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Do what you have to do

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Título: Do what you have to do

Autora: Taolee

Fandom: SPN

Pairing: Sam/Kevin

Sin betear. Disculpad los fallos, por favor.

Rating: PG, aunque esto es una serie de drabbles y es posible que en un futuro el rating suba.

Warnings: fluffly por el momento, angst.

Spoiler: Vamos a centrarnos en el 9x02 aunque no voy a seguir estrictamente el orden de acontecimientos ni a profundizar mucho en ellos.

Disclaimer: Esta serie no me pertenece, ni ellos, ni nada. Sino, creedme, esto no acabaría así.

Resumen: Como he dicho antes, esto es una serie de drabbles sobre Kevin y Sam Winchester. Si no os gusta o no veis este pairing, os recomiendo otro fanfic.

Petición: de Ro Hoshi, porque me lo ha pedido y yo no puedo negarle nada <3

 

 

DO WHAT YOU HAVE TO DO

 

 

Kevin llegó a su habitación muy nervioso. Un montón de sentimientos distintos se agolpaban dentro de él y aún no había encontrado la forma de descargarlos de alguna manera.

Cuando la puerta se abrió tras él, no necesitó darse la vuelta para saber que era Sam.

— Dean me ha dicho que te has quedado incomunicado y que tampoco has podido comer —puso un plato con un sandwich vegetal encima de la mesa y se sentó a los pies de la cama—. Cómetelo. Te sentará bien.

Kevin miró de reojo el sandwich. Lechuga, tomate, pepinillos, mahonesa, col y mostaza. Sam y él habían inventado ese bocadillo una noche que ambos habían coincidido en la cocina y ninguno de los dos podía dormir.

— ¿Por qué no lo admites?

Sam cerró los ojos y negó con la cabeza. Ojalá Kevin le hubiera hablado de Crowley y le hubiera gritado preguntándole qué diablos hacía allí ese hijo de puta, pero no; había ido directo al grano y justo el tema que él no quería tratar.

— Kevin, ahora no es el momento.

— ¿Y cuándo lo es, Sam? —el muchacho no había levantado la voz, no le hacía falta. Su tono dejaba bien claro cuál era su estado de ánimo.

— Hemos hablado esto muchas veces. Vivimos una vida en la que no podemos pensar en el mañana, ni enamorarnos, ni esperar a hacer regalos por navidad porque posiblemente no vivamos tanto para contarlo. ¿Serías tú capaz de empezar algo con alguien sabiendo que, quizás mañana, ya no estés aquí?

Kevin se giró para darle la espalda y ocultarle lo vidriosos que se le habían puesto los ojos.

— Precisamente porque no tengo un mañana, necesito tener un presente.

Sam respiró hondo. Pasó las palmas de las manos por el áspero vaquero sobre las rodillas y volvió a respirar profundamente. Estaba cansado, confundido y necesitaba como unas dos mil horas de sueño. Ahora no podía tratar ese tema.

— Ya hablaremos más adelante —se levantó de la cama cuando escuchó a lo lejos que Dean lo llamaba.

— Haz lo que tengas que hacer, Sam.

Cabreado, se giró y lo agarró por el brazo para que lo mirara a los ojos directamente.

— Escúchame bien, porque no voy a repetirlo más veces —comenzó—. Desde pequeño he sido educado y criado para vivir esta vida y aún así me supera la mayoría de veces. He perdido la cuenta de cuántas veces he muerto, por no hablar de cuando he sido poseído, cuando me han llamado bicho raro, monstruo o algo mucho peor —se tranquilizó respirando por la nariz—. No quiero hacerte daño, Kev. Es lo último que haría, y por eso precisamente voy a hacer lo que tengo que hacer. Porque no me queda más remedio.

No sabía cómo pero había conseguido contener las lágrimas. ¿Es que Sam no entendía que todo eso le daba igual?

— Cuando me quedé encerrado sin poder comunicarme y sin comida —levantó la cabeza para mirarle. No supo de dónde había sacado el valor, pero ahí estaba—, lo único en lo que pensé fue en ti, en si estarías bien y si te volvería a ver.

— Kev...

— No —lo cortó—. Déjame acabar. Cuando dices que no quieres hacerme daño es cuando realmente me lo haces. Estoy seguro que entiendes lo que es querer a otra persona sin importarte nada más. Has amado mucho, Sam, y has sufrido mucho, ¿por qué no dejas ahora que te quieran un poco?

Temblando, y sin saber cómo había logrado decir todo eso, Kevin salió de la habitación sin mirar atrás. Cuando llegó al salón, Dean levantó la cabeza del teléfono móvil y lo miró.

— ¿Y Sam?

— Supongo que ahora vendrá —respondió sin implicarse, esperando que Dean no notase nada raro en su tono de voz. Retiró una silla del borde de la mesa y se sentó, a ver si así las piernas dejaban de temblarle.

— Ya estoy —se oyó a lo lejos la voz de Sam avanzar hacia ellos. Traía en las manos el plato con el sandwich que le había preparado a Kevin y que éste había dejado olvidado en la habitación. Cuando llegó a la mesa, se lo puso a un lado, dejándolo con cuidado ante él a la misma par que le rozaba la mano al hacerlo. Luego se dirigió hacia Dean—. ¿Qué ocurre?

Kevin no oyó la conversación de los hermanos. Se había quedado mirando la mano justo en el mismo lugar donde Sam lo había rozado. ¿Había sido casualidad o ese leve gesto significaba un avance?

— Vamos ahora antes de que sea más tarde.

La voz de Dean sacó a Kevin de sus pensamientos. Se levantó a la misma par que los Winchester se ponían en marcha.

— ¿Os vais?

— No tardaremos —Dean se guardó el teléfono en el bolsillo y se puso la chaqueta—. Cierra bien todo y espera a que vengamos.

De nuevo volvió a sentarse, resignado y cansado de que siempre fuera la misma historia.

Se quedó mirando el infinito, perdido en sus pensamientos, atrapado en otro lugar mejor que ese. De pronto una mano grande y cálida se puso sobre su puño cerrado.

Sam.

— Cómete el sandwich, por favor —le apretó la mano con cariño bajo esos dedos fuertes y la mantuvo ahí, transmitiéndole su calor—. Volveré pronto. Te lo prometo.

Kevin asintió incapaz de decir nada. Cuando pudo reaccionar, Sam yo no estaba. Bajó la cabeza y miró el sandwich que le había preparado. Lo agarró con ganas y le dio un bocado enorme mientras aún sentía la mano de Sam sobre la suya.

Toda esa vida de mierda que le había tocado vivir de pronto había comenzado a merecer la pena. Cualquier dolor, cualquier miedo, había quedado eclipsado por el calor de Sam Winchester que, poco a poco, se iba dejando querer.