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I'd wait for life

Chapter Text

 

 

 

Titulo: I’d wait for life (Prólogo/10)

Pairing: Jared/Jensen

Autora: Taolee

Beta: Flexikuki

Fandom: RPS

Resumen: Jared vuelve a casa de su abuela en un pueblo de Vancouver después de muchos años y cuando llega, descubre que otro Jared Padalecki está haciéndose pasar por él… El resto lo iréis descubriendo poco a poco.

Disclaimer: Obviamente ellos no me pertenecen. No hay ánimo de lucro con este fanfic. El resto también lo sabéis…

Rating: NC-17

Warning: Nada, este capítulo es casi Disney. He dicho casi…

 

 

PROLOGO

 

                Jared giró el volante del coche en la última curva que conducía al pueblo natal de sus abuelos en la Columbia Británica en Vancouver, Canadá. Hacía como catorce años que no pisaba aquel pueblo y ¿la verdad?, la idea aún le asustaba un poco. Esa casa llevaba sin ser habitada como mil siglos desde que su abuelo murió y su abuela se fue a vivir con ellos a Texas.   Jamás volvió.

                Aún en su lecho de muerte, su abuela no quiso volver allí porque aquella casa le traía demasiados recuerdos y no soportaba pensar en el pasado sin echarse a llorar.

                Ahora esa casa iba a ser para él. Con sus veintidós años, Jared ya tenía claro qué era lo que quería hacer con su vida; quería ser entrenador deportivo y quería trabajar ahí, en el campus universitario que apenas estaba a media hora en coche de allí. Por eso se había ido pasadas las vacaciones de navidad para allá; para prepararse las pruebas que se celebrarían en abril para el puesto. La tranquilidad del campo lo ayudaría a estudiar y a descansar para preparárselo a conciencia.

                Si aprobaba y llegaba a ser entrenador deportivo, su madre le había dicho que podía quedarse a vivir en aquella casa cuanto quisiera, que era suya porque sus hermanos no tenían interés en ella y a él le iba a hacer falta. A Jared le gustó la idea y no es que vivir en medio del campo fuera lo que siempre había soñado, pero se ajustaba bastante. Él era un tío tranquilo que le gustaba la tranquilidad, hacer deporte y ver la tele. El resto le era secundario, además, si quería vivir alguna fiesta salvaje, tan solo tenía que visitar a su amigo Kane, que celebraba las fiestas más salvajes de todo el norte.

 

 

                Redujo marchas en la recta que atravesaba el pueblo y fue mirando las casas. La última vez que estuvo allí tenía ocho años y aunque se acordaba de algunas cosas, otras le eran completamente nuevas. Algunos lugareños se le quedaban mirando al pasar, preguntándose quién sería ese extraño y por qué iba conduciendo tan despacio cuando todo el mundo aprovechaba esa recta para pisar a fondo y salir cuanto antes de ese pueblo.

                Siguiendo las indicaciones que le había dado su madre, Jared giró a la izquierda después de pasar un enorme granero rojo y amarillo y se metió por un sendero lleno de guijarros saltarines. Aminoró más la velocidad,  yendo casi en primera para que ninguna de esas piedrecitas le saltara sobre la luna del coche y se la resquebrajara porque si sus cálculos eran correctos y la casa llevaba abandonada mínimo diez años, iba a tener que invertir mucho dinero en ella si quería  hacerla habitable.

                Sus padres le ofrecieron dinero para ellos pero Jared no quiso aceptarlo. Sabía que con sus dos hermanos y él en la universidad, los ahorros de sus padres se habían quedado bastante mermados.

                Echando sus pensamientos a un lado, Jared observó la casa detenidamente. La verdad es que no se encontraba tan mal a como se había imaginado.

                Aparcó el coche en la entrada y se bajó. Una nube negra que parecía haberle estado siguiendo durante todo el camino, eligió ese momento para soltar su carga y unas gotas gordas y frías comenzaron a caer sobre él. Jared echó un vistazo rápido alrededor a la par que aceleraba el paso hacia la casa. El jardín delantero estaba bien cuidado, incluso había algunas flores de invierno creciendo en él. La madera y la pintura de la fachada estaba en perfecto estado, incluso las ventanas estaban limpias y cuidadas. Qué raro.

                Jared subió los escalones del porche mientras buscaba las llaves en algún bolsillo de la chaqueta. Cuando giró el pomo de la puerta, descubrió que no le hacía falta las llaves; la puerta estaba abierta.

 

 

                Lentamente entró en la casa y lo primero que pensé fue que alguna vecina compasiva había mantenido la casa limpia y en buen estado por alguna razón, aunque no le encajaba mucho porque de la cocina salía un olor agradable de algo puesto al fuego. Sobre el sofá de la salita había ropa para doblar y el sonido de fondo daba a entender que había puesta una lavadora. ¿Qué vecina iba a ir a casa de otra que ya no está y que no vive ahí desde hace siglos para hacer todo eso? ¡Nadie!

                - ¿Qué coño…?  -Jared paró el improperio cuando una sombra apareció por una puerta del fondo. Ambos se vieron y saltaron hacia atrás asustados el uno del otro.

                - ¿Quién eres?

                Jared parpadeó confundido levantando los brazos delante de él para que el desconocido pudiera verle las manos y entendiera que iba en son de paz.

                - No, perdona; ¿Quién eres tú?

                El muchacho se le quedó mirando estupefacto. Tenía unas pestañas largas y espesas que enmarcaban unos increíbles ojos verdes.

                - Eres tú quién está en mi casa –casi ladró.- Identifícate.

                Jared abrió los ojos sorprendido. Por un momento pensó que se habría equivocado de casa, que su madre le habría dado las señas mal, pero no, estaba seguro porque incluso recordaba cosas de esa sala de estar: El tapete que cubría la mesa lo había hecho su madre y su abuela había estado muy orgullosa de ella. Uno de los sofás tenía una flor desteñida porque cuando era pequeño había puesto una mano llena de pintura sobre el sofá y su madre tuvo que lavarlo con lejía. ¡Incluso había cuadros con fotos de sus abuelos cuando éstos eran jóvenes! No, no se había equivocado de casa. Volvió la vista hacia ese tipo y dudó durante unos segundos. Finalmente habló:

                - Voy a llamar a la policía.

                El otro pareció exasperarse, dando un paso hacía él.

                - Soy Jared Padalecki y soy el dueño de esta casa.

                Jared lo miró. Aunque  hubiera querido, no podría haber estado más asombrado. Lentamente se metió la mano en el bolsillo trasero del pantalón para sacar una cartera. La abrió y le enseñó el carnet de conducir que se veía a través del plástico transparente.

                - Me parece que te equivocas, porque Jared Padalecki soy yo.

 

 

 

CAPITULO 1:

 

 

                Jared había escuchado sus disculpas unas mil veces. Cuando le dijo su nombre y el otro comprobó que era realmente el verdadero Jared Padalecki, el color se le fue de la cara. Se puso blanco como la cera y comenzó a tartamudear de tal manera que Jared dejó de entender de lo que estaba hablando. Juraría que incluso podría tratarse de otro idioma.

                El otro comenzó de nuevo todo lo que ya había repetido antes. Jared levantó los brazos señalándole que se calmara y luego le indicó el sofá.

                - Nos sentamos y me lo cuentas, ¿vale?

                El tío de los ojos verdes asintió. La verdad es que el verdadero dueño de esa casa se lo estaba tomando bastante bien y le estaba dando la oportunidad de hablar. Eso era mucho más de lo que podía esperarse.

                Le hizo caso y se sentó en la otra esquina del sofá. Por si acaso, que aunque ese tal Jared parecía un muchachito, era más alto y fuerte que él.

                - ¿Cómo te llamas realmente?

                El muchacho dudó. Finalmente acabó hablando, después de varios segundos bastante eternos.

                - Me llamo Jensen.

                Jared asintió.

                - ¿Y por qué te estás haciendo pasar por mí?

                Jensen tomó aire y empezó de nuevo la misma historia de antes.

                - Vine a trabajar a este pueblo hace algo más de un año. Llegué una noche en la que hacía mucho frío y la primera casa que vi en la que no parecía vivir nadie fue ésta –dijo mirando alrededor de la estancia.- Al día siguiente cuando me desperté, descubrí que tenía a cuatro señoras del pueblo alrededor mía mirándome.

                Jared lo miró intrigado, instándole a que siguiera porque esa parte no se la había contado antes.

                - Cada una traía algo de comer y ropa limpia y no recuerdo qué más –Jensen intentó hacer memoria pero la verdad es que ese momento había sido algo confuso para él.- El caso es que no sé muy bien cómo ni por qué, comenzaron a llamarme Jared y claro, yo no las contradije.

                - Claro –se burló Jared, como si hacerse pasar por otro fuera lo más natural del mundo.

                - Búrlate si quieres, pero yo no sabía que ellas me estaban confundiendo con el hijo de los antiguos dueños –se defendió.- Cuando quise darme cuenta del error, varias semanas después, no pude decirles que no.

                Jared frunció el ceño. ¿Y ya está? ¿Nadie más sospechó nada? ¿Se quedó tan pancho allí viviendo?

                Jensen pareció leerle la mente porque siguió explicando todas esas preguntas que Jared estaba pensando.

                - Llevo varios años viajando por mi cuenta y cuando vine a este pueblo pensé que sería para un par de semanas y me iría, pero de pronto descubrí a unas ancianas que se alegraban de volver a ver a un tal Jared que hacía más de diez años que no veían y yo necesitaba…

                Jensen calló y Jared hizo lo mismo. Confesar que él necesitaba que alguien se preocupara de él era muy revelador. ¿Qué clase de experiencias habría vivido ese tío para acabar así? Porque no parecía tener más de veinticinco o veintiséis años. Tampoco parecía ser un drogadicto ni un alcohólico; el tal Jensen parecía ser un tío normal como otro cualquiera.

                - Yo necesitaba un lugar donde quedarme y esas señoras necesitaban un manitas cerca –siguió contando su historia.- Este pueblo apenas tiene cien habitantes de los cuales la mayoría son vejecitas viudas o solteronas. Nos hemos hecho un favor mutuamente.

                - ¿No te han preguntado por la familia ni nada? –Jared estaba un poco preocupado. Su abuela tenía amigas en ese pueblo. ¿Es que  nadie tenía relación con ella o con su madre?

                - Les dije que había perdido el contacto con mi familia hacía años, que no nos llevábamos bien y parecieron entenderlo.

                Jared asintió dándole la razón. La verdad es que eso era lo que primaba hoy en día; familias desunidas y poca comunicación entre ellos. La verdad es que tenía sentido y Jensen había tenido la suerte de que Jared era cercano a su edad y que hacía que no lo veían más de diez años. Ese niño podía haber crecido de cualquier manera y nadie lo reconocería. Había sido afortunado sí, hasta ahora.

                - Siento si te he causado algún contratiempo –Jensen se puso de pie.- Enseguida me iré y puedes quedarte con todo…

                Jared lo cortó.

                - No, No, espera un momento –lo detuvo.- Está lloviendo y parece que la cosa empeora por momentos. Quédate.

                Jensen lo miró.

                - ¿Seguro?

                - Si –Jared asintió, dándole así más énfasis a sus palabras. Luego se volvió sobre sí y le echó un vistazo a la casa.- Es obvio que has arreglado la casa y la has cuidado bien. Qué menos que te quedes por lo menos hasta que el tiempo mejore, ¿no?

                Jensen asintió aunque no muy convencido. Él era desconfiado por naturaleza. La vida le había enseñado eso por las malas y aunque el tal Jared ese parecía un tipo legal, ¿quién podía asegurarle que no era un psicópata o un asesino en serie o un testigo de Jehová? O algo mucho peor, ¿y si vendía productos de Avon puerta tras puerta?

                El caso es que Jensen pareció relajarse cuando Jared le pidió que le enseñara la casa. Jensen lo hizo encantado y no pudo evitar contarle el estado en que había encontrado la finca cuando llegó y todos los arreglos que había llevado a cabo.

                Sin saber muy bien cómo, ambos acabaron cenando juntos eso que tan bien olía en la cocina cuando Jared llegó mientras Jensen le seguía contando cosas sobre la casa o la gente del pueblo. Fue una cena agradable y amena y sin darse cuenta llegó la hora de acostarse.

                - Puedes quedarte en la habitación donde me quedo yo –Jensen se ofreció cuando lo vio llegar por el pasillo con su mochila al hombro.- Aunque arreglé las demás habitaciones, como no las usaba a menudo no me esmeré mucho, la verdad.

                - Estaré bien aquí, no te preocupes –le aseguró.- Hasta mañana.

                Jensen asintió. Se quedó en mitad del pasillo mirando cómo se cerraba la puerta del dormitorio. Volvió a su cuarto, cerró la puerta y se tumbó en la cama. De un vistazo miró a su alrededor y supo que ese era el mejor momento para hacer las maletas ya que sin duda al día siguiente tendría que abandonar la casa.

 

 

 

 

                Jared se despertó a la mañana siguiente gracias al increíble olor a café que le llegaba proveniente de la cocina. Se había pasado toda la noche pensando y probablemente podría matar por saborear ese aroma tan tentandor.

                 Se levantó y se vistió en un segundo. Antes de bajar se paró en el baño donde se echó agua en la cara y se intentó peinar con los dedos. No le sirvió de  nada. Luego bajó a la cocina. Allí ya estaba Jensen, con una taza de café en la mano y el periódico en la otra.

                - Buenos días –lo saludó al verle llegar.- ¿Un café?

                Jared asintió.

                - Sí, por favor. Sin leche y con mucha azúcar.

                Jensen sonrió. Él también lo tomaba así. Cogió una taza nueva y lo preparó como si fuera para él. Luego se lo acercó a la mesa sentándose en la silla de al lado.

                - Me iré ésta misma tarde, en cuanto haya terminado de recoger todas mis cosas –anunció,- y muchas gracias por no denunciarme. Sé que lo que he hecho no es legal.

                Jared negó con la cabeza tragando el café.

                - No Jensen, escucha; he estado toda la noche pensando y creo que quizás debas quedarte aquí, al menos por un tiempo mientras encuentras otro sitio o algo –luego hizo una pausa, temeroso de seguir hablando.- También quiero hacerte una proposición.

                Jensen lo miró curioso.

                - Verás –Jared se rascó la coronilla mientras intentaba buscar las palabras adecuadas.- Quería preguntarte si querrías quedarte en la casa para seguir manteniéndola y tal. Por supuesto te pagaría por tu trabajo, no tienes que preocuparte de eso.

                Jensen se quedó mirándole, pasmado. Jared lo  miraba a su vez. Él había llegado a esa conclusión a las tantas de la mañana, cuando se dio cuenta que ese tío  le había ahorrado sin saberlo semanas y semanas de arreglos y quebraderos de cabeza porque tenía que admitirlo, Jared no era buen chapuzas, y también le había ahorrado el tener que comprar un montón de material que no estaba seguro de saber utilizar luego. Sí, le estaba inmensamente agradecido.

                - ¿Qué me dices? –le apremió. La intriga le estaba poniendo nervioso.

                - ¿Hablas en serio? –Jensen seguía dudando.

                - Sí.

                - Acepto –sonrió encantado, iluminando toda la cocina con su sonrisa.

                Ambos se quedaron en la cocina un buen rato más, hablando sobre algunas reglas en común y llegando a un acuerdo con el precio que iba a pagarle.

                Jared hablaba entusiasmado, para él convivir con gente era algo normal. En casa eran cinco y en la universidad había compartido cuarto con varios tipos más durante los años que duraron sus estudios. Compartir una casa tan grande con otro tío no le preocupaba en absoluto, es  más, estaba muy contento porque su nuevo compañero de casa sabía hacer todas aquellas cosas para las que él era un negado.

                Jensen por su parte, aunque le gustaba la idea de quedarse, tenía sus dudas y no por Jared precisamente, que parecía un buen chaval y se había tomado muy bien algo tan grave; Su problema era él mismo, que era un lobo solitario. Se había ido de su casa años atrás precisamente por eso. Le gustaba estar solo y vivir a su aire y no tenía ni la más remota idea de cómo sería convivir con Jared.

                Bueno, de momento probaría, pero porque no le quedaba más remedio; aún le quedaban varios trabajos pendientes en ese pueblo y necesitaba el dinero porque sino no podría irse de allí y buscar algo por su cuenta, para volver a esta solo de nuevo, tal y como a él le gustaba.

                - Voy a sacar mis cosas del coche –Jared dejó la taza dentro del fregadero y caminó por la cocina.- ¿Tenías planes para hoy?

                Jensen negó con la cabeza.

                - No. Mañana la señora Kripke quería que le pusiera las ventanas de la cocina así que hoy estoy libre. ¿Necesitas que te eche una mano?

                -  No me vendría mal porque tengo un par de máquinas de gimnasio que son complicadas de montar –caminó por el porche observando cómo aún seguía  lloviendo.- Se me da bastante mal, ¿sabes? Y no quiero transformar por error mi máquina de abdominales en una yogurtera.

                Jensen sonrió y lo siguió fuera. Vale, normalmente no le gustaba estar con la gente, pero ese Jared sabía hacerse querer.

 

 

 

                La semana había pasado volando y la verdad es que se habían habituado a convivir juntos asombrosamente bien. Tampoco es que estuvieran juntos todo el día; por la mañana Jensen se levantaba y se iba a hacer sus chapuzas al pueblo mientras Jared se quedaba en su cuarto estudiando. Por la tarde entrenaba para las pruebas físicas en el sótano. Allí habían colocado todo lo que había traído para entrenar y se pasaba toda la tarde entrenando hasta la hora de la cena. Jensen amablemente cocinaba y ese era el único rato que pasaban juntos. A veces solían ver una película juntos, pero poco más.

                Para Jared era muy sencillo convivir así porque estaba acostumbrado y nunca tuvo problema alguno.

                El problema lo tenía Jensen, que estaba acostumbrado a estar solo y eso que veía a Jared apenas un par de horas al día pero él era así; se había ido de su casa por lo mismo. Había cambiado de pueblo y de ciudad lo menos siete veces en los últimos años por lo mismo. Esa era la única vez que había vivido más tiempo del normal en el mismo sitio; porque en ese pueblo apenas había habitantes, tenía una casa enorme y preciosa para él solo y las lugareñas le daban trabajo. Ahora todo se le había jodido.

                - ¿Estás bien? –Jared se levantó de la mesa y lo miró.- Estás como ausente hoy. ¿Has tenido un mal día?

                Jensen reaccionó. No sabía cuánto tiempo llevaba pensando en sus cosas pero a la cuenta bastante porque Jared se había dado cuenta. Intentó remediarlo lo antes posible.

                - No, es que he tenido un día muy largo y estoy algo cansado.

                Jared asintió comprendiendo, recogió las cosas y le dio las buenas noches.

                Jensen vio cómo abandonaba la cocina y se quedó a solas mientras recogía las cosas. Joder, tampoco quería eso. ¿Entonces qué coño quería? Si no se aclaraba él mismo con su vida, nunca tendría nada en claro. Aunque algo ya sabía a ciencia cierta: Tenía que alejarse lo máximo posible de Jared Padalecki.

 

 

                Al día siguiente comenzó a nevar y Jensen no pudo ir a echarle un vistazo al coche de la señora Carlson. Estar todo el día encerrado no le ayudó a mejorar su humor y eso que no se había topado con Jared en toda la mañana. Al caer la tarde era tal su aburrimiento que decidió meterse en la cocina a hacer algo. No es que le gustara especialmente, pero al menos estaba ocupado.

                Recordó que tenía fruta en conserva de la última cosecha que la señora Kripke le había dado así que decidió hacer un pastel de frutas. Cuando se iba a poner a ello recordó que no sabía si a Jared le gustaba. Aún no conocía todos sus gustos alimenticios.

                Se secó las manos con un trapo de cocina y bajó hacia el sótano para preguntarle si le gustaba la tarta de frutas cuando la pregunta murió en sus labios. Jensen se quedó de piedra a mitad de la escalera. Desde allí podía ver a Jared subido a un cacharro de esos que se colgaban del techo, metías los pies y hacías abdominales boca abajo como si fueras un murciélago. Con la salvedad que Jared Padalecki <i>nada</i> tenía que ver con un bicho de esos.

                Al estar boca abajo se le había caído la camiseta hasta el cuello mostrando un pecho amplio y duro como el granito, con unos abdominales bien trabajados. Vamos, que al muchacho se le marcaba todo lo que se le tenía que marcar.

                - Hey, Jensen –Jared dejó de hacer ejercicio y lo saludó. Se agarró a los soportes del techo y se desenganchó de los pies dándose la vuelta.- Dime.

                Jensen seguía en mitad de la escalera, intentando borrar ese abdomen y esos músculos de la espalda en tensión que acababa de ver. Carraspeó antes de hablar.

                - Venía para… ah sí… ermm… ¿te gusta la tarta de frutas? –Dios, ¿se podía ser más gay? Le faltaba que le salieran florecitas de colores por el culo para proclamarlo.

                El jovencito no se dio cuenta, o si lo hizo no le dio importancia porque sonrió encantado.

                - ¡Me encanta la tarta de frutas! –sonrió matadoramente, que era ya lo último que le faltaba a Jensen para quedarse con el cerebro hecho papilla para una semana.- ¿Vas a hacer una?

                - Sí –asintió como un idiota.

                - Pues entonces voy a hacer más abdominales para compensar –Jared se volvió y volvió a subirse al aparatejo ese, enseñando de nuevo gran parte de su cuerpo.- ¡Gracias, Jen!

                Jensen sonrió y lo saludó con una mano. ¿Dejaría de comportarse como un gilipollas? Lo mejor era darse media vuelta e irse, antes de que hiciera o dijera algo peor. Tropezó con el último escalón pero por suerte Jared desde donde estaba no podía verlo. Cerró la puerta del sótano y se apoyó en ella. Luego miró al cielo.

                - ¿Era mucho pedir que el dueño de esa casa hubiera tenido joroba y el cuerpo lleno de pústulas?