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FULL HOUSE

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Casi dos semanas pasaron para que Emma se armara de valor y le diera la noticia a Norman. Si su relación era de por sí complicada, con un bebé en camino la ecuación se tornaría más compleja. 

Tenía que apresurarse antes que él lo descubriera por su cuenta. Las náuseas eran más frecuentes y Ray ya se estaba quejando de la misteriosa desaparición de sus reservas de dulces. Por más idiota que Norman se comportase con ella, no tenía que subestimar su coeficiente intelectual de 200 e innatas habilidades de acosador.

Sólo deseaba que el psicópata reaccionara de una manera serena y civilizada. Una utopía difícil de volverse realidad, pero no imposible.

Así que finalmente decidió abordarlo de la manera más sencilla.

– Hehehe me siento en el paraíso – Norman frotaba su cabeza contra su regazo y Emma pudo jurar que escuchó un ronroneo. Se habían acomodado en el sofá de la sala para ver una película y ella le estaba permitiendo descansar sobre sus piernas como una forma de anestesiarlo y no se pusiera tan eufórico con las buenas nuevas..

El plan se había puesto en marcha.

– Oye, tenemos que hablar seriamente. – Le dijo pasando los dedos sobre su cabello. Fue un acto inconsciente y cuando se dio cuenta culpó a las malditas hormonas del embarazo. De todas maneras continuó con el gesto. 

– ¿Umm? – Se acomodó mirándola risueño desde su sitio preferido. 

Se veía tan tierno e inocente que Emma apartó la mirada, con las mejillas encendidas. Estúpidas hormonas. 

Su inusual gesto no pasó desapercibido por el más alto y este sonrió ampliamente.

– ¿Te pongo nerviosa, bebé? – Su traviesa mano se filtró dentro de su blusa pellizcando su piel.

– ¡Vete al infierno! – Le propinó una cachetada y Norman cayó rodando por el suelo.

¡Tan bien que se estaba poniendo el ambiente y el pervertido tuvo que arruinarlo!

Gruesas pero silenciosas lágrimas cayeron de sus ojos y Norman se alarmó.

– Emma, ¿Qué pasa? – Se arrodilló frente a ella y sacó su pañuelo para limpiarle la cara.

– Es qu-que… eres un ton-to… – Sollozó con más ganas y le arrebató el trapo para sonarse la nariz. ¿Por qué ahora se ponía tan excesivamente sentimental? 

Estúpidas hormonas. 

Fue entonces que el joven la analizó detenidamente.

– Desde hace unos días no puedes dormir bien. Te despiertas cuatro veces para ir al baño y escucho como una clase de arcadas. Luego te escabulles a las tres y media de la mañana a la cocina y te preparas panecillos con chocolates y ketchup que guarda Ray. Por cierto, una exótica combinación. – Emma sudaba frío escuchando el monólogo del psicópata. Su lado acosador no paraba de sorprenderle. – Finalmente, te levantas a las seis de la mañana, media hora después de lo normal...

– ¿Norman?

– Y dejas que me acurruque en tu regazo a pesar que hoy no es mi cumpleaños.

Él ya lo sospechaba. Emma esperó resignada su inminente conclusión. Al menos le iba a ahorrar unas cuantas palabras.

– Todo estos síntomas significan que... ¡Es hora de adelantar la sorpresa!

Aquello descolocó a la pequeña. 

– ¿Qué? ¡Oye! ¿A dónde…?

Norman le había dado un fugaz beso en la sien y corrió hacia su habitación.

Emma se quedó de pie, en medio de la sala, pasmada por lo que acababa de pasar. No tuvo oportunidad de ahondar en su extraña conducta por que la puerta de la entrada se abrió repentinamente.

– ¡TRAIDORES, ¿POR QUÉ NO ME LO CONTARON PRIMERO?! – Ray ingresó con los ojos llorosos, arrastrando un enorme peluche de conejo.

– ¡¿Le robaste de nuevo Little Bunny a Conny?!

Conny era su vecina de 10 años y propietaria del juguete. Al principio, Ray conseguía manipularla con postres a cambio que le diera “en préstamo” su juguete. La pequeña accedía con gusto, pero luego que su amigo se demorara en devolverlo constantemente, ella se rehusaba con un tajante: Patético . No entendían  por qué el tonto se había encaprichado con Little Bunny. ÉL solo se justificaba usando extrañas excusas sobre terapia de humor, amistad interspecie y tips para socializar.

El de cabellos negros ignoró la pregunta de su amiga y continuó con sus reclamos:

– ¡¿ACASO SOY UN CHISTE PARA USTEDES? ¡YO DEBÍA SER EL PRIMERO EN SABER QUE TENDRE UN SOBRINITO!

Oh mierda. Gilda y Anna eran unas perras soplonas.

– Baja la voz. – Le pidió, preocupada que Norman pudiera alcanzar a escuchar su pequeño escándalo.

– ¡NO ME CALLO! ¡SOY SU ALIADO EN EL AMOR Y MEREZCO UN MÍNIMO DE CONSIDERAC…! – Emma lo interrumpió metiendole su pañuelo en la boca.

– Te calmas o juro que cortaré tu estúpido flequillo. – A la amenaza de la chica antena, Ray asintió rápidamente temiendo por la pérdida de su identidad. – No sabes lo que es capaz de hacer una mujer embarazada cuando la enfureces.

El estridente sonido de un objeto colisionado contra el suelo nunca se había escuchado tan fuerte en el departamento. 

Los dos giraron lentamente hacia el origen del ruido encontrándose con el rostro desconcertado de Norman. Permanecía inmóvil y pálido como un fantasma. Cerca a sus pies se hallaba una caja cuyo contenido se había vaciado por doquier: fustas, pinzas, esposas y unas raras bolas de metal.

Todos los reunidos cayeron en un silencio sepulcral. 

Emma se puso nerviosa, sin saber si reír o llorar  por que se había quitado un gran peso de encima, pero no de la manera cómo lo había planeado. Esto es un desastre.  

Ray miraba a sus amigos de uno a otro bastante desorientado. De pronto, recordó uno de los tips de su manual “El arte de la conversación para Dummies” y supo que era el momento ideal para aplicarlo.

– Bueno, ya que mi trabajo como tu aliado en el amor dio sobresalientes resultados, ¡debo ser yo quien le ponga el nombre a tu hijo o hija! – Anunció sonriente pasándole un brazo por los hombros a un Norman con la mente en blanco.

– Ray, él no lo sabía. – murmuró Emma con los puños cerrados a los lados, conteniendose de saltar y desgarrarle la garganta al suicida. No podía ir a la cárcel y dejar huérfano a su pequeño para que sea criado por el psicópata de su padre a su imagen y semejanza.

El mundo podía soportar un Norman. No dos.

Ray se echó a reír en la cara de su amigo.

– ¿Escuchaste eso Norman? – se carcajeaba – ¡Estoy aliviado de no ser el último en enterarse de las noticias del bebé... – Se detuvo de golpe, cayendo en cuenta de toda la situación. – Oh...S-Serás papá… – Le quitó los brazos de encima y se abrazó al peluche, temblando de miedo por la imprevisible reacción del psicópata.

– Dile adiós a tu identidad y a Little Bunny – Sentenció la joven de cabellos naranjas avanzando con una tijera en cada mano.

– ¡NO, NO, NO!

De un momento a otro la visión de Emma se tornó borrosa y sintió que todo a su alrededor daba vueltas, y en el siguiente paso que dio, cayó en una eterna oscuridad.

Cuando recobró la consciencia, Emma se sentía aún desorientada. Estaba acostada en una cama de ¿hospital?. Sintió una suave caricia en su mano y sus ojos reconocieron a Norman sentado a su lado.

Él le sonrió manteniendo un gesto tranquilo y se inclinó para acomodar un mechón de su rebelde cabello detrás de la oreja.

– ¿Qué pasó? – Inquirió en un tono débil.

– Te desmayaste y te traje inmediatamente a la sala emergencias. No te preocupes, el doctor dice que es habitual los desmayos debido a tu estado, pero no deben volverse frecuentes. Emma, todo va a estar bien – Añadió transmitiendo a través de su mirada seguridad y confianza.

Estado.

Entonces la chica antena recordó todos los sucesos hasta antes de perder el conocimiento. Estaba embarazada de Norman, ellos ni siquiera eran una pareja formal y las ganancias de sus trabajos sólo les alcanzaba lo suficiente para sobrevivir decentemente el día a día, pero ¿criar un bebé también?

¿Todo iba a estar bien?

– Norman, yo… estoy asustada. – Tenía que sincerarse por completo. – Sólo llevamos dos años desde que salimos de la universidad y nuestra economía no es la mejor. Traer al mundo a otra persona conlleva  grandes cambios y responsabilidades – Puso sus manos sobre su estómago – Y aún así... yo realmente quiero tenerlo. Es mi pequeño deseo egoísta. 

– Nuestro, Emma. – Le corrigió el de cabellos blancos con un particular brillo de orgullo en la mirada, colocando sus manos sobre las de ella. – Nuestro pequeño deseo egoísta. – El corazón de Emma dio un vuelco de alegría por sus palabras.

– Estoy seguro que encontraremos la mejor manera de salir adelante juntos, con nuestro bebé. – Continuó Norman. –  Voy a cuidarlos y me encargaré que no les falte nada. Ustedes son la familia que siempre he querido.

Emma soltó un sonoro sollozo y se lanzó a abrazarlo con fuerza. Desde que se enteró de las noticias, su corazón recién volvía a estar en calma. Esto es lo que realmente necesitaba: El apoyo y la fuerza que le brindaba Norman.

El más alto recorrió sus manos sobre la espalda de su amada con ternura, esperando con paciencia a que se tranquilice. 

Luego de unos largos minutos, se separaron sin despegar los ojos del otro. Los labios del mayor se curvaron en una pícara sonrisa.

– Ahora sólo tenemos que fijar la fecha de la boda.

Emma parpadeó un poco aturdida.

– ¿Qué? No

– ¿Por qué no?  Nos amamos y tendremos un hijo. Es natural que nos casemos… ¡Auch! –  Se sobó el brazo donde ella acababa de pellizcarle.

– ¡Oye idiota!, ¿Por qué sacas conclusiones apresuradas? – Ya se le hacía raro que él no saliera a decir su estupidez de siempre. ¿Casarse? Primero muerta antes de poner un pie en el altar junto al psicópata.

El joven en vez de desanimarse, ensanchó la sonrisa y sus mejillas se pintaron de un desagradable, para Emma,  rosa.

– Por que estoy convencido que soy el dueño de tu corazón hehehe

Y Emma estaba convencida de quemar su última neurona con la gasolina que escondía Ray.

Antes que ella le hiciese saber con gusto sus pensamientos, Norman se excusó con ir en busca del doctor.

En cuanto salió de la habitación, la expresión del muchacho cambió a una pensativa mientras avanzaba por el solitario pasillo. No se sentía bien del todo porque incluso en este tipo de situación…

¡Podía encontrar una oportunidad para unirse con Emma para siempre!

Retomó su usual sonrisa perversa y vio pequeños querubines de hebras naranjas danzar alrededor de su cabeza. 

Su bebé sería igual de lindo que Emma. Sus mismos ojos, nariz, labios, sonrisa. 

Y lo más importante… ¡Tenía que ser varón! 

Si resultaba una niña, no estaba seguro si resistiría a que algún día ella abandone la casa por un hombre que jamás sería lo suficientemente digno de su hermosa existencia. ¡No, no, no! ¡Primero su angelito se volvía monja antes de que un depravado pusiera sus sucias manos en ella!

No, tranquilidad. Si era necesario, buscaría una solución científica para que resultase un varón.

Y Emma…

Oh su dulce y grandiosa Emma.  

Alguien como él que tenía controlado hasta el ciclo menstrual de su amada, le resultó insólito que fallara en sus cálculos, pero la culpa le duró poco. Los Dioses estuvieron a favor de cumplirle el deseo de tener una familia con el amor de su vida más pronto de lo esperado.

Aunque por el momento ella se negaba a una boda, Norman no se daría por vencido. Cada vez se sentía más confiado que Emma le guardaba sentimientos más allá de una fuerte atracción sexual. 

Tal vez las hormonas del embarazo sean las que dieran el empujoncito final para que ella por fin lo admitiera.

Hehehe

Ahhh, quería volver a dormir en el regazo de su Emma. 

¿A dónde estaba yendo?  ¡Ah sí, el doctor!

– De acuerdo al examen de sangre, tienes 6 semanas de embarazo. El desmayo que tuviste no es una señal de algún peligro, pero lo recomendable es que no te mantegas tanto tiempo en pie y no realices movimientos bruscos. –  Fueron las indicaciones del médico. Volvió a mirar la hoja de los resultados y se rascó la barbilla, en un gesto pensativo. – Es mejor que vengan para su primera ecografía dentro de 5 semanas.

...

Para todo su círculo social no fue una sorpresa las buenas nuevas del bebé. Por el contrario, tomaron la noticia con humor y algunos, como Don y Nat, se cobraron apuestas sobre en qué momento “el condón se le rompería a Norman”. Por supuesto que el futuro papá quiso aclarar que él nunca usó ese método de protección, pero Emma lo calló con un golpe en el estómago.

En cuanto a su situación laboral, ocurrió una curiosa situación que resultó extrañamente favorable para los dos.

– ¡Felicitaciones! ¡Les subiré el doble del sueldo! – El director hizo el signo de victoria con los dedos. 

– ¿Ehhh? ¿Subirnos el doble del sueldo? – Repitió Emma, muy descolocada. Al lado suyo, Norman permanecía sonriente como si las declaraciones del superior no lo impresionaran.

– Sí, eso mismo. – rió, restándole importancia al peso de sus palabras.

El director de la escuela se caracterizaba por ser alguien muy peculiar. De por sí su apariencia llamaba mucho la atención: siempre llevaba puesto una máscara blanca con un dibujo de una cara garabateada. Era un misterio el verdadero aspecto de su rostro. Ni los más antiguos profesores habían logrado descubrirlo. Y su actitud despreocupada daba mucho que pensar sobre el cargo que ostentaba con orgullo. No obstante, la escuela seguía en pie hasta el día de hoy por lo que  no se debía subestimar al jefe de la institución.

Emma no entendía cómo terminó en el despacho del director junto a Norman. Ambos fueron llamados por su superior y este les interrogó sobre los rumores del embarazo. Ella quiso negarlo, pero el otro idiota se adelantó sin detenerse a pensar sobre las consecuencias de su acto. 

Consecuencias inesperadas.

Entonces recordó las palabras de Gilda sobre la afinidad del director por ellos dos mientras contemplaba cómo Norman estrechaba las manos con su superior.

– Muchas gracias. Es una persona muy generosa. 

– ¡Que va! ¡Ustedes nos iluminarán con un bello retoño de cabellos blancos y ojos verdes! ¡Tu historia de amor tendrá un final feliz, querido Norman!

Emma entrecerró los ojos cuando unió todos los cabos sueltos. Resopló, conteniendo el impulso de estrellar las cabezas de esos dos contra el escritorio.

– Jeje gracias, director. – Norman se rascó la nuca, avergonzado.– ¡Desde ya le aviso que usted será el padrino de nuestro hijo!

– ¡Oh dios mío, me siento halagado!

La pequeña reaccionó de inmediato y jaló al pervertido psicópata lejos de los oídos del muy emocionado director.

–  ¿Qué sucede, amor?

Emma no aguantó más y le tiró de la oreja con brusquedad.

– Oye, idiota. ¿No recuerdas que le prometimos a Ray ser el padrino? – Susurró, bastante indignada.

– ¿Quién es Ray? – Preguntaron Norman y su superior a la vez.

Emma solo rodó los ojos.

...

Con la futura llegada del nuevo integrante de la casa, una serie de cambios se produjo en el día a día de sus vidas. Algunos pequeños, otros muy notorios.

Y Norman no desaprovechó ninguno.

– ¡Deja de mover tus cosas a mi cuarto!

Emma se interpuso entre la entrada de su habitación y el psicópata. Este bajó al suelo la caja que tenía la etiqueta “BDSM” y la miró con atención, con una sonrisa tranquila.

– ¿Por qué? 

– ¡Por que es mi cuarto, mi privacidad! 

– Oh, entiendo. – Comentó cabizbajo.– ¿Y el cuarto del bebé?

Quedaron en silencio unos instantes.

– El bebé dormirá conmigo. – Fue su decisión final.

Norman ladeó la cabeza y señaló al otro lado del pasillo.

– Todo eso no entrará en tu habitación.

Emma maldijo la descomunal pila de juguetes, coches, cuna y demás accesorios que llenaban el reducido espacio de su sala y cocina. Sus amigos y el director se excedieron con la cantidad de regalos.

El psicópata tenía razón para desgracia suya.

Pero... una cosa era dormir con Norman después de “ciertas actividades” y luego echarlo de su cuarto, y otra cosa muy distinta era compartir su privacidad día a día con el pervertido.

Ray, quien pasaba por ahí con Little Bunny, escuchó la discusión y tuvo una magnífica idea para aligerar el ambiente.

– ¡N-Norman! ¡También puedes dormir conmigo! – Se ofreció inflando su pecho con orgullo.

El mencionado rechinó los dientes, furioso.

– ¡No hay forma que puedas sustituir el calor corporal de Emma! ¡Jamás!

Ray pegó un brinco del susto y se escondió detrás de su amiga. 

– Só-sólo era una bromita. – Le lloriqueaba al peluche. ¿Dónde quedó “Bros before Hoes” ?

Al final, Emma accedió a compartir cuarto con el idiota, pero con la condición que él durmiera en el piso y ninguna prenda interior faltase de su armario. Si rompía una de las dos reglas, lo mandaba a dormir con el suicida.

No obstante, luego de unas cuantas noches, Norman comenzó a quejarse del frío suelo y cómo se encontraban en pleno invierno, ella lo dejó subirse a su cama, pero poniendo una fila de almohadas como barrera.

Y de alguna manera era la misma Emma quién entre sueños derrumbaba el muro de cojines y pegaba su espalda contra el pecho de Norman. Este no dudaba en acomodarla entre sus brazos y recostar sus manos sobre su ya abultado vientre de 3 meses. 

...

– ¡Felicitaciones, tendrán gemelos!

– ¿Q-qué?

Emma parpadeó repetidas veces procesando lentamente el significado de la palabras. Cuando terminó por entenderlo, estuvo al borde de un ataque de nervios.

– ¡Imposible! ¡Está viendo doble. Chequee de nuevo!

Norman, por su parte, tenía su típica sonrisa plasmada en el rostro, pero no se podía saber si era de alegría o de conmoción. Parecía que su mente había viajado lejos de la clínica y no reaccionaba al fuerte apretón que le dio Emma a sus dedos.

El doctor suspiró y volvió a poner el transductor sobre su estómago.

– ¿Ve ese pequeño bulto? – Le indicó una pequeña mancha negra que se movía.

Ella asintió.

– Ese es el cuerpo del primero – Movió un poco a la izquierda. – Este es el segundo. Ambos comparten la misma placenta así que doy por confirmado que son gemelos. El sexo lo podremos saber de aquí a 2 meses más. Y como es un embarazo múltiple, debemos tener más cuidados….

La voz del médico desapareció de su audición y sintió que en cualquier momento le iba a dar un ataque al corazón.

– Umm, señor, por favor calme a su esposa.

– ¡No estamos casados! – Gruñó Emma a punto de lanzarse sobre el mayor.

– ¿Ah? Oh sí – Norman por fin regresó a la realidad. – Denos unos minutos para conversar.

El doctor salió del lugar para darles su privacidad.

– Norman, vamos a otro doctor. – Rogó la futura madre. – El de aquí tiene lentes por eso no puede distinguir bien en la pantalla. ¡O vayamos donde Anna!

– Ella es dermatóloga.

– ¡Le deben haber enseñado a manejar esa porquería!

– Cariño, ¿Qué sucede? 

El rostro de Emma era un mar de lágrimas y no dejaba de temblar.

– Apenas… apenas podemos acomodarnos con uno. ¿Con dos? No...yo... – Norman la calló besándola repentinamente. Era un beso lleno de dulzura y amor. Sus alientos se entrelazaron y poco a poco Emma se fue relajando, derritiéndose en los brazos de su amante. Tras unos segundos que parecieron una eternidad, se separaron con las respiraciones agitadas y mejillas acaloradas.

– Emma, escucha. – Le limpió el rostro con la manga de su camisa y le dedicó una mirada seria e intensa. – Vamos a estar bien. Daremos el doble de esfuerzo y amor por ellos. ¿Un trabajo? ¡Me conseguiré 3!

– Morirás en el intento. – Murmuró. Sus labios se estiraron levemente, formando una pequeña sonrisa.

– No subestimes a un genio, cariño.

– No sobreestimes tu debilucho cuerpo, psicópata.

El doctor volvió y les dio una lista de medicamentos para reforzar la salud de la mamá y los bebés. Asimismo, sus chequeos tenían que darse dos veces al meses con el fin de evitar complicaciones.

De regreso a casa, Emma se quedó dormida sobre el hombro de Norman en el bus. Ella, aún soñolienta, se dejó guiar hasta que, de pronto, la despertó el sonido de unas campanas. 

– ¡¿Qué hacemos en una iglesia?! – Se soltó del brazo de Norman y miró asustada que ya estaban en el altar frente a un cura.

– Nos casaremos. – Le respondió el de cabellos blancos como si nada y se dirigió al clérigo.

– ¡Padre, por favor cásame con Emma!  – Se había arrodillado con la cabeza pegada al suelo.

– ¿Qué? ¡Detente! – La susodicha lo levantó, pero Norman permanecía terco en su cometido.

– Emma, nuestros niños deben nacer bajo la aprobación y protección de Dios.

– ¿Desde cuando eres creyente? ¿Y por qué estás tan seguro que serán varones?

– Por que soy el papá.

Ella se detuvo de rebatir cuando una idea cruzó por su cabeza.

– Bien, nos vamos a casar. – Emma alzó un dedo para que no la interrumpiera. – Sólo si adivinas el sexo de los gemelos, acepto ser tu esposa.

Norman la tomó de ambas manos con una mirada llena de determinación.

– Voy a redactar nuestros votos matrimoniales.

– ¡No te confíes, psicópata!

– ¿Cumplirás tu palabra, no? – Apretó su agarre. – ¿Serás mi esposa, no? – Le robó un beso. – Te amo, Emma Hehehe

Emma rezó a todos los Dioses que su instinto maternal no le fallara, sino...todo estaría perdido.

Mientras tanto, el cura y feligreses seguía sin entender por qué esos dos jovencitos irrumpieron en la mitad de la misa.

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