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¿Donde está Kuroashi-ya?

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Lo sujeto del mentón con la delicadeza con la que se toca un pétalo de rosa. Los ojos plateados que se reflejaban sobre los azules se cerraron mientras lo arrastraba hacia su cuerpo, guiando esos suaves labios a los suyos.

El simple toque de las pieles transmitieron en oleadas el gran amor que se tenían. La sensación dolorosa en sus pechos no desaparecería hasta que se reúnan nuevamente tras haber alcanzado sus respectivos sueños y metas.

No quiero separarme.

No tuvieron tiempo para estar juntos y mirar las estrellas como lo hacen los amantes, pasear por los campos o hablar de sus vidas pasadas y lo que planeaban para su futuro, porque así era el efímero tiempo romántico del que elige la vida de un pirata.

No quiero separarme.

Pasar de isla en isla y conocer diferentes personas en diferentes barcos evitando crear vínculos íntimos al saber que en algun momento estos tendrían que romperse tan brusca y repentinamente como la cuerda tensa de un violín que es tocado, fue todo un desafío, y que al final fue algo imposible de sostener en cuanto ambos se conocieron.

Duele, no quiero separarme.

Con uno de sus brazos tatuados, el hombre mayor se aferró a la estrecha cintura del pirata más joven sabiendo que pasaría mucho tiempo para volverlo a tenerlo cerca. Su otra mano se enterró entre los cabellos dorados que se deslizaron entre sus dedos como finos hilos de seda. Entonces lo beso como solo él podía hacerlo. Como solo él tenia permitido hacerlo.

Vientos primaverales mecían las ramas de los árboles de los extremos, y la luna grande y luminosa se reflejaba en el gran lago que se mostraba tras de ellos. Si existieron lágrimas estas se perdieron en el calor que emanaban sus rostros. El fuerte latir de sus corazones se escuchaba melodiosamente al unísono y lo sentían pecho contra pecho.

En poco tiempo ellos habían creado algo más allá que un vínculo. No existía definición alguna a lo que sentían.

Sobre el pasto humedo, sus pieles desnudas se unieron para formar un solo cuerpo. Se sintieron y memorizaron por horas; tanto el tono de sus voces como cada una de las curvaturas de sus cuerpos mientras se estremecían.

Cuando el mundo calló junto con el universo, exahustos, ellos unieron sus frentes rozando las puntas de sus narices, inhalando el aroma que por un corto tiempo embriago con todo a sus sentidos. Entonces los ojos azules y plateados se encontraron de nuevo y lloraron en silencio.

Ellos sabían que a la misma hora del día siguiente no volverían a encontrar sus miradas, que sus manos no encontrarían de nuevo el calor que desprendía cada uno sus cuerpos, que sus voces llamando sus nombres serian parte del susurro del viento.

Ellos sabían que los días que pasarían desde ahora para adelante, serían un eterno sufrimiento.

Uno era un capitán muy reconocido y el otro, solo un simple cocinero. Ambos amaban el mar, ambos tenían diferentes sueños.

Ambos sabían que aún no era el momento para su amor. No en este momento.

Con los primeros rayos de sol iluminando sus rostros, ellos se obligaron a sonreír, se dieron la espalda y caminaron a paso firme hacia caminos diferentes confiados que al continuar con vida, algún dia se reencontrarian.

Ellos confiaban con fervor a que ese día, pronto llegaría.