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There and Back Again

Chapter Text

 

Be strong and hold my hand

Time—it comes for us, you’ll understand

We’ll say goodbye today

And I'm sorry how it ends this way

If you promise not to cry

Then I’ll tell you just what I would say

 

If I could be with you tonight

I would sing you to sleep

Never let them take the light behind your eyes

One day I’ll lose this fight

As we fade in the dark

Just remember you will always burn as bright

(song)

Thorin sabía que era el final. Había luchado demasiado, su cuerpo empezaba a no responderle. Sólo había una forma de acabar con el Profanador. Thorin iba a morir y lo sabía, pero no sin antes llevarse consigo al ser despreciable que había matado a casi toda su familia. Thorin movió la espada, sabiendo que una vez que no hiciese resistencia la vaina de Azog se clavaría en él, dándole la oportunidad de matarle. Lo había previsto en su cabeza, y empezó a moverla, dando un último respiro.

Pero la vaina no se clavó en él.

Alguien había empujado a Azog, haciendo que este perdiese el equilibrio y cayese a su izquierda. Thorin notó el acero tocando su piel, nada más que una pequeña herida. Se incorporó, buscando a su salvador, esperando ver a Dwalin, sin embargo no era su fiel amigo.

Lat.’ Dijo Azog mirando a Bilbo.

El hobbit había utilizado todo su peso y velocidad para poder caer encima del pálido orco y salvar a Thorin, pero eso le había dejado un poco aturdido. Aún no se había recuperado del golpe en la cabeza y estaba empezando a marearse. Vio que una figura blanca se levantaba cerca de él y se aproximaba. Su cuerpo le pedía correr, todos sus instintos de supervivencia le gritaban que huyese, pero él no podía moverse. Era como si su cabeza no mandase la orden a sus peludas extremidades.

Azog se empezó a levantar, dispuesto a acabar de una vez por todas con la criatura que se había interpuesto entre el enano y él por segunda vez, más al hacerlo notó como le cortaban la pierna. Con un grito de dolor se giró y vio a Escudo de Roble de rodillas, moviendo su espada con dificultad para dar el golpe final. Azog lo paró, lleno de dolor y rabia.

‘¡Bilbo, corre!’ Grito Thorin, y Bilbo lo intentó, sin conseguir mayor resultado que le de desplazarse un poco gracias a la capa de hielo.

Azog dio un cabezazo a Thorin, haciendo que este retrocediera unos metros, dándole tiempo a moverse y levantarse. Thorin no tardó en recuperarse y se levantó del suelo dando un movimiento circular con Orcrist, haciendo que Azog se volviese a caer. Thorin aprovechó la ocasión para atacar su torso, consiguiendo, tras varios golpes, estar en una situación de ventaja; hasta que por fin, al cabo de varios minutos de lucha, le clavó a Orcrist en el pecho. Azog le miró sin creer lo que veía, pensando que podía salir de esta, pero Thorin se situó encima de él y presionó, clavando a Orcrist tan profundamente en su pecho que ésta perforó el hielo, haciendo que la sangre de Azog se filtrase por el agua, cubriéndolo todo de negro a su alrededor.

Thorin miró fijamente a Azog, viendo como la luz se le apagaba de sus ojos y notando, cuando al fin los vio sin vida, una enorme satisfacción, como si un peso extremadamente pesado que no sabía que llevaba encima, hubiese caído de él. Tardó unos segundos en salir de ese trance hasta que recordó a Bilbo.

‘Bilbo.’ Gritó levantándose de mala manera y yendo a su encuentro. Se arrodilló a su lado, buscando heridas por todo su ser.

‘¿Thorin?’ La voz del mediano era débil.

‘Sí, Bilbo, soy yo.’ Dijo Thorin mirándole a los ojos y viendo más negro que azul oscuro.

‘Thorin.’ Bilbo subió lentamente las manos, colocándolas a ambos lados de la cara de Thorin. ‘¿Estas bien?’

‘Estoy bien, Bilbo. ¿Bilbo?’

Pero Bilbo no contestó, había caído en un oscuro sueño.

***

 

Lo primero que notó Bilbo fue un fuerte dolor en la cabeza, un agudo pinchazo, que le perforaba por todo el cuerpo. Después fueron las voces. Voces sin sentido, que decían cosas que él sabía que debía entender pero que no entendía. Notó como alguien le tocaba. Notó como movían su brazo, o su pierna, no sabía muy bien qué. Notó más dolor, esta vez por todo su cuerpo, y después, sin saber por qué, abrió los ojos. No conseguía enfocar nada, no había nada que le resultase familiar, todo le daba vueltas, provocándole nauseas. Quiso volver a cerrar los ojos, pero estos no le respondían. Todo le daba vueltas, quería que el agudo pinchazo de la cabeza parase, que las voces se apagasen, que todo se quedase quieto.

‘Bilbo.’

Bilbo conocía esa voz. Bilbo había oído esa voz en numerosas ocasiones a lo largo de los últimos meses. Bilbo sabía que esa voz le llamaba. Intentó buscar al dueño de la voz, pero solo veía figuras borrosas.

‘Bilbo.’

Azul. Lo primero que vio Bilbo fue el color azul. Un azul tan puro que era casi difícil de apartar la mirada. Bilbo se fijo que el azul no era solo azul, sino que era algo más. Poco a poco lo que había alrededor del azul se fue haciendo más visible hasta que Bilbo pudo ver una cara magullada, con heridas frescas pero limpias, llena de preocupación. Bilbo conocía esa cara.

‘Thorin.’ Quiso decir, pero no pudo más que abrir los labios. Aún así Thorin se dio por aludido, cogiendo la mano del mediano entre las suyas y llamándole de nuevo.

***

 

‘Ha recibido un fuerte golpe en la cabeza, tiene una gran contusión. Todavía no sé si va a general algo más. Habrá que esperar a que se despierte.’ Las palabras de Oin se repetían una y otra vez en la mente de Thorin. Thorin, quien había intentado proteger a Bilbo de cualquier daño con la cota de mithril no había previsto la cabeza. Thorin, quien sabía de la delicadeza de los hobbits, de lo fácilmente que se lastimaban.

Pero Bilbo es más fuerte de lo que aparenta, se dijo a sí mismo.

Bilbo, quien había abierto los ojos ligeramente y luego se había vuelto a dormir. Thorin dejó su lado, pues el deber le llamaba.

Oin le había dicho que debería descansar. Había recibido múltiples heridas en la batalla, algunas de ellas muy dolorosas y algunas profundas. Su médico personal no había parado de insistir en que necesitaba reposo, pero Thorin no podía reposar. No podía yacer en un lecho convaleciente, tenía demasiados asuntos que tratar, demasiadas cosas que hacer.

Lo primero que hizo una vez que había depositado a Bilbo en las manos de Oin fue buscar a sus sobrinos. Había visto como Azog arrastraba a Fili hasta el precipicio, decidido a matarle delante de sus ojos, sabiendo que él no podría hacer nada, y así hubiese sido si una flecha no se hubiese clavado en Azog, haciendo que este soltase a su sobrino. Thorin vio como Fili caía, y se apresuró en su búsqueda, más no pudo llegar. Los orcos habían bajado al lago y se disponían a atacar a Fili y Kili, los cuales huyeron en busca de mejor terreno. Thorin tuvo que enfrentarse a dos antes de que Dwalin le salvase la vida matando al que tenía de espaldas.

‘Yo iré a por los chicos, vuelve con Bilbo.’

‘Thorin, son demasiados. Tu solo no podrás.’ Dijo Dwalin sin querer dejar a su amigo y rey desprotegido.

‘Me las apañaré. Vuelve con Bilbo. Protégele.’ Thorin no se lo dijo como una orden. Nunca le había ordenado nada a Dwalin, al menos no mientras había sido él mismo, pero Dwalin conocía perfectamente la diferencia entre lo que era una sugerencia y lo que era una orden. Dwalin nunca había olvidado que por encima de ser su mejor amigo, Thorin era su rey. Si Thorin le pedía que protegiese al mediado, eso haría.

Dwalin hizo un gesto de cabeza y colocó una mano en el hombro de Thorin en señal de despedida. Thorin le respondió el gesto y se dio media vuelta, sabiendo que Bilbo estaría a salvo.

Desde entonces había pasado casi un día, sin embargo Thorin había dado las gracias a Mahal cada segundo desde que había encontrado vivos a sus sobrinos.

Fili se había roto una pierna, cinco costillas y casi había perdido un ojo, pero estaba vivo y estable. Kili era el que peor parado había salido. Un objeto largo y punzante había atravesado su hombro izquierdo lo suficiente como para casi perforarselo, pero por suerte no le había matado. Estaba dormido, inducido en un sueño por Oin, para que el dolor no le pudiese mientras intentaban salvar lo que le quedaba de hombro.

Cuando habían traído a Kili una elfa iba con él. Al principio no la dejaron acercarse a la Montaña, pero Fili dijo que ella tenía que estar, y por insistencia del futuro principe heredero la dejaron. Gracias a ella Kili no murió ni perdió más sangre de la necesaria. Pero todo esto Thorin no lo sabía, Thorin no sabía que dicha elfa de cabellos cobrizos era la que había salvado a su sobrino de la muerte no una, sino dos veces. Thorin no sabía que tenía una deuda de vida con dicha elfa, por lo que Thorin hizo lo que cualquier enano hubiese hecho al ver a una elfa silvana, la misma elfa culpable de haberlos encarcelado en el Bosque Negro, cerca de un ser querido. Arrogarle una daga para apartarle del cuerpo de su sobrino.

No fue hasta tiempo después, después de mucha insistencia de un convaleciente Fili, cuando Thorin se relajó un poco, permitiendo la presencia de la elfa siempre y cuando no saliese de la habitación sin su consentimiento. No iba a permitir que una elfa de Thranduil se pasease por los salones de sus antepasados. Puede que hubiesen sido aliados circunstanciales, mas Thorin jamás confiaría en Thranduil. Esa elfa estaba en su reino, por lo que tendría que obedecer sus órdenes. Confiaría en Fili, pues le debía eso y mucho más, pero todo tenía un límite.

Lo siguiente que hizo, una vez que supo de las pérdidas por su parte y pedir a Balin que organizase la montaña para que todos los enanos pudiesen refugiarse en ella, fue coger una cabra e ir a Valle. Tenía que hablar con Bardo. Tenía muchas disculpas que pedir y Thorin prefería quitárselas de encima cuanto antes.

‘¿Quién va?’ Dijo un hombre de cabellos y barba gris.

‘Thorin, hijo de Thrain. He venido para hablar con Bardo.’ Dijo Thorin entrando en la ciudad, sin esperar a ser invitado. Dwalin iba a su lado, como si fuese su sombra.

El hombre iba a decir algo, por su cara algo desagradable, pero no pudo, pues el Asesino del Dragón se presentó delante de él.

‘Thorin, hijo de Thrain. Me alegra veros con vida.’ Dijo Bardo saliendo a su encuentro. ‘¿A qué se debe vuestra visita?’

‘Hay asuntos que tratar,’ Dijo Thorin desmontando. ‘Asuntos que conviene aclarar cuanto antes.’

Bardo sabía a lo que se refería y tras unos segundos, hizo un gesto para que le acompañase. Thorin así lo hizo.