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Nuestro secreto

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"El aire nocturno está sospechosamente enrarecido", pensó JingYi con el ceño fruncido. Había una tensión extraña en el ambiente y un ligero pero persistente sentimiento de incomodidad y mal presagio le apretaban el corazón manteniéndolo en alerta. El silencio parecía presionarle los oídos que, a pesar de que habían sido entrenados desde una edad temprana en la Secta Lan, todavía parecían incapaces de encontrar alguna anormalidad allí, aunque podía sentirla en sus huesos.

Sólo el murmullo del viento entre las hojas de los árboles podía atrapar, e incluso aunque podía ver que a lo lejos caía una suave lluvia (que amenazaba con convertirse en tormenta) no podía escucharla en su plenitud.

Algo definitivamente no se sentía del todo bien.

En otro momento podría haber hecho alguna broma sobre su mala fortuna que lo había dejado extraviado, herido y casi sin energía espiritual, junto con, nada más ni nada menos, que a la joven amante. Pero, estaba tan ridículamente tenso y concentrado que no podía encontrar la diversión en la situación. Hasta JinLing asustado le dio una mirada larga e inquieta que intentó ignorar.

JingYi estaba tan serio y rígido que no parecía él. Más bien, nunca se había parecido tanto a un Lan antes como en aquel momento. Él mismo creía que, si pudiera verlo, el anciano QiRen estaría orgulloso por primera vez en mucho tiempo.

JinLing no pudo aguantar y se acercó lento y cojeando ligeramente a la posición del otro. Se sentó silencioso a su lado en su cautelosa vigilancia al exterior. No le gustaba sentirse excluido y le gustaba mucho menos el húmedo y apestoso lugar donde lo había dejado el chico luego de curarle la herida.

La estrecha abertura de la caverna en la que consiguieron refugio apenas podía contenerlos a ambos enfrentados. Sin embargo, se abría paso hacia adentro casi como dándoles la bienvenida a una especie de habitación, que pensándolo bien podría ser realmente la morada de alguna bestia salvaje. En su posición no les importó demasiado, preferían enfrentarse a esa bestia antes que a aquel par de monstruos desconocidos que los pusieron en fuga.

Sus pensamientos se detuvieron en ello por un instante. Ninguno de los dos había visto algo semejante antes.

Eran veloces, salvajes y exudaban una fuerte y aterradora energía maligna. Tanto es así que se debieron separar del grupo tras el repentino ataque. Para su mala fortuna, una de las bestias los vio como presa fácil y embistió con violencia. Apenas lograron escapar de la persecución, no sin sufrir algunos daños. Bastante severos. Lo peor se lo llevó JinLing que fue arrastrado varios metros de su pie que, atrapado en las fauces de aquel desconocido demonio, hizo que su tobillo crujiera de una forma estremecedora.

Pero, y ante un asombrado JingYi, el chico le dio una sorpresiva y poderosa estocada con Suihua en el pecho que les otorgó una ligera ventaja. Inmediatamente aprovecharon para huir lo más lejos y más rápido posible. No tuvieron la oportunidad de ver a nadie más desde ese momento, y dadas las circunstancias era mejor así. Su escape había atraído hacia el bosque a uno de los demonios y con la barrera de JingYi, con suerte estaría acorralado por un par de horas. Si eran más afortunados incluso el golpe de JinLing podría haber dado en un lugar vital y quizás acabara debilitado por más tiempo. Lo que les daría espacio a recuperarse antes de darle caza.

Sólo esperaban que ninguno más resultara herido con su par. Aunque eso era bastante improbable con Wen Ning y SiZhui tomando cuidado de los discípulos Lan más jóvenes. Ellos estarían mejor preparados, de eso no había duda.

Ahora mismo la pierna de JinLing, bajo el rápido tratamiento JingYi, mejoraba sin prisa. Aunque éste último agradecía que los feroces dientes no contuvieran veneno, porque no sabría como actuar si esa fuera la ocasión. No tenía conocimiento alguno sobre antídotos naturales, y tampoco poseía su bolsa Qiankun con las medicinas, que había olvidado estúpidamente en la posada luego de una discusión tonta, pero ya normal, con el chico a su lado.

Miró de reojo a la joven ama y a la herida en su pie, fuertemente vendada. Sintió que algo dentro de su pecho se suavizaba. Por mucho que pelearan como perro y gato no le gustaba verlo lesionado.

Debía admitir que JinLing no había hecho tanto escándalo como pensó que haría dada la situación. Es más, se estaba comportando con extraordinaria calma y, para ser sincero, eso daba más miedo aún. Su pálido y sudoroso rostro confirmaba que el dolor no había menguado, pero muy al contrario a su carácter, no se quejaba en lo más mínimo.

— ¿Puedes soportarlo? —preguntó con suavidad. Quizás con excesiva suavidad.

JinLing respondió con un arrogante gruñido bajo y el ceño profundamente fruncido que daba a entender que encontraba muy ofensiva la pregunta. Al recibir esa respuesta, el joven Lan no pudo evitar pensar que esa expresión... era terriblemente similar a la del Líder Jiang cuando se topaba con el mayor Wei de improviso.

JingYi rió sin poderlo contener.

Se olvidó por un instante la penosa situación en la que se encontraban o que debían pensar todavía en cómo salir de allí. Pero, si el chico podía verlo con esa dureza en la mirada... no podía estar tan mal, ¿verdad?

— ¡¡Lan JingYi!!, ¿Qué demonios es tan gracioso? —explotó finalmente con furia el joven Líder, agregando a aquella mueca de desagrado una de ligera confusión y malestar.

JingYi negó sin dejar de reír.

Porque... ¿Cómo podía decirle que se estaba volviendo cada vez más y más parecido a su tío sin recibir un golpe por ello?

Además, no debía olvidar que luego de crear la barrera había drenado casi todas sus fuerzas y no estaba en una situación donde pudiera hacerle frente. Por lo menos no aún. No podía concederse ese lujo por el momento. Era mejor morder su lengua para evitar soltar otra risotada o, por impulso, lo que era peor... la respuesta a esa pregunta.

Cuando al fin logró mantener la compostura, un fuerte estruendo le paralizó el corazón por un segundo. "La tormenta ya está aquí", se dijo algo más calmo pensando que sólo era el sonido de los truenos y de la fuerte lluvia que finalmente daría rienda suelta a toda su furia. Sin embargo, un turbio presentimiento le hormigueó la piel.

Al darse la vuelta y mirar una vez más hacia el exterior lo entendió... Había bajado por completo la guardia.