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Chasing Stars

Chapter Text

 

 

 

 

Titulo: chasing stars

Capitulo:

Pairing: jared padalecki /jensen ackles

Secundarios: misha collins, jeffrey dean morgan, chris kane, david boreanaz…

Disclaimer: bueno, supongo que no hace falta decir que ellos no me pertenecen, que la historia es producto de mi sobre-excitada imaginación y que evidentemente no hay ánimo de lucro en todo esto, tan solo el placer de escribir.

Rated: MA

Autora: taolee

Beta: sin betear

Resumen: imagínate: a causa del mismo trabajo de mierda que tienes durante todos los días de tu vida te duele horrores la espalda. Un amigo tuyo te pasa un teléfono donde te insiste, te atiende el mejor fisioterapeuta del mundo. Llamas, y pensando que es una técnica nueva, empiezas a hacer todo lo que él te dice, hasta que te das cuenta que puede ser que no hayas llamado a un fisioterapeuta. ¿dónde diablos has llamado?

Portada: nuryyyy

 

***

 

 

CAPITULO 1

 

                Jensen Ackles llegó al bar y se sentó en la barra en el taburete de siempre a esperar a sus amigos. Era jueves y aunque solían quedar los viernes por la noche para ver el partido y charlar sobre lo asquerosa y larga que había sido la semana, ese día habían quedado un día antes porque Jensen se encontraba fatal. Y no anímicamente sino agotado físicamente. Hombre, su trabajo no era para tanto, que era contable en una empresa de transportes, pero estar todo el día sentado en una mesa, con la espalda encorvada y apretando las misma teclas del ordenador una y otra vez, le estaba empezando a causar calambres musculares. Había quedado esa noche ahí con sus colegas porque ellos le aseguraron tener una solución.

                El primero en llegar fue Christian Kane, que entró por el bar como si fuera suyo, saludando a todo el mundo, mayormente maduritas bien posicionadas económicamente. Cuando llegó al lado de Jensen, le dio una palmada en el hombro y se sentó a su lado.

                - Tío, ¿qué te cuentas?

                Jensen se incorporó a medias de la barra donde estaba parcialmente reclinado.

                - Muriéndome. Me duele horrores la espalda.

                - Pareces mi abuela, joder –Chris le hizo una señal al camarero que había detrás de la barra para que sirviera otra ronda.- No te preocupes que David tiene el teléfono de un masajista buenísimo que te va a dejar como nuevo.

                Jensen pareció esperanzado.

                - Ojalá, porque me duele todo.

                David llegó en ese momento y se sentó con ellos en la barra. Los saludó y se pidió algo de beber.

                - Tienes mala cara.

                Jensen miró al recién llegado desde la esquina con cara de póker y Crhis estaba sentado entre ambos.

                - ¡Joder, estoy rodeado de viejas que chochean! –se quejó.- ¿Sabéis por qué os pasa esto? ¡Porque estáis en baja forma! Miradme a mí… ¡Todo músculo!

                Jensen y David lo miraron. Chris era monitor en el gimnasio donde iban ocasionalmente. David era profesor de adultos en la escuela nocturna y tanto él como Jensen tenían trabajos donde tenían que estar sentados la mayor parte del día, dándole al cerebro. Cuando terminaban no tenían ganas de otra cosa que llegar a casa y desconectar del mundo. A pesar de eso, los dos se mantenían en forma bastante bien pero Chris siempre les daba caña con eso. Ésta vez David no se calló.

                - Claro, como tú trabajas todo el día en el gimnasio…

                - Además –añadió Jensen,- necesitas tener en forma tu cuerpo para llevarte a pasear a las cuarentonas de la ciudad, que andan como locas últimamente.

                Los tres se volvieron disimuladamente y descubrieron una mesa con varias mujeres de mediana edad relamiéndose mirándole el culito a Chris.

                - Allí tienes otro club de fans –rió David dándole un trago a su cerveza.

                - Dicen que con la menopausia se ponen como locas –Jensen se llevó varios cacahuetes a la boca y seguía mirando a las mujeres de la mesa.- Desde que descubrieron “Sexo en Nueva York” todas las mujeres de la ciudad se han disparado hormonalmente.

                - Y tú porque eres gay y no lo sabes de primera mano –David le mangó el cestito con los cacahuetes.- Tengo a varias en mi clase que no veas… ¡Miedo me dan!

                - Sí, las mujeres de Nueva York se han vuelto locas y demasiado liberales.

                Jensen los miró. Seguramente fuera por las mujeres en general pero eso a él le daba igual porque siempre había tenido claro sus preferencias sexuales. Desde que tuvo uso de razón.

 

                Nueva York realmente era una grandiosa ciudad para vivir. Lo que no existiera allí posiblemente es que no había sido inventado todavía. Jensen se abstrajo de la conversación que sus dos colegas estaban haciendo sobre las mujeres en general. Recordó cuando llegó a la ciudad años atrás, procedente de California. Su infancia había sido bastante movidita; por el trabajo de su padre habían ido dando tumbos por gran parte de los Estados Unidos. Aunque había nacido en Dallas, Texas, apenas se acordaba de ella y a  partir de ahí había estado en miles de pueblos y ciudades. Hasta que acabó en un pueblo pequeño de California. Allí fue a la universidad y acto seguido se largó. Él quería vivir en una ciudad grande, lleno de sueños y de oportunidades. Los pueblos se le quedaban pequeños. Y allí estaba, feliz de vivir en la cuidad que nunca duerme, pero con el cuerpo  hecho polvo. Ese ritmo que llevaba un par de años más y acabaría con él. Aunque realmente no se quejaba porque le gustaba vivir en un apartamento con el costaba una pasta aunque estaba en un barrio no muy recomendable de la ciudad. Le gustaba ir a teatros, exposiciones de arte raras, encontrarse con estrellas famosas en cualquier esquina, ir a clubs de moda. Esa era la vida que Jensen había soñado. Y la tenía. ¿Se le podía pedir algo más?

                - La ciudad está loca, tío, en serio –las palabras de Chris sacaron a Jensen de su ensimismamiento.- El otro día sin ir más lejos, voy en un taxi y en un semáforo se me monta un desconocido y me dice que le lleve, así sin más, que compartíamos el taxi.

                - Al menos no iba por el morro –rió David.

                - Podría preguntar antes de meterse, ¿no? ¡Me sentí violado!

                Jensen rió por la exageración de su amigo.

                - Por cierto Jensen aquí tienes –David sacó un papel muy arrugado con un número de teléfono.- Mi amigo Jason me ha dado este número. Dicen que el tío tiene unas manos que es para morirte. Te quita todos los dolores musculares en un segundo.

                Jensen agarró el papel y miró el número. En un segundo lo había memorizado. Para algo era contable y se le daban bien los números.

                - ¿Y este fisioterapeuta tiene una lista de espera muy larga?. Porque la espalda me está matando.

                - No lo sé. Sé que tiene contestador. Déjale un mensaje ahora cuando llegues a casa para que te apunte cuanto antes o lo que sea –David se terminó de beber su cerveza.- Chicos, me voy. He quedado.

                Jensen y Chris lo  miraron con sorpresa.

                - ¿Y se puede saber con quién? –preguntó Chris con cara de sorpresa.

                - Si sale bien os lo cuento y si no…

                - ¡También! –Chris rió y le lanzó un cacahuete.- Siempre acabas viniendo a nosotros para llorar, ¡nenaza!

                David lo ignoró y salió pitando.

                - Yo también me voy –anunció Jensen levantándose.

                Chris lo miró con mala cara.

                - Joder tío, me abandonáis todos.

                - Estoy cansado y mañana curro –se quejó dejando un billete sobre la barra.- Además, quiero llamar al tío éste para concertar una cita cuanto antes.

                Chris le dijo adiós con la manita y siguió comiendo cacahuetes. Quizás atacara la mesa de las maduritas… Tenían buena pinta.

 

***

 

                Jensen llegó a casa, cerró la puerta del apartamento de una patada y encendió todas las luces. Ya había caído la noche y no se veía un pimiento en su apartamento interior de una sola habitación.

                Dejó la fina chaqueta a un lado del sofá. La primavera estaba a punto de terminar pero aún seguía refrescando un poco por las noches. Se deshizo de ella y se alargó para coger el teléfono. De memoria marcó el número de teléfono que le había pasado David.

                Un tono. Dos tonos. Tres tonos. Cuatro tonos… Al quinto tono finalmente contestaron al teléfono y no era un contestador automático. Jensen se puso nervioso porque no se esperaba que lo cogieran.

                - Ehhhh… ¿hola?

                - Hola –se oyó al otro lado de la línea.

                - Sí, verá, me gustaría…

                - Has llegado al sitio indicado –la voz por el otro lado de la línea era calmada, serena y terriblemente masculina.

                A Jensen le gustó que no le metieran prisas con citas, horas y demás. Eso lo ponía nervioso, las secretarias que siempre iban con prisas y no te dejaban hablar ni explicarte. Afortunadamente la otra persona al otro lado del teléfono parecía disponer de todo el tiempo del mundo.

                - Bien. Verá… tengo un terrible dolor en la espalda que me está matando.

                - Túmbate –ordenó la voz tranquilamente.

                Jensen obedeció porque había oído hablar de esas técnicas nuevas orientales de relajación tan efectivas.

                - Vale –se movió y se estiró cuan largo era en el sofá.- ¿Y ahora?

                - Tienes que respirar lentamente, llenando toda la capacidad de tus pulmones. Inhala y exhala. Lentamente –hubo una pequeña pausa de varios segundos. Luego continuó.- Ahora siente cómo tu cuerpo está totalmente estirado y sientes como si lo arrastraran hacia abajo, como si pesara más de la cuenta… como si la tierra te llamara.

                - Si.

                - Sigue respirando –ordenó.- Y cierra los ojos.

                Jensen no dijo nada más e hizo lo que le decía.

                -  Estira el cuello dejando recta la garganta. Notas cómo te tiran los músculos.

                Era cierto. Le tiraban los músculos del cuello. Todos ellos.

                - Notas cómo se tensan, pero eso es bueno. Sigue respirando profundamente y relaja los músculos había abajo, como si la gravedad tirara de ellos.

                Jensen comenzaba a notar el efecto deseado y la espalda cada vez le dolía menos. ¡Ese hombre era milagroso o qué!

                - Ahora, con la mano que te queda libre te acaricias el pecho y poco a poco vas bajando, hasta que llegues  al borde de los pantalones. Entonces mete la mano por dentro y acaríciate.

                Jensen abrió los ojos. ¿Qué?

                Por el otro lado de la línea, la persona seguía hablando.

                - Comienza a acariciarte lentamente. Sin prisas. No tenemos ninguna prisa.

                Jensen se incorporó del sofá.

                - Disculpa, ¿qué quieres que me acaricie?

                Hubo un pequeño silencio al otro lado.

                - Creo que es evidente –dijo con tono cortante.

                Jensen entrecerró los ojos. ¿Desde cuándo los fisioterapeutas te decían que para sanar tenías que tocarte la polla?

                - ¿Eres fisioterapeuta?

                - Soy lo que tú quieras que sea.

                ¡Ay, Dios!

                Jensen abrió los ojos sin creérselo. ¿A dónde diablos había llamado? Buscó frenético el papel con el número porque a lo mejor había marcado mal. No. El número era correcto. ¿Quién diablos era ese tío entonces?

                - Tío, ¿a dónde he llamado?

                Al otro lado de la línea hubo un claro silencio.

                - ¡Dime por Dios que no es una línea erótica!

                Un sonido como de esbozar una sonrisa y soltar algo de aire sonó por el auricular.

                - Si quieres no te lo digo pero no quiero mentirte.

                Jensen cerró los ojos.

                - ¿Ese no es el teléfono de un fisioterapeuta? Y ahora en serio tío, nada de eso de “lo que tú quieras soy”.

                - Tienes que haberte confundido porque ésto es una línea erótica gay.

                Jensen pensó que la mandíbula le iba a llegar al suelo. ¿Cómo diablos había acabado llamando allí? Como esa fuera una broma de David… ¡lo capaba!

                - ¡Joder! –exclamó sin pensarlo.- Lo siento, me he equivocado.

                - No te preocupes, suele pasar. Pero oye –lo llamó la voz antes de colgar.- Si de verdad te duele la espalda, haz lo de los estiramientos que te he dicho.

                Jensen miró el teléfono totalmente flipado. Decidió tomárselo a broma.

                - ¿La última parte del estiramiento también?

                Una risa grave y cercana sonó al otro lado.

                - No hace falta, pero muchas veces ayuda.

                Jensen sonrió. Sí, eso solía ayudar.

                - Gracias tío. Adiós.

                - Adiós.

 

***

 

                Jensen llevaba tres días haciendo el estiramiento que le había aconsejado ese tío por teléfono y la verdad es que estaba bastante mejor. ¿Cómo era posible que haciendo algo tan básico se le hubieran pasado  hasta los dolores de cabeza? Y conforme iban pasando los días mejor se sentía. Eso le hizo pensar en llamarle y agradecerle el consejo a la voz milagrosa, porque cualquier otro habría pasado de él, o lo habría engañado con el único propósito de sacar pasta.

                Sí, se sentía en deuda con esa persona porque la mejora que sentía era considerable, así que esa noche lo primero que hizo al volver a casa después del trabajo fue llamar por teléfono al mismo número de teléfono.

                Mierda, comunicaba.

                Siguió intentándolo durante una hora más hasta que finalmente dio tono justo cuando iba a darse por vencido. Ésta vez contestaron al tercer timbrazo.

                - Hola. Dime en qué puedo ayudarte –la voz sonó sugerente y profunda, como si él poseyera el secreto del punto “G” masculino. Como si con esa simple voz le prometiera orgasmos húmedos y salvajes.

                Jensen sonrió para acabar por ponerse completamente rojo. ¡Qué tontería más grande! Sólo iba a darle las gracias a ese tío, ¿no?

                - Hola soy… el del otro día, el del dolor de espalda.

                Hubo un silencio al otro lado de la línea. Sí, era la misma voz, estaba seguro, pero Dios sabría cuánta gente le llamaba con “dolores” en sitios extraños.

                - Lo siento, no  me recordarás… tan sólo quería…

                La voz lo cortó.

                - Sí que te recuerdo. Tú eras el que buscaba un fisioterapeuta.

                No era una pregunta, era una afirmación.

                - Eso es –sonrió Jensen algo tímido.- Te llamaba para darte las gracias porque lo que me dijiste me ha ayudado y me duele muchísimo menos la espalda.

                La voz al otro lado de la línea sonrió.

                - No hay de qué.

                - En serio –Jensen insistió.- Me siento en deuda contigo.

                - No lo estés porque la tarifa de la llamada es de las caras –bromeó.- Considérate así que estamos en paz si quieres.

                Jensen notó algo de cansancio en la voz. Hoy no se le notaba tan vivaz y persuasivo como el otro día. Bueno, era lógico… todo el mundo tenía derecho a tener un mal día. Cuando se dio cuenta ya había abierto la boca.

                - ¿Estás bien?

                Al otro lado del teléfono silencio. Y más silencio.

                Jensen miró la pantalla del teléfono móvil por si se había quedado sin batería.

                - ¿Hola?

                - Sí. Perdona estoy aquí –se oyó respirar pesadamente.- Es que no esperaba que me preguntaras eso. Normalmente a la gente no le importa cómo estoy.

                - Ya bueno… Supongo que en tu trabajo la gente va a lo que va y en el menor tiempo posible.

                - Mayormente, sí.

                Y luego un gran silencio. No sabía por qué pero Jensen siguió preguntando. ¿Qué diablos le pasaba? Por lo general no era tan cotilla y además la tarifa de esa llamada era de las exorbitantes. Iba a tener que echar horas extras para poder pagarlas.

                - No me has contestado –insistió.- ¿Un mal cliente?

                - No, un mal día. Simplemente. ¿Y tu día que tal?

                Jensen sonrió y se reclinó contra el sofá.

                - La verdad es que mucho mejor. Estuve haciendo los estiramientos todo el fin de semana y hoy a pesar de ser lunes, me encuentro de maravilla. Y es gracias a ti.

                - No hay problema -¿se podía saber si se había sonrojado una persona por teléfono tan solo oyéndole la voz? Porque Jensen podía jurar que sí.

                - Bueno tío, sólo era eso –Jensen se movió un poco del sofá.- Por cierto, me llamo Jensen.

                Al otro lado de la línea el silenció duró demasiado rato.

                - Yo… -se oyó de pronto.- Lo siento, no puedo decírtelo.

                Y la llamada se cortó.

                Jensen se quedó por un momento mirando el teléfono. Vale, tampoco era para ponerse así. Si no quería decir su nombre pues que se lo hubiera inventado, ¿no? Total, no iba a saber la verdad. Lo que Jensen no sabía era que al otro lado de la línea, un tío se daba cabezazos contra el auricular, por gilipollas. ¿Cómo se puede ser tan gilipollas?

 

***

 

                La semana pasó y Jensen apenas se dio cuenta. La espalda iba cada vez mejor y ya casi no le dolía nada.

                Ese viernes estaba en el bar con una sonrisa de oreja a oreja esperando a Chris, que tardaba esa noche. David ya estaba allí.

                - Así que te funcionó el fisioterapeuta, ¿no? Ya te lo dije yo.

                Jensen lo miró. Llevaba toda la semana queriendo preguntarle qué diablos hacía él con un teléfono de una línea erótica gay.

                - Pero… ¿tú has llamado a ese teléfono? –Jensen lo miró a los ojos.

                - ¿Yo? ¡Claro! Ese tío tiene las mejores manos del mundo. Una obra de arte, lo que yo te diga. Y baratito, además.

                -¿Y te atendió también por teléfono?

                David tragó las patatas fritas que estaba masticando y lo miró.

                - ¿Por teléfono? No, yo fui en persona. Estaba muy interesado en que fuera en persona.

                Jensen se quedó mirando el vacío. Tenían que estar hablando sin duda de cosas distintas. Cuando iba a aclarárselo, Chris apareció entre ellos y se sentó en el taburete de siempre. Traía mala cara.

                - ¿Y ese  morro estirado?

                Chris le cogió la cerveza a David y se la bebió.

                - Tíos… voy a ser padre.

                David y Jensen se miraron.

                - ¿Qué? –preguntaron a la vez.

                - Una tía del gimnasio me ha venido hoy y me ha dicho… me ha dicho…. –Kaine parecía que iba a salir llorando. Cogió la cerveza de Jensen y se la tomó también entera.

                -¿Quién te lo ha dicho? ¿La rubia esa que siempre va detrás de ti?

                Chris asintió.

                David resopló.

                - Esa tía ya no tiene edad para procrear. Fijo que te está engañando.

                - ¿Y por qué diablos iba a engañarme con algo así?

                - Porque  ya le habrás dado cuartelillo, ¿a que sí? Pues para retenerte, está claro –David se llevó el dedo índice a la sien y la palmeó como indicando que menos mal que él pensaba.

                Chris no lo tenía muy claro aún.

                - No creo tío, por ejemplo la morena esa… ¿cómo se llamaba? Da igual; ésa tiene  más edad y sin embargo…

                - No tiene más edad.

                - La he visto desnuda desde todos los ángulos. No me discutas.

                - Todos sabemos que te hace falta gafas, Chris.

                Ambos se enzarzaron en una charla demasiado gráfica para el gusto de Jensen sobre qué madurita aparentaba más edad o no. Afortunadamente su teléfono móvil comenzó a sonar. Eso le sirvió de excusa para ausentarse de la estúpida conversación de sus amigos.

                - ¿Sí? –no reconoció el número.

                - Me llamo Jared.

                Jensen se quedó quieto con los ojos moviéndolos señalando que su cerebro maquinaba a toda velocidad pensando si conocía a algún Jared.

                - Tío, siento lo del otro día –siguió la voz.- Cuando me dijiste tu nombre no sé… Normalmente la gente no me dice su verdadero nombre y yo por seguridad tampoco digo el mío así que me pillaste con la guardia baja.

                Así que ese era el tío de la línea erótica gay. Interesante. Se había acordado de él toda la semana porque le había parecido  muy extraña su reacción. Pero nada más; pensó que jamás volvería a saber de él.

                - No te preocupes –lo tranquilizó.- Todos tenemos un mal día.

                - Eres muy amable, Jensen –Jared dijo el nombre de Jensen demasiado sensual. Como si hiciera eso con cada nombre que le daban por teléfono.- Tenía que llamarte porque… bueno, te portaste muy bien conmigo.

                ¿Portarse bien? ¡Sólo le había preguntado cómo estaba!

                - No es nada tío, de verdad –sonrió. El muchacho le cayó bien.

                - ¿Qué tal tienes la espalda? –Jared cambió ­­­radicalmente de tema. Hoy se  le notaba más animado que el otro día.

                - Genial, la verdad. Ya casi no me duele.

                - Estupendo –sonrió. Hasta por teléfono parecía tener una sonrisa agradable.- Cuando te canses, también hay otra serie de ejercicios que puedes hacer para destensar otros músculos.

                Jensen arqueó una ceja. ¿Debía pensar mal o le estaba hablando en serio? Él no era un cliente, ni siquiera  había llamado, con lo cual tenía que ser en serio la información. Aún así no pudo evitar bromear.

                - ¿Esos otros ejercicios también implican tocarse por debajo de la cintura?

                Jared sonrió abiertamente.

                - No iban por ahí los tiros pero si quieres tocarte, eres libre de hacerlo –rió.- Te parecerá una tontería pero la mayoría de las llamadas que recibo, casi el setenta por ciento, son tíos que quieren hablar. Nada más.

                A Jensen le pareció curioso ese dato.

                - ¿Sí? –abandonó el taburete al lado de Chris porque éste había empezado a discutir con David de algo un tono  más alto de lo normal. Jensen se fue y se sentó en una mesa al fondo. Con la mano le pidió al camarero una cerveza y algo para picar.- ¿Y no sale más barato un psicólogo?

                - La gente no tiene tiempo para ir a psicólogos. Quitando que a muchos aún les da vergüenza. Prefieren coger el teléfono y llamar. Si no les ves la cara, no se sienten cohibidos y acaban contándotelo todo.

                - Así que eres como Oprah Winfrey pero en tío.

                - Sí, y algo más blanquito.

                Los dos rieron por la tontería de comentario. Jensen no sabía qué tenía ese tío pero le caía bien.

                - ¿Hoy no curras, Jared? –le preguntó. El camarero trajo en ese momento su cerveza y galletitas saladas.

                - No, me he tomado la noche libre. Un colega está haciendo mi turno hoy.

                Jensen no pudo evitar seguir preguntando. Por muy raro que pareciera, nunca había llamado a un teléfono de esos. Ni siquiera se había ido de putos ni nada. La verdad es que no le hacía falta mientras siguiera existiendo sexo gratis en internet.

                - Pensaba que las empresas éstas que se dedican a las llamadas telefónicas consistían en una habitación llena de gente con cabinas y teléfonos, todos apiñados haciendo llamadas como locos para comisionar.

                - Supongo que las de emisión de llamada son así. No lo sé. Las eróticas no. Y depende de la empresa funcionan de una manera u otra. La empresa donde trabajo es mía así que hago lo que quiero.

                Jensen abrió la boca. ¿La empresa era suya? ¡Wow!

                - Vaya, eres un magnate de los negocios, ¿no?

                Hubo un par de segundos de silencio en la línea. Luego Jared siguió hablando.

                - La verdad es que no –le aclaró.- Mis amigos y yo tuvimos ésta idea de montar una línea caliente el año pasado, cuando el último tornado arrasó con gran parte de nuestras granjas.

                ¿Granjas? ¿Ese muchacho dónde vivía?

                - Vale –Jensen se removió en su asiento.- No te estoy entendiendo nada. ¿Granja? ¿Eres granjero? ¿Como Clark Kent?

                - Algo parecido –contestó Jared enigmático,- pero sin los super poderes. Y soy más guapo que Tom Welling.

                Jensen sonrió.

                - Perdona que me ría pero… Es que me parece algo tan raro que unos granjeros hagan algo así.

                - Pues nos está dando resultado porque en un año hemos duplicado nuestros ingresos y levantado gran parte de lo que se llevó el huracán.

                - Debes de estar todo el día ocupado si te encargas de la granja y luego del teléfono, ¿no?

                - No te creas; somos cinco tíos y nos vamos turnando las horas. En realidad podríamos haber contratado a más gente y ganar más pasta pero con esto nos va bien. Además nuestra misión es levantar nuestras tierras, no ser los reyes del porno.

                Los reyes del porno. Jensen sonrió por la comparación.

                - El otro día cuando te llamé estuve esperando una hora -¿por qué diablos le había confesado eso?

                - Lo siento –murmuró.- Al tener sólo una línea se colapsa enseguida y si el cliente tarda más de la cuenta… Ya sabes.

                - Da igual –Jensen se sentía estúpido.- Logré dar contigo.

                - Sí –Jared suspiró.- ¿Qué haces ésta noche?

                Jensen volvió la cabeza para mirar a sus amigos, que seguían enfrascados en una acalorada discusión de mujeres.

                - He salido con unos amigos a tomar algo en el bar de siempre, pero los he dejado a un lado porque se han puesto a hablar de tías maduritas cachondas y no me va mucho el tema –Entonces tuvo la necesidad de decírselo a Jared.- Soy gay, ¿sabes?

                ¡Dios, qué patético sonó!

                Jared no pareció haberlo tomado así.

                - Me lo había imaginado.

                Jensen levantó las cejas sorprendido. ¿Cómo? ¿Que se lo había imaginado?

                - ¿Perdón? No tengo amaneramiento ni ningún deje que indique que soy homosexual. ¿Tienes un radar o algo?

                Jared rió. La carcajada le salió del fondo de la garganta y Jensen se relajó un poco.

                - No tengo ningún radar –dijo aún entre espasmos de risa,- pero he hablado con mucha gente y al final acabas conociendo la conducta humana.

                - ¿Sí? – Jensen estaba sorprendido.

                - Sí. Sé cuando me llama un tío haciéndose el macho y al final es más gay que yo. O también está el casado que le surgen dudas en la cuarentena pero no se atreve a hacer nada y llama para ver si eso le gusta o no… Son muchas llamadas ya, Jensen.

                - ¿Y de mí que pensaste? ¿Cómo supiste que lo era si no tuvimos una llamada  normal?

                - Porque no me colgaste el teléfono cuando te dije que era una línea erótica gay. Otros tíos se han equivocado antes de teléfono  al oír lo que hago me han insultado y me han colgado.

                - Vaya, lo siento.

                - Da igual. Es parte del trabajo. Además, mientras me insultan es dinero que gano.

                Positivismo ante todo. Eso le gustó a Jensen.

                - ¿Y tú qué haces éste fin de semana, Jared?

                - Jugaré a la play mientras estoy con ésto del teléfono.

                Jared se quedó de piedra.

                - ¿Juegas a la play mientras dices guarradas por teléfono? –no se lo creía.

                - Claro. ¿No pensarías que me toco y me corro igual que ellos, no? Son muchas llamadas al día, no tendría para todo el mundo –rió.

                - ¿Y puedes concentrarte? Quiero decir… -¡Joder! Se había quedado sin palabras.

                - Sí. No es complicado una vez te acostumbras. Además tengo el teléfono aquí en casa por lo que casi puedo hacer cualquier cosa mientras estoy con eso. Normalmente cocino mientras trabajo.

                Jensen no lo pudo evitar y comenzó a reírse. Así se llevó un rato hasta que pudo serenarse y limpiarse las lágrimas de los ojos.

                - Lo siento tío, te he imaginado en plan “porno chacha” haciendo magdalenas y diciendo “oh sí nene, dame más fuerte” –y comenzó a reírse de nuevo.

                Jared se rió con él.

                - A veces lo he hecho, sí.

                Jensen se rió más fuerte. Tardó varios minutos en que sus pulmones y el dolor que le había entrado en un costado de reírse volvieran a la normalidad.

                Estuvieron charlando varios minutos más de cosas sin importancia hasta que Jared dijo que tenía que irse porque había quedado con unos colegas.

                - Oye Jensen… si tienes algún hueco libre y te apetece charlar, me puedes llamar al móvil. Si no te lo puedo coger porque esté ocupado me dejas el mensaje y te llamaré en cuanto pueda.

                Jensen miró la pantalla del móvil y vio todo el rato que llevaban charlando y el número de Jared.

                - Claro. Guardaré tu número en la memoria del teléfono –Jensen se levantó y caminó hacia sus colegas. A medio camino se paró.- Gracias por llamar, Jared. Lo he pasado muy bien.

                - A ti, tío. Hasta pronto.

                Jensen colgó el teléfono y volvió con sus amigos. Aún seguían enfrascados en la misma conversación que a él le seguía pareciendo igual de aburrida, pero ahora sin embargo, tenía la cabeza en otra parte y no les estaba haciendo ni puto caso.

 

***

 

                Jensen tardó una semana exactamente en llamar a Jared y no es porque no hubiera tenido ganas, sino porque esa semana fue una locura: Varios cargamentos de salida se le juntaron con los de llegada y con una baja imprevista de un compañero de trabajo con lo que tuvo que tragarse él todo el  marrón. Cuando llegó el viernes no se lo creía. Ni siquiera había tenido fuerzas para ir al bar como siempre. Llegó hecho polvo a su casa y se tiró en el sofá. Cuando llevaba unos minutos sentado se acordó de Jared. La verdad es que le vino a la mente así sin más. Cogió el móvil y lo llamó.

                - Hola Jensen, ¿qué tal?

                - Me muero. He tenido la semana más larga de mi vida.

                - ¿Y eso?

                Jensen se puso cómodo en el sofá.

                - No quiero interrumpirte Jared. ¿Estás ocupado?

                - No, estaba viendo la tele. Cuéntame.

                Jensen le contó la semana que había tenido, la de horas que había echado y la de veces que había tenido que repetir cosas por fallos tontos de sus compañeros.

                Jared lo escuchó y bromeó con ir allí y patearle el culo a más de uno que había hecho trabajar a su amigo el doble de horas.

                Llevaban hablando un rato cuando Jensen se dio cuenta que estaba muy cómodo en el sofá hablando con él y era un dato muy curioso porque antes habría ido primero a Chris o a David. Ahora no; había ido corriendo a casa para llamarle. No sabía qué tenía ese chico pero le daba confianza.

                - Oye Jared, cuéntame algo sobre ti, sobre lo que has hecho durante la semana. No quiero que pienses que sólo te llamo para descargarme y listo.

                - No te preocupes –contestó.- Mi semana ha sido como siempre;  me he levantando temprano, he estado con los bichos todo el día, luego he vuelto, me he puesto con el teléfono y ahora veo la tele. Una semana normal.

                - ¡Qué envidia! –Jensen suspiró.- ¿Qué clase de animales tienes en la granja?

                - Más que granja es una cuadra; crío y educo caballos.

                Jensen estaba asombrado.

                - ¿En serio? Me encantan los caballos. De pequeño, cuando vivía en Texas montaba a menudo.

                - ¿Has vivido en Texas? –la voz de Jared era de sorpresa.- ¡Yo vivo en Texas! En San Antonio, concretamente.

                - Yo nací y viví en Dallas hasta los cinco años. Mi padre tenía un trabajo que lo hacía dar vueltas de un lado para otro prácticamente todos los años así que he vivido en todas partes.

                - ¿Y no has vuelto?

                - No. No  he tenido tiempo. Quizás sea tiempo de tomarme unas vacaciones y visitar mi ciudad natal.

                - Oye –Jared calló unos segundos, como si estuviera pensando. Luego siguió hablando como una cotorra.- ¿Qué tal si te vienes unos días a mi casa de vacaciones?

                Jensen se quedó de piedra. No sabía qué decir. Por un lado sentía un deseo enorme de tomarse unas vacaciones, estar tranquilo montando a caballo y disfrutando del sol en la cara. Pero por otro lado… Apenas conocía a ese tío. No sabía nada de él salvo que se llamaba Jared, que tenía una cuadra con caballos y que hacía porno gay por teléfono. Por mucho que le gustase la idea, no estaba la vida como para irse fiando de la gente así como así.

                Y se lo  hizo saber.

                - Apenas nos conocemos, Jared. No puedo meterme en tu casa así como así en plan ocupa. ¿Qué van a decir tus padres?

                - Si es por eso estate tranquilo que vivo solo. Mis padres tienen su propia granja al otro lado de la ciudad, vivo con dos perros un tanto pesados que todas las noches me dejan la cama llena de pelos.

                - Ya pero… -Jensen aún no estaba muy convencido.

                - Te daré mis datos completos si quieres para que busques mi ficha policial –bromeó.- Me llamo Jared Tristan Padalecki, tengo veintisiete años, soy cáncer, nací aquí en San Antonio y tengo una cuadra con caballos. Junto con mis dos mejores colegas regentamos una línea erótica y nos va bastante bien. Me gustan las nueces de Macadamia, comer en Macdonnalds y mirar las estrellas.

                - ¿Te gusta la astronomía?

                - Sí. Es mi hobby. Siempre que tengo tiempo libre y no me duermo, me voy a una zona perdida de mi finca con mi telescopio y la tienda de campaña en la furgoneta y me paso toda la noche cazando estrellas.

                - Siempre he querido aprender algo sobre las estrellas –murmuró maravillado Jensen casi sin darse cuenta.

                - ¿Ves? Es el destino, Jensen. Tienes que venir y te enseñaré todo lo que tú quieras.

                Hubo una ligera pausa porque ambos se quedaron pensativos.

                - Está bien –Jensen cedió al final.- Iré el próximo fin de semana. De viernes a domingo, porque con el lío que tenemos no creo que me vayan a dar días libres.

                - Acepto –dijo Jared de inmediato, no fuera que Jensen se echara atrás.

                - Hablamos en estos días entonces. Te avisaré del vuelo y demás.

                - Estupendo, Jensen –la voz de Jared parecía estar pletórica de felicidad.- Nos vemos pronto.

                Ambos se despidieron y  colgaron el teléfono a la par. Jensen se quedó sentado en el sofá mirando el móvil. Bien, iba a hacerse algo más de dos mil kilómetros por un tío al que apenas conocía y que bien podía ser un violador en serie, o un ex presidiario corrupto… Con la suerte que tenía últimamente posiblemente fuera las dos cosas.