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Por un meme

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El tráfico, el transporte público y el retraso para llegar a algún lugar no eran una buena combinación.

Lo único que la pobre gente dentro de ese autobús podía hacer era taparse los oídos y esperar a que el escándalo pase.

—¡¿No puede simplemente ir más rápido?! —vociferaba Zenitsu, sentado en la última fila de asientos.

Nadie entendía cómo es que no se le habían desgarrado las cuerdas vocales aún.

—¡¿Y tú no puedes simplemente cerrar la boca?! —le respondió el chofer en un tono de voz similar. Llevaban un rato discutiendo.

—¡Pero estoy llegando tarde a la escuela, debería poder...! A-ay... —se interrumpió a causa del golpe que se dio en la cabeza por levantarse del asiento de repente. De inmediato llevó una mano a su cabeza para sobarla en intentar calmar el dolor. Sonaron algunas risas.

—No es asunto mío si llegas tarde, chico —el semáforo cambió a rojo y en cuanto tuvo que frenar, el conductor volteó para poder verlo—. Y si sigues gritando, te largas de aquí.

—¡¿Queeeeee?! —su grito resonó de nuevo dentro del vehículo. Algunas personas emitieron quejidos—. ¡No puede echarme así como así! ¡Estaría violando mis derechos como ciudadano! ¡Estaría...!

—Mira —cuando el semáforo volvió a estar en verde, el chofer avanzó y luego se detuvo en la parada más cercana. Después volteó de nuevo para ver al chico—. No quiero quedarme sordo, y estoy seguro de que las demás personas aquí tampoco, así que tú y tu ridícula pijama —estiró el brazo y señaló su ropa, un pijama amarillo con patrón de pollitos—. Pueden largarse de aquí -seguido, activó el botón para que las puertas se abrieran.

—P-pero si me bajo no voy a llegar, n-no... —salió de su asiento y se puso la mochila. Se acercó al chofer haciendo señas con las manos, como si quisiera hacer una plegaria.

—No me interesa. Ya, fuera —señaló la entrada.

—Pero yo... —la voz le temblaba y su boca estaba formada en un puchero.

—¡Que te largues! -—Zenitsu se sobresaltó ante el grito. Con la cabeza baja, finalmente hizo caso y se bajó.

Una vez que pisó el asfalto, las puertas se cerraron y el autobús volvió a andar, pero antes de todo eso pudo escuchar perfectamente un "ridículo" salir de la boca del chofer.

Nota mental: no pelearse con alguien en el transporte público otra vez.

La única opción que le quedaba ahora era correr, si no, definitivamente no llegaría. Se abrió paso entre la gente, a esa hora era mucha la que transitaba por las calles. Empujaba a alguna que otra persona en su prisa, y escuchaba con total claridad cómo decían a su alrededor "¿y ese loco?", "¿qué onda con su pijama?", "los jóvenes de hoy en día ya no tienen educación" y varias cosas más que los chismosos no se cansaban de opinar.

Mientras corría, se sujetaba los agarres de la mochila para que esta no rebotara tanto en su espalda. Su trabajo estaba allí, no fuera a ser que se arrugara, o algo peor, por culpa de su apuro.

Además de que no podía controlar lo que agitada que estaba su respiración, le comenzó a rugir el estómago. Esa mañana salió con tanta prisa que ni siquiera le dio tiempo de comer algo, o incluso cambiarse de ropa. Así que con hambre, sed y su poderosísima pijama de pollitos, había salido pitando a alcanzar el transporte.

No era justo, ¡por supuesto que no era justo! ¿Acaso tenía él la culpa de que su despertador haya sonado una hora después de la esperada...? Bueno, tal vez sí, ya que él mismo se equivocó al ponerlo.

Mierda, las piernas le estaban empezando a doler. Zenitsu odiaba correr, era solo un estudiante de ingeniería que ocupaba su tiempo libre en leer manga shōjo, ¿qué iba a saber él de correr?

Ya le faltaba la respiración, y sentía que si seguía así un rato más, el oxígeno dejaría de llegarle al cerebro.

Corrió, corrió, corrió y siguió corriendo. Por esas calles ya no andaba tanta gente, así que podía hacerlo libremente sin sentir culpa de llevarse puesto a nadie.

Cuando la escuela apareció en su campo de visión es que sintió que volvía a respirar. Aminoró su rapidez al punto que ya estaba caminando. Soltó un suspiro acompañado de un quejido extraño. Caminó hasta la entrada tratando de ignorar las miradas de desconcierto de los demás estudiantes y profesores. También pudo escuchar que se reían.

¡¿Qué miran, qué miran?! ¡¿Uno ya no puede venir a la escuela en pijama tranquilo?!

Tenía ganas de gritarles que dejen de verlo, pero no tenía aliento para eso. Tal vez lo haría cuando lo recuperara luego.

Cruzó la puerta de entrada, y más miradas y murmullos no se hicieron esperar. Zenitsu bajó la cabeza, no tenía tiempo para hacerles caso, estaba llegando tardísimo.

—Oye, qué linda pijama —escuchó decir a alguien que pasaba a su lado. El peculiar sonido de su voz hizo a Zenitsu levantar el rostro.

—¿Eh...? —murmuró, viendo hacia el chico que habló antes.

—¡Que me gustó tu pijama! —exclamó, soltando una risita luego, y regalándole una sonrisa a Zenitsu.

La voz del chico sonaba gentil y reconfortante, no parecía haber rastro de broma o ironía en ella. Por un momento, el rubio se olvidó que estaba atrasado, y se dedicó a observar ese rostro que le sonreía. Además, se distrajo un momento viendo su frente (bastante grande, por cierto), una cicatriz la cubría en un costado.

Creyó escuchar el ruido de un celular tomando una foto, pero no le importó. Esa sonrisa y esas palabras acababan de alegrar su día.

—Ah... Gracias —Zenitsu sintió que su rostro se comenzaba a calentar. Podía notar que la gente los estaba viendo, ¿no tenían nada mejor que hacer?

El muchacho le sonrió por última vez antes de marcharse donde venía caminando. Zenitsu terminó sonriendo también y retomó el paso.

Fue a revisar si el ascensor funcionaba. No le sorprendió saber que no, ya ni recordaba la última vez que servía.

¡¿Acaso no pueden hacer el mínimo esfuerzo de arreglarlo para almas en apuros como yo?!

En consecuencia, se dirigió hasta las escaleras. Aunque estaba caminando, no podía andar tranquilo, prácticamente iba trotando.

Su salón estaba a tres pisos de distancia, todo eso tenía que subir sin descansar ni un momento.

Una vez que subió, se apresuró a recorrer el pasillo, pues el aula estaba al final. Entró, y al hacerlo le dieron unas terribles ganas de ir hasta la ventana y tirarse por allí. El profesor no estaba.

No podía saber qué hora era, pues no había tomado su celular antes de salir de casa, pero ya pudo asegurarse de que había llegado tarde.

No quiso darse tiempo para lamentarse, quizá el maestro aún seguía en el edificio.

Bajó las escaleras casi corriendo, y al llegar al segundo piso, pudo verlo charlando con una mujer. Prácticamente se abalanzó sobre ellos cuando estuvo cerca.

—¡Profesor! ¡¡Profesoooor!! —le gritó. El hombre se sobresaltó, su acompañante y algunas otras personas presentes por allí también—. Mi trabajo... —dijo sin mirarlo, mientras se sacaba la mochila, la abría y revolvía dentro. Encontró la carpeta con el documento y la sacó—. ¡Tome! —se lo extendió con brusquedad.

—Agatsuma —lo nombró, luego de aclarar su garganta—. ¿Crees que estas... —lo escaneó de arriba a abajo con la mirada. Después revisó su reloj pulsera y seguido dirigió su vista hacia la cara del muchacho—, son las condiciones apropiadas para entregar un trabajo?

—¡Oh, vamos! —la voz le salió más aguda de lo que le gustaría. Pisó fuerte con un pie. Realmente parecía un niño haciendo una rabieta.

—Está bien, está bien, lo voy a aceptar —accedió, estirando el brazo y tomando la carpeta—. Pero que no se repita.

—S-sí... —susurró, acompañando el gesto con un asentimiento.

Seguido, bajó el resto de las escaleras, con más calma ahora. Si en ese momento ya sentía las piernas entumecidas, al día siguiente le iban a doler como el infierno.

Llegó al primer piso y se dirigió directo al buffet. No iba a volver a casa con el estómago completamente vacío. El dinero que tenía en la mochila le alcanzaba para un sándwich.

Salió de la escuela mientras comía. No tenía ninguna clase, así que decidió volver directo a su casa. Lo hizo caminando, suficiente transporte público por ese día.

•••

—Inosuke, ¿tienes que venir todos los días a hacer tu tarea? —Zenitsu se acercó a la mesa del comedor con los brazos cruzados. Miró por la ventana, ya se estaba haciendo de noche.

—Sabes que no tengo internet en casa —dijo antes de mordisquear un pan que tenía por allí mientras leía algo en su teléfono y anotaba cosas en un cuaderno.

—Para eso está la biblioteca de la escuela, idiota —agarró un plato sucio que había en la mesa y lo llevó al lavaplatos.

—Nah, no me gusta, está lleno de personas.

—¿Eh? ¡¿Y yo qué soy?!

—¡Ya deja de gritar por un maldito segundo! —Inosuke estampó su lapicera contra el cuaderno.

—¡No puedes decirme eso cuando también estás gritando! —frunció el entrecejo y señaló al otro chico con el dedo—. ¡Además estás en mi casa y...! —notó que su compañero dejó de prestarle atención para mirar de nuevo su teléfono—. ¡No me ignores hijo de perr...!

—Espera, cállate —le interrumpió. La expresión de su rostro había cambiado. Antes lucía serio, y ahora una sonrisa se le estaba asomando. Estiró el brazo para mostrarle el celular al rubio—. Mira, mira —lo agitaba en su cara para que lo agarre. Zenitsu, luego de soltar un quejido, lo tomó.

En la pantalla se podía ver una foto. Era un posteo de Facebook, de la página de memes de su universidad. Fue posteado ese mismo día. En la descripción decía "Quédate con alguien que te mire así y te dé los buenos días a pesar de tener un pijama de pollitos". Cuatro mil quinientos ochenta y siete reacciones, nueve mil trescientas veinticuatro compartidas, setecientos treinta y dos comentarios.

Cuando Zenitsu prestó atención a la foto que había en la publicación, la mandíbula se le aflojó, amenazando quizá con llegar al piso, y el aliento que recuperó durante todo el día pareció irse en apenas un segundo.

—Ese de ahí... —apoyó el dedo en la pantalla, señalando a una de las personas que se veían en la foto—. ¿Soy yo?