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When September Ends (Traducción)

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When September Ends

Por KaedeRavensdale

Traducción por Alyssa S.


Capítulo 1. Tomado

Los ojos verdes se abrieron, parpadeando lentamente para mirar con ojos desenfocados al techo encima de sí antes de girar la cabeza para ver la desconocida habitación en la que se encontraba acostado, completamente arropado en una cama grande y cómoda. El cuervo no tenía la más mínima idea de dónde estaba, lo último que podía recordar es ir a la tienda de la esquina cerca de su casa, cargando medio galón de leche que su madre necesitaba en camino a su casa. Su cabeza daba vueltas y sus pensamientos eran confusos.

La puerta del dormitorio se abre con un leve chirrido y un hombre entra en su línea de visión sosteniendo una bandeja de desayuno de metal en sus manos grandes. Al verlo despierto, su hermoso rostro se ilumina con una sonrisa amable, ojos oscuros rebosantes de amor.

—¿Dormiste bien, mi amor? —ronroneó, atravesando la habitación hacia él—. ¿Tienes idea de lo mucho que te he extrañado, Harry?

—Yo… —a través de la neblina que todavía apresaba su mente, Harry se esforzó por hablar, obligándose a quedar en una posición semi sentada—, ¿cómo sabes mi nombre?

El de cabellos oscuros ríe suavemente, cambiando el peso de la bandeja de comida a su brazo izquierdo y usando su mano recién liberada para empujarlo suavemente contra las almohadas. —Hemos estado casado por cinco años, cariño —Le dice, colocando la bandeja en su regazo antes de agarrar la silla detrás de la mesa y colocarla junto a la cama para que pudiera sentarse—. Sé que has olvidado muchas cosas durante tu enfermedad. Come. Necesitas reponer fuerzas.

—¿…Casado? ¡Tengo diecinueve! —Harry exclama tratando de levantarse solo para volver a ser empujado con suavidad y firmeza a la cama por el hombre mientras, pacientemente, enderezaba la bandeja del desayuno que casi se había volcado.

—Estoy seguro que en el fondo los tienes, pero celebramos tu cumpleaños número 25 hace tres meses. Fue algo pequeño, solo estábamos nosotros dos. Pero aún estabas muy débil. No podías ni sentarte por tu cuenta —Con un elegante movimiento de su muñeca, sus dedos toman el tenedor que se encontraba junto a uno de los platos en la bandeja y pincha una salchicha antes de ofrecérsela—. Abre.

Harry se le queda mirando, demasiado sorprendido incluso para lograr formar una replica ante la sugerencia implícita que no podía alimentarse por su cuenta.

—Harry querido, por favor. Sé que casi has recuperado la suficiente fuerza como para alimentarte, pero hacer cosas tan sencillas como esta se me ha vuelto costumbre. Así que permíteme seguir haciendo esto por ti por un poco más de tiempo, cuando pueda superarlo —El extraño hombre -el que ahora que lo analizaba, era responsable de haberlo drogado, dejarlo inconsciente y secuestrarlo en la calle- le ofrece una sonrisa. Esta era más pequeña, un poco avergonzada pero no menos cálida mientras gentilmente tocaba sus labios con la salchicha—, abre cariño. Quiero que comas todo esto y vuelvas a ganar todo el peso que perdiste. Incluso hice todos tus platillos favoritos: huevos revueltos, salchichas, tocino, panqueques y huevos Benedict. Y té, por supuesto. Sé que es demasiado, pero cada caloría cuenta.

Sus esfuerzos para hablar fueron una vez más interrumpidos dado que erróneamente fue contado por el desconocido como un permiso para darle de comer, porque tan pronto abrió la boca, empujó la salchicha dentro de ella. Al no tener más remedio que masticar sí quería evitar ahogarse a morir, se vio obligado a posponer su interrogatorio por el momento.

—Ahora, no quiero presionarte, especialmente ahora que tu cuerpo ya no está tan acostumbrado a consumir grandes cantidades de comida, pero no puedo quedarme por mucho tiempo. Por mucho que odio dejarte solo en tu condición, tengo que ir a trabajar.

¿Trabajar? ¿Iba a ir a trabajar como si todo esto fuera completamente normal, y no hubiera acosado y secuestrado al adolescente sentado en la cama de su cama? Por otro lado, él estaba delirando; eso, al menos, estaba bastante claro.

Oh, bueno, el inminente error de su secuestrador sería su gran ayuda altamente apreciada y le daría la oportunidad de escapar y encontrar su camino a casa.

Tragando la salchicha y alejándose del alcance de los huevos que le ofrecieron, exigió: —¿Quién eres? ¿Y qué quieres de mí?

—Ya veo —Su suspiro fue de un largo sufrimiento mientras lo perseguía con el tenedor—, parece que hoy es un día malo. Soy yo, cariño. Tu esposo. Tom Ryddle.

—¡Ya te he dicho que tengo diecinueve años! ¡No estoy casado con nadie, mucho menos contigo! —Se las arregló para decir antes que los huevos se metieran en su boca, tomándolo como un pequeño logro.

—Mira tu mano, cariño. Estás usando el anillo que te di —Esta vez cogió la taza de té caliente y se la ofreció. Con lo seca que estaba su boca de lo que sea que -el loco-Tom le había dado para desmayarle, el cuervo aceptó con gusto la bebida, el amargo líquido ofreció un glorioso alivio y calma su garganta; sus ojos se posaron sobre sus manos y encontró un anillo de oro con un diseño trenzado delicado rodeando su dedo, brillando con un número de esmeraldas preciosas que habían sido firmemente colocadas en ellas—. En cuanto a lo que quiero, eso debería ser bastante obvio. Quiero que regreses a la normalidad, como eras antes de que la enfermedad te acabase. Extraño verte en casa después de que ambos regresáramos a casa después de nuestros trabajos, compartiendo bromas por nuestros odiosos compañeros de trabajo. Extraño compartir comidas contigo en nuestra mesa. Extraño tu calor a mi lado por la noche. Y acostarme contigo, por supuesto, porque eres maravilloso, pero eso es secundario a todo lo demás.

El ultimo bocado de huevos fue presentado; habiendo reconocido que apaciguar el deseo del otro lo haría más propenso a responder sus preguntas en lugar de ahogarlo con el tenedor cada vez que abría su boca -por no mencionar que su captor era un excelente cocinero, no es que lo fuera a decir a cualquiera-, Harry acepta el utensilio y traga el alimento.

—¿Dónde estamos?

—En casa, mi amor —Recogiendo el cuchillo de mantequilla, Tom comienza a cortar los panqueques—. No más hospitales. No más enfermeras. No más medicamentos. No tienes que preocuparte más por ellos.

—¿Entonces tu esposo -quiero decir, yo- estuve enfermo, Tom?

—Sí, Harry—teniendo cuidado de no derramar una gota del jarabe y mantequilla sobre las sábanas o su ropa, Tom le ofrece un poco de los panqueques—. Has estado muy enfermo por mucho tiempo. Todos dijeron que ibas a morir, pero sabía que eras más fuerte que cualquier maldita enfermedad. Y tenía razón. Estás aquí conmigo ahora, y te estás recuperando. ¡La venciste!

—Sí. S-Sí, lo hice. —Harry confirma, estando un poco incomodo en su posición apoyada contra la pila de almohadas—. Tom, yo… no recuerdo lo que tenía. ¿Puedes recordármelo?

—Cáncer. Cáncer en la sangre: leucemia, para ser más exacto. Fue horrible. Para ambos. Odiaba verte sufrir así.

Con el tocino, salchichas y huevos ya consumidos, los panqueques a medio comer y los huevos Benedict intactos, Harry se negó a aceptar más alimentos a pesar de los continuos esfuerzos de Tom para forzarlo. Finalmente cediendo con una pequeña mueca, bajo el tenedor y se levantó, recogiendo la bandeja.

—Está bien, si insistes en haber terminado, ya no te daré más, aunque preferiría que lo hicieras. Vuelvo a las seis para la cena, pero si te da hambre antes hay un sándwich y un termo con té en la mesita de noche junto a ti—dice, plantando un beso en la sien de Harry antes de que el cuervo pudiera hacer algo para evitarlo—. Descansa, cariño. Te veré en la noche.

Con el traqueteo suave de los cubiertos y el leve aroma de la costosa colonia de Tom presente en toda la habitación, el hombre cierra la puerta detrás de sí con otro suave clic. Harry se queda en su lugar hasta escuchar el ruido lejano del cierre de una puerta principal, pronto levantándose y corriendo hacia la ventana. Miró hacia el patio mientras un elegante jaguar negro salía hacia el largo camino de entrada hasta que estuvo fuera de su vista. En el momento en que estuvo seguro que se había ido, Harry corrió a la puerta de la habitación y agarró el pomo en un esfuerzo de abrir la puerta.

La perilla dio un chasquido débil metálico de protesta y la puerta se sacudió ante sus movimientos, pero no se abrió.

«¡Bloqueado!» Su corazón se desplomó hacia el suelo. «¡La puerta está cerrada! ¡Me encerró en esta maldita habitación!»

Tal vez el loco delirante no estaba tan loco después de todo sí aun poseía la suficiente conciencia para darse cuenta de que su ‘esposo’ intentaría escapar al momento de tener una oportunidad.

Harry da una patada a la puerta frente de él, y silbando fuertemente por el dolor que inundó su pie ante el resultado de su arrebato, cojeó al otro lado de la habitación antes de dejarse caer en la cama con un gemido.

«No puedo quedarme aquí» pensó, mirando al blanco techo encima de él. «No puedo quedarme y jugar a la casita con ese demente! ¡Tengo que salir de aquí!»

Harry Potter, de apenas diecinueve años, no estaba listo para tomar la responsabilidad que conlleva ser el marido de nadie, especialmente del guapo pero obviamente trastornado Tom. No estaba preparado para llenar el agujero que había dejado Harry Ryddle, quien había muerto de Leucemia.

En el instante en que se le presentara la oportunidad de regresar a su vida normal, tenía toda la intención de tomarla.