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Lo que pasa mientras llueve en Katoland

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Sorbió un poco de aquel liquido café con algo de miedo a quemarse, aunque como esperaba estaba tibio.

Fue entonces que al comprobar que su cocoa estaba perfecta noto la falta de iluminación en la casa, no sabia cuanto tiempo había estado concentrado preparándolo pero de seguro su pequeño ahijado tenia ya algo de hambre. Encendió las luces buscando una segunda taza para el katito.

No le tomo mucho tiempo encontrarla debido a que esta era la mas grande que cualquier otra en su alacena y sobre todo por tener un rojo llamativo.

Vertió el chocolate caliente en la taza llenándola solo un poco mas arriba de la mitad porque pasee a que su ahijado quisiera la mas grande taza nunca lograría tomar todo su contenido. Ademas de agregarle un par de malvaviscos que tan pronto fueron introducidos flotaron hacia arriba como de pequeños barcos se tratasen.

Sonrió satisfecho y tomando ambas tazas se dirigió a buscarlo.

Al final termino encontrándolo en la sala, sobre uno de los sillones mirando hacia fuera.

Sus pies se alzaban en un intento se poder asomar mas que sus dos ojos y la parte superior de su cabeza, aunque esto seguiría siendo en vano si no crecía al menos 5 centímetros mas. Se acerco sin hacer mucho ruido, no quería interrumpir su ensimismamiento con la lluvia, que al no haber mucho ruido alrededor se escuchaba por toda la casa, solo el ruido de la lluvia chocando contra el techo y las paredes haciendo eco.

Por eso mismo hablo con bajo sin poder atreverse a interrumpir a la lluvia.

-¿Tanto te gusta? -pregunto mientras le pasaba la taza y este se alejaba de la ventana.

-No, no es eso.- contesto sentándose en el sofá.

-¿Entonces?

El pequeño kato acomodo su taza entre sus dos manos y dijo:

-Se te olvido quitar la ropa, ademas hace rato un Kato-volador aterrizo mal golpeando con una de sus alas el tendedero. Creo que se llenaron de lodo.

-.....

En el silencio que dejo la falta de respuesta de su padrino el decidió agregar:

-Fue muy descortés, me vio y no me saludo.

Sin embargo su padrino ya había corrido hacia afuera buscando al Kato prófugo ademas de su vana esperanza de que no estuviera completamente sucia la ropa.