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Decisiones, decisiones

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"Detente”

Se sentía aturdida y enojada, no podía pensar con claridad, pero al ver la expresión de Sona toda esa ira se volcó hacia ella misma.

Leblanc era superior, siempre lo había sido. Sería mejor para Sona y ella lo estaba demostrando en ese mismo momento.

La sanadita se mantenía expectante cuando sintió que la presión en su muñeca comenzaba a bajar, el rostro del pelirroja pasó de estar contrariado y molesto a mostrarla exhausta y atormentada.

Extendió su mano libre para tocarle la mejilla con cuidado, tratando de buscar en su mirada de donde salía el dolor que estaba percibiendo, pero Miss Fortune solo se alejó de ella.

La vio adelantarse y desaparecer en el camino de vuelta a la ciudad, sin importarle las quejas de Jinx.


Miss Fortune trato de acomodarse nuevamente en el asiento de la nave. Había logrado cerrar por unos momentos los ojos y creía que ya casi podría dormir, pero nuevamente ese presentimiento extraño.

Creía ver sombras en los rincones, una sonrisa que casi podía distinguir, pero todo se esfumaba.

—¿EXO? — murmuró apenas, acomodándose la chaqueta que usaba de cobija.

—¿Si, Capitán?

—Registra la nave…

—A la orden, capitán— obedeció de inmediato, trayendo el resulto a los pocos segundos— nave a salvo, capitán… como las 6 ultimas veces que me pidió el reporte en las ultimas 7 horas… Recomiendo comprar una mascota guardián… quizás un perro, dice que ayudan no solo a detectar intrusos sino también a la psiquis de su dueño al darle una sensación de seguridad… aunque el defecar de varias criaturas quizás ocasione cierto oxido.

—Siento que nos acechan…

—¿Quiénes, capitán?

No contestó. Suspiró ampliamente y se sentó derecha en la silla.

Ya había pactado todo con los dueños del taller, solo quedaba esperar esos días. Inclusive tenia un lugar de alojamiento en Terra-2, pero volver a su nave le pareció lo más seguro.

Su intuición le decía que peligraba, pero también le decía que peligraba aun mas el equipo de Yasuo, más específicamente Sona.

Sentía que debía cuidarla, pero no sabia como acercarse a ella ahora.

Todo lo que hacía parecía mal…

“Pero por lo menos me detuve” se trató de consolar con el pensamiento.

—EXO, busca la entrada mas cercana de Los Picaros… mándame la ubicación de su guardián.

—Si, Capitán ¿Va a salir? Lleve abrigo, la madrugada que se avecina en un par de horas se pronostica fría y húmeda.

—Lo hare, gracias. Quédate en la nave y procura que se trabaje adecuadamente.

—Por supuesto, Capitán.


Sona pudo ver como el humo negro que salía de la cocina ya cubría casi todo el techo de la sala continua. Se preguntó si debía insistir en ayudar por mas que Jinx los hubiera apartado con un claro mensaje de “Lo tengo todo controlado, así es exactamente como dice la receta”

Finalmente vio como Jinx, con unos enormes guantes de cocina de diferente color, tomaba el recipiente de metal con el que había estado luchando y lo arrogaba por la ventana que daba a la calle.

—Ok, eso murió, trate de darle RCP, pero no funcionó— concluyó sacándose los guantes y tirándose en el sofá de la sala— no hay que culpar a nadie, esto tipos de accidente ocurren, es normal, así es la vida… pero si hay que señalar a alguien… yo digo que fue culpa de Ziggs.

—¡¿Qué?!— se quejó el ingeniero en su lado de la sala.

—Tu nunca me ayudas en las labores de la casa— se quejó mientras una lagrima resbalaba de su mejilla.

—¡Me pediste que te pasara la harina que estaba en la alacena! — se excusó el Yordle, levantando un dedo hacia arriba mostrándole a todos lo alto que estaba el lugar—¡La alacena!

—¿Me estas diciendo que no lo alcanzas? — preguntó ofendida la chica— y después se defienden diciendo que el tamaño no es lo es todo…

Para cuando Malphite abrió la puerta de entrada a quien había llamado, la persona que ingresó encontró a Jinx y Ziggs peleando a los puños en el suelo.

—Agh… genial… señorita pechonalidad— se quejó la piloto mientras su cara se estiraba por el pie de su compañero.

—No preguntare— anunció la pelirroja mientras trataba de disipar el humo cerca de su rostro y miraba a todos allí— vine a pedirles que dejen este lugar y me acompañen a uno más seguro.

—¡¿Qué?!

—Temo que Leblanc no haya sido honesta en sus palabras y ahora quiera matarnos.

—Pfff ¿No que muy inteligente? ¿Y por qué no nos mató en su guarida, genio?

—Conociéndola quizás quiso saber más de lo que teníamos en la ciudad para sacar un mayor provecho.

—¿Estás segura de eso? — preguntó la tiradora aun desde el suelo— o quizás solo estas actuando así porque sientes culpa y remordimiento por todo y viniste aquí con esa estúpida excusa porque no sabes cómo pedir perdón.

—¿…que?

—¡Ya me oíste! — gritó poniéndose de pie y encarándola, chocando sus pequeños pechos contra los grandes de Miss Fortune, tratando así de imponer cierto respeto— ¡Le debes una disculpa!

Sona podía ver como se la señalaba y se puso de pie de inmediato, negando con la cabeza y sus manos, tratando de detener lo que Jinx quería decir.

—No estoy aquí para eso— se apresuro en contestar la capitana— solo quiero que me acompañen, no es seguro…

—¡Pues ninguno de nosotros moverá un dedo hasta que no te disculpes con la muda!

—Agh… escúchame— trató de razonar con al piloto— estoy muy segura que Leblanc buscara a Sona y la encontrara.

—No la encontrara, somos mas inteligente que ella ¿Lo ves? — anunció con orgulloso— no nos registramos en este hotel con nuestros nombres reales, no tiene forma de seguirnos la huella.

—¿…no… no se registraron… con sus nombres? — trató de seguir la mayor.

—Por supuesto que no. ¡Tenemos identificaciones falsas! Nuestro alojamiento esta registrado a mi nombre en clave, Deborah Melo, y de mis amigos, Sevelinda Parada, Rosamel Delgado y Lago Loza.

—… Dios, son idiotas con ganas.

—¿Qué? Por supuesto que sabemos que mercenarios como nosotros corren peligro en cualquier planeta… claro que no andamos por ahí dando nuestros documentos y registros.

—Leblanc no necesita sus nombres o dirección… ella puede meterse en la mente de las personas para encontrar lo que quiere.

Jinx se cruzó de brazos y lo pensó por unos segundos.

—Si, bueno… mira… la verdad es que no, no tengo nada para eso… nada de nada. Vamos a morir.

—¡No van a…! Agh… Solo tomen sus cosas y síganme.

—Ya te lo dije, señorita orgullosamente puedo llevar vestidos con escote, ninguno se moverá de aquí hasta que pidas perdón.

Sona se puso al lado de Jinx, tratando de hacerla desistir, pero fue la pelirroja quien tomó la palabra.

—Te ordeno que me sigas— pidió claramente.

La sanadita se sorprendió por las palabras, pero al buscar los ojos de la pelirroja no los encontró, parecía inclusive incomoda por lo que dijo, pero aun así no retiró sus palabras.

Obedientemente asintió, disponiéndose a partir cuando ella se lo diga.

—Voy a matarte…— anuncio Jinx entre dientes.

—Genial, hazlo— comentó sin ánimos de discutir— pero primero tomen sus cosas y síganme.


Sona siguió la indicación de la capitana de nuevamente no llevar ropas llamativas, y caminaba con un sobretodo negro seguida de los demás miembros de su tripulación.

Seguía de cerca a Miss Fortune, nunca perdiendo de vista su espalda.

Llegaron a una zona apartada de la ciudad, en una taberna con pocas sillas y un bar que más bien parecía estarse quedando sin suministros.

Pudo ver como la capitana ponía un sello rojo, del tamaño de su mano en la mesa y el cantinero lo tomaba inmediatamente, lo reviso con disimuló y se lo regreso.

—¿Cuántos y por cuánto? — preguntó el hombre sin mostrar ninguna expresión.

—Vengo con 4 y serán 3 días.

El hombre asintió y busco algo en su bar, luego de unos segundos le paso algo a la capitana que no pudo distinguir y le indicó con la cabeza la puerta a un costado.

—Síganme— ordenó y el grupo le hizo caso.

Sona vio que abría una puerta que parecía llevar a un pequeño deposito, pero el interior era oscuro, lleno de cortinas pesadas que costaba hacerlas a un lado para abrirse camino.

Luego de empujar la tela reiteradas veces extendió su mano sin saber a donde pisar o donde seguir, el camino era extraño, sentía que descendía mucho de repente.

La pelirroja tomó su mano entre las suyas y la ayudo a salir, le dio una sonrisa en agradecimientos, pero pronto su expresión paso a mostrar una gran sorpresa al ver donde se encontraba.

Se trataba de una enorme cueva con múltiples pasillos. Su techo era altísimo y la infraestructura de madera parecía haberse trabajado desde hace muchos años.

Carretas, calles de piedra y un riachuelo que cortaba a la mitad del lugar, donde varios puestos funcionaban a un lado o sobre el muelle, donde pequeños botes se paseaban con pasajeros.

Era toda una pequeña ciudad viviendo debajo de la comunidad en las afueras.

—Por favor, dime que aquí también hay un club nocturno— pidió Jinx, sumándose al asombro.

—Ammm…— dudó en contestar la pelirroja, soltando la mano de Sona para encarar a todo el grupo— Este lugar es un refugio para piratas. Solo los capitanes respetados saben de él.

—Uy… ¿Y como es que “tu” sabes de él entonces? — trató de provocar Jinx.

—Graciosa…— comentó sin animo la mayor y sacó de su bolsillo lo que le había dado el guardián— estas son cartas que se les da a los invitados que no son piratas. Solo pueden conseguirla los capitanes para su tripulación… y es por tiempo limitado.

Sona tomó la carta que Miss Fortune le pasó, al igual que los demás miembros. A simple vista parecía un naipe, el suyo en particular era la reina de diamantes.

—Mientras tengan esto, los custodios del lugar no los molestaran… piérdanlo y quizás pierdan la cabeza también. Luego de tres días la carta desaparecerá y ya no se les permitirá estar aquí.

—Entendido… Malphite, guarda la mía— comentó de inmediato la piloto dándose cuenta que algo importante y pequeño no era el tipo de cosas que podría cuidar— aun así… dijiste que Leblanc puede rastrearnos por onda mentales psíquicas de perra faldera demaxiana.

—Si, pero Leblanc no es un pirata, peor que eso, es una bruja demaxiana, no puede entrar aquí, aun si recibiera una invitación.

—Y eso es un impedimento para su poder porque…

Miss Fortune contestó levantando su dedo indicie y señalando una estatua gigante mas adelante, en el centro del riachuelo. Se trataba de una figura femenina que sostenía en lo alto una esfera oscura con pequeños puntos luminosos que orbitan cercan.

—Es común entre piratas que seamos muy… “supersticiosos”. Así que lo primero que se construyó en este lugar fue un amuleto que anulara cualquier poder mágico del tipo que sea. Esa cosa evita que la magia ocurra en la guarida del pícaro— explicó sacando una pequeña navaja— la idea es que el sistema de honor solo permita balas y espadas.

Dicho esto, se hizo un pequeño corte en la palma.

—Trata de curarme— le pidió a Sona.

La chica no tardó en tomar su mano con dos de las suyas, pero al tratar de usar su poder vio como nada pasaba.

—Sistema de honor… entre piratas y mercenarios…que estupidez— se burló la piloto— ¡Me encanta!

—Hay otras peculiaridades del lugar, como una que otras normas y reglas— comentó comenzando a caminar— se las explicare luego. Primero iremos a una de las hosterías y alquilaremos.

Sona la vio adelantarse, pero se apuró a tomar su mano de nuevo. Sacó un paño y con cuidado limpio la herida, haciendo una venda improvisada luego.

Hizo que la pelirroja cerrara su puño, para que entendiera que hiciera presión de esa forma y luego con cuidado acercó la mano a su pecho.

Logró por primera vez en un tiempo que la pelirroja la mirara a los ojos, manteniéndose en su mirada por varios segundos, donde finalmente sintió que podía aliviarla un poco.

—Agh… eso es asquerosamente tierno— se quejo Jinx, rompiendo de inmediato el ambiente que había logrado— ya, vamos a conseguir una habitación ¿No es así? Así que no hay necesidad de decirle que se consigan una ¡Apuren!


Alquilaron la habitación mas grande de la hostería a la que fueron a parar, con una amplia sala principal y 4 dormitorios, también contaba con una sala oficina a un costado. Como toda en esa mini ciudad subterránea, la infraestructura se dividía entre madera roca y tecnología que facilitaba la función de prácticamente todo.

—¡Aun tengo hambre! — exclamó Jinx luego de acomodarse en el lugar y dejar sus cosas. Malphite asintió a la noción y Ziggs estuvo atento también al comentario—¡vamos a buscar algo de comer!

—Hagan lo que quieran, solo no se alejen demasiado— recomendó la capitana con cierto desdén, ya encaminándose a la sala oficina sin tomar ninguno de los dormitorios como propio.

—¡Ni creas que te vamos a invitar! ¡Quizás si nos suplicas podríamos…! — comenzó Jinx, pero pronto la mayor pasó el umbral y cerró la puerta de la oficina con fuerza—¡Oye!

Sona la detuvo del brazo, evitando que la buscara para seguir peleando.

—¡¿Qué le pasa?!— se quejó quedándose en su lugar, poniéndose de mal humor— como sea… vamos a comer y ya…

Sona titubeó entre seguir al grupo o quedarse en el lugar. Pero tomó el portazo de la pelirroja como una señal de que no querían que la molestaran más.

Recordó su rostro, especialmente fatigado y casando ese día y solo pudo desearle un descanso apropiado.


Comieron en uno de los puestos del muelle. Apenas terminar Jinx comenzaba a conducirlos lejos de la hostería, impulsada por la curiosidad que llevaba.

Los demás parecían de acuerdo, pero a medida que el tiempo pasaba Sona empezaba a ponerse ansiosa por volver al lado de la pelirroja.

Quizás para los demás era normal no sentir nada, pero sabia que la estatua amuleto que custodiaba el lugar la anulaba en un sentido que solo los sanaditas podrían llegar a entender.

Y le molestaba.

—Oh, vamos ¡Por favor! — le suplicó Jinx, viendo la expresión preocupada que a veces no lograba ocultar— ¡Ella está bien! Es terca, fuerte ¡y quiere que la dejemos sola!

Sona sonrió de lado, comprensiva. Trató de hacerle entender al grupo que siguieran sin ella y solo tuvo que soportar otra rabieta mas de Jinx antes que los tres aceptaran y la dejaran.

Emprendió sola su regreso a la hostería.

En el camino pasó por un puesto que traía un aroma exquisito.

Ella y su grupo se habían saciado, pero la pelirroja no había comido nada en todo este tiempo.