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Una nueva vida

Chapter Text

— ¡Avada Kedavra!

La voz sibilante retumbó en el claro del bosque.

Harry tenía los ojos cerrados, así que no alcanzó a ver cómo el rayo de luz verde golpeaba su pecho antes de que cayera al suelo como un peso muerto.

Muerto.

¿Ya estaba muerto?

Harry creía que no; aún era consciente del dolor en todos sus huesos y el cansancio en todo su cuerpo, producto de la cruenta batalla que se había librado en los terrenos de Hogwarts contra Voldemort y sus mortífagos.

¿Qué estaba pasando?

Harry sintió cómo alguien le olisqueaba. Sentía una mirada hambrienta en todo su cuerpo, y por un momento temió que alguna criatura partidaria de Voldemort fuera a comerle para terminar con lo que el mago oscuro no había podido.

Con toda la valentía que pudo reunir, abrió los ojos encontrándose con un hombre que aparentaba tener la misma edad de Dumbledore. A diferencia de que no tenía ni un solo cabello en su cabeza, ni que decir de barba o bigote.

— ¿Quién eres tú, muchacho? ¿Qué haces aquí?

Harry parpadeó confundido. Miró a su alrededor; parecía estar en una casa muy humilde, habían pocos muebles y todos ellos eran blancos, contrastando con los colores oscuros de las paredes.

—Eh... perdón pero, ¿me podría decir quién es usted, señor? ¿Y dónde estoy?

La voz de Harry había salido un poco rasposa, como si no la hubiese utilizado en mucho tiempo.

—Estás en la casa de los héroes, muchacho. Yo soy Mopsus. ¿Quién eres tú?

Los ojos oscuros de Mopsus miraban con curiosidad a Harry.

—Soy Harry. Discúlpeme, ¿qué es la casa de los héroes?

Mopsus rio y sus ojos se volvieron más oscuros. El negro de su pupila estaba pasando a su retina y Harry deseó tener una varita para defenderse.

— ¿Por qué has muerto, Harry?

—Voldemort hubiera seguido su matanza de no ser así. Él quería mi cabeza, así que yo elegí entregarme para que la batalla terminara. —Harry estaba confundido, de alguna manera todas esas palabras habían salido de su boca sin que él pensara un poco en lo que estaba diciendo y a quién se lo decía.

— ¿Por qué querría Voltemor tu cabeza, Harry?

—Voldemort —corrigió Harry—. Había una profecía, y yo estaba involucrado en ella. Si me mataba, él sería inmortal y muy poderoso. Intentó hacerlo cuando yo era pequeño, pero mi madre me protegió, actuó como un escudo. Yo me salvé y Voldemort falló. Pero mi madre murió... también mi padre.

Mopsus inclinó la cabeza, aún miraba a Harry como si fuera un pedazo de tarta de melaza, pero no se había acercado lo suficiente para alcanzarlo con sus brazos.

—A esta casa sólo llegan los héroes, Harry. Y nosotros les damos un último deseo antes de que vayan a descansar por siempre en nuestras estancias. ¿Entiendes?

Harry no entendía. Sentía una bruma creciente en su mente que le provoca leves mareos. Menos mal que estaba aún en el suelo.

—No, no lo entiendes —dijo Mopsus sin necesidad de que Harry respondiera—. Él que llega aquí, es un héroe; sea el motivo que sea. Tú me has dicho que te has entregado a Voldemort para que él parara la batalla. Has hecho algo bueno.

Harry asintió, sin mucho convencimiento. Los cadáveres de sus amigos y compañeros no los podría olvidar tan fácil.

—Pero no veo ninguna herida en ti, Harry —continuó el hombre—. ¿Cómo moriste?

—Con la maldición asesina, señor. El Avada Kedavra.

Mopsus parpadeó y sus ojos se aclararon un poco.

—No te entiendo... pero no importa. Aquí han llegado sin brazos, piernas o cabezas. También han llegado con heridas en el pecho o con moratones en el cuello. No cuestionaré la muerte, eso no. —Mopsus rio de manera jovial y Harry alzó una ceja.

— ¿No conoce a los magos? ¿Qué es usted entonces?

—Soy todo y a la vez nada, Harry. Hay varios como yo aquí. —Mopsus extendió sus brazos, como señalando a una gran multitud, pero Harry sólo lo veía a él.

—No entiendo...

—No hace falta, muchacho. Dime cuál es tu deseo y lo cumpliré.

—No creo en los deseos.

—Oh, tienes que hacerlo. ¿Por qué si no estarías aquí en primer lugar?

—No lo sé —Harry se estaba impacientando—. Dígame, ¿usted sabe si la batalla ya terminó? ¿Qué pasó con Voldemort?

—Yo no sé nada de lo que pasa afuera, Harry. Lo que me concierne, está aquí.

Harry suspiró con desgana.

—Está bien. Después de pedir el deseo, ¿puedo descansar? Me refiero a que si ya puedo morir definitivamente.

—Eso depende.

— ¿De qué? —Harry no quería aceptar que el tema estaba empezando a interesarle.

—De lo que pidas.

—Está bien.

Harry pensó en cualquier cosa. Una tarta de melaza no estaría mal. Harry no la probaba desde hace mucho, y si había de morirse, pues prefería comer algo delicioso antes. Pero cuando estaba a punto de hablar, un pensamiento vino a su cabeza de manera tan contundente que casi se cae de espaldas.

— ¿Ha dicho usted que esta es la casa de los héroes?

—Sí. —Mopsus parecía aburrido.

—Entonces mi madre ha venido aquí, ¿no? Lily, Lily Potter. ¿La ha visto?

— ¿Por qué vendría ella aquí?

— ¡Por qué fue una héroe! Perdón, una heroína. Le conté antes que me salvó la vida, ¡ella murió por mí! —Harry de repente estaba muy emocionado. Se incorporó buscando con la mirada por todo el lugar por si de pronto veía una cabellera roja.

Mopsus rio suavemente y contuvo a Harry con un brazo flácido y muy helado.

—No sé de quién hablas, Harry. Tantos han venido aquí en todo el tiempo que el mundo es... —Mopsus suspiró y miró un punto indefinido en una pared oscura de la casa— Además somos muchos; yo he estado con muchos héroes, así como también mis compañeros. ¿Cómo podríamos acordarnos?

Harry bajó los hombros, sintiéndose más cansado que nunca.

¿Qué deseo había pedido su madre?

—Yo no deseo nada, señor.

—Tienes que pedir algo, Harry —exclamó Mopsus—. No querrás quedarte aquí sin descanso, ¿eh?

Después de un momento de silencio, Harry suspiró:

—Bueno, entonces desearía vivir una vida sin Voldemort. Una vida donde yo pueda ir a Hogwarts sin alguien queriéndome matar a cada instante. Quisiera ser libre de todo eso, ¿sabe? —Harry pronto perdió el hilo y se dejó llevar por lo que realmente deseaba— Quisiera volver a tener once años, vivir con mis padres y que ellos me vean partir en el tren de Hogwarts a mi primer año. Quisiera ser un chico normal, y que todo el mundo mágico se vea libre de Voldemort.

—Todo eso se puede resumir en que quieres que Voldemort no exista, ¿no?

—Sí. Eso es. —dijo Harry distraídamente, pensando en cómo hubiera sido su vida de ser así.

— ¡Muy bien! Me parece un deseo noble y bienintencionado. ¡Me gusta!

Harry se encogió de hombros y siguió con la mirada perdida.

—Prepárate, Harry.

— ¿Para qué? —preguntó sin interés.

— ¡Para una nueva vida! —Mopsus se veía radiante. Unas pequeñas arrugas alrededor de sus ojos negros le hacían ver alegre, aunque su boca no sonreía— Una nueva oportunidad para ti, Harry. Te lo mereces.

Una nube de melancolía cubrió a Harry.

—Sí, lo que sea.

—Buena suerte Harry —la voz de Mopsus sonaba distante, y al mismo tiempo muy amable—. Espero que le saques provecho...

Harry sintió una pesadez más fuerte en su cabeza y se sintió caer.

Caer y caer.

Hasta que sintió cómo era lanzado hacia el suelo; un dolor muy fuerte en su espalda y cabeza y luego el susto más grande que hubiera tenido en su vida.

Sentía que se asfixiaba, se sentía ajeno a su cuerpo y al lugar donde se encontraba. En ningún momento hubiera pensado que habría un cambio. Harry se había hecho a la idea de que se iba a quedar en la Casa de los Héroes por siempre.

Una puerta se abrió y dos formas entraron como trombas en la habitación.

¿Habitación?

Antes de que Harry pudiera recuperar el aire y observar en dónde estaba, un cuerpo se le lanzó. 

— ¡Harry! ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?

Una mujer.

Los labios de Harry empezaron a temblar.

— ¿Qué...?

—James, enciende la luz. Tengo que revisar a Harry.

—Pensé que un hipogrifo había entrado, cachorro— la luz de la habitación se encendió y Harry casi se desmayó por lo que estaba viendo—. Fue un ruido atronador. ¡Pero mírate, estás mejor que nunca!

— ¡Puede estar herido, James! Deja las tonterías.

Mientras una mujer de cabello largo y rojizo discutía con un hombre alto y con cabello negro mucho más que despeinado, Harry supo que al final había enloquecido.

Ahora sí se desmayó.

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Harry abrió los ojos lentamente entrecerrándolos al momento por el fastidioso brillo de la luz.

— ¡Lily! Harry ya despertó. —gritó una voz.

Oh Merlín...

Harry se incorporó rápidamente en la pequeña cama en la que se encontraba; su corazón estaba latiendo fuertemente y sus manos temblaban.

—Cachorro, ¿cómo te sientes?

Harry bizqueó para intentar ver mejor la figura que estaba junto a él. El hombre pareció notarlo pues enseguida le puso las gafas con suavidad.

— ¿Papá? —preguntó Harry con voz trémula, identificando a James al instante.

—Claro, soy yo. Dime, ¿sientes alguna molestia? Tu madre está muy preocupada y está hablando con Molly por flú; no quiere llevarte a San Mungo a pesar de que le he insistido millones de veces... Ya sabes, tu madre puede ser bien terca cuando quiere.

Mientras James seguía hablando, Harry lo contemplaba con la boca abierta. Su padre... James Potter estaba con él y estaba... vivo.

Lucía igual a como lo vio Harry por última vez en el álbum que le había regalado Hagrid. Joven y con un aspecto desenfadado, unas gafas un poco distintas a las suyas y el cabello negro apuntando a varias direcciones.

Harry no pudo resistirlo y se lanzó hacia su padre, abrazándolo fuertemente y reconfortándose en su cercanía.

James pareció sorprenderse un segundo, pero le devolvió el abrazo y besó su cabeza.

— ¿Has tenido una pesadilla, Harry?

Harry no contestó. Dejó que las lágrimas fluyeran y apretó con fuerza el pijama de James.

—Hey cachorro... No te preocupes, nada malo va a pasar. Sólo fue una pesadilla.

— ¿Una pesadilla?

Harry se separó abruptamente de su padre y giró hacia la puerta. La mujer que había visto antes de desmayarse estaba ahí, con unos guantes enormes -decorados con flores- en las manos y sosteniendo al parecer, una olla.

—Seguramente. Porque al parecer no está lastimado. —contestó James encogiéndose de hombros.

— ¡Mamá! —Harry gritó y casi se cae de la cama por correr hacia Lily.

—Harry, ten cuidado. No quiero que te caigas de nuevo —Lily dejó la olla humeante en un escritorio junto a ella y abrió los brazos para recibir a su hijo—. ¿Qué es eso de una pesadilla, James? ¿Acaso le has contado una de tus historias del trabajo? ¿Qué te he dicho yo sobre ello? 

— ¡Hoy no le conté nada Lily! Es más, hace mucho tiempo que he dejado de hablarle sobre ello. ¡Créeme! No quiero que me des la Ley del hielo nuevamente.

— ¡No digas eso delante de Harry, James!

Harry mientras tanto rodeaba la delgada cintura de Lily con sus brazos y apretaba más su abrazo, enfundándose en el suave aroma que desprendía su madre y atesorándolo, por si es que todo esto resultaba ser un sueño y él después se encontrara despertando en la casa de los héroes.

Pero de repente, cayó en cuenta de dos cosas:

Su cabeza llegaba hasta el abdomen de Lily y sus padres hablaban de él como si todo estuviera... normal.

—No, no, no...

— ¿Harry?

Harry se separó de Lily y la observó detenidamente. Sí, la misma hermosa y pelirroja bruja de las fotos.

—Yo... yo no estaba aquí. Yo estaba... en la casa de los héroes y... estaba con Mopsus y--

—Cachorro, ¿de qué estás hablando? —preguntó James.

Harry de repente entró en pánico y empezó a dar vueltas por la habitación.

—Yo no... —Harry dejó de hablar cuando se vio así mismo en un espejo mediano que colgaba de la pared junto a la cama. Y luego gritó.

— ¿Harry que te pasa? —preguntó Lily con preocupación, tratando de detener a su hijo.

— ¿Cuántos años tengo? —preguntó él con voz temblorosa.

James rio y Lily lo fulminó con la mirada.

—Harry, hijo. ¡Tienes 11! ¿Qué preguntas son esas?

—No te rías, James.

— ¡No! Yo no creía que Mopsus me iba... no... Él dijo que me iba a cumplir un deseo por ser un héroe. ¡Y yo estaba muerto!

— ¡Harry!

—Yo estaba en la casa de los héroes, porque había muerto; en el bosque Voldemort me lanzó un avada y--

—Harry cálmate por favor.

—La batalla de Hogwarts. Yo morí y muchos más pero yo... al parecer no morí porque estaba en una casa blanca.

Harry dejó de moverse y cesó su perorata tratando de calmarse. ¡Esto era de locos! Y sus padres parecían pensar lo mismo, pues lo miraban sorprendidos.

— ¡Tienen que creerme! Esto es otra vida... Yo deseé que... —Harry se rindió y cayó en la cama sin aliento.

—Harry… —Lily se acercó suavemente a la cama y se sentó al lado de su hijo— ¿por qué no mejor intentas dormir? Fue una pesadilla, ya sabes. No volverá a pasar; estás en casa sano y salvo con nosotros. No pasará nada malo.

—Mamá tienes que creerme. Yo estaba en esa casa, y ese hombre me concedió un deseo. Yo deseé que Voldemort no existiera.

— ¿Pero quién es Voldemort, Harry? —preguntó James.

Harry suspiró y se obligó a sí mismo a calmarse y respirar. De nada le serviría seguir exaltándose diciendo cosas que para sus padres no tendrían sentido.

Decidió entonces relatar algunos de los hechos más importantes de su vida anterior.

Les habló sobre los Dursley, la visita de Hagrid y cómo se dio cuenta de que él era un mago y que sus padres habían muerto a manos de Voldemort. Les habló de sus años en Hogwarts, sus amigos y los intentos del mago oscuro por matarlo. También sobre su padrino Sirius y del Torneo de los Tres Magos. De la batalla en el Ministerio y la muerte de Sirius y de su sexto año en Hogwarts con el inicio de la guerra y la muerte de Dumbledore. Les habló de la batalla final y de todos los caídos, de su encuentro final con Voldemort y su propia muerte; y luego pasó a explicar lo que sucedió en la casa de los héroes.

Se alegró de que James y Lily estuvieran escuchándole con atención, de que no le interrumpieran y que en ningún momento mostraran incredulidad o escepticismo. Eran sus padres, después de todo. Y Harry tenía la esperanza de que ellos mismos vieran que era imposible que un niño de once años inventara una historia así.

—Sé que es extraño todo lo que les he contado. Ustedes no saben nada sobre Voldemort y todo ha sido... normal. Pero quisiera que… —se interrumpió con un bostezo— que me creyeran. Es la verdad.

Lily suspiró y acarició lentamente la cabeza de Harry.

—Mañana será un largo día, Harry. Es mejor que descanses ahora y mañana... mañana hablaremos mejor sobre todo esto. ¿Qué te parece?

Harry sintió que sus ojos se cerraban contra de su voluntad, así que asintió.

— ¿Qué tal si mañana salgo temprano de la oficina para que tengamos más tiempo de charlar? —ofreció James.

Harry asintió y Lily sonrió a su esposo.

—Pero... ¿ustedes me creen? Quiero decir, seguramente no lo hacen, pero--

—Te creemos Harry —su madre le interrumpió pellizcándole cariñosamente una mejilla—. Estamos en el mundo mágico, ¿no? Todo es posible.

—Bueno, algunas cosas no.

—Cállate James —Lily reprendió a su esposo—. Como te decía Harry, muchas cosas extrañas pasan, y no tienen explicación. No me creerás si te digo que antes de entrar a Hogwarts, yo estaba totalmente maravillada de todo lo que pasaba. Mis accidentes mágicos, quiero decir. Y aunque enseguida que recibí mi carta, me puse al día con el libro de Historia de la Magia, todo seguía maravillándome como si fuera la primera vez cuando puse un pie en Hogwarts.

—Lily, creo que eso no es lo que quiere decir Harry.

Lily miró con fastidio a James, haciéndole señas de que no dijera nada. Harry sonrió con pereza, casi dejando caer su cabeza en la mano de su madre.

—Anda ya, Harry. Vamos a dormir y mañana hablaremos con calma. Claro, después de que lleguemos del Callejón Diagon.

— ¿Eh?

—Mañana iremos a comprar todas tus cosas para Hogwarts, Harry —dijo Lily con una sonrisa, James bostezó sonoramente—. He esperado tanto por--

Lily se interrumpió, ahogando un gemido y mirando a Harry con horror.

— ¡Harry!

— ¿Qué pasó?

— ¡James! Mira eso, se ha hecho daño en la frente y tú me habías dicho que no tenía nada. ¡Oh, por Merlín! Y la infusión se ha enfriado.

—Pero es una cicatriz vieja, Lily. Mírala bien.

Harry tardó un segundo en comprender todo antes de que todo el sueño que tenía se esfumara.

— ¿Lo ven? ¡Se los dije! Esta es mi cicatriz, la que me hizo Voldemort cuando yo era un bebé. ¡Esto fue lo único que me produjo el Avada Kedavra!

— ¡Harry no pronuncies ese hechizo tan a la ligera por Merlín! Aún no tienes tu magia controlada.

—Lily cálmate. A ver Harry, déjame mirarla bien. —James se acercó mucho a la cara de Harry trazando la cicatriz con un dedo.

— ¿Qué es eso James? —preguntó Lily.

—Mamá ya te dije que--

—Espera Harry. Deja que tu padre te observe.

Luego de un momento de inspección por parte de James, y que Harry se sintiera incómodo por el escrutinio, James suspiró.

—Definitivamente no es una cicatriz reciente. Y su forma... la he visto en unos portafolios del Departamento de Aurores. Tendré que averiguar mañana.

—Pero ya les dije que --

—Harry, por favor. Tennos un poco de paciencia, ¿sí? Necesitamos saber más... Te creemos, de verdad, pero nos preocupamos por ti, entiéndelo.

Harry suspiró resignado y asintió. Lily le miró atentamente la cicatriz y trató de permanecer impasible.

—Descansa Harry. Ya verás que mañana todo será más claro y estarás más tranquilo.

Lily se incorporó de la cama junto con James, al tiempo que se inclinaba sobre Harry y le besaba la cabeza. James hizo lo mismo.

—No te preocupes, cachorro —dijo James con una sonrisa tensa, se le veía ligeramente preocupado—. Descansa y disfruta tu día mañana, ¿eh? Las compras de primer año son sólo una vez en la vida.

Lily le lanzó una mirada de advertencia.

—Bueno, en realidad sería mi segunda vez. Hagrid me acompañó en 1991.

—Estamos en 1991. —dijo James confundido.

— ¡Ay por favor James! —regañó Lily.

Harry rio y James le envió una sonrisa de disculpa.

—Ya me acostumbraré, cachorro. Ten paciencia a tu padre.

—Mucha diría yo. Buenas noches, tesoro. Descansa. —dijo Lily sonriéndole cálidamente.

Harry dudó un poco pero decidió que no tenía nada que perder.

—Mamá.

— ¿Sí?

—Puedo... ¿puedo dormir con ustedes?

James alzó las cejas para enseguida hacerle señas a su hijo; implorándole que no insistiera en su petición. Lily lo vio todo y le dio la espalda a James.

—Por supuesto que sí, mi niño. —Lily volvió a inclinarse y tomó a Harry en sus brazos.

— ¡Mamá! —Harry se quejó débilmente.

—Si quieres dormir con nosotros, entonces atente a las consecuencias. James, recíbeme a Harry.

—Pero...

—James. —advirtió Lily con sus brazos temblando levemente por el peso de Harry.

—Mamá —Harry rio complacido por la cercanía de su madre—, bájame. Puedo ir caminando.

—James te llevará en brazos y fin de la discusión.

James suspiró y recibió el cuerpo de Harry con facilidad y salió de la habitación. Lily apagó las luces y los siguió.

Ya en la habitación de sus padres, Harry se acomodó en la cama, seguido por su madre quien lo abrazó y le besó en la mejilla.

—Duerme, Harry. Mañana tenemos un largo día por delante.

James se acostó junto a ellos y se quitó las gafas para luego hacer lo mismo con Harry y apagar la luz.

Ya en la oscuridad de la habitación, la voz grave de James se dejó escuchar.

—Tendré que decirle a Canuto y Lunático que mañana no pueden venir a cenar. Mejor para ellos, ¿no crees Lily?

—James.

—Ya sabes, necesitarán tiempo para ellos.

—James no empieces. Harry necesita dormir.

Harry sonrió y se acomodó más entre los cálidos cuerpos de sus padres.

—A veces me pregunto cómo hacen... ya sabes, dos hombres.

A eso le siguió un empujón y luego un quejido por parte de James.

— ¡Lily!

—Te prohíbo que hables así delante de Harry.

— ¿De qué hablan? De verdad no me importaría que Sirius y Remus vinieran. Hace mucho que bueno... no los veo.

—Los verás otro día, Harry. —dijo Lily pasándole un brazo por encima.

—Por lo pronto, lo mejor será darles privacidad. —dijo James.

— ¡James!

— ¿Para qué? —preguntó Harry.

James rio y Lily bufó fastidiada.

—Nos vamos a dormir inmediatamente. —ordenó ella.

Nadie dijo nada más por un tiempo hasta que Harry volvió a hablar.

—Gracias por escucharme —murmuró—, y por creerme. De verdad todo esto es muy raro para mí, pero estoy muy feliz de estar con ustedes.

Harry no esperaba respuesta, pero Lily habló:

—Mañana hablaremos mejor de todo esto, ¿sí? Nos contarás todo sobre ese Mopsus y Voldemort.

—Y nosotros te contaremos sobre todo lo que te hayas perdido —agregó James—. Seguramente muchas cosas te parecerán extrañas.

Harry asintió.

—Supongo que esta noche no tendré pesadillas...

Harry dejó de hablar, no quería arruinar más la noche ni que sus padres se preocuparan más.

—Estás ahora con nosotros, Harry. Te queremos y no pasará nada de eso.

Las palabras de James hicieron que Harry en verdad le creyera y que una pequeña parte de sí mismo se rindiera a la tranquilidad de estar sano y salvo.

La vida le había dado una oportunidad -bueno, en realidad fue Mopsus-, Harry estaba con sus padres y afuera le esperaba un mundo sin Voldemort.

Era hora de vivir. 

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El desayuno la mañana siguiente fue apresurado y relativamente corto puesto que los Potter despertaron tarde y con el tiempo justo para dirigirse a sus destinos.

Lily y Harry tomaron juntos un pequeño lápiz que servía como Traslador, al tiempo que se despedían de James quien entraba a tropezones en la chimenea.

Cuando madre e hijo arribaron al Callejón Diagon, Harry se quedó con la boca abierta mientras observaba todo a su alrededor.

Definitivamente todo estaba muy diferente a la última vez que él estuvo allí, e incluso a cuando fue por primera vez con Hagrid.

—Todo está muy diferente. —dijo Harry contemplando una tienda de juguetes mágicos que se ofrecían a sí mismos.

— ¿A qué te refieres? —preguntó Lily aferrándolo de la mano para empezar a caminar.

—Bueno... La última vez que vine aquí, fue en tiempos de guerra. Todo parecía muy... desolado. Y cuando vine con Hagrid todo era más alegre, sí. Pero no tanto como ahora.

Lily rio y acomodó su cabello en el reflejo de una ventana.

—Bueno Harry, ¿no te parece mejor así?

—Oh claro. Es sólo que no me acostumbro... Pero supongo que ya debería empezar a hacerlo; es molesto recordar tantas cosas.

Lily se detuvo y se inclinó para estar a la altura de Harry.

—No quiero que pienses que diciéndonos todo eso nos fastidias, Harry. Siempre que quieras hablar sobre algo, puedes hacerlo, mi niño. Tu padre y yo queremos comprender más lo que pasó... lo que te pasó. No te límites por eso, Harry.

Harry asintió y dejó que Lily le besara en la frente.

—Está bien.

—Pero también sería grandioso que aceptaras todo esto nuevo que ves.

— ¡Claro que lo acepto, mamá! —Harry se apresuró a hablar.

—Lo sé, tesoro. Me refiero a que aprendas a vivir con ello, y que lo disfrutes. ¡No está Voldemort aquí y nos tienes a nosotros!

Harry rio y Lily levantó una ceja.

—Lo siento. Es que recordé que todos los magos y brujas sentían un escalofrío cada que la palabra Voldemort salía a discusión. La evitaban totalmente.

Lily alzó el mentón y dijo con voz orgullosa:

—Te aseguro que yo no habría sido una de ellos. Es absurdo temerle a un nombre.

Harry sonrió y al momento de hablar fue interrumpido por una voz tras de ellos:

— ¡Lily Potter! ¿A esto le llamas puntualidad?

Harry dio vuelta y casi se cae de espaldas por la impresión. Una hermosa mujer rubia con una bonita túnica amarillo pálido venía hacia ellos con paso elegante.

— ¡Merlín! ¿Cómo pude olvidarlo? —Lily murmuró.

Harry observó nuevamente a la mujer, reconociéndola vagamente.

Un momento...

¿No era esa la madre de Malfoy? ¿Narcissa Malfoy?

Harry abrió la boca y miró a su madre aterrorizado. Lily no tuvo tiempo de explicarle, pues la mujer volvió a hablar:

—He estado esperando por ti, Lily. ¡Dijiste que ibas a llegar temprano! Oh... Hola Harry, ¿cómo estás?

Harry no respondió pues tenía la boca seca.

Lily rio nerviosamente, tocándose el cabello y apretando la mano de Harry.

— ¡Cissa! ¿Cómo estás? Hoy no tuvimos un buen despertar, ¿sabes? James también ha llegado tarde al trabajo.

Narcissa levantó una ceja pero sonrió.

—No importa. La tienda aún no ha abierto así que seguiremos siendo las primeras —Narcissa miró a Harry y se inclinó a su altura con un movimiento elegante—. Harry, pequeño, ¿sigues enojado conmigo?

Harry seguramente no podía abrir más la boca por la sorpresa. Él sabía que se estaba comportando como estúpido, pero nunca habría esperado que Narcissa Malfoy les hablara con tanta... amabilidad.

Lily volvió a reír y apretó imperceptiblemente la mano de Harry.

—Harry, despierta cariño. Cissa te está hablando.

Harry levantó la mirada para ver cómo su madre trataba de hacerle señas lo más disimuladamente posible.

—Eh... lo siento. Buenos días señora Malfoy.

Narcissa rio y su pequeña nariz se arrugó graciosamente.

—No me digas que ahora eres todo un caballerito. Recuerda que tú me puedes llamar Cissa, pequeñín. Ahora dime... ¿Sigues enojado conmigo?

—Oh Cissa no te preocupes--

—Deja que el niño hable, Lily. —dijo Narcissa sin apartar sus ojos azules de Harry.

Harry se sentía en una verdadera encrucijada. No sabía de qué hablaba la señora Malfoy y no quería meter la pata de nuevo. Esa no era la idea.

—Bueno... no. Yo... yo ya estoy bien.

Narcissa sonrió y le acarició una mejilla.

—Me alegra mucho. Espero que comprendas que tuve que hacerlo, Harry. Los pavos albinos son sagrados para Lucius, ¿te imaginas que él hubiese visto cómo los dejaron Draco y tú?

Así que eso había sido. Y al parecer, Harry y Malfoy eran... amigos.

—Lo siento mucho, señora Malfoy. No volverá a pasar.

Cissa —corrigió ella—. Y ya olvídalo; por lo menos Draco ya lo hizo.

Narcissa se incorporó y alisó una arruga en su túnica.

—Lily, es mejor que nos vayamos ahora. No te preocupes, Lucius sabe qué es lo que necesitan los chicos y me ha prometido manejarse bien. ¡Vamos!

Lily parpadeó y miró con culpabilidad a Harry.

—Harry...

Narcissa le guiñó un ojo a Lily y dirigiéndose a Harry, dijo:

—Harry, tu mamá y yo iremos a la nueva tienda para brujas que está en la esquina de allí. Un mago francés ha llegado con muchas colonias y tratamientos para la piel y el cabello, y Lily y yo queremos echar un vistazo. Tú puedes comprar tus útiles con Lucius y Draco, ellos están en Madame Malkin. ¿Por qué no vas con ellos? De seguro que te vas a divertir con Draco.

—Cissa, podemos ir otro día, ¿no? Es que Harry está un poco desubicado, como ya puedes ver. Tuve que sacarlo a rastras de la cama esta mañana y si no estoy pendiente, puede caer al suelo y--

Narcissa rio nuevamente.

— ¡Qué excusa tan tonta, mujer! No dejaré que te escapes de mí. Prometiste acompañarme; yo sé que Harry nos dejaré el camino libre, ¿no es así, pequeño?

—Cissa...

— ¡No! —exclamó Harry— No te preocupes, mamá. Yo no tengo problema en ir con el señor Malfoy y... Draco —Harry sonrió a Lily y trató de tranquilizarla—. Estaré bien, lo prometo. No me meteré en problemas.

Lily aún dudaba y Narcissa observaba todo con atención.

— ¿Me he perdido de algo? —preguntó.

Lily suspiró y sin decir agua va, levantó el flequillo de Harry para mostrar su cicatriz. Harry trató de impedirlo pero la mirada severa en los ojos verdes de su madre lo detuvo.

— ¿Ves esta cicatriz?

— ¡Circe! ¿Qué le ha pasado?

—Anoche se ha caído por las escaleras —mintió Lily con naturalidad y Harry se obligó a cerrar la boca—, y no sé por qué pasó; gracias a James fue que no rodó todo el trayecto. Pienso llevarlo a San Mungo para ver si sufre de vértigo.

Narcissa observó fijamente la cicatriz desde su altura.

—Pero no parece reciente.

Harry trató de no perder el control.

—Oh bueno. Todo estuvo muy feo... Y ya sabes, quise hacerle un hechizo sanador pero el tonto de James se metió y arruinó la cicatriz. Ya ves, tiene forma de rayo y es grande, pero por lo menos ya no sangra.

Narcissa frunció los labios con preocupación.

—Lo siento, Harry. De ahora en adelante debes tener más cuidado.

Harry asintió y Lily retiró la mano de su frente.

—Entonces...

—No te preocupes, mamá. De verdad que no siento nada ahora. Estoy bien.

Narcissa decidió no insistir y esperó la respuesta de Lily.

—Está bien —dijo la pelirroja—. Pórtate bien, cuídate y no des problemas a Lucius.

La rubia sonrió y se inclinó para besar la cabeza de Harry.

—Gracias cariño, haz caso a tu madre y a mí. No dejes que Draco te meta en problemas y sé paciente con Lucius. Dile lo que te pasó anoche para que él lo tenga en cuenta, ¿sí?

—Sí, señora Malfoy.

Lily se inclinó también.

—Dame un beso y vete directamente a la tienda de túnicas. Te quiero, Harry.

Harry besó la mejilla de su madre y le dio una pequeña sonrisa a Narcissa como despedida y se encaminó a la tienda sin mirar atrás.

 


 

Madame Malkin era ahora una tienda de túnicas y uniformes mucho más grande a como Harry la recordaba.

Al entrar, Harry pudo ver cómo varias brujas se afanaban por todo el lugar con telas de muchos colores siguiéndolas por el aire. Todo era un caos.

También había varios niños -que Harry no reconoció- acompañados por sus padres frente a grandes espejos con las túnicas negras para Hogwarts.

Lucius Malfoy destacaba entre toda la multitud. Estaba elegantemente sentado en un pequeño sofá mientras leía una revista. Como su esposa, Lucius no vestía de negro. Llevaba una túnica gris y que a pesar de parecer simple, se podía notar que era de la mejor calidad.

Harry se acercó a él con precaución.

—Buenos días señor Malfoy.

Lucius bajó la revista y sonrió al ver a Harry.

—El chico Evans. ¿Cómo estás?

—Potter. —corrigió Harry estúpidamente.

Lucius levantó una ceja.

—No conozco a ningún Potter.

Harry se asombró al notar que el tono de Lucius distaba de ser uno ofensivo. Parecía más bien como si estuviera... bromeando.

— ¡Merlín Harry! ¿Quién te ha peinado hoy? —Lucius pasó la mano por el cabello de Harry tratando de organizarlo.

—No creo que sirva, señor. Nunca he podido controlarlo.

Harry se detuvo al ver cómo Lucius lo miraba atentamente.

— ¿Qué te pasó ahí?

—Caí por las escaleras. —dijo rápidamente.

Era obvio que Lucius no le creía pero Harry se salvó de otra pregunta, irónicamente por la voz de Malfoy.

— ¡Papá! Quiero que mi túnica me quedé ajustada. Dile a esta señora que tome bien las medidas.

Lucius apartó la mirada de Harry y puso los ojos en blanco.

—La tendrás holgada o irás desnudo. No me importa.

— ¡No la quiero holgada! —gritó la voz de Malfoy. Al parecer estaba en otra habitación a la izquierda de Harry.

—Deja de importunarme, Draco. —dijo Lucius tomando a Harry por un hombro.

— ¡Papá!

Lucius ignoró a su hijo y condujo a Harry hacia un gran mostrador.

—Madame... Haga algo por el joven Evans; utilice lo mismo que con Draco.

La mujer dio vuelta y se sonrojó al mirar a Lucius.

—Claro que sí, señor Malfoy. A ver… ¡Oh! Si es el retoño del apuesto Auror Potter, ¿cómo estás cariño? Eres tan guapo como tu padre.

—Merlín lo libre. —murmuró Lucius. Harry sonrió.

—Buenos días señora.

—Eres todo un caballerito —dijo ella pellizcándole una mejilla—. Ven conmigo, cariño. Tendré una bonita túnica para ti.

—Que sean tres, Madame. —dijo Lucius.

Harry se sonrojó.

—Eh señor... Mamá me dio una lista, y ahí sólo dice una. Además creo que ella sólo ha sacado el oro justo para pagarle--

—Oh Harry, no me hables de galeones tan temprano en la mañana.

—Señor...

—Madame, por favor. —interrumpió Lucius dando la vuelta y regresando al sofá.

—No te preocupes cariño —dijo la bruja amablemente—. Sólo te tomaré unas medidas y tus túnicas llegaran más tarde por lechuza a tu casa.

La propietaria conjuró un espejo grande y con un pequeño listón empezó a tomar medidas por todo el cuerpo de Harry.

Al instante, la puerta de la habitación donde estaba Malfoy se abrió con estrépito y el niño rubio salió corriendo de allí.

— ¡Hola Harry! ¿Qué te ha dicho tu madre? ¿Te ha castigado?

— ¿Eh?

Malfoy cubrió su boca inmediatamente y miró hacia atrás, donde estaba su padre.

—Casi meto la pata —susurró—. Mi papá aún no lo sabe; mamá me ha dicho que no se lo dirá pero me ha decomisado mi colección de cromos de las ranas de chocolate. ¿Qué te ha hecho tu madre?

Harry recordó el asunto de los pavos.

—Bueno... ella me ha regañado y... no me dejó hablar contigo.

Harry creyó que con eso se iba a librar de Malfoy pero se arrepintió de inmediato al ver cómo los ojos grises del chico se humedecían lentamente.

—Pero si somos amigos... Ella no puede hacer eso.

Harry suspiró y se obligó a sí mismo en dejar de pensar en Malfoy como el chico molesto que había sido. Y ya era hora de que dejara de pensar en él como Malfoy...

—Estaba bromeando, Draco. —dijo Harry empujándole levemente. Draco sonrió y le golpeó en la nuca.

— ¿Y entonces?

— ¿Entonces qué?

— ¿Cómo te ha castigado?

Harry no sabía qué inventarse.

—Me ha dicho que hoy le dirá a mi papá y que hablaremos los tres.

—Oh... Lo siento, Harry.

—Bueno, supongo que no pasará nada malo.

Draco se cruzó de brazos y sonrió.

—Claro que sí. Deben quitarte la escoba de carreras.

—Pues eso no pasará. A fin de cuentas fuiste tú el que me metiste en problemas.

—Pero no te obligué a nada, ¿o sí?

Harry obviamente no sabía qué había pasado así que decidió ignorar su pregunta.

La señora Malkin al parecer había terminado con él y con un último pellizco a su mejilla, lo liberó. Draco se unió a él y pasó un brazo por sus hombros. Harry trató de no sentirse incómodo por eso.

—Hoy pienso pedirle a papá una nueva escoba de carreras. Creo que le pediré una Saeta de Fuego.

—No creo que te la de.

— ¿Por qué no?

—Porque no podemos tener escobas en nuestro primer año. —explicó Harry con obviedad.

—Así es. Pero yo puedo meterla al castillo sin que nadie se dé cuenta.

—Pues a mí no me metas en eso. No quiero ningún problema en mi primer año.

Draco iba a empujarlo pero la mirada de Lucius lo detuvo.

— ¿Ya han terminado contigo, Harry?

—Si señor.

—Papá, vamos a comprar la escoba que me prometiste. —urgió Draco pasando por delante de Harry para llamar la atención del rubio mayor.

—No te he prometido nada.

—Pero--

—Ahora vamos a ir por las varitas y los libros y no quiero oír una queja más de tu parte.

—Pero yo necesito una escoba de carreras, papá.

Lucius miró a Draco con desdén y luego preguntó a Harry sin apartar su mirada:

— ¿Eso es cierto, Harry? ¿Les han pedido escobas de carreras para este año?

—No. —dijo Harry sintiendo una ligero regocijo infantil por dejar mal a Draco.

Lucius sonrió con burla y dio vuelta dirigiéndose a la salida de la tienda de túnicas; posando levemente el bastón con cada paso que daba. Pronto dejó a los dos chicos atrás.

— ¿Por qué dijiste eso Harry? —Draco susurró furioso y le miró con odio.

—Porque si no me van a dar a mí, no tienen por qué darte a ti. Además, ¿qué le dirás a tu madre cuando te vea con una escoba nueva?

— ¡Pues que mi papá me la ha dado!

—Y ella le contará lo de los pavos para que él te la quite. Tienes que agradecerme, soy un buen amigo.

Draco pareció pensarlo un poco pero no dejó de mirar mal a Harry.

—Está bien. Él último que alcance a papá, es popó de hipogrifo.

— ¿Qué?

Draco rio y corrió para alcanzar a su padre mientras Harry asimilaba todo. Luego se dio cuenta del ridículo que estaba haciendo y se prometió no volver a caer.

 


 

Luego de haber salido de la tienda de Ollivander con una nueva varita diferente a la que había tenido, Harry se sentía mucho más cómodo en compañía de los dos Malfoy. Lucius, aunque mortalmente serio, no escatimaba algunas sonrisas para Harry y Draco aunque decía que seguía molesto con él, continuamente estaba parloteando sobre escobas, jugadores de Quidditch y cromos de ranas de chocolate.

Harry quería pensar que su amistad con Draco podría ser un cambio realmente agradable en esta nueva vida. En realidad se podría acostumbrar a ello.

Y también estaba el asunto de su varita; Ollivander no supo explicarle el porqué de que esa en especial le eligiera y Harry tampoco había notado algo extraño. En realidad era una varita... común.

De 27 cm y hecha de roble inglés, su núcleo tenía pelo de cola de unicornio y era medianamente flexible. No había nada fuera de lo común ni extraordinario así que Harry no tenía nada que temer sobre alguna conexión con otra varita. Pero la curiosidad seguía picándole, y se propuso a preguntarle sobre ello más tarde a su madre.

La varita de Draco había resultado ser de espino y con el mismo núcleo que la de Harry. Tenía 28 cm y era flexible. Draco había pedido a Lucius que le comprara algún accesorio para su varita pero Ollivander había aconsejado que era mejor dejarla como estaba y que se conformara con los trazos que la varita tenía dibujados.

Y como era de esperar, la varita de Draco era ahora otro tema de conversación y Harry en realidad comprendía el fastidio de Lucius quien trataba de caminar lo más alejado posible del "chiquillo desagradecido y estirado que decía ser su hijo" (según sus propias palabras).

—Papá, ¿podemos pasar a ver la Saeta de Fuego? ¿Vas a comprármela?

—La Saeta de Fuego ni siquiera la están vendiendo aquí, Draco. —dijo Harry con voz monótona

— ¿Y tú qué sabes? ¡La Saeta de Fuego ya está a la venta!

—Pero no aquí.

—Pues puedo apostar a que sí.

—Sinceramente no sé en qué estaba pensando cuando acepté hacer de niñera de ustedes —dijo Lucius con voz cansada—. Harry, muchacho, ten piedad y dime a qué hora sale Lily y la madre de este mocoso de ese cuchitril.

Harry rio al ver la cara de indignación de Draco.

—Mi mamá es tu esposa, papá.

—Yo no te conozco a ti. Te he encontrado en la calle y me he compadecido pero ahora me arrepiento.

Draco se estaba tomando muy en serio las palabras de Lucius y Harry reía a carcajada limpia.

— ¡Narcissa Malfoy es tu esposa! —Draco casi gritó.

—No, porque ella me ha metido en este lío con dos mocosos que no soporto.

—Yo no he hecho nada señor Malfoy. —dijo Harry con voz suave y mirando de soslayo a Draco.

—Y tienes suerte —dijo Lucius recogiendo su largo cabello en una coleta con un elegante broche negro—. Ahora iremos a por los libros. Y no se diga más.

—También necesito una mascota. —dijo Draco inmediatamente.

—Ya tienes a Ónix.

— ¡No quiero un halcón en Hogwarts papá!

—Pues te aguantas.

—Señor Malfoy, yo necesito una lechuza. —dijo Harry mirando su lista

Lucius suspiró.

—Bueno, entonces tendremos que ir.

—Quiero un helado papá. —Draco volvió a hablar.

Harry de verdad que nunca olvidaría la cara de completo sufrimiento de Lucius Malfoy. Era hilarante.

—Harry, ¿quieres comer helado?

—Eh...

—Di que sí Harry. —exigió Draco.

—Draco, deja de ser molesto. —regañó Lucius.

Ahora que lo pensaba, a Harry se le apetecía un rico helado, el desayuno ya había pasado a la historia.

—Bueno, me gustaría uno, señor.

Draco casi deja caer la bolsa donde tenía su varita al saltar. Volvió a pasar un brazo por los hombros de Harry y olvidó el asunto de la escoba.

—Iremos a comer uno de chocolate.

—El chocolate engorda. Aparte de fastidioso, serás una bola de grasa. No admitiré a un Malfoy así en mi casa. —dijo Lucius girando la esquina en dirección a Florean Fortescue.

—Los Malfoy no engordan. —declaró Draco alzando la barbilla.

Bueno... Al parecer algunas cosas no cambiarían. 

Chapter Text

Luego de haber disfrutado de un delicioso helado -Draco tuvo tres-, Harry se sentía completamente agotado.

Sus piernas dolían y se encontraba a sí mismo bostezando a cada momento. Claro que todo se debía a que la noche anterior no había descansado lo debido.

— ¿Ya podemos ir a por la Saeta? —preguntó Draco mientras saboreaba su helado de chispas picantes.

Harry puso los ojos en blanco, y Lucius decidió ignorarlo.

Se estaban acercando al Emporio de las Lechuzas; otra de las muchas tiendas que habían cambiado positivamente a consideración de Harry.

Ya allí, Lucius buscó dónde sentarse y el propietario se apresuró en llevarle algo para beber.

—Quiero que ambos elijan a sus lechuzas lo más rápido posible. No quiero estar aquí, más del tiempo necesario.

Draco asintió y pasó por un lado de Harry; empujándole y burlándose.

Harry de verdad que estaba muy cansado como para seguir el ritmo del rubio así que se tomó su tiempo en observar a todas las lechuzas que descansaban en pequeños ramales improvisados.

Una en particular le llamó la atención; era parda y grande, sus ojos almendrados eran hermosos y pequeñas vetas negras formaban un curioso diseño en su pecho.

Harry iba a acercársele pero un revoleteo llamó su atención.

A su izquierda, una lechuza blanca le miraba fijamente mientras ululaba al parecer muy contenta. Harry ahogó un gemido y fue corriendo hacia su vieja amiga.

Hedwig.

¿Cómo pudo haberse olvidado de ella?

Hedwig al ver que Harry le sonreía y le miraba deleitado, abrió un poco sus hermosas alas y empezó a moverlas mientras ululaba más alto. Harry extendió el brazo y la lechuza le pellizco suavemente y se subió a él sin apartar su mirada.

¿Era posible que Hedwig, de alguna manera, lo recordara?

—Hola preciosa —dijo Harry tratando de no llorar—. Soy Harry, ¿te acuerdas de mí?

Hedwig gorjeó bajito y mordisqueó la oreja de Harry haciéndole reír.

— ¡Harry! ¡Mira mi nueva lechuza!

Draco venía con una lechuza gris con blanco muy esponjosa y más pequeña que Hedwig.

—Es muy bonita. —alabó Harry viendo con diversión cómo Hedwig giraba la cabeza orgullosamente y no prestaba atención a la otra lechuza.

— ¿Vas a llevar esa? —dijo Draco mirando a Hedwig— Podemos cambiarlas, si quieres. Puedes llevar a Eros y yo a la tuya.

— ¡No! —exclamó Harry con recelo escondiendo a Hedwig de los ávidos ojos de Draco— Es mía y ya le he puesto nombre.

— ¿Cuál?

—Hedwig.

Draco levantó una ceja pero no se burló del nombre.

—Bueno, prefiero mil veces a Eros. Es mucho más bonito que el tuyo.

—Es hembra.

— ¡Eros es macho!

—Lo sé. Te estoy diciendo que Hedwig es hembra. ¡Es un nombre de chica!

—Ah —Draco se encogió de hombros y alzó el mentón—. Eros sigue siendo el mejor.

Harry decidió ignorarlo y alzando el mentón también, dio la vuelta en busca de Lucius.

Él seguía en el mismo sillón mientras fumaba de una elegante y negra pipa.

—Señor Malfoy.

—Dime.

—Quiero esta lechuza. Se llama Hedwig.

— ¿Quién llama a una lechuza Hedwig?

—Yo. —dijo Harry sin cohibirse.

Lucius sonrió y expulsó el humo abriendo un poco sus delgados labios.

—Siempre me ha gustado tu actitud. Draco es más fácil de molestar.

Lucius pasó una mano por la cabeza de Harry y se puso de pie.

—Señor, fumar es malo. —dijo Harry sin pensar.

—Eso dice Narcissa cuando no está fumando ella también —Lucius estiró un delgado dedo enguantado hacia Hedwig y ella sólo lo rozó con su pico—. Lo bueno de esto Harry, es que es una combinación de distintas hierbas no nocivas que yo mismo he mejorado. En realidad no me hace daño.

— ¿Y entonces por qué fuma? —Harry no entendía.

Lucius pareció ofendido por la pregunta.

—No negarás que me veo más elegante así.

Harry sonrió y esquivó a tiempo el empujón de Draco quien se acercó a tironear de la túnica de Lucius con dos lechuzas en cada hombro.

—Papá, quiero estas dos lechuzas.

—No.

 


 

—Arthur Weasley y su mal gusto a la hora de vestir —dijo Lucius en voz alta antes de entrar a Flourish & Botts—. Definitivamente no entiendo cómo tu esposa deja que salgas así... Bueno, tampoco se puede decir mucho de ella, ¿no? He recordado una ocasión en que Narcissa quiso ayudarla en eso pero Molly prefirió seguir en la cocina.

Arthur dio media vuelta.

—Cállate Lucius.

Harry se hizo espacio entre los dos Malfoy para poder ver al señor Weasley quien se encontraba hechizando todas sus compras para luego empacarlas en un pequeño maletín.

— ¿Qué pasó con el maletín de piel de dragón que te mandé, Arthur? —preguntó Lucius

—Ese lo utilizo en el trabajo, Lucius.

Al parecer Harry no pararía de sorprenderse en ese día; por lo que podía ver, Lucius Malfoy y Arthur Weasley se llevaban bien.

—Oh, ¡hola chicos! —saludó Arthur alegremente a Draco y Harry— ¿Dónde están sus madres? Molly ha estado buscándolas.

—Ellas han decidido que no tienen hijos y me han abandonado a mi suerte con ellos. —dijo Lucius entrando en el lugar.

—No seas dramático, Lucius. ¿Qué de malo tiene que acompañes a los niños en sus compras?

—Estoy perdiendo todo un día de trabajo por ello.

— ¡Pues yo no te obligué a venir! —exclamó Draco ofendido— Seguramente nos hubiese ido mejor con el señor Weasley... o con el señor Potter si él no estuviera trabajando.

Harry tuvo que tomar del hombro a Draco para alejarlo del zape que le iba a dar Lucius mientras Arthur reía a carcajada limpia.

—Nunca me cansaré de verlos a ustedes dos —rio el pelirrojo—. No parecen padre e hijo.

Harry llevó a Draco del brazo al interior de la librería antes de que él y su padre hicieran más escándalo.

Definitivamente los Malfoy nunca dejarían de ser peculiares.

— ¿Qué libros tenemos que comprar, Draco?

—Papá tiene la lista —Draco se aferró a Harry y empezó a hablar con emoción—. Podemos escaparnos e ir a la tienda de golosinas y tomar todas las que queramos.

—Entonces pídele dinero a tu padre.

—No me lo dará. Se ha molestado.

—Tú te lo has buscado.

— ¡Harry!

La voz familiar hizo que el pecho de Harry se contrajera con añoranza.

— ¡Hola Ron!

Ron venía hacia ellos con muchos libros en sus brazos. Harry sonrió ampliamente y separándose de Draco, corrió a abrazar al pelirrojo.

— ¡Merlín! Pero si nos hemos visto ayer Harry, afloja un poco, compañero. Los libros me están tallando.

Harry tuvo que hacer un esfuerzo para recomponerse sin que nadie notara nada raro. Claro que él mismo no notó la mirada herida de Draco.

—Hola Draco. —saludó Ron con una sonrisa.

—Ron. —dijo Draco en voz baja y sonriendo apenas.

Harry decidió que en verdad tenía que acostumbrarse a todo aquello si es que no quería que su mandíbula se aflojara del todo.

— ¿Ya han comprado sus varitas? —preguntó Ron, y sin esperar respuesta siguió: — Harry, ¿sabes que el hermano de Oliver fue sancionado? ¡Pasará una buena temporada fuera de los Chudley Cannons!

— ¿Y a quién le importa los Chudleys? Es un equipo mediocre y sin estilo. —dijo Draco con petulancia

—Tú dices eso porque Gary no quiso firmarte la bludger esa vez, Draco. Pero en realidad son buenos.

—No lo son.

—Que sí.

—Que no.

Harry puso los ojos en blanco.

—Ron, Draco... Es mejor que busquemos los libros que necesitamos. No podemos quedarnos todo el rato aquí.

— ¡Demonios, sí! Tengo que ir a comprar mi lechuza y luego mi varita.

—Mi padre me ha comprado dos lechuzas. —dijo Draco muy ufano.

—No es cierto, sólo te dejó tener a Eros.

— ¡Harry!

— ¿Quién le pone Eros a una lechuza? —dijo Ron riendo y acomodando los libros en sus brazos.

—Pues Harry ha llamado a la suya Hedwig, ¿qué te parece esa?

Ron rio mucho más y Draco le imitó. Harry sentía las orejas calientes.

—Mi lechuza es mucho más bonita que Eros. Y de seguro será más bonita que la tuya, Ron.

—No lo creo. He visto una blanca muy linda y esa es la que me llevaré.

Draco dejó de reír, miró a Ron luego a Harry y volvió a reír. Se estaba divirtiendo mucho a costa de los otros dos chicos, al parecer.

Harry alzó una ceja y señaló a la salida de la tienda donde Lucius acomodaba dos pesadas bolsas en los carritos que habían llevado todo el día. Hedwig estaba en la jaula más grande y presintiendo que alguien la miraba, empezó a acicalarse las plumas.

— ¿Te refieres a esa, Ron?

Ron abrió mucho los ojos.

— ¡Hey! ¡Esa era mía!

—Exacto, era. El señor Malfoy me la ha regalado.

— ¿Qué?

Draco vio la oportunidad de lucirse y pasó un brazo por los hombros de Harry.

—Ya puedes ver que yo soy mucho mejor amigo de Harry, que tú. Gracias a mí, Harry tiene la lechuza más bonita.

Ron frunció el ceño confundido y Harry decidió sacarlo de su error. Sólo por fastidiar a Draco.

—En realidad fue tu padre quien me la dio, no tú.

— ¡Es lo mismo!

— ¡Ron! Debemos irnos ahora. —gritó Arthur desde la puerta.

Ron sonrió y se dirigió a la salida

—Nos vemos en el tren, chicos. Ah, Harry, Ginny te manda saludos. Irá a despedirte en la estación.

Draco hizo gestos de asco y Harry asintió emocionado.

—Está bien, dale mis saludos también.

Ron levantó una mano, ondeándola para despedirse y salió de allí con su padre.

— ¿A ti te gusta Ginny? —preguntó Draco en voz baja.

Merlín... Harry y Ginny habían tenido algo en esa otra vida, sí. Y ahora que lo pensaba, Harry no podía recordar muchos detalles sobre ello. Pero ahora lo que menos quería era pensar en relaciones de ese tipo. ¡Tenía once años!

— ¡No! —dijo Harry frunciendo el ceño con angustia.

Draco sonrió.

—Mucho mejor. Ahora vámonos, seguiré insistiéndole a papá por la escoba.

— ¡Merlín Draco! No te rindes, ¿eh? 

 


 

Lily y Narcissa venían con los brazos llenos de bolsas rosadas y amarillas.

Harry sonrió y llamó la atención de Lucius y Draco.

—Allí vienen.

Habían terminado sus compras y ahora estaban nuevamente en la heladería. Allí, Fortescue también vendía malteadas y cafés, así que Harry pidió una con unas rosquillas y Lucius tomaba té. Draco estaba comiendo dos helados al tiempo.

— ¡Lucius! —dijo Narcissa acercándose a ellos— ¿Por qué permites que Draco coma así?

—No tengo la culpa de que no tenga modales. —dijo Lucius sin interés, pero al fijar la vista en su esposa, sonrió coquetamente.

— ¿Qué? —preguntó la rubia sonrojándose un poco.

—Estás preciosa. —dijo Lucius.

—Eres la mamá más bonita del mundo. —exclamó Draco con restos de helado alrededor de su boca y mirando con adoración a su madre.

Pero Harry no prestaba atención al intercambio de los Malfoy. En realidad su atención estaba concentrada en Lily.

Su cabello ahora le llegaba a los hombros en un bonito corte terminando en pequeñas ondas en las puntas. El color rojizo parecía relucir mucho más ahora.

Además, tenía un maquillaje suave que hacía que sus ojos verdes destacaran aún más.

— ¿Qué te parece, Harry? —preguntó Lily con una sonrisa.

—Estás muy bonita, mamá.

Lily rio y estiró su mano, Harry enseguida se la besó y los dos rieron juntos. Harry presentía que ya habían hecho eso antes.

—Mira qué hermosa estás, Lily —dijo Lucius—. Si no estuviera ya casado, te raptaría para mí.

— ¡Lucius! No la molestes —regañó Narcissa.

Draco tenía la misma expresión de esa mañana.

—No puedes llevarte a la señora Potter. Tú tienes una esposa.

—Que estoy bromeando, mocoso. —dijo Lucius poniendo los ojos en blanco.

—No llames así a mi hijo. —regañó nuevamente Narcissa.

La señora Malfoy tenía ligeros cambios también. Su cabello estaba medio recogido en una bonita trenza con pequeñas flores alrededor. Su maquillaje estaba más fuerte que el de Lily, pero no le quedaba nada mal. 

 


 

Luego de una pequeña discusión entre los adultos debido a que Lucius no esperara a por Narcissa y Lily para ir a comprar juntos las varitas de los chicos, y también después de un incómodo momento donde Draco sacara de una de las bolsas de su madre una extraña prenda que hizo sonrojar a ambas mujeres y a Lucius reír mientras abrazaba más que contento a su esposa; era hora de despedirse.

—Hoy fue un día grandioso. Charleux nos ha dado muchos consejos para una rutina de cuidado de la piel. Lily, tenemos que decirles a Molly y Alice sobre ese nuevo tratamiento.

—Oh si... También podríamos hablar con Andy.

—No creo que a ella le interese eso, ya sabes que no tiene confianza en los franceses. Lucius, querido, Charleux también me ha recomendado un tratamiento para tu cabello.

— ¿Ah sí? —Lucius ahora sí parecía interesado.

Mientras los adultos conversaban, Harry y Draco iban tras ellos comiendo ranas de chocolate y comparando sus cromos.

Draco se detuvo y miró a Harry con fijeza.

— ¿Qué? —preguntó Harry.

—Es que quería preguntarte si... No sé, has estado muy extraño hoy, Harry. ¿Estamos bien?

Harry se sorprendió a sí mismo por encontrar adorable la expresión de Draco.

—Sí, lo estamos, Draco. ¿Por qué lo dices?

—Porque parecías muy contento con Ron. Y en cambio a mí no me has abrazado en todo el día. 

Remordimiento, eso era lo que sentía Harry al ver el gesto preocupado de Draco.

—Bueno... yo... lo siento, Draco. De verdad que estamos bien...

— ¿Seguro?

—Sí. He estado un poco nervioso porque hemos tenido que comprar todo para Hogwarts, pero sólo ha sido eso.

—Draco, nos vamos. —llamó Lucius desde su lugar.

Draco asintió y sonrió mirando a Harry como esperando algo. Y como Harry no supo qué hacer, Draco frunció el ceño para luego encogerse de hombros y sin que Harry lo viera venir, darle un beso en la mejilla.

Draco se alejó corriendo mientras gritaba:

—Nos vemos en la estación, Harry. No olvides llevar las cromos que te pedí. Me falta Nicolás Flamel y Helga Hufflepuff.

Harry sólo asintió, la sorpresa aún reflejada en su rostro.

—Adiós Harry, cuídate mucho. —se despidió Narcissa.

—No olvides darle mis saludos a tu padre.

—Lucius. No molestes.

Lucius sonrió y despidiéndose una última vez de los Potter, aferró a su esposa e hijo y los Apareció.

Lily dio media vuelta y sonrió a Harry.

—Ahora es nuestro turno, Harry. Por fin iremos a descansar.

—Mamá...

— ¿Si?

—Draco me ha besado.

Lily sonrió y aplaudió alegremente.

—Oh sí, lo he visto y nunca deja de parecerme lo más adorable.

Ante la confusión de Harry, Lily carraspeó incómoda.

—Lo siento, Harry. Lo he olvidado... Draco y tú han sido amigos desde muy pequeños, y creo que desde los seis años, se despiden así. Con un beso en la mejilla.

Los ojos de Lily brillaban y Harry no entendía por qué.

— ¿No te parece adorable? —preguntó ella acomodando sus bolsas en el carrito de Harry y aferrando la mano de su hijo.

— ¡Mamá! Me parece muy extraño.

—Bueno, por eso ahora recién lleguemos a casa, tu padre y yo te contaremos muchas cosas.

Harry asintió distraído.

—Aunque también he relacionado algunas cosas con algo que me hubiese pasado antes. —reflexionó.

— ¿Quieres decir que estás teniendo recuerdos?

—No sé si son recuerdos. Todo es muy extraño.

—Ya hablaremos con James, cariño. No te preocupes por ahora de eso. Ahora prepárate, nos Apareceremos.

Chapter Text

— ¡Ya estoy en casa, familia!

Harry sonrió y dejó a un lado su postre de frutillas para recibir a James con un abrazo.

—Hola cachorro, ¿qué tal el día? —dijo James besándole la frente.

—He comprado muchas cosas y pude quedarme con Hedwig de nuevo.

— ¿Hedwig?

— ¡Sí! Mi lechuza, papá. Está en mi cuarto, ¿quieres verla?

—Quizás más tarde, Harry. Ahora mismo muero de hambre, y seguramente tu madre no nos dejará mover de aquí hasta que conversemos, ¿no?

Harry rio.

—No lo creo. Ella está organizando sus compras en su habitación, hoy fue con Narcissa a una tienda nueva y tiene el cabello más corto.

James levantó las cejas y silbó.

—Así que tenemos a una nueva Lily. ¿Entonces tú las acompañaste? ¿Qué tal te pareció Narcissa?

—Bueno, ellas dijeron que eran cosas de chicas, así que tuve pasar el día con el señor Malfoy y Draco.

— ¿Qué? —James abrió mucho los ojos.

—Eh sí... Pero pude comprar todo, mamá se lo ha pagado al final del día, pero él no dejó que le pagáramos a Hedwig. ¡Me la ha regalado!

James frunció el ceño.

—Tendré que hablar con ese... —se detuvo mirando a Harry— No voy a aceptar limosnas de un Malfoy.

— ¡James Potter te he oído! —gritó Lily desde el piso de arriba— ¡Deja de ser estúpido!

— ¡No me llames así delante de Harry! —gritó James en respuesta.

—Harry ya sabe que lo que digo, es cierto.

James abrió la boca con indignación. Harry puso los ojos en blanco y haló de la mano de su padre para sentarlo en una de las sillas del comedor, y acto seguido ofrecerle de su postre.

—Papá, ¿por qué no te agrada el señor Malfoy? Podría entenderlo si él fuera el mismo de antes. 

James por un momento pareció confundido para luego murmurar algo inteligible.

—No es tan mal tipo, aunque me cueste admitirlo. Hace muchas cosas en San Mungo con sus pociones en compañía de Quejicus.

Hizo una pausa para comer un trozo del postre y lo degustó contento.

—Es su actitud lo que da mucho que desear.

En eso, Lily entró a la habitación.

—No hagas caso, Harry. Tú mismo has podido ver cómo es Lucius.

— ¡Obviamente Malfoy no es así con Sirius y conmigo! Se burla de nosotros cada que tiene oportunidad y se ufana siempre de--

James se interrumpió al reparar en el nuevo corte de cabello de su esposa.

—Merlín... Estás hermosa Lily.

Lily levantó una ceja con desdén en su dirección para luego darle la espalda y sonreírle a Harry con picardía.

Harry se acordó innecesariamente de la prenda íntima que Draco había sacado de las bolsas de Narcissa.

No, definitivamente no quería pensar en ellos haciendo eso.

—Tienes el cabello muy bonito, Lily —James miraba con adoración a Lily y con una tonta sonrisa—. Te queda muy bien.

—Ya lo sabía —contestó ella sentándose a un lado de Harry—. Ahora sí, cariño... Es hora de hablar.

—Pero tengo hambre, mamá.

—Lily, ¿puedo tocar tu cabello?

—Te aguantas, has comido mucho azúcar hoy y Molly dice que tienes que hacer digestión de todo eso para ya poder comer algo normal. Además no te he dado permiso para que comas ese postre.

Harry bajó los hombros y decidió no comentar que de hecho, ya sentía una pequeña molestia en el estómago.

—Y no voy a dejar que toques mi cabello, James —continuó ella ante la mirada soñadora de su esposo—, me ha costado mis buenos galeones tenerlo así. No quiero que lo arruines.

—Pero es que es tan hermoso. —suspiró él con melancolía.

Harry miró a su madre con curiosidad y Lily pareció caer en cuenta de algo. Movió su varita distraídamente y un gorro de lana rosa apareció ante ella; se lo puso en la cabeza y acomodó su cabello en él.

James pareció despertar de un sueño y parpadeó mirando confuso a Lily. Harry rio a carcajadas.

—Tienes el cabello hechizado para que papá--

Lily lo interrumpió y cubrió la boca de Harry con una mano.

—Ahora que estamos aquí reunidos, y que tenemos un poco de tiempo, vamos a hablar. Harry, mi niño, ¿quieres empezar tú?

—Yo preferiría que--

—Tú nada, James. Harry es el que decide.

James se cruzó de brazos como un niño pequeño y miró a otro lado. Lily sonrió sin poder evitarlo y le pellizcó una mejilla fuertemente, haciendo que James sonriera brillantemente.

Harry los miraba embelesado.

—Harry —Lily giró en su dirección—, si quieres, puedes empezar tú contándonos todo lo que recuerdes.

—Lily, pero yo no he comido nada. —se quejó James.

—Pues, ¿quién te manda? Se supone que hoy comías con Remus y Sirius en el Londres Muggle.

—Ellos... Bueno, en realidad Sirius se ha enojado conmigo.

Lily bufó fastidiada.

— ¿Y ahora qué pasó?

—Cosas del trabajo, ya sabes. No hay necesidad de hablar sobre ello.

La pelirroja lo fulminó con la mirada y antes de que otra discusión comenzara, Harry habló:

—Preferiría que ustedes primero me dijeran todo lo que ha pasado. De todo lo que me he perdido, ya saben. Hoy por ejemplo, me di cuenta que somos amigos de los Malfoy y que los Weasley al parecer se llevan bien con ellos también. ¿Qué más hay de nuevo?

Lily aplaudió emocionada y James suspiró teatralmente golpeando el comedor con la cabeza.

—No te entusiasmes mucho, Lily.

Ella lo ignoró y empezó:

—Creo que puedo empezar por los Malfoy. Cuando estuve en Hogwarts, fui una estudiante modelo, Harry, y espero que tú también lo seas, ¿eh? Bueno, como iba diciendo, fui muy buena, y eso se reflejaba en que me escogieran para ser prefecta de Gryffindor y luego Premio Anual.

“Remus también fue muy buen estudiante y estuvo conmigo en el club de las Eminencias de Horace Sulghorn. Luego te explicaré bien de qué trata; lástima que Horace ya no esté enseñando. De seguro tú estarías en ese club.

—Merlín no lo quiera. No podrías practicar Quidditch, Harry. ¡Eso sería terrible!

—Ya veremos si él quiere jugar al Quidditch.

—Es obvio que sí. ¡Los Potter tenemos sangre de Buscadores!

—Mamá, papá...

—Bueno, sigamos entonces —dijo Lily corriendo un poco la silla para alejarse de James—. En ese club, también estaban Narcissa y Severus. Severus y yo hemos sido amigos desde muy pequeños -cállate James-, así que nos la pasábamos muy bien en el Club. Pronto él vio que Remus no era el mismo cabeza hueca que tu padre y Sirius -estoy diciendo la verdad, reconócelo James-, así que se animó a conocerlo más y pronto los tres andábamos juntos a todas partes. Narcissa era muy tímida, y yo quería ser su amiga así que hablé con Severus y él nos la presentó. Recuerdo que Remus se enamoró de ella.

— ¡Eso no es cierto, Harry! Remus siempre ha estado enamorado de tu padrino, no ha tenido ojos para nadie más.

— ¿De verdad crees que es así? —preguntó Lily con desdén— Recuerdo muy bien a un Sirius enclenque que se besó con una chica de Ravenclaw estando con Remus. Mi pobre chico lloró por él y yo bullía en la rabia. Harry, ese fue un tiempo en que dejé de hablarle a tu padre por más de cuatros meses.

— ¡Fue horrible! —se lamentó James.

—Pues tú te lo buscaste. No hiciste nada para que Sirius no cometiera esa estupidez, es más, lo alentaste a ello.

— ¡Pero sólo fue un beso, mujer!

Lily chilló y le dio un fuerte coscorrón en la nuca a James.

—O sea que tú también te has dado besos con más mujeres y te parece bien, ¿eh?

Harry estaba sorprendido con la facilidad con que sus padres entraban en discusión.

—Nunca he hecho eso, Lily. He sido sólo para ti.

—Pues no te creo.

— ¡Mamá por favor continúa! —gritó Harry desesperado y volcando el plato con los restos del postre de frutillas.

Lily alzó las cejas.

—Ahora limpias lo que hiciste, Harry James Potter. Bueno, continúo... Remus siempre quería ver a Narcissa así que pasábamos mucho más tiempo con ella también. Severus se nos unía y hacíamos... un extraño grupo, pero Cissa y yo ya éramos las mejores amigas.

—Harry, debo aclararte que Remus no se enamoró de Narcissa. Sólo fue algo parecido al despecho, ¿sabes? Le pareció una hermosa bruja pero él seguía queriendo a Sirius.

—Eso no le concierne a Harry.

—Pues no está de más aclararlo.

—Como sea, un fin de semana salimos juntos a Hogsmeade porque ella necesitaba ver a alguien y no quería ir sola. Así que la acompañamos y--

—Y ahí fue que Remus se reconcilió con Sirius

—Papá... —se quejó Harry con impaciencia.

—Cómo iba diciendo —continuó Lily alzando la voz—, fuimos a un pequeño café -que ahora ya no existe- y esperamos. Remus entró después y ya sonreía pero eso ya es otra historia. Minutos después entró un chico alto y rubio... Oh Harry, Lucius es un hombre atractivo pero de joven, era el mago más atractivo de toda Inglaterra.

— ¡Mamá! No necesito saber eso...

James rio y guiñó un ojo a su hijo.

—Ya lo oíste. Omite la parte del encanto de Malfoy y continúa.

—Bueno, entonces él se acercó a nosotros y Cissa por poco se desmaya. Nos lo presentó y hablamos como si fuéramos viejos amigos. La imagen del intachable e intocable Lucius Malfoy no tenía nada que ver con ese simpático chico que se sonrojaba cada que Narcissa le miraba.

—Mamá...

— ¡Está bien, está bien! Eres un impaciente. Cada fin de semana nos encontrábamos allí, hasta que un día Remus y yo fuimos testigos de lo más bonito que le puede pasar a una pareja. Lucius le pidió matrimonio a Narcissa y las dos gritamos antes de que ella aceptara. Y creo que eso fue un acontecimiento muy importante para que la amistad entre nosotros sea tan fuerte. Claro que tu papá y Lucius aún parecen unos niños que pelean por todo. Y a eso se le suma Sirius, un personaje peor.

James gruñó.

—Y además yo ayudé a Cissa en su embarazo, cuidé de ella y le ayudé al momento de dar a luz. Ella hizo lo mismo conmigo cuando estuve embarazada de ti.

Harry asintió, comprendiendo.

— ¿Pero entonces a ti no te caen bien? —preguntó a James.

—No es eso, Harry. En realidad Narcissa es una mujer encantadora, y cuando he tenido días libres, juego contigo y con Draco al Quidditch y al fútbol muggle.

—Yo le enseñé. —agregó Lily.

—Lucius es otra historia —continuó James—. Es un aristócrata engreído que se cree el dueño del mundo. Pero creo que es más problema de nosotros que de otra cosa. En realidad creo que sin nuestras pullas diarias, todo sería muy aburrido.

—Lo que quiere decir tu padre, Harry, es que en realidad se quieren.

— ¡Jamás!

—Bien, ahora pregúntanos otra cosa, Harry. —dijo Lily riendo ante la actitud ofendida de James.

Harry sonrió.

— ¿Qué pasa con los Weasley? También son sus amigos, y además he visto que visten mejor.

— ¿A qué te refieres? —preguntó James.

—Ellos no tenían muchos recursos… antes. —explicó Harry lo mejor que pudo.

—Bueno, los Prewett y los Weasley no son tan adinerados como los Malfoy--

—O como nosotros. —puntualizó James

—Pero si cuentan con varias propiedades y puestos en el Wizengamot. Así que nunca han pasado necesidades.

— ¿Y la Madriguera?

Lily sonrió.

—Es una casita de campo que tienen para ir cada verano. Es una cosita destartalada pero muy hogareña y a los Weasley les gusta ir allí. Tú y yo hemos ido varias veces cuando James está de misión.

—Y respecto a los Malfoy —continuó James—, Arthur y Lucius hicieron buenas migas desde Hogwarts. Siempre andan molestándose pero son buenos amigos. No entiendo que bicho le picó a Arthur.

—Seguramente uno muy inteligente. —dijo Lily.

Harry sonrió y trató de acordarse de algo más.

— ¿Está todo igual en Hogwarts? Por lo que vi en la carta, Dumbledore y McGonagall siguen allí.

—Sí, son director y subdirectora. Severus es el profesor de pociones, McGonagall de transformaciones, Pomona de herbología--

—Oh Lily, no vas a enumerar a todos los profesores, ¿o sí?

—Si hace falta, sí.

—No, no hace falta mamá. Ya me daré cuenta en Hogwarts. Una cosa, ¿hay alguien nuevo para DCAO?

—Sí, el nuevo profesor estudió en Hogwarts y se fue a Bulgaria a hacer otros estudios sobre Artes Oscuras. Es Tom Sorvolo Ryddle, y ha venido a enseñar DCAO. Cissa me contó que Bella quiere casarse con él, y al parecer ella misma se lo pedirá.

Harry no podía tener la boca más abierta.

— ¿Harry? ¿Qué pasa? —preguntó James con extrañeza.

— ¡Tom Ryddle es Voldemort! ¡Se supone que él no iba a existir! ¡Él es Voldemort y me buscará y me matará! ¡Oh Dios mío, los matará a ustedes también! ¡Se va a hacer con el poder del mundo mágico y va a matar a todos los muggles!

— ¡Harry cálmate!

— ¡Yo le pedí a Mopsus que él no existiera!

— ¡Harry!

— ¡Estará en Hogwarts, mucho más cerca de mí!

— ¡Aguamenti!

Harry se ahogó por el agua que entró en su boca y empezó a toser descontrolado.

— ¿¡James por qué hiciste eso!? —gritó Lily corriendo hacia Harry.

—Porque Harry estaba muy nervioso y no nos escuchaba. Su magia estaba fuera de control —explicó él con calma acercándose también a Harry—. Anapneo —dijo suavemente poniendo la varita en el pecho de Harry.

Harry respiró tranquilo y miró con terror cómo algunos cuadros estaban en el suelo totalmente destrozados. Él estaba muy alejado de la mesa del comedor; no se había dado cuenta en ningún momento de que se había puesto de pie.

— ¿Harry? ¿Estás bien? —preguntó Lily con voz temblorosa.

Harry asintió distraído.

—Harry, cachorro. Entiendo que reacciones así, y de verdad lamentamos hablar tan a la ligera. No lo sabíamos.

—No... yo, yo lo siento. No quise asustarlos.

—Oh mi niño... No te preocupes —Lily besó la frente húmeda de Harry con dulzura, y sin varita, secó a Harry por completo—. Es mejor que tú hables primero sobre todo lo que pasó en el pasado, para que no pase lo mismo de ahora, ¿te parece? Así te comprenderemos mejor.

—Está bien.

—Harry, antes que nada, quiero aclararte la situación de Tom Ryddle.

—James...

—Déjame Lily. Harry debe entender todo antes de que entre en pánico de nuevo.

Lily suspiró y decidió no discutir más. Harry se dejó llevar por sus padres a la misma silla donde había estado sentado antes.

—Harry, Tom Ryddle no es Voldemort. Supongo que lo que hizo Mopsus con tu deseo fue hacer que la entidad Voldemort no existiera —explicó James—. Tom Ryddle no es esa clase de psicópata.

—Pero...

—Lo sé. Sé que es inconcebible para ti, pero tienes que desprender al Tom Ryddle del presente, de Voldemort.

—Pero Tom Ryddle también fue un hombre malo. Él hizo muchas cosas malas.

Lily y James compartieron una mirada.

—Cariño, por lo poco que nos contaste anoche, Lucius Malfoy era un mortífago, ¿no?

—Ajá.

— ¿Y te parece ahora que Lucius, nuestro Lucius haría algo así?

Harry sabía que no. Y no lo entendía, pero estaba seguro que Lucius, el Lucius del Callejón Diagon era un buen tipo.

—No.

—Exacto Harry —dijo James—, lo peor que haría sería ponerme en problemas en mi trabajo y sólo por fastidiarme. Pero él jamás sería parte de un bando como el de Voldemort.

—Bueno, pero...

—Y Tom Ryddle es mucho más amable que Lucius, Harry. —dijo Lily con una sonrisa.

—Así es. Él no es un capullo como lo es Lucius y Quejicus.

—James...

—Lo que quiero que entiendas, Harry, y mucho mejor si es desde ahora, es que Tom Ryddle no tiene nada que ver con ese que conociste. 
Debes separarlo de Voldemort y de ese otro Tom para que no tengas problemas en Hogwarts.

— ¿Entonces me quieren decir que Tom Ryddle es un abuelo de aspecto bonachón igual que Dumbledore y que quiere a todo el mundo?

—Tom no es un abuelo —rio James—. Por mucho, tendrá tres años más que yo. Y es muy amable, sí. Estuvo un tiempo en la escuela de Aurores pero vio que no era lo suyo así que se dedicó a estudiar Artes Oscuras.

Ante la mirada escéptica de Harry, Lily aclaró:

—Pero sólo para poder enseñarlas en Hogwarts y sacarles buen provecho.

Harry se encogió de hombros y miró sus manos. Lily le abrazó, tratando de reconfortarlo.

—Voy a preparar algo rápido para cenar y seguiremos charlando, ¿te parece Harry?

— ¡Sí! —contestó James con entusiasmo.

Lily negó con exasperación y un mechón de cabello se salió de su gorro. James enseguida sonrió bobaliconamente y Lily se apresuró a esconderlo. 

Chapter Text

La mañana del primero de septiembre, Harry despertó sobresaltado por el ruido de una explosión, seguido de un grito de mujer y luego... una carcajada.

Harry entrecerró los ojos con confusión y buscó sus gafas en la mesita de noche a su lado.

Al parecer no había nada que temer, puesto que podía escuchar cómo su madre regañaba a gritos. La carcajada que le acompañaba, le resultó agradablemente familiar.

Con una sonrisa, Harry se puso de pie y bostezó estirando sus brazos mientras se convencía de que valía la pena despertar tan temprano.

Un despertador muggle en su mesita de noche mostraba que en verdad era muy temprano. Las siete de la mañana... Harry tenía que estar en la estación a las nueve.

Harry se encogió de hombros y volvió a bostezar. Salió de su habitación y giró a la derecha para bajar a la cocina. Y antes de que pudiera caminar más, vio a un sonriente Remus Lupin quien acababa de subir las escaleras.

—Buenos días, cachorro.

Harry sintió sus ojos humedecerse antes de salir corriendo a los brazos abiertos de Remus. Lo abrazó apretadamente y sintió un suave beso depositado en su cabeza

—Hola Remus.

— ¿Cómo te sientes para tu primer día en Hogwarts? —preguntó Remus apartándose y mirándole atentamente con una suave sonrisa.

—Estoy muy asustado —confesó Harry—. Pero espero que todo salga bien.

— ¿Qué podría salir mal, Harry? Ya verás qué la pasarás muy bien, harás muchos más amigos y disfrutarás tu estadía allí.

Los ojos marrones de Remus transmitían tranquilidad y confianza. Harry sonrió y observó con cuidado el rostro del hombre.

No había cicatrices, ni arrugas, ni ojeras. Remus había sido atractivo a pesar de todo, pero ahora, con el semblante sano y lleno de vida, se veía mucho mejor.

Remus levantó una ceja.

—De seguro tengo algo en la cara. Sirius también me ha observado mucho esta mañana al despertar.

Harry sonrió y sujetó una mano de Remus para empezar a caminar.

—Yo creo que él lo hizo por un motivo distinto.

Remus sonrió con picardía.

— ¿Ah sí?

Harry, con su mano libre, se cubrió una oreja y negó rápidamente con la cabeza.

—Pero no quiero saberlo. No, no, no.

Remus rio a carcajadas y siguió bajando las escaleras.

— ¿Dónde está mi ahijado favorito? —rugió una voz que hizo que el pecho de Harry se apretara. 

—Por lo que sé, Harry es el único ahijado que tienes. —dijo Lily desde la cocina donde miraba atentamente al horno.

—Ya lo sé, mujer. Hoy tienes un genio que ni tú misma te aguantas. —dijo Sirius saliendo a la vista y abriendo los brazos instantáneamente al ver a Harry.

Harry no perdió tiempo para ir a su encuentro y abrazarlo fuertemente.

—Eso es porque está nerviosa. Hoy Harry por fin abre sus alas y vuela y nos deja solos. —explicó James quien irónicamente se veía nervioso mientras escondía algo en una bolsa de viaje.

—Oh sí... Y tú estarás muy tranquilo entonces. —bufó Lily comprobando la hora con su varita.

Harry sólo estaba consciente del reconfortante calor que sentía en ese abrazo con Sirius.

— ¿Cómo estás, cachorro? —dijo Sirius contra su hombro.

—Bien. Aunque es muy temprano para estar despierto. —se quejó separándose de su padrino y sonriendo angelicalmente.

— ¡Dímelo a mí! —exclamó Sirius con gesto sufrido— Se supone que es a las nueve que sale el tren. Se supone que a esta hora Remus y yo teníamos que estar--

— ¡Sirius Orión Black te callas ahora mismo la boca! —dijo Lily en voz alta sin apartar la mirada del horno.

Harry se cubrió los ojos y se alejó de Sirius mientras este reía a carcajadas.

Remus estaba sentado en el comedor leyendo el Profeta con un leve sonrojo en sus mejillas.

—Harry, cariño. Ve a bañarte. —dijo Lily poniéndose de pie y sacando una bandeja con pastelitos verdes, rojos, amarillos y azules.

—Oh Lily, dame un pastelito rojo. No he comido nada. —dijo Sirius entrando a la cocina y mirando con avidez a los pastelitos.

—Estos son para Harry y para todos los amigos que haga en el tren. Harry, recuerda darle uno verde a Draco, otro a Pansy y uno rojo a Ron. El resto puedes darlos a quien quieras.

— ¿Pansy? —preguntó Harry con extrañeza.

—Sí, tu novia Harry. —dijo Remus pellizcándole la nariz.

Sirius frunció el ceño y James puso los ojos en blanco. Lily en cambio sonrió encantada.

—Mamá...

—Es una broma, Harry —rio—. Aunque esa niña es un ángel y me agrada demasiado, tú eres muy chico para esas cosas. Ahora ve a bañarte y vestirte.

—Pero tengo sueño, mamá.

—Es muy temprano, Lily. —intentó mediar James y Sirius asintió mientras lograba robar un pastelito.

Lily los fulminó con la mirada y sin previo aviso, Remus cargó a Harry en sus brazos y subió con él nuevamente las escaleras.

Harry pataleó y chilló alegando que no era justo bañarse a esa hora pero Remus hizo oídos sordos. 

   


   

Lily y Remus aterrizaron elegantemente en el pavimento de la estación King's Cross donde otros magos y brujas junto con sus hijos, esperaban a que abrieran las puertas del tren a Hogwarts.

En cambio, Harry, Sirius y James no tuvieron tanta suerte. Ambos grupos habían partido desde casa por medio de dos Trasladores. Harry había querido ir con Sirius, y él y su padre no supieron ver la malicia en las sonrisas de Lily y Remus.

Ahora lo entendía; de rodillas en el suelo y con la cara roja y caliente por la vergüenza, vio cómo su padre intentaba ponerse de pie y Sirius seguía tendido en el suelo con gesto de profundo sufrimiento. Claro que estaba fingiendo para que Remus se compadeciera y fuera por él.

Harry se puso de pie con ayuda de James y vio cómo algunos de los presentes les miraban con diversión. Lily intentaba contener la risa y Remus sonreía abiertamente.

A lo lejos pudo ver a los Malfoy: Lucius y Draco reían a carcajadas y Narcissa los miraba con preocupación y diversión al mismo tiempo.

— ¡Mamá! —Harry dio media vuelta y miró a su madre con toda la indignación que pudo— ¿Por qué me hiciste esto?

Lily dejó de reír y se acercó a Harry y le dio un beso en la frente.

—Oh mi niño, era una pequeña broma para tu padre y Sirius. No quise que tú estuvieras involucrado pero como insististe en venir con ellos, no pude arriesgarme a que ellos lo descubrieran.

Remus al parecer no había resistido la carita de Sirius y había ido a por él, ayudándole a pararse.

—Todo Hogwarts me conocerá ahora como "El Niño que se cayó en la estación King's Cross" —bufó Harry haciendo un puchero. Hedwig le miró desde su jaula y ululó suavemente.

Lily sonrió y besó nuevamente a Harry.

—Ya sé que me perdonarás. Me quieres mucho, ¿no? Después de todo soy tu mamá.

Harry intentó no sonreír pero fracasó.

— ¡No es justo mamá!

Lily le sujetó la cara y le besó repetidamente en ambas mejillas haciendo reír a Harry.

— ¿Ya me perdonaste?

—No.

—Ah qué pena... ¿A quién le doy una Nimbus 2001?

Harry abrió mucho los ojos.

—A mí. Dámela a mí para poder mostrársela a Draco para que se muera de envidia.

Lily rio y James sé acercó a ellos.

—Esta me la pagas, Lily. No tendré compasión.

—Lo hice por la bromita de esta mañana, cariño. De verdad no querrías hacerle algo a tu esposa, ¿eh?

James suspiró y negó con la cabeza. Remus y Sirius se reunieron con ellos y empezaron una alegre charla. Harry observaba todo a su alrededor minuciosamente, en busca de alguien familiar.

Pudo ver a Neville a lo lejos junto a un hombre alto y de cabello castaño y una mujer con cabello negro y corto.

Ron estaba discutiendo con los gemelos y Molly Weasley trataba de controlarlos mientras Percy hablaba sin parar con Arthur.

Los Malfoy seguían en el mismo sitio de antes; Draco estaba diciéndole algo al oído a su madre y Lucius ya no estaba allí.

Vio a Seamus saludar tímidamente a Lavender, y más atrás a un sonriente Dean Thomas junto a un hombre con bigote.

Había muchos más niños, y jóvenes allí. Todos lucían ansiosos y alegres.

—Pero que espectáculo más bochornoso tienes que hacer para hacerte notar, Potter.

Harry se sobresaltó y dio vuelta para ver cómo Lucius miraba con burla a su padre. Sirius parecía querer morder a alguien.

—No me sorprende —continuó—. Tú y el pulgoso de Black siempre queriendo llamar la atención.

—Cállate, rubia barata. —siseó Sirius y James le secundó con una carcajada.

Lucius pareció indignado y Remus puso los ojos en blanco.

—Parece que ustedes nunca van a madurar.

—Espero no te refieras a mí, Remus. —dijo Lucius torciendo levemente los labios y enganchando un brazo con el de Remus. Sirius parecía echar humo por las orejas y Lily reía a carcajadas.

— ¡Que lo sueltes Malfoy! O te juro que --

— ¿Qué, Black? No puedes hacer nada en frente de todos esos niños.

—No me tientes.

—Ah, por favor ya basta todos ustedes. El tren pronto abrirá y no quiero desperdiciar mi tiempo con peleas infantiles —dijo Lily—. Hoy es un gran día para Harry.

—Y para Draco. —agregó Lucius

—Exacto. Así que compórtense.

Remus se soltó suavemente del agarre de Lucius, recibiendo una sonrisa coqueta a cambio. Sirius y James quisieron reclamar pero Lily los calló con la mirada.

—Voy a despedir a mi hijo —anunció Lucius apoyando el bastón en el suelo, luego se inclinó a la altura de Harry y sonrió—. Espero que disfrutes mucho este primer año en Hogwarts, Harry.

—No te acerques a mi hijo, Malfoy.

— ¡James cállate!

Lucius los ignoró y sacó un pequeño paquete de su bolsillo.

—Le he dado uno de estos a Draco también. Estoy seguro de que quedarás en Slytherin y --

—Jamás, óyeme bien, jamás un Potter irá a Slytherin. —dijo James.

—Mi ahijado tiene todo lo que se necesita para ser un Gryffindor. —siguió Sirius.

Lucius volvió a ignorarlos y tendió el paquete marrón a Harry.

—Úsalo cuando quieras saber más cosas sobre Slytherin. —Lucius guiñó un ojo y apretó cálidamente un hombro de Harry.

—Gracias, señor Malfoy. —Harry sonrió y le vio irse.

— ¿Qué te dio, Harry? —preguntó James tratando de quitarle el paquete. Harry no se lo permitió y Lily le dio un zape a su esposo.

— ¡Ya abrieron las puertas! Harry, ¿tienes todo en tus maletas?

—Si mamá. —respondió Harry nervioso, guardando el paquete y alcanzando la jaula con Hedwig.

James movió su varita y el equipaje de Harry desapareció. Luego los cinco se acercaron al tren y Harry entró detrás de varios niños con pasos temblorosos.

— ¡Harry! No olvides escribirme a diario, ¿eh? Cuéntame todo lo que te pase. —gritó Lily.

—Si mamá.

—Eres un Gryffindor, Harry. No lo olvides —gritó James esquivando un golpe de Lily—. No olvides también que Peeves disfruta mucho hacer bromas a los de primer año.

Harry iba avanzado por el pasillo del tren, sin perder de vista a su familia por la ventana.

—No te dejes atrapar por Filch y la señora Norris —gritó Sirius—. Utiliza lo que te di esta mañana.

— ¿Qué le diste esta mañana? —chilló Lily.

—Harry, pórtate bien y haz muchos amigos. —dijo Remus sin necesidad de gritar. Su profunda voz se escuchaba perfectamente sobre el bullicio.

Harry sacudió su mano despidiéndose de su familia; Lily estaba llorando y James la abrazaba y miraba a su hijo con orgullo. Sirius levantaba sus pulgares y Remus sonreía. Harry se sintió profundamente feliz; a pesar de que dejaba atrás una gran familia, sabía que en vacaciones y al final del año, tendría un hogar lleno de amor al cual volver.

De repente una necesidad de abrazarles y despedirse una última vez, lo abrumó.

Miró a ambos lados localizando a Ron cerca suyo, así que dejó a Hedwig allí confiando en que su amigo la cuidaría y corrió nuevamente hacia la puerta para salir a la plataforma y lanzarse a los brazos de Lily.

—Oh Harry... Te extrañaré mucho mi pequeño. Te amo, lo sabes. Escríbeme siempre que puedas y no te olvides de mí.

—Nunca mamá.

Lily lo besó una última vez y fue el turno de James.

—Cuídate mucho, cachorro. En la maleta pequeña he dejado algo para ti que puede servirte de mucho.

— ¿La Capa? —preguntó Harry.

James sonrió y guiñó un ojo.

—Sí. Estoy seguro de que le sacarás provecho. Escríbenos e intenta sacar muchos puntos para Gryffindor.

Harry asintió.

—Respecto a lo otro... Cuando tengas alguna duda sobre lo que suceda a tu alrededor, no dudes en preguntarnos. Te amamos Harry.

James besó la cabeza de Harry y se incorporó. El tren silbó fuertemente anunciando su salida. Sirius se apresuró a abrazarlo, seguido por Remus.

Harry volvió al tren sin dejar de ondear su mano para despedirse.

 


 

Harry y Ron buscaban sin mucho éxito un compartimiento vacío cuando la cabeza rubia de Draco se asomó por uno de ellos.

— ¿Dónde estaban? ¡Vamos! He conseguido este compartimiento para nosotros solos.

Los chicos entraron y más demoró Harry en dejar la jaula con su lechuza en el suelo, que en ser arrojado hacia atrás por un peso asfixiante.

— ¡Harry Pooh! —gritó una voz chillona junto a su oído, amenazando con dejarle sordo— ¡Oh, te he extrañado mucho, Harry!

— ¡Deja de ser empalagosa, Pansy! —siseó Draco apartando a la niña del cuerpo de Harry— ¡Eres peor que una sanguijuela!

—Pues es mí problema, Draco —dijo ella con altivez, luego miró a Harry y sonrió. Sus oscuros ojos chispeaban con alegría—. ¿Me extrañaste, Harry?

—Eh... Hola, Pansy.

Ron rio desde su asiento y Draco torció el gesto con burla.

Hola Pansy dices —dijo ella con voz pausada y peligrosa—. Nada de "te extrañé mucho, Pans" o "mira que has crecido, dulzura. Eres toda una princesa"

Draco rio y Harry se sintió incómodo.

—No te preocupes, Pansy. Ha estado raro desde que fuimos al Callejón Diagon. Seguramente se ha dado un buen golpe en la cabeza y ha quedado tonto.

Ron intentó patear a Draco, pero este le esquivó fácilmente. Harry suspiró y se sentó lo más lejos que pudo de Draco.

Qué chico más molesto...

—Pansy... lo siento, es que me has sorprendido. No pensé que estuvieras aquí

— ¿Y dónde más estaría, tonto? —preguntó ella haciendo un mohín y sentándose a su lado.

—Bueno, ya lo sé. Es que me asustaste abrazándome así.

—Vale. —dijo ella y pronto empezó a hablar sobre su viaje a Francia y sobre todo lo que había comprado. También habló sobre los regalos que había traído y Ron se sonrojó cuando ella dijo haberle traído un abrigo de lana.

—No debiste...

—Claro que sí, eres amigo de mis amigos así que es como sí lo fueras para mí —dijo ella sosteniendo la mano de Harry—. ¿O acaso no quieres ser mi amigo?

— ¡Claro que sí! —dijo el pelirrojo.

La puerta del compartimiento se abrió y una niña con cabello castaño muy alborotado apareció con una tímida sonrisa.

Harry tuvo que contenerse para no levantarse y abrazar a Hermione. Más bien sonrió y la miró atentamente.

— ¿Y tú quién eres? —preguntó Pansy.

—Hola, soy Hermione Granger y he estado saludando a todos los de primer año. Mamá dijo que así podría hacer más amigos.

—Eso es muy tonto. —dijo Draco.

—Draco. —dijo Harry con voz amenazadora.

Draco pareció sorprendido pero rápidamente miró por la ventana.

—Hola Hermione —saludó Harry—. Yo soy Harry, Harry Potter. Él es Ron Weasley —dijo señalando emocionado a Ron—. Ella es Pansy Parkinson y el de allí es Draco Malfoy.

¿El de allí? —dijo Draco con indignación. Pansy rio y Ron miraba a Hermione con una sonrisa— Déjame decirte, Hermione, que yo soy el mejor amigo de Harry.

—No es cierto, yo soy su mejor amigo. —dijo Ron alzando el mentón.

Hermione sonrió más y se adentró en el compartimiento. Se sentó a un lado de Ron y balanceó sus piernas.

— ¿Puedo ser su amiga también? —preguntó ella mirando a todos.

— ¿De dónde vienes? —preguntó Pansy

— ¿Qué importa eso? —preguntó Harry soltando la mano de la chica.

—Oh —dijo Hermione con un pequeño sonrojo—. Yo soy hija de muggles, mis padres son dentistas. Pronto cumpliré doce años.

— ¿Dentistas? ¿Qué es eso? —preguntó Draco.

—Son doctores de los dientes. —dijo Ron con tono sabihondo.

— ¡Exacto! ¿Tú también eres hijo de muggles? —preguntó Hermione con ilusión.

—No, soy sangre pura. Pero papá nos cuenta muchas cosas sobre los muggles. —dijo Ron.

—Se ve que ser dentista es interesante —dijo Pansy sonriendo a Hermione—. Puedes ser mi amiga. Si vas a Slytherin podremos compartir nuestras revistas y túnicas de gala, para que juguemos en las noches al dragón y la princesa.

— ¡Sí! —dijo Hermione con una sonrisa brillante.

—También eres mi amiga. —dijo Ron rascándose la nuca.

—Gracias. —dijo ella sonriendo aún más.

—Y también para Draco y para mí —dijo Harry—. ¿Draco?

—Claro. —dijo él sonriendo débilmente.

—Genial. —dijo Hermione.

Pronto los cinco niños se embarcaron en una conversación sobre lo emocionados que estaban por su primer año y todo lo que querían ver. Mientras tanto, compartían los deliciosos pastelitos que Lily Potter había preparado. 

Chapter Text

Harry caminaba en medio del tumulto tratando de no enredarse con sus propios pies mientras iba de la mano con Pansy y Draco. Al parecer, este año Hogwarts recibiría a muchos niños para su primer año. Niños muy revoltosos. McGonagall gritaba órdenes pero todos reían y hablaban en voz alta haciendo infructuosos los intentos de la profesora por poner orden.

— ¿Dónde están los demás? —gritó Pansy al momento que lloriqueaba porque alguien le había empujado.

Harry miró por encima de su hombro y pudo ver a Ron llevando de la mano a Hermione y muy cerca suyo a Vincent y Greg. Los dos chicos se habían reunido con Harry y sus amigos en el tren, asombrando a Harry por la notable cordialidad con que le trataron.

—Esa vieja gruñona debería lanzar un Silencio para que todos se callaran. —espetó Draco con indignación empujando con el hombro a otro niño cerca suyo.

—Draco no empujes a nadie y fíjate por dónde caminas. —regañó Harry

—Si mamá. —Draco rodó los ojos.

Y en realidad así parecía. Draco era un chiquillo insoportable cuando estaba rodeado de desconocidos. Había tratado en varias ocasiones lanzar hechizos zancadillas a otros niños y niñas, y Harry tenía que estar al pendiente de que se estuviera quieto.

Por eso ahora iba él con Draco y Pansy de la mano. Pansy se le había pegado al instante en que desembarcaron de las barcas que conducía Hagrid, y Draco intentó escaparse con Vincent y Greg para hacer sus fechorías pero Harry fue más rápido y lo tomó del brazo dándole la regañiña del siglo y obligándole a comportarse.

Pansy y Hermione se habían reído y Ron había simulado el cacareo de una gallina. Draco sin embargo no opuso resistencia y miró a Harry con adoración y se sujetó a él con fuerza en la inmediata marea de cuerpos que se estrujaban por llegar primero al castillo.

¡Sonorus! —gritó McGonagall desde su sitio— Muy bien, todos ustedes silencio ahora mismo —dijo, su voz retumbando en las paredes de piedra—. Daré las instrucciones para la ceremonia de Selección y no las repetiré.

Todos los niños dejaron de hablar y con sus rostros asustados, prestaron toda su atención a la anciana bruja.

—Vamos a hacer dos filas, una para niñas y otra para niños, y vamos a entrar en orden. No queremos que los de años superiores piensen que ustedes son unos niños malcriados y bulliciosos, ¿no?

Todos negaron con la cabeza.

—Muy bien. Así que en orden y silencio, pasaremos por el Gran Comedor y yo subiré al estrado donde está el Sombrero Seleccionador. ¿Aún hay alguien que no sepa de él?

Nadie levantó la mano o dijo algo y Harry se preguntó si todos allí sabían lo básico sobre Hogwarts.

—Yo llamaré a lista, y a la persona que llame, saldrá con cuidado de su fila e irá caminando tranquilamente al estrado donde estará la silla. Yo les ayudaré con el Sombrero y el resto ya lo saben. Los demás niños se quedarán en silencio excepto cuando se llegue el momento de aplaudir, ¿entendido? No quiero que nadie se burle por la elección del Sombrero para cada quien.

Los niños asistieron solemnemente y Harry dio una mirada de reojo a Draco. McGonagall miró a todos los futuros estudiantes de Hogwarts y luego suspiró.

—Bueno, ahora creo que puedo darles la bienvenida correctamente... Bienvenidos a Hogwarts —dijo ella con un tono más cálido y amistoso—. El banquete de comienzo de año se celebrará dentro de poco, pero antes de que ocupen sus lugares en el Gran Comedor deberán ser seleccionados para sus casas. La Selección es una ceremonia muy importante porque, mientras estén aquí, sus casas serán como su familia en Hogwarts. Tendrán clases con el resto de la casa que les toque, dormirán en los dormitorios de sus casas y pasarán el tiempo libre en la sala común de la casa.

»Las cuatro casas se llaman Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin. Cada casa tiene su propia noble historia y cada una ha producido notables brujas y magos. Mientras estén en Hogwarts, sus triunfos conseguirán que las casas ganen puntos, mientras que cualquier infracción de las reglas hará que los pierdan. Al finalizar el año, la casa que obtenga más puntos será premiada con la copa de la casa, un gran honor. Espero que todos ustedes sean un orgullo para la casa que les toque.

»La Ceremonia de Selección tendrá lugar dentro de pocos minutos, frente al resto del colegio. Así que, cómo les dije anteriormente, pórtense bien y hagan que los demás estudiantes de Hogwarts piensen que son los mejores primeros años que ha tenido el colegio.

La profesora guiñó un ojo y Harry pudo estar seguro que cada niño allí -incluyéndolo- estaba ansioso y emocionado por demostrar que en verdad serían los mejores primeros años.

—Yo creo que ya podemos entrar; seguramente el director Albus Dumbledore ya ha preparado a los demás estudiantes para su entrada. ¿Por qué no estoy viendo las dos filas que pedí al principio? —preguntó con voz pausada y peligrosamente suave.

Todos se sobresaltaron y empezaron a moverse. Pansy se desprendió de Harry y buscó a Hermione con la mirada. Las dos niñas se reunieron y formaron fila con las demás. Harry y Draco se unieron a la fila de los chicos entre disimulados empujones para que McGonagall no se diera cuenta del desorden.

— ¡Harry! Déjame estar delante de ti. —pidió Ron mirando por dónde meterse.

—Pues ve a la cola —dijo Draco—, nosotros llegamos primero.

Harry suspiró fastidiado y dio un paso hacia atrás para que Ron se hiciera delante de él. Draco suprimió una queja y alzó el mentón con expresión ofendida.

 


 

Estás en buenas manos (aunque yo no las tenga).

Porque soy el Sombrero Pensante.

 

La canción del Sombrero terminó y unos débiles cuchicheos se dejaron oír por todo el Gran Comedor.

—De seguro que quedaremos en Gryffindor, Harry —dijo Ron en un susurro—. Allí podremos hacer muchas cosas, y seguramente los gemelos nos enseñaran a hacer bromas.

Harry asintió sonriendo y Draco le dio un suave empujón.

— ¿Qué? —preguntó.

—Tienes que ir a Slytherin conmigo, Harry.

—Es lo que escoja el Sombrero, Draco. Además, mi familia toda es de Gryffindor

— ¿Y?

—Obviamente iré a Gryffindor.

—Pues yo no quiero. Irás a Slytherin conmigo.

Harry decidió no seguir discutiendo. Hannah, Susan y Justin habían sido sorteados para Hufflepuff. Terry Boot en la mesa de Ravenclaw recibía calurosos aplausos.

Millicent Bulstrode fue la primera seleccionada para Slytherin; sus compañeros la recibieron con débiles aplausos.

— ¡Granger, Hermione! —llamó McGonagall.

Hermione, visiblemente nerviosa, salió de la fila y se adelantó para sentarse en la pequeña silla. 

Pareció una eternidad cuando al fin el sombrero gritó "¡Ravenclaw!" Y Harry casi caía al suelo por la impresión.

— ¿Qué? —Harry no daba crédito a lo que estaba pasando. Él confiaba en que Hermione, Ron y él estarían juntos de nuevo en Gryffindor... Y quizás, con un poco de suerte, Draco también estaría con ellos.

—Se sabía —dijo Ron con voz aburrida—. Ya sabes, estuvo contándonos en el tren, todo lo que había leído en "Historia de la Magia".

—Pero...

—Ya, yo también quería que estuviera en Gryffindor. Pero podemos hablar con ella en los pasillos, ¿no? Y en algunas clases...

Ron se sonrojó un poco y dejó de hablar sin notar la expresión atónita de Harry.

— ¡Longbottom, Neville!

Harry dejó de prestar atención y empezó a pensar en todas las posibilidades de que no le seleccionaran en Gryffindor. Su padre y Sirius de seguro estarían decepcionados.

Harry no se imaginaba en Ravenclaw o Hufflepuff. Y definitivamente no quería ser Slytherin pero viendo que las cosas no se estaban dando con normalidad últimamente, lo único que le quedaba, era esperar.

— ¡Malfoy, Draco!

Draco salió de la fila y sonrió nerviosamente a Harry y Ron. Harry tuvo el detalle de palmearle amistosamente la espalda.

Como era de esperar, el sombrero no demoró en mandar a Draco para Slytherin. La mesa de las serpientes aplaudieron con más entusiasmo y Draco sonrió brillantemente, sentándose entre Vincent y Greg.

Muchos más niños fueron pasando y Harry sentía en su estómago el molesto cosquilleo por el nerviosismo.

Pansy fue a Slytherin, Dean a Gryffindor, las gemelas Patil fueron a Gryffindor y Ravenclaw y llegó el turno de Harry.

— ¡Potter, Harry!

A diferencia de esa vez -tan lejana ya-, Harry no escuchó ahora murmullos o preguntas sobre su identidad. Eso en parte lo tranquilizó un poco y le dio el valor para salir de la fila y dirigirse al estrado. Escuchó cómo Ron trataba de darle ánimos con un ruido parecido a un gruñido, seguramente simulando a un león. Harry sonrió y avanzó.

Lo último que Harry vio, antes de que el sombrero le tapara los ojos, fue a Draco mirándole fijamente desde su mesa de Slytherin. Al momento siguiente, miraba el oscuro interior del sombrero. Esperó.

—Mm —dijo una vocecita en su oreja—. Harry Potter. Siento algo tan extraño contigo, muchacho. Pero tu futura casa la veo con claridad. Oh, sí... Estarás muy bien allí.

"Quiero ir a Gryffindor, por favor" dijo Harry mentalmente esperando que el Sombrero accediera.

— ¿Gryffindor? Oh, ciertamente tienes muchas cualidades para ser un Gryffindor, sí. Pero en Slytherin encontrarías la forma de ser un mago muy habilidoso, ¿no crees? La noble casa de Salazar Slytherin ha producido unos magos excepcionales.

En un arranque de temor -y estupidez, como pudo comprobar más tarde- Harry imploró: "No, allí no. Quiero ser Gryffindor y estar con mis amigos. En Slytherin hay Magos oscuros".

El Sombrero rio -¿podía un sombrero reírse?- y dijo con voz alegre:

—No he escuchado de magos oscuros en años, muchacho. Y puedo asegurarte, que si hay algún mago oscuro en esta época, podría ser de cualquier casa. Ambición. Astucia. Determinación. Ingenio. Auto-preservación. Esas, muchacho, son cualidades que bien aprovechadas, llevarán a cualquier mago o bruja, a ser alguien... ¡Grande!

Harry comprendió entonces que esa era otra cosa que iba a cambiar, otra cosa a la que tenía que acostumbrarse y no dar marcha atrás. Hundió los hombros imperceptiblemente y el sombrero rugió "Slytherin".

McGonagall retiró el sombrero de la cabeza de Harry.

Ron le miró como si le compadeciera y Draco, cuando Harry se sentó en la que sería su mesa de ahora en adelante, le sonrió cálidamente y Harry pensó que al menos había valido la pena ser un Slytherin. 

Chapter Text

La Sala Común de Slytherin tenía varios sofás cómodos y espaciosos que combinaban elegantemente con los colores verde y plateado que decoraban el resto de la sala.

Los estudiantes de años superiores entraron con confianza y se acomodaron en cojines, sofás y sillones, al parecer esperando por algo. Los de primer año iban muy juntos y mirando todo con cautela mientras eran dirigidos por Snape, el jefe de Slytherin, y el profesor Ryddle quien charlaba alegremente con los prefectos y algunos niños cerca suyo.

—Seremos envidiados por todo el colegio si se enteran de que tenemos la mejor Sala Común de Hogwarts. —dijo Draco susurrando al oído de Harry.

Y sí, Harry tenía que darle la razón. En realidad esa sala era muy espaciosa y cómoda, además de que todo se veía decorado con buen gusto.

Snape los condujo al centro de la sala y los hizo sentar en pequeños y mullidos cojines verdes.

—Buenas noches —saludó él haciendo que todo Slytherin quedara en silencio—. Estaba pensando en hablarles un poco sobre este nuevo año escolar que comienza y sobre el nuevo profesor para Defensa contra las artes oscuras, Tom Ryddle…

El mencionado inclinó la cabeza y sonrió encantadoramente. Pansy suspiró con anhelo a un lado de Harry.

—Pero como ya es tarde, y quiero que mañana todos ustedes empiecen con buen pie sus respectivas clases, he decidido que ya es hora de ir a la cama y que el profesor Ryddle se encargará de presentarse él mismo cuando se reúna con cada grupo. Así que pueden retirarse ahora mismo. Menos los de primer año.

Hubo un leve revuelo mientras los demás se ponían de pie y se despedían para bajar a sus habitaciones.

Snape y Ryddle hablaban entre ellos mientras los más pequeños esperaban impacientes pues el sueño ya estaba haciendo mella en el ambiente.

— ¿Qué creen que nos tienen que decir? —preguntó Greg bostezando.

—No lo sé, pero espero que no se demoren mucho —dijo Vincent bostezando también—. Mi madre dice que las camas de Slytherin son las más suavecitas y que puedes tener una habitación para ti solo.

—Eso no es cierto —dijo Draco—. Son habitaciones para dos. Harry y yo iremos a la misma.

— ¿Y si yo no quiero ir contigo? —preguntó Harry con ganas de enojarle.

Draco pareció herido y Pansy soltó una risita.

—Puedes ir a dormir conmigo, Harry-Pooh.

—Eres tonta Pansy —dijo Greg con severidad—. Las chicas duermen con chicas, y los chicos con chicos.

Vincent y Draco asintieron vigorosamente y Harry sonrió.

—Entonces dormiré con Vincent. Greg puede dormir con Draco. —dijo él.

La cara de Draco enrojeció y Harry se aplaudió mentalmente.

— ¿Por qué no quieres dormir conmigo? —exigió en voz alta— Lo hemos hecho desde siempre, Harry, cuando ibas a pasar la noche en mi casa.

—Pues si él no quiere dormir contigo ahora, por algo será, ¿no? —dijo Pansy— No lo molestes

—Quiero que me diga por qué no quiere dormir conmigo. Es mi mejor amigo y él tiene que dormir conmigo.

—Supongo que él prefiere dormir con Weasley en Gryffindor. —dijo Greg mirando a Harry fijamente. Una mirada muy penetrante e inteligente para su infantil y redondo rostro.

Harry se sonrojó. Ya era hora de parar la broma.

—Eso no es cierto. Ron es Gryffindor y yo Slytherin así que es una tontería pensar que podamos compartir habitación.

Harry miró a Draco pero este retiró la mirada ofendido.

—Draco, estaba bromeando. Es obvio que quiero ir a dormir contigo. —dijo Harry tratando de abrazarlo sin éxito. Se había pasado de la raya.

—Niños —dijo el profesor Ryddle, llamando la atención—, debo pedirles un poco de paciencia pues estamos esperando a un compañero que viene de Italia y no pudo llegar a tiempo para la Selección. Mientras tanto, podemos conocernos un poco, ¿no?

El profesor volvió a sonreír y las niñas suspiraron. Pansy se sonrojó y pestañeó rápidamente ganándose un guiño del profesor. Draco, aún moviéndose en medio de los brazos de Harry, se burló de ella.

—Así que tenemos unos magos y brujas muy prometedores para nuestra casa, ¿no, Severus? De verdad que estoy muy complacido por ver a los mejores en Slytherin.

—Sí, tengo que decir que en estos últimos años, Slytherin ha contado con los mejores hechiceros de Hogwarts. Espero —dijo fijando la mirada en los niños— que ustedes sepan aprovechar su tiempo aquí.

Ryddle asintió y posó una mano en el hombro de Snape.

—Y que también, junto con sus compañeros de casa, hagan de esta, la ganadora de la Copa de las Casas. Sería estupendo ver a Slytherin nuevamente con ese título, y quiero que en mi primer año como profesor, se logre este objetivo para poder hacer entender a mi querido Albus, que Gryffindor no es la única casa de Hogwarts.

Varios niños asintieron y vitorearon. Draco cedió un poco y compartió una sonrisa con Harry, luego recordó lo que pasó y volvió a cruzarse de brazos haciendo que Harry riera divertido.

— ¿Cuento con ustedes? —Ryddle se inclinó y sonrió amablemente.

Todos asintieron y Pansy no pudo aguantar más y compartiendo una mirada con Daphne y Millicent, se puso de pie y se acercó con timidez al sonriente profesor, con la excusa de preguntarle algo sobre los dormitorios. Daphne y Millie estaban allí también, soltando risitas y haciendo que Snape bufara con fastidio. Pero era algo muy diferente a cómo recordaba Harry al pocionista. Severus Snape ahora no vestía de negro solamente, ni dirigía a todo el que se atravesara miradas burlescas o muecas desagradables.

Vistiendo con una túnica gris oscura con los bordes hilados de verde, Snape parecía ser alguien muy distinto ahora. Su pelo lo llevaba arreglado y su forma de interactuar con los demás, hacían que Harry lo viera como alguien más tratable y simpático. Bueno, eso y que su madre le había dicho la noche anterior que el profesor era un buen amigo de Lily y que solía cargar en brazos a Harry en sus primeros años de vida.

Pero ahora no estaba en su más alta estima, según Lily. Porque alguna vez Harry hizo un estropicio total en su laboratorio personal por culpa de su magia accidental, provocando que Snape le tildara de alborotador al igual que a James y Sirius.

Todo lo que se permitía el profesor con Harry en la actualidad, era una leve inclinación de cabeza, una mirada de alerta por si hacía alguna otra travesura y llamarle por su primer nombre. Aunque Harry podía notar que Snape le observaba con más "cariño" que a cualquiera de sus alumnos. Y a Draco también, pues era su ahijado.

Harry bostezó y recostó su cabeza en el hombro de Draco -al cual aún tenía abrazado-, y cerró los ojos por un momento tratando de idealizar la deliciosa cama que le esperaba. Segundos después sintió cómo Draco reposaba su cabeza en la suya propia y sonrió.

— ¿Ya no estás enojado?

—Tengo sueño y resulta que tú me tienes prisionero, así que tengo que conformarme con lo que hay. —dijo Draco tratando de que su voz sonara indignada.

Harry sonrió nuevamente y decidió dormirse un poquito. De todas maneras alguien tendría que despertarle después, así que mejor dormía un poco mientras esperaban al misterioso compañero de Italia.

Pero no duró mucho, pues pronto un siseo de serpiente muy fuerte se dejó escuchar en toda la sala, y luego McGonagall acompañada de un niño de tez oscura con mirada calculadora estuvieron dentro.

— ¡Ah! Hemos estado esperando por ustedes. —dijo Ryddle adelantándose y llevando a Pansy de la mano.

McGonagall sonrió y palmeó levemente el hombro de Ryddle.

—Niños, Severus, Tom... Les presento a un nuevo compañero que hace un rato ha sido seleccionado por el Sombrero para la casa Slytherin. Él es Blaise Zabini y no ha podido llegar antes porque ha venido directamente de Italia y su viaje ha tenido ligeros percances. Espero que le den la bienvenida que merece y que se hagan amigos como debe ser.

Harry al fin reconoció a Blaise Zabini y Pansy se separó del profesor, tendiendo su mano tímidamente al chico. Este la aceptó, besando el dorso de su mano y haciendo que todas las demás niñas se acercaran a él y le saludaran con entusiasmo. Contrario a los niños, que viendo la infantil galantería del italiano, empezaron a buscar cualquier defecto para burlarse de él. Pero Blaise Zabini parecía no tenerlos, así que se rindieron y se pusieron de pie para ir a saludarlo.

Harry no se había molestado por el hecho de que Zabini parecía atraer a todas las niñas. Más bien le miraba con curiosidad, notando que parecía no vestir como por ejemplo lo hacía Draco. Había pensado que eran de las mismas clases sociales, pero de cierta forma, Zabini lucía desamparado.

— ¿Y tú qué le ves? —preguntó Draco a su lado.

—Pues está celoso porque Pansy le está sonriendo mucho al chico nuevo. —dijo Vincent con simpleza.

— ¿Eh? ¡No! —dijo Harry— No estoy celoso.

— ¿Y entonces? ¿Quieres ser su amigo también? —preguntó Draco mirándole ansiosamente.

—Oh Draco, ¿qué problema hay con ello? Quiero hacer amigos.

—Pero es que tú eres mi mejor amigo.

—Exacto —dijo Harry conmovido—. Tú y yo somos mejores amigos, pero Vincent y Greg son nuestros amigos, Pansy es nuestra amiga lo mismo que Ron y Hermione. Esa es la diferencia.

— ¿Y quieres que Zabini sea nuestro amigo? —preguntó Greg.

Harry podía pensar que los demás lo creían una especie de líder en el pequeño grupo de amigos. Incluso Draco parecía esperar a que él dijera algo.

—Bueno, si él quiere, será mi amigo. Y ustedes tienen que hacerlo de su parte.

—Pues háblale de nosotros —dijo Vincent—. Dile que seremos sus amigos.

— ¡No soy la mamá de ustedes!

Draco rio.

—Pues tienes cara.

Harry decidió no seguir con la discusión y se adelantó para saludar al moreno. Cuando llegó su turno, ofreció su mano amablemente y sonrió.

—Soy Harry Potter. Mucho gusto.

Zabini sonrió también y le miró atentamente.

—Yo Blaise. Sólo Blaise.

—Pues te llamaremos Zabini. —dijo Draco metiéndose entre ellos.

—No me gusta el Zabini. —dijo Blaise con obstinación.

—Te llamaremos Blaise entonces —ofreció Harry, codeando a Draco disimuladamente—. Él es Draco y ellos Vincent y Greg.

Los otros chicos tendieron sus manos y Blaise las estrechó cada una.

—Harry dice que quiere ser tu amigo. —dijo Greg como quien no quiere la cosa.

—Entonces lo seremos. —Blaise sonrió, luciendo unos pequeños dientes muy blancos. Se pudo oír un suspiro de una chica.

—Así que tienes que ser amigo de nosotros también. —dijo Draco cruzando los brazos.

—Está bien. —dijo él.

Y eso pareció ser todo, pronto estuvieron hablando sobre Quidditch, equipos y escobas.

—Niños —Ryddle levantó la voz y se apoyó perezosamente en el cuerpo de Snape, ganándose un gruñido por parte del pocionista—. Minerva me dice que dos de ustedes tendrán que compartir habitación con el señor Zabini, puesto que él no podrá tener una sola para él solo. ¿Quiénes se ofrecen?

Harry sintió un poco de pena, ya que nadie se ofreció. Así que levantó su mano.

—Eh... Draco y yo la compartiremos con Blaise. —dijo en voz baja.

— ¿Qué? —exclamó Draco con indignación.

Pero nadie le prestó atención pues Blaise enseguida se acercó a ellos con alegría y McGonagall expresó en voz alta el buen corazón que tenía Harry Potter y que todos deberían aprender de él. El profesor Ryddle se acercó a Harry y palmeándole la espalda, dijo:

—Estuvo muy bien de su parte, señor Potter. Pero que esa amabilidad no se haga costumbre fuera de aquí; muchos se pueden aprovechar de eso.

McGonagall regañó al profesor y en cambio Snape estuvo de acuerdo con él, diciendo que un Slytherin sólo debía velar por sí mismo, y los suyos.

 


 

Ya en la amplia y cómoda habitación, donde anteriormente Ryddle había conjurado una cama nueva para Blaise, los tres niños empezaron a acomodarse y escoger camas.

—Yo quiero la cama junto a la ventana. Mamá me ha hablado sobre el Calamar Gigante y quiero verlo.

—No tienes derecho a escoger, Blaise —dijo Draco repelente—. En todo caso, fuiste el último que llegó, así que tienes que conformarte con la cama que digamos.

Harry fulminó con la mirada al rubio, y levantando el mentón, dijo:

—Entonces Blaise puede dormir en la cama de la mitad. Draco al lado de la ventana y yo en la del otro lado.

— ¡No! ¡Nuestras camas deben ir juntas, Harry! —dijo Draco casi gritando.

Y así empezó una discusión entre los tres niños sobre qué cama tomar, hasta que se cansaron de gritar y lanzar algunas de sus túnicas por toda la habitación. Decidieron que Blaise iría junto a la ventana, y que Draco estaría al centro para poder estar junto a Harry.

Blaise en realidad no había discutido mucho por eso, pues tenía mucho sueño y enseguida que cayó en la cama, se durmió profundamente. Draco en cambio parecía conservar todas sus energías.

— ¿Por qué no quieres dormir conmigo? Cuando vas a mi casa no te molesta dormir en mi habitación.

Harry, con los ojos medio cerrados por el sueño y terminando de organizar su baúl, dijo:

—No es eso, Draco. Sólo estaba tratando de hacerte ver que Blaise tiene el mismo derecho que nosotros a elegir cama.

—No te estoy hablando de eso, Harry. Desde mucho antes no querías quedar conmigo en una habitación.

Draco tenía un pequeño puchero y miraba con fijeza su baúl ya organizado. A Harry se le hizo muy tierno ese gesto, así que se acercó a la cama del rubio y le abrazó.

—Eso no es cierto, Draco. Sólo era una broma.

— ¿Lo prometes?

—Sí —dijo Harry bostezando nuevamente—. Buenas noches Draco, mañana tenemos que despertar temprano para bajar a desayunar sin prisas.

—Está bien —Draco sonrió y se cubrió la boca para bostezar—. Buenas noches, Harry.

Harry asintió y se metió bajo sus mantas en medio de movimientos adormilados. Pero a último momento, un beso en su mejilla por parte de Draco, casi le hace saltar de la cama.

—Se te olvidaba el beso. —dijo Draco encogiéndose de hombros.

Harry sonrió y su último esfuerzo esa noche, fue para levantarse un poco y besar la mejilla de Draco para luego caer inmediatamente dormido. 

Chapter Text

"Hola mamá y papá. Como prometí, estoy escribiendo desde temprano en mi primer día en Hogwarts.

La ceremonia de Selección estuvo muy bien, y espero no decepcionar a papá con esto pero... Soy un Slytherin ahora. En realidad la charla que tuve con el Sombrero fue muy extraña pero estoy contento pues en Slytherin ya tengo varios amigos. Draco insistió mucho en que compartiéramos habitación así que todo irá muy bien.

El profesor Ryddle y el profesor Snape son amables y la profesora McGonagall me elogió ante todos porque me ofrecí a compartir la habitación con Blaise Zabini. Draco y yo discutimos por las camas pero todo se solucionó. Aunque hoy, Hedwig se ha peleado con Eros y Draco ahora mismo no me habla pues Hedwig es mucho más grande y lastimó un poco a Eros. En su defensa, puedo decir que Eros la estaba molestando, pues ambos llegaron por la ventana de la habitación a esperar por las cartas para llevar y Eros le picoteó en el pecho porque Hedwig llegó primero.

Hoy tenemos pociones a primera hora y supongo que tengo que compartir mesa con Blaise pues Draco está molesto. Blaise es un buen amigo, y se ha puesto de mi parte pues vio todo lo que pasó. Así que ahora saldremos juntos a desayunar.

No tengo nada más para contar, así que saluden a Remus y Sirius de mi parte. No hagan caso a las quejas que pueda dar la señora Malfoy sobre mí, ya saben que Draco es un tonto.

Se me olvidaba escribir que anoche tuve un sueño muy extraño... Es como si algunos recuerdos vinieran a mi mente mientras estaba dormido, algunos recuerdos de años atrás, al parecer, pues yo estaba más pequeño y mamá tenía el cabello más largo.

Adiós, los quiero. Quisiera más pastelitos para mañana, para que Draco vea que no compartiré con él.

Harry P."

Soplando un poco la tinta, Harry volvió a leer su carta y la dobló para acomodarla en la pata extendida de Hedwig. Cuando ella ya iba a partir, Blaise se acercó a él corriendo.

—Harry, deja que Hedwig lleve mi carta también, por favor. Mi lechuza está todavía en el centro de Trasladores de Italia y mamá dice que tardarán unos días en dejarla partir para acá.

— ¿Y dónde vives tú? ¿Hedwig sabrá llegar?

— ¡Pues claro Harry! Ellas siempre saben... Y luego te diré donde vivo, ya verás que Hedwig no tendrá problema en llevar la carta.

Harry se encogió de hombros y sostuvo a Hedwig para que Blaise le anudara su carta en la pata. Luego la lechuza partió y se perdió en el cielo nublado.

La puerta del baño se abrió y Draco salió de allí con el uniforme puesto y debidamente organizado. Su pelo lleno de gomina estaba peinado hacia atrás.

—Draco, ya es tarde, debemos ir a desayunar. —dijo Blaise como si nada hubiera pasado.

Draco levantó el mentón y asintió. Se acercó a su cama y alcanzó su maletín negro para luego dirigirse a la entrada sin mirar a nadie. Harry puso los ojos en blanco y buscó su propio maletín para salir. Blaise le siguió.

— ¿Seguirás enojado conmigo? —preguntó Harry alcanzando a Draco en las escaleras que subían a la Sala Común de Slytherin.

Draco no respondió y Blaise bufó.

—Eres un tonto, Draco. Eros fue quien lastimó a Hedwig, tú también lo viste.

—Harry debería disculparse. —dijo Draco.

—Pues no lo haré —terció Harry ofendido—. Tú debes disculparte conmigo y con Hedwig.

— ¡No!

— ¡Sí!

— ¡Hola chicos! —saludó Pansy junto a la chimenea de la sala— ¿Nos vamos?

Blaise le sonrió y Pansy se sonrojó. Harry se alejó de Draco y sujetó a Pansy por un brazo y salió a zancadas de la sala. Estaba muy enojado.

— ¿Qué te pasa, Harry? —preguntó Pansy tratando de ir a su paso.

—Nada. Blaise, ven con nosotros.

— ¡No me pueden dejar solo! —dijo Draco tras ellos con los ojos muy abiertos.

Blaise sonrió burlón.

—Tú te lo buscaste.

Cuando los cuatro estuvieron fuera de las mazmorras, se encontraron con que Hermione y Ron les esperaban allí. Harry sonrió genuinamente y se sintió mejor.

—Hola chicos —saludó Hermione—. Pensé que nunca subirían, ¡vamos! Se nos hace tarde. Debemos desayunar temprano para poder comer bien e ir a clases sin prisas.

Ron bostezó y Hermione sonrió.

—Tuve que ir a la torre Gryffindor a despertarlo. Bueno, en realidad  no pude entrar. Tuve que decirle a uno de quinto para que fuera a despertarlo por mí.

—Es muy injusto. —se quejó Ron.

Blaise carraspeó un poco y antes de que Harry hablara para presentarlo, Pansy se le adelantó.

—Hermione, Ron, él es un nuevo amigo. Llegó ayer muy tarde y fue seleccionado para Slytherin. Es Blaise Zabini.

Blaise se adelantó y Hermione tendió su mano, siendo besada en el dorso al igual que Pansy la noche anterior.

—Hola, soy Blaise.

Hermione tartamudeó algo y compartió una risita con Pansy. Ron y Blaise ya estaban estrechando las manos.

Mientras ellos se adelantaban y parloteaban sobre sus primeras clases ese día, Draco y Harry quedaron atrás.

—Harry...

Harry no respondió y vio con envidia cómo Blaise, a pesar de cargar con su maletín, llevaba de cada brazo a Hermione y Pansy. Ron iba junto a la castaña riendo fuertemente.

—Harry.

— ¿Qué?

Draco pareció herido.

—No quiero pelear contigo. Yo sé que Eros fue muy malo con tu lechuza. Lo siento...

—Ajá.

—Harry no seas así. Te estoy pidiendo disculpas. —insistió Draco poniéndole una mano en el hombro.

—Y ya te disculpé.

—Pero sigues enojado.

—No.

—Que sí. Te conozco y estás enojado... Harry, te juro que no lo vuelvo a hacer. Y también que me disculparé con Hedwig... Y haré que Eros le pida disculpas.

Harry rio.

— ¿Y cómo vas a hacer eso? ¿Cómo piden disculpas las lechuzas?

Draco pareció pensarlo seriamente. Harry dejó su enojo a un lado y se permitió sonreírle levemente, recibiendo a cambio una brillante sonrisa. Los dos chicos olvidaron todo y se abrazaron, pasando sus brazos por los hombros del contrario, mientras caminaban por el pasillo en dirección al Gran Comedor. 

—Yo creo que Eros puede darle un beso con su pico. Eso puede solucionarlo. —dijo Draco.

—No lo creo. —dijo Harry.

—Yo creo que sí. Todo se soluciona con besos. Mamá y papá lo hacen.

—Mamá y papá también. —reflexionó Harry.

—Así que yo también puedo besarte para que me disculpes.

—Los besos son por la noche, cuando ya vayamos a dormir. Así hacen mis papás. —dijo Harry esquivando en medio de risas, los labios fruncidos de Draco.

—Papá besa mucho a mamá. Mucho más después de que ella se arreglara el cabello.

—Es porque está hechizado. —dijo Harry entrando detrás de sus amigos por las puertas del Gran Comedor. No se separó de Draco hasta que estuvieron sentados y devorando las deliciosas salchichas del desayuno.

 


        

Luego de una pesada clase de pociones (según Harry, pues Snape hizo muchas preguntas y criticó severamente su poción), Harry y Draco estaban juntos en un pupitre esperando a que el profesor Ryddle terminara de hablar con un furioso Filch quien decía que unos niños de Gryffindor y Hufflepuff estuvieron correteando por el pasillo haciendo que los retratos se agitaran y empezaran a armar escándalo.

—Argus, amigo mío... Debes ir a informarle de esto a Minerva y a Pomona. Yo ni siquiera soy encargado de Slytherin.

—Se lo digo a usted, profesor, porque confío en que haga algo. En que... Bueno, usted se acuerda de esos castigos de antaño que se me permitía infringir. —a Filch le brillaron los ojos y Ryddle se estremeció visiblemente.

—No me hables de eso. En realidad no sé cómo salí vivo de esa habitación. Imagínate, yo un niño de doce años en ese entonces sufriendo tal castigo. Es inconcebible que ahora se haga eso con los estudiantes, además tienes que tener en cuenta que tenemos a Albus como director.

Filch quiso decir algo más pero el profesor ondeó su mano despectivamente.

—Sinceramente Argus, ahora mismo estoy un poco ocupado. Cuando tengas alguna queja, y quieras decírmela, que sea sobre alguien de mi casa. Aunque te aconsejaría que fueras con Severus primero.

Y sin despedirse, Ryddle cerró la puerta en las narices de Filch y dio vuelta para sonreír a su clase.

—Perdonen la interrupción, chicos. Ahora sí, vamos a empezar como se debe. Soy Tom Ryddle, su nuevo profesor de DCAO... Pueden llamarme profesor Tom o simplemente Tom, aunque si me ven de mal humor, me pueden llamar Distinguido Profesor Ryddle.

Él sonrió y toda la clase soltó risitas. Pansy, con Blaise a su lado, se cubrió la boca. El italiano hizo muecas en dirección a Harry y Draco.

—Albus, como con cualquier profesor, me entregó una guía de temas para poder ver en el año. Pero ustedes no creerán que me quedaré con esa guía solamente, ¿no? Así que yo mismo he diseñado una guía para que todos ustedes puedan aprender sobre muchas cosas más, que las que alguien de primer año aprendería con cualquier otro profesor. Conmigo, la teoría y la práctica van de la mano, pero también formaré un club de duelo para cada año--

El discurso del profesor fue interrumpido por los aplausos entusiastas de Seamus y Dean. Los Gryffindor estaban al otro lado de los Slytherin y eran los más bulliciosos. Ron y Neville estaban juntos mientras comían ranas de chocolate sin prestar mucha atención.

Luego de un rato de más palabras por parte del profesor y de algunas instrucciones en la pizarra para la primera clase, Tom hizo un movimiento con su mano y las ranas de chocolate de muchos alumnos volaron a su mano.

—Merlín... Es muy temprano para comer ranas de chocolate. —dijo simplemente sin prestar atención a las quejas de algunos.

 


        

—Harry, ¿puedo hablar contigo? —pidió Blaise cuando ya era hora de ir a la cama. Draco aún estaba haciendo su tarea de Transformaciones y Harry, rindiéndose a escribir más, había estado rebuscando en su cajita de grageas para separar las asquerosas de las deliciosas.

—Claro, dime. —dijo Harry fruncido el ceño ante una de sabor a moco.

—Pero tiene que ser a solas. Me refiero a tú y yo.

Draco levantó la vista.

—Puedes hablar con Harry aquí. Si hablamos entre los tres, nadie más escuchará.

—Es que tú no puedes saberlo. —dijo Blaise.

— ¿Por qué no?

—Porque es privado.

Harry escupió en su mano una gragea con sabor a jabón.

—Podemos ir a la habitación entonces.

Draco asintió y se puso de pie pero Blaise se cruzó de brazos.

—Draco, necesito contarle algo a Harry. Cuando necesite contarte algo a ti, entonces haré que Harry no nos escuche.

—Pero yo también quiero saber. —dijo Draco mirando a Harry.

Harry pidió silenciosamente porque se evitara otra tonta discusión.

Viendo que Harry no iba a interceder por él, Draco volvió a sentarse y no dijo más. Blaise aprovechó y se llevó a Harry de allí.

Ya en la habitación, Blaise se sentó en su cama y empezó:

—Ya sabes que vengo de Italia, ¿no?

Harry asintió.

—Bueno, mamá había dicho que yo iba a estudiar en Beauxbatons pero todo se arruinó por papá. Papá es un mal hombre y nos trató mal, muy mal en este año. Una vez descubrí que él quería obligar a mamá a hacer algo que ella no quería. Así que yo quise apartar a mamá pero él... Él me golpeó.

Harry se sentó a un lado de Blaise y se quedó en silencio. No sabía qué decirle.

—Mamá se enfrentó a él —continuó—. Todo fue muy horrible, pues nadie quiere ver a sus papás peleando con hechizos. Ella se Apareció conmigo en otra parte y se contactó con otras personas diciendo algo sobre comenzar de nuevo aquí, en Inglaterra. Ella dice que está haciendo algo en el Ministerio Italiano para que papá nos dé todo y que se separe de mamá. Yo no entiendo mucho pero por ahora tengo que esperar a que todo eso acabe, para tener de nuevo mis juguetes y mi ropa. Tengo muchos juguetes, Harry. Y cuando hui de casa con mamá no pude traer nada.

—Lo siento. —dijo Harry en voz baja. No se imaginaba estar sin juguetes. Antes de ir a Hogwarts, había descubierto en un baúl de su habitación en Godric's Hallows muchos juguetes mágicos y muggles. Allí al colegio había llevado consigo unos pocos de ellos, aunque no había tenido tiempo de siquiera verlos.

—Bueno... Mamá ahora está viviendo en tu casa —dijo Blaise mirando atentamente a Harry—. Ella dice que conoció a tu madre en un viaje y que son amigas. Así que tu madre permitió que ella se quedara allí, y yo también, cuando lleguen las vacaciones. Todo es mientras mamá soluciona las cosas del Ministerio.

Harry tenía la boca abierta. Nunca imaginó que eso podría pasar, y menos a Blaise. Y peor aún, que Blaise y su madre vivieran en la casa de Harry. Lily no le había dicho nada.

— ¿Te molesta? —preguntó Blaise ante el silencio de Harry.

Harry parpadeó y negó rápidamente con la cabeza

— ¡Para nada! De verdad que no.

— ¡Genial! —Blaise sonrió abiertamente y abrazó a Harry— En vacaciones entonces podremos jugar por más tiempo. Mamá dice que tu papá tiene un mini campo de Quidditch en su jardín, así que también podremos montar en nuestras escobas. Mamá me ha comprado una hace poco.

Harry asintió vigorosamente.

—Claro, también podremos jugar al fútbol.

Blaise levantó las cejas con confusión y Harry se dio cuenta que otro recuerdo había acudido a su mente como había pasado en el transcurso del día.

Un verano en que James y Sirius (bajo las indicaciones de Lily) pateaban un balón y corrían por todo el jardín intentando pasarlo por un lado de las piernas de Remus. Harry observaba todo en medio de risas hasta que su turno llegaba y Remus se movía para que él pudiera hacer un gol.

—Es un juego muggle. —explicó Harry perdido en sus pensamientos. Dándose cuenta repentinamente que de alguna manera, su vida ahora se estaba afectando por recuerdos de la que ahora era su vida y no de... Oh Merlín, era complicado hasta intentar pensarlo y aclararlo.

—Está bien. Entonces jugaremos fulbot. —dijo Blaise.

Harry volvió a la realidad y rio.

—Fútbol. —corrigió.

Blaise puso los ojos en blanco y le golpeó con una almohada que encontró a su lado. Harry cogió otra y le golpeó de vuelta. Rato después, Draco entró en la habitación y encontró a Harry y a Blaise corriendo por toda la habitación intentando golpearse uno a otro.

— ¿Han venido a jugar sin mí? —dijo Draco en tono dolido.

Harry dejó de perseguir a Blaise y corrió hacia Draco, halando de él hacia el interior de la habitación.

—Ahora podemos jugar los tres.

Draco sonrió por fin y haciéndose de otra almohada, empezó a perseguir a sus dos amigos. 

Chapter Text

"Hola mamá y papá.

Hoy tendremos nuestra primera clase de vuelo y estoy muy emocionado. Draco también lo está, pero Blaise no; él prefiere el Club de Duelo que el profesor Tom quiere formar con los estudiantes de primer y segundo año.

Mamá, ¿por qué no me habías dicho que la madre de Blaise está viviendo en nuestra casa? No tengo problema con ello, de verdad, pero pudiste decirme. Blaise me ha dicho esta mañana que yo soy su hermanito inglés y me ha abrazado muy fuerte. A Draco no le gustó pero Blaise no le hace caso, y dice que tiene todo el derecho a abrazarme ya que soy su hermano. ¿Eres tan amiga de la madre de Blaise como para que él se crea eso? En realidad tampoco me molesta que Blaise me llame así, es sólo que Draco se enoja muy fácil.

Papá, el profesor Tom te envía saludos y dice que si puedes mandarle una foto mágica con tu nuevo uniforme de Auror. ¿Tienes nuevo uniforme en tu trabajo? ¿Y por qué me dijo él qué mamá no se podía dar cuenta de que te está pidiendo fotos? También me dijo que no le importaría una foto de Remus.

Snape dice que soy malísimo en pociones gracias a papá, pero que él puede hacer algo por mí para que mejore en ello. También se lo ha dicho a Blaise y Draco nos enseñará algunas cosas.

Anoche he tenido más de esos recuerdos. Los he sentido mucho más fuerte, no sé si me entienden... Es como si sí los hubiera vivido. Anoche, recordé cómo fui al Londres Muggle con mamá, Draco y la señora Malfoy a un parque de diversiones. Draco se vomitó en mi ropa porque el carrusel iba muy rápido. Fue asqueroso.

Quisiera que ustedes estuvieran acá para explicarles algo muy raro... Es sobre que estoy confundiendo las cosas que recuerdo y que pasaron en mi vida anterior. Es muy confuso, y me duele la cabeza.

Debo irme, Draco está gritando que vamos tarde y Blaise ya ha salido de la habitación.

Los quiero.

Harry P. "

Harry selló la carta y se la entregó apresuradamente a Hedwig para que la llevara a destino. Luego, poniéndose los zapatos, fue tras Draco para la clase de vuelo con Madame Hooch.

 


        

— ¡Profesor Ryddle, es mi clase! Le agradecería que se abstuviera de dar indicaciones.

Tom frunció el ceño y todas las niñas miraron mal a la profesora de vuelo.

— ¿Por qué siento que no me tienes en estima, Rolanda? Ya te he dicho que me llames Tom, y sólo quiero estar un rato aquí con los niños. No tengo clases ahora y soy un aficionado al Quidditch.

—Pero no estamos jugando al Quidditch, Tom. Sólo estamos aprendiendo a volar en escoba.

—Casi lo mismo, ¿no? —dijo Tom cantarinamente— Chicos, ¿no les gustaría jugar a un mini partido luego de aprender a volar correctamente en escoba? —y mirando a Hooch dijo:— Claro, sólo los que puedan volar bien, los que no, pueden esperar a aprender. Claro que yo puedo enseñarles los fines de semana. Fui el mejor cazador en el equipo de Slytherin cuando fui estudiante.

Pansy y Daphne suspiraron y Blaise frunció el ceño.

— ¡Por las barbas de Merlín! ¡Dumbledore no lo permitiría! Soy yo la única autorizada para las clases y juegos en escoba.

—Rolanda... puedes darme un poco de crédito al menos. Sabes que soy uno de los mejores en escoba. Albus no dirá nada.

Harry en verdad estaba impaciente. Mientras ambos profesores discutían, él y Draco habían estado apostando ranas de chocolate al que más alto volara en la escoba, sin que ninguno de los adultos se diera cuenta. Al juego, se sumó Ron, Seamus, Blaise, Dean y Theodore. Greg y Vicent no podían siquiera hacer que la escoba se levantara del suelo.

—Sé tus capacidades, Tom —dijo Hooch con voz comedida—. Pero ellos son niños de once años, no podemos arriesgarnos.

—Siempre podemos poner un hechizo de protección para que ellos no se golpeen al caer... Claro que ninguno caerá, ¿eh? —dijo, mirando a los Slytherin y Gryffindor de primer año— Estarán conmigo, y además todos son muy buenos. ¿Te he contado, Rolanda, cómo llevé a mi equipo a la gloria en dos años consecutivos?

—Mi padre lo hizo en tres. —dijo Harry sin poder evitarlo. Ron rio y Blaise silbó con asombro. En cambio Draco le frunció el ceño, al igual que Tom.

—Eso, señor Potter, pasó porque su padre utilizaba unos métodos poco... confiables.

Harry abrió la boca para defender a su padre, pero el profesor continuó:

—Y además, si Gryffindor ganaba era sólo porque él atrapaba la Snitch... Lo cual da una cantidad considerable de puntos. En cambio mi equipo, con cazadores como el señor Black y mi persona, un Buscador formidable como el señor Malfoy y unos golpeadores como el señor Nott y Avery... Ah, y el guardián, el señor Lestrange. Éramos un buen equipo, sí... —terminó con tono pensativo.

Hooch puso los ojos en blanco e hizo sonar su silbato.

—Tenemos poco tiempo, niños. Les enseñaré lo básico y los que pasen la prueba... podrán volar con el profesor Tom.

Los niños gritaron y saltaron y poco faltó para que Tom hiciera lo mismo.

—Ya verás cómo nos divertiremos, Rolanda. Tú te encargarás de vigilar el partido y--

—Sí, sí, sí. —dijo ella suspirando y mirando con cansancio al profesor para luego proceder a empezar la clase.

 


        

— ¡Fue tu culpa! ¡No debiste cruzarte en su camino!

— ¡Se supone que debía hacerlo si es que quería ganar!

Draco y Ron llevaban discutiendo buen rato sobre el partido de Quidditch que habían jugado en la clase de vuelo en la mañana.

Como resultado final, los estudiantes de Gryffindor ganaron; dejando a Ron como un buen candidato a Cazador y a Dean como un buen Buscador para ser su primera vez. Ah, y también a un Harry un poco golpeado y a Draco muy enojado.

El profesor Tom había reído divertido al ver caer a cualquier niño, haciendo crispar los nervios de la profesora Hooch. Pero cuando fue el turno de Harry de caer, todo estuvo lleno de gritos y chillidos, y el profesor de DCAO había demostrado qué tan rápido podía ser en la escoba al caer en picado, para poder evitar que Harry diera contra un árbol.

Ron se había atravesado en la trayectoria de Harry, impidiéndole alcanzar la snitch. Dean aprovechó el movimiento, y ganó la pelota dorada otorgando el triunfo a los leones quienes casi no se dan cuenta que Harry caía como muñeco de trapo por celebrar.

— ¿Qué tal que Harry hubiera muerto? Oh Weasley, estoy seguro que yo mismo acabaría contigo.

Harry de verdad temía que Draco hiciera algo de lo que después se tuviera que arrepentir.

—No seas exagerado, Draco. El profesor pudo atraparle a tiempo, Harry está bien. —se excusó Ron.

— ¿Y qué tal que no hubiera pasado así? —exigió Draco cruzando los brazos— Además, no llegó tan a tiempo, si es que tiene golpes en los brazos.

—Ya te dije, Draco, que fue Millie la que me golpeó con el bate sin querer. En realidad no me pasó nada en la caída. —dijo Harry.

—Pues de todas maneras, Weasley tiene que disculparse.

— ¡Ya lo hice! Y no me digas Weasley, somos amigos Draco, ¡no creerás que lo hice con intención!

Draco giró la cabeza para no mirarle y esperó pacientemente.

—Está bien... —Ron suspiró después de un rato, y miró a Harry— Harry, otra vez, lamento lo que pasó. No quise hacerte caer.

—Lo sé, Ron. No te preocupes. Es mejor que vayas a la torre Gryffindor de una vez. Filch te atrapará sino lo haces.

Ron asintió y se puso de pie para salir de las mazmorras.

—No le cuentes a Hermione lo que pasó, ¿sí? Se pondrá furiosa.

—No se lo contaré. —prometió Harry.

—Pues yo sí. —dijo Draco.

Ron le hizo una mueca y despidiéndose, salió de allí.

—Vamos a dormir, Draco. Estoy muy cansado.

Draco le dio otra breve mirada al brazo de Harry y asintió. En realidad Harry no estaba tan mal; sí, le dolía un poco, pero Pomfrey había curado cualquier golpe y le había dado un líquido viscoso para disminuir la hinchazón.

Ya en la habitación -Blaise estaba profundamente dormido-, Harry y Draco se prepararon para ir a dormir.

— ¿Puedo dormir contigo hoy? —preguntó Draco en voz baja con la pijama puesta y una almohada bajo el brazo.

— ¿Eh? ¿Por qué?

—Quiero cuidarte esta noche.

Harry sonrió.

—Draco, estoy bien, de verdad. No me pasó nada.

— ¡Pero yo te vi caer! Estoy preocupado.

Harry bostezó y se encogió de hombros.

—Estaré bien, pero si quieres, puedes venir.

Draco sonrió y se lanzó a la cama de Harry haciendo mucho ruido.

— ¡Despertarás a Blaise!

— ¿Y? ¿Por qué te importa tanto?

—Draco...

— ¿Lo quieres más a él?

Harry suspiró y se acomodó en su cama dando la espalda a Draco.

—Es mi amigo, y tú eres mi mejor amigo.

— ¿Y entonces?

—Pues es obvio que te quiero más a ti.

—Pero él dijo esta mañana que quería ser tu hermano.

—Bueno, entonces le querré como a un hermano.

— ¿Y a mí?

Harry giró en su lugar y enfrentó a Draco.

Al parecer, muchas cosas respecto al Draco Malfoy de antes ya no eran problema para Harry; simplemente porque Harry ya no las recordaba, y si lo hacía, no lo asociaba con algo malo o significativo.

Ese día había sido muy intenso para Harry, pues además del accidente con Ron, otro de esos "recuerdos" había atacado su mente y le había desconcentrado. Uno donde él y Draco volaban muy alto en unas escobas distintas, siendo supervisados por Lucius Malfoy. Allí, ellos reían y gritaban como sólo dos grandes amigos podían hacerlo.

Draco... Draco era su amigo de siempre: y Harry estaba comprendiendo con un poco de esfuerzo que de alguna manera Mopsus había hecho algo más con el tiempo, pues lo demás, excepto esta nueva vida, estaba yéndose a retazos de su conciencia.

Y era bueno... Lily se lo había dicho por carta esa misma tarde. Pues ella quería al Harry de siempre, no le gustaba ver a su hijo lleno de experiencias turbias y extrañas de otra vida. Y Harry estaba de acuerdo; él sólo era un niño de once años, era momento de hacer nuevos amigos, retener a los de siempre y disfrutar su estadía en Hogwarts.

Como debía ser.

—Harry, me estás mirando mucho. —dijo Draco sacándolo de sus pensamientos.

—No, no lo estoy.

—Sí —Draco pasó las manos inútilmente por su cabeza para luego acercarse más a Harry en la pequeña cama—. Entonces... ¿Me quieres más a mí, o a Blaise?

Harry se cubrió la boca para bostezar y enfocó la vista. Sin sus gafas, tenía que entrecerrar un poco los ojos para poder apreciar más a Draco.

—Tú eres Draco. Eres especial para mí.

Y eso fue suficiente para la curiosidad de Draco. Este sonrió y se inclinó para besar la mejilla de Harry, y luego se acomodó, cubriéndose más con las mantas. Harry le devolvió el gesto y sonrió. Para luego caer finalmente dormido.

A media noche, los dos fueron despertados por el llanto de Blaise; al parecer tenía pesadillas. Con una mirada compartida, Draco y Harry accedieron a que Blaise durmiera con ellos -claro está, juntando las camas de Harry y Draco para que hubiera más espacio-. Amaneció, y Draco y Harry abrazaban al cada vez menos tembloroso cuerpo de Blaise.

Chapter Text

Después de un mes de intervenciones y reuniones con los padres de familia de los estudiantes de primer año, por fin se pudo llegar a un acuerdo. Tom Ryddle había logrado lo que se había propuesto desde su primer día en Hogwarts como profesor; hacer un mini Torneo de Quidditch con los de primer año cada trimestre.

En la Sala Común de Slytherin, recibieron con aplausos al nuevo equipo de Quidditch conformado por Harry, Draco, Blaise, Millie, Daphne, Theo y Greg. Tom sonreía orgulloso e incluso Snape les miraba con aprobación mientras sostenía varios banderines verdes con una serpiente que a medida que se arrastraba, formaba la palabra "Slytherin".

—Hoy es el gran día, y espero que empecemos muy bien chicos —dijo Tom levantando la voz—. Debemos ganarle a Hufflepuff para acumular la mayor parte de puntos posibles y hacernos con el título y la Copa.

Y ya que el profesor de DCAO había sugerido hacer un torneo de Quidditch para sumar más puntos para la Copa de las Casas, McGonagall y Sprout sugirieron también que deberían hacer un torneo de competencias mágicas, donde todos los niños deberían demostrar sus habilidades con cada asignatura que se les impartía.

Así que sorteando las materias; Transformaciones, Encantamientos, DCAO y Pociones habían sido las elegidas para competir.

Harry llevaba la delantera con DCAO y Draco con Pociones haciendo que Slytherin fuese delante de todos por unos buenos puntos pero a Ravenclaw le faltaba poco por sobrepasarlos, así que una victoria en el partido de esa mañana podría facilitar las cosas para Slytherin.

—Señorita Vance, es momento de que entregue las escobas a nuestros jugadores —dijo Tom reposando su mano en el hombro de Snape—. Me he encargado yo mismo de que todo el equipamiento para nuestro equipo sea el de la más alta calidad. No puedo esperar a ver la cara de Minerva y Filius, ¿te imaginas Severus? Se darán por vencidos apenas nos vean en el campo. 

—No es momento para pensar en qué van a decir los demás —Snape sacó su varita y moviéndola en círculos, empezó a distribuir los banderines entre todos los Slytherin—. Seremos los mejores, eso ya se sabe. Así que no debemos dar de qué hablar, más que para elogios por nuestras habilidades como Casa, ¿entendido?

Todos asistieron y Lydia Vance, la prefecta de séptimo, se adelantó con siete hermosas y lustrosas escobas. Las Nimbus 2000.

—Muy bien —Tom se acercó a la chica e hizo aparecer un pergamino—. Millicent Bulstrode y Gregory Goyle, nuestros Golpeadores —Millie y Greg casi corrieron por sus escobas; Tom estrechó la mano de Greg y besó la mejilla de Millie. Snape bufó ante el gesto—. Theodore Nott, Draco Malfoy y Daphne Greengass, nuestros Cazadores —Draco sonrió con presunción y caminó con elegancia. Estrechó la mano del profesor, al igual que Theo, y volvió a su lugar. Daphne recibió encantada su respectivo beso—. Blaise Zabini, nuestro Guardián y Harry Potter nuestro Buscador.

Harry y Blaise sonrieron y se acercaron al profesor para recibir sus escobas. Todos aplaudieron de nuevo y se aprestaron a salir hacia el campo de Quidditch.

 


        

— ¡Harry!

Harry giró la cabeza rápidamente. Lily y James estaban cerca a los vestidores junto a Remus y Sirius.

— ¡Hola! —Harry corrió hacia ellos, siendo recibido al instante por un apretado abrazo de su madre.

— ¡Mi niño! ¡Qué grande estás y qué guapo! Oh... Te luce tan bien ese uniforme... ¿Lo ves, James? ¡Te lo dije!

James sonrió y se inclinó para abrazar a su hijo, siendo seguido por Sirius y Remus.

—Te ves muy bien, Harry. ¿Cómo te sientes? —preguntó Remus.

— ¡Muy bien! ¿Ustedes van a quedarse a ver? ¡No sabíamos que venían!

Lily saltó emocionada al igual que Harry.

—Tampoco lo sabíamos hasta ayer —dijo Sirius—. Pero aquí estamos, y aunque estés en Slytherin, quiero que les des una patada en el trasero a los Hufflepuff.

— ¡Sirius! —amonestaron Remus y Lily al tiempo.

En ese momento, Blaise apareció allí, llevando de la mano a una mujer -al parecer su madre- muy hermosa.

— ¡Harry! —gritó Blaise— Ella es mi mamá, ¡mírala! Te dije que es hermosa.

— ¡Oh qué niño más lindo! —Lily tenía los ojos brillantes.

—Lo sé —dijo la mujer con voz lenta y suave. Mirando a Harry, sonrió encantadoramente—. Hola Harry, soy Adrianne, mucho gusto. No voy a entretenerte mucho así que más tarde podemos hablar más, ¿te parece?

Harry tartamudeó un poco y Adrianne sonrió más, pellizcándole las mejillas con fuerza.

—Tu hijo es precioso, Lily. —dijo ella.

James llevó aparte a Harry, mientras las mujeres conversaban amenamente y Blaise era el centro de atención.

—Harry, quiero que demuestres lo buen Buscador que eres y que ganes este partido... Porque de verdad, no tengo fe en los demás.

—Draco es muy bueno, papá —defendió Harry—. En los entrenamientos es capaz de marcar muchos puntos con la Quaffle.

Harry buscó a Draco con la mirada, y lo vio junto a sus padres; Narcissa le besaba por toda la cara y Lucius ignoraba casi olímpicamente las sonrisas coquetas de Tom.

—Pues espero que la presunción no le entretenga demasiado en el partido. Si es igual a Malfoy, no creo que pueda hacer mucho. —dijo James mirando atentamente el intercambio entre los Malfoy

—No hagas caso Harry. Lucius era un excelente buscador. —defendió Lily desde su sitio. James y Sirius bufaron.

 


        

— ¡Es una falta! ¡Reed ha golpeado a Bulstrode sin motivo! —gritó Lee Jordan, el comentarista del partido— ¡Oh por las barbas de Merlín! ¡Bulstrode se ha devuelto para darle una patada en el trasero!

— ¡Jordan! —amonestó McGonagall.

—Lo siento profesora. Ahora Nott va a la caza de la Quaffle que está en manos de Bones, ¡uff! ¡Qué buen golpe se ha llevado Malfoy! Fletchey le ha golpeado para ayudar a Bones a pasar libremente con la Quaffle pero al parecer... ¡Por las bolas de Merlín! ¡Nott, Bones es una mujer! ¡No puedes golpearle así!

— ¡Jordan! ¡Ya le dije que no se exprese de esa manera!

—Lo siento... Malfoy ha logrado recuperar la Quaffle y Fletchey está cayendo en picada. Potter y Larousse aún esperan por la Snitch y Malfoy está pasando libremente para anotar puntos nuevamente para Slytherin con la ayuda de Greengass quien está entreteniendo a otro Hufflepuff.

Las tribunas de Hufflepuff y Slytherin gritaban enloquecidas ondeando sus banderines vigorosamente. Gryffindor animaba a Hufflepuff y Ravenclaw a Slytherin, haciendo que el campo se llenará de gritos y cantos para apoyar a los jugadores.

— ¡Hogwarts, atención! Ha aparecido la Snitch y Potter va tras ella con una velocidad alarmante. Larousse ha perdido ventaja y tiene que esforzarse para alcanzar a Potter... ¡Sigue subiendo la puntuación para Slytherin! ¡Malfoy ha anotado otro tanto! Slytherin va ganando por 80 puntos contra los 60 de Hufflepuff... Bones y Macmillan deberán esforzarse por anotar más goles... O debo decir, Smith tendrá que esforzarse en no dejar pasar más Quaffles. ¡Eh, Smith! ¡Se supone que el guardián debe evitar que le anoten goles!

— ¡Señor Jordan!

—La Snitch está moviéndose como loca. Potter y Larousse van detrás de ella y... la Snitch ha cambiado el rumbo inesperadamente, y Potter va a... ¡Oh Merlín! Hizo... ¡Hizo el amago de Wronsky! ¡Y tiene la Snitch en sus manos! ¡Slytherin es el ganador de este partido! ¡Gana con 230 puntos!

Los gritos ensordecedores se dejaron escuchar y Harry levantó la Snitch en su puño con felicidad. Todo el equipo de Slytherin se le abalanzó con ferocidad y celebraron su primera victoria.

 


 

Harry salió de los vestidores junto con Draco y Blaise.

— ¡Harry!

Lily venía corriendo hacia él con los brazos abiertos seguida de James y Sirius. Ambos hombres llevaban pintura verde y plateada en la cara y Harry sonrió con diversión.

—Estoy tan orgullosa de ti, mi amor. —dijo Lily llorando mientras le abrazaba fuertemente.

—Eres el mejor —alabó James despeinándole la cabeza y sonriéndole ampliamente—. ¡Yo sabía que la atraparías!

A Harry le dolían las mejillas de tanto sonreír. Se sentía tan feliz... Slytherin ahora tenía muchas oportunidades de ganar la Copa. Ser parte de ese logro, le hacía sentir infinitamente bien.

Sus padres se alejaron un poco, y fue el turno de Sirius y Remus de abrazarle y felicitarle. Por encima de sus hombros, Harry vio cómo Draco era levantado en brazos por Lucius, y a Narcissa pasándose un pañuelo por la cara. Blaise y su madre estaban hablando a gritos -al parecer en italiano- mientras se abrazaban.

Snape y Tom venían hacia ellos. Tom sonreía a más no poder y traía en sus manos un pequeño trofeo en forma de escoba dorada.

Todos los allí presentes volvieron a celebrar entre aplausos y gritos.

Lily se aferró a su esposo, fulminando con la mirada a Tom, mientras este se acercaba a Remus con confianza y Sirius apretaba los dientes. Adrianne hablaba con los Malfoy y Pansy se acercaba corriendo a Blaise para abrazarlo.

Harry estaba muy feliz... Se sentía completo. Draco le sonrió y se acercó a él.

—Felicitaciones, Harry.

—Felicitaciones, Draco.

Mientras el resto de Hogwarts celebraba o se lamentaba, Draco se llenaba de valor y besaba rápidamente los labios de Harry dejando al azabache descolocado.

Con una pregunta en los labios, Harry veía cómo Draco se alejaba con las mejillas muy sonrojadas para reunirse con Blaise y Pansy.

—Es mi forma de felicitarte —dijo el rubio más tarde, cuando Harry le comentó sobre ello—. Tú dijiste que yo era especial para ti. Tú también lo eres para mí, así que esa es mi manera especial de felicitarte.

Chapter Text

Harry y Lily estaban frente a la puerta de la casa de los Dursley esperando a que tía Petunia quisiera abrirles y les dejara pasar.

Era Navidad y Lily quería saludar a su hermana y desearle felices fiestas. También era hora de que conociera a su hijo; Harry tenía nueve años y Petunia Dursley jamás se había preocupado por saber algo de él.

—Mamá tengo mucho frío. —dijo Harry castañeando sus dientes. Llevaba un abrigo azul y un gorro que casi le cubría los ojos.

—Sólo aguanta un poco más, Harry. Petunia nos abrirá y podremos tomar algo caliente en su casa.

Harry se abrazó a las piernas de su madre tratando de encontrar más calor. Su papá le había dicho que debía ser un caballero y acceder a los deseos de su madre. También le había dicho que, aunque era muy probable que tía Petunia no les abriera, él debía ser paciente y esperar a que su mamá desistiera para poder volver a casa.

Harry sabía que los Dursley no le querían, a él y a sus padres. Pero también sabía que Lily nunca había olvidado a su hermana, y que secretamente esperaba recuperar su relación con ella.

Esperaron por un tiempo más, pero la puerta no se abrió. La casa no estaba sola; los ruidos que se dejaban escuchar daban cuenta de ello.

Lily suspiró y se inclinó para acomodar el gorro a su hijo y Aparacerse en su casa.

— ¿No nos quieren porque somos mágicos? —preguntó Harry mirando los humedecidos ojos verdes de su madre.

Ella dio una última mirada a su espalda y frunció el ceño.

—No te preocupes, mi niño. Ellos se lo pierden, ¿eh? Vámonos a casa y cantemos villancicos con tu padre.

Las lágrimas al fin rodaron y Harry se apresuró a limpiarlas; eso también era ser un caballero, le había dicho su padre. Lily le sonrió y le besó la frente.

—No te preocupes por mí, Harry. Al final del día sólo somos nosotros tres. No necesitamos a nadie más.

Harry le abrazó y sintió el tirón de la Aparición en su estómago.

Tirón que fue relacionado con la falta de aire allí, pues Draco le había saltado encima mientras Harry dormía.

— ¡Harry, despierta! ¡Tenemos que prepararnos para irnos!

Harry boqueó en busca de aire mientras Draco salía de su cama y despertaba de la misma forma a Blaise.

—No... Tenías porque... despertarme así. —dijo Harry en medio de un ataque de tos.

Draco le ignoró, y con una reluciente sonrisa, entró corriendo al baño.

Blaise tenía el sueño muy pesado al parecer, pues ni siquiera se había inmutado y seguía durmiendo pacíficamente. 

 


        

Las vacaciones de Navidad tenían a todos los estudiantes de Hogwarts expectantes y emocionados.

Harry y sus amigos charlaban alegremente en su compartimiento del tren. Ron pasaría vacaciones con su familia en la Madriguera y Hermione iría a Francia con sus padres. Pansy decía que viajaría por todo el mundo y Draco aún no sabía qué planes tenían sus padres. Blaise y Harry se quedarían juntos en casa y visitarían el Londres Muggle para hacer un pequeño paseo navideño.

—Pueden ir a la Madriguera también —ofreció Ron mientras masticaba una rana de chocolate—. Mamá dice que hay espacio suficiente para muchas personas.

—Yo quisiera ir a la Madriguera también —dijo Hermione—. Seguramente volveremos antes de tiempo y podré ir allí.

Ron sonrió ilusionado y asintió.

— ¡Podremos volar en escoba allí entonces! Harry, tú también puedes venir. Con Blaise, por supuesto. ¡Jugaremos al Quidditch y practicaremos para entrar al equipo oficial!

El año había transcurrido en medio de clases, pruebas y muchos más amigos para Harry.

Slytherin le había ganado la Copa de las Casas a Ravenclaw por unos pocos puntos, pues ambas Casas habían estado muy a la par en el transcurso del año: Una en cuanto a Quidditch, DCAO y Pociones y la otra en cuanto a Transformaciones y Encantamientos.

Hermione había llorado desconsolada por la derrota de su casa, y por unos días no había querido dirigirles la palabra a sus amigos. Pansy y Ron fueron los últimos en perdonarla por su desplante, pues cada uno la consideraba muy quejumbrosa y desagradecida.

La puerta del compartimiento se abrió, y la cabeza de Greg asomó por ella.

—Chicos, ¿ya saben lo nuevo?

—No —dijo Draco que llevaba buen rato en un extraño silencio—. ¿Por qué no han venido a sentarse con nosotros?

—Lo siento, Draco —dijo Greg con gesto culpable—, estábamos apostando golosinas con otros de Gryffindor en el compartimiento de allá. Vicent y yo hemos ganado muchas.

—Puedes traernos ahora —dijo Pansy—. Nosotros también queremos.

—Yo no —se quejó Harry—. He comido mucha mermelada de zarzamora en el desayuno y no me siento bien.

— ¡Te advertí que no comieras tanto! —regañó Draco.

—Pero es que estaba deliciosa —se excusó Harry—. ¿No es cierto, Blaise?

Blaise también había exagerado al untar sus panecillos con mermelada. Ahora tenía la cara un poco verdosa.

—No me siento bien. —dijo simplemente.

Draco bufó y se cruzó de brazos y volvió a guardar silencio. Pansy y Hermione compartieron risitas y Ron sonrió para luego preguntar:

— ¿Qué nos ibas a contar, Greg?

—Oh, sí. Vicent y yo íbamos por el pasillo para comprar más golosinas y escuchamos a los de cuarto diciendo que el profesor Flitwick se iba a ir de Hogwarts. Ellos dijeron que el director estaba buscando un reemplazo y que estaba hablando con el señor Lupin.

Harry giró rápidamente la cabeza, resintiendo al momento el mareo y el retorcijón en su estómago.

— ¿Remus será el nuevo profesor? —preguntó ansioso.

—No lo sé. Sólo escuchamos que Dumbledore estaba hablando con él... Ah, y que había sido recomendación del profesor Tom.

Blaise dejó de sostenerse el vientre y sonrió con astucia.

— ¿De verdad? Me pregunto por qué será...

— ¿Qué sabes tú? —demandó Harry— ¿Ya sabías de esto antes?

—Te lo hubiera contado, Harry. No lo sabía, es sólo que parece ser muy cierto que el profesor Tom quiera que el señor Lupin sea el nuevo profesor.

— ¿Por qué? —preguntó Ron.

—Eso no lo puedo decir. Mamá dice que no puedo hablar de esas cosas con otros niños.

—Entonces dímelo a mí —dijo Pansy empezando a trenzar el cabello de Hermione—. Yo soy una niña.

—Me refiero a niños y niñas, Pansy. —dijo Blaise amablemente.

— ¿Y por qué no lo puedes contar? —preguntó Draco.

—Mamá no me lo ha explicado bien. Pero cuando llegue a casa, se lo diré.

—Entonces yo iré contigo para saber de qué habla ella. —dijo Harry mirando mal a la nueva rana de chocolate de Ron.

— ¡Pues claro! Vamos a la misma casa, hermanito. —Blaise sonrió abiertamente ganándose unos pequeños suspiros por parte de Hermione y Pansy.

— ¿También puedo ir yo a tu casa, Harry? —preguntó Greg— Y si quieres, Vicent también. Puedo decirle.

—Me refiero a que él y yo vivimos juntos, Greg —explicó Blaise—. Somos hermanitos ahora, así que debemos vivir juntos.

Harry sonrió, sintiéndose muy orgulloso por ser hermano de Blaise. A Parvati y a Cho parecía gustarles sonreír a Blaise. Así que si Harry era su hermano, él también podría obtener sonrisas.

Greg se encogió de hombros y se despidió para seguir jugando con los demás.

—Yo también quisiera ser tu hermano. —murmuró Draco enfurruñado.

— ¿Por qué? —preguntó Harry.

—Porque quiero vivir contigo y que me mires como miras a Blaise.

Harry suspiró y se dio cuenta que Draco nunca dejaría de decir esa clase de cosas sobre él y Blaise.

—Tú ya sabes que eres mi mejor amigo. Y que te quiero.

El compartimiento quedó en silencio y Harry se sonrojó por completo. En cambio Draco sonrió ampliamente y se abalanzó sobre Harry, abrazándole fuertemente.

— ¡Yo también te quiero, Harry!

Harry se sonrojó más, y escondió la cabeza en el regazo de Draco. El silencio siguió reinando en el compartimiento hasta que Blaise se adelantó y abrazó a los dos chicos gritando:

— ¡Yo los quiero mucho, también!

Draco chilló y Harry se sintió agobiantemente asfixiado cuando los demás, uno por uno, se unieron al abrazo, gritando que se querían. Pansy saltaba alegremente y repartía besos en las mejillas a los demás, y Hermione parloteaba sin parar sobre los amigos tan geniales que tenía.

Harry, a pesar de todo, se sintió muy bien; tenía a los mejores amigos del mundo. 

 


        

Harry corrió alegremente hacia sus padres, quienes lo esperaban con los brazos abiertos y grandes sonrisas.

Lily cambió su expresión por una de terror cuando Harry se enredó en sus propios pies y cayó en el suelo provocando un fuerte golpe en la jaula de Hedwig quien ululó fuertemente y trató de alzar el vuelo.

Por suerte, la absurda caída de Harry no tuvo muchos espectadores, pues él había tenido que esperar un poco más por sus padres pues ellos estaban en el trabajo.

— ¡Mi niño! ¿Qué te pasó, Harry? ¿Tuviste un mareo? ¿Te has lastimado? ¡Oh, Harry! Déjame ver tus rodillas... Dios mío, James, debemos llevarlo rápido a casa y comprobar si no se ha roto algún hueso.

Blaise llegó junto a ellos y se arrodilló a un lado de Harry con preocupación.

—Harry, ¿estás bien? ¿Te hiciste daño? Mamá es muy buena haciendo pomadas. Una vez me caí en la escoba en el patio de mi mansión en Italia y me lastimé mucho las rodillas. Ella me dio...

Mientras Lily y Blaise hablaban a la vez y James se encargaba de contener la carcajada y recoger a la pobre Hedwig y su jaula del suelo, Harry quería que la tierra lo tragara.

Era bastante vergonzoso estar allí después de haberse caído de forma tan tonta como para que su mamá y Blaise estuvieran hablando y preguntando frenéticamente a su lado sobre si estaba bien. Menos mal Draco y los demás ya se habían ido con sus padres. Harry no se imaginaba las burlas de las que sería víctima si ellos le hubieran visto.

Mientras era levantado en brazos por Lily, Harry cerró los ojos para no ver más y evitar un poco la vergüenza.

—Adrianne está en casa preparando una deliciosa comida para los dos niños más preciosos del mundo —canturreaba Lily. James se afanaba en alcanzarla, llevando consigo el equipaje de Blaise y Harry—. Ya verás cómo te pondrás bien, Harry.

—Estoy bien, mamá —dijo Harry con la voz amortiguada, y la cara enterrada en el cabello de su madre—. Por favor bájame, Blaise me está viendo.

Blaise escuchó y se encogió de hombros.

— ¿Y qué? Yo también me he caído y me gusta que mamá me lleve en brazos.

Lily murmuró algo que sonó como "qué niño tan bueno y precioso" y siguió su camino con Harry en brazos sin hacer caso de las quejas de este, y de las ocasionales de James.

 


        

— ¿O sea que tú serás el nuevo profesor de Encantamientos? —preguntó Harry por centésima vez a un sonriente Remus Lupin.

Remus asintió nuevamente y levantó su copa de Whiskey de Fuego.

—Salud por eso.

Harry y Blaise levantaron sus vasos con jugo de calabaza y brindaron con Remus.

—Mamá dice que brindar con alguien, te hace más elegante. —dijo Blaise.

—Así es. —gritó Adrianne desde la cocina donde luchaba con Sirius para que este no robara más de sus ciruelas para la salsa que iba a preparar.

—Yo quiero tener muchas novias cuando sea grande —Blaise continuó—. Mamá siempre me dice cómo comportarme para que los demás gusten de mí.

Harry se ahogó con su jugo y Remus dejó salir una profunda carcajada.

— ¿Ah sí? ¿Eso es lo que quieres ser de grande?

—No. Quiero ser Inefable y tener muchas novias.

Harry tosía y Remus le palmeaba suavemente la espalda riendo al mismo tiempo.

—Serás todo un conquistador entonces, ¿no?

Blaise asintió y Harry le miró boquiabierto.

—Tú no puedes tener más de una novia, Blaise.

—Es que con ninguna de ella será algo serio, Harry. Mamá dice que ambos debemos saber que la relación es abierta, para que ella pueda salir con más chicos y yo con más chicas.

— ¡Pero eso no es amor! —casi gritó Harry.

Remus temía que se le saliera el Whiskey por la nariz de tanto reír.

—Tu niño es un encanto, Lily. —ronroneó Adrianne lentamente. Miró por un momento a Sirius y este dejó caer la cuchara con ciruelas como si estuviera bajo un hechizo. Remus, desde su silla, puso los ojos en blanco por la debilidad de su pareja. Él no tenía muy claro qué hacía Adrianne con la Legeremancia para que a cualquiera que mirara con profundidad, se le obnubilaran los sentidos. Remus y Lily habían comentado entre risas que quizás ella era una especie de Medusa pero con otros fines.

Lily y James estaban decorando con adornos muggles la chimenea de la sala. Había botas navideñas para cada miembro de la familia, contando con Remus, Sirius, Adrianne, Blaise y los Malfoy.

— ¿Crees que deberíamos poner a los Weasley también? —preguntó Lily mientras trazaba con su varita el nombre de Narcissa en una de las botas.

—Oh, mi amor... No podríamos andar por la cantidad de botas que quedarían. Haz una que diga "Los Weasley" y quedamos listos.

—Está bien. Bórdala tú entonces y yo haré la de Severus.

— ¡No quiero a Quejicus en mi chimenea!

—Te aguantas. Es mi amigo y el profesor de Harry.

— ¿Ah sí? Bueno, entonces pondremos a Tom.

— ¡No!

—Él también es profesor de Harry.

Los dos siguieron discutiendo y Adrianne preparaba el pavo tranquilamente con un Sirius picando verduras dócilmente a su lado.

La conversación en la mesa siguió:

—Yo cuando grande, seré Auror. —dijo Harry.

— ¿Y cuántas novias tendrás? —preguntó Blaise.

—No me gustan las novias.

—Me dijiste que Cho era bonita.

—Sí. Pero no quiero que sea mi novia.

— ¿Entonces quieres tener novios?

Ahora fue el turno de Remus de ahogarse con su bebida.

—Los chicos tienen novias. —dijo Harry confundido.

Blaise levantó una ceja con desdén y señaló con obviedad a Remus.

—El señor Lupin tiene novio.

Remus trató de sonreír.

—Sí, así es.

—Y él es un chico.

Remus tuvo que reír ante la ingenuidad del niño. Adrianne le sonrió desde la cocina y Sirius pareció despertar de un sueño.

—Agradezco que me consideres un chico aún, Blaise.

Blaise le sonrió y siguió bebiendo de su jugo.

—Bueno, en todo caso, tampoco tendré novios. —dijo Harry.

— ¿Por qué, Harry? —la voz alegre de Sirius se dejó oír. Él se acercó a la mesa y se sentó junto a Remus— Puedes enamorarte algún día.

—Sirius. —la voz llena de advertencia de Lily llegó desde el vestíbulo.

—Seré Auror. Así que no tengo tiempo para ello. En el trabajo no se puede tener novios.

—El señor Lupin tendrá novio en el trabajo. —dijo Blaise balanceando las piernas en la silla.

—No, Blaise. Él trabajará en Hogwarts y yo seguiré en el Cuartel. —dijo Sirius.

—Yo me refería al profesor Tom.

Ni Harry ni Blaise entendieron el revuelo que le siguió a esa declaración. Adrianne había gritado en italiano, regañando a su hijo y James había casi rodado por las escaleras después de que Lily le golpeara con enfado. Sirius, quien había estado bebiendo de la copa de Remus, había escupido todo el Whiskey y Remus había enrojecido mientras trataba de explicar que él y el profesor Tom no eran novios.

Harry no entendía. ¿Por qué Blaise diría que el profesor Tom y Remus eran novios?

Blaise no entendía. ¿Acaso el señor Lupin y el señor Black no estaban en una relación abierta?

Hubo más revuelo después de eso, para luego ser olvidado por la deliciosa cena italiana que había preparado Adrianne. Más tarde, Sirius volvió a recuperar su humor y Remus siguió charlando con los niños con normalidad. Lily y Adrianne cuchicheaban entre ellas y James bajó al ático por escobas para jugar al Quidditch.

Era bueno volver a casa, pensó Harry mientras capturaba la Snitch en su mano derecha después de una hora de juego.

Allí abajo pudo ver a su madre y a Adrianne bebiendo té junto con Remus. James y Sirius se perseguían mutuamente y Blaise intentaba una nueva pirueta en su escoba.

Todo sería muchísimo más divertido cuando todos estuviera reunidos. Draco y él podrían jugar al Quidditch más a menudo y eso era lo único que importaba. 

Chapter Text

Lily Potter salió del consultorio de su médico. Narcissa estaba allí en la sala de espera con un ridículo sombrero de paja y un vestido de granjera. El verla así fue lo único que le salvó de soltarse en llanto y armar un espectáculo en aquel prestigioso centro médico muggle.

La rubia reparó en ella y no demoró en ponerse de pie para llegar junto a su amiga. La abrazó cuando la tuvo al alcance y le besó la cabeza mientras Lily dejaba salir un tembloroso suspiro.

—No sé ni por qué vine acá desde un principio. Si la medimaga me dijo... todo eso, yo debí conformarme con ello.

—Dijiste que siempre era bueno ver una segunda opinión. Y en parte tienes razón, Lily —Narcissa pasó su brazo lentamente por la espalda de Lily, intentando reconfortarla—. No te desanimes. Ya sabes que puedes--

— ¡No! No, Cissa, por favor. No lo digas ahora. En este momento no puedo pensar en algo así... Tal vez luego, si lo hablo con James y con Harry. Pero ahora no...

Narcissa cedió y se separó de Lily para mirarla a los ojos y sonreírle tranquilizadoramente.

—No es el fin del mundo. —le dijo.

Lily asintió y sonrió muy a su pesar cuando unas de las pajas del sombrero de Narcissa se le enredaron en su cabello.

—Te dije que te vistieras como muggle, Cissa. ¿Puedes decirme por qué decidiste vestirte así?

Narcissa levantó el mentón con desdén y entrelazó su brazo con el de Lily mientras salían de la clínica.

—No quise aparentar mi verdadero estatus social. Así que en un libro muggle, vi que los de clase baja se visten así.

Lily decidió no sacarla de su error y más bien rio un poco y se dejó conducir por su amiga.

 


 

—Podríamos bajar por los pasamanos de la escalera principal como si estuviéramos esquiando —sugirió Blaise con emoción en la sala de té de la Mansión Malfoy—. El que llegue primero, será el rey y los demás, príncipes, según el orden.

—Yo me apunto. —dijo Ron.

—Yo igual. —dijo Harry con emoción.

Draco no habló enseguida pues observó ansiosamente a su padre quien se encontraba conversando alegremente con Adrianne.

—No sé qué dirá papá. —susurró.

Blaise sonrió y abrazó a Draco por los hombros. Harry frunció el ceño.

—No te preocupes, Draco —dijo el italiano—. Él no tiene por qué enterarse. Haremos un voto de silencio, y el que lo rompa, le haremos el hechizo de piernas de gelatina y no se lo quitaremos hasta la noche.

— ¡Eso no se vale! —dijo Ron— Si gritamos, será más divertido.

Harry asintió.

—Podremos utilizar otras escaleras. —sugirió.

—No sería tan divertido, pues las demás son muy pequeñas. —dijo Draco.

Blaise puso los ojos en blanco y se puso de pie lentamente.

—Señor Malfoy —dijo alzando la voz—. ¿Podemos jugar a deslizarnos en las escaleras?

Draco casi grita y Ron se enrojeció por la vergüenza. Harry tuvo que mirar a otro lado después de que Lucius les mirara con una ceja alzada.

La señora Zabini rio roncamente y cruzó las piernas.

—Blaise, tesoro, no deberías molestar a Lucius con eso. Pueden jugar al snap o cosas como esas.

—Eso es muy aburrido, mamá. Si no podemos volar, entonces podemos deslizarnos por las escaleras. Será más divertido.

—Está lloviendo. —trató razonar Draco buscando la mirada aprobatoria de su padre.

—Bueno... Señor Malfoy, ¿puede hacer un hechizo de impermeabilidad para que podamos jugar? —insistió Blaise.

—No. —contestó Lucius simplemente.

Adrianne volvió a reír y Lucius le guiñó un ojo.

—Eres un hombre cruel. —dijo la mujer.

Blaise suspiró resignado y Ron se cruzó de brazos enfurruñado.

—Oh, ¿pero qué estoy viendo? Un niño tan guapo no debería hacer ese gesto. —dijo Adrianne inclinándose un poco para acariciar la cabeza de Ron, quien era el que más cerca estaba de los adultos.

Ron se sonrojó furiosamente y Harry se rio. Él, por su parte, ya estaba acostumbrado a cualquier cosa, viniendo de Adrianne.

—No he tenido el placer de ver a Arthur. Es pelirrojo también, ¿no?

—Sí —contestó Lucius—. Todos los Weasley son así.

—Me atraen mucho los pelirrojos. —ronroneó ella.

—El señor Weasley tiene esposa. —dijo Draco.

Harry tuvo que cubrirse la boca para no soltar la carcajada al ver el gesto amenazante de Lucius.

—Eso lo sabe todo el mundo, Draco —siseó él—. Ella no está queriendo decir nada.

Adrianne miró a Lucius de la misma manera que miraba a cualquiera que ella quisiera embrujar (bueno, o eso creía Harry que ella quería hacer), y sonrió lentamente.

—Oh, mi querido Lucius. Yo estoy queriendo decir todo. Además me gustaría conocer también a Molly Weasley. Dicen que es una graciosa mujer.

Lucius le miró aterrorizado y se puso de pie como un resorte.

—Acompáñame al estudio, Adrianne, por favor. He olvidado que tengo noticias sobre tu mansión en Italia.

Adrianne pareció perder el interés en lo anterior y sus ojos brillaron con ilusión.

—Esas sí que son excelentes noticias. Blaise, hijo, nos vemos ahora. Nos iremos cuando llegue Lily. Cuida de tu hermanito.

Blaise asintió y abrazó protectoramente a Harry.

— ¿Entonces podemos jugar en las escaleras? —preguntó Ron en voz baja antes de que los adultos salieran de allí.

— ¿Cuántos años tienen, cinco? —preguntó Lucius a su vez con desdén.

—Oh Lucius, son niños. Déjales ser felices. —dijo Adrianne llevándose a Lucius fuera de la habitación.

Cuando salieron, Blaise dijo con pomposidad:

—Eso quiere decir que podemos jugar.

Ron no se demoró en salir corriendo, siendo seguido por Blaise. Harry quiso correr también, pero Draco le detuvo.

— ¿Qué pasó? —preguntó Harry.

—No hay necesidad de ir corriendo. Podemos ir de la mano.

Harry se encogió de hombros y se dejó hacer. Ninguno de los dos se dio cuenta de la grande sonrisa que lucían cada uno.

 


 

Narcissa y Lily se Aparecieron en uno de los jardines cubiertos de la mansión, al mismo tiempo que un tercer visitante lo hacía: Tom Ryddle.

— ¡Pero qué suerte tengo yo de encontrarme con dos de las damas más hermosas! —saludó él sonriendo y quitándose un sombrero negro muy simple. A su lado, apareció un pequeño paraguas negro.

Narcissa sonrió encantadoramente y Lily tuvo que hacer lo mismo.

Tom Ryddle era fascinante y tú no podías odiarlo aunque él estuviera detrás de tu esposo, tu mejor amigo o tú misma. Se recordó que tenía que hablar con Bellatrix prontamente.

—Hola, Tom —saludó Lily —. ¿Dónde estabas?

—Estuve en el Londres Muggle buscando unos cuantos libros sobre criminales. Estoy pensando en implementar algo sobre esto en mis clases. Oh, Narcissa, por Salazar... ¿Qué traes puesto?

Narcissa borró su sonrisa y se dirigió a la entrada de la mansión con pasos enfadados. Tom miró a Lily con interrogación y ella se encogió de hombros.

—No digas nada más sobre su vestido. La pobre no supo vestirse como muggle. —rio sin poder evitarlo.

— ¿Estuvieron en el Londres Muggle? Oh, si van una próxima vez, pueden invitarme. He oído de un bar muy elegante que--

—Tom, por Merlín, deja de pensar en eso.

— ¿Qué dices? ¿De qué hablas?

Lily decidió no responder y siguió a Narcissa dentro de la Mansión encontrándose con una escalofriante escena. Narcissa también estaba petrificada y lo mismo Draco y Harry quienes se aprestaban a deslizarse por el pasamano con unas enormes almohadas sujetadas en sus cinturas.

Blaise y Ron gritaban y reían mientras se deslizaban por el pasamano opuesto y Tom corrió hacia las escaleras, gritando si podía unírseles.

Lily sólo levantó un dedo y lo movió lentamente. Harry entendió el mensaje y se quitó la almohada para luego bajar las escaleras como una persona normal. Al parecer, Narcissa y Draco habían compartido una señal similar pues el pequeño rubio bajó tras Harry con la cabeza gacha.

—Tom, no alientes este juego tan peligroso —regañó Narcissa—. Blaise, Ron. Vengan conmigo.

—Oh, Narcissa. Yo cuidaré de ellos, no te preocupes. —rogó el profesor.

—Tú puedes ir a hablar con Adrianne como un hombre adulto que eres —dijo ella—. Tengo que hablar unas cositas con Lucius Malfoy.

—Harry, pórtate bien. En un momento regreso para que nos vayamos a casa —dijo Lily—. Blaise, es mejor que subas por tu abrigo y tu escoba.

Dicho esto, Lily se retiró de allí junto con Narcissa.

— ¿Adrianne Zabini está aquí? —preguntó Tom sonriendo.

—Ella ya no es Zabini, profesor Tom —corrigió Blaise—. Es sólo Adrianne, como yo. Yo soy Blaise. Sólo Blaise. Y ella está soltera.

— ¡Blaise! —Harry exclamó.

—El profesor Tom no puede ser novio de tu mamá, Blaise. —dijo Draco.

—Profesor, ¿podemos jugar? —preguntó Ron ansiosamente.

— ¿Por qué me lo preguntas a mí? —dijo Tom quien se había acostumbrado a tutear a sus alumnos fuera de Hogwarts.

—Porque usted es el adulto. —dijo Blaise.

—Ah, siendo así entonces les doy mi permiso. Y me uniré a ustedes para supervisar cualquier inconveniente.

Blaise, Ron y Harry saltaron emocionados y se acomodaron las almohadas, para empezar de nuevo a deslizarse.

— ¡Vamos a jugar, Draco! —gritó Harry.

—Yo ya no quiero. Además acuérdate que tu mamá y la mía nos dijeron que no podíamos.

—Nunca dijeron eso.

—Pues haz de cuenta que sí y ven conmigo a mi habitación. Quiero dormir la siesta.

— ¡Pero es muy temprano! —se quejó Harry.

—Las siestas se hacen en el día, Harry. Eso dice papá.

— ¿Y qué vas a hacer en Hogwarts entonces?

—Pues me aguantaré. Vamos, ven conmigo.

—Pero ya casi me voy. —dijo Harry.

— ¿No quieres dormir la siesta conmigo? —preguntó Draco en voz baja— Siempre lo hemos hecho.

Harry se rindió y aceptó entonces.

—Bueno, está bien. ¿En qué habitación dormiré? —dijo Harry intentado molestar a Draco ya que no tenía más que hacer.

Draco le miró ofendido para luego tirar de él por un brazo. Subieron por las escaleras evitando que Tom cayera sobre ellos y llegaron a la tercera planta para seguir por el pasillo directo a la habitación de Draco.

Ya allí, ambos chicos se lanzaron sobre la cama sin quitarse los zapatos y se acostaron frente a frente.

—Podríamos seguir durmiendo juntos en Hogwarts, si tú quisieras. —dijo Draco después de un rato.

—Ya sabes que después Blaise se acostaría con nosotros y sería muy incómodo. Las camas son muy pequeñas.

—Pues tienes que decirle a tu hermanito que no nos moleste. Yo quiero dormir contigo.

Harry bostezó; una repentina somnolencia cayendo sobre él.

—Yo también. —dijo dándole un beso en la mejilla a su amigo y dejándose llevar por el sueño.

Draco le observó por un rato más y luego cayó dormido también. 

Chapter Text

En uno de los últimos compartimientos del expreso de Hogwarts, Harry y sus amigos charlaban alegremente entre ellos, compartiendo regalos y todos los recuerdos que atesoraron de las últimas vacaciones.

Harry, horas antes, se había despedido en medio de un mar de lágrimas por parte de su madre y una mirada preocupada de su padre. Harry no había soportado tan extraño comportamiento y había exigido una explicación. Lily, atropelladamente, le había dicho algo sobre que lamentaba mucho que él se sintiera solo por ser hijo único, pero que ella, junto a James, habían hecho lo imposible por darle un hermanito y que esto no había sido posible.

Lily se veía destrozada y James trataba de ocultar también su tristeza. Harry, con el tiempo en su contra, les dijo que él nunca había pensado en tener un hermano y que en realidad se sentía muy feliz así, y además tenía unos maravillosos amigos que le acompañarían en el colegio. Adrianne y Blaise se habían ido de la casa días antes, y la preocupación de Lily había crecido por ello, así que Harry prometió hablar con Blaise para que volviera allí con su madre, y seguir siendo hermanitos.

Ahora, Harry sonrió con tranquilidad al recordar la cálida sonrisa de su padre y el reconfortante abrazo de su madre. Ellos parecían más tranquilos y estaban dispuestos a hablar con Adrianne para que las cosas volvieran a la normalidad.

—Blaise, ¿ya has pensado sobre lo que te dije? —preguntó Harry acariciando el pelo de Draco. El rubio se había quedado dormido sobre las piernas de Harry.

—Yo quiero regresar allí, Harry. Sólo falta que mi madre quiera, pues está muy a gusto con nuestra nueva casa. Queda muy cerca a la de Draco.

—Entonces podemos ir a vivir con ustedes, ¿no? Me gustaría mucho vivir cerca de Draco, y así tú y yo seguiríamos siendo hermanitos.

—Somos hermanitos sin importar dónde vivamos, Harry —dijo Blaise sonriendo y dejando que Pansy reposara la cabeza en su hombro—. Pero me gustaría mucho que viviéramos juntos, así que le diré a mamá que vivamos juntos en nuestra casa.

—También papá y mamá. —aclaró Harry.

— ¡Claro! ¡Nuestra familia al completo!

Pansy carraspeó. Levantó su cabeza y compartió una mirada con Hermione; ambas asintieron y Pansy aclaró su garganta.

—Mione dice que Ron le ha pedido ser su novia.

Harry abrió mucho los ojos y Blaise rio. Draco despertó y se levantó de su cómoda almohada con la cara sonrojada por el sueño.

— ¿Qué dices?

—Que Mione y Ron son novios

— ¿Y cómo alguien de doce años puede tener novio? —preguntó Blaise— Mamá dice que podré tener novia después de los quince, aunque yo quiero después de los catorce.

—Ellos son novios para ir de la mano. —explicó Pansy al tiempo que Hermione se sonrojaba.

—No entiendo. —dijo Harry.

—Yo podré ir de la mano con Ron cuando salgamos de clase —le explicó Hermione—. Y si él quiere regalarme flores, podrá hacerlo. Yo también le regalaré ranas de chocolate o le daré besos en la mejilla.

— ¡Exacto! —dijo Pansy— Sólo besos en la mejilla.

—Draco y yo no somos novios. Él y yo vamos de la mano casi siempre y nos--

Shhh —casi gritó Draco— Eso es un dato privado, Harry. Es nuestra intimidad.

—Oh, está bien. Lo siento.

Pansy les miró atentamente por un momento para luego encogerse de hombros y girarse hacia Blaise con una sonrisa ilusionada.

— ¿Serás mi novio así como lo son Ron y Mione?

Blaise le sonrió y asintió.

—Está bien. Entonces somos novios.

Harry no cabía en la sorpresa. ¿Era todo así de simple?

—Ahora sólo falta que Harry y Draco consigan novias. —dijo Hermione.

— ¡Somos muy pequeños para eso! —exclamó Harry.

—Yo no quiero novias —dijo Draco—. Estoy muy bien con Harry.

—Pero ustedes no son novios.

— ¡Tenemos doce años! —insistió Harry.

—No somos novios porque aún no lo hemos hablado con nuestros padres.

—Draco, tú y yo sólo somos amigos.

—Pero podemos ser novios más adelante.

—Pero somos--

Harry se frenó al ver la mirada de Blaise. Él y su madre le habían hablado muy abiertamente sobre que los chicos también podían salir con chicos siempre y cuando ambos se quisieran. El claro ejemplo era Sirius con Remus. Harry recordó que Remus le había dicho que era sólo suya la elección sobre con quién quería salir. También le había dicho que no había nada de malo si a él le gustaba otro chico; pero le recomendó que por ahora no pensara en eso. Era muy pequeño aún. Harry agradecía que sus padres no estuvieran al tanto de la conversación.

— ¿Entonces a quién quieres de novia? —bufó Draco con los brazos cruzados.

—Oh, a nadie.

—Entonces sé mi novio.

—Está bien. Pero entonces será más adelante. Mamá dice que tengo que crecer más.

—Mamá también me dijo eso. —dijo Draco.

—Está bien. Pero por ahora nuestros padres no pueden darse cuenta —aclaró Hermione después de un rato—. Así que no les diremos nada a ellos y los besos sólo serán entre nosotros.

— ¿O sea que podré besarte a ti, a Ron y a Draco también? —dijo Blaise con tono divertido— A Harry no, claro, pues es mi hermanito.

— ¿Qué? —chilló Pansy con la cara roja.

—A Draco tampoco porque él será mi novio más adelante. —dijo Harry. Draco le sonrió.

—Ella dijo que los besos serán entre nosotros. —dijo Blaise encogiéndose de hombros, ocultando una sonrisa.

Hermione puso los ojos en blanco.

—Me refiero a que sólo nosotros podemos presenciar los besos de los demás. Tú sólo puedes besar a Pansy. Yo a Ron, y Draco a Harry, cuando sean novios.

—Y sólo en la mejilla. —aclaró Pansy.

La puerta se abrió y Ron entró con muchos dulces en sus brazos.

— ¿De qué me perdí?

—Hermione dice que es tu novia. Pansy y Blaise son novios y Draco será el mío más adelante. —dijo Harry ignorando las caras asustadas de las chicas.

Ron dejó caer todos los dulces y abrió la boca con sorpresa.

— ¿Que Hermione es mi novia? —preguntó.

Hermione se cubrió la cara con las manos muerta de vergüenza y Pansy fulminó con la mirada a Harry.

—Se suponía que Mione se lo diría a Ron personalmente. —dijo con un puchero enojado.

 


 

Harry y Draco saltaron desde su carruaje para correr hacia la entrada de Hogwarts.

—Tenemos que apresurarnos para poder escapar de Pansy. —jadeó Draco.

— ¿Y Blaise? ¿Dónde quedó?

—Como es el novio de Pansy, tuvo que quedarse con ella.

—No me gusta este juego. Somos muy pequeños para tener novios.

—Lo sé —dijo Draco normalizando el paso al pasar por las grandes puertas. Muchos otros estudiantes pasaban por allí también y el profesor Tom estaba guiando del brazo a Remus—. Pero no es un juego, Harry. Ellos serán novios para siempre, así como tú y yo.

— ¿Y tú cómo lo sabes? ¿Y de verdad seremos novios tú y yo?

—Lo sé porque el primer novio de mi mamá fue papá. Y la primer novia de papá, fue mamá —Draco saludó con la mano a Snape y este inclinó la cabeza. Harry hizo lo mismo y Snape se señaló los ojos y luego inclinó la cabeza—. Y yo quiero ser tu novio. ¿Tú no quieres ser mi novio?

—Bueno... Es que todo esto es muy nuevo. Yo sólo quiero jugar Quidditch.

—Y lo haremos. Jugaremos al Quidditch. Cuando seamos más grandes seremos novios.

—Está bien. Pero entonces no podemos darnos más besos.

Seamus, cerca suyo, se ahogó con su saliva al escucharlo. Las orejas de Harry se calentaron sobremanera. El irlandés sonrió malignamente y se fue corriendo hacia su mesa de Gryffindor.

— ¿Por qué no? —dijo Draco caminando hacia la mesa de Slytherin— Esos son besos de amigos.

— ¿Y cómo son los besos de novios entonces? Pansy dijo que se besaría en la mejilla con Blaise, y eso es lo que hacemos tú y yo.

Draco le miró como si fuera tonto.

—Déjamelo a mí. Ven y siéntate. El señor Lupin se presentará dentro de poco.

Harry asintió y olvidó el tema para concentrarse en Remus. El nuevo profesor de encantamientos estaba sonriendo mientras esquivaba una copa de manos de Tom.

Harry tendría que vigilar más de cerca al profesor de DCAO. Lily se lo había encomendado con insistencia. 

Chapter Text

El día de San Valentín trajo consigo mucha expectativa entre los magos y brujas de segundo año en Hogwarts.

Con el permiso de Dumbledore, Tom y Remus habían acompañado a los estudiantes de segundo año a Hogsmeade para poder visitar el pequeño pueblo por motivo de las festividades.

Desde el primer momento, Remus había elegido otra ruta diferente a la de Tom para evitar -según él- futuros problemas. Así que el profesor de encantamientos se encargó de vigilar a los Ravenclaw y Gryffindor, y Tom tuvo que hacerse cargo de Slytherin y Hufflepuff, no sin antes haber tenido una pequeña charla con Remus que Blaise no permitió que Harry escuchara.

Ese día, sábado, todo parecía ir a las mil maravillas. Todos estaban disfrutando del paseo y conociendo todo lo que Hogsmeade tenía para ofrecer a medida que los galeones desaparecían de sus bolsillos. Draco había invitado a Harry a tomar té en Madame Tudipié y Blaise hizo lo mismo con Pansy, situación que sirvió de excusa para que Tom invitara a Remus cuando este, junto a los suyos, se reunió al otro grupo.

Nadie imaginaba que más tarde, una horda de lobos salvajes decidiría hacer una pequeña visita a las cercanías del colegio, trayendo consigo el terror y la desesperación. Definitivamente unos cuantos habitantes del pueblo, dos adultos capacitados y más de cincuenta estudiantes de segundo año no serían suficientes para repelerlos y poner a salvo el territorio. Era muy malhadado el hecho de que los estudiantes mayores y otros profesores estuviesen a resguardo en Hogwarts, y que Albus Dumbledore hubiese concedido más tiempo como permiso a los demás, por petición de Tom.

Pero Remus y Tom no eran para nada incompetentes, pues supieron actuar con calma y diligencia, organizando a los niños por grupos para que cada uno buscara refugio en cada establecimiento abierto cerca de allí. Un patronus de emergencia ya había sido enviado al director, y ambos profesores hacían hasta lo imposible por repeler a las feroces bestias.

— ¿Por qué no llega más ayuda? —gritó Pansy con los ojos llenos de lágrimas y mirando con terror por una de las ventanas de Zonko. Remus y Tom estaban lanzando hechizos aturdidores y punzantes intentando ahuyentar a algunos de los lobos.

— ¡Esos lobos entrarán y nos comerán! —gritó Greg escondiéndose debajo de una mesa— ¡Estoy seguro de que ese negro grande de allí derribará la puerta y entrará por nosotros! ¿Qué vamos a hacer?

Harry no podía estar más de acuerdo. Uno de los lobos parecía ser tan grande como un caballo y era el que más rondaba por la tienda de artículos de bromas. El propietario de Zonko había desaparecido momentos antes, dejando a varios de los Slytherin abandonados a su suerte.

Por la ventana también se podía ver al interior de las Tres Escobas. Ron y Hermione estaban allí junto con otros niños y Madame Rosmerta hacía lo posible por retener la puerta.

— ¡No podemos quedarnos aquí! —gritó Draco subiéndose a una de las sillas y llamando la atención de todos— ¡Papá me contó que todas las tiendas aquí, tienen un pasadizo que lleva a Hogwarts! ¡Tenemos que encontrarlo!

— ¡No podemos descuidar la puerta! —gritó Theo quien resultó tener más agallas que los demás al decidir que impediría con su propio cuerpo que algún lobo entrara— ¡Algunos de nosotros tenemos que salir y ayudar a los profesores!

La discusión que le siguió fue caótica y Harry tuvo que abrazar apretadamente a una asustada Pansy quien no paraba de llorar pues Blaise era el único que apoyaba la idea de Theo.

Pero todo se silenció al escuchar un aullido estremecedor. El lobo grande había logrado llegar al escondite de Tom y le acechaba con ferocidad, lanzando dentelladas y sin dejar de gruñir. Tom tenía el brazo derecho bañado en sangre.

— ¡Se va a comer al profesor Tom! —gritó Daphne con desesperación. Todos los demás empezaron a gritar y a correr en círculos mientras lloraban. Blaise trataba de controlarlos y Theo no abandonaba su posición a pesar de estar pálido como la muerte. Draco estaba de rodillas frente a una de las paredes intentando encontrar el pasadizo.

Pero cualquier cosa que hubiese podido asustar a Harry anteriormente, no tuvo comparación con lo que sucedió a continuación: Remus salió de su escondite y corrió hacia el gran lobo -sin importar que los otros le persiguieran- a medida que se convertía en un lobo pardo enorme. En todo caso, no tan enorme como el que atacaba a Tom.

Harry sintió que el alma se le salía del cuerpo y soltó el cuerpo de Pansy para correr hacia la salida de Zonko. Theo, viendo la determinación en sus ojos, le abrió paso enseguida pero no contando con que la puerta estaba bloqueada.

— ¡No abre! ¡Necesito salir y salvar a Remus! ¡Ese lobo le va a hacer daño!

— ¡Está bloqueada! —gritó Theo desesperado— ¡Estamos encerrados!

— ¡Ábrelo con un Alohomora! —gritó Blaise con el cuerpo desmayado de Pansy en su regazo.

— ¡Alohomora! —rugió Harry sin éxito— ¡Alohomora! ¡Alohomora! ¡Por favor, Alohomora!

Ambos lobos se encontraban ahora rodando por el suelo y Tom había logrado petrificar a dos de los pequeños antes de que un tercero se le abalanzara y le derribara. Todos gritaron nuevamente con terror. Incluso los demás gritos, provenientes de las otras tiendas, se dejaron escuchar.

Harry creía que iba a enloquecer. Remus estaba perdiendo la pelea y Tom detenía con ambas manos las fauces abiertas de un lobo.

Pero la esperanza apareció a manos de Draco, quien sosteniendo un pequeño broche verde, atravesó la tienda como un rayo de luz pálida y pasó por la puerta bloqueada como si fuera un fantasma. Harry supo que iba a morir si algo le pasaba a Draco pero no tuvo tiempo de pensar en algo más al ver como un monstruo gigante aparecía en el centro de la calle y rugía ensordecedoramente.

Todo pasó en cuestión de segundos y del terrible incidente sólo quedaron los cuerpos petrificados de dos lobos y un desmadejado Tom Ryddle. Remus, en su forma de lobo, estaba desmayado en el suelo con algunos rasguños y el monstruo -un basilisco, Harry se dio cuenta más tarde- había desaparecido y en su lugar, estaba Draco con un brazo extendido y mirando todo con horror.

La puerta hizo un clic y Harry no perdió el tiempo para salir corriendo en dirección a su amigo. Cuando llegó a él, le golpeó, le gritó, le abrazó y le besó haciéndole reaccionar finalmente. Ninguno de los dos se dio cuenta de la llegada de los demás profesores de Hogwarts junto al director y algunos Aurores a restablecer la paz en último momento.

 



Todo se trató de una revuelta de los duendes de los bosques quienes en convenio con los lobos, querían atacar el colegio y hacer daño a sus ocupantes pues su relación con los magos no era la mejor, mucho menos con Albus Dumbledore.

La ayuda que con tanta desesperación había sido solicitada, no pudo ser atendida pues las cosas en el interior de Hogwarts no estuvieron mucho mejor que en Hogsmeade.

Por suerte, las heridas que obtuvo Remus en su forma de lobo no fueron muy graves y el gran mordisco que se llevó Tom en su brazo no trajo ningún perjuicio salvo una cicatriz que el profesor lucía con mucho orgullo, y que a menudo aprovechaba para fanfarronear sobre ella con sus colegas.

Los Aurores tuvieron un arduo trabajo al dar captura a todos los duendes revoltosos y enviar a los lobos para un control con algunos expertos en criaturas mágicas. Y los padres de familia pidieron que se adelantaran las vacaciones de Semana Santa para poder estar con sus hijos y que se restableciera un poco el orden en Hogwarts y sus alrededores.

— ¿Cómo sigue Remus, papá? —dijo Harry un día muy caluroso. Los tres Potter estaban en el patio de su casa organizando el jardín que con tanto cariño y dedicación cuidaba Lily— Draco dice que Remus no podrá volver a su forma animaga si así lo quiere, ¿eso es cierto? ¿Y por qué no me habían dicho que él era un animago desde un principio? Yo creía que sólo Sirius y tú eran animagos, papá.

—Está bien, está bien cachorro. Cálmate un poco. Apenas y he podido entenderte algo de lo que has dicho— dijo James riendo. Lily estaba entretenida cantándole a una de las rosas blancas—. De verdad que se nos olvidó mencionártelo y obviamente, ni Remus ni Sirius te lo hubiesen dicho puesto que se supone que lo sabías. Lo siento, Harry. Debió ser terrible para ti verlo convertirse.

— ¡Fue espantoso! —casi gritó Harry lanzando las tijeras de podar a los pies de Lily— ¡Yo creí que era un hombre lobo!

—Lo que yo no entiendo es cómo pudiste pensar en eso si apenas atardecía, Harry —dijo James con indulgencia—. Ni siquiera era tiempo de luna llena.

— ¡Lo sé! Pero yo estaba muy nervioso y allí en Zonko todos estaban gritando y llorando. ¿Te conté que Pansy se desmayó? ¿Te conté también que el dueño de Zonko escapó y nos dejó allí solos? ¡Madame Rosmerta se quedó con los demás en las Tres Escobas! ¡Y Draco utilizó el regalo que nos dio el señor Malfoy el primer día y de allí salió un basilisco enorme y furioso y yo creí enloquecer cuando vi que Draco se había ido y que estaba cerca a los lobos!

—Sí, Harry. Ya nos has contado miles de veces la misma historia. —dijo James con sufrimiento.

— ¿Y qué con que lo vuelva a hacer, James? —dijo Lily quien había estado pendiente de la conversación— Si Harry quiere contarlo, lo hará las veces que sean necesarias. Además, tú como Auror deberías prestar más atención a lo que él dice para alguna investigación del caso.

—El caso ya está cerrado, Lily. Los duendes ya pagaron por lo que hicieron y los lobos fueron enviados a una reserva en Bulgaria.

— ¿Por qué una reserva si son criaturas mágicas? —preguntó Harry

Lily también miró con interrogación a su esposo.

—Lo siento. No puedo hablar sobre ello. Es confidencial en el Departamento de Aurores.

Harry se encogió de hombros y se inclinó para alcanzar las tijeras y seguir su trabajo. Pero Lily no se rindió tan fácil.

—Así que hacen una especie de juramento para que ni siquiera sus familiares se enteren, ¿no? —dijo con voz suave y peligrosa— Incluso si uno de los hijos de esos Aurores estuvo implicado y en peligro en ese incidente.

James palideció ante el tono de su esposa y carraspeó incómodamente.

— ¿Qué te dijo Blaise sobre venir a pasar la semana aquí, Harry? —preguntó casualmente.

—No me cambies el tema, James Potter. —siseó Lily.

—Blaise dice que no puede venir pues debe ayudar a su madre con las compras para su nueva casa. Creo que irán a Italia. —respondió Harry tranquilamente.

—Harry, cariño. Ve a tu habitación y practica con tu varita los hechizos de protección que te enseñamos. —dijo Lily acercándose a James lentamente.

—No quiero ir, mamá. Quiero estar aquí en el jardín.

—Harry...

— ¡Está bien! ¡Lo diré! —dijo James encogiéndose ante la cercanía amenazadora de Lily— Los duendes hechizaron a lobos comunes para que atacaran Hogsmeade. Los lobos mágicos no obedecerían a nadie, así que los duendes tuvieron que recurrir a los otros.

Harry abrió mucho la boca y Lily ahogó un grito.

— ¡Oh por Dios! Pudieron haberlo hecho con leones o tigres... ¡Harry está en peligro en Hogwarts! ¡No podemos vivir más aquí, nos iremos!

— ¡No me alejaré de Draco! —gritó Harry cruzándose de brazos

—No seas tan exagerada, mujer —rio James viendo las reacciones de su familia—. No somos tan incompetentes como crees. Nos encargaremos de que esto no vuelva a suceder y de que si sucede, cada uno sepamos cómo actuar. Y tú Harry, puedes ir explicándome por qué extrañarías únicamente a Draco si es que nos vamos. ¿Qué pasa con tu padrino y con Remus? ¿Los Weasley? ¿Tus abuelos?

Harry se sonrojó y miró al suelo con culpabilidad. Lily en cambió soltó una risita.

—Además, no olvides que Regulus vendrá de Francia y se establecerá aquí. Él te quiere mucho, Harry.

— ¡Y Gideon junto con Fabián van a crear una tienda de bromas en el callejón Diagón! —exclamó James con emoción— No podemos irnos sin verla siquiera, Lily. ¿Cómo es que sugeriste siquiera eso?

—Oh James, no dejaré que ellos se acerquen a Harry. Lo mismo digo de los gemelos. ¡Fred y George junto con sus tíos son el demonio mismo!

— ¿Demonio? Tú no sabes de diversión. Ellos son los mejores bromistas -igual que nosotros los Merodeadores, claro está- y son nuestra inspiración.

—Harry no tiene que crecer con esas influencias. No quiero que se meta en problemas por hacer bromas. Él será un Auror, un jugador de Quidditch o un pocionista. ¿A que no, Harry?

—Seré un Auror. Draco será un Inefable e iremos a misiones juntos.

—Exacto. —dijo Lily con emoción. James levantó una ceja.

Harry continuó:

—Él me dijo que cuando estemos en misiones, podemos hacerlo todo juntos. Y que cuando tuviéramos días libres, podríamos ir a cenar juntos e ir de paseo, puesto que seremos novios cuando grandes.

Un momento de silencio y Harry cayó en cuenta de su error muy tarde al ver los rostros perplejos de sus padres. James estaba con la boca desencajada y Lily le miraba con los ojos muy abiertos.

Harry se dio golpes mentalmente por su enorme bocaza. Se suponía que ni él ni Draco se lo mencionarían a sus padres hasta mucho después.

—Acabo de recordar que he dejado tareas sin hacer en mi habitación. Ah, y también que debo practicar los hechizos de los que hablaba mamá, ¿no?

James y Lily aún no decían nada. Ni tampoco dejaban de mirar a Harry de la misma forma.

—Sí. Debo irme. —se excusó Harry inútilmente. Luego lanzó las tijeras y entró corriendo a la casa, abrumado por el grito de sus padres:

— ¡Harry James Potter Evans!

Chapter Text

Resultó que James Potter tenía razón en cuanto a que Hogwarts y sus alrededores (y casi todo el Londres Mágico) sería custodiado por las autoridades mágicas, y que todo mago o bruja sería capacitado sobre defensa básica contra cualquier ataque.

Las clases se habían retomado con normalidad y Draco había sido premiado con 150 puntos para su casa por su valentía y actuación en Hogsmeade. Claro, y Lucius Malfoy había tenido que ir varias veces al Ministerio a continuos interrogatorios sobre la utilidad e historia del misterioso broche que había utilizado su hijo esa tarde.

Fue extremamente fastidioso para el patriarca Malfoy ser tildado de poseedor de magia oscura. Pero con un poco de ayuda de James -el Jefe Auror y uno de los mejores en todos los tiempos-, pudo limpiar su nombre por completo; James presentó testimonio sobre el otro broche que poseía Harry y cómo este, junto al de Draco, estaba libre de cualquier vestigio de magia negra. Era magia muy complicada y perteneciente a criaturas mucho más antiguas que Merlín mismo. La obtención de artilugios como estos, era una de las muchas hazañas conseguidas por Salazar Slytherin. Y pocas personas como Lucius Malfoy eran los que podían dar con el paradero de estas poderosas fuentes de magia.

Después de todo esto, James recibió su recompensa por parte de Lily debido a su buena voluntad al ayudar a Lucius en todo lo que pasó, pues el Auror había actuado desinteresadamente a pesar de que el caso sólo estaba en manos de Inefables.

En Hogwarts las cosas siguieron su curso de la forma más normal posible y Harry fue premiado por su reciente buen desempeño en Encantamientos y DCAO. Era ciertamente una ventaja enorme tener como profesor a uno tan amable y habilidoso como Remus Lupin, aplicando igualmente a Tom Ryddle.

 



—Harry.

Harry levantó la cabeza de su revista de Quiddicth para prestar atención a Draco.

— ¿Quieres pasear conmigo por las mazmorras? —susurró el rubio.

— ¿Por qué estás susurrando? —susurró también Harry.

Draco miró a ambos lados en el comedor. Blaise estaba frente a ellos charlando con Theo y Pansy. Greg y Vincent no habían bajado a desayunar.

—No quiero que nadie se dé cuenta. Quiero que seamos sólo tú y yo.

Harry frunció el ceño y observó atentamente a Blaise. Al parecer no se había dado cuenta.

—No podemos quedarnos solos, Draco. Blaise le dirá a nuestros padres entonces no podremos volver a juntarnos.

—Por eso quiero que nadie se dé cuenta. Ah, y que eso pase es por tu culpa. ¡Eres un bocazas! No tenías por qué decirle a tus padres sobre nuestro noviazgo.

—No somos novios.

—Pero lo seremos. Por ahora eso no importa, ya me encargaré de hablar con los señores Potter.

—Mucha suerte con ello. —resopló Harry divertido.

—Ahora lo que quiero es que me acompañes a dar un paseo por las mazmorras. —continuó Draco.

—No quiero, es muy aburrido. Podríamos ir a los invernaderos o al salón de música.

—Allí no podríamos utilizar esto. —dijo Draco sonriendo y sacando levemente su broche del bolsillo. Harry sonrió también y tanteó el suyo en el bolsillo de su túnica.

— ¿Crees que podríamos invocar a otro basilisco?

—No. Aquella vez en Hogsmeade apareció porque rogué que algo grande apareciera para espantar a los lobos. Ahora podemos hacer que aparezca algo diferente.

— ¿Algo como qué?

—No sé. Un tesoro tal vez. Si encontramos uno, podremos ahorrarlo o esconderlo para comprarnos una casa cuando seamos grandes.

— ¿Una casa para los dos?

—Obvio —dijo Draco levantando un poco la voz—. Tú y yo viviremos  juntos y luego nos casaremos.

—Es mejor que primero nos casemos.

—No importa el orden, y ahora no es momento de hablar sobre eso. Vamos primero a pedir el tesoro.

— ¿Y por qué en las mazmorras?

—Porque allí hay más magia Slytherin. Creo que funcionará mejor.

—Entiendo. Entonces espérame a que termine de comer mis salchichas.

—No podemos retasarnos, Harry. Luego Blaise y Pansy querrán jugar con nosotros al snap en la Sala Común y si no nos ven allí, podrán sospechar. Además ya quiero darte un beso.

Harry se sonrojó y apenas en ese momento se dio cuenta de que su cabeza estaba muy junta a la de Draco.

—Podríamos pedirle a Blaise que nos cubra cuando nos demos el beso de buenas noches. Siempre lo hemos hecho y no es nada grave.

—No confío en Blaise. Puede delatarnos. Además yo quiero darte un beso especial.

— ¿El de esa vez del partido de Quidditch?

—Sí. ¿No te gustó? —la cara de Draco también estaba sonrojada.

—Me gustó mucho. Pero ese beso es de novios.

—No. Es nuestro beso especial.

— ¿Y por qué nos besaremos en las mazmorras? —preguntó Harry extrañado.

—Exacto, ¿por qué querrían besarse en las mazmorras donde nadie los verá?

La voz de Blaise hizo que Draco Y Harry golpearan sus cabezas por el susto. Cuando levantaron las miradas, Blaise les estaba sonriendo y Pansy se estaba cubriendo la boca y daba saltitos en su asiento.

—No estábamos hablando de besos, Blaise, lo juro. —dijo Harry apresuradamente. Draco en cambio miró retadoramente al italiano.

—Oh, hermanito. Estoy seguro de que escuché algo de besos. ¿No es cierto, Pans?

Pansy hizo un ruidito ahogado y asintió vigorosamente.

—Pues si tú te puedes besar con Pansy, yo también puedo hacerlo con Harry. —dijo Draco levantando el mentón.

—Pero él y yo nos besamos en las mejillas. —se defendió Pansy.

—Así es. Y ella y yo somos novios. Recuerdo que tía Lily me dijo que debía vigilarlos a ustedes.

—Oh Blaise, no seas malo —dijo Harry—, no haremos nada malo, ya lo sabes. No le digas nada.

— ¿Y qué me dan a cambio? —dijo él mirándose las uñas.

—Te daré mis cromos especiales y te regalaré un kit de mantenimiento para tu escoba. Uno especial para ella. —negoció Draco.

—Oh, qué lindo —dijo Pansy—. Pero resulta que yo también escuché todo.

—Mamá no te ha dicho nada sobre vigilarnos. —siseó Harry.

—Yo sólo digo. —dijo Pansy.

Harry pensó frenéticamente en algo para ofrecerle. Ya era su turno de ofrecer algo, obviamente, pero el problema era que él no sabía qué negociar con Pansy. Pero Draco le salvó, como siempre.

—Te daré uno de los brazaletes que mi madre ya no usa. Es nuevo y muy bonito; mamá no lo usa porque el vestido que tenía para él ya no le sirve.

—Oh, está bien. Acepto. —dijo Pansy emocionada.

—Y yo también —dijo Blaise—. Ahora vayan y si encuentran un tesoro deberán compartirlo con nosotros. Somos buenos y no le diremos a Hermione o a Ron para que ellos no pidan también.

Draco asintió sonriendo y se puso de pie, halando de Harry.

—Vamos, Harry. No podemos atrasarnos.

Harry olvidó por completo su desayuno y sonrió emocionado dejándose llevar por Draco hacia la salida del Gran Comedor.

—Cuida de mi hermanito, Draco. —gritó Blaise detrás de ellos.

 


 

— ¿Ya te conté lo que Blaise dijo el otro día? —preguntó Harry bajando las escaleras tras Draco con un lumos en su varita— Él dice que el profesor Tom quiere ser novio de Remus. ¿Tú te lo crees?

—Él quiso ser novio de mi papá. —dijo Draco con simpleza deteniéndose en un tramo de las escaleras y mirando atentamente a su alrededor.

— ¿En serio? —Harry estaba sorprendido— ¿Y qué dijo tu mamá?

—Eso fue antes de que papá y mamá fueran novios. El profesor Tom iba un año delante de papá y le decía muchas cosas.

— ¿Qué cosas?

—Papá no me lo ha dicho. Pero si me dijo que al profesor Tom le gustaba dar mucho amor. Él cree que el profesor Tom quiere ser novio del señor Remus y de tu padrino.

— ¿De los dos? No lo entiendo.

—Yo tampoco. Pero mamá cree que él está loco y que esa locura se le quitará cuando hable con la tía Bella. O cuando Severus quiera darle una oportunidad.

— ¿El profesor Snape? —Harry arrugó la nariz— No creo que él quiera tener novio.

—Eso dices tú porque no has visto lo que he visto yo. —Draco se detuvo y giró para mirar a Harry.

— ¿Y por qué no me dice qué sabes tú para saberlo yo?

—Te diré una cosa por cada beso que me des. —Draco sonrió.

Harry no se lo pensó y enseguida se inclinó y besó rápidamente una mejilla de Draco.

—Ahora sí. Dime qué viste.

—Yo me refiero a los besos especiales. —Draco hizo un puchero.

Harry puso los ojos en blanco y volvió a inclinarse para besarle los labios.

—Está bien, ahora dime.

—Yo vi que el profesor Tom le robaba un beso a Severus.

— ¿En dónde? —exclamó Harry.

Draco levantó una ceja y Harry recordó el trato. Así que volvió a besarlo.

—Lo besó en la boca —dijo Draco con una risita—. Severus le empujó enseguida y el profesor Tom se rio.

— ¿Y los has visto en otra ocasión? —Harry volvió a besarle.

—No. Sólo los vi esa vez. Pero vi algo mejor otro día, cuando tú fuiste a visitar a Ron en Gryffindor.

— ¿Qué? —otro beso.

—Vi que el profesor Tom estaba persiguiendo al señor Lupin.

— ¿Y le atrapó? —otro beso.

—No. Oh, Harry, lo que vi después fue alucinante.

— ¿Qué fue? —Harry exclamó.

—Dame mi beso.

—Me estoy cansando.

— ¿Besarme te cansa?

—No es eso exactamente. Tengo que inclinarme mucho.

Draco puso los ojos en blanco y subió un escalón para estar al mismo nivel de Harry.

— ¿Qué tal ahora?

—Perfecto. Ahora dime qué viste. —Harry le besó rápidamente.

—Vi que el señor Lupin reía y se convertía en el mismo lobo que vimos en Hogsmeade.

— ¿Eso fue antes del ataque de los lobos? —Harry le besó con impaciencia.

—No, fue hace poco. Como te iba diciendo, el señor Lupin se convirtió en lobo y salió corriendo. ¿Y a que no adivinas?

— ¿Qué?

—Por esta vez te perdono lo del beso, no podemos demorarnos más. El profesor Tom se convirtió en una pantera muy grande y salió corriendo detrás del lobo del señor Lupin.

— ¿Una pantera? —Draco trató de retener a Harry para que el beso durara más pero Harry se retiró entre risitas.

—Sí. Le he mencionado a mi papá si sabía algo de que el profesor Tom fuese animago y dijo que no sabía nada.

— ¿Y qué hicieron después? ¿Remus y el profesor Tom?

Draco le miró ofendido y le tendió la mano para continuar bajando las escaleras.

—No soy chismoso, Harry.

—Lo sé, lo siento. No quise que sonara así.

—No importa —Draco suspiró con cansancio—. No quiero bajar más escalas, ¿por qué no intentamos aquí? —se habían detenido en un escalón particularmente ancho.

—Como tú quieras. En realidad no sé qué hacer con el broche. —dijo Harry sacando el suyo del bolsillo y mirándolo con curiosidad.

—Sólo levántalo y piensa en el tesoro.

— ¿Y si no aparece?

—Piensa en la mejor escoba de carreras.

—Esa ya la tengo. Y tú también.

—Entonces no sé. —dijo Draco encogiéndose de hombros.

—Piensa tú en el tesoro y yo miraré en qué pensaré.

Draco accedió y levantó su broche cerrando los ojos apretadamente.

Frente a ellos se materializó un cofre negro y mediano muy simple. Los dos niños supusieron que era el tesoro pero al abrirlo, no encontraron nada allí.

— ¿Y ahora qué? —preguntó Harry

—No lo sé —Draco levantó nuevamente el broche y cerró los ojos. Una cadena plateada muy grande apareció dentro del cofre. En uno de sus extremos, una piedra pequeña verde muy brillante llamó la atención de ambos chicos.

— ¿Este es el tesoro? —Harry se inclinó e intentó tomar la piedra pero un fuerte siseo se dejó escuchar. Draco gritó y el lumos de su varita se apagó a medida que él caía de espaldas. Harry en cambio se quedó petrificado al ver aparecer una figura monstruosa delante de él.

Un ser alto, calvo, pálido, con unos ojos totalmente rojos. En donde debería estar la nariz, había dos orificios muy parecidos a las rendijas nasales de una serpiente.

— ¡Desaparécete, desaparécete! —gritó Draco levantando el broche y apuntando con este a ese horroroso ser — ¡Vete de aquí! ¡No tocaremos tu tesoro!

Harry perdió la compostura y empezó a temblar incontrolablemente mientras las lágrimas caían raudas por sus mejillas. El terror estaba nublando su mente.

— ¡Harry! ¡Corre! ¡Vámonos de aquí! ¡Vamos a avisarle a Severus o al profesor Tom!

Harry quiso hablar pero no pudo. Y no lo entendía. El basilisco que había visto en Hogsmeade era sin duda más aterrador que esa cosa frente a él. E incluso los otros muchos monstruos que su padre le había mostrado en un libro antes de entrar a clases. No entendía por qué no era capaz de moverse, ni de dejar de temblar. A fin de cuentas, aquel monstruo sólo estaba ahí parado mirando un punto indefinido en la pared, sin prestar atención a Draco Y Harry.

— ¡Harry! ¿Qué te pasa? ¡Tenemos que irnos! No quiero estar más aquí… ¡Levanta tu broche y haz que desaparezca!

Harry quiso hacerlo pero no pudo. Estaba totalmente aterrorizado.

Draco se puso de pie tentativamente sin dejar de mirar al monstruo y se acercó a Harry. Le abrazó y le susurró, aún en medio del miedo que sentía:

—Harry, levanta tu broche. Hazlo por mí, no quiero ver más a ese monstruo. Tenemos que irnos. Él no es real, Harry. Recuerda al basilisco, sólo fue una imagen. Así como esta. Hazla desaparecer con tu broche y vámonos, hazlo por mí.

Harry movió un poco su brazo. Pesaba, pesaba horrores y Harry aún no entendía por qué.

—No tengas miedo, Harry. Estoy contigo, y te quiero. Es hora de irnos.

Harry cerró los ojos procesando las palabras de Draco y en un valiente impulso, levantó el brazo con el broche, e imploró que esa cosa se fuera de ahí.

Cuando los abrió nuevamente, el monstruo y el cofre habían desaparecido y Draco a su lado suspiró aliviado.

—Pensé que nunca lo harías. No tienes que asustarte tanto, Harry. No es real.

Harry recuperó lentamente la tranquilidad.

—Si no es real, ¿entonces por qué querías bajar por un tesoro? No nos serviría de nada.

—Ajá. —dijo Draco tan pancho.

— ¿Y entonces? —cuestionó Harry nuevamente.

—Sólo quería entretenerme un poco con los broches. Además era hora de que tú usaras el tuyo.

Harry bufó con fastidio y dio la vuelta para subir las escaleras.

—También quise bajar aquí para que nos besáramos. —agregó Draco detrás de él.

—No te creo.

— ¡Te lo juro! Tenía muchas ganas de besarte.

—Entonces hubiéramos ido a los invernaderos o a la sala de música como te dije.

—Allá no hay privacidad.

Harry suspiró y sonrió muy a su pesar.

—Estoy de acuerdo. Ahora tú tienes que besarme por el susto que pasé ahora.

Draco sonrió ampliamente y se abalanzó sobre Harry para abrazarle apretadamente. Luego le dio un tímido beso en los labios y Harry se lo devolvió. Ambos rieron con nerviosismo y continuaron su camino para dejar atrás las profundidades de las mazmorras y subir a su sala común.

—Blaise no se puede dar cuenta de que nos hemos besado tanto. —dijo Harry después de un rato.

—No se lo diremos. —dijo Draco con una sonrisita cómplice.

Chapter Text

Harry estaba puliendo el mango de su escoba cuando Lily y James entraron a su habitación.

—Harry... ¿Podemos hablar un momento? —dijo Lily con cautela sentándose en la cama de Harry.

— ¿Sí? —Harry estaba seguro de que había limpiado la jaula de Hedwig. No creía estar en problemas.

—Te voy a preguntar algo y quiero que--

— ¡No fui yo, mamá, te lo juro! —gritó Harry asustado— ¡Papá me dijo que escondiera las macetas rotas!

— ¿Qué? —exclamó Lily.

— ¡Yo no hice nada Lily! ¡Harry está mintiendo!

— ¡Tú sabes que no, papá! Me prometiste un helado en Fortescue si escondía las macetas que tú y Sirius rompieron.

— ¡Eso no es cierto! —se defendió James.

—Oh ya basta ustedes dos —dijo Lily con impaciencia—. Ahora mismo no quiero hablar de sus travesuras. Esto es muy importante.

—Está bien. —dijo Harry

—Eres un niño traidor. No volveré a confiar en ti. —dijo James.

— ¡No pagaré tus platos rotos! —exclamó Harry.

Lily levantó una mano y el silencio se hizo en la habitación.

—Como iba diciendo, tengo que preguntarte algo muy importante, Harry. Y lo haré de una buena vez y sin rodeos. ¿Recuerdas a Voldemort?

Harry cerró la boca de golpe y miró a su madre con confusión.

—Ya te lo había dicho, mamá. Es el monstruo de mis pesadillas. Él que se apareció en las mazmorras cuando bajé con Draco; le puse Voldemort y... Bueno, la verdad no sé por qué le puse ese nombre, pero Draco dijo que era un nombre muy guay para un monstruo.

Lily y James compartieron una mirada.

—Está bien. ¿Puedes decirnos algo de Mopsus?

—Mopsus también aparece en mis sueños. Pero Remus dice que es un amigo imaginario.

— ¿Por qué Remus sabe de Mopsus? —preguntó James.

—Porque le he contado sobre él. Es un anciano muy chistoso, ahora que lo pienso. —dijo Harry sin percatarse de la mirada de sus padres.

—Bueno... —Lily parecía no saber qué decir— ¿Recuerdas cómo te hiciste esa cicatriz?

—Papá dice que me caí de la escoba cuando pequeño, ¿no?

—No —dijo James frunciendo el ceño—. ¿De verdad no recuerdas cómo te la hiciste?

—No.

Lily suspiró y James le acarició la espalda.

—Una vez nos comentaste algo sobre unos mortífagos. ¿Quiénes son ellos? —preguntó Lily.

Harry le miró con confusión y Lily volvió a suspirar.

—Oh James... Todo se trató de un sueño entonces.

— ¿De qué hablas? —preguntó Harry.

—Eso no explica la cicatriz. —dijo James.

—Oh, eso lo sé. Pero Harry no recuerda nada de esas cosas de las que habló.

—Yo pienso que de repente las ha olvidado. Seguramente su mente se está acomodando definitivamente a esta vida.

— ¿De qué hablan? —preguntó Harry en voz más alta.

—Bueno. Es muy factible lo que dices —concordó Lily—. Pero es lo mejor, en todo caso.

— ¡Mamá!

Lily y James parecieron reparar en la presencia de su hijo y sonrieron.

—No nos pongas atención, Harry —dijo James con una mirada muy extraña—. Sólo estábamos preocupados por tus pesadillas, eso es todo.

Lily besó la frente de Harry y le pellizcó una mejilla.

—Pero eso es normal, ya sabes. Sólo trata de no discutir tanto con Draco y verás que tendrás unos dulces sueños.

Harry sonrió y James le detuvo antes de que hablara.

—Y te ruego que no me digas qué sueños tienes con Draco, Harry.

Harry rio y Lily le dio un zape a su esposo.

—Y tú tienes que dejar de contarle historias de tu trabajo. ¡Son vacaciones de Navidad, James! Se supone que Harry tiene que descansar.

—A mí me gusta escuchar a papá. Tengo que aprender ciertas cosas si es que quiero ser Auror.

— ¡Ajá! —James sonrió y se cruzó de brazos— Mi hijo necesita aprender muchas cosas.

Lily puso los ojos en blanco.

—Está bien. Entonces no vengas a mí cuando sueñes con Voldemort.

—Está bien —dijo Harry con tono suficiente—. Dentro de poco cumpliré trece y seré todo un hombre.

— ¡Familia! —rugió la voz de Sirius desde la planta baja— ¡Tengo excelentes noticias!

— ¡Por las bolas de Merlín! Olvidé que--

—James, no digas palabrotas delante de Harry.

—Tengo doce años, mamá.

— ¿Y? Puedes tener barba y aun así tienes que--

Lily se interrumpió cuando Remus y Sirius entraron como trombas a la habitación.

— ¿A qué no adivinan? —gritó Sirius con júbilo.

Remus estaba sonrojado y miraba a Lily con emoción. La pelirroja entendió y gritó.

— ¡Oh por Dios!

— ¿Qué pasa? —preguntó James con confusión.

Lily nuevamente gritó y saltó en su lugar como una niña. Luego giró el torso para abrazar apretadamente a Harry y gritarle en el oído.

— ¡Lily! ¿Qué pasa mujer? —James no entendía nada y Harry cayó de espaldas en la cama mareado por la efusividad de su madre.

—Oh, Cornamenta. ¿Eres en serio tan lento? —preguntó Sirius dando brinquitos, Remus se sonrojó más y se cubrió la boca.

—Pues perdona mi lentitud —bufó James—. ¿Podrías explicarme qué es lo que pasa?

Lily no aguantó más y saltó de la cama hacia un desprevenido Remus. Luego ambos se abrazaron y Lily volvió a gritar.

Harry se incorporó y dijo:

—Sirius ha sido ascendido en el trabajo.

Sirius miró a su ahijado con decepción y apuntó con un dedo a James.

—Tu turno.

— ¿Te has ganado esa rifa muggle súper millonaria? —intentó él.

— ¡No! —Sirius gimió y se peinó su cabello con la mano derecha. Un anillo dorado relucía en uno de sus dedos. Lily se apartó de Remus y frunció el ceño.

—Espera. ¿Fuiste tú el que--?

— ¡Oh, ya lo sé! —gritó Harry y James le miró con expectación— Sirius se ha ganado ese anillo en una apuesta.

— ¿Qué? ¡No! Harry, cachorro, no es--

—Yo tengo una mejor —dijo James pensativamente—. Sirius ha encontrado algún tesoro de puro oro--

—Oh papá, los tesoros son para los niños. —dijo Harry con escepticismo.

— ¿Fuiste tú el que se propuso, Rem? —preguntó Lily antes de que James le respondiera a Harry.

Remus asintió y Sirius sonrió con presunción.

—Así es. Y obviamente le he dicho que sí.

Harry y James les miraban estupefactos. Remus sonrió y levantó la mano derecha; otro anillo idéntico al de Sirius reposaba allí. Lily abrió la boca desmesuradamente y regresó a sus brinquitos extasiados.

— ¡Oh por Dios, oh por Dios! ¡No me digas que se propusieron al tiempo!

—Bueno, primero lo hice yo. Cuál fue mi sorpresa al ver que Sirius también lo iba a hacer.

Lily volvió a gritar y Sirius se permitió saltar como ella por la alegría.

—Pero como ya debes saber, mi proposición fue la mejor. Aunque él lo hubiese hecho primero, la mía fue digna de ser publicada en el Profeta.

—Sirius Orión Black. No vamos a publicar nada en el Profeta. —advirtió Remus.

—Ya me verás haciéndolo. —declaró Sirius y Lily por primera vez estuvo de acuerdo con Sirius. Los tres sonrieron ampliamente y se abrazaron entre ellos.

James y Harry se miraron.

— ¿O sea que los anillos son de matrimonio? —preguntó James con ingenuidad antes de que el paño limpiador de escobas de Harry le diera en la cara y Lily escondiera rápidamente la mano. 

 


 

Toda la familia estaba reunida en la mesa saboreando un delicioso postre que Lily había preparado con prisas por motivo de la celebración.

Sirius y James no dejaban de parlotear y discutir sobre cómo serían los fuegos artificiales perfectos para la boda y Harry observaba curiosamente el anillo de Remus en su pequeña mano. Remus y Lily estaban hablando con las cabezas muy juntas y de vez en cuando, Lily soltaba risitas nerviosas y miraba a Sirius.

Charlotte, la lechuza de Lily, se posó en una de las ventanas y arañó suavemente la superficie para hacerse notar. Harry fue a recibirla corriendo, casi dejando perder el anillo de Remus en la alfombra mullida.

—Es una carta del señor Malfoy. —anunció. James y Sirius gruñeron.

—Oh, seguramente es para fijar el lugar para la cena de Navidad —dijo Lily—. ¿Tú dónde prefieres, Remus? ¿En la mansión Malfoy, aquí o en Grimmauld Place? Molly nos invitó a la Madriguera pero allí estarán sus hermanos y definitivamente no iré. Cissa piensa igual que yo.

—No dejaré que Malfoy entre en mi casa. —dijo Sirius.

—Pues te recuerdo que esa también es mi casa —dijo Remus con tranquilidad—. Lucius es un buen amigo mío, además no dejaremos de invitar a Cissa y Draco por tus caprichos.

Sirius se cruzó de brazos y no discutió.

—Voy a leer la carta —dijo Harry cuando al fin pudo romper el sello de la familia Malfoy—. "Estimada Lily. En esta carta te haré partícipe de lo que hemos decidido para la cena de Navidad.

«Narcissa estuvo pensando seriamente en hacerla en la ratonera del Chucho--

— ¡Oye! Ya quisiera él tener una casa como la mía. —interrumpió Sirius.

«Pero —Harry levantó la voz con impaciencia— yo la disuadí de esa tontería así que la cena tendrá lugar aquí, en casa. Así que estás completamente invitada, tú y Harry. Avísale a Remus por mi parte también, por favor. Les esperamos antes de las siete de la noche.

«Es tú decisión si le dices a Potter y al Chucho, pero yo recomendaría que vinieran ustedes tres solamente. La idea es pasar una velada agradable.

«También te aviso con antelación que Tom Ryddle y Severus están invitados. Y sé que lo estás pensando pero no, Bella no ha podido venir y Andrómeda irá a celebrar con la familia muggle de su esposo. No creo conveniente hacer más aclaraciones salvo que no pueden faltar; yo, Lucius Malfoy, tengo una sorpresa para todos ustedes, incluso para mi esposa y mi hijo.

«Narcissa manda saludos a todos (como si no nos hubiéramos visto hace poco) y Draco insiste en que le digas a Harry que no olvide traer el pijama que él le obsequió en su cumpleaños.

Harry omitió la despedida y la firma.

— ¿Qué sorpresa tiene el señor Malfoy?

— ¿Coquetear como siempre lo hace con mi futuro esposo? —gruñó Sirius— ¿O hacer equipo con Ryddle para embaucarlo?

Remus y Lily pusieron los ojos en blanco. 

 


 

—Bienvenidos sean ustedes a la Mansión de la venerable y respetable--

— ¡Hola a todos! —Draco gritó, interrumpiendo el saludo de Dobby.

— ¡Hola Draco! —saludó Harry y entró corriendo por la puerta principal de la Mansión Malfoy sin dejarse detener por Lily.

—Hola Dobby. —saludó Lily con una sonrisa al elfo.

— ¡Señora Potter! ¡Qué amable de usted al saludar a este pobre elfo! Dobby es un elfo muy afortunado al estar al servicio de tan buenos amos con tan honorables amigos. —chilló Dobby sin dejar de retorcer nerviosamente sus dedos en una pequeña túnica verde que cubría su cuerpo.

Lily sonrió dulcemente y casi fue empujada por Sirius al este entrar en la Mansión.

—Muero de frío. Dobby, no tienes por qué dejarnos afuera.

—Oh Sirius cállate. —gruñó Lily fulminándole con la mirada al ver que Dobby agachaba las orejas. Remus negó con la cabeza exasperadamente y James se mantuvo juiciosamente en silencio.

La casa de los Malfoy era sin duda grandiosa. Pero en Navidad, era magnífica. Las decoraciones que con tanto empeño y gusto distribuía Narcissa en persona por todo el lugar, formaba sin duda un escenario hermoso.

El elfo los dirigió a la sala principal donde se encontraban los demás invitados.

— ¡Bienvenidos! —dijo Narcissa desde su lugar en el umbral de la puerta— ¡Estamos muy felices de que hayan llegado!

—Hola Narcissa —canturreó Lily abrazando a su amiga—. Tengo tantas cosas que contarte que una carta no es suficiente para todo ello.

Harry y Draco ya estaban en uno de los grandes sillones junto a la chimenea viendo una pequeña dotación de pociones de emergencia que Severus le había regalado a su ahijado. Draco nunca esperaba a la mañana siguiente de Navidad para abrir los regalos.

—Buenas noches, Remus —saludó Lucius caminando elegantemente hacia los recién llegados—. Bienvenido a nuestro hogar.

—Si no lo has notado, Malfoy, Sirius y yo también estamos aquí. —dijo James cruzando los brazos.

Para suerte de los caballeros, Lily y Narcissa estaban ahora muy retiradas compartiendo secretos y risas cerca de sus hijos. Severus se puso de pie con una sonrisa burlona en su rostro, seguido de cerca por Tom.

—Señores, por favor... —empezó Remus.

— ¡Feliz Navidad Remus! ¡Y feliz Navidad para todos ustedes! —dijo Tom amablemente ganándose un suspiro fastidiado por parte de Lucius y Severus— Lucius y Cissa se han lucido este año, ¿no? Remus, ¿cómo has estado? —entrelazó su brazo con el de Remus y lo dirigió hacia el interior de la sala— Por un momento pensé que no ibas a venir.

— ¡Hey! —dijo Sirius pero fue interceptado por Lucius.

—Nada le pasará a tu Remus, Chucho. En realidad nosotros queremos hablar con ustedes y no queremos que nadie más se entere de nuestra conversación.

—No tenemos nada que hablar con ustedes. —dijo James.

—Yo creo que sí —dijo Severus—. Pero por ahora sólo fijaremos una fecha de reunión.

— ¿Reunión?

—Sí. Nos reuniremos pronto, aquí en mi casa.

— ¿Y de qué vamos a hablar? —preguntó Sirius con cautela.

—Sobre trabajo, obviamente. No hablaríamos de nada más con ustedes. Vamos a exportar unas pociones muy delicadas, así que necesitamos de toda la seguridad posible —explicó Lucius—. Así que pronto ultimaremos detalles.

— ¿Y qué creyeron ustedes? ¿Acaso somos guardaespaldas personales? —dijo James con sorna— Tenemos cosas más importantes que hacer.

—No cuando nuestras pociones serán llevadas al Ambroise Paré en Francia, y varias... personas están maliciosamente interesadas en ellas. —dijo Severus con voz suaves.

—Mala suerte para nosotros que nos hayan puesto en manos de dos aurores tan...

—Mucho cuidado con lo que dices, Malfoy. —siseó James.

— ¿Qué están cuchicheando ustedes allí? —dijo Lily en voz alta— James, recuerda lo que te dije y tú no le sigas la corriente, Sirius.

—Lucius, acompáñame a preceder la mesa —dijo Narcissa—. Es hora de la cena y no podemos hacer esperar más a nuestros invitados.

Los cuatro magos se dirigieron miradas de distintos significados y se apartaron mansamente.

—Han hecho un trabajo excepcional con la decoración, Narcissa. —alabó Remus con una sonrisa. Tom le contemplaba encandilado.

—Oh, muchas gracias Remus —dijo Narcissa mientras tendía una mano a su hijo para que se pusiera de pie—. Hemos pasado un buen rato decorando.

—Yo también he ayudado con las decoraciones —dijo Draco caminando con su madre hacia el comedor principal—. ¿Viste esa estrella que estaba arriba de la chimenea, Harry? La he puesto yo.

—Eso es mentira. Eres un enano y aunque alcanzaras, no nos hubieras ayudado siquiera un poco. —se quejó Lucius desde atrás.

Narcissa suspiró y se dirigió a su puesto en la gran mesa. Los demás comensales se acomodaron en sus sillas sin más ceremonias. No había necesidad de ellas, al fin y al cabo.

—Yo creo que ya no puedo aguantar más —dijo Lily—. Remus, diles lo que pasó. —dijo sonriendo a Remus quien estaba a su lado.

—Oh sí —exclamó Sirius desde el otro lado—. Son muy buenas nuevas.

— ¿Buenas nuevas? ¿De qué se trata? —preguntó Tom con gesto curioso.

—Así es Ryddle. Muy buenas nuevas —dijo Sirius en voz muy alta. Lucius le miró con desdén—. Remus y yo nos casaremos dentro de poco. Hoy en la mañana nos hemos declarado mutuamente.

Narcissa y Lily compartieron un gritito de alegría y Draco le dio una mirada indescifrable a Harry desde su puesto. Lucius miró con lástima a Remus y Severus torció la boca con burla.

— ¿Es en serio Remus? —preguntó reflexivamente— ¿Por qué no pensaste mejor las cosas?

— ¿Qué quieres decir Quejicus? —gruñó James.

—Oh, ya basta todos ustedes —regañó Lily—. Lucius, Severus, feliciten a la feliz pareja y demos paso a la cena.

—Así es —dijo Narcissa—. Draco, tú también debes felicitarlos.

—Felicitaciones, señor Lupin y señor Black. —dijo él educadamente obligando con ello a que Lucius y Severus dieran sus respectivas felicitaciones no sin unos cuantos comentarios hacia Sirius.

—Bueno —dijo Tom después de un rato—. Mi oferta sigue en pie de todas maneras. —dijo con descaro, guiñando un ojo a Remus y también a Sirius.

 


 

—Ya va siendo hora de que muestres lo que sea que vayas a mostrar, Malfoy. —dijo Sirius tiritando. Todos estaban a la intemperie en uno de los senderos que conducían a un pequeño bosquecillo propiedad de los Malfoy.

Lucius levantó el mentón con desdén y se recogió el cabello en una cola de caballo. Narcissa y Draco le miraban con curiosidad.

—A pesar de la presencia de Potter y Black aquí, todos ustedes son personas muy importantes para mí. Así que quiero compartir con todos, uno de mis pequeños logros; este, en particular, es uno de los que más me enorgullecen.

— ¿Una orden de Merlín? —preguntó Tom.

—Yo creo que debe ser que le han dado un puesto en el Ministerio —sugirió Remus—. De eso hablabas con James y Sirius ahora, ¿no?

—Yo puedo estar segura de que ha conseguido un puesto en el Wizengamot —dijo Lily y compartió una sonrisa ilusionada con Narcissa—. Oh Lucius, te felicito.

—Seguramente ha conseguido hacer una poción lo más decente posible como para no arruinar mi tablón de ingredientes al primer intento. —dijo Severus con burla siendo acompañado por las risas de James y Sirius.

—Nunca creí que estuviera de acuerdo en algo con Quejicus.

—Cállate Chucho. Merlín me ampare de compartir algo contigo.

—Oh no seas aguafiestas, Quejicus —dijo James—. Esta vez te has lucido. Acepta tus felicitaciones.

—Tú no me hables, Potter.

—No voy a tolerar más discusiones entre ustedes en una noche tan linda como esta. —regañó Lily.

—Tú no deberías decir eso de mi esposo, Severus. Sabes perfectamente que después de ti, Lucius es el mejor pocionista.

—Oh Cissa, tienes mucha fe en tu esposo —Sirius dijo—. Puedo entenderlo; yo haré lo mismo cuando me case con Remus.

—Sirius, cállate. —dijo Remus frotándose las sienes con fastidio.

Lucius contemplaba todo con fría indiferencia. Luego miró con expectación a los niños y ambos se agitaron en sus sitios.

—El señor Malfoy reemplazará al profesor Snape en pociones. —gritó Harry con emoción.

— ¡No! ¡Mi papá es el nuevo Ministro de Magia!

Sirius rugió de risa y Remus le dio un zape en la nuca.

—Amo la inocencia de los niños. —dijo James entre risas esquivando un golpe de Lily.

—Mi esposo perfectamente puede ser Ministro de Magia, James Potter. —dijo Narcissa con severidad congelando con su mirada a James.

—Esto de verdad es muy divertido —comentó Tom con los brazos cruzados—. Pero es momento de que escuchemos a Lucius y que él mismo nos saque de nuestro error, si es que lo hay. No me impresionaría que Lucius hubiera logrado todo lo que hemos sugerido. —añadió con una mirada penetrante sobre el rubio.

Narcissa suspiró con fastidio y entrelazó su brazo con el de Lucius. Pero su esposo se retiró suavemente, antes de besarle con cariño una de las mejillas. Draco se puso de puntillas para reclamar su propio beso y Lucius sonrió.

Luego, estirando elegantemente sus brazos, se lanzó hacia el suelo acompañado por un grito ahogado de Narcissa y convirtiéndose en un instante en un magnífico lobo blanco.

— ¡Mi papá es aún animago, Harry! —gritó Draco llenando el silencio que le había seguido a la sorpresa inicial. Narcissa gritó emocionada y abrazó fuertemente a su hijo mientras reían alborozados.

Harry sonrió y contempló con curiosidad al lobo quien se asentó sobre sus cuartos traseros y le devolvió la mirada antes de ser casi arrojado al suelo por Draco y Narcissa.

—Bueno. Yo esperaba que si Malfoy fuera un animago, se convirtiera en murciélago. —murmuró Sirius sin poder esconder la envidia en su rostro.

—No más comentarios, Sirius —dijo Remus—. Y tú tampoco, James.

James levantó las manos con inocencia.

—Sólo iba a comentar que la forma animaga de murciélago quedaría bien para Quejicus.

Luego soltó un aullido de dolor por el repentino fuego que le dio en el trasero. Severus sonrió antes de ser arrastrado por Tom a curiosear al nuevo animago.

—Ni creas que me voy a compadecer de ti. —dijo Lily a James. Remus rio. 

 


 

—Hubiese sido una velada perfecta si Adrianne y Blaise pudieran acompañarnos. —dijo Narcissa tomando un poco de té junto a Lily. Ambas estaban bajo un toldo, contemplando el gracioso espectáculo frente a ellas.

—Es cierto —dijo Lily—. Pero no será así todas las Navidades. Espero que Adrianne pueda resolver esos problemas legales allí en Italia; Harry echa en falta a Blaise, ya sabes. Se consideran hermanos.

Narcissa sonrió.

—Muy diferente a su relación con Draco, ¿no? —ella miró con fijeza a su amiga.

—Cissa...

—No pienses tanto las cosas, Lily. Draco y Harry se quieren a su manera. Son unos niños y no pueden ver nada malo en su relación.

Lily observó a su hijo contemplativamente. Harry estaba sentado junto a Severus riendo al ver a Lucius en su forma de lobo, perseguir a Draco. James, como ciervo, se acercaba lentamente por detrás de Harry y Severus para luego tumbar con su cornamenta al profesor de pociones. Severus se levantó hecho una furia y amenazó con su varita al ciervo pero James se escondió miserablemente detrás del pequeño cuerpo de Harry.

Sirius y Remus, ambos convertidos, correteaban juntos esquivando los ágiles pasos de Tom como pantera. Sirius no fue lo suficientemente rápido y se dejó atrapar, quedando patas arriba con Tom encima. Remus siguió corriendo y se unió a Lucius para juntos aullar a la luna. Draco les miraba embelesado.

— ¿Lily?

Lily parpadeó y se concentró en Narcissa.

—Lo siento. Es qué es encantador ver todo eso.

—Ya, eso mismo pienso yo. Nunca pensé que esa era la sorpresa de Lucius. Estoy muy contenta con él. Ya tengo un lobo en la cama. —añadió con voz pícara.

— ¡Cissa! —exclamó Lily sonrojándose. Narcissa rio y lo hizo más fuerte cuando James embistió contra Severus sin hacerle daño.

—Respecto a lo de ahora —dijo Lily titubeante—. De verdad no quiero que Harry sufra.

Narcissa frunció el ceño.

— ¿A qué te refieres? ¿Cómo podrían sufrir dos niños como ellos? No es algo tan serio, Lily.

—Cissa, Harry se está encariñando mucho con Draco. Cuando James no está, me habla mucho sobre él y lo mucho que... que le gusta... Oh, tú sabes.

— ¿Y qué con eso?

— ¡Que está muy ilusionado! Y estoy segura de que lo querrá por toda la vida y que ustedes desean que Draco se casé con una chica de clase y--

—Oh Lily por favor, no seas ridícula y perdóname que te lo diga así —resopló Narcissa—. Nosotros no decidiremos de esa manera sobre la vida de nuestro hijo. No hagas caso a lo que pueda decir Lucius sobre eso; él y yo sabemos que es Draco quien decidirá con quién unir su vida. Lily, están muy jóvenes y no es momento de pensar en eso. Ellos conocerán a muchas personas más, tendrán más oportunidades y más situaciones para experimentar, y nosotras como sus madres debemos estar ahí para acompañarlos y apoyarlos en lo que sea necesario. Pero si llega a pasar que al final del camino, Draco y Harry siguen coincidiendo, ¡entonces mucho mejor! ¿No crees?

—Pero--

—Pero nada Lily. Últimamente estás con unas paranoias muy extrañas. Confía en mí, en tu hijo, en Draco, y en tu propio criterio —Narcissa pellizcó cariñosamente una mejilla de Lily—. Draco y Harry son apenas unos niños; lo que tienen es algo muy bello aunque crean que nadie más se da cuenta de lo que pasa y que pueden engañarnos. Si así sigue siendo con el pasar de los años, nosotras sólo debemos preocuparnos porque se sientan y estén bien, ¿de acuerdo?

Lily asintió y suspiró con resignación.

—Lo siento es que--

—Oh no me vengas con otra excusa. Algo pasó con Harry, puedo sentirlo.

Lily le miró alarmada pero Narcissa no desistió.

—Sé que hay algo que se me escapa pero no te obligaré a contarme nada, Lily. Pero sea lo que sea que haya pasado, no tengas miedo. Harry tiene muchas personas a su alrededor que lo quieren, créeme. Estará a salvo.

Lily suprimió un quejido y más bien se giró en su puesto para abrazar a Narcissa.

— ¿Qué haría sin ti, Narcissa Malfoy?

—Nada —dijo la rubia con tono fanfarrón—. Ahora olvida lo demás y disfrutemos de la noche. Y ruega a Severus por la vida de tu esposo.

Lily se dio vuelta y vio cómo el gran ciervo astado caía fulminado por un Petrificus Totalus al suelo. Harry levantó un puño con un grito de guerra y se fue contra Severus para ser repelido ágilmente con un Aguamenti. Lily rio muy a su pesar, sabiendo que ambos se lo habían buscado y que era hora de que Severus respondiera.

Más allá, Lucius lamía la cara de Draco provocándole cosquillas y Remus empujaba con su hocico una especie de pelota. Tom le perseguía y Sirius intentaba morderle la larga cola para detenerlo.

—Son como niños. —dijo Lily.

—Sólo faltamos tú y yo por ser animagas. —dijo Narcissa.

—Y Severus.

—Ah, Severus tiene sus secretos. Pronto nos sorprenderá dejando en su sitio una serpiente o algún bicho malhumorado.

Ambas rieron y siguieron tomando de su té.

—Feliz Navidad. —se desearon al unísono las dos mujeres sin despegar la vista de Draco y Harry quienes se juntaron para corretear con pies y manos por la suave hierba del bosquecillo.