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BRACKLEY, INGLATERRA.

 

Villanelle repiqueteaba su pie contra el piso lustrado. No porque estuviese nerviosa, sino por el malestar. Malestar físico y malestar psíquico por hacerla esperar.

Había llegado con su jean algo suelto, su camisa rojo oscuro casi vinotinto, su saco de abrigo negro y sus borcegos marrones Timberland.

Las oficinas de Brackley, al norte de Londres, lucían tristes. Vacías. Monocromáticas. Sus brazos estaban estirados en las sillas contiguas en la sala de espera. Cerró sus ojos y movió su cabeza hacia un lado y otro, esperando que la migraña desaparezca como por arte de magia.

Su estómago estaba prendido fuego. La acidez escalaba por su garganta trayéndole varios y cortos eructos que desprendía en silencio. Suspiró al aire una vez más, buscando una bocanada de alivio a su resaca.

Frente a ella, a dos metros detrás de un escritorio, una mujer de pelo carré ceniza tipeaba sin concentración. Sus ojos se deslizaban esporádicamente sobre el cuerpo casi derretido de Villanelle en la silla, fracasando en disimular.

La piloto lo notó y le clavó la mirada con los ojos centrecerrados.

"Oye, tú." Con cara de espanto respondió al llamado enfrentándola casi temblando. Se señaló el rostro con dudas. "Sí, tú. ¿Hay alguien más en este maldito velorio?" Los ojos rastrillaron rápidamente el ambiente en silencio y vacío. "¿Tienes algo para la resaca?"

La pregunta dejó en blanco la oficinista que solo abrió su boca sin emitir sonido. Villanelle revoleó sus ojos en disconformidad acompañado de otro suspiro. Para ella los ingleses eran todos iguales. Pálidos, secos e insípidos.

En medio de su aburrimiento siguió su propio juego.

"Oye." Buscó nuevamente la atención de la joven. Levantó su barbilla antes de preguntar. "¿Sabes quién soy?"

"No..." Vociferó por primera vez con nervios. Villanelle levantó una ceja, sin dar crédito que no la reconociera. "No bebo durante la semana. Lo lamento."

La piloto arrugó su rostro, casi incrédula.

"¿Sufres delay o un derrame cerebral?" En cuanto terminó la pregunta un eructo de mayores decibeles resonó en la sala. Tapó su rostro con sus manos y apuntó al techo gruñendo. "Puta madre, que resaca de mierda. ¡Me siento fatal!" Extendió la pronunciación de la última letra al aire con un grito.

"¿Necesitas un antiácido estomacal?"

Una tercera voz profunda, seria y armoniosa acaparó la sala. Villanelle escurrió sus manos hacia su regazo para encontrar a su derecha la mujer igual de alta que ella pero con varias décadas de más. Llevaba pelo corto, perfectamente acomodado, alhajas y lentes. Su mirada era de total atención. Torció su rostro ante la falta de respuesta.

"No. Necesito un maldito anti-vida o reiniciarme como una Playstation dos." La mujer abrió la puerta de madera, dándole paso a la oficina. Con voz ronca, Villanelle volvió a quejarse a medida que se ponía de pie. "¿No tienen aquí sillas de ruedas? Maldita sea."

Caminó arrastrando sus pies hacia ella. Cuando llegó a su lado tomó su puño derecho y lo puso frente a sus labios, intentando ahogar sin éxito un nuevo eructo. La mujer cerró la puerta tras ella.

Villanelle encontró una oficina sencilla de casi cuatro metros cuadrados. A su izquierda dos ventanas en la parte superior con unos muebles que auspiciaban de archivero por debajo. Sobre el mismo lado estaba el amplio escritorio con algunos retratos todos apuntando al dueño. En la pared opuesta otros archiveros y un celular cargándose.

La piloto notó que el ambiente carecía de oxígeno, casi pesado. Sobre uno de los muebles había un sahumerio color marrón.

La resaca de Villanelle mezclada con la falta de aire puro la molestó aún más. Sin anunciar sus movimientos tomó el incienso y lo acercó a la ventana para tirarlo. La abrió y se percató que afuera estaba lloviendo.

"¿En qué momento-?" Se preguntó a sí misma. "Oh, cierto que estamos en este país de mierda en donde el sol se va de un segundo para otro." Dijo mirando al exterior. La lluvia aumentaba su mal humor, como si fuese posible. Extendió su mano hacia afuera y el sahumerio se apagó inmediatamente.

"¿Te importaría cerrar la ventana? Está entrando agua y mojando los archivos."

"¿Tienes plantas? Puedo regártelas gratis si quieres." Villanelle abrió sus ojos mirando a la mujer parada en medio de la oficina y levantó aún más la ventana, casi de manera provocativa para que ingresara más agua.

La mujer se acercó a la silla de la visita frente al escritorio y la corrió hacia afuera.

"Siéntate."

"¿Qué necesitas Carolyn?"

Villanelle cerró la ventana y caminó por el costado de los archivos hasta llegar al celular que estaba cargándose. Lo desenchufó y conectó el suyo. 

"Ponerle un moño a nuestro acuerdo. Deja mi celular en su lugar."

"Oye, ¿Qué no te han enseñado ser solidario con la corriente eléctrica?" Villanelle vio el fondo de pantalla que tenía la imagen de Carolyn con la mujer que estaba afuera de la oficina y un hombre de pelo corto. Marcó su rostro de confusión. "Veo que te gustan jóvenes. ¿Te revuelcas con tu asistente y tu marido lo permite? Eres toda una sugar mommy."

"Es mi hija. Geraldine."

"¿Estás segura?" Abrió sus ojos y su boca en sorpresa. La morocha se sentó en su gran sillón detrás del escritorio.

"Sí. ¿Por qué lo dices?"

"No se parece en nada a ti." Se ahogó un segundo en sus pensamientos y alzó sus cejas en sorpresa, casi dándose cuenta de la verdad. "Oh, ya veo. Has rentado un útero, ¿Verdad?" Marcó una falsa lástima con su rostro. "Lamento mucho que no puedas tener hijos propios. Pero te evitarás que la piel se caiga y te cuelgue, además-"

"Siéntate." La voz salió lo suficientemente filosa como para que Villanelle haga una mueca de susto fingido.

La piloto se acercó a su silla y dejó caer su cuerpo pesadamente, suspirando con carga una vez más. Masajeó su frente con sus ojos cerrados mientras esperaba que Carolyn rompa el hielo sobre temas que, para ella, no eran en absoluto importantes. Y a la vez sí.

"¿Noche difícil?"

"Te quedas corta." Respondió sin mirarla.

"¿Sabes con qué se va la resaca?" La rubia murmuró esperando que continúe. "Con más alcohol."

"¿Tienes aquí?"

"No." Una risa con mezcla de resoplido salió de Villanelle y la miró a los ojos.

"Cierto, ¿Qué sabes tú? Probablemente lo más fuerte que has tomado es jugo de pomelo con agua finamente gasificada."

"Una noche Paul compró champagne Chablis Extra Brut para toda la comitiva. Estuve tres días con dolor de cabeza. Imperdonable."

"¿Quién carajo es Paul?" Los ojos avellana bailaron en la habitación con sofoco.

"Un hijo de puta."

"Un hijo de puta mezquino."

"Tan mezquino que es el dueño de todo esto." El comentario llamó la atención de Villanelle una vez más.

"Ya veo. Tú no eres la verdadera jefa, ¿Cierto?"

"Soy tu jefa y con eso alcanza." Dijo con ojos amenazantes. "Ahora bien. ¿Has leído el contrato?"

"Mi abogado lo ha hecho." La rubia rascó su cabeza con indiferencia. Carolyn sacó las dos carpetas, una para Villanelle y otra para la escudería Mercedes.

"Genial. No habrá mayores problemas. Firma aquí." Dijo abriendo y dejando un bolígrafo sobre la hoja.

La rubia lo tomó con indiferencia, leyó la parte final donde tenía que firmar y escribió encima de donde figuraba su nombre. Sus dedos trazaron un círculo, alrededor marcó unos rayos dibujando un sol de manera infantil. En el centro le hizo dos ojos y la boca tenía forma de 'V'.

"Ahí tienes. Soy tu esclava ahora." Repitió el proceso sobre la copia de al lado.

Carolyn miró con desaprobación el dibujo infantil, cerró una de las carpetas y se la extendió. Tocó un botón que estaba en la consola del teléfono, hablándole a su secretaria.

"Hazlo pasar, Geraldine."

Cinco segundos después la puerta se abrió con un hombre y una cámara de fotos en su pecho.

"¿Qué carajo-?" Villanelle arrugó su cara en desaprobación mirando al hombre.

"Tomaremos una foto para la prensa por tu nuevo contrato. Ven, dame la mano." Carolyn asintió al asistente que rápidamente alzó la cámara hacia ellas. Al mismo tiempo estiró su mano por encima del escritorio.

La rubia se paró algo mareada y puso su palma en la lente justo cuando se produjo el primer flash. Tocó el botón lateral y giró el objetivo, desarmando la cámara.

"Quita esta mierda de aquí."

"Es parte del protocolo de Mercedes."

"¿Qué no ves que tengo la peor resaca del milenio? ¿Te gustaría que te tome una fotografía a primera hora de la mañana con las tetas caídas?" Se acercó a la puerta, la abrió con la lente en mano y miró al fotógrafo. "¿La quieres? Pues ve a buscarla."

La lanzó brevemente al aire y eso puso en alerta al hombre. La tiró hacia afuera haciendo una parábola pronunciada, dándole tiempo para que se arroje de cabeza para tomarla. Cuando el cuerpo salió volando de la oficina cerró la puerta. Carolyn le quitó importancia a la fotografía y la observó con detalle.

"No puedo creer que tenga que venir aquí solo para hacer esto." Volvió a frotarse la frente.

"¿Tienes muchas cosas para hacer? Es principios de Enero."

"De hecho sí. Tengo que irme a Los Alpes, se me irá el avión."

"¿Puedo saber para qué?" Villanelle iba a retrucar con un comentario grosero pero Carolyn la cortó. "Recuerda que eres mi esclava. Cuida el vocabulario."

"Iré a esquiar. Tengo reservado allí." La jefa negó con su cabeza.

"No puedes." La rubia alzó una ceja. "¿Sabes lo que le ocurrió a Schumacher?" En respuesta frunció otra vez su cara, casi con miedo.

"Y creía que yo era la de las bromas pesadas. No puedes desearme eso, eres una sádica."

"No lo deseo. Sin embargo acabas de autorizarme a que te lo niegue." El dedo índice golpeó encima de la carpeta con el contrato dentro.

Antes de que Villanelle vuelva a la carga para pelear por esa cláusula Carolyn la abrió, puso sus lentes y la leyó en voz alta.

"La pilota tiene terminantemente prohibido las actividades o deportes que presenten un riesgo para su integridad física y que pongan en riesgo su participación en los entrenamientos y/o competencias oficiales así como compromisos a nivel protocolar y públicos ante diferentes medios según se requiera."

"¿Es broma? ¿Pones esa cláusula cuando me metes dentro de un habitáculo que con suerte me entra el trasero y anda a casi cuatrocientos kilómetros por hora?"

"Si no te entra el trasero ve contratando un entrenador que te haga achicarlo." Cerró la carpeta y volvió a tirarla encima de su escritorio.

"Discúlpame un momento." Villanelle se dirigió hacia su celular, tocó varias veces y se lo acercó a su oreja. A los pocos segundos contestaron la llamada. La rubia contestó cortante. "Estás despedido." Alejó el móvil y apretó la pantalla finalizando la llamada.

"¿Quién era?"

"Mi abogado." Pensó al aire un segundo. "Ahora ex."

Fue hacia ella y revisó la hoja en donde estaban las diferentes cláusulas. Rápidamente encontró en la parte baja de la tercer hoja lo que le había leído Carolyn. La acercó sobre el borde del escritorio y desde una de las puntas tiró hacia abajo. El filo de la madera actuó como regla y cortó el pedazo del papel que contenía dicha cláusula. Hizo lo mismo con la copia que tenía ella.

"Ahora sí. Mucho mejor."

Carolyn analizó bien sus palabras antes de responder.

"¿Qué lograrás con esa actitud, Villanelle?"

"Irme."

"¿A dónde?" Preguntó intrigada.

"A donde cagó el conde." Dijo riéndose. Ante la seriedad de su jefa su sonrisa se apagó de a poco. "Tú relájate, yo te haré ganar. Sólo dame un auto de la media para arriba y haré mi magia."

"Lo pones muy sencillo."

"Lo es. Este es mi pie para retirarme."

Tomó su carpeta con el contrato y desconectó su celular de la corriente. Antes de voltear desbloqueó el celular de Carolyn y lo apretó repetitivamente concentrada.

"Te quiero aquí el primero de Febrero."

"¿Para?" Sacaba su lengua con saña mientras seguía concentrada en el celular de su jefa.

"Para la pretemporada. Trajes, auto, equipo. Lo usual-"

"Sí, sí. Primero de Marzo estaré aquí."

"Febrero."

"¿Febrero? ¿Está en el contrato también?" Seguía sin levantar su mirada y de pronto, frente al móvil, se puso bizca y sacó su lengua.

"No. Son fechas estipuladas de la escudería. No lo repito. Primero de febrero, aquí, en Brackley. Fin."

"Ya. Aquí estaré. Llámame si no aparezco, a lo mejor lo olvide." Tomó el móvil y se lo tiró a Carolyn. Cuando observó el fondo de pantalla era de la cara en primer plano de Villanelle gesticulando de manera deforme.

"El primero, en el Heathrow, te esperará el transporte para que te traiga aquí, a fábrica y empecemos con el periodo de adaptación y moldeado."

La rubia tomó su carpeta marrón y alzó su mano hacia su sien, formando una venia militar. Gritó de manera estruendosa y exagerada.

"¡Sí sargento!"

Antes de que pudiera decir algo más Villanelle abrió la puerta con fuerza y salió a las zancadas. Se paró frente a Geraldine.

"¿Tienes papel higiénico?" La secretaria se quedó en su lugar temblando sin responder. La rubia golpeó su frente, recordando minutos atrás. "Cierto que tienes delay. De acuerdo. Si el avaro del jefe de tu jefa que es tu progenitora no te compra papel soft para limpiarte el culo aquí tienes." Le arrojó la carpeta marrón en el escritorio con el contrato dentro.

Buscó en su bolsillo lateral y encontró su billetera. Palpó los sobres internos del saco y encontró sus auriculares inalámbricos. Los puso y buscó en su listado general de Spotify la canción número 57.

Cuando siguió camino por el pasillo Geraldine vociferó.

"Pero... Uso bidet."

Ya en el ascensor pasó su lengua por su cicatriz a la izquierda de su arco de Cupido y marcó su característica sonrisa lateral depredadora, tirando de su otro lado del labio superior.

Al minuto de estar en la puerta de la fábrica de Mercedes-AMG Petronas Formula One Team, bajo la lluvia, el Ford Focus con la patente terminada en CWW apareció. Mientras aguardaba el vehículo se dejaba llevar por el sonido de sus auriculares y sonriendo.

Contrato de nueve millones de Euros durante un año con cláusula de prórroga a convenir con la última escudería campeona del mundo en la Fórmula Uno.

El Uber había sido pedido desde el celular de Carolyn cuando lo tomó y cambió su fondo de pantalla. Lo pagó con su tarjeta ya registrada.

Villanelle subió al Focus y, sin decir una sola palabra, se dirigió hacia el Heathrow. En pocas horas salía su vuelo a Côte d'Azur.

 

 

 

MALDIVAS.

 

"Jamás te he visto beber de esa manera." La voz de Niko irrumpió el silencio y la paz de Eve.

Estaba acostada con su bikini y sus lentes de sol en la arena fina que abrazaba una de las múltiples islas que componían la República de Maldivas. Algunos kilómetros a su derecha se encontraba el camino de madera mar adentro que daba paso a las cabañas del hotel. En su mano sostenía un coco con jugo mezclado con ron. El hombre salía del agua cristalina y caminaba hacia ella. A unos metros adentro había un pequeño carro con comida, bebida y hielo.

Le dio un nuevo sorbo a su bebida.

"Será porque este año fue duro y necesito relajarme."

"Has pagado este lugar. Solo hay dos villas ocupadas aparte de la nuestra. Casi toda la isla para nosotros en medio de las Maldivas. Si con esto no te relajas..." Niko se sentó a su lado esperando que el sol seque el agua fresca de su cuerpo.

Eve murmuró en negación.

"Yo no he pagado por esto. Mercedes ha pagado por esto." En un nuevo sorbo, la bebida crepitó dando señal de su fin.

"Mercedes, Mercedes." El hombre roló para situarse arriba de su esposa, tapándola con su cuerpo. "Hablas mucho de esa Mercedes. ¿Quién es?" El tono de burla se mezcló con besos que depositaba en el cuello de Eve.

"Es una mujer, de curvas finas y sensuales." Largó un suave gemido con risa por el mordisco debajo de su oreja. Eve giró y se sentó encima de su regazo. "De mucha potencia y llega a diecinueve mil revoluciones por minuto." Sus labios encontraron rápidamente los de Niko, profundizándolo y moviendo sus caderas. "De pelo negro brilloso. Pero se escapa rápido."

El bulto en el pantalón corto se sintió sobre la entrepierna. Eve apoyó su cabeza sobre el hombro de Niko a medida que él volvía a besar su cuello. Detrás de sus Ray Ban notó movimiento a algunos metros dentro de una casa precaria local.

"Espera. Ven."

Eve tomó a Niko de la mano y se metieron en la parte frondosa de la pequeña isla. Debajo de una palmera con algo de césped se acostó y su mirado volvió a posicionarse arriba de ella. Los besos de él bajaron por el torso. Eve cerró sus ojos, dejádose llevar. Sintió la lengua escurridiza de su marido en su oreja. El movimiento le sacó una suave risa producto de la cosquilla. El alcohol en sangre ayudaba a alimentar las terminaciones nerviosas, con su tacto en llamas.

La lengua de Niko volvió a generar cosquillas en su oreja. Una risa más prominente surgió de ella. Su marido paró su acción y miró hacia arriba, buscando el motivo por el cual su mujer se reía en la previa sexual.

"Eve." Susurró con nervios.

La mujer abrió sus ojos. Se sorprendió no ver a su marido cerca de ella. Lo encontró a la altura de su vientre. Se apoyó en sus codos y levantó su cabeza para mirarlo.

"¿Qué sucede? ¿Cómo has llegado allí si-?" Eve giró hacia la derecha, donde sentía la cosquilla en la oreja.

Los ojos de un lagarto de gran tamaño la miraban con aire curioso. Su lengua bífida volvió a salir casi saludándola.

Eve desprendió un grito aterrador en la cara del animal. Los dos se integraron sobre sus pies y corrieron de regreso al agua.

Esa misma tarde, dentro de su villa, Eve practicaba la postura del guerrero frente al sol. Repasaba una de sus clases de yoga en soledad. Para sorpresa de Niko, que la observaba a su espalda, el cuerpo de su mujer se movía para un lado y otro. Claramente sin concentración. La piloto lo notó y se paró sobre ambos pies. Largó un suspiro de frustración.

"¿Qué te ha dicho Bill?" Comenzó el hombre.

"¿Cómo sabes que hablé con él?"

"Lo he escuchado. Y te has comportado raro todo el día desde que te llamó esta mañana. Has bebido alcohol en demasía, miras con ansias tu computadora con ganas de entrar en internet y te noto más nerviosa de lo normal." Eve se dejó caer en el sillón más cercano.

Niko leyó su postura corporal. Se acercó al refrigerador y sacó una lata de cerveza. Volvió a ella y se sentó a su lado.

"Me ha dicho de que han cerrado contrato con la nueva piloto."

"¿Quién es?" Dijo dándole la bebida.

"De la Fórmula dos. No la conozco. Solo he escuchado al pasar."

En un banco de silencio, el aire se cargó de tensión.

"¿Continuarás luego de éste año?"

"No lo sé."

"¿Aún quieres que formemos una familia?" Presionó.

"Sí. Ya lo hemos hablado. Déjame ver cómo me siento a mitad de la temporada."

"Hace dos años me dices lo mismo."

"Y he sido campeona los dos años. No renuevo mi contrato por amor al arte. Sé perfectamente que puedo morir en la primer curva." Sentenció.

Niko se levantó de su lado y se dirigió al deck que daba a la piscina y al mar de Laquedivas, mirando el horizonte. Eve lo miró desde su posición, a dos metros.

"Discúlpame. No quise ser grosera."

"Tú no sabes el miedo que tengo todos los días, Eve." La voz salió baja y quebradiza. "¿Acaso no te gusta esta vida?" Volteó con sus brazos abiertos, mostrando su alrededor. "Allí, criando nuestros hijos. Tenemos dinero, tenemos tiempo y sé perfectamente que seremos hermosos padres. No quiero mirar una pantalla en nuestro hogar implorando una y otra vez que vuelvas sana y salva."

Las palabras de Niko hicieron que Eve entierre su rostro en las rodillas dobladas frente a ella. Con algo más de aire contemplativo volvió a sentarse a su lado.

"Tienes treinta y siete años. Eres la mujer más rápida que existe en este mundo detrás de un volante. Lo has demostrado ya cuatro veces. Año tras año. Ganando y perdiendo. Dejando a un lado familia y amigos y priorizando la gloria. Ya sé que tendré otro nuevo año con mi mujer viajando de aquí para allá, subiendo y bajando de aviones. Y tú no sabes lo mucho que ansío esto para nosotros. No podemos dejar pasar mucho más tiempo si queremos ser padres, cariño."

"Lo sé. Tienes razón." Niko besó la cabeza de su mujer y la abrazó. "No quiero arruinar nuestras vacaciones. Sé lo mucho que esperamos esto durante todo el año."

"Debes ser feliz. ¿Qué te gustaría hacer?"

Los ojos de Eve chocaron con los de Niko y luego se escurrieron a su computadora en la mesa. Su marido le sonrió con complicidad.

"Oye, yo también quiero conocerla."

Los dos se sentaron frente a la laptop y buscaron el nombre. Una mujer rubia casi miel de ojos claros los recibió. Niko marcó su sorpresa con una risa por detrás.

"¿Qué dices?" Preguntó su esposa.

"Luce ruda." Su rostro se tiñó de confusión. "¿No es ella la que debía estar en Ginebra y no se presentó?"

"Exacto. Una mal educada."

"No te anticipes Eve." Regañó Niko. "No sabes que le pudo haber ocurrido." El hombre volvió corriendo la pantalla y abrió una foto en primer plano de ella.

"¿Qué observas? ¿Te gusta?" Insinuó Eve.

"Es bella, no voy a negártelo. Me pregunto qué le habrá ocurrido en su boca." Señaló con su dedo sobre el perfil izquierdo del rostro de Villanelle la cicatriz que nacía desde sus labios hasta la mitad de su boso.

"Le preguntaré en unas semanas, casanova." Los dedos de la morocha cerraron la computadora de un golpe. Le robó un beso rápido. "Vamos a cenar."

 

 

 

"¿Estaba soleado en las Maldivas, huh?"

Bill observaba con atención el bronceado en la piel de Eve. Ambos caminaban a la par por los pasillos de la fábrica de Mercedes. El hombre sacó su celular y revisó su galería. De allí le mostró a Eve la foto tomada por un paparazzi en donde ella estaba sentada sobre las caderas de Niko y devorando sus labios.

La piloto paró su paso frente a él con la fotografía en su celular y frunció su cara en bronca.

"Déjame leerte el título." Aclaró su garganta antes de proseguir. "Polastri sobrecalienta su motor en las playas de las Maldivas."

"¿Sabes cuántos abogados tengo en este preciso momento denunciando a The sun?" Eve mostró el dorso su mano derecha con los cinco dedos extendidos. "¿Y sabes cuántos te pondré a ti si sigues consumiendo de mi intimidad?" En consecuencia cerró todos menos el dedo medio exponiéndolo, también, como insulto. Bill rió.

"Me divierten. Es imposible no consumirlos."

"¡Eres mi ingeniero de pista! Confío más en ti que en..." Ante el silencio el hombre alzó sus cejas tupidas.

"Ahora veo porque Niko me desprecia."

"No te desprecia, sólo..." Eve empezó a caminar nuevamente por el pasillo. "Le resulta algo incómodo tu voz relajada y sensual durante nuestras comunicaciones de radio."

"Veo que he sido tema de conversación en sus vacaciones calientes en las Maldivas." La piloto revoleó sus ojos ante el comentario y decidió cambiar la dirección de la conversación.

"Debes llevar a Keiko allí. Es perfecto."

"Claro. Te dejaré con mi hija durante dos semanas así tengo más sexo con ella y tengo otro hijo más a mis cincuenta y seis años. ¿Qué dices?"

"¡Vamos! Lara se porta genial. Niko estaría más que encantado. Ama los niños."

"Te encuentras muy romántica. ¿Estás embarazada? ¿Han tenido mucha acción en las vacaciones?"

"Ya te he dicho que no hablaré sobre ello contigo. No lo repito más." Bill soltó una carcajada en medio de su paseo.

"¿Nerviosa de conocer tu nueva compañera de equipo?"

"¿Qué tal ella?" Retrucó.

"No la he visto. Hoy la conoceremos ambos."

Se miraron un por instante y luego hablaron al mismo tiempo.

"Si Carolyn lo permite."

Eve pasó todo el día probando su overall nuevo y más liviano, ahorrando peso en el monoplaza. Por la tarde pasó tiempo con Bill ultimando detalles sobre el nuevo y aún secreto Mercedes W12, el diseño de vehículo asignado para la nueva temporada de Fórmula uno. A lo largo del año anterior Eve se había consagrado campeona con el W11. El nuevo tenía mejoras aerodinámicas y avances en el motor.

Por la tarde casi noche Carolyn se aproximó a los dos grupos de mecánicos. Bill y Eve se analizaban el alerón delantero del automóvil. En la otra punta del salón Kenny estaba parado al lado del monoplaza, nervioso.

"¿Dónde está?" Preguntó su madre.

"No ha llegado."

"Kenny le he dicho específicamente que estuviese aquí el primero de Febrero. ¿La has llamado?" El hombre negó. "Pues ponte manos a la obra y ten en cuenta lo siguiente: Ella no es Elena. Eres su ingeniero. ¡Llámala ahora!"

Carolyn se quedó frente a él. Kenny sacó su móvil para marcar el número de su piloto. Se quedó con el dispositivo en la oreja, con sus ojos revoloteando por el taller impoluto, esperando que contesten. Luego de varios tonos la llamada se cortó sola.

"No responde." Dijo por lo bajo, nervioso.

"Pues inténtalo nuevamente." La voz de Carolyn salió lo suficientemente cortante como para que su hijo remarcara.

 

 

 

MAR MEDITARRÁNEO.

 

El sonido polifónico era irritante. Los últimos rastros de sol se mezclaban con la temperatura baja del invierno Europeo.

Villanelle abría pesadamente sus párpados a raíz del sonido de su celular. Era la única molestia más allá del suave golpeteo del mar contra la base del pequeño bote. Su vista se encontraba en negro hasta que sus manos palparon en su cara la gorra de Capitán Marinero de su embarcación. Ante el grueso caudal de luz cerró con fuerza sus ojos.

"¡Oh! ¡Mierda!" El sonido aún resonaba en el silencio del mar.

Aturdida por el dolor de cabeza, cayó desde los pequeños asientos hacia el piso de madera. Gruñó por el golpe. Gateando se dirigió a la popa donde, sin barrera de contención, tenía acceso directo al agua. Estiró su mano hacia abajo juntando algo de líquido y lo llevó a la cara, intentando torpemente de despabilarse. El sonido del celular cesó y le sacó un gemido de alivio.

"Gracias a Dios y la Virgen." Su voz se notaba cansada. Frente a ella, algunos kilómetros adelante en pequeña escala, estaba la costa de Mónaco.

Volteó su cuerpo para mirar el cielo celeste con alguna nube estancada. Revisó su cuerpo que llevaba una camiseta manga larga y un jean con los pies descubiertos y fríos. Cerró sus ojos buscando recordar que había ocurrido el día anterior como para acabar allí, arriba de su pequeño bote, lejos de su residencia.

En medio de su esfuerzo mental el sonido polifónico volvió a sonar.

"Carajo." Se levantó entre mareos y el vaivén de la embarcación producto de las olas. Algo aturdida buscó entre los recovecos del bote su celular. Los sillones, el piso, algunas y pequeñas compuertas. Nada. "¿¡Dónde mierda te encuentras!?"

Cuando se paró, su cabeza golpeó contra la lona que cubría lo poco e indispensable. En el contacto sintió su teléfono móvil. Se retiró unos pasos, lo sacó de arriba de la lona y atendió.

"Espero que esto sea algo bueno."

"¿Villanelle?"

"Lo pronuncias como la mierda. Es Villanelle." La entonación fue más delicada, con algunas notas de francés. Su cuerpo se desplomó en los pequeños asientos.

"Villanelle." Repitió forzado. "Soy Kenneth, de Mercedes."

"¡Oh! Creí que eras algún actor de doblaje de dibujos animados."

"¿Por qué lo dices?"

"Por la voz de pendejo que tienes. ¿Eres el de seguridad?"

"No."

"¿El que atiende el bufé?"

"No. Soy tu nuevo ingeniero de pista." Villanelle marcó sorpresa con su rostro sin alzar su voz.

"¡Claro! Hola capitán. Dime, ¿En qué te puedo ayudar? Estoy con un asunto aquí." Miró a su alrededor, en medio del mar.

"¿Has tenido alguna demora con el transporte? Te estamos esperando aquí en Brackley para los ensayos."

Villanelle se quedó en blanco. Alejó su celular y vio en la pantalla la hora y la fecha: 18:30 horas, primero de Febrero. Movió sus labios sin vociferar, desesperada.

"¡Mierda!"

"¿Villanelle? ¿Puedes oírme?"

"¡Sí! ¡Sí!" Revolvió a su alrededor buscando llegar al timonel. Sobraban las botellas de vodka y latas de cerveza vacías. "¡Lo lamento! No creerás lo que me ocurrió."

"¿Te encuentras bien?"

"No tanto. Ha habido una fuerte nevada y no están saliendo los vuelos. No sé si llegaré hoy. Estoy haciendo lo imposible."

Giró la llave del barco poniéndolo en contacto. Lo torció otro poco y el motor carraspeó amagando a arrancar pero sin éxito. Volvió a intentarlo con el mismo resultado. Cuando lo puso en contacto el medidor de gasolina estaba posado en la "E".

"¡No!" Gritó desesperada.

"¿Villanelle? ¿Segura te encuentras bien?"

"¡Sí! Sólo acaban de confirmar que el vuelo no saldrá." Apretó dos dedos sobre el puente de su nariz, buscando calmarse y solucionar un problema a la vez. "Oye, pendejo, te llamaré luego. Necesito averiguar que horario de salida de vuelo me dan para mañana. Adiós."

"¿Puedo ayud-?"

La rubia miró el celular y apretó el cerrar llamada antes de que las cosas se compliquen aún más. Rastrilló su cabello en busca de una solución a su pequeño bote. Revisó todas sus compuertas en busca de algún vestigio de gasolina.

Cuando sus esperanzas se estaban eclipsando encontró medio bidón debajo del timonel. Gritó de júbilo ante la sorpresa. Lo vertió todo y esa vez el motor arrancó.

Calzó el gorro marinero con el bordado dorado de "Captain" en la frente y buscó en sus bolsillos sus auriculares. Los conectó y, cuando quería dirigirse al reproductor de música, encontró varios mensajes del día. Todos provenían del mismo número sin registrar.

"¿Dónde te has ido? "

"¿Te encuentras bien? Me desperté a las 4 y ya no estabas."

"Conociéndote seguro tuviste alguna urgencia. Te extraño. La pasé bien."

"¿Podrás volver esta noche, piloto? Necesito repetir lo de ayer."

Villanelle abrió el último mensaje con la imagen enviada hacía pocos minutos atrás. La mujer estaba inclinada a la cámara del celular, mostrando su escote con su camiseta manga larga blanca sin corpiño. Pronunciando sus labios carnosos y su pelo morocho suelto. La rubia sonrió con picardía ante la fotografía.

Negó con su cabeza, abrió opciones y bloqueó su número para no recibir mensajes o llamadas. Volvió al reproductor y activó la canción número 122 a máximo volumen para que supere el rugido del motor Yamaha. Agradecía que, pese a estar algunos kilómetros sobre la costa, su celular aún recibiera señal para llamadas o mensajes.

Antes de apagar la pantalla miró su imagen principal detrás del menú con amor.

"Te amo. Falta poco." Le dio un beso y lo guardó.

Aparcó en su lugar rentado, quitó la llave y antes de andar por el deck del muelle quitó el gorro y lo revoleó dentro de la pequeña cabina abierta.

Esa noche tomó su maleta más grande y la llenó de ropa que sentía que era imprescindible. No sabía cuánto podría durar su estadía en Inglaterra. Buscó rápidamente en internet el vuelo más reciente a Londres y sacó un pasaje. Vertió una máxima cantidad de comida y agua en el comedero antes de tomar una ducha e irse a dormir.

El avión decendió en el Heathrow antes de las ocho de la mañana. Los ojos avellana buscaron su nombre en algun cartel en la zona de 'arribos' pero no encontró ninguna señal de la escudería. Gruñó en disconformidad.

Por su apuro evitó pedir un UBER y subió su maleta al primer taxi negro que vio.

"A Brackley. Aprieta el acelerador hasta que se te acalambre el pie, anciano."

"Excuse me, miss?" El acento hizo que Villanelle se tomara la frente con fuerza y susurró para ella misma.

"Qué manera de romperme las pelotas estos ingleses y su formalismo." Levantó su vista detrás de sus clásicos lentes Randolph Engineering Aviator gold. "To Brackley, Mercedes AMG Formula One headquearters. Come on! Quick!" Respondió con acento pastoso.

El hombre se quedó quieto y luego de unos segundos volteó para mirarla a los ojos. Villanelle hizo gestos para que arrancara de una vez.

"Where is that?"

El hombre era mayor de sesenta años y tenía un audífono en su oreja.

 

Eve ingresó al estacionamiento a bordo de su Mercedes EQC nuevo. Estacionó en reversa para facilitar su salida al finalizar el día. Para sorpresa de ella una leve cortina de agua nieve llegaba a Brackley. Se tomaba esos segundos para hacer un análisis. Su edad, su trayectoria, su vida. Su cuerpo pesaba y tal vez era el primer indicio de ponerle un freno vida como deportista y tomarse ciertos lujos.

Eso no la desanimaba, por el contrario, le gustaba la débil nieve que podía acumularse en la fábrica de Mercedes. Con éste ya era su séptimo año en la escudería alemana.

Se abrigó con su saco, su gorro, su bufanda y tomó su bolso antes de salir caminando por la acera, bordeando algunos vehículos hacia la entrada principal de la fábrica. El sonido de una puerta de automóvil abriéndose a su izquierda le llamó la atención.

"¡Hey! Espera."

Eve reconoció rápidamente el cabello rubio liso y brillante. La mujer salió trastabillando del asiento posterior y la morocha le regaló una expresión incrédula ante su caminar destartalado. Se acomodó y buscó sus ojos de frente detrás del cristal de sus lentes. Villanelle se sorprendió de encontrarse con rasgos asiáticos.

"¡Oh!" Eve no respondió ante su sorpresa y esperó a que se explicara. La rubia balbuceó pensando a toda máquina. "¿Cómo era?" Susurró para sí. "¡Ya me acordé!"

Puso sus brazos al costado de su cuerpo y se inclinó hacia el frente, marcando un clásico saludo oriental.

"Konichiwa." Eve se quedó aún más aturdida ante el acento torpe. "Oye, ¿Hablas mi idioma? Falté el resto de las clases de japonés." La única respuesta que obtuvo fue un parpadeo rápido y confuso. "¿Acaso todos aquí tienen delay?"

"Sí." Tartamudeó. Sacudió su cabeza intentando concentrarse. "Quiero decir, no. Pero sí, hablo tu mismo idioma."

"¡Genial! Mira, este imbécil no tiene para que le pague con tarjeta de crédito. Es un maldito dinosaurio atrás de un volante." Eve se movió apenas para encontrar un hombre mayor manejando el típico taxi negro londinense.

"No debe saber usar el dispositivo. Todos los taxis tienen para pagar con tarjeta."

"¡Exacto!" Con el dorso de la mano Villanelle golpeó fuerte el hombro de la mujer que abrió sus ojos ante el dolor ocasionado. "Me obliga a pagarle en efectivo y solo tengo algunos euros. ¿Tienes tú libras esterlinas?"

Las cejas de Eve se levantaron sin dar crédito a lo escuchado.

"Seguro. ¿Cuánto es?"

"No sé si tu sueldo de traductora alcanza pero son mil libras." La morocha se quedó en estado catatónico sin dar crédito a ninguna parte de la frase.

"¿Qué?"

"¿Mil libras? ¿En efectivo? ¿Ahora?" Villanelle esperó alguna clase de respuesta pero no la hubo. Pasó su mano delante de los ojos orientales. "¿Te encuentras bien?"

"Sí." Dijo con nerviosismo. Se activó y buscó en su bolso su billetera. Sacó casi todo el dinero en efectivo con el que contaba y se lo tendió.

"Eres mi salvación."

Desapareció para tirarle las libras por la ventanilla al hombre. Tomó su mochila y su maleta del baúl. Empezó a caminar hacia el edificio y se acordó de la mujer con rasgos orientales.

"¡Arigato traductora! ¡Dile a mi jefa Carolyn que te lo devuelva por mí!" Le gritó sin cortar su paso hacia el edificio nuevo.

Eve suspiró. No daba crédito a lo ocurrido y probablemente Bill no le creería.

Así de extraño había sido su primer contacto con su nueva compañera de escudería.