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LOS CAMBIADOS

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-Joder….- gemí cuando recuperé el sentido.


En el mismo puto sitio. El viaje multidimensional de los huevos tenía el efecto secundario del equivalente a un golpe con un bate en la nuca cada vez que ibas o venías. Su puta madre… Al abrir los ojos vi, entre las estrellitas, que estaba tirado en el centro del gacebo y que la nieve había desaparecido. Hacía menos frío y el sol brillaba alto. Los árboles deshojados arrascaban el cielo inmaculadamente azul de manera casi perezosa y de fondo, o dios mío, el bendito ruido de la ciudad, ronroneante, familiar. Respiré hondo. Había vuelto al Mundo Real ™.


Me incorporé lentamente y bajé del quiosco medio tambaleándome hacia la salida más próxima. Un par de policías guardaban la puerta. Evidentemente aún no habían abierto el parque al público. Uno de ellos me detuvo y llamo por radio a alguien. Al poco, se dirigió a mí y me dijo que un mando de la Guardia Civíl había dado orden de que cuando apareciera por alguna parte, fuera escoltado a comisaría. No pude negarme. Y la verdad es que no tenía ganas.


Mi dolor de cabeza sideral me tuvo medio zombi hasta que alcanzamos el Paseo del Prado, pero al ver el edificio de piedra y ladrillo monolítico que era la comisaría de Huertas, alguna parte de mi cerebro entendió que no podía hacerme la víctima desvalida durante más tiempo. El agente me hizo entrar con él hasta los ascensores. Era extraño. No tenía ni idea de por qué Laura, siendo picoleta, tenía tanta familiaridad con la policía nacional. Por qué le dejaban usar sus instalaciones como si nada y por qué podía dar instrucciones. ¿Es que había algún tipo de colaboración en casos de Cambiados? A saber… Dios, me dolía demasiado la cabeza para pensar. En la sexta planta me llevó hasta un despacho, señaló una puerta y me dejó ahí. Vale… pues al matadero… Llamé.


La puerta se abrió como por un resorte y ví cómo Manu me miraba aliviado y después preocupado.


-¿Qué te ha pasado? Parece que te haya atropellado un camión…- cerró la puerta tras de mí.- … varias veces.


Le miré y asentí dándole un poco la razón mientras buscaba una silla y derrumbar mi peso sobre ella. Laura estaba cómodamente sentada tras un escritorio. Alcé una ceja. Aquello no tenía sentido. Laura por su parte, me miraba con esa expresión entre desaprobación e indiferencia que se había convertido en su cara habitual en mi presencia. Decidí que mi dolor de cabeza me importaba más y me froté la sienes con los dedos. Y dije “Ay”. 


-Necesito algo para el dolor de cabeza, por favor.- añadí.- Algo fuerte y rápido, por caridad.


-¿Una guillotina?- musitó Laura con una medio sonrisa. 


No obstante sacó un sobre de un cajón y señaló el dispensador de agua en una de las esquinas del despacho. Fui a prepararme el medicamento mientras Laura preguntaba:


-¿Quién es el tío que hemos cogido?


-¿Cuál? ¿El tipo hidra?


-No, el otro. 


La miré perplejo. Me tragué la medicina. La volví a mirar. ¿Qué tío…? ¡Ah!


-¿Le habéis cogido?


-Justo cuando cerrábamos las puertas un tipo apareció corriendo como un poseso justo por una de las salidas a Menéndez Pelayo gritando que él no había hecho nada.- Laura me miró atentamente esperando alguna reacción.- Y la gente que huye gritando que no ha hecho nada en realidad suele haber hecho algo.


-Qué agudeza mental, Laura, seguro que por eso eres teniente.- comenté.- Lo que no sé ahora mismo es si eres teniente de la Guardia Civil o de la Policía Nacional. ¿Cómo es que tienes un despacho “aquí”? ¿Es que hay algún tipo de cuerpo mixto o algo así? ¿Desde cuándo puedes dar órdenes a los nacionales, Laura? ¿Y a la policía local? ¿Qué demonios está pasando?


-No es de tu incumbencia.- cortó la mujer sin darle más importancia.


Miré a Manu y él alzó las manos en inocencia. ¿Qué cojones me estaban ocultando?


-¿Quién es ese tío, Dani? - insistió Laura.- Sabías que iba a huir por allí. ¿Es el que provoca los cambios? 


-No.- dije.- No, no es él. Pero es posible que ese tío sepa quién está detrás. Tendría que hablar con él.


-Te recuerdo por enésima vez que eres un puñetero civil, Daniel. Dime lo que me tengas que decir de ese tío y déjame hacer mi trabajo.


-Lo que tendría que decirte me temo que sale de tu jurisdicción. Ese tío quizá no sepa nada, pero si lo hace no creo que la Guardia Civil tenga nada que decir al respecto. Algo muy chungo se está moviendo. Esto es muy raro y muy serio, Laura.


-Así que sabes algo.


-No tengo ni idea de si es “algo” o no, pero esto es mierda hardcore.- dije tirando el vasito de papel a la papelera. Me froté el cuero cabelludo con los dedos en un vano intento de calmar el color de cabeza.

Afortunadamente el medicamento empezó a hacer efecto casi enseguida. Bendita química… Respiré hondo.- Y necesito saber hasta qué punto me respaldas, qué tipo de colaboración es esta con la policía y cuál es mi papel real en esta movida, porque si pretendes que deje que me rompan la cara sin poder algo al respecto yo mismo, es que no me conoces en absoluto. Civil o no civil. Así que invéntate algo para incluirme en esto, Laura y méteme en la sala de interrogaciones, pero tengo que hablar con él.


Laura me miró a mí y luego a Manu. Se tomó su tiempo.


-Y luego está el tío dinosaurio.


-Hidra.- dijimos Manu y yo a la vez.


-Ése.- escupió la teniente. Está en otra sala. Le tengo rellenando formularios.


-De ése sí que no tenéis nada.- dije.- Soltad a ese pobre hombre.


-Cambiar no es delito.- convino Laura.- Pero ha causado daños cuantiosísimos en el Parque. El chiringuito parece un cráter.


-Pero no le ha hecho daño a nadie y estaba atrapado en una alcantarilla, por el amor de Dios…


-Aun así ha hecho cundir el pánico, Daniel.- laura meneó la cabeza y desvió la mirada.- Era evidente que sabía que el hombre no había querido hacer ningún mal, pero el hecho de que una bestia de 15 metros hubiera aparecido de pronto en un lugar público, poniendo en riesgo a tantísimas personas, tampoco le parecía bien. - Había niños y ancianos que podían haber resultado heridos.


-Aun así no es culpable de nada y el chiringuito tiene seguro.


-No creo que cubra “daños por animal mitológico”.- dijo Laura con cansancio.


-Da igual.- continué.- No puedes retenerle si no ha cometido ningún delito y cambiar, ya lo has dicho, aún no lo es. Por mucha potencialidad de peligro que veas. Coger el coche es potencialmente peligroso si nos ponemos tontos. No. Puedes. Retenerle.


-Tranquilízate un poco, Patrón de las Causas Perdidas.- Laura me dirigió una de sus miradas de “te escupiría si tuviera saliva que desperdiciar”.- No le estoy reteniendo. Le estoy manteniendo ocupado. Ganaba tiempo mientras te esperábamos. Dice que sólo quiere hablar contigo.


Alcé las cejas sorprendido. Miré a Manu.


-¿Habéis hablado con él?- Manu asintió.- Y dice que sólo hablará conmigo.- Manu volvió a asentir.- Y le habéis dicho que ni soy policía ni nada.- Un tercer asentimiento. Miré a Laura con una medio sonrisa en mis labios.- ¿Ves a lo que me refiero? Me necesitas.


-En Siberia.- dijo ella.- Te necesito en Siberia.


Resopló por fin y se incorporó. 


-Acabemos con esto de una vez.- dijo cogiendo unas llaves.- Venid conmigo.


Laura encabezó la marcha mientras Manu y yo la seguíamos. A los dos pasos oí la voz de mi amigo que me preguntaba muy bajito:


-¿Qué coño te ha pasado?


¿Cómo resumir todo lo de la otra dimensión, el Paragón y Sir Légolas en pocas palabras?


-Luego te cuento.


Los pasillos estaban prácticamente vacíos y los despachos también. Sólo había un puñado de personas trabajando, como si fuera algo provisional o recién montado. Mmm… 


-Los Cambiados van a tener su propia policía, Dani.- dijo Laura.- Se nos ha sacado de todas partes. Hay guardia civiles, policías, militares… es un tuttifrutti de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado. Hay varios centros por todo el país y de momento está funcionando de manera discreta. Interior quiere hacer una prueba antes de hacerlo público y proponerlo al Congreso.


-Esto es todo lo anticonstitucional que se puede ser en este mundo.- dije no sin cierta sorna.- ¿Y tiene que ver con el censo?


-Por supuesto que tiene que ver con el censo.


-¿Y te has presentado voluntaria?


Laura se paró en seco y se volvió hacia mi con la furia de mil glaciares. ¿Os había dicho que Laura imponía bastante? Me acojoné un poco.


-Me he presentado voluntaria, sí, precisamente para saber qué mierdas se traen entre manos. Bastante fascista hay en los cuerpos que ya existen para que el nuevo se llene de lo mejor de cada casa. Alguien tiene que poner orden.- tragué saliva. Podría no caerme bien pero las cosas como son: Laura tenía dos ovarios como dos soles y tenía todo mi respeto.


-¿Y qué podéis hacer?


-De momento poco, pero al menos podemos utilizar los recursos del resto de cuerpos. Y pronto habrá reclutamientos entre Cambiados. 


Solté un “¡JA!” ante aquello, pero Laura lo ignoró. Llegamos a la puerta número 1. Laura abrió y el policía que estaba dentro se cuadró ante ella. Aquello era una especie de despachito diminuto, como una salita de espera con un par de sillones y una mesa. Al otro lado, cumpliendo el tópico de película, había una sala desangelada con sólo una mesa y dos sillas. El tipo del parque estaba inclinado sobre unos papeles escribiendo frenéticamente con un boli con cadena. ¿Aún había bolis con cadenas? Desde luego los recursos de ese nuevo cuerpo eran pocos si habían tenido que rebuscar en el material de 1983. Laura me hizo una señal para que entrara yo solo y me acerqué a la puerta y llamé dos veces antes de abrir. Cuando aparecí en el umbral el hombre se irguió y sonrió. Di un paso largo hacia él y le apreté la mano que ofrecía.


-Hola. ¿Cómo estás?


-Bueno, bien, un poco harto de…- señaló los papeles y se rió tímido.


-Ya… perdona.- dije.- Me llamo Daniel.


-Enrique. Encantado. Eh… siento lo de… antes, ya sabes… Y mil gracias.


-No tiene importancia.


-Me han dicho que no eres policía. ¿Colaboras con ellos o algo así?


-Oh, nah, sólo a veces me mezclan en cosas así. La que te ha traído hasta aquí, la morena…- Enrique asintió.- Es Guardia Civil aunque vaya de paisano. Es la novia de un amigo. 


-¿Y te meten en estas cosas? Yo tengo un amigo casado con una piloto comercial y la acompaño en el avión…


Le miré fijamente un momento.


-Te parece raro, claro.- dije. Enrique asintió.- Lo es, y es bastante problemático para mi. Me rompen la cara cada dos por tres, pero… Por favor sentémonos.


Lo hicimos. 


-Verás, mi Cambio es ver cosas. Veo… bueno, veo cosas que no suelen verse a simple vista. Ya sabes que en estos dos años no ha habido apenas incidentes y todo ha ido más o menos bien, pero desde hace un par de meses o así, ha habido casos como el tuyo. Gente que Cambia sin querer. Y eso no es normal. Y como creen que puedo ayudar… pues ayudo.


Enrique miró los documentos y luego a mí, inseguro.


-¿Nos están oyendo?


-Me temo que sí.


-Claro que sí… - asintió nervioso.- Así que, ¿ayudas y ya está? ¿Por qué te metes en estas cosas? ¿Es que te chivas de quién es un Cambiado o algo así?


-¡Por supuesto que no! Pero sé que no es fácil. Yo no me convierto en nada, pero algunos de mis amigos sí, y es duro para todos. Nadie quiso esto. Y yo qué sé… me sale ayudar. Nadie parece querer ayudarse entre los Cambiados y eso me cabrea. No puedo quedarme al margen. Y Laura, la Guardia Civil, es una borde irredenta, pero es muy, muy buena profesional. Eso te lo garantizo.


-Ya… ¿Sabes qué cargos va a haber contra mi?


-No lo sé. Quizá algo de daños por el chiringuito, no lo sé, de verdad, pero no pueden hacerte nada por cambiar, eso seguro.- Enrique arrugó el gesto. Estaba muerto de preocupación.- Pero algo hizo que cambiaras de pronto, tío. Algo que sin querer ha puesto en peligro a mucha gente, a ti y a todos los que te rodeaban. Eso es lo que me interesa saber de todo esto.


Enrique me miró fijamente durante unos segundos como si sopesara las posibles respuestas a lo que le había dicho. Al final entrelazó sus manos y asintió.


-Antes de que me trajeran me preguntaste si había ido a Malasaña durante el mes anterior.- asentí.- Y sí, fui hace unas tres semanas con unos compañeros a un restaurante cerca de Bilbao… bueno, más cerca de Quevedo en realidad. ¿Eso sigue siendo Malasaña?


-No exactamente, pero me vale. Continúa.


-Fue un jueves, después del trabajo. Habíamos cerrado un contrato bestial con unos americanos y fuimos a celebrarlo a un sitio nuevo. Creo que se llamaba… eh… Taxi.
-Con tres equis.


-¡Sí! ¡Eso es! ¿Lo conoces?


-Me suena.- dije con un encogimiento de hombros.- ¿Qué ocurrió?


-Nada en realidad.- dijo con una sonrisa avergonzada.- Bueno, o eso es lo que pensé. En realidad lo achaqué al alcohol, pero antes, cuando me preguntaste eso… no sé, todo encajó.


Enrique me contó que habían ido al bar de señoritas y que habían empezado a festejar como bien saben hacerlo los señores empresarios de este país, y en cierto momento se chocó con alguien. Pero, cuando uno está medio bebido, en un local oscuro, con música alta y lleno de gente, no te das cuenta de con quién. Lo raro de ese choque es que después empezó a ver borroso, como si los bordes de las cosas empezaran a moverse. Duró poco, lo justo para ir al baño, mear y volver con sus compañeros. Siguió la fiesta y fin. Pero algo había cambiado. En los días siguientes empezó a sentirse más relajado, todos sus sentimientos eran más intensos y se había sentido más fuerte y más seguro de sí mismo. El éxito del contrato, el buen rollo con los compañeros… de verdad que pensaba que todo era simple felicidad por el éxito.


-Te dije que no sentí nada raro porque no sabía que ya venía sintiéndome… raro, desde hacía semanas.- explicó.- Y no es que sentirme un pingajo sea mejor que sentirme más feliz, pero sí te digo que era todo como muy… fuerte. Un poco como cuando adolescente, no sé si me explico.


-Perfectamente.- dije repasando mentalmente su explicación.


-Creo que cambié sin querer porque me sentía tan relajado que no me di ni cuenta.


Me crucé de brazos y asentí, pensativo. Aquello podía tener sentido. LA gente que había cambiado lo había hecho en entornos de ocio, relajados, seguramente con cierto grado de alcohol en sangre. Y ninguno se había dado cuenta. Alguien, con sólo tocarles, cambiaba algo en ellos, en su psique, en su comportamiento, en su… yo qué sé, su química cerebral, y les hacía perder ligeramente el control de sus emociones. ¿Podía ser casual? Quizá era alguien que salía por esa zona y al tocar a la gente acababa dando con algún cambiado por azar. Pero había demasiados casos y en diferentes puntos… no tenía ningún sentido.


-Dices que no sabrías con quién te chocaste, pero… más o menos…


-Era un hombre,. Dijo con seguridad.- En ese bar sólo había hombres. Altura media… no sé, siento no ser más específico.


-No te preocupes, me has ayudado muchísimo.- empecé a levantarme.


-¿Crees que podría irme ya?- preguntó.


-Te podías haber ido hace un rato. Vamos.


En la puerta me detuvo.


-Oye… No… no conozco más Cambiados. No es fácil hablar de esto con nadie y no parece que haya nadie que quiera hacerlo…


Sonreí. Ya me parecía raro que yo fuera el único en alucinar por la ausencia de grupos de cambiados. Me despedí de Enrique justo después de darle mi teléfono. Mim grupito no era un grupo de ayuda, pero al menos éramos otros Cambiados a los que acudir cuando los normales no podían ayudar. El policía de guardia acompañço a Enrique a la salida y yo me quedé en esa especie de salita de espera con Manu y Laura.


-¿Qué opináis?- pregunté.


-Que aún no tenemos nada concreto.- dijo Laura.- Un tío que puede influir así en los cambiados con sólo tocarles es igual que decir que les dio un aire. Sin descripción no hay nada.


-No sabes la de Cambios raros que puede haber.- comentó Manu.


-Aun así… ¿Cómo demonios das con alguien que toca sin querer a la gente en bares de copas?


Me encogí de hombros.


-Bueno, ¿siguiente?- dije con una sonrisa.


 Laura frunció el ceño y resopló. No hizo falta que nos dijera que fuéramos detrás de ella hasta la siguiente sala de interrogatorio.En la puerta, a diferencia de la otra, había un cartel que decía “Sólo personal autorizado”. 


-Yo hago las preguntas.- dijo ella.- Tú te callas.


-Laura, desde el respeto, pero creo que no sabes cuáles son las preguntas adecuadas para este tío.


Vi cómo las fuerzas telúricas que movían el asco que esa mujer me tenían se revolvían en sus ojos. No me importó. Era verdad. Ella no tenía ni idea de por qué le habían detenido ni por qué era una persona de interés. Sólo sabían que lo tenían allí porque yo se lo había señalado. Y luego estaba todo el tema del Paragón y tal, que por supuesto Laura no sabía, pero sí intuía que había mucho más. 


-¿Y cuáles son?


-No es tan fácil, no has estado allí…- dije.


-Allí donde.


Respiré hondo.


-Ese tío ha dejado algo en el Parque. Algo muy peligroso y muy chungo. Algo que pasaría desapercibido para la mayoría de la gente.


-Menos para ti.


No era una bravata. Vi un brillo de comprensión en sus ojos. Desvié la mirada. 


-¿Está relacionado con Enrique?


-Aún no lo sé.


-Es-… ¿es algo real o es alguna mierda sobrenatural de las vuestras?


-Es bastante espeluznante el giro que ha tomado esta conversación.


-Este cuerpo se ha creado para hacer frente a esas movidas, Dani. Mi trabajo me ha convertido, literalmente, en Mulder de Expediente X. Así que por muy absurdas que me parezcan estas preguntas, ahora tengo que hacerlas.- Laura hizo una pausa de dos segundos.- ¿Tiene que ver con algo sobrenatural?


-Puede.


-¡Dame una puta respuesta que no sea una ambigüedad, Daniel!


Resoplé.


-Déjame hablar con él, por favor, y te prometo que luego te lo explicaré todo. Es posible que ese tío ni siquiera sepa lo que tenía entre manos hasta que lo soltó.


Laura me miró entrecerrando los ojos.


-¿Tanto miedo te da?


-¿Se me nota mucho?


-Ahora sí.


Respiré hondo y me di cuenta tenía el corazón a mil. En mi bolsillo seguía notando el peso muerto del Paragón. Me dio un escalofrío.


-Es algo muy gordo, Laura, mucho. No lo entiendo del todo aún, pero la gente que hay detrás me da mucho miedo. 


Laura suspiró.


-Vale. Pero empiezo yo, ¿entendido?


Asentí mientras veía cómo la teniente abría la puerta con seguridad. Otro policía guardaba al detenido, esposado y sentado en su silla. El hombre me reconoció y palideció.


-¡No joder, no, otro no!- gritó mirándome horrorizado.


Laura me miró pasmada y yo sólo acerté a pensar con cierta resignación que qué había hecho yo para ser tan popular últimamente.