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Noches

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¿Qué tan noche es ahora? No le puedes hacer esa pregunta a los amantes.

Apreciemos a dos, dos adultos, dos conocidos y confiables, dos que habrán pasado diversas situaciones juntos pues comparten lazos heredados y ciertos intereses. Más que tener lugar en las misma mesa en galas y aquellos encuentros para demostraciones de fuerza ocasionales, también tenían en común el insomnio y buen gusto musical; los flamencos y sinfonías solo se diferencian por la complejidad y tal vez, el canto. La guitarra así como el violín, rasgar una de sus cuerdas bastaba para transmitir un sentimiento.

Los caballeros se encuentran en la misma gran habitación, dónde la luz de la luna es el foco y se da libre paso al viento que revuelve ligeramente las cortinas. Un soplido fue lo que dió inició a las siguientes letras:

—Las once ya, las estrellas fulgor destellan.

Ahh~ Cariño ¿Cuándo cantará para mí?

Laurence en la guitarra, daba rienda suelta a su corazón, tonadas apasionadas al mismo tiempo que su romántica voz hacia eco en la elegante azotea.

Amo, clamad, por ese fiel perro que tanto ama.

Quisiera un poco morder, gozo de grata familiaridad.

Ahh~ quema otra vez, este ardiente fuego, quema otra vez.

¿Habrá quien quiera sentir este ardor?

Levantándose de su comodidad, dando los pasos necesarios para acercar su mejilla al la nuca del otro; él también canta.

Ahh~ cariño ¿Las flamas ruegan por quemar?

Roja candela. Tu aliento, tu ser.

Trampa es tu voz, presa yo, tal vez

Con su última palabra, la melodía de la guitarra paró, esta también se hizo a un lado; eran ellos ahora unidos por un beso. Wolfgang acomodaba su propio cabello detrás de su oído, una vez hecho eso, su mano se decidió a deslizarse por el pecho de su compañía. Laurence no se quedaba quieto, uno de su brazos rodeaba el cuello del otro mientras como reacción a los escalofríos por cada beso que recibía. El idioma de los suspiros era lo único que podías oír.

Una mano viajó a un lugar más sensible, una sonrisa de parte del receptor fue la señal que le indicó continuar. Esta vez era Laurence quien acariciaba la púrpura melena mientras su torso agradecía cada caricia haciendo más profunda y pesada su respiración.   La calidez se transportó a sus caderas y tentaba con bajar más, otra vez, el amo esperaba una señal.

—2 veces eh... se está portando más cordial que de costumbre, Krauser—, una ligera risa se dio lugar. 

—Has sido tú quien me ha llamado, por esta ocasión así será mi trato—

—¿Qué es lo que escucho? ¿Mí empleador y maestro pide mi consentimiento?—

—No cuesta mucho cambiar mi actitud y hacer que…—

—No no, olvidelo, está bien así; esta actitud es nueva, estoy intrigado— detuvo a su acompañante de separarse de él sosteniendo su nuca, un ligero tono de preocupación durante su negación trajo recuerdos a quien entonces toma el rol de 'obediente'.

—¿Qué es lo que temías? ¿Acaso no quieres volver a actuar como juguete de Edel, Ritter y mío?— La cuestión hizo sonrojar a Laurence, el mismo recuerdo pasó por su mente.

—No, no... No estoy obligado a responder eso—

Hund— La profunda voz del susurro de Krauser lo dejo callado y con la mirada divagante por unos segundos.

—Ya no te ríes tanto... — Laurence se encuentra falto de fuerza, su cuerpo se abandonó sobre el sofá. Wolfgang tomo entre sus brazos al durmiente, con esta romántica vista es que se dirige a sus aposentos.

 

 

Laurence fue recostado en medio de la cama acomodado como un príncipe. Krauser con una copa de vino en mano toma asiento a su lado, y luego de un sorbo y se dispone a apreciar visualmente cada detalle le fuera posible del rostro y cuerpo. Una caricia sobre su frente se extendió hasta su barbilla. Llevando su pulgar a rozar el labio inferior del español, Krauser reconoció estar tentado.

—Maldito hombre, cómo alguien como tú...— Se detuvo su habla, pues Laurence abrió los ojos, el periodo de shock terminó; ahora él tiene ante su vista y en primera persona la imagen propia de quien apreció solo en finos retratos, sus ojos de un azul pálido, sus líneas de expresión, una verdadera insignia de la fuerza y la belleza.

—Maldito eh?— Laurence tomándolo bruscamente de su camisa logra acercarlo para robarle un beso, se percibe el sabor del vino así como la calidez de sus labios, una dulce emoción cual propio sabor.

—¿Maldito por qué? ¿por ser tu tentación? tu talón en estas situaciones, tu pilar en tu soledad, es eso... eso y más, ¿verdad?—

Stille— Krauser pidió silencio, su expresión era difícil de interpretar, sus ojos eran los de un enamorado y su boca se expresaba con agresividad.

Gib mir...mehr— Ahora pidió más, su voz, su mirada, su expresión. es dulce.

—Krauser...—

 

Un beso los une otra vez, la copa de vino cayó pues no importa, las caricias no se hacen esperar. Krauser sujeta el rostro del otro como si fueran a arrebatárselo de su poder. El lobo dorado está hambriento de amor.

—Amor—

Se dejo oir entre la tomada de aliento de Laurence, sus brazos rodearon el cuello mientras continuaba la lucha entre los corazones de ellos. Él cayó sobre su espalda, su amante era sobre el ahora.

Al detenerse el frenesí del beso sus miradas se cruzaron. Krauser jadeaba, Laurence se mantenía en templanza cual rosa ante un espectador. Krauser baja su mirada aunque no era porque tratara de evitar verle al otro, buscaba sentirle más, buscaba unas manos que lo acariciaran, Laurence comprendió la señal y forzó un abrazo dejando a Krauser se encontraba a un nivel inferior, su rostro era contra el pecho de Laurence; el calor lo quemaba, volvió el frenesí, empezaron los intensos besos, los fuertes apretones alrededor del cuerpo, los jadeos. Esta escena provocaba los mismos sentimientos a Laurence, una expresión de placer adornaba su rostro, se sentía amado.

—Espera...— Colmado de caricias y besos, su voz no podía evitar quebrarse; aunque su mente reclamaba el alto, su cuerpo reaccionaba aceptando cada estimulo, y, hubo uno en especial. Krauser bajo sus besos a su bajo abdomen y a acariciar sus piernas.

—No quiero esperar, te quiero y te tomare—.

Desnudó sus piernas y lo beso, lo besa intensamente, dejó correr su lengua a lo largo de su entre pierna para luego dar un ligero mordisco, la reacción es obvia y ante ella respondió:

—Realmente, te quiero—. Laurence perdió el habla por completo, solo asintió y permitió que continuara. La calidez lo envolvió. Bajo sus brazos intentaba cubrir su rostro, lo que estaba sintiendo le hacia perder la compostura, trataba de impedírselo de alguna forma. Krauser detuvo su accionar a con su boca para regresar la mirada hacia su amante. La vista era grata, un incentivo para continuar.

Krauser se alzó de la cama para retirar sus ropas elegantes, luego fue hacia el rostro de su amante, tomo su rostro y susurra: 

Meine liebe, schliesse dich mir an—. Unámonos, mi amor.

Laurence abrazó su espalda y beso oído, los amantes se hicieron uno.

Con dulzura se daban lugar los suspiros, con amor las embestidas, con cariño las caricias, con pasión las expresiones.    Podías oír jadeos, dos bestias amándose animalmente, lamentable es el dolor que causaba el acto, más importante era la ternura que sentían uno de parte del otro.    Al menos esta vez, esta vez, se estaban amando. ¿Es esto lo que hace la noche? ¿aún es de noche?

El hambriento ha sido saciado, la rosa sonó en su quebrantar. Unas lagrimas brotaron, el mayor las lamió como acto de empatía. Mientras Laurence volvía en si Krauser lo acariciaba, sus hombros con sus manos, su cuello con sus labios.

Está vez nadie habló, no había más que expresar. Bastaba que estuvieran juntos, los corazones se hablan mediante el cuerpo. Mientras el cielo se aclaraba los amantes se brindaban los últimos besos, en la espalda, el cuello, las manos, la frente, los labios.

 

Un abrazo y un suspiro. Ahora descansan, ahora que el mañana está por comenzar.