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Esperaron por unos cuantos minutos hasta que la grúa apareció en el sitio, asegurándose de que esta se llevara el vehículo de Kanawut sin contratiempo alguno. Una vez que fue así, Suppasit arrancó su propio automóvil, poniendo la dirección de su acompañante en el GPS, para hacer así la llegada más rápida de lo que será. Debido a que la lluvia los obliga a ir a una velocidad más baja de lo usual, con tal de llegar sin problemas a su destino.

Viaje que transcurrió entre risas y charlas, Mew se burló un poco de Gulf, así como también se quejó por lo necio que intentó ponerse al momento que Mew ofreció su ayuda. Y sin poder contener su lengua, el propio Gulf expuso lo igual de necio que Mew se puede poner de vez en cuando. Quejas y quejas que solo ameritaron muchas más risas.

Aún entre discusiones cargadas de bromas, el alfa tomó el saco que lleva consigo ese día, al cual por fortuna no había bajado cuando salió del auto a la hora acercarse a Kanawut, dándoselo a este para que se cubriera del frio. Al igual que se cubría con el aroma natural que el propio Suppasit produce. (El omega fue muy discreto a la hora de olfatear un poco más la prenda ajena).

Una comodidad se instaló entre ellos de forma tan natural y perfecta, que el camino de casi treinta minutos pasó en un abrir y cerrar de ojos.

Lo único relativamente malo era la presencia de la lluvia, que quizás ya no era con la misma intensidad que en la carretera, en realidad, a duras penas llovía en ese momento, el cielo está más oscuro que antes, pronto caería la noche por completo.

Mew aparcó el auto justo frente a la casa de Gulf, sonriendo con tanta paz y armonía, que no parecían correr el riesgo de ganar un resfriado luego de empaparse con el agua de lluvia media hora atrás. El CEO se toma un momento para mirar hacia el interior de la casa de su asistente, esperando ver alguna clase de movimiento, algún indicio de que alguien más este ahí, esperando la llegada de este.

No tarda demasiado en darse cuenta de que no hay nadie en casa.

—¿No hay nadie dentro?

Gulf negó inmediatamente, sacándose el cinturón de seguridad justo cuando escuchó que Mew apagaba el auto.

—Bright salió a pasear con su novio, quien me llamó con anticipación para pedirme permiso para llevar a Jai con ellos.

—¿Y traerá a Jai de vuelta más tarde o…?

—No sé, quizás Bright decida que es mejor que pasen la noche en su departamento. Lo cual está bien, así podré tomarme el tiempo de limpiar un poco y tener un rato para mí.

Al terminar esa oración, sus ojos se encontraron directamente con los de Mew. Hay un momento de silencio, no se trata de algo incomodo, simplemente comparten unos segundos sin decir palabra. Piensan al mismo tiempo, se contemplan y parecen tener la misma idea; o eso creo Gulf.

Suppasit observa con adoración como Kanawut se muerde el labio inferior, a decir verdad, no es muy discreto a la hora de hacerlo; como si quisiera que su acción fuera notada por su contrario.

—Antes… —su voz suena más aguda de lo usual, por lo que se detiene para aclararse la garganta antes de hablar—. ¿Dijiste que querías cenar, cierto? Cuando llamaste, ese fue el motivo de la llamada, ¿verdad? —Mew se limitó a asentir en respuesta, a lo que Gulf atinó imitar, pensando un poco antes de continuar con lo que estaba diciendo—. Bueno, ya que estamos aquí, ¿quieres entrar? Podemos preparar la cena y también puedes secarte —alcanzó el brazo de Mew con una mano, sintiendo la humedad de la tela bajo su palma, al igual que sintió como su bíceps se tensaba—, aún estás húmedo.

—Me encantaría bajar y cenar contigo.

El menor sonrió enormemente, inclinando su cuerpo hacia su contrario. Tomó por un pequeño momento el rostro de Mew con su mano derecha, dejando un suave y cálido beso en su mejilla.

No dejó que el alfa reaccionara o tuviera acción alguna hacia él, se apresuró en abrir la puerta del auto, tomando sus pertenencias y bajando del vehículo, manteniendo una sonrisa traviesa en el rostro.

Mew fue rápido en reaccionar, soltando una suave y disimulada risa; se apresuró en abrir la puerta del conducto, asegurándose de tomar la llave y su cartera. Poco le importó la lluvia que, si bien era mucho más suave que antes, aún resultaba algo fuerte. Apresuró su paso hasta alcanzar a Gulf, que había avanzado más allá de la mitad del jardín, a nada de llegar a la entrada de la casa.

Le rodeó la cintura con sus brazos, alzándolo unos segundos; giró sobre su propio eje un par de veces, logrando sacarle una larga carcajada Gulf. Una vez que lo dejó poner los pies sobre la tierra, este se giró hacia él, sonriendo de par en par y sin importarle mucho dejó caer sus cosas en el camino de cemento húmedo; sus brazos rodearon el cuello de Mew en un abrazo, e inmediatamente la cintura de Gulf se vio atrapada nuevamente por los fuertes brazos del alfa.

Tan solo se tomaron un segundo para mirarse directamente a los ojos.

Y la próxima acción que compartieron, fue acercarse al mismo tiempo, juntando sus labios en un beso.

Comenzando lento, aumentando la velocidad segundo a segundo. Lo que comenzó como un roce aumenta la intensidad, sus bocas se abren, lenguas se encuentran, dientes muerden y chocan accidentalmente. Generan suspiros, acompañados de risas cómplices.

A penas se separan el uno de otro, un par de centímetros únicamente.

—Deberíamos entrar —susurró Gulf, acariciando con sus dedos el nacimiento del cabello de Mew, justo por encima de su cuello. Volvió a acercar sus labios a los de Mew, dando un casto beso antes de continuar hablando—, o definitivamente tendremos un resfriado.

Kanawut podría jurar que escuchó un ronroneo provenir de los labios de Suppasit.

—Sí, eso deberíamos hacer.

Compartieron un par de besos más, simplemente jugueteando un poco más bajo la lluvia. Gulf tiró del brazo de Mew, para después tomar su mochila del suelo y correr unos cuantos pasos hasta la puerta, que por suerte está techada. Buscó entre sus bolsillos la lleve de la entrada, apresurándose abrir la puerta lo antes posible; comenzaba a tener algo de frio por el viento que soplaba cada vez con más intensidad.

Una vez dentro, se colocó de forma correcta la mochila para poder facilitar el agacharse y sacarse los zapatos, dejándolos en la pequeña zapatera que tiene a un lado de la puerta. En esta se pueden ver un par de zapatos de Jai, unos cuantos de Gulf y un par de zapatos de vestir que, por el estilo, es fácil intuir que se trata de algún par que dejó Bright en casa. Mew no se molestó en pensar demasiado en eso, está demasiado entusiasmado ante la idea de estar entrando en el territorio de Gulf en esos momentos. Que le omega lo deje entrar con tanta facilidad le provoca una pequeña emoción.

—Puedes dejar tus zapatos con los míos Phi, siéntete como en casa.

Esas palabras lo hacen sentir muchas cosas, entre ellas satisfacción, aunque también un poco de nervios. Nunca había estado en esa situación: cortejando a un omega que estuvo casado, que tiene un hijo con otro alfa y que ese alfa aún este presente en su vida. Mew no tiene derecho a molestarse y, en realidad, no lo molesta, pero en su interior se siente algo incómodo.

Asiente a las palabras de Gulf, sacándose los zapatos que traía ese día, los colocó de forma pulcra junto a los tenis que el omega se acaba de quitar. En esos segundos se toma la tarea de desechar todos esos pensamientos incomodos que amenazan con perturbar la paz y tranquilidad de su cabeza, porque si eso sucede, no solo atormentarían sus pensamientos, sino también sus acciones.

Y arruinar el gran avance que están teniendo no es parte de sus planes en ese momento.

Mejor dejar de pensar demasiado y vivir cada segundo que pase desde ahora, aunque sea solo por hoy.

Gulf caminaba por la sala y comedor, recogiendo algunas cosas que tanto él como Jai habían dejado tiradas ese mañana, algunos juguetes, pantuflas y un pequeño montón de ropa limpia que había olvidado doblar y guardar (más bien le dio demasiada pereza hacerlo, pero no lo diría en voz alta).

—Perdón por el desorden, se supone que limpiaría llegando de la Universidad… Es obvio que no esperaba visitas —exclamó, yendo de un lado a otro por todo el lugar, metiendo las cosas de Jai en su habitación, para después ir al estudio a dejar su mochila. Una vez hecho esto, se apresuró en volver a ver a Mew. Este miraba con curiosidad un par de fotos familiares que adornan una de las paredes de la sala; eran Bright y Gulf, con Jai siendo sostenido por Bright, frente a ellos hay un pastel con una vela con el número tres encendida—. ¿Quieres algo de beber, Phi?

Mew tardó un par de segundos en responder, sus ojos no se apartaban de la foto.

Una vez que miró a Gulf, le sonrió.

—En realidad, me gustaría saber dónde está el baño, quiero secarme un poco.

—¡Ah…! Sí, cierto, también debería secarme. El baño esta por allá —señaló hacia una puerta junto a la habitación de Jai—. Tengo una bata de baño que puedes usar, es nueva —aclaró, no le gustaría hacer pensar a Mew que le dará algo que fue de Bright—, ¿te gustaría usarla? Así te puedes deshacer de lo mojado y puedo meter la ropa a la secadora.

—Me parece bien.

Se dedicaron una última sonrisa, antes de que Gulf se dirigiera a su habitación.

El alfa estaba dando un vistazo a la casa del alfa; era bastante amplia, con varias ventanas, bien amueblada y, aunque Gulf diga lo contrario, bastante ordenada. En pocas palabras: es acogedora. Y le encanta que lo sea. Además de que puede sentir el aroma natural de Gulf, impregnado en todo el lugar. Comenzó a desabotonar su camisa, más no se deshizo de ella, no quería que Gulf lo encontrara sin camisa en medio de la sala, sería extraño y podría incomodarlo.

También comienza a intentar recordar si se había puesto ropa interior esa mañana. Espera que sí se la haya puesto.

No pasó mucho para que Kanawut regresara a la saca, lleva la bata pulcramente doblada sobre sus manos. Para el omega no pasó desapercibido el hecho de que Suppasit hubiera comenzado a desvestirse, sus ojos pasaron por los botones abiertos, donde a duras penas se alcanzaba a ver la suave piel del alfa.

Se miraron a los ojos, antes de que Gulf le diera la bata. Mew agradeció en voz baja, mientras Gulf le informaba que también iría a cambiarse.

Una vez que entró a su recamara, Gulf se llevó una mano al pecho, que latía con suma intensidad. Esta nervioso, oh, claro que lo está. Puede tener 25 años, pero el hecho de que únicamente ha tenido un solo novio en su vida lo hace sentir sumamente vulnerable. ¿Qué debe hacer ahora? Porque una parte de él está deseando lanzarse a los brazos de ese alfa, besarlo y ver hasta donde son capaces de llegar en ese instante, más su lado racional (y su personalidad introvertida) le dice que no debe hacer tonterías, que debe dejar que las cosas fluyan.

Pero realmente desea que esos brazos lo estrechen con fuerza y no lo suelten nunca más.

Se sacó la ropa mojada, quedando en ropa interior. Dejó caer las prendas al suelo mientras se apresuraba en buscar algo de ropa. Sacando unas bermudas de algodón que se ajustan con cintillas y camisa cualquiera, no cree necesario buscar demasiado o vestirse bien; está en su casa, no en una cita en algún lugar lujoso.

Toma su ropa del suelo antes de salir de la recamara, sus ojos están distraídos en colocar de forma correcta sus pantalones para poder meterlos a la lavadora, verificando que no quede nada en sus bolsillos; es cuando escucha la puerta del baño abrirse que deja de mirar su ropa.

Ahí está Mew, ajustándose la bata de baño a la cintura.

Tembló por completo cuando la mirada profunda de Suppasit se encontró con la suya. Le sonrió de una manera tan especial, que por un instante se congeló. No apartó sus ojos de Mew en ningún momento, lo vio caminar hasta él, señalando la ropa que lleva con una mano.

—Gracias por la bata, me quedó bien.

Se acercó lo suficiente para que Gulf fuera capaz de olerlo. Oh, esa mezcla de perfume y su aroma natural es, simplemente, deliciosa. Todo en él es perfecto. Su mirada, su cuerpo, su aroma y, joder, esa sonrisa. Tan dulce, tan amable. Kanawut sabe que está completamente perdido.

Por su parte, Mew también está demasiado abrumado. Su alfa no deja de repetir que el aroma de Gulf está por todos lados, quiere impregnarse con él, quiere que sus aromas se mezclen y se vuelvan uno solo. Además, que estar en casa de Gulf, usando una bata de baño era, sin duda alguna, lo más doméstico que ha vivido con sus anteriores parejas o amantes, se siente tan bien, tan cálido.

Y realmente le encantaba mirar a Gulf con ropa cómoda, informal y casero.

Lo hacía sentir en casa.

—¿Quieres que pida algo a domicilio? Conozco un lugar de comida japonesa que…

No continúa hablando, no es capaz. No cuando Gulf da un paso hacia él, pareciendo dudoso en un principio, pensando en dar un paso atrás o caminar hacia adelante. Cree saber a dónde se está dirigiendo esa situación, pero tiene sus dudas.

Abre la boca, a punto de decir algo y…

Gulf dejó caer toda la ropa al suelo, dando el último paso hacia Mew para terminar con la corta distancia que los separa. Lo besa, lo hace con torpeza e intensidad, sus manos aprietan la bata blanca, como si tuviera miedo de que Mew quiera apartarse del beso, aunque no será así.

Mew está sorprendido, no demasiado, pero lo está. Sus manos titubean, dejan caer la ropa porque en realidad le importa una mierda que le costara tan malditamente cara, prefiere que estén libres para sostener a Gulf. Sostiene el redondo rostro del menor entre sus manos, obligándose a separarse para tomar aire y también para hablar. Quiere asegurarse que Gulf quiera lo mismo que él.

—Gulf, ¿qué…?

—Shh, Phi. No digas nada, por favor, solo… —se detiene por un segundo, mirando directamente a los ojos al alfa, puede notar un destello rojo en el iris café, aquello lo hace jadear—. Sostenme, Mew. Solo sostenme y no dejes de besarme.

Escuchar que su asistente lo llame solamente por su nombre, que jadee de esa forma y le pida que no deje de besarlo, es más que suficiente para que deje de dudar acerca de lo que quieren, de lo que ambos quieren.

Es Mew quien comienza el beso esta vez, es rápido, torpe y salvaje. Sus lenguas se encuentran y bailan juntas, hay succiones y mordidas descuidadas; jadeos son arrancados de sus labios cada que sus manos avanzan en el cuerpo ajeno. Mew aprieta la cintura de Gulf con fuerza, y este jala de la bata de baño, atrayéndolo hacia él.

Gulf da pasos torpes hacia atrás, pateando con un pie una de las prendas que estorban en el suelo. No suelta a Mew en ningún momento, lo hace caminar con él hasta que chocan con la pared, justo alado de la puerta del cuarto principal: su habitación.

Estando atrapado entre Suppasit y la pared, se toman un momento para dejar de besarse. Kanawut jadea suavemente cuando la boca húmeda y caliente de Suppasit está viajando por su cuello, besando, rozando con sus dientes filosos la carne sensible. Más, más, más. Sus piernas comienzan a moverse hacia abajo, como si fuera a agacharse, su boca comienza a besar sobre la camisa blanca.

Sus manos rodearon el cuerpo de Gulf y tomando uso de toda su fuerza, lo levantó y Gulf inmediatamente lo rodeó con ambas piernas. Kanawut empujó con una mano la puerta, que estaba entreabierta por suerte y para Suppasit fue fácil entender el mensaje.

« Vamos a la cama»

Oh, claro que iba a cumplir esa silenciosa petición.


—No es común que estés en la oficina un fin de semana.

Kao volteó hacia la puerta de su oficina, encontrándose con Mild apoyado contra el marco de la puerta. Sonrió en dirección a su amigo omega, dejando caer su peso contra el respaldo de su silla.

—Tampoco es común que tú estés aquí —contraatacó.

Mild se encogió de hombros, adentrándose a la oficina del jefe del área de redacción, caminando hasta tomar asiento sobre la orilla del escritorio de este.

—Te imaginaba en tu casa, preparándote para salir con alguien.

—Bueno… digamos que no tengo muchas ganas de salir con alguien. ¿Tú qué? ¿Nuestro nuevo relacionista público no te deja salir?

—Gracioso, muy gracioso. No me recuerdes a ese… tonto alfa. No hace más que amargarme el día.

Kao alzó las cejas, mostrando una ligera sonrisa ante los comentarios de Mild—. ¿En serio? La verdad, yo lo veo muy enamorado.

—Eso es precisamente lo que no me gusta. No quiero una relación, no quiero un alfa.

—Por Dios Mild, sé que no soy el indicado para decirlo, pero ¿qué hay de malo en una relación? AA parece buena persona, anda tras de ti como perro faldero, es atractivo, amable y no ha correspondido a ninguno de los coqueteos que los del área administrativa le han dedicado.

—Tienes razón, no eres el indicado para decirlo —bufó, ignorando el comentario de los “coqueteos”, no quiere pensar demasiado. Baja del escritorio para rodearlo y quedar detrás de Kao—. ¿Y tú qué? —Con sus manos acaricio los hombros del alfa, dando un pequeño masaje—. Te he visto muy quieto últimamente… sin andar tras la falda de una mujer o las piernas largas de un hombre. ¿Qué pasa? ¿Eh?

El editor sonrió de lado, sabía perfectamente a donde quería llegar Mild. No es la primera vez que lo hace.

—No estoy de humor… —se excusó, mas no se molestó en mover las manos y detener el tacto del omega.

—Si logro ponerte de humor, ¿me acompañarías a mi departamento?

Cada centímetro de piel se le erizó, dando una ligera sacudida por la sensación que le causaba un poco de placer. Oh, ahora definitivamente no tiene la menor duda de adonde quiere llegar Mild. No le molesta la idea, aunque sería mejor si tuviera ganas de seguirle el juego.

—En serio, Mild, no estoy de humor —esta vez, habló con un poco más de convicción. Se movió sobre la silla, haciendo su cuerpo hacia adelante para alejarse de las manos ajenas—. Perdón, si me sintiera como yo mismo sabes que en serio te seguiría el juego.

—Ya, ya —exclamó, alzando las manos en señal de rendición—. ¿Qué pasa? Llevo un par de días viéndote algo… raro. Tengo entendido que hace poco saliste con Earth, ¿Qué pasó? ¿Caíste a sus pies? ¿Quiere algo serio? ¿Qué? —comenzó a preguntar, intentando adivinar, mientras tanto caminaba al otro extremo del escritorio, tomando asiento en una de las dos sillas que hay.

Obviamente Suttinut siente curiosidad, ver como su fiel compañero de travesuras simplemente parece estar dejando de ser el mismo. Cualquiera se sentiría curioso al respecto. Además, él llegó a conocer a Earth; el omega tenía una química excelente con Kao, por lo que no sería sorpresa que este estuviera pensando en establecer una relación seria con él. Sobre todo, ahora que lo escuchó «¿Qué hay de malo en una relación?», todo le parece muy sospechoso.

Por otra parte, Kao se movió un poco incomodo en su silla. Se estaba pensando demasiado si hablar del tema con Mild, porque no ha sido capaz de decir en voz alta que es lo que lo atormenta. Porque hablarlo sería admitirlo, y no cree estar listo para hacerlo.

Pero no hablarlo con alguien más lo está matando por dentro.

Suspiró de forma pesada, jugando con los reposabrazos de la silla.

—No estoy afectado por Earth…

—Pero sí por alguien más.

—Sí. Y no creas que se trata de un capricho a razón de una “noche loca”, es peor.

Mild soltó un resoplido cargado de gracia—. ¿Qué? ¿Quedaste flechado por un beso?

Hubo un largo silencio.

El omega borró su sonrisa, poniéndose serio por un segundo.

—No me digas que…

—¡No sé qué pasó!

—¡Por Dios, Kao! ¿Te flechaste con un beso? Eso es tan… ¡de secundaria! ¿Cuántos años tienes? ¿Quince? —Mild reía a carcajadas, no porque se burlará realmente de su amigo, en realidad, la situación le parecía demasiado ridícula—. En serio, dime, ¿qué pasó?

—Ya te dije que no sé. Fue una situación bastante tonta, pero sucedió y ahora no puedo sacármelo de cabeza. ¿Y sabes que es lo peor? Que él actúa como si yo no le interesara, ¡y me tiene jodidamente loco!

Ambos callaron por un momento. En verdad que estaban jodidos.

Dos nombrados rompecorazones que no pueden sacarse a alguien de la cabeza, simplemente están jodidos.

—¿Y ahora qué? ¿Nos volveremos como Mew?

Suttinut río con fuerza.

—¿Volvernos monjes?

—No entiendo como Mew ha aguantado tanto sin compañía.

—Oh, vamos. ¿Crees que Mew no ha tendido acompañantes?

—Lleva más de un año sin tener la compañía de alguien, ni siquiera en sus celos —Kao suspiró, para después reír—. Si Suppasit llega a cuarta base con nuestro querido Kanawut, estoy seguro qué se desatará la bestia que lleva dentro.

—Qué suerte la de Gulf.


Los pasos de Mew eran rápidos y firmes, aunque definitivamente no sabe cómo logró llegar a la cama sin terminar tropezando, ya que los besos en ningún momento de detuvieron; Gulf simplemente no se lo permitió. Una de sus manos se aferraba con fuerza a la bata de baño, mientras que con la otra acariciaba la nuca el cabello de Mew, enredando sus dedos y tirando de estos cada cierto tiempo. Eran un lío de jadeos y suspiros, el sonido de los besos húmedos se adueñó de la habitación, además del aroma que ambos empezaban a desprender por todas las sensaciones que comparten justo ahora.

Suppasit se arrodilló sobre la orilla de la cama y poco a poco fue dejando a Kanawut sobre esta. Este no dejó de aferrarse a Mew, por lo que, cuando sintió que estaba sobre la cama, no dudó ni un solo segundo en jalar su cuerpo para hacerlo terminar sobre él.

Apoyó sus manos a los costados de la cabeza de Gulf, no tenía intención de aplastar al omega con todo su peso, no sería muy romántico de su parte. Observó detenidamente el rostro de Kanawut, sus facciones, aquel ligero sonrojo que se cruzaba por su rostro y como sus labios entreabiertos soltaban leves jadeos. Era satisfacción pura, eso era. No pudo evitar sonreírle a ese rostro, sonrisa que se contagió en Gulf.

—Creo que… —comenzó a decir Gulf, mientras sus manos acarician sobre los hombros de Mew, paseándose hasta acariciar sobre las clavículas, donde la tela de la bata de baño colgaba debido a la posición que adoptaron. Lentamente la suave mano del omega fue bajando hasta acariciar el pecho ligeramente expuesto del alfa. —podemos comenzar deshaciéndonos de esto.

Mew ríe por lo bajo. Le agrada ese tono suave y coqueto que Gulf está utilizando.

—No es justo, si me la quito, tu estarás aun completamente vestido —susurró, acomodándose de rodillas sobre Gulf, con una pierna entre las del omega y la otra saliendo por el lado derecho de este. Con una mejor posición para poder utilizar una de sus manos; recorrió el costado izquierdo de Kanawut con una mano, acariciando por encima de la tela. Bajó hasta llegar a la zona descubierta de las piernas, acariciando los esponjosos muslos de Gulf, apretando con sus dedos—. ¿Qué tal si tú te deshaces de esto y yo me saco la bata?

Gulf enterró sus uñas sobre los hombros del alfa, sintiendo un escalofrío recorrerlo de pies a cabeza cuando Mew apretó la piel de sus muslos. Oh, mierda. Siente como su pene se erecta y su canal comienza a dilatarse con el lubricante natural. Demasiado intenso, pero no es su culpa, ha estado demasiado tiempo sin la compañía de un alfa.

Empujó a Mew con toda su fuerza, sin soltarlo hasta que quedara sentado en la cama. Y esta vez fue él quien quedó arriba, sentado a horcajadas sobre las piernas del alfa.

—Alfas —bufó con un deje de burla en su voz—. Siempre quieren ganar en todo, ¿no es así? —no era una queja, no buscaba una discusión, porque en ningún momento titubeó a la hora de secarse la ropa. Río un poco, mientras se quitaba la camisa primero—. No es queja, en serio —susurró, alzó su cuerpo ligeramente, separando el contacto que tenía sentado sobre Mew. Se inclinó para sacarse las bermudas y continuamente, la ropa interior—. Pero la próxima vez —dejó que la ropa cayera al piso de la habitación, cerró los ojos por un momento, acomodándose nuevamente sobre Mew, tomando apoyo sobre los hombros de este—, espero que tú te saques la ropa primero.

Para este punto, Suppasit se quedó sin aliento. Es obvio que no esperaba que Gulf simplemente se desnudara, así como así, aún con esos comentarios sarcásticos, verlo sacarse la ropa sin siquiera parar y pensarlo un poco. No, él solo lo hizo. Camisa, short y ropa interior, ¿y ahora? Ahora se presenta frente a él, tal y como vino al mundo.

Suppasit no es capaz de articular palabra, su mente solo intenta procesar lo que sus ojos están mirando. Piel ligeramente bronceada, lunares esparcidos por distintas partes, estomago levemente abultado, piernas largas y su miembro a medio erectar. Mew siente como su ropa interior comienza a apretarlo. Mierda, y ni siquiera ha visto la parte trasera; con solo pensarlo ha comenzado a salivar.

Poco a poco comenzó a reaccionar, ambas manos se posaron sobre ambas piernas, acariciando toda su extensión hasta subir a la cadera. Con sus pulgares acaricia sobre la pelvis, con pequeños círculos, para luego continuar su camino, tomando con ambas manos las mejillas del culo de Gulf con fuerza.

—¿Te gusta lo que vez? —jadeó el omega.

—Me encanta.

Gulf sonrió de par en par ante la respuesta, sobre todo por el tono que el alfa empleaba. Voz ronca y cargada de excitación, una combinación malditamente perfecta; le provoca escalofríos y satisfacción.

Deja que Mew haga los siguientes movimientos.

Las amplias manos que está apoderadas de la superficie de los glúteos apretaron la zona, enterrando sus uñas en la zona. Hizo presión para invitar a Gulf a acercarse más a él y cuando este lo hizo, comenzó a repartir besos sobre el pecho plano del omega. Besando esos lunares que tanto habían llamado su atención el día del evento; adora no tener que contenerse en ese momento.

Por su parte, Gulf disfruta de sentir los cálidos labios de Mew besando sus lunares, mordiendo de vez en cuando su piel y tomándose un par de segundos para oler el aroma que desprendía su piel. Oh, le encantaba todo lo que Mew hace. Sentirse el centro de atención del alfa es verdaderamente satisfactorio; ¿y a qué omega no le gusta ser el centro de atención de su alfa?

Se le escapa un gemido al sentir como los dientes de Suppasit muerden con ligera fuerza sobre su pezón derecho.

—¡Ow, Phi…! —jadeó, aferrándose a los hombros ajenos.

Mew disfrutaba de cada uno de los sonidos, sonriendo contra la piel de Gulf al escuchar ese último quejido que se le había escapado. En tanto sus manos no tenían la intensión de separarse de los suaves y redondos glúteos que encajan perfectamente con sus palmas. Aprieta y masajea el par de mejillas, y sus dedos poco a poco van encontrando camino hacia el interior de estás. Pronto sus dedos se encontraron con el estrecho canal, sintió como la zona ha comenzado a humedecerse y a dilatarse.

Adoró sentir aquello, su corazón se aceleró y su alfa aulló. Fuerte y claro, sacudiendo la mente y cuerpo de Mew. Conocer que él provocó esas reacciones, es totalmente satisfactorio.

Alejó su boca del sensible pezón derecho, admirando como ha dejado la zona. Roja, un par de marcas suaves de mordidas que desaparecerían rápido no sabe si a Gulf le encantaría verse al espejo y descubrir que su cuerpo está lleno de marcas de chupetones y mordidas. Así que fue suave y delicado, pero a la vez un poco rudo.

Posó la atención de su boca al pezón izquierdo de Gulf, atendiéndolo de la misma manera que al otro. Y usando la distracción de su boca, sus dedos se movieron hacia la fruncida entrada. Con el dedo medio de su mano izquierda hizo presión en la entrada, metiendo a duras penas la punta de su falange.

Se ganó un gemido.

Uno suave y claro. Más no por eso no lo hizo estremecer.

—Mew, por favor… —murmuró, sus dedos tiraron de su cabello—. No voy a romperme, dame todo lo que tienes.

—Sé que puedes con todo lo que puede darte —empezó a decir con voz suave, mientras acercaba su boca a la de Kanawut—. Pero quiero disfrutar este momento, quiero… —besó lentamente los labios ajenos, sonriendo al escuchar como a Gulf se le escapa un gemido, comenzó a bajar sus labios por el mentón ajeno, continuando por el cuello y terminando en las clavículas— adorar cada parte de ti. ¿No te gusta esa idea?

Gulf gimoteó. Le encantaba la idea de ser adorado por Mew, y a su omega también parecía encantarle.

—Me gusta, alfa. Me encanta esa idea —respondió—. Pero justo ahora, solo pienso en sentirte. Rudo y áspero —mientras más hablaba, se inclinaba más sobre Mew pegando su pecho contra el ajeno—. Quiero sentir a tu alfa y así tú podrás sentir a mi omega.

Claramente a Mew no le molestaba en lo más mínimo esa idea. Sobre todo, cuando está siendo llamado “alfa, alfa, alfa”, como el omega se está comportando de forma caprichosa ante él. Joder, esa confianza que le transmite Gulf, más bien que Gulf parece tenerle sin siquiera preocuparse en dudar un poco.

Increíble, simplemente increíble.

Y no es que Mew sea alguien en quien no se pueda confiar, no, nada de eso.

Mew es consciente del tiempo que ha estado sin tener un acercamiento de ese calibre con un omega, mucho menos un acercamiento con alguien como Gulf, que parece volverlo loco. En realidad, teme salirse de control y lastimar al omega.

Sin embargo, Gulf no parece muy preocupado por lo que pueda pasar. Parece más emocionado que preocupado y no lo culpa.

—Por favor, Mew. Déjate llevar… quiero sentir al verdadero Mew.

Fue suficiente. Ver esos ojos de Bambi, brillando en su dirección con tanta emoción, sus labios haciendo un puchero y sus manos aferrándose a Mew. (Ya ni mencionar que sus caderas se mecen de adelanta a atrás, desnudo sobre su regazo). Claramente no podría decir que no.

Hizo un movimiento hacia adelante, como si tuviera la intención de volver a besarlo. Cuando se aseguró de que Gulf cerrara los ojos, Mew cambió sus movimientos. Fue rápido y preciso, dándole la vuelta a la situación de manera que resultó impredecible para el menor. Gulf terminó acostado en la cama, con las piernas aferradas a las cadera de Mew; una vez que se dio cuenta de lo sucedido, soltó una larga risa, mientras dejaba caer los brazos a los costados de su cabeza, sonriendo a Mew de forma risueña.

Mew observó por unos segundos la expresión que Gulf tenía en el rostro, disfrutando cada facción de ese bonito rostro. No esperó mucho para continuar; sin dejar de mirar directamente el rostro de Gulf, comenzó a soltar la bata de baño, que hasta el momento había sobrevivido. Desamarró la tira que sostiene todo en su lugar, soltó un resoplido cuando la risa de Kanawut calló, y solamente lo miró con los labios entreabiertos y ojos atentos.

Los movimientos de Suppasit fueron lentos.

Y ellos se miraban, admirando la belleza del contrario.

Esta vez, fue el alfa quien soltó un jadeo. El omega no se quedó quieto; mientras él se deshacía de la bata, dejándola caer a un lado de la cama, Gulf movió sus brazos hacia la parte inferior de su propio cuerpo. Recorrió todo su tronco con las manos, deteniendo una de estas sobre su pecho y la otra continuo su camino hasta llegar a su ya bien despierta erección.

Sus fosas nasales se ensancharon por un momento, cuando respiró profundo y luego aguantó la respiración por unos segundos. Observar cómo Gulf empieza a masturbarse, abriendo y levantando sus piernas en una silenciosa invitación para él.

—Mierda Gulf, no me hagas esto —gruñó. Sí, él gruñó. Y Gulf gimió, sin importarle las palabras de Mew, abrió más las piernas, presentándose a su alfa.

En seguida, la velocidad de las cosas aumentó en gran medida.

La ropa interior de Mew fue lo próximo en caer al suelo. Kanawut tuvo la intensión de levantarse de la cama, más Suppasit fue más rápido: él se lanzó sobre Gulf. Un beso rápido, rudo y torpe comenzó, manos tocando zonas erógenas y gemidos amortiguados, eso se volvieron en menos de un segundo.

Gulf dejó de tocar su propio cuerpo, apresurándose en tocar cada extensión que piel que antes estuvo cubierta por la bata. Sus dedos acariciaron toda la extensión del endurecido pene de Mew, de su jefe. Disfruta la sensación de la carne tibia contra su mano, sentir el peso de esta recargada en su palma. Pensar que fue él quien provocó aquello es un sueño.

Por su parte, Mew disfruta del tacto sobre su piel, al igual que disfruta de los labios húmedos e hinchados de Gulf contra los propios. Su mano derecha a recorrido todo el cuerpo de Gulf hasta llegar a su estreches. No esperó un permiso para comenzar a hurgar en el interior de esas suaves y húmedas paredes, que se abrían sin oposición alguna. Dos de sus dedos fueron los primeros en entrar, aunque no pasó mucho para que un tercer dedo se uniera a los otros.

En la habitación solo se oyen gemidos y sonidos húmedos, acompañados por el ruido de la lluvia y en ocasiones un par de rayos.

Se separaron por un momento, respiraron pesadamente y esperaron un momento antes de hablar.

—Date la vuelta, por favor.

—Quiero verte mientras lo hacemos, Phi…

Ahogó un gemido.

Lindo, lindo, lindo.

—Solo será un momento, quiero hacer algo.

—¿Solo un momento? —Mew asintió, sonriendo ligeramente. —Uh, está bien.

Mew inclinó la cabeza hacia adelante, besando suavemente los labios de Gulf, antes de continuar. Posó las manos sobre la cadera de Gulf, comenzando a guiar sus movimientos.

Kanawut se tomó un par de segundos para voltearse, recostándose completamente sobre la cama, con la cabeza levantada viendo por sobre su hombro, en espera de ver la reacción que tendría Mew al ver su parte trasera.

El alfa se mordió los labios, disfrutando de la vista que tenía actualmente.

La piel totalmente expuesta de Gulf lucía increíblemente suave y tentadora; la forma en la que su espalda baja se curveaba hacia abajo y como poco a poco subía al llegar a su redondo trasero. Comenzó a salivar con solo verlo, la idea de hundir su rostro entre ese par de redondos glúteos era cada vez más persistente.

Antes de hacerle caso a sus ideas, prefirió comenzar usando sus manos. Comenzó con un par de caricias en toda la extensión de la espalda de Gulf. Acarició cada centímetro de piel, masajeó sobre los pequeños agujeros que se marcan ligeramente al final de su espalda, al igual que besó cada pequeño lunar que se encontró en el camino. El omega suelta pequeños suspiros de placer y mientras sentía como Suppasit descendía hacia su retaguardia e inconscientemente sus caderas se levantan cada vez más y más. Ronronea ante cada beso, cada suave caricia y claramente ante ese pequeño masaje que le estaba proporcionando.

Hueles tan bien —dijo con suficiente fuerza, besando lentamente sobre la mejilla derecha—. Tan dulce, tan perfecto…

De pronto, las manos de Mew se encargaron de elevar más las caderas de Gulf, elevando lo suficiente para tener una mejor accesibilidad al interior de los glúteos de este.

Los movimientos se volvieron mucho más rápidos. Con sus manos encargándose de separar los glúteos ajenos, dejando ver la intimidad de Kanawut Observó con detenimiento la zona; como la piel era de un color rosa y sobre este se nota un ligero brillo de humedad del lubricante.

Se agachó y, dejando una mordida sobre la nalga izquierda del menor, continuo su camino hasta que su lengua se encontró con la fruncida entrada. Gimió, disfrutando del sabor del lubricante natural en su lengua, era inexplicable el placer que le recorrió el cuerpo entero. Se comparaba totalmente con el placer de escuchar los dulces gemidos de Gulf, cargados de placer.

—¡Mew…! —Jadeó con fuerza al sentir como la lengua húmeda se adentraba en su cuerpo. Buscó con sus manos la almohada más cercana para abrazarla con fuerza contra su pecho, ahogando entre ratos los gemidos vergonzosos que se escapaban de su boca.

De un momento a otro, los sonidos obscenos que ellos generaban se vieron acompañados por una melodía de celular. Una llamada entrante. Mew gruñó mientras separaba de boca de la intimidad del menor, pero sin moverse demasiado. Gulf tampoco hizo muchos, alzó la cara de la almohada, intentando recordar donde había dejado el celular. ¿Era el suyo o el de Mew?

—Es mi celular. —Bufó Kanawut, pasándose una mano por el cabello. Logró reconocer el tono.

—¿Quieres… —besó suavemente el glúteo derecho del menor, con cariño, con amor— que vaya a buscarlo?

—¡No, no! Solo ignorémoslo… es nuestro momento.

—Lo que Khun Kanawut ordene.

Mientras Gulf soltaba una leve risa, Mew volvió a su tarea principal, esta vez tomando uso de sus dedos para acompañar la intromisión.


Bright le frunció el ceño al móvil cuando la llamada entró a buzón.

—Que raro…

—¿Pasa algo? —preguntó Win, dejando de mirar la televisión frente a él, donde se reproducía una película de Disney. Jai la había elegido.

—Gulf no responde.

Win hizo un pequeño puchero, mostrándose pensativo por unos momentos. Miró el reloj, falta poco para que sean las 20:00 horas. No era tarde, pero tampoco muy temprano.

—Quizás va llegando a casa. ¿No dijo que se quedaría un poco más tarde en la universidad? O tal vez llegó hace rato y se quedó dormido.

El alfa no estaba convencido, conoce desde hace tiempo a Kanawut, sabe cada cosa de él, costumbres y mañas. Sabe que Gulf es de responder llamadas casi al instante, sobre todo cuando Jai está con Bright fuera de casa. Pero puede que Win tenga razón, conociendo a Gulf debe estar agotado; trabaja toda la semana y cumple con la universidad, no lo culparía si en realidad llegó y simplemente se durmió.

—No pienses tanto, ven a acompañarnos.

Dejó de mirar la pantalla del celular para ver a su pareja y a su hijo.

Habían llegado hace no mucho al departamento, les había agarrado la lluvia cuando estaban saliendo de la plaza, y era tan fuerte, que Bright pensó que sería mejor ir a donde les quedara más cerca, que era su departamento.

Su pequeño cachorro, esta sentado junto a Win, mientras miraban una película animada que Jai ponía cada que podía en la televisión. Reía y entre momentos hablaba con Win, mencionaba sus personajes favoritos y decía tonterías que, en ocasiones, no tenían mucho que ver con la película.

Era un momento perfecto, una convivencia tranquila con la que había soñado el ultimo mes. Suspiró en señal de rendición, guardándose el aparato en el bolsillo delantero, para luego rodear el sofá y tomar asiento del otro lado de Jai.

—Lo volveré a llamar cuando acabe la película.

Metawin sonrió de par en par. —Me parece perfecto.


La petición de Gulf de hacerlo estando de frente se cumplió.

Una vez que el omega gimió, exigiendo que avanzaran con aquello, Mew se apartó, no sin antes dar una sonora nalgada al trasero de Gulf, dejando una bonita marca roja. Volvieron a la posición anterior, el menor atrapado entre el cálido cuerpo del mayor, quien se apretaba entre las piernas ajenas.

Se sonrieron y se besaron con intensidad.

Los dedos de Mew hurgaron un poco más en ese caliente y estrecho canal, que se había aflojado lo suficiente para este punto. Esta totalmente listo para su endurecido pene.

—¿Estás listo? —murmuró contra los labios de su asistente, dando una pequeña mordida en el labio inferior.

—Sí… —respondió inmediatamente—. Por favor, Phi. Te quiero, te quiero dentro de mí.

—¿Tienes condones aquí en la habitación?

Gulf asintió frenéticamente, apartándose un momento de la calidez de Mew para arrastrarse sobre la cama hacia una de las orillas. Abrió la segunda cajonera de su buró derecho, donde guardaba artículos muy personales. Entre ellos una caja de condones junto a un vibrador de tamaño promedio, el cual usaba de vez en cuando para aliviar la necesidad de tener a un alfa entre las piernas.

Sacó un par de condones, dejando uno sobre la cama, posicionándose de regreso en su lugar y abriendo el condón que tenía entre las manos. Sonrió en dirección a Mew.

No actuaron rápidos o con prisa, se tomaron unos segundos para acariciar, besar y frotar sus cuerpos el uno con el otro. Gulf acarició la extensión del miembro del alfa, masturbando la erección lentamente, y viendo maravillado como era cubierto por el látex transparente.

Mew lo observó, dejando que Gulf se encargara de colocar correctamente el condón. Una vez estaba todo listo, tomó con fuerza las caderas del menor, jalando de estás para acercar su trasero más a su miembro.

Poco a poco comenzó la penetración.

Primero era solo un roce indecoroso, la punta del pene de Mew balanceándose de arriba abajo sobre la entrada húmeda, esparciendo más lubricante sobre el condón. Luego, con una ligera presión, la cabeza logró entrar en el apretado esfínter, por lo que no pudo evitar gemir de placer.

Apoyó las manos a los costados del cuerpo de Gulf, quien tenía los ojos entrecerrados por el placer.

Si bien Gulf acostumbra a hacerse cargo de sus necesidades con juguetes sexuales, es más que claro que un frio consolador no puede compararse con el calor del cuerpo humano. Tener el miembro de un alfa abriéndose paso en su interior luego de un tiempo, es simplemente incomparable.

Gimió y se aferró a la cama cuando de un movimiento, Mew enterró toda su virilidad en su interior. Cerró los ojos con fuerza y se mordió la lengua. Oh, Buda. Eso se sentía tan bien. La calidez, sentir como era llenado a tope, la presión leve pero lo suficientemente dulce sobre su próstata. Todo es perfecto.

Sus pecho subían y bajaban con algo de rapidez, están agitados por las sensaciones que están viviendo en ese momento. Esperaron un momento, quietos y entrelazados, hasta que Mew comenzó a acariciar las piernas de Gulf; tomó la derecha y la subió sobre su hombro, aprovechando la posición para besar con cariño su muslo interno, a lo que Kanawut sonrió.

Y fue con un movimiento de cadera de parte del menor lo que hizo que continuaran.

Movimientos lentos que poco a poco iban volviéndose rápidos, jadeos que se transformaron en gemidos, golpeteos suaves que se volvieron chapoteos intensos. Todo fue en aumento, así como el placer.

Los elogios surgieron, adorando el cuerpo ajeno.

Suppasit hacia lo posible para mantener a su alfa a raya de esto, por más que este le susurraba al oído que podía ser más. Más rudo, más rápido, más agresivo. Deseaba eso, pero quería disfrutar de ese primer encuentro.

Kanawut no pensaba demasiado. Su omega estaba envuelto en dicha, disfrutando de ser el centro de atención del alfa. Gimiendo elogios, aferrándose con fuerza a los hombros ajenos cuando este se acercó a él. Sus uñas se enterraron en la espalda de Mew, sus dientes mordieron el hombro izquierdo y sus ojos se cerraron en señal de placer.

—¡Mew… Mew! —exclamaba cada que su próstata era firmemente presionada—. Alfa… te sientes muy bien. Más, dame más…

Claro que para Mew era imposible no acatar a esas dulces peticiones, dispuesto a complacer en todo a su omega.

Al cabo de un par de minutos, Gulf sintió que estaba al borde el clímax. Todo su cuerpo se estremeció mientras tomaba su miembro con una mano, comenzando a masturbarse rápidamente.

Esto fue un claro mensaje par Mew, que aumentó con el ritmo de las embestidas. Eran cortas y profundas, las manos se aferraban a la cintura de Gulf.

La cama rechina cada vez más fuerte, las respiraciones erráticas y lo gemidos incontrolable. Hasta que llegaron a la deseada liberación.

Gulf primero, seguido poco después por Mew. Hubo silencio, como si el mundo se hubiera callado por completo y solo existieran respiraciones pesadas. Luego se escuchó una risa leve, cargada de satisfacción.

Las manos de Gulf alcanzaron el rostro de Mew, acercándolo para besarlo lentamente.

—Te quiero tanto, alfa.

—Te quiero más, omega.