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Un Secreto Compartido

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Louis observaba a las personas lo suficiente para recordar sus rasgos si por algún motivo del destino resultaban ser un objetivo o alguien de quien tenían que cuidarse. Suponía que cualquier londinense común tendría cosas mas importantes que hacer que estudiar la apariencia física de extraños que seguramente no reconocería ni volvería a ver en lo que quedaba de su vida. Por esta suposición es que le extraño tanto cuando el Dr. Watson le escribió para invitarlo a tomar el té en una casa de café en medio una concurrida calle de Londres.

Solo había coincidido con el hombre dos veces, que recordase, la primera vez fue en el tren a Londres, aunque en ese instante no le había prestado tanta atención ya que estaba mas ocupado vigilando a Holmes. La segunda y hasta ese momento última vez que vio al doctor fue en el cementerio, ambos allí por el mismo motivo: el primer aniversario de la muerte del Gran Detective y el Señor del Crimen. Esa vez no hablaron, simplemente intercambiaron miradas y siguieron cada un por su camino, después de todo, no eran más que desconocidos.

 


 

A las 4 de la tarde, se encontró delante del establecimiento. La pequeña casa de café le pareció pintoresca, quizás demasiado colorida para su agrado, pero no es algo que fuese a decir en voz alta. Watson pidió un té de vainilla, Louis por su parte prefería el té verde, el doctor también pidió un plato con biscochos. El silencio cayo entre ellos, Louis lo aprovecho para observar mas detenidamente al hombre en frente de él. Parecía estar bien, lo último que había escuchado del doctor es que había contraído matrimonio, Louis no se veía a si mismo haciendo tal cosa, pero recuerda haber pensado que la vida domestica le quedaba a Watson. Siempre tuvo esa aura de hombre de familia, después de todo.

 

Traía una bolsa, sus contenidos desconocidos. También llevaba consigo un ramo de flores, claveles rosados para ser más exactos, no eran del tipo de flores que obsequiabas a tu esposa, no, eran el tipo de flores que llevabas a aquellos que ya no se encuentran contigo. Así que iba a visitar a su viejo amigo.

 

El doctor abrió la boca y tan rápido como realizo la acción, la cerro de nuevo. Louis pensó en hablar el primero, pero nunca le gusto ser el quien empezaba las conversaciones, así que se cayó y decidido esperar a que Watson encontrara las palabras necesarias.

Finalmente, comenzó.

 

“Ha pasado mucho tiempo, señor Moriarty”

 

“Solo Louis está bien” dijo, nunca sintió ese apellido como suyo, además, definitivamente le quedaba mejor a William.

 

“Ya veo, Louis, entonces por favor, llámeme John” Watson, no, John sonrió.

 

“Como ha estado?”

 

Louis no entendía el motivo de esto, preferiría que el hombre solo fuese directo al grano y se ahorrase las cortesías. Esto, al igual que su opinión sobre el establecimiento donde se encontraban, tampoco lo dijo.

 

“Bien, ¿cómo ha estado usted?” respondió, era lo menos que podía hacer.

 

“Estupendamente, mi mujer y yo compramos una casa no muy lejos de aquí.”

 

“Ya veo”

 

El silencio volvió a hacerse presente, el camarero eligió ese preciso instante para traerles el té y el acompañamiento. Louis noto como el doctor tomaba uno de los biscochos, dando una pequeña mordida y tomando un poco de te poco después. El mismo no los toco, no era muy de dulces.

 

“Se preguntará porque lo llame aquí” Por fin, pensó el hombre, ya se estaba impacientando.

 

“Quería ser capaz de hablar con usted, aunque solo fuese una vez” Se llevo la taza a sus labios y dio un pequeño sorbo.

 

“Como seguramente ya sabía, yo soy ‘Arthur Conan Doyle’, el escritor.” Claro que lo sabía, William lo había deducido y Mycroft le dio la confirmación absoluta.

 

“Estaba al tanto, si” fue lo que respondió.

 

John le sonrió, una sonrisa deslumbrante y sin pizca de malicia alguna.

 

“Por supuesto” tomo otro sorbo de te antes de continuar y Louis noto que el mismo no había siquiera tocado el suyo, imitando la acción del doctor, tomo su taza y bebió. La amargura del brebaje podría haber sido desagradable para otros, pero a el reconfortaba de una extraña manera.

 

“Bueno, hay un libro en el que he estado trabajando por un buen tiempo ya, y quería obsequiárselo”

 

Louis levanto una ceja en confusión al oír esto. ¿Obsequiárselo? ¿A él?

 

John tomo su silencio como una invitación para continuar.

 

“Verá, este no es un libro que pueda publicar…en realidad lo escribí para mí mismo, pero pensé que a lo mejor usted querría un ejemplar”

 

Después de decir esto saco un manuscrito de la bolsa. Le extendió el fajo de papeles y Louis abrió los ojos como platos al ver el título, impreso con máquina de escribir en simples letras negras.

 

-El Verdadero Problema Final, por John Watson- anunciaba la primera página.

 

El hecho de que hubiese firmado con su verdadero nombre le dijo a Louis todo lo que necesitaba saber, aun así, miro a John a los ojos y se encontró balbuceando sin quererlo.

 

“E-Esto es…”

 

“Así es” Fue lo que dijo el hombre. Se inclino mas en su asiento y Louis le imito.

 

“Se que…yo no soy el mas adecuado para contar esta historia, pero no creo poder seguir viviendo en paz sin haber escrito lo que paso en realidad ese día” hablaba en susurros, para que solo Louis pudiese escucharlo.

 

“Obviamente, no puedo hacerlo público, pero…quería que usted lo tuviese, para que al menos alguien más tuviese en sus manos la verdadera historia y no la farsa que escribí para mantener el secreto a salvo”

 

Louis no sabia que hacer, o más bien, había demasiado que quería hacer. Quería reír, llorar, maldecirle por hacerle recordar ese día, agradecerle.

 

“Yo…lo conservare” fue lo que salió de sus labios.

 

El doctor soltó un suspiro de alivio.

 

“Gracias” de un gran sorbo acabo con lo que quedaba de su te. Louis también tomo el suyo, de repente dándose cuenta de que estaba seco.

 

“Hay algo mas que quería pedirle” pronuncio John. “Solo si usted esta de acuerdo, por supuesto”

 

Louis simplemente asintió.

 


 

No había mucha gente en el cementerio ese día. Él lo agradecía, aun a día de hoy había gente que le reconocía, o más bien, que reconocían de quien era hermano. Recordó los gritos y acusaciones que recibió los primeros meses, hubo personas que incluso le lanzo piedras, era de esperarse.

Avanzo junto con el doctor hasta una lapida en particular. Había varias flores decorándola, seguramente de admiradores. John se agacho frente a ella a rezar, Louis no quiso interrumpirlo.

 

Después de unos momentos dejo el ramo, y el muchacho noto entonces que no era solo uno, sino dos ramos idénticos. También noto que en cada ramo había un solo clavel blanco.

 

“Sabes, él le quería” empezó John, llamando la atención de Louis.

 

“El me dijo que quería salvarlo porque era su querido amigo…pero yo creo que era algo mas que eso. Conocía bien a Sherlock, lo vi en sus ojos.”

 

Cuando fijo su mirada en él, Louis no fingió ignorancia, el mismo había visto algo parecido en su hermano, por algo le pidió al detective su ayuda. Aun así, eso no hizo más difícil el escuchar que los sentimientos habían sido correspondidos.

 

“Era mutuo” Decidió decir. Atisbo un pequeño indicio de tristeza en los ojos de John.

 

El doctor le instó a que acercase. Louis obedeció.

 

Le guio para que se agachase con el y le dio el otro ramo.

 

“Se que visitas esta tumba a menudo ya que a tu hermano nunca le concedieron una.” Dijo, y Louis no dijo nada. No necesitaba hacerlo porque sus ojos lo decían todo. Claro que había estaba actuando como si el lugar de reposo de Holmes fuese el de su propio hermano. Todo porque el pueblo ingles consideraba una ofensa el darle uno a William, para siempre recordado como el mal mas grande que azoto a Inglaterra. ¿Era eso egoísta de su parte? Claro que lo era, y se sentía culpable cada vez que lo recordaba.

 

John noto que no decía nada y decidió continuar.

 

“Yo también…yo también recordare este lugar como un monumento para ambos así que…no tienes que sentirte culpable, podemos compartir el secreto, ¿te parece bien?” Louis sintió las lagrimas caer de sus ojos. También sintió el brazo de John pasando alrededor de su hombro y abrazándolo lo mejor que pudo en la posición que estaban. Por el rabillo del ojo, noto que el doctor tenía los ojos cristalizados, la amenaza de lágrimas presente. También empezó a llorar.

 

Estuvieron así por unos minutos, llorando y abrazándose, unidos por el amor fraternal que sentían hacia dos hombres cullos cuerpos ni siquiera yacían bajo la tierra debajo de sus pies.

Después de un rato, ya habiéndose calmado un poco Louis deposito el segundo ramo junto al primero, el significado de esto comprendido solo para ambos hombres.

 


 

Mas tarde, cuando ya se había despedido de John con la promesa de mantenerse en contacto, se encontró así mismo en el compartimento del tren, leyendo el manuscrito que el hombre le había regalado. Mientras hacía esto, empezó a pensar en el significado que antes les había asignado a las flores.

Los claveles rosados representan el recuerdo de los difuntos, son para aquellos que han muerto, eso estaba claro. Los claveles blancos, sin embargo, simbolizan el amor puro y la inocencia. Cuando lo pensaba de esa manera eran perfectos para Holmes y su hermano.

 

Con este pensamiento en mente, Louis sonrió, una sonrisa genuina que no había sido capaz de invocar desde hace mucho tiempo. Con un peso menos en el corazón, se acomodó más en el asiento y se dispuso a seguir con su lectura.