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Búho

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Cuando Lihito abrió los ojos esa mañana, sintió que el mundo era inusualmente grande; creía en la inmensidad del universo, sin dudas, y por supuesto que sentía que era sólo una presencia ínfima ante grandes riscos y cascadas, pero si era sincero consigo mismo, nunca imaginó que se sentiría de esa manera, de forma literal. Incluso su cuerpo entero cabía sobre un cojín en ese momento.

Cuando trató de mover sus manos, se sentían más pesadas, como si no fuera carne y piel lo que le cubría; irónico fue encontrarse con una inusual suavidad, un ala, y una piel de felpa color morado. Suspiró dándose cuenta: en ese momento, Lihito se había convertido en su versión de AnthoZoo; el pequeño búho morado de felpa que su compañero había diseñado.

Era una situación fantasiosa, si lo pensaba minuciosamente; no tenía sentido, pero desde que se había unido a Anthos* muchas cosas dejaron de ser lógicas. Desde la inmersión en su extraña relación de amistad con Chise, hasta la forma en la que toleraba mucho más fácilmente a Ryoga de lo que pensaba.

Eso no significaba que lo primero que quería oír al despertar fuera la ruidosa y molesta voz de Kagekawa carcajeándose por su situación.

˗¡¿Lihito?! ¡hombre, ¿qué te pasó?! ˗Dijo mientras reía de esa forma insoportable que el de ojos morados despreciaba.

Oh, ahora definitivamente le parecía una persona más insoportable de lo que usualmente era.

˗Como puedes ver, tampoco lo entiendo. Ayer estaba leyendo y-

˗¿Oh? ¿realmente vas a contarme? ¡eso es un progreso, señor amargado! ˗Se burló el de ojos heterocromos, colmando la paciencia del nacido en septiembre˗, Ah, realmente se nota que eres tú, das malas vibras. ˗Mencionó con voz burlona.

-Olvídalo, lo resolveré por mi cuenta. ˗Bramó en voz alta, mientras notaba que las pequeñas patitas de tela y algodón en realidad no servían para caminar, y pesaban muchísimo.

A su cabeza llegó Chise. Su pensamiento usualmente solía estar colmado del rubio revoltoso menor que él, por algún u otro motivo más allá del hecho de ser un dúo predeterminado por el personal de los vídeos. Quizás debería decirle al nacido en enero que re-diseñara los pequeños peluches cuando volviera a la normalidad. Pero cuando piensa en la forma de volver a la normalidad… Se ve atrapado en ese cuerpo por años. No es algo que pueda soportar mucho. Recuerda vagamente estar leyendo la noche anterior. Un libro que era más de fantasía que nada, sobre un príncipe que recibe una maldición y necesita el amor verdadero para convertirse de vuelta en un humano, pero ¿cómo podría Lihito llegar a eso? No podía simplemente encontrar el amor, no de esa forma, no siendo un idol.

Suspiró una vez más, observando en la mirada de Ryoga algo similar a la lástima; no dudaba que eso era lo que sentía el mayor. Al final, parecía que logró comprender la situación sin que le explicaran detalladamente.
-Seguramente tendré que ayudarte ¡es mi misión como el mayor, al fin y al cabo! ˗Rió, y tomó el pequeño cuerpo de Lihito entre sus manos con una delicadeza que desconocía; supuso que se debía a la gentileza intrínseca del mayor, que a veces gustaba de negar, y otras tantas simplemente ignoraba para no sentir culpa.

Todo lo que hacía, al fin y al cabo, era sentir culpa.

-Definitivamente debes hablar con Chise. ˗Mencionó el mayor con una sonrisa cansina˗, es evidente que sería el más dispuesto a ayudarte.

El nacido en septiembre levantó el ala, intentando negar su sentencia, y el de cabellos oscuros frente a él pareció entender la señal.

-Nunca me dejaría en paz. Seguro llorará muchísimo cuando eso suceda, ¿no es así? No le digas a Chise que esto pasó.

Ryoga entrecerró sus ojos, con una ceja alzada en duda. La puerta de la habitación de ambos mayores sonó de repente, sacándolos de su charla.

-¡Ryo-kun! ˗Gritó desde el exterior una voz dulce, con una calidez inconfundible que hizo estremecer a Lihito˗, ¿por qué no hay nadie levantado? ¡es inusual en un día libre! ˗Gritó, mientras sus pasos juguetones se alejaban de la puerta.

¿Qué hora era? Chise solía levantarse por voluntad alrededor del mediodía, por lo que…

-¡No puedo creer que perdimos el desayuno! ˗Bramó con enfado el nacido en agosto˗, ¡Lihito, nos vamos! ˗En su mano, el pequeño AnthoZoo parecía acurrucarse. Si no podía caminar con esos pequeños pies que le había diseñado su compañero de grupo, entonces simplemente se dejaría llevar.

No lo diría en voz alta, pero realmente estaba agradecido de que Ryoga fuera el primero en encontrarlo. Cuando salieron de la habitación, Chise ya había vuelto a su cuarto, y Setsuna parecía estar hablándole en voz baja a las pequeñas flores que crecían junto a la ventana del dormitorio de Amagiri Productions.

El albino volteó a verlos, con un rostro que decía que realmente prefería estar durmiendo en ese momento, en lugar de estar de pie. Pero alguien debía regar las plantas, y aunque los muchachos se habían ofrecido con anterioridad, no parecía dispuesto a ceder ese pasatiempo.

-Oh, ese es… ˗Murmura, y luego se acercó a Ryoga una vez que dejó la regadera a un lado de las plantas. Con su mano, amplia ante la vista de Lihito, acarició levemente sus orejas y su pelaje suave. Lihito tembló por el escalofrío que sintió ante su toque.

-No podemos decirle nada a Chise. ˗Masculló Ryoga, pasando hacia la calidez de Setsuna a Lihito, que se sintió levemente confundido ante esos párpados somnolientos que le miraban con atención y curiosidad.

-Oh… está bien. ˗Aceptó rápidamente, sin ninguna pregunta. Lihito todavía se cuestiona el por qué él parecía tan flexible, pero nunca ahondaba profundamente en eso.

Tenía sus motivos, al fin y al cabo.

-Si no podemos decirle a… ˗Pareció por un momento confundido, como si decir su nombre fuese a invocarlo˗, ¿qué tal Mahiro? ˗Mencionó como si esa fuera la respuesta a todas sus problemáticas˗, siempre parece saber sobre todo… ˗Añadió con tranquilidad, mientras se escuchaba la puerta del dormitorio de Haruta y Chise siendo abierta, y escuchaba al menor del grupo sermonear al rubio sobre cómo debía cuidar sus hábitos de sueño.

Cuando aparecieron los muchachos, repentinamente los ojos de Haruta fueron a parar en el pequeño peluche sujetado por Setsuna con mucha ternura. Después del programa con los animales, Lihito pudo notar que al muchacho alto realmente le gustaban los animales.

“Supongo que esto es mucho mejor que ser sujetado por Ryoga” pensó Lihito, sintiéndose reconfortado por las caricias descuidadas del albino.

-¿Alguien ha visto a Litto? ˗Repentinamente salió de la voz de Chise, con una angustia y un anhelo… palpables, casi como si fueran tangibles y estuvieran hechos para ser tocados por las yemas de los dedos del mencionado.

-Mnh, tuvo que salir. ˗Respondió rápidamente Ryoga, mientras miraba a Setsuna tratando de hacerle comprender en una mirada, qué era lo que sucedía. Lihito conocía lo suficiente al nacido en febrero como para saber que no diría más de lo necesario, así que no respondería algo si no le preguntaban directamente.

Con una tristeza que podía ser transmitida, una decepción enorme, Chise simplemente suspiró y luego puso esa sonrisa que detestaba el mayor. Esa sonrisa torcida que intentaba verse real, pero era otra de las múltiples mentiras que el rubio sostenía.

-Bueno, iré a ver a Mahiro. ˗Clamó Setsuna repentinamente. Ryoga sostuvo la mirada ajena, sabiendo que algo incomodaba al muchacho, pero no emitió palabra alguna para evitar la acción. Chise simplemente asintió con esa sonrisa que hacía vibrar el corazón de Llihito de una manera errática, una forma con la que se había amistado con el pasar de los días.

Antes de ir a la habitación de Mahiro, Lihito fue transportado a la habitación de Setsuna, y le hizo compañía en la siesta. Se sentía frustrado, sobre todo cuando escuchaba las quejas desde el interior del cuarto; Chise gimoteaba con una voz relativamente infantil, y todas sus lamentaciones iban dirigidas hacia Haruta

Odiaba un poco ese pequeño cuerpo en el que estaba atrapado, y odiaba la mirada perdida de Chise, como si repentinamente su alma hubiera sido consumida por su ausencia.

A la hora del almuerzo, Chise todavía parecía buscarlo, y Ryoga se vio incómodo con la situación. El mayor miró atentamente a Setsuna, que sostenía a Lihito junto al plato que contenía su almuerzo, y vio a Mahiro atentamente, sabiendo entonces que ya era hora de cambiar de turno.

-¡Chise-nii, no seas reacio a comer! ˗Alzó la voz el más joven˗, ¡necesitas energías si quieres practicar el baile conmigo el día libre! ¡me lo prometiste!

Chise levantó la mirada; esos ojos llenos de usual alegría dirigidos a Lihito tenían opacidad en ellos. Quizás el ruido le estaba saturando, quizás quería descansar debido a la mala mañana que había tenido, tal vez…

-No tengo hambre… ˗Murmuró˗, ¡pero bailemos un poco para distraerme! ˗Se levantó de la mesa abruptamente, con un aura cargado de energía, como si nada hubiera sucedido hace algunos momentos, como si nunca hubiera estado absurdamente deprimido, reprimiendo todo una vez más.

Oh, otra mentira legible en su rostro, en esos hombros tensionados, en esos dedos sujetando fuertemente el mantel sobre el que yacía su plato, con la comida ya olvidada por el curioso desanimo de su compañero. Otra mentira más bajo el manto de quien era Chise, que a menudo convergía con el propio Chitose, aunque le disgustara admitirlo. Aunque al rubio le amargara saberlo y entenderlo.

Setsuna se levantó de la mesa, y unos minutos más tarde se dirigió a la habitación de Mahiro. Dos toques curiosos a la puerta, después la voz dulce del pelirrojo bramando “Adelante, Sena-san”, para, finalmente, observar a Kaoru leyendo un libro, y a Mahiro doblando su ropa cuando fue guiado al interior del cuarto por el albino.

-¿Es ese Lii-san? ˗Preguntó Mahiro una vez que vio en la mano al AnthoZoo redondito con forma de búho.

-Mnh. Encárgate de él, por favor. ˗Clamó el nacido en febrero, dejando al peluche de felpa en las manos del pelirrojo antes de retirarse.

Eran alrededor de las cuatro de la tarde cuando sucedió aquello. Haruta y Chise parecían estar ensayando en la sala de baile, cuando Kaoru cerró su libro de golpe, con una elegancia propia de él.

-Un beso. ˗Murmuró de repente, como si todas las respuestas del universo llegaran a él˗, si alguien le da un beso a Lihito-san, ¿no debería solucionarse?

-Ha, ha, ha. ˗Rió incómodamente Mahiro˗, Kaoru, es complicado lo que planteas, ¿no crees eso?

-Sinceramente, no quiero que nadie me bese. ˗Murmuró˗, y dudo que alguien quiera besarme siendo un peluche. Además, estoy condicionado. La persona que me bese debe tener sentimientos por mí. ˗Añadió con pesadumbre, asumiendo su condición con más fuerza repentinamente.

Como si encontrara la última pieza de un crucigrama, Mahiro saltó en su sitio.

-¡Entonces, podemos hablarlo con Chii-san! ˗Exclamó con una emoción desconocida y unos ojos fulgorosos˗, ¡seguro él estaría dispuesto si sabe que-!

-No. ˗Cortó el diálogo con voz grave˗, no estoy dispuesto a ello. Contarle a Chise no es una opción que esté considerada por mí, y menos por ustedes.

Kaoru suspiró ante la negativa veloz.

-¿Por qué estás tan negado a aceptar su ayuda, Lihito-san? No veo el problema con los otros integrantes.

-Chise es Chise. ˗Agregó Lihito, y repentinamente sintió un deja vu˗, además, ¿prestaron atención siquiera? Necesito alguien que tenga sentimientos por mí, no hay tiempo para perder con ese tipo de cosas. Sólo crearán más preocupación.

-Podemos hablarlo con Chii-san… ˗Insistió Mahiro, y Lihito se sintió confundido cuando la mano de Kaoru paró en el hombro del pelirrojo como forma de consuelo.

-No hay caso, Mahiro. Tendremos que encontrar otra solución. ˗Kaoru sonrió dulcemente en dirección al pequeño peluche, tomándolo entre sus manos y acomodándolo estratégicamente en la cama. La puerta sonó inmediatamente después de eso.

-¿Oru-kun? ¿Yukki? ˗Llamó la cálida voz del rubio con un poco de esperanza˗, ¿ustedes están con…?

-¡Chise-nii! ˗Sonó a sus espaldas desde la voz del muchacho de cabello castaño˗, ¡prometiste ensayar conmigo! ¡deja de buscar a Lito-nii! ˗Se quejó, pasando sus manos por detrás de Chise para abrazarlo por la espalda, y entrelazando sus dedos por delante del estómago del más alto. Esa cercanía era tan inusual…

Y tal vez Lihito no debió prestar atención a esos detalles.

-¡Pero Harii! ˗Bramó con voz cansina˗, ¡ya no quiero seguir bailando!

Haruta abrió la boca para quejarse, cuando sus ojos se posaron en la figura del pequeño peluche sobre la almohada de Kaoru. Cuando sus orbes mostraron un rasgo de comprensión y astucia, repentinamente dejaron de brillar y apretó sus manos, quedando algo atónito después de ver la sonrisa del de ojos azules que trataba de pedirle calma, y la risa nerviosa de Mahiro que presentía la tormenta que se avecinaba.

-Chise-nii… vamos a bailar. ˗Comentó, y Chise hizo un mohín de disgusto que hizo suspirar a Haruta˗, bueno, entonces ve a ducharte, ¡no seas infantil! ˗El castaño lanzó una mirada de disgusto hacia sus mayores, y empujó al rubio fuera de la habitación.

Los pasos de ambos se estaban alejando cuando el suspiro de Kaoru se dejó escuchar.

-Nos va a regañar. ˗Dijo con una voz cansina.

-Es así, ¿no? ˗Se carcajeó Mahiro a su lado, con una voz derrotada.

Cinco minutos después de ello, los pies de Haruta pisaban fuertemente el piso del exterior del cuarto.

-¡Kao-nii, Hiro-nii! ˗Llamó, y Kaoru abrió la puerta conservando el mismo rostro impasible de siempre.

-Haru. ˗Llamó Mahiro, ante la mirada helada que había lanzado el joven˗, deja que Lii-san lo explique, ¿sí?

El menor de repente abrió su boca mientras apretaba los puños.

-¡No quiero escucharlos! ¡le mintieron a Chise-nii! ¡ha estado todo el día deprimido por culpa de Lito-nii, que no fue capaz de decirle que se volvió un AnthoZoo! ¡tú, viejo egoísta!

Si Lihito estuviera en su cuerpo, seguro su ceja habría temblado por el estrés. En cambio, simplemente se escuchó una pesada exhalación cansina.

-Es porque si le decías algo, seguro habría llorado… ˗Murmuró, y sintió repentinamente que fue sacado de su zona segura, y ahora era sujetado por las manos inexpertas del muchacho más joven.

-¡Estuvo toda la tarde esperando por ti! Y tú estuviste con todos menos con nosotros… ¿no confías en nosotros? ¡eres tan injusto!

“Pero fue Chise quien no notó que todo el día estuve frente a él como un AnthoZoo” razonó Lihito. El rubio fue el creador, ¿cómo era posible que no haya captado que un peluche de aquellos había estado todo el tiempo entre los demás integrantes, en lugares tan inusuales como lo eran la mesa o los cojines?

-Chise-nii estuvo tan concentrado esperando por ti, que ni siquiera se percató de que estabas en la mesa. ˗Bramó Haruta con su voz temblorosa˗, a pesar de que él diseñó los peliches, ¡le importaba más tu desaparición! ¡era todo lo que tenía en su cabeza!

-Pero no podíamos decirle ¡y no me alces la voz, enano! ¡sabes que es realmente sentimental y llora por todo! No podemos dejar que arruine así su día libre…

Haruta inhaló profundo, tratando de encontrar un poco de paz en sus turbulentas emociones reflejadas en sus ojos, en sus manos temblorosas o ese labio inferior siendo sujetado contra sus dientes, para retener palabras aún más mordaces que las mencionadas con anterioridad.

-Tan injusto… ¡Kao-nii! ˗Llamó, y la voz cálida de Kaoru respondió un sutil “¿hum?”˗, me llevaré a Lito-nii. ˗Dijo, antes de dar media vuelta y retirarse de la habitación con el pequeño peluche en sus manos.

-No vas a ser mi problema, Lito-nii. Habla con Chise-nii y discúlpate. Seguro llorará, pero vas a tener que consolarlo, porque le dolerá más que no confíes en él a que desaparezcas todo un día. ˗Dijo enfadado, llegando a la habitación.

Cuando la puerta de los muchachos fue abierta, Lihito sintió la calidez del cuarto. Seguramente esa alcoba estaba rodeada del aroma del rubio y el castaño entremezclados. El caos era apenas visible, y Chise estaba recostado de espaldas jugando con el AnthoZoo de Ryoga, hasta que Haruta volvió y su mirada reposó en la mano del más bajo de la habitación.

Lihito contuvo la respiración ante la mirada perdida de Chise. Esa mirada de eterna curiosidad que tenía, esos ojos tan expresivos que parecían esconder todas las maravillas del universo, el gesto cauteloso que reflejaba un poco de sueño…

Oh, realmente no lo había notado, pero quizás había extrañado la alborotadora presencia de su compañero.

-¿Harii? ˗Su voz llena de confusión se hizo evidente una vez que la pregunta fue mencionada. Chise, entre todos, era el que más podía expresar con su tono voz, y eso era realmente fascinante.

No solía pensarlo a menudo, mucho menos lo diría a los cuatro vientos.

-Todos son unos idiotas. ˗Murmuró Haruta, pasándole el peluche a Chise, que lo recibió con ambas manos, acunando su cuerpo con toda la naturalidad del mundo, sin ápice de confusión.

Ningún par de manos durante el día se habían sentido tan cálidas y dulces como las de Chise.

-¡Son tan frustrantes, Chise-nii! Me voy a dar una ducha, ¡habla con esto! ˗Dijo de forma despectiva, sacando algo de ropa y yendo al cuarto de baño, lanzando la puerta.

Chise pestañeó dos veces para salir del estupor en el que estaba por la velocidad con la que todo pasó, y luego rió entretenido.

-¿Qué es esto? Ja, ja ¡Harii pensó que me estaba sintiendo solo! ˗Comentó el rubio para sí mismo, y luego guardó silencio˗, … bueno, no lo estaba escondiendo bien precisamente. ˗Susurró, mientras apretaba suavemente el peluche˗, hey, ¿también te sientes solo hoy? ˗Preguntó, y Lihito sintió que, si hubiera estado en su cuerpo, ante esa abrupta sinceridad, habría tragado pesadamente˗, Litto no estuvo en todo el día, ¿cuándo crees que vuelva…?

Chise se levantó de la cama, y sacó al AnthoZoo de Ryoga para acomodarlo con los demás. Lihito vio extendidos en fila a todos los peluches, y al final, vio un espacio vacío.

-¿Eras tú el peluche que me faltaba? ˗Preguntó con ternura Chise, mientras sujetaba a Lihito y lo acomodaba sobre su cama; acto seguido, se recostó a su lado, ubicándolo frente a su rostro. Lihito agradecía que en forma de peluche no tenía mucha movilidad˗, qué curioso, Harii suele regañarme cuando hablo con los AnthoZoo, pero hoy vino contigo específicamente… tendré que agradecerle más tarde.

No dijo palabra alguna. Si lo pensaba bien, todos habían llegado a la misma conclusión: Chise podría hacer algo respecto a su situación actual. Sea porque era el creador, o fuera porque en realidad tendría la voluntad de ayudar, el rubio parecía tener la respuesta a todas las dudas que surgían en la cabeza de Lihito.

Pero estaba tan lleno de mentiras, ¿cómo podía ser así? Incluso esa mirada de adoración mientras hablaba de Lihito, ¿no era toda una mentira?

Pero no podía negar que incluso él le había extrañado. Incluso Haruta se había dado cuenta de que, de alguna manera, las cosas tomarían un mejor curso estando juntos.

No puede ver la solución aún, pero allí está, con los ojos brillantes de Chise mirándolo fijamente, con esos ojos centelleantes llenos de adoración, y esa sonrisa ancha; con los dedos largos pasando por sobre él, con esos dáctiles recorriendo por sobre su existencia con una devoción inexplicable, mientras tarareaba Juliet y movía su cabeza ligeramente.

Era simplemente inefable, más voraz que todo lo que creía, sentiría de estar en su verdadero cuerpo. Agradecía que sólo tenía la consciencia activa, porque se sentía incapaz de poder ocultar todo lo que podría llegar a sentir en ese momento.

A su cabeza llegó la solución una vez más. Ese beso que necesitaba, ¿qué pasaría si Chise estaba dispuesto a dárselo? ¿funcionaría con un poco de voluntad de ayudar, o necesitaba amor romántico?

El amor estaba subestimado. No podía evitar pensar en ello por el momento. ¿Cómo sabría una maldición de este calibre cuando un beso es de amor, verdadero o no? Y la amistad intensa que tenían puede contar como amor verdadero, ¿no?

-Realmente extraño a Litto… ˗Volvió a murmurar˗, ¿quizás si sigo diciendo su nombre, aparecerá? Litto, Litto… ˗seguía susurrando mientras sus yemas temblorosas y algo humedecidas presionaban contra el mencionado.

Su nombre sonaba realmente bonito desde los labios ajenos, ¿no?

-¿Sabes, Litto? ˗Llamó Chise, y el muchacho nombrado se asustó por un momento, antes de percatarse de que Chise estaba fingiendo hablar con él a través de ese peluche˗, tienes que sonreír más. Eres un gruñón poco sincero. ˗Se carcajeó, mientras sus dedos cepillaban con sutileza la parte superior del pelaje del peluche˗, no sólo eso, eres muy guapo. Pero eso ya lo sabes, ¿no? Eras modelo, al final… ˗Exhaló pesadamente, y esa sonrisa dolida que solía esbozar de vez en cuando, volvió a surgir˗, sé que nunca te lo comenté, pero ¿lo viste en twitter? Realmente pensé que te veías guapo en esa sesión de fotos. Como si fueras hecho para estar frente a las cámaras. ˗La sonrisa herida de repente se borró, y se convirtió en una carcajada seca˗, pero mírame, pareciera que sólo te molesto. Sólo sé decirte gracias, porque me encanta cuando trenzas mi cabello o cuando me das algún dulce. O me dejas comer la mitad de tu sandía… ˗Comenzó a divagar.

“No creo que sea así del todo” pensó Lihito, “una vez pensé esto, pero en realidad, no tienes que agradecerme nada, porque lo que menos necesito de ti es eso…”.

Los largos brazos de Chise se envolvieron alrededor del pequeño cuerpo redondo de Lihito AnthoZoo, y este se estremeció internamente. Estuvo seguro de la agitación que tendría, del latido cardiaco acelerado; seguro de que esos tres minutos habían sido los más sinceros que ha tenido junto al rubio, aunque este jamás le hubiera mentido.

No, el nacido en enero jamás le ha mentido. Pero sí le oculta cosas, y no sabe si eso es peor que una mentira.

El lugar entre los brazos de Chise es un sitio que nunca había estado seguro de odiar desde que su amistad comenzó; es un sitio cálido, pero desde su nueva forma, parecía que podía apreciar muchísimo más esa sensación de tibieza y protección que le daba el otro muchacho, aunque muchas veces fuera Lihito el que buscaba protegerlo a toda costa.

Chise no era frágil, lo sabía. Pero no podía evitar querer protegerlo para que un intento de daño, se redujera a ningún daño en lo absoluto.

-¡Estoy tan, tan molesto! ˗De repente puchereó Chise, y presionó contra su cuerpo el AnthoZoo morado. Si Lihito pudiera, seguro había quedado sin aire con lo repentino de la acción˗, ¡en serio, en serio extraño a Litto! ¡Litto, ¿dónde estás?! ˗Se quejó, mientras presionó con algo más de fuerza el pequeño peluche, parecía estar haciendo berrinches que no eran apropiados para su edad y, sin embargo, calzaban tan bien con lo que es el rubio en esencia.

El nacido en septiembre sintió que era el momento de hablar, de explicarle todo.

-Quizás sí necesitaba algo de tiempo lejos para ordenar lo que siento por ti, ¿no piensas así? ˗Comentó en voz baja, sorprendiéndolo, acomodando al peluche para que se posicionara sobre el pecho del más alto.

“¿Qué…?”

-Hey, Litto… ˗Dijo con suavidad, mientras el pecho de Chise subía y bajaba con lentitud˗, ¿es muy raro si te digo que me gustas?

El mencionado pensó que quedó sin aire por un momento.

-No es ese gustar que siempre grito cuando estoy feliz, no quiero decirte que te quiero, sino que me gustas… ˗Masculló, mientras sus brazos subían a su propio estómago, y sus manos se entrelazaban allí˗, pero supongo que es raro, ¿no? No quiero que pienses que soy raro… no tú. ˗Suspiró, y con cuidado, reacomodó el AnthoZoo una vez más a la altura de su rostro. Se ubicó del lado izquierdo de su cuerpo, considerando el consejo de Ryoga sobre una mejor digestión˗, toda la vida me han dicho que digo cosas extrañas, no quiero que pienses lo mismo de mí.

Lihito podía sentir la ansiedad de Chise. Se preguntaba todo el tiempo cómo era vivir en un mundo donde podía ver los sonidos, y eso solía saturarlo. ¿Pasaría lo mismo con su voz? ¿Chise podía ver colores turbios en su propia voz cuando se sentía mal, y hablaba en voz alta?

El nacido en septiembre odiaba pensar que Chise le mentía. Le gustaba el Chise sincero que pedía jugar con él, que pedía más tiempo en la cama, que seguía con orgullo el ritmo de Haruta y vocalizaba junto a él.

No quería pensar que el verdadero Chise se reducía a un montón de inseguridades, pero al mismo tiempo, sentía que quería cuidarlo, porque ese no era Chise. Sería Chitose.

Quizás por eso, por un momento no le importó quedarse como un AnthoZoo y vivir por siempre junto a su respiración, junto a esa presión contra su cuerpo y esos ojos como centellas, fulgorosos y dulzones, con esa sonrisa de felicidad inconmensurable, o esa mirada inmaculada del mal del mundo, entre cuatro paredes.

Pero tenía que volver a ser él, para decirle al rubio que era mala idea esconder ese tipo cosas.

-No quiero vivir una vida de forma idealizada a tu lado. O más bien, no quiero imaginar cómo sería eso. Quiero seguir haciendo lo que hacemos, quiero que trences mi cabello, que me regañes cuando el flequillo me cubre el rostro, que te enfades si pierdo mis cosas. ˗Suspiró profundamente˗, quiero seguir llegando a tu cuarto a las dos de la mañana y que te enfades, pero entonces me acaricies el cabello. Quiero seguir viendo cómo haces el café o cómo cortas las frutas. Quiero… ˗Tomó aire lentamente, quizás por el miedo. A veces, para Lihito, Chise es más impredecible que una tormenta a altas horas de la madrugada, en plena primavera˗, quiero monopolizarte porque, aunque no te des cuenta, el amor de Litto es tan sutil, tan lindo, que quiero tenerlo sólo para mí. Qué egoísta. ˗Quizás eso no quiso decirlo en voz alta.

La voz de Chise tembló repentinamente cuando habló por última vez:

-¡Ah, pero no le digas a Litto! Nunca podré decirlo. Así que, por favor AnthoZoo, ¡que sea nuestro secreto!

“Ah, no podré prometer eso, Chitose” pensó, mientras sentía como el muchacho debajo de él comenzaba a respirar más lento.

Comenzaba a dormir…

“Yo…”

-¡Chise-nii! ˗Gritó Haruta entrando a la habitación, provocando que el más alto brincara en su lugar, y simplemente comenzara a reír de buen humor por lo repentino de la aparición ajena en el cuarto compartido.

-¡Harii! ¡gracias por traerme a este pequeño! Me siento de mejor humor~. No sé por qué, pero este AnthoZoo me hace sentir menos solo.

Haruta, que estaba de pie en la puerta, acomodó la toalla sobre sus hombros y caminó hacia su propia cama. Entrecerró los ojos mirando atentamente al AnthoZoo.

-Ah~ no deberían mentirte, Chise-nii, pero eres un caso. ˗Sacó la toalla de su lugar y la dejó en el suelo, mientras ingresaba a su cama y se cubría con las mantas˗, ¡ah, ustedes, idiotas frustrantes! ¡me voy a dormir!

Sin entender mucho la situación, Chise comenzó a reír feliz. Era… esa risa a carcajadas de verdadera felicidad, y Lihito repentinamente olvidó en el estado en el que estaba.

Sólo quería volver para calmar a Chise de esa angustia que tenía en el interior.

De forma abrupta, se sintió sujeto una vez más por esas yemas trémulas, por esos dedos largos y preciosos que presionaban con cuidado. Los labios de Chise se posaron en lo que eran las mejillas del peluche, con un humor magnífico, con la carcajada aún fluyendo de sus labios.

-¡Ah, lo que pierde Litto! Cuando vuelva ¡le daré muchos besos como estos! ˗Cada vez que sintió un contacto, como una mariposa, sus labios se posaban contra él una sutileza y una dedicación inexplicables, con un amor que sentía a través de ese breve tacto revoloteante sobre su existencia.

“Así que así es como se siente recibir besos con amor de verdad…” pensó Lihito, antes de que repentinamente los labios de Chise contactaran con los del peluche.

Lihito cerró los ojos internamente. Sin embargo, sólo siguió sintiendo el contacto sutil y feliz del rubio, siguió sintiendo ese amor a raudos que se escapa a través de su boca, de forma esporádica sobre su cuerpo.

Quizás no era un beso como los que necesitaba para romper esa maldición, pero sí era, lo que nunca supo, necesitaba en su vida.

Tiempo más tarde, Chise estaba acostado bocarriba, sujetando en lo alto el peluche, cuando un toque familiar en la puerta llamó la atención del rubio, abriendo la puerta.

-¿Chise? ˗Llamó Ryoga, ocasionando que la mirada de adoración que el rubio poseía se desviara hacia él.

-¿Mnh? ˗Preguntó con voz cansada.

-Eh, sé que no es adecuado, pero ¿me devuelves a Lihito? ˗Preguntó como si nada, apuntando al AnthoZoo.

-¿Oh? ¿Harii te lo pidió? ¡perdón, Ryo-kun! Toma. ˗Extendió el peluche, y antes de que contactara con las manos ajenas, Chise lo alejó de él, y plantó un suave beso en sus labios, para despedirlo con una pequeña sonrisa de labios cerrados y unos ojos amorosos˗, todo tuyo.

Ryoga lucía consternado. Tratando de no ser evidente, tomó rápidamente el peluche de búho y salió del cuarto. Lihito no podía explicar lo que sentía; una cosa era recibir múltiples besos bajo la luz del cuarto de Chise, bajo un manto de olvido que no presentaba testigo alguno para señalar las cosas, y lo otro… Lo otro era besarlo frente a Ryoga. Pero Chise era Chise, impredecible.

Además, el rubio no sabía que él era ese pequeño animal de felpa, ¿qué haría si alguna vez se enterara? ¿podría volver a estar bajo las luces de su habitación, y sentir sus labios contactar en la mejilla otra vez?

Al final, Chise para Lihito, era sólo luz.

Una vez que sus piecitos de felpa contactaron con las blancas sábanas, escuchó la carcajada de Ryoga mientras se veía envuelto en una curiosa luz, y recuperaba su cuerpo sin dolor alguno. Como tuvo sus ojos cerrados durante todo el proceso, no sufrió con las percepciones del nuevo cuerpo con respecto a lo que le rodeaba. No obstante, se encontró a sí mismo cubriendo su rostro acalorado con sus manos, con un ritmo cardiaco acelerado y una sensación adrenalínica en el estómago.

Ryoga seguía con esa carcajada burlona escapando sonoramente de sus labios.

-Entonces… ¿sí te amaban? ˗Burló, recibiendo en respuesta un cojín en el rostro por parte del más bajo, haciéndolo callar.

-Cállate. ˗Bramó con violencia, buscando su ropa para dormir, y vistiéndola rápidamente˗, vamos a dormir.

Esa noche, entre la sensación cálida que cubría sus labios y sus mejillas, Lihito pudo dormir en paz. La mañana siguiente parecía del mismo modo; calma, comenzando a la hora usual de un día ocupado en los dormitorios de AmaPro. Todavía se escuchaba de fondo a Haruta lidiando con Chise en la cama, y a Mahiro reír con Kaoru y Setsuna mientras iban a la mesa.

Lihito pidió desayuno para todos, y simplemente tomó asiento en su lugar habitual, preguntándose cómo debía enfrentar a Chise después de todo.

-¡Buenos días! ˗Gritó Chise, y casi se pudo sentir un resplandor en la sala, un cambio en el ambiente y el aura del rubio, cuando sus ojos encontraron la figura sonrojada de Lihito en la mesa. Corrió en su dirección, pero antes de siquiera abrazarlo, el de cabellos morados se levantó de su asiento, evitando el toque ajeno˗, ¡Litto, buenos días!

La mesa quedó en silencio mientras Lihito mordía su labio inferior sin saber qué decir. Por una parte, todavía quería… hablar con el nacido en enero sobre lo que había pasado el día anterior. Por otra, quizás los secretos eran secretos por algo, y quería respetar su privacidad.

Pero ese sonrojo que cubría sus mejillas seguro lo delataba…

Chise ladeó su cabeza un poco, mientras su cabello desordenado caía por su rostro. Esos ojos brillantes delataron conocer algo que no comprendía, y mientras Kaoru sujetaba la taza de té entre sus dedos, el rubio se acercó a Lihito, que seguía sin tocar sus manos, su cabello, o algún aspecto de él.

Hubo una calidez ligeramente sonora y humedecida antes de abrir sus ojos con sorpresa, y verse sorprendido frente a los demás, que yacían risueños ante la situación. Los labios del más alto contactaron brevemente con su mejilla, mientras una sonrisa cómplice se extendía por los labios del menor.

-Buenos días, Chise… ˗Respondió pasmado, y de fondo se escuchó la carcajada de casi todos los integrantes de Anthos* exceptuando a Setsuna, que cabeceaba brevemente por la sensación de somnolencia aun presente.

-¡Demos nuestro mejor esfuerzo hoy! ˗Dijo Chise, mientras tomaba asiento en su sitio habitual˗, ¿podemos hablar en el tiempo libre? ˗Indagó con inocencia en la voz, pero con esos ojos que expresaban verdadera comprensión de todo.

Lihito amaba esos ojos.

-Siempre y cuando no sea una pérdida de tiempo. ˗Respondió, tomando la taza de té.

Chise negó con suavidad, sus cabellos meciéndose al ritmo de su gesto.

-Mnh. Estaré esperando por eso. ˗Contestó, llevando su propia taza a sus labios para esconder su sonrisa.

Realmente parecía que no podía evitar los labios de Chise contra él. Y tampoco pondría mucho esfuerzo en ello.