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Oh Canadá, llegamos tarde (especial día de acción de gracias)

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Título: Save a horse, ride a cowboy

(tercera y última parte de Oh Canadá llegamos tarde)

Autora: Taolee

Beteo: flexikuki

Pairing: Jeffrey Dean Morgan/ Misha Collins

Rating: NC-17

Resumen: La primera parte del “Oh!Canada” trata de que todos van a una fiesta muy rara. La segunda parte es que Jared y Jensen toman posesión el uno del otro en una habitación un poco rara y esta última parte… bueno, vas a tener que leerlo ^^

Warning: JDM en sí ya es un warning!!! XD y por cierto, os puedo asegurar que NO muere en este fanfic ^^

 

 

Resumen del final de la segunda parte…

 

                En otro cuarto, completamente a oscuras, una cama demasiado estrambótica esperaba en el centro de la habitación.

                Un brazo fuerte y largo, lleno de tatuajes cambió de canal, viendo la fiesta desde distintas perspectivas. Un golpe en la puerta le hizo cambiar la escena y poner de nuevo a Jared y a Jensen, que seguían enfrascados en una tonta conversación.

                - Pasa.

                La puerta se abrió y Misha Collins entró.

                Varias pulseras de plata y acero tintinearon en la muñeca del hombre, que bajó la mano dejándola a un lado de su cuerpo mientras observaba al recién llegado.

                - Desnúdate.

                Misha levantó una ceja. Fue a decir algo pero luego una sonrisa maliciosa le brilló en los labios. Obedeciendo, se agachó para quitarse las botas y los calcetines, después la camisa y la camiseta y por último los pantalones y la ropa interior. En cuestión de segundos se quedó completamente desnudo.

                - Túmbate en la cama y date la vuelta.

                - No creo que…

                - ¿Te he dado permiso para hablar?

 

 

SAVE A HORSE… RIDE A COWBOY

 

 

 

                Jeffrey esperó a que Misha obedeciera, y lo hizo. Ya lo creo que lo hizo porque Misha Collins esa noche había perdido una apuesta y el castigo impuesto por Jeff había sido ese; ser su esclavo sexual esa noche.

                Mientras se tumbaba en la cama boca abajo, Misha se recordó a sí mismo que para la próxima vez que hiciera una apuesta con él, dejara su culo a salvo de todo eso o al menos ser acordaría de hacer alguna clausula especial que hablara de ello.

 

                Misha miró la cama de reojo. Era como un huevo amarillo gigante recubierto de terciopelo rojo por todas partes. A los pies había una pantalla que Jeffrey había estado mirando hasta que él llegó. Ahora, ahí tumbado y con los alógenos del techo de la cama dándole en la nuca, Misha se sentía raro. Dejó la frente reposando sobre la sábana roja mientras levantaba los brazos hasta agarrarse al borde del colchón. Los músculos de los hombros se le tensaron.

                Apenas pasaron unos segundos cuando sintió los dedos largos y cálidos de Morgan sobre su cuello, resbalándole hacia abajo. El metal frío de las pulseras provocaron escalofríos en la piel de Misha, que se estremeció ligeramente bajo su mano.

                - Hazlo de nuevo.

                Misha se mojó los labios pensando a ver cómo coño se convulsionaba en un escalofrío sin sentirlo. En un vago intento, se movió bajo la mano otra vez, rozándose intencionadamente con las yemas de los dedos de Jeffrey.

                A éste pareció gustarle porque detuvo la mano para sentirle de nuevo.

                - Ahora más lentamente.

                El cuerpo de Misha hizo una “S” rozándose contra las sábanas perezosamente, restregándose por partes, moviéndose sinuoso bajo la enorme mano de ese hombre. Cada uno de sus poros reaccionó, sintiendo el tacto suave de esa tela, deseando que  uno de esos dedos lo volvieran a tocar aunque fuera de pasada.

                Jeffrey no dijo nada pero el aire caliente que salió por su nariz erizó la piel de la espalda de Misha que volvió a cobrar vida bajo la mano. Éste siguió con su escrutinio a la par que bajaba más hasta llegar a la base de la espalda. Contra todo pronóstico, deslizó una mano hacia una nalga y allí, con los dedos  ligeramente separados, le propinó un sonoro cachete. La pálida nalga de Misha se contrajo más por el sonido que por el golpe en sí.

                - Serás cabrón –murmuró entre dientes.

                Jeffrey se agachó hasta poner la cara junto a su oído.

                - ¿Has dicho algo, Collins? Porque no recuerdo haberte dado permiso para hablar.

                Misha se mordió el labio inferior, pugnando por retener lo que pensaba de Morgan en ese momento.

                - Así me gusta –Jeff se acercó más a su oído-, porque no me gustaría que esto se nos fuera de las manos.

                ¡Qué cabrón, a él tampoco! Misha ni se movió. Ni siquiera respondió a esas palabras. Permaneció callado  esperando el próximo movimiento de Jeffrey. Éste no tardó en llegar; Notó cómo Morgan se levantaba de la cama y por el sonido de la ropa, sabía que se estaba desnudando. Luego oyó cómo se abría y se cerraba un cajón. Después un “clip” seco retumbó en la espartana habitación. Jeff se volvió a sentar a su lado y con unos dedos ágiles separó levemente las nalgas de Misha arrimando un dedo hacia su entrada.

                Misha cerró los ojos. Eso sólo ayudó a que el resto de sus sentidos se agudizaran y sintiera ese dedo indagador deslizándose en él poco a poco. Primero notó cómo acariciaba resbaladizo su entrada para luego ir incursionándose en él con calma. Parecía como si Jeffrey Dean Morgan controlara la noche, las mareas y las fuerzas oscuras. No tenía prisa, la noche esperaría por y para él si fuera preciso.

                El que no tenía claro   si iba a esperar por él era Misha, que ese simple gesto de lentitud lo puso a mil en segundo y medio. Sin poder controlarse elevó sugerente el trasero, provocando que ese dedo se adentrara algo más en él.

                Jeffrey se tumbó a su lado dejando caer gran parte de su cuerpo sobre él. Luego volvió a hablarle al oído, como antes.

                - Otro movimiento más que no te haya pedido antes y lo lamentarás, Collins –Jeff le acarició la nuca con la barbilla y esa perilla de varios días que tenía le raspó la piel. Misha volvió a estremecerse-. ¿Comprendido?

                Misha no se movió. Tampoco respondió.

                - Contesta, Misha.

                - Comprendido –la voz del hombre fue baja y profunda. Mucho más de lo normal. Aún tenía los ojos cerrados, concentrado en ese dedo que se movía despiadado dentro de él.

                Morgan se incorporó unos segundos y lo observó. Misha era tan expresivo que era un lujo observarle. Con algo de brusquedad extrajo el dedo y se apartó un poco para mirarle bien.

                - Date la vuelta.

                Misha rodó en el acto para quedar boca arriba sobre la cama.

                - Levanta los brazos –la voz de Jeffrey era autoritaria y no daba lugar a dudas de que su palabra tenía que ser obedecida.

                De todas formas a Misha no se le hubiera ocurrido contradecirle. Se sentía agradecido de haberse dado la vuelta porque empalmado como estaba, estar boca abajo era bastante molesto. Luego cumplió con las palabras de Jeffrey y subió los brazos por encima de su cabeza, agarrándose al borde del colchón, tal como había estado haciendo antes pero dado la vuelta.

                - No voy a atarte porque sé que obedecerás todo lo que yo te diga –Jeff tomó aire para seguir hablando-, pero si veo que no obedeces o te sublevas contra mí, no tendré problema alguno en esposarte.

                Misha lo escuchó pero no respondió, tampoco se movió. Nada, porque sabía que eso era una prueba. Si respondía a una pregunta a la que no tenía orden expresa de responder, lo ataría. Lo sabía, básicamente porque él había inventado ese juego con Jeffrey y ese grandullón cayó la última vez que jugaron. Desde entonces intentaba hacerle picar y aún no lo había logrado.

                - Tócate –Jeff se acomodó a su lado sobre los cojines dispuesto a disfrutar del espectáculo.

                Misha descendió una mano haciéndola rozar por su cuerpo mientras bajaba cada vez más hacia abajo, recreándose con la caricia que él mismo se estaba prodigando. Cuando llegó a sus caderas, no dudó un segundo y se agarró el pene con decisión aunque se quedó ahí. No iba a empezar a acariciarse hasta que el otro se lo dijera.

                - Mueve la puta mano –la voz de Jeff sonó algo más ronca y ruda de lo normal. Cambió de posición dándose la vuelta apoyándose en los pies de la cama para ver bien los movimientos de Misha.

                Ahora no le quedaba más remedio que obedecer. En el acto comenzó a subir y bajar la mano, agarrándose el pene con fuerza provocando una fricción demasiado buena como para ignorarla. Ahogó un gemido, básicamente tragó saliva y se pasó la lengua por los labios intentando no pensar en nada. Seguía con los ojos cerrados y con la mente desconectada. La mano cada vez iba más rápido y las caderas le acompañaban al mismo ritmo.

                Cuando ya llevaba un buen rato así de pronto paró, se agarró fuertemente por la base del tronco y levantó la mirada hacia Jeffrey, que había estado observándole sin perderse un solo detalle.

                Los ojos de Jeff se elevaron hacia los de Misha, interrogativos, donde se detuvo un segundo para luego volver a bajarlos. Vio la mano de Misha haciendo presión sobre su propio pene, pero eso no fue lo que le llamó la atención; En la punta, sobre el rosado glande, una gota de humedad brillaba mientras resbalaba hacia abajo lentamente hacia abajo. La gotita se detuvo un segundo en el prepucio para luego rodar enérgicamente hacia abajo, hasta llegar a los dedos de Misha. Éste separó la mano, puso el dedo índice sobre la gota y con la yema del dedo fue siguiendo el rastro de humedad que ésta había dejado.  Cuando el dedo estuvo todo lo humedecido que él consideró oportuno, bajó la mano hacia su perineo, separó bien las piernas doblando firmemente las rodillas e hizo presión sobre esa delicada zona.

                En realidad no hizo ningún intento por incursionar en él, se limitó a masajear la zona, haciendo círculos sobre los suaves pliegues, rozándose con el dedo de manera ocasional hasta que finalmente hizo presión sobre la entrada y  comenzó a adentrarse en él mismo.

                Poco a poco el dedo fue desapareciendo en su interior. El músculo grácil se le contrajo cuando elevó las caderas y una leve sacudida le invadió el cuerpo. Si darse cuenta, Jeffrey acercó una mano hacia su propio miembro para comenzar a masturbarse sin apartar la mirada de Misha, que seguía profanándose sin vacilar. Ahora había comenzado a gemir disimuladamente y sin poder controlarlo, de hecho ni él mismo se había dado cuenta, Jeffrey comenzó a gemir también mientras la polla se le ponía increíblemente más dura.

                Misha movió la cabeza hacia un lado para ver la reacción de Jeff. Ese hombre era puro fuego y la verdad es que se extrañaba que la cama no hubiera salido ardiendo ya. Dejado de caer a los pies de la cama con la espalda apoyada en el respaldar de los pies a pocos metros del monitor, Jeffrey Dean Morgan se masturbaba mientras no dejaba de mirarle.

                Le importó un carajo si rompía las normas o si se ganaba un castigo mucho peor. El caso es que Misha se incorporó y caminó a gatas los pocos pasos que lo separaban del otro. Sin decir nada llegó a su lado y pasó una pierna sobre su cintura con la firme intención de sentarse sobre él.

                Antes de hacerlo, Misha le apartó la mano para agarrarle la polla y masajeársela rápidamente. Teniéndola firmemente agarrada, la sostuvo entre los dedos y se dio dos suaves sacudidas contra sus propios testículos. Jeffrey gimió y Misha también. Sin perder más tiempo guió la polla del otro hacia su entrada y presionó metiendo apenas la puntita nada más. Ni siquiera siguió intentándolo; se paró en seco y levantó la cara para mirarle con esos increíbles ojos claros que parecían ser más azules que otras veces.

                Jeffrey tenía las manos puestas sobre los muslos de Misha. Se quedó mirándole con ganas de asesinarlo y de decirle “¡¡Agáchate más, pedazo de cabrón!!”, pero se contuvo. De pronto recordó de nuevo el juego que habían desempeñado esa misma noche.

                - Has desobedecido mis órdenes, Collins –Jeff se maravilló de sí mismo porque en un primer momento pensó que no le iba a salir ninguna palabra, tan solo gemidos de frustración.

                - Lo admito –la voz de Misha fue peligrosa, muy él-, pero quiero hacer un trato contigo.

                Jeffrey levantó una ceja.

                - Soy todo oídos –eso si esa sensación de querer follárselo no lo mataba antes.

                Collins no perdió el tiempo.

                - Libérame de mi castigo esta noche y serás recompensado.

                Jeffrey rió con una carcajada ronca y varonil. Qué gracioso era Misha cuando se lo proponía.

                - No gano nada así, y lo sabes –Dios, o bajaba él o iba a subir las caderas de un momento a otro-. Teniendo el control, gano.

                - No necesariamente. Podrás ordenarme que te hagas cosas pero sabrás que las estoy haciendo porque tú me lo has pedido y no porque yo quiero hacértelas. ¿Entiendes? –la mirada de Misha brilló cuando supo que Jeffrey le seguía en lo que decía-. Así que, ¿me liberas?

                - ¿Y cómo sé que harás lo que quiero? –Jeffrey tuvo que preguntarlo. Con Misha Collins al control, cualquier seguridad era poca.

                En respuesta a eso, Misha abrió un poco más las piernas  y se deslizó apenas un par de milímetros por el caliente y duro miembro de Morgan.

                Jeffrey jadeó y Misha lo miró con los labios entreabiertos.

                - Creo que eso responde a tu pregunta.

                Sabiendo que había perdido la batalla, Jeffrey había acercado el torso al de Misha y con un brazo le había rodeado la cintura. Asintió sin ver realmente, levantó la vista y se le nubló por el placer que estaba comenzando a sentir al notar cómo los músculos de Misha se contraían alrededor de él.

                - Si esto es un pacto –habló con la boca seca-, hay que sellarlo como Dios manda.

                Ambos separaron la boca a la vez, gimiendo y exhalando palabras sin sentido. Los torsos se rozaban cuando intentaban buscar un oxigeno que nunca parecía ser suficiente.

                Misha comenzó a moverse meneando las caderas, apoyándose con los brazos sobre los hombros del otro. Las dos frentes se unieron y los alientos se entre mezclaron.

                Jeffrey lo cogió de las caderas y lo guió a su ritmo. Misha impuso el suyo propio, que era más rápido y violento que el que Jeff había elegido.

                Misha lo cabalgó salvajemente deslizándose sobre él una y otra vez, sin vacilar. Echó la cabeza hacia un lado y por el monitor vio a Jared y a Jensen darse almohadazos en plan campamento de verano de niños de diez años. Alargó la mano y apagó la pantalla. Lo último que quería ahora es que esos dos capullos le cortaran el punto con semejante infantilismo, aunque él también había participado con ellos algunas veces. Pero ahora no, tenía cosas más importante entre manos como sentir la polla de Jeffrey incursionar en él, llenándole por completo arrancándole gemidos de placer.

                Morgan cambió de posición doblando las rodillas y separando las piernas, haciendo que Misha se deslizara un poco entre ellas. Eso provocó que las embestidas de Jeff le dieran directamente contra la próstata, haciéndole sentir una nueva sensación más intensa y placentera. Entonces lo notó. Notó cómo el orgasmo le inundaba el cerebro y le bloqueaba cualquier intento de raciocinio. Deslizó la mano entre ambos cuerpos para darse placer. Hundió la cabeza en la clavícula de Jeffrey mientras notaba cómo el orgasmo el hacía contraer absolutamente todos los músculos del cuerpo. Un lloriqueo fue amortiguado contra la piel de Jeff mientras lo apresaba fuertemente y se corría sobre el torso del otro, manchándose ambos, aunque eso le dio igual. Jeffrey lo notó correrse y los espasmos del cuerpo de Misha aceleraron su propio orgasmo, provocando que agarrara fuertemente al otro por las nalgas clavándole los dedos mientras se hundía en su interior como una bestia. Se sintió explotar en mil pedazos y el rugido que salió de su garganta retumbó en las cuatro paredes y no hubo manera de ser encubrirlo con nada.

                Después de eso todo quedó en silencio. Dos respiraciones jadeantes y nada más.  A los pocos minutos Jeffrey echó la cabeza hacia atrás apoyándola contra la cama para mirar a Misha. Éste ya había levantado la cabeza de su clavícula y lo miraba aunque no parecía estar muy centrado; éste se concentraba más en respirar por la boca y recuperar el ritmo normal de su corazón.

                - Me has puesto perdido, Collins –parecía una queja pero no lo era. Jeffrey se miró el pecho machado por el semen del otro-. Esto no entraba en el pacto.

                Misha bizqueó al  mirarle. Sin decir nada bajó la cabeza, se incorporó sobre el cuerpo de Jeffrey y se puso de rodillas a su lado. De pronto de un lametón largo y profundo lamió las manchas que tenía en el pecho del otro y parte del estómago.

                Jeff lo miró ahí a cuatro patas, con el culo en pompa y lamiendo su propia corrida. La polla le dio un tironcito como quejándose de no ser ella la que estuviera recibiendo esas caricias. Misha se dio cuenta, se acercó a la cara de Jeffrey pero no hizo ningún ademán de besarle. Simplemente se limitó a hablar.

                - Si nos duchamos y vamos a cenar algo, te prometo que al volver le daré a tu polla el mismo trato que le he dado a tu pecho.

                La polla de Jeffrey se movió como asintiendo. Jeff asintió también, luego se limitó a mirarle. Misha tenía los labios brillantes por su propia corrida y el pelo despeinado de recién follado. Estaba encantador y se lo hubiera follado ahí mismo otra vez sino hubiera sido porque él también tenía hambre.

                Antes de incorporarse sobre la cama, Jeff alargó una mano tomando la mandíbula de Misha y acercándole hacia él. Sin vacilar lo besó en los labios y no sólo se quedó ahí sino que le instó a abrir la boca y paladear el sabor del otro.

                Fue el propio Misha quien, a los pocos  minutos, apartó los labios del beso mirando a Jeffrey con ojos interrogativos. Nunca le había visto hacerle eso antes y le parecía muy curioso.

                - ¿Y eso? –fue todo lo que preguntó. Realmente no hacía falta más. Jeffrey sabía de sobra a lo que se refería.

                - Los pactos hay que sellarlos con un beso, ¿no? –sonrió-. Y tú acabas de hacer otro conmigo.

                Igual otra cosa no, pero Jeffrey estaba dispuesto a vender su propia alma al diablo si Misha en lugar de hacer caracolillos con la lengua sobre su pecho, los hiciera sobre sus pelotas. La lengua de Collins bien merecía cualquier sacrificio.

 

 

FIN