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There must be an angel playing with my heart

Chapter Text

Título: there must be an angel playing with my heart.

Capitulo: 2/3

Pairing: Jared/Jensen o Jensen/Misha o simplemente Jensen… mira, leedlo y me decís…

Personaje secundario: Misha Collins

Fandom: RPS

Autora: Taolee

Beta: flexikuki

Estado: sin terminar

Número de palabras: 2.625

Disclaimer: ellos no me pertenecen, pero sí mi imaginación y hago con ella lo que puedo.

Warning: sexorro en sitios públicos, palabras guarrillas y subidas de tono, terminología grosera y burda… bueno, lo normal en mí XD

 

 

CAPITULO 2

 

 

                La puerta del baño estaba cerrada y ligeramente atrancada con la mochila que Jensen llevaba todos los días al set. Normalmente ese aseo no lo usaba nadie, por lo que habían decidido atrincherarse allí para darse el lote, y eso llevaban haciendo por lo menos media hora. Jensen estaba sentado sobre un poyete al lado de los lavabos. Jared estaba anclado entre sus piernas, tan pegado a él que no se distinguía dónde empezaba el cuerpo de uno y dónde terminaba el del otro.

                Tener la ropa puesta era un coñazo y más esos vaqueros tan rígidos. Habían ido desvistiéndose mientras salían de grabar, pero a Jensen no le había dado tiempo de quitárselo todo y se había quedado con la camisa verde que usaba Dean y una camiseta debajo. Jared había sido más rápido y desprenderse de toda la ropa era una habilidad innata, por lo que ahora apenas llevaba encima esa camiseta gris de pico que llevaba con él a todas partes.

                El cuello de Jared le embrujaba. Era ancho, fuerte, musculoso. ¿Cómo, en nombre del cielo, se podía tener músculos en el cuello? Pues Padalecki los tenía y aunque Jensen nunca había pensado en eso antes, había muy pocas partes en el cuerpo de ese hombre donde no tuviera algún músculo fuerte y desarrollado.

                Le pasó la lengua por la vena del cuello, sintiendo cómo latía bajo su roce. El pulso de Jared iba rápido, como el suyo propio, y las respiraciones igual de profundas y acompasadas.

                - Jared.

                - ¿Hmmm?

                Jensen no supo lo que iba a decirle cuando dos segundos más tarde Jared le sostuvo la cabeza con ambas manos para mantenerle quieto mientras lo besaba con más brío a la altura de la barbilla, dándole pequeños mordisquitos. Sabía que tenía que estar raspándole la lengua y los labios con su barba de varios días, pero a Jared no parecía molestarle.

                - ¿Ibas a decirme algo? –Jared alejó los labios para preguntarle.

                - Sí –Jensen tuvo que hacer acopio de todo su valor para hacer funcionar las pocas neuronas que le quedaban operativas en el cerebro para unirlas y así poder decir algo con sentido.

                - ¿Y bien?

                Entonces Jared bajó las manos que lo tenían sujeto por la cabeza, arrastrándolas hasta el final de la espalda. Allí lo empujó contra él a la misma vez que lo recibía con la pelvis echada hacia delante y con una ostentosa erección en los pantalones.

                Jensen habría podido lidiar con eso, pero cuando Jared se restregó contra su cuerpo, ondulándolo y amoldándolo a él, supo que estaba perdido y que por mucho que buscara las palabras, sabía que jamás volvería a encontrarlas.

                - ¿Jensen? –Jared alejó la cara y lo miró-. ¿Estás bien?

                Jensen asintió con la cabeza. Tragó saliva con dificultad y volvió a besarle para que se callara. Le mordisqueó  los labios y los sostuvo entre los dientes unos segundos. Le encantaba que fueran tan finos y expresivos. Él se pasaría toda la vida besándolos. Luego deslizó la mano por debajo de la camiseta rodeándole la cintura. La espalda de Jared era todo músculo y firmeza y todos y cada uno de esos músculos estaban en tensión contraídos bajo sus manos. Lo acarició con lascivia y lo atrajo hacia sí para besarle con más ímpetu. Jared se dejó besar con abandono, arrimándose a él todo lo posible.

                - Joder sí, Jensen… Cuánto te he echado de menos.

                - Calla y bésame –Jensen lo obligó a abrir la boca para hundirse en él. Jared sabía a gominolas de fresa y en la lengua aún había restos de azúcar sin diluir. Jensen se fundió con ellos. Lo paladeó como si se tratara del manjar más exquisito y delicioso del mundo entero-. Jared, no pares.

                Y no tenía intención de parar, sino todo lo contrario; ahondó con más ganas la lengua en su boca y jugó con ella. La entrelazó con la suya y la saboreó impregnándola de su dulce sabor.

                - ¡Joder Jensen, tengo que irme! –Jared se separó de él dando un salto hacia atrás mientras se ponía una mano en la frente y movía los ojos de un lado a otro-. Le prometí a Jim que le acercaría a recoger su coche del mecánico a las cuatro. ¡Y ya son las cuatro y veinte! Va a matarme.

                - Dile a Misha que lo lleve –Jensen se resistió a dejarle ir y lo intentó agarrar antes de que Jared se alejara, pero no tuvo éxito.

                - En serio, no puedo –Jared se acercó para darle un beso y se volvió a alejar rápidamente-. Ya conoces a Jim, pero te propongo una cosa –Jared se volvió a arrimar cuando vio la cara de Jensen con mohín incluido en los labios-. Quédate a jugar y esta noche te prometo que te haré todo lo que tú te hagas.

                Los ojos de Jensen brillaron. Luego enarcó la ceja queriendo cerciorarse bien.

                - Todo… ¿todo?

                - TO.DO –pronunció sílaba por sílaba-. Pero sin mentirme, ¿eh? Lo prometes.

                - Te lo prometo –Jensen levantó la mano haciendo la señal del boy scoutt, como si lo fuera.

                Satisfecho porque Jensen no se hubiera tomado tan mal que lo hubiera dejado a medias, Jared le dio un último beso y caminó hacia la puerta. Apartó la mochila y salió rápidamente.

                Jensen se quedó allí sentado por un momento. Luego se bajó del poyete y se apoyó contra él. Seguía estando muy empalmado y muy cachondo y Jared le había dicho eso… Caminó hacia la puerta y puso la mochila de nuevo a modo de tope y con calma se abrió los vaqueros bajándolos un poco. Sin perder tiempo comenzó a acariciarse la erección. Llevaba todo el día queriendo follarse a Jared, pero por una cosa u otra siempre habían tenido que dejarlo. Llevaba “a punto” desde que ese gigantón vino a buscarle a primera hora de la mañana mientras ensayaba y le extrañaba no haberse corrido con tan sólo rozarse con él en alguna de las famosas peleas de los Winchester. Ahora sólo necesitaría dos toquecitos para correrse y aguantar así hasta la noche hasta que volviera Jared. Echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos para concentrarse. Acto seguido comenzó a masturbarse. Habría seguido y se habría corrido en cuestión de segundos sino llega a ser porque un ruido llegó desde el fondo del baño. Jensen abrió los ojos para llevarse el susto de su vida.

                - ¡Collins! –exclamó poniéndose recto de pronto. Paró de masturbarse, pero no fue capaz de levantar la mano. Se quedó completamente congelado-. ¿Qué coño haces aquí?

                - Ya ves –Misha estaba sentado al fondo del baño. Allí había unos bancos de madera donde la gente dejaba la ropa cuando se duchaban.

                Que Misha le chuleara no era nada bueno, pero Jensen quería saber qué diablos hacía allí y cómo no se habían percatado de su presencia. Miró  la mochila que seguía obstaculizando la puerta, así que era imposible que hubiera entrado por ahí.

                - ¿Cómo has entrado? –la voz de Jensen fue más un ladrido que otra cosa.

                - Por la puerta –Misha se encogió de hombro sin ni siquiera mirarle, restándole importancia a la pregunta. Se rebuscaba en los bolsillos y cuando lo encontró puso cara de felicidad-. La pregunta es, Jensen, ¿desde cuándo llevo aquí metido?

                Jensen levantó las cejas, ya no sólo porque Misha posiblemente los habría visto y oído pegarse el lote, sino por lo que estaba haciendo en ese instante; fumarse un pitillo.

                - ¿Estás fumando? –sus palabas salieron de la boca y Jensen supo que había sonado ridículo, como si estuvieran aún en el colegio y algún profesor fuera a pillarles.

                - Na, no te preocupes, no es un cigarrillo; es un peta –Misha terminó de pasarle la punta de la lengua para que no se le abriera y lo encendió dando un par de generosas caladas-. ¿Quieres?

                Jensen negó con la cabeza. Quería masturbarse y correrse de una puta vez por ese día. ¿Era tanto pedir?

                - Vine aquí antes que vosotros para fumar un rato sin que Sera me comiera la oreja y ni si quiera me dio tiempo a encenderlo y darle una caladita cuando aparecisteis vosotros en plan atracción fatal y ya no quise salir y molestaros –sonrió dándole otra calada al invento-. Me dabais penita todo el día empalmados y rozandoos como dos gatas en celo… Luego culpáis a las fans de que exista el Wincesto…

                Jensen cerró los ojos. Bien, definitivamente se le estaba cortando el punto. Fue a dejarlo y a ponerse bien los pantalones cuando Misha lo detuvo.

                - Joder, no me digas que has hecho lo de la retroeyaculación como te enseñé –Misha parecía feliz de que Jensen siguiera sus pasos.

                - No; me has cortado el punto –se subió los pantalones y se los abrochó-. Capullo.

                - Sigue tocándote, yo no voy a decir nada –Misha apoyó la espalda sobre la pared y le dio otra calada-, y tampoco es que no te haya visto nunca antes correrte.

                - Déjalo –murmuró de mala gana.

                - Tsk, qué pena –Misha levantó una ceja y lo miró fijamente-. Pensé que el estirado de Jensen Ackles se había convertido en el tío divertido y moderno que aparenta ser en público y en las convenciones…

                ¡Desafío lanzado!

                Jensen apretó los dientes y sacó morritos, dolido sin duda por las palabras de Misha. Sin apartar la mirada de él, se bajó de un solo movimiento los vaqueros y los calzoncillos y comenzó a masturbarse otra vez con ganas.

                ¡Desafío aceptado!

                Jensen no tardó ni veinte segundos en conseguir una erección completa y aunque sentía aproximarse el orgasmo, éste no terminaba por llegar nunca. Comenzó a sudar y a tener calor, así que se quitó la camiseta y la lanzó sobre los lavabos. Tenía todo el pecho humedecido por el sudor. Era una sensación frustrante estar ahí, rozarlo con los dedos y no acabar nunca.

                - Joder no puedo correrme. Ven y ayúdame a…

                - No.

                - Eres un hijo de puta, Collins –Jensen echó la cabeza hacia atrás buscando oxígeno y ese punto exacto en el que poder liberarse, pero el cabrón parecía haberse evaporado.

                - Lo sé, y me gusta –Misha cruzó las piernas y se acomodó mejor-. Estoy muy bien viéndote sufrir. Por favor Jensen, continúa…

                La mano le iba a toda velocidad y ya apenas quedaba rastro del líquido pre seminal. Sudaba como un loco y jadeaba, cansado y confundido.

                Misha le dio otra calada al porrito, lo miró y le dio pena, así que decidió ayudarle.

                - Jensen –lo llamó-. Jared ofrece hacerte todo lo que te hagas esta tarde, ¿y tú sólo te masturbas? Creo que la vida sexual de las amebas es más desenfrenada que la tuya.

                - Vete a la mierda –jadeó mirando hacia abajo. Una gota de sudor le resbaló por la nariz y cayó empicada contra el suelo.

                Misha sonrió. Ese era el Jensen que él conocía y al que tantas veces se había tirado. Cuando se enfadaba podía tener los mismos modales que una mula, pero le caía bien, el hijo de puta. Así que decidió echarle una mano.

                - ¿Sabes? Aún recuerdo la primera vez que fuimos a Australia. Estuvimos haciéndolo, cuánto, ¿Diez horas seguidas? Al día siguiente la gente nos miraba y nos preguntaba si nos encontrábamos bien. Creo que perdí cuatro o cinco kilos esa noche. ¡Eso sí que fue una maratón!

                - Cállate, me estás desconcentrando -Aunque no lo parecía porque Jensen se había vuelto a acariciar con más energía.

                - Jamás he estado tan cachondo como esa noche –le dio otra calada al porro-. Si te digo la verdad, me quedé con ganas de más. Me hubiera gustado atarte, ¿sabes?

                -Misha…

                - A veces eres tan reacio a que te la metan, pero te gusta, Ackles –Misha volvió a dar una calada y luego siguió hablando con la voz un poco más grave de lo habitual-. Te encanta que te follen por el culo. Te gusta que te hagan suplicar y cuanta más caña te metan, más cachondo te pones.

                Jensen echó la cabeza hacia atrás, con esos ojos verdes vidriosos abiertos mirando el techo y con la respiración entrecortada por el cansancio y la excitación. Un jadeo se le escapó de los labios y Misha supo que le quedaba poco. Así de bien lo conocía.

                - Y, ¿recuerdas qué es lo que más te gustaba de todo? –Misha sonrió recordando como si hubiera sido ayer-. Me encanta cómo me suplicas para que te folle y luego me corra sobre ti. Sobre tus genitales y tu abdomen. ¿Quieres que lo repitamos, Jensen?

                Después de eso Jensen ya no oyó  nada más. Con un jadeo largo y pronunciado comenzó a correrse, sacudiendo las caderas de atrás para delante al compás de la mano mientras el orgasmo le cabalgaba sin descanso. Un gemido le murió en la garganta, haciendo un ruido raro y contenido, que acabó siendo más un gruñido que otra cosa.  Se corrió con tanta fuerza que el semen llegó un par de metros por delante de él. Cuando todo pasó, se quedó apoyado contra la pared jadeando sin control.

                - Gracias –tragó saliva y siguió resoplando intentando regular la respiración.

                - A mandar –Misha descruzó las piernas y se echó a un lado en el banco, invitándole a que se sentara a su  lado-. Ven y siéntate, que ya no estás para esos trotes.

                Jensen le enseñó su dedo favorito mientras se incorporaba sobre la pared. Se puso bien los pantalones y luego se echó agua por la cara y por el pecho para quitarse el sudor. Luego, sin ponerse aún la camiseta, se sentó al lado de Misha.

                - Eres una perra.

                Misha sonrió y asintió. Luego le pasó el porrito. Jensen lo aceptó y le dio una calada. Cuando se lo devolvió, Misha se quedó un rato pensando.

                - Jensen… ¿esto significa que voy a tener que ir a tu casa esta noche a ver cómo folláis tú y Jared? Porque he quedado y no puedo faltar a la cita.

                - ¡Vete a la mierda, Collins! –le dio un empujón con el codo y aprovechó para robarle el peta y darle otra calada-. Ya me inventaré algo para que Jared me haga, no te preocupes.

                Misha sonrió con esa risilla tan traviesa que tenía.

                - No, si yo no me preocupo, pero yo de ti sí que me preocuparía.

                Jensen levantó las cejas sin comprender a qué se refería. Misha amablemente se lo explicó.

                - Pues… que sé la verdad y ambos sabemos que eso no es bueno. ¿Me sigues?

                Jensen cerró los ojos sabiendo que el silencio de Misha tenía un precio.

                - ¿Y qué quieres a cambio?

                Misha lo miró con la misma sonrisa en los labios.

                - Te odio –Jensen le dio otra calada y se lo devolvió. Luego  se arrodilló entre las piernas del otro y lo miró-. Algún día dejarás de tener tanta influencia sobre mí.

                Misha sostuvo el porrito con los labios mientras se levantaba lo suficiente para bajarse un poco los pantalones.

                - Algún día llegará ese momento –murmuró-, pero mientras tanto voy a seguir aprovechándome…

 

 

CONTINUARÁ.