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Solo existo yo

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No sé cómo comenzó todo esto. Estabas tan feliz brincoteando hacia mí con nuestros helado favoritos. En tu rostro solo se veía felicidad y esa fastidiosa sonrisa que siempre cargas, debo de admitir que siempre había odiado esa sonrisa, no te sorprende,cierto? Sin embargo; hoy en día desearía volver a verla.

Puedes creer que, en ese minuto que te tomo llegar hasta la banca, llegue a perderme entre mis pensamientos, en lo que veía, en todo... probablemente no me creerías, tal vez si tenga un pequeño cerebro o pocas neuronas como para decidir deambular en mitad de nuestra "cita". Juraría no haber durado tanto, ni siquiera cumplí el minuto. Pero cuando volvi tu ya no estabas. Dirigí mi atención al ultimo lugar donde estuviste, eres un adulto así que no me preocupe cuando no te encontré allí.

Ese día Shinra me había propuesto una salida romántica para los dos, tu has estado raro todos estos días y pensé que no aceptarías ¡SORPRESA! Aceptaste. Ahora me arrepiento de que lo fueses hecho. Desde que te conozco se cuando planeas algo malo, se que si algo inusual sucede tu serias el principal culpable y aun, sabiendo lo extraño que era el que aceptaras, yo no me opuse.

Decidiste que nos reuniríamos en una plaza cercana a la estación en Shinjukun ya que en Ikebukuro somos reconocidos por nuestro característico odio mutuo, ademas de tener una gran fila de matones y pandilleros detrás como para caminar tranquilos.

Algunas personas susurraban cosas, seguramente ellos nos vieron en la televisión; por la transmisión en vivo que le interrumpimos a mi hermano, creo que se trataba de entrevistar parejas ¡que tal si nos hubiesen entrevistado a nosotros como broma? Seguro y fuesen ganado una gran cantidad de tele-videntes. Como decía, yo y seguramente tu igual; intentábamos ignorar esas personas. Todo parecía bien. Hasta que me retaste a hacer una carrera, por supuesto tu hiciste trampa y te me adelantaste así que yo intente seguir tus pasos, llegue a un punto en el que no aguantaba las piernas y me senté en una de las bancas del parque. Tu no habías perdido energías, rogabas el seguir corriendo (y por esa razón te mereces con orgullo el apodo de pulga) pero yo me negué, estaba exhausto.

Después de unos minutos vi tu cara de aburrimiento a diferencia de mi que disfruto de la serenidad, tu eres mas activo siempre ocupado. En eso, se escuchó una cancioncita, mire por el rabillo del ojo que producía esa melodía, era el carrito de helado. Tu me miraste, yo te mire. Y así te fuiste. Tu corriste en dirección al carrito. Unos segundos que no me encontraba prestándote atención ya no estabas.