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Nostalgic Rainfall

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—Quiero adoptar a este niño —anunció Wei WuXian en aquel parque, y a la tierna edad de seis años, Jiang Cheng inmediatamente supo que él en verdad era muy afortunado.

Wei WuXian había visitado el orfanato un par de veces, y siempre le había pedido jugar con él. A Jiang Cheng eso no le molestaba, no en realidad, ya que consideraba a Wei WuXian un adulto muy genial. Wei WuXian lo tomaba en serio y lo trataba como un igual. No le gritaría si no escuchaba, ni le golpearía si hacia algo errado. También le dejaría a Jiang Cheng comer un helado cada vez que salían de paseo. Por lo que, cuando Wei WuXian dijo que él iba a adoptar a Jiang Cheng, estuvo extremadamente feliz.

Al principio no supo que pensar de Lan WangJi. Jiang Cheng sabía que él no era una mala persona, pero él era un poco como los adultos en el orfanato. Serio y severo, un aguafiestas –recientemente había aprendido el significado de esa palabra. Lan WangJi y Wei WuXian eran completamente opuestos, y su relación lo confundía.

Jiang Cheng no sabía que esperar cuando finalmente lo llevaron a casa.

—¿Qué sucede? —preguntó Lan WangJi, cuando atrapó a Jiang Cheng parado en el vano de la puerta, mirando su propia cama. Ellos le dieron una habitación propia; aún estaba algo vacía, salvo por un escritorio y una cama en la esquina. Wei WuXian había dicho que lo llevarían de compras al día siguiente.

—Nunca antes tuve una cama tan grande como esta, ¿realmente está bien? —inquirió Jiang Cheng, rehusándose a desprender sus ojos del mueble, temeroso de que pudiera desvanecerse si parpadeaba.

Jiang Cheng sintió una mano posarse en su espalda, empujándolo gentilmente dentro de la habitación.

—Es toda tuya —dijo Lan WangJi, y Jiang Cheng no necesitó que se lo dijera dos veces y saltó sobre el colchón, enterrando su rostro entre las sábanas recién lavadas. Después vino Wei WuXian y se le unió, casi aplastándolo bajo su peso.

Jiang Cheng todavía no entendía a Lan WangJi y a Wei WuXian.

Pero ellos se besaban mucho, se abrazaban mucho, y la verdad es que era asqueroso algunas veces, excepto cuando ellos también besaban y abrazaban a Jiang Cheng. Lan WangJi satisfaría cada capricho que Wei WuXian tuviese en cualquier momento, sin ninguna dificultad. Él no sabía cómo Lan WangJi podía tolerar a Wei WuXian, o por qué querría siquiera tolerarlo.

Le tomó un tiempo a Jiang Cheng darse cuenta que Lan WangJi definitivamente no era como los adultos del orfanato, y un poco más entender que los sentimientos de Lan WangJi para con Wei WuXian no eran meramente tolerancia.

Jiang Cheng fue adoptado por una pareja muy rara, pero los dos eran graciosos y amables. Ambos actuaban como si supieran cómo criar a un niño, cuando claramente no sabían. Pero eso estaba bien, porque ambos eran adultos geniales.

Después de unas pocas semanas, Jiang Cheng fue presentado al hermano mayor de Lan WangJi.

—Es un gusto conocerte, Jiang Cheng. Yo soy Lan XiChen —el hombre sonrió, y Jiang Cheng involuntariamente dio un paso hacia atrás ya que era cómo ver a Lan WangJi sonreír, cuando eso no debería ser posible.

Lan XiChen simplemente se río, lo cual sobresaltó a Jiang Cheng aún más, y continuó. —Por lo general, las personas reaccionan así cuando conocen a Lan Zhan, no esperaba obtener la misma reacción.

—Es que fue... —Jiang Cheng trató de pensar en una palabra. "Raro" proporcionó su cerebro mientras se miraba los zapatos—. Lo siento.

—No hay problema, está bien —le tranquilizó Lan XiChen, palmeando la cabeza de Jiang Cheng.

La mano de Lan XiChen se sentía cálida sobre su cuero cabelludo, más cálida que la de Lan WangJi. Sus ojos eran de un tono más oscuro, sus facciones más suaves, y Jiang Cheng se dio cuenta que no era difícil diferenciar a los dos hermanos después de todo.


La primera vez que Jiang Cheng casi fue asfixiado por las flores fue a la edad de siete años. No podía nombrar la mayoría de ellas, pero todas olían muy dulce, y pensó que se enfermería si las olía demasiado, pero no fue así. Todo tipo de flores fueron esparcidas por todo el salón; reconocía algunas del jardín de la abuela y del abuelo Lan, mientras que otras eran más altas que él que ni siquiera podía ver cómo lucían.

Lan WangJi y Wei WuXian le habían pedido a Lan XiChen cuidar de Jiang Cheng por ese día.

—¿Dónde están ellos? —preguntó Jiang Cheng, su mano se envolvió fuertemente alrededor de la de Lan XiChen.

—Ellos se están preparando para su boda —respondió Lan XiChen mientras situaba a Jiang Cheng en su asiento—. Dentro de poco los verás salir de ahí —señaló la gran puerta de madera que se encontraba en el fondo de la habitación.

—¿Ellos se van a casar? ¿No es cosa sólo de hombre y mujer? —Jiang Cheng le dio una mirada inquisitiva. Únicamente había visto a una pareja de hombre y mujer casarse en la televisión, y jamás entre un hombre y otro hombre.

Lan XiChen sacudió su cabeza y explicó. —Cada quien puede casarse con la persona que ama.

—Oh —Jiang Cheng permaneció en silencio por un rato, antes de tirar de la manga de Lan XiChen—. ¿Yo también me voy a casar?

—Eventualmente. Si así quieres —le tranquilizó Lan XiChen con una sonrisa.

—¿Qué hay de ti? —ciertamente, Jiang Cheng sería invitado a la boda de Lan XiChen.

—Tal vez.

Satisfecho con la respuesta de Lan XiChen, el pequeño permitió que su atención se enfocara en el salón, en busca de algo interesante.

Jiang Cheng no sabía que palabras usar para describir la ceremonia, dado que sus jóvenes ojos y limitado vocabulario ciertamente fallaría en trasmitir lo impresionante de la misma. La gran puerta de roble finalmente se abrió, y Wei WuXian y Lan WangJi caminaron juntos hacia el altar, vistiendo largas túnicas a juego que se arrastraban a su detrás, pintando el suelo de rojo y dorado. Sus movimientos eran gráciles y dignos, como si ellos estuvieran destinado a hacer eso todas sus vidas.

Jiang Cheng apenas escuchaba al coro, y dudaba que los otros estuvieran prestando atención al sacerdote, los ojos de todos estaban centrados en los dos caballeros en el centro.

Wei WuXian y Lan WangJi se miraban el uno al otro como siempre se habían mirado. Se miraban como si ellos fueran las únicas personas en el mundo, y Jiang Cheng había aprendido a no interrumpirlos cuando eso sucedía. No obstante, la audiencia estaba tan cautivada, algunos incluso tenían lágrimas en sus ojos. Cuando Jiang Cheng preguntó al respecto, Lan XiChen dijo que Lan WangJi y Wei WuXian se veían como dos personas perfectamente enamoradas, y como eso era algo poco común, la gente tendía a asombrarse cuando los veían. Jiang Cheng le dijo que aun así no entendía. ¿Qué tenía de asombroso dos personas enamoradas?

—Lo entenderás cuando seas mayor —dijo, y Jiang Cheng se sintió un tanto decepcionado, ya que eso era lo que los adultos siempre le habían dicho cada vez que estaban demasiado cansados como para explicar.


—No puedo creer que Lan Zhan se haya casado antes que tú —un hombre mayor de aspecto vivaracho y con un delgado bigote interceptó a Lan XiChen en la recepción. Jiang Cheng aún continuaba pegado a su lado, negándose a dejarlo. Wei WuXian y Lan WangJi todavía estaban atendiendo a los invitados, y él no se sentía de humor para las presentaciones.

—Ah. Ellos han estado juntos desde hace mucho tiempo, por lo que realmente no es una sorpresa —Lan XiChen le brindó al hombre una sonrisa cordial.

—Entonces supongo que tienes que conocer a mi hija, para que dentro de unos años tú también puedas casarte —el viejo le dio un codazo y le guiñó el ojo, eso hizo que a Jiang Cheng le tomara todo su autocontrol no poner mala cara.

Lan XiChen le regaló una amable y reservada sonrisa, claramente incomodo al ser el centro de atención.

—Oye, ¿podemos irnos? —Jiang Cheng señaló hacia donde estaba el buffet—. Quiero comer eso.

Apenas conteniendo un suspiro de alivio, Lan XiChen le dedicó una sonrisa de disculpa. —Lo siento, Jiang Cheng todavía tiene que comer —dijo por cortesía, luego añadió—. Conversaremos en otra ocasión.

Cuando llegaron a la mesa de buffet, Lan XiChen le dio las gracias.

—No sé de que hablas. Yo sólo tenía hambre —musitó Jiang Cheng, pero la satisfacción en su voz era más que innegable.


Jiang Cheng no sabía qué hacer.

Habían pasado dos años desde que fue adoptado por Lan WangJi y Wei WuXian, los dos seguían siendo asquerosamente empalagosos cuando estaban juntos. Todo marchaba estupendamente. 

Hasta que dejó de ser así.

Empezó unas noches atrás. Jiang Cheng escucharía un fuerte ruido, seguido por una serie de golpes provenir de la habitación de la pareja. Él no se atrevía a investigar la razón ya que; uno, se suponía que él estaba durmiendo desde hace dos horas, y dos, caminar en la oscuridad era peligroso.

El día siguiente se sintió normal, Wei WuXian no salió de su dormitorio hasta la hora del almuerzo, pero eso no era una sorpresa, especialmente en los fines de semana.

—¿Sucedió algo anoche? —le preguntó Jiang Cheng a Lan WangJi, que estaba doblando meticulosamente la ropa limpia en la sala de estar.

Lan WangJi se congeló y frunció el ceño. —Nada. ¿Por qué? —miró a Jiang Cheng, quien inmediatamente apartó la vista.

—Mera curiosidad —Jiang Cheng frunció los labios, sin creer en su respuesta.

Jiang Cheng escuchó a Wei WuXian llorar la siguiente noche.

Era un llanto amortiguado, mas no se podía confundir el sonido. No escuchó otros ruidos esta vez, pero escuchar a Wei WuXian con esa voz particularmente afligida fue suficiente para mantener al niño despierto toda la noche. ¿Debería llamar a la policía? ¿Qué sucedería entonces? ¿Sería obligado a alejarse de ellos? ¿Y ellos? ¿Se divorciarían?

Él no entendía a los adultos.

Afortunadamente, los dos se fueron de vacaciones al día siguiente, y él finalmente tuvo la oportunidad de contarle a Lan XiChen lo sucedido.

Se había necesitado mucha persuasión y '¿Qué sucede?' y 'tú no me estás contando lo que tienes' por parte de Lan XiChen hasta que Jiang Cheng finalmente se rindió. —Los escuche pelear la otra noche.

Lan XiChen se sorprendió. —¿Qué fue lo que escuchaste exactamente?

—Muchos golpes, y Wei Ying estaba llorando... —Jiang Cheng continuó enumerando las cosas que escuchó, y Lan XiChen se pellizcó el puente de la nariz, incapaz de frenar su irritación por ese par de tortolos descuidados.

—Jiang Cheng...

—¿Y si ellos ya no se aman más? —dijo Jiang Cheng sin pensar. Él ya tenía ocho años, no debería estar llorando a esta edad, sin embargo una lágrima se le escapó y rodó por su mejilla, no podía controlar el repentino estallido de pánico y preocupación en su pecho.

Lan XiChen inmediatamente lo tomó en sus brazos, y Jiang Cheng comenzó a sollozar incontrolablemente. —Ellos jamás dejaran de amarse —le consoló Lan XiChen, frotando suaves círculos en su espalda—. Fue sólo un malentendido —le aseveró a Jiang Cheng.

Lan WangJi y Wei WuXian eran la única familia que él tenía, Jiang Cheng no quería perderlos sin importar qué. Y ahora que era consolado por Lan XiChen, ¿Qué si también lo perdía a él? ¿Cuánto tiempo pasaría hasta que Lan XiChen cambiara de parecer y lo abandonara?

—Chen-ge, ¿prometes que nunca dejaré de gustarte? —rogaba Jiang Cheng, con sus ojos llenos de lágrimas, aferrando sus manos a las ropas de Lan XiChen. Se sintió desamparado al preguntar, cuando debía ser difícil para Lan XiChen tratar seriamente a un niño lloroso en sus brazos.

—Por supuesto —susurró Lan XiChen—. No tienes ni que decirlo —le reprendió suavemente, y Jiang Cheng sintió algo suave presionarse sobre su frente, y un inexplicable sentimiento de calidez florecer en su pecho, calmándolo.

Lan XiChen se hizo una silenciosa promesa a sí mismo, la promesa de que él sería el hogar que Jiang Cheng nunca perdería.

Cuando Lan WangJi y Wei WuXian finalmente regresaron a casa, permitieron que Jiang Cheng durmiera con ellos durante una semana como disculpa y prueba de que ellos no estaban peleados.

La siguiente semana, tuvieron a varias personas haciendo algunos arreglos en la alcoba matrimonial. Jiang Cheng suponía que tenía algo que ver con las paredes.


Llovía fuertemente, y él no podía ir a casa. No con la bolita de pelos que tenía en sus brazos.

Jiang Cheng ajustó su chaqueta alrededor de la perrita, antes de tocar el timbre, esperando que Lan XiChen estuviese en su apartamento.

Se escuchó un click detrás de la puerta, y Jiang Cheng soltó un suspiro de alivio cuando Lan XiChen emergió de la puerta.

—¡A-Cheng! —Antes de que Jiang Cheng pudiera saludarlo, ya estaba siendo metido dentro de la casa—. Estás todo empapado, ¿no tienes un paraguas?

—Acaba de empezar a llover —explicó, evitando admitir que olvidó su paraguas en casa.

—Déjame llamar a Wei Ying... —Lan XiChen ya estaba por tomar su teléfono cuando Jiang Cheng lo interrumpió.

—¡No! —gritó antes de agachar la mirada, haciendo una mueca por haber alzado la voz—. Quiero decir, espera.

Lan XiChen lo miró, y finalmente notó una bolita moviéndose en la chaqueta en los brazos de Jiang Cheng. —¿Qué traes ahí?

Jiang Cheng levantó con cuidado la improvisada manta para revelar a una perrita de pelaje marrón dormido y hecha una bolita en el interior. —La encontré abandonada en una caja —al principio él no quiso involucrarse, pero empezó a llover y la pobre perrita no tenía ningún otro resguardo.

Antes de hacer más preguntas, Lan XiChen acomodó a Jiang Cheng enfrente de la calefacción, posando a la perrita a un lado. Tomó un par de toallas y un nuevo conjunto de ropas para que Jiang Cheng se cambiase, y continuó cuidando de él hasta por último secar el cabello de Jiang Cheng.

—¿Y ella tiene un nombre? —Lan XiChen continuó con su interrogatorio.

—Hoja. Yo le puse el nombre —dijo Jiang Cheng con orgullo.

—¿Hoja? ¿Por qué Hoja?

—Porque tiembla como una.

Lan XiChen estaba claramente divertido mientras secaba el cabello de Jiang Cheng con una toalla. —Eres tú el que está temblando como una hoja —dijo, limpiando juguetonamente el rostro de Jiang Cheng, quien se rió mientras intentaba alejarse del repentino ataque.

—¿Puedes quedarte con ella? —le preguntó Jiang Cheng cuando se liberó de la toalla.

Lan XiChen vaciló, antes de responder. —No estoy aquí la mayoría del tiempo. Tienes suerte de que hoy estuviera en casa.

Jiang Cheng se volteó para encararlo. —Entonces ¡yo cuidaré de ella! ¡La visitaré todos los días! —insistió—. No puedo llevarla a casa porque Wei Ying le tiene miedo a los perros —explicó Jiang Cheng desanimado—. ¿Porfis? —inclinó su cabeza de la forma como lo harían los niños de su edad cada vez que pedían algo. Esa técnica parecía nunca funcionar con Wei WuXian o Lan WangJi.

Lan XiChen se frotó la barbilla, como si estuviera cavilando su decisión, antes de darle a Jiang Cheng una sonrisa llena de impotencia. —Entonces, está decidido —dijo Lan XiChen con un leve ondeo de mano—. Te daré una llave de emergencia. No la pierdas, ¿está bien?

Y a la edad de nueve años, Jiang Cheng finalmente obtuvo su primera mascota.

—¡Gracias! —se arrojó sobre Lan XiChen, quien fácilmente lo atrapó, riendo suavemente—. No puedo esperar para asustar a Wei Ying con Hoja —añadió Jiang Cheng, riéndose con ganas.

Cuando se apartó, algo destelló en sus ojos.

Vio a Lan XiChen envuelto en túnicas blancas con patrones de nubes, una cinta de seda atada alrededor de su frente. Jiang Cheng parpadeó, tratando de remover la imagen, pero ésta no desaparecía. Cuando se restregó los ojos, la imagen fue reemplazada por una mirada de preocupación por parte de Lan XiChen.

—¿Te sientes bien? —preguntó Lan XiChen, con evidente inquietud en la voz.

Jiang Cheng también había visto a Lan WangJi vistiendo las mismas túnicas en uno de sus sueños.

—¿Usas túnicas blancas? —preguntó, lo que provocó una mirada de confusión por parte de Lan XiChen.

—¿Túnicas?

—Como esas personas en las películas wuxia que Wei Ying siempre mira —explicó Jiang Cheng.

—No. ¿Por qué? —Lan XiChen parecía estar tratando de descifrar la pregunta de Jiang Cheng.

—Por nada —Jiang Cheng negó con la cabeza—. Sólo curiosidad —mintió.

Debió de ser su mente jugándole trucos otra vez. Últimamente, Lan WangJi y Wei WuXian habían estado viendo un montón de películas chinas de artes marciales con el propósito de "investigar", y él fue obligado a unírseles en cada ocasión.

Ignorando la mirada de escudriño de Lan XiChen, Jiang Cheng notó los libros esparcidos por el suelo. Un libro titulado Comprendiendo las Leyes Criminales estaba cubierto de un montón de notas adhesivas pegadas en sus páginas.

—¿Estabas estudiando?

Lan XiChen miró a donde Jiang Cheng miraba. —Sí. Lo siento, mi habitación es un desastre en este momento —Jiang Cheng se rió porque aún no había visto una mota siquiera de polvo en el apartamento de Lan XiChen.

—Pero ¿acaso ya no te habías graduado? —Jiang Cheng preguntó con tanta seriedad que Lan XiChen no tuvo más opción que sacudir su cabeza y reírse cariñosamente.

—Cualquiera puede estudiar, indiferentemente de la edad —explicó, tomando el libro más cercano para dejar que Jiang Cheng pudiese darle una hojeada.

El rostro de Jiang Cheng se animó cuando vio una imagen de un tribunal similar al del juego que él jugaba.

—Oh, entonces ¿Qué estás estudiando exactamente? —y así, Lan XiChen se sumergió en una larga charla sobre leyes criminales hasta que Wei WuXian llamó para preguntarle si Jiang Cheng estaba con él.

—¿No te aburriste? —inquirió Lan XiChen cuando finalmente tomaron un descanso. En ciertos momentos, atrapó a Jiang Cheng confundido con algunos términos, pero siempre preguntaba sobre las cosas que no entendía y parecía estar escuchando atentamente cada palabra que Lan XiChen decía.

—¿Qué? ¡Si no hay nada aburrido en esto! —Jiang Cheng exclamó, su entusiasmo apenas era contenido—. Todos esos casos raros que ellos resuelves... ¡los abogados son geniales! Eso me hace querer ser uno aún más. ¿Tú también serás como esos abogados del libro?

Jiang Cheng lo miró con ojos llenos de esperanza y admiración, a lo cual Lan XiChen no pudo evitar sonreír. —Quizás si me ayudas a estudiar podre ser como ellos. ¿Qué te parece?

Y así, los dos continuaron su curso de criminología, hasta que Lan WangJi llegó para recoger a Jiang Cheng.


A Jiang Cheng le tomó varios meses darse cuenta de que no eran sueños lo que él veía, y otro año para entender lo que eran.

Lo había visto en extraños, como si viejas películas estuvieran reproduciéndose en frente de él en lugar de ver sus rostros. Algunas veces sería sólo cosa de un instante, algunos durarían incluso después de que parpadeara. Podía sentir esos espejismos, abrumando sus propios pensamientos y sentimientos.

Jiang Cheng podía ver las vidas pasadas de cada persona, y sentía las emociones que ellos habían albergado hasta sus muertes.

Recuerdos ajenos a él seguían batallando el uno con el otro por un lugar en su mente. Era fácil distraerse en eso, había sido reprendido varias veces en clases por no prestar atención. En su defensa, no podía mirar a su maestra por mucho tiempo, cuya vida pasada tuvo una ocupación cómo empleada en un burdel.

Cada recuerdo se reproducía de forma diferente en los ojos de Jiang Cheng. Algunos eran muy abstractos para ser entendidos, mientras otros aparecerían como diapositivas llenas de imágenes y adelantos de películas monocromáticas. Tan sólo podía ver unas cuantas cosillas, algunas eran mundanas, pero la mayoría parecía ser más importantes que otras. Él todavía no sabía que los desencadenaba, haciéndolos difícil de controlar, especialmente a medida que crecía. Emociones más complejas se agitaban dentro de él, y su cabeza y corazón latían sin cesar.

Él sentía cada dolor, cada anhelo; eran una molestia y eso lo irritaba fácilmente. Sentimientos que no le pertenecían invadían los suyos y no sabía a quién decírselo, dado que cualquier persona normal pensaría que él era sólo un niño con una imaginación demasiado activa.

Para ser honestos, Jiang Cheng no sabía que de bien haría tener su don, excepto para viejos chismes y tortura personal.

Pero era interesante ver cómo las vidas de las personas estaban entrelazadas. Dos extrañas que pasaron por el lado de Jiang Cheng que parecían ser madre e hija, fueron hermanas en sus anteriores vidas, y un comerciante tenía un hijo cuya alma era la de su bisabuelo fallecido.

Lan WangJi y Lan XiChen fueron hermanos en todas sus vidas pasadas. Él no podía verlo todo, pero sí lo suficiente para saber que Lan WangJi estaba en su cuarta vida mientras que Lan XiChen estaba en su tercera.

Wei WuXian siempre estuvo presente en todas las vidas de Lan WangJi, salvo en la tercera. A Jiang Cheng no le gustaba entrometerse demasiado, no porque respetaba la privacidad de sus padres, sino porque probablemente vomitaría debido a todo el amor y cariño que Lan WangJi irradiaba por Wei WuXian en todas sus reencarnaciones.

Sin embargo, Jiang Cheng estaba interesado en aprender más acerca de las vidas pasadas de Lan XiChen. Las emociones eran siempre cálidas, pero había veces que éstas eran melancólicas. Lan XiChen era una de las pocas personas cuyos recuerdos eran demasiado abstrusos para él como para interpretarlos, salvo por algunos destellos de imágenes de vez en cuando. Por lo que Jiang Cheng lo observaba a él más que a los otros, y afortunadamente, era muchísimo más fácil enfocar su atención en Lan XiChen.

Lan XiChen trabajaba como abogado en la universidad desde que tenía memoria. Y si tanto Wei WuXian como Lan WangJi estaban ocupados, era él quien se encargaba de recoger a Jiang Cheng de la escuela, y ambos luego se irían al campus. Lan XiChen entonces le conversaría acerca de los casos que estudiaba o de los que escuchaba hablar, mientras estos fueran más inusuales mejor, y dejaría que Jiang Cheng adivinara si el sospechoso era culpable o no. Aquello se volvió un juego entre ellos, y si Jiang Cheng acertaba, Lan XiChen se encargaría de bañar a Hoja la próxima vez que lo necesitara.

—¿En qué piensas? —Jiang Cheng fue sacado de sus pensamientos por la voz de Lan XiChen.

Estaban de camino hacia la facultad de historia, donde Jiang Cheng se quedaría hasta que Wei WuXian hubiera terminado de trabajar.

—Quiero ir a la biblioteca primero —anunció Jiang Cheng, descaradamente evadiendo la pregunta.

—¿Quieres que te acompañe?

—No es necesario. Ve a hacer tus cosas de abogados —Jiang Cheng le sonrió mientras lo despedía. Lan XiChen soltó una risita antes de hacer lo que se le decía.

Túnicas blancas y cintas en la frente. Si se concentraba lo suficiente, podría ver más que eso; un dolor mortecino que siempre asociaba con Lan XiChen, la silueta de dos personas bajo un árbol, un pabellón en llamas.

Jiang Cheng nunca se vio a sí mismo en el pasado de Lan XiChen, ni en el pasado de nadie, de hecho. No sabía si ese era el límite de su habilidad, o simplemente no existió en las vidas de ellos.

Jamás se le pasó por la cabeza contarle a Lan XiChen las cosas que veía. Quería que Lan XiChen lo tratara como al niño que consentiría de vez en cuando, alguien con quien podría hablar normalmente cuando el hablar con los adultos escépticos no fuera suficiente. Si le contara la verdad a Lan XiChen, todo podría cambiar.

No obstante, había alguien con quien probablemente podría hablar, alguien que no lo juzgaría, no porque ese cierto alguien tuviese buenos valores morales, sino porque su excentricidad no conocía límites. Wei WuXian.

Y Jiang Cheng se preguntó por qué no podía ver las vidas pasadas de Wei WuXian, cuando podía ver las de todos los demás.


—Wei Ying, ¿eres un vampiro? —preguntó Jiang Cheng, determinado.

Todavía continuaba molestándole a Jiang Cheng que no pudiera ver el pasado de Wei WuXian, mas no sabía cómo traer el tema a colación.

Jiang Cheng no era enteramente estúpido, sin embargo aún era un niño. La biblioteca debería haber sido una gran ayuda, pero no sabía por dónde empezar su investigación, y su mente habría sufrido una sobrecarga de información. Trató de probar suerte con otro de los docentes de la facultad de Wei WuXian, pero sin realmente entender lo que Jiang Cheng estaba buscando, ellos no pudieron ser de real ayuda.

Por lo que Jiang Cheng encontró el valor para preguntárselo a Wei WuXian, esperando que él pudiera darle una respuesta cercana a la verdad.

Y Wei WuXian de hecho le dio la más sincera de las respuestas.

—Prueba el término inmortal, por eso no envejezco.

Inmortal. Entonces eso era.

Pero una parte de él no quiso que eso sea verdad. Ser inmortal significaba que Wei WuXian no moriría. Sus recuerdos estarían intactos por miles de años, no habría un reinicio, a diferencia de todos los demás, y él sería forzado a acarrear todas las cargas del pasado con él.

—Tú me conoces. Del pasado. Es por eso que me di cuenta —Jiang Cheng lo había considerado, y de nuevo tenía razón.

Más tarde esa noche, cuando ambos estaban recostados en la cama, Jiang Cheng le contó la verdad.

—Creo que puedo ver el pasado de las personas —estaba recostado de lado, dándole la cara a Wei WuXian.

Cuando Wei WuXian escuchó aquello, inmediatamente se enfocó en Jiang Cheng. —¿Sus recuerdos?

Jiang Cheng negó con la cabeza. —No. Sus vidas pasadas. Antes de que ellos reencarnaran.

Wei WuXian lo miró fijamente mas no dijo nada. Por lo que Jiang Cheng continuó recontando las vidas pasadas de las personas que había visto, incluidas las de Lan WangJi.

—Pero no puedo ver la tuya, es por eso que lo supe. Ya que tú no has muerto —Jiang Cheng respiró hondo, mientras jugueteaba con la punta de su almohada, sin saber qué hacer con la reacción de Wei WuXian, o la falta de ella. Decirlo en voz alta sonaba ridículo, pero ya era demasiado tarde para retractarse.

—Morí una vez, durante trece años —Wei WuXian finalmente rompió el silencio—. Hasta que fui invocado de nuevo, y mi alma fue transferida a este cuerpo —admitió. Pero su consciencia y recuerdos de su vida anterior aún permanecían con él, no recordaba haber bebido del Río del Olvido, entonces ¿tal vez no contaba?

—Para ser honesto, antes era mucho más guapo, pero este cuerpo no está tan mal, supongo —Wei WuXian suspiró con desanimó, lo cual le hizo ganarse unos ojos en blanco por parte de Jiang Cheng. Eso pareció aligerar un poco la pesada atmosfera.

—¿Qué hay de ti? ¿Tú recuerdas? —Wei WuXian suponía que no era así, puesto que Jiang Cheng no hubiera sido capaz de aceptar a Wei WuXian tan fácilmente si él conociera el pasado de ambos.

Jiang Cheng se encogió de hombros, abrazando la almohada más fuerte, intentando parecer indiferente. —Nunca me he visto en el pasado de los demás —inadvertidamente frunció el ceño.

Wei WuXian sintió la decepción en su voz, por lo que le pellizco la nariz hasta que Jiang Cheng luchó por respirar. El ver a Jiang Cheng con la nariz roja y fulminándolo con la mirada lo hizo reír. —Tú eres parte de nuestra vida, especialmente ahora —dijo Wei WuXian con honestidad.

Aquella noche, Wei WuXian le contó historias del pasado. De cómo eran hermanos, los dos orgullos de la Secta YunmengJiang. Le habló de los logros de Jiang Cheng a tan temprana edad, de cómo siempre protegió a Wei WuXian de los malvados perros y de cómo apestaba cuando se trataba de galantear a las jóvenes doncellas. Notó que algunas veces Wei WuXian pasaba por alto ciertos detalles, deteniéndose de vez en cuando, antes de retractar su oración y comenzar una nueva.

Jiang Cheng era joven, pero no era estúpido. Sabía que Wei WuXian estaba escondiéndole un montón de cosas. Wei WuXian simplemente estaba contándole las historias que ambos querían oír, y Jiang Cheng tenía miedo de preguntarle acerca de algo que no debía.


Jiang Cheng estaba en su primer año de secundaria cuando conoció a Jin GuangYao y Nie MingJue.

Lan XiChen los trajo a la residencia Lan para una cena familiar. Los tres se conocían desde sus días en la universidad y hasta hace poco habían empezado su propio bufete de abogados, ese era el motivo de la pequeña reunión.

Nie MingJue era intimidante, su presencia en sí era fuerte y demandante, forzando a Jiang Cheng a centrar la mayor parte de su atención en él. Hablaba con voz firme, la cual hacia a Jiang Cheng enderezar la espalda involuntariamente.

El ceño aparentemente permanente en su rostro se suavizó por un momento. —Tengo un hermano de la misma edad que tú —Nie MingJue le dio una palmada en el hombro, probablemente terminando de evaluar sus debilidades. Jiang Cheng estaba confundido, puesto que él era dos décadas más joven que Nie MingJue. Decidió expresar su preocupación ante aquel hecho y Wei WuXian se carcajeó detrás de él.

Cuando Nie MingJue se rió, fue estruendoso. A Jiang Cheng no le sorprendería si los vecinos también le escuchaban. —Somos hijos de diferentes madres —explicó.

Jin GuangYao era todo lo contrario. Era de la misma estatura que Jiang Cheng, su sonrisa nunca abandonaba su rostro, sus facciones eran tranquilas y atractivas. No era de sorprenderse que estuviera relacionado con Lan XiChen. Y sin embargo, las personas que eran precisamente así eran las que lo hacían desconfiar; nadie podía tener tan buenas intenciones, a menos que fuera Lan XiChen.

—Así que tú eres Jiang Cheng. He escuchado mucho de ti —dijo Jin GuangYao con una voz tan genuina que Jiang Cheng instintivamente fue a estrecharle la mano. Inmediatamente la retiró, sintiéndose tonto porque la implicación de Lan XiChen hablando de él con sus amigos lo hacía fácil de complacer.

—¿De verdad? Nada vergonzoso, espero —resolvió como respuesta. Y eso sería casi imposible, reflexionó Jiang Cheng, puesto que sus recuerdos de la infancia en general estaban destinados a ser vergonzosos.

Lan XiChen fue el último en entrar, aparentemente absorto en una plática con Lan WangJi desde que habían llegado. Jiang Cheng nerviosamente se arregló el botón inferior de su camisa, e intentó parecer lo más casual posible.

Jiang Cheng no podría haberse imaginado que el rostro de Lan XiChen se iluminaria cuando finalmente lo vio, su sonrisa finalmente llegó a sus ojos. Definitivamente estaba feliz de verlo. —Has crecido mucho desde la última vez que te vi —dijo Lan XiChen con voz asombrada, como si no pudiese creer lo alto que se había puesto Jiang Cheng en el año que no se vieron.

El verlo nunca fallaba en provocar que el estómago de Jiang Cheng se agitara y sus labios se curvaran hacia arriba. Él quería pisotear estos sentimientos confusos, que lo hacían ponerse demasiado ansioso, demasiado infantil, demasiado indulgente.

—Ha pasado el tiempo, ¿Qué esperabas? —no se suponía que tenía que sonar resentido, pero de alguna forma así sonó a sus oídos. No sabía si Lan XiChen lo notó, con su sonrisa gentil que nunca flaqueaba ni por un segundo era difícil saberlo. Probablemente no.

Jiang Cheng siempre había ido al apartamento de Lan XiChen casi todos los días para cuidar de Hoja, sin embargo el dueño de casa no siempre estaba cerca. Aquello había estado sucediendo durante más de un año, a tal punto que Wei WuXian le había preguntado a Jiang Cheng si quería llevarse a la perrita a su condominio, aunque con reluctancia. Él rechazó el ofrecimiento, dado que Wei WuXian definitivamente moriría del susto. Pero la verdadera razón era porque ya no tendría más excusas para guardar la llave que tenía del apartamento de Lan XiChen.

—Tienes toda la razón —concordó Lan XiChen. Casi sonando como si estuviese disculpándose, y Jiang Cheng casi se sintió mal.

La cena transcurrió sin incidentes. La mayor parte de la conversación fue acerca del nuevo bufete que los tres construyeron y la decisión de Lan XiChen de renunciar a la compañía de su padre.

—¿Ya se han instalado en su nuevo oficina? —preguntó Lan Shu mientras les servía la sopa.

—Sí, tía —Jin GuangYao fue el primero en hablar—. El agente inmobiliario que nos recomendó fue de gran ayuda. El lugar que él nos rentó tiene un buen feng shui.

Lan Shu juntó sus manos, encantada. —¡Es bueno saberlo! ¿No es así, cariño? —se volteó hacia su esposo con una sonrisa.

Lan GuanYu gruñó en respuesta pero su esposa no cedería. Probablemente no se detendría hasta obtener una respuesta verbal. Bajando sus palillos, él miró al mayor de sus hijos. —No te arrepientas de tu decisión —dijo por último.

—No lo haré, papá —le tranquilizó Lan XiChen.

Jiang Cheng escuchaba la conversación a medias, no particularmente interesado en escuchar platicas del trabajo. Escuchó su nombre siendo llamado por lo que levantó la vista de su plato.

Fue repentino. Primero vio el rostro de Nie MingJue y luego desapareció. No sólo su rostro, sino toda su cabeza, desprendiéndose de su cuerpo. Luego todo su ser fue desmembrado miembro por miembro, hasta que la única parte que quedó fue su mano izquierda.

Cuando intentó dejar de mirar, sus ojos se posaron en Jin GuangYao y de nuevo el horror empezó.

Un pequeño niño privado de vivir por su padre, un hombre arrullado hasta la muerte por su amigo, una esposa forzada a cometer suicidio por su marido. El olor a tierra y sangre inundó sus fosas nasales, el penetrante aroma temporalmente cegándolo.

Antes de que Jiang Cheng pudiera procesarlo todo, se encontró en el suelo vomitando. Sentía el estómago revuelto y todo le daba nauseas. No podía quitarse esas imágenes de su mente, la imagen de carne siendo arrancada, de corazón siendo atravesado, y todo se sintió tan real.

Angustia y odio que sabía que no le pertenecían a él comenzaron a bullir en su interior, llenándolo hasta que no pudo respirar.

—¡Jiang Cheng! —gritó alguien a su detrás mientras era sostenido por los codos, manos firmes lo levantaron del suelo.

Escuchó sillas siendo arrastradas contra el suelo de madera mientras un alboroto se producía a su alrededor. Aún tenía la cabeza gacha debido a la agitación, las personas estaban hablando demasiado alto, y él sólo quería que todos cerraran la boca y se calmaran.

Jiang Cheng sintió otra mano envolverse alrededor de su muñeca, la cual fue fácilmente separada cuando alguien alejó a la otra persona.

—No, está bien. Yo me encargaré de él. Regresa a la cena —escuchó a Wei WuXian decirle a alguien.

—Pero, Wei Ying... —se trataba de Lan XiChen.

—Lan Zhan, ¿puedes traer algunas toallas? Iremos al baño —Wei WuXian le pidió a Lan WangJi, quien asintió y se volteó para conducir a Lan XiChen de vuelta al comedor.

—Regresemos hermano —dijo Lan WangJi en un tono resuelto que dejó a Lan XiChen sin más opción que seguirlo.

Jiang Cheng fue conducido al baño, donde inmediatamente arrojó los contenidos restantes de su estómago en el retrete. Wei WuXian frotó su espalda con gentileza, sosteniendo su cabello lejos de su rostro. Finalmente se detuvo cuando no quedó más que vomitar salvo aire.

—Viste algo, ¿cierto? —Wei WuXian le instó a decir cuando las arcadas de Jiang Cheng cesaron.

—Vi cómo fueron asesinados... Nie MingJue... Jin GuangYao, él... —Jiang Cheng se limpió la boca débilmente y Wei WuXian le pasó una toalla, ayudándole a limpiarse.

—Es cosa del pasado, ellos no recordaran...

Jiang Cheng lo miró airadamente. —¿Acaso Lan Zhan no siempre recordaba?

—Es diferente —dijo Wei WuXian con resolución.

—Pero ¿y si no lo es? —su corazón le estaba martilleando fuerte, pero no tanto como su cráneo parecía estarlo. Se llevó sus dedos a sus sienes, respirando hondo.

Wei WuXian debió haber sabido lo que estaba pensando ya que tenía una respuesta lista para él. —¿Tan sólo cuántas asesinatos de vidas pasadas has visto cuyas vidas son completamente diferente ahora? ¿Cuántos criminales has visto que ahora son hombres nuevos?

Jiang Cheng recordaba haber pasado junto a un hombre cuya esposa fue su asesina en su anterior vida. Él no pensó demasiado en el asunto, sabiendo que era un mero espectador y eso no era de su incumbencia. Pero esta vez era diferente. Se trataba de alguien que estaba cerca de una persona importante para Jiang Cheng. Alguien que podía lastimar a las personas que amaba.

Jin GuangYao estaba en el ojo de su propia tormenta; rodeado por tragedias que él mismo propició. Las cosas despreciables que había cometido se convirtieron en su escalón hacia la gloria, y esas mismas atrocidades eventualmente lo llevaron a su inevitable caída.

—Jiang Cheng, mírame —ordenó Wei WuXian, su voz sonó extraña a los oídos de Jiang Cheng. Sonaba autocrático y decidido y Jiang Cheng se sintió obligado a hacer lo que se le decía.

—Sus almas son las mismas, pero la gente puede cambiar. Si no lo hicieran, ¿no sería todo una repetición más del pasado? —no había rastros del Wei WuXian que siempre lo molestaba incansablemente, sino una versión de un Wei WuXian que Jiang Cheng no sabía que existía.

—¿Y qué si recuerdan? Sólo podrían sentir remordimiento. ¿Contra quién se vengarían? Quizás incluso estén agradecidos por esta segundo oportunidad —Wei WuXian alargó su mano para tomar la de Jiang Cheng, de forma firme y gentil, persuadiéndolo para que escuchara su razonamiento.

—He lastimado y asesinado a muchísimas personas. Personas que eran importantes para mí —Wei WuXian lo miró con dolor, sus manos temblaban tanto como las de Jiang Cheng—. Personas importantes para ambos. Los recuerdo a todos ellos. ¿Eso cambiara algo? ¿O lo que tú piensas de mí?

Jiang Cheng permaneció en silencio. Sin importar lo que dijera Wei WuXian, no podría odiarlo; no estaba en el pasado. Y para él, sólo eran palabras. Tal vez podía decir eso porque no tenía recuerdos propios, pero sabía que incluso así ese no sería el caso. Aunque Jiang Cheng no podía ver las acciones anteriores de Wei WuXian, podía sentir el arrepentimiento agobiar a Wei WuXian, impidiendo cada una de sus sonrisas, dictando cada una de sus palabras.

Jiang Cheng sabía que disculparse era difícil para Wei WuXian. No porque fuera muy egoísta como para pedir perdón, sino porque soportaba la carga de sus errores como si fuesen pecados capitales, como si el simple expiarlos no fuera suficiente. Wei WuXian algunas veces miraría a Lan WangJi con ojos inusualmente llenos de arrepentimientos, y Jiang Cheng se daba cuenta que a menudo esos mismos ojos arrepentidos también se dirigían a él.

—No... —susurró Jiang Cheng—. No cambiaría nada —aclaró.  

Wei WuXian soltó una carcajada, como si le hubieran quitado un peso de encima, por lo que soltó la mano de Jiang Cheng. —Estaba agradecido cuando me dieron otra oportunidad —aquella era una oportunidad que Wei WuXian no creía que hubiese querido, y mucho menos una oportunidad que merecía.

Jin GuangYao había hecho muchos actos malvados, pero no era malvado. Era humano, ante todo. Él tenía un alma, un alma atrapada que finalmente debió haber sido liberada por intervención divina. Jin GuangYao sentado en el comedor era prueba más que suficiente de que se le había permitido reencarnar.

—Se lo merece tanto como yo —dijo finalmente Wei WuXian. Eso podría no ser cierto, pero tenía que creerlo él mismo.

—Entonces, ¿qué debo hacer? —Jiang Cheng no pudo evitar preguntar, a pesar de que probablemente podría adivinar la inevitable respuesta de Wei WuXian.

—No puedes hacer nada al respecto, a menos que él haga algo mal en su vida actual. Es así para todos —Sonaba tan fácil, ignorar lo que su mente sigue mostrándole, tomar todo con calma, simplemente salir del baño y decir: 'Lo siento, sólo fue un malestar estomacal y definitivamente no acerca de los horripilantes asesinatos que uno de ustedes cometió en el pasado'.

Entonces Jiang Cheng se echó a reír, el sonido sonó chirriante y estridente a sus propios oídos. —¿Por qué no puedo simplemente apagar esto? —dijo golpeteando su sien, más suave de lo previsto, y cerró los ojos.

Jiang Cheng se echó a reír, reconociendo en ese momento cuán cruelmente entrelazadas estaban sus vidas.