tarea ardua sobretodo si había gastado por encima de lo normal sus neumáticos con el Red Bull.

"¿Sugerencias? ¿Alguien? ¿Me pueden hablar, saben?" Avisó la última campeona de mal humor.

"Aún faltan algunas vueltas para cambiar neumáticos. Te aconsejo manejar los tuyos sin forzarlos y ver si hay alguna oportunidad. Resguarda tu posición con Rhian."

"Conservar neumáticos y defender posición. Ni Copperfield mismo podría. ¡Piensen!"

"Confiamos en ti."

Vuelta 15, aún sin modificaciones en las posiciones. Elena primera, Villanelle segunda, Nadia tercera y Eve cuarta.

"¿A cuánto está Rihanna?"

"Siete punto cuatro."

"No estiren mucho la entrada a pits. Estoy luchando demasiado con el auto."

Kenny cerró la radio y le habló a Konstantin.

"Los neumáticos duros le dieron mejor rendimiento en las prácticas libres. ¿La llamamos antes? Podrá acortar algo de diferencia con Ferrari."

"Y luego le quedan más de treinta vueltas." Abrió sus ojos grises marcando la obviedad.

"¿Qué otra alternativa tenemos? ¿Dos paradas?"

"Resolvamos ya." Activó la radio. "Mantente alerta para el llamado, entrarás primero."

"Mira lo que ha logrado la muralla china, ruso de mierda. ¡Qué pienses! Apúrate."

Vuelta 17.

Villanelle tomó la larga recta y el neumático trasero derecho empezó a vibrar.

"¡Gordo! ¡Pendejo! ¡Hagan algo!" Gritó ahogada en desesperación.

"¡Te vimos! ¡Box box! ¡Box box!"

Luego de la curva 15, en la breve recta, el neumático vibró más de la cuenta. Sin tomar la curva 16 a la izquierda, siguió derecho y allí reventó justo en la entrada de la calle de pits golpeando los laterales del alerón trasero. El primer garage era de Eve, el segundo de Villanelle.

Estacionó rápido pero sutil frente a sus mecánicos. La goma trasera estaba deformada. Sin el mayor esfuerzo sacaron las cuatro y pusieron los neumáticos duros nuevos. Aceleró con fuerza y manteniendo los ochenta kilómetros por hora de regreso a la pista.

"¿Cómo estába el auto detrás? ¿Muy golpeado? ¿El alerón?"

"Está bien. Con lo justo. Tienes espacio para hacer un undercut y recortar algunos segundos con Elena."

Vuelta 19.

"Ya no hay más vida. No me hagan forzar el auto a defender la posición porque el Red Bull es capaz de sacarme de pista."

"Entendido." Bill esperó que llegara a la horquilla 19. "Bien Eve, box box. Box box."

El giro número 20 comenzó con neumáticos duros nuevos para el monoplaza '2' de Mercedes. Elena, ya con un ritmo muy pobre, ingresó a pits entre la vuelta 20 y 21.

"Villanelle, Elena está en pits. Empuja ahora."

Como respuesta la rubia simuló el saludo del Correcaminos antes de acelerar al máximo por la extensa recta. Los ingenieros de Ferrari y Mercedes tenían los ojos puestos en las pantallas pendientes de la salida de Elena en cuanto a la posición de Villanelle.

La parada en box de Elena tardó décimas por encima de lo normal. Salió a la calle paseando por el paddock a la velocidad máxima permitida y la nariz negra del Mercedes '1' apareció furiosa en la recta principal luego de la curva 16.

"Vamos Villanelle." Susurró Konstantin.

Ajustó su puño mientras el motor alemán pasaba de la séptima a la octava marcha ensordeciendo a los fanáticos. Elena cruzó la línea de control de velocidad y salió despedida al máximo al circuito. Todo el público en las gradas pendientes de quién llegaría primero a la curva a la derecha. Llegaron al mismo tiempo y Villanelle alargó su frenada por llegar a los más de tresciéntos kilómetros por hora. Elena aprovechó esa pequeña ventana para asomar la nariz de su monoplaza y ganar la cuerda con la primer posición, consolidándola luego de la cuarta curva. Los mecánicos e ingenieros de Ferrari vitorearon por la maniobra. Los fanáticos disfrutaban en primera fila la pelea por el liderazgo entre Mercedes y Ferrari.

"¡Mierda, mierda, mierda!"

"Villanelle, tiene neumáticos más frescos. Si vas a atacar es conveniente hacerlo ahora y luego luchar por mantener tu posición."

"¿¡Qué mierda te piensas que es esto!? ¿¡Una partida de blackjack!? ¡Púdrete gordo! ¡Seguridad! ¡Sáquenlo del circuito!" En medio de su mal humor el motor rugía a máximo sobre la larga recta.

A lo largo de la vuelta 23 Eve hizo su maniobra para sobrepasar a Nadia aprovechando su reciente parada en pits y soportar su posición número tres. Poco a poco recortó la diferencia de casi diez segundos con su compañera de equipo. Elena, por su parte, volvía a alejarse de Villanelle.

Vuelta 30 de 56 del total. Bill habló.

"Buen ritmo. De a poco entrando en calor. Si empujás un poco más entras en rango DRS para atacar a Villanelle."

"Algunas cosas tardan en llegar, ¿Huh? Contacto mínimo."

Konstantin hizo lo propio con su piloto.

"Estás girando uno, treinta y tres punto cuatro. Necesitamos que aumentes el ritmo sino debes renunciar a tu posición para que ataque a Elena." Esperaba la catarata de insultos pero solo se encontró con su respiración agitada, casi como un toro enojado.

"Si quiere mi posición que se la gane, como todo en la vida. Nada es gratis."

Frente a la francesa aparecían los autos rezagados para tomar una vuelta de diferencia. Las banderas azules aparecieron avisando que deje pasar a las pilotos de Mercedes.

"Recuerda cuidar los neumáticos. Has parado temprano, por el momento lucen bien."

Los nervios se acrecentaron cuando el W12 número '1' no se desenvolvió bien en la curva número 13 y Eve aprovechó esa ventana para activar el DRS y atacarla a alta velocidad. Villanelle tapó ambos lados por los que intentó sobrepasarla. Nuevo intento en las dos primeras curvas. Los fanáticos en las gradas tenían el lujo de ver la pelea de la mejor escudería de la categoría.

Villanelle luchó para mantener su posición con autos rezagados y el ataque constante de Eve.

"¿¡Qué más debo hacer para que me deje pasar!? ¡Tenemos chances de ganar la carrera con mi ritmo! ¡Me está quitando segundos con Elena!"

"Se lo comunicaremos. Sigue empujando." Respondió Bill.

La orden llegó a oídos de Konstantin.

"Villanelle, si no subes el ritmo tendrás que dejarla pasar a Eve para tener chances de ganar la carrera." No hubo respuesta del otro lado de la radio. "¿Villanelle?" Nada.

Contra todos los pronósticos el auto por delante aceleró, alejándose algunos segundos de Eve. Sus ingenieros miraron preocupados la rápida degradación de las ruedas.

Vuelta 38.

La rubia aceleraba a fondo en la recta principal. Desde el costado de la pista había visto que la diferencia con su compañera era de casi tres segundos. No quería hablar con sus ingenieros pero sus neumáticos volvían a estar críticos. Tarde o temprano llegaría a dos finales: sufrir un pinchazo que la deje afuera de la carrera por un choque o tener que parar en pits obligada para cambiarlos y perder posiciones, obligando así, a ceder su lugar en el podio ante el ritmo de Eve y Nadia por detrás.

Cruzó la línea de meta para marcar su vuelta 39.

"Villanelle, te llamaremos pronto para cambiar neumáticos."

"¿Cómo está el resto? ¿¡Qué mierda tienen en las ruedas!? ¿¡Tungsteno!?"

"También están en estado crítico."

"¡Y tengo que luchar con estas hijas de puta que no prestan atención a la bandera azul!" Delante de ella un Williams aparecía cerca de la horquilla 6.

La carrera se paralizó. En ese mismo instante, sobre la larga recta, uno de los Haas pinchó su neumático trasero. La cola del auto bailó de un lado a otro hasta que golpeó una de las barreras laterales rompiendo el chasis y la suspensión. Las banderas amarillas se prendieron automáticamente.

Konstantin y Kenny, que estaban desolados por la inminente pérdida de posición de su piloto, se exhaltaron. El ruso pensó qué neumáticos le quedaban disponibles.

"¡Banderas amarillas! ¡Hagan algo ya! ¡Aprovechemos el Safety Car!" Kenny miró lo miró.

"Le quedan un par de superblandos usados." Le susurró.

Los dos miraron el resto de los equipos que preparaban las cubiertas. Un inminente desfiles de autos iban a cambiar al compuesto blando para la recta final. El mayor abrió la radio.

"Villanelle. Box box. Box box. Recuerda no sobrepasar el Williams."

"Me iré de aquí siendo creyente y religiosa de lo que crean los chinos." Respondió con alivio.

Bill abrió su radio. Su piloto ya estaba en la recta principal justo detrás de Villanelle y el Williams que se juntaban ante la disminución de la velocidad. Para alivio de ambos aún le quedaba un compuesto suave nuevo.

"Eve. Box box. Box box. Quédate detrás de Villanelle cuando ingrese a pits." La morocha prestó atención a la velocidad que llevaban los dos autos delanteros.

"¿Es condicionante? Pon mis ruedas primero."

"No puedes sobrepasar."

"Recuerdo las reglas de la Fórmula Uno. Gracias. Pon las mías primero."

Bill se alejó de su estación para ver a los tres autos seguir de largo en la curva 16 entrando a la calle de pits. La velocidad de entrada era baja. Muy baja.

"Oh, no." Susurró para sí. Giró hacia los mecánicos y gritó. "¡Primero los de Eve! ¡Preparen primero los de Eve!"

Los cuatro mecánicos que tenían dos neumáticos en cada posición para ambos Mercedes, pusieron delante los neumáticos nuevos de la última campeona.

Luego de la pequeña curva de ingreso a los pits el auto de Eve rugió pasando a su compañera y el Williams. Villanelle levantó su mano en protesta.

"¿¡Qué carajo está ocurriendo!? ¿¡Dónde mierda está la FIA!? ¡Hijos de puta! ¡Que me devuelva la posición! ¡Gordo, deja de rascarte las pelotas!"

Todos perdieron el aliento. Los mecánicos cambiaron primero los neumáticos de Eve y Villanelle tuvo que esperar detrás. Konstantin se miró con Kenny sin saber que responder.

"Estamos en eso Villanelle."

"¡Es que no quiero que estés en eso! ¡Quiero que la expulsen de la maldita carrera! ¡Puta madre! ¿¡Qué mierda es esto!? ¡Cruella!" Kenny volteó para mirar a su madre dentro de los boxes que le negó con la cabeza.

"Villanelle, aquí Kenny. El movimiento de Eve fue legal."

"¿¡Qué!? ¡Qué! ¡FIA hija de puta! ¡Malditos hijos de puta! ¡Lamebolas hijos de puta!"

"Descuida. Concéntrate. Tú puedes alcanzarla, se encuentra a dos punto cuatro segundos."

"¿¡Dos punto cuatro!? ¿¡Quién crees que soy, pendejo!? ¿¡Yuri Gagarin manejando un maldito cohete!? ¡Soy francesa no una rusa idiota de mierda!"

"Hablaremos con la FIA. Mantente enfocada por favor."

Pocas curvas después, y con Elena ya habiendo pasado por pits también, las banderas verdes volvieron a flamear luego de sacar el Haas de la pista. El ritmo de Eve no tenía sentido alguno para Villanelle, mucho más veloz el de la británica. Bill la advirtió.

"Cuidado porque has dejado a alguien detrás tuyo con demasiada furia." De fondo se escuchó la carcajada.

"Déjame hacer mi trabajo. ¿A cuánto de Elena?"

"Cinco punto tres. Tienes pista libre, empuja fuerte."

"Copy."

Villanelle volvió a abrir su radio en la persecusión de su compañera.

"¿Qué dice la FIA? ¡Dame su maldito mapa de motor!"

"Aún no hay resolución, Villanelle. Está bien tu mapa. Sube el ritmo y podrás alcanzarla. Tus neumáticos tienen tres vueltas de uso de la segunda clasificación. Quedan deciséis vueltas para el final."

"¡Hijos de puta! ¡Malditos hijos de puta! ¡No lo puedo creer!" La rubia insultó hasta que le ardió su garganta.

Elena, con sus neumáticos nuevos, fue imposible para Eve que recortó la distancia las siete primeras vueltas luego de las banderas amarillas. Pero a cambio sacrificó el desgaste de sus ruedas en demasía, amortiguando el ritmo hacia el final.

"¿Algún riesgo detrás mío?" Consultó a Bill.

"No. Diez punto ocho de diferencia, Nadia la está presionando por detrás."

Durante las últimas tres vueltas Villanelle rememoró la última carrera de Abu Dhabi. Cubriendo espacios con Nadia detrás de ella y focalizada en no forzar sus frenos acabando con la vida de sus neumáticos.

Bandera a cuadros.

Primer lugar: Elena. Segundo lugar: Eve. Tercer lugar: Villanelle.

"Excelente trabajo Eve. Un ritmo imposible de Ferrari, pero increíble segundo puesto. Felicitaciones."

"Algo es algo muchachos. Gracias por esa última estrategia. ¡Orgullosa de este equipo!" Levantó su mano y saludó a los fans que se encontraban a un lado de la recta frente a los boxes.

Konstantin activó la radio con miedo.

"Te hiciste fuerte al final defendiendo tu posición. Siéntete orgullosa. Felicitaciones compañera. P tres."

No hubo respuesta al otro lado de la radio.

Los tres autos se estacionaron en cada lugar. Villanelle sacó con furia su volante y en cuanto salió del monoplaza cambió el cartel de '3' por '2'. Sin sacarse su casco ni abrazar a sus mecánicos se dirigió hacia dentro del box FIA para su pesaje. En la antesala del podio quitó todo el recubrimiento de su cabeza y encaró a uno de los comisarios cerca con su rostro lleno de sudor.

La respuesta fue contundente.

"Mientras haya banderas amarillas no se puede sobrepasar en el trazado del circuito. Sin embargo puede hacerse en la entrada, salida y en el propio pitlane. En su caso lo hizo en la entrada y es completamente legal."

Amargada por las reglas, se quedó con la mirada perdida hasta ser llamada al podio.

"No te enojes, Sharapova. En mi primer año cometí muchos errores de mierda pero mírame ahora. Pateé tu trasero allí afuera."

"No me jodas, Rihanna."

"¿Disculpa? Sólo escuché gemidos." Emuló con su voz el golpe de la raqueta y los sonidos de Sharapova en la cancha de tenis.

Con algo de bronca, Villanelle rió por su mímica. Tomó el gorro chino en punta con el '1st' en dorado al frente de Pirelli y se lo colocó bajo la atenta mirada de Eve.

"Felicitaciones..." Se arrodilló ante Elena con su cabeza al suelo. "Princesa de China."

 

 

 

"Golpea bien fuerte, así tendrá más mal humor."

Elena hizo un puño y golpeó con fuerza sin descanso la puerta metálica del trailer.

"¡Ya voy!" Se escuchó desde adentro con enojo. Siguió golpeando y cada vez más rápido. "¡Hijos de puta! ¡Paren! ¡Ya voy!"

Villanelle abrió la puerta siendo las primeras horas del lunes en Shanghái. Por la tarde tenía su vuelo de regreso a Europa. Con el pelo revoltoso y de mal humor se encontró a Elena y a Kenny frente a ella.

"Son dos hijos de puta que lo único que hicieron sus padres fue tener sexo bajo drogas y salieron ustedes. ¿Qué mierda quieren?"

"Buen día, rayito de sol. ¿Cómo estás?" Elena se adelantó con tono de burla.

"No veo la hora de pisarte la cara con mi monocleta, imbécil. ¿¡Qué quieren!?" Kenny rió.

"¡Invitarte!"

"¿A dónde?" El ingeniero abrió su boca emocionado y Villanelle se adelantó. "¡Ten cuidado con el chiste que dices porque te voy a romper la cara!"

"No, a donde cagó el conde no. A nuestra boda." Entrecerró sus ojos pensando.

"No asisto a bodas."

"Si vienes habrá una pantalla gigante repasando mi victoria de ayer así te hundes más en tu enojo." Gruñó ante el comentario de Elena.

"Pero sí asisto a funerales, y ustedes se están matando mutuamente. ¿Cuándo es?"

"En cuatro días. Aquí, ten." Kenny le dio el sobre blanco con la invitación dentro. Cuando lo tomó, bostezó. "Entonces... ¿Te vemos allí?"

"Púdranse." Cerró con fuerza la puerta de su trailer.

Chapter Text

Eve llevaba su vestido rojo oscuro. El tul nacía sobre una línea de diamantes en su cintura en dos retazos tapando sus pechos y costillas dejando sin cubrir la línea media de su torso. La tela llegaba hasta la base de su cuello y se enroscaba allí. Debajo la falda se abultaba levemente y a su izquierda tenía un corte que podría dejar ver su pierna. Usar un color como tal en una iglesia era arriesgado, pero Eve trabajaba de eso. Corría riesgos permanentemente a alta velocidad.

Sus dedos estaban enroscados en la base del cuello de su esposo, dando el nudo final y ajustando un moño perfecto. Desde su altura él la mirada con sus cejas alzadas y casi divertido.

"¿Por qué tan preocupada?"

"No lo estoy." Se alejó al tocador que tenía cerca, sacó un lápiz labial fino y siguió trabajando sus labios. A su lado notaba la mirada picante de Niko. "¡No lo estoy Niko!"

"Conduciré yo."

"¡No! ¡Carajo! La he cagado." Miró de cerca cómo el labial se había filtrado hacia arriba por el costado izquierdo, tal como una cicatriz que ella reconocía.

Un suspiro del hombre hizo notar las dos malas reacciones de la piloto. Corrigió con un poco de papel sobre el borde y volteó hacia él con aire resignado.

"Perdón. Sí, estoy preocupada. O nerviosa. No sé cual."

"Eve, es solo un casamiento."

"Es el casamiento de mi mejor amiga. Sólo quiero que esté bien. Y que todo hoy sea perfecto. Y no se arruine. Y que sean felices. Y que esté todo bien."

"Ya has dicho eso."

"¡No me ayudas!" Niko torció su gesto y se acercó para tomarla de los brazos.

"Todo saldrá bien. Descuida." Le dio un beso y se alejó con una sonrisa cómplice. "No puedo creer que conducir a alta velocidad no te ponga nerviosa pero si lo haga un casamiento ajeno, Polastri."

"Kowalski." Tocó su alianza dorada frente a ella. "Debemos darnos prisa."

"Son las seis y media de la mañana."

"Tenemos más de cinco horas hasta la iglesia."

"¿Por qué cinco? Son cuatrocientos kilómetros desde aquí."

"Por eso." Niko se quedó pensando al aire.

"¿Estás diciéndome que conduzco lento?" 

"Conduces seguro. Por eso te amo." Le dio otro corto beso. "Se nos hace tarde, vámonos."

Tomó su bolso con sus lentes y subieron a su Audi en el garage de la cabaña Suiza. En el baúl Eve siempre llevaba su par de zapatillas por si debía manejar.

 

 

 

VALENCE, FRANCIA

 

Niko estacionó el Audi a pocos metros de entrada en la catedral San Apolinar de Valence, al sureste de Francia. El reloj marcaba las once y media del mediodía.

"¿He tardado cinco horas?" Dijo mientras apagaba el motor.

"Te lo dije."

Abrió la puerta de su esposa y caminaron hacia la entrada. Algunas personas estaban afuera disfrutando del sol francés y los veintidós grados de temperatura, aguardando hasta poco antes del mediodía para la ceremonia oficial.

"¿Por qué se casan en esta ciudad?"

"Por comodidad de los invitados y cercanía. Además para no levantar sospechas con fotógrafos molestos."

"¿No era más cómodo Londres?"

"No todo ocurre en Londres, Niko." El tono fue peligroso. "Disculpa. Los nervios."

"Seguro." Dio un vistazo a los vehículos aparcados en los alrededores y silbó en asombro. "Veo que habrá un lindo desfile de autos hoy."

Eve lo siguió y sus ojos pararon sobre el convertible gris impoluto a pocos metros. Caminó hacia él y lo revisó en su interior con el techo abierto.

"¿Quieres uno?" Agregó su marido.

"Está hermoso. Dodge Challenger SRT hellcat redeye modelo nuevo. Motor Hemi y casi ochocientos caballos de fuerza." Torció su rostro en asombro. "Kenny y Elena tienen lindos amigos."

"¿Por? Es un solo un Challenger."

"No es solo un Challenger, es el mejor Challenger."

"¿Y qué tiene de especial? ¿Mejor motor? ¿Chicas desnudas dentro de él? ¿Te puedes bañar aquí dentro?"

"Cariño, ¿Recuerdas el sonido que hace las turbinas del avión antes de despegar? ¿Cuando acumulan potencia? Bueno, eso es lo que tiene debajo del capot. Créeme, enciendes esta bestia y te castañean los dientes."

"Fantástico. Preguntaré en la iglesia quién ha enamorado a mi esposa con su auto."

Eve no le prestó atención al comentario de su marido. A cambio posó algunos dedos sobre el Dodge y le dio una suave caricia.

"Hermoso." Susurró. Tardó algunos segundos en recomponerse del trance y miró a su marido. "¿Entramos?"

La catedral era antigua por fuera, pero vistosa por dentro. Los recibían algunos arcos actuando como recova para el pasillo principal y dos más guiando hacia las naves laterales. Eve vio que algunos invitados estaban ya en los asientos.

"¿Deberíamos sentarnos del lado de la novia?" Susurró y la mujer murmuró en conformidad mientras tomaban el pasillo izquierdo. "¿Dónde está Bill?"

"Viene desde Lyon. Se hospedan allí con Keiko en un hotel y contrataron un auto. Los invité pero les parecía muy lejos manejar tantos kilómetros. Estuve muy cerca de hacer algo similar pero podemos quedarnos en Suiza los próximos días."

Un gemido a pocos metros los sacó de concentración. Eve vio como del lado del novio en la segunda fila una cabellera rubia impoluta con una coleta baja, casi en su nuca, luchaba con el celular en sus manos. Lo tenía en posición horizontal y lo giraba para un lado y otro como si fuera un volante. En sí llevaba un pantalón hasta por debajo de sus pantorrillas, tacos altos y un traje frac. Todo en color negro.

"Te mostraré con lo que tengo que lidiar." Le dijo a su esposo y lo llevó hacia el otro lado.

Niko vio su remera traslúcida debajo del traje y la flor negra a la altura de su pecho izquierdo. Sacaba la lengua concentrada en su pantalla y la compungía cada tanto. Sus piernas estaban cruzadas y su zapato trabado en el reclinatorio.

"¿Villanelle?" Llamó Eve.

"Espera, espera." Respondió. Afligió un poco más su rostro hasta que la morocha vio cómo la pantalla marcaba el final de la carrera en el video juego. "¡No! ¡No! ¡Carajo! ¡Maldito seas coreano hijo de puta! ¡Imbécil de mierda! No lo puedo creer. ¡Carajo!" Gritó con fuerza haciendo eco.

Uno de los invitados detrás de ellos o personal de la iglesia chistó para llamarla a silencio ante los insultos. Villanelle miró hacia atrás buscando a esa persona pero no la encontró. Guardó su celular en el bolsillo interno.

"Había olvidado que me encontraba en la casa del Señor. En el nombre del Padre, del Hijo, y de la puta que te parió. Amén."

Los ojos de Niko se desorbitaban ante la actitud de la rubia y buscó por el rabillo a su mujer.

"¿Has terminado?" La rubia se puso de pie con una sonrisa.

"Por supuesto." Estiró sus brazos mirando a la cúpula inspirando con fuerza. "Nada más bello que el olor a funeral, digo a casamiento. ¿Cómo estás Eve? Hermoso vestido, seductor. Va contigo."

Eve la miró desde su altura esperando el chiste que nunca llegó.

"Gracias. Villanelle, te presento a mi marido Niko. Niko, ella es Villanelle."

La rubia levantó su cabeza a un costado para encontrar al hombre con una sonrisa y sus cejas levemente arqueadas. La sonrisa de ella se derritió y los ojos se posaron sobre el bigote de él. Los nervios escalaron en Niko que le dio una nueva mirada a su esposa, intentado que le hablara telepáticamente de como accionar.

"Hola Villanelle. Un gusto finalmente conocerte."

La rubia marcó su cara de asco sin correr sus ojos. Lentamente se inclinó hacia él para observar en detalle los vellos faciales. Hizo una mueca, estirando hacia abajo su propio bozo y se quedó allí, analizándolo. Eve suspiró revoleando sus ojos.

"Villanelle detente." La rubia respondió alejándose pero sin mirar a Eve.

"¿Cómo haces para besarlo?" El hombre le sonrió ampliamente ante el chiste. Buscó a la piloto con sus ojos, obligándola a que respondiera pero a cambio le dio una mirada severa. "Hola, un placer." Le dio una última cara de asco y levantó su palma al aire, evitando el contacto.

"¿Por qué tan de negro?" Preguntó Niko.

"Hoy se mueren dos personas. Trágico." Hizo dramatismo con su cara. El hombre recordó que en alguna oportunidad Eve le había mencionado sobre su estado civil.

"Eve ha tenido la oportunidad de comentarme sobre tu pérdida. Lo lamento mucho."

"¿Cuál?"

"Sobre tu viudez."

"¿Y qué tiene que ver eso con la muerte?" Los dos abrieron los ojos sin dar crédito a la pregunta. Las reacciones hicieron a Villanelle aclarar la situación. "Oh, mi viudez. En realidad ella no está muerta. Sigue viva. Pero para mí está muerta, así que... Sí. Soy viuda."

Eve no terminaba de procesar su lógica. Simplemente estaba separada, o divorciada. Titubeó al hablar.

"Creí que... Tú..."

"No seas dramática, Eve. Ya he tenido suficientes entierros en mi vida, más que casamientos incluso. Hay que seguir adelante porque la vida continúa." Niko sonrió triste.

"Tienes razón."

"Aféitate. Hazme ese favor, ¿Puedes?"

"No lo hagas." Cortó Eve a medida que Villanelle la miraba horrorizada. "Me gusta."

"¡Al fin los encuentro! ¡Y mira qué lindo momento!" Anunció Bill sobre el pasillo de la mano de Keiko. Él con su smoking, ella con un vestido azul oscuro.

"I can feel it coming in the air tonight, oh Lord!" Cantó Villanelle. Niko rió. Revisó a la mujer de Bill antes de proseguir. "Veo que hay invasión de japoneses en Europa."

"Soy descendiente de coreanos." Respondió sin humor Eve.

"Y yo de taiwaneses." Agregó Keiko con una sonrisa. El humor de Villanelle se esfumó.

"Entonces veo que los japoneses han conquistado muchas tierras."

Eve vio a los invitados ingresar de a poco en la iglesia para tomar asiento. Kenny apareció sobre el pasillo principal camino al altar con su smoking en perfecto estado y un pañuelo calypso oscuro en su bolsillo. Se detuvo para saludar a las cinco personas.

"En breve comenzará así que pueden ubicarse."

Carolyn ingresó a pocos pasos para saludarlos.

"¿Un dálmata traerá los anillos, Cruella? ¿O los has matado a todos?" El único que rió fue Kenny que la tomó de sus brazos.

"Estoy muy contento que estés aquí." Sus ojos se empañaron de emoción. Villanelle le devolvió una mirada incrédula.

"¿Puedes parar? ¿Sabes los problemas que tendrás ahora? No podrás beber, no podrás mirar soccer con tus amigos, compartirás baño y solo tendrás una sola mujer con quién acostarte." En respuesta el hombre la abrazó con fuerza. "¡No me toques! Carajo, eres insufrible. ¿Sabes? Cásate y ya. Desaparece de mi vista."

Todos se ubicaron y las dos parejas se fueron del lado de la novia, dejando a Villanelle sola.

Minutos después el órgano de la iglesia comenzó a resonar dentro. Las puertas se abrieron dando paso a Elena de la mano de su padre. Sobre el torso lucía el vestido blanco con detalles de encaje y con una manga muy corta. Su cola no era abundante en tamaño tampoco. Su ramo era de rosas blancas. A su lado derecho se encontraba su padre.

Pasó por la altura de Eve que la miraba al borde de las lágrimas y movió sus labios.

"Estas hermosa." A cambio le devolvió una sonrisa tímida y feliz.

Un poco más adelante se destacaba el frac negro de Villanelle y buscó su rostro. También movió sus labios sin sonido.

"Huye. Corre." Meneó su cabeza hacia la puerta con su cara arrugada. Elena le respondió susurrando.

"Púdrete." La rubia rió.

La ceremonia, para tranquilidad de la mayoría, no fue extensa. Algunas palabras del cura, los votos de cada uno y la entrega de los anillos bastaron para darle un cierre dentro de unos quince minutos.

Caminaron hacia afuera y allí se encontraron con los invitados para saludarlos más íntimamente. Un coche Mercedes antiguo aguardaba en la puerta con algunas latas en su cola y el clásico cartel de 'Recién casados'.

Kenny subió a Elena y se despidieron para hacer las fotos de casados en un campo cercano ya arreglado.

"¿Vamos para el salón?" Preguntó Niko mientras Eve se secaba algunas lágrimas.

"Sí. Es a pocos kilómetros de aquí. Configura el GPS."

Caminaron hasta el Audi y la mujer recordó el Dodge. Lo revisó y estaba vacío. La mayoría estaba subiendo a sus vehículos. Revisó la entrada de la catedral para encontrar al frac negro. Villanelle tenía ambas manos en sus bolsillos, sus lentes puestos y miraba directo al sol.

"¿Subes cariño?" Anunció Niko desde la cabina.

Eve se quedó allí, perdida. Viendo a Villanelle sola en un negro sombra y su cabello rubio miel sedoso. Sintió la mirada porque bajó su rostro hacia ella y le dio su clásica sonrisa deprededadora. La múltiple campeona tenía ganas de preguntarle qué haría. ¿Se quedaría? ¿Se iría? ¿Lanzaría una granada de humo y desaparecería como por arte de magia? Impredecible por donde se la pueda ver.

Antes de que pudiese alzar su voz sacó su llavero rojo de uno de los bolsillos. Caminó algunos pasos hacia el Dodge y subió en el asiento del conductor.

"No puede ser." Se dijo a sí misma. Bajó hacia su marido y casi le gritó. "¡No enciendas el motor!"

Volvió a buscar el Challenger que marcó el encendido electrónico antes de rugir en voz alta en medio de Francia. Algunos ojos curiosos se posaron sobre ella. Eve sonrió. Villanelle tocó varias veces la pantalla principal. Volvió a acelerar en neutro para que el Dodge generara una suave silbido. Niko sacó su cabeza por fuera de la ventanilla para buscar el auto sobre su misma línea. Eve por su parte cerró sus ojos y sonrió ante el sonido.

Finalmente, en medio del agudo chirrido Villanelle cambió la marcha y las ruedas comenzaron a desprender una gran cantidad de humo blanco, casi como un incendio forestal. Soltó el freno y el Challenger salió despedido con fuerza sobre la calle silbando a todos al rededor.

Niko miró asustado a su esposa cuando se sentó a su lado.

"Es una turbina de avión."

"Te lo dije. Vamos."

Treinta minutos después Niko se informó ante la seguridad del campo rentado para el festejo. Contaba con un amplio jardín para la recepción, otro sector de estacionamiento, y un salón cerrado lo suficientemente amplio para abarcar las mesas, una pista de baile y un pequeño escenario para la banda.

El Dodge gris estaba estacionado. Villanelle estaba de pie apoyada contra la puerta escuchando música por los parlantes reproduciendo la canción 138. Mirando a la nada, cantaba.

"What a beautiful wedding. What a beautiful wedding, says a bridesmaid to a waiter. And, yes, but what a shame, what a shame the poor groom's bride is a whore."

Luego de estacionar Eve se acercó a ella, ignorando a su marido.

"Es raro verte tan formal." Le dio un vistazo obvio a su vestuario.

"No te confundas, wasabi. Puedo vestir tacos o ponerme un vestido. Considérate afortunada, no muchos pueden verme así. Solo visto de otra manera por comodidad."

"¿Sigues sin hacer ver la cuestión de tu modestia?" Bufó sin responderle.

"¿Qué quieres?"

"Lindo auto. Tienes buen gusto para el alquiler."

"¿Qué te hace creer que lo he alquilado?"

"¿Has conducido desde Noruega? Además no tiene patente de ese país."

"Podría tener un garage en Francia, ¿Sabes? De todas maneras no vivo en Noruega. Son aburridos como la mierda." Eve tragó su bronca y siguió.

"¿Dónde vives?"

"En Mónaco." El rostro de Eve se volvió nulo y el aire de quedó estancado en los pulmones. Villanelle no le dio importancia. "¿Quieres conducirlo?" Sacó de su chaqueta el llavero rojo. Eve exhaló con un risa.

"¿Llevas siempre el llavero rojo? ¿Nunca el negro?" Villanelle alzó sus cejas por encima de sus Randolph. "¿Sorprendida de que no sea tan estúpida en materia autos Dodge?"

"No. Sorprendida de que me preguntes si siempre llevo el rojo en vez del negro. ¿Para qué quiero control de velocidad? Es un chiste de mal gusto. ¿Quieres conducirlo o no?" Los ojos de la morocha naufragaron por el Challenger y subió la apuesta.

"¿Me pagarás?" En respuesta torció su rostro, cuestionándola. "Digo, me pagan por conducir. ¿Quieres que lo conduzca? Págame."

"Eres una mujer difícil de tentar, Eve." El nombre sorprendió a su dueña. "No todo es dinero en la vida. Deja que tu marido viaje en la cajuela y tú aprieta el acelerador. Tal vez así lo excites y te monte con fuerza en tu morada." Arqueó una nueva ceja con otra sonrisa lateral derecha.

"¿Quién te dice que no lo hace?"

"Si te monta como conduce pobre de ti, novata." Remarcó la palabra con el mismo acento que Eve.

"¿Reforzando amistades?" Niko se acercó con gesto amable.

"No, solamente quería ver que tan grande es el vehículo para tener sexo."

Un nuevo cruce de miradas entre ambas se desató con algunos segundos de silencio.

"Vamos cariño. Tengo hambre."

"Guárdame un sandwich, cariño." Dijo a espalda de ambos. Luego chasqueó con asco sus dientes.

Villanelle pasó toda la recepción respondiéndole a Paul con 'sí', 'no' y 'no me toques'. Al poco tiempo se apegó a Carolyn el resto de la velada.

Cuando los novios arribaron, se dirigieron al salón para la comida principal. Eve mordió con saña sus labios cuando vio que compartía mesa con Villanelle, Bill y Keiko. Se ubicaron en una cerca de la pista de baile. Pocos metros detrás estaba el parlante con el trípode. Todos bebieron alcohol menos la francesa. Solo había bebido una cerveza en la recepción.

Luego de la primer tanda de baile, en la cual Villanelle se la pasó de pie y moviendo sus manos con cara de asco, Elena se acercó a su mesa.

"¿Por qué no cantas algo que no sean gemidos, Sharapova? Tienes escenario y contraté gente que puede tocar cualquier cosa." Soltó una risotada floja.

"¿Cualquier cosa? ¿Segura?"

"Así me lo vendieron. Si demuestras que están equivocados... No les pago y te doy el dinero a ti."

"Déjame hacer un intento. Tengo ganas de ganar dinero fácil."

Había un guitarrista, un bajista, un batero y un pianista. Luego de cruzar algunas palabras con ellos golpeó el micrófono generando algo de acople.

"Esta mierda barata. Oh, ya funciona. Hola, buenas tardes a todos. Me subo aquí para ganar dinero de la novia y transformar esto en un casamiento en vez de que siga un velorio." Los novios la miraron divertidos y esperanzados.

Sacó sus lentes del bolsillo interno y se los colocó empezando a cantar la canción 151.

"¡Hey! Original sin. You got the sin?"

Cuando el piano empezó a sonar estaba desafinado. Villanelle lo miró con asco mientras le pianista tocaba con una sonrisa en sus labios. Tocó un botón para afinarlo como corresponde.

En el estribillo se acercó a los novios y señaló a cada uno.

"Dream on white boy, white boy. Dream on black girl, black girl. Then wake up to a brand new day. To find your dreams are washed away!"

A raíz de eso los dos bailaron y se sumaron otros invitados hasta que la canción terminó.

"Pide resarcimiento por el tecladista. Es un hijo de puta. Me debes su dinero." Le dijo a la novia antes del plato principal.

Luego de la comida el presentador llamó a las mujeres solteras para el lanzamiento del ramo. Un puñado de adolescentes y alguna señora de avanzada edad con matrimonio fracasado se pusieron en el mar. Elena gritó desde su silla.

"¡No te hagas la imbécil, Barbie! ¡Ponte ahí!" En vista de todos obligó a Villanelle a situarse entre las otras mujeres.

Cuando el ramo flotó en el aire dio dos zancadas al costado, huyendo de atrapar las flores. Volvió a su mesa con cara compungida.

"Maldito ritual de la muerte."

Luego de otra tanda de baile y el postre, Elena y Kenny acomodaron sus ropas. El presentador habló por el micrófono.

"Damas y caballeros, con ustedes: los novios. Damos comienzo al vals."

Por los parlantes empezaron a sonar los violines del Danubio Azul. Luego de algunos segundos que bailaron ellos solos, Niko se puso de pie. Carraspeó su garganta antes de inclinarse ante Eve.

"Cariño. ¿Me concedes esta pieza?"

Con una tierna sonrisa tomó la mano y se sumaron a la pista con elegancia. El resto de las parejas los acompañaron de a poco hasta llenar la pista de baile. Villanelle se quedó sola en la mesa con la mirada perdida en las parejas bailando y semblante nulo.

"¿Quieres que la invite a bailar?" Preguntó Niko a Eve. La piloto miró a un costado para encontrarla casi con rostro triste. Sus dedos izquierdos tamborileaban levemente la mesa sin sentido y su mano derecha encerrada sobre su muñeca opuesta. Solo quedaban en las mesas algunos niños y adolescentes solteros.

"No. Tal vez en estos momentos pueda darse cuenta lo sola que se encuentra. No puede pasar toda su vida siendo una idiota."

"Eres pésima auspiciando de celosa." De puntas de pie cerro la distancia con sus labios y volvió a menear su cuerpo despacio sin girar en su lugar. Sobre el hombro de su esposo veía a su contrincante sentada.

Una pequeña miga de pan pinchó el dedo medio de Villanelle. Bajó sus ojos y, espantada, corrió su mano derecha apretando sus falanges con fuerza. Levantó su cara hacia los invitados en una extraña mezcla de miedo y bronca. Rastrilló los diferentes vestidos hasta que los iris avellana se encontraron con los de Eve que miraba atenta su actitud. Entrecerró sus ojos intentando descifrar que le ocurría, Villanelle la miró con miedo. Tragó con fuerza, petrificada en su lugar, y escurrió su lengua por la cicatriz. La morocha compungió su rostro ante el gesto. En respuesta la rubia le dio una nueva sonrisa altanera obligando a Eve a girar y cortar el diálogo visual.

Dio dos vueltas más centrándose en no marearse en los brazos de su marido. Sin embargo, su intriga pudo más. Pausando su baile en un mismo lugar, apoyó su mejilla derecha sobre él y volvió a observar a Villanelle en la mesa. Su expresión corporal habia cambiado raudamente.

Parecía que había sido apuñalada por la espalda. Agónica y sin poder defenderse. Un cortocircuito eléctrico en su cuerpo. Mental y físicamente. Se notaba algo de fuerza gutural y su rostro crispado, apenas inclinado. Sus muñecas se ocultaron debajo de la mesa y se torcieron hacia afuera con sus dedos cerrados en escalera.

Eve se alejó apenas del toque de su marido para mirar mejor la escena.

Los violines del Danubio Azul aumentaron el volumen y se hicieron más agudos.

A la derecha de Villanelle, dos metros detrás, se encontraba uno de los parlantes. Ante el breve crescendo, compungió fuerte su perfil más cercano al sonido. Sin aguantar más la situación cerró fuerte sus puños y se levantó de la mesa hacia la puerta más cercana que dirigía al jardín. La cerró a sus espaldas y se alejó unos pasos del salón, intentando ahogar de una vez por todas el sonido.

Mirando el firmamento relajó su cuerpo, buscando encontrar una respiración armoniosa. Estiró cada uno de sus dedos, cerró sus manos y repitió el proceso. Casi como si se estuviese sacando algo pegajoso de ellas, incluso las arrastró por su pantalón.

A pocos pasos se encontraba la barra con bebidas alcohólicas varias. Miró con recelo el vodka y sostuvo un parpadeo con fuerza. Volvió a concentrarse en el césped a sus pies. Rastrilló su cicatriz.

"Hijo de puta." Susurró torciendo su cabeza, aliviada por el silencio.

El sudor en sus manos le daba asco. Palpó su frac nerviosa sintiendo los bolsillos internos y no encontró la crema.

"¿Comezón en las manos?" Volteó para encontrar a Eve con sus ojos afilados y una ceja arqueada. Era lo último que necesitaba. Tragó pesado antes de responderle.

"Tengo comezón en otras partes del cuerpo por si quieres ayudarme." Sus labios hicieron un movimiento raro en incomodidad.

"Entonces te aconsejo que veas un ginecólogo."

"Perfecto, sacaré turno con tu marido, aunque si me atiende como conduce..." El resoplido de Eve cortó la frase. Volvió a ser punzante con su mirada, buscando otra vez ese miedo visto hacía momentos.

"¿Qué ganas con ser el payaso de este circo? ¿Eh?"

"No es tu maldito problema." Asintió pasando con bronca su lengua sobre los dientes y volvió al ataque.

"Veo que te gusta el vals. ¿Es tu parte favorita?" Los ojos de Villanelle volvieron a ponerse alerta.

"No." Respondió con dudas de sobras.

"¿Segura que no te gusta bailar? ¿Por eso huyes? ¿O tienes algún problema mental?" La cabeza de la francesa empezó a temblar, como un suave parkinson.

"No."

"¿Entonces?"

"¡El sonido-!" Se frenó y abrió sus ojos una vez más. Silencio. Reformuló. "Es el maldito acople y el parlante cerca mío que me lastima." Eve levantó una ceja en respuesta.

"Te la pasas casi dos horas con un V6 y un sonido monstruoso a tus espaldas, ¿Y un acople te lastima y te pone así de mal?"

"Vete a la mierda, wasabi." Ante el insulto la morocha no hizo otra cosa que esbozar una sonrisa rozando la malicia y negó con su cabeza.

"Llámame como se te dé la gana pero, ¿Sabes cuál creo que es tu problema? Basta con mirarte para darse cuenta. Estás sola. No tienes a nadie. Y con esa conducta terminarás aún más sola."

La comisura derecha de Villanelle en un principio se levantó ante la provocación que rápidamente se derritió en un dejo de sorpresa y melancolía. Eve ajustó un poco más ante la última lectura.

"¿Esto es lo que quieres? ¿Encamarte con todas las mujeres? ¿Escuchar rock y mierda? ¿Beber alcohol a cualquier hora hasta perder el conocimiento y que te filmen?" La ira ya se había esfumado del rostro de la rubia dando un nuevo paso al temblor de su cabeza. La británica dio dos pasos hasta quedar a centímetros de ella. "¿Sabes qué más pienso? Que no eres más que una vergüenza. Para tí y todo lo poco que te rodea. Incluido Mercedes. Conduces tan rápido que no tienes los pies sobre la Tierra, ¿Y sabes lo que pasa con esas personas? Puedes imaginártelo. Ser rápida no te llevará a ningún lado si no puedes ser responsable o madura. Ya hemos visto el papel de bad girl aquí, has llegado tarde para dar un nuevo show. Novata."

La última palabra fue el desencadenante total para dar paso, ahora sí, a la ira que desbordaba de los ojos de Villanelle. Fue ella la que cerró aún más la brecha a pocos centímetros de la cara de Eve. Ajustó con fuerza sus puños y pasó una vez más su lengua por la cicatriz. La morocha lo siguió con su mirada.

"Vete..." Hizo una breve pausa amenazadora. "A la mierda."

Sin cortar el contacto visual, Villanelle rozó su hombro con el de Eve para dirigirse directo al estacionamiento.

"¡Allí lo tienes! ¡Huye Astankova!"

Posó una mano sobre la abertura de la puerta antes de levantar su cabeza hacia Eve. Con bronca pasó otra vez su lengua por la cicatriz. Abrió la puerta y segundos después el Challenger cortó el silencio con su sinfonía. Retrocedió y aceleró con fuerza para salir de la campiña francesa privada.

Automáticamente un líquido espeso navegó dentro de Eve. Rabia, molestia, frustración, decepción. El pequeño momento donde pudo ser capaz de ver entre las hendijas de los ladrillos que conformaban el muro 'Villanelle', había pasado. Ahora solo tenía polvo tras la huida de su compañera.

Cuando volvió a la pista de baile Niko ya estaba con un collar y una pequeña corneta. Todos llevaban puestos colores vivos.

"¿Te encuentras bien?" Gritó por encima de la música.

"Me sentaré un momento. Estoy un poco cansada."

Su marido la siguió hasta la mesa.

"¿Has bebido demasiado?"

"Bebo más en el podio que lo que tomé hoy. No, sólo los zapatos ya molestan."

"En breve cortarán el pastel. Si quieres nos podemos ir luego." Eve asintió.

Aguardó que Bill volviera a la mesa pero cuando lo hizo vio que llevaba su corbata atada de manera desproliija, visiblemente con rastros de alcohol de lo bebido durante el día.

Luego del pastel Eve le dio la orden a Niko, saludaron y se subieron al Audi.

"Manejo yo." Avisó la piloto.

"Si te duelen los pies puedo hacerlo yo. Tu descansa."

"No."

Vistió el calzado cómodo y aceleró por la ruta indicada por el GPS. El hombre veía el enojo en su mujer que manejaba con una mano, distendida y rastrillándose el pelo.

"¿Me dirás que te ocurre? Estás molesta."

"Todo está bien. Sólo estoy cansada." Los sentidos alerta y una vista más periférica entrenada permitían a Eve mirar hacia adelante y la pantalla con el camino señalado.

"¿Sabes? Creo que luego de tantos años de relación estaría bien que me dijeras que te ocurre porque eres intratable cuando te cierras de esta manera."

"¿Qué?" Giró momentaneamente su rostro crispado.

"Lo que te estoy diciendo. Cuando el campeonato está duro, cuando tienes que viajar a lugares donde no te sientes bien o lo que sea que haya ocurrido allí en el casamiento, te cierras como si no fuese capaz de darte algún tipo de consejo o ayudarte."

"¿Por qué piensas que necesito que todo el tiempo me tengas entre algodones? ¿Por qué sencillamente no piensas que necesito tener mis silencios para hacer mi propio análisis?" La melena de Eve bailaba con el movimiento intermitente entre la conducción y la vista hacia su marido.

"¿Será porque te amo y no quiero verte mal? Eve, esto ya es una locura. No me lo hagas más difícil."

"¿¡Difícil!? ¿¡Piensas que eso es difícil!?" El enojo incrementó súbitamente junto con el volumen de su voz. "¡Ven a ponerte en mis pantalones! ¡Ven a sacrificar todo lo que he sacrificado yo!"

"¿¡Qué es lo que sacrificas!? ¡Discúlpame por sacarte tantas cosas debido a tu profesión demente! ¡Sólo busco que todas las noches vuelvas aquí! ¡A mí lado! ¡En nuestra casa!"

"¿¡Eso es lo que piensas de mí!? ¿¡Que soy una maldita demente!?" Niko mordió su labio con fuerza negando con su cabeza.

"Este año estás diferente. No sé si es porque no has ganado lo suficiente o qué. Porque esa es tu realidad, Eve. Tú nunca tienes suficiente. Estás obsesionada con el poder. ¡No te satisface tener cuatro títulos de Fórmula Uno! ¡No lo dejarás pasar! ¡Necesitas tener control de las cosas en todo momento! ¡Necesitas ser campeona de la Fórmula Uno una y otra, y otra vez hasta todo el mundo te alabe hasta la eternidad!" La gritos fueron en incremento.

"¿¡No puedes sencillamente dejar de jugar por un segundo al marido compresivo y amoroso y apoyarme en una de las pocas cosas que soy buena!? ¡Mierda!"

"¡No sabía que el suicidio era en lo que eres realmente buena! ¡No lo has escrito en las condiciones del matrimonio!"

"¿¡Eso crees!? ¿¡Que quiero matarte o llevarte al suicidio conmigo!? ¿¡Qué mierda te pasa!?"

"¡Por supuesto! ¡De lo contrario mira a la maldita velocidad que estás yendo ahora mismo!" La garganta de Niko desprendió el último grito y ya empezaba a quemar.

La cabeza de Eve giró hacia delante. Allí el velocímetro marcaba 230 kilómetros por hora, cerca del máximo del Audi A8. Había perdido noción del empuje al pedal del acelerador en medio de los gritos. En un acto desesperado volcó todo el peso de su pie derecho en el freno y ambos sufrieron la fuerza G hacia adelante. Niko quedó inclinado hacia adelante. Su esposa, ya acostumbrada altos impulsos, no se inmutó de su butaca. En pocos metros el auto negro se detuvo en la totalidad.

Los dos se quedaron mirando al frente, agitados por los gritos, la adrenalina y el susto. Luego de un minuto en silencio Niko desajustó su moño, rastrilló su cabellera y habló.

"Conduciré yo."

"Yo puedo-"

"¡Conduciré yo!"

Bajó del auto y esperó al lado de la puerta que su atemorizada mujer pasara al asiento del copiloto. El resto del viaje se produjo en un fúnebre silencio. Tardaron otras casi cuatro horas en llegar a la cabaña suiza, el reloj ya marcaba cerca de las once de la noche. Cuando ingresaron Niko cruzó el living y habló en voz baja, casi desahuciado.

"Me iré a dormir."

"Enseguida estoy contigo." Respondió con un tono de lástima.

"No es necesario. Has tus cosas." Cortó.

En la cocina, Eve se sirvió un vaso de agua y se dirigió al banco fuera del living, aquel que le daba una vista privilegiada a algunas montañas suizas. Mordisqueó su uña analizando todo el tornado de emociones que había ocurrido durante el día. Sobretodo la discusión.

No con Niko. Con Villanelle. Repasó en su cabeza lo ocurrido durante y después del vals. A su derecha, varios metros del ventanal más lejos, la luz del dormitorio se apagó.

Sacó su celular y buscó en los contactos. Tenía cientos. En la barra de búsqueda quiso apretar la letra 'B' pero en cambio el celular, como un acto de burla y culpa para ella, accionó la 'V'.

Villanelle.

Miró una vez más las montañas y apretó el nombre, activando la automática llamada. Sonó múltiples veces. Eve se dio cuenta que seguramente la ignoraría. Antes de alejarse el parlante del oído, atendieron. De fondo se escuchaba rock pesado a máximo volumen. Nadie habló. Eve arriesgó.

"¿Villanelle?"

"¿Quién demonios ers?" Las vocales y algunas consonantes se perdían en el tono arrastrado. El corazón de la británica empezó su propio Gran Premio.

"Eve." Respondió sin pensar. Una risa suelta y desarmada se escuchó del otro lado.

"¡Hey! Tanto tiempo. Oye Miyazaki, ¿Por qué no vienes de fiesta conmigo? ¡Oh, cierto! Olvidé que eres aburrida." Con fuerza terminó la última palabra. Eve estaba consternada y luchando para entender sus palabras encima de la música.

"¿Qué?"

"Mejor te veo en la línea de mta. De mta. ¡De-me-ta! Carajo. De meta." La voz se ahogó. La preocupación de Eve escaló y se puso de pie remojando sus labios.

"Villanelle, ¿Estás manejando? Para ya. ¡Tienes una imagen!"

"¡Que se pudra la imagen! ¡Vete a la mierda japonesa imbécil! ¡Vuelve a tu vida de carrusel color rosa! ¡Ojalá tu marido te atienda bie-!" Los gritos fueron cortados por un gemido en mezcla de algo licuoso. Como un líquido golpeando una superficie. Eve notó que estaba vomitando.

"Dime por favor que no estás conduciendo." Dijo en voz baja cerrando sus ojos y apretando sus labios.

"No." Salió ahogado y con esfuerzo, como si contuviera un eructo. Alivio para Eve.

"Oye, yo lo-"

"¡No toques eso!" Le gritó a alguien o algo. Otro gemido y otro vomito con tos.

"Villanelle, ¿Te encuentras bien?" Tres respiraciones agitadas y la llamada se cortó. Sólo resonaba el tono intermitente en el oído de Eve.

Su brazo cayó al costado de su cuerpo. Otra avalancha de información para desmenuzar y procesar. Sentía que no importaba el cansancio del día o la falta de sueño. Todo era tan extraño y para Eve lo peor que había para ella era la intriga.

"Villanelle Astankova. ¿Quién eres?"

Dejo decantar las revoluciones en su cabeza y marcó en su celular nuevamente.

"¿Hola?" Keiko atendía del otro lado.

"Hola Keiko. Eve aquí. ¿Cómo está Bill? ¿Regresaron a Lyon?"

"¡Sí, Eve! Te paso con él."

"Espero que sea algo bueno, quiero dormir."

"¿Estás alcoholizado? ¿Pudiste manejar?"

"Eve, solo fue un casamiento. Cuarenta años de consumo de alcohol me avalan para soportar días como estos." Eve desprendió una sonrisa triste. Hablar con Bill incluso en estas situaciones amortiguaba cualquier dolor.

"Disculpa que te moleste de esta manera. Prefiero decirlo ahora que mañana o la semana que viene. Necesito que hagas algo por mí."

"Conozco un buen abogado."

"No me divorciaré Bill."

"¿Entonces?"

"Necesito saber todo lo que puedas sobre Villanelle Astankova. Pasado. Comienzos. Nacimiento. Padres. Residencia. Lo que puedas."

"No soy un agente del MI6, Eve."

"Escarba lo más profundo que puedas."

"¿Qué ocurrió?"

Eve hizo silencio con un suspiro.

"Algo no está bien."

Chapter Text

                                CIRCUIT GILLES VILLENEUVE

"Eve, Hèléne se encuentra a cinco punto tres. Debes aumentar el ritmo."

"¡Lo sé! ¡No me digas lo que tengo que hacer! ¿Cuántas vueltas faltan?"

"Siete."

"¿¡Cómo tiene mejor ritmo!?"

"Cambió neumáticos luego que tú. Cinco vueltas más frescos."

El W11 plateado pasó la chicana de la curva 8 y 9. Aceleró con fuerza hacia la horquilla 10 y al momento de frenar sus neumáticos se volvieron estáticos. La inercia generó un plano debajo de ellos con ampollas. La diferencia con su perseguidora se achicó.

"Has bloqueado frenos. Cuidado, entra en zona DRS el Red Bull."

"¡Contacto mínimo Bill!"

Sobre la larga recta aceleró al máximo. En el espejo retrovisor derecho vio la nariz azul, amarilla y roja haciéndose cada vez más grande.

"¡No!" Se dijo a sí misma con la radio apagada.

Tapó ese agujero por donde se intentaba colar el Red Bull. Segundos después hizo lo mismo por el lado izquierdo. Frente a ella la esperaba la chicana de las curvas 13 y 14. No podía frenar con fuerza por temor a dañar aún más alguna de sus ruedas.

Mordió el piano con el perfil derecho del monoplaza. Inmediatamente después pisó el siguiente piano con las ruedas del lado izquierdo. La inestabilidad del auto a alta velocidad, más de lo normal debido al poco frenado, hizo que flotara más de la cuenta. La falta de adherencia de los neumáticos sobre el asfalto lo vuelven imposible de maniobrar. Cuando Eve giró su volante hacia la izquierda el auto respondió demasiado tarde y con subviraje. En consecuencia las dos ruedas en el eje derecho, primero la trasera y luego la delantera, golpearon con fuerza el muro de contención.

El muro de los campeones.

El monoplaza empezó a girar sin control por la recta principal. En un acto de lucidez el Red Bull esquivó el auto plateado de Mercedes. La cabeza de Eve golpeó ambos lados de su cockpit y, para cuando su W11 se detuvo, quedó en sentido contrario al circuito.

A varios metros pudo dilucidar el alerón delantero negro de Mercedes. Villanelle, sin su casco y con sus cabellos dorados flameando en Canadá, se acercaba a ella a toda velocidad largando una gran carcajada hacia las gradas. El público vitoreaba desaforado su acción.

Apuntó su auto hacia Eve, directo a impactarla a menos de trescientos kilómetros por hora. Pasó su lengua por la cicatriz y volvió a sonreír de manera maliciosa hacia la derecha.

"Estás muerta, traductora." Le susurró.

El impacto fue tan fuerte que la espalda de Eve no fue lo suficientemente resistente para soportarlo. Se inclinó hacia adelante hasta que la visera de su casco golpeó el volante astillándose.

"¡No!" Llegó a gritar.

Esa misma inercia la hizo integrarse en su cama matrimonial. Agitada y sudada de pies a cabeza.

"¡Eve! ¡Por Dios! ¿¡Te encuentras bien!?" Niko se ubicó a su lado y la tomó del codo. Eve retiró bruscamente su brazo izquierdo. Le tomó varias respiraciones mientras se tomaba la frente.

"Sí. Sólo fue una pesadilla. Vuelve a dormir." Frente a ella la recibía el pequeño mueble con el televisor de su habitación en Londres.

"Me preocupé. No parabas de gritar." Lo revisó con una mirada filosa.

"¿Qué gritaba?"

"Que te molestaba el sonido y que te encuentras sola. ¿Qué has soñado?"

"¡El sonido-!" "Es el maldito acople y el parlante cerca mío que me lastima." "¿Sabes cuál creo que es tu problema? Basta con mirarte para darse cuenta. Estás sola. No tienes a nadie. Y con esa conducta terminarás aún más sola."

La cara dolorida de Villanelle se proyectó en su mente.

"Nada. Enseguida vuelvo."

Un vaso de agua a solas sumado a la repetición en su cabeza de lo sucedido en el casamiento durante una hora fueron suficientes para conciliar el sueño.

Cuando Niko se despertó Eve no estaba. Era normal que estuviese entrenando o preparando su desayuno compartido. En la habitación que auspiciaba de gimnasio no desprendía música y en la cocina tampoco había rastros de su esposa. El timbre de la casa resonó en eco. Niko revisó el reloj: nueve de la mañana.

Antes de que pudiera dar dos pasos hacia la puerta se escucharon los pasos de Eve sobre el pasillo. Con rostro preocupado abrió la puerta sin siquiera preguntar. Era Bill.

"Hola." Saludó a la piloto. Vio a Niko mirando la escena algo sorprendido. "Hola Niko."

"¿Trabajando desde temprano, cariño?"

"Sí. Estaré en la oficina. Evita interrupciones." El comentario fue lo suficientemente tajante como para que ni su ingeniero armara una broma en base a ello.

Se dirigieron directo al estudio de Eve y ella le sirvió un simple vaso de agua. Bill llevó una carpeta cerrada marrón.

"¿Qué tienes?" Dijo seria y reposando en la silla.

"Arrancaré yo. ¿Qué ocurrió?" Retrucó.

"No me jodas, Bill. No me jodas. Dámelo." Resignado y molesto le extendió la carpeta.

"Te desilusionarás."

Los ojos de Eve frenéticos bailaron sobre los diferentes papeles y algunas fotos. Leyó la historia de ella. Su primera aparición fue en una competencia de Go-Karts en Finlandia a la edad de veinte años. A partir de ahí se hizo lugar en los torneos europeos, escalando posiciones hasta la Fórmula Dos en una escudería de poca monta con resultados sorprendentes.

"¿Qué ocurrió antes de esta primer carrera en Finlandia?" Eve señaló la fotografía de un piloto con un casco amarillo doblando en soledad hacia la izquierda.

"No soy el maldito FBI, Eve. Ahí está su historial en competencias."

"¡Te dije que lo quería completo! ¡Desde antes! ¿¡Qué ocurrió antes de esto!?"

"¿¡Qué mierda ocurre, Eve!?"

El grito de Bill fue un trueno que dio paso al silencio en la mansión londinense. Eve se alejó de su silla y le dio la espalda a su ingeniero. Tomándose la cintura y rastrillando su cabello de frente al ventanal que daba al patio interno. Nadie dijo nada por un minuto.

"No sé que ocurre, Bill. Eso es lo peor. No sé que mierda está ocurriendo aquí. En Australia. En Baréin. En China. En Francia. Y me está volviendo loca." Giró con entusiasmo hacia él. "¿Qué sabe Carolyn de ella?" Levantó sus cejas apunto de decir algo obvio.

"Ya sabes como es ella. Es peor que las cucarachas. No tiene miedo de meterse en la mierda o de mancharse las manos. Puede que sepa algo. Ahora, déjate de misterios. ¿Qué ocurre?"

Eve pensó antes de hablar.

"En el casamiento ocurrió algo extraño." Levantó una mano generando una capa invisible en el aire con los ojos perdidos. "Todo ese manto constante de sarcasmo, imprudencia e imbecilidad había desaparecido por un segundo. ¿Has visto esa película de Spider-Man donde Venom toma el cuerpo del conocido de Peter? ¿Y luego batallan en una iglesia y Peter golpea los tubos de metales contra el órgano y Venom tiende a separarse del cuerpo ante eco agudo? Algo así. Discutimos. Intentó meterse nuevamente bajo ese manto y se fue."

"Si me tratas para la mierda y no tengo nada que perder también me iría. Ahora entiendo por qué ha desaparecido."

"La he llamado." Siguió sin prestar atención a su comentario. Bill la miró con preocupación. "Luego de la discusión y de haber vuelto a Suiza, la he llamado."

"¿Y?"

"Estaba... En algún lugar. Su casa, supongo. Con música alta y claramente alcoholizada. No podía hablar bien." Volvió a sentarse sobre su silla y jugó con su alianza en el dedo.

"¿Cuál es tu preocupación en esto, Eve? ¿Qué te importa quién era o es ella? ¿Qué buscas?" Suspiró y evitó de todas formas el contacto visual con Bill. "¿Te da miedo?"

"No." Antes de que vuelva a atacar, su ingeniero prosiguió.

"¿Te da miedo correr contra un fantasma?"

No hubo respuesta. El rostro resignado de Eve daba muestras de culpabilidad y acierto ante la pregunta.

"Siento que todo esto es una especie de ilusión mía. Como un autosabotaje a conseguir mi próximo título, o como si no quisiera ganarlo. A veces me pregunto si es real inclusive." Hizo una pausa antes de seguir con semblante triste. "Creo que Niko tiene razón. Esta será mi última temporada."

"¿Has leído los titulares luego de China?" La mirada de Eve volvió a oscurecerse. "Todos similares a los de Australia pero ayer leí uno en particular. Las gradas desde Australia hasta China incrementaron en fans en un treinta por ciento sin contar que en el próximo Gran Premio ya hay un sesenta por ciento reservado."

"¿Qué dicen las redes?"

"Contentos con la nueva rivalidad en Mercedes. Honestamente, son fanáticos de Villanelle. Creo que es un aditivo en la próxima carrera tu particular récord allí." Eve lo recordó en silencio. Jamás ganó el Gran Premio canadiense.

"Ganaré."

"Ganaremos."

 

 

 

MONTREAL, CANADA

 

Dos estruendos contra la puerta obligaron a Villanelle a abrir sus ojos. Crispada de enojo por la interrupción de su sueño hizo un rápido reconocimiento de su entorno. Su trailer en la parte de atrás del circuito. Notó que estaba durmiendo con su boca abierta, su almohada levemente húmeda de saliva y su brazo colgando de la cama.

"Otra vez este pendejo hijo de puta y sus interrupciones." Balbuceó.

En el tornado de furia agarró una taza y una zapatilla. Abrió la puerta y sin ver revoleó la copa hacia afuera. Carolyn y Eve giraron noventa grados para esquivarla.

"¿Cruella? ¿Ahora tú? ¿Nadie en esa familia nefasta respeta el sueño ajeno?"

"Son las once de la mañana." Respondió calmada la CEO.

"Sí, del día miércoles." Remarcó con fuerza la palabra. "¿Sabes qué hago los miércoles? Me levanto, como porquerías, me masturbo y, ¡Duermo!"

Silencio entre las tres. Eve miraba a la nada con sus brazos cruzados en la espalda.

"¿Has terminado?"

"Sí." Fingió un tono triste y dejó caer la zapatilla de su mano.

"Bien. En cinco minutos en mi oficina. Reunión de urgencia. Alístate."

Luego del tiempo estipulado por Carolyn, la rubia seguía sin aparecer. Lo hizo en el doble de minutos.

"Hola Kamikaze." Saludó a su compañera y Eve entró en un plano de confusión. La buscó con semblante extraño y Villanelle le dedicó una sonrisa asquerosa pero sincera. Dentro suyo se preguntó si recordaba algo de lo ocurrido en el casamiento y la llamada.

"Hola."

"¿Estamos en armonía? Excelente. Mañana, luego de la ronda de prensa, tendrán un Mercedes con cámaras. Como parte de todo este circo hacen esta clase de eventos en donde los fans quieren conocer mejor a los pilotos. Dejaron miles de preguntas para cada una de ustedes y nosotros elegimos cinco. Mientras una conduce la otra pregunta. Una vuelta cada una en el circuito."

"¿Qué nivel de provocación tienen esas preguntas?" Desafió Eve.

"Nada de qué preocuparse. Sólo las cito para que cuiden la atmósfera y sepan que, quieran o no, deberán tratarse de manera amistosa en ese momento porque se subirá a las redes."

"¡Excelente!"

"Bien."

"Eso es todo."

Villanelle salió pero Eve se quedó. Carolyn la observó con precaución detrás de sus lentes.

"¿En qué te ayudo, Eve?"

"Necesito que me ayudes a ubicarme un poco aquí, Carolyn."

"El circuito está por allí." Señaló frente a ella. "Los baños a tu izquierda al final del pasillo." La mirada harta de Eve la hizo frenar.

"¿Qué ocurre con Villanelle? ¿Qué sabes de ella? Ve a lo importante."

"Es una piloto que tiene los padres muertos. Eso es todo lo que sé. ¿Qué quieres?"

"Tú sabes que está revolcándose con todo lo que se mueve allí afuera, ¿Verdad?"

"¿Y quién no lo hace?" Eve la miró espantada. "No te asustes. Estoy grande. Pero si fuese joven también lo haría." La piloto dejó colgar su mandíbula.

"Creo que estoy perdiendo mi cabeza ahora mismo."

"Deberías intentarlo. A lo mejor te ayude con tu humor."

"Espera. ¿Acaso esto es un maldito cumpleaños y yo soy la única que llega con el pijama puesto?"

"No lo sé, Eve. ¿Lo haces?" Aguardó unos segundos en responder mirándola con ojos podridos.

"¿Puedo tener una conversación seria contigo?"

"¿No piensas que estás exagerando? Ella está rindiendo y es lo que a mí y a Mercedes nos interesa." Eve no tuvo respuesta ante eso. "¿Qué te ocurre con ella?"

"Es rara. No lo sé. Siento que oculta algo."

"¿Y tú no ocultas nada, Eve?"

"Eso no es de tu incumbencia."

"Y tampoco es tu incumbencia con la de ella."

"Sólo te digo que algo de todo esto no está bien."

"¿Qué te preocupa? ¿Qué se tiña el pelo? Todos los sabemos." Eve tragó con dificultad. "También tengo sexo y también bebo alcohol."

Carolyn abrió sus manos a los costados dándole a entender a su piloto que no había más que adherir. Eve se fue frustrada.

 

 

 

Los ojos avellana bailaron sobre el Mercedes Benz AMG SL Roadster color gris claro, casi plata.

"Esta escudería es una auténtica mierda pero qué linda mierda." Se acercó de frente para darle un beso sobre el capot.

Un presentador se acercó a las dos pilotos en medio del circuito. Ambas vestían sus remeras de Mercedes y jean.

"Gracias por venir. Aquí están las preguntas para cada una." Les tendió un sobre cerrado a ambas. "Dentro hay cámaras y micrófonos. ¿Quién comienza?"

"Iré yo." Se adelantó la rubia.

Un asistente le tendió uno de sus cascos pero se negó. Eve también. Una vez adentro con Villanelle como conductora las dos sonrieron.

"Bonjour à tous les fans canadiens!" Eve se sorprendió por el cambio de acento. Pusieron sus cinturones de seguridad y ambas saludaron a las cámaras sobre el torpedo.

"¿Hablarás francés en honor a ellos?"

"Claro que no. Antes de arrancar vamos a poner música para la ocasión y debe ser local." Sincronizó su celular con el automóvil y puso la canción 48 de su lista. "¿Lista?"

"¿Avril Lavigne es canadiense?"

"Claro y sus dos exmaridos también. El cantante de Sum 41 y Nickelback." El Mercedes quemó cubiertas y salió despedido a toda velocidad.

"Bueno, comienzo." Sacó el primer papel. "¿Cuál fue tu victoria más significativa?"

"Aún no la he corrido. Todas las anteriores fueron mierda." Tomó la primer chicana hacia la pequeña recta.

"¿Tu lugar en el mundo?"

"Adentro del cockpit." En la siguiente chicana mordió de más los pianos, asustando a Eve. 

Leyó la siguiente pregunta a sus adentros. '¿Con cuál piloto tienes más afinidad?'

"Oh, la siguiente es interesante. ¿Cómo te has hecho la cicatriz de tu boca?" Mintió. Eve bajó el papel y la miró con curiosidad. "¿Sabes? Yo también me he hecho esa pregunta y nunca pude decírtela."

La lengua de Villanelle le dio una suave caricia a la marca estando concentrada en el circuito.

"Tuve un accidente hace muchos años en una carrera de Go-Karts. Antes de ser famosa y eso. Unos chicos me retaron que no podía ganarles y ahí ocurrió."

"¿Y cómo fue? Esta es una pregunta mía." Río y miró a las cámaras. "Perdón a los fans."

"Iba conduciendo primera y delante mío había un imbécil que manejaba como su abuela. Él iba último, le estaba sacando una vuelta de diferencia. Entonces un pedazo de su motor salió despedido hacia atrás por la velocidad y me impactó en la cara. Fue gracioso. Cuando llegué a la meta tenía toda la cara llena de sangre pero les rompí el trasero a todos esos idiotas."

"¿No usabas casco? Es reglamento."

"Fue una carrera inusual, por fuera de las reglamentaciones. A partir de allí siempre usé casco. ¡Y ustedes niños en sus casas, úsenlo también!" Miró bien de cerca una de las cámaras. Pasó a alta velocidad la chicana 8 y 9.

"De acuerdo. La siguiente." Buscó la carta y leyó. "¡Oh! Ésta son dos en una. La primer parte. ¿Película favorita?"

"Sesenta segundos. Dios salve a Angelina Jolie en esa película. Angie, si estás viendo esto, ven a tomar un café a mi casa. Desnuda. Sin ninguno de tus ochocientos hijos."

"Y la segunda parte, ¿Juego favorito?" Villanelle tomó la horquilla 10.

"Scalextric." Aceleró al máximo sobre la larga recta.

"Ese es bueno. Ten cuidado con el muro de los campeones que se aproxima. La última: ¿Has estado en relación con algún hombre?"

"El único hombre con el que tengo, actualmente, una relación es con el que viene a lavarme los autos en mi casa." Eve rió. "¿De qué te ríes? Es verdad." Dijo mirándola.

Al llegar a la última chicana giró en total control y se detuvo cerca de la meta.

"C'est fini." Cambiaron de posiciones y Eve se puso en control de la música.

"Tú has puesto alguien local y yo también lo haré." Sincronizó su celular y puso la canción 34.

"Wow. Te has lucido. Muy tú. Te diré un secreto mío a ti y a los fans del otro lado." Volvió a mirar de cerca las cámaras. "Ninguna mujer jamás condujo para mí. Así que, vamos abuela. Muéstrame-"

Cortó el habla cuando el impulso del Mercedes la pegó al asiento. Con total fluidez Eve aceleró mucho más que su compañera y se aproximó a la primer chicana. De manera brusca el auto se levantó hacia un lado y luego hacia el otro.

"¿Me harás las preguntas o te quedarás allí asustada?"

"Déjame ver." Se acomodó mejor y pronunció la primera. "¿Cuál es tu vehículo favorito?"

"La nueva camioneta Mercedes EQC eléctrica." Villanelle juntó sus cejas con tristeza e incredulidad.

"De acuerdo. Veamos la siguiente." Leyó a sus adentros '¿Cuál fue tu mayor rival?'. La rubia quería chistar en voz alta por lo estúpida que era. "¿Cuál es tu mayor enemigo?" Eve giró para mirarla.

"¡Qué fans tan amables!" Salió de la curva 7 mientras pensaba. "Probablemente tener algún accidente, como cualquiera de nosotras."

"Eso no es un enemigo."

"Tienes razón. Entonces sería el frío porque sino los neumáticos son más inestables." Villanelle abrió sus ojos en silencio hacia una de las cámaras, casi marcando lo aburrido de su comentario.

"Siguiente. ¿Qué? ¿No hay preguntas más llamativas?" Revisó los cartones uno tras otro con preguntas básicas. "Las haré yo. ¿Cuándo fue la última vez que tuviste relaciones?"

"Los niños verán esto y no responderé tus preguntas privadas." Entró en la chicana 8 y 9.

"Dios mío, qué aburrida eres. De acuerdo." Sacó una de las tarjetas. "¿Prefieres chocolate con leche o negro?"

"Negro." La rubia pasó a la siguiente tarjeta.

"¿Por qué no le has depilado el bigote a tu marido?" Eve supo que no era la verdadera pregunta. Tomó la horquilla 10 mordiéndose el labio con fuerza y una sonrisa.

"Porque me encantan los hombres con bigote y amo a mi marido."

"Dios santo. ¿Por qué tienes el número dos en la nariz de tu auto?" Aceleró al máximo por la recta.

"Porque alguien me robó el uno." Miró por el rabillo a Villanelle riendo de costado con saña.

El auto se detuvo antes de la última chicana y la pasó despacio.

"¿Por qué no aceleras?"

"Porque ya llegamos."

 

 

 

Luego de que las tres prácticas libres Eve haya leído el nombre 'Villanelle' en primera posición en el circuito Gilles Villeneuve, sus esperanzas en la clasificación fueron de menos a nada.

Aún así empujó lo suficiente para ganar una tercera posición. En segundo lugar estaba, según ella, la segunda kamikaze Hèléne.

Cuando Eve puso un pie fuera de su trailer a primera hora del domingo supo que las cosas no serían afables. Sobre ella las nubes negras amenazaban con romper en llanto. Aunque Bill le dijo que no había probabilidades de lluvia en el día no se quedó tranquila.

El cuarto detrás de los pits era un poco más grande de lo normal y se dedicó a hacer algo de yoga allí, con su última esperanza de aspirar algo de concentración para el Gran Premio canadiense. Con algo de música de meditación logró hacer casi quince minutos de rutina hasta que los gritos de Villanelle cantando otra canción de Avril Lavigne la corrió de su eje.

"Pendeja de mierda."

Se posicionó lejos de ella para entonar el himno canadiense. Incluso a varios metros de distancia Eve podría escucharla.

Quince minutos para el comienzo.

"¿Lista Villanelle?" Se acercó Konstantin.

"¿Disculpa? El sector de los veteranos en las gradas es en la horquilla 10." Le dedicó una sonrisa hipócrita antes de mirar a Kenny. "¿A qué hay olor, pendejo?"

"¿A poutine?"

"No. A orden. Los canadienses son eso: orden. Y, ¿Adivina qué? Vengo a destruir ese orden para hacerlos vivir." Las gradas cerca de ella tenían a fanáticos asomándose, esperando algún tipo de show. "Aide-moi avec les lesbiennes!"

Los fanáticos gritaron en consecuencia. Puso sus auriculares y reprodujo la canción 175. Le dedicó las dos primeras estrofas al W12 frente a ella y cantó el estribillo gritando a las gradas y colgada del alambrado. Algunos fanáticos, no todos, siguieron la canción pero la aletaban por su descontrol.

Eve, a pocos metros detrás sobre su misma fila, la miraba con preocupación. La veía allí, dando su show a los fanáticos que cada vez eran más y más en las plateas. El Gran Premio de Canadá era visible no solo por la estelar novata, sino por el enemigo número uno a varios metros detrás. Su enemigo número uno. El muro de los campeones. Esperando a su próxima víctima.

Parecía imposible pero la británica ya lo había confirmado: Villanelle era un poliedro. Y lo peor de todo era que aún no tenía un límite de caras.

"¿Te sientes bien?" Se acercó Bill con sus brazos en jarra y sus auriculares alrededor del cuello.

"Sí." Dijo dubitativa.

"¿Sabes que todos estamos hechos de fortalezas y miedos, verdad? Confío en ti. Exprímelo y vete de aquí con la frente en alto. Y aliviada."

"Es fácil decirlo. Eres el único que sabe mi miedo aquí. Y Carolyn que se ha dado cuenta."

"Realízate a ti, no al resto. Ellos que se pudran." Eve puso sus auriculares.

"Ayúdame. Quiero volver a casa sana y en la mejor posición posible."

Fue una mirada contemplativa pero rota la que le dio la piloto a su ingeniero. Puso su pasamontañas y el resto del equipamiento.

Los monoplazas dieron la vuelta de reconocimiento y una vez más Villanelle cantó bien fuerte en los oídos de Konstantin probando la radio.

A Eve le molestaba todo. Canadá, ver el alerón trasero de su compañera, incluso su cockpit. Todo era un llamado al odio.

Los semáforos se encendieron de a uno con sus cinco luces rojas. Y se apagaron. Larga el Gran Premio de Canadá.

El monoplaza de Hèléne titubeó en la salida pero le ganó la posición a Eve sobre la primer chicana. Villanelle pasó cómoda al frente.

Las primeras tres vueltas se mantuvieron las posiciones a diferencia de algún roce en los pilotos más lejanos. Eve moduló a Bill.

"¿Ya tengo el DRS? Si ataco debo hacerlo ahora."

"Lo tienes habilitado pero ten cuidado porque su auto es ágil y ella aún más. Ya la conoces."

"¿Estás aquí para idolatrarla o para ayudarme a ganar?" Se notó más agitada que nunca luchando con la velocidad, la fuerza G y sus miedos.

"Puedes hacerlo. Mantente enfocada y aprovecha una buena tracción sobre L'Epingle. Es tu mejor oportunidad."

"Copy."

Los ataques de Eve sobre Hèléne no cesaron. Una vuelta tras otra. La francesa cubría bien sus espacios, incluso corriendo el riesgo de pisar con sus gomas traseras el alerón delantero de la piloto de Mercedes.

"Vas muy bien Villanelle, seis punto nueve de Red Bull."

"¿Hay concurso de camisetas mojadas detrás mío entre la milf y la Kawasaki? ¡No me invitaron!" Kenny cerró la radio para reírle a Konstantin.

"Es una imbécil." Aclaró el ruso.

Luego de la vuelta 20 Eve frenó el ritmo de ataque y tomó algo de distancia.

"Es necesario que manejes tus neumáticos para que no tomes distancia de Hèléne y estires la vida útil hasta la vuelta 30." Bill puso un freno a la actitud de Eve.

"Me parece perfecto que pienses que el asfalto aquí no es tan abrasivo pero si quería hacer magia me postulaba como asistente de Copperfield."

"Los de ella también están lo suficientemente críticos, no irá más lejos. Tú puedes con esto, compañera."

Vuelta 29. La diferencia entre la líder y su perseguidora eran de más de quince segundos.

"¿Estrategia normal, par de testículos caídos?" Anunció Villanelle. "Las cuatro hermanas regordetas acá ya adelgazaron demasiado, ¿Saben?"

"¿Cuáles cuatro hermanas?" Habló Kenny.

"Mis neumáticos, maldito imbécil. Tienen celulitis los cuatro. No tengo nada en contra de la celulitis pero bueno, necesito respuesta."

Konstantin levantó sus cejas dándole la razón sobre lo tonta de su pregunta mientras comía maní.

"Mantente alerta. Te llamaremos."

Los autos, poco a poco empezaron a desfilar por el pitlane ante los llamados de cambios de neumáticos. Antes de que Villanelle cruce la última chicana, hacia el muro de campeones y dando paso a la vuelta 30, llamó Kenny.

"Box box, box box Villanelle."

Como casi siempre, a menos que surja algún imprevisto, pusieron neumáticos duros para ir hasta el final de la carrera. La mayoría de las escuderías copiaron la estrategia.

Eve cambió en la misma, justo por detrás de la rubia. Hèléne forzó sus neumáticos suaves una vuelta más y entró a box entre la vuelta 31 y 32. En su salida del pitlane se ubicó con lo justo en la segunda posición pero con una Eve Polastri lista para atacar su puesto.

"Ataca ahora. Empuja. Es tu mejor momento." Presionó Bill. Eve no respondió.

Las primeras diez vueltas fue una lucha constante de la británica con la francesa. Por momentos lideraba una u otra intercambiando puestos 2 y 3.

Vuelta 50. Villanelle habló.

"¡Oigan! ¿Dónde están las corredoras? ¿Chocaron todas?"

"Pronto encontrarás rezagadas. Detrás tienes a Eve y Hèléne luchando a casi veinte segundos."

"¿Quieres que haga algo al respecto?" La pregunta desconcertó a ambos ingenieros.

"¿Cómo qué?"

"No sé. ¿Quieres ponerle música?"

"No. Eve está librando su propia batalla. Déjala."

"Entonces ponme música a mí. Ciento cincuenta y cinco. El canadiense con voz sensual." Kenny acató.

Bill le habló a su piloto.

"Últimas veinte vueltas. ¿Cómo lo ves?"

"Ya no tengo mucha cuerda. Vendría bien un safety car ahora."

"Bajo mi perspectiva mantén la posición por detrás. Hazle sentir lo mismo que el año pasado y ver como reacciona bajo presión."

"Copy."

Las siguientes quince vueltas fueron presión de Eve sobre su rival, sin dejar que se escape de su rango, manteniéndose dos segundos detrás.

"¿Qué hace? ¡Estoy dejando todo! ¿Qué hago?" Hablaba Hèléne.

"Intenta meter presión."

"¡Pues le sale muy bien! ¡No puedo alejarme!"

Bill habló.

"Eve, cinco vueltas finales. Ahora o nunca."

"¡Contacto mínimo!"

A falta tres vueltas del final, sobre la larga recta Eve se hizo lugar sobre la derecha del Red Bull. A diferencia del año anterior tuvo más cuidado al momento de frenar, controlando las cuatro ruedas del W12. Pasando la línea de meta ya se ubicaba delante de la francesa. Los mecánicos en el box vitoreaban.

"Excelente, Eve."

"¡Ojos sobre el auto! ¡Tengo los neumáticos muy desgastados!" Gritó preocupada.

Última vuelta.

Hèléne intentaba el sobrepaso en cada curva. Friccionando de más sus neumáticos y los de Eve. Cuando se hundieron en la horquilla 10 Bill habló.

"Último tramo."

Los ojos de Eve bailaban de un espejo a otro, en plena aceleración ocupando los espacios de su perseguidora. Metros antes de llegar a la última chicana con el muro de campeones el neumático trasero derecho reventó. El golpe desconcertó a Eve que observaba impune como el balance de su vehículo cambiaba radicalmente y el caucho volaba con fuerza hacia atrás.

El Red Bull la pasó con facilidad sobre las dos curvas enganchadas dando rienda suelta a su motor Honda hasta la línea de meta. La británica sólo pudo acelerar con el restante de sus neumáticos y destruyendo parte de su auto hasta que su alerón delantero llegó a la línea de meta. Elena, con veinte segundos de diferencia por detrás, no llegó a alcanzarla.

"Detén el auto Eve. En breve te sacaremos de allí." Anunció el ingeniero. Detuvo el W12 en plena recta y lo pasó a neutro.

Las gradas observaban cómo abría su visera y filtraba sus dedos por allí, clara muestra de lamento ante el último esfuerzo y quedándose sin el preciado segundo puesto. Desenroscó sus dedos y golpeó sucesivamente el volante de ella.

"¡Carajo!" Silencio. Bill la escuchaba mordiéndose el labio. "¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!"

"Lo sabemos, Eve. Ya sabes cómo es esto. Ya tendrás tu revancha. Buen trabajo allí afuera compañera."

Alzó su vista a la pantalla gigante que se encontraba al final de la recta. Las cámaras enfocaban el auto negro y calipso de Villanelle que iba a paso lento cerca de las gradas, con su mano alzada semicerrada y saludando a los fanáticos que vitoreaban con fuerza. Los parlantes reprodujeron su comunicación con su ingeniero.

"Un grand merci à tous les fans qui ont tendu la main aujourd'hui. Très heureux de vous donner une victoire ici. C'est incroyable! Merci beaucoup à tous!"

Las gradas vitorearon con más fuerza ante el agradecimiento.

En el podio las tres vistieron el sombrero scout típico canadiense con el puesto y la marca Pirelli en dorado. Konstantin fue quién asistió en representación de Mercedes y se situó al lado de Villanelle.

Esa noche, casi como una caricia a su triunfo, la rubia no durmió sola en su trailer.

Así como Eve pensaba que su principal rival era un polinomio, la británica se dio cuenta que toda esa tarde y noche también lo fue su cabeza. La derrota a último momento. El miedo al muro de los campeones. El lamento. Y la marea de dudas que creía con fuerza dentro suyo.

No sabía si sería capaz de vencer a una piloto con tanta confianza y talentosa como Villanelle.

 

 

 

Los ojos marrones veían afilados una vez más como el auto de Villanelle cruzaba la meta con total comodidad. Saludaba a los fans y festejaba eufóricamente dentro de su cockpit recibiendo felicitaciones de ambos ingenieros.

La próxima vez no sería tan fácil. Eve debía volver a tener control de las cosas en el campeonato.

Chapter Text

Como estaba acostumbrada, Eve estacionó en completo silencio, casi como una espía francesa. Presionó el botón de apagado de su camioneta Mercedes y se quedó observando el tablero que aún se iluminaba con algunos datos.

Hora 23:45.

Gimió suavemente de cansancio y masajeó el puente de su nariz bajo un suspiro. Haber pasado más 12 horas en el simulador de Mercedes en uno de los edificios de Brackley la había agotado más de la cuenta. Aún más siendo jueves y habiendo pasado los últimos dos días en el mismo ejercicio: repasar una y otra vez el próximo circuito.

Las luces del living se notaban apagadas. Niko estaría durmiendo.

Tan pronto como entró a su casa se dirigió a la heladera para sacar algún resabio de comida. Su marido la había llamado tres veces a lo largo del día. Eve jamás atendió.

Vio los platos juntados en el fregadero ya lavados de la cena rápida que se había hecho. Buscó por sobras pero a cambio solo vio a su altura un ramillete de uvas en un plato. Lo sacó y comió sola en la mesa de living.

"¿Quieres que te prepare algo más sano?" Anunció él desde el pasillo que comunicaba el living con el restante de las habitaciones. Tenía su pijama corto color gris puesto.

"Estoy bien. Disculpa si te he levantado."

"Quería asegurarme que estés bien." Cruzó sus brazos en el pecho y se apoyó contra la pared sin acercarse. Eve notó que su cara no tenía resabios de haberse despertado recientemente.

"Lo estoy. Sólo no he comido nada durante la tarde y estoy algo cansada."

"¿Sólo durante la tarde o no has comido nada desde que te has ido por la mañana?" Los ojos de Eve bajaron pero lo miraron por el rabillo, buscando su lenguaje corporal.

"He comido-"

"No me mientas. Ni se te ocurra mentirme." La piloto cerró sus ojos y suspiró una vez más.

"No he comida nada."

"Lo sé. Te conozco más de lo que crees. Tienes la vista cansada."

Sin tener respuesta alguna Niko se acercó a la barra que separaba algo del espacioso living con la cocina. De un pote con artículos sueltos tomó el porta lentes negro y se lo tendió a su mujer. Eve lo abrió y se puso de mala gana sus lentes de descanso. Él tomó asiento a su lado, en una pose relajada mezclada con expectante.

"No te merezco, Niko." Habló con voz triste.

"Te amo. ¿Lo sabes?" Asintió débilmente con su rostro enterrado en el plato con uvas y sus antebrazos rodeándolo. "Sé lo duro que es Canadá para ti. Y también para mí." Eve apenas lo miró. "Me asustado mucho el año pasado cuando chocaste y también me asustado cuando pinchaste tu neumático el domingo."

"Lo sé."

"No, no lo sabes. Ve mi cara." Enfrentó a su marido con ojos cansados. "¿Acaso ves que haya dormido algo desde que te has ido?" Negó con lástima en respuesta. "Así estoy cada vez que te marchas de aquí, y ni te digo cuando compites." Tomó con fuerza la mano de la piloto que estaba cerca de él entre las suyas. "No quiero verte así de desgastada, consumida. He prometido amarte en la salud y en la enfermedad pero antes que eso evitaré que enfermes. ¿Lo entiendes?"

Eve tragó pesado mirando sus manos enlazadas y luego a él.

"Las cosas mejorarán. Dame una chance en el próximo Gran Premio. Necesito volver a tomar confianza, ya he lidiado con este tipo de crisis." Esbozó una sonrisa rota, invitando a su esposo que acepte su petición y cortara la charla.

"Las cosas mejorarán. Sí." Acercó con sus manos la de su esposa y le sostuvo un beso en sus nudillos.

 

 

 

Con el dorso de sus dedos refregó sus párpados. El baño luego de la fatiga en Villanelle la había relajado, lista para llevarla a dormir.

Se sentó al costado de la cama, mirando por el ventanal con vista al mar Mediterráneo. Arrastró su antebrazo por la boca, casi como limpiándosela. Bebió algo de agua y se recostó.

Pese al cansancio acumulado luego de horas de entrenamiento en su simulador del living, sacó su celular para ver los momentos claves en el Gran Premio de Canadá. La clara imagen de la rueda trasera de su W12 pasando a milímetros del muro de los campeones. Luego las cámaras enfocaban una y otra vez de diferentes ángulos y hasta en slowmotion cómo el neumático de Eve reventaba por el aire justo antes de la última chicana. Por último, su imagen tomándose la parte baja del casco, totalmente desilusionada.

Chistó de forma neutral.

A un costado vio el título del siguiente video 'Increíble accidente de Polastri en el Gran Premio de Canadá'. Presionó y vio cómo el W11 del año anterior se acercaba a máxima velocidad por la recta, frenó tarde, tomó mal la chicana y la cola de su auto golpeó la muralla, haciéndola descontrolar por la recta. Luego la radio del equipo.

'¿Estás bien, Eve?' Gemido de dolor. 'Sí, estoy bien.'

"Qué imbécil." Susurró.

Pensó otros segundos y abrió el buscador para tipear: 'Eve Polastri'. Esperó antes de continuar la búsqueda. Adhirió. 'desnuda'. Rió cuando se desplegó gran cantidad de imágenes resaltando la belleza de la piloto.

Primer plano de su rostro. Seria. Sonriendo. Medio cuerpo. Con el overol abierto y su remera ignífuga. Con vestido en los premios de la FIA y algunas con su casco puesto festejando luego de una carrera. Más abajo encontró la portada una revista en particular. Sonrió como siempre con su lateral derecho casi con malicia y se dirigió a la plataforma de compras digitales.

Minutos después se fue a dormir feliz. Al día siguiente debía prepararse para partir al próximo encadenado de Grandes Premios. Lo primero que puso en su valija fue la tintura.

Serían días arduos.

 

 

 

BAKÚ, AZERBAIYÁN

 

Luego de haber salido el martes por la tarde al aeropuerto de Niza y de una breve escala en Estambul, Villanelle aterrizó en la ciudad de Bakú, capital de Azerbaiyán. A las tres de la madrugada se hospedó en el hotel Four Seasons, a pocos metros del circuito callejero, tal como le había indicado Mercedes. Durmió hasta primera hora de la mañana siguiente.

Cuando terminó de desayunar tomó su skate que había llevado y se fue con él hacia la entrada del circuito. Llevaba su remera de Mercedes color blanca y su gorra a tono con la visera hacia atrás. En un pequeño puesto de comida pidió un poco de jugo y lo sorbía a medida que reconocía el deshabitado circuito arriba de su tabla. En sus auriculares activó la canción 147 mientras hacía zigzag de una punta a otra.

Demoró varios minutos en completar una vuelta y volvió a los boxes por el pitlane. Antes de llegar hizo un Ollie y luego un Nollie en vista de todos los mecánicos y de Eve, que resguardaba su automóvil.

Pisó la cola del skate para que raspara contra el piso y frenara delante de ellos. La pisó una vez más para tomarla con su mano libre. Con la otra sorbió fuerte su jugo.

"¿Haces skate?" Preguntó impactado Kenny. Villanelle movió la visera de su gorra de atrás hacia adelante.

"De día soy skater. Y de noche me acuesto con tu hermana." El ingeniero la miró con semblante serio. "Mentira. Soy piloto de Fórmula Uno. Si tengo sexo con tu hermana me llevaría 3 meses con el delay que tiene. Necesito ir más rápido." Le regaló un guiño.

"¿Te quedarás aquí o recorrerás la ciudad? Tienes día libre."

"¿Me puedo ir a la mierda? De acuerdo. Entonces me voy." Vio a pocos metros a Eve que estaba en su box con los brazos cruzados. "Oye, Kioto. ¿Quieres recorrer la ciudad conmigo?"

"No. Tengo cosas más importantes que hacer."

La rubia le dio una mirada amarga a su ingeniero ante la corta y seca respuesta. Eve ni siquiera perdió el tiempo en quedarse allí y se dirigió por el pasillo hacia los vestidores.

Jueves.

Rueda de prensa. Villanelle fue primera que Eve en sentarse frente a la muchedumbre de periodistas. A su lado estaba, curiosamente, Nadia. Un hombre levantó rápidamente su mano.

"Villanelle. ¿Cómo te sientes de cara a este nuevo Gran Premio aquí en Azerbaiyán?" Levantó sus hombros y bajó las comisuras de sus labios, mostrando un claro rostro de no saber como actuar.

"No lo sé. Normal."

"Eres la líder del campeonato. ¿Lo ves como un tipo de presión o como un incentivo a mantener este ritmo?"

"No le presto atención a los puntos. Una tabla de mierda no me va a indicar si soy mejor o peor que alguien. Soy la mejor de toda la grilla. De todas maneras sea primera o última, el objetivo aquí es ganar."

"Villanelle, tu compañera de equipo ha reventado el neumático en el último conjunto de curvas. ¿Crees que podría haber algún problema de fiabilidad en Mercedes respecto a eso?"

"¿Eres periodista o imbécil? ¿Qué carajo tiene que ver el auto con los neumáticos? Si ella no sabe cómo manejar bien la degradación de ellos no es un problema de Mercedes, es un problema del piloto. Punto."

"Villanelle, la última para ti. ¿Qué clase de consejo has tomado para ti en este fin de semana para lograr la victoria ante tu principal perseguidora en el campeonato?" Preguntó Jamie. La rubia pensó al aire mientras rascaba su nuca.

"He estudiado el circuito como todas. Sé hacer mi trabajo mejor que nadie. No creo que deba 'auto-darme' algún tipo de consejo. El circuito se ve increíble. Debo sentirme muy incómoda para no hacer bien mi trabajo en los próximos días. El simulador es una cosa y la realidad es otra. Mañana veré cómo reacciona el auto allí afuera."

Una hora después los ánimos de Eve para enfrentar periodistas no era el mejor. Aún así había transitado en su vida crisis como éstas. En cuanto se sentó en la silla al lado de Kasia, piloto de Renault. Los periodistas fueron por ella primero.

"Eve, sabemos que eres fuerte mentalmente luego de lo ocurrido en Canadá. ¿Mercedes tomará decisiones en base a la degradación de neumáticos afectando la estrategia?"

"No. Fue un error mío de último momento. Me he confiado de más con su vida útil. De todas formas tuve suficiente fortuna en cruzar la línea de meta en tercera posición y evitar perder puntos."

"¿Entonces aceptas tu error ante eso? Villanelle piensa lo mismo."

"¿Por qué la meten a ella aquí? Mi error es mi error. No entiendo qué buscan."

"Eve, si Villanelle gana esta carrera estirará la diferencia contigo. ¿Cómo haces para manejar la presión?"

"La presión que tengo yo aquí también la tiene ella, así que..." Alzó sus hombros. "Me siento cómoda aquí con mi auto, responde bien al circuito. Siempre voy a tener malas y buenas carreras, sólo es cuestión de centrarse." Jamie levantó su mano.

"Eve, Bakú, a diferencia de Canadá, es un circuito que te sienta bien por tus resultados en los últimos dos años. ¿Eso te aliviana de cara al fin de semana?"

"Sin dudas. El hecho de llevarme bien con un circuito y su gente siempre es un plus. Eso."

"Eve, has dicho hace poco que apelas a tu experiencia y tu compañera se rió por eso luego de Baréin. Ha pasado algo semejante con Canadá por la cantidad de veces que has competido y no has conseguido la victoria-" A medida que se desarrollaba la pregunta o comentario punzante Eve aspiró aire venenoso mirando a su alrededor.

"Ella puede decir lo que quiera. No voy a influenciarla ni a decirle que tiene o no que decir. Compartimos equipo, eso es importante. Al menos para mí. Pero no hay que olvidar que somos competidoras y buscamos lo mismo: ser campeonas. A veces nuestras soluciones funcionan y otras no." Levantó sus manos dando todo por aclarado. "Cometí un error y puede que ella lo cometa también tarde o temprano."

Se acercó más de lo normal al micrófono.

"Y que quede claro que voy a ser la primera en aprovecharlo."

 

 

 

Viernes. Primer práctica libre. Duración reglamentaria: una hora y media.

El Mercedes número '1' marcó vuelta rápida de 1:43:365. Atrás la siguió Eve con 1:43:850. Por ser viernes, y en la rama femenina, las gradas había más gente de lo habitual.

Algunos periodistas intentaron colarse para presionar a Eve con preguntas pero se apuró hacia la zona privada, enfocándose en la segunda práctica.

El W12 de Villanelle salió al pitlane y arrancó en el circuito para su hora y media de rodado. Konstantin le dio las órdenes a Kenny y abrió la radio.

"Ville, cambia el motor a ce sesenta con ritmo de carrera. Mediremos la degradación del compuesto medio a diferencia del suave que hicimos antes."

"¡Señor, si señor! Oye, ¿Mejoró el sexo con tu esposa luego del casamiento o sigue siendo la misma mierda?"

"Ce sesenta, Villanelle."

"Oh... Eso es un no." Soltó una risotada a medida que corría los controles de su volante y tomaba velocidad por el delgado trazado de Bakú.

Llevaba diez vueltas con el mismo compuesto y ya perdía algo de ritmo. Aceleró en la larga recta superando con facilidad los 300 kilómetros por hora cuando la pantalla digital del volante se apagó. El motor comenzó a hacer espasmos bajando rápidamente la velocidad, sin turbo ni aceleración.

"¿Qué carajo pasa?" Los dedos de Villanelle bailaron con destreza sobre los botones sin respuesta. "¿Problema del motor o energético?"

"Hay un problema en la unidad de energía. Frénalo en el cajón de la primera curva."

"Mierda. ¡Mierda! ¿Pueden arreglarlo rápido?"

"No podremos transportar tan fácil el vehículo hasta aquí. Supongo que eso es todo por hoy. Los mecánicos lo revisarán durante la tarde."

"¡Carajo!"

Eve veía como las pantallas laterales al circuito titilaban en amarillo. Automáticamente Bill le habló.

"Banderas amarillas, Eve. Desciende el ritmo."

"¿Algo de relevancia?"

"Problemas para Villanelle en la unidad de potencia. Sin accidentes. Tienen que remover el vehículo."

"Copy."

Las cámaras enfocaron a una Villanelle que descendía dentro del cajón con rabia de más y abría su visera a medida que se iba a un costado para ir a su box. Ya cambiada con sus lentes puestos para dirigirse al hotel, un grupo de periodistas se abalanzaron hacia ella. El primero fue Raymond.

"Villanelle, ¿Qué ocurrió con el vehículo?"

"No sé que mierda tocó tu hija en mi auto cuando la monté en el box y la cagó. Púdrete."

Villanelle se ganaba una cuota de desconfianza en su monoplaza y quien sea culpable de su falla lo sabía.

Sábado.

A primera hora la rubia se dirigió al box. Hugo y el resto de los mecánicos tenían su rostro cansado, habían terminado tarde de reparar el vehículo.

"¿Qué ocurrió, séquito de imbéciles?" Anunció mirando el W12 de punta a punta.

"Interferencia electrónica a la unidad de potencia. Los cables se sobrecalentaron quemándose y eso hizo entrar en cortocircuito el sistema electrónico."

"¿Me dices que todo eso es porque se peló un mísero cable?" Hugo levantó sus hombros, resignado.

"Estuvimos reconstruyendo esa parte hasta tarde." La rubia chistó y se dirigió a su espacio privado en la parte trasera.

En la tercer práctica libre Villanelle anduvo con cuidado. Probó la duración de sus neumáticos duros en gran parte de la hora y media de práctica libre y ver hasta donde se podía extender su vida útil. Eve aprovechó para dar una vuelta rápida quedándose con el mejor tiempo. 1:43:201

Tiempo de calificación.

Ambas pilotos se encontraban esperando que el reloj marque la hora señalada para dar su primer vuelta rápida. Los mecánicos de Villanelle colocaron neumáticos super suaves rojos y la soltaron al pitlane. A medida que transitaba las primeras curvas ajustaba su volante en C-62, apenas un escalón debajo de la máxima potencia.

"Bien, Villanelle. Todo ok en el auto. Empieza tu vuelta rápida."

"¿Te callas? Intento alejarme lo suficiente de la tortuga delante mío para que no arruine mi vuelta rápida."

Cuando salió de la curva 16 traccionó al máximo, pasando suaves curvas dentro de la interminable recta de Bakú. Metros antes de que termine y se encuentre con la primer curva a la izquierda, el cronómetro empezó a correr para ella marcando su vuelta rápida.

Sector 1 y 2 con el mejor tiempo. La división entre el sector 2 y 3 estaba, precisamente en la curva 16. El W12 salió rabioso de allí acelerando al máximo por la primera parte de la recta con las revoluciones por las nubes. Los ojos avellana clavados sin parpadear por la alta velocidad y cuidando que no haya autos rezagados.

Y bajó.

La pequeña fuerza G de la desaceleración del monoplaza la hizo mirar el volante con su pantalla apagada.

"¡No! ¡No! ¡Carajo, no! ¿¡Qué mierda ocurre!? ¡Pendejo! ¿¡Qué mierda ocurre!?"

Kenny y Konstantin revoleaban sus ojos desesperados mirando los controles frente a ellos. El Mercedes volvía a sufrir espasmos bajando las marchas y cruzando la meta con un tiempo sin sentido. El sistema electrónico volvía a fallar.

"Villanelle, nuevamente hay falla en la electrónica. Sigue hasta el cajón y déjalo en neutro."

"¡Revisa todo nuevamente! ¡No puede ser!"

"Es problema del automóvil, no de nuestra central. Lo lamento, compañera. Se acabó por hoy también."

Las banderas amarillas volvieron a flamear suspendiendo momentáneamente la primera ronda de clasificación.

"¿Qué ocurrió?" Habló Eve.

"Problemas para Villanelle. Igual que en el día de ayer. Ven a box hasta que saquen el auto."

"Copy."

Villanelle corrió por el pitlane con su casco aún puesto a medida que las cámaras la seguían. Eve por su parte regresó nuevamente y sus mecánicos ingresaron su monoplaza. Ella jamás se movió del cockpit. En el circuito una grúa sacaba el averiado.

La rubia se acercó al box de Eve y revisó con ojos furiosos el vehículo en excelente estado. Volvió a su taller y se quitó tranquila sus guantes. Konstantin se aproximó a ella.

"¿Te encuentras bien?" Al ingeniero le parecía raro su accionar pacífico.

"¿Si me encuentro bien? ¡Claro que me encuentro bien!" Balbuceó con el casco puesto.

Lo removió con el pasamontañas y, con él en sus manos, volvió a mirar a su ingeniero.

"¡Me encuentro genial! ¿¡Acaso no lo ves!? ¿¡No ves que me encuentro genial!?" Lanzó el casco con furia contra unos estantes donde estaban algunos objetos personales de ella, rompiendo algunos componentes. "¡Mírame, carajo! ¡Me encuentro genial!"

Arrancó su radio que estaba en un bolsillo de su overol y lo tiró hacia una pared, partiéndolo en varios pedazos.

"¡Te mostraré lo feliz que estoy!"

Tomó desde una de las solapas de la camisa a Konstantin hacia afuera del box y lo acercó hacia el auto de Eve con sus mecánicos alrededor.

"¿Ves eso? ¿¡Ves eso, maldito gordo soviético de mierda!?" Apuntó con un dedo hacia el cockpit. Eve miraba atenta pero el casco no le permitía escuchar con atención. "¡Explícame como la maldita 'miculitosacallama' tiene el auto en perfectas condiciones y el mío lo está sacando una maldita grúa por problemas de mierda en esta escudería donde cagan dinero! ¡Tanto alarde del mejor auto de la temporada y vengo luchando como una condenada hija de puta para lograr algo aquí! ¡Carajo!"

Empujó una vez más a Konstantin para volver a su box. Miró a sus mecánicos que estaban con cara de preocupación plena.

"Ustedes muevan el maldito trasero y si deben quedarse toda la maldita madrugada revisando hasta la última maldita pieza de ese auto de mierda, ¡Háganlo! Inservibles hijos de puta."

En su habitación privada se quitó el overol, puso su remera de Mercedes con un jean y volvió al hotel totalmente desacatada. Camino al hotel puso sus auriculares y reprodujo la canción 15 de su playlist. Cuando llegó a su cuarto se tiró en la cama sin siquiera querer ver los resultados de la qualy. Cerró sus ojos buscando tranquilizarse, o intentando encontrar alguna solución a su vehículo.

 

 

 

Eve aceleró a fondo por la recta principal. Tiempo de vuelta 1:41:218.

Bill soltó una carcajada con aplausos por detrás.

"¡Sí! De vuelta al trono. Excelente trabajo Eve, tienes la pole." La piloto marcó casi un gruñido de bronca.

"Por fin. Este es el camino, chicos. El auto se siente genial, gracias. Mañana a completar el trabajo."

Regresó tarde al hotel luego de compromisos requeridos por la FIA.

Las cosas estaban claras de antemano para el día siguiente: ella saldría en primer lugar, Villanelle en el último luego de que los autos más mediocres de la categoría mejoraran su tiempo ante el desperfecto final.

Abrió su computadora luego de su baño relajante y llamó a su esposo.

"¡Felicitaciones pole girl!"

"Gracias." Dijo casi sin ánimos. "¿Cómo estás?"

"Mejor que tú, seguro. ¿Qué tal tú?"

"Con sabor amargo."

"¿Por Villanelle?"

"No. O sí. No lo sé. No es justo competir de esta manera con ella."

"Tú también has lidiado con problemas en tu monoplaza, cariño. Déjala. Qué se ocupen sus mecánicos."

"Lo sé."

Luego de cruzar palabras vacías, Eve cortó la comunicación. Se acercó al ventanal de su habitación con la ciudad nocturna de Bakú a sus pies. Con rostro oscilante entre afligido y serio suspiró. Revisó su reloj: casi las 11 de la noche. Mordió el interior de su mejilla. Se colocó la gorra de Mercedes con la campera, agarró su celular junto con su credencial y salió al pasillo.

Asustada, vio a Bill entrando a su habitación.

"¿Qué ocurre, Eve? ¿Sales a ésta hora?"

"Olvidé mi laptop en mi habitación del box, para llamar a Niko."

"¿Por qué no lo llamas con tu celular?" Mordió su labio, pensando.

"No sé porqué tengo mala señal aquí, probablemente la computadora tome mejor el Wi-Fi. Y me incomoda mucho la pantalla pequeña y eso. Ya me conoces." El hombre arqueó sus cejas. "Estoy vieja, Bill. Tengo mis achaques."

Pasó a su lado y golpeó su hombro juguetonamente. En el lobby del hotel se encontró con Hugo a la cabeza del grupo de mecánicos.

"Hola Eve." Dijo con gran sonrisa.

"¿Recién terminan de reparar el vehículo?"

"Sí. Sigue con esa falla. La reforzamos aún más para evitar problemas mañana en la carrera. Felicitaciones a ti con la pole."

"Gracias. Iré a controlar que lo hayan dejado bien." Le dio un guiño de ojo con una sonrisa. Hugo rascó su cabeza.

"No me pongas presión. Ya venimos con un mal fin de semana."

"Es broma, Hugo. Has sido mi mecánico jefe durante mucho tiempo, sé lo bueno que eres. Sólo olvidé mi laptop en mi habitación, será un segundo. Necesito hablar con mi marido." Le dio una nueva sonrisa.

"Claro. Nos vemos mañana."

Con algo de viento molesto caminó las pocas cuadras hasta el ingreso al predio de los boxes. Más allá de los ingresos con los molinetes electrónicos había varios guardias de seguridad robustos. Sólo mecánicos y personal de las escuderías podían ingresar por fuera del horario de competición. Eve explicó sus motivos y se alejó a los dos garages de Mercedes.

Caminó por el pasillo que dividía ambas salas privadas de las pilotos. Pasó por las puertas de ingreso y siguió de largo hasta encontrar la bifurcación de los boxes. A su derecha estaba su W12 tapado con una manta. A su izquierda el de Villanelle en el mismo estado. La sala tenía débiles luces encendidas. Los ojos marrones escanearon una vez más el box de su rival, suspiró e ingresó allí. Se quitó la gorra de Mercedes y la dejó a un costado. Se ató el pelo en una coleta baja.

Corrió la lona de un latigazo de la parte trasera del monoplaza, mostrando el motor sin las protecciones y se posicionó entre las ruedas izquierdas. A un costado estaban las tapas negras con las insignias de Mercedes y sponsors. A su espalda un banco y cajoneras con herramientas.

Eve tomó un destornillador y se inclinó sobre un costado, casi atrás del cockpit de Villanelle. Sacó algunos tornillos que protegían la central eléctrica del monoplaza. Inspeccionó adentro corriendo algunos cables.

"¿Dónde estás?" Susurró bajo para sí con una cuota de esfuerzo por la posición inclinada.

Rastrilló todos los conectores hasta que un casi imperceptible tintineo detrás de ella la hizo congelarse. Desde su posición buscó a su izquierda por el rabillo algún pedazo de carcasa protectora del W12 perfectamente lustrada. Como reflejo vio que un cuerpo se aproximaba y estaba a solo centímetros detrás de ella.

Ya no había nada que hacer.

Su mente se rindió. Y su cuerpo sufrió un espasmo, tensando cada uno de sus músculos. Esperando... Algo. Probablemente un golpe o algún tipo de contacto.

Sucedió.

Cerró fuerte sus ojos. El impacto fue sobre su pierna izquierda, un barrido. Se protegió como mejor pudo ante la caída al piso frío del box. Aturdida.

Tenía un grave problema.

Chapter Text

                               CIRCUIT BAKÚ

La cara de Eve enfrentaba el perfil del W12 apenas alzado. Llegaba a ver el chasis y hasta el otro lado del box.

Una parte de ella quería quedarse allí, acostada de perfil al piso. Avergonzada. Asustada. Y la otra parte quería voltear para ver quién la había tirado al piso de esa forma.

No tuvo alternativa cuando, el destornillador que había quedado al lado de su estómago, fue tomado por esa persona. Con otro golpe en su hombro derecho la obligó a terminar de voltear para enfrentar el techo del box.

Antes de que pudiera darse cuenta sus brazos se estiraron a los costados y se trabaron con lo que vio que era un borcego. Su muñeca fina llegaba con lo justo a pasar entre el taco y el resto de la suela. Incluso así dolía.

"Vaya, vaya... ¡Mira nomás! No me he equivocado cuando en Baréin dije que te gustaba desayunar ratas."

Villanelle con sus piernas abiertas trabando las manos de Eve se inclinó hacia ella. Sus ojos se encontraron.

La británica abrió para hablar pero rápidamente una punta filosa estancó con fuerza en su piel, justo debajo del maxilar. Tuvo que levantar su cabeza para que no la perfore.

"Sh sh sh, ten mucho cuidado con lo que haces, hija de puta." Tragó con fuerza.

Su garganta estaba completamente expandida ante los ojos de Villanelle. Se sentó sobre su estómago y se inclinó hacia su maxilar. Eve escuchó como inspiró fuerte cerca de su piel.

"¿Sabes a qué hueles? A miedo, japonesa de mierda." El insulto hizo que ajuste más el destornillador. Un silbido salió de la garganta de Eve. "Si fuese tú mediría muy bien las palabras y el tono si no quiero que un destornillador Phillips me llegue a la materia gris."

Eve recordó sus piernas libres y las movió rabiosamente. La punta de la herramienta casi se sentía adentro de la boca.

"¡Quédate quieta porque te juro que te crucifico aquí mismo, maldita hija de puta!" Sin tener algún tipo de resultado, se quedó inmóvil. "Bien. Entonces. ¿Con que así has ganado tus malditos cuatro títulos, campeona?"

Eve murmuró en respuesta sin poder modular o mover su quijada. Villanelle se inclinó nuevamente.

"¿Cómo dices, tesoro?"

"No." Silbó congelada.

"Entonces, ¿Quieres contarle a la tía lesbiana hija de puta qué mierda haces aquí tocando mi auto?"

"Quítame-" La punta volvió a ajustar con fuerza.

"A la tía lesbiana se le habla con respeto, cariño. No la hagas enojar porque tiene motivos de sobra para hacer crochet con tu cerebro."

"Aydo." Villanelle se inclinó una vez más separando apenas la punta Phillips. "Ayudando."

"¿Ayudando? ¿Me estás ayudando?" Se alejó. Eve miró hacia abajo para encontrar a la rubia con lo justo pasar su lengua en el labio inferior, morderlo y negar con la cabeza. "¿Piensas que te creo?" Volvió a tragar con fuerza y los ojos avellana vieron la contorsión en su cuello.

"No go o ti." Volvió a inclinarse. "No lo hago por ti."

"Has perdido la última carrera. Te voy ganando en el campeonato. ¿Y no saboteas el auto por mí?" Se levantó apenas y acercó su cara a centímetros de Eve. "Estás llena de mierda, traductora. Me estás poniendo nerviosa. Y no te gustará verme nerviosa." La británica movió apenas su muñeca derecha, con frustración y bronca.

"Lo oy ando."

"Puedes hablar bien, miedosa." De todas formas bajó más el destornillador.

"Lo estoy arreglando. ¡Lo estoy arreglando!"

"¿¡Crees que confiaré en ti!?" Volvió apretar la punta metálica. Para sorpresa de Villanelle, Eve levantó su cabeza y la bajó, pinchándose a sí misma aún más. Los ojos destilaban furia con un velo húmedo en ellos. Su rostro se crispó.

"¡Deberías!" Gimió y volvió a la misma posición buscando alivio.

Villanelle se quedó allí, mirándola sorprendida. Pensó unos segundos a medida que volvía a revisar el cuerpo de Eve con su pecho que subía y bajaba a un ritmo alto.

"Dame una buena razón para hacerlo y usa una sola palabra." La voz salió podrida. Eve volvió a tragar, pensando.

"Mer..."

"Eso es 'mar' en alemán, cariño."

"Cedes."

"¿Eh?"

"Mercedes." Hizo su último intento silbando, y volvió a gemir, relajándose.

Villanelle volvió a rastrillarla con los ojos. Enojada y frustrada. Pensó un poco más y aflojó el destornillador.

"¿Por qué Mercedes?"

"Revisa todas las entrevistas que di. Lo has visto en Brackley. Lo doy todo y más por Mercedes y eso no tiene nada que ver contigo. Siempre voy a querer que estos autos lleguen primeros a la línea de meta. Carolyn también."

"¿Qué le está ocurriendo a mi auto?" Eve reacomodó su cabeza bajándola y la miró a los ojos.

"No lo sé. Estoy viendo eso. No sé que ocurre."

"¿No lo sabes?" Entrecerró los ojos avellana, casi como una provocación a medir sus palabras.

"No lo sé."

Villanelle quitó el destornillador y golpeó la punta sobre el pecho de Eve, pensando.

"Muy bien, entonces... Eres libre."

"Suéltame." Eve volvió a crispar su rostro.

"No aún." Levantó la punta del destornillador a pocos centímetros del ojo de Eve. La británica volvió a asustarse. Villanelle habló pausado y amenazante. "Arreglarás mi auto. Ahora mismo. Y si mañana se rompe en la carrera, ten mucho cuidado. Porque si fuese tú abandonaría la Fórmula Uno si no quiero que mi auto explote en cinco mil pedazos." Volvió a acercarse manteniendo la punta Phillips en medio. "Porque pondré una maldita bomba en tu maldito tanque de combustible, te haré volar a la mierda y romperás el maldito récord en llegar en menor tiempo a la luna. ¿Me has entendido?"

"Haré lo que pueda."

"Pues entonces empieza a rezar, Kanikama."

Villanelle se acercó con la boca abierta y se detuvo milímetros antes de besarla. Eve no se esforzó en alejarse, abrió impercepiblemente su boca en reflejo y se quedó mirando sus labios junto a su cicatriz en detalle, ancha y dolorosa. Ambas cruzando sus alientos. Luego de algunos segundos Villanelle mordió dos veces al aire, castañeando sus dientes frontales.

"Porque te juro que cumplo todo lo que digo."

"¿Quieres que intente arreglar tu auto por telequinesis o me soltarás?"

"Claro, cariño. Tienes trabajo que hacer." Se puso sobre sus pies y solo liberó la muñeca izquierda. De reflejo golpeó el muslo de la pierna que trababa la mano derecha. Rió por la actitud, soltándola. "Si me quieres tocar era un poco más arriba."

Eve no le hizo caso. Se paró, le quitó el destornillador y siguió revisando la caja electrónica de su automóvil. Villanelle se paró a un costado de ella.

"Me parece muy raro que sepas donde investigar como primer lugar." Habló con voz filosa. Eve paró de trabajar y miró para su lado con un suspiro. "Tal vez lo que ocurre es problema del neumático delantero." Volvió a correr los cables uno por uno, revisando la conexión.

"He hablado con Hugo, tu mecánico. Me ha contado que ha reforzado esta zona. Vi las repeticiones y sé que el problema es de aquí."

"Lúcete ingeniera."

Luego de varios minutos revisando, y con Villanelle mordisqueando con saña un roll de carne, encontró un pequeño anillo en la parte central.

"Aquí. Esto no debería estar."

"Muévete." Empujó a la británica con bronca y miró. 

"Deberías aprender modales." Masticó un poco más con la boca abierta y metió sus dedos. Lo desenchufó y quitó el aro metálico.

"Cállate y termina de conectar todo." Se dirigía afuera del box con aire podrido.

"¿Por favor?"

"¡Ahora!" Volteó para gritarle con furia. Uno otros segundos de silencio entre ambas.

"¿Qué es lo que te da bronca? ¿Saber que yo no he sido u otra cosa?" Se acercó mordiendo una vez más y paró frente a ella. Revisó el interior del roll y volvió a ella.

"¿Sabes que te da bronca a ti de mí? Que no sabes una mierda. Así que métete en tus asuntos, conecta esa mierda e intenta ganarme allí afuera y no aquí adentro, cariño."

Se retiró pero no al pasillo de salida, sino al box de Eve. Tomó un destornillador cerca, sacó el cobertor del auto y revisó la caja de su rival. Encontró sus cables perfectos sin objetos ni anillos plateados. Chistó con sus dientes, tapó el auto y tiró a un lado del destornillador. Vio que Eve conectara todo nuevamente de su vehículo y dio el último bocado.

Tapó el vehículo y la perforó con los ojos avellana.

"Ve a dormir, Mulán. Mañana es tu día clave para ver si te conviertes en astronauta o no."

"No me darás las gracias, ¿Verdad?"

"¿Tú le das las gracias a los ladrones cuando te roban en tu domicilio? Púdrete. Y sal ahora mismo de mi box."

Apuntó con un dedo hacia la puerta y Eve no tuvo otra opción que marcharse. 

 

 

 

"¿Lista?"

"¿A qué hay olor hoy, imbécil?" Kenny pensó pero no sabía qué responder. "Hay olor a sangre."

Villanelle miraba perdida delante de ella la interminable cola de automóviles, pilotos y mecánicos poniendo a punto todo para el Gran Premio.

"Es raro verte saliendo desde aquí. ¿Segura no quieres salir del pitlane? Será más seguro para ti y el auto."

"¿Sabes quienes salen del pitlane? Aquellos que tienen miedo a subirse al auto. Aquellos que su madre todavía les hace el maldito emparedado cuando se despiertan. Aquellos que se ponen la alarma despertador. ¿Crees que hago algunas de todas esas cosas?"

"No."

"Entonces cierra el maldito trasero. Aquí no hay lugar para los débiles."

Sacó sus auriculares y puso la canción 68.

"Oh my god." Susurró mirando al resto de las competidoras. Y luego gritó fuerte al aire llamando la atención de todos a su alrededor.

Cantaba a las gradas y gemía de manera grotesca.

"¿Qué carajo le pasa?" Elena le preguntaba a Eve.

"Está teniendo sexo con sus auriculares. Déjala. Sólo intenta llamar la atención."

Villanelle se posicionó delante su auto mirando al frente. Extendió sus brazos a los costados y sacó de ella su mirada más feroz hacia su rival más cercana con su sonrisa maniática.

"You know where you are? You are in the jungle, baby. You're gonna die!" Dio un nuevo grito a la pista y se volvió a acercar a las gradas para terminar la canción. "It's gonna bring you down."

Sacó sus auriculares y los tiró para los espectadores.

"¡Vamos pendejo! ¡Hay un Gran Premio que ganar!" Apretó sus dientes y colocó toda la protección de su cabeza. Kenny a su lado la miraba azorado y sonriente.

"Eres increíble."

"Ya lo sé." Entró al cockpit mientras le ponía el cinturón de seguridad. "Hazme caso hoy. Ganaremos esta mierda." El ingeniero asintió frenético y chocó el puño que levantó la rubia.

"Yippie ki yay, mother fucker."

"Cada día eres un poco más mierda. Te adoro. Ahora mueve tu maldito trasero de aquí."

Despejaron la pista y durante la vuelta de reconocimiento Bill le habló a Eve.

"Radio check Eve."

"Radio check, copy. Mantenme al tanto de la 'i'."

"¿Cada cuánto?"

"Primera vuelta y regula la información."

"Copy." El ingeniero ya sonaba preocupado.

El último auto en acomodarse fue el Mercedes W12 con el '1' en la nariz. Luces encendidas. Y luces apagadas. Largada del Gran Premio de Azerbaiyán.

Con algo de dudas Eve ganó la brecha contra Hèléne y Elena hacia la primer curva a la derecha. Cubrió espacios en el primer conjunto de giros hasta darse algo de aire contra el Red Bull inminente que tenía detrás. Las calles angostas de Bakú limitaban los sobrepasos sobre gran parte del trazado. Al salir a la gran recta Eve habló.

"¿Dónde está?" Bill tardó en responder y lo hizo recién cuando empezó su vuelta número dos.

"Dieciséis."

"Carajo." Susurró para sí misma. Inmediatamente abrió la radio."¿¡Ya hay bandera amarilla!?"

"Choque entre un Ferrari y un Renault. Mantenlo en delta positivo." El W12 de Eve rápidamente bajó la velocidad zigzagueando por la recta opuesta.

"¿Todas bien? ¿Alguna herida?"

"Todo bien. Golpe en la primer curva. Están sacándolas del cockpit."

En el inicio de la tercer vuelta las pantallas y banderas mostraron el color verde, reanudando la contienda.

Focalizándose en perder en sus espejos retrovisores el auto azul, amarillo y rojo, Eve subió el ritmo de carrera. En las diez primeras vueltas ya le había sacado once segundos a su perseguidora.

"¿¡En qué quedamos!? ¿¡Puedes cumplir algo de lo que pactamos!?" Habló rabiosa maniobrando por la chicana 5 y 6.

"Se encuentra doce. Y bajando. Tienes buen ritmo. Recuerda la estrategia."

Kenny miraba las pantallas con admiración. Villanelle no había arriesgado mucho en la primera curva, siempre conflictiva por el tráfico y golpes que pudiesen perjudicarla. Pero apostaba todo al resto del circuito, volando por las calles y ganando su línea de carrera pasando autos de menor envergadura.

En diez vueltas ya se encontraba en la posición 13 y buscaba su próxima víctima: el Aston Martin. Si bien puso resistencia en la larga recta, logró superarlo.

"Pendejo, ¿Cómo vengo? Me estoy cansando de pasar vejestorios."

"P doce, Villanelle. Excelente recuperación."

"Has análisis con la estrategia por mis neumáticos. Es más molesto el tráfico que la degradación."

"Copy." Cortó la radio y miró a Konstantin. "Entrará última pero tenemos que ver bien algún sector que no agarre tanto tráfico para escalar aún más."

"Tiene que empujar cuando todas entren pero convengamos que ya está matándolos rápidamente." Dijo el ruso revisando las lecturas de pantalla. "Eso sin decir si no explota la unidad electrónica."

"Tendrá que ser un trabajo rápido y preciso llegado el momento." La voz de Kenny salió preocupada.

"Se lo debemos. Y tiene razón. Está luchando con el vehículo y debemos ayudarla como podamos desde aquí."

Vuelta 15. Ya gran parte de los pilotos habían cambiado sus neumáticos. En primera posición estaba Villanelle pero a pocos segundos detrás tenía a Eve que ya rodaba los neumáticos duros.

"¿Quieres decirme que ya hiciste las cuentas y me llamarás pronto? ¡Son dos ingenieros, carajo! ¡Muevan el trasero!"

Kenny observaba el mapa de Bakú con la posición real de las pilotos girando. Villanelle estaba acelerando al máximo intentando recortar los últimos segundos y quedar de la mejor manera luego de su pitstop.

"¡Entra ahora! ¡Box box!" Gritó desesperado.

"¡Oye! Cuida el tono, maldito desgraciado. ¡Que me pones nerviosa a mí!"

"Perdón. Puedes entrar." Miró agitado a Konstantin que lo reprobaba con la mirada.

A los pocos minutos el W12 entró perfecto delante de los pits. Pusieron el compuesto blanco duro y aceleró por la calle hasta el circuito nuevamente. Posición actual: décima. El overcut había funcionado hacia dos monoplazas mucho más débiles que el Mercedes.

"Eve, está en el p diez."

"¿¡Explícame cómo gana dos lugares con un overcut!?"

"Ajustó el ritmo con sus neumáticos super suaves. Tú puedes. Tienes diferencia de cinco punto ocho y pista libre."

Kenny abrió la radio hacia su piloto.

"Buena maniobra, Villanelle. Tienes el McLaren a uno punto nueve."

"Por cada sobrepaso lánzame la diferencia."

"Copy."

"¿Copy? No me digas 'copy' maldito casado. Dime 'entendido ama y señora mía'." Konstantin abrió su micrófono.

"Villanelle, por favor. Concéntrate. Uno punto nueve con el McLaren."

"¡Tú cállate maldito gordo homofóbico! ¡Fíjate si la Maki necesita masajes en los pies!"

Para el inicio de la vuelta 30 Villanelle ya se encontraba en el puesto cuatro.

"Eve, p cuatro."

"¡Carajo!" Dijo para sí misma antes de abrir la radio. Bill justo le había hablado en las curvas 8, 9 y 10 en donde eran más estrechas. "Cuidado donde me hablas."

"Ok. Recuerda que tienes una distancia de casi quince segundos sobre el Red Bull. Has tu trabajo."

Eve cerró su mente, enfocándose en cumplir con el ritmo de carrera mientras Villanelle lidiaba con las perseguidoras y escalando posiciones.

"Villanelle, p cuatro al momento. La Ferrari está a ocho punto tres y recortando."

"¿¡Quiénes quedan!?" Gritó con el motor exprimido al máximo sobre la recta.

"Tienes la Ferrari y el Red Bull delante. A este ritmo llegarás en cinco o seis vueltas a zona DRS para atacar."

"¡Lo haré en cuatro!"

"Cuida los neumáticos por favor. No sabremos si habrá otro safety car."

"¡Cuando yo te digo 'carnaval' aprieta el pomo, imbécil! Over and out."

Villanelle se puso alerta. No pudo cumplir lo dicho de cuatro vueltas para acercarse a Elena. Lo hizo en seis con un clásico sobrepaso sobre la recta principal.

"¿¡Cuánto para la milf!?" Sonaba agitada levantando revoluciones de fondo.

"Excelente trabajo Villanelle. Cinco punto uno para Hèléne."

Vuelta 42.

Con neumáticos ya castigados se acercó a ella.

"Un poco más y entras en zona DRS. ¿Puedes atacar? ¿Tienes resto?"

"¡Ponme la canción 26! ¡Ahora!" Kenny acató sin cuestionar. Konstantin apoyó sus codos sobre el panel y se tomó la cabeza.

"Está desquiciada."

"Es una excelente canción. ¿Por qué dices eso?"

"¿Acaso no la ves? ¡Está completamente nublada! Espero que no pierda sus ojos del monoplaza." El ruso abrió la radio. "Villanelle, ten cuidado con el estado del vehículo. No lo fuerces más de la cuenta o no llegarás a la última vuelta."

"¿¡Cómo se te ocurre interrumpir una canción así, hijo de puta!? ¡Púdrete! ¡Cállense!"

Dentro suyo, la francesa sabía que Konstantin estaba en lo cierto. Quedaban nueve vueltas para completar las 51 en total y el auto no podría soportar más castigo.

Frank le habló a su piloto.

"Ten cuidado porque te atacará por el puesto. Desgástala."

"¡No me hables para decirme algo obvio! ¡Tengo dos espejos!" Cerró la radio y miró por los retrovisores para susurrar para sí. "Ven aquí, pendeja."

Inicio de la vuelta 43.

"Hola Milf, ¿Me extrañaste?" Villanelle hablaba para sí a medida que el W12 se acercaba a pocos metros del Red Bull.

La lucha duró dos vueltas apareciendo constantemente por los retrovisores y Hèléne cubriendo espacios evitando el sobrepaso. 

"¿Es así de resistente en la cama también o qué?"

"Villanelle, los neumáticos están cerca del límite."

"Tienes razón. Shh." Kenny frunció sus cejas.

La piloto de Red Bull miró por los retrovisores y no encontró el Mercedes en la larga recta. Giró a la izquierda en la curva 1 y acelerando. Nada.

"¿Dónde estás?" Dijo para sí misma.

A la derecha. Nada. A la izquierda. Nada. En la curva 3 a la izquierda miró su espejo derecho. Nada. Villanelle había desaparecido como por arte de magia.

Kenny apretaba con fuerza el brazo de Konstantin, mirando anonadado las cámaras siguiendo el Red Bull.

Chicana, enganche de curva 7 y seguidilla de giros 8,9 y 10 con vista a la Torre de la Doncella. Hèléne no veía nada. Abrió la radio.

"¿¡Dónde está!? ¿¡Chocó!?"

"¡Detrás!" Gritó el ingeniero. 

"¿¡Cómo detrás!? ¡No la veo!"

Giró en las curvas rápidas 13, 14, y 15. Nada.

"¡Está dejando que absorbas el aire sucio! ¡Se encuentra pegada a tu alerón!"

La salida de la curva 16 fue fundamental. Los ojos desorbitados de la francesa buscaron a su coterránea en el retrovisor izquierdo, aquel que le proporcionaba vista a cualquiera que saliese de la curva detrás de ella. Nada.

"¿¡Dónde!?"

En los primeros metros de aceleración por la recta Hèléne lo entendió. El monoplaza negro y calypso se había estancado detrás de ella con precisión milimétrica en cada aceleración y frenada durante las curvas, abriéndose por el lado opuesto en cada giro para que no la viera. El W12 salió mejor traccionado y se abrió rápido por el lado sucio de la pista. Villanelle subía las marchas con la mano derecha sobre su volante ya volando por arriba de los 300 kilómetros por hora. La izquierda se separó levemente del comando para alzarse hacia ella. Débilmente abrió y cerró su mano en forma de saludo a medida que la sobrepasaba.

La siguiente curva fue dominada de principio a fin por la rubia para marcar el segundo puesto momentáneo de la carrera. Kenny y Konstantin apretaban ambos puños al aire. Los mecánicos vitoreaban en el box. Los fanáticos sencillamente no daban crédito y gritaron cuando el auto negro apareció delante del azul en la primera curva frente a las gradas.

"¡Increíble Villanelle!"

"¡Vuelta y diferencia mocoso!"

"Quedan 5 vueltas. La distancia con Eve es de más de doce segundos." La rubia cerró sus ojos lo que le pareció un parpadeo largo pero solo duró décimas.

"Carajo."

Bill abrió la radio.

"Eve, p dos."

"¿¡A cuánto!?"

"Casi trece segundos." Ni siquiera se preocupó por responderle.

El trabajo duro estaba hecho. En las siguientes dos curvas, intentando ganar algo de aire con su perseguidora, notó que sus neumáticos ya no podían apretar más. Cuidó su posición lo suficiente para que Hèléne no la sobrepasara en los momentos finales. Eve cruzó la línea de meta con una diferencia de más de doce segundos. Villanelle por detrás. Tercero el Red Bull.

"Excelente trabajo Eve. P uno. Felicidades compañera." La británica saludaba como siempre a los fanáticos que agitaban sus brazos ante el coche ganador.

"Gracias. Trabajo sólido este fin de semana muchachos. Bien hecho." Escueto y frío.

En el podio las tres vistieron un pequeño sombrero con un velo detrás, clásico del vestuario femenino de Azerbaiyán. Villanelle no estaba contenta.

Pocos minutos después se encontraba en su habitación privada en el box. Se tomaba un descanso sentada en el sillón bebiendo agua y pensando en la carrera. La puerta sonó.

"¿Quién es?" No respondieron. Volvieron a sonar dos golpes. De mal humor se levantó y abrió. Frente a ella se encontraba Hèléne. "Oh, eres tú. Puedes pedirle a mi ingeniero el video de la carrera para que veas mis movimientos."

La francesa no respondió, sólo se limitó a mirarla de manera podrida.

"¿Te ayudo en algo, reina? Estoy cansad-"

La morocha se abalanzó hacia ella con sus labios. Cerrando la puerta con lo justo. Abrió su boca devorándola, buscando su ritmo, su lengua. Las manos de Villanelle se ajustaron en la parte posterior de la cabeza y la parte baja de la espalda. Cuando se quiso escurrir para el trasero la mujer mayor se separó.

"Arion Hotel hoy a las nueve. Habitación ocho cero dos. Sé puntual, pendeja, y te mostraré que resistente soy en la cama como querías."

"Dios, eres sexy." Susurró a sus espaldas a medida que abría la puerta para irse. La rubia rastrilló sus cabellos dando un rápido reconocimiento a su alrededor, aturdida. "Carajo. Así se siente lo que le hice en la pista."

 

 

 

Eve saludó al público amargamente. Contestó con lo justo las preguntas de algunos periodistas posterior a la carrera. E incluso se sintió llana al momento de hacer videollamada con su marido.

La victoria estaba vacía. Y llena de preocupación una vez más.

"Del puesto veinte al dos." Susurró para sí.

Eso había logrado su rival. Una magnífica carrera. Un automóvil que no se descompuso. Y, tenía que ser sincera consigo misma, un movimiento espectacular en la cola del Red Bull. Miraba el video en las redes sociales una y otra vez, con las cámaras siguiendo la acción entre los dos autos y su cercanía.

Tomaba agua con rostro amargo ante la repetición de imágenes.

Y lo que venía era peor.

Concilió el sueño alrededor de la una de la mañana. Demasiado tarde para alguien que se había despertado a las siete de la mañana y tenía suficiente acción encima de sus hombros.

Por la mañana siguiente Kenny se dirigió a la habitación de Villanelle pasadas las diez de la mañana. Golpeó tres veces suave pero no contestaron. Volvió a intentarlo pero una voz algo ronca sonó desde adentro. La señora con su delantal de limpieza se encontraba dentro ordenando la habitación.

"¿Sí?"

"¿La dueña de la habitación?" Preguntó asustado.

"Se ha retirado ayer por la tarde, casi noche."

Con el comentario, Kenny empalideció a niveles preocupantes. Volvió al hall donde esperaba su madre, Eve, Bill y Konstantin.

"Se ha ido."

"Imagino que le has anticipado que tenemos el vuelo chárter esperándonos. ¿Verdad?" Dijo con tono molesto Carolyn.

"En realidad no. Tuvimos un fin de semana ajetreado."

Eve exhaló con fuerza y negando, ocultando sus ojos tras sus Ray-Ban.

"¿Dos ingenieros y ninguno es capaz de avisarle del vuelo? No sé si debo despedirlos y contratar dos ladrillos o contratar un asistente para que la asesore." Respondió con sarcasmo.

"Aprecio la preocupación." La voz vino a pocos metros de ellos, detrás de un diario local. Las hojas cayeron y encontraron a Villanelle en una de las mesas con su valija armada a un costado. "Afortunadamente la magia del desierto de Bareín me hizo estudiarme el estúpido calendario y los métodos de esta escudería de mierda. Estoy al tanto del próximo Gran Premio. Llegan tarde."

"Si no fuese por el insulto te diría que has madurado unos veinte años. Estamos demorados." Cortó la Ceo.

En la van camino al aeropuerto de Bakú Kenny hablaba con su piloto.

"¿Contenta del próximo destino?"

"Ni me lo recuerdes."

"¿Por qué? Es tu-"

"¡Ni me lo recuerdes!"

El grito resonó en el vehículo llamando la atención de todos. Eve notó que Villanelle estaría menos jocosa de lo habitual, algo extraño para ella. No por la conducta, sino porque pensaba que el próximo circuito y ambiente serían de importancia para la rubia. Rápidamente recordó sus palabras en Brackley.

'Me fui hace unos años de allí y no quise saber más nada con ellos.'

Y sonrió.

Tal vez el próximo fin de semana de competición no sería tan malo. Podría extender su racha ganadora.

Chapter Text

El avión privado era idéntico al que había subido Villanelle en su trayecto Baréin-Shanghái. Kenny se sentó frente a ella mientras ella usaba internet. El vuelo no era largo, sino de algo más de una hora y media.

"¿Tienes auriculares de repuesto? Ya que has lanzado los tuyos al público de Bakú."

"No. Cómprame unos nuevos cuando lleguemos." No levantó su atención y siguió enfocada en la pantalla.

"¿Y por qué yo?"

"Porque tú eres mi ingeniero y has descuidado mi vehículo. Lo han saboteado y pude haber tenido algún tipo de problema en el circuito. Es tu culpa."

"Los mecánicos lo han arreglado. No tendrás ese problema. No es mi culpa." Levantó con furia su vista y deslizó la lengua a la cicatriz.

"Yo lo he arreglado. No tú. Yo." Respondió.

En diagonal Eve le daba una mirada con bronca detrás de sus lentes.

De su celular reprodujo la canción 126. Puso sus lentes y sobre el estribillo enfrentó su rostro al de Eve sin disimulo. Cuando la morocha movió su atención hacia la música, su rival movió sus labios.

"Because I'm bad, I'm bad. Come on." Volvió a morder dos veces al aire, tal como había hecho frente a ella.

Eve marcó su disgusto con los labios antes de girar hacia la ventana del avión esperando que llegaran a destino cuanto antes.

 

SOCHI, RUSIA

 

La escalera del jet tocó suelo ruso a mitad de la tarde. Los primeros en descender fueron Carolyn, Eve, Bill y Kenny.

Tras los lentes Randolph estaba Villanelle. Se inclinó para no golpear con el techo del avión y dio un rápido registro a su alrededor. Inclinó sus labios a medida que aspiraba fuertemente por la nariz generando un sonrido ronco grotesco. Todos giraron hacia ella para mirarla en la pequeña altura. Bajó unos cuantos escalones y antes de tocar el asfalto emitió otro sonido desde el fondo de su garganta, pasando todo el moco acumulado a su boca. Una vez allí escupió con saña al piso frente a ella y luego terminó su descenso.

Eve arqueó una ceja por encima de sus lentes.

"¿No dirás 'Privet Sochi' ?" Preguntó algo espantado Kenny.

"Cierra el trasero, imbécil."

"¿La Madre Rusia te ha maltratado?" Agregó Eve.

"¿Y quién te invitó a ti, Splinter?"

"¿Por qué Splinter? Ese no lo entiendo." Interfirió Kenny.

"Era el maestro de las Tortugas Ninja. ¿Y sabes qué era?" Dio un paso para quedar frente a Eve y oxidó su voz. "Una rata japonesa."

"No te escucho darme las gracias. Porque si no fuese por mí todavía estaría la grúa sacando tu vehículo de Bakú." Susurró ante el enfrentamiento de miradas.

"Te acomodas como mejor puedes, ¿Verdad? Hipócrita de mierda."

"Ten cuidado. A lo mejor tu coche explote y llegues a la luna." Eve afiló sus ojos detrás de sus lentes, recordando la amenaza dada.

"¿Tienes miedo, Saitama de jardín de infantes?" Villanelle se acercó a un costado de su rostro para susurrar aún más por lo bajo directo al oído de Eve. "Te darás cuenta cuando encuentre a la rata que está tocando mi auto porque alguien aparecerá con una mano menos. Y tú no quieres conducir con una sola mano, ¿Verdad?" Volvió a alejarse. "Aléjate de mi box, idiota."

Siguió camino hacia el edificio del aeropuerto de Sochi mientras todos presenciaban el cruce de las pilotos en silencio. Villanelle volvió a gritar.

"Suficiente tengo que soportar aquí este aire con olor a mierda podrida como para que me rompan las tetas."

"La próxima vez me avisan y traigo postre. ¿Quieren?" Acotó Carolyn.

Luego de comprar unos auriculares nuevos todo el equipo se dirigió al vehículo que aguardaba para llegar al autódromo de Sochi en algo menos de media hora. La rubia se dedicó a romper algunos carteles o tirarlos al piso. Un guardia de seguridad se animó a acercarse pero la pose intimidatoria fue peor que la llamada de atención. Villanelle quería destruir todo su alrededor. Mientras en sus oídos sonaba la canción 141. Bajo ese manto de música sería su estadía en Rusia.

Tendrían libre el resto del día así como el martes y miércoles. Fue ese último día que Villanelle aprovechó para teñirse el pelo en la soledad de su trailer. Volvían a cambiar los hoteles de lujo por las casas rodantes cómodas y molestas.

 

 

 

Jueves. Rueda de prensa. Eve entró primera con la piloto de Haas.

"Eve. Felicitaciones por la victoria en Bakú, tanto tú como Villanelle se encuentran con la misma cantidad de puntos. ¿Cómo visualizas la carrera en Sochi para Mercedes?"

"Gracias. Bueno, el año pasado nos ha ido bien aquí en términos generales así que espero que sea igual. Hasta el día de mañana no sabremos."

"El W12 de tu compañera tuvo muchos inconvenientes en Bakú y finalmente pudo completar la carrera. ¿Pudieron resolverlo?"

"No lo sé. No es mi coche. Ojalá que sí."

"Eve, ¿Crees que Rusia jugará a favor de Villanelle? ¿Se sentirá más cómoda con la localía?" Meneó sus hombros por no encontrar respuesta.

"Hasta donde sé es francesa pero si fuese ustedes me reservaría estas preguntas para ella."

"¡Eve!" Levantó Raymond. Ella suspiró. "Creo que todos aquí e incluso los fans se preguntan si tu victoria tiene un sabor dulce o amargo."

"¿Por qué tendría sabor amargo?"

"Ya sabes. Villanelle largó última pero finalmente llegó segunda. Eso sigue poniendo en duda tu rendimiento y cómo pueden desarrollarse el resto de las carreras."

"Es que francamente no entiendo." Levantó sus manos al aire. "Hice pole position. Salí primera. Gané. ¿Qué pretenden? ¿Que por ganar en Azerbaiyán gane el campeonato? ¿Que saque una diferencia de cuatro vueltas a todas? A mí no me importa si gano por una milésima o por una hora. Los veinticinco puntos son míos. El resto tendrá que acarrear y luchar sobre sus problemas. ¿Qué tengo que ver yo con eso? Si los problemas mecánicos me ocurrieran a mí, ¿Entonces qué? ¿Tendría una justificación por haber salido segunda? Es muy estúpido. Tiene un sabor muy dulce. Punto."

"Los fans creen que no son igualdad de condiciones el hecho de que su vehículo se haya estropeado todo el fin de semana. Por eso."

"Aquí el deporte no es individual. Es colectivo. Lo sabemos todos. Tenemos nuestros mecánicos, ingenieros, entre miles de personas a nuestro alrededor. Si algo falla puede perjudicarnos. Yo tendré que luchar si mi ingeniero de pista hace una mala estrategia de pits. Pero ¿Por qué quieren tirarme la culpa a mí? Supongo que si algún día fuese al revés le dirán lo mismo a Villanelle, ¿No?"

Jamie tomó notas y levantó su mano.

"Eve, básicamente comienza el tour europeo de la Fórmula Uno. Te haces fuerte aquí. ¿Alguna estrategia en especial?"

"Si te la digo tendré que matarte." Todos rieron menos Eve. "Ninguna. Carrera a carrera hasta salir campeona."

"¿Confiada de que ganarás el campeonato?"

"Ganaré. Pase lo que pase. Ganaré. Gracias."

Una hora después llegó el momento de Villanelle con Nadia.

"Villanelle. ¿Contenta de estar en el país de nacimiento?"

"¿Qué? ¡No! Por Dios. No veo la hora de irme a la mierda de aquí." Marcó su cara de asco.

"¿Han solucionado los problemas de tu monoplaza?"

"Eso creo. No lo sé. Creo que sí."

"¿Encuentras amistoso el trazado aquí en Sochi?"

"Es un poco de asfalto con barreras de contención."

"Villanelle, la última. ¿Cómo te sientes con tu monoplaza? ¿Vuelves a tener confianza luego del desastre de Bakú?"

"¿Cuál es el desastre? Lo importante es la carrera y un segundo lugar es algo que, aunque no quiera, lo valoro sabiendo que partí última. Quiero creer que mis mecánicos harán un buen trabajo en dejarlo en buenas condiciones para competir aquí. Adiós." Corrió su micrófono.

 

 

 

El autódromo de Sochi era más espacioso que Bakú. Los trailers entraban con más comodidad en la parte posterior del circuito. Los mecánicos terminaban los últimos detalles sobre los dos monoplazas de Mercedes para que hagan sus prácticas correspondientes al día siguiente.

Arregló su camisa y con paso tranquilo se acercó al box de Mercedes sin levantar ningún tipo de sospecha. Ya anochecía en la moderna ciudad rusa y todas las escuderías se encontraban en sus trailers o comedores cenando. Los talleres estaban absolutamente vacíos con los monoplazas parados.

Pasó por el pasillo y al final del mismo tenía ambos coches negro y calypso tapados con los cobertores y apenas iluminados. Suspiró mirando el de Eve a su derecha y se dirigió a la izquierda.

Destapó el monoplaza de Villanelle y, sin sus carcasas de motor, tomó un destornillador Phillips y abrió la caja de la unidad eléctrica. Corrió los conectores uno a uno hasta encontrar el cable verde. Dejó insertada la herramienta mientras tomaba de su bolsillo un aro metálico. Lo empezó a enroscar alrededor del cable cerca del conector con trabajo milimétrico.

"Si fumaría este sería un buen momento para encender mi mechero y que se ilumine mi cara." La voz de Villanelle lo obligó a pegar un pequeño salto en el aire y la miró con ojos espantados en la esquina oscura del box con su gorra puesta. "Muy dramático y poético, pero cool."

El hombre sonrió con sus cejas juntadas.

"Villanelle. Me has asustado. ¿Qué haces aquí a esta hora?"

"Lo mismo me pregunto de ti, Michael." Dio unos pasos hacia Hugo. La rubia llevaba sus brazos cruzados en el pecho.

"Mientras cenaba olvidé estos interruptores y quería dejarlo listo para el día de mañana." Villanelle frunció sus labios en falso interés y se acercó a su lado mirando la caja en la que había trabajado Eve, y ahora él.

"¿Cuántos cables, huh?" Se inclinó hacia adelante y mirando todos los conectores hasta encontrar el aro metálico aún algo desarreglado.

"Sí, son componentes milimétricos. Un verdadero dolor de cabeza." Una suave sonrisa se desprendió.

"¡Me imagino!" Sonrió. Volvió su atención a la caja, inclinada y señaló dentro sin sentido. "Oye, ¿Qué es eso que hay allí?"

"¿Qué cosa?" Se inclinó al lado de ella y Villanelle se retiró apenas.

"Eso, allí." Hugo se acercó aún más.

La mano derecha fuerte de Villanelle se desenroscó de su pecho. En un rápido movimiento cerró su puño en el cabello de Hugo y como un latigazo lo empujó hacia un pedazo de aluminio en algún sector de su rebuscado motor V6. El golpe en la frente hizo gemir al mecánico y luego cayó al suelo. La sangre empezaba a correr.

Villanelle metió sus dedos y sacó el aro que había puesto. Se volvió hacia él mirándolo desde su altura. Puso un pie a cada lado de su abdomen y se acuclilló mostrándole el pedazo de metal.

"¿Crees que soy estúpida? Crees que soy estúpida." Torció su cabeza alzando sus cejas. Hugo difícilmente podía concentrarse en ella con el dolor de su cabeza. La rubia lanzó el aro cerca de su cara. "¿Ves? Ahora sí es un verdadero dolor de cabeza. Pero imagino también que todos esos componentes, en especial los equivocados, pueden traer un dolor de manos tremendo."

"¿Qué mierda dices? Sólo estoy arreglándolo." Respondió aturdido.

"No me tomes de imbécil. Ya déjate de mentiras. Te encontré. Ahora dime, ¿Por qué estás saboteando mi automóvil? Te daré sólo una oportunidad."

"No sé de que hablas Villanelle. Soy tu mecánico. ¡Ay, mi cabeza! Maldición."

"¿Te duele?"

"Sí. Carajo."

"Descuida. Te ayudaré." Tomó el destornillador del suelo y ajustó la muñeca izquierda de Hugo, sacando su mano del rostro.

"¿Qué haces?"

Tan pronto la mano tocó el suelo Villanelle bajó con fuerza el destornillador hacia la palma, traspasándola. Un grito desgarrador salió del hombre. La francesa se sacó su gorra y hundió parte de la tela en la boca abierta de Hugo, amortiguando el sonido.

"Muerto el perro se acaba la rabia, hijo de puta. ¿¡Por qué!?"

Balbuceó mirándose la mano perforada. Villanelle le sacó la gorra.

"¡Por Eve! ¡Por Eve! ¡Carajo! ¡Por Eve!" Lloró. El rostro de la piloto se crispó en furia.

"¿¡Ella te envió!?"

"¡No! ¡Claro que no!" Se intentó tomar la mano izquierda con la derecha y Villanelle movió el destornillador con saña, produciéndole más dolor.

"¡Quédate quieto!" Gimió en voz alta una vez más. Se acercó y susurró con desprecio cerca de su cara. "¿Entonces, hijo de puta?"

"¡Porque la amo! ¡La amo, carajo!" Respondió. "La amo."

"¿Qué?" Los ojos avellana se abrieron, impactada. Se alejó del rostro. "¿Qué dices?"

"Yo era su mecánico jefe. Carolyn, esa vieja hija de puta, me sacó del cargo y en cambio puso a Mo por sus antecedentes. Luego de todo lo que trabajé me aleja de la mujer que amo. Por eso siempre me prometí por ella que si le iba mal en el campeonato tendría la ventaja de sabotear el segundo auto de Mercedes y que ella tenga más chances de ganar."

"¿Es la primera vez que haces esto?" Él dudo en qué responder. Villanelle movió el destornillador.

"¡No! ¡Carajo, no lo muevas! ¡No es la primera vez! Lo hice con Elena a mitad del año pasado."

"Eres un maldito enfermo. ¡Pude haber muerto! ¡Elena pudo haber muerto!"

"¿Tú nunca te has enamorado?" La pregunta descolocó a Villanelle. Se quedó unos segundos en silencio, sacudió su cabeza y volvió a concentrarse.

"Está casada, idiota. ¿Cómo te vas a enamorar de alguien que está casado? Tienes millones y millones de mujeres ahí afuera."

"Nadie es como Eve. Fui su mecánico varios años. Pasábamos horas y horas juntos, más que con Bill incluso. Revisando la aerodinámica, el motor, todo. Éramos inseparables. Es compresiva, dulce, profesional, dedicada, fiel a sus principios. Es todo lo que una mujer debe tener. Haría cualquier cosa por ella."

"Bien entonces..." Se acercó nuevamente a él y sacó de un latigazo el destornillador de su mano. Gimió tomándosela y expuso el metal ensangrentado frente a sus ojos. "Harás una cosa más por ella."

 

 

 

Viernes.

El box estaba impoluto sin rastros de pelea o sangre. Los mecánicos daban los últimos detalles en los monoplazas. Eve se encontraba sentada con su overol enroscado en sus caderas a medida que aguardaba la primer práctica libre.

Desde la parte de atrás apareció Hugo con un moretón en su frente y su mano izquierda vendada en un inmovilizador, dejando el codo a 90 grados. La miró con una sonrisa rota y Eve se acercó dando zancadas.

"¡Hugo! ¿Qué te ocurrió?"

"Hola Eve. Venía a despedirme."

"¿Cómo? ¿Qué pasó en tu frente y tu mano?"

"Fue sólo un pequeño accidente que tuve ayer en mi trailer. Tendré que tomarme unas semanas y francamente no me viene mal."

"¡Por Dios! ¿Te duele?"

"Un poco. Descuida. Sólo venía a despedirme y desearte suerte el resto del campeonato."

"¿Resto?"

"No sé si quiero volver. Ya me cansé un poco de la Fórmula Uno."

"Oh, Hugo." Eve lo abrazó con delicadeza. "Decisiones son decisiones. Espero que te recuperes pronto y escríbeme cuando quieras comer algo. Es toda una sorpresa."

"Lo sé. También para mí. Muchas gracias. ¿Te veo luego?" Le dio una última sonrisa y volteó dirigiéndose al pasillo principal.

Sobre el mismo ángulo de visión aparecía Villanelle dándole una fugaz mirada a su ex mecánico jefe. Inmediatamente giró su rostro hacia la británica, haciendo contacto visual. Eve la examinó cuidadosamente. La rubia torció su cabeza y alzó sus cejas, dando claro aviso de que cumplía sus palabras.

Allí lo recordó.

'Te darás cuenta cuando encuentre a la rata que está tocando mi auto porque alguien aparecerá con una mano menos.'

La mente de Eve se quedó en blanco. Villanelle lo notó y le dio una última sonrisa altanera lateral derecha. Pasó su lengua por cicatriz y desapareció hacia su box. Ella hizo lo propio intentando comprender algo de todo este reciente tornado de información silenciosa.

“¡Veamos!” Los ojos avellana recorrieron todos los mecánicos parados alrededor del auto. Levantó su dedo hacia uno de ellos. “Tú. ¿Cómo te llamas?”

”Yo soy Bear.”

”¿Bear? ¿Me estás jodiendo? ¿Tus padres te querían?”

”Me quieren. Mucho. Aún están vivos.”

”Aleluya. Carajo. ¿Tienen algún fetiche con los osos o qué?”

”En realidad mi nombre es Benny. Pero me dicen Bear.” Villanelle crispó su rostro en falsa ternura.

”¿Benny? Esta mierda está cada vez peor. Serás mi mecánico jefe.”

”¿En serio?” Abrió sus ojos en compañía.

”Sí. Ahora ve a masturbarte.” Dio media vuelta para ir a su salón privado. “Desde aquí se huele tu virginidad. Mierda.”

"Pero, ¿No debes pedirle permiso a Carolyn?"

"Aquí el único Dios soy yo. Felicitaciones por el ascenso. Seguirás ganando lo mismo y trabajarás el doble."

La primer práctica libre dominada por Eve con tiempos de 1:32:207 en promedio. Segunda Villanelle. Tercera Nadia.

La segunda en los mismos términos.

Pese al huracán de emociones por lo acontecido con Hugo, Eve sentía que la aguja de los segundos corría a toda velocidad, a veces más rápido que el W12. Debía expandir su fertilidad de victorias en la temporada. Una Villanelle débil o fuera de foco para ella poco menos que agua en el desierto.

Rusia le brindaba una oportunidad única y rica.

En medio de la noche del viernes al sábado en su trailer, la británica pensaba lo acontecido. ¿Podría Hugo ser el culpable de sabotear el auto de Villanelle? ¿De su propia piloto? Hugo que siempre había sido de plena confianza para ella. Y ahora se había ido. La rubia le había mostrado la puerta y se había ido.

Al cerrar sus ojos para entrar en sueño la imagen de lo ocurrido en Azerbaiyán se abalanzaba sobre ella. Villanelle cerca de ella, a pocos centímetros de besarla. Mostrándole superioridad y autoridad. Casi jugando con su carne. Arrugó su cara en asco y giró en su cama buscando deshacerse del recuerdo.

Podría haberla doblegado, golpearla, hacerla sangrar, hacerla llorar, hacerla sufrir. ¿Matarla? Demasiado. Quería que Villanelle pague todo. Cada una de sus cuentas. Cada acto lleno de mierda de ella.

Suficiente.

Debía dormir. Y este no era el camino. Sobretodo cuando las venas de su cuello se exponían y se marcaban. Eve se tranquilizó y se prometió una cosa.

Pase lo que pase, jamás quedaría en ese lugar sumiso e inferior. Eve era tetracampeona. Ella era una simple novata. Nunca más.

Sábado.

La cabeza de Eve se expandió. Villanelle seguía sin estar cómoda. Y la tercer práctica libre había marcado la diferencia. La última campeona volvía a estar en la cúspide de todo.

Villanelle caminaba por el pitlane bebiendo agua cuando Raymond la cruzó con el micrófono en alto. Ninguno de los dos se detuvo.

"Villanelle, ¿Podrías decir por qué la superioridad de tu compañera en este circuito?"

"No me preocupa. Tu hija a veces cree que esta en control conmigo en la cama, sin embargo después la doy vuelta y le enseño quién está al mando. No se queja igual. Creo que ella y Eve pueden tener muchas semejanzas. Lárgate, idiota."

Dentro del cockpit la rubia se tomaba la parte baja del casco, pensando. Su estadía en Sochi estaba siendo pastosa. No encontraba otra definición. No había podido tener sexo. Hèléne había desaparecido del radar pese a tener una excelente noche juntas. Todo en Rusia era gris. Y ella odiaba ese color.

"Villanelle, todo listo para la clasificación. ¿Lista?" Le habló Kenny por su radio.

"Sí."

Un giro en la primera etapa, y dos en la segunda le bastaron para posicionarse en la tercera ronda de la clasificación. La rubia se movía molestamente en su cockpit antes de salir para la tercer y última etapa. Algo dolía. Una espina. El aire. El calor. Todo.

Aceleró con dolor sobre el circuito. Una vuelta y su tiempo fue de 1:31:404. Eve por delante con algo menos.

Cambió nuevamente a neumáticos super suaves y salió. Luchó contra cada curva para lograr 1:31:398. Eve 1:31:304.

"P dos, Villanelle. Felicitaciones. Buen trabajo allí."

"Carajo." El tono no denotó enojo sino cansancio.

Luego de cenar, Villanelle caminó hacia su trailer. En medio de las calles deshabitadas, y ya la ciudad anochecida, frenó allí en medio de todo los bloques a su alrededor. Dentro de ella hacía todo lo posible para encontrar algo de comodidad allí. Aquello que había sido su hogar y que ahora, incluso a kilómetros, no encontraba ningún sentido de pertenencia.

La bronca fue tal que subió desde los pies hasta la cabeza. El ritmo de Eve era arrollador. No podía relajarse ni por un segundo. No podía respirar. Era eso, no podía respirar allí. Empezó a enroscar sus manos en escalera, trabajando más de lo habitual en su respiración, arrugando su cara y cerrando con fuerza sus ojos. Eve había hecho un pacto con Rusia para arruinarla enteramente. Los espasmos subían y ahora cruzaba sus brazos frente a su pecho, casi como un ataque.

"¿Quieres agua?"

Villanelle volteó para encontrar a Eve parada con sus manos en los bolsillos de la campera de Mercedes. El viento soplaba de forma molesta en Sochi. La observaba con atención.

"¿Por?"

"Digo, por el ataque que estas sufriendo. Casi como en el casamiento." Dijo con cizaña. Movió sus manos con la tela para señalarla.

"Púdrete."

"Lo sabes, ¿Verdad?" Alzó una ceja en respuesta, sin saber a qué se refería. "Tarde o temprano averiguaré quién eres."

Villanelle empalideció por lo tajante de su respuesta. Se recompuso como mejor pudo y respondió.

"Si fuese tú pondría más empeño en como superarme en el campeonato sin manosear mi vehículo. Tramposa de mierda."

Sin darle lugar a responder, desapareció hacia su trailer. Allí dentro puso la canción 88 con sus ojos cerrados. Para ella la dupla rusa era el perfecto grito de rebeldía en tierras foráneas.

 

 

 

La modelo estaba parada frente al W12 de Villanelle. Rubia, vestido corto azul, ojos verdes enfocados. Entre sus manos llevaba el cartel que anunciaba el automóvil y la pilota.

"¿Quieres subirte?" La voz resonó detrás de ella. Villanelle se acercaba con sus lentes puestos y caminata seductora. "Va rápido y tendrás calor. Casi como si estuvieses conmigo."

"YA ne lyublyu devushek." El semblante de Villanelle cambió drásticamente, haciendo caer sus rasgos.

"Pero no has probado esta."

"Vy zakonchili?"

"Hija de puta."

"Las pilotos por favor, acercarse para entonar el himno nacional de Rusia." La voz indicó por los parlantes para que todas se reunieran delante de la larga fila de autos.

Cuando la voz empezó a entonarse por los parlantes, Eve se inclinó para observar a Villanelle.

La clásica pose respetuosa con sus manos detrás de su espalda ahora era reemplazada por ella mirándose las uñas y parada casi desaliñada, apoyando el peso de su cuerpo sobre una pierna y sus brazos cruzados en su pecho. No cantó. No miró la bandera rusa alzarse en el mastil. Simplemente se dedicó a cerrarse en su burbuja y escupir al suelo durante la entonación.

Cinco minutos para el arranque. Kenny notaba a la rubia tan fastidiosa que ni siquiera se animó a acercarse a ella para consultarle por qué no escuchaba música antes de la carrera. A lo mejor la ayudaría. O no.

El público ruso no era efusivo, no luego de la actitud de la estrella principal de la grilla hacia con ellos desde el primer momento. Generalmente estarían pegados al alambrado buscando acercarse a ella o tomando fotografías. Nada de eso ocurría.

Villanelle buscaba los últimos vestigios de concentración antes del comienzo. En realidad, desganada. No quería correr allí. Eve la miraba a pocos metros en diagonal delante de ella con su pole position.

Las gradas se llenaban de gritos hacia las competidoras pero hubo uno en particular que descolocó a Villanelle. Uno que la hizo abrir sus ojos y girar rápidamente hacia el público. La británica fue primer testigo de su extraña actitud.

Los oídos afilados de Villanelle habían escuchando muy bien el grito a pocos metros.

"¡Oksana!"

Los ojos revolotearon de persona en persona, intentando encontrar a alguien familiar entre la multitud.

Y la encontró.

Los iris avellana se abrieron ante la melena morocha que sobresalía entre algunos fanáticos. El pecho de la rubia se achicó y su mandíbula se desprendió solo para susurrar por lo bajo para sí.

"No puede ser. Anna."

Chapter Text

                Sochi Circuit

Villanelle salió corriendo hacia el alambrado. Anna se hizo espacio como pudo entre los fanáticos que estaban cerca. 

"¡Anna! ¡Anna! ¿¡Eres tú!?"

"¡Eso debería preguntar yo!"

A distancia Eve miraba la charla entre las dos mujeres. Anna filtró sus dedos por los huecos del alambrado y Villanelle buscó el contacto desesperada. Apoyó su mejilla cerrando con fuerza sus ojos, casi con dolor. La mujer en el público estaba cerca de largarse a llorar.

"¡Mírate!"

"Anna, por favor. Ten cuidado con mi nombre."

"Lo sé, perdón. Pero necesitaba que me vieras." Villanelle volvió a apoyar su frente al alambrado. Anna la imitó.

"Necesito hablar contigo. Necesito saber cosas."

"¡Yo también!" Los dedos buscaron tocar apenas el rostro de la piloto. "Necesito saber qué pasó." Los ojos marrones se dirigieron hacia su cicatriz.

"Anna, está por arrancar la carrera. No tengo mucho tiempo. Necesito verte luego." Alzó su cabeza para mirar a su alrededor. Volvió hacia ella. "No quiero avisarle a nadie aquí que te haga pasar. Preguntarán."

"No estaré mucho tiempo aquí en Sochi. Debo volver a Moscú esta noche en tren."

"Cancela el viaje. Te pagaré el avión." Pensó a toda máquina a sus adentros mirando el césped a sus pies. "Encuéntrame en la entrada posterior. Hay mucha seguridad y molinetes pero encuéntrame allí, por favor."

"Tranquilízate." Los ojos de Anna desprendieron lágrimas de felicidad. "Te esperaré allí cuando tiempo necesites. Ya sabes lo que visto."

"Intentaré deshacerme de todos los compromisos rápido. Recuerda. La entrada posterior."

"Si no me encuentras haré todo lo posible para entrar a los trailers." Villanelle sonrió con tristeza. "Ahora ve, y danos un buen espectáculo Oks..." La mirada de la rubia fue severa. "Perdón. Villanelle."

"No tenía ganas de correr aquí."

"Ve y demuéstrales quién eres... Flash." Rió de manera deforme hacia su derecha y cerró sus ojos.

"Flash." Se tomó otros segundos y apretó con fuerza los dedos de Anna. "Te veo en un rato."

"Tienes todo para ganar. Vete."

La morocha con su melena se obligó a dar un paso atrás, adentrándose en el público y dejando en paz a la piloto.

Volteó con una mirada depredadora hacia su monoplaza y se acercó con fuerza a su ingeniero. Sin mediar palabra colocó sus protecciones y su casco. Dentro del cockpit Kenny vio el dibujo provocativo en la parte superior. Un pequeño dibujo animado de Villanelle miniatura animada dando la espalda, sosteniendo un aerosol negro y habiendo marcado una cruz sobre una bandera rusa. Sonreía por encima de su hombro derecho.

Konstantin a su lado también vio el dibujo y se acercó a ella con su visera abierta.

"Villanelle, Putin está aquí mirando la carrera. Entregará los trofeos."

"¿Y por qué no me has dicho antes? Así traía mi maldito lanzallamas."

"¿Por qué has hecho eso con tu casco?"

"Le tuve que pagar una buena moneda con sexo a la dibujante. No me rompas las tetas, gordo. Si gano esta carrera le escupiré en los ojos a ese hijo de puta homofóbico."

"Cuida tu vocabulario en la radio. Escuchará." De un movimiento rápido tomó la cara de su ingeniero con su palma abierta y lo empujó con saña hacia afuera.

Todos los mecánicos se alejaron para que los vehículos dieran la vuelta de reconocimiento. Eve se detuvo perfectamente sobre la línea de su primera posición. Semáforos en rojo y se apagaron. Comienzo del Gran Premio de Rusia.

El lado derecho de la recta principal del circuito era aquel que siempre se encontraba sucio, lleno de caucho desprendido por los neumáticos Pirelli. La tracción costaba aún más pero no importó para Villanelle. Dos segundos después su monoplaza asomaba su nariz por encima del de Eve. Con la primer curva suave a la izquierda seguía ganando algo de terreno por encima de la británica. Llegaron a la segunda curva y el auto de Villanelle quedó situado en el lado externo de la larga curva. Facilitando su trabajo, Eve se aseguró el trayecto interno con más chances de llegar primera a la quinta curva. Acelerando a fondo su monoplaza no hubo caso. La tracción de Villanelle seguía siendo mejor, incluso por afuera la superaba poco a poco, rueda a rueda a lo largo de la extensa curva 4. Todos los espectadores mirando los movimientos de ambos Mercedes.

Tomando la curva 5 la rubia aseguró su primer puesto. Anna saltó de su asiento con sus brazos al aire y gritando junto algunos fanáticos. Carolyn sonreía.

Bill sobre su estación miraba preocupado las pantallas y escuchaba en sus audífonos los insultos de su piloto.

Villanelle cubrió bien su espacio en las curvas 9, 10 y 11. Aquellas en las que sabía que Eve podía ajustar su motor para sobrepasarla. Luego de las primeras dos vueltas el monoplaza '1' tomaba distancia en la delantera.

"Excelente trabajo en esa largada, compañera. Solo ten cuidado cuando en la próxima vuelta se habilite el DRS. Eve podría atacar con eso."

"Copy." Respondió de forma seca. Kenny y Konstantin se miraron de manera cómplice e intentando dilucidar la falta de comunicación eufórica o cómica.

Ante las indicaciones de sus ingenieros, Villanelle aceleró por encima de lo normal su W12. Eve veía como el alerón trasero frente a ella poco a poco se alejaba. Ajustó con rabia su monoplaza. Al cabo de tres vueltas sin perderle pisada a su compañera de escudería se dio cuenta que sus neumáticos estaban degradándose fácilmente. Abrió su radio.

"¡Bill iré segunda!"

"Es temprano aún para eso Eve. En el giro catorce lo analizaremos."

"¡Mantente alerta, carajo! ¡Ya perdí la posición! Tengo que recuperarla."

"Descuida compañera. Esto recién comienza." La voz profunda y calmada de Bill fue un simple disfraz. Su rostro reflejaba nada más que preocupación por el tono y el insulto de Eve.

Vuelta 14. Kenny habló.

"¿Cómo sientes los neumáticos?"

"Puedo correr las veinticuatro horas de Le Mans. Cuatro vueltas más, mínimo."

"Si quieres empuja fuerte para sacar diferencia. Tienes a Eve a siete punto ocho detrás."

"¿Cómo está con sus neumáticos?"

"Crítica. Parará en cualquier momento."

Eve abrió su radio.

"Dame buenas noticias. Ya no tengo mucho resto."

"Entrarás dentro de poco. Estate atenta."

"¡Dije que quería entrar segunda!"

"No llegarás. Es mejor continuar con la estrategia pautada y conseguir el mejor lugar posible para este ritmo."

"¿¡Este ritmo!? ¡Púdrete Bill! ¡Púdrete!"

Apelando a su coraje, Eve no dejó que la líder se escapara de su vista. Durante la vuelta 16 salió de la curva 11 y aceleró por sobre la 12 y la 13. En medio de su rabia miró con atención por su espejo retrovisor izquierdo.

El neumático trasero de ese lado dijo 'basta'. La cinta de caucho empezó a temblar hasta que salió desprendida hacia el aire producto de la tracción. Como consecuencia el W12 bajó raudamente la velocidad.

Bill abrió sus ojos hacia las pantallas y volteó hacia los mecánicos que estaban pendientes de los monitores con preocupación. En una descarga de adrenalina tomaron los cuatro neumáticos de compuesto duro y se alistaron para esperarla en el pitlane.

"Entra a box Eve."

"¡Ya sé, carajo! ¡Ya sé!"

El tiempo entre la primera y la segunda pasó de casi ocho segundos a quince y en aumento. Eve maniobraba con delicadeza, casi empujando su monoplaza hacia la calle de entrada al pitlane. Las inmediatas perseguidoras pasaron a su lado alta velocidad. Cuando volvió al circuito se encontraba en la posición número 11.

Si bien la mayoría de ellas tenían que entrar a cambiar sus neumáticos, Eve ahora tendría que luchar para estirar la vida útil de los duros hasta el final de la carrera. O, caso contrario, rezar para que hubiese bandera amarilla por algún accidente.

Villanelle compitió en una carrera completamente paralela. Ingresó a pits en soledad como líder en la vuelta 19 y cuando salió seguía en la misma posición, perseguida a largos segundos por Nadia, la local.

Habló poco y nada con sus ingenieros. Sólo le pidió a Kenny durante la vuelta 31 la canción 127.

El cielo ruso poco a poco se cargó de nubes. No claras, sino oscuras. Amenazantes.

Eve, peleando con la impunidad, el auto y el ambiente desfavorable, abrió su radio.

"¿¡Lloverá!?"

"Estamos revisando constantemente el tiempo meteorológico. Si llueve será hacia el final de la carrera. En quince minutos. Cerca de la vuelta cuarenta y uno."

"¿Cambiaremos neumáticos?"

"Veremos la intensidad de la lluvia. Te lo haré saber. P siete al momento. Sigue empujando."

Confiando en la inminente lluvia, Eve aceleró en el circuito aumentando el desgaste de sus neumáticos. En cuatro vueltas pudo escalar dos puestos ubicándose en el quinto provisional y a más de siete segundos de Elena.

Las primeras gotas cayeron en la vuelta 40. Kenny giró hacia su espalda y estiró su mano hacia fuera del techo, encontrando tres gotas en su palma.

"¿La llamamos cuanto antes?" Le preguntó a Konstantin.

"No."

"La lluvia. Konstantin, quedan menos de trece vueltas. No llegará."

"Y dime, ¿Qué neumático quieres ponerle? ¿Intermedio de lluvia o mojados?" Hizo referencia a los neumáticos verdes y azules, ambos utilizados en momentos de mal clima.

"Esperaremos ver la intensidad. Si es alta irán los Wet, sino podemos estirar los intermedios hasta el final."

"No cambiaremos neumáticos." El canoso revisó el cielo una vez más y activó su radio. "Hay gotas. Quedan algo más de doce vueltas. Termina esto de una vez."

"Lo veo. Copy."

Kenny abrió su radio.

"Si la lluvia aumenta tendremos que llamarte." Konstantin lo miró de manera fría.

"¿Están teniendo problemas maritales, mis hermosas mierdas diarreicas? No pararemos."

"Podría ser peligroso Villanelle."

"Déjame contarte una historia. Había una maldita vez, una maldita hija de puta que tuvo una maldita hija en este maldito país. Esa maldita estúpida, ¡Creció!, en ese maldito país con su maldito tiempo meteorológico. ¡Así que no me vengas a decirme cuándo va a llover y cuándo va a salir el sol! ¡Cállate! ¡Cállense ámbos! ¡Malditos inservibles hijos de puta!" Kenny alejó apenas sus auriculares ante los gritos y el motor rugiendo de fondo.

"Aquí mandamos nosotros. Déjanos." Konstantin se dirigió al hombre, apoyó una mano sobre su hombro y le regaló una mirada llena de confianza.

Vuelta 43. El asfalto estaba mojado y la lluvia moderada no daba tregua.

"Eve, quédate atenta, te llamaremos a cambiar neumáticos." La británica escuchaba de fondo los autos pasar a las espaldas de Bill. El desfile de monoplazas empezaba en el pitlane para poner neumáticos de lluvia intermedios, otros wet.

"¿Villanelle cambiará?"

"Creo que sí. La lluvia va en aumento."

"Me está costando tener buen grip. No puedo sobrepasar. La línea de carrera está algo seca pero el resto no. Corro riesgo de despistarme."

"Copy. ¿Cómo lo ves? ¿Azules o verdes?"

" Fíjate si aumentará la lluvia, de no ser así c on los intermedios estaremos bien."

Vuelta 44. Eve tomó la curva 15 y le habló su ingeniero.

"Box box. Vamos por intermedios."

"¿Villanelle entró?"

"No aún."

El monoplaza ingresó, se alzó y los neumáticos blancos fueron removidos por los verdes. Para cuando Eve salió al circuito nuevamente se encontraba en la octava posición.

"Bien compañera, empuja duro. Cuatro vehículos delante tuyo aún no han cambiado y deberían parar."

"¿Por qué no han cambiado? ¡Por favor dime que ella entrará!"

"Creo que sí. Rhian se encuentra a seis punto cuatro. No cambió neumáticos."

Vuelta 46. La lluvia empezó a debilitarse.

"No puede ser." Susurró para sí Kenny estirando su mano nuevamente para comprobar las débiles gotas. Miró las pantallas para ver los tiempos. Villanelle primera. Segunda Nadia con más de veinte segundos detrás.

"Por algo te hemos dicho que no cambiaríamos." Respondió Konstantin con ojos severos.

Eve abrió su radio.

"Dime que cambió neumáticos y que ahora se viene una lluvia torrencial. ¡Dímelo!" Bill entendió que su piloto se había dado cuenta de la lluvia débil que adornaba Sochi.

"Hubo cambio de pronóstico. Casi todos los equipos están descolocados. Empuja fuerte en la recta final."

"¿¡Diferencia!?"

"Rhian se encuentra a siete punto dos."

"¡Se está alejando con neumáticos lisos! ¡Vete a la mierda, Bill!" El ingeniero en su estación frotaba su frente ya derrotado.

Vuelta 53.

Anna se paró de su asiento en la tribuna principal. La nariz negra del Mercedes de Villanelle tomaba en soledad la curva 19 directo a la recta principal. Pasó a máxima velocidad bien cerca de las gradas y apuntó con su dedo al sector donde, seguramente, se encontraría Anna. Luego alzó su puño envuelto en el guante azul.

Ganadora del Gran Premio de Rusia: Villanelle Astankova. Eve quedó en octava posición fuera del podio. Segunda Nadia. Tercera Elena.

En el podio, con las tres vistiendo los clásicos gorros de invierno rusos, el presidente Putin se acercó para entregar cada trofeo con semblante serio. A su lado se encontraba el guardia de seguridad sosteniendo un paraguas hacia el primer ministro.

Nadia saludó a su presidente con euforia contenida y orgullo. Cuando se aproximó a la ganadora, ésta previamente y de manera imperceptible arrastró su mano derecha por su frente, juntando en su palma restos de sudor y algo de mugre. Seguido le estrechó esa misma a Putin con una sonrisa lateral amarga. Él no sonrió.

"Pozdravleniya." Entonó con gravedad.

"Excusez-moi, je ne comprends pas. Qu'est-ce que vous avez dit?" Respondió simulando interés. El hombre solamente sonrió escuetamente y se alejó. Mientras lo hacía Villanelle lo acribilló con los ojos y susurró para sí cuando se retiró. "Homofóbico hijo de puta."

En cuanto pudo se quitó el sombrero ruso y se bañó en total soledad a sí misma con champagne. Quería irse pero no de la ciudad, sino a la entrada posterior.

 

 

 

Anna tenía frente a ella a pocos metros los tres molinetes de exclusivo ingreso al paddock. Era una de las tantas entradas y salidas al sector privado de pilotos y escuderías. Revisó una y otra vez los mapas alrededor del circuito intentando asegurarse que no se había equivocado de lugar.

El tiempo meteorológico había sorprendido a varios. Tres horas después de la finalización de la carrera la lluvia se había asentado en la ciudad de Sochi. Ahora caía con fuerza moderada y la temperatura había bajado drásticamente a unos doce grados Celcius. Anna no tuvo otra alternativa que hacer un pequeño techo con su campera de jean para no mojarse la cabeza. Debajo tenía su vestido azul de manga corta que le llegaba hasta las rodillas. Su rostro mostraba la irritación por el mal clima y se impacientaba.

La lluvia cesó inmediatamente. Pero no en Sochi, sino sobre ella. A pocos metros a sus pies seguía viendo el asfalto retumbar con la llegada de nuevas gotas. Volteó su cabeza para encontrar un paraguas lo suficientemente grande y de color negro. Vio una gorra vieja azul y blanca con la visera en rojo. En el frente tenía las siglas 'STP' con la frase 'Supreme motor oil'. De a poco se levantó para encontrar los ojos avellana de Villanelle y una campera negra impermeable de Mercedes.

Anna la admiró desde su altura, con varios centímetros de diferencia más pequeña. Llevaba una coleta baja desarreglada. Estaba algo húmeda pero no sabía si era por la lluvia o el sudor de la carrera reciente en sí. Se ocultaba con su gorra puesta y la observó con dudas. Sus manos se posaron por encima de su pecho intentando traer recuerdos de su pasado bajo el tacto. La palma derecha escaló por su cuello y acunó su mejilla.

"No puede ser." Exhaló largando una sonrisa de por medio. "Eres tú." Villanelle se inclinó hacia el contacto con una nueva mueca de dolor.

"Debemos hablar, Anna. Ven."

Cruzó un brazo por debajo del de ella y se dirigieron a los molinetes. Villanelle extendió su tarjeta magnética a un costado y se encendió una luz verde dando acceso. Dirigió con su brazo a Anna para que cruzara y luego apoyó su mano sobre el cabezal del molinete para saltar por encima de él. Inmediatamente un guardia de seguridad que se encontraba bajo techo se acercó a ellas.

"Miss, u vas dolzhen byt' VIP-propusk." Villanelle no le hizo caso y siguió hacia su trailer. El guardia dio dos zancadas hacia ella y la tomó del brazo. "Ostanavlivat'sya!"

Villanelle soltó su paraguas y retiró su brazo. Luego lo empujó lo suficientemente fuerte como para dejarlo en el suelo y lo miro con furia desde su altura. Por primera vez en mucho tiempo habló en su lengua nativa.

"Ne smey trogat' menya, sukin syn!"

"¡Villanelle! Para ya." Anunció Anna. A la rubia le parecía raro escuchar ese nombre en boca de ella. Volvió a enfrentar al guardia en el piso.

"Ona so mnoy. Ne preryvayte."

Sin dar más explicaciones tomó su paraguas y llevó a Anna hacia la entrada de su trailer a unos cuantos metros. Una vez allí, ya sin la molestia de la lluvia, quitó su gorra y tomó el bebedor con bombilla a un lado. Sorbió con saña mientras la visita revisaba el motorhome. Silbó en sorpresa por los lujos.

"Está hermoso. Felicitaciones."

"Gracias." En un silencio incómodo, Villanelle revisó a su alrededor. "Siéntate. Déjame prepararte algo para beber." Giró hacia su refrigerador y vio un batallón de bebida energética en lata. "Tengo bebida energética." Buscó algo más balbuceando sin éxito. "Carajo. Sino, puedo prepararte un té. O café. Debe haber algo por aquí." Volvió a sorber a medida que abría las puertas de su pequeña cocina.

Anna, a paso lento y con una sonrisa encerró su mano sobre la muñeca de la rubia.

"Nunca fuiste buena para esto. Déjame, yo me encargo. Tú siéntate, debes estar cansada." Con ojos misericordiosos Villanelle volvió a sorber su bebida y se alejó. "Y sedienta." Cargó algo de agua en la pava eléctrica y la puso a calentar. A un costado encontró algo de té.

"Estoy obligada, sino me desmayo."

"¿Por qué?" Volteó buscándola, intrigada.

"Pierdo tres kilos por carrera. Debo hidratarme para recuperar energías y los energizantes son buenos."

"¿Tres kilos en una hora y media? Pásame esa dieta, la necesito."

Las dos rieron débilmente. Anna preparó su infusión y dio un suave recorrido al trailer. Arriba de una mesa estaba el casco de Villanelle con su dibujo vandalizando la bandera rusa.

"¿Así de enojada estás con la Madre Rusia, Flash?" Volvió a sonreír pero la rubia no la imitó.

"No quiero saber nada con este país. Soy casi alérgica. Además, cuanto menos tiempo pase aquí, mejor es." Anna se puso seria y acarició el casco a medida que bebía.

"No me puedo imaginar lo que ha ocurrido allí dentro luego de que me fui." Villanelle enfrentó al piso, negando. Sorbió más de su bebida y cerró sus ojos, cansada.

"Me has enseñado inglés, francés, incluso alemán." Volvió a mirarla y susurró con tristeza. "Pero nunca suomi."

Anna se dejó llevar. Exhaló débilmente y automáticamente sus ojos se cristalizaron.

"En osaa puhua suomea niin paljon. Olitko siellä?" Juntó sus labios con un resabio de bronca y tristeza.

"Tú no sabes lo mal que la he pasado, Anna. Estoy viva de milagro y he tenido mucha suerte. Incluso hoy al encontrarte." Dejó la taza sobre la mesa y se arrodilló frente a Villanelle para buscar sus ojos.

"¿No crees que era hora de que tengas algo de suerte?"

"Temo que se me acabe en cualquier momento." Respondió con nostalgia.

"Aguarda aún, mantenla. Iré al casino contigo a ver si me contagias un poco." Volvieron a reír y se quedaron unos segundos en silencio. Anna prosiguió, rescatando recuerdos. "Tu caso era increíble. Superdotada y analfabeta al mismo tiempo, nunca vi algo así."

"Hace años que estoy intentando recuperar el tiempo perdido. Absorbiendo un nivel de información para que no parecer retardada o con problemas mentales." La mano de la morocha se estiró para acariciar su rostro.

"No lo eres." Hizo una nueva pausa. "¿En dónde estás ahora mismo? ¿Cómo lo estás haciendo?"

"Con enciclopedias. Estoy con matemática cerca de terminar lo básico. Compro libros escolares por materia pero no quiero encerrarme solo en eso. A veces me canso de leer entonces miro películas o escucho música." Asintió con confianza y eso alivió a Villanelle, pensando a sus adentros si estaba bien o no el método.

"¿Y películas?"

"El otro día vi Titanic." Anna rió. "Según lo que leí podían entrar ambos en el mueble al final. Odio a Kate Winslet, es una egoísta de mierda, y eso que no me caen bien los heterosexuales empedernidos. La siguiente que tengo que mirar es 'Taxi driver'. Me gusta Robert De Niro."

"Y te gustará esa película. Es muy tú." Se acomodó mejor con sus piernas en el suelo pensando bajo la atenta mirada de Villanelle. "El año pasado, en diciembre, me encontraba en mi casa y compré el periódico. Había una foto de dos autos de Fórmula Uno de colores distintos. Lo primero que leí fue el apellido Astankova. Tuve que buscarte en internet porque me parecía muy raro encontrar ese apellido después de tantos años relacionado con el automovilismo. Cuando te vi no lo podía creer. Te seguí el rastro hasta que firmaste con Mercedes y sabía que venías a Rusia. Ahorré cuanto pude y así conseguir la entrada para la carrera, no son para nada accesibles en precio."

"Te lo devolveré."

"No es necesario. Valió la pena. ¡Has ganado! Pero, ¿Por qué has mantenido tu apellido?" La rubia sorbió con fuerza y levantó su mirada, perdida en el trailer.

"Quería que de alguna manera se entere de lo que había sido capaz. De lo que soy."

Volvió hacia Anna que tenía sus ojos clavados en la marca de su labio. Extendió una mano acunando su mejilla izquierda y el pulgar se escurrió a la cicatriz, acariciándola. Villanelle apretó la quijada haciéndoselo notar.

"¿Qué pasó?" La mirada de la piloto se volvió oscura.

"Las cosas no tuvieron final feliz."

"¿Nadie te ha reconocido incluso con tu apellido?"

"¿Crees que alguien de allí podría estar interesado en este mundo de maniáticas?" La voz salió con dolor.

Movió su cabeza alejándose del contacto. Anna se incorporó y tomó su té respetando el tiempo fuera que solicitó la piloto. Aguardó a que volviese a buscar información por sí misma.

"¿Es verdad lo que dicen? No he ido pero, ¿Hay una lápida? ¿Estoy muerta, Anna?"

"No lo sé. No la he visto y no sé si quisiera hacerlo incluso. ¿Acaso tú si?" Villanelle exhaló negando y volvió a sorber su agua. "¿Cómo lo sabes?"

"He buscado noticias con internet en papel de los periódicos de Moscú. Encontré una pequeña columna." En respuesta Anna solo alzó sus cejas.

"No creo que necesites eso. Has empezado de nuevo y te va muy bien. Lo que no entiendo es por qué sigues corriendo. Sólo deberías plantarte y mostrar-"

"No es algo que discutiré contigo." La rubia se levantó para mirarla con ojos sombríos.

"¿En serio? Te creía más inteligente que esto. Simplemente estás dejando que se salga con la suya." Un golpe a la pequeña mesa entre ellas resonó en el ambiente.

"¡Te he dicho que lo dejes!" Anna dio un pequeño salto interior y la admiró con ojos abiertos. Luego de unos segundos respondió con voz neutra.

"Tú no me obligarás a nada." Tres pasos le bastaron a Villanelle para acercarse a ella y mirarla desde su altura de manera intimidante.

"¿Segura?" Los pasos siguieron hasta que su espalda golpeó contra una mesada. Reseteó su mente para responder de una forma que nunca hizo.

"No me hagas decirle al resto del mundo quién eres." Villanelle no retrocedió, pero la frase generó un eco de rabia en ella. De un latigazo golpeó la mesada a su lado, asustando débilmente a Anna.

"¿Me estás amenazando?"

"No." Dijo casi de manera automática. "Sólo te estoy advirtiendo. No pasarás encima mío. Ya no soy de tu patrimonio y me tratarás de igual a igual." Se generaron otros segundos de silencio y Anna atacó al lugar más débil. "Como antes. Tú y yo."

El remolino de recuerdos quitó el aire en los pulmones de Villanelle. Parpadeó repetitivamente, buscando concentrarse en el allí y ahora. Se alejó y buscó nuevamente su bebida. Anna dejó que sus sentimientos bajaran, no estaba apurada.

"¿A qué te dedicas ahora?"

"Lo mismo de siempre en cantidad justa. No sabes lo que me costó llegar aquí. Mi economía no es la mejor pero necesitaba verte."

En un acto de lucidez Villanelle volvió a mirarla con aire esperanzador.

"Sal de aquí, Anna. Ven conmigo. Tendrás una vida mejor. Rusia, e incluso todos estos hijos de puta, no te merecen." El insulto hizo soltar una sonrisa a la mujer mayor.

"Rusia no me merece. Puede que tengas algo de razón. Pero aquí tengo todo, Villanelle. No puedo imaginar vivir en otro lado." Para insistir la piloto volvió a pararse y tomó su cara entre sus manos.

"Por favor."

El cruce de miradas habló por sí solo. Intenso. Anna se vio obligada a describir un código nunca antes visto. Ante la falta de respuesta, Villanelle prosiguió en su tornado de sinceridad luego de tantos años.

"Eres la única mujer de la cual me he enamorado."

La declaración fue una sorpresa para Anna.

En cierta medida se lo esperaba pero no de manera tan punzante. El pasado y el presente la aplastaban con fuerza. Como reflejo su cabeza se torció hacia un lado y otro. Seguido apretó sus labios con saña, casi mostrando lástima.

"Perdóname." Dio un suave paso hacia atrás y Villanelle no necesitó más aclaración. Con tono orgulloso buscó posicionarse nuevamente de la mejor manera.

"Pero eres intocable para mí ahora." Marcó una suave sonrisa, casi amarga. "El pasado es el pasado, Anna. Vivo en el ahora."

Anna tenía ganas de responder de manera punzante, remarcándole que no es el 'ahora' precisamente en donde Villanelle vive. El pasado siempre iba a estar más latente, para la una y la otra. Al fin y al cabo estaban allí, paradas frente a frente por culpa del pasado y sus recuerdos.

"Es bueno saberlo."

Villanelle sonrió y volvió a sentarse con su bebida. Anna hizo lo propio a su lado. Al notar que el silencio corría peligro de no tener límites esclarecidos, extendió su mano buscando el rostro de la piloto y encontrando sus miradas.

"Mira en lo que te has convertido, Villanelle. Siempre debes estar muy orgullosa."

"Es lo que tú me has hecho, Anna. Todo esto..." Revoleó sutilmente sus pupilas en el lugar. "Es por ti. Me has dado alas. Me has hecho libre." Anna le regaló otra sonrisa amable y llena de confianza.

"Te sienta muy bien esta libertad."

Todo rastro amabilidad se vio truncado cuando la expresión facial de Villanelle dio un giro de ciento ochenta grados y su voz salió más profunda.

"Pero no soy la única que la necesita."

"¿A qué te refieres?"

Miró sus pies con las zapatillas Puma azules ignífugas repiquetear contra el piso de madera. Aún no había podido desprenderse de las prendas de la carrera. Tomó una buena cantidad de aire para responder.

"Quiero ayudar."

Anna no necesitó ninguna aclaración. Quería reír porque luego de tanto tiempo volvía a ser capaz de leer a Oksana en su silencio, como si los años no hubiesen transcurrido. Al fin y al cabo era así como ella había podido descifrarla: entendiéndola con su silencio y su escudo activado permanentemente.

Antes de que pueda responderle, siguió.

"Pero necesito a alguien de confianza. Y eres la única que conozco."

"No me iré de Rusia." Advirtió de antemano.

"Bien por mí. Lo haremos aquí. Me molesta dejar mi dinero en este país de mierda, pero lo haré. Podemos discutir los detalles."

Tenían tiempo de sobra para ello.

 

 

 

Eve tenía dolor de cabeza. La ponía de los nervios ello. El sonido de la lluvia no ayudaba. En vez de tranquilizarla para ayudarla a descansar brevemente antes de tomar la cena, la alteraba. Como si su motorhome estaría siendo asaltado por un grupo comando con sus ametralladoras.

Cerró la tapa de su laptop frente a ella y apoyó sus dedos sobre la frente, buscando concentrarse en su descanso.

No hubo caso. Su videollamada a su marido había sido escueta y con una desidia que, ambos eran conscientes, era raro que ocurriese. Niko apostaba a hablar con ella cuando regresara a casa. Eve, sin embargo, apostaba a buscar un equilibro a toda esa masacre mental que estaba golpeándola con fuerza y, a la vez, desprolijamente como un niño con su piñata de cumpleaños y sus ojos vendados.

No sabía si era la derrota lo que la frustraba. O el hecho de no poder haber estado en el podio. O alejarse en puntos de la líder. El foco de Eve estaba en ella, Villanelle. Y los pilares de sus interrogantes eran muy fuertes.

No sabía si el talento de Villanelle tenía límite alguno. No sabía si el auto estaba ensamblado de otra forma que lo haga más veloz. No sabía si su arrogancia era precisamente lo que más la lastimaba. Tal vez si Villanelle fuese una competidora seria que se tomara su trabajo de tal manera, ella podría tener las cosas más claras.

Nada ayudaba. Eve ya estaba cansada de resetear su mente. En las pocas carreras de la temporada lo había hecho una, y otra, y otra vez. Y dentro suyo sabía perfectamente que eso le había traído un grave problema interno: poco a poco se estaba rompiendo y saboteando a sí misma.

Se enroscaba tanto que no sabía si el problema era ella o Villanelle. O Londres. O su marido. O su monogamia. O su maldito monoplaza. O tal vez su pie derecho de mierda que sólo tiene una función: apretar el acelerador.

La mejor salida de todo ese fin de semana del infierno era descansar y para eso, luego de una merecida ducha en su trailer, necesitaba cenar.

Sin siquiera cubrirse de la lluvia, se dirigió al cubo negro y calypso con el comedor y las oficinas de Mercedes. Se sorprendió de no encontrar mucha gente allí. Revisó su reloj: diez de la noche. Largó un suspiro y tomó una bandeja de un costado. Revisó los contenedores de comida frente a ella analizando que servirse.

Un cuerpo algo más robusto que el suyo se plantó a su lado con una bandeja repleta de comida y buscaba algo más. Giró para encontrar la melena muy parecida a la de ella concentrada en la comida.

Era la mujer con la que había hablado Villanelle antes de la carrera. Tragó con fuerza y la analizó de pies a cabeza. A la altura de sus costillas se encontraba colgada la credencial de acceso. En la fotografía estaba la piloto rubia torciendo sus labios y levantando su dedo medio a la cámara. Había usado el pase para entrar al comedor.

"Tú." Susurró llamando la atención de Anna. Volteó mirándola y sonriendo pero no le respondió. "¿Quién eres tú?"

La voz salió picante, casi como si ese sector solo estuviese habilitado para las dos pilotos y nadie más. Anna se sintió algo ofendida por la pregunta grosera. Automáticamente se preguntó si haría bien o no en responderle. Sabía perfectamente que ella era la otra piloto pero no sabía qué clase de problemas podría haber entre ellas dos. Algo que Anna tuvo que procesar rápidamente era el hecho de la protección de Oksana bajo la cortina de Villanelle. Para ello lo mejor era dar un paso al costado y su cerebro lo procesó rápidamente con la respuesta.

"Chto ty skazal?" El ruso no sacudió a Eve.

"No me hables ruso. No me jodas. Me entiendes."

"YA tebya ne ponimayu. Ya. Russkiy." Hizo énfasis en las dos últimas palabras apuntándose a sí misma.

"Tú conoces a Villanelle Astankova." Eve apuntó la credencial a su lado. Anna siguió el juego sonriendo de manera infantil.

"Da, Villanel'. Pobeditel'." Levantó su pulgar en muestra de su felicidad.

Para no tirar más leña al fuego, Anna revisó su bandeja. Había suficiente para ambas y tenía todo lo que Villanelle le había pedido. Volteó y se dirigió a la salida por el pasillo. Eve miró a su alrededor que había un puñado de personas que aún permanecían, generalmente mecánicos que trabajaban hasta tarde. Soltó su bandeja y se dirigió detrás de ella para encontrarla en el pasillo de la salida.

"¿La conoces desde que estaba aquí en Rusia?" Anna paró su paso justo delante de la puerta de salida pero no volteó. "¿Quién es ella?"

Silencio. Eve lo sabía. Le estaba entendiendo cada palabra que le decía.

"¿Me entiendes verdad? No solo hablas ruso. ¿Quién es ella?" Anna siguió parada intentando buscar una salida y no solamente la que estaba frente a ella. Antes de que pudiese hablar, Eve siguió. "¿Qué ocurrió en Finlandia?"

El aire no pudo entrar en los pulmones de Anna. Eve vio que su espalda se había estancado. 

"No es una simple corredora. Tiene ataques de niña... autista. ¿Por qué odia a Rusia? ¿Por qué se fue de aquí?"

La tonalidad de Anna había bajado a un pálido preocupante. Agradeció no estar frente a Eve porque la hubiese leído en un santiamén. Disimuló de la mejor manera posible un rostro neutral y giró para enfrentarla.

El rostro de Eve estaba crispado, casi desesperado. Anna se dio cuenta que estaba enfurecida de buscar respuestas al gran incógnito llamado Villanelle Astankova.

Separó sus labios para hablar, o balbucear. No sabía. La cara de Eve cambió brevemente a esperanza. 

Un click metálico.

La puerta detrás de Anna se abrió mostrando la figura apenas mojada de Villanelle encontrando a ambas. Los ojos avellana revolotearon entre una y la otra. Frunció su cara y habló con voz podrida.

"¿Qué mierda pasa aquí?"

Chapter Text

Montmeló, Catalunya.

 

 

"¿Anna?" Llamó. Eve tomó nota del nombre y del cabello mojado de la rubia. Seguramente por la reciente ducha.

Anna giró para mirar a los ojos a Villanelle que tenía la atención fija en Eve. Un flipper de miradas entre las tres. Anna rogaba que se concentre en ella por medio segundo. Cuando lo hizo arrugó imperceptiblemente el rabillo de su ojo derecho, aquel que Eve no llegaba a ver. Acto seguido dirigió sus ojos para el lado de la piloto británica, adivirtiéndole pisar con cuidado con sus palabras.

"Villanel'. Kak raz vovremya. YA vstretil tvoyego partnera."

"Konechno. YA mogu eto zametit'." Respondió con ojos clavados en su rival.

"No." Susurró Eve. Perder la presión que había puesto sobre Anna, ahora sabía su nombre, la quebraba. No entendía el cruce de palabras locales.

"Ona ne govorit po-russki." Aclaró la rubia.

"Vy uvereny?"

"Da." Caminó a paso amenazante hasta quedar frente a Eve. Habló con una sonrisa en sus labios, dándose por ganadora y rescatando a su conocida. "Que raro verte en asuntos ajenos, Mitsubishi. Jamás lo hubiese imaginado de ti, en serio." Dijo con sobrado sarcasmo.

"Felicitaciones. Ya tienes a alguien nueva para montarte esta noche." Villanelle torció su cara.

"¿Y tú? ¿Tienes al bigote para montarte esta noche y consoltarte por la carrera de mierda que hiciste?" Giró su cara hacia el otro lado, levantó su mano derecha y juntó el dedo medio con el anular. "¿O te consuelas solita?"

"Al menos no necesito juguetes para darle un orgasmo a una mujer." La rubia soltó un resoplido con una risa oculta.

"¿Sabes cuantas veces cambiamos las marchas en una carrera como la que gané hoy?" Eve ajustó sus labios con rabia.

"Entre dos mil y cuatro mil marchas. Últimamente el promedio se inclina a tres mil cien." En respuesta alzó sus cejas, no sorprendida, sino marcando lo obvio. Movió al aire sus dedos con velocidad practicada como si pasara las marchas.

"Entonces ya sabes perfectamente que solo necesito de mis dedos." Le dio una nueva sonrisa lateral con un guiño. Eve volvió a revisar su cicatriz con asco. "Sayonara perdedora. Te veo pronto." Hizo dos pasos hacia la salida pero se detuvo y volteó. "¿Sabes? Te ves hermosa cuando te miro desde la altura de mi podio. Se ve mejor el pelo de mierda que tienes."

"Fíjate tú. Casi la misma cabellera de mierda que tiene ella. Qué coincidencia." Villanelle se quedó en blanco.

Con rostro ido a corta distancia de Eve escurrió su lengua hacia su cicatriz, que otra vez era espectadora en detalle del tic. Volteó para mirar a Anna que continuaba actuando con rostro neutro, simulando no entenderles.

"Ostav' yeye. Davay." Se limitó a decirle a Villanelle. Giró una vez más para la británica.

"Salvada por la campana."

Acto seguido ambas rusas salieron directo al trailer. Allí adentro, Anna aguardó que su acompañante comiera más de la mitad de su plato para hablar.

"¿Quién es ella?"

"Una marca de autos."

"Villanelle." La miró con sobrado hartazgo. "En estos momentos me gustaría tener una conversación con Oksana más que contigo."

"Anna, basta." Dejó su tenedor a medida que escarbaba la comida entre sus dientes. Se incorporó en la silla. "Es la piloto del equipo de Mercedes."

"No me digas lo obvio."

"¿Por qué te interesa tanto? Es simplemente una maldita imbécil."

"Esa maldita imbécil me ha preguntado por ti antes de que aparecieras. Quién eras. Qué ocurrió en Finlandia. Por qué odias Rusia. No es estúpida."

"¡Ya sé! ¡Deja de soplarme tú también la nuca Anna! ¡Carajo!" Golpeó la mesa con su mano y aprovechó a alejarse mientras tragaba con fuerza el resto de arroz con camarones. "Esa maldita japonesa imbécil no para de oler mierda cuando me acerco a ella. Me tiene harta."

"Es muy sólida. Sabe que tienes algo."

"¿Te pondrás de su lado ahora? ¿Tendré que luchar contra dos en vez de una?" Anna alzó una ceja.

"¿Por qué estás preocupada si nadie te ha descubierto hasta ahora?" Pensó durante unos segundos con sus manos en jarra.

"Es su maldita terquedad y mirada constante. No me deja respirar. Y ha visto que me han agarrado varios ataques últimamente."

"¿Ataques?" Levantó una mano evitando que pregunte al respecto.

"Recuerdos que me dan ataques de nervios. Es largo. Luego te explico."

"Me cae bien. Tal vez deberías tenerla como aliada más que como enemigo."

"¡Oh claro, Anna! Despreocúpate. Mira, haremos lo siguiente. En el próximo Gran Premio correré con mi monoplaza a cien kilómetros por hora y le pondré una maldita alfombra roja en la línea de meta cuando gane, así le facilito su camino a su título número un millón. ¿Qué mierda dices?"

"Digo que seas una rival con altura y no amenazante o comportándose como una especie de Diosa. Tú has ocasionado esto con tu actitud, ahora tendrás que soportarlo y manejarlo de la mejor manera."

"No me digas lo que tengo que hacer, Anna."

"Y tú cuida tu tono conmigo. No lo advierto más." Villanelle suspiró trayendo calma a un nuevo aire tenso entre ambas.

"Somos rivales. No puedo hacerlo. Corro para vencerla."

"Corres para olvidarte de algo."

"¿Qué dices?" Volteó para penetrarla con la mirada. Anna supo que tenía que salir de ese terreno.

"Sólo digo. A pesar de su terquedad... A mí me cae bien."

"A ti, no a mí. Tú no tienes nada que ocultar."

"Entonces no lo hagas. No lo ocultes. Ve y díselo." Villanelle se ahogó en sus pensamientos. Finalmente habló.

"¿Y que se ría de mí? ¿Que lo sepa la prensa y empapelen toda la maldita ciudad de Moscú con mi cara? ¿Que vayan a la mansión a pedir explicaciones? No Anna. No por el momento. No quiero." Asintió y le dio una sonrisa tranquilizadora.

"Piano piano."  Villanelle sonrió y continuó la frase.

"Si va lontano." Volvió a sentarse a terminar su plato. "¿Te quedarás conmigo hoy aquí? Mañana puedes partir a Moscú y debes renunciar a tu trabajo."

"Mañana hablaremos. Come."

 

 

 

Niko revisó una vez más la pantalla de su celular.

'No iré a casa. Estaré en Sion. Ven.'

Faltaban quince minutos para que el avión aterrizara en Ginebra. Cuando tocó tierra firme fue en búsqueda del Audi pero no estaba. Estuvo tentado de escribirle a su mujer si había ido a buscarlo pero a cambio decidió pagar un caro servicio de taxi hasta su chalet. Cuando miró el garage vio el auto estacionado.

En el living Niko revisó la hora. 3:27 PM. En medio del silencio de su hogar se concentró en un golpeteo grave constante en la última habitación. Se dirigió a la alacena y sacó una pequeña barra de cereal. Sobre el pasillo, en la última puerta, había un pequeño salón con algunos instrumentos de gimnasio. Cuando llegó vio a su esposa corriendo en la cinta bañada de sudor. Le daba la espalda mientras ella admiraba la vista a través del ventanal. En sus oídos tenía puestos los auriculares inalámbricos. Cuando logró llegar a su ángulo de visión Eve se asustó y paró su caminadora. Niko abrió la barra de cereal.

"Me has asustado. ¿Cuándo llegaste?"

"Recién." Dijo con su mirada en el paquete hasta que logró abrirlo.

"Gracias." Eve estiró la mano para tomar la comida pero Niko le dio un mordisco. La acción la sorprendió.

"La barra era para mí, no para ti." Volteó y se sentó en un banco de ejercicio.

"¿Qué está pasando aquí?" El mal humor asomaba cabeza en Eve.

"Eso mismo me pregunto yo. ¿Qué está pasando aquí? Te esperaba en Londres, no en Suiza."

"Necesitaba unos días fuera de Londres. Necesitaba desconectar."

"Oh, ya veo." Le dio un nuevo mordisco a la barra y apuntó hacia Eve antes de continuar. "¿Y alguna vez te has puesto a pensar que necesito yo, Eve?" No respondió. "¿Sabes? Podría estar con cuarenta mujeres distintas mientras no estás en nuestro hogar y francamente siento que podrías encontrarme en la cama con una y no te importaría. Seguirías en tu burbuja que, hoy por hoy, es muy gruesa."

"¿Estás intentando decirme que no me intereso por ti? ¿En serio? ¿Volveremos a discutir sobre lo mismo Niko?"

"¿Te preguntarás por qué siempre es lo mismo? Porque te juro Eve que yo intento avanzar en nuestra relación. Pero no estoy muy seguro que tú lo hagas."

"¡Niko! ¡Es en lo que soy buena! Estas son las reglas de juego. ¿Y sabes? Lo tomas, o lo dejas."

"Lo he tomado por más de diez años. ¡Diez años Eve!" Lanzó la barra a un costado, se incorporó hacia su esposa que retrocedió algunos pasos. "¿¡No entiendes que no quiero que termines cuadrapléjica, sin tus piernas, con problemas neuronales o muerta!?"

"¡Oh! Entonces veo que para ti no soy lo suficientemente prudente en lo que hago como para que pienses que puedo terminar así. Como un fin previsible. ¿Eh? ¿Sabes que hago aparte de manejar autos y armarlos? Estoy allí afuera, luchando por nuestra seguridad con la FIA, con Mercedes, con medio mundo, año tras año. Buscando modificaciones para que volvamos sanas y salvas con quienes amamos."

"¿En serio, cariño? ¿Quieres que te sostenga la capa sobre tus hombros? Sin embargo por cada accidente que ocurre una de ustedes sale muy mal herida y se la pasa meses sin volver a los autos. ¡Incluyéndote!" Con su dedo índice golpeó su sien. "Les cuesta mucho entender que no tienen la misma resistencia física que los hombres." El rostro de Eve se crispó de furia.

"¡Oh, púdrete! ¡Púdrete Niko!" Le dio un empujón a la altura de su pecho haciéndolo retroceder un paso. "¿¡Quién mierda te crees que te da todo esto!? ¿¡Tú y tu vida como maestro enseñando Pitágoras y toda esa mierda!?"

La bronca se contagió a él. Ante la ofensa torció su rostro hacia un lado y hacia el otro, pensando bien sus palabras.

"¿Qué quieres Eve?" Volvió a caminar depredadoramente. Eve retrocedió hasta chocar contra la pared pero su mirada seguía fija. Sabía perfectamente que había cometido un error aún así mantuvo su rabia. "¿Quieres verme enojado?"

"No me haría mal que te dejes de joder comportándote como el maldito esposo perfecto." La frase terminó con lo justo cuando los rostros de ambos quedaron a pocos centímetros.

"¿El maldito esposo perfecto?"

Eve cortó el cruce de miradas para ver el labio superior de su esposo. El vello de su bigote estaba separado, abierto, dejando entrever un pequeño río de piel justo en el mismo lugar que alguien que ella conocía. Y no lo dudó. Con fuerza se abalanzó sobre sus labios, besándolo sin control. Niko hizo lo propio. La volteó para sacarla de la pared y terminaron el suelo del gimansio. Sin más preámbulos bajó la calza que estaba algo adherida por el sudor y los dedos de Eve abrieron el jean de su esposo. Antes de embestirla tomó sus muñecas y las posó por encima de su cabeza.

Las caderas de ambos se movían con frenesí, necesidad. Eve siguió besándolo y mordiendo algunas partes de sus labios. Cuando se alejó para apoyar su frente sobre el hombro de ella, la británica aprovechó para mirar a su derecha, allí, al enorme espejo que los imitaba a la perfección. Mostrando su locura, sus gemidos, su desesperación.

Cuando quiso darse cuenta notó la embestida final de su marido hacia ella y soltó sus muñecas.

Niko se quedó tendido a su lado recuperando la respiración enfrentando el techo del gimansio al igual que su mujer. No estaba contento. Le gustaba perder el control con su esposa, pero no bajo estas circunstancias.

Eve no podía parar de sonreír. Tener esta descarga intensa dentro de ella era lo que necesitaba. Sabía que su tanque de combustible había volado por los aires y había llegado a la luna.

'Carajo.'

Sin pensarlo estaba generando una nueva separación entre ella y su amado marido.

 

 

 

Cuando Villanelle abrió sus ojos el sol golpeaba con fuerza los ventanales de su habitación. Escuchó un pequeño ronquido a su lado para encontrar la mujer que había conocido ayer a la noche. Generalmente sus visitas se levantaban antes que ella ya que evitaba ponerse despertador. Marcó su sorpresa ante la falta de delicadeza por la pose y los ronquidos. Vistió ropas sueltas y bajó a su cocina. Todo era pequeño, la cocina y el living. Sacó de su heladera un poco de yogurt y comenzó a comer. A los pocos minutos la morocha bajó para unirse.

"Buenos días." Dijo con acento pastoso. Su nacionalidad, ahora lo recordaba, era rumana.

"Hola." Respondió Villanelle.

Sin mediar más palabra se acercó a ella y volvió a besarla con intensidad. Cruzando sus lenguas. Sin embargo las manos de Villanelle no se activaron. Recordó la pésima noche de sexo que le había ofrecido la mujer y su líbido bajó. Se quedó allí, siendo presionada con su yogurt en la mano. Cuando se separaron la visita susurró contra sus labios.

"Eres buena besadora." La rubia sonrió de forma lateral ante el cumplido.

"Tú también..."

"Yelena."

"¡Yelena! Sí."

La mujer se separó y recorrió el pequeño ambiente. Estaba la consola de simulador de Villanelle a un costado. Un poco más lejos un sofá con dos cuerpos y un televisor grande. A los costados dos bibliotecas, una con DVD's y otra con libros. Frente a la arcada de salida de los dos ambientes, sobre el pasillo, había dos puertas negras grandes unidas casi como el ingreso a un galpón. Se destacaba sobre el suave beige de las paredes.

La mujer la miró con admiración. Villanelle estaba concentrada en su comida. Cuando levantó los ojos vio que estiraba la mano hacia la perilla de apertura.

"¿Qué haces? ¡No toques!"

"¡Oh! ¿Qué tienes aquí? ¿Un dinosaurio?"

"No jodas. No toques. Vete."

"¿Me hablas en serio?"

"¡Vete ahora mismo!" Señaló con el brazo en alto la puerta de entrada. La mujer soltó el picaporte y, con aire ofuscado, se retiró. "Carajo, odio empezar los días de mal humor."

Largó un suspiro al aire, terminó el yogurt y se dirigió al televisor. Puso 'Kill Bill 1' y luego la segunda parte. Para la tarde ya había visto 'Bastardos sin Gloria'.

"Tarantino, eres la mierda."

Al día siguiente por la mañana el sonido polifónico de su celular la atrajo. Con su mirada borrosa atendió.

"¿Quién mierda eres para llamar a esta hora?"

"Villanelle, buen día. ¿Estabas durmiendo?"

"No cariño. Estaba haciendo inspección de párpados. Anna, maldita sea, es muy temprano."

"Son las nueve."

"¿¡Las nueve!? Carajo, debo irme al próximo Gran Premio." Analizó bien y supo que era martes.

"Me alegro de ayudarte como tu despertador, entonces. De todas formas el motivo era para avisarte que encontré un lugar que puede servir."

"¿Cuánto necesitas?"

"Por ahora cien mil euros para negociar. Luego te iré diciendo."

"Ya te lo envío."

"Perfecto. Te mando fotos de cómo va avanza todo."

"Eres un ángel. Gracias. Hablamos luego. Cuídate."

Cuando bajó a la cocina con sus cosas ya arregladas una ola de calor la golpeó. La temperatura actual de Mónaco rondaba los treinta grados y aún no era mediodía. Tomó la puerta lateral hacia el garage. Frente a ella un bulto de más de cinco metros tapados con una manta marrón le mostraba uno de sus lados: la cola de un vehículo. Villanelle besó sus dedos y luego los apoyó sobre la manta protectora.

"Mira ese trasero. Eres hermoso, mi amor." Caminó hacia la izquierda del inmenso taller y encontró otro coche gris. Volvió a besarlo. "Tú también, cariño."

En uno de los extremos, habiendo pasado el Challenger modelo nuevo estaban sus dos motocicletas. La primera una Triumph Bonneville T120 modelo nuevo. Y la segunda a su lado una Moto Guzzi V7 Iii 50. Subió a ella y golpeó con el taco la pata lateral a medida que ponía su casco, lentes y giraba la llave de encendido. Con el motor regulando y haciendo eco en el garage abrió la cortina metálica y una nueva ola de calor la golpeó.

"Carajo. No me quiero ni imaginar cómo debe estar en España." Abrió su celular y apretó sobre la canción 113.

 

MONTMELÓ, CATALUÑA

 

Casi siete horas después, casi anocheciendo, llegó a destino. En el estacionamiento varios fotógrafos y camarógrafos desaforados se pegaron a ella a medida que descendía con sensualidad de la motocicleta. Sin mediar palabra firmó dos autógrafos y se dirigió a la entrada de los trailers.

Al día siguiente, miércoles, se pasó todo el día con sus ingenieros. Los recibió a todos con un 'Bon dia' catalán en el box. Mientras recorrían el circuito corriendo con Kenny le avisó que sus redes sociales estaban lentas. No paraban de consultarle de que muestre más de la intimidad de Villanelle. Con amenaza de por medio le negó cualquier captura o material. Podría tolerar lidiar con paparazzis, pero no con la interna de Mercedes.

El jueves fue el turno de las entrevistas. Villanelle entró primero con Rhian. Alzó su mano dando comienzo a cualquiera.

"Villanelle, ¿Cómo te sientes aquí?" La rubia levantó sus cejas, con sorpresa insípida.

"Qué se yo. Bien. Hace un calor de la mierda."

"¿Crees tener buenas chances de extender tu diferencia de veintidós puntos con Polastri?" Soltó un resoplido.

"No tengo 'buenas chances'. Ganaré. Ya me estoy cansando de esto. ¿Francamente? Tenía mayor diversión manejando go-karts o Fórmula Dos. Estos autos de mierda ni me despeinan. ¿Y crees que una japonesa puede vencerme?" Negó suavemente.

"¡Villanelle!" Se pelearon varios periodistas ante la suelta de flashes. "Muchos apuntan a la falla en la estrategia del ingeniero de Eve y a la localía que te pudo ayudar. ¿Qué piensas de eso?"

"Te responderé con otra pregunta, ¿Acaso ella no viene de ese país en donde no para de llover? ¿Con la reina y todo? ¡Pues que se luzca entonces! No me jodan. Recuérdenme instalarle una aplicación del tiempo meteorológico así sabe que neumáticos poner. Y no me vengan con esa mierda de la localía. Putín, y toda Rusia es una mierda. Deseaba pasarme la mano por otros lados de mi cuerpo antes de estrechársela a ese dictador homófobico. Gané, y de manera determinante."

"Villanelle, aquí." Levantó Raymond.

"¿Cómo está tu hija? ¿Pudo levantarse de la cama luego del viaje al caribe? Lo disfrutó mucho, por cierto." El aire de la piloto se volvió molesto.

"Ella está muy bien por suerte." Villanelle hizo un gesto de aprobación.

"Claro que está bien. Trato bien a mis acompañantes sexuales." Raymond marcó una sonrisa dura.

"Polastri tiene un buen prontuario aquí en España y saca a relucir todo su potencial cuando no se encuentra liderando la tabla general de puntos. ¿Alguna estrategia para contrarrestar eso?"

"Sí, claro. Lo resumiré en una sola palabra: ganaré. ¿Y sabes por qué ganaré?" Se acercó en demasía al micrófono. "Porque soy la más veloz y con más bolas allí afuera, carajo. Ganaré. Eso es todo."

Golpeó sutilmente la mesa para levantarse y retirarse.

Una hora después hizo su ingreso Eve con la segunda piloto de Aston Martin. Raymond fue el primero en levantar la mano.

"Eve, luego de la decepción de Rusia y Azerbaiyán, ¿Cómo-?"

"No. No voy a permitir bajo ningún tipo de circunstancia que pongas a Azerbaiyán dentro del saco de 'decepción' en esta temporada. Gané la carrera. ¿Recuerdas? ¿Has estado allí? Bien. Si no puedes ir a buscar la repetición a tu medio." El aire tajante sorprendió a los periodistas.

"¿Puedo terminar la pregunta ahora?" Desafió. Eve levantó su mano en aprobación. "¿Cómo ves el Gran Premio de España?"

"Bien. Ganaré."

"¡Eve!" Llamó Jamie. Sabía que la pregunta sería más modesta. "Lo mismo ha dicho Villanelle. Se mostró muy segura de poder competir contigo aquí."

El efecto Raymond había contagiado varios periodistas en este juego perverso de persuasión y cizaña. Eve revisó a un lado tras bastidores a Audrey que levantaba sus hombros y manos sin poder darle algún tipo de guía.

"No esperaba ese comentario de ti francamente. Pero bien, juguemos. Ganaré. Ya lo he hecho innumerables de veces aquí. Tengo un auto para poder hacerlo y un equipo que me ayuda para eso."

"Eve, tu equipo ha fallado en la estrategia de Rusia. ¿Errores para corregir?" Largó un suspiro mirando a un costado y juntando paciencia.

"Yo también fallo. Los ingenieros también. Mercedes también. Tú también. No me vengas a presionar o a joder con eso. No es la primera vez que pasa. Habrá muchas cosas que corregir, sí. Puedes mirar la historia de la Fórmula Uno y-"

"¡Eve! ¿Has hablado con tu equipo? ¿Habrá modificaciones? ¿Pondrás otro ingeniero de pista como Villanelle?" El rostro de la británica crecía en irritación y con los flashes retumbando sin pausa frente a ella.

"¿Desde cuándo me interrumpen? ¡No, no habrá modificaciones! ¡No necesito otro ingeniero! ¿¡Qué mierda es esto!?"

"¿¡Cuál es tu estrategia ante la falta de confianza en ti y tu monoplaza!?" Gritó Raymond dentro del bullicio en aumento.

Eve se alejó unos centímetros del micrófono, asustada de la marea de preguntas frente a ella. La respiración fue en aumento y pestañeaba seguido por la luz enceguedora.

"¿Qué? No. No hay estrategia. Yo-" Miró rápidamente a un costado a Audrey que rápidamente se mostró ante ellos.

"Muchas gracias. Eso es todo por hoy."

Eve caminó de regreso a su trailer llena de dudas, bronca y aturdimiento. Esa noche no atendió la llamada de su marido ni le escribió.

Viernes. Primer día de prácticas libres. La británica se encontraba vestida mirando de punta a punta su vehículo. Luego de haber entrenado a primera hora con su bicicleta en la pista y una sesión de yoga, había podido encontrar algo de calma. De reojo veía a Villanelle bromear con Kenny y Bear dentro de su box. Corrió nuevamente su concentración a su monoplaza.

"¿Qué es esto?" Bill se acercaba a su lado con la versión impresa de Motorsport, el medio para el que trabajaba Raymond.

El titular era grande y en negrita 'No hay estrategia' afirma la última campeona Polastri. Debajo aclaraba: Luego de la pésima carrera en Rusia, la británica llega llena de dudas al Gran Premio español.

Con un manotazo quitó el diario y lo revisó en detalle.

"¿Qué carajo?" La ira y la incredulidad volvían a plasmarse en su cara.

"Eve, ¿En serio?" Bill ponía sus manos en jarra con mirada severa desde su altura. "Creí que tenías años suficientes en esta categoría para que ocurra esto."

"¡No me jodas, Bill!" Hizo un bollo con el periódico y lo tiró con fuerza a un lado. "¡Lo último que puedes hacer ahora es venir a joderme!"

"Entonces empieza a controlar esto porque tú eres la que maneja este barco y estamos en medio de una maldita tormenta. Nosotros somos tus marineros pero si tú no sabes controlar el timón entonces será mejor que te replantees ciertas cosas."

"¿Qué cosas? ¿¡Eh!?"

"Baja tu maldita voz y compórtate." Eve revisó rápidamente a su alrededor con sus mecánicos trabajando con los ojos fijos en ella. "Tú sabes perfectamente a lo que me refiero. Concéntrate aquí y ahora. No expongas al equipo a esto. Carolyn está a nada de pedir una reunión contigo a solas."

"Entonces dile, ya que tiene las pelotas suficiente para decírtelo a ti y no a mí, que la espero desnuda en mi maldito trailer." Pasó a su lado chocando su hombro yendo a su habitación personal y dos pasos después gritó. "¡Avísame cuando arranco a hacer mi trabajo!"

Las aguas empezaban a separarse entre ella y su ingeniero.

Mientras tanto Villanelle revisaba sus tres cascos en el estante. La parte posterior había sido modificada con un rayo amarillo al lado del nombre 'Ayrton'. La primer práctica libre la lideró Eve. En cambio la segunda fue de Villanelle.

Sábado. Tercer práctica libre y ambos Mercedes ajustaban detalles a medida que levantaban potencia. el mejor tiempo se lo llevó Villanelle.

Clasificación. Tercera etapa. Los diez mejores autos se preparaban para salir. Luego de la primer vuelta rápida de las dos estipuladas por cada escudería, Eve vio como Villanelle le ganaba la pole por 20 milésimas. Los mecánicos cambiaron neumáticos por unos super suaves rojos.

Empezó su vuelta preparatoria antes de que el reloj llegue a cero. En su cabeza solo podía resonar una sola frase: 'No hay estrategia'. Apretó sus dientes ocultos tras el casco blanco a medida que salía de la curva 16 con el motor W12 volando en sus revoluciones y empezando su última vuelta rápida.

Para Eve sentir la presión tenía una doble cara. La mala, obvia. Y la buena: sacaba a relucir su perfección tras el volante. La línea de carrera fue perfecta, montando los pianos cuando era necesario. Perforó a fondo el acelerador una vez más del monoplaza sobre la recta principal congelando su tiempo. 1:16:741.

A un costado vio que la nariz negra con el '1' aceleraba sobre la recta principal terminando su vuelta rápida. Revisó la torre de control para buscar en los primeros puestos las siglas POL. Estaba en la primera posición. Automáticamente agitó su puño al aire y seguido lo impactó varias veces contra el casco. Eve sabía que el juego se desarrollaba en su cabeza. Mientras tanto Bill abrió su radio.

"Muy buen trabajo. Así que... Ese tiempo es el que queda." Una Eve agitada gritó de júbilo.

"¡Sí! Buen trabajo muchachos. Eso fue un trabajo duro. Ah, eso fue un trabajo duro."

"Sí, puedes apostar que sí Eve. Eso no fue fácil, ¿Verdad? Tráelo aquí."

A medida que terminaba su vuelta a baja velocidad y saludando a los fanáticos, Villanelle se puso a su lado y levantó su pulgar hacia ella, remarcando su buen trabajo. Eve no le dio importancia, ni siquiera la miró.

En la rueda de prensa la pole girl se sentó en la butaca principal, con Villanelle a su derecha como inmediata seguidora y Hèléne a su izquierda. Tan pronto como llegó clavó sus ojos en Raymond que la miraba con una sonrisa en sus labios. 

"Eve, felicitaciones. ¿Claves de tu pole position?" Preguntó otro periodista.

Eve jamás le dio atención. Apuntó con su dedo a Raymond y luego golpeó su sien como en el auto.

"Al final hubo estrategia."

Todos se llamaron a silencio. Después de algunos segundos fue cortado con el irritable sonido de la bombilla y la bebida de Villanelle que sorbía cerca del micrófono. Miró intermitentemente a Eve y a Raymond antes de hablar.

"¿Les consigo una habitación de hotel o...?" Meneó sus hombros con su cara despertando algunas sonrisas. La mirada de Eve hacia ella fue fulminante y a la rubia le encantó ver la ferocidad dentro de ella por la victoria. "Sólo digo. Sigan con su romance."

 

 

 

Domingo. 

Villanelle escuchaba la canción 142 en su trailer cuando Kenny tocó la puerta. En pocas horas ya vestía su overol esperando el comienzo de la carrera. Cantaron el himno español y al finalizar la rubia tiró leña al fuego con los espectadores en donde no cabía un alfiler.

"¡Catalunya lliure!" Todos aquellos que flameaban banderas catalanas gritaron fervientes hacia ella. Su ingeniero joven se acercó.

"Villanelle, no está bien que te metas en intereses políticos. No estamos aquí para hacer una cumbre-"

"Vete a la mierda, playmobil. Es lo que la gente quiere. Mira ese cariño." Mostró con sus manos a las gradas que vitoreaban con fuerza hacia ella. "¿Todo listo?"

"Sí."

"Perfecto. Ve a tu maldito bunker, este es lugar para las valientes."

"Tú puedes con esto." Golpeó su hombro antes de irse.

Todas las pilotos subieron a sus monoplazas y dieron la vuelta de reconocimiento detrás del safety car. Las luces rojas se prendieron una por una. Eve y Villanelle apretaron sus dientes y movieron sus perillas en el volante. Las luces se apagaron. Comienzo del Gran premio de España.

En el arranque el auto número '1' de Mercedes tomó la delantera hacia la primer curva desde el borde externo. El monoplaza de Eve no llegó a cubrir el espacio y quedó detrás de Villanelle. A medida que ambos vehículos tomaban velocidad ante las curvas 1, 2 y 3 Eve iba recuperando terreno y acercándose. 

En la pequeña recta hacia la curva 4 la británica se abrió hacia la derecha. Rápidamente Villanelle le vio y dobló hacia ese lado, defendiendo su posición ante el sobrepaso. Bastó unos pocos metros para que las ruedas del eje derecho de Eve tocaran el césped y, junto a ello, el auto perdiera control de tracción. Al inclinarse completamente hacia el pasto y con una inestabilidad incontrolable, el monoplaza de Eve comenzó a virar hacia la izquierda. Buscó direccionar para controlar su vehículo pero a cambio giró sobre sí mismo aún siguiendo la inercia. Como consecuencia la rueda delantera derecha golpeó el neumático trasero derecho de Villanelle, desestabilizándola y haciéndola girar sobre su eje directo a la trampa de grava en frente suyo. Rápidamente el neumático de Eve quedó debajo del chasis por la ruptura de la suspensión. 

Ambos autos afuera, arañando la grava a medida que el resto de las competidoras seguían por el circuito. El auto de Villanelle mirando al asfalto, Eve hacia las gradas que no podían creer el accidente. Mientras el monoplaza frenaba de a poco, sin llegar a impactar contra las vallas de contención, Eve cubrió su visera con ambas manos.

Villanelle intentó salir de la trampa sin éxito. El  Mercedes número 1 sencillamente quedó patinando sobre la grava. Las banderas amarillas palpitaron a los costados y todo el aquelarre de vehículos calmó su ritmo manteniendo su posición ante el virtual safety car.

Ambos ingenieros constataron la salud de sus pilotos con afirmaciones secas. Eve removió su volante y lo lanzó con furia hacia la nariz. En cambio Villanelle, en cuanto salió del cockpit, removió sus guantes y miró con recelo al automóvil cerca suyo.

Las cámaras oficiales enfocaron a Carolyn mirando el desastre de la escudería campeona. Tan pronto los dos vehículos quedaron fuera de la contienda, removió sus auriculares, los colgó y se dirigió tras bastidores.

Había una reunión pendiente.

Ninguna de las dos removió su casco a medida que se acercaban por diferentes medios al cuadrado negro y calypso detrás del circuito de Montmeló.

Con preguntas de los periodistas curiosos, nadie respondió y se dirigieron al área privada. El destino estaba fijo para ambas: el salón de reuniones de Mercedes. Villanelle fue la primera en llegar. Eve, que se había quedado acuclillada por unos segundos en la grava con sus manos en el casco, llegó segunda. 

En la punta de la mesa aguardaba Carolyn con sus dedos intercalados en el aire y sus codos sobre el apoya brazos de su silla. Detrás de ellas dos entraron los tres ingenieros de pista. Las dos pilotos se sentaron enfrentadas cerca de la CEO y removieron sus cascos dejándolos entre ellas y su jefa.

Carolyn les dio un reconocimiento con mezcla de asco a todos y luego levantó tres dedos al aire. La movió como si estuviese espantando moscas. Acto seguido los hombres se fueron de la sala de reuniones en absoluto silencio.

El ambiente lúgubre se resguardó por casi un minuto hasta que Carolyn lo rompió.

"¿Entonces?"

"No sé que hago aquí, Cruella." Cortó Villanelle. "No ha sido mi culpa."

"Sí lo ha sido." Entró Eve.

"¿Ah, sí? Dime. Porque mi monoplaza no puede chocarse sólo. ¿Sabes?"

"Su mapa del motor estaba mal." El comentario llamó la atención de Carolyn. "Estaba un nivel más bajo, en ce sesenta y dos. El mío estaba bien. Lo supe por el sonido. Busqué mi posición." Villanelle empalideció. Tenía más dudas que certezas en base a su configuración.

"Eso no tiene nada que ver. Defendí mi posición como el maldito reglamento de la FIA lo aclara."

"¡Púdrete, novata!"

"¡Púdrete tú, Mizuno!" Villanelle golpeó la mesa y se levantó de su asiento quemándola con la mirada. Eve la imitó.

"¿¡Por qué no te vas a la mierda!?"

"¡Pues claro que sí, cariño! Súbete a mi auto. ¡De seguro llegaré allí antes que tú, maldito caracol!"

"¡Suficiente, ambas!" Carolyn se puso de pie y golpeó ambos puños sobre la mesa, asustando a las dos pilotas. Acto seguido tomó la base del casco de Eve y lo lanzó hacia su izquierda. Luego hizo lo propio con el de Villanelle a su derecha. "Tú. Sí, tú Eve. Dime, ¿Qué es lo que siempre quiero en cada maldito lugar que competimos?" Sin remover sus ojos de Villanelle susurró.

"Que consigamos el primer y el segundo puesto."

"¿¡Entonces!? ¿¡Qué mierda hacen aquí ustedes estropeando mis planes!?"

"¡No me metas en la misma bolsa, vieja de mierda!"

"¡Tú cállate maldita adolescente subdesarrollada! No haces otra cosa que escuchar música y embriagarte para llorar la muerte de tus padres. ¡Y tú!" Dijo señalando a Eve. "Cuatro títulos y tanto sacrificio para que quedes como el hazme reír de toda España y la Fórmula Uno. ¿¡Qué mierda es esto!? ¿¡Un maldito circo!?"

"Tú puedes ser la mujer barbuda."

"¡Cierra el trasero Villanelle o lo próximo que conducirás será una maldita monocleta en la Siberia de tu amado país!"

Las tres mujeres cortaban el silencio con sus respiraciones agitadas. Ninguna de las dos había visto a la CEO de esa manera. Absolutamente rota, dividida, separada.

"¿Saben lo que quiero en este maldito campeonato? Tener el maldito trofeo de constructores, llenar esa copa con el mejor champagne francés y beberlo mientras me hago un baño de inmersión desnuda."

"No quería tanto detalle." Susurró seria Villanelle mientras le regalaba una sutil mirada de reojo. Eve continuaba perforándola con los suyos.

"En pocos minutos me llamara el maldito imbécil de Paul pidiendo por explicaciones. ¿Y qué creen que le diré?"

"Que fue su maldita culpa." Cortó la rubia.

"¡Vete la mierda, novata! ¡Me empujaste fuera del circuito!"

"¡Ven y busca las malditas llaves de mi auto aquí, anciana de mierda!" Gritó tomándose la entrepierna con la mano derecha.

"¡Basta!" El grito prolongado de Carolyn volvió a llamar la atención de ambas pilotos. "A partir de ahora darán las explicaciones correspondientes sin escándalos a los medios. Volverán a sus casas y harán lo que tengan que hacer para que esto se resuelva. ¿Me oyeron? No volveré a quedar como una estúpida ante los periodistas como la que da lugar a sus dos pilotos se maten y echen a perder el trabajo de incontable cantidad de gente sin tener en cuenta el tiempo en sus vehículos."

"Vete a la mierda, Cruella. Yo no cargaré con nada de esto. Allí tienes a la única responsable." Villanelle señaló una vez más a Eve frente suyo antes de patear su silla hacia atrás y salir a zancadas de la sala.

La británica mordió su labio y agachó la mirada hacia la mesa con sus puños compactados en la superficie.

"Perdiste el control." La CEO habló con voz tranquila, como si no hubiesen existido los gritos, tomando la atención de Eve. "Te ahorraré más vergüenza delante de ella, ya suficiente tendrás que lidiar con los periodistas. Pero quiero que te hagas responsable de todo esto, Polastri. Ella tiene razón y defendió su posición de lider. Fuiste tú quien derrapó por el césped y colisionó ambos vehículos. No le daré el placer de darle la razón pero tampoco dejaré pasar esto. Desaparece de mi vista, tómate vacaciones, ten una semana seguida sexo con tu marido pero vuelve con el control en tus manos. De lo contrario tomaré otro tipo de decisiones inminentes en base a ti y a tu equipo."

Se desplomó en su butaca y meneó su mano hacia la puerta. Carolyn no necesitó aclarar nada más. Segundos después Eve se fue de la sala masticando bronca. Había sido su culpa, lo sabía. Y eso germinaba dentro suyo.

Villanelle se desvistió con ira contenida mientras, fuera de su trailer, rugían los motores dentro del circuito de Cataluña. Vistió su jean, su camisa y su campera de cuero negra. Antes de tomar su casco y su mochila resonaron dos golpes en la puerta. Cuando abrió le llamó la atención encontrar a Eve, con su melena sin control y desacatada. Entró y la rubia le regaló un rostro sorprendido.

"¿Quién te crees que eres? ¿¡Eh!?"

Empujó desde el pecho haciendo retroceder a Villanelle hasta que su espalda golpeó contra la pared. La acorraló hasta quedar frente a ella y apoyó su dedo índice y medio en el esternón como amenaza.

"¿Sabes quién soy yo? Soy una maldita profesional que lo único que busca es hacer la mejor carrera posible sin tener que competir con kamikazes como tú. Personas que no les interesa volcar o chocar a alta velocidad. Que no les interesa morir. ¿Y sabes por qué eres así? Porque eres nada. Porque tienes nada. Nada que perder. Nada que amar. Nada que extrañar. Solo vienes a corrumpir todo este sistema creyédote la piloto cool porque lo único que haces es apretar un acelerador. Si quieres ser cool súbete a tu patineta y ve al skatepark más cercano. De esa manera yo, Eve hija de puta Polastri, ingeniera graduada con honores, esposa y tetracampeona puedo hacer mi trabajo de manera segura aquí. Sin locuras y, lo más importante, ¡Sin malditas psicópatas!"

Eve terminó la frase agitada, respirando como un toro rabioso. Villanelle con rostro neutral y sus cejas alzadas, escuchando con atención. Bajó su cara hacia el contacto de los dedos derechos. Lo siguiente que vio la británica fue como los ojos se alzaban hacia ella con ira descomunal. Antes de poder mover alguna parte de su cuerpo, Villanelle filtró su mano izquierda entre ambos cuerpos, enroscó sus dedos entre los ajenos y torció de ellos hacia afuera, generando una hiperflexion. La piloto gimió en dolor. La mano derecha de la rubia buscó el antebrazo de Eve frente a ella y, como una topadora, caminó hacia adelante hasta que el cuerpo golpeó contra la mesada en 'L', justo en el vértice. Trabó la mano izquierda entre el borde de la mesada y la cadera.

La última campeona quedó entre el cuerpo de Villanelle, con su mano izquierda atrapada con su mismo cuerpo detrás y la derecha siendo torcida hacia afuera, casi a punto de quebrarle tres dedos: el índice, el medio y el anular. Se inclinó hacia el inmediato dolor a su derecha pero la rubia la tomó con su mano libre fuerte del maxilar y la empujó hacia atrás, golpeando contra la esquina de los muebles superiores. Eve intentó liberar su mano izquierda para poder empujarla pero Villanelle torció aún más hacia afuera los dedos diestros. Un gemido mezclado con un ladrido se desprendió como muestra de dolor.

"Si fuese tú, me quedaría quieta y escucharía con mucha atención." Siseó de manera venenosa. La rubia apretó las mejillas obligando a los labios de Eve asomarse. Las dos se respiraban con fuerza por encima del ruido de los motores de fondo. Villanelle la miró de una manera que Eve nunca vio: putrefacta, desquiciada, maldita. "Tú no deberías decirle a un psicópata que es un psicópata. Les molesta, ¿Sabes?"

Revisó los dedos doblados y volvió hacia Eve.

"¿Así que eres ingeniera?" Apretó aún más los dedos. Otro gemido y ahora una lágrima escapaba de uno de los ojos de la morocha. "Entonces no me pongas más de los nervios porque lo único que construirás con tu maldito título lleno de honor y gloria será un mecanismo para que puedas embragar y subir las marchas con los dientes porque te romperé la maldita mano en diez partes diferentes."

El sonido de un motor cerca de ellas llamó la atención de Villanelle. Miró hacia la ventana que las iluminaba a ambas a su izquierda con el típico sol español pleno y dorado. A lo lejos se veía una parte del público que se encontraba sentado, casi sin ánimos. La rubia obligó a Eve a girar su cara hacia ellos y habló con voz áspera.

"Míralos Eve. Sentados, aburridos. ¿Qué crees que están esperando? ¿Eh? ¿Que logres tu título? ¿Que aceleres y los aturdas con el sonido del motor?" Volvió a girarla hacia sí. "¡No! ¿Sabes que quieren? Que humilles al rival. Que pierdas el control. Que gires como un lavarropas automático de manera espectacular mientras tu auto se desintegra en el aire. ¿Qué crees que somos tú y yo, Eve? ¿Personas cuerdas? Míranos. Aceleramos, nos arriesgamos, buscamos más y más y más." Bombeó con sus caderas hacia ella en cada palabra. "¿Y sabes por qué lo hacemos?"

Se volvió a acercar más de la cuenta a sus labios. Eve clavó sus ojos en la cicatriz y Villanelle le regaló un rastrillaje de sus dientes y una caricia de su lengua.

"Para sentirnos vivas, Eve. Aquí no estamos vivas. Lo estamos cuando aceleramos, cuando nuestro corazón corre y se mueve igual o peor que nuestros pistones a nuestras espaldas. Cuando una maniobra de un milímetro nos puede glorificar o condenar. Cuando ansiamos que nuestro adversario no pueda con la presión, con el control, con el poder. Eso buscas tú y yo. Poder. Porque somos casi iguales. ¿Pero sabes cuál es nuestra diferencia? Que yo lo acepto y lo expongo Eve, y tú... Tú no haces más que disfrazarlo en tu cordura inexistente, en tu madurez o en tus malditos campeonatos mundiales y sobrios ante la FIA."

Eve balbuceó y Villanelle volvió a ajustar todo el contacto.

"¿Por qué no te has retirado aún, halmeoni?" Mordió con saña su labio inferior. Eve se sorprendió por el acento surcoreano sin poder expresarlo. Su cuerpo ya pesaba. "Te lo diré yo. Porque no soportas la idea de tener que vivir sin esta droga. Es tu droga. Es mi droga. La velocidad. ¿Qué sabe tu estúpido marido de esto? ¿Que sabe tu vida de esposa inmaculada inglesa y perfecta de esta droga? Nada. Es tu monstruo interior que intentas apagar en tus sábanas cuando le soplas los genitales a tu marido, cuando te monta como yegua empedernida o simplemente cuando le preparas el café cada mañana."

Un ataque de rabia volvió a sacudir a Eve ante la ofensa a ella, a su marido y a su vida. En respuesta solo pudo vibrar en su lugar y descargar más lágrimas de plomo.

"¿Consejo de novata, señorita Kowalski?" El verdadero apellido volvió a sorprenderla. "Ten cuidado con ocultar tu monstruo porque cuando menos lo esperes va a ver la luz del sol en momentos que no vas a querer y se caerá esa linda fachada de perfecta ama de casa y profesional que tienes."

Eve balbuceó un débil 'suéltame' y la rubia volvió a apretar sus mejillas.

"Considera esto un hito entre nosotras. Una nueva y definitiva separación, cariño. Te veré en unas semanas en mi territorio para ver ese monstruo hermoso inmenso y reprimido dentro tuyo que seguramente debe darte más placer que el bigote empastado en chocolate fundido de tu marido."

Los ojos de Villanelle rastrillaron el cuerpo tembloroso y sudado de Eve pegado a ella. Sonrió una vez más de manera altanera.

"Que sea la última vez que me tocas sin preguntar y puedes enviarme un regalo por perdonar tus preciados dedos campeones."

De manera brusca la soltó hacia el piso hacia la izquierda. Eve quedó allí tendida, tomándose la mano contra su pecho y sollozando. Villanelle untó de un pote cercano algo de crema en sus manos y la esparció rápido, con saña. Escupió a un lado al piso, le dio la espalda y tomó su casco con su mochila para retirarse.

"¿Y cuál es el monstruo que reprimes tú?" La rubia frenó en seco su paso con ojos abiertos. Acarició otra vez su cicatriz con la lengua y miró por encima de su hombro derecho a su rival en el piso mirándola con dolor y bronca. "Yo no soy la única aquí que tiene mierda bajo la alfombra. ¿No es así?" Una sonrisa amarga flotó en la cara de Eve. "¿Que te ocurrió en el casamiento? ¿Qué te ocurrió en el paddock? ¿Qué te ocurrió en Finlandia, en Rusia? ¿De donde has salido? ¿Quién eres, Villanelle?" Otra nueva risa sarcástica con un resoplido salió de ella. "No lo sabes, ¿Verdad? Creo que eso es peor que mi monstruo. Lo oculto, pero lo conozco. ¿Y tú? ¿Qué haces?" Hubo segundos de silencio y Eve volvió a ver una Villanelle desnuda frente a ella. Exhaló fuerte y volvió a reír. "¿Estás huyendo? ¿Por eso corres en círculos? Repito, ¿¡Quién eres!?" El grito salió quebrado aún con lágrimas en las mejillas.

La británica vio la desagradable mueca con forma de sonrisa de Villanelle sobre la línea del hombro.

"Soy tu peor pesadilla... Y tu mejor obsesión. Te deseo suerte con eso."

Giró y salió del trailer. Dos pasos después se escuchó un nuevo grito cargado de bronca desde allí dentro.

"¿¡Quién eres!?"

Sin prestarle atención puso sus auriculares y reprodujo la canción 145. Ajustó sus lentes Randolph, su casco y chasqueó sus dientes con la lengua antes de susurrar para sí.

"Oksana, hija de puta, Astankova, cariño. A.K.A. Villanelle. Encuéntrame si puedes."

Giró las llaves en su Moto Guzzi y aceleró en su salida de Montmeló. Dentro de su trailer quedó un supervolcán en erupción.

Chapter Text

                                        Monaco GP.

 

La llamada a Keiko al final de la tarde fue tranquila. Pero a Bill le pareció raro ver en su pantalla principal del celular la notificación con un mensaje de Niko cuando iba a ponerlo en 'modo avión'.

'¿Dónde está mi esposa?'

El ingeniero miró hacia su izquierda. Allí, en un asiento individual dentro del vuelo chárter de la comitiva de Mercedes, estaba Eve. Sentada, con sus ojos cerrados y su mano derecha sobre su estómago. Una cinta negra se amarraba a su muñeca con tres tiras metálicas que subían hacia sus dedos índice, medio y anular que auspiciaban de tutor. Según ella el choque había golpeado una parte del dorso de su mano y le estaba trayendo dolor en sus tres dedos. Un médico de Mercedes la atendió.

Era en esos momentos en donde Bill veía como una simple niña a Eve. Intentando hacer frente a una marea inmensa de fama, medios y gasolina que podía apabullar a cualquiera. Sin embargo su pilota estaba allí, aguardando el despegue del avión en la casi noche española con esperanzas de descansar un poco en su casa luego de todo el bochorno ocasionado en Montmeló. Bill recordaba haberla visto así luego de un accidente que tuvo en Francia años atrás. En esa ocasión Eve se había dado cuenta que la observaba, y cuando le pidió explicaciones simplemente le dijo que estaba admirándola luego de tener que convivir con su 'doppelgänger'. Una cara tranquila al lado de la usual: aquella llena de hambre de velocidad y victoria.

Y él no sólo era su ingeniero, sino ya su amigo. Con un nivel de confianza y profesionalismo por encima de cualquier relación profesional promedio. Ambos estaban contentos con eso y la necesidad era clave. Si en algún momento alguno de los dos era movido de equipo, probablemente sería una catástrofe para Mercedes. Carolyn lo sabía y prefería aumentar sueldos... Y aumentar la gloria en la escudería. La clave al circuito perfecto de grandeza.

Pero Bill no tenía que meterse en esto. Pertenecía a la vida privada de Eve pero no de esta manera. La relación con Niko no había sido trigo limpio por celos esporádicos sin pies ni cabeza. Ninguno de los dos confiaba ciegamente en el otro. Pasó su celular a modo avión y el charter se movió lentamente hacia la pista para el despegue. Su piloto debía enfrentar determinadas cosas solas. Si Eve no le había hablado a él, por algo sería.

Dos horas después aterrizaron en el Heathrow. Cuando Eve salió del aeropuerto no encontró a nadie para que la llevara a su hogar. A lo lejos un trueno hizo eco en la ciudad inglesa, advertencia de lluvia inminente.

Bajó del taxi y sobre su mansión llovía a cántaros. No se apuró a entrar a su casa y resguardarse. Caminó los pocos metros hasta la entrada con su valija y para sorpresa de ella la puerta estaba sin llave. Niko estaba parado en medio del living, con sus brazos cruzados en el pecho y con rostro ilegible. Sus ojos se fijaron en la mano de Eve con sus dos anillos negros en cada uno de los tres dedos del medio.

"¿Qué ocurrió?"

"¿Puedes traerme una toalla?" Las gotas caían golpeando el porcelanato. Las ropas estaban empapadas.

"No. ¿Qué ocurrió?"

"Me golpeé la mano en el accidente."

"¡Tú sabes perfectamente que no es eso a lo que me refiero!" El volumen de voz se acopló a los truenos en el exterior. Eve dio un pequeño salto en su lugar y su marido se volvió a aproximar lentamente hacia ella. "Todo el día, como un maldito estúpido llamándote una y otra y otra vez-"

"¿¡A ti te parece que con el día de mierda que tuve y con los problemas que me trajo la carrera tengo tiempo para atender el maldito teléfono!?"

"¿¡Me estás jodiendo, Eve!? ¿¡Tú crees que tengo cara de que quiero que me jodan ahora mismo!? ¡Has perdido tu maldita cabeza allí afuera y ya no sé si eres mi esposa o una maldita psicópata que tomó su lugar!"

Eve atacó el cuello de la camisa de su esposo. Su mano derecha se cerró tan fuerte que las tiras de metal se retorcieron hacia adentro. Tres agujas calientes corrieron sobre sus dedos heridos. Crispó su cara en una mezcla de dolor y bronca.

"¿¡Acaso me estás llamando psicópata!?"

"¡Mírate ahora mismo y dime que no lo eres!" Niko no se dejó intimidar por el ataque de su esposa y señaló al espejo a su derecha, justo mostrándolos a ambos de perfil.

Allí se vio Eve. Perdiendo los estribos. Con sus ojos oscurecidos y dilatados, casi como un tiburón. Su pelo caído mojado, sin gracia. Su mano retorciendo el metal, su nariz dilatada, y casi como una ilusión óptica, más alta que su marido queriéndolo devorar. Una hermana gemela malvada en su cuerpo. Su monstruo que mantenía oculto y que Villanelle había sido rápidamente de ver e interpretar. Su doppelgänger.

"Yo..." Empezó a medida que lo soltaba, intentaba abrir su mano y se alejaba un paso analizando el piso beige de su casa. "Niko, lo-"

"No. Ya no más."

"Sólo que mi día no fue lo que esperaba. Perdí los estribos con mi automóvil, con mi equipo, con Bill, con Villanelle-"

"Quiero el divorcio."

El aire se encerró en sus pulmones y se mantuvo allí, acorralado. La cara de Eve se tiñó de confusión. Dio otro paso hacia atrás, soltó una suave risa al suelo y volvió a concentrarse en Niko.

"¿Qué?" Soltó de manera débil.

"No podré soportar ni un segundo más de todo esto, Eve. No es reciente, es algo que venía acumulándose muy despacio aquí, en nuestro hogar. Estos últimos meses lo único que ocurrió fue... Una explosión."

"Niko me retiraré al final de la temporada. Yo-"

"Últimamente no sé si esa es la verdadera salida a esto, Eve. ¿Y sabes que me hace tomar esta decisión de mierda? Mi felicidad. Porque bajo estas circunstancias yo ya no soy feliz. ¿Acaso tú lo eres?"

La británica juntó sus cejas con sus ojos empañados. Su boca había sufrido una parálisis completa para poder modular la palabra 'Sí'. Esos mismos pedazos de metal en su mano ahora se enroscaban en su garganta y lo único que su doppelgänger podía obligarla a decir era la verdad.

"No."

La respuesta sorprendió incluso a Niko que disimuló mal su tristeza. Apretó sus labios asintiendo para sí mismo y tomó la campera que estaba colgada a un costado.

"No sé que es lo que necesitas ahora mismo, Eve. Pero yo necesito alejarme de todo esto."

"Tomémonos un tiempo para enfriar esto."

"¿Cuántas veces lo hemos hecho, Eve? De hecho, nos tomamos tiempos todos los fin de semana cuando compites, cuando tienes compromisos con los sponsors o simplemente por Mercedes."

"Niko, no." Eve pensó a toda máquina. "¡Renunciaré!"

"¿Qué?"

"Renunciaré a la Fórmula Uno. Lo juro."

"Eve no te lo crees ni tú misma. No puedes renunciar." Comenzó con voz débil. Eve sabía que tenía razón.

"Niko, por favor. Me retiraré por ti y no volveré a conducir jamás." Una débil sonrisa se escapó de su marido.

"¿Lo ves? Allí está el problema. ¿Te escuchas? Lo haces por mí."

"¿¡Dónde está el problema en eso Niko!?"

"¡Que no lo haces por nosotros!" Gritó remarcando la última palabra. El aire volvió a enjaularse dentro de Eve.

"Por favor." Susurró. Caminó un poco hacia él y acarició con sus dedos cerrados la camisa. Se acercó a sus labios con desesperación contenida. Niko la tomó de los brazos y la alejó con rostro confundido.

"¿Quién eres?"

Esa misma pregunta le había hecho Eve a Villanelle horas atrás luego de haber sido dominada de pies a cabeza por ella. De haberle dicho la verdad y nada más que la verdad en su cara. Mientras Eve se perdía en ese fastidioso recuerdo su esposo se alejó hablándole.

"Haré esto fácil para ti y para mí porque yo sí pienso en nosotros." Puso su chaqueta y tomó las llaves de la camioneta Mercedes dentro del garage. Antes de ir por la puerta lateral volteó y habló con voz espesa, rencoroso de la actitud de su esposa. "Creo que sería mejor para ti si te quedaras en Suiza en vez de Londres hasta que se resuelva todo esto. Así yo estaré aquí cerca de mis padres. Tú nunca perteneciste a este lugar."

"Me crié aquí." Niko resopló con algo de asco ante el comentario.

"¿Y? Ve a Suiza y que los abogados resuelvan todo este desastre. Mañana volveré a dormir aquí."

"Te esperaré." Soltó con aire esperanzador.

"No lo hagas. Por nuestro bien, no lo hagas Eve."

Antes de que la británica pudiese responder la puerta resonó en todo el living. Un minuto después, buscando procesar cada una de las palabras, cayó de rodillas con su mirada perdida en la cocina. Aturdida.

A la mañana siguiente tomó un vuelo rápido a Ginebra con su celular y computadora a mano, nada más.

Eve jamás lloró.

El lunes por la noche, en el chalet de Sion, el rostro cansado de la piloto revisaba los titulares de los principales diarios de Europa.

'Catástrofe española en Mercedes: ambas pilotos chocan entre sí.' 'Inaudito accidente entre la escudería campeona obliga a sus pilotos a quedarse sin puntos.' '¿De quién fue la culpa? Mercedes se compra un problema con sus pilotos.' 'Red Bull se queda con el GP de España luego de la vergüenza de Mercedes en la primera vuelta.'

Eve estaba ahogada en basura, consumir aún más basura no la modificaría, pero al menos sabía perfectamente como las veían.

Indudablemente el próximo Gran Premio tendría toda la atención en ella y Villanelle.

 

 

 

MONTE CARLO, MÓNACO.

 

Los dedos derechos se movieron con rapidez subiendo las marchas. En la oscuridad del living las tres pantallas bastaban para iluminar lo suficiente. Villanelle con su casco recubierto de plomo y su silla personalizada, volaba por la recta principal del circuito callejero más codiciado de Europa: Mónaco.

Hacía tres días que no se daba descanso en su simulador a tan solo 48 horas de las primeras prácticas libres del jueves. Era de público conocimiento que, en el caso de la ciudad del principado, las primeras prácticas libres se harían el jueves, y luego la agenda continuaría de manera habitual el sábado y el domingo.

Sus ojos ardían un poco y decidió apagar todo para irse a la cama. En su mesita de luz la esperaba un libro lo suficientemente grande de tapa dura con una carga de hojas laminadas. 'Anatomía completa de miembros superiores'. Le regaló una mirada algo triste antes de hablar para sí.

"¿Me habré excedido?" Revisó el mediterráneo frente a ella tras los ventanales por un momento. Rastrilló sus cabellos y culminó. "Mierda."

Lo abrió donde se situaba el marcador puesto por ella y siguió su lectura. Le quedaban cien hojas de alta carga. Esa noche lo terminaría.

Miércoles. Día de prensa.

La rubia llegó a la parte posterior del paddock en su motocicleta Triumph y rápidamente fue abordada por varios fotógrafos. Saludó a todos con su sonrisa y siguió camino hacia la sala de prensa. Allí se sentó al lado de la piloto de McLaren.

"Villanelle, ¿Hubo alguna sanción de Mercedes para ti o Eve?"

"Sí, nos quedamos sin postre por dos semanas y sin dibujos animados. Cruella nos apaga la tele a las siete y nos manda a dormir." Las risas brotaron entre los hombres. Ella los miró con reprobación.

"Ya, en serio. ¿Qué hablaron con el equipo?"

"¿Acaso yo te pregunto las excusas que le pones a tu esposa cuando te cepillas mujeres en tus viajes de 'trabajo'? Entonces no me jodas, calvo. Si quieres farándula ve a sacarles fotos al trasero de Jennifer Lopez y Ben Affleck." Jamie levantó la mano.

"¿Cómo ves el circuito de Mónaco? Las calles son estrechas y los sobrepasos son muy difíciles. Tiende a haber más errores y más accidentes."

"Si sabes manejar bien y apretar el acelerador no veo motivo por el cuál chocar." Levantó sus hombros con frialdad sentenciando su respuesta.

"Villanelle, ¿Has visto el choque de Montmeló? ¿Qué opinas del mismo?" Los ojos avellana se oscurecieron. La rubia se ahogó en recuerdos del domingo, viendo una y otra vez el accidente.

"Sí lo vi. Esos accidentes suceden cuando no sabes lidiar con tu propia mierda y tu frustración, entonces buscas arruinar al otro. Mi movimiento fue legal, por algo los dinosaurios de la FIA no me sancionaron. Ahora, si ella no sabe discernir entre el asfalto y el césped ya no es un problema mío. Tal vez algunas deberían volver a los go-karts para aprender algunas maniobras."

"¿Te has golpeado algo?"

"Las tetas. ¿Alguna pregunta más interesante?"

"Villanelle." Comenzó Raymond.

"Hola suegro."

"Has firmado contrato con Mercedes por un año con posibilidad a extensión. ¿Lo ocurrido en el anterior Gran Premio podría empastar tu continuidad en la escudería campeona?"

"Quiero que por favor se pongan todos de pie y aplaudan." Villanelle lo hizo cargada de falso orgullo y emoción pero nadie en la sala la siguió. Volvió a sentarse. "Es la primera vez que haces una pregunta que no es tan mierda. No. Soy la mejor en el circuito. Que haya japonesas de mierda con ganas de romper las pelotas es un tema aparte. Mercedes me ama. Ustedes me aman. Las modelos me aman. Si no me contratan nuevamente es porque le tienen miedo al éxito. Gracias."

Había pasado casi una hora y Bill en conjunto con los mecánicos estaban algo nerviosos. Eve no aparecía. Audrey lo encontró en uno de los pasillos tras bastidores de las salas.

"¿Sabes donde está Bill? Tiene que presentarse en breve sino la asociación la sancionará."

"Lo sé, cálmate. La llamaré." Marcó y esperó con su mano en la cintura. El tono resonaba pero nadie atendía.

"No es necesario. Corta." Detrás del ingeniero aparecía Eve con sus manos en los bolsillos de la campera negra de Mercedes y sus lentes puestos. La voz sonó seca, vacía. "Gracias por la preocupación."

"Eve. Prensa. Ahora." Llamó con preocupación Audrey con sus ojos abiertos y cejas alzadas.

"Dame un minuto. Entretenlos."

Buscó sobre el pasillo una habitación vacía y Bill la siguió. Costó romper el aire filoso luego de España.

"¿Cómo estás?"

"Cansada." Retiró su mano del bolsillo y su ingeniero vio la venda blanca sobre sus tres dedos medios, palma y muñeca.

"¿Aún-?"

"Necesito un favor Bill. En realidad, dos." Lo cortó. "El primero es que recompongamos nuestra relación luego de la debacle de la última carrera. Y el segundo es que necesito que me prestes tu yate para el fin de semana. No quiero hospedarme con el resto de Mercedes. Necesito alejarme de los flashes por el momento. Necesito estar tranquila."

Solo se limitó a asentir. Eve retiró las vendas con algo de dolor, aún quedaban vestigios de pinchazos más allá de sus cuidados en la última semana y media. Quitó sus lentes y revisó un poco más su rostro algo demacrado.

"Luces para la mierda."

"Lo sé. Tal vez finalmente estoy viendo la verdadera Eve." Bill suspiró con un dejo de molestia.

"Se rumorea que..." Eve ni siquiera lo miró y el hombre tragó con fuerza. "¿Te has separado? Los paparazzis han estado apostado afuera de tu casa luego de España."

"Sí. Estuve en Sion. Niko me ha echado prácticamente."

"Ellos pueden saberlo. ¿Lo sabes?" Dijo haciendo referencia a los periodistas.

"Sí." El tono seguía vacío, casi desahuciado y cansado. Terminó de arreglarse y giró hacia la puerta.

"Habla con Tom para que te deje pasar al barco. Está en el mismo lugar de siempre."

"Gracias. Manda mis cariños a Keiko. Estaré allí." Dio un paso alejándose.

"¿Eve?" Murmuró en respuesta. "Cuídate. Y aprovecha la tarde para despejarte allí arriba."

Eve lo entendió perfectamente. Era su manera de decirle 'Toma la bicicleta de Mercedes y vete a las montañas en las afueras de Mónaco'. Asintió y se dirigió al salón de prensa.

En cuanto hizo su aparición junto a la piloto de Haas los flashes reventaron en la sala.

"¡Eve! ¡Aquí! Villanelle nos ha dicho que no hubo sanción por parte de Mercedes o la FIA. ¿Es verdad?"

"Sí. Fue un accidente de carrera."

"¿Cómo te preparas para Mónaco? Tienes varios títulos aquí." Ganó Jamie sobre otros.

"Haré lo mejor que pueda."

"¿Renovarás por otro año con Mercedes?" Insistió uno de atrás.

"No lo sé aún."

"Eve." Llamó Raymond. Ella lo perforó con sus ojos. "Se corre el rumor de que tienes problemas maritales. ¿A eso se debió tu retraso aquí? ¿Lo ves como una distracción ante el delicado circuito?"

No respondió. Se tomó varios segundos mientras el resto de los periodistas hizo silencio ante la pregunta personal. Eve recordó las innumerables llamadas que le hizo a Niko desde Sion. Nunca fue respondida. Su alianza había quedado en el Audi negro a varias cuadras de distancia. Revisó su dedo anular izquierdo vacío.

"¿Le haces esta clase de preguntas a Hamilton, Raikonnen, Bottas y al resto de los hombres también? ¿O a cualquiera de aquí que se haya separado? ¿Qué es esto? ¿La antesala a un Gran Premio o un juzgado? Deja de joder conmigo entonces y has las preguntas que correspondan a esto."

"No tengo más preguntas." Respondió.

"Perfecto. Vete a la mierda. Y que se vaya a la mierda a todo aquel que piense como él. Adiós."

Corrió el micrófono y se dirigió al cuarto. Tomó sus cosas y se fue al yate para asentarse allí.

Jueves. Practicas libres uno y dos. A primera hora, desayunando en la cubierta posterior con el amanecer frente a ella, Eve probó sus dedos estirándolos. Dejó la mano en agua caliente intentando relajar los músculos. Antes dio una pequeña vuelta alrededor de la ciudad en bicicleta, buscando drenar algo de toda esa tempestad y cuidando sus dedos.

La primera hora y media de movimientos libres de los autos fue dominada por el Red Bull de Hèléne. Eve tuvo quejas con su mano.

La segunda práctica fue liderada por Villanelle. Eve quedó quinta. Necesitaba con urgencia irse al yate a descansar.

Antes de hacerlo, en su habitación privada detrás del box, habilitó un pequeño cuenco con agua tibia para descansar su mano. Bill abrió y dejó entreabierto a medida que los mecánicos de ambas acomodaban los autos para dejarlos en reposo.

El ingeniero la abrazó por detrás como si fuese su propia hija.

"¿Cómo estás? ¿Qué te ha dicho el médico?"

"Ya mejoraré."

"¿Has ido a nuestro médico?"

"Ya mejoraré, Bill. Solo molesta un poco cuando los enrosco en el volante. El día de mañana me ayudará para relajarla."

"Está bien. ¿Quieres que vaya a hacerte compañía?"

"Gracias..." La mano izquierda buscó su antebrazo alrededor de su cuello. "Pero estaré bien. Quisiera estar sola."

En el pasillo Villanelle vio la situación con Eve y Bill de espaldas a la entrada. Ambos abrazados y la mano derecha en el cuenco.

"Te enviaré la telemetría si quieres estudiarla mañana." Susurró en su oído.

"Eso estaría bien. Gracias Bill." Apretó su agarre y volteó para encontrarlo. En ese momento Villanelle giró para evitar ser vista y se quedó pegada a la pared, buscando escuchar algo más. "Perdón por hablarte así en España, hace semanas que vengo abrumada. Y todo esta situación con Niko no me ayuda."

El hombre besó su frente.

"Los tiempos difíciles pasarán, como ya ocurrió. Siempre estaré aquí. Descansa, mañana te enviaré todo."

Villanelle contuvo sus ganas de chistar. A cambio lamió su cicatriz y se dirigió a su cuarto para cambiarse.

 

 

 

Viernes.

El día de la Ascensión en Monte Carlo y, como ya era habitual, la acción de la Fórmula Uno estaba suspendida. Sin embargo los equipos asistían a los boxes para los detalles del día siguiente. Las pilotos eran las exceptuadas.

Bill se encontraba frente a las pantallas, dándole la espalda al W12 de Eve analizando la telemetría de ambos días.

"Oh! Think twice, 'cause it's another day for you and me in paradise." La voz sonó cerca de él. Cuando volteó encontró a Villanelle con la remera y short de Mercedes y sus lentes Randolph. "Hola Phil."

"Villanelle." Asintió con cuidado y ella gimió grotescamente.

"Di otra vez mi nombre con esa voz."

"¿Te ayudo en algo?" Volvió a gemir y deslizó sus manos en su cuerpo.

"Oh, si. Sigue. ¡Sigue!" El hombre sonrió sutil, casi con vergüenza. Solo le alzó una ceja esperando que se tomara en serio la situación. Ella cubrió su boca con el puño y tosió juntando algo de compostura. "Perdón por eso, respeto mucho el matrimonio y a tu esposa japonesa."

"Es inglesa con descendencia taiwanesa."

"Ya, deja de hablar porque terminaremos teniendo sexo y no habrá más respeto. Oye, vengo a pedirte un favor." Cambió su cara a falsa lástima, aliviada que no tenía que simular sus ojos ocultos. "¿Sabes donde se hospeda Eve?"

"¿Por qué preguntas?"

"Necesito verla." Bill cambió su pose a una sin rodeos, esperando que especifique. "Ya sabes. Para limar asperezas."

"No creo que ella quiera verte en este momento, Villanelle." Giró para volver a su actividad pero lo tomó del brazo. El hombre miró con atención su mano delicada, suave y fina.

"Por favor. En realidad, sé que se golpeó la mano en España y quería ayudarla."

"Hasta donde sé no eres traumatóloga."

"Te sorprenderías." Hizo una pausa de silencio y continuó. "Oye, dame un respiro aquí. ¿Sí? ¿Por favor? Coopera un poco. Hazlo por Mercedes. Sólo le llevaré algo."

"Sea lo que sea lo haré yo. Dámelo."

"No puedes. Tienes que trabajar aquí. Yo iré. En son de paz absoluta, lo juro." Levanto sus manos y sus cejas por encima del marco. "Cumplo mis promesas."

"Está en mi yate pero le dejarás lo que tengas al cuidador. No la verás ni la molestarás."

"Como digas."

Eve volvía a la zona de embarque a bordo de su bicicleta Mercedes. Subir la 'Col de la Madone' le daba un gusto dulce. En medio de su turbulencia volvía a tener algo de paz en pequeños detalles que la hacían feliz. El tiempo meteorológico en Mónaco se portaba para tal con su sol pleno.

Eran las cuatro de la tarde cuando sobre el deck de la popa comenzó su clase de yoga frente al atardecer. Llevaba un corpiño deportivo, unas calzas cortas y su mano aún vendada. Puso su playlist que comenzó con la canción 150.

En cambio Villanelle llevaba sus jeans con una camisa suelta y sus lentes. En su mano cargaba una pequeña bolsa de papel blanca. Caminó sobre el muelle hasta encontrar el yate 'Lara I' tal como había indicado Bill. En la entrada lateral aguardaba un joven que trabajaba en el mantenimiento del mismo. Villanelle ni siquiera le habló y subió.

"Disculpe, no puede pasar." Se interpuso en el camino hacia la proa por el pasillo lateral.

"Quítate pendejo."

"Señora, bájese inmediatamente. Esto es privado." Villanelle bufó y removió con bronca sus Randolph.

"¿Me has llamado señora, hijo de puta?" El chico empalideció al ver su rostro.

"¿Eres tú? ¿La piloto? ¿Villanelle?"

"No. Soy Nicole Kidman a sus veinte, idiota. Muévete."

"Disculpe. Soy un gran fan-"

"Genial chico. Sigue tus sueños y todo ese discurso de mierda." Siguió camino dentro del bote sin dejarle responder y puso sus lentes en su escote.

A los pocos pasos escuchó la música que provenía de la parte de atrás. Dejó la bolsa sobre una mesa y caminó algo más hasta acercarse hacia el espacioso deck. Allí Eve justo giraba arriba de su mat para encontrarla a pocos metros. La música resonaba entre ellas. Villanelle revisó su cuerpo algo sudado y con poca ropa. Metió sus manos en los bolsillos y puso cara de asco.

"¿Por qué escuchas esto?"

"¿Que mierda haces aquí?" Deslizó desafiante. Se acercó a paso lento a Villanelle que miró las manos de Eve.

"Te hará mal a la cabeza, Terminator." Asintió hacia su venda. "Intenta con otra cosa un poco más alegre, a lo mejor de esa manera puedes ganar una miserable carrera en buenos términos en tu vida."

"Ni siquiera sabes quién mierda es, ¿Y te crees lo suficientemente lista para venir a criticarme y romperme las tetas aquí?"

"Oh… veo que alguien se despertó de mal humor hoy."

"Soy como tú ahora." Se acercó para quedar nuevamente a pocos centímetros. "No le tengo miedo a nada. Aquí tienes mi monstruo, tal como lo querías ver en tus tierras. Aunque…" Torció su cara mirándola despectivamente. "Tienes de monegasca lo que yo tengo de rusa."

Villanelle soltó una risa con resoplido lateral y retrucó.

"¿Sabes? Te sentaría bien la Madre Rusia a ti. Un país lleno de mierda. ¿Qué le haría un poco más de mierda a algo lleno de mierda? Te camuflarías y tendrías esa vida miserable que tanto quieres y que tanto odias. Muy románico, cariño."

"Vete ahora mismo." Siseó conteniéndose de atacarla.

"¿Entonces es verdad?" Los ojos de Villanelle bajaron imperceptiblemente hacia la mano izquierda vacía de Eve. "Veo que tu monstruo no ha salido en un buen momento." Eve entrecerró los ojos. "¡Oh despreocúpate, Toyota! Puedes agradecerme luego por haberte ayudado de la separación con tu señor bigote. Considéralo un simple empujoncito." La rubia hizo escapar un delicado guiño de un ojo.

Eve no perdió tiempo. La tomó por ambas solapas de la camisa y la ajustó contra ella. En el movimiento su cara volvió a crisparse por el dolor que crecía en sus falanges, Villanelle lo vio y dejó que la más baja apretara su ropa.

"Sal de aquí, antes de que me ponga a pensar en como hacer desaparecer un cadáver en el maldito Mediterráneo." La rubia volvió a sonreír, perdiéndose en la furia de los ojos ajenos. De fondo la música cortó hacia otra canción.

"Hola monstruo de Eve. Un plaisir." Sacó sus manos y con dos dedos tomó las muñecas de la británica. Apretó lo suficiente como para producir dolor y las alejó con asco. Se limpió los dedos contra su tela y puso sus lentes. "Por cierto, seguro que el compositor tiene rulos y cara de aburrido." Frunció sus cejas marcando la obviedad. "Son todos la misma mierda."

No perdió más tiempo y se dirigió a la proa. La bolsa suya seguía allí. La tomó, pensó un momento y se escabulló hacia dentro del bote una vez más. Minutos después salió al muelle en búsqueda de su moto Triumph.

Esa noche, luego de una ducha, Eve se dirigió a la cama matrimonial con comodidades de sobra. Se desplomó sobre el colchón y tardó en percatarse en la mesa de luz de una pequeña bolsa de papel blanco. No era suyo ni estaba allí de antemano. Pesaba. Dentro encontró un pote blanco nuevo y sellado. Leyó la etiqueta.

"Crème anti-inflammatoire à action rapide." Mostró algo de confusión perdiendo su mirada y pensando.

Cuando soltó el paquete, éste cayó y de allí salió un papel. Lo abrió y volvió a leer la caligrafía fina.

'Sorry baby. xoxo'

 

 

 

Sábado.

Luego de despertarse temprano en su casa, Villanelle se dirigió al circuito a pocos minutos. Ingresó por detrás, saludó algunos fotógrafos, y fue a su salón privado para cambiarse. El lugar era muy reducido pero bastaba para un pequeño sillón y una mesa. En los días anteriores se había ocupado de remover el único espejo pequeño que estaba colgado. Al ingresar lo vio arriba de la mesa con una leve capa de líquido viscoso blanco encima. En él había un escrito hecho con los dedos, dejando entrever sobre las líneas de las letras el reflejo que mostraron ciertas partes de la cara de Villanelle, haciéndola crispar.

'PÚDRETE'

Arriba de la 'R' vio sus ojos y sobre la unión de ambas líneas su cicatriz. La mordió con furia y lo dejó a un costado. Tirado en el piso un poco más allá estaba frasco de la crema con la tapa abierta.

Aquella bronca no fue suficiente cuando luego de la tercer práctica libre Eve logró el mejor tiempo. En la salida posterior del box hubo un nuevo cruce de miradas entre ambas.

Clasificación. Tercera etapa.

Con poca carga de combustible, y el motor a máxima potencia, Eve aceleró por la recta principal. Algo más de un minuto después congelaba su tiempo en 1:10:406.

Detrás de Villanelle y Hèléne.

La segunda y última vuelta tampoco fue suficiente. Pole position: Villanelle Astankova. Segunda Hèléne. Tercera Eve.

Esa noche Eve durmió sola resguardándose de ojos curiosos en el silencio de su ex-yate, vendido hacía años a Bill por un precio muy razonable. Mientras en la habitación de Villanelle, con ella erguida sobre sus rodillas en la cama, alzaba la pierna de su acompañante a su hombro izquierdo.

"Vamos pole girl. Vamos cariño." Gimoteó.

Sin piedad la embistió largo y tendido con tres dedos.

Domingo.

Luego del himno de Mónaco y el saludo del rey, las pilotos se enfocaban en sus monoplazas. Villanelle escuchaba en sus auriculares la canción 53.

"¿Cómo estás con la mano?" Bill se acercaba a su piloto que ajustaba su guante con cuidado.

"Bien."

La noche que encontró el pote se puso un poco y el dolor de sus tendones había disminuido drásticamente. Con impaciencia y rencor sacó otro poco y lo guardo en un pequeño recipiente, dejando reserva para el día de la carrera. En ese momento, dentro del guante, la mano estaba humectada y poco a poco volvía a sentir alivio.

"Sólo hay una estrategia."

"El arranque. Lo sé. Apuesto todo allí."

"Ten cuidado, no te lo pondrá fácil." Eve asintió y golpeó el puño con él.

Acomodó su casco y a los pocos segundos anunciaron la vuelta de reconocimiento. En la grilla de partida, frente a Eve, Villanelle regulaba su motor en su posición de privilegio. Luces rojas encendidas. Los ojos de Eve se concentraban en línea recta. No sólo por el alerón de Villanelle, sino por los semáforos. Sedienta por pasar a su rival. Un nuevo y fugaz chequeo a su volante y sus configuraciones. Todo perfecto. Las luces se apagaron. Comienzo del Gran Premio de Mónaco.

Las esperanzas y la adrenalina de Eve crecieron con fuerza en su pecho, esforzándose en alcanzar en los primeros metros el Mercedes frente a ella.

Y pronto todo se esfumó. El alerón trasero se alejó hacia la primera curva a la derecha. Eve borró todo rastro de esfuerzo y bajón sus brazos. En su camino hacia la Beau Rivage, cuesta arriba, Villanelle y Hèléne afirmaron sus posiciones. La británica defendió con lo justo la suya y se concentró en no perder rastro a ellas. Luego de la cuarta vuelta poco a poco el tren de autos se alejaban entre sí. Eve abrió su radio.

"¿No hay plan alternativo?"

"Negativo, Eve. De surgir alguna chance la analizaremos. Empuja fuerte e intenta no distanciarte demasiado."

Vuelta 33 de 78. Villanelle llevaba una delantera de más de 18 segundos sobre Hèléne y de 25 sobre Eve.

"¿En breve entramos? No le queda mucha vida al neumático delantero derecho." Habló Eve.

"Copy." Saliendo de la piscine en la vuelta 34 la llamó. "¡Box box, Eve! ¡Rápido!" La piloto apretó a fondo el acelerador sobre las últimas curvas y entró al pit lane.

Antes de la llegada a su garage vio el Red Bull de Hèléne parado y sus mecánicos saliendo del box con los neumáticos a cuestas y desprolijos. Rápido frenó delante de su equipo y pusieron las cubiertas blancas duras. Accionó la radio.

"¿Qué pasó con Red Bull?"

"Hèléne ingresó a boxes sin orden del equipo. No estaban preparados." No era algo único, Eve sabía que ese tipo de situaciones era más común de lo que debería en la máxima categoría.

"¿Villanelle delante? ¿A cuánto?"

"Veintiséis segundos. Ya cambió sus neumáticos. Has tu carrera."

"Copy."

Vuelta 52. Villanelle habló mientras empezaba a superar rezagadas.

"¿A cuánto la milf detrás mío?" Konstantin respondió.

"Hèléne tuvo problemas de comunicación con su equipo. No estaban preparados con los neumáticos en el box y perdió su posición con Eve." La rubia soltó una explosión de risa.

"Esa escudería es una maldita fiesta de cumpleaños. Qué idiotas. Oh, se me acaban de caer lágrimas de risa y no me puedo limpiar."

"Bandera amarilla Villanelle. Desacelera."

"Oh, ¿No me digas que ahora han chocado los dos Red Bull? Nos quitan el beneficio de la exclusividad a la sashimi conmigo en- ¿¡Hay bandera roja!?" Su W12 entró al túnel desacelerando más de lo normal. Los paneles que titilaban con el color amarillo se volvieron rojos.

"Villanelle mantente en delta positivo y con cuidado en la zona de la piscina. Un Renault golpeó la barrera."

Eve apretó con desesperación el botón de su radio.

"¿¡Qué ocurrió!? ¡Hay bandera roja, carajo!"

"Accidente en la piscina. Mantenlo en delta positivo. Estamos revisando el estado." Respondió rápido.

"Carajo Bill. ¿Quién?" Sus labios se juntaron débilmente a punto de pronunciar ve corta de su compañera de equipo.

"Kira, de Renault. Aún sin novedades."

Eve desaceleró más de lo normal sobre la chicana para encontrar a los comisarios de pista sobre el automóvil negro y amarillo cerca de la barrera, visiblemente golpeado y con solo dos neumáticos puestos. Algunos de ellos estaban encima del cockpit luchando para sacarle el cinturón de seguridad a la piloto.

"Mierda." Susurró para sí.

En cuanto los mecánicos ayudaron a parar el monoplaza justo detrás del de Villanelle, ella salió a su box a toda velocidad. Allí dentro, escapando de algunos fotógrafos que siempre la buscaban a ella en éstas situaciones, revisó las pantallas con la repetición del accidente. Una ínfima falla de cálculos al momento de cruzar la chicana había hecho desestabilizar a Kira. Su cabeza había golpeando con fuerza a un costado y se encontraba inconsciente.

"Mierda, mierda." Bill se aproximó a ella con sus auriculares.

"Estoy en comunicación con los comisarios a ver que dice el médico. La están atendiendo." La británica simplemente le asintió y volvió hacia las pantallas que sacaban el cuerpo de Kira.

Villanelle desde al costado de su auto le pedía los auriculares a Kenny con su celular. Puso la canción 63 mientras esperaba la reanudación. Ante la demora vio como los fotógrafos se encimaban al box de Eve. Konstantin se había unido a Eve y Bill.

"¿Por qué tanto escándalo con la idiota esa?" Le preguntó al joven.

"Cuando ocurren cosas como éstas recurren a Eve. Ella desde hace muchos años que ha ayudado a la FIA a mejorar la seguridad de los circuitos y los automóviles. De hecho, el halo fue impulsado por ella en la rama femenina."

Revoleó sus ojos sin darle importancia y se quedó a un lado esperando.

"Estará bien. Algo mareada y fuera de órbita pero bien." Anunció Bill para los dos a su lado.

Diez minutos después, luego de sacar los restos del Renault, volvían al circuito detrás del safety car por una vuelta. Ambos Mercedes aprovecharon la bandera roja para cambiar neumáticos a super blandos usados.

"Ve el lado bueno, estarás cerca de ella con la bandera roja. Si tu ritmo es mejor sólo ten cuidado al sobrepasarla."

"Haré lo mejor que pueda." Respondió Eve.

Tras la reanudación no hubo caso. El ritmo de Villanelle volvía a ser arrollador. Eve se preocupó de alejarse lo más que pudo de Hèléne.

Vuelta 72.

"Gordo, pendejo, ¡No me avisaron que corría sola! ¿Dónde están todas?"

"Eve está detrás tuyo por diecinueve punto tres. Falta poco. Disminuye un poco el ritmo, tienes margen de sobra para el final."

"Púdrete comrade."

Vuelta 74. 

Villanelle pasó la horquilla y se dirigió a la Mirabeau bas hacia su derecha. Aceleró siguiendo la línea de carrera a un costado y volvió a ubicarse. El neumático super suave usado le regaló una pequeña vibración desestabilizándole el monoplaza. Cuando quiso doblar a su derecha nuevamente para entrar al túnel, el W12 perdió el control. El subviraje hizo que la rueda delantera izquierda impactara contra la barrera de contención, quebrándose y rompiéndose la suspensión.

Konstantin y Kenny no daban crédito. Cansado, el menor abrió la radio.

"¿Te encuentras bien?"

"¡Carajo! ¡Maldita sea! ¡Mierda!"

Mientras las banderas amarillas flameaban, Villanelle contorneó su cuerpo para salir del cockpit sin sacar nada de él, empujando los comisarios que intentaban ayudarla. Caminó hacia el alerón trasero de su monoplaza y removió su casco y protector ignífugo.

Frente a ella, colina arriba se aproximaba regulando su velocidad Eve, ya notificada de su leve accidente. Abrió su visera bajo el virtual safety car mirando de frente a su rival. Villanelle quitó sus dos auriculares con bronca y la miró por el rabillo de su ojo con ira contenida. Escurrió su lengua por la cicatriz y Eve alejó su mano derecha del volante. Sin flexionar sus dedos la meneó para un lado y otro a medida que doblaba bajando las marchas con la izquierda, dirigiéndose hacia el túnel. Una vez allí volvió a cerrar su visera con una sonrisa en sus labios.

Ganadora del Gran Premio de Mónaco: Eve Polastri. Segunda Hèléne.

 

 

 

Villanelle, en la soledad de su casa a las afueras de Mónaco, revisaba en su celular los videos relevantes subidos. El primero que encontró fue de la conferencia de prensa hacia la ganadora.

"Eve, Villanelle fue advertida previamente que disminuyera la velocidad para asegurar su victoria aquí en Mónaco. ¿Qué opinas de eso? ¿Habrá problemas en Mercedes nuevamente por desacatar la orden?"

La rubia apretó sus dientes y vio con atención en la pantalla como Eve rascaba su mejilla, pensando la respuesta. Pensó que sería aburrida pero segundos después se sorprendió.

"Creo que no habrá problemas para Mercedes pero sí para ella. Una orden de equipo es como nuestra religión: acatamos o acatamos. Probablemente deberías preguntárselo a ella."

"¿Y por qué crees que desobedeció?"

"La conozco lo suficiente como para decir que ella no quería ganar este Gran Premio. Incluso no quería ganarme a mí. Sino que quería humillarme y tuvo un poco de su propia medicina. Y creo que lo merecía." Levantó sus hombros imperceptiblemente antes de continuar. "A lo mejor ha tenido una verdadera cita con su doppelgänger."

El dedo de Villanelle pausó el video y volvió a ajustar su mandíbula. Al costado vio lo más destacado de la carrera. Pronto apareció el team radio de Eve sobre su accidente. Bill habló primero.

"Cuidado. Banderas amarillas."

"¿Quién ahora?"

"Villanelle, antes de su ingreso al túnel. Con cuidado sobre el sector."

El W12 número 2 justo entraba en la recta previa a la curva, abrió su visera como intentando analizar mejor el choque a medida que avanzaba y vio allí la bronca de Villanelle sacando sus auriculares y mirándola. Cuando levantó la mano saludándola volvió a hablar y salió por el team radio.

"Sorry baby, xoxo." Giró a su derecha y desapareció. El video terminó.

Los ojos avellana se iluminaron, perdida en el video. Apretó con fuerza el celular, lo alzó y lanzó con fuerza contra la pared de la cocina. El dispositivo quedó con la pantalla quebrada sobre la mesada pero aún funcionando.

"¡Japonesa hija de puta! ¡Maldita hija de puta! ¡Voy a desollarte viva!" El grito duró hasta que su garganta ardió.

Sacó de su bolsillo una pequeña llave y se dirigió a la puerta negra frente a ella. La abrió y se encerró allí.

El celular en la cocina sonó y la pantalla se encendió, mostrándole un nuevo mensaje de Kenny.

'Compañera, espero que te encuentres mejor. Si bien el próximo GP es en dos semanas tienes que estar el sábado en Brackley. Tenemos semana de pruebas y modificaciones antes de correr en el mejor circuito para nosotros. Te veo pronto y cuídate.'

Chapter Text

                               silverstone

 

 

El sombrero negro de ala ancha empatado con un vestuario del mismo tono le daba un acento dentro del restaurant de lujo. Y a Villanelle no le importaba.

Sola, en la barra de un restaurant de Mónaco con su cocktail frente a ella, se enfocaba con agudeza hacia el libro abierto en su mano. En la tapa estaba la bandera de Gran Bretaña con una mancha de sangre y el título: 'God Save the Queen: Mistery, Power and the Windsor family'.

Tras ella, en medio de un bullicio molesto y constante de los comensales y clientes, alguien carraspeó su garganta a varios metros. Villanelle volteó para observar por el rabillo de su ojo a una mujer con su melena y tres amigas sonriendo ante un comentario. Se volvió para encontrar a la piloto mirándola fijamente seria. Luego de unos segundos le sonrió y la rubia le respondió igual.

El primer orgasmo ya había llegado.

Villanelle tomó las caderas de la mujer debajo de ella y la volteó. Cuando su pecho golpeó el colchón, ese mismo agarre fue hacia ella y en consecuencia la mujer quedó arrodillada con el trasero golpeando sus caderas. No perdió más tiempo y penetró con dos dedos.

La morocha con algo de melena empezó a mover sus caderas con buen ritmo, el suficiente como para dejar a la rubia mover levemente su mano y penetrar con tres, hasta cuatro dedos dentro de ella. Los gemidos agudos ya se hacían esperar.

Algunas embestidas más tarde el sudor se acumulaba en el cuello de Villanelle ante el calor del casi verano en Mónaco. Observaba el acto desde su altura con ojos dilatados. Cada penetración se fundía en un movimiento de su volante dentro del circuito de Monte Carlo.

Un error. Un mísero error le había costado muy caro. Se había ido de allí a su casa a pocos minutos con cero puntos en el campeonato. Y Eve con 25. Imperdonable.

La mujer movió su cabeza corriendo la melena hacia un lado.

"Vamos. Más rápido, novata."

Villanelle bajó su mirada hacia la mujer. Eve la miraba con una sonrisa maliciosa, llena de información recordándole la última carrera y su complaciente victoria.

"¿¡Qué carajos!?"

Sacó su mano y se alejó. La modelo rodó hasta quedar enfrentada a la rubia que la miraba espantada. Luego del giro la cara de Eve se había desvanecido dando paso a rasgos occidentales en la mujer frente a ella.

"¿¡Qué demonios te pasa!?"

"¡Vete ahora mismo de mi casa!" Villanelle gritó y con el dorso de sus manos presionó sus párpados, intentando volver a la realidad.

"Estás enferma de la cabeza." Tomó sus prendas, se vistió rápido y salió de allí dejando a la rubia desnuda y rascando su cabeza ante la confusión.

"Estoy llena de mierda. Carajo."

Frotó sus manos sobre su cara, se acostó y cerró sus ojos.

Eve abrió los suyos. Frente a ella la recibía el espacio vacío de la cama matrimonial que había dejado Niko en Suiza. Mientras el café caía en la jarra tomó el pote de la misma crema que le había dejado Villanelle. Recordó el nombre y la había comprado en Mónaco luego de la carrera. Se untó un poco terminando la rehabilitación y cuidando sus movimientos. Tres días después de haber ganado en el principado eran suficientes para ya casi no tener registros de dolor.

En su soledad en esos días había evitado ver algo de la prensa más allá de su victoria. En las redes sociales había vislumbrado un tenue titular "Golpe de suerte para Polastri en el principado."

El sonido de su celular la sacó de concentración. Mensaje de Bill con un link y un escrito abajo.

'Léelo.'

El diario Motorsport con el titular en negrita y directo: "Kasia Molkovska afuera de Renault indefinidamente luego de su accidente."

Los ojos de Eve buscaron las palabras o frases claves del artículo. '...politraumatismo craneal...' '...debilidad y perdida momentánea del conocimiento...' '...la Fórmula Uno femenina suma un nuevo antecedente trágico...' '...una de las principales defensoras de la actual normativa: Eve Polastri...' '... la fatalidad está a la orden del día, en cada vuelta, en cada curva...' '...la rama masculina sigue su seguidilla de años sin daños de renombre en sus pilotos...' '...¿Habrá final feliz?...'

"Estúpido Raymond." Susurró para sí.

Al costado vió otra nota sugeridas. 'Pequeño fan es sorprendido por Villanelle.' No lo dudó y lo abrió. El video con una breve descripción era un resumen de la carrera. El accidente de Villanelle con ella enojada yendo a su box. En las gradas enfocaron a un nene de cinco o seis años llorando con su gorra y remera de Mercedes. Horas más tarde era enfocado con su padre de la mano ingresando a la parte privada del paddock con él de la mano. En el comedor de Mercedes, sentados en una mesa, apareció Villanelle detrás de él. Le dio un pequeño susto y él no dudó en abrazarla. Saludó cordialmente al padre de la mano, firmó su gorra con dedicatoria especial y se tomaron una foto. Luego, ella desapareció por la parte de atrás con el niño sin poder borrar su sonrisa pese al accidente de su pilota favorita.

Eve apagó la pantalla de su celular y se quedó pensando mirando hacia las montañas suizas.

Revisó su mano izquierda con su alianza de casamiento allí. Había hecho el intento de desprenderse en Monte Carlo de la misma pero la aburrida rutina post carrera se apoderaba de ella una vez más. Tal vez lo mantendría hasta que su abogado le dictara divorcio total y de bienes con su marido. Eve no quería pensar en las pérdidas millonarias que tendría. El anillo le recordó mandar un mensaje. Buscó a Niko y escribió:

'Hola. Iré el viernes por la tarde-noche a buscar algunas cosas que me he dejado en casa. Sólo quería avisarte. Espero que te encuentres bien.'

No hubo respuesta en las siguientes horas ni días. Eve no le dio mucha atención tampoco. De una manera u otra se aclimataba a la soledad de Suiza. El viernes a las 5 P.M. subió al avión en Ginebra para cumplir con la agenda estipulada de Mercedes.

 

LONDRES

 

Volvía a chocarse contra una pared cuando, al salir del Heathrow, no tenía vehículo que la llevara a su casa. Pidió un taxi hasta su mansión al oeste, en las afueras de la capital.

Ingresó con cuidado, casi con la cabeza gacha. Rápidamente la invadió el olor a carne saborizada. Cuando volteó encontró a Niko que se asomaba desde la cocina con rostro nulo. Eve no pudo ocultar su sorpresa. El mensaje iba como objetivo principal para alertar a su marido por si quería irse de la casa. Su mente se trabó, intentando buscar palabras para comenzar la conversación. Sería rudo si iba directamente a buscar sus cosas. Para alivio de ella Niko habló.

"Felicitaciones." Ella asintió lentamente aún sin reacción.

"Gracias." Respondió inmediatamente. Volvieron a silencio.

"Vi la carrera." Las palabras tranquilizaron a Eve, que suspiró y busco hilar ideas.

"No creí que lo harías."

"Mónaco es tentador. Me recordó cuando vivíamos allí. Más allá de todo tuvimos lindos recuerdos." Exhaló con una sonrisa buscando esos recuerdos.

"Sí. Tuvimos lindos recuerdos." Su pulgar jugó con la alianza pensando y analizando en qué clase de puerto terminaría esa charla.

"También vi el accidente."

"Sí, me preocupé. Por suerte ya se encuentra bien." Evitando seguir escarvando sobre el tema delicado, Eve suspiró y sacudió su cabeza. "Hay rico olor." Niko no respondió y el silencio forzó a Eve a seguir el único camino que le quedaba. "De todas maneras no quiero molestarte. Tardaré unos minutos."

"Hice un Shepard's pie." En respuesta sonrió con lástima.

"Lo supuse. Lo reconocí."

"¿Quieres comer?" Los ojos de Niko se clavaron en la mano con la alianza aún puesta. El aire se estancó indefinidamente en los pulmones de Eve. Con algo de emoción mal contenida respondió.

"Me encantaría."

Esa noche, luego de la cena y antes de que Eve se fuera, Niko la abrazó con fuerza y la invitó a quedarse. Ella casi se derrumba. Anhelaba con fuerza su vida de antes.

No tuvieron sexo pero durmieron abrazados, como si ese acto fuese pegamento barato para las amplias grietas que había entre ambos.

 

 

 

Villanelle arribó a Londres el sábado por la mañana con su cabellera impecable, camisa liviana y pantalón de lino. Afuera del Heathrow aguardaba la pequeña van de Mercedes con Kenny dentro.

"¡Qué bueno que hayas llegado!" En respuesta le dio una sonrisa amarga, casi desagradable.

"¿Sí?" Vio que llevaba con él un paquete de gomitas comestibles, tomó algunas y se sentó a su lado. Puso sus lentes antes de hablar. "¿Por qué te sorprendes si te he dado mi número de vuelo, imbécil?"

"Siempre es bueno verte Villanelle. ¿Cómo te ha ido en Silverstone previamente?" La rubia roncó fuerte, dándole a entender que quería estar en paz.

Casi una hora después arribaron a Brackley. Antes de bajar, Villanelle puso sus auriculares y reprodujo la canción 102.

"Oh, well... Hello London!" Kenny se sorprendió de su acento británico idéntico al suyo, dándole la bienvenida al país. Estiró sus brazos al cielo a medida que avanzaba por las calles de la fábrica AMG Mercedes. "Para lo único que me gusta venir a esta isla mediocre es por la música."

"La tierra de los Beatles. Tenemos muy buena música."

"No me jodas, lampiño. Los Beatles están sobrevaluados."

Villanelle ingresó recordando el trayecto hacia su salón privado con cama. En la puerta seguía el papel cortado con la 'V'. Cuando giró el picaporte no abrió.

"¿Qué mierda sucede con esto?" La forzó aún más hasta que se escuchó un chasquido desde adentro. La puerta se abrió con Eve frente a ella. "Esta es mi habitación, niguiri." Con el índice señaló el trozo de papel.

La británica lo tomó, lo observó con curiosidad, lo hizo un bollo y lo lanzó a su espalda.

"Ahora es mi habitación. Puedes quedarte en la que se encuentra al final del pasillo." Villanelle mordió con furia su labio inferior y la puerta se cerró en su cara. Le dio una patada antes de hablar.

"Púdrete." La voz respondiéndole salió ahogada desde adentro.

"Me alegra que sepas leer mensajes escritos en espejos de Mónaco, cariño."

"¡Vete a la mierda, hija de puta!" Volvió a patear la puerta.

"Villanelle, para ya. Es solo una habitación." Kenny se ponía frente a ella.

"No es solo una habitación. Esto no queda así. ¿¡Me has escuchado!? ¡Pedazo de mierda!" Dijo con veneno y se dirigió a la suya.

Las idas y venidas entre ambas siguieron hundidas en la misma rutina de aquella semana de pretemporada. El segundo día de desayuno Eve notó que faltaba jugo de naranja. Volteó para ver a Villanelle con la jarra, bebiéndola con saña. Cuando sus ojos se encontraron le sonrió con asco y le levantó el dedo medio.

"Pendeja insolente." Apretó el puente de su nariz buscando calmarse.

"Ya basta, Eve. No sigas su juego de adolescente." Aconsejó Bill a su lado.

"Siento más peso del normal sobre mis hombros. Por mi relación con Niko, Silverstone-"

"Carlos." Interrumpió su ingeniero. Eve frunció su cejo en incógnito. "Me dijeron que el príncipe Carlos va a asistir el domingo. Eres el honor de la corona."

"¡Nadie me lo dijo! Carajo. Otra cosa más."

"Relájate. Toma la cuota de confianza de Mónaco. Mete presión al otro lado. Silverstone es lo tuyo y las gradas estarán a tope. Tú eres la Reina."

Con motivo de realizar modificaciones en los monoplazas y que usaran el simulador dentro de la fábrica, las dos pilotos se quedaron en Brackley entre sábado y miércoles. Villanelle con algunas videollamadas. Eve, habiendo acomodado débilmente la situación con su esposo, dormía en su casa de Londres. Consiguió el pase para todo el fin de semana para él pero aún mantenía una cierta distancia desde lo afectivo.

Miércoles.

Las camionetas de Mercedes habían llevado a Villanelle desde Brackley a Silverstone con su trailer detrás del circuito. Pasos antes de llegar con su valija en mano, una mujer de cabello pelirrojo y camiseta negra y amarilla de Renault se acercó a ella.

"Hola." Dijo con voz seductora. La rubia bajó sus lentes Randolph para darle un nuevo reconocimiento a ella con sus curvas.

"¿Eres el reemplazo de la idiota que no sabe doblar en Mónaco? Villanelle Astankova, nena. Un placer." Extendió su mano y la mujer la estrechó con una sonrisa perfecta.

"Claire."

"Claire. No suelo elegir pelirrojas pero, ¿Te gustaría tomar algo en mi trailer?" Sonrió con confianza antes de responder acercándose a ella a pocos centímetros.

"Wells."

Inmediatamente la rodilla de Claire se impactó en los genitales de Villanelle, obligándola a tomarse y caer de rodillas al suelo. Una mano la tomó de su cabello rubio y la alzó para mirarla con ira.

"¿Así que hemos ido al caribe a tener sexo desenfrenado, 'nena'? ¿Y también en tu auto, en el garage y no se donde más? Te lo diré una sola vez maldita imbécil de mierda: deja de joder con mi padre, conmigo o con cualquiera de mi familia."

"Eres una maldita hija de puta." Gimió de dolor.

"Púdrete tú y tu sonrisa de mierda, Joaquín Phoenix con clítoris." Le soltó el pelo y se alejó a paso enojado.

"¡Pasaré por encima de tu maldito auto de cartón, pendeja!" Claire no le respondió.

Villanelle se quedó allí, esperando que el dolor se mitigue en sus genitales.

"Que linda bienvenida que me dan estos ingleses de mierda. Carajo." Tomó sus cosas e ingresó al trailer.

Por la tarde, tomando algo de aire pero aún frustrada por su encuentro con la hija de Raymond, Villanelle se acercó al circuito. Pocos segundos después, a pocos metros y a alta velocidad, pasaron Eve con Niko montando sus bicicletas de Mercedes como en los últimos años.

Automáticamente la rubia se dirigió al box y encontró en una de las pantallas el spotify de ella en reproducción. Cambió la playlist a una propia y puso la canción 173.

"Sayonara, perra." Dijo para sí y se alejó.

"¿Qué es esta canción?" Preguntó Niko a su esposa a su lado que amortiguó el paso.

"Creo que tengo una idea de quién pudo haber sido." La voz salió ajustada. Su marido entendió rápido.

"Déjala. Está bien para hacer ejercicio."

Algunos segundos después la voz comenzó: 'Don't want no short dick man'. Ambos abrieron sus ojos. Eve dio una última vuelta a Silverstone a máxima velocidad y los últimos metros antes del pitlane arrancó sus auriculares. Niko seguía sorprendido escuchando el resto de la canción y el claro mensaje hacia él en tono de burla.

Jueves. Rueda de prensa.

Eve ingresó con Hèléne.

"¡Eve! ¿Has hablado con Kasia?"

"No. No la he llamado pero le he enviado un mensaje a ella y a su familia."

"Se está hablando de que la FIA vuelve a presionar a Liberty Media sobre el reglamento."

"Estoy cansada de responder lo mismo. Liberty es el dueño de todo esto así que puede que cambien o no las reglas, queda en ellos. Ojalá Kasia se recupere pronto pero eso le puede suceder a cualquiera. Si Kasia o cualquiera no se prepara físicamente de manera correcta para soportar esos golpes... Entonces escapa a todas nosotras."

"¿Entonces dices que la culpa de sus contusiones es de ella?"

"Sí. Mónaco es un circuito seguro y no podemos andar a trescientos kilómetros por hora. Tomó una chicana rápida y erró en el cálculo. No hay más que discutir."

"Eve." Comenzó Raymond. "Es de público conocimiento que no es la primera vez que una mujer tiene un accidente de este calibre o peor y debe estar fuera de las pistas por tiempo indeterminado. Incluso tú. ¿Aún así crees que no es momento de cambiar la estructura de esta categoría en las mujeres? Puede ocurrir una fatalidad en cualquier momento."

La británica se congeló antes de responder. El periodista sonrió. Pronto Eve le dio una sonrisa amable y le clavó sus ojos.

"¿Me preguntas esto y metes presión porque tienes miedo?"

"¿Por qué debería tener miedo?"

"¿Acaso no es obvio? Tu hija compitiendo con estas 'dementes'. Exponiéndose a que termine igual o peor que Kasia." Levantó sus cejas presionando una respuesta. Raymond dejó de sonreír. "¿Crees que soy lo suficientemente estúpida para no darme cuenta de eso?"

"¿Entonces lees los medios y todo lo que escriben sobre ti, Villanelle, o de cualquiera?" Eve no respondió. Mordió imperceptiblemente su labio.

"¿Vas a preguntar algo que te sirva a ti y a tu maldito periódico o simplemente vas a fastidiarme con tus preguntas de mierda?" Cortó. Bajo el manto de silencio espeso revisó su anotador.

"Sí. ¿Crees que es un peso para ti correr en el circuito de local, sabiendo que puedes extender el récord de Hamilton con más victorias en Silverstone y con Villanelle a tan solo tres puntos de ti en el campeonato?"

"Si lo dices así sí es una presión." Sacó una sonrisa sarcástica. "Pero me importa un carajo como lo plantees. Los récords fueron hechos para romperse. Ojalá gane, me siento cómoda aquí, el público es increíble y me encantaría regalarles una alegría. En cuanto a Villanelle será una preocupación de ella si me puede correr de igual a igual. Gracias."

Villanelle entró con Elena bromeando entre ellas.

"Villanelle, ¿Cambios a raíz del accidente de Mónaco?"

La rubia se acercó al micrófono y Elena apretó el interruptor a 'off'. Volvió a reír y le dio un suave empujón. Lo activó una vez más.

"Es una maldita idiota, sepan disculparla. Sí, hubo cambios. No usaré más mi tanga azul, iré por la negra. Me trae más suerte."

"¿Alguna estrategia para destronar a la Reina de Silverstone? ¿Habrá más ordenes de equipo o correrán libre?"

"¿Quién mierda es la Reina de Silverstone?"

"Yo." Interrumpió riendo Elena.

"No me jodas, Mel B. ¿Tan bajo ha caído la monarquía?"

"¡Villanelle! Eve Polastri es considerada la Reina de Silverstone."

"¡Ah! ¿Y por qué?"

"Ha ganado este gran premio nueve veces y va por la décima. Es la máxima ganadora en toda la historia de este circuito." Un silencio lúgubre rellenó la cabeza de la francesa. Sonrió a un costado con la mirada perdida.

"Se romperá la racha entonces."

"Villanelle." Llamó Raymond, en respuesta le dio una mirada podrida. "¿El hecho de que estés segunda en el campeonato, hayas chocado cerca del final en Mónaco y ahora tengas que correr con la localía de la líder te pone algo de presión extra?"

"No soy una mujer religiosa pero el otro día escuché una frase: 'Dios te da y también te quita'. A lo mejor Él, si es que existe, le dio una victoria en la carrera de mierda que hizo en Mónaco en donde no la mereció en absoluto y ahora tal vez le quite el privilegio de ganar aquí." Algunos periodistas silbaron por lo bajo por el tono tajante. "Igual los admiro a ustedes cretinos de mierda, la verdad. Que ella gane una carrera de mierda no significa que tenga trescientos puntos en el campeonato. Son veinticinco para mí y para cualquiera."

Raymond siguió presionando.

"Sí, pero el hecho de que tú no hayas sumado es costoso y la diferencia se amplía llegando a la mitad del torneo-"

"¡Púdrete!" Villanelle se levantó y la silla salió despedida hacia atrás, enfrentando a Raymond. "¿Qué mierda buscas, imbécil?"

Por la lejanía al micrófono la voz quedó en el salón. Elena a su lado la miró sorprendida, tomó su micrófono y lo alzó hacia su boca. Luego giró y le dio una suave sonrisa al resto de los periodistas que se reían por la insistencia.

"¡Dímelo! ¿Sabes lo que haré allí afuera? Destruiré los malditos frenos de tu maldita hija para que la próxima rueda de prensa la veas desde el hospital de Londres." Villanelle se dio vuelta para retirarse y Raymond volvió a responder.

"Veo que la has conocido."

Los recuerdos del encuentro le dieron una nueva ola de ira. Giró y dio dos zancadas hacia él. Elena cruzó delante de ella y la detuvo desde el pecho.

"Déjamelo." Le susurró por lo bajo. Tomó un micrófono para hablar para los periodistas. "¿Cómo no la va a conocer? ¡Si se la montó en el caribe, en el auto y hasta en mi propio trailer! Me debes una por eso, por cierto." Amenazó.

Un nuevo bullicio de burla hacia el periodista resonó. Villanelle le sonrió complacida de manera deforme. Elena enroscó el micrófono casi como si hiciera un espectáculo de stand up.

"¿Cómo era que había escuchado? ¡Ah, sí! ¡Rápido bebé, rápido! ¡No le digas a nada a papi!" Gimoteó simulando otra voz. Villanelle complacida de la defensa y las risas que habían levantado. "Púdrete Raymond. Recuérdame regalarle un set de Hot Wheels antes de que se suba al auto así sabe como mierda conducir algo más que no sea tu maldito Original Mini del setenta."

La rubia abrazó por la cabeza a Elena mientras se volvían a sentar.

"No eres tan mierda."

"Espero que luego de esto me des clases de tenis, Sharapova."

 

 

Sábado.

En Silverstone, Eve había tomado una determinación: no viajar desde su mansión en Londres hasta el circuito. La ruta se colapsaba con facilidad y le traía mal humor. Le había dicho a Niko que prefería que ambos se acuesten en el trailer.

Por la mañana él la recibió con café recién hecho. Atípico para una Eve que estaba acostumbrada a despertar sola y, si bien intentaba con todas sus fuerzas mostrarse como la esposa ideal, se sentía incómoda. Necesitaba una mínima clase de yoga mañanera para entrar en concentración y clima competitivo.

Villanelle había perdido la cuenta de cuántas veces había bostezado en las prácticas libres del día anterior. Las gradas estaban a un 30% y el público inglés ni siquiera animaba, distinto de los últimos Grandes Premios. Aún cuando Eve había sido el mejor tiempo de ambas prácticas pero con la francesa pisándole los talones.

Sin embargo el sábado fue diferente. La clasificación aumentaba los nervios en el asfalto inglés. Durante la tercer práctica la gente aún se ubicaba y disfrutaba del rugir de los motores. Villanelle obtuvo el mejor tiempo de la última práctica libre volcando la presión sobre Eve.

Minutos antes de la clasificación las gradas se abarrotaron de gente. Con Villanelle sentada en el cockpit esperando la orden para la primer ronda de clasificación, la grada principal frente a ella desplegó una bandera lo suficientemente grande para mostrar el dibujo en ella.

Una Eve Polastri seria con la corona de la Reina sentada en su trono, sosteniendo su cetro y nueve copas a su alrededor, algunas volteadas haciendo alarde de su acumulación. Arriba el claro mensaje 'God Save the Queen'.

"Tienes que estar jodiéndome." Susurró Villanelle para sí.

Bill y Eve miraban desde el otro box. 

"Cada año es más bonita esa bandera." Le dijo su ingeniero.

"¿Le agregaron una copa más o es la misma?"

"Le agregaron la del año pasado." Niko, desde el fondo del box con sus auriculares puestos controlaba la conversación entre ambos.

"Son increíbles." Respondió la británica sonriendo.

Clasificación, ronda tres. Segunda vuelta para ambas pilotos de Mercedes.

Villanelle apretó a fondo el acelerador pero en cuanto cruzó la línea de meta supo que la pole position no era de ella. Las gradas estallaron en gritos y aplausos. Tan pronto como los autos se detuvieron la bandera de Eve volvió a desplegarse frente a ella. Con euforia agitó los brazos y agradeció al público dentro del circuito de Silverstone.

La francesa quedó a tan solo cincuenta milésimas detrás. Tercera Elena.

Domingo. Sol pleno en la ciudad de Silverstone con la temperatura llegando a los treinta grados.

Cuando Niko despertó su esposa no estaba en la cama. Se encontraba dando vueltas en el circuito arriba de la bicicleta Mercedes. Una hora después llegó al trailer.

"¿Con energías para hoy?"

"Estoy nerviosa. Carlos vendrá hoy."

"¿Carlos te pone nerviosa?"

"Correr aquí siempre es un impulso y una presión." Le dio la espalda a su marido buscando una bebida en el refrigerador.

"Tranquila. No ocurre nada si no ganas." Eve juntó aire en sus pulmones para responder de mala manera ante la floja frase de su marido pero inmediatamente recordó la débil relación de ambos. Mordió su lengua y volteó con una sonrisa amarga.

"Haré lo mejor que pueda. Ya me conoces." Niko asintió sin muchas ganas y alzó su taza.

"¿Café?"

"No, gracias. Iré al box a prepararme."

Minutos previos a la carrera, con Villanelle en su cuarto privado, un despliegue de importante seguridad se espació por el box de Mercedes.

"¿Qué carajos?" Se asomó afuera de la puerta para encontrar en la parte trasera unos pocos fotógrafos alrededor de un hombre de estatura media y canoso con sus prominentes orejas. "Oh." Sonrió por lo bajo y se acercó a zancadas.

A pocos metros un hombre alto la detuvo en el pasillo de salida con su mano sobre el hombro.

"No puede pasar."

"Quítame las manos de encima." Mientras discutían Eve pasó a su lado con sus lentes puestos y su overol atado en la cintura. El guardia la dejó pasar. "¡Oye! ¿Qué mierda haces?" Eve volteó.

"¿A reunirme con el príncipe Carlos? Viene a verme a mí, no a ti."

"¿Acaso tú estás drogada? ¿Cómo vas a darle la mano a ese hijo de puta?"

Villanelle dio otro paso hacia adelante y dos guardias la tomaron desde abajo de las axilas para arrastrarla por el pasillo de regreso a su habitación. Gritaba mientras la retiraban.

"¡No me toquen! ¡Mataron a Diana, maldita idiota! ¡Y tienes el tupé de darle la mano a ese desgraciado! ¡Has caído bien bajo, Nintendo! ¡La mataron! ¡Y se lavaron las manos como siempre lo hace esa monarquía de mierda! ¡Hijos de put-!" La voz se ahogó cuando los hombres la ingresaron a su habitación y le cerraron la puerta.

Eve se dirigió a Carlos con la mejor compostura para el saludo.

Las veinte pilotos se encontraban en fila y el himno británico se entonó en todo el circuito. Eve y Villanelle lo entonaron con su mano derecha sobre el pecho con la clara frase resonando en el aire: God Save the Queen.

Luego del himno la bandera de Eve se volvió a desplegar con sus nueve títulos alrededor. En devolución saludó al público. Más allá de ello, Villanelle los veía aburridos y sobrios. Se acercó a Kenny.

"¿Siempre son así? Yo creía que era la Fórmula Dos y sus autos de mierda eran los que no les daba emoción pero, ¿Esto?" Señalo a su alrededor.

"Son muy locales. Les gusta expresarse con los británicos."

"Así es, barbie soviética." Elena interrumpía. 

"¿Y qué de ti? ¿Te has caído de un avión o qué? Por tu humor de mierda, digo."

"Soy mitad inglesa y mitad hija de puta. Saca las cuentas, cariño."

"Entonces eres una mierda de inglesa." Sonrieron entre sí mientras se abrazaban. "De todas maneras, a la mierda esto." Volteó hacia Eve que miraba enfocada con sus brazos cruzados en el pecho y sus lentes puestos la bandera a pocos metros a medida que se plegaba hacia arriba nuevamente antes del inicio de la carrera. "Oye, tú, lame culos de asesinos." Giró para mirarla con seriedad. "Voy a animar este séquito de vejestorios para que no te sientas tan para la mierda, ¿Qué te parece?" Eve extendió su dedo medio por debajo del brazo de manera sutil. "Oh, cariño. Ojalá me hagas algo más interesante con ese dedo."

Villanelle puso sus auriculares y revisó su celular a medida que Elena se acercaba.

"¿Qué mierda haces?" Sin prestarle atención activó la canción 106. Volteó para mirarla.

"I feel a little boogie coming up. What are you think?"

El público no notó a qué se refería pero la primera parte de la canción la entonó con ellos y pronto poco a poco empezaron a sumarse hasta el estribillo. 

"Singing!"  El público respondió con ánimos. Villanelle volteó hacia Eve con sus brazos extendidos y marcando el título de la canción y su público a espaldas.

A medida que la canción continuaba se acercó a la pole sitter cantándole cerca. Eve, frustrada, miraba cómo el público se animaba a su ritmo. Elena a pocos metros cantaba y hacía lo suyo. Cuando la canción terminó sacó sus auriculares y susurró en su cara.

"Ten cuidado que no falle ese embrague, Queen."

"Púdrete." Le dio una nueva sonrisa lateral derecha antes de alejarse.

Vuelta de reconocimiento y semáforos en rojo de a uno. Apagados. Arranque del Gran Premio de Gran Bretaña en Silverstone.

Villanelle salió despedida de la mejor manera pero el ritmo de Eve era mucho mejor. El primer conjunto de curvas fue peleado rueda a rueda con Elena que buscaba hacerse con el segundo puesto. En la salida de la cuarta curva en forma de horquilla el Mercedes número '1' salió con mejor tracción buscando el alerón trasero de Eve. Elena resguardó su tercer puesto.

Vuelta 3 de 52.

"Buen trabajo resguardando posición, Villanelle. Tienes activado tu DRS."

"¿Por qué esta imbécil de mierda va más rápido?"

"Porque tiene mejor ritmo, usa el reflujo para acercarte."

No hubo caso. Eve extendía su liderazgo vuelta a vuelta con Bill marcándole la diferencia con su seguidora cada dos vueltas. En la vuelta 13 Villanelle volvió a hablar.

"¿Hola? ¿Sí? ¿Con el centro de imbéciles de mierda? Quería hacer un reclamo. ¡Se rascan mucho las pelotas! ¿¡Pueden decirme qué mierda debo hacer!? Gracias."

"Resguarda tu posición, compañera. Te llamaremos si surge alguna estrategia de último momento."

"¿Acaso mis ruedas no tienen menos giros que las usadas de ella?"

"Sí, sacarás provecho hacia los giros finales antes del pit stop."

Vuelta 24.

"¿Diferencia?"

"Quince punto tres. Se resiste a estirar a más." Respondió Bill.

"Mis neumáticos no tienen mucho resto."

"Copy. Lo veo. Estate atenta."

En la vuelta siguiente fue llamada a boxes para cambiar el neumático suave amarillo a compuesto duro. Villanelle aceleró intentando sacar acortar al máximo la diferencia al momento de hacer su pit stop.

Dos vueltas después fue llamada y Eve había estirado la distancia a dieciséis segundos.

Vuelta 42. Sin accidentes. La diferencia se había acortado vuelta tras vuelta entre Eve y Villanelle.

"Pendejo, canción ciento once ahora mismo." Kenny acató inmediatamente. "Te tengo, hija de puta." Susurró la francesa para sí. Bill tomó nota y habló hacia su piloto.

"Villanelle a punto de entrar en rango DRS."

"Copy."

"Te conviene tomar distancia Eve. Ahora mismo."

"Bill, no me digas lo que tengo que hacer en Silverstone." Miró por su retrovisor para ver la nariz negra con el '1' acercándose. "Ven aquí, novata de mierda."

La rubia intentó en varias oportunidades sobrepasar a Eve en las rectas que cubrió bien los espacios, y mejor aún las curvas.

Vuelta 45.

"¿Ocurre algo con el auto, Eve?"

"No."

"Deberías alejarte inmediatamente. Recta final del Gran Premio. Necesitamos que subas tu ritmo."

Villanelle abrió su radio hacia Kenny.

"Comunícame con la imbécil en circuito cerrado." Ambos ingenieros giraron hacia dentro del box. Allí Carolyn les asintió con mirada fría dándoles permiso.

"Hecho." Respondió Kenny.

"¿Sabes quién llegó a Silverstone, maldita hija de perra?" Eve revisó el retrovisor derecho luego de pasar la curva Luffield. "Noel, hijo de puta, Gallagher."

El solo de guitarra llenó a las pilotos y los ingenieros. En consecuencia el Mercedes '1' salió mejor, traccionando hacia el conjunto de curvas rápidas y la recta Hangar. Eve rápido perdió medio segundo en su aceleración. Las gradas observaban con dejo de tristeza el cambio de posición.

"¿La quito de tu radio?" Preguntó Bill.

"No."

"¡Ah!" Gimió. "Hola, Phil. Me había olvidado de tu voz sensual y los campeonatos que le hiciste ganar. Oye, es tu tierra también. Cántate algo para mi victoria."

Villanelle siguió en la delantera por dos vueltas hacia la número 47 en silencio. La canción terminó y gobernó el silencio entre ellas.

"¿Sigo en comunicación con la novata?" Villanelle apretó sus dientes ante adjetivo entre ambos teams radio.

"Hola cariño." Respondió. "Esto es como sexo telefónico pero más excitante, sobretodo cuando estamos a trescientos kilómetros por hora."

"¿Ah, si?" Gimoteó Eve.

"Sí. No me hables así que me pongo caliente más allá de la temperatura que hay aquí, bebé."

"¿Quieres que te cuente un secreto, bebé?" Redobló Eve remarcando la última palabra. Villanelle revisó su espejo retrovisor con el auto a pocas décimas. No entendía en qué momento se había acercado tanto.

"Dime." Dijo cortante.

"No me gusta Oasis..." Buscó mejor tracción por detrás y aceleró. "Porque soy fan de Blur, maldita imbécil de mierda." 

Sobre la vuelta 48, en el mismo conjunto de curvas rápidas y rectas en donde Villanelle la había pasado, Eve hizo lo propio con neumáticos más frescos reservados en las vueltas anteriores, dejando que su rival se acerque. Cuando pasó a su lado, por la derecha de la rubia, alzó su dedo medio de la mano izquierda mientras levantaba marchas con la derecha a trescientos cincuenta kilómetros por hora.

"¡Pendejo! ¿¡Qué mierda pasa!?"

"¡Busca el error, Villanelle! ¡Últimas cuatro vueltas!"

"¡Hey! ¡Baja tu maldita voz!"

"Perdón por eso."

No hubo caso. Por cada vez que Villanelle enterraba su pie en el acelerador parecía que Eve lo hacía el doble. Para la última vuelta la diferencia entre ambas era de dos segundos.

Ganadora del Gran Premio de Gran Bretaña: Eve Polastri.

La radio de Villanelle fue la primera en abrirse.

"Ni se les ocurra decirme algo. Nada. No les quiero ver la cara a ninguno." Konstantin no acató y respondió.

"Carrera dura allí afuera. Buen trabajo de tomas maneras, Villanelle."

Bill habló.

"¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Oh! ¡Reina! ¡Felicitaciones Eve! P uno."

"¡Sí! ¡Sí! La bandera. ¡Alcánzame la bandera!"

A un costado del circuito uno de los comisarios de pista locales le dio la bandera de Gran Bretaña a Eve con un mastil de madera. La trabó en su cockpit con su mano derecha y la hizo flamear en su vuelta de campeona sobre Silverstone regulando la velocidad con la izquierda y floreándose frente a las gradas y paddock. El público enardecía por la victoria local.

Cuando detuvo el monoplaza sobre el puesto '1' lo pasó en neutro y salió de allí sin remover nada. Se paró sobre la nariz y estiró sus brazos a los costados recibiendo los gritos de los locales. Bajó de allí y golpeó repetitivamente el número '2' de su nariz, completamente eufórica. Corrió hacia su equipo de mecánicos e ingenieros a un costado y los abrazó escuetamente. Luego, burlando la seguridad que ni siquiera intentó detenerla, corrió hacia el circuito nuevamente donde se agolpaban los fanáticos de las gradas para la ceremonia de premiación.

Saltó por encima de la valla de contención y se dejó llevar por la marea de gente. Extasiada y abrumada por tal victoria que significaban no 25 puntos, sino más de 100 para ella.

Villanelle, desde el salón previo donde los tres sombreros bombin las esperaban a ella, Eve y Elena con los números de posición, veía por las pantallas a su rival siendo acarreada por los fanáticos, acostada sobre ellos mientras gritaban.

Pero hubo alguien que fue omitido. Alguien a quien se le esquivó el abrazo al lado de los mecánicos e ingenieros cuando Eve detuvo su monoplaza en la primera posición. Alguien que escucho cada una de las palabras en la radio. Alguien que había visto a Eve hacer un 'fuck you' a alta velocidad omitiendo sus doradas reglas de responsabilidad frente a la alta velocidad. Alguien quien había dado una última oportunidad y se iba de allí triste y derrotado.

Alguien quien se daba cuenta de una vez y para siempre que clase de persona era su esposa.

Chapter Text

                 paul ricard

 

Si bien Eve no había visto a Niko en su regreso al podio, la felicidad de haber ganado por décima vez superaba todo. Luego de la celebración tuvo la conferencia de prensa a la cuál llegó tarde por volver con los fans a festejar. Audrey le dio una débil mirada de desaprobación cerca del corralito de periodistas.

Pero fue cuando volvió a su trailer donde recibió el primer golpe.

Silencio. Luz del atardecer londinense. Y el espacio completamente vacío.

La breve escalera de ingreso estaba encerrada por dos repisas. Justo a la altura de sus ojos, sobre la que se encontraba a su derecha, encontró la alianza dorada con su nombre adentro. Mensaje total y definitivo de su marido.

A Eve le picaba el cuerpo. Quería y necesitaba irse de Londres cuanto antes. Tomó una ducha rápida, algo de su ropa recuperada (que había sido precavida de llevar a su trailer más allá de la segunda oportunidad), y escapó al aeropuerto con viaje inmediato a Ginebra.

Tuvo que esperar varias horas antes de su salida. Aguardó en el salón VIP para evitar molestias y llegó entrada la mañana a Sion. Tenía ganas de dormir por toda la vorágine de su décima victoria, pero no podía. Cuando entró a su chalet fue directamente a la cocina, puso a calentar agua para el café y, al mismo tiempo, se acercó al tacho de basura. Lo abrió con el pie, quitó su anillo de oro, y lo tiró allí dentro con frialdad absoluta.

Cuando se sentó sobre la barra con su bebida ya hecha se dio cuenta por qué no podía dormir. Era la sensación de paz. Eso que se le negaba en los últimos meses por varios motivos cruzados. La negativa de aceptar el fracaso de su matrimonio dorado a raíz de un nuevo y difícil obstáculo hacia su objetivo: tener una rival digna que le prive llegar con facilidad a una nueva gloria de campeonato. Y eso lo hacía más sacrificado y sabroso.

Eve no tomaba las decisiones porque sí. Las pensaba y mucho. Sin embargo tenía cortar con el idealismo de una vida perfecta y sin fisuras. No era ni iba a ser una mujer realizada en todo ámbito: personal y profesional. Al menos no bajo el ala de Niko con su vida monótona, rutinaria y clásica londinense. Ella ni siquiera era inglesa por naturaleza. No pertenecía a ese orden, a esa prolijidad, al viejo continente. Pertenecía a la potencia. El clásico y famoso american muscle car. Y su aún marido no era capaz de controlar esa pequeña bomba en su ADN.

Ella era Eve Polastri, piloto profesional de Fórmula Uno y múltiple campeona. Hambrienta de gloria y su cuerpo aún pedía más. A final de cuentas su marido se había convertido en esa cotidiana bolsa de boxeo molesta pero necesaria para descargar tensiones cuando las cosas no estaban bien.

Pero eso no era lo peor de todo: Villanelle tenía razón. La mujer 'i', como la habían rotulado, no había hecho más que desmantelar la verdad. Su verdad. Había activado el código único para corromperla y mostrarle su esencia pura. Su área de confort. Su mundo idílico. Aquel secreto que, hasta ese momento, resguardaba dentro de un pequeño cockpit y detrás de un casco con visera polarizada. Desacatada y con la necesidad de adrenalina, velocidad y poder. De cercanía con la muerte. Su libertad.

Fue precisamente el sentimiento de libertad que la llenaba en su plenitud allí, en Suiza. Sola. Contaba con solo dos o tres personas que aceptaban este lado de Eve dentro de su profesionalismo y una de ellas era Bill. Jamás había juzgado ese lado en ella, sino que lo alimentaba con información y a veces con contención ante problemas o fallas.

Había una piedra en el zapato que le estaba rompiendo el balance en su vida ante este nuevo reto y tenía nombre y apellido. No, no era Villanelle Astankova. Por el contrario, ella le daba sentido a todo. Era Nikolas Kowalski. Sin él, la ecuación cerraba en cero perfectamente. Si Eve se proyectaba en algunos años probablemente se encontraría con la soledad y el vacío, pero eso sería algo para lidiar más adelante. Otra etapa de su vida con otras herramientas. Hoy y ahora necesitaba conducir y alcanzar su objetivo a toda costa, sobretodo si camino a él pasara por encima de Villanelle.

Para lograrlo tenía que estar enfocada, sin distracciones y, lo más importante, libre.

Respiró profundamente, casi tomando impulso o preparando su W12 para largar. Tomó su celular, abrió su contacto 'Richard' y mandó un escueto audio.

"Buenos días Rich, lamento el horario de mi audio. Probablemente en las próximas horas o días se comunicará contigo el abogado de Niko para comenzar el proceso de divorcio. Manéjalo de la mejor manera aunque estoy al tanto que habrá pérdidas. Infórmame escuetamente sobre el porcentaje de las mismas y moléstame lo menos posible. Revisaré mi casilla de correo de tanto en tanto con actualizaciones. Evita llamarme. Estaré en Suiza. Gracias."

Apagó su celular y se quedó observando el ventanal con el paisaje de Los Alpes desnudos. Y allí, cerrando por última vez la puerta de lo que fue su matrimonio derrocado, los recuerdos se agolparon en su mente.

Sin llamarlo, una frase volvió a retumbar con acento espeso en ella: 'Soy tu peor pesadilla... Y tu mejor obsesión. Te deseo suerte con eso.'

Ella volvía a tener razón. Una sonrisa se formó en sus labios ante el recuerdo, se extendió al máximo y finalmente reventó a carcajadas. Su inconsciente había quemado a fuego toda la conversación cerrada por radio con Villanelle en Silverstone. Desbordando algunas lágrimas de emoción y brotando de alegría abrió su celular, buscó en su lista de rock y reprodujo la número 62.

Se dirigió rápido al guardarropa y sacó de allí su equipo deportivo de ciclismo. Lo vistió rápido, y del garage montó su bicicleta de ruta.

"Wohoo!" Gritó, y desapareció por los caminos suizos.

El dedo índice de Villanelle apretó 'pause' sobre su celular con la misma canción al mismo tiempo, cortando el sonido en su casa de Mónaco.

"¿Cómo se le ocurre comparar esta banda de mierda con Oasis? Maldita perra."

Estiró su cuello para varios lados. En el buscador fue por los videos recientes con los mejores momentos de la carrera. A excepción de alguna maniobra de las otras escuderías, los ojos estaban puestos en ellas con sus radios. Villanelle vio humillada como Eve resguardaba sus neumáticos avistando su inminente ataque y la dejó pasar con facilidad.

"¿Cómo pude ser tan imbécil?"

Apagó su celular y se fue a dormir gran parte de su lunes. Para el martes por la mañana ya leía los titulares de los periódicos de los últimos dos días con ellas a la cabeza: 'La Reina cumple su década en Silverstone.' 'Polastri no decepciona y humilla a su compañera.' 'Últimas vueltas determinantes y Mercedes vuelve al 1 y 2 de un Gran Premio en UK con Polastri a la cabeza.' 

Revisó las noticias más nuevas y hacía pocas horas habían publicado una nueva.

'El Paul Ricard espera a su heroína.'

Bufó imperceptiblemente escondiendo una sonrisa y se dirigió hacia su alacena. De allí sacó una lata de choclo, la abrió y comió con los dedos. Cuando terminó se sentó en su simulador y cargó el próximo circuito.

Hacía doce horas que estaba allí sentada y tomando de tanto en tanto agua cuando su celular se iluminó sonando en medio de la noche calurosa de Mónaco. Pausó el simulador y se dio cuenta que estaba sudada en toda la parte posterior. Sus manos estaban enrojecidas en ciertas áreas del roce con el volante. Había olvidado sus guantes.

"Carajo." Salió rápido del asiento con el celular, lo dejó sobre la barra y atendió la llamada entrante con altavoz. "Hola Anna." A un costado se puso crema humectante y la esparció rápido.

"Hola Villanelle. Disculpa la hora. ¿Estabas despierta?"

"Sí. ¿Qué ocurrió?"

"Nada." Ante el silencio posterior Villanelle alzó sus cejas.

"¿Anna? ¿Qué ocurre? No lo pregunto nuevamente."

"¿Cómo estás?"

"¿Por qué preguntas?"

"Sólo quiero saber cómo estás. Ese es el verdadero motivo de mi llamada."

"Bien. ¿Qué pasa?"

"Villanelle." Soltó con impaciencia. El tono hizo parar a la rubia con su aceleración al grano de la conversación. "¿Cómo estás?"

Fue allí donde se dio cuenta que había perdido registro de cuando alguien le había preguntado como se sentía o cómo estaba. Se hundió en su silencio por un momento registrando todo a su alrededor y volvió a concentrarse.

"Preparándome para la próxima carrera. Algo cansada pero bien. Creo que iré a dormir en un momento."

"¿Has comido?"

"Comí a la mañana. Con eso alcanza."

"Cena algo. Pide una pizza."

"De acuerdo, lo haré." Mintió.

"No me mientas y hazlo. Vi la carrera el domingo. Estuviste muy cerca."

"No necesito hablar esto contigo Anna. Gracias pero no." El silencio de la morocha incomodaba en demasía a Villanelle. "¿Cómo está todo allí? ¿Avanza? ¿Necesitas más dinero?"

"Por ahora no. Avanza. El fin de semana te mandaré fotos. ¿Segura que no quieres venir? Tienes dos semanas de descanso."

"Yo no tengo descanso, Anna. El tiempo corre. Y no tengo ganas de ir a ese país de mierda. Cuanto menos lo pise, mejor es."

"A veces es bueno apretar el freno, Villanelle." El comentario le robó un suspiro y rastrilló su cabello.

"No puedo fallar. Y no lo haré. Es mi turno ahora y hundiré a esa maldita hija de puta."

"No podías fallar." Anna remarcó lentamente el tiempo de la segunda palabra recordándole su pasado. "Pero ahora sí puedes. Veo que ella te está dando vida."

"Me la está cagando."

"Sabes perfectamente que no es así. Puedo verte. Te gusta. Por eso me cae tan bien ella."

"Le hice cosas que no me enorgullecen. Esto no es competencia sana."

"¿Qué hiciste?"

"Ya lo solucioné y ella me obligó." La mente de Villanelle fue directamente dentro de su trailer en España y los dedos de su rival.

"Recuerda no cruzar ciertos límites y que todo sea de manera inteligente y sin asperezas físicas. Ya te arriesgas demasiado allí afuera. Lo sabes."

"Sí, lo que sea."

Anna estuvo tentada de recordarle aquella frase que le había dicho en el trailer, cuando mencionó que temía quedarse sin suerte pero decidió guardarla.

"Bueno, la hora de psicología ha terminado. Te hablaré luego."

"¿Psico qué? ¿Qué es eso?" Anna sonrió con tristeza.

"En un vago resumen es la ciencia de la mente y como algunos profesionales ayudan a las personas a resolver ciertas trabas en relación con el ambiente físico y social." Villanelle juntó sus cejas en confusión y preocupación.

"¿Son manipuladores de la mente?" Anna volvió a reír suave.

"No, claro que no. Pero aconsejan para el bien de uno. Luego queda en nosotros en aceptar esa ayuda o no."

Villanelle se quedó unos segundos pensando en silencio.

"¿Puedo estudiarlo?"

"Conociéndote no creo que te interese mu-"

"Así puedo influenciar al resto de las competidoras a que pierdan sin tener que usar el sexo. A veces me cansa." Cortó.

"No es hipnosis, Villanelle. Es como un amigo que te aconseja."

"Entonces es aburrido."

"Sí, lo es. Pero a veces es útil para ver cosas que no somos capaces de ver. Además, no necesitas hacer trampa con sexo o psicología. Tienes talento de sobra. Sin embargo, m uchos deportistas acuden a ellos."  

"No iré a uno."

"Está bien mientras no lo necesites." Villanelle volvió a suspirar algo hartada.

"¿Qué hace la gente para relajarse?" Anna aprovechó el vestigio de cansancio mezclado con debilidad de ella.

"¿Por qué preguntas? Seme sincera y directa." La rubia pensó bien sus palabras.

"A veces pierdo este sentido de balance entre la pasión y la calma. Me está agotando más de la cuenta." Bajo un breve tiempo muerto Anna retomó sobre la primer pregunta.

"La gente hace muchas cosas. ¿Tomar sol?"

"No seas básica, Anna."

"Puedes hacer lo que mejor sabes hacer pero como hobby."

"Ya lo he hecho y estoy algo cansada. Necesito algo nuevo. Algo que no requiera pensar. Algo fresco." La morocha murmuró pensando.

"Puedes pescar."

"¿Eso hace la gente? ¿Pescar? ¿Atrapar peces?"

"Aunque no lo creas, sí. Lo hacen por una cuestión de soledad y perder el tiempo. Tienes la costa cerca." Pensó un poco más. "Sino puedes hacer deporte. Yoga por ejemplo."

La mente de Villanelle se escurrió hacia el 'Lara I' con Eve haciendo yoga en la cubierta posterior hacia el amanecer. Su cara se llenó de asco.

"Yoga es una mierda. Gracias por nada, Anna. Ve a dormir."

"Sí. Me iré a acostar. Te escribiré el fin de semana como acordamos."

"De acuerdo. Cuídate."

"Me encuentro bien, por cierto. Gracias por preguntar."

La llamada se cortó sin siquiera dar la oportunidad a Villanelle a responder. Frotó su rostro con sus manos.

"No paro de cagarla."

No pidió pizza pero a cambio encargó un libro por internet. 'Pesca básica: tipos y objetos.' Para el fin de semana ya lo había terminado pero no lo había aplicado.

El miércoles a primera hora, con el sol apenas acercándose a Mónaco, cargó mochila con su campera de cuero y subió a su Moto Guzzi con el casco y las gafas puestas. En su celular reprodujo la canción número 171.

En algo más de dos horas llegaría a destino.

 

LE CASTELLET, FRANCIA

 

A lo largo de ese mismo día Villanelle no hizo otra cosa que caminar por todo el circuito Paul Ricard, analizando el asfalto, los pianos y algunas horquillas.

Jueves. Rueda de prensa. Por la mañana la francesa fue primera en entrar con su coterránea Hèléne.

"Hèléne, Villanelle. Ambas están en su país. ¿Cómo se sienten? ¿Cómo ven las probabilidades de ganar aquí?" La morocha le ganó la pulseada a la rubia para responder.

"Ella no es francesa. Así que en todo caso me preguntarás a mí solamente."

"Por ti soy lo que quieras, cariño." Le respondió con una sonrisa. "De todas maneras mi pasaporte dice que soy ciudadana de aquí. Con permiso. Ganaré aquí."

"¿Por qué tanta confianza luego de lo ocurrido en Silverstone, Villanelle?"

"¿Y por qué tienes tanta fe en el futuro de tus hijos si sabes que van a salir tan imbéciles como tú? Es casi la misma pregunta. ¿No crees? Ganaré. Punto." Raymond anotaba y no preguntaba. Villanelle lo ajustó con la mirada. "Es como que estoy tan acostumbrada a que llegue tu pregunta de mierda que ya te extraño."

"Si quieres lo hago." Levantó sus cejas en respuesta, dándole permiso. "¿Te preocupa el hecho de que Polastri se haya distanciado de ti en el campeonato sabiendo que ella casi siempre se mantiene en los primeros puestos de las carreras? Su promedio es impresionante."

"Eres increíble. No puedes contenerte a ti mismo de ser una mierda con anotador."

"Es mi trabajo." Villanelle lamió su cicatriz y asintió con bronca.

"¿Es tu trabajo? Bien, entonces te diré una sola cosa. Esto no es Mónaco. Esto no es Silverstone. Esto es Francia. Esto es el Paul Ricard." Movió su acento a un francés perfecto. "Bienvenido."

Eve entró a la sala de prensa emanando confianza de más.

"Eve, bienvenida a Francia." Comenzó Jamie. "Villanelle ya dio su primer grito de guerra aquí como local pero tu récord en el Ricard es muy bueno. ¿Cómo lo ves?"

"¿Y a mí qué mierda me importa ella con su nacionalidad? El circuito es el mismo de siempre. No veo por qué no debería ganar una vez más aquí."

Un breve silencio ocupó la sala ante la pronta y filosa respuesta.

"¿Crees que la localía puede ayudarla a sacar ventaja?"

"Es una novata. Veremos si puede manejar bien la presión de ser local en la máxima categoría. Que se calle, que se suba a su monoplaza y lo demuestre como yo lo hice el Silverstone."

Los periodistas se miraron entre sí buscando motivos para la nueva y sorprendente actitud.

"Eve, ¿Te encuentras aliviada luego de despegarte de tu principal perseguidora en la tabla?"

"No me voy a aliviar hasta que no vea la bandera a cuadros primera en Abu Dhabi y esté varios puntos por encima de cualquiera. ¿Alguna pregunta más?" Apuró.

Raymond levantó la mano.

"Eve, ¿Es verdad que las corredoras se sienten más a salvo en Paul Ricard por sus famosas cintas?"

"No lo sé. ¿Tu hija se siente más resguardada aquí que en tus brazos?" Escupió con sarcasmo. "Si se preparara como corresponde no debería sentirse más a gusto en ciertos circuitos sobre otros. Las cintas ayudan y ya. Aquí no gana la que evita accidentarse, aquí gana la más rápida. En todo caso pregúntales al resto si se sienten a gusto que las cintas las abracen o no. Si tengo que golpear las barreras entonces me haré responsable pero con mi mente enfocada en una sola cosa: ver primera la bandera a cuadros. Ojalá te sirva."

Se levantó y se alejó de la mesa con el micrófono, dejándole la conferencia de prensa a la piloto de Haas.

Una hora después Raymond tomó sus cosas y se alejó por uno de los pasillos laterales hacia el paddock. Allí, solo, se topó por sorpresa a Villanelle igualándolo en altura.

"¿Round dos de preguntas, Astankova?" Se animó él. Ella le sonrió de manera lateral y podrida.

"Te responderé de manera más completa sobre la pregunta que me has hecho. ¿Tú sabes cuál es mi trabajo? Hacer sufrir a tu maldita hija. No perderé oportunidad para dejarla contra la barrera y que vuelva llorando a su maldita habitación teniendo dos cosas grabadas en su mente: mi maldito automóvil pulido y mis dedos dentro de ella. Púdrete. Estás en Francia ahora. Es mi casa."

Con aire engreído dio media vuelta y salió por el pasillo. Dos pasos después escupió a un costado al piso. Raymond vio su espalda semi-inclinada y se dio cuenta de algo: la leona había llegado a la sabana.

 

 

 

Viernes.

A primera hora Villanelle sin su overol se dirigió al box en la antesala a las primeras prácticas libres. Los organizadores del Gran Premio la llamaron frente a la grada principal, a pocos metros de su box. Por ser viernes de prácticas estaban lo suficientemente llenas de fanáticos.

Sobre el techo de un vehículo le alcanzaron algunas camisetas enrolladas de Mercedes y un megáfono. Los fanáticos se acercaron desquiciados por la rubia. Inesperadamente Konstantin estaba a su lado.

"Firma las camisetas y lánzalas. Puedes hablarles con eso si quieres." Dijo asintiendo al aparato. Villanelle rió con sonrisa traviesa y lo tomó. 

"May I have your attention, please? May I have your attention, please?" Habló para ambas puntas y siguió. "Will the real Slim Shady please stand up? I repeat, will the real Slim Shady please stand up?" Nadie respondió. Apuntó su megáfono hacia Konstantin a su lado a la altura de sus pies antes de volver a hablar. "We're gonna have a problem here."

En consecuencia el ingeniero saltó en su lugar con el susto del volumen. Villanelle se reía y él le sacó el aparato.

Sin decir otra palabra firmó las camisetas y las lanzó hacia distintos puntos de las gradas. Algunas las refregaba por el cuerpo o las besaba antes de hacerlo. Cuando terminó y saludó a los fans con gracia, se subió a espaldas de Konstantin abrazándolo desde la cintura con sus pies y chasqueó con la parte posterior de la boca.

"¡Vamos caballito! ¡A nuestro escondite para conducir!" De mal humor la acarreó hacia el box.

Eve desde el suyo con su overol ya puesto y sus lentes observaba con asco las gradas.

"¿Qué piensas?" Interrumpió sus pensamientos Bill.

"Que quiero irme urgente a Suiza a darme un baño de inmersión y someterme a una sesión de masaje interminable."

"Puedes con esto. ¿Niko?"

"Con su abogado viendo qué tanto provecho puede sacar de nuestro matrimonio de mierda."

"¿Por qué estás así de cortante?" Eve giró para mirarlo a través de sus lentes.

"Porque vengo aquí a hacer mi trabajo e irme a la mierda."

"Quieres estar aquí." El ingeniero remarcó la primer palabra. "Me animaría decir que te excita." Eve pasó su lengua por sus dientes y torció su cabeza con aire insoportable.

"¿Necesitas algo, Bill?" El hombre rió.

"¿Has visto los panfletos?"

Antes de que Eve pudiera preguntar Bill sacó uno de su bolsillo. El papel no era grande pero contundente. La ingeniera lo analizó de punta a punta. El rostro de Villanelle era cortado por cuatro gruesas lineas, dos rojas y dos celestes. Entre las partes de su rostro que se destacaban eran sus ojos y sus labios con la clásica sonrisa a un costado con su cicatriz. Todo estaba levemente oscurecido. Aparte del primer plano de su rival había tres lineas escritas con un mensaje claro, una en la parte superior, otra en el medio y otra inferior.

'Bienvenue. N'essaie même pas. Ça reste à la maison.'

"¿Qué mierda significa?" Siseó sulfatada.

"Bienvenidos. Ni siquiera lo intentes. Se queda en casa."

Eve hizo de su mano un puño, arrugando el papel con ella y lo lanzó a un lado hacia el cesto.

"Que se pudra en el infierno. Imbécil."

Con ese dejo de confianza, la primer práctica libre fue comandada por Eve seguida de su escolta local. Sin embargo, las segundas cambiaron su rumbo dando a Villanelle como la más rápida durante la hora y media.

Sábado.

Las gradas ya estaban a un 90% a primera hora del día. Las cámaras en vivo de televisión previo al arranque de actividades se quedaban con la imagen del casco de Villanelle, que ahora en la parte superior tenía una bandera francesa y un corazón rojo.

Al comienzo de la tercer práctica libre la rubia fue la primera en tomar el circuito usando neumáticos suaves usados del día anterior, probando la degradación de cara al inicio de la carrera. Con sol pleno tomó las primeras curvas y se dirigió a la recta opuesta. Cruzó la chicana entre los giros 8 y 9 y volvió a acelerar. Cuando dobló hacia su derecha en la curva 10 a alta velocidad el monoplaza no respondió y en consecuencia se arrastró hacia fuera del circuito, siendo comido por las líneas azules y luego por las rojas. Por cada franja coloreada que rasguñaban los cuatro neumáticos el auto se detenía con mayor fiereza, casi como un pegamento gradual.

"Villanelle, ¿Te encuentras bien?" Habló Kenny.

"Sí. Neumáticos fríos y subviraje. Hay que prestar atención a eso para mañana."

"Al menos sabemos que funcionan las bandas." Soltó con liviandad. Villanelle reconfiguró su volante antes de arrancar.

"Parece que le han puesto hasta imantación este año. Merci Paul." Dijo con acento francés y volvió a la pista.

La superficie rugosa de las cintas azules, en primer lugar, y las rojas, con aún más aspereza, arruinó los neumáticos de la rubia dejándoles un plano imposible de controlar en el asfalto del circuito. Mientras los mecánicos cambiaban a unos suaves nuevos se comunicó a ambos ingenieros.

"Las bandas son un arma de doble filo. Ayudan a que no te mates pero te arruinan la vida de los neumáticos."

"Prefiero lo primero." Avisó Konstantin antes de que volviera a salir al circuito.

El mejor tiempo de la tercer práctica también fue para Villanelle.

Las horas previas a la clasificación el ambiente había cambiado radicalmente en el Paul Ricard. Minutos antes de entrar en el monoplaza para la primer ronda clasificatoria observó con atención la grada frente a su box.

El público hacía palmas de manera sincronizada. Prestó atención al cántico.

"A-llez." En cada sílaba la gente abría sus manos hacia la derecha y a la izquierda. "Vi-lla-nelle." Luego de pronunciar aplaudían en dos ritmos separados y luego tres seguidos. El público mismo tiraba leña al fuego, ahora ya en un 100% aforo.

Clasificación, tercer ronda.

El público enardecido al ver a sus dos pilotos locales en la última ronda acelerando a máximo.

Un pequeño error en la última vuelta le costó demasiado caro a Eve. Detrás de ella, como un avión moderno, ensordecía el motor Mercedes de Villanelle a las gradas para ver su nombre en primera posición, consiguiendo la pole con un tiempo de 1:28:448.

Los espectadores rompieron en gritos. Kenny le habló riendo con aplausos y festejos de fondo de sus mecánicos.

"Pequeño error al final allí pero... No hay palabras. Increíble. ¡Eres pole!"

"Oui! Oui! Pour tous les fans fous là-bas. Je vous aime. Putain d'incroyable."

Cuando bajó del monoplaza no dejó de saludar a los fans que volvían a llamarla y aplaudir en ritmo.

Eve quedó segunda. Hèléne tercera por muy poco.

Domingo.

Sol pleno en el sur de Francia. Tanto Villanelle como Eve estaban sentadas de frente al alerón trasero de su monoplaza, concentradas e hidratándose. Las dos sobre la misma línea a unos cuatro metros de distancia con sus lentes puestos. Ambas se miraban por el rabillo del ojo sin que la otra lo notara por las lentes polarizadas. Sus relativos mecánicos terminaban de poner a punto los vehículos. Los periodistas se amontonaban en la puerta del box.

Entre todos los hombres con cámaras y micrófonos una cabellera rubia se asomó sobre el garage de Villanelle. Vestía un pantalón recto, remera entallada con algo de cuello y campera de jean. Todo a composé en azul oscuro. Sus facciones eran angulosas pero finas con aura carismática. Sobre su cuello colgaba el pase VIP y a un costado tenía un asistente de la Fórmula Uno que le hablaba. La francesa no dudó en acercarse y estiró su mano.

"Buenos días, buenas tardes y buenas noches. Villanelle, un placer." Dijo con voz seductora. La chica sonrió con timidez y le respondió con su mano.

"Un placer." La piloto juntó sus cejas en confusión ante la falta de presentación y su acento retorcido inglés.

"¿Eres soltera?" Largó sin escrúpulos. La mujer se lo tomó a gracia.

"¿Por qué preguntas?"

"¿Quieres ir a tomar algo luego de que gane la carrera?" De pronto la mujer hecha incógnita, con su cabello atado en un rodete bajo, alzó sus ojos con un dejo de fascinación y eludió la propuesta con altura.

"Mi nombre es Jodie Comer. Soy actriz. Encantada de conocerte." Villanelle prestó mejor atención a su acento.

"¿Eres inglesa? No puedo darme cuenta."

"De Liverpool. Sí."

"Entonces eres aburrida como la mierda." Jodie soltó una carcajada.

"Oye, creo que tú y yo nos parecemos bastante. ¿No?" Señaló su cara.

"Claro. Te hace falta una pequeña cicatriz, ser una imbécil de mierda y tener acento ruso." Eve cortó la conversación entre ambas desde el fondo con una sonrisa. "Aunque... Creo que podrás con lo último."

"¡Eve! ¡Qué agradable verte!"

"Lo mismo digo." Mientras se abrazaban, Villanelle miraba sin entender nada el cruce entre ambas.

"Se juntaron el hambre y las ganas de comer." Susurró para sí. Las dos británicas se quedaron conversando aparte. "¿Y qué haces aquí en Francia? ¿Te atraigo?" Cortó nuevamente entre ambas.

"Estoy filmando una película ahora mismo aquí a pocos kilómetros. Me invitaron a la carrera y no quise perder tiempo en venir a visitar a mi amiga Eve. Además vine con mis compañeros de elenco. Adam Driver y Matt Damon."

"¿¡Matt Damon!? ¿¡Dónde!?"

La empujó a un lado bruscamente y buscó al actor en el paddock hasta encontrarlo. Corrió hacia él y lo abrazó con fuerza. 

"Amé la saga de Bourne. ¿Me firmas un autógrafo? ¿Quieres subirte a mi auto? ¿Quieres hacerme hijos?"

Jodie tuvo que agarrarse de una cajonera con herramientas ante el empujón para no golpearse más de la cuenta.

"Perdónala." Eve la ayudó a estabilizarse nuevamente.

"Es... Intensa. Y fuerte." Sonrió con algo de nervios.

"Cuando te digo que es una maldita imbécil de mierda, lo digo en serio. Ven a mi box. ¿Quieres agua?"

"Por favor."

"Oye... Ahora que lo pienso sí se parecen ustedes."

"Separadas al nacer, aparentemente. ¿Cómo me ves compitiendo contra ti en este auto?"

"Definitivamente no es lo tuyo. Sigue actuando, llegarás lejos." Rió de manera suave y se alejaron abrazadas al box de Eve.

Los autos ya aguardaban en la línea de partida, cada uno en su posición. Todas las pilotos se acercaron a la primera fila para entonar el himno nacional francés. Para sorpresa de Eve esta vez no solamente Villanelle gritaba con pasión las estrofas, sino también todo el público con su mano derecha apoyada en el corazón. Una vez finalizada La Marsellesa seis aviones militares esparcieron en el cielo los tres colores de la bandera nacional.

Villanelle, frente a su auto minutos antes de la carrera, fue abordada por Kenny.

"Me extraña que por estar en tu país de nacionalidad no estés escuchando música."

"Escúchame Funko de cabeza proporcional, ¿Acaso piensas que yo dejaría pasar una oportunidad así? Todo está arreglado."

La rubia levantó su brazo hacia el paddock, como si saludara a alguien. De pronto la canción 86 de su playlist empezó a sonar por los parlantes de las gradas. Automáticamente el público se levantó de los asientos cantando la primera estrofa con la piloto. Pero fue en el estribillo cuando ella se juntó con los fanáticos.

"Tu aimerais faire..." A lo que el público respondió a los gritos.

"Ta fête!Todos alzaron en sus manos el panfleto de Villanelle con la provocación a Eve con su frase en francés, apoyándola en la previa de la carrera.

A lo largo de la segunda estrofa miró directo a Eve a pocos metros detrás, cruzada de brazos como en Silverstone. La apuntó con el dedo antes de cantarle.

"Ils parlent trop, c'est pourquoi tes oreilles sifflent. À qui la faute? C'est la faute à autrui, hein? C'est les autres, toi tu n'as qu'une seule envie." 

Eve no hablaba francés. No le entendió. Simplemente se dedicó a ver al público local enardecido y bailando en las gradas. Completamente opuesto a su preciada Inglaterra.

Cuando la canción terminó Villanelle aplaudió al público y se preparó. Adentro del cockpit calzó sus guantes con seguridad y levantó su puño hacia Kenny.

"Yippee ki-"

"Yay, mother fucker." Completó él sonriendo. Ella lo imitó. "Casi me siento francés aquí. Hay un ambiente genial. Has tu trabajo. Lo tienes, será pan comido."

Sin perder un poco de concentración, Villanelle activó el botón mágico de su W12 a lo largo de la vuelta preliminar calentando sus frenos. Aprovechó al máximo las rectas para mover el volante de un lado a otro y calentar sus neumáticos, claves en las primeras vueltas.

Luces en rojo y apagadas. Comienzo del Gran Premio de Francia.

Los ojos de Eve estaban clavados en el monoplaza negro delante suyo en diagonal hacia la derecha. Pisó a fondo su acelerador controlando el embrague sin pasar el motor de revoluciones. Imposible. El Mercedes número '1' se escapaba en la delantera. Sin estar precavida de sus costados perdió de vista la Ferrari de Nadia que se colaba por la izquierda suyo asegurándose la línea interior de la primer curva. Cuando la pudo visualizar, justo antes de la primer chicana, giró el volante hacia la derecha, alejándose del auto rojo.

En consecuencia la rueda trasera izquierda golpeó con su neumático delantero derecho. Hèléne, que había tomado la curva aún más abierta que Eve y se había adelantado lo suficiente, impuso su monoplaza y además pisó la punta de su alerón delantero. El conjunto de flaps derechos quedaron aplastados y pequeños pedazos salieron volando a un costado. La nariz del auto de la británica quedó torcida hacia ese lado. Pasando la primer chicana aceleró a máximo por la recta y se aseguró la cuarta posición detrás de Villanelle, Hèléne y Nadia. Los pedazos seguían volando hacia atrás y parte de los flaps ya caídos rozaban contra el asfalto sacando en ocasiones una lluvia de chispas para el aquelarre de autos detrás.

"¡Mierda! ¡La nariz, Bill! ¡Me pisó el Red Bull!"

"Lo vemos. Necesitamos cambiarla, está afectando la aerodinámica del auto. Ven a boxes, estamos preparando la nueva."

"¡Maldita francesa de mierda! ¡Hija de puta! ¡Que la FIA revise el movimiento! ¡No me dio espacio!"

"Seguro lo revisarán. Te mantendré alerta. Ven a boxes y ten cuidado que no se desprenda el resto de los flaps. Puedes pinchar. ¿Cómo están los neumáticos?"

"Bien." Cortó con sequedad.

Antes de consumir la primer vuelta en el Paul Ricard, Eve entró al pitlane. Detuvo su auto con los mecánicos listos con su nariz nueva. Cuando el promedio era de 2.3 segundos en cambiar neumáticos, la parada le había costado más de 10 segundos a la última campeona. Una vez terminado salió a toda velocidad de regreso al circuito en último lugar. Las gradas vitoreaban que luego de la primer vuelta la piloto local llevara la delantera.

Villanelle vio por el espejo retrovisor la nariz amarilla y roja del Red Bull. En la recta visualizó detrás de Hèléne a la Ferrari.

"¿Dónde mierda está Nissan?"

"Ha tenido un accidente con el Red Bull de Hèléne. Rompió su alerón delantero. Se encuentra en último lugar por el cambio de nariz."

En respuesta una risa ahogada parecida al silbar de una tetera llegó a oídos de Kenny.

"Mantente alerta Villanelle. Hèléne puede atacar en cualquier momento. En la próxima vuelta puede activar su DRS. Cero punto ocho detrás tuyo."

"No le va a durar mucho ese cero punto ocho, Flanders."

Sobre la recta opuesta Villanelle volvió a dar rienda suelta a su Mercedes estirando la diferencia a más de un segundo. La piloto de Red Bull apagaba su chance de usar el DRS en las rectas para el sobrepaso.

Vuelta 12. Bill habló luego de que Eve pasara el segundo monoplaza de Haas, acortando diferencias rápidamente y colocándose en décima octava posición.

"¿Cómo vienen esos neumáticos?"

"Castigados. Ve diciéndome la diferencia con el siguiente. No creo que logre completar la estrategia pensada a la vuelta veinticuatro."

"Lo imaginé. Sigue empujando. Estamos alertas por posibles cambios. Estás a cuatro punto ocho del Alfa Romeo."

"Copy."

Vuelta 22. Eve se ubicaba en décima quinta posición.

"No hay más vida. Analiza urgente. No quiero ir a boxes y tener tráfico. ¡Vamos!"

"De acuerdo. Te veo. Amortigua el ritmo." Cuando tomó la curva 11 la llamó. "Box box, Eve."

Entrando en la vuelta 23 el monoplaza ingresó por segunda vez en la carrera al pitlane. Cambió los neumáticos suaves a los duros nuevos y salió despedida al circuito en décimo sexta posición. Apenas perdiendo un solo lugar y con una parada a favor.

Villanelle como líder ya le sacaba quince segundos a su perseguidora. Fue llamada a boxes en la vuelta 24. Detrás de ella entró la coterránea. Sin retrasos, sin tráfico, siguió camino a liquidar el Gran Premio de Francia. En pleno conjunto de curvas Kenny le habló.

"Tienes a Hèléne a más de dieciocho segundos."

"¡Oye, pendejo! Ten cuidado dónde me hablas, ¿Acaso no ves que estoy conduciendo?"

"Perdón por eso."

"Ponme a la Barbara Streisand con nariz rota en comunicación cerrada." Kenny buscó a su madre detrás pero le negó con la cabeza.

"No puedo Villanelle. Orden de Mercedes."

"Booooooooring! Creí que sería divertido pero lo único que veo delante mío son autos similares a los de Pedro Picapiedra a mínima velocidad." Hablaba mientras pasaba a monoplazas ya con una vuelta de diferencia.

"Sigue concentrada."

Vuelta 40. Bill habló luego de otro sobrepaso de Eve, dejándola en décima posición.

"Tienes al Renault  de Wells delante a once punto uno."

"Otra novata de mierda que me hace sacar canas más rápido que los niños."

"Estoy aquí a tu lado. Sigue empujando. Estás recortando demasiado rápido."

Vuelta 45. El Mercedes de Eve rugía peligrosamente cerca de Claire.

"Aprovecha la salida de la curva seis. Has entrado en rango DRS."

"Copy."

El monoplaza '2' cumplió. Saliendo de la curva se abrió rápidamente hacia la derecha con su flap trasero abierto. El Renault llegó tarde a cubrir el lugar. El auto negro y amarillo iba directo a impactarse contra el de Eve. En respuesta bloqueó sus frenos a tiempo antes de que la rueda trasera de Claire se cobrara un nuevo alerón delantero o un golpe peor.

Retomó a toda velocidad por la recta con su automóvil vibrando producto de la frenada reciente. Furiosa apretó el botón de radio.

"¡Quiero a esta pendeja de mierda, novata subdesarrollada, afuera de esta categoría! ¡Que la FIA baje la orden urgente de que me dé la posición!"

"Ya lo vieron, Eve. Aguardo instrucciones. No pierdas concentración. Sigue empujando."

"¡Ahora! ¿¡Qué mierda es esto!? ¿¡Los malditos autos chocadores de la feria local!?"

En cuestión de un minuto, preciado para la británica en su afán de escalar lo máximo posible en las posiciones, el ingeniero de Claire le había dado instrucciones que otorgue su lugar a Eve. Sobre la recta principal Claire se movió hacia la derecha dándole paso. Sacó su mano por debajo del halo y la movió indicándole que pasara, casi como burla. Cuando el Mercedes lo hizo, Eve le extendió el dedo medio.

"Mira como ganas posiciones aquí, anciana de mierda. Que se pudra ella y la FIA." Declaró por radio la joven.

Bil habló. 

"Eve, el McLaren y el Aston Martin están a casi cuatro segundos peleando entre sí. Te encuentras novena. Puedes lograrlo."

"Contacto mínimo entonces."

A lo largo de la vuelta 50 de 53, acelerando con lo último de sus neumáticos, Eve sobrepasó el McLaren que estaba séptimo ganándose su posición.

"La Ferrari de Elena es la siguiente. A Doce punto cinco." Eve gritó de fastidio.

"Imposible. No tengo más resto."

Vuelta 51. Villanelle habló con su radio cruzando la curva 13 previa a la recta principal.

"Pendejo, canción 24, ya mismo."

Kenny acató. Tan pronto la reprodujo, la canción salió por los parlantes del circuito contagiando a la gente. Cuando su auto pasó por la recta principal alzó su dedo índice izquierdo e hizo círculos en el aire para el público al costado. Con su mano derecha levantaba las marchas.

Nuevamente todos los espectadores saltaron de su silla bailando al ritmo de la canción puesta por Villanelle. Haber sobornado al técnico del circuito con algunos autógrafos para sus hijos había funcionado. El Paul Ricard se rendía ante ella en una verdadera fiesta local. Los parlantes marcaron el claro mensaje. 

"Encore une fois!" 

"¿Qué significa?" Preguntó Kenny a Konstantin.

"Una vez más. Esta pendeja de mierda anima al público en la última vuelta." Respondió sonriendo.

El monoplaza completó la vuelta 52, cruzó la línea de meta para dar la última vuelta al circuito con ventaja de sobra. En cada curva con gradas alzaba sus dedos marcando la canción.

Cuando cruzó a baja velocidad la última horquilla el público volvió a estallar. Los espectadores sacaron las bengalas azules, blancas y rojas. Al momento que el Mercedes cruzó la línea de meta las encendieron. Rápidamente el Paul Ricard se llenó de humo francés recibiéndola.

"¡Si! ¡Fin de semana perfecto! ¡Gran victoria de principio a fin, Villanelle! Felicitaciones compañera. Muy orgulloso." Habló Konstantin.

"Abran la radio para el público." Desde el paddock le levantaron el pulgar al ingeniero.

"Adelante."

"Merci beaucoup à tous d'être venus aujourd'hui. Vive la France! Et enfin... Il est resté à la maison! Cette victoire est la vôtre. Merci!" El respuesta el público volvió a rugir por ella.

Saludó al resto mientras algunos fanáticos volvían a aplaudir recordando el ya instaurado 'Allez Villanelle'.

Eve abrió la radio en las últimas curvas consagrando su séptima posición.

"Entonces, supongo que por todo este humo que hay aquí ha ganado ella. ¿Verdad?" Terminó de maniobrar su monoplaza apuntándolo hacia la recta principal y aceleró por última vez.

"Así es. Con resto. Muy buena carrera igualmente. Una lástima lo de la primer curva. Sí, excelente trabajo Eve."

"Gracias."

Cuando terminó su vuelta alrededor del Ricard, Villanelle siguió de largo en el circuito y paró su monoplaza frente a la grada principal. Levantó su brazo izquierdo, torció el volante al máximo para esa misma dirección y aceleró haciendo donuts frente a su público que volvían a gritar frenéticos. Cuando no quedó más resto de neumáticos volvió al circuito y estacionó en el primer lugar. Salió del cockpit y se paró sobre el halo con las piernas y brazos abiertas, recibiendo el apoyo local.

Jornada inolvidable para ella en su tierra.

 

 

 

Eve había escapado con respuestas discretas de las ruedas de prensa posterior a la carrera. También había hecho lo propio con Claire. De todas maneras no había sido sorda al escucharla declarar ante los periodistas.

"...Si vamos a solicitar todo el tiempo que la FIA nos regale posiciones mientras estamos compitiendo entonces hay algo mal en este reglamento. No estoy de acuerdo y defendí mi posición..."

La británica siguió hacia su trailer sin abrir su boca pero con un sólo pensamiento: 'Novata estúpida'.

Siete horas después, pasada medianoche, aparcó su Audi A8 en Sion. Largó un suspiro y se tomó un minuto en silencio dentro del vehículo. Bajando emociones y adrenalina.

Aún así, su cabeza no podía descansar. Ingresó al chalet y abrió su laptop mientras preparaba un sandwich con agua. Buscó los titulares de los principales periódicos. El primero fue del medio local L'Equipe: 'Massacre en France. Villanelle est championne au Paul Ricard.'

Motorsport aplicaba lo suyo: 'Villanelle campeona en Francia y el Paul Ricard es una fiesta. Sigue al rojo vivo la Fórmula 1 entre las pilotos de Mercedes.'

Otro británico aclaraba: 'Accidentada primer vuelta para Polastri que vuelve de Francia con pocos puntos ante una buena remontada.'

Y por último vio uno que la obligó a estrujar el sandwich en su mano: 'Damas y caballeros, el futuro de la Fórmula 1 tiene nombre y apellido: Villanelle Astankova.'

Debajo estaba la fotografía de ella de pie en el halo de su monoplaza con sus brazos extendidos al público, llenándose de gloria.

"Maldita hija de puta."

Bajó aún más para encontrar el video con su team radio riéndose del accidente de Eve. En respuesta la británica mostró sus dientes a la pantalla. Por último la mostraba tirándose champagne en la cara con su boina francesa puesta de Pirelli con el '1st' en dorado a un costado.

"Hasta aquí has llegado. Veremos si tienes las bolas para ganarme a alta velocidad, imbécil."

Cerró con fuerza la pantalla y tiró el sandwich. No tenía hambre.

No pudo dormir.

Tenía que prepararse para el conjunto de curvas rápidas más famosas de la Fórmula Uno.

Chapter Text

                        GP Belgium

 

 

Eran pocas las veces que Carolyn se encontraba del lado de las visitas de un escritorio. Pero esta era la ocasión.

Estaba sola en una oficina con lujos de sobra e irrelevantes. Eso la ponía de mal humor. Todo lo que había en su oficina de Brackley tenía un sentido o propósito.

Del otro lado del escritorio aguardaba el sillón presidente vacío. Su dueño aún no arribaba. En el afán de perder el tiempo revisó sus prendas. La camisa de Mercedes blanca impoluta y su pantalón negro de vestir. Los ojos se deslizaron brevemente al reloj pulsera. Doce del mediodía. Alzó la mirada a su izquierda. Allí un ventanal le daba vista a un Spa-Francorchamps reluciente y con sol pleno. A lo lejos, en las gradas había algunas personas.

En medio de un suspiro de hartazgo la puerta chasqueó. El hombre caminó hacia el otro lado del escritorio y se sentó frente a Carolyn. La CEO le dio un rápido reconocimiento. Lentes redondos y transparentes, pelo negro prolijo con raya lateral y una camisa fina apenas entallada. Él la analizó brevemente y deslizó una sonrisa falsa.

"Es un placer conocerte finalmente, Carolyn."

"El placer es todo mío, Aaron." Lo imitó en su simulación de cordialidad.

"Te veo un poco... Vieja. No creo que quieras perder mucho tiempo aquí conmigo."

"Tengo dos monoplazas justo en el piso de abajo ultimando detalles para que pueda irme de aquí con los dos primeros puestos. ¿Crees que tengo tiempo?"

Aaron Peel le dio vistazo a los vidrios impolutos detrás de Carolyn. Allí los comisarios de la FIA se acomodaban de cara al inminente Gran Premio de Fórmula 1 que comenzaría en tres horas. El ventanal de su oficina de frente al circuito con la recta principal en un segundo piso le daba una vista preferencial a la largada.

"No. Claro que no. La CEO de la escudería más importante nunca tiene tiempo. Por eso iré directamente al grano. ¿Sabes por qué te llamé en privado?"

"Por algo involucrado a la máxima categoría femenina." Meneó su cabeza hacia el ventanal, marcando las pilotos que correrían en horas.

"Creí que serías más específica pero sí." El hombre apoyó sus brazos sobre el escritorio acercándose a Carolyn y la observó con fascinación. "Dime, ¿Qué ves allí afuera?"

"Público que quiere ver la carrera." El hombre asintió repetitivamente, pensando.

"¿Y cómo está ese público?" Carolyn tragó pesado.

"Aburrido."

"Exacto. Está aburrido." Susurró con dramatismo.

"¿Qué quieres, Aaron?" Cortó sin paciencia la CEO. El hombre rió.

"Todos están expectantes desde que asumí el lugar de mi padre a raíz de su muerte. ¿Acaso no es obvio Carolyn? ¡Que dejen de estarlo! ¿Acaso tú vas a presenciar un espectáculo aburrido?" No respondió. "¿Sabes con qué comparo esto? Es como ir a ver el Cirque du Soleil y que los artistas no hagan ni un sólo truco de acrobacia. ¿Cuál es el sentido?" La mujer suspiró revisando una vez más su ropa.

"¿Qué tienes en mente?"

"Lo que quiero que entiendas, Carolyn, es que la Fórmula Uno femenina ha llegado a un punto muerto. La FIA está haciendo escándalo por cada una de las pilotos que se accidenta diciendo que no son capaces de soportarlo. ¡Sí son capaces!" El hombre golpeó suavemente su mesa. "Yo lo sé, tú lo sabes. ¿Verdad?" Se reacomodó en la silla. "¿Sabes por qué mi padre está donde está?" Apuntó a las espaldas de la CEO hacia los comisarios de la FIA que tomaban asiento frente a las consolas. "Porque esos hijos de puta no pararon de soplarle la nuca pidiendo que cambie urgente las reglas de juego porque ustedes son mujeres y no hombres. ¿Y qué crees que hizo él? Sí." La señaló con el dedo y siguió. "Prefirió morir antes de hacerlo. Suerte para él que fue por razones naturales y no suicidio. Le vino como anillo al dedo." Hizo una breve pausa. "Velo de esta forma. ¿Quién es la última campeona?"

"Eve."

"¿Y qué es Eve?"

"Una gran y profesional conductora." Él torció su rostro.

"¿Pero?" Extendió la primer vocal. Carolyn cortó el contacto visual con algo de vergüenza y volvió a suspirar.

"Es monótona."

"¡Exacto! ¡Es monótona!" Volvió a acercarse al escritorio con exaltación. "Yo quiero cambiar eso. Quiero sacar la monotonía de aquí. Quiero hacer todo lo que mi padre no se animó a hacer."

"No sacaré a Eve de mi equipo. Estamos a punto de firmar la renovación del contrato por otro año-"

"Nadie dijo que yo quería sacar a Eve. No mal interpretes. Lo que quiero es que le des un motivo para que deje de ser monótona. ¿Me explico? Todos sabemos que Eve no está brindando todo su potencial. Es como una chimenea que funciona a media marcha y necesitas que mejore. ¿Qué haces? La avivas. ¿Con qué? Más leña. ¿Entiendes?"

Carolyn no respondió y buscó otras salidas.

"¿Qué dice Césare?" Aaron bufó al aire.

"Ya sabes como es él. Non capisco cosa vuoi. Bla bla. Nunca se le cae una idea. Está viejo, tonto. Como mi difunto padre. Hace muchos años que está en Ferrari y está cansado." Carolyn no respondió. "Lo que quiero que sepas es que yo estoy aquí para ayudarte a ti, a la FIA, a todos. Quiero que la Fórmula Uno sea un lugar co-habitable y armonioso." El silencio volvió a la sala y el hombre remató una vez más con voz triste. "Carolyn, si les doy las de ganar y la categoría femenina baja el nivel de motores, vueltas, reglas, etcétera, será una pérdida para todos. Para ti y para mí. Y tú no quieres eso. Sé lo mucho que has luchado durante años para que esto se mantenga y Eve también."

La mujer tardó en responder pero lo hizo.

"Quieres sembrar el caos." Susurró dándose cuenta para sí misma de la verdad. "Si no nos proteges tú pierdes dinero. Tu debacle-" Apuró.

Aaron chistó dos veces al aire alzando su dedo, negando su frase y cortándola con autoridad.

"Te equivocas. Tengo la rama masculina también. Perderé po-"

"Hamilton hace años que gana en soledad el campeonato. Tu capital debe estar al rojo vivo."

"Habrá un pequeño cambio ya arreglado para el año que viene con los hombres. Los mecánicos de Hamilton se han hartado de él y se moverán a Red Bull con Verstappen. Será interesante. Mira." Se reacomodó una vez más en su sillón. "Este deporte se vuelve aburrido cuando gana siempre el mismo sin alguien mordiéndole los talones. Como todo deporte funciona con presión. O... Rivales. La historia me avala. Lauda versus Hunt. Senna versus Prost. Hakkinen versus Schumacher. Más emoción, más público. Allí afuera tengo gradas infinitas y solo se han vendido el treinta por ciento de las entradas disponibles."

"¿A qué apuntas?"

"A que el mundo ponga los ojos en la Fórmula Uno. ¿No lo entiendes? ¡Las estoy ayudando! Estoy... Abriendo sus puertas. ¡Evitando su extinción! ¡Igualdad de condiciones! Que la prensa hable, que la televisión las busque, fama, gloria, renombre. Todo aquello que los hombres siempre tuvieron de manera multiplicada y a ustedes se les redujo por el simple hecho de ser mujeres." Carolyn no dudo en su tono de voz.

"Eres un misógino. No me tomes por imbécil. Quieres caos."

"No lo eres. ¡Y no me malinterpretes! ¡Yo amo la Fórmula Uno femenina! Sino no estaría hablando aquí contigo, cambio las reglas FIA y todo el mundo pierde menos yo. Sé y soy consciente que hay talento, hay un gran pozo petrolero por explotar. Y es por eso mismo que aceptarás mi oferta pero tendrás que ponerte a pensar rápido una solución."

Carolyn volvió a hablar con voz sulfatada.

"Tú, Aaron, repito. Te conozco, no eres más que un misógino." El hombre respiró derrotado.

"Velo de esta manera. Yo sólo quiero mantener empleos y categorías tal cual están. Si la normativa de Fórmula Uno baja, también baja el dinero. Tú dinero." Hizo énfasis en ella. "A mí no me afecta, ganaré lo suficiente con los hombres. Pero a ti y a muchas otras personas sí. Hombres e innumerable cantidad de mujeres. ¿Eso me convierte en un misógino?" Torció su rostro poniendo énfasis y se acercó para susurrar. "Carolyn, dame lo que quiero y la FIA no tocará nuestros intereses. Tú no perderás tu trabajo ni nadie de las escuderías. Por el contrario, aumentarán los salarios, el marketing, la industria. Beneficiará a todos, hombres y mujeres."

La CEO con su mirada al piso siguió buscando salidas.

"¿Que harás si algo malo ocurre? ¿Darás la cara?"

"Nada malo ocurrirá. La FIA en alianza con Liberty Media cuidan a sus pilotos y actualizan constantemente las medidas de seguridad." Como cierre y moño a su reunión, Aaron regaló una sonrisa plástica casi de publicidad de baja monta a la jefa del equipo Mercedes.

La mujer se levantó de su asiento y se dirigió a la puerta de salida.

"¿En conclusión?"

"Tú consigue lo que te pido. Eres la CEO de la mejor escudería de la Fórmula Uno femenina en la actualidad y muy hábil para lograr tus objetivos, cueste lo que cueste. Y a cambio te prometo no habrá modificaciones en la reglamentación de la categoría. Por el contrario, todo aumentará, todo mejorará. Tienes mi palabra, campeona."

Casi sin accidentes, mucho menos a alta velocidad. Escueta pero fructífera carrera. Tres títulos mundiales. Y toda una lucha para mantener el estatus de la máxima categoría, buscando nuevas normas de seguridad pero también profesionalismo en las mujeres. Sin bajar la vara. Todo eso y mucho más era Carolyn Martins.

Su historia como antigua piloto era poco a poco borrada por Eve Polastri que ya había igualado esa cantidad e iba camino a la hazaña de ganar un cuarto. Con rostro serio salió de la oficina de Aaron hacia el box de Mercedes, lista para ver el comienzo del Gran Premio de Bélgica. Frente a ella a ambos lados se encontraban los dos W11, uno de Elena y otro de Eve.

Dentro de su cabeza los pistones empezaban a trabajar con furia. Necesitaba una forma de resolver y renovar su escudería.

Cinco horas más tarde el monoplaza de Elena cruzaba primera la línea de meta. Su novio Kenny le mandaba un mensaje de felicitación por radio. Minutos más tarde se encontraba arriba del podio con Eve a su lado y Kenny detrás en representación a la construcción de Mercedes.

Cuando recibió el trofeo y terminó la ceremonia del champagne, Kenny se posicionó frente a ella y se arrodilló frente a todas las cámaras pendientes del podio. Había una ceremonia de matrimonio que festejar en pocos meses. Eve, emocionada, no paraba de abrazar a ambos.

Carolyn lo comprendió. La clave estaba en Elena. Cuando volvió a Inglaterra esa misma noche en vuelo chárter, buscó en su oficina privada el contrato de renovación generado para ella aún sin firma y lo rompió en varios pedazos. Nadie, ni siquiera su propio hijo, sabía sobre el futuro de su ahora prometida en Mercedes. Esos temas eran hablados entre Carolyn y Paul exclusivamente.

Abrió su computadora y buscó novedades en el mundo del deporte automotor.

'Felton se consagra en Spa-Francorchamps en una carrera simple y se mantiene cerca de Polastri en el campeonato.'

Bajó aún más y otra noticia la cautivó.

'Escándalo en Hungría tras accidente entre Astankova y Rooney.'

El video mostraba a Villanelle adelantando el automóvil negro sobre una curva. Sin explicación éste se abrió un poco más. Las cubiertas chocaron desestabilizando el PREMA Racing de Fórmula 2 de la rubia que giró sobre su propio eje, golpeó el auto de Rooney y se deslizó hacia las vallas ya con un neumático roto y parte del chasis. En conclusión Villanelle tuvo que retirarse de la carrera. Rooney siguió pero sus ingenieros la llamaron para retirar el auto por los daños que hizo el alerón delantero al cuerpo del motor por la información que brindaban sus pantallas.

La primera al llegar al paddock había sido Rooney pero Villanelle era llevada allí por la motocicleta de los comisarios. Tan pronto frenó en la ventana de su garage se bajó visiblemente enojada y se acercó al garage de su rival a zancadas. Konstantin se acercó a ella siguiéndola e intentando calmarla sin éxito. Villanelle se sacó el casco, el protector ignífugo y el HANS. Arrancó sus auriculares y lo golpeó en el pecho de su ingeniero para que lo tomara. Su cara estaba crispada de furia. Rooney salió del garage con uno de sus mecánicos. Luego la rubia llegó y la tomó del overol visiblemente insultándola. La empujó y cuando se volvió a acercar le golpeó el rostro con la zona del codo y el antebrazo. El resto de los hombres se cruzaron para alejarlas. Villanelle seguía gritándole y señalándola a medida que la arrastraban hacia el pitlane nuevamente. El video terminaba allí.

En el cuerpo de la noticia se aclaraba que por la actitud antideportiva de Astankova tenía que resarcir económicamente a Rooney con cinco mil euros y pérdida de puntos de su super licencia FIA, necesarios camino a la Fórmula 1.

Abrió una nueva pestaña y sobre el buscador puso el nombre Villanelle Astankova. Talento extra sobre ruedas. Voraz. Sin miedo. Carolyn sintió que si le daba un tanque de guerra para que lo conduzca podría hacerlo en horas sin ayuda. Pero su actitud era digna de una niña de infantes.

"Que Dios y la historia me juzgue." Susurró para sí navegando en información de ella.

Esa noche se quedó toda la madrugada recopilando información, estado de contrato, trabas legales, opciones, etcétera. Al día siguiente pidió una reunión urgente con Paul para hablar sobre la francesa y la posibilidad de contratación para el año entrante. El dueño de Mercedes accedió con sólo una condición: debería salir campeona de su categoría. Villanelle nunca resarció económicamente a Rooney y por cada encuentro que tenían le mostraba su dedo medio. Los ojos de la CEO seguían con atención la carrera final de Abu Dhabi entre Villanelle y Nadia. En silencio cumplió con el requisito de Paul.

Días antes de la noche de la ceremonia de la FIA que entregaba el premio mayor a Eve, Carolyn le dio aviso a su nuera que no renovarían contrato con ella en Mercedes. Elena aceptó la noticia con una sonrisa estática en su rostro, sellando sus sospechas de los últimos meses.

Al día siguiente Carolyn llamó a Villanelle. Había nueva incorporación en sus filas y tenía todo el verano para prepararse para controlar ese huracán.

Cuando la rubia salió de su oficina en Brackley bastaron algunas horas y filtraciones a la prensa para que Aaron le escribiera un mensaje en privado.

'Excelente movimiento. Felicitaciones por la nueva piloto. Estoy sin palabras.'

La mujer contestó rápido.

'Eso me preocupa, porque me has dado tu palabra.'

Nueva notificación.

'Descuida, soy un hombre de palabra. Descansa... Lo necesitarás para la próxima temporada.'

Carolyn cerró sus ojos intentando respirar aire puro.

Y los abrió.

Frente a ella su computadora mostraba la noticia más importante de la semana luego del Gran Premio de Francia. 'Damas y caballeros, el futuro de la Fórmula 1 tiene nombre y apellido: Villanelle Astankova.'

Como una señal del destino su celular empezó a sonar con una llamada entrante. Era Paul.

"Hola."

"Carolyn querida. ¡Qué excelente fin de semana!"

"Hemos tenido una piloto en primera posición y otra en séptima. No encuentro donde colocar la palabra 'excelente' en lo que te digo."

"Deja de presionarte un poco. El mundial de constructores va muy bien y aún queda más de la mitad del campeonato."

"Dime en qué te ayudo, Paul."

"Veo que te encuentro ocupada. Bien, tengo entendido que Villanelle tiene una cláusula de prórroga en el contrato. ¿Verdad?"

"Así es." La mujer cerró sus ojos.

"Perfecto. Luego de Bélgica la renovaremos por dos años más. Hablaré con ella en la cena semestral de Mercedes para la extensión del contrato."

"¿Y Eve?" Preguntó con temor.

"¡También! ¡Ambas! ¡Las quiero por dos años más sentadas en mis autos!"

"Será difícil. Creo que estaba pensando en el retiro."

"Ya lo resolveremos. Quería felicitarte por el excelente desempeño a pesar de lo ocurrido en España. Has manejado perfectamente la situación. Transferiré un extra a tu cuenta."

Carolyn se tomó su tiempo para responder pero había perdido noción de su voz que se había vuelto quebradiza.

"Ahórratelo. Gracias por el llamado." Cortó la llamada ahogada en sus pensamientos. No lloró. Pero no pudo evitar que sus ojos se empeñaran.

Se consideraba una mujer muy firme en base a la toma de decisiones, por algo era la CEO de Mercedes. Pero aquel trato abstracto efectuado hacía un año aún le corroía el pensamiento. No estaba convencida en absoluto.

Aaron tuvo razón. Todo había crecido a escala inimaginable. Carolyn también tuvo razón. Se había desatado el caos. Y ya no podía detenerlo.

 

 

 

Luego de una ducha, Eve se miró hacia el espejo de cuerpo entero de su habitación. Revisó su camisa beige y sus jeans. Acomodó sus rulos sueltos y cargó su mochila con los objetos ya clásicos en cada viaje. El reloj marcaba las ocho de la mañana del miércoles y haber madrugado había sido la excusa ideal para hacer la rutina de ejercicios.

Subió a su Audi y condujo hacia el norte por casi seis horas. A su lado solo tenía una botella con agua.

 

BÉLGICA

 

Haber escuchado música durante tantas horas, y sabiendo que se le acercaban días de mucho ruido, Eve decidió apagar su radio. Las carreteras estaban con poca carga de tránsito y la N651 aún más. Había pasado la localidad de Erria. Ya a las afueras sobre los campos belgas revisó su velocidad: 110 km/h.

En su cabina insonorizada que le proporcionaba el moderno Audi A8 escuchó un pequeño silbido en aumento. Revisó sus ventanillas para ver si estaban bien cerradas. Lo estaban.

Cuando volvió a mirar hacia adelante escabulló sus ojos al espejo retrovisor para encontrar los dos círculos rojos y el capot gris.

"Tienes que estar jodiéndome." Las luces altas detrás de ella se encendieron y se apagaron, dándole aviso de su sobrepaso.

El motor Dodge volvió a silbar, se acercó peligrosamente a la cola de Eve, se abrió hacia la izquierda y la sobrepasó para volver a posicionarse delante y empezar alejarse. En el descapotable flameaba el cabello rubio de Villanelle. Le pareció raro que no gesticule y a cambio siguió manejando con sus lentes puestos disfrutando del sol. Seguramente no la había reconocido.

"Imbécil."

Eve cambió su posición de manejo a una profesional y apretó al máximo el acelerador de su Audi automático volviéndose a acercar a ella. Cuando la trompa del auto se olfateó al Challenger, Villanelle miró por el retrovisor.

Allí se dio cuenta de la melena de Eve, apenas distinguible dentro de su automóvil polarizado. Le dio su clásica sonrisa lateral derecha depredadora y levantó su mano derecha con un objeto entre sus dedos. La británica lo identificó de manera inmediata: el llavero rojo del Redeye, aquel que le había mostrado en el casamiento y no le restringía su velocidad.

"Hija de puta." Soltó para sí dentro de la cabina.

Villanelle tocó brevemente dos veces el claxon dándole su 'adiós' y aceleró aún más. El motor Dodge que se había calmado como un gato manso cuando la sobrepasó a Eve de pronto reaccionó y volvió a silbar con furia. Rápidamente la brecha entre ambas volvió a ampliarse.

"¡No!" La morocha volvió a apretar el acelerador en la fina carretera belga.

Sus ojos controlaron brevemente el velocímetro: 210 km/h. Volvió a empujar a fondo el pedal pero no hubo caso. El Dodge seguía alejándose. Le dio un golpe al volante, frustrada por el fracaso de su motor híbrido.

Apenas regulando la velocidad, minutos después, llegó al circuito Spa-Francorchamps. Buscando un lugar libre en el estacionamiento estaba ya parado y con el techo cerrado el Challenger. Dejó su Audi unos lugares más lejos y cuando lo apagó vio como del capot salía algo de humo. Revisó su tablero y vio un sobrecalentamiento por el esfuerzo hecho minutos atrás. Eve largó un bufido áspero.

"Carajo."

Cuando bajó y caminó hacia la entrada miró con recelo el Dodge. Se paró a su lado y revisó su mano derecha con el control electrónico del Audi. Dentro estaba la llave metálica oculta para casos de emergencia o falta de batería. Volvió a mirar la pintura gris perfecta y dio un paso hacia adelante.

No. Ella no era así. Suspiró y cerró sus ojos un momento antes de guardar su llave y entrar al paddock camino a su trailer.

Jueves. Conferencia de prensa.

Villanelle ingresó con una corredora de Aston Martin.

"¡Villanelle! Llega mitad de año y sabemos que es el momento en que Mercedes revisa contratos. ¿Te han hablado al respecto? ¿Seguirás con ellos?"

La rubia alzó sus cejas, suspiró, alzó sus hombros y los hizo descansar. Finalmente negó con la cabeza. Una respuesta sin palabras. 'No lo sé.'

"¿Acaso eso significa que no quieres seguir con ellos? ¿Te molesta tener a Polastri dentro del mismo box con su rivalidad? ¿Quieres mudarte de escudería?" Todos los periodistas se impacientaron. Villanelle volvió a dar una cara de incógnito.

"No lo sé. Ella no me interesa. Yo soy la mejor piloto que tiene Mercedes, no ella. Ya se lo demostré incontable cantidad de veces. El peso no está sobre mis hombros sino sobre Mercedes. Si ellos quieren a alguien que les traiga títulos, entonces me pagarán lo que les diga y ya."

"Villanelle, tu poco trato o destrato con tu compañera de equipo es muy tangible. ¿A qué crees que se deba? ¿Crees que Mercedes estirará por otra temporada su relación? ¿Acarreas con ese peso?"

"Si vamos a hablar de esa tramposa durante mi conferencia de prensa si quieren voy tras bastidores y la llamo. ¿Quieren? Así estamos todos juntos." Marcó el sarcasmo. "Dejen de ser tan imbéciles de mierda. Nos llevamos mal porque yo no soy como su última compañera, no me agacho para lamerle los pies y darle mi posición. Que Mercedes haga lo que tenga que hacer y yo también lo haré. Vengo aquí a conducir, no a hacer amigos."

Raymond levantó la mano.

"Debido a las últimas carreras y declaraciones la imagen pública de ambas ha incrementado exponencialmente. ¿Crees que en algún momento eso cobrará más importancia que ustedes corriendo entre sí? No siempre estarán rueda a rueda en un circuito."

"No lo sé. Tal vez. Piénsalo de esta manera, tu hija ha cobrado fama desde que me la vengo montando a principio de temporada y no por como conduce." Cuando las risas se apagaron prosiguió. "A mí no me importa que pongan el foco en lo que digo o dejo de decir. Pongan el foco en el asfalto cuando se apaguen las luces, eso es lo que verdaderamente cuenta. Hablar puede hacerlo cualquiera."

"Villanelle, la última. Eres de nacionalidad francesa y montaste una verdadera fiesta en el Paul Ricard. Ahora Bélgica con gran parte del público que está ligado a Francia. ¿Lo sientes como una segunda casa? ¿Te sientes local aquí? ¿Crees que eso es un extra para poder ganar y extender tu diferencia con Polastri?"

"Por supuesto. Spa-Francorchamps es emblemático por donde se lo quiera ver. Agradezco siempre el apoyo de la gente y los fans pero a esa le puedo ganar hasta en la Antártida. Simplemente tiene suerte pero Francia le demostró que no todo es cuestión de suerte. A veces hay que apretar el acelerador y saber embragar. Gracias."

Eve entró una horas después con su camiseta Mercedes al lado de Nadia.

"Eve. ¿Qué opinas de que la FIA no haya sancionado a Hèléne en el Paul Ricard?"

"He visto el movimiento luego de la carrera." Negó con su cabeza. "Fue un movimiento de pista, no era sancionable. En el momento de la competencia con mi excitación por querer tener el mejor lugar creí que su movimiento era cuestionable, pero no. Son cosas que suceden, quedé encerrada y tuve que pagar."

"Eve, recientemente su compañera de equipo te acusó de, cito textual, tramposa, que tienes suerte y que puede ganarte hasta en la Antártida. ¿Estás de acuerdo?"

La británica se alejó del micrófono suspirando y rascándose la cabeza.

"No. A veces puedes tener suerte compitiendo pero si alguien se excede en confianza, se cree Dios, y choca contra la barrera." Levantó sus hombros, sonriendo. "No puedes hecharme la culpa de que has perdido esa carrera por mí. Que piense lo que quiera, me importa una mierda. Ella y su ego me tienen muy sin cuidado. Y si quiere correr en la Antártida aquí estaré. No tengo miedo."

"Eve, una de las cosas en las que ella hizo hincapié fue que ella no estaba de acuerdo en tomar la misma posición que Elena el año pasado, en donde actuaban como un equipo y si tenía que cederte la posición por orden de Mercedes, lo hacía. ¿Crees que el talento de Elena fue opacado para que puedas lograr tu o tus títulos?"

"¡No! ¡Carajo! ¡No! ¿Qué mierda es eso? Elena es mi amiga. Siempre hicimos lo mejor que pudimos y si ella me dio en algun momento su posición yo se la devolví. Soy consciente del gran talento que tiene ella detrás del volante y que en el futuro será campeona de la Fórmula Uno. No pretendo que Villanelle se arrodille ante mí, es una imbécil. No me interesa nada de ella."

Raymond levantó la mano. Eve mordió su labio.

"Es curioso lo que dices Eve ya que ella dijo lo mismo. Que no le interesas."

"Perfecto. Fin de la historia. Ahora podemos casarnos. No sé que quieres que te diga." El hombre continuó.

"Si ambas no se interesan y están casi en la mitad de la temporada. ¿Cómo ves una futura renovación de ambas partes con Mercedes? ¿Lo ves viable? ¿O sientes que es para peor?"

"No he hablado con Mercedes aún sobre la renovación. Lo analizaré en mis vacaciones con ellos y, lo más importante, conmigo misma."

"¿Te molestaría que ella renovara también?" Apuró un colega de Raymond. Él rió.

"Miren, somos diferentes. Ella y yo hemos llegado a un punto muerto. Yo soy el día y ella la noche. Y estamos en el mismo planeta Tierra con las mismas condiciones y ahora es una cuestión de talento o estrategia. Somos un equinoccio. En algún momento la balanza se va a inclinar, para ella o para mí. Pero hay algo de lo que no tengo dudas: esa diferencia de nueve puntos en el campeonato se revierte aquí, en Bélgica. Gracias."

Eve se retiró a su trailer con su última respuesta aún bombeando en su cabeza y con su mirada perdida en la luz de sol belga entrando en su ventana. Abrió su celular y en su soledad reprodujo la canción 39.

Ya no quedaba rastro de camaradería entre ambas. Había sido muy certera con sus palabras para describirlas a ambas y no había vuelta atrás. Con tranquilidad y rostro nulo mirando perdida la luz, cantó.

"Everything ends."

 

 

 

Viernes.

Eve salió de su habitación privada y, para desgracia de ella, la puerta que estaba justo en frente también se abrió. De allí salió la responsable de prensa de Aston Martin, escabulléndose hacia el final del pasillo y saliendo por la puerta trasera. Justo detrás de ella con sonrisa engreída salía Villanelle que se apoyaba sobre el marco con brazos cruzados. La británica la miró con mala cara.

"Eres un asco." La rubia alzó sus cejas inocentemente.

"¿Por qué? ¿Por amar a las mujeres?"

"No la estás amando. Es simplemente un pedazo de carne para ti. Tú no sabes lo que es el amor." Sin querer extender ni escuchar su voz, Eve caminó hacia el box a su derecha.

"¿Y tú si?" No obtuvo respuesta. Villanelle recordó las noticias del divorcio ya asentado de la piloto. "Veo que tú tampoco lo has vuelto a encontrar, Sakura." Eve paró pero no volteó. "Pero sin embargo no veías mal recrear las doscientas páginas del Kamasutra con tu viejo pedazo de carne rutinario y bigotudo."

La británica tragó pesado y giró su cabeza hacia atrás para encontrar a la rubia con la sonrisa lateral ponzoñosa.

"Ahora entiendo el por qué de tu cicatriz. Alguien realmente se cansó de que hablaras mierda y te rompió bien la cara. ¿Verdad?" La sonrisa se borró pero Villanelle no mostró seriedad. "Bien por quien haya sido. Última advertencia: una palabra más de mi divorcio y será lo último que salga de tu maldita boca partida."

Villanelle estiró sus labios marcando un falso miedo y puso sus manos en los bolsillos de su overol abierto. Su rostro cambió a sorpresa llamando la atención de Eve de manera disimulada. Sacó con su mano derecha el clásico llavero rojo, lo miró y volvió hacia Eve con rostro escandaloso. La morocha abrió sus fosas nasales y apretó sus dientes. Finalmente la rubia volvió a sonreír y deslizó un silbido bajo, simulando el motor de su Challenger.

Eve no se dejó enroscar y siguió paso hacia su box. En cambio su rival repasó fugazmente su cicatriz con la lengua.

Bill se acercó a su piloto que ultimaba detalles para subir a su monoplaza. La mujer vio rápidamente que llevaba un papel en la mano.

"¿Ahora por qué me vas renegar?" Se escudó.

"Por nada. Simplemente, ten cuidado." Extendió el diario frente a ella.

Era la primer portada de Motorsport con ambas pilotos de Mercedes. La foto estaba digitalmente partida a la mitad. Tenía la cara de ellas en primeros planos y se observaban entre sí con seriedad, aunque se notaba que cada fotografía había sido tomada en diferentes momentos. Arriba el titular: 'Polastri y Astankova cruzan munición pesada y ya encienden el GP de Bélgica'.

Hojeando la nota hecha por Raymond se destacaban las palabras exactas de cada una. Eve lo cerró y asintió.

"Descuida."

Primeras practicas libres.

Villanelle giraba con ritmo de carrera con sus neumáticos super suaves probando vida útil. Frente a ella apareció el monoplaza de Eve que se acercaba a la horquilla 10. Con ambos autos frenando se posicionó detrás de ella. Siguió a media máquina hacia la curva 11. Cuando terminó Eve no aceleró siguiendo a baja velocidad por la corta recta. Villanelle se abrió a la derecha y el auto de la británica cubrió el espacio. La rubia abrió su radio inmediatamente.

"¿¡Qué mierda le pasa a esta imbécil!? ¡A cortado mi ritmo de carrera!"

Se abrió para el lado izquierdo y aceleró regalándole una mirada larga detrás del casco.

Villanelle fue la que paró el mejor reloj de Spa-Francorchamps primera. Durante las segundas prácticas fue Eve.

Sábado.

Con la última campeona dentro del cockpit, Mo le indicó caminando en reversa hacia la calle del pitlane para que saliera. Bear hizo lo mismo. Villanelle salió más rápido y le ganó la posición. Cuando Eve dobló para salir a la calle, Villanelle frenó de golpe sin arruinar sus neumáticos. En consecuencia la británica activó los reflejos y frenó también.

"¿Algún problema?" Preguntó con seriedad.

"No que yo crea." Le respondió Bill.

"Maldita imbécil."

"¿Todo bien Villanelle?" Preguntó Konstantin a pocos metros.

"Sí. Sólo estaba poniendo a prueba los frenos de Kawazaki." Ambos ingenieros revolearon los ojos.

Mejor tiempo de la tercer práctica libre para Eve.

A media tarde las gradas nuevamente volvían a estar llenas. Las dos pilotos de Mercedes volvían a pasar con facilidad las dos primeras etapas de clasificación. La sorpresa la daba Claire metiéndose en la tercera ronda.

Con neumáticos super suaves y poca gasolina en su tanque, la británica buscaba separarse del próximo monoplaza a varios metros. Hizo una vuelta a un ritmo muy lento y, pocos metros antes de la línea de meta y que se acaben los 10 minutos otorgados para dar giros rápidos, traccionó para una nueva vuelta rápida. 1:41:252 después cruzó la línea de meta, expectante de su inmediata rival.

Villanalle tomó la chicana 13 y 14. Al salir de ella se topó con la Ferrari de Nadia que había desistido de su vuelta luego de derrapar de más en la curva 11. No había visto a la rubia y demoró en hacerse a un lado para no estorbar. Era demasiado tarde. La esquivó y siguió camino ya sabiendo que su vuelta estaba arruinada. Cuando llegó la meta el reloj marcó 1:41:311.

Las cámaras en su cockpit mostraron cómo golpeó repetitivamente su volante.

"¡Carajo! ¡Pendeja! ¡Quién la manda a hacer semejante idiotez! ¡Mierda!"

"Una lástima, compañera. P dos. Lo vimos. Seguramente será penalizada. Buen trabajo allí afuera."

La sorpresa esa tarde la dio Claire y su Renault con la tercera posición de privilegio. Eve posó con su trofeo de pole sitter y se dirigió al corralito con los periodistas. Uno de ellos fue tajante.

"Eve, hemos visto que Villanelle se ha quejado el tráfico al momento de hacer su vuelta rápida. ¿Crees que pudo ser un factor para que tú te hicieras con la pole?"

"Es curioso lo que dices porque estamos en uno de los circuitos más largos de toda la temporada y aún así yo tomo mis recaudos para que eso no me ocurra." Alzó sus hombros con una sonrisa."Tal vez fue mala suerte o tal vez por novata. Quién sabe. De todas maneras ya la conocemos. Siempre se está quejando de algo. Si no es el tránsito es el motor, o el viento, o el sol, o el comisario de pista. Siempre tiene a alguien a quien culpar y nunca a ella misma. Creo que hay que dejar las excusas y conducir, para eso estamos aquí." Asintió nuevamente antes de irse.

Minutos después Villanelle apareció tomando agua, con sus lentes y con aire impaciente.

"Villanelle, ¿Qué ocurrió con Nadia?"

"¿Eres ciego o sólo quieres verme enojada? Es una resentida de mierda por lo ocurrido en la final del año pasado y me dejó su monoplaza de papel maché en el medio para cagar mi vuelta rápida."

"Villanelle, Polastri ha dicho que siempre te quejas de algo como el tránsito en este caso y nunca es tu culpa. ¿Lo ves así?"

"Sí, bueno. Estoy segura que si le hubiese pasado a ella estaría ahora arrastrándose por las oficinas de la FIA pidiendo sanción, pole y todos los puntos. De hecho le voy a regalar un par de protectores de rodillas para su cumpleaños, se la pasa en cuatro patas y lamiendo bolas para conseguir lo que quiere. Que se pudra."

Esa misma noche Eve vio sus declaraciones por internet. Chistó y mordió con saña sus labios.

Domingo.

Bélgica se bañaba bajo un sol pleno con algo menos de 30 grados y los accesos al circuito Spa-Francorchamps se cargaba de público poco a poco.

Una hora antes de la carrera tanto Eve como Villanelle se encontraban en sus salones privados concentrándose. La británica haciendo malabares. La francesa acostada en el sofá jugando videojuegos.

Dos golpes resonaron en su puerta. Ella no sacó la atención de su celular.

"¡Ocupado!" La puerta se abrió igualmente para mostrar a un hombre de mediana altura, prolijo y con lentes redondos. Villanelle lo fusiló con la mirada. "Dije ocupado."

"No te veo muy ocupada. Es un placer conocerte finalmente." Se acercó estirando su mano. Ella no se movió.

"¿Quién mierda eres?"

"Aaron Peel, un gusto. Dueño de Liberty Media."

"¿El dueño de la estatua de la libertad?" Mostró una vaga sonrisa en consecuencia.

"No. El dueño de todo este circo."

"Oh, ya veo. Bueno. Vete. Estoy concentrándome para la carrera." Un sonido salió de su celular mostrándole que había perdido en el videojuego. "Mierda."

Se levantó hacia la mesa y dejó su celular ignorando al hombre. 

"¿Me saludarás?"

"¿Quieres que te salude o que me doble ante ti?" La voz salió descarada. Villanelle sacó su trasero ante él y lo movió de un lado a otro.

"Sabes que si quiero que lo hagas debes hacerlo, ¿No?" La rubia cambió la cara y volteó a enfrentarlo a un metro.

"Oblígame, Mister Monopoly..." Alzó su mano como un arma hacia él. "Si puedes." Hizo el sonido de un disparo.

"Es bueno que sepas que me haces ganar mucho dinero. Sonriendo. Acelerando. Insultando. Por cada vez que muestras esa hermosa carita rota a la cámara mis bolsillos se llenan de suficiente dinero para colmar mi casa de prostitutas y montarme una tras otra." La voz de Villanelle se volvió ácida ante la ofensa.

"No sabía que podías hacer tantas cosas con una semilla de sésamo." Miró brevemente a su entrepiernas y siguió. "Ve a la casa de tu madre a que te haga la tarea y te tararee una canción de cuna, pedazo de mierda."

Aaron volvió a sonreír escuetamente antes de hablar con altura.

"No olvides acelerar allí afuera."

En un movimiento rápido Villanelle lo acorraló contra la pared y trabó su antebrazo en su cuello. Lamió su cicatriz mientras lo miraba a centímetros.

Detrás de ella, del otro lado del pasillo, la puerta de Eve se abrió con ella encontrándose de frente con la situación. La rubia volteó a verla desacatada.

"Ups, se acabó el tiempo." Susurró Aaron. "Excelente primera impresión. Suerte hoy." Volteó a mirarlo nuevamente y de un solo movimiento lo soltó. El hombre salió a paso tranquilo. "Hola Eve. Te ves bien. Suerte hoy allí afuera."

"Aaron." Dijo a forma de saludo sin moverse y dándole una rápida mirada. Cuando él se retiró se quedó con los ojos fijos en Villanelle a pocos metros. Torció su rostro antes de hablar. "Eso sí que es una sorpresa."

"¿Tú que mierda sabes? Púdrete. La que traga genitales ajenos para salir ganadora aquí eres tú, no yo."

"A lo mejor yo iré por el lado de la amabilidad para conseguir cosas pero, ¿Tú usas la violencia? Si ganas hoy sabré porque ha sido."

"Ganaré porque soy mejor que tú, geisha."

"¿Geisha?" Eve asintió asimilando la palabra. "Te veo en la línea de meta, hija de puta."

"Insúltala todo lo que quieras, no se va a ofender. Está muerta."

La británica se alejó hacia la pista para el protocolo previo a la carrera. Cantaron el himno y minutos después subieron a sus cockpits para la vuelta preliminar. Villanelle no dejó de mirar con detalle el monoplaza de Eve.

Ajustaron el embrague, neumáticos suaves amarillos y mapa de motor acercándose a sus puestos de salida terminada la vuelta de reconocimiento. Semáforos en rojo y apagados. Comienzo del Gran Premio de Bélgica.

La rubia miró con furia la cola de Eve cómo se le hacía imposible alcanzar, ambas mantenían su posición. Ajustó al máximo su monoplaza esperando sobrepasarla en la horquilla de la curva 1. No hubo caso. Apostó todo a Raidillon Eau Rouge esperando alguna chance de sobrepaso a alta velocidad. Tampoco. Luego de la primera vuelta Eve se afianzaba en primera posición.

Vuelta 7. Eve abrió su radio.

"¿A cuánto está, Bill?" La voz salió en medio de jadeos de agitación.

"Dos punto tres detrás. ¿Cómo responden los neumáticos?"

"Rápida degradación. Los estoy forzando para mantener posición."

"Copy. Defiende con todo lo que puedas."

Villanelle tenía los ojos enfocados en la cola negra frente a ella, sacrificando a cada paso para alcanzarla y buscando no fallar en las curvas de importancia. Moduló hacia los ingenieros.

"¿A cuánto se encuentra la hija de perra?"

"Dos punto tres. No has podido entrar en DRS."

"Díganme que pensaron alguna estrategia de mierda."

"Está desgastando sus neumáticos muy pronto. Conserva los tuyos a un ritmo constante y tendrás chances de ganar la brecha."

"Copy. Pon mi canción once."

"¿Tan pronto?"

"¡Oye! ¡Yo no te pregunto eso cuando acabas dentro de tu maldita esposa! ¡Pon la maldita canción once!"

"Copy." Respondió con temor Kenny y la activó.

Vuelta 15.

"¡Bill! Me estoy complicando aquí. ¿Dónde está ella?"

"Cuatro punto seis. Ha mantenido el ritmo pero tampoco tiene mucha sobra con los neumáticos suaves."

"¡Piensa! Los míos ya están mal."

"Te veo. Copy. Alerta."

Consumiendo la vuelta 16, cruzando la horquilla 10, Bill llamó a Eve a boxes. Detrás aún seguían su ritmo Villanelle y Claire. El monoplaza '2' de Mercedes se detuvo. Tres de las cuatro ruedas salieron con facilidad. La delantera izquierda no.

"¡Vamos!" Gritó desesperada dentro de su casco. La tuerca no salía por el calor acumulado. Eve abrió la visera. "¡Sácala! ¡Ahora!"

"¡Eso intentamos!" Respondió Mo.

Cambió la pistola neumática y la tuerca, con esfuerzo, se liberó de la llanta. Colocaron el neumático duro que faltaba y trabó a la perfección. Eve bajó rápido su visera y salió quemando las ruedas traseras de la tracción. Tiempo de parada en box: Seis punto tres segundos.

"¡Maldita sea, Bill!"

"Acelera tienes pista libre por delante. Villanelle y Claire deben detenerse. Tú puedes."

Kenny abrió la radio.

"Villanelle, Eve en boxes. Levanta el ritmo lo más que puedas." La rubia volvió a hacer la bocina del Correcaminos y aceleró al máximo subiendo por la cresta Eau Rouge. Kenny volvió a modular. "Problemas en boxes para ella. Consumió más de seis segundos."

"¡Lo tengo! Ahora, ¡Cállate!"

Vuelta 18.

Villanelle cruzaba la recta principal con lo último de sus neumáticos. Claire detrás a catorce segundos aún persistía con su compuesto suave. La canción terminó y el Spotify intercalado reprodujo la canción 5. Eve a casi siete segundos detrás de Claire ajustaba al máximo el ritmo.

"Villanelle, box box." Avisó Konstantin.

Siguió de largo sobre la última chicana y entró a la calle de boxes.

"Eve, Villanelle está en boxes. Ahora o nunca. Empuja fuerte para quedar delante de ella."

"Copy!" Aceleró aún más sobre el giro 15, casi a velocidad de clasificación, y perforó el acelerador sobre las restantes curvas rápidas.

Con décimas de demora en una de sus ruedas, Villanelle salió a toda tracción de regreso al pitlane con sus 80 km/h permitidos. Eve cruzó la última chicana pisando de más el piano y saliendo con rabia hacia la recta principal. Miraba constantemente a su derecha, buscando el auto negro allí dentro. Detrás del alambrado lo vio. Bill, Kenny, Konstantin y Carolyn mirando con atención las pantallas calculando quién llegaría primero a Eau Rouge y la recta posterior. El público se puso de pie intentando ver algo.

Eve no perdió tiempo en bajar más de lo normal la velocidad sobre la primera horquilla y apretó al máximo el acelerador. Villanelle hizo lo mismo cuando cruzó la suya y la línea blanca que levantaba la prohibición de velocidad. Los dos motores Mercedes rugieron camino arriba, directo a la curva más famosa de la Fórmula 1. Las dos mirando hacia adelante y entre sí, intercaladamente, ruedas al milímetro. Eve a la izquierda, Villanelle a la derecha.

"¡Vamos pedazo de mierda!" Gritó con fuerza hacia su motor.

"¡No pasarás!" Se dijo lo propio Eve.

Los dos monoplazas se abrieron levemente hacia la derecha para pasar el conjunto de tres curvas lentas en Les Combes. Villanelle frenó primero por tener menos rango de giro. Eve se extendió. Y lo pagó. La primer curva la pasó delante pero las otras dos fueron ganadas por la rubia por tener mejor tracción. Kenny y Konstantin aún no festejaban, aguardaban que fije esa posición. Segunda y tercera respectivamente, detrás de Claire que aún no cambiaba neumáticos.

Luego de las curvas 10 y 11, Eve volvió a adelantar su nariz por encima de Villanelle y se puso por delante de ella.

"Vamos Eve." Susurró Bill para sí, petrificado en su estación con los ojos revoloteando en las pantallas.

La chicana 13 y 14 volvió a ser ganada por Villanelle. Cruzaron la 15 y 16 luchando por quién saldría mejor traccionada a las suaves curvas. Pronto el monoplaza de Eve volvió a igualarla y llegaron casi juntas a las curvas 19 y 20.

"¡Maldita hija de puta! ¡Ríndete!" Bramó la francesa.

"¡Te tengo novata de mierda! ¡A ver si soportas la presión!" 

Las dos volvieron a levantar revoluciones sobre la recta principal. Villanelle tomó la horquilla 1 por dentro de manera desprolija. Eve por fuera traccionó mejor con los neumáticos en el asfalto. Las dos subieron Raidillon Eau Rouge rueda a rueda. Giraron los cascos para mirarse entre sí desde sus cockpits. 

Pocos segundos delante Claire, embriagada de poder por estar primera en un Gran Premio y con orgullo de más hacia su padre, perdió control del desgaste de sus neumáticos. La goma trasera derecha cortó el caucho y a alta velocidad su cola empezó a moverse de un lado a otro luego de haber pasado las tres curvas rápidas de Eau Rouge. Frenó al máximo y en consecuencia el monoplaza quedó cruzado sobre la pista, tapando la mitad del camino del perfil derecho. Se quedó allí quieta, en la cresta de las curvas con la trampa de grava a su espalda. La única salida para quién viniese era el lado izquierdo, a centímetros de su nariz.

Los comisarios de pista no tuvieron tiempo de hacer parpadear las luces amarillas dando aviso del accidente para el resto de las pilotos.

Cuando Claire miró hacia su izquierda, vio las dos narices negras a más de trescientos kilómetros por hora lado a lado. Frente a ella la número '1' y al lado, a la altura de la pequeña franja disponible de paso, el número '2'. Villanelle apenas más adelantada que Eve.

Las dos con su vista la frente vieron el monoplaza de Renault cruzado en la pista frente a Villanelle. Giraron entre sí para mirarse una vez más. Y otra vez al frente.

Eve se mantuvo en su línea con paso libre al resto de la recta.

Villanelle miró las opciones. A su izquierda el auto de Eve. De frente Claire, aquella mujer que la había golpeado ante el show de vergüenza que le había proporcionado. No había salida. No podía frenar. No podía volar. Miró la pantalla frente a ella. 315 km/h. Volvió a levantar la vista. Claire cubrió su casco rojo con sus manos, como si ese simple acto la protegiera del accidente inminente. Cerró con fuerza sus ojos y esperó el impacto.

La rubia soltó el aire de sus pulmones, apretó el freno y giró el volante a la derecha, directo a la trampa de grava crispando su cara. 

El monoplaza se torció y comenzó a hamacarse de un lado a otro en las dunas hechas a propósito sobre la grava para el frenado, derrapando desde el costado izquierdo. Cuando los neumáticos llegaron a la muralla de contención se encontraban en el aire, levemente inclinado hacia la derecha por el reciente oleaje. El golpe, aún a muy alta velocidad, hizo que el monoplaza se diera vuelta y la nariz giró una última vez quedando en sentido opuesto al circuito.

Eve cruzó la línea de Claire escapando del accidente y frente a ella ahora no tenía nada más que la pista plena. Vacía. Algo parecido al paraíso o al mejor sentimiento de victoria. Sólo que ahora olía a la peor pesadilla. En pocas milésimas de segundos su mente se volvió de color blanco y como reflejo levantó el pie del acelerador. Por último revisó su espejo retrovisor derecho. Allí se reflejaba una nube inmensa de humo y grava. Un poco más cerca el Renault intacto de Claire. Las banderas amarillas ya titilaban con fuerza en las pantallas laterales. Safety Car.

Los tres ingenieros estancaron el aire en sus pulmones. Carolyn se levantó de su silla alta mirando la pantalla frente a ella que enfocaba los dos monoplazas parados. Uno sin una rueda y cruzado en el asfalto, el otro destruido y dado vuelta sobre la grava.

Los ojos de Kenny fueron cubiertos con un velo transparente y sus manos empezaron a temblar sin control y sin reacción. Pronto vio el pulgar de Konstantin presionando el botón 'Villanelle' de radio.

"¿Villanelle?" No hubo respuesta. Cerró sus ojos presionando sus labios. "Villanelle por favor, no bromees. Responde." Nada.

Levantó su mirada a un costado con Bill mirándolo con la piel blanca pálida.

Dentro de la sala de la FIA, llena de comisarios y frente a su oficina, Aaron miraba desde unas de las pantallas la misma imagen que Carolyn: ambos monoplazas en Eau Rouge. Sus ojos estaban expectantes.

La voz de Konstantin llegaba a oídos de de Villanelle una vez más.

"Villanelle, contéstame por favor."

Con su auto invertido, dentro del casco amarillo con las dos franjas azul y verde como Ayrton Senna, los ojos de la piloto estaban cerrados. Nuevamente la voz que salía por los auriculares.

"Villanelle. Vamos. Contéstame." Nada. "Villanelle."

Carolyn se sacó los auriculares rápido, casi con susto y asco, sin querer escuchar la voz de Konstantin hacia ella en la comunicación interna de Mercedes. Sus ojos seguían perdidos en el monitor con el monoplaza '1' dado vuelta.

Kenny seguía sin reaccionar y sin poder activar nada. La mano de Konstantin golpeó con fuerza el tablero.

"Villanelle, háblame por favor." Nada. "Villanelle."

Sin respuesta.

"¡Villanelle!"

Aquella voz autoritaria, desesperada que se reflejaba dentro de los oídos de la rubia rápidamente se vio ahogada y distorsionada.

Villane-. Vill-. Vi-.

Y tuvo un cambio.

Ok-. Oksa-. Oksana.

"Oksana!"

Ahora la voz llegó con total claridad. Allí estaban los mismos párpados cerrados pero ahora eran bañados por luz natural bajo un cielo nublado y frío, algo típico en esa ciudad.

Los ojos se abrieron en la adolescente de iris avellana, piel marfil y pelo castaño.

 

 

MOSCÚ, RUSIA

13 AÑOS ATRÁS

Chapter Text

"Oksana!"

Los ojos avellana le dieron un reconocimiento a su entorno. La habitación de paredes blancas y piso de madera con un pequeño escritorio la esperaban. Debajo de ella estaba el colchón de una plaza. Cómodo. Su ventanal angosto pero largo le avisaba del cielo nublado. Era probable en breve nevaría nuevamente.

Rápidamente se percató que el grito provenía del piso inferior de la mansión.

"Da." Respondió serena.

Los movimientos fueron con calma. Medidos. Practicados con sobra. Se quitó su pijama de dos piezas y se puso sus medias finas, su falda, su camisa blanca, su suéter negro y por último sus zapatos lustrados a tono. Se dirigió al espacioso baño en la habitación contigua, se cepilló los dientes de frente a su espejo y acomodó su pelo morocho en una coleta media sin cabellos sueltos. Antes de salir revisó una vez más su rostro de piel tersa

Al bajar al comedor de la espaciosa e inmaculada mansión encontró a su padre ya sentado en una punta de la larga mesa. El hombre con cabello castaño claro, corto y prolijamente peinado le clavaba sus ojos celestes. Vestía su clásico saco negro con camisa blanca y en su dedo anular derecho su anillo de sello plateado con la clásica águila rusa de dos cabezas.

"Dobroye utro."

"Buen día." Oksana levantó su mirada hacia él, sorprendido por el acento inglés. Con algo de suerte comprendía alguna palabra extranjera. 

"Buen día." Retrucó algo pastosa. 

Oksana comió su desayuno ya preparado con dieta variada con algo de desconfianza. Anatoly frente a ella no comía y la miraba de manera medida. Autoritario como cada día. Ella no se inmutó en el silencio hasta que finalmente él hablo de nuevo.

"Feliz cumpleaños." Oksana vaciló en su respuesta uniendo palabras en su cabeza pero finalmente lo hizo.

"¿Por qué no hablas ruso?" 

"Es parte de tu regalo, ya verás." Dijo él y empezó a comer sus huevos con cereales.

Cuando Oksana terminó su comida, su padre Anatoly se dirigió al living con otra mesa de gran tamaño. Ella lo siguió. A un costado en uno de los muebles él sacó una pequeña caja negra y la dejó sobre la superficie para ella.

"Dlya menya?" Preguntó con miedo y lo miró desde su altura. Él le sacaba varios centímetros.

"Sí. Por tu cumpleaños."

Cuando quitó la tapa encontró una especie de venda para los ojos negra con forma de antifaz, sólo que esta no le permitiría ver absolutamente nada. La sacó y la miró con atención.

"Es hora de que empieces a darle uso para tu práctica y perfección." Oksana lo comprendió en un instante pero ni siquiera lo observó. Sólo susurró una corta respuesta.

"Spasibo."

"Tu segundo regalo llegará en una hora y media." Dijo revisando su reloj pulsera. "Mientras tanto debes prepararte. En diez minutos tienes salón con Dasha. Usarás tu regalo."

"Da." Ella con lo justo lo comprendía.

Según lo pactado Oksana apareció en el amplio salón con Dasha presente y rostro frío. De sus dedos colgaba el cobertor de su padre. Se sentó en la banqueta mullida y le dio un último reconocimiento al trozo de tela con algo de temor.

"Comencemos." Anunció la mujer anciana con voz áspera. Ella también dejaba el ruso a un lado. "Schumann, Kinderszenen, opus quince, número siete en fa mayor."

Oksana revisó una vez más el piano de cola Steingraeber & Söhne Concert Grand E-172 frente a ella y se colocó la venda. Volteó hacia un lado y hacia otro, no había forma que entrara un ápice de luz natural. Tampoco encontraba algún filamento de información por la parte inferior. A ciegas totalmente.

"No tengo todo el día. Schumann, ahora."

Suspiró una vez más y buscó al suave tacto las teclas negras con relieve, intentando encontrar ubicación en la eterna hilera de 88 botones unidos. Comenzó despacio, con buen ritmo hasta que pocos segundos después uno de sus dedos falló y presionó la tecla del costado. Un golpe ya conocido por Oksana resonó sobre la mesa a un metro y medio a su derecha, haciéndola crisparse en el lugar y deteniéndose. Era la fusta de Dasha contra el roble.

"¡Mal! Otra vez."

La siguiente hora de Oksana transcurrió de esa manera. Prueba, fusta. Prueba, fusta. Treinta minutos después pudo sacar la pieza entera sin errores y con tempo perfecto. Luego fueron por una de Chopin. Dasha revisó su reloj, la hora de práctica había concluido. La siguiente maestra estaba demorada y crispó su autoritario rostro. Le molestaba la falta de perfección, en los instrumentos y en la hora. Aún con la venda puesta obligó a la niña a practicar para el concierto a realizarse en pocas semanas. Minutos más tarde una de las dos puertas que se encontraba en la otra punta del salón se abrió de un golpe. Una mujer de casi 35 años con melena, algo de nieve, abrigo y bolsas entró a tropezones.

Oksana giró imperceptiblemente hacia su izquierda, por donde la había escuchado ingresar. Dasha volvió a golpear la fusta.

"¡Atenta!" Volvió a coordinar sus dedos con gracia y elegancia para seguir tocando sin distracciones, ya cerca del final.

"Perdón por la demora. El subte era un caos." Anunció. Ninguna de las dos mujeres le prestó atención.

Oksana terminó de presionar las últimas teclas y se quedó sentada en el banquillo, esperando instrucciones con sus ojos vendados y recta. Dasha le dio una nueva mirada fulminante a la mujer recién ingresada, dejó la fusta y se retiró sin decir una palabra.

En una silla a un costado dejó el bolso y su prominente abrigo para acercarse sigilosamente por detrás a la niña frente al piano. Pocos pasos antes de llegar Oksana volvió a torcer su cara a la izquierda. 

"YA slyshu tebya."

"Tienes muy buen oído. Creí haber sido silenciosa." Dijo llegando hasta quedarse a su lado.

"No entiendo mucho." Respondió con acento retorcido.

"Descuida. Lo sé. Por eso estoy aquí. Seré tu maestra de idiomas." La niña seguía de perfil a ella, frente al piano. "¿Puedo?"

Los dedos le rozaron el borde de la venda elástica y esta vez Oksana giró su cuerpo levemente hacia la izquierda, enfrentándola. De un solo movimiento las corrió hacia su frente pero la mujer se encontró con los párpados cerrados que poco a poco se fueron abriendo. Frente a ella estaban los ojos miel relucientes y amplios. La mujer mayor no pudo contener una amplia sonrisa.

"No puedo creer cómo fueron capaces de tapar estos hermosos ojos." El cumplido fue fácilmente detectado por la ignorancia de Oksana que empalideció apenas. Para ella toda la comunicación se volvía eléctrica. "Mi nombre es Anna. Un placer."

Oksana cerró con fuerza pero imperceptiblemente sus piernas. Un leve temblor escaló en su cuerpo. Anna automáticamente se dio cuenta de su sobrada timidez y supo que este nuevo trabajo no iba a ser fácil, si bien la paga era por encima de sus expectativas. Tenía instrucciones precisas de su padre Anatoly.

 

 

 

Tres semanas después Oksana ya hablaba un inglés más fluido y casi completo. Anna no salía de su asombro. Cada día que llegaba para sus clases la adolescente ya la esperaba con todo acomodado, seria y con una timidez sin límites. Hablando lo poco y necesario, concisa. Siempre estaba prolijamente arreglada, con ropa similar desde el primer día y con sus manos finas, delgadas y suaves en perfecto estado. Había notado con rapidez su tic de cuidarlas con crema humectante esparcida en potes en toda la casa.

La maestra sentía que ella era una computadora. Cosa que le explicaba de gramática, cosa que se grababa y se aplicaba correctamente. Orden y función. Así de simple. Igual con la pronunciación. Si bien el inglés era un idioma amigable para poder hablarlo, el oído de Oksana era extremadamente agudo y replicaba igual. Su padre y Dasha, la mano derecha de él en enseñanza de música, se forzaban al cambio de idioma para ayudarla aún más.

La sencilla explicación a todo esto había sido dada por Anatoly Astankov una semana después de haber comenzando a trabajar con ella: superdotada. Incluso más que él ya que también se le sumaba su memoria fotográfica. Sólo que, Anna comprendió, que la mente de Oksana sólo era aplicada de manera directa a la música. A la música clásica. Todo lo que ella sabía tenía relación directa con el sonido. No había destrezas cotidianas o de educación básica.

Anna perdió una tarde navegando por internet y poniendo ambos nombres. Su padre era un prestigioso y estricto director de orquesta, reconocido en el ambiente e internacionalmente pero reservado. De Oksana no había novedades.

Y su trabajo no era fácil, sino más bien delicado. Oksana era superdotada de mente y oído pero no había adquirido conocimientos. Anna sólo sabía que había tenido un tutor por poco tiempo en donde le había enseñado a leer y a escribir. El resto era de su total y completa ignorancia. Tener que explicarle un idioma nuevo pero sin tener una cabeza cargada de referencias era casi trabajo imposible y Anatoly controlaba eso.

Aún así, él estaba contento con el trabajo de ella y su corrección con la puntualidad. Anna y Oksana habían logrado un vínculo de entendimiento armonioso sin cruzar algún tipo de barrera, con seriedad y con algún dejo de comedia que, por supuesto, la joven no comprendía y no respondía con una sonrisa, sino con mirada atenta y nerviosismo. Casi como si fuese castigada en caso de curvar sus comisuras y mostrar sus dientes. Anna no se dejó intimidar por ello y siguió con su ritmo.

Bajo este manto de confianza Anatoly sintió la necesidad de ahogar a Anna un poco más en su familia y una invitación sería crucial. Asistiría al primer concierto de música clásica con él como director de la misma y la primera exposición de su hija detrás de un piano. Por los compromisos previos con el resto de los músicos, Anna se mantuvo cerca de Oksana toda la tarde y llegada la noche tras bastidores a medida que el público ingresaba a la Casa Internacional de Música de Moscú. 

Al finalizar las prácticas previas al concierto, Oksana se quedó cerca de Anna. Vestía su saco clásico perfecto, sus pantalones rectos y sus zapatos, todo en color negro. Su maestra le había hecho una perfecta coleta media en su cabello y le había puesto apenas una leve capa de maquillaje. Sentada, aguardando su momento de entrar en escena, empezó a mostrar algo de malestar y se acercó a ella.

"¿Nerviosa?" Oksana corrió su mirada a un costado con su rostro apenas temblando. "Tranquila. Te he visto ensayar en tu casa y allí afuera hace un momento. Has estado espectacular."

"No me siento bien." Desprendió con un susurro. Anna aguardó que continuara. "Me duele aquí." Apoyó su mano sobre su estómago y la mujer de melena volvió a darle una suave sonrisa.

"Son nervios, Oksana. Descuida. Eres brillante."

"Oksana, te toca." Anunció Dasha. Cuando la niña se levantó sintió una presión extra en la parte baja de su estómago. Anna volvió a animarla.

"Aquí te espero. Mucha suerte."

La orquesta paró de tocar y la nena se acercó tímidamente a paso irregular hacia delante. El piano de cola se encontraba a espaldas de su padre que estaba en el centro del escenario. Anatoly la quemaba con la mirada, midiendo centímetro a centímetro sus movimientos. Oksana se ubicó y parpadeó repetitivamente, buscando rasguñar de algún lado concentración ante su creciente dolor e incomodidad.

Mientras Anna veía desde un costado a los músicos revisó el programa tríptico otorgado a los presentes. En los nombres de los músicos todos figuraban con nombre y apellido menos uno. Leyó: 'Piano: Oksana'. Nada más. No lo entendió pero para algo había mantenido su vida privada de esa manera, casi sellada al vacío. Ahogando a casi todo aquel que entrara a su mansión.

Con el último dejo de confianza, Oksana presionó la última tecla de su piano. Debajo de sus piernas sintió que algo se escurría. Para ella el sentimiento de nervios era horrendo y muy doloroso. Al levantarse de la baqueta vio una mancha, la limpió rápido e imperceptiblemente con su mano, y la arrastró por su pantalón. Saludó al público y se fue tras bastidores. En cuanto salió de escena casi se desmaya en los brazos de Anna.

"¿¡Qué ocurre!?"

Oksana le mostró su palma con dejo de sangre seca. La mujer mayor empalideció. La llevó a un baño y revisó sus ropas. Nada. Abrió su pantalón y ambas vieron cómo las líneas de sangre corrían por la parte interior de sus piernas con su ropa interior manchada.

"¿¡Me estoy muriendo, Anna!?"

"Oh, Dios."

"¿¡Me voy a morir!?" Los ojos marrones sorprendidos de ella subieron hasta encontrar el rostro de Oksana.

"¿Nunca has tenido tu ciclo menstrual?"

"¿¡Mi qué!? ¡Anna, ayúdame! ¡Tengo sangre!"

"¡No morirás!"

No lo podía creer. A sus 14 años recién cumplidos Oksana había dejado de ser una niña para ser una mujer. Un ave fénix que se extinguía y volvía a nacer.

Esa noche Anna se quedó a dormir en la mansión de la familia Astankov, en la habitación contigua de la adolescente. Cuidó de ella hasta la mañana siguiente y pidió hablar con Anatoly. La educación de ella como mujer tenía que expandirse más allá de la música y los idiomas. El padre aceptó a regañadientes pero con la única condición de presentarle previamente los temas a estudiar. Así fue de menos a más.

Oksana jamás pudo olvidarse cómo Anna la cuidó ese día y se había vuelto muy valeroso. Todo se sumaba a la confianza y las cosquillas dentro de ella. Tener más horas con su nueva y didáctica maestra era oro y eso la llevaba a abrirse. Anatoly le ofreció a la mujer una habitación en su mansión pero ella no aceptó. Más allá de las horas aplicadas en su hija también necesitaba una vida privada sin ojos ajenos sobre ella.

Tres meses después de haber comenzado a trabajar con ellos, Oksana entraba en la fase de aprender francés. En los momentos en que ella tenía clases con Dasha a salón cerrado con instrumentos, Anna se dedicaba al orden y limpieza de la casa. Ante la constante ausencia de Anatoly, lustraba un estante con sus auriculares tipo vincha puestos y su discman. Bailaba al ritmo de A-ha con Take on me, tarareando la letra hasta que una voz resonó a sus espaldas.

"¿Qué dices?" Anna volteó asustada.

"¡Mierda! Oh, eres tú."

"¿Mierda? ¿Qué es eso?" Abrió sus ojos en sorpresa sin saber qué responderle.

"Nada, es un insulto. Una mala palabra. No lo repitas."

"Mierda." Anna rió por la entonación inocente, como si fuera un bebé pero volvió a la realidad en un segundo.

"¡No! ¡Me meterás en problemas!"

"Mierda. Suena bien. Mierda. ¿Eso se dice cuando uno se asusta?"

"¡No! Debes decir..." Pensó. "¡Oh, casi me matas del susto!"

"Mierda." Se armó un silencio entre ambas. "Sí, suena mejor eso. Mierda."

"Tu padre te matará."

"¿A mí o a ti?" Anna empalideció y buscó una rápida salida.

"No habrá más clases de francés si lo dices porque me expulsará de aquí."

"De acuerdo. Pero lo que sea que estés cantando es mierda." La maestra sonrió derrotada y pronto explotó en carcajadas. Oksana tenía su humor oculto. Al final se volvió a unir a ella entendiendo poco a poco la gracia. La nena encontraba una melodía hermosa en su risa.

 

SEIS MESES DESPUÉS

 

La confianza entre Anna y Oksana no tenía precedentes y los cambios no tardaron en generar impacto en la mansión Astankov. Por un lado la relación entre ambas aún bajo un velo de pulcritud y seriedad con exploración de ambas partes con pequeños matices de comedia en el que Oksana era una víctima fácil.

Y por el otro lado el físico. El cuerpo de la adolescente se desarrolló rápidamente dando paso a una altura moderada pero con impronta, rasgos delicados en su rostro con cortes bien establecidos, desarrollo de su pecho y sus finos movimientos detrás de cualquier instrumento musical. Aún así, era una mera imagen y Anna lo sabía. Detrás de esa cortina fría había una niña la cual era ignorante en muchos aspectos básicos, sobretodo por su falta de socialización debido a su constante encierro en la mansión y estudio. Oksana no sabía tender una cama, no sabía cocinar, no sabía cómo usar unas tijeras si quiera. Pero aplicaba todo su potencial dentro de un salón con instrumentos o con Anna en el lenguaje.

Francés costó un poco más que el inglés, casi el doble de tiempo, pero la maestra estaba impresionada con la pasión y énfasis que ponía en cada clase. Sin contar las básicas de matemáticas y anatomía aprobadas por su padre. Dasha por su lado tenía el doble de horas con ella en práctica de salón.

12 de marzo.

Anna llegó antes de lo establecido para comenzar con las clases de alemán pero su semblante fue expectante. Su agenda el día anterior, el día martes, le había indicado lo que ocurriría ese día. Cumplía un año de trabajar en la mansión Astankov, sí, pero algo más también.

Cuando ingresó a la mansión escuchó en el fondo la música de Oksana. No era piano. Lo ignoró y se dirigió al despacho de Anatoly. Golpeó dos veces antes de entrar y tardó en responder.

"Da." Anna ingresó con sigilo. El hombre estaba revisando partituras y ni siquiera levantó la mirada.

"Buen día señor Astankov. ¿Tiene un minuto?"

"¿Necesitas un aumento?"

"No. No es eso. Sólo que hoy es doce de marzo."

"No veo el problema en eso."

"Es el cumpleaños de su hija, señor."

"¿Y?"

"¿Harán alguna celebración al respecto?"

"¿Por qué deberíamos? Ya le he comprado un regalo y se lo he dado a primera hora esta mañana. Con eso basta." Anna aprovechó que el hombre seguía concentrado en las partituras para exponer su asombro sin miedo.

"¿Ese regalo está relacionado con la música?"

"Por supuesto."

"Bien. Me preguntaba si podía llevarla a un lugar de baile como regalo de cumpleaños. Mostrarle algo nuevo." Tal como la mujer temía, finalmente el músico alzó su mirada.

"¿Una disco? No."

"No, es un lugar donde se baila música clásica. Lo que toca ella." El tono se movió suave.

"Ella no sabe bailar."

"Lo sé. No bailará si usted lo requiere. Pero es para que empiece a... Ya sabe." Dudó buscando las palabras. "Familiarizarse con la sociedad luego de tantos años aquí. Creo que le ayudaría a lidiar con los nervios previos en los futuros conciertos." Aplicó como excusa.

"Ella no necesita familiarizarse con nadie, sólo con la música." Mordió su labio.

"De acuerdo. Puedo llevarla a que vea cómo se aplica la música que ella genera. Conozco un lugar en donde adultos bailan música clásica. Que ella vea el sentido a eso. Será unas horas y si ella quiere irse, lo haremos." La voz segura y respetuosa de Anna, luego de tantos meses de trabajo arduo y fructífero, convencieron a Anatoly.

"No tendrá sentido pero si eso quieres, está bien. Supongo que te lo has ganado luego del buen trabajo que has hecho con ella. El chofer las llevará. Yo tengo reunión esta noche con mis colegas. Te dejaré dinero. Úsalo cuidadosamente."

"Eso sería perfecto. La cuidaré como si fuese mi hija. Muchas gracias señor." Con sobrado respeto se inclinó y se retiró.

Eran las 6 de la tarde cuando el automóvil negro aparcó frente a un salón de poca monta. Anna se limitó a responder lo justo frente al hombre que actuaba de chofer. Oksana se dedicaba a revolear sus ojos abiertos. Ambas estaban con sus pesados abrigos de invierno y bufandas. La maestra dio aviso que demorarían algunas horas para que el hombre las esperara allí.

"¿Tendré que tocar?" Preguntó asustada mientras entraban. "No he preparado nada. Dime qué quieres que toque."

"En absoluto. Haremos de todo menos eso."

"Sólo salgo de mi casa para tocar, Anna. ¿Qué es este lugar?"

"Es una fachada. Iremos a otro lugar pero no puedo dejar que el conductor nos vea."

Del gran salón de paredes rojas con algunas mesas y una pista de baile, las dos mujeres se dirigieron a la puerta posterior y salieron hacia otro lateral de la cuadra. Anna sacó su pequeña guía con datos de la ciudad y caminaron tres cuadras hasta la entrada del subte.

"Tengo miedo, Anna. ¿Qué es todo esto?" Dijo revisando el caudal de gente a su alrededor.

"Tú confía en mí."

La experiencia para ella fue irreal. Diez minutos después salían nuevamente a las calles del norte de la ciudad. Un espectáculo de luces de colores la recibió. Era una feria local con diferentes atracciones y comida.

"¿Y? ¿Qué dices? ¿Te gusta?"

"Es... Llamativo."

Anna no quiso apurarla. Comenzaron a caminar hasta que se acostumbrase al caudal de gente, el bullicio y el ritmo alegre de la feria. Pasaron por la entrada a un salón con techo y de allí Oksana giró rápidamente hacia dos máquinas. Tenían plataformas con flechas, de frente una pantalla y arriba el nombre del juego 'Pump it up'. Había identificado con facilidad los violines de Vivaldi. Arriba de la plataforma un niño bailaba zapateando.

"¿Qué está haciendo? ¿Por qué 'Invierno' suena diferente?"

"Bueno, a veces algunos artistas modifican la versión original de alguna sinfonía, o movimiento, o lo que sea. No soy muy intelectual de ello."

"¿Está bailando?" Anna sonrió.

"Algo así. Es un juego. Tienen que pisar la flecha en el momento indicado." Los ojos avellana se quedaron hipnotizados en las piernas del niño que bailaba. "¿Quieres ir?"

Oksana afligió su rostro, unió sus cejas y tapó sus oídos, claramente fastidiosa casi con dolor.

"Es molesto que suene tan mal. Eso no es Vivaldi. Eso es... Mierda." La maestra obligó a que caminaran un poco más hasta perder la música. Cuando pudo la miró divertida.

"Aprendes rápido lo que no debes aprender, ¿Eh? Aparte, estas acostumbrada a la perfección. Tienes que entender que estos niños más pequeños o más grandes que tú no conocen mucho de música."

"Me dijiste que haríamos de todo menos algo relacionado con la música."

"Tienes razón." Alzó su cabeza buscando algún juego que fuese acorde para ella pero un rugido de menor a mayor capturó la atención de ambas.

Bajo un techo de chapa cubriendo el asfalto de alguna sorpresiva nevada. Allí, ocho hombres corrían en go-karts por las diferentes curvas del pequeño circuito.

"¿Qué hacen?" Preguntó cuando un auto pequeño pasó a pocos metros de ella que observaba detrás de la valla.

"Corren carreras. El que sea más rápido y llegue primero, gana."

"Qué fácil." Dijo aburrida. "¿Pueden lastimarse?"

"No hay mucho riesgo aquí. ¿Quieres intentarlo?"

"¿Contra quién tendría que correr?"

"Hay más niños allí esperando para competir. Puedes correr contra ellos y socializar. Hacerte amigos."

"¿Y si me lastimo?"

"Eres demasiado inteligente para que eso ocurra. Esto está armado para niños y con mucha seguridad. Puedes hacerlo."

Anna pagó el pase y Oksana se alejó de ella para ponerse en la fila con otros niños. Algunos menores, otros mayores que ella. Dos de ellos hablaban entre sí mientras miraban de reojo el vestuario formal de la niña y reían por lo bajo. Anna la instó a que se comunicara con ellos.

"Hola." Dijo ella.

"¿Cuántos años tienes?" Respondió el mayor de los dos hablando su mismo lenguaje.

"Hoy es mi cumpleaños. Cumplo quince años."

"¿Quince? ¿De qué época vienes?"

"¿Cómo?" Preguntó sin entender.

"Digo por tu ropa. ¿Vienes de principio de siglo o algo así?" Los dos rieron y le dieron la espalda.

Oksana revisó una vez más su saco, sus pantalones perfectamente rectos y sus zapatos negros. Anna escuchó todo e hizo un esfuerzo por acercarse a ella en la fila.

"¿Me veo mal?"

"En absoluto. No importa si corres en traje o en pijamas."

"¿Lo hice bien?" Preguntó con inocencia ella. La maestra le sonrió triste.

"Lo hiciste perfecto."

"¿Cuando terminas de socializar te volteas como ellos?"

"No. Ellos son... Mierda. Pero estoy muy orgullosa de ti. Buena suerte allí, te estaré mirando."

Antes de subir a los kartings Oksana revisó a los corredores que en pocos minutos terminarían. En ellos vio cómo los patrones que se repetían entre sí. La posición de sus manos en el volante, la forma en que tomaban las curvas con parábolas lo más abiertas posibles, el ritmo de frenado. Le bastó una vuelta de ellos para absorber esos pocos conceptos.

Cuando se sentó en el karting hubo dos cosas que le dieron asco: el casco usado y con olor húmedo dentro, y el volante desgastado y pequeño. Revisó sus manos inmaculadas y luego buscó a Anna a un costado que le asintió, dándole ánimos. Hizo un esfuerzo y se terminó de acomodar. Un hombre se acercó frente a ella y le señaló un pedal y luego el otro.

"Akseleratora. Tormoz. Da?" Oksana asintió y el hombre le alzó un pulgar con una sonrisa.

"¿Qué es eso?" Dijo imitándolo con su dedo.

"Eres graciosa." Golpeó su casco y se alejó.

Oksana buscó a un costado nuevamente a su maestra mostrando su pulgar. Anna estiró sus dos efusivamente, dándole muestra que era algo bueno. La nena se miró con inquietud la señal y volvió a alzárselo a Anna que rió.

Diez vueltas en total. La primera fue un cambio en la vida de Oksana. El aire filtraba en el casco viejo y sin visera directo a sus ojos. Una sensación única en su vida apacible, medida y cuidada. La primer vuelta concluyó con ella última, aclimatándose al sentimiento y las cosquillas en la parte baja de su estómago. Esas eran muy diferentes a las que tuvo en ese fatídico primer concierto de manera pública.

"¡Vamos Oksana!" Le gritó Anna cuando pasó cerca.

Automáticamente ella fue por más. Apretó aún más el acelerador y empezó a replicar los movimientos que había estudiado en segundos. Los resultados no se hicieron esperar. Una vuelta después alcanzaba al primer rezagado y lo sobrepasaba con facilidad. En la vuelta 10 ella se posicionó segunda, detrás del chico morrudo que había encontrado en la fila. Su primera experiencia había sido todo un éxito y Anna no daba crédito a lo visto. Eran pocas las veces que veía sonreír a su alumna, sin embargo cuando se quitó el casco lo vio. Una sensación de plenitud y felicidad en ella.

"¿Estuve bien?" Fue lo primero que dijo con algo de susto.

"¿Bien? ¡Estuviste excelente! ¡Eras Flash allí dentro!" Oksana pasó de la alegría a la confusión.

"¿Flash? ¿Quién es?"

"Un superhéroe."

"¿Qué es eso?" Anna estaba acostumbrada ya a este tipo de situaciones y buscó serenidad.

"Una persona que combate el mal y son muy buenas personas, como tú."

"¿Y corre en uno de esos autos?"

"Algo así. Ya te lo mostraré más adelante."

"Soy Flash entonces." Y seguido alzó su pulgar con poca convicción.

"Eres Flash." Anna le respondió igual.

"¿Puedo volver a hacerlo luego? Me gustó."

"Claro. Lo prometo. Ven, caminemos."

Oksana pidió ir a un pequeño y austero baño para refregarse las manos con algo de jabón hasta dejarlas tal como estaban: impecables. En un pequeño carro Anna compró copos de nieve color rosa. Se sentaron en un banquillo mientras comían. Oksana estaba azorada por el sabor del azúcar.

"Me sentí muy bien arriba del go-kart. Es algo diferente."

"¿Libre tal vez?"

"Sí. ¿Cómo lo sabes?"

"Es algo común sentir adrenalina y libertad cuando se conduce a alta velocidad. Es una ilusión igual porque solamente estás corriendo en círculos. Pero pronto dejarás de estarlo."

"¿A qué te refieres?"

"Hoy, Oksana, cumples quince años. El año que viene cumplirás dieciséis, tu mayoría de edad."

"¿Y eso qué significa?" Preguntó con temor.

"Cuando eres mayor de edad tienes más libertad. Puedes viajar, o salir a lugares con adultos como discotecas, o beber alcohol, tener licencia de conducir."

"¿Podría viajar en ese tren por abajo de la tierra? Me gustó eso."

"El subterráneo, sí, y en tren." Soltó sonriendo. "Y también tendrás edad para conocer a alguien y tener relaciones."

"¿Como socializar?" Anna pensó conteniendo la risa.

"Exacto. Pero más físico. Te explicaré en una clase cuando no esté tu padre."

"¿Es algo malo?"

"¡No! Por el contrario, es algo normal. Cuando dos personas se quieren mucho tienen mayor contacto físico, lo que se conoce como amor."

"Entonces... ¿Tú no me amas? ¿Simplemente socializas conmigo?"

"Ya socialicé contigo, sé que eres buena persona, nos llevamos bien y por eso yo te quiero mucho." La maestra negó efusivamente, como sacándose algo de encima. "Ya te lo explicaré más adelante, es más complejo."

Oksana vio que frente a ellas un hombre y una mujer de mediana edad caminaban abrazados y riendo.

"¿Te refieres a eso?"

"Sí."

"¿Y siempre debe ser entre un hombre y una mujer?" La pregunta obligó a Anna a abrir sus ojos.

"No. No siempre. Hay parejas de hombres que se aman y parejas de mujeres que se aman. Pero lamentablemente no es legal."

"¿Eso no está bien?"

"Aquí, en Rusia, no." La morocha sacó de su bolsillo su pequeña guía de la ciudad de Moscú, haciendo referencia en donde se encontraban. "Pero en otros países sí."

"¿Entonces tú y yo no nos podemos amar?" Preguntó temerosa con su corazón lleno de sentimientos.

"Claro que podemos, pero no podemos mostrarlo a otros. Como a tu padre, por ejemplo." Oksana asintió.

"¿Puedo?" Dijo queriendo revisar la pequeña guía de sus manos.

"Quédatela si quieres."

"Mañana te la devolveré. Hoy la leeré." Y la guardó en su saco.

Siguió con los ojos clavados en otra pareja que jugaban a lanzar dardos de juguetes. Sonreían, se abrazaban y se besaban.

"¿Eso es amor?"

"Sí."

En medio de un nuevo silencio la nena volvió a generar una nueva pregunta que incomodó a Anna.

"¿Y por qué yo nunca tuve eso?" La mujer mayor apretó sus labios y tragó con dificultad con sus ojos empañados, recordando el trato frío tanto de Dasha como Anatoly con ella.

"No lo sé, Oksana. No lo sé."

Luego de un minuto de lucha interna, y con el algodón de azúcar consumido, Anna volteó y abrazó con fuerza a la nena. Ella respondió de igual manera.

"¿Esto significa que me amas?" Conteniendo sus lágrimas respondió.

"Sí. Significa amor."

"Me gusta. ¿Cuánto tiempo dura?"

"Todo lo que necesites."

Minutos después se alejaron.

"¿Puedo volver allí?" Dijo apuntando a la pista de kartings.

"Claro. Una vez más. Debemos irnos luego."

Esa carrera con otros niños la ganó Oksana con margen extra. Cuando llegó a la línea de meta y detuvo el coche alzó ambos pulgares hacia Anna. Al salir del circuito, sin preguntar, la volvió a abrazar.

Ese era su nuevo hogar.

Tres meses después, al terminar una clase de alemán, Anna notó algo decaída a su alumna. Aguardó en silencio para que hablara. Anatoly y Dasha no se encontraban en la mansión.

"¿Por qué no hablas?" Rompió Oksana luego de ver que la miraba expectante.

"Lo mismo me pregunto. ¿Qué te ocurre, Oksana?"

"Estoy aburrida y aún falta para la presentación en el Bolshoi, no tengo que practicar de manera intensiva."

"Has estado así desde tu cumpleaños. Te conozco."

"No tengo mucho aquí dentro. Sólo estudiar o tocar." Anna vislumbró a qué apuntaba.

"¿Quieres ir a correr kartings?" Meneó sus hombros en respuesta, un 'sí' oculto. "Ya volveremos. Eres realmente buena conduciendo." No habló y su maestra buscó salidas. "¿Por qué no buscas refugio en lo tuyo? Escucha música."

"¿Quieres que escuche y reproduzca?" Meneó su cabeza hacia la sala que actuaba para sus ensayos de instrumentos.

"No. Quiero que escuches y la disfrutes. Prueba algo nuevo."

"No me gustó lo que escuché en la feria, no me gusta que se burlen de la música que toco. O que zapateen mientras suena."

"No es burla, Oksana. La música clásica no es intocable. Muchos géneros se fusionan con ella para hacer cosas muy buenas. Los pianistas se dedican a otros géneros y no solo a los compositores antiguos. Tienes que aprender a abrir tus oídos, tu mente."

"¿Cómo?"

"Ven."

En el living, junto a una gran biblioteca con discos de música clásica, había un estéreo con diferentes reproductores: vinilo, discos compactos, casetes. Anna buscó en su bolso algunos de los discos que llevaba para su reproductor portátil. Encontró el de color blanco y negro y lo puso. Buscó la canción 6.

"Recuerda. Abre tu mente. Aparte viene bien contigo porque te han gustado los kartings."

Una guitarra empezó a sonar de manera rabiosa. Oksana abrió sus ojos. A medida que la canción avanzaba se escuchaban algunos violines de fondo.

"Anna, que suenen tres violines con algunos vientos no signf-"

"Tú espera. Aguarda hasta después del solo de guitarra."

Y allí estaba. Cuando finalizó, y toda la sinfónica de San Francisco comenzó a retumbar, Anna se levantó frente a ella y expandió sus brazos, casi mostrándole la ilusión de los 85 músicos a su alrededor. Oksana vio todo sin verlo. Simplemente abrió sus oídos, su mente y se dejó llevar. Todo se acoplaba perfectamente, el rock y la melodía clásica de respaldo. Con rostro duro sus manos empezaron a temblar sin quererlo. Su maestra le sonreía con todos sus dientes expuestos, casi emocionada.

En la parte final ella movió sus brazos como Anatoly, silenciando el sonido de los violines y dando por cerrado el espectáculo. Luego apretó 'pausa' para hablarle a Oksana pero ella le ganó apenas modulando y con la mirada perdida.

"¿Quienes son?"

"Metallica."

"No, los otros. He contado más de setenta."

"La orquesta sinfónica de San Francisco, en Estados Unidos. ¿Lo ves? Si se mezcla bien puede existir la armonía entre ambos géneros." Revolvió su bolso una vez más y sacó otro disco con su discman gris. "Ten. Puedes escuchar por la noche antes de irte a dormir. Procura que no te vea tu padre porque perderé mi trabajo. ¿Entiendes?"

"¿Está mal hacer esto?"

"Ya sabes cómo es él." Oksana abrió sus ojos, como recordando algo. Fue a su habitación para guardar las cosas y volvió hacia Anna con su pequeño libro mapa de Moscú.

"Ten. Olvidé devolvértelo."

"Quédatelo. Te servirá algún día. Yo no lo necesito."

"Gracias." Le devolvió una suave sonrisa y volvió a abrazarla sin pedirle permiso.

A Oksana le costaba cada vez más alejarse de Anna, y su estómago se lo hacía saber.

 

 

 

Luego de tantos meses, día tras día, Anatoly vio que su hija no sufría cambios de relevancia y mantenía su compostura con Anna, una silenciosa profesora con facilidad en idiomas y excelente promedio.

Sin embargo, más allá de dos funciones prestadas en el prestigioso teatro Bolshoi con su hija detrás del piano, aún no se animaba a poner su apellido.

El silencio hacia sus colegas por tener una hija era total. Sabían su existencia, sí. Su nombre. Hasta su presencia en el Bolshoi. Pero ninguno de ellos presenciaba los conciertos, preguntaba por ella o por el ámbito privado de Anatoly y la razón fundamental era el suceso que había venido acompañado con el nacimiento de Oksana: la muerte de su amada esposa Tatyana. Y sus colegas sabían perfectamente lo visiblemente afectado que había quedado él. Una vida por una vida. Así de estricto había sido el destino.

Su padre, otro director de orquesta de peso en la Unión Soviética, había volcado toda su sabiduría en su único hijo. Pero Anatoly tenía un problema: falta de coordinación. Su cerebro entendía a una velocidad impresionante pero sus manos no aplicaban a tiempo. Lo que a alguien promedio le costaba una semana, a él diez. Era excelente para leer y escuchar música, pero no podía tocarla. Su padre Igor había hecho lo imposible para que aprendiese sin resultado alguno y a cambio germinó a un hombre que odiaba tener que tocar instrumentos, pero amaba sentirla y dirigirla. La muerte de él le ahorró una cuota importante de humillación en su camino como director de orquesta, ya lo suficientemente allanado por su progenitor.

Heredó todo. Mansión, dinero, instrumentos y su invaluable anillo estampado con el águila rusa de dos cabezas, ya un signo de él también.

Anatoly aguardaba ese hijo prodigio que pudiese hacer todo lo que él no pudo. Y llegó. Con la única diferencia que fue mujer. Tatyana, el amor de su vida, le había ocultado durante todo el embarazo el sexo porque él solo podía referirse al feto como masculino. Ella aprovechaba a asistir a las ecografías durante sus cortos viajes dentro de Rusia, evitando que se enterase de la catastrófica noticia. La vieja tecnología ayudaba a que no se viese con facilidad los genitales del bebé dentro de ella en los análisis. En todo caso se enteraría una vez nacido, pero ella jamás tuvo en cuenta una hemorragia posparto que, más allá del imponente hospital en el que dio a luz, no hubo posibilidad de salvarla.

Solo y con una hija. Así había quedado. Consideró una última opción pero el prestigio formado le prohibía deshacerse de ese bebé. En otras palabras, era lo último que su esposa le había dejado en este mundo y no podía desecharlo.

A meses de haber nacido, en el piso de su casa y con una mujer de mediana edad que la criaba con lo básico, Oksana tuvo su primer encuentro con los instrumentos: un pequeño violín de juguete con tres cuerdas el cuál no paraba de tocar de manera grosera. Oro para Anatoly. Todo lo que no pudo ser él, lo sería ella.

Modificó rápidamente toda la estructura alrededor de su hija. Conoció a Dasha, una vieja mujer de la escuela estricta soviética que había tenido algún contacto con su padre. Ella estaría a cargo de formarla. Habría un cocinero y una persona de limpieza encargados de la manutención de ellos dos.

Anatoly tenía que aprender a soportar el sentimiento de no tener un hijo. Un verdadero heredero y perfecto músico de la familia Astankov.

El invierno volvía a golpear la mansión. Su hija estaba próxima a cumplir sus 16 años, la mayoría de edad. Al mes siguiente de esa fecha tendría un concierto ya pactado en el Bolshoi. Allí pondría por primera vez el apellido de su hija. Oksana Astankova no fallaba, era perfecta y sería mejor que él y su padre juntos. Un verdadero orgullo.

Siendo finales de febrero, Dasha y Anatoly se fueron a media mañana al teatro ruso empezando las prácticas para abril. Su hija haría lo propio a puertas cerradas y se uniría al resto una semana antes de la presentación.

Oksana estaba sola en la casa cuando se percató la demora de Anna. Algo aburrida y sabiendo que ninguno de sus dos padres (ya consideraba a Dasha como tal) interrumpiría, tomó el discman obsequiado por Anna y revisó el disco puesto. Colocó los auriculares y se dirigió a la sala de ensayo con su piano. Una vez sentada apretó play sobre la canción 7 del disco.

Los dedos se movieron solos en las teclas y cantó en silencio, solo moviendo sus labios en la primera parte de la canción.

Anna entraba y salía de la mansión Astankov cuantas veces quería. Ese mismo día llegó algo tarde por problemas eléctricos en el subte. Cuando cruzó la puerta principal escuchó el piano haciendo eco. Llegó trotando para encontrar la espalda de Oksana de frente al piano, con los auriculares y tocando Elton John. De pronto la pianista gritó.

"Wow!" Incrementó su ritmo sobre las teclas y volvió a cantar. "Through a glass eye, your throne. Is the one danger zone. Take me to the pilot for control. Take me to the pilot of your soul!"

Al final, Oksana se movía con pasión en el banquillo tocando con fuerza y alegría. Mirando las teclas cuando necesitara. Anna detrás suyo no paraba de sonreír. Y se hizo silencio.

"Jamás creí que estaría viva para ver a un simil Elton John tocar de esa manera a pocos metros." La pianista giró asustada. Al ver a su maestra se sonrojó. "Eres increíble."

"Me gusta Elton. Gracias por el disco."

"Deberías probar escucharlo sin la orquesta sinfónica de Melbourne."

"Lo haré en un futuro."

"Falta poco para tu cumpleaños y te traje un regalo. Te lo doy ahora sólo porque temo perderlo de lo pequeño que es."

"¿Un disco de Elton?" Anna rió.

"No. Ten." Sacó de su cartera una tarjeta azul con la inscripción en ruso 'Troika'. "Es una tarjeta de transporte. Tiene poco dinero. Supongo que tu padre te dará algo más de libertad cuando cumplas años así la puedes usar."

"¿Así puedo ir a los kartings?" La maestra volvió a reír.

"No te has olvidado. Así puedes ir a los kartings, sí."

"Gracias Anna."

Oksana luchaba conteniendo su amor por Anna, esperando el momento de poder afrontarlo de alguna manera o replicando a aquella pareja en el parque, besándose de boca en boca.

En la puerta de entrada de la mansión estaba petrificada Dasha. Había escuchado las últimas notas del piano de cola y no era ninguna partitura de las que había trabajado con ella. Seguido al silencio escuchó la voz de Anna marcando la referencia: Elton John. Ingresó en silencio a la casa, directo al despacho de Anatoly a pocos pasos, sacó las partituras que se había olvidado y subió nuevamente al automóvil negro.

"Tengo novedades." Anunció hacia Anatoly. Su rostro era serio.

Al día siguiente Anna no se presentó. Ni tampoco al otro. Cuando en la semana Oksana juntó el coraje para preguntarle a su padre sobre ella respondió tranquilamente.

"Anna ya no vendrá más. La he despedido. Ya te ha enseñado lo suficiente."

No buscó más explicaciones. Anna se había ido y volvía a estar sola.

Los días anteriores a su cumpleaños todo le daba asco. El piano. Los instrumentos. La música clásica. Nada tenía sentido y Dasha vio la falta concentración en ella.

El 11 de marzo, por la noche encerrada en su habitación, tomó la determinación final que venía gestando en su cabeza. Al día siguiente, por la tarde, confrontó a su padre. Una nueva Oksana yacía ante él.

Lo siguiente que recuerda su mente era el bolso negro de tamaño medio, siendo cargado de ropa y algunos objetos representativos para ella que tenía en su habitación. Arriba de todo puso el discman de Anna y, sin percatarse, cayó un chorro de sangre. Pasó su lengua por su labio y limpió rápido con la manga negra de su saco sobre la superficie de plástico, colocó su bufanda alrededor de su cuello y su maxilar cubriendo hasta su nariz.

Antes de salir por la puerta principal entró al despacho de su padre. De su biblioteca sabía exactamente el libro que tomar. Allí ahuecado en el centro de una gran enciclopedia había una cantidad suficiente de rublos que siempre veía sacar antes de sus viajes, la mayoría de ellos de 5000. Tomó todo lo que había y lo guardó en su bolsillo.

Nuevamente Oksana se prendía fuego, recibiendo la muerte con placer y renaciendo una vez más en algo que aún no sabía. Algo nuevo.

Cuando estaba saliendo la ráfaga invernal la golpeó. Dio algunos pasos hasta que su padre abrió la puerta de entrada a la mansión con su rostro lleno de ira y su traje en excelente estado. En su mano tenía una pequeña libreta roja que inmediatamente lanzó con furia hacia los pies de su hija antes de gritar.

"¡Hice bien en nunca poner tu apellido en las presentaciones porque sabía que no eres más una vergüenza para la familia Astankov!"

Oksana no respondió. Tomó la libreta roja y la revisó. Era su pasaporte y dentro estaba su documento de identidad. Su padre volvió a gritar ya con el rostro rojo.

"¡No quiero verte nunca más en esta casa! ¿¡Me oyes, Villanelle?!"

Oksana arrugó su rostro ante el nombre. Ella no se llamaba así además de no conocer ninguna Villanelle. Y siguió retumbando en su mente el nombre a medida que todo se oscurecía para ella. Su padre, la mansión y la nieve.

"¡Villanelle!" La voz salió metálica, lejos. Pero se acercaba de a poco. "¡Villanelle! ¿¡Me oyes!? Por favor, contesta."

Con esfuerzo abrió sus párpados lentamente. Lo primero que notó fue su caja torácica comprimida, le faltaba el aire. Tosió ahogada y se concentró en buscar aire puro dentro de su casco. Movió lentamente sus dedos y revoleó sus ojos avellana para darse cuenta que tenía la grava cerca de su cabeza. La presión que sentía era el cinturón de seguridad que la estaba atando al cockpit, invertida.

"¡Villanelle, por favor! ¡Responde compañera!"

Su mano se levantó con facilidad con ayuda de la gravedad para tocar el botón de radio en el volante.

"Take me down..." Tosió dos veces más de forma ahogada. "To the paradise city, where the grass is green..." Otra vez. "And the girls are pretty. Take me home." La voz salió débil.

Konstantin se derrumbó sobre el control en una mezcla de alivio con miedo que aún no se mitigaba. Kenny se tomó la cabeza y se balanceó hacia atrás.

"Villanelle, ¡Qué susto, por el amor de Dios! ¿Estás bien?"

"Estoy colgando boca abajo como un maldito oso perezoso aquí, gordo. ¿Cómo mierda crees que estoy?" El ingeniero rió nerviosamente ante el comentario.

"Ya van los comisarios a sacarte de allí." El canoso giró hacia Bill y Carolyn con el pulgar hacia arriba. Los demás monoplazas giraban detrás del safety car.

Villanelle se tomó un momento y destrabó el cinturón de seguridad. De a poco se escabulló por debajo del monoplaza invertido en la grava y gateó hacia salir. Allí la recibía el sol pleno de Bélgica y el colchón de tierra rasguñado uniformemente por su automóvil. Uno de los comisarios se acercó a ella y la tomó suavemente por el brazo intentando que se ponga de pie. Ante el contacto la rubia se alejó, fastidiosa.

"No me toques, carajo." Habló con voz cansada. El hombre se alejó de ella unos pasos.

De rodillas en la grava destrabó su HANS y la cinta del casco que cruzaba por debajo de la mandíbula. De un empujón en la base lo removió y luego tiró hacia arriba de su protector ignífugo, exponiendo su rostro hacia la bajada de Eau Rouge que, podía escuchar, el safety car y los demás monoplazas escalaban de a poco y a baja velocidad, aguardando que quiten ambos autos del circuito y su reanudación.

Eve, desde dentro de su cockpit, vio a Villanelle arrodillada y cansada mirando directo al sol sobre su cabeza con sangre debajo de su nariz. Sonriendo lateralmente como siempre. 

La mera imagen le hizo recordar al ave Fénix, volviendo a nacer luego de un espectacular acto de llamas.

Villanelle susurró hacia sí misma a medida que los monoplazas seguían camino por el circuito, acordándose de su pasado.

"Sigo viva, hijo de puta." 

Otra sonrisa se esbozó a pocos metros. Era Aaron mirando las pantallas con la transmisión oficial de la Fórmula 1. Su circo seguía de pie y Villanelle con su voracidad era la clara muestra de que las cosas seguirían su curso.

Chapter Text

Al ver que los labios de Konstantin moviéndose, Carolyn tomó sus auriculares nuevamente para escuchar a su piloto. Eve había pasado por el costado de ella, viéndola arrodillada hacia el sol, y apretó su radio detrás del safety car.

"¿¡Disculpen!? ¿¡Me pueden explicar qué mierda está haciendo la maldita FIA y por qué ella no es llevada a ver un maldito médico!? ¡Muevan el trasero, maldición! ¡Hubo un gran accidente y se están mirando las malditas caras y jugando a la playstation! ¡Mira como ha quedado su maldito auto! ¡Por el amor de Dios!"

"Sí, sí Eve. Copy. Estamos sobre eso, cálmate y mantén tu posición."

"¡No me digas que me calmes, Bill! ¡No entiendo por qué carajo no sacan la bandera roja en vez de tenernos a todas aquí como un maldito tren de la alegría! ¿¡Cómo está ella!?"

Bill presionó el botón para responder pero fue interceptado por alguien más.

"Eve, Carolyn aquí. Ella se encuentra bien, ya la están retirando y la verá un doctor." Habló con voz aún más serena que la de su ingeniero.

"Carolyn, ¿Segura se encuentra bien?" La imitó en el tono.

"Sí. Concéntrate allí afuera, nosotros tenemos todo bajo control aquí." Volvió a conectar la radio con su ingeniero y le asintió a la distancia. Miró a Bear y al grupo de mecánicos. "¡Llamen al médico, muévanse! ¡Vamos!" Les aplaudió apurándolos. Konstantin le habló a su piloto.

"Villanelle, por favor, sube a la moto y vuelve. El médico te espera."

La rubia solo se había dejado los auriculares puestos mientras se reintegraba y las grúas ya alzaban ambos monoplazas hacia detrás de las barreras. Sin responderle, arrancó los cables y caminó lentamente hacia la moto que la esperaba a pocos metros. Carolyn por su parte se alejó del box y fue rumbo a la sala de la FIA. Aaron salió antes de que ella llegara y se enfrentaron en el pasillo.

"Prende una maldita vela a tu santo favorito porque si algo le sucede a alguna de mis pilotos-"

"¿Yo? Ellas sólo están corriendo, Carolyn. Tú eres la que alimenta su rivalidad, no yo."

"Era lo que querías." Siseó con furia.

"No." Marcó con seriedad. "Yo sólo quería que Eve no gane con facilidad, que sea más parejo. Que esto no sea un espectáculo aburrido, repetitivo y en decadencia como lo ha sido los últimos años."

"¿A costa de qué?"

"¿A costa de qué, qué? Carolyn, míralo con tus propios ojos." Meneó la cabeza a un costado. Detrás de un vidrio veía una pantalla de un oficial de la FIA con Villanelle caminando hacia la moto que la llevaba de regreso. "Ya te lo he dicho: la FIA en alianza con Liberty Media cuidan a sus pilotos y actualizan constantemente las medidas de seguridad."

"¿Hasta cuándo seguirás tirando de la cuerda, Aaron?"

"Yo sólo estoy haciendo mi trabajo. Y ya me estoy hartando que las mujeres de Mercedes me acorralen contra la pared." La mirada confusa de Carolyn lo hizo continuar. "El gato con, ahora, seis vidas no es buena con las primeras impresiones. Deberías ponerle correa la próxima vez."

"Sea lo que sea que te haya hecho estoy muy agradecida. Probablemente le daré un aumento." La mujer volteó, retirándose por donde vino.

"¿Será que puedes darle un aumento porque tu cuenta bancaria está abultada, Carolyn?" Ella frenó su paso. "Veo que no soy yo el que tiene doble moral, sino tú. Que tengas felices vacaciones de verano tú y Paul, aprovecha y mándale mis saludos."

Con rostro crispado se escapó de regreso al box de Mercedes para lo restante de la carrera.

Generalmente Villanelle tomaría desde la camiseta al motociclista y lo lanzaría a un lado como hizo en España o en Mónaco. Ahora no podía. Respiraba lento y profundo, intentando estirar los pulmones luego del impacto. Cuando la moto aparcó en el paddock se encontró con una imagen inusual.

A pocos metros Claire corría hacia Raymond y se abrazaron con fuerza. El hombre se alejó, le revisó el cuerpo y volvió a estrujarla. Con su mejilla apoyada en el hombro de su hija abrió sus ojos para encontrar parada y sola a la piloto de Mercedes mirándolos.

Los recuerdos de su autoritario padre no habían llegado en buen momento. Revisó a su alrededor, sola por el momento, hasta que apareciera la marea de la escudería preguntando por ella. Sin embargo el periodista le dio una potente mirada y le asintió sutilmente, casi al borde del llanto. Un 'gracias' en silencio por no haber impactado su auto de lleno contra Claire.

Una nueva migraña obligó a Villanelle tomar su cabeza con fuerza, enojada, y buscar ir al sector privado de su box. Algunas personas de Mercedes se le acercaron pero ella sencillamente los ignoró, entró a su sala privada y se desmoronó en el sillón con sus ojos cerrados. Sólo tuvo la fuerza para abrir su cuello mao y correr el cierre para liberar el torso del overol. Audrey se le acercó con aire armonioso acuclillándose frente a ella.

"¿Cómo te sientes?"

"Bien. Quiero descansar un momento."

"Estás sangrando." La periodista se apuntó tu nariz haciendo notar la ajena. Villanellle pasó un dedo debajo de su nariz y observó sin sorpresa la mancha roja.

"¿Puedes hacerme un favor? Cancela la rueda de prensa. No estoy de ánimos para lidiar con esos hijos de puta."

"Está bien. Daré yo las declaraciones pero quiero que te vea el médico de la escudería."

"Que no me joda. Sácalo."

"Villanelle, por favor." Ella le acarició una de las rodillas. "Nos preocupamos." En la puerta apareció un señor con delantal blanco.

"Hola, mi nombre es Sid. Soy el médico-"

"Has lo básico, anciano." Movió su mano al aire dándole paso.

El doctor revisó sus pupilas en búsqueda de traumatismos. Todo normal.

"Tendré que auscultarte para revisar tus pulmones." Villanelle lo mutiló con la mirada, casi informándole que no se levantaría del sofá. "Por favor. Necesito que te quites la camiseta."

"No." Se levantó y se apoyó sobre una mesa, dándole espalda para que hiciera el trabajo. 

"Respira profundo. ¿Tienes alguna dolencia en algún lado en particular?" Continuó intentando escuchar algo.

"No." Un minuto después, Sid estaba listo para irse. "Espera." De su maletín sacó algo de algodón. "Ahora sí, sal de aquí. Bob evita que entre alguien más."

La alta mujer asintió. Villanelle hizo un pequeño bollo con el algodón y se lo puso en la nariz para que corte el sangrado. Tardó en percatarse de que el pequeño televisor de la pared estaba encendido pero en silencio. Mostraba la pelea en vivo y directo entre el McLaren y el Aston Martin que subían Eau Rouge.

Cuando finalizaron mostraron unos créditos de la transmisión oficial y la imagen era de una de las cámaras del monoplaza de Eve en plena lucha con ella minutos atrás. Villanelle instintivamente buscó el control remoto y activó el sonido. 

"Aquí tenemos otra vez las imágenes del accidente. Las dos subiendo por Raidillon y allí, segundos antes Claire Wells pierde el control de su vehículo con la goma trasera. Justo en la cresta, imposible de ver para las dos mujeres de Mercedes y la peor parte para Villanelle. Claire sin lugar a dudas se salvó de milagro, podría haber terminado como Antoine Hubert. Oh, aquí tenemos el team radio de Eve. Vamos a escucharla."

Villanelle vio cómo la cámara mostraba que Eve seguía por la larga recta en soledad y las pantallas laterales al circuito titilando en amarillo. Los dedos de la piloto tocaba con furia el volante abriendo la comunicación con Bill.

"¡No! ¡No, no, no, no! ¡Bill! ¡Bill!" La voz salió desgarradora. "¡Ella-! ¿¡Cómo-!? ¡Oh, no! ¡Bill háblame maldita seas!"

"Te escucho Eve. Estamos revisando. Aún sin novedades. Mantenlo en delta positivo."

"¡No me jodas! ¡No! ¡Levántate de esa maldita silla y ve a verla! ¡Su monoplaza!" Su voz se rompía. "No Bill. Maldita sea. Mierda. No, no, no. ¡Todo esto está mal! ¡Carajo!" 

"Aún sin novedades Eve. Te avisaré."

La cámara cambió mostrándola a ella de frente con el volante tapándola apenas. Su frente se apoyó levemente hacia adelante y volvió a mirar a medida que giraba a la derecha. Soltó una de las manos del volante, abrió su visera a baja velocidad y escurrió sus dedos hacia un lado y otro, clara muestra de estar limpiándose. Villanelle, en su habitación, abrió sus ojos sorprendida y se levantó mirando la pantalla más en detalle con la repetición.

Eve cerró su visera, negó con su cabeza y golpeó repetitivamente el halo frente a ella a altura. La radio se volvía a abrir.

"Eve, tranquilízate. Ya ha respondido. Ella se encuentra bien."

"¿Es en serio? ¿Estás jodiéndome?"

"Sí, ya le ha respondido a su ingeniero." Un gemido mezclado con un suspiro se escuchó del otro lado. Eve volvió a apoyar su cabeza sobre el volante.

Se alzó y prestó atención detrás del safety car en la subida del Eau Rouge. A su lado estaba Villanelle arrodillada y volvió a activar la radio hacia Bill a los gritos y desesperada para que vea al médico y el cruce con Carolyn. La cámara volvió a mostrar a Eve de frente que abría nuevamente su visera y se limpiaba.

"Bueno... La palabra de Polastri tras el incidente. Visiblemente emocionada y conmocionada." El comentarista cruzó a su compañero.

"Pese a la rivalidad, Polastri no pierde sus convicciones. ¿Eh? Ya sabemos cómo es ella en estos casos."

Villanelle apagó el televisor tras la reanudación de la carrera en vivo, pero se quedó con su mirada perdida allí. En sus palabras. En ella limpiándose. Pensando, una nueva migraña la trajo a tierra. Se tomó la cabeza saliendo de su trance.

"Está llena de mierda." Dijo para sí misma.

Algo más de una hora después la nariz negra cruzó la línea de meta en primera posición.

"Increíble trabajo Eve. Excelente. P uno, compañera. Lindas vacaciones te has ganado."

"Nada que festejar, chicos. Gracias." Cortó en seco.

Eve estacionó su monoplaza frente al cartel '1'. Con desesperación contenida lo apagó, sacó el cinturón de seguridad, salió del cockpit y saludó escuetamente tras las vallas a su equipo. Previo a entrar al paddock corrió por el costado hacia los boxes. Antes de llegar al extremo donde se encontraba la escudería de Mercedes, Villanelle salió de allí adrede con sus lentes puestos, su algodón y su bebida con la cánula. Quería poner a prueba las palabras de su compañera. Eve se detuvo aún con su casco puesto y su visera abierta.

"Hola."

"Japonesa de mierda." Saludó sonriendo escuetamente. "Felicitaciones. La única imbécil que es capaz de ponerte algo de presión tuvo algunos problemas, por eso has ganado."

"¿Cómo estás?"

"Aquí me ves. Fabulosa. Radiante. ¿Cuándo comienza la próxima carrera? Ya estoy lista."

"¿Qué te ha dicho el médico?"

"Lo mandé a tener sexo con su mujer, se veía constipado." Removió su algodón de la nariz para lanzarlo a su espalda, le dio un sorbo a su bebida y carraspeó de fondo su garganta ante el trago. Eve sonrió tranquila.

"¿Está fuerte el agua?"

"No te puedes imaginar. ¿Quieres? Es bebida de vencedores." Le extendió la cánula para que Eve tome. Cuando lo hizo sintió el gusto a frutilla mezclado con fuego. Carraspeó ella también negando.

"Carajo." Ahogó una risa de fondo. "¿Qué es?"

"Eres débil. Daikiri, lo hice yo misma." La imitó.

"¿Por qué lo has hecho?" Cortó. A sus espaldas ya la llamaban para la premiación.

"Si impactaba contra ella su auto me iba a quedar de sombrero e iba a morir, porque es una débil de mierda como su padre. Vete. Te esperan."

"¿Te veo luego? Quiero hablar contigo."

"Eres la primer persona que prioriza el drama por encima del alcohol y la victoria. Sal de aquí. Ya me das asco." Sonrió lateralmente por lo bajo.

"Nunca dejas de ser una pendeja de mierda." Asintió antes de irse al podio.

Villanelle aguardó a un costado bebiendo su daikiri hasta que Eve fue llamada para la entrega de su trofeo. Todo el equipo Mercedes vitoreó y los ojos marrones buscaron a la rubia. A lo lejos estaba ella que le alzó su bebida en forma de festejo... Y como advertencia. Eve dio nota del mensaje claro: No le sería tan fácil la próxima vez pero Villanelle aceptaba el destino.

El movimiento de su bebida en alto le robó una amargura extendida por su rostro pero oculto detrás de sus lentes. Un pinchazo nació en costillas y retumbó con fuerza en su torso.

Sin hablar con nadie más que dos palabras con sus ingenieros, se alejó hacia su trailer. Se acostó allí y cerró sus ojos.

Tres golpes en su puerta la obligaron a despabilarse precipitadamente. Había perdido completamente el sentido del horario pero aún había sol. El dolor del accidente volvió a retumbar con fuerza cuando se incorporó todavía con su overol puesto y abierto. Abrió la puerta y se sorprendió de encontrar a Claire frente a ella con remera y pantalón de Renault, como en su fatídico primer encuentro.

"Hola." Comenzó tímidamente.

"Eres la última persona que creí que tocaría mi puerta."

"¿Puedo pasar o estás ocupada?" Villanelle le dio un rápido reconocimiento a su interior.

"Claro. Pasa." Claire entró con algo de temor. Villanelle se sentó en el sofá y tomó de una lata con energizante abierta horas atrás. "No tengo cerveza en la heladera pero siéntete libre de tomar lo que quieras."

"¿Cómo estás?" Dijo revisando el interior con brazos cruzados, sin prestar atención.

"Mal." Claire giró rápidamente hacia ella. "Carolyn me ha retado, me golpeó la cola por lo que hice y por arruinar mi autito. Me dijo que el próximo Gran Premio lo tendré que conducir a control remoto." La mirada de la británica se volvió severa. La rubia alzó rápidamente sus cejas con ojos amables. "Bien. Entera." Extendió sus brazos algo cansados.

"Gracias. Me salvaste la vida." Se armó un incómodo silencio entre ambas hasta que Villanelle se inclinó levemente, haciendo una reverencia.

"A sus órdenes, princesa." Cuando la rubia se incorporó Claire había acortado la distancia.

Sin temor besó a la piloto de Mercedes en los labios y lo sostuvo allí. Claire con ojos cerrados, Villanelle abiertos de par en par. Poco a poco retrocedió y la otra mujer se sentó en su regazo. Tomó el rostro de la francesa con sus manos y abrió su boca, profundizándolo.

La rubia escurrió su mano entre las dos y la apoyó suavemente sobre el pecho de la piloto, justo debajo de su cuello. Se separó unos centímetros para poder hablar.

"Espera, espera." El cuerpo entero de Claire se paralizó de vergüenza. Le dio un nuevo reconocimiento pensando si era alguna de sus bromas. Villanelle suspiró derrotada y ajustó sus rasgos más amables. "Jamás creí que diría algo así pero no es necesario."

"¿No es lo que querías?" Pensó antes de responder.

"Oye, eres hermosa. Y tienes un padre... Que es una mierda. Tienes que ser honesta. Pero no necesito que me devuelvas el favor por salvarte con algo que ni siquiera sabes si tienes ganas de hacerlo. ¿Entiendes? Y cuota aparte, aún estoy dolorida y sin ánimos aunque me encante el sexo."

"¿Entonces...?" Dejó suspendida la pregunta con rostro incrédulo.

"Perdón y gracias. Pero no." Otro silencio entre ambas y Villanelle copió sus rasgos, sin saber cómo proceder y temió por represalias de enojo o físicas. "Te agradezco el gesto, en serio. Créeme que tendría sexo contigo en otras circunstancias y estaría encantada de refregárselo a tu padre con una selfie. Sólo que ahora quiero cuidarme un poco y descansar. ¿Sabes?"

Sin previo aviso, Claire se paró nuevamente y rompió en llanto. La rubia arrugó su cara sin dar crédito a lo que estaba ocurriendo.

"¡Perdón! No sé lo que hago." La voz se ahogó una vez más.

Suspiró y se levantó pesadamente del sillón. Sacó de la heladera un refresco y se acercó lentamente, casi con asco hacia la joven llorando.

"Oye, oye. No llores. Ten. Cortesía de la casa." Le abrió la lata y se la tendió. Pensó un poco más y se acercó en un abrazo incómodo y expectante. "Ya, ya. Todo está bien. ¿Por qué lloras?"

"Quiero irme de aquí. No quiero conducir. No quiero seguir en este loquero. ¡Pude haber muerto!" Gritó desgarrada. Villanelle abrió sus ojos y se alejó apenas, consternada, asustada y con otra cuota de asco.

"Pero no lo estás. Bebe." Necesitó varios minutos para calmarse y finalmente bebió. "Si no quieres estar aquí, simplemente renuncia. No lo hagas por obligación para enorgullecer a tu padre o a tu novio."

"Es demasiada presión. ¿Cómo lo haces?"

"Bueno..." Comenzó pensando para sí. "Supongo que es más fácil cuando no tienes a alguien que te espere en casa."

"¿Nadie?" En respuesta torció sus labios y negó.

"Pero ahora sería bueno que me dejes un poco sola. ¿Sí? ¿Estamos en paz?" Asintió débilmente.

La acompañó hasta la puerta. Cuando bajó las escaleras y la rubia miró a los lados encontró a Eve mirando la escena de Claire saliendo de su trailer. Automáticamente oscureció sus ojos y Villanelle levantó sus manos con inocencia.

"Juro que esta vez no es lo que piensas." Le dio una nueva revisión a Claire que intercaló miradas entre una y otra con sus ojos enrojecidos. Eve se alarmó.

"Deberías hacerle caso. Nos vemos." Dijo ella con dolor y se alejó.

"Tampoco golpeo mujeres, por si te lo estás preguntando."

"Eso lo podría en duda." Habló de manera filosa recordando España y mirando a la piloto de Renault desaparecer entre los trailers.

"Ya te he pedido perdón por eso." Se volvieron a mirar la una a la otra.

"Seguro." Dijo con amargura. Villanelle suspiró, harta y cansada.

"Necesito irme de aquí." Eve recordó el Dodge en el estacionamiento.

"No conducirás en ese estado, ¿O sí?"

"Oye, ¡Vete-!" La voz metálica de Eve en su monoplaza en conjunto con su preocupación la golpeó. Debía calmarse y encarar las cosas desde otro lado luego del largo día. Suspiró como muestra de perdón. "Estoy bien, sé lo que hago."

"De acuerdo. Respecto a la conversación pendiente-"

"Oh, no. Ahora no. Gracias." Eve alzó una mano para que no prosiga.

"Respeto lo ajeno, entiendo que quieres descansar. De todas maneras creo que debo preguntarte, ¿Irás a la cena de Mercedes?"

"¿Qué? ¿Cuál cena? No."

"¿Por qué no irás? Todos lo harán. Es obligación." Villanelle resopló.

"No para mí."

"¿¡Por qué eres así!?" Cortó ya sin paciencia.

"Eve, yo conduzco para Mercedes, pero no soy su maldito perro lazarillo. ¿Ok?" La voz tajante paró en seco a Eve. "Tengo una maldita vida que hoy, luego de lo que ocurrió allí afuera, la valoro un poquito más. Además... Estaré con licencia médica. Necesito descansar, no soy un maldito robot. Espero que sepan comprenderlo, y sino lo hacen, les deseo mucha suerte en buscar a alguien como yo."

"¿Cómo te sientes?"

"Fantástica. Gracias. Te veo... Luego. No sé. Adiós." Cerró con fuerza su puerta, se apoyó de espaldas a ella y suspiró una vez más. "Carajo." Se dijo a sí misma.

 

 

 

Villanelle manejó más lento de lo normal. Por momentos paraba en medio de los campos belgas o franceses, en busca de aire y algo de concentración. Cerca de medianoche llegó a su casa en Mónaco sin haberse bañado. Con lo último de su energía entró a la ducha, lavó su cabeza y pasó el jabón suavemente por su cuerpo. Cuando revisó la zona de sus costillas izquierdas vio una tenue nube verdosa, previo a un moretón.

"Oh, no. Carajo." Dijo con fastidio. Lanzó el jabón contra los azulejos y terminó de enjuagarse.

Al día siguiente, por la mañana, se encontraba con una bata azul puesta y mirando de frente a una máquina con sus brazos en alto.

"Cuando te diga respira profundo y mantén el aire en tus pulmones." Anunció por un micrófono el técnico.

Treinta minutos después ya tenía sus placas de frente y lateral izquierdo. Su médico las revisó con atención retroiluminadas.

"Malas noticias." Comenzó. "Tienes fisuradas tres costillas. Aquí, aquí y aquí." Le dijo marcándolas. Villanelle se acercó a verlas en detalle. "¿Sientes que te falta el aire?"

"Sí."

"¿Tos?"

"Sí."

"Se debe a esto."

"¿Y qué debo tomar?" Marcó su impaciencia.

"Nada. Debes descansar. Reposo por algunos días y nada de movimientos de impacto. No es de riesgo pero debes cuidarte. Tardarás un mes y medio en sanar."

"Tengo un mes, no un mes y medio. Has que sane más rápido."

"No hay nada, Villanelle. En caso que el dolor ya te sea demasiado molesto puedes tomar ibuprofeno. Tómalo con paciencia y pide un reemplazo para la próxima carrera."

"No. Tengo un mes." El médico suspiró y la miró con seriedad.

"He visto el accidente, me gusta ver la Fórmula Uno femenina. Le has dado mucho sabor. Pero también sé de los peligros. Hagamos esto: descansa apropiadamente, y unos días antes ven a verme y las revisaremos."

"De acuerdo. ¿Cuánto por tu silencio? No quiero que nadie se entere."

"Me paga tu seguro médico, Villanelle. Mis pacientes son confidenciales más allá del registro médico que queda en el hospital y debe ser pedido por alguna autoridad."

"Está bien. Adiós." Puso su campera y antes de abrir la puerta volteó nuevamente. "¿Qué haces tú en tus vacaciones?"

"Algunos de mis hobbies. Mirar series, pasar tiempo en familia, conocer nuevos países."

"¿Vas a pescar?"

"A veces, sí. Cuando necesito silencio de mis hijos y esposa." Villanelle resopló y se fue sin más.

Quería pasar tiempo en su taller pero le pesaba la consciencia de no llegar al mes. Contra su voluntad se recostó en su cama y revisó el celular con los últimos videos de Bélgica. Clickeó sobre el que se titulaba 'Declaraciones de Polastri tras su victoria en Spa-Francorchamps'. Se encontraba en el corral con algunos periodistas frente a ella. Su cara estaba inexpresiva, casi seria.

"Eve, felicitaciones por la victoria, extiende tu liderazgo en el campeonato. ¿Cómo te sientes? ¿Aliviada de irte al receso de medio año así?"

"No, la verdad que no. Las sensaciones no son las mejores." Balbuceó un poco en duda cómo continuar y los ojos avellana miraban con atención como el día anterior. "Creo que al fin y al cabo me voy con más preocupación que alivio. Esto no es bueno para el equipo."

"¿Cómo está Villanelle? Vimos que te acercaste a ella. ¿Qué te dijo?"

"Ya sabemos un poco como es ella." Sonrió con dolor. "Pero todo es muy superficial, habría que ver en los próximos días cómo avanza y si tiene alguna lesión de gravedad. Ojalá que no."

"¿Te alivia un poco en camino a tu nuevo titulo mundial que pueda perderse alguna carrera luego del descanso?" Eve crispó automáticamente su rostro.

"¡No! ¡Carajo, claro que no! Somos rivales, no enemigas. Jamás quisiera que le ocurra algo malo a ella. ¡Es de locos! Al fin y al cabo no me beneficiaría en nada que esté en un hospital y no aquí."

"Eve, ¿Crees que alguna maniobra a último momento de tu parte podría haber evitado tal accidente?"

Villanelle vio con ojos brillantes como el rostro de Eve mantenía bronca pero ahora se mezclaba poco a poco con frustración y finalmente con dejo de tristeza y culpa. Tragó pesado y alzó sus cejas. 

"Yo no... No he visto el accidente. Debería ver la repetición para eso." Cerro sus ojos un momento y rascó su frente. "Francamente no lo sé. No sé lo que pasó. Gracias." El video terminó cuando Eve se retiró con Audrey cerca de ella.

Villanelle ni siquiera pudo ponerse a pensar en el video que el celular en sus manos empezó a vibrar. Llamada entrante de Anna. A regañadientes atendió.

"Hola Anna."

"¡Villanelle! ¿Cómo estás?"

"Bien." La última conversación se vino a su mente. "¿Y tú?"

"Raro que preguntes. Ocupada ultimando detalles aquí. Aún falta pero lo básico ya está casi terminado. He visto el accidente, me preocupaste. ¿Qué te dijo el médico?"

"Que descanse. ¿Necesitas más dinero?"

"Para la parte final. Sí. ¿Te has golpeado mucho?"

"No. Estoy bien, pero me tomaré algunos días libres y desconectada."

"Me pone feliz por ti. Lo mereces. Cuando gustes puedes venir a ver cómo quedó todo. Felices vacaciones Flash."

"Gracias Anna. Llámame si necesitas algo y mándame el número de dinero que te falta. Si puedo ir te avisaré."

"Sí. Cuídate."

Cerró la llamada y dejó el celular a un costado. Sin más, cerró sus ojos.

 

 

 

Miércoles. Y para entonces Eve no se liberaba de dos pesos enormes encima suyo que se relacionaban entre sí. El primero era el hecho de si el accidente nacía desde su decisión de no dar algún tipo de espacio para evitarlo, por el contrario solo aceleró aún más. El segundo decantaba de esas decisiones y era la salud de Villanelle por el impacto.

La frase se resonaba en su cabeza.

'¡Podría haber muerto, Eve!'

Eve sacudió su cabeza. Miró nuevamente la pantalla con imágenes del accidente, algunas de dominio público y otras de Mercedes pedidas por ella. Encima de su escritorio había varias hojas blancas, todas escritas. Algunas con planos de diseño perfecto y su tablero de dibujo técnico a un costado más una con cálculos matemáticos. Terminó con desesperación de escribir un cúmulo de líneas, desarrollando la ecuación, y sobre la parte final la encerró en un círculo.

Lanzó el lápiz sobre el escritorio, y rastrilló con sus manos su frente hacia su cabello suelto, casi sin poderlo creer.

"¿Qué mierda hice?"

Hacía dos días que no dormía, absolutamente obsesionada con lo ocurrido en Bélgica. Había llegado a Sion el martes a primera hora luego de viajar durante la madrugada.

Revisó su reloj. Dos de la tarde. No perdió tiempo. Armó su valija con un vestido, su set de maquillaje y algo de ropa de viaje. Subió al Audi y se dirigió al aeropuerto de Ginebra con destino a Londres.

A las nueve de la noche el auto aparcó en la puerta del salón con algunos fotógrafos rodeándola y destellando flashes frente a ella. Eve olfateó el aroma a incertidumbre en el ambiente. Todos expectantes por si asistiría o no Villanelle luego del accidente.

La británica respondió algunas preguntas y se dirigió al hall de entrada donde había una pequeña recepción. Paul insistía en hacer este evento para agasajar a los empleados de Mercedes AMG Fórmula Uno Team además de dar la bienvenida a las breves vacaciones de verano de un mes, algunos menos días cuidando los preparativos para el próximo Gran Premio y el movimiento del mobiliario.

A las pocas horas Eve fue llamada a un salón aparte con Paul y Carolyn.

"¿Dónde está Villanelle?" Preguntó el dueño.

"No creo que venga luego del accidente."

"O tal vez no tenía ganas de venir." Cruzó Carolyn. Paul rió.

"Es una fiera indomable. Me encanta." Miró con ojos serios a Eve a medida que los tres tomaban asiento. "Mercedes quiere renovar por dos temporadas más contigo y una gran suma de dinero."

"Yo no renuevo por dos temporadas, menos a esta altura de mi vida."

"Bien, entonces por una."

"No lo sé. No creo estar en condiciones de tomar esa decisión ahora."

"¿Por qué? Siempre decides a esta altura del año. Te pagaremos aún más, podemos hacerlo y está en nuestros planes." Carolyn miraba atenta el cruce entre ambos.

"Paul, acabo de divorciarme... O mejor dicho estoy en proceso. Estoy grande, tengo casi treinta y ocho años. Es complejo. Me gustaría poder decidir más adelante en base a cómo me siento y las cláusulas que quieren establecer."

"¿Es por Villanelle? ¿No quieres que corra contigo?"

"No sé si es eso. Ella tiene mucho talento más allá de su carácter. Se ha amoldado excelente a su monoplaza-"

"Adhiero en eso." Cortó Carolyn con seriedad. "Queremos que ambas se queden en el equipo. Tú sabes perfectamente qué es lo que quiero en cada Gran Premio."

"El primer y segundo lugar, sí."

"Eve." Comenzó Paul. "Como dueño de Mercedes AMG me siento en la obligación de tener un panorama más claro de cara a la próxima temporada. No sólo en los vehículos que siempre he sido muy cuidadoso en el armado y los secretos, sino también en quién va a estar a cargo de esos vehículos. No es presión, es precaución. ¿Lo entiendes?"

La voz finalizó filosa y seria, inusual en Paul. Carolyn se ató a su silla. Eve desenroscó sus piernas cuidando su vestido y apoyó sus codos sobre las rodillas, casi amenazante.

"No lo veo como presión. Presión es saber que me tengo que preparar físicamente de manera ardua para llegar a soportar más de cinco ge dentro de tu automóvil. Presión es saber que si algo falla, de lo cuál soy mayoritariamente parte del armado y diseño, voy a pagar caros los platos rotos. Llevo trece temporadas compitiendo. ¿Lo entiendes? Dame mi maldito tiempo para pensarlo, de lo contrario tienes una fila inmensa allí afuera que mueren por mi butaca."

Paul la miró con ojos serios y de pronto explotó en una carcajada.

"¡Claro! Aguardaré. Al fin y al cabo eres nuestro orgullo. ¡Tetracampeona!" Se puso de pie dirigiéndose hacia la puerta y freno su paso a su lado. Volvió a hablar sin siquiera mirarla. "Sabes que el dinero no es un problema." Eve le respondió imitándolo, con su rostro al frente.

"Tampoco es un problema para mí. Tengo suficiente."

"¿Segura? Ese divorcio te costará muy caro." La piloto no lo soportó y alzó el rostro para mirarlo a su altura encontrando sus ojos. "Este contrato estará por fuera de los límites de los bienes en común con tu ex marido. Todo será tuyo."

"¿Sabes qué tengo yo, Paul? Los planos para el monoplaza Mercedes del año entrante con la nueva reglamentación que va a aplicar la Fórmula Uno. Completos y al detalle. ¿Y sabes quién estaría más que interesado en verlos y me daría una gran suma de dinero? Red Bull. O Ferrari. O ambos. No me obligues y llama urgente a un tratado de paz aquí."

El hombre alzó una ceja en una mezcla de temor con poder.

"Defiendo mis intereses, Eve. Siempre lo hice. Por algo somos lo que somos."

"Yo también los defiendo Paul, por algo soy lo que soy y ahora mismo estoy compitiendo en un campeonato el cual tiene toda mi atención por el momento. Así que ahora vete y déjame terminar esta velada de la única manera que tengo ganas de pasar mis vacaciones luego de once citas a alta velocidad: en paz."

Una sonrisa más falsa volvió en el dueño y tocó suavemente el hombro de la británica.

"Claro Eve, en paz. Lo mereces. Termina bien la fiesta, el champagne es muy bueno. Ojalá tenga noticias tuyas pronto."

Eve volvió a mirar al frente de manera ácida, esperando que la puerta se abra y se cierre. Cuando lo hizo sus ojos se corrieron hacia Carolyn que seguía con su rostro igual de nulo que siempre.

"¿Con esto lidias?" Comenzó la joven.

"Todos los días." La CEO se puso de pie e imitó a Paul al quedarse quieta al costado de Eve. "Hiciste bien en no dejarte intimidar. Eres otra Eve y me gusta."

"Púdrete Carolyn."

"Voy camino a eso." Silencio. "No bebas el champagne. Como siempre es una mierda." Siguió su camino hasta salir de la sala. Eve negó sola con sus labios apretados.

"Dos hijos de puta. Eso son."

La mente de ella se escapó por unos segundos de la reunión tensa vivida pensando en cómo sería si Villanelle la hubiese estado allí con su determinación e insolencia. Tal vez hubiese sido fructífero tener a alguien que está posicionada en ese mismo equipo que ella. Aquel equipo de las locas y dementes, adictas a la velocidad. Sería una reunión menos condenatoria a su acto de rebeldía y un arma de peso tener de su lado a la mayor mediática y referencial de la máxima categoría.

Al fin y al cabo, de una forma u otra, todos aman a Villanelle.

A lo largo de la mañana siguiente, día jueves, salió de su hotel para compartir un rato con Bill, Keiko y la pequeña Lara antes de que se fueran de vacaciones. Por la tarde ya tomaba nuevamente su vuelo a Ginebra.

 

 

 

Eve revisó una vez más el trofeo del Gran Premio de Bélgica. Tenía forma de una especie de copa con un corte en 'V' en el frente. Los labios de la británica se posaron sobre la plata moldeada, rebosada de felicidad. Sobre su cabeza descansaba el gorro belga Pirelli con el '1st'.

A su lado estaba Elena en segundo lugar y al otro lado Hèléne. Su amiga la abrazó con fuerza y luego a su ingeniero. Levantando el trofeo hacia el público que vitoreaba con fuerza descomunal hacia ella. Era la indiscutible campeona del Gran Premio.

"Y ahora... ¡El champagne!"

Anunció la ya clásica voz, dando el visto bueno para que las tres pilotos se bañen con las tres botellas. Eve lanzó un poco hacia su amiga y otro poco a Hèléne que bebía sola sin darles importancia. Luego se acercó algunos pasos hacia la valla para bañar al público que se encontraba cuatro metros debajo de ella, en un sector el equipo de Mercedes y en otro los fanáticos que habían asistido.

Nadando sobre las manos alzadas había un ataúd de madera nogal americano, oscuro. La tapa, con un corte transversal, le faltaba la parte superior mostrando el torso del cadáver. Era Villanelle con sus manos cruzadas a la altura de su pecho y piel pálida.

"¿Qué carajos?" Se preguntó a sí misma sin dejar de batir el espumante y bañando a los presentes.

Algunas gotas cayeron sobre el cadáver que automáticamente abrió sus ojos. La rubia la encontró rápidamente con la mirada y se alzó apenas por fuera del ataúd.

"No te olvides que a costa mío estás donde estás, Eve. ¡Mírate! ¡Pudiste haberme dado espacio y salvarme! ¡Y no lo hiciste! ¡Mira como todos festejan por ti!"

El público que había colmado la recta principal gritaban continuamente su nombre en forma de cántico.

"No, yo no quise-" La británica empezó a vibrar.

"Mira cómo tu equipo festeja mi muerte. ¿¡Dónde está mi espacio, Eve!? Te la pasas defendiendo nuestra salud y me dejaste morir porque no eres más que una egoísta. ¡Una maldita egoísta! ¡Hasta el trofeo tiene mi letra moldeada! ¡Ese trofeo es mío, japonesa de mierda! ¡Mío!" Gritó con lo último de su garganta.

"¡No!"

Eve inhaló con fuerza reincorporándose en el sofá de su casa en Sion. Le dio un suave reconocimiento al living a su alrededor.

"No puede ser."

Buscó su celular entre los cojines y revisó la hora. Viernes, 14:30 hs. Rápidamente recordó haberse quedado dormida por la tarde luego de hacer ejercicio y de llevar varios días con sueño alterado en su vuelta de Londres.

Mordió su labio y buscó los contactos. Villanelle. Sin dudarlo un segundo, llamó. 

"El número con el que intenta comunicarse se encuentra apagado o fuera del área de cobertura. Por favor, después de la señal deje su mensaje. Muchas gracias."

Eve respiró hondo.

"Hola, soy Eve. Sólo... Mándame un texto cuando termines lo que estés haciendo. Sino pensaré que te has muerto o algo." Miró al aire algo confusa por lo dicho y cortó la llamada.

15:30 hs. Nuevamente el celular apagado.

"Hola Villanelle. Sólo quería saber si estaba todo bien con tu salud luego del accidente. Seguro que sí, sólo quería saberlo. Seguro que estás bien." Habló nerviosa, y cortó.

17 hs. La llamada le otorgaba una vez más el mensaje automático.

"Hola. Sólo quería comprobar que estuvieses bien. Por favor, llámame cuando puedas."

17:30 hs. Luego de volver a marcar y que la operadora volviese a hablar, llamó a Kenny. Él lo intentó desde Londres, esperando que atendiese y que simplemente haya bloqueado el contacto de Eve. Lo mismo para él.

"Al carajo con esto."

Se vistió de manera cómoda, tomó la llave de su Audi y salió quemando cubiertas en la silenciosa ciudad suiza.

 

 

 

Villanelle bebió el último sorbo de la lata bajo el atardecer de Mónaco ya avanzado, el sol había estado fuerte sin un solo rastro de una nube reparadora. Vestía unos pescadores que le llegaban por debajo de la rodilla, una musculosa suelta y su gorra de STP. Sus pies se movían inocentemente dentro del mar Mediterráneo. Estaba sentada sobre el pequeño deck de su bote, anclado kilómetros dentro de la costa, rodeada de soledad. Cuando no hubo más bebida arrugó la lata y la arrojó a sus espaldas, en algún lugar dentro del compartimento.

"¿Cómo pude ser tan imbécil de comprar cerveza sin alcohol?" Gimió de fastidio al aire y revisó la tanza a su lado.

Había lanzado un pequeño anzuelo con plomada a varios metros de profundidad hacía horas sin resultados en su pesca.

"Ese libro es una mierda, y pescar es aún más mierda." Sacó de su bolsillo su celular y revisó la hora. 20 hs. Arriba el display marcaba que no tenía señal.

Se reintegró, acomodó algunas cosas, y partió de regreso a tierra firme con el motor Yamaha rugiendo a sus espaldas. Dejó el bote en su lugar de estacionamiento, cerca de la costa. Calzaba sus botas hasta que su celular sonó. Cuando prendió la pantalla abrió sus ojos de par en par.

Llamadas perdidas de Eve y Kenny. Mensajes de él buscándola y otros en el buzón de voz. Escuchó los tres mensajes de Eve arrugando su cara y conteniendo una sonrisa. Cuando terminó marcó el número de ella. Al segundo timbre atendió con voz alterada.

"¡Hola!"

"¿Hola?"

"¡Villanelle! ¡Maldición! ¡Creí que te había ocurrido algo! ¿Qué ocurrió que no atendías?"

"Estaba… ¿Pescando? ¿En mi bote? ¿Mar adentro? No tenía señal allí y acabo de aparcar en el muelle. ¿Ocurre algo aparte de tu preocupación falsa como pelo de Trump?"

"¡Mierda!" La rubia levantó sus cejas divertida. Enseguida escuchó un sonido a vacío.

"¿Y tú? ¿Qué es ese ruido?"

"¡Manejando! ¡Me has preocupado!" De fondo se escuchó una bocina como queja. Villanelle arrugó su cara mientras observaba la ciudad de Mónaco casi anochecida y con pocos autos en la zona del muelle. "¡Mierda!"

"Honda… ¿Estás manejando y usando el celular? Tú sabes que eso-"

"¡Sí! Eh... ¡No! ¡Mierda, mierda, mierda!"

"Wow… Son muchas mierdas."

"¡Cállate! ¡No tienes idea de lo que me has preocupado! ¡Te has comportado como una imbécil de mierda!"

"Cálmate. Ahí va el 'mierda' número cuatro."

"¡M-!" Eve calló antes de seguir.

"Ibas a decir mierda. No me mientas." Dijo con una sonrisa plasmada en sus labios.

"¡Ya detente!" Ahora rió en voz alta.

"Ok, pero tú también detente a un costado sea donde sea que estés o baja la velocidad. No está bien lo que haces." El vacío y el ronroneo de fondo se apaciguaron. Eve no habló. "¿Dónde estás?"

"Ingresando a la ciudad."

"¿Cuál?"

"Mónaco." Tragó pesado al terminar.

"Oye, no estuve tanto tiempo sin mi celular." Dijo con sobrada ironía. Eve lo captó.

"¡Eres una mierda!" Ante la ofensa se armó un nuevo silencio. La británica suspiró suerte y el micrófono del Audi lo capturó. "Perdón."

"Te hago una pregunta. ¿Tienes idea siquiera dónde vivo como para encontrarme?" Eve cayó, otorgándose a la respuesta fácil y pensando a toda velocidad.

"¿No? Preguntaría de todas maneras."

"Oh, claro. Es como buscar un niño perdido en un parque, Eve." La rubia cambió su voz a algo más fina e infantil. “Señor, ¿Ha visto a Villanelle? ¿Una rubia que dice chistes de mierda y con labio partido?"

"Tienes razón. Perdón. Lo más gracioso es que ni siquiera estabas en tierra firme." De fondo soltó una risa floja, casi tonta. Villanelle estalló a carcajadas dándole la razón. Eve no se contuvo y también lo hizo. Las dos se quedaron tentadas al teléfono. La rubia juntó fuerzas para hablar.

"Bueno, a decir verdad estoy a un paso de estarlo." Juntó algo de valentía ante el gesto. "Oye, perdón. Te he hecho viajar desde, ¿Japón?, hasta aquí en tiempo récord."

"Bueno, ya estoy aquí así que-" Otro silencio incómodo en la conversación. "Es tarde. Supongo que buscaré un hotel antes de que se acaben las reservas. Es temporada alta."

"¿Has agarrado ropa siquiera en tu afán de conocer Mónaco como una orden del Señor?" Eve murmuró en duda previo a su respuesta.

"No."

"Bueno. Tengo unos buenos portaligas que me dejaron aquí por si quieres vestirlos." Dijo sacando el retazo de tela con encaje desde un costado, desconocido hasta ese momento por ella.

"Vete a-"

"La mierda, sí. Lo sé." Cortó. Eve volvió a reír, aliviada.

"Bueno, me alegra que estés bien. Tengo que-"

El cerebro de Villanelle continuó trabajando solo a medida que la conversación se desarrollaba. Viendo el televisor en su habitación, los videos en su celular descansando, e incluso las noticias posteriores. En todas se mostraba una Eve quebrada y verdaderamente preocupada.

Una orden directa llegó a sus labios interrumpiéndola.

"¿Quieres ir a tomar algo?" Otro silencio se generó y el ronroneo volvió a surgir de fondo esporádicamente. "Digo... Conozco buenos lugares. Aún es temprano en Mónaco. ¿Cuánto has manejado?" Buscó ocultar su primer pregunta.

"Cuatrocientos ochenta y cinco kilómetros en algo más de dos horas. Ni siquiera quiero saber cuántas multas me han hecho."

Un suspiro con una risa oculta salió de Villanelle.

"Eres rápida."

"No me digas, imbécil." El ronroneo de fondo se calmó.

Por vergüenza no sabía cómo retomar la primer pregunta hasta que volvió al punto de partida por la diferencia de sonido.

"¿Dónde estás?" La llamada se cortó.

Villanelle miró confundida la pantalla. Algunos metros a su derecha un rugido manso pero con un dejo de advertencia le llamó la atención. 

El Audi A8 prendió sus luces altas y las apagó nuevamente en la altura del estacionamiento. Villanelle sonrió lateralmente como siempre.

"Allí estás."

Chapter Text

A medida que Villanelle subía los pocos escalones que daba a la acera y al estacionamiento con los autos a 45º, habló. Eve salió de su auto mirándola con atención, analizándola en busca de certificar su buena salud.

"Como diría Angelina Jolie en 'Maléfica'." Impostó su voz más grave y profunda con un inglés perfecto. "Well, well..."

Sonrió de costado haciendo crispar a Eve. Sin decir nada y determinada, movió su cuerpo adentro del auto nuevamente, amenazando de irse de allí. Villanelle estalló en una carcajada y corrió débilmente cerca de ella antes de que cerrara la puerta.

"Oye, oye. Era broma. Perdón Mazda." La británica entrecerró los ojos, furiosa. Acto seguido cerró su puerta con más fuerza de lo normal. Villanelle volvió a reír. "Eve. Digo, Eve. Vamos. Deja de enojarte. Harás giratoria esa puerta."

La respuesta a los gritos salió ahogada por estar dentro del vehículo con todo cerrado.

"¿¡Dejarás de comportarte como una imbécil por al menos cinco malditos minutos!? ¡Estoy cansada, manejé bastante a alta velocidad y con suerte he dormido algunas horas desde el domingo!" La sonrisa de Villanelle se esfumó ante la declaración. Era la verdad, sabía que no mentiría así porque sí con eso.

"De acuerdo. Ven, abre." Eve desconfió otro poco y bajó su ventanilla eléctrica. La rubia se apoyó sobre el techo inclinándose hacia ella. "Lo lamento. Sí, luces cansada. Ven, vayamos a ese restaurant enfrente. Bebe y come algo, te hará bien." Eve se alejó un poco de ella.

"¿Por qué tu aliento es horrendo?"

"Es por la cerveza de mierda que he bebido. Perdón."

"¿¡Has bebido mientras conducías tu maldito bote!?"

"¡No tenía alcohol! ¡Me confundí en el maldito mercado! ¡Para ya de renegarme y gritarme porque esta vez me iré yo! ¿¡O quieres que te haga el maldito cuatro y me toque la nariz!?"

"De acuerdo, hazlo." Respondió con normalidad. Villanelle torció su rostro sin poderlo creer.

Se alejó un paso, levantó una pierna, estiró sus brazos a los costados y se tocó la nariz con sus índices. Eve contenía la risa.

"Ahora dime el abecedario al revés." Los ojos avellana se impactaron con un dejo de rabia. La morocha meneó sus hombros y habló seria. "Así es la ley. Debes hacerlo."

Villanelle se quedó en forma de '4' con sus brazos y pensó mirando al cielo.

"Zeta, ye, equis-" Un flash frente a ella la sacó de concentración. Eve le tomaba una foto desde su vehículo riéndose. "¡Ey!"

"Estamos a mano ahora. Por imbécil."

"No la publiques. Prométeme eso. Me lo debes."

"¿Por qué te lo debo? Es mía ahora."

"Porque casi me matas en Bélgica." Eve empalideció y borró todo rastro de comedia. Se quedaron en silencio mirándose seriamente hasta que Villanelle explotó en una nueva risa con lágrimas. "Deberías haber visto tu cara. Oh, Eve. Eres muy fácil."

"¿Cómo estás?" La culpa resonaba en su voz.

"Con hambre y con ganas de beber algo que no sea esa cerveza de mierda. Oye, ¿No había un auto mejor para comprar antes que esta mierda alemana llena de cables?"

"Era esto o un Fiat Panda. La concesionaria no tenía más vehículos." Dijo con sarcasmo.

"¡Hubieses comprado el Panda! ¿Has escalado las montañas italianas con esa mierda? Es increíble, en serio." Abrió sus ojos y volvió a sonreír. "Ven, vamos a ese lugar."

Eve revisó su espejo retrovisor con un restaurant fino pero con apariencia a un bar. Cuando bajó del auto Villanelle revisó su vestuario. Mocasines, pantalón de lino largo beige y camisa blanca holgada. Mientras caminaban soltó una risa.

"¿Siempre vienes vestida de gala? ¿Tantas ganas tenías de conocer Mónaco? Hace calor a esta altura del año."

"Vengo de un lugar que es un poco más fresco y no es la primera vez que vengo aquí aparte de competir. Viví aquí varios años. Aparte, ¿Qué me ves de gala?"

Villanelle alzó sus cejas y revisó su propio vestuario. Pescador desalineado, musculosa, botas y su gorra. Había alcanzado a ponerse su camisa leñadora roja por encima, resguardándose del viento.

"Estás mejor que yo sin lugar a dudas." Abrieron la puerta y algunas personas se alarmaron cuando las vieron. "Bueno, creo que estoy peor de lo que pensé. ¿Qué les pasa?"

"Estamos en Mónaco, imbécil. O te vistes bien, o te vistes bien."

"Vete a la mierda, Yakuza. Yo entro como se me ocurra." Suspiró y revoleó sus ojos.

"Espero que no nos reconozcan. Sentémonos allí." Señaló una mesa que se encontraba en el fondo de un pasillo lateral.

"Yes, my lady." Marcó el acento británico con fuerza. Villenalle se sentó dándole la espada a la entrada, Eve de frente. Se quitó su gorra y le pidió al mozo agua y una entrada de snacks. Eve pidió lo mismo. Rápidamente se dio cuenta de la leve raíz castaña en el pelo rubio de su acompañante.

"Creí que tomarías cerveza."

"Seguro que tienen cerveza de mierda aquí. Además estoy asqueada de tomar esa cagada todo el día." Se desparramó en la silla y comió sin modales con sus manos y limpiándolas.

"¿Por qué tienes tan buen acento británico y aún así hablas... corrído?"

"Por el mismo motivo que tú hablas un alemán de mierda y nadie te dice nada."

"¿Cómo sábes de mi alemán?"

"Weil ich dich in Brackley gehört habe." Cuando terminó de modular rápido y perfecto, lanzó un maní al aire y lo capturó mordiendo con la boca abierta.

"¿Has estudiado muchos idiomas?"

"Sip."

"¿Los has estudiado en Rusia?" Villanelle clavó sus ojos en la mesa, buscó algo más de comida y demoró en responder.

"Sip."

"¿Por qué no compites para ellos?"

"¿Por qué no compites para Estados Unidos?" La mirada de Villanelle fue desafiante mientras masticaba sin modales. Levantó sus cejas apurándola y dilatando sus fosas.

"Porque me desarrollé en Inglaterra, ellos me dieron todas las herramientas para estar donde estoy ahora. Sólo soy norteamericana nativa."

"No, corrección. Compites para Inglaterra porque Estados Unidos no te dio una mierda. Y mí Rusia no me dio una mierda, porque ellos ya son una mierda en sí. ¿Entiendes?"

"¿Te trataron mal?" Ahora Villanelle perdió sus ojos en algún lugar del pasillo con un dejo emotivo en ellos.

"¿De qué querías hablar?" Cambió. Eve notó su molestia y no quiso desperdiciar su oportunidad de privacidad.

"De nosotras." La rubia se reacomodó y apoyó ambos codos sobre la mesa, con más atención. Tomó otro poco de comida mientras esperaba que continuara. "Mira, lo que ocurrió en Bélgica está mal y quiero hablar de eso."

"Entonces no quieres hablar de nosotras."

"Por favor, no me enrosques más de lo que ya estoy. Intento buscar las mejores palabras para esto."

"No busques. Dilo. Como te salga. No soy la maldita Reina de Ing-"

"¡Creo que no quiero que te mueras a raíz de que somos unas inconscientes de mierda allí afuera!" Las personas cerca de ellas miraron de manera extraña. Villanelle no se dejó intimidar y reservó su postura. "Perdón."

"Mírame. ¿Estoy muerta?"

"Pudiste estarlo."

"¿Lo estoy?"

"No."

"Entonces cierra el maldito trasero y deja de preocuparte. No soy una niña de cinco-"

"¡Ya no quiero seguir con esto!" Susurró el grito contenido. "Escucha, ya no me importa el campeonato. Lo único que quiero es que si batallamos entre nosotras sea sin riesgo y-"

"¿Acaso tú te escuchas, samurai?" Villanelle la miró ya molesta. "¿Sea sin riesgo? Eres una maldita broma. Conducimos la mayoría del tiempo a alta velocidad y con otras dieciocho pendejas que no perderán oportunidad de pisarnos."

"Que se joda el resto. ¡Nos quiero vivas! ¿¡No lo entiendes!?"

El susurro feroz se vió ahogado en el fondo de la garganta. Un velo se formó en los ojos de Eve que mordió sus labios y inclinó hacia la silla nuevamente, evitando llorar. Se tomó las manos entre sí y las apoyó a la altura de sus ojos, buscando calmarse.

"Sólo quiero que paremos todo este tren lleno de mierda, nos calmemos, y en caso de que haya una batalla en el circuito sea legítima y con la prudencia correspondiente."

Villanelle se quedó pasmada en su lugar, teniendo a tan solo centímetros lo visto luego del accidente con la actitud de Eve. Por primera vez en mucho tiempo alguien se preocupaba verdaderamente por ella detrás de un volante.

Abrió su boca pero habló. No salía nada. En medio de su batalla en su mente sobre qué decir Eve volvió a hablarle sin mirarla.

"Te necesito." Suspiró una vez más y se apoyó en la mesa revoleando sus ojos a su alrededor. "Carolyn tenía razón."

"¿Qué te dijo?"

"Durante años por respeto o por órdenes del equipo, no lo sé, fui priorizada en el equipo. Sea por Hugo o no. Siempre facilitándome el trabajo a mí. Soy mejor que Elena, no tengo dudas de eso, y de la mayoría de las competidoras. Soy prudente, estratégica y fuerte. Esos años Mercedes era... Yo. Todo giraba alrededor mío, Mercedes era mío. Pero luego de Australia, cuando te vi allí mostrando tus dientes, sin miedo, buscando la gloria y ansiándola tanto como yo... Supe que era momento de salir de mi zona de confort y mostrar todo mi potencial, incluso obligándome a mejorar en cada curva. Supe que estabas allí sin respeto hacia mí, o Mercedes, o la FIA. Corrías por ti, por Villanelle Astankova y nadie más. Pura conducción, pura carrera. Y me gustó. Me volvió loca. Era algo nuevo, algo fresco. Algo que yo había perdido."

Eve tomó valor y levantó sus ojos. Villanelle la miraba impactada, casi sin color en su rostro. Seguía con sus labios entreabiertos y titubeó como vociferar.

"Pienso mucho en eso también." Eve alzó imperceptiblemente sus cejas ante la confesión y de pronto no se sintió tan sola en su catarata de verdades que tenía comprimidas dentro suyo. "Me refiero a que me volví más obsesiva de lo normal desde lo ocurrido en Australia. Sé que esto no es un juego de mierda pero tú te las arreglas para enroscarme aún más, dentro y fuera del circuito. Eres la imbécil de mierda con más agallas que vi en mi vida. ¿Y francamente? Estuve pensando y no sé cómo reaccionaría si lo de Bélgica te hubiese ocurrido a ti."

"Esto no está bien." Eve volvió a cortar el cruce de miradas. "Sólo quiero nuestro bienestar, Villanelle. Estamos jugando con fuego y por ahora venimos salvándonos pero no sé por cuanto tiempo. Hagamos esto pero de la manera más sana que podamos. Sin mierda entre nosotras. Sin dándole de comer a la pr-"

"Nos necesitamos." Estiró su mano por la mesa y posó algunos dedos sobre el dorso de Eve.

El toque fue eléctrico. La británica observó las largas falanges delicadas sobre ella. Se quedó un minuto allí perdida, analizándolas. Cuando levantó su mirada encontró aquel ansiado rostro débil de Villanelle, el mismo que vio en el casamiento. Con una pequeña mueca en sus labios y cabeza levemente torcida. Sin ese velo de sarcasmo y comedia.

"Cuidas mucho tus manos." Susurró. En primera butaca vio como el monstruo interior de la rubia luchaba con fuerza por salir, sea lo que fuese, pero no habló. Se quedó dura con su mandíbula vibrando levemente. "Sea lo que sea, sabes que no te juzgaré. ¿Entiendes?"

"¿Por qué? ¿Por qué lo haces?" La voz apenas quebrada de Villanelle salió más empastada que nunca. Casi con más ruso que inglés.

Los ojos engañaron a Eve. Como una dirección obligatoria se escurrieron por el puente de la nariz, nadando por su cicatriz de pocos centímetros y terminando en sus labios.

"No lo sé." Dijo casi sin sonido. La lengua se escurrió acariciando sutilmente la cicatriz.

Sobre el mismo plano visual Eve notó movimiento a través del vidrio varios metros detrás. Automáticamente bajó tenuemente la cabeza y quitó su mano. Villanelle se alarmó.

"¿Qué ocurre?"

"Carajo. Son paparazzis." Giró sobre su silla para ver encima de su hombro.

"Ah, los nazis. Así les digo yo. ¿Cuál es tu problema? ¿Por qué te importa?"

"No quiero que me vean." Susurró aún con su cabeza cerca de la mesa. Villanelle entrecerró sus ojos pensando.

"¿Te da vergüenza que nos vean juntas?"

"Reservo mi vida. Punto. Por algo me mudé de esta ciudad." Villanelle apretó sus labios con bronca por la respuesta dada. "¿Hay salida por detrás?"

"No es necesario."

Villanelle se paró y miró en un pequeño reflejo su rostro. Movió un poco sus cabellos, desordenándolos. Mojó sus dedos en el vaso de agua y se manchó la camisa y su musculosa simulando bebida derramada. Tiró de sus jeans a un costado. Se dio un nuevo reconocimiento y vio sobre la base de su pelo el castaño natural de ella. Miró con recelo su gorra STP. Era ella o Eve y ya había decidido. De su bolsillo sacó algunos euros y los tiró en la mesa.

"¿Qué haces?"

"Sal en un minuto. Cuenta el tiempo." Con sus dedos empujó la gorra STP hacia Eve. "Y has la misma magia con tu cabello así como lo haces con tu casco."

Con una última mirada hacia el reflejo Eve vio cómo de pronto el rostro de Villanelle se demacraba, bajando sus párpados y partiendo su postura. Volteó y salió a tropezones. Antes de salir metió la mano en un pote con comida de una mesa aledaña, sacó un poco y lo comió. El hombre se paró para confrontarla y dijo algo por lo bajo.

"¡Púdrete francés de mierda!" El grito fue arrastrado y escandaloso.

Eve se organizó para contar los segundos restantes. Hizo una coleta compacta baja y se puso la gorra, conteniendo su llamativa melena. Cuando se paró y salió a un costado del salón principal vio a Villanelle afuera charlando con los tres fotógrafos apostados esperando que ella saliera. Comenzó a caminar desaliñadamente hacia la derecha, justo el lado opuesto donde estaba su Audi. A los pocos pasos Villanelle empujó a uno de ellos y los flashes se dispararon contra ella. Caminó otro poco y tropezó adrede hasta caer de perfil a la calle. Sus costillas retumbaron con fuerza recordándole tener cuidado, crispó imperceptiblemente su rostro y se levantó nuevamente. Los hombres se burlaban de ella mientras la perseguían.

Cuando Eve encaró hacia su Audi con la cabeza baja uno de ellos habló en voz lo suficientemente alta como para escucharla.

"¿Eve Polastri está aquí contigo? Dicen que la han visto en el restaurant."

"¡La Ohashi se puede ir a la mierda con sus títulos debajo del brazo! ¡Fracasada de mierda!" Siguió caminando desprolija y alzando su dedo medio hacia los hombres que volvían a disparar sus cámaras. "Felicitaciones imbéciles de mierda. La única cita que intentaba conquistar la alejaron de mí. Me quedo sin sexo hoy."

"¿Quién es tu cita, Villanelle?"

"Tu hermana, imbécil."

Eve iba a entrar a su vehículo cuando uno de ellos tres volteó para su lado. Ella bajó su cabeza ocultándose a la altura de las puertas. Si abría el auto se darían cuenta que estaba allí. Miró a su izquierda, hacia la costa. El camino del muelle se perdía dentro del mediterráneo. Se le ocurrió una salida. Se asomó por encima del capó para ver a los tres hombres nuevamente concentrados en Villanelle que seguía alejándose a los gritos y el espectáculo de vergüenza. Aprovechó ese momento para bajar las escaleras y filtrarse en silencio por el deck de madera buscando en la oscuridad la mole blanca. Cuando sintió una gran estructura a su izquierda encendió brevemente su celular para leer. 'Lara I'.

"Bingo."

Escaló rápido saltando una pequeña puerta lateral y entró en la embarcación manteniéndose agachada. A lo lejos y a algo de altura veía a Villanelle aproximarse a una motocicleta. Cerca de ella los tres hombres la seguían. Sacó de su bolsillo sus llaves e inmediatamente cayeron al suelo. Los paparazzis se rieron una vez más de su lamentablemente situación.

Las levantó a duras penas, encendió su Triumph y se marchó a marcha irregular por el estacionamiento hacia la calle que rodeaba la costanera de Mónaco, rumbo al este. Los hombres revisaron una vez más el restaurant en búsqueda de alguien más y desaparecieron en pocos minutos.

Eve suspiró en la cubierta del bote de Bill. El interior estaba cerrado con llave y Tom estaría durmiendo. Llamó a su ingeniero.

"¿Eve? Raro que llames. Es tarde."

"No tan tarde, anciano. Perdón." Su voz sonaba agitada por la adrenalina del momento. "Bill, ¿Has dejado una llave de repuesto del Lara arriba del bote?"

"¿Estás allí?"

"Sí. Necesito un lugar donde dormir. ¿Puedes?"

"Tom siempre deja una de emergencia sobre el techo del deck trasero. Hay dos paneles." Eve corrió hacia la zona y levantó uno. "Busca dentro sobre los bordes." Tanteó por el extremo y sintió el metal. Gimió ante el tacto.

"Eres mi Dios. Te compensaré."

"Sigue ganando carreras o cuida a Lara por un mes. Eso me alcanzaría." Sonrió al aire.

"No abuses. Adiós."

En cuanto entró a la cabina cerró con llave y prendió una débil luz. Se apoyó brevemente sobre la mesada, intentando recapacitar todo lo vivido en los pocos minutos. Estando en zona segura, el alivio bañó el cuerpo de Eve. Se dirigió al baño y se encontró con su reflejo con la gorra desgastada STP. La quito y le dio un reconocimiento.

Villanelle.

Si la culpa de Bélgica todavía no era suficiente, la había salvado una vez más. Había podido ver su pureza una vez más. Y Eve se sentía complacida... Una vez más.

Sacó el celular y escribió rápido un mensaje: '¿Por qué lo hiciste?'

Se dirigió a la recamara mientras esperaba la respuesta y se desplomó. Allí sonó la campana de su móvil.

'No lo sé.'

Eve se perdió allí, en esa pequeña frase. Pensaba a toda máquina qué responderle hasta que los tres puntos le mostraron que estaba escribiendo.

'Era lo que querías. Y francamente, ¿Qué le hace una mancha más al tigre? Nos vemos.'

Eve escribió: 'Gracias'Automáticamente lo borró. Pensó. 'Tengo tu gorra. Te la llevaré mañana antes de irme de la ciudad.' Arriesgó. Ella no quería irse de su Mónaco. Y lo envió.

'De acuerdo. Estaré en mi casa. No la pierdas por favor, tiene significado para mí.'

Los pensamientos de Eve se plasmaron en el siguiente mensaje: 'Felicitaciones. Te has comportado de manera seria y no imbécil por tiempo récord. Envíame tu dirección. Hasta mañana.'

Cuando volvió a parpadear no pudo volver a abrirlos. El alivio llegaba y el cansancio ganaba.

 

 

 

Por la mañana Eve se sintió triste en no tener una bicicleta a mano, Mónaco tenía un sol pleno y fuerte. A cambio tomó una ducha, cerró el yate y subió a su Audi camino al centro. En una pequeña cafetería tomó su desayuno. Pasó por una tienda de ropa y compró ropa interior, unos shorts de jean y otra camisa beige holgada. Dentro de su auto se cambió entera y en medio llegó el mensaje de Villanelle con su dirección.

No demoró más y se dirigió al este de la ciudad. Diez minutos después la encontró.

La propiedad era... Rara. Eve estaba acostumbrada a espacios amplios pero sabía que algo así en Mónaco era imposible. Uno pagaba por la vista, el lujo, pero no por los metros cuadrados. Cuando bajó del Audi le dio un lento reconocimiento. A su izquierda había una estructura no muy amplia de dos pisos y con un frente de algo menos de ocho metros de paredes grises. La mitad de esa estructura era de vidrio absolutamente polarizado. En medio una puerta negra básica. Y a la derecha una ventana media que daba vista al living con la cocina de fondo. en el piso superior los vidrios se extendían con algunas cortinas. Pequeño y prolijo.

Aún más hacia la derecha estaba el garage, y eso descolocó a Eve. Era el doble de grande que la casa y se extendía longitudinalmente. A simples rasgos la casa era absolutamente desproporcionada, asimétrica. No había vecindario, sólo la ruta que comunicaba Mónaco con la costa francesa y luego el límite con Italia. Soledad y tranquilidad con el Mediterráneo frente a ella.

De las tres cortinas del garage solo la del medio estaba abierta. Eve se acercó a paso lento por allí. El celular con el parlante arriba del banco de trabajo reproducía la canción 20.

En cuanto sus pupilas se aclimataron a la luz de sombra dentro, sus ojos se abrieron de par en par. La gorra casi se le resbala de los dedos. Frente a ella, estacionado a 45º, la recibía un Ford Mustang Shelby GT500 del 1967 gris con sus dos líneas negras en la longitud del automóvil. Impecable, brillante.

A su izquierda había otro vehículo tapado con una lona beige. A la izquierda, pasando el Ford, estaba el Dodge Challenger Hellcat Redeye y por último las dos motocicletas: la Triumph y la Moto Guzzi.

En la pared frente a ella había un banco con herramientas, una pizarra con llaves y destornilladores, entre otros. Todo un taller.

Eve revisó bien el espacio y tragó antes de hablar.

"¿Villanelle?"

"Aquí." La voz salió oculta.

"¿Dónde?"

"Aquí." Debajo del Ford, al lado de la rueda delantera izquierda, Villanelle estiró su mano y la meneó saludando.

"¿Qué haces? ¿Limpiando el chasis?"

"Tú, querida sushi, estás presenciando un momento único." La última palabra salió ahogada. Eve vio que era por esfuerzo. Caminó pasando la trompa del vehículo y vio en el piso las piernas de la rubia que estaba sobre una tabla.

"Oh, ¿En serio?"

"¡Sí! Este es precisamente el final de mi primera restauración. Solo dame un momento." Eve volvió a escuchar el crujir de una llave y un gemido posterior. "Ya, ahí. Terminado."

"¿Restauración?" Villanelle movió sus pies y salió de a poco de abajo pero se quedó acostada. Vestía un jean largo viejo, una remera holgada con algunas manchas negras y sus borcegos.

"Sip. Mira, presiona mi celular allí en la mesa. Ve el fondo de pantalla. Así lo he encontrado."

Eve dejó el gorro y presionó el botón lateral. De fondo estaba Villanelle apenas sentada en el centro del capó con sus brazos cruzados, lentes y rostro serio. El Ford en el fondo tenía la chapa sin pintar y corroída. A simple vista no tenía las ópticas de las luces y estaba casi desmantelado. La británica sintió la presencia de ella cerca y silbó en asombro.

"Wow. Realmente has hecho un buen trabajo. ¿Todo tú misma?" Con algo de vergüenza en alzar su rostro hacia ella miró nuevamente el auto y caminó hacia él.

"Así es. Hobby." A lo lejos Eve finalmente la miró y marcó su asombro con labios y cejas. Caminó alrededor del Ford pasando algunos dedos sobre la pintura, lento, justo por debajo de las ventanillas. La rubia la miraba expectante.

"¿Eleanor?" Buscó sus ojos.

"Eleanor." Repitió con acento francés.

"Sabes cuál es el problema de Eleanor, ¿Verdad?" Villanelle estaba levantando la tabla y las herramientas usadas cuando miró con mala cara a Eve.

"¡Vamos Eve! Dame un respiro aquí. No seas pesimista. He tardado dos años en poder terminarlo. ¡Sólo el motor me llevo un año! Y las piezas no son fáciles de conseguir." La británica rió y alzó sus manos.

"Ok, de acuerdo. Sólo digo." La francesa se quedó mirando la cabina, muy pensativa. Eve la admiraba.

"Jamás lo he encendido."

"Bueno. Es momento, ¿No crees?" Caminó de regreso a ella con sus manos enroscadas en el pecho y se apoyó contra el banco de trabajo.

"¿Tú crees?" Asintió con una sonrisa sincera. "Pásamelas."

Asintió hacia un metro contra la pared. Allí colgaban algunas llaves y había unas pequeñas plateadas modelo viejo. Las tomó y las lanzó al aire. Villanelle las capturó rápidamente ya cerca de la puerta del piloto. Se sentó, le dio una rápida mirada al interior y la insertó en el tambor. Giró con fuerza y el motor gimió de manera ahogada. Probó por cinco segundos y no arrancó.

"Oh, no. No. Eleanor, mi amor, no seas así cariño. Por favor, podemos hacerlo juntas. Vamos."

Volvió a girar y el Ford replicó el sonido. Apretó el acelerador intentando bombear. Nada. Volvió a girar y miró desahuciada el tablero. Mordió sus labios, impaciente. Eve caminó hasta situarse a su lado.

"Creo que tendré que revisarlo luego."

"¿Puedo internarlo?" Los ojos avellana se alzaron con susto. La morocha meneó apenas sus hombros. "Me llevo bien con los Shelby."

"¿Sí? Suenas como si hubieses conducido miles."

"No sé si miles pero…" Coló su mano en la puerta y la abrió. "Podría decir que unos cuantos." Villanelle apretó sus labios analizando sus palabras y aceptó la derrota. Salió y Eve ocupó su espacio. Siguió sonriendo divertida. "Haremos esto. Si arranca, me lo quedo." En respuesta no obtuvo un rostro de sorpresa, sino de mal humor.

"No." Eve soltó una carcajada.

"Ok. Si arranca, lo llevo de paseo antes que tú." Villanelle miró una vez más el vehículo. Meneó su cabeza.

"Hecho." Eve no se dejó llevar y expuso su mano por fuera de la ventanilla esperando cerrar la apuesta. La rubia la tomó y los recuerdos de ese primer encuentro en Brackley las azotó a ambas. La morocha analizando la suavidad y algunas imperceptibles manchas recientes por las herramientas del taller. Villanelle su fuerza y convicción.

"Bien. Ahora, date vuelta. No te diré mi secreto." Entrecerró sus ojos y levantó tres dedos al aire.

"Tienes tres chances." Giró mirando hacia la calle. "Vamos."

Un chirrido bajo salió desde el chasis de Eleanor. Acto seguido volvió a gemir, Eve estaba girando las llaves. Cinco segundos después cortó el intento. Villanelle bajó un dedo dejando solo dos. El ruido volvió a surgir desde abajo. Eve volvía a intentarlo.

"¿Segura te llevas bien con los Shelb-?"

Giró las llaves y tras dos suaves gemidos el motor despertó rugiendo en medio del garage. La rubia dejó colgar su mandíbula y volteó lentamente dando registro visual de lo que escuchó.

"¿¡Me decías?!" Eve sacaba su torso por la ventanilla con una sonrisa camuflada, gritando para superar el rugido. Villanelle alzó sus brazos y exclamó al aire, feliz.

"¡Soy una genia!"

"¿¡Tú!? ¿¡Quién lo puso en marcha!?"

No le prestó atención y se acercó al capó. Corrió las dos trabas superiores y lo abrió. El motor cobra jet se mantenía tranquilo. Eve, adrede, pisó el acelerador y rugió en perfecto estado. La emoción escaló hacia los ojos de Villanelle.

"Oh, Eleanor. Mírate." Eve giró las llaves volviendo al silencio con la suave canción de fondo. Bajó la tapa, besó sus dedos y los apoyó sobre el metal lustrado. "Estás viva. Bienvenida."

Los ojos se alzaron hacia la piloto que tenía una sonrisa engreída.

"Tengo dos noticias para darte. ¿Quieres la mala o la buena?"

"Sigamos la costumbre. La mala primero."

"Entonces te diré la buena." La rubia pasó su lengua por los dientes con dejo de hartazgo. "Ha arrancado Eleanor."

"¿Y la mala?" Sobre Eve nació una mirada lasciva profunda. Algo apenas su mentón para responder.

"Yo conduzco."

Villanelle mostró sus dientes con una sonrisa lateral y se acercó a ella hasta apoyarse contra el techo.

"Apostemos otra cosa, ¿Quieres?"

"Soy toda oídos."

"Si adivinas qué auto es sin tirar el cobertor te dejaré ganar la próxima carrera." Su cabeza meneó a un costado, marcando el primer vehículo. Eve pensó unos segundos.

"¿Y si pierdo?"

"Me dejarás ganar una carrera."

"¿Acudes a este tipo de apuestas para poder ganarme en la pista? Muy bajo de tu parte."

"Es una simple apuesta, Eve." Pasó la lengua por sus dientes mirando el bulto marrón frente a ella y asintió imperceptiblemente.

"De acuerdo." Con algo de carga sensual abrió la puerta, pasó apenas rozando su cuerpo y se acercó a pocos pasos dándole la espalda a la dueña. "Te contaré una intimidad." Villanelle sonrió como un lobo. La británica lo olió. "No, no ese tipo de intimidades. Pero primero..." Giró para ver su reacción. "¿Por qué tanto misterio con este auto?" La rubia cambió su cara a una expresión seria.

"Es el primer auto que me he comprado. Tiene un valor incalculable para mí y lo cuido mucho. Ahora cuéntame." Eve gesticuló en aceptación.

"Cuando era niña, muy pequeña, mi padre me inculcó la pasión por los autos. Y teníamos un juego muy tonto pero que siempre lo terminaba sorprendiendo."

Volteó nuevamente hacia el auto y apoyó un dedo sobre el cobertor, a mitad de la cabina por el contorno que mostraba la manta. Caminó lentamente sin dejar de tocarlo hacia la rueda trasera. Antes de llegar a la altura de la cajuela, sintió una protuberancia de diez centímetros. La tapa del tanque de gasolina. Tomó nota y siguió camino hacia la parte trasera.

"Podía adivinar marca y modelo de algún vehículo con solo mirar el trasero, sin ver los nombres cromados, claro. Desde lejos."

"Oh, eres una chica de traseros." Sonrió burlonamente y entrecerró sus ojos. "Sólo… No aprietes demasiado fuerte." Eve alzó una ceja.

"¿Tienes miedo?" Se apoyó sobre la cajuela descansando sus manos.

"No. Pero ten cuidado." El cruce de miradas fue eléctrico y sólo le robó una sonrisa filosa a la morocha.

"Muy bien, veamos lo que tienes entonces."

Las manos corrieron hacia abajo, donde estarían las luces traseras. Poco a poco se unieron al centro probando cada pedazo del vehículo. Cuando ya tuvo alguna certeza, Eve abrió sus ojos como platos. Sorprendida, impactada. Sus labios se entreabrieron para soltar un suspiro, casi de excitación. Revisó el resto del auto hacia adelante. Villanelle ya tenía una mirada peligrosa sobre ella.

"Tienes pelotas para tener algo así." Resopló y siguió bordeando el auto por el eje derecho. Antes de llegar a la rueda trasera bajó su mano buscando el relieve imaginado y lo encontró. Sonrió rápido como un interruptor de luz. Siguió camino hacia la parte delantera. Villanelle se acercó despacio hacia ella. "Bueno, debo decirte que tengo la marca, modelo, pero dudo con el año. De todas maneras no te subestimaré, sé que tienes buen estilo." Las manos de Eve descansaron sobre el capó, sintiendo un suave desnivel. Estaba abierto. Dejó que la rubia se colocara detrás de ella. "Hasta podré decirte el color."

El aire caluroso se cerró a su espalda cuando sintió la presencia ajena. Villanelle susurró.

"Dilo." El tono de voz y los nervios le robaron un imperceptible suspiro a Eve.

"Dodge Charger RT, año 1969. Color… Negro." Automáticamente sintió el contacto por su espalda y a la altura de su trasero. La británica hizo todo lo posible para disimular su cuerpo retumbando. Miró hacia su derecha, al frente del auto, y corrió con lo justo la manta para ver el color.

Negro.

Una sonrisa macabra se imprimió en Eve, reconociendo también parte del chasis frontal. El poder de la verdad le dio el valor suficiente para darse vuelta con Villanelle casi encima de ella, enjaulándola contra el eje del automóvil. Su mirada era cruda, casi hambrienta.

"Gané. Me debes una carrera."

"¿Estás segura?" Las comisuras de Eve se volvieron una línea y empezó a buscar dentro de su mente todos los registros de automóviles que tenía. La voz frente a ella volvió a alzarse con seriedad. "¿Te has puesto a pensar dónde estás apoyada ahora mismo, Eve?" Villanelle acortó más la distancia entre sus rostros, casi como si fuese a besarla. La morocha se inclinó apenas hacia atrás, aún analizando sus palabras.

"No puede ser."

Otra sonrisa lateral engreída salió de Villanelle a medida que se inclinaba hacia Eve. Apoyó su mano derecha sobre el borde del capó y con la izquierda generó un puño con el resto del cobertor. De un solo movimiento lo quitó para ese lado, develando el automóvil.

Sin sacar su concentración de los ojos y labios de Eve, movió sus dedos hacia detrás de ella, casi rozando el trasero que se apoyaba sobre el borde del auto. Se movieron con habilidad practicada terminando de destrabar el capó. La británica simplemente estaba perdida en los ojos y en el aliento fresco que golpeaba sus labios a medida que trabajaba a sus espaldas. Finalmente alzó su brazo dando cuenta que lo había abierto.

Buscó toda su fuerza de impulso para mirar por encima de su hombro izquierdo hacia adentro. Allí leyó lo que más temía. 'HEMI HEAD 426'

"Cuatro veintiséis caballos de fuerza, HEMI."

"Está modificado." Logró susurrar perdida en el cromo de la tapa del motor.

"Hicieron veinte mil R/T pero cuatrocientos treinta y dos vinieron con motor HEMI y de esos solo doscientos veinticinco con transmisión automática, el resto manual." Avergonzada, siguió buscando excusas.

"Es imposible que lo sepa con tocarlo."

"La placa cromada HEMI está sobre el borde de apertura de las puertas, cerca del espejo retrovisor." Cuidando que la tapa no golpee sobre la cabeza de la mujer, Villanelle la bajó despacio y Eve no tuvo otra alternativa que girar nuevamente hacia ella. Al final le dio un golpe fuerte para que cerrara, casi asustándola. "Gané. Me debes una carrera." En respuesta torció sus labios apenas en forma de lástima con su rival sin moverse un centímetro.

"La nena necesita que la deje ganar porque no puede vencerme por sus medios allí afuera."

"Jamás dije que quería ganar ese tipo de carreras." La burla en Eve desapareció y siguió colgada, allí, a milímetros de una Villanelle victoriosa y con hambre, podía olerlo.

"¿Es así cómo lo consigues?" Ya sin miedo de bajar con sus ojos hacia los labios. Villanelle murmuró muy bajo, pensando.

"¿Qué puedo decir? Tengo debilidad por los nativos americanos."

Antes de que pudiese razonar una tercera o vigésima salida, Eve rompió con todos los preámbulos. Todo estaba dado para ella y Villanelle desde la noche anterior inclusive. Cortó esos pocos milímetros de separación entre sus labios. Al principio fue un beso con presión, tomando resguardo por algún rechazo.

No lo hubo. Villanelle empujó su cabeza hacia adelante, buscando más de Eve. Rápidamente abrió su boca profundizando el beso. La morocha hizo lo propio cuando encerró sus manos en su cara por diferencia de altura. Siguió el ritmo y poco a poco empezó a leer los detalles. En un juego de frenesí con sus lenguas sentía la irregularidad de la cicatriz yendo y viniendo, casi como una cosquilla excitante en medio de la vorágine. Sus labios eran perfectos, y su aliento aún más. Para Villanelle Eve era dulce, un llamado perfecto de algún narcótico. Afluente. Fuerte. Constante. Las dos envueltas en el mejor escenario posible y con el olor exquisito de gasolina quemada por culpa de Eleanor.

Cuando sus manos se posaron sobre la tela de su camisa en su cintura lo recordó. Sus manos estaban manchadas por haber tocado el chasis de Eleanor. Las levantó a la altura de su cabeza calmando apenas el ritmo de su lengua sobre Eve, que se terminó alejando pero mantuvo las frentes pegadas y las respiraciones agitadas.

"Estoy sucia. Es injusto." Los ojos brillantes avellana buscaron respuestas. Eve tomó sus muñecas y las coló por debajo de su camisa, incluso por debajo del sostén y las dejó allí, que su piel algo grasosa se aglutine con la suya limpia. Un gemido de incredulidad salió de Villanelle, revisando la posición de sus manos.

"Ya no." La voz salió tensa y casi incinerada. La rubia mordió su labio y torció apenas su rostro.

"Haré desastres contigo." Antes de atacar volvió a la carga.

"Este capó fue hecho para tener sexo desenfrenado, espero que lo hayas usado."

"Lo estoy estrenando en éste momento y serás la única si no bajo las revoluciones por minuto ahora."

Volvió a la carga con sus labios y sus manos se cerraron con fuerza sobre los pechos, voraz. El Charger ayudó a acorralar a Eve cuando presionó sus caderas contra ella. La mano izquierda de la británica buscó la cintura y la empujó con más fuerza contra ella. Casi como dos ciervos enfurecidos golpeando sus astas. Villanelle sintió que incluso en ese momento, no podía dejar de correr contra Eve sólo que esta vez solo habría vencedoras, sin derrotas. Pellizcó sutilmente sus pechos y otra mano bajó hacia su trasero, arañando sutilmente a su paso, presionando y comprimiendo con su cuerpo. Un gemido sincero salió quemando la garganta de Eve.

En consecuencia volvió golpear las caderas de Villanelle contra ella. Su otra mano escaló a su cabello suelto que poco a poco sentía la humedad del calor incrementando en Mónaco... Y en el garage.

"Bonjour. Il y a quelqu'un ici?"

La voz de una mujer provino cerca del garage abierto. Villanelle dejó sus labios apenas tocándose cuando giró para ver quién era. Su mano bajó al abdomen de Eve. Una mujer de unos casi cincuenta años encontró la escena de ellas junto al Dodge. Las tres mujeres intercambiaron miradas.

"Excusez-moi de vous interrompre." Para alivio de Eve la mujer no parecía haberlas identificado, seguramente no las conocería como pilotos.

"Voy a matar a esta maldita vieja de mierda." Susurró muy bajo para ellas.

"Mon pneu est crevé et je ne sais pas comment le changer. Pouvez-vous m'aider?" Señaló hacia afuera, a la calle.

"¿Qué carajo está diciendo?" Soltó Eve aún acariciando los labios de Villanelle.

"Que se le pinchó el maldito neumático si podemos ayudarla. Puta madre."

"Parle français?" Eve comprendió.

"Oui oui." Dijo con sobrada alegría, alejándose de Villanelle. "Ella la ayudará. ¿Verdad?" Dijo volteando solo para encontrar su rostro con ira contenida.

"Bien sûr. Pourquoi pas?" Respondió entre dientes y se dirigió hacia la mujer.

Cuando ambas se fueron Eve sonrió victoriosa.

Veinte minutos después Villanelle volvió al garage a paso pesado, aún furiosa por la interrupción. Unos metros antes se dio cuenta que Eleanor estaba en marcha con Eve detrás del volante.

"¿Qué haces?"

"Eleanor me ha dicho que me he ganado una vuelta encima de ella. Así que eso haré."

Con una sonrisa dura Villanelle revisó su Charger quieto, casi como si fuese un dulce niño durmiendo, en paz. Se volvió hacia Eve, se acercó a ella y estiró su brazo para girar las llaves y apagarlo.

"¿Qué haces?" Se alejó de ella y tomó el celular del banquillo y sus lentes Randolph. Colocó su gorra STP y abrió la persiana que estaba frente al auto negro.

"El señor aquí presente y yo te vamos a cantar una canción." Señaló su Charger. Se subió insertando las llaves mientras Eve la miraba incrédula.

"¿Cuál canción?" Bombeó el acelerador mordiendo su labio y volteó para mirarla con intensidad.

"Se llama: ‘el mejor sexo de tu vida lo tendrás en mi capó’. Y comienza así…" El gemido duró menos que el del Ford.

Tan pronto encendió el garage empezó a retumbar, casi como si dos manos gigantes lo tomaran y lo sacudieran con fuerza. Eve notó un tintineo sutil por debajo del ronroneo desproporcionado del motor HEMI. Detrás del Dodge la pizarra con herramientas y llaves vibraban y chocaban entre sí como si ocurriese un temblor allí dentro. Lo hizo rugir dos veces alzando sus cejas para Eve que no perdió tiempo y encendió el Shelby. Movió la palanca de cambios manual revestida en madera y las dos salieron lentamente del garage hacia la bajada que daba a la calle.

"Estamos en Mónaco. No podemos andar rápido." Villanelle la vio con párpados bajos, odiando que le arruine la fiesta. "Pero conozco un lugar donde podemos. Tendremos que ir para el lado de Niza. Sígueme."

"Te contaré un secreto." Cortó antes de acelerar. "Mandé a modificar una parte del Charger. No es cien por ciento original." Gritó Villanelle por encima de los motores.

"Me decepcionas, novata. ¿Qué modificaste?"

"El audio, cariño."

Prendió la radio con un pequeño puerto USB y ficha de audio donde salía un cable. Lo conectó a su celular y puso la canción 59. Cuando comenzó volvió a acelerar el Charger.

"Imbécil de mierda." Eve habló para sí misma con una sonrisa y negando.

Villanelle salió tranquila, teniendo cuidado con el badén frente y el chasis del Charger. Giró a la derecha con Eve detrás. Las dos aceleraron a pura potencia por la ruta hacia la ciudad de Mónaco. Adelantándose mutuamente y dedicándose miradas por los espejos retrovisores.

Cuando llegaron a un semáforo Eve vio que cambió a amarillo y frenó, Villanelle siguió. Le sacó varias cuadras de distancia ya cruzando el centro de la ciudad. Frente a algunas mujeres que caminaban tranquilas disfrutando del sol y el calor monaguesco, la rubia hacía rugir grotescamente el Charger bajando sus lentes y dando su sonrisa lateral, robándose sus miradas. Tres cuadras más adelante, sin novedades de Eve atascada en el tráfico, frenó ante un semáforo en rojo. A su lado había un Nissan Skyline modificado descapotable. Villanelle ignoró al conductor.

"Lindo auto. ¿Te lo prestó tu papá?" La voz irritó a la piloto y giró hacia él.

"Sí. Salí a escondidas con él. No le digas nada, por favor." El hombre aceleró y el motor exhaló un silbido. "Si llegas antes que yo antes del próximo semáforo a tres cuadras puedes quedarte con él y con mi virginidad."

El hombre la revisó y sonrió. Volvió a acelerar y se concentró adelante. El semáforo en rojo se apagó hacia el amarillo. Y finalmente el verde. El V8 ahogó el sonido del Nissan rugiendo por demás. Villanelle aceleraba relajada y pasando las marchas ya sacándole varios metros al Skyline. Estaba por llegar cuando desde el carril opuesto un camión a varios metros hizo sonar varias veces el claxon y frenando apenas su ya apacible ritmo. 

"¿Qué carajo le pasa?" Se dijo a sí misma Villanelle. El claxon se volvió más rabioso, casi pidiendo clemencia. 

Un nuevo rugido entró a la cabina del Dodge. Una Eleanor furiosa corría por el carril a contramano y alta velocidad pasando el Skyline, cruzándose justo a tiempo antes de impactar de frente contra el camión y colocándose delante del Charger de Villanelle. Lo siguiente que vio frente a ella fue a una Eve corriendo una vez más la marcha con rostro de piedra. La rubia no pudo ocultar su media sonrisa con un suspiro.

"Carajo. Me vuelves loca."

 

 

 

Eve llegó primera. Una vez a las afueras de Mónaco no le convenía a Villanelle ir delante. Al fin y al cabo el destino ella no lo sabía.

La pista era inmensa, metros y metros de asfalto. Habían algunos galpones con algunas aeronaves pero por ser sábado no había tanto movimiento. Aún así, sobre la entrada había una pequeña casa de seguridad. Eve cruzó algunas palabras con el hombre que se encontraba allí y abrió los portones para los dos autos americanos.

La líder fue hacia uno de los extremos, antes de llegar aceleró con fuerza a Eleanor girando el tren trasero y poniéndolo en línea con la pista. Villanelle no tardó en poner su Charger al costado.

"Ten cuidado con ella. Casi la chocas de frente a un camión."

"Te he dicho que me llevo bien con los Shelby." Miró al frente y señaló con su dedo sobre el volante. "Hay dos punto cinco kilómetros de pista aproximadamente. Es un aeropuerto exclusivo para aeronaves privadas." Villanelle pensó.

"Esta no es la carrera que quiero que me dejes ganar. Lo sabes, ¿Verdad?" Eve bufó con una sonrisa.

"Te excitan demasiado los autos. Puedo verlo."

"Eres una chica de traseros, ¿No? Pues mira esto." Villanelle adelantó apenas su Dodge, dejando la cola a vista de Eve. Aceleró de tal manera que el auto comenzó a moverse de un lado a otro con suavidad. Cortó la potencia y retrocedió. Entre ellas había un poco de humo y olor a gasolina quemada.

"¿Hueles? Olor a nafta y ese trasero precioso moviéndose de un lado a otro. ¿Quién no estaría excitada? Admítelo, lo estás." Eve levantó las manos en rendición y una leve sonrisa.

"Ahora me toca a mí obligar a Eleanor a hacer twerking." Eve la imitó a la perfección con un rugido diferente. Villanelle desde su asiento se mordió los labios negando con su cabeza.

"Oye, me comprarás válvulas nuevas y originales." Advirtió cuando volvieron a estar en la misma línea. La morocha no hizo caso e hizo rugir el Ford una vez más, burlándose.

"Te compraré tres Shelbys si quieres, y todos arrancarán en el primer intento." La rubia volvió a mostrar su sonrisa lateral, cargada de presión.

Pasaron algunas horas quemando neumáticos. Villanelle viendo a Eve disfrutar de dar rienda suelta a Eleanor, y ella otro tanto sacándole provecho a su Charger que tanto le costaba acelerar en Mónaco por sus reglas de tránsito.

Pero fue un determinado momento en que el auto de Eve volvía a estar de frente a la pista y la rubia lo dejó invertido justo a su lado. Se encontraban a pocos centímetros mirándose con complicidad aunque aún tuviese sus Randolph puestos. Fue allí cuando la canción 95 empezó a sonar en su auto.

Eve aceleró y Villanelle hizo lo mismo pero en reversa. Manteniéndose a la misma altura.

Desde el Charger extendió su mano por fuera de la ventanilla hacia ella. Eve la tomó, con máxima precaución de conducir y cambiar marchas con una mano y manteniendo su velocidad para no soltarse.

"Eres una romántica empedernida." Soltó con una sonrisa.

"Arruinas el momento, nipona."

Siguieron por unos metros con los motores rugiendo. Villanelle endureció su rostro frenando lentamente cuando llegaban al final de la pista. Eve hizo lo propio para no cortar el contacto hasta que se detuvieron.

"¿Por qué te preocupas?" Tardó en responder pero lo hizo.

"Porque eres mi peor pesadilla y mi mejor obsesión." Eve recordó aquel encuentro quemado en su alma. Sin miedo entrelazó los dedos nuevamente entre ambas.

"Sacas lo mejor y lo peor de mí."

"Será que nos necesitamos." Dijo ahora recordándole sus palabras en el restaurant.

"No sé qué hacer contigo. Me vuelves loca." La sinceridad le robó una sonrisa a Eve.

"Conduce a tu casa."

"No. No quiero y además te quedarás con Eleanor."

"Te recuerdo que tengo mi auto allí, justo en la puerta. Iré detrás. Además, ya no le queda mucha gasolina."

Ambas volvieron a la casa. Villanelle entró el Charger y lo dejó tal cual estaba. Cuando salió vio a Eve en el asiento del acompañante.

"Es tu turno de conducirla."

No sabían si era la potencia del auto, pero tanto para una como para la otra el día pasó rápido y a pura potencia. Con pequeños roces. Midiéndose. Sin querer dar el siguiente paso. Un almuerzo rápido al paso bastó para seguir dando vueltas por la ciudad con el Ford.

Eran casi las ocho de la noche cuando regresaron a la casa. Villanelle, ya sin su gorra y sus lentes, ingresó a Eleanor en reversa y presionó el botón del control cerrando la persiana. Tan pronto frenó Eve se estiró, giró las llaves y las sacó. La francesa ni siquiera pudo tomarla del brazo que se había bajado alejándose algunos pasos. Frente a Eve estaba Villanelle y Eleanor apenas iluminadas por dos ventanas posteriores con luz de calle.

"¿A quién deseas más? ¿A mí o a ella?" Enroscadas en los dedos de Eve estaban las llaves del auto y las expuso haciéndolas sonar.

"¿Ahora? A ti." La respuesta fue convincente pero ninguna se movió de su lugar. Se volvieron a mirar punzante.

"¿Qué piensas?"

"No puedo parar de pensar en ti." Villanelle se adelantó un paso y estiró su mano para tomar las llaves. Eve las apretó y las apartó.

"Entonces no necesitas a Eleanor."

"Ella es mía." Cortó.

"No. Yo la domé." 

"Sí. ¡Ella es mía!" Gritó. La británica no se inmutó por el volumen. "¿Eve? Pensé que eras especial."

Sin quererlo o tocar algún botón, el parlante del garage se sincronizó con el celular en el bolsillo de Villanelle y reprodujo la canción 91.

"Lamento desilusionarte." Eve cambió sus ojos a una forma desafiante. "¿Por qué te preocupa tanto que me la quede?" La rubia no respondió. Quería cuidar sus palabras para ver a dónde se dirigía. "Te dije que soy como tú ahora, no le temo a nada."

"¿Esto es lo que quieres?" La bronca escalaba en su voz.

"No."

La morocha levantó una vez más las llaves justo en medio de sus ojos, exponiéndoselas. Villanelle juró que vio su reflejo allí, vibrando de impotencia, de necesidad, de algo que no sabía cómo rotular. Un suave movimiento de dedos por parte de Eve hizo que las llaves se deslicen hacia el suelo. La rubia siguió el camino y se dio cuenta que habían caído en su escote. Levantó sus cejas.

"Búscanos si nos quieres."

Tan pronto como Eve giró dando dos pasos fuertes alejándose, la rubia en tres zancadas la alcanzó. Justo delante del Charger una vez más como hacía horas atrás. Allí se dio cuenta que Eve lo había hecho a propósito. Giró con ojos de fuego para susurrar frente a ella.

"Quiero que me dediques esa canción."

Villanelle apretó sus dientes y le dio un nuevo reconocimiento desde su altura. Sus manos buscaron las caderas de Eve para ajustarla de un tirón contra ella. Otro nuevo cruce de miradas y sabía perfectamente que la británica no se movería de allí. Villanelle fue directo a su boca, arrasándola entera. Sus manos se corrieron apenas hacia atrás apretando su trasero con saña. La alzó unos centímetros para dejarla sobre el borde del capó. Sus manos volvieron a subir por debajo de su camisa a medida que Eve abría más sus piernas abrazando las caderas y buscando más fricción.

La rubia se inclinó obligándola a acostarse sobre la chapa negra ya fría. Desprendió con facilidad botón por botón para tener pase directo a su corpiño. Se lamentó tener que cortar el naufragio de la lengua de Eve en ella y le dio una mirada severa a la ropa interior negra. Por debajo apenas se escapaba el metal de la llave. Tiró de ella con avidez y la dejó suspendida entre ambas. Miró a los ojos a su rival y luego a las llaves con filo.

Villanelle daba por hecho algunas cosas en su vida. Una era su adicción a la velocidad y a esa pequeña veta masoquista de la fuerza G golpeando en su cuerpo. Pero en ese momento, con Eve acostada en su amado Charger HEMI con mirada desafiante, supo que podría tener esa imagen todos los días y jamás se cansaría. 

Prioridades.

Hizo un puño en las llaves y las lanzó hacia la derecha, golpeando contra el piso del garage.

"Al carajo Eleanor."

Volvió a inclinarse a los labios de Eve. Sus manos viajaron al corte de sus shorts de jean negro, en la parte superior del muslo y empujó hacia ella, embistiéndola.

En cuestión de segundos los abrió y los deslizó hacia afuera junto a su ropa interior y los mocasines. Eve no quiso quedarse atrás y se incorporó nuevamente. Su mano izquierda tomó el cabello rubio y la derecha la mandíbula, dejándola quieta frente a ella. Se acercó lento a sus labios y arrastró su lengua sobre la cicatriz. Un gemido tortuoso se desprendió desde Villanelle.

"Siempre quise hacer eso." Susurró.

En el aturdimiento de ella, Eve buscó la base de su remera y la quitó. Por primera vez hizo devolución de favores, acunó los senos envueltos en un corpiño deportivo y apretó acariciando con sus pulgares sus picos pronunciados.

Otro gemido. Y Eve ya se sentía realizada, del suave volumen de voz y de su primer experiencia sexual con una mujer como Villanelle. No perdió más tiempo y lo removió con algo de fuerza por su cabeza. La poca luz le regaló el recorte de su silueta impecable. Las suaves curvas de sus tetas, algunos músculos resaltados de sus brazos y torso.

Era sencillamente perfecta. Se dieron un nuevo reconocimiento de milésimas antes de que la rubia buscara otra vez los labios de Eve. Unos segundos después terminaba de arrastrar la camisa y abrir su corpiño.

Eve estaba incinerada. Entera. Sin ropa, sin límites y su cabeza volaba a más velocidad que en la eterna recta de Bakú. Algo de perdón obtuvo de Villanelle cuando se alejó de sus labios para besar sus pechos, arrastrando su lengua de una punta a la otra, cerrando sus dientes de por medio. Controlándola con su mano derecha mientras la izquierda presionaba sus caderas contra ella. Casi castigándola por lo hecho en Bélgica. Y Eve no tenía ninguna intención de pararla.

Se reclinó apenas sobre el capó con sus manos detrás de su torso ayudando a friccionar su sexo contra la textura del jean, casi duplicando su placer. Tardó en percatarse de sus gemidos retumbando por el garage y apenas por encima de la música.

Todo empezó a dar vueltas para ella. Distinguía muy pocas cosas con los haces de luz pobres que ingresaban pero el pequeño brillo en el rostro de Villanelle era inconfundible. Buscó su rostro aún enterrado en sus pechos y volvió en busca de esa lengua que había dicho tantas barbaridades de ella a lo largo de las carreras. Callándola de una manera desesperada, tirando todo por la borda. Una de sus manos se quedó detrás de ella siguiendo con esa fricción tan necesitada.

Sin pensarlo, su mano derecha rasguñó el perfil izquierdo de las costillas de Villanelle, justo encima de sus no-visibles moretones. En pleno beso se alejó apenas para morder con algo de fuerza el labio de Eve.

"No." Exhaló en boca ajena.

Su mano viajó del torso de Eve camino abajo por su abdomen tenso con suaves ondulaciones. No pidió permiso para cruzar su vientre e ingresó los dos dedos medios con ella al filo del capó. Trabajó de menor a mayor conteniéndola desde la espalda y sin soltar sus labios sobre los ajenos. 

Eve se incorporó apenas, cortó el beso y observó los suaves detalles del rostro. Su pulgar derecho se arrastró una vez más sobre la cicatriz, notando el pequeño y, ahora podría decirlo, sensual surco. 

Como cosa propia empezó a generar olas desde su torso hacia sus caderas, como el mar en su encuentro con la orilla. Continuo. Villanelle tuvo que bajar su mirada para mirar el movimiento casual, sensual, sexual. Todos los adjetivos que le retumbaban con fuerza sobre ella como una campana de iglesia. Pesado. Dejó de penetrar con la fuerza de su brazo para ver cómo Eve sola comandaba la situación desde el lugar más débil. Queriéndolo y necesitándolo. 

Por alguna razón que ella desconocía, la piel de Eve era casi fluorescente ante la luz anaranjada débil de calle. Imposible sacar los ojos de ella, con una pulcritud que en ninguna de sus modelos había visto. Tersa. Tensionada. Atenta. Siempre mostrando sus dientes, como si estuviese advirtiéndole de hacer bien su trabajo o sufriría las consecuencias.

Uno más uno son dos. Y los gemidos de ambas se enroscaron en cada diminuta pieza del motor HEMI debajo de ellas, las herramientas, el caucho de los neumáticos. Las dos se retroalimentaban de ello. El cansancio llegó primero en Eve que volvió a acosarse sobre el Charger. Sus manos volaron cerca de su cabeza, apoyándose sobre el parabrisas para dar más tracción sobre los dos, y ahora, tres largos dedos. La chapa se volvía algo incómoda haciendo una especie de pegamento sobre la piel de su espalda pero Villanelle guió lo suficiente como para alzar una de sus piernas en su hombro y embestir desde su posición.

El sistema de Eve se apagaba poco a poco. Anulando una por una las acciones que podía hacer ante el toque ajeno que ahora llegaba a su sexo por medio del pulgar. Otro gemido largo y culposo que inyectaba de adrenalina a Villanelle. Incrementando el ritmo y el filo de sus dedos sobre la zona erógena. La única función que quedó activa en la británica era el de sus caderas que seguían alzándose intermitentemente sobre el capó al borde del éxtasis.

Desde el borde de sus ojos pudo ver una Villanelle con sus labios colgando, gimiendo a buenos decibeles y mirándola consternada desde su altura. Casi sin poderlo creer.

Sin previo aviso, las caderas se dejaron de mover. La rubia necesitó tres embestidas más fuertes para ver la fuerza gutural del cuello apenas iluminado y un último gemido de Eve, dejando sin fuerzas a todo su cuerpo y derritiéndolo sobre el Dodge negro.

La mayor carrera de sus vidas había sido consumada en solo minutos pero con la misma potencia que tres autos de Fórmula 1.

Villanelle se venció hacia adelante para apoyar su mejilla sobre el abdomen, ahora, blando de Eve que subía y bajaba con furia. Quitó sus dedos húmedos de punta a punta para arrastrarlos, no con saña, sino con cariño camuflado sobre los muslos de Eve.

Era su nueva parte favorita de ella.

 

 

 

Tecla. Suave. Casi con llanto y tristeza. Y su siguiente cadena de notas.

Fue ese golpe el que obligó a Eve a abrir pesadamente sus párpados. Frente a ella estaban las dunas grises de las sábanas de Villanelle. Suaves, resplandecientes. Casi dándole una película de varias horas en un segundo de lo que había pasado con ellas horas antes. Orgasmo tras orgasmo. Un desahogo mutuo luego de tanta adrenalina arriba de sus cuatro ruedas.

De fondo, los ventanales a un mar Mediterráneo siendo iluminado por la luna llena.

Parpadeó varias veces intentando reconocer el sonido.

"¿Villanelle?" Gimió.

Buscó a ambos lados rastros de ella sin éxito. Cuando se incorporó en la cama notó que el suave sonido ahogado, pero persuasivo, que se hacía constante. 

Más precisamente debajo de ella. En la planta baja.

Era un piano.

Chapter Text

Era hermoso. Sencillamente hermoso.

Eve recordaba que tenía esta canción en su playlist. Era la 97. Amaba ponerla mientras hacía yoga, o cocinaba. Lo que sí era extraño era encontrar a Villanelle escuchando este tipo de música.

Revisó su celular en la mesa de luz para darse cuenta que eran pasadas medianoche. Buscó una vez más su entorno con el ventanal y el Mediterráneo iluminado entero por la luna llena. La oscuridad en la casa realzaba aún más el brillo.

"¿Villanelle?" Volvió a llamar en voz baja.

Hacía horas que la rubia se había encargado llevar aún el cuerpo blando de Eve a la habitación solo para que en cuanto llegaran la británica atacara nuevamente en devolución de favores.

Se levantó para dirigirse a las angostas escaleras en 'U' con un breve descanso. Allí se encontró con un pasillo que daba de frente a la puerta de entrada. A la izquierda había una arcada que daba a la cocina, comedor y living con una puerta en la pared opuesta que dirigía al garage.

Pero cuando giró a su derecha vio las dos puertas negras frente a ella. El sonido del piano era apenas audible, su descenso a la primer planta lo había ahogado. Con extremo cuidado giró el picaporte y la entreabrió.

Allí se encontró de forma inminente con el recorte del cuerpo de Villanelle sentada frente a un piano de cola negro dispuesto en diagonal a la puerta, con su torso desnudo y visitendo solo su jean. Sin embargo no miraba al frente sino a su izquierda, hacia los ventanales frontales de la casa, enfrentando el mar y la luna. La luz natural apenas iluminaba el encadenado de teclas y sus dedos moviéndose con total fluidez, con ella que no miraba ni un ápice de lo que tocaba. Automático.

Abrió un poco más y se apoyó sobre el borde de la segunda puerta con sus brazos cruzados, desnuda. Admirando cada movimiento. Cada segundo. La imagen. La poca luz, el perfecto y delicado sonido resonando en la sala.

Un minuto después amartiguó su ritmo y finalmente terminó la melodía con su mano izquierda. Cuando giró su vista al frente se encontró con Eve bajo el umbral. No se sorprendió y el contraluz no dejaba ver su cara. Aún así se quedó en silencio, esperando la reacción de Eve que habló un minuto después con calma.

"Por favor, toca otra cosa."

Villanelle deliberó unos segundos, acomodó su espalda bien recta y alzó sus manos. Rozó sus dedos en algunas teclas buscando su relieve y volvió a mirar a la luna a su izquierda.

Presionó dos teclas primero, otras dos al poco tiempo y luego cambió de posición esos mismos hacia otras dos teclas. El simple comienzo ya le dijo a Eve que era Debussy, el número 116 de su playlist clásica.

Villanelle llevó otros cinco minutos allí tocando y mirando hacia el ventanal. Eve se acercó a paso lento, sin querer desconcentrarla en su afán de tocar el piano sin siquiera mirarlo. Llegó al extremo derecho y se inclinó levemente encima de la tapa con su antebrazo, mirando con la suave luz fría los dedos de Villanelle bailar con gracia sobre las teclas. La morocha sintió que el poder estaba allí, en esas diez falanges moviéndose. Si ella quería el sonido sería más fuerte y aterrador como en algunas partes, y sino sonaría de manera delicada, suave. Un susurro. Tenía tomado del cuello al piano de cola negro.

Fue allí donde se dio cuenta que Villanelle tenía dedos de pianista. Finos, largos y delicados. La perfecta representación de lo perfecto en la elegancia rodeada por la música. Pronto vino a su mente su débil y gran obsesión de cuidar sus manos, untándolas con crema cada tanto. Eve se sintió tonta, era obvio y no pudo verlo. Ella era pianista. O lo fue.

Cuando terminó de tocar volvió su vista al frente con rostro inexpresivo, como si estuviese a punto de escuchar su veredicto y condena. Sin hablar pasó su lengua por la cicatriz.

"¿Sólo le tocas a la luna?" Preguntó Eve haciendo referencia a los títulos de ambas canciones.

"Está sentada en primera fila. Y es la única que me escucha."

"Es muy afortunada de poder presenciar tu música."

El respuesta solo obtuvo una sonrisa amarga, falsa. Eve aprovechó para revisar alrededor. Frente al piano en la esquina había un atril de música, dos estantes y a un costado un pequeño placard. Todo era apenas visible.

"¿Le tocas a muchas?" Villanelle negó con su cabeza.

"Eres la primera. ¿Cómo supiste que estaba aquí? La sala es insonorizada."

"Aparentemente el techo no lo es. El sonido se filtró a la habitación." Un casi inaudible gruñido salió de la rubia y quedó allí. "¿Te molesta que te haya encontrado?" Volvió a negar. "¿Me tienes miedo?"

La última pregunta obligó a los ojos avellana encontrar a los otros. Eve poco a poco volvía a ver esa Villanelle débil del casamiento.

"¿Debería tenerte miedo?"

"Sabes que no le diré a nadie este hobby que tienes, ¿Verdad?"

"Eres demasiado seria. Sé que no le dirás a nadie."

"Si eres demasiado reservada, ¿Por qué has tocado para mí?" Los ojos de Villanelle se humedecieron.

"Me lo has pedido por favor." Eve se sorprendió por la fractura que detectó en la voz.

"¿Acaso no debería ser siempre así?"

"No siempre es así, Eve." Bajó su cabeza hacia las teclas, con vergüenza. La tensión le dio aviso a Eve de que cortara el tema justo ahí si quería seguir avanzando.

"Fui muy tonta en no darme cuenta que tienes dedos de pianista. ¿Quién te enseñó a tocar?"

"Tuve una tutora desde muy pequeña. Y un poco mi padre."

"¿Lo haces sin mirar?"

"Sí. Me entrenaron así."

"Eres increíble." Villanelle soltó una exhalación en forma de resoplido.

"Bueno... Mi padre no piensa lo mismo."

"¿Piensa?" Eve entrecerró los ojos y a la pianista ya le daba igual. "¿Tu padre esta vivo?"

"Sí."

"¿Y el accidente automovilístico?"

"Es mentira. Sólo mi madre está muerta. Murió durante el parto, al concebirme."

"¿Y tu padre donde está?"

"En Rusia. Creo."

"¿Qué hace él? ¿Es pianista?" Villanelle se tomó unos segundos mirando al frente y pensando la respuesta.

"¿Te gusta la música clásica, Eve?" Asintió. "¿Alguna vez has ido al Bolshoi en Moscú?"

"Sí, hace un par de años."

"¿Recuerdas el nombre del director de la orquesta?"

"Hay muchas personas allí. Dudo que lo recuerde. No tengo buena memoria."

"Anatoly Astankov. Hace ya algunos años que se presenta con más frecuencia allí. Condecorado incontable cantidad de veces por el gobierno. Ruso de primera línea."

Eve sintió que su cabeza era una inmensa represa conteniendo no agua, sino preguntas. Sobre la gran masa de concreto se generó una fisura, y luego el desastre. Una pregunta tras otra en base a su vida, su padre, Rusia, y todo lo demás estaban al filo de su lengua. Sólo pudo formular una.

"¿Por qué no tienes relación con él?" Villanelle miró hacia al frente con melancolía.

"Me fui de mi casa el día que cumplí la mayoría de edad. Ese día le dije que no quería seguir tocando instrumentos, que quería correr go-karts y... Bueno, le dije que me gustaba una mujer." La británica mostró una sonrisa triste por la última declaración.

"¿Y qué te dijo él?"

Silencio. Pero no cualquier silencio. Eve sintió que era profundo, tan profundo que era arrastrada con una hambre voraz. Mayor a cualquier fuerza G que podía vivir en su auto, casi un agujero negro. Delante suyo ya no tenía a Villanelle sino a alguien más. Alguien muy diferente.

"Nada." La respuesta aturdió a Eve pero la postura era diferente.

El dedo medio de Villanelle presionó en una tecla blanca. El índice presionó la tecla negra justo encima de esa. Volvió a presionarlas en ese orden con lentitud. Las dos primeras notas le hicieron dar cuenta a Eve que era 'Für Elise' de Beethoven. Los dedos repiquetearon cada vez a mayor velocidad y luego tocó otras tres teclas hacia la izquierda, siguiendo con la melodía nuevamente de manera armoniosa. Antes de seguir hacia la parte compleja para tocar con sus dos manos, cerró los dedos con los restantes formando un puño y lo impacto sobre un conjunto de teclas, provocando un estruendo. Eve dio un pequeño salto en su lugar.

Oksana vio como el anillo de sello plateado de su padre se acercaba a su cara a una velocidad nunca antes vista. Impacto. Como ella contra el piano.

Cayó al piso de madera lustrada manchando con su sangre. La misma que derramó arriba del discman de Anna cuando lo puso en su bolso.

Las imagenes pasaban como relámpagos frente a sus ojos. Eve la veía allí, con la vista al frente, con su mandíbula apenas torcida, conteniendo ira.

"Simplemente se aseguró que recuerde mis decisiones todos los días de mi vida." Rastrilló con los dientes y su lengua la cicatriz de su boca.

Volteó apenas para mirar a Eve con la luz reflejando su perfil izquierdo. Su cicatriz brillaba, como si su saliva la encendiera. Las comisuras del otro extremo se curvaron, exponiendo algunos dientes depredadoramente con un gruñido de fondo.

Eve lo vio todo sin verlo.

"No fue un accidente de go-karts, ¿Verdad?" Negó suavemente.

Habían pasado varios segundos, cada una hundida en sus pensamientos hasta que Villanelle lo cortó.

"Pasado pisado de todas maneras." Buscó la tapa que cubría las 88 teclas pero Eve la sostuvo desde un extremo, interrumpiéndola.

"No. Por favor."

"Es tarde."

"Lo sé. Una más y prometo no volver a molestarte." Villanelle dudó. "Por favor."

"¿Eres buena cantando?"

"Soy muy mala."

"Creo que es peor si me dices que eres horrenda así que yo tocaré y tú cantarás."

"¿Y si no la conozco?"

"La conoces. Si tanta lealtad le has jurado a la Reina, la conoces."

Villanelle suspiró con sus ojos cerrados a medida que la canción 103 se reproducía en su cabeza. Pasaron segundos y no tocó.

"Me das miedo. Siento que no la conozco."

"Sh, Eve. No te apresures."

La mano izquierda fue la primera en moverse y luego se acopló la derecha. Eve reconoció la melodía al segundo. Cuando se hizo silencio y Villanelle tocó dos teclas la señaló con su libre.

"Many's the time I ran with you down." Ambas se rieron sutilmente pensando en las carreras que pasaron corriendo entre ellas. "The rainy roads of our old town. Many the lives we lived in each day." Villanelle volvió a reír por haber burlado a la muerte en Bélgica. Eve caminó hacia su espalda, acariciándole los hombros. "Don't laugh at me. Don't look away." Eve recordó su cuerpo desnudo y lo ocurrido en el garage y en la habitación.

Antes de empezar el estribillo tomó el rostro de Villanelle que miraba al frente para buscar sus ojos, que por alguna razón que desconocía la tenue luz de luna los volvía más claros.

"You'll follow me back with the sun in your eyes. And on your own, Bedshaped In legs of stone." Los dedos golpeteaban con facilidad el piano, perdida en las pupilas de Eve, que cambió su semblante a misericordioso. "But, what do I know? What do I know? I know."

Antes de comenzar a cantar la segunda parte Villanelle le ganó. En determinada parte buscó a Eve nuevamente a su lado.

"And I don't understand the same things as you. But I do." Una forma de pedir perdón por su comportamiento hacia ella a lo largo de los últimos meses.

Por primera vez era capaz de abrirse hacia alguien de manera pura.

Cuando terminó el estribillo golpeó suavemente el encadenado de teclas y volvió a buscar a la británica.

"Sube." Meneó su cabeza hacia la tapa del piano.

"¿Aquí?"

"Sí, sube. Rápido. Boca abajo." Se había mantenido tocando las mismas teclas con el suave coro detrás. Eve se acomodó y se quedó mirándola desde el borde, a pocos centímetros. "Aquí viene."

Aumentó el repiqueteo, se paró apenas del banquillo. Estiró su brazo derecho hacia atrás, tomando impulso, y lo bajó con fuerza hacia las teclas. El piano generó un estruendo dentro de la habitación. Los diez dedos buscaban furiosos las teclas en medio de la noche, sin errores. Cada nota estaba justificada, incluso por fuera de la canción original.

Pero eran esos diez dedos que generaban una sensación diferente en Eve. Bajo su cuerpo, en cada músculo, en cada ligamento, en cada hueso sentía las manos delicadas de Villanelle. Haciéndola vibrar entera. Omnipresentes. Esas dos manos la acariciaban por todos lados al mismo tiempo y ella como la principal espectadora, en primera fila, con ambas manos debajo de su mentón. Una mezcla perfecta de excitación con admiración. Se miraron una vez más a los ojos antes de retomar.

"Oh, and up we'll go. In white light, I don't think so. But, what do I know? What do I know? I know."

Tan pronto los dedos de Villanelle tocaron las últimas teclas las dirigió al rostro de Eve, acunando las mejillas. El simple contacto era fuego, dejando resabios de los fuertes golpes que le había dado sobre el rastro final de la canción. Aún retumbando de ardor.

Allí volvió a besarla con furor.

 

 

 

El ronroneo era suave pero generaba una leve cosquilla entre el cuello y la oreja.

"Villanelle." Gimió.

Debajo de ella sentía el colchón suave y algún retazo de sábana acariciando su cuerpo desnudo. Por el rabillo ya veía el dormitorio en detalle con la luz natural mañanera. Buscó con su mano a su izquierda a su acompañante y la encontró. El ronroneo volvió. La cosquilla le sacó una suave sonrisa mientras intentaba de a poco ir abriendo sus ojos.

"Para ya, Villanelle."

Giró su cabeza para ese lado y luchó para abrir a media asta sus párpados. Pudo vislumbrar el pelo dorado y la espalda desnuda de Villanelle frente a ella a varios centímetros.

"¿Qué-?" Parpadeó repetitivamente y buscó el sonido un poco más arriba, en su almohada.

Un ojo dilatado le dio la bienvenida rodeado de pelo blanco. La pronta imágen le provocó una descarga eléctrica en el cuerpo. Se incorporó dando un grito desgarrador. Villanelle volteó gritando igual que ella. Cuando se miraron gritaron aún más alto. El animal pegó un pequeño salto y se alejó.

Aturdida por no entender la situación a los gritos, giró otro poco y la rubia cayó por el borde de la cama al piso.

"¿¡Qué demonios te ocurre!? ¿¡Los japoneses se despiertan así de raro!?"

"¿¡Qué mierda era eso!?" Villanelle asomó sobre el filo de las sábanas su cara y entrecerrando los ojos.

"Yo no puedo creer que me hayas despertado así. Rara de mierda."

Mientras se ponía de pie con su ropa interior, Eve rascaba su cabeza buscando la bola blanca. A la altura del final de la cama Villanelle miró hacia la puerta de ingreso. Se acunclilló y chasqueó sus dedos.

"Ayrton, vem ca." Eve escuchó el portugués fluido.

Un gato de tamaño medio, con su collar naranja, estilizado e impoluto ingresó a paso casi feliz hacia Villanelle. Cuando llegó la rubia lo alzó contra su torso y lo besó. Ayrton respondió con un suave ronroneo.

"¿Eres alérgica? Por como gritaste."

"No, perdón. Me asusté." El gato le daba el lomo a Eve que veía sobre la base de su cola una curvatura inusual. "Su cola." Villanelle lo alejó apenas y lo volteó. Tenía sólo un ojo de color verde.

"Sí. Tiene su cola torcida pero no le afecta."

"¿Es tuerto?"

"Lo encontré cuando era bebé hace más de un año. Estaba regresando de competir en Francia y me detuve en una gasolinera de poca monta porque necesitaba ir al baño. Era tarde y había una lluvia espantosa. Cuando regresaba a mi auto lo escuché debajo. No pude abandonarlo."

Eve se acercó a él para acariciarlo casi a modo de disculpa. Él respondió buscando más contacto.

"Así que me lo traje aquí. Era bebé, aparentemente perdió a su madre y su condición era crítica. Por suerte la veterinaria lo pudo salvar. Su cola no era operable pero su ojo sí, estaba comprometido con una infección. E agora ele está são e salvo." Cambió mirándolo y acariciándolo debajo de la barbilla.

"Pero, ¿Quién lo cuida cuando te vas de viaje tanto tiempo? ¿Tienes algún casero?"

"No. No confío en nadie ni quiero que nadie entre aquí. Tiene un bebedero y comedero automático. A veces le doy restos de mi comida, le gusta el atún. De todas maneras él es muy libre así que viene cuando gusta."

"¿Y te extraña?"

"Depende. El comedero tiene una cámara. Cuando él se acerca se produce una videollamada automática. Yo lo puedo ver y hablarle sea donde sea que esté."

"Eso es lindo."

"Sí. Nos respetamos, nos entendemos y creo que somos bastante parecidos. Perdimos a nuestra madre y tenemos algunas cicatrices." Ante el comentario frotó su cabeza con fuerza sobre la mandíbula.

"¿Se llama Ayrton?"

"Sim. E ele sempre me acompanha no meu capacete." La mirada confusa de Eve la hizo aclarar. "En mi casco lo llevo a él. Ayrton."

"¿No es por Senna?"

"No. Es por él."

Dejó a Ayrton en el suelo y Eve vio la nebulosa negra en su torso. Contuvo el aire.

"Tus costillas."

"Sí. Están bien. No sigas. No necesito que te preocupes."

Vistió una camiseta que estaba tirada. Eve recordó que su ropa había quedado desparramada en el piso del garage. Casi de mal humor se dirigió al placard ajeno y sacó una camiseta grande con la impresión ELF.

"Claro, cariño. Toma lo que gustes."

"Púdrete. Iré a buscar mi ropa. ¿Acaso todas tus remeras tienen algo que ver con los autos?" Revisó la empresa de aceites sobre su pecho.

"Fanática de pies a cabeza." Se dirigió hacia el baño.

Eve salió de la habitación hacia la escalera a la planta baja. En el garage se vistió y cuando regresó al pequeño living encontró las puertas negras frente a ella.  Antes revisó a su izquierda el sofá de tres cuerpos de frente a un televisor con sus consolas. A los costados había varias pilas de libros de distinta temática, algunos de niños en su etapa escolar. Aún más cerca, casi a su lado, estaba el simulador con las pantallas y el asiento.

Volvió al centro con las puertas negras queriendo rectificar lo visto durante la noche, se acercó y giró el picaporte. No abrió. Forzó un poco más sin caso.

"Deja eso." La voz de Villanelle a su derecha desde el descanso de la escalera la hizo frenar.

"¿Por qué cierras?"

"Porque sí." Se dirigió a la cocina y urgó en su heladera. "¿Desayunas?"

"Sí. Abundante."

"¿Abundante? Tengo yogurt." Sacó un paquete con pan pero se veía un pedazo verde en una de las esquinas. Hongos. "Pan, no. Agua."

"¿Acaso no cocinas tu desayuno? ¿Huevos? ¿Café? ¿Tocino? ¿Cereales?"

"No." Contestó de mal humor. Eve vio desde su posición su heladera casi vacía. "Así que puedes irte a la mierda con tus costumbres inglesas."

Suspiró con fuerza rascándose la frente y la buscó con mirada impaciente.

"¿Quieres que me vaya?" Villanelle se quedó con ojos abiertos y su yogurt en la mano, apenas temblando y escupiendo sinceridad.

"No lo sé." La británica entrecerró sus ojos, pensativa.

"¿Acaso no desayunas con tus acompañantes sexuales? ¿Simplemente las deshechas?"

"No me soportan asi que sencillamente se van. O me voy. ¿Por qué querría comer delante de ellas?" Eve consumió otros segundos revoleando sus ojos.

"¿No sabes cocinar? ¿Nada?"

"Los libros no me ayudan. Y los videos de internet son aburridos. Lo compro hecho y ya. O enlatados."

"Pero no tiene sabor-"

"¿Qué necesitas?" Casi gritó. Cuando la ira escaló en Eve para responder de mala manera, el sonido polifónico en su bolsillo tomó su atención.

Leyó en la pantalla el aviso de falta de energía y la llamada entrante de su ingeniero. Atendió con una mirada filosa sobre Villanelle, callándola.

"Hola Bill."

"¿¡Dónde demonios estás!?"

"Aquí. ¿Qué ocurre?"

"¿Dónde es 'aquí'?" Suspiró derrotada.

"Mónaco. ¿Por qué?"

"¿Tú estabas con Villanelle?" La morocha levantó su mirada a la rubia de forma aterrada.

"¿Qué ocurre? Última vez que te pregunto."

"Hay una noticia en los periódicos de Villanelle saliendo ebria de un restaurant frente al muelle. ¿Estabas con ella?" Eve mordió su uña, nerviosa.

"Sí. Pero todo está bien."

"¿Y sigues con ella?"

"Bill, no tengo mucha batería. Hablamos luego."

Cortó abruptamente y aprovechó los resabios para entrar al explorador en búsqueda de noticias. Lo encontró rápido.

'Las vacaciones de Astankova: Falta de renovación con Mercedes y escándalo en Mónaco.'

El epígrafe hablaba del alcohol consumido y su huída en su estado de ebriedad. Eve sintió el peso de la culpa viendo la fotografía de ella tirada en el asfalto y desalineada. Un leve mareo escaló y perdió noción de la presencia de Villanelle a su lado mirando lo mismo. Con rostro de piedra tomó el celular, apagó la pantalla y se lo devolvió sin siquiera darle atención.

"Deja de mirar esa mierda. Te constipará." Destapó su yogurt de espaldas y empezó a comerlo.

"¿Por qué lo hiciste?"

"Hazte la fama y échate a dormir. ¿No es eso lo que dicen?"

"¿Siempre simulas? No estabas alcoholizada ese día."

"No me interesa." Eve volvió a nublarse por la petulencia de ella.

"Adiós." Sacó de su otro bolsillo la llave del Audi y dio dos pasos hacia la puerta de entrada. Villanelle la observó con aire molesto.

"No." Frenó su paso, volteando y ella dejó su yogurt a un costado de la mesada. "Nunca simulo." La británica asintió suavemente.

"Iré a desayunar, como Dios manda." Reforzó con el tono de voz. "¿Quieres venir?"

Villanelle volvió a mirar su yogurt.

"De acuerdo. Sólo porque esta mierda tiene gusto agrio."

"Es porque debe estar vencido."

Cinco minutos después, con Eve aguardando dentro de su Audi, ella entró con ropa nueva, lentes y su gorra STP. Dentro con su radio sonando, arrugó su cara revisando su entorno alemán y tecnológico. Abrió su boca pero Eve la interrumpió.

"Un solo comentario de mierda sobre mi auto y te juro por mis cuatro títulos que te ato al maldito chasis y te arrastro por toda Europa. ¿Lo entiendes?"

"¿¡Qué!? Yo no dije nada." Arrancó y se quedó observando hacia afuerza, enojada. "Apaga esa mierda."

Con alguna que otra nube llegaron a un restaurant con mesas a la calle. Por ser domingo no había mucha gente aún. Comieron en silencio. Eve pensando en el piano. Villanelle en si había sido un error.

"Respecto a lo de ayer-"

"No quiero hablar al respecto ahora." Metió otra tostada en su boca para callar.

"¿Qué harás en tus vacaciones?"

"El médico me aconsejó que no haga mucho para recuperarme bien. Así que comeré y entrenaré en el simulador de mi casa. ¿Y tú?"

"No lo sé. Ahora me iré a Sion y veré donde quiero ir."

"¿Adónde?"

"Sion. Suiza. Es donde vivo."

"Creí que vivías en Londres."

"Esa casa se la quedó mi ex marido."

"¿Crees que fue un error?" La pregunta completamente aislada hizo que Eve la mire. "Lo de ayer. Lo nuestro. El sexo."

No sabía que responder. Para la británica había sido placentero, muy bueno, pero no sabía si del otro lado había sido igual. Si había sentimientos de por medio o simplemente un momento pasajero.

"Si sucede, conviene. Al menos así dice el dicho."

"Que frase de mierda esa." Sorbió con ruido su jugo de naranja. Eve inspiró con fuerza al aire.

"Creo que vendré a pasar algunos días aquí. Extrañaba Mónaco."

"No te quedarás en mi casa." Giró con una ceja alzada ante el comentario. "¿O sí?"

"Si me despertarán gatos preciosos huérfanos y me tratarán mal por la mañana con comida vencida entonces no. Me quedaré en el bote de Bill. O tal vez vaya a Cerdeña con Tom."

"¿Ese es el imbécil que lo cuida? ¿Te lo quieres montar?"

"¿Estás celosa?"

"No." Respondió rápido y casi enojada. "¿Sabías que él es un fanático mío? Me prefiere a mí antes que a ti."

"No. No tengo sexo con todo lo que se mueve, no seas básica. Quiero descansar, tengo una semana antes de unos compromisos. Y, sólo para tu información, me importa una mierda que sea fanático tuyo. Imbécil." La agresividad le robó una sonrisa a Villanelle.

Eve condujo nuevamente a la casa de la francesa. El saludo fue un momento raro, con ambas nerviosas. Al final la rubia levantó su pulgar y se bajó con paso asustado.

 

 

 

Martes.

Villanelle revisaba un libro de cocina sin ganas acostada en el sofá del living. Lo cerró y lo tiró a un lado al suelo. Ayrton dormitaba con su ojo cerrado sobre su estómago.

"Como envidio tu vida, ¿Eh?" Le dijo.

Hacía calor y ella allí, encerrada en su casa. Sacó su celular y buscó el nombre de Eve. Una de sus redes sociales apareció en primer lugar luego de su biografía. Activó las historias momentáneas y vio parte de sus piernas pedaleando en su bicicleta. Luego apuntaba su celular hacia el mar. A un costado estaba etiquetada la temperatura y la ciudad: Mónaco.

La siguiente historia era una imagen de ella de niña con su melena sosteniendo un pulsador en su mano y una pista de scalextric. Abajo escribía: 'Lo sencillo sano que nos hacía bien. Piloto en construcción en su momento. Siempre hay ganas de volver.'

"¿Qué dices, amiguito? ¿Vale la pena?" El felino maulló sin ganas. "Sé que no fue la mejor presentación pero, ¿Te ha gustado ella?" Repitió el sonido.

En el buscador navegó en busca de ciertos lugares y miró con atención.

"Bueno, supongo que la primera vez fue esfuerzo de ella. Ahora me toca a mí." Ayrton volvió a emitir sonido en conformidad. "Maldita seas. Di algo diferente."

Eve aplicó su freno a disco trasero. El controlador de distancia encima de su manibrio marcaba los 107 kilómetros de rodado en algo más de tres horas. Con ayuda de Tom subió bicicleta Mercedes V11 al yate y se dedicó a estirar las piernas en la parte trasera mientras se hidrataba.

Su cabeza aún flotaba en la deriva del encuentro de ambas. Algo de bronca en mezcla con dolor le daba la frialdad de Villanelle que tuvo a lo largo de la mañana siguiente. Verla detrás del piano había sido maravilloso, perfecto, fino, elegante. Todo lo opuesto a lo que estaba acostumbrada de ver en ella. En cierto punto creía que había sido una fantasía verla tocando Beethoven o Debussy pero se negaba a creer eso. Y después estaba ella en el sexo. Lo entendía. Tenía ganas de poner a todas las mujeres que había visto desfilar por su trailer en una línea y pedirle perdón una tras otra.

Su boca, su lengua, su toque desmedido y seguro. Como si Eve no fuese más que un maldito libro abierto y lo pudiese leer en milésimas. Atacando punzante y construyendo todo paso a paso. Incluso hasta en su debilidad, con sus gemidos, viéndola retorcerse. Todo legítimo. Mordiendo sus labios con necesidad.

"¿Atenderás, Eve?" Parpadeó varias veces para percatarse que estaba perdida en el firmamento mordiéndo su propia boca. A su lado Tom cargando unas cuerdas la observaba con una ceja arqueada.

"¿Qué dices?" El chico revisó la pantalla de su movil encendida. Llamada entrante de Villanelle. "Oh. Estaba perdida. Gracias." Esperó a que se retirara para abrir a medida que su corazón golpeaba en advertencia. "¿Hola?"

"Hola Toshiba." Alejó su celular y cortó negando al aire. Llamada entrante nuevamente. Abrió. Villanelle reía. "Eres dura, cariño."

"No me jodas, camarada." Empastó su lengua sobre la palabra, haciendo un mal esfuerzo en el acento ruso.

"Ty khrenovo govorish' po-russki. Tebe izvestno?"

"¿Quieres que cuelgue otra vez? Entonces no hables ruso."

"¿Qué haces?"

"Descanso. Acabo de volver de entrenar." Hizo un pequeño silencio incómodo. "¿Tú?"

"Descanso, pero en serio."

"¿Estás bien de tu golpe?"

"Mejorando. ¿Estás en Mónaco?"

"Sip. Me quedo un par de días."

"Oye, tengo unas entradas a un lugar de un amigo. ¿Quieres venir?"

"¿Adonde?"

"Sorpresa. ¿Quieres o no?" Eve sonrió.

Al día siguiente, antes del mediodía, el Dodge Challenger se detuvo cerca de uno de los pasillos del muelle. Eve con unos jeans entallados claros, una musculosa negra con sus lentes y pelo suelto subía los ultimos escalones para entrar en el descapotable.

"No me gusta la intriga."

"Que raro. No recuerdo haber dormido ayer contigo y que nos levantemos juntas. De hecho los vecinos no se quejaron de los ruidos. Muy raro."

"Buen día. No me gusta la intriga."

"Y a mi no me gusta gastar tanto dinero en gasolina pero es un mal necesario."

Aceleró hacia el centro. La morocha le dio una mirada rápida. Remera desarreglada, calza negra y zapatillas deportivas, más sus lentes de siempre y su gorra. Llegaron a un salón vidriado con nadie dentro y varios juegos. Sin embargo, la mesa en el medio del salón le hizo abrir la boca.

"No puede ser." Susurró.

"¿Te gusta?"

"¡Lo puse ayer en mis redes!" Se acercó rápido para dar un reconocimiento a la pista de scalextric de 2 metros con varias curvas y desniveles. "Hace años que no juego. ¿Cómo supiste?" La rubia cayó y se dedicó a ver la pista. "¿Lo viste?"

"No mentiré. Sí. La he alquilado."

"¿Por qué?" Alzó sus hombros.

"Creo que me comporté un poco como una imbécil el otro día. Y le has caído bien a Ayrton, así que..." Eve sonrió tranquila comprimiendo felicidad.

"Entonces. ¿Competimos?" Villanelle movió sus manos dando el visto bueno. "¿Quieres apostar algo?"

"Me encuentras fría. ¿Qué quieres apostar? Debo aclararte que soy muy buena." Eve miró los autos y los apostó sobre la guía.

"Yo también lo soy." Pensó. "No sabría qué apostarte."

"Lo tengo. Qué tal si apostamos una sorpresa."

"¿Qué clase de sorpresa?"

"Lo que sea. Hacia la otra, claro. Si tú ganas, yo te debo sorprender y si yo gano, tú me debes sorprender."

"Es muy abarcativo pero de acuerdo, lo acepto. Algo se me ocurrirá." Eve extendió su mano y Villanelle la tomó.

Un minuto después, a lo largo de la vuelta 8 de 10 con la británica ganando por poco la adrenalina subió en la rubia. En una curva cerrada aceleró de más y el auto se movió de la guía, volcando hacia afuera.

"¡No! ¡Carajo!" Eve explotó en risa.

"Oye, mira. Te ganaré haciendo trote de caballo." Apretó y soltó intermitentemente el botón de su control haciendo que el auto corcovée en forma de burla.

"No puede ser." Villanelle tomó el auto y señaló la parte de abajo. "¡Mira! ¡Está mal! Por eso perdí. Hay que correr de nuevo."

"¡No! Ese auto está bien pero tú eres una bruta. ¡Gané! Me debes una sorpresa." Gruñó en disconformidad.

"¿Al mejor de tres?" Pestañó intermitentemente casi con dulzura.

"No. Púdrete. Has perdido." Villanelle volvió a mirarla con bronca.

"Ven. Vamos."

"¿Me darás mi sorpresa ahora?" Balbuceó en conformidad y se dirigió de nuevo a su auto sin prestarle atención.

Quince minutos más tarde, Villanelle ingresaba el Challenger en reversa en su garage.

"El sexo no cuenta como sorpresa."

"No seas básica, Eve. No soy todo sexo."

"¿Debería preocuparme? Siento que eres una especie de Christian Grey."

"¿Quién?"

"¿Christian Grey? ¿El que hace bondage y es sádico y masoquista?" Villanelle se espantó.

"¡Yo no soy ninguna sádica ni masoquista!" Eve revoleó sus ojos.

"Oye, ¿Por qué tú casa tiene proporciones erróneas?" Los ojos entrecerrados la obligaron a continuar. "Tu garage es más grande que el resto de tu casa."

"Siempre supe que si algún día tenía un hogar mi garage sería mucho más grande que el resto de mi casa. ¿Para qué quiero tener una mansión? A duras penas puedo limpiar la que tengo."

Ambas bajaron del vehículo. En el living, entre algunos libros, Villanelle sacó una llave y abrió las dos puertas negras. Por primera vez ahora podía ver la habitación completamente iluminada. El piano, el atril, los estantes y el placard.

La dueña desde el suelo sacó un pequeño estuche negro y lo apoyó sobre el filo del atril. Eve por su lado veía con atención un objeto sobre la repisa. Se estiró y tomó el antifaz negro mirándolo con curiosidad. Cuando volteó encontró a Villanelle ya sin gorra ni lentes frente al placard cambiándose los pantalones a unos negros finos rectos. Luego calzó un blazer negro satinado sin remera debajo.

"¿Segura no eres Christian Grey?" Dijo levantando apenas el antifaz. Villanelle la observó con preocupación y algo de nervios.

Cerró la puerta del cambiador y quitó el antifaz de los dedos de Eve, parándose a su derecha.

"Ponte allí, por favor." Habló con voz profunda, sin rastro de comedia y señaló tres pasos detrás de ella. La británica acató con sus brazos cruzados en el pecho.

Dándole la espalda, movió el maletín sobre la repisa y lo abrió. Allí estaba el violín Stentor con su arco al costado. Acarició las cuerdas probando la tensión y su afinación. Colocó el cobertor sobre sus ojos y, guiándose por el tacto, tomó el instrumento.

Cuando giró hacia su derecha Eve vio sobre la parte alta de su hombro un parche dorado con varios puntos que auspiciaban de abanico grueso, como la forma de una orquesta. Debajo las letras 'Bolshoi'.

Colocó el violín sobre su hombro y los largos dedos tocaron suavemente las cuerdas, reconociéndolas a ciegas. Cuando terminó colocó sus dedos en posición y acercó el arco. Empezó despacio, casi con suspenso, pero bastaron pocos segundos para que Eve se diera cuenta que era la canción 150 de su playlist.

Pronto empezó a mover su brazo con rabia, pero su postura no fluctuaba. Recta, imponente, sin gesticular ni mover su cabeza. Moviendo con gracia su muñeca por momentos. Llegando a cada punto del pequeño mastil con los largos dedos, haciéndolo muy fácil.

Cuando terminó acarició con lentitud el arco sobre la cuerda, lo quitó de un latigazo y se removió el antifaz. Frente a ella Eve tenía su maxilar colgando sin disimulo. Se encontraba en primera fila del mismísimo Bolshoi en un espectáculo privado de elite. Villanelle clavó la vista al piso, casi con vergüenza.

"Sí, supe que era Vivaldi en el bote. Sí, conozco 'Invierno'. Y no te mentí cuando te dije que tiene cara de aburrido y rulos." Esporádicamente levantaba sus ojos hacia Eve que seguía en estado catatónico. Luego de unos segundos susurró.

"No me siento bien." La rubia asintió, comprendiendo.

"Está bien. Te perdono."

"No. No me siento bien. En serio. La presión." El pestañeo pesado alarmó a Villanelle.

Tomó con la izquierda el arco y el antifaz junto con el violín y de un paso filtró su brazo alrededor de Eve, evitando que se desplome en el piso. Con su cuerpo pegado al de ella.

"Tranquila." Susurró. La acompañó hasta dejarla en el banquillo del piano. Eve volvió a mirarla de pies a cabeza y el susto ya escalaba en la violinista.

"¿Qué-? ¿Quién-?" Sacudió su cabeza intentando organizarse. "Creí que eras pianista."

"Soy muchas cosas."

"¿Quién eres?" Villanelle dudó, mordiendo el interior de su mejilla.

"¿Prometes que no le dirás a nadie?" Con un leve temblor, Eve asintió. "Mi nombre era Oksana Astankova, hija de Anatoly Astakov como ya te dije. Pertenecí en algunos conciertos a la orquesta sinfónica del Bolshoi. Este era mi traje. Me queda algo chico ya."

"¿Qué tocabas?"

"Piano. Pero mi padre me enseñó a tocar todos los intrumentos. Violín, contrabajo, instrumentos de viento. Todo menos algunos que podían lastimar mis manos."

"¿Cómo demonios haces para saber tocar tantos instrumentos?"

"Soy dotada para la música desde pequeña y rápida comprensión en... Casi todo. O al menos en lo que me importa."

Ante el silencio de Eve intentando procesar la información, Villanelle torció sus dedos esquivando la mirada.

"El casamiento." Las imagenes de ella en la mesa con sus ataques llegaron. "¿Qué ocurrió?" La rubia movió su mandíbula, nerviosa.

"El danubio azul fue una de las primeras composiciones que aprendí. Mientras ustedes bailaban, mis dedos lo recitaban de memoria sin darme cuenta. Por eso tapé mis manos, no lo puedo evitar." La británica crispó un ojo. En respuesta colocó de nuevo el violín en su hombro y movió sus dedos. La sala se llenó de un breve Danubio Azul perfecto. Eve volvió a abrir su boca, acercándose brevemente.

"¿Y luego? ¿Por qué me miraste así en la mesa?"

"Creí que me habías descubierto. Siempre tengo ese miedo. Cuando me miraste con asco supe que no te habías dado cuenta y me alivió."

"¿Y por qué te pusiste mal y saliste del salón?"

"¿Has escuchado esa versión del Danubio Azul? Imperdonable. Llena de errores y con un sonido aterrador." Eve volvió a marcar su falta de entendimiento. "Tengo un oído muy desarrollado, Eve. Me doy cuenta fácil de buenas y malas versiones. Me hace mal. Además, sí tenía algo de acople el parlante. Muy fino."

"¿Y cuando cantaste? ¿El tecladista?"

"Ese imbécil. Quería romperle el piano en la cabeza. Le acomodé el sonido, estaba mal configurado. Esas mierdas electrónicas-"

"Pero en el yate tú escuchaste Vivaldi. Y..." Frunció sin entender.

"Era una buena versión. Pero rápido puse mis manos en los bolsillos de mi short. No te diste cuenta. Las quité cuando terminó la canción." Eve rastrilló su rostro hacia su cabello, cansada y pensando.

"No entiendo. ¿Odias o amas la música clásica?"

"Amo la música. Punto. Mi padre me encerró en el mundo de la música clásica cuando era pequeña sin darme la posibilidad de ver el resto. El pop, el rock, incluso el reggae. Tuve que aprenderlo sola."

"Estoy intentando recordar todo lo que no me cierra de ti. ¿El manual del volante en Brackley?" Villanelle señaló sus ojos.

"Fácil comprensión lectora. Lo leí durante la noche anterior."

"¿Realmente estabas ebria en el invierno? Cuando era tu cumpleaños, el video que se filtró-"

"Todos mis cumpleaños bebo. Incluso cuando me pongo nerviosa por mi pasado, como cuando volví del casamiento y me has llamado. Es una forma de escapar de lo que me pasó a mis deciséis años. Sí, realmente estaba ebria. No lo hago así porque sí. No me gusta sentirme mal al día siguiente."

"¿Por qué tanta vergüenza de que sepan quién eres?"

"Porque es la decisión que tomé. Para mí mi padre está muerto y yo lo estoy para él. Me concentro en mi trabajo, mis cosas. Hoy por hoy soy piloto de carreras. Sólo... Me quedaron algunas cosas que no puedo evitar."

"Como el cuidado de tus manos."

"Sí. Por eso no las uso para atacar a alguien, sólo esa vez en España contigo."

"Por eso te pusiste crema rápido."

"No uso mis manos. No quiero que se lastimen. Me dio asco."

"¿Y los espejos?" Recordó. "En tu habitación del box, los descuelgas." Villanelle suspiró.

"Sí. No soporto mirarme en uno, por mi cicatriz y los recuerdos que me da con mi padre. Prefiero descolgarlos y ya. Me evito un mal momento. En mi casa tengo el del baño a una altura por encima de mi cara, me permite ver mi cabello para saber si debo teñirme."

"¿Te tiñes tú sola?"

"Sí. Siempre. Mi verdadero color es este." Estiró un mechón para mostrar mejor el castaño de la base. "Así si alguien de Rusia por casualidad me ve, no me reconozca. O le cueste más poder hacerlo."

"No lo puedo creer. ¿Cómo pude ser tan estúpida?"

"¿He cumplido con la apuesta? ¿Sorprendida?"

"Aturdida. Repito lo que dije el otro día: eres increíble." Sonrió con tristeza ante el cumplido.

"¿Prometes no volver a prejuzgar a alguien?" Asintió en silencio. La rubia le dio su tiempo para que procese poco a poco.

Se hizo un silencio fúnebre. Nuevamente las preguntas de Eve se encimaban una con la otra, bloqueando su cerebro. Villanelle se quedó parada frente a ella, con sus manos enganchadas por delante, sosteniendo el violín, el arco y el antifaz. Mirándola desde su altura con expectativa.

"¿Puedo hacerte una pregunta más?"

Entendió que si decía que 'sí' sería muy diferente a las que venía planteando hasta el momento, pero aún así asintió con miedo.

"¿Qué ocurrió en Finlandia?"

Villanelle tragó pesado y desvió sus ojos hacia el ventanal a la izquierda, con la plena imagen del Mediterráneo.

"Allí, como por arte de magia, nació Villanelle."

Chapter Text

"Cuando nos lastimamos, solemos sangrar. Así, ¿Ves?" Anna tomó una pequeña aguja y pinchó la yema de su dedo.

Oksana asomó su cabeza para ver en detalle el globo rojo inflarse por encima de la piel.

"¿No te duele?"

"Muy poco. Por lo general cuanta más sangre sale o mayor es la herida, más nos duele. Si yo me corto con un cuchillo me va a doler más."

"¿Puedes hacerlo? Quiero ver." Anna rió.

"Oksana, el dolor no es algo bueno. Como cuando tocas mucho el violín o el contrabajo."

"¿Y qué ocurre cuando sale mucha sangre? Mucha me refiero en cantidad." La profesora buscó alguna respuesta amable pero fue tranquila.

"Puedes morir."

"¿Eso duele mucho?"

"No lo creo."

"No entiendo. ¿Y eso es algo malo?"

"Sí. La gente te extrañará porque no contarán más con tu presencia aquí, en el mundo de los vivos."

"¿Crees que mi padre me extrañará si eso ocurre, Anna?"

"Es tu padre y te quiere. Por supuesto que te extrañará. No tengo dudas."

"Pues yo sí las tengo." Oksana bajó sus grandes ojos a la mesa de madera oscura. Sin sentimientos. El silencio filoso obligó a Anna a seguir en el tema anterior.

"Cuando sangres porque te has lastimado simplemente debes limpiar con un papel limpio." Aplicó una servilleta sobre su dedo y le quedó un punto rojo. "Si tienes cobertores higiénicos, mejor. No apliques alcohol, pero si desinfectante. Pero te contaré un secreto. Si no tienes nada en ese momento simplemente lo chupas, así." Puso su dedo en la boca, lo dejó unos segundos y lo quitó. "La saliva ayuda un poco a sanar."

"¿Segura que sirve?"

"Claro. Si sale poca sangre no hay problema. Es importante cubrirlo luego para protegerlo de las bacterias así sana perfectamente."

"Gracias Anna."

"Espero que te sirva en algún momento."

Ese era el momento. Allí, en la calle moscovita. Sola. Con la temperatura rondando los -5ºC. Y también supo que tenía razón. Su padre no la extrañaría si muriese.

Había caminado sin sentido desde la discusión y el golpe con él en la mansión. Simplemente le quedó grabada a fuego su imagen en la puerta de entrada, mirándola irse, casi empujándola. La decepción.

Su lengua se escurrió hacia la nueva herida notando un surco. Abrió su bufanda y tocó con el dedo la clara abertura que se había generado en su cara. Cuando expuso ante sus ojos sus yemas vio poco registro de sangre.

'Poca sangre, poco dolor.' Se repitió.

Y ahora estaba allí. Parada con algunos rublos que resguardaba en su bolsillo interno junto sus documentos, como el tesoro más preciado de libertad. Pero sólo una pregunta se le formulaba en la cabeza: ¿Por dónde empezar?

Volvió a abrigarse tomándose unos minutos de calma y la respuesta llegó con fuerza: huir de Rusia. Juntó el coraje suficiente para sacar la pequeña guía que le había dejado Anna. Todo era inentendible. Cuadrillé sobre un mapa y nombres en miniatura. Lo había estudiado, sí, pero el ejercicio del mismo era más complicado.

Se dirigió a la esquina más próxima y leyó el cruce de nombres. Buscó en el glosario en que cuadrilátero estaban ambas y lo encontró. Página 48, C3. Algo de gente pasaba cerca de ella. Cada uno en su mundo. Abrigados. Fríos.

Necesitaba acercarse a la estación de tren más cercana y la línea de subte la acercaría allí. Cotejó el mapa del subterráneo y caminó varias cuadras hasta encontrar una boca parecida a la que había subido con Anna. Revisó el flujo de gente. Puertas, pase, luz verde, acceso. Suspiró antes de apoyar la suya. Rojo.

"Net." Volvió a apoyarla con rostro crispado. Rojo. "Mierda."

Revisó a su alrededor unas casillas amarillas. Un hombre sacó su tarjeta Troika, la introdujo sobre un pequeño espacio y arriba insertó el dinero. En la pequeña pantalla tactil elegía las opciones. Pronto sacó la tarjeta y dirigiéndose a los pases. Oksana se acercó a paso apurado con su tarjeta al aire queriendo hablar pero nada salió. La falta de sociabilización, eso en lo que hacía tanto hincapié Anna, le pasaba factura.

A duras penas imitó al hombre. Golpeó de forma bruta la pantalla, sin entender. La máquina no absorbía el billete de 5000 rublos.

"Nuzhna pomoshch'?" Un hombre con gorro se acercó a su lado. Oksana se asustó y lo miró con ojos bien abiertos sin responderle. "¿Entiendes ruso? ¿Necesitas ayudas con eso?" Asintió en respuesta. "Veamos. Cinco mil rublos es mucho dinero para la tarjeta. Estarás bien con mil, te aclanzará para que conozcas la ciudad si eres turista."

El hombre tecleó rápido sobre la pantalla. El billete se absorbió y abajo apareció el vuelto.

"Aquí tienes el cambio y tu tarjeta cargada."

"¿Eres ruso?" Preguntó en un acto de inconsciencia con su boca tapada por la bufanda.

"No. Soy de Francia." El chico de ojos verdes le dio una suave sonrisa. "Ojalá disfrutes Moscú. Que tengas buen día."

Sin más volteó y desapareció entre la gente que entraba a la plataforma. Oksana prestó atención a él como apoyaba la tarjeta sobre el cabezal para que se abran las puertas frente a él. Cuando ella lo hizo se maravilló que las puertas se abran. Se quedó petrificada hasta que una persona detrás de ella gruñó, apurándola. Se asustó y cruzó.

Los pasos fueron automáticos. Revisó la dirección de los trenes con su guía para no tomarse el equivocado, tal como lo había hecho Anna. Una vez dentro del coche se relajó, sabiendo que la estación intermedia sería Komsomol'skaja, aquella que la guía marcaba que la dejaría dentro de la estación de tren Leningradsky.

Faltando varias estaciones aún se bajó su bufanda. La gente a su alrededor la miró algo atemorizada. Sin verse en detalle frente a un espejo volvió a cubrirse.

Cuando el parlante anunció la estación, los carteles guiaron con facilidad a Oksana hacia la estación de tren bajo tierra hacia el hall principal. Revisó con miedo todo su alrededor hasta encontrar las oficinas de venta de boletos. Sin discurso preparado previamente, la mujer la recibió con rostro serio.

"Privet."

"Hola." No se percató en no seguir el idioma.

"¿Adónde viajas?" Respondió sin ánimo.

"Quiero ir a Francia." La mujer de casi cincuenta años le alzó una ceja.

"No tenemos trenes a Francia. Debes tomar un avión para eso."

"¿Un avión? ¿Qué es?"

"No estoy para bromas. ¿Dónde quieres ir?"

La mente de Oksana se bloqueó. La única excusa se había hecho pedazos. Miró a los costados, buscando algún tipo de salida. A un costado la recibía una pequeña cartelería longitudinal.

'Visite Helsinki.' Acompañada de una fotografía de una familia vestidos con trajes de ski y abrazándose.

"¡Hey! No lo preguntaré otra vez, sino llamaré a seguridad. ¿Dónde quieres ir?"

"¡Helsinki!" La operadora le dio una nueva mirada de desconfianza.

"Tu pasaporte." Oksana se lo tendió con miedo. "Ty russkiy?"

"Da." Otra nueva mirada de desconfianza y revisó con detalle la fecha de nacimiento. Dudó más de la cuenta y sin ánimos ingresó los datos en la pantalla.

"Eto oboydetsya vam v pyat' tysyach chetyresta rubley." Oksana sacó el dinero y lo contó antes de tendérselo. "Vy dolzhny-"

"No me hables ruso. Por favor." La mujer le dio otra mirada severa. La joven revoleó sus ojos asustada, pensando. "No lo entiendo muy bien." Suspiró harta.

"Deberás tomarte el tren a Sankt-Peterburg. De allí comprarás otro pasaje a Helsinki." Le dio el boleto con sus documentos y corrió sus ojos a su derecha. "Plataforma cuatro."

"Gracias."

Tan pronto tomó los papeles salió a paso apurado hacia donde le indicaba la mujer. Leyó todos los carteles hasta que encontró el que indicaba su ciudad. Antes de entrar al tren parado con sus puertas abiertas encontró un pequeño puesto de revistas en el medio. Se acercó leyendo unas revistas plegadas hasta que el dueño se acercó.

"Privet."

"¿Dónde queda Helsinki?" El hombre arrugó su rostro pero los ojos brillantes de Oksana evitaron que responda mal.

"En Finlandia. Al norte. ¿Buscas un mapa?"

"Viajo a San Petersburgo pero necesito llegar allí." El hombre buscó en un puesto giratorio y le tendió el manual.

"Aquí. Finlandia. Cuando llegues a la estación saca un nuevo boleto hasta esa ciudad." Oksana lo revisó con inquietud.

"¿Cómo son ellos?"

"¿Acaso no tienes familia allí?" Ocultó su rostro en la bufanda que le cubría desde la nariz.

"¿Cómo llego a Francia?"

"¿Quieres un mapa también?" No respondió. "Es más fácil por avión. En tren tardas más. Si quieres puedo darte un mapa de Europa." Buscó entre los diferentes países.

"¿Europa?" Giró confundido con el papel en mano.

"Niña, ¿Estás bien?" Oksana leyó en su mano 'Yevropa'.

"Sí." Lo tomó y giró para entrar al tren. El hombre descolocado ni siquiera se acordó de cobrarle los mapas.

Una vez dentro revisó su boleto. Caminando encontró una pequeña puerta en el extremo del coche con el cartel 'Tualety'. Sin dudarlo ingresó y atacó el espejo. Se vio el labio hinchado, rojo, sin sangre con una abertura. Se lo acarició y el ardor escaló sin piedad. Abrió el grifo y lo mojó. Más dolor. Le volvió a pasar la lengua buscando la sanación de su saliva.

Toda necesidad de calma de pronto se había esfumado cuando el tren dio un suave golpe, comenzando su marcha. Oficialmente se iba de Moscú, la única ciudad que conocía solo por nombre para ir a otro lugar que no sabía si era el infierno o el paraíso. Sola. Con su bolso negro a su lado. Algo más de dinero. Con el hambre que poco a poco escalaba en ella. Con un caudal de información procesándose a toda máquina. Simplemente quería sentarse en algún rincón a llorar hasta que Anna venga por ella.

Anna.

Buscó dentro del holgado bolso el discman con varios discos. Puso el de Elton John y calzó sus auriculares. Tras dos canciones encontró algo de paz, bajando su nerviosismo. Salió de allí con dos mujeres esperando con mala cara. Acto seguido, se sentó en el primer lugar libre que vio con su bolso a un costado y sus pies repiqueteando. Revoleando sus ojos brillosos sin lágrimas y con su mandíbula temblando, siguiendo con su cabeza el ritmo de Elton en sus oídos. Se debatió internamente si mirar el paisaje por la ventana y descansar un poco sus ojos.

Finalmente fue por la segunda opción.

Un último sacudón en la cabina la despertó. Había llegado a San Petersburgo. El gran caudal de gente desembocó en la plataforma hacia el hall central. Se tomó un minuto para entrar a un pequeño bar, pedir un sandwich que vio en la vidriera y revisar el mapa de Finlandia y Europa en una pequeña mesa. El primer bocado le hizo ver las estrellas. Su labio ardió nuevamente. Cortó el sandwich con sus dedos y los dejó al fondo de sus muelas derechas, evitando mover su perfil izquierdo.

Cuando terminó se acercó a cartelería y encontró el tren a Helsinki. Saldría en tres horas, casi de noche. Repitiendo el mecanismo compró su billete.

"Próxima estación: Laapeeranta." Anunció el parlante.

Oksana revisó la hora. Faltaban diez minutos para que sean las siete de la noche.

Algo bueno estaba ocurriendo: No más Rusia. Ahora el desafío era Finlandia. Cerca de ella dos mujeres de pelo rubio casi blanco charlaban animosamente una lengua que no entendía. Sus rasgos físicos le hizo acordar al anuncio publicitario que invitaba a la gente a Helsinki. Si alineaba las ideas probablemente los fineses serían así: animosos, felices, en definitiva un lugar mejor. Ajustó más su bufanda y se acomodó en su asiento. Prestó atención a la ventana donde le daba la vista de un paisaje nevado y nocturno en los campos fineses. Pronto la masa gris de la ciudad se asomaba pero sin perder el toque de naturaleza.

Sintió que el tren amortiguó su paso a alta velocidad y, como un hilo conductor de su imaginación idílica de Finlandia, vio otra señal del destino. Las vías del tres se acercaban a una carretera elevada por inmensos pilares de concreto. Debajo vio un complejo de pista de go-karts y los pequeños autos serpenteando el asfalto, cubriéndose de alguna nevada bajo la autopista.

Oksana se pegó a la ventana y se paró de su asiento para seguirlo con sus ojos que poco a poco quedaba detrás del tren.

"¡Paren el tren! ¡Párenlo! ¡Quiero bajarme!" Gritó llamando la atención de ambas chicas.

"Tranquilízate. Ahora se detendrá en la estación." Oksana las buscó desesperada detrás de ella.

"¿¡Cómo llego a esa pista!?" Las dos mujeres buscaron a qué se refería.

"No te preocupes. Esto es Laapeeranta. Te será fácil. Hay una calle que corre paralela a las vías y debajo de la autopista. Sigue para ese lado." Tan pronto terminó de hablar el tren se detuvo.

"¿Ustedes son de aquí?"

"Somos de Helsinki. Ella es mi novia." Dijo una de ellas. Oksana recordó su conversación con Anna y abrió sus ojos.

"¿Aquí es legal?"

"Bueno, no nos podemos casar aún. Creemos que en poco tiempo será legal, pero no es delito estar con una mujer. ¿Eres de Rusia?"

"Sí."

"¡Genial! Bienvenida a Finlandia. Te gustará." Las puertas se abrieron. "Supongo que es tu parada. Laapeeranta es muy seguro y lindo."

Oksana asintió entre la consternación y el llanto de felicidad. Definitivamente estaba en el lugar indicado. Salió corriendo hacia las puertas con su bolso a cuestas antes de que se cierre.

"¡Abrígate!" Saludaron desde el tren las dos.

Corrió desde la plataforma hacia la salida. Alineó la calle con la vía del tren y aceleró en dirección opuesta al trayecto del tren. En pocos metros escuchó el rugir de los motores. El primer alivio que sentía Oksana desde hacía mucho tiempo.

Pronto, junto al sonido de los go-karts, se mezcló con los gritos de un hombre voz ronca.

"¡Vamos! ¡Vamos! ¡Cuidado con la horquilla! ¡Bien, bien! ¡Así!" A un costado del circuito no corría sus ojos del vehículo azul. Iba primero con algunos escoltas que no perdían el rastro.

Oksana los vio con ojos abiertos pasar a alta velocidad cerca de ella desde la vereda. Eran incluso más rápidos que los de Rusia, mejor arreglados. Los corredores incluso tenían un overol.

"¡Acelera! ¡Sin miedo! ¡Te están alcanzando!" El hombre perdía la paciencia. La adolescente se acercó lentamente a él. Cuando el auto azul pasó, habló sin gritar.

"Vamos. Eso es. Tú puedes."

El urso de metro noventa no le dio valor alguno siguiendo el vehículo azul con los ojos. En otros puntos del circuito estaban los otros hombres de mayor edad controlando los vehículos, posiblemente sus pilotos. La voz estruendosa a su lado la hizo asustar.

"¡Defiéndete! ¡Maldita sea! ¡Defiéndete como dé lugar! ¡No tomes el interior!" Cuando se acercaron a una horquilla el principal perseguidor del líder lo superó desde la línea externa de carrera. Salió mejor y lo superó. "¡No! ¡Carajo! ¡Maldita seas, pendejo!"

A un costado había una caja de herramientas de metal y la pateó a un lado. Afianzándose en el segundo puesto siguieron corriendo otras vueltas cuando el vehículo rojo detrás del azul lo intentó superar en una recta. Sin verlo maniobró para ese lado haciendo que su rueda trasera y la delantera del tercer go-kart tocaran y giren sin control sobre su eje hasta impactar contra la valla de contención.

Los motores, las ruedas y parte del chasis de ambos vehículos quedaron con daños visibles.

"¡No! ¡No! ¡Maldición!" Sin querer seguir insultando, el hombre se apoyó sobre la valla y se tapó su rostro, casi al punto del llanto. 

Dentro del circuito ambos adolescentes se quitaban sus cascos y tenían un cruce de palabras, recriminándose la maniobra en la pista a medida que quitaban los restos de sus kartings.

Pocos minutos después el chico con el overol blanco y azul se acercó al hombre. 

"¡Eres un maldito estúpido!" Gritó con ira. "¡Mira cómo has dejado mi karting! ¿¡Quién mierda se supone que va a arreglarlo!? ¡Lo he dejado todo allí y tú conduciendo como una anciana hemipléjica y ciega! ¡Quítate el maldito overol y lárgate de aquí, maldito fracasado de mierda!"

"No quería seguir conduciendo para tí, maldito viejo alcohólico."

"Al menos tengo más pelos en las pelotas que tú, pendejo de mierda."

Con ojos abiertos y revoleándolos, Oksana veía el cruce entre ambos hombres. Para ellos, la chica con el saco negro y su bolso era totalmente invisible. Un minuto más tarde el niño se sacó el overol, se abrigó y se fue a paso molesto por la misma calle en la que estaba ella.

Oksana se quedó oculta. Viendo como el hombre juntaba las cosas y se dirigía a su camión abierto tirando las herramientas y accesorios. Unos quince minutos después trajo en un pequeño carro el go-kart destruido hasta ponerlo a la altura de la caja trasera. La rusa quería hablar pero no le salían palabras así que simplemente se mostró hacia él desde el otro lado. El hombre la miró extrañado y enfurecido.

"¿Quién mierda eres? Halloween ya pasó." Tiró pequeños fragmentos de metal dentro de la cajuela.

"¿Qué es Halloween?"

"¿Qué es esta puta broma? Vete a la mierda Batman de poca monta."

"¿Quién es Batman?"

"¿Es en serio?" Se aproximó a ella a zancadas y Oksana empezó a temblar en su lugar. "¿Qué mierda quieres?"

"Perdón. No sé quienes son. Hola. Soy Oksana."

"¿Eres una niña?"

"Sí. Perdón." Bajó su bufanda enseñando el restante de su rostro y junto a ello su herida.

"¡Carajo!" El hombre dio unos pasos hacia atrás dejando que la luz de calle la ilumine mejor. "Eres como el maldito Tony Montana."

"¿Quién?"

"¿Tony Montana? ¿Scarface?" La falta de respuesta hizo que negara con su cabeza, sacando sus pensamientos y miró con atención el corte. "¿Te encuentras bien? Esa mierda tuvo que doler."

"Me pica un poco." Se cubrió nuevamente con su bufanda.

"¡Oye, no! No te tapes con esa mierda. De seguro ya lo tienes infectado."

"Pero tengo que cubrirlo para que sane." El hombre se tomó unos segundos y arrancó desde cero.

"¿Quién eres? ¿Qué haces aquí? ¿Cuántos años tienes?"

"Oksana Ast-" Dejó la frase en el aire. "Me he ido de mi casa y tengo dieciséis años." El señor analizó sus opciones.

"Genial, Oksana. Vuelve a tu casa, ¿Sí? Es tarde."

"No puedo. Me han echado."

"Con esa mierda en tu cara también te echaría."

"¿En serio?"

"No. Te estoy jodiendo." Pasaron otros segundos hasta que ella, que pensaba a toda máquina, cortó.

"¿Estamos sociabilizando bien?"

"¿Qué?" Otro silencio. El hombre volvió a negar al aire, evitando enroscarse en esta rara situación. "Mira, sea lo que sea, debes irte. Suficientes problemas tengo aquí con esta mierda. Ni siquiera sé de donde mierda sacaré dinero para arreglarlo." Dijo apuntando al karting.

"Puedo ayudarte. Tengo dinero." Otro cruce de miradas. Él buscando la verdad en sus grandes ojos. Ella pensando en correr o quedarse. "Y sé conducir. Quiero conducir. Quiero conducir eso. Ayúdame y te ayudaré."

"¿Qué haces tú con dinero? ¿Lo has robado?"

"No." Silencio. "O sí. A mi padre. Pero necesitaba irme de mi país." El frío finés de a poco se colaba entre el saco de Oksana. Los nervios ya no eran de ayuda para mantenerse en calor. "Por favor."

"¿Cuánto dinero tienes?"

"No lo sé. Lo suficiente. Son muchos papeles."

"¿Por qué te ha echado tu padre?"

"Porque no quiero ser lo que él me obliga a ser."

Allí lo vio. Un acto de rebeldía. Entre su timidez, su Belerofonte y su Pegaso ocultaba un monstruo que no sabía de qué magnitud sería. Su Quimera.

"Yo-" Se planteó todo desde cero. "Yo no me quiero meter en problemas. ¿Tú padre es de la mafia?"

"No lo sé. ¿Qué es la mafia?"

"¿Tienes problemas de desarrollo o mentales?"

"No. Perdón. No me han enseñado nada del mundo moderno. O sé muy poco. Por eso necesito que me ayudes. Y yo te ayudaré a ti. Puedo correrlo y ganar. ¿No es eso lo que querías allí?" Apuntó hacia el circuito.

"Hay dinero en juego y ni siquiera debes saber conducir." 

"Lo hice. Dos veces. La primera casi gano. La segunda gané. Yo no fallo." El hombre la examinó con ojos entrecerrados.

"¿Eso te enseñó tu padre? ¿A no fallar?"

"Sí. Tengo rápida comprensión de las cosas. Solo necesito estudiarlas. Supe que tomó mal las curvas." Otro silencio y Oksana se empezaba a desesperar. "Por favor señor. No tengo otro lugar a donde ir y tengo miedo de pasar la noche sola en la calle. Te ayudaré a ganar todo el dinero que quiera si me deja correr y tengo un lugar donde vivir." Suspiró entre dientes.

"Sabes que no soy un violador ni nada de eso, ¿Verdad?"

"¿Qué es un violador?"

"Oh, carajo."

"Perdón... Señor."

"Anton. Mi nombre es Anton. Oye, escúchame con mucha atención." Se acercó a ella y la apuntó con su índice. "Si algo de ti no me gusta o veo que te vuelves holgazana como ese maldito hijo de puta, te echaré de nuevo y te dejaré en la maldita frontera de tu maldito país. ¿Me oyes?"

"Claro que sí. No te decepcionaré siempre y cuando pueda conducir... Anton." Se alejó dándole una nueva vista desde su metro noventa.

"Tendremos que ir a un hospital por tu cara."

"¿Puedes arreglarlo tú? No quiero que nadie sepa de esto."

"¿Por qué?"

"Porque no quiero que nadie más me vea así. Quiero arrancar desde cero."

"Un médico sabe cómo arreglar esa mierda. No yo. Y no puedes dejarlo así. Se puede infectar y puedes morir."

"Eso no es tan malo." El hombre juntó sus cejas. "Me han dicho que es pacífico y nadie me extrañará, así que no lastimaré a nadie."

"Oye, pendeja de mierda. La muerte es algo malo. Muy malo. ¿Lo entiendes?" Apoyó su mano pesada sobre su hombro y siguió. "Haré lo mejor que pueda, pero..." Reforzó la última palabra. "Sí veo que se pone peor iremos sí o sí a un hospital. ¿De acuerdo?" Oksana asintió.

"De acuerdo. No me infectaré. No moriré. Fácil." La mujer levantó su pulgar, así como había aprendido en Rusia. Anton volteó para concentrarse en el go-kart.

"Te dolerá como la maldita mierda, pero como tú quieras."

"No hay mucha sangre. No dolerá."

"Ven, ayúdame a levantar esta mierda a la cajuela."

"¿Por qué llamas 'mierda' a todo? Creí que era algo malo. Y este go-kart es algo bueno."

"Sí. Pero tú también eres una mierda y nadie te dice nada. Así que empieza a modificar tu vocabulario de nena de dos años." 

Cuando Anton hizo fuera hacia arriba el lado de Oksana se levantó poco.

"Está pesado."

"¿No tienes fuerza?"

"No lo sé. ¿La tengo?"

"Claro que no. Mierda. Déjame."

"Claro, mierda."

"Está mal aplicado ahí. Cállate y sube a la camioneta." De mala manera alzó el go-kart y lo tiró sin cuidado sobre la cajuela.

La vieja camioneta Ford del 80' vibró generando diferentes sonidos. A medida que avanzaban por las calles blanquecinas de la ciudad finesa Oksana revisó nuevamente a Anton. Cabello canoso en mezcla con un rubio platinado. Arrugas, barba de dos días, ojos azul claro. Robusto, poco abrigo. Finés de pies a cabeza.

"Necesito comprar algunas cosas en la farmacia para esa mierda. ¿Tienes dinero? No lo pagaré yo." Oksana buscó en su saco algunos papeles y los tendió. "¿Rublos? ¿En serio?"

"¿Acaso no es dinero?"

"¡Sí! ¡Pero aquí usamos el Euro, maldita imbécil!"

"Sólo tengo de estos." Anton frotó sus lagrimales. "¿No sirve? ¿Tengo todo esto para nada?" Dijo con tristeza.

"Lo tienes que cambiar en una casa de cambio. Ya es tarde para ir a una. Carajo, soy el maldito papá Noel de la maldita Finlandia. Perkele." Se bajó de mal humor frente a la casa con cruz verde en el frente y volvió con un pequeño estuche. "Es lo último que hago por tí, maldita adolescente."

"Perdón."

Diez minutos después llegaron a su casa pequeña y desarreglada.

"Bájate."

Oksana vio un pequeño comedor-cocina con una mesa y un sofá. Había cosas tiradas en el piso y no estaba limpio en absoluto. Con cuidado dejó su bolso en el piso y quitó su abrigo y bufanda. Sin dirigirle la palabra, Anton le mostró una silla y ella se sentó de manera recta con sus manos sobre los muslos. Atenta y asustada.

"Oye, no estamos en el colegio militar. Siéntate tranquila."

"¿Qué es eso?" Con cejas juntas corrió su mirada y suspiró, harto. Sacó una botella transparente con algo de líquido dentro.

"Bebe." Volteó para preparar la aguja y el hilo. 

"¿Es agua?" 

"Sí."

"¿Tienes un vaso?"

"Bebe del maldito pico." Con desconfianza lo aproximó a su boca.

El simple contacto mandó una ola de electricidad y dolor a su cuerpo. La herida pasaba factura. Aún así lo intentó nuevamente y bebió el líquido. El fuego arañó con brutalidad su garganta y todo su esófago. Oksana gruñó sin soltar la botella.

"Es agua bendita. Vodka. A ver, déjame ver esa mierda. Ojalá que la instrucción militar sirva de algo." Tomó la botella y tiró líquido sobre la aguja con el cordel y despreocupadamente sobre el labio. Oksana cerró con fuerza sus ojos. "Ahora quédate quieta porque esto te dolerá como la mierda."

La mano izquierda enorme de Anton sostuvo el maxilar y el índice y el pulgar unieron los dos pedazos de piel. Pinchó en el extremo superior de la herida y cruzó la aguja cóncava por allí. 

"No puedo. ¡No puedo!" Oksana buscó alejarlo con sus manos.

"Oh, no. Ahora no quiero quejas." Soltó la aguja y ajustó las manos detrás de la silla. Buscó a un lado y otro y encontró su bufanda. La envolvió alrededor de sus muñecas mientras tocaba sus manos.

"¡No! ¡No! ¡No me toques las manos! ¡Mierda!"

"¡No te estoy haciendo nada, llorona de mierda! ¡Cállate! Tus malditas manos están bien. Carajo. ¿Por qué te preocupa?"

"Es lo que uso para ser buena. Necesito cuidarlas." El hombre la soltó. Oksana se inclinó hacia adelante con el hilo y la aguja colgando de su labio. 

Sin preguntar, Anton hizo un nudo en su codo izquierdo. Tiró el brazo hacia atrás y cruzó la tela hacia el derecho, haciéndole otro nudo a la misma altura. Sus brazos y la bufanda formaban una 'H' perfecta y sus manos completamente libres.

"Gracias." Balbuceó la niña.

"Terminaré con esto y me iré a dormir porque me has tocado demasiado las pelotas con tus pedidos."

Volvió a tomar la aguja colgando y tiró hasta que el hilo quedó bien ajustado debajo de la piel. Repitió el proceso de sutura simple usando la concavidad de la aguja para pasarla por debajo de la grieta hecha y unirla con fuerza. 

Cuando Anton terminó hizo un modesto nudo sobre su labio y por primera vez se animó a mirar el rostro de Oksana. Estaba ido, tranquilo. Sin llanto. Con algún rastro de dolor oculto.

"Eres rara como la mierda, pero de a poco me caes bien. Que no hayas llorado dice mucho de ti."

"¿Quedó bien?" Balbuceó sin mover el labio superior. Revisó una vez más su obra y sonrió con asco.

"Soy un maldito genio. ¡Claro que quedó bien! Y estoy muy seguro que no te quedará ninguna marca."

"¿Quedaré como antes?"

"Puedes apostarlo. Ahora ten. Como en la Guerra, te lo has ganado así que bebe." Le dio la botella y el brazo bailó a sus espaldas, intentando agarrarlo. Anton deshizo el nudo de un tirón.

"Gracias señor." Bebió sin cuidado y recordó el ardor. "¿Tienes agua?"

"Sí. En las tuberías. Me iré a dormir. Tú también hazlo y no tapes esa mierda que tienes en tu cara. Y no me llames bajo ninguna circunstancia a menos que te estés muriendo." Asintió sin miedo.

"¿Dónde está mi cama?"

"Usa el sillón, cariño. Esto no es un maldito penthouse."

"¿Qué es-?"

"¡No te explicaré todo, maldita seas! ¡Cállate y déjame dormir!"

El estrés había sido lo suficientemente pesado para castigar el débil cuerpo de Oksana. Y el alivio aún mayor para llevarla al sueño. Con cuidado se acostó sobre el sofá y cerró sus ojos. Su cabeza daba vueltas por dos motivos. El primero las decisiones tomadas ese día que podrían enmarcar una nueva vida. Y el segundo no lo sabía, pero intuía que era esa bebida que había quemado su garganta.

Al día siguiente Oksana se espantó cuando encontró el techo agrietado y música incomprensible a alto volumen. Cuando se incorporó su cabeza retumbó con fuerza generando migraña. Gimió de dolor y se tomó la frente. Su piel estaba húmeda.

"Apaga eso."

"Buen día pedazo de mierda expuesta al sol."

"Me siento mal."

"Imagínate como me siento yo que me levanto para comer y me encuentro con tu cadáver en mi sillón." Giró para encontrar a Anton comiendo pan con la boca abierta y sentado en una silla con las piernas abiertas. Sobre la repisa a un costado había un pequeño equipo de música conectado a un MP3 reproduciendo la canción 31.

"Habla más bajo, por favor. Me duele la cabeza."

"Dos gotas de vodka, ¿Y estás así de mal? Carajo. ¿Eres la hija de Blancanieves o algo así?"

"¿Quién es Blancanieves?" El hombre gimió al aire.

"Oh, que me jodan. Tienes un olor a mierda insoportable."

"Necesito un baño."

"Y yo necesito cambiar tu dinero. ¿Dónde lo tienes?"

"Iremos juntos. No te llevarás mi dinero."

"Mírate. Coserte tu maldita cara te ha dado valentía. Me sorprendes, Barbie soviética."

"¿Quién es Barbie?" Anton se paró y acercó su cara a centímetros de la de ella.

"Hueles a repollo."

"¿Huelo bien entonces?"

"No. Hueles a mierda hervida. Vete a bañar antes de que te vomite tu maldita cara deforme."

"No tengo mucha ropa." Anton gruñó. Se levantó hacia un cuarto y volvió con una remera blanca que era de él con la inscripción de 'WEST' en negro y líneas en rojo. "Esto te entrará."

Cuando Oksana salió del baño vestía solo la remera que le llegaba a la mitad del muslo. Se observó el cuerpo y levantó los brazos como un espantapájaros.

"Creo que me queda algo grande."

"No soy modista así que púdrete y vete a comprar ropa. Me molesta que estes vestida como en un maldito velorio."

"Pero es la ropa que siempre usé."

"Si, bueno. Bienvenida al siglo veintiuno. Es más mierda que el siglo veinte." Le dio dos palmadas en el hombro antes de retirarse de la casa. Oksana siguió estirando su ropa.

El dinero bastaba. Y más. Anton se sentía en falta si traicionaba a la pequeña niña de la que aún comprendía poco y nada. Tres mil euros. Bastaban más de quinientos para arreglar el go-kart y, de una manera y otra, él seguía trabajando como mecánico de algunos vehículos antiguos. El clásico mecánico de confianza ya olvidado en el tiempo.

Dos semanas después de haberle cosido el labio, Anton se acercó a ella sentada en una silla.

"Déjame ver. Sonríe." Le pidió.

Oksana tiró de ambas comisuras hacia arriba pero rápidamente la izquierda donde tenía los puntos cayó. Automáticamente se formó una risa lateral, casi maléfica. Anton arrugó su rostro y retrocedió.

"¡Luces como la maldita mierda! Jesús. En tu puta vida vas a verle la cara a Dios así de deforme."

"¿Tú le has visto la cara a Dios?"

"Sí. Tiene dos tetas increíbles y gime bien alto."

"¿En serio? Porque creo que a mí me gustan las mujeres." Escurrió su lengua hacia el hilo en su labio.

"¿En serio te gustan las mujeres? Bueno, es algo nuevo entre los jóvenes. ¿Qué mierda haces con tu lengua?"

"Anna me dijo que ayuda a sanar la saliva. Por eso lo humedezco."

"¿Anna es tu novia?"

"No." La respuesta corta alarmó a Anton que asintió sin proseguir.

"De acuerdo. Mañana llegarán las piezas para el go-kart. Sería bueno que me ayudes."

"Claro. Me gusta aprender."

"¿Segura sabes conducir?"

"Yo no miento, Anton. Te haré ganar."

 

 

 

"Y así fue."

Eve seguía sentada, con ojos abiertos y prestando atención al detalle de la narración sin poder creerlo. Villanelle la observó con ojos tranquilos, casi cotidianos. La británica balbuceó al aire.

"Belerofonte y Pegaso se transformó en Quimera."

"Algo así."

"¿Y allí empezaste a competir?"

"Sí. Recuerdo la primer carrera que competí, la gané con resto y él estaba entre feliz y sorprendido."

"Pero... Tus documentos. ¿Aún eres Oksana Astankova?"

"No. Cuando el verano llegó a Laapeeranta vi los tatuajes de Anton y terminó confesándome su pasado criminal. Pero ya sabemos como son los países nórdicos con ello, reflexionan mucho y se perdonan a sí mismos. Aún así mantuvo sus contactos dentro de los criminales y, luego de juntar dinero en algunas carreras, pedí que cambiara mi identificación con ellos porque mitad de la pandilla eran fineses y el resto rusos."

"Mantuviste tu apellido."

"Mantuve mi apellido y mi fecha de nacimiento. Es lo que me identifica. Mi padre siempre ponía en los programas de presentación solo mi nombre por miedo a que fracasara en pleno espectáculo. Con el correr del tiempo terminé tiñéndome el cabello de rubio. Sería más difícil de identificarme pero no imposible. Tal vez en algún futuro, si fuese conocida, mi padre podría darse cuenta de mi por mi apellido. Era arriesgado, pero da igual."

Eve cubrió su boca con los dedos, razonando poco a poco mientras frente a ella aún tenía una Villanelle (u Oksana, no lo sabía) parada recta frente a ella con el violín, el antifaz y el arco en sus manos juntas.

"¿Él te ha enseñado a ser así de ruda?"

"Costó, pero sí. Me ha enseñado a pelear. Incluso me he golpeado con otros competidores por maniobras. Él ha sido el principal en enseñarme el mundo exterior. Europa. Todas las cosas que me perdí a lo largo de mi infancia y adolescencia. Heredé muchas cosas. Incluso me ha mostrado mucha música y eso es algo impagable para mí."

"¿Y por qué te alejaste de él?"

"Hacia tiempo que venía con la idea en mi cabeza de irme a Francia, quería saber cómo era y cuando lo visité por primera vez, no quise irme. Él no tuvo otra opción que dejarme ir. De todas maneras ganó mucho dinero conmigo como piloto y yo necesitaba crecer. Los go-karts no eran mi destino ni mi techo. Ansiaba más."

"Y cuando llegaste a Francia-"

"Estuve unos años compitiendo para distintos dueños de Go-karts hasta que se me presentó la ocasión de ir a Fórmula Dos. Entre medio me casé de manera forzada y conseguí mi ciudadanía. Cuando entré en el profesionalismo mi bandera era la francesa."

"¿Y Villanelle? ¿Por qué el nombre? Nunca lo he escuchado."

"Anton estuvo casado y su mujer había sido asesinada. Algo bastante raro que nunca quiso explicarme en detalle por su pasado criminal. Él aún retenía cosas de ellas y una era su perfume: La Villanelle. Aparte era muy parecido a unos de los pilotos de Fórmula Uno antiguos-"

"Gilles Villeneuve."

"Exacto."

Eve se paró del asiento y se acercó lentamente a Villanelle. Posó su mano sobre su mejilla y acarició apenas su cicatriz.

"¿Tienes miedo?"

"No. ¿Tú?"

"No."

Mantuvieron las miradas intensas entre ellas hasta que los ojos de la rubia se escurrieron hacia los labios de Eve.

"Muy bien. Eso es todo entonces." Dijo la británica antes de alejarse, cortando el contacto.

Se alejó hacia las puertas a paso suave. Villanelle no podía efectuar nada de su boca.

"¿Te gusta pescar?" Finalmente cortó Eve deteniéndose.

"Lo he intentado y me fue para la mierda."

"¿Quieres intentarlo otra vez?"

"¿Sabes hacerlo?"

"Bill tiene algunas cañas en el yate y aprendí algo con mi padre. Iré a Cerdeña finalmente pasado mañana unos días pero podemos ir al mediterráneo a pescar."

"¿Ahora?"

"Mañana, caracol. No llegues tarde, avisaré a Tom que prepare el yate para zarpar temprano."

 

 

 

Villanelle llegó con un pequeño bolso a cuestas, el reloj marcaba las ocho de la mañana. Eve la esperaba con sus antebrazos apoyados sobre el borde metálico con lentes puestos.

La rubia lanzó su bolso justo al lado de Eve que lo miró con indiferencia.

"Oye Yokohama, acomoda mi vestuario en tu botecito."

"Tom te ha armado una cama en el piso de la cubierta exterior. Disfrútala."

"Puedo enfermarme."

"Ya lo estás de la cabeza."

"Así no nos vamos a llevar bien, cariño."

Para el mediodía, con una pequeña caña, las dos se posaron sobre el deck a pescar en medio de altamar.

"¿Cómo es que sabes tanto?"

"Mi padre me enseñó."

"¿Te llevas bien con él?"

"Me llevaba. Sí. Nos queríamos mucho."

"Perdón. No soy buena con el dolor ajeno."

"No es necesario." Eve se paró y se dirigió a lo sillones cerca para tomar agua con su short negro y su musculosa puesta. Villanelle aprovechó para darle una mirada de arriba a abajo a su cuerpo tonificado y bebiendo.

Quitó sus lentes y los tiró sobre una mesa cerca. Sorprendió a Eve por detrás que soltó la botella y volteó. Sin escapatoria, Villanelle la tomó del rostro y de la cintura para besarla con fervor.

Eve respondió rápidamente. Buscó las caderas de Villanelle por debajo del pescador de lino claro y suelto y presionó. Las dos envueltas en una marea de labios y lenguas rabiosas. Antes de que la rubia haga su próximo movimiento se escuchó un ruido dentro de la cubierta seguido de una pequeña campanilla. Eve se alejó alarmada pensando que Tom estaba cerca pero no lo vio.

"¿Te asusta que nos vea el pendejo?"

"No dejaré que me vea contigo."

"¿Por qué? ¿Te doy vergüenza?"

"Mantengo mi privacidad en mi privacidad. Ya te lo he dicho. Que hayamos tenido sexo una vez puede significar todo y a la vez nada."

Alejó su contacto para darse cuenta que su celular marcaba una mensaje recién llegado de Bill.

'¿Dónde estás? ¡La llamada no entra! ¿Sólo usas el internet del yate? ¡Respóndeme cuanto antes!'

Sonido. Otro mensaje. 

'¡Eve! ¿Tú le has enviado los planos a Carolyn de las reformas del W12 cuando finalizó la carrera de Bélgica? ¡Estamos en problemas! ¡Brackley ahora mismo!'

Eve abrió sus ojos hacia la pantalla. Villanelle la vio.

"¿Todo bien?"

"No." Susurró. "Carajo."

"¡Eve!" Unos golpes graves resonaron cerca de ellas, era Tom corriendo por la cubierta hasta encontrarlas. "Teléfono desde la cabina. Es Bill."

"Oh, no." Lanzó el celular y empujó a Villanelle, corriendo hacia adentro. Frente al timonel había varios sistemas de comunicación. Un teléfono estaba descolgado. Lo tomó y habló. "¿Bill?"

"¡No respondías los mensajes!"

"Recién hace un segundo leo todos. ¿Qué ocurrió?"

"Eve, los modelos que has enviado ya tenemos los prototipos fabricados y listos para probar. Acaba de llegar una filmación recientemente a la fábrica. Yo llegué hace quince minutos. Supe que te encontraría en el teléfono del yate."

"¿Qué ocurre, Bill?"

"Eve, los prototipos." Suspiró, buscando sus palabras. "No sabemos cómo. Red Bull los adhirió a su monoplaza."

La británica alzó su vista impactada sin responder.

"¿Eve?"

Cortó el teléfono de un golpe contra la pared. A su espalda a pocos metros estaba Tom, blanco pálido. Ella giró hacia él.

"Regresa a la costa ahora mismo." Habló con aire filoso.

Había trabajo que hacer.

Chapter Text

Eve volvió para tomar su agua y algunos objetos personales sobre la mesa exterior. Cuando alzó su mirada encontró a Villanelle de una manera que nunca vio. Atenta, con sus ojos abiertos como un gato, pero paralizada.

"¿Dónde vas?"

"Se acabó el cumpleaños. Iremos a la costa." Entró nuevamente a cubierta y tomó algunas cosas más a su paso. Villanelle la persiguió.

"¿Qué ocurre?"

"Nada que te incumbe."

"Creí que estábamos pescando."

"Precisamente lo último que hicimos fue pescar y tengo trabajo que hacer." Villanelle se acercó a ella y la tomó de las caderas. Eve la miró atenta y fría.

"¿Qué mejor trabajo que aprovechar el día con-?" Las manos de la británica fueron a la parte baja del abdomen y la alejaron de sí.

"¿Acaso tú no entiendes lo que ocurre aquí?" Eve resopló grotescamente. "Mientras tú actúas como ebria y tienes sexo con cualquiera, yo tengo que trabajar para que nuestros autos rindan y sean los mejores."

"¿Eve?" La rubia la miró a la distancia con sus cejas unidas y relajó su rostro de manera siniestra. "Arruinas el momento."

"Lo que digas, cariño. Esto no es un juego de niños." Dio algunos pasos más por la cubierta, se detuvo y volvió a mirarla por encima de su hombro. "Mi único consejo es que vuelvas a tu casa y descanses con tu gato." Giró nuevamente y gritó con fuerza hacia la cubierta superior. "¡Vamos Tom! No tengo tiempo que perder."

En el dormitorio armó su bolso de viaje con las prendas que había llevado desde Suiza. Jamás sintió la presencia de su acompañante. Se mantuvo allí, en paz. Minutos después, a máxima velocidad que proporcionaban los motores Yamaha, salió a la cubierta trasera para encontrar a Villanelle mirando el horizonte, inmutable, con sus pies sobre la mesa, desalineada y con rostro fruncido.

"¿Qué te ocurre?" La pregunta escapó sin querer desde la británica mirándole su perfil.

"Vete a la mierda."

"¿Te pones así cuando las cosas no salen como las esperas? Bastante madura de tu parte."

"¡Vete a la mierda, karate!" Villanelle giró su rostro para gritarle de frente. Eve resopló bajo negando.

"Sigues siendo la misma egocéntrica de mierda."

"¡Púdrete!" Una suave capa cristalina se formó en los ojos de la rubia.

El tono filoso, y el enojo propio, obligó a Eve a girar hacia la proa esperando que Tom frene el yate y lo amarre cuanto antes. Con la caña trabada en un depósito del deck trasero y su acompañante alejada, Villanelle la tomó y la partió a la mitad con su muslo, dejándola a un costado.

Con sus lentes puestos, Eve bajó de un saltó desde l