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Nuestro secreto

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"El aire nocturno está sospechosamente enrarecido", pensó JingYi con el ceño fruncido. Había una tensión extraña en el ambiente y un ligero pero persistente sentimiento de incomodidad y mal presagio le apretaban el corazón manteniéndolo en alerta. El silencio parecía presionarle los oídos que, a pesar de que habían sido entrenados desde una edad temprana en la Secta Lan, todavía parecían incapaces de encontrar alguna anormalidad allí, aunque podía sentirla en sus huesos.

Sólo el murmullo del viento entre las hojas de los árboles podía atrapar, e incluso aunque podía ver que a lo lejos caía una suave lluvia (que amenazaba con convertirse en tormenta) no podía escucharla en su plenitud.

Algo definitivamente no se sentía del todo bien.

En otro momento podría haber hecho alguna broma sobre su mala fortuna que lo había dejado extraviado, herido y casi sin energía espiritual, junto con, nada más ni nada menos, que a la joven amante. Pero, estaba tan ridículamente tenso y concentrado que no podía encontrar la diversión en la situación. Hasta JinLing asustado le dio una mirada larga e inquieta que intentó ignorar.

JingYi estaba tan serio y rígido que no parecía él. Más bien, nunca se había parecido tanto a un Lan antes como en aquel momento. Él mismo creía que, si pudiera verlo, el anciano QiRen estaría orgulloso por primera vez en mucho tiempo.

JinLing no pudo aguantar y se acercó lento y cojeando ligeramente a la posición del otro. Se sentó silencioso a su lado en su cautelosa vigilancia al exterior. No le gustaba sentirse excluido y le gustaba mucho menos el húmedo y apestoso lugar donde lo había dejado el chico luego de curarle la herida.

La estrecha abertura de la caverna en la que consiguieron refugio apenas podía contenerlos a ambos enfrentados. Sin embargo, se abría paso hacia adentro casi como dándoles la bienvenida a una especie de habitación, que pensándolo bien podría ser realmente la morada de alguna bestia salvaje. En su posición no les importó demasiado, preferían enfrentarse a esa bestia antes que a aquel par de monstruos desconocidos que los pusieron en fuga.

Sus pensamientos se detuvieron en ello por un instante. Ninguno de los dos había visto algo semejante antes.

Eran veloces, salvajes y exudaban una fuerte y aterradora energía maligna. Tanto es así que se debieron separar del grupo tras el repentino ataque. Para su mala fortuna, una de las bestias los vio como presa fácil y embistió con violencia. Apenas lograron escapar de la persecución, no sin sufrir algunos daños. Bastante severos. Lo peor se lo llevó JinLing que fue arrastrado varios metros de su pie que, atrapado en las fauces de aquel desconocido demonio, hizo que su tobillo crujiera de una forma estremecedora.

Pero, y ante un asombrado JingYi, el chico le dio una sorpresiva y poderosa estocada con Suihua en el pecho que les otorgó una ligera ventaja. Inmediatamente aprovecharon para huir lo más lejos y más rápido posible. No tuvieron la oportunidad de ver a nadie más desde ese momento, y dadas las circunstancias era mejor así. Su escape había atraído hacia el bosque a uno de los demonios y con la barrera de JingYi, con suerte estaría acorralado por un par de horas. Si eran más afortunados incluso el golpe de JinLing podría haber dado en un lugar vital y quizás acabara debilitado por más tiempo. Lo que les daría espacio a recuperarse antes de darle caza.

Sólo esperaban que ninguno más resultara herido con su par. Aunque eso era bastante improbable con Wen Ning y SiZhui tomando cuidado de los discípulos Lan más jóvenes. Ellos estarían mejor preparados, de eso no había duda.

Ahora mismo la pierna de JinLing, bajo el rápido tratamiento JingYi, mejoraba sin prisa. Aunque éste último agradecía que los feroces dientes no contuvieran veneno, porque no sabría como actuar si esa fuera la ocasión. No tenía conocimiento alguno sobre antídotos naturales, y tampoco poseía su bolsa Qiankun con las medicinas, que había olvidado estúpidamente en la posada luego de una discusión tonta, pero ya normal, con el chico a su lado.

Miró de reojo a la joven ama y a la herida en su pie, fuertemente vendada. Sintió que algo dentro de su pecho se suavizaba. Por mucho que pelearan como perro y gato no le gustaba verlo lesionado.

Debía admitir que JinLing no había hecho tanto escándalo como pensó que haría dada la situación. Es más, se estaba comportando con extraordinaria calma y, para ser sincero, eso daba más miedo aún. Su pálido y sudoroso rostro confirmaba que el dolor no había menguado, pero muy al contrario a su carácter, no se quejaba en lo más mínimo.

— ¿Puedes soportarlo? —preguntó con suavidad. Quizás con excesiva suavidad.

JinLing respondió con un arrogante gruñido bajo y el ceño profundamente fruncido que daba a entender que encontraba muy ofensiva la pregunta. Al recibir esa respuesta, el joven Lan no pudo evitar pensar que esa expresión... era terriblemente similar a la del Líder Jiang cuando se topaba con el mayor Wei de improviso.

JingYi rió sin poderlo contener.

Se olvidó por un instante la penosa situación en la que se encontraban o que debían pensar todavía en cómo salir de allí. Pero, si el chico podía verlo con esa dureza en la mirada... no podía estar tan mal, ¿verdad?

— ¡¡Lan JingYi!!, ¿Qué demonios es tan gracioso? —explotó finalmente con furia el joven Líder, agregando a aquella mueca de desagrado una de ligera confusión y malestar.

JingYi negó sin dejar de reír.

Porque... ¿Cómo podía decirle que se estaba volviendo cada vez más y más parecido a su tío sin recibir un golpe por ello?

Además, no debía olvidar que luego de crear la barrera había drenado casi todas sus fuerzas y no estaba en una situación donde pudiera hacerle frente. Por lo menos no aún. No podía concederse ese lujo por el momento. Era mejor morder su lengua para evitar soltar otra risotada o, por impulso, lo que era peor... la respuesta a esa pregunta.

Cuando al fin logró mantener la compostura, un fuerte estruendo le paralizó el corazón por un segundo. "La tormenta ya está aquí", se dijo algo más calmo pensando que sólo era el sonido de los truenos y de la fuerte lluvia que finalmente daría rienda suelta a toda su furia. Sin embargo, un turbio presentimiento le hormigueó la piel.

Al darse la vuelta y mirar una vez más hacia el exterior lo entendió... Había bajado por completo la guardia.

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JingYi volvió la vista hacia JinLing en el preciso momento en que éste estaba por abrir la boca para soltarle una nueva reprimenda, le selló los labios de inmediato con una mano y por un breve, brevísimo, instante pudo ver el terror y la confusión en su mirada, antes de que le señalara hacia afuera, para hacerlo partícipe lo que él había visto.

Sabía que dejaría de intentar quejarse entonces.

Al borde del bosque, no muy lejos de donde se encontraban, una negra figura, encapuchada y empapada de pies a cabeza por la lluvia, jugueteaba con una corta daga de plata entre sus dedos mientras se paseaba intranquilo pero sin prisas, de izquierda a derecha, como si esperara algo. O a alguien.

Por momentos se quedaba unos instantes observando con ansiedad la espesura del bosque y soltaba un largo y casi antinatural silbido que erizaba la piel, para luego volver a su rutina original de ir de un lado a otro. Mascullando bajo. Luciendo impaciente. Inquieto. Sus estremecedores llamados eran respondidos casi de inmediato por unos rugidos aún más aterradores que hicieron que ambos chicos temblaran en su escondite.

Sin dudas, está llamando a las bestias, adivinó JingYi paralizado. Es por eso que esas cosas eran tan jodidamente anormales. Estaban siendo controladas. El pavor le secó la garganta.

No tenía sospechas ya, el tipo era peligroso. Extremadamente peligroso.

Desde su actual posición los chicos podían observarlo sin temor a ser descubiertos. Sólo podían hacer eso. Ninguno de los dos concebía del todo la definición de precaución o moderación. Más bien, eran bastante imprudentes y sin SiZhui, que era la voz de la sesatez, se sentían algo desorientados. Sin embargo, JingYi sabía que no debían actuar precipitadamente, por ello examinó desde la distancia al extraño con sumo cuidado. Aunque sus intentos parecían infructuosos. No podía definir rasgos. No poseía vestimentas de algún clan reconocido y tampoco podía identificar el estilo de esa extraña daga que parecía una mortal extensión de su mano.

De pronto la figura soltó un frustrado bramido. Estaba molesto. Colérico.

— Estúpida barrera —escupió con gravedad el extraño —¿Porqué demonios es tan fuerte?

JingYi comprendió enseguida. Al parecer intentaba hacer que el monstruo -que con muchas dificultades habían atrapado- rompiera el encantamiento que lo tenía prisionero y, a juzgar por los desesperados gritos en la distancia, no podía hacerlo.

El chico, que pudo oírlo despotricar alterado aún por encima de la tormenta, falló estrepitosamente en ocultar lo complacido que las maldiciones lo hacían sentir. Esa barrera era su obra maestra y su orgullo. Ese que no había mostrado a nadie aún (ni siquiera a su amigo SiZhui), y que no había probado antes con una presa fuerte tampoco. Los cadáveres feroces que contuvo hace tiempo, en un secreto examen de verificación, no podían compararse en lo absoluto con el poder de aquella bestia.

Sonrió para sí. Todos parecían creer que sólo era bueno para ser castigado y copiar las reglas de la secta una y otra vez. Aquel que lo conociera no le sorprendía que se supiera más de un tercio de las mismas -por la cantidad de veces que las había infringido- y que aún así fuera incapaz de evitar romperlas. Muchas veces en castigos ocasionados por su impulsividad y sus maneras bruscas y directas, que había tratado de pulir sin lograrlo. ¿Pero ahora?... ahora estaba extasiado.

El monstruo no conseguía reunirse con su dueño por causa de su barrera.

No podía esperar a mostrarle a los demás de lo que era capaz.

Casi saltó cuando un nuevo grito lo tomó desprevenido.

El extraño volvió a jurar y se internó furioso en el bosque hacia donde provenían los grotescos rugidos, quizás para liberarlo. O para sacrificarlo. JingYi creyó oírlo reflexionar en murmullos sobre esa opción mientras caminaba de un lado a otro. Era consciente de que el tipo había conseguido ver a través de su prisión espiritual. Si el monstruo perecía... la barrera desaparecería y sólo de ese modo podría disponer del cuerpo a su antojo. Era muy probable que no quisiera dejar pruebas. No podía dejar que los restos de la bestia fueran examinados, y mucho menos por el clan Gusu o Wei WuXian. Tenía la ligera impresión de que había una relación entre aquellas cosas y el mayor Wei.

Soltó un suspiro de alivio al verlo finalmente desaparecer en el follaje. Sin embargo, sentía el corazón pesado aún. Tenían que encontrar a los demás para regresar de inmediato a Gusu y hacerle saber a ZeWu-Jun sobre todo aquello, que a simple vista no parecía algo que pudieran enfrentar solos.

Perdido en sus pensamientos se sorprendió cuando fue empujado bruscamente. Su espalda golpeó duro contra la pared de la cueva y abrió los ojos grandes en absoluta confusión para dar sólo con JinLing que se limpiaba la boca con la manga de la túnica con frenesí, como si sus puros y castos labios hubieran probado algo desagradable en extremo.

— ¿Acaso no aprendiste el hechizo silenciador aún? —reprendió echando humo. Estaba rojo y JingYi recién en ese momento se dio cuenta que lo había mantenido silenciado cubriéndole la boca con su mano.

Estúpido y grosero JinLing.

— ¡Mira la situación en la que estamos y todavía te comportas como una doncella a la que le robaron su primer beso!

JingYi no lo podía creer. Encima de todas las preocupaciones que tenían, ahora debía sumarle un palpitante dolor de espalda. Joder, ¿tenía que golpearse justo contra una piedra que sobresalía de la maldita pared?

Inhaló lento y soltó todo el aire en un largo suspiro. Sino se obligaba a calmarse terminaría matando al chico.

— ¿Qué crees que eran esas cosas? —preguntó con voz cansina.

JinLing quería protestar por las palabras del chico, pero vaciló repentinamente al verlo abandonar su rígida posición, digna de un Lan, y desparramarse por el piso de la caverna como si sus piernas se hubieran rendido.

Se tragó sus objeciones.

— Parecía un jabalí salvaje —reflexionó tras un instante —. O era el cadáver de uno...

Mientras más pensaba en ello, más real le parecía esa opción. Aunque ambos acordaron que no era tan simple como eso. Si bien eran similares, y apestaban como si realmente hubieran muerto hacía mucho, no podían estar del todo seguros. No recordaban haber visto alguno de su tamaño antes. Mucho menos atacar con la ferocidad con la que lo hicieron.

Definitivamente no eran simples bestias que ganaron consciencia.

— ¿Qué debemos hacer ahora? —indagó JinLing con una mueca. La pierna herida punzaba con un dolor sordo que estaba atormentándolo sin paz—. ¿Crees que esa persona ya se fue?... ¿estaremos a salvo si utilizamos las señales?

— ¿A salvo? —susurró una voz grave y desconocida, pintada de una oscura diversión —. Eso, niños... no se los puedo asegurar.

 

Por tercera vez en esa noche fueron tomados desprevenidos.

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HanGuang-Jun iba a matarlo.

Por primera vez en la vida Lan JingYi sintió verdadero terror de regresar a Gusu. Aún si salían vivos de la situación entraría en una profunda encrucijada personal. Prefería mil veces recluirse en los Túmulos Funerarios antes que enfrentar a un nuevo castigo ideado por Lan WangJi. Luego de todo aquel duro entrenamiento y torturadores silencios dentro del Recoveco de las Nubes, los discípulos del Clan estaban realmente orgullosos de tener los mejores oídos dentro del mundo de los cultivadores, entonces...

...¿Cómo diablos no había notado al extraño hasta estuvo sobre ellos?

Aprovechando su conmoción y con un rápido y furtivo movimiento, el tipo se agachó y descansó el peligroso filo de su daga en la blanca garganta de JingYi, en el momento en el que JinLing desenvainaba su espada, apenas una fracción de segundo más tarde.

— Bájala —le siseó amenazante.

El chico obstinado se mantenía apuntándole, pero pareció dudar tras un instante de confusión. No era de los que aceptaban una amenaza con sumisión o era siquiera de los que recibía órdenes sin protestar. Sin embargo, sus ojos se desviaron hacia JingYi y titubeó con el ligero pensamiento de que el chico estaba más pálido y lívido de lo usual. Al mismo tiempo porque su pierna le recriminó en un agonizante clamor, fuerte y claro, por el movimiento repentino. El dolor se disparó a cada terminación nerviosa minando su entereza.

Bajó la espada, aunque no la envainó. Se apoyó sobre ella con el fin de mantenerse de pie, firme.

El lugar se iluminó con el fulgor de un trueno en las cercanías, y JinLing pudo observar su rostro por primera vez. Tenía la tez macilenta y rasgos duros, de un atractivo masculino y juvenil pintado sutilmente de astucia y una sombría malicia. En su escrutinio vio como una esquina de sus labios se curvaba en una cínica y desagradable sonrisa, que presagiaba desastres. El oscuro cabello, mojado, goteante por la lluvia le caía sobre unos ojos oscuros como la tinta, y aterradoramente fríos como una noche sin luna.

No logró contener un estremecimiento involuntario

El extraño no apartó ni por un instante el arma de la yugular del muchacho de blanco, ignorante de que éste parecía incapaz de moverse en lo absoluto.

El joven líder de secta comenzaba a asustarse por él.

No había visto ni una sola vez a JingYi quedarse tan estático y paralizado como en esos jodidos instantes. Tampoco decía nada, y eso era todavía más espeluznante si se podía. Dudaba que incluso en el Recoveco de las Nubes pudiera mantenerse callado lo necesario para evitar ser castigado. ¿Qué ocurría con él entonces?

Maldito el momento en el que decidió perder el sentido, rugió internamente.

Se le estaba agotando la, de por sí ya escasa, paciencia.

¿Cómo podría hacer para que el chico saliera de su repentino sopor? ¿No se daba cuenta que estaban a punto de ser descuartizados por un lunático?

No se detuvo a pensar. Soltó lo primero que se le vino a la cabeza y que, entendía, lo haría reaccionar de una buena vez.

— ¡Tomé tu cinta de la frente mientras dormías! —gritó alto y con los ojos fuertemente cerrados. Sus palabras hicieron eco en las húmedas paredes de la cueva y se ampliaron de forma tenebrosa por cada jodido rincón, para luego estrellarse de lleno en Lan JingYi.

Sus ojos claros se abrieron gradualmente hasta quedar desencajados, fijos sobre JinLing, de tal modo que el chico, que temeroso había abierto nuevamente los párpados para verificar si aquella acción había conseguido la reacción esperada, se estremeció con violencia.

Supo que dijo una terrible estupidez en ese preciso momento.

Fue una espontánea y muy terrible mentira, pero JingYi ya no le creería si se lo confesara. No tenía excusa después de que Wei WuXian los hiciera partícipes del profundo significado detrás de ella. Comprendió demasiado tarde que nadie en su sano juicio diría algo como aquello, ni siquiera en broma.

Lo corroboró rápidamente ante las palabras mordaces y burlonas del desconocido:

— Joven Jin... ¿Era necesaria una confesión como esa en estos momentos? —rió con sorna.

¿Cómo diablos sabía quién era?

Sus razonamientos se detuvieron un instante sintiéndose ligeramente estúpido. Claro que lo hacía, era el orgulloso Líder de Secta de Lanling-Jin después de todo. Sus propias ropas revelaban el hecho a cualquiera que le echara una ojeada.

Un segundo... ¿Él también conocía el significativo carácter de la cinta? Bueno, pensándolo bien tampoco debería sorprenderle realmente. Nadie dentro del mundo del cultivo era ignorante de lo que representaba la cinta de la frente en el Clan Gusu-Lan, gracias al desvergonzado e insolente Wei WuXian que sin descaro pregonaba el hecho de que era la pareja predestinada de Lan WangJi, mientras éste no movía siquiera un músculo tras oír sus alocados disparates. Que no eran tan disparatados finalmente, y JinLing lo sabía mejor que nadie. Sus pobres oídos habían escuchado más de lo que quisiera en la trágica noche en el Templo Guanyin.

— ¡Realmente conmovedor! —continuó el extraño ajeno a los pensamientos de ambos chicos—. Sin embargo, debemos movernos...

JinLing hizo ademan de retomar su postura retadora pero la afilada hoja de la daga se presionó sobre la garganta de JingYi rozándole apenas y rasgando ligeramente su piel, haciendo que la sangre brotara manchándole las prístinas ropas.

Apretó los dientes con rabia, deshaciéndose a regañadientes de su postura defensiva.

— Buena decisión —aprobó con entusiasmo—. Proteger la vida de la persona que amas es un acto de valentía admirable.

Asintió con seriedad, pero sus ojos brillaron llenos de diversión mal disimulada.

— ¡Yo no lo amo! —gritó JinLing con todas las fuerzas de sus pulmones y el rostro completamente rojo de la vergüenza y la ira.

El desconocido volvió a reír con fuerza mientras ayudaba a JingYi a levantarse y lo arrastraba fuera de la cueva.

— Sí, sí... como digas —farfulló indiferente—. Me encantaría oír lo que tienes para decir, pero no es el momento ni el lugar adecuado.

JinLing los siguió preso de una furia cegadora, que fue aplacada al instante por el rugido de una de las bestias que vibró dentro de su oído y su pecho. Se le congeló la sangre.

El monstruo esperaba bajo la lluvia, pacientemente por indicaciones.

Las blancas pupilas del gigantesco animal lo miraban sin ver con exactitud y mientras se percataba de ese extraño echo fue bruscamente apartado de su inseparable espada, herencia de su padre, y todavía confundido y adolorido, casi tambaleante, fue arrojado contra un, también desarmado, JingYi. Ambos terminaron con firmeza sujetos por una peculiar cuerda que se enroscó como si tuviera vida propia alrededor de sus cuerpos, haciéndolos incapaces de moverse ni siquiera unos jodidos centímetros. Incluso fueron amordazados antes de que pudieran abrir la boca para pedir auxilio, quejarse o culparse entre ellos como era su costumbre.

Antes de que pudieran pensar con claridad... estaban siendo secuestrados.

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Fue el viaje más incómodo y extraño de su condenada existencia.

Al galope de una mutada bestia, apestosa y de mal temperamento, atado a la única persona que quería mantener a varias millas de distancia y soportando las sarcásticas risitas de un desconocido al que le divertía como nada aquella situación, JingYi sentía que podría morir allí mismo.

Todo estaba mal, y no comprendía en qué instante se había desviado y revuelto de aquel terrible modo.

En un momento estaba lamentándose sobre los regaños y castigos que recibiría una vez de regreso en el Recoveco de las Nubes, para repentinamente dar cuenta de algo extraordinario que hizo que el mundo se cimbrara con violencia bajo sus pies: El extraño tenía sobre sí un complejo encantamiento de sigilo, y era por eso mismo que no lo habían oído llegar.

¡No se estaba volviendo sordo después de todo!

El alivio fue tan grande que su pecho dejó de sentirse oprimido a muerte.

Nunca había oído de alguien que pudiera perfeccionar aquello de tal modo de poder usarlo con tan alto grado de éxito, y estaba completamente seguro que sus bestias también estaban bajo su influencia. ¡Si en el primer ataque incluso habían pasado desapercibidas hasta que JingYi creyó ver algo anormal en el follaje!

Estaba tan absurdamente feliz que no podía apreciar nada más, o eso creyó en un primer momento. Un pensamiento fugaz y revelador cruzó como un rayo por su mente. Así como el tipo había perfeccionado (de aquel increíble modo) el encantamiento de sigilo, él había desarrollado algo similar: un eficaz hechizo de rastreo.

En los largos pasajes de castigos solitarios en el Pabellón de la Biblioteca, por ser demasiado respondón, y mientras debía copiar una y otra vez las extensas reglas, descubrió la entrada oculta hacia la biblioteca secreta del clan. Aún sabiendo que estaba rompiendo unas cuantas reglas nuevas, bajó con genuina e ingenua curiosidad.

Entendió enseguida porqué aquellos libros permanecían prohibidos y lejos de los jóvenes discípulos. Muchos de ellos no deberían ver la luz del sol jamás, concluyó. Incluso convertirlos en ceniza parecía una opción definitivamente razonable, pero los venerables ancianos estaban en contra de destruirlos, por considerarlos un patrimonio importante.

Los oscuros secretos del mal, las poderosas maldiciones o las formaciones mágicas con dominio más allá de lo imaginable, no llamaron en lo absoluto su atención. En cambio, sí lo hizo un pequeño y ruinoso diario de un viejo monje que "desvió su camino".

La pequeña y apretada letra, ajada y desgastada por los años, era apenas comprensible pero JingYi encontró allí más secretos útiles que en todos los libros que distraídamente había ojeado ya allí. Ávido de información convino que en aquellos textos descansaba una cantidad absurda de encantamientos sin acabar. Era casi como si aquel hombre tuviera todas las fórmulas precisas y correctas pero por algún mínimo error siempre desconociera el resultado final. Ninguno de los hechizos estaban acabados. Todos tenían el mismo desenlace... un gran espacio en blanco donde debería ir la conclusión.

Lo primero que captó su interés fue el dibujo de un talismán modificado a un margen, similar a aquellos creados por el mayor Wei, que revertían su propósito. Aunque podía conjeturar el significado general de la complicada formación, no sentía en lo absoluto su energía. Obviamente allí había algún fallo que su creador parecía desconocer.

En su mente se formaron algunos trazos salvajes salidos de la nada misma y tuvo el estúpido presentimiento que al agregarlos, funcionaría. Pero... ¿podía arriesgarse así?

Después de haber repasado las historias de una incontable cantidad de notables que cayeron en 'el camino del mal' sólo por curiosidad, lo dudó largamente. Como todo Lan, era un firme creyente de seguir las normas, jamás las rompería a propósito, y sin embargo, a hurtadillas escondió aquel único volumen bajo las mangas de sus túnicas. Algo le decía que el conocimiento velado en aquel libro no era maligno.

Su firme creencia se vio recompensada al descubrir el uso que podía darle a aquella información. Su recién estrenada barrera era prueba de ello.

Reuniendo la escasa energía espiritual que aún poseía, se centró en realizar la formación mágica sin ser detectado, con una dificultad aún mayor si daba cuenta que una daga merodeaba tan jodidamente cerca de su nuez, que hasta temía tragar.

Los segundos parecían eternos y se mantenía tan concentrado que no vio a JinLing entrar en pánico por su causa. Ya comenzaba a sudar y sentirse ligeramente descompuesto por el esfuerzo que requería la secuencia de símbolos en el pequeño talismán, cuando el chico casi desesperado gritó aquel sinsentido.

La conmoción que sufrió lo hizo temblar y casi le hace perder el hilo de sus acciones. Aunque su sentido de supervivencia fue mayor, de otro modo habría golpeado de inmediato al chico, pero temía romper su concentración. Igualmente se prometió, de forma interna pero muy seria, el arrancarle la cabeza ni bien estuvieran ambos a salvo. ¿No sabía acaso el importante significado que tenía la prenda para él? ¡No era un simple accesorio!

Su pequeño talismán con la forma de un hombrecito de papel, ideado a partir de los útiles atrapa-espíritus del mayor Wei, cobró vida en sus manos. Contenía la pobre información recolectada de su captor así como también una impresión leve que podrían seguir si éste llegaba a manos de SiZhui. El chico era el único que conocía aquel truco y era quien accedió a ser el cómplice casi indirecto de su descubrimiento, aunque desaprobara que éste siguiera un órden poco convencional o más bien, casi herético.

Si bien fueron tomados por la fuerza y arrancados de la seguridad de la caverna, JingYi se mantuvo lo bastante sobrio como para ordenar una retirada estratégica de su hombrecito de papel. Ya, cuando la lluvia cediera, haría su camino hasta SiZhui con el fin de revelar el rastro de los chicos.

Confiaba en sus habilidades.

Confiaba aún más en su compañero.

Pero en esos momentos, y mientras viajaban veloces y agazapados en la oscuridad sin destino aparente, no podía dejar de dudar de su competencia. No creía que fuera lo suficientemente apto. ¡Y el tipo estaba llevandolos demasiado lejos! ¿Podría su rastro mantenerse lo necesariamente fuerte como para ser encontrados con rapidez? Aún más urgente... ¿en dónde estaban?

¿Moling?... ¿Yiling?

¿A dónde diablos estaban yendo?

Como respuesta a su interna pregunta, la bestia bajó la velocidad, dio un leve giro y se adentró en un espeso y serpenteante bosque. Sus sentidos fueron conscientes de atravesar una serie de barreras espirituales estratégicamente dispuestas a lo largo de todo el camino. Cuando ya no podía distinguir cuantos desvíos sortearon, el zigzagueante recorrido acabó casi abruptamente en el pie de una enorme y algo tenebrosa montaña. Aunque vista desde la cima en realidad se vería como la base de un profundo y escarpado precipicio.

El extraño saltó con gracia de su gran monstruo y sin necesidad de dirigirlo de ningún modo entraron por la amplia abertura de la gruta, como si finalmente estuvieran en casa. Ambos chicos pudieron sentir su piel erizarse ni bien ingresaron. Dentro todo estaba en penumbras. Mientras más se adentraban un sombrío presentimiento de ser observados desde todas direcciones hormigueaban sobre sus sentidos, sin embargo, cuando el tipo encendió un llameante talismán lo que sea que deambulaba allí se escabulló con extrema rapidez.

Brillaron linternas en un abrir y cerrar de ojos y todo el sitio se iluminó casi hiriéndoles los ojos.

— Hogar, dulce hogar —comentó en voz sibilante, los brazos abiertos de par en par y una indescifrable sonrisa que le delineó los finos labios.

Bajo una superflua señal, la bestia se deshizo de su pesada carga, dejando caer a ambos chicos de su espalda con un golpe seco. Se retiró silencioso y sin prisas quien sabe hacia donde. Aquella caverna estaba plagada de aberturas que servían como laberínticos pasajes, y el monstruo se había alejado por uno de ellos.

JingYi comenzaba a pensar que salir de allí sería un verdadero desafío.

Lo comprobó cuando fueron arrastrados a una zona aislada, reforzada con una serie de restricciones no sólo espirituales sino también de otro tipo que no logró reconocer para, luego de haber sido cuidadosamente desprovistos de toda herramienta útil, ser finalmente desatados. Bueno, no del todo tampoco. La fina cuerda que los apresaba reptó sobre ellos y se enroscó con firmeza descansando en la muñeca derecha de JingYi y la izquierda de JinLing, como un par de esposas malignas que parecían absorber su energía. Algo que probablemente fuera cierto.

Las cosas no podían ponerse peor...

— No buscaba rehenes —explicó el desconocido con extrema pasividad mientras les dirigía una penetrante mirada a ambos en su pequeña celda— pero mantenerlos puede concederle a mis planes un giro interesante. Mis sinceras disculpas por la descortesía y disfruten la estadía... —murmuró seguido mirando directamente a JinLing, regalándole a la vez un ligero cabeceo que pretendía ser una inclinación—. Debo retirarme ahora, hay muchas cosas aún que necesito hacer y muy poco tiempo disponible en mis manos.

JinLing se arrancó la mordaza.

— ¿Quién eres? ¿qué quieres?... ¿bajo las órdenes de quién actúas? —escupió una a una con feroz acidez las preguntas, como si no pudiera retenerlas más.

El extraño ladeó su cabeza ligeramente.

— Veo que el joven Jin tiene una idea equivocada —parecía sutil y entretenidamente sorprendido—. Mis intereses van más allá de Lanling-Jin...

No dio más explicaciones. Se retiró con los gritos de un desaforado JinLing haciendo eco en las rocosas y húmedas paredes, incapaz de reconocer la verdad detrás de las palabras de su captor.

La última frase de aquel tipo desde lo lejos, perforó sus furiosas quejas y lo dejaron definitivamente mudo.

— Guarde sus elocuentes palabras para la explicación que aún le debe al joven Lan...

Siempre se puede estar peor, se dijo apesadumbrado JingYi. La cabeza le comenzaba a palpitar y doler de forma alarmante, y sus ojos no pudieron dejar de notar un feroz sonrojo que barrió por completo el rostro del chico a su lado.

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— No digas una sola palabra más —masculló en un endurecido murmullo JingYi y una risa despreciablemente burlona flotó hasta ellos. El tipo lo había oído y rió a lo lejos sin disimulo.

JingYi de manera inconsciente apretó los dientes con un renovado y creciente desagrado.

Ignoró el temblor de sus piernas que comenzaban a perder fuerzas gradualmente. Estaba extenuado y un dolor agudo pulsaba detrás de sus ojos, a la vez que su cerebro palpitaba en agonía haciendo presión dentro de su cráneo. Aún así, conservó su impasibilidad, sabiendo que no era momento para ceder ante el agotamiento.

Sin embargo, sus defensas casi se derrumbaron al observar a JinLing. El chico no estaba mejorando en lo absoluto, y aparentemente el movimiento de aquel viaje largo e inesperado, incluso había hecho que las heridas empeoraran.

A pesar del vergonzoso rubor que se había expandido sin reservas por su rostro, mantenía los descoloridos labios apretados en una fina y endurecida línea marcada por una profunda expresión estoica. Soportaba como podía el dolor. Estaba reprimiéndolo, y a JingYi le dolió el corazón al percibir que mantenía la pierna herida ligeramente curvada y temblorosa, como si el sólo pensar en aguantar el peso de su cuerpo le generara un dolor indescriptible.

— Vamos —murmuró bajo y tironeó de la cuerda que los envolvía a ambos.

JinLing siseó con dolor y tenía toda la intención de preguntar groseramente a dónde demonios irían, sin aparente salida y amarrados como se hallaban, pero descubrió que JingYi señalaba hacia un rincón de la 'celda', donde una pila de paja se amontonaba como el nido de una bestia, y dominó rápidamente su genio.

— Quiero verificar tu herida —masculló JingYi sin energía.

JinLing obediente lo siguió, porque ¿qué más podía hacer?

Afortunadamente la herida no se veía tan mal como aparentaba, pero sin dudas necesitaba reposo.

JingYi vendó nuevamente la pierna y usó algo más de fuerza de la necesaria como compensación por las burlas que tuvo que soportar. Sin embargo, la pequeña fracción que utilizó para hacer presión, casi hace llorar al chico.

— Torpe idiota... ¡¿Estás tratando de vengarte?! —replicó con lágrimas en los ojos y JingYi se sintió un poco mejor.

Sentados lado a lado en aquella laberíntica caverna, con olor a humedad y sellada por completo por un psicópata que los tenía secuestrados, las exageradas quejas e insultos de JinLing sonaron ligeramente reconfortantes.

Sus familiares gritos le trajeron una paz inesperada.

Sonrió amplio mientras sacudía ligeramente su cabeza, por lo estúpido que sonaba aquello incluso para sí mismo, aunque no podía negar la verdad de ese patético sentimiento que lo embargaba y lo hacía inusitadamente feliz. Soltó una risita imposible de contener.

— Maldita sea... ¡Lan JingYi! ¡¿de qué demonios te ríes?! —lo reprendió el chico en un grito que rebotó e hizo eco en las paredes — ¿Ya perdiste definitivamente el juicio?

Quizás sí, pensó JingYi, cuando lo miró y sus ojos risueños se encontraron con un rostro enfurecido y avergonzado, sintió algo extraño en el interior. Una especie de inquietas cosquillas en el corazón que hicieron que su sonrisa se debilitara hasta desaparecer.

Al mismo tiempo, la cuerda en su muñeca se aflojó casi imperceptiblemente haciendo que su atención se dispersara para centrarse en un instante sobre aquel detalle. ¿Por qué la presión se había relajado de forma tan repentina?

— ¿Sentiste eso?

— ¿Qué cosa?

El ceño de JinLing seguía profundamente fruncido, pero sintió la urgencia en sus palabras.

JingYi levantó su diestra hasta los ojos mientras examinaba la cuerda con detenimiento.

— Esta endemoniada cosa se aflojó...

JinLing copió sus movimientos comprobándolo por sí mismo. Sintió que realmente podía moverse con más libertad y repasó con los dedos su fibrosa textura, su elasticidad y firmeza.

— ¿De qué jodido material está hecho? —soltó con curiosidad, luego de confirmar que no era una cuerda ata deidades, artículo común entre los cultivadores, pero que a sus ojos tenía el mismo propósito: despojarlos de su energía espiritual.

Esta soga delgada y misteriosa en realidad parecía algún tipo de arma espiritual. A JinLing le recordaba a Zidian, sin embargo, estaba impregnada de energía oscura completamente turbia y sombría. Emitía una peligrosa y sensible irritabilidad, como si el contacto con las muñecas de ambos chicos le desagradara al extremo, haciendo que se retraiga apenas, como una serpiente a la defensiva. Lo que era algo estúpido porque no parecía estar sometida por las emociones de su dueño, pero entonces... ¿por qué la inesperada perturbación? ¿fue algo que ellos dijeron o hicieron?

— ¿Qué crees que sea lo que hizo que reaccione de esa manera? —preguntó mientras seguía estudiándola centímetro a centímetro y levantó la vista al no obtener ninguna respuesta tras unos segundos de un eterno silencio.

Lo que vio casi lo hace sonreír de pura frustración... JingYi comenzó a dormitar con la cabeza ligeramente ladeada.

JinLing creía que era toda una proeza que haya durado tanto tiempo insomne siendo que las reglas Lan mantenían un estricto control con los horarios de descanso, pero el sueño lo había derrotado por completo al final.

Su perfil siempre agresivo y molesto, se suavizó visiblemente. Sus rasgos afilados, debido a su carácter algo salvaje, se volvieron más delicados, casi dóciles. Sin su permanente ceño fruncido incluso se veía bonito, debía admitir. Siendo sincero, tenía un rostro atractivo, placentero a la vista, pero el chico rápido se lo hacía olvidar, cuando escupía verdades como puños.

Quiso golpearse mentalmente porque en vez de estar intentando descifrar la identidad del desconocido o de aquella cosa que los tenía amarrados, estaba mirándolo dormir como si fuera la jodida cosa más interesante del mundo.

Sin embargo, no pudo contener las inquietas ansias en su interior y se detuvo largos minutos observándolo.

Desde la severa cinta de la frente, hasta sus sonrosados y sedosos labios entreabiertos, todo en él llamaba su atención. Incluso sus directas observaciones y su franca hostilidad. Era, sin dudas, como una pieza de jade blanco y puro, pero al contrario de los verdaderos jades mayores del clan Lan, que irradiaban una frialdad impermeable y un aura inaccesible, él poseía una sencilla calidez que era extravagante y agradable de algún extraño modo.

Cuando notó las tonterías que pensaba, apartó la mirada. Su corazón corría como cogido en falta.

Para su absoluta sorpresa, la cuerda se movió en ese preciso instante, aflojando nuevamente su ajuste.

Las preguntas sobre su captor volvieron a agolparse en su cabeza y una gritaba con más fuerza...

¿Quién demonios era este tipo, y con qué diablos estaba experimentando?

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JinLing no pudo encontrar una respuesta a todas las preguntas que merodeaban sin descanso en su cabeza, pero en el centro de su pecho se mantuvo casi expectante un inevitable, inquieto y oscuro presentimiento.

Sorprendentemente las reacciones de la cuerda hacían pensar que estaba viva, que poseía una consciencia individual.

Un accesorio con consciencia propia... ¿que tan increíble era eso?

Aunque aquello no era común, en realidad era un acontecimiento bastante extraordinario para ser más específico, no era improbable. Sin embargo, según las antiguos registros, el sacrificio para poseer un artículo semejante era demasiado grande y extremadamente cruel. No muchos elegirían voluntariamente ese camino por más que, en general, los objetos obtenidos se convertieran en excepcionales armas. Sin embargo, estos eran objetos sensibles, con mal temperamento, inusualmente ansiosas de sangre y predispuestas para la venganza.

Venganza.

Esa era la palabra correcta. El detalle clave.

Si el tipo tenía realmente un artículo de ese calibre y con una fabricación y un refinamiento tan retorcido, la posibilidad de su elaboración para la venganza era considerablemente alta. Pero, ¿venganza contra quién? ¿Hacia quién mantenía una enemistad tan absurda como para renunciar a algo invaluablemente precioso para él, a cambio de una simple arma?

Suspiró frustrado porque no comprendía hacia dónde iban dirigidas sus rencorosas intenciones.

Ya no estaba seguro, como había creído en un primer instante, que su actual situación tuviera algo que ver con la lucha interna de poderes dentro de la Secta LanLing-Jin y su posición como Líder del Clan. En realidad, temía que aquello fuera todavía más grave y complicado. Y que abarcara mucho más.

Pero, allí encerrado, lo único que podía hacer era predecir a ciegas el grado de peligrosidad de aquel extraño personaje.

Tomó una bocanada de aire, soltó un largo suspiro y ordenó sus pensamientos con cuidado.

A simple vista, el enemigo mantenía en su poder dos desconocidas y agresivas bestias bajo su control, y esperaba fervientemente que fueran solo dos porque si había más de aquellas criaturas vagando fuera, no sabría como explicar lo escalofriante y espeluznante que eso sería. De sólo pensarlo sudaba de forma horrible.

Sacudió su cabeza tratando de alejar las imágenes mientras seguía con su mental recuento de datos. El extraño poseía, también, un dominio particularmente avanzado en la cultivación demoníaca y una herramienta de fabricación dudosa. Por lo poco que había podido entrever, podría decir que esa persona no era fría y calculadora, pero era inteligente, temeraria y capaz, cualidades igual de aterradoras.

JinLing tras pensar un instante cayó en la cuenta de que incluso la daga en sus manos era demasiado sospechosa, casi podía jurar que era del mismo tipo de dispositivo y que incluso podía haber sido forjado bajo circunstancias semejantes. Pero... ¿realmente era tan sencillo obtenerlos que con tan inusitada facilidad podría conseguir dos? ¿qué tan inhumano podía llegar a ser aquel personaje?

Le dolió la cabeza.

Eso estaba muy por debajo de sus conocimientos. Y, para empeorar la situación, se encontraba atrapado en aquella fría caverna con alguien que podría saber incluso menos que él. Lloró de forma interna al pensar en su apestosa suerte.

Sin embargo, lo que JinLing no sabía era que Lan JingYi estaba en realidad más familiarizado que él mismo en este tipo de materia. Olvidaba que en el Pabellón de la Biblioteca en Gusu se concentraba una fuente inusitadamente descomunal de información, y aún más importante, el pequeño Lan, a quien desdeñaba, había considerado que todo lo referente a los accesorios espirituales merecían su interés, por lo que sabía mucho más de lo que debería.

Pero, ahora mismo dormía profundamente. Era incapaz de defenderse de las acusaciones infundadas de JinLing o de aportar su cuota de sabiduría basada en su sensata investigación, y JinLing, sin tener con quien discutir aquellos detalles, veía indefenso como todas sus cuidadosas elucubraciones solo acababan como meras conjeturas y nada más. Su ánimo fluctuante ante el probable descubrimiento del origen del misterioso accesorio y el mal presentimiento que todavía lo agobiaba, lo dejó finalmente decaído y exhausto.

Sintió sincera envidia de las suaves, lentas y rítmicas respiraciones del chico que dormía a su lado, y de su facilidad de entrar en un sueño reparador. Aunque no dejó de pensar, asombrado, que los hábitos fuertemente arraigados del Clan Gusu eran jodidamente aterradores.

¿Acaso no les habían enseñado a estar en alerta máxima en situaciones de peligro?

La cabeza de Lan JingYi tambaleó suavemente. Con un gemido lastimero, y aún dormido, buscó una posición más cómoda. La cercanía y la calidez de otro cuerpo hicieron que inconsciente e instintivamente llevara su cabeza a descansar sobre el hombro de un conmocionado JinLing, que no tuvo tiempo de pensar siquiera en escapar. Esa súbita y pequeña acción bastó para llenarle el corazón de temor.

Como reflejo y de forma involuntaria sintió la imperiosa necesidad de alejarse a prisa, pero de forma completamente contradictoria, se quedó inmóvil. No hubo ningún tipo de rechazo real en él. JinLing se mantuvo absurdamente tieso, incapaz de moverse un solo centímetro mientras sentía a su corazón golpearle con insensata y feroz violencia en el pecho.

Me sorprendió, convino con estupor y el corazón desordenado, envuelto totalmente en un incontrolable frenesí. Su movimiento inesperado me sobresaltó. Me desconcertó e hizo que saltara con inquietud, razonó consigo mismo sin notar en lo más mínimo que la cuerda volvía a aflojarse un buen tramo.

Completamente perdido observó el perfil del chico pensando en la mejor manera de removerlo de su lado sin despertarlo, pero se quedó absorto contemplando esas diminutas arrugas de incomodidad en su entrecejo que desaparecieron de manera lenta pero definitiva al encontrar un inesperado confort.

JinLing en otro momento lo habría empujado con brusquedad, y sin asomo de escrúpulo, hacia el otro lado sin importarle en lo absoluto si le hacía daño. Pero se dio cuenta que no podía hacerlo.

¿A qué se debía su cambio de actitud? no supo explicarlo.

Intentó ignorar el hecho de que la cabeza del chico encajaba perfectamente en el hueco de su hombro y negar a la vez, y con más fuerza todavía, la singular sensación de su piel erizada por el cálido aliento que le hacía cosquillas en la garganta.

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Lan JingYi despertó sobresaltado. Todo estaba aterradoramente a oscuras allí, y su corazón se apretó con angustiante temor. No tardó mucho tiempo en comprender su situación y cuando lo hizo se sintió mareado una vez más.

Se había dormido.

Sabiendo dónde estaba y con quién, aún así durmió como si no corriera peligro en lo absoluto. Sintió verdadero terror porque sabía que aquello implicaba en él un significado aún más profundo: Confiaba ciegamente en JinLing.

Vaciló un instante, totalmente aturdido, pero no encontraba otra explicación. Su tonto cuerpo estaba casi mecánicamente programado, la única forma de caer rendido en una situación así... era porque inconscientemente confiaba en la persona a su lado.

¿En qué momento su estúpido cerebro decidió que podía confiarle su propia vida a alguien como JinLing?

Maldijo entredientes ignorando la rápida advertencia interna que inmediatamente redactó, en una veloz sucesión, todas las reglas que estaba rompiendo con una simple maldición y se obligó a calmarse. Sin embargo, seguía desconcertado.

No era racional, ni lógico o sensato, pero estaba bastante seguro de que ya era de madrugada, aunque allí dentro era imposible predecir un horario, y si era cierto eso quería decir, claramente, que se durmió en aquel sitio sin tomar ningún tipo de recaudo.

Se sintió confuso, malhumorado y agotado una vez más.

Cerró los ojos un instante y respiró profundamente.

Enderezó su posición a una más digna. Una posición que lo dejara concentrarse para pensar con más detenimiento, casi como si pensara que si arreglara su postura y se irguiera con rectitud encontraría mágicamente una explicación razonable. Pero, en la maniobra, su cinta de la frente se sintió tirante. El movimiento hizo que ésta se torciera en su cabeza de forma extraña. Creyó por un momento que se había enganchado en una grieta en las paredes y tiró de ella. No obtuvo resultados. Confundido siguió con la mirada hacia el lugar donde estaba aprisionada y la infame verdad volvió para apalearlo salvajemente porque, al observar su recorrido, la encontró fuertemente envuelta entre los dedos de JinLing que, dormido, se aferraba a ella como si su vida dependiera de ello.

Sus ojos se abrieron amplios. Incrédulos.

Su corazón en el pecho dio un frenético y desordenado vuelco.

La mente de Lan JingYi se quedó en blanco por un aterrador segundo. Todo a su alrededor se detuvo. Incluso su respiración vaciló. Sin embargo, ni bien salió de su estupor, la cabeza del chico formuló su reclamo más condenatorio.

¿¡Este bastardo se atrevió a ponerle un dedo encima nuevamente a mi cinta!?

Lan JingYi estaba lívido. No podía creerlo. Su primera reacción fue una furia ciega y violenta, aunque de algún modo logró mantener, no sin dificultad, la compostura. Quería estrangularlo hasta dejarlo sin un hálito de vida. Estaba condenadamente enfadado, sí. En niveles casi demenciales. Pero, al mismo tiempo, sentía mucha incomodidad debido a un inquieto sentimiento, jodidamente molesto y desconocido que hacía que le picara el corazón.

Sus pensamientos se desordenaron, tomaron un rumbo extraño, desorientándolo brevemente.

El chico a su lado se removió con lentitud y abrió con pesadumbre los ojos.

JinLing, aún somnoliento, notó de inmediato un frío glacial y una extraña atmósfera estática, casi eléctrica, que podía percibirse con facilidad en el aire. En aquel enrarecido ambiente se podía respirar un pesado y tenso aura amenazante que hizo que el cabello detrás de la nuca se le erizara. El miedo terminó por despertarlo de golpe. Buscó confuso y asustado la fuente de aquel sentimiento que lo carcomía por dentro, que lo ponía tenso y en guardia. Pero, además de oscuridad y rocas, en aquella cámara circular subterránea no se observaba nada fuera de lo común.

Giró su vista para alertar a Lan JingYi de su perturbador mal presentimiento, pero cuando su mirada hizo contacto con el rostro del chico se sobresaltó.

Los profundos y afilados ojos de JingYi estaban fijos en él, y su endurecida mirada lo congeló en su sitio.

No dijo una sola palabra, pero pudo ver como su mandíbula se tensaba mientras apretaba furiosamente los dientes y sus ojos, centelleantes de agresividad, bajaban para mirar ferozmente a un punto aleatorio entre sus cuerpos. Sin comprender siguió el mismo camino que el chico y su corazón, que había hecho nido momentos antes en su garganta por el temor, se desplomó como una pesada roca hasta sus entrañas.

Lo que observó lo dejó entumecido.

Palideció.

En su puño fuertemente cerrado sobresalía un extremo de la impoluta e intocable cinta del Lan.

Por un momento lo vio todo con horrorosa lentitud, como si sus movimientos se hubieran ralentizado. Quiso desprenderse rápidamente de la cinta pero la apresurada maniobra la enredó aún más en sus dedos y con un desesperado tirón había deshecho el nudo detrás de la cabeza del chico. Sin poder hacer nada para evitarlo, la cinta cayó en sus manos en un desordenado manojo de tela.

Ahora sí podían empezar a enterrar su cadáver.

En pánico, recordó la postura desdeñosa que había tomado la noche anterior sobre las reglas del Clan Gusu-Lan y sus fuertes hábitos nocturnos. Ahora todo aquello se volvió contra él, de la forma más cruel. Los hábitos son aterradores había dicho sin mucho más cuando el chico cayó rendido, pero ahora comprendió la espeluznante magnitud de ellos. El karma existía y lo aprendió de la forma más desesperante.

Había una explicación real y muy razonable para lo sucedido: Acostumbrado a sujetar la borla de su espada para dormir, probablemente lo sustituyó dormido por la cinta de Lan JingYi. Pero, ¿qué sentido tenía saberlo? No es como si pudiera decírselo. Más bien, si pudiera comentárselo... ¿le creería?

¿Qué demonios se supone que debía hacer ahora?

Si no estuviera fuertemente atado habría corrido lejos y sin mirar atrás ni una sola vez.

Sentía serios deseos de largarse a llorar.

Explicarle que fue un error ahora estaba totalmente fuera de discusión. Después de aquella estúpida "confesión" no tenía forma de convencerlo de todo se trataba de un completo, desafortunado y muy absurdo malentendido.

 

Lan JingYi vio a su preciada cinta caer en las temblorosas manos de JinLing y una indescifrable, indefinible y terriblemente confusa sensación lo abrumó. Lo sumergió como un pétalo en aguas tormentosas. Quiso darle nombre a aquel sentimiento pero no supo cómo describirlo, mucho menos cómo llamarlo y tampoco tuvo tiempo de hacerlo.

La cuerda que los unía se retrajo.

Lo sintió una vez más y esta vez reaccionó increíblemente más rápido.

Logró soltarse.

 

Ahora sí podía matar a JinLing, sin tener la necesidad de cargar el cuerpo consigo.

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El agradable pensamiento del cadáver del chico arrojado a algún lugar lejos pasó fugaz como un suspiro, pero tenía en claro sus prioridades.

Sin la restricción, fue capaz de acceder a su energía espiritual de inmediato, y con una destreza de velocidad incomparable, Lan JingYi realizó una serie de sellos que reprimieron la cuerda que estaba todavía aferrada a la muñeca izquierda de JinLing. Tras una ligera sacudida aquella cosa, que reptaba nerviosa buscando la diestra del chico que había escapado de su ajuste, se transformó en un inmóvil e indefenso listón para el cabello. Ahora sí, dominada por el encantamiento realizado por JingYi parecía una inofensiva y simple cinta de seda blanca con un curioso patrón de flores de melocotón.

Ya sin el mínimo rastro de temor la sostuvo entre sus dedos.

Su expresión se volvió amarga y sus pensamientos giraban confusos.

No entendía.

¿Cómo demonios aquella cosa maliciosa terminó con esa apariencia? ¿Era esta su imagen real? ¿así lucía antes de sufrir el cambio?

Sus ojos repasaron con detenimiento cada detalle con infinita curiosidad. La costosa y suave tela se escurría entre sus dedos como el agua,y los hilos dorados de su bordado eran claramente de un presuntuoso oro, pero lo que llamó su atención no fue ninguna de esas cosas, sino la notoria mancha de sangre seca en uno de sus extremos.

¿Sacrificio de sangre? ¿¡Realmente una vida inocente fue tomada para la creación de aquella herramienta espiritual!?

— ¿Cómo... cómo lo lograste? —preguntó, ajeno a sus pensamientos y totalmente consternado JinLing. El trozo de tela se veía tan simple, femenino e inanimado que era todavía más aterrador y al quedar flácida sobre su muñeca se lo había entregado a JingYi de manera exagerada y cómicamente rápida, con la punta de los dedos y una expresión difícil de descifrar, un punto medio entre el asco y el terror, absurdamente irrisoria. Aunque no pudo reír, su pregunta aún hacía eco en sus oídos.

— ¿Qué quieres decir?... yo, ¿yo hice algo?

JinLing lo pensó un momento. ¿Lan JingYi realmente había hecho algo para que la cuerda se aflojara antes de poder reprimirla? No exactamente. No había hecho nada fuera de lo normal.

— Entonces, ¿porqué esta maldita cosa...?

Lan JingYi se quedó en silencio un eterno y tenso instante.

— Es muy probable que no fuera la voluntad de la cinta el apresarnos—dijo al fin—. Quizás los espasmos fueran su forma de rebelarse...

JinLing no comprendía del todo su línea de pensamiento.

— Hablas como si fuera una persona —acusó frunciendo el ceño.

— Fue una persona —aseguró convencido—. Voluntariamente o no, fue su sacrificio el que permitió convertir la cinta en un dispositivo espiritual.

JinLing se congeló perplejo. Se le hizo un nudo en el corazón.

No supo si fue porque JingYi lo dijo con absoluta y firme seguridad, o porqué en realidad, pero fue persuadido por sus palabras. Sonaba convenientemente sensato.

Volvió su vista al rostro del chico.

La mirada de Lan JingYi contenía una intensa concentración mientras examinaba lenta e interminablemente la cinta. No solo eso, la inquietud y preocupación era tan palpable en su expresión que le causó un sutil cosquilleo en el estómago. Sentía que éste era un JingYi que desconocía. No reconocía, en su serio y sombrío semblante, al idiota natural que preguntaba insensateces y sonreía a menudo.

Le costó mucho tiempo apartar la mirada.

 

Ajeno a su debate interno, Lan JingYi determinado decidió conservar la cinta.

Levantó la vista a punto de informar su resolución y sus ojos atraparon la indescifrable mirada de JinLing en él. El chico lo observaba con persistente atención, como si intentara comprender algo extremadamente complicado y su cerebro no cooperara. Cuando ambas miradas chocaron, desvió rápidamente la vista dando la extraña sensación de haber sido sorprendido haciendo algo que no debía. JingYi vaticinó que estaba pensando en algo poco práctico y rodó los ojos con frustración.

Se incorporó.

Se dio cuenta que aún permanecían torpemente en aquel rincón oscuro y húmedo, sentados sobre la pila de paja, cuando en realidad tendrían que estar buscando la manera de escapar.

— ¿Tu pierna? —preguntó con brusquedad desde su altura.

— ¿Eh?

— ¿Puedes caminar?... Necesitamos salir de acá. Todavía tenemos que encontrar la salida —le recordó.

— Mmh... sí. Creo que sí.

Se irguió y efectivamente podía caminar, pero el dolor seguía allí vociferando su resistencia al movimiento con cada paso. Sentía como si en su breve descanso le hubieran apaleado la pierna herida hasta el cansancio.

Lan JingYi no ofreció su ayuda y JinLing no la pidió tampoco. La habría rechazado de todas formas.

Lado a lado se dirigieron a la estrecha entrada de aquella cámara subterránea que estaba completamente despejada. No había puerta ni rejas que actuaran como bloqueo, pero sabían que no era tan sencillo. Las barreras verdaderas no podían verse a simple vista.

Con cuidado la diestra de JingYi tanteó el espacio aparentemente libre de peligro frente a él. Sus dedos hicieron contacto con algo sólido en el aire y sintió a su brazo entumecerse de manera dolorosa a la vez que chispas violáceas volaron en todas direcciones.

Prisión de hexagrama. Adivinó de inmediato.

No era una técnica sencilla de realizar, pero podía romperse fácilmente si se conocía el método. Después de todo tenía seis puntos de quiebre que podía aprovechar.

Al ver que el nivel de dificultad no era tan alto como creyó, casi podía asegurar que era porque aquel tipo confiaba en que sólo con la energía suprimida por la cuerda los mantendría obedientemente inmovilizados.

Bufó internamente. Furiosas llamas centellearon en sus ojos. Aquella persona los estaba subestimando y odiaba ese sentimiento.

Lan JingYi se hizo cargo de destruirla, con una agresividad atípica en él, y continuó con su minuciosa inspección. Casi podría jurar que aquella simple obstrucción no era su única manera de retenerlos. Su idea se vio reforzada cuando, apenas unos pasos al frente, una nueva barrera lo hizo detenerse.

Su ceño se frunció porque la sintió desconocida al tacto. Era como una fina y resistente telaraña que bloqueaba sus intentos por cruzar.

— Sé que es —dijo rápidamente JingLing de pie a su lado. Sus ojos estaban iluminados por un brillo particular que JingYi no comprendió—. Es una Red Dorada.

Abrió amplio sus ojos, visiblemente sorprendido. Era la primera vez que conseguía estar frente a una y no tenía experiencia alguna sobre su configuración.

Por el contrario, JinLing parecía emocionado.

Lan JingYi quiso golpearlo. ¿A qué venía todo su entusiasmo? Si esta era realmente una Red Dorada estaban bastante jodidos.

— Dime que sabes romperla y consideraré tus sentimientos —dijo sin pensar y en tono burlón, tratando de hacerle comprender en el verdadero enredo en que se encontraban.

JingLing detuvo en seco sus movimientos.

JingYi estaba inspeccionando atentamente los finos hilos dorados de la barrera cuando lo sintió tensarse a su lado.

 

Joder. Joder. Joder.

No podía ser cierto. De ninguna jodida manera.

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— Debes estar bromeando —masculló JingYi torpemente, pero JinLing no respondió.

No pensaba responder. No iba a hacerlo de ninguna maldita forma.

En su lugar, e ignorándolo, se puso en movimiento. Condensó energía Yang en la punta de sus dedos. Hizo lo mismo con la otra mano, con energía opuesta, y apoyó ambas manos sobre la Red Dorada que bloqueaba el paso frente a ellos, algo separadas entre sí las extremidades.

Lan JingYi lo observaba estupefacto y sorprendido, sin atreverse a abrir la boca. Más bien, boquiabierto de la conmoción pero incapaz de emitir sonido alguno.

JinLing hizo que fluyeran los dos tipos de energía antagónicas, dentro de los finos hilos como telaraña de la barrera, inundando de manera gradual aquellos etéreos canales. Con extrema suavidad, y con la misma cuidadosa lentitud ambas manos se movieron simultáneamente hacia el centro.

Se podía percibir un sonido penetrante de crepitar en el aire, como si aquella zona en la que el chico trabajaba estuviera electrizada. A causa del esfuerzo y la diligente concentración su ceño se frunció profundamente, pero continuó sin titubear. No mucho tiempo después, las manos le temblaron. Precisamente en el momento en que sus dedos iban a hacer contacto en el centro, pero éstos nunca llegaron a tocarse. Con un atronador centelleo y un destello titilante, cálido e intenso, que iluminó de dorado las rocosas paredes, la barrera fue eliminada.

Sólo así como así.

En un instante y con una facilidad tan absurda que resultaba patéticamente cómica.

Hubo un momento de confusión y un largo silencio que reverberó en las paredes de aquel pseudo-calabozo.

Lan JingYi estaba mortalmente desconcertado y aturdido. Incrédulo levantó su diestra en el aire y efectivamente la barrera se había ido. Ni un solo rastro de su triste existencia quedaba en el lugar.

— ¿Có... cómo demonios lo hiciste? --soltó estupefacto, sin dar crédito a lo que veía.

— Tío Jiang Cheng... —explicó en un susurro bajo JinLing— solía encerrarme en una, todo el tiempo en el Muelle del Loto, cuando era pequeño. Eventualmente aprendí a eliminarla para escapar—acabó con una sonrisa brillante de orgullo—. Él nunca se enteró.

JingYi lo vio con una nueva luz.

Inesperadamente JinLing tenía ese tipo de talento.

— Me alegra que no seas tan inútil después de todo —reconoció con la voz ligeramente impregnada de desdén, pero sus palabras tenían un matiz de una violenta y ansiosa inquietud. Todavía recordaba lo que había ofrecido si el chico podía deshacerla.

¡¿Quién hubiera dicho que realmente poseía tal habilidad?!

Lan JingYi sacudió sus frustrados pensamientos y lo apremió con un simple 'vamos' antes de que el chico tuviera oportunidad de decir nada más. Intentó pretender que no dijo nada estúpido anteriormente, y sin dar espacio a una réplica o cualquier retraso, lideró el camino. Estaba impaciente por salir de allí de una jodida vez por todas.

Aunque el corazón palpitaba con ensordecedora violencia en el pecho, no dejó que sus emociones inestables lo distrajeran.

En el exterior mantuvo la compostura pero por dentro estaba lleno de una inestable incertidumbre.

Estando en territorio enemigo no bajaron la guardia en ningún momento, y recorrieron el lugar con precaución. Sus cautelosos pasos eran en extremo sigilosos e inaudibles mientras deambulaban de forma casi imperceptible y con prisa los laberínticos túneles subterráneos. Aquellos sinuosos pasillos, vacíos a simple vista, los llevaron a agudizar todo su ingenio. JingYi comprendió que no podía confiar plenamente en su audición.

Pero era peligroso también ir ciegamente y sin el mínimo de orientación.

El lugar era demasiado oscuro y no sabía con que tipo de problemas podrían enfrentarse si continuaban como lo hacían. Podrían estar vagando en círculos y nunca lo sabrían.

Se detuvo con la intención de explicarle exactamente esto a JinLing, cuando descubrió una pequeña planta de hojas gruesas y delicadas flores blancas, que crecía al filo de una grieta en la pared a un lado. Su corazón dio una voltereta excitada porque la reconoció como una de las plantas base en la medicina del Clan. Lo era sin lugar a dudas. No podría olvidarla jamás porque esa misma planta de apariencia inofensiva, casi le hace perder la vida en una ocasión.

Fue cuando debió permanecer en reclusión solitaria en las montañas que quedaban tras la biblioteca, en Gusu. Estuvo a punto de llevarse a la boca uno de los carnosos pétalos de aquella planta por puro aburrimiento, sin saber que contenía un letal veneno, sutil pero terriblemente ponzoñoso.

Gracias a ZeWu-Jun que estaba haciendo rondas de vigilancia habituales por la seguridad de los estudiantes pudo ser salvado por los pelos. Nunca había visto a el Líder de Secta tan enfadado y asustado a la vez. Dejó una impresión demasiado profunda en sus memorias. Desde ese momento su percepción por algunas plantas y setas cambió. Quizás no tenía mucho conocimiento sobre las hierbas medicinales, pero sí adquirió un gusto extraño por los venenos. Había aprendido la lección o por lo menos no cometería el error de llevar una hierba a la boca sin comprobar antes que no tuviera mortíferas toxinas.

Esta pequeña planta poseía ambos atributos y los dos eran igual de poderosos.

Podía usar las hojas para tratar la herida de JinLing, y para los tiernos y aparentemente inocentes pétalos dobles de las flores tenía en mente una utilidad diferente y conveniente para la situación en la que se encontraban.

Ante la mirada curiosa de JinLing que no comprendía que diablos hacían entreteniéndose allí, en medio de un laberíntico y tenebroso pasaje, como si no corrieran ningún tipo de peligro y sin buscar en realidad la maldita forma de escapar, Lan JingYi extrajo primero las hojas más grandes y más verdes de la planta, que tenían las mejores propiedades para las heridas tanto superficiales como internas.

JinLing, en cambio, no podía ocultar su ansiedad.

— No tenemos tiempo para esto, muévete —urgió en un susurro impaciente JinLing.

Con una expresión ambigua en el rostro, JingYi sólo le entregó el manojo de hojas que había recolectado.

— Ten, mastica —dijo con suavidad, casi al borde de su tolerancia.

— ¿Comida? —preguntó esperanzado, olvidando por un momento su prisa.

Lan JingYi entrecerró sus ojos sin comprender como hasta hace apenas unos momentos creía que el chico era de alguna utilidad.

Recordó que sin su inesperado conocimiento sobre la Red Dorada probablemente siguiera en aquel frío y húmedo sitio, sin tener la menor idea de como diablos romper la estúpida barrera y mantuvo la calma.

— ¿En todo lo que se ocurre pensar es en tragar? —farfulló en un contenido regaño de dientes apretados— Es medicina, idiota—explicó al ver como le daba una mirada llena de sospecha.

— ¿Cómo puedo confiar en que no me darás veneno? —dijo suspicaz.

JingYi ya estaba un poco harto y miró con algo de cariño a la bonita y letal flor. Aunque volvió en sí rápidamente.

— No hagas preguntas tontas y machaca las hojas para cubrir tu herida con ellas de una maldita vez.

JinLing obedeció a regañadientes y, mientras masticaba las tiernas pero asquerosamente agrias hojas, observó confuso mientras Lan JingYi se mantenía ocupado arrancando uno a uno los suaves pétalos. Los desplegó sobre su mano abierta e hizo algo que no fue capaz de comprender inmediatamente.

El chico mordió una esquina de su índice, haciendo que sangre caliente se acumulara en la punta, y dibujó con ella y en cada uno de los pétalos, un pequeño círculo pintado de rojo en su interior. Un rápido conjuro se deslizó de su boca como un cántico ancestral, y los blancos pétalos se estremecieron a la vez en su palma. JinLing abrió de par en par sus ojos. En un momento, en la mano de JingYi, permanecieron suspendidos en el aire diez ojos abiertos con pequeñas y sangrientas pupilas.

JinLing estaba conmocionado.

¿Qué tipo de encantamiento extraño era ese?

JingYi sonrió con suficiencia para sí mismo. Sabía que a causa del veneno en los pétalos el hechizo funcionaría mucho mejor que con sus pruebas anteriores.

Con una orden del chico, los diez pétalos sanguinolentos volaron hacia adelante como si el viento los transportara, dirigiéndose a una distancia y altura difíciles de conseguir, dándole así una visión amplificada del lugar.

Fue como si Lan JingYi consiguiera diez ojos más, porque no los manipulaba exactamente en pares. Podía manejarlos simultáneamente y como entidades separadas a su propio juicio en un rango extremadamente extenso. Aunque el esfuerzo era descomunal y requería una gran concentración, podía tener un panorama aumentado del sitio, así como las bestias y los peligros que podrían encontrarse en las bifurcaciones y las cámaras subterráneas desconocidas.

Era una gran habilidad, y con ella casi no tenía puntos ciegos.

Pero olvidó algo importante.

Los diez ojos fueron al frente... y descuidó sus espaldas.

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JinLing no podía salir de su asombro. Estaba aturdido.

¿Qué demonios era esa técnica extraña y de alto nivel que realizó Lan JingYi delante de sus ojos?

Jamás había oído hablar de algo semejante antes.

¿Era, tal vez, alguna técnica ultra secreta del Clan Gusu-Lan?

No lo sabía, pero también -e inevitablemente- mantenía un pequeño rastro de duda en su corazón. No parecía valerse de una práctica ortodoxa. Es más, su maniobra le recordó, con un leve estremecimiento, a Wei WuXian y su Invocación de los Ojos Pintados o quizás sólo lo estaba pensando demasiado, tal vez porque sangre fue usada debido a la falta del cinabrio necesario con el cual dibujar aquellas rojas pupilas.

Técnica oculta o práctica insurrecta, lo sorprendió profundamente y le hizo preguntarse qué tanto había avanzado en su cultivo.

Ante sus ojos había crecido nuevamente.

Lan JingYi cerró los ojos con fuerza mientras centraba su atención en sus diez nuevas adquisiciones que se precipitaron hacia adelante en búsqueda de una salida. Esto obviamente lo dejaría indefenso, pero una vez más actuó de manera inconsciente, confiando casi ciegamente en el chico a su lado.

Su involuntaria seguridad en él era tan aterradora como inesperada, pero no fue defraudado en lo absoluto.

Mientras estaba ocupado registrando el camino a tomar descuidó su espalda, o más bien su estúpido cerebro decidió por su cuenta que podía fiarse de las habilidades de JinLing y éste, como confirmación a su convicción, vio la amenaza que se acercaba desde las sombras a sus espaldas y actuó de forma instintiva. Con una increíblemente rápida reacción y una velocidad insuperable se hizo a un lado llevando en el proceso el cuerpo inerte de un confundido JingYi.

Sin ofrecer resistencia y con un ahogado hmph fue empujado hacia una abertura, imperceptible a simple vista, y fue aprisionado firmemente contra las rocas.

Lan JingYi no tuvo tiempo de descubrir de qué diablos se trataba todo, pero JinLing actuó impecablemente y con reflejos aún más destacados.

Distinguió en la distancia a una enorme araña que se acercaba suave y silenciosamente. El exagerado diámetro de sus inusualmente largas piernas llenaba cada espacio del rocoso pasillo. Su presencia era descomunal y su peligrosidad incomparable. Sin dudas no era una bestia con la que querrías enfrentarte perdido y desarmado. Un estremecimiento involuntario le recorrió el cuerpo que, estando tan pegados uno de otro, repercutió en JingYi. El chico, con el corazón tenso preguntó en un susurro casi inaudible, pese a la nula distancia entre los dos, qué demonios había visto.

JinLing se inclinó ligeramente sobre su oído.

— Es una Araña Fantasma del bosque de bambú negro —explicó en un murmullo suave.

Todo el cuerpo de Lan JingYi tembló violentamente. JinLing dedujo que naturalmente debido a la conocida ferocidad y alta letalidad de aquella bestia impactó en él, asustándolo. Pero si le preguntaran a JingYi no tendría la certeza ni la seguridad para responder. En realidad, ni él mismo sabía porqué su cuerpo repentinamente actuó de esa jodida forma.

— No hay de qué preocuparse —siguió JinLing, para tranquilizarlo— Está parcialmente ciega.

Había visto los ocho ojos del arácnido bañados de un matiz lechoso, definitivamente algo sin vida.

— Mientras permanezcamos en silencio y fuera de su vista pasará sin notarnos.

JingYi asintió débil.

Volvió a cerrar los ojos en un intento por componer la calma y poder sumergirse nuevamente en los diminutos ojos que continuaban suspendidos en sus lugares a la espera de nuevas indicaciones, pero de inmediato se dio cuenta de que tenía dificultades para controlarlos. Sin embargo, el problema no estaba en ellos, sino en su propia falta de concentración. Su mente y su corazón se habían convertido en un caótico desastre.

Sintió el calor en su rostro y maldijo internamente.

Era consciente de que tenía que poner sus pensamientos en orden, pero parecía condenadamente imposible.

¡Y sólo porque sus cuerpos estaban demasiado cerca!

El ahuecado sitio en el que fueron forzados a comprimirse estaba ligeramente desviado del pasillo principal que habían tomado. Sólo se trataba de una pequeña abertura indistinguible a simple vista. Una simple fractura en la pared, lo suficientemente amplia como para contenerlos a los dos de pie, y ocultarlos por completo. Sin embargo, debían permanecer totalmente pegados si no querían ser detectados.

Aquel apretado abrazo era muy vergonzoso para ambos.

Lan JingYi tenía el cuerpo completamente en tensión. Aún peor, sus sentidos estaban furiosamente en alerta y con los ojos cerrados podía sentir el cálido aliento del chico golpear su rostro. El fresco aroma de las hierbas que aún permanecían en su boca lo hicieron estremecer.

Aquello finalmente funcionó como un extraño catalizador, haciendo que su corazón lograra un cierto equilibrio.

Consiguió centrar su atención una vez más. Así, uno de los ojos voló de regreso hacia su posición. No pudo evitar sentir algo de repulsión al ver al enorme y desagradable arácnido moverse lento con sus bestiales e impresionables piernas, al pasar a una corta distancia de dónde se ocultaban, pero sintió verdadero alivio mientras la observaba seguir su camino sin notar en lo absoluto su presencia.

Efectivamente era una Araña Fantasma, procedente de los lejanos bosques de bambú negro.

Qué diablos hacía allí era una incógnita que, según JingYi, tenía fácil respuesta: estaba bajo el control de aquel extraño tipo. Sus largas piernas, que se mimetizaban perfectamente con el ambiente en que vivían, tenían la apariencia de jóvenes tallos de un oscuro bambú como advirtió JinLing, pero observándolas bien había algo extraño en esas ocho flexibles y poderosas patas. Cada una de ellas estaban teñidas sutilmente con rojo.

¿Sangre? No lo parecía. Tenía el aspecto de algún tipo de marca distintiva.

Un suspiro de alivio se escapó finalmente de su boca al ver que se alejaba más y más, sin indicios de ser percibidos por ella y se olvidó por unos instantes de su descubrimiento.

— Se fue —anunció al fin, abriendo los ojos con el alivio pintado en la mirada.

Quiso dar un paso atrás para alejarse de JinLing pero los brazos del chico se tensaron en su cintura, apresándolo contra sí nuevamente. JingYi parpadeó un tanto confundido. Ofuscado. Su pulso se aceleró. No quería entrar en pánico, pero su mente se volvió repentina y velozmente en blanco. ¿Qué demonios significaba aquello? ¿JinLing realmente estaba buscando una paliza? Examinó, intranquilo, su mirada en busca de una explicación, y descubrió que los ojos de JinLing no lo observaban a él, sino que estaban fijos mirando con firme atención por encima y más allá de su hombro.

— Quédate quieto —susurró quedo, tan cauteloso que lo asustó.

— ¿Qué es?

— Serpientes de Jade —explicó bajo y su ceño se frunció—. Completamente ciegas también...

Lan JingYi casi volvió a suspirar con alivio. Pero resultaría demasiado sospechoso y repentino su nerviosismo, por lo que intentó contenerlo, aún más al sentir una terrible incomodidad al oír sus palabras.

Se giró entre los brazos de JinLing, con extrema suavidad por miedo a alertarlas.

De hecho eran un par de escurridizas Serpientes de Jade inmóviles como hermosos y costosos ornamentos sobre las rocas. La piel verde brillante semejante al mejor jade pulido y dos grandes ojos que deberían ser de un furioso carmesí como dos preciosos rubíes, estaban envueltos ahora en un velo blanco, frío y apagado. Pero eso en realidad no fue lo que llamó la atención del chico, sino la enigmática y antiestética marca roja en el centro de sus triangulares cabezas.

Si antes tenía dudas, estaba seguro ahora. Todo el sitio estaba atestado con las bestias experimentales de aquel desconocido.

Sintió cómo el cuerpo de JinLing temblaba ligeramente. Pensó por un instante que las serpientes podrían ser algún punto débil en el chico, pero pronto descubrió que no se estremecía de temor en lo absoluto. Escuchó su risita contenida y parpadeó tontamente. Desconcertado. Incapaz de comprender que demonios le pasaba.

— Tengo solo dos ojos pero encontré más criaturas que tu —explicó entre risas y se burló sin disimulo.

Lan JingYi rodó los ojos.

Sacudió su cabeza con incredulidad, ¿en qué momento se había convertido aquello en una competencia?

Su codo se flexionó y le dio un corto golpe en el costado. Eso le hizo recordar, con un inevitable sonrojo, que todavía estaba en los brazos del chico.

— ¿No piensas moverte? —masculló bajo, incómodo ante la sensación de esas manos cómoda y firmemente sujetas en su cintura.

JinLing también notó esa peculiaridad y las apartó torpemente. La diversión en sus ojos finalmente fue disipada.

Una tensa inquietud se sostuvo entre los dos, hasta que Lan JingYi de repente recordó algo.

— ¿Qué hiciste con la medicina?

JinLing levantó su diestra y le dejó ver lo que quedaba de las carnosas hojas, convertidas ahora en una húmeda pasta.

— Fue la segunda cosa más asquerosa que probé en mi vida —dijo asqueado.

— ¿La primera?

— El congee de Wei WuXian —respondió sin el mínimo asomo de duda. Lan JingYi asintió con una mueca. JinLing fue afortunado aquella vez, no sufrió envenenamiento cadavérico por lo que debió haber probado solo un pequeño bocado debido a su curiosidad. Era una verdadera lástima, se quejó internamente. Sin embargo, sus pensamientos regresaron a la Ciudad de Yi, y se dio cuenta que no tenía recuerdos de haberlo visto probarla.

Lo miró a los ojos un tanto confundido.

— Larga historia —replicó el chico comprendiendo de inmediato y evitando su mirada inquisitiva.

La verdad era que sí había probado un congee cocinado por Wei WuXian, pero no precisamente aquel que había preparado en la Ciudad de Yi. Sacudió sus pensamientos y las emociones que llegaron con ellas fluyendo como arroyadoras olas en su interior.

— Bien —dijo Lan JingYi despertándolo de sus ensoñaciones—. Coloca eso en tu pierna antes de seguir.

Mientras JingYi vigilaba las serpientes, aparentemente inalterables y sin intenciones de atacar, JinLing se ocupó de la herida.

— Además... tengo buenas noticias —soltó JingYi con vibrante emoción en la voz. El chico levantó la mirada y vio en sus ojos un brillo de entusiasmo. Quizás no había encontrado las bestias vigilantes que merodeaban en los corredores, pero encontró algo mejor—. He encontrado nuestras espadas... y también la salida.

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— Suihua —murmuró profundamente conmocionado JinLing.

No lo había dicho pero en su corazón mantenía la profunda certeza de que algo dentro de él se rehusaría a abandonar el lugar sin antes encontrar aquella que era su más preciada posesión.

JingYi fue testigo del intenso brillo en la mirada del chico y el gradual cambio en su expresión. Esa mirada siempre altiva y hosca, se volvió inesperadamente suave y tierna, e hizo que la parte más vulnerable y sensible del corazón de Lan JingYi se estremeciera. Parpadeó visiblemente turbado, después de todo nunca se había llevado muy bien con JinLing, pero al parecer no era tan insensible a sus circunstancias como creyó.

Conocía lo que significaba aquella espada para él. No podía simplemente ignorar ese hecho y dejar que una reliquia tan importante quedara en manos de un desconocido. JingYi había buscado especialmente por ella casi de forma inconsciente.

Porqué haría algo así por él, era una incógnita que no estaba dispuesto a develar.

Su propia espada no resultaba tan importante a su juicio. En realidad, aún no había encontrado la apropiada para él, así que sólo era un arma común y ordinaria otorgada por el clan para su defensa como lo hacía con todos sus discípulos. La de JinLing, en cambio, se trataba de una herencia familiar.

Sus pensamientos fueron cortados por la voz del chico frente a él.

— ¿A qué estamos esperando entonces? —instigó con visible entusiasmo JinLing, pero rápidamente sus emociones se estabilizaron. Aunque no lo suficiente, las palabras de JingYi resultaron ser el estímulo necesario para provocar en él una violenta ansiedad— ¿Hacia dónde vamos? —se apresuró irguiéndose de manera precipitada.

Lan JIngYi vio el vendaje a medio colocar y reprimió una sonrisa. Así de importante era aquel objeto para el muchacho.

Se agachó y él mismo ajustó la banda de tela sobre la pierna herida, como si de un niño pequeño se tratase. Se dio cuenta de lo que estaba haciendo sin pensar y sintió como su corazón se saltó un latido. Su maniobra fue tan inmediata y se movió de una manera tan natural e inconsciente que le aterrorizó.

Reaccionó y retrocedió instantáneamente.

Con un breve vistazo a las serpientes que permanecían inamovibles como si fueran meras piezas decorativas, dio media vuelta y comenzó a liderar el camino hacia el lugar donde había visto que se conservaban los artículos que les habían sustraído. JinLing lo siguió sin hacer ningún tipo de comentario, pero sin entender tampoco porqué repentinamente las acciones del chico se volvieron mecánicas e incómodas.

Decidió ignorar su reacción y seguirlo, después de todo ¡había encontrado a SuiHua!

Cada cierto tiempo JingYi haría una revisión exhaustiva con aquellos ojos voladores y redirigiría el camino según sus observaciones. No se encontraron con demasiados obstáculos, ni tampoco descubrieron muchas de las tantas bestias que rondaban por los pasajes. Sólo detectó un Escorpión Imperial que deambulaba ciegamente, como todas las criaturas en aquel lugar, por un pasaje que debieron rodear, y una Serpiente Cabeza de Dragón, cuyas fluctuaciones de poder estremecieron a los pobres pétalos alertándolos del gran cultivo que ésta poseía. Pero ninguno fue alertado de su presencia.

Sin embargo, cada minuto que pasaban dentro de aquel lúgubre lugar sólo los ponía más tensos.

Sabían que debían apresurarse. Al parecer su captor todavía no había notado su ausencia de aquel apestoso calabozo, pero era sólo cuestión de tiempo hasta que la información se filtrara y les aterraba saber que, ni bien advirtiera la situación, y bajo las órdenes de ese tipo, los corredores de inmediato se llenarían de bestias de todos los tamaños y diferentes niveles de peligrosidad a la caza de ambos.

Sus pasos se volvieron más veloces, a la vez que sus corazones inquietos se volvían más pesados y ansiosos.

Aunque sin mucha dificultad, finalmente llegaron al lugar indicado.

La cámara natural que se había formado en aquel oculto sitio lo hacía el lugar ideal para esconder tesoros, allí mismo era donde estaban sus pertenencias, aunque estaba sellada pero... ¡era nuevamente una Red Dorada!

Lan JingYi nunca se sintió tan feliz y agradecido de estar junto a JinLing como lo estuvo en ese preciso momento. Los ojos del chico chispearon con algo de orgullo al ver como JingYi le cedía el puesto para deshacer la barrera y el Lan lo dejó estar sin decir absolutamente nada. Era una habilidad que le permitía conservar su aire arrogante y no tenía intención alguna de bajarlo de su nube.

El chico trabajó silenciosamente en ella hasta que, con un brillo dorado cegador, la barrera desapareció en su totalidad, y JinLing fue directo hacia Suihua con una adorable sonrisa emocionada. Lan JingYi se sintió consternado por un breve instante, ¿de verdad consideró adorable a JinLing? Sacudió su cabeza sin poderlo creer. El encierro definitivamente lo estaba afectando.

Retrocedió, dándole su espacio, porque realmente daba la sensación de un hombre que se re-encontraba con su amante luego de una larga ausencia y no quería estar presente si se volvía demasiado cariñoso. Rió secretamente con diversión al tiempo que repasaba con la mirada los distintos artefactos que habían acumulados allí. Su sonrisa flaqueó en su boca despacio hasta desaparecer.

El panorama ante sus ojos lo descolocó.

Libros antiguos estaban regados por doquier, y no sólo eso, todo tipo de armas y herramientas espirituales llenaban el lugar hasta donde daba la vista. Los dedos de Jingyi picaron con ansiedad por descubrir los tesoros que poseía aquella recámara de piedra, pero se contuvo. Sabía que no debía tocar sin más. Todavía conservaba un rastro de sensatez y algunos de los dispositivos emanaban una sensación ominosa imposible de ignorar.

La colección del desconocido era de un incalculable valor.

Había allí instrumentos musicales bellamente elaborados, juegos de té de porcelana y cristal, que brillaban débilmente con un maligno fulgor, copas de plata, oro, bronce e incluso acero, que no tenía idea para qué diablos podían servir. También había una amplia cantidad de joyas, gargantillas, sortijas y horquillas. Así como una variedad de gemas, perlas y piedras preciosas que parecían brillar con una peligrosa luz propia.

— ¿Qué tan asquerosamente rico es este tipo? —susurró JinLing que se había acercado de manera silenciosa a su lado y miraba los objetos con SuiHua apretada en su fuerte abrazo— ¿Por qué viviría entonces en este endemoniado lugar?

Lan JingYi bufó frustrado en su cabeza.

— En serio, ¡¿que les enseñan en Lanling-Jin?! —replicó con decepción—. Estos no son objetos normales, ¿acaso no puedes sentirlo?

Sin siquiera intentarlo se podía percibir un rastro pesado de oscuridad en la mayoría de los artefactos, y si no estaba equivocado allí había incluso importantes reliquias extraviadas de los grandes clanes.

¿Esa no era la famosa máscara de oro perdida del Clan Baling Ouyang?, y esa otra ¿no era la cuchilla decorativa, que era una réplica de la segunda generación de carniceros del Clan Nie y que decían que, aún siendo sólo copia de la original, había heredado la sed de sangre de sus predecesoras?

Sus ojos se volvían más grandes y desorbitados a medida que reconocía muchas de las piezas.

No podía ser cierto, se dijo atónito a la vez que sus pies se movían por sí mismos con la mirada fija en una larga caja de jade de color blanco lechoso y con detalles de nubes fluyentes forjados en brillante plata.

No consideró el peligro, ni reparó en su seguridad. Aunque a decir verdad nada más le interesaría en esta vida si pudiera ser capaz de sostener por un instante lo que -estaba completamente seguro- había dentro de la caja.

— ¿Qué estás...? —alertó JinLing pero fue incapaz de evitar que JingYi abriera la tapa.

El chico jadeó de forma ahogada pero no corrió peligro en lo absoluto. Dentro de la caja, una magnífica espada azul clara y larga, destacaba sobre una manta de seda blanca y brillaba débilmente como si estuviera tallada en cristal.

— Lluvia de hielo — susurró en su conmoción—. La espada legado del Clan.

¿No era una leyenda?

Vaciló antes de tocarla, pero no pudo contener sus ansias por sentirla. Como lo pensó se percibía fría como el hielo en la punta de sus dedos y emitió una ligera sensación de familiaridad y comodidad ante su caricia, como si estuviera contenta de encontrarlo. Lo embargó una profunda emoción. No era falsa. No era una réplica. Era real... y estaba justo en frente de sus propios ojos.

— Escuché historias de ella toda mi vida —explicó Lan JingYi a JinLing que todavía lo observaba, ya sin desconfianza mientras la sacaba del estuche y la desenfundaba con una devoción indescriptible.

— ¿Cómo acabó aquí? —masculló JinLing desconcertado. Si era una antigua reliquia... ¿no debería estar protegida?

JingYi se encogió de hombros

— Fue sellada hace tiempo y enviada por ZeWu-Jun a algún lugar lejano que desconozco —reveló contando lo que sabía—. Pero eso mismo fue hace décadas, cuando el Clan fue destruido por ordenes de Wen RuoHan. No sé exactamente que ocurrió después.

— Deberíamos llevarla con nosotros —dijo con firmeza JinLing y JingYi asintió con entusiasmo.

De ningún modo soportaría dejarla allí, botada en un rincón como basura.

No pudo evitar sentir aún más temor por aquel psicópata que los mantenía secuestrados. ¿Qué clase de persona era? Sus herramientas espirituales eran de un nivel casi mítico, tenía control sobre las peores bestias y escondía tal tesoro en una caverna, como si acumulara restos en una esquina.

Sintió a su corazón estremecerse de agobiante temor.

Sacudió sus pensamientos y cerró sus ojos centrándose en su conexión con los pequeños pétalos vigilantes, para comenzar a hacer su viaje hacia la salida. Pero palideció de inmediato.

El extraño tipo se acercaba silencioso... directo hacia la posición en la que se encontraban.

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— ¿Qué ocurre? —preguntó de inmediato Jin Ling descubriendo rápidamente que algo estaba mal con JingYi.

— Él... él viene en esta dirección —masculló el chico con dificultad, como si, debido a la simple impresión, pudiera ponerse a vomitar en cualquier momento.

Jin Ling escuchó sus palabras y se quedó de piedra por un micro-segundo. No hubo necesidad de que le explicara a quién se refería. Supo de inmediato que ya no tenían escapatoria. No tenían tiempo ni espacio para maniobras extrañas. No podían salir. Pero tampoco iban a quedarse a esperar que los encontraran, ¿verdad?

El chico pensó en algo.

Se adelantó a la entrada de la caverna y volvió a colocar una nueva Red dorada en su posición, como si nunca hubiera sido tocada antes. Regresó y buscó con ansiedad la mirada llena de pánico de JingYi.

— ¿Crees que sepa que escapamos? —preguntó apresurado y el Lan se detuvo un segundo antes de volver a cerrar los ojos para verificarlo.

El extraño tipo tenía una amplia sonrisa en los labios y jugueteaba sin descanso con su inseparable daga, no parecía verse preocupado en lo absoluto por la fuga de sus rehenes.

— No parece saberlo —reconoció JingYi, pero su ceño se frunció—. Aunque hay algo extraño en él...

Jin Ling actuó de inmediato. Lan JingYi no podía verlo pero ni bien él había considerado que el desconocido no estaba al tanto de su huida, Jin Ling se movió con rapidez. Desenvainó su espada y le infundió energía espiritual. Un débil resplandor cubrió completamente la hoja de SuiHua y un encantamiento se desprendió de sus labios formando una capa etérea que se expandió delante de él como un escudo.

Ignorante de lo que Jin Ling estaba preparando, JingYi continuó observando el recorrido del extraño tipo, tratando de descubrir porqué sentía que había algo diferente en aquella persona. Tras un instante de confusión lo comprendió.

— Se ve más joven —dijo en un susurro bajo—. Debe ser algún encantamiento desvaneciéndose porque está regresando cada vez más a su forma original —comentó con atención y su corazón se paralizó—. Joder, está a la vuelta de la esquina...

Abrió sus ojos y el alma se le cayó pesadamente a los pies. Jin Ling no estaba allí. Sus ojos lo buscaron ansiosos por cada jodido rincón, pero no se lo veía por ninguna parte. Sintió verdadero terror. El pánico se estaba apoderando de él con una velocidad espantosa, casi sentía que iba a comenzar a hiperventilar a la menor oportunidad.

¿En qué momento se escapó?, gritó en su cabeza.

Su pecho se apretó de forma dolorosa, ese desgraciado... ¿realmente lo dejó allí como carne de cañón mientras él huía como un maldito cobarde?

Sintió que algo tiraba de él y soltó un ahogado jadeo. Afortunadamente no gritó, el miedo le había bloqueado las cuerdas vocales. Sin embargo, cuando se dio cuenta de lo que ocurría, el alivio se reflejó en su cuerpo de tal modo que sus piernas repentinamente perdieron fuerzas. Jin Ling lo jaló entre sus brazos, mientras mantenía frente a él a su preciosa SuiHua, con la que había creado una barrera protectora que los hacía invisibles a simple vista.

— Agárrate fuerte —murmuró sobre su oído, aferrándose a su cintura, y apretándolo más cerca. Jin Ling podía controlar el velo sobre los dos, pero cuanto más grande el área, más agotador y complicado sería para él.

Inexplicablemente se relajó entre sus brazos. Descubrió que esa capa intangible, no sólo podía ocultarlos visualmente sino que también suprimía completamente sus auras, sin fugas. El silencio reinó en el lugar mientras permanecían estrechamente unidos. Eran conscientes de que lo único que podían hacer era esperar, y aquella fue una espera dolorosa. Casi angustiante.

Aunque no especialmente larga.

Ambos se estremecieron a la vez, y se volvieron rígidos en un instante, al oír pasos aproximándose. Él estaba allí. Su aspecto era similar al que habían visto en la caverna, incluso el brillo de infantil diversión en sus ojos era el mismo. Con un golpecito de sus dedos deshizo la solida barrera, con una facilidad demasiado abrumadora, por lo que fueron testigos de su tiránico poder. No fue deshecha de la manera en la que Jin Ling estaba acostumbrado, debido a que el estilo del chico solo era destrozarla internamente, pero su acción era más que efectiva.

Entró en el sitio.

Sus oscuros y fríos ojos registraron lento el lugar en búsqueda de algo en específico, mientras canturreaba entredientes algo inaudible. Sin prisa revisó varias piezas de joyería descartando cosas de un lado a otro, sin tacto alguno. Los segundos transcurrían jodidamente lentos y ambos chicos comenzaban a tener dificultades para respirar. No se atrevían a quitar siquiera unos instantes sus ojos de aquella persona.

— Sabía que aquí estaba —se dijo a sí mismo el tipo sobresaltándolos.

En la palma de su mano escondió una perla oscura del tamaño de una nuez, que tenía dentro una llama viva de color negro azulado. Ninguno de los dos tenía idea de qué demonios era o para qué servía esa cosa, pero al desconocido lo hizo muy feliz.

— El movimiento de Lobeznos ígneos en QingHe fue una idea acertada —se felicitó en voz alta, ignorando que sus palabras estaban siendo escuchadas por aquel par escondido en un rincón—. Sin embargo, si pudiera aumentar su cultivo con esta perla... —rió excitado y su risa les dio escalofríos.

Si aumentara sus cultivos, pensaron ambos simultáneamente con indiscutible terror, entonces ya no serían simples lobeznos.

Los Lobeznos ígneos eran una raza de lobos diabólicos y de mal carácter. Su pelaje estaba cubierto de llamas azuladas, y su proporción era aún más aterradora ya que los más pequeños no medían menos de dos metros. Sin embargo, no estaban aptos para vivir en manada y debido a su temperamento altamente agresivo nunca llegaban a vivir mucho tiempo. Pero... ¿este tipo quería controlar una manada de Lobos ígneos adultos?

Si eso fuera posible... ¿que tan aterrador sería?

SuiHua tembló en las manos de Jin Ling sin poderlo evitar. Rápidamente JingYi contuvo el temblor sosteniendo las manos del chico entre las suyas, por lo que el velo no se dañó y el movimiento resultó imperceptible. La barrera se mantuvo firme y resistente frente a ellos.

El desconocido no notó la falta de SuiHua o la famosa espada del Clan Lan, ni tampoco sintió la presencia de los adolescentes en aquel estrecho lugar. Cuando hubo obtenido lo que fue a buscar, volvió a colocar la barrera y se retiró jugando con la perla, arrojándola hacia arriba y atrapándola nuevamente, mientras sonreía con satisfacción. Un rastro de locura destellaba en sus oscuros ojos.

Lan JingYi sintió que podía caer de rodillas luego de la desaparición del extraño. Ambos sintieron que la presión y tensión que enfrentaron en ese breve instante les había robado por lo menos diez años de vida.

— ¿Se fue? —preguntó Jin Ling con un hilo de voz.

Lan JinYi cerró sus ojos y lo verificó.

Con dificultad los ojos de pétalos reaccionaron a su conexión y se mantuvieron prudencialmente lejos observado la espalda del desconocido que se retiraba hasta sólo ser una silueta oscura en la distancia. No pudo evitar que un miedo irracional le apretara en todo momento el corazón mientras lo miraba alejarse.

Su resolución se hizo más ferviente.

— Debemos salir de aquí

Jin Ling rompió el vínculo con su espada y la barrera se esfumó. Asintió mentalmente preparado para correr en cualquier momento hacia la salida.

Pero en ese mismo momento un chillido ensordecedoramente fuerte los hizo saltar en su sitio. Desde arriba un Murciélago Bicéfalo había despertado de un largo sueño luego de sentir el poderoso aura de su amo entrar a su pequeño hábitat. Dócil y atemorizado lo vio registrar el lugar e irse, para inmediatamente descubrir un par de intrusos en su guarida que aparecieron de la nada en una esquina.

Una de las cabezas miró a la otra e hizo una señal de asentimiento. Si se deshicieran de los intrusos sin dudas serían recompensados, por eso mismo... no los dejarían escapar.

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El extraño murciélago de dos cabezas se precipitó velozmente hacia ellos, en un ataque sorpresivo. De sus bocas abiertas, sendos chillidos perforaron el silencio haciendo eco en las paredes, apenas un instante antes de ser silenciados violentamente de una vez y para siempre. Con un movimiento rápido y fluido, seguido de un destello cristalino, la espada en manos de Lan JingYi cercenó ambas cabezas de un sólo y limpio golpe.

Jin Ling quedó atónito por un instante.

Ni siquiera había notado el momento en el que la espada fue desenvainada antes de que volviera a su funda como si nada hubiera ocurrido.

«Qué temible respuesta», se dijo impresionado. Pero inmediatamente su admiración se vio enturbiada por las palabras del chico.

— Mierda, casi me hago en los pantalones —exclamó JingYi y sus piernas cedieron haciéndolo agacharse un momento para recuperarse del susto. Su corazón latía furiosamente inestable contra sus costillas.

En su conmoción ni siquiera notó que había soltado una grosería.

Ese repentino ataque lo tomó totalmente desprevenido. Sólo gracias a que sus reacciones eran más que decentes y actuó sin demora, pudo salvar su cuello o ahora mismo estaría peleando con un bicho que se cernía sobre él para morderlo, y encima con dos problemáticas bocas.

Jin Ling pateó una de las feas cabezas y los ojos desorbitados del murciélago ahora sin vida, permanecían en sus cuencas perturbadoramente abiertos, mirándolo sin ver. Todavía mantenían una mirada de absoluta confusión y terror como si no hubieran esperado jamás una reacción tan espeluznante. Aunque lo que le sorprendió en realidad, fue que no había un tinte nebuloso en esos ojos, como en todas las criaturas que habían conocido allí. ¿Será porque eran ya parcialmente ciegos?, se preguntó un instante antes de que su mundo se detuviera un breve momento al reparar en que sus chillidos podían no ser sólo un grito de guerra antes del ataque, sino para comunicarse y alertar a su especie o aún peor al tipo de la daga.

— No es momento de descansar —balbuceó sobresaltado y de inmediato se puso en movimiento dirigiéndose sin retrasos a deshacer la barrera.

Lan JingYi se repuso bruscamente ante sus palabras, y no fue menos rápido que el chico. Cerró sus ojos y su conexión abarcó un área mayor. Algunos de sus ojos vigilantes supervisó el lugar mientras que con los restantes diagramó, paso a paso, el recorrido más directo y seguro hacia la salida. Grabó en su mente cada desvío y cada giro, así como el tiempo estimado para recorrerlo mientras controlaba la llegada del grupo de murciélagos alertados que volaban con prisa a su encuentro.

Le tomó apenas unos instantes hacerlo y en ese breve periodo Jin Ling destrozó también la Red Dorada, su tiempo nivelado casi a la perfección.

— No te despegues de mí —dijo JingYi irguiéndose veloz a la vez que sujetaba con fuerza la muñeca del chico y comenzaba a correr sin descanso por el laberíntico pasaje.

Sus cálculos fueron perfectos. Precisos. Sin demoras y sin obstáculos recorrieron el lugar como veloces sombras. Aunque sus piernas se resintieron enormemente, sobre todo Jin Ling que todavía no se recuperaba de su lesión, tenían un solo objetivo. Pronto vieron como el lugar se volvía cada vez más claro y sintieron el aire limpio muy cerca, despejando sus mentes, destensando sus nerviosos y tambaleantes corazones. La salida ya no estaba lejos. Su escape podría hacerse realidad.

La tez ligeramente pálida de Jin Ling mostró una diminuta mejora, pero no se relajó. No bajaría la guardia hasta que no estuvieran muy lejos.

Dieron un último giro y la luz del sol de la mañana les golpeó felizmente el rostro. Parpadearon sintiendo como el repentino resplandor dañaba sus ojos, pero ¡estaban fuera!. Sin embargo, no tenían tiempo para sentir alegría o alivio. Aunque Lan JingYi se ralentizó.

— Dame un segundo —dijo JingYi, cerrando momentáneamente los ojos mientras se detenía un instante y volvía a vincularse con sus ojos vigilantes.

— ¿Qué estás haciendo? —chilló Jin Ling de forma casi histérica. No entendía que podía ser tan importante como para retrasar de ese modo su escape.

Lan JingYi simplemente sonrió con calma.

Jin Ling era incapaz de ver lo que el chico estaba haciendo, pero si pudiera verlo se habría sorprendido de una manera más que violenta. JingYi dirigió a los ojos en un ataque contra los murciélagos bicéfalos, aunque no fue en realidad un ataque propiamente dicho. Los singulares ojos de pétalos volaron con una agilidad y velocidad vertiginosa, espoleados por la energía del joven Lan, y cuando estuvieron a una distancia ínfima de sus objetivos... simplemente explotaron.

Las sangrientas pupilas de los diez pétalos brillaron malignamente y estallaron convirtiéndose en polvo finísimo que envolvió en una nube al grupo de bestias aladas. La efectividad fue notable, el veneno concentrado de los pétalos se dispersó en el aire y rápidamente ingresaron en su sistema, sus mortales toxinas trabajando a una velocidad aterradora. Sus cuerpos convulsionaron en el aire, sangre brotando de todos sus orificios y así, uno a uno, cayeron pesadamente sin vida.

Una verdadera y sutil masacre.

Aquella parecía una maniobra simple, pero consumió mucha energía espiritual. Su cuerpo se balanceó antes de ser atrapado por Jin Ling.

— Listo... sin perseguidores. —dijo con debilidad y una sonrisa suave de la que colgó un fino hilo de sangre, volvió a marearse pero con una profunda inhalación se recuperó lo suficiente para tomar la espada listo para subirse y despegar.—Vamos, no perdamos tiempo —exhortó con ansiedad al ver que Jin Ling parecía algo aturdido y perplejo.

Pero, ¿cómo no iba a estarlo? Sus expectativas fueron superadas con creces una vez más. De algún extraño modo la presencia de Lan JingYi se volvió más sobresaliente, más destacado. Como si brillara.

Como una estrella lejana... ¿estrella?... ¿brillo?

Sí. Jin Ling se dio cuenta que apenas se podía ver el brillo de la espada rescatada por el chico en la distancia, porque el bastardo de Lan JingYi de un solo salto se subió a ella y con una velocidad asombrosa partió sin siquiera mirar una sola vez atrás.

¿Qué tipo de Lan era este?... sin dudas era uno dañado.

No tardó mucho tiempo en alcanzarlo e iba a reprenderlo con dureza pero de reojo vio su tez cenicienta, las manos apretadas en un fuerte puño y la sangre que brotaba sin descanso por su nariz. Parecía internamente dañado pero aún así estaba determinado a seguir, a alejarse.

Además del complejo encantamiento de Los ojos rojos, el golpe asesino al primer Murciélago Bicéfalo y el posterior ataque al grupo, y por sobre todo el acelerado viaje había drenado gran parte de su energía y ya no podía continuar. La visión de Lan JingYi repentinamente se volvió negra y se sintió caer profundo.

El mundo de Jin Ling se detuvo un aterrador momento mientras veía el cuerpo inerte del chico precipitarse raudamente hacia el suelo.

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Un bajo quejido perforó el silencio. El muchacho de túnicas blancas se movió ligeramente con visible incomodidad. El duro suelo no parecía adecuarse a sus estándares de descanso, pero estaba tan mental y físicamente drenado que aún así no abrió sus ojos, y solo buscó una posición más confortable. Su ceño se frunció profundo, sin encontrarse mejor. El agotamiento era claro en cada pequeño gesto, así cómo en el color de su drásticamente blanca tez que casi competía con sus prístinas ropas como la nieve.

No quería ser tan dura, se dijo el espectro de la niña que los espiaba desde un rincón, pero ya estaban saliéndose de los límites de su pueblo y necesitaba que la ayudaran. No podía dejarlos ir.

Aún así, se sintió sinceramente culpable de haber robado más energía de la necesaria. Solo la consolaba la fuerte conexión entre esos dos y la firme creencia de que el joven de ropas doradas no dejaría que nada le sucediera al otro chico. De otro modo no se atrevería a ser tan audaz. No fue una mala persona en vida, y todavía quería mantenerse así en la muerte. Aunque sabía que les había hecho daño, a pesar de que no lo quisiera.

El chico volvió a moverse y esta vez descubrió una inesperada comodidad, a causa de algo similar a una mullida y cálida almohada, a la cual se aferró fuerte con sus pequeñas y blancas manos, mientras apoyaba en ella su cabeza adolorida.

Profundamente dormido fue incapaz de ver aquello que le daba una sensación plena de seguridad y confort, pero la niña soltó una risita inaudible al ver el rostro del chico de dorado que se quedó involuntariamente rígido en su lugar con una expresión indescifrable, mientras observaba como el chico se acomodaba como un adorable cachorrito sobre su muslo.

Había algo de pánico y resistencia en su torpe reacción, pero la niña podía descubrir incluso su interior, por lo que vio también cómo una cálida sensación se extendió instantáneamente por todo su cuerpo, sofocándolo sin piedad. El chico no podía ocultar nada de ella. Podía incluso comprender mucho más que él porque, sin dudas, era un sentimiento que intentaba negárselo a sí mismo.

Aunque finalmente no le quitó el soporte a su compañero. De mala gana dejó que descansara en sus piernas a gusto de su corazón. Después de todo habían enfrentado severas crisis juntos, habían pasado por la vida y la muerte, así que irremediablemente se habían acercado bastante, aún si eso lo inquietara muy profundo en su interior.

Doce horas. Ese era el tiempo estimado que había dormido Lan JingYi en esa posición.

Cuando finalmente volvió en sí, se sintió algo aturdido. Su cabeza palpitaba furiosamente, mientras que a su mente confusa llegaron destellos inconexos de recuerdos.

Su cautiverio, las bestias en el camino, el regreso de su captor y la rápida huida.

Sabía que había hecho demasiadas cosas y que con eso mismo había sobregirado su energía, pero no creyó que fuera para tanto. Sentía que todavía tenía fuerzas suficientes para alejarse más. Pero, repentinamente y mientras montaba la brillante espada de su Clan, sintió verdadero terror al notar como su vigor comenzaba a desvanecerse gota a gota sin poderlo contener o evitar. Apretó sus dientes en una negativa a rendirse. En ese momento pensó que, con algo de fuerza de voluntad, podría poner más distancia entre ellos y aquel lugar, pero subestimó su propia capacidad. Antes de notarlo se sintió perderse en la inconsciencia.

Recordó. Estaba en el aire y había caído. Esa fue una distancia considerable, ¿cómo es que estaba vivo entonces?

Las pestañas de JingYi se agitaron con suavidad, mientras lentamente se despertaba. Abrió ociosamente los ojos, con la mente aún nublada por el sueño y por aquellos acontecimientos que se sucedieron uno tras otro. Pero cuando trató de levantarse, descubrió que, si bien estaba recostado sobre el suelo duro, su cabeza permanecía cómodamente recargada sobre la pierna de la joven ama Jin.

Fue suficiente para despertarlo en el acto.

De inmediato se irguió, con la espalda recta y digna, puso tanta distancia entre los dos como pudo.

El chico lo miró largamente, con sus ojos convertidos en dos furiosas saetas pero no dijo absolutamente nada acerca de ello, y Lan JingYi no iba a tentar a su suerte, por lo tanto tampoco lo mencionó.

— ¿Dónde estamos? —preguntó con la voz todavía pastosa y algo grave por el sueño— ¿Qué pasó?¿Cómo llegamos? ¿Cuánto dormí?...

Todas las preguntas que pasaron por su cabeza casi sin querer, las formuló de un solo tirón y sin detenerse a pensar.

Sus ojos vagaron por el desconocido lugar, sin conseguir algún indicio que le dijera a dónde se encontraban.

— Escuché que estamos en CaiDie —respondió Jin Ling sin aportar nada más como explicación.

Lan JingYi no lo vio, pero su expresión se volvió complicada y apretó sus labios en una dura línea. Inmerso en sus pensamientos.

Se rehusaba a decirle que casi muere del susto al verlo precipitarse hacia abajo sin la más mínima advertencia. Desmayarse a mitad de un viaje en espada, ¿acaso JingYi sabía qué tan problemático y peligroso era eso?... Jin Ling lo descubrió de la manera más dura. Por su culpa casi se le escapa el corazón por la boca, y todavía no lograba recuperarse.

Afortunadamente, logró alcanzarlo en el aire. A duras penas y con un esfuerzo realmente descomunal.

Con mucha dificultad aterrizó en aquel diminuto pueblo de montaña. Cansado y agobiado exigió ayuda a viva voz. Aunque no había mucho que aquella gente pudiera hacer por él.

Sin posadas debido a la nula actividad en el lugar, y sin otro sitio donde quedarse, los pueblerinos amablemente -o quizás no tanto- terminaron por dirigirlo hacia lo que alguna vez fue la mansión del único médico y cultivador del pueblo, y su familia.

Sin explicarle tampoco que estos mismos habían muerto hace bastante y en extrañas circunstancias .

Jin Ling se sorprendió gratamente cuando lo llevaron a aquel hermoso lugar con un patio interno amplio, lleno de plantas en pleno florecimiento y franqueado por seis robustos árboles de melocotón como guardianes. Esa enorme residencia en buen estado, ampulosa y de buen gusto, ahora deshabitada, se adaptaba a sus estándares de trato hacia un Líder de Clan. Pero pronto comprendió su error. Aunque el lugar conservaba perfectamente su exterior, dentro poseía una profunda sensación de decadencia, desuso y abandono. Cada jodido centímetro poseía un aura terriblemente solitaria y ominosa. Desprovista de cualquier tipo de moviliario, y perpetuamente fría, casi podía asimilar la intangente sensación de que el lugar los rechazaba, como si no fueran dignos de estar allí, o como si la residencia solo esperara aún el regreso de sus antiguos dueños.

Un estremecimiento colectivo recorrió las espinas de aquellas personas cuando lo mencionó, pero soltaron risitas nerviosas sin atreverse a decir cualquier cosa.

Aunque Jin Ling comenzaba a desconfiar, no tenía espacio para maniobrar. Llevaba el cuerpo inerte del idiota de JingYi en su espalda, y el bastardo era jodidamente pesado. Al mismo tiempo, no podía dejar de sentir una absurda ansiedad por su condición. Una sensación de preocupación que no podía controlar le oprimió en todo momento el corazón. Temía que algo realmente malo le hubiera pasado.

Sin embargo, luego de que los aldeanos se hubieran ido descubrió que Lan JingYi no corría ningún tipo de peligro, solo estaba demasiado exhausto por lo que simplemente se había dormido.

Con sus emociones ya controladas, y sus ganas de golpearlo suprimidas fuertemente, lo había dejado unos instantes con el fin de buscar algo de comer para sofocar el inquietante rugir de su estómago. Así, y sin querer, escuchó la conversación del jefe del pueblo.

Al parecer, hacía mucho tiempo que no tenían la visita de personajes tan notables en la zona, y poco les importó que fueran sólo unos adolescentes. A sus ojos, solo eran cultivadores, por lo que podrían librarlos de los fantasmas que se aferraban a la mansión de una vez por todas y sin tener que pagar el precio astronómico que pedían las sectas vecinas por ello.

Hizo caso omiso a sus palabras en ese momento, pero ahora que observaba atentamente a JingYi, con sus ojos hinchados de sueño y su rostro rojo de vergüenza por haber dormido tanto tiempo sobre sus piernas, se sintió algo aproblemado. Sabiendo el absurdo temor del chico por los fantasmas... ¿cómo podría explicarle lo que oyó?

Antes de siquiera poder abrir su boca, una densa niebla comenzó a formarse lentamente en el jardín oscurecido por el atardecer. Pronto nada fue visible en el exterior y esta neblina incluso intentaba deslizarse hacia el interior. Miró tentativamente hacia afuera y los seis melocotoneros en flor se sintieron intimidantes en su escrutinio, como verdaderos guardianes de la residencia.

Sintió pesado el corazón, como si una profunda tristeza lo envolviera. Pero se sacudió la sensación rápidamente.

Un aullido amenazante hizo que ambos temblaran en sus lugares. Simultáneamente se pusieron en alerta, con sendas espadas desenvainadas al mismo tiempo.

Jin Ling casi sonrió, si en realidad fuera un espíritu lo más sensato sería sacar un talismán de exorcismo. Y así lo hizo. Sin embargo, fue un movimiento que realizó totalmente a escondidas. Sabía que si tuviera que tratar con un Lan JingYi en un estado de pánico o histeria, no podría garantizar su seguridad. Él mismo se ocuparía de golpearlo hasta desmayarlo, mientras trataba con el espíritu en solitario.

Su pensamiento se vio interrumpido por una pequeña y dulce voz que reverberó dentro del salón en el que estaban:

«No se asusten...»

Joder... ¡sí había fantasmas en el lugar después de todo!