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Una nueva vida

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— ¡Avada Kedavra!

La voz sibilante retumbó en el claro del bosque.

Harry tenía los ojos cerrados, así que no alcanzó a ver cómo el rayo de luz verde golpeaba su pecho antes de que cayera al suelo como un peso muerto.

Muerto.

¿Ya estaba muerto?

Harry creía que no; aún era consciente del dolor en todos sus huesos y el cansancio en todo su cuerpo, producto de la cruenta batalla que se había librado en los terrenos de Hogwarts contra Voldemort y sus mortífagos.

¿Qué estaba pasando?

Harry sintió cómo alguien le olisqueaba. Sentía una mirada hambrienta en todo su cuerpo, y por un momento temió que alguna criatura partidaria de Voldemort fuera a comerle para terminar con lo que el mago oscuro no había podido.

Con toda la valentía que pudo reunir, abrió los ojos encontrándose con un hombre que aparentaba tener la misma edad de Dumbledore. A diferencia de que no tenía ni un solo cabello en su cabeza, ni que decir de barba o bigote.

— ¿Quién eres tú, muchacho? ¿Qué haces aquí?

Harry parpadeó confundido. Miró a su alrededor; parecía estar en una casa muy humilde, habían pocos muebles y todos ellos eran blancos, contrastando con los colores oscuros de las paredes.

—Eh... perdón pero, ¿me podría decir quién es usted, señor? ¿Y dónde estoy?

La voz de Harry había salido un poco rasposa, como si no la hubiese utilizado en mucho tiempo.

—Estás en la casa de los héroes, muchacho. Yo soy Mopsus. ¿Quién eres tú?

Los ojos oscuros de Mopsus miraban con curiosidad a Harry.

—Soy Harry. Discúlpeme, ¿qué es la casa de los héroes?

Mopsus rio y sus ojos se volvieron más oscuros. El negro de su pupila estaba pasando a su retina y Harry deseó tener una varita para defenderse.

— ¿Por qué has muerto, Harry?

—Voldemort hubiera seguido su matanza de no ser así. Él quería mi cabeza, así que yo elegí entregarme para que la batalla terminara. —Harry estaba confundido, de alguna manera todas esas palabras habían salido de su boca sin que él pensara un poco en lo que estaba diciendo y a quién se lo decía.

— ¿Por qué querría Voltemor tu cabeza, Harry?

—Voldemort —corrigió Harry—. Había una profecía, y yo estaba involucrado en ella. Si me mataba, él sería inmortal y muy poderoso. Intentó hacerlo cuando yo era pequeño, pero mi madre me protegió, actuó como un escudo. Yo me salvé y Voldemort falló. Pero mi madre murió... también mi padre.

Mopsus inclinó la cabeza, aún miraba a Harry como si fuera un pedazo de tarta de melaza, pero no se había acercado lo suficiente para alcanzarlo con sus brazos.

—A esta casa sólo llegan los héroes, Harry. Y nosotros les damos un último deseo antes de que vayan a descansar por siempre en nuestras estancias. ¿Entiendes?

Harry no entendía. Sentía una bruma creciente en su mente que le provoca leves mareos. Menos mal que estaba aún en el suelo.

—No, no lo entiendes —dijo Mopsus sin necesidad de que Harry respondiera—. Él que llega aquí, es un héroe; sea el motivo que sea. Tú me has dicho que te has entregado a Voldemort para que él parara la batalla. Has hecho algo bueno.

Harry asintió, sin mucho convencimiento. Los cadáveres de sus amigos y compañeros no los podría olvidar tan fácil.

—Pero no veo ninguna herida en ti, Harry —continuó el hombre—. ¿Cómo moriste?

—Con la maldición asesina, señor. El Avada Kedavra.

Mopsus parpadeó y sus ojos se aclararon un poco.

—No te entiendo... pero no importa. Aquí han llegado sin brazos, piernas o cabezas. También han llegado con heridas en el pecho o con moratones en el cuello. No cuestionaré la muerte, eso no. —Mopsus rio de manera jovial y Harry alzó una ceja.

— ¿No conoce a los magos? ¿Qué es usted entonces?

—Soy todo y a la vez nada, Harry. Hay varios como yo aquí. —Mopsus extendió sus brazos, como señalando a una gran multitud, pero Harry sólo lo veía a él.

—No entiendo...

—No hace falta, muchacho. Dime cuál es tu deseo y lo cumpliré.

—No creo en los deseos.

—Oh, tienes que hacerlo. ¿Por qué si no estarías aquí en primer lugar?

—No lo sé —Harry se estaba impacientando—. Dígame, ¿usted sabe si la batalla ya terminó? ¿Qué pasó con Voldemort?

—Yo no sé nada de lo que pasa afuera, Harry. Lo que me concierne, está aquí.

Harry suspiró con desgana.

—Está bien. Después de pedir el deseo, ¿puedo descansar? Me refiero a que si ya puedo morir definitivamente.

—Eso depende.

— ¿De qué? —Harry no quería aceptar que el tema estaba empezando a interesarle.

—De lo que pidas.

—Está bien.

Harry pensó en cualquier cosa. Una tarta de melaza no estaría mal. Harry no la probaba desde hace mucho, y si había de morirse, pues prefería comer algo delicioso antes. Pero cuando estaba a punto de hablar, un pensamiento vino a su cabeza de manera tan contundente que casi se cae de espaldas.

— ¿Ha dicho usted que esta es la casa de los héroes?

—Sí. —Mopsus parecía aburrido.

—Entonces mi madre ha venido aquí, ¿no? Lily, Lily Potter. ¿La ha visto?

— ¿Por qué vendría ella aquí?

— ¡Por qué fue una héroe! Perdón, una heroína. Le conté antes que me salvó la vida, ¡ella murió por mí! —Harry de repente estaba muy emocionado. Se incorporó buscando con la mirada por todo el lugar por si de pronto veía una cabellera roja.

Mopsus rio suavemente y contuvo a Harry con un brazo flácido y muy helado.

—No sé de quién hablas, Harry. Tantos han venido aquí en todo el tiempo que el mundo es... —Mopsus suspiró y miró un punto indefinido en una pared oscura de la casa— Además somos muchos; yo he estado con muchos héroes, así como también mis compañeros. ¿Cómo podríamos acordarnos?

Harry bajó los hombros, sintiéndose más cansado que nunca.

¿Qué deseo había pedido su madre?

—Yo no deseo nada, señor.

—Tienes que pedir algo, Harry —exclamó Mopsus—. No querrás quedarte aquí sin descanso, ¿eh?

Después de un momento de silencio, Harry suspiró:

—Bueno, entonces desearía vivir una vida sin Voldemort. Una vida donde yo pueda ir a Hogwarts sin alguien queriéndome matar a cada instante. Quisiera ser libre de todo eso, ¿sabe? —Harry pronto perdió el hilo y se dejó llevar por lo que realmente deseaba— Quisiera volver a tener once años, vivir con mis padres y que ellos me vean partir en el tren de Hogwarts a mi primer año. Quisiera ser un chico normal, y que todo el mundo mágico se vea libre de Voldemort.

—Todo eso se puede resumir en que quieres que Voldemort no exista, ¿no?

—Sí. Eso es. —dijo Harry distraídamente, pensando en cómo hubiera sido su vida de ser así.

— ¡Muy bien! Me parece un deseo noble y bienintencionado. ¡Me gusta!

Harry se encogió de hombros y siguió con la mirada perdida.

—Prepárate, Harry.

— ¿Para qué? —preguntó sin interés.

— ¡Para una nueva vida! —Mopsus se veía radiante. Unas pequeñas arrugas alrededor de sus ojos negros le hacían ver alegre, aunque su boca no sonreía— Una nueva oportunidad para ti, Harry. Te lo mereces.

Una nube de melancolía cubrió a Harry.

—Sí, lo que sea.

—Buena suerte Harry —la voz de Mopsus sonaba distante, y al mismo tiempo muy amable—. Espero que le saques provecho...

Harry sintió una pesadez más fuerte en su cabeza y se sintió caer.

Caer y caer.

Hasta que sintió cómo era lanzado hacia el suelo; un dolor muy fuerte en su espalda y cabeza y luego el susto más grande que hubiera tenido en su vida.

Sentía que se asfixiaba, se sentía ajeno a su cuerpo y al lugar donde se encontraba. En ningún momento hubiera pensado que habría un cambio. Harry se había hecho a la idea de que se iba a quedar en la Casa de los Héroes por siempre.

Una puerta se abrió y dos formas entraron como trombas en la habitación.

¿Habitación?

Antes de que Harry pudiera recuperar el aire y observar en dónde estaba, un cuerpo se le lanzó. 

— ¡Harry! ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?

Una mujer.

Los labios de Harry empezaron a temblar.

— ¿Qué...?

—James, enciende la luz. Tengo que revisar a Harry.

—Pensé que un hipogrifo había entrado, cachorro— la luz de la habitación se encendió y Harry casi se desmayó por lo que estaba viendo—. Fue un ruido atronador. ¡Pero mírate, estás mejor que nunca!

— ¡Puede estar herido, James! Deja las tonterías.

Mientras una mujer de cabello largo y rojizo discutía con un hombre alto y con cabello negro mucho más que despeinado, Harry supo que al final había enloquecido.

Ahora sí se desmayó.