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La moneda

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Capítulo 1: La Moneda.

Habían pasado ya tres meses desde la estafa. Tres meses en los que habían sufrido pérdidas, peleas, llantos e incertidumbre. Pero tres meses en los que habían encontrado también una nueva familia o al menos estaban en proceso de construir una. A pesar de que se apoyaban las unas a las otras y habían creado un ambiente total de sororidad, eran muy distintas entre ellas y eso a veces ocasionaba roces.

Es por ello que Carolina había propuesto un viaje para aprender a convivir entre todas.

‘’Mi tía sabe de unas cabañas en Bariloche que están cerca del mar y nos puede salir re barato’’ dijo Caro mientras jugaba con su pelo.

‘’Ay no, pero en Bariloche hace mucho frío’’ contestó Clara bebiendo un sorbo de su copa de vino tinto.

‘’Pero puede ser divertido, además extraño mucho el mar’’ volvió a discutir Carolina.

‘’Tanto te gusta el mar?’’

‘’Sí, porque siempre hay chicos lindos sin camiseta y me gusta mirarlos’’

‘’No le gusta mirarlos’’ negó Inés nerviosa por la sinceridad de su hermana ‘’No te gusta mirarlos Caro, eso está mal’’ le repitió a su hermana, esta vez en un tono más bajito.

‘’Sí, me re gusta mirarlos e imaginarme como se acercan a mí, me abrazan y a agarran el-‘’

A Caro no le dio tiempo a terminar la frase porque Inés consiguió colocar la mano sobre la boca de su hermana a tiempo. Después de unas risas y tras convencer a Luján y Romina que no querían ir porque tenían que trabajar, decidieron ir, ya que unirse y aprender a resolver sus diferencias podía beneficiar el funcionamiento de su negocio.
Decidieron irse el viernes y volver el lunes por la mañana, pero antes debían ver cómo se iban a repartir las cabañas por el grupo de Whatsapp.

Luján: Perfecto, entonces yo duermo en la cabaña con Romina que es la menos molesta.

Martina: Ah, bueno, gracias, que buena amiga que sos.

Luján: Pero si vas a dormir con Clara.

Clara: Obvio, ya te quedaste a mi marido, a ver si ahora te crees que te voy a ceder también a mi hermana.

Martina: Haya paz.

Inés: Yo duermo con Carolina que sino no estoy tranquila.

Carolina: No, yo no duermo con mi hermana que no me deja mirar porno.

Inés: Carolina cortala con eso, además en la cabaña no hay tv.

Carolina: Yo duermo con Paula que ella es re divertida y me deja mirar las escenas de besos con lengua.

Inés: Bueno, dormimos las tres entonces.

Paula: Ay no, que cabaña del infierno, por dios. Ya me quiero volver.

El viernes había sido un día totalmente catastrófico. El viaje fue largo y en medio del camino tuvieron un problema con el auto, pero tuvieron la suerte de que un chico que pasaba por ahí las pudo ayudar. No tuvieron tanta suerte cuando Caro lo intentó besar como agradecimiento, ni cuando tardaron tres horas más en llegar debido al incidente.

Para cuando se acomodaron ya había pasado la hora de almorzar, así que cada una se fue a su cabaña para descansar y prepararse para la noche.

Más tarde entre aquellas paredes de madera Paula miraba su ropa tirada en la cama.

‘’Apa, ¿ Y eso que te pusiste tan linda? Sólo vamos a tomar acá, yo pensaba ir en pijama’’ dijo Inés saliendo del baño.

‘’ ¿Esto?’’ contestó acariciando su pelo hacia atrás ‘’No, tampoco es para tanto, pero con el día de mierda que tuvimos sentí que estaría bien arreglarme un poco para subir la energía, que sé yo’’.

Y tenía razón. Paula siempre se había arreglado para sí misma. No le había importado nunca que pensaran los demás, pero esta vez ante la pregunta de Inés se había mostrado distinta, nerviosa. Odiaba sentirse así, ya que estaba de viaje con sus amigas y no tenía ninguna razón para estar intranquila. O quizás no quería verla.

‘’Está tratando de impresionar a alguien’’ dijo Carolina entrando a la pieza y tirándose de espaldas en la cama.

‘’ ¿Qué decís?’’

‘’Ya sabes a lo que me refiero’’ contestó de nuevo la más joven de las tres.

En ese momento a Paula se le paró el corazón, al mismo tiempo que la imagen de una persona se le venía a la cabeza. Y no cualquier persona, Martina.

‘’A todos los chicos lindos que dije que iba a haber sin camiseta por la playa’’ prosiguió Carito.

Paula sintió una ola de alivio recorrer su cuerpo. Aunque no completamente, pues llevaba ya algunos meses completamente confundida por lo que le estaba pasando. Desde el momento que conoció a Martina, incluso sin ser las mejores circunstancias, había sentido una complicidad distinta con ella que la que había sentido con las demás. Al principio no se preocupó, era simplemente eso, complicidad, pero más adelante se dio cuenta de que no podía sacársela de la cabeza. Miraba su foto de Whatsapp en su puesto de trabajo, buscaba excusas para verla, sentía que se perdía en los ojos de Martina cada vez que conversaban y eso la asustaba porque lo último que quería era que su supuesta amiga se diera cuenta de todo lo que le pasaba por la cabeza. Incluso tenía ganas de contarle cada vez que discutía con Roma o con su ex. Ella que desde que tuvo que ser madre joven y asumir todas las responsabilidades que aquello conllevaba había salido adelante sola, sin depender de nadie. Pero igual que pulsaba el contacto de Martina para llamarla en aquellos momentos, se acababa retractando y apagando el celular. Por orgullo o quizás miedo.

¿Y si lo que sentía Paula por Martina en realidad no era atracción? Y si simplemente se sentía sola ahora que su hija ya no estaba o necesitaba compañía en un momento tan difícil. Además, ¿quién no se había dado un beso rápido en un boliche con sus amigas? Y Martina era atenta, relajada, libre y linda y… Paula ya comenzaba a perderse en sus pensamientos de nuevo. Quizás era normal, todo el mundo amaba a Martina. Tenía una energía magnética que pocas personas tenían. Pero ella siempre había sido inmune a eso. Después de quedarse sola, sin plata y con una bebé, había decidido que nunca más le volvería a dar el poder a una persona de poder dejar un espacio vacío en su vida. Y precisamente todo lo que no le gustaba y le había dado miedo en los demás, era lo que la atraía a Martina. Martina era la única persona que le daba ganas de madrugar, que le hacía disfrutar (o algo parecido) de ese trabajo de mierda que había tenido que asumir y la única persona que podía quitarle la cara de culo que le provocaba su rutina.

Y se acababa de pasar más de media hora eligiendo el rouge perfecto y poniéndose un top corto que nunca en su vida pensó que volvería a usar. Pero en su mente Paula prefería pensar eso, que era sólo el remedio a un día de mierda.
---------------------------------------------------------------------------------------- ‘’ ¿Alguna vez jugaron a la moneda?’’ preguntó Carolina sentada en el piso al lado de sus amigas.

‘’ ¿Qué es eso?’’ preguntó Clara sujetando su tercera copa de vino.

‘’Es un juego que vi en una película. Por ejemplo, yo le pregunto al oído algo a alguna de ustedes del tipo quién es más probable qué o a quién elegirían para x cosa. Y esa persona tiene que elegir como respuesta a otra de este grupo y darle la moneda. Entonces la persona que tiene la moneda en sus manos la tira. Si sale cara se dice en voz alta cuál era la pregunta y si sale ceca se queda con la incertidumbre’’

‘’Yo no juego a esa pelotudez’’ dijo rápidamente Luján.

‘’Ni yo, ¿Qué tenemos ahora nueves años?’’ prosiguió Romina respaldando a su amiga.

‘’Ay, chicas puede ser divertido’’ replicó Inés.

‘’Sí, Romina Valdi. Además yo nunca pude jugar a este tipo de juegos en la secundaria porque mis papás no me dejaban salir’’ Carito hizo una breve pausa ‘’...o podemos jugar a la botellita’’.

‘’Que alguien saque ya una moneda’’ cortó Paula.
Después de varias rondas de bebida, pases de moneda y discusiones. Las chicas seguían jugando cada vez más ebrias.

‘’Dale, gira la moneda, Luján’’ dijo Martina.

‘’Salió cara’’

‘’Okey, Clara ¿Cuál era la pregunta?’’ siguió Romina.

‘’Quién es más probable que robe algo en un shopping’’

‘’Ay, chicas, yo nunca haría esa boludez. Además soy abogada’’

‘’Sí, bueno, en robarte a mi marido no tuviste ningún problema’’

Un ‘’Oh’’ de Caro llenó la habitación, mientras Inés que estaba bebiendo casi escupe todo y todas se miraban con los ojos abiertos.

‘’ ¿Saben qué? Ya fue, este juego es una mierda y sólo estamos discutiendo me voy a dormir’’ dijo Luján levantándose del piso y saliendo de la cabaña.
Martina miró a su hermana con desaprobación.

‘’ ¿Qué?’’ preguntó Clara como si ahí nunca hubiese pasado nada.

‘’Voy a traerla de vuelta’’ dijo Romina saliendo tras la rubia.

‘’Anda a pedirle perdón’’

‘’Ay, Martina, ¿encima soy la que tiene que pedir perdón?’’ replicó Clara.
Martina se limitó a mirar a su hermana con desaprobación de nuevo. La mayor suspiró enojada y salió también de la cabaña.

‘’Esto no está siendo como me lo había imaginado’’

‘’Y sí, elegiste un juego que es una basura’’ dijo Paula riéndose de forma sarcástica.

‘’A mí me parece que puede ser divertido’’ Martina miró a Paula y la colorada la miró de vuelta. Ahí estaban otra vez, esos nervios de siempre, como si Martina pudiera atravesarla con la mirada. O quizás eran solo ganas de vomitar por la cantidad de alcohol tan alta que habían ingerido.

‘’Lo que pasa es que estamos jugando mal’’ prosiguió Martina ‘’Todas las preguntas que hicimos hasta ahora son un bajón’’

‘’ ¡Tengo una idea chicas!’’ gritó de repente Carolina ‘’En vez de la moneda, cerremos todas los ojos y que una le dé un beso a la persona que le parezca más atractiva de este grupo’’.

‘’Caro, no da, somos amigas y además somos sólo chicas’’ dijo Inés.

‘’Y bueno que lo haga Martina que a ella le gustan las chicas’’ siguió Carolina.

‘’Ay, Carolina, eso es re discrimina-‘’ Paula estaba a medio de pronunciar su frase cuando Martina la cortó.

‘’Bueno, dale’’ dijo Martina y después le dedicó a Paula una sonrisa dulce, intercambiando miradas. De nuevo.

‘’No sé chicas, ¿Estás segura Martina? No lo hagas para complacer a Carito’’ dijo Inés no estando muy segura de la situación.

‘’Es una boludez y hay confianza, además deja que se divierta’’ justificó Martina como si nada.

‘’Bueno, es verdad, un piquito no es nada’’

‘’Pero si me toca a mí, yo quiero un beso de lengua’’ dijo Carolina cerrando los ojos.

‘’Cállate, Carolina’’ prosiguió Inés justo antes de cerrar los suyos.

La última en cerrar los ojos fue Paula, que había estado observando la situación con el corazón a mil. Esos segundos estaban siendo toda una eternidad. Escuchó a Martina moverse sigilosamente de su sitio y gatear por el suelo hasta que se formó un silencio. Es obvio que no la iba a elegir a ella. Inés era hermosa con un cuerpo bárbaro de trabajar en el gimnasio y Carolina… bueno Carolina era linda y tenía mucha ilusión por el juego. Además que nunca había vivido algo así y capaz que Martina quería darle el gusto. Sus pensamientos comenzaban a entrar en espiral como de costumbre cuando un escalofrío se apoderó de su cuerpo. Sintió el cálido aliento de unos labios que aún no tocaban los suyos pero que debían de encontrarse a milímetros de ella. Su mente de repente se encontraba en blanco y sólo la inundaba un rico olor a frutas… como a pera. Podía sentir el calor cada vez más cerca de sus labios, provocando que se le entrecortara la respiración y un pitido agudo sonara en sus oídos. Sentía aquella presencia tan cerca que…

‘’Chicas, Romina y Clara me dijeron que las avise que está todo bien pero que están muy cansadas y se van a dormir’’ la puerta se abrió y la voz de Luján llenó la habitación en forma de eco.

Para cuando Paula fue capaz de abrir los ojos Martina ya estaba en pie, mientras que Carolina e Inés miraban a Luján desde el piso.

¿Era real? ¿Martina había estado a punto de besarla?