Actions

Work Header

Love Kills

Chapter Text

 

 

Título: Love Kills

Capítulos: 1/13

Autora: taolee

Pareja: Jared Padalecki/ Jensen Ackles.

Personajes secundarios: Misha Collins

Rated: 13+ de momento.

Beta: Darkengirl

Resumen: Jensen es un doctor muy prestigioso e importante. Es joven, guapo, rico, mujeriego y gilipollas: Se lo tiene muy creído y trata a la gente muy mal. Jared, que es enfermero en el hospital donde Jensen trabaja, siente algo por él a pesar de saber que Jensen es heterosexual y un “viva la vida” de mucho cuidado. Su amigo Misha Collins, intentará que deje de verlo como su príncipe azul puesto que no lo es y nunca lo será. Una noche Jensen tiene un accidente de coche bastante grave y pierde la memoria. La vida le da a Jensen una segunda oportunidad. ¿La aprovechará y resarcirá todo lo malo que ha hecho a lo largo de su vida o seguirá cometiendo los mismos errores?

 

Para empezar a leer…

 

Capítulo 1: “Somebody to love

 

                Jared se sentó en la cafetería en su media hora de descanso. En realidad no era media hora sino quince minutos, pero sentarse y simular que era más tiempo le ponía de mejor humor.

                La sala estaba muy concurrida esa mañana y todo el que pasaba por su lado lo saludaba amablemente. Era  un simple enfermero que llevaba en el hospital apenas seis meses, pero le caía bien a la plantilla. Jared Padalecki tenía ese don especial de conectar con la gente. No importaba que midiera como un gigante o que su voz fuera más profunda que la tierra. Daba igual; Jared era la personificación de lo que todo el mundo quiere en un colega de trabajo y de lo que todo paciente sueña que sea su enfermero. Los niños eran su especialidad y lo adoraban. Y Jared los adoraba a ellos. Solía tener el puesto de enfermeros lleno de dibujos que los niños le hacían. Le gustaba su vida, de verdad; tenía salud, dinero, amigos… pero no amor. Y eso le estaba jodiendo la existencia porque se había enamorado de la persona menos indicada que podía haber elegido en toda la faz de la tierra.

                - ¿Cavilando nuevas técnicas sobre la destrucción masiva del universo o te han vuelto a joder el personaje en el “World of warcraft”?

                Misha se sentó a su lado con su bandejita llena de cosas para desayunar. Misha, o el doctor Collins, era jefe de planta del hospital y un buen amigo de Jared desde que el jovencito llegó. Jared valoraba todo lo que Misha le decía y lo quería como a un hermano mayor. A él y a su mujer Vicky.

                - No –contestó secamente Jared. Apenas había probado bocado y eso era muy raro en él.

                Misha siguió hablando ignorando el estado de ánimo de su colega.

                - Ésta mañana he discutido levemente con mi mujer –le dio un sorbo al café y puso mala cara. Luego le añadió más azúcar y le dio un nuevo sorbo.- Con el embarazo no hace más que tener antojos raros. Ahora quiere pintar la casa de rosa, ¿te lo puedes creer?

                Jared lo miró.

                - ¿De cuánto está ya?

                - De algo más de seis. Y está más ágil que yo. No me preguntes cómo lo hace –Misha siguió desayunando sin percatarse de la cara apagada de Jared.- El caso es que ésta mañana le he dicho que si ella puede tener antojos raros, yo también, así que he decidido comprarme un poni.

                - ¿Bromeas? –Jared lo miró con media sonrisa. Esa era una de las cosas que más le gustaba de Misha; que cuanto menos te lo esperas, te hace reír con cualquier cosa.

                - La verdad es que no. Me gustan los ponis. Puedo permitírmelo.

                Jared fue a comentarle si se había vuelto loco cuando las palabras se le ahogaron en la garganta.

                Ahí estaba él. Había regresado del congreso en Chicago. ¿Serían sus ojos o Jensen estaba más guapo que cuando se fue?

                El doctor Jensen Ackles era la belleza personificada; largas pestañas rizadas, labios carnosos y besables, ojos verdes como un lago en verano. Alto, fuerte, musculoso, varonil, con buena presencia… en definitiva; era el súmmun de la belleza absoluta. Y como en toda perfección tenía que haber un fallo garrafal y era el carácter de Jensen: Era un gilipollas, pero no el típico gilipollas que en el fondo te da pena. No, Jensen es el típico tío al que acabas odiando con toda el alma. Quizás fuera por su éxito incondicional con todas las mujeres, o esa forma casi déspota de tratar a las personas, o quizás fuera que se lo tenía muy creído, pero Jensen era un jodido bastardo con suerte. Y se vanagloriaba de ello.

                - ¡Eh! –Misha levantó la voz para llamar la atención de Jared.- Me encanta ver que me abandonas por otro.

                El tono ofendido de su amigo no le pasó por alto a Jared.

                - Lo siento Misha, es que… -le daba vergüenza admitir eso, pero tenía por norma ser sincero con Misha porque siempre acababa adivinando sus pensamientos,- bueno; ha estado fuera dos semanas.

                - Oh sí, lo sé –respondió con cara de asco.- Hemos vivido todos muy tranquilos sin él.

                - Misha, no empieces…

                - ¿Qué no empiece? Jared, ese tío es un gilipollas. Podrá estar todo lo bueno que quieras pero me niego a pensar que te atraiga su personalidad.

                - No es tan malo.

                Misha lo miró como si le hubiera salido un tercer ojo purulento en la frente.

                - No, no, Jared; El jinete sin cabeza no es tan malo. Ése tipo –dijo señalando a Jensen,- sí que es malo. Más malo que una casa rosa, o como la película esa… ¿Cómo se llamaba? Ah, “La casa de cera”.

                - No sé, no la he visto.

                - Hiciste bien –Misha terminó de beberse el café y obligó a que Jared lo mirara. Ésta vez le iba a hablar en serio.- Jared, ese tío no te merece. No te conoce, no es gay y no es buena gente. Por favor, olvídale.

                - ¿Crees que  no lo he intentado? –Jared no pudo evitar que la voz le saliera lastimera y pastosa.- Sé que es un capullo y sé que pasa de todo el mundo y evidentemente sé que no es gay. Pero NO puedo evitarlo Misha. No puedo.

                Su amigo resopló. Él no podía entender esa clase de amor que sentía Jared. No creía en el amor destructivo.

                - Bueno, al menos preséntate.

                Jared lo miró como si estuviera viendo a una cabra con volantes. Misha decidió explicarse mejor:

                - Píllale en un buen momento y preséntate. Si hay alguien amable que conecte más con las personas, ése eres tú, Jared. Lo mismo os hacéis buenos amigos. Quién sabe.

                - ¿Y si me rechaza?

                Esa era una posibilidad muy probable conociendo la personalidad de Jensen.

                - Es un riesgo que debes asumir. Considero que ha llegado el momento para dar un paso y que aceptes las consecuencias –Misha se levantó de la silla y cogió su bandeja.- A lo mejor resulta que te conoce, os caéis bien y llegáis a ser buenos amigos o por el contrario te odia a muerte y te demuestra que es más capullo de lo que pensábamos.

                - Esa opción es un gran consuelo.

                Misha se agachó hasta ponerse cara a cara contra su amigo.

                - Sea lo que sea ¡hazlo!, porque estás perdiendo el tiempo, Jared.

                Jared vio alejarse a Misha y meditó sus palabras. Desgraciadamente tenía razón; estaba perdiendo el tiempo. Quizás una charla con Jensen era lo que necesitaba. Ahora tan sólo quedaba encontrar un buen momento.

 

***

 

                El buen momento no parecía llegar nunca. Ya casi se iba a acabar su turno y no había tenido oportunidad de hablar con Jensen. Cuando no eran pacientes, eran enfermeras o simples desconocidas las que se acercaban al doctor Ackles a coquetear descaradamente con él. Él también coqueteaba con ellas de una manera brutal. Casi daba apuro observar porque verle hablar con las tías que se le acercaban era como ver el preámbulo de una película porno. Y esas chicas llevaban escrito en la cara “cómeme” con letras bien claritas.

                Después de eso Jared decidió dejarlo para otro día. Llevaba todo el día amargado buscando un momento que  no llegaba. Así que cuando terminó su turno, se duchó y cogió el ascensor para irse a casa. Justo antes de cerrarse las puertas, una mano las detuvo. Éstas volvieron a abrirse y mostraron a Jensen con una sonrisa un tanto extraña en la cara.

                - Lo siento colega, tenía prisa.

                El corazón de Jared empezó a palpitar demasiado deprisa. Tener una charla en un ascensor no era muy recomendable, por mucho que ambos supieran cómo actuar. Esa era la primera vez en meses que Jensen y él se montaban solos en el ascensor. No iba a volver a tener una oportunidad como esa en siglos. ¡Tenía que aprovecharla!

                Y eso hizo.

                - Hola.

                Vale. ¿Se podía ser más patético?

                Jensen se volvió con una mirada extrañada en la cara y una expresión de asco en los labios.

                - Me llamo Jared Padalecki y soy enfermero en la planta… -Jared bajó la mano que le tendía al ver que Jensen se le había quedado mirando y que no tenía ningún propósito de devolvérsela.

                Un incómodo silencio se adueñó del ascensor. A Jared le molestó la actitud de él y así se lo hizo saber. Tenía que haberse callado, pero sabía que si no decía algo, explotaría.

                - No cuesta nada ser un poco amable.

                Esa voz tan profunda, ese espacio tan cerrado… Las palabras de Jared resonaron por todo el ascensor. Jensen se dio la vuelta perplejo.

                - ¿Qué has dicho?

                - Me has oído muy bien.

                Jensen se terminó de dar la vuelta hacia él y lo enfrentó. ¿Quién coño era el niñato ese que había venido a tocarle los cojones?

                - Supongo que ese comentario se te ha escapado –le chuleó.

                - No –otra cosa no, pero Jared tenía los huevos de acero porque la cara de Jensen era como para querer hacer un butrón en la pared del de ascensor y salir corriendo.- Has oído lo que he querido decirte. No te costaba nada responder amablemente.

                Jensen tragó y se acercó tanto a Jared que casi se lo come. Era una cabeza más bajo que él pero Jensen no parecía estar intimidado en absoluto.

                - Mira niño, no tengo tiempo para jugar a tarta de fresa. Ésto es un hospital, donde venimos a trabajar y no a charlar como si esto fuera un baile de sociedad.

                Jared levantó una ceja.

                - ¡Ah! Así que la gente no puede saludar a otros con educación en los ascensores pero sí que puede ligotear por las esquinas con todo aquello que lleve faldas.

                Si las miradas matasen, Jared hubiera caído fulminado en el suelo. Jensen se quedó callado y lo miró detenidamente. Al rato pareció recordar algo.

                - Espera un segundo… Tú eres el enfermero ese, ¿no? El rarito.

                A Jared le chirriaron los dientes. ¿El rarito? ¿No estaría burlándose de su condición sexual? Porque entonces la cosa iba a acabar muy mal. Ni se lo podía imaginar. Jensen siguió hablando.

                - Mira muchacho, siento si por algún casual vas detrás de mí pero no me gustan los maricas. ¿Entiendes?-el tono de Jensen no podía ser más peyorativo ni queriendo.- Entrarle a la gente en los ascensores no es la mejor manera de ligar.

                - No estaba ligando contigo –no sabía por qué pero el tono de Jared era controlado a pesar de toda esa furia que sentía por dentro.- Simplemente quería ser amable pero ya veo que tú no sabes lo que es eso.

                - Tú no me conoces.

                - ¡Ni tú a mi tampoco! –A Jared se le fue la voz y resonó por todas partes.

                Jensen se mojó los labios que tenía algo resecos y siguió hablando.


  1.                 - Tienes razón, no te conozco… Y me importa un carajo conocerte. No sé quién eres, ni de dónde vienes ni a dónde vas pero te diré una cosa chaval; Das pena.       

                Las puertas se abrieron  y varias personas esperaban para entrar. Jensen salió llevándose a varios por delante. Jared tardó lo suyo en salir. Era increíble cómo esas dos palabras lo habían hundido en la más profunda de las miserias. Puede que tuviera razón y su vida diera pena.

                Con el alma en los pies Jared se fue para casa.

 

***

 

                Misha llevaba dos días intentando contactar con Jared y no había forma. Le había dejado varios mensajes en el móvil, en la centralita de enfermeros, varios emails… nada. Él, como jefe de planta no sabía dónde diablos se había metido y temía que el director se diera cuenta y ocurriera algo gordo. Cuando le preguntaron por él, respondió que estaba enfermo. Y por su bien que lo estuviera porque si no iba a partirle las dos piernas personalmente.

                Cuando terminó su turno, cogió el coche y salió hacia el apartamento de Jared. Cuando llegó se tiró dos minutos aporreando la puerta. Sabía que estaba dentro y sabía que no iba a abrir por las buenas. Decidió usar la artillería pesada.

                - ¡Jared abre, es importante! Vicky se ha puerto de parto y… -a Misha no le dio tiempo de terminar la frase porque la puerta se abrió de pronto en sus narices.- Jared.

                Misha no fue capaz de decir nada más. Entró en el piso antes de que su amigo cambiara de idea y le diera con la puerta en las narices.

                Jared tenía muy mala pinta. Parecía no haber dormido, no haber comido, ni haberse duchado en días. El asunto parecía serio. Misha lo miró con estupor con sus expresivos ojos azules y negó con la cabeza.

                - Lo de tu mujer era mentira, ¿no? –sin esperar respuesta Jared cerró la puerta y caminó detrás de su amigo por el apartamento.- No me encuentro bien.

                - Ya veo –Misha soltó el maletín con el portátil en el sofá y se volvió para mirarle.- Dime por favor que no estás así por ese capullo.

                Jared calló.

                Misha hizo un gesto con la boca y acabó por sentarse en el sofá.

                - ¿Qué ha pasado?

                Jared se sentó en el suelo enfrente de él y le contó la historia del ascensor. Palabra por palabra. El semblante de Misha era serio y amenazador.

                - Jared, tráeme una cerveza o algo, por favor.

                Jared obediente se levantó del suelo y fue a la cocina a por la bebida. Cuando volvió se encontró con Misha en medio del salón dando vueltas.

                - ¡Será hijo de puta ese cabrón! –gritó cogiendo la cerveza y pegándole un buche largo.- ¡Mañana le voy a partir las boca a ese bastardo!

                - Misha, no.- Jared no tenía ni fuerzas ni gana para intentar convencerle.- No merece la pena.

                - Mírate, Jared –Misha lo miró detenidamente.- Tienes los ojos hinchados de llorar y llevas varios días faltando al trabajo. ¿Y me dices que lo deje? ¡Lo siento pero no! Ese cabrón con pintas ha hecho comentarios homófobos  sobre un trabajador del hospital. Eso es motivo de despido. Lo sabes, ¿no?

                - No había testigos. Sería su palabra contra la mía.

                - La gente le odia y seguro que salen más casos a raíz de éste –Misha se acercó a él.- Piénsalo Jared, ésta es la mejor oportunidad que tenemos de librarnos de ese gusano.

                - No puedo Misha, lo siento.

                Misha suspiró.

                - ¡Te dije que esto pasaría!

                Jared se dejo caer en el suelo como un peso muerto. Misha vio el temblor en sus hombros y supo que su amigo estaba usando todas sus fuerzas para no echarse a llorar. De otro trago se bebió lo que le quedaba de la cerveza y se sentó en el suelo con él.

                - Shhh Jared, tranquilo –Misha lo abrazó y Jared se desahogó sobre su hombro.- Todo saldrá bien no te preocupes.

                - Tú no escuchaste la manera en que lo dijo –era una angustia oír la voz de Jared. No parecía él sino un alma en pena vagando por el infierno sin agua y sin consuelo.- Y tiene razón; mi vida da pena.

                Misha no dijo nada más y siguió abrazando a su amigo pero se hizo la nota mental de matar al homófobo ese de mierda  a la primera oportunidad que tuviese.

 

                Jared volvió al trabajo al día siguiente e hizo todo lo posible para no cruzarse con Jensen. La planta donde trabajaba él, rehabilitación de trauma, no solía ser muy frecuentada por el doctor Ackles, básicamente porque él era cirujano y los pacientes que residían en la planta de Jared eran personas que se estaban recuperando de algún accidente y no necesitaban más operaciones, a no ser que surgiera una urgencia, claro.

                Durante todo el día logró su objetivo. Tan sólo una vez lo vio de lejos, en el rellano del ascensor charlando con una mujer. Jared al verlo dio media vuelta y bajó por las escaleras. Puede que se estuviera portando de una manera infantil pero estaba seguro de no encontrarse aún preparado para enfrentarle. Básicamente porque  no sabía que decirle. “Hola Jensen, tengo que ser gilipollas porque a pesar de haber sido un capullo conmigo, te sigo queriendo” Era lamentable y ojalá Misha no lo mirara de esa manera tan especial que tenía y supiera que aún seguía sintiendo algo por Ackles, porque sabía que le iba a montar una buena. Y se lo merecía por tonto. Jensen ya había demostrado no tener salvación como persona y a la vez él estaba demostrando que realmente su vida sí que era patética y que daba pena, porque ¿qué otro calificativo se merecía? Tenía que dejar de quererle, pero cómo.

 

***

 

                Misha salió corriendo escaleras abajo. Ni siquiera esperó el ascensor. Llevaba dos días ocupándose de su planta y de la de abajo. Y era agotador. ¿Realmente el hospital no tenía presupuesto para pagar un medico suplente? Iba a tener que hablar con el director esa misma tarde porque ya estaba cansado de ir corriendo de arriba para abajo. Al menos con tantas escaleras se le estaba poniendo el trasero más firme.

                Llegó a la habitación cuatrocientos cinco a la misma par que Jensen y cuando iban a entrar, varios sanitarios salían.

                - Ha sido una falsa alarma –uno de los enfermeros se abrió paso y salió de allí disgustado. Dos más lo siguieron.

                Jensen y Misha se quedaron en la puerta mirando estupefactos. Misha se volvió y lo miró. Ahí lo tenía, a “Mr. Capullo 2.009” en persona y era el momento perfecto; desde ese ángulo nadie los veía, y toda la planta parecía centrada en los enfermeros que iban despotricando por el pasillo.

                - ¿Usted sabe qué ha pasado, doctor Collins? –la voz de Jensen era seria y reprobadora.- Porque tengo muchas cosas que hacer como para andarme corriendo de un sitio para otro innecesariamente.

                Misha ladeó la cabeza y lo miró como si no lo conociera. Bueno, realmente no lo conocía. En el tiempo que ambos llevaban en el hospital apenas habían cruzado tres palabras, y ninguna de ellas merecía ser recordada.

                Jensen siguió hablando.

                - Vamos a tener que hablar con el encargado de ésta planta. No puede haber tanto descontrol en el hospital.

                - Yo soy el encargado de ésta planta hoy –Misha usó un tono de voz autoritario y severo. Que el guaperas ese se fuera olvidando de tocarle la moral porque antes le sacaba los ojos.- Y no hay ningún descontrol, tan sólo una falsa alarma. ¿Nunca ha tenido ninguna falsa alarma, doctor Ackles?

                Jensen lo miró. No solía escuchar tanto cinismo a no ser que estuviera saliendo de su propia boca.

                - No deberían dejar a incompetentes a cargo de cosas que no pueden controlar, porque luego pasa lo que pasa.

                Misha se acercó un poco a él.

                - Jensen, ¿verdad? –preguntó, aunque ya sabía de sobra su nombre.- Métete en tus asuntos y ve a lo tuyo porque aquí todo el  mundo te tiene ganas y están esperando la menor oportunidad a que metas la pata para tenerte en el punto de mira.

                Jensen lo miró y elevó el labio superior con cara de asco.

                - Mientes –murmuró finalmente.

                - No, no miento. Dime una cosa, ¿cuántos amigos tienes? No hablo de colegas-lapas que se arriman porque les conviene tener a un buen médico cerca, sino amigos de verdad. De esos que se jugarían el puesto por ti, te salvarían de un incendio o te cuidarían si estuvieras enfermo –Misha esperó un rato pero al ver que Jensen no contestaba siguió hablando.- Es lo que me suponía. Algún día Jensen, dejarás de tener suerte y meterás la pata y ¿sabes qué? Que no habrá nadie ahí quien te tienda una mano.

                Misha se dio media vuelta y se fue. Cuando Jensen ya no podía verlo esbozó una sonrisa grande y perfecta. No había planeado lo que le había dicho y de hecho se había guardado un par de insultos en el bolsillo, pero estaba satisfecho con el resultado final.

 

***

 

                Jared no vio a Misha hasta dos días más tarde. Se lo encontró en su puesto de enfermería cuando volvía de una revisión.

                - Pensé que te habías fugado –Misha estaba sentado en su silla giratoria y jugaba con un lápiz con plumas rosa.- No conocía tus gustos en bolígrafos.

                Misha señaló un lapicero con bolígrafos y lápices de todos los colores, con plumas, mariposas,  animalitos varios e incluso había un bolígrafo con pompones. Jared sonrió.

                - Me lo regalan los niños y a mí me gustan.

                - Sí, ya.

                Misha sonrió perezosamente. Quería contarle su victoria contra Ackles días atrás pero no sabía cómo se lo iba a tomar. Estaba seguro que Jared seguía sintiendo algo por él y no quería dañar los sentimientos de su amigo.

                - Bueno, y cuéntame que te trae a mi humilde puesto de trabajo –Jared se sentó en una esquina de su mesa.

                - Quería ver cómo estabas –Misha se echó para atrás en la silla mientras jugaba con un bolígrafo de Hannah Montana.

                Jared hizo una mueca con las cejas y ladeó los labios.

                - Mejor, gracias.

                Misha lo miró.

                - Te voy a creer – confesó,- porque llevo dos días tirando de dos plantas de éste puto hospital, con trabajo atrasado, con una mujer que ya ha pintado la entrada de la casa de rosa chicle y encima me queda toda la noche de guardia.

                - No te envidio y prepárate porque hay mucha gente de baja por gastroenteritis así que te queda para largo.

                Misha dejó de juguetear con el bolígrafo y lo miró con odio.

                - Gracias Jared, eres un consuelo.

                Jared sonrió curvando los labios hacia abajo.

                - De nada, para eso estamos.  Por cierto, salgo a las ocho. Te invito en la cafetería a algo rápido si quieres.

                Misha hizo una mueca con los labios.

                - ¡Vale, pero pienso pedir lo  más caro! Por cierto –Misha se arrimó más y bajó el tono de voz para que nadie se enterase de sus palabras.- He tenido una charla con Jensen.

                      Finalmente decidió contárselo.

                     Jared se lo quedó mirando fijamente.

                      - ¿Una charla? ¿Para qué? –ese tono no auguraba nada bueno.

                      - Quería hacerle saber que no es intocable.

                      Jared se levantó y enfrentó a Misha. Éste también se puso de pié. No estaban en igualdad de condiciones en altura y teniendo en cuenta que Misha  medía un  metro y ochenta y cuatro centímetros, la estatura de Jared era para tenerla en cuenta. Aún ni por esas Misha se dejó amedrentar.

                      - No puedes tomarte la justicia por tu mano, Misha. Sé defenderme sólo.

                      - ¿Eso crees? Porque no me lo parecías el otro día cuando llorabas como una magdalena en tu casa.

                      - Te agradezco que te preocupes por mí, pero no tienes que defenderme ante nada ni ante nadie. Al  menos mientras yo pueda y sepa hacerlo.

                      - Lo siento Jared –Misha se relajó.- Eres un buen tío y aún me ronda por la cabeza lo que te dijo ese cabrón.

                      Jared aprovechó la proximidad para darle un abrazo.

                      - Piensa que gracias a él nos hemos dado cuenta de lo importante que es tener amigos.

                      - En eso tienes razón –Misha aceptó el abrazo y lo abrazó con fuerza a su vez.- Jensen siempre estará solo. Siendo así no encontrará jamás a nadie que lo soporte ni que lo tolere. No sabrá lo que es el amor ni sabrá lo que es ser amado. Nunca.

                      Un ruido seco se escuchó en el pasillo. Ambos se asomaron  pasillo y vieron a una enfermera recogiendo cosas del suelo con cara resignada.. El busca de Misha comenzó a sonar.

                      - Tengo que irme. Te veo en la cafetería más tarde.

                      - Allí estaré.

                   Jared lo vio marcharse y se sentó en su silla. No sabía por qué la vida le había dado un amigo como Misha pero daba gracias por eso todos los días. Era su mejor amigo, aunque a veces se le fuera la cabeza y hablara de ponis, o pusiera caras de loco, o se disfrazara de porno-chacha en Halloween, o de angelito en Navidad… Era su amigo y lo amaba por eso. No se podía tener a alguien mejor.

 

***

 

                - ¡Joder! Pensé que me había quedado atrapado en una espiral del tiempo y que  no avanzaba el reloj –Jared se sentó en la cafetería junto a Misha. Ya se había duchado y cambiado de ropa.- Se me ha hecho eterno.

                - Eterna se me va a hacer a mí ésta noche –Misha se llevó algo parecido a unos tallarines a la boca y los masticó.- Mi guardia acaba de empezar y la noche tiene pinta de ser movidita.

                Jared masticó su comida.

                - ¿Y eso?

                - Hay luna llena con círculos rojos alrededor. Eso es un mal augurio.

                Su amigo dejó de comer y lo miró incrédulo.

                - Vamos, eso son cuentos de viejas.

                - Piensa lo que quieras Jared, pero en Rusia la gente es muy supersticiosa y no se equivocan nunca.

                Jared lo meditó. Su colega, aunque no era ruso realmente, estaba muy arraigado a las tradiciones del país. Bueno, no todo el mundo era perfecto.

                - Tú hazme caso –Misha abrió una botella pequeña de agua y se la bebió de un trago.

                Jared fue a responder cuando una llamada de emergencia reverberó de los altavoces de la cafetería.

                “Doctor Misha Collins. Doctor Misha Collins. Acuda inminentemente a la sala de urgencias. Doctor Misha Collins”.

                Los dos se miraron. ¿Para qué lo necesitaban en urgencias? Por un momento Misha se pensó lo peor y salió disparado de allí. Jared, que debió de pensar lo mismo lo siguió. ¡Por Dios, que no fuera Vicky!

                Ambos llegaron a la par al mostrador de urgencias. Allí no parecía haber nada. Misha entró y se acercó a la enfermera. Jared se quedó por el otro lado del mostrador mirándole.

                - Soy el doctor Collins. ¿Dónde está la urgencia?

                La enfermera lo miró con cara de pez.

                - Viene de camino.

                - ¿Es mi mujer? –preguntó preocupado.

                La enfermera volvió a mirarle con cara de pez.

                - No lo sé, doctor. Desde la ambulancia me dijeron que le avisaran. Nada más.

                - Espera Misha, voy a llamar a tu casa para quedarnos tranquilos.

                Misha se lo agradeció con la mirada y se pasó la mano por la frente. ¡Por todos los diablos, estaba demasiado cansado para esos sustos!

                Jared se echó a un lado para buscar cobertura con el teléfono y  Misha lo siguió con la mirada, hasta que unas luces de una ambulancia llegando lo alertó. ¡Esa debía de ser! Corrió hacia fuera sin avisar y atravesó las puertas hacia el exterior. Llegó justo cuando bajaban una camilla de la parte trasera.

                No era su mujer como él se temía. Parecía ser un hombre pero no podía decirlo a ciencia cierta porque iba envuelto en una sábana blanca y con la cara totalmente ensangrentada y dañada.

                - ¿Quién…?

                - Es el doctor Jensen Ackles. Su coche se salió de la carretera y dio varias vueltas de campana. Cuando llegamos estaba diciendo su nombre, doctor Collins.

                - Después ha sufrido un colapso y un shock y se ha quedado inconsciente –añadió otro miembro de la ambulancia.- No sabemos nada más. Hemos venido lo más rápido que hemos podido.

                Misha estaba sin habla y no era momento para eso. Tiró de la camilla para dentro y corrió a mirar el historial de Jensen.

                Jared llegó en ese momento.

                - He llamado a tu casa, tu mujer está bien así que…

                - Jared, vete a casa.

                No pudo. Se quedó petrificado en el sitio. No le hizo falta saber quién era el que estaba envuelto en esas sábanas, sangrando y con la cabeza prácticamente abierta.

                - Jensen –lo llamó.

                - Jared, vete a casa –ordenó Misha de nuevo.

                - ¡No! –Jared soltó la mochila a un lado junto con la chaqueta.- ¡Vamos a trauma dos! ¡Rápido!

                En cualquier otro momento Misha se hubiera ofendido de que un enfermero le diera órdenes, pero ésta vez entendía la situación y ya no estaba tan preocupado por Jensen como por Jared. ¿Qué iba a ser de él si Jensen moría? Tenía muy mala pinta y se estaba temiendo lo peor.

                Siguiendo a Jared, corrió detrás de él. Tenía que salvar a Jensen. Por Jared. Aunque luego se comportara como un capullo de nuevo y deseara partirle la boca a trozos, pero Jared no se merecía eso. Iba a salvarle. ¡Ya lo creo que iba a hacerlo!